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Full text of "Vicios del leguaje y provincialismos de Guatemala"

i:n(;ua|i 



V 



Provincialismos de Guatemaki 



VICIOS DEL LENGUAJE 



Proviiicic'ilisinos de (Tiiatemala 



ESTUDIO FILOLÓGICO 



ANTONIO BATRES JAUREGUI, 

VBKO DE lA" FACULTAD DE DERECHO, INDIVIDUO DE L. 

ACADEMIA ESrA.^OLA, DE LA MATRITENSE DE JURIS- 

FRUDENCIA Y LEGISLACIÓN, DE LA SOCIEDAD DE 

HISTORIA DIPLOMÁTICA DE PARÍS, DE 

LA SOCIEDAD LITERARIA HISPANO 

AMERICANA DE NUEVA 

YORK, ETC. 



m 



í GUATEMALA: 

:uadernac¡ón y Tipografía Nacional, Décima Calle Poniente, Nóms. 
1892 



Col«ccién Luis Lujan Muflo; 

<imvtnkla<$ f rancho Marróqutn 



ES PROPIEDAD DEL AUTOR. 



ft..*' 



PROLOGO. 



** Lejos de que la conservación castiza 
del idioma pueda ser traba para el de- 
senvolvimiento de la civilización de los 
estados hispano-americanos, por el con- 
trario, será medio eficaz para su progre- 
so, para su cultura y ])erfeccionamiento 
intelectual." 

( '* El idioma nacional," i^or Vicente 
G. Quenada j publicista argentino.) 



I. 



Cuando nuestro festivo escritor 1). José Milla 
describe el tipo del natural de Guatemala, en el 
cuadro de costumbres intitulado " El Chapín," le 
atribuye donosamente, entre otras cualidades, la 
de hablar un castellano antiquísimo, salpicado de 
provincialismos, algunos de ellos tan expresivos 
como pintorescos; y ésto sin contar, diríamos nos- 
otros, con las muchas corrupciones é impropieda- 
des de términos y frases, ininteligibles para un 
español recién llegado al país. 

Harto común es, por desgracia, oir en Guate- 
mala miráj anda, tené, hahts, ( 1 ) y otros arcaís- 

K.\) — También dicen frecuentemente levántate, sentafe, sosegate por 
levántate, siéntate, sosiégate; yo lo vide, él lo vido, á usanza antigua, en 
vez de yo lo H, él lo río; hubieron Jiestax, hubieron diversiones, en lugar 
de hubo fiestas, hubo diversiones; yo cambeo, tú vaceas, que debe ser yo 
cambio, yo vacío; los paderones, pwr las paredes grandes, empleando 
una metátesis que debe evitarse ; le mandaron que se callase, y se calló, 
como det-ían en lo antiguo, usando pronominalmente el verbo : hoy se 
diría le mandaron que callase, y calló; vertir por verter; ponémelo por 
pónmelo; reñiste por viniste; caia, traía, leía, por caía, traía, leía; caído, 
traido, leido, por caído, traído, leído; molestoso por molesto d' d'. Hay 
otros muchísimos defectos é impropiedades en nuestro lenguaje, que 
anotaremos en el curso de esta obra. 



4 PRÓLOGO 

mos de esa laya, que si se usaron en tiempos re~ 
motos, hoy no hacen más que afear el idioma 
patrio, que se reciente, por otra parte, de impropio 
y vulgar, en boca de aquellos de nuestros compa- 
triotas que hablan ^' de vos,'^ concertándolo una& 
veces con la segunda persona de singular de los 
verbos, y conservando otras la terminación es pa- 
ra el plural del pretérito de indicativo, como 
amasteSj dejasteSy llorastes, á usanza antigua, en vez 
de amasteis, dejasteis^ llorásteisj acabados en eis, co- 
mo ha prevalecido en España, desde el siglo XVII 
hasta nuestros días. También se conservan entre 
nosotros muchas palabras que ya no corren en la 
Península, y que trasplantadas aquí por los con- 
quistadores, han tenido más larga vida que en el 
lugar donde nacieron. (2) 

Curioso fenómeno el de un pueblo que, eman- 
cipado de la metrópoli, alardeando de exuberante 
vida propia, conserva aún, en mucha parte, el 
idioma antiguo de los capitanes que lo conquista- 
ron ; y no por espíritu de veneración á sus mayo- 
res, ni menos por apego á lo tradicional 3^ antiguo 
— que no son tales por cierto las tendencias de 
los países hispano-americanos — sino porque, des- 
pués de la grandiosa epopeya de la conquista de 
América, cuando una paz octaviana vino á reinar 
en los vastos imperios que derrocaron las huestes 

(2) — "Kl caudal más preciado de lenjiíiaje criollo, consiste en una 
gran cantidad de voces puramente castellanas, olvidadas en España, 
y repudiadas, puede decirse, por la lengua madre ; que no están en 
los diccionarios, y son tenia continuo de injusta censura para muclios 
puristas trascordado?. América las conserva, y de ellas se constituye 
en heredera."— (Orígenes del Lenguaje Criollo, páj. 93). 

Cuidaremos de apuntar, en el curso de este libro, esas voces olvida- 
das en la Península, y que son de uso corriente en Guatemala. 



DEL AUTOR 5 

españolas, implantando en el Nuevo Mundo el sis- 
tema colonial, era escaso, tardío y pausado por ex- 
tremo el tráfago con la Madre Patria. Los osados 
aventureros que se apoderaron de estas regiones, 
impusieron una paz inalterable de tres siglos, y 
su potente voz tuvo larga resonancia, dando á mu- 
chas locuciones y vocablos más fijeza aún que la 
que alcanzaron en la tierra misma donde tuvieron 
origen. Si la con(|UÍsta dio vuelo á la actividad 
personal, sin trabas ni formas, desenvolviendo rá- 
pidamente una civilización en la tierra america- 
na, y legándole con ella la rica lengua de Castilla; 
■el sistema colonial abatió las energías, apocó los 
ánimos, cohibió toda expansión, estancando hasta 
el idioma, que debía seguir después tortuosos de- 
rroteros. 

En la serie de los años, y merced á diversas in- 
fluencias, los idiomas cambian paulatinamente, 
permitiendo la entrada á nuevos términos, rele- 
gando otros, modificando sus formas ó accidentes 
y siguiendo la corriente del adelanto y del progre- 
so; pero cuando se halla una región apartada de 
otra por extensísimo mar; cuando las comunica- 
ciones eran tardías y difíciles; cuando entre los 
muy pocos dados á las letras, se culivaba el latín 
en vez del habla vulgar, ( 3 ) ¿ sería posible que 



(3) — "El que no hubiera estudiado la lengua latina, no podía ni de- 
bía leer, porque existía la firme persuación de que todo lo mediano 
que corriese en letras de molde, forzosamente debía encortrarse redac- 
tado en el idioma del Lacio. El P. Aguirre se quejaba de tener que 
hablaren su ''''Población de Valdivia" en nuestro vulgar español; el 
deán Machado de (Jhaves declaraba que le habría sido más fácil 
escribir en latín que en castellano ; Núñez Castaño, por fin, llevó sus 
teorías á este respecto, tan lejos que, deseando celebrar en un poema 
la retirada de los holandeses de las costas del Sur de Chile, eligió para 



6 PROLOGO 

ésta tuviera los mismos giros y alteraciones que 
tenía en el lugar de su nacimiento ? ¿ Será dable 
que el río que mudó de cauce, corra siempre con 
las mismas curvas y con igual rapidez ? — No es,. 
pues, de extrañar que en Guatemala, lo mismo 
que en toda la América ibera, queden restos del 
idioma antiguo, que viven aún como vastagos es- 
parcidos del tronco secular que les prestó nutri- 
mento. 

Al propio tiempo que se habla en parte un es- 
pañol antiquísimo, se ha empobrecido por acá el 
idioma, no empleándose todas las palabras de su 
rico repertorio. '' El desuso en la América espa- 
ñola de una porción del vocabulario castellano, es 
debido, según Paz Soldán y Unánue, á la ignoran- 
cia unas veces, al temor de no ser ampliamente 
comprendido otras, y las más, á la indolencia pro- 
pia de las sibaríticas regiones de la hamaca, cuya 
monótona oscilación parece el péndulo del carác- 
ter hispano-americano. Busquemos ahora la cau- 
sa histórica, si es posible, del empobrecimiento- 



sus estrofas la lengua de Virgilio." (Historia de la Literatura Colonial 
de Chile, por José Toribio Medina. — Tom. I, pág. XL). 

El célebre P. Landívar, que vivió en la Antigua Guatemala, para 
describir las costumbres populares de aquellos tiempos, usó de clási- 
cas estrofas latinas en su ^'Rusticatio Mexicana.^^ 

Están en latín las primeras obras que se dieron á luz en el primer 
establecimiento tipográfico fundado en América, en la ciudad de Méxi- 
co, en el año de 1535, en tiempo del virey Mendoza. (Historia crítica 
de la Literatura en México, por Francisco Pimentel). 

Cuarenta años después de la ftindación de dos grandes ciudades, 
Bogotá y Tunja, ya se publicaban epigramas latinos y se cultivaban 
las letras clásicas. (Historia de la Literatura en Nueva Granada, por 
José María Ver gara y Vergara). 

Vicuña Mackenna dijo, que Antotiio Nehrisensis era nuestro rey,^ 
después de haber destronado á los Borbones. (Recuerdos Literarios,^ 
por J. V. Lastarria). 



DEL AUTOR 7 

del idioma entre nosotros. Los españoles no sólo 
tuvieron que poblar la América de gente, sino 
también la casa de vajilla, de muebles y de los 
miles enseres domésticos propios de la civiliza- 
ción; las cocinas de sus respectivas baterías; las 
despensas de especias diversas ( como que hasta 

hoy se dice pimienta de Castilla; vinagre de 

Castilla ct.. cfc.,) desconocidas á una gente frugal, 
sencilla, que en lo material como en lo moral é 
intelectual, había vivido de muy poco; las huer- 
tas de hortaliza y árboles frutales; los campos de 
plantas y animales útiles, y finalmente, el territo- 
rio todo de aparatos y maquinaria que vinieran a 
reemplazar á los hombres en las numerosas y mo- 
numentales obras, que como las del antiguo Egip- 
to, sólo habrían podido realizarse merced al sin- 
número de brazos y á su condición de siervos. Y 
como no era posible que los conquistadores, en 
tiempos en que las comunicaciones eran tan difí- 
ciles y los transportes tan costosos, fueran trayen- 
do las variedades de cada artículo, de cada planta, 
ó de cada animal, sino sólo las más indispensa- 
bles, no pudimos conocer 'prácticamente más que 
una parte del idioma. Por eso desconocemos hoy 
ó no sabemos aplicar bien la otra parte, porque, 
como dice Horacio : 

" SegniuB irritant ánimos dimissa per aurem 
Quam quse sunt oculis 8iiV)jecta fidelibus." 

A vueltas de esa pobreza, los españoles que 
arribaron á estas playas tropezaban á cada paso con 
muchos objetos nuevos, que bautizaban con nuevos 
nombres ó con los que ya tenían en las lenguas 
antiguas de este Continente, como es curioso ver- 



8 PRÓLOGO 

lo en los escritos de Gomara, Fernández de Enciso, 
Oviedo, Bernal Díaz del Castillo, el Inca Garcila- 
so de la Vega y otros de aquellos valientes adali- 
des, que no sólo empuñaban la espada, sino que 
redactaban crónicas, relaciones é historias. Tales 
nombres, muchos de los cuales ya figuran en los 
diccionarios de la lengua, pudieran bien llamarse 
hispanismos de América (4.) 

Mas como cada lugar ó provincia, no sólo tenía 
diversos usos y costumbres, sino también dialec- 



(4) — Al contemplar Cristóbal Colón y sus compañeros la riqueza de 
los campos tropicales, las costumbres de bus pobladores, y las escenas 
todafi que se desenvolvían á su vista, comenzaron á bautizar con di- 
versos nombres cuanto contemplaban extasiados. Al hombre ameri- 
cano llamáronle indio, porque ellos buscaban las Indias. A muchas 
cosas aplicaron voces marítimas, como que ellos eran gente de mar; 
y así no es extraño oír por acá rancho, ranchar, ranchería, cabuya, 
zafarrancho, botar, guindar, largarse, abarrotar, trincar, virar, zafar, 
tumba*", pasar o-ujia, chubasco, cimarrón, ciénega, dengue, damajua- 
na, batea, rol, brisa, morro, socucho, ramalazo, rasqueta. Como eran 
vascos muchos de acjuellos marinos, abundan nombres vizcaínos 
entre los que ellos dejaron ; y como algunos sabían el árabe, que ha- 
bían aprendido en las guerras de Granada, no es raro que de esa len- 
gua tomaran muchas palabras para nombrar los objetos que en Amé- 
rica veían. También los frailes y los licenciados, que alternaban con 
los marinos y soldados, dejaron nombres latinos, y tomaron otros de 
las lenguas de los aboríjenes, como aguacate, cuache, chocolate, meca- 
te, petate, saragate, zacate, soyate, tecomate, tomate^ achote, apasote, 
ayote, camote, coyote, tecolote, chayóte, elote, jocote, ocote, zapote, zopilo- 
te, olote, chilmole, atol, totopoxte, cacahuete, cacao, cutarra, milpa, chile, 
guacamol, guacal, jícaro, nopal, petaca, zarape, zenzonte, tamal, pulque, 
apaste, cajete, chichicaste, y otros muchos derivados del mexicano, los 
cuales, eu su mayor parte ya figuran en el Diccionario. Del quichua 
de los antiguos peruanos, tenemos algunos, v. g. cancha, canche, cón- 
dor, chacra, china (niñera), chirimoya, guanaco, huaca, jaguar, mate, 
pampa, puche, cO. Del quiche y kackchiquel : mazacuata, chinchinto- 
rro, huizache, qüijiniquiles^matitlán, Atitlán, chipe, chay, chalchi- 
gUites, tzuquinay, Almolonga, Cazaguastlán, Comalapa, Zacapa, Que- 
zaltepeque, ChimaUenango, Guacalute, Huehuetenango, Ixtahuacán, 
Itzapa, Jocotenango, Quezaltenango, Sacatepéquez , Suchitepéquez , Zum- 
pango, Tzacualpa, Xequijel, Salamá, tun, huepil, chichigua, á. &. &. 



DKL AUTOR \) 

tos y lenguas diversas, que se conservaron en gran 
parte después de la conquista, era natural que el 
idioma castellano se fuese infiltrando de nuevas 
voces, criollas unas, y formadas otras de las mis- 
mas raíces del lenguaje de los españoles, quienes 
las popularizaban por doquiera. Esta es la razón 
de que en una república se encuentren provin- 
cialismos de las otras. Entre los que usamos en 
Guatemala, hay muchos completamente originales 
y peculiares del país; pero no son pocos los que 
también se emplean en México, Cuba, Colombia, 
el Perú, Chile y otras naciones del Continente. 

La falta de estudio, la carencia de centros desti- 
nados á conservar la pureza del lenguaje, y la in- 
diferencia lastimosa con que, durante largos años, 
se viera todo lo que al idioma se refiere, han sido 
parte á (jue se corrompa de tal modo, que hay mu- 
chas frases y voces viciosas, que por desgracia em- 
plean. hasta personas cultas y educadas, sin contar 
con los innumerables vulgarismos que á cada paso 
ofenden el buen gusto. 

Y no se crea que somos los únicos que nos la- 
mentamos de haber desnaturalizado el idioma. 
^' La incorrección con que en Chile se habla y es- 
cribe la lengua española, dice uno de sus mejores 
literatos, es un mal tan generalmente reconocido 
como justamente deplorado. Dos generaciones 
han pasado ya por las aulas, desde que los señores 
D. Andrés Bello y D. José Joaquín de Mora echa- 
ron en nuestro país los fundamentos de los estu- 
dios gramaticales; y si es cierto que, sin cerrar los 
ojos á la evidencia, no podrían negarse las jorna- 
das que hemos hecho por el buen camino, cierto 



10 PRÓLOGO 

es también por desgracia, que aún está muy lejos 
de su terminación la obra iniciada en favor del 
buen decir por aquellos ilustres extranjeros. Si 
en lo tocante al punto en que nos estamos ocupan- 
do, la República de Chile no es ya la última de 
las naciones en que se habla español, aún tiene 
delante de los ojos el bochornoso espectáculo de 
otras que con menos elementos, tranquilidad y ri- 
queza que ella, la igualan y la vencen. No hemos 
tenido un Baralt como Venezuela, ni un Pardo 
como el Perú, ni un Cuervo como Colombia; y 
basta abrir los periódicos de México, de Caracas, 
de Bogotá y de Lima, para persuadirse de que por 
aquellos mundos se tiene mucho más respeto á las 
reglas de la gramática y se conocen mucho mejor 
que entre nosotros, los modismos de la lengua, y 
la propia y castiza significación de sus vocablos.'^ 
Por lo que á Guatemala concierne, se verá en 
esta obra que no siempre se respeta el género de 
los nombres; que se añaden y se suprimen letras 
á muchas palabras; que se dan terminaciones 
antojadizas á algunos derivados; que se forman 
verbos de muchos sustantivos castellanos que no 
los admiten: y se cambian unos verbos por otros; 
y se trastruecan las preposiciones; y se prefieren 
las palabras vulgares á las cultas; y hasta se mu- 
da la significación de los vocablos en varios casos; 
sin contar con los muchos arcaísmos y neologis- 
mos, que se emplean constantemente, y algunas 
metátesis que deben evitarse. 
. Existe también cierta propensión á desinencias 
caprichosas, como sucede con la terminación al^ 
que se aplica á los nombres de los árboles, en vez 



DEL AUTOR 11 

de aplicarse á la plantación ó siembra de ellos: na- 
ranjal, anonal, mangal, cipresal, granadal, duraz- 
nal, /apotal, aguacatal, cocal, guayabal, deci- 
mos, por naranjo, añono, mango, ciprés, granado, 
durazno, zapote, aguacate, coco ó cocotero, guaya- 
bo, &,y &., tV*. 

Apuntaremos además aquella tendencia exage- 
rada al uso del diminutivo: tan tito, todito, luegui- 
to, airecito, ahorita, alentadito, sólito, dicen mu- 
chas gentes melosas, que bien merecieron la burla 
que, por sus itos^ les hizo D. Antonio José de Irisa- 
rri, y cjue prestaron mérito á otro compatriota 
nuestro, D. Francisco Rivera Maestre, para termi- 
nar su '• Epístola á Guatemala " mandándole " mu- 
chos adiós ¿tos. 

U. 

No faltarán personas que tal vez miren como 
un trabajo inútil, sobre ser ingrato, éste de pro- 
curar la pureza y corrección del lenguaje, señalan- 
do los vicios más frecuentes en el uso diario y 
coleccionando las voces y locuciones provinciales 
más someras que corren entre nosotros. 

Para responder á los que así desdeñan el estu- 
dio del idioma, como asunto baladí, nos será lícito 
valemos de las expresiones del sabio Bello, cuan- 
do dice que, si tal cosa se afirmara en Valladolid 
ó en Toledo, todavía se pudiera argüir que el cau- 
dal de voces y frases que andan en la circulación 
general no es más que una pequeña parte de las 
riquezas de la lengua; que su cultivo la uniforma 
entre todos los pueblos que la hablan, y hace mu- 
cho más lentas las alteraciones que produce el 



12 PRÓLOGO 

tiempo en esta como en todas las cosas humanas; 
que, á proporción de la fijeza y uniformidad que 
adquieren las lenguas, se disminuye una de las 
trabas más incómodas á que está sujeto el comer- 
cio entre los diferentes pueblos, y se facilita así 
mismo el comercio entre las diferentes edades, 
tan interesante para la cultura de la razón, y pa^a 
los goces del entendimiento y del gusto; que todas 
las naciones altamente civilizadas han cultivado 
con un esmero particular su propio idioma; que 
en Roma, en la edad de César y Cicerón, se estu- 
dio el latín; que entre preciosas reliquias que nos 
han quedado de la literatura del Lacio, se conser- 
va un buen número de obras gramaticales y filo- 
lógicas; que el gran César no tuvo á menos com- 
poner algunas, y hallaba en este estudio una dis- 
tracción á los afanes de la guerra y los tumultos 
de las facciones; que en el más bello siglo de la 
literatura francesa, el elegante y juicioso Rollin 
introdujo el cultivo de la lengua materna en la 
Universidad de París; citaríamos el trillado " Hcec 
studia adolescentiam alunt d*; " y en fin, nos apo- 
yaríamos en la autoridad de cuanto se ha escrito 
sobre educación literaria. De este modo pudiera 
responderse, aún en los países donde se habla el 
idioma nacional con pureza, á los que condenan 
su estudio como innecesario ó estéril. ¿ Qué di- 
remos, pues, á los que lo miran como una super- 
fiuidad en América ? 

Al ñn logró el patriarca de lá literatura hipano- 
americana, que esto escribía, que en Chile se pres- 
tara toda la atención necesaria al fomento de la 
lengua nacional, mandando el Gobierno que su 



DKL AUTOR 13 

estudio se hiciese durante tres años, para po- 
der optar á las carreras profesionales; pero tam- 
bién pensaba aíjuel consumado ñlólogo que nada 
se habría conseguido con poner en manos del ni- 
ño una gramática, hacerle aprender de memoria 
frases que no entiende, ni puede entender, y que 
absohitamente no le sirven para distinguir lo bue- 
no de lo malo en el lenguaje. ;, Qué provecho le 
resulta, en efecto, de tener la cabeza poblada de 
definiciones, y de saber analizar una frase en la 
pizarra, diciendo que la es artículo, tierra^ sustan- 
tivo, es verbo, y extensa adjetivo, si realmente no 
sabe distinguir sino á tientas y á bulto, al nombre 
del verbo, y al sustantivo del adjetivo; y si al sa- 
lir de la escuela sigue diciendo, como antes de ha- 
ber entrado 4 ella, yo titezOj yo forzó, yo vareo, vos 
soSj nosotros ihanos, nosotros ventanos, hubieron 
hombres, trancémonos en el pleito, ct., ct ? 

. Importa, á no dudarlo, conocer el mecanismo y 
genio de la lengua; pero este difícil estudio debe 
hacerlo el joven que abrace las j)rofesiones litera- 
rias, 6 el que aspire á una educación muy esme- 
rada: un niño no puede penetrar en las abstrusas 
^ cuestiones gramaticales, sino limitarse a aprender 
^ algunos principios, y por medio de ejercicios prác- 
ticos, la manera de hablar correctamente, para 
evitar desde temprano los adefesios ele que está 
plagada el habla del vulgo. 

En la república de Colombia, que tan adelan- 
tada se halla en materias literarias, base recono- 
cido cuanto acabamos de insinuar; y he allí por 
qué el artículo 42 del decreto orgánico de la ins- 
trucción pública primaria previene '' que el ade- 



14 V ^ PRÓLOGO 

lanto de los niños no tanto se gradúe por las re- 
glas gramaticales que sepan de memoria, cuanto 
por la corrección y propiedad con que hablen y 
escriban." 

A ese proposito responde la preciosa gramática 
de la lengua castellana, por D. Emiliano Isaza, y 
la de D. César C. Guzmán, quienes han observado 
que la análisis profunda del lenguaje es incom- 
prensible para inteligencias no avezadas á especu- 
laciones metafísicas; pero sin olvidar que, como 
dice el literato D. J. Manuel Marroquín, debe 
prepararse á los niños con simples rudimentos de 
la lengua patria, tanto para que corrijan los vicios 
y defectos con que afea el lenguaje, dando pruebas 
de mala educación todo ignorante, como porque 
tampoco es dable enseñar los idiomas extranjeros 
á los que no posean algunos conocimientos acerca 
del propio. 

Mas como las voces y locuciones viciosas que 
se usan en Colombia, no son siempre las mismas 
que en Guatemala se emplean, podrán los maes- 
tros que deseen seguir en esta parte el único mé- 
todo provechoso y eficaz, valerse de la presente 
obra que les ofrecemos, para proponer á sus 
alumnos, con las frases y términos que nosotros 
apuntamos, ejercicios análogos á los que contie- 
nen aquellas gramáticas. 

Al formular esta indicación, no hacemos otra 
cosa que conformarnos con el sistema moderno, 
empleado por Murray en sus ejercicios ingleses, y 
por Noel y Chapsal en los que escribieron para la 
enseñanza de la lengua francesa; el primero de 
esos libros está reconocido como texto en los Es- 



DEL AUTOR ^^^ .. 15 

tados Unidos de América, y el segundo en las es- 
cuelas de Francia. 

A los mismos maestros de escuela puede ser de 
alguna utilidad el registro de nuestro libro, ya que 
la pureza de dicción y el lenguaje atildado, deben 
brillar en sus explicaciones: ^* Los niños son cria- 
ras de imitación, como observa Emerson, y tratan 
siempre de repetir lo que oyen, aunque muchas 
veces no lo entiendan. Si, pues, el profesor es 
castizo en su modo de hablar ó de expresarse, en 
los discípulos se reflejará, por decirlo así, esta cua- 
lidad, y éstos le distinguirán por la corrección con 
que hablen; si, al contrario, usa de un lenguaje 
mazorral v vicioso, á ellos se harán trascendenta- 
les estos defectos, y por ellos se conocerá la igno- 
rancia del que los enseña." 



III. 

Abogamos por la pureza del lenguaje, porque 
creemos, valiéndonos de las expresiones de un 
distinguido venezolano, que si diéramos anchas á 
esa especie de culteranismo, á esos caprichos de 
extravagante neologismo, se reproduciría dentro 
de poco en América la confusión de idiomas, dia- 
lectos y jerigonzas del babilónico caos de la Edad 
Media; y diez pueblos perderían uno de sus víncu- 
los más poderosos de fraternidad, uno de sus más 
preciosos instrumentos de correspondencia y co- 
mercio. 

Entre las prendas que revelan cultura y distin- 
guen á la gente bien educada, está el hablar co- 
rrectamente su lengua; y ya que la nuestra se ha- 



16 PRÓLOGO 

lia esparcida en los dos Continentes, y es la 
misma que sirve de medio de comunicación á la 
heroica España y á las jóvenes repúblicas latino- 
americanas, cuidemos de evitar ese alud de neo- 
logismos, que bien pudiera al fin acarrear un te- 
nebroso período, como el que atravesó la lengua 
latina cuando fermentaban en Europa los dialec- 
tos nuevos. 

Hoy no tienen razón de ser los antagonismos y 
las diatribas: los odiois contra España ya sólo son 
buenos, como dice el eminente humanista D. 
Rufino J. Cuervo, para fiingidos en discursos es- 
tudiantiles: la Historia tiene ya dado su fallo, y 
en su tribunal oprimidos y opresores han llevado 
su merecido; rotas las antÍ2;uas ataduras, unos y 
otros son pueblos hermanos. En el templo de la 
gloria se ven hoy resplandecer los nombres de Ri- 
caurte, Bolívar, Sucre, San Martín é Hidalgo, apa- 
reados con los de Guzmán, Padilla, Palafox y Cas- 
taños, y todos proclaman al mundo que son ingé- 
nitas la sed de libertad y el esfuerzo para conquis- 
tarla." 

En las evoluciones de los pueblos, lo último que 
se pierde es la lengua; y si bien es natural que 
vaya asimilándose nuevos elementos, como se asi- 
milan los seres vivientes los gérmenes de desarro- 
llo que los aiSiman y sustentan, esto tiene que ser 
sin que la unidad se pierda y la naturaleza se es- 
trague: en la renovación está la vida; pero en la 
renovación ordenada, que producen las le^^es de la 
existencia y del tiempo. La transformación pro- 
gresiva que obedece al genio del idioma, dista mu- 
cho de ser esa anarquía devastadora, ese furor cié- 



DEL AUTOR 17 

go, que mueve cruda guerra á todo lo que va san- 
cionado por los años, con preexistentes derechos. 
Si las nuevas formas y matices del pensamiento, 
en su vuelo por las regiones del progreso, exigen 
nuevos giros y nuevas voces, no seríamos nosotros 
los que, sordos al clamor de la ^poca y adoradores 
de exagerado purismo, rechazáramos incondicio- 
nalmente todas las dicciones nuevas, hijas muchas 
de ellas de los múltiples elementos regionales del 
Nuevo Mundo, que reflejaa variado y rico colori- 
do en el habla castellana. Es indudable que, á la 
par que se pierden muchas voces que el uso rele- 
ga, reciben otras carta de naturaleza, cuando la 
necesidad las abona y ei genio del idioma las 
adopta; porque — lo repetimos — las lenguas vivas 
experimentan pérdidas y reparaciones, como suce- 
de con todos los organismos, que se renuevan in- 
cesantemente. Desde el punto de vista, pues, de 
la esencia variable de las cosas, el arcaísmo y el 
neologismo son fenómenos naturales; pero así co- 
mo las mudanzas que forman la vida, se sujetan 
á las leyes armónicas que dependen de la misma 
esencia de los seres, el organismo lingüístico tiene 
que someterse en su desarrollo á los preceptos que 
impone el buen uso, fijado por el recto criterio de 
doctas corporaciones, toda vez que, ( como dice el 
Secretario Perpetuo de la Academia Colombiana, 
el distinguido poeta D. Rafael Pombo ) los ame- 
ricanos somos ciudadanos hábiles, fraternalmente 
reconocidos con voz y voto, en la gran República 
deslindada por Cervantes, Alarcón, Bello y Ven- 
tura de la Vega. 



18 PROLOGO 

No es, por lo tanto, vicioso ni espurio todo lo 
que en materia de lenguaje pertenece á los hispa- 
no-americanos, como lo demuestra el último dic- 
cionario de la Academia Española, que acogió 
en sus columnas la mayor parte de las cédulas 
que le dirigieron los Centros correspondientes de 
' Bogotá, Caracas, Santiago, Lima y México, confir- 
mando además las doctrinas, en muchos artículos, 
de las clásicas " Apuntaciones Críticas," del pro- 
fundo filólogo colombiano D. Rufino J. Cuervo. 

Bajo el influjo de tales pensamientos, escribi- 
mos este libro, que contiene una lista, si no com- 
pleta, numerosa al menos, de nuestros provincia- 
lismos, con sus equivalentes castizos, cuando los 
tienen, y con ejemplos unos y otros, tomados los 
primeros, de nuestros escritores nacionales, y los 
segundos, de los clásicos españoles. También fi- 
guran en esta colección las voces que se pro- 
nuncian mal, y las palabras y frases que ado- 
lecen de vicios, que tanto afean nuestro modo de 
hablar, y que notamos en locuciones úsales. 

No ha entrado en nuestro propósito, ni nos hu- 
biera sido dable, coleccionar todos los nombres de 
plantas y animales de estas comarcas, cuyo estu- 
dio corresponde á la botánica y á la zoología; pero 
no hemos podido menos que dar cabida á muchos 
de aquellos que, por decirlo así, figuran en primer 
término en el animado cuadro de nuestra varia 
naturaleza. 

IV. 

Faltaríamos á un deber, no sólo de cortesía lite- 
raria, sino además de justicia, si no tributáramos 



DEL AUTOR 19 

-el homenaje de nuestro reconocimiento á los es- 
critores que nos han suministrado una parte del 
material para nuestra labor. 

No sólo hemos tenido que consultar el diccio- 
nario de la Real Academia Española, que contie- 
ne en su 12* edición, notables mejoras en caudal 
de voces, en método, en redacción y en forma ti- 
pográfica, comprendiendo por vez primera las eti- 
mologías, mal que pese al erudito Miguel de Esca- 
lada, 6 sea D. Antonio de Valbuena y al célebre 
Clarín, ó D. Leopoldo Alas; sino que también he- 
mos consultado frecuentemente el diccionario eti- 
mológico de Monlau, y el de galicismos de Baralt, 
obra cuyo mérito es palmario, aunque calificada 
por literatos de nota, de severa con exceso y á ve- 
ces falta de lógica. 

Hemos tenido á la vista, si bien muy poco ha 
debido servirnos, el " Diccionario de Americanis- 
mos de Bartlett," en el cual se estudian profunda- 
mente los orígenes de los neologismos que se usan 
en los Estados Unidos de América, remontándose 
hasta los dialectos de Inglaterra. 

Desde el año 1836 se dio á luz por primera vez, 
el '' Diccionario de Provincialismos de Cuba, por 
Piehardo," que más descuella por la notable eru- 
dición que revela en la historia natural, y que al- 
gunas veces citamos en el cuerpo de nuestra obra. 

Las " Apuntaciones Críticas sobre el Lenguaje 
Bogotano," por Rufino José Cuervo, han sido de 
suma utilidad á nuestro propósito, y tenemos 
la satisfacción de confesar que, en ese interesante 
libro (del cual hemos consultado la 4^ edición, 
notablemente aumentada,) hallamos mucho y rico 
material. 



20 PRÓLOGO 

El *' Diccionario de Chilenismos/' por Zoroba- 
bel Rodríguez, dado á la estampa en Santiago, el 
año 1875, nos ha ayudado en alguna parte. 

El "Diccionario de Peruanismos" que, como 
ensayo filológico, publicó en Lima, en 1883, el no- 
table escritor D. Pedro Paz Soldán v Unánue, ba- 
jo el seudónimo de Juan de Arona, nos ha sumi- 
nistrado todo aquello que es común entre los pro- 
vincialismos peruanos y los guatemaltecos. 

El vocabulario de las voces provinciales de la 
América, de D. Antonio de Alcedo, contiene mu- 
chas cosas notables, que se refieren á las produc- 
ciones naturales de este Continente; pero la ma- 
yor parte de tales voces ha recibido ya, como era 
natural, la sanción lexicográfica, demandada por 
la necesidad y justificada por el uso. 

La '' Historia de Guatemala, ó Recordación Flo- 
rida, escrita en el siglo XVII, por el capitán D. 
Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán," con- 
tiene muchos nombres y descripciones de hierbas, 
cortezas y raíces medicinales, propias de estas 
comarcas. 

La " Gramática de la Lengua Castellana," por 
D. Andrés Bello — ese monumento levantado á las 
letras españolas en América — se cita, para honra 
nuestra, no pocas veces, en las páginas de esta 
colección. 

Entre las *' Memorias de la Sociedad de Lin- 
güística de París," figura un curioso folleto, de G. 
Maspero: " Sur quelques singularités phonetiques 
de r esjpaguol parlé dans la. campagne de Buenos 
Aires et de Montevideo^ Este estudio nos ha de- 
mostrado que una parte de nuestros barbarismos 
no es desconocida en las márgenes del Plata. 



DEL AUTOR 21 

La '' Colección de Lingüística y Etnografía Ame- 
ricanas," publicada en San Francisco de Calfornia, 
por A. L. Pinart, es otro de los libros que hemos 
tenido á la vista. 

** Las Cuestiones Filológicas de D. Antonio Jo- 
sé de Irisarri," son estudios eruditísimos, de im- 
portancia suma en varios puntos que, con la his- 
toria, la literatura, los orígenes y forma del len- 
guaje, se rozan. Hemos tratado, pues, de aprove- 
char, dada la ocasión, las magistrales y útiles 
enseñanzas de tan distinguido guatemalteco. 

La ** Gramática Práctica de la Lengua Castella- 
na,*' por D. Emiliano Isaza, es por todo extremo 
recomendable, y algo de lo que figura en nuestras 
páginas ha sido tomado de esa obrita colombiana. 

Los /'Vocablos indígenas de Venezuela," colec- 
cionados por Aristides Rojas, y el '' Arte de la 
Lengua del Reino Cackchiquel ó Gvatemalico, 
con un paralelo de las lenguas Metropolitanas de 
los Reinos Quiche, Cackchiquel y Zutujil, publi- 
cada el año de 1753, por el P. Fr. Ildefonso Joseph 
Flores," han formado parte de los libros de con- 
sulta que hemos tenido presentes. 

El ** Vocabulario Río Platense razonado," de D. 
Daniel Granada, es una curiosa colección, que he- 
mos hojeado con provecho. 

El tratado que escribió D. César C. Guzmán, 
con el título de " Composición y Gramática Prác- 
tica," y del cual ya se han hecho cuatro ediciones, 
registra algo apropiado al linaje de nuestros es- 
tudios. 

" Los Idiomas de la América Latina," por So- 
bren, y ''La Formación de la Lengua Española," 



22 PRÓLOGO 

por Roque Barcia, son obras que también hemos- 
consultado. 

*' La Guía del Lenguaje Castellano" de Odoni 
Fonol, publicada en 1885, se cita de vez en cuan- 
do en el presente volumen. 

La antigua y curiosa obra, que salió por prime- 
ra vez á luz en Madrid, el año 1737, intitulada 
'* Orígenes de la Lengua Española," recogidos por 
D. Gregorio Mayans y Sisear, es de sumo interés 
para conocer á fondo nuestro idioma. Nos ha- 
servido muchas veces, cuando hemos tenido que 
consultar el origen de voces, locuciones y refranes. 

El precioso libro da D. Juan Ignacio de Armas, 
" Orígenes del Lenguaje Criollo," que salió á luz 
el año 1882, nos ha dado á conocerlas etimologías^ 
y la formación y uso de muchas voces americanas. 

" Primera Gramática Española Razonada," se 
llama la que escribió D. Manuel M. Díaz Rubio y 
Carmeno, en dos grandes volúmenes, y que hace- 
cuatro años se dio á la estampa. Esta gramática 
y la de D. Manuel María Guillen de la Torre, que 
vio la luz pública ec 1886, han formado parte de 
los libros de doctrina que hemos consultado. 

Nuestro distinguido amigo, el notable zoólogo. 
D. Juan J. Rodríguez, nos ha favorecido con los 
nombres técnicos referentes á ciencias naturales.. 
Grato nos es consignar aquí el testimonio de apre- 
cio que le debemos. 

Las obras literarias de D. José Milla, una de^ 
nuestras glorias patrias, contienen discripciones 
de asuntos del país y copia de términos provincia- 
les que hemos aprovechado, exornando con ejem- 
plos nuestros artículos. 



DEL AUTOR 



23 



También figuran en estas páginas algunos ver- 
sos de D. José Batres Montúfar, de Rivera Maes- 
tre, de Go3^ena, de los hermanos Diéguez y de 
algunos otros bardos guatemaltecos, que han em- 
pleado á las veces nuestros provincialismos. 

Por. lo demás, hemos tenido que ir haciendo 
poco á poco, la lista de voces y frases que, sin ser 
castizas, andan mezcladas con nuestro idioma, y 
que dan lugar frecuentemente á confusiones y du- 
das, que hacen incurrir en errores aun á personas 
educadas. 

Comprendemos que nuestro ensayo no puede 
dar por resultado una obra completa, como sería 
apetecible, y que la presentía tiene que resentirse 
de errores y vacíos. 

Este libro no es más que una base que servirá 
de punto de partida á aquellos que, con profunda 
ilustración, sobrado tiempo y prolijo examen, 
puedan elaborar una obra acabada, en este linaje 
de estudios, que tanto han menester de la crítica, 
" no la de hidrópicos encomios ó de zumbas de 
graciosos de esquina, sino aquella franca, honra- 
da, independiente é investigadora, que estudia, 
fecundiza y corrige el trabajo ageno, ilustrando y 
estimulando al autor, y no paralizándolo con la 
inflación del engreimiento ó moviéndolo á romper 
la pluma ante la soez retribución del escarnio." 



La Lengua Castellana en la América Española. 



Los osados aventureros que, en son de conquis- 
ta, dejaban su nativo suelo, buscando lucro y ha- 
zañas al venir á América, traían entre sus recuer- 
dos los de las gloriosas lides contra godos y árabes, 
y en su rico idioma las pomposas galas de los in- 
genios que, en el siglo XVI, asombraron al orbe 
con sus letras meritísimas. La espada ibérica 
despedía el fulgor de la expulsión de los moros y 
de la destrucción de los bárbaros ; mientras que la 
lengua de Castilla era entendida casi por toda 
Europa, que contemplaba con admiración lag in- 
mortales obras de insignes proceres. Había lle- 
gado á su apogeo la gloria hispana en el antiguo 
Continente, y el idioma del sabio rey D. Alfonso á 
su mayor auge, cuando se realizaron por Colón los 
sueños de Séneca, al descubrirse el Nuevo Mundo. 
Traían los débiles esquifes del inspirado genovés, 
con los gérmenes de la civilización, que pudo pa- 
sar por el tamiz de las preocupaciones de aque- 
llos tiempos, el rico caudal de voces de una sono- 
ra lengua llena de esplendor y galanura, destina- 
da á resonar, entre los vítores del combate, al pie 
de los Andes y en las risueñas márgenes de los 
alegres lagos de la opulenta ciudad de Moctezu- 
ma; sobre la nevada cresta de las cordilleras plu- 
tónicas, ó en las verdes y serenas praderas de las 



26 LA LENGUA CASTELLANA 

faldas de cien volcanes ; en el rancho del cacique 
y en la tienda del soldado ; en boca de Pizarro y 
en los fementidos labios de Felipillo, el indio as- 
tuto que condujo al suplicio al desventurado Ata- 
hualpa; en las agonías acerbas de doña Beatriz de 
la Cueva y en los éxtasis de amor de la hermosa 
Xicotenca. 

El idioma castellano era digno de la exuberan- 
te naturaleza que se ostenta en América ; estaba 
destinado á llevar, con heroico acento, al Dios de 
las alturas, la férvida bendición del primero que 
plantó en el Nuevo Continente e] estandarte de 
los indomables leones. La algarada de las armas 
había de cesar ; el régimen colonial era no más 
que pasajera evolución ; empero, el idioma de la 
conquista echaría profundas raíces en las regiones 
descubiertas ; porque el signo admirable de la idea^ 
que la palabra envuelve, es lo último que pierden 
las nacionalidades destinadas á perecer, y lo pri- 
mero que se incuba cuando la simiente del progre- 
so se esparce por pueblos conquistados. El árbol 
secular de ancha copa y rico follaje, riega al vien- 
to su semilla para que nunca se extinga, mientras 
que la humilde enredadera necesita piadoso arri- 
mo y prestada savia, á fin de que sus hojas tengan 
efímera frescura y pálidos matices sus delicadas 
flores. Los obeliscos, arcos y pirámides que pu- 
dieron haber dejado los bravos castellanos, ya es- 
tarían reducidos á polvo ; pero los mares, los mon- 
tes, las cordilleras, los ríos y poblaciones que 
con sus nombres bautizaron, allí están para 
siempre. 



EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 27 

Había que luchar, más que contra las indianas 
flechas, con la salvaje naturaleza de estas comar- 
cas, que ocultaba doquiera gérmenes de muerte 
entre su primitiv^a grandeza. Tras las moles in- 
mensas de granito ¿qu<3 iba á encontrar el con- 
quistador? Después de caminar hambriento en 
forzadas marchas, fabricando canoas para atrave- 
sar ríos que semejaban mares ¿quiC'n sabía lo que 
adelante estaba? Colón se lanzó á lo ignoto del 
océano, y los Pizarros, Corteses, Alvarados y Val- 
divias, se arrojaban á menudo á lo desconocido de 
la tierra. 

En esas bélicas exploraciones, })rt*rui(las de pe- 
ligros, iban los esforzados castellanos bautizando 
los múltiples objetos que á su vista se ofrecían. 
Al ver de repente un temible cuadrúpedo, en algo 
parecido al africano tigre, dábanle por analogía 
tal denominación ; al contemplar con espanto una 
águila colosal, que cerníase soberbia sobre las 
crestas de los Andes, preguntaban al indígena por 
el nombre de ese rey de las nubes ¡el Cóndor ! ; al 
saborear la sabrosa carne del agreste pavo, dejá- 
banle en cada región nomenclatura aborigen ; al 
ave de negras plumas, que limpia las ciudades, 
apellidábanla con indianas voces ; y el rojo guaca- 
mayo, el lijero sánate, y tantas más déla alada 
tribti, (como diría el poeta) que eran desconocidos 
pai-a los españoles, requerían palabras diversas. 
Sobre los nevados páramos peruanos vivía el agres- 
te llama ; por el lado sur del continente dejábase 
ver el montes coyote, entre la verde chuca; y por 
todo México y la América Central, el mapache, el 
micoleón, el perico lijero, la taltuza, la cotuza, el te- 



28 LA LENGUA CASTELLANA 

pescuinte, el tacuazín y muchos otros de originales 
nombres, que poco á poco van naturalizándose en 
el lenguaje común, dado que no es posible desde- 
ñar elementos que se asimilan en la serie de los 
tiempos, ni es bastante el humano esfuerzo para 
detener la corriente invasora de neologismos, que 
se introducen justificados por la necesidad de de- 
nominar objetos ó seres nuevos. 

Complacíanse los conquistadores aquende el 
océano, al contemplar la variada fauna americana ; 
pero no se complacían menos al percibir la rica 
flora de este suelo. Así como llamaban con orgu- 
llo "Nueva España" á México, y ''Nueva Grana- 
da" á Colombia, así me figuro también que aque- 
llos férreos pechos de los hispanos soldados palpi- 
tarían alguna vez al decirle rosa á la flor de la sil- 
vestre sarza ; pasionaria á la flor de la granadilla ; 
y espíritu santo, á la original orquídea paname- 
ña. Algún recuerdo siquiera fugaz debieron de 
evocar las flores americanas en la memoria de los 
esforzados adalides, que con caballerescas tradi- 
ciones, subyugaron al Nuevo Mundo, i Cuántos 
besarían, como Miguel Ángel besó al morir el re- 
trato de su amada, alguna de esas silvestres flore- 
cillas de nuestros campos, al expirar en ellos, al 
rudo golpe de la suerte ! 

Razón tenían los codiciosos aventureros, al ad- 
mirar estupefactos la naturaleza americana, para 
decir que todo aquello sólo podía compararse con 
el primitivo edén. Con ojos de sorpresa miraban 
la esbeltísima ceiba, de espléndido follaje, que se 
esconde entre las nubes y parece desafiar las tor- 
mentas torrenciales ; ni debió de causarles menos 



EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 29 

asombro el guayacán resinoso, de odoríferas ye- 
mas y crispadas ramas, que cual gigante del bos- 
que se exhibe ufano en la espesura ; el volador que 
crece enhiesto hacia el cielo, semejando aspiración 
etérea ; el cocotero de agrestes abanicos, como des- 
tinado á refrescar el tropical ambiente ; el incom- 
bustible conacaste, que ofrece su corpulento tronco 
para improvisar rústicas embarcaciones ; y tantos 
árboles raros y medicinales, como encierran nues- 
tras selvas. Sólo quien haya contemplado esos 
enmarañados bosques en que, al canto del censonte 
y del pito real y úñense los rumores de los insectos 
que perennemente zumban, y las armonías de 
una naturaleza exuberante llena de matices y co- 
lores, podrá comprender la honda impresión que 
recibieron los que buscaban tierra, casi perdidos 
en el anchuroso mar, cuando con fe en el alma y 
alegría en el corazón, se arrodillaron en la prime- 
ra isla que les deparó el destino. Desesperaban 
los marineros hispanos de volver á sus lares y de 
hallar salvamento en el embravecido piélago^ 
cuando se aclaró el horizonte, dibujáronse, revo- 
loteando blancas nubes, en el firmamento azul ; 
escucháronse ecos vagos de rumorosa selva, cual 
misteriosa respiración de la costa próxima ; y se 
les presentó el panorama más imponente que nun- 
ca se viera. Sentiríanse aquellas gentes, en esos 
instantes de inefable arrobamiento, como atraídas 
por este Nuevo Mundo de grandezas y encantos ; 
como llamadas á su rico seno ; como átomos del 
planeta que deben sumergirse al fin en el todo de 
lo creado, con la flor, el río, el ave, la planta y 
cuanto tiene perecedera existencia. 



30 LA LENGUA CASTELLANA 

Verían más tarde los iberos audaces otro subli- 
me espectáculo. Era la inmóvil pampa, en donde 
todo reposa callado é inerte, sin varieda,d ni loza- 
nía. Las vizcachas gruñen, los gauchos cantan con 
melancólica y lúgubre voz, y el horizonte se ex- 
tiende ilimitado hasta confundirse con an cielo 
que parece reflejar el verdor de aquella extensísi- 
ma superficie, de más de trescientas leguas. Las 
resedas, las margaritas y anémonas perecen allí 
pálidas de nostalgia, echando menos la sombra de 
las selvas. P]s tan grande el desierto, como tris- 
te, sin brillo, ni matices. ¡Qué contraste, el bos- 
caje paradisiaco y la argentina pampa! 

Empero, quién había de presentir que la raza de 
aquellos descubridores, no sólo subyugara á las nu- 
merosas tribus americanas, sino que después déla 
gran catástrofe del soberbio imperio de México y 
de la terrible hecatombo de los incas, hubiera de 
extender, más allá de la conquista y del gobierno 
de los vireyes, la advenediza lengua de Castilla. 
Verdad es que los numerosos idiomas indígenas 
prestáronle rico contingente, al punto que, mien- 
tras viva, guardará restos del quiche, del mexica- 
no, del quichua, del guaraní y de todas las prin- 
cipales lenguas que aquí se hablaban al llegar los 
capitanes iberos; porque cuando dos civilizaciones 
chocan, prevalece la que más fuerza moral encie- 
rra, bien que algo queda de amalgama y compene- 
tración, como sucedió con los árabes en España, 
cuya cultura se trasluce entre lo ibero, romano y 
gótico que caracteriza á la Península. En Amé- 
rica, acaso desaparecerán las razas autóctonas; pe- 
ro muchas de las palabras de sus lenguas irán co- 



EX LA AMÉRICA ESPAÑOLA 31 

rriendo en el tiempo, como corren las gotas del 
manantial que caen en anchuroso río, hasta per- 
derse en el mar. La chala^ el choclo argentinos ; 
la tusa y el helóte mexicanos y guatemaltecos, vi- 
virán mientras se siembre el maiz, ese rico grano, 
al (|ue Colón llamaba panizo ^ y se cultiven las mil- 
pas, que, 

" Se despliegan al sol y se levantan 
Ya doradas, temblando, las espigas. 
Que sobresalen cual penachos jaldes 
De un escuadrón en las revueltas filas. 

Brvita el blondo cabello del helóte, 
Que muellemente al despuntar se inclina ; 
El manso viento con sus hebras juega 
Y los rayos del sol tuestan y rizan." 

Burlón llamaremos nosotros, siquiera impro- 
piamente, á ese microscópico pajarillo, 

*' Viva esmeralda tornasolada, 
Áureo diamante que centellea." 

Ni podrán los años hacer que por acá se deno- 
minen de otra suerte las flores de la cruz, que el 
campo esmaltan ; del bellísimo izote los sabrosos 
botones ; la'blanca/or¿pt¿7i(/m ó agreste campánula^ 
el corronchocho amargo, de apretados racimos ; la 
guayaba, que roba la turba estudiantil ; el jocote 
que ostenta corona de escarlata; y todas aquellas 
flores del alma, que son flores guatemaltecas, y 
todas esas frutas silvestres, que evocan los tiem- 
pos risueños de la inocente niñez. Voces regio- 
nales, que están en la condición modesta de pro- 
vincialismos nuestros; pero que para nosotros tie- 



32 LA LENGUA CASTELLANA 

nen la importancia que en la familia se atribuye 
á las reliquias abolengas, que el tiempo ha respe- 
tado, por más que carezcan de intrínseco valor. 

De esas palabras que andan por ahí sin tutela, 
como pobres huérfanas, que no carecen de perso- 
nales dotes, hay muchas americanas que deben fi- 
gurar en el léxico español ; que ya ha aceptado al- 
gunas, porque las apadrina el uso de millares de 
hombres ; otras son especiales para designar cosas, 
costumbres, juegos ó peculiaridades de país'^s dis- 
tintos ; mientras que no faltan pocas circunscritas 
á pueblos ó villas de una misma nacionalidad, 
vergonzantes las más, que en ciertos lugares son 
de uso corriente, para significar animales ó fru- 
tas, y en otros designan objetos torpes ó inmun- 
dos. 

Es curioso y útil el estudio de ese lenguaje pin- 
toresco á las veces, que va mezclándose con el es- 
pañol, ataviado á usanza nacional, en cada una 
de estas repúblicas de Hispano- América ; estudio 
que han hecho, en la Argentina Daniel Granada y 
Alejandro Magariño Cervantes, en Chile Zoroba- 
bel Rodríguez, en el Perú Paz Soldán y Unánue, 
en el Ecuador Pedro Fermín Geballos, Santiago 
Michelena en Venezuela, Rufino J. Cuervo en Co- 
lombia, y la Academia correspondiente de la es- 
pañola en México. 

Cuando decía el príncipe de los ingenios que 
las Indias eran refugio y amparo de desocupados, 
y añagaza general de mujeres libres, no presintió 
á la verdad que el rico idioma de Don Quijote y 
Sancho, habría de hallar con el tiempo, inagotable 
venero de elementos lexicográficos, dignos de to- 



EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 33 

marse en cuenta, desde que se hallan esparcidos 
entre paíseses diversos, poblados por numerosa 
gente, que lejos de amenguar el habla castellana, 
dale más valor, riqueza y gallardía. 

II. 

Haciendo detenido estudio de las obras que se 
han escrito en la América Española, sobre el len- 
guaje peculiar de estas regiones, nótase sin esfuer- 
zo que, durante el largo período colonial, acaecie- 
ron dos fenómenos que contribuyen á enriquecer 
^1 habla castellana. De un lado, conserváronse 
en el Nuevo Mundo millares de voces y giros que 
en la península son ya desconocidos, como arcai- 
cos ; y de otro, aumentóse asombrosamente el vo- 
cabulario usual, con voces autóctonas, aplicadas á 
objetos y usos distintos de los de España ; voces 
que son americanismos de simpático sonido y re- 
gular estructura, dignos de figurar en el dicciona- 
rio de la lengua, ;.ni qué más tiene que una voz 
descienda del latín ó del árabe, ó se derive del 
quichua ó el cackchiquel, si se emplea por una 
<^olectividad respetable, de 1í)s veinticinco millo- 
nes de hombres que hablan español en este conti- 
nente? Nadie ha pretendido jamás que sólo el 
lenguaje que se oye al borde del Manzanares, ó 
las palabras que se escuchan en la calle de Val- 
verde, sean las que registre el léxico de la lengua; 
ni nadie anhela contener le expansión del idioma, 
ni mucho menos que se expresen todos como en 
tiempo de León y de Granada. Lo que aconseja 
^1 sentido recto y demanda el interés de cuantos 



34 LA LENGUA CASTELLANA 

usan el rico idioma de esos célebres poetas, es que 
no se vuelva un caos ó torre de Babel la lengua 
hispana, sino que se enriquezca y desarrolle, de 
modo regular y ordenado, habiendo un centro que 
sirva de regulador, en cuanto al uso correcto y 
aceptable, ya que ni todo lo que se dice por el vul- 
go puede hacer ley, sin sujetarse á examen, ni 
menos son las sabias corporaciones las que forman 
los idiomas. 

Así lo ha entendido la Real Academia Españo- 
la, y prueba de ello es que la 12^ edición del Dic- 
cionario registra palabras mexicanas, platenses, 
peruanas, etc., bien que en materia tan poco es- 
tudiada como esta de los americanismos, haya ex- 
tendido aquel respetable centro alguna vez el uso 
de un vocablo más allá de sus límites regionales, 
dejando de consignar palabras que buen derecho 
tenían á hallarse al lado de sus hermanas. Pero 
ni esos pocos errores y omisiones inevitables en 
semejante linaje de trabajos, ni el haber explica- 
do mal la significación de algunos nombres, argu- 
ye absolutamente nada que amenguar pudiera el 
relevante mérito déla ilustre corporación, sino que 
más bien prueban el poco cuidado que en estas re- 
públicas ha habido de estudiar el lenguaje y for- 
mar vocabularios especiales, como últimamente 
se han formado. En tales libros aparecen vivas 
aún muchas dicciones y voces que nos trajeron 
los conquistadores, y que hoy no entenderían allá 
en España sino los literatos dados á exhumar la 
lengua muerta; y se explican también las palabras 
y giros provinciales que en cada país se usan co- 
rrientemente. 



EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 85 

Podría asegurarse que en donde se habla y pro- 
nuncia más anticuadamente el castellano, es en 
la América Central, acaso porque de todas las ca- 
pitanías generales fue ésta la que más alejada es- 
tuvo déla Madre Patria, menos tráfago tenía con 
la Península, y más escaso movimiento literario. 
El antiguo reino de Guatemala, era sin duda, des- 
pués de México y el Perú, una de las joyas más 
preciadas de la corona de Castilla ; pero todo su 
comercio redujose auno que otro barco menor que 
venía á Sonsonate anualmente del Perú, con car- 
gamentos de vinos de Chile, aceitunas, al- 
mendras, pellones y unos $200,000 en moneda 
para cgmpra de añiles ; mientras que de la Haba- 
na, Batabanó y Cuba llegaban á Trujillo de ocho 
á diez goletas, con mezquinos cargamentos de 
aguardiente y otros objetos, que servían de pre- 
texto para hacer contrabando, y llevarse unos 
$80,000 en plata y oro de Honduras. Al río San 
Juan arrivaban tres ó cuatro embarcaciones con re- 
gistros de Cartagena, Santa Marta, y otros puer- 
tos españoles, trayendo géneros, comestibles, y 
uno que otro pillo que venía bajo partida reserva- 
da (*). La literatura colonial de México, el Perú, 
Chile, Nueva Granada, Venezuela, provincias del 
Plata y Cuba, ofrecía menos síntomas de anemia 
que la del Reino de Guatemala, en donde si no 
faltaba uno que .otro sabio, uno que otro erudito, 
eran contadas estrellas en un cielo obscurísimo. 
Los hombres instruidos eran pocos, y escasos los 
que sabían leer y escribir, al punto que no venían 

(*) Apuntamientos sobre la Agricultura y Comercio del Reino de 
Guatemala, por don Antonio Larrazábal, 1810. 



36 LA LENGUA CASTELLANA 

libros, y apenas se imprimían vidas de santos y 
reglamentos para cobros de diezmos. Si Pimen- 
tel, Medina, Vergara y otros que en este asunto se 
han ocupado, lamentan en la historia literaria, 
durante el gobierno español, el estancamiento que 
prevalecía en sus respectivos países, qué podremos 
decir nosotros, que no conservamos lo que ellos 
en sus fastos literarios? Verdad es que algunos 
esfuerzos se hicieron en los reinados de varios mo- 
narcas, á fin de mejorar la condición de estos pue- 
blos ; pero lo cierto es que ni la distancia, ni los 
tiempos eran favorables al progreso. La Améri- 
ca, fue descubierta, para sumergirla después en el 
aislamiento más completo. Explícase así ese fe- 
nómeno raro por demás, de que nosotros hable- 
mos, después de tres siglos, como hablaban los 
primeros españoles que aquí vinieron ; y que pro- 
nunciaban la z y la c en medio de vocales, confun- 
diendo su sonido con la 5 ; ni daban a la // la pro- 
nunciación fuerte que después tuvo; y decían mira^ 
anda, teñe, suprimiendo la d final de tales termi- 
naciones ; y empleaban yo vide, él vido ; y corrom- 
pían el vos sois, vos queréis, vos amáis: diciendo 
vos sos, vos querés, vos amas, etc. ; levántate, acostate, 
calíate, por levántate, acuéstate, cállate ; y más que 
todo, tenían un gran caudal de voces, que fueron 
de buena ley en el siglo de oro de la literatura 
castellana, olvidadas más tarde en el lugar de su 
nacimiento, mientras que entre nosotros viven to- 
davía. La América española, ha conseirvado la 
herencia de muchos giros y voces que en España 
pasarían por arcaísmos, y suelen dar álos escritos 
de nuestros literatos cierto sabor antiguo, cierto 



EN LA AMÉRK^A ESPAÑOLA 37 

sello característico, que al punto distingue el pe- 
ninsular que nunca ha3^a visitado nuestras pla- 
yas. 

Los mismos conquistadores fueron los prime- 
ros que en sus largas y peligrosas espediciones, 
iban exparciendo ciertas voces que, si fuera lícito, 
diríamos que emigraban con ellos de un lugar á 
otro distante. Bajaban los vocablos de la parte 
setentrional de México, por Yucatán y Centro 
América hasta Panamá, de tal modo que si com- 
paramos los mexicanismos con nuestros chapinis- 
mos, y con los provincialismos de Colombia, hay 
marcada analogía, conservándose inalterables mu- 
chísimos nombres indígenas, en todo el gran ist- 
mo que se extiende desde Río Grande á Cartage- 
na. Muchos modismos mexicanos llegaron hasta 
el sur del reino de la Nueva Granada y el Perú, 
''donde prevalece el quichua, y existió aquel fa- 
moso imperio de los incas, no menos importante 
en la historia que el azteca, cuya civilización, 
idioma y costumbres se extendían también muy 
lejos, dominando quizás cuanto estaba al frente, 
al norte y al sur, no parando hasta tropezar con 
la familia guaraní hacia el levante, la caribe al 
septentrión, y la azteca en las fronteras más occi- 
dentales del istmo." (a) 

En la parte del continente que la colonia debió 
a los esfuerzos del afortunado Solís, predomina- 
ban el quichua, el araucano y el guaraní, de los 
cuales extendiéronse por los Andes los dos prime- 
ros, y el último, por la tierra de los araucanos. 
En esos países consérvanse muchos vestigios en el 
lenguaje común, de aquellos famosos idiomas. 



38 LA LENGUA CASTELLANA 

^'Mas el concurso lexicográfico que ofrecen los pue- 
blos de la cuenca del Plata y sus afluentes, ó sean 
argentinos, orientales y paraguayos, dice don Da- 
niel Granada, no está circunscrita á esas voces 
originarias, sino que también comprende otras 
que traen su origen de fuentes más lejanas, como 
el antiguo Anáhuac y las Antillas, ó que en bar- 
cos negreros han pasado á América de las costas 
occidentales del África." 

Si se compara el ''Vocabulario Rioplatense" con 
la colección de nuestros provincialismos, se encon- 
trará diferencia muy marcada, que viene á esta- 
blecer entre ambos modos de hablar la distancia 
que hay entre dialectos diversos; pero ello es lo 
cierto que, si tomamos todo el caudal de voces 
que sin ser peculiares de cada región, sino comu- 
nes á América, han enriquecido el castellano, ha- 
llaremos que tenía razón al decir, á mediados de 
la última centuria, el erudito benedictino Fr. Mar- 
tín Sarmiento, que los vocablos procedentes de 
las Indias Orientales y Occidentales componían 
más de una décima parte de la lengua de Casti- 
lla. 

Recibió la América hispana el espléndido pre- 
sente del habla de Manrique y Garcilaso ; pero 
también los imperios de Moctezuma y Atahualpa, 
el opulento reino del Quiche, el indómito Arauco, 
las floridas Antillas, las populosas tribus del Pa- 
raná, han rendido tributo, con sus indianos voca- 
blos, al idioma que Carlos V creía propio para ha- 
blar á los dioses. Háse comprobado que el Nue- 
vo Mundo es la parte del planeta, en donde más 
lenguas y dialectos se hablan. En un radio redu- 



EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 39 

cido, en las margenas del mismo río ó en las fal- 
das del mismo volcán, hállanse todavía tribus que 
no se entienden las unas á las otras. Los primi- 
tivos idiomas indígenas abundan en voces que por 
8Í solas expresan una frase. 

El guaraní se compone de monosílabos, que com- 
binados revelan diversas ideas. El quichua fué 
lengua oficial, que los incas procuraron generali- 
zar, por medio de maestros y escuelas, y que vive 
todavía, al pie de las colosales murallas, antes cu- 
biertas de oro, que aún se alzan en el Cuzco, co- 
mo lúgubre recuerdo del legendario Tu pac Ama- 
rú. El aymará es c(»nciso, abunda en armonía 
imitativa, es aglutinante, puede contener en una 
sola voz muchos conceptos y se conserva aún en 
pueblos, cerros y lugares, desde Puno hasta Chi- 
chas y Atacama. En el antiguo reino de Guate- 
mala se hablaban más de veinte lenguas, si he- 
mos de dar crédito al oidor García del Palacio, 
que enumera las siguientes: mexicana, vebetlate- 
ca, tloque, zozil, zendalquelén, mamey, achí, cua- 
hutemalteca (cakchiquel), chienanteca, hutatleca 
(quiche), chirichota, populuca, pipil, poconchí, 
caechieolchí, chontal, tlacacesvastleca, apay, po- 
tón, taulepanlúa, mangue, ulba, maribio, &. El 
^'Cuadro de idiomas indígenas de México" del 
erudito Pimentel, da idea de las numerosas len- 
guas y dialectos de aquel riquísimo imperio. En 
resolución, la lingüística americana ofrece á los 
sabios un inmenso arsenal, el más antiguo quizás 
que en la tierra se presenta, para penetrar en el 
obscuro laberinto del origen de la palabra huma- 
na. Muchos de esos idiomas autóctonos, aún se 



40 LA LENGUA CASTELLANA 

hablan por los indios, con alguna mezcla de espa- 
ñol adulterado, ya que así como el castellano co- 
rre, por estas tierras, en contubernio con voces, 
aborígenes, también liase infiltrado en el cauce de 
los idiomas indios: el lenguaje, como todas las co- 
sas, lleva en sí el germen de su desorganización y 
el de su renacimiento. 

III. 

Así como las plantas que se llevan á lejanos cli- 
mas, sufren alteraciones diversas, sucede con las 
lenguas que se introducen á extraña tierra, que se 
ven al cabo de los tiempos, con variados giros y 
distintas voces, necesarias las más para significar 
nuevos objetos y faces de la vida social; por lo que 
no es extraño que el habla de Castilla, al exten- 
derse en América, experimentase el desenvolvi- 
miento ocasionado por tales y tan poderosos mo- 
tivos; ni es singular que fueran viviendo en las, 
colonias, en medio ¿e la calma y de la inercia que 
prevalecía antaño, otros muchos modismos y vo-- 
cablos que por muertos se tienen en la m,adre pa- 
tria, bien así como acaece con el hijo que vaga, 
errante en remoto suelo, sin curarse ya sus ascen-- 
dientes de si vive ó ha desaparecido para, siemr- 
pre. 

Después del aislamiento en que se hallaron los. 
países hispano-americanos, era consiguiente espe- 
rar que hasta entre ellos mismos hubiese mudan- 
zas en la lengua, que no había de permanecer in- 
cólume desde los rocallosos ventisqueros de Chile- 
hasta los floridos valles de México. En un mun- 
do joven, turbulento, soñador y arrogante, que- 



EN LA AMÉKU'A ESPAÑOLA 41 

sentía aspiraciones á ideales generosos, rebosando 
de vida y de entusiasmo, hubo de sufrir hondo 
trastorno la manera de ser política, al sonar la ho- 
ra de la emancipación y aparecer en el cielo de la 
patria el sol esplendoroso de los pueblos libres. 
Rompiéronse violentamente los .lazos que liga- 
ron durante tres siglos, á estos países con la me- 
trópoli española, sin que quedara, en medio délos 
acerbos odios de la lucha, más vínculo que el 
idioma, que muchos se empeñaron en convertir 
en dialectos, sin parar mientes en las ventajas que 
ofrece á cuantos hablamos castellano, tener un 
medio común de inteligencia y un elemento pre- 
cioso de comercio intelectual y material. La ten- 
dencia á crearse peculiar lenguaje, estropeando las 
leyes de la sintaxis, sustantivando y adjetivando 
verbos, formando voces viciosas, aceptando vulga- 
rismos extravagantes, y pronunciando a troche 
moche los vocablos, no pasó de ser en la América 
española, más que lógica consecuencia del odio 
que se tuvo en un tiempo á cuanto provenía de 
España. Cuando Heredia y Olmedo, en viriles 
estrofas, renegaban de la península ibérica, era 
natural que se tuviera por el vulgo en poco la pu- 
reza de la rica lengua que con tanta sonoridad y 
maestría manejaban esos bardos heroicos, bien que 
abogaron siempre por la conservación del habla 
que Felipe V se empeñó en fijar, dándole esplen- 
dor y gloria. Ni Bello, ni Irisarri, ni D. José 
Joaquín de Mora, con todo y ser muy celosos defen- 
sores de la independencia, jamás creyeron que al 
cambiar de instituciones, debiéramos haber cam- 
biado de manera de hablar ; ni que tengan nada 



42 LA LENGUA CASTELLANA 

que ver las leyes de la gramática con las trans- 
formaciones políticas, ni que fuera lícito, ni con- 
veniente, estropear á título de regeneración y re- 
publicanismo, el hermoso y rico idioma que en 
suerte nos cupo tener á tantos millones de hom- 
bres. No es preciso, para vigorizar la emancipa- 
ción, romper lanzas con la literatura española, 
tan fecunda, esplenderosa y rica ; ya que el canto 
á JunÍD y la apoteosis al héroe de Pinchincha, 
habrían perdido mucho de su viril energía y mar- 
cial ardor, si en otra lengua se escriben ; ni para 
amar, como amamos, la independencia nacional, 
hubo necesidad de maldecir á España. '^Todos los 
latino-americanos estamos unidos, al decir del 
eminente político y escritor Riva Palacio, por un 
vínculo que es una virtud nueva en el mundo, y 
de la que no ha dado hasta hoy ejemplo la histo- 
cia: el patriotismo continental. Nadie lo inven- 
tó, nadie nos lo enseñó, ni de parte alguna lo hemos 
copiado. Sin previo acuerdo, sin propaganda, sin 
que los periódicos se ocupen en eso, el patriotismo 
continental existe en la América: es cada día más 
vigoroso, y acabará por hacernos muy fuertes." 
Pues bien, ese noble patriotismo está interesado 
en que todos nos entendamos en el mismo idioma, 
desde el país de los araucanos hasta las doradas 
márgenes del río Bravo, en la heroica patria de 
Juárez; desde los declives andinos, que baña el mar 
de Balboa, hasta las ricas orillas de la isla famosa 
que lame con sus soberbias olas el anchuroso 
Atlántico. ¡ Qué por siempre se comprendan 
en estas vastas regiones, de un extremo al otro de 
la América latina, las inspiradas, sublimes notas 



EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 43 

de Olegario Andrade ; las dulces cantigas de Mila- 
nés ; las tiernas y pintorescas rimas de Juan Dié- 
guez ; y los suspiros de amor, que exhalaron las 
celestiales arpas de Acuña el desventurado, y de 
Flores el triste peregrino, de alma dolorida é ima- 
ginación de fuego! 

Después de la conquista española, dejó la catás- 
trofe indiana restos esparcidos de sus dialectos en 
el habla común ; mientras que con posterioridad 
al nacimiento de las nacionalidades hispano-ame- 
ricanas, había de vivir por algún tiempo el conato 
de rebeldía hasta contra la lengua castellana. Si 
nos ñguramos, dice un moderno filólogo, el aspec- 
to de nuestro idioma en la América española, nos 
parecerá ver el vasto lecho de un océano exhaus- 
to. Allí hay de todos los naufragios ; riquezas 
<;ompletas, riquezas truncas ; serie de despojos 
hermosos y por acaso bien ordenados ; montones 
de restos informes, heterogéneos, revueltos ; lo ar- 
caico al lado de lo flamante ; resultado todo de los 
dos grandes naufragios, el de la civilización indí- 
gena que desapareció hace tres siglos con la con- 
quista, y el de la española que se perdió al comen- 
zar el presente, en la emancipación. Esos mis- 
mos gérmenes de anarquía, productos de causas 
tan poderosas como las apuntadas, nos obligan á 
empeñarnos más cada vez en que, sin rechazar 
los americanismos que pueden ser parte á enri- 
quecer el idioma, no reine la confusión, ni pre- 
valezca el desorden, sino que la unidad del habla 
sea un motivo más que fortifique ese sentimiento 
de amor entre la raza latina del continente, que 
si no ha podido hasta hoy realizar el gran pensa- 



44 LA LENGUA CASTELLANA 

miento de Bolívar, de ligarse en beneficio común, 
está llamado en América á conservar histórica- 
mente los timbres que le dieran gloria durante 
dieziocho siglos, en los cuales casi ella sola ha pro- 
ducido la civilización actual, desde la unidad del 
imperio romano, hasta pregonar, al través de lo& 
tiempos, y en medio del estallido déla revolución, 
los derechos del hombre. Si la raza latina tiene 
en su cerebro el elemento creador, en su imagina- 
ción ja chispa del arte y en su sangre los arran- 
ques de la pasión ; que no pierda la unidad de len- 
gua, en ese grupo de nacionalidades que de Chile 
á México se contemplan, como esperando el mo- 
mento de ser ellas las que reciban los gérmenes 
de nueva vida para la humanidad, y nuevos ho- 
rizontes para los pueblos fatigados de la Europa. 
El americano español, tiene las glorias de Espa- 
ña, que son sus glorias ; tiene la solidaridad de 
intereses de una raza que, como tanto se ha di- 
cho, llena el pasado con sus proezas; tiene en lo fu- 
turo el campo de las conquistas pacíficas, por las 
ciencias y las artes ; y tiene en fin, la lengua má& 
sonora, majestuosa y rica que se habla entre lo& 
hombres. 

Extinguidas las prevenciones, que si en mo- 
mentos de lucha, pudieron tener razón de ser, hoy 
son del todo ajenas á pueblos que abrigan idénti- 
cos propósitos, no cuadra ya la manía de hablar 
mal, adulterando la española lengua ; sino que 
cumple á todo el que estime la solidaridad de raza 
y armonía de miras, tejer con cariñoso empeña 
los lazos de afecto y estimación que unir deben a 
América con España. Si los piratas aleves per- 



EX I. A AMÉRICA ESPAÑOLA 45 

seguían en otro tiempo á los galeones que lleva- 
ban el oro del Nuevo Mundo ; que no se ostenten 
hoy, despojando de sus preciados quilates á nues- 
tro bello idioma, esos otros devastadores de mala 
ley, que invaden el campo literario para cubrirlo 
de abrojos, sembrando la cizaña en donde deben 
lucir por siempre purísimas rosas y perfumadas 
violetas. 

A. Batres J. 



TRANSFORMACIONES 

DE LA 

ORTOGRAFÍA ESPAÑOLA 



Se forma la cabeza por las lenguas, y los pensa- 
mientos se tiñen del color de los idiomas, decía 
Juan Jacobo Rousseau, con lo cual daba á enten- 
der toda la importancia que ha de atribuirse á los 
estudios filológicos y gramaticales. 

El cultivo de nuestra lengua patria reviste aun 
más interés, si se la estima como medio de que 
nos valemos diariamente, para expresar nuestras 
ideas. El idioma español, en efecto, más que otro 
alguno, debe empeñar nuestra atención, tanto por 
haberlo heredado de nuestros padres, como por 
ser el más sonoro, el más elegante, y uno de los 
que menos anomalías presentan en su pronuncia- 
ción y escritura. kSí no tiene la suavidad del ita- 
liano, la gentileza del francés, la concisión del in- 
glés y la filosófica profundidad del alemán, osten- 
ta en cambio armónico ritmo y exuberancia de 
viriles, sonoras dicciones, que harto justifican la 
preferencia que Carlos V le diera para hablar 
con los dioses. 

Nacida como todas las lenguas romances, fué- 
la española, en un principio, amalgama informe 
de adulterado latín con voces celtas, que por vez 
primera exhibió la traducción de los fueros de 
Aviles, en los comienzos del siglo XII, y la del 



48 TRANSFORMACIONES DE LA 

fuero de los godos ordenada por San Fernando 
después de ganar á Córdoba. Viene luego el in- 
teresante poema del Cid, que si carece de riqueza 
y gracia, es el principal monumento del habla de 
ese siglo, hasta que aparece en el siguiente la fa- 
mosa obra del rey Alfonso, en la cual se fija, y se 
^leva á un alto grado de esplendor el romance 
vulgar, como entonces le llamaban. En la me- 
morable corte de don Juan II, convirtióse en idio- 
ma de las musas y de los galanteos; y en los feli- 
<;es tiempos de Fr. Luis de Granada y de Santa 
Teresa de Jesús, llegó á ser la lengua de Castilla 
lo que el griego de la apasionada Safo, en el país 
de los helenos, y el latín del sublime Virgilio en 
la soberbia Roma. Mencionar, por último, al 
príncipe de los ingenios, á Miguel de Cervan- 
tes, equivale a decir que hemos recorrido toda la 
progresiva escala, desde el primer peldaño de la 
lengua, hasta la cúspide de su armonía, grandio- 
fíidad y elegancia. 

Pero no varaos á estudiar ese prodigioso desa- 
rrollo, sino á describir á grandes rasgos, algunas 
de las transformaciones que ha venido experimen- 
tando, al través de los tiempos, la ortografía es- 
pañola. 

En la Gesta de mió Cid, poema de autor desco- 
nocido, que canta las hazañas del legendario cam- 
peador, encuéntrase diversidad de escritura, en 
las diversas ediciones, como es natural, que suce- 
da, en obra tan antigua, que vino transmitiéndose 
por manos de los copistas. Generalmente ha- 
blando, la prosodia es diversa de la que después 
.ad(|uirió el castellano, que no estaba fijada al na- 



ORTOGRAFÍA ESPAÑOLA 



49 



cer el idioma. Así se advierte que ponían acento 
á la iL en el pretérito /we, para indicar que se pro- 
nuncia como o, puesto que en algunos versos se 
rima /we con nació, caló, etc. Acentuaban tam- 
bién la i de treinta, reina, acercándose á su origen 
triginta, regina. En lo que respecta al valor de 
las letras, prevalecía constante confusión entre la 
6, la v y la u, confusión derivada del latín, como 
se ve si se considera que existen aún inscripcio- 
nes en las cuales se halla hibere, bestra jubentus, 
abe, berna; lo que demuestra ampliamente don 
Mariano J. Sicilia, en sus principios de ortología. 
El mismo autor del Quijote, se firmaba Cerbantes 
Saabedra. La ch era equivalente en el poema del 
Cid á la c; la ¿ á la (/, al fin de las palabras; la x 
sonaba como j, al principio de dicción; escriVnan 
lorar por llorar; moiller por mujer; un vez de j usa- 
ban i, como en oios por ojos; se encuentra una e 
en so7iej amare, campeadore; á la ñ dábanle dos va- 
lores, el de dos nn, en ensennar, y el que hoy tie- 
ne en niño, Wilo; decían sennos, por sendos; con- 
fundían la y griega {conservadora, según algunos!) 
con la i latina (liberal!); y no porque en aquellos 
buenos tiempos de Ñuño Rasuera, Laín Calvo y 
Ray Diez, hubiese en Carrión, Vilforada ó Náje- 
ra, más que cristianos y moros, sino porque estan- 
do en sus principios la escritura, no se curaban 
de reglas ortográficas: lo mismo les daba yba que 
iva. 

Ni parece estraño que ai desprenderse, si se pue- 
de hablar así, el romance del latín, conservara en 
su prosodia, y aun en la escritura, más analogía 
que la que actualmente tiene aquella lengua con 



50 TRANSFOKM ACIONES DE ].A 

ésta, si bien reinaba entonces verdadera confu- 
sión en cuanto á nornía ortográfica. 

Diremos, de paso, que el artículo el \o usaban 
antes de toda vocal, en lugar del la femenino, y 
suprimían la última e de algunas palabras, seña- 
lándolas con apóstrofo; 

^^ Violo el atalaya e fánxo el esquila. 
Prestas son las mesnadas de las gentes chrystianas, 
Adóhanse de corazón, e dan salto de la villa. 
Do s' fallan con los moros, cometiénlos tan aina.''^ 

Tenían la Id equivalente al y francés, que por 
desgracia se perdió, obligándonos á usar construc- 
ciones flojas con en el, en ello, del, de ella. Acaso 
eran más sonoros los vocablos con la s y d, que 
hoy se suprimen cuando llevan enclíticos, como 
en tornémosnos, ¿or7iac^t;os; ni deja de ser gracioso 
el quinquier ó quisquier, por cualquier ó quienquie- 
ra. En lo negativo usaban ren nada {res nata), y 
de allí tomaron los franceses su rien, y nos quedó 
la palabra nada. Cuando en boca del vulgo se 
oye aún cosa nada, nos explicamos mejor el ren 
nada de la época del Cid. 

Usaban indistintamente la do la i en final 
de palabras, como Trinidad, Trinidat, dat, dad. De 
la jpl latina nació el sonido de la II, como plorare, 
llorar, plenus, lleno. La ch se usaba muchas ve- 
ces por c, como archa, marcho, por arca, marco. 

Al leer el poema que refiere las hazañas de aquel 
adalid tan denodado, es preciso poseerse de esa mís- 
tica veneración que acompaña al curioso observa- 
dor de una momia, que si ésta no se recomienda 
desde el punto de vista de la estética, es reliquia 



ule KK.iíAi lA h>l'AÑOl.A 51 

que ha sobrevivido á la acción destructora de los 
años. La crónica del campeador transporta nues- 
tra mente á los días remotos de doña Urraca y el 
conde Peransures; cuando yantaron mntos e entró 
monge, don Alfonso en Safagun, mas con premia 
que de grado e despules salió de la mongia e fuese a 
Toledo en compaña de los ornes buenos del reyno. 

Ya debe suponerse que muchísimas voces de 
las que en el siglo XII se empleaban, han caído 
en desuso, conformándose el organismo de la len- 
gua con la ineludible ley de todos los organismos, 
que nacen, crecen y se transforman. Quien quie- 
ra recorrer un día el panteón que guarda los des- 
pojos del idioma antiguo, no tiene más que leer 
las páginas eruditísimas del índice que puso Sán- 
chez en la "Colección de Poesías castellanas ante- 
riores al siglo XV," ó el que acompaña al ''Tesoro 
de los Prosadores españoles," ó el "Glosario" de 
Bello, que se encuentra en el 2® volumen de sus 
obras. 

En estos apuntamientos, no podemos sin cam- 
biar su objeto, engolfarnos en diverso linaje de 
consideraciones. Volvamos pues, los ojos á la 
obra grandiosa del sabio cuanto desventurado don 
Alfonso; á las "Siete Partidas," que nos mues- 
tran el habla de Castilla organizada, pulida y con 
el sello de grandiosidad que hasta hoy conserva. 
En esa memorable producción del ingenio huma- 
no uniformóse bastante la escritura; aunque no 
en pocos casos se apartaba de la regla etimológi- 
ca, cual si pugnara el nuevo lenguaje por tomar 
cuanto antes peculiar ñsonomía. Sabido es que 
cada parte, de que la obra se compone, comienza 



62 TRANSFORMACIONES DE LA 

con una de las letras del nombre de aquel monarca;: 
y en la cuarta se encuentra ornes sin h, mientras que 
en otras voces úsase innecesariamente de aquella 
letra. Ni la pronunciación fué la pauta de la or- 
tografía, ni menos el uso, dado que el ilustradísi- 
mo rey tuvo la gloria de haber, por lo menos en 
lo literario, impreso al código famoso, su tersura 
V rotundidad. Cuando un idioma se forma, no 
es posible que obedezca á reglas ciertas; porque 
no son ellas las que engendran el lenguaje, sino 
que nacen de su misma estructura y esencia, si 
fijado ya, es materia del análisis de los gramá- 
ticos. Antes de las ^'Partidas," fermentaba, por 
decirlo así, el romance, que surgió, en obra tan 
admirable, hasta un alto grado de esplendor. La. 
ortografía presentaba, en no poca parte, capricho- 
so aspecto, allá por los años de 1263, en que se pu- 
blicó el código alfonsino, ni era dable otra cosa^ 
una vez que la espontaneidad preside á todas las 
creaciones, y sólo con el transcurso del tiempo se 
establecen los accidentes de las cosas. 

Escribíase entonces facer, filio, figo, fembr a, en 
vez de hacer, hijo, higo, hembra, porque la h tenias 
un sonido parecido al de la/. La j se pronuncia- 
ba suavemente, no como hoy se pronuncia. La c 
sonaba como s, en las sílabas ce, ci, y la 2; con el 
sonido griego de ts, en completo acuerdo con otros 
idiomas de origen romano. Con la dominación 
de los árabes en España, comenzóse á pronunciar 
ásperamente la z y la c lo mismo que la j. Los 
vocablos eran más llenos y mejores cuando escri- 
bían Gobdicia, dubda, obscuro. 

Un siglo después, el infante don Juan Manuel,. 



ORTOGRAFÍA. ESPAÑOLA 53 

sobrino de don Alfonso X, escribió en polida pro- 
sa. Era entonces más fácil la dicción; pero no 
por eso la ortografía había sufrido muchas altera- 
ciones, según podrá verse en el pasaje siguiente 
de "La novia domada": "El casamiento se fizo y 
levaron la novia á casa de su marido, y los moros 
han por costumbre, que adovan de cenar á los no- 
vios, e pónenles la mesa, e déjanlos en su casa 
fasta en otro día, y ficiéronlo ansi aquellos." 

En posteriores tiempos, aunque no hubo, ni po- 
día haber mucha uniformidad en materia de es- 
escritura, nótase que en cuanto á la A, no eran, 
como ya dijimos, muy etimólogos; y no faltan es- 
critores de fama que no usaban c, sino z en pala- 
bras como vezinOy hazienda, hazer^ juezeSy ni gusta- 
ban de cambiar en el plural por c la 2: de los vo- 
cablos que con esa letra terminan en el singular: 
escribían cruzes, luzes. No marcaban el ac3nto á 
las conjunciones 6, ú, ni armaban pendencia por 
la y ó la i, para partícula conjuntiva. Léase, en 
prueba de ello, la primera edición del TerenciOj 
traducida por Pedro Simón de Abril, y las obras 
del P. Garau. Tampoco empleaban con propie- 
dad la h, á juzgar por lo que dice el "Diálogo de 
las lenguas": ''Que unos la ponen donde no es 
menester, y otros la quitan de donde está bien; 
pónenla algunos en hera, habla y haUj y en otros 
de esta calidad; pero esto hácenlo los que se pre- 
cian de latinos, y yo, que querría más serlo que pre- 
ciarme dello, no pongo la h porque leyendo no la 
pronuncio. Hallaréis también una h entre dos 
€6, como en leher, veher; pero desto no curéis, por- 
que es vicio de los aragoneses, lo cual no permite 



54 TRANSFORMACIONES DE LA 

de ninguna manera la lengua castellana; y otros 
quitan la h donde está bien, diciendo: ostigar, ino- 
joSj uérfanoSj uésped, ueste.'' 

Cuando salió á luz, en tiempo de Carlos V, esa 
obra que lleva el nombre de ''Diálogo de las Len- 
guas," y que es en extremo curiosa, se acostum- 
braba todavía decir hacello, cojello, ponello; pero 
no se excluía el actual hacerlo, cojerlOy ponerlo, que 
comenzaba á usarse entonces. 

Es lástima que se haya proscrito la pronuncia- 
ción y escritura de la doble ss, en los nombres su- 
perlativos, como honissimo, prudentissimo ; los aca- 
bados en esa, como abadessa, condessa, y en perso- 
nas de verbos como trujesse. Siempre que pro- 
nunciaban espesa la s era doble, y cuando la silba- 
ban era simple, como en francés poisson y poison, 
cosas diversas. De igual suerte desapareció la cé- 
dula, que como en esa lengua extranjera, se usó 
en castellano debajo de la c, para darle sonido de z, 
en capato, coracon, acucar, etc. Asi, encontramos 
en la obra que, sobre refranes, es^cribió á ruegí» 
del rey don Johan, el famoso Iñigo López de Men- 
doca, escrito este cognombre con c. 

Era en mucho diversa de la nuestra la ortogra- 
fía de los castellanos, cuando Colón arribó al Nue- 
vo Mundo, como se deja ver en las cartas del ge- 
novés á Carlos V y en las crónicas que en el siglo 
XVI se escribieron. 

''El alfabeto castellano tenía 22 letras, y 26 so- 
nidos al descubrirse la América, según consta en 
el Diccionario de Romance, publicado en Salaman- 
ca, por el célebre Nebrija, el mismo año de 1492. 
Las cinco vocales, que en 1435, cuando escribió el 



ORTOGRAFÍA ESPAÑOLA 55 

marqués de Villena su Arte de Trobar, conserva- 
ban el doble sonido que heredaron del latín, lo ha- 
bían ya perdido; y habían desaparecido también 
los diptongos impropios, en que sólo se percibía 
el sonido de las dos vocales. Parece únicamen- 
te que el diptongo W€, más bien por abuso que por 
regla de escritura, conservaba aún el sonido de o 
larga que había tenido en siglos anteriores. Así 
Cueíba y Coiba, en los cronistas corresponden á 
una misma pronunciación. Dos de las vocales, la 
w y la í, tenían además sonido de consonante cuan- 
do precedían á otra vocal, equivaliendo entonces 
la primera á nuestra v y la segunda á nuestra y. 
V y Í7 en lo escrito eran lo mismo: Vagoniana y 
Uagoniana se pronunciaban siempre Vagoniana. 
Y del mismo modo i,j, i/, no eran más que un 
triple signo correspondiente á una misma letra, 
la cual Scí pronunciaba siempre como y delante de 
otra vocal; iiica, juca, yuca, se leían del propio 
modo." Cuanto á la i larga, dice Juan de Valdés, 
ya al principio os dije que suena al castellano lo 
que al toscano gi.'' Es insostenible el error en 
que muchos incurren, atribuyendo á la ^*, ó sea 
iota, á la X y hasta á la h de los cronistas, el soni- 
do moderno de Ib. j gutural. No apareció éste en 
Castilla hasta los últimos años del siglo XVI, lle- 
vado por los moriscos expulsos del reino de Gra- 
nada, después de la rebelión de las Alpujarras. 
No se generalizó en la Península hasta los años 
de 1650, ni en América hasta el final de aquel si- 
glo. Se pronunciaba la ch como actualmente, ex- 
cepto en las palabras latinas é italianas, en que 
che, chi sonaban como que, qui; lo que hay que te- 



56 TRANSFORMACIONES DE LA 

ner en cuenta para entender el sonido de las vo- 
ces que nos fueron primeramente transmitidas 
por Pedro Mártir, Vespucio y otros que escribie- 
ron en alguno de los dos expresados idiomas. A 
esta incertidumbre de sonido se debe, entre otros 
casos, que Cerní, escrito por italianos, se leyese 
Chemi por otros; y que esta voz á su vez, se trans- 
formase en Quemí, leída á la latina. Tres pronun- 
ciaciones y tres escrituras para la misma palabra. 
La X se pronunciaba como ch francesa. La g 
delante de e, i sonaba de modo dulce. Por eso se 
encuentra indistintamente escrito en los cronistas 
ajeSj ages, axes, aies, ayes; aji, axi, agi. La h se 
pronunciaba como /fuerte, y cuando se convirtió 
en letra muda, que fué hacia 1580, se bifurcó, por 
decirlo así, el sentido de muchas palabras, adop- 
tando una acepción diversa para cada modo de 
escribirlas. Así llegó á diferenciarse /i?!/o de ^/o, 
hallar de fallar, hondo de fondo, horma de forma, 
humo de fumo, hervor de fervor.^' De lo dicho por 
D. Juan de Armas, dedúcese, que, en mucha 
parte, la pronunciación que hoy choca á los "mis- 
mos españoles, cuando vienen á la América, es la 
antigua del idioma castellano, así como es un he- 
cho apuntado por nosotros, en diverso escrito del 
presente, que gran número de vocablos y giros 
que parecen peculiares á estas comarcas, no son 
más que anticuados ó muertos para España. De 
aquel tiempo acá, se han verificado muchas inno- 
vaciones en la escritura. D. Antonio de Nebrija 
hizo notar que la perfección apetecible sería que 
cada letra tuviera un sonido distinto, y cada so- 
nido fuese representado por una sola letra. Esto 



I 



ORTOGRAFÍA ESPAÑOLA 57 

fué causa de que D. Mateo Alemán, excluyendo el 
USO y origen, abrazase la fonología absoluta; que 
D. Juan López, pretendiera escribir como se ha- 
blaba; y Gonzalo Correas quisiese sustituir la A: á 
la c fuerte y á la ^, vistiendo, como le dijeron, el 
idioma a la polaca. 

Los dos grandes filólogos latino-americanos, 
Bello é Irisarri, se ocuparon en asunto de tanta 
trascendencia, cual e3 éste, para quien comprenda 
que la pronunciación y ortografía no son, como 
el vulgo pudiera creer, baladíes entretenimientos 
ó trivialidades sin objeto. El sabio humanista 
de Venezuela escribió varios artículos, el año 1844, 
en "El Araucano" de Chile, y en 1849, en ''La 
Revista de Santiago," sobre reformas ortográficas, 
encaminadas á secundar las ideas de Nebrija, en 
no poca parte; pero comprendiendo Bello que eso 
de introducir novedades en semejante ramo es 
muy difícil, proponía hacerlo en dos épocas suce- 
sivas. El eminente guatemalteco, autor de "Las 
Cuestiones filológicas," expuso en dicha obra las 
anomalías del castellano en su escritura; mas sin 
desconocer que las únicas reformas que sin gran 
dificultad podrían ser adoptadas, eran la substi- 
tución de la jé. la g en todos los sonidos je, ji, y 
no dar á la 1/ consonante el oficio de la i vocal. 

Ambos literatos, al exponer el resultado de sus 
profundos estudios de la lengua, no desdeñaban 
las importantes labores de la Academia española. 
¿Ni quién, por más que no posea los profundos 
conocimientos de aquellos dos ingenios, podrá 
menospreciar los servicios relevantes que ella ha 
hecho? Basta comparar el estado de la escritura 



58 TRANSFORMACIONES DE LA 

cuando el ilustre Cuerpo se dedicó á simplificarla, 
con el que hoy guarda, después de los trabajos de 
la Acadenriia; que bien visto su proceder, ni ha 
sido, ni es intolerante de las opiniones agenas, ni 
presume asumir — dice ella misma — otra autori- 
dad, ni otro oficio que ir notando gradualmente 
el progreso del idioma, y apuntando, como un 
cronista, las innovaciones que introduce y gene- 
raliza el uso de las gentes instruidas, y en parti- 
cular el de los escritores que procuran explicarse 
con propiedad y purismo. No se diga, pues, por 
los que proceden con más ligereza que discreción, 
que en los trámites y resoluciones académicos 
prevalece el espíritu de retroceso: no hay en ver- 
dad ese furor de innovarlo todo, aunque sea bue- 
no, tan sólo porque tiene en su abono el prestigio 
de los años. 

Ello es tan cierto, como que desde los proemia- 
les del primer gran diccionario que salió á luz, 
con ejemplos de clásicos por vía de autoridades, 
hasta la última 12? edición; y desde la primera 
gramática, hasta la que dio la Academia á la es- 
tampa, poco tiempo hace, ha dirigido sus trabajos 
por razonables y autorizadas innovaciones, lle- 
vando en mira siempre la perfección de la lengua. 
En 1754 añadió algunas letras que se echaban me- 
nos, é introdujo en otras las reformas del caso. 
En 1793 señaló reglas para la acentuación. En 
1803 dio á la // y á la ch el sonido actual y quitó- 
le el valor de k en voces como christo, chimera. La 
ph dejó de ser/, en Joseph y otras voces análogas. 
En 1815 suprimió la q de quando, qualquiera, y la 
X de Xavier, xarabe, xarana, xefe. En las otras 



ORTOGRAFÍA ESPAÑOLA 59 

ediciones del presente siglo, ha mejorado la orto- 
grafía, sobre todo en los acentos; y sin abrigar la 
presunción de haber puesto punto final á sus im- 
portantes trabajos, sino por el contrario, expre- 
sando que oiría hasta con júbilo las voces autori- 
zadas, para tenerlas en cuenta. Necesítase, á no 
dudarlo, de un centro, que con sus propias luces, 
y aprovechando además las que todos los focos 
del saber despidan, evite la confusión y el caos, 
sin detener en lo más mínimo la corriente del 
progreso. 

A. Batres J. 



VICIOS DEL LENGUAJE 
Provincialismos de Guatemala. 




En Guatemala, además de las frases adverbia- 
les castizas, corren muchas otras, entre las que ci- 
taremos como más comunes, las siguientes: 

A las últimas. 

O más comunmente en las últimas, se dice que 
está el que se encuentra agonizando. En España 
es: á los últimos, 

"Diciendo esto, me llevó á un cuarto donde el 
triste Blas de Santillana, tendido en una cama 
que mostraba bien la miseria de un pobre escu- 
dero, estaba ya á los últimos'^ (P. Isla, Gil Blas.) 

A la pretina. ^ 

En España habrá madres que tengan á sus hi- 
jas en pretina; pero no que las lleven a la pre- 
tina. 

A pata. 

Equivale en Chile á descalzo, y entre nosotros 
vulgarmente, á andar á pié, á caminar en el co- 
che de San Francisco, como dicen en España. 

A trompa tañeta. 
En buen castellano es á trompa tañida. 



62 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

A revienta cinchas. 
Es locución que también se usa en Chile, se- 
gún Zorobabel Rodríguez, quien dice en su ''Dic- 
cionario de Chilenismo," que en España es rom- 

piendo cinchas. 

A patadas. 

Dícese vulgarmente para significar que hay 
abundancia de una cosa; v. g. ''Criadas malas se 
encuentran a patadas," por decir á cada paso (lla- 
man aquí PATA al pié.) En castellano se dice á 
porrillo ó á rodOj que son los adverbios que signi- 
fican "copiosamente, en abundancia." 

A bocas de oración. 

Ev\ castellano se dice á boca de invierno, por á 
principio ó entrada de invierno, á boca de noche, 
al anochecer, á boca de oración, por el punto del 
día en que ya empieza a oscurecer; pero no en 
plural, como dicen por acá, a bocas de oración. 

A medio palo. 

Decimos que está el que se encuentra achispa- 
do, casi temulento. En España dicen que está á 

medio pelt. 

A memeches. 

Se dice que uno lleva á otro a memeches ó a 
MÉMiSH (en estas palabras indias debe pronun- 
ciarse la sh como en inglés, en mash,) cuando el 
último va á horcajadas sobre el otro, con la hor- 
cajadura en la nuca ó en la cintura de quien lo 
lleva. 

A saber. 

Se emplea mucho, entre nosotros, en lugar de 
quién sabe, no sé, no se sabe. Supongamos que á 



l'liM\ IMIAI.ISMDS DK tiUATEMALA 63 

uno lo preguntan — ¿Cree usted que vendrá Juan? 
''A SAHKK. — ((juieu sabe) — A sahkr (luien se robo 
el dinei'o — (no se sabe quien se robó el dinero) — 
— A sABKU si volvere a ver á mi nuulre (no sé si 
volveré á ver á mi madre) — Cuando a saberse em- 
plea como condicional; por ejemplo: ^'A saber que 
venía Lorenzo, no hubiera yo venido," entonces 
está muy bien usado; 6 cuando expresa esto es, 
como si dijéramos: "Las obras de Bello contie- 
nen varias materias, á saber: Gramática, Historia, 
Poesía, Derechb de Gentes, etc." 

A troche y moche. 
Así hemos oído decir á algunos, en vez de ^'d 
trochemoche,'' como es lo castizo. 

A la pluma, al lápiz. 

Son galicismos muy notables y muy comunes, 

que p)ueden corregirse con sólo decir á plumas á 

lápiz. 

A la estampida. 

Dicen algunos salir a la estampida ó de estam- 
pida y es salir de estampía^ embestir de estampía, ó 
partir de estampía. • 

A espeta perros. 

Salir A espeta perros es en buen español, al 
decir de Cuervo, salir como perro con vejiga. 

Abarrotar. 

Entre las acepciones de este verbo, es provin- 
cial la que le damos cuando lo hacemos significar 
que un sujeto monopoliza los géneros de cierta 
clase; por ejemplo: "Estanislao ha dado orden de 



64 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

que le compren todo el pescado, y asegura que si 

logra ABARROTARLO, ganará mucho dinero." El 

verbo castizo sería en tal caso monopolizarlo. 

Acaparar es galicismo que no hace falta, según 

Baralt; pero que D. Andrés Bello acepta como 

necesario (1). 

Abarrotes. 

En el Diccionario sólo encontramos: ''Abarrote, 
el fardo pequeño hecho á propósito para llenar el 
vacío que dejan los grandes." De suerte que 
no debe decirse como decimos: "Tienda ó alma- 
cén de ABARROTES, siuo especiería, abacería 6 pul- 
pería (2). D. Juan Ignacio de Armas explica el 
origen de este provincialismo. Dice que en Méxi- 
co se proveían las tiendas al menudeo de esos 
fardos de pequeño bulto, con que se henchían los 
huecos de la carga gruesa de las embarcaciones; 
es decir de abarrotes (Orígenes del Lenguaje 
Criollo, pág. 39.) 

Siempre nos causa risa recordar que una her- 
mosa guatemalteca llamaba, en Nueva York, á 
esas tiendas grocerías (en inglés groceries.) 

• Abnegación. 

Enseña el sabio Bello que el uso que se hace 
de esa palabra, es erróneo. ''Parece que se le ha 

1 Véanse los apuntes de D. Andrés Bello acerca del Diccionario 
de Galicismos de Baralt, que se hallan en la Introducción á las 
obras completas del mismo Bello, escrita por D. Miguel L. Amuná- 
tegui, título 8. <=> p. C. 

2 Es curioso lo que dice D. Juan de Solórzano acerca de esta pa- 
labra: ** Por cédulas reales del año de 1631 se dispuso que en cada 
ciudad ó villa se señalasen tiendas de las que en Castilla llaman 
Abacería, y en las Indias de Pulpería ó Pulquería, de pulque que es 
una bebida que usan mucho los indios de Nueva España. (Política 
Indiana, libro V. cap. I. núm. 19.) 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 65 

querido hacer equivalente á la palabra francesa 
DÉvouMENT, que significa una cosa diferente. Un 
acto de abnegación es aquel en que renunciamos 
un goce ó interés nuestro en provecho ajeno, y so- 
bre todo por un motivo religioso 6 patriótico. Pe- 
ro déi70U7nenty según la Academia Francesa, es el 
abandono que hacemos de nuestra voluntad á la 
voluntad de otro, estando dispuestos a servirle 
EN toda ocasión; y denota así mismo algunas ve- 
ces el acto en que uno se expone á un gran peligro 
en defensa de una causa, de la religión, de la patria, 
etc.; lo cual ya se ve que significa algo más que 
renuncia, desinterés ó desprendimiento, que es 
todo lo que se encierra en abnegación. Entre nos- 
otros, se ha llevado el abuso hasta el extremo de 
formar un adjetivo abxe(íado, que la lengua no 
reconoce en ningún sentido, y que si pudiera te- 
ner alguno, designaría la persona que se niega 
perentoriamente á lo que de ella se exige. Nóte- 
se que la preposición latina ah introduce ó refuer- 
za en los v^erbos la idea de desprendimiento ó re- 
pulsa, como ?e ve en abdicar, abjurar, abrogar.'^ 

Abolir. 

Hace muchos años que un diputado pedía en 
una Asamblea, que se derogase cierta ley, y dijo: 
**yo votaré porque se abóla. Otro le corrigió, di- 
diciendo que SE abuela, sin atender á que el ver- 
bo abolir sólo se emplea en las formas en que la 
terminación es i ó principia por ^. Qué mucho 
que un Padre de la Patria dijera así, cuando el 
mismo Zorrilla empleó asóla por asuela, en una 
de sus composiciones poéticas; y estemos en que 



66 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

aquellos diputados que decían abóla y abuela, no 
eran tan atrasados como el de marras, que cansa- 
do de oír muchos discursos sobre la conveniencia 
de autorizar la fundación de un nuevo cemente- 
rio, exclamó: ''Pues y contimás, de que si á mi se 
me muriera un muerto, uo lo había de enterrar en 
la tierra j sinos de que en el Campo Santo.'' 

Abombarse. 

Es común la frase ''me encuentro muy abomba- 
BADo," por estoy muy aturdido, atarantado, turu- 
lato, alelado ó atortolado. 

En Chile abombarse es embriagarse. 

En el Perú quiere decir ponerse fétido algún lí- 
quido. 

Pichardo, en el Diccionario de provincialismos 
de la Isla de Cuba, dice: ''abombar, verbo activo 
vulgar. Causar bombera ó ponerse alguna cosa 
30MBA. Usase también como recíproco. Y en la 
palabra bombo-a, adjetivo zonzo 6 soso: pero tam- 
bién se aplica al agua ú otro líquido sin gusto 

ó calentado apenas agua ó baño bombo ó 

bombito." 

En Bogotá, según Cuervo, aboxMbado vale por 
aturdido, atolondrado. 

Bomba usamos nosotros para significar 6orra- 
chera, y para designar además las campanas de 
cristal, de forma semiesférica ú oblonga, que se 
usan para preservar del polvo los relojes, las es- 
tatuas de los santos, etc. y que en castellano se 
llaman (esas bombas de cristal) /anafe. 

Abrazar.— Abrasar. 
Abrazar — Estrechar entre los brazos. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 67 

Abrasar — Quemar, reducir á brasa, incendiar, 
ravergonzar, dejar corrido á alguno. 

Algunos confunden estas voces, y entonces la 
locución viene á ser viciosa. 

Abrogar. 

Este verbo suele usarse impropiamente en Gua- 
itemala y en otras repúblicas de origen español, 
•dándole el significado de arrogar. Cuando se di- 
♦ce que alguno se abroga autoridad, jurisdicción ó 
título que no le corresponde; debe decirse que se 
arroga. 

Abrogar es anular lo que por ley, privilegio ó 
•costumbre se hallaba establecido. 

Aburrición. 

Se dice frecuentemente aburrición por aburri- 
/miento; y aunque encontramos criticada la prime- 
ra de esas voces par acreditados puristas, cumple 
á nuestro propósito hacer notar aquí que ya ha 
recibido carta de naturaleza del Diccionario de la 
Academia Española, en la 12? edición, como ha 
sucedido con las palabras siguientes, que antes 
de ahora no figuraban en el léxico de la lengua: 
^'amordazar, connivencia, talabartero, mácula, tusa, 
majada, bracete, bufanda, convoy, adueñarse, codi- 
ficar, cachivache, empastar, quebrado, cabezón, ba- 
rrigón, parranda, tamal, pantufla, tambora, trozar, 
guatemalteco, afrecho, batea, bombacho y extralimi- 
tar. 

Acápite. 

En lugar de acápite digase párrafo, aparte ó 
sangría. El Diccionario de Chilenismos, el de 
Peruanismos, el de Provincialismos de la Isla de 



68 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Cuba, y las ''Apuntaciones" de Cuervo, tratan 

largamente de ese vocablo, que tiene todo el sabor 

latino. 

Acatar. 

Además de la acepción castiza de venerar, con- 
siderar^ le damos nosotros la provincial de caer 
endienta, echar de ver. Así decimos: ''No acaté 
que usted estaba enfermo;" "cuando acaté ya se 
había caído del caballo." — Antiguamente se usa- 
ba, en buen castellano, el verbo acatar, por mirar 
con atención, considerar bien una cosa, de donde 
talvez vienen esas locuciones que nosotros usa- 
mos todavía en Guatemala, y que son siempre 
impropias. 

El verbo catar, que en esos casos sería el ade- 
cuado, jamás lo empleamos, como sucede con 
otras muchas palabras del rico idioma castellano, 
que sin saberse por qué han caído en desuso, em- 
pobreciendo así el idioma. 

Sancho decía con resignación: "Tenga pacien- 
cia, mi señora Dulcinea, que cuando menos se 
cate, rae verá hecho una criba de azotes, y hasta 
la muerte todo es vida." {Quijote,) 

Acecido. 

Esta es una de tantas palabras que nos han 
quedado del lenguaje de los conquistadores cas- 
tellanos del siglo XVI. Hoy usan en la Penínsu- 
la acezo. 

Ya hicimos observar en el prólogo de esta obra, 
que existe gran cantidad de voces relegadas al ol- 
vido en España y vivas aún en América, como co- 
hija por nuinta; chaim, por cerradura; fajar ^ot 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 69 

pegar; limeta por botella; manida^ hablando de la 
carne que comienza á descomponerse; paila] 'pa- 
rarse, por ponerse en pié; pila, por fuente; y otras 
que anotaremos en su lugar respectivo. 

Accidentado.— Accidentes. 

Accidentado quiere decir amagado de algún ac- 
cidente 6 que ha quedado con reliquias de él. En 
la América española se usa por quebrado, frago- 
80j áspero, cerril, desigual. 

En vez de los accidentes del terreno, dígase la 
fragosidad ó aspereza del mismo. 

Salomé Jil decía: **No ignoras que ese terreno, 
accidentado de volcanes, es tan propenso á tem- 
blores, como las mujeres á la murmuración y los 
hombres á buscar á las mujeres. ¿Quién quita, 
pues, que ha^^a habido un terremoto, y que a- 
briéndose la tierra, se haya tragado al posta y á 
la balija y á las encomiendas?" 

Acial. 

Llámase así entre nosotros un azote compuesto 
de una vara y una correa, que va atada al extremo 
de ésta. 

AciALAzo llamamos al golpe dado con el acial. 

El Diccionario dice que acial es un palo fuerte 
en cuya extremidad hay un agujero, donde se atan 
los dos cabos de un cordel, y se forma un lazo en 
donde se mete el labio ó parte superior del hocico 
de las bestias, y con el cual, retorciendo el cordel, 
se las tiene sujetas para herrarlas 6 curarlas. 

A ese instrumento, compuesto de tal lazo, le 
llaman en Guatemala tortol. 



70 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Acobardar. 
A buen seguro — dice Zorobabel Rodríguez — 
que no escribimos para nadie una novedad, escri- 
biendo que acobardar es un verbo castellano que 
se usa como activo en el sentido de intimidar, y 
como reflexivo en el de amilanarse. Lo que sí no 
aparecerá tan ocioso es que hagamos notar que 
suele usarse la forma activa de este verbo en el 
sentido reflejo, y á veces también como equivalen- 
te de temor. Sea ejemplo de este último uso de 
acobardar la exclamación en que suelen prorrum- 
pir los mirones de las pendencias que se traban. 
con tanta frecuencia entre nuestros rotos: ''¡No 
le acobardes; no hay que acobardarle un pelo! — 
Del primero nos suministrará uno el señor Vicu- 
ña Mackenna. Dice en alguna parte de su ''Die- 
go Portales:'' "Compañero, no hay que acobardar,, 
hemos pasado lo más difícil del camino." 

Acolchonado. 
Debe decirse acolchado. 

Acomedirse. 

Lo tomamos por prestarse á hacer algún servi- 
cio graciosamente. 

Acomedido, lo usamos mucho por servicial, so- 
lícito, y DESACOMEDIDO, por lo coutrario. 

Ninguna de esas palabras se encuentran en el 
Diccionario, ni tampoco acomedimiento por oficio- 
sidad. 

Acordión. 

El instrumento músico de viento que llaman^ 
acordión, es acordeón (de acorde,) 




i'KoVIM iALl>Mo> DE (il'ATEMALA 71 

Acto.— Apto. ' 

Muchos emplean una palabra de esas por la 

otra. 

Acto — Hecho ú acción. Una de las partes del 

drama. 

Apto — Idóneo, hábil, dispuesto. 

Ac redor. 
Debe escribirse y pronunciarse acreedor. 

Acusar. 

Muchos de los que no paran mientes en come- 
ter galicismos, emplean acusar por denotar, reve- 
lar, manifestar. "El hablar bien su idioma acu- 
sa buena educación." Al (¡ue tal dice, lo acusa 
Baralt de galicista rematado, incapaz de sacra- 
mentos castellanos, pues ignoraqueel acusar fran- 
cés se traduce en este caso por revelar, manifes- 
tar, dar á conocer, descubrir, patentizar, A., &. 

Apuntamos este galicismo, porque es muy fre- 
cuente en algunos escritores que, sin saber bien 
su lengua, presumen de cultos. 

Acusóte. 
El muchacho que se ocupa en delatar á sus 
compañeros. En castellano, soploncillo. 

Achimero. 
Al que en español se llama buhonero 6 mercachi- 
fle, le damos en Guatemala el nombre de achime- 
ro, que no se encuentra en el Diccionario; y ca- 
nasto de ACHIMES al cesto de mercaderías que 
lleva. A nuestro achimero le llaman en Chile 

FALTE. 



72 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

• Achiquitar. 

Para economizar letras y disparates, debe decir- 
se achicar. 

Achucuyado. 

Es uno de nuestros provincialismos más pinto- 
rescos y usados. Significa desmerecido, marchito^ 
enjuto, amo j ainado, falto de vigor y lozanía. 

Si el poeta chileno Guillermo Matta hubiera vi- 
vido entre nosotros, habría podido decir: 

''¡Cuántas flores se achucuyan 
Por falta de agua y calor! 
Cuántas mujeres padecen, 
Se doblan y languidecen 
Por falta de aire y de amor! 

(Lágrimas.) 
Adiós mis flores. 
Interjección de sorpresa, con la que alguno de- 
nota que algo se ha perdido. 

Adefesio. 
Hemos visto usado este vocablo en singular al- 
guna vez, apesar de que es una palabra corrupta 
de ad Ephesios. Gaya y Munain en su prólogo de 
su traducción castellafta de la poética de Aristóte- 
les, dice: /'el juicio adefesios ó á bulto," que coin- 
cide con lo que dice Puigblanch (Opúsculos, 231) 
que adefesios no tiene plural en castellano; opi- 
nión que siguen Zorobabel Rodríguez y Paz Sol- 
dán y Unánue. El Diccionario de la Academia 
trae "adefesio." 

Adíate re. 

Don Rufino J. Cuervo, en sus "Apuntaciones" 
dice: "Llámase en^l Derecho de gentes legado a 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 73 

latere un cardenal enviado extraordinariamente 
por el Papa con amplísimas facultades cerca (La- 
rra y Baralt se han burlado de este cerca) de un 
soberano; y como esta expresión á latere (del la- 
do) denota la proximidad ó intimidad del carde- 
nal enviado para con respecto al Papa, ha venido 
á usarse familiarmente como sustantivo (general- 
mente en plural) aláteres significando compañe- 
ro, allegado, auxiliador (véase el Diccionario de 
Salva;) pero es un desatino decir ad latere, como 
siempre hemos oído decir y hallamos en este pa- 
saje: "^Afanados en proporcionarse una ocasión 
favorable, buscan un ad latere á la mamá y se 
aferran á la deliciosa hija." Para comprender la 
razón de esta censura, basta haber pisado los um- 
brales de una clase de menores." 

Admósfera. 
Muchos cambian la t de atmósfera por una d, 
jnás comunmente en la pronunciación. 

Aereonauta. 
Dígase aeronauta, 

Aereostát¡c%. 
También debe suprimirse esa segunda e, porque 
-es aerostático. 

Aereolito. 

Muchos dicen así, en vez de pronunciar correc- 
tamente aerolito. 

Esta tendencia á la raíz aéreo la tienen muchos, 
en las palabras que acabamos de mencionar, por- 
que quizá ignoran que tales voces son formadas 
vdel griego, lengua en la que aer, aeros es aire. 



74 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Así aerolito se compone de aer y ¡ithos (piedra) 
aeronauta de aer (aire) y nautes (navegante) ae- 
rostático, de aer (aire) y statos (que se detiene). 

Acabamiento. 
Por antonomasia llaman acabamiento al vacío 
ó debilidad que se siente en el estómago, bien sea 
por enfermedad ó falta de alimento; v. g. "Estoy 
nciuy agnado; siento un hoyo en el estómago; este 
acabamiento me mata." 

Aflojar las cinco azucenas. 

Se dice que una joven a/o^a las cinco azucenas 
.cuando da su mano; cuando se casa. Nuestras 
bellísimas paisanas, que no las han aflojado, de 
seguro podrán decir, ''que si la carne está en el ga- 
rabato, no ha sido por falta de gatoJ' 

Afectar. 
Recibe, según Bello, la forma refleja. ''Si en 
buen castellano se dice activamente: "Muchos 
afectan generosidad," ¿por qué nó en sentido pa- 
sivo : " Se afecta muchas veces la generosi- 
dad?" Lo que no debe hacerse, y es común en- 
tre nosotros, es usar locuciones en que afectarse,. 
es un verbo reflejo de toda persona: yo me afec- 
to, TÚ TE AFECTIS, NOS AFECTAMOS. &." 

Aguado. 
Muchas veces hemos oído á una persona enfer- 
ma, que se siente sin fuerzas: ''Hoy me encuen- 
tro muy AOUADA," en vez de débil, desfallecida. 
También dicen, en sentido metafórico, que es 
AGUADO el que carece de energía. 



Aguadar. 
No existe en caslellaiu) ese verbo, que en Gua- 
temala se usa en vez de aguar, como cuando di- 
cen: '*La miel se debe aguadar cuando está muy 
espesa." Se toma tambi(^n dicho vocablo por de- 
bilitar; V. g: "No me gustan los baños tibios, por- 
([UQ lo {dehilitan) aguadan á uno mucho." 

Aguardientero. 
Se dice generalmente por aguardentero. 

Aguatero. 
El que lleva 6 vende agua no es aguatero, co- 
mo por acá le llaman, sino aguador. Ese provin- 
cialismo es más bien una corrupción de aguadero, 
que así se llamó el aguador hasta los tiempos de 
Felipe IV, segtín la gramática de Franciosini, que 
lo pone como ejemplo de los derivados en ero. 

Agua florida. 
Por más que en inglés se diga Florida Wat-er, 
en castellano tiene que ser ''Agua de la Florida." 

Agua de la Banda. 

Así han traducido el eau de -la hande, que traen 
los rótulos de algunos frascos de perfumes, en lu- 
gar de "Agua de espliego," ó ''Agua de alhuce- 
ma." 

Agua chiva ó chigua. 

El maíz, que es uno de los granos que más ge- 
neralmente sirven para la alimentación en Amé- 
rica, ha dado origen á muchas voces provinciales. 

En la popular "Memoria sobre el cultivo del 
maíz," de Gregorio Gutiérrez González, que es 



76 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

más bien un poema de sabor americano, encon- 
tramos copia de palabras colombianas, que en su 
mayor parte difieren de las que son peculiares á 
Guatemala. Por ejemplo llamamos nosotros agua 
chiva 6 chigua á la que queda después de servir 
para cocer el maíz que se destina a la formación 
de la masa para las tortillas; y en Colombia le di- 
cen agua-masa. Cuando el poeta hace la descrip- 
<íión de la molendera^ que 

''Ágil, arrutanada, alta, morena; 
*'Su seno prominente á medias cubre 
"La camisa de tira de arrandela." 

Agrega después, con sencillez patriarcal: 

'^Descubiertos los brazos musculosos 
''Y la redonda pantorrilla muestra 
''Con inocente libertad, pues sabe 
"Que sólo para andar sirven las piernas." 

"Se moja en agua-masa las dos manos, 
"Las pone encima de ceniza fresca, 
"Las sacude muy bien, y en la agua-masa 
"Las lava luego y la ceniza deja." 

El nombre de agua-chiva pudo ser en su origen 
corrupción de agua chirle, ó le llamaron así los 
mismos conquistadores, recordando que en Espa- 
ña daban, y hasta el día dan, la denominación de 
chivo á la poza ó vasija que contiene las heces ó 
residuos del aceite ú otro líquido. En cuanto al 
chigua^ tiene marcado sabor indígena. 

Agua loja. 
Así llaman á una bebida refrescante, hecha con 
canela cocida en agua y rosicleres, ó sean azuca- 
rillos. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 77 

Agua puesta. 

En vez de decir que hay señales de lluvia, ó 
que amenaza caer el agua, decimos que está el 
agua PUESTA. 

Don José Milla escribió: ''Supongo que señoras 
y caballeros están ya preparados; que se aproxi- 
ma la hora; que se consulta con inquietud al cie- 
lo, para ver si hay A(íua puesta. (*) (''El Libro 
sin nombre," página 278.) 

Aguacate. 

El Diccionario de la Academia incluye este 
nombre entre los castellanos; pero no trae la eti- 
mología que, según D. Aristides Rojas, es corrup- 
ción del vocablo azteca ahuacáhuahuitl, "árbol de 
ahuacáf el nombre caribe es aouicate; en el Perü 
y en Chile llámanle palta, del antiguo quichua 
pallatay 6 pauta; en Colombia y en Venezuela 
usan la palabra cuka, que es chibcha. En Méxi- 
co le llaman Peral. 

En la descripción que hace Paz Soldán y Uná- 
nue del palto (Persea gratíssima,) dice que es un 
árbol elevado y de porte majestuoso, que se ense- 
ñorea del aire, y que, pues no hay laureles entre 
nosotras, podría reemplazar al laurel si tuviéra- 
mos cabezas dignas de ser ceñidas por nobles ra- 
mas." 

Aguacates llaman por acá á los flojos ó poco ani- 
mosos. No hablemos más del avocat de los fran- 



(*) Entiéndase de una vez que al citar algunos trozos de Milla y 
otros escritores, en los cuales hay palabras peculiares á Guatemala, 
lo hacemos para que se vea como las han usado, en concepto de tales, 
escribiéndolas con bastardilla ; y de ningún modo como palabras cas- 
tizas. Si algunas veces censuramos el empleo que se ha hecho de 
ellas, cual si fueran vocablos de buena ley, lo decimos claramente. 



78 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ceses ó del alligator pear (pera de cocodrilo) de los 
ymiJcees, 6 de la mantequilla vegetal, como otros lla- 
man al aguacate, del cual se hace un aceite muy 
recomendado para evitar la caída del pelo y para 
aliviar los dolores de la gota. (*) 

AguacataL 

Es en castellano el terreno plantado de árboles 
que producen aguacates, y no el propio árbol (que 
nosotros llamamos aguacatal.) 

En castellano también se llama aguacate, el 
mismo árbol. 

Aguaje. 

Según el Diccionario es el término marítimo, 
que significa las crecientes grandes del mar; y así 
dicen: "Hacer aguaje," cuando corren con mucha 
violencia las aguas; pero es frase de marinos, y no 
creemos que sea propio llamar aguaje — como nos- 
otros le llamamos — al aguacero, á la lluvia torren- 
cial. También damos á la palabra aguaje la sig- 
nificación de regaño largo, que raya en insulto; v. 
g.:"El Director le dio una buena trapeada, (repri- 
menda) en el aguaje Cjue le echó." 

Aguisóte. 
Lo usan mucho entre el vulgo, por mal agüero, 
ó mal presagio de cosas que han de suceder. 

¡Ah cosa! 

Es exclamación muy usada, sobre todo por las 
mujeres, cuando les sorpre{.ide algo: equivale á 

(♦) "El Médico líotánico Criollo," contiene nn interesante ar- 
tículo 8ol>re el aguacate, página 26i), tomo 1. ® 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 79 

¡Qiié idea! que se usa en español, francés é inglés. 
{¡Qíielle idee!, ¡what idea!) 

Ahogos. 

Padecer de ahogos es, según el Diccionario, pa- 
decer de ahoguío. 

Ahorcadoras. 
Entre las muchas v'ariedades de avispas que 
existen en Guatemala, hay unas de las llamadas 
AHORCADORAS (gen. Polistes,) cuya ponzoña según 
el vulgo, produce fuertes intiamaciones, siendo 
más temibles las ocasionadas en el cuello, porque 
pueden producir asfixia. El dolor y mal causado 
por estas avispas es, sin embargo, como los pro- 
ducidos por la introducción del aguijón de una 
abeja de miel extranjera. 

Ahorita. 
Ahorita se usa para indicar que una cosa suce- 
dió más de presente que ahora (como si eso fuera 
posible,) lo cual sobre ser absurdo es vulgar. Es- 
te adverbio provincial se usa mucho, no sólo por 
acá, sino en México, en Cuba y en el Perú. ^'Aho- 
RiTA vengo," dicen en lugar de '* vengo muy pron- 
to." 

Aiguaixte. 

Es nombre indígena de una salsa hecha con ha- 
rina, pepitoria y chile. El aiguaixte sirve para 
aderezar la carne guisada, las patatas, etc. 

Ai recito. 
Se dice en español que una cosa tiene aire ó se- 
mejanza con otra; pero no en diminutivo, como 
muchos lo usan vulgarmente. Don José Milla di- 



80 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

jo: ''Guatemala debiera ser un país de retratistas, 
por la propensión y la facilidad que aquí hay pa- 
ra coger al vuelo todo género de semejanzas. Al 
siguiente día de haber llegado de fuera una perso- 
na á quien jamás se ha visto, los numerosos des- 
cubridores de parecimientos hablan de que el re- 
cién venido tiene los ojos de Fulano, la nariz de 
Zutano, el modo de andar de Mengano y que le 
da AiRECiTO A PERENSEJO." (Cuadro de Costum- 
bres. ''Las Semejanzas," página 65, tomo 1?) 

Sí se puede emplear castizamente aire en vez 
de viento. Pero es un provincialismo el decir un 
AIRE, como sinónimo de una hazaña; v.g.: "á Juan 
Lanas no se le ha visto nunca un aire." 

Ajonjolín. 

A la semilla que se llama en castellano alegría, 
sésamo ó ajonjolí, damos el nombre de ajonjolín 
(sesamum oriéntale). 

Ajotar. 

Estimular, 'precisar, irritar, azuzar, es como debe 
decirse, según los casos, y no ajotar, como dicen 
por acá. 

"Comenzó á ajotar su perro, hasta que se me 
echo encima (se arrojó sobre mí.) — Hay gente que 
sólo anda ajotando al juez para que obre mal." 

A justar. 
Kntre las muchas acepciones de este verbo, no 
tiene en el Diccionario la de castigar ó maltratar 
dando golpes, que nosotros le damos: "El hijo de 
Juan es muy travieso, apesar de que su mamá le 
AJUSTA tieso muy á menudo. Cuando aquí dicen: 



i 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 81 

"Le dio de patadas, y después le ajustó una trom- 
pada ({ue lo boto al suelo," dirían en Elspaña: "Le 
dio de puntapiés, y en seguida le arrimó una bo- 
fetada que lo hizo caer en tierra." 

Aladinado. 

Se llama por acá al indio que se está volviendo 
ladino. f]sta palabra (además de significar astu- 
to, taimado, en sentido metafórico,) significaba 
en castellano antiguo **el romance ó lengua nue- 
va:" y de allí vino que se llamaran ladinos, en 
buen español, los que hablaban alguna ó algunas 
lenguas además de la propia, lo cual motivó que 
á los indios que hablaban ladino (ó como ellos di- 
yen castilla) les llamaran ladinos. Hoy se ha 
extendido la significación de tal nombre á todos 
los de estos países que no son indios, ó que, á pe- 
sar de serlo, no conservan su primitivo idioma y 
sus costumbres. En este sentido se puede decir 
que es provincial la palabra ladino; y es la acep- 
ción que se le da en los cuadros estadísticos del 
movimiento de nuestra población, en los cuales 
se habla á cada paso de indios y ladinos. En la 
curiosa obra ''Orígenes del Lenguaje Criollo," se 
dice: que al indio instruido y trabajador se le lla- 
mó ladino, esto es latino, como si la ciencia que 
había adquirido fuese ciencia de universidad; y 
al que no aprendía, ó continuaba voluntariamen- 
te en el estado salvaje, se le llamaba chontal, ó sea 
tosco y grosero. Del mismo modo que á los cas- 
tellanos que llevaban algunos años <le residencia 
en las Indias se les llamaba baqueanos, porque sa- 
bían baquear, ó navegar con la corriente, cual- 



82 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

quiera que fuera el viento, en el revuelto mar de 
aquellas aventuras; mientras que al recién llegado 
se le saludaba con el dictado de chapetón, corres- 
pondiente en España á todo aprendiz de oficio. Y 
así á los desaciertos de éstos, como á la ligera in- 
disposición^que sentían después del desembarco, 
en aquellos felices tiempos en que no había vómi- 
to negro, se llamaba chapetonada J^ 

Albarda. 

Esta palabra se deriba del árabe, y significa en 
español una parte del aparejo de las bestias de car- 
ga, que se compone de dos á manera de almoha- 
das, rellenas de paja y unidas en la parte que cae 
sobre el lomo del animal. 

En Guatemala la albarda es la silla de montar 
que usan las gentes del campo, formada de cueros 
sin curtir, con la parte de adelante y la de atrás 
algo levantadas y con pesados estribos de madera. 
Sobre esa montura, que ofrece mucha seguridad, 
ponen una zalea ó un pellón, y además llevan 
doblada por delante una manga ó poncho, que es 
una manta de lana de colores abigarrados, desti- 
nada á cubrirse cuando lluve y á taparse al tiem- 
po de dormir. 

Albarda sobre aparejo, dicen aquí para indi- 
car, en tono de burla, que algo está sobrepuesto ó 
repetido innecesariamente. En España so usa en- 
tonces de la locución: Albarda sobre albarda. 

Albardeada. 

Cuando ponen por primera vez la montura que 
llamamos ALBARDA á un potro ó caballo nuevo, 




PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 83 

dicen que le han dado la primera albardeada. 
En castellano no existe esa palabra; albardada 
((jue es la que trae el Diccionario,) se aplica á la 
res vacuna, ó á otro animal, que tiene el lomo con 
pelo de diferente color de lo demás del cuerpo. 

Alborotos. 
A las confituras que se venden principalmente 
•en la feria de agosto, hechas de maíz tostado y re- 
ventado, con un baño de azúcar prieta, han lla- 
mado por acá (no sabemos por qué) alborotos. 

En castellano se llaman canchas, voz tomada 
-del quichua camcha, que quiere decir *'maíz tos- 
tado." 

Alborotista. 

El que alborota se llama alborotador, que no al- 
borotista. Alborotadizo es el que por ligero mo- 
tivo se alborota. 

Alcagüete. 

Corrupción de la palabra alcahuete. 

Alcancía. 

Es una vasija que es preciso romper para sacar 
•el dinero que en ella habíamos depositado. En 
esta acepción usamos nosotros bien aquella pala- 
bra; pero la arquilla ó caja de madera, piedra ú 
•otra materia, que se fija en las iglesias para que 
echen limosnas, por una albertura estrecha que 
tiene la tapa, á fin de que pueda caber una mone- 
da, no se llama alcancía, sino cepo ó cepillo, 

Alcibiades. 
Así pronuncian muchos, cargando el acento so- 
bre la a; pero la pronunciación correcta es *'Alci- 
bíades." 



84 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Alcol. 

Así dicen muchos en vez de alcohol. 

Alentado. 

En castellano quiere decir valiente^ animoso. En. 
Guatemala se toma por sano, bueno, el que goza 
de salud perfecta, y así se usa en locuciones como 
esta: **¿ Qué tal está tu hermano? — Está alenta- 
do, por voluntad de Dios;" "; Cuánto me alegro 
de verlo tan alentado!" 

Alentaese se toma por curarse, restablecerse, y, 
por antonomasia, por dar á luz un niño, alumbrar, 
parir. "Ya se alentó lá Juana — ¿Y qué tuvo, 
HOMBRE ó MUJER (por niño Ó hembra?) — Fueron 
guaches (gemelos ó mellizos.) 

Hemos oído decir: ahorita acabo de ver al niño 
Chico; ya está tan bonito; si lueguito no hubie- 
ran llamado médico, espicha el mividita de mi 
alma; pero el pobrecito ya está alentadito, de lo 
cual me alegro muchisísimo. 

Alfarfa. 

Dígase alfalfa; y en vez de alfarfar, alfalfal 
ó alfalfar. 

''Uno de los cultivos más notables como forraje 
es el de la alfalfa [medicago sativa.] ''Apunta- 
mientos sobre la topografía física del Salvador, 
por el Dr. don David J. Guzmán, p. 249." 

Alférez. 
Se usa en frases como esta: "No digas nada, que 
ahí está mí aí/áre:;; "No hables tan recio, porque 
te puede oír mi alférez,'' refiriéndose sobre todo 
á los niños. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 85 

Alfiler. 

Vicio muy general es el de decir la alfiler^ una 
alfiler j alfiler Tnala y por el alfiler, un alfiler, alfiler 
malo. Vulgarmente, muchos pronuncian arfi- 

LER. 

Alfinique. 

A la pasta de azúcar y á la persona delicada de 
cuerpo y complexión, que llamamos alfinique, 
les da el Diccionario el nombre de alfeñique. 

Alicrejo. 
Al caballo viejo y flaco llamamos alicrejo, en 
vez de denominarle rocín 6 rocinante. 

Aijaraquiento. 
Es común la propensión de cambiar la h en y, 
acaso porque antiguamente se pronunciaba la h 
dándole un sonido aspirado, en algunas voces (*). 
Así se oye decir aljaraquiento, aljaraco, por al- 
haraquiento, alharaco, jalar, (**) por halar. 

Aljedrez. 
Así dicen algunos, en vez de ajedrez, que es co- 
mo debe decirse. 

Almacigo. 
Quiere decir ''pepitas ó simientes de las plan- 
tas nacidas en almáciga;" de modo que el conjun- 

(*) "El sonido gutural de la j ó iota, no apareció en Castilla has- 
ta los últimos años del siglo XVI, llevado por los moriscos expulsos 
del reino de Granada, después de la rebelión de las Alpujarras. No 
se generalizó en la Península hasta los años de 1650, ni en América 
hasta el final de aquel siglo. (Origen del Lenguaje Criollo, pag. 14.) 

(**) Jalar \ino con Colón á América en su primer viaje." Y dí- 
joles el Almirante á él y á los otros, que halasen el batel que traían 
por la popa." — Diaño del Almirante, Navarrete, tomo 1. '^ 



86 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

to de almacigos se llama almáciga. Nosotros de- 
cimos frecuentemente: 'Tedro tiene un almacigo 
de café de media manzana." Debe ser una almá- 
ciga, voz que nunca usamos. 

Almágana. 

Es una corrupción de las voces castellanas al- 
mádena, almádana. 

Almario. 

Vulgarmente pronuncian así, en vez de armario. 

Alujar. 
Alujar dobladores, dicen por abrillantar la ho- 
ja del maíz que sirve para hacer cigarros. Tam- 
bién se toma alujado por limpio, bien vestido. 

Alumina. 

Derivándose del latín alumen, se pronuncia y se 
debe escribir alúmina, 

Almatroste. 
Quien quiera hablar bien, diga armatoste, que no 
almatroste, como se dice, no sólo en Guatemala, 
sino también en Colombia y en Chile, para deno- 
minar el mueblejo apolillado y desvencijado, y al 
sujeto que se le asemeja. 

Almuada. 
Es barbarismo común, en vez de almohada. 

Almuaza. 
Almuaza y almuaciar son otros barbarismos 
que no deben soportarse, en vez de almohaza y al- 
mohazar. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 87 

Alzar. Alzado. Alzo. 

Todos saben que alzar tiene varias significacio- 
nes; pero muchos creen que es peculiar á Guate- 
mala el darle la acepción de guardar^ como cuan- 
do se dice: ''álzame ese dinero." El Diccionario, 
sin embargo, da al verbo alzar el significado de 
'^guardar ó quitar de en medie alguna cosa." 

Alzado es el que quiebra fraudulentamente y 
oculta algunos bienes; pero no debe decirse del 
engreído ó soberbio. ¡Cuántas veces hemos oído 
exclamar á personas de buena sociedad: ''Ya no 
puedo soportar á la Fulana, porque es muy alza- 
da! (*). En español sí se dice alzarse. á mayo- 
res, por engreírse 6 envanecerse. Alzarse con el 
santo y la limosna, por llevárselo todo; pero cree- 
mos que es frase provincial nuestra la de coger 
Á alguno de alzo, que en España es tener entre 
ojos, ó sobre ojo á alguno. Es frase también que 
priva mucho por acá la de hacer un alzo, por ha- 
cer un robo. Conviene, pues, apuntar que esa pa- 
labra ALZO no goza aún de honores lexicográficos. 
Del gallo dicen, que tiene tantos alzos, cuantas 
son las peleas que ha ganado. 

Amachinarse. 
Se emplea en el lenguaje vulgar, por contraer 
amistad ilícita, amancebarse. Se usa más comun- 
mente en el participio amachinado, para denotar 
al que lleva mala vida. 

(*) El llamar alzado, en ese caso, al rebelde, viene de que en 
América se dio el nombre de alzados á los indios que no obedecían 
y se remontaban á los bosques. Así, p. e., dice D. Manuel de J. Gal- 
ván, en la leyenda dominicana ''Enriquillo:" "Que los españoles 
habían perdido hasta la memoria de que había indios alzados" p. 30. 



88 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Amador. 
Así llaman al '' Llamador/' que montado en 
arrogante caballo, aparece en las corridas de toros 
para cuidar del orden en la plaza. 

Amaisteis. 
Es vicio mu}^ vulgar el decir así, en vezdeamas- 
teis, que es la forma correcta. También emplean 
muchos impropiamente las terminaciones anti- 
cuadas amastes, corristes, fuistes, de la 2f persona 
de plural, en lugar de amaste, corriste, fuiste, del 
singular del pretérito perfecto de indicativo. 

Amalayar. 

Mal haya es una imprecación castiza que deno- 
ta la falta que hace un objeto, y de ahí pasó mal 
haya a sugerir el deseo de tenerlo; de donde se 
origino el ¡ah mal haya! (por ojalá,) y de éste, el 
verbo provincial amalayar, que quiere decir an- 
helar. También se usa, y por cierto impropia- 
mente: ''Mal haya sea, ^' en frases como la siguien- 
te: ^'¡Mal haya sea la lluvia que no nos dejó 
salir! 

Don José Milla, en el Cuadro de Costumbres 
**Nunca más nacimiento," dijo: "Yo me manten- 
* go muy contento con lo que tenemos, no me man- 
tengo amalhayando lo que por ahí dicen nos falta, 
y me encuentro tan bien avenido con nuestras 
costumbres, como nuestros hermanos del Salva- 
dor en la divertida ocupación de matárselos unos 
álos otros, y como nuestros vecinos los mexicanos 
en la no menos jocosa de pronunciarse y despro- 
nunciarse cinco ó seis veces al mes.'' 



1 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 89 

Amariconado. 
Hecho un maricón ó marica^ como diría un es- 
pañol. 

Amarrar. 

Dice D. Zorobabel Rodríguez, tratando de esta 
palabra: "Se usa disparatadamente en casos como 
los que siguen: "El diputado que intente contes- 
tar ese discurso, tendrá que amarrarse bien an- 
tes los calzones.'' "Es el D. Anacleto tan dejado 
de la mano de Dios que en los cincuenta y tantos 
años que lleva sobre el espinazo, no ha podido 
aprender todavía á amarrarse la corbata." "La 
infeliz debe vivir mártir de sus muelas, ^ues de 
los doce meses del año, seis á lo menos la veo con 
la cara amarrada." Para expresarse con propie- 
dad, convendría en los dos primeros casos atarse, 
y en el último, en vez de cara amarrada, cara en- 
trapajada. 

"El señor Cuervo, á quien seguimos en esta 
parte, al redactar el espécimen que publicamos en 
marzo de 1874, en "La Estrella de Chile," propo- 
ne que hablándose de la cara y cabeza, se diga en- 
trapajada.'' Nuestro excelente y erudito amigo 
D. Fernando Paulsén advirtiónos del error en que 
habíamos incurrido, diciéndonos en una de sus 
cartas: '^Entrapajado es demasiado familiar y has- 
ta un tanto despectivo; además, cara entrapajada, 
no significa lo mismo que cara amarrada. Con 
la cabeza entrapajada vemos frecuentemente á 
nuestros viejos y viejas; pero las niñas, que son 
las que suelen andar con la cara amarrada, aun- 
<jue ahora muchísimo menos que antes, porque ya 
no gastan muelas, por ser muy prosaico esto de 



90 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

muelas (¡ahora es dolor á la cara!), podrán andar 
si gustan con la cara vendada. 

''Confirma la opinión de nuestro amigo el si- 
guiente pasaje de Cervantes: ''Además estaba mo- 
híno y melancólico el mal ferido D. Quijote, ven- 
dado el rostro y señalado, no por la mano de Dios,, 
sino por las uñas de un gato." 

Amarradijo. 

A un pañuelo ó cosa semejante que se ata con 
muchos nudos, llaman por acá amarradijo, voca- 
blo curioso, que puede traer su origen del habla 
antigua marinesca, que tantas voces, hoy desusa-, 
das en España, dejó en las comarcas que los es- 
pañoles descubrieron. 

Describiendo D. José Milla el tipo del distraído,. 
dijo: ''Lleva el pañuelo lleno de nudos, como cuer- 
da de tercero, pues es su costumbre poner esas se- 
ñales para recordar que ha de concurrir á una ci- 
ta, que tiene que contestar una carta ó que ha de 
evacuar cualquiera otra diligencia muy urgente. 
Por desgracia suele buceder que cuando ve los ta- 
les AMARRADIJOS, 110 pucde acordarsc ni por cuan- 
to hay para qué los hizo." 

Amol 

Es una planta venenosa, que se usa para pescar,. 
y que mata todos los peces grandes y chicos. 

El artículo 1? del decreto de 13 de agosto de 
1835, dice: ''Es prohibido en el Estado la pesca 
con sustancias venenosas, como cal, amol, chila- 
PATE, maguey, &. 



I 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 91 

Los indios usan el amol para lavar su ropa, 
pues la raíz produce una espuma semejante a la 
del jabón. En lengua mexicana se llama ese tó- 
sigo AMOLÉ, nombre que conservó hasta el siglo 
XVII, como puede verse en el siguiente pasaje de 
la ^^Recordación Florida" de Fuentes y Guzmán: 
''Aunque es cierto que estos géneros de raíces 
ó de amóle, fortalecidas y criadas con natura- 
leza de tósigo y mezcladas para mayor actividad 
y potencia con la fortaleza y cáustico de cal viva, 
los hace menos provechosos y hasta nocivos y de 
acre nutrimento á la salud humana, y más sien- 
do por su propia naturaleza todo este peje de de- 
licada complexión, y muy entreverados en lo cra- 
so y jugoso de las enjundias que pasan y se arri- 
man hasta los cueros/' (Página 65, tomo 2?) 

Amolar. 
No solamente entre nosotros, que también en el 
Perú y en otras partes' del Nuevo Mundo, se usa 
entre el vulgo amolar, por moler, cargar ó moles- 
tar ^ que son los verbos que, para el caso, emplean 
hoy en España; y decimos lioy, porque en lo an- 
tiguo se usó también amolar, en tal sentido, como 
puede verse por una de las cartas de Moratín 
(Epistolario Español; tomo 2?, página 216) en la 
cual dice: ''Leísela (á los cómicos una de sus co- 
medias) y quedaron despatarrados; la estudiaron 
con ansia; los amolé á ensayos, y saqué de ellos 
todo el partido que sacarse puede." En los cinco 
mandamientos de Santiago, que tan populares 
fueron en España, se usa amolar por molestar, 
fastidiar, incomodar. Helos aquí: 



92 VICIOS DEL LENGUAJE Y 



ií 



El 1? es amar á don Dinero. 
El 2? es amolar á todo el mundo. 
El 3? es comer buena vaca y ternero. 
El 4° es ayunar después de harto. 
El 5? es beber buen blanco y tinto. 

Y estos cinco se encierran en dos: todo para mí 
y nada para vos.'' [Hand book for travellers in 
Spain— Richard Ford, page 49.*^] 

En las ''Rimas del Rimac'' encontramos los ver- 
sos siguientes: 

'*Las cien carretas 
Las del camal 
Las campanudas 
Que llevan pan, 
Y que son peores 
Que las demás, 
¿No son bastante 
Para amolar f^ 

El Diccionario de la Academia en su última 
edición', no da á amolar el significado que el vul- 
go le atribuye, y de que hemos tratado en este ar- 
tículo. 

Anancas. 

Debe decirse á ancas del caballo; y no anancas. 

A naya. 
Así se llama una buena madera, entre otras que 
tenemos, cuyos nombres comienzan con a, como 
acoyOy aripiriy arrellano, asta, alixco, ajac, aucó, &. 

Anchar. 
El verbo derivado de ancho es ensanchar. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 93 

Anda. 

Muchos usan viciosamente en el singular anda, 
por andas, que es como debe decirse. Con razón, 
pues, han sido censurados los versos siguientes de 
don Arnaldo Márquez, que es el primer lírico pe- 
ruano: 

''Niña, que quiere quien anda 

Del balcón á la baranda 

Y la baranda al balcón, 

Como si fuese alguna anda, 

Que llevan en procesión." 

No sabemos por qué prefieren muchos el singu- 
lar, en nombres que no lo admiten, como tijeras, 
tenazas, despabiladeras, pinzas, parihuelas, ancas, 
angarillas, alicates, cachas, enaguas &. En cambio, 
añaden una s á palabras que no pueden llevarla, 
como donaire, cabal, corriente, y emplean muy sa- 
tisfechos: donaires, cabales, (exclamación) corrien- 
tes, sin contar, como dice con gracia un literato, 
con aquel épico de los corrientes, hablando de las 
fechas. 

Ándate. 

Vicio muy común es decir ándate, en lugar de 
vete, y así anda ese vocablo aun en labios de gente 
que se precia de culta. No falta quienes digan 
ANDAiTK, quizá siguicudo, siquiera sea viciosamen- 
te, el giro español anda vete: anda ite. 

El anda vete se encuentra en la poesía popular 
de España y en los clásicos: 

''Andaveie,e\ moro perro. 
Anda y vuélvete á Granada." 

( Eomancero de Kivadeneira, I, 61.) 



94 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

^'Anda vete y no hagas bulla" [Hidalgo — Diálo- 
go de apacible entretenimiento, 1606.] 

Y á propósito del ite, en lugar de vete^ es de no- 
tar que en Guatemala, lo mismo que en otras de 
las repúblicas latinas del Continente, hay propen- 
sión marcada en el pueblo á regularizar muchos 
\erbos que son irregulares. Con esto y con el 
empleo de voces vulgares, se le da al rico y majes- 
tuoso idioma castellano, cierto carácter bajo y ras- 
trero, que se aviene mal con su índole y con su 
origen. Mucho más decimos: ^'barriga que vien- 
tre, colorado que rojo, 'pelo qae cabello, pila que 
fuente, pelear que reñir, cascara que corteza, 77ii^a- 
jón que miga, amarrar que atar, rienda que brida, 
patear que cocear, ^piedra que guijarro, poyo que 
alféizar, corazonada que presentimiento, animal 
que bicho ó sabandija, cachete que carrillo, baraja 
que naipe, pellejo que piel, afrecho que salvado, &, 

Pero volviendo á aquella pleonástica forma del 
imperativo anda vete, es curioso notar que por acá 
se usa para dar á entender cierta conformidad con 
lo que á uno le proponen; p. e.: "Tras haberme 
costado tanto la costura, quiere rebajarme mi sa- 
lario, y pagármelo hí^sta de aquí á ocho días 

]Si me lo diera hoy mismo; anda veteí' 

Ando. Ando. Andarán. 

Kn los albores del habla castellana era regular 
en su conjugación el verbo andar, como se puede 
ver en el Fuero de Aviles, que se tradujo al espa- 
ñol en el reinado de Alfonso Vil en 1155; y en la 
primera traducción del Fuero Juzgo (Lib. III, tí- 
tulo 1? L. III. ;j pero ya en los buenos tiempos de 



PROVINCIALISMOS DE (iUATExMALA 95 

Cervantes se usaba el pretérito anduve y los afines 
anduviere, anduviese f anduviera: 

"Poco anduvieron cuando llegaron á una altísi- 
ma peña" (Cervantes, Persiles, Libro I. Cap. IV.) 

''Ahora sigue á todo este aparata una infinita 
tropa de carros que es la guardaropa de la Fortu- 
na, tras la cual anduvieron desnudos y hambrien- 
tos hombres y mujeres" — (Diablo Cojuelo — L). 
Luis \'élez de Guevara.) 

Pero el vulgo, en España, todavía suele decir 
ande, ando, andarán, como frecuentemente se de- 
cía j)or la gente zafia que vino á América en los 
primeros años de la conquista. No es extraño, 
pues, (jue entre los ignorantes se oiga todavía de- 
cir así, desde México hasta Chile, entre aquellos 
que no se andan con repulgos de empanada. 

Andar andando. 

Esto de andar andando, como dicen por acá, es 
curioso en extremo: *'¿Qué anda haciendo ño 
Juan? Nada, señor; ando andando. A ver veo 
como le háido á su merced." Todavía el ver á ver 
no puede tildarse de incorrecto, aunque sea de mal 
gusto; pero el andar anday ido ^ provoca á decir que 
no se puede andar de otro modo. En español po- 
drá uno andar de Zoca en Colodra; andar á la so- 
pa; andar «1 caza de gangas; andar á zarpa á la 
greña; andar en malos pasos; andar en paños me- 
nores; andar de Ceca en Meca; andar con tiquis, 
miquis; andar con dimes y diretes; pero no 
ANDAR ANDANDO, quc ya scría un pleonasmo de á 
pliego. 



96 VICIOS DEL LENGUAJE Y * 

Andarivel. 
Esta voz náutica, tan conocida entre nosotros^ 
no se encuentra en el Diccionario de la Academia; 
pero no por eso dejará de ser en español el técni- 
co que corresponde al inglés girt-line. 

Andón. 

Desde los primeros días de la conquista aplica- 
ron los españoles el nombre de andenes á la grade- 
ría con que los incas circunvalaban los cerros ó 
cubrían las laderas. Andén significa en español 
vasar (repisa para poner vasos) anaquel, que es 
tabla de estante etc. y también esplanada delante 
de las embarcaciones. Además se usa mucho en 
España para significar el lugar en que pasan los 
trenes y se detiene la gente para subir á los ca- 
rros. 

Andén, entre nosotros, se toma por acera. Tam- 
bién se usa en esta frase: ''En qué andenes an- 
da Ud.? para preguntar al que afanoso va de un. 
lugar á otro, que es lo que hace. 

Aniega. 

Los ojos no se aniegan de lágrimas, sino que 
se anegan: 

"El llanto que al dolor los ojos niegan 
Lágrimas son de hiél (]ae el alma anegan." 

Anona. 
P]ste es el nombre castellano de la (Anona ke- 
vis, reticulata, Humboldtii) sabrosa fruta que lla- 
man chirimoya en la América del Sur, custard 
apple en inglés y coeur de houef, añone enfrancés;y 



PROVINCIAT.ISMOS DE GUATEMALA 97 

que ha servido, por traslación de significado, para 
designar entre nosotros y familiarmente el bocio, 
ó sea en nuestro peculiar modo de decir, el gue- 
GUECHo. En Chile llaman anonas á las asentade- 
ras. 

Ante. 

En castellano anticuado significaba el plato 6 
"principio" con que se empezaba la comida. 

Hoy llaman ante, por acá, al dulce que se hace 
de alguna sustancia farinácea, mezclándola 3^ co- 
ciéndola con miel de azúcar, de suerte que no for- 
ma pasta, sino espeso líquido. Así dicen: ante 
de garbanzo, de frijol blanco &. 

Antidiluviano. 
Claro es que debe decirse antediluviano, para 
significar lo anterior al diluvio; porque antidilu- 
viano sería contra diluviano. 

AntinaturaL 
Suele decirse por lo que no es natural, ó sea 
^contra lo natural; pero ni aquella voz se halla en 
el Diccionario, ni innatural de que se sirvió La- 
rra, cuando dijo: ''Bulliciosamente coronado de 
aplausos todo gesto innatural, todo además gro- 
tesco (fe." (Teatros.) 

Antioco. 

Debe decirse Antioco, cargando la pronuncia- 
ción en la i, pues no es Antioco, como dicen por 
acá el nombre del perseguidor de los judíos, que 
murió comido de gusanos, sino Antioco Epífa- 
nes. 



98 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Apachurrar. 
En algunos países de origen español dicen así, 
en lugar de despachurrar, que es como debe decir- 
se. 

Apalabreadas. 

Cuando dos personas han convenido en una co- 
sa, dícese en buen español, que están apalabradas, 
que no apalabreadas. Hay en el vulgo cierta 
tendencia á poner esa sílaba ea, en desinencias 

análogas. 

Aparejo. 

En una de sus acepciones, significa esa palabra 
el arreo para montar ó cargar las caballerías. En 
México, lo mismo que en Guatemala, se llama 
aparejo, no á cualquier arreo que á tal uso se des- 
tina, sino á una silla burda que sirve para la car- 
ga. Bartlett, en el ''Diccionario de Americanis- 
mos," dice: Aparejo — (Spanish) A pack — saddle. 
The word is employed in the countries acquired from 
México, where packsaddles are used. 

En el Perú significa aparejo, según el dicciona-- 
rio de peruanismos, montura de mujer. 

Apaste. 
Esta es una de tantas voces indígenas (apaxtle,) 
que corren en Centro-América confundidas con 
las palabras castellanas; y á f e que el apaste, me- 
recía honores lexicográficos, ya que á sus compa- 
ñeros el comal, el tamal, el coyote, el petate, el chile, 
el atole y mucho otros vocablos mexicanos, se les 
ha concedido la entrada en las columnas del Dic- 
cionario; porque no han podido los señores acadé- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 99 

micos de la calle de Val verde dejar de reconocer 
el liecho de que, desde los primeros días de la con- 
quista, sobre la ancha base del idioma de Castilla, 
comenzaron á brotar^ — como silvestres flores que 
pugnan por echar sus renuevos en la tierra don- 
*de antes crecían libres; en su propia tierra, que el 
jardinero convirtió después en artificial verjel — 
muchas palabras indianas que sobrevivieron á los 
reyes de aquella raza desgraciada, y que acaso la 
verán desaparecer, siguiendo ellas en contubernio 
deslizándose en el lenguaje, como se deslizan las 
gotas de un manantial cuando caen en caudaloso 
río. 

Pero no andemos en tantas cháncharas mancha- 
ras para decir lo que es el apaste, que no ha teni- 
do la fortuna de que se le otorgue carga de ciuda- 
danía, apesar de sus importantes y cotidianos ser- 
vicios. ¡Quién había de pensar que la suerte, que 
<íual voluble maga regula el destino de los morta- 
les influyera hasta en las pobres palabras! Moc- 
tezuma y Guatemozín tuvieron la mala suerte de 
acabar eji trágico suplicio; dox Pantaleon Tsicajol, 
de nuestro pueblo de Alotenango, obtuvo una con- 
decoración española, con la adeala de usar el don, 
y el célebre Benito Juárez, llevando el águila 
mexicana por égida, no sólo rechazó heroicamen- 
te la intervención extranjera, sino que se vio col- 
mado de honores Así son las cosas. El re- 
quemado comal se ostenta ufano en la lista auto- 
rizada de los vocablos españoles, y el limpio apas- 
te anda por allí vergonzante, todavía como pro- 
vincial palabra, que apenas alcanza á figurar en 
una "colección" como ésta, que tiende á exhibir 



100 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

locuciones y nombres espúreos. El plebeyo comal 
puede ya, con el derecho autonómico de que goza, 
decir á la olla "qué tisnada estás/' invadiendo así 
los fueros de la sartén, que es la que en España 
ha dicho siempre á la caldera, ''quítate allá culi- 
negra." Pero su día le llegará al apaste, á la 
chita callando, en que se alce á mayores; y allá se 
las haya si se raja cuando esté arriba por bailarle 
el agua delante de los ojos al cornal^ que estuvo 
listo para asir la ocasión por los cabellos: que na 
hay que andarse con tiquis miquis, sino procurar 
caer en gracia, conforme caigan las pesas; darse 
un verde con dos azules; estar siempre á verla& 
venir, estirando la pierna más que alcanza la sá- 
bana, sin dormirse en las pajas, dejando que rue- 
de la bola, arrimándose al sol que más calienta^ 
en vez de vender juncia; ya que suele tocar al peor 
puerco la mejor bellota, puesto que de todo tiene 
la viña, uvas, pámpanos y agraz En fin, apas- 
te, de mexicana alcurnia, que Dios te dé fortuna, 
que lo demás nada importa; y ojalá que no me 
traiga á mal traer con los críticos, que por una co- 
ma son capaces de armar la de Dios es Cristo, to- 
do esto que voy enjaretando acerca de vos, humil- 
de trasto, que al cabo no sois más que una vasija 
de barro ó tierra cocida con dos asas ú orejas, co- 
mo muchos dirían hablando metafóricamente. 

Y si alguno tuviere duda de si con esto último 
debíamos haber comenzado, y si ello era lo bastan- 
te, puede hacer de caso que no hubiera leído más 
que la parte final; y aun suprimir ésta, si le pare- 
ciere que la definición carece de aquellas circuns- 
tancias lógicas que concurrir deben en el género 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 101 

próximo y en la última diferencia: por el apaste, 
al fin de todo, no habrá quien reclame, como re- 
clamaron con vehemencia por aquel aer, aeros de 
la epístola. ¡Qué mucho que un Apaste, dé mar- 
gen para un artículo. 

A pasóte. 

Apasote ó epasote, como otros dicen, es una 
planta medicinal {chenopodium ambrosioides,) que 
se llama en castellano pasóte. (West Indian goose 
food.) 

Los conquistadores le decían epazote, del mexi- 
cano epazotle, que significa yerba buena. En la 
"Recordación Florida, de Fuentes y Guzmán," 
(tomo 1? pfigina 307) encontramos que *4os indios 
usaban una bebida llamada tlamizatolej cuya com- 
posición y fábrica es de los simples de maíz, chi- 
le guaque y yerba de epazote; y esta bebida, á ma- 
yor operación, se toma caliente, y extiende y dila- 
ta su virtud á los efectos de excitar la naturaleza 
á la Venus &r 

"El Médico Botánico Criollo," hablando de esta 
planta, dice: ''Que esas matas que se hallan con 
mucha abundancia en las Antillas, como en el 
Continente Americano, tiene muchísima fama 
por vermicidas. La infusión de pasóte es muy 
útil contra las indigestiones." (Tomo 2? página 

Apearse. 
Es muy común el uso de este verbo por hospe- 
darse, alojarse; y así hemos oído decir: ''¿En don- 
de se fué usted á apear cuando llegó á la capital? 
— Me apié (en vez de apee) en el mesón de Orien- 
te." 



102 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Don José Milla, en uno de sus cuadros de cos- 
tumbres, (tomo 1?, página 110) dijo: '^41gunos 
de los que vienen de los departamentos á esta ca- 
pital, especialmente cuando hay fiestas, suelen, 
por no APEARSE, como se dice, en un hotel, arros- 
trar las incomodidades que trae consigo el poner 
casa para unos pocos días. 

Apear es, en buen castellano, desmontar á algu- 
no de la caballería, ó deslindar una heredad de 
otra; pero no hospedarse ó alojarse. 

Cervantes, en el pasaje de la caza de montería, 
refiere como llegaron á un bosque, que entre dos 
altísimas montañas estaba. '^Apeóse la Duquesa, 
y con un agudo venablo en las manos, se puso en 
un puesto por donde ella sabía que solían venir 
algunob jabalíes. Apeóse así mesmo el Duque y 
D. Quijote &." — Cuando el bueno de Sancho Pan- 
za iba á verse con Dulcinea, "se apeó del jumento, 
y sentándose al pié de un árbol, comenzó á hablar 
consigo mesmo,'' y pronunció aquel monólogo, 
que constituye una de las joyas en que abunda la 
obra inmortal de Cervantes. 

Apercibirse. 

Usase impropiamente por "echar de ver" notar, 
reparar, conocer, catar (no acatar) &. Cuando 
algunos usan estas ó análogas frases: "No me 
APERCIBÍ de su llegada. Pedro, que ya es viejo, 
no se APERCIBIÓ de que había un hoyo, y cayo 
dentro de él. Disp^^nse usted, no me aprrcibí de 
que estaba presente para saludarle/' debieran em- 
plear: no eché de ver; no noté, no reparé, &. 

"Apercibirse" significa prevenirse, disponerse. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 



103 



aparejarse para alguna cosa; y aunque Salva, en 
su gramática, usa: "apercibirse de una visión," 
es ese precisamente el galicismo que se censura. 

También se incurre en él cuando se dice que 
una cosa pasó desapercibida, en vez de inadverti- 
da; porque ''desapercibida" es descuidada, falta de 
lo necesario. 

Cervantes, en ''La Española inglesa," dice: "Ce- 
né en mi aposento, cerré la puerta, apercibí mi es- 
pada, encomendéme áDios y no quise acostarme." 

"Cual león á la presa apercibido 
Sin recelo los impios esperaban 
A los que tú, Señor, eras escudo." 

( TÍKKHKKA. A líi batalla de Lepanto.) 



Apertrechado. 
Así dicen vulgarmente, eíi vez de pertrechado^ 
que es la palabra castiza. 

Aplanacalles. 
"Azota-calles" se dice en f]spaña. Aplanador 
DE CALLES, por vago, sin oficio, sólo se oye por es- 
tas tierras. 

Apología. 

"Se ha falseado casi universalmente por los es- 
critores sur-americanos el significado de esta pa- 
labra, haciéndola equivalente á elogio 6 panegírico , 
La Real Academia la define así: "Discurso que se 
hace (le palabra ó por escrito en defensa de alguna 
parsona ú obra." La frase rayada es esencial: 
hace la apología de una persona ó cosa el que re- 
futa los hechos ó vicios que se le imputan. Para 
comprobar la exactitud de esta definición, basta- 



104 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

TÍa recordar la célebre apología de Sócrates; esto 
es, el discurso que se supone pronunciado por es- 
te filósofo ante pus jueces en el proceso criminal 
que le había sido intentado sobre sus opiniones y 
conducta, discurso de que Platón y Jenofonte nos 
han dejado dos diferentes versiones. Recuérden- 
se también las apologías que de la religión cristia- 
na se escribieron en los primeros siglos de nues- 
tra era por san Justino, por Atenágoras, por Meli- 
tón, obispo de Sardes, por Apolinario, obispo de 
Antioquía, por Tertuliano, por Minucio Félix y 
por Orígenes. La apología de Apuleyo, contra los 
que le acusaban de magia, y que está comprendi- 
da en la colección de sus obras. Todos los diccio- 
narios están conformes con la definición de la 
Academia Erpañola; y no hay necesidad de citar 
el gran número de apologías que con este título se 
han publicado en los tiempos modernos y en Es- 
paña, entre las cuales es muy conocida la del P. 
Sarmiento en defensa de los escritos de Feijoo. Ni 
es difícil explicar la corrupción que ha sufrido es- 
ta palabra en América. Uno de los mejores me- 
dios de justificar la conducta de una persona, es 
alegar sus buenas acciones y cualidades: y por tan- 
to es naturalísimo que las apologías contengan fre- 
cuentemente pasajes laudatorios; pero en tales ca- 
sos, el panegírico es un medio de defensa." [Be- 
llo— "Opúsculos Literarios y críticos," tomo 8?, 
página LXX.] 

Apostrofe. 

Aun en textos elementales de gramática hemos 
visto confundir esa palabra con apóstrofo. 



t 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 105 

Apostrofe es la figura de retórica que consiste 
-en cortar el hilo de la narración ó raciocinio, pa- 
ra dirigir la palabra á Dios, á la naturaleza, &. &. 

Apóstrofo es el signo que marca en la escritura 
la supresión de alguna letra. 

Aprender. 

Tratándose de capturar á un delincuente, debe 
decirse aprehender^ que no aprender, como hemos 
visto usado por gentes que leen y escriben, á pe- 
sar de lo cual siguen diciendo maistro lión meiz, 

CAOBA, ACREDOR, ALCOL, RIAL, PIOR, PIÓN, BIATO, LER, 

SUASAR, HOGAR, (por ahogar,) &; por aquello de 
que lo que entra con el capillo, sale con la mortaja. 

Don Diego Hurtado de Mendoza, al describir la 
conjuración contra Aban Humeya, y su muerte, 
dice: ''Pasaron el cuerpo de guardia, entraron en 
la casa, quebraron las puertas del aposento, hallá- 
ronle vilmente entre el miedo y dos mujeres 

Embarazado de ellas, especialmente de la viuda, 
amiga de Diego Alguacil, que se abrazó con él, 
fue aprehendido, en presencia de los que él trataba 
familiarmente <fe." 

Aprevenido. 

Muchos de los vicios de que adolece hoy el ha- 
bla del vulgo en Guatemala, y aun en toda la 
América española, son resabios nada más del an- 
tiguo lenguaje de los conquistadores, como apre- 
venido, por prevenido. 

Don Francisco Mendoza, al describir la trágica 
muerte de Roger de Flor en un convite, decía: 
''Llamado de su fatal destino, ni adv^irtió su peli- 
gro, ni aprevenido lo temió." 



106 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Recordamos que, en nuestra niñez, cuando nos 
contaban cuentos, decían: '^que el hombre apre- 
venido, no es combatido," que equivale al refrán* 
español ''hombre prevenido vale por dos." 

En lo antiguo se usó alanzear, por lancear; apre^ 
silvoso j por presuroso; comedirse, por ofrecer auxi- 
lio ó ayuda; y de allí viene nuestro acomedirse,- 
que no lo reconoce el Diccionario, como no reco- 
noce otros muchos vocablos a los cuales agrega- 
mos el prefijo Á. 

Aprobador. 

Este es otro de esos vocablos á los cuales hemos 
agregado la A. Significa una muy pequeña can- 
tidad de cosas comostibles, qu*^ da el vendedor al 
comprador para que pruebe, ó ensaye, á fin de- 
juzgar si le conviene hacer la compra. 

Aprobar. 
Significa, como todos sabemos, calificar y dar 
por bueno algo que á nuestro juicio se somete; pe- 
ro, cuando algunos lo usan por probar, no es cas- 
tizo absolutamente; v. g.: -'apruebe, á ver si está 
muy dulce su café." 

Aproximativo— a. 
Lo .que se asemeja á una cosa, se aproxima 6 es 
aproximado á ella; pero no es aproximativo, 
porque aproximativo es lo que aproxima, y nada, 
más. 

''Todo nace de fuente viva de amor, y todo lo 
que tiene ser viene esmaltado de amor; y de ma- 
nera que, si la vista de nuestra alma no estuviese 
ciega de vileza, vería en todo lo criado una aproxi- 



i 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 107 

inada imagen del Criador." (P. Diego de Estella. 
Meditaciones del amor de Dios.) 

Con razón censuran el siguiente pasaje del es- 
critor chileno D. M. L. Amunátegui, en ''Los Pre- 
cursores de la Independencia:" "Valvidia proce- 
dió á hacer una distribución aproximativa de in- 
dios imaginarios entre sesenta y tantos vecinos." 

Apulismado. 

Apulismarse una cosa, es, en nuestro peculiar 
modo de decir, quedarse pequeña, no crecer, per- 
der el jugo vital. Se aplica comunmente á los ár- 
boles y á las frutas cuando no desarrollan, sino 
que se quedan enjutas. 

También lo usan para significcr queun niño no 
desarrolla, Cjue está raquítico ó desmedrado. Em- 
pléase comunmente en el participio apulismado; 
y antójasenos que este provincialismo viene de 
las lenguas indias de estos países. 

Apuñuscar. 
Lo hemos oído usar como equivalente de a^¿/iar; 
y así dicen: ''Toda la gente se apuñuscó en la 
plaza á presenciar la riña." Apañuscar, y no apu- 
ñuscar, significa coger y apretar entre la mano 
alguna cosa, ajándola. En Chile el equivalente 
de nuestro apuñuscar es acumuchar. 

Arancelarse. 
Para dar á entender que un sujeto ha adquirido 
costumbre de ir á un lugar cualquiera, á una fon- 
da, á un café, etc., dicen que se ha arancelado en 
aquel lugar; esto es, que se ha vuelto parroquiano, 
que se ha abonado. 



108 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Árbol del pan. 

Según Linneo, es el artocarpus incisa , que tiene 
un tronco compuesto de un tejido glandular, con 
mucha medala farinácea, atravesado por fibras le- 
ñosas, separadas por anillos de la misma sustan- 
cia, dispuestos concéntricamente. Esa sustancia 
es una verdadera harina de superior calidad. *'E1 
árbol del pan" (arbre á pain; true bread fruit) se 
encuentra en las Antillas, en Centro-América, en 
México y en otros puntos del Continente. 

Arción. 

La correa de que pende el estribo en la silla de 
montar á caballo es ación, que no arción, como 
casi todos dicen por acá y en las demás repúblicas 
de la América española. 

''Fuese Sancho tras su amo, asido á una ación 
de Rocinante." — (Quijote, Cap. 14.) 

No cabe duda, pues, de que es ación; pero cier- 
tamente que la eufonía pide otra letra entre la a 
y !a c. Cuando en toda la América latina se dice 
ARCIÓN, es de creerse que corruptela tan general 
procede de los mismos conquistadores españoles. 

Arder. 
Es verbo intransitivo ó neutro; no puede, pues, 
decirse, como dijo un ilustre académico en el pa- 
saje siguiente: ''Las pavorosas erupciones del Ve- 
subio, cuando invade y arde los amenísmos jardi- 
nes y los feraces viñedos de Portici." 

Arredovaya. 

Exclamación que usa el pueblo bajo, y que po- 
dría equivaler á ¡cáspita! 




PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 109 

Nuestro compatriota don Francisco Rivera 
Maestre, en la famosa epístola que dirigió desde 
Madrid 'A Guatemala," dijo: 

''Mas por lo que á mí respecta 
No te diré ni palabra; 
Fuera meterme en honduras 

Y en camisa de once varas. 

Diría mil disparates 
Que sin duda te picaran 

Y talvez exclamarías: 
"Ere que hombre arredovaya! 

En lo antiguo se dijo arriedro ó arredro j para 
significar atrás; de modo que '^arriedro vayas'^ va- 
lía por vade retro. 

^^ Arriedro vayas, Satán, cata la cruz.'' 

(QUEVEDO.) 

Nuestro arrecióla í/a no tiene esa sisünificación: 
revela sorpresa. En Costa-Rica dicen: ^'¡arrie- 
ro vaya^r' 

Arriquin. 

Al ayudante del puntero en los ingenios, llaman 
arriquín; nombre que también dan á la persona 
que no se separa de otra. 

Armarse. 
Nosotros decimos que ''se arma" el caballo que 
ya no quiere caminar; en buen castellano se dice 
que se planta. 

Arquiado. 

Suélese oír, en vez de arqueado. 

Arricloques. 
Nombre que se da á los adefesios, perifollos, pe- 
rendengues ó adornos impropios que llevan, sobre 



lio VICIOS DEL LENGUAJE Y 

todo las mujeres. También se dice, por traslación, 
•que es mu}^ lleno de arricloques el individuo que 
usa de rodeos y ceremonias para todo. 

Arquilar. 

Es un barban smo muy usado, en lugar de al- 
quilar^ que es como dice la gente culta. 

Arquimedes. 

• Debe pronunciarse con el acento prosódico en 
la E y no en la i. 

Asóla. 
Muchos dicen así en vez de asuela, que es lo co- 
rrecto, como se verá en el siguiente ejemplo: 

'Tara acrecentar sus bríos 
Contra los piratas moros 
Colmóle el rey de tesoros, 
Mercedes y señoríos, 
Mas cediendo á sus impíos 
Pensamientos de Luzbel, 
Desordenado y cruel 
Roba, asuela, incendia y mata, 
Y es más bárbaro pirata 
Que los vencidos por él." 

(Núñez de Arce. El Vértigo.) 

Asoleada. 
El efecto de asolearse es en castellano asoleo y 

no ASOLEADA. 

Asoleado. 
Acaso porque el que sufre un asoleo vuélvese 
desmazalado y torpe, dicen por acá que es un aso- 
LEADO el hombre de pocos alcances, el dundo, el 
tonto. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA lU 

Hubo un tiempo en que á los agentes de policía 
les llamaban los "asoleados," porque los veían es- 
tar todo el día al sol. En España les decían "guin- 
dillas." 

"Caballo asoleado" en español "Caballo que 
se agua." 

Hay que evitar el barbarismo asoliado. 

Atajo. 
Significa senda por donde se abrevia el camino^ 
pero no conjunto de animales de carga que sirve 
para trajinar, que en castellano se llama recua. 
Hatajo (con h) sí significa pequeño bato (aquí 
pronuncia la gente del campo ^*a¿o) de ganado y 
significa también muchedumbre. 

Ataúd. 
Es vicio común decir así, en vez de ataúd, y 
vulgarismo el usar cajóyi de muerto ^ por "caja mor- 
tuoria 6 féretro." 

"Sigue mala; y ¿qué medida 
Tomaré?— "La del cajónr 
Dijo la de aquí en seguida 
Por toda contestación." 

Ateperetado. 

Al que no tiene tino para hacer las cosas; que 
se sofoca y no da con lo que desea; al aturdido, al 
torpe que carece de serenidad para obrar, le lla- 
man ATEPERETADO, TEPERETE. 

Conocemos á un don Tiraoleón Teperete, que 
lleva este nombre como anillo al dedo, pues es 
nuestro don Timoleón, aunque de la especie de los 
bípedos, de casta mamífera: habla hasta por los 



112 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

codos, tartamudea y se le trastruecan las palabras: 
mantiene trasconejadas sus ideas, porque siempre 
quiere ir convoyando á la nueva estrella ministe- 
rial y desea aspirar perpetuamente el aura del fa- 
vor. Ya corre por allí; ya va á visitar al futuro 
candidato; ya huye del caído como de la peste; ya 
escribe un artículo en favor de la situación; ya se 
arrastra por las alfombras y las sillas de los pala- 
cios; ya se da una topetada con un portero, por 
entrar antes que otro á una oficina; ya dice un 
desatino de á folio, por decir una agudeza; ya bota 
al suelo su sombrero, por saludar á su jefe; ya de- 
rrama el tintero, por firmar una felicitación. Tie- 
ne Teperete mucho de mono, de camaleón, de 
perdiguero y de ostra. Algún día haremos su re- 
trato completo; este bosquejo no tiene medias tin- 
tas, que es lo que más necesita la pintura de Ti- 
moleón Teperete. 

Ati pujar. 

Del que se harta de alimento, dicen por acá que 
se atipuja; si bien es preciso advertir que ese ver- 
bo sólo se usa vulgarmente por hartar. 

Atol. 

A muchas de las voces indígenas quitamos la e 
final, como sucede en atol, del mexicano atole. 
Juan de Laet, en sus elogios á esa especie de ga- 
chas americanas, comienza diciendo: "Quanto ita- 
que major laus dehetur nostro atole.'' Este atole 
nos hace recordar los apuros que pasó un amigo 
'nuestro, émulo de Cicerón, para traducir una tar- 
jeta de grado (allá cuando había grados en filosofía 
y tarjetas en latín) que se dedicaba á un "Capitán 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 113 

General;" dijo '^Decurio máximus.'' Fuentes y 
Guzmán asegura que se daba el nombre de atole, 
en la Nueva España ''á una poción hecha con la 
masa colada del maíz cocido, siempre regalada, de 
general avío y mantenimiento en México, donde 
no había casa que ñola tomase por desayuno; sir- 
viendo el ATOLE blanco á la gente doméstica y el 
champurrado con chocolate á las personas de con- 
sideración, por ser en aquel reino más caro el ca- 
cao que en Guatemala. Varias eran las especies 
de atole, que se conocían con los nombres de is- 

TATATOLE, JACOTOLE, NEOTINATOLE, CHILATOLE, EPA- 
SOATOLE, CHIANATOLE, TLASMIZATOLE, ELOATOLE Y 

cumanatole/' (Recordación Florida; tomo 2? p. 
4(.)7.) 

La última edición del Diccionario de la Acade- 
mia registra las voces atole, atolero y atoleria. Lo 
que ignoraban los señores académicos, como que 
es locución peculiar nuestra, es que cuando algún 
hostigador de esos que lo quieren auno mucho, va 
todos los días, á la misma hora á su casa, dícese 
del tal que está como atol de enfermo; y si es ade- 
más cachazudo, que nunca se altera, se dirá que 
tiene sangre de atol. 

Atolillo. 
Es una especie de atol, que hacen de harina, 
leche y azúcar. 

Atorarse. 
Se dice vulgarmente que alguno se atora cuan- 
do come mucho, cuando tiene repleción dealimem- 
to: ''Así que se está atorando de todo cuanto -en- 
cuentra, se queja de que le duele el estómago," he- 



114 VICIOS DEL LENGUAJE Y\ 

mos oído exclamar á algunas madres dirigiéndose 
á sus niños. 

Atorarse también vale entre nosotros atragan- 
tarse, que es como debe decirse cuando algo queda 
detenido en la garganta: ''Estaba comiendo 77^(ya- 
rras y se le atoró una espina;" debiendo decirse 
se atragantó con una espina. 

Atrancar. 

Úsese trancar, que no atrancar, para economi- 
zar letras y disparates. 

Atrasado. 
Está bien usado en el sentido de pobre, empe- 
ñado; pero no puede decirse de una sementera que 
está atrasada, por falta de agua; de un ternero, 
que está atrasado, por desmerecido. 

Atufado. 
El diccionario contiene este adjetivo, como an- 
ticuado, para significar el que tenía tups; es decir, 
soberbia, altivez, vanidad ó entonamiento. Entre 
nosotros aun vive esa palabra, y es muy usada en 
lo familiar. 

Autos. 

Estar en autos decimos, por ''estar en los autos,'' 
que es como lo trae el Diccionario. 

Avalancha. 
Voz introducida del francés: en castellano tene- 
mos alud y lurte. Por más sonora que sea la pala- 
bra avalancha, y por más que agrade á algunos, 
no la usan los escritores castizos, al decir de Caer-* 
vo, de Baralt y de otros puristas. No obstante, 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 115 

^n más de un libro de correcta pluma, hemos vis- 
to aquella palabra. Recordamos de pronto una 
de las bellísimas estrofas de don J. Velarde: 

^'Dijo — marchó de repente 
Hacia la mesa, llorando, 
y pinina y papel hallando, 
Después de azotar su frente, 
Escribió rápidamente 
Con letra corrida y ancha: 
'*En un lugar de la Mancha 
De cuyo nombre no quiero. . . . 
V prosiguió tan ligero 
Como rueda la avalancha. 

(De^ómo hació el Quijote.) 

Avesmarías. 
Es má^ uMiuúii (|ue lo que fuera de desear el 
oír decir avesmarías y padresnuestros, en vez de 
avemarias y padrenuestros, que es como enseña la 
gramática. 

Averiguarse. 
La locución familiar: "no me averiguo con tan- 
to muchacho;" "no me averiguo con Pedro etc." 
por no me avengo con los muchachos; no puedo 
sujetar y reducir á la razón á Pedro, es muy cas- 
tiza y se halla usada por escritores como Lafuen- 
te y Mesonero Romanos. El barbarismo está en 
decir aviríguo. - 

Avichucho. 
Derivándose de ave, no sabemos por qué dicen 
algunos AVICHUCHO, por avechucho. 

Ayer noche. 
Basta decir anoche. 



116 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Ayote. 

Es una especie de calabaza (cucurvita pepo)^ ayo- 
tli ó ayuteü ; en Puerto Rico, challóte ó tallóte, y en 
otras partes le llaman auyama 6 sapayo. 

Los mismos conquistadores é historiadores 
españoles usaban el nombre de ayote, como puede 
verse en la descripción de la rebeldía de los sa- 
cattepeques, acaecida el 30 de agosto de 1526 cuan- 
do don Pedro Portocarrero tuvo que retirarse con 
los suyos, y '^fue á dar á unos rastrojos de una di- 
latada milpa, donde enredados y detenidos de la 
gruesa caña y lo enlazado de los bejucos de los 
AYOTES que habían sembrado en ella, casi presos 
de los embarazos y estorbos, (quedaron rotos nues- 
tros españoles, con muerte de algunos indios ami- 
gos.'' (Recordación Florida. Tomo 2? p. 87.) 

Muchos de los nombres con que bautizaron los 
castellanos los frutos de la América eran los mis- 
mos nombres que en la Península se usaban para 
análogos frutos; si bien solían adoptar la nomen- 
clatura indígena y corromper la española, todo lo 
cual dio desde un principio pintoresca variedad, 
con aspecto original, á las voces destinadas á re- 
presentar las producciones vegetales. 

''Hay muchos higos, uvas y melones 
Dignísimos de ver mesas de reyes. 
Pitahayas, guanábanas, anones. 
Guayabas y guardes y mameyes; 
Hay chica, cotuprises y mamones 
Pinas, curibijiires, caracueyes, 
Con otros muchos más que se desechan 
E indios naturales aprovechan." 

(Castellanos. Elegía 4.) 



PROVINCIALISMO» DE GUATEMALA 117 

''Hay caimitos y guanábanas, anones y 
En árboles mayores que manzanos; 
Hay olorosos hobos^que en faiciones 

Y pareceres son mirabolanos; 

Hay guayabas^ pajmyas y mamones, 
Piños que hinchen bien entrambas manos, 
Con olor más suave que de nardos; 

Y el nacimiento de ellas es en cardos. 

(Cattdlanos, Historia de Cartagena, O. 4.) 

Lo que no sabemos es si en tiempos de los con- 
quistadores ya se daban ayotes á los que, abando- 
nados de Cupido, eran dignos de los desaires de 
sus Dulcineas, ó á los pobres estudiantes que sa- 
lían reprobados en sus exámenes: yaque, desde 
la época de Cervantes, se ha dicho en España dar 
calabazas por desechar una mujer á su novio, ó no 
aprobar á alguien en las pruebas literarias. Lo 
que es hoy no faltan calabaceados, que por acá 
reciben ayotes; ni faltan muchos que necesitan 
de calabazas para nadar, ó como nosotros deci- 
mos, que no pueden nadar sin tecomates. 

Azacuán. 

Es el nombre vulgar de un milano que emigra 
en grandes bandadas. {Rorthramus socialis. — Veui- 
llot.) Cuando allá por el 15 de abril y 15 de octu- 
bre, cambia el tiempo, vense pasar por nuestro 
suelo .millares de esos viajeros. 

Creemos que se dio en Guatemala el nombre 
de azacuán á tales aves, porque pasan por esta 
zona cuando va á comenzar á llover, v cuando 
cesa la estación de lluvias, que impropiamente 
llamamos invierno: de tal suerte que con los aza- 
CUANES viene y se va, por decirlo así, el agua llu- 



118 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

via; y como en español el que lleva agua ó el que 
la trae se llama azacáuj hubo de designarse con 
ese vocablo ligeramente alterado, y por traslación, 
al Rorthramus socialis, qus no tiene en el Diccio- 
nario español un nombre propio. También dicen 
en España que "anda hecho un azacán'^ el que va 
y vuelve muy afanado en sus negocios; y como 
los azacuanes se van y vuelven todos los años, era 
propio darles ese nombre, á falta de otro que fue- 
se peculiar á ellos. 

Azarearse, azareo. 

En nuestro modo de decir, significa tener ver- 
güenza, rubor. Tal vez hemos alterado ó corrom- 
pido la palabra azorarse para venir á decir aza- 
rearse. D. Rufino J. Cuervo dice que viene de 
azararse, ó sea torcerse un asunto ó lance por so- 
brevenir un obstáculo imprevisto. 

''Mi asno, respondió Sancho, que por no nom- 
brarle con este nombre le suelo llamar el rucio, y 
á esta señora dueña le rogué cuando entré en este 
castillo, tuviese cuenta con él, y azoróse de mane- 
ra como si la hubiera dicho que era fea 6 vieja," 
Quijote. 

El azareo es en buen Castellano azar. 

Azopilotado. 
Al que tiene aire de zopenco y anda como zopi- 
lote, le llaman azopilotado, por parecerse á este 
feo pajarraco, que también denominan zope en 
México y en Centro-América: los españoles danle 
el nombre de gallinaza, los peruanos gallinazo, los 
chilenos jote, los bolivianos auras, los Colombia- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 119 

nos chulos, los venezolanos samuros; en otras re- 
públicas del continente se les dice galembos, tropi- 
llos, guaraguos\ los norteamericanos les llaman 
iurkey huzzard, y los ornitólogos cathartes aura. 

''Zopilote'', dice sin embargo el Diccionario de 
la Academia Española que es el nombre que dan 
en América á la gallinaza; pero solamente usan- 
do de una figura de retorica, se podría aceptar ese 
concepto: tomando la parte por el todo. En Mé- 
xico V en Centro-América nada más, es en donde 
se usa aquel nombre para significar el ''asno de 
la gente alada", como le llamó Alcedo, en su Dic- 
cionario de América. Garcilaso lo describe así: 
'*Hay otras aves grandes negras, que los indios 
llaman su/yunto y los españoles gallinaza: son 
muy tragones de carne, y tan golosas, que si ha- 
llan alguna bestia muerta en el campo, comen 
tanto de ella, que aunque son muy ligeras, no 
pueden levantarse al vuelo, por el peso de lo que 
han comido. Entonces, cuando sienten que va 
gente á ellas, van bullendo á vuela pie, vomitan- 
do la comida por descargarse para tomar vuelo. 

No son de comer, ni de otro provecho alguno, 
sino de limpiar las calles de las inmundicias que 
en ellas echan. No son de rapiña, y el P. Acosta 
tiene para sí que son del género de cuervos." 

D. Rafael Goyena, fabulista notable, oriundo 
del Ecuador y educado en Guatemala, escribió el 
precioso apólogo "El Zopilote con Golilla.'* 

Por lo que dice relación con el origen de los di- 
versos nombres que al zopilote se dan, oigamos á 
don Ignacio Armas: "A. una ave inmunda, que al 
aura se posa sobre los árboles, á recibir en sus 



120 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

abiertas alas los primeros rayos del sol, le llaman 
aura en las Antillas; en la Nueva Granada, por 
observar en ella la costumbre de agruparse en 
torno de las reses muertas, como los chulos de los 
mataderos, le pusieron chulo; otros gallinaza^ 
nombre del estiércol de las aves, en que ésta se 
complace; otros gallinazo, no como aumentativo 
de gallina, sino tornando en masculina la ter- 
minación del anterior. En México y Centro-Amé- 
rica se llama zopilote, nombre indígena; en Vene- 
zuela samwro, por lo que jamura ó vomita; y en 
la Margarita guaraguo, voz anticuada por cuervo.'' 
Cuentan los historiadores que allá por los años 
de 1521 y 1522, hubo en el reino cackchiquel una 
peste asoladora, que no daba tregua para sepultar 
los cadáveres, que fueron pasto muchos de ellos 
de los zopilotes. (Milla. — Historia de la América 
Central, Tomo I, página XXIX). 

Azorencado. 

El tonto, zopo, zonzo, zolocho, desmañado, abrutado, 
como dicen en español, recibe por acá el nombre 
de AZORKNCADO 6 ZORENCO, corrupcióu de zopenco. 

Azorrarse. 

En buen español es azorarse. 

En la querella de estupro que el célebre gober- 
nador de la ínsula Baratarla decidió con tanta 
cordura, decía la churrillera y embaidora dueña: 
''¡Desdichada de mí! me ha llevado lo que yo te- 
nía guardado más de veintitrés años ha, defen- 
diéndolo de moros y cristianos, de naturales y ex- 
tranjeros; y yo siempre dura como un alcornoque, 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 121 

conservándome entera, como la salamanquesa en 
el fuego, ó como la lana entre las zarzas, para que 
ese buen hombre llegase con sus manos limpias á 
manosearme. Aun eso está por averiguar, si tie- 
ne limpias ó no las manos este galán, dijo San- 
cho; y volviéndose al hombre, le dijo: ¿qué decía 
y respondía á la querella de aquella mujer? El 
cual todo azorado respondió: Señores, yo soy un 
pobre ganadero de ganado de cerda, y esta maña- 
na salía de este lugar de vender (con perdón sea 
dicho) cuatro puercos, que me llevaron de alcaba- 
las y socaliñas poco menos de lo que ellos valían; 
volvíame á mi aldea, topé en el camino á esta 
buena dueña, y el diablo que todo lo añasca y to- 
do lo cuece, hizo que yogásemos juntos, &., &. 
{Quijote), 

Azúcar candida. 

( »»iiio >i el azúcar, con ser dulce y frágil, fue- 
se animada, suelen llamarle candida, á guisa de 
virgiín; pero es ca7ide 6 candil del árabe, brillante, 
blanca. 

Azucarera. 

El vaso para poner azúcar en la mesa, se llama 
el azucarero j y no la azucarera, 

Azu rumbado. 
Con tan sonoro nombre se llama en Guatemala 
á todo aquel que no conserva la viveza de su es- 
píritu, y se encuentra atontado, turulato. En es- 
pañol se dice que está azurumbado el que se halla 
ebrio, temulento, &; y de allí viene ese nuestro 
AZURUMBADO, quc aplicamos por extensión al que 
se halla atarantado. 



122 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Esta letra siempre ha conservado su sonido, sin 
alteración, como remedo del valido de la oveja. 
No es extraño que en Guatemala, como en las de- 
más repúblicas latino-americanas, confundamos 
en la pronunciación la b con la v, dado que en la 
mayor parte de España sucede lo mismo, excepto 
en Valencia y en algunos otros puntos. En lo 
antiguo se usaba indiferentemente en la escritura 
una ú otra letra. 

El sabio Rey D. Alfonso escribía aver, avrá, 
DEVER, y Cervantes firmaba Cerbantes. Valía 
lo mismo la v,la b, y la u; y por eso muchas pala- 
bras que se escribían con b, han quedado hoy con 
u, como cabdal, cabdillo, cabsa, cabtela, cib- 
dad, recabdar, recabdo, vibdo y vibda, que son 
en la actualidad caudal, caudillo, causa, caute- 
la, CIUDAD, RECAUDAR, RECAUDO, VIUDO, y VIUDA, 

según lo hace notar don Antonio J. de Irisarri. 
En España escriben al presente Zabala y aquí 
Zavala, lo que es por cierto menos raro que el no 
haber respetado el origen latino en algunas voces, 
como en abogado, maravilla, de advocato, mira- 
billta. 

Bajareque. 

Llaman pared de bajareque á la que hacen con 
caña brava (ginerium sagittatum) 6 con cuales- 
quiera otras cañas y torta de barro. En el Perú 
dan el nombre de quincha al bajareque. 

Bajo. 
BAJO el respecto; bajo el punto de vista; bajo el 
pie; BAJO la condición; bajo la base; son locuelo- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 123 

nes muy usadas, que es mejor sustituir por estas: 
en el aspecto, por el aspecto; en el punto de vista; 
desde ese punto de vista; en el pie, sobre el pie; con 
la condición; sobre la condición. 

Muy común es también decir pueblo bajo, por 
plebe, gente ordinaria, pueblo (sin alto ni bajo)- 

"No se sabe á que atribuir este vacío de nues- 
tras letras, bien extraño ciertamente por cual- 
quier aspecto que se le considere." (Quintana. — 
Musa Épica Española) . 

"Esto es un mal, ya que no desde el punto de vis- 
ta artístico y poético, desde el punto de vista admi- 
nistrativo.'' (Pedro de Alarcón). 

"Todas las cosas de este mundo son grandes ó 
pequeñas, sublimes ó ridiculas, según el punto de 
vista de donde se las mire." (Mesenero Romanos). 

"; Ojalá logre presentarla (la institución de los 
mayorazgos) á V. E. en su verdadero punto de vista. 
(Jovellanos. — Ley Agraria^ 

"Acomódeme luego fácilmente sobre el mismo 
pie que en Segovia." (P. Isla. — Gil Blas). 

Balacas. 
Provincialismo que vale fanfarronada. Echar 
balacas es echs.r fanfarronadas. 

"Prosigues siendo valiente 
Sin echar nunca balacas, 
Viéndote no pocas veces 
Ex trapos de cucaracha." 

(F. Rivera Maestre.) 
Baladronar. 
En español baladronear. 



124 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Balaustre. 
Es balaustre. 

Bambitas. 
Cuando todavía circulaba entre nosotros la mo- 
neda antigua española de diversas figuras, que 
nombraban cortada ó macuquina, era común lla- 
mar BAMBAS á la moneda redonda y bambitas al 
real 6 medio real de figura circular. 

''Y si el bautismo es de guaches, 
Cual sucede á las vegadas, 
Bambitas y aún más, tostones, 
Se tiran por las ventanas." 

(F. Rivera Maestr^.) 
Banco— a. 

Se llama banca la silleta de madera sin respal- 
do, y banco el escaño tosco que generalmente lo 
tiene. Usamos indistintamente estas palabras, y 
también llamamos banca á una cama sin cabece- 
ra ó barandillas. 

Banda. 

Llamamos así á un tejido de seda, de unas dos 
y media varas de largo por media de ancho, que 
se usa para atar los pantalones á la cintura. L^na 
banda de rejilla es la qne tiene un ñeco en sus 
extremidades, tejida en forma de rejilla. 

Banda, por franja, es un provincialismo nues- 
tro; y lo es también el llamar 'banda á la hoja de 
la puerta ó ventana. 

Bandada. 
Que se llame bandada el conjunto de aves que 
van volando, nadie podría censurarlo; pero que 
no se diga que en Amatitlán, por ejemplo, hay 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 125 

BANDADAS de pescados ; porque el conjunto de pe- 
ces se llama cardumen. Tampoco debe decirse 
BANDADA de cuadrópcdos cuando marchan reuni- 
dos, sino manada. 

Bandear. 

En lo antiguo significaba guiar, condiLcir, en 
buen romance; pero ha caído en desuso. Vulgar- 
mente se dice en Guatemala "bandear á una jo- 
ven," por pretenderla, enamorarla: "Eugenio ha- 
bía conocido á una muchacha bonita y rica á 
quien andaba bandeando, según dijo, cansado ya 
de la Mariquita." (Salomé Jil. — Cuadro de Costum- 
bres, página 167, Tomo 1^) 

También se usa bandear, en términos genera- 
les, por perseguir á alguno con cierta solicitud ó 
pretensión v. g. '*Ya llevo tiempo de andar ban- 
deando á Pedro, á ver si me vende la casa." 

Baraja. 

Es el conjunto de cartas de que consta el juego 

de naipes. No se puede, pues, llamar baraja á 

cada naipe. 

Barajar. 

Para indicar que una persona cambia el asunto 
de la conversación por otro, dicen por acá que ''ba- 
raja la conversación." 

No creemos que tal manera de decir sea un pro- 
vincialismo nuestro; más bien nos inclinamos á 
pensar que, así como se usaba el verbo barajar pa- 
ra dar á entender que se impedía ó evitaba la 
suerte que se iba á hacer en el juego de la taba ó 
en el de los dados, díjose .también por extensión, 
allá en la época de la conquista por los españoles^ 



126 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

"barajar la conversación/' por evitar ó impedir 
que se continuara en éste ó en el otro sentido. 
Así hay centenares de palabras y de giros repu- 
diados en España, que los diccionarios no regis- 
tran; pero que fueron traídos á América por los 
mismos capitanes que la sojuzgaron: hasta la pro- 
nunciación que ellos tenían se conserva en mucha 
parte. De las causas de este fenómeno y del len- 
guaje de los conquistadores castellanos, trataremos 
en un opúsculo cuyos materiales ya tenemos aco- 
piados. 

Barajustar. 

Así se pronunciaba antiguamente, y hoy es ba- 
raustar, que significa trastornar, confundir] mas no 
CORCOVEAR un caballo ó una muía, como dicen 
por acá, que en español es dar corcovos. Aun en 
lo moral, hemos oído que cuando una persona ya 
no soporta algo, dicen que al fin barajusta. 

Barba de viejo. 

Con este nombre, ó con el de cabello de ángel, 
(bien diferentes por cierto las barbas de un an- 
ciano y los rizos de un serafín) se conoce una 
planta medicinal, purgante, que figura entre las 
ranunculáceas. 

Barbasco. 

Es una leguminosa {Tephrosia cinérea y Tephro- 
sia brevipes) que se emplea para pescar envene- 
nando las aguas. Está prohibido el uso del bar- 
basco, porque mata todos los peces grandes y chi- 
cos y porque hace abortar á las vacas y á las ye- 
guas cuando beben esas aguas. Desde los prime- 
ros años de la conciuista se usó el nombre de bar- 



PK()\ INCIALISMOS DK (UIATEMALA 127 

BASCO, que aún no se halla en el Diccionario. El 
historiador Fuentes y Quznián dice: "que con es- 
ta industria de los harbascos, se provee á esta 
Corte de Goatliemala do bobos, tepemechines, moja- 
rras, y esjyúiosos: cualquiera de ellas es apetecida 
y solicitada [)or regalo del más picante y goloso 
apetito." {Recordación Florida, — Tomo 2?, página 
(54). 

Barbiquejo. 

Así llamamos al barboqxiejo, que es la cinta con 
que se sujeta por debajo de la l)arba el sombrero 
ó morrión para que no se lo lleve el aire. En la 
República Argentina y en el Perú llaman barbi- 
quejo al pañuelo con que se cubren parte de la 
cabeza y barba anudándolo bajo la cara, y que no 
arguye tocas, ni coquetería, ni el menor senti- 
miento de estética, al decir de un literato limeño, 
sino fluxión á la cara, dolor de muelas, paperas ó 
algo de^dejadez. 

En la obra <,le D. Santiago de Villa y Martín so- 
bre "El exterior del caballo," se dice que barboque- 
jo es la depresión que hay encima de la barba, en 
que se coloca y apoya la cadenilla barbada." (pá- 
gina 38.) 

Barbuchín. 

Suelen llamar por acá con este nombre al ente- 
co que tiene poca barba. 

Barreal. 

Hacemos nosotros de barro, barreal, para de- 
nominar el sitio lleno de lodo, [que según el Dic- 
cionario es barrizal. 



128 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Barreño. 

El Diccionario dice que es la vasija de barro 
que sirve para fregar la loza y otros usos. Entre 
el populacho de Guatemala significa el barreño 
un baile parecido al zapateado. 

Dicen le también barreño al natural del Barrio 
de San Marcos. 

Barrigón. 

Oigamos á Zorobabel Rodríguez refiriéndose á 
esa palabra: "Los puristas, dice, más celosas que 
entendidos, que enseñan por esos colegios y escue- 
las la lengua de Cervantes, ponen particular em- 
peño en inculcar á sus discípulos eviten decir ba- 
rrigón, bocón, dentón, barbón, jetón, cachetón, nari- 
gón, y otros aumentativos por el estilo. No des- 
cubrimos motivo para acordar semejante prefe- 
rencia* á la terminación en udo, ni nos podemos 
arrepentir Je haber cantado cuando niños, espe- 
rando el real dominguero: 

^'Mañana domingo 
Se casa Benito 
Con un pajarito; 
— ¿Quién es la madrina? 
— Doña Catarina. 
— ¿Quién es el padrino? 
— Don Juan Barrigón (botijón) 
— ¿Quién toca la caja? 
— El negro jetón." 

Es curioso que en Chile se use esa cancioncilla 
tan conocida entre nosotros. Por lo demás, es 
correcto y usual decir barrigón del que tiene gran 
barriga. 



PROVINCIALISMOS DE (iUATEMALA 129 

Barrilete. 

Por la cometa de papel ó el papelote (no 'papa- 
lote) con que juegan los muchachos, es provincia- 
lismo chileno y guatemalteco. En castellano sig- 
nitica barrilete un instrumento de carpintería 6 
una especie de cangrejo, cuya figura pudo haber 
dado ocasión á llamar así á la cometa que tiene 
forma de exágono. 

Bastardear. 

Es verbo neutro, y por lo tanto no admite régi- 
men directo. Sin embargo, en un artículo publi- 
cado en las '^Memorias de la Real Academia Es- 
pañola," hallamos estas palabras: "No vacilamos 
en afirmar (pie si |>ronto, muy pronto, no se acu- 
de al reparo y defensa del idioma castellano en 
a(juellas apartadas regiones, llegará la lengua, en 
ellas tan patria como en la nuestra, á bastardearse 
de manera que no se dé para tan grave daño re- 
medio alguno." {''Academias americanas, corres- 
pondientes de la Española,^' por don Fermín de la 
Puente y Apezechea, Secretario de la Comisión de 
academias americanas. Tomo 4? página 247 de las 
''Memoria^ de la Real Academia Española.'^) 

No debe decirse según algunos gramáticos, que 
se BASTARDEA la ley; que los que se precian de 
hombres de mundo y de observar la moral, no 
hacen más que bastardearla. Úsese que la fal- 
sean, vician, corrompen ó barrenan. 

*'E1 común de los hombres de tal manera han 
torcido y bastardeado de la generosidad de su na- 
turaleza, etc." (Fr. Luis de Granada. — Símbolo 
de la Fé.) 



130 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Recordamos que Cuervo y otros puristas precep- 
túan que bastardear no puede llevar acusativo y 
que se construye como degenerar; pero don Juan 
Valera, que es autoridad en materias de lenguaje, 
ha escrilo en sus "Cartas Americanas," tratando 
de la poesía argentina, lo siguiente: ''Y no es es- 
to decir que, en nuestra edad moderna, no sea po- 
sible una epopeya ó un drama sobre Prometeo; 
pero, á mi ver, ha de ser de uno de estos modos: 
ya poniendo en parodia y en solfa el asunto, co- 
mo en las operetas de OíFembach, ya ciñéndose 
con inspiración erudita al espíritu y pensar de los 
antiguos, sin bastardear ni mezclar las ideas ana- 
crónicamente, etc." 

Bastedad. 

De basto que significa tosco, grosero, hemos sa- 
cado el derivado bastedad, que no goza de fueros 
académicos. 

Bate i a. 

Antes del descubrimiento de América era tér- 
mino minero y marítimo, que valía bandeja, fueii- 
te; y de allí viene la palabra batea, que hoy se usa 
en buen español para significar el trasto de ma- 
dera en forma de azafate. 

Todavía nuestro pueblo usa la palabra árabe 
BATEíA, que nos dejaron los marinos españoles 
que vinieron con Alvarado y Cortés. 

BatiburriHo. 

El embrollo de cosas ó de ideas es baturrillo, que 
no BATIBURRILLO, como dccimos por acá. 

Batidor. 

Esta palabra tiene varias acepciones; pero en 
España no se conoce por batidor la vasija de ba- 



PUoVINriALl>.MnS DK (ÍTATKMALA VM 

rro ó de metal que sirve para batir el tistk ó ol 
chocolate. Ese utensilio se llanuí por allá "puchero. 
Salomé Jil, hablando del chapín (el natural de 
(ruatemala,) dice. ''Fui á decirle el último adiós, 
y me ocurrió echar una mirada á los avíos, por 
ver fí quedaba olvidada alguna cosa. Figuraos 
mi sorpresa al notar que don CYmdido marchaba 
para Londres con un catre y su correspondiente 
colchón; con toda su ropa, en cuenta los fra(pies 
y las levitas de penalti ma moda ([ue aquí solía 
llevar; con un sombrero dentro de su respectiva 
caja; con un servicio de mesa desde manteles has- 
ta salero; con un hatiook de cobre y su corres- 
pondiente MOLINILLO, y con un mueble de queja- 
más se había separado, al cual tenía particular ca- 
riño, y que llamare aquí por su nombre, puesto 
que no es pecado: la bacinica de plata de su abue- 
lo" (Cuadros de costumbres; página 43, tomo 1?) 

Batuquear. 

Mi-iH'iir ó revolver una cosa iícpiida es bazucar ó 

bazuquear, que no katuquear, como se oye por 

estos países. 

BauL 

Lleva acento en la u, y debe pronunciarse baúl. 

Bautismo. ^ 

En español se llama bautismo el sacramento, y 
bautizo el acto de administrarlo, que familiarmen- 
te se denomina bateo. En Guatemala casi todos 
dicen: "Estuvo muy solemne el bautismo del hijo 
de María; las fiestas que hubieron con motivo del 
bautismo del hijo de Juan." Dígase en tales ca- 
sos el bautizo-, las fiestas que hubo. 



132 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Bayunco. 
Al hombre burdo, grosero, rústico, se le deno- 
mina entre nosotros bayunco. Este provincialis- 
mo se halla usado en el gracioso cuadro de cos- 
tumbres ''El Guanaco" de Salomé Jil: ''Y si se 
trata de un recién venido bayunco, es bien sabido 
que se arrodilla delante de las boticas tomándolas 
por altares," (página 50, tomo 1?) 

Beatificar. 

No se debe usar como se usa generalmente 
por acá, en el sentido de "dar el viático" á un en- 
fermo. Los que deseando ser puristas dicen viati- 
car, en tal sentido, usan de un vocablo que no au- 
toriza el Diccionario de la Academia. Beatificar 
quiere decir ''declarar el Sumo Pontífice que al- 
guno goza de la bienaventuranza." 

Biblia. 

Para dar á entender que alguno es astuto y sa- 
gaz, hemos oído que dicen que tiene mucha Bi- 
blia, tal vez por que en la mayor parte de las edi- 
ciones de los libros sagrados hay mucha letra me 
nuda, ya que en España se dice que la tiene el 
que es suspicaz y listo. 

Bi jugos. 

Así denominan á unos pajarillos que abundan 
en el valle de Chimaltenango. Dice el historia- 
dor Fuentes y Guzmán: "Hay otros que llaman 
SENSONTLES CIMARRONES, de negra pluma y de un 
collarejo blanco, de muy dulce y sonoro canto; 
muchos guirises, jaulines, tordos, bijugos, cucharo- 
nes, chocoyos, chipes, cardenales y carpinteros f páiri- 
na 132; tomo 2") ^^ ^ 




PROVINCIALISMOS DE OUATEMALA 133 

Birloche. 

L'd palabra correcta es birlocho: ''Dejo mi criado 
la señal que le pidieron, y dos horas después ya 
estaba en la puerta de mi habitación un birlocho 
pardo, con varias capas de polvo de todos los días 
y calidades." — (Larra.) 

Bejuco de bruja. 

Es el nombre vulgar de la ^^cuscuta Americana^" 
que se llaman en francC^s corde á violón, y en inglés 
american (lodder; tiene propiedades laxantes. 

Bejuco de la estreHa. 

Emplean este vegetal {Doyerea emeto -catártica) 
en las Antillas como emeto-catártico, y lo utilizan 
también para curar las fiebres intermitentes. 

Bejuco blanco de agua. 

Dice ''El Médico Botánico Criollo" que ese pre- 
cioso vegetal que brinda sabrosa agua al sediento 
viajero (sissus venatorumj ofrece también un re- 
medio diurético muy bueno. 

Bejuco de uva. 
Se conoce también con el nombre de bejuco de 
parra {Vitis caribcea,) que llaman en inglés ^^Wa- 
iter-white ó donky leaved-vine. 

Bochinche. 
Dicen los diccionarios que es voz americana que 
significa ASONADA, alboroto; pero nuestro ilustra- 
do compatriota don Antonio J. de Irisarri, en su 
conocida sátira contra Salva, enseña que bochín- 



134 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

CHE, de origen colombiano, significa algo más que 
asonada ó alboroto. 

''Alboroto es tumulto pasajero, 
Pasajera también es la asonada; 
Más el bochinche es cosa permanente; 
Es el orden constante del desorden," 

Berrinche. 
liO usamos correctamente por coraje, cólera, en 
particular la de los niños; pero es provincial la 
acepción de berrinche cuando los soldados dan ese 
nombre á una comida hecha de tortilla ó totoposte 
con agua y sal. 

Berrinchuda, berrinchona. 
De berrinche, hemos sacado berrinchuda, be- 
rrinchona, para significar la niña que tiene be- 
rrinche; pero la Academia no autoriza tales de- 
rivados. 

Blondo. 

Es raro que mientras en Chile dan á blondo el 
significado de crespo drizado, refiriéndose al cabe- 
llo, signifique entre nosotros blondo, lo mismo que 
terso, sin rizos. Lo cierto es que en buen castella- 
no cabello blondo, quiere decir cabello rubio, ama- 
rillo, dorado y tenga ó no rizos. 

Beneficiarse. 
''Berieficiar, en castellano es hacer bien á al- 
guien, y tan'bién cuidar de alguna cosa procuran- 
do que fructifique. Entre los carniceros de por 
acá, es matar y descuartizar la res para vender la 
carne. En estilo metafórico y entre predestina- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 135 

dos á la penitenciaría, beneficiarse á alguno es 
asesinarlo. En el mismo sentido dicen ellos en 
tono socarrón cunndo han muerto á algún próji- 
mo, (pie se lo han soplado ó mkkknm^ado." (Dic- 
cionario de Chilenismos.) 

Bobo. 

Como sustantivo es nomhre provincial, que de- 
nota un pez de negra piel y sin escamas, abun- 
dante en Guatemala, México y otros lugares de la 
América Setentrional. 

Bocarada. 
Es una corrupción de bocanada. 

Bofo. 

De uso diario es el barbarismo bofo, por fofo, 

que es lo castizo. 

Bolero. 

Lo que es en España un baile y en el Perú un 
juguete, es en Guatemala un sombrero, cosa que 
biqn mirada no es de extrañarse, porque muchos 
habrá que digan que por qué aquí han de ser las 
cosas como en todas partes; pero sin entrar en 
controversia con nadie, diremos tan sólo que bole- 
ro llaman aquí al sombrero de copa alta, al som- 
brero de felpa, al sombrero que se usa con el tra- 
je DE vestir (como dicen los sastres.) En Espa- 
ña se conoce ese sombrero con el nombre de chis- 
tera, en lo familiar, y en Colombia con el 

de cubilete. 

Boletería. 

Dícenle así al lugar en donde se expenden los 
billetes para las funciones de teatro, plaza de 
toros, etc. etc. 



136 VICIOS DEL LENGUAJE Y 



Boleto. 



Que es tan usado por acá, no se halla en el dic- 
cionario. Deben, pues, proscribirse las frases: 
mi boleto de excepción militar] .un boleto de monte- 
pío, etc. etc. Dígase boleta, billete, según los casos. 

También en Venezuela usan la palabra boleto. 

Bolo. 

Apenas hay algo que tenga tanto nombre pro- 
vincial, como beodo, ebrio, borradlo, temulento , azu- 
rumbado, que son palabras castizas. Al que está 
en ese lastimoso estado se le llama por estos paí- 
ses BOLO, y del bolo se dice que se halla con una 
BUENA jáquima; quc tiene una mona; que se la 
CLAVÓ; que está teco; que se puso una tiara; que 
tiene una mica espantosa; que está bien riata; 
que tiene una papalina soberana; que está juma; 
que esta jalado; que tiene una buena tranca; 
que se ha puesto una tagarnina (esta palabra sig- 
nifica en buen español, cigarro puro muy malo) y 
otras lindezas por el estilo. 

En España dicen que está chispa, 6 chispo, 6 
achispado, 6 bebido, 6 que tiene una turca, ó que es- 
tá hecho una mona, aquel que se halla borracho- 
Dicen que "está hecho una mona," porque según 
Hidalgo, en sus "diálogos de apacible entreteni- 
miento," son muy propios de las monas todos 
aquellos meneos y desgaires que hace, toda aque- 
lla chacota y ruido que mete el ebrio." 

El festivo escritor Salomé Jil, en el cuadro de 
costumbres intitulado ''Un baile de Guante," dice: 
''El día menos pensado se le va á poner en la cabe- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 137 

za á un agente de policía cumplir con su deber, 
y veréis como ya no hay bolos por las calles, ni 
pendencias, ni cliarcos sucios. (Página 80, tomo 1?) 

BolOy en castellano es él trozo labrado y de for- 
ma cónica, para que se tenga derecho en el suelo; 
(jue es lo menos que puede el bolo hacer en 
Guatemala. 

En hi graciosa epístola de Rivera Maestre, en- 
contramos estos versos: 

"Los BOLOS siempre tan lisos 

Y BRABos que se mataban 
Por un GUAPINOL, un chaye, 
Por quítame allá esas pajas; 
Ya son hombres que á los zarcos 
En sobriedad aventajan 

Y formar mejor pudieran 
Sociedades de templanza." 

Boleco. 

Al que se achispa amenudo le dicen boleco. 
La terminación eco la encontramos en muchos 
nombres indígenas, para significar que una perso- 
na es natural de un lugar ó pueblo; v. g. petapa- 

NECO, QUEZALTECO, CHAPANECO, SANMARTINECO, ES- 
CUINTECO, SONSONATECO, SALAMATECO, JOCOTECO, 
HUEHUETECO, CtC. CtC. 

Bolsa. 

No sólo llamamos bolsa al saco ó talega que tie- 
ne este nombre, sino también al bolsillo de los ves- 
tidos. ¿Quién no dice aquí: 'Tedro, por ejem- 
plo, lleva las manos en las bolsas? ''Con eso, yo 
no me echo nada en la bolsa etc. etc." Lo pro- 



138 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

pió, en semejantes casos, es emplear la palabra 
bolsillo. 

"Nada más higiénico y divertido, en estos cru- 
dísimos días de invierno", que dar un par de vuel- 
tas por la Fuente Castellana con las manos 

y el puño del bastón metidos en los bolsillos de un 
gabán que se le deba á Caracuel, y pensando en 
la gloria." (Pedro de Alarcón.) 

"Preciso es confesar que si la inflexible natura- 
leza no nos permite poner el pié fuera de nuestra 
generación ni más allá de nuestra vida, en cam- 
bio, la ciencia invencible de los hombres nos lleva 
hasta el punto de que podamos, con toda comodi- 
dad, meter la mano en el hondo bolsillo de las fu- 
turas generaciones." {Discurso de don José Selgas 
y Carrasco j leído en la Junta pública que celebró la 
Real Academia Española, para darle posesión de 
plaza de número, el día 1? de mayo de 1874.) 

Bolsear. 
En nuestro peculiar modo de decir, bolsear á 
alguno, es hurtarle algo, sacarle alguna cosa del 
bolsillo á escondidas y con ánimo de apropiársela. 

Bomba. 
"Echar una bomba," es frase que emplean las 
gentes del pueblo para significar los versos que 
improvisan ó recitan en sus rumbos ó jaleos; y se 
deriva ese modo de decir de la exclamación espa- 
ñola ¡Bomba! con que en la península reclama la 
atención el que va á proponer un brindis, á reci- 
tar una copla ó ádar pie para ella; por ejemplo: 
"IBomba!" gritó el sacristán calló todo el 



i 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 139 

niuiulo al anuncio del brindis/' ¡Bomba! gritó 
de pronto uno de los bromistas de la concurren- 
cia, l^rindo por este cúralo-todo, (Fernán Caba- 
llero. — La Gaviota.) 

Bomba, no lo registra el Diccionario como equi- 
valente de borrachera, acepción que suele dársele 
aquí y en otras partes. 

En la primera acepción provincial que hemos 
anotado, con respecto á la palabra bomba, la usa, 
con su genial donaire, Salomé Jil, cuando dice: 
"Un día de tantos se la llevó un primo á un rum- 
bo, y Francisquito caminó también, y estuvo no 
sé cuantas horas tirado en un rincón, gimiendo y 
llorando, en tanto que madama bailaba el zapa- 
teado, echaba bombas, con lo demás que es de 
práctica inconcusa en tales reuniones." (Cuadros 
de Costumbres. — Tomo 2? página 168.) 

Bongo. 

A la canoa hecha de un tronco de árbol, dícen- 
le por estas tierras bongo. 

Bonito. 
En buen español se aplica este adjetivo á las 
personas bien parecidas, de formas y facciones 
proporcionadas, aunque por lo general menudas, 
y por extensión, se dice también de las cosas y de 
los animales, cuando concurren en ellos iguales 
circunstancias. Entre nosotros se abusa de esa 
palabra, empleándola en cualquier caso que algo 
nos agrada: el mar es bonito; el cielo estrellado 
es bonito; el "volcán de Fuego" es bonito, en bo- 
ca de muchos paisanos nuestros. 



140 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Cuando alguien escribe un bellísimo ariíjculo 6 
pronuncia un magnífico discurso, suélese decir 
por acá, con cierto aire como de indiferencia ó de 
superioridad, que más revela envidia que otra co- 
sa: es un BONITO artículo; estuvo bastante bonito 
el discurso. Aquello de '^Parva nostra-magna, 
aliena magna parva j^' que en otro tiempo vimos 
escrito con grandes letras en una de las paredes 
de ''La Sociedad Económica/' y que hizo grabar 
Lope de Vega sobre la puerta de su casa, no pri- 
va mucho por estas tierras. Hasta que murió 
Pepe Batres, echaron de ver que había sido un in- 
signe poeta; Milla, lo más que escuchó en vida, y 
eso haciéndole favor, fué que eran bonitos sus 
cuadros de costumbres. 

''¡Tan bonito! responden las gentes ordinarias 
cuando se les pregunta cómo lo pasan; y para in- 
dicar que un enfermo está mejor, acuden al "tan 
bonito." Un médico español asistía una vez á un 
infeliz atacado de fiebre, que estaba amarillo, en- 
juto de carnes y con cara de muerto; llegó el doc- 
tor y preguntó ¿cómo está mi enfermo? — ''tan 
bonito," respondióle su mujer. A lo que el Ga- 
leno no pudo dejar de exclamar: "¡Dios mío! á 
eso llaman tan bonito.^' 

"Qué de personas, he conocido yo — decía Salo- 
mé Jil — que cuando ya iban tan bonito en la cien- 
cia del vivir, les ha dado la gana de cambiar de 
clima, y sin decir á nadie oste ni moste, se han 
largado á acabar de aprender al otro mundo! 
(Cuadros de costumbres — "Saber vivir.'') 

Bordos. 

Es borde, bordes, para indicar el extremo ú ori- 
lla de alguna cosa; pero por acá se suele decir 
BORDO, arcaísmo que debe evitarse. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 141 

El poeta español don José Zorrilla, aludiendo á 
su primera composición, recitada en la tumba de 
Larra, dijo: 

"Broté como una planta maldecida 
Al l)orde de la tumba de un malvado!'' 

En el poema "La Pesca," de Núñez de Arce, 
cuando Rosa pregunta llena de turbación si Mi- 
guel ha vuelto, y le contesta el pescador que nó, 
encontramos esta estrofa: 

"Entonces trepa á la escarpada cima, 
Al borde se aproxima 
Del saliente peñón, como una idiota, 
Y expuesta á peligroso paroxismo. 
Avanza hacia el abismo 
La descompuesta faz, que el viento azota." 

Botado. 
Cuando baja el precio de algún artículo de co- 
mercio, dicen por acá que está muy botado, así 
como los comerciantes escriben en sus revistas 
que tal ó cual fruto se conserva encalmado, que 
es palabra marítima. 

Botar. 

Es práctica viciosa usar este verbo como refle- 
xivo. Estímese, pues, provincialismo de Chile, 
el Perú, Cuba y otras partes de América, el que 
también nosotros usamos cuando decimos: se bo- 
tó al agua; se botó del caballo. 

Esa palabra botar pertenece á aquellas que ge- 
neralizó muchísimo en el Nuevo Mundo el habla 
marinesca de los descubridores, soldados y cana- 



142 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

lias que, atraídos por la sed del oro, arribaban á 
estas playas. Por eso se abusa tanto del verbo 
botar, que propiamente significa arrojar ó echar 
fuera con violencia. Tiene entre nosotros todas 
las acepciones de ''echar," que pasan de ciento 
diezin\ieve, según Terreros. — botar el dinero, por 
tirar el dinero, dícese en Guatemala como en Co- 
lombia. — ''Me lo hallé botado, responde el niño á 
quien pregunta su padre dónde hubo el real que 
tiene en la mano." — "Lleva más de tres meses de 
estar botado en la cama," oímos decir de algón 
enfermo, en vez de acostado, tendido, "postradlo. 

Botellería. 
Dígase botillería. 

Boyazo. 

Todos sabemos lo que es una boya, palabra ma- 
rítima; pero muchos ignoran porqué se llama bo- 
yazo, en Guatemala, y más en el Salvador, al gol- 
pe que se da con el puño cerrado. Pudiera ser 
que, así como en lo antiguo se llamó boya al car- 
nicero que mataba bueyes, y aún al verdugo; se 
hubiera dado el nombre de boyazo al golpe muy 
fuerte, capaz de matar á un hombre. 

Bouquet. 

Esta es una de las palabras francesas que van 
introduciéndose en nuestro idioma, sin necesidad 
alguna, puesto que existe el nombre ramillete. 

Hay, por ese tenor, otras palabras, que el uso, 
arbitro del lenguaje, va admitiendo; por más que 
los Aristarcos protestan y se sulfuran. Todos di- 
cen, por ejemplo, que en tal hotel se come a la 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 143 

CARTE, y no por lista; que en tal baile hubo un 
buen BUFFET, que no aparador; que Fulano gusta 
de CALEMHOURGS, por juegos de vocablos; champag- 
ne y no vino de champaña; menú, por lista de la 
comida; landeau, coche de cuatro ruedas, remon- 
ToiR, llave de resorte; vaudeville, jácara; boule- 
VARi), barrio de los alrededores^ etc. etc. 

Bracelete. 
No se sabe porqué dicen bracelete por braza- 
lete ^ que es como debe decirse. 

Bravo. 

Lo usamos mucho no sólo para indicar que una 
persona es de genio áspero ó duro, acepción en la 
que está bien empleado, sino para indicar que al- 
guno se llalla poseído de cólera: "No le hable us- 
ted que está bravo," en lugar de colérico 6 enojado. 

Braviando. 

Con la propensión que hay de cambiar la e en 
i, de la* cual ya hemos hablado, dicen algunos 
braviando, en vez de braveando, que es lo castizo. 

'^Pasado el punto y término temido, 
Iban los dos á un tiempo mejorando, 
Aunque del casco Tucapel sentido 
No dejaba curarse braveando." 

( Ercilla — A rauca na.) 
Brazos. 

Dice Juan Arona: ''En nuestra constante pro- 
pensión á buscar los deribados más fáciles y ale- 
jarnos lo menos posible del origen conocido ó vi- 
sible, decimos simplemente brazos, en la acepción 



144 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

de braceros, como en castellano se dice (en portu- 
gués, BBACEiROS,) cuando se quiere significar jor- 
naleros, peones, y nosotros colonos, inmigrantes. 
Lo menos malo á que podemos dar lugar con esta 
impropiedad de expresión es á que nos apliquen 
y acomoden este calembourg: 

"''¿En qué se parece nuestra agricultura á la Ve- 
nus de Milo? — En que carece de brazos.'' 

Breque. 
Es muy conocido el nombre breque, para de- 
signar el aparato que enfrena el movimiento de 
los trenes del ferrocarril; pero en castellano es 
brete. También llamamos brequero al que ma- 
neja el brete. Los que dicen así, tal vez ignoran 
que breque es un pez, que también se denomina 

pajel. 

Brín. 

La tela gruesa que aquí llamamos brín, tam- 
bién recibe ese nombre en el Perú y en Cuba. 
Picbardo lo califica de provincialismo de. las An- 
tillas; pero en realidad es una de tantas palabras 
que trajeron los conquistadores, y que se han per- 
petuado en 'varios puntos de América, mientras 
que en España no se usa ya, ni aparece en la ma- 
yor parte de los diccionarios con tal acepción. 
El de la Academia y el de Salva dicen que brin 
significa "la brizna ó fibras del azafrán." Terre- 
ros, en su diccionario, y el ''Enciclopédico de la 
Lengua Española," enseñan que es anticuada la 
acepción de brín, que le dieron comerciantes y 
marinos, para significar "tela útil para tiendas de 
campaña." Hoy le llaman vitre. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 145 

Bruta. 

"Es la bruta," vulgarismo repugnante, que se- 
ría excusable sólo en la gente de baja ralea, cuan- 
do quiere dar á entender con énfasis (jue ya no se 
soporta alguna cosa. 

Bruñir. 

Además de su acepción castiza de sacar brillo á 
una cosa, tiene por acá, entre la plebe, la de mo- 
lestar, cargar, ó como dicen muchos amolar. 

Cuando las mujeres se afeitan el rostro con va- 
rios ingredientes, dícese en España familiarmen- 
te (y ol Diccionario lo confirma) que se están bru- 
ñendo ,(yUÍdado quien va a decir así á la que, 
entre nosotros, enjalbega su palmito, porque pro- 
vocará sus iras! 

BucuL 

Es una jicara grande y de forma casi esférica, 

que hacen del fruto de un árbol llamado jícaro 

(gesnereas). 

Budín. 

Del inglés pudding, hacen algunos pudín ó bu- 
dín; pero no se hallan tales voces en el Dicciona- 
rio de la Academia. 

Buenísimo. 

''Bonísimo, bonazo," es como debe decirse, se- 
gún las reglas de la derivación. Sin embargo, 
muchos usan en Guatemala, y en otras partes, 
haeíiisimo, y tienen en su abono que don Juan 
Valera escribió en el prólogo á las obras de Oam- 
poamor: *'En fin, si no fuera que se ha abusado 
de la expresión ''buena pasta,'' diciendo que la tie- 
nen los tontos, diría yo de Campoamor que la tie- 
ne buenisima. 



146 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Buscaniguas. 
Buscapiés se llaman esos cohetes de nuestros 
fuegos artificiales. Niguas, {jmlex penetra^is) se 
dice en el Perú piques, y buscapiés, busca piques. 

Buscapleíto. 

Oigamos lo que acerca de este provincialismo, 
que también es nuestro, dice el ''Diccionario de 
Peruanismos:" ''En espsiñol picapleitos y pleitista, 
aunque esta última voz, lo mismo que buscapleí- 
to, se usa más en el sentido de camorrista, díscolo. 
Por lo demás, buscapleíto es la vulgarización, por 
decirlo así, de picapleitos; de dos maneras: 1? tra- 
duciendo picar por buscar; como azotar por apla- 
nar, en aplanacalles; y 2? suprimiendo, confor- 
me á nuestra inalterable manía, esa s final tan 
lógica, porque al buscar un sólo pleito, no incu- 
rriríamos en el calificativo. Pero aquí se dice de 
un individuo que es buscapleíto (pendenciero), 
como se dice de otro que es muy mataperro." 

En castellano hay buscarruidos y buscavidas; el 
primero se aplica al que anda moviendo alboro- 
tos; y el segundo, al que anda averiguando las 
vidas y milagros ajenos, como dicen por acá. 

Burrión. 
Llaman burrión ó gurrión, en Guatemala, á los 
colibiís ó chupamiel, que en francés -se denomi- 
nan "oiseaux-mouches" (Trochilideos), pajarillos 
de vistosos y brillantes vestidos, que chupan la 
miel de las flores. En otras partes de la Améri- 
ca tropical, que es en donde únicamente se en- 
cuentran, los r»,onocen con el nombre de chupa- 
miel ó pica flores. En Cuba le dicen zumzum. 
Las palabras gurrión ó burriÓ7i son probablemente 
corrupción de gorrión, nombre de un pájaro de 
Europa, que también ha sido introducido en los 
Estados Unidos. 



I'KOVINCIALISMOS DE GUATEMALA 147 

c. 

Esta letra es la segunda consonante del alfa- 
beto español. 8e tomo del hebreo, y suena en 
nuestra lengua de dos modos (lo cual es una 
de tantas anomalías del castellano,) como k 
antes de a, o, u, antes de consonantes y en fin de 
dicción; y como z, antes de e, i. Hace más de dos 
siglos que Gonzalo Correas propuso la sustitución 
de la K á la c, y la q, dando así un signo que, al 
decir del filólogo don Antonio J. de Irisarri, ser- 
viría con más propiedad al uso de estos dos, que 
no pueden ser más imperfectos hallándose em- 
pleados en un mismo oficio. 

"La c, en la infancia del idioma, sonaba como 
s, en las sílabas ce, ci, y la z con el sonido griego 
de Ts; en completo acuerdo en tales casos con el 
francés, el portugués y otros idiomas derivados 
del latín. La pronunciación áspera se la dieron 
á ambas letras los árabes, como á la j, aunque lle- 
gó á imperar en España mucho antes que en ésta. 
Ya en 1525 se hacían notar los que todavía las 
pronunciaban como s, según se desprende del 
''Diálogo de las lenguas.'' Algunas veces se ponía 
debajo de la c, una cedilla, (J que convertía su 
sonido en el de z." (Juan Ignacio de Armas. — 
Lenguaje criollo.) 

Los conquistadores pronunciaban la c como s, 
en las sílabas ce, ci. Por eso en la América lati- 
na pronunciamos así hasta en la época presente. 

Caballada. 

Decir CABALLADAS siguifica, en nuestro lengua- 
je provincial, decir desatinos, hacer uso de pala- 



148 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

bras soeces. Una caballada es además una ac- 
ción baja, brutal. — ¡Que caballada! equivale á 
I Qué barbaridad ! 

'*Me cuentan que ya en el día 
Nadie dice caballadas, 
Sino inepcias, desatinos, 
Blasfemias, como en España.'' 

F. Rivera Maestre. 

Caballito de San Vicente. 

Se conoce con este nombre un insecto que apa- 
rece en cierta época del año (Cantharis eucerra.)' 
En España se llama Caballito de San Vicente otro in- 
secto del mismo grupo, el Meloe proscarabseus. L. 

Caballo blanco. 

"Salir en caballo blanco," es frase que denota 
haber tenido suerte para '^salir bien" en algún 
asunto. 

Cabello de ángel. 

No solamente dan por acá ese poético nombre á 
un dulce que hacen de chilacayote (especie de 
calabaza), sino que llaman también ''cabello de 
ángel," como en Cuba, á una enredadera de lar- 
guísimas ramas, que denominan en lenguaje téc- 
nico clematis havanensis (en inglés Havana trave- 
lleras joy.) 

El doctor Mac Fayden, en su interesante ''Flo- 
ra de Jamaica," dice que la infusión de las hojas y 
de las flores de ese vejetal es muy buena contra 
las pecas, efélides, manchas de la cara, etc. 

Cab resto. 

Debe decirse cabestro. En Centro-América da- 
mos el nombre de cabresto á una cuerda formada 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 149 

de cerdas y cabuya; mas no empleamos ese boca- 
blo en el sentido de ronzal ó cuerda que se ata á la 
cabeza de las caballerías, que es lo que significa 
'^cabestro," como lo hace observar, entre otros, don 
Alberto Brenes, en sus interesantes ejercicios gra- 
maticales, citando á Cervantes, cuando dice: 

* 'Seguíale Sancho á pie llevando como tenía de 
costumbre del cabestro á su jumento, perpetuo 
compañero de sus prósperas y adversas fortunas/' 

Cabrestear. 

En español es cabestrear, de cabestro; y no ca- 
brestear, como dicen por estos países. 

Cabros. 

Del latín capra, viene el nombre cabra, que es 
la hembra del cabrón y no del cabro, como se oye 
por acá. 

¿Cómo puede ser eso? respondió don Quijote: 
tan de esencia de la historia es saber las cabras 
que han pasado por extenso, que si se yerra una 
del número no puede seguir adelante con la histo- 
ria." (Quijote.) 

Cabretilla. 

Derivado de cabrita ^es cabritilla. 

Cábula. 

Maña, treta, ardid, es lo que significa cábula. 
Entre nosotros dicen muchos también caula. 
''Andar cazando caulas" quiere decir, en nuestro 
modo peculiar de expresarnos, "andar sorpren- 
diendo secretos." Conviene advertir que aunque 
en la lista autorizada de las palabras castellanas, 



150 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

no incluyó la Academia la palabra cábula, no e& 
provincialismo nuestro, ni barbarisrao español, 
sino sustantivo que se visó en lo antiguo por caba- 
la, y que en lo familiar úsase en algunas provin- 
cias españolas. El diccionario enciclopédico de 
la lengua, por Fernández Cuesta, registra la voz 
cabula. De ahí la corrupción caula. 

Cacaraquear. 
Acaso por volver más imitativa la palabra cas- 
tiza, cacarear, decimos cacaraqueae. 

Cacarañar- ado. 

Cacarañar es hacer hoyos en la cara la terrible 
peste de las viruelas ú otra causa cualquiera; ha- 
cer hoyos en la pared, sacarle á trechos el revo- 
que, picarla: hacer garabatos ó escarabajos en la 
escritura. Cacarañado, el que lleva la cara con 
hoyos de viruela ú otra enfermedad. 

El diccionario de Salva y el de la Academia re- 
gistran esta palabra como voz mexicana; provin- 
cialismo de América. 'Tero no hay tal cosa, es 

provincialismo de España, y de una de 

sus más históricas provincias y con dialecto pro- 
pio, Galicia; tal lo comprueban los siguientes ver- 
sos, con que empieza un epigrama gallego de don 
José Pérez de Ballesteros: 

*'Das boas cacarañado 
Saléu onte d' o espital, etc. 

que literalmente quiere decir; 

^'De las viruelas cacarañado 
Salió ayer del hospital.'' 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 151 

También el diccionario gallego de Cuveiro Pi- 
nol dice: "'cacarañado, hoyoso de viruelas, el que 
llaiii:\ la atciicinn por su fealdad.'' (Juan Arona.) 

Cacaxte. 

Decimos también cacaixte, pronunciando co- 
mo pronunciaban los conquistadores la x con 
cualquiera vocal; es decir como CH francesa, que 
es como todavía la pronuncian en Cataluña y en 
Valencia. En el famoso "Vocabulario de las dos 
lenguas, toscana y castellana," dado á luz en Se- 
villa, el 1570, dice Francisco de las Casas, ''que la 
X vale como en toscano se con e, i; caxa, enxuto, 
suenan como allá Fascia ascinto.^' Ese sonido se 
perdió con el tiempo, y cuando en lenguas indí- 
genas lo encontramos, no hay letras con que de- 
notarlo, como sucede con cacaxte ó cacaixte, que 
en Guatemala significa una escalerilla de tablas, 
que sirve para llevar algo á cuestas, 6 sea la alace- 
na portátil en que los indios transportan gallinas, 
huevos, utensilios de loza, etc. P]s palabra mexi- 
cana, adoptada como tal por el diccionario de la 
Academia Española, que trae cacaxtle, vocablo que 
muy orondo se zarandea en el léxico, con muchos 
otros de extracción indígena de estas tierras, al 
lado de los árabes, latinos y los demás que anali- 
za Roque Barcia, en la ''Formación de la lengua 
Española." ¡Qué mucho que se mezclaran los 
pobres nombres de los indios con las elegantes 
voces de los españoles, cuando al llegar á Tlaxca- 
la el valiente don Jorge de Alvarado enamoróse 
de la Xicotenga! 



152 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Cacao. 

Nada diremos de esa palabra mexicana que los 
conquistadores dejaron á la almendra que sirve 
para confeccionar la bebida de los dioses {Theo- 
broma cacao'¡) porque la palabra ''cacao," figura 
desde los primeros años del descubrimiento de la 
América en el Diccionario de la lengua. Lo que 
seguramente no saben los eruditos de la calle de 
Valverde es que pedir cacao equivale á implorar 
misericordia, y que tener mucho cacao es tener 
mucho temple, energía, valor. No valer un ca- 
cao es ''no valer un comino;" porque entre los in- 
dios se usaba el cacao, y aún se usa en algunos lu- 
gares, como moneda. 

Cacao ladino. 
Llaman así al cacao de grano pequeño; y cacao 
CIMARRÓN {pacJma aquatica) al silvestre, que con- 
tiene bastantes semillas ó pepitas de mucha fécula. 

Cacaguatal. 

Damos tal nombre al terreno poblado de cacaos; 
en español dícese cacaotal, cacahual. Nosotros 
conservamos la raíz indígena cacahuatl (grano de 
cacao,) al decir cacahuatal 6 cacaguatal. Desde 
los primeros años del descubrimiento y conquista 
de América, por los españoles, se usaron estas úl- 
timas voces, como puede verse en la "Recorda- 
ción Florida," cuando habla del río Pancacoyá, y 
dice: "'Dábales este río abundantemente el riego 
de que necesitaban para la cultura y beneficio de 
sus tonahnílis, que son milj)erias y maizales de 
verano, y de sus cacaguattalis; y hoy en la hacien- 
da de Luis de la Roca, catalán, conserva el nom- 
bre del Río del cacaguatal.'' (Página 110, título 2?) 



l»li()\ INCIALISMOS DE GUATEMALA 153 

Caco. 

En español llámase así al ladrón famoso, y en 
otra acepción, al hombre tímido, corto, pusilámi- 
ne, sin bríos. Nosotros llamamos caco á la fruta 
de corteza suave y color de rosa, de carne blanca 
y cuesco negro, que en castellano es icaco. 

Cacha. 

^^Hacer la radia' es vulgarismo que priva mu- 
cho por acá, y que quiere decir: ''Hacer la dili- 
gencia/' procurar. También dicen la cacha del 
cuchillo ó de la navaja, por las cachas, que es co- 
mo debe decirse; porque cachas significa las dos 
piezas ú hojas de que se compone el mango. 

"El uno tenía una media espada y el otro un 
cuchillo de coA^has amarillas." (Cervantes. — Rin- 
conete y Cortadillo,) 

También en Chile se usa cacha, en forma sin- 
gular, por cachas: 

"Tomé yo una de las pistolas por la boca del 
cañón y dándole (al mayordomo) con la cacha en 
la cabeza, lo vi caer de espalda á tierra, ó muerto 
ó aturdido.'' (Z. Rodríguez.— Loco Eustaquio.) 

Cachar. 

El vulgo usa mucho cachar por conseguir, ob- 
tener; y así oímos, sobre todo á los niños: "Vamos 
á ver si cachamos feriado;'' ''Ya caché un real." 

Cachar^ en castellano, vale hacer pedazos una 
cosa, ó partir un madefo paralelamente á su tabla 
con la sierra. 

Cachería es provincialismo que se usa para sig- 



154 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

nificar un comercio en pequeño. ''Hago mis ca- 
cherías/' quiere decir: ''Hago algunos camba- 
laches." 

Cachivache. 

El último Diccionario de la Academia, 12f edi- 
ción, ya admite la palabra cachivache, que signifi- 
ca los diversos objetos ó muebles viejos que una 
persona guarda, y que en español se denominan 
también chismes o baratijas, trastos desvencijados; 
razón tuvo, pues, don José Milla, que escribió mu- 
cho antes de 1885, para tomar aquella voz coma 
provincial, subrayándola, al hablar de la devolu- 
ción que los pretendientes crónicos hicieron á sus 
novias. Dice así: "Se pusieron de acuerdo y al- 
quilaron una carreta, en la cual amontonaron le- 
gajos de cartas, retratos, anillos, pañuelos borda- 
dos, bufandas, babuchas viejas, trenzas de cabe- 
Uos, relojeras y otros cachivaches, y la despacha- 
ron consignada á doña Rufina Fernández, callejón» 
del Olvido, número 13. {''Amores cnmícos.'') 

Cacho. 

Significa en España, 1? pedazo pequeño de al- 
guna cosa, como pan, limón, etc.; 2? un juego de 
naipes; 3? pez muy común, en el Tajo, P]bro y 
otros ríos de la península. 

En América, dice el Diccionario de la Acade- 
mia, significa cuerno. "La vaca cachea al terne- 
rito," equivale cornea al ternerito. También lla- 
man CACHO por estos países al vaso que se hace 
del asta, cortándola como á una cuarta de su raíz 
y tapando el corte con madera; utensilio que sir- 
ve para llevar pólvora, chicha, agua, etc. 



l'Ko\ INCIALISMOS DE (GUATEMALA 



155 



Allá dentro de la mar 
Suspiraba u)i chincot.ito 
y en los suspiros decía, 
Échale chicha al cachito. 

Copla popular. 

AnligUiUiKMiie usaban unos cuernos muy ador- 
nados, y en los cuales llevaban aguardiente y 
otros licores, cuando iban de camino. De allí vie- 
ne que se diga ''echarle al cacho,'' ''empinar el ca- 
(7/0," por "empinar el codo,'' como usan decir en 
España. 

' Caminaba haciendo eses un borracho 
Por nna ralle oscura y cenagosa. 
Murmurando entre dientes: ¡dura cosa! 
Es no donnir cuando se empina el cacho." 

(Zorobabel Rodríguez — ''El Borracho.") 

En Nicaragua llaman cachos á los conservado- 
res. Hay una especie de pan, entre nosotros, en 
forma de dos cuernos, que se llama cacho. 

CXchada equivale á cornada. 

Caer en cuenta. 

Decimos así, debiendo ser, según algunos puris- 
tas, caer en la cuenta. El Diccionario, en la pa- 
labra "acordar,'' usa también "caer en ¡a cuenta." 

Caída. 

Debe pronunciarse caida, cargando el acento 

en la I. 

Caimito. 

Es nombre que los mismos conquistadores die- 
ron á una fruta, peculiar de nuestras costas anie- 
ricanas. 

''Hay CAIMITOS, guanábanas, anones, 
En árboles mayores que manzanos, etc. 

(Castellanos. — Historia de Cartagena.) 



156 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Caites. 

Es el nombre del calzado que usan nuestros in- 
dios, en forma de sandalias toscas, de cuero sin 
curtir, recortado como plantillas de zapatero, y 
atado al pie por tres correas del mismo cuero, una 
de las cuales pasa por entre los dedos. En Méxi- 
co le llaman cacles. En el Perú le denominan 
llanques, y lo usan los negros campesinos de Ca- 
ñete. 

Cajete. 

Es provincialismo mexicano, que quiere decir 
cazuela gruesa, de barro sin vidriar, en la cual se 
echa manteca de cerdo regularmente. 

Cambiar. 

Por ser muy adaptable á nuestro modo de ha- 
blar, nos permitiremos transcribir aquí lo que 
acerca de esa palabra dice el "Diccionario de Pe- 
ruanismos:" Como el mudar no recuerda los ob- 
jetos del cambio ó mudanza de una manera tan 
material como cambiar, he aquí por qué lastimo- 
samente sustituimos CAMBIAR y CAMBIARSE á MU- 
DAR y MUDARSE, y otros verbos más propios que 
aquel. Aun para vestirnos, decimos: cambiar de 
ropa, ó CAMBIAR ropa; siendo inconsecuente, por- 
que si lo que nos trae la lavandera es una muda, 
y no un cambio, debemos mudarnos y no cambiar- 
nos. Igualmente se oye cambiar de parecer ó de 
conversación, ó bien vaciar, que si no materializa 

como cambiar, generaliza "Fulana está 

muy CAMBIADA, ya no es la de antes; en vez de 
mudada.'' 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 157 

Cambray. 

El género de lino muy delgado, que lleva este 
nombre, también lo tiene en España; pero además 
se denomina cambrayes unas bonitas flores tin- 
tas, color de rosa, blancas, etc. 

'Tamalitos de cambray" son unos bolillos de 
masa de maíz con dulce, leche y anís, envueltos 
en hoja de maíz que llamamos dohlador. 

Camagüe. 

El maíz sazón, que no ha secado bien, dícese 
que está camagüe. 

Calzón. 

"La parte del vestido del hombre que le cubre 
desde la cintura hasta la rodilla" se llama calzón, 
según la Academia. Aunque esta definición pu- 
diera objetarse, y acaso.es más propio usar siem- 
pre calzones, en plural, consignemos que el mis- 
mo ilustre Cuerpo dice que pantalones son los cal- 
zones largos que llegan hasta los pies. Muchas 
mujeres que usan calzones protestarán contra los 
académicos; y á f e que algunas se los amarran 
(atan) tan bien que no sería prudente armar po- 
lémica con ellas. Mejor sería abanderarse en la 
cruzada que contra los "pantalones base levantado. 
Con la pantorría al aire hubo muchos héroes. 
Grecia y Roma fueron grandes sin necesidad de 
pantalones. Colón, Pizarro, Hernán Cortés, con 

pantalones^ no hubieran hecho cuanto hicieron 

(y después dicen que no es útil el estudio de la fi- 
losofía de la historia.) ''Hay más aún, dice un 
escritor de costumbres: los pantalones son revolu- 



i 58 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

■cioiiarios, porque prov^ocan calor; el calor exalta 
á las masas y las masas exaltadas se acuerdan de 
la soberanía del pueblo." Si algún amigo nues- 
tro dijere que eso de volver al calzón corto, es 
aristocrático, etc. etc., traslado á don Juan Mon- 
talvo, que de seguro nos defenderá, consecuente 
-con los principios que establece en su artículo "Jn- 
dumentaria,'' en el 2? tomo de su Expectador. 

Cachimba. 
Aquí en la América española dan ese nombre a 
la j^ipci- 

CafetaL 

No nos basta llamar cafetal á la plantación de 
árboles que produce café, sino que impropiamen- 
te damos el nombre de cafetal al árbol mismo, 
que es el cafeto. Existe cierta tendencia en nues- 
tro modo de hablar (que yá apuntamos en el pró- 
logo) á dar la terminación al á los nombres de 
árboles: naranjal, por naranjo; cocal, por coco; 
GRANADAL, por granado, etc. 

Caidizo. 

Por caedizo, cobertizo, es un barbarismo muy co- 
mún. 

CaibaL 

Entre los indios era almoneda. Hoy llaman 
AiBAs á una especie de frutos comestibles, y cai- 
liAL á la planta que los produce. 



( 



Cajón. 
En algunas otras partes de América, dícese tam- 
bién CAJÓN, por féretro ó caja mortuoria. 



l'K(>\ KNLIALISMOS DE GUATEMALA 1 f>9 

^ ''Sigue malo ¿qué medida 
Tomaré? — La del cajón/' 
Dijo la de aquí en seguida 
Por toda contestación." 

(Versos peruanos.) 

Calandraco. 
El pedazo de tela desgarrada que cuelga del ves- 
tido, ó la persona ridicula y despreciable, se lla- 
man calandrajo j que no calani>ha( o. 

Calazas. 
El acribillar á puazos un trompo, es en español 
darle cachada, y entre nosotros darle calazos, á lo 
cual llaman en el Perú y en Chile quinar, y á la 
cachada quina; en Bogotá es quin. 

Calina. 
Así en diminutivo, llaman siempre por acá á lo 
que en el l^iccionario y en España dícenle cala. 
Por traslación decimos nosotros que es una cali- 
lla el hostigador que nos persigue con alguna so- 
licitud. 

Calpules. 

Calpules eran los príncipes ó cabezas de fami- 
lias que formaban la nobleza de los pueblos de 
Quezaltenango, Totonicapam, Ostuncalco, etc.; y 
de allí vino el llamar en cackchiquel calpul á la 
reunión de esos nobles. Hoy en nuestro lengua- 
je provincial, llamamos calpul á toda junta ó 
reunión, en la que con cierto misterio se trata de 
algún asunto. 

Calce. 

Los que dicen "firmar al calce de un escrito," 
por decir "a/ pie,'' ignoran sin duda que el tal 



160 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

calce lo que significa es el aro de metal de una 
rueda; la cuña ó la alza que se pone entre dos ob- 
jetos: la porción de acero que se añade al arado 
viejo; pero no la parte de abajo de un papel ó 

carta. 

Calzar. 

Así dicen nuestros campesinos para significar 
que están aporcando el maizal. 

Calzón rajado. 

Ya van desaparecienilo aquellos calzones raja- 
dos, 6 abiertos, que por lo común eran de pana 
verde ó azul, y que usaban los de la clase ínfima 
de nuestra sociedad. 

Calzontes. 

Llaman así á unas varas que sirven para formar 
la techumbre de los ranchos ó chozas de los po- 
bres. 

Callar. 

Este verbo no debe usarse como recíproco ó pro- 
nominal; así no es bien dicho: '*le mandaron que 
se callase, y se calló," sino le mandaron que callase^ 
y calló. El uso del pronominal es anticuado. 

Camagua. 

Es nombre que dan al maíz que todavía no está 
bien seco y sazón. 

Camapé. 

Es corrupción de canapé, que es la voz que trae 
el Diccionario, y que usan los escritores, como 
Trueba cuando dice: 

"Esta mañana observé 
Que un gatillo retozón 
Jugaba en el canapé 
Con dos fardos de algodón." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 161 

Camotillo. 

Nombre vulgar de la cúrcuma tiiitoria, que da 
un color amarillo de oro: abunda en los parajes 
húmedos y fértiles. Este rizona lo emplean mu- 
cho los indios para teñir sus géneros de algodón. 

Canche. 
A las personas de pelo rubio, se les diee can- 
ches, en Guatemala, y en el Salvador cheles. 

Cancha. 

Cancha significa en español maíz tostado y re- 
ventado, con betún de azúcar prieta, ó lo que noso- 
tros llamamos ^^ alborotos.'' 

Cancha, por el lugar donde corren los caballos 
en el hipódromo, es provincialismo. 

Canchalagua. 
Esta palabra, como americana, se encuentra en 
el nuevo Diccionario, y significa gencianea (Eri- 
thrarea canchalagua) tónica y febrífuga. En 
Chile la usan como diurética. El nombre es in- 
dígena, y quiere decir "cura dolor de costado." 

Canchinflín. 
Su nombre español es petardo. 

Candela. 
Así decimos siempre, por vela; y aunque am- 
bos vocablos son castizos, es de notar esa llaneza 
con que procuramos hablar cuando preferimos 
pescuezo á cuello; palo á madera (arcaísmo,) pelle- 



1G2 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

jo á piel; cachete á carrillo; quemazón á incendio; y 
vela á candela. 

En el "Diálogo de las lenguas," escrito por los 
años de 1536, según la opinión más probable, se 
dice que debe preferirse candela á vela; máscara á 
carátula; hacha á seguir, etc. De donde claramen- 
te se deduce que los primeros españoles, que vi- 
nieron á estas tierras, usaban de preferencia cier- 
tas palabras, que continuamos usando nosotros 
hasta el día, y que hacen, en la actualidad, extra- 
ño nuestro lenguaje para un peninsular. El cas- 
tellano que hablamos es muy anticuado, en voces, 
giros y pronunciación. Mucho de lo que pudiera 
tachársenos como provincial no lo es en realidad. 

"Caracteres más opuestos y gustos más diver- 
gentes no hubieran podido encontrarse ni con 
candela ("Salomé Jil, Cuadro de Costumbres; pá- 
gina 50, tomo 2?) Esta locución es muy usada en 
Guatemala para significar que, ni buscando mu- 
cho, se podría encontrar lo que se busca. La lin- 
terna de Diógenes habría sido por acá una candela. 

Candideces. 
Por más que algunos escritores, como Fernán 
Caballero y Rojas Zorrilla, hayan empleado esa 
palabra, por simplezas, tonterías, necedades, no es 
usada con propiedad. 

Cangro. 
Esta incurable enfermedad se llama cancro 6 
cáncer; pero no canoro, como decimos general- 
mente. 

Canogía. 
Es "canongía." 



^ l'UoViM lALISMOS DE GUATEMALA 1G3 

Carnecerías. 
Decía don Salustiano de Olózaga que para po- 
der llamar, como muchos lo hacen, carnecerías 
á las carnicerias, ó sea los despachos de la carne, 
convendría esperar á que haya en ellos (porque 
todavía no lo hay) alguno que otro carnero. {Me- 
morias de la Real Academia Española, tomo 3?, pá- 
gina 567 J 

Cantaleta. 

Según el Diccionario, es voz anticuada, que sig- 
nificó ruido y confusión de voces é instrumentos 
con que se burlaban de alguna persona. Entre 
nosotros se toma por aquello que se repite, que 
cansa, (jue fastidia: "Dale y dale con la misma 
cantaleta/' 

CantiL 

Vaí castellano se llama así á una roca, á modo 
de escalón ó grada en la orilla ó en el fondo del 
mar. En Guatemala se denomina cantil una 
serpiente. Hay varias conocidas con este nombre, 
y son todas venenosas (gen. Bathrops.) Los in- 
dios creían que era un buen augurio para ellos el 
matar un cantil; y por el contrario, que debía su- 
cederles algo malo cuando lo veían y se les esca- 
paba. (Recordación Florida; tomo 2?, página 4G.) 

Cantido. 
En vez de canto 6 cántico, sospechamos que es 
español antiguo; pero que hoy constituye un ver- 
dadero adefesios. 

Cantimplora. 

Por la semejanza en la figura, llaman aquí can- 
timplora, no á la vasija redonda que sirve para 



164 VICIOS DEL LENGUAJE Y • 

enfriar el agua, sino al bocio, al güegüecho, á lo 

que llaman coto en el Perú, que Salva denomina 

papera. 

Cantiniar. 

Vulgarismo que se traduce por enamorar^ ó ha- 
cer el oso, como dicen en España. 

Catizumba. 
Voz provincial que significa multitud. 

Canuto. 
El Diccionario trae cañuto. 

Cañafístola. 
Muchos llaman así a la cañafistula, cambiando 
impropiamente la ü de la palabra castiza en o, sin 
atender que se deriva de caña y fístula, el nom- 
bre de ese hermoso árbol de las Indias, cuyo fruto 

es medicinal. 

Cañaguastazo. 

Significa entre algunos, golpe, porrazo. 

Capacidades. 
En sentido figurado significa capacidad el ta- 
lento ó disposición que una persona tiene para 
comprender bien las cosas; pero, en tal sentido, 
no s% usa en plural. ''Don Ventura Fernández 
tiene ahora treinta y cinco años largos; pertenece 
á una familia decente, é hizo junto conmigo sus 
estudios en el Seminario de esta capital y en la 
CONSPICUA Universidad de San Carlos, en cuyos 
establecimientos literarios se distinguió por su ta- 
lento (entonces todavía se hablaba castellano y 
aun no se decía capacidades.) Milla, — Cuadro de 
CostumhreSy págin?v 16, tomo 2? 



. J»KOVINCIALISMOS DE GUATEMALA 165 

¡Lástima que á nuestro ilustre compatriota se 
le haya escapado el uso de ese cuyos, inadmisible 
cuando no significa posesión, por más que anti- 
guamente hubiera podido usarse como simple pro- 
nombre relativo! 

Carátula. 

A \SL portada y frontis 6 frontispicio de los libros, 
se les llama aquí, y en otros puntos de América, 
CARÁTULA, que significa máscara^ careta. 

Pudiera creerse que hay algo de intencionado 
en llamar así á la primera página que indica de lo 
que trata un libro, ya que ciertamente existen 
obras cuya portada es una verdadera careta; pero 
la verdad es que en ello no hay más que el em- 
pleo de una de tantas palabras que usaron los con- 
quistadores, licenciados, frailes y populacho, que 
arribaron en un principio alas playas americanas. 
Por eso es por lo que desde Chile hasta México 
llaman todos carátulas á los frontis de los libros. 

"Ni ya con la frecuencia que solía 
De alma virtud al rostro se acomoda 
Carátula falaz la hipocresía." 

(Bretón. — Desvergüenza.) 

Vicuña Mackenna, tan renombrado como inte- 
ligente y fácil escritor, pero que no es un modelo 
de corrección, dice: ''Hace tres días puso en mis 
manos el bedel de la Universidad un grueso vo- 
lumen, con ochenta pliegos de apretado manus- 
crito, y que lleva en su carátula el siguiente mo- 
te ''Historia de la literatura colonial de Chile, por 
Robinsón Crusoe,' etc., etc. (Informe sobre di- 
cha obra.) 



166 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Carcajearse. 

En España ya nadio se carcajea. Es verbo 
que allá cayó en desuso. 

Carcular. 
Corrupción que hacen vulgarmente de calcular. 

Carearse. 
Padecer caries un hueso se dice ''cariarse,'^ que 
no carearse, como quieren algunos afectando pu- 
rismo. Carear es confrontar unas personas con 
otras para averiguar la verdad; es practicar un ca- 
reo. 

Cargar. 

Se usa comunmente y con sobrada impropie- 
dad, por 'portar, llevar^ tener. Cuando algunos 
dicen cargar fierro, por portar "puñal, bien deno- 
tan que hasta por su lenguaje se hallan cerca de 
la penitenciaría. 

"Un día de tantos Chico Araña se jubiló por 
completo y no volvió á poner un pié en la escuela. 
Apenas sabía leer y no acertaba á escribir su nom- 
bre; pero por lo demás el perillán era un estuche 
de habilidades. Entendía toda clase de juegos, 
no rehusaba un trago cuando se le ofrecía, y si no 
se le ofrecía, él lo buscaba; era provocativo y pen- 
denciero, cargaba fierro, y comenzaba á mostrar 
cierta propensión á tomar lo ajeno contra la vo- 
luntad de su dueño. (Salomé Jil. — Cuadro de Cos- 
tumbres; página 89, tomo 2?). 

Cargador. 
Dícenles cohetes cargadores á unos que hacen 
por acá, con gran petardo y dos tremendas bom- 



I'KOVIM'IALISMOS DE GUATEMALA 167 

bas. También llaman indios cargadores á los 
mozos de cordel, esportilleros, ganapanes. 

Carnistolendas. 
Muchos corrompen así la palabra carnesíofenrfas. 

Cartucho. 

Dice el notable filólogo Cuervo: "Entre cartu- 
cho y cucurucho, media la misma distancia que 
entre la paz y la guerra, entre la vida y la muerte; 
el primero está repleto de pólvora y lleva su dota- 
ción de bala y tal vez de postas; el segundo entraña 
dulces 6 especias ó dinero: ¡qué diferencia! y co- 
metemos los bogotanos (y los chilenos y los gua- 
temaltecos) la nefanda profanación de ofrecer alas 
damas cartuchos 3' reservamos los cucuruchos 
para los nazarenos, ¡proh pudor T^ 

En casi toda la América española seda el nom- 
bre de CUCURUCHOS á los nazarenos, por el alto y 
puntiagudo gorro que llevan en la cabeza. En 
Nicaragua les dicen luces, por(|ue van con una 
vela en la mano, y en vez de sayos negros, visten 
enaguas blancas y se tapan con unas sabanas del 
mismo color, por lo fuerte que es en marzo aquel 

cálido clima. 

Gayen. 

Vulgarmente se comete ese barbarisino, por caen, 

Casam ¡entero. 

Dígase casamenteros ó casamenteras^ que tam- 
bién las hay, pues en general las mujeres, por aflo- 
jar las cinco azuceyías, se casarían hasta con un 
ahorcado. Ya se dio entre nosotros el caso; por- 



168 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

que no hay caso que entre nosotros no se haya 
dado. El año de gracia 1715 hubo un condenado 
á muerte en la Antigua Guatemala. En víspera 
de la ejecución de la fatal sentencia, se presentó el 
sacerdote que asistía al reo, acompañado de la ba- 
rragana de éste, para que los dos se casaran. Ella 
de buen grado condescendió, y entonces el que iba 
al patíbulo dijo con sarcasmo: '^¡ah, las mujeres 
por casarse, no reparan en si el novio está á pun- 
to de ser ahorcado!'' 

Cascarilla de loja. 

Es el '^crotón cascarilla,^ ^ árbol de corteza seme- 
jante á la de la quina. 

Caudillaje. 
Como no han tenido en España la plaga de cau- 
dillos que, en vertiginosa sucesión, han aparecido 
en la mayor parte de la América latina, no han 
creído necesario poner en el léxico de la lengua la 
palabra caudillaje, que no equivale ciertamente 
á caciquismo, que en algo se le aproxima. 

Cazueleja. 

La vasija aquí llamada cazueleja; tiene el 
nombre castellano de cazuela, cazoleta (de cazo.) 

Carrizo. 

En castellano significa una planta gramínea, 
vivaz, cuyas hojas sirven de forraje. Todas las 
costureras, y las que no lo son, llaman en Guate- 
mala CARRIZO al cilindrito generalmente de made- 
ra perforado, con rebordes en sus extremos, que 
sirve para envolver el hilo ó la seda. Tal utensi- 
lio no se llama carrizo sino carrete. 



PRoVIN( lALISMOS DE GUATEMALA 169 

Gatatumbas. 
Decirnos que alguno hace muchas gatatumbas, 
cuando prodiga cortesías exageradas y ceremonio- 
sos saludos. 

Catredal. 

Corrupción de catedral. 

Cebolla. 

''Agarrar la cebolla;'^ ^'soltar la cebolla,'' se dice 
entre nosotros por ^'apoderarse del mando," ''de- 
jar el poder." ''Arranca cebolla/^ es el nombre de 
un juego de niños. 

Cebratana. 

CerbatanUy es como se halla en el Diccionario, y 
como decía Quevedo del "Licenciado Cabra," que 
era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una 
cabeza pequeña, pelo bermejo, etc., etc. 

Cebruno. 
En los nombres de los colores de los caballos, 
que nosotros les damos, hay algunos que no se 
comprenderían en España, como cebruno, que es 
cervuno (piel de ciervo;) moro, que allá llaman pe- 
drés; TORDILLO QUEMADO, quc debe decirse rodado. 
{Exterior del caballo; por Santiago de la Villa y 
Martín, página 401.) 

Cedrón. 
Es nombre de un árbol, de unos cinco metros 
de altura (Gimaba cedrón) de la familia de las ru- 
táceas, orden de las simarrubeas. Los cotiledones 
de la semilla contienen un principio muy amargo, 
que se emplea para curar las fiebres intermiten- 



170 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

tes. En Centro-América es muy usado para ata- 
car los efectos de las mordeduras de las víboras. 

Cegatón. 
Al que no ve bien le llaman por acá cegatón, 
que en buen español es cegato, nombre que nadie 

usa entre nosotros. 

Cemita. 

Acemita, que no cemita, es como se llama el 
pan hecho de acemite, que es el salvado ó afrecho, 
con alguna corta porción de harina. 

Cempoalsúchil. 

Es una yerba muy común por estas tierras, al 
decir del historiador Fuentes y Guzmán, quien 
asegura que su etimología es veinte (cempoal,)^o- 
res (súchil.) ''Es mata pequeña, de hoja como la 
del rosal, aunque más prolongada y aguda, y su 
flor es naranjada oscura." El mismo autor de la 
Recordación Florida le atribuye admirables efectos 
medicinales. (Tomo I página 348.) 

Censonte. 

Unos le llaman así y otros cenzontli {Minus 2^0- 
liglotta azara?) El naturalista Hernández, al des- 
cribir los animales de México, en donde abunda 
el cenzontli, dice que, después de haber oído en 
la Corte de Felipe II, los mejores ruiseñores del 
rey, le pareció muy superior nuestra ave canora. 
Algo exajerado nos parece á nosotros en esta parte 
aquel célebre escritor antiguo. 

Cuando nuestro poeta Diéguez describe, con 
mano maestra, y con inimitable colorido "Las 
Tardes de Abril," dice que 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 171 

''Hincha el viento la orquesta de los tordos, 
Silba la codorniz, canta el jilguero, 
Y á las nubes saluda el clarinero. 
Esponjando el plumaje de turquí. 

¡Con qu6 ternura los censontes trinan! 
jCuán blandos se querellan y se duelen! 
Ya en la arboleda lamentarse suelen, 
Ya brincan por el suelo aquí y allí.'' 

Propiamente el censonte de Guatemala, que di- 
fiere un poco del de los Estados Unidos y México, 
es el Mimas (/¿Ivas. — Vieillot. 

Cera vejetal. 
El arrayán (Myrica cerífera) produce una espe- 
cie de cera, con la que se fabrican velas. Este pre- 
cioso árbol crece en terrenos feraces y forma ex- 
tensos bosques en la parte culminante de la cordi- 
llera que atraviesa al N. O. los departamentos de 
Zacapa y de la Verapaz, regiones donde llueve 
mucho. 

Cera de CastiUa. 

A la cera blanca le llaman de castilla; porque 
antes la traían de España. Por esa misma razón, 
dicen paloma DE castilla; vinagre de castilla; 
pimienta de castilla; porque en un principio, 
vinieron de la península. 

Cerco. 
A la división que se pone en una heredad para 
separarla de otra, llamamos impropiamente cerco, 
cuando se hace de árboles ó plantas. Es cerca 6 

vallado. 

Cernir. 

El verbo castellano es cerner. 



172 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Cernidor. 
Dígase cernedor. 

Cidral. 
Siguiendo el prurito de terminar en al los nom- 
bres de los árboles, no es extraño que llamen ci- 
dral al cidro. 

Cien. 

Cuando al numeral se sigue una conjunción, ó 
cuando el sustantivo no está expreso, nunca tie- 
ne cabida la apócope. Esta regla debe tenerse 
muy presente entre nosotros, pues es muy común 
usar CIEN en vez de ciento] v. g. ¿cuántos pesos 
tiene usted? y respondemos cien, en lugar de 
ciento. También al contar decimos 98, 99, cien, 
debiendo ser ciento. La voz cien sólo debe em- 
plearse cuando va inmediatamente antes de un 
sustantivo, como cien sombreros, cien muchachos, 
mas no en otros casos. 

"Malditos, decía el ama, sean otra vez y otras 
ciento estos libros de caballería, etc.'' (Quijote.) 

Cigarrería. 

La tienda en donde se hacen cigarros ó se ven- 
den, es en España estanco de tabacos. 

Cigarro. 

En Guatemala se llama cigarro al cigarillo, es 
decir, al que se compone de una envoltura de pa- 
pel ó tusa, que lleva adentro tabaco picado. Al 
rollo de tabaco que los españoles llaman cigarro ^ 
siempre le llamamos nosotros puro. 

Cablegrama. 

Esta palabra híbrida, que tanto se emplea en- 
tre nosotros para significar el telegrama que se 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 173 

envía por mar, á grandes distancias, sirviéndose 
al efecto del cable eléctrico ó submarino, ni está 
en el Diccionario, ni se usa en España. Los pri- 
meros que, llevados más por la concisión que por 
el purismo y leyes del lenguaje, comenzaron á de- 
cir cablegrame, fueron los norte-americanos; y de 
allí tomaron los de la raza latina, en este Conti- 
nente, el cablegrama, que suele verse hasta en pe- 
riódicos oficiales. 

Calistenia. 

En el presente mes de exámenes y distribucio- 
nes de premios, hemos recibido muchos convites 
para asistir á los actos de calistenia, de los cuales 
toílos los periódicos han hablado extensamente. 
No obstante, la palabra ésa no es castiza. En 
España se dice gimnasia de salón. 

CidraL 
Cidro es el árbol, y cidral la plantación. Aquí 
le llaman de este último modo al árbol. 

Ciénega. 
Corrupción de ciénaga 6 cenegal. 

Ciernes. 
Dígase en cierne, y no en ciernes. 

Cipote. 
Al rechoncho, obeso, llamánle en Guatemala 
CIPOTE ó ciPOTÓN, que en Bogotá quiere decir zon- 
zo. En el Salvador significa cipote, chiquillo, pi- 
lludo, ó PATOJO, en la acepción que nosotros da- 
mos á esta última palabra. 



174 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Ciertos lienzos. 
Familiarmente llaman "ciertos lienzos'' a la per- 
sona á quien uno desea referirse, sin nombrarla; 
pero que, por el sentido de lo que se dice, com- 
prende muy bien nuestro interlocutor á quien 
aludimos. Por ejemplo, dirigiéndose á una mu- 
chacha que tiene novio: ''No salgas tanto al bal- 
cón, porque si lo sabe ciertos lienzos, es seguro que 

se encela." 

Ciertísimo. 

Dígase certísimo. 

Cima. Sima. 
Muchos suelen confundir cima, que es lo más 
alto de los montes, cerros ó collados, con sima, que 
significa cavidad profunda. 

Cimiento romano. 
Especie de zulaque, que viene de afuera, y que 
muchos llaman cal hidráulica, dice Pichardo, en 
su diccionario de cubanismos. 

Cintopié. 
Hay una propensión criolla á suprimir la s fi- 
nal de muchas palabras, que deben tenerla: la tije- 
ra, la tenaza, la despavüadera, la pinza, la parihuela, 
la angarilla, el anda, el anca, el alicate, la cacha, la 
enagua, el corta pluma, elparagua, un pelagato, bus- 
canigua, (buscapiés) , ¿Qué extraño es, pues, que 
aunque tenga cien pies el animal se le Wsune cento- 
pié y aun cintopié f La escolopendra b el cientopies 
(scolopendra) es venenoso; pero el que nosotros co- 
nocemos, no es tan temible como el de la Améri- 
ca del Sur. 



im:(»vi.\('iali.smos de Guatemala 175 

Cipresal. 
El árbol, es ciprés. 

Circustancia. 



mu s 



vulgar decir así, en vez de circunstancia. 



Claco. 

No vale un claco j dicen en México y entre no- 
sotros, para indicar que una cosa no vale nada. 
Claco es una moneda de muy poco valor en Mé- 
Ico. 

Clandestinista. 

Así se llama aquí al contrabandista de aguar- 
iente, acaso porque clandestinamente fabrica ó 
vende el licor — '^ Clandestina ,'' ya se sabe que quie- 
re decir aguardiente hecho sin el permiso ó autori- 
zación del caso. Estas palabras provinciales las 
hemos visto usadas hasta en algunos periódicos. 
''Por lo demás, decía Salomé Jil, el monopolista 
cortejo, viejo 6 mozo, es siempre la ruina de las 
tertulias y la desesperación de aquellos á quienes 
no queda más arbitrio que dedicarse al peligroso 
oficio de clandestinistas. (Cuadro de costumbres 
^^Los Monopolistas y) 

Clarinero. 

Al m.acho del pájaro que aquí llamamos sánate 
{Quiscalus macrurus. Sw) se da el nombre de clari- 
nero: es del tamaño de una paloma, aunque más 
largo y delgado, con los ojos de color rojo y el 
plumaje azul oscuro. Se ven estas aves en los te- 



176 VICIOS t)EL LENGUAJE Y 

chos de las casas, y en los árboles de la ciudad de 
Guatemala. Véase la voz sánate. 

Clavársela. 

Se usa por emborracharse] v. g. ''Manuel no pue- 
de ir á una fiesta sin clavársela^ ''José se las clava 
muy á menudo." 

Coaligarse. 

Es coligarse, unirse; confederarse. Sin duda de 
coalición, hemos querido formar el verbo coaligar- 
sCj que es un neologismo inadmisible. 

Cobrar. 

Generalmente creen los picapleitos, y los que no 
lo son, que cobrar es exigir el pago, y no recibir el 
dinero. Una escritura dando poder para cobrar 
ciertas libranzas, no revestiría solamente al apo- 
derado de la facultad de demandar el pago, sino 
del derecho de recibir el dinero; aunque el poder, 
como le llamamos, no tuviera la cláusula de que 
recibiese cantidades aquel á quien se confiere; por- 
que coferar es, en buen castellano, recuperar ó reci- 
bir la cantidad que otro le debe á uno (de capere.) 

Cobija. 
Es un mejicanismo, adoptado en el Salvador, y 
por algunos de nuestros paisanos, que significa 
manta y ropa de cama. 

Colega. 

Ha ido desterrándose la mala costumbre de pro- 
nunciar colega cargando el acento en la o, cuando 
debe ser en la e. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 177 

Coloniaje. 

AiuKiue no se encuentra en el Diccionario, es 
aplabra muy usada, no sólo por el vulgo, sino por 
algunos escritores latino-americanos, para signifi- 
car el período de la dominación española en Amé- 
rica. Aquella dominación tan extensa, tan vasta, 
tan duradera, *'cuya atroz codicia é inclemente sa- 
ña, fueron crimen del tiempo y no de España," 
bien merece im nombre propio. ''La colonia, 
sería una expresión tan pobre, dice un notable 
escritor, que se confundiría con el último puñado 
de emigrantes irlandeses ó alemanes, y que, sin 

mucho alambicar, habría cabido en un frasco 

de agua de Colonia. La ''época colonial," "el pe- 
ríodo, el sistema colonial," son una frase y no un 
nombre, como el de atjuellos buenos Estados Uni- 
doSj que aún no acaban de decirnos como se lla- 
man ; ó de cuyos buenos aires estamos ya suficiente- 
mente enterados, sin que todavía sepamos como 
se llaman." 

El escritor chileno Valderrama, dice: "La poe- 
sía popular ha existido en el país desde el colonia- 
je, y aunque en todas épocas ha tenido poco más 
ó menos el mismo carácter, en la época de la colo- 
nia tuvo una inmensa boga en la gente del pueblo, 
entre la que había improvisadores cuya memoria 
dura todavía." (Poesía Chilena: Página 149.) 

Coca. 

Nosotros llamamos cocas á las vueltas ó enma- 
raños del hilo ó de la seda, cuando se hace una 
madeja. Coca, es en español, la famosa planta cuyas 
hojas mascan los indios del Perú, en sus largos 



178 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

viajes, sirviéndoles de alimento casi único. {Eri- 

troxylon coca.) 

CocaL 

El árbol que produce cocos se llama acá, cocal. 
En castellano es cocotero; y coco, tanto el árbol co- 
mo la fruta. Acerca de la etimología de esta pala- 
bra dice Oviedo [Sumario, capitulo 65) que ^'el nom- 
bre de coco se les dijo porque en aquel lugar donde 
está asida en el árbol aquesta fruta, quitado el pe- 
zón deja allí un hoyo, y encima de aquel tiene 
otros dos hoyos naturalmente, y todos tres vienen 
á hacerse como un gesto, ó figura de un monillo 
que coca; y por eso dije coco.'' Covarrubias, en el 
Tesoro de la Lengua Castellana, publicado en Ma- 
drid, en 1611, dice: "El nombre cXe coco se lo dieron 
los españoles, por el gestillo que se figura con los 
tres agujeros, que parecen ojos y boca: en razón 
de que ordinariamente llamamos coco una postu- 
ra de rostro cual la tiene la mona cuando dá á en- 
tender estar enojada, y hace un sonido en la gar- 
ganta deco, co; de donde se toma el nombre de 
coco y de cocar.'' — El nombre de tal fruta no vie- 
ne, pues, del griego ni del latín, como lo asegura 
el Diccionario de la Academia. 

En la brillante oda de don José Antonio Calca- 
ño ''A la Academia Española," hay, entre otros 
robustos é inspirados versos, que hacen recordar 
los de Bello á la Agricultura de la Zona Tórrida, 
los siguientes: 

''Allí verde plantillo 
De hojas y espigados bananeros. 
En la tendida vega, á par del río. 
Eterna proclamar la primavera; 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 179 

La coronada frente 

Acá alzar sus adultos cocoteros, 

Con resonantes verdes abanicos 

Fresco tornando el bochornoso ambiente, 

Mientras en torno de su copa enhiesta 

Néctar ofrecen y manjares ricos, 

^ue el fuego templan de la ardiente siesta: 

Y alhí de sus jabi lias y bucares 
Entrelazarse con amor los brazos, 
Sombra y amparo dando tutelares 
Al árbol generoso que tu fama, 
Bella Caracas, sin rival proclama, 

Y colmando las ansias del deseo. 
De mortales y dioses es recreo." * 

Cocer. 
Cocer, que es preparar alguna cosa para comerla 
"echándola en agua y poniéndola al fuego hasta que 
hierva, se confunde con coser, que es unir un pe- 
dazo de tela con otra, por medio de hilo ó seda, 
valiéndose de la aguja; y tal confusión se hace no 
sólo al pronunciar la c como s, sino al decir que 
se cosen los huevos, que se cose el caldo, etc., en 
lugar de ni eren, que es como debe decirse. 

Coche. 

"¿En qué se parecen, pregunta un escritor, los 
más despreciables animales á los hijos de los mo- 
narcas? — En los muchos nombres, contesta. Ahv 
están, en prueba, los aporreados rebuznadores, con 
cinco: asno, burro, borrico, jumento y pollino. 
Ahí está también el gruñidor de nuestros chique- 
ros, que tenía en español cuatro: cerdo, puerco, 



* Theobroma, que vale alimento de los dioses, es el nombre dado 
jwr Linneo al cacao, 



180 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

marrano y berraco, y que ha recibido en América 
dos más, el quechua cochi coche, y el araucano 
clianchu, chancho." En el Salvador venden ros- 
tros de chanchos. En Nicaragua les llaman hincos 

y tunchos. 

Coche de Monte. 

Es el nombre vulgar del picari ó saino (Dicoty- 
LES TAJACu-ScL.),muy común en nuestros bosques. 
También llaman gato de monte al vulpes virginia- 
Nus, que si tiene mucho de zorra, no tiene nada de 
gato; pero ¡qué extraño es que cambien el nombre 
de ese carnívoro, cuando en cosas de más sustan- 
cia, suelen darnos gato por liebre! 

Colear. 

Comunmente se dice por acá, que una persona 
colea á otra cuando anda tras de ella: '^Ya es cosa 
insoportable: no puede salir Ester á la calle, por- 
que no deja de andarla coleando el estudiante." 
Esto de atribuir cola ó rabo á la chica ó al estu- 
diante es por cierto muy descortés. Si colear es 
mover la cola ¿por qué se atribuirá á un mozuelo 
que sigue á una muchacha, que la colea? Será 
porque así se dice en México, del jinete que persi- 
gue al toro, y le coge la cola para echarlo al sue- 
lo; pero, la traslación del animal cornudo á 

la pulcra doncella sería no sólo poco culta, sino 
que acaso vendría á anticipar mu<iho los aconteci- 
mientos. Colear á una mujer es impropio bajo 
todos conceptos; pero no lo es menos, colear á un 
ministro en solicitud de alguna tajadita del pre- 
supuesto; ni sabemos por qué los escribanos (per- 
dón, que son hoy notarios, como los agrimensores 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 181 

se volvieron ingenieros^ y \o^ boticarios, farmacéuti- 
cos) son tan amigos de colear las escrituras; que 
hasta suelen dejarles tan largas colas, que se enre- 
dan en primera, segunda instancia, y casación. 
Hay sin embargo, muchos de ellos que no tienen 
cola que les pisen, como dicen aqaí cuando una 
persona es inmaculada, y puede hacer bajar la co- 
la á cualquiera, como se oye decir en España. 

Colocho. 

Muchas veces usan esta palabra, por rizo ó vi- 
ruta. 

Codo. 

Que es muy codo alguno, significa, en nuestro 
particular lenguaje, que es tacaño por extremo. 
Que el que se está comiendo los codos, ó se halla 
en la real quema, como vulgarmente se dice por 
estas tierras, no gaste, pase en buena hora; pero 
que sea tan codo ese don Severo, es cosa insoporta- 
ble. También dicen que uno es muy duro de codo, 
muy teniente, muy chucho, cuando es mezquino, 
miserable, ó muy agarrado, como también deci- 
mos, usando esa frase que, aunque familiar, es cas- 
tiza. 

¡Cómo no! 

Es un idiotismo que equivale á decir: ''sí, por 
supuesto, sin duda, ya." — Dicen que usted se va á 
Europa, con su mamá — Cómo nó, señor, nos ire- 
mos pronto." — También se usa en sentido irónico, 
para negar con énfasis: Dicen que te casas pronto 
con el vejete don Simplico — ¡Cómo no, moyia. ¡Me 
tenia cuenta! ¡ Ah cosa! 



182 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ComaL 

Comal ó cumal, es un disco grande, delgado, de 
barro, con bordes, en el que los indios cocían y 
aún cuecen el tazcal 6 torta de maiz. "El comal 
le dice á la olla, que tiznado estás," es refrán que 
equivale al español: ''dijo la sartén á la caldera, 
quítate allá culinegra." Ya en el Diccionario fi- 
gura el humilde comal como palabra mexicana. 

Comején. 

Es un termite (insecto neuróptero) que invade y 
destru3^e las maderas; se llama aquí comején. 

Comedido. 

En buen castellano es cortés, moderado, urbano, 
atento; pero no servicial ó complaciente. Cree- 
mos, pues, que no puede afirmarse que acomedido, 
como nosotros decimos, equivalga á comedido] el 
primero es el servicial: el segundo, el moderado. 
Puede una persona ser lo uno, sin lo otro. 

Centúmplano. 

Al bobo, tonto, alelado, llámanle por acá cen- 
túmplano, 

CerezaL 

La plantación de árboles de cerezOy será cerezal] 
pero no el árbol mismo, como nosotros le llama- 
mos. 

Cerca de 

Critican algunos gramáticos la frase 'Tedro es 
Ministro Plenipotenciario cerca de la Oorte de In- 
glaterra;" y dicen que debe corregirse empleando 
en 6 ante. 




PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 183 

Comelón. 

''¡Comilón que tú eres!" decía don Quijote al 
pobre de Sancho. 

Conducí. 

Muchos dicen así, en vez de conduje, que es lo 
correcto. 

Con motivo á 

Es *'con motivo de una cosa, "y no con motivo á, 
como dicen muchos. 



Confesionario. , 

Confesionario es el libro de confesar; pero la si- 
lla del confesor es confesonario^ y no confesionario , 
como acostumbran llamarlo algunas paisanas nues- 
tras. 

Confortable. 

En español, lo que conforta es confortante y no 
confortable, como dicen los franceses é ingleses. 
Confortable sería lo susceptible de ser confortado. 
No debe, pues, decirse: "Sillón confortable; casa 
confortable^ No creemos, como Baralt, que sea 
castizo decir: "El calor de la chimenea es conforta- 
ble] abrigo confortable] comida confortable. Al que 
nos ofreciera una cena confortable, podríamos res- 
ponderle, con D. F. J. Orellano, qnQ no nos ajpetece, 

Confituría. 
Debe decirse confíteria. 

Confra. 

Así se denomina una palma incombustible, que 
emplean en Lívingston para techar las chozas. 



184 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Consola. 

Tiene el acento en la segunda o; y se pronun- 
cia, por lo tanto, consola. 

Consolidado. 

Vocablo histórico-político-fiscal, le llama con 
oportunidad un filólogo. Consolidación se llama 
impropiamente aquí a la desamortización de los 
bienes eclsiásticos; y aún se denominan consolida- 
dos los bienes raices que fueron de la Iglesia. 

'^Consolidar," término forense, vale en castella- 
no reunir el usufructo á la propiedad. Co7isoli- 
(iar una deuda, se usa para expresar que sólo se 
reconoce cierto interés á los acreedores, y que se 
irá amortizando paulatinamente. 

Contramatarse. 

Cuando alguno se gv)lpea fuertemente contra al- 
guna cosa, dicen que se contramató , es decir, que se 
mató contra s.que\ objeto. ¡Curiosa combinación 
de palabras que supera con creces a la colosal tras- 
posición aquella: *'En una de fregar cayó caldera." 
¿No será ese provincialismo más bien una de aque- 
llas palabras compuestas, que tanto usaban los 
marinos que vinieron con Colón? Ellos decían: 
contraescota, coiitraescotin, contraestay, contramaestre, 
contramarcha, contramarea, cantramesana, contrapa- 
lanquin, contraquilla; pero no es probable que di- 
jeran contramatarse. 

Contracción. 

No significa como mucbos quieren, aplicación, 
dedicación. ''Su contracción al estudio, corre pare- 



y 



PROVIN(íIALlSMOS DE GUATEMALA 185 

jas con sus capacidades,'' debe traducirse al caste- 
llano: ''Su aplicación al estudio, corre pareja con 
su talento." 



r 



Contracaridad. 

K>lf nufstro provincialismo debió de ser en un 
principio compuesto de dos palabras contra y ca- 
ridad. "Es una contracaridad lo que hace Juan 
con sus criados: tenerlos trabajando hasta el día 
de fiesta." 

Copaichí. 

Don Manuel Fernández da del copalchi la des- 
cripción siguiente: "El cojmlchi es un árbol de un 
tamaño y grueso variables, segiin el clima y terre- 
no en que se cría: pasa de dos á tres varas de ele- 
vación, y es de un grueso proporcionado, al paso 
que, en los lugares altos, frescos y de tierra fértil, 
llega hasta doce ó quince varas en el primer senti- 
do, y de uno á dos palmos, en el segundo. Su ta- 
llo ó tronco es cilindrico, leñoso y cubierto de una 
corteza pardo cenicienta obscura, con chapas de 
liqúenes casi enteramente blancas. Las hojas son 
alternas, pecioladas, como de un palmo de largo, 
y de cinco á seis pulgadas de ancho óvalo corda- 
das, puntiagudas, ondulosas en los bordes y sin 
recortadura ninguna. Las flores son blancas, pe- 
queñas y regularmente pedunculadas. El fruto 
consiste en una cápsula globosa, de color verde 
amarillento, del tamaño de una ciruela, y toda 
erizada de puntas cónicas. El copalchi florece en 
la primavera; pero en los lugares fértiles y fres- 
cos se ven árboles cubiertos de flores y fruto en 
todo tiempo. Según Mr. Moquin Tandon, el co- 



186 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

palchi pertenece á la familia de las euforbiáceas, el 
género crotón psedochina, que contiene productos 
similares de la quinina y quinoidina." 

CopinoL 
"Así llaman á la resina anime, que procede del 
algarrobo ó copinol, hermoso árbol del género hy- 
menssa courbaril, leguminosa que da además exce- 
lente madera y un fruto comestible y pectoral, 
que contiene mucha sustancia resinosa. Con es- 
ta resina se prepara un barniz blanco, que sirve 
para muebles finos y para dar lustre á los char,o- 
les. {Apuntamientos sobre la topografía física del 
Salvador, por el doctor don David J. Guzmán, Pá- 
gina 210.) 

Corozo. 

Es una de nuestras plantas {Elxis onelanococca) 
que produce unas bellotas que se emplean para 
hacer anillos y otras baratijas. También se ex- 
trae del corozo un buen aceite; y hacen del árbol 
vino tónico y gustoso. 

En español coroza, significa un capirote ó cucu- 
rucho de papel engrudado, que se ponía en la ca- 
beza por castigo, y era señal afrentosa é infaman- 
te. 

Corretear. 

Ese verbo significa, según el Diccionario, andar 
de casa en casa; pero entre nosotros se usa en el 
sentido de perseguir á alguno, correr tras él: ''Me 
venía correteando un hombre, y tuve que sacar la 
espada." 

Cuando alguno ha estado muy ocupado, con 
premura, dice que "ha andado muy correteado.'' 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 187 

"Una vida correteada,'' es una existencia afanosa^ 
de trabajo sofocante. 

Correr pato. 

"Correr pato," llaman por estos países á una di- 
versión popular, asaz cruel, que consiste en sus- 
pender, por los pi^s un pato, de una cuerda hecha 
de cuero (pial,) que se encuentra tendida de un 
árbol 6 de un poste á otro; y al medio de tal cuer- 
da atan bien al infeliz animal. En seguida los 
gi netas que van á correr el pato, pasan consecuti- 
vamente, á todo el correr de sus caballos, y tiran 
del pescuezo del ave, hasta que alguno logra arran- 
carla de la cuerda. Entonces los demás ginetes 
le persiguen á fin de quitarle su presa. Dícese 
metafóricamente de una cosa que se perdió, ó que 
muchos echaron á perder, que carió pato: 

"Por ese medio aseguran 
Un capital y ganancias, 
Si por fortuna, se entiende. 
No corren pato las arcas.'' 

(Rivera Maestre.) 

Corronchocho. 

Así llaman á unas frutillas silvestres, que nacen 
de pequeños arbustos, muy abundantes en nues- 
tros campos. Los corronchochos son agridulces, de 
color de rosa y forman apretados y diminutos ra- 
cimos. (Lantana hispida.) 

Corneto. 

Al patizambo le llaman corneto. 



188 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Corta papeL 
No se llama así, en castellano, el cuchillo de ma- 
dera ó marfil, que sirve para cortar las hojas de 
los libros: su nombre q^ 'plegadera. 

Cosario. 

Es en español el cazador de oficio, el trajinero. 
Por acá hemos oído usarlo vulgarmente como pa- 
ra significar el hombre astuto y listo; el animal 
serrero y vivo; el que acomete repentinamente y 
huye con presteza. En estas acepciones hay más 
de arcaísmo que de neologismo. 

Costipar. Costipado. 

Es constipar^ constipado. 

Costa. 

^'A coste y costas," debe decirse, y no ^'á costa y 
costas," pues coste significa el precio de alguna co- 
sa, sin ganancia ninguna. Es vicio vulgar decir 
coste por conste. 

Costarricense. 

Costarriqueño llama el Diccionario de la Acade- 
mia al natural de Costa-Rica; y dice ser tal el per- 
teneciente á este Estado de la República de Gua- 
temala. Por lo visto, los señores académicos de 
la calle de Valverde son unionistas netos; pero ha- 
bría sido lo exacto afirmar que costarriqueño 6 cos- 
tarricense^ como dicen por estos países, era el na- 
tural de la República de Costa-Rica, una de las 
cinco en que hoy está dividida Centro-América. 
Y á propósito de terminaciones de nombres patro- 
nímicos, recordamos que la primera vez que el 



PKOVlNClALlí>M()8 DE GUATEMALA 189 

eminente literato don Juan Valera nos ovo decir 
''guatemalteco,'' le hizo mucha gracia; y decía en 
son de broma, que así como al guatemalense dí- 
cenle guatemalteco^ debieran llamar al salvadoren- 
se, nicaragüense, hondurense y costarricense, sal- 
vadorecOy hondureco, nicaragüeco y costariqueco; pe- 
ro es lo cierto que el uso y derivación diversa de 
idiomas indígenas, nos hace decir guatemaltecOy 
que ya figura en el Diccionario, salvadoreño, Jion- 
dureñOj nicaragüense y costaricense. 

Cosijo. Cosijoso. 

Así dicen en Centro-América; pero las palabras 
castellanas son cojijo cojijoso, más usadas en lo an- 
tiguo que en lo moderno. En el diálogo de ''Eu- 
sebio y su criado Altano," de Monteugón, se dice: 
''Eso se lo aseguro yo á Vm., y no haya miedo que 
subsistiera entonces el refrán: mal me quieren las 
comadres, porque les digo las verdades; que todas 
ellas vendrían cojijosas á oír al predicador de ca- 
samientos. ¿Pues qué si me oyeran en una rejita 
de parlatorio. No digo más, porque sólo de pen- 
sarlo se me derrite el gusto en el buche." 

Cos. 
Llamamos impropiamente al toril donde se en- 
jaulan los toros antes que salgan al coso, que es el 
lugar donde se lidian. 

Costillas. 
Muchas veces hemos oído decir que alguien se 
rie á costillas de otro, en lugar de á costa de otro, 
que es como debe decirse. 



190 VICIOS DEL LENGUAJE Y 



Costurero. 



Es provincial esa palabra en el sentido que 
íiquí le dan, de '^cuarto en que las costureras co- 
sen." En castellano sólo significa costurero la me- 
sita con cajón y almohadilla, en que se guarda la 
costura y los instrumentos para coser. 

Costancia. 

Es vicio muy vulgar ese de suprimir la/? en pa- 
labras como constancia. 

Cotín. 
La tela que conocemos con tal nombre, es coti. 

Cotón. 

En dialecto de jitanos significa jubón, y en este 
sentido se usa entre nosotros. "Cotón colorado," 
dice el Diccionario. — Germanía. — El que ha sufri- 
do la pena de azotes." De allí vienen aquellos 
versos: 

"Cotón colorado 

Mató á su mujer 

Con un cuchi Hito 

Del porte de él, 

Sacó las tr i pitas 

Y salió á vender: 

— ¿Quién compra tripitas 

De mala mujer?" 

Cotuza. 

Este bonito roedor {Dasyprocta punctata) causa 
mucho daño á las miljms (maizales.) El nombre 
de cotuza es indígena. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 191 

Coyote. 

En la interesante obra del doctor don David J. 
iJuznián, "Apuntamientos sobre la topografía del 
Salvador" (página 322,) se dice: ''El coyote [ca- 
nis aureus mexicanus'\ es de color gris ó pardo obs- 
curo, de pelo más espeso y largo que el perro do- 
méstico; la conformación de la cabeza es la misma 
que la de éste, aunque el cuerpo más largo, delga- 
do y poblado de pelos largos. Es un animal tí- 
mido, que recorre los campos al obscurecer para 
devorar los cadáveres de las reses muertas. Rara 
vez ataca á los animales vivos, si no es á los ca- 
chorros de los corderos, cabritos, terneros o cerdos, 
y liace estas depredaciones, en grandes bandadas" 
[manadas.] 

El notable zoólogo don Juan J. Rodríguez, en 
su '^Catálogo de los Géneros y Especies de los 
Animales que se encuentran en Guatemala," dice: 
^'canis latravs (Sap) Coyote. Aunque en Guatema- 
la es bastante conocido, no se encuentra sino cir- 
cunscrito á ciertas localidades, como algunas de la 
Verapaz, San Martín, Jilotepeque, San Raymun- 
do; se extiende por el lado Sur de América hasta 
Costa-Rica." 

El último Diccionario de la Academia trae la 
palabra coyote, para significar '^la especie de lobo 
que se cría en México;" pero ya se ha visto que 
abunda en Centro-América. 

Para arrullar á los niños, cantan las chichiguas 
y las chinas: .j^.^ ^._ ,^j-j^^^ 

Cabeza de ayote; 
Si no te dormís • 
Te come el coyotea 



192 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Coyol. 

Vulgarmente se llama así el fruto de la olerácea 
vinifera, palmera que llamamos coyolar. En len- 
guaje vulgar dicen : '^se topó la piedra con el coyol^' 
para indicar que una persona de carácter inque- 
brantable topó con otra de igual condición. 

Contimás. 
Se toma por tanto más. Antiguamente se usaba 
en castellano cuantimás, y así escribió Santa Te- 
resa: "Se afrenta después mi alma de ver que 
pueda parar en ninguna cosa criada, cuantimás 
aficionarse á ella." Don Quijote decía á Sancho: 
''No tengas pena, amigo, que 3^0 te sacaré de las 
manos de los caldeos, cuanto más de las de la Her- 
mandad." 

Coger goteras. 

En el "Catálogo de errores en orden á la len- 
gua y al lenguaje castellano," que escribió el pre- 
sidente de la Academia ecuatoriana, don P. F. Ce- 
vallos, encontramos censurada la expresión ^^coger 
goteras,'^ tan usual entre nosotros; dice: ''Cubrir, 
tapar goteras, pase; pero cogerlas, como quien co- 
ge peras ó limas, es una sobreasnedad. — Trastejar. 
Cierto que coger, significa también hallar, encon- 
trar; mas aquella frase no se emplea cuando se 
manda que busquen lo agujereado ó descompues- 
to, sino por la acción de componer los tejados." 

Comadrona. 

No conocemos sino el masculino comadrón, que 
se halla en el Diccionario; el femenino correspon- 
diente es comadre, si bien entre otras acepciones 
tiene familiarmente la áQ alcahueta. 



PROVINCIALISMOS DE Ul ATEMALA 193 

Compañía. 
Es compama, en todo sentido. 

Contraproducentes. 
Suelen los pica-pleitos, y algunos que no lo son, 
cuando están hablando de las pruebas contrarias á 
lo mismo que sus adversarios han tratado de pro- 
bar ó alegar, decir (|ue son contraproduce7ites. La 
voz latina es contraproductntei)i y se refiere a la per- 
sona que produce las pruebas, y no a las pruebas 
mismas. Dígase, pues, "pruebas contraproducén- 
tem." 

Coronelato. 

Así dicen aquí, y en otras repúblicas latino- 
americanas, en vpz de ro muflía, (jue es la palabra 
castiza. 

Coyontura. 

Es coyuntura, tanto para significar las articula- 
ciones ó trabazones movibles de un hueso á otro, 
como para dar á entender la oportunidad de una 
cosa: "En mala coyuntura, y en peor sazón, y en 
aciago día, bajó vuesa merced, caro patrón mío, al 
otro mundo." (Quijote.) 

Crucita. 
Es crucecita. 

Cuerear. 
Aunque la palabra está bien formada, no la au- 
toriza el Diccionario, porque tenemos otras varias 
para denotar la misma idea: azotar, fustigar, zu- 
rriagar, etc. 

Cuete. Cuetero. 

Muchos pronuncian así, en vez de cohete, cohe- 
tero. 



194 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Culpable. 

Al que se echa la culpa es cidpable. Al que la 
ha cometido se llama culpado. Suelen confundir- 
se ambas palabras, usándose una en vez de otra. 

Cumpleaños. 
Dicen algunos ^'los cumpleaños,'' y es claramen- 
te el cumpleaños. 

Culumpiarse. 
Corrupción de colmnpiarse. 

Culeca. 

La gallina culeca, dicen vulgarmente, en vez de 
clueca. Además, cuando una persona es delicada 
de salud ó poca aficionada á tomar baños, la cali- 
fican de culeca. 

Curtidos. 

Las cebollas y demás verduras en vinagre, se 
llaman encurtidos, que no curtidos. 

Cursa. • 

Se dirá bien, que cursa el estudiante que concu- 
rre á las aulas, ó cualquiera otro que asiste fre- 
cuentemente á un lugar ó paraje, 6 hace con sis- 
tema una cosa; pero aplicar tal verbo á los días 
del mes, diciendo v. g. el 2 del que cursa, es muy 
impropio. 

Cumplimentar. 

Es dar parabienes; y en lenguaje forense, signi- 
fica también poner en ejecución las órdenes supe- 
riores; pero cuando no se use como técnico en tal 
sentido, empléese cumplir y no cumplimentar. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 195 

Crujida. 

La VOZ que nos dejo la turba marinesca cuando 
se comenzó á hablar castellano en América, es cru- 
jía, y no crujida, como casi todos dicen por acá. 

''Algunas crujías pasan (los estudiantes) con los 
lectores y con los maestros. (Fray Gerundio de 
Campazas. P. Isla.) 

Creosote. 

La sustancia líquida, incolora, oleaginosa, que 
se extrae del alquitrán, es la creosota y no el creo- 
sote. 

CH. 

Chabelón. 

Al cobarde, coyon, amujerado, le dicen por acá 
Chabelón. ChaV)ela es nuestro diminutivo de Isa- 
bel; como Chilo, de Basilio; Chico, de Francisco; 
Chente, de Vicente; Chepe, de José; Chinto, de 
Jacinto; Chayo, de Nazario; Chema, de José Ma- 
ría; Chano, de Feliciano, (k. Chabelón es también 
nombre de un pájaro. 

Chácara. 

Así llamamos á lo que generalmente en Améri- 
ca llaman chacra, que según el Diccionario de la 
Academia, es una vivienda rústica y aislada; pero, 
con perdón del ilustre Cuerpo, c/¿acra lo que quie- 
re decir es una propiedad rústica pequeña, sem- 
brada de árboles frutales, etc. El notable escritor 
Juan María Gutiérrez, en un artículo que publicó 
sobre el quechua, dice que chacra viene de chacra, 
que en esa lengua significa heredad de labor. 



196 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Es curioso observar que hoy se diga en Chile,, 
el Perú y otras repúblicas chacra, y aun la misma 
Academia use la voz chacra, cuando en tiempo de 
los conquistadores la palabra era chácara, como se 
dice todavía en Guatemala; y como trae el voca- 
bulario de voces americanas de Gonzalo Hernán- 
dez de Oviedo, que corre con la ''Historia general 
de las Indias," de dicho autor. 

De un auto sobre repartimiento de chácaras, expe- 
dido por don Pedro de Valdivia, el 12 de abril de 
1546, es lo que sigue: ''Otrosí, mandan que nin- 
guna persona pueda vender ni enajenar la cMcara 
ó estancia que tuviere si no fuere yéndose de esta 
tierra, ó en caso de fallecimiento que las pueda 
dejar á sus herederos como bienes propios gana- 
dos por sus servicios." (Del primer Libro Bece- 
rro del Cabildo de Santiago.) 

Chacha. 

Del mexicano chacha, chalaca (gorgear las aves,) 
ha tomado entre nosotros el nombre de chacha y 
en México chachalaca, una ave (Género Ortalida) 
del tamaño de una gallina, con las plumas de la 
cabeza y del cuello pardas, las del lomo y la parte 
superior de las alas, aceitunadas; las del vientre y 
patas blancas; las de la cola largas, anchas, verdes 
tornasoladas y amarillentas en la extremidad; no 
tiene cresta ni barba; sus ojos son rojos sin plu- 
ma ninguna en el contorno; su carne muy sabro- 
sa: cuando está volando no cesa de gritar. 

Hay dos especies de chachas: la Ortalida retula, 
que se encuentra en la Verapaz y costa del Norte, 
y la Ortalida lencogastra (Gould,) á la cual le 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 197 

•dicen también chachalaca^ nombre que se aplica 
además ít los sujetos que hablan muy recio y de- 
prisa, por el ruido (jue meten, como las galliná- 
cr;w <'Mntro-auHM'icanas. 

Chalch'igUite. 

Es palabra cachiquel, que se emplea en el lengua- 
je común para significar baratijas íí objetos me- 
nudos ó varios. En el Popol Vuh, ó ''Libro de los 
quichés," se dice que un Gran Señor, llamado 
Nacxit, dio la investidura del mando supremo á 
los tres caudillos del reino, les entregó el trono y 
fiautas, muchas figuras y chalchigüites ." (Milla. — 
fl)<fnr)n th hi Ainrrica Central, Tomo I, página 9?) 

Chamuchina. 

IjO usamos por populacho, plebe, pópulo bárba- 
ro, gente ruin y soez. — El escritor Juan Arona di- 
ce que es corrupción de chamusquina, y cita estos 
versos: 

El negro, el chino, el cholo, el zambo, el blanco, 

Y toda la revuelta chamuchina 
Puede trepar al sol de un sólo tranco 

Y dictar reglamentos de cocina. 

"Viva Caituja'M dice el negro franco 
Cuando roba, ó estupra ó asesina, 

Y al que intenta en su furia oponer dique 
Lo aterrará con un muera Chinique. 

(Poesías peruanas, página 4.) 

Chajal. 

Así se llama al indio que está al servicio del cu- 
ra, y chajala á la india que se ocupa en su servi- 



198 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

cío doméstico. En los ''Apuntamientos sobre la 
Agricultura y Comercio del Reino de Guatemala," 
escritos por don Antonio Larrazabal, el año 1810, 
se dice: ''¿Y cómo tienen para sufragarlos ex- 
horbitantes desperdicios de una cofradía? Una 
molendera desnuda halla 81 pesos para entrar de 
cha jala ^ á pesar de que no puede trabajar á dere- 
chas en todo el año," (página 63.) Chajal llaman 
también, en algunos pueblos, al demandadero de 

los juzgados. 

Champurrear. 

Oigamos al notable escritor don Salustiano de 
Olózaga, acerca de esta palabra que desde España 
vino corrompiéndose: ''Había un verbo, dice, 
muy usado sin duda en otros tiempos, champurrar, 
que significa mezclar un líquido con otro; y el uso, 
caprichoso como siempre, ha preferido dar un ro- 
deo, y se dice mezclar el vino con agua, cosa muy 
frecuente en el día, ya se deba á los preceptos de 
la higiene, ya á las exigencias de la moda. Nadie 
usa ya la palabra champurrar en este sentido; y 
los que la usan en sentido translaticio, la estro- 
pean y desfiguran, diciendo algunos chapurrar y 
los más chapurrear, para dar á comprender que 
hablan mal un idioma extranjero, sin pensar que 
lo que hablan mal, al expresarse así, es su propia 
lengua, que lastimosamente han olvidado. 

"Hay un oficio muy tosco, que viene á ser, res- 
pecto del herrero, lo que es respecto del maestro 
de obra prima, un zapatero de viejo. Se llamaba, 
y aún en algunos pueblos se llama, chapucero al 
que hace chapuces 6 remiendos en hierro, y ciertas 
cosas tan toscas y tan de poco valor, que un he- 



I'KOVINCIALISMOS l^K GUATEMALA 199 

rrero desdeñaría dedicarse á ellas. De chapucero 
viei)e chapucerUt: pero como la raíz ha llegado á 
ser desconocida, no puede calificarse bien el fruto. 
La palabra será muy necesaria mientras en Espa- 
ña se hagan algunas cosas toscamente, grosera- 
mente, con poco arte, con mal gusto; pero aunque 
no huelgue en el Diccionario este vocablo, no ten- 
drá, ó al menos no ha tenido en estos últimos 
tiempos, mucho uso para expresar loque realmen- 
te significa. Para unos chapucería es una mala 
acción; para otros, una cosa insignificante ó ridi- 
cula. No sé lo que sería para el insigne autor del 
Si de las Ninas, cuando en el acto I, escena VI, 
ha])iendo dicho doña Irene: ''¡Que pereza tengo 
de escribir I Pero es preciso; que estará con mu- 
cho cuidado mi pobre hermana;" replica Rita: 
*' ¡ Qué chapucerías ! No ha dos horas, como quien 
dice, que salimos de allá, y ¡ya empiezan á ir y 
venir correos! ¡Qué poco me gustan las mujeres, 
gazmoñas y zalameras!" Si como parece, usó Mo- 
ratín la palabra chapuceria, como equivalente de 
gazmoñería, no pudo desconocer más completa- 
mente su verdadera significación; pero por fortu- 
na he hallado en el ultimo Diccionario de la Aca- 
demia, que el epíteto chapucero se aplica en algu- 
na de nuestras provincias, al mentiroso; y como, 
según ha dicho un antiguo escritor, el encareci- 
miento es ramo de mentira, hubo de querer decir 
la criada que no le gustaban las mujeres en exce- 
so ponderativas, exageradas ó alharaquientas. No 
acuso pues, formalmente á tan insigne hablista de 
haber usado con impropiedad una voz en signifi- 
cación metafórica, por no haberse fijado en su 



200 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

sentido recto; digo sólo que en tal error suelen in- 
currir los que, lejos de estudiar la etimología y el 
valor de las palabras que han de usar, prefieren 
las que menos conocen, ó por amor á la novedad, 
ó por aparentar una instrucción que no tienen." 

(Discurso del Excelentísimo señor don Salus- 
tiano de Olózaga, leído en la junta pública que ce- 
lebró la Real Academia Española para darle pose- 
sión de su plaza de niimero, el día 23 de abril de 
1871.) 

En Guatemala es frecuente oír champurrear, en 
vez de champurrar; pero ya se ha visto que las co- 
rrupciones de este verbo, nos han venido de Es- 
paña. 

Chancaca. 

En algunas repúblicas de Sud-América signifi- 
ca esa palabra, azúcar prieta, ó sea lo que en Gua- 
temala llamamos rapadura, y en Cuba raspadura, 
de donde viene nuestro provincialismo. No acer- 
tó, pues, el Diccionario, cuando dice que en Amé- 
rica llaman chancaca, á la azúcar de mascabado 
en panes prismáticos. Aquí en Centro-América 
y en Cuba no llaman á eso chancaca. En el Pe- 
rú, Chile, Argentina y Colombia sí le dicen chan- 
caca al azúcar negra ó prieta de figura hemisféri- 
ca. El bollo ó atado, como le llaman, se compone 
de dos tapas. 

Nosotros llamamos chancaca á una confitura he- 
cha de azúcar con harina de salpor (maíz.) 

Chan. 

Es una semilla menor que el ajonjolí, de color 
pardo blanco, que contiene mucho aceite, de don- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 201 

<le viene la palabra mexicana chián (semilla-acei- 
te.) Fuentes y Guzmán dice (jue los naturales 
de Guatemala lo usaban como bebida regalada; 
podría decirse (jiie todavía lo usan. 

Chalán. 
Así llamamos por acá al (¿ue monta l)ien á ca- 
ballo y se ocupa en adiestrarlo. El Diccionario 
• aplica ese nombre al que trata en compras y ven- 
tas y tiene persuasiva. En el Perú y en Colom- 
bia dan á la voz chalánhx misma significación que 
nosotros. El que adiestra caballos, llámase en es- 
pañol picador. 

Chachaguate. 
Palabra indígena que sirve de nombre á la co- 
rrea de cuero que usan de un estribo á otro de la 
montura, debajo del caballo, para que no se abran 
las aciones. Chachaguaie le dicen también los 
muchacbos a la cuerda que, con un peso cualquie- 
ra en un extremo, arrojan sobre el hilo que sos- 
tiene la cometa (barrilete,) para atraparla, cuando 
está ejevada en el aire. Chachaguatos llaman los 
indios á los gemelos ó mellizos. 

Chapa. 
Cuervo, Rodríguez y Arona explican cuanto hay 
■que decir acerca de esta palabra. Para nuestro 
objeto, basta saber que chapa es una lámina de 
metal que sirve para firmeza ó adorno de la obra 
que cubre. Cerradura ó cerraja es la máquina de 
metal que se fija en puertas, cofres, ct, para cerrar- 
los por medio de pestillos que juegan la llave. 
€omo vemos que toda cerradura tiene chapa, le 



202 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

damos vulgarmente ese nombre, que también se 
le daba en el lenguaje antiguo español, según el 
erudito don Juan Ignacio de Armas. 

''Luis probó sus fuerzas, y casi sin poner algu- 
na se halló rompidos los clavos y con la chapa de 
la cerradura en las manos. (Cervantes. — Quijote.) 

Chapas. 

Al color encarnado de las mejillas, bien sea na- 
tural ó artificial, le llamamos chapas. En espa- 
ñol se daba ese nombre á las manchas que se po- 
nían las mujeres en la cara, por medio de colo- 
rete. 

Chaparrastroso. 

Al que anda sucio, desgreñado, andrajoso, llá- 
manle aquí chaparrastroso. Si se haya formado 
esta voz de chapatal^ que es en castellano lodazal, 
ó del nombre de aquellos coches, que antiguamen- 
te se llamaban chaparras, de caja ancha y muy ba- 
jos, que cuando volvían á casa estaban todos su- 
cios con las inmundicias de los charcos que an- 
taño abundaban en esta ciudad; es cosa que no 
pretendemos resolver. Lo cierto es que no hay 
joven ni vieja que no use nuestro provincialismo: 
si es todavía aspirante al santo matrimonio, bien 
cuidará ella de no andar chaparr astrosa; y si viste 
imágenes, y ha dejado atrás toda esperanza, co- 
mo dijera el Florentino, no por eso gustará de que 
la vean chaparr astrosa. 

Chapalear. 

Probablemente de chapatal (lodazal) vino en un 
principio, . chapalear, y después por corrupción 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 203 

chapatear, como decimos nosotios. En Colombia 
también se emplea; y, al sentir de don Juan Ma- 
ría Gutiérrez, viene del araucano chapad, que sig- 
nifica pantano. Cuervodice en sus Apuntaciones, 
que como debe ser es chapotear: así se ba usado en 
España. El Diccionario de la Academia, sin em- 
bargo, en la última edición, registra nuestro cha- 
¡tah (ir. 

Chamarra. 

Es voz castiza. que vale vestidura de paño bur- 
do ó jerga, parecido á la zamarra, ó sea chaqueta 
de piel. Entre nosotros se da el nombre de cha- 
marra á una manta de jerga, que usan para abri- 
garse cuando hace frío, en vez de capa, ó para cu- 
brirse durante el sueño, las gentes pobres. El pon- 
cho mexicano es algo aristocrático, algo lujoso. La 
chamarrita chapina es modesta, humilde, obscura 
de origen y de color. 

^'Chamarra es el cobertor de lana ordinaria con 
que se abrigan los hombres del pueblo, y que así 
suele servir de capa por el día, como de colcha por 
la noche." (Salomé Jil. — Cuadros de Costumbres; 
página 86, tomo 2?) 

Nuestro festivo poeta Rivera Maestre, aludien- 
do al progreso de Guatemala, dijo en su epístola: 

"Que ya desaparecieron 
Los fondillos de los ¡anas 
Me dicen también, y agregan 
Que ya no estilan chamarras.'' 

Chaparrazo. 

A la lluvia repentina, corta y recia, llámasele 
chaparrón, que no chaparrazo, como nosotros de- 
cimos. 



204 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Chapetón. 

"Así designaban, dice Vicuña Mackenna, los 
criollos á los españoles por el chape que traían de 
Europa en forma de trenza." Pero en esta expli- 
cación, creemos que no anduvo muy acertado el 
escritor chileno; la voz chapetón correspondía en 
España, en aquellos buenos tiempos, á todo apren- 
diz de oficio; y por eso llamaban no sólo los crio- 
llos, sino los mismos castellanos (como puede ver- 
se en Garcilaso) chapetones, á los españoles recién 
llegados á América; sobrenombre que aún se usa 
por estos países. 

"Saca ella, á fuerza de industria, 
Actividad y denuedo, 
Del poder de los caribes 
A su chapetón ileso." 

(Felipe Pardo.) 

"Los chapetones el "pisto 
En matates no lo guardan 
Fabricados con inecates 
De que tejen las hamacas." 

(Rivera Maestre.) 

El Diccionario de la Academia Española asegu- 
ra que se llama chapetón, en algunos países de 
América, al extranjero recién llegado; pero en vez 
de decir "al extranjero," debió decir a/ español, ya 
que á ningún francés, inglés, italiano, suizo, etc., 
llamamos chapetón, aunque sea recién llegado. 

Chapulín. 
Este nombre, que procede probablemente de al- 
gunas de las lenguas indígenas, se aplica á la 
langosta, ó sea diferentes especies de acridius. 




PROVINÍ^ALISMOS DE GUATEMALA 205 

que han aparecido algunas veces en Centro- 
América como una plaga. Las costumbres y de- 
bast aciones del chapulín son del todo semejantes 
á las del Acrídium migratoriitm de África y del Sur 
de Europa. Por lo demás, hasta en periódicos que 
blasonan de castizos hemos visto la palabra cha- 
pulhí, sin bastardilla, como si fuera de cuño legí- 
tima Rivera Maestre decía: 

Librándote de mosquitos 
Chapulines, garrapatas, 
Que pululan cual sompopos, 
Por Walis y por Zacapa." 

Chara, 
nombre indígena de un pájaro de color celes- 
te y pico negro ó amarillo. Son especies de los gé- 
neros Cynocitta }• Calocitta. La ch se pronuncia 
suave, como en francés. 

Charas. 
Interjección muy baja y vulgar, que sólo se es-^ 
cucha entre la hez del pueblo. 

Charranga. 
En castellano significa charanga, música militar 
sencilla; pero entre nosotros se aplica tal palabra 
á la guitarra, pronunciando la r fuerte, charranga. 

Charol. 
Ala ''bandeja" damos impropiamente el nombre 
de charol, que significa barnís fino. También le 
llamamos azafate, que es el cesto de mimbres pla- 
no y con cenefa al derredor, que también se hace 
de loza, plata ú oro. 



206 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Charratera. 

Digsise charretera, y no charratera, ni charratela, 
como suelen usar algunos paisanos nuestros. 

Charro. 

A los sombreros que no son de copa alta, que 
no son boleros (como aquí se dice,) ó que son chis- 
teras, como dicen en España; se les denomina cha- 
rros en Guatemala. ''No te pongas el bolero: me- 
jor vas de charro,^' es frase que solamente aquí se 
comprende. Charro, en castellano, es rústico, al- 
deano, cosa muy cargada de adornos y de mal gus- 
to. Los charros usaban ese nombre para distin- 
guirse de la gente de levita. 

Chamborote. 

Al pimiento 6 chile blanco de Guatemala dí- 
cenle chamborote) nombre que también aplican al 
que tiene narices grandes, anchas y mal hechas: 
narices de chamborote. 

Chana. 

En Andalucía se dice Chano al Sebastián y (//¿a - 
na á la Sebastiana. En varias repúblicas del Sur, 
Perú, Chile y el Ecuador, se le dice Chana á la 
Juana, como sucede entre nosotros. También por 
allá se oye el refrán: "Lo mismo es Ghana que 
Juana," equivalente al español: ''Olivo y aceituno 
todo es uno." 

Chaneque. 

Al individuo de carácter corriente, jovial, dícen- 
le comunmente chaneque. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 207 

Chancho. 
Aunque chancha, en castellano, equivale á men- 
tira, engaño, embuste; no hallamos en el Diccio- 
nario el masculino chancho^que en Centro-Améri- 
ca se aplica al cerdo ó marrano. Es típica la ex- 
presión que usan en El Salvador, cuando ofrecen 
rostro de chancho^ con resplandor de yuca, ó sea ca- 
beza de cerdo, rodeada de yuca. 

Chancletudo. 

lia gente que lleva aquí los pies descalzos, el 
populo bárbaro, da el nombre despreciativo de 
chancletudos á los que usan zapatos y visten 
á la europea. '^A mí no me gustan los chancletu- 
dos, sino mis compañeros de chaqueta," dice la 
moza fregona, cuando le dirige algún requiebro 
una persona decente. 

Nuestro distinguido escritor Salomé Jil, en su 
chistoso cuadro de costumbres "El Martes de Car- 
naval," al describir el animado bureo de la plaza 
de toros, dice: 'Tai fin, ya fuese porque faltaran 
las fuerzas á los combatientes, se suspendió el fue- 
go en toda la línea, y el del calzón bombacho que 
se había puesto en pié, lanzó por último el canas- 
to vacío, gritando a voz en cuello: "Allá va el chi- 
quigüite j chancletudos. 

Chato. 
No sólo dan por acá el nombre de chato al que 
tiene la nariz aplastada, acepción castiza por su- 
puesto; sino que en estilo familiar, y en son de 
cariño es frecuente oír: '' ¡ chata WnásiV' por ¡due- 
ño mío! como dicen los españoles. 



208 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Chay. 

Es nombre que dan al guijarro, ó pedazo de vi- 
drio, que se llama oxídiana, y entre el vulgo, pie- 
dra de rayo. 

I 'Los bolos siempre tan lisos 

Y bravos que se mataban 
Pon un guapinol^ un chaye, 
Por quítame allá esas pajas." 

"Rivera Maestre." 
Chasquearse. 

Como reflexivo, por padecer algún desengaño o 
salir mal de una empresa, no es castizo, aunque 
mal usado tanto aquí como en el Perú, Chile, Mé- 
xico y otras de las repúblicas de origen español. 
''Chasquear, hacer que dé chasquidos el látigo, ó 
dar chasquidos la madera cuando se abre por se- 
quedad, 6 dar chasco 6 zumba," encontramos en 
el Diccionario. 

Chayóte. 

No lo usamos por la cucurbitácea que produce 
el güisguil, como aquí le dicen, ó sea '*el chayoto,'' 
como se llama en español. Cuando en boca de 
gente poco culta, oímos decir: ¡Qué chayóte! quie- 
re decir: sandio, bobo, tonto, alelado. Chayotada 
es desatino, inepcia, sandez: 

''¡Que ya tampoco ninguno 
Quiere decir chayotadas, 
Aunque abunden los chayotes 

Y güisquiles, á Dios gracias." 

"Rivera Maestre." 
Checa 

En esa palabra se pronuncia la ch como en fran- 
cés, suavemente. Checa, significa un pan negro^ 
ordinario. 




pRovr\nrAí Ts>í(>s t>e Guatemala 209 

Chele, 
ste feo nombre damos por acá á las lagañas. 
Kn la república del Salvador llaman chele á los 
(jue a(juí son canches 6 sea en esr.añol rubios. 



Chepita. 
iQui^n creyera qnc chepa es joroba, corcoba, en 
buen castellano; mientras que aquí dan ese nom- 
bre, y más comunmente el de Chepita, á las Jose- 
fas 6 Pepas. 

Cheque. 

Palabra tomada del ingles. En español se dice 
libranzas. 

**Había aquí quien aceptaba más libranzas que 
un banco genovés." (Quevedo ) 

Cheminea. 

Con aire de puristas dicen mucbos cheminea, 
debiendo decir chiminea. 

Chibola. 
Así dicen por acá de cualquier cuerpo pequeño 

y esférico. 

Chicalote. 

Es el nombre vulgar de la Argémone mexicana, 

que ya recibió del Diccionario carta de naturaleza 

española. 

Chicana. 

Las chicanas de los rábulas y gente de juzgados, 
son en es psiñol sofisterías, sutilezas, embrollos, y can- 
camusas. 

Chico. 

Al níspero (achras zapóla) llaman en Guatema- 
ki chico, que también es por acá diminutivo de 



210 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Francisco; así como en España dicen Paco, Fras- 
quito. 

Chinilo. 

Dígase en Ingar de chilülo, látigo, azote, y en vez 
de chilillar, chiliUada, azotar, azotaina. 

Chicha. 

Este nombre dieron los españoles desde los pri- 
meros días de la conquista, a la bebida fermenta- 
da que usan los indios en América, y que no era 
peculiar de los incas, C(jmo cree Paz Soldán. En 
Chile hacen la chicha de uva, manzana 6 pera fer- 
mentada; en el Perú la fabrican con maíz, : y en 
Guatemala con jocote. En toda la América espa- 
ñola hace la chicha las veces de la cerveza en Lon- 
dres. Significando bebida fermentada, que se usa 
muy comunmente en América, se encuentra la 
palabra chicha en el Diccionario; y aunque el lla- 
mado de autoridades dice que á la chicha se le dio 
ese nombre, por ser muy sustanciosa como la car- 
ne, que en lo antiguo se llamaba chiche, asegura 
Zarate, en la historia del Perú, que aquel brevaje 
se llamaba comunmente chicha en lenguaje de 
las islas de Barlovento. En lengua del Perú 
se llama ázua. Pichardo opina que es idígena 
de Panamá la palabra hcicha. Sea de ello lo 
que fuere, concluimos con los hermosos versos de 
Gutiérrez González, en que exclamó: 

"¡Y tú también la fermentada en tarros, 
Remedio del calor, chicha antioqueña! 
Y el mote, los tamales, los masates. 
El guarrús, los buñuelos, la conserva!" 



PROVINCIALISMOS DR (ÍUATEMALA 211 

Chiche. 
Según se acaba de decir, significaba chiche, en 
castellano antiguo/'carne, sustancia, alimento;" y 
de ahí viene nuestro provincialismo, (¡ue también 
se usa en otras partes de Américx, de llamar chi- 
che al pecho que da la nodriza al niño. En Chile 
significa esa palabra, aplicada á una niña, que es 
una halaja, una joya, un jmmor, como diría un 
chapín. Terreros enseña <|ue chiche, en la lengua 
de los niños, es toda especie de carne menuda 6 
hecha pedacitos. 

Chichafuerte. 
Es una yerba, del género oxalis, que nace en los 
campos y en los jardines espontáneamente y de 
la cual se sirven los chi(juillos para quitarse de 
las manos las manchas de tinta de escribir, á efec- 
to de la cual se 1-xs frotan con chicJtafaerte. 

Chapupo. 
Ese nombre dan aquí al asfalto ó betún de Ju- 
dea, que se encuentra on varios departamentos de 
la República, entre otros en Huehuetenango. 

Chevería. 

Así llaman aquí á una planta del género Eche- 
verría, (jue contiene varias especies cultivadas en 
Guatemala. 

Chichona. 

Llaman así á la mujer de pechos grandes, y ade- 
más dan ese impropio nombre á todo lo que es 
bueno, ventajoso, etc. v. g. "Juan es derecho (afor- 
tunado) acaba de celebrar una contrata chichona.''' 



212 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Chichigua. 

Por nodriza, es provincialismo peculiar de Gua- 
temala, ó acaso palabra indígena. La mayor par- 
te de las chichiguas que vienen á esta capital, son 
jocotecas, es decir, de un pueblo de indios llamado 
Jocotenango, que está cerca de la ciudad: 

"Las chichiguas jocotecas, 
De huipiles y galanas, 
Dando la chiche á los niños. 
No es poco lo que ellas maman." 

(Rivera Maestre.) 
Chichitas. 

Es el nombre vulgar que damos á la Morella 

mammiforme. 

Chichito. 

Voz de cariño que se aplica á los niños. 

Chiflar. 

Propiamente es hacer sonar la chifla ó imitar 
su sonido con la boca; pero no silbar en todo caso. 
Recordamos que Milla, tan distinguido como in- 
iortunado, en sus últimos tiempos, preveíala suer- 
lü reservada casi siempre al genio, y decía: "Es- 
tundo mi espíritu en ese conflicto, fui á ver que- 
mar en la pla^a mayor un castillo de pólvora. No 
sé por qué tuve la extraña idea de comparar aque- 
lla pieza á las obras de mi imaginación. Juegos 
de luz combinados caprichosamente; figuras fan- 
tásticas que brillan, deslumhran y desaparecen; 
ruido y humo; hé ahí, me dije á mí mismo, lo tíni- 
co que acertamos á producir los que nos afana- 
mos por dar vida y forma al mundo de las quime- 
ras. Después de eso, la noche, atín más lóbrega 



n:(.\ ixciALisMocj de Guatemala 213 

y triste, por el contraste del lampo fugitivo y de 

^la profmuia obscuridad. Para hacer más comple- 
to el símil, falta únicamente que nos chiflen, por 
vía de aplauso, al terminar la broma." {Libro sin 
nombre, página 284.) 
b Chiflón. 

Como voz americana, la trae ya el Diccionario 
en su última edición, para significar corriente de 
aire sutil; y á la verdad que lleva mucha ventaja 
tal palabra á la frase española que la sustituye. 



F 



Chilar. 
Dice el Diccionario que es el sitio plantado d*^ 
chiles ó pimientos. Nosotros llamamos chila¡ 
la planta que produce el chile {capsicum.) 

Chilate. 
Es el nombre de una bebida que usan los in- 
dios, hecha de chile, maíz, cacao ó sapuyulo. 

Ch i lacayote. 
Es una especie de calabaza, de figura oblonga. 
Dicho nombre es seguramente indígena {Cucúr- 
bita.) 

Chiiaquila. 

Es una vianda compuesta de tortillas de maíz 
con relleno de queso, yerbas y chile. 

Chilca. 

Planta silvestre, muy común en nuestros cam- 
pos, que produce flores amarillas (Bacharis sennan- 
terea.) El poeta don Juan Diéguez, que se inspi- 
raba en nuestros cármenes, en nuestros lagos, en 



214 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

nuestras flores; en una palabra, en nuestra rica y 
varia naturaleza, decía: 

'•Tiende el prado su alfombra de azucenas, 
Las auras enriquécense de aromas, 
De tierno césped la llanura y lomas, 
La verde chuca de amarilla flor: 

La madre tierra al fecundante arado 
Sus campos cede ya los más floridos, 
Con sus lirios de púrpura vestidos. 
Que a Cores sacrifica el labrador." 

Chile. 

Al pimiento ó al ají llamamos nosotros chile, 

que se deriva del mexicano chilli. Ya en la 12^ 

edición del Diccionario está la palabra chile, como 

están anotadas otras muchas de México. Aquí 

llamamos también chiles á las grillas, chilindrinas 

ó mentirillas. 

Chilero. 

No sólo se dice chilero del que vende chiles, si- 
no del que cuenta ó gasta anécdotas más ó menos 

picantes. 

Chiltepe. 

Es el nombre que damos aquí al pimiento rojo, 
amarillo ó verde, del tamaño de una alcaparra, 
que pica mucho y que llaman en México chiltipi- 
quin (de chilli, pimiento, y de techin, pulg^.) Dí- 
cese que la raíz de la planta que produce el chilte- 
j)e es venenosa. (Capsicuvi.) 

Chilindrón. 
En español es un juego de naipes; por acá lla- 
man chilindrones á las almendras de las arañas de 
cristal. 



l'KuVi.NCiALlSMOS DE CiUATEMALA 215 

Chutóte. 
Nombre indígena que aquí dan al Icterus Bal- 
timore. Este pajaro, que en sus viajes llega á 
nuestras regiones, desde las del Norte de América, 
es celebrado, cierto día del año, en la ciudad de 
Baltimore, y algunos lo exhiben en las puertas de 
sus casas, vivo ó disecado. 

Chinante. 

Nadie usa en Guatemala el adjetivo chillón, que 
significa, en una de sus acepciones, colores fuertes 
ó mal combinados. Aquí todos dicen, en ese ca- 
so, chillante. 

Chinarse. 

Chillar es verbo neutro en castellano; de suer- 
te que el uso reflexivo que de él se hace, signifi- 
cando ''quejarse a grito herido; poner el grito en 
el cielo," es provincial. 

China. 
En (íuatemala se llama así á la niñera, nombre 
español que casi ninguno usa. La voz china, en 
lengua quechua (el Diccionario dice quichua; pe- 
ro los peruanos, que deben entenderlo mejor, es- 
criben y pronuncian quechua) significa criada, 
moza de servicio; y en esa acepción lo usan en el 
Ecuador, Perú y otras repúblicas del Sur, de don- 
de viene el llamar chinas á las niñeras. En Chi- 
le la voz china vale por plebeya, y aún se toma en 
mala parte. ¿Qué diría, pues, una de aquellas 
hermosas señoras de Santiago, si á cada paso oye- 
ra llamar chinas á las muchachas que llevan en 
brazos á los chapincitosf ■ , 



216 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Salomé Jil, en el gracioso Cuadro de Costum- 
bres "Las Criadas" (tomo 2? página 1G7,) dice: 
''Pasemos ahora á la china. Como sabes, esta do- 
méstica no se llama así porque sea originaria del 
Celeste Imperio, pues lo es regularmente de esta 
capital ó de sus inmediaciones. Llámase china la 
mujer que cuida de los niños, como podría llamar- 
se turca, tártara ó malaya." 

Empero, sea lícito observar que siendo indígena 
la palabra china, para significar criada, no es exac- 
to lo que escribió nuestro festivo escritor. 

Chinear. 

Como derivado de china, en la acepción que le 
damos, significa chinear hacer los oficios de niñe- 
ra; y así es muy común oír á una señora que desea 
una criada: "Yo no busco quien chinee á la Loli- 
ta; porque ya anda sola: quiero una deadentro, que 
sea segura, y la vaya á dejar á la escuela, en donde 
está de ir y venir. Me da pena ponerla de pié, 
pues nada come la pobrecita: da lástima ver que 
no le pasa nada." 

Chinama. 

Nombre que sirve para designar los toldos de 
cañas, hojas y ramas de árboles, bajo cuya verdu- 
ra venden en las ferias frutas, bebidas, etc. Vie- 
ne del mexicano chinamiü, seto ó cerca de cañas. 

Chinche. 
Apuntamos esa palabra, porque hemos oído de- 
cir frecuentemente hacer chinche, para dar á enten- 
der que se arrojan monedas ó cosas de valor, para 
que los muchachos las recojan y se apropien de 



1»UÜV1.\CIALISM0S DE GUATEMALA 217 

ellas. Por extensión, se usa también de la frase 
hacer chinche, aplicada al que dispone de todo sin 
conciencia ni deseernimiento; al maniroto que 
despilfarra !o suyo ó lo ajeno. "Juan heredó cien 
mil pesos; pero todo lo hd, hecho chinche, en menos 
de un año." 

Cninchero. 
Así como aíjuí llaman gallinero á la cazuela del 
teatro, acaso por lo alta que está y lo aglomerado 
de la gente en ese sitio, aludiendo al que buscan 
de noche las gallinas; dícenle chinchero á uno de 
los lugares de la plaza de toros, del lado donde da 
el sol, y que es concurrido por gente muy pobre, á 
la cual, en tal caso, se compara con los asquerosos 
insectos que abundan en tiempo de calor. 

Chinchín. 
Al juguete de los niños, compuesto de una bola 
hueca de metal ó de jicara, con bolitas adentro 
para que suene al moverse, y con una asita para 
manejarlo, llaman aquí chinchín; nombre imitati- 
vo y probablemente indígena. 

Chínchintor. 

Difícil será saber el origen de este nombre, que 
se aplica á un reptil fantástico. Nadie podría de- 
cir como es el chinchintor, en dónde y cómo vive. 
En las ''Aclaraciones y Anotaciones" a la obra de 
Fuentes y Guzmán, se asegura que es el nombre 
de unas culebras que eran objeto de superstición 

popular. 

Chinchón. 

Esta palabra anticuada en España, es la que 



218 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

empleamos generalmente, en lugar de decir chi- 
chón, que es como debe decirse. 

Chichicaste. 

A la ortiga ( Urtica urens ) que llaman los 
franceses herve au diable, la denominan aquí chi- 
chicaste. El ^^chichicaste de caballo'^ pertenece á 
otro género. Casi todas las vallas de los fundos 
de la gente pobre, en las afueras de la ciudad de 
Guatemala, están hechas de esta planta, que brota 
con facilidad y crece con prontitud. De la perso- 
na que se halla muy colérica, suele decirse, por 
acá, que está como el chichicaste, ó como una chi- 
chicúa, que es una culebra. En Venezuela dan á 
la ortiga el nombre de guaritoto. 

Chinchivier. 

Con ese nombre, que hemos visto escrito en ró- 
tulos, llaman por acá á una bebida análoga á la 
cerveza de gengibre, que en inglés llaman ginger 
beer ó ginger ale. 

Chinga. 

Dicen que se hace chinga, en el juego de gallos, 
cuando uno de ellos se le presenta al otro para 
provocarlo. De ahí viene que digan que una per- 
sona está chinguiando á otra, cuando la está pro- 
vocando. 

Chingaste. 

El residuo que queda en el fondo de un vaso lle- 
no de algún líquido, y sobre todo, el que deja el 
chocolate en el asiento déla jicara (posillo) en que 
se toma, se llama entre nosotros chingaste. 



PKOVINtlALi.s\U)í5 DE GUATEMALA 219 

Chinto. 

En la tierra de los diminutivos, como es esta, 

se llama Chinto, al Jacinto; Chema, al José María; 

Chílo, al Basilio; Chico, al Francisco; Chente, al 

Vicente; Chayo, al Nazario; Chole, a la Soledad; 

Chano, al Luciano; y hasta se hacen diminutivos 

de diminutivos, como sucede al llamar Lolita, 6 

Lolilla, á la que fue bautizada con el nombre de 

Dolores. 

Chipe. 

Al jiríviiquicnto, como nosotros decimos, ó al 
que de todo se duele y lloriquea, llámanle chipe, 
nombre que aplican igualmente al último niño 
que tiene una mujer, cuando sale en cinta, pues 
aseguran vulgarmente que el chiquillo, con moti- 
vo de estar grávida la madre, vuélvese malhumo- 
rado y celoso. Ha}^ unos pajarillos que se llaman 
chipes, pertenecientes á las humerosas, especie del 
género Deudraeca^ americano. 

Chipear. 
Tómase por ''lloriquear. '^ 

Chipioso. 
Equivale á 'Mlorón.'^ 

Chipichipi. 
Palabra mexicana, que significa ''llovizna," y 
que nosotros usamos para denotar que llueve po- 
co, pero durante largo tiempo. Como vocablo 
mexicano, se halla en el Diccionario de la Acade- 
mia. 

Chipilín. 

Planta del género crotalíaria vitellina, que se co- 



220 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

me cocida, á veces con arroz ó con frijoles. La 
primera agua en que se cuecen los cJiipilines es 
muy purgante. 

Chipote. Chipotazo. 
Golpe dado á los niños con la palma de la mano 
en el dorso de las suyas. 

Chiquirín. 

Es muy semejante á las cigarras, si bien produ- 
ce un chillido más estridente y alto {Odopxa im- 
bellis — ¿)7a?) ''Aguacero de los chiquirines" lla- 
man en el campo al primer aguacero fuerte que 
hay cada año, al principio de la estación de llu- 
vias, á causa de que dos ó tres días después, salen 
los insectos llamados chiquirines, y aturden con su 
chirrido. Este fenómeno se explica fácilmente: 
los chiquirines están ya para terminar su meta- 
morfosis, bajo de tierra; y un poco de humedad 
en la superficie, ayuda á aquella, y facilita la sa- 
lida de la Odopsea imbellis. 

Tanto los chiquirines como las chicharras, son 
enteramente diurnos, y solo dejan oír sus chirri- 
dos en las horas más cálidas del día. 

Nuestro apreciado novelista Salomé Jil (los no- 
velistas pueden ignorar algunas cosas) incurrió en 
dos errores de historia natural, al hacer en una de 
sus más preciosas obras, la pintoresca descripción 
de una de nuestras selvas vírgenes, durante la no- 
che, y en el mes de septiembre, diciendo que se 
oían los chiquirines. Como lo hemos indicado, no 
se oyen en la noche; y su corta aparición es de fe- 
brero á abril, según el lugar 3^ la estación. Hay 



PROVINC^IALISMOS DE GUATEMALA 221 

una especie de chicharra, que es la que aparece 
eii el mes de septiembre. 

Chiquigüite. 
Así llaman nuestras buenas gentes á las cestas 
6 canastas. Probablemente es nombre indígena. 

Chirimía. 
Nombre que dan los indios á un instrumento 
músico de viento, que produce un sonido fuerte, 
estridente y alto. Cuando una persona habla mu- 
cho y con voz desagradable y tiple, dícese de ella 
que es una chirimía. 

Chirrión. 
En el Ecuador, lo mismo que por acá, dan ese 
nombre al látigo ó zurriago. 

Chirrionazo. 
Latigazo, zurriagazo, es en castellano. 

Chirivisco. 

A los esqueletos sarmentosos, á los restos de 

zarzas y de otras plantas muertas, llaman chirivis- 

coSy nombre indígena quizá, que usan mucho no 

solamente los campesinos, sino también la gente 

educada. 

Chiriviscal. 

Como derivado, significa el lugar lleno de chiri- 
viscos. 

Chiqueadores. 

En México significa esa palabra — por más que 
muchas de nuestras bellas paisanas no lo quieran 
creer — unas rodajas de papel como de una pulga- 
da de diámetro, que se usan, untadas de jabón, se- 



222 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

bo, Ó de alguna otra cosa, contra el dolor de cabe- 
za, poniéndoselas en las sienes; porque antigua- 
mente se llamaban chiqueadores unas rodajas de 
carey que usaban por adorno las señoras y señori- 
tas, en Nueva España; y cuando pasó aquella mo- 
da, le quedó el nombre á esos emplastos, que tam- 
bién entre nosotros son tan comunes, y que dan á 
la persona que los lleva un tufillo de hospital tan 
marcado, que no hay para que preguntarle como 
lo pasa. 

Lo que no sabemos explicar es el por qué les di- 
cen chiqueadores, entre nosotros, no atan feos apo- 
sitos, sino á los ojaldres largos y delgados, que sin 
duda por ser tan finos, han merecido que los ame- 
ricanos del Norte les llamen lady fingers (dedos de 
señora) y los vascos emparrados. Es lo cierto que 
cambian tanto algunos provincialismos, de lugar 
á lugar, que si uno va á la nevería (?) en México, 
y ofrece á su linda compañera unos chiqueadores y 
un mantecado, lo menos lo tendrá por desjuiciado, 

alelado, malcriado, ú otro acabado en ado ; y 

si mencionan un guacal, creerán que habla de un 
cacaxte, pues guacal no significa allá el utensilio 
que sirve para tomar agua y lavar la ropa, sino la 
escalerilla portátil en (]ue los indios llevan hue- 
vos, callinas,etc. Que nadie vaya á decir anona en 
Chile; porque ofende el pudor británico de aque- 
llas damas; ni que se atreva alguna, por otras par- 
tes, á pronunciar las palabras chucho (que está en 
el Diccionario,) huisquil, cojer, (tan defendido este 
verbo por Bello) y otras que apuntaremos en el 
curso de esta obra. No sólo cambian las voces 
castellanas, que también se modifican los provin- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 223 

cialismos: etiam periere ruinas!: ¡Quién creyera 
que hasta nuestros dulces chiqueadores, no son en 
otras partes chiqu^adores ! 

ChirmoL 

Con razón Juan Chapín, parodiando al poeta 
Landívar, sin saherlo, exclamaba: ¡Salve chir mol 
(¡uerido! y con razón también, echan menos nues- 
tros paisanos muchas cosas nacionales cuando es- 
tán en el extranjero. Nuestro chirmol viene del 
mexicano chilmulHy y significa revoltillo de chile 
ó pimientí», tomate, miltomate, cebolla, etc. Cuan- 
do vulgarmente dicen, al convidar á alguno, que 
se venga á su casa, á acompañarlo á comer un chir- 
molitOj unan de una frase que para oídos chapines 
tiene mucho del ¡Home, sweet home! de los anglo- 
americanos. 

l*or traslación, llaman también por acá, c/^^rmoZ, 
11 un enredo ó baturrillo. Algunos, que quieren 
darse aires de cultos, pronuncian chilmol. 

Chirmoloso. 

Al embustero de costumbre, al chismoso, que se 
despotrica contra lo más respetable y santo, lla- 
man aquí chirmoloso; nombre significativo, porque 
recuerda el chirmol, en que todo va revuelto, con 
puntas de picante. 

Chis. 

No usamos esta interjección española para sig- 
nificar ¡chitón! que es lo que propiamente quiere 
decir. Kn Guatemala, cuando alguien dice ¡chis! 
ó bien ¡acMs! se revela que hay algo sucio, torpe, 
que provoca náuseas. Y no se crea que sólo algún 



224 VICIOS BEL LEIÍGUAJE Y 

chisgarrabís use de tales exclamaciones: también 
las buenas mozas, con gracioso ademán, prorrum- 
pen muchas veces en nuestra provincial interjec- 
ción. 

Chisguetazo. 

Que significa la palabra '^chisguete" lo que nues- 
tro provincial chisguetazo, es muy claro; pero que 
''chisguete," se derive de la voz inglesa whiskey, 
como quiere la Academia, es muy dudoso, por cier- 
to. Aquí nadie entendería que ''tomar un chis- 
guete," es en español, tomar un trago. 

Chismosear. 

No se contentan algunos con el verbo castella- 
no "chismear," traer y llevar chismes ó enredos; y 
quieren que haya chismosear, que huelga sobre 
manera. 

Chisporreteo. 

Así acostumbran decir, y dicen mal, los que nos 
espetan con chisporreteo, admósf era, revoletear, pres- 
picaz, parparos, camapé, niehíina, aguarecerse, confi" 
turias, y otras lindezas de la laya. Recuerden las 
bellas estrofas de Núñez de Arce, cuando dice: 

"Arde el tronco de una encina 
en la enorme chimenea 
el tuero chisporrotea 
y el vasto hogar ilumina. 
Sobre las manos reclina 
su ancha cabeza un lebrel, 
en cuya lustrosa piel 
vivos destellos derrama 
la roja y trémula llama 
que oscila, delante de él." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 225 

Choco. 

Esa palabra significa, en castellano, jibia pe- 
(juefia. Entre nosotros se llama choco al tuerto. 
De la moneda que vale medio real, cuando está 
vieja y gastada, se dice que es medio choco. Cuan- 
do se casa alguno, que no es un buen partido, sue- 
len decir que al fin ''pasó su medio choco.'' En 
Chile denominan chocos á los perritos de agua; y 
en el Perú dan el mismo nombre álos perros muy 
feos: chieiis hasset. 

Chocoyo. 

Es el nombre vulgar que damos al Chrysotis au- 
tomnalis (L). Con referencia al valle de Chimal- 
tenango, escribe Fuentes y Guzmán lo que sigue: 
''En las tupidas y enlazadas breñas de este valle y 
en especial los que se hacen y se tupen en lo pro- 
fundo y hondo de las quebradas, se crían y hallan 
los maravillosos y estimables pájaros que llaman 
cerrojillos y los indios chajalsiguat, que correspon- 
de á 'aguarda de mujeres;" y á la verdad es repa- 
rable la propiedad de su etimología indiana, por- 
que la ligereza de una mujer sólo un pájaro puede 
guardarla ó el ruido de un cerrojo. Estos en el 
intermiso y dulce canto imitan y parecen el ruido 
de un cerrojillo que abre ó cierra. Son uniforme- 
mente emplumados de color encendido canelado» 
á la manera del que llamamos color tangay, y los 
ojos muy encendidos con una cerca de plumillas 
negras. No sirven hermosos á la vista, sino re- 
creables al oído, por su canto no imitado de otra 
ave, y sólo aventajado del sensonüe, que es admi- 
rable, puesto que la etimología de su nombre de- 



226 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

clara que tiene un sontle de voces, que son cuatro- 
cientas diferencias. Hállanse en todos los tempe- 
ramentos, y así son muy comunes; pues se logran 
pocos, porque su natural arisco y bravo los mata, 
y sólo se logra cogiendo los poUuelos en el nido. 
Hay otros que llaman sensontles cimarrones, de ne- 
gra pluma y de un collarejo blanco, de muy dulce 
y sonoro canto, muchos guirises, jaulmes, bijugos, 
cucharones, chocollos, chipes, cardeiiales y carpinte- 
ros.'' (Recordación Florida, t. II, p. 131.) 

Chochar. 
Así decimos nosotros; pero es ''chochear." 

Chorcha. 

El Diccionario dice que es una ave de paso, que 
se alimenta con gusanillos; pero en Guatemala se 
llama chorcha á varias de las especies del género 
Ictems. Las principales son: 7. wa^/m (Pop.), /. 
prostemelas (Sel.), /. girandi (Cass.), /. messomelas 
(Sel.), I. pectorilis (Des Murs.), etc. La chorcha 
más común es de plumaje amarillo y negro; habi- 
ta las selvas cálidas y canta con fuerte y meliflua 
voz. 

¡Buena chorcha! ¡ Qtté chorcha! se dice de algu- 
nos individuos ligeros, vivos, taimados y hasta 
picaros y delincuentes. 

Chojín. 

Es un picadillo sabroso al paladar, que hacen 
de carne de cerdo, chile, rábano, yerbabuena, ce- 
bolla y otros ingredientes. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 227 

Cholojera. 
Es la vendedora de los menudos del ganado va- 
cuno, lanar y de cerda. 

Chontal. 
Con esta voz llamamos á los que son rústicos, 
bozales; porque ciertos indígenas de Nicaragua 
eran tenidos por los má torpes y estúpidos, de don- 
de procede que les hayan denominado chontales los 
mismos españoles, al decir de Alcedo. Parece que 
aquellos indios chontales eran los más avillanados 
y groseros, según los califica Oviedo (Hist. t. IV, 
p. 35.) Bernal Díaz del Castillo dice que eran 
comn monteses y sin razón los chontales y otomies. 

Cholla. 
Dícese comunmente en Guatemala cholla, en vez 
de pereza, pacliorra, pesadez. No tiene la palabra 
cholla tal acepción en el Diccionario de la lengua. 
En la leyenda (jue Milla escribió, con el nombre 
<le "D. Bonifacio," figura el siguiente apostrofe: 

"Benévolo lector, lector prudente, 
Yo que contando con tu cholla eterna 
Te hago seguir los pasos á un demente. 
Ya por el cementerio y la taberna. 
Ya en la cárcel, haciendo que paciente 
Me sigas en mi historia sempiterna; 
Voy aíiora á llevarte á un pobre rancho. 
De seis varas de largo y cuatro de ancho." 

Se necesita ser muy prudente de veras, muy 
benévolo y muy cholludo, para soportar esas octa- 
vas. La verdad es que nuestro literato, distingui- 
do prosador, y con mucha imaginación y gracia, 



228 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

no había nacido poeta, como tampoco lo fueron 
Irisarri y Gómez, si bien escribían versos. 

Cholludo. 
Al haragán, despacioso ó lelo, han dado en lla- 
mar entre nosotros cholludo. 

Chorrear. Chorreado. 

Ese verbo lo que significa es caer un líquido 
formando chorro; salir con lentitud ó goteando; y 
familiarmente lo emplean en España para dar á 
entender que algo viene lentamente y con inter- 
misión. Aquí dicen de alguien que está sucio, con 
los vestidos manchados, que va chorreado. 

Chorrete. 

Chorretada, que no chorrete, quiere decir golpe ó 
chorro, de un líquido que sale improvisadamente. 
No es, pues, propio llamar chorrete, como llama- 
mos, á la mancha ó suciedad que se nota en los 
vestidos ó en alguna otra cosa. 

Chucán. 

Este provincialismo tan usado en el estilo fami- 
liar, y algún tanto bajo, vale "bufón, chocarrero, 
presuntuoso, ocurrente, decidor," según los casos 
en que se emplea. 

Chucanada. 

Es jocosidad, chuscada, ocurrencia graciosa, y 
también pretensión necia. Pudiera ser que esta pa- 
labra viniese de la española chuca, que significa uno 
de los cuatro lados de la taba, que tiene un hoyo ó 
concavidad: y que, en el juego, hubieran llamado, 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 229 

•en un principio chucán al que á menudo hacía suer- 
tes con la taba de aí^uel lado, provocando hilaridad. 
Entiéndase que no afirmamos tal etimología, y que 
si alguno la objetare, no habremos dicho ni chús 
ni raús. Somos enemigos de andar desentrañando 
metafísicas y sutilezas de los vocablos, a fuerza de 
triturarlos, exprimiéndolos ó poniéndolos en pren- 
sa, como dice el insigne D. Juan Valera. Que los 
vascófilos, entre los que descuella Erro, y aun de- 
biera ser más famoso Irisari y Moya, según opi- 
na el sabio crítico que acabamos de mencionar, 
busquen en las voces todos sus componentes, has- 
ta los micróvicos si gustan, convirtiéndose en Pas- 
teurs del lenguaje. Decimos esto, sin chucanear en 
asuntos serios de suyo y áridos por demás. 

Chuco. 

A lo que está fermentado, dícenle por acá chuco; 
pero, como es voz indígena, pronuncian la ch sua- 
ve, como en francés. 

Chucho. 

Como nombre familiar del perro, es castellano, 
aunque mal sonante en varias repúblicas del Sur. 
No sabemos por qué el literato D. José Milla sub- 
rayó como provincial aquella palabra, cuando, con 
su genial gracia, escribió: ''¡Con que todos han 
muerto? dije yo. Sí, todos, me contestó; no que- 
dan en la casa ni los chuchos. Adiós; — y se mar- 
chó corriendo.'' [Cuadro de Costumbres, página 
182, tomo II.) 

Constituye provincialismo la voz chucho cuan- 
do le damos la significación de tacaño. El 
mismo escritor dijo: "A uno se le borraba de la 



280 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

lista, porque era mu}^ chucho, y no había de espe- 
rarse contribuyera ni gon un real para los gastos." 
(Tomo I, página 31.) í^ntre las estrofas de la le-^ 
yenda, figura la siguiente: 

"Don Bonifacio á fuerza de osadía 
Logró que todos le tuvieran miedo; 
Como era natural, nadie quería 
Su nombre ver envuelto en un enredo. 
Tratábanle con mucha cortesía; 
Pero, al volver la espalda, hablaban quedo, 
Le llamaban grandísimo bellaco, 
Viejo chucho, mordaz, chismoso, flaco." 

Chicalote. 

Planta herbácea anual, de las papaveráceas, que 
se cultiva en Europa y que es silvestre en Améri- 
ca, de hojas espinudas, con flores blancas ó ama- 
rillas, produce unas semillitas negras que apete- 
cen las palomas y otras aves. El jugo de esta 
planta es antídoto contra la mordedura de cule- 
bras. Figura con el nombre de argémone ó chica- 
lote en el Diccionario; pero como muchos creen que 
es provincial este último nombre, hemos juzgado 

oportuno anotarlo. 

Chifle. 

Es en español el silbato ó reclamo para cazar 

aves; y de ahí vino que antiguamente se llamara 

en España, y hasta el día entre nosotros, chifle el 

cuerno donde se lleva la pólvora para cazar con 

escopeta. 

Chipuste. 

Es bodoque pequeño; protuberancia que aparece 
en la cara ó en otra parte del cuerpo. Por exten- 
sión, llámanle chipuste al hombre pequeño y obeso> 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 231 

Chiricaya. 
Es un postre de leche, c«n rodajas de limón, y 
polvo de azúcar quemada por encima. 

Chingolingo. 
Es un juego que usan en las ferias, y que con- 
siste en apuntar los concurrentes á varios núme- 
ros que están en una mesa, ganando el dueño del 
número que los dados designan. Casi siempre 
gana el del chingolingo; porque quedan muchos 
números vacíos. El chingolinguero relata versos 
picantes para animar el juego. 

Chirriquitín. 

Es chiquirritín, y no como aquí suelen decir 

chirriquitín. 

Chimbo. 

"Huevos chimbos'^ es el nombre de un sabroso 
dulce que se hace de yemas de huevo. Por lo que 
vemos en el "Estuche," publicado en Bogotá, lleva 
allí aquel nombre, lo mismo que en otras repúbli- 
cas hispano-americanas. 

Choleo. 
Al que le falta un diente, ó varios, dícenle chol- 
eo, pronunciando suavemente la c/¿, como en fran- 
cés. 

Cholojería. 

Así llaman al lugar en donde venden tripas y 
menudos de cerdo y otros animales. 

Chongos. 
Nombre de los rizos. 



232 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Charchueliar. 

Por conversar, murmurar, charlar, es común en- 
tre nosotros. 

Chiva. 

La manta, la frazada, el cobertor, la cobija, se 
llama por algunos chiva. Dan también este nom- 
bre al último juego en que se decide quien paga 
los gastos ocasionados por los jugadores. 

Chuchada. 

Por tacañería, es común en Guatemala, y se da 
también á aquella palabra la significación de ^'chu- 
cherías," ó sean cosas de comer de poca substan- 
cia y costo, apetitosas y escasamente nutritivas. 
*'Este muchacho está muy enfermo; porque sólo 
come chuchadas.^' 

Chuchitos. 

Se usa como diminutivo de chucho; pero en plu- 
ral es nombre de unos tamales hechos con masa 
de maíz, chile, y verduras. 

Chuflas. 
En español son chufas. 

Chuliar. 

Corrupción de chulear, zumbar ó burlar á algu- 
no con gracia y chiste. 

Chulo. 

En buen castellano tiene las siguientes signifi- 
caciones: 1? El que dice las cosas con chulada, 
es decir con malacrianza, como acostumbran las 
gentes de ruin condición; 2t Picaro; 3f El que 



I 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 233 

ayuda en el matadero al encierro de las reses ma- 
yores; 4f El que en la plaza de toros asiste á los 
lidiadores. 

En Guatemala, cfmlo significa cosa muy distin- 
ta. Etjuivale á ''bonito, primoroso, gracioso." Es 
el nice de los norte-americanos. 

Si nuestras paisanas supieran que cuando dicen: 
;4|ué chillo! en buena sociedad, incurren en un pro- 
vincialismo que [:ara oídos españoles suena muy 
mal, de seguro que no lo emplearían. 

Chumpipe. 

Es palabra indígena, peculiar de Guatemala, 
que significa pavo ó guajalote, como le llaman en 
México. Algunos, creyendo hablar mejor, dicen 
chumpipe. Se llama ''chumpipe de la fiesta" al in- 
dividuo que sale perdiendo en algún lance. Por 
traslación, chjimpipe es sinónimo de bobo, tonto, 
poco previsor: es el goose de los ingleses. En la 
República del Salvador dan el nombre de jolote al 
chumpipe. Los ornitólogos le llaman Melsagris 
gallo pavo. L. 

Don Juan Ignacio de Armas, en su obrita inti- 
tulada "Orígenes del lenguaje criollo," dice: ''No 
menos curiosa es la imposición de nombre á una 
ave doméstica, de las más pacíficas y sabrosas, que 
se vio por primera vez en México. Llamáronle 
(los conquistadores) gallo y hasta gallina, á pesar 
de ser negra, tres veces mayor que aquél, y sin 
otra semejanza que llevar color rojo en la cabeza; 
pero luego se observó que abría la cola, como los 
pavos reales, que entonces se llamaba únicamente 
pavos en España; y eso bastó para traspasarles ese 



234 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

nombre (*), siendo necesario añadir el calificativo 
de real al primer posesor. Es la misma ave que 
en México se llama guajalote, en Centro-América 
chumpipe, en Cuba gua7iajo,en el Verú pisco , nom- 
bre genérico de ave en la lengua quechua; y en el 
Brasil j9Íru, lo que parece extraño porque en el 
Peni no los había. Acaso tomaría ese camino pa- 
ra llegar de México al Brasil. Pero no tomaría 
de fijo el camino de Turquía para llegar á Ingla- 
terra; y sin embargo en inglés les llaman errada- 
mente turkey, como si de Turquía procediesen/' 
(página 25.) En Francia, á semejanza de España, 
se llamó el pavo gallo de Indias, coq d' Inde, y por 
contracción dinde ó dindón. En Italia, general- 
mente, dindo. I cuéntase que el primero que 
llegó á Francia, lo sirvieron en la mesa de Enri- 
que III, cuyos meticulosos cortesanos hacían ascos 
de ver condimentar un pájaro tan grande, para 
ellos únicamente comparable al cuervo y á otras 
aves immundas de gran tamaño." 

Chumpipear. 
Papar moscas, como dicen en España, vagar sin 
objeto, andar sin ocupación, es entre nosotros 
chumpipear, 

Chumpipada. 
Como derivado de chumpipe, en su acepción de 
lelo, zonzo, mentecato, incapaz, significa tontería, 
necedad. 

(*) "Tendría un gallo de aquellos tanta carne como dos pavos de 
Castilla. A estos gallos les sale del papo un quedaje de cerdas más 

ásperas que cerdas de caballo " (Motolina, Historia de los indios 

de Nueva España; tratado 3? capítulo 10.) 



PROVTXCIALISMOS DE GUATEMALA 235 

Chungiar. 
En el 1 diccionario hallamos "chungearse," pero 
recíproco, familiar; que significa burlarse; pero 
no chungiar, que usamos como activo. 

Chunero. 

Con ese nombre se conoce entre nosotros el ayu- 
dante del albañil. 

Chupar. 

Por antonomasia, llaman aquí chupar al acto 
de beber aguardiente: "Pedro es bueno; pero ha 
dado en chupar mucho." 

Chupada. 

Es frase mu}^ común en esta tierra: "¡Niña, no 
salga á la calle con esa nagua tan chupada T para 
dar á entender, sin mucho vuelo. En castellano 
se dice escampa, de la mujer que llévalas sayas 
muy ajustadas al cuerpo, ó que es angosta de ca- 
deras. 

Chupetín. 

Dados siempre á diminutivos, decimos chupetín 

á la chupa. 

Chupón. 

Es el que saca dinero con astucia; vastago de 
los árboles; pluma tierna de las aves; émbolo de 
bomba; pero no la pieza de trapo ó de vidrio que 
se pone en la boca á los niños para que chupen al- 
go: eso es ''chupador." 

Churrias. 
Es churres. 

Churrusquiar. 

Es churruscarse. 



236 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Chus. 

Jesús, nombre que aplican á mujeres y varones, 
pues hay don Jesús y doña Jesús, tiene aquí el di- 
minutivo de Chus. 

Chute. 

A una punta aguda, á una espina grande, á un 
pedazo de guijarro puntiagudo, dan el nombre in- 
dígena de chute, que por extensión se aplica al 
hombre entrometido, que toma parte en asuntos 
ajenos, que no le van ni le vienen, como dicen por 
acá; el que va donde no le llaman, ese es chute. 
i Cuántos hemos conocido, que toman cartas en 
nuestros asuntos; que, al escribir, dicen nuestra 
patria; nuestras cosas; nuestras costumbres; nues- 
tro modo de ser; nuestro territorio; en fin todo 
''nuestro" Tales plumíveros, á haberlos cono- 
cido Juan Chapín, hubieran sido por él llamados 
chutes. Cuídese de pronunciar suavemente la ch, 
como en francés, y de no creer que esa exclama- 
ción sea hija de espíritu localista, estrecho, amen- 
guado, ni cosa que se le parezca: que alumbre el 
sol para todos; que todos seamos hermanos, como 
hijos de Adán: que se borren las fronteras: que 
llegue el día de la confraternidad universal y de 
la unión, siquiera de la raza latina. Todo eso es 
muy hermoso, muy ideal, muy elevado, muy á pro- 
pósito para que sea inútil esa nuestra palabra chu- 
te, que ha de sonar mal á muchos oídos, que no 
oyen, y que ha de ser mal vista por muchos ojos 
que no ven. En fin nosotros (los guatemaltecos) 
teneraos un elecho gigante {Alsophila armata) lla- 
mado en la Verapaz chute, de un tallo muy dife- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 237 

rente del de los demás vegetales, según asegura 
don Julio Rossignon, en la página 28 del opúsculo 
que escribió sobre el porvenir de aquella rica co- 
marca de la República. P]nterrado el chute en el 
suelo mas liúmedo no se pudre jamás, ni lo ataca 
ningún insecto; por lo que los indios lo emplean 
en la construcción de sus chozas. También se lla- 
ma aquí chute el aguijón de las avispas y déla abe- 
ja extranjera (apis ??i6//(/6ra) aclimatada desde ha- 
ce algún tiempo en nuestro suelo. 

Chutazo. 
Eíjuivale á punzada. 

Chutuy. 

Enfermedad rebelde que padecen, entre los de- 
dos de los pies, aquellos que andan descalzos por 
el fango, ó que son poco aseados en su persona. 

D. 

Daca acá. 
Da acá, está bien dicho: del verbo dar acá, dame 
acá: pero no ese daca acá, que muchos usan. 

De adrede. 
Lo que debe hacerse adrede, es quitar ese de que 

está demás. 

De corrido. 

Dígase de corrida, como usa Cervantes en el si- 
guiente pasaje: ''Decía Sancho: Mi amo queda ha- 
ciendo penitencia en la mitad de esta montaña 
muy á su sabor: y luego de corrida y sin parar le& 
contó de la suerte que quedaba." 



^38 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

De pié. 

Muchos padres dicen que tienen de pié á sus hi- 
jos en un colegio, sin saber que "de pié'' equivale 
á nuestro provincialismo, 6 mejor dicho al arcaís- 
mo, parado, ¡Pobres muchachos si, en vez de estar 
de internos, estuvieran de piel 

De ir y venir. 

No es menos curiosa la manera de hablar de 
aquellos que para significar que sus niños están 
•de externosen un establecimiento de enseñanza, di- 
cen que están de ir y venir. 

De recii úpete. 

Algunos emplean esa expresión vulgar, en vez 
■de magnifico, muy bueno, soberbio, excelente. 

Desde abinicio. 
El ab significa desde, y en tal concepto debe su- 
primirse dicha partícula en frases como ésta; su- 
cedió desde abinicio. Vino desde abeterno. 

De exprofeso. 
Es muy común oír que dicen d^^xpro feo, siendo 
evidente que debe suprimirse el de; porque se du- 
plica esta preposición. "No pareció sino que Fe- 
lipe III, Felipe IV y Carlos II subieron exprofeso 
al trono de España para arruinarla y destruir el 

trono de sus antepasados. (Saavedra — Mazanie- 
lio.) 

De en par en par. 

Sobra el primer en, que ojalá de golpe y zumbi- 
do lo quitaran todos los que acostumbran decir de 
en par en par, de en rato en rato, de en cuando en 



PROVINCIALISMOS DE GTTATEMALA 239 

ruando. Por vía de ejemplo, van las siguientes 
palabras del hermoso discurso de don Fermín de 
la Puente y Apecechea, en contestación al de don 
León Galindo y de Vera. Helas aquí: 'Tero otro 
nombre invocaba el nuevo académico al empezar 
su discurso, con cierto como religioso respeto, y á 
^ste no puedo yo tampoco dejar de salir siempre 
al encuentro, abriéndole, ya que no pueda ¡ay de 
mil los brazos, á lo menos de par en par el cora- 
zón." (Memorias de la Academia Española; tomo 
V, página 881.) 

De ahí. 

Lo usan impropiamente por en seguida, después. 

De adentro. 
A la criada que llaman doncella en España, dí- 
<*enle por acá de adentro: aquélla suele llevar el 
nombre con tanta propiedad, como ésta que se 
mantiene fuera de la casa la may(»r parte del tiem- 
po. *'Los oficios de la doméstica que ocupa el em- 
pleo de de adentro se reduce á barrer, limpiar las 
habitaciones y hacer los mandados, lúa de adentro 
se llama Pioquinta, nombre raro, si los hay, que 
«es un femenino que se ha hecho de Pío V, un San- 
to Papa. Si a la iglesia le pareciere bien (que no 
le parecerá probablemente) declarar santo á P\n'- 
nando VII, tendríamos aquí Fernandoséptimas, 
€omo tenemos Pioquintas." (Salomé Jil. — Cua- 
dro de Costumbres; tomo II, página 166.) 

Deber de. 
Significa probabilidad de que algo sea ó suceda, 
•ó ha va sido ó sucedido de cierto modo; deber (sin 



240 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

de) arguye obligación. En el siguiente ejemplo de- 
Cervantes se encuentra deber rigiendo con de y sin 
de: ''I confieso á vuestra merced una verdad, señor 
don Quijote, que hasta aquí he estado en una 
grande ignorancia, que pensaba bien y fielmente,, 
que la señora Dulcinea debía de ser alguna prince- 
sa de quien vuestra merced estaba enamorado, ó 
alguna persona tal, que mereciese los ricos presen- 
tes que vuestra merced le ha enviado, así el del 
Vizcaíno como el de los galeotes y otros muchos 
que deben ser, según deben de ser muchas las victo- 
rias que vuestra merced ha ganado y ganó en el 
tiempo en que yo aún no era escudero." Don José 
Selgas y Carrasco, en su discurso de recepción an- 
te la Academia española, dijo: "Por otra parte, mi 
natural temor debia tener un término: ese tér- 
mino debía de cumplirse y se ha cumplido, y no 
me era lícito demorar por más tiempo esta solem- 
nidad sin incurrir en ingratitud. (Memorias de 
la Academia Española; tomo V, página 314.) 

De viaje. 

Que se diga "de golpe y porrazo ó zumbido," en 
castellano, es corriente; pero de viaje, como suelen 
usar algunos pocos paisanos nuestros, y muchos 
de las otras repúblicas centro americanas, en 
las cuales es más común aquella expresión para 
significar del todo, enteramente-, es en extremo ab- 
surdo. De viaje, será en buena hora de camino, de 
paso, pero nada más. 

De contado. 

"Vender de contado" significa al punto, al ins- 
tante, sin tardanza-, pero no por dinero contante o 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA '241 

en tabla ó en toca teja, lo cual se expresa dicien- 
do: "Vender al contado" — Por de contado que es- 
to lo saben nuiy bien los señores notarios. Con 
todo, no faltan quienes confundan el de con el al, 
dando así lugar a cuestiones judiciales, en las que 
se ventila si las palabras valen lo que significan ó 
si se debe tomarlas en el sentido erróneo que se les 
quiso dar. 

Decís. 
Aquí, donde la generalidad babla de vos, en ter- 
cera persona del plural: pero estropeando á la vez 
el idioma, es muy corriente oír: decís, por dices 
queres (queréis) por quieres; venís por vienes, etc. 

Decorar. 
Se usa impropiamente \)0v silabar. 

Delantar. 
Corrupción del nombre castellano delantal, ó de- 
van tal. 

Deletriar. 

Ya liemos beclio notar la propensión que existe 
á convertir la e en ^ de algunas terminaciones, co- 
mo deletriar, por deletrear; deletreyo, en lugar de 
decir deletreo. 

Delinió. 

Así dice aquí la gente inculta, en vez de delineó 

Demen. 
Otro barbarismo, en lugar de denme. 

Denguista. 
Dígase dengoso, denguero. 



242 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Desapercibido. 

Significa en castellano desprevenido, desprovisto 
de lo necesario. No debe usarse, como tan á me- 
nudo se usa entre nosotros, por inadvertido, cuan- 
do decimos: ''No dejo pasar desapercibidos los in- 
sultos que me hace;" "Lo bueno que uno hace 
queda desapercibido; pero lo malo todos lo advier- 
ten." 

Desar rajar. 

Cuando ¿e ha perdido la llave de una cerradu- 
ra, nosotros llamamos al herrero para que desarra- 
je la chapa, sin atender á que tratándose de rom- 
per la cerraja 6 cerradura, lo propio es descerrajar. 

Desvastad o res. 
A los soldados que se denominan en buen cas- 
tellano zapadores ó gastadores, dicen les por acá 
desvastadores. 

Desyerbar. 
Dígase desherbar. 

Despernancarse. 
Dígase esparrancarse. 

Desequilibrio. 
En una nota diplomática vimos una vez tal pa- 
labra, por desnivel, desigualdad, etc. 

Descruzar. 
Por doblar una esquina, es un barbarismo, como 
lo es desapartar por apartar y destrocar, por trocar. 

Descolar. 

Que se diga descolar, cuando á algún animal se 
le quita la cola, sea en buena hora; pero que, cuan- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 243 

(lo á alguien le quitan el empleo, digan cjue lo des- 
colaron^ y en vez de llamar cesante, le den el nom- 
bre de aesco/a(/o, equivale á convertir en colas los 
empleos, y á fe que quien inventó esa metamorfo- 
sis, no pensó en las deducciones que de tal palabra 
pudieran derivarse, y que dejamos al ingenio del 
pru<l(Mit(' loctoi'. 

Deje. 

J)¡cen que Fulano al liablar tiene cierto deje, 
en vez de un dejo. 

Deponer. 

Los que presumen de cultos dicen por acá de- 
poner, por volver el estómago, vomitar, que es como 
se dice en castellano. Cuando comunmente se 
refiere al médico que el enfermo ''depone todo lo 
que come," podría el doctor responder; ''No se 
alarme Ud. porque es natural deponer todo lo que 
se come; puesto que deponer significa evacuar el 
vientre,'' según el Diccionario de la Academia. No 
se confunda, pues, lo uno con lo otro: vomitar no 
es deponer. 

''Pastaban todos los zapateros vomitando de asco 
de unos pasteles que se les arrimaban a las puer- 
tas. — {Jxiü Znlnirdas de Pintón. — Quevedo.) 

Deseo m puesto. 
Por antonomasia llaman aquí ''descompuesto'' al 
que está ebrio ó temulento: ''Hacía mucho tiempo 
que Lorenzo no bebía; pero hoy está el pobre algo 
descompuesto.'' "Como estaba Chico descompuesto, 
insultó á los policías, y se lo llevaron á \^ jeruza-,'" 
quiere decir: "Como estaba Francisco borracho, 
insultó á los agentes de policía, y se lo llevaron á 
la cárcel." 



244 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Desentejar. 

Con perdón de todos los que dicen así, es deste- 
jar. 

Desbarrancar. 

Significa en Guatemala, en Chile y en el Perú, 
echar á uno en un barranco, despeñarlo. En el Dic- 
cionario hallamos eiriharrancarse, abarrancarse, a- 
toscarse en un barranco ó atolladero. Desbarrancar 
equivale en castellano a sacar del barranco. 

Desboronar. 

Como dicen algunos, con énfasis de puristas, es 
anticuado: digan sin miedo desmoronar. 

Desecar, Disecar. 

Suelen confundirse estos verbos; para evitarlo, 
recuérdese que desecar es quitar el agua ó hume- 
dad de alguna cosa, y disecar es dividir en partes 
un cadáver para examinar su organización. La 
acción ó efecto de desecar se llama desecación ó de- 
secamiento; la de disecar, disección. Los pájaros se 
disecan y no se desecan. 

Derrumbe. 

Todos decimos así pero el Diccionario usa derru- 
bio, como trae declivio por declive. 

Descuajilotado. 
Desarmado, descuadernado, hablando de un in- 
dividuo negligente en su traje y ademanes; es en 
castellano desvaido, desgarbado, desmazalado. Des- 
cuajaringarse quiere decir en buen español, rela- 
jarse las partes del cuerpo por efecto de cansancio. 



ri;<>VI.\ciALl8MOS i)E GUATEMALA 245 

Despacioso. 
No lo trae el Diccionario, aunque es de uso muy 

frecuente entre nosotros. Digas tardo, lento, 'pere- 
zoso. 

Desplega. 
Debe decirse despliega, por ser verbo irregular. 
Así encontramos entre las bellísimas estrofas del 
poema *'La Pesca," de Núñez de Arce, la XXI, que 

I dice: 
' ^ allí donde pronto se despliega 
la pintoresca vega, 
siguiendo los contornos desiguales 
de la verde montaña, resguardado 
por el peñón tajado 
de recios y furiosos vendavales." 
Destilar. 
Lo que en Guatemala llamamos agua destilada, 
es agusí filtrada, ¿Quién no conoce aquí la destila- 
dera? ¿Quién no tiene en su casa la piedra hora- 
dada, en forma de pan de azúcar (pilón)? Ese 
es un filtro de piedra. 

Desgarrar. 

La gente que la pica de culta, dice desgarrar por 
esciqnr, y aún Carreño dice en su "Manual de Ur- 
banidad" esgarrar; pero no son en tal sentido vo- 
ces castizas. Espectorar ó esputar, son los verbos 
que pueden usarse. 

Desmembrar. 
Dice Cuervo: ^'Desmembrar significa arrancar, 
cercenar los miembros, y desmembrarse, i'esol verse 
ó dividirse un cuerpo en sus miembros; así aunque 



246 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

personas muy letradas se expresen de otro modo, 
nosotros escribimos: "Los verdaderos repúblicos 
temen que se desmiemhre la nación." 

Desparpajo. 
Significa en español mucha facilidad para ha- 
blar. Nosotros le damos la acepción de desorden, 
desbarajuste. 

Despolvoriar, Espolvoriar. 
Conviene saber que despolvorear quiere decir 
quitar el polvo, y espolvorear echar el polvo. Aquí 
hemos oído: '^ Despolvoree Ud. azúcar sobre la tor- 
ta," en vez de espolvoree. 

Despulgar. 

En castellano es espulgar. 

Destiempla. 
Templo, templas, templa (no tiempla,) — Des- 
templo (no destiemplo.) — ''A cada rato se me des- 
tiemplau las muelas" dicen muchos por acá. 

Desinteria. 
Debe decirse disenteria. 

Desporrondingado. 

Con esa larguísima palabra llaman en Bogotá, 
lo mismo que nosotros, al que echa el bodegón por 
la ventana, al que no tiene arreglo ninguno, ni 
método para vivir. 

Desdecí. 

Todo aquel que haya estudiado gramática sabe 
lo que es desdije. 



ri;()\ I\( I ALISMOS DE GUATEMALA 247 

Decí. 
**I)ecí vos," en vez áedítúj 6 decid vosotros, es un 
barbarismo de esos que tanto afean el modo co- 
mún de liablar en Guatemala, y aun en Centro- 
América. 

Deshacería. 

Es otro adefesio de esos que comunmente se oyen; 
lo castizo es desharía. 

Desiertan. 
Los soldados no se desiertan, sino se desertan. 

Deten í. 
Como irregular, es detuve. 

Desgranar la mazorca. 

Cuando van muriendo los de una familia, sue- 
len decir familiarmente que ya se va desgranando 

la mazorca. 

Desquebrajar. 

Tal verbo de cuño nuestro, úsase por romper ó 
quebrar algo con violencia y estrepito. En caste- 
llano hay esquebrajar 6 resquebrajar, que significan 
hender ligeramente la madera, el vidrio, la porce- 
lana, ó algún otro cuerpo duro, sólido por la su- 
perficie. Esos verbos jamás los usamos, mientras 
que á cada paso se oye el desquebrajar, que es tan 

despropositado. 

Desvestirse. 

Existiendo el verbo deslindarse, no hay necesi- 
dad de que forjemos nosotros el desvestirse, de que 
se hace uso frecuente. 

Devanador. 
Dígase devanadera. 



248 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Dispensa 
El -lugar de la casa destinado a guardar las co- 
sas comestibles, se llama despensa. 

Desollas. 
Desuellas, debe decirse. 

Demasiado. 

Quiere decir que una cosa tiene demasía ó ex- 
ceso. He aquí por qué no se puede tomar, como 
lo hacen muchos, por sinónimo de muy, mucho, bas- 
tante, cuando dicen, por ejemplo: '^Dios es dema- 
siado bueno;" 'Tedro es demasiado honrado;" 
''Julia es demasiado virtuosa;" porque ni en la in- 
finita bondad de Dios, ni en la honradez, ni en la 
virtud, cabe demasía. 

Desfundar. 

Dígase desfondar. 

Desilusionar. 

Si no acepta el Diccionai'io ilusionar, menos -des- 
ilusionar. Deben, pues, desengañárselos que usan 
tal verbo, de que aunque figure en algún léxico 
neológico, que registrñ, Jlautar, oracianar, no tiene 
autoridad alguna. 

Destorrentado. 
Adjetivo curioso^, que equivale, en nuestro modo 
de hablar, á maniroto, desarreglado. 

Descacharrado. 

Al que anda con el vestido descalandrajado; al 
desmazalado, al de mala traza, le llamamos por 
acá descacharrado, destrazado. 



I'KUVIM lALISMOS DE GUATEMALA 249 

Dialmática. 

A//?/m¿ica deberán decir los sacristanes y mona- 
guillos. 

Desmostolado. 

A lo que está carcomido, deshecho, desarregla- 
do, le dicen desmostolado. 

DIferiencia. 
Esta eorrupción de la palabra diferencia j es 
común entre gente vulgar, no sólo aquí sino en to- 
da la América Española y aun en la Península. 
Conocemos un profesor (?) que á cada paso dice 
diferiencia. 

Dirás. 
Así dicen por diréis. 

Divinamente. 
Priva mucho en Guatemala esta voz, que se a- 
pliea no solo á lo divino, sino á todo lo que es bue- 
no, hermoso, guapo, elegante, etc, por más que sea 
muy humano: "Amalia se viste divinamente-, Ma- 
ría baila divinamente; Manuel escribe divinamente^ 
Fulano juega divinamente, etc. 

Destornudar. 
Así difon aquí muchos, en vez de estornudar. 

Destronconar. 
Por quitar troncos, ó cortar un árbol por el tron- 
co, es destroncar, verbo que en sentido figurado se 
usa también en castellano por cortar 6 descoyun- 
tar el cuerpo ó parte de él. 

Diabetis. 
Debe decirse diabetes. 



250 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Dictaminar. 

Provincialismo de la América Meridional, dice 
Salva; pero si el filólogo hubiera asistido á nues- 
tra Asamblea, habría oído mil veces: "A la comi- 
sión de hacienda para que se sirva dictaminar,'' 
por más que el Diccionario de la Academia no re- 
gistre dicho verbo. 

Difiriendo. 

Es bueno cuidar de no confundir los verbos de- 
ferir y diferir; acceder y posponer, que son cosas 
muy distintas. Consignamos esto, porque no es 
raro oír decir, por ejemplo: '-No gusto de diversio- 
nes; pero difiriendo á los deseos de Ud. iré al tea- 
tro;" ''Sería bueno deferir la función para el si- 
guiente día, en caso de lluvia." En tales ejem- 
plos se ha tomado un verbo por otro. — Godoy, en 
sus ''Memorias," dijo: "Mucho más me habrían 
culpado mis enemigos, si defiriendo á los consejos 
de mis antecesores al conde de Aranda y pospues- 
to el honor de la corona y la seguridad del Estado 
á una paz precaria y humillante, hubiera resisti- 
do al torrente general de la opinión, que en España 
y en las más de las naciones que confinaban con 
la Francia, en presencia del común peligro, levan- 
tó el clamor de guerra." 

Dilatar. 

Es verbo activo, y sólo tratándose de un escrito 
ó discurso podría usarse como recíproco. Cuando 
decimos al criado ¿por que te has dilatado tanto?, 
deberíamos usar demorado. 

Díceres. 

Palabra muy usada en las repúblicas latino-ame- 



PKuVlNriALlSMOS DE GUATEMALA 251 

rieaiuis, por rumores, voces, murmuraciones, ha- 
bladurías. Es corrupción del anticuado decires, 
<|U<' valo lo mismo. 

Díceselo. 
Es imperdonable, por dicelo. 

Disparejo. 
No es castellano; dígase desigual. 

Dar en la florecita. 
Es frase (¿uc se usa aquí para indicar que alguien 
ha dado en la manía de hacer ó decir una cosa. 

Dar cuenta con. 
Debe decirse dar cuenta de, y no con. 

Desacomodado. 

Dan á esa voz la acepción de desordenado, fuera 
de lugar, etc.; pero no se halla aquella palabra en 
el Diccionario. 

Desacuñar. 

Por más que esté bien formado tal vocablo, no 

es castizo. 

DesatorniUar. 

Es destornillar, y destornillador el instrumento 

que destornilla. 

Desenraizar. 

En español, es desraigar como decían en lo an- 
tiguo, ó desarraigar como se usa en lo moderno; 
pero no como se oye por acá desenraizar. 

Hay muchas palabras que no están en el Dic- 
cionario, de uso frecuente entre nosotros, y forma- 
das con la partícula des; v. g. desencalar, desempa- 
jar, desgalillarse, despescuezar, desgusanar, desatorar, 



252 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

desalambrar, desaconchar, despulpar, desforrar, des- 
embotellar, desentabancar, desenvendar, desmechar, 
desbitocar, desmuelar, desamolar, desenculecar, desfir- 
marse, desempretinar, desenroscarse, desenc /linchar. 

Despepitar. 

Cuando se obliga á alguno á desembuchar, ó sea 
á confesar algo, dicen que despepitó todo lo que te- 
nía adentro. En español existe el verbo despepi- 
tarse, pero lo que significa es hablar ó gritar con 
vehemencia. Despepitarse uno por una cosa, es 
mostrar vehemente afición á ella. 

Desguachipado. 
Se dice aquí, del que lleva la ropa en desorden 
y fuera de su lugar. 

Descharchar. 

Verbo de reciente invención, semi francés, semi 

chapín, de uso vulgar y aplicación frecuente, que 

significa despojar de su empleo á alguno, dejarlo 

cesante. 

Desfundar. 

En lo antiguo significó ''quitar la funda, desen- 
fundar; pero nunca romper el fondo de un vaso ó 
vasija, que es desfondar, verbo que jamás usamos. 

Desprestigiado. 
El verbo desprestigiar, que hemos visto usado 
hasta en periódicos y folletos escritos por gentes 
instruidas, no es castizo. De una persona que ha 
perdido la buena opinión por culpa propia ó ma- 
levolencia ajena, se dice desopinada, desacredita- 
da, etc.; pero no desprestigiada. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 253 

Desvastar. 
Lo castizo es devastar. 

Dialtiro. 

Muchos dicen así, en vez de enteramente, del todo, 

por completo, etc. Es aquella palabra tan vulgar, 

como disparatada. 

Discabal. 
Es descabal. 

Dientudo. 
Dígase dentudo 6 dentón, que no dientudo. 

Dintel. 

Es en buen castellano la parte superior de las 
puertas y ventanas, que carga sobre las jambas. 
Es, por lo tanto, disparatado decir que se pisan 
los dinteles de las puertas. El umbral, que es la 
parte inferior de las puertas, es lo que se pisa. 

Disvariar. 
Muchos dicen disvariar en vez de desvariar, que 
es como debe decirse. 

Divierta. 
La gente de baja ralea llama diviertas á sus bai- 
les, parrandas, jaranas ó jolgorios. También les 
dicen bailes de tacón de hueso, por ser descalzos los 
que bailan y ponen el calcañal en el suelo. En es- 
pañol esos bailes de gente vulgar se llaman de cari" 
dil, de cotón gordo ó de cascabel gordo. 

Dita. 

Vulgarmente se usa por deuda, y en tal sentido 
es un provincialismo de Chile y de Guatemala. 



254 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Dita^ en español, es la persona ó cosa que se seña- 
la como fianza ó seguridad de un pago. Enditar- 
se, corre entre el vulgo por cargarse de deudas. 

Dividivi. 
A esta preciosa planta que llaman por acá na- 
cascalote y en otras partes garohilla, le atribuyen 
los botánicos propiedades astringentes muy pro- 
nunciadas. Las ñores son de un aroma especial. 

Decir relación. 

Muchos escriben, regocijados de su elegancia en 
el estilo: '^decir relación á tal ó cual cosa,^^ en vez 
de relacionarse, estar en, 6 tener relación con ella. 
Lo demás es pedantería, y literatura fósil. 

''Es y será siempre grata y agradable la memo- 
ria de unos héroes, que emplearon su poder y au- 
toridad en proteger al mayor ingenio de su siglo. 
La fama de los proceres, que no conocieron 6 des- 
deñaron á Cervantes, está ya borrada con el olvi- 
do, y ha perecido enteramente con la sucesión del 
tiempo; la de sus bienhechores, encomendada por 
él á la posteridad, será eterna. No parece fuera 
de propósito, puesto que se ha hecho mención de 
ellos, dar al público una idea de su carácter y de 
todo cuanto con ellos se relaciona.'' (Don Vicen- 
te de los Ríos, Paralelo entre el Conde de Lemos, don 
Pedro Fernández de Castro, y el arzobispo de Toledo, 
don Bernardo de Sandoval, favorecedores de Cervan- 
tes.) 

De tropel. 

Se dice bien en castellano "llegar en tropel, y no 
de tropel. 



« 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 255 

Democratizar. 
No figura en el Diccionario, por más que mu- 
chos lo usan hasta en periódicos que defienden la 
pureza de la lengua. 

Dejarse ir. 

Entre los modos de expresarse que tiene nues- 
tro pueblo, figura el dejarse ir, que significa arro- 
jarse, sin cuidado ni consideración; y, en sentido 
figurado, hablar ú obrar sin miramiento, ni reser- 
va: "Es temible Juana, porque cuando suelta la 
sin hicezo, se deja ir dealtiro, aunque sea contra su 
padre." 

También dicen que alguno se deja ir sin zalea, 
cuando osadamente y con ribetes de desvergüenza 
hace o dice alguna cosa. 

Dentrífico. 

Hasta los dentistas, que por ser del oficio debie- 
ran saber lo que se dicen, usan la palabra dentrífi- 
co; si bien no faltan algunos de ellos que hablan 
correctamente y dicen dentífrico. 

Despulpador. 
Esta es una de tantas palabras que merecían fi- 
gurar en el Diccionario. ¿Cómo hemos de llamar 
á las máquinas que despuljjan el café? 

Desmoralizado. 
Entre los barbarismos militares, en el lenguaje 
se entiende, no es el menos ese de decir que un 
ejército está desmoralizado, para significar que es- 
tá indisciplinado, desorganizado, insubordinado', 
pervertido, 6 como se quiera, menos desmoralizado; 



256 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

que sólo significa este verbo corromper las costum- 
bres con doctrinas 6 ejemplos perniciosos. En 
Chile y en todas las repúblicas hispano-america- 
nas, priva mucho ese barbarismo. Hasta escrito- 
res como Vicuña Mackenna (Historia de la campa- 
ña de Lima; página 1123,) dicen que se desmorali- 
zó el ejército, por indicar que cundió el pánico. 

Con razón apunta D. Francisco Javier Salazar, 
en sus '^Observaciones sobre ciertas palabras usa- 
das en el lenguaje militar," que de callada se van 
introduciendo, con motivo del arte de la guerra, 
infinitos galicismos en la hermosa y tersa lengua 
castellana; así como agrega muchos vocablos de 
importancia que aún no figuran en el léxico de la 
Academia. 

Descocherado. 

Dícese por acá de lo que está mal hecho, torci- 
do, descompuesto, patituerto. 

Desnudo. 

Desnudo de fundamento ^ de carácter, etc. Es ga- 
licismo frecuente, que suena mal. Dígase sin fun- 
damento, sin carácter] privado de fundamento j des- 
'provisto de carácter. 

Desvanecerse. 

Significa disiparse, evaporarse una cosa; irse el 
calor; pero no desmayarse. 

Dispensero. 
Los que llaman dispensa á la despensa, dice tam- 
bién dispensero, en vez de despensero, que es lo cor- 
recto. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 257 

Distraído, 
tregado á la vida licenciosa y desordenada, 
dice el Diccionario de la Academia Española; mas 
no la empleamos sólo en esta acepción, sino tam- 
bién en la de tener el pensamiento ó la imagina- 
ción divertidos en cosas distintas de las que se 
tratan, meditan ó ejecutan, así la emplean y la han 
empleado en España. El P. Alonso Rodríguez, 
por ejemplo, dice en el tratado de la perfección, 
parte I. Capítulo IX: ''La causa de hallarnos al- 
gunas veces distraídos, no está en las ocupaciones, 
sino en nosotros;'' y en el tratado V. Capítulo 21: 
"El que anda de esa manera no tiene que pregun- 
tar de dónde le viene andar distraído en la crea- 
ción." En el mismo sentido la emplean Fray 
Luis de Granada, Nieremberg y otros escritores clá- 
sicos. En portugués tiene la misma acepción dis- 
trahido. — Desatentado. — Véase el Vocabulario por- 
tugués de Bluteau. 

"La misma Real Academia Española, en la 1* 
edición de su diccionario, dice: Distraher — per- 
turbar, divertir la aplicación con que uno está 
atendiendo y considerando alguna cosa. Es com- 
puesto de la preposición dis y el verbo traher^ — 
"Distrahido'' — paticipio pasado del verbo distra- 
her en sus acepciones." No sabemos, pues, por 
qué la Academia ha omitido esta acepción del 
participio pasado distraído en las últimas edicio- 
nes del Diccionario, á pesar de haberla conserva- 
do en la voz distracción." {Voces 'provinciales del 
Ecuador, por don Pedro Herrera.) 

Dormilonas. 

Que se califique de dormilonas á las gentes que 
duermen mucho, es natural y castizo; pero que 



258 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ciertos pendientes ó zarcillos lleven aquel nombre, 
tanto en Chile como en el Perú y en Guatemala, 
da lugar á que Rodríguez, Arona y el autor de es- 
ta colección, apunten como provincial la palabra; 
bien que acaso suceda con ésta, como con otras 
que se usan en varias repúblicas hispano america- 
nas, que han venido de España, y sin saber cuán- 
do perdieron su carta de naturaleza. 

Donde. 

En toda la América Española se da á esa pala- 
bra el significado, que no admite la Academia, de 
chez francés; y así decimos: ^' Voy donde Alvarez;" 
''Ayer estuve donde Cervantes;" en vez de decir: 
^'A casa de," '*en casa de." 

Bello señaló este uso vicioso de donde, en unos 
artículos lexicográficos que publicó en "El Arau- 
cano." en diciembre de 1833, y que están en la úl- 
tima edición de sus "Obras Completas." 

Baralt, en el "Diccionario de Galicismos," lo 
critica, y dice que se oye también en Castilla. 

Rodríguez lo rechaza, y asegura que es muy co- 
mún en Chile. 

Los Amunáteguis, en el juicio crítico del poeta 
ecuatoriano Juan León Mera, le censuran e\ donde, 
en dicha acepción. 

Cuervo dice que nunca faltan buenas razones 
para defender el uso de donde, y aun cita un pasa- 
je Cervantes que lo empleó en la acepción referida; 
sin embargo, en obsequio de las personas concien- 
zudas, dice que no puede reemplazarse por "en 
casa de" etc., etc. 

Juan Arona no acepta el consabido donde; pero 



I 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 259 

asegura que pronto se adoptará. "Es, dice, un 
Designado de Colombia; un cardenal in pectore del 
Papa. Pronto lo veremos tomar posesión del ca- 
pelo y del mando y llenar la vacante causada por 
la falta del chez.'' (Diccionario de peruanismos.) 
^'Dondeme iba yo á imaginar." ^'Donde supe tal 
cosa, no lo hice:" es en ambos casos, cuando, y no 
donde. 

Doliente. 

En Guatemala llámanle doliente, no a un enfer- 
mo, lo cual es castizo, sino á los parientes de un 

muerto. 

Doblador. 

A la hoja del maíz damos el nombre de doblador 
6 tusa. De esta hoja se hacen cigarrillos en el 
país. "Un gran tol lleno de tabaco picado y unos 
manojos de dobladores abrillantados á fuerza de 
piedra, indicaban que aquella pobre mujer era ci- 
garrera" (Milla. — Libro sin nombre; página 185.) 

Doña 

El autor de la interesante obra ''Ejercicios gra- 
maticales," don Alberto Brenes, dice: "Ya que ha- 
blamos de tratamientos, bueno será observar que 
aquí se sigue la regla de que los de señora y doña 
corresponden á las mujeres casadas 6 viudas, y el 
de señorita á las solteras. De suerte que se tiene 
por impropio decir señorita doña. Esta regla es 
inexacta. Para la recta aplicación de tales térmi- 
nos, más bien que el estado, debe tomarse en cuen- 
ta la edad y calidad de la persona. El tratamien- 
to de señorita es privativo de las mujeres jóve^ies: 
los de señora y doña son aplicables tanto á las jo- 



260 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

venes como á las que no lo son. — ''Y ese don Se- 
rapio es amigo del autor de la comedia? — ; Toma I 
son uña y carne. Y el ha compuesto el casamien- 
to de doña Mariquita, la hermana del poeta, con 
don Hermógenes." (Moratin. — La comedia nueva, 
acto I, escena I.) Según se explica en la misma 
comedia, la edad de doña Mariquita es de dieziseis 
años y su estado, soltera. — ''No había dicho á Ud. 
como se llamaba mi amiga. Pues bien, tío: esta 
señorita se llama doña Ciara de Solís y Roldan.'' 
(Valera, el Comendador Mendoza, VIII.) — Doña 
Clara tenía á la sazón dieziocho arios de edad, y 
era soltera. — "Este accidente ha podido proceder 
y procede (según la más recibida opinión de los 
autores) de habérsela interrumpido á mi señora 
doña Paulina el uso expedito de la lengua." (Mo- 
ratin, El Médico á palos, acto II, escena V.) Do- 
ña Vsiulitsi joven y soltera. — "Escribí este cantarci- 
11o en Bilbao, en octubre de 1859, al volver de mi 
aldea nativa,en el álbum de la señorita doña Matilde 
de Orbengozo, delicada y modestísima poetisa de 
aquella villa." (Trueba. — ^ I Libro de los cantares) 

Droga. 

''Ándate a la droga,'' frase que no podría com- 
prender el que no fuese guatemalteco; significa: 
"vete noramala." 

"Estoy arreglándolo todo para marcharme y 
lo único que me detiene es que me han aconse- 
jado asegure el pisto (Ud. sí sabe lo que es pis- 
to) que voy á llevar, y me piden por eso no sé 
cuanto. Yo los he enviado á la droga, y he dicho 
que va más seguro en mi cofre que en ninguna 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 261 

Otra parte. — Ahora ya se lo que es Londres, y na- 
die podrá contarme cuentos." (Salomé Jil. — El 
Chapín ; página 46, tomo I.) 

Dragonear. 
Del que hace un oficio que no le pertenece, dice 
que dragonea de tal ó cual cosa. ''Ya el meque- 
trefe de Pío dragonea áe Ministro." Dragonear no 
es castellano. 

Dragonero. 

El dragonero (Pterocaptus draco) produce por 
incisiones hechas en su cort'.iza, un jugo gomoso 
llamado sangre de drago, color rojo carmesí, pare- 
cido á la sangre; el cual es muy astringente. El 
árbol se llama en español drago. 

Dragón. 
Es el nombre vulgar de unas flores. 

f Dueña. 

El notable orador don Salustiano de Olózaga, 
dice: *'Desde los primeros años de mi juventud, 
me repugnaba o'ír que á una señora de su casa la 
llamasen la dueña de la casa. Es tanto lo que en 
prosa y verso han escrito contra las dueñas nues- 
tros mejores autores satíricos, que este nombre te- 
nía para mí un dejo muy desagradable; que por 
nada en el mundo habría yo llamado dueña á una 
señora. Sin embargo, no oía otra cosa, y me li- 
mitaba á protestar con mi silencio; pero cierto 
apego tenaz á las primeras ideas, y mi afición á 
las locuciones vulgares en las que suele hallar, 
contra los caprichos de la moda, asilo seguro la 
pureza de nuestro idioma, me hicieron observar 



262 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

que el lenguaje de la galantería y del amor protes- 
taba más enérgicamente que yo contra semejante 
acepción de la palabra dueña. Para la mayoría de 
los españoles ¡3íi dueño! equivale á la señora de 
mis pensamientos; pero como no lo entiende así 
la gente más culta, vacilaba mi ánimo entre mi in- 
clinación á — y mi conformidad con — la mayoría, 
y el respeto que, por otra parte me inspiraba la 
clase más distinguida. De esta incertidumbre me 
sacó el que ha sido para mí maestro de la lengua, 
el gran Jovellanos; y desde que vi que su autori- 
dad sancionaba el voto universal del vulgo, dije, y 
diré siempre, aunque sienta la estrañeza que á 
muchos csiu^ej la dueño de la casa.'' (Memorias de la 
Real Academia Española] tomo III, página 542.) 

No solamente don Melchor Gaspar de Jovella- 
nos, sino Quevedo, Góngora y otros escritores an- 
tiguos han dicho lo mismo; pero el uso ha venido 
á establecer que se diga hoy la dueña dé la casa^ 
(con terminación femenina,) y la propia Acade- 
mia la sanciona en su Diccionario^ 12f edición. 

Dundo. 

Al lelo, torpe, atontado, fatuo ó pasmado, dícen- 

le aquí dundo, ido de un sentido, ó que \e falta un 

sentido. 

Dugos. 

"Correr dugos," es vulgarismo que por acá em- 
plean para indicar que una persona, por medio de 
hechos ó dichos, alude á otra, haciéndole bien ó 
mal: en el primer caso, son buenos dugos, y en el 
segundo, son malos. Por ejemplo: "Podías correr- 
me un buen dugo con el Director para que me haga 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 263 

policía.'' — ''Chico es tan malo, que á cada rato me 
corre muy malos dugos con el patrón." 

Durmiente. 
A lo que se llama durmiente, en los ferrocarri- 
les, es traviesa, en español. 



Eclís. 
vulgo entre nosotros dice así, por decir eclip- 
y si nace un niño sifilítico, lleno de chaquirras 
ó con labios leporinos, cuentan al médico que es 
porque le dio el eclís. Ni es extraño que aún sub- 
sistan preocupaciones á ese respecto, cuando los 
griegos y romanos pensaban que la luna estaba 
hechizada y derramaba maléfica espuma; nuestros 
indios creen que el sol se ha enfadado con la luna, 
durante el eclipse; en la India piensan todavía 
que un dragón de garras negras quiere apoderarse 
del astro de los amores. Ni qué mucho que en 
América tenga la gente vulgar ideas absurdas en 
cuanto á eso, si desde los tiempos de Colón suce- 
dió, el 1? de marzo de 1504, que reducido al ham- 
bre por los indígenas, y conociendo el almirante 
la proximidad de un eclipse, los amenazó con los 
males que iba a ocasionarles, oscureciéndoles la 
luna: llegó el momento de la obscuridad, y acu-, 
dieron los indios demandando perdón y llevando 
víveres en abundancia. Siempre ha habido preo- 
cupaciones; y seguirá, por desgracia, habiendo ni- 
ños infelices concebidos en mala luna, según creen 
sus padres, que nazcan con el eclís ^ 



264 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Echar fuerte. 
Decimos así, por acá, en vez de echar bravatas, 
juramentos, balandronadas, chufas, fieros, roncas, bo- 
canadas, temos, rayos, centellas, etc. Todo esto se 
puede echar, en lugar á^ fuerte. 

Echar pan en su matate. 
Frase vulgar, muy usada, para dar á entender 
que se toma experiencia de alguna cosa. 

Echarse. 

Cuando una mujer de la clase baja, cambia sus 
enaguas y camisa, por la saya que usan las seño- 
ras, dicen que se echo túnico. ''La Dominga no 
hace caso ya, porque se echópañuelón y zapatos. 

Edicción. 

Es edición. 

Editar. 
Periodistas de alto coturno usan este verbo co- 
mo si fuera español; y más de algún curioso irá á 
buscarlo ahora al Diccionario, pero será en vano. 

Eduviges. 
En español es Heduvigis. 

Ejote. 
Esta palabra se deriba del mexicano exotl, que 
significa la vaina del frijol, cuando está verde. 
Como provincialismo de México figura aquel vo- 
cablo en el Diccionario de la Academia. Conste, 
pues, que también es voz que se usa en Guatema- 
la, en donde además se llaman ejotes las puntadas 
grandes y mal hechas en la costura. 





PROVINCIALISMOS DE GTÍATEMALA 265 

Elaborar. 
Si tuviéramos de pesos las veces que aquí se han 
elaborado ideas grandes, pensamientos sublimes y 
leyes sabias, á fe que habríamos elaborado noso- 
tros un buen capital; pero la verdad es que aun- 
que se conciban pensamientos y nazcan ideas, no 
brotan pesos: sólo Deucalion y Pirra arrojaban 
piedras hacia atrás, después del diluvio, y brota- 
ban hombres. Algún periodista por ahí, hubiera 

dicho (pie se elaboraban genios: et aprés le dé- 

luge. 

El sartén. 

Así decimos, en lugar de la sartén, que es feme- 
nino. 

Elote. 

A la mazorca tierna del maíz, llamamos elote 
(palabra mexicana.) Del elote se hacen, según es 
sabido, muchas y sabrosas viandas. ¡Que bello 
es un campo en que se mece el 

''Jefe altanero de la espigada tribu!'' 

¡Qué de recuerdos evocan las floridas 
cañas de milpa, cuando 

*4^rota el blondo cabello del filote, 
Que muellemente al despuntar se inclina; 
El manso viento con sus hebras juega 
Y los rayos del sol tuestan y rizan!" 

Al elote dícenle en Venezuela ^ojo^o. 

Eloatol. 
Esta palabra compuesta de elot (maíz tierno) y 
atol, que es el nombre que dan á una especie de 
gachaS; quiere decir ''atole de maíz tierno." Se 



266 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

hacen con el jugo del elote, mezclado con leche y 
azúcar. Es uno de los platos nacionales que, co- 
mo el fiambre, el ayote en dulce y los jocotes, se acos- 
tumbra comer el día de todos los santos y el de 
difuntos. 

Elucubraciones. 

Muchos dicen así; y recordamos que en uno de 
nuestros escritos, aparece tal palabra impresa, 
cuando escribimos lucubraciones, que es lo castizo. 

Embrionario. 

En el Diccionario encontramos embrión, deriva- 
do del griego, y para significar el germen ó rudi- 
mento de un cuerpo organizado; pero el adjetivo 
embrionario, que muchos usan, no es castizo. 

Emocionarse. 

De emoción, han querido algunos formar el ver- 
bo emocionarse, que no goza de carta de naturale- 
za en el léxico del idioma. El verbo aceptado es 
afectarse. Tanto el emocionarse, como el embrio- 
nario, lo usan gentes que presumen de cultas. 

Empaquetarse. 

Paquete significa, entre otras acepciones, el que 
sigue rigurosamente las modas, y va muy empere- 
jilado. De ahí hemos tomado el empaquetarse, 
por ponerse majo, acicalado 6 paquete, pero tam- 
poco el verbo es de cuno legítimo. Si se usa en 
Cuba, Buenos Aires, Colombia, Chile, Perú, Méxi- 
co y Centro-América ¿por qué no lo aceptan los 
señores de la calle de Val verde? 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 267 

Empavonarse. 

Pavonar es dar al hierro un color azul obscuro, 
poniéndolo pulido y lustroso. Por traslación, de- 
cimos nosotros que se empavona una gente, cuan- 
do se prende y sale muy elegante. ¿Por qué el 
Diccionario no acepta el nuevo verbo, que trae tan 
propia etimología (del pavo real) y buena forma- 
ción ? 

Pavonearse, sí es castizo, por darse aires de ele- 
;nte, haciendo vana ostentación de gallardía. 

Empastador. 
En castellano es enmiadernador . 

Empastado. 

De un potrero con pastura, dicen que está em- 
pastade. 

Empetatar. 

Como á la estera le llamamos petate, no es ex- 
traño que, siguiendo nuestro prurito de hacer ver- 
bos, llamemos empetatar al acto de poner petaie 
en un cuarto ó aposento, como dicen en Madrid 
esterar y poner esteras. 

Emplumar. 

Lo tomamos por engañar á alguno, dándole, con 
astucia ó engaño, algo que no vale nada, en per- 
muta ó venta; v. g. *'Ya le emplumé el caballo á 
Pedro; sólo falta que se le muera." Significa tam- 
bién tomar ó dar alguna cosa de comer ó beber, 
y así suelen decir: '^Le emplumé un buen vomi- 
tivo;" '^Me emplumé un vaso de magnífico vino." 



268 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Empurrarse. 
Enfadarse, emberrincharse, poner mala cara: 
''Rosa bailó con quien le dio la gana; Bárbaro se 
empurrój no quiso cenar, y pretextando un fuerte 
dolor de cabeza, á las diez y media de la noche se 
fué á acostar, dejando á su novia entregada al bra- 
zo secular de los danzantes." (Salomé Jil. — Cua- 
dros de Costumbres', página 10, tomo II.) 

Empuercar. 

Generalmente dicen así; pero es en castellano 

em'porcar. 

En ciernes. 

El Diccionario autoriza en cierne, sin s. 

En dos por tres. 
Debe decirse en un dos por tres. 

En d acame esas pajas. 

También falta el un. ''No tiene vuesa merced 
para llegar á la cumbre de la fama, que hacer más 
que tomar la estrechísima senda de la andante ca- 
ballería, bastante para hacerle emperador en un 
dácame esas pajas." 

En estado interesante. 
También dicen en mal estado, de la mujer que 
está en cinta, preñada ó embarazada. 

En esto. 

Se usa mucho entre nosotros, por al punto, que 
es lo castizo. 

Enamorado. 

Que se diga así del que está lleno de amor por 
una persona 6 cosa, nada criticable tiene; pero el 



I 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 269 

llamar enamorado al que le gustan mucho las mu- 
jeres bonitas, y decir que es muy enamorado, no 
puede pasar. El propenso á enamorarse, es ena- 
moradizo, ó enamoradiza, si de mujer se tratare: 
enamorada, significa en castellano antiguo ''rame- 
ra." Vale más, pues, que no anden diciendo por 
ahí las señoritas que tal ó cual amiga suya es muy 
enamorada. 

Enamoriscarse. 

Trendarse levemente, sin mucho empeño, de al- 
guna persona, es enamoricarse, sin s antes de la c. 

Encamisados. 
En las procesiones religiosas solían dejarse ver 
los gigantes (en España les llaman gigantones;) 
los moros y los encamisados, que vestían trajes á 
la antigua usanza española, de los siglos medios: 
el diablo no faltaba en la danza. 

"También se han ido otras cosas 
De más meollo y sustancia, 
Quedando perpetuamente 
A la historia relegadas, 
Como los encamisados. 
Los gigantes, la tarasca, 
Los devotos penitentes, 
La jovial cera de vaca.'' 

■ (Rivera Maestre.) 

Todas esas cosas vinieron, como era natural, de 
España, en donde á la mojiganga que se ejecuta- 
ba de noche, á la luz de hachas encendidas, lla- 
maban encamisada. 

Encandilado. 
Lo que significa es "erguido, levantado," acep- 
ción en que jamás lo usamos. Comunmente de- 



270 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

cimos que uno está encandilado, cuando entra de 
un lugar en donde hay mucha luz á otro que está 
obscuro: "Corno la obscuridad era completa, to- 
mó al eclesiástico por persona de su mismo sexo, 
engañada por la estatura y por el traje, y le echó 
los brazos sin ceremonia. El pobre padre retro- 
cedió todo amostazado, 3^ yo tuve que advertirle 
su error. — ¡Ave María! dijo, como vengo encandi- 
lada; esto está como boca de lobo! ¡Vaya una es- 
curana! (Salomé Jil. — Cuadros de Costumbres; to- 
mo 1?, página 131.) 

Encuartelar. 

Dígase acuartelar. 

Enculecar. 
Como á la gallina cloeca, le decimos culeca, no 
es extraño que usemos enculecar, en vez de enclo- 
car. 

Endenantes. 

Voz anticuada, que usa todavía el pueblo bajo, 
por denantes ó enantes, que frecuentemente encon- 
tramos en el Quijote: 

"Te comunicas y estrechas 
Con las naciones más sabias 
Y más cultas que no aquella 
Que tú endenantes tratabas." 

(Rivera Maestre.) 
Enchichado. 

Por ''emberrinchinado, amostazado," es común 
entre nosotros. 

Enchich ¡castado. 

Del que se ha puesto en contacto con la planta 
cáustica que aquí denominan chichicaste (ortiga,) 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 271 

dícese que se ha enchichicastado: ''Al verme, gri- 
tó Manuel, que hacía de diablo: — A buen tiempo, 
tío, póngase usted á la cola. — Para colas estoy yo, 
le contesté furioso. Ven á llevarme á casa, que 
estoy perdido, golpeado y enchichicastado.'' (Sa- 
lomé Jil. — ''Una temporada.'' ) 

Enchiladas. 
Es una vianda mexicana que también usamos, 
y que se compone de tortillas de maíz, rellenas de 
verduras y sazonadas con cierta clase de chile. 

Enchispado. 
Es achispado. 

Enfermarse. 
Es común el error de usar este verbo como re- 
cíproco; de tal suerte que hasta personas ilustra- 
das dicen mal á cada paso: ''me enfermé, se enfer- 
mó, etc." — Enfermar es verbo activo: 

"Un milano después de haber vivido 
Con la conciencia peor que un forajido, 
Enfermó gravemente. 

(Samaniego.) 

Pago el salario puntual ; 
En comer no pongo tasa; 
Si alguno enferma en mi casa 
No le envío al hospital. 

(Bretón.)" 
Enflautar. 
Que en buen castellano significa "alcahuetear," 
y en estilo familiar "alucinar," lo tomamos aquí 
como equivalente de "encajar;" como cuando de- 
cimos: ''Nos m^ai¿io un discurso de dos horas." 



% 



272 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Enflautada. 
Nadie lo toma aquí por ''hinchada, retumban- 
te," que es lo que significa ese vocablo. Uiia en- 
flautada, según nuestro peculiar modo de decir, es 
una ocurrencia extravagante: ''Después de tanto 
esperar, resulta la Juana con la enflautada de que 
no le gusta ser deadentro'' 

Elaboratorio. 

En castellano es "laboratorio." 

Ensarta. 

Muy pocos son los que emplean la palabra cas- 
tiza sarta; casi todos usan por acá el barbarismo 
ensarta. 

Ensartar. 

"Ensartar la aguja," decimos por acá; y los 
términos propios son "enhebrar, enhilar la aguja.'" 
Pero es preciso advertir que eso de ensartar la 
aguja, se dice en toda la América española; y se 
decía en España, pues el primer Diccionario de 
la Academia trae: ''Ensartar, enhilar, etc. — Fór- 
mase de la preposición en y del nombre sartaJ^ 
En lo antiguo decían en Madrid: "La agujita en- 
sartada hace á la niña juiciada." 

Engaratuzar. 

Halagar á alguno con astucia, para conseguir 
que acceda á lo que queremos, es en castellano en- 
gatusar, y no como todos dicen aquí ''engaratuzar.^^ 
Creemos que esta última palabra provincial será 
derivada del famoso nombre de Garatuza, prínci- 
pe de los zaragates y estafadores, natural de Pue- 
bla, que vivió por el año de 1642. El verdadero 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 273 

nombre de aquel truhán era Martín de Villavicen- 
cio y Salazar ; pero en México todo el mundo lo 
conocía, y aún lo conoce, con el nombre de Gara- 
tuza. 

En Costa-Rica dicen enguatusar. 

Enjabonar. 
Debe decirse jabonar. 

Enjabelgar. 
En buen castellano se dice enjalbegar, que signi- 
fica blanquear las paredes de las casas (nuestro 
encalar) ó pintar el rostro con albayalde, ú otras 
sustancias, que conocen bien muchas lectoras; aun- 
que tal vez no sepan que el acto ése se llama en- 
jalbegarse. 

Enjaguar. 

('urrupciún frecuente de enjuagar. También 
usan ese verbo, entre nosotros, por engañar á al- 
guno, acepción que debió de tener en lo antiguo, 
ya que no ha de haber sido inventada en Guate- 
mala, si se atiende á que enjagüe, significa en lo 
figurado, según dice el Diccionario, toda negocia- 
ción oculta ó artificiosa ejecutada con ánimo de 

engañar. 

Enjaranado. 

Dícese del que se halla lleno de pequeñas deu- 
das. 

Enjutarse. 

Hay un animal llamado j¿¿¿6, que sale á veces 
fuera del caracol, alargándose y en seguida reco- 
jiéndose. De ahí decimos que una cosa se enjuta 
cuando se acorta, se recoje, se vuelve pequeña. 
''Enjutar," dice el Diccionario: "enjugar, secarse 
la cal ú otra cosa." 



274 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Enmojecer. 

Antiguamente pronunciaban fuerte la h; y de 
ahí vienen que muchos digan hasta el día enmoje- 
cer, por enmohecer, amohecer ó mohecer. 

Enmontarse. 

^l werho enmontar, anticuado, significaba '^re- 
montar, encumbrar, elevar." Nosotros hemos he- 
cho el recíproco enmontarse, por llenarse de yerba 
ó maleza un campo ó sembrado. 

Entejar. 
Poner las tejas en su lugar, para cubrir una vi- 
vienda, es tejar que no entejar, como se dice por 

acá. 

Enzacatarse. 

Por llenarse de yerba ó zacate un campo, es pro- 
vincialismo nuestro. 

Entero. 

Es un provincialismo que priva mucho en el 

Perú y en Guatemala, para significar idéntico, 

idéntica-, v. g. "¡Qué galana la niña: enterita á su 

mamá!" 

Entierro. 

En Chile, el Perú y otras repúblicas del Sur, dan 
siempre el nombre de entierro, como lo hacemos 
también nosotros, al tesoro. 

Entrarse. 

Es vicio muy común, aun entre gente educada, 

el de construir los verbos ''entrarse, meterse," con 

la preposición de; y así dicen, por ejemplo: "Pedro 

se metió de cura;" "Juana se entró de monja." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 275 

Tales verbos rigen sin preposición, y por lo tanto 
debe decirse: 'Tedro se metió cura; Juana se en- 
tró monja." 

''Mi madre es hija de un tendero y mi padre no- 
ble. Mi madre se entró monja en Valladolid." 
(Ilartzenbusch.) 

Entretención. 

Dicen mal algunos, por entretenimiento. 

Entiesar. 
Es atiesar, 

Entriego. 
El pueblo bajo dice así, y otros 6?i¿re^o, para sig- 
nificar parroquianos; v. g. 'Tengo veinte entrie- 
gos de zacate, que me producen cinco pesos dia- 
rios." 

Epígrafe. 

Usan mucho esta palabra, como si fuera sinóni- 
mo de mote ó título, que no lo es; porque epígrafe 
significa el resumen que precede á un capítulo, 
párrafo ó discurso, y también la sentencia que sue- 
len poner los autores á la cabeza de un escrito, ca- 
pítulo, eXcm 

Equívoco. 

Quiere decir: lo que se puede entender de diver- 
sas maneras ó que tiene sentidos diferentes, como 
lima, que es una ciudad, una fruta y un instru- 
mento de herrería. Una conducta equívoca es 
aquella que se presta á dos conceptos; uno de 
aprobación ó indiferencia, y otro de desaprobación 
y vituperio. No debe, pues, decirse: "Ud. está 
equiroco:he incurrido en un equivoco.'^ — En el pri- 
mer caso, sería equivocado; y en el segundo, equi- 
vocación. 



276 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Escala, escalera. 

Para evitar confusiones, recuérdese que escala ó 
escalera de mano es el instrumento portátil, de ma- 
dera por lo común, que sirve á los albañiles y car- 
pinteros para subir á los diversos pisos ó al techo 
de una casa; mientras que escalera, es la parte del 
edificio, compuesta de peldaños de madera, piedra, 
mármol, etc., por donde se sube y baja. 

Escore i enera. 

Así llaman todos, por acá, á la hierba pequeña 
y medicinal que se llama escorzonera. (Eryngium 
amethyssinum.) En la historia de Guatemala es- 
crita por el P. Juarros, al hablar de los vegetales, 
se dice: 'También se dan en estos partidos el ta- 
marindo y la cañafístola, excelentes purgantes; la 
pimienta longa ó cordoncillo; la raíz que llaman 
suchilpactli, la escorcionera, el gengibre, la orejuela 
y otras innumerables." (Tomo II, página 94.) * 

Entelerido. -, 

Significa en biien español sobrecojido de frío ó 
de pavor. Nosotros lo usamos impropiamente por 
flaco, enteco, amojamado, desmedrado. 

''Todos los hombres tienen sus flaquezas; y yo 
en punto á ellas (hablo de las morales) podría 
apostármela con el más entelerido de mis prójimos. 
Cuento como una de mis imperdonables debilida- 
des, el acendrado amor que tengo á este picaro 

país donde me tocó salir á la luz pública digo 

nacer." (Salomé Jil. — Cuadros de Costumbres; pá- 
gina 12, tomo 1?) 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 277 

Escamotea. 
Dígase como es: escamota. 

Escondijo. 

No es escondijo, ni escondidijo (anticuado,) sino 
'escondrijo." 

Escuadrones. 

Llaman así á los cucuruchos (nazarenos) que lle- 
van insignias y condecoraciones en la procesión 
<lel Santo Entierro de Cristo. 

Escubiiio. 
También llaman escobilla á una planta textil, 
que nace espontáneamente en nuestras costas. Si 
hubiera una máquina para extraer la fibra de esa 
planta, constituiría una verdadera riqueza. 

Escuelera. 
Debe decirse ''maestra." 

Escurana. 

Esta voz anticuada, como varias más, vive to- 
davía entre nosotros; dígase "obscuridad." 

Espantos. 
A las apariciones, á los duendes, á los espectros, 
y álos fantasmas, dícenles aquí los chiquillos y las 
viejas espantos. Tal palabra no se halla en el Dic- 
cionario con esa acepción, aunque no es descono- 
cida en España, pues la usa Trueba por "espec- 
tros," en el capítulo ÍV de "El Cura Nuevo." Fer- 
nán Caballero dice: "Esa casa tiene asombros?" 
(Callar en Vida.) — "Hay penas," dicen en el Pe- 
rú, al hablar de un sitio misterioso; "son las pe- 



278 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ñas," cuando se oye un ruido nocturno inespli- 
cable. 

En la casa de los espantos (de que nos habla Sa- 
lomé Jil, en Los Nazarenos) asustó á don Baltasar 
Hurtado de Mendoza un espectro, al cual hizo fue- 
go con uno de sus trabucos; pero ''¡Cuál sería el 
asombro del pobre don Baltasar al ver que salía 
una mano pálida y desciirnada debajo del manto 
blanco en que estaba embozado el espanto, y que 
esa mano le devolvió ya fría la bala que acababa 
de despedir el arma." (Página 48.) 

También en México llaman espantos á los fan- 
tasmas, como hemos podido notarlo al leer la pre- 
ciosa obra que, hace poco tiempo, publicaron los 
distinguidos literatos Peza y Riva Palacio, con el 
título de "Tradiciones." 

Espantador. 

Del caballo que se espanta dicen algunos que es 
espantador, debiendo A^air^Q espantadizo . Tampo- 
co debe usarse espanto por "reparada." que es el 
movimiento extraordinario que hace el caballo, 
apartando de pronto el cuerpo; porque se espanta 
(bien dicho) ó por picardía. ''Pajarero'' llaman 
por acá al caballo que se espanta á cada paso; y 
no faltan algunas personas que le dicen sombrista. 

Espavilar. 

Muchos usan ese verbo, en vez del castizo des- 
pavilar. 

Especies. 

Al clavo, pimienta, canela, etc., no debe dárse- 
les el nombre de especies, sino especias; y la tienda 



I 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 279 

en donde se venden, llámase especiería, que no 
tienda de abarrotes, ni menos groceria, como dicen 
algunos, que han visto en Norte-América las ^'gro- 
ceries^ 

Espelma. 

Esperma trae el Diccionario. 

Espeutro. 
Corrupción muy vulgar de ''espectro." Recor- 
damos, á proposito de semejante vulgarismo, que 
en el cementerio de Jocotenango, que quedaba en 
el camino ó calle que hoy va para el hipódromo, 
se leía, entre otros, el siguiente epitafio: 

"Allá en tiempo de entonces 
Fui Bárbaro Lardón 

Y hoy sólo soy espeutro 

Y oujeto de terror. 
Rejleicionad sovervios, 
Fijad bien la atensión, 
Pues digo que algún día 
Seréis lo que hoy soy Yo." 

Después de esta pieza literaria ¿todavía dirán 
algunos que no es hueno el castellano fonográfi- 

Espérate. 
Espérate tantito, es provincialismo muy corrien- 
te, ó mejor dicho barbarismo, por ''espérate un 

momento." 

Espensa. 

El lugar destinado á guardar las cosas comesti- 
bles, se llama despensa. 

Espetaperros. 
"Salir á espetaperros," es frase que se usa no 
sólo en Guatemala, sino en toda la América espa- 



280 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ñola; y por lo mismo debe tener su origen en Cas- 
tilla, aunque la censura don J. Rufino Cuervo, 
quien enseña que se ha de decir ''como perro con 
bejiga." Tenemos sin embargo seguridad de ha- 
ber visto el espetaperros en alguno de los antiguos 
clásicos. 

Espichar. 

Curioso verbo provincial que significa ''pelar 
rata," ó como dicen los franceses "irse al reino de 
los topos" (s' en aller au royanme des topes) y los 
yankees, to kick the bucket. 

Espiche. 

Del inglés speech, que significa arenga, hemos 
hecho nosotros espiche, por discurso pequeño, alo- 
cución. 

Espuelear. 

Se corrompe tanto nuestro idioma, que muchos 
dicen espuelear, por espolear; y espuelazos, por espo- 
lazos. 

Espumear. 

Es espumar. 

Espumuy. 

Paloma silvestre (Columba fasciata. Say.) lla- 
mada así en el país por onomatopeya, pues el 
nombre espumuy suena parecido al canto de esa 
avecilla. 

"Sentado entre la lóbrega quebrada 
Respondí con la voz de mi gemido, 
Al monótono canto dolorido 
De lúgubre espumuy desconsolada." 

(J. Diéguez.— £■; Amante de la Naturaleza.) 



I 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 281 

Espumilla. 

Es un dulce pequeño de forma oval, compuesto 
<le clara de huevo con azúcar. 

Esqueleto. 

J.laman así á las plantillas impresas en que se 
dejan huecos para llenarlos con la pluma; y que 
se usan en las oficinas, colegios, etc., con el fin de 
economisar tiempo, pues siendo los nombres, fe- 
chas, cantidades, ú otras cosas análogas, las que 
cambian en cada caso, éstas se escriben, y el resto 
va impreso. 

Cuentan que se sorprendió mucho un adminis- 
trador de rentas departamental, que era español, 
una vez que le mandaron pedir ''doscientos esque- 
letos depatevf^'^'»^ ^' 

Estafermo. 

Voz (jue se deriva del italiano, y que es nombre 
de un muñeco que está firme con un escudo en la 
mano, colocado sobre un mástil, y armado de unos 
saquillos de arena 6 bolas, con las cuales da en la 
espalda á los jugadores que hieren, en la carrera, 
al escudo con una lanza. De ahí viene que se diga 
metafóricamente de una persona que está parada, 
-como embobada, sin acción, que es un estafermo. 

Nosotros damos ese nombre al que es muy feo: 
^'Hubieras visto á la Conchita, estaba hecha un es- 
tafermoy *'¡ Jesús, qué estafermo; j es el novio de 
la Corina Corrales!" 

Estampida. 
Esta voz onomatopéyica significa el es4:allido 
del cañón ; pero no el acto de salir corriendo el ga- 



282 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

nado, otros animales ó los hombres. No debe, 
pues, decirse, como oímos comunmente: "Al ver 
mi caballo al tigre, pegó la estampida^ '*Los ene- 
migos pegaron la estampida hasta su tierra." En 
tales casos, como se ha de decir es: "salir áe estam- 
pía,''^ que significa hacerlo de repente, sin prepa- 
ración, ni anuncio alguno. 

Estampilla. 

Es el sello que sirve para firmar imitando la le- 
tra del dueño, ó para imprimir el nombre de al- 
guna oficina; pero no el timbre de correos, como 
quieren algunos, que del inglés stamps traducen 
estampillas. "Con esto del franqueo forzoso, si 
uno se da á escribir cartitas, los sellos de correos 
(no estampillas) se le van como agua." — {Trueha.) 

Estrategia. 

Suele confundirse en el uso común, con estrata- 
jema. Este es un engaño ó ardid en la guerra, y 
en general cualquier treta artificiosa. Estrategia 
es el arte de la guerra, es la ciencia de un general. 
No digamos, pues, "Pedro usa de muchas estrate- 
gias. Ya sé de qué estrategia me voy á valer para 
sacarle el dinero." 

Esterina. 

Suele llamarse así á la estearina. 

Estilar. 

Se usa por acá en vez de destilar; y así hemos 
oído decir muchas veces: "Enrique Wego estilan- 
do sangre." "Agua estilada,'' por agua filtrada, 
que es como debe decirse. 



^? 



PKOVÍNCIALISMOS DE GUATEMALA 283 

Estiloso, 
ste neologismo nuestro se aplica al que gasta 
humos, al infatuado, al orgulloso. ''Ya porque 
tiene jyisto ]a feróstica Chus Masparrote,se ha vuel- 
to tan estilosa,^' 

Estrinina. 
Muchos dicen así, por estricnina. 



r 



Estado interesante. 
"Los ingleses, por eufemismo, no dicen que una 
mujer está embarazada, calificativo que encuen- 
tran horripilante, y en su lugar emplean la cir- 
cunlocución: '7o be in tlie farnily way,'' esto es, es- 
tar en estado de tener familia. Estado interesan- 
te, es otra circunlocución igualmente motivada. 
Encuentro esta diferencia: la primera es una perí- 
fraris, al paso que la segunda es una antífrasis, 
porque significa lo contrario de lo que expresa; en 
prueba de ello, á medida que crece el interés, cre- 
ce también en las interesadas el deseo de ocultar- 
lo, y cuando el estado pasa de interesante á inte- 
resantísimo, se esconden como los criminales, y 
como éstos, si salen á la calle, es de complicidad 
con las tinieblas de la noche." ("Santiago Miche- 
lena, Pedantismo Literario y Verdades Políticas.'') 

Estriñirse. 
Dígase estreñirse. 

Estrupicio. 

Al destrozo 6 rotura estrepitosa de muebles 6 
enseres, se llama entre nosotros estrupicio, que en 
jcastellano es estropicio (de estropear.) 



284 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Etiqueta. 
Es palabra tomada del francés; en español díga- 
se rótulo, rotalata, y cuando significa el papel pe- 
gado á las piezas de género, es marbete. 

Exculpar. 

Aunque se usa mucho, el Diccionario y los clá- 
sicos reconocen solamente disculpar. 

Expediente. 
Nosotros decimos: "Llenar el expediente," por 
salvar 1as apariencias ó cumplir con las fórmulas. 
En España la frase usada es: ''Cubrir el expe- 
diente." 

Experimentación. 

La acción 6 afecto de experimentar es experi- 
mento, que no experimentación, como emplean mu- 
chos. 

Externar. 

Personas ilustradas, y aun literatos recomenda- 
bles, dicen á cada paso '^externar opinión'' por ex- 
presar, manifestar, dar á conocer, decir, exponer 
una opinión cualquiera. En España nadie externa 
opiniones, ni el Diccionario autoriza la frase, ni 
los clásicos la han usado, ni existe el tal verbo ex- 
ternar. Déjense, pues, todos esos poetastros de 
andar '^externando sentimientos y pasiones;" y en 
los ; parlamentos y congresos que no '^ externen sus 
opiniones" los diputados; ni se recuse á los jueces 
porque han externado su opinión, como dice un 

Código. 

Extrañar. 

No se puede usar como recíproco; y en tal con- 
cepto, no se debe decir: ''Me extraña mucho; le ex-, 




PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 285 

traño bastante, etc." Tampoco puede usarse el 
verbo extrañar por echar de menos, deplorar; ha- 
cer falta, como lo usan en el Perú y en Guatema- 
la. Ni el Diccionario, ni los buenos escritores le^ 
dan el significado del regreter francés: 

''¡Cuánto extraño mi barrio de Belén 
En esta soledad de Barrabás! 
jLa civilizadora luz del gas. 
El pito del sereno y el del tren!" 

Exequiel. 
Es Ezequiel, así com^^es Exequias y no Exequias. 



Faina. 

K> usanza general, entre gente del campo, lla- 
mar /aí*?ia á \^ faena. El trabajo adicional que se 
impone á los mozos arrendantes en las fincas rús- 
ticas, también se llama /ama. 

Fajar. 
i^a;ar CON a/^í^no significa, en lenguaje castizo, 
acometer contra él. Nosotros la usamos en estas 
6 análogas frases: ''Le fajó un buen gaznatón;'' 'VSi 
me dice algo, le fajo una buena." 

Fandango. 
"Yo no quiero meterme en esos fandangos,'' por 
decir en esos lios. 

Fantasioso. 
El vulgo da ese nombre al orgulloso, al que se 
jacta de alguna cosa. 



286 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Favorecida. 

Es muy común ver cartas que comienzan así: 
''Recibí \si favorecida de \Jd., etc.'' Es decir que 
hace favor quien la recibe. Más atento sería de- 
clarsirse favorecido por ella. Eso de favorecida, es 
trocar los frenos. 

Ferrocarril urbano. 

Se llama en español el tranvía, y no la tranvía, 
como dicen muchos. Cuando estaba en prensa 
la lOf edición del Diccionario de la Academia, se 
resolvió admitir la palabra tranvía (sic) y la cali- 
ficaron de femenina por su terminación ; mas como 
posteriormente se notase que el uso vacilaba, pi- 
dieron algunos académicos que se examinase á 
fondo el punto, lo cual dio lugar á una interesan- 
te discusión sostenida en varias sesiones por los 
señores Segovia, Olivan, Ferrer del Rio, Olózaga 
y otros. En vista de los encontrados pareceres y 
de los poderosos argumentos de una y otra parte, 
acordó la Academia que los principales discursos 
y escritos á que dio lugar la cuestión se publica- 
ran en las Memorias de ese ilustre Cuerpo, como 
en efecto lo están en el tomo IV, página 290 y si- 
guientes\ Tal cuestión quedó resuelta en la XII 
edición del Diccionario, que trae el tranvía. 

Feota. 

En tono despreciativo, es muy común oír aquí, 
llamar feota á una fea. Es por demás curioso ese 
superlativo de feísima, que deja la terminación 
f e m en i n a á la raíz feo . 




PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 287 

Feróstica. 

En castellano quiere decir irritable y díscola. En- 
tre nosotros se toma por /m, y aun vulgarmente 
dicen las criadas ¡qué fiera! por decir que fea. 

Fierro. 

En las haciendas se llama así á las marcas con 
que se señala el ganado, que también en castellano 
les dicen hierros. Entre nosotros, el fierro es por 
antonomasia el cuchillo, la daga, el puñal. ''Chico 
Araña, dice Salomé Jil, se jubilaba de la escuela y 
ya cargaba fierro.^* 

Filos. 

*' Tener malos filos'' una cosa, decimos por malas 
trazas, malas apariencias. 

Firme. 

De firme, vs cuotizo para significar co7i solidez; 
pero no, como lo usamos, por constantemente, con 
■constancia; por ejemplo: ''De firme no hace 
más que embolarse:' 

Fiambre. 
"En buen castellano es un adjetivo que signifi- 
ca el asado ó cocido que se ha dejado enfriar para 
comerlo así. Entre nosotros, es un sustantivo que 
designa un plato eminentemente nacional, com- 
puesto de muchas carnes, que se come frío tam- 
bién, de donde probablemente le viene el nombre. 
Creo que habrá muchos guatemaltecos que no ha- 
gan, en la víspera del día de difuntos, la visita al 
cementerio; pero dudo de que haya uno sólo, sea 
de la clase que fuere, que deje de comer el ^^am6rc, 



288 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

que se hace únicamente en ese día, aún cuando no 
habría inconveniente en fabricarlo en cualquier 
otro de los del año. Se hace así, porque así se ha 
hecho siempre, y se seguirá haciendo hasta la con- 
sumación de los siglos, mientras haya en esta tier- 
ra costumbrera con que condimentar el fiambre y 
quién se lo coma el día de los Santos." (José Milla.) 

Fijarse. 

Como recíproco, sólo le da el Diccionario la sig- 
nificación de fijarse un dolor en alguna parte; la 
idea en la imaginación; determinarse, resolverse. 

Por eso es que algunos puristas enseñan que no 
es propio usar fijarse por advertir, reparar, notar, 
poner atención. 'Tíjate bien en Julia;" ''No me 
fijé en lo que me dijo;" ''Juanillo no aprende, por- 
que no se fija;" ¡Quién se fija en eso! Que en Es- 
paña dirían: ''Observa bien á Julia;" "No paré 
mientes en lo que me dijo;" "Juanillo no aprende, 
porque no tiene atención ;" ¡Quién para su aten- 
ción en eso! 

Pero debemos hacer notar que buenos hablistas 
han usado fijarse por advertir. D. Antonio Cáno- 
vas del Castillo. (Memorias de la Real Academia 
E'spa/loía; página 276, tomo I. — Menéndez Pela- 
yo; página V, de la Poesía Mística. — Cañete; pági- 
na 293, Escritores Españoles é Hispano- Americanos) 

Fisga. 

Es en español hurla, sátira, y también se llama 
así el harpón de tres dientes que sirve para pes- 
car. En Guatemala llaman ^,9^íi á la banderilla 
que el torero pone al toro. 



PROVIN(aALISMOS DE GUATEMALA 289 

Flato. 

En castellano es la acumulación molesta de ga- 
ses en el tubo digestivo; y antiguamente se daba 
además el nombre de flato al viento. Entre noso- 
tros nada de eso significa: se toma como sinónimo 
de miedo, murria, esplín, aprehensión ; y así dicen : 
'*No tiene Cornelio más que flato, y ni come, ni 
sale á la calle." "Es tal e\ flato de Lola que se fué 
á Ciudad Vieja, huyendo del garrotillo.'' 

De la voz flato, tomada en esa acpción. se deii- 
XSL fl afilie nto, que quiere decir, en nuestro peculiar 
modo de hablar, el que ÜQue flato: "No he visto 
una niña íslu flatulenta como la Quirina; ni se ba- 
ña, ni siquiera se moja las manos; lleva 30 años 
de estar reñida con el agua; porque profesa el afo- 
rismo de que de que de bañadas y cenas están las 
sepultaras llevas.'" En Cuba y en Bogotá tiene la 
palabra //a/(> las mismas acepciones que nosotros 

le damos. 

Fletar. 

Se usa por acá como sinónimo de dar fricciones ó 
dar friegas; y así dicen: "Dele \xn fletada con acei- 
te de almendras;'' ''Jáletele la espalda con aguar- 
diente alcanforado." Fletar, en sentido metafóri- 
co se usa también por acá, como equivalente de 
molestar, mortificar, perjudicar: "Si se casa se fleta, 
porque ella es muy lujosa y él muy pobre." Me 
fué muy mal; me di una huensi fletada, todo el día 

bajo el sol." 

Florear. 

Usase inpropiamente este verbo por florecer 
tanto en Colombia como en Guatemala. También 
le damos la acepción chilena de escojer entre mu- 



290 VICIOS DEL LENGUAJE. Y 

chos objetos semejantes, los mejores. Florear en 
castellano es adornar ó guarnecer con flores. 

Flores de mano. 

Así llaman por acá á las flores artificiales. 

Flores de muerto. 
Amarillas y tristes florecitas (Tajetes varios) que 
brotan en los cementerios y entre los abrojos y 
malezas. El sentimental poeta Gutiérrez Gonzá- 
lez, dijo á una señora: 

'Tu bello ramillete 
Historia de la vida, 
La risa confundida 

Se ve con el pesar 

Pintaste la existencia 
Variada, sin concierto, 
Se ve la /?or de muerto 
Unida al azahar." 

Flores de la cruz. 

Aparecen en el mes de abril y son estas flores 
blancas amarillentas y rosadas. Su perfume es 
delicioso, y en botánica se llaman Plumería rubra. 

Flor de pascua. 

De subido rojo, abundantes en el mes de diciem- 
bre, y adornan los "Nacimientos." — Por eso le lla- 
man "Flor de Pascua." (Poinsetia pulcherrima.) 
En francés fleiir de feu. Don José Milla describe 
con mano maestra la melancolía que se apodera 
del viajero al recordar los objetos ligados á los 
más gratos recuerdos de nuestra vida; y dice: "En 
uno de esos palacios de cristal destinados á con- 



I 



PROVÍNCIALISMOS DE GUATEMALA 293 

servar, por medio de un calor ficticio, las plantas 
de las más opuestas latitudes, acerté á encontrar, 
en medio de un gran grupo de árboles tropicales, 
el de \si flor de pascua, pobre arbusto que parecía 
esforzarse en aquel clima extraño y glacial, por 
ostentar sus espléndidas flores, como si se empe- 
ñara en dejar bien puesto el honor de nuestro pa- 
bellón." (Tomo I, página 15.) 

Flor de San Martín. 
Es el nombre vulgar que dan en Guatemala á la 
Laclia snperJtiens. (Orchidácea.) 

Florípundia. 

K» el nombre que comunmente damos á una 
flor blanca, grande, que crece silvestre, y que en 
español se llama floripondio. Datura arbórea. 

Dt^scribiendo nuestro distinguido compatriota 
Juan Diéguez "Las Tardes de Abril," dice: 

"Y el páltano sus lábaros tremola. 
Sus anchos abanicos la palmera, 

Y sacude la verde cabellera 
Kl desmayado lánguido sauz: 

Se ostentan las pompossisfloripundias, 
Que cual ebúrneas campanillas penden. 
De albura ricas y de olor trascienden, 

Y el trébol y las flores de la cruz.'' 

Flota. 
Meter flota, por das prisa, es á nuestro juicio, lo- 
-cución peculiar de estos países. 

Fomento. 
Es un provincialismo hispano-americano, signi- 
ficando el remedio de poner paños empapados en 



292 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

algún líquido caliente. Vulgarmente dicen aquí 

faumentos. 

Forzó. 

Fuerzo, fuerzas, fuerza, es el presente de indica- 
tivo Aq forzar; y no como dicen muchos por acá 
forzó, f orzas, forza. 

"Cada día descubro en vos valores que me obli- 
gan y fuerzan á que más os estime." (Cervantes. 

— Quijote.) 

Forro. 

De forro es una expresión adverbial que aquí 
usan vulgarmente para significar además. 

Dicen por ejemplo: "Se fué la criada, llevando-" 
se de forro el salario adelantado." 

Fo r ra rse, f o r rad a. 

Forrarse, es provincialismo que equivale á po- 
nerse repleto de alimento; y forrada á hartura. — 
"Se dio una buena /orrada de tamales, y se enfer- 
mó." En castellano es atiforrarse. 

Flus. 

Probablemente viene de la palabra flux, que es 
castellana y significa en la frase hacer uno flux, con- 
sumir su caudal y no pagar á nadie. Entre noso- 
tros, tener flus, quiere decir estar de suerte en el 
juego. 

Franjolín— a. 

Es un adjetivo que aplicamos á las gallinas y 
demás aves privadas de cola. En Chile les dicen 
franjolinas-, en castellano el equivalente áe franjo- 

Un es reculo. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 293 

Fonda. 
Nadie llama aquí á los hoteles con su nombre 
•castizo que es fonda: y todos entienden por fonda 
(.1 r^}n)}q)(¡lln doude se vende aguardiente. 

Fortunoso— a. 
Quiere decir borrascoso, tempestuoso, desgraciado, 
<;n buen español, aunque es adjetivo anticuado; pe- 
ro por acá se le toma por afortunado, dichoso. Es 
•decir, por lo contrario de lo que significa. 

Fuey. 
Corrupción de fuelle. 

Fuertísimo. 
Dígase /br/Í5m¿?, siguiendo el origen latino. 

Fuerzudo. 
Así dicen pox forzudo. 

Fregar. 

Este es un provincialismo vulgar que priva 
mucho en esta tierra: aquí se friega el que hace un 
mal negocio, el que se casa mal, el que es pobre y 
aun el que es rico; en una palabra, desde el más 
alto hasta el más bajo, todos nos fregamos, todos 
pasamos una vida uixxy fregada; p^r o consolémonos 
que no es sólo en Guatemala donde uno se friega: 
también en Chile, dice Zorobabel Rodríguez, "que 
se sufre la más larga, aburrida é insoportable de 
las fregazones:'^ en el Perú bace poco se fregaron 
con la guerra, y bien que conocen allí lo que es la 
fregadera, ó sea ''el daño que sobreviene, según 
Juan Arona, el contratiempo, el compromiso, la 



294 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

estrechez, ¿qué sé yo? Un volumen entero ten- 
dría que escribir si quisiera aceptar todas las acep- 
ciones de /r^^ar y sus infinitos derivados:'' tam- 
bién se friegan en Colombia, según Cuervo; y 
tendremos que concluir con que en toda la América 
española se friegan y hay quién friegue. En Espa- 
ña, en la tierra del Cid y de Pelayo ahí no se 

friegan] ahí se joroban, se dan al diablo, se incomo- 
dan, se molestan, se fastidian, se hostigan, se aburren, 
que quiere decir, en nuestro enérgico lenguaje que 
si se friegan los chapetones. Es la verdad, pues, que 
en este picaro mundo, cuantas veces cae una go- 
ta de hiél en nuestra alma; nos atormenta el dolor; 
el tedio acibara nuestra existencia; el abatimiento 
nos anonada; sufrimos un desengaño; cuantas ve- 
ces, en fin, muere una ilusión dorada; tantas otras 
se friegan los mortales, aquende y allende el mar, 
aunque esa palabra no se conozca más que en Amé- 
rica. Punto redondo; y dejemos de fregar, amolar, 
fletar, chivar y moler al benévolo lector. 

Freído. 

Dígase frito. 

Fresco— a. 

Así se llama a los refrescos, como el agua de ca- 
nela, la orchata, etc., etc. Decir unsi fresca, es lan- 
zar un injuria, un insulto: "Había tocado á Ven- 
tura por penitencia, según supe desp^iés, aquella 
difícil y delicada pena de decir á cada uno de los 
presentes un favor y un disfavor-, y mi pobre con- 
discípulo anduvo harto desacertado en la elección 
de las frescas con que festejó á los dueños de la 
casa y á los tertulianos." (Salomé Jil. — Cuadros 
de Costumbres; tomo I, página 25.) 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 295 

Frijol. 

El Diccionario de la Academia, escribe frijol y 
fréjol, no sabemos por qué, una vez que los escri- 
tores clásicos, que la misma Academia ha adopta- 
corno ''Autoridades," dicen corrientemente frijol, 
sin más diferencia que escribir ya con s ya con x, 
y otras veces frísol. Antonio de Nebrija, en su 
^diccionario latino español (1545) dice: 

*'Phas¿olus legumen edem ab hisp. dícitur frisó- 
les; y después de esto, asegura Salva que es provin- 
cialismo de América! Nadie pronuncia /ri/oZ ni 
fréjol. En España se designa generalmente esa 
legumbre con los nombres de alubia, judia y habi- 
chuela. Llamamos /rijoZar a la planta que produ- 
ce los frijoles. Los hay entre nosotros de muy 
diversas clases. El frijol negro es después del 
maíz, el alimento más importante, sobre todo pa- 
ra los indígenas. Hay una especie de frijol negro 
grande, que llaman Ixtapacal; al colorado pequeño 
áicaiúe Ixpanquél; hay otro morado oblongo; el 
blanco, que le dicen del suelo; el negro pequeño, 
de extremos aplanados, que lleva el nombre de ci- 
ruelo; el colorado, 6 sea el ciruelo coralillo; el fri- 
jol de haba; el frijol caracolillo; y el frijol garban- 
zo, originario de Nicaragua. 

Fritanga. 
En Españal es fritada ó fritura. 

Fundillo. 

En español es los fondillos. Aquí, como en el 
Perú y Colombia, dicen el fundillo, cambiando la 
o en u, sin duda por la simpatía que dice Cuervo 



296 VICIOS DEL LENGUAJE Y - 

tienen las labiales h, p, f, v, m, con la u y no con 
la o. Además se usa en singular, quitándole la s, 
por esa tendencia, que ya hemos censurado, de 
traer al singular esas voces que en castellano sólo 
tienen plural. Propiamente /^6nrf^7/o es el dimi- 
nutivo áe fundo ^ heredad. 

Fundirse. 

Por arruinarse, es provincialismo chileno y gua- 
temalteco. Antiguamente fundirse significaba /mn- 
dirse] y de ahí viene que lo tomemos en la acep- 
ción que hemos dicho. 

Fustán ó justan. 

Fustán, dice el Diccionario, una tela de algodón. 
Nosotros, con los peruanos y chilenos, llamamos 
fustán (la gente baja dice justan) á las enaguas 
blancas, que llaman en España. 

''Ello es que el lecho abandonó en camisa. 
Sin pensar en la enagua ni el fustán, 
¡Quién pensaba en la enagua 
Cuando está el corazón hecho una fragua!" 

(Ruinas, pagina 352.) 
Fustrar 

Una de las corruptel^-s más frecuentes, hasta en 
boca de personas que presumen de cultas, es decir 
fustrar, en lugar de frustrar. 

Fugo. 

No faltan hasta letrados que digan reos fugos, 
por prófugos. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 297 

Fuertísimo. 
Hay palabras (jue para formar el superlativo, 
tienen la raíz latina: ardentísimo, fortisimo, bonisi- 
mo, lucentUimOy valentísimo, novísimo, ternísimo, etc. 



O. 

Galán. 

Es castellano, en sentido de hombre de buen 
porte, de airosa presencia; pero nótese que cuando 
en España dicen que alguien es guajeo, en Guate- 
mala empleamos siempre galá7i, dando la prefe- 
rencia á esta última palabra. 

Galán de noche {Certrum noctnrnum) es un ar- 
busto calificado entre los venenos narcótico -acres. 

GaUera. 
Ni gallero ni gallera se hallan en el Diccionario. 

GamonaL 

Por ostentoso, gastador, es provincialismo de 
•estos países y de Colombia. 

Ganancia. 

Este es un provincialismo mexicano, que se usa 
también en Chile y entre nosotros, y que signifi- 
ca '^añadidura que da el vendedor de pan ó velas 
sobre lo justo." — Así vemos en algunos letreros 
ócartelones: ''Se vende pan con ganancia)' "Can- 
delas con ganancial También llamamos ganan- 
cia á la paga ó comisión que el dueño ó productor 
de algún artículo de consumo doméstico da al que 
se encarga de venderlo al menudeo. 



298 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

''No le arriesgo la ganancia" dicen muchos por 
no le arriendo la ganancia. En buen castellano se 
llama adehala lo que nosotros llamamos ganan- 
cia, hipegüel ó ajuste. 

Gancho. 

Al alfiler de dos puntas que usan las señoras 
para' prenderse el cabello, llaman por acá y por 
Lima ganchos, cuyo nombre lexicográfico y usual 
en Madrid, es horquilla. 

Garúa. Garuar. 

Es provincialismo chileno y peruano, que noso- 
tros también usamos, por llovizna, mollizna, cerni- 
dillo,. Garuar es lloviznar, molliznar, ó mollinear, 
en castellano. 

Garrobo. 

Es un reptil nauseabundo {Lacerta hórrida) que 
vive á orillas de los ríos, en las paredes viejas, y 
aun en los techos de algunas casas arruinadas. 

Giro. 

''A las libranzas y letras de comercio, les dicen 
algunos giros, lo cual es impropio, ya que en lo 
mercantil, la palabra giro lo que significa es ''mo- 
vimiento ó traslación de caudales, por medio de 
letras ó libranzas." La palabra giro significaba, en 
lenguaje antiguo, hermoso, galán; y de ahí viene 
que en muchas repúblicas americanas y en Cuba, 
llaman giros á ciertos gallos. 

Gloriado. 

Bebida que se hace mezclando agua caliente con 
aguardiente, y endulzándolo todo con azúcar tos- 




PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 299 

Eii Chile y en el Perú usan también el glo- 
es decir, la bebida y el nombre. 

GamonaL 
|ue es rústico, al cacique, llaman gamonal. 

Gallinero. 
Al lugar más alto del teatro le dicen aquí galli- 
nero, sin duda porque el vulgo que allí concurre, 
no sabiendo que nombre darle, y recordando que 
las gallinas gustan de ponerse en las noches todas 
juntas, 6 en los lugares más altos, quiso llamar 
gallinero á la cazuela ó paraíso. 

Garrete. 
Dígsíse jarrete. 

Gas. 

Es por demás curioso el nombre de gas, que dan 
aquí al petróleo 6 sea aceite de piedra. Una lata 
(/e ^a^ es una caja de aceite: alumbrado de gas, 
equivale á alumbrado de petróleo; porque en Gua- 
temala no se conoce el verdadero alumbrado de 
gas, el gas light de New York. — Otros dicen alum- 
brado de aceite de petróleo, incurriendo en un 
pleonasmo muy censurable, toda vez que petróleo 
es aceite mineral. 

Llámanle también gas al coma producido por 
las bebidas alcohólicas; de donde procede el decir 
engasado de aquel que está con alcoholismo. 

Gavetas. 
"Hombre de muchas gavetas,'' es el solapado que 
usa de muchas tretas, que sabe el arte de vivir 
bien. 



30(> VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Gaznatada. Gaznatón. 
Se usa mucho entre nosotros, por bofetada, bofe- 
tón. En castellano sólo significan aquellas pala- 
bras golpe dado en el gaznate ó gargüero. 

Getón. 
Palabra vulgar que significa bocón. 

Gorro frigio. 

¿ Cómo habían de creer ciertos políticos que gorro 
frigio no está en el Diccionario de la Academia? 
Sucede que el gorro que sirve en América de em- 
blema á la libertad política, es el piléo que usaban 
los ciudadanos en Roma. ''El retrato de Marco 
Bruto lo saqué de una medalla de su mismo tiem- 
po original en que se ve entre los dos puñales 

el piléo 6 birrete, insignia de la libertad." (Que- 
vedo. — Marco Bruto.) 

Gola. 

Ssgnifica en español gaznate, tragadero, gallillo 
6 galillo; pero no como algunos lo usan en Bogotá 
y en Guatemala, "la arandela del traje de mujer 
que rodea el busto," según dice el ''Vocabulario" 
de la novela María, de Isaacs. En ese caso será 
golilla. 

Goma. 

Llaman aquí goma al estado del temulento, en 
que, después de la excitación producida por el li- 
cor, se vuelve triste y temblón, con el sistema ner- 
vioso debilitado y con ansia de beber más licor. 
La palabra goma puede ser una corrupción de co- 
ma, que así es el nombre del sopor, más ó menos 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 301 

profundo, proviniente de congestión en el cerebro. 
El medico y literato 1). Pedro Mata dice: ''que el 
coma sucede á este estado en que la sangre hierve 
de más á más, circula con violencia y en especial 
hacia la cabeza." También pudiera aventurarse la 
idea de que se llama goma esa lamentable situa- 
ción del ebrio, por cuanto él experimenta las fau- 
ces como si las tuviera con goma, pegajosas y con 
ansia por el agua. Mas sea loque quiera; engoma- 
do le dicen al que se halla con goma, esto es, al in- 
feliz que tiembla, tartamudea, está débil, no tiene 
apetito y siente un malestar terrible, á consecuen- 
cia de la tMubriaguez. 

Gota. 

Muchos dicen ''no veo gota,'^ para indicar que no 
ven nada absolutamente. 

Graduación. 

No debe confundirse con gradación, ''Graduación 
es la división ó el acto de dividir en grados acadé- 
micos, como los de licenciado ó doctor; el carácter 
honorífico, rango, categoría de una persona, sobre 
todo en la carrera militar; y gradación es el orden 
sucesivo, con que se pasa insensiblemente, y como 
por grados, de lo ínfimo á lo sumo, de lo trivial y 
pequeño á lo más grande y sublime, de lo claro á 
lo oscuro, de lo tenue á lo fuerte." {Zizaña del 
Lenguaje, por D. Francisco J. Orellana.) 

Gomitar. 
Corrupción que comunmente se usa, de vomitar, 
como dicen güeno, por bueno. 



302 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Grabado. Gravado. 

Suele confundirse uno con otro; pero hay que 
notar que se graba una imagen, un retrato, una 
figura cualquiera, y se grava con un peso, contri- 
bución ó carga. 

Granada. 

Así se llama por acá á ciertos fuegos artificiales, 
que en español denominan ''árbol de fuego," y 
que en Chile conocen con el nombre de arbolito. 

Granadilla. 

Es una fruta del tamaño y forma de un huevo 
de pava, un poco mayor algunas veces, de color 
anaranjado cuando está madura (Fassiflora lígula- 
ris.) Es la fruta de la pasionaria, trepadora, cu- 
yas flores tienen las insignias de la trágica muer- 
te del Salvador del mundo. Granadilla es un his- 
panismo de América, que ya registra el Diccionario 
de la Academia en su 12^ edición. 

"Cuájanse los cafetos de jazmines 
De escarlata él granado se salpica, 
La pasionaria de verdor tan rica 
Tiende á Flora fresquísimo dosel; 

Y la columna del esbelto dátil 
Tapiza la pitahaya trepadora : 
Con lujosos florones la decora, 
Pendientes del crinado capitel. 

(Juan Diéguez.— ictcS tardes de abril.) 

De la pasionaria y de la granadilla dijo el in- 
signe Bello que eran: 

"Nectareos globos y franjadas flores.'' 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 303 

Granadino. 
Árbol de buena madera, abundante en nuestras 
tierras, (jueda un tinte encarnado oscuro. 

Gringo. 
Es americanismo que se usa para denominar á 
los ingleses 6 yanJcees. Acerca de esta palabra no an- 
<luvo muy acertado Salva, cuando dice que es apo- 
-do que se da á todo el que habla una lengua ex- 
traña, y que la pleve llama así á todos los extran- 
geros, señaladamente á los italianos. — Terreros 
definió á los r/rm^05, hace más de cien años, di- 
ciendo que en Málaga apodan asíalos extrangeros 
que hablan con acento, y señaladamente á los ir- 
landeses, — El Diccionario de la Academia lo toma 
por sinónimo de griego: ''hablar en griego,'' dice es 
"hablar en gringo." El Diccionario de chilenismos 
lo reputa *'apod() con que se designa vulgarmente 
a \os ingleses.'' — El Diccionario do los peruanismos 
trae: 'Tara nosotros gringo y gringa, con sus dos 
terminaciones, y aun por cariño grihgnito y grin- 
guita, no es más que inglés ó inglesa. 

Grisma. 

En nuestro modo de hablar, bien sabe el lector 
guatemalteco que grisma es una pequeñísima can- 
tidad de una cosa; y así hemos oído mil veces: — 
"No le hace mal ; sólo es una grisma'' hablando de 
cosas de beber ó de comer. — ''No sé cómo se enfer- 
mó el niño: no ha comido ni una grisma de nada." 

Esta voz debe de ser una corrupción de el cris- 
ma, acaso porque^es muy poco el aceite con que 
bautizan, confirman y consagran los sacerdotes. 



304 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Gros. 

La tela de seda sin brillo, de más cuerpo que eí 
tafetán, se llam gro, del francés gros, y he aquí 
por qué muchos dicen gros con s, en español. A- 
cerca de esta palabra difieren los lexicógrafos. 
Gormaz dice que es grodetur. En el diccionario 
francés de Martínez López, en la voz defraiíle. — 
"Tela de seda parecida al gros de Ñapóles/' Al 
Gros de Tours (en francés) le decían antiguamente 
en Guatemala Grodetú. 

Gruesísimo. 

Aunque es castizo decir gruesísimo, es más culto 
usar de la forma latina grosísimo, como enseñan 
Monlau, Cuervo, etc. 

Guaca. 

Es palabra que viene del quechua huaca, ídolo,, 
casa sagrada, templo, sepulcro. Las indios hacían 
unos montecillos de figura cónica, en cuyo centró- 
se encontraba el nicho para depositar el cadáver, 
junto con alhajas, armas, vasijas, piedras de moler 
el maíz etc., á lo cual llamaban huaca. 

Garcilaso dedica á esta palabra largas colum- 
nas. El quechuógrafo Ischudi, emplea una pági- 
na entera en su descripción. 

Juan de Arona dice: ''Cubren las más de las 
veces estas huacas, derruidos paredones y multi- 
tud de canillas y calaveras, sobre todo lo cual de- 
ben pesar mu}^ buenos años: 

Son montecillos incultos 
Do del sol á los reflejos. 
Vemos blanquear á lo lejos 
Huesos de gente insepultos. 

(Poesías peruanas.) 



PROVIN(íIALISMOS DE GUATEMALA 305 

Tan pronto como los conquistadores advirtieron 
las riquezas que había enterradas en las huacas, 
se dieron á las escavaciones, afición y manía que, 
ya en grande, ya en pequeña escala, dura hasta 
hoy con resultado vario; pues simios han descu- 
bierto tesoros positivos, ó cuando menos grandes 
obras de arte; otros no han hallado nada, salvo 
tiestos 6 cachos de vasijas de barro, hilachas, an- 
drajos, cañas apolilladas, etc." 

Guacal. 

Al trasto que sirve para tomar agua y echarla á 
la ropa que se lava, y para otros usos domésticos 
análogos, llaman por acá guacal, palabra indíge- 
na, que creemos no tiene equivalente en español. 
El guacal es de la forma de un hemisferio, de nue- 
ve á doce pulgadas de diámetro, aun los hay mu- 
cho más pequeños. 

En Nicaragua hacen preciosos guacales, con Ja 
cascara del jícaro labrada primorosamente por la 
parte exterior, pintado de negro ó colorado,ó con 
su color natural amarillo-paja. En México lla- 
man guacal á lo que nosotros conocemos con el 
nombre de cacaxte. En el Perú denominan mate á 

nuestro guacal. 

Guaco. 

El Diccionario trae esta palabra, significando la 
planta de singular virtud para curar las picaduras 
de animales venenosos; pero dice que se cría en 
la América del Sur, por lo que creemos que no será 
fuera de propósito consignar que también se pro- 
duce la milkania guaco en Centro-América, en 
donde se llama vulgarmente bejuco de la estrella. 



M 



S06 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Guacaluda. 

Espada de guacal, es decir que lleva en la guar- 
nición, para defensa, una taza de hierro déla mis- 
ma forma que el guacal. 

Hablando de Juan Acuña, dice el autor del des- 
graciado poema "Don Bonifacio:" 

"Y desde entonces el perdona- vidas 
Se la tenía á Manso bien jurada; 
Atisbábale todas las salidas, 
Y la gran guacaluda preparada. 

Reo de muertes, ebriedad y heridas, 
Sólo andaba de noche y de tapada; 
Padeciendo, decía con malicia 
Soez, persecución por la justicia." 

Guacamaya. 

El Diccionario trae guacamayo (masculino) pa- 
ra significar el papagayo de rojo plumaje, que no- 
sotros llamamos guacamaya. (Ara macao. Lin.) 

Este nombre viene, según la Academia, del hai- 
tiano hacamm/o] pero nos inclinamos á creer que 
se deriva más bien de guaca, que quiere decir sa- 
grada y maya, tribu de indios que se hallaba al 
Norte de México, en donde abundan esos anima- 
les, cuyas plumas usaban mucho los aborígenes 
para el adorno de sus templos y fiestas religiosas. 
A veces llaman sólo con el nombre de ''guacas'' á 
esos hermosísimos habitantes de las selvas bajas, 
en las cuales se ven siempre de dos en dos; el ma- 
cho con la hembra. Se domestican fácilmente y 
algunas de ellas hablan. 

"La boba, el carriquí, la guacamaya, 
El afrechero, el diostedé, la mirla. 
Con sus pulmones de metal que aturden, 
Cantan, gritan, gorgean, silban, chillan. 

(Gregorio Gutiérrez González.— Antioqueño.) 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 307 

Guagua. 

Así se llama aquí ai coco de los niños, no (señor) 
(juaguá. '^Si no te callas, viene ño guagua ^^ dicen 
á los chicos que están llorando. La palabra gua- 
gua es quechua y significa niño. ''No es difícil — 
dice Zorobabel Rodríguez — explicarse la extraor- 
dinaria fortuna que ha tenido guagua en toda la 
Am^M'ica Meridional. Hacía falta en castellano 
una palabra que fuese á los labios maternales, 

dulce como un beso y suave como un arrullo 

Pocos años después de la conquista del Nuevo 
Mundo, desde Quito hasta Concepción, todas las 
mujeres europeas y americanas sabían la dulce 
palabra y la repetían, de chicas al jugar con sus 
muñecas de trapo y de cartón, de solteras, entre 
sonrojadas y envidiosas, y de casadas con el acen- 
to de la más santa de las alegrías y de la más 
completa de las felicidades." 

"Renunciar á ser madre, á ser esposa, 

Y renununciar por fuerza! 

Y resignarse humilde y respetuosa 

A guaguatear los hijos de una hermana, 

xV quien mecí en la cuna, 

;0h suerte cruel, tirana! 

;0h, sino adverso, oh desigual fortuna! 

{Meditación de una feo..) 

Según el vocabulario que trae Squier, en su obra 
'•The States of Central America," guagua es tam- 
bién palabra usada en Honduras, y significa niño 
(dialecto de Opatoro.) 

Cuaque. 

Es nombre indígena, muy usado para denomi- 
nar ciertos pimientos grandes, rojos, que los abo- 
rígenes emplean mucho en sus comidas. 



308 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Guajes. 
A las baratijas, chismes 6 utensilios menudos,, 
llaman guajes. Hay además una madera muy 
fuerte, que se emplea para la construcción de edi- 
ficios, y se llama guaje. 

Guasanga. 

Por bulla ó baraúnda, se toma en Cuba, Colom- 
bia, Guatemala y otras repúblicas del Continente. 

Guajiro. 
Equivalente á guanaco, en su acepción provin- 
cial. 

Guanacada. 

A todo lo que es ridículo, tonto, vulgar, fuera de 
propósito, llámanle guanacada. 

Guanaco. 
Del quechua huanano, se llama guanaco (auchenia 
guanaco) al más corpulento de los cuadrúpedos 
indígenas de Chile; y metafóricamente dicen allí 
guanaco, tanto en la terminación masculina como 
en la femenina, de la persona que por su continen- 
te, ademanes, largo cuello y delgadas piernas, se 
asemeja algún tanto á los guanacos, según explica 
el autor del Diccionario de chilenismos. 

"Nosotros llamamos guanaco, no sólo al que ha 
nacido en los estados de Centro-América fuera de 
Guatemala, sino á los naturales de los mismos 
pueblos de la República. — Lo que el portugués pa- 
ra el castellano, es el guanaco para el chapín del 
vulgo. No hay anécdota ridicula que éste no atri- 
buya á aquél; y si se trata de un recién venido ba- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 309 

yunco, es bien sabido que se ha de decir que se 
arrodilla delante de las boticas, que toma por al- 
tares; que pide en la nevería agua caliente para 
entibiar los helados; que se asombra de que los 
chapines edificasen la ciudad en este pedrero, ha- 
biendo cerca llanos tan hermosos; que pregunta 
si la catedral es hecha aqui, y otras ocurrencias se- 
mejantes, que prueban menos mala voluntad, que 
deseo de embromar y de divertirse." (Salomé Jil. 
— ^*El Guanaco,'' Cuadro de Costumbres, tomo I, 
página 50. 

"Por lo cual á pesar de ser guanaco 
En su modo de hablar era europeo, 

Y además tan galán, tan currutaco, 
Que nadie le igualaba en un paseo: 
A la verdad era un poquillo flaco, 

Y visto de perfil era algo feo, 

Y algo pecoso, y le faltaba un diente; 
Mas era muy buen mozo, muy decente." 

(Pepe Batres.) 
Guantón. 

Decimos así, por el golpe dado con la mano 
abierta, que en buen castellano es guantazo^ guan- 
tada y bofetón. 

Guayaba. 

Nada diremos de esta sabrosa fruta americana 
de forma aovada, que se llama guayaba. Psidium 
poniiferum,pyriferum. Queremos hablar deesas 
guayabas, que no se comen, por cierto, y que sin 
embargo andan en boca de todos, así en el Perú, 
como en Guatemala, así en Cuba como en Colom- 
bia; de esas bolas, que corren; del canard de los 
franceses, que vuela; del bacho limeño, que se usa- 



310 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ba hace unos treinta años; de los chiles que cuen- 
tan nuestros muchachos; de l2i grilla de los madri- 
leños; del embuste, de ]£i meiitira, que llamamos 
guayabas. ¡Ah esas son guayabas! Dicen en Ma- 
drid ¡esa es grilla! 

Gracejada. 

Como aquí llaman gracejo, al que hace pa^^asa- 
das, y no como en España, al chiste, gracia y do- 
naire en el hablar; de tal suerte que allá es adjeti- 
vo y aquí sustantivo, en significación contraria; 
viene resultando que gracejada, que no está en el 
Diccionario, equivale á payasada. Si en Madrid 
dicen á alguien que tiene gracejo, lo toma por elo- 
gio; mientras que en Guatemala, si á alguno le 
llaman gracejo, lo recibe como injuria. 

GuayabaL 
Quiere decir en castellano, terreno sembrado de 
guayabos; pero aquí tomamos el nombre de (/i^a^/a- 
bal por el árbol, por el guayabo, como decimos na- 
ranjal, por naranjo, granadal, por granado, cocal 
por coco, etc., etc. 

Guanaba. 

En castellano es guanábana. Anona montana, 
muricata. 

Guangoches. 

Son unos morrales, que se usan para recolectar 
el café, durante la cosecha. 

Guaro. 
A un loro pequeño, mayor que el perico y muy 
locuaz, se le da el nombre español de guaro, que 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 311 

entre nosotros es sinónimo de aguardiente, acaso 
porque el que bebe mucho de este licor se pone 
como un (juaro, de alegre y charlatán. ''Tan or- 
gulloso Fuhmo; parece que uno no supiera que to- 
do su pisto lo ha hecho con el guaro, con la clan- 
destina y con las chicherías.'' 

Guarumo. 
Es un árbol esbelto (Cecropia peltata, palmata) 
que abunda en nuestras costas y en todo el conti- 
nente americano. Las hojas y la corteza son as- 
tringentes. E\ guarumo de hojas blancas es un 
buen remedio contra la hidropesía y dolores del 
brazo, y lo emplean también como vulnerario, es 
decir, para preservar de la supuración á los que 
han sufrido golpes fuertes. El Dr. Michelena, ca- 
tedrático de cirujía de la Universidad de Caracas, 
refiere haber empleado con buen suceso las hojas 
del guarumo blanco en casos de movilidad nervio- 
sa. El mismo profesor ha observado que, bajóla 
influencia de esa sustancia, los latidos del corazón 
se vuelven más lentos de una manera notable, sin 
padecer los órganos digestivos. Las hojas del gua- 
rumo blanco (hay otro de hojas moradas) reempla- 
zan á la digital de Europa, con ventaja; porque su 
acción es más duradera, segura y constante, sin 
causar los malos efectos de la digital. Sabemos 
que aquí en Guatemala el Dr. Don José Farfán ha 
empleado, con éxito sorprendente, las hojas del 
guarumo como un buen anti-asmático. A pocos 
días de la decoción tomada por agua común, y 
preparada con una hoja por cada botella de agua, 
se consigue ordinariamente una curación durade- 



312 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ra. El Dr. don Antonio Rodríguez, catedrático 
de materia médica en la Universidad de Caracas, 
ha comprobado ese heche nuevo en terapéutica. 
Todo lo que á este artículo se refiere, lo hemos to- 
mado de una obra del Dr. F. Bayón ; y aunque sea 
saliendo algún tanto del objeto que nos hemos pro- 
puesto, que es gramatical y filológico, nos ha pa- 
recido conveniente dar á conocer las propiedades 
del guarumo. 

Guapinol. 

Hermoso árbol de nuestras costas que da unas 
vainas de tres celdas, que contiene un polvo ama- 
rillento arinoso, de olor desagradable, que muchos 
comen. Llámase también copinoL 

Guate. 
Siembra especial de maíz, conocida también por 
regadülo; hecha en surcos muy poco distantes 
unos de otros. Destínase á forraje. 

Guarapo. 

Es voz americana que se aplica al jugo de la ca- 
ña de azúcar, que se extrae esprimiéndola, y que 
por vaporización produce el azúcar. Se deriva del 
cumanagoto huampit, que quiere decir tasa, según 
asegura Rojas, en sus "Cien vocablos indígenas de 

Venezuela." 

Guazapa. 

Es una especie de trompo pequeño con mucho 
vuelo y que se hace bailar con la mano. Decimos 
de una persona de baja estatura, rechoncha y bu- 
lliciosa que parece una guazapa. En España di- 
cen que parece peonza. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 313 

Guardabarranco. 
Es una ave canora, que los naturalistas conocen 
con el nombre de Myadestes unicolor. (Sclater) y al 
cual Fuentes y Guzmán da el nombre de cerro- 
gillo. 

Guarda. 

Al guardabarranco, suelen decir simplemente 
guarda. Según Lafr. es el Myiadestes obscurus. 

Guachoco. 
Es un pájaro pardusco, como una paloma, de 
ojos colorados, que produce una especie de canto, 
<3on el cual imita su nombre de guachoco. 

Guasanga. 
Llamamos á una riña, á una pelotera. 

GUeno. 
Es muy vulgar decir güeno, güelta, por bueno, 

vuelta. 

Gueso. 

Muchos pronuncian gUeso, güe7V, güérfano, con 

g en vez de pronunciar la li muy suavemente en 

tales palabras. 

Güegüecho. 

Ignoramos el origen de esta voz que equivale al 
goitre de los franceses, al bocio español, y al coto 
de los peruanos. También se llama papera (de 
papo) según el Diccionario. Hablando metafóri- 
camente dícenle güegüecho al tonto, al pelele, que 
obra con candidez, al que no es listo. ''¡No soy 
tan güegüecho: no me hace operación!" dicen por 
acá, en vez de ''¡No soy tan simple: no soy tan 
ۇndidoI'' 



314 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Don José Milla, en la descripción de un platero, 
llamado Candelario, asegura que era: 

"Medio visco, sin dientes, contrahecho, 
''Con el apéndice de un gran güegüecho^ 

C'Don Bonifacio," página 47.) 

GUergUero. 
La parte superior de la traquearteria se llama 
garguero 6 gargüero, que uo güergüero, como dicen 
muchos paisanos nuestros. 

Gurguciar. 
Este nuestro verbo significa averiguar con cau- 
teloso empeño, con malicia, algo que deseamos sa- 
ber. 

GUicoy. 

Es nombre indígena de una especiede calabaza. 

GuisquiL 

Al chayóte, fruto de la planta que se llama cha- 
yotera, dícenle por acá güisquil, palabra que en 
otras partes se toma en sentido torpe. Seechium 
edule. 

Güisespín. . 
Planta medicinal, especie de zarza, conocida 
también con el nombre de uña de gato. En Hon- 
duras le dicen friega platos. 

Gurrumina. 
La contemplación excesiva del marido á la mu- 
jer, se llama en castellano gurrumina, onomato- 
peya del arrullo del palomo; y gurrumino es des- 
poso que acaricia en demasía á su mitad. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 315 

Ksto es en España; que por acá, se da el nom- 
bre de (jurrumina á todo lo que causa perenne 
molestia; así á un dolor ligero, pero reacio, como 
á una persona que enfada con sus ocurrencias re- 
petidas. Al gurrumino, diríanle aquí melcochoso ó 
ineloso. 

Guiso. 

Ks muy común en el uso familiar, guiso por gui- 
sado. Guiso es la salsa ó condimento con que se 
prepara el guisado, que es la vianda. Guiso el 
sustantivo, guisado el participio de guisar ó el ad- 
jetivo sustantivado. 

Guinche. 
Es el nombre que dan al novillo flaco, que des- 
tinan para engordarlo y conducirlo después al ma- 
tadero. 

Guineo. 

Así llamamos á una especie de plátano ó bana- 
no, probablemente por ser originario de la región 
africana que lleva el nombre de Guinea. Musa 
sapientium. 

Guatales. 

Nombre que dan los campesinos á los terrenos 
que sirven para maizales, y á donde llevan comun- 
mente los ganados á pastar. 

Guachipilín. 

Árbol de nuestras costas, apreciado por su ma- 
dera fina amarilla, que sirve para construcciones 
rurales. 



•316 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

H. 

Hoy no tiene la H ningún sonido en castellano, 
puesto que la aspiración suave que en lo antiguo 
se le daba de un modo delicado, y que prestaba 
gracia y armonía á la dicción, ha caído en desuso. 
En las composiciones poéticas del siglo de oro de 
la literatura castellana todavía se aspiraba la h^ 
como se nota en versos que no constan sin ese re- 
quisito y que desmerecen con virtiendo en muda 
la h. 

Es curioso observar que hacia el año de 1580, 
comenzó á perderse la pronunciación de esa letra. 

*'Es porque la h — dice el marqués de Villena, en 
su Arte de Trovar — en principio de dicción face la 
aspiración abundosa en algunas dicciones, pusie- 
ron en su lugar/, por templar aquel rigor; así co- 
mo por decir hecho dicen fecho, o por Herando, Fe- 

r ando y 

Habrán. 

''Habrán toros; habrán bailes; habrán muchas 
fiestas." Estas locuciones y otras análogas, se 
usan muy frecuentemente por acá, empleando ha- 
ber en plural, cuando debe ir en singular; porque 
al valemos de ese verbo para significar la existen- 
cia, se le debe poner en la tercera persona de sin- 
gular, aunque hable de muchas personas ó cosas; 
y así se dice hubo fiestas, habrá diversiones, y no hu- 
bieron, ni habrán. 

Hacer. 

Este verbo tiene muchas acepciones, según las 
palabras de que se acompaña. Como provincia- 
lismos nuestros, recordamos los siguientes: 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 317 

"Hacer dúos," que la gente vulgar dice "hacer 
dugos:' significa apoyar directa 6 indirectariiente 
los deseos de otro; secundarle, prestarle ayuda, so- 
bre todo, en pretensiones amorosas. Con esto de 
hacer dugos, muchos han hecho su agosto, hacien- 
do de una vía dos mandados; haciéndole á uno la 
cama, y haciendo, en fin, que haga morisquetas 
una moza, en vez de hacerse la gatita muerta. 

Hacer lunes, dicen de los artesanos y peones que 
dejan de concurrir al trabajo el lunes, por haber 
estado en parranda el domingo, y continuar el día 
siguiente en jarana, ó amanecer enfermos á con- 
secuencia de elhi. 

Hacer la vieja, es locución muy usada por acá, 
para denotar que una persona entretiene el tiem- 
po, haciendo como que trabaja, y no despacha lo 
que se le ha confiado. Cuando decimos que el mu- 
chacho en la escuela se divierte haciendo la vieja; 
que la criada no sabe más que hacer la vieja; que 
los albañiles pasan la mañana haciendo la vieja, 
queremos dar á entender que disimulan trabajar, 
dejando pasar el tiempo. — En el precioso ''Cuadro 
de Costumbres" intitulado ''Un baile de Guante " 
dice don José Milla: ''Un ejército de albañiles. 
carpinteros y pintores invadió la casa desde el si- 
guiente día; y mediante ruegos, amenazas y ofer- 
tas de doblar la paga, alternándonos los indivi- 
duos de la comisión en montar la guardia para 
que aquellos señores no hiciesen la vieja, al cabo 
de dos semanas la casa de don Simón estaba como 
nueva, y los salones, según todos dijeron, magní- 
ficos, espléndidos, sublimes." 



318 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Hacer la tela, es engañar con apariencias de que 
se hace alguna cosa, no haciéndola en realidad. 

Hacer la ])lanta, C[\x\QYQ ákiúv que uno iníita lo 
que hace otro, pero sin llegar á hacerlo; v. g. del 
payaso ó bufón, dícese que hace la planta de dar el 
salto mortal. 

Hacer plantas, significa hacer monadas ó mone- 
rías, hacer gestos ó visajes, hacer pantomimas;' y, 
en sentido figurado, aparentar que se hace una co- 
sa sin hacerla. 

No le hace, dicen á las veces para significar que 
no importa. 

Hacer violón, quiere decir que uno secunda ma- 
liciosamente lo que otro dice, sin estar de acuer- 
do con sus ideas, empleando algo de hipocresía. 

Hacer mal tercio, es frase provincial con que in- 
dicamos que alguien hace mala obra, que incomo- 
da, que estorba. 

Hacerse el peje, es hacerse el bobo. 

Hacerse la chanchita, quiere decir en buen espa- 
ñol, hacerse la chiquita. 

Hacer un crimen á alguno, es culparlo de un de- 
lito, achacarle una falta, ponerlo en mal predica- 
do; porque los que así hablan, no distinguen la di- 
ferencia que hay entre crimen, delito y falta. 

Hacer carita, es entre los niños excitar el uno el 
apetito del otro, mostrándole con sorna algo de lo 
que él carece. 

Hacer un levante, es buenamente calumniar á al- 
guno. 

Hacer herejías, Q^XoancÁón chilena, argentina y 
guatemalteca, que equivale á hacer atrocidades, 
maltratar cruelmente, herir, mortificar. "Es un 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 3]9 

bárbaro; no tiene Ud. idea de las mil herejías que 
hace con su mujer." 

Hacerse ilusiones, no es castellano; dígase alud- 
yiarse, forjarse ilusiones. 

Hacerse por habituarse, bien hallarse, es muy 
usado: '*No me hago á estar sola;" "te hallas con 
don Anselmo? — Sí estoy muy hecho." ''Nos ha- 
cemos un deber de contestar los cargos, etc.," dicen 
muchos periodistas; en vez de ''Nos cumple etc., 
etc." 

"Hacer de cuenta," dicen muchos; y es hacer 
cuenta. — "Puede vuesa merced, señor don Antonio, 
trasladar lo que tiene en su pecho en el mío, y ha- 
cer cuenta que lo ha arrojada en los abismos del 
silencio." — {Quijote.) 

Haiga. 
Tanto se corrompe el castellano por acá, que 
muchos y muchas dicen haiga, haigas, etc. Debe 
decirse haya, hayas, etc. Suele también decirse 
hayamos, huyáis; pero la pronunciación correcta es 
hayamos, hayáis. 

Hace. 
Hace vos, otro barbarismo: por has tii. 

Hartada. 
Dígase hartura, hartazón y hartazgo, que no har- 
tada, como por aquí se dice. 

Hasta. 
Todos los gramáticos censuran la supresión que 
suele hacerse de la partícula 7io en las frases nega- 
tivas que empiezan con hasta. Por ejemplo, deci- 



320 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

mos: ''Hasta las cinco le dolió la cabeza" para in- 
dicar que antes de esa hora no le había dolido ; y es 
precisamente lo contrariólo que aquella frase sig- 
nifica, pues quiere decir: que le estuvo doliendo la 
cabeza durante todas las horas, hasta las cinco que se 
le quitó el dolor. Debe decirse: ''Hasta las cinco 
no le dolió la cabeza." 

"Hasta ayer recibí su carta; debe ser "hasta 
ayer no recibí su carta/' dado que la carta no po- 
día estar recibiéndose todos los días, sino que tras- 
currieron algunos sin recibirla. 

Hasta cada rato. 

Dice Cuervo, acerca de esta frase, que emplea- 
mos para despedirnos de las personas con quien 
nos vemos amenudo, y que es de uso general en 
Chile y en Colombia: Hasta cada rato es fórmula 
especial de despedida y creemos que .sólo es me- 
nester aplicar un momento á ella la atención pa- 
ra reconocer su absurdidad. Hasta ñ^a el término 
de una duración, la cual en frases semejantes co- 
mienza desde el momento en que se profieren, y 
cesa en el punto anunciado por la proposición: v. 
g. hasta mañana; esto es "el no vernos durará el 
espacio comprendido entre ahora y mañana;" ca- 
da rato indica repetición y no es posible que algo 
acabe con frecuencia, si no comienza cuantas ve- 
ces haya de verificarse el acabar." 

"Con licencia y perdón del insigne hablista bo- 
gotano — dice Zorobabel Rodríguez — nos atreve- 
mos á insinuar que acaso la frase censurada no 
merezca el rigor con que la trata. En efecto ¿ por 
qué la frase hasta mañana no podría entenderse 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 321 

''hasta vernos qué será mañana?" — Y esto admi- 
to, ¿por qué no admitiremos que la otra, hasta 
cada rato, pudiera también significar sin violencia, 
''hasta vernos que será á cada rato?" 

Hendir. 

Por hender, y hendidura, por hendedura, son co- 
rrupciones que deben evitarse. Con razón, pues, 
dijo el Meléndez Valdés guatemalteco en "Las 
Tardes de Abril": ''Hiende el aire la orquesta de 
los tordos;" y el fabulista español pintaba la igno- 
rancia así: 

•'Por una estrecha hendedura 
Sacó la cabeza un topo 
Con poca carne en los huesos 
Y mucha piel en los ojos." 

Hela. 
Muchos dicen así, creyendo que del verbo helar 
debería derivarse hela, sin parar mientes en que á 
causa de la irregularidad es hiela: 

"Ladra medroso el parro vigilante; 
Borradas las veredas se extravía 

Y se hiela á la par el caminante, 

Y hasta aquel que á cubierto desafía 
De la noche el rigor, tristeza siente 

Y espera ansioso que despunte el día." 

(J. Velarde. — Apuntes de ^^ Noche Buena,") 

Hechos prácticos. 

Dice un historiador: "Que los hechos prácticos 

vinieron á demostrar cuan lamentable es para 

Centro-América la ruptura del pacto federal, etc." 

La verdad es que los hechos teóricos de este núes- 



322 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

tro Cide Hamete Beneugeli tienen mucho de he- 
chos imaginarios. 

Helada. 

Agua helada^ dicen todos por acá, para signifi- 
car el agua fría; y así oímos continuamente: "No 
beba Ud. agua helada;" "Me bañé hoy en agua 
helada;" ''Venga pronto, que se pone helado el 
chocolate;" "Tengo helados los pies," etc., etc. 
Como si fuera posible que el agua congelada 6 he- 
lada, es decir, en estado sólido y no líquido, pu- 
diera beberse ó bañarse uno en ella; ó como si 
aquí estuviéramos en Rusia, para que el chocolate 
se congelase; pero es la verdad que no son esas las 
ideas que quieren expresar los que usan de seme- 
jantes frases, sino que confunden /río con helado. 
Ni qué mucho que tales cosas se confundan, cuan- 
do al inteligente se le confunde a las veces con el 
tonto, al ignorante con el sabio y al virtuoso coJí 

el perverso. 

Herrar. 

Se confunde mucho con errar, en su conjuga- 
ción. 

Herrar, es poner herraduras y marcar ó guare- 
cer con hierro. 

Errar, es no acertar, equivocarse. Las formas 
irregulares de éste son: yerro, yerras, yerra, yerran, 
yerre, yerres, yerre, yerren, yerra tú. 

Las de herrar, son: hierro, hierras, hierra, hie- 
rre, hierres, hierre, hierren, hierra tú. 

Muchos letreros, con grandes caracteres, hemos 
visto en la ciudad que dicen: "Aquí se herran 
caballos," y no saben que yerran los tales; debe 
decirse: "Se hierran caballos." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 323 

Otros exclaman: ^j Pedro no erra tiro, cuando 
va á cazar!" Deben decir que no yerra. 

"Salto la dueña, hecha otra dueña, por no decir 
un rejal^^ar, y dije: Di tu nombre y qué hierras 
aquí donde no hay bestias." (Quevedo.— ''JE'/ en- 
tremetido, la dueña y el soplón ^ ) 

Hierba mala. 
"Planta de hojas redondas, anchas y de verdor 
desmayado, muy venenosas (excepto para las ca- 
bras) que arrojan una sabia lechosa, y de ahí lla- 
marla también Coctemalán, ó palo de leche." Fuen- 
tes y Guzmán. — ''Recordación Florida") Excacaria. 

Hierra. 
La operación de marcar el ganado con hierro 
hecho ascua, es en castellano herradero. En Co- 
lombia llámanle /¿erra7i2;a; en la Argentina y en 
Chile hierra; en Guatemala ^erra, 6 j ierra. 

Higuerillo. 
Arbusto silvestre, muy común por estas tierras, 
(ricinus comunis,) de corteza rojiza, de hojas ver- 
des, produce unos piñones, con semillas oleagino- 
sas, ovaladas, pequeñas, de color aplomado con 
vetas pardas. Del higuerillo extraen un aceite que 
se llama de castor, cuando está purificado, y que 
conserva el nombre de higuerillo cuando está su- 
cio. El primero es una droga que se halla en to- 
das las boticas, como purgante. Ei segundo lo 
usa la gente pobre, para alimentar sus lámparas ó 
candiles. En el Perú dicen higuerilla, y en espa- 
ñol se llama higuereta ó ricino á esa planta eutor- 



324 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

biácea, que se encuentra en los paseos públicos de. 
Buenos Aires, y que el pueblo conoce con el nom- 
bre de tártaro en la República Argentina. 

Hincar. 

Significa en castellano introducir una cosa en 
otra, como hincar el diente, hincar las uñas. No 
significa arrodillar, á no ser que se diga hincar la 
rodilla ó las rodillas. No es, pues, correcto el de- 
cir "hinqúese lid'' por ''póngase de rodillas." Hin- 
car es verbo activo. 

En el conocido pasaje de La publicación de la 
bula del Lazarillo de Tormes, dijo Mendoza: El 
señor Comisario se hyncó de rodillas en el pulpito, 
puestas las manos y mirando al cielo, dijo etc." 

Volverán del amor en tus oídos 
Las palabras ardientes á sonar; 
Tu corazón de su profundo sueño 
Tal vez despertará; 

Pero mudo, y absorto y de rodillas, 
Como se adora á Dios ante su altar. 

Como yo te he querido ¡desengáñate 

Así no te querrán! 

(Becquer.) 

En los albores del habla vulgar, hallamos que 
el Cid 

''Llegó á Sancta María luego descavagalba; 
Fincó los inojos, de corazón rojaba. 
La oración fecha, luego cavalgaba." 

{La Gesta de mío Cid, Cantar I número 50. Edición del "Poema," 
comentado por don Andrés Bello.") ^ 



PROVIN(íIALISMOS DE GUATEMALA 325 

Huanaba. 
Es una fruta americana, de lafamiliade lasa7io- 
nas ó del chirimoyo. En el Perú la conocen con 
el nombre de huanáhana, voz quechua. El Dic- 
cionario trae guanábana. 

Huarahua. 
En el Perú, quiere decir el movimiento zandun- 
guero de la cintura. Entre nosotros, se toma por 
mentira, broma, chanza. — ''Son tus huarahuas,'" 
quiere decir: "son bromas tuyas." En algunos lu- 
gares, al zopilote le llaman guaraguao. 

Hostigar. 

Quiere decir, según el Diccionario, perseguir, 
molestar á alguno con burlas ó de otra manera. 
Muchos lo usan mal por empalagar, dar en rostro. 
"El mismo guiso todos los días acaba por hosti- 
gar;^^ debería decirse "acaba por iponer hastio,'' por 
empalagar, por dar en rostro. 

Hostigoso. 
Así dicen muchos por hostigador, el que hostiga. 

Honduras. 

"Meterse en honduras," es frase que se usa por 
meterse en dificultades; en camisa de once varas, 
también se oye muy á menudo: 

"Mas por lo que á mí respecta 
No te diré ni palabra; 
Fuera meterme en honduras 
Y en camisa de once varas.'' 

f Rivera Maestre.) 



326 VICIOS DEL LENCIUAJE Y 

Hotel. 

Todos decimos aquí hotel, si bien en España la 
gente culta no comete este galicismo, al decir de 
Baralt, quien asegura que *'se usa ese vocablo fran- 
cés en traducciones comunes, y en rotulatas de^o- 
sadas o fondas, dándole el valor de estas voces. 

''Galicismo excusado, pues tenemos los dichos 
^posada, fonda, y también hortal, hostería, mesón y 
parador, con los derivados mesonero, mesonaje, hos- 
telero, hostelaje, hostalero, hostalaje, fondista, posa- 
dero, etc." 

''Y aquí hay que notar que hoctal, (abreviatura 
de hospital, del L. hospitium) es el mismo vocablo 
francés hotel, el catalán hoctal, y el italiano ostello, 
¿A qué, pues, la forma extranjera si tenemos una 
nacional y excelente?" — (Diccionario de galicis- 
mos.) 

Horrar. 

ICn muchos verbos y sustantivos que comienzan 
con aho, suprime el vulgo la a, sin duda por faci- 
litar la pronunciación, como en horrar, hogar, hor- 
car, horca, hormar, etc., por ahorrar, ahogar, ahor- 
car, ahorca, ahormar, etc. 

Hoja de lata. 

Es hojalata; es decir una hoja ó plancha de hie- 
rro lata, extendida, dilatada, y no de alguna cosa 
que se llame lata. 

Hole. 

La exclamación castiza es "Hola." 

Horrarse. 

Se aplica a vainas y otras hembras cuando se les 
malogra la cría. La formamos del adjetivo caste- 
llano horro-a. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 327 

Hoy por hoy. 
¡(¿ué bonito I pero mejor serísi ayer por ayer , ma- 
ñana, por mañana, este año por este año. 

Dígase, pues, 'Tor boy;" 6 bien hoy en día; en 
la actualidad. (Véase la Zizaña del Lenguaje, pá- 
gina 71.) 

Hojaldra. 

Es hojaldre: y así diríamos en buen español, 
(juitar la hojaldre al pastel, por descubrir un enre- 
do. La frase española miel con hojaldre, es en 
nuestro modo de decir miel con buñuelos. 

Huero. 

Según el Diccionario de la Academia "huero se 
aplica al huevo que por no estar fecundado por el 
macho, no produce cría, aunque se eche á la hem- 
bra clueca." También metafóricamente se dice 
de lo que es vacío ó carece de sustancia. 

En Guatemala damos á huero otra significación 
que es más bien araucana, de huera, hueda ó hue- 
ja, que en esa lengua quiere decir lo que está malo, 
corrompido. 

Así llamamos gxaeros á los huevos que con el 
transcurso del tiempo llegan á podrirse y á despe- 
dir un olor insoportable. 

Hubieron. 

Muy frecuentemente dícese entre nosotros, hu- 
bieron (en plural) por hubo. — ''Hubieron toros" 
por ''Hubo toros." — ''Hubieron fiestas," por ''hubo 
fiestas," etc. 

"Este uso del singular — dice don Andrés Bello 
— parece á primera vista anómalo, y contrario á lo 



328 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

que dicta el sentido común; pero conviene obser- 
var que el nombre que se junta con el v^erbo haber 
y que significa la cosa existente, no es el sujeto 6 
nominativo del verbo, sino un verdadero acusati- 
vo; y de aquí es que, si representamos esta cosa 
existente por medio del pronombre él, ella, es ne- 
cesario ponerle en la terminación del acusativo, 
diciendo v. g. "Se preparaban fiestas, pero no las 
hubo;" ^'no se le dio dinero porque no le había;" ó 
''no lo había." Por eso se dice que el verbo haber 
en este modo de usarle es impersonal, es decir, 
que carece de un nominativo que signifique el su- 
jeto." (Obras completas de don Andrés Bello, 
Volumen V, página 161.) 

Huespede. 
Dígase huésped. 

Huesámenta. 

Osamenta j(\\xe no huesámenta, se dice en caste- 
llano. 

Al describir con inimitable brillantez el poeta 
don Andrés Bello, cómo se levantaron de sus tum- 
bas los que yacían sepultados en la ''Iglesia de la 
Compañía, cuando se incendió, dice: 

''En sus lechos se incorporan 
Las heladas osamentas: 
De los nichos en que moran 
Bajan sombras macilentas: 
Negras ropas las decoran," etc. 

Huevo tibio. 
En España le llaman huevo pasado por agua. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 329 

HuipiL 
Esta palabra, tan usada entre nosotros, es cak- 
chiqíiel, y denota la camisa de las indias, que te- 
jen de algodón, con bordados orientales. El huipil 
cae sobre la enagua de la mujer, ó mejor dicho, 
sobre la envoltura con que se cubre desde la cin- 
tura hasta los pies. 

^'Envueltas en espléndidos güipües 
Bordados de fantásticas labores 

Con el tinto algodón, 
A sus ondas las bellas zutujiles 
Se acercaban en grupos seductores, 

Danzando en derredor." 

(El Pensativo. — J. F. Aycinena.) 

Las señoras llaman por acá huípiles á unas ca- 
misas de género de colores que usan para bañarse; 
y que, por cierto, no se parecen mucho á los tra- 
jes de baños que se ostentan en Long, Branch, ó 
en San Sebastián. Huipil es palabra compuesta 
indígena que quiere decir m^ tapado. 

Humadera. 
"¡Jesús que humadera la que hay en la cocina!" 
así dicen en lugar de decir humarada ó huraareda 
•que son las palabras castellanas. 

''Raudo volcán se me antoja, 
Que aglomera nube á nube 
De humareda parda y roja, 

Y ya hasta los cielos sube, ^ 

Y encendida lava arroja." 

Hule. 
Significa en castellano tela dada de barniz de 
varios colores, que se emplea en diversos usos. 



330 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Nosotros llamamos ahulados á esas telas, y hule 
a la goma elástica, ó caucho. En el Perú 1 lámanle 
jebe, corrupción del botánico Hehea. En España 
se dice goma: y así se habla de sellos de goma, zapa- 
tos de goma. Recordamos que hablando una vez 
de las varias producciones agrícolas de Guatema- 
la con el notable diplomático y literato argentino 
don Luis L. Domínguez, mencionamos el Jmle, y 
se rió mucho al saber que ese era el nombre que 
dábamos á la goma elástica ó caucho. 

Hinojo. 

Planta que se produce mucho en los alrededo- 
res de Guatemala, y se usa como colirio. 

Huisaches. 

Así llaman algunos á los pica pleitos ó tinteri- 
llos, como para indicar que andan con la cabeza 
perdida, que son locos, faltos de razón; que es lo 
que significa la palabra indígena huisache. 



Muy común es aquí decir: í, como segunda per- 
sona del imperativo del verbo ir; en vez de ve, que 
es lo castizo, ''/andando luego; i vistiéndote; i 
recogiendo flores, etc., en lugar de ''vé andando; 
vé vistiéndote; vé recogiendo flores." "Vé, ami- 
go, y guíete otra mejor ventura que la mía, y vuél- 
vate otro mejor suceso del que yv, quedo temiendo 
y esperando en esta amarga soledad en que me de- 
jas." (Cervantes.) 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 331 

Ido. 

"El distraído que toca en el último término de 
ese que no sé si debe considerarse como defecto 6 
como gracia, se llama entre nosotros ido; locución 
bárbara, si se quiere, pero que hace al que la ob- 
tiene una de las criaturas más felices sobre el haz 
de la tierra. p]stá autorizado para no pagar visi- 
tas, ni otras cosas; para no saludar en la calle, ni 
ceder la acera á los que le revientan la sangre; para 
decir algunas frescas á cuantos le incomodan; en 
fin, para tomarse libertades que á otro no se tole- 
rarían. Es muy ido, se dice; y ese participio pa- 
. sado del verbo ir, aplicado de tan extraña mane- 
ra, es una especie de bula sanatoria que hace bue- 
no todo género de caprichos y escentricidades. 
¡Bienaventurados los idos;por que ellos harán en 
este mundo cuanto les dé la gana!'' 

'*De esa clase de gentes se dice por acá que les 
falta un sentido. (Salomé Jil, El distraído; Cua- 
dros de Costumbres, tomo I, página 104.) 

Ichintal. 
A la raíz del huisquilar (en castellano chayotera) 
llaman le con el nombre indígena de ichintal. Pa- 
ra dar á entender que una mujer se está volvien- 
do jamona, ó que un hombre, por la edad, está en- 
grosando, dicen que empieza á echar el ichintal. 

Igualado. 
Así llaman entre nosotros al que quiere ascen- 
der á mayores; es decir, al que siendo de una cla- 
se 6 condición social inferior, procura ponerse al 
nivel de los que se hallan en mejor posición. 



332 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Describiendo nuestro festivo escritor Salomé 
Jil, á (ion Juan Ante-joortam latinam PoUín y Re- 
volorio, que tenía sus humillos de hidalgo, y que 
guardaba unos pergaminos viejos por los cuales 
constaba que descendía de los conquistadores, di- 
ce que las gentes de su tierra, que son algo iguala- 
das, se olvidan con más frecuencia de la que él 
quisiera, de la ilustre ascendencia de don Juan, 
y por ignorancia ó por malicia, habían dado en 
llamarle don Tiporta, haciendo la más extraña y 
caprichosa abreviatura del Ante-portam que forma 
parte de su nombre de bautismo. {Mis huéspedes, 
Cuadros de Costumbres, tomo I, página 111.) 

Ilusionarse. 
Como en Francia todos tienen derecho de óillu- 
sionner, aquí y en otras partes usamos el verbo ilu- 
sionarse, y hasta hay muchos desilusionados, que 
no creen ni en las reglas de la gramática castella- 
na. 

Imantado. 

Del sustantivo imán, derívase imanar, imanado; 
pero no como dicen comunmente imantar, iman- 
tado. 

Impávido. 

Quiere decir en castellano libre de pavor, sere- 
no, impertérrito. Tanto en el Perú, como en el 
Ecuador y en Guatemala, se toma por fresco, des- 
carado; é impavidez, por la frescura ó descaro. 

Imperativo. 
"Nada es más común, aun entre gentes de bue- 
na educación, que alterar el acento de la segunda 
persona de singular del imperativo de casi todos 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 333 

los verbos, diciendo v. g. mira, ándate, levántate, so- 
sefjate. Estas palabras y sus análogas no existen, 
y deben evitarse con el mayor cuidado, porque 
prueban una ignorancia grosera de la lengua. Si 
se trata de tú á la persona con quien hablamos, es 
necesario decir mira, anda, levántate, siéntate, sosié- 
(jüte. Si tratamos de vos, (de cuyo tratamiento ha- 
blaremos después) debe decirse mirad, andad, le- 
vantaos, sentaos, sosegaos. Antiguamente solía de- 
cirse mira, anda, en lugar de mirad, andad, y sola- 
mente cuando se trataba de vos, como en este ver- 
co ,|f. Cervantes: 

Anda, señor, que estáis muy mal criado." 

"Mas en el día, sólo puede tolerarse esta prácti- 
ca en el verso, para facilitar la consonancia. Es- 
to, sin embargo, se verifica sólo en los verbos que 
no se conjugan con pronombres recíprocos, pues 
en ios verbos que se conjugan de este modo, so su- 
prime siempre la d, cuando sigue el enclítico os, y 
se dirá miraos, sosegaos, arrepentios, no mirados, so- 
segados, ni arrepentidos; porque esta forma es pro- 
pia de los participios: vosotros erais bien mirados, 
nosotros estábamos sosegados, ellos se sentían arrepen- 
tidos. Sólo hay una excepción á esta regla, que es 
el imperativo del verbo ir: idos de aquí, se dice 
siempre y no ^os." — (Obras completas de don An- 
drés Bello, volumen V, página 468.) 

Según el mismo maestro, es una vulgaridad in- 
tolerable la práctica de omitir el usted, en el im- 
perativo, práctica harto común en América. Los 
que hablan bien el castellano, dicen siempre ven- 
ga usted acá, óigame usted, entre usted, y no venga 



334 • VICIOS DEL LENGUAJE Y 

acá, Óigame, entre. Sólo se omite esta palabra, 
cuando varios imperativos están unidos por una 
conjunción ó á lo menos se suceden inmediata.- 
mente, v. g. entre usted y siéntese; lea usted ó haga 
lo que guste-, sosiégúese usted, calle, atienda á lo que 
voy á decirle. Omítese también en ciertos impera- 
tivos que tienen valor de interjecciones, v. g., va- 
ya, calle, oiga. * 

Impender. 

Despender, expender, gastar, entrar en gastos, 
se dice en español; y no impender, que no se baila 
en el Diccionario. 

Impugne. 

Muchos dicen impugiie, impugnemente, en vez de 

impune, impunemente, que es lo corriente. Otros 

alteran estas voces, usando impunne, impunne- 

mente. 

Improsulta. 

Para exajerar algo que no se puede soportar, di- 
cen algunos que eso es la impjrosulta ] palabra que 
debe ser corrupción áoX non plus ultra latino. 

Imprimido. 

Por la tendencia de regularizar los verbos, di- 
cen muchos imprimido, por impreso. 

Inacio. 

No es raro oír que se corrompe el nombre de Ig- 
nacio, diciendo Inacio, por aquellos que dicen in- 
ciencio, por incienso. 

Inano. 

Es corrupción de enano. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 335 

Inorar. 
Kl vulgo dice así en vez de ignorar. 

Inclusives. 
¡nvlusive es un adverbio, y por Jo tanto inva- 
riable; no admite plural: "Yo sé ya hasta Jos ver- 
bos irregulares inclusives,'' es un disparate, que no 
por serlo deja de usarse. 

Incomible. 
Aunque esta palabra no está en el Diccionario, 
parece bien formada de la partícula in y la voz- 
comible. 

Indilgarse. 

Endilgar, que es el verbo castellano, es activo y 
no recíproco; vale por dirigir, acomodar, encami- 
nar una cosa hacia cierto fin con maña ó astucia; 
pero por esa manía de nuestro pueblo de dar hi 
forma reñexiva á muchos verbos, se la damos á 
ese, y además convertimos la e en i. 

^'Pienso que voy al Calvario 

Y desde allí á Candelaria, 
Que me indilgo á Guadalupe 

Y en seguida al Ojo de agua." 

(Rivera Maestre.) 
Independerse. 
Este verbo de nuestro cuño, lo hemos visto usa- 
do hasta por personas que tienen fama de estadis- 
tas; aunque el nombre que les prueba es el de bu- 
llangueros, por más que sea otro provincialismo 

nuestro. 

Independizar. 

Dice Cuervo: "Otro verbo cuya formación da 
mucho en que pensar es independizar: lo cierto es 



336 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

que no hay otro en izar derivado de adjetivo en 
antCj ente, pues nuestro dementizar en lugar de de- 
mentar es un disparate; pero con ser así, arguye 
en contra de aquél, porque da á entender que no 
se puede suprimir el ent. Si á cualquiera se pre- 
gunta cómo se formaría un verbo que significase 
volver protestante, es seguro que no contestará j9ro- 
testizar sino protestantizar. Sea de esto lo que se 
quiera, en castellano se ha dicho siempre emanci- 

'par.'' 

Indizuelo— a. 

El diminutivo de indio, india, es indezuelo, in- 
dezuela, que no indizuelo-a, como dicen por acá. 

Indino. 

Es corruptela de indigno; pero entre el pueblo 
bajo se toma además por astuto, pillo. ''¡ Ah indi- 
no, dicen, no me volverá á engañar!" 

Indígena. 

Es el natural ú originario de algún continente, 
nación, provincia ó lugar de que se trata. De ma- 
nera que todos somos indígenas de América, los 
nacidos en este Continente. No se podría, pues, 
decir "Ley de contribución de Indígenas;'' privi- 
legios de los ijidígenas; porque comprendería á los 
que nosotros llamamos ladinos y á los indios. 

Inciencio. 

Incienso Q^ como debe decirse. 

Influenciar. 

Oigamos lo que acerca de esta palabra dice Paz 
Soldán y Unánue: — ''Desde las primeras páginas 



PROVINdlALTSMOS DE GUATEMALA 337 

de este Diccionario venimos hablando de la perni- 
ciosa afición á sacar verbo de todo sustantivo ó 
adjetivo, como lo vemos en adjuntar de adjunto, y 
agredir de agresor; ó si el verbo existe ya en el 
idioma, conteniendo sólo la raíz del sustantivo, á 
formar uno nuevo en que entre de una pieza. No 
viendo pues en influir más que el inji de influen- 
cia, hemos optado por influenciar , en que cabe to- 
da aquella palabra. Por la misma razón, no vien- 
do en jnesuponer más que el presiip de presupuesto, 
decimos presupuestar: sin que falte quién diga eyn- 
prestitar y no prestar. En la República Argentina 
es ya cosa corriente exteriorizarse (un hecho, por 
hacerse manifiesto,) responsabilizarse (alguno, por 
ser responsable,) intensificar, modernizar, obstaculi- 
zarr 

Entre nosotros, lo corriente ahora es estar in- 
fluenciado, ó sea con la influencia (grippe,) como 
llaman al rempujón a n Guatemala, trancazo en 
México y dengue en España. 

Infundía. 
Dígase enjundia. 

Infundían 
Se toma este verbo, de creación nuestra, por mo- 
lestar, cargar, ó cosa parecida. 

Infíccíonar. 

Corrupción de inficionar, que es la voz castiza 

(del latín infiere.) 

Infriar. 

Como en indilgar, por endilgar, que se cambia 
la e en i: en infriar, por enfriar, hay esa corrup- 
tela. 



338 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Inflingir. 

Dígase Í7ifligir. 

Ingrimo. 

Ingrimo y solo, usan por acá para indicar que 
estaba enteramente solo, 6 como dicen aquellos 
que no comprenden que no cabe superlativo en 
estar solo, muy solo. La voz grima significa es- 
panto, miedo, desazón ; y así se dice en español: 
^'estaba tan extenuado, que daba grima verle." De 
modo que en grima y solo, vale por afligido y solo; 
pero es una c<)rruptela el ingrimo, que tanto se oye 
por acá; y que debe ser usado en Colombia, cuan- 
do el insigne Cuervo lo censura y en Venezuela 
priva también, al decir de don Santiago Michele- 
na, en el Pedantismo Literario y Verdades Políticas. 

Ingalaterra. 

La gente ignorante dice así, en lugar de ''Li- 

glaterra." 

ínsulas. 

A la ínsula Baratarla deberían irlos que en vez^ 
de darse muchas ínfulas, se dan ínsulas. 

Intertanto. 

ínter es castellano anticuado, y nosotros oímos 
por acá intertanto, por mientras, entretanto. 

Intitularse. 

Muchos dicen vulgarmente me intitulo, por me 
llamo; v. g. me intitulo Juan Lana; me intitulo 
Garatuza. Ni qué extraño es ésto, cuando gente de 
pro, usa á cada paso me permito, por decir me to- 
mo la libertad ó la licencia. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 339 

Inoficioso. 
Sólo lo reconoce el Diccionaric como término 
forense, aplicable á los testamentos, legados ó do- 
naciones que, por faltar á los oficios de piedad, 

para con la familia, se llaman técnicamente inofi- 
ciosos. 

Nosotros, lo mismo que los colombianos, lo to- 
mamos por inútil, ocioso, incondiicente. ''Es ya del 
todo inoficioso que venga á verme;" ''Es por de- 
más inoficioso procurar convencerle," etc., etc. 

¡Y qué! 
Es una exclamación que denota no dársele á 
uno nada de lo que pasa, ó de lo que se le refiere. 
En Venezuela se dice i qué por diz que. 

I ntratar. 
Dicen por acá las gentes de baja ralea, que vale 
por injuriar ó tratar mal de palabra. 

Intrínsico. 
Es intrínseco. 

Inyectar. 

Se usa mucho para indicar que los ojos se vuel- 
ven rojos ó se encienden; v. g. "A Juan se le echa 
de ver que toma: anda siempre con los ojos inyec- 
tados. — Desde luego se comprende que inyectar no 
puede valer por ensangrentar. 

Los buenos escritores dicen, y han dicho siem- 
pre, ojos encarnizados. 

"Esto dijo en voz tan alta que lo oyó la duquesa, 
y volviendo y viendo á la dueña tan alborotada y 
tan encarnizados los ojos, le preguntó con quién las 
había." (Cervantes. — Quijote.) 



340 vicios DEL LENGUAJE Y 

Ir. 

Muchos dicen iyendo, por yendo, y solemos oír 
que algunos usan i por vé, como cuando ordenan 
al criado: "i poniendo el carruaje;^' ''ite vistiendo, 
que ya es hora de ir al teatro;" en lugar de vé po- 
niendo el carruaje; vé vistiéndote, etc. 

Otra locución viciosa es esta: ''voy ir escribien- 
do de una vez para que no me coja el tiempo, en 
vez de iré escribiendo, etc 

"?e murió, porque estando enfermo, fué y se 
mojó los pies." — Esta locución si es castiza, aun- 
que no consta en h)s diccionarios; pero tenemos 
por provincialismo guatemalteco, y también chi- 
leno, el uso de ir, para indicar la propensión de 
alguno á hacer tal ó cual cosa, como en el siguien- 
te cuarteto; citado por el Diccionario de chilenis- 
mos: 

"Ay quien fuera como el perro. 
Para no saber sentir! 
El perro no siente nada, 
Todo se le va en dormir." 

Irrigación. 

Si tenemos riego y regar (rigare) de legítimo 

abolengo, ¿qué necesidad hay de irrigación y de 

irrigar f 

Ispié. 

Es corruptela de espié. 

Izote. 

El izote es un árbol muy común en los campos 
y afueras de esta ciudad. Su apariencia es bellí- 
sima; y si no nos llama la atención, es porque es- 
tamos acostumbrados á verlo. Sobre el tronco, 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 341 

que tiene unos tres metros de altura, nacen las 
hojas del izote, que e^on duras, como las del maguey 
(agave americano) rectas, de unas 25 pulgadas de 
largo y una de anclio. Forman todas una especie 
de esferas, al irradiar de un mismo punto, y del 
centro nacen unos tallos que llaman candelitas de 
izote, por la forma que tienen. Las flores son blan- 
cas y comestibles cuando se guisan. Yucca glorio- 
sa es el nombre técnico del izote. 

IzquisuchiL 
Árbol frondoso, de hermosísimas flores, cuyo 
nombre significa en lengua Pipil: "Sólo esta es 
flor.'* Algunos le llaman esquisuchel ó esquisuche. 
Su nombre científico es Ehretia guatimalensis. 



j. 

La ¿ota latina, undécima letra de nuestro alfa- 
beto; la octava entre las consonantes; gutural y 
paladial, porque su sonido es fuerte, y se forma 
éste con el medio de la lengua inclinado al centro 
del paladar, muy metida á la garganta y arrojan- 
do el aliento con fuerza. Tiene el sonido en to- 
das las vocales fuertes, como la g con la e, i, como 
ja, ji; resultando de aquí que la j es una i prolon- 
gada en su forma estructural; y en la antigüedad, 
aún se observa en escritos latinos la J con el nom- 
bre de iota. Los lengüistas del siglo X VIH la se- 
pararon. Esta letra se llama i de Holanda, por- 
que los holandeses fueron los primeros que intro- 
dujeron este carácter de imprenta. — Barcia dice: 
''En el siglo XIV se introdujo la práctica de poner 



342 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

un punto sobre la i para mayor claridad en la es- 
critura; práctica que se extendió á la j, y que se 
conserva hoy día en atención á que esta letra es 
también una verdadera i. Pelletier, en 1550, y 
Raí mus en 1557 fueron los que regularizaron la 
adopción de la j en vez de la í." (Díaz Rubio. — 
Gramática Española; tomo II, página 212.) 

Jabear. 

Lo usan vulgarmente significando robar. 

Jabón. 

Aquí dicen echar un jabón, por dar una repri- 
menda. En España la frase es dar un jabón. 

Jaba. 

Es un provincialismo cubano, al cual dedica 
Pichardo una descripción extensa; significa una 
especie de arpillera ó cesto de forma cúbica, como 
de una vara en cuadro, y en el que, con el respec- 
tivo relleno de paja que cubre los intersticios, vie- 
ne perfectamente amparada la loza, porcelana y 
cristales que se introducen del extranjero. La pa- 
labra jaba, que es del género femenino, se usa 
también en el Perú y en Chile, al decir de Arona 
y de Rodríguez. Jaba llaman también a una en- 
fermedad. de los caballos, que en español es haba. 

Jaboncillo. 

En buen español sería diminutivo de jabón, ó 
jabón de olor, según dice el Diccionario, acepción 
en la que se usa mucho en el Perú. Entre noso- 
tros se conoce con el nombre de jaboncillo el fruto 
de un árbol, que también se llama vulgarmente 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 343 

jaboncillo (de la familia de las aceráceas.) Dicha 
fruía es del tamaño y de la forma de una uva; su 
color es amarillo ocre, está cubierto de una pelí- 
cula consistente que contiene un jugo con mucha 
saponina, que mezclada con el agua produce 
espuma y que emplea la gente pobre para la- 
var su roi)a y para otros usos en lugar de jabón, al 
cual sustituye bien. La semilla áe\ jahoncillo es 
casi del tamaño del fruto, muy negra y relucien- 
te. El árbol tiene unos diez metros de altura; sus 
hojas son alternas, en pequeños ramos de nueve á 
diez hojas de color verde mate de tres á cuatro 
[)ulgadas de largo, lanceoladas. Las flores son 
blancas, pequeñas, en panículas terminales, y ex- 
halan un olor suave. Sapurdus saponaria. 

Jalar. 

Así decimos por halar ^ aspirando fuertemente 
la h hasta convertirla en j, a usanza anticua, como 
lo hace la gente rústica con otras muchas voces 
(jue tienen /¿, y que hoy es completamente muda. 
Así ílicen jacha, jarlo, jeder,jierro, azajar, mojo, pi- 
tajaya, retajila, jaragán, jato,.jerrumbre, jaba, jol- 
gorio; en vez de hacha, harto, Boeder, hierro, azahar, 
moho, pitahaya, retahila, haragán, harto, herrumbre, 
haba, holgorio. 

En Nicaragua y en Costa Rica tienen modismos 
raros; dicen que un joven está, jalando con Juana, 
^por ejemplo, para significar que la hace el amor, 
que la está haciendo el oso. 

El verbo jalar lo prodigamos fuera de sazón: en 
vez de decir tira el cordón de la campanilla, deci- 
mos jala el cordón etc.; ''Pedro me está jalando el 
vestido,'' dice el chiquillo, en lugar de ''me está ti- 
rando del vestido, etc., etc. 



344 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Jalado. 
Cuando oimos decir por acá que alguno está ja- 
lado, pronto comprendemos que ese infeliz se ha- 
lla ebrio, con una mona, como dicen en España. 

Jalón. 

Así se llama un palo 6 estaca que sirve para ali- 
near terrenos en las mediciones, y en el levanta- 
miento de planos y de mapas; no la acción de 
tirar, que es en español tirón, tirada. 

Janano. 

Llaman con ese feo nombre al que tiene los la- 
bios leporinos. 

Jangada. 

Jamás usamos esta palabra en la acepción de 
'^salida impertinente," que es una de las que en 
España tiene. Jangada, entre nosotros, es toda 
acción inconveniente y con malos resultados; acep- 
ción que también es castiza. 

JaracataL 

Se toma por sinónimo de abundancia, multitud] 
porque hay un árbol que produce muchísimas flo- 
res amarillas, y se multiplica con asombrosa ra- 
pidez, al que \\2íuva\\ jar acate o j atácate. Así, pues, 
dicen por extensión, que hay un jaracatal, de en- 
fermos; un jaracatal de presos, etc., etc. 

Jarana. 

Es en español bulla, gresca, algazara, jaleo, di- 
versión nocturna de gente de bajo jaez: tambarria, 
como decimos por acá y dicen en el Perú. 



PKUVINCIALISMOS DE GUATEMALA 345 

Además, damos en Guatemala á la voz jarana 
la significación de trampa, engaño, ardid ó artificio 
ilícito con que uno pretende ganar áotro en el jue- 
go. ¿Será este un provincialismo inventado por 
nosotros, ó una palabra tomada de alguna lengua 
indígena de América, como tantas otras, que pri- 
van hasta hoy en conversación de personas cultas? 
— Creemos que es más bien un vocablo creado por 
los españoles de Indias, según dice Garcilaso, 
quien pon^ en boca de soldados españoles aquella 
voz, sin decir que sea indígena. He aquí sus pa- 
hibras: **Voto á tal, que pues Madalena de la 
Cruz se fué en secreto, que nos deja hecha alguna 
harana,^^ Como se ve la escribían con h, que as- 
piraban sin duda, y después conyirtióse en j. El 
Diccionario no trae harana, ni jarana en esa acep- 
ción de trampa ó engaño. Los derivados son jara- 
near, jaranero, y enjaranado, que se toma por car- 
gado de deudas. 

Jáquima. 

Es en español la cabezada de cordel ó de cuero, 
que se pone á las bestias. En esta acepción usa- 
mos también aquí la palabra jáquima; pero ade- 
más decimos del que está achispado ó borracho, 
que tiene una buena ^a^mma. 

Jato. 

Así llamamos al hato, que es la manada ó por- 
ción de ganado que se halla en un sitio. Los ne- 
gros del Perú dan el nombre de jato á la montura. 
El Diccionario dice qxxQ jato es sinónimo de bece- 
rro. 



346 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Jerga. 

Significando tela burda, es palabra castiza; pero 
tenemos por provincial me^erjer^a, enjergar, que 
significa hablar mucho, sin sustancia, con el fin 
de engañar ó distraer á alguno. 

Jericoplear. 

Así dicen muchos, y otroii joricoplear, en vez de 
molestar, jorobar, cargar. En lo antiguo debe de 
haberse dicho goricoplear, ó sea hacer coplas fúne- 
bres; de gori gori, canto de entierro, y coplear, for- 
mar coplas. Por extensión, y corrompida la voz, 
usamos el joncopfear 6 jericoplear, cuando de un 
modo constante nos molestan con algo, siquiera 
no sea con la monotonía insoportable de funerales 
cantigas. 

En pocas partes del mundo habrán formado tan- 
tas palabras, como aquí, para significar que á uno 
lo joroban ó lo muelen: chivar, amolar, jeringuear, 
jericoplear, fregar, etc., son otros tantos verbos de 
uso vulgar, que suenan en los labios de nuestros 
paisanos, cada vez que el desengaño, el tedio, la 
malevolencia, la envidia, acibaran las horas de la 
vida. Así como hay en cada país plantas caracte- 
rísticas, de usos muy varios, como la palma en el 
Oriente, y el plátano y el maíz en la América, no 
faltan palabras sintéticas, de expresivo significa- 
do, que se usan diariamente en el pueblo bajo, que 
es tan pintoresco en su lenguaje. 

Jorobojo. 

Es el nombre vulgar del pájaro Hylomanes gu- 
laris. Lafr. 



> 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 347 

Jerrumbre. 
Dígase herrumbre. 

Jeruza. 
Nombre que da la plebe á la cárcel. 



Jesusear. 
Lo trae el Diccionario, por repetir el nombre de 
Jesüs. Entre nosotros se dice de una persona á 
la cual le aplican ó atribuyen un hecho; v. g. "Ma- 
lo está: ya empiezan á jesusiar á don Lorenzo; y 
eso bastará para que lo boten." "A la Juana la 
estuvieron jesusiado; pero al fin no se casó." 

Jicaque, 
lilamose de los jicaques una tribu de indios de 
Honduras, tan salvajes, que hasta el día dicen, por 
estos países, ^*ica^i¿e al que es cerril ó inculto. 

Jicaras. 
Frutos del árbol llamado jícaro. En las Anti- 
llas se llaman giiiras y jigueras; en Cuba totumas ^ 
y en Venezuela taparas: 

El que bebe agua en tapara 
O se casa en tierra ajena. 
No sabe si el agua es clara, 
Ni si la mujer es buena. 

Antiguamente las jicaritas se usaban para to- 
mar chocolate, adornándolas con pies de plata; de 
allí biene que al que se mostraba solícito por ser- 
vir á la mesa, ó acomedido, como aquí se dice, por 
sacar la jicara, le dieran pleonásticamente este 
nombre. Hoy casi ninguno toma chocolate en 



348 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

esos trastos; pero á la verdad, abundan más los 
que sacan la jicara. Esta frase es difícil que se 
olvide, mientras sea cierto aquello de ''Por dine- 
ro baila el perro, y por pan si se lo dan." Cuán- 
tas cosas hay que ya se acabaron, y sin embargo 
sus nombres no dejan de salir á la palestra. Hay 
muchos que sacan la jicara, y no son pocos los que 
se la dejan sacar; 6 lo que es lo mismo, en térmi- 
nos castizos, abundan los aduladores y también los 
vanos, que se pagan de falsas y mentidas alaban- 
zas. La palabra Jicara viene del mexicano xicalli, 
que significa vaso. Hoy más que nunca, priva el 
refrán "a más servir, menos valer." 

Jicama. 

Es una leguminosa papilionácea {Pachyrchisus 
tuberosa) que contiene en su raíz un jugo azuca- 
rado agradable y que suministra mucha fécula, 
que hasta el día no se explota. 

Jiede. 

Vulgarismo que equivale á hiede. 

Jinetear. 

El Diccionario de la Academia Española, en la 
12^ edición, dice que jinetear es andar á caballo, 
principalmente por los sitio públicos, alardeando 
de gala y primor. — Salva asegura, con razón, que 
es provincialismo mexicano, que significa domar 
los caballos cerriles. Esta es la acepción que noso- 
tros le damos; y en tal virtud decimos: *'el domin- 
go habrá toro jineteado en la plaza de toros." 

Entre los guasos, de Chile jÍ7ietear es montar un 
caballo y manejarlo como cumple á un diestro y 
valiente jinete. 



PROVINCIALISMOS BK GUATEMALA 349 

Jiquilite. 
En Español, índigo, jiquilete, jiguilete 6 añil (in- 
digüfera añil.) Los indios le llaman mohuitli, tleo- 
huiti y xiuhquilith. También damos el nombre de 
jiquilite á una planta, que cocida produce una a- 
gua azul, que emplean las lavanderas para dar 
algo de color á la ropa blanca. El jiquilite ó añil, 
es un arbusto de 5 á 6 pies; su tallo es sub-leñoso, 
ramificado, de hojas pequeñas, de un verde claro, 
dispuestas en foliólas, de las que contienen de 10 
á 12. lias flores de color rojo claro, en forma de 
racimos cortos. Las vainas del fruto son peque- 
ñas, encorvadas, de forma cilindrica terminadas 
en punta, contiene de 5 á 6 semillas ovoideas de 
color moí-eno oscuro. 

Jirimiquear. 
Lo usamos por acá en vez de lloriquear, gimo- 
tear, que son las palabras castizas. 

Jirimiquiento. 
Derivado Aq jirimiquear-, el que lloriquea. 

Jocico. 
Muchos pronuncian así la palabra hocico, 

Jocear. 
Se toma por hocicar ú hozar ; es decir, dar golpes 
con el hocico. En el campo llaman jocear al acto 
de revolver los cerdos la tierra ó romper las cer- 
cas con el hocico; que en buen castellano es hozar. 

Joceo. 
Es el acto de jocear. 



350 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Jolote. 

Algunos dicen así al pavo, chumpipe. 

Joyolina. 

Nombre vulgar de la cárcel. 

Jipijapa. 

Se llaman sombreros de Jipijapa opanamás, los 
que se fabrican de una especie de gramínea, lla- 
mada en Panamá y en el bajo Perú bombonaxá 
(paja de sombreros), que se parece en su forma á 
los juncos de laguna. La industria de los som- 
breros jipijapas es una de las más preciosas de la 

América del Sur. 

Jiote. 

Es una erupción como la tina, que no sólo da á 

los hombres, sino más comunmente á los perros. 

Es una enfermedad común en Soconusco y San 

Marcos. Hay también un árbol al cual llaman 

palo jiote. 

Jute. 

Entre los moluscos (fluviátil) más comunes en 
este país, hay algunos con nombres provinciales, 
como el jute, de color negro, en forma de pequeño 
caracol, que usan mucho para hacer caldo. No va- 
ler un jute, es en español, no valer un comino. 
¡ Asi jutes I exclamación vulgar de extrañeza. 

Josco. 

Es /oseo, hosco. 

Jobo. 

Es un aguardiente especial que hacen en Comi- 
tán. Hay también un árbol silvestre que produ- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA . 351 

ce unas ñores amarillas, ordinarias, que solamen- 
te comen los pájaros, y que se llama jobo. 

Jocote. 
Es una fruta muy común entre nosotros, muy 
deliciosa al paladar, del tamaño y de la forma de 
una aceituna grande. E\ jocote es de color ber- 
mellón ó rojo, con una película delgada que cubre 
la carne, y que está sobre un cuesco pequeño. Hay 
♦nucluis especies diferentes de jocotes: el mejor es el 
que llaman de corona, de hermoso color, muy sa- 
broso y más grande que los otros. Sjpondias pur- 
puriüy lutiay dulcís. 

Al árbol que produce los jocotes, le llaman aquí 
jocotal. 

Es probable que el poeta de la conquista, el cé- 
lebre Castellanos, aludiera á nuestros jocotes, cuan- 
do dice: 

"Solamente comían una fruta 
Que por acá llamamos aceitunas, 
Que son en las figuras aparentes 
Y en el sabor y gusto diferentes." 

Jurgar. 
Hícrgar, que es verbo castizo, pronúncianlo mu- 
chos con h aspirada, á estilo antiguo. 

Juaquín. 

Muchos pronuncian y escriben Juaqum, en vez 

de Joaquín. 

Jubilarse. 

El verho jubilar, significa dispensar del servicio 
al empleado anciano, ó al que ha llenado los re- 
quisitos que la ley exige, y continuar pagándole 



352 . VICIOS DEL LENGUAJE Y 

el sueldo. En esta acepción es mu}^ castizo; pe- 
ro nosotros no sólo le damos esa sino que emplea- 
mos, como los venezolanos, tal verbo, para signifi- 
car que un niño deja de ir á la escuela, y se va á 
pasear, que en castellano es hacer novillos, hacer mi- 
co. En España suelen usarse en el mismo senti- 
do otras expresiones, como hacer 'pimienta, hacer 
rabona. En Bogotá capar á la clase, y en el Perú 
hacer vaca. 

Salomé Jil,dice:'^Chico Araña andaba casi siem- 
pre jubilado, lo cual en el Diccionario tecnológico 
de los escolares, quiere decir que casi nunca con- 
curría á la escuela. Aunque de pronto pueda pa- 
recer mal aplicada la palabra, se convendrá, por 
poco que la palabra se medite, en que con mucha 
propiedad se llaman jubilados los párvulos que se 
dan esas vacaciones, aunque no sean empleados 
que hayan encanecido en el servicio. Jubilarse 
significa rigurosamente alegrarse, y nadie dudará 
de la alegría de un muchacho que saliendo de la 
casa paterna para ir á la escuela, tuerce el camino 
y se va derechito á retozar al campo. {Cuadros de 
Costumbres; tomo II, página 88.) 

Juma. 
Así llamamos á la borrachera. Probablemente 
sería huma, de humo 6 humazo, aspirando fuerte- 
mente la h. — "Tenía una juma espantosa, y decía 
muchos desatinos," significa que "tenía una bor- 
rachera." 

Jumazo. 

En español es humazo, y significa un humo den- 
so y fuerte. Aquí hemos oído decir: "Entraron 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 353 

los ladrones á su casa: le dieron jíimazo; le roba- 
ron cuanto tenía, y él no despertó hasta muy tar- 
de." 

Juerte. 

No es raro, en el pueblo, el cambiar la / en j 
como en jiiertey jué, por fuerte, fué. 

J uzgar. 

No sabemos por qué entre nosotros dan á aquel 
verbo el significado de espiar, ó sea observar con 
gran disimulo y secreto lo que alguno hace ó dice, 
para comunicarlo al que lo ha encargado. Llaman 
juzgón al espía, — ''Juzga (Fulano) bien sobre pin- 
tura ú otras cosas:" dígase que es voto, buen juez, 
inteligente en pintura. 

Jurunera 

Provincialismo que significa chiribitil, desván, 
pieza sucia, pequeña y obscura. 

Jule. 

Interjección que se usa para indicar al perro que 
se arroje sobre su presa. Podríamos asegurar que 
los españoles que primero vinieron á estos países 
usaban dicha palabra, que }íuede ser corrupción 
de julo j voz castellana, deribada del árabe, que sig- 
nifica manso, obediente. 

Juilín. 

Nombre de un pez, que abunda mucho en nues- 
tros ríos, y que se distingue por su grandes barbas. 
Del género Piraelodus. 



354 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Juanchís 

Nombre de los gatos monteses que se crían en 
el valle de Canales. 

Jurgucear. 

Lo usan algunos, por espiar con solicitud y li- 

jereza. 

Justan. 

La gente vulgar llama así á las enaguas blancas; 
y la gente educada, entre nosotros, impropiamen- 
te les Uamsi fustán, que en buen español significa 
tela de algodón que sirve para forrar vestidos. 

Justiciable. 

No es castellano, por sujeto a ley 6 castigo, co- 
mo por acá lo usan los leguleyos. "Tal hecho ya 
no es justiciable, por los códigos modernos," dicen 
muchos que son galiparistas. 



Ha prevalecido una indecisión tan grande en el 
uso de las formas complementarias, que ha veni- 
do á ser defecto grave del idioma, puesto que en 
medio de la diversa práctica de todos los escrito- 
Tes, se han esforzado en vano la Academia Espa- 
ñola, Salva, Hernández, Bello y otros gramáticos, 
á fin de regularizar el uso del la, le y lo. 

Hasta fines del rigió XVI se confundió el caso 
dativo masculino del artículo el con el femenino 
del artículo la. Desde el siglo XVII, los mejores 
escritores usaron /a para el dativo femenino y le 
para el masculino, sin faltar algunos, como el du- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 355 

que de Rivas y Martínez de la Rosa, que usaron 
constantemente de le y no de la para el femenino. 

Don Antonio J. de Irisarri, que trató el punto, 
con la profundidad que en tales materias acos- 
tumbraba, se inclina al uso de la para el femeni- 
no y \e para el masculino, como más sencillo, más 
idiológico y más usado en Castilla la Vieja. 

Don Andrés Bello dice: ''Si algo valiese mi opi- 
nión, recomendaría como preferible á todos el sis- 
tema de la Academia, que en la cuarta edición de 
su gramática, prescribe el uso de le y les como da- 
tivo masculino y femenino, el de le y los como acu- 
sativo masculino, y el de la y las como acusativo 
femenino, y sólo acusativo. La distinción de per- 
sonas y cosas en el acusativo le 6 lo y en los dati- 
vos le 6 la, les ó las, es una especie de refinamien- 
to que puede sacrificarse á la simplicidad. Y en 
cuanto al la y las en el dativo, para evitar la an- 
fibología, el castellano logra mejor ese fin por me- 
dio de la duplicación, esto es, al caso complemen- 
tario, la forma compuesta: "Encontré á D. Pedro 
con su esposa, y le di á ella un rarao'de flores." — 
{Gramática, página 281.) 

La. 

Es muy común el vicio de anteponer el artículo 
á nombres de mujeres: verbigracia, la Juana, 
la Conchita, como dicen generalmente por acá. 
Semejante vicio nos viene de los mismos conquis- 
tadores, que así decían; pues hasta la fecha, la 
gente ignorante antepone en Castilla dicho artícu- 
lo á los nombres propios de mujer. En estilo de 
notaría, es castizo el uso de tal artículo definido. 



356 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

aún antes de nombre de varón; y así vemos en es- 
critos jurídicos publicados en España; ''alegó el 
Manuel, falta á la verdad el Juan Martínez." Dí- 
cese,/o5 Pedros, los Franciscos, abundan en Guate- 
mala; porque se sobrentiende los nombres de. 

Es galicismo poner artículo á algunos nombres 
de provincia ó región, como la España, la Guate- 
mala, el Quezaltenango, á no ser en locuciones co- 
mo estas: '*La España de Carlos V; la Guatemala 
del tiempo de la Colonia; el Quezaltenango de 
aquellos años." Debe decirse: "El clima de Es- 
paña; el cielo de Guatemala; el frío de Quezalte- 
nango," sin anteponer en estos casos artículo al- 
guno. 

Lo que soy yo. 

En buen castellano, dígase: ''lo que es yo." 

"Señora Rita, ¿quién es 
El que echa esas seguidillas? 
¡Qué! ¡Si hace hablar la guitarra! 
¡Si parece un organista! 
Lo que es yo toda la noche 
Oyéndola me estaría. 

(Trueba.) 

"Lo que es yo, libre está que declare." — Hart- 
zenbusch. 

Lacena. 

Es corrupción de alacena, que es como se dice 
en español. 

Ladino. 

Significa en castellano antiguo "el que hablaba 
alguna lengua extraña, además de la propia;" y 
de ahí vino que se diese el nombre de ladino al 
indio que hablaba el español, y que tenía ya las 



PROVIN(íIALISMOS DE GUATEMALA 357 

costumbres de la raza conquistadora. Hoy se Jla- 
man ladinos los nativos de estos países que hablan 
castellano y que no tienen el traje ni las costum- 
bres de los indios. Ladino, en otra acepción cas- 
tiza, vale taimado, astuto, sagaz. Véase Aladinado. 

Laurel cerezo. 

En francés laiirier-cerise; pero en castellano es 
laurel real, que no cerezo. 

La Magnífica. 

La gente ignorante, ó lo que es lo mismo, el 
mayor número, dice la magnifica por el Magnífi- 
cat. 

Lamber. 

Vulgarismo, que se usa en vez de lamer, que es 

verbo castellano. 

Lamprear. 

Dice el Diccionario que es componer 6 guisar 
una vianda, friéndola ó asándola primero, cocién- 
dola después en vino ó agua, con azúcar ó miel 6 
especia fina, á la cual se añade un poco de agrio 
al tiempo de sacarla á la mesa. 

Entre nosotros dar una buena lampreada, signi- 
fica aplicar una buena tunda de azotes á alguno. 
Se toma lamprear por azotar. 

Lavadero. 
Al decir de Salva, es un provincialismo de la 
América Meridional que significa: el paraje del 
río ó arroyo de donde se sacan arenas ó pepitas de 
oro, que se lavan allí mismo, agitándolas dentro 
•de una naveta de cuerno en la corriente del agua. 



358 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Lavador. 

Es un instrumento de hierro que sirve para 
limpiar las armas de fuego; por acá se le da otra 
significación, aplicando el nombre de lavador á la 
mesa en que se coloca el recado para la limpieza 
y aseo de una persona; al cual llaman en Chile 
lavatorio y en España lavabo^ voz que es de uso 
moderno, y que figura en la duodécima edición del 
Diccionario de la Academia Española. En Nicara- 
gua, Honduras y el Salvador dicen lavatorio. 

Lana. 

"El lana, lo mismo que el cucuxque,áQ\ cual ha- 
blaba yo hace pocos días, es una producción indí- 
gena de este país; y si tiene puntos de contacto 
con ciertos entes de otras partes, concurren en él 
condiciones y circunstancias especiales que le dan, 
por decirlo así, una fisonomía propia y sui géiieris. 
El lana guatemalteco no es enteramente ni el lé- 
pero de México, ni el roto de Chile, ni A jaque de 
Andalucía; y sin embargo, participa de los carac- 
teres de esos diferentes tipos de las clases ínfimas 
del pueblo. En cuanto al origen del nombre lana, 
en la acepción en que aquí se toma y en la cual lo 
empleo en este artículo, supongo será el cobertor 
de lana ordinaria llamado antre nosotros chamar- 
ra, con que se abrigan los hombres del pueblo, y 
que, así suele servir de capa por el día, como de 
colcha por la noche. Es ciertamente un puro ca- 
pricho el haber aplicado á una clase de la socie- 
dad la palabra que denota una materia textil; y 
sólo la costumbre de emplearla en ese sentido, pue- 
de hacer que no nos choque su uso, y que com- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 359 

prendamos perfectamente que al decir en Guate- 
mala, por ejemplo, "me han correteado los lanas,'' 
"muchos lanas entraron á la cárcel/' "esa es acción 
de un lana, etc," se trata de hombres que corretea- 
ron, que fueron encarcelados, que han cometido 
un desaguizado, etc. Es muy probable que si los 
ciudadanos de la plebe de este país vistiesen seda, 
lienzo ó algodón, no se llamarían lanas, sino sedas, 
lienzos ó algodones; y se diría verbigracia, "anoche 
encontré'» á un seda completamente bolo, y vi que 
los perejiles cargaban con él y se lo llevaron á la 
geriLsay 

Hace cosa de treinticinco ó cuarenta años, los 
lavas estaban en su apogeo. Desde las oraciones 
de la noche en adelante, especialmente en los bar- 
rios de la ciudad, eran señores de vidas y hacien- 
das, anotando la crónica diaria las azañas de esos 
caballeros. Los hombres decentes no salían en- 
tonces de sus casas por la noche, sino armados de 
trabucos, sables y hasta esmeriles; precauciones 
ineficaces muchas veces, pues no hay defensa que 
valga contraía piedra, arma favorita de los lanas.'" 
— Ss\omé Ji\; Cuadro de Costumbres, ''El Lana'' 
tomo II, página 85. 

Lanceros. 

Del francés lanciers, tomamos el nombre de lan- 
ceros, que damos a una contradanza, que en caste- 
llano llámase rigodón, Im posible sería que alguno 
en un baile, invitase á las beldades que adoran á 

Terpsícore, á bailar un rigodón ¡Qué horror! 

Siempre serán cuadrillas, 6 lanceros, por más que 
proteste la Academia. 



360 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

^^Terpsícore en sus raptos hechiceros, 
Combinó en esta noche placentera 
Vals, danza y rigodón (vulgo lanceros'') 

(Villegas.) 
Latente. 

Significa latente oculto, y muchos lo usan signi- 
ficando lo que late, caso en el que debe decirse la- 
tiente. Corazón latente, es corazón oculto, y cora- 
zón latiente, es el que late. 

Lelo. 

Lelo 6 ido llamamos al que en castellano se lla- 
ma alelado, en estilo vulgar chiflado^ y en estilo 
culto sería, al decir de don Juan Valera, desorbi- 
tado. 

Lechuguilla. 

Una planta menuda que crece en los lugares 
húmedos, y que tiene aplicación contra las hemo- 
rroides. — Sanvitalia procumhens. 

Lenguista. ' 

Debe decirse lingüista, que es el versado en el 
estudio comparativo y filosófico de varias lenguas, 
ó sea el filólogo. 

Leñatero. 

Lo correcto es leñador. 

Licorera. 

Dice el ''Diccionario de Chilenismos" que la 
palabra licorera es tan bien formada como lechera, 
cafetera, azucarera (debió decir azucarero) y por eso, 
y porque frasquera, si denota la caja en que se 
guardan frascos, no indica lo principal que es el 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 361 

licor contenido en ellos, nos atrevemos á defender 
su uso y á recomendar á la Academia su adop- 
<íión." No obstante esto, vemos que en la última, 
que es la duodécima edición, del Diccionario com- 
puesto por dicho Cuerpo, aún no se ha reconocido 
la palabra licorera. Se usa mucho en Colombia. 
En todo Centro- América se llama licorera. 

Limar. 
Al árbol que produce limas, que en español se 
llama limero, dícenle en Chile limo, y por acá li- 
mar. 

Limonar. 

Consecuentes con nuestro modo de formar los 
derivados, damos el nombre de limonar al árbol 
que produce limones, que en castellano es limone- 
ro, Citriis limoniun. 

LimoncÜIo. 
Árbol muy común por las vegas del río de Pe- 
tapa, y por otros puntos; de un fruto parecido á la 
cereza, y con virtudes medicinales para el mal de 
las bubas. Trifaria trifoliata. 

Línla. 

Así dicen muchos que hablan mal, por linea- 
De la baja latinidad datan modos vulgares de pro- 
nunciar algunas palabras, como linia, ligitimo. 

Liontina. 

Los que presumen de cultos pronuncian leonti- 
na; pero ello es que liontina ó leontina llaman á la 
cadena del reloj; y ninguna de esas palabras, ni 
con ¿, ni con e, figura en el Diccionario. 



362 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Linchar. 

Sabido es que en los Estados Unidos no es raro 
que un grupo de enmascarados entre á viva fuer- 
za á la cárcel, se apodere de un reo que aún no ha 
sido juzgado, y lo cuelgue del primer árbol que 
encuentre; dando o\ pueblo (?) un testimonio de 
su soberanía, y siguiendo la práctica de aquel mis- 
ter Lynch, que al sorprender al ladrón que le hur- 
taba sus pollos, le ató á un poste y le administró 
una zurra de padre y señor mío; haciéndose jus- 
ticia por su mano. De ese hecho, viene la cos- 
tumbre de linchar, que hay en la gran república; 
costumbre que no es el caso de examinar ahora. 
El linchamiento será todo lo bueno ó lo malo que 
quieran; pero los señores de la calle de Val verde 
en Madrid, no lo admiten; es decir, no han apun- 
tado la palabra en el Diccionario. 

Líquida vez. 

Lo usamos por una vez, para dar mayor énfasis 
á la frafrC; verbigracia: '*No es cierto que me divir- 
tiera mucho; una vez liquida me llevó al teatro." 

Liquidámbar. 

Árbol precioso, que abunda en la Alta Verapaz, 
{Styrax halsamiflua) en las partes húmedas de la 
cordillera, y que también se encuentra por el Qui- 
che y Chiquimula. 

Lira. 

Caballo ñaco, rocinante. 

Liso. 

Significa terso, bruñido, llano. Nosotros lo to- 
mamos, lo mismo que los chilenos y peruanos, por 



PROVINCIALTSMOS DE GUATEMALA 363 

desvenjonzado, atrevido, desfachatado. Este provin- 
cialismo viene de aquella jerga gitanesca llamada 
germaiúa. Es de verse uno de esos dramas calle- 
jeros en que, tras una linda jpatoja de dieziséis 
primaveras, que lleva un cesto primorosamente 
en la cabeza, va un lana de chaqueta echándola 
flores, y algunas frescas, á las cuales ella derrepente 
contesta con un dengue: ¡Qué hombre tan liso! 
¡ A chis ! ; Qué plomoso ! 

Lisura 
Es por acá la gracia llevada hasta la impavidez, 
hasta la liviandad, hasta el insulto. "Me dijo 
muchas Usuras'' quiere decir "muchas palabras 
libres.'' En castellano lisura no sólo es la igual- 
dad y lustre de la superficie de una cosa, sino que 
se toma por ingenuidad, sinceridad. Proceder con 
listera, sería en nuestro modo de entender, con 
grosería, con liviandad, con desvergüenza, mien- 
tras que, en buen español, es proceder con fran- 
queza, sin ambages. Juan Arona dice que en el 
Perú lisura vale por frescura, llaneza, desenvoltu- 
ra, desvergüenza, desacato, atentado, ¿qué sé yo? 

Lívido. 

¿Quién no toma, entre nosotros, lívido por 
pálido, descolorido? Sin embargo, lo que signifi- 
ca lívido, en castellano, es amoratado, y no pálido, 
acepción en la que lo han usado Jorge Isaacs y 
otros escritores americanos. A muchos de nues- 
tros poetas podríamos citar, que se pondrían colo- 
rados ó descoloridos, pero no lívidos, al saber que 
los angelicales semblantes de sus deidades, color 
de marfil, fueron amoratados, sin querer los inspi- 
rados bardos, en sus endechas y madrigales. 



^64 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Locero. 

Locero y locería, no son de mala ley, según Cuer- 
vo y Rodríguez; pero ellos mismos hacen observar 
que lo castizo y autorizado es alfarero, alfarería, 
ollero, ollería. 

Locomotiva. 

Esta palabra locomotiva se encontraba en los 
Diccionarios anteriores á la XII edición de la Aca- 
demia, que ya no la reconoce, y que trae en su lu- 
gar locomotora. No culpemos, pues, al distinguido 
poeta Carlos Augusto Salaverry, por haber canta- 
•do en viriles estrofas "Za locomotiva ;^^ pero conven- 
gamos en que el ilustre Cuerpo de Madrid, que 
''limpia, fija y da esplendor," tuvo razón en hacer 
que prevalezca locomotora y no locomotiva, ya que 
para ello no sólo hay razones de eufonía ó de gus- 
to, sino que es más conforme con la índole y for- 
mación de nuestra lengua, la primera de esas voces, 
que no la segunda, de pronunciado sabor galicano. 

Loquera. 
Dígase: ha dado en la manía, en la locura; pero 
no en la loquera, como algunos' dicen. 

Loga. 

Así dicen vulgarmente por acá, en vez de loa, 
que es el preludio ó prólogo que precede á las co- 
medias ó dramas. En los pueblos pequeños sue- 
len divertirse con las logas, en ocasión de la festi- 
vidad de algún santo. Tales representaciones, por 
lo primitivo y rústico de su carácter, hacen recor- 
dar los misterios y entremeses de la edad media, 
•que tan bien describe Cervantes. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 365 

Lora. 
Es loro y no lora, palabra que viene de los nom- 
bres adjetivos españoles que designaban un color 
oscuro, que se aplica á ciertos indios amulatados, 
como puede verse en la historia general de Oviedo, 
y en el glosario que la acompaña. El Dicciona- 
rio dice que loro es un color oscuro amulatado 6 
moreno que tira á negro (del latín luridus, obscu- 
ro.) Loro, para significar el pájaro que lleva este 
nombre, viene del malayo lori, que quiere decir 
papagayo rojo, al cual llamamos nosotro guacama- 
ya. El nombre de loro lo tomamos como sinóni- 
mo de perico ; pero propiamente loro es en buen 
castellano el papagayo rojo. 

Lorocos. 
Son unos botones verdes de flores blancas, que 
nacen de una planta silvestre, (Echites, oaxacana,) 
y de las cuales hacen por acá un sabroso pastel, 
que llaman torta de lorocos. Tamalitos de lorocos, 
son bollos de maíz molido y rellenos de dichas flo- 
res cocidas. 

Lord. 

Aunque en inglés no se antepone el artículo the 
al título de Lord, de modo que se dice: Lord 
Palmerston is one of the most prominent men; en es- 
pañol, no debe usarse sin el artículo, una vez que 
antes de los de dignidades ó títulos siempre lo exi- 
ge el genio de nuestra lengua, y así decimos, "El 
Marqués de Valderramas, el Conde de Montecristo, 
el Duque de Latorre." Encontramos en Puig- 
blanch (Opúsculos gramático-satíricos:) ''Calificó el 
dómine de oportuna mi observación, y añadió pa- 



366 vacíos DEL LENGUAJE Y 

ra corroborarla que habiendo el Lord Holland for- 
mado un alto concepto del mérito de Jovellanos, 
etc." 

Esta cita la tomamos del Diccionario de Chile- 
nismos, cuyo autor también opina que es más ele- 
gante y castizo anteponer el artículo. Empero el 
señor Bello, en su Granfática dice que es preferible 
no anteponerlo. La verdad es que el uso (arbi- 
tro del lenguaje) no acepta el artículo en dicho 
caso. 

Lunch. 

''Tomar las once," era la frase muy castellana 
que significaba la refacción, ó alimento moderado, 
que se tomaba entre el almuerzo y la comida; y 
que se llama así porque á esa hora se acostum- 
braba generalmente. Hoy todos usamos la pala- 
bra inglesa lunch, que algunos pronucian lonche. 
¿Será porque esa refacción ya no se toma á las on- 
ce, que tal frase se desterró completamente? No lo 
sabemos; pero á la verdad que ho}'', tomar las once 
sería cosa de desayunarse ó de tomar el almuerzo, 
porque sabido es que la gente de buen tono duer- 
me hasta muy tarde, y toma lunch á eso de las 
dos. Con las costumbres de nuestros abuelos, eran 
buenas ciertas palabras, que hoy ya no tienen sen- 
tido. Así y todo, los filólogos Cuervo, Rodríguez 
y Paz Soldán aún abogan por el hacer 6 tomar las 
once. 

Luego— ¡to—itito. 

Lueguito vengo, decimos muy á menudo los gua- 
temaltecos, como dicen horita vengo los mexicanos 
y aun muchos de nuestros compatriotas. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 367 

TambiC'n se usa en Chile y entre la gente de 
nuestras aldeas luego (lueguito, liteguitito) como si 
fuera adverbio de lugar. ''Voy 'M{UÍ lueguítifo, se- 
ñor, dijo el hombre parando su macho.— (i/uár- 
fano.) 

Lunes. 

No mencionaríamos el primer día de la semana, 
si no fuera que existe la frase nacional "hacer lu- 
nes/* que en otra parte hemos citado. Muchos de 
la clase obrera, que descansan el domingo y que 
gastan su dinero, ganado en la semana, en ese día 
de fiesta, continúan todavía el día siguiente de tu- 
na, de parranda, de nimbo, de jah.iO, ó como se 
-quiera llamar, con palabras provinciales, ó casti- 
zas, á las bacanales que son de funestos resultados 
para el pueblo. De efeos que no concurren á sus 
faenas, por el jolgorio á que se entregan, se dice 
<iue hacen lunes. En Chile y en México acostum- 
bran decir: 'iiací^n San Lunes," sin duda para de- 
notar que se convierte en día santo, el lunes ;e^ de- 
cir en día festivo. 

Lunero. 
El que gusta de hacer lunes. . 



NI- 

Macuquina— o. 

Este adjetivo está admitido por el Diccionario 
•de la Academia, que dice: "se aplica á la moneda 
de plata cortada, esquinada y sin cordoncillo. 
Hasta mediados del siglo presente ha corrido en la 
isla de Puerto Rico." Seguramente los señores 



368 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Académicos no se figuraron que en Guatemala cir- 
culó esa moneda hasta en el año 1872. 

No sabemos por qué siendo castiza esta palabra, 
se registra en el Diccionario de chilenismos, ni 
acertamos á comprender como don José Milla en 
el artículo Memorias de un duro, en que de paso 
sea dicho, imitó otro de Fr. Gerundio, que es muy 
análogo, usa con bastardilla el adjetivo macuqui- 
nos, á guisa de provincialismo. 

Madrasta. 
Es corrupción de madrastra. 

''De padres á padrastros 
Hay cuatro leguas; 
De madres á madrastras 
Hay cuatrocientas." 

(Trueba.) 
Madrina. 
Además de las acepciones usuales, trae el Dic- 
cionario: ''la correa ó cuerda que une dos muías 
ó caballos para que vayan iguales." En el Perú, 
en Chile, en la Argentina, y entre nosotros, la 
muía madrina es la que va guiando la recua, con 
una sarta al cuello de cencerros, hechos de cobre 
y con badajo de hueso. 

— "Los esquilones 
De las madrinas 
Sus argentinas 
Repeticiones, 

— Que no pronuncian 
Voces humanas, 
Pero que anuncian 
Recuas cercanas: 



PROVINdlALISMOS DE GUATEMALA 369 

— Bocas de cobre, 
Lenguas de hueso, 
De qué embeleso 
Sois para el pobre!" 

Madre cacao. 

Es un árbol que se planta al mismo tiempo que 
el cacao, para que le dé sombra. (Papüeonásea.) 

Machacar. Machucar. 

Dice Cuervo: "Cuando machacamos algo lo 
quebrantamos y desmenuzamos á poder de golpe, 
como por ejemplo, los ajos; cuando machucamos^ 
no hacemos sino golpear y ocasionar una contu- 
sión, como en los dedos de las manos 6 los pies." 

"Llego otra piedra y dióle en la mano y en el 
alcuzatán de lleno que se la hizo pedazos, lleván- 
dole de camino tres ó cuatro dientes y muelas de 
la boca y machucándole solamente dos dedos de la 
mano." (Cervantes. — Quijote.) 

"Tómese cohombrillos silvestres y machacados, 
pónganse á hervir en agua é infúndase ésta sobre 
el casco." (Agricultura de Abú Zacarías.) 

Mal hablado. 
Don Salustiano de Olózaga censuraba esta fra- 
se, diciendo que cualquiera comprende, cuando 
oye decir mal vestido, mal comido, que salvo los 
casos de una codicia absurda ó de un cinismo ri- 
dículo é insolente, se considera á las personas á 
quienes tales frases se refieren como pacientes en 
vez de agentes voluntarios; mientras que la pala- 
bra es el don más activo que hay en el hombre. 



370 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Eso (le mal hablado, pudiera disculparse por vía 
de arcaísmo. En España las damas suelen decir 
malpensado, del que piensa mal. 

Malcriadez. 
Así dicen muchos vulgarmente, por malacrian- 
za. 

Maldecí. 

Haciendo regular el verbo maldecir, dicen mu- 
chos maldeci en vez de maldije que es lo castizo. 

Maleta. 
No vamos á hablar de la bolsa de cuero, que 
sirve para llevar ropa y otros objetos de viaje, y 
que se llama en castellano maleta. Como provin- 
cialismo anotaremos esa palabra, cuando se aplica 
por pillo, malo, bribón, malandrín, bellaco, picaro, 
vagabundo; verbigracia, "Siempre lo he tenido por 
un m.aleta de marca." '*No he visto nunca un ma- 
letón tan desvergonzado." 

Malaya. 

Debe escribirse ma¿ /¿a^/a (separadas las dos pa- 
labras,) y significa en buen castellano desear, un 
mal á alguno, verbigracia: ¿Qué puedctser sino 
que sois hembra y no podéis estar sosegada, que 
mal haya vuestra condición y la de todas aquellas 
á quienes imitáis." (Cervantes. — Quijote.^ 

Nosotros lo usamos, muy frecuéntente, como par- 
tícula optativa, con que denotamos el deseo de te- 
ner 6 lograr algo, como cuando dijo desde España 
nuestro poeta F. Rivera Maestre, en su epístola á 
Guatemala: 



ik^ 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 871 

''Así abundan las anonas^ 
Las pinas, las pitahayas, 
Y demás í^abrosas frutas 
¡Quién las comiera ¡malhaya! 

En ese sentido, como partícula optativa, no es 
un provincialismo: se encuentra en obras de escri- 
tores antiguos; pero hoy no se uí^a en España. 

Mal haya se toma también como maldito, y así 
dicen, ''¡Mal haya sea la hora en que la conocí !"- 
M^ Tampoco es este un provincialismo, sino más bien 
una imprecación vulgar, que, como dice Cuervo, 
va ya penetrando entre la gente culta; pero sin es- 
tar tan canonizada que merezca los miramientos 
del gramático. 

Maluco. 

Cuando alguien está ligeramente enfermo, di- 
cen por acá está maluco. 

Malvaluisa. 

Así dicen algunos, en vez de malvavisco. {Mal- 
vavisctis arboreus.) 

Malvisco. 

Así suelen llamar á la planta medicinal que tie- 
ne el tallo como de dos pies de altura, las hojas i^ 
vellosas y redondas, y las flores como las de mal- 
va. En español es malvavisco (de malvaviscus.) 

Mamáes. 

Es corriente oír decir mamáes, papáes, sofaes, 
pieses, en vez de mumás, papas, sofás, y pies, que 
es como se forma el plural de esos nombres. 



^ 



372 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Mamar. 

Es muy usado, por disfrutar favores, tener algu- 
na pitanza, como en la siguienta cuarteta: 

"Las chichiguas jocotecas 
De guipiles y galanas 
Dando la chiche á los niños 
No es poco lo que ellas maman. 

(Rivera Maestre.) 

En rigor es castizo, en tal sentido; pero no así 
mamarse á alguno, por engañarlo ó explotarlo; por 
matarlo, que en español es despachar á alguno. 

Mamotreto. 

Dice el Diccionario que es el libro ó cuaderno 
en que se apuntan las cosas que se han de arreglar 
después. 

Entre nosotros jamás se usa en esa significación. 
Damos el nombre de mamotreto á todo aparato de 
maderos, irregular ó defectuoso en su forma, que 
sirve para subir á alguna parte, ó para algún otro 
uso. En español es armatoste. 

Manaco. 
Nombre vulgar de una especie de palmera. 

Mancornen. 

Muchas veces hemos oído decir así en vez de 
mancuernen. 

Mangas. 

^'En mangas de camisa.''^ — Acerca de esta frase, 
creemos conveniente copiar todo lo que dice el 
"Diccionario de Peruanismos," helo aquí: ¿Por 
que el señor Cuervo corrije ^'en mangas de carndsa^^ 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 373 

con ''en cuerpo de camisaf ¿Y por qué hace otro 
tanto el señor Rodríguez, siguiendo, como le suele 
suceder, con demasiada ceguedad las huellas 
del filólogo bogotano, fascinado sin duda por los 
lujosos conocimientos que este despliega? El ilus- 
trado provincialógrafo chileno agrega de su pro- 
pia cosecha, 6- más bien aduce una excepción que 
hallamos oscura; dice: en cuerpo de camisa, es co- 
mo traen los diccionarios, esto es andando sin cha- 
leco; que si se habla de quien lo lleva está bien 
en mangas de camisa. Este curioso distingo es lo 
que no entiendo. 

Los diccionaristas no pueden ponerse en los in- 
finitos casos que la lengua permite. No hablamos 
con ellos, v. g., en un dos por tres, sino á dos por 
tres, y Bretón de los Herreros, que fue Secretario 
perpetuo de la misma Academia, autora del Dic- 
cionario, usará aquella frase con toda donozura 
cuando se ofrezca, y el mismo académico que re- 
dactó el artículo dos la aprobaría. 

Yo tengo idea de haber hallado el ^'en mangas 
de camisa" en escritores hispanos más de una vez; 
y por lo pronto allá va ese ejemplo de don Juan 
Valera, uno de los escritores, eruditos y hablistas 
de más nota que hoy tiene España. Lo tomamos 
de Pepita Jiménez, y en él hay mangas de camisa, 
y hasta sin chaleco, para ma3^or confusión del es- 
timable señor Rodríguez. Helo aquí: ''Don Luis 
y el Conde se quitaron levitas y chalecos, queda- 
ron en mangas de camisa y tomaron las armas." 

La curiosa distinción del señor Rodríguez, no 
pocas del provincialógrafo bogotano, y las que al- 
gún crítico descubra más tarde en el propio Dic- 



374 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

cionario de Peruanismos, no hacen más que refor- 
zar lo que ya hemos insinuado en la parte preli- 
minar de este ensayo: que no pudiendo serlo los 
puristas de América, sino de una manera artificial, 
ajena a toda realidad, tenemos que desviar á lo 

mejor." 

Mancuernas. 

Es curioso observar cuan diversos nombres dan 
á los botones de los puños de la camisa: aquí les 
W^ia^^n mancuernas ó macuernillas, sin duda por- 
que son dos iguales; en el Perú las denominan ge- 
melos] y en Chile colleras. El nombre castizo es 
el de gemelos, que se aplica, según el Diccionario, 
además de las otras acepciones que conocemos, al 
juego de dos botones iguales, ó de algunos otros 
objetos de esta clase. 

Mando dentro. 
Las tiendas que no tienen comunicación con el 
interior de la casa donde están, se llaman tiendas 
redondas (dice Salomé Jil, sin duda porque son 
cuadradas,) y aquellas que se comunican con la 
casa, y en las cuales el inquilino puede entrar á 
ella y salir, sin previo permiso de quien la habita, 
se denominan tiendas con mando dentro. ^Tude 
convencerme, además, de la profundidad y filoso- 
fía que encierra la expresión de tiendas con mando 
dentro, pues los inquilinos que entraban y salían 
continuamente, ya á bebemos el agua, ya á devol- 
vérnosla bajo otra forma; ya, en fin, á otras cosas 
que no es del caso referir, acabaron por mandar 
en la casa más que los verdaderos amos.'' (Mi ca- 
sa de altos. Cuadros de Costumbres. — Salomé Jil, 
tomo I, página 63.) 



t 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 375 

Manea. 

Es en buen castellano, tomado del habla de la 
América meridional, ma?i6a ó maniato la cuerda 
con íjue se atan las manos a una caballería para 
que no huya. 

Por acá se llama manea el lazo hecho de cuero 
enrollado y crudo, que sirve para lazar á los ani- 
males en las haciendas. Cuando es más largo y 
grueso que la manea, danle el nombre de pial, 

Maniado. 
Corrupción de maneado. Se aplica no sólo al 
ganado que tiene atadas las manos, sino, por tras- 
lación sin duda, á la persona que no es activa, 
despejada, libre y ágil en sus movimientos, que se 
aflige de poco; en español se dice atado. 

Manía. 
Asi denominamos una planta, originaria de 
África, que en español'se llama cacahuate ó caca- 
huete cacao de tierra (del mexicano cacahuatl;) y 
el mismo nombre lleva la almendra que produce 
(araedis hypogda, arachida hypogcea). La mania 
crece en abundancia en el Departamento de Su- 
chitepéquez y en otros puntos de la República de 
Guatemala. Esa almendra se come tostada ó co- 
cida, ó bien en confites, garapiñas, mazapanes y 
otros dulces. Se mezcla al cacao para la confec- 
ción del chocolate,- y también produce un aceite 
superior semejante al de almendras. La planta 
necesita de terreno arenoso y suelto y los frutos 
se forman bajo la tierra. En el Perú, Venezuela 
y Puerto Rico, se llama maní. En alemán, almen- 



376 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

dra de tierra, erdmandel; en francés pistache de 
terre; y en \ng\é^ pea-nut. 

Maniconio. 

Muchos dicen así, en vez de manicomio^ (de las 
voces griegas locura y cuidar) ó sea asilo de de- 
mentes. 

Maneto. 

Sinónimo de corneto, ó sea patizambo. 

Manijar. 

Vulgarismo que equivale á manejar. Así dicen 
en el refrán : ''quien mal se manija despacio pade- 
ce." ''¿Quién lo manija? — Tello — ¡Así anda ello!" 

Manipulear. 

En castellano es manipular. 

Mano. 

Son muchísimas las acepciones castizas de esta 
voz; pero creemos, con el escritor chileno Zoroba- 
bel Rodríguez, que es un provincialismo curioso 
el de tomarla por aventura, lance, trance, como 
cuando decimos: Vas á ver la mano que te va á 
pasar." "No saben ustedes que le pasó muy ma- 
la mano.'^ 

Manita. 

Es'curiosa la frase dar una manita, que signifi- 
ca prestar ayuda para cargar algo. Así dicen fre- 
cuentemente las vendedoras de fruta, cuando quie- 
ren alzar el cesto y ponérselo en la cabeza. ^^Por 
via suya, déme una manita. ^^ 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 377 

Mantequilla. 
Esta palabra, dice Salva que es de origen cuba- 
no, en lugar de manteca, como llaman en España 
á la sustancia oleosa que se saca de la leche ba- 
tiéndola. Nosotros, por manteca sólo entendemos 
U grasa del cerdo. El Diccionario dice: Mante- 
quilla, pasta suave y blanda, de manteca de va- 
cas, batida y mezclada con azúcar. 

Mantequillera. 
La vasija en que se guarda la mantequilla, que 
en castellano es mantequera. 

Mantención. 
Lo castizo es manutención ó mantenimiento, que 
antiguamente era mantenencia ó manutenencia, co- 
mo se dice en las leyes de ''Las Siete Partidas." 

Mayugar. 
Muchas veces hemos oído en boca de gente za- 
fia, y aun en la de muchos que se pican de perso- 
nas de pro, mayugar por magullar. 

Manzanilla. 
La manzanilla es una pequeña fruta silvestre, 
de pronunciado y agradable olor. No sólo es co- 
mestible, sino que la usan como adorno en largas 
sartas que ponen en los nacimientos ó retablos. 

(Cratxgus.) 

Matado. 

El verbo matar, dar muerte, tiene por participio 
pasado el del verbo morir, que es muerto. Por co- 
mún que sea por acá decir que hubo un matado, 



378 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

en tal ó cual fiesta popular, no deja de ser muy 
incorrecto. 

Matar por llagar una bestia, conserva su propio 
participio, Del suicida dícese que se ha matado, 
y no se ha muerto, porque así no se daría á enten- 
der que se ha suicidado. 

''¡Oh cuántos jueces hay en este mundo, los cua- 
les así se precian y cuentan los que han azotado, 
desorejado, degollado, ahorcado, descuartizado y 
muerto, como otros se precian de los cautivos que 
hubiesen rescatado, ó de las huérfanas que hubie- 
sen casado!" (Guevara. — De la recta administra- 
ción de justicia,) 

Matasano. 

Es una fruta fina y sabrosa al paladar, (Gasimi- 
roa edulis) con una película delgada de color ver- 
de amarilloso; la carne amarilla aguanosa; y el 
cuesco blanco. No es dañosa a la salud, como 
pudiera creerse por el nombre. El Diccionario 
llama matasanos á los curanderos ó médicos, sin 
distinguir entre homeópatas y alópatas. 

Matagusano. 

Es una pasta hecha de azúcar negra y corteza 
de naranja ó de toronja, agradable al paladar. 

Mañoso. 

Dice Salva que es un provincialismo mexicano 
el llamar mañoso al caballo ó muía que tiene resa- 
bios, y que se llama resabiado. También aplica- 
mos por antonomasia el nombre de mañoso al la- 
drón ratero, al criado ó criada que hurta cosas in- 
significantes. ''Es un patojo malcriado y algo 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 379 

mañoso,'' así decimos del mozo que no tiene buena 
educación y que es ratero. 

Marchante. 

Significa en castellano traficante, mercantil. 

En el concepto de parroquiano, que es como no- 
sotros lo usamos, es provincialismo andaluz. ''Y 
en efecto no hay marchante que marche como don 
Sinforoso Comodín, sujeto apreciabilísirao, de 
quien toda la República se hace lenguas y que se 
hace ^1 todo pies y manos, para dar abasto á las 
infinitas comisiones, encargos, agencias, corredu- 
rías y servicios que tiene que desempeñar." ( Salo- 
mé Jil. — Cuadro de Costumbres; tomo II, página 

94.) 

Maravilla. 

Es un provincialismo, cuando se toma por sinó- 
nimo de multitud ó gran cantidad de alguna cosa; 
verbigracia: ''Había una maravilla de hombres en 
el campamento. ¡Jesús qué maravilla de gusa- 
nos ! 

Margara. 

Diminuto familiar de Margarita. 

Maromero. 
No está en el Diccionario, aunque desde luego 
se comprende que se deriva de maroma: lo toma- 
mos por el volatinero que anda y hace equilibrios 

en ella. 

Maritates. 

No se halla en el Diccionario, y nosotro lo to- 
mamos por baratijas, chismes, trastos ó cosas por 
el estilo. 



380 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

''En cambio del jiquilite, 
Del cacao y de la grana, 
Te dan maritates, y opio 
En vez de chicha que embriaga. 

(Rivera Maestre.) 

En Chile quiere decir maritata una canal que 
usan en las minas ó unos cedazos con tela de alam- 
bre. 

Marañón. 

Lo mismo que en Cuba, llamamos marañón ó 
jocote inarañón al anacarado (anacardium) que en 
Venezuela recibe el nombre de merey, y en Puer- 
ta Rico pajuil. 

Mazacuata. 

Es el nombre que por acá se da á una culebra 
de dos a seis metros de largo; nombre que quiere 
decir en cakcbiquel culebra de venado, (mazacuat) 
de mazat (venado) y cuat (culebra.) También se 
llaman culebras bobas. Cuando son pequeñas se 
alimentan con ratones, siguen con aves y llegan a 
devorar un ciervo. Boa imperator. 

Masque. 

Dice Salva que masque significa no importa, aun- 
que, es un adverbio vulgar mexicano; pero con 
perdón del ilustrado filólogo, se usaba en tiempo 
de Cervantes: ''Habilidades y gracias que no son 
vendibles (añadió Sancho más que la tenga el con- 
de Dirlos." — Quijote.) 

En Guatemala ha quedado el uso de masque re- 
legado á la gente baja. 



PROVINCIALISMOS DE GtTATEMALA 381 

Maztlate. 

Nombre del tapado que usaban, y todavía usan 
los indios de la costa, para cubrir la horcajadura 
ó entrepiernas. Algunos le dicen maixtate. 

Malos nombres. 

A los apodos llámanles en esta tierra malos nom- 
bres. Antaño era más común la censurable cos- 
tumbre de bautizar á los prójimos con sobrenom- 
bres ridículos. Hoy son por el contrario buenos 
nombres los que se dan á los niños en cuanto nacen. 
Aquello de Juan, Francisco, Pedro, Antonio, es 
muy rancio y vulgar: hoy son Napoleones, Aníba- 
les, Cicerones, Horacios, Cuyacios, Tíbulos, R6- 

mulos, Tiberios, etc y no falta alguno llamado 

Poncio Pilatos, otro Sangre de Cristo y otro Cus- 
todio. Entre el bello sexo, ha cundido la moda 
de los nombres raros, como Lidia, Esmeralda, Se- 
ráfica, Hapatia, y tantos que no mencionaremos 
para que nadie se crea aludido. Hoy en cuanto 
nace un niño, empiezan todos los de la familia á 
pensar el nombre más peregrino con que se le bau- 
tice; y eso que no hemos apurado la imaginación 
en tal punto, como los costarricenses y colombia- 
nos, que tienen algunos nombres rarísimos. 

Mapache. 
Es el nombre vulgar del Procyon lotor (Alien.) 

Matadura. 

A las llagas que producen las monturas ó arreos 
en los animales, llámanles mataduras. 



382 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Matate. 

Una bolsa hecha de cuerdas delgadas de pita ó 
de maguey, entretejidas con grandes intersticios y 
que se suspende al cuello por medio de un cordel. 
Usanlo mucho los indios para guardar sus tortillas, 
frutas y otros alimentos. 

Decimos '^echar uno pan en su matate'', para sig- 
nificar que adquiere experiencia. 

Matrero. 

Significa en castellano astuto, diestro, experimen- 
tado. En Chile, en México, según Salva, y entre 
nosotros, se toma por suspicaz, receloso. 

I Maturranga. 

En español es marrullería. 

Me quise caer. 

Muchos dicen así por "estuve á punto de caer- 
me;" y no falta quienes digan "me quise morir," 
para dar á entender que se iban á morir. 

Mecate. 

Del mexicano mecatl, que significa bramante, 
cordel ó cuerda de pita. Lo registra el Diccionario 
como provincialismo mexicano. 

Mecapal. 

Se deriva de mecatpali, cuero para cargar, que 
es una especie de faja que se ponen los indios en 
la cabeza para llevar los fardos. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 383 

Medio — a* 

Cuando es adjetivo concuerda con el sustantivo, 
al cual califica, en género y número; v. g., medio 
pan, media arroba, medios boletos, medios 'pasajes. 

Cuando es adverbio y modifica á un adjetivo, es 
invariable medio. 

Por tanto, es un disparate el decir: "llegaron 
median muertas," ''estaban medias desnudas," ''se 
pusieran medios borrachos." Debe ser: ''medio 
muertas, medio desnudas, m^íZw borrachos." 

Lo dicho sobre el adverbio medio, es aplicable á 
pxiro. No se diga, pues, como muchas de nuestras 
paisanas acostumbran: "Lo hizo de ^lí/ra muda, 
de pura boba, sino de puro muda, de puro boba. 

Va\ español dícese "engañarse de medio á me- 
dio," y nosotros le quitamos sin razón el de. 

Pero lo que hay de raro y curioso es que por 
acá usan casi todos media vez, en lugar á^unavez-, 
de tal suerte que dividen la vez, como por econo- 
mía, cuando lo que debiera economizarse era el 
uso de tales gazafatones. 

" A medio palo'' dicen que está el que se halla 

achispado. 

Médula. 

Así pronunciamos, debiendo ser me(ii6/a (de me-- 

dulla.) "Los muchachos han hecho pepitoria de 

todas tus medulas y tus huesos." (Cervantes. — 

El rufián viudo.) 

"Y sus hijos, cada uno 
De tan disforme estatura 
Que era un monte organizado 
De miembros y de medulas.'' 

(Calderón.— Xa cena de Ballítsar.) 



384 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Meiz. 

Corrupción vulgar de maíz. 

Mendingar. 

Es mendigar. 

Mengalas. 

Así llamamos á las muchachas del pueblo que 
visten enaguas, usan una camisa descolada y lle- 
van un pañuelo cruzado sobre la espalda. El ta- 
pado de una mengala es un chai, que llaman re- 
bozo , tejido en el país con vistosos colores; unos 
son de hilo de algodón y otros de seda. 

Probablemente la palabra mengala es una co- 
rrupción de bengala, por ser análogo el traje de las 
mujeres de esa tribu del Indostán al que dejamos 

descrito. 

Menjuí. 

Muchos dicen así, por benjuí. 

Mensuración. 
Debe decirse mensura. 

Menú. 

Cuenta Juan Arona que, desesperado un diplo- 
mático de no hallar traducción precisa á esta pa- 
labra francesa, un día en que daba cuenta al Mi- 
nisterio de un banquete habido en la legación, di- 
jo con desenfado: ''Acompaño á Ud. el prontua- 
rio de la vianda." 

El menú se traduce débilmente en castellano 
1>0Y la lista; de hoy en adelante nuestros lectores 
saben como han de decir : '' j Prontuario de la 
vianda ! " Lo cierto es que hay palabras de otros 
idiomas que todo el mundo emplea. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 385 

Mermejo. 
Hay cierta tendencia á convertir la h con que 
comienzan algunas palabras en m. Así decimos 
mengala por bengala, menjui por benjui, mermeja 
por bermejo. 

Merendarse. 

Se dice en Chile y también entre nosotros, por 
engañar, asesinar. En el mismo sentido se usa 
soplárselo, beneficiarlo 6 beneficiárselo. 

Meriendita. 
Dígase merendita. 

Mero. 

Suelen tomarlo por acá como sinónimo de ver- 
dadero, y como partícula aumentativa 6 superlati- 
vo. En tal concepto dicen por ejemplo, Pedro e& 
mero malo; 3'a mero cae el agua. 

En la epístola á Guatemala, dice don Francisco 
Rivera Maestre: 

'*De monárquica me dicen 
Que ya no te queda nada, 
Conduciéndote en un todo 
Por la mera democracia." 

Metamorfosis. 
Así pronunciamos esta palabra, haciéndola es- 
drújula, sin ninguna razón para ello. Como todos 
los vocablos griegos de igual terminación, es gra- 
ve. Dígase, pues, metapaorfósis, clorosis, apoteo- 
sis, neurosis, etc. 

Meterse de ó á. 

Es constante el decir "meterse de fraile," "me- 
terse de monja," "meterse á donado," etc. Pero 



386 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Cuervo, y otros filólogos, opinan que es menester 
quitar las partícula de 6 á. 

''No ves que me das enojos 
Cuantas veces me amenazas 
Entrarte monjaV 

(Tirso. — Quieíi no cae no se levanta.) 

''¿Fraile te metes, Perico, 
Sólo por DO pasar hambre? 
Pues di que glotón te metes 
No digas te metes fraile.'' 

(León de ArroyaL — Biblioteca selecta.) 

"Si tanto te desazonan 
Los requiebros de los hombres 
Bien pueden meterte monja.'' 

(Bretón.— Elenn .) 

"Siempre tuvieron pasión las viejas de meterse 
latinas." (Gaspar Lucas Hidalgo. — Siglo XVI.) 

Metete. 

Esta voz que constituye uno de nuestros provin- 
cialismos, vale por entrometido, ó sea aquel que se 
mete donde no le llaman. 

Metido. 
Dícese también por entremetido ó entrometido. 

Mica. 

Además de significar la hembra del mico, úsase 
por acá, como adjetivo, en vez de coqueta. "Ro- 
saura es bonita; pero muy mica." También se 
emplea, como sustantivo, en lugar de borrachera. 
^'Juan se puso una buena mica." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 



38' 



Micoleón. 
Es el Cercoleptes caudivolvulus (Tomes) noctur- 
no, que pasa el día durmiendo. 

Micada. 
Tomamos este neologismo de mica, la hembra 
del mico, para significar monada, zalamería, den- 
gue, mueca, gesto, guiño, mohin, mono, mimo ó 
visaje. 

^ ''Que son unos saramullos 
Sin que muestren llevar trazas 
De orijinales, haciendo 
Continuamente micadas. 

(Rivera Maestre.) 

Mielero. 
El lugar en que se guarda la miel y la persona 
•que la vende, llámanse en castellano melero, que 
no mielero. 

Miguelear. 

Vulgarmente se usa, entre nosotros, por hacer 
el amor, pelar la pava, liacer el oso, cortejar, hacer 
la corte, etc. 

Mi I tomate. 

Así es el nombre que damos aquí al fruto dé 
una herbácea, parecido al tomate; pero del tama- 
ño y color de una uva blanca. 

''Todos los guisados exhalan un delicioso olor á 
humo; los frijoles hacen el oficio de centinelas, 
siempre parados; la leche está continuamente co- 
mo día de septiembre, metida en agua, y el almí- 
bar es de miltoynate, por lo barato." Salomé Jil. — 
Cuadro de Costumbres. Las criadas; página 106, 
tomo 11.) 



388 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Milpa. 

A las sementeras de maíz, que se llaman maiza- 
les, en español, les decimos por acá milpas, y mil- 
pieria al valle donde hay muchos maizales. 

En la retirada de los españoles de México, dice 
Solís: ''Que se logró el recojer algunos españoles 
y tlascaltecas, que mediante su valor y su diligen- 
cia, salieron nadando á la ribera, ó tuvieron suer- 
te de poderse ocultar en los maizales del con- 
torno." 

Los indios, esos descendientes de los primitivos 
pobladores de estas bellísimas comarcas, con su 
carácter eminentemente tradicionalista, no dejan 
nunca de sembrar su milpa, que, con razón for- 
ma todas sus delicias. 

Mitrídates. 
Muchos lo pronuncian como esdrújulo, cargan- 
do el acento en la i] pero no le tiene. Tanto ese 
nombre, como zafiro, opimo, diploma, mendigo, 
colega, sincero, intervalo, telegrama, paralelogra- 
mo, Tibulo, Eufrates, Catulo, vayamos, no son es- 
drújulos. Pero ese vicio de pronunciación no es 
sólo de los centro-americanos y sud-americanos; 
dícese así todavía en varias provincias de España. 

Mi siá. 

Al decir de Cuervo, mi so, mi sa, fueron en los 
buenos tiempos de la lengua castellana, abrevia- 
turas lacayunas y fregoniles, de mi señor, mi se- 
ñora. 

''Ambas abreviaturas, según Rodríguez, empren- 
dieron su viaje á América, con los criados de los 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 389 

-conquistadores; pero es lo cierto que m^ so debió 
de ahogarse en la travesía, pues sólo el mi sa llegó 
á este mundo, y eso convertido en md sed ó miseá, 
mi siá 6 misiáy 

Mobiliario. 
Dígase mueblaje. 

Mocho. 
Así llaman en México á los conservadores, aquí 
cachurecos y en otras partes cachos. Mochos dicen 
en Chile á los legos de los conventos, que en Es- 
paña se denominan familiarmente con el nombre 
de mof ¡Iones. 

Mole. 

Es el nombre de un plato nacional que se con- 
fecciona así: '^Después de partir en rodajas dos 
plátanos, se ponen á freír; en seguida, al calor del 
comal un poco de pepitoria y ajonjolí, cuidando 
de que no se pase de tueste porque se pone amar- 
go; se muelen estas dos cosas con cuatro pimien- 
tas de Chiapas, un clavo, un poco de canela, dos 
chiles guaques y cuatro tomates cocidos con un 
poco de ceniza y sal. Cuando todo está molido 
se pone á freir, echándole azúcar al gusto y rajas 
de canela; luego que está frito, se echa el plátano 
con un poco de agua, espesándolo con pan. mojado 
y molido, y procurando que quede caldoso; y ya 
para mandarlo á la mesa, se le echa por encima 
ajonjolí." 

(Novísimo libro de cocina guatemalteca.) 

Mojarra. 
Entre los peces de agua dulce tenemos la moja- 
rra, que es muy apreciada en nuestras mesas, y 



390 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

más conocida que Isl plateada, la alumina, el gua- 
pote, el zabalo, la palometa, el sucio, el bagre, el sar- 
go, el dormilón, la haracuta, el peje-perico, el porgo, 
el boca-colorada, el temblor, el roncador, el juilin, el 
tepemechin, etc. etc. 

Mojarra 6 moharra es nombre castellano aplica- 
do á una especie de lanza acabada en punta, y de 
ahí es que esos nuestros peces, del género Heros 
de Gunther, ha3^an sido llamados así. 

El más conocido, es la mojarra del lago de Ama- 
titlán Heros guttulatus. Hay otras ocho especies 
en Guatemala. 

Son treinta y dos las conocidas en todo Centro- 
América. 

Molestoso. 

No es buen castellano; dícese molesto. 

Moler. 

Además de las acepciones castizas, se toma mo- 
ler, por antonomasia, con relación á la caña, en 
los ingenios, y en este sentido es verbo neutro, se- 
gún Pichardo. 

Nosotro lo usamos también en todo caso, como 
sinónimo de molestar; y así decimos: ''Ya no so- 
porto al niño, muele noche y día;" "es una broma; 
te lo dijo por molerte.'^ En castellano significa, es 
verdad, en sentido figurado, motoar; pero con im- 
pertinencia y gravemente. 

MoMenda. 
Dice Pichardo, en el Diccionario de provincia- 
lismos de Cuba, que, por antonomasia, se entien- 
de la acción ó efecto de moler, con relación á la ca- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 391 

ña L'ii lus ¿/¿genios: pero comprende cualquiera par- 
te 6 el todo del período ó meses que se emplea ca- 
da año en esa operación diaria." 

Por acá se llama además molienda la broma que 
se dá á alguno; y así dicen: '^Muy avergonzado 
estaba Julio, con la molienda que le dieron en ca- 
sa de doña María." 

Molotera. 
Lo mismo que molote, significa ruido, motín, 
bulla. Este provincialismo es de origen cubano. 

Monjitas. 
Así es el nombre de unas orquídeas de amarillo 
y blanco, comunes en nuestras selvas. Maxillaria 

cruenta. 

Mona. 

Ya hemos visto, en otro lugar, que se toma por 

borrachera. Además llaman 7nona á un trompo 

sin cabeza. 

Mondongo. 

En castellano significa los intestinos del cerdo; 
pero en Guatemala no se usa en esa acepción. 
Aquí llaman mondongo, á un adorno mal confec- 
cionado, á un adefesio. 

Monograma. 

Oigamos lo que dice el Diccionario de perua- 
nismos: ''Una precoz pedantería nos está llevan- 
do á adoptar términos griegos ó latinos por nom- 
bres españoles castizos que nunca hemos usado 
quizá debidamente. Los cronistas (gacetilleros de 
nuestros periódicos) vacían su agua sin saber ellos 
mismos de donde la toman; y á tontas y locas nos 



392 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

han inundado de manicomios, panópticos, óbitos, y 
hasta de abreviaturas astronómico-náuticas, como 
aquellas a. m. y p. m. que figuran en las más tri- 
biales relaciones, por no decir de la mañana, de la 
tarden 

^'Reconocemos, sin embargo que es una lástima 
no poseer en castellano algo familiar como el aprés- 
midi, el after-noon y aun el dopo mezzo giorno, de 
franceses, ingleses é italianos, que no nuestro des- 
pués de ó pasado miedio dia, que no traducen sino 
forzadamente." 

''La introducción de monograma, la debemos in- 
dudablemente á los mismos introductores de la 
cosa. La palabra está perfectamente formada de 
elementos griegos, y no dudo que ande en todos 
los diccionarios españoles; pero que más dice que 
nuestro castizo y antiguo cifraf De repente va- 
mos á Ae^diV península por quersoneso , y guantes por 
quirotecas, como ya se hizo en lo antiguo. Cifra 
nos daría verbo y podríamos decir papel cifrado, 
sobres cifrados.'' 

"Monograma ya en Buenos Aires se dice 

profesor diplomado; esperemos, pues, que antes de 
poco se diga, si ya no se dice, papel monogramado. 

Mordidura. 
Es mordedura. 

Moreteado. 
Dígase amoratado. 

Mortificares. 
Así dicen muchos, en lugar de mortificarás, que 
es como debe decirse. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 393 

Morroñoso. 

No es castellana esta voz. Significa, entre nos- 
otros, lo que no es terso, que tiene una superficie 
desigual. 

En el Perú quiere decir morroñoso una figura 
mustia, triste, y también todo lo que parece ruin, 
encojido, miserable, chetif, en francés. 

Moscabado. 

Para denominar el azúcar prieta, en polvo, hay 

gran divergencia en América. En unos lugares 

llámanle raascahada, moscahada, mascabado. 

El Diccionario reconoce el adjetivo mascahado- 
«. 

Moscadero. 
Myristica sebifera, se cría en la zona caliente, 
que llamamos boca-costa. Produce ese hermoso 
árbol buena madera y cera vegetal. 

Moscarrón. 

Así decimos; debiendo ser moscardón 6 moscón, 
que son las voces autorizadas hoy por el uso en 
España y por el Diccionario de la Academia; si bien 
en lo antiguo debió de usarse moscarrón, pues así 
escribió Herrera en la Agricultura General-, (libro 
VI, agosto.) 

Es de notar que muchas voces que hoy aparecen 
como provincialismos, nos han venido de P]spaña, 
en donde cayeron en desuso. 

Montón. 

En esta frase ^' Decir un montón,'' que significa 
'^hartar á injurias," consideramos que existe un 



394 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

provincialismo. En una carta escrita por una 
criada, leemos: *'Mi querido niño Chico: Recibí 
suapresiable de hayer y tuavía me dura el gusto 
de aberlo bisto. Ande que el domingo me junté 
en los toros con la chucana de la Rufina y me dijo 
hun montón, que no fuera tonta que Ud. lo que 
quería era jugar con Migo y que como se había de 
casar un chancletudo con una de naguas y otras 
picardías," (Salomé Jil. — Cuadros de Costumbres; 
página 169, tomo 11.) 

Monis. 

Significa en castellano: ''unos dulces pareci- 
dos á los melindres y también cosa pequeña ó pu- 
lida." No se diga, pues, no tener monis, por no 
tener dinero: eso es ''no tener monisesJ^ 

Movido. 

Al que no es ágil, al que es encogido, le llama- 
mos nosotros movido, no sabemos por qué. 

Muchila. 

Es mochila. 

Mudada. 

A una muda de ropa, dícenle todos w\\2i muda- 
da, aquí en Guatemala. 

Muey. 

Es muelle. 

Mujerero. 

El que gusta mucho de mujeres es mMJeriego, en 
castellano, y no mujerero como decimos general- 
mente por acá. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 395 

Mujerón. 

Ks iuNjtiuini, mnjeronaza. 

Muía. 
'^Montar una muía" significa por acá encoleri- 
zarse. Nosotros no decimos como los galiparlistas 
monter en colére, montar en cólera, sino montar mu- 
la, que es más natural si se trata de montar algo. 

Mulatas. 

Son unas flores de variados matices. Zinnia 
ciega )is. 

Muribundo. 

Asi dice la gente vulgar, por moribundo. 

Musculación. 
El conjunto y disposición de los músculos es 
musculatura^ y no como decimos en Guatemala, 
micsculación. 

Muchisísimo. 

No faltan gentes exageradas, que así quieran 
aumentar más el aumentativo muchísimo. Ni es 
esto extraño, cuando vemos que algunos se subs- 
criben muy efectisimos. 

En México dicen también mucjiisisimo, como 
puede verse en la siguiente letrilla del malogrado 

Acuña: 

Juzga Ud. que es una plaga, 
Que es un castigo de Dios, 
Esta turba de mocosos 
Sin quehacer ni ocupación, 
Que á falta de otra han tomado 
La carrera de escritor; 
Que si hablan del Nigromante 



396 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

No lo bajan de chambón. 
Que á Altamirano lo acaban, 
Que á Fedrp le hacen /o, 
Que á Prieto lo ponen de asco, 
Que á Justo lo dejan peor, 

Y que llevando hasta Europa 
Su crítica erudición. 
Destrozan á Víctor Hugo 

Y á Dumas y á Oampoamor, 

Y á cuantos hallan al paso 
Con su hidrofobia feroz; 

Y agrega Ud. que sería 
Muchisisimo mejor 

Que hacerles caso ó echarles 
Un indigesto sermón, 
Dejarlos á que los oiga 
La madre que los parió! 
Pues si, señor don Gregorio, 
Tiene usted mucha razón. 
Eso mismo que usted dice, 
Eso mismo digo yo. 

Murciégalo 

Corrupción de murciélago. En Europa se ha 
exajerado mucho el daño que causan algunas es- 
pecies de esos animales nocturnos, que habitan 
los lugares templados de México y Centro-Amé- 
rica. Se ha dicho que el Vampyrus spectrum y el 
Phylostoma hastatum podían matar á un hombre, 
chupándole la sangre. Los murciélagos son muy 
provechosos á la horticultura, pues destruyen in- 
sectos dañinos. Hay veintitrés géneros y treinta 
y cinco especies de Queirópteros en Guatemala. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 397 

N. 

Nacascolote. 
Al dividivi^ dan comunmente ese nombre, ó el 
de nacascolo. Es una leguminosa arborescente, 
siempre verde. Sus frutos contienen mucho mu- 
cílago y ácido tánico; es excelente sustancia para 
curtir cueros y para confeccionar buena tinta de 
escribir. 

Nadie de nosotros. 

Dice Bello que es muy necesario notar que de- 
be evitarse sustituir en esa frase el sustantivo al 
adjetivo cognado. No debe, por ejemplo, decirse: 
^^Xadie de los hombres." ''Alguien de los solda- 
dos," sino ninguno y alguno. (Gramática, Caoí- 
tulo XXXVII.) 

Nacimiento. 

A los retablos de Noche Buena, les llaman por 
acá nacimientos^ que es palabra muy castiza, aun- 
que no la haya tenido por tal don José Milla, sub- 
rayándola. * 

Los sajones tienen su encendido arholillo de Na- 
vidad; los españoles su legendario re¿afe¿o; nosotros 
tenemos por la Pascua el pintoresco nacimiento. 

'' I Ssilve poético arholillo, de alegres lucecitas, 
de vistosos juguetes y de sabrosos dulces cargado; 
y más que de todo eso, de amor y de alegría, de fe 
infantil, de puros goces y de paz de hogar ! " (Pé- 
rez Bonalde.) 

" • Salve, salve, lindo retablo, adornado por ma- 
nos amorosas, y tocado con susto de veneración y 



Cuadros de Costumbres. "Nunca más Nacimiento;" página i:^. 



398 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

con asombro de felicidad por manecitas inocen- 
tes!" (Pérez Bonalde.) 

¡Salve, por siempre salve, alegre nacimiento que 
dejas en el alma del niño plácidos recuerdos, y 
que haces lucir en la memoria del hombre la mís- 
tica estrella de Belem, el astro de la fe santa, el 
lucero de la esperanza inmortal! 

No se crea que apuntamos como provincial el 
nombre de nacimiento, que encontramos en algu- 
nos escritores, como Trueba y Fernán Caballero, 
por helén y por retablo. El insigne poeta Velarde 
dice: 

''Levántase el Nacimiento 

De tanto bullicio causa, 

Sobre mesas y tarimas 

Y orlado de verdes ramas." 

(Página 175, tomo I.) 
Naide. 

Este no es provincialismo nuestro. Es corrup- 
ción antigua de nadie, usada en los tiempos de 
Santa Teresa, y que aún anda en boca de nuestra 
gente baja. 

Nagua. 

No se usa según el Diccionario, iiar/ua ó enagua 
en el singular, por lo cual no sería lícito decir la 
enagua. Agrégase á esto, dice Cuervo, que es im- 
propio llamar así á l'd falda ó parte del traje que 
va de la cintura abajo. 

Es de advertirse que Calderón y Moreto usaron 
nagua y enagua, en singular; por lo que creemos 
que, por inipropio que sea hoy, según el Dicciona- 
rio, es vicio heredado de los conquistadores. 



PROVINCIALISMOS DE GTíATEMALA 399 

Nacho— a. 

Es diminutivo familiar de Ignacio- a. En el Perú 
lo es de Narciso-a. 

Nana. 

Según Zorobabel Rodríguez y Daniel Granada 
esa voz del quechua nanai, dolor, enfermedad, y la 
usa la gente zafia como la instruida; pero sólo pa- 
ra imitar el lenguaje de los niños, a quienes se 
enseña desde temprano á designar con ella cuan- 
tos dolores ó heridas les mortifiquen. 

Esto será en Chile y la iVrgentina: que en Gua- 
temala significa nana, madre, palabra que emplea 
la gente del pueblo bajo, la cual no dice mamá. 
También llaman nana los niños á su niñera {chi- 
na) ó nodriza {chichigua) acepción que también 
tiene en México. 

Nance. 

Nombre de una frutita de película amarilla y 
-de carne blanca {3Ialphigia raonfana.) 

Nanoya. 
Nombre vulgar y familiar de ahuela. 

Naranjal. 
Ya hemos visto que existe la manía de dar la 
terminación al, no á la plantación de ciertos árbo- 
les, como debe ser, sino al árbol mismo. Así 
naranjal por naranjo, cafetal, por críelo, granadal, 

por granado, etc. 

Narizón. 

Debe decirse narigón ó narigudo, como en latín 

naso y nasutus; pero no narizón, como dicen por 

acá. 



400 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Negra. 
Es provincialismo americano, como voz de ca- 
riño: 

"En la plaza andan vendiendo 
Ramilletitos de á peso; 
Le he de comprar á mi negro, 
Será mi gusto y por eso." 

(Popular.) 
Nevar. 
Algunos dicen neva, en vez de nieva, que es lo- 

castizo. 

NopaL 

Es voz mexicana, de nopalli, adoptada ya por el 
Diccionario de la Academia, cactus opuntia. Aun- 
que Herrera en su excelente obra sobra las Indias 
Occidentales, dice que la palabra viene de Cuba. 
Oviedo la describe así: "Hay unas plantas salva- 
jes que se nacen por los campos, y yo no las he 
visto sino en la Isla Española, aunque en otras 
islas y partes de las Indias las hay. Llámanse tu- 
nas, y nacen de unos cardos muy espinosos y e- 
chan esta fruta que llaman tunas, que parecen 
brevas ó higos de los largos, y tienen unas coroni- 
llas como las níspolas y de dentro son muycolara- 
das, y tienen granillos de la manera que los higos, 
y son de buen gasto y hay los campos llenos en 
muchas partes." 

El príncipe de los literatos hispano-americanos, 
en la magnífica oda á "La Agricultura de la Zona 
Tórrida," dice: 

"Tú das la caña hermosa. 
De do la miel se acendra 
Por quien desdeña el mundo los panales; 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 401 

Tú en urnas de coral cuajas la almendra 
Que en la espumante jicara rebosa: 
Bulle carmín viviente en tus nopales, 
Que afrenta fuera al múrice de Tiro; 
Y de tu añil la tinta generosa 
Emula es de la lumbre del zafiro." 

(Bello.) 
No la pela. 

Expresión familiar y baja que significa que una 
persona ó cosa no sirve, ó que alguno no acierta. 

No dar pié con bola. 

Se usa por acá, cuando los españoles dicen, no 
dar palotada. 

No hay miedo que. 

Dice el erudito Cuervo: ''Hay afg unas frases co- 
mo hacer señas, das palabras, ser de opinión, tener 
cuenta, no hay miedo, etc., que considerados sus 
elementos, deberían exigir después de sí, no un que 
sólo, sino acompañado de preposición, verbigracia. 
**Te doy mi palabra de que vendré," no obstante, 
el uso común de antiguos y modernos autoriza lo 
último, que procede de que se asimilan, cuanto al 
régimen, las dichas frases ó verbos de igual signi- 
ficación : hacer señas á indicar, dar palabra, a pro- 
meter, etc. Pero tales construcciones aunque se 
hallen en buenos escritores son por lo menos de- 
saliñadas." 

No le hace. 

Se usa por acá, lo mismo que en Chile, por no 
importa. ''Si no estudias no aprenderás, y todos 
te tendrán lástima.— iVo le hace, vale que mi padre 
es rico — Respondió el estudiante." ^ 



402 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Nostalgia. 

Muchs pronuncian así, con el acento en la últi- 
ma sílaba; pero es de notar que todos los derivados 
del griego algos ^ dolor, llevan el acento en la pe- 
núltima a: gastralgia, 'cefalalgia, nostalgia (de 
nostros, vuelta al hogar.) 

Novillo. 

La Academia, dice que es el toro y buey nuevo, 
y más particularmente el que no esta domado ó 
sujeto al yugo. 

En la América, desde la Argentina hasta Méxi- 
co, se llama torito 6 torete al toro muy nuevo. No- 
villo es el toro castrado. 

''La carne de vaca es la más tierna y de mejor 
gusto: le sigue la de buey y novillo (así se llama 
al capón no domado, aunque tenga seis ó más 
años) y la más inferior es la de toro." {Azara.) 

Nieblina. 
Es neblina. 

Nieve. 

Así llaman por acá al helado, al sorbete-, y neve- 
ría al lugar donde se venden los helados. 

"Señorita, ¿quiere Ud. un vaso de nieve? Equi- 
vale á decir, en castellano, "Señorita, quiere Ud. 
un vaso de copos blancos, de esos que caen del cie- 
lo que son cristalizaciones de varias formas, muy 
frecuentes en invierno, en países en que nieva.'' 

Eso de nieve de leche, nieve de limo7i, nieve de fre- 
sas, etc^ que oímos por acá, es un disparate. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 403 

Nigua. 

Fil autor del Diccionario de chilenismos dice: 
"Más feliz este bicho que muchos otros que le 
aventajan en utilidad y figura, ocupa muy orondo 
un lugar en el Diccionario de la Academia. 

Nigua {¡ndex penetrans^ según el vocabulario que 
viene al fin de la historia de las Indias, de Ovie- 
•<io, sería de origen cubano. 

El sabio J. A. de Varnnagen asegura que es voz 
derivada del lucayo. 

El erudito filólogo Cuervo dice: ''También ha 
podido suceder que nos vengan voces de otras len- 
guas americanas y esto por conducto de los espa- 
ñoles, que del primer punto en que las oían las 
llevaban á otras partes: así, de la lengua haitiana 
han pasado á formar parte de la castellana mu- 
chos nombres de plantas, como ceiba, maíz; de 
animales como guacamaya 6 guacamayo, cocuyo, 
nigua:' 

Mas sea de esto lo que fuere, y auque á la nigua 
le sucediera lo que al sabio de Bmirna, que siete 
ciudades de la Grecia se lo disputaban, no citaría- 
mos aquí el nombre de bicho tan inmundo como 
dañino, si no fuera que se aplica provincialmente 
la palabra nigua á una pasta dulce, que se hace de 
azúcar negra y de una semilla redonda, muy 

pequeña v suave. 

Niervo. 

Esta palabra que solo anda hoy en boca del vul- 
go, fué' usada por los clásicos, y se deriva de ner- 
vus, como áecervus, ciervo, de herba, hierba. 
De osos las presas, de león los niervos 
Y cuernos duros de ligeros ciervos. 

(Valbuena Bernordo. Libro XI.) 



404 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Niño. 

En castellano, es el que está en la niñez, que 
tiene pocos años; en Guatemala lo mismo que en 
Colombia, llaman niño ó niña no sólo a las perso- 
nas de menos de siete años de edad, como debiera 
ser, sino a los individuos de la clase alta, 6 de la 
clase media, aunque sea un viejo amojamado, ó 
una vieja lela. El niño Mariano, la niña Socorro, 
quiere decir don Mariano ó doña Socorro. La pa- 
labra niño se usa en esos casos como expresión de 
respeto ó afecto. 

Tal vez venga de Andalucía este modo de hablar; 
porque ahí se llama niña ó niño á cualquiera per- 
sona soltera. 

El célebre poeta colombiano don Lorenzo Ma- 
rroquín, en su precioso poema ''La Cosecha," que 
tiene mucho del realismo de Núñez de Arce, y del 
melancólico acento de Lamartine, traslada fiel- 
mente los diálogos incultos, dándole un carácter 
nacional muy marcado. He aquí una propuesta 
de casamiento: 

'Tues yo la quiero á Ud. niña Damiana 

Y tengo mucha gana 

De que por fin se case Ud. conmigo; 
Niño Julián, pues yo también lo quiero 

Y hable con padre, pero 

Qué pero, ni qué nada, se lo digo!" 

Don José Milla — duro es decirlo — en su desgra- 
ciadísima leyenda "Don Bonifacio," escribió entre 
otras detestables octavas, la que sigue: 

—'^Niña Serapia, un viejo muy machucho 
Dice á la solterona allí presente 
Lola, ¡que caballada! siento mucho 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 405 

La que les ha jugado el pretendiente! 
Yo lo tenía dicho ¡si es muy lucho 
(Lucho, no ducho dice cierta gente) 
En eso de engañar. ¿Conque plantada 
La dejó? vea Ud. ¡qué caballada T' 

Nolverto. 

Así hemos oído por acá á algunas gentes, en vez 
•de Norverto. 

Nuevísimo. 

Hay muchas personas, y no del todo incultas, 
que dicen nuevisimo, buenisimo , fuertísimo , valien- 
tísimo, tiernisimo, sin saber que los superlativos 
son: novísimo, (de novus), bonísimo (de bonus),for' 
tisimo {áefortis), valentísimo (de valens), ternísimo 
{de tener, etc.) 

Nutrimiento. 

Algunos lo usan, en vez de nutrimento. 

Número. 
"Un número de la lotería,'' llamamos al billete 
de la lotería. 

Ña, ño. 

Cuervo dice que seña es una abreviatura criadil 
de señora: al ama le dicen mi seña, y á una mujer 
-que no les es muy superior, seña lisamente; éste 
de ordinario aparece mutilado de su primera síla- 
ba: ña Micaela. 

Oigamos al filólogo chileno Zorobabel Rodrí- 
guez, acerca del ño y del ña. ''Ñuño, nuña, si he- 
mos de creer al Diccianario de la Academia — dice 
— era título de respeto, como \\oy señor, señora, don, 
doña, título que paró después en apellido de fami- 



406 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

lia. En Chile y si no nos engañamos en toda la 
América latina, se usa señor, seílora, en su forma 
íntegra y en su forma abreviada, pero con signifi- 
caciones diferentes. Señor, señora, es tratamiento 
que se da á las personas de respeto por su posición 
social, sean ó no de avanzada edad. No, ó ño y 
ña se anteponen por lo común, al nombre de aque- 
llas, personas que siendo j)obres 6 plebleyas, 
merezcan por sus años ó estado, algo más que 
el insolente tú de quien les dirija la palabra." 
''No Ambrosio el inglés, como llaman las lime- 
ñas al mercachifle." Ricardo Palma. 

"Oigajté ña Sacramenta, 
Le diré ajté mi pasión: 
Soy cojtante en el querer 
Y en el amor dadivoso. 
Si ujté no lo quiere creer 
Lo dirá ñor Sinforoso." 

(José M. Esteva.) 

El ño de por acá tiene gran semejanza de signi- 
ficado con el tio de los españoles. 

En un momento colocó las perlas 
ño Candelario; y cuando Bobadilla 
Pasó al siguiente día á recogerlas, 
Encontró ya arreglada la soguilla. 

— Me ha parecido bien, dijo, ponerlas 
En vez de seda, de hilo, ó de pitilla 
De violón una cuerda; ahorcar podría 
A su mujer y no se rompería." 

(Don Bonifacio, leyenda por don José Milla.) 

Ña coneja. 
Expresión familiar que se usa entre nosotros. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 407 

Ñame. 
Nombre vulgar de la Dioscorea alata. 



O. 

Obsequiar. 

Ni en los clásicos, ni en los Diccionarios de la 
lengua encontramos obsequiar como activo, por re- 
galar. 

Es, pues, un americanismo el uso de obsequiar, 
dándole acusativo de cosa en vez de persona, co- 
mo cuando decimos: ''Juan 7ne obsequió un retra- 
to;'' *'Este libro rae fué obsequiado por mi tío." 

Obsequiar, dice el Diccionario, es agasajará uno 
con atenciones, servicios ó regalos, y galantear. 

Debería, pues, decirse: "Juan me obsequió con 
un retrato;" Este libro es una dádiva con la cual 
me obsequió mi tío." 

Océano. 

La Academia Española escribe océano. Bello 
dice que si bien es lícito á los poetas cargar el 
acento en la a según la práctica menos autorizada, 
no se tolera ni en prosa ni en verso, pronunciar 
occeano ú occéano, con dos ce. 

Don Valentín Gormaz, en sus correcciones lexi- 
gráficas, apunta que occeano no existe. 

Baralty Gómez Hermosilla pronuncian y escri- 
ben occéano, con dos ce. 

Covarrubias en el Tesoro de la lengua castellana, 
dice océano, con una c y el acento en la a. 

Cuervo enseña que es océano: voz de cuatro sí- 
labas: que en verso es muy común hacerla grave; 



408 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

pero siempre con ese número de sílabas: y que es 
un disparate mayor de marca pronunciar occéano. 
Por último, recopilamos las palabras del filólo- 
go chileno Rodríguez, que asegura: andar muy 
divididas los opiniones; y que si bien hay motivo 
para inclinarse al parecer de la Academia, no lo 
ha}^, para decir, como el señor Cuervo en sus Apun- 
tacioiieSy que es un disparate mayor de marca pro- 
nunciar occéano, con dos cc.'^ 

Occeno. 

Así pronuncian muchos, que por cierto no per- 
tenecen al vulgo, cambiando la b de obceno en e, 
como hacen también con la psilsibra observar cuan- 
do dicen ocservar ; ipero no gustan de la c, los que 
pronuncian efepto, direpto, repto, por efecto, directo, 
recto; y eso que si la cosa apura más, dicen efeuto, 
direuto, reuto. 

Otros prefieren la c, y la encajan en concecto, 
precedo, recección, en vez de concepto, precepto, re- 
cepción. 

Va uno por lo otro, en virtud de que el orden 
de los factores no altera el producto, como opina- 
ba aquel que ponía al fin de sus cartas muchos 
signos de puntuación ,.;?..,,,!! etc., etc., pa- 
ra que el que leyese, los colocara donde más le plu- 
guiera, y así no faltara nada de lo necesario. 

Ocote. 

Es el nombre que todos dan aquí á las astillas 
resinosas del pino, que se inñaman con facilidad 
y mantienen la llama durante largo tiempo. Ese 
nombre es de origen mexicano, ocotl, raja de pino. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 409 

La gente muy pobre de los campos, se alumbra 
con esas astillas, y Jas mujeres que venden tamales, 
batido y buñuelos, en las plazas, durante la Pas- 
cua, 6 en otras ocasiones, ponen sobre un trípode 
el ocote encendido para producir luz. Llaman 
rumbo de ocote, á esos bailes de candil, en que la 
jarana pasa ei;tre gente de mala barata. 

Don José Milla usa la palabra ocote en su cua- 
dro de costumbres intitulado ''El Torcido," en los 
siguientes términos: ''Vista la pertinacia de la 
suerte que se empeñaba en mantenerlo atado al 
potro de la vida, Próspero se resigno y resolvió á 
dedicarse á propagar las luces, estableciendo una 
fabrica, de fósforos sui generis, hechos de astillas 
de ocote untadas de azufre, etc." 

''Se le apagó el ocote,'' dicen del que pierde el 
espíritu ó los alientos en cualquier empresa. 

Ocuparse de. 

Cuando ocuparse significa dedicarse á algún tra- 
bajo ú oficio, se debe usar de la preposición en y 
no de, verbigracia, "Debiéndose á Cristóbal de 
Olid y á Pedro de Alvarado esta primera hostili- 
dad de agotar las fuentes de México y dejar á los 
sitiados en la penosa tarea de buscar el agua en 
los ríos que bajaban de los montes, y en precisa 
necesidad de ocupar su gente y sus canoas en la 
conducción y en los convoyes." 

Cuando ocuparse significa, en sentido transí ati- 
cio, poner la consideración en algún asunto, úsese 
671 y no de; por ejemplo, cuando en el prólogo de 
las "Cuestiones Filológicas" dice don Antonio J. 
de Irisarri: "En este tomo primero no se contie- 



410 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

lien sino algunas de las cuestiones filológicas en 
que me he ocupado, etc." 

Si ocupar se tomare por llenar, se hace preciso 
el uso del de, como en las siguientes frases: ''El 
teatro se ocupó de bote en bote;" "El palacio se 
ocupó de soldados;" "Ocupóse la plaza de gente 
armada al oír los clarines." 

Por ende, cuando en sentido figurado, se use el 
verbo ocupar por llenar la mente, el corazón ó el 
ánimo, empléese el de, como lo hizo Quintana, 
cuando dijo: "Pizarro, ó dejándose ocupar de un 
sentimiento de flaqueza que ni antes ni después se 
conoció en él, ó arrastrado de una impaciencia que 
no es fácil disculpar, le contestó ásperamente." 

Por último haremos notar, á fin de que muchos 
de nuestros compatriotas eviten la locución vicio- 
sa en que frecuentemente incurren, que ocuparse 
no se puede usar, siguiendo la autorizada opinión 
de Cuervo, por tratar, hablar (de un asunto) dis- 
currir ó escribir (sobre él.) Así, en vez de decir: 
"Nos estábamos ocupando de usted, cuando en- 
tró;" dígase: ^'hablando de usted, pensando en us- 
ted:' 

Cidas. 

Dice Bello que cuando la terminación er 6 ir 
del infinitivo es precedida de vocal, hay varias 
formas y derivados verbales que los americanos 
acostumbran acentuar de un modo anómalo y 
bárbaro; por ejemplo, yo oia, oídas, yo caia, caidas. 
Al mismo tenor mencionaremos: creíble, traída, des- 
creído, que deben pronunciarse creíble, traída, des- 
creído. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 411 

En las composiciones de la mayor parte de los 
poetas americanos se halla frecuentemente violada 
la regla prosódica de que los infinitivos se pro- 
nuncian con apoyatura ó acento sobre la última 
vocal. í:I himno patriótico de Buenos Aires prin- 
cipia por esta línea: ''Oid, mortales, el grito sagra- 
do,'' donde, para que haya verso, es necesario pro- 
nunciar 6id, Es lástima encontrar un defecto tan 
grave en una composición de tanto mérito. 

Ojalatero. 

Dados á los neologismos, por bárbaros que sean, 
no tiene nada de extraño que llamen por acá oja- 
lateros á los que desean algo ó tienen gana de que 
suceda alguna cosa. Sin duda porque andan di- 
ciendo ; Ojalá que acontezca tal suceso! ; Ojalá que 
se verifique tal acontecimiento! 

Hojalatero, con h, ya sabemos que es el que tra- 
baja en hojalata. 

Ojear. 

En casi toda la América latina llaman ojear ó 
hacer mal de ojo, al acto de causar daño á los ni- 
ños ó á las personas adultas mirándolas fijamente. 

No vamos nosotros á inquirir sisea ésta una su- 
perstición ó abusión, como dicen en Chile; ni me- 
nos vamos á averiguar si tal brujería tuvo origen 
en los indios de América ó si vino de la antigua 
Europa; que tanto importa el saber si las brujas las 
trajeron al Nuevo Mundo ó las llevaron de él los 
conquistadores, como con calor han discutido al- 
gunos sabios. 

Diremos solamente, y es lo que cumple á núes- 



412 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

tro propósito, que el Diccionario trae aojar, por 
hacer mal de ojo, y no ojear. También Tirso, 
Ochoa y otros escritores usan aojar, si bien debe 
de ser originario de España nuestro ojear, porque 
se halla en el II romance de Iglesias. 

Ojo de venado. 

En español conocemos ^^ ojo de buey,'' ''ojo de po- 
llo,'' "ojo de gato," ''ojo de perdiz," etc.; pero ojo de 
venado es peculiar de América, y le llaman tam- 
bién en Venezuela y Puerto Rico ojo de borrica, 
ojo de samuro {mucuna altissima.) En la curiosa 
obra El Médico Botánico Criollo por don Rena- 
to de Grosourdy, se dice: "Los ojos de samuro tie- 
nen mucha fama para quitar las almorranas y se 
tiene por remedio santo contra esa enfermedad, 
no sólo en las Antillas y Costa Firme, sino tam- 
bién en las Indias Orientales y en California. Pa- 
ra libertarse de tan molesta enfermedad, basta 
llevar algunas semillas de esas en la faltriquera 
del pantalón ó un rosario de las mismas, á mane- 
ra de cinto, y no tardan en desaparecer para siem- 
pre." Tomo I, página 229. 

Onde. 

Así dicen muchos de los que quieren abreviar, 
corrompiendo las palabras. 

"¿Onde va usté con tuel pisto de la cape coro? 
¿pa quiso eso? Salga pajuera, 6 es pa pior." 

¿A dónde va usted con todo el dinero de la ca- 
pa decoro? ¿para qué hizo eso? Salga para afuera, 
ó es para peor. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 413 

Opimo. 
Todos dicen por acá opimo, haciendo esdrújula 
esta voz, que se deriva de la latina opimus, y que, 
en consecuencia, es opimo. Hay, dice el erudito 
don Pedro Felipe Monlau, un neologismo fonético, 
6 de pronunciación, que desprecia los fundamen- 
tos de nuestra prosodia, y quebranta con todo el 
descaro de la incipiencia, las leyes generales de la 
acentuación castellana, reflejo casi siempre de la 
latina. Este neologismo prosódico es el que nos 
liaoe ya pronunciar /arralo, médula, y si Dios y los 
eruditos no lo remedian, acabará por hacernos de- 
cir colega, cónclave, expedito, intervalo, méndigo, 
opimo, perito y testigo.'" El último Diccionario de 
la Academia Española XII edición, admítelas dos 
acentuaciones en ciclope, cónclave, égida, fárrago, 
medula, orgia, pabilo, parásito, presago. 

Orejano. 
Dícese del animal contramarcado. 

Orín. 
Suele confundirse orin con moho y con enmohe- 
cer (vulgo enmojecer.) El orin es el óxido que apa- 
rece sobre el hierro y otros metales, mientras que 
el moho es un conjunto de hongos parásitos, pro- 
ducidos por la humedad ó la corrupción. El ver- 
bo es oxidarse ó tomarse de orin; y en el otro caso 
mohecer, enmohecer y amohecer. 

Orificar. 
Llenar con oro la picadura de un diente ó mue- 
la, orificación. También dicen entre iiosotros re- 



414 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

llenar ó calzar una muela. En Chile llaman tapar 
á esa operación. En el Perú usan orificar, acaso 
derivado del francés. 

Origen. 

Muchos dicen: ''saber una cosa de buen origen;'' 

pero en castellano es de buen original; de buena 

tinta'' 

Orejas. 

Es el nombre que dan por acá á las asas de las 
vasijas, jarros ú ollas. Dirán un jarro desasado y 
no desorejado. 

Ortodojo. 

Si- bien hoy ya no se escriben con x las diccio- 
nes en que sonaba como j, v. g.: luxo, Xavier, por 
lujo, Javier, no debe llevarse la reforma al extre- 
mo de escribir y pronunciar ortodojo, heterodojo, 
convejo, anejo, en lugar de ortodoxo, heterodoxo, con- 
vexo, anexo; porque habría que decir conejo, por co- 
nexo, tomando gato por liebre. 

Ni opinamos porque se sustituya la x con es, 
una vez que estas dos letras no tienen la pronun- 
ciación de aquélla, ni se usan en lugar de la x en 
las demás lenguas vivas. Ecshumar (exhumar) 
escrito á la americana, nos trae á la memoria aquel 
Kavayo (caballo) de los innovadores de la ortogra- 
fía. 

Oscurana. 

Oscurana y escurana son voces que en España 
han caído en desuso, y que nuestro pueblo conser- 
va todavía, como otras muchas que trajeron los 
conquistadores, y que ya no se conocen en la Pe- 
nínsula. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 415 

Overo. 

Nombre que se da en Guatemala, en Colombia 
y en Chile á los caballos de piel remendada ó de 
varios colores, los mismos que castizamente se 
llaman píos y en lo Pintiguo pías. 

Overo, que según Covarrubias y Alcalá era hove- 
ro, con /¿, antiguamente, se aplica al pelo blanco 
manchado de alazán y bayo, al decir de los diccio- 
narios. 

Oya. 

Así llaman muchos á la olla. 



Pacaya. 

Es el nombre de un arbusto silvestre con hojas 
•de palma, que nace en climas cálidos, y produce 
un fruto en forma cilindrica, cubierto de corteza 
fuerte, dentro de la cual hay un haz de cordonci- 
llos de color amarillento, que se comen guisados 
<;uando están tiernos y sirven también para encur- 
tirlos. 

"Tener una buena pacaya'' es tener un buen en- 
tripado, como dicen en España, ó sea un disgusto 
ú enojo oculto. 

La hoja de pacaya se usa mucho, en unión de la 
manzanilla y el pie de gallo, para adornar las casas 
y los nacimientos en la Pascua. En la América 
del Sur dicen pacas 6 pacay. 

Pachte. 

Esta palabra indígena, en la cual la (7¿ se pro- 
nuncia suavemente como en francés, es el nombre 



416 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

que por acá dan á la fruta de una Momordica (cu- 
curbitacea) que crece espontáneamente en la cos- 
ta, cerca del mar, y que cultivada desarrolla mu- 
cho. Se usa como una esponja para frotarse la 
piel 6 jabonarla en el baño. Se sirven del pachte 
particularmente los criollos durante la estación de 
los baños, en las tierras calientes. El ^pachte se 
vuelve muy blanco con el uso, y la rubefacción 
muy ligera é instantánea que produce en la piel, 
al salir del agua, parece ser muy favorable para 
facilitar la transpiración. Es una verdadera es- 
ponja vegetal. 

Pachotada. 

Hay muchas voces que aun en España se co- 
rrompen, como pachotada que debe decirse "pato- 
chada. 

Paderón. 

Es otra voz adulterada, pues siendo aumentati- 
vo de pared, debe formarse paredón. 

Padrasto. 
Qué mucho que oigamos decir por acá así en vez 
de padrastro, cuando peninsulares también estro- 
pean esta palabra, tal vez porque en portugués es 
padrasto. 

Padresnu estros. 

Es muy común oír entre nosotros decir padres- 
nuestros y avesmarias, en vez de padrenuestros y 
avemarias. 

PajaL 

Pajal ó pajonal, llaman en la América latina, 
según creemos, á las tierras pobladas de pajas, 
juncos, y otras yerbas, que crecen en terrenos hú- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 417 

medos. ''En las cañadas y parajes que se suelen 
inundar con las lluvias ó con corrientes de arro- 
yos, dominan plantas diferentes y más elevadas, 
como espadañas, pajas, cortaderas, alciras, pitas ó 
cordales de varias especies, y otras que no se nom- 
bran. Llaman pajonales á estas cañadas y bajíos. 
(Azara.) 

Palo encebado. 

Así llaman por acá á la cucaña. 

Pancho. 

En femenino Pancha, y en diminutivo Panchi- 
tú, Panchitay son nombres familiares de los Fran- 
ciscos. 

En los fastos políticos del Perú, dice Juan de 
Arona, que figuraron dos Panchas, conocidas anto- 
nomásticamente, por Doña Panchita, la esposa del 
Presidente Gamarra, y por Doña Pancha, la de 
otro Presidente, más cercano á nuestros días. 

Pancho en español, es vientre familiarmente ha- 
blando. A los Franciscos dícenles por allá Pacos, 
Frascuelos y Curros; pero nunca Chicos, como se 
oye en Centro-América. 

Pancho, en Colombia, significa zaraza ordinaria, 
comunmente azul. 

Pan de manteca. 

Así llaman al pan que elaboran con grasa de 
puerco, así como denominan pan de maíz, al que 
hacen con la harina de esa graminea. Pan fran- 
cés llaman por acá al que sólo es de harina de tri- 
go, levadura y sal. 



418 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Panela. 

Dice el Diccionario que es el escudete eii forma 
de corazón que se pone en campo rojo en los es- 
cudos. 

También trae el Diccionario esta voz en concep- 
to de provincialismo colombiano, para significar, 
como por acá también significa, el azúcar prieto. 
En el vocabulario que acompaña á la preciosa no- 
vela de Jorge Isaacs, Maria, se dice que panela 
son unos panecillos, como de una libra, de azúcar 
sin purgar, y que también denominan así á la 
persona impertinente ó antipática. A la panela 
llámanle raspadura en Cuba, ó sea rapadura entre 

nosotros. 

Pantalla. 

Así llaman por acá á los espejos grandes de for- 
ma antigua y con marco de vidrio azogado; pero 
no tiene tal acepción en el Diccionario. 

En su significado provincial, la encontramos en 
la leyenda '^Don Bonifacio." 

''Al fin después de una semana entera, 
Pasada en tan diabólica batalla, 
Dijo — Pues bien, suceda lo que quiera. 
Hablo á doña Serapia; si no, estalla 
Mi corazón como una bomba. ¡Fuera 
Miedos! Se acerca á wud^ pantalla 
De cuerpo entero, adorno de su-^sala, 
Y despacio se peina y se acicala. 

Panteón. 

En Guatemala, lo mismo que en el Perú y en 
Chile, llaman panteón á cualquier cementerio. 

La palabra panteón, como algunas otras, se ha 
democratizado por acá. Entre los paganos signi- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 419 

tica el templo puesto bajo la protección de los dio- 
ses, como el Panteán de Agripa, que aun subsiste 
en Roma. Después se ha aplicado el nombre de 
panteón, al lugar destinado á guardar los restos de 
los grandes hombres, como el Panteón de los Invá- 
lidos, en Paris; el Panteón del Escorial, en España. 



r 



Pantufla. 
Es en español pantuflo; y si aquí y en Colombia 
dicen pantufla, y en Cnh-a. pantufa, no es extraño 
que la corrupción acaso venga de España. 

Pamplinada. 
Debe decirse pamplina. 

Pañuelón. 
Lo propio es pañolón aunque no falta algún es- 
critor español que diga pañuelón. 

Papa. 

Así llamamos nosotros, y también llaman en to- 
da la América española, á la patata (solanum tu- 
berosum.) 

Papa en lengua quechua, designa las plantas 
que, como ]?i patata, tienen raíces bulbosas. 

El señor Gormaz dice, en sus ^'Correcciones," que 
no se debe llamar j^apa/ al sitio sembrado de pa- 
tatas, sino papatal. Talvez hay por errata de im- 
prenta p en vez de t, pues lo regular es patatal. 
Ya el último Diccionario de la Academia, 12? edi- 
ción, trsie papa como sinónimo de patata, deriván- 
dola impropiamente, en tal acepción, del latín pa- 
pa, sopas blandas. 



420 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

''En Quito, donde fue descubierta la patata, no* 
se le dio otro nombre, desde el principio, que el 
de popa, generalizado después en toda la América 
española." (Vocabulario Rioplatense, por D. Gra- 
nada.) 

Papalote. 

No es castellano papalote, sino papelote, que sig- 
nifica papelucho, 6 sea papel ó escrito desprecia- 
ble. El barrilete 6 papalote se llama en español la 
cometa. 

También hemos oído decir por acá que algunas 
flores son papalotas, cuando no tienen hojas do- 
bles sino sencillas. 

Papada. 

Cuando decimos papada, para significar la car- 
ne que crece debajo de la barba, hablamos en cas- 
tellano; pero no si damos á papada la significación 
de boberia, bobada, necedad, etc., caso en el que el 
nombre aquél no sólo es impropio, sino muy vul- 
gar. 

Papáes. 

El plural de papá, mamá, sofá, es papas, mamas, 
sofás, que no papáes, mamáes, sofaes, como casi to- 
dos dicen en este país; sin recordar que esas pala-* 
bras, lo mismo que pie (pies y no pieces) son ex- 
cepción de la regla que prescribe añadir es á los 
nombres que en el singular terminan en vocal 
aguda. 

Panfleto. 

Este galicismo y anglicismo, equivale en nues- 
tra lengua á cuaderno, opúsculo, folleto, derivado 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 421 

del \ta,\mno foglietto. Creemos que la voz panfleto 
debía castellanizarse, aceptándose por el Diccio- 
nario. 

Paparruchada. 

Paparrucha, y no paparruchada, significa noti- 
cia falsa y desatinada de un suceso, esparcida en- 
tre el vulgo. 

Papaya. 

Es nombre quechua, y significa entre nosotros y 
en otras regiones de la América, la sabrosa fruta 
que los botánicos conocen con el mismo nombre. 
El árbol que produce Isi papaya se llama en Gua- 
temala papayal, papayero en la república vecina 
'*E1 Salvador," y mamón en Sur América {carica 
papaya.) 

El papayal ó papayo, ó como se le quiera lla- 
mar, es un árbol de cuatro metros, que se produce 
en las tierras cálidas y aun en las templadas. Tie- 
ne hojas de palmera, de un verde obscuro; sus flo- 
res son amarillentas, coloradas en la axila de las 
hojas con un corto pedúnculo; el fruto es carnudo, 
indehicente, de un hermoso color amarillo de oro, 
que á veces tiende a vermellón, con una pulpa 
azucarada y pepitas negras, cariáceas, insertas en 
la parte media del fruto, en donde hay una cavi- 
dad. 

La papaina, analizada por médicos franceses, es 

un jugo del papayo, y se considera como poderoso 

digestivo. 

Palo. 

Dice el autor del ''Diccionario de Peruanismos" 
que con demasiada frecuencia empleamos esa pa- 
labra por madera, lo que constituye, más que una 



422 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

vulgaridad, un gran arcaísmo, porque en el caste- 
llano antiguo es muy común este modo de hablar. 
"El Diccionario en la palabra pa/o dice, ''madera en 
común." Para nosotros es madera en lo absoluto. 
También lo tomamos como equivalente á árbol 
y se dice: 

Palo de campeche. {Hoecmatoxglum campechia- 
num.) 

Palo del Brasil. {Hwmatox salvatoriense.) 

Palo Mora. (Morus tinctoria.) 

Palo Camotillo. (Curcunia tinctoria.) 

Palo Cortés. {Tecoma spectabilis.) 

Palo de Mangle. {Bhizophora mangle.) 

Palo de Madre de Cacao. {Robinia maculata.) 

Palo de Vaca. (Brosimum Galactodendron.) 

Palo de Ronrón. {Ferolia variagota.) 

Palo de Conacaste. (Enterolobium ciclocarpumy 

Palo de Algarrobo. {Himenoea courbaril.) 

Palo Cuajiniquil. {Mimosa Inga.) 

Palo de Granadino. {Brya ebanus.) 

Palo de Mamey. {Mamea americana?) 

Palo de Arrayán. {Myca Cerífera.) 

Palo de Dragones. {Myristica sebifera.) 

Palo de Balsamo. {Myroxilon pemiferum.) 

Palo Liqu id ámbar. {Styrax balsamiflua.) 

Palo de Hule. {Siphonia elástica.) 

Sería muy extensa la nomenclatura de todos los 
palos de estas regiones. En los inmensos bosques 
cuajados de árboles j los hay de muy diversas cla- 
ses y especies; pero no deja de existir cierta con- 
fusión en las maderas preciosas de Guatemala, y 
aunque no se ha hecho la clasificación botánica de 
la mayor parte de ellas, más de cien muestras dis- 
tintas han figurado en las Exposiciones en que ha 
tomado parte la República. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 42a 

j . Papeleta. 

Impropiamente llaman por slcsl papeleta á la tar- 
jeta de visitas, ó sea el pedazo de cartulina cua- 
drangular en que está el nombre ó título de la 
persona. Papeleta significa cédula, y también el 
cucurucho de papel que contiene dinero para pro- 
pinas. 

Papo. 

Dice el Diccionario que es la parte abultada del 
animal entre la barba y el cuello. 

Vulgarmente, y entre gente baja, se toma en 
Guatemala por sinónimo de bobo, alelado, chifla- 
do, candido, simple. 

Pajarero. 

Caballo pajarero dicen por acá del que de todo 
se asusta, asombra ó espanta. Este último verbo 
y la expresión espantadizo nos sirve para significar 
un caballo pajarero. En español antiguóse decía 
asombrarse y asombradizo. 

Pajarero en español significa ''de colores vivos; 
gayos y vistosos, y se aplica también á la persona 
de genio excesivamente vivo y chancero, ó a la 
que vende pájaros." 

Pajarear. 

En buen español es cazar pájaros ó andar vagan- 
do sin oficio. 

Aquí le damos no sólo esta última acepción, si- 
no también la de espantar á los pájaros de las se- 
menteras, que llaman otros sanatear, con motivo 
de ser los sánales los que más perjudican las mil- 
pas (maizales.) 

Los españoles dicen oxear. 



424 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Paquete. 

Cuándo uno va acicalado, peripuesto, empereji- 
lado, elegante ó prendido, dicen por acá, y en al- 
gunas otras repúblicas hispan o-american as que 
anda muy paquete ó que está paquete. También 
dicen empaquetarse por aliñarse, atuzarse, compo- 
nerse. 

En España suelen emplear la frase ir hecho un 
paquete, mas no ir muy paquete, como puede ver- 
se en Fernán Caballero ''Con mal ó con bien á los 
tuyos te den" y en los cantos populares españoles, 
(artículo IV, página 376.) 

Pararse. 

Este no es un provincialismo guatemalteco, es 
un americanismo, acerca del cual disertan larga- 
mente los filólogos Cuervo, Rodríguez, Armas, 
Paz Soldán y Unánue. Oigamos algo de lo que 
dice este último. Pararse corre con igual favor 
desde México hasta Chile, sin incluir las Antillas, 
con el absurdo sentido de ponerse de pié, le- 
vantarse, alzar. 

¿Podrá equivocarse un continente todo? No 
habrá alguna razón filosófica que autorice ó que 
por lo menos atenúe tan grosero provincialismo. 
Veamos. 

Levantarse es, no sólo levantarse del asiento, si- 
no también de la cama; ponerse de pié ó en pié, 
es muy largo; no es un verbo, es un verbo con su 
adverbio, toda una oración; el alce usted! tan ca- 
ro á los españoles, provoca á preguntar ¿qué cosa 
tengo de alzar? ¿mis huesos ó el bulto que está á 
mi lado? Hay pues anfibología, mientras que el 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 425 

jíárese usted, sólo se dirige al hombre que está sen- 
tado, porque no á cada paso hay que dar esta voz 
á uno que corre, y así la ambigüedad es remota. 

En el participio y por oposición á sentado, para- 
do me parece muy mal y se presta á ridículos e- 
quívocos; así por ejemplo, un individuo que se 
hubiera retratado sentado, y á quien se le pregun- 
tara cómo figuraba en el retrato, si sentado ó para- 
do, podía contestar impunemente que de ambos 
modos en uno, porque como al estar sentado no an- 
da ni corre, es evidente que está sentado, y por lo 
tanto parado. 

Pero es tanta la acepción de parado por en pié, 
que ¡oh vergüenza! en las obras literarias de prosa 
y verso se suele encontrar; cuyo desatino, como el 
de rimar en verso palabras áeZ y C con palabras de 
S. de que no se halla exento ni el mismo Heredia, 
€s un verdadero baldón para las letras hispano- 
americanas. Son sin embargo y por fortuna, los 
más, los que riman á la castellana. 

¿Podrá equivocarse un continente entero? No 
habrá alguna razón filosófica que autorice ó cuan- 
tió menos atenúe tan grosero provincialismo? vol- 
vemos á preguntar. 

Parece que sí, cuando hasta el castizo 3^excelen- 
te versificador don José Joaquín de Mora lo usó 
en su poesía La Caza. 

Los señores Cuervo y Rodríguez son los autores 
del descubrimiento; el segundo dice resueltamen- 
te que Mora se contagió con el americanismo; al 
primero le asalta esta duda. ¿Lo aprendería en 
América? Sin duda el señor Cuervo recela, co- 
mo nosotros, que un provincialismo tan garrafal 
pueda tener ó traer sus raíces de España. 



426 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Por supuesto, que j9araáo corre igualmente en 
cuanta acepción metafórica puede ocurrir: cuello- 
parado, el que no es vuelto. A veces se nos figu- 
ra que este gran provincialismo no es corrupción 
del pararse, cesar de andar, sino del otro pararse, 
ya un tanto anticuado, que significaba ponerse 6 
presentarse en tal ó cual actitud, porque con este- 
puede tener alguna relación más, que no con el 
otro. Quizá aun el pararse de Mora se refiere al 
sentido que recordamos. Juzgue el lector: 

''Luego tumba 
Cosme Hermida 
¡Cuál retumba 
su caída! 
Y él se para 
¡Suerte rara! 
Con la cara ^ 
mal herida." 

Pasaje de escritor español antiguo hemos leído en 
el que, hablando del modo como venían ó se desa- 
rrollaban ciertas plantas, decía el escritor: ''sepa- 
raii" muy hermosas. ¡Cuántos de los nuestros ha- 
brían creído ver allí su provincialismo!" 

Hasta aquí el autor del Diccionario de perua- 
nismos. 

De nuestra propia cosecha, diremos que no no& 
cabe duda de que pararse, en la acepción de que 
se trata, no es americanismo, sino español de bue- 
na ley, de aquel que usaban los escritores del si- 
glo XI V y aun del XVI. Lo que ha sucedido es que 
desde esa época ya no se usa en España: murió en 
el lugar donde había nacido; pero vive aún en todo 
el continente americano, al menos donde se habla 



i 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 42T 

la lengua de Castilla. Allí está la voz parada, que 
se deriva de pararse y paral que también es pala- 
bra que no ha muerto; de esos vocablos podría 
conjeturarse que sí existió en la Península el ver- 
bo ese que tanto ha dado en que pensar á los pu- 
ristas de uno y otro hemisferio. Mas no se nece- 
sita en este caso de sorites más ó menos aventura- 
dos. Hay ejemplos de que desde el principio del 
idioma se dijo en castellano "pararse en pié." {Et 
cuando el gato vio asomar de alueñe á la liebre et á 
la jineta, paróse en pié á orar ) 

''Et la raposa fue á buscarlo et aliólo parado en 
pie.'' (Camila é Dimna; novela del siglo XIV.) 

Después se dijo simplemente pararse: 

''Estando, pues, parados á la orilla, 
Poniéndose por orden convenible." 

(Castellanos, Elegía 4i, C. 4.) 

En todo caso, creemos que debe evitarse, con 
tanto más cuidado, cuanto que muchos escritores 
notables de hispano-américa no han parado mien- 
tes al usarlo. 

Nuestro fabulista don Rafael García Goyena 

dijo: 

"Hiere con la mano el suelo 
Para el rabo pequeñuelo." 

En vez de alza ó levanta o entiesa. 

El festivo escritor de costumbres guatemaltecas, 
don José Milla, usó con gracia y donaire tal pro- 
vincialismo, cuando en su artículo El martes de 
carnaval en la Plaza de Toros, refiriéndose á un 
matemático, dado á los cálculos, dice que exclamó: 
Vea Ud. que bárbaros, en lo mejor de la operación 



428 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

me hacen comenzar de nuevo, — y continuó multi- 
plicando: Ocho mil almas sentadas y como mil pa- 
radas! — Vaya, dije yo para mí, que serían de ver 
las almas en esas posturas." 

Paragua. 
Debe decirse paraguas. 

Paraíso. 

Viene del latín paradisus, y por tanto debe pro- 
nunciarse paraíso, y no paráisOj como dicen mu- 
chos. 

Paralelogramo. 

Muchos pronuncian paralelogramo, en contra de 

la Academia que hace grave esta voz, y debe ser 

paralelográma, como telegrama, epigrama, anagrá- 

m^a; nadie dice ^ro^rama, ni diagrama. Todos los 

nombres de medidas terminadas en gramo, son 

graves. 

ParigUela. 

No se llama así, sino parihuela, el mueble que 
sirve para llevar heridos ó enfermos, ó para tras- 
ladar alguna carga de un lugar á otro. 

Parparear. 

Comunmente dicen así por acá, en vez de par- 
padear, derivado de párpado. 

Participio. 
Si alguna vez, en tiempo remoto, se dijo parti- 
cipio, en lugar de participación, hoy sería un ar- 
caísmo, que debe evitarse con cuidado, ya que no 
falta quien lo haya usado hasta en documentos 
oficiales. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 429 

Parque. 

En el sentido de municiones de guerra, no es 
castellano. ^ Parque significa, en lenguaje militar, 
el lugar ó sitio en que esas municiones se colocan. 
Por tanto es mal dicho, verbigracia: 'Tor falta de 
parque no pudo el enemigo atacar nuestras tro- 
pas." 

Pasable. 

Sólo los más desaforados galiparlistas, dice Ba- 
ralt, emplean pasable por pasadero, regular, tal 
cual. 

Pasando la vida. 

Cuando preguntamos á algunas de esas buenas 
gentes, á quices ni faltan penalidades, ni sobra 
ocupación: ¿Cómo le va, ña Fulana?— Responde: 
''Tan bonito, pasando la vida, niño,'' — cuja frase 
denota bien la monotonía que reina en estas tie- 
rras, en dónde, más que en ninguna otra parte, 
debieran recordarlas almas adormidas. 

Contemplando 
Cómo se pasa la vida 
Cómo se viene la muerte 
Tan callando." 



Pasar. 
Es curiosa la locución que muchos usan entre nos- 
otras para denotar que tienen desgana ó falta de 
apetito; dicen que no les "pasa nada. 

"¡Jesús, niña, todos ustedes los Costales han 
muerto jóvenes! — ¡ay! sí, todos hemos muerto en 
la flor de la edad, dijo la de Garrafuerte, y se sor- 
bió de un trago media jicara de chocolate; pues 
había yo olvidado decir que estaba tomándolo, 



430 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

aunque aseguraba que no le pasaba ?iada," etc., etc. 
(Salomé Jil. — Un Duelo; tomo I, página 130.^ 

Pasearse en su suerte. 
Cuando á alguien le va mal en una empresa; 
^cuando el enamorado recibe calabazas; cuando el 
orador se aturde y echa á perder el discurso; — en- 
tonces, y en otros casos semejantes, se dice que 
el empresario, el enamorado y el orador, se pasea- 
ron en su suerte, figura de retórica que, en térmi- 
nos vulgares, querrá significar que han hecho que 
se ecli][)sara su buena estrella, su fortuna propicia. 

Pasmo. ^ 

Llama así el vulgo á cualquiera enfermedad que 
produzca una inflamación difusa de los tejidos 
subcutáneos. Se atribuye por lo común al frío ó 
á alguna mojada. 

Paso mañana. 

El furor de abreviar llega á tal punto, dice don 
Ulpiano González, que casi no hay quien no diga 
pasó mañana, en vez de pasado mañana. 

Paso. 

Lo que llamamos paso de un río, es vado en 

castellano. 

Pata. 

En el Cuadro de Costumbres ''Las medias naran- 
jas,'' áice Ssilomé Jil, hdihlsiudo de un barón que 
se decidió á casarse: "Loca de júbilo, la viuda sa- 
lió á dar parte; los parientes y los amigos dijeron 
que aquello era una barbaridad, que nadie sabía 
que ''pata había puesto ese huevo'' y qué sé yo cuan- 
to más." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 431 

Patada. 

Con este vulgarismo, que al decir del escritor 
peruano Juan de Arona, constituye la fuente prin- 
cipal de los provincialismos americanos, usamo?* 
la palabra patada en casos en que cualquier espa- 
ñol diría con seguridad coz, desde que vamos ha- 
blando de la que larga ó dispara un cuadrúpedo. 
Coz es una palabra literaria ó de elegancia con- 
vencional. En el aiHiGulo patada nos dice el l)ic- 
<;ionario: ''El golpe dado con la planta del pié 6 
con lo llano de la pata del animal," y en el artí- 
culo coz, "El sacudimiento violento que hacen las 
bestias con el uno ó los dos pies hacia atrás. Tam- 
bién se llama ?isí el golpe que dan con este movi- 
miento." El uso constante de los españoles en 
«ste último caso es coz, siendo tal su afición á la 
palabra, que aún la aplican á \a patada. ¿No ha- 
brá algo de reciprocidad de nuestra parte? O me- 
jor dicho; no habrá algo de consecuencia de una 
parte con la respectiva forma de gobierno? El es- 
pañol, monarquista, aristócrata, en su empuje de 
arriba para abajo, arrastra al hombre hasta el ni- 
vel del bruto; nosotros en la misericordia de nues- 
tra democracia, en nuestro movimiento ascenden- 
te, elevamos al bruto hasta el hombre, concedién- 
dole graciosamente el atributo humano (¿ ?) de dar 
patadas: 6 lo hacemos por eufemismo? 

"He aquí un ejemplo, de los más clásicos, de las 
voces humanas de los españoles: Ordenanzas del 
virey de Toledo (1575). "ítem. Mando: que el 
indio que pusiese las manos en su padre ó madre, 
dándole de bofetones, coces ú otros malos trata- 
mientos, como estoy informado que lo suelen ha- 



432 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

cer, le sean dados por ello cien azotes y trasqui- 
lado." 

Para. 

f Es el nombre de una gramínea, buena como fo- 
rraje {Sanicum Molle.) 

Paja brava. 
Se cría en los bañados, de hoja larga y cortante,, 
que produce un hermoso plumacho blanco, que se 
pone de adorno en los salones. {Cynerium Ar- 

genteum.) 

Pajonales. 

Bajíos en los que crece la paja. 

Parejero. 

Llaman parejeros á los caballos corredores. 

(Azara.) 

Pateador. 

Dícese del cuadrúpedo que tira cocos: coceador. 

Patuleco— ca. 

Salva trae patuleque y patulequear^ como cuba- 
nismos, y los traduce por renco y renquear. Noso- 
tros decimos, como los peruanos y chilenos, patu- 
leco, patuleca, la persona que anda con los pies 
mal puestos ó aquel ó aquella que tienen dificul- 
tades para andar bien. En castellano se llaman 

patojos. 

Paterna. 

Es el nombre que por acá damos á una fruta, 
en forma de silicua ó vaina larga, como de una 
cuarta, y ancha de unos dos dedos, de color verde 
oscuro, gruesa como una suela, y raras veces recta, 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 433 

porque las más se encorva como un pequeño al- 
fanje. Por ella se pueden contar los granos inte- 
riores que se dibujan en la áspera corteza, como 
los del frijol ó judía en la suya. Son semejantes 
á la haba y vienen envueltas en una nivea pelícu- 
la ó membrana enteramente parecida al algodón, 
que es la que se chupa, escurriéndose inmediata- 
mente por sí sola la pepita ó simiente. 

Esta descripción,. que conviene perfectamente á 
nuestra j^afenm, es la que da el ''Diccionario de 
peruanismos" del pacay; de donde deducimos que 
ese es el nombre que los peruanos dan á la fruta 
que aquí llaman todos paterna. {Inga reticulata, 
prosopis dulcís j mimosa inga,) 

Paternal es el nombre del árbol, que es hermoso 
y elevado; silvestre en nuestros campos, y pareci- 
do al sicómoro, á cuya familia pertenece. 

Patojo. 

A los muchachos ó chiquillos del pueblo llaman 
por acá patojo, acaso porque, llevando los pies des- 
calzos, tuvieran alguna vez dificultad para andar; 
puesto que ese adjetivo designa en castellano al 
que tiene las piernas torcidas ó los pies mal hechos, 
ó ambas cosas desproporcionadas, é imita al pato 
en el andar, meneando el cuerpo de un lado á 
otro. En la República vecina de "El Salvador" 
llaman patojo á los cojos. Para designará los mu- 
chachos de la calle, dicen sipotes. 

Rivera Maestre, haciendo recuerdos desde Ma- 
drid, de Guatemala, dice: 

''Los patojos con sus niguas 

Cual pildoras plateadas 

Parece que por venderlas 

Se fueron á la otra banda. 



434 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Pues hoy ni para un remedio 
Las vieran si se buscaran 
En ninguna droguería 
Ni oficina de farmacia." 

Patriotero. 

El escritor chileno don Zorobabel Rodríguez di- 
ce que esa voz es bastante usada en la polémica 
política. Es muy expresiva y hace relación á pa- 
triota, como coplero á poeta, discursista á orador, 
escribidor (que trae el Diccionario como anticua- 
do, y que si mal no recordamos, usa el señor de 
Campoamor en sus Polémicas y escHborroteador 
que no aparece en el de la Academia, pero está 
en el de Sinónimos de Barcia) á escritor, etc., etc. 
Hemos dicho que patriotero nos parece expresivo; 
y en efecto, la terminación ero, que se aplica casi 
siempre en castellano á los fabricantes ó vendedo- 
res, trae á la mente la idea de negocio, especula- 
ción, granjeria, que tan mal se aviene con el verda- 
dero patriotismo." 

^'Negros idiotas, chinos catecúmenos, 
Y blancos patrioteros, mas sin fe. 
Que invocan á los pueblos energúmenos 
Para darles después un puntapié. 

(Juan de Arona. — Poesías peniaiias.) 

Paujil. 

Es una gallinácea de gran tamaño, llamada en 
otras partes pauxi. La especie de Guatemala es 
diferente de la del Brasil, Guayana y otros países 
americanos. Es la misma que se encuentra en 
México, conocida por los ornitólogos por Crax glo- 
bicera. Lin. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 435 

Peano. 
No faltan pedantes que digan peano ^or piano, 
barreal, por barrial, peojo, por piojo, arcedeano, por 

acrediano. 

PeaL 

Peal dicen algunos y otros pial, no para signifi- 
•car las medias sin pie ó polainas, ó la persona inú- 
.til, torpe y despreciable, que es lo que en castella- 
!no significa ^ea/, sino para denotar una larga tira 
•de cuero torcido, que termina en un lazo corredi- 
zo, con el cual los vaqueros cogen el ganado lazán- 
dolo, es decir arrojando el pial sobre el animal y 
cogiéndolo con la lazada corrediza. 

Pedir cacao. 
Esta expresiva frase, que usamos para significar 
que alguno pide misericordia, se usa en el mismo 
concepto que en Bogotá, en donde también dicen 
pedir cacao, con alusión onomatópica á la voz del 
gallo que sale huyendo. Esta explicación da el 
señor Cuervo de aquella manera de decir; pero á 
la verdad no satisface. 

Pedro Urdimales. 

¿Quién había de creer que ese ente imaginario, 
con cuyas fechorías tanto nos entretuvimos cuan- 
do niños, fuese conocido en el Perú, en la Argen- 
tina, en Chile y aun en España? 

Sólo que el señor Gormaz en sus ''Correcciones 
lexigráficas" advierte que el nombre es Pedro Ur- 
demales. El señor Salva dice Pedro Urdemalas, 
y la Academia le agrega un de (tal vez porque se- 
ría de noble alcurnia,) el señor don Pedro de Ur- 
•demalas. 



436 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Cervantes tiene una comedia 'Tedro de Urde- 
malas" y Quevedo en su Visita de los chistes dice- 
Urde-malas, esto es urdemalas artes. 

Pegón. 

Pegársela á alguno se dice familiarmente en Es- 
paña, lo mismo que por acá; pero no Wsim^u pegón 
al chasco 6 burla que uno se lleva. 

Regoste. 
El emplasto ó bizma que se hace de pez ó de otra 
cosa pegajosa; ó el guisado que está muy espeso y 
que se pega; ó la persona impertinente que no se 
aparta de otra, particularmente en las horas ú 
ocasiones en que hay que comer, se llama en es- 
ípsiñol pegote, y no pegoste, como nosotros decimos. 

Pela. 

Vulgarmente dicen por acá "no lapela'^ para in- 
dicar que alguien no puede hacer una cosa ó no- 
tiene aptitudes para desempeñar cierta labor. 

Pelona. 

Por antonomasia, y sin duda por tener el esque- 
leto pelado el cráneo, suelen llamar así á la muer- 
te. 

En el gracioso Cuadro de Costumbres guatemal- 
tecas "Saber vivir," dice Salomé Jil, hablando de 
don Prudencio: ''Una vez estuvo á pique de mo- 
rir, atacado de una grave enfermedad, y tenía á la 
cabecera cuatro enemigos á cual más temible: la 
muerte, el médico, el boticario y el diablo, que es- 
peraba impaciente la conclusión del negocio para 
el arreglo de no sé que cuentecitas atrasadas. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 437 

Pues ¿quién dirá? el bellaco se gobernó de tal ma- 
nera, que se burló del doctor, del farmacéutico, de 
la pelona y hasta de Belzebú, proponiéndoles con- 
venios y transacciones, mediante los cuales, le 
prorogaron los plazos y le concedieron una espe- 
ra de que disfruta hasta ahora." En Chile no di- 
cen la pelona, sino la pelada, aludiendo á la muer- 
ta-. 

Pelar. 

En lenguaje familiar se pela á alguien cuando 
86 murmura de él, se descubren sus faltas ó se le 
desacredita. 

Un pelado es el que no tiene dinero, ó como sue- 
le decirse, ni en donde caerse muerto. 

Peladera. 
Equivale á murmuración. En tal sentido se 
usa mucho en Guatemala, y la empleó don José 
Milla en la siguiente miserable estrofa de la ''Le- 
yenda" intitulada Don Bonifacio: 

"Qué irían, decidió doña Serapia, 
Por lo cual hubo mucha peladera; 
Malos juicios acuden en prosapia; 
— Su hija Lola no sufre el ser soltera — 

Dice una; — No, dice otra, si es que Tapia 
L^n gran pleito le ha puesto y considera 
Que si no la defiende Bobadilla, 
Ya no podrá comer ni una tortilla^ 

Pepescas. 
Peces como sardinas, muy abundantes en la la- 
guna de Amatitlán, pertenecientes al género Tetra- 
gonopterus. 



438 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Peleado. 

Muy común es oír por acá que Fulano está pe- 
leado con Sutano; pero en castellano se dice que 
está tronado ó reñido. 

Peluquería. 

Así llaman muchos á lo que en buen español es 

barbería. 

Pelo. 

Hablando de relojes, no se llama pelo, sino pen- 
dolita^ la parte que regula el movimiento. 

Peltrecho. 

Hay tendencia en el vulgo á cambiar la r en Z, 
de armatoste^ esperma, parietaria, pertrechos, que es 
como se dice en castellano, mientras que, los que 
lo hablan mal, pronuncian: almatroste, espelma, 
palietaria, peltrechos. 

Adviértase que la Academia no admite pertrecho' 
(en singular,) aunque lo han usado Garcilaso, 
Jáuregui y Valbuena, según hace observar el señor 
Cuervo, quien sin embargo establece que lo pro- 
pio y usual es decir pertrechos, 

Peliar. 

Muchas personas, y no de baja ralea, usan el 
verbo peliar, por pelear, que es el único que cons- 
tantemente empleamos, pues reñir no existe para 
nosotros, salvo en su primera acepción de repren- 
der. 

Pelizcos. 

Dígase pellizcos. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 439 

Pellón. 

Antiguamente eran muy usados en Guatemala 
los pellones, que venían del Perú. Hoy son ya es- 
casos por acá. Digamos lo que dice don Pedro 
Paz Soldán y Unanue acerca de esa prenda de los 
peruanos, ''consiste en una tira de bayeta azul os- 
curo, en la que se embuten multitud de hebras 
destorcidas del mismo color, todo lo cual hace una 
pieza vistosa, más ó menos rica, más ó menos col- 
chada por el talabartero, que además se encarga 
de ponerle un fuerte bolsillo por debajo á cada la- 
do. Así es que el jinete en los pesados caminos 
no tiene más que terciarse en la silla, volver la 
mano y arremangar uno de los cantos posteriores 
del pellón para sacar la botella de agua ó aguar- 
diente, ó el porrongo cuando es un pobre diablo, 6 
la pistola (hoy el revólver.) En lo metafórico se 
dice de alguien muy cabelludo, que tiene un pellón 
en la cabeza, por lo espesamente felpudo que es 
este arreo de montar." Los pellones se ponen so- 
bre las monturas (albardas) para hacerlas menos 
duras. En castellano significa pellón el vestido 
talar antiguo, que se hacía regularmente de pieles. 

Penca. 
Para significar racimo, como cuando decimos 
uusí penca de plátanos, es provincialismo de estas 
regiones. Penca equivale en español á látigo ó zu- 
rriago, y además es la hoja catnosa de ciertas 
plantas, "como la del nopal. 

Pepita. 
La pepita es una enfermedad de que adolecen 
las aves. Podría decirse que es una especie de crup 
ó difteritis. 



440 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Pepitoria. 

Esta palabra significa en castellano un guisado 
que se hace con los despojos délas aves, ó en sen- 
tido figurado, un conjunto de cosas diversas y sin 
orden. Pero no son estos los significados que en- 
tre nosotros tiene \a pepitoria; aquí se da tal nom- 
bre á una semilla de calabaza, que sirve como las 
especias para aderezar algunas viandas y para ha- 
cer confituras. 

Pepián. 

Este es el nombre de un guiso nacional, que 
otros llaman pipián, y que se hace del modo si- 
guiente, según una receta de '^La Cocina Guate- 
malteca:" 

"Para una sartén de regular tamaño, se toman 
doce chiles guaques tostados, dos tomates asados, 
veinte mil tomates asados también, doce pimientas 
de castilla, cuatro almendras, canela y chocolate: 
dos cucharadas de ajonjolí y dos de pepitoria, todo 
tostado: un marquezote pequeño, tostado y moli- 
do en seco. El chile, miltomate, tomate, canela, 
pimienta y achote se muelen juntos y se echan á 
freir: luego \2^ pepitoria y ajonjolí, á continuación 
un poco de caldo de la olla, con una onza de cho- 
colate de canela, el marquezote y la almendra, y por 
último un poco de azúcar y de vino al gusto. Allí 
en ese guiso se echa la carne cocida de cerdo, pa- 
vo, gallina, etc.". 

"Hay otro pipián de indio, que se confecciona 
del modo siguiente: se pone á cocer la carne en 
la olla y se tuestan dos chiles guaques y suficiente 
cantidad de miltomates: estos se desaguan en agua 
caliente. Cuando la carne está cocida se muelen 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 441 

unas pimientas de Chiapas, el chile y el miltomate: 
así que está todo molido, se pone á freir con una 
ramita de culantro: mientras se está friendo, se 
muele un poco de arroz y se echa en la sartén pa- 
ra que espese. Así que está frito se le agrega agua, 
y más culantro: se parte la carne y se echa con pe- 
dacitos de papas cocidas." El último Diccionario 
de la Academia registra la palabra pipián, y dice 
que es un guisado que se usa en América, que se 
compone de carnero, gallina, pavo ú otra ave, con 
tocino gordo y almendra machacada; mas á pesar 
del respeto que nos inspira el ilustre Cuerpo ma- 
tritense, repetimos que el pipián es un guiso que 
constituye uno de nuestros platos nacionales, sin 
tocino gordo, ni almendra machacada. Un chapín 
no podría pasarla bien sin los frijoles, los tamales, 
el fiambre, el chocolate, el arroz frito, el revolcado 
y el pipián. 

Percala. 

El nombre español de la tela de algodón que 
llaman percala, es percal. 

Perdiguero. 

Debe decirse pertiguero, porque es derivado de 
pértiga . 

Perencejo. 

No trae el Diccionario esa voz, que equivale á pe- 
rengano: pero parece ser de origen andaluz; y opi- 
na don Juan Eugenio Hartzenbusch que no es 
mal usada (carta á don Rufino José Cuervo; Avila, 
13 de agosto de 1874). Fulano, mengano, zutano y 
perengano, se hallan en el Diccionario. 



442 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Persinarse. 

Aun muchas personas bien educadas dicen per- 
sinarse, en vez de ^persignarse. 

Perdedizo. 

Muy pocos sabrán que la palabra es perdidizo, y 
no faltará, entre nosotros, quien crea que el que 
así diga se equivoca al hablar; pero es lo cierto 
que no hay en castellano perdedizo, sino perdidizo; 
adjetivo que designa lo que se finge que se pierde. 

Pesar. 

Hay una frase entre nosotros, que aunque cas- 
tellana, es característica de la gente vulgar, que 
siempre la emplea cuando trata de alabarse ó de 
jactarse de algo; esa frase es ''me pesa el decirlo.'^ 
He aquí un ejemplo, tomado del artículo de cos- 
'tumbres ^*E1 Hombre Feliz," de Salomé Jil: ''Don 
Perfecto critico desapiadadamente cuanto no era 
obra suya; dio á entender que cuanto bueno hay 
en el país, él lo había hecho directa 6 indirecta- 
mente, aunque siempre cuidó de no ser jactancio- 
so, mediante la obligada salvedad del indispensa- 
ble me pesa el decirlo.'' 

Pespita. 

Es un vulgarismo muy usado, en lugar de co- 
queta, zalamera, aunque mucho más expresivo que 
estos vocablos castellanos. Muchas veces se toma 
hasta por injurioso el calificativo de pespita, que 
se da á la mujer que hace muchos dengues ó me- 
lindres. Pespitada equivale á coquetería ó zalame- 
ría. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 443 

Petacudo. 
Como suelen llamar petaca á la joroba ó corcova, 
no 68 extraño que al que tiene tal defecto le digan 
petacudo. 

Petate. 
En español, el hombre embustero, estafador, des- 
preciable. Indicando estera, es un provincialismo 
americano, que ha sido adoptado por la Acade- 
mia. En mexicano es petatl. 

Pescado. 
Nos parece tan adecuado á nuestra manera de 
hablar lo que dice el "Diccionario de Peruanis- 
mos/' al tratar de esa voz, que vamos á copiarlo 
literalmente: "La palabra ^^2;, no existe en nues- 
tra conversación; aquí todo es pescado, de tal ma- 
nera que hasta los pececillos, esos de colores que se 
ponen en redomas de cristal, para adornos de las 
salas, y á los que los franceses dan el nombre de 
cyprins dores son llamados pescaditos. La misma 
redoma á que nos referimos y cuyo verdadero nom- 
bre sería la pecera, no le tiene entre nosotros (en 
Guatemala dicen Idi pescadera.) En cuanto á la ca- 
sa del pescado, como podría decir un portugués, ó 
acuario, como ya se anda diciendo en ese lenguaje 
científico, que entre nosotros viene á suplir un 
lenguaje familiar inédito, de que nunca hemos 

querido usar; el acuario por acá se llama la 

cosa esa, lo mismo que otras muchas cosas, que na- 
die nombra, temeroso en su instinto democrático, 
de que el nombre pueda parecer demasiado noble 
ó culto, como verbigracia redoma ó mucho más pe- 
cera, que eso ya sería aristocrático y monárquico. 



444 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

^'Pescado, según el Diccionario de Salva, es el de 
comer, y pez el bravo ó que no vale para ese obje- 
to. A un castellano viejo, no sé si humorista ó 
ignorantista, le oí decir imperturbable que todo 
era pez mientras estaba en el agua, y pescado des- 
pués de pescado.'' 

Aquí, como en pelo, pescuezo, palo, pellejo, sólo 
denunciamos el uso abusivo de una sola palabra, 
la más vulgar, renunciando por completo á la otra, 
que es además en algunos casos la indispensable. 
Así decimos también flojera por pereza, animal 
por bicho, barriga por vientre, y tierra por polvo, lo 
que ya constituye un verdadero y censurable pro- 
vincialismo. Aun los que menos lo sospechamos, 
estamos tan impregnados de una vulgar y baja de- 
mocracia, que creernos faltar al consabido credo si 
usamos de expresiones, frases ó giros que tienen 
algo de distinguido. ¿Quién se atreverá á decir 
alfarero hablando de adobero, esto es, del que hace 
adobes? En este vulgarismo hay por otra parte 
satisfacción á la exigencia que tantas veces hemos 
delatado, de ver con los ojos de la cara. En alfare- 
ro sólo divisaríamos á los señores que se apellidan 
Alfaro; al paso que en adobero estamos viendo el 

adobe.'' 

Petardista. 

Dice nuestro célebre escritor don José Milla, 
que generalmente se da, entre nosotros, á esa pa- 
labra un sentido más lato que el que tiene por el 
vocabulario de la lengua. "Generalmente se lla- 
ma j^e¿ar(í^5¿a, no sólo el que pide prestado con áni- 
mo de no devolver, sino á aquel que de algunas 
otras maneras, con tal de que no sea con un robo 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 445 

declarado, se queda con lo ajeno. Los que andan 
tomando al fiado en las tiendas y no satisfacen el 
precio de lo que llevan ; los que viviendo en casa 
de hospedaje, acostumbran no pagar las pensiones; 
los que se distraen y no cubren jamás los salarios 
á los criados que les sirven, ni el valor de su tra- 
bajo, á los artesanos que emplean, constituyen 
otras tantas variedades del petardista, aun cuando 
rigurosamente no sea esa la calificación que mejor 
pudiera convenirles. 

Peti pieza. 
Los que creen que hablar afrancesadamente es 
lo más culto y elegante, no es extraño que digan 
peiipíeza, en vez de saínete, piececica, piececilla; pe- 
ro que incurran en semejante galicismo personas 
que presumen de literatas, es cosa que llam*a la 
atención. En francés es petite piéce y no petipiece, 

Petrimetre. 
No faltan quienes digan así, por petimetre. 

Pico de gorrión. 
Es el nombre de una fruta de los climas cálidos, 
muy acida, de color rosado la corteza, que contie- 
ne una especie de púa. 

Pie. 

Tratándose de árboles y plantas, pie es el tron- 
co del árbol y muchas veces el árbol entero; pero 
no significa la parte de una planta que se toma 
para obtener otra semejante. No debe, pues, de- 
cirse como nosotros decirnos, á usanza colombiana 
y chilena: ''He sembrado un pieciio de rosal," 



446 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

regáleme unos cuantos pies de clavel encarnado." 
Barbados ó sierpes, son los renuevos ó hijuelos que 
nacen de las raíces de otros árboles, á ma} or ó 
menor distancia de sus troncos; esqueje, pimpollo, 
plantón 6 rampollo es el cogollo, vastago 6 rama 
desgajada; estaca es un tronco de rama nueva, ver- 
de y jugosa, cortada por ambos extremos y á la 
parte inferior ó raigal con una punta á manera de 
pluma de escribir; acodo es un cogollo, vastago 6 
rama que, sin separársele de la planta madre, se 
le dobla y cubre de tierra y por la porción soterra- 
da brota raíces. 

Pie de galio. 

Es una especie de orquídea, muy común en 
nuestros bosques. Las hojas de la parásita son 
café^ y lucientes, y la flor es una vara cubierta con 
unas como púas con escamitas de color rojo, que se 
parecen á los pies del gallo. Estas flores se usan 
mucho en Pascua, para adornar los retablos 6 na- 
cimientos, junto con la hoja de Va, pacaya. 

También llaman por acá pie de gallo á las arru- 
gas c{ue se forman del ojo á las sienes, en perso- 
nas que ya han pasado sus mejores años. "Car- 
los advirtió, una noche que su novia le guiñó el 
ojo, cierto repliegue del cutis, que fue muy poco 
de su gusto, y dijo al salir de la casaá sus compa- 
ñeros de aventura, que á él le era materialmente 
imposible amar á una mujer con ^ie de gallo.'' 
(Salomé Jil. — '^Amores crónicos/' página 167, tomo 

I) 

Piedra de moler. 

La piedra sobre que se labra ó muele chocolate, 
dice el Diccionario que se llama silleta; pero igno- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 447 

ramos si sea de la misma forma que la que se ha 
empleado por los indios desde las más oscuras 
épocas de su historia, no sólo para moler el cacao, 
sino principalmente para transformar los granos 
poli^^dricos del maíz, en una masa homogénea y 
dúctil, mediante un lijero cocimiento con cal 6 
ceniza. Las piedras usadas por los indios para 
moler el maíz desagregado, que ellos llaman Ichia- 
malj tienen hasta hoy la misma figura, y se traba- 
jan con la misma materia que en los tiempos más 
remotos. A essís piedras de moler llaman en Méxi- 
co metates. 

Piedrón. 

Del latín petra sale el aumentativo pedrón, que 

no piedrón. 

Piernas de freno. 

Así llaman generalmente aquí y en Colombia á 

las camas ó cambas. 

Pierncizas. 
Pocos son los que dicen pernazas, que es como 
se debe decir, en vez de piernazas. 



Pieses. 
Todo el que sepa algo de gramática dirá pies. 

Picapica. 
Los numerosos pelitos blancos que cubren las 
tres especies de ese género mucana, al tocar el cu- 
tis producen una comezón vivísima. 

Pichicato. 
Tanto el provincialismo cubano pechicato, eumo 
el nuestro pichicato, para decir cicatero, que es co- 



448 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

mo en español se dice, son una corrupción del it'd- 
lisino pizzicato. También usan mucho en Guate- 
mala la palabra pichicateria, en vez de miseria, pe- 
quenez. 

''De Gucuxques pichicatos, 
Devorados por el ansia 
De enriquecerse á tu costa, 
Ponerte sabes en guardia." 

(F. Rivera Maestre.) 
Picholear. 

Es provincialismo chileno, que significa zambra, 
jolgorio. Entre nosotros se toma como sinónimo 
de ganar con ardid en el juego ó escamotear á al- 
guno. 

Pied recita. 

El diminutivo de piedra es piedrita. 

Pijije. 

Es una ave acuática, de las márgenes de los ríos 
Bendrocyqua autumnalis. 

Pila. 

''El aparato — dice el autor del Diccionario de 
chilenismos — que en plazas, paseos ó jardines da 
salida al agua conducida por cañerías, y que se 
compone las más de las veces de alguna estatua y 
de uno ó varios pilones, no se llama como noso- 
tros acostumbramos, pila, sino fuente, según lo 
comprueban los ejemplos que van en seguida: 

"Acullá ve una Sirúñciossi fuente de jaspe varia- 
do y de liso mármol compuesta." (Cervantes. — 
Quijote.) 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 449 

Aquella haUUhnn, fuente de lapislázuli y alabas- 
tro es la del Bueu Suceso eu donde, como en plei- 
to do acreedores, están los aguadores {no aguate- 
ros) gallegos y coritos gozando de sus antelaciones 
para henchir de agua sus cántaros." (Guevara. — 
Diablo Cojuelo.) 

"Delante de lá iglesia hay un terraplén que da 
vuelta, y por cuyo costado se puede asomar el que 
lo pasea, y ver unB.fue7ite con su pilón que se apo- 
ya en el muro, etc. (Fernán Caballero. — La 
Estrella de Va7idalia.) 

*'Un caballo es otra cosa. — Allí se ha estado des- 
de 1821 hasta 1870, con la cara hacia la catedral 
y las ancas hacia la antigua audiencia, viendo co- 
rrer el agua de la fuente, ocupación á que son da- 
dos todos los tristes. Después de haber visto, allá 
en mejores días, la jura de Fernando VII, tan 
pomposamente descrita por el Alférez Real don 
Antonio Juarros, presenció la zambra del 15 de 
septiembre de 1821, y abandonado de su caballe- 
ro, ha tenido que ser en los últimos cuarenta y 
nueve años, testigo mudo de tantas trifulcas, que 
no sé como no se ha echado de bruces en el agua 
que tiene á sus pies y ahogádose para no ver más. 
(José Milla. — El caballo de Carlos IV. — "Libro sin 
nombre," página 192.) 

El Diccionario español de Terreros es el que 
mejor define el provincialismo de que tratamos. 
"Pila, dice llaman en el reino del Perú á toda una 
fuente con sus tazas." 

Pero como todo tiene en este mundo sus parti- 
darios, no es de extrañar que el autor de la obrita 
"Orígenes del Lenguaje Criollo" diga que, aunque 



450 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

en España se dice, fuente, no hay duda de que la 
palabra j9^/a, preferida en criollo, no sólo es casti- 
za, sino más propia. Fuente no es más que un 
manantial, surtidor, masa de agua en movimiento. 
Pila es el recipiente arquitectónico de la fuente; 
la construcción ya sencilla, ya monumental en 
que se recibe el agua. 

"Y dentro de los patios sus pilas de agua, traí- 
da de otra parte, por caños, para el servicio de las 
casas." (Francisco de Jerez. — La Conquista del 
Perú, Sevilla 1534.) 

''Viene á dar (el agua) á la plaza ó mercado de 
San Juan, en medio de la cual está una hermosa 
y deleitosa j9^7a." (Torquemada. — Monarquía In- 
diana L, 3, C. 20.) 

''Beben la que de un árbol se destila en una 
bien labrada y ancha pila. (Ercilla. — La Arauca- 
na C.'JI.) 

Pilguanejo. 

Es un provincialismo que quiere decir: "un 
hombre insignificante, un cualquiera, un petate." 

Pilixte. 

A todo lo que es raquítico ó pequeño 1 lámanle 
con esa voz indígena. 

Piloyes. 

Son unas habichuelas grandes de diversos colo- 
res, pues hay piloyes blancos, negros, colorados, 
amarillos, color de rosa, morados y pintos; Esa 
legumbre es comestible y sirve para diversos jue- 
gos de niños. A ]os piloyes que tienen aplanados 
los extremos y que pueden detenerse sobre uno de 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 451 

ellos al ponerlos en el suelo, dan el nombre de ti- 
cos. Los indios llaman ixtapacal á \os piloyes. 

Pinineo. 

No sólo en Guatemala han corrompido la voz 

pigmeo, d\c\em\o pinÍ7ieo, que también en el Perú 

y en otras repúblicas hispano-americanas se oye 

mucho entre el vulgo aquella palabra adulterada. 

PinoL 
En M^'xico WñmsLU pinole y Siquí pinol, á la hari- 
na de maíz con azúcar; que los peruanos denomi- 
nan wñrUrn: que eu quechua es liacu y en Tacna 
pito. 

Pintorreteado. 

En castellano existe el verbo pintorrear, man- 
char de varios colores y sin arte alguna cosa; pero 
no pintorretear, ni pintorreteado. 

Pina. 
PVuta amei'icana {Bromelia ananas,) de la cual 
hizo Oviedo, en la Historia Natíiral de las Lidias, 
la siguiente pintoresca descripción: "Hay una 
fruta que le llaman pina, que nace en una planta 
como el cardo, á manera de las zaviras de muchas 
pencas y huele esta fruta mejor que meloco- 
tones, y toda la casa huele por una ó dos de ellas, 
y es tan suave fruta que creo que es una de las 
mejores del mundo, y de más lindo y suave sabor 
y vista, y parece en el gusto como melocotonc.'s, 
que mucho sabor tengan de duraznos, y es carno- 
sa como el durazno, salvo que tiene briznas como 
cardo, pero muy sutiles; pero es dañosa cuando se 
continúa á comer para los dientes, y es niuv /u- 



452 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

mosa, y en algunas partes los indios hacen vino 
de ellas {chicha) y es bueno y son tan sanas, que 
se dan á dolientes, y les abre mucho el apetito á 
los que tienen hastío y perdida la gana de comer." 
Pero aunque la pina sea fruta americana, como 
su nombre figui'a en los diccionarios, como sinó- 
nimo de anana, no habríamos dicho nada de ella, 
si no fuera que la palabra j9Í7ia significa también 
el chicharrón á^X ceráo. ¡U n2i pina de chicharrón ! 
no es por cierto vianda de desdeñarse. 

Pina anona. 

Sabrosa fruta de nuestras costas; de la familia 
de la chirimoya. 

Piñuela. 

La piñuela {Bromelia piñuela) es el tipo genéri- 
co más conocido de la familia de las bromeliáceas; 
hasta hoy sólo se emplean en cercas. Guando flo- 
rece, toman sus hojas un color vivo rojo y forma 
la flor una especie ovoide de un blanco rosado, con 
un tallo de 25 centímetros poco más ó menos. El 
fruto es muy agridulce y refrescante. Los reto- 
ños tiernos son comestibles y les llaman mutas ó 
mótales. \ 

Piojero. 

No debe decirse piojero, pulguero, sino pulguera, 
piojera. 

Pión. 

Así pronuncian muchos, en vez de peón. 

Pipiripao. 

Revesadamente usamos esta palabra cuando de- 
cimos que las comidas, bailes, obras ó discursos 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 453 

son de pipiripao, de escasa importancia, insignifi- 
caiite^s; pues ella signica lo contrario de lo que da- 
mos á entender. ''Pipiripao— Convite expléndi- 
do y magníHco," dice el Diccionario de la Aca- 
demia. 

Piquetazo. 
Debe decirse picotazo, y no piquetazo; y si se 
quiere hablar con propiedad apliqúese sólo al gol- 
pe que dan las aves con el pico, pues en otros ca- 
sos sería preferible punzada. No obstante, dícese 
de la culebra que pica ó que muerde: de ambos mo- 
dos lo hallamos en los clásicos. 

Pirinola. 
El vulgo dice por acá y muchos que no son vul- 
go, pirinola, chiminea, indilgar, infriar, por peri- 
nola, chimenea, endilgar, enfriar; pero tales corrup- 
ciones se usan también en España, aldec-r de don 
Manuel Torrijos, en su Arte de hablar. 

Pirú. 
Árbol hermosísimo, al cual aludió nuestro poe- 
ta don Juan Diéguez cuando dijo: 

i Oh canta, canta entre la amiga copa 
Del ancho amate ó del pirú vetusto, 
Que en dulce unión sus ramas entrelazan, 
Y sombra dan á nuestro albergue rustico. 

Pisco. 
Nombre genérico del aguardiente de uva (¡ue se 
elabora en las haciendas comarcanas á Pisco, y 
que es uno de los mejores del mundo, émulo del 
comiteco y del San Jerónimo. 



454 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Piscolabis. 

Salva trae este vocablo, en su Diccionario, y lo 
describe como familiar por tente en pié. En la 12^ 
edición del de la Academia se dice que piscolabis 
es de formación caprichosa, y que significa ^'lige- 
ra refacción que se toma, no tanto por necesidad, 
como por ocasión ó por regalo." Don Pedro Paz 
Soldán y Unánue, como buen peruano, opina que 
])isGO no puede ser más que la palabra indígena, 
que en general significa pájaro, y por el nombre 
del puerto que lo exporta, un afamado aguardien- 
te; mientras que la última parte lahis, delata uno 
de esos términos macarrónicos ó de latín paródico, 
que no escasean en castellano, como in puribuSj 
agilis, mogilis. 

Mas sea de todo eso lo que quiera, piscolabis^ 
apenas lo hemos oído decir por acá familiarmen- 
te, para significar ^isto^ mosca, ó sea dinero. 

Pisgote. 

A un ente despreciable, cualquier cosa, llaman- 
le pisgote. 

Pito. 

Árbol perteneciente á las leguminosas, del gé- 
nero Erithrina corallodendrum, de 5 á 6 metros de 
altura, con unas flores cuya corola monopétala tie- 
ne la forma de un sable, y el color rojo subido; de 
donde recibe también el nombre de machetillo. 

En buen español, tocar el pito, es pitar^ que no 
pitear, como muchos dicen. Pitar dicen vulgar- 
mente en Sud-América por fumar. 

Pisporra. 
A las berrugas grandes, dícenles aquí pisporras. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 455 

Pisón. 

Fmm es el instrumento con que se pisa; pero 
no el acto de pisar, ó sea ¡nsotón, y no pisoteón, al 
• decir de algunos. 

Pisto. 

Entre los guatemalismos más usados ninguno 
hay que tanto prive como pisto; porque piáki pisto 
la beldad (pie nos enamora, el patrón que nos co- 
l)ra, la mujer con la cual nos casamos, los chiqui- 
llos con que nos favoreció el cielo; todos quieren 
pisto. 

Empero, no se crea que el pisto que quieren to- 
dos, es aquel caldo de gallina ó de perdiz, aquella 
sustancia que se exprime de la carne de esas aves; 
no, ese es el pisto del Diccionario de la lengua: el 
que tanto se codicia por acá es aquel poderoso ca- 
ballero, aquella doña blanca, que hace pulular y 
bullir á los hombres en las grandes ciudades y en- 
corvarse a los que, en las eras, lo buscan con afán; 
en una palabra e\ pisto, es el dios del siglo XIX, 
es el dinero. 

"Pidan lo que se les antoje, cada uno es dueño 
de lo suyo, y á bien que tu pisto te cuesta y á na- 
die le debemos nada'. Contimás que yo oí decir el 
otro día á un señor que todos somos iguales y que 
ya van á nombrar á los artesanos para que vayan 
al Cabildo." (Salomé Jil— La Capa. — Cuadros 
de Costumbres; tomo II, página 147.) 

También se usa el diminutivo pistill o. 

Pistón. 
Así llaman comunmente, entre nosotros, á una 
tortilla gruesa de maíz. 



456 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

También llaman ^pistón ó corneta pistón el instru- 
mento músico que en francés es carnet ápiston y en 
español corneta de pistón. 

Pitahaya. 

Es el cactus pitaiaya de Linneo, que produce 
uña fruta que lleva el mismo nombre, da un color 
entre morado y rojo vivísimo, con pepitas muy 
pequeñas y negras. Esa hermosa fruta es algo 
laxante y emoliente. 

Cuando nuestro poeta Diéguez describe con ini- 
mitable belleza las Tardes de Abril, en versos lin- 
dísimos, dice: 

''Cuájanse los cafetos de jazmines. 
De escarlata el granado se salpica, 
La pasionaria de verdor tan rica 
Tiende á Flora fresquísimo dosel: 

Y la columna del esbelto dátil 
Tapiza la pitahaya trepadora; 
Con lujosos florones la decora, 
Pendientes del crinado capitel." 

Pita. 

Los Diccionarios, al propio tiempo que advier- 
ten que es palabra americana, describen bajo su 
nombre una planta que aseguran ser oriunda de 
México, probablemente elmagitey {agave america- 
na) que crece espontáneamente en muchas comar- 
cas áridas y areniscas; tiene flores amarillas en 
hacecillos derechos con los estambres dos veces 
más largos que la corola. Las hojas del agave son 
grandes, duras, carnudas, de un verde oscuro, con 
sus bordes guarnecidos de espinas y terminadas 
en una larga pica aguda. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 457 

Los |)hintíos del maguey remontan á la más re- 
mota antigüedad en México, y constituyen una 
gran riqueza en Yucatán. De esa planta sacan la 
bebida úenominsLási pulque y de la fibra de las ho- 
jas sale una sustancia filamentosa, de una fuerza 
considerable, llamada ¡oita, que puede reemplazar 
con mucha ventaja el cáñamo de Asia. Además 
destilan un rico aguardiente del maguey que lla- 
man Mexical ó Mezcal. 

La pita floja es el producto filamentoso de la 
Furcroya gigantea, que crece en varios puntos de la 
zona cálida, particularmente en la Verapaz. 

La significación de la palabra pita es aún más 
extensa entre nosotros: la toman por todo hilo ó 
hebra fuerte, auque no sea de las plantas textiles 
áescriias: ^^ enredarse en sus propias pitas' ^ es caer 
alguno en su propia red: ¡ea pitas! exclamación 
vulgar de sorpresa, '^ echar pita,'' quiere decir ''re- 
gañar, echar ternos." 

Pito reaL 
Ave de canto armonioso, que endulza el oído 
con la melodía de sus tonos. Es el Myiadestes uni- 
color (Sclater) congénere del guardabarrano y veci- 
no del censontle. 

Pico de navaja. 

Así llaman en algunos pueblos del Oriente de 
Guatemala y en la República del Salvador á unos 
pájaros de mediano tamaño, que generalmente se 
conocen con el nombre de cucharones, notables por 
su gran pico. Hay tres especies, que son : Ram- 
phastus carinatus, Lin., Pteroglossus torquatus, Gm., 
y Aulacoramphus prasinus, Wagl. 



458 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Pizote. 

Es el Nasua nasica de Linneo. Es un mamífe- 
ro uii poco más grande que un gato, que anda por 
lo común en manadas de diez á quince individuos. 
Suele haber algunos machos que viven aislados, y 
les dicen pizotes solos. El nombre vulgar pizote lo 
aplican, por extensión, al bobo, loco ó tonto. 

Pizpicigaña. 

El juego con que se divierten los muchachos, 
pellizcándose suavemente en las manos, se llama 
pizpirigaña, y no pizpicigaña, como dicen por acá. 

Planazo. 

El golpe dado de plano con la espada, que en 
Hispano América se conoce con el nombre de pla- 
nazo, es en español cintarazo ó cimbronazo. 

Planchar. 

Se puede decir así, lo mismo que aplanchar. 

Planchado. 

Así llaman entre nosotros al que va muy empe- 
rejilado, peripuesto, ó elegante. En el Verú plan- 
chado es sin Manca, sin dinero. 

Plantas. 

'^ Echar plantas,'^ por usar amenazas ó gastar 
bravatas, es locución castiza; pero no creemos que 
lo sea la de ^^hacer plantas,^^ por aparentar alguno 
que va á hacer alguna cosa, del cual se dice por 
acá que es un plantista. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 459 

Plantarse. 
Plantarse 6 ponerse uno plantado, significa en 
nuestro modo de hablar, acicalarse, emperejilarse, 
ponerse bien vestido. 

Plata. 

En toda la América Española se usa, provin- 
cial mente, según Salva, la palabra ^toa, por dine- 
ro; pero la verdades, con perdón del filólogo, que 
en España no ha faltado quien diga lo mismo. 
(Don Ramón de la Cruz. — Él Buen Casero.) La 
voz plata, en el sentido de dinero es de antiguo 
uso en toda la América, y no envuelve un galicis- 
mo como pudiera presumirse, atendiendo a que el 
argent frfincés, significa no sólo plata, sino tam- 
bién dinero. No es tan espurio el vocablo, antes 
al contrario, tiene legítimo y noble abolengo. (>on 
efecto, el tan limpio como reverenciado metal de 
plata, corría en los siglos pasados con tal abun- 
dancia en las Indias, que llegó á ser considerado 
como el único representante del dinero. De ahí 
la sinonimia _ptoa y (¿mero. ''Publicóse con ver- 
dad, decía el virey del Perú marqués de Montes- 
claros, que sobraban tanto las riquezas en él (en el 
Perú) que se tenía por más fácil y barato armar 
los hombres y herrar los caballos de plata que no 
de hierro." Y Antonio León Pineda asevera que, 
de América á España suponiendo que haya dos 
mil leguas, hubiera podido hacerse un camino de 
plata (con sólo lo que han dado las Lidias) (íe ca- 
torce varas de ancho y cuatro dedos de espesor.'' 

Plataforma. 
Es voz que se usa en lo militar, hablando de 
fortificaciones, para designar el fuerte que se le- 



460 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

vanta sobre el terraplén de la plaza ó de la mura- 
lla; pero nosotros lo usamos malamente por tribu- 
na ó tablado. 

Platudo. 

Desde la Argentina hasta México, llaman pla- 
tudo al adinerado ó dineroso. 

Platal. 
Platal es en buen castellano dinero ó caudal. 

Plátano. 

Escusado parece decir que figura ha tiempo en 
el Diccionario la Musa paradisiaca, Musa sapien- 
tium, Musa discolor, Musa africana, etc. ^íi habla- 
ríamos aquí de esa planta ''gloria de América, ri- 
queza de sus hijos, hermosura de la tierra," como 
la llamaba el sabio Valle, si no fuera que provin- 
cialmente dícenle plátano, al hombre flojo, cobar- 
de; al infeliz que vino al mundo para soportar re- 
signado las flaquezas de los prójimos Plátanos 

en gloria es el nombre de un manjar hecho en pe- 
pitoria y otros condimentos, á los cuales sirve de 
base el banano. 

Platanillo. 

Es una planta que se usa como el cuaja tinta ó 
el tihuilote, para producir el precipitado del añil 
en las pilas. 

Platanar. 

El sitio poblado de plátanos {Musa paradisiaca) 
se llRma, platanar] pero no el árbol del plátano, co- 
mo por acá se dice. Ese árbol pudiera llamarse 
bananal ó platanal, voces que aún no registra el 
Diccionario de la Academia; pero que las halla- 



PROVINCIALISMOS BE GUATEMALA 461 

mos en las anotaciones á la oda de Bello ''A la 
Agricultura de la Zona Tórrida,'' {América Litera- 
ria por Francisco Lagomaggiore; tomo I, pági- 
na 532.) 

El nombre que le dan en España es el platanero, 
como puede verse en las adiciones á la obra de 
Herravíi Agricultura general, en donde se dice: ''El 
árbol conocido con el nombre de platanero ó plá- 
tano de América, higuero de Adán etc., así como 
la especie llamada por el vulgo bananos ó banane- 
ro {Musa sapientium) son originales de las Indias 
Orientales." (Tomo II, página 457.) 

Platón. 
Juzgando muy apropiado á nuestro modo de 
hablar lo que dice don Rufino J. Cuervo en El 
Lenguaje Bogotano acerca de esa palabra, lo copia- 
mos á seguida: ''Nuestras bandejas, son en caste- 
llano /?¿e7if es, nuestros charoles son bandejas, y 
nuestros plafones son aljofainas, jofainas 6 almo- 

fimr 

Plomo. 

El p/omo dicen aquí por la plomada, y llaman 
también plomo 6 plomoso al que es antipático, mo- 
lesto, enfadoso, impertinente 6 pesado. En Costa Ri- 
ca le dicen hígado. 

Plus cafó. 

Del francés pousse café (empuja café) hemos to- 
mado el plus café, que son esos licorcillos que se 
toman después del café. 

Poblar. 
Hemos oído más de una vez decir que se pable 
en vez de que se pueble, que es cono debe decirse. 



462 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Poblano. 

Aquello que es propio y característico del pue- 
blo: lo que llaman los españoles lugareño^ aldeano^ 
campesino. 

''¡Se ha divertido usted mucho! me dijo el po- 
bla7to, con admirable candidez. jOh sí, le contes- 
té, tanto que no lo olvidaré en toda mi vida." 
(Salomé Jil. — Cuadros de Costumbres; tomo I, pá- 
gina 87.) 

PociUo. 

''Los andaluces suelen nombrar pocilio (del la- 
tín pocillum) á la jicara en que se toma el choco- 
late, é indudablemente de ellos heredamos nosotros 
ese vocablo. Aunque no es puro castellano, sería 
pasadero su uso; pero trocarlo en pozuelo, diminu- 
tivo de pozo, es garrafal desacierto. Muchos me- 
lindrosos creerán que la woz jicara es baja, pero se 
equivocan, porque puede campear aun en la poe- 
sía elevada; si acudimos al americanismo él nos 
aconsejará la preferencia de jicara, voz americana 
ú, pocilio, voz de añejo origen." Hasta aquí copia- 
mos al erudito Cuervo, por ser cuanto dice muy 
aplicable á Guatemaia. Por lo demás, el Diccio- 
nario da Si pocilio la significación de tinaja ó vasi- 
ja empotrada en la tierra para recoger un licor; y 
como provincialismo peculiar de Andalucía, la de 
jicara de tomar chocolate. 

Poder. 

''Me puede mucho lo que hace conmigo Pedro;" 
"á todos les j9ue(fe que no les haga caso; me pudo 
mucho que no me pagara." Estas locuciones y 
otras muchas análogas, en las que el verbo poder 




PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 463 

está como sinónimo de disgustar, son locuciones 
que usan mucho nuestros paisanos. El poeta gua- 
temalteco don F. Rivera Maestre, en su graciosa 
epístola, llena de provincialismos, que dirigió á 
Guatemala, desde Madrid, le dice: 

De tus grandes novedades 
Las habrá que me complazcan; 
Sólo tu nombre me puede 
De todas tus antiguallas. 
No supo lo que se dijo 
Quien te puso Guatemala, 
Decir debió Guatebuena, 
Si es que el guate le cuadraba.'' 

Polco, 
a no se usa tanto como antes la palabra yolco; 
para designar á la gente de medio pelo, cuando se 
acicalaba un poco. 

Policía. 

El llamar ^oZicía á un agente del orden público, 
más que provincialismo nuestro es barbarismo de 
muchas regiones de la América Española. Causa 
admiración, dice Cuervo, el considerar como se 
han introducido ciertos abusos: ¿donde tenían la 
cabeza los primeros que llamaron 'policías á los 
agentes de policía, corchetes y alguaciles? Para 
poner esto en su puesto, pondérese cuánto se ex- 
trañaría que se dijese un tropa en lugar de un 50/- 
dado. 

En Guatemala no es de la gente zafia eso de lla- 
mar po/icía al agente del orden público; con raras 
excepciones, todos dicen así, hasta algunos perio- 
distas que abundan en liberalidad de decir dispa- 
rates. 



464 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Poligamia. 
Dígase poligamia, bigamia y no como acentúan 
generalmente poligamia, bigamia. 

Polígloto. 
¿Quién no dice poligloto , con acento en la i, pa- 
ra designar lo escrito en varias lenguas ó la perso- 
na que las sabe? Pues es poligloto en buen caste- 
llano. 

Pólipo. 

Debe decirse pólipos, que no pólipos. 

Pol vadera. 

Muchos adulteran las palabras polvareda 6 hu- 
mareda, convirtiéndolas en polvadera y humadera. 
Antiguamente deciase polvareda como puede verse 
en el siguiente pasaje del Diablo Cojuelo, de don 
Luis Velez de Guevara: ^'esparciendo toda esta 
máquina confusa una, polvareda espantosa, en cu- 
yo vasto piélago se anegó toda esta confusión, lle- 
gando el dia; que fué mucho no se perdiera el sol 
con la grande polvareda,'^ 

Pollera. 

Antiguamente llamaban ^^oí/era á un vestido de 
terciopelo ó raso, que usaban las damas en los 
dias festivos, tomando ese nombre quizá del brial 
ó guardapiés, que también llamaban en España 
pollera. Hoy sólo denominan asi á unos canastos 
largos eñ que se trasportan pollos. 

Poncho. 
La manta cuadrangular de tela buena de lana, 
se \\2imsi poncho (del araucano pontho). Se usa en 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 465 

toda la América española y se conoce con dicho 
nombre, excepción hecha de Colombia, en donde 
le llaman ruana. La Academia ha adoptado ya 
el nombre poncho y en su Diccionario, diciendo que 
es sayo ó capote sin mangas y con una abertura. 

Ponérsela. 
Refiriéndose á mona, tuna, mica ó jáquima-, 'po- 
nérsela, denota una borrachera: "Pedro es bueno; 
pero se las /)o/ie muyamenudo," quiere decir que 
86 embriaga con frecuencia. 

Popelina. 
Como derivado de papel, debe ser papelina y no 
popelina, como dicen los tenderos y las costureras. 

Porción. 
Cuando oímos exclamar á alguno: ''Tengo que 
decirte ^ma porción de cosas," no censuramos la 
frase como viciosa; pero sí cuando dicen xm por- 
ción. 

Porciúncula. 

En punto á criadas, decía el festivo Salomé Jil, 
que su casa se había convertido en un jubileo de 
porciúncula. {Cuadros de Costumbres; página 165, 

tomo II.) 

Por cuanto que. 

Un amigo mío, era muy dado al uso del ^or 
cuanto, como que sin él no pueden pasarla los tin- 
terillos y pleitistas; pero es el caso que una vez, 
en amorosa epístola, escribió mi consabido amigo: 
''La adoro, ángel de amor, por cua7ito que es el do- 
rado sueño de mis auríferas ilusiones," etc. So- 



466 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ñando debiera de estar quien encajara el por cuan- 
to de ese modo, y más con el que, á guisa de los 
que dicen: '^por cuanto que, vistas avibas partes, etc. 
El j9or cuanto no lleva ni que ni á, ni nada de lo 
que le ponía mi amigo el enamorado. 

Por tu linda cara. 

Locución que vulgarmente usan por acá, para 
decir que una cosa se hace de valde, gratis, por 
complacer á alguno. "Por tu linda cara, querés 
que uno te sirva." 

Por razón á que. 

Por razón de que, es lo correcto. 

Portafolio. 
Dígase de un Ministro que tiene cartera; pero 
no portafolio, pues cartera, es palabra de cuño legí- 
timo, aunque materialmente no lleven cartera los 
Ministros, como creyó que la necesitaban, hace 
mucho tiempo, aquel buen señor don Melitón, 
cuando lo nombraron "Secretario de Hacienda y 
Crédito Público," y entró al despacho ruborizán- 
dose y pidiendo al Subsecretario la cartera. 

Porra. 
En el Perú dicen también, como se oye por acá, 
echar 6 mandar á alguno a la porra, por echar ó 
mandar á paseo. 

Potrero. 
En la República Argentina y en Chile, Bolivia, 
Perú, México y Guatemala, llaman potrero á los re- 
cintos más ó menos grandes y bien cerrados, que 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 467 

se destinan en las haciendas á la crianza de los 
ganados. 

El equivalente español de potrero, en tal acep- 
ción, e^ potril 6 dehesa; porque potrero, en castella- 
no, es el que cuida de los potros, si bien se hace 
preciso advertir que ya el Diccionario de la Aca- 
demia, en la última edición dice que potrero es el 
sitio destinado á la cría y pasto de ganado caba- 
llar. 

Nuestro fabulista Goyena, dijo: 

"Al potrero de Corona 
Fui una tarde por paseo, 
Que hasta un caballo, si piensa, 
Se divierte en un potrero. 

Potriar. 
Patriar es un verbo de formación y uso vulgar 
-que significa dar á alguno una zurra, soba ó so- 
barbada. 

Prececto. 
Así pronuncian muchos, en vez de precepto. 

PrencipaL 
No sólo aquí, sino también en España, dicen 
muchos prencipal por principal, según asegura don 
Manuel Torrijos en su Arte de Hablar (1885.) 

Prendedor. 
El Diccionario dice que prendedor es el que 
prende; pero no tiene la acepción de alfiler de cor- 
bata, como dicen en Madrid, ni llaman prendedor 
por allá, al que usan las señoras y que suele ser 
más ó menos valioso. 



468 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

'^En la pechera de su camisa un alfiler cuyos 
brillantes estaban medio dormidos. (F. Caballe- 
ro. — Clemencia.) 

Prespectiva. 

Muchos dicen así, en vez de ^perspectiva; y pres- 
picaz en lugar de perspicaz. 

Presupuestar. 

En muchos países españoles se ha introducido 
el verbo presupuestar, que como dice Paz Soldán y 
Unánue, se refiere al importantísimo sujeto Wsl- 
msiáo presupuesto j j hsise íormeido en honor suyo 
un verbo que lo recuerde más directamente que 
presuponer, como aquel barbero que de educación 
sacaba educacionador, así hubiera podido derivar 
conversacionador de conversación. El señor don 
Fernando Paulsen en sus ''Reparos de reparos" 
dice que el participio presupuesto se ha hecho ya 
sustantivo, y que teniendo el sustantivo presupues- 
to, ''¿qué cosa más natural que deducir de él el 
werho presupuestar? ¿No sacamos de documento, 
documentara 

"Y por qué de una vez no sacaremos, pregunta 
el mismo ilustrado peruano cuyo nombre citamos, 
de enamorado, enamoradearf Enamorado se ha 
hecho ya sustantivo, como que decimos un enamo- 
rado; ¿qué cosa más natural que sacar este verbo? 
¿Y de amante, que también es hoy un respetabilí- 
simo sustantivo, amantearf ¿Y de supuesto, igual- 
mente ennoblecido y hecho sustantivo, supuestarf 

Prestigioso. 

De nuestros hombres públicos han dicho en va- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 469 

rias ocasiones, algunos periódicos, que son presti- 
giosos, por decir que tienen prestigio; pero presti- 
gioso lo que ha significado es embaucador, presti- 
giador, que con artificios engaña á la gente. Así 
son algunos de nuestros periodistas, y hasta uno 
que es hombre de letras, dijo, refiriéndose á un 
informe que le escoció mucho, que su indoctez era 
manifiesta. ¡Lo manifiesto era la indoctez del que 
creyéndose docto decía indocteces (vulgo sandeces!) 

Pretencioso. 

La Academia no ha autorizado esa palabra, que 
tanto se usa no sólo en Guatemala, sino en varias 
■de las Repúblicas latino-mericanas y aun en Es- 
paña, como se verá por los siguientes ejemplos: 

'*He ahí otra muestra de las frivolidades que el 
«eñor Martínez de la Rosa nos ha dado bajo el 
nombre pretencioso de poesías." (J. M. Villergas. 
— Juicio critico.) 

^' Siquiera el estilo sencillo y castizo de és- 
te (Rivadeneira) sea superior al de aquel (Cien- 
fuegos) algún tanto hinchado y que se reciente de 
la épocsi pretenciosa en que fué escrita." (Vicente 
de la Fuente. — Introducción á la vida del P, Lái- 

nez.) 

Baralt critica el empleo de pretencioso, y dice 
que debe usarse presuntuoso, afectado vanaglorioso; 
y aplicado al estilo, tono, etc., afectado,, amanera^ 
do, laborioso, pedantesco, altisonante, etc. 

Prevenir. 
Como el verbo venir cambia la e en i en vini, 
viniste, vino, vinimos, vinisteis, vinieron: rinirrn. 



470 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

vinieras, etc.; viniese, vinieses; viniere, vinieres , etc.^ 
siguen la misma norma los compuestos avenir, 
convenir, prevenir, reconvenir. Dígase, pues, en el 
pretérito 'previnimos, convinimos, vinimos, y no pre- 
venimos, convenimos, venimos, que será presente, 
aunque para el pasado, se hallan ejemplos de 
estas inflecciones en los escritores del siglo de oro- 
de la literatura española. 

Entre la gente mazorral, dice el ''Diccionario 
de Chilenismos/' se usa el verbo prevenir, en vez. 
de provenir: 

''Y aquel mal que adolecía 
Previno según decía 
De tomar agua bendita." 

(Guajardo. — La Beata empachada.) 
Prever. 
Muchos escriben preveer (con dos e) y hacen 
mal; porque los verbos compuestos de ver, se con- 
jugan como él. 

Primoroso. 
Al que trata una persona ó cosa con particular 
cuidado y diligencia; al que es afectuoso y tierno, 
le llaman, por acá, primoroso, y sería más propio, 
para el primer caso curioso, y para el segundo, 
amable, amoroso. 

Probé. 
Así dicen muchos que pertenecen al vulgo, en 
vez de pobre. 

Procumunal. 
Con razón critican severamente algunos moder- 
nos gramáticos que se diga el bien procumimal, los^ 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 471 

intereses procumuíiales; porque procumunal es el 
bien común, los intereses comunales. (Emilio Isa- 
za. — Gramática práctica de la lengua castellana. 

Producido. 
Lo que se obtiene de una cosa que se vende 6 
explota es el producto, que no el producido, como 
dicen tantos. 

Propio. 

La locución tan usada entre el vulgo, lo propio^ 
en vez de lo mismo, igual cosa, otro tanto, no es cas- 
tiza. 

Prostergar. 
Dígase postergar. 

Próvido. 

No faltan quienes tomen á próvido por probOy 
sin caer en cuenta de que el primero significa pre- 
venido, cuidadoso y diligente para proveer y acu- 
dir en lo necesario al logro de un fin, mientras 
que probo es honrado, que tiene probidad. 

Provisorio. 

El gobierno provisorio, el presidente provisorio, 
han dicho todos por acá, en proclamas y periódi- 
cos. 

Provisional es como debe decirse, si se quiere 
respetar el idioma. 

Pruebista. 
Al que hace pruebas, como volatinero 6 marome- 
ro, le llaman vulgarmente pruebista. 



472 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Puchito. 

Puchito es diminutivo de la voz quechua iludió 
(ó puchu) que significa sobras, desperdicios, resi- 
duos, poquito. Generalmente lo usan por acá co- 
mo sinónimo de poquito. En Sud-América se to- 
ma por cabo de cigarro. 

''La patria al que ha perecido 
Desprecia como á un zamarro. . 
Como yo arrojo y olvido 
Jipucho de mi cigarro." 

(Guillermo Matta.) 

Puercada. 

Aun la gente que no es plebe suele decir entre 
nosotros puercada, por porcada. 

Puerta de golpe. 

Habiendo en castellano la voz cancilla, que sig- 
nifica puerta de golpe, debiera usarse tal palabra, 
en lugar de una frase. 

Pulgueroc 

Es en castellano pulguera. 

Pulique. 

Es un guiso de chile guaque, miltomate cocido, 
arroz y pan molido y achiote {hixa orellana.) Este 
caldo se Me y se le echa apazote; después se cuece 
la carne y se echa en pedacitos en ese guiso. 

Pululo. 

Equivale á enano, zapotón, rechoncho. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 473 

Pulpería. 

Aunque el Diccionario trae ambas voces, signifi- 
cando la primera "tienda en América, donde se 
vende vino, aguardiente, mercería, buhonería et-c/' 
y itulpero el que tiene puí^p^na; consignamos aquí 
ambas voces, por ser originarias.de América. Gar- 
cilaso trae ese provincialismo, diciendo que "se 
impuso á los más pobres vendedores, porque en 
una tienda de esas hallaron vendiéndose un 'pul- 
po.'' {Comentarios reales; libro VI, capítulo 20, II 
parte.) 

Según eso no parece muy exacto que, como afir- 
man Solórzano, en la Política Indiana y Rojas en 
sus Cien vocablos indígenas, de Venezuela, se deri- 
ve j^tt/pería, de pulgueria, ó sea la tienda en donde 
se vende en México el pulque. En casi toda la A- 
mérica llaman slí^í pulpería á las tiendas de aceite, 
vinagre y demás comestibles usuales, (Alcedo. — 
Diccionario Geográfico -histórico.) 

Pulpero. 
El que tiene pulpería. 

Punador. 
Al picador, que sale en las plazas de toros, lla- 
man aquí pullador. 

Puntero. 
Así llaman en los trapiches 2i\ que cuida del pun- 
to de la miel y de Isl fijeza del punto en los obrajes 

de añil. 

También llaman palo pxfntero á un árbol de 
nuestros bosques, cuya madera es color de rosa muy 
pronunciado. 



474 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Punta. 

Significa partida, hablando de animales; así de- 
cimos: ''compré cien novillos, á $20 en punta.'" 
Este provincialismo es también colombiano, como 
puede verse en el ''Vocabulario que va al fin de la 
novela María, de Jorge Isaacs." 

Punto de vista. 

Punto de vista dice Cuervo, en las Apuntaciones 
criticas, es aquel donde precisamente ha de colo- 
carse uno para ver bien un objeto, y también aquel 
donde ha de hallarse el objeto para ser bien visto. 
De suerte que el observador ha de ver el objeto 
desde el punto de vista, y el objeto ha de estar en 
su punto de vista. Sólo considerando al observa- 
dor en un lugar elevado, podría decirse que ve un 
objeto hajo ese punto de vista; pero como este no 
es el caso más ordinario, ni hajo indica con respec- 
to al observador una relación tan directa como 
desde, siempre es más seguro el uso de éste. Es 
claro que tratándose del observador, sería absurdo 
colocarle bajo su punto de vista.'' 

Aunque son muy respetables las observaciones 
del señor Cuervo, me parece preciso apuntar que 
muchísimos escritores de gran renombre dicen 
hajo el punto de vista. He aquí algunos ejemplos: 
"Para dar una idea de lo que falta hajo este punto 
de vista aun á la gramática de la Academia, que 
es la más generalmente usada, bastará limitarnos 
á unas pocas observaciones. (Andrés Bello. — 
Opúsculos gramaticdtles; página 459, tomo Vj) — "Ba- 
jo otro punto de vista (tomo VI, página 466, el 
mismo autor.) Bajo el punto de vista especulati- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 475 

vo (Manuel Blanco Cuartín. Recuerdos literarios 
de Lastarria, página 57.) Amador de los Ríos usa 
á cada paso la misma expresión, en su Historia 
Crítica de la Literatura Español, tomo I, página 
88 de la introducción, y tomo V, página If— "Con- 
sideraré la federación principalmente bajo el pun- 
to de vista político." Pi y Margal, Las Nacionali- 
dades; página 116.— En la obra de don Emilio 
Castelar, intitulada La Revolución Religiosa, se ha- 
lla el párrafo siguiente: ''Mirado bajo el punto de 
vista histórico en su naturaleza humana. Cristo 
no trae al combate por la renovación religosa y 
al apostolado por la doctrina nueva, la ironía acre 
con que Sócrates parangonaba el mundo de su 
conciencia interior y el mundo de la impura reali- 
dad. (Página 55, tomo I.) Don Antonio José de 
Irisarri usa frecuentemente bajo el punto de vista. 
En resolución, creo que ni es impropio, ni con- 
trario á los cánones de la lengua, ni al uso de los 
buenos hablistas, decir bajo el punto de vista; 
bien que considero más elegante y más á la moda, 
si vale esa frase, el usar desde el punto de vista. 
Así, se lee en la Gramática de la Academia ("pági- 
na 42^ ''De cada una de esas especies de sustanti- 
vos se va á dar una idea desde el punto de vista de 

la analogía." 

Punche. 

Ponche, que no punche, como dicen muchos, es 
palabra de etimología persa, que significa, como 
todos saben una bebida espirituosa. 

Punzó. 
En toda la América española dan ese nombre al 



476 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

rojo encendido; por lo que tal nombre debe de ser 
castellano antiguo. Don Bartolomé Rivodó trae 
la \oz ijunzó, color rojo muy vivo. — ''Es todo rojo 
de punzó, el más bello, puro y encendido que pue- 
de verse (Azara.) Refiriéndose á la bandera ita- 
liana, dijo Acuña de Figueroa: 

''Verde, blanco y punzó la enseña hermosa." 

En el Diccionario de la Academia todavía no 
figura la palabra 'punzó. 

Puñusco. 
Así llaman por acá á la apiñadura ó apiña- 
miento de personas ó cosas. 

Pupusa. 

Cuando se empana dentro de una tortilla de 
maíz un poco de queso, frijoles etc., se llama pu- 
pusa el bollo que resulta. 

Pupuse. 

Por analogía, áÍGQu\e pupuso ^ al que está rechon- 
cho, y metafóricamente al acaudalado. 

Puro. 

Cuando puro modifica un adjetivo es adverbio 
invariable; y por consiguiente no debe decirse, 
como generalmente dicen por acá pura: "No hay 
porque culpar á la Lolita; lo hace todo de pura bo- 
ba;'' "Ninguna quiere á la 'Conchabes media muda 
Y pura tonta'', son locuciones que emplean perso- 
nas que se precian de bien educadas. Puro y me- 
dio son invariables en tales casos. 

Santa Teresa de Jesús escribió: "Entre mis fal- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 477 

tas tenía esta, que sabía poco de rezado y de lo que 
había de hacer en el coro de puro descuidada. 
(Vida,) 

Pusunque. 
Equivale en nuestro modo de hablar á brevaje, 
6 sea más bien un líquido espeso, compuesto de 
varias y desagradables sustancias. 

Plus-café. 
d Es poiLsse-café, en Francés. Eso de plus-café no^ 
es ni español, ni latín, ni nada que pueda admi- 
tirse, á pesar de que se usa en toda la América Es- 
pañola. 

¡Qué capaz! 
Es una exclamación que se usa mucho entre 
nosotros por ¡Imposible! 

Quebrada. 

Es impropio tomar quebrada por arroyo. 

Quebrada es la endedura de la tierra desigual y 
abierta, entre montañas, que forma algunos valles 
estrechos. Las quebradas forman amenudo el cau- 
ce de los arroyos. 

Quebrantantado. 
Es el nombre de una bebida que hacen cod 
maíz molido. 

Quedar de. 
Muchos dicen impropiamente: ''(¿uedamos de 
juntarnos en el teatro;"' debe ser quedar en. 



478 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Quejitas. 
Entre niños, y aun entre adultos, se oye mucho 
decir quejitas por quejumbroso. 

Quemsizón. 

También se usa en el Perú, en la acepción que 
nosotros le damos de baratillo improvisado, que 
dura pocos días; pero el Diccionario no autoriza 
ese significado. 

Quemazón, en lugar de incendio, es vulgaridad, 
que sólo debiera correr entre gente muy baja. 

Quequexque. 

Llaman así á unas hermosas hojas grandes, ex- 
tendidas, de verde color oscuro, que los indios 
aplican, para curar los dolores reumáticos. Su 
nombre botánico es arum sagittatum. 

Quedrán. 

Vulgarismo que priva mucho, en lugar de que- 
rrán, que es la forma correcta. 

QuetzaL 

Con esa palabra nahualt se designa la más her- 
mosa de las aves de Guatemala, que tenía otros 
nombres en las lenguas de los quichés, poconchíes 
y cackchiqueles. Los españoles, que eran muy 
dados á bautizar cuanto encontraron por estas re- 
giones, con vocablos que en castellano significaban 
objetos, animales ó plantas, parecidos á los que 
ellos conocían, conservaron sin embargo el anti- 
guo nombre aborigen del quetzal, acaso por no ha- 
llar, entre las aves del antiguo mundo, ninguna 
que se le asemejara. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 479 

I^s lenguas indígenas de América están desti- 
nadas á perderse en el turbión de los tiempos; pe- 
ro hay í>alabras que, como el nombre del mitoló- 
gico qicetzal, se conservarán siempre. Entre los 
bravos quichés se le tuvo por ave sacratísima, y 
prevalecía la tradición de que unas mariposas 
azules revoloteaban allá en paradisiacos tiempos 
filtre lo más laberintoso de una selva, cuando al 
sentir repentinamente que morían, se hundieron 
en la tierra, de la cual brotó el guayacán, de bra- 
zos crispados y tortuoso ramaje, perfumando des- 
ale entonces con sus nítidas flores los bosques pri- 
mitivos; y dejándose ver, como emblema de pode- 
río y hermosura, sobre la alta copa del más cor- 
pulento y maciso de los árboles, un indómito pá- 
jaro de color de esmeralda con cambiantes de oro. 
Era rojo su pecho, en símbolo de bélico ardor, y 
parecían turcos alfanjes las plumas de su cauda; 
era el huésped gentil del árbol grande, era el quet- 
zal indiano; era esa ave independiente que nunca 
se aviene con la cautividad. 

Refiere Fuentes y Guzmán, en la Recordación 
Florida, que cuando los ejércitos españoles, apa- 
recieron por las serranías de A'^7ají/,que significa- 
ba debajo de diez, porque diez grandes régulos te- 
nían el mando de ocho mil hombres cada uno, 
trataron los dueños de esas ricas comarcas de va- 
lerse de los nahuales, á fin de que no se realizara 
la profecía de la conquista. Hubo Teciim, el fa- 
moso monarca indiano, de convertirse en una es- 
pecie de águila, vestida de dilatadas plumas ver- 
<ies, y que volaba con extraño y singular estruen- 
•do entre el humo de los cañones y arcabuces de 



480 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

los extranjeros. Toda la saña heroica del encan- 
tado pájaro se enderezaba al ínclito caudillo don 
Pedro de Alvarado; empero el invencible adalid, 
sin perderse de ánimo , ni pausar j aínas su marcha, 
lo atravesó con su lanza, haciéndolo caer al suelo, 
en donde lo acometieron dos perros del mismo 
hispano capitán, quien al contemplar tendido al 
maravilloso pájaro, volvióse á los que le seguían, 
y dijo: "No vide en lo de México, más extraño 
Quetzal.'''' Desde ese punto, y con ocasión de tan 
extraordinario suceso, llamóse aquel lugar Que- 
zaltenango, 6 sea el Cerro del Quetzal. (Recordación 
Florida; página 50, tomo I.) 

Dejando aparte las fabulosas narraciones del 
crédulo historiador guatemalteco, cumple indicar 
que sí se conoce el quetzal al Sur de México, tanto 
que De la Llave le llamó, en 1801, Pharomachrus 
mocina, y hasta tuvo el renombrado naturalista 
que crear el género Pharomachrus para ese trogo- 
nideo, que luce desde lejos {Fharos, luciente en lon- 
tananza, y macros, grande). Otros ornitólogos 
hánle dado otros nombres varios, como Calurus, 
Siv., para el género, en 1830; Trogon paradiseus, 
Bonaparte, en 1826; Trogon resplendens, Gould, en 
1835. El nombre. técnico que hoy rije es el que 
le dio De la Llave, conforme á la regla adoptada por 
los naturalistas de tomar el más antiguo ó crono- 
lógico. 

Los príncipes de sangre real en México y mu- 
chas otras de las varias nacionalidades que en los 
tiempos precolombinos ocuparon el istmo centro- 
americano, se adornaban con las áureas plumas 
del quetzal. Después de la hecatombe de la pri- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 481 

mitiva raza indiana, lucían en las fiestas y bailes 
de los españoles, para conmemorar la conquista. 
Hoy son objeto de codiciado comercio con las na- 
ciones de Europa. Tiempo ha que al quetzal se 
hace una cacería encarnizada y sin tregua, hasta 
el punto de que esa bellísima especie se vuelve ca- 
da vez más rara, y pudiera hasta desaparecer del 
planeta, como ha sucedido con otras de animales 
de nuestro continente. 

Vive el quetzal en lo alto de los montes; se ali- 
menta principalmente de ciertos insectos, que si 
le faltan muere, razón por la que no puede existir 
cautivo; y no pasa de ser leyenda poética que si 
pierde el plumaje de la cola, perece de tristeza. 

La mayor parte de las muestras disecadas que 
de esa lindísima ave figuran en los museos de Eu- 
ropa, han ido de Guatemala. Recuerdo que al ver 
hace años en uno de los anaqueles de la rica colec- 
ción ornitológica de Filadelfia á nuestro hermoso 
quetzal, se agolparon á mi mente muchos recuerdos 
del querido lugar donde nací; parecíame entonces 
como que el ave de nuestra tierra se esforzaba allá 
para que no hiciese mal papel nuestra bandera. . . 
jcómo crece el amor patrio mientras más lejos 
se halla uno del suelo en que vino á la vida! Y 
cuántos pensamientos cruzan entonces por lamen- 
te, entre el laberinto obscuro que en nuestra me- 
moria van dejando las cosas y los hombres. Allá, 
á lo lejos, los recuerdos de la juventud son las ma- 
riposas azules, que al morir hicieron nacer al co- 
loso del bosque, que Uicha con los airados elemen- 
tos Es tal el poder de las ideas que con pro- 
piedad, se lee ha llamado: 



482 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Mariposas de luz del pensamiento, 

que triunfan de la muerte del que las arrojó, cual 
simiente celeste, en el surco inacabable de la vida, 
y que hacen crecer y desarrollarse monumentos 
colosales, como el guayacán del bosque, que por 
vez primera ostentó en su paradisiaco ramaje al 
ave sagrada, al soberbio quetzal, glorioso emblema 
de nuestro patrio escudo 

¡Salve, caraparens, salve Guathimala, salve! 

Quesadillas. 

Son unos bollos de harina, huevo, mantequilla 
y almendra. 

Quiebracajete. * 

Es el nombre de unas flores silvestres, {convol- 
vulus) azules, moradas, blancas y de otros matiza- 
dos colores, que brotan en el Otoño, de una enre- 
dadera que crece en las cercas de los solares. El 
sentimental poeta don Juan Diéguez cantó á esa 
humilde planta, de brillantes flores, en su compo- 
sición intitulada "El Pino seco y el Quiebracaje- 
te." 

Quijinicuiles. 

Con tan difícil palabra nombran á una especie 
de paternas muy dulces. 

Quite. 
Llaman por acá al movimiento ligero de escapar 
^1 cuerpo con aire, sea en un peligro ó jugando. 
En este sentido dicen los españoles regate. La pa- 
labra quite, por hurtar el cuerpo con viveza, se 
usa también en otras repúblicas americanas. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 483 

Quitrín. 

Dice el Diccionario que es el carruaje usado en 
América y compuesto de dos ruedas, cubierta de 
fuelle y con una sola fila de asientos. 

Quien. 

El relativo quien se refiere á personas y no á co- 
sas, á no ser que indiquen personalidad. 

Antiguamente era invariable del singular al 
plural; y así dijo Cervantes: "Aquí en lugar de 
los príncipes y monarcas que mandaban en el 
mundo, á quien yo servía, he hallado á estos árbo- 
les mudos, que aunque altos y poinposos son hu- 
mildes." (Persiles y Sigismunda, capítulo XVIII.) 

R. 

Rabón— a. 

Rabón-a aplícase por antífrasis al animal á quien 
se ha cortado el rabo. 

Es un vulgarismo el llamar rabón al vestido 
€orto, "Julia no puede ir al baile; porque está 
rabona'' — ¡Curiosa frase que haría reventar de risa 

á un español! 

En Chile, Perú y Bolivia llaman rabonas á las 
mujeres que acompañan á los soldados en la gue- 
rra. En español hacer rabona quiere decir que un 
niño deja de ir á la escuela á escondidas de sus 
padres. Es nuestro jubilarse. 

El poeta don Manuel Valle, ha dicho: 

"Va doña Serapia 
muy llena de blondas, 
con sus cuatro hijas 
que parecen monas, 



484 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

buscando maridos 

á riesgo y á costa: 

para eso las pinta 

poniéndolas rojas, 

para eso las hace 

salir muy rabonas^ 

les hincha los miembro 

con almohadas mórvidas. ... 

Todo eso es muy justo , 

pues anda de moda.^' 

Rafail. 
Mucha gente vulgar pronuncia así, en vez de 
Rafael. 

Rajatabla. 

Dice Cuervo que la frase á raja tabla significa 
con gran fuerza y vigor, verbigracia, "La tropa en 
armas, las órdenes á raja tabla por todas partes, re- 
bato en los pueblos, alboroto, conmoción general." 
(Moratín. — Obras postumas; tomo I, página 318.) 

Entre nosotros se toma á rajatablas, por aprisa. 

Rancho. 

Este hispanismo de América en lengua jitanes- 
ca equivalió á barraca, choza 6 habitación rústica, 
que es lo mismo que hoy significa en la América 
española. Como americanismo, dice el Dicciona- 
rio que es casa pobre con techumbre de paja. 

El rancho en su más simple expresión, se com- 
pone de cuatro horcones sobre los cuales va un 
techo de paja; las paredes son de bajareque o de 
cañas bravas. Dentro de este tugurio se hallan el 
marido y la mujer, que duermen en tapexcos, el 
niño en una hamaca y el perro y los patos en el 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 485 

•suelo: la ^piedra demoler, el comal y la olla no fal- 
tan en el rancho. 

El inmortal autor del Quijote sabía bien lo que 
era un rancho, aunque de seguro no era como el 
que hemos descrito, sino análogo, y sin los trastos 
de los indios: ''Retiróse el ventero á su aposento, 
el arriero á sus enjalmas, la moza á su rancho: só- 
lo don Quijote y Sancho no se pudieron mover de 
donde estaban." 

Ranchería es el conjunto de ranchos, que en es- 
pañol se llama aduar, si bien esto lleva la idea de 
un establecimiento movible, mientras que los ran- 
chos están adheridos al suelo, y raras veces se lle- 
van de un lugar á otro. El origen de la palabra 
ranchOy lo esplica don Juan Ignacio de Armas, di- 
ciendo: "que llamaron así los españoles á las cho- 
zas de los indios, por verlas semejantes á las gua- 
ridas nocturnas que hacían sobre cubierta los ma- 
rineros, imitadores en esto del modo de- vivir de 
Jos gitanos." 

"Gran número de ranchos levantamos, 
Y en breve espacio un pueblo fabricamos." 

(Ercilla. — La Araucana j canto 36.) 

Raspadura. 

En Cuba llámanle rasiiadura al azúcar prieto, 
que nosotros llamamos rapadura, y que en otras 
partes se conoce con los nombres de panela 6 
chancaca. 

En la leyenda antigua que escribió don José 
Milla, con el nombre de Don Bonifacio, encontra- 
mos, entre otras malas octavas, la siguiente: 



486 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

''En un momento el cuarto convertido 
Estuvo en un infierno. — Cataplasma — 
Dice una. — Eso lo sana, mi marido 
(Pobrecito) la usaba para el asma. — 
— La geringa — gritó otra. — Poco ruido — 
— El hombre es moro al agua si se pasma — 
— ¿Quién lo fleta? — Yo no. — Traigan unturas. — 
— Lavativas de miel de rapadura. — 

Rapad u ritas. 

Así llaman á unos dulces hechos de azúcar j 
envueltos en hoja de maíz, que elaboran en Ama- 
titlán y tiñen de diversos colores. 

Raya. 

No sabemos por qué el escritor guatemalteco^ 
don José Milla, generalments tan correcto, usa co- 
mo provincial, subrayándola, la palabra raya para 
significar la señal que resulta en la división de los 
cabellos poniendo con el peine de un lado una par- 
te de ellos y el resto de la otra parte opuesta, en 
cuya acepción registra dicha palabra el Dicciona- 
rio de la Academia. — En el Cuadro de Costumbres^ 
intitulado ''Las Criadas," dice Milla: "Hablemos 
por último de la costurera. Esta pertenece a la 
aristocracia de las criadas y ve de reojo á sus hono- 
rables colegas. Lleva crinolina y las naguas le 
arrastran una cuarta por la parte de atrás. Gasta 
botín (adquirido probablemente en buena guerra) 
con tacón, y ostenta el cabello levantado, formando- 
dos pequeños promontorios sobre la frente, por 
ambos lados de la crencha ó raya^ como decimos- 
aquí." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 487 

Rascarrabias. 
La persona que se enoja ó riñe fácilmente y con 
frecuencia, se llama en castellano cascarrabias 6 
pararrabias, que no rascarrabias, como dicen en 

Guatemala y en otras repúblicas hispano-ameri- 
canas. 

Raudal. 

Oigamos lo que dice el erudito Rodríguez, escri- 
tor chileno, sobre esa palabra: ^'Rara vez aciertan 
los viajeros á dar su nombre castellano á la cor- 
riente rápida é impetuosa de los ríos, ó á los pun- 
tos de su curso en que la corriente presenta esos 
caracteres. Lo común es emplear en casos tales 
la palabra raudal, de significación muy diversa. 

A las veces suelen los tales, máxime siendo in- 
gleses ó franceses, servirse de la voz rápido, que si 
se parece bastante á la que en las lenguas de Sha- 
kespeare y de Moliere, indica el objeto de que se 
trata, tiene el inconveniente de no ser castellana. 
En cualquier buen Diccionario francés-español 
puede verse que la palabra castiza equivalente á 
rapide es recial, y que ésta es por lo tanto la que 
traduce con propiedad el rapid de los ingleses. 

En esce punto el río era más ancho, la corrien- 
te entre seis ú ocho millas; en los rápidos era in- 
calculable, porque sólo nos ocupamos en la manio- 
bra cuando pasábamos." 

(G. E. Cox. — Viaje en las regiones setentrionales 
de la Patagonia.) 

En Centro América llaman chiflón al recial: The 
river, however, above the coast alluvíons has a power- 
ful current and is interrupted by rapids called chi- 
flones. (E. G. Squier, — IVie States <>/ (^cutral 
America.) 



488 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Rastro. 

Así llaman al matadero de ganado; pero rastro 

lo que significa no es el lugar en que se l)enefician 

las reses, sino el punto de venta al por mayor de 

la carne. 

Rea. 

Entre tinterillos y leguleyos es común el oír 
la rea, la testiga, en vez de la reo, la testigo. En 
cambio muchos dicen la sirviente, por la sirvienta, 
sin saber que ésta última palabra admite bien la 
terminación femenina, mientras que las otras 
{reo, testigo) son invariables, en cuanto á termina- 
ción que denote el género. 

Reasumir, Resumir. 

Hay que cuidar de no confundir el verbo reasu- 
mir con resumir. Significa el primero volver á 
asumir lo que se había dejado, y el segundo quie- 
re decir hacer el resumen de una cosa. 

"Enciso, á quien por el título de alcalde mayor 
que tenía de Ojeda, competía el mando en su au- 
sencia, lo reasumió, y ordenó dar la vela para Ura- 
bá. (Quintana. — Vida de Balboa). 

"Pido que atenta oreja me sea dada, 
(c¿ue el cuento es grave y atención requiere. 
Para que con curiosa y fácil pluma 
Los'^hechosde estos barbaros resuma.'' 

( Ercilla. — Araucana. ) 
Rebozo. 
Al chai que usa la gente del pueblo (las muje- 
res de naguas^, llámanle rebozo, palabra que en 
castellano significa el modo de cubirse ó llevar la 
capa ó el tapado. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 48^ 

Recaudito. 
De recado, ó del anticuado recaudo, forman por 
acá el recaudito, que suena muy mal. 

Recaída. 
Es recaída, con el acento en la i. 

Recomendar. 
No es el verbo el que censuramos, sino la frase 
que muchos escriben, cuando en una carta de reco- 
mendación dicen á un juez, por ejemplo: ''Le re- 
comiendo eficazmente á Cornelio, que es un pobre 
delincuente etc." — Es decir, que recomendamos el 
juez á la clemencia del reo. 

Recién. 

^'Recientemente se apocopa en recién antes de 
participios; un país recién poblado, un niño recién 
nacido, los recién llegados. Es una corrupción em- 
plear este apócope con verbos, como hacen algu- 
nos, diciendo verbigracia, r^czá?! habíamos llegado; 
recién estaba yo despierto; recién se descubrió el 
Nuevo Mundo, etc. En este último ejemplo hay 
además la impropiedad de emplear s. recientemente 
en el significado de apenas. (Bello. — Gramática 
Castellana,) 

Ha sido achaque de escritores hispano-america- 
iios el incurrir en el error apuntado por Bello: 

''Recién alzando el nacarado velo 
De vuestra juventud ¿llorar sabías?" 

(José Mármol.) 

"Sola quieres marchar; pobre paloma 
Que recién dejas el materno nido." 

(Walker Martín»-/.^ 



490 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

''Recién la aurora serena 
Refleja en el horizonte." 

(Florencio Balcárce.) 

Rechupete. 
Estar ó ser de rechupete, dicen en Cuba, en Co- 
lombia, y entre nosotros, por estar de chuparse lo& 
dedos. 

Redonda. 

Llaman aquí redondas (sin duda porque son 
cuadradas) á las tiendas que no tienen comunica- 
ción con el interior de la casa en que se hallan: a 
las que además de tenerla, se alquilan dando fa- 
cultad al inquilino para poder entrar cuando guste 
al interior de la casa, á fin de tomar el agua ó sa- 
tisfacer otras necesidades, dánles el nombre de 
tiendas con mando adentro. 

Refacción— ar. 

La reparación ó compostura que se hace á un 
edificio, ó á cualquiera otra cosa, no se llama, coma 
todos dicen por acá refacción, sino refección, y el 
verbo refaccionar no existe en castellano, sino re- 
feccionar. 

Refacción es el alimento moderado que se toma 
para reparar las fuerzas. 

Dicholo que antecede, conviene apuntar que en 
toda la América que fué española se dijo y se dice 
refaccionar una casa, por lo que el tal verbo debió 
de ser usado por los conquistadores y después cae- 
ría en desuso allá en España. 

Ha prevalecido refacción sobre refección primero 
por oler á rancia y afectada esta última forma; se- 



PR0VIN(1IALISM0S DE GUATEMALA 491 

gumlu por tenerse presente la idea directa que es 
la de rehacer, refaceré en latín ; y tercero porque, 
come dice un festivo escritor, eso de refección se 
parece á refectorio. Aconseja Paz Soldán que se 
diga, en todo caso reparación. 

RefiHón. 
No sabernos por qué dicen por acá de refílión, 
siendo en español de refilóii, es decir, de soslayo. 

Refundirse. 

Lo usamos impropiamente, por estraviarse, per- 
derse 6 traspapelarse alguna cosa, verbigracia: 

''Tiene tan mala la cabeza que no sabe ni don- 
de tiene refundido el dinero." 

También le dan la acepción de guardar algo, 
con mucho ahinco: por ejemplo: ''No sé donde 
ha refundido Juan el remedio: todo lo esconde de 
los niños, por temor de que les haga mal." 

Regatead o r— a. 
Y^n castellano es regatón, regatona. 

Regenta. 
Muchos dicen la reina regenta, debiendo ser re- 
gente. ''Mostraron aflijirse los capitanes, entriste- 
cióse la señora Regente, y no se holgaron nada los 
peregrinos, viendo la conñscación de sus bienes." 

{F.I Quijote.) 

Regresarse. 

Es vicio común y muy censurable el de juntar 
los pronombres me, ¿6, 56, no5, 05, con regresar, di- 
ciendo: "3/e regreso rnañana; te regresarás solo; nos 



492 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

regresamos 'pronto y etc." Debe decirse: ''Yo regre- 
so mañana; regresarás solo; regresaremos juntos, 
etc. 

Reguilete. 

Entre las palabras que antes se pronunciaban 
con h aspirada, es una rehilete^ de suerte que no es 
nada estraño que aquí digan reguilete. 

Remate. 

Propiamente el acto de la venta pública se lla- 
ma almoneda^ que no reñíate, pues este consiste en 
la adjudicación que se hace al mejor postor de la 
cosa vendido en almoneda. 

Reimundo. 
Dígase Raymundo. 

Renova. 

Es renueva. 

Replantigarse. 

Así dicen todos por acá, en vez de repantigarse, 
que es la voz castiza. 

Réplica. 

Desde nuestros primeros exámenes en gramáti- 
ca castellana y lengua latina, oímos siempre Wsl- 
mB>Y réplicas á los examinadores; y hasta la gente 
ilustrada decía así, cuando ocurría el caso, sin pa- 
rar mientes en que el que replica será replicante, 
replicador, si se quiere; pero no réplica. Decía, 
pues, mal el inolvidable secretario de la Carolina 
y Ponteficia Universidad de San Carlos, el licen- 
ciado don José María Gavarrete, cuando, con un 
réspice al estudiante, nombraba á los réplicas para 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 493 

el grado; decían mallos estudiantes que iban á 
citar á los señores réplicas-, y no decían mejor los 
propios examinadores cuando ellos mismos se lla- 
maban los réplicas. \ Cuántas veces yo mismo fui 
á citar á mis réplicas y á servir de réplica! 

Repostada. 
Con esa palabra se significa la respuesta desver- 
gonzada ó atrevida que uno da á la persona á quien 
debía respeto. 

Reposadera. 
Eso de reposadera y de resumidero, no pasa de 
ser disparatado: lo correcto es razumadero, ó surni- 
deros. 

Requechete. 

Al rechoncho, le dicen por acá requechete. 

Resolana. 

Así se llama en buen español el sitio resguarda- 
do del viento, donde se toma el sol; mas no la re- 
verberación de éste ó el calor causado por ella, que 
se denomina resol y el lugar en que la reverbera- 
ción se percibe resistero. 

Muchos dicen por acá que hay resplayidor, cuan- 
do hay resol. 

Resongar. 

Del respondón que va pronunciando entre dien- 
tes, palabras que apenas se comprenden, dícese 
que resonga; acaso derivado este provincialismo 
del anticuado resolgar. 

Respingar. 
Que se diga ''nariz respingada," no autoriza pa- 



494 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ra decir de un vestido levantado^ ó que no cubre 
bien los pies, que está respingado. 

Res. 

Generalmente se cree que la palabra res, sólo se 
puede aplicar al ganado vacuna. Según la Aca- 
demia, significa cualquier animal cuadrúpedo de 
algunas especies domésticos ó de las salvajes: 
^'Traían y encerraban las reses de los montes veci- 
nos, entre las cuales solían venir algunos tigres y 
leones." (Solís. — Historia de la Conquista de Mé- 
xico^) 

Resumidero. 

El agua no se resume, sino que se rezuma, y así 
se dice de un líquido que se está rezumando y no 
resumiendo. El lugar en donde el agua se rezu- 
ma es rezumadero y no resumidero. Aquí hay un 
sitio llamado ^^el resumidero de la Merced," que 
debiera ser el rezumadero. 

Resbalarse. 

Del que no toma cuidado de las calamidades 
que le sobrevienen, ó de aquel que no hace caso 
de las reprenciones ó castigas, dicen por acá que 
todo se le resvala. 

Retajar. 
En el sentido de volver á tajar la pluma, cortar 
á la redonda, y hasta circuncidar, lo registra el 
Diccionario; pero en América lo que significa es 
hacer á los caballos una incisión y desvía en el 
aparato generativo, que sin dejarlos castrados, les 
impide de su ejercicio. Cuando una yegua se 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 495 

-aparta de la manada, el retajado le hace volver á 
ella. 

Retajila. 
Así pronuncian aquí vulgarmente, porque en lo 
antiguo se aspirábala /i de muchas voces, como 
rehilete j retahila, etc. 

Retraído. 
Dice Paz Soldán y Unánue que ''vivir muy re- 
traído ó ¡en un retraimiento! satisfacen de pronto 
por la buena procedencia etimológica; pero no 
<íonviniendo las descripciones lexicográficas de re- 
traer y retraimiento con el sentido que aquí les da- 
mos, creemos que tal vez sirva mejor decir retira- 
do y retiro. 

Retratería. 

Es el nombre que emplean muchos para signi- 
ficar el almacén ó la oficina en donde se venden ó 
hacen retratos fotografiados. 

Retreta. 
Es el toque de retirada y el que indica que las 
tropas deben recogerse en su cuartel ó campamen- 
to. La palabra retreta es impropia para sionifirar 
la serenata de la banda marcial. 

Retobado. 
Es provincialismo del Perú, Colombia, Cuba y 
Guatemala. Pichardolo describe así: ''Nombre ad- 
jetivo familiar. La persona ó animal indómito, que 
no sufre ó respeta el ejercicio del poder de su supe- 
rior. Refiérese principalmente á los criados. No- 
sotros agregarnos que en Guatemala se refiere 



«■ 



496 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

también muy frecuentemente á los niños, y que el 
verbo es retobear. 

En Buenos Aires retobar es forrar en cueros sin 
curtir; y retobarse, '^enojarse severamente." 

Retorcijón. 
Dígase retortijón. 

Reuto. 

El vulgo siempre dice reuto, perfeuto, por recto,. 

perfecto. 

Reuma. 

Antiguamente era femenino ese nombre, que 
con tal género se usa en América hasta hoy. To- 
dos dicen por acá, que les dio una reuma, tan do- 
lorosa, que no podían moverse. En í]spaña ha- 
^ blan del reuma, y así escribió Bretón: 

''¿Qué he de cantar, justo Dios, 
Cuándo inveterado reuma 
Me arranca gritos ingratos, 
Y el pulmón en selulatos 
La tos ?'^ 

Revancha. 

Galicismo grosero cuanto superfino, que vale en 
castellano desquite, despique, desagravio, satisfac- 
ción, defensa, pago, correspondencia, reconocimiento 
de un favor: en el juego desquite, recobro de lo per- 
dido; y contra, la segunda partida que se juega pa- 
ra que se desquite el que perdió. (Baralt. — Diccio- 
nario de galicismos.) 

Requintar. 

Es impropio en el sentido de apretar; ''Vean á 
la Lupe; va tan requintada que ya revienta." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 497 

Revoletear. 
Hasta en ciertos periódicos, redactados por mu- 
chachos que no temen decir disparates, hemos vis- 
to revoletear, por revolotear 6 voltear, según los ca- 
sos. 

Revolcado. 
Es un guiso indígena, que hacen con chile, to- 
mate, míltomate, grasa de puerco, pan tostado y 
otros ingredientes. 

Reverbero. 
En toda la América lo que significa es el apara- 
to de metal que sirve especialmente para calentar 
agua, por medio de la aguardiente. Rivodó, Pi- 
chardo y Daniel Granada apuntan dicha palabra 
en ese sentido. 

Revultijo. 

Nadie dice entre nosotros revoltio, que es la voz 
castiza, sino revoltijo. 

Revulución. 
Hay muchos revoltosos que dicen revulución, en 
vez de revolución. 

RiaL 
Es corrupción vulgar de real. 

Ricachón. 
Dígase ricacho, sin agregarle la n. 

Ridiculezas. 
Es claro que el plural de ridiculez (agregándole 
es) será ridiculeces y no ridiculezas, como dicen 
por acá muchos zafios que se creen sabios. 



498 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Ripio. 

Es provincialismo de algunas repúblicas del 

Continente, en el sentido de cascajo menudo, que 

sirve para rellenar 6 emparejar los suelos 6 para 

hacer paredes. 

Rodiar. 

Ya hemos visto cuan común es cambiar la e en i, 
en algunos vocablos, que la gente inculta convier- 
te en adefesios, como cuando pronuncian rodiar^ 

por rodear. 

Rol. 

Nada es más común en todo género de escritos, 
y especialmente en nuestros periódicos, dice Bello, 
que las expresiones hacen un rol, un gran rol, un 
rol distinguido. En castellano, se dice que hace 
papel el sugeto que tiene alguna representación 
en cualquier línea, en la república ú otra parte 
{Diccionario déla Academia-) entre actores se lla- 
ma "pajpel la parte de comedia, escrita, que se da á 
cada uno para que la estudie, según la persona 
que ha de representar en ella (ibidem,) lo que por 
extensión se aplica al carácter que alguno tiene ó 
se arroga en la sociedad. Signiñca propiamente 
lista ó catálog<j, y particularmente la nómina de 
la marinería de un buque, autorizada por el res- 
pectivo comandante de marina. Traducir /aire U7i 
grand rol por hacer un gran rol, es imitar al que 
traduciendo la frase castellana: "El duque X. ha- 
cía mucho papel en Madrid," dijo en francés: "¿6 

duc X. faissait BEAJJcoup de papier á Madrid " 

Et aprés le déluge. 

\ Rolar, Enrolar. 

No son palabras castellanas. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 499 

Ropero. 

Por guardaropa, que es poco usado. 

Ronciar. 
El verbo es roncear y lo que significa es alargar 
una co?a con pretextos haciéndola de mala gana. 
En esta acepción no se usa nunca dicho verbo en- 
tre nosotros. Cuando se dice que alguno anda 
ronceando una casa, por ejemplo, lo que se quiere 
significar es que anda espiándola. 

Ronrrón. 
Es el nombre de una madera que en el color 
tiene alguna semejanza con el carei. Otros c(mo- 
cen dicha madera por jocote de fraile. 



Ruciar. 

Así dice el vulgo, por rociar, usando mas bien 
una palabra anticuada, ó mejor dicho desconoci- 
da hoy en España. 

Rumbo. 

Este si que es un provincialismo nuestro, y ca- 
racteriza esas fiestas ú holgorios en (|ue todos .se 
la clavan, después de bailar aunque sea al son de 
una marimba: esas jaranas de la clase baja, en (|Uo 
el buen humor triunfa sóbrela moral, sucumbien- 
do ésta muchas veces á fuer de femenina, y refoci- 
lándose aquél por todo extremo. 

Rumbiar. 

Es andar en rumbos. 

Rubro. 

No significa más que rojo. No debe, pues, usar^ 
se por titulo, rótulo aportada de un libro 6 artículo' 



500 . VICIOS DEL LENGUAJE Y 

s. 

Sacar la lengua. 

Sacar á uno la lengua, no es como sacarle á uno- 
una muela; ni como sacarle las pesetas, ni como 
otras sacas de que está llena la vida. Al que le 
sacan la lengua, le dejan la suya dentro de la bo- 
ca; es la lengua de otro la que le sacan á uno. 

No hay á quién le saquen tanto la lengua como 
á los médicos; y yo creo que son más bien ellos 
los que debieran sacarla en la mayor parte de los 
casos á los enfermos. (Salomé Jil. — El Libro sin 
nombre; página 271.^ 

Sacar la jicara. 

Entre las cosas que se sacan, eso de ''sacar la ji- 
cara,^^ suele ser muy provechoso para aquellos que 
quieren sacar otras cosas de más meollo y sustan- 
cia. 

No sabemos de dónde venga aquella locución,, 
que vale por adular, y que todos los días está en 
los labios del vulgo; pero sí hemos conocido á 
muchos de esos que tanto pululan, y que no pue- 
den vivir sin sacarle la jicara al poderoso, al man- 
darín, al rico. Se nos ocurre que así como anti- 
guamente bebían los amos el chocolate en jicaras, 
no faltarían criados muy serviles ú otros adulado- 
res, que se aprontaran á sacar la jicara, en cuan- 
to acababa de servir. Acaso alguno de aquellos 
diría con sorna á su compañero ¡Ah, que te gusta 

sacar la jicara! 

Sacón. 

Al adulador le llaman por acá sacón, derivado> 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 501 

-del verbo sacar, talvez porque el sacón "saca la 
jicara.'' 

Saconería. 

No para en sacÓ7i el derivado, por demás impro- 
pio é irregular, de sacar; aun tenemos la voz saco- 
neria, que significa adulación. 

Sahumador. 

Es una armazón de aros y tiras de carrizo, de 
forma cónica y de un metro y medio de alto, en 
la cual ponen las prendas menores de ropa blanca 
•que se va á sahumar, secar ó enjugar. 

También en el Perú se conocen los sahumadores , 
que fabrican los chinos, en cuyas manos está allá 
la industria de mimbres, que aquí se encuentra 
•en poder de los indios. 

Sapuyulo. 
Al cuesco del zapote Uámanle sapuyulo, que 
sospechamos sea voz indígena. 

Sangre. 

''Ser de sangre ligera," "tener sangre ligera ó 
muy ligera," ó por el contrario p^iíaí/a, son loeu- 
<íiones provinciales que se aplican, en el primer 
caso al simpático, al pluma, como dicen por Costa- 
Rica; y en el segundo al antipático, plomoso, como 
dicen por acá, ó hígado, chinchoso ó pesado, como 
los apellidan por otras partes. 

''Reventarle á uno la sangre" decimos por acá, 
<;uando los españoles emplean '' podrir k 6 quemarle 
i uno la sangre." 



502 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Salamanqueja. 

En el Perú, Chile, Colombia, Centro-América 
y otras repúblicas de este Continente, llaman así 
al reptil, en lugar de salamanquesa, que es su 
nombre propio. 

''Era la gentil persona, 
Era la hechicera mona, 
Que aquí mi pluma bosqueja, 
Flexible, ardiente y meneona 
Como una salamanqueja.^^ 

Saludes. 
Es muy común usarlo aquí por saludos, memo- 
rias, recuerdos y etc. 

La epístola del sentimental Rivera Maestre á 
Guatemala, concluye así: 

''Reciba de un hijo suyo, 
Y que de serlo se jacta. 
Mil saludes y adiositos 
Que complacido le mandad 

Salvajismo. 
La calidad de salvaje es salvajez , que no salva- 
jismo, como dicen generalmente por acá. La voz^ 
salvajismo no se encuentra en los diccionarios; 
y, sin embargo la hemos visto usada por algunos 
periodistas. La verdad es que los tales son muy 
dados al salvajismo. 

Sánate. 

Es el nombre de un pájaro {Quiscalus macru- 
rus, Sw.) que anida en los árboles de nuestros jar- 
dines y que también se encuentra en los campos,. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 503 

sobre todo cuando hay en ellos maizales. El sá- 
nate es propiamente la hembra del clarinero, de 
hermoso phimaje turquí, de ojos amarillos muy 
vivos y de esbelta apariencia. El sánate es del ta- 
maño de una becada, de color café ceniciento y 
abunda más que los machos. Es el pájaro más 
vivo que existe. 

En la bellísima composición de don Juan Dié- 
guez á "Las Tardes de Abril,'" hay la estrofa si- 
guiente: 

"Hincha el viento la orquesta de los tordos, 
Silba la codorniz, canta q\ jilguero, 
Y á las nubes saluda el clarinero 
Esponjando el plumaje de turquí. 

¡Con qué ternura los senzontles trinan! 
;Cuán blandos se querellan y se duelen! 
Ya en la arboleda lamentarse suelen ; 
Ya brincan por el suelo aquí y allí." 

Sancocho. 
Es curioso que diga la Academia que esa voz 
viene del latín sewÁcoctus, y que es plato america- 
no compuesto de carne, yuca, plátano y otros in- 
gredientes. Sancocho es degeneración del antiguo 
salcocho, que así dicen en la Argentina todavía: 
consiste en un caldo sustancioso con carne, pata- 
tas, vuca, y otros condimentos. Un scincochifo di- 
cen muchos en Guatemala, siguiendo el prurito 
de los diminutivos. 

Sartén. 
Lo mismo en Bogotá que entre nosotros, dicen 
el sartén, debiendo decir la sartén. 



504 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Satisfací. 

Satisfaci, en lugar de satisfice, y satisfación, en 
vez de satisfacción, son adefesios que usa mucho 
el vulgo. 

Se. 

Dice don Andrés Bello en su Gramática: "Un 
uso extraño y bárbaro se ha introducido en algu- 
nas partes de América, relativamente al se obli- 
cuo. Cuando este dativo es singular decimos co- 
mo debe decirse se le, se la, se lo; pero cuando es 
plural se pone en plural el acusativo que sigue, 
aunque designe un sólo objeto: "Aguardaban 
ellos el libro y un mensajero se los trajo." Es pre- 
ciso evitar cuidadosamente esta práctica." 

Segura. 
Todos los días oímos decir que una criada es 
muy segura, cuando no roba, cuando es honrada. 

Sepoltura. 
La gente zafia dice así, por sepultura. 

Sectiembre. 
El Diccionario registra septiembre. 

Secreteo. 

Usan nuestros paisanos esta palabra, que tam- 
bién se oye en Chile, para significar el acto de ha- 
blar en secreto una persona con otra. 

Seguramente. 

Muchas veces cuando alguien pregunta alguna 
cosa, respondemos seguramente, por acaso, quizá, 



PROVINdlALISMOS DE GUATEMALA 505 

tal vez, lo cual es un disparate; v. g. ¿Irá Ud. 
•el domingo al teatro? — Seguramente, don Antonio; 
porque tal vez papá nos llevará. 

Seguramente quiere decir con seguridad. 

Sendos. 
Sendos significa uno cada uno, y no grande, des- 
comunal, repetido, como muchos creen: "Sendos 
golpes," es '¿¿?i golpe á cada uno; "Sendos tragos 
es un trago cada uno/' 

"Armas ricas y ricas vestiduras 
Ostentan ambos con ilustre porte, 
Sobre sendos caballos cordobeses, 
Fuertes, revueltos, ágiles, veloces." 

(Don Ángel de Saavedra, Moro Expósito, rom. VII.) 

Cortés dejó los caballos en el monte, hizo algu- 
nas picas que faltaban para que todos los suyos 
llevaran sendas, etc. 

Hernán Cortés asalta y prende á Panfilo de Nar- 
váez. Historia General de las Indias, por Francisco 
López de Gomara." 

Desde el poema del Cid que apareció en el siglo 
XII ó XIII, (*), hasta el siglo XVIII, no existe 
escritor alguno que haya usado sendos, por grande. 
fuerte, desmesurado. En los siglos XVI y X\U, 
fué frecuentísimo el uso de este vocablo; pero 
siempre como adjetivo distributivo: ''singulis sin- 
gula poma,'' sendas manzanas á cada uno." 



(*) Don Tomás Antonio Sánchez, que fué el que di(') il luz el ma- 
nuscrito del Poema del Oid, conjetura que He escrilñó en el arto 1 15(). 
—Don Rafael Floránes opina que fue en 1242, 8Íen<lo su autor un Uú 
Pedro Abad.— Don Andrés Bello juzga que se elalwró el año 12«), en 
^1 reinado de Fernando III de Castilla. 



506 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

El neologismo se debe á una errada interpreta- 
ción de un pasaje de Cervantes y á otro de don 
Diego Hurtado de Mendoza, según esplica el sa- 
bio filólogo don Andrés Bello, quien se lamentaba 
de que se introdujese en el habla la nueva signifi- 
cación de tal vocablo, primero, porque empobrecía 
la lengua propendiendo á privarle del único dis- 
tributivo que posee; y segundo, porque esa inno- 
vación ocasionaba ambigüedad en la frase. (Obras 
completas de don Andrés Bello. — Santiago de 
Chile— 1884— Volumen V; página XL de la In- 
troducción.) 

Sentido. 

Muy pocos dicen aquí sienes, para denotar las 
partes laterales de la frente. Todos les llaman 
sentidos, y muy impropiamente por cierto. 

"Le pegó una pedrada en el sentido y lo mató 
en el acto." Debiera decir en la sien.'' 

Señora. 

Como sustantivo tan sólo significa en castellano 
el ama de la casa respecto de sus criados; y en es- 
tilo familiar la suegra; pero no la mujer ó esposa, 
v. g. 

"Os mandé participar el dichoso suceso de ha- 
llarse preñada la Reina, mi muy cara y amada 
mujer, (Real Cédula al Presidente y Oidores de 
Chile, 4 de mayo de 1707.) 

"Del feliz parto de mi muy cara y amada esposa 
la Reina." 

"Un día en que mi mujer leía los cuentos fan- 
tásticos de Hoñman." (Zorrilla. — La Pasionaria.) 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 507 

En Guatemala hasta los peones dicen ya mi s 
ñora. 

Si al caso. 

Son frases vulgares é incorrectas aquellas en 
que se usa de si al caso, en lugar de si acaso; sin 
ai 

Sigún. 

Entre gente mal educada es común oír decir: 
*'Sigún, tiatro, línia, lición, ligítimo, siguro, Tio- 
doro, Tióñlo," etc. Tales modos vulgares de pro- 
nunciar catan de la baja latinidad, y eran corrien- 
tes, algunos de ellos, en el siglo de oro de la lite- 
ratura española. 

Siguapate. 

Es una planta silvestre de anchas hojas, que 
aplican para curar los dolores reumáticos. 

Sonto. 

Así llaman por acá al que le falta una oreja, que 
en castellano es tronzo; y por eso vemos en la obra 
intitulada ''Exterior de los principales animales, 
por Santiago de la Villa y Martín" que dice: *Tor 
último, reconózcase con escrúpulo á todo caballo 
tronzo, esto es que tenga cortada una ó las dos 
orejas, que es lo que se hacía con los que se daban 
de derecho en el ejército." 

Aquí en Guatemala existió, allá por el año de 
1811, un Gobernador y Capitán General, Don Jos^'* 
Bustamante y Guerra, á quién todos llamaban el 
sonto, porque le faltaba una oreja. 



508 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Sinos de que. 

Adefesio vulgar, que puede traducirse por sino 
es que. 

Sinvergüenzas. 

No faltan quienes usan en plural esa palabra, 
cuando en realidad no lo tiene. Diríase, por ejem- 
plo: ''Ellos son unos hombres sin vergüenza"; es 
sólo una vergüenza aunque sean muchos los que 
carezcan de ella. 

Silueta. 

En 1709 nació y en 1767 murió un tal Eugéne 
■de Silhouette, muy cortesano, que dio su nom- 
bre á cierto género de dibujo en que la sombra 
produce mucho efecto. Desde entonces se dijo 
por extensión silhouette por sombra: '^L' amour 
tenait peu de place davs son imagination, il n' était 
la qu' en silhouette.'^ La silueta que usan mu- 
chos que creen que escriben en español, es una 
sombra de la silhouette francesa. Es la sombra de 
Eugéne que se proyecta en los escritos de aquellos 
que andan á caza de palabritas bonitas, y no sa- 
ben lo que se pescan. Yo tengo un amigo 
que escribió unas siluetas de escritores y artistas. 
Para todos los que escriben siluetas, la sombra 
aquella del Comendador, de la cual tanto partido 
sacó el inmortal Zorrilla, habría sido un siluetóii, 
uuR por tentossi silueta/ El ingenioso fraile que 
ideó el Burlador de Sevilla, dejó la silueta al céle- 
bre don Juan Tenorio. ¿Por qué les gustará á 
muchos galiparlistas la voz silueta? 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 509 

Sobre. 
Achaque de la América española es llamar sohre 
á la cubierta de la carta, y aun en Chile dicen fe el 
cierro, que es todavía peor; pues aunque el Dic- 
cionario no le da a sohre esa acepción, sí es espa- 
ñola, y la encontramos en Trueva, Ochoa, Fernán 
Caballero y otros escritores peninsulares. No to- 
do lo que falta en el léxico de la Academia puede 
censurarse como si no fuera castizo. 

Sombrero de pelo. 

Al sombrero de copa alta, á la chistera que le- 
llaman en Madrid, y por acá bolero, dícenle tam- 
bién en el Perú y en Guatemala sombrero de pelo. 

Sopalandra. 
Es hopalanda ó sopalanda, sin r. 

Sobijón. 
Sobón, es el acto de sobar, que no sobijón. 

Sobijeada. 
Le llaman á una buena sobada; al acto de ma- 
nosear con familiaridad á una persona. 

Sobijeo. 
Usanlo para significar el acto de estar sobando. 

Soltar el prieto. 
Esta vulgar expresión quiere decir que un mo- 
zo le declara su amor á una muchacha: ".íuan es 
muy tímido; pero al fin se atrevió á si^ltarle el 
prieto á la Juanita." 



510 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Soloncontrones. 

Así dicen por acá á los guijarros 6 desigualda- 
des del terreno y al movimiento rápido, brusco y 
molesto que por ellos se experimenta cuando uno 
va en carruaje. 

Suquinay. 

Árbol de preciosas flores, que huelen á miel de 
avejas, y perfuman la pradera. 

Sucucho. 

('hirivitil, zaquizamí, cuarto sucio, pequeño y 
escondido. 



Tabanco. 

En castellano significa esta palabra el punto ó 
tienda que se pone en las calles, donde se vende 
de comer para los pobres y gente de servicio y tra- 
bajo. En esta acepción jamás la usamos: nosotros 
llamamos tabanco al tapanco 6 techo. 

En una de las fábulas de Goyena, Los Gatos en 
Brama, que nos hace recordar la Gatomáquia, ha- 
blando de sus amatorios tratos, dice: 

^'Ya braman por la azotea, 
ya corren por el tabanco, 
ya se niegan, ya se brindan, 
así la hembra como el macho. 

jQué gritos, y qué mahullos 
para requerir de pago, 
y para cubrir la deuda 
qué cabriolas y qué saltos." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 511 

Tabaquero. 

El que tuerce el tabaco ó el que comercia con él, 
-se llama tabaquero, nombre que dan algunos, vul- 
gar é impropiamente, entre nosotros, al pañuelo. 

Taco. 

¿"c/iar ¿acos, quiere decir en español, jurar con 
■cólera; mientras que tomar un taco, es comer algu- 
na cosa ligera, beber un vaso de licor. 

Nosotros decimos, para significar esto último: 
Echar un taco. 

Tacuazín. 

Este mamífero {Didelphys virginiana) tiene pié 
y medio de largo, de color gris, de cabeza grande y 
larga; en los pies tiene pezuñas separadas. La 
hembra presenta una cavidad ventral, especie de 
bolsa membranosa que ocupa la parte media é in- 
ferior <lel vientre, en donde lleva sus cachorros. 

En el Brasil le llaman para, fariqué, mxicamuca, 
churcha. En México le dicen tlacuatz. 

En el apólogo de don Rafael García Goyena, in- 
titulada Los aniraales congregados en Cortes, encon- 
tramos que: 

"Demanda libertad la zorra astuta 
y que mueran el hombre v el mastín 
para que pueda ser más absoluta. 
Nuestro Gato montes y el Tacuazín 
son de la libertad declamadores: 
y todos piden libertad al fin. 

^'Fuentes y Guzmán les llama cacuatzines, cuya 
etimología dice que es de cacuat y zintli comedor 
de maía." (Tomo II, pagina \r,, ^Recordar ;a^^ F^o. 

rida.) 



512 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Tacho. 

Es provincialismo americano que significa, se- 
gún Salva, la gran paila en que acaba de cocerse 
el melado y se le da el punto de azúcar. 

Talabartero. 

Es en español el que hace talabartes (la pretina 
de que cuelgan los tiros en que se trae pendiente 
la espada.) 

El que hace arreos para caballos y muías es 
guarnicionero. 

En Guatemala, como en Bogotá y en Chile, llá- 
mase talabartero al que fabrica sillas de montar y 
arreos para lo mismo. 

Antiguamente les llamaban con propiedad sille- 
ros. 

Tagarnina. 

El Diccionario dice que es '^cigarro puro muy 
malo." Nosotros le damos el significado de borra- 
chera; y así oímos á menudo: ''Se puso una buena 
tagarnina.^^ 

Taltusa. 

Es un animalillo que perjudica mucho las se- 
menteras, sobre todo las plantaciones de cacao. 
Diplostema bulvivorum. 

Taltusero. 
Los agujeros que sirven de guaridas á las taltu- 
sas. 

Tan es así. 
La forma tan (de tanto) sólo se usa inmediata- 
mente antes de un adjetivo, un adverbio ó urt 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 513 

complemento; por consiguiente no puede decirse: 
''Tan es así, que yo lo vi," hay que decir: Tanto es 
asi. 

Tamal. 

La palabra es indígena, criolla de México, tla- 
malli; pero la encontramos ya muy oronda hasta 
en el IHccionario de la Academia, que la define 
como "empanada de harina de maíz que se usa mu- 
cho en América." 

El tamal de Guatemala es una masa de maíz 
aderezada con manteca de puerco, carne de lo 
mismo, su punta de chile, almendras y pasas al- 
gunas veces, y el todo, de figura como cuadrada, 
va entre hojas de plátano, resultando un informe 
envoltorio, que se lía con cibaque ó totora. 

¿Quién no ha comido tamales en la Noche Bue- 
na, después de la misa del gallo? 

En los casamientos es de rigor almorzar tamales. 
Los hay colorados y negros; también conocemos los 
tamalitos de helóte, de cambray, de picado, etc. 

En lo figurado ''hacer un tamal," es lo que los 
españoles llaman "hacer un pastel." La palabra 
tamal tuvo mejor suerte que tamare, como dicen 
en Maracaibo, umita, en Chile, ó hayaca, como les 
llaman en el resto de Venezuela, 6 bacán 6 tayuyo 
que usan en Cuba. Ya el tamal puede presentarse 
como ciudadano en las República de las Letras, 
mientras que los otros son extranjeros pernicio- 
sos. 

Tamehua. 

La primer limpia de la milfa (maizal.) De ahí 
que digan tamehuar, por limpiar la milpa 6 des- 



514 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

herbaria. Tales palabras se derivan del cackchi- 
quel tame aguan. 

Tamalera. 
La que hace 6 vende tamales. 

Tambarria. 
Es una jarana, un jaleo; pero de gente soez. 
Lo curioso es que en la provincia de Lugo hay en 
España un castigo llamado Tambarria. 

Tanate. 

Este provincialismo priva mucho entre nosotros, 
significando lio, envoltorio ó fardo. Tanate es en 
México el zurrón 6 zaque en que transportan el 
mineral. 

Tapesco. 

Así llaman á las empalizadas que sirven para 
que sobre de ellas enreden algunas plantas como 
los huisquilares etc. La gente pobre y algunos in- 
dios suelen dormir en tápeseos, hechos de cañas y 
varas. La voz tapeseo es indígena, y se pronuncia 
tapeehco, dando á la ch el sonido suave que tiene 
en francés. El nombre tapesco es el que daban los 
indios de Guatemala á sus lechos ó camas, según 
asegura Fuentes y Guzmán. Tapesco en español 
es zarzo. 

Tapalcate. 

Esta nuestra voz provincial significa trasto 6 
mueble inútil. En sentido figurado llaman tapal- 
cate al individuo que no sirve para nada, y del 
cual nadie hace aprecio. Tapalcatles llamaban los 
indios á unos pececillos muy comunes. 



i 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 515 

Tapalcúa. 

Así llaman comunmente á una culebra, que los 
indios denominan tepulcuat, y de la cual se en- 
cuentra una descripción en la Recordación Flori- 
da, de Fuentes y Guzmán. Hela aquí: "La culebra 
que los indios llaman tapulcuat tiene dos cabezas, 
una de cada estremo, é indiferentemente anda 
para un lado y otro, sin dar vuelta: es de color 
plateado y su largo es mayor ó menor según la 
edad: escrementa y engendra por la mitad del 
cuerpo: no se sabe que muerda ni pique; pero si 
percibe que alguna persona está purgando el vien- 
tre, con la mayor ligereza se le introduce en el in- 
testino, para cuyo efecto, siendo bastante gruesa, 
se alarga de modo que queda como una aguja de 
arria. El remedio para sacarla es sentar al pa- 
ciente sobre un vaso con leche caliente, y al olor 
de la leche sale la culebra por sí misma." fTomo 
II, libro II, capítulo 6?; 

Tapal jocote. 
Nombre de una fruta agridulce, de color amari- 
llo ó verde, en forma de una naranja muy peque- 
ña; se produce en las tierras cálidas. 

Tarde piache. 
Don A. Fernández G. y Orbe, en una nota á la 
Perinola de Quevedo, dice que aquella expresión 
provino de haberse tragado un italiano un huevo 
•empollado y haber dicho tarde piache. 

Tarantín. 

A las baratijas, chismes, trebejos ó traM.... les 
llaman aquí tarantines. 



516 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Tarjetera. 
Debe decirse tarjetero. 

Tártara. 

Una especie de dulce con almendras. 

Tasajear. 

Por acá dicen así, en vez de usar el verbo tal 
como lo trae el Diccionario atasajar. 

Tata. 

El vulgo da el nombre de tata al padre, y algu- 
nas veces al abuelo. ''Mi tata y mi nana, quiere 
decir, mi padre y mi madre: mi papá y mi mamá." 

El escritor de costumbres, Salomé Jil, dice, h2i- 
hlando del monopalista cortejo: ''Los hay de dife- 
rentes edades y condiciones, á escoger como uno 
los quiera; y algunos he visto yo que pudieran pa- 
sar por tatas de los tatas de las monopolizadas." 
{Obras literarias, página 23.) La palabra tata se 
usa generalmente en América. En quechua al 
padre dicen tata. 

Tataratear. 

Es corrupción de tartalear, que escomo debe de- 
cirse, que no tataratear, palabra que si bien 
es onomatopéyica, no se halla en el Diccionario, 
pues es un provincialismo guatemalteco. 

Targea. 

Dígase atarjea. 

Tayuyo. 
En Cuba llaman así al tamal. Entre nosotros 
el tayuyo es un tamal ordinario, que comen los 
indios. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 517 

Tazol. 

Así llamamos nosotros á la punta déla caña del 
maíz ([ue sirve para forraje. En México le dicen 
tlazole, palabra indígena que registra el Dicciona- 
rio, como peculiar de México. 

Tecolote. 
Nombre que damos al buho nuestro, que es pa- 
recido al de Europa. En sentido figurado, dícese 
que alguien está algo tecolote ó teco, cuando se halla 
achispado ó peneque. El tecolote de Guatemala es 
el Buho virginianus, Gm. 

Tecomate. 

Es una especie de calabaza de cuello estrecho, 
de corteza dura y que vaciándola, sirve á los in- 
dios para guardar dentro de ellas sus baratijas, 
para llevar agua ó licores fuertes etc. 

''Totuma — dice el autor de los Orígenes del Len-^ 
guaje Criollo — equivale á güira, jicara, dita. I.a 
dan como Tam anaco; pero muchos años antes de 
ser dominada esa nación, la usaron los españoles 
por las costas del Pacífico. Poporo es otro equiva- 
lente de totuma y de sus demás sinónimos. Pro- 
cede de razas indias limítrofes entre Venezuela }- 
Colombia. Tapara es también sinónimo de los 
vocablos anteriores; pero guarda con ellos la dife- 
rencia esencial de que la especie de calabaza de 
que procede, permite disponerla en forma de bo- 
tella, sin transparencia alguna, por supuesto. 

''El que bebe agua en tapara 
O se casa en tierra agena, 
No sabe si el agua es clara, 
Ni si la mujer es buena." 

(Cantar de Venezuela.) 



518 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Telegrama. 
Así pronuncian muchos, en vez de decir, como 
se debe, telegrama, epigrama, anagrama. Los tales^ 
debieran, para ser consecuentes, decir: programa, 
anagrama, diagrama y monograma. 

TemascaL 

Es un pequeño aposento en el cual introducen 
los indios piedras que arden, y echándoles agua 
producen un vapor con el que se bañan á fin de 
excitar la transpiración, pues al efecto cierran 
aquella pieza casi herméticamente, asegurando la 
reducida puerta de entrada. 

En la conversación familiar, hemos oído decir, 
de algún lugar ó salón muy caliente: ¡Parece un 
temascal ! 

Tembleque. 

Por trémulo, como lo usamos nosotros y lo usan 
en Chile, no existe en castellano. 

Tembladera, 
Suele decirse en lugar de tremedal, tembladero. 

Temblor. 

Sólo así se designa el de tierra, diciendo también 
en plural, la época de los temblores. 

Entre las desgraciadas estrofas de la leyenda, 
de Milla, intitulada Don Bonifacio, hay varias en 
las que el autor usa la palabra temblor como sinó- 
nimo de terremoto, en vez de decir temblor de tierra.. 

''Desvanecida la impresión del susto 
Que á los mas bravos el temblor causara. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 519 

La información comienza, y es un gusto 
El ver que cada cual, ¡fortuna rara! 

Por milagro escapó; mas con disgusto 
Se sabe (y es verdad) que Diego Lusto 
Que acudió á la salida de los presos, 
El muro roto le aplastó los sesos." 

No sólo en esos versos llama don José Milla 
temblores simplemente á los que son en castellano 
temblores de tierra; escribió también nuestro com- 
pataiota un artículo especial intitulado Los tem- 
blores. (Página 176, del Libro sin Nombre.) 

Sin duda la frecuencia con que por acá ocurren los 
temblores de tierra, fuerza al espíritu á crear una me- 
dia palabra, que sin ser enteramente la propia, ni 
enteramente nueva, los defina, por antonomasia, 
de una manera absoluta. 

Templarse. 

Se templó dicen vulgarmente, por ''murió." 
Tenamaste. 

A cualquier trasto burdo, le llaman tenamaste; 
y por traslación al individuo pesado^ burdo, ordi- 
nario. 

Teperete. 

En castellano es zopo. Véase ateperetado, 

Tepemechines. 

Unos hermosos peces que abundan vn los ríos 
del Sur y del Norte de Guatemala. Hay dos es- 



520 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

pecies del mismo género Agonostoma (Bem.) muy 
apreciadas por su buen sabor. 

Tepescuinte. 

Es un roedor {Coelo genis paca, Linn.) más gran- 
de que un conejo, muy común en Guatemala, de 
sabrosísima carne para comer, que los indios ofre- 
cen en sacrificio á sus dioses. En Nicaragua le 
llaman guardatinaja y en otras partes de América 
pacas. El último Diccionario de la Academia, 
edición XII, dice: '^Tepeizquinte, animal cuadrúpe- 
do de la provincia de Tabasco, del tamaño de un 
lechen, parecido al gamo y de su mismo color.'' — 
La docta Corporación ignoraba que Tabasco, en 
vez de ser provincia, es uno de los Estados de la 
confederación mexicana, y que no sólo en él se en- 
cuentran los tepescuintes , que también los hay en 
todos los lugares cálidos y fragosos de Centro- A- 
mérica. Pero es de advertir que nuestro tepescuin- 
te difiere enteramente de la especie de coyote me- 
xicano que llaman tepeizquinte. 

El roedor cuya carne apreciamos tanto, es ama- 
rillento con manchas más oscuras de adelante hacia 
atrás, y carece de cola. 

Tepocate. 

Es el nombre provincial de la larva de los ba- 
tracios anuros, ó sea el renacuajo. Los tepocates 
tienen el cuerpo y la cola muy pequeños y la . ca- 
beza relativamente mu}^ grande. Como tales ani- 
males caen en la red con facilidad, se dice en sen- 
tido figurado, de uno que se cae ó se deja atrapar, 
que es un tepocate. También á los cabezones se 
aplica el nombre de tepocates. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 521 

''Ni con pepescas, ni suntes, 
Tepocates, ni mojarras 
Se excitan á echar las once, 
La mañanita, ni el alba." 

(Rivera Maestre. Epístola á Guatemala.) 

Tequio. 

El servicio personal de un día que los caciques 
y señores imponían á los macehuales 6 gente jor- 
nalera, se llamaba tequio; de donde viene dar ese 
nombre entre nosotros al trabajo ó molestia que se 
nos impone. Suelen decir tequioso al que molesta. 
En Costa Rica llaman tequioso al muchacho tra- 
vieso. 

Tertuliante. 
El que concurre á una tertulia es en español 
hrf),Jiano ó tertulio^ que no tertuliante. 

Tetunte. 

A un pedazo de leño, un guijarro ó cualquier otro 
objeto análogo, llaman familiarmente un tetunte; 
dicen también tetuntazo ó tituntazo para significar 
el golpe dado con q\ tetunte ó titunte. 

Tiemple. 

Siendo regular el verbo temblar, como que tiene 
por afín el sustantivo temple, y debiendo decirse lo 
mismo con respecto á destemplar, no debe usarse, 
<íomo muchos lo usan, tiemple, desiiemple. *'La 
guitarra se templa; el piano se destempla, y no co- 
mo oímos por acá, á personas que se precian de 
-cultas: tiempla, destiempla. 



522 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Testiga. 

El nombre testigo es invariable para el femeni- 
no, y así debe decirse la testigo. 

Tiendero, 
Conforme á las reglas de la derivación, al uso 
de la gente educada, y á las prescripciones del dic- 
cionario, es tendero, que no tiendero, como dice el 
vulgo y otros que creen estar fuera de él. 

Tiernísimo, 
De tener, ternísimo, superlativo de tierno. 

Ti huí lote. 

Planta silvestre, muy abundante en nuestros 
bosques {grosidaria margarita.) 

Tiliche, 

¿Qué significa tiliche f Esta palabra, tan usada 
en Guatemala, tiene acepciones tan latas, se desli- 
za tan fácilmente en su s.ignificado que no es fácil 
acertar á darle sinónimos en castellano. Tan 
pronto significa baratija, ó chisme y como instrumen- 
to, utensilio, etc. 

'' el día menos pensado un sabio de tantos 

va, coje y descubre un 'par a-temblor es, como inven- 
tó otro el pararayo, y ya no quedará un terremoto 
ni para un remedio. Pero entre tanto que se in- 
venta el tal tiliche, la tembladera sigue de firme, 
etc." (Salomé Jil.— ''Los Temblores;" página 177, 
del Libro sin Nombre.) 

Tilichera, 

A las mujeres que venden baratijas, y que en 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 523 

castellano son buhoneras, les dicen aquí tilicheras; 
y además se aplica el mismo nombre á la bithone- 
ría ó tienda portátil en que llevan los tiliches, es- 
to es las chucherías, baratijas ú objetos de poco 
valor. 

T-. 1 . Tigra, 

bs la tigre. 

Tilinte, 

Este raro provincialismo significa estirado, tem- 
plado, guapo. 

En castellano se dice familiarmente ''tener mucho 
tilín,'' por tener mucha gracia ó atractivo. 

Timba, 

En español significa una partida de juego de 
azar; pero entre nosotros se da vulgarmente el 
nombre de timba al estómago, al vientre, á la ba- 
rriga. 

Si fuéramos á rastear el origen de semejante 
provincialismo, tal vez hallaríamos que proviene 
de llamarse, desde el tiempo de los conquistado- 
res, timbas, en las islas Filipinas, á unos cubos pa- 
ra echar agua. Por traslación acaso, pues, dieron 
en denominar timba á la barriga. 

Timbones, 
Así llaman á los barrigones. La palabra timbón 
viene del guaraní timbó, (ixho\ corpulento del cual 
hacen canoas. 

Tinterillo, 
Provincialismo poco menos que continental, di- 
ce Paz Soldán y Unánue, y de los más e.xpresivos, 
para designar á un abogadillo de tres al cuarto, á 



524 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

un tipejo de legule3^o. También Salva lo consig- 
na como provincialismo de la América meridional y 
lo traduce por "abogado de guardilla ó de chicha 
y nabo," pero no por rábula, ni registra esta pala- 
bra, no obstante ser ella la propia según los iwoinn- 
cialógrafos que han venido después que nosotros, 
señores Cuervo y Rodríguez. Otro aficionado, el 
señor Paulsén, nos comunica que la ha encontra- 
do en la XI edición del Diccionario de la Acade- 
mia. Sólo don Fidélis P. del Solar se muestra 
indulgente con el provincialismo, los demás están 
-por rábula y legulego, en cuyo loor se deshacen." 
"El tinterillo en su pequeña esfera de acción ha 
sido tan pernicioso á la sociedad, como el caudillo 
militar en la suya. Y si no se ha inventado la 
palabra tinterillaje, que es americanismo, provie- 
ne simplemente de que los daños y perversión cau- 
sados por la falanje de tinterillos no son tan tras- 
cendentales ni tan vastos ni tan palpables, sin que 
por esto deje de caberles su muy buena parte en 
nuestra general relajación." 

Tinta, 
Así le llaman en el Salvador y por acá al añil. 

Tiquete, 

Del inglés ticket, dicen, muchos tiquete, en vez de 
boleta j boletín ó cédula, según los casos. 

Tiros, 

Las correas asidas á las guarniciones, con que 
los caballos tiran el coche, se llaman tirantas, que 
no tiros, como dicen muchos. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 525 

Tiro. 
Aquí dicen muchos del tiro, y otros dialtiro, por 
enteramente, de golpe 6 zumbido, que es como en 
castellano se dice. 

Tiricia. 
Es tcfericia en español. 

Tirar la espada. 
Es jugar la espada ó tirar á la espada. 

Tirria. 
No sabemos por qué don José Milla, en su gra- 
cioso artículo de costumbres Las Semejanzas, usa 
como provincial, sub-rayándola, la palabra tirria^ 
y aún la explica, en una nota, como equivalente 
á odio, mala voluntad. La voz tirria es castiza 
y corriente; significa según el Diccionario de la 
Academia. "Manía ó tema que se toma contra uno, 
oponiéndose á todo cuanto dice ó hace." — Se equi- 
vocó, pues, aquel escritor al no juzgarla de cuño 
legítimo. (Véase Obras Literarias de Salomé Jil. 
— Cuadros de Costumbres tomo I, edición II, pági- 
na 70.j 

Tiseras. 

Antiguamente escribían tixeras, ó tiseras; pero 
hoy toda gente culta dice tijeras. 

Tiste. 

Es una bebida refrescante, compuesta do harina 
de maíz salpor, achiote y azúcar. 

Titiritear. 
Comunmente dicen por acá así, en vez de tiritar 

que es la palabra castiza. 



526 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Tizate, 

En español es tiza: "Yo creí que no saldrían con 
toda la tiza que hay en la casa las manchas de los 
candeleros." Pérez Galdós. 

Titimico, 

Amigos de la raíz titiy que acaso será indígena, 
usan muchos esa palabra, que significa ^'achispa- 
do." 

Toalete, 

Del francés "toilette," han sacado los unos toa- 
lete y los otros toaleta; pero semejantes barbaris- 
mos no tienen razón de ser por todo extremo, ya 
que en español tenemos tocado, compostura, peina- 
do, adorno, y otras palabras que equivalen, según 
los casos, á toilette. 

Tocar. 

Hacer sonar la aldaba, timbre ó campanilla de 
una puerta, para que abran, es en castellano lla- 
mar y no tocar, que todos usan por acá. 

En España dicen: ''Llaman á la puerta; ve á 
abrir;" en Guatemala traducen: ''Tocan la puer- 
ta, anda á abrir." 

Se tocan muchos instrumentos de música; se to- 
ean las campanas; y se pueden también tocar las 
puertas; pero en la acepción de "llegar á ellas con 
la mano, sin asirlas," que no parece significar que 
se toma la aldaba (tocador, como aquí dicen) y se 
golpea para que ocurran, de dentro de la casa, á 
abrir la puerta. 

Tol. 

Es un guacal grande, y guacal ya vimos que es 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 427 

una especie de taza formada por la corteza de la 
fruta del jícaro, dividido por mitad. 

"Un gran tol lleno de tabaco picado y unos ma- 
zos de c?o6/a(Zore.s abrillantados á fuerza de piedra, 
indicaban que aquella pobre mujer era cigarrera. 
Salomé Jil. — Libro sin nombre; página 185.) 

Por extensión llaman también tol al güegüecho, 
bocio. 

Toma. 

Dícenle toma al arroyo ó riachuelo; pero no tie- 
ne la palabra toma semejante acepción castellana. 

Tomatal. 
La planta herbácea, originaria de América 
{Solanum lycoyersicum^) con vastagos de cuatro á 
cinco pies de largo, vellosos, huecos, endebles, ra- 
mosos y vestidos de hojas recortadas en alas, que 
echa flores amarillas, en racimos sencillos y que 
producen tomates; esa planta, decimos, se llama 
en castellano tomatera, y no tomatal, como usan 
por acá, obedeciendo á la viciosa propensión de 
dar á los nombres de árboles la terminación rt/, 
que conviene á los plantíos ó lugares sembrados 
de ciertos árboles, pero no á ellos. Así llamamos 
cafetal al cafeto, naranjal al naranjo, jocotal al jo- 
cotero, cocal al cocotero, cipresal al ciprés, duraznal 
al durazno, mangal al mangar, anonal al añono 6 
chirimoyo, papayal al papayo, zapotal al zapote, 
granadal al granado, ceresal al cereso, guayabal al 

guayabo. 

Tonada. 

Y tonaditas y tonadillas son palabras muy casti- 
zas, á pesar de que nuestro literato don José Mi- 



528 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Ha, las tomó por provinciales en su precioso artí- 
culo de costumbres ''Los Lanas;" (página 91, to- 
mo II, de los Cuadros de Costumbres.) 

Topar. 

Craso error es, dice Cuervo, — censurar el em- 
pleo de topar por encontrar, si bien es cierto que 
hoy ha decaído algo de su antigua dignidad, y no 
goza de mucho favor entre la gente culta. 

Topear. 
Por cornear ó dar topes, lo usamos en Guatema- 
la y también se usa en toda la América hispana; 
pero no es castizo. 

Topetear. 

En español hay topar y topetar] pero no topetear, 
como dicen por estas regiones. 

Torcido. 

''¡Cuántas malas pasadas suele jugarnos la trai- 
dora Fortuna, para las cuales, después del más es- 
crupuloso examen de conciencia, no encontramos 
haber dado causa! ¡Qué de sinsabores y perjui- 
cios nos proporcionan los prógimos, sin que haya- 
mos dado el menor motivo para ellos! Los hom- 
bres que así se ven expuestos á esos reveses, se 
llaman en castellano desdichados, y nosotros los 
guatemaltecos, que nos hemos propuesto enrique- 
cer el idioma con palabras nuevas, ó dando una 
nueva acepción á las ya conocidas, los llamamos 
torcidos; adjetivo al cual ningún Diccionario, que 
yo sepa, presta esa significación. Llamamos dere- 
cho al dichoso, sin licencia de la Academia; y por 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 529 

contraposición decimos torcido al desdichado. 
"Cuando un hombre está torcido, por persignarse 
se araña," se dice aquí comunmente, con cuyo re- 
frán se da á entender que al desgraciado suelen 
salirle mal hasta las obras buenas. En nuestra 
decidida afición al neologismo, hemos ido aún 
más adelante, inventando el sustantivo tuerce, pa- 
ra significar la mala fortuna, desgracia, desventu- 
ra." (Salomé S'ú.^El Torcido.) 

Torería. 
Se toma por diablura, travesuras increíbles, des- 
calabros ó desaguisados. Este es un provincialis- 
mo que no sólo se usa en Guatemala, sino en Cu- 
ba y otros lugares en donde se habla español. 
Bien puede haber sido esa palabra castellana en 
el siglo XVI. 

Torreja. 

En español no hay ''torreja," sino torrija. 

Tortilla. 
Por antonomasia llaman por acá tortillas á unas 
tortas pequeñas, muy delgadas, hechas de masa 
de maíz cocido, con un poco de cal y sal. La torti- 
lla es la base de la alimentación de la gente pobre. 
El refrán español: ''Con tigo pan y cebolla," de- 
bería ser en Guatemala: ''Con vos tortilla y fri- 
jol." 

Tortillera. 

La vendedora de tortillas, se llama entre nos- 
otros ¿or¿27/6m, oficio que hacen generalmente las 
indígenas. Tortilleria es el lugar donde se verifi- 
ca la venta de las tortillas. 



530 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Toser. 

Algunos conjugan el verbo toser de este modo, 
yo tueso, tú tueses. Este verbo conserva la o del 
infinitivo en todas las personas y tiempos, como 
los verbos coser y córner. 

Totoreco. 
Esta voz onomatópica es, según creemos, pecu- 
liar de nuestro país, y significa tembloso,, desma- 
ñado para hacer las cosas, lelo, poco hábil, zopo. 

''Bien saben que ni con chinos 
Ni con totorecos tratan, 
A quienes los buhoneros 
Alucinan y atarantan y 

* (Rivera Maestre.) 

Totopón. 

Hay muchas palabras guatemaltecas para desig- 
nar al zopo, zompo ó desmañado. Totopón es una 
de ellas. 

Totopoxte. 

Palabra indígena, en la cual se pronuncia la x 
como ch francesa. Significa una tortilla de maíz, 
dura y que se conserva bien durante muchos días 
para que la puedan comer los indios que son los 
que la usan, haciendo para ellos las veces de la 
galleta. El totopoxte sirve por acá para abastecer 
los ejércitos. 

Tragos y rempujones. 

Dicen por acá que una cosa se hace á tragos y 
rempujones, debiendo ser á trancos y empellones. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 531 

Traducí. 
No es muy raro oír traducí, por traduje, siendo 
-este último el correcto, una vez que es irregular el 
verbo. 

Traicionero. 

El señor Cuervo incluye esta voz entre las mu- 
chas que, habiendo caído en desuetud en España, 
son muy usadas en América; y parece aconsejar 
que la remplacemos por traidor. Creemos que 
sería lástima, porque no siendo idéntica la signi- 
ficación de ambas, con suprimir una empobrece- 
ríamos la lengua. • En efecto, traidor es el que co- 
mete traición en un caso dado; v. g. ''López pa- 
sará á la historia como un traidor (no traicionero) 
por haber entregado á Maximiliano." 

''El gato es muy traicionero ;'\es decir, que ataca 
al desprevenido, que asecha oculto. 

El Diccionario de la Academia reconoce ambas 
voces, aunque sin determinar diferencia en su sig- 
nificado; pero con propiedad, traidores el que trai- 
ciona, y traicionero el que ataca alevosamente. 

Tramitar. 
Esta palabra tan en voga entre leguleyos, n.. 
está admitida por el Diccionario de la lengua. En 
vez de decir: "Se está tramitando un expediente," 
úsese: ''se esVd instruyendo un expediente; por- 
que la tramitación es la pi'ogresiva instrucción de 
un proceso, en materia criminal, ó de un expe- 
diente, en lo civil, económico ó administrativo. 

Trapear. 
Por denostar ó regañar á alguien, se dice aquí y 



532 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

en otras repúblicas hispano-americanas, trapear-, 
dar una buena trapeada. En español se usa ''po- 
ner á uno como un trapo;" ''sacar los trapos á re- 
lucir." — De allí debe de derivarse ese verbo tra- 
pear^ que no es un provincialismo probablemente, 
sino más bien una de aquellas palabras que usa- 
ban los conquistadores cuando vinieron al Nuevo 
Mundo. Ellos trapearon bien á los indios, y des- 
pués se daban buenas trapeadas los criollos con los 
peninsulares Lució el sol de la independen- 
cia, y no han faltado caciques que hayan trapeado 
á todo bicho viviente Aquí, más que en nin- 
guna parte, cabe la célebre exclamación de Eneas: 
^^Sunt lacrymce rerum^ 

Tranca. 

Es provincialismo de la Argentina, de Chile y 
de México (de donde nosotros lo hemos tomado) 
por borrachera. Cuando alguien está temulento, 
decimos que tiene una buena tranca. 

Tranquijón. 

Muy comunmente dan ese nombre en Guatema- 
la á cualquier estropiezo ó guijaro que hace que 
un camino esté disparejo ó lleno de sinuosidades. 

Transación. 

Dígase transacción. 

Transar. 

Es achaque de la América española que muchos 
digan y escriban transar, en lugar de transigir, que 
es el verbo castellano, mientras que el primero 
no existe en los repertorios de la lengua. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 533 

Tranvía. 
Muchos dicen la tranvía; pero siendo masculi- 
no el vocablo, debe ser el tranvía. 

Trasnocharse. 
''Con enfermar, regresar, trasnochar, no deben 
juntarse los pronombres me, te, se, nos os; de suer- 
te que no se dice ''el niño se enfermó; mañana me 
regreso," sino "el niño enfermó; mañana regreso." 
Esta es también la construcción usual de trasno- 
char. (Rufino J. Cuervo. — El Lenguaje Bogotano.) 

Trastes. 
Dígase trastos. 

Trastear. 

Con este nuestro verbo queremos decir que se 
están pasando los trastes de un lado á otro; que se 
está arreglando una pieza ó cuarto. 

Trastrabillar. 
Muchas de las voces que nos parecen, á prime- 
ra vista, provinciales ú originarias de nuestros 
países, tienen su legítimo abolengo en la penín- 
sula ibérica. Allá en las montañas de Asturias, 
se dijo en tiempos remotos, y se ha conservado 
por los descendientes de don Fe]aiyo'Hrastabellar.'' 
De este bocablo hable han sacado los colombianos, 
chilenos y peruanos trastabillar, (sin la segunda 
r) y nosotros, decimos trastrabillar, que en caste- 
llano vale por tartalear, titubear, tropezar, hacer 

^eses. 

Hace más de dos siglos que el poeta astúr (ton- 
zález Reguera, hablando del rey, dice: 



534 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

''Sólo pronunciar su nombre 
En casa, en campo, en corral, 
Al home más entendidu 
Y fará trastahellar ^ 

Y no se crea que al decir nosotros trastrabillar^ 
seamos los culpables de haber corrompido el voca- 
blo asturiano, que ya Juan de Castellanos decía 
lo mismo trastrabillar. (Biblia de Rivad. tomo 
IV, página 400,) que era la palabra usada por los 
aventureros que acompañaron á don Pedro de Al- 
varado en la conquista de estos países. 

Tren. 

Lo usamos impropiamente por tráfago, movi- 
miento, trajín, cuando decimos, v. g.: "Ya no 
puedo sufrir á Juan; es mucho el treii en que me 

tiene." 

Trincar. 

Significa partir ó desmenuzar en trozos; asegu- 
rar los cabos, ó alguna otra cosa, en la maniobra 
del buque; familiarmente se toma por beber vino 
ó algún otro licor. 

Nosotros no le damos ninguna de esas acepcio- 
nes que son las castizas: dicen por acá que algu- 
no se trinca á dormir, cuando duerme como un li- 
rón; que un corsé está muy trincado, por apreta- 
do, etc. 

Trompada. 

Salva trae trompada (puñada) y trompear (abo- 
fetear) como provincialismo mexicano; pero se 
usan en toda la América española. 

"Su reputación abarcaba todos los terrenos; lo- 
mismo se reía de una vieja, como enamoraba á 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 535 

una joven, y lo mismo se batía con un hombre 
formal, como se trompeaba con un joven de su 
edad." {El Fígaro, de Buenos Aires.) 

"¡Sí! — exclamó el idiota sonriéndose, y murmu- 
ró: — ¡Qué cariñoso ha vuelto! Ya no me dará de 
trompadas! (Aréstegui. —El P. Horán, Escenas 
de la vida del Cuzco.) 

''El aumentativo de trompo, no es, como se ima- 
ginan muchos de nuestros paisanos bofetada, pu- 
ñada, bofetón. (Zorobabel Rodríguez, chileno.) 

Trompón. 

Dar un trompón, es dar un puñetazo. 

Trotear. 
Es viciosa la tendencia de agregar una e á mu- 
chos de los verbos terminados en ar, como trotear, 
apalabrear, chapurrear, manipulear, tasajear, tope- 
tear, zulaquear, en vez de trotar, apalabrar, chapu- 
rrar, manipular, atasajar, topetar y zulacar. 

Troja. 

Es, según Cuervo, la forma primitiva del clási- 
co troj ó troje. 

Tuero. 

En español dicen jugar al escondite, cuando nos- 
otros decimos jugar tuero. 

Tuerce. 
Neoloo-ismo muy usado en Guatemala, por des- 
gracia, mala ventura. 

Tul. 
Es el nombre provincial de una planta palustre. 



536 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

A unas^esteras, ó petates, hechos de esa planta, llá- 
manle petates tules. 

En la bellísima composición de don Juan Dié- 
guez ''La Garza/' figura esta estrofa: 

''¿O en dolorosa soledad, el duelo, 
Haces talvez de tu perdido amante, 
O de la tierna prole, que en el nido 
Labrado entre los tules ya no hallaste?" 

En Guatemala hay diversos tules ó sean técni- 
camente cyperus. 

Tuluncona. 

A la mujer pesada y jamona, dícenle por acá 
tuluncona. 

Tun. 

Los indios quichés llaman tun á una especie de 
tambor de madera hueca. En tiempos de Quikab 
se atribuía al tun sagrado un gran poder, como 
puede verse en "La Leyenda de los Volcanes," en 
la cual figura como el Encantador 6 príncipe de 
los Nahuales aquel guerrero que se convertía en 
león y en tigre. Refiere la tradición que cuando 
conquistaba las tierras cercanas a las costas del 
Pacífico, una enorme montaña, como extensísimo 
muro, se oponía al paso de sus ejércitos, y Quikab 
con un sólo golpe de su hechicera espada partió la 
montaña, como cuando el rayo hace trizas la roca 
más dura: los pedazos de aquella colosal muralla, 
quedaron como pirámides que exhiben el poderío 
de Quikab. En una de de esas pirámides ó vol- 
canes encerró el tun sa2;rado, por lo cual se llama 
Kozintún. Desde Rabinal se ven las misteriosas 
llamas que indican su presencia. Había un baile 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 537 

^ntre los indios de este pueblo, que se llama del 
Tmiy baile prolijamente descrito por el abate Bras- 
seur de Bourbourg, y que puede considerarse co- 
mo una especie de representación cómica. 

Tuna. 

*' Tuna — (cactus opuntia.) — Fruta americana, 

desde México hasta el Perú por lo menos; 

aunque igualmente recuerdo haberla visto como 
planta silvestre en las costas de la Isla de Sicilia, 
en donde se la designa con el nombre europeo de 
higo de indias. (En España higo chumbo.) He- 
rrera en su monumental obra sobre las Indias de 
Occidente, dice que la palabra viene de la Isla de 
Cuba. Oviedo, en el sumario de la historia natu- 
ral de estas regiones, la describe así mismo bajo 
esta palabra. El nombre de nopal, mucho más 
elegante y que algunos podrán creer castizo, es 
simplemente una voz mexicana. Un escritor in- 
glés, creo que Hartwig, en su Tropical World, com- 
para la tuna al hombre áspero y de buen fondo, 
porque la exquisita y jugosa pulpa sólo se disfru- 
ta después de haber vencido la aspereza y terri- 
bles espinillas, invisibles, propias de la mata y del 
hollejo de la fruta. La planta se denomina penca, 
V los historiadores primitivos de Indias la llaman 
lardo, por analogía; agregando Gomara. *'y pues 
en España los hay, no hay que decir." 

Ayacucho, en el Perú, es tan abundante en tu- 
nas, como lo es Amatitlán, en Guatemala. 

''La tima, 'd quien tranquilas posesiones 
No bastan en los campos dilatados, 



538 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

E invade las ruidosas poblaciones 
Para arraigarse en torres y tejados." 

(Felipe Pardo.) 

Ciega deidad que sin clemencia alguna 
De espinas al nacer me circuíste, 
Cual fuente clara cuya margen viste 
Maguey silvestre y punzadora tuna. 

(Plácido.) 

Hemos tomado el anterior artículo del "Diccio- 
nario de Peruanismos," tanto por el interés que 
ofrece, como porque la fruta que describe es ame- 
ricana; pero advertimos que el nombre de tuna 
no es un nombre provincial, sino que se encuentra 
autorizado en el Diccionario de la Academia, si 
bien en España llaman á la tuna , liigo chumbo, 

''Correr la tuna;" "Andar en tuna," son frases 
castizas que quieren decir andar vagando en vida 
holgazana, libre y vagabunda. Pero no debe de- 
cirse tunantería, sino tunantada. 

Túnico. 

Todas las damas dicen por acá (y en otras par- 
tes) el túnico, por la túnica ó saya. No hay túnico 
en castellano. 

Turumba. 

Turumbón existe en castellano y equivale á to- 
londrón, chichón; pero no turumba, que hemos oído 
en frases como ésta: "Tanto le habló, que le vol- 
vió una turumba;'^ es decir que le dejó atontado, 
que le enredó, que le confundió. 

Hasta ahí ibamós escribiendo, cuando hallamos 
que el equivalente castizo de turumba es tarumba. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 539 

Turrada. 

Llamamos así á una rodaja de pan tostada con 
manteca y ajo. Turrada, viene de turrar, que es 
tostar ó asar en las brasas. 

Tusa. 

El Diccionario (contra la lengua) de una socie- 
dad de literatos, dice que tusa es americanismo 
que significa la mazorca del maíz sin el grano;*' 
pero ese es un error de marca: tusa es la hoja que 
envuelve la mazorca, el doblador. Un cigarrillo 
de tusa, es el que va hecho con doblador en vez de 
papel. A la mujer despreciable, de baja ralea, 
con resabios de coqueta, le decimos, como en Cu- 
ba, tusa. 

El Diccionario de la Academia registra tusa 

por pajilla. 

Tusar. 

Es anticuado en España, aunque muy usado en 
algunos lugares de América, por atusar. 

Tuntún. 
Entre las indias llaman así al peinado que se 
hacen, levantando mucho el cabello con cordones 
de hilo ó seda. 

U. 

Ugenio. 
Es vulgarismo común en España y en América 
el decir Ugenio y Ustaquio, por Eugenio y Eusta- 
quio. 

Umbral. 

Muchos lo confunden con dintel^ diciendo, por 



540 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

ejemplo: '^Cuando pises los dinteles de la escue- 
la," etc.; lo cual es un adefesio, porque dintel es 
*4a parte superior de las puertas y de las ventanas 
que carga sobre las jambas," mientras que el um- 
bral es ''la parte inferior ó escalón por lo común 
de piedra y contrapuesto al dintel, en la puerta 
•ó entrada de cualquier casa." 

Uno. 

Cuando uno aluíle á la persona que habla, y és- 
ta es mujer, debe usar la terminación femenina, 
una, por ejemplo: 

''Muy tonta sería una en casarse con un tende- 
ro, pudiendo casarse lo menos con un ministro y 
tener Excelencia." (Trueba. — La Buenaventura, 

III.) 

Advertiremos, sin embargo, que en esta materia 
difícil de las concordancias, aún no se han fijado, 
como dice don Antonio José de Irisarri, reglas 
uniformes en el uso. Santa Teresa de Jesús decía 
generalmente uno refiriéndose á ella misma, y 
otro tanto han hecho varios escritores clásicos alu- 
diendo á una mujer. 

Un poquito de. 

Somos tan dados á los diminutivos qae los em- 
pleamos hasta en los adverbios, como cuando de- 
bimos "un ^poquito de," en vez de un poco de; "Pe- 
dro anda sólito, sólito,'' por Pedro anda sólo. 

Un porción. 
Así dicen muchos, en vez de una porción. 



í 



PROVINCIALISMOS DÉ GUATEMALA 541 

Un sartén. 

Nadie dice, entre nosotros, como debiera, la sar- 
tén, una sartén. 

Uña de león. 
Llaman ''uña de león ó de gato" al Pithecolobium 
unguis cali, que es tenido por febrífugo bastante 
poderoso. 

Usebio. 
El vulgo pronuncia así el nombre de Eusebio. 

Ustedes. 

El plural de tú es vosotros; pero en la América 
española los padres llamas á sus hijos y los amos 
á sus criados (tuteándolos) ustedes; los amigos de 
mayor confianza, que en singular se dicen tú^ en 
plural usan siempre ustedes. En España natural- 
mente es vosotros el plural. 

Ustaquio. 
Dígase Eustaquio. 

Usté. 
"Ha sido genial de algunos dialectos — dice el 
insigne Cuervo — el oscurecimiento ó la total su- 
presión de ciertas letras. El castellano, por ejem- 
plo, descartó muchas voces en su formación la d 
latina, como en creer, oir, feo, credere, audire, foe- 
dum. Todavía conservamos esta aversión á la (/, 
y de ahí es que entre el vulgo y en la conversación 
familiar se omite en la terminación ado, y al fin 
de los nombres en dad, tad y otros: soledá, amista, 
mercé: lo cual sucede casi donde quiera que se ha- 
ble nuestra lengua. Hoy nadie escrupuliza decir 



542 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

usté por usted, si se sacan ciertas personas non 
sanctas que llaman Estanislado, Venceslado, á quien 
no pasa de Estanislao, Venceslao. Aquí pregunta- 
rá alguien : ¿si á alguna hija mía quiero acomodarle 
uno de estos dos nombres, no le pondré Estanisla- 
da, Venceslada, como ya hay varias? — No, señor, 
contestaremos, porque a sus hijos no debe uno po- 
nerles nombres disparatados y ridículos: buena 
cosecha de nombres sonoros y elegantes hay en el 
almanaque y en el Año cristiano, para que sea ne- 
cesario echarse á pescar sandeces por otra parte. 
Esto es lo mismo que la manía tan común de im- 
poner á un pobre muchacho la responsabilidad 
de llevar un nombre como Napoleón, Salomón, que 
siempre le achicará y consumirá por más hombre 
que llegue á ser. Dejémonos de cuentos: un Bar- 
tolo que haga lo que Ricaurte ó Leverrier, ilustra- 
rá y glorificará su prosaico nombre, y un Camue- 
so no dejará de serlo, aunque lo hayan bautizado 
con el de los nueve de la fama, y el de los doce 
pares de Francia por añadidura.'' Hasta aquí 
Cuervo, con quien no estamos de acuerdo en cuan- 
to á que hoy nadie escrupuliza decir tiste, por us- 
ted. Apoyándonos en la anterioridad de Bello, cre- 
emos que ''es necesario hacer sentir la d final de 
las palabras que la tienen como usted, virtud, va- 
nidad, que algunos castellanos pronuncian ustez, 
virtuz, vanidazJ^ (Obras completas de don Andrés 
Bello; volumen V, página 468.) 

Ustoquia. 

Es otro de los nombres propios que se adulte- 
ran por el vulgo,, y por muchos que no lo son, y 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 543 

que también dicen Grabiel, por Gabriel ; Herculea- 
110, por Herculano; Heleodoro, por Heliodoro; Ga- 
vino, por Gabino; Eduvíges, por Heduvígis; Ali- 
fonso, por Ildefonso; Cleotilde, por Clotilde; Sa- 
turdino, por Saturnino y Ustoquia por Eustoquia 
•ó Ustorgio, por Eustorgio. 

Utopía. 
La Academia autoriza utopia y utojnu, con el 
:aeento prosódico indiferentemente en la o ó en 
la í. 

V. 

Vagamundo. 
Es una de tantas palabras anticuadas que nos- 
otros conservamos en uso: hoy es vagabundo. En 
^1 retrato que hace Quevedo del Pedagogo ava- 
riento, dice "que los dientes le faltaban no sé 
cuantos, y pienso que por holgazanes y vagamun- 
dos, se los habían desterrado." 

Vaciar. 

Se yerra frecuentemente en la conjugación de 

muchos verbos terminados en iar, como vaciar, 

■cambiar, mudando la i en e, v. g., yo camhéo, tú r«- 

x^éas. La i debe conservarse siempre yo cambio, yo 

vacio. 

Vago roso. 

En buen español es vagaroso, que no vagoroso, 
<íomo dicen muchos poetas ramplones. 

Váguido. 

En los buenos tiempos de Cervantes se escribía 



544 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

y pronunciaba váguido, como acostumbran decir 
hasta hoy por Cuba, Colombia, Guatemala y Méxi- 
co; pero ha cambiado la escritura y la acentuación 
de esa palabra en vahído, 

Valientísimo. 

Es valentísimo, de valens. . 

Valorizar. 

Es un neologismo usado en varias repúblicas 
hispano-americanas, y equivale á valorar, valuar, 
tasar ó justipreciar. 

Valse. 

Según Gormaz debe decirse vals, como lo pres- 
cribe la Academia. 

Sin embargo el insigne Bello, en Las Fantasmas,. 
escribió: 

''Sola en la festiva tropa 
Va, viene, revuelve, jira; 
Valse! cuadrilla! galopa! 
No descansa, no respira." 

Vamonos. 

Debe pronunciarse vamonos. 

Varbasco. 
En español es verbasco ó gordolobo; sin embar- 
go hemos visto bandos de buen gobierno y aun 
leyes (de malos gobiernos) en las cuales se halla 
varbasco; en latín verbascuríi. 

Varejón. Varejonazo. 

Llamamos varejones alas varillas de los árboles,, 
(en español verguetas) y varejonazos los golpes da- 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 545 

dos con ellos. Tal modo de expresarse es impro- 
pio: las varitas ó ramos delgados se llaman en cas- 
tellano vardascas, y los golpes dados con ellas var- 
dascazos. 

Varejón es la vara larga y gruesa, y varejonazo 
el golpe que se da con ella. 

Velorio. 

Como sinónimo de velación, es provincialismo 
americano. ''También se usa entre el pueblo igno- 
rante — según el notable escritor chileno — para de- 
notar la acción de poner luces, flores y otros ador- 
nos á los cadáveres de los párbulos, costumbre que 
si por una parte da testimonio de la fe viva que 
los anima, por otra es pretexto y ocasión de hol- 
gorios y borracheras, que son un signo de barba- 
rie." 

Nuestro escritor de costumbres dice: ''Por acá 
jugamos hasta con los muertos. Díganlo, si no, 
algunos epitafios que serían capaces de hacer reir 
á los que los tienen encima, si los vieran; y dígan- 
lo los velorios con que la gente pobre celebra la 
muerte de sus deudos. A propósito de (^sto. ya 
que me ciento hoy en vena de filosofar, diré que 
apenas hay entre las costumbres de nuestro pue- 
blo otra que me horripile más (pie esa de beber, 
reir, cantar, bailar, etc., en presencia de un cadá- 
ver, aun cuando éste sea el do un niño. Kse des- 
pojo frío de la muerte presidiendo á las bacanales 
de los vivos, tiene algo de espantosamente román- 
tico; digno de ser descrito por la phuna de un IW- 
ron. ¿Qué especie de sentimiento es el (|ue reve- 
la esa asociación extraña de dos ideas tan contra- 



546 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

dietorias? ¿Se pretende ahogar la pesadumbre 
entre la excitación de la orgía? ¿Es indolencia? 
¿Es el vicio con sus peores instintos que busca 
pretextos para darse rienda y los encuentra acaso 
en aquello mismo que debiera servirle de podero- 
so correctivo? Todo eso puede ser; y sin embar- 
go, si va á preguntarse á muchas gentes lo que 
significa esta extraña práctica, contestarán con una 
palabra muy cómoda, por cierto, pero que nada 
explica: la costumbre.'' (Salomé Jil. — Un Duelo.) 
Desde el Río de la Plata hasta México, llaman ve- 
lorio á esas reuniones nocturnas de jarana y bo- 
rrachera, en las (]ue la gente baja, toma pretexto 
de la muerte de uno de sus deudos para entregar- 
se á desórdenes, que terminan con cuchilladas ó 
por lo menos con arañazos, gritos y lamentos. En 
sentido burlesco, dicen que parecía velorio una reu- 
nión desanimada, ó á la cual concurrió poca gente. 

Venceslado. 
üígase Venceslao. 

Vendrás. 
''Vos vendrés" lo usa el vulgo, por tú vendrás 6 
vosotros vendréis. 

Venduta. 

Esta voz viene de las Antillas y vale por almo- 
neda, 

Vení. 

Viciosa corrupción de ven ó de venid. 

Venimos. 

Es vinimos. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 547 

Ver á ver. 

No es incorrecta, dice Cuervo, pero peca de fal- 
ta de elegancia, esa repetición del mismo verbo 
significando ver con mucho cuidado, aplicar la vis- 
ta con detenimiento. 

''Estaba Sancho Panza colgado d'e sus palabras 
sin hablar ninguna, y de cuando en cuando volvía 
la cabeza á ver si veia los gigantes que su anjo 
nombraba. (Quijote; parte primera, capítulo 
XVIII.) 

Verdín. 

Es un precioso pajarillo de color verde, (|ue se 
encuentra en la Verapaz, técnicamente llamado 
Chlorophonia occipitalis. (Du Bus.) 

Veros. 
Corrupción de veréis. 

Verdioso. 
En buen español es verdoso ó verdusco, y no ver- 
dioso, como por acá dicen muchos. 

Verija. 
Es vulgarismo emplear 'í;er/;/a por ?>rfa 6 ijar. 

Vertir. 
El verbo es verter, lo mismo que ceruer, \ -.' 
conjuga: vertemos, vertéis, vertió, vertiendo, etc. 

Vida. 
'Tor vida suya," es frase dr ileprecación muy 
usada por nuestro pueblo. 



548 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Viejita. 
Tan usado como incorrecto es ese diminutivo. 
Lo castizo es viejecita. 

El poeta colombiano Rafael Pombo, entre los 
preciosos cuentos que escribió para niños, tiene 
uno lleno de admirable ternura y sencillez, que 
comienza: 

''Erase una viejecita 
Sin nadita que comer, etc." 

Virgüeliento. 

La gente zafia cambia las palabras castizas: ''vi- 
ruela, virueliento, hueco, huero, huerto, hueso, 
huésped, huevo, alcahuete," en virgüela^ virgüe- 
liento y güeco, güero ^ güerto, güeso, güesped^ güevo, al- 
cagúete, etc. 

Vista. 

Tanto el Diccionario como la práctica corriente 
en España, autorizan el uso de vÍ8ta por op8^ y así 
no sería extraño oír en Madrid alabar la buena 
vista (buenos ojos) de alguna miope. 

Vos. 

¡Al fin llegamos al vos, que es como si dijéra- 
mos la fuente de nuestra usual jerigonza; de ese 
modo de hablar tan incorrecto como bajo! 

Lamentándose don Andrés Bello de la manera 
de usar el vos, que también convierte en Chile la 
lengua cas4:ellana en insoportable menjurge, dice: 
"El vos de que se hace tanto uso en el diálogo fa- 
miliar, es una vulgaridad que debe evitarse y el 
construirlo con el singular de los verbos una co- 
rrupción insoportable. Las formas del verbo que 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 549 

se han de construir con vos, son precisamente las 
mismas que se construyen con vosotros. Pero aho- 
ra no se usa este vos sino cuando se habla á Dios 
ó á los santos, ó en composiciones dramáticas, ó 
en ciertas piezas oficiales, donde lo pide la ley ó 
la costumbre." (Gramática, párrafo 113, página 
82. Edición oficial, año 1883.) 

"No debe usarse en la conversación el pronom- 
bre vos; porque si se habla con una sola persona, 
se debe decir usted 6 tú, según el grado de familia- 
ridad que tengamos con ella, y si con muchas per- 
sonas, ustedes ó vosotros. Sólo es permitido usar 
el pronombre vos en el estilo oratorio 6 poético. 
Pero no solamente se peca contra el buen uso 
usando á vos en lugar de tú, sino (lo que es toda- 
vía más repugnante y vulgar) concertándole con 
la- segunda persona de singular de los verbos. Vos 
se ha de considerar siempre como plural, sin em- 
bargo de que designemos con él una sola persona. 
Por consiguiente, es un barbarismo grosero decir, 
como dicen muchos, vos eres, en lugar de vos sois, 
ó tú eres. Por igual razón, una vez que designamos 
á la segunda persona con vos, ya no podemos en 
el caso directo, designarla con ¿f¿, sino siempre con 
vos, 6 con os, ni emplear con relación á ella las se- 
gundas personas de singular de los verbos ó rl 
posesivo tuyo, sino las segundas [jereonas de plu- 
ral y el posesivo vuestro. Por lo cual sería muy 
mal dicho lo que sigue: "A vos Dios mío, dirijo 
mis oraciones; yo invoco tu misericordia: dígnate 
escucharme, pues en ti sólo confío.' < > debe en 
la primera frase decirse á tí, en lugar de á vos; ó 
debe en las otras decirse Ví(sstra misericordia, dig- 



550 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

naos y en vos sólo. Sin embargo, no sólo á gentes 
de poca instrucción, sino á predicadores de algu- 
na literatura, hemos oído quebrantar á menudo 
esta regla." (Bello. — Opúsculos gramaticales] tomo 
V de las Obras completas, página 470.) 

Es preciso hacer observar que el uso del vos, co- 
mo lo hemos censurado, no es vicio que se haya 
introducido en América por los criollos. Desde 
México hasta las pampas argentinas se habló fa- 
miliarmente de vos en tiempo de los conquistado- 
res, y de ellos quedó por estas tierras el vos sos, 
vos querés, levántate, sentate, acostate, etc., etc. 

Muchos de los que parecen vicios peculiares de 
estas regiones, no son más que arcaísmos en f]s- 
paña, y por acá voces, giros ó idiotismos que vi- 
ven aún, como legado de los soldados, frailes, li- 
cenciados y demás gente hispana que vino al Nue- 
vo Mundo, á raiz de su descubrimiento. 

Vivo. 

Ser vivo, ser muy vivo, decimos nosotros cuando 
en España dicen ser muy listo. 

Vivar. 

No decimos vitorear. ''La palabra ¡viva! según 
Paz Soldán, no puede tener en España el uso que 
por acá, y por eso no ha originado verbo como en- 
tre nosotros; ni hay por allá más Vivar que don 
Rodrigo de Vivar. Aquí ¡viva! es de un signifi- 
cado estupendo; es ¡el grito de los pueblos! á 

cuyo son se han desbaratado gobiernos como si 
fueran de baraja." 



PROVINCIALISMOS DE GUATEAMAL 551 

Vido. 

Antiguamente se dijo yo vide, el vido, como oí- 
mos todavía muy amenudo entre nuestro vulgo: 
es yo vi, tú viste. 

Volcar. 

Los carruajes no se volcan, como muchos dicen, 
sino que se vuelcan. 

Vocerío. 
Es en buen español la vocería. 

Volada. 
Es frecuente oír en boca de personas que debie- 
ran hablar mejor, volada por mentira ó bola, como 
se dice en castellano. 

Volido. 

Volido por volar no se encuentra en los diccio- 
narios. Cuando Vicuña Macicen na, en la "Carta 
del Guadalarce," escribió: ''No se oye sin embar- 
go en las galerías el volido do una mosca," debió 
haber dicho el volar. 

Volví en sí. 
Una lindísima señorita nos contaba de un vér- 
tigo que había sufrido, y era de escuchar como 
decía á cada momento: ya cuando volví en *í, en 

vez de cuando volví en mi. 

Voltlar. 
No sólo pronuncian muchos voltiar, en vez de 
voltear, sino que usan esto verbo on estrambóticas 
frases, que convierten la lengua castellana en una 



552 VrCIOS DKL LENGUAJE Y 

monserga, como cuando dicen voltear la espalda, 
voltear las hojas de un libro, en vez de volver. 

Vuelto. 

Lo que por acá llamamos el vuelto de la mone- 
da, es en castellano el cambio. 



Y. 

Dice el señor Bello, en su Ortografía: "Es un vi- 
cio confundir estos dos sonidos (e\ de la // y el de 
la y) como lo suelen hacer los americanos y anda- 
luces, pronunciando verbigracia: Seviya; de que 
resulta que se empobece la lengua y desaparece la 
diferencia de ciertos vocablos como vaya y valla, 
haya y halla, etc." 

'^Muchos quisieran sustituir la y griega por i 
latina cuando hace de conjunción, reforma que 
no la reputa don Antonio J. de Irisarri de las más 
importantes, pues apareciendo sola (la y) y te- 
niendo el mismo nombre que la otra, no resulta 
ningún inconveniente de que haga el oficio que 
siempre ha hecho en la escritura." {Cuestiones Fi- 
lológicas; página 16, tomo I.) 

Yagual. 
Siendo tan común que los indios lleven sobre la 
cabeza los cestos y otras cosas pesadas, acostum- 
bran usar el yagual, que es un pañuelo ó trapo enro- 
llado, como una corona pequeña, para que descan- 
sando sobre él el objeto pesado que se carga, no 
lastime la cabeza. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 553 

Yerbamala. 
La palabra yerbabuena existe en castellano; pero 
no la yerbamala, que, como lo indica su nombre, 
es venenosa. Mueren los animales que comen se- 
mejante planta. 

*'Fuí á las bibliotecas ¡cubiertas de polvo! Fui 
ii los campos ¡cubríalos la yerba mala! Fui á las 
conciencias ¡cubríalas el vicio! Fui á los cuerpos 
¡yacían entorpecidos por la pereza! ¡Hágame Ud. 
patria con estos elementos! (J. de A. — Diario de 
U7i pensador; 1871.) 

Yo soy el que. 

Pregunta el notable autor de ''El Diccionario 
de Chilenismos" ¿Debe decirse: yo soy el que di- 
go 6 yo soy el que dice: nosotros somos los que asegu- 
ramos ó nosotros somos los que aseguran? Sería cen- 
surable yo soy quien dice ó digo! Y que pensar de 
yo soy que dice 6 digo f 

"Los señores don Andrés Bello, don Francisco 
Merino Ballesteros, en las notas á la Gi-amática 
de aquél, y don Rufino J. Cuervo, en sus Apunta- 
ciones, discuten extensamente el punto; y de sus 
razones, y más aún, de los ejemplos que aducen, 
hemos sacado en limpio que en oraciones como 
yo soy el que digo, puede ponerse el verbo en pri- 
mera ó en tercera persona, según mejor cuadro al 
gusto ó intención del que habla 6 escribe. Otro 
tanto decimos de la frase yo soy qn¡én, equiva- 
lente á la anterior. Creemos sin eml)argo que lo 
más ajustado á la filosofíad^ lenguaje es hacer 
concordar el verbo que üÉÍ^I relativo con el su- 



554 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

jeto de ser, diciendo: "yo soy el que digo, tú eres 
quién dices, etc." 

"A este respecto dice el señor prebendado Saa- 
vedra en su muy filosófica Gramática elemental de 
la lengua española: '^El que y quién son voces re- 
lativas, es decir que reproducen un antecedente. 
Nada más natural que estas palabras revistan el 
carácter de sus antecedentes en la concordancia 
con el verbo; de suerte que se hagan primera ó se- 
gunda persona según el antecedente sea primera ó 
segunda. El idioma latino observaba esta regla: 
ego sum qui pecavi (yo soy quién pequé, traduce 
un libro impreso en Madrid á principios de este 
siglo, y yo soy el que he pecado, traduce el P. Scio.) 
leemos en el libro II de los reyes: 'Hu est qui ex- 
traxisti me de ventre, y no sonaría bien qui extraxit. 
Nuestro qtiién y el que son el qui latino." Cuando 
el sujeto de ser es plural, no hay duda, pues es 
preciso concordar con aquel el verbo que sigue al 
relativo: "nosotros somos los que aseguramos." 

Yuca. Yucal. 

La voz índica es originaria de estas regiones, 
pues tenemos Yucatán (península) y yucayo, pri- 
mitivo dialecto de Cuba. 

Yucal es la plantación de yuca (Jatropha ma- 
nihot.) 

Zacate. Zacatón. 

En Filipinas, en México y en Centro-América 
llaman zacate á la yerba de los prados y jardines, 
y al forraje verde para las bestias. 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 555 

Zacatón es una especie de gramínea que se cul- 
tiva para pastura de animales. 

Zafacoca. 
Este provincialismo significa excitación^ i)reci- 
sión; y en la República A.rgentina, reyerta estre- 
pitosa. 

Záfiro. 

Muchos se empeñan en hacer esdrújula esa pa- 
labra, cargando en la a el acento prosódico, que 
debe llevar sobre la i. 

Bello decía: 

'^Albo seno que palpita 
Con inocentes suspiros, 
Ojos que el júbilo agita 
Azules como zafiros^ 

(FantaemaB.) 

"Emula es de la lumbre del zafiro^ 

("La Zona Tórrida.") 

''Donde la luz se quiebra en más cambiantes. 

Y vividos colores 

Que en ópalos, zafiros y dianumtes." 

(i. Velarde.) 

Zambumbia. 

Así dicen todos, por estos países, en lugar de 
decir ^am6om6a, que es, [según el Diccionario de 
la Academia, el instrumento rústico musical, de 
barro cocido ó de madera, hueco, abierto por un 
extremo y cerrado por el otro con una piel muy 
tirante que tiene en el centro, bien sujeto, un oa- 
rriso á manera de mástil, el cual frotado de arriba 
abajo y de abajo arriba con la mano luuuedeci- 



556 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

da, produce un sonido fuerte, ronco y monó- 
tono. 

Zambombo es en buen español el hombre tosco, 
grosero y rudo de ingenio. 

En la primorosa composición de don José Ve- 
larde al "Nacimiento," se lee esta estrofa: 

"De la casa en lo interior 
Resonaban á la vez 
La zambomba, el almirez. 
La guitarra y el tambor." 

Zancón. 
Llaman por acá vestido zancón al vestido corto. 

Zanahoria. 

Debe pronunciarse zana-hória y no como deci- 
mos por acá zanáhuria. 

Zángano. 

Se dice en buen español y en sentido figurado, 
que es un zángano el hombre vago que se alimen- 
ta del trabajo ajeno; pero, por acá, llamamos zán- 
gano al picaro, al malvado y no al holgazán pro- 
piamente. 

Decimos que alguno ha cometido una zangana- 
da cuando ha hecho alguna picardía; mientras 
que zanganada, en castellano, es el hecho ó dicho 
impertinente ó inoportuno. 

Zajorín. 

Así pronuncian muchos por zahorin, 
"El zajorin guatemalteco es un tipo enteramen- 
te indígena, como el cucuxque y como el lana, á 
los cuales he consagrado algunos estudios; pues ya 



PROVINCIALISMOS BE GUATEMALA 557 

que cuando debí hacerlo, no estudie cosas de más 
proveclio, he venido á parar ahora que peino ca- 
nas, en estudiante de zajorines, lanas y cucuxques. 
La zajorineria rinde muy regular provecho en 
Guatemala, en lo cual hace ventajas (mala es la 
comparación) á la abogacía, á la literatura, al ofi- 
cio de periodista y á otras profesiones igualmente 
honestas." (Salomé Jil.— ^/ Zajorin.) 

Zapatones. 

Sin duda por ser más grandes que los zapatos, 

llaman zapatones á los chanclos, ó zapatos de hule. 

como dicen algunas gentes, que también dan el 

nombre de camisones á las camisas de las mujeres. 

Zaraza á listas. 
Es zaraza listada. 

Zopilote. 

Ese nombre indígena tan feo, (á otro peor, zope) 
es el que dan en México y Centro-América al pa- 
jarraco que los españoles llaman gallinaza, los pe- 
ruanos ^aZ¿ma2:o, los chilenos jote, los bolivianos 
auras, los colombianos chulos, los venezolanos sa- 
7nuros y los norte-americanos turkey huzzard, otros 
le denominan galembo, tropillo ó guaraguo, y los 
ornitólogos Cathartes aura, Linneo. 

Zopilote, dice sin embargo de todo eso el Diccio- 
nario de la Academia, que es el nombre que dan 
en América á la gallinaza; pero los sabios de la 
calle de Valverde usaron aquí de una figura retó- 
rica, tomando una parte por el todo: si hubieran 
dicho en México y en Centro-América (ra^iseat. 



558 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

Pero á fe que no hemos de armar pendencia por 
el nombre de ese asqueroso "asno de la gente ala- 
da," como le llamó Alcedo en su Diccionario de 
América. Garcilaso lo describe así: "Hay otras 
aves grandes negras, que los indios llaman suyun- 
tu, y los españoles gallinaza: son muy tragonas 
de carne, y tan golosas, qui si hallan alguna bes- 
tia muerta en el campo, comen tanto de ella, que 
aunque son muy ligeras, no pueden levantarse al 
vuelo, por el peso de lo que han comido. Enton- 
ces cuando sienten que va gente á ellas, van hu- 
yendo á vuela pié, vomitando la comida por des- 
cargarse para tomar vuelo. No son de comer, ni 
de otro provecho alguno, sino de limpiar las calles 
de las inmundicias que en ellas echan. No son 
de rapiña, y el Padre Acostó tiene para sí que son 
de género de cuervos." 

Don Rafael Goyena, faVjulista notable, oriun- 
do del Ecuador y educado en Guatemala, escribió 
el precioso apólogo: "El Zopilote con Golilla." 
En *'La Galería Poética Centro-Americana" ha- 
llamos "El So})ilote con Golilla" (escrito sopilote 
con S.) (Véase página 33.) 

Por lo que respecta á la etimología de los diver- 
sos nombres del zopilote^ oigamos á don Ignacio 
Armas: "A una ave inmunda, dice, que al aura 
se posa sobre los árboles, á recibir en sus abiertas 
alas los primeros rayos del sol, le llamaron aura 
en las Antillas. En la Nueva Granada, por obser- 
var en ella la costumbre de agruparse en torno de 
las reses muertas, como los chulos de los matade- 
ros, le pusieron chulo; otros gallinaza, nombre cas- 
tellano del estiércol de las aves, en que ésta se 



PROVINCIALISMOS DE GUATEMALA 559 

complace; otros gallinazo, no como aumentativo 
<le gallina, sino tornando en masculino la termi- 
nación del anterior. En México y Centro-Amé- 
rica se llama zopilote, nombre indígena; en Vene- 
ZAiela samuro, por lo mucho (\\xq jamura, ó vomita; 
y en la Margarita guaraguao, voz anticuada por 
cuervo.'' (El Lenguaje Criollo, página 26.) 

(Uientan los historiadores que allá por los años 
de 1521 y 1522 hubo en el reino cackchiquel una 
peste asoladora que no daba tregua para sepultar 
los cadáveres, que fueron pasto muchos de ellos 
de los zopilotes. (Milla. — Historia de la América 
Central; tomo I, página XXIX.) 

Zarrapastroso. 
Dígase zaparrastroso. 

Zarco. 

Es en español de color azul claro y se usa regu- 
larmente hablando de los ojos; pero aquí dieron 
en llamar zarcos á todos los de raza blanca: 

"Ya son hombres que á los zarcos 
En sobriedad aventajan 
Y formar mejor pudiera-n 
Sociedades de templanza." 

(Rivera Maestre. — Epístola á Quatemaln.) 

Zulaquear. 
Debe decirse zulacar y no zulaquear, como dicen 
generalmente entre nosotros. 

Zumbador. 
Es el nombre de un árbol, cuyo tronco es muy 



560 VICIOS DEL LENGUAJE Y 

alto y enhiesto; crece en las costas y tierras cáli- 
das. 

Zorenco. 

Así llamamos al alelado, zote 6 zopo. 

♦ Zorrillo. 

El curioso animal, que en otras partes de Ame- 
rica se llama mapurite, y que está dotado por la 
naturaleza con un poderoso medio de defensa, 
contra los perros y los hombres, en el olor fétido 
que arroja cuando le persiguen; lleva entre nos- 
otros el nombre de zorrillo. Las especies de zorri- 
llo que hay en Guatemala son tres: Mephitis me- 
phiticha (Baird.) — MepJdtis putorius, y Gonepatus 
mapurito (Cones.) Aunque el nombre zorrillo no 
está en el Diccionario último de la Academia, me 
parece castizo. 

Zutes. 

Son unos paños que usan los indios pai'a taj)ar- 
se la cabeza. 



H^FIN-^-