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Full text of "Vida del valiente ciudadano General Ezequiel Zamora"

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DOCTOR L?VILLANUEVA 



VIDA 



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VALIENTE CIUDADANO 



GENERAL 



EZEQUIEL ZAMORA 




CARACAS 
Imprenta Federación 

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THE NEW YORK 

PUBLIC L1BRARY 

11¿.r¿8A 

ASTOR. LENOX AND 

TILDEN FOÜ N DATIONS 

R 1923 L 









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GENERAL IGNACIO ANDRADE 

Presidente Constitucional del Estado Miranda 

CONSIDERANDO : 

Ninguna oportunidad más propicia para enal- 
tecer la memoria de nuestros Eminentes Ciudada- 
nos que la presente, en que el entusiasmo por la 
Idea Liberal se renueva al calor de la Unificación 
del Partido, obra que constituye la mayor gloria 
del Benemérito General Joaquín Crespo, que la ini- 
ció y la ha llevado k efecto para devolver á la causa 
todas las grandes energías con que ha consumado 
en épicas luchas sus hermosas conquistad. 

considerando: 

Que el Valiente Ciudadano General Ezequiel 
Zamora preparó con su admirable estrategia el triun- 
r\ fo de la aspiración de los pueblos; haciendo efec- 

tiva la Federación, que Falcón luego iluminó con 
los esplendores de la magnanimidad. 

CONSIDERANDO : 



1 









Que el Estado Miranda cuenta entre sus hijos 
al invicto héroe de Santa Inés, á cuya gloria se 



IV DOCTOR L. VILLÁNUEVA 

consagran hoy los homenajes del patriotismo y de 
la gratitud. 

decreto : 

1? Por cuenta del Estado se escribirá y edi- 
tará una obra que reseñe la vida, los servicios y 
las glorias del Gran Capitán Ciudadano General 
Ezequiel Zamora. 

2? Esta obra será dedicada al Partido Liberal 
de Venezuela en la persona de su Jefe Benemérito 
General Joaquín Crespo, á quien se le ofrecerá 
el 20 de febrero de 1898; trigésimo séptimo aniver- 
sario de la Federación, por una comisión que se 
designará oportunamente y que la presentará como 
testimonio solemne de la adhesión de los pueblos 
de Miranda al Jefe de la causa. 

3? Por resolución separada se dispondrá la 
persona que ha de escribir esta obra, y todo lo 
concerniente para su impresión. 

Dado en el Palacio de Gobierno del Estado, 
en Villa de Cura á 10 de diciembre de 1896. — 
Año 86? de la Independencia y 38? de la Fede- 
ración. 

IGNACIO ANDRADE. 

Refrendado. 

El Secretario General. 

Vicente A- Betancourt. 

Es copia exacta de su original. 

V. A. Betancourt. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA T 

Poder Ejecutivo del Estado Miranda. — Villa de Cura: 
16 de enero de 1897.— 87? y 39? 

Resuelto : 

Para escribir la obra que reseñe la vida, los 
servicios y las glorias del Valiente Ciudadano Ge- 
neral Ezequiel Zamora, dispuesta en el Decreto 
expedido en 10 de diciembre del año próximo pa- 
sado, se designa al ciudadano Doctor Laureano 
Villanueva. 

Comuniqúese y publíquese. 

ANDRADE. 
El Secretario General. 

Vicente A. Betancourt. 

Es copia exacta de su original. 

V. A. Betancourt. 



El 10 de diciembre del año anterior, glorioso 
aniversario de la gran batalla de Santa Inés, el Ge- 
neral Presidente del Estado expidió un Decreto por 
e! cual se dispone que por cuenta del Estado se 
escriba y edite una obra que reseñe la vida y los 
servicios del Valiente Ciudadano General Ezequiel 
Zamora, y por Resolución separada se confió tan 
importante trabajo á la brillante pluma del ilustra- 
do Doctor Laureano Villanueva. Dicha obra está 
dedicada al Partido Liberal de Venezuela, en la 
persona de su Jefe Benemérito General Joaquín 



VI DOCTOR L. VILLANUEVA 

Crespo, /i quien se ofrecerá el 20 de febrero próxi- 
mo, trigésimo séptimo aniversario de la Federación, 
jior una comisión que se designara al efecto. 

(Memoria del Secretario General del Estado Miranda *euor 
Doctor Vicente A. Betaneourt— 1897). 



l\>der Ejecutivo del Estado Miranda. — Villa de Cu- 
ra: 29 de diciembre de 1897.— 87? y 39?. 

Resuelto : 

De conformidad con el artículo 2? del Decreto 
«de 10 de diciembre del año anterior, se nombra 
|>ura componer la comisión que hade presentar en 
■nombre del Estado, el 20 de febrero entrante, al 
Benemérito General Joaquín Crespo, la obra que 
reseña la vida del ciudadano General Ezequiel 
Zamora, á los ciudadanos Generales Víctor Rodrí- 
guez, Francisco Varguillas y José María González. 

Comuniqúese y publíquese. 

IGNACIO ANDRADE. 

El Secretario General, 

Vicente A. Betjxcourt. 
Es copia exacta de su original. 

V. A. Bktancourt. 



VIDA 



DEL 

VALIENTE CIUDADANO 

GENERAL EZEQUIEL ZAMORA 



CAPITULO I 

I. Al Oeste de nuestro Parque de Abril erigía 
el Gobierno de la República en 1881 la estatua de un 
General, que por su expresión, y el movimiento de 
la espada, debe suponerse que se le quiso representar 
en ademán de desafiar á sus contrarios. 

Es la estatua del General Ezequiel Zamora ; 
militar de nuestras guerras civiles, que ha merecido 
de la gratitud del Partido Liberal de Venezuela 
el renombre de Valiente Ciudadano : cuya vida, no 
muy larga en días, pero llena de acciones heroicas, 
se mantiene aun, siendo ya casi pasados cincuenta 
años, entre nieblas que, puesta ningún escritor su 
pluma al servicio de la justicia, ha intentado hasta 
ahora disipar : tal vez por no haber sido posible re- 
coger materiales á propósito para coordinarlos en un 
libro con exactitud, orden y claridad ; labor que 
requiere tiempo, dinero, perseverancia y serenidad 
de ánimo ; cosas de que no siempre se puede dis- 
poner en nuestra común azarosa vida de movimien- 



2 DOCTOR L. VILLANUEVA 

tos convulsivos, poco adecuada por cierto á este 
genero de estudios. Pues para una obra como ésta 
há menester el historiador, en primer término, gran 
material de la vida privada del héroe, de su carácter 
moral, condición, costumbres y convicciones políticas; 
y de su ingenio para trazar campañas, y rectificar- 
las en su ejecución ; librar combates, y salvar á veces 
<íii fren te del enemigo la suerte de su ejército y de su 
Causa. Y después, debe tener tino para comparar 
las noticias que le suministren los documentos ofi- 
ciales con las de la tradición, por lo regular no 
acordes entre sí, ora p r los cambios que imprimen 
á unas y otras los intereses de partido, ora por 
la ordinaria deficiencia de las relaciones verbales ó 
-escritas ; todo lo cual tiene que obligarle á averiguar 
-escrupulosamente los hechos olvidados, ó no bien 
•conocidos, ó diversamente interpretados; á descubrir- 
los con pruebas; y rectificarlos por los medios á 
su alcance : consideración habida de que la historia 
no se escribe, ó no debe escribirse, para lisonjear ni 
calumniar á los hombres ni á los partidcs, sino 
para eternizar la verdad, respecto de los unos y de 
los otros: sólo que creemos permitido enorgullecer- 
nos, cuando sus fallos, por su equidad y justicia, 
castos y severos, honran la causa pública á que 
pertenecemos, ilustran nuestros mártires, y glorifican 
nuestros caudillos, señalándolos á la posteridad, entre 
los Grandes Hombres de la Patria dotados de genio 
para crear nuevas eras de gloria, de libertad y per- 
feccionamiento. 

Ni hay que igualar el historiador, como en el 
presente caso, al diarista de combate ; porque éste 
se ve obligado á defender su programa con su ra- 
zón, sus pasiones y con cuantas armas sirvan para 



VIDA DEL OENEIiAL ZAMORA 3 

heiir, vencer y aventar á sus opositores, donde quiera 
que se presenten, ó donde quiera que se oculten y 
le resistan. Porque lejos de ser la prensa periódica 
pontificado de pacífica evangelización, ó tribunal de 
impasibles jueces, es por el contrario, campo abierto 
de controversias ardorosas, en que no todos luchan 
por la eterna justicia, sino por la justicia de los parti- 
dos ; ni por la eterna verdad, sino por la verdad 
convencional ; esforzándose unos por el imperio de 
la libertad y la virtud, no menos que otros por la 
dominación de los tiranos. 

Al paso que la historia es la impecable vestal, 
sin odios ni amor, que alumbra las sombras de lo pa- 
sado con la sacra antorcha de la ciencia y del arte, 
para que la humanidad, por escarmiento propio, rec- 
tifique sus métodos de mejora en la vía, por lo co- 
mún dificultosa, de su progreso y civilización. 

En cuanto á lo primero, es decir, al origen de 
nuestras noticia*, es de saberse, para dar á nuestra 
palabra autoridad histórica, que las fuentes que han 
servido de venero para llevar á cabo este libro, y 
que es propio calificar de primitivas, son antes de 
todo Memorias manuscritas é inéditas, códices, car- 
tas, apuntes y relaciones verbales de personas hon- 
radas y conscientes, que fueron actores en los acon- 
tecimientos que vamos á contar; una voluminosa 
colección de expedientes de causas por asonada y 
conspiración de 184G y 1847, guardados en los ar- 
chivos del Registro Público de esta ciudad; oficios 
de los Jefes militares y de sus Estados Mayores, de 
los Miüistros de Guerra y del Interior, de los Go- 
bernadores y Comandantes de Armas de las provin- 
cias ; cartas de los Presidentes Soublette, Monagas 
y Castro, de los Generales Falcón, Solillo, Páez, 



DOCTOR L. VILLANUEVÁ 



Silva, Andrade, Cordero, Ramos, Casas, y muchos par- 
ticulares ; y en resolución, la correspondencia misma 
del General Zamora, escrita en sus diversos campa- 
mentos ; sus proclamas, planes de guerra, y parte* 
oficiales de las marchas y peleas : testimonios todos 
ellos, merecidamente considerados, como preciosos é 
irrefutables, porque satisfacen al escritor cuando 
la crítica, no contenta con tener á la' mano no- 
ticias extraídas de fuentes derivadas, le pide y 
aun le exige que las beba en las originales, úni- 
cas de donde puede surgir en toda su pureza la ver- 
dad de la historia, como brilla la luz, antes de pasar 
por ningún medio, intacta y sin desviaciones, en el 
foco mismo que la produce. (*) 

En segundo lugar, hemos mantenido á la vista 
boletines; periódicos y folletos de uno y otro bando, 
en que corren impresos documentos oficiales, datos 
de campañas y acciones de guerra, rasgos biográ- 
ficos de hombres notables, y artículos sobre políti- 
ca, autorizados con firmas auténticas; instrumentos 
públicos que el arte de juzgar acepta desde luego, co- 
mo manantiales de noticias ciertas, y que son pruebas 
además, de las aseveraciones del historiador, si éste 
con lógica severa, escrupulosa y hábil las depura do 
las pasiones de sus autores, y las explica según el 
criterio y costumbres de la época, y las pone al 
peso en la balanza de la razón, fríamente, sin pesi- 
mismo ni piedad. 

Pues las publicaciones impresas han venido a 
sustituir en el presente tiempo, á efecto de fun- 
damento y origen de la historia, á los libros de 
los magistrados de Roma, á los arta diurna, á los 



* Parte de esto ^ documentos s^n. tados en el '-uerpo de *;% 
obra y otros se publicarán íntegros. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 5 

Anales de sus Pontífices, y á las tablas y colum- 
nas metálicas de monumentos anteriores al siglo 
de Augusto, en que se grababan las leyes, los 
Tratados públicos, los plebiscitos y senado-consul- 
tos que Plinio el Antiguo y Tácito tuvieron que des- 
cifrar y entender para escribir sus obras. 

Fatigosa ha sido, como puede suponerse, nuestra 
tarea de investigaciones y estudios, por ver de en- 
contrar en tul masa, informe y confusa, materiales 
útiles con que escribir esta biografía, y distinguir- 
los, escogerlos y encadenarlos, para reproducir las 
cosas como fueron, discernir lo verdadero de lo 
falso, y llegar á comprender las causas políticas, 
económicas y sociales, que ocasionaron el adveni- 
miento de nuestro Partido Liberal, á contar desde 
1840; el significado moral de la Administración de 
los Monagas ; y ia razón histórica de la disputada 
guerra de la Federación, y del ardor revoluciona- 
rio que fue á encender, lejos de sus lares, el áni- 
mo excelso de nuestro intrépido caudillo, que ha sido 
y es objeto de admiración para el pueblo y de 
respeto para los hombres pensadores: y cuya fiso- 
nomía y proporciones históricas han desfigurado cruel- 
mente sus contrarios; quienes, no sólo han alterado 
la verdad, en cuarto á la naturaleza y fines de 
su causa política, que fue siempre la del pueblo, más 
también en lo que atañe á sus cualidades perso- 
nales y á los servicios que prestó á la Patria con 
su ingenio militar y su valor heroico. 

De modo que es lícito asegurar que nuestra 

juventud, aunque siente el prestigio mágico del nombre 

de Zamora, y oye con exaltación de ánimo la reía- 

4*,ión de sus hazañas, no ha tenido ocasión ni medios 

para llegar á esclarecer su causa política, y sus guerras 



6 DOCTOR L. VILLANUEVA 

* 

del 46 y del 59 ; y estudiar su tiempo, conocer su re- 
trato histórico en su noble realidad, y aprec ar con pro- 
fundidad, orden y justicia su carácter é ideas sobre laa 
cosas publicas; ni el singular talento que le dis- 
tinguiera entre nuestros más expertos capitanes: vi- 
niendo á tocar á nosotros, por designación honrosísima 
del señor General Ignacio Andrade, Presidente del 
Estado Miranda y Presidente electo de Venezuela, 
el encargo de descorrer las nubes que han hecho 
invisible desde 184(5, al Zamora verdadero, para ofre- 
cerlo á la generación presente y á los historiadores 
de lo porvenir ; no como lo han pintado sus enemi- 
gos, sino tal como lo formó la Providencia ; esto 
es, como un carácter animado de alta fuerza mo- 
ral, para llevar á cabo su deseo vehemente de 
garantizar al pueblo, por los máximos esfuerzos 
de su espada, el derecho supremo de gobernar- 
se sin ser sujetado de ninguna potestad; conser- 
vando su bien templado corazón, en todas las oca- 
siones, inocente de ambiciones personales; y hjs 
manos, como las de un fanático por la libertad, 
siempre puras de las manchas del vil peculado, 
v de las no menos execradas de la sangre del 
crimen; pudiendo bieü considerarse esta vida, que 
presentamos respetuosamente al público, como la re- 
surrección histórica del drama verdadero de sus vici- 
situdes, con sus coloridos y natura 1 es formas ; en que 
el pueblo le verá primero infatigable, pero sin ventura, 
en la guerra de montañas, por los años de 1846 ; atado 
al pie del patíbulo en 1847; y luego, ascendido por 
el Gobierno, para honrarle, en 4S y 40, á altas 
jerarquías en el Ejército; y por último, en la campaña 
de la Federación, del 20 de febrero de 185!) al 
10 de enero de 18(50, la más ilustre de nuestras 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 7 

guerras civiles. Pero todas veces demócrata sincero, 
y á la par inteligente y probo, con desprecio de 
las riquezas, con su amor al pueblo y su deseo de 
gloria. 

II. Nació Ezequiel Zamora en Cúa, por los «■»««■ ■*■■ 

* 7 * de Zamora. 

anos de 1817, de Don Alejandro Zamora y Doña Paula 
Correa. 

Doña G regona Correa fue madrina de su bau- 
tismo. No tuvo padrino. 

Su abuelo, Don Juan de Zamora, era hombre 
de cuenta; y avecindado en Calabozo, celebró allí 
su casamiento con una señora de apellido Pereira. 

Su madre enviudó en 1821. 

Don Antonio José, su hermano mayor, que vive 
aún, tuvo siete hijos; Manuel Felipe, Gabriel, Eze- 
(juiel, Luis, Alejandro, Ester y Carlota. Y Gabriel, su 
menor hermano, ya finado, dejó cinco: Gabriel, Jesús 
María, Genoveva, Aurora y Sofía, esposa de Jerónimo 
Ótame nd i. 

Sus hermanas formaron las ramas siguientes : 

Carlota casó con el señor Juan Cáspers, de na- 
ció i alsaciano. 

Los hijos habidos de este matrimonio son Me- 
licia, esposa del steñor Tancredo Agoslini ; y el Ge- 
neral Luis Rafael Cáspers, que estudió derecho en 
nuestra Universidad, y ha desempeñado con honor 
y brillo destinos públicos de alta representación, 
como los de Comandante de Armas de Caracas, 4 Mi- 
nistro de Guerra, y Designado á la Presidencia de 
la República. 

De Genoveva, esposa del señor Doctor José 
Manuel García, su primo hermano, nacieron cuatro 
hijos: el Doctor Manuel Felipe García, y las señoras- 



8 DOCTOR L. VILLANVEVA 

i 

Manuela, casada con Alejandro Tosta ; Rosa, con 
el General Joaquín Rodríguez Guerrero, Procer de 
la Federación y antiguo Edecán de Zamora ; y Juana 
con el Doctor Jaime R. Sanderson, abogado notable. 

Raquel contrajo matrimonio con el General José 
Gregorio Quintana, cuyos hijos son Francisco, Gre- 
gorio, Mercedes y Raquel. 

Don Alejandro, padre de Zamora, tuvo dos her- 
manos, Don Juan y Don Mateo. Este se alistó 
en las banderas de los realistas v subió á oficial 
de ejército: los otros dos abrazaron la causa de la 
Patria. Juan murió á poco; y Alejandro sirvió 
desde 1K14 á las órdenes inmediatas del Libertador. 

Don Mateo, casado con Manuela Gome/- tuvo siete 
hijos; A saber: Mateo, Fidel, Agustín, Epitanio, que 
vive en Villa de Cura; Juan y Wintila, oficiales fede- 
rales; y Manuela, esposa del señor Faustino Trujillo. 

El señor (Yispers crió á Zamora, y cuidó de 
su educación. 

La madre de Zamora, Doña Paula Correa, 
«era oriunda de Villa de Cura, hija del señor X. 
Correa y de Doña Bárbara Rodríguez, prima her- 
mana de Doña Josefa Rodríguez de Pardo, madre 
<lel insigne poeta Francisco G. Pardo, de grata me- 
moria entre los hombres de letras. También era 
prima de Doña Manuela Rodríguez de Montero. 

Rastreando la parentela de Zamora encontramos 
«Mitre sus deudos á Don Santos Aranguren : y á Don 
José Aranguren, (\ue casó con Doña Angela Me- 
léndez Pereira, y emigró con ella y sus hijos, el 
año de 14, de Villa de Cura á Maturín, perdiendo 
en el camino tres de ellos, de hambre y enferme- 
dades. La cuarta, llamada María Salomé Arangu- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA í) 

ren, contrajo matrimonio con Don Joaquín Paúl : y 
son estos los padres de Francisco Antonio Paúl y de 
los Generales Juan Nepomuceno y Juan de Je- 
sús Paúl. 

La quinta hija, Antonia Aranguren, casó con el 
Ilustre Procer Capitán Venancio Rachadel, General 
de la Federación. Manuel Antero Rachadel era 
hermano de éste. 

Josefa Aranguren de Guerrero, esposa del Ilus- 
tre Procer Coronel Francisco Guerrero, fue abuela 
de los Generales Rafael y Juan Carabafio. 

Manuel Aranguren, empleado de Colombia en 
el ramo de finanzas fué el padre de Antonio Aran- 
guren, Senador del Congreso de 1892. 

Son también parientes de Zamora por los Pe- 
reira, el Comandante Don José María Meléndez y 
Pe reirá, cunado del Doctor Juan Germán Roscio ; 
y Don Hermenegildo Meléndez Roscio; el Ilus- 
tre Procer Coronel Manuel Pereira, Ayudante 
de Campo del General Manuel Cedeíío : ei Pbro. 
Doctor Francisco Antonio Pereira, notable orador 
sagrado, Canónigo de la Catedral de Caracas, muy 
adicto á Zamora y compañero suyo en las elec- 
ciones del 4íí : el General José délos Santos Pe- 
reira, padre del señor Ismael Pereira Alvarez ; y 
Jacinta Trujillo, esposa del Ilustre Procer Coronel 
José Eugenio Rojas, y madre del General Rufo 
Rojas. 

La instrucción que recibió Zamora tuvo que 
ser por extremo rudimentaria, como se acostumbraba 
en las escuelas de los primeros días de la Repú- 
blica. Leer, escribir, nociones elementales de gra- 
mática y aritmética, y* doctrina cristiana: tal era en 



10 DOCTOR L. VILLANUEVA 

resumen lo que muy imperfectamente se ensenaba 
entonces. 

Su preceptor fue Don Vicente Méndez, que 
vivía en la antigua casa municipal, sita en la es- 
quina de las Mercedes: y de sus condiscípulos se 
recuerda al Doctor Pedro Medina, Doctor José Arnal, 
Doctor M. M. Echeandía, Licenciado José Miguel 
López y Carlos Ávila. 

Inclinóse desde niño á ejercicios corporales; 
especialmente á la luchü, la natación, la carrera 
y la equitación : caminaba leguas á pie, y trepaba las 
montanas sin fatigarse : con lo cual desenvolvía y 
perfeccionaba su fuerza natural, y adquiría agilidad 
y destreza en sus movimientos y acciones. 

Era alto y delgado de cuerpo ; de ojos azules y 
mirada viva y penetrante» : sus facciones se marcaban 
y distinguían por líneas bien definidas que daban á 
su rostro por sus pómulos agudos, su nariz recta, 
su barba firme y saliente, su frente descubierta y 
bien modelada, una vigorosa expresión de inteli- 
gencia, altivez y energía. 

A los diez y ocho años ya se notaba la prominen- 
cia de hiparte superior de la cabeza, signo frenológica 
del carácter indomable y de la virtud de la per- 
severancia. (1) 

Entonces empezó á viajar al Guárico, acom- 
pañando al Doctor José Manuel García, su pariente, 
que iba á menudo en ejercicio de su profesión de 
abogado, á los tribunales del l amado cuarto cir- 
cuito judicial de la provincia de Caracas: y ea 
la misma época hizo sus primeros negocios de ga- 
nado con recursos del filántropo señor Cáspers. De 



1 Gall and Spur/heini.- Organ fiffi mi *€?**.— XVII I. 



\ 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 11 

allí á poco tiempo se fijó en Villa de Cura con 
una casa de víveres, en que mostró amor al trabajo, 
honradez, actividad y decisión por el comercio. 

Ningún suceso ocirrió en su juventud digno 
de mención, pues su vida fue toda de ocupaciones 
mercantiles en Cura, San Juan, San Francisco, El 
Pao, San Josd, Calabozo y Apure. 

Jamás le dominó ninguna intemperancia. 

Amaba entrañablemente á su madre, á cuyas 
necesidades acudfa diariamente con el fruto de sus 
negocios. Era muy aficionado al baile y á la caza ; y 
apenas empezó á ejercitar su razón se le vio solicitar 
libros, especialmente de historia, que leía con avidez. 
Pero su maestro fue realmente el Doctor García, 
varón doctísimo y amable, que popularizaba dentro 
y fuera de la Universidad de Caracas, los fun- 
damentales principios del Derecho romano, de la 
fisolofía moderna, y de la política de la igualdad ; 
cuyos consejos y lecciones, floreciendo en el en- 
tendimiento del joven Zamora, de natural fácil y 
claro, explican su educación moral, y la precisión y 
firmeza con que sostuvo siempre los derechos del 
pueblo. 

En los Llanos le conceptuaban valeroso, audaz, 
servicial, de perfecta integridad, y sentimientos 
de compasión y liberalidad hacia las familias del 
pueblo. Siempre tenía dinero para socorrer a los 
pobres : y después, cuando entró en la política, abría 
la bolsa sin regateos, para gastos de su causa y ne- 
cesidades personales de sus amigos y coparr idarios. 

Menos de treinta anos contaba cuando empezaron 
las agitaciones públicas con motivo de las luchas de 
los partidos que se disputaban el poder; y afiliado 



12 DOCTOR L. VILLANUEVA 

en el liberal, se asoció al Licenciado Juan Mar- 
tínez,- para iniciar la propaganda por su partido en los 
pueblos y caseríos de San Francisco y San José. 

Prestó servicios en la milicia, para devolver la 
tranquilidad á Villa de Cura, cuando las facciones 
asoladoras de 44 y 45 ; y distinguióse ante las au- 
toridades y la sociedad por su respeto á las leyes y 
sug esfuerzos en pro del orden y de las garantías 
del honor, de la vida y las propiedades. 

Era un ciudadano útil ; hombre de bien, de to- 
dos estimado. 

Desde su edad juvenil fraternizó con el partido 
de los oprimidos, como futuro campeón de los li- 
berales que llevaba en el corazón y en el cerebro 
el sentimiento y el alma del pueblo; y en el curso 
de las revoluciones, velemos que lo personificará 
genuinamente en sus anhelos, 'en sus ideales de 
redención, en sus santas iras, en su alteza de ánimo, 
y en su generoso holocausto. 

Antes de ser un gran General fue un hombre 
de trabajos rudos, al igual del pueblo, que suda por 
la existencia ; así como pasó Páez, para gloria suya, 
por la ley sociológica de la democracia ascendente, 
de pastor bárbaro á Ciudadano Esclarecido ; y de las 
majadas de un hato á la celeste Constelación, en 
que viven inmortales los venerados Dioses de la 
Patria. 

Tal es, en breves razones, el carácter físico y 
moral del joven predestinado á representar el papel 
de personaje trascendental, en la vida política y mi- 
litar de Venezuela, durante el largo período de 184G 
á 18ÍÍ0. 

Empero, antes de relatar esta vida, es menester 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 13 

dar idea de los hombres de nuestros partidos, de 
sus principios, defectos y méritos ; de sus talentos, 
intereses y pasiones; para preparar el escenario en 
que nuestro héroe va á ostentar las. más bellas vir- 
tudes públicas, su heroísmo eminente, su fanatismo 
político, y sus mejores y más sobresalientes talentos 
militares. 

Pues no puede juzgarse á Zamora, sin conocer 
bien su tiempo. Por lo cual nos permitimos con- 
vidar al lector para hacer una excursión por el cam- 
po de aquella historia llena de magnos hechos, que 
nos enseñarán cómo se batían los partidos, cada uno 
con su bandera y su programa ; de qué modo se 
comportaban los hombres, en lucha hasta morir, sin 
cometer ninguno el pecado de la deserción ó la 
infidencia ; cómo renunciaban los Ministros sus car- 
teras, cuando sus ideas no triunfaban en el Gabinete, 
de lo que nos dejaron ejemplo A randa y Q úntero, 
Jacinto Gutiérrez, Miguel Herrera, el Doctor Urru- 
tia y el Doctor Sanavria ; cómo en fin se inmolaban 
aquellos políticos en el servicio público y volvían 
á sus hogares sin buena suerte, á veces, pero con 
honra y dignidad. 

111. El Partido político que nacía en 1840 con p ro grama dei 
el nombre de Gran Partido Liberal sustentaba como 
programa político, civil, económico y social, los si- 
guientes principios, dogmas y tendencias: 



— Cumplimiento rígido de la Constitución y las 
leyes ; por lo cual se apellidó Partido de oposición 
constitucional. 




14 DOCTOR L. VILL ¿NUEVA 



II 



— Efectividad del principio de alternabilidad en 
el desempeño de los empleos públicos. 



ni 



— Uso ó empleo del poder electoral, en virtud 
del cual, el Partido, conocida á fondo la situación 
moral v material de la sociedad, debía convertir 
sus convicciones en propósitos políticos, y trabajar 
por constituirse en mayoría para ganar la victoria. 



IV 



— Creación de dos grandes partidos nacionales 
que, sometidos de buena te á las leyes fundamen- 
tales del país, pudieran garantizar las libertades pú- 
blicas. 



v 



— Difusión de las republicanas prácticas de exa- 
minar libremente, por medio de la prensa ó en 
asociaciones públicas, todo lo (pie pudiera afectar los 
intereses de la comunidad. 



vi 



— Reprobación de los crímenes individuales, y 
del otro, mayor aún, de apelar á la fuerza para re- 
solver las cuestiones políticas. 



VII 



— Aplicación de todas las influencias legales de 
los partidos para llevar á cibo el proceso de las 
elecciones: verdaderas pero santas revoluciones, pres- 
critas y autorizadas por las leyes. 



VIII 



— Nombramiento para las Cámaras Legislativas 
de hombres ilustrados, patriotas, independientes, pro- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 15 

fcos y dignos de la confianza del pueblo, como 
legisladores ortodoxos en el dogma liberal ; pues 
no se empeñaba tanto el Partido en la elección del 
Presidente de la República, como en la del Congreso; 
porque siendo de la incumbencia de este Cuerpo la 
aplicación de los remedios para los males del país, 
resultaba que, asegurada la elección de buenos le- 
gisladores, era infalible el triunfo de la oposición 
constitucional : tanta confianza así había entonces en 
fe eficacia de las instituciones, las cuales imponían 
efectivamente al Ejecutivo obediencia á las decisiones 
del Poder Legislativo :- pudiendo decirse, en verdad, 
que si el Gobierno logró alcanzar alguna vez, en las 
Cámaras, por influencias más ó menos lícitas, el 
triunfo de sus ideas, en ciertas altas cuestiones de 
Estado, no se le permitió nunca llevar á cabo, por 
lo menos sin oposición formal y pertinaz, la aspi- 
ración que pudiera tener en el fondo de su mente 
á dominar los Congresos y oprimir el país. 

IX 

— Disminución de las contribuciones públicas. 

x 

— Independencia de la Iglesia, del Foder Judi- 
cial, de la Universidad y los Colegios. 

XI 

— Responsabilidad de los empleados. 

XII 

— Auxilio á las industrias. 

XIII 

— Abolición de la lev del 10 de abril de 1834. 



El Venezolano. 



16 DOCTOR L. VILLANUEVA 

XIV 

— Guerra al Banco por sus monopolios y privile- 
gios. 

XV 

— Leyes de retiro pana los Proceres, y de mon- 
tepío para sus viudas é hijas. 

xvi 
— Ley para organizar la milicia nacional. 

IV. A este efecto, reunidos en junta pública 
varios individuos de inteligencia y patriotismo, deter- 
minaron establecer un periódico hebdomadario, con el 
nombre de El Venezolano, cuya mira debía ser: 

Combatir con el lenguaje de la razón los prin- 
cipios de la oligarquía política que afligía á Vene- 
zuela ; los errores de la administración, y los extra- 
víos de las legislaturas pasadas ; sostener y consolidar 
la opinión de los que formaban el partido de los 
verdaderos principios constitucionales; y favorecer la 
marcha franca y liberal de la República. 

Estas bases fueron aceptadas unánimemente por 
los señores Antonio Leocadio Guzmán, nombrado 
Redactor del periódico ; Mariano Mora, tesorero, y 
Tomás Lander, José Gabriel Lugo, Rafael María 
Lugo, José Austria, Jacinto Gutiérrez, José Julián 
Punce, José Bernardo Arévalo, y Tomás J. Sanavria, 
en Caracas, á 20 de agosto de 1840. 

Pegón se ve, junto con los reclamos de la 
opinión pública sobre asuntos políticos, se levanta- 
ban los referentes á materias económicas, con el 
propósito de buscar remedio pronto y eficaz al ma- 
lestar " los propietarios territoriales, de los agri- 



VIDA BEL GENERAL ZAMORA 17 

cultores, comerciantes, artesanos, jornaleros y de 
cuantos vivían de su trabajo personal. (1) 

V. Para inteligencia de los sucesos que vamos á L * 01i * ar< i u£ ^ 
referir, es de saberse que para 1840 se había 
constituido una oligarquía con influencias en el Go- 
bierno; compuesta principalmente de un grupo, adue- 
ñado hacía tiempo de los puestos públicos sin que- 
rer soltarlos; de los prestamistas, á quienes itn- 

1 Los contribuyentes pira los gastos d<* este pmiódico 
fueron, los que A continuación se expresan, *-egún documento* 
que se encuentran en la Secretaría de la Academia Nacional 
de la Historia : 

1 Toma* Lander $ 25 

2 José Ignacio Paz Castillo 15 

3 Florencio Orea 10 

4 Félix Ostro 10 

5 Remigio Armas 15 

6 Francisco R. del Toro 25 

7 J. J.M 5 

8 J.S.M 25 

1) Juan Bautis a Mijares 25 

10 Mariano A se^nio 10 

11 J. BaasdeRoger 10 

12 Jos- Gabriel Lugo 10 

13 Rafae' MaíaLugo 25 

14 José Julián Fonce 10 

15 José Manuel Morales 10 

1<> Diego Haut'sta Urbaneja 25 

17 Bar olomé Manrique 10 

18 José Austria 10 

10 Anacleto Clemente 25 

20 Rutino Blanco 5 

21 Manuel Echeandía 10 

22 Ignacio J.Chaquert 10- 

23 José B. Aiévalo 10 

24 Tomás J. Sanavria 25 

25 Medardo Medina 20 

26 MaTtín Echegarreta 10 

27 Francisco de la Madriz 10 

28 José Toribio Iri barren 10 

29 Casiano Santana 25 

30 Ramón Lozano y Ca 25 

31 Vicente lbarra 25 

32 José Pérez 10 

33 UnamigoG. F 10 

JÍ4 Otro id. R. 1 10 

35 Vicenta Mexias 10 

3tf Fermín Beit a 15 

37 Guillermo Espino 15 

í<8 J. M. Jesurum 10 

30 Lufa Correa 5 

$ 570 



18 DOCTOR L. VILLANUEVA 

portaba sostener la ley de diez de abril de 1834, 
que autorizaba cualquier premio en los prestamos; 
y entregaba atado el deudor al acreedor, como una 
víctima, sin defensa, condenada ala extorsión; de 
los empresarios del Banco, que absorbía parte del 
tesoro público y gozaba de privilegios inconstitu- 
cionales; y en resolución, de todos los que tenían 
miedo á las innovaciones y á los conflictos pú- 
blicos. 

En el ara de este partido inmolábanse a me- 
nudo los derechos de los ciudadanos, las preciosas 
conquistas de la libertad civil, la justicia de los 
tribunales y la soberanía del pueblo. 

El sistema representativo q e reconoce por 
base la igualdad democrática, la competencia de los 
talentos v del mérito, era una farsa. 

Páez era el jefe de esta oligarquía; caudillo de 
resplandeciente gloria militar en la guerra de eman- 
cipación ; amado del pueblo, en sus primeros anos; 
incapaz de apropiarse un centavo del erario ; ambicioso 
basta su muerte de poder y mando, bien que sin cuali- 
dades de administrador y menos de hombre de Estado ; 
habíase hecho y confirmado autócrata después de la 
renuncia de Vargas, y como tal concentraba en sus 
manos todos los poderes, y distribuía al propio 
arbitrio, los nombramientos de todos los empleados 
civiles, consulares y diplomáticos, y los del ejército 
y la Iglesia. 

Aunque inclinado al bien, endureció su carác- 
ter en el gobierno; y en el promedio de su carrera pre- 
firió apartarse del pueblo, de donde había salido, para 
descender á jefe de un partido de hombres de nego- 
cios y de pasiones irascibles; y amancilló en su an- 
cianidad el brillo de su fama con la nota de cruel, 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 19 

cuando antes, aún en la guerra á muerte, había 
sobresalido entre los Libertadores, por su genero- 
sidad v su clemencia. 

Contábanse en este partido individuos de saber 
y patriotismo, pero imbuidos en ciertos principios de 
orden económico y político que les nublaban la mente, 
para no permitirles apreciar los justos reclamos de la 
actualidad ni penetrar el porvenir; como aquellos 
honrados patricios de Roma que se apostaron va- 
namente con su ídolo Poní peyó y su grande orador, 
entre el glorioso pasado de la colosal República y 
el advenimiento de la humanitaria revolución social 
que les prometía el partido popular. De este nú- 
mero era Vargas, sabio y piadoso padre de nuestra 
medicina; el diplomático Fortique, agraciado por la 
naturaleza con el primoroso don de gentes; Alegría, 
sacerdote virtuoso; Toro, Espinal y Pedro José 
Rojas, oradores de inspiración; Juan Vicente Gon- 
zález y José María de Rojas, periodistas de pelea: 
Cajigal, Ríos, Tovar, Quintero, Michelena y otros 
igualmente dignos de veneración y respeto. 

Veamos cómo pinta el señor Guzmán á Vargas 
v á Espinal en JE l Venezolano, de 11 de mayo de 
1«S44, con motivo de haberse opuesto uno y otro 
*m la Cámara del Senado, al inconstitucional privi- 
legio de la exención de la patente d?l Banco Na- 
cional : 

'• Siempre hemos sostenido, y permítasenos recordarlos 
con orgullo, que Vargas es un ciudadano de capacidad 
superior, de principios fijos y de conciencia propia: que 
puede caer en el error,, que puede excederse alguna vez 
en miramientos y en consideraciones, que engañado puede 
encontrarse fuera de la órbita de la opinión pública, pero 
que en las grandes cuestiones, en los puntos cardinales, 
en aquellas oportunidades solemnes en que á veces se 
juega el depósito de los derechos comunes y la suerte 
de una y aun de más generaciones, se encontrará siem- 



20 DOCTOR L. VILLANUEVA 

pre firme, invulnerable, ejemplo de próbida independen- 
eia. Ni aun las preocupaciones de nuestro propio partido, 
que también hemos tenido por disculpable, nos han fas- 
cinado nunca, ni podido arrancarnos el convencimiento- 
que después de muchos anos nos hemos formado de la 
intachable rectitud de este buen venezolano. Véasele 
hoy el primero, sin esperar á saber lo que piensan los 
demás, sin consultar á ningún poder, sin detenerse en 
cuáles fueron los resultados, escudando con su pecho la 
inviolabilidad déla Constitución, el depósito de nuestros 
derechos. Una cualidad por lo menos deben tener nues- 
tros escritos, la de ser consecuentes. Escribiendo con 
una sola conciencia, siempre con ella, y nada más que con 
ella, al través de los sucesos, pasando por sobre todas las 
circunstancias se nos ha de encontrar los mismos. ¿Por 
qué á veces tan distantes del señor E>pina1, atacados 
por su pluma y por su firma, nunca nos hemos avanzado 
á denunciarle como un oligarca cual concurrían á pintarlo 
diversas y aun poderosas circunstancias ! Por una sola 
cualidad, que respetamos profundamente donde quiera 
que la conocemos ; la rectitud. Cierto es, que en tiem- 
pos comunes, en el andar de la sociedad, el señor Espi 
nal más de una vez ha contemporizado con el poder, de tal 
manera que se ha enagenado las simpatías del partido libe- 
ral, y que nosotros mi>mos nos hemos creído en el deber de 
reprobar sus deferencias ; pero nunca hemos podido olvidar 
que en situaciones solemnes de inminente riesgo de la justi- 
cia ó de la libertad, hemos visto al señor Espinal despren- 
derse de todo linaje de consideraciones, y defender aunque 
solo, un a causa grande y justa. Entre otros ejemplos des- 
cuella el del indulto á los rendidos en Puerto Cabello. Cuan- 
do la Legislatura, arrastrada por el vértigo de aquellos 
tiempos, después de otorgada una gracia la rescindió vergon- 
zosamente, cuando acordado un perdón y cerrado un con- 
"trato violó el contrato y quiso mauchar el perdón con 
sangre, el señor Espinal descollando en aquel infierno de 
pasiones, sostuvo hasta el último puntóla bandera de la 
justicia y de la humanidad. Es de aquellos pocos hombres 
que pueden quedarse solos con una sola convicción. Hoy 
lo está demostrando. Permítase, á El Ven^zolapo que en 
bien de la causa que defiende, ostente la justicia de sus 
conceptos y la unidad de sus creencias.'' 

ia opo«cion. VI. Con la aj ari< ion de El Vinezolano empezó á 

organizarse la opinión pública en los dos partidos 
políticos que han venido hasta la fecha, combatiendo 
por dirigir el Gobierno en Venezuela : el Liberal, llama- 
do apóstol de h» "Vrtad ; y el Conserrador, que se ha 



VIDA DEL GENERAL ZAMOKA 21 

titulado representante del principio del orden : los cua- 
les entablaron allí mismo una lucha activísima sobre el 
modo de aplicar la Constitución ; llamándose cada 
uno el verdadero partido constitucional ; pues la no- 
ción de la ley los empeñaba á colocarse en sus 
respectivas posiciones al amparo del derecho (1). 

Como era de esperarse, la oposición emprendida 
por los liberales fue calificada, primero por los perio- 
distas de la oligarquía, y después por el Gobierno, 
-de conjuración para inmolar la República, al abrigo 
v compañía del alto clamor levantado por las dificul- 
tades pecuniarias de los empresarios agrícolas (2). 
Al libre examen de las cosas públicas se llamaba licen- 
cia; á la discusión oral, osadía, y delito a la inde- 
pendencia de la prensa : á lo cual respondían los 
liberales apellidando á sus contrarios, usurpadores 
■oligarcas, estafadores y logreros. 

Pero en realidad el estado de la nación había 
llegado á ser tristísimo, no exclusivamente en lo 
político, sino bajo todos respectos. 

Los proceres, con algunas excepciones, vivían 
infelices, olvidados ó proscritos. 

La sociedad parecía en ruinas; escasa de civismo, 
<Je luces y dinero: entumecida por una larga inmo- 
vilidad ; sin periódicos para discutir lo que interesaba 
á sus gremios productores, y para moverlos ánimos 
á la vida batalladora, culta y alegre de la República 



1 El Venezolano, no* ha dicho Don Jesús María Mo-ales 
Marca.no, pluma esclarecida del partid) conservad r f empezó á 
dar v : d* 'on soplo vigoroso al pensamiento de ri^aniz^r el par- 
tido poMtico Que, propagando los principas liberales y t»m In- 
flólos por ba^d ra, transformaba en verdadero sstnna DTosre- 
BÍ8 l a de civilización demo -j ática los elementos de sny> fecundas, 
que la lutina d* los Gobiernos y la faUa de iniciativa d 4 * loa 
pueblo* mantenían estañes y en un estado puramente emb:ionv 
lio. (Biografís úel (¿enera l ¡)¡>g Ykarr ) 

2 Men*nje pi esidenc'al dtj 1N 17. 



22 DOCTOR L. VILLANUEVA 

democrática; sin partidos políticos ni tribuna de opo- 
sición. El Gobierno y el pueblo parecían dormidos 
en un silencio profundo, y cuando despertaban, por 
cortos intervalos, apenas si permitían entender que 
estuvieran meditando dar algunos pasos adelante, lentos 
y tímidos, sobre política 6 ciencia administrativa^ 
ó materias internacionales. 

El Venezolano condensó una vez las instituciones 

de aquel partido en los términos siguientes : . 

*' Harto recientes son, decía, asaz escandalosos, harto 
sensibles al pueb'o venezolano, los excesos del poder, y 
más que crueles los padecimientos de la nación. Leyes 
que destruyen la propiedad; leyes que hacen espantosa 
la suerte del traba jador ; leyes que entronizaron la usura, 
que aconsejaron la avaricia, que autorizaron las más bár- 
baras persecuciones; leyes que destruyeron el ejército, que 
mandaron demoler nuestras fortalezas, que comprometie- 
ron grandes porciones del territorio: leyes que convirtie- 
ron al clero en máquina de dominación, y que buscaban 
la perpetuidad de los mandatarios haciendo instrumentos 
políticos el incensario, el tribunal de la penitencia y la 
Cátedra del Espíritu Santo; leyes que degradaron á los 
antiguos servidores de la Patria; leyes que esclavizan 
los establecimientos científicos; leyes que gravan con 
tuertes pechos los estudios, para dificultarlos y hacerlos 
imposibles al talento yá la aplicación del pobre; leyes 
que han delegado, traspasado y confundido los altos y 
distintos poderes que separó la Constitución; leyes que 
han encarecido la justicia, y otras que la han embrollado, 
y otras que han hecho perpetuos los pleitos, y otras que 
han privado de toda garantía á los contratos, y engendra- 
do y preparado así nuevos é innumerables litigios, cual 
mina de inmoralidad y depredación : leyes vengativas que 
se han llamado perdones; y perdones que se h ui llamado 
castigos: leyes que han empleado la augusta soberanía 
del pueblo en desahogar rencores personales, en establecer 
patrimonios individuales, en crear y suprimir tribunales 
y magistraturas, y comisiones y empleos, para premiar y 
castigar al amigo y al enemigo : leyes destructoras de la 
igualdad en la milicia, y en las letras y en el ejercicio de 
los derechos civiles : leyes, en tiu, que llevándonos á in- 
mensa distancia del código fundamental, han destruido- 
la Patria y conducídola á los umbrales de la desesperación." 

cuwüon econo- VIL La cuestión económica se imponía cada vez. 

con mayores proporciones, hasta el extremo de que el 



mío*. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 23 

Gobierno creyó que era ella la base fundamental de la 
formación del partido liberal: y si en verdad no fue 
esta su única causa generadora, debe considerársela 
como una de las principales : pues en casos de tal 
linaje, sucede que las cuestiones económicas se re- 
suelven por su propia naturaleza en violentísimas 
cuestiones de política. Y en el presente, como nece- 
sitara Venezuela salir de la miseria en que se hundía, 
esforzáronse los liberales, y aun algunos que no lo 
eran, en trabajar con asiduidad y acopio de ciencia, 
por vivificar su agricultura y demás industrias. 
Empero, cuando vino á la conciencia de la ma- 
yoría, empobrecida y desesperada, el convencimien- 
to de que los poderes públicos no acertaban á re- 
mediar sus urgentes, imperiosas é impretermitibles 
necesidades materiales, púsose á un lado la cuestión 
económica; y empezaron á emplearse los mejores 
esfuerzos de patriotismo, en cambiar por las eleccio- 
nes, y de manera radical, la estructura política de la 
nación ; con la esperanza de llegar por otro camino, 
pero siempre en la paz, con otros programas y otros 
hombres á mejorar su vida económica. 

Por estos motivos, antes de hablar de las elec- 
ciones, en las cuales hemos de encontrar por los 
años del 4(i á Ezequiel Zamora, empezando su ca- 
rrera pública como cabeza y superior de los liberales 
en el cantón de Villa de Cura, perteneciente ájla sazón 
á la provincia de Caracas, sdanos permitido, para 
contornear la historia de la primera ¿poca de nuestro 
Partido, referir lo que hicieron los liberales por ver de 
reparar los males de una situación miserabilísima, 
ocasionada por la usura, por el malísimo estado de 
las vías de comunicación, que el señor Pedro José 
Rojas llamó en la Cámara de Representantes, estado 



24 DOCTOR L. YILLANIEVA 

rigurosamente bruto; por la falta de brazos para la 
agricultura, el subido precio de los fletes, que no 
bajaba de cuatro pesos por carga, la escasez y carestía 
de los jornales, la falta de capitales y su alto premio, 
insoportable á las industrias. 

Escasísimo el comercio interior, y el mayor 
de las capitales y puertos restringido en sus impor- 
taciones, llegóse el afio de 45 á un millón de pesos 
de diferencia en su contra, entre ellas y los gastos : 
los prestamistas escondían su metálico : y los ha- 
cendados empezaban á verse privados de recursos 
para atender á sus siembras y cosechas, y al mante- 
nimiento de sus familias. 

Para formarnos idea cabal de la ruina de la 
sociedad en aquellos años de penuria general, veamos 
cómo la pintaban, no los liberales que eran los hom- 
bres de la oposición, sino individuos, fervorosos par- 
tidarios del Gobierno, en folletos, en discursos par- 
lamentarios y en sus periódicos más acreditados. 

El Liberal del señor José María de Rojas, co- 
rrespondiente al 4 de enero de 1845, 1uc5^í> de aca- 
bada su lamentación, por la falta de estadística que 
le suministrara conocimientos exactos de la expor- 
tación del café, bastante disminuida en aquel año, 
asienta que los inconvenientes con que tropezaba la 
agricultura en aquel entonces, eran insuperables por 
el Gobierno; pues ni caminos podían abrirse porque 
no había conque: y añade: " El año de 44 ha si- 
do bajo todos respectos aflictivo y calamitoso : él 
dejará tristes y permanentes recuerdos de sus aciagos 
efectos. Esperar debemos por tanto que el de 1845 
en que estamos, sea si no feliz, á lo menos lie- 
vadero.'' 



VIDA DEL ttENERAI, ZAMORA 25 

El señor Doctor Ancízar escribe otros días, y 
en este mismo periódico, lo siguiente: 

"Nuestros pecados, y acaso los de nuestros padres 
también, juntamente con el ángel malo de Sud América, 
nos trastornaron los cascos en 1841, nos los volcaron en 
42, y nos evaporaron todo el juicio en 44. Gritamos 
tanto y tan recio, que no podíamos oir la voz de la razón, 
y llenamos de espanto á los capitalistas prestadores de 
dinero y géneros comerciables, quienes comenzaron á reti- 
rar del giro y guardar sus valores hasta ver en (pié 
paraba la bulla, escaseando sus préstamos y exigiendo 
de prisa los pagos, con lo que crecieron los apuros y los 
clamores. Estos últimos subieron en hora menguada hasta 
las leyes de crédito, y suscitamos graves recelos en el 
comercio mayor, cuyas operaciones fueron restringiéndose 
con merma de importaciones, de rentas públicas, de ca- 
pitales circulantes, de todo, menos de nuestro vértigo, (pie 
forzosamente se ha convertido en verdadera miseria." 

il Nuestra agricultura, hermosamente desarrollada 
pero todavía en fomento, y necesitando de anticipacio- 
nes, se ha visto de súbito privada de recursos en algunos 
lugares importantes de la Uepública, amenazada de gran- 
des quebrantos, y á punto de arrastrar en su caída el 
bienestar de muchas familias industriosas." 

El Doctor H. Nadal, Diputado al Congreso por 
Barinas, publicó un artículo del cual tomamos estos 
párrafos : 

"Confieso que poco después de haber llegado á la 
capital, que es en todas partes el fuco de donde nacen el 
bien ó el mal de un país, quedé convencido de que la 
crisis actual no estaba solo limitada á la parte material. 
En mi estudio sobre nuestra situación, yo he encontrado 
el mayor mal en la relajación de todos los resortes morales 
y sociales. Escarnecida la autoridad, desvirtuada la ley, 
menospreciada la religión, y desarrollado un germen de 
ambición incalculable, naturalmente ha debido debilitarse 
el amor al trabajo, fuente de toda riqueza. Me con- 
vencí, pues, de que la crisis se extendía á la política, á la 
moral, á la religión, y por consecuencia al bienestar ma- 
terial de todos los a¿ ociados; y deduje de mis principios, 
que el remedio para tan grande mal no podía ser instan- 
táneo, inmediato, sino lento, variado, de modo que alcan- 
zase á curar todas las dolencias/* 

El señor Pedro Jos¿ Rojas, al salvar su voto en 



20 DOCTOR L. VILLANUEVA 

la sesión en que se aprobó, en tercera discusión, el 
artículo 1? del proyecto del Instituto Aranda, estampó 
estas palabras : 

"Pongamos a un lado las causas del malestar que 
aflije á la República ; malestar que nunca he desconocido, 
ni mirado con desdén, porque soy venezolano. Hácenle 
consistir en la usura los defensores del proyecto, única- 
mente en la usura. Detesto de corazón la usura ; pero no 
convengo en que sólo á su ruinoso prestigio se deban loa 
conflictos económicos que deploramos. ¿ Se olvidan acaso 
los proyectistas del malísimo estado, del estado riguro- 
samente bruto de nuestras vías de comunicación ! ¡ Se 
olvidan de que no hay brazos en la República bastante» 
para la conservación y fomento de las empresas agrícolas? 
¿ Ignoran que la carestía de los trasportes y la escasez y 
carestía de los jornales, son influencias sobradamente da- 
ñosas sobre el progreso industrial de todo país ? No saben 
que el industrial que consume un valor de ocho, para pro- 
ducir uno de seis, en vez de producir destruye ? No hay 
capitales, se replica: el interés del dinero ha subido por 
consiguiente á una rata que la industria no puede sopor- 
tar. Enhorabuena : agregúese á los anteriores este ele- 
mentó de ruina y no habrá ya mucha discordancia, por 
lo que mira á las causas de nuestras crisis, entre los 
proyectistas y yo.' ? 

El señor General Austria, sustentador de la 
candidatura del General Páez para la Presidencia de 
la República, circuló en Valencia un folleto en que 
dijo : 

"Hemos indicado ya que para proceder con acierte 
en las elecciones no debemos perder de vista las cuestiones 
(pie hoy llaman la atención nacional por el grande interés 
que envuelven y porque afectan el progreso material y efi 
porvenir de nuestra patria. La cuestión económica, á la 
cual consideramos íntimamente ligada la cuestión política; 
debe recibir una solución pronta y favorable del cuerpo 
legislativo, porque tiene en su apoyo el clamor unísono y 
bien expresado de la mayoría de los venezolanos, y su 
imperiosa necesidad y conveniencia ahogan los intereses 
fraccionarios y la avidez de parciales lucros. Estol cues- 
tión económica ha sido ya formulada en los proyectos de 
Instituto de crédito territorial, de empréstito, y de caminos, 
que se han sometido á la deliberación de las Cámaras 
legislativas; y aunque desgraciadamente no tienen estos 
proyectos el apoyo que debieran tener del Poder Ejecutivo, 
no obsta porque las convicciones y la voluntad nacional 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 27 

han sufocado el voto infundado y terco de una adminis- 
tración desorientada, cuyo negativo sistema consiste en no 
tener ninguno, en dejar hacer, con tal de no hacer ella 
nada. 

"Es sin duda la cuestión económica la que debe lla- 
mar con toda preferencia la atención de los venezolanos, 
porque sólo con su triunfo puede asegurarse del equili- 
brio social y quedar bien garantida la libertad. Sin inde- 
pendencia personal son ilusorias las ventajas de nuestra 
organización política, y quiméricos todos los derechos y 
garantías. El malestar y aun la indigencia, devoran ya d 
los ciudadanos; y en semejante situación los sufragios 
pueden no ser el eco de la conciencia y del patriotismo, 
y sí de la necesidad y del egoísmo. No busquemos un pue- 
blo de héroes, porque sólo encontraremos un pueblo de 
hombres, sugetos á la suprema ley de su conservación y 
con todas las debilidades de la especie. Esta sola consi- 
deración persuade, que todos nuestros esfuerzos deben 
dirigirse principalmente á conquistar la independencia 
personal de los ciudadanos ; á sacar á la Nación del mal 
estar que la agobia; porque, digámoslo de una vez: en 
una .República de indigentes no puede haber libertad." 

El señor Toro en. su opúsculo contra la Ley de 
10 de abril discurre así: 

u Venezuela espera una ley justa y equitativa que dé 
garantías á los acreedores sin sacrificarles los deudores, 
que tienen igual derecho al amparo y protección de los 
poderes públicos. 

"2? Quitada á la usura la traba y la sujeción de la ley r 
el negocio de préstamo fue el más lucrativo de todos, su 
práctica se extendió en todas las clases de la sociedad, 
los contratos más monstruosos se celebraron sin sonrojo, y 
los tribunales de la República fueron llamados á ejecutar- 
los, con escándalo de la justicia y con oprobio de las 
leyes. 

u Es un hecho palpable que en Venezuela el espíritu 
de agio, la sed de lucros por vergonzosos que sean, la 
práctica de la usura en su más destructora voracidad, han 
invadido rápidamente todas las clases del pueblo, con muy 
poco adelantamiento de los intereses materiales, compa- 
rado con la inmensa pérdida que se ha hecho en sentí- 
mientop morales, y en aquellos rasgos de noble largueza 
y de generoso desprendimiento tan frecuentes en nuestros 
padres y tan geniales en la raza castellana. 

" En materia de Gobierno y de legislación los hechos 
generales no deben despreciarse por mantener una ttoría. 
El clamor contra la ley de 10 de abril que se ha levan- 



28 DOCTOR L. VILLATÍUEVA 

tado en Venezuela, se ha visto acompañado con hechos 
muy expresivos. El odio á los tribunales ; la división en 
la sociedad ; las calificaciones de logreros, usureros, esta- 
fadores por una parte, y por la otra de alzados, tramposos 
y arteros ; esta división y pugna produciendo conflictos 
públicos, desmanes y amenazas que alarman la población y 
perturban los hábitos de paz y armonía; las voces de 
Monte Sacro y de Palenque difundidas en la capital de la 
República y valles circunvecinos, aplicada* unas veces 
como injurias á los agricultores, otras como remedios vio- 
lentos á lo que se ha llamado crisis; todo esto sirviendo 
á unos de bandera para clamar contra el Gobierno y con- 
tra la pretendida oligarquía de empleados y de logreros; 
á otros de motivos para formar planes económicos más ó 
menos atrevidos con que se conmueven ios ánimos y se 
predisponen á las más graves innovaciones, con la mira 
de sacar el país de su postración actual ; á otros, en fin, 
de ocasión para excitar las pasiones populares, corromper 
las masas con los más torpes halagos y desencadenar lu 
más vil de la sociedad, contra t°da notabilidad, cualquiera 
que sea su título, la riqueza, la gloria militar, ó las vir- 
tudes civiles. No diré que sea causa única de este estado 
de cosas la ley de 10 de abril; son varias las que obran 
simultáneamente ; pero sí, que contribuye muy poderosa- 
mente á la perturbación y á la inmoralidad ; y que por una 
reacción natural obra contra la libertad, la seguridad y 
la introducción de capitales, objetos que principalmente 
se tuvieron en mira al sancionarla. 

" 3V Desde que los jueces en nombre de la ley han po- 
dido dar un fallo, haciendo cumplir contratos marcados 
con injusticia original y notoria, los jueces y la ley han 
sufrido la reacción que los efectos de esta injusticia produ- 
cen en el ánimo del público. Las nociones de lo justo y de 
lo injusto existen en la conciencia de todos los hombres, y 
es un movimiento espontáneo en ellos rebelarse contra 
toda injusticia y toda iniquidad, ya sean la obra de un 
particular, ya la de la fuerza pública. La ley no es para 
los hombres santa sino cuando es la expresión de la jus- 
ticia, y los jueces no les inspiran reverencia, sino cuando 
pueden citar sus decisiones como inapelables en el tribunal 
de la razón. El de Comercio encargado por su institu- 
ción de una frecuente aplicación de la ley de 10 de abril, 
lleva hoy sobre sí la execración de toda Venezuela ; pues 
se ha visto que hasta los partidos políticos más opuestos 
y enconados se han reunido con voz unánime para pedir 
su supresión. Jamás se había visto en los tribunales de 
Venezuela la autoridad de la ley dando fuerza y apoyo á las 
extorsiones más monstruosas, no ya paliadas y encubiertas, 
sino manifiestas y públicas, haciendo ostentación de dere- 
cho y legitimidad. Cuando estos países eran gobernados 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 29 

por el sistema colonial jamás se atribuían á la fuente 
del poder los vicios de la administración de justicia; 
aquella se creía pura ; los que podían elevar su voz hasta 
el trono lo hacían con la esperanza de encontrar un juez 
recto y paternal, y cuando esto no era dado y la iniquidad 
se consumaba, se decía con fe sincera: el Monarca lo ignora. 
Cuando el velo cayó y se descubrieron los vicios en la 
esencia misma del poder, los pueblos sacudieron su yugo 
y reconocieron la necesidad de poner bajo la salvaguardia 
de un gobierno patrio y de instituciones liberales, los 
derechos más sagrados del individuo y de la sociedad. 
¿ Que sucede si hoy se vicia la ley y se desautorizan los 
tribunales con sentencias injustas y desastrosas, que cual- 
quiera que sea en ellos el nombre que se invoque repug- 
narán siempre á la conciencia y á la opinión pública ? 
Sucede lo que hoy; que se ve el descrédito de la ley 
y el odio á los tribunales. Universal es el clamor que se 
levanta contra el tribunal mercantil, y no hay calificativo 
odioso é infamante que no se le haya prodigado por todos 
los partidos. 

"Nuestra vanidad nacional se mortifica al contemplar 
el cuadro que ofrece aquella gran República Americana, 

y la mano rehusa trazar el de es preeiso decirlo 

el de nuestras miserias. Una exclamación, sin embargo, 
se escapa de lo más hondo del pegho, al considerar que se 
mantiene en Venezuela la ley que permite rematar las 
propiedades territoriales, por lo que se ofrezca por ellas 
en el remate, cuando no hay capitales en su provincia 
más rica y más poblada, para abrir siquiera un mal 
camino de carros, de quince ó veinte leguas de extensión, 
para salvar de la postración en que ha caído uno de los 
más fértiles y bellos territorios. (1) 

El Presidente de la Nación da noticia á las Cá- 
maras Legislativas de la situación económica del 
país, en los términos siguienles: 

"Durante el curso de los tres años últimos, se ha 
visto la Administración rodeada de circunstancias difíciles 
en que, en obsequio de mi deber, he hecho cuanto ha 
estado en mis facultades para asegurar el bien futuro de 

1 Puede demostrarse de una manera rigorosa que los Valles 
del Tur muhipluaiíao sus productos y su riqueza en el espacio 
de tres á cuatro años, si tuviesen nn camino caire t*-ro que los 
ligante 4 la capital. Hitos val es son el quinero de la rápita', 
sus terreros son de una portentosa fertilidad, sns vearas y sus 
alturas producen todos lo» frutos tropicales de la mejor calidad, 
y no distan mas de quince ó vein'e legua* del mar; y sin em- 
bargo de+me^rar, y ts posible qu? ss arrisen mucho si no seles 
abren m*s fáciles comunicaciones. 



i 



30 DOCTOR L. VILLATíirEYA 

la Nación, y lie aceptado todos los sinsabores que me lia 
traído esta situación como un nuevo servicio que he po- 
dido ofrecer á mi patria. La oposición que, guiado por 
mis convicciones, he hecho constantemente á la idea de 
un auxilio directo que algunos habían concebido como 
Temed io para la crisis económica que sentía lu República 
désele antes que me encargase de su Gobierno, lia desagrada- 
do á muchos de mis conciudadanos que habían acogido 
sin temor el empleo de aquel peligroso arbitrio. La desa- 
zón que produce el malestar individual, se ha agravado 
por el carácter hostil que ha desplegado la prensa de 
. algún tiempo acá, inclinando á la desobediencia y al des- 
precio de la autoridad y de las leyes, y provocando la 
desunión de los ciudadanos en una gran parte de la Re- 
pública." (1) 

Tal era la situación política, económica y social 
que los beneméritos creadores del Partido Liberal 
se proponían modificar en la paz, por las elecciones, 
los Congresos y la prensa, con ventajas inmediatas 
para el bienestar y la libertad de la masa general de 
la República ; y con facilidades, cada vez mayores, 
para el desarrollo progresivo de los gérmenes de 
una nueva civilización. 

instituto de VIII. Obedeciendo á este orden de generosas 

ftnu Aranda. ^ O 

ideas, redactó el señor Dr. Aranda, señalado entre los 
hombres de Estado del Partido Liberal, un proyecto 
de ley para las Cámaras de 1845, con el nombre 
de Instituto de movilización del Crédito Territorial, 
que vamos á reproducir, para honrar los humani- 
tarios esfuerzos de aquel político pensador y pa- 
triota, que conoció desde temprano, con su extra- 
ordinario talento, la raíz de nuestros males públicos, 
y propuso con acierto el medio para encaminar la 
Patria por una senda de progreso verdadero ; al modo 
que en crisis semejantes se les ocurriera y lo llevaran 
á cabo, más tarde, con resultados sorprendentes, go- 



1 Meo saje presidencial de 1846. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 31 

tiernos de otros países, como el de la República 
Argentina ; y el de Francia, bajo Napoleón III. 

Adoptaron el proyecto y lp presentaron en la Cá- 
mara de Representantes los señores Miguel Palacio, 
Eloy Paredes, Rafael Agostini, Miguel Mujica, Lau- 
reano Reverón, Miguel G. Maya, con modificaciones, 
Tomás Veracoecbea, Ramón Alcántara, Mariano J. 
Raldiris, con modificaciones, Felipe Sojo, Juan Gar- 
cía, 1). Cerero, I. Lovera, Francisco J. Madriz, José 
Antonio Sánchez, Raimundo Freites, J. Racamonde, 
Manuel Ayesta, A. Blanco, Manuel F. de Tovar, 
Fernando Olavarría. 

Sostuviéronlo en la prensa, entre otros, El Af/ri- 
eultor y El Progreso, y lo combatió principalmente 
El Liberal. En las Cámaras se distinguieron como 
opositores los Senadores Doctor Vargas y Villas- 
mil y los Representantes Nadal y Pedro J. Rojas. 
Aprobado el proyecto en ambas Cámaras, tras largas 
y ruidosas discusiones, fue al cabo objetado por 
el Poder Ejecutivo ; y al volver á la Cámara de su 
erigen quedó archivado en ella, porque algunos dé 
los que lo aprobaron en las discusiones, se adhi- 
rieron á última hora á la voluntad del Gobierno. 
Hé aquí cómo da cuenta El Liberal de las sesiones 
de la Cámara de Representantes de 20 y 21 de 
«ayo, en que fueron consideradas las objeciones del 
Poder Ejecutivo. 

No habiendo habido las dos terceras partes de los 
■siembros presentes como lo requiere el artículo 05 de la 
Constitución, la Presidencia declaró archivado A proyecto 
y así se escribió en el acta de la sesión. Ni podía ser de 
otra suerte á vista de lo terminante de la letra del artículo 
constitucional citado, que dice así: 

6í Art. 1>2. La Cámara examinará de nuevo el pro- 
yecto con las observaciones ú objeciones propuestas por 



32 DOCTOR L. VILLANUEVA 

el Ejecutivo y si las hallare fundadas mindaiá archivar 
el proyecto." 

Sin embargo de este claro precepto del código funda- 
mental, un momento después h izóse por el honorable señor 
Balbuena la proposición ' de que se alzase la sanción á lo 
acordado, para resucitar el ya muerto proyecto de Instituto. 
La Presidencia admitió inmediatamente la proposición, á 
pesar de la oposición de varios señores Representantes, y 
empezó una disensión acalorada que quedó diferida para 
el 21. En este dia creció el escándalo, porque se insultó 
atrozmente á dos ó tres señores Representantes que ha- 
biendo auti*s votado por el proyecto, en uso de su plena 
libertad y en conformidad á su conciencia, no tuvieron por 
conveniente insistir ; acto que los señores institutistas han 
calificado de traición, en tanto que sus oponentes nada 
han dicho contra los señores que habiendo sido sus compa- 
ñeros en opinión y en sufragio contra el Instituto, han 
creído conveniente pasar á fortificar las filas contra las 
objeciones para elevar á ley lo que desde un principio hasta 
el fin estuvieron contradiciendo. 

La sesión del 21 fué tormentosa y la proposicióu que 
en ella se ha sostenido no es como quiera escandalosa sino 
revolucionaria, porque desde que la mayoría absoluta de una 
Cámara cree que su querer puede ser superior á la letra y 
mandato de la Constitución, ella se desnuda de sus títulos, 
rompe el pacto y espone la Nación á funestos trastornos. 
Esperamos para dicha de Venezuela que el acto no se con- 
sumará y que calmadas las pasiones, la razón, la ley, el 
orden y los principios se harán oir de los mismos señores á 
quienes la pérdida de esta cuestión ha exaltado más allá 
de lo que compete á los Representantes del pueblo. 

Vamos á dar un extracto del proyecto: 

Establecíase el Instituto de Crédito Territorial 
bajo la garantía de la Nación, y autoriza básele para 
abrir créditos, mediante hipotecas, por la mitad del 
valor libre de éstas, sobre propiedades en estado de 
producción, y cuyo valor se determinaba sobre la 
base de seis por ciento de su producto anual líquido; 
y éste se fijaba en el término medio del que hubiera 
tenido en el quinquenio inmediato ; y además, so 1 re 
el valor de las propiedades urbanas y sobre el de 
las tierras donde hubiera hatos ; á razón de cinco 
por ciento anual, pagaderos por trimestres anticipa- 
dos y con veinte anos de plazo. 



VIDA DEL GENERAL, ZAMORA 33 

Ningún crédito podía pasar de veinte mil pesos: 

El Instituto expediría títulos de capital y renta 
á los que tuvieran créditos abiertos en sus libros á 
razón del tres por ciento anual; debiendo amor- 
tizarlos anualmente por la suerte : y se le permitía 
además contratar empréstitos dentro ó fuera del 
país, bajo la responsabilidad de la Nación, y con 
intervención del Gobierno; y prestar dinero, ó hacer 
descuentos de corto plazo á agricultores, criadores 
y artesanos, bajo fianza personal, ó mediante el 
depósito de documentos de crédito público ó privado. 

El Congreso fijaba anualmente la cantidad que 
podía emitirse en títulos de capital de renta. 

La primera emisión sería de cinco millones de 
pesos. 

Todas las reglas de administración, contabilidad 
y gobierno del Instituto tenían que ser aprobadas por 
el Poder Ejecutivo. 

Autorizábase al Gobierno para que le auxiliase 
con la suma de cinco millones de pesos en efectivo, ■ 
que tomaría en empréstito, dentro ó fuera de la Re- 
pública, bajo la responsabilidad de la Nación. (1) 

Cuarenta y cinco anos más tarde, el señor Doc- 
tor Eduardo Gárate, que ha hecho estudios espe- 
ciales de estas materias, para contribuir á que Vene- 
zuela llegue á la civilización científica y productiva 
de los pueblos modernos, revivió, por un acto de 
patriotismo benemérito, la idea fundamental del Ins- 
tituto Aranda, en su proyecto de Crédito Territorial, 



1 Al fin de este capítulo va impreso el proyecto, tal como lo 
aprobaron las Cámara?, y el Mensaje del Presidente con su» ob- 
jeciones. 



lU DOCTOR L. VILLANUEVA 

que presentó á la Sociedad Nacional Agrícola y 
Pecuaria en 1800: y antes, en 18(J8, había escrito el 
ilustrado señor J. A. Mosquera, en su folleto titu- 
lado Cuestión Agrícola un párrafo que dice así: 

"En 184o como ahora, hombres pensadores aman- 
tas del país, honrados y jus icieros, fijáronse en la 
creación de un Instituto como la medida salvadora ; 
pero entonces como hoy, no faltaron personas equi- 
vocadas ó inexpertas, que á nombre de una mal enten- 
dida justicia, y un mal entendido celo por el Tesoro 
Público, combatieron de trente, y Cv>n todos sus es- 
fuerzos la medida; y no faltaron tampoco entonces 
como ahora, otras, que, por miras interesadas ó egoís- 
tas, ó una lamentable ceguedad, pretendiesen burlar 
la opinión y propósitos públicos, falsificando el reme- 
dio con algo que bien podía convenir á ellos, pero 
<jue en manera alguna satisfacía las necesidades ni 
Jas aspiraciones dominantes/ 1 

Gárate y Mosquera, juntamente con los señores 
Domingo Eraso, Carlos Engelke y Carlos Alberto 
Urbaneja, presentaron, en noviembre de 18H8, un lu- 
minoso informe sobre este mismo asunto á a ante- 
dicha Sociedad ; con lo que, ai cabo de medio siglo 
ha venido á coronarse de gloria, por un nuevo voto de 
aprobación consciente y público, la primitiva idea que 
debe Venezuela á su Partido Liberal, de redimir 
nuestras industrias por los Bancos de Crédito Terri- 
torial. 

Proyecto de Ley sobre movilización de Crédito Territorial. 

EL SENADO Y CÁMARA DE REPRESENTANTES DE LA REPÚ- 
BLICA DE VENEZITELA, REUNIDOS EN CONGRESO, 

Decretan : 
Art. I o Bajo la garantía de la Nación y eu los tér- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 35 

minos que expresa esta ley, se establece un Instituto de 
Crédito Territorial, cuya dirección, administracióa y ope- 
raciones se determinan en los artículos siguientes : 

Art. 2? La dirección y administración de este Ins- 
tituto, será desempeñada por tres directores que tengan 
las cualidades de Senador, nombrados del modo siguiente : 
El Poder Ejecutivo, previo el voto consultivo «leí Con- 
sejo de Gobierno, propondrá nueve individuos á la Cáma- 
ra de Representantes, y ésta, reduciendo el número á 
.seis, lo presentará al Senado para que nombre los tres 
Directores. 

§ 1? El Poder Ejecutivo por esta primera vez, hará 
•dentro de 24 horas después de sancionada esta ley, la 
propuesta de los nueve individuos de que habla este 
-artículo. 

§ 2? La duración de los tres Directores será por seis 
años, reemplazándose de uno en uno cada dos anos, para 
lo cual los tres de la primera elección cesarán del modo 
siguiente: el último nombrado, á los dos años : el segundo 
á los cuatro y el primero á los seis. 

§ 3 o Las vacantes accidentales que ocurran, se lle- 
narán por el Poder Ejecutivo hasta la inmediata reunión 
del Congreso. 

§ 4 o Los Directores que fueren nombrados Senadores 
-ó Representantes, Consejeros ó Sec otarios de Es'ado, 
por el mismo hecho cesan en su des>gjo de Director ; 
v del mismo modo los agentes nombrad**. --Senadores, 
Representantes ó Diputados provinciales, cesarán en su 
destino de agentes. Tampoco pueden ser Directores ni 
agentes, los Senadores, Representantes y Diputados pro- 
vinciales, los Consejeros y Secretarios de Estado. 

Art. 3? La Dirección está autorizada : 

1° Para abrir crédito en los libros del Instituto al 

<\ue lo solicite mediante la hipoteca correspondiente, y 

dentro del término que previene esta ley. 

2? Para calificar y aceptar la hipoteca de dichos 
créditos, y también para admitir las ya calificadas y 
aceptadas por la Junta de que habla el artículo f>° de 
esta ley. 

3 o Para expedir títulos de capital y renta á los que 
tengan crédito abierto en el Instituto. 

4? Para recaudar las sumas que se deban al Ins- 
tituto, y satisfacer las que éste deba por créditos y amor- 
tización de los títulos, ó por cualquier otro respecto. 

;1° Para descontar al medio por ciento por año los 



36 DOCTOR L. VILLANUEVA 

títulos emitidos, en las épocas designadas en el articula 
14 ; y también para vender dichos títulos, y hacer amor- 
tizaciones extraordinarias cuando lo crea conveniente el 
crédito del Instituto. 

0? Para nombrar el agente que debe haber en cada 
provincia, peritos en la de su residencia y cualesquiera 
otros comisionados que exijan los negocios de su cargo. 
También podrá suspenderlos. Los peritos tendrán por 
remuneración los derechos del arancel judicial : los agen- 
tes el sueldo que la Dirección les asigna de 1.200 á 2.000 
pesos: y los demás comisionados, la cantidad que la 
misma Dirección estime conveniente, según su trabajo. 

7 o Para emitir títulos hasta igualar la cantidad me- 
tálica que se consiga en empréstito por el Poder Ejecu- 
tivo, á quien se autoriza para contratarlo dentro ó fuera 
de la República, por la suma de 5.000.000 de pesos, bajo 
la responsabilidad de la Nación. 

8 o Para descontar con plazos hasta de un año, bajo 
dos tirinas de responsabilidad ó mediante el depósito cíe 
documentos de crédito publico ó privado, que valgan el 
duplo de la cantidad que se solicita, con el interés que 
la Dirección fijará precisamente, con aprobación del Po- 
der Ejecutivo, al empezar sus operaciones. Siempre que 
hayan de hacerse descuentos, la Dirección y las agencias 
lo anunciarán al publico con la anticipación de veinte días, 
por carteles y por los periódicos, en donde los hubiere, ex- 
presando la suma que tenga á bien destinar á este objeto. 
La cantidad que se dé en descuento á cada peticionario 
no podrá exceder de 5.000 pesos; y cuando las solici- 
tudes excedan de la suma destinada al descuento, se 
distribuirá entre los mismos peticionarios á prorrata. 

9 o Para establecer todas las reglas de administración 
contabilidad y gobierno con aprobación del Poder Eje- 
cutivo. 

10. Para proveer á las agencias de los fondos que 
les correspondan, conforme al artícnlo 4 o y sus pará- 
grafos. 

Art. 4 o Dentro de cuatro meses después de estable- 
cido el Instituto, se planteará una agencia de él en cada 
una de las provincias de la República. A estas agencias 
serán comunes las atribuciones 4 41 , el primer inciso de 
la 5% en lo relativo á descuentos, y la 8 n del artículo 
;5V de esta ley, y además cumplirán todas las órdenes de la 
Dirección. El Instituto no podrá abrir su giro, sino cuando 
estén establecidas todas las agencias. 

§ 1? Los fondos que deben remitirse á estas agencias 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 37 

conforme al numero 10 del artículo que precede, tendrán 
por base la población, con arreglo al último censo apro- 
bado. 

§ 2 o En las provincias en que los pedidos calificados 
excedan de la cantidad que les corresponda, tomada la 
base de su poblacióu, se repartirá aquella entre todos los 
peticionarios de la respectiva provincia, rebajando á 
prorrata. 

§ 3 o Si alguna ó algunas provincias no hicieren pe- 
didos sobre la base de hipotecas calificadas, ó aquellos 
no cubrieren lo que les haya r-abido con arreglo á la base 
de población, y conforme á los parágrafos anteriores, se 
les remitirá siempre por la Dirección la cantidad que faite, 
hasta cubrir su cuota sobre la misma base de población, 
para que la destine á descuentos, según el número 8? 
ílel artículo 3 o , hasta que haya quienes la soliciten con 
hipoteca, con arreglo al artículo 13, reduciendo los térmi- 
nos á la mitad, á saber: dos meses para recibir las peti- 
ciones, avaluar, calificar y aceptar las hipotecas, y dos 
meses para que la Dirección emita los títulos conforme á 
esta ley. 

Art. T>° En la capital de cada provincia, excepto en 
la de la Kcpública, habrá una junta auxiliar de la Di- 
rección, compuesta del Gobernador, del agente de la Di- 
rección y del Administrador principal de rentas munici- 
pales. A esta junta corresponde: I o el nombramiento de 
peritos para el avalúo de las fincas situadas en la provincia 
y que hayan de hipotecarse; 2 o la calificación y acepta- 
ción de tales fincas; 3? las inspección sobre las hipotecas; 
y 4° del desempeño de todos los demás encargos que le 
haga la Dirección en su respectiva provincia. 

Art. <>? Se abrirá crédito en los libros del Instituto 
hasta por la mitad del valor libre de las hipoteca luego 
que esta haya sido aceptada por la Dirección, ó juntas 
auxiliares; pero ningún crédito podrá exceder de 20.000 
pesos. 

Art. 7? El valor de los bienes que se ofrezcan en 
hipoteca se determinará sobre la base de (> por ciento de 
su producto anual líquido; y este producto se fijará en 
el término medio del qne hayan tenido en el quinquenio 
inmediato. En las nueve fundaciones agrí olas el valor 
se estimará proporcionalmente por el de otros estableci- 
mientos de la misma clase y del mismo lugar, que se ha- 
llen en estado de producir. Ninguna otra propiedad que 
no se halle en estado de producir, podrá ser aceptada 
para la hipoteca. 

§ I o El valor de las propiedades urbanas se esti- 



SÍ DOCTOR L.VILLANUEVA 

mará también por el producto liquido de (5 por ciento 
»nual, bien sean aquellas ocupadas por sus propios due- 
ños, bien por otras personas. 

§ 2° A los dueños de hatos, se les abrirá crédito hasta 
el valor total de las tierras donde estén fundados sus hatos, 
cuyo valor se determinará por los peritos de Ja Dirección 
ó de la juntas auxiliares en sus casos, arreglándose á la 
estimación común. 

Art. *° En períodos que no pasarán de tres años, se 
hará constar el estado de las hipotecas ante la Dirección 
ójunta auxiliar respectiva, quienes exigirán nuevas ga- 
rantías hipotecarias por las que hayan desmerecido, ó el 
reintegro inmediato de la suma de crédito que corres- 
ponda ni demérito, ó de todo el «rédito, si el demérito 
fuese considerable. 

§ único. Esto no obsta á que cuando la Dirección ó 
la junta auxiliar estimen conveniente sab^r el estado de 
la hipoteca de alguno de ios deudores al Instituto, la ha- 
gan reconocer para los fines expresados. 

Art. 9° El crédito abierto en los libros del Instituto 
obliga al (pie lo haya obtenido, al pago semestral antici- 
pado de o por ciento durante veinte años, á menos que 
antes de este término el deudor satisfaga la cantidad que 
reste por los títulos que recibió, devolviendo los que co- 
rrespondan á la parte no satisfecha. 

Art. 10. El Instituto pagará á los tenedores de lo* 
títulos el «S por ciento de interés dentro de los veinte días 
siguientes á cada semestre vencidos después de la fecha 
del título. 

§ único. La Dirección designará el lugar y tiempo 
en que deban pagnrse los intereses de los títulos, así en 
ella corno en las agencias y en el extranjero; y también 
para la amortización de estos títulos. 

Art. 11. Anualmente se aplicará á la amortización 
de los títulos una cantidad igual al 3 por ciento de 
aquella á que asciendan todos los títulos emitidos, y 
que hayan estado en circulación un año por lo menos. 
La suerte designará los que deban ser redimidos, y esta 
operación se hará con la mayor publicidad posible. Las 
amortizaciones extraordinarias se harán del mismo modo, 
y con la cantidad que determine la Dirección, cuando 
lo crea conveniente. 

§ único. Los intereses de los títulos amortizados se 
aplicarán necesariamente al descuento de los títulos que 
estén en circulación, ó á amortizaciones extraordinarias. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 30 

Art. 12. Los títulos se extenderán en la forma de 
billetes pagaderos al portador, según las disposiciones, 
de la presente ley, y por las cantidades de 100 pesos- 
de capital y de (> pesos de renta anual. 

Art. 13. Para la emisión de los títulos la Dirección 
invitará á los aspirantes, concediendo para su presenta- 
ción el término de cuatro mese, y el día en que se 
venza este término abrirá un registro en que se inscri- 
ba á todos los aspirantes que se hayan presentado hasta 
aquel día, ó se presentaren en los cuatro meses siguien- 
tes. En cada agencia se conservará una copia del re 
gistro de los títulos pedidos y de las hipotecas que los- 
afiancen en las respectivas provincias. 

§ único. Los dos plazos de que habla este artículo,, 
principiarán á correr en las provincias desde el día en 
que establecidas las agencias hagan la invitación por 
orden de la Dirección. 

Art. 14. Será deber de la Dirección y de las agen- 
cias hacer el descuento de todos los títulos que se les 
pres°nten de los que hayan cabido á sus respectivas 
provincias y además los que la Dirección mande des- 
contar en dichas agencias en las épocas que la mis- 
ma dirección designe; y estas épocas no podrán ser menos, 
de tres en el ano, previos los anuncios correspondientes, 
con anticipación de 30 d'as. 

Art. 15. Cada aspirante inscrito designará inmedia- 
tamente la hipoteca, presentando el título con que la> 
posee y los documentos que acrediten que se halla libre 
de gravámenes ó que deducido el duplo de los graváme- 
nes por censos, queda una parte libre que pueda res- 
ponder al Instituto, ó que los acreedores anteriores- 
ceden su derecho de prioridad y cualquier otro derecho- 
que les perjudique. 

Art. 16. El justiprecio de los bienes parala hipoteca 
se hará por el perito ó peritos nombrados con arreglo» 
á esta ley. 

§ único. La parte interesada podrá recusar sin causa 
hasta dos de los peritos que nombre la Dirección ó la 
Junta auxiliar resi>e¿tiva, con tai que no hayan princi- 
piado á ejercer su encargo. 

Art. 17. No se concederá prórroga de plazo ó mo- 
ratoria para el entero de las cantidades que se deban 
al Instituto. La Dirección y agencias demandarán eje- 
cutivamente á los deudores morosos ante el tribunal que 
conozca de los negocios de la Hacienda Nacional. En 
estos juicios el Instituto, la Dirección y agentes que- 



40 DOCTOR L. YILLAKUEVA 

<ian asimilados á l:t Hacienda Nacional, y á sus em- 
pleados. 

§ único. El empleado que no proceda á demandar 
¡al deudor dentro del tercero día después de vencido el 
plazo, será responsable de las consecuencias de su de- 
mora. 

Art. 18. La venta judicial de las lincas hipotecadas 
podrá hacerse por las dos terceras partes de su valor 
■calculado por los peritos respectivo», y si esto no se con- 
siguiere en tres almonedas sucesivas con intervalo de 15 
<lías de una á otra, se podrá hacer la venta en la ter- 
■cera por la cantidad adeudada y costas, y si no hubiere 
quien ofrezca la deuda y costas, la Dirección deliberará 
lo conveniente. 

Art. 10. La certificación de los directores ó agentes 
«obre la legitimidad del crédito tendrán tuerza ejecutiva. 

Art. 20. El Poder Ejecutivo dispondrá que la Di- 
Teeción pague oportunamente los intereses del emprésti- 
to que, según esta tey, garantiza la Nación, y que des- 
tine también las cantidades necesarias para amortizar el 
«capital, todo conforme á las condiciones que se estipulen 
■en el contrato de empréstito. 

Art. 21. El Secretario de Hacienda inspeccionará 
mensual mente los trabajos de la Dirección y hará el tan- 
teo de caja: cuidará del cumplimiento de la presente ley 
y de los reglamentos del Instituto, corregirá las taitas 
ó abusos que note, é informará de todo al Presidente 
de la República, quien podrá suspender á cualquier em- 
pleado culpable hasta la Resolución del Congreso. 

§ único. En las agencias tendrá la misma inspección 
y hará el tanteo de caja el Gobernador de la Provincia 
acompañado de su Secretario, y de las faltas que note 
informará inmediatamente á la Dirección y al Secretario 
«de Hacienda. 

Art. 22. El Instituto queda exento del pago de todo 
impuesto ó contribución nacional ó municipal. 

Art. 23. En las escrituras que se registren para 
^asegurar las hipotecas que se constituyan á favor del 
Instituto del Crédito Territorial, no se cobrará el cuarto 
por ciento que la ley de registro ha impuesto sobre las 
escrituras que se refieren á cantidades que han de pa- 
garse ó recibirse por los otorgantes, ni tampoco en las 
-escrituras de cancelación de aquéllas. 

Art. 24. El sueldo de cada Director será de tres 
mil pesos anuales. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 41 

Art. 25. La Dirección se instalará dos meses después 
de publicada esta ley ; y se ocupará inmediatamente en 
formar el reglamento general y los particulares de las 
agencias, mientras corre el término al artículo 13 para 
la inscripción de los aspirantes á los títulos del Insti- 
tuto, nombrará los agentes en las provincias, les seña- 
lará sueldo, y dictará las demás medidas que estime con- 
renientes á su objeto. Los directores y los agentes dis- 
frutarán solo de la mitad de su sueldo ínterin no principie 
la emisión de títulos. 

Art. 26. Los directores y agentes prestarán fianza 
antes de entrar en el desempeño de sus destinos, por el 
duplo de los sueldos que disfruten. 

Art. 27. El Instituto no podrá hacer otras opera- 
ciones (pie las detalladas en la presente ley. 

Art. 28. La Dirección pasará cada tres meses al 
Secretario de Hacienda un estado de todos los negocios 
del Instituto. El Secretario formará un resumen de di- 
chas noticias y lo pasará al Congreso en sus reuniones 
anuales con ios demás informes que juzgue convenientes, 
y hará publicar en la Gaceta dichos estados. 

Art. 29. La Dirección refundirá en su cuenta anual 
que llevará por años económicos de julio á junio las de 
las «agencias (pie le serán remitidas en la época que ella 
fije en sus reglamentos; y la pasará en 1? de octubre de 
cada año al Tribunal mayor de cuentas para su examen 
y aprobación. Dicho Tribunal encontrándolas conformes, 
espedirá el competente finiquito, y no estándolo, pasará 
á los directores la planilla de reparos para su solvencia 
en el preciso término de 30 días. En uno y otro caso 
el Tribunal mayor informará al Congreso por conducto 
de la Secretaría de Hacienda, con los documentos co- 
rrespondientes á las mismas cuentas, en los primeros 15 
días de cada reunión ordinaria. 

Art. 30. La falsificación de los títulos del Instituto, 
la instrucción de títulos falsificados, la posesión de títulos 
falsificados á sabiendas de serlo, con intención de ponerlos 
en circulación fraudulenta, el hecho de grabar alguna 
plancha ó preparar algunos intrumeutos ó materiales con 
el objeto de falsificar títulos del Instituto, ó el de tener 
en su poder semejante plancha, instrumento ó materiales, 
con el intento de que sean empleados en falsificar dichos 
títulos, se castigará con la pena de tres á ocho años 
de trabajos forzados, ó con la de prisión (pie no pase 
de diez años y multa que no exceda de cinco mil pesos. 

Art. 31. La emisión de títulos mas allá de lo permitido 
por la ley, se castigará con la deposición del destino, si 



42 DOCTOR L. VILLANUEVA 

no hubiere habido fraude. Resultando éste, se impondrán 
además las penas que señalen las leyes comunes. En 
ambos casos se recocerán los títulos emitidos ilegalmente 
y se destruirán. 

Art. 32. Los directores y agentes incurren en las 
mismas penas que los empleados de Hacienda en los ca- 
sos de fraude, malversación, connivencia ú otros delitos 
respecto de los negocios que manejan. 

Art. 33. Las quejas por injusticia atribuidas á la 
Dirección ó á las agencias, se dirigirán al Secretario de 
Hacienda, en la capital ; y á los gobernadores en las pro- 
vincias para los efe otos del artículo 21 y su parágrafo, y 
para que pasando estos su informe al Secretario de Ha- 
cienda tenga su cumplimiento el artículo 28. 

Art. 34. El Poder Ejecutivo en la consecución del 
empréstito, no admitirá condiciones gravosas á los finea 
del Instituto y que estén en pugna con la presente ley. 

Art. 3.5. El Tesoro público suplirá con calidad de 
reintegro de los fondos del Instituto, los gastos necesarios 
para conseguir el empréstito y plantar la Dirección y sus 
agencias hasta que abran su giro 

Art- 3<>. Ni los directores ni los agentes podrán ob- 
tener títulos ni otra clase de auxilio de los fondos del 
Instituto. 

§ único. Tampoco podrán comprometerse como fiado- 
res por cantidades que se soliciten del Instituto. 

Dado en Caracas, á 4 de mayo de 1845, 16° de la Ley 
y 35° de la Independencia. — El Presidente del Senado, 
Eduardo A. Hurtado. — El Presidente de la Cámara de 
Representantes, Miguel G. Maya. — El Secretario del 
Senado, J. Ángel Freiré. — El Secretario de la Cámara de 
Representantes, Juan A. Pérez." 



OBJECIONES HECxIIS POR EL PODER EJECUTIVO AL PRO* 
YECTO DE LEY SOBRE INSTITUTO DE CRÉDITO TERRI- 
TORIAL. 

Excelentísimo señor : 

El cumplimiento de un deber imprescindible me pone 
en la necesidad de devolver al Congreso el proyecto de 
decreto que funda un Instituto de Crédito Territorial so- 
bre la garantía de la Nación. No se me oculta la dis- 
l>licencia con que va á ser recibido este paso por una 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 43 

porción, no corta, de ciudadanos muy estimables que 
están persuadidos de que el acto legislativo á que me 
retíero es un manantial de bienes para Venezuela, y lo* 
cuales han de ver con disgusto todo lo que en su con- 
cepto se oponga al logro de tan caro objeto; mas tengo 
que pasar por esta pena, después que muy detenidas 
meditaciones sobre la materia me lian dado por insul- 
tado que la utilidad del país, la conservación de sn 
crédito y la defensa y protección de los derechos de todo* 
exigen de mí que haga cuantos esfuerzos estén en mis 
facultades para detener, por las vías legales, la sanción 
de una medida que ofrece en su ejecución graves incon- 
venientes. Estimulado por las más fuertes convicciones 
y animado del más ardiente celo por la felicidad de la 
Kepública, dispuesto á hacer por ella todo género de 
sacrificios, voy á prestarle el de contrariar un i>royecto 
qne ha aprobado una muy considerable mayoría de am- 
bas Cámaras, como el medio más propio para sacar á 
las industrias del abatimiento en que se hallan, y traer- 
nos luego bienes políticos y económicos de alta impor- 
tancia. Tengo el sentimiento de pensar muy de otro modo 
v de haber formado un juicio distinto sobre el Instituto 
de crédito territorial, según se formula en el proyecto, 
después de haber oído las razones con que se ha soste- 
nido é impugnado. 

En el Mensaje que dirigí al Congreso al iniciar su» 
presentes sesiones, dije á las Honorables Cámaras que 
nuestro estado interior requería que con toda solicitud 
se examinasen los distintos ramos de la legislación en su 
relación con el progreso general de la Bepública ; para 
oue con conocimiento de lo u.ne fuese justo y conveniente 
á la Sociedad, decretara el Congreso medidas que pu- 
dieran ser abrazadas con confianza por todos los venezo- 
lanos y que produjeran beneficios importantes á nuestra 
patria. La que contiene el proyecto de crédito territorial, 
ni la creo justa ni conveniente, ni será abrazada con 
confianza por todos los venezolanos, y lejos de producir 
beneficios importantes puede ser fecunda en todo género 
de males. 

En Venezuela, dorde las rentas publicas se forman 
de las contribuciones que indirectamente pagan todos los 
ciudadanos, no puede considerarse corno rigorosamente 
justo un auxilio que no puede alcanzar á todos, y para 
el cual se comprometen en garantía las rentas que todos 
pagan. Con tal sistema de contri buciones es inconcilia- 
ble todo auxilio directo por la relación que debe existir 
siempre eníre el empleo que se haga délas rentas y el 
bienestar de los que las forman. Por más que el Congreso 
se haya esmeado en generalizar el auxilio á las indus- 



44 DOCTOR L. VILLANUEVA 

trias, ya distribuyéndolo entre todas las provincias, según 
la base de población, ya reduciendo á veinte mil pesos 
el máximum del auxilio á que pueda aspirarse, ya per- 
mitiendo el empréstito de algunas cantidades sin hipote- 
cas, no puede negarse que el beneftcio, para que sea pro- 
vechoso, sólo puede alcanzar á un pequeño número de 
propietarios, insignificante, comparado con la totalidad 
de los industriales venezolanos. Cuando este modo de 
ver la cuestión se haga familiar, cuando el resultado 
convenza á muchos de los que hoy esperan sin funda- 
mento obtener el auxilio, que él no puede dispensarse á 
todos, cuando se palpe la distinción que necesariamente 
ha de hacerse entre los qne prestan seguridades y los 
que no pueden darlas, no obstante la mayor necesidad 
de socorro que tienen éstos, nada será comparable á su 
disgusto; y puede asegurarse que el que se hace sentir 
en la actualidad por consecuencia del atraso de los in- 
dustriales, se concentrará en loa últimos y i>odrá produ- 
cir efectos más desagradables. Sin entrar en minuciosas 
demostraciones sobre la inseguridad de las hipotecas, sobre 
visicitudes y sobre otros puntos que se han discutido 
juiciosa y acertadamente para convencer la certidumbre 
del riesgo á que se expone el Tesoro público, no obstante 
las precauciones que se han escogido para desviar todo 
peligro, yo me limitaré á interpelar acerca de su exis- 
tencia el buen criterio de todos los Honorables Senado- 
res y Representantes, y á enunciar como una verdad 
umversalmente reconocida en sus principios, que el ac- 
cidente muy posible de que la Nación haya de pagar por 
sus fiados y quedar constituida acreedora de estos, la 
coloca bajo un doble aspecto en una situación delicada, 
porque produce simultáneamente las quejas de los con- 
tribuyentes y el desafecto de los adeudados. La medida 
de auxilio que ha acordado el Congreso, no solo traerá 
inconvenientes graves al establecimiento, como lo he 
indicado, sino que cada vez irán siendo mayores y au- 
torizando nuevas y mayores exigencias. Presiento que 
si llega á tener efecto, ella será la materia preferente, 
si no la única, de las legislaturas venideras, y que les 
robará como este ano, pero ya de un modo inevitable, 
el tiempo preciso que reclaman medidas indirectas que 
á la larga deben producir un resultado más satisfac- 
torio. 

Cna protf cción como la que se acuerda, en que para 
guardar consecuencia ha debido prcseindirsc absoluta- 
mente de la moralidad y atender sólo á la responsabilidad 
material del que la solicita, si por una parte presenta- al 
Gobierno revestido de odiosas apariencias y á algunos 
industriales probos y dignos de consideración enteramen- 
te desatendidos, por otra provoca el abuso de muchos á 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 45 

quienes hasta ahora ha salvado una saludable timidez en 
contraer empeños, por las facilidades que le brinda y por 
la competencia en que pone la ley á todas las provincias 
para obtener en virtud de los pedidos de sus habitantes 
la rata del empréstito correspondiente á su población. 
Nada hay más funesto para la riqueza de un país que la 
imprudencia de las empresas; y una ley que la estimula, que 
convida al abuso que interesa en su favor el tuerte sen- 
timiento del patriotismo local, no puede ser conveniente. 

Por otra parte, el crédito de la Nación, siendo una 
propiedad de todos los venezolanos, no puede usarse sino 
en beneficio de todos y con la más rigorosa economía. El 
se disminuye como el de los particulares cuando se recar- 
ga con muchas obligaciones. El debe conservarse intacto 
para el caso de una guerra, si tal desgracia pudiera afli- 
girnos algún día, para la apertura de caminos y otras 
empresas de utilidad general de que tanto ha menester un 
país naciente é inculto como Venezuela, y aun para ope- 
raciones financieras que tuviesen por objeto la conserva- 
ción de ese mismo crédito nacional. Paréceme que em- 
peñarlo en un auxilio directo y no general en circnnstan 
cías en que con una deuda pasiva exterior de mas de veinte 
millones de pesos, carecemos de vías de comunicación, de 
este importante resorte de mejora y engrandecimiento, es 
obrar de una manera poco conforme á los principios admi- 
nistrativos que recomiendo y cuya solidez no puede menos 
(pie reconocer la ilustración del Congreso. 

Si de estas consideraciones generales quisiera des- 
cender á ocuparme de pormenores del proyecto, que tengo 
la honra de devolver, se me presentaría un vasto campo 
de observaciones sobre inconvenientes para su ejecución; 
pero convencido de que las Honorables Cámaras habrán 
sometido á un ilustrado examen muchas de las que yo ira- 
dría hacerle, me limitaré á exponer que según los cálculos 
más probables, fundados en la experiencia de esta clase 
de negociaciones, el empréstito de cinco millones de pesos 
qne se manda negociar para que sirva de capital al Ins- 
tituto, aun cuando se consiga el seis por ciento de interés 
anua], calculando este sobre la suma que realmente venga 
al paí*, hechas las deducciones que son de costumbre, 
resultará á una rata de 9 á 10 por ciento, lo cual será un 
inconveniente insuperable para la ejecución de la ley por 
el gran perjuicio que sufrirá la Nación. 

El Poder Ejecutivo se ha opuesto á la medida que 
abraza el proyecto desde su segunda discusión en la Cá- 
mara donde tuvo su origen, y aunque su oposición no 
bastó á detener su progreso ha llegado Ja oportunidad de 
consignar en nn documento solemne los motivos de esta 



46 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

<>l>osición, para que la Nación, de quien tiene sus poderes, 
<3onozea la conducta de su delegado. 

Si el Instituto hubiera de producir los bienes que au- 
guran sus sostenedores, nada se perdería por un nuevo 
examen ; si males, yo habría tenido la satisfacción de di- 
ferirlos. No sostengo causa propia: sostengo la pública 
■en desempeño del alto deber en que estoy constituido por 
la voluntad de mis conciudadanos, y aunque alguno le 
sea enojoso mi proceder, espero que más tarde harán jus- 
ticia á la sinceridad de mis intenciones y á la honradez de 
mis principios. Amo de todo corazón el bien de mi patria, 
y si me impresiona profundamente toda presunción del 
mal para mis conciudadanos* esta impresión nace de un 
sentimiento puro y ageno de todo lo que pudiera carac- 
terizarlo de caprichoso ó sistemático. Respeto y acato la 
opinión del Congreso como la expresión legítima de la 
voluntad nacional, y este mismo respeto, y la necesidad 
de conservar la confianza de mis conciudadanos, me ha 
determinado á someter á vuestra alta consideración estas 
observaciones en busca de vuestra última resolución, á la 
-cual daré más puntual y exacto cumplimiento. 

Si esta ííltima resolución del Congreso fuere la de 
encontrar fundadas mis observaciones, en este caso os 
pediré desde ahora vuestra cooperación para la ejecución 
«de un plan qne tenga por objeto la mejora pronta y eficaz 
-de nuestras principales vías de comunicación, en una 
■empresa nacional de caminos, usando del crédito público. 
La aprobación anual de ltiü.OUO pesos para la mejora gra- 
dual de las vías (le comunicación, dentro de cincuenta 
anos habrá ascendido á ocho millones de pesos, y nuestros 
•caminos se encontrarán en el mismo estado que hoy con 
muy poca diferencia. No sucedería así si desde luego se 
aplicasen los ocho millones ó menos. Muy pronto, dentro 
«de dos anos quizá, empezaríamos á experimentar grandes 
beneficios, y antes de quince, el impulso que habría reci- 
bido nuestra industria, habría sido más que suficiente 
para pagar dicha suma, dejándonos un grande é incalcuia 
b ! e aumento en la riqueza pública y en la mejora de 
nuestra condición social. Cada día es más urgente la 
aplicación de nuestros recursos á esta grande empresa. 
El vuelo que lleva el ramo de caminos en todo el mundo 
nos ha dejado atrás á una distancia inmensa, y los costos 
«de trasporte recargan nuestros productos con un grava- 
men que ya no pueden soportar el más económico, ni el 
más laborioso propietario. 

Mas si vuestra última resolución fuera la de que no 
encontráis fundadas mis observaciones , el proyecto será ley 
de la República, y el Poder Ejecutivo empleará en su eje- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 47 

ración la más solícita diligencia, para que se realicen los 
bieoes que el Congreso se promete y se disminuyan los 
nales que el Poder Ejecutivo terne. 

Excino. seüor. 

Carlos Soublette. 

Caracas : mayo 19 de 1845. — 1G de la Ley y 35 de la In- 
dependencia." 



: „ ^. 



CAPITULO II 

I. Anudando el hilo de nuestra historia en lo „ * ol ¿ tic * del 

Oral. Soublette. 

referente á las ocurrencias políticas, debemos de- 
cir que á las leyes, con que se tenía encadenado 
el país, intentaron los oligarcas agregar otras, aún 
más restrictivas; y al efecto presentaron al Con- 
greso del 45, proyectos para limitar la libertad 
de la prensa, aumentar la fuerza permanente, anu- 
lar las funciones del Poder Municipal en lo relati- 
vo al nombramiento de jueces inferiores, como re- 
sorte para las e'ecciones, que necesitaban poner en 
manos del Poder Ejecutivo; y otro, aún más descabe- 
llado, en que disponían que no se permitiese votar 
á los que no supiesen leer y escribir; con lo cual 
pensaban inutilizar en los comicios las cuatro quin- 
tas partes de los venezolanos, afiliados ya en el 
Partido Liberal. Por fortuna todos estos proyectos 
fueron desechados por las Cámaras y por el General 
Soublette, Presidente constitucional en el período de 
43, 44, 45 y 46 ; personaje cuyo carácter y princi- 
pios no se conformaban á los dogmas de exclusión y 
absolutismo del Partido de la oligarquía, del cual no 
era jefe, pero ni aun inspirador. 

Véase, si no. 
4 



50 DOCTOR L. VILLA2ÍUEYA 

En los años del 43 y 44 mantúvose el Ge- 
neral Soublette firmemente neutral entre los dos par- 
tidos, sin patrocinar á ninguno de los dos: mos- 
trando el más nimio respeto á la Constitución y 
á la prensa, y asegurando á todos los ciudadanos 
sin distinción, las garantías que les brindaban las 
instituciones. 

No tenemos reparo en escribir este juicio, por- 
que nuestra palabra como liberal es insospechable; y 
debemos escribir estas páginas, sujetos á las dos 
principales leyes de la historia, á saber: no atre- 
verse á decir nada que sea falso; atreverse á decir 
todo lo que sea verdad (1). 

La estructura política de aquella situación estri- 
baba en las tres siguientes fuerzas públicas : 

El Gobierno — El Partido Conservador — El Par- 
tido Liberal. 

La conducta de Soublette en los dos primeros años 
de su presidencia, nos trae á la memoria la serenidad 
de Washington en los primeros años de su gobierno, 
cuando empezó la lucha entre los federalistas de Ha- 
milton,Secretario del Tesoro, llamados el partido del 
orden, que pedía grandes facultades para el gobierno 
federal, no sin detrimento de la soberanía de los Es- 
tados ; y el partido de Jefferson, Secretario de Es- 
tado, conocido con el nombre de los republicanos: 
Partido liberal de los primeros días de la, Unión, 
que reclamaba la independencia de las Secciones, 
y proponía que el gobierno federal se ocupara en 
despachar los asuntos internacionales, antes que 
los negocios de la política doméstica. Aquel gran 
magistrado tuvo al fin, por imposición de las cir- 



1 Cicerón.— De o rato re. 11—15. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 51 

cunstancias, que inclinarse á los federalistas; por lo 
<\ue, encolerizados los republicanos, empezaron á 
insultarle, hasta burlarse de los títulos gloriosísi- 
mos con que lo habían honrado sus conciudadanos, 
poco antes, por amor y gratitud. (1). 

Ya para 45 se notó en el general Soublette 
■disposición á servir los intereses de los oligarcas, con 
motivo del proyecto del instituto ; y desde aquella fe- 
«cha los liberales extremistas, perdida la esperanza de 
.atraerle ? ó de mantenerle por lo menos en su posición 
de neutral, se dieron á atacarle en todos sus periódi- 
cos, y aun á amenazarle de muerte ; lo que equivalía 
de parte de sus escritores á cometer el gravísimo error 
de sacrificar en el ara del deleite de la vana populari- 
dad, que tanto embelesa á los tribunos y periodistas, 
la conquista probable del poder por el favor de la opi- 
nión pública, asistida de ciertas eficaces y discretas in- 
fluencias oficiales: camino seguro que aconsejan tomar 
los más prácticos hombres de Estado en t anees pa- 
recidos. 

Con todo, el General Soublette procuraba siem- 
pre mediar entre unos y otros, impidiendo, hasta 
donde le era posible, que el principio de autoridad 
rayase en tiranía, y la justicia de los tribunales en 
-crueldad, y que se abusara del poder de aquellas 
terribles leyes para oprimir á los liberales; conte- 
niendo al mismo tiempo á estos, con discreción y 
justicia, para no dejarles llegar á los excesos á que 
tienden siempre en sus principios los partidos po- 
pulares. 

Porque si bien es verdad que los partidos conser- 
vadores, llamados de orden, son implacables en su 



1 Lo» republicanos le llamaban The Stepfather ofhia conntry. 
— Brice. The American conmouwealth. — Voi. II. 



52 DOCTOR L. VILLANUEVA 

despotismo, odiosos por sus crueldades, y nocivos at 
progreso público por su tenaz apego á lo pasado ; tam~ 
bien tenemos por cierto, que los partidos liberales 
en sus principios, con más fe en el pueblo que en el 
gobierno, han sido siempre demagogos. En Roma 
con los Gracos, Mario y Catilina. En Francia con 
el Terror del 93, con los Rojos del 48 y los Co- 
munistas del 70. En los Estados Unidos con el 
partido de Jefferson. En Venezuela con los patriotas 
del año de 11 que gritaban: "viva la santa demago- 
gia." Y tal sucede, porque la demagogia es la suspira- 
da forma de vida autonómica de todas las infancias ; 
de la infancia del hombre, cuando aspira á la inde- 
pendencia personal ; de la infancia de los pueblos, 
cuando quieren pasar de colonias á naciones sobe- 
ranas ; de la infancia de los partidos democráticos, 
cuando empiezan sus ludias por la libertad. 

Aspiraba también Soublette á implantar una polí- 
tica de fusión, ó unión entre los moderados de ambos 
bandos, diciendo (pie su Gobierno era nacional y no 
de partido; lo cual desagradaba á los oligarcas, quie- 
nes lejos de querer compartir el poder con sus contra- 
rios, pugnaban porque se les persiguiera, hasta ren- 
dirlos v acabarlos. 

Pensó una vez proponer al señor Guzmán la Se- 
cretaría de la Legación del General Urdaneta en Pa- 
rís, y los oligarcas intrigaron tanto contra esta idea, 
que al fin tuvo (pie desistir de ella : y si bien no 
era este empleo apetecible para Guzmán, habría 
quedado siempre la propuesta, á lo menos como 
signo de una política de tolerancia y conciliación, 
que los exaltados calificaban de política de laisscr 
/aire, laisscr p(ixs<.'r y atribuida á debilidad, vacilación 
y abandono ; cuando, según dejó escrito su Ministro 



VIDA DEL OUXkRAL ZAMORA 53 

Cobos Fuertes, era justamente el resultado de un 
-plan premeditado y seguido sin titubear en todo el 
curso de su Administración (1). 

Este mismo Ministro explica, aunque con mu- 
chos miramientos hacia sus eopartidarios, cómo se for- 
mó la oligarquía, y de qué modo acaeció su inesperada 
ascensión personal á la Casa de Gobierno, cuando re- 
nunció el Doctor Aranda las Carteras de Hacienda 
y Relaciones Extenores, por no estar de acuerdo con 
el Presidente en el proyecto de Ley del Instituto. 

Hé aquí sus palabras : 

"Hasta 1S44 los Ministerios habían sido servidos por 
sujetos de reconocida capacidad, experimentados en la 
administración de los negocios ó formados en las mesas 
de las Secretarias, como era regular. Los patriotas que 
nos habían gobernado, habían temido confiar los intereses 
públicos á manos inexpertas. Como los primeros marinos 
no osaban salir del Mediterráneo, salvando las columnas 
•de Hércules, así nuestros primero* magistrados no se 
atrevían á salir de un corto número de hombres aptos, 
ú quienes, y á los que los sostenían, se dio el apodo de 
olhjarcas (gobierno de pocos.) Los que se denominaban 
liberales impugnaban esa honrosa timidez, la acriminaban 
y pedían el ensanche del círculo elegible. A estas exi- 
gencias debo mi honorífica é inesperada elección para 
Ministro de Interior y Justicia." (2) 

II. IK'bese á los liberales el primer trascenden- ios iiber*iet 

1 / fundan la pren- 

tal movimiento de nuestra prensa política, pues á la"P olitica - 
vez que del 40 al 4(i fomentaron sin descanso la crea- 
ción de órganos suyos para esparcir las nuevas ideas, 
avigorar el ánimo de sus parciales, y darles á cono- 
cer el mérito de directores de la causa, y los defectos 
y culpas de sus enemigos, provocaban á éstos á 
levantar tribunas para discutir con ellos los intereses 

1 M*teri <»les para la biografía del (reneral C. SouVette, publi- 
•cadoseí Caracas en 1*70 por el Doctor F. Cobos Fuertes. 

2 Este nombramiento marca de una manera indeleble la po- 
lítica neutral del Poder Ejecutivo eu la contienda política de los 
partidos constituci male«. Es uu chasco para la oligarquía: es un 
progreso. — El Venezolano, número 241. 



54 DOCTOR L. VILLANUBVA 

nacionales, en el campo luminoso de la paz y de 
las leyes. Sus oradores y periodistas, Lander r 
Guzmán, Renclón, Urrutia, Sanavria, Larrazábal r 
Arteaga, el padre Espinoza, Echeandía, Aranda r 
Bruzual, Ruiz, Arvelo, el Doctor García, y otros de 
no menores prendas de inteligencia y patriotismo,, 
despertaban el pueblo, enseñábanle sus derechos, y le 
incitaban á ejercerlos en las elecciones y en la prensa. 
Constituidos en partido político avivaron por una reac- 
ción natural las energías. de sus contrarios, v les obli- 
garon á defenderse con la pluma y la palabra; que- 
dando establecida desde entonces y por primera 
vez, la lucha de nuestros partidos, cada cual con 
sus principios, hombies y periódicos. De suerte 
que, puede bien decirse que los liberales fueron 
los fundadores de nuestra prensa independien- 
te, los que ensenaron por medio de ella a soste- 
ner las libertades públicas, á mover las inteligen- 
cias al progreso común, y á poner en vigencia el 
derecho electoral para dar comisarios á la Nación 
al gusto de sus mayorías. 

El periódico principal de la propaganda liberal 
fue El YvnezoJano. 

Este periódico empezó á salir en agosto de 
1840 en la imprenta del señor Valentín Espinal ; 
de aquí se mudó á la de los señores Núñez y Mar- 
quiz, entre las esquinas de Catedral y las Madri- 
ces. Después se imprimió en la del señor George 
Córser, entre Camejo y Santa Teresa. De esta pasó* 
á la suya propia, que se instaló en la esquina de La 
Bolsa, y se inauguró el 28 de octubre de 1841. 

La primera publicación de este taller tipográfico 
fué una hoja escrita por el señor Guzmán, como 



VIDA DEL, GENERAL ZAMORA 5,> 

homenaje de la "Sociedad de Artistas" al Libertador. 
Era Presidente de este Cuerpo el maestro talabartero 
Jos¿ Luis Moreno ; Vicepresidente, el maestro sastre 
Santiago Madriz ; y Tesorero el maestro carpintero 
Juan García, uno de los diputados muertos el 24 de 
enero. 

Constituyóse el personal de la redacción con el 
señor Juan V. González, en calidad de colaborador, 
hasta 184o, en que este se convirtió á la oligarquía, y 
con los escribientes Jerónimo E. Blanco, León Cova¿ 
Carlos Berrío, padre del General Joaquín Berrío r 
León Van Praag, X. Maurv, Epifanio Franco, Tomás 
Pacaníns v Abigaíl Lozano. 

PERSONAL DE LA IMPRENTA: 

Regente 
Zacarías Lia gimo 

Cajistas 

Manuel J. Rivas José Félix Monasterios 

Juan Bautista Galarraga José de J. Torrealba 

León Echeverría 

Distribuidores y cajistas en periódicos 

Jacinto Echeverría Federico Latassa 

Sandalio Urizaba Eliodoro López 

Prensistas 

Felipe Ovalles Benigno Barroza 

Nicomedes Peña Manuel María Mondragón 

Vicente Lliliado 

Encuadernador : Benicio Cordero 

Con estos empleados se abrió la imprenta; y se 
clausuró en octubre de 184fi con los siguientes : 

Regente, Camilo Machado Eliodoro López 
Juan Bautista Galarraga Felipe Ovalles 

Ramón Alcalde Pina 



56 DOCTOR L. VILLAKUEVA 

Al principio de 1843 se trasladó esta imprenta 
á la casa de la esquina de la Sociedad, de la pro- 
piedad de Doña María Antonia Bolívar de Clemen- 
te, hermana del Libertador. 

En el renombrado Sextenio de incubación del 
Partido, publicaron los liberales diversos periódi- 
cos, de más ó menos duración, pero todos con el 
mismo programa de oposición por un parte, y de 
ideas innovadoras por la otra, á saber: 

El Centinela del Avila, del Doctor Sanavria y 
del señor T. Lander, 1840. 

El Relámpago, de Lander, Arvelo y Guzmán, 
1843. 

El Agrictdtor, del Doctor M. M. Echeandía y 
Esteban Herrera, 1844 — Órgano de la Sociedad 
Agrícola. 

La Nuera Era, d?\ Doctor Fidel Rivas y Rivas. 

El Trabuco, El Zancudo, Las Avispas, de Lu- 
ciano Requena. 

El Sin Camisa, de Mauricio y Teodosio Blanco. 
El Republicano, de Blas Bruzual. 
El Diario de Caracas, de Manuel Larrazábal. 
El Constitucional, del Doctor Urrutia y varios. 

El Progreso, defensor del Instituto Aranda, 
1845. 

El Elector, del Doctor Lucio Pulido y Doctor 
G. Tell Villegas. 

Los A yes del Pueblo, 1845. 

El Tribuno, de Cumaná, de E. Rendón. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 57 

El Observador, de Cu maná. 

El Patriota, redactado por el Doctor Felipe La- 
rrazábal, cuvo Editor era su hermano Salvador Larra- 
záhal ; Cronista Colaborador, su hermano Manuel 
Larrazábal : y Secretario de la Redacción, Rafael 
Díaz, sacerdote después y hoy Canónigo de la Iglesia 
Metropolitana. Entre sus colaboradores trabajaban, los 
sejíores Pbro. Doctor José Alberto Espinoza, Doctor 
Ramón Anzola, Licenciado Claudio Viana, General 
José M. Olivares v Doctor José Manuel García. Sus 
impresores fueron Elias León, Regente Cajista; y 
oficiales, Epifanio Franco. Andrés Figuera, Fermín 
Villegas, Valentín Blanco y José Jesús Castro, pren- 
sista. 

Fuera de estos periódicos, circulaban muchos 
pecpieííos de chistes, versos y caricaturas. 

Para contrarrestar la prensa liberal, publicaron 
)os gobiernistas en el mismo Sextenio los que á con- 
tinuación se expresan : 

El Correo de Caracas, de Cajigal, Acevedo y 
Briceüo : El Liberal, de Julián García y después 
de José María de Rojas; El Nacional, de Cajigal; 
La Unión, continuación de El Nacional ; El Estan- 
darte Nacional, de José Quintín Suzarte y Cristó- 
bal Mendoza; El Promotor, de Olegario Metieses 
y Fernando Antonio Díaz : El Diario de la Tarde, 
de Juan Vicente González; La Prensa, del mismo 
González ; Venezuela Ubre, de Hermenegildo Gar- 
cía; La Razón, de Fernando A. Díaz; Las Cati- 
lifiarias, de Juan Vicente González ; El Itn parcial, 
de Espinal y Acevedo; El Mercurio, de los mismos; 
El Manzanares, de Pedro J. Rojas, El Tiempo, y 
otros de menor nombradla. 



58 DOCTOR L. VILLANl EVA 

Después del respetable Gobierno de Varga», 
quedó la sociedad hasta el 42 bajo la presión ener- 
vante de Administraciones con falta de iniciativa para 
las mejoras, de Congresos independientes y de Muni- 
cipalidades activas; sin partidos políticos, ni alterna- 
bilidad en los empleos; y sobre todo, sin prensa 
de oposición, que es unas veces, la irresistible tuer- 
za motriz de la opinión contra la pereza ó los 
descuidos de los mandatarios; v otras, el iulgu- 
rante látigo de Dios contra los opresores de los 
pueblos. 

El 9 de febrero. tttt i* •' i* i • i i • i 

111. La evangelizacion (te ios liberales inspirada 
en los más puros principios de las ciencias morales y po- 
líticas, vino á ser una fuente de vida (pie incitaba los 
jóvenes, aun los de familias oligarcas, á amar la libertad, 
á venerar las instituciones, y á emplear con entusiasmo 
sus aptitudes en las controversias sobre los diversos 
ramos de la Administración publica; en comprobación 
de lo cual, puede citarse lo que ocurrió el \) de fe- 
brero de 44, día magno de la libertad, cuando los 
oligarcas, sin freno en sus desafueros, querían que el 
jurado de imprenta multase y encarcelase al señor 
Guzmán por un periódico, El Reli'nnpaffn, que había 
sido impreso en su taller tipográfico, contra el señor 
Juan Pérez, Director del Banco Nacional. 

Agitado Caracas en el día por gruesos bando* 
de liberales y de oligarcas (pie cruzaban las calles, 
amenazándose mutuamente, creció en angustias por 
la tarde, ansiosos todos de saber el veredicto de 
los jueces. Fue entonces cuando agolpada la mul- 
titud con gran gritería contra la casa del Jurado, 
entre las esquinas de la Pedrera y Marcos Parra, se 
vio á los hijos del General Soublette, Carlos y Evaris- 
to, bajar del Molino, sito en el cerro del Calvario, á 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 59 

la cabeza de los estudiantes de la Universidad, dando 
vivas á la libertad de imprenta. Loable rasgo de 
virtud cívica, que da á entender, cuanto habían ga- 
nado en todas las esferas de la sociedad las nuevas 
ideas políticas, que los liberales venían inculcando- 
en la couci^ncia pública, por medio de sus aren- 
gas y escritos. 

La entrada de estos jóvenes por la esquina de 
Marcos Parra produjo tal conmoción, que los agentes 
de policía, apostados en las ventanas de la casa del Ju- 
rado, botaron las carabinas y se pusieron en fuga. 
Los oligarcas, asustados con el tumulto, cada vez más 
exaltado, idearon disolverlo por la fuerza, para impo- 
nerles su voluntad á los jueces; y al efecto diputaron 
una comisión al (xeneral Soublette para informarle de 
las cosas y pedirle que mandara al Coronel Codazi, Di- 
rector de la Academia de Matemáticas, con una fuer- 
za de artillería que despejase la calle. El Presidente, 
luego que oyó á los diputados, les contestó, dueño de 
sí, con las palabras siguientes, que se han hecho in- 
mortales : Digan ustedes al señor P residente del Jara- 
do, 'jae para conserrar el orden to([ue la campanilla. 
Tan prudente conducta de parte del General Presi- 
dente exacerbó á los oligarcas, quienes para vengarse 
de él, publicaron el día siguiente una grande hoja 
suelta, titulada El Gran Traidor, y después otra lla- 
mada La Oposición Garyantúa, destinada también á 
infamarle. Los liberales, pur el contrario, le colmaron 
de alabanzas. 

IV. En 1 s primeros combates eleccionarios de 40 Elecciones de i 
y 42 los liberales fueron ciertamente vencidos; pero 40 * 148 ' 
lejos de perder el ánimo, cobraron nuevos bríos para 
emprender otros contra el Banco y los curiales. 

Llegó el 44, y en el cantón Caracas, com- 



00 DOCTOR L. VILLAXUEVA 

puesto de 17 parroquias, (1) ganaron los liberales 
por 2.141 votos contra 800 de los oligarcas; con 
que lograron el triunfo de su plancha de electores (2) 
y la mitad de los miembros del Concejo Municipal; 
y queriendo hacer buen uso de la victoria, se apresu- 
raron á ofrecer sus servicios al Presidente, para sos- 
tenerle y resguardar el orden publico. Pero los 
oligarcas se dieron sus artes de adulterar las votacio- 
nes en otros Canfines; pues cuando los registros da- 
ban á los liberales 55 votos, que eran más de las dos 
terceras partes del colegio electoral, resultó que per- 
dieron la elección de los diputados de la provincia, 
porque los enemigos consiguieron elevar ilegalmente á 
doce el número de electores del Cantón Calabozo, y á 
cuatro los de Chaguaramas y Orituco, todos s ivcs, y 
hacer figurar la parroquia de San Juan de los Morros 
con más sufragantes que todo el Cantón de Villa de 
Cura: con lo cual obtuvieron en definitiva cinco 
electores por aquel Cantón Así y todo, no contaban 
sino veinticinco, y no fué sino por cohecho, cómo 
alcanzaron otros más en el colegio, con lo cual pudie- 
ron nombrar los diputados de la provincia por una 
mayoría de tres votos. Empero, resaltaban tanto 
el prestigio y méritos de los candidatos liberales, 
que los mismos oligarcas tuvieron que votar por al- 
gunos de ellos, como por el Pbro. Doctor José Al- 
berto Espinoza, Rector y Catedrático de la Univer- 



1 El cantón Caracas pe componía de las siguientes parroquia*: 
San Pablo, Candelaria, Altagraeia, San Juan, Santa Rosalía, Ma- 
<»arao. Los Toques, Antíniano, Catedral. Chaeao, El Val'e, L,a 
Vega, Cañizal, San Antonio, San Diego, Paraeotos y San Pedro. 

2 La p'atchn de electores, ganada por lo*, liberales en Cara- 
cas fué eeta : Doctor Cario* Ai velo, José Lu ; s Moreno, Esteban 
Herrera. Doctor Jo é Alberto Espinoza. Doctor José Manuel (Gar- 
cía, Doctor M. M. Eeheaudía, Auto io L. Quzímín, Doctor To- 
más José Sanavr»a. Saatago Mudnd, Juan Francisco Guzím'm , 
Florencio Orea, José To libio Iribarren, Ricardo Romualdo Biasco. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 61 

sidad, Penitenciario de la Catedral y sapientísimo en 
letras divinas v humanas. 

Toca al que esqriba la histor'w completa de este 
bello período de la vida civil de Venezuela, hacer 
el cómputo de los sufragios en las elecciones primarias 
de todos los Cantones, para poner de manifiesto, cómo 
iba ostentándose el interés por tratar los negocios 
públicos, con cuánto vigor se desarrollaba el poder de 
las instituciones y en qué grado se enardecía la lucha 
entre los dos partidos: pues nosotros, para no salimos 
de los límites retóricos impuestos á una biografía, 
apenas si podemos dar cuenta de los resultados de 
las elecciones del Cantón Caracas; haciendo constar 
que en 1838, cuando la oligarquía funcionaba exclusi- 
vamente, y practicaba sus elecciones sin contradicción, 
sólo se inscribieron 300 sufragantes en todo el Cantón, 
que es de suponerse fuesen en gran parte empleados 
públicos. El año de 40, en que alboreaba la prensa de 
oposición, se inscribieron mil quinientos sufragantes, á 
saber: mil oligarcas y quinientos liberales. En 42 
fué mayor el número. En 44 presentaron los libera- 
les 2.141 votos y los oligarcas <S0O. En 4(5 presen- 
taron los liberales guzmancistas 2.742, y ios oligarcas 
1.084: con esto se revelan las conquistas obtenidas 
por los liberales en la opinión pública, por medio de 
su prensa y sus sociedades políticas, únicas fuerzas 
que se permitieron preparar, de uno á otro período, 
para disputar el poder á sus contrarios. 

Perseverando en tan ruda labor, llegaron á la 
contienda del 46, que habrían ganado en toda la 
República, si en vez de fraccionarse en parcialidades 
eleccionarias, se hubieran presentado en los comi- 
cios con un solo candidato. Entonces perdió el 
partido su unidad, y malgastó parte de sus fuer- 






^ 



62 DOCTOR L. VILLAKUEVA 

2as en disensiones y cismas; quedando los grupos 
salonistas, guzmanoistas, blanquistas, marinistas y 
-monaguistas (gregoriano) vencidos por la candidatura 
•del General José Tadeo Monagas, recomendada por 
Páez, y sostenida por casi todos los amigos de éste. 

Las cinco agrupaciones liberales registraron 207 
Aotos ; y el candidato de la oligarquía 107 : y bien 
que aquella cifra no llegaba á las dos terceras 
partes del número total de los electores, ó de otro 
modo, á 213 sobre 319, compréndese que unidos 
todos los liberales en una sola candidatura, habrían 
conseguido para su causa gran parte de la mi- 
tad renovada del Congreso, que sumada á los li- 
berales triunfantes en el período anterior, habría 
constituido una mayoría para luchar en la concre- 
tación, con la casi certidumbre de la victoria. 
Pero la Providencia había preparado de distinto modo 
.los destinos de la Nación, combinando misteriosamen- 
te, en una singular unidad dramática, las más inespera- 
das y grandiosas escenas, para hacer surgir de aquella 
inestricable confusión, al Presidente audaz que ha- 
bía de dar en 48 el poderío á los liberales, redi- 
mirles de todas las servidumbres, y devolver á la 
Patria, vivos y fuertes, todos sus hijos, condena- 
dos unos por los tribunales oligarcas al destierro, 
y otros al presidio ó á la muerte. 

Pero no nos corresponde hablar ahora de tal 
hecho, que constituye uno de los episodios de la 
trágica historia de aquella época, reservada á otras 
plumas; sino de lo concerniente á los actos co- 
metidos por el Gobierno y sus parciales para coac- 
cionar las elecciones en Caracas, y anular los vo- 
tos recaídos en el señor Guzmán para elector, y 
los sucesos que ocurrieron en las elecciones de Ma- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 63 

racay, Magdaleno, Villa de Cura y otros lugares ; y 
que, á no dejar duda, fueron la causa de la revo- 
lución angada de 1846, de que procedió el caudillo 
liberal cuya historia 'vamos á escribir : bien que haya 
«ido necesario referir, siquiera brevemente, los oríge. 
nes del Partido, para llegar a las funciones elec- 
torales del 46, al atentado contra las votaciones de 
los ciudadanos, y tener más cabal idea de las arbitra- 
riedades de los oligarcas para retener el poder, y 
de la justicia y excelencia de la causa pública á 
que consagró Zamora desde joven, su espada, sus 
talentos é intereses y aun su propia vida ; pues no se 
lanzó él á la guerra civil por codicia de gobernar ó in- 
clinación á los desastres, siró por servir con nobleza 
heroica á un orden de ideas, con que á su entender, 
podía ser conducido el país á otros destinos, más con- 
formes á los principios de la República Democrática, 
ofrecida á sus conciudadanos desde la más alta y 
más gloriosa tribuna que nunca jamás se alzara en 
Venezuela. 

V. En julio de 46, ó si decimos, en vísperas 

i i i • ¡i* Eleooione» del46 

de las elecciones, que entonces empezaban el pri- 
mero de agosto, ordenó el Gobierno un recluta- 
miento de labriegos para aumentar la tropa de línea 
que venía de Valencia á Caracas ; medida inusitada 
con la cual se infringía el Decreto Ejecutivo sobre 
alistamiento, vigente desde el mes de agosto de 1836. 
Y acto continuo dictó otra Resolución por la cual 
daba á la milicia Jefes y Oficiales, sin atender á la 
Ley de 14 de mayo del mismo año, que disponía, 
que los empleados de esta clase debían ser propues- 
tos al Gobierno por el Gobernador de la Provincia, 
en número cuadruplo» Estos hechos, por desgracia 
muy comunes en administraciones posteriores, fueron 



64 DOCTOR L. VILLANUEVA 

motivos de grande escándalo; pues por primera vez 
se cometía el abuso de conducir hombres amarrados 
á los cuarteles, para condenarlos al servicio forzado 
de las armas. 

De que, alarmados los hombres de principios 
republicanos, y lastimados los sentimientos humani- 
tarios de todos los ciudadanos, movióse el Concejo 
Municipal, en cuyo seno había una mayoría de 
oposición, debido al triunfo de las elecciones de 44, á 
discurrir larga y acaloradamente en la sesión del 
22 de julio, sobre materia de tan grave interés para 
el pueblo, y por su naturaleza y efectos extrema- 
damente simpática y fascinadora: quedando consig- 
nado en el acta de ese día, á manera de declara- 
ción de doctrinas políticas de la Municipalidad, man- 
tener el respeto á las leyes y al orden público, y 
salir ella fiadora de la libertad del sufragio y de la se- 
guridad personal, bajo los principios de la Constitución. 
En la misma junta propuso el municipal Orea, confir- 
mando así las palabras con los hechos, la fórmula 
parlamentaria característica y decisiva en trances se- 
mejantes, de nombrar una comisión que presentara 
en la sesión inmediata un proyecto sobre las me- 
didas que había de adoptar el Concejo, para asegu- 
rar á los ciudndanos del Cantón el libre uso de 
sus sufragios, en las elecciones que iban á practicarse. 
Aprobado que hubo el Cuerpo esta moción, eligió 
al efecto, á los Concejales Echeandía, Arveloy Me- 
dina ; y dos días después, el 22 de julio, se leyó 
y aprobó en junta extraordinaria el informe d«í 
esta Comisión, en que opinaba que se protestara 
enérgicamente contra la violación de la Ley fun- 
damental y de las especiales que garantizaban log 
derechos individuales de los venezolanos, para neu- 



YIDA DEL GENERAL ZAMORA 65 

tralizar de esta manera el terror que tales arbitraria!? 
providencias del Poder Ejecutivo hubieran causado, ó 
pudieran causar en los sencillos y vi r. uosos proleta- 
rios, y cuantos males se originaran de ellas : y final- 
mente proponía: 1?, que en la próxima reunión del 
Congreso se acusase constitucionalmente al Poder 
Ejecutivo por las infracciones expresadas ; y 2?, que 
como medio único al alcance del Concejo, expedito y 
eficiente para .radicar en el corazón de todos los 
sufragantes, y hacer renacer en ellos la confianza 
perdida por el desorden de los alistamientos y el 
estrépito de las armas, se dirigiese á los ciudadanos 
del Cantón una Alocución patriótica, sostenedora del 
respeto á las leyes y al orden público, y en que se les 
recordase el interés que debían toimr en el uso y ejer- 
cicio del único acto de soberanía que les competía cons- 
titucionalmente ; y á la vez se les tranquilizase res- 
pecto de su libertad personal y de la libertad del 
sufragio en el círculo legal, según las doctrinas y 
principios de la Constitución. 

Las generaciones de hoy y las de lo porvenir 
leerán con gusto este documento que les dará á 
entender cómo cumplían sus deberes cívicos aque- 
llos austeros republicanos, padres de nuestro Partido 
Liberal. 

Dice así : 

INFORME DE LA COMISIÓN 

Ilustre Concejo Municipal : 

"La Comisión nombrada para abrir concepto sobre 
las medidas que deban tomarse, en armonía con las leyes, 
en consecuencia de los actuales alistamientos militares, 
y para asegurar á los ciudadanos la completa franqueza 
y libertad con que en el próximo período eleecionario deben 
concurrir á ejercer la preciosa atribución que les compete 
en la soberanía de las asambleas primarias, pasa á eva- 

O 



06 DX'TOR L. VILLANt'EVA 

cuar brevemente su informe, sintiendo que lo premioso 
de la materia no le haya permitido demorarse algo más y 
ofrecer al muy ilustre Concejo ntia obra menos imperfecta, 
que fuese digna de la sabiduría del cuerpo y de la gravedad 
del caso que le ocupa." 

Con notable sorpresa ha visto la población la entrada 
en esta capital, en Ja mañana del día de ayer, de esa 
fuerza armada con gente colecticia, cuando consta á todos 
que ningún reclutamiento se ha hecho con sujeción á 
las terminantes disposiciones de las leyes, y por consi- 
guiente se juzga vulnerada su integridad y ofendido su 
rospeto por el poder mismo á quien más especialmente 
están encomendados su acatamiento y observancia. 

Tal es el caso; y conforme á la ley fundamental, 
una grave responsabilidad pesa sobre el Poder Ejecutivo, 
debe éste responder á la Nación, representada en sus 
Cámaras constitucionales, de su conducta ; y es la oca- 
sión de usar del derecho precioso de representar, acu- 
sando á los funcionarios infractores de las leyes, ante sus 
jueces competentes, los Legisladores. 

En una República como la nuestra, donde ningún 
querer es, ni debe ser superior á la Constitución y á 
las leyes, es cosa de la mayor trascendencia que haya 
alguno que viole los cánones de nuestra seguridad y 
bienestar ; subiendo de punto su gravedad si la viola- 
ción se ejecuta por aquel mismo á quien entre las atri- 
buciones de su autoridad, compete la de mandar ejecutar 
y cuidar de que todos cumplan y ejecuten las leyes, de- 
cretos y actos del Congreso (atribución 2 o , artículo 117 
de la Constitución). 

No queda medio entre los extremos de pertenecer 
la tropa armada que ayer entró en esta capital ó á la 
fuerza permanente ó á la milicia nacional. Si lo primero, 
la conscripción ha debido hacerse por enganche ; si lo 
segundo, la milicia nacional no está obligada á (lar ser- 
vicios fuera de su respectiva población, sino en los casos 
de conmoción interior á mano armuda, que amenace la 
seguridad de la República, ó de invasión exterior repen- 
tina, que son los del US de la Constitución, y en los 
términos y casos requeridos por las leyes. No puede de- 
cirse lo primero, esto es, que la conscripción haya sido 
hecha por enganche, porque la Gaceta de Gobierno, ni 
ningún otro papel oticial, ni por bando ni otro medio, 
ha publicado la disposición ejecutiva sobre levantamiento 
de tropas permanentes, ni ha habido reparto proporcional 
entre las provincias ni los cantones, ni se ha visto en- 
ganche en los pueblos, sino que por el contrario, se 
sabe (pie arbitrariamente se han tomado los hombres ; 
con menos razón puede convenirse en lo segundo, porque 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 67 

«n el estado de paz y pública tranquilidad de que goza 
la República, nada hay que amenace su seguridad interior. 
No. es del caso para la opinión de la comisión el argu- 
mento de la autoridad que tiene el Poder Ejecutivo para 
llamar al servicio la parte de la milicia nacional que el 
Consejo de Gobierno considera necesaria, porque cuando 
usa de esta medida crtraardinaria, ha de ser en virtud 
<le la facultad que le acuerde dicho Concejo, y publi- 
cando necesariamente el acta de ese acuerdo, que ade- 
más debe circularse á todas las autoridades. 

Por otra parte, si es que la tropa armada introducida 
en la capital pertenece á la milicia activa nacional, como 
parece probarlo el hecho de que la mayor parte de su# ofi- 
cialidad no es veterana, ha debido hacerse el reclutamien- 
to por las autoridades y por los trámites que designan 
la ley de 14 de mayo de* 1836 y el Decreto Ejecutivo de 1? 
de agosto del mismo ano. La comisión está persuadida 
de que no se han observado estos imprescindibles requi- 
tos, porque su observancia requería el cumplimiento de 
la ley orgánica de milicias, del cual está muy distante el 
Poder Ejecutivo; y aún sobre la mesa de este mismo 
cuerpo existe el voto de una comisión respetable, pidiendo, 
por no haberse cumplido jamás, que se reclamare la eje- 
cución de la ley citada, que es una preciosa garantía de 
las instituciones republicanas. 

No quiere la comisión dejar de decir que con bastante 
sorpresa sabe por notoriedad que un ciudadano se halla 
en la parroquia de Los Teques y otro en Charallave, co- 
giendo gente sin las ritualidades legales, para que figu- 
ren como cuerpos de milicia. Tal procedimiento infringe 
el párrafo 1? del artículo 6 o del Decreto de 1? de agosto 
de 1836, y despoja la autoridad de los magistrados civiles 
de cada parroquia de las atribuciones especiales, que con 
relación á reclutamiento de milicianos, les da el Decreto 
precitado. Y cuando la comisión considera que en estos 
movimientos puede juzgarse que entre por mucho algún 
fin político y meramente eleccionario ; cuando considera 
<|iie los ciudadanos á quienes violentamente se ha arran- 
cado de sus parroquias, hau perdido contra todo fuero y 
ley el derecho inestimable de sufragio ; cuando considera, 
en fin, que nada hay que se oponga más al libre ejercicio 
de la soberanía popular, en cuyo acto vamos á entrar en 
los próximos días, que las armas y el levantamiento de 
tropas, ante cuya fuerza se debilitan las leyes y se inti- 
mida parte de los ciudadanos, que dejan de ser libres, no 
puede resistirse al sentimiento de ver violadas las leyes, 
violada la Constitución, y considerado el poder público 
como sostenedor de la causa de una parcialidad política. 

La comisión cree, pues, que el Poder Ejecutivo ha 



1 



' 08 DOCTOR L. VILLANUEVA 

infringido su Decreto de I o de agosto de 1830, la ley de 
14 de mayo del mismo ano, las que le son concordantes,, 
y el artículo 180 de la Constitución, en la parte que le 
prohibe ejecutar órdenes contrarias á las formalidades 
prescritas por las leyes. 

En un Estado constituido no pueden jamás pretermi- 
tirse las fórmulas, que son las divinidades protectoras 
de la inocencia y de la libertad. Entre Venezuela y Tur- 
quía no hay otra diferencia, sino que aquí, entre nosotros, 
las leyes son la egida del ciudadano, y allá el hombre es 
un esclavo del Sultán. Si pues se huellan las leyes, si 
se vulnera la santidad de nuestra Constitución, no habrá 
más diferencia entre uno y otro Estado, que la del nom- 
bre; y en vano hablarán los venezolanos de su libertad 
civil, de sus garantías políticas, y de su independencia 
l>ersonal. 

La comisión cree por tanto que el Ilustre Concejo 
Municipal de Caracas debe salvar, en cuanto esté á su 
alcance, la autoridad y dignidad de las leyes, sin lesión 
de la obediencia al Gobierno, y por tanto protesta una y 
mil veces enérgicamente contra la manera ilegal y extem- 
poránea con que se ha formado esa tropa introducida en 
esta capital, contra la violación de nuestra ley fundamen 
tal, contra la infracción de las leyes que garantizan los 
derechos individuales de los venezolanos ; contra el efec- 
to que todo esto pueda causar, aterrorizando á nuestros 
virtuosos y sencillos proletarios, en los días eleccionarios ; 
y por ftn, contra todo mal (pie pueda originarse de la ile- 
gal y arbitraria medida tomada por el Poder Ejecutivo ; 
y propone : 1?, que en la próxima reunión del Congreso 
se acuse constitucionalmente al Poder Ejecutivo por las 
infracciones expresadas; y 2 o , que el muy ilustre Concejo 
Municipal dirija á los ciudadanos de su Cantón una alocu- 
ción patriótica, en que á la vez que se sostenga el respeto 
á las leyes y el orden publico, se les recuerde el interés 
que deben tomar en el ejercicio del único acto de sobera- 
nía que les compete constitucionalmente, y á la vez se 
le tranquilice respecto de su libertad personal y libertad 
del sufragio en el círculo legal, con las doctrinas y los prin- 
cipios de nuestra preciosa Constitución. 

Acto continuo comisionó el Concejo á sus vo- 
cales Echeandía y Arvelo, para que redactaran la 
alocución y la protesta á que se refería el informe 
recie'n aprobado. Fa\ este estado tomó la palabra 
el concejal, señor Juan Vicente González, y en una 
violenta improvisación apellidó al Concejo de anar- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 69 

-quista; por lo cual fue llamado al orden repetidas 
ocasiones. Leyóse el artículo 37 del reglamento 
interior á petición de varios concejales, y apoyado 
■en él, declaró el Presidente, que el diputado Gon- 
zález había tiritado al decoro del Cuerpo, empleando 
conceptos que le ofendían ; y en consecuencia, abrió 
la discusión sobre la pena que conforme al citado 
artículo debía aplicársele. 

Medina propuso que, para corregir á González 
por el desacato cometido, se le previniese que se 
retirara de la sesión. El Presidente no admitió esta 
propuesta, porque no creía que el Concejo tuviese 
facultades para disponer, que uno de sus miembros 
desocupase el puesto que le había sido conferido 
-constitucionalmente por el pueblo. Medina apeló 
-de esta resolución, pero á poco retiró su solicitud. 
En seguida el diputado Arvelo, con apoyo suficiente, 
propuso, que el Concejo delegase en el Presidente 
la facultad de designar la manera de corregir á 
González, por haber faltado tenazmente al decoro 
del Concejo. Cerrado el debate, se votó esta mo- 
ción y fué aprobada; y conforme á ella determinó 
el Presidente privar del uso de la palabra al se- 
ilor González durante aquella sesión. Mas como 
en el acto suplicó éste que se le permitiese seguir 
tomando parte en la discusión, ofreciendo hacerlo 
•con el respeto y calma que se le exigía, como una 
satisfacción que daba al Cuerpo, el Presidente ac- 
cedió á su ruego, amonestándole que en caso de 
falta se restablecería la pena, y se le obligaría ade- 
más á pagar una multa. Continuó la consideración 
•del informe, y cerrado el debate pidió Echeandía, 
apoyado por más de la quinta parte de los miem- 
bros presentes, que la votación fuese nominal; y así 



70 DOCTOR L. VILLANUEVA 

se acordó. Recogida ésta, estuvieron p>r aprobar eE 
informe en todas sus partes, Echeindía, Medina, An- 
drade, Plaza, Moreno, Arvelo, Orea y Olivares; y 
por negarlo, Ponte y González. I icontinenti pro- 
puso Echeandía, con el apoyo de Andrade, que se 
nombrara por la presidencia, una comisión de dos- 
vocales para redactar la alocución y la protesta á 
que se refería el informe aprobado, y cerrada la 
discus'ón, así lo acordó el Cuerpo. El Presidente 
conHró este encargo á los diputados Echeandía y 
Arvelo. — (Esta acta está firmada por el Presidente 
Ponte y el Secretario del Concejo, José I). Gómez.) 

Irritado el Gobierno por las disposiciones con 
que los municipales afeaban sus procedimientos so- 
bre orden público y desacataban su autoridad, se 
precipitó con medidas irregulares á perder en un 
día, como en efecto perdió, y lo cual será siempre 
digno de lamentarse, la prudencia y fortaleza con 
que resistiera desde 1843 los ataques de la opo- 
sición: virtudes tanto mis necesarias en aquel lance 
á los hombres del Gobierno, cuanto que sus con- 
trarios empezaban á cambiar de estrategia, pasando 
ahora con valor y decisión de los artículos de la 
prensa, donde hasta entonces se habían mantenido- 
evangelizando á los pueblos, al combate atrevido- 
de golpes efectivos y legales por el celo del bien pú- 
blico, gratos en extremo á la multitud que vení¿> 
despertando á la vida activa y bulliciosa de la li- 
bertad civil. 

Lanzado por este camino, expidió el Ejecutivo* 
una Resolución por órgano del Ministro de lo In- 
terior, en que improbaba los actos del Concejo, y 
suspendía de sus destinos á los concejales que ha- 
bían aprobado el dictamen de la Comisión, y al 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 71 

Jefe político, señor Clemente Ponte, que había pre- 
sidido la sesión : con lo que el escándalo subió de 
punto. Con este motivo quedaron fuera del Conce- 
jo, los liberales Echeandía, Medina, Andrade, Plaza, 
Arvelo, Orea, Olivares y Doctor Toribio González. 
Consumóse así un hecho á todas luces ilegal, y 
nunca visto en el funcionamiento, hasta entonces 
tranquilo y ordenado, de la Administración Soublette ; 
pues los municipales no eran servidores dependientes 
del Poder Ejecutivo, como lo alegaba el Ministro 
del Interior, sino funcionarios de cargo concejil y 
obligatorio, elegidos por el pueblo ; sin que de nin- 
guna manera y por ningún motivo pudieran ser 
suspendidos de sus empleos por el Presidente de 
la República. Tal fué el primer doloroso atenta- 
do cometido en Venezuela contra el Poder Muni- 
cipal; y de que no es permitido dejar de hablar 
cuando se buscan las causas que produjeron la 
Revolución armada de 1846. 

También el Concejo de Ocumare fué suspendido 
de sus funciones, y sus vocales sometidos á juicio. 

Veinte y cuatro años más tarde, esto es, en 1870, 
publicó el ex-Ministro Cobos Fuertes, la siguiente de- 
claración en las páginas de' folleto citado: "Esa suspen- 
sión de jos Concejos municipales, hoy tan chocante, 
bajo el régimen federal, es la tínica medula que ha 
podido ser censurada á nuestra administración, con 
algún viso de justicia. Me comprometo á probar 
que ella no solamente fue legal, bajo el anterior 
sistema, sino que nos fue dolorosamente impuesta 
por la necesidad, para evitar otras de un carácter 
más grave que hubieran podido tomarse, con arreglo 
á la ley de conspiradores." 

Como observaciones nuestras á tan magistral afir- 



72 DOCTOR L. YILLANUEYA 

mación, se nos permitirá estampar algunos conceptos 
en favor de la causa municipal, por la que otras veces 
hemos abogado. Los Concejos municipales fueron, son 
y serán la piedra angular de la estructura orgánica 
de la sociedad:)' en aquel tiempo, entre nosotros, se 
les respetaba como el primer y más sencillo poder pú- 
blico, en que había delegado la asociación su soberanía, 
para que atendesen á los primitivos é indispensables 
servicios de la vida pública, bajo el sistema centro-fe- 
deral de la Constitución de 1830. 

Ellos cuidaban de la policía de salubridad, de 
la comodidad y ornato de las poblaciones, de la be- 
neficencia pública, policía rural y composición de ca- 
minos; atendían á la instrucción primaria, hospitales 
y fomento de las industrias; y velaban porque los 
bagajes, alojamientos y demás suministros para la 
tropa, obligatorios entonces á todos los ciudadanos, 
se repartiesen con equidad entre los vecinos, con- 
forme á los reglamentos de la materia; y última- 
mente, estaban encargados por la ley de la distribu- 
ción en sus parroquias, de los empréstitos y contribu- 
ciones extraordinarias, cuyas cuotas hubiera repar- 
tido la Diputación provincial entre los Cantones. 

El Concejo era la potestad protectora del orden 
social, que mediaba entre el pueblo y los altos pode- 
res del Estado; no enteramente independiente, es 
verdad, como lo quieren nuestros federalistas, pero sí 
digna de ser estimada como mejora preciosa, ganada 
por ¡os constituyentes de 1830 en el avance incesante 
y meritorio de nuestra civilización política. Aquel po- 
der no era el municipal perfecto, como lo establecieron 
años después los liberales en la Constitución de 1857; 
pero sí una institución benévola, augusta por su origen 
popular, y útil por sus múltiples atribuciones en favor 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 73 

déla comunidad y merecedora, por lo iuímiio, de que 
el Gobierno la acatase y defendiese, para no dejarla 
convertir en instrumento degradado de intereses y pa- 
siones de partido. Pues allí mismo sucedió, como resul- 
tado lógico de tan censurable extralimitación de autori- 
dad, que el Concejo Municipal de Caracas vino á que- 
dar con una mayoría de oclio oligarcas por seis libera- 
les, con la cual se apresuraron los agentes del Banco, 
que eran los principales intrigantes contra éstos, á 
recabar del Concejo una resolución inicua, como al fin 
la consiguieron en la junta del 20 de agosto ; y la cual 
consistió en arrogarse audazmente, el nuevo é ilegal 
Concejo, el derecho de calificar los electores ; cuando 
no estaba facultado por las leyes, sino para verificar 
los escrutinios de las elecciones parroquiales, pudien- 
do sólo excluir los votos de individuos cuyos nombres 
no estuviesen inscritos en la lista de sufragantes, ni 
en la de elegibles, y los que hubieran sido escritos y 
dados de manera diferente á las reglas establecidas 
en la ley 4'? del Código, no leídos ni firmados, y 
los declamados nulos por las juntas parroquiales. 

La minoría liberal, que se componía de Guzmán, 
Doctor La rrazá bal, M. M. Quintero, José L. García, 
L. Emazábel y Manuel R. Tirado, se opuso á esta 
ilegal disposición. 

La Resolución del Concejo decía así : " El Con- 
cejo Municipal declara en cumplimiento de la Consti- 
tución y de la Ley de Elecciones, que no escrutará 
sufragios dados, en favor de individuos que esta- 
ban suspensos de los derechos de sufragantes parro- 
quiales al tiempo de inscribirse en la lista de elec- 
tores, al tiempo de comenzarse las elecciones, aun- 
que se hallasen inscritos en la lista de electores, ó 



74 DOCTOR L. VILLANUEVA 

en todo el tiempo de los ocho días período de la 

elección." 

(Acta del Concejo Municipal de 20 de agosto de 1846). 

Los liberales salvaron sus votos y los presenta- 
ron por escrito. 

Bien merece conservarse en la historia de nues- 
tro civismo, el voto de Guzmán y Larrazábal, en que 
estos publicistas condensaron la doctrina legal de 
aquel tiempo en materia de elecciones, y expusieron 
con exactitud y perspicuidad la prevaricación de los 
funcionarios de la oligarquía contra el Código de 
Elecciones; y contra el principio, sagrado cual ningu- 
no, de la soberanía popular; y la dignidad de los 
sufragantes, despreciada y escarnecida. 

He aquí tan importante documento: 

VOTO SALVADO 
DE LOS CONCEJALES GUZMÁN V LARRAZÁBAL 

Muy Ilustre Concejo Municipal: 

Reunido el cuerpo en su nueva composición, y des- 
pués de antecedentes que todos conocemos, á practicar 
el escrutinio de las elecciones parre quialcs, lia pasado 
ayer una rt solución que en el hteho y covtra derecho, se- 
gún nuestro humilde entender, anula 3íillares de su- 
fragios en el Cantón Caracas y afecta radicalmente los 
derechos imprescriptibles c inalienables de una respetable, 
conocida y grande mayoría de nuestros conciudadanos. 
Debemos exponer con noble y legal franqueza los fun- 
damentos de nuestro juicio, y de la protesta de nues- 
tros votos que salvamos en aquel acto ; y para no es- 
cribir un volumen en tan estrecho tiempo, omitiremos la* 
innumerables doctrinas, esforzados razonamientos y co- 
piosas razones legales que hemos presentado al Cuerpo 
en las diferentes discusiones de la materia, y concretar 
remos este documento al examen de un solo punto. 

Este será el de la ley vigente en contraste con el 
acuerdo. 

Acaba de publicarse un Código de Elecciones. En este 
Código ha explicado el Congreso la inteligencia de los 
artículos de la Constitución relativos á elecciones. El 
artículo S? de la ley 7 a , así lo declara; prohibe que 



7FL 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 7£> 

pueda dársele otra inteligencia á los artículos constitu- 
cionales y declara nulo todo acto contrario á los man- 
damientos del expresado código ; y además lo declara aten- 
tatorio contra la tranquilidad y orden públicos. 

Esta ley 7" que fija la inteligencia de la Constitución 
y atribuye sola y exclusivamente al Presidente y conjueces. 
ile la asamblea parroquial, decidir de plano las dudas y 
controversias que ocurran sobre calificación de los sufra- 
gantes parroquiales y sobre formas y nulidades de la* 
elecciones y quejas por cohecho ó soborno. 

Ai Colegio electoral atribuye la expresada ley, única 
y exclusivamente la calificación constitucional d¿ los elec- 
tores, y la decisión sobre formas, nulidades y quejas que 
ocnrran en él. 

El párrafo primero del artículo 4 o que así lo dispone 
terminantemente, dice : 

§ I o La calificación de que trata este artículo se limi- 
tará á decidir si el elector tiene las cualidades que para 
serlo exige el articulo 27 de la Constitución; y al ocuparse 
en ella el Colegio Electoral, no podrá ser á la vez sino la 
de un solo elector., el cual no tendrá voto en su propia cues- 
tión ; pero ningún elector podrá ser inhabilitado sino por 
una mayoría que exceda en dos votos, por lo menos, al nú- 
mero de los que fueren de diversa opinión. 

El examen, pues, de si un ciudadano en quien ha 
recaído la mayoría de votos de sus conciudadanos para 
elector, tenía ó nó suspensos sus derechos de sufragante 
parroquial, por enagenación, falencia, deuda ó fondos pú- 
blicos y demás casos contenidos en el artículo lú de la 
Constitución, incumbe al Colegio, y nada más que al 
Colegio, según la ley ; y el ejercerla el Concejo, sin que 
lo nombre siquiera, ni Jo mencione en parte alguna esta 
ley 7 a del Código de Elecciones, que explica y fija irre- 
vocablemente el sentido de los artículos constitucionales,, 
nos parece una transgresión de la ley, por la cual se 
usurpan al Colegio sus atribuciones, se las apropia el 
Concejo Municipal, se trastorna el orden con que el pue- 
blo venezolano puede y debe ejercer el gran poder de 
la soberanía, que le asegura su pacto fundamental y se 
comete, en fin, aquel acto nulo que declara tal el 
artículo S? de la ley 7 n y que califica de atentado contra 
la tranquilidad y orden públicos. 

Así lo creemos con un corazón patriota, y sana y 
libre conciencia ; y aunque acatemos y respetemos el acuer- 
do pasado por la mayoría del Concejo, tenemos el de- 
recho y el deber de salvar y de fundar nuestros votos. 

No necesita corroboración lo que hemos expuesto; 
pero en apoyo de nuestras protestas añadiremos, que se- 



76 DOCTOR L. VILLANUEVA 

gún el artículo 4V de la ley 7" y su § 11, el juicio que 
se debe celebrar para decidir si un elector tenía ó nó 
suspensos sus derechos, no solo toca exclusivamente al 
-Colegio, sino que tiene un procedimiento especial con 
trámites y formalidades prescritas por la ley para el 
caso. 

Paréeenos, pues, claro y terminante que el examen 
-de si un elector lo és ó nó constitucionalmente, perte- 
nece al Colegio, cuando la ley 7" que explica y fija la 
inteligencia de la Constitución en materia de elecciones 
lo establece así de una manera terminante v ni menciona 
siquiera á los Concejos Municipales. 

Pasemos ahora al examen de la ley T> a del Código 
•de elecciones, cuyo título es: k "lel escrutinio de las elee- 
•ciones parroquiales." Esta es la ley que menciona á los 
('oncejos Municipales; pero no para autorizarlos á cobrar 
en contradicción con la ley 7" ya citada, ni de una manera 
•discrecional (pie contundiese las atribuciones correspon- 
dientes délos diversos cuerpos electorales ; sino por el 
•contrario, para limitarlos expresamente á los casos únicos 
•en que no debe contar los votos parroquiales, porque la 
ley loa declaró ya nulos en diferentes artículos de la ley 4 a ; 
y i>or tanto, no son los atribuidos al Colegio Electoral. 

La Ley sobre escrutinio, dice : 

Art. I o El Jefe político del Cantón con rocará al Con- 
cejo Municipal, y éste procederá inmediatamente d hacer el 
escrutinio y reculación de los sufragios, anunciándolo dos 
días antes al público. Los registros se abrirán y examinarán 
-en público uno á uno. ó bien escrutando todos los sufragios, 
ó bien solo los de algunos días, pasando en los demás por 
el escrutinio asentado al pie de cada día por la junta pa- 
rroquial, y rectificando siempre aquellos en que se encuentre 
equivocación ; sin que pueda excluir otros tvfragios que los 
que hubieren declarado nulos las juntas parroquiales con 
arreglo al artículo ,?° de la ley 4 a y los que tas mismas 
Juntas hubieren admitido contra el tenor d*> los artículos 
4 o y 6? y los que se encuentren en los casos de los artículos 
10 y 11 de la misma ley 4" 

Resulta, pues, que los Concejos solo pueden excluir 
<le la cuenta los votos en cinco casos, que son los citados. 

1" — (Artículo 4°, ley 4 a ) El voto del individuo cuyo 
nombre no estuviere inscrito en la lista de sufragantes. 

2 a — (Artículo 0°, ley 4") Los votos recaídos en per- 
sona que no estuviese en las listas de elegibles. 

3 o — (Artículo 10, ley 4 a ) Los votos escritos en otra 
parte ó en otra forma que las establecidas en el artículo 
10; es decir, dados en asamblea abierta en los ocho días 



AÍDA DEL GENERAL ZAMORA 77 

eleccionarios, en el número de electores correspondiente 
al Cantón, escritos en los libros oficiales de registros, y 
expresando el nombre y apellida del sufragante y los de 
sus elegidos. 

4 o — (Artículo 11,- ley 4 a ) Los votos no leídos y fir- 
mados por cada sufragante ó por otro individuo á ruego- 
suyo. 

o? y último. Los votos que declaren nulos las juntas 
parroquiales. 

He aquí los casos, clara, precisa y terminantemente 
expresados por la ley, en los cuales no debe el Concejo 
contar los votos. El resto de esta ley 5'í no vuelve á 
tratar de exclusión alguna, sino que reglamenta el modo 
de venir los registros al Concejo, y remitir éste á quien 
compete, el registro general, con otras formalidades agenas 
de la esencia de la cuestión. Pero sí dicen relación á ella, 
las observaciones siguientes: 

l !t Admitido que pueda perderse un registro parro- 
quial, basta para el escrutinio (art. 37, ley 5!) copia autén- 
tica del resumen general de votos, y es obligatorio para el 
Concejo hacer cuenta de e*tos votos, aunque de ninguna 
manera pueda averiguar si los sufragantes tenían ó no- 
suspenso sus derechos ; luego no le incumbe tal averi- 
guación. 

11* Manda el artículo 4 o de la misma ley que el regis- 
tro general formado por el Concejo, comprenda en sí, 
todos los individuos que hayan obtenido sufragios en las 
asambleas parroquiales. Y este adverbio todos, aplicado- 
á los que hayan recibido sufragios, destruye la idea de 
que el Concejo pueda haber entrado á escoger y calificar. 
Y aunque el artículo añade, que el registro lleve cons- 
tancia de los votos que hubiesen dejado de incluirse en 
él, dice que ha de ser por estar en alguno de los casos 
del artículo 1?, los cuales dejamos expresados. 

3 tt El artículo 57 dice: "los electores que resulten 
nombrados serán avisados y requeridos, etc.;" y no dice : 
los electores escogidos ó calificados por el Concejo. Más 
adelante ordena la ley, (pie solo se tengan por impedidos 
los que * fc se excusen por impedimento físico ú otro grave 
y fundado." En seguida manda lo siguiente : u serán 
reemplazados por el Concejo con " los que tengan más 
votos en los escrutinios." 

4" Por último, el artículo 87 de la ley o™ dice termi- 
nantemente lo que sigue: "La exclusión de votos en los 
escrutinios fuera de los casos previstos en estas leyes, 
será penada en cada miembro del Concejo Municipal que 
resulte culpable, con una multa de 25 pesos por cada su- 
fragante, cuyo voto hubiere dejado de escrutarse, y si la 



78 DOCTOR L. VILLANUEVA 

■omisión fuere de todo el registro de una parroquia que- 
darán además inhabilitados los culpables para desem- 
peñar en la República ningún cargo de honor ó de con- 
fianza por el espacio de seis anos." 

Tenemos pues, por resultado del examen de la ley 
■especial de los escrutinios, que el Concejo no tiene la fa- 
cultad de calificar á los elegidos, y por consiguiente que 
no le toca á él la averiguación de si los elegidos tienen 
las calidades ó cualidades constitucionales, cuyo juicio 
pertenece al Colegio. 

Entre las disposiciones generales del Código de elec- 
-ciones establecidas en la lev 8* se encuentra en el artículo 

fe 

15 la siguiente : 

Si se notare por algún gobernador de provincia que el 
resultado del escrutinio practicado por un Concejo Munici- 
pal no está conforme con el que den los escrutinios parciales 
que haya recibido de las parroquias^ ordenará la rectificación, 
y si no obstante ésta, subsistiere la diferencia, entonces pe- 
dirá los registros, y los pasará con los escrutinios parro- 
quiales al Colegio electoral. 

Esta disposición de la ley es abiertamente incompa- 
tible con la facultad que pretende ejercer el Concejo de 
Caracas de separarse de los registros parroquiales deses- 
timando millares de votos que pueden constar en aquéllos, 
por esa calificación extemporánea que le atribuye el acuer- 
do de ayer sobre los elegidos ; y los que aquí salvan sus 
votos, juzgan imposible la coherencia ó consonancia del 
acuerdo del día de ayer con el expresado artículo 1.1 de 
la lev 8" 

Por más que quisiéramos abreviar, nos sería imposi- 
ble omitir otro poderoso argumento en apoyo de nuestra 
opinión. La ley 9" que trata de responsabilidad en ge- 
neral en materia de elecciones, muy circunstanciadamen- 
te se contrae á la de aquellos que pueden alterar el voto 
público ó influir torticeramente en la libre emisión de 
los sufragios populares. Habla por consiguiente de todo 
exceso posible y de su juicio y castigo en las asambleas 
parroquiales y colegios electorales que son los únicos vehí- 
culos (pie establece á la voluntad pública y prescinde de 
los Concejos Municipales, porque el Código entero los 
desconoce como vehículos de la voluntad pública ; mien- 
tras que el acuerdo del día de ayer reconcentra en el Con- 
cejo un poder tan grande y trascendental, que desapare- 
cen ante él y se vuelven nada los trabajos de las juntas 
de notables, la validez de las listas de sufragantes parro- 
quiales, la del padrón de elegibles, los términos prescritos 
para reclamar, oir y resolver, todos los trámites estable- 
cidos para estas operaciones, las jurisdicciones de las 
juntas y asambleas ; y en fin, la voluntad de los chutada- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 79 

nos emitida por mandato de la Constitución en el tiempo, 
modo y formas prevenidas por la ley, y sea en número 
que fuere, aunque se cuenten los votos por millares : des- 
aparece también la especial atribución de los colegios ; y 
en el humilde concepto de los que firman, quedan las elec- 
ciones á la merced de los Concejos. 

Siendo esta la voz de nuestras conciencias, respetan- 
do cnanto es debido el acuerdo aprobado por la mayoría 
el día de ayer, liemos salvado nuestros votos, y consigna- 
mos aquí las razones en que se apoyan. 

Caracas : 21 de agosto de 1846. 

Antonio L. Gvzmán. — Felipe LarrazIbal. 

La mayoría liberal estaba legalmente en pose- 
sión del poder municipal de Caracas y de otros 
Cantones por la voluntad del pueblo, claramente 
expresada en las elecciones del 44; y sólo por un 
acto despótico de usurpación de facultades podía 
despojársela de sus prerrogativas, atribuciones é 
influencias. Poro el partido oligarca, empecinado en 
sus propósitos de dominación absoluta y perpetua, 
no se paró en valla alguna para mantener debajo 
de su mano los Concejos, á quienes la Constitu- 
ción y las leyes reconocían atribuciones políticas 
en el complicado proceso de las elecciones. Pues 
á ellos tocaba designaren junio del año electoral, 
dos vecinos notables, que asociados á 'a primera au- 
toridad civil de la parroquia, formasen la lista de 
los sufragantes y la de los que tenían cuaidades 
para electores ; y luego, de acuerdo con la primera 
autoridad civil del Cantón, hacer una lista general 
comprensiva de todos los ciudadanos que tenían 
cualidades para electores en el Distrito respectivo. 

Por los artículos 20 y 30 de la Constitución, 
era el Concejo Municipal quien abría los registros 
de las Asambleas parroquiales, verificaba el escru- 
tinio de los votos, y declaraba constitucionalmente 



80 DOCTOR L. VILLAXUEVA 

nombrados para electores á los que hubieran obte- 
nido mayor número de ellos. 

Mili» aba también en la conciencia pública otra 
valiosa consideración de carácter histórico, para 
exaltarse contra aquellas supremas determinaciones 
oficiales; injustas, porque vulneraban derechos bien 
adquiridos ; imprudentes, porque iban á desafiar las 
iras de un partido prestigioso ;' y repugnantes, por 
que con ellas se vulneraba el principio de legalidad, 
que ha sido siempre talismán de nuestros pueblos. 
Nos referimos a la venerada costumbre, imperante 
en aquella ¿poca, y heredada del régimen colonial y 
de Colombia, de considerar las Municipalidades como 
representantes del pueblo ; elevada á la categoría de 
derecho comunal por la opinión pública y confirmada 
por actos solemnísimos, como el del 19 de Abril 
de 1810, con que se inició nuestra emancipación; 
y por otro como el de 1818, que si bien enteramente 
favorable á la dominación del rey de España, (1) 
confirmaba las razones que se tenían para guardar 
á estos Cuerpos los más respetuosos y profundos 
miramientos por todos los ciudadanos. 

Más tarde, bajo la República, al jurar esta mis- 
ma Municipalidad la Constitución de Cúcuta la objetó, 
declarando que contenía disposiciones inadaptables 
á la Provincia, y cometió á los Representantes de 
ésta el encargo de reverla y discutirla. En otra 
ocasión protestó contra la Ley de alistamiento de 
las milicias, y en 1825 hizo lo mismo respeceto del 
Decreto Ejecutivo sobre conspiradores. Por últi- 
mo, en 182G alzó su voz ante el Intendente Es- 
calona y ante la Cámara de Representantes, recia- 

1 Véase el manitiesto trilingüe de la Municipalidad de Ca- 
racas de 1818. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA . - 81 

mando garantías para la seguridad personal de los 
caraqueños, con motivo de los desafueros en las ca- 
lles de la capital, ordenados por el General Páez, 
para cumplir el Decreto Ejecutivo de 1824 sobre 
alistamiento general de las milicias. Y lejos de ser 
atropellados los concejales en aquel trance, ó desti- 
tuidos ó despojados del derecho de tomar parte en tan 
graves cuestiones, se les oyó con respeto ; y median- 
do el Intendente con aqueila autoridad militar, logró 
suspender el reclutamiento y devolver el sosiego á 
la ciudad. Los Representantes de la Nación, aten- 
diendo á las quejas del Concejo Municipal, y opinando 
que Páez había violado los derechos individuales 
de los moradores de Caracas, !e acusaron ante la 
Cámara del Senado ; la cual admitió la acusación 
y le suspendió de su destino. No <■ stá demás decir 
que de aquí se originó la revolución de 1826, pro- 
movida por el Concejo Municipal de Valencia, y aco- 
gida y continuada por otros Concejos, para apoyar la 
deplorable insubordinación de Páez contra el Go- 
bierno y el Congreso de Colombia, de que se mani- 
festó dicho General arrepentido días después, en va- 
rios documentos públicos. 

Y no fué menos escandaloso lo que hizo el Concejo 
de Caracas en las juntas subsiguientes. Al escrutar 
los registros, anuló los de las parroquias de San Diego, 
Macarao y La Vega, por causas de poca importancia; 
j al sumar los votos de otras contó los que le parecían, 
alegando unas veces que los nombres estaban es- 
critos de distinto modo en la lista de sufragantes 
parroquiales que en el registro de sufragios ; otras, que 
ciertos individuos elegidos eran deudores á fondos 
públicos, como sucedió con el señor Guzmán, á 

6 



82 DOCTOR L. VILLANUEVA 

quien borraron de la plancha triunfante de Electo- 
res, por el fútil motivo de adeudar unos cuantos cén- 
timos en el tribunal de 1? Instancia de Caracas. El 
acta de esa Junta dice así : 

Se leyó por mandato de la Presidencia, una certifica- 
ficación relativa al señor Antonio Leocadio Guzínqn, en la 
que consta que dicho señor es deudor á fondos público» 
por impuesto para gasto^ de justicia en el expediente se- 
guido contra él por José Vicente Aránibnru, según lo cer- 
tifica el Secretario del Juzgado de 1" instancia, señor Juan 
Valero. De seguidas el señor González (Juan Vicente) 
apoyado, propuso : que en virtud de esta certificación pre- 
sentada por José Eugenio Díaz, Lope María Bello, Manuel 
María Alemán y otros, el Concejo declarase al señor An- 
tonio Leocadio Guzmán, comprendido en su Acuerdo de 
20 de agosto precitado. Así fué acordado, votando en 
contra los señores Tirado, Quintero y Emazábel. 

De suerte que Venezuela debe al antiguo par- 
tido oligarca, dos grandes males en el desarrollo de 
su vida pública, á saber: la institución infame del 
reclutamiento forzoso, muy parecida á la de la es- 
clavitud, y la otra, no menos abominable, de coac- 
cionar la voluntad de los pueblos en el acto su- 
premo de las elecciones. Pocas veces se ha visto 
tan resaltantemente, que de un hecho, al parecer 
pequeño, hayan surgido acontecimientos tan graves 
para la suerte de un país. 

El Concejo Municipal de Ocumare del Tuy fue 
igualmente depuesto, y sus miembros sometidos á 
juicio. Tropa armada recorría los Altos de Caracas, 
y reclutaba para la milicia á los conocidos guzman- 
cistas ; y con el fin de impedir las elecciones, asus- 
taban á los vecinos, pidiéndoles alojamiento y bagajes. 
El Concejo de Caracas suspendió los jueces de las 
parroquias foráneas, de filiación liberal : y á esta sa- 
zón asesinaban en La Vega á un sufragante guz- 
mancista. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 83 

VI. La Asamblea de San Juan de los Morros, decía- Asambleas 

... electoral©». 

ra revolucionaria la lista en que aparecía el retrato de 
-Guzmán, y facciosos á todos los que votasen por ella. 
En Magdaleuo prenden al juez Revete y al señor Uz- 
canga, echan de la Junta á los sufragantes, y anulan 
las elecciones, porque sólo habían votado los liberales : 
iodo lo cual ocasionó, como más adelante diremos, el 
alzamiento de Rangel, con más de trescientos de 
Man u are. 

En Maraca y la Asamblea rechaza á los libe- 
rales, y dice que no admite sufragios por mu- 
ñecas, refiriéndose al retrato del señor Guzmán, 
impreso en las papeletas: muchos electores son ame- 
nazados con sumarios: la Ronda de policía des- 
pués de haber votado, contra el tenor expreso de 
la ley, se sitúa en la puerta del local para no dejar 
entrar á ningún guzmancista: y la Asamblea aun 
se atrevió á declarar, que no obstante lo prescrito 
en el artículo 180 de la Constitución, la fuerza armada 
podía deliberar. Y todavía hizo más, pues á petición 
del Jefe político, niega sus derechos de sufragar á los 
liberales que, citados para la milicia, no hubiesen con- 
currido á ella. Esta circunstancia era falsa; pero se 
le dio crédito para los efectos de las votaciones. A 
otros se les encausó por supuesto cohecho, y á 
todos se les molestaba con insultos v amenazas. Actos 
semejantes á los referidos se ejecutaron en Choroní, 
Turmero, San Francisco v San Joaé de Tiznados. 

Pero los de Villa de Cura fueron mas inau- 
ditos y de más honda trascendencia; porque allí 
tuvieron los oligarcas que habérselas con Eze- 
<juiel Zamora, Jefe cantonal del Partido, mozo en- 
tusiasta y decidido cual ninguno, quien desde el 
1? de agosto, pasaba las noches con sus parcia- 



84 DOCTOR L. VILLANUEVA 

les alrededor de la casa de la Junta, para entrar 
el primero en ella y ocupar la sala, cuando por 
la mañana abrían la puerta y se decía aba instalada 
la Asamblea. Esto iba enfureciendo con tal inten- 
sidad á los oligarcas, que al fin para salir de él, 
le acusaron ante la Asamblea parroquial, de haber 
solicitado en los campos y en la ciudad sufragios 
para sí, y conducido partidas de sufragantes á votar 
por sus listas ; lo que equivalía, en sentir de aquellos 
políticos, á llevar el intere's electoral más allá de 
los límites constitucionales y legales, debiendo en 
consecuencia aplicársele la condigna pena. 

En conclusión, pidieron que la Asamblea decla- 
rase* nulos los sufragios que Zamora hubiese reci- 
bido para Elector del Cantón: y esta Junta com- 
puesta de enemigos suyos, oyó la acusación, y dictó 
en el acto la sentencia que en seguida reproduci- 
mos, copiada de los registros electorales de aquel 
año : 

En nombre de la Kepública de Venezuela, por lo que 
resulta de estas actuaciones, y por lo que les consta á Ios- 
miembro» de esta Junta, acerca de que, apareciendo Eze- 
quiel Zamora en una de las listas de candidatos para elec- 
tores de este Cantón, se ha recomendado á sí mismo y 
exigido sufragios para si, se declara que son nulos y de 
ningún valor los votos que se lian recibido en favor del 
expresado Zamora; declarándose asimismo que este no 
puede sufragar: todo de confonnidad con el artículo 46 de 
la Constitución. Y á los efectos que haya lugar, se pasará 
este expediente á la autoridad que corresponda, por el 
Presidente de esta Asamblea. — Ciudad de Cura, agosto 
ocho de mil ochocientos cuarenta y seis. — El juez, José 
Ignacio Celis. — Conjuez, Aureliano Otáñez. — Conjuez, Juan 
Cuervos. — Conjuez, Andrés Fuentes. — Coiyuez, Juan Bau- 
tista Salías. 

Remitióse este expediente al juez de 1? Ins- 
tancia del cuarto Distrito Judicial. Y tete tuvo el 
buen juicio de devolverlo, exponiendo que no había 
cometido Zamora los hechos de que se le acusaban. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 85 

«como tune onario publico, llamado á intervenir en 
el acto de las elecciones ; ni constituían ellos tam- 
poco por su naturaleza, una falta ó delito de aque- 
llos de que según la ley 9? del Código de Elecciones 
de 8 de abril de aquel ano, debiera conocer la res- 
pectiva Corte Superior ó algún otro de los tribu- 
nales comunes en su caso. (1). 

Zamora, arrebatado de ira, se precipitó en un 
lance personal, contra uno de los conjueces, dando lu- 
gar á que lo arrestaran : y sus amigos, viéndose coac- 
cionados se retiraron del local. 

VIL Acaeció en aquellos días un incidente deli- p^oS^ií 
-cado que vino á enredar más los hilos de la política. 
Tal fué el proyecto de una conferencia en La Victoria, 
«ntre el General Páez y el señor Guzmán. Uno y otro 
negaron haber tomado la iniciativa en el asunto. Los 
documentos publicados entonces y que tenemos á 
la vista, nos autorizan para referir el hecho en los 
términos siguientes. (2) Tomás Hernández informó 
en privado al señor Guzmán, que Juan Reina, ami- 
go y deudo del General Páez, se había reunido con 
é\ en el camino de Maracay á Caracas, é impuéstole 
de trases sueltas de aquel Jefe, muy significativas de 
su deseo de conciliar los intereses públicos, sin sa- 
crificar las doctrinas liberales, ni la honra de sus 
propagadores : que dicho General se manifestaba 
puro de iodo espíritu de partido, y extraño á las 
violencias, infracciones de leyes y abusos contra 

1 Tribunal d« 1* Instancia á cargo de Manuel Alfonzo. 

2 Acta de la Comisión de la Reunión Liberal de Caracas, 
encargada de señalar el lugar de la entrevista fec v ada en La 
Victoria á 4 de set emhre, aprobada por pus vocales Jos 4 de Iri- 
barren, Juan O. Hurtado, Comandan t* Pascual Lures. Bruno 
Hurtado, Mauricio Blanco, Froilán M. Bi*ot, Coronel Jos* Sa- 

Instiano d« la Plam, Valerio Ca«tro, A. Lniares. Santiago Te- 
rrero. Ramón Sos», Doctor FéJix Man a Alfonzo, Felipe Bigot, 
'Tomás Hernández. 



86 DOCTOR L. VILLANUEVA 

el querer popular ; revelando en sus conversaciones 
la más absoluta imparcialidad y la más prudente dis- 
posición de ánimo. Reina encargó á Hernández que 
viese al señor Guzmán y le informara de estas co- 
sas, porque deseaba él como padre de familia y buen» 
ciudadano, contribuir en cuanto le fuera dable á la 
salvación del país. Hernández, luego que llegó á Ca- 
racas, visitó al tribuno, le instruyó de todo, y le expresó 
sus más sanos y patrióticos deseos. Aquel le oyó 
con gusto, y le protestó sus» opiniones y sentimientos 
en favor de todos los venezolanos: y horas después 
le ratificó Reina personalmente las disposiciones del 
General Páez, sus desapasionados juicios, y el propósi- 
to de hacer cuanto conviniera á la salud de la Repú- 
blica. Fué entonces cuando Reina le preguntó, si él 
se negaría á verse con el Ciudadano Esclarecido, para 
tratar de los negocios públicos ; á lo cual contestó el 
tribuno diciendo, que estaría dispuesto en todo tiempo- 
á cualquier gestióu de que pudiera derivarse algún 
bien ala patria; pero que inmutable en sus principios,. 
y celoso de la dignidad del partido á que pertenecía, 
no le era permitido dar paso alguno hacia aquel Ge- 
neral, que no diese éste hacia él. 

Reina caminó la vuelta de Maracav, v dos día* 
después acompañado del señor Tomás Hernández 
y del señor Lugo, sobrino del General Páez, pasó 
á la hacienda de El Tigre, cerca de La Victoria, á 
conferenciar con el General Marino : de lo que re- 
sultó, que dicho General tomase á empeño el in- 
vitar á Páez y á Guzmán, á una entrevista, ha- 
ciendo valer para ello su autoridad social y política, 
y su amistad con ambos. A este efecto escribió una 
carta á Guzmán, y se encaminó á Maracav á hablar 
con Páez, cuyos sentimientos en favor de la concilia- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA. 87 

ción nacional pudo entonces apreciar en todo su valor. 
Comprometido ya en aquella empresa y ganoso ele dar- 
le término feliz, comisionó Marino á los señores Doc- 
tor Félix María Alfopzo, Felipe Bigot y Tomás Her- 
nández, para que, en Caracas, propusiesen á Guzmá» 
ir á La Victoria, asegurándole que lo demás se 
arreglaría fácilmente. Hé aquí las cartas de Guz- 
mán v Marino : 

Señor General Santiago Marino. 

La Victoria. 

Caraca* : agosto 22 de 1840. 

Mi querido General y amigo: 

Si en todo tiempo y circunstancias, mi corazón me 
tiene á la disposición de usted \ cou cuánta más fuerza 
obedecería al influjo de su amistad, cuando ella invoca 
el nombre sagrado de la Patria, y cuando lejos de exi- 
girme un sacrificio, me ofrece una oportunidad' dichosa 
para probar que mi cabeza está libre de toda ambición 
y que mi pecho no abriga ninguna baja pasión f No a 
La Victoria, sino al Cuzco iría yo por complacer á usted, 
por servir á mi patria, por probar la fuerza de mis in- 
tenciones, así á mis amigos como á mis preocupados ene- 
migo». 

La misión que usted quiere desempeñar generosamente, 
no puede ser más noble ni más digna de su antiguo y 
elevado rango social. ¡ Quiera la suerte que usted recoja 
de tan sano propósito, los copiosos y saludables frutos 
que sin duda se propone ! 

No me sorprende de manera alguna la disposición 
de ánimo del señor General Páez. Después de una es- 
cuela práctica de tantos años, y & presencia de los hechos 
que nos rodean, él no puede menos que creer conmigo, 
y con todos los patriotas previsivos, (pie este teatro de 
súbitas violencias y alevosos atentados que las pasiones 
quieren sustituir al goce de los derechos y al imperio de 
la justicia, no puede, en manera alguna, servir de fun- 
damento á la seguridad de todos, á la libertad de todos r 
al porvenir de Venezuela. 

En cuanto á mí, apelo á usted mismo; usted me co- 
noce, i Pudiera yo abrigar otros deseos que los del bien 
de la patria! La patria son nuestros hijos y nuestros. 
padres, nuestras esposas y hermanos, nuestros amigos y 
compatriotas, el depósito de las glorias pasadas, todos. 



88 ' DOCTOR L. VILLANUEVA 

los bienes presentes y el inmenso porvenir. Un hombre 
es un átomo. El que como yo carece de grandes servi- 
cios, $ que será al lado de la patria I 4 Qué serán sus 
míseros intereses, sus miras y pasiones! El único valor 
del hombre es eí que tenga para servir á su patria. 

Con tales sentimientos, profundamente esculpidos en el 
corazón, es para mi una felicidad que alguno crea que 
puedo ser útil para todos, y si es un procer como el 
General Marino, es una felicidad honrosa. Y si mañana 
llegara á ser cierto que yo había podido contribuir á la 
salud, libertad y gloria de la patria, ¡ cuan dichoso sería 
el presente que debiera á la fortuna ! 

Pero, General, para los actos trascendentales es que 
se necesita mayor tino y acierto. Sí yo voy á Maracay 
I no interpretarán este paso, amigos y contrarios, ya como 
traición, ya como bajeza, ya de mil otras maneras? El 
General sin los oligarcas es siempre el General Páez, es 
más, es mucho más que con ellos ; pero yo sin la confianza 
y amor de los liberales ¡ qué soy f ¿ qué podré servir ni 
parala patria, ni para la amistad I 

Avíseme usted que el General estará tal día en tal 
casa, hacienda, posada, fuera de la jurisdicción de Ma- 
racay, y cuente usted conmigo á su lado, solo, con pocos, 
con muchos, ó lomo usted quiera, siempre en mis prin- 
cipios liberales, y dispuesto á cuanto el honor y la patria 
exijan de mí. Mientras usted no tenga esta seguridad, 
yo expondría sus respetos y mi decoro á un verdadero 
chasco, sin culpa de nadie, ni provecho de ninguna especie. 

Si usted realiza su propósito, y yo me veo con el 
General Páez en estas circunstancias, tengo la más ciega 
confianza en que se han de poner las bases de benéficos 
resultados. 

Siempre será de usted amigo cordial su afectísimo, 

Antonio Leocadio Guzmán. 



Señor Antonio Leocadio Guzmán. 

Caracas.. 

La Victoria : agosto 27 de 1840. 

Mi querido amigo : 

La misma noche que recibí su interesante carta de 
22 de los corrientes, que nuestro amigo el señor Her- 
nández me entregó, y después de oír detenida y aten- 
tamente las observaciones de éste, salí para Maracay, 
♦siempre firme en mi propósito de no omitir paso alguno, 
ni perdonarme ninguna especie de fatiga hasta allanar 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 89 

los obstáculos que de algún modo tiendan á entorpecer 
la realización del pensamiento sublime, de la idea pa- 
triótica, que realizada, es en mi concepto la salvación de 
los más caros intereses de los venezolanos; pues en las 
presentes circunstancias, difíciles, sumamente difíciles á 
mi ver, ningún plan legal puede realizarse que conduzca 
á un resultado satisfactorio, sin que estén de acuerdo 
los dos hombres de más poderoso influjo sobre sus con- 
ciudadanos. 

Usted en esta parte piensa como yo, y todas las 
personas con quienes antes y después de haber recibido 
su carta del 22, he conferenciado sobre el particular, ra- 
tonan de la misma manera, y esto con pruebas inequí- 
vocas de conocimiento ínt ; mo, con entusiasmo diré mejor. 

Pero desgraciadamente se atraviesa un pequeño in- 
conveniente, que solo usted puede vencer y que la patria 
le ordena que lo venza. Al General Páez le es imposible 
salir en estos días de Maracay, sin exponerse á una re- 
caída, que puede ser fatal. Está aun enfermo, alimen- 
tándose con líquidos, y alguna pequeña salida que da es 
en silla de mano y á pocos pasos de su casa; de lo 
contrario, yo le aseguro á usted que iría á cualquier 
parte adonde el bien común lo llamase á verse con usted. 

Por otra parte, hoy es tan pública la disposición, el 
deseo que él tiene de realizar esta entrevista, y tan sa- 
bido de una multitud de personas este deseo y las di- 
ficultades que á él le impiden salir á otra parte á rea- 
lizarlo, que todos sus escrúpulos de partido y delicadeza 
personal deben desaparecer. 

Nada diré á usted de temores por su seguridad per- 
sonal ; porque ni usted es hombre que teme, ni su amigo 
lo llamaría, si ni aún remotamente viese que corría algún 
riesgo, ni las personas entre quienes usted va á estar son 
capaces de faltar á las leyes de la caballerosidad. 

Los amigos Alfonso, Bigot y Hernández, van cerca 
de usted á interpone»!* su amistad y á convencerlo con todos 
los argumentos que les sugiera su patriotismo y el co- 
nocimiento que tienen del estado de esta negociación por 
aeá, de que debe venirse con ellos inmediatamente. 

Téngase usted con ellos, mi amigo, véngase usted. 
Yo tengo una casa en Maracay, que es la de usted, á 
la que usted llegará, y en la que quedará todo concluido, sin 
salir usted de allá á buscar á nadie. 

Pero si todavía le pareciese á usted mucho ir hasta 
allá, venga al menos á La Victoria, adonde usted no 
iraede tener un motivo para dejar de venir. Situado 
aquí, la distancia es ya corta y las relaciones pueden 



90 DOCTOR L. VILLANUEVÁ 

ser más eficaces, por lo más prontas. En el Cantón Vic- 
toria nadie puede gloriarse de estar entre los soy oí 
con más verdad que usted. 

Hasta la vista, mi amigo; y digo hasta la vista, 
porque más resistencia de su parte no puede ni aún pre- 
sumirse por su afectísimo amigo 

Q. B. S. M., 

S. Makiño. 

Guzmán, queriendo siempre ajustar sus proce- 
deres al dictamen de la mayoría, convocó la Gran 
Sociedad Liberal, y la impuso de todo lo tratado; 
añadiendo que deseaba que sus amigos políticos de- 
signasen el lugar donde debiera celebrarse la entre- 
vista, porque era este un punto de etiqueta en que se 
comprometía el decoro del Partido. 

En la casa de Caracas del señor Bigot, rico pro- 
pietario de los Valles de Aragua, tuvo lugar esta últi- 
ma reunión de liberales; en que Guzmán, después de 
un brillante discurso sobre la conveniencia de la en- 
trevista, invitó á los amigos que quisieran acompañar- 
le. Al salir d-5 la capital constituían el núcleo del 
séquito los ciudadanos : 

Felipe Bigot, Tomás Hernández, Doctores Félix Al- 
fonso, Manuel Echeandía. José Manuel García y Fidel Ri- 
vas ; Juan X. Castillo, Mariano Blanco, José Toribio lri- 
barren, Jesús M R Blanco ; Coroneles Vicente Sarria, José 
Salustiano Plaza y Ezeuuiel Zamora ; Gabriel Zamora, An- 
tonio José Zamora, José Rafael Pacheco, Antonio Guzmán 
B., Salvador Larrazábal, Luciano Requena, Esteban Mo- 
lonny, Isaac Delvalle, Pilar Meneses, Manuel Solórzano, 
Guillermo Sánchez, Manuel Plaza, Francisco C. Hurtado, 
Doctor José Arnal, Bruno Hurtado, Creor Jaspe. 

Llego Guzmán al Consejo con 2.000 hombres, y 
á la Victoria con 4.000. 

Páez escribió á Marino dos cartas, en que acep- 
taba la entrevista en su casa de Maracay, ó en su ha- 
cienda de la Trinidad. Pero la comisión opinó, porque 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 91 

la conferencia se celebrara fuera de dicha villa, por ra- 
zones de conveniencia y honra; pues no podía aparecer 
el candidato más notable del Partido Liberal, yendo 
de Caracas á Maracay, con gran número de amigos, 
á visitar al poderoso caudillo á quien tanto había 
combatido. 

En este punto la comisión tuvo razón. Al paso 
que, y nos es penoso decirlo, no acertó igualmente 
el General Páez á escoger los medios adecuados 
para lograr una conferencia, de la que se prometía, 
según manifestaba, bienes inapreciables para la pa- 
tria ; como si alguna perniciosa influencia de los oli- 
garcas, empeñada á última hora, le hubiera desviado 
de sus primeros y generosos intentos ; ideando para 
desbaratar aquella obra patriótica, una infranqueable 
dificultad de etiqueta. Ciertamente, Páez pudo ase- 
gurar en aquel trance la paz pública, con el orden legal 
y los fueros de la mayoría nacional, no más que con- 
versando algunas horas con aquel grupo de patriotas. 

Páez era ,en la ocasión, omnipotente ; y le tocaba 
por lo mismo allanar los medios para poner término 
á tan enojosa contienda, sin humillar á sus contrarios; 
supuesto que el señor Guzmán no había solicitado 
la conferencia ; y era además un expectable personaje 
de la política, merecedor, á no dejar duda, de las 
más respetuosas consideraciones y de los más distin- 
guidos miramientos ; pues estas son siempre las ma- 
neras requeridas en palabras y acciones para enten- 
derse los hombres cultos, sobre todo cuando van á 
tratar graves cuestiones que interesan al Estado. 

Es imposible que hombres de honor puedan 
acercarse á restablecer sus relaciones de amistad ó 
de política, si no se atestiguan mutuamente los co- 
medimientos que el talento ilustrado y la alta educa- 



92 DOCTOR L. VILLANUEVA 

ción saben revestir de amabilidad irresistible, de 
primor y gracia. 

El Páez de Maracay no es el Páez hidalgo, que 
trepa solo por la selva de Lagartijo, para ir á conver- 
sar con el realista Cisne ros, á fin de atraerle á la 
obediencia del Gobierno, y devolver la paz y el sosie- 
go á la provincia de Caracas. Entonces bajó de su ra- 
diante solio á la guarida de un bárbaro; y ahora no quie- 
re igualarse á un hombre de inteligencia y patriotismo, 
para tratar con él de la suerte de la Patria, en el cam- 
po de la razón y de las conveniencias públicas. Aca- 
so creía que nuestro sabio tribuno valía menos 
que Cisneros: ó no quería ver y confesar que tras 
¿1 iba el pueblo, enloquecido de entusiasmo por su 
libertad, y por ejercer el republicano derecho de elegir 
sus mandatarios. Tal vez pensó que el tribuno debía 
llegar á él de rodillas y ofrendarle su partido. Pero 
el señor Guzmán, modesto al par que digno, como los 
hombres de virtud y talento, firme con la conciencia 
de sus responsabilidades, se detuvo en La Victoria á 
esperar que se fijase la entrevista fuera del recinto de 
Maracay: pudiendo bien comparársele en tan azaroso 
trance, al héroe del Tasso, que marchaba con sereni- 
dad á su destino, sin dejarse extraviar por las seduc- 
ciones del mágico que ideaba perderle. 

x* fuwr» efrü. VIII. Llegado es el tiempo de decir, como razón 

que completó el fracaso de la conferencia, que, 
cuando se ventilaban estos problemas en los Va- 
lles de Aragua, entre Marino, Páez y Guzmán, 
llegó de repente la noticia á La Victoria del alza- 
miento de Eangel en Manuare; de los sucesos de 
Güigüe, Yuma, Magdaleno y Villa de Cura, y del 
nombramiento del General Páez para Jefe del ejér- 
cito. Desde este momento nadie pensó ya en la 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 93 

ideada conferencia ; sino en volver unos á Caracas, 
en huir otros, y en alzarse los demás. Era el caso 
que cerca de cuatro mil personas habían acompa- 
ñado al señor Guzmán de Caracas á La Victoria ; 
quiénes de una manera, quiénes de otra ; sobresa- 
liendo entre todos, Ezequiel Zamora, por la arro- 
gancia con que iba á caballo, lanza enastada y espada 
al cinto, al lado del eminente tribuno, como si hu- 
biera tomado á su cargo, motu propio, custodiarle 
por el camino, y en los pueblos; llevando la adhesión 
á su persona hasta montarle guardia de honor en la 
casa que le sirvió de alojamiento en La Victoria. 

Tales ocurrencias de revueltas entristecieron al 
señor Guzmán ; porque en su mente no hirvió nunca la 
pasión de la guerra como recurso para resolver por su 
medio los complexos problemas de la vida pública. 
Cuando le dieron la noticia de los alzamientos, dijo 
estas bellas palabras, dignas de un tribuno honrado 
y patriota : 

u Yo no he hecho esta predicación para formar 
soldados, sino ciudadanos" 

Pero entre sus acompañantes había muchos que 
no discurrían en el mismo sentido. Pues á unos 
exaltaba la ambición, y á otros el ahinco de sacudir 
el oprobioso yugo de autoridades desaforadas: cuáles 
respiraban venganza, por injurias recibidas en las 
elecciones ; cuáles, malcontentos, y confiados en su 
valor, hablaban públicamente de apelar á las armas, 
como único modo de acabar con el partido impe- 
rante, que no escrupulizaba cometer arbitrariedades^ 
por escandalosas que fuesen, con tal de mantener en 
sus manos las riendas del Estado. 

Eran Zamora y el Doctor Echeandía de los más 
decididos por la guerra. Y no pensando sino en 



04 DOCTOR L. VILLANUEVA 

ella, diéronse á imaginar operaciones de alzamien- 
tos en la provincia de Caracas, fiados en que el 
General José Gregorio Monagas les apoyaría -en las 
de Oriente, y el ciudadano Napoleón Sebastián Ar- 
teaga en la de Barinas. 

De esta confusión de pareceres violentos y ra- 
ciocinios acalorados vino á resultar, que el séquito 
del tribuno empezó á dispersarse ; tomando cada uno 
el partido que mejor le pareció. Y el suceso ruidoso 
que días antes se asemejaba á los honores de un 
triunfo popular, quedó reducido á tener que volverse 
el señor Guzmán, medio oculto y de noche, á Ca- 
racas; donde el Gobierno, muy mal inspirado en 
aquella coyuntura, estaba ya dispuesto á prender- 
le, como al fin lo hizo, por imputarle injustamen- 
te el delito de conspirador que, según las leyes de 
la época, se penaba con la muerte. (1). 

d¿ 8r. <h>wn r IX. El señor Guzmán no era conspirador. Al 

igual del tribuno Gambetta detestaba la guerra civil. 
Y tenemos por averiguado y cierto que opinaba con 
lectitud. 

Ni en escritos, ni en discursos, ni en conver- 
saciones del señor Guzmán se encontró jamás un 
pensamiento ó una frase que incitara á la guerra : ni 
en el voluminoso expediente de su Causa hay tes- 



(1) Secretaría del Interior. — Caracas : setiembre 21 de 1846. 

Resuelto. — Habiéndose ordenado por el supremo Poder Ejecuti- 
vo en uso de la facultad 3*, del artículo 118 de la Constitución el 
arresto del señor Antonio L. Guzmán y no habiéndose podido 
efectuar en esta ciudad, no obstante las diligencias que se han 
practicado al intento ; hágase saber á todos los gobernadores, jefes 
políticos y jueces de pa? ae la República para que le capturen y 
remitan á esna capital á disposición del Ministro del Interior y 
Justicia. Publicándose al erecto esta resolución en la Gaceta de 
Gobierno. 

Por S. E„ 

Cobos Fuertes. 



VIDA BEL GENERAL ZAMORA 95 

timonio alguno que autorizase para enjuiciarle por 
conspiración. 

Empero, el intento de loe oligarcas no consistía 
tfimpleBftente en inmolar un hombre, sino un após- 
tol; no era su empeño fusilar un conspirador, sino 
apagar una idea ; y si osaban derramar la inocente 
sangre de un mártir, era por quebrar en el cadalso la 
pluma que los había desprestigiado en el criterio del 
pueblo; aquel aparente débil instrumento, don del cielo, 
que había producido la más radical é irresistible re- 
volución en la política de la República. Hombres 
eran aquéllos que no se detenían á pensar, que los 
principios no se destruyen en los suplicios, así como la 
fe religiosa no se calcina en las hogueras. Pues las al- 
mas inspiradas en la libertad, y educadas en el reve- 
rente culto de la Patria, suben de los sangrientos alta- 
res de la expiación, como ángeles celestes, para 
rociar la conciencia humana, desde las cimas de la 
inmortalidad, con el éter vivificante de esos luminosos 
ideales que crean la religión del patriotismo, é inspiran 
abnegación sublime, para enseñarnos á padecer y mo- 
rir por las virtudes públicas. 

El señor Guzmán fué llevado á la cárcel el 4 
de octubre. El juicio duró hasta el 1? de junio del 
47, en que la Corte Suprema confirmó la sentencia 
de muerte pronunciada por la Superior y por el 
tribunal de 1? Instancia. El 2 del propio mes la 
conmutó el Presidente Monagas, en expulsión per- 
petua, del territorio de la República. 

X. Digamos ahora quién era Rangel, y porqué Ran^. 
se levantó. 

Francisco José Rangel era natural de Nutrias, y 
soldado, según informes, del General Zaraza en la 
guerra de la Independencia, en cuyo servicio por los 



96 DOCTOR L. VILLANUEVA 

años de 1817 y 1818 aprendió á conocer minucio- 
samente los caminos y veredas de las sierras de Ca- 
rabobo y Aragua, los vados de los ríos, quebradas y 
lagunas que bañan las tierras del Llano Abajo, y los 
inestricables laberintos de sus matas, bosques, saba- 
nas y galeras. Defendió el Gobierno en 1835: y 
licenciado después de la guerra, se dedicó á la labran- 
za en el Valle de Manuare en tierras de la familia de 
Tovar. Allí casó con una hija de Juan Castillo, 
de Güigüe, y vivió tranquilamente hasta el año de 
46, en que se enardeció con la disputa de las elec- 
ciones, á que lo incitaban los liberales de Valencia/ 
San Luis de Cura. 

Era un indio como de 50 años, chato, de ma- 
nos y pies grandes y gruesos, muy em pulpado, 
lampiño, y de estatura mediana: solía andar des- 
nudo de la cinta arriba ; y usaba un trabuco enorme 
que cargaba con 40, 50 y aun 60 guáimaros. Tenía el 
vigor, la astucia, agilidad y fiereza de los tigres. Esca- 
laba las sierras á saltos; y se escondía en los bosques, si» 
que á nadie fuera dable encontrarle. Desaparecía en 
las derrotas por entre las quiebras, que eran sus predi- 
lectos caminos de escape, y nunca sabía nadie dónde 
dormía. Cuando se embriagaba tornábase colérica 
Tomó las armas sin combinación con nadie, siendo 
comisario de Timbique y Tacasuruma, á causa de ha- 
ber anulado los oligarcas las elecciones de Magdale- 
no, y de haberle perseguido y echado de las tierra* 
que cultivaba. 

Levantóse el 1? de setiembre, y con una partida 
que formó de 300 hombres, desde Pacaragua hasta 
Manuare, invadió á Güigüe la noche del 2, dando 
vivas á Guzmán y á Venezuela libre, y mueras á loa 
oligarcas. Amarraron al Alcalde, señor Jerónimo 



V ! 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 97 

Lovera y fi su Secretario, José Domingo Valiente, y 
luego los soltaron por mediación del Cura Pbro. 
Gaspar Yanes. Entraron á saco las pulperías; y 
bebidos se derramaron por las haciendas vecinas á 
recoger bestias, monturas, armas y esclavos. 

XI. En Panecito, Amapola, Atacosa, Milagro y t f c ^^¿ ñn ' 
Florida, cometieron los alzados algunas fechorías ; ha- 
biendo sido la más escandalosa la de Yuma, hacienda 

de la propiedad del señor Doctor Ángel Quintero. 
Este político publicó en Va!encia con fecha 30 de 
setiembre, una relación de lo sucedido, que nos in- 
cumbe rectificaren el punto en que asevera que Eze- ■ 
quiel Zamora andaba con Rangel aquellos días; cuan- 
do es público y notorio que Zamora se hallaba para esa 
fecha en La Victoria, en la comitiva del señor Guzmán, 
como lo hemos dicho en nuestra narración, y como cons- 
ta en expedientes de las causas por conspiración del 
mismo Guzmán y del General Zamora. El suceso de 
Yuma ocurrió en la madrugada del 3 de setiembre, y 
Zamora estaba en Caracas desde agosto, de donde salió 
el 1? de setiembre á las seis de la mañana con los 
acompañantes del señor Guzmán; con quienes estuvo 
desde el 2 en La Victoria, hasta el 7 que se disolvieron. 

De Güigue siguió Rangel á Magdaleno, y de 
aquí á Villa de Cura. 

XII. Cerca de la 1 de la madrugada del 4 podía Ataque áciu- 

1 i n / 1 o/\/\ • dad de Cura. 

ser, cuando los íacciosos, en numero de 300, capi- 
taneados por Rangel, atacaron esta última ciudad, 
guarnecida por la fuerza que, bajo el mando del 
General Piñango, había despachado el Presidente 
Soublette desde Caracas, en previsión de que los 
revolucionarios, al levantarse en La Sierra, asaltaran 
de improviso tan importante plaza. 

7 



w s 



98 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Componíase este cuerpo de las milicias de San 
Pedro, comandadas por el Capitán Benito Esteller ; 
y de la compañía del Capitán Jorge Racamonde, 
acantonado hacía tiempo en San Juan de los Morros. 

Acometieron los liberales la plaza por tres 
calles simultáneamente, á los gritos de viva Guzmán, 
viva la libertad; y aunque cargaron reciamente tres 
ó cuatro veces las posiciones de Piíiango, fueron 
al fin rechazados antes de rayar el día, bien que 
unos y otros, sufrieron muchas pérdidas. 

De aquí se revolvieron aprisa hacia Magdaleno, 
donde fueron alcanzados, poco antes de la tarde, por 
las tropas que el General Páez había sacado el día 
anterior de Maracay, con ánimo de buscarlos y des- 
truirlos. 

Parapetáronse los derrotados en las calles del 
pueblo; y en la refriega dispararon al General Páez 
un trabucazo á boca de jarro por la puerta de una 
casa, que por suerte no le mató. El agresor fué 
al punto hecho prisionero; pero el General Páez 
no quiso hacerle daño alguno, diciendo que aquel in- 
cidente era un lance natural, muy propio de la guerra, 
de que nadie en justicia podía ser personalmente res- 
ponsable. N 

rJtldfí pínV- XIII. Rangel, desalojado y perseguido, entróse á 

rttid0, todo correr por la montaña adelante, donde pensaba 

reponerse de la rota y reconcentrar los dispersos. 
Allí supo á poco el levantamiento de Zamora en 
el sitio de Guambra, de que pronto hablaremos ; y 
desde aquel instante no pensó ya más que en salir á 
encontrarle por veredas de él sólo subidas, recono- 
cerle por Jefe, y ponerse á sus órdenes, con su gente 
y elementos de guerra. 

El General Páez luego que dispuso en Agua 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 99 

Blanca que el Capitán Esteller, con dos columnas 
•de infantería, regresase á Ciudad de Cura; y que el 
Capitán Jorge Racamonde fuese á ocupar á Mag- 
daleno, marchó con el resto de sus tropas y el 
Estado Mayor la vuelta de Maracay, donde sentó 
por el momento su Cuartel General. 

Racamonde llegó el 7 á Magdaleno ; constituyó 
allí una autoridad, que dejó con cinco soldados y 
algunos vecinos de á caballo, para mantener el orden 
en su ausencia; y se adelantó á Yuma, á las once 
del mismo día. Al atravesar la hacienda de Macapo 
salió precipitadamente de uno de los callejones un 
faccioso, de nombre Esteban Breto, el cual acometió 
de repente al señor Pedro Bolívar, que iba con Ra- 
camonde, y tirando estocadas á diestro y siniestro, 
hirió dos mas, y amenazó á otros ; hasta que uno de 
los soldados le apuntó con el fusil, y le pasó las 
sienes de un balazo. 

En Yuma supo Racamonde que los esclavos de 
las haciendas se habían alzado el 3, que todo aquel 
territorio era enemigo, y que los puentes del Charal, 
en el camino de Güigüe a Valencia, habían sido 
destruidos para cortar las comunicaciones entre estas 
dos plazas; en fuerza de lo cual regresó el mismo 
día á Magdaleno, adonde llegó p*>co antes de las 
8 de la noche. 

En la mañana siguiente, aumentada su corta 
fuerza con una partida de 32 hombres armados de 
fusil, que organizó el Capitán Manuel Guevara, de- 
terminó salir con ella á recorrer las montañas de 
Tucupido y Guacamaya, en dirección de Tacasuruma ; 
y en esta excursión llegaron á sus oídos noticias 
de haberse visto pasar por allí, días antes, muchas 
partidas armadas camino del valle de Manuare, 



nuare. 



100 DOCTOR L. VILLANUEVA 

que era, á lo que parecía, el punto de. reunión de la. 
gente de Rangel. 

XIV. El Oral. León de Febres Cordero, nom- 

£1 Oral. Cordero. 

brado Jefe de Operaciones de Güigüe, ocupó este pue- 
blo el 10 por la mañana, adelantó sus fuerzas hasta La 
Florida, hacienda del señor José María Mendoza, sita 
á orillas del Lago, y se puso en comunicación con 
Racamonde, que estaba, como hemos dicho, en Mag- 
daleno. 

vaiu de Ma- XV. El valle de Manuare de la Sierra de Cara- 

bobo, que sirvió de campamento muchas veces á las 
tropas del Gobierno y á las dé los liberales, mide 6 le- 
guas de circunferencia, y dista 5 de Güigüe. De sus 
cerros nacen los ríos Pacaragua, Mucaria y Game- 
lotal qu<3 desembocan en el río Pao, de San Juan 
Bautista, á una milla de este pueblo; el río Manuare, 
ó Tiznados, cuyas vertientes están en el Palmar, 
y cuyo curso va por la Ollita, Mocundo, El Es- 
panto, El Almidonal, La Ceiba, y la Galera de 
Casanga, cerca de la cual se le junta el río de la 
Platilla, que viene serpenteando desde las alturas de 
Picacho Blanco. En otra de sus verdes cumbres 
están los manantiales del río Gnárico, que baja hasta 
su fondo, y corre al valle llamado de Tacasuruma, y 
ahora Municipio de Belén, de donde sigue á fertilizar 
otras tierras más allá de San Luis de Cura v San 
Juan de los Morros. A estos canales de riego, escul- 
pidos caprichosamente por la naturaleza, hay que 
agregar muchas quebradas, como ias llamadas Bejuco 
y Las Piedras, que corren de Sur á Norte, y la 
Barbasen que va, al contrario, de Norte á Sur, nota- 
bles entre todas por su mayor caudal de aguas. 

De Manuare á las Guasduitas hay 3 leguas, 
entrecortadas por riachuelos : á Yuma no menos de 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 101 

5, partiendo por el intransitable camino de Caieara 
v Cerro Azul; á la cuesta de las Muías de 3 á 4. 

XVI. El pensamiento de revolver el país para a 1 ***" 1 **»' 
derribar la oligarquía por las armas, avasallaba el 
espíritu de los directores más exaltados, y encontraba 
buena acogida en no pocas ciudades y vecindarios 
-de Caracas, Aragua, Guárico, Carabobo, Barcelona y 
Barinas. Las breves noticias que vamos á recordar 
bastarán para comprobar esta aseveración. 

En los primeros días de setiembre, luego que 
todos entendieron los sucesos de Villa de Cura, 
empezaron á aparecer Facciones, armadas de diver- 
sos modos, en las cercanías de Valencia, La Vic- 
toria, Guanare y Cajiua, en Tacarigua y Curiepe, 
en Capaya y Valles del Tuy y otros lugares. 

José Orencio Castellanos, capitanea una cua- 
drilla de 23 hombres de a caballo por los Gua- 
yos, entre la Glorieta y la Negra, encuéntrase con 
la patrulla del Comandante Roa, y del choque sa- 
len unos heridos y otros quedan en el campo. 

Cerca de media noche sería, cuando otra p.irtida 
de 20 ó 30 hombres, armados de lanzas y trabu- 
-cos, dando vivas á la libertad, y mueras á los 
oligarcas, sorprenden el vecindario de Las Teje- 
rías, en el camino de Caracas á La Victoria, ame- 
nazan al Comisario de Guayas, Señor Felipe León, 
y recogen y se llevan cuantas anuas y pertrechos 
hubieron á las manos. 

Tras esta guerrilla aparecieron el día siguien- 
te otras más, que tomaron el mismo camino que 
-vieron que la primera llevaba. 

Rafael Flores Calvarefío, vecino de Charallave, 
se alzó el 6 del mismo mes. Bajó por la que- 



102 DOCTOR L. VILLANUEVA 

brada de Chacao á la boca de la de Cagua y & 
Palomas, reclutando gente y recogiendo municione» 
de guerra. Acompañábale como secundo, José de 
Jesús Zamora. 

A estos se iban reuniendo los esclavos de las ha- 
ciendas por donde pasaban; k quienes prometía Calva- 
reno la libertad. Por lo cual dispusieron las autorida- 
des del Tuy, que en las haciendas debían estar, á las 
7 de la noche, todos los esclavos y manumisos dentro 
de sus respectivos repartimientos, y que sólo por un 
caso urgente podían salir después de dicha orden con 
una boleta en que se manifestara la causa. Tam- 
bién se ordenó á los dueños y mayordomos, que 
inmediatamente que se tugara algún esclavo ó ma- 
numiso, dieran parte a las autoridades, con las señales 
fisonómicas del prófugo para perseguirlo. 

El 12 de setiembre á la 1 de la tarde fué 
capturado Calvareño, con algunos de sus principa- 
les compañeros por una guerrilla de caballería de 
Charallave, auxiliada de un piquete de infantería. 
En la noche del mismo día fué aprehendido en Ta- 
cata su segundo, Zamora, y los subalternos Marcos 
Arestigueta, Pío Andrade, José Espinoza y Gregorio 
Chacín, quienes fueron remitidos presos por el Jete 
político del Cantón de Oumare del Tuy, al Tribunal 
del mismo, enviándose junto con ellos las diligencias 
sumarias practicadas por el Juez de Charallave so- 
bre la facción acaudillada por Calvareño. Encontró 
el Juez mérito para proceder contra todos, y libró 
auto de prisión ; pero á los dos días puso en li- 
bertad á Chacín, por estimar desvanecidos los car- 
gos que aparecieron contra él. 

De las declaraciones de los presos, resultaron 
indicios fundados contra Alejandro Tosta, y se le 



r 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 103 

mandó prender, como en efecto lo hicieron ; lo mismo 
que á Pedro Díaz y Juan Barrios, de Cria. 

Calvareüo fue enjuiciado por conspirador, sen- 
tenciado á muerte y fusilado. 

En Barlovento se levantaron en la segunda quin- 
cena de setiembre, el Capitán Pedro Vicente Aguado, 
el Doctor Manuel María Echeandía y su hermano Juan 
Bautista, Mariano Tirado, José Padilla, Tomás Gala- 
rraga, Felipe Pérez, Carmen Bocaranda, Francisco 
Marcelino Blanco, Julián Mejfas, Fernando Muñoz, 
Magdaleno Martínez, Silverio Ríobueno, Francisco Or- 
dófiez, Antonio Hernández, quienes á la cabeza de 
cuatrocientos hombres, entre libres y esclavos, ar- 
mados de lanzas, machetes y garrotes, ocupa! on á 
Río Chico y soplaron la llama de la guerra civil 
por el litoral hasta Barcelona, y tierra adentro hasta 
Cancagua y el Tuy. 

Semanas después se presentaron las guerrillas 
de Pedro Blanco, Julián Díaz y Canelones, en Las 
Empalizadas, Las Mayitas, montaña de Turen y 
Sabana Seca, territorio de la provincia de Barinas. 

XVIT. Apercibido el Gobierno en fines de agos- ^m"** 1 * ' 
to de que podría turbarse el orden público, pidió y ob- 
tuvo el acuerdo y consentimiento del Consejo de 
Gobierno para emplear en su resguardo la fuerza 
armada permanente, llamar al servicio hasta diez mil 
hombres de la milicia nacional de reserva y nom- 
brar, como en efecto nombró el 1? de setiembre, 
al General Páez, Comandante en Jefe del Ejército, y 
al General José Tadeo Monagas, segundo Jefe,, al 
General Judas Tadeo Piñango, Jefe del Estado 
Mayor General, y Ayudante General del mismo 
Estado Mayor al Coronel Juan de la Cruz Pa- 
redes; y en cumplimiento del artículo quinto del 



104 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Decreto Ejecutivo de 7 de mayo de aquel año, llamó 
en previsión de los sucesos al servicio, con fecha 
3 de setiembre, trescientos hombres de las milicias 
de reserva, de cada una de las provincias de Ma- 
racaibo y Barquisimeto ; doscientos del Cantón Ori- 
tuco, y ciento de caballería del Cantón Chaguaramas, 
y encargó al General José María Zamora de la 
Comandancia de Armas de la provincia de Caracas, 
con orden de situarse en Orituco v de ocurrir al 
Tuv en caso de necesidad. Facultó al General Páez 
para que tomase cuantas providencias tuviese por 
conveniente para custodia y seguridad del parque de 
Maracay ; y por la Gobernación de la provincia se 
dispuso, que los Jefes políticos de San Sebastián, 
Cura, La Victoria, Turmero, Maracay y Calabozo eje- 
cutaran todo lo que dicho General les comunicase 
para la reunión de las milicias y adquisición de ca- 
ballos. 

Al General Macero, Jefe político de Ocumare, 
se le advirtió el peligro que podían correr los Va- 
lles del Tuv con motivo de las ocurrencias de La 
Victoria. 

En tal situación, supo el Gobierno el ata- 
que de Rangel á Villa de (Jura y los alzamientos 
de varias partidas en las provincias de Caracas, 
Caraboho v Harinas ; v en el acto autorizó al Ge- 
neral Monadas para que levantara' con las milicias 
de reserva de las provincias de Barcelona y Cumaná 
y Alto Llano de Caracas, un cuerpo de ejercito de 
tres mil hombres de infantería v caballería : v le 
comunicó órdenes precisas sobre el acantonamiento 
de sus fuerzas en los lugares que había de cubrir, de- 
biendo fijar su Cuartel General en Chaguaramas. 
A Páez se le dijo que levantara un cuerpo de seis 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 105 

mil, con las reservas de Caracas, Carabobo, Apure, 
Barquisiraeto y Barinas. 

Y á uuo y otro se confirieron poderes para 
que llamaran Jefes y oficiales al servicio con mando 
de fuerzas, pidieran caballos, ganados y cuanto hu- 
bieran menester para el equipo y subsistencia de 
sus fuerzas respectivas, expidieran cartas de pago 
y llevaran la cuenta de la distribución de los fondos 
por comisarios de guerra. 

Se llamó al General Zamora á Caracas y se 
nombró Jefe militar de Chaguaramas al Coman- 
dante Lorenzo Belisario, y de Orituco, al Coman- 
dante J. J. Gil. 

En la provincia de Carabobo ordenó su Go- 
bernador Miguel Herrera, que el Jefe político del 
Pao pusiese sobre las armas cien hombres de in- 
fantería y ciento de caballería, para situar veinticinco 
de ellos en El Baúl, amenazado por la facción 
que acababa de aparecer en Guanarito, y el resto 
lo emplease en el territorio de la parroquia cabe- 
cera para atender á los insurrectos de sus Llanos 
v á los de la Sierra; v mandó poner cincuenta 
hombres de caballería en cada uno de les Cantones San 
Carlos y Tinaco, debiendo observarse, para seguridad 
de los propietarios á quienes se exigieran caballos, 
las reglas de valorarlos, por dos peritos nombrados, 
uno por la autoridad y ot r o por el interesado, ex- 
presando el pelo, hierro y señales particulares, con 
toda claridad, para que, en caso de no volverse 
á sus dueños ó de que volvieran con detrimento 
de su valor, fueran éstos debidamente indemnizados. 
Los caballos se entregarían bajo inventario, formado 
con los mismos pormenores, al Comandante de la 



100 DOCTOR L. VILLANUEVA 

fuerza, el cual daría recibo y llevaría el alta y baja 
comprobada de ellos. 

p«rtórS ,b ¿ e ™I XVIII. Ya á esta sazón había determinado el 

per iodistas libe- r*i \ • -, , r\ t 

raiet. (jronierno per-eguir, no solamente al señor Guzman, 

sino á todos los periodistas liberales; y á este fin 
expidió el Minstro del Interior una circular á los 
Gobernadoies de las Provincias, en que calificaba de 
sediciosa, inmoral // absurda la prensa de la oposición; 
y excitaba á aquellas autoridades á vigilar los perió- 
dicos, y á enjuiciar á sus redactores ó editores, por me- 
dio de los Procuradores Municipales, que eran por 
el Código de 1837, los encargados de ejercer estas 
repugnantes funciones. El señor Doctor Felipe Larra- 
záhal, ilustrado no menos que enérgico y resuelto, 
refutó aquel documento en el editorial del número 78 
de su periódico El Patriota, con tal copia de buena 
doctrina, y en tono tan grave y sereno, como perte- 
necía á la alteza de la materia, que es de justicia re- 
producirlo en este libro á manera de cuerpo de prin- 
cipios de Derecho. Aquel periodista, único tribuno de- 
mócrata que quedaba en pie, tomó A su cargo, pos- 
puesto todo temor y aventurado á todo riesgo, la de- 
fensa de la prensa liberal que venía sosteniendo 
desde 1S40 las libertades constitucionales, la reden- 
ción de las industrias, los derechos individuales y 
el dogma de la soberanía del pueblo. 

El Ministro, en vez de contestar ó hacer con- 
testar por la p 'cnsa este brillante escrito, mandó prender 
al Doctor Larrazábal: y no habiendo podido hallarle, le 
persiguió de tal manera, que hubo de obligarle 
á salir furtivamente del país y refugiarse en la isla 
holandesa de Curazao. 

Desdi 1 aquel día enmudeció la prensa liberal; 
se desembozó el Gobierno y empezó á germinaren 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 107 

el pueblo la rebelión, para reivindicar su soberanía, 
radicada en el derecho de votar, y la soberanía de la 
inteligencia, radicada en el derecho de la prensa. 

La libertad de imprenta es uno de los dere- 
chos individuales, que proceden de las leyes de la na- 
turaleza ; lo mismo que la libertad de pensar, ha- 
blar, sentir y creer. Así que, el restringirla no sólo 
entorpece el funcionamiento armónico de las socie- 
dades bien organizadas, sino que, en el mundo mo- 
ral, constituye el delito de encadenar una facultad 
del alma, y contrariar la ordenación del piar, conce- 
bido por la Providencia, cuando dio este nuevo sen- 
tido al pueblo, per medio de la revelación, como arma 
divina para defender el decálogo de sus derechos, y 
voz de acentos inmortales para conmoverle á su per- 
fección indefinida. 

Por el contrario, el resguardarla de las ase- 
chanzas y golpes de mandatarios pervertidos, sera 
siempre obra meritísima -de los hombres públicos que 
laboran por establecer nuevas eras de moral y liber- 
tad, según los preceptos de Dios: < orno lo hizo nues- 
tro Partido Liberal cuando grabó en la Constitución 
de 18(54, como fruto de la guerra civil de la Fede- 
ración, los más avanzados principios políticos de la 
democracia moderna; (Mitre otros, la libertad de la 
prensa sin restricciones de ninguna especie. Pues á 
esta libertad no pueden imponérsele, sino las únicas 
con que las costumbres de la gente» civilizada mo- 
deran y regularizan el uso de la palabra, en la conver- 
sación y la oratoria; en atención á que los dere- 
chos individuales de hablar v escribir son tan seme- 
jantes entre sí, ó mejor dicho, tan idénticos, que 
cuanto se diga del primero puede aplicarse estricta- 
mente al segundo; como que uno y otro proceden de 



108 DOCTOR L. VILLA.NUEVÁ 

la misma fuente, y son al igual facultades represen- 
tativas de la dignidad del hombre y del pueblo. 

De todo lo cual resolta, que en el modo de 
resolver problemas de este género, estriban las di- 
ferencias orgánicas de nuestros dos partidos. De 
suerte que, cuando el conservador porfía por reducir 
la esfera de actividad de la prensa y por decretar 
castigos para los periodistas, empéñase el liberal en 
dilatar hasta la utopia los lindes de todas las libertades 
y de todos los derechos, para constituir el reinado 
del hombre, mirándole tan libre como salió de las ma- 
nos del Creador. 

Hé aquí la circular del Ministro y el editorial 
de El Patriota : 

ei Dr. Larra- XIX. En las terribles v complicadas eiicunstancias en 

zábal defiende , -*▼■/*, L ,, 

la libertad de que se encuentra la .Nación; hoy, que nos vemos sin Cons- 
impranta. titución ni leyes, sujetos al régimen imperante de la fuerza ; 
cuando el desentreno opresor de los gobernantes contra 
el pueblo lia llegado á su colmo y la majestad de la so- 
beranía popular se vé ultrajada : cuando los delegados 
del poder publico han desgarrado los testimonios de su 
autoridad, en desprecio de la mayoría, y ajado con avi- 
lantez ese pueblo mismo de donde parten, como de un 
centro fecundo, todos los poderes activos de la sociedad, 
el Gobierno del General Soublctte cómplice de tantos y 
tamaños crímenes, tiene todavía el inconcebible arrojo de 
expedir una circular á los gobernadores, y de maltratar 
en ella á ios ciudadanos todos de Venezuela, que dema- 
siado amantes de la paz, y llevando sus respetos por el 
orden público hasta un exceso que raya, podremos decir, 
en culto y veneración, han preferido el humilde sufrí mien- 
to, al ejercicio de los derechos imprescriptibles que por 
naturaleza les competen para repeler la opresión, para 
■confundir las tramas de la iniquidad y del despotismo, 
y castigar de muerte al tirano que intente usurpar la 
potestad soberana de los hombres libres. 

Y como cumple á los intentos proditores de ese go- 
bierno, que carga ya con el peso de plomo de la exe- 
cración pública, presentar á la Hbertad de la imprenta 
eual si fuese el origen del mal, ó el tomes corruptor de 
nuestra inocencia, que lia ocasionado los movimientos 
perturbadores de la pública tranquilidad ; como importa 
ú esa administración sin fe, buscar, astutamente á quien 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 10í> 

hacer responsable de sus culpas que le infunden miedo y 
atemorizan, semejante á aquellos niños malvados que 
buscan en la excusa la impunidad, y en la falsa impu- 
tación el descargo de sus hechos, no se habla en la cir- 
cular de otra cosa sino del carácter sedicioso de nues- 
tros escritos, y de los motivos que tiene el gobierno para 
reconocer en el abuso de la libertad de imprimir la causa 
principal de los atentados (pie hoy tienen en alarma la 

República ¡Como si los periodistas que de continuo 

no hemos hecho otra cosa que inculcar los preceptos de 
moderación y los avisos prudentes de la legalidad, fueran 
los que han roto con escándalo la Constitución y barre- 
nado las leyes ! ¡Como si la prensa hubiera suspendido 
concejos, anulado electores, deshecho registros, violado 
asambleas, depuesto jueces, quemado listas, etc. ! ¡ Como 
si la moderada libertad de publicar nuestros pensamien- 
tos, de que siempre usamos, y que garantida nos está por 
la ley fundamental, pudiera jamás merecer el dictado de 
sediciosa al frente de los hechos del gobierno, á la pre- 
sencia de las injusticias atroces y de los desmanes inaudi- 
tos y atentatorios cometidos por la viciosa administración 
del General Soubletté ! 

Discurramos, sin embargo, por cada uno de los inul- 
tos de la Circular, y presentemos nuestras ideas y obser- 
vaciones en contraste de las del gobierno, defendiendo la 
justicia, la verdad; defendiendo la razón, hija del cielo, 
cuyos respetos miramos vulnerados en la producción que 
nos ocupa. Desempeñemos una vez más los sagrados 
deberes de nuestra misión. La circular dice así : 

"CIRCULAR DEL GOBIERNO SUPREMO A LOS GOBERNADORES 

"República de Venezuela. — Secretaría de los despachos del 
Interior v Justicia. — Sección 2 a — Número 41 «S. — Cara- 
cas: 27 de agosto de 184o*. — Ano 17° de la Ley y 30 a 
de la Independencia. 

" Señor Gobernador de la Provincia de Caracas. 

* A Es ya intolerable el carácter sedicioso que ha tomado 
la prensa en algunas provincias de Venezuela. Ha pasado 
la época de las elecciones primarias, en que el calor de 
las opiniones en colisiór, produce ordinariamente algunos 
excesos, y se nota con aMunbro que lejos de volver los es- 
critores á la senda que el patriotismo y la ley les señalan, 
algunos se desvían más y mas de ella y continúan desmo- 
ralizando al pueblo inocente con doctrinas absurdas, cuya 
sola publicación basta para desacreditarnos en lo interior 
y c\xterior. Xo debe permitirse que escritores imprudentes 
ó enemigos del orden alejen de nuestro suelo la conñanza 
de que tanto hemos menester para nuestra mejora en to- 
dos los ramos de la riqueza nacional. 



110 DOCTOR L. VILLANUEVA 

"Poderosos motivos tiene el Gobierno para reconocer 
en el abuso déla libertad de imprenta, la causa principal 
de los atentados contra el orden público que en 1844, tu- 
vieron lugar en varios cantones, y de los que tienen hoy 
en inseguridad el de Calabozo y en alarma una parte de 
la República. Cree que esta misma convicción tiene una 
gran mayoría de ciudadanos y que por tanto US. debe esti- 
mularlos á que con sus luces é influjo, procuren impedir 
la corrupción del criterio puro y los males que de ella se 
derivan. 

" En cuanto á los funcionarios encargados por la ley 
de perseguir á los autores ó editores de escritos sediciosos 
é inmorales, el P. E. ha dispuesto se diga á US. 

"1? Que excite inmediatamente y déla manera más 
enérgica á todos los procuradores municipales de los can- 
tones en que estuviere establecida alguna imprenta, á ejer- 
cer sobre los escritos que en ella se publiquen, la debida 
vigilancia y á acusar oportunamente todos los que estén 
marcados con alguna de las notas de calificación de que 
hablan los art'culos I o y 2 o lev 4 H del Código de 27 de 
abril de 1830. 

"2? Que recomiende á los jueces que presiden el ju- 
rado que ha de conocer de estas causas, la preferencia 
en el despacho de ellas. 

"3 o Que avise al P. E. cualquiera falta que note 
por parte de dichos jueces, ó de los procuradores municipa- 
les, para aplicar el remedio conveniente; y dé asimismo 
noticia de los fallos manifiestamente injustos que pronun- 
cie el tribunal del jurado para procurar ante las Cámaras 
el debido castigo. 

" El Gobierno encarga á US., muy especialmente, el 
cumplimiento de esta resolución, y dispone que se le infor- 
me de todo lo que se practique en ejecución de ella. 

u Soy de usted atento servidor. 

Francisco Cobos Fuertes." 

Ahora bien: ¡ cuál es el carácter de nedici 'ó n que ha 
tomado la prensa entre nosotros f ¿ Cuáles son los escritos 
liberales que persuaden los tumultos populares y aconsejan 
el levantamiento de las masas contra las autoridades cons- 
tituidas? — O el supremo gobierno no define, ni sabe bien lo 
que es aediriotto en sí, ó con cierta ligereza injuriante atri- 
buye á nuestras producciones una nota distintiva que no 
merece, confundiendo los cargos severos dirigidos á una 
administración vacilante, y acusada de actos ilegales y de 
abuso extremado de poder, con las excitaciones populares 
de rebelión y de perturbac ón del orden.y de la tranquil i- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 111 

dad publica. Nosotros no conocemos ningún impreso sedi- 
eiofto; la República no tiene idea de ese carácter en las 
producciones periódicas de su prensa liberal ; el gobierno 
no puede presentar ni un polo ejemplar, ni una sola pá- 
gina siquiera en donde haya razón para decir que allí 
»e babía abusado de la libertad de imprenta, publicando 
conceptos dirigidos á excitar la rebelión ni el desconoci- 
miento de los poderes públicos. Y no obstante, dice el 
señor Cobos, á quien pertenece la redacción déla Circular, 
qne es ya intolerable ene carácter sedicioso de nuestra prensa; 
como queriendo denotar en la expresión, que la prensa ha 
apurado por demás el sufrimiento del gobierno. Nosotros 
w\ que con sobra de razón y de justicia pudiéramos decir 
que es ya -intolerable el carácter de despotismo que ha asu- 
mido el gobierno de Venezuela : que es ya intolerable el desca- 
ro con qne rióla la Constitución abiertamente y desobedece 
las leyes : que es ya intolerable el género de impudencia 
con que se hace ostentación de prostituir la razón pública, 
de insultar la magestnosa grandeza de nuestros pueblos, 
de contrastar su voluntad, y de repetirle que su libertad 
es una quimera y su igualdad un delirio. Nosotros si, que 
podríamos decir cuantas veces nos placiese, qne ya es insu- 
frible^ intolerable, que no puede s> portarse por más tiempo la 
tiranía sistemática de los mandatarios; porque no es una vez 
ni dos las ocasiones, que la han ejercido ; porque no es una 
Tez ni dos, que han roto en menudas trizas la Constitu- 
ción ; porque no es una vez ni dos, que el pueblo ha lle- 
gado á pique de perder su habitual paciencia, urgido por 
las violencias y desmanes del gobierno. 

Hay una diferencia grande, inmensurable, entre ense- 
ñar al pueblo sus derechos y excitarle á la rebelión. Esto 
debe desaprobarlo todo hombre sensato; pero aquello 
merece los respetos de la sociedad entera. Nuestro go- 
bierno, no obstante, envuelto en un torbellino de errores, 
absurdos é inconsecuencias, ha confurdido el elevado mi- 
nisterio de la prensa, que es la instrucción popular, con 
los estímulos y provocaciones revolucionarias de que pue- 
den tenerlo temeroso la conciencia de sus propias infrac- 
ciones. Nosotros no hemos visto, como antes se ha dicho, 
ninguna producción que la marcase el carácter de sedicio- 
sa ; y sí hemos visto muchas, y aun las hemos publicado 
nosotros mismos, que tienden al primordial objeto de ense- 
ñar á los pueblos sus derechos y recordarles su autoridad. 
Y tal y tan grande es el desbarro del gobierno del Gene- 
ral Soiiblette, que al llamar SEDICIOSAS nuestras pro- 
ducciones, ha incurrido en la necesidad de calificar del 
propio modo, á obras antiguas y respetables, que son 
el oráculo, allá mismo en el centro de 1í\ civilización 
europea. 

Todo hombre, dice Tertuliano, ha nacido soldado con- 



112 DOCTOR L. VILLANUEVA 

tra los usurpadores del poder público, contra los grandes in- 
fractores de las leyes, que son la égida de la sociedad y de ¡a 
inocencia. (Apologet, cap. 2?) 

Las leyes de Atenas, dice Grocio, dadas por Solón y 
renovadas por Pirco, autorizaban al pueblo para reprimir y 
aun castigar de muerte á cualquiera que intentase abolir el 
gobierno popular; y yo creo con Plutarco, que son derechos 
de cualquier ciudadano, negar la obediencia, castigar y quitar 
la vida, al que hoya usurpado la autoridad soberana., en un 
estado constituido, rompiendo las leyes fundamentales de la 
asociación.. [De jure belli etc. lib. I o cap. 4 o §§ 10 y 
siguientes]. 

Cuando el gobierno, dice Vattel, no puede protejer al 
pueblo y están de hecho disueltos los lazos que unían d los 
gobernantes y á los gobernados, los habitantes vuelven d en- 
trar en su primitiva libertad, en el goce de sus derechos na- 
turales, y deben proveer á su seguridad por todos los medios 
justos y honestos. [Droit de gens, liv. 3, chap 7]. 

Cuando la potestad, dice Gravina, establecida por la 
voluntad pública para la utilidad común se tuerce en provecho 
de algunos pocos, con daño del bien general y con agravio de 
la mayor parte de los ciudadanos, vuelven estos por el mwmo 
derecho á su e*taño primitivo, porque fvta al despotismo el 
consentimiento universal, sin el cual no hay autoridad justa 
ni valedera. [Origine juris eivilU lib. 2° cap. 18]. 

Cuando no hay constitución, dice C'OCEYA, y por lo 
mismo no hay protección individual, no puede haber obedien- 
cia ni suministración de oficios; cesa lo correspondencia en- 
tre el gobierno y el pueblo. [Disert. XII lib. <i?, cap. 3 
secc. 1"J. 

En el momento, dice Vattel, que el gobierno ataca ht 
constitución del estado, rompe el pacto que ligaba al pueblo, 
por la misma acción del gobierno, á quien ya no puede ni debe 
mirar sino como un usurpador que pretende oprimirlo. 
Conocen esta verdad todos los escritores sensatos, cuya pluma 
no se ha avasallado al temor ó no se ha rendido al interés. 
[Lib. I o , cap. 4 o § oí}. 

Los gobernantes, dice Mariana, deben e*iar persuadi- 
dos del saludable pensamiento, que si oprimen los pueblos y 
se hacen intolerables, por sus vicios é injusticias, hay derecho 
para que cualquier ciudadano les prive ríe la vida, llenan- 
dose de gloria y de alabanza. [De Rege & Regís inst. Lib. 
I o cap. 6 o ]. 

Los cretenses, dice Moxtesquieu, para obligar á lo* 
magistrados á la dependencia y obediencia de las leyes, em- 
pleaban un medio muy singular : el de la insurrección. Esta 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 113 

institución que hacia legal la sedición para impedir los abusos 
del poder \ parece que debía concluir (moralmente hablando) 
con la República; sin embargo, ella no destruyó d Creta. 
[Sprit des loia, lib. 8? chap. XI]. 

La insurrección, dice Linguet, es un fruto de todos 
los climas. Es un mal que ataca todos los gobiernos, desde 
que estos olvidan el régimen legal de quien depende su comer- 
ración, desde que comprometen la inviolabilidad de los prin- 
cipios, dando ataques a los goces privados de los particulares 
y violando el rigor de las leyes civiles que establecen los 
derechos del ciudadano en todo género. [Dise. prelim. de la 
theorie des lois civiles]. 

Siendo la libertad, añade TUtklamaqtti, por sí misma 
el derecho más considerable del hombre y que le asegura todos 
los demás, puede legítimamente mirar y trata* como A enemi- 
go á cualquiera que intente usurpársele y reducirle á la escla- 
vitud. [Elein. de derecho natural, cap. 5? parte 13 a ]. 

No puede el pueblo, escribe Spanzotti. renunciar aque- 
llos derechos que forman como la sustancia de la sociedad 
humana ; á saber: la libertad, sin la cual los hombres son 
como una turba de brutos conducidos al capricho de su dueño. 
No debe el pueblo dejarse de servir de aquellos medios que 
conducen A restablecer el curso del buen orden, de la equidad, 
de la justicia, ni autorizar con su si f encio las usurpaciones 
y , crueldades de los poderosos. íSi un hombre privado no pue- 
de dispensarte, por un principio de razón natural, de aquellos 
medios sin Ion cuales no puede subs'stir ni vivir; si un en- 
fermo <1*> peligro no puede renunciar los medios con que ase- 
gurar, en cuanto dependa de él su existencia ¿acaso una ila- 
ción entera que hallándose oprimida está como al borde del 
precipicio y prójima á perecer bajo la tiranía, podrá dispen- 
sarse de encaminar sus pasos á puerto de seguridad y salva- 
mento t [Defensa de los pueblos, capítulo 5°]. 

Los disturbios, continúa el mismo autor, las riñas, las 
disensiones, se deben evitar y proscribir, mas no cuando se 
trata de la utilidad de la patria, porque la sabiduría de- 
muestra que la tranquilidad y reposo que en estos casos se 
obserra río en los pueblos, es semejante al letargo funesto que 
entorpece las facultades físicas de un paralítico; demuestra 
que esta paciencia imbécil que tanto se ensalza, es semejante á 
la muerte que priva toda acción vital, y que es un pretexto 
especioso de los gobiernos tiránicos para embrutecer á los pue- 
blos y oprimirlos sin estorbo. Témanse las pasiones humanas, 
mas este temor no nos lleve á querer sufocarlas ó á no dirigir- 
las al bien de la patria ni servirse de ellas en pro de la 
nación. | Id.] 

8 



114 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

Basta; no añadauío^ más citas, aunque bien pudié- 
ramos; y vengamos á la argumentación. No habiendo 
hecho nuestra prensa otra cosa que reproducir las doctri- 
nas anteriores, cercenándolas muchas veces, no puede 
llamársele sediciosa, sin que también se dé este título á 
las obras inmortales de los primeros sabios de la Europa ; 
y sin que también se ofenda la enseñanza pública de 
nuestras Universidades, donde se lee á Burlamaqui, don- 
de se estudia á Vattel, donde se profundizan las mate- 
rias con el estudio privado de los publicistas citados. ¿Y 
es el señor Cobos el que puede llamar sediciosas, absur- 
das ^ que es lo mismo que irraeion iles y desmoralizadoras , 
las doctrinas del sabio Groeio, el publicista más profundo 
que la Europa ha conocido, el mentor del gran Gustavo 
Adolfo y el amigo de Oxentiern, canciller de Suecia y 
uno de los grandes hombres de estado del siglo XVII f 
¿ Es el señor Cobos el que puede insultar las produccio- 
nes de Vattel, el consejero pri vacio del Gran Elector de 
Sajorna y cuya obra la juzga el señor Irisarri como la 
más metódica v juiciosa, v como la obra maestra del 
derecho de gentes ? ¿ Es el señor Cobos quien puede 
censurar tan bajamente las ideas de Gravina elogido por 
•el mismo Montesquien, las de Mariano, que aun siendo es- 
pañol fue llevado á París á enseñar dererho público, y 
las de tantos sabios que gozan de la más elevada reputa- 
ción entre los más sabios de la Europa ? 

¡Y se puede llamar sedicioso en Venezuela lo que se 
escribe y se lee en las monarquías del Viejo Mundo, al 
pie de los tronos, donde los soberanos pretenden mandar 
en absoluto, donde no hay pensamiento gobernado ni más 
ley fundamental oue la voluntad caprichosa de un prín- 
cipe déspota ? ¡Y se puede llamar sedicioso en Venezuela 
lo que las prensas publican en España y en Italia, en Sue- 
cia y en Austria ? 

Debiera el señor Ministro de Estado en los Despa- 
chos del Interior y Justicia de Venezuela, medirse un poco 
más y no echar á volar por esos mundos de Dios su 
nombre, cual pudiera hacerlo un individuo sin letras y 
aun sin aquellos conocimientos comunes. Los hombres de 
Estado no desdicen nunca de su posición, antes bien 
pecan por sobra de mesura y circunspección cpie por li- 
viandad y ligereza. Estas notas que son propias de la 
adolescencia á quien falta la madura sensatez del juicio, 
no deben hallarse en los hombres cuvas manos llevan el ti- 
món de la nave del Estado. Los hombres publ i eos situados 
en elevada altura no deben trabajar por parecerse en la ele- 
vación y la ligereza á aquellas banderitas que se colocan en 
las cúpulas de las torres, leves, vanas é inconsistente», 
aunque alzadas en eminencia. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA lio 

Poderosos motivos, dice el Gobierno tener para reco- 
nocer en el abaso de la libertad de imprenta, la cansa 
principal de los atentados contra el orden público que 
tuvieron lugar en 1844, y de los que tienen hoy en inse- 
guridad y alarma una parte de la República. Pero nos- 
otros contestaremos al Gobierno que la libertad de im- 
prenta no fué quien levantó á Silva en Cura, ni quien le 
«nviaba miles de pesos para pagar su tropa, ni quien lo 
ha ocultado hasta hoy para evadir la revelación de los 
secretos y perfidias del Gran Traidor. No es la libertad 
de imprenta la que ha traído la miseria á nuestros pueblos, 
ni la que los ha abrumado con el peso de bronce de in- 
soportables contribuciones. No es la libertad de imprenta 
la que ha producido en todo el espacio de nuestro Con- 
tineate ese malestar horrible, ese descontento general, 
esa efervescencia temible por cierto, hijos todos de las 
malas leyes, del mal Gobierno, de la ponderosa tiranía 
que se ha ejercido impune y con desprecio de los hombres 
tantos años há. No es, por tin, la libertad de imprenta la 
que ha causado los males de que se queja el Ejecutivo, 
>sino el Ejecutivo mismo, no tocando á los escritores otra 
función en tan horrenda crisis, que revelar con sinceridad 
al mundo entero, los excesos del poder. 

Más libertad de imprenta de la que goza Venezuela 
la hav en los Estados Unidos de la América del Norte ; 
4 y se quejan aquellos hombres del ejercicio de este dere- 
cho ? 4 hay en la Unión la miseria y malestar que en 
Venezuela? jamás nuestra prensa ha llevado la censura 
de su acrimonia hasta el punto en que la ejercen los 
diarios de New York, Philadelphia y Balti inore. El pri- 
mer periódico, dice T> cqueville, que llegó en América á 
mis manos, contenía el artículo siguience : ik En todo este 
negocio el lenguaje del Presidente Jakson ha nido el de un 
déspota desnaturalizado, que se ocupa únicamente en conser- 
rar su autoridad. La ambición es su crimen ; su vocación 
es el amaño; gobierna por medio del cohecho, y sus manejos 
culpables serán su confusión y su vergüenza; se ha presentado 
en la palestra política sin pudor y sin freno; ha salido cam- 
peando, pero se acerca el día de la justicia y muy luego ten- 
drá que devolrer lo que ha ganado y acabaren un lugar soli- 
tario en que pueda blasfemar á su salvo, porque el arrepen- 
timiento no es una virtud que puede tener cabida en sus 
entrañas? — [Vicennes Gazzette]. 

Ahora bien; compárese este lenguaje con el de nues- 
tra prensa. Compárense estos arranques de una libertad 
sostenida y vigorosa con nuestra habitual moderación. ¡ Y 

se trataba nada menos que de Jakson, no de Sou- 

Irfette! ¡Se trataba nada menos que del Libertador de 
New Orleans, uno de los fundadores de la libertad ameri- 



116 DOCTOR L. VILLANUEVA 

cana, del hombre que más fe tuvo en la fuerza imperece- 
dera de la libertad popular, en los destinos de la huma- 
nidad, las virtudes de los hombres, en las instituciones de 
su patria ! ¡ Y se trataba nada menos que del General 

más puro no de un amortizador ! ¡ Y se trataba nada 

menos que del padre de los huérfanos y el amparo de las 
viudas.... no de quien ha quitado á la orfandad el pan 
y á la viudez el consuelo ! 

Terminemos: la circular que hasta ahora nos ha ocu- 
pado, tan descollante eu inepcias y falsedades, revela 
bien el mal estado de la causa del Gobierno. Produccio- 
nes de esta especie son las que nos desacreditan en el 
interior y en el exterior ; y todavía nos extenderemos más, 
Gobiernos de esta especie, que en lugar de fomentar la 
riqueza nacional y el desarrollo industrial ; en lugar de 
organizar el trabajo, disminuir el pauperismo, depurar las 
costumbres, procurar el bien y ofrecer estímulos para bus- 
car colocación á nuestros productos interviniendo de una 
manera protectora, suave y paternal en el auxilio y fo- 
mento de nuestra mejora material, se ponen á gastar el 
tiempo á tontas y locas en circulares, dejando por otra 
parte ca p r una mano dura, meticulosa é injusta que todo 
lo esteriliza y destruye ; un gobierno de esta especie que en 
las graves dificultades presentes disipa el tiempo en favore- 
cer las miras é intereses de un partido, trabajando unos ofi- 
cinistas, periódicos que paga el Estado, á la vez que otros 
cruzan las parroquias distantes en realización de planes 
eleccionarios ; que hace salir su periódico oficial semanal 
sin siquiera una resolución en ningúu ramo de la adminis- 
tración; ni que cuida de otra cosa que de procurarse 
grandes sueldos y perpetuos destinos, es, Si, lo que nos 
desacredita completamente en el interior y en el exterior. 

Así pensamos nosotros : decida la Nación entre nues- 
tro juicio y el del Gobierno. 



CAPITULO III 

I. Confirmados en su verdad los actos del Gro- p ¿Í^ ion dtl 
bienio y los de la oposición, por testimonios valederos 
que soportan rt l juicio de todos los criterios, nos 
creemos autorizados para pensar que, si la historia es 
justa cuando trata al General Soublette con benevo- 
lencia, por sus prácticas republicanas hasta julio de 
1846; lo es igualmente cuando reprueba la institu- 
ción del reclutamiento, el proceder contra las Muni- 
cipalidades, la violación de los registros electorales, 
la persecución á los periodistas, y la crucifixión del 
Candidato de mayor prestigio; tan no vistos hachos, 
del último semestre de su administración. Pues aun- 
que no fueron cometidos por él sino por subalternos, 
deslustran con todo su fama de Presidente benemérito, 
y le acarrean la responsabilidad de haber dado ocasión 
á que el pueblo, burlado en aquella célebre jornada» 
cambiase las elecciones, la prensa, la oratoria y las 
demás prácticas de la vida legal, por el sistema 
de la guerra civil, á que viene apelando desde en- 
tonces, para corregir los abusos de los mandatarios, 
dar triunfo á los partidos y solución á los proble- 
mas del país. 

A respetar las elecciones en 46, de seguro que 
■con la candidatura victoriosa, cualquiera que hubiese 



118 DOCTOR L. VILLANITEVA 

sido, habría continuado la nación en orden; bajo un ré- 
gimen constitucional, venerado de todos; con partidos- 
disciplinados y doctrinarios, y prensa batalladora y 
culta ; con parlamentos dignos y Gobiernos de más ó 
menos carácter, iniciativa y talento, pero sostenedores 
todos con firmeza de las instituciones en la paz, y pro- 
pulsores de la República por las sendas del progreso. 

Había tocado á una pléyade de entendidos es- 
critores y tribunos hacer por seis años la revolución 
incruenta contra la política de los exclusivistas, y ago- 
tar en ella sus esfuerzos por alcanzar la victoria ; em- 
pero, oprimidos y echados de los comicios y de la 
prensa, fueron llevados unos á las prisiones, y sacrifi- 
cados otros en los patíbulos. 

Cerrado al fin este apostolado augusto, timbre de* 
los fundadores de nuestro Partido, abrióse luego por 
una reacción violentísima, pero inevitable, del pueblo 
contra el Gobierno, la e'ra de las luchas á muerte, 
debida en parte al terror que empleaban los oligar- 
cas, y en parte á la desesperación que inflamaba & 
los li t erales. 

El pueblo voló á las armas, pero sin caudillo. 
El más atrevido, valeroso, inteligente y afortunado 
ese será aclamado Jefe, en medio de la tempestad. 
De aquí br^tó Zamora ; y armado de súbito, como 
los héroes mitológicos, corrió á vengar á su Partido 
en los campos de la guerra. Álzase sólo ; pero á po- 
co los guerrilleros le proclaman Jefe : disciplínalos 
debajo de su mano; los guía á la pelea; y tri untador 
unas veces y vencido otras, sostiene primero en los 
Llanos y después en las montañas una guerra de sie- 
te meses con que perturba las provincias del Centro r 
sobresalta á los oligarcas, y obliga al Gobierno á gas- 
tar en el equipo de sus tropas y en municiones de 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 119 

guerra y boca los 800.000 pesos que había econo- 
mizado en tres años, y que no quiso emplear en esta- 
blecer el banco de crédito territorial 

II. Arrastrado de su pundonor y despechado, zanüíü 1 * 11 
se salió Zamora de La Victoria el 7 de setiembre, 
acompañado de Manuel Ibarra, (1) con determina- 
ción de echar por tierra á los oligarcas ú hierro 

y plomo: y á e*te efecto tomo rumbo ese mis- 
mo día al Pao de Zarate : paso esa noche en la 
casa del señor Juan Nepomuceno Castillo, y otro 
día se avanzó por caminos extraviados á la Sierra 
de Virgen Pura, buscando el valle de Tacasuruma 
para dar principio á la empresa de guerra, en que 
se había comprometido con los exaltados del Far- 
tido. Para lo cual contaba con los vecinos de aque- 
llos lugares, que casi todos eran liberales, amigos per- 
sonales suyos, por antiguos tratos en el comercio, 
y últimamente, por las relaciones contraídas en los 
trabajos de las elecciones recién acabadas. 

Al llegar á Guambra el día ocho, reunió gran 
número de ellos en la casa de Tiburcio Barrios, 
mediante la citación que les hizo el Comisario So- 
corro Masa ve' : les invitó á la guerra, para derri- 
bar el Gobierno y crear una era de felicidad para 
el pueblo, cuyos derechos habían sido hollados por 
los oligarcas en las votaciones de toda la provin- 
cia: y como le ofrecieran todos los presentes acom- 
pañarle hasta morir en la contienda, marchó ese 
mismo día al sitio de la Meseta con los escogidos, 
entre los más mozos y fuertes. 

III. Guambra es un paraje á orillas del río Guá- •■■«*■• 



1 Manuel Tbarra era hijo del Coronel Ibarra, Ilustre Procer 
de la Independencia y hermano de Doña Sinforosa M en día de 
Mauro. 



120 DOCTOR L. VILLANUEVA 

rico, en jurisdicción del Distrito Zamora (Villa de 
Cura), á inmediaciones de la cuesta de Pisapasito. 

»iut¿w i dÍ < z" IV- El nueve llegó á la montaña de Las Muías, 
donde Rangel, que campeaba por sí desde el 1? de se- 
tiembre, se le presentó con una cuadrilla de diez ó do- 
ce hombres á pie, dándole vivas, como á caudillo del 
Partido Liberal, y diciéndole que tenía muchos más 
1 en Los Leones y otros sitios de la Sierra. Desde allí 
se encaminaron por la tarde, obrando juntos, ambos 
jefes, á las Guasduitas, que es el punto más central 
del valle de Manuare, y en aquel entonces el más 
á propósito para Cuartel General por la abundancia de 
sementeras y ganados. Allí se detuvieron cuatro días 
organizando las guerrillas de Timbique, Alto de las 
Muías, Caruto v otros vecindarios. 

De este campamento mandó Zamora comisio- 
nados á Rosalio y Concepción Herrera, que estaban 
alzados por los lados de Calabozo : á Segundo Mar- • 
tínez, guerrillero de la Platilla : á Evangelista Ca- 
beza, capitán de una partida de caballería que co- 
rría por Canuto y los Tiznados: á José Antonio 
Tovar y Gregorio Matute, facciosos armados de Guar- 
datinajas y las Galeras. Reconcentró bajo su mano 
las cuadrillas de Pío Avilan, de Camatagua ; de M. 
Puerta, de Camatagüita ; de Luis Hernández, de 
Memo; y llamó la de Guaribe, oculta en e 1 Potrero ;. 
las de Tucupidoy Chaguaramas; y unas que tenían 
conmovidas las poblaciones de la margen derecha del 
Uñare: y á los demás insurrectos, que antes y des- 
pués de las elecciones devastaban el Llano del Guá- 
rico. Sobresalía entre éstos Pedro Aquino, quien 
se mantenía en armas desde la nefasta noche del 17 
de diciembre de 1845, en que con una partida asaltó 
la cárcel de Calabozo para libertar al padre de los 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA. 121 

Rodríguez, condenado á la infamante pena de presi- 
dio, por causa criminal. 

V. Era Aquino salteador de fama, que amenaza- p*rtw«i <ui 
ba constantemente las plazas del Sombrero y Barba- 
coas, y llegó más de una ocasión á embestirlas y 
robarlas. 

Sorprendiéronle en agosto los soldados del Go- 
bierno en sus apartadas guaridas de Simborino, ocul- 
tas en la confluencia de los ríos Orituco y Memo, 
hacia los confines meridionales del Cantón de Ori- 
tuco. En este choque perdió 20 hombres, y esca~ 
pó con ocho. Repuesto de su rota se preparaba 
á tirotear otra vez á Barbacoas chindo recibió al 
comisionado de Zamora con la correspondencia en 
que le invitaba á la Revolución política que acababa 
de estallar, y de la que sería él caudillo en la Sierra 
y en los Llanos. Antes de ocurrir á este llamamien- 
to apresuróse á tomar á Barbacoas el 15 de setiem- 
bre, pero salió perdidoso otra vez, y aun se vio en 
trance y riesgo de ser hecho prisionero 

Es de saberse que ya en junio de aquel año ha- 
bía cometido entre otros delitos, el robo de nueve 
muías de J. de J. González, cargadas de mercan- 
cías de propiedad del señor Luis Rivero en el 
sitio de Pitara, cerca del Sombrero. Aquella misma 
noche entró en esta población, amarró á uno de los 
jueces de paz, robó el establecimiento mercantil de 
Juan Tosta, y estropeó á varios vecinos. Igual á este 
Aquino eran Benedicto Herrera, comandante de la 
facción de Cardoncito, jurisdicción de este mismo 
pueblo ; Santiago Pérez, Infante y otros de menos 
nombradla, que infestaban aquellas comarcas meses 
antes de empezar la guerra del 46. 



122 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

Mucha gente de mal vivir se ocultaba en aquello* 
moiites, supervivientes de las antiguas y despiadada* 
facciones de Centeno y Al varado, alzadas en Lezatna 
el año de 44: de Juan Silva, facineroso de Villa de 
Cura, á quien el mismo Ezequiel Zamora persiguió 
por encargo de las autoridad°s de dicha ciudad á la* 
órdenes del Comandante Carabaño, en junio del mismo, 
hasta lanzarlo más allá de los términos de San Se- 
bastián ; de José Antonio Siso, asolador de la Pla- 
yita, cerca del Pao; allí mismo capturado y fusilada 
en castigo de sus fechorías : de Vilorio que había 
corrido sin cesar entre Lezama, Tamanaco, Pan Se- 
bastián, San Francisco de Cara y el Salto, lugar 
inmediato á San Casimiro; y muerto en Tacata en 
la hacienda de Mr. Word á quien intentaba sacrifi- 
car: y de las nombradas de Pedro Pérez, Jacinto 
Villavicencio, Juan Aponte, llamado Juamcote, que 
vendió á Zamora después de Pagüito; y las de Simó» 
Flores, Gervasio Solórzano, y la del Tirano, antiguo 
soldado tocador de clarín de Guardatinajas, que mor- 
tificaban desde años atrás las ricas poblaciones y case- 
ríos del Calvario y Chaguaramas, los Angeles y Para- 
para. Restos de todas ellas eran estas partidas todavía 
en pie en el Guárico, compuestas de hombres malos, 
insubordinados, envejecidos en el pillaje, que sin per- 
tenecer á ninguna causa publica, estaban dispuesto* 
en todas las ocasiones á guerrear con cualquier capi- 
tán y bajo cualquier bandera ; y en cuya persecución 
había empleado muchas tropas el Gobierno pero con 
no buen éxito, en 45 y 46. 

dfzí¿?¿ mdmd VI. Sin pérdida de tiempo llamólos Zamora a 
todos, no para acaudillarlos, como jefe de malhechores, 
sino para corregirlos, moralizarlos, disciplinarlos en 
las filas de la Revolución popular, y convertirl 8 de 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 123 

bandidos en soldados, y de soldados en hombres úti- 
les. Pues lejos de ser Zamora caudillo de crimi- 
nales, como lo pintaron el Gobierno, los curiales y 
los periodistas oligarcas, caracterízase dignamente 
en nuestra historia militar, conjo un valiente fanático 
por su partido, que buscaba el derrumbamiento de 
la oligarquía, para que los destinos públicos, los ho- 
nores, las riquezas y las responsabilidades y mere- 
cimientos en el servicio de la Patria, se distribuyesen- 
entre todos los ciudadanos; pero conduciéndose siem- 
pre como hombre honrado y de sanos principios mo- 
rales 

Desde su mocedad se entregó, como dijimos 
en los principios de este libro, al comercio de 
ganados, mercancías secas y víveres en el Tuy, Villa 
de Cura y los Llanos, sin haber sido nunca, á su 
edad de 27 años, preso, arrestado, ni demandado por 
motivos de ninguna especie. 

Entre muchas declaraciones juradas, que sobre 
su honorabilidad personal se conservan en el expe- 
diente de su causa por conspiración, escogeremos 
para comprobar nuestro aserto, la del acreditado co- 
merciante de Villa de Cura, señor Braulio Otáñez, 
que dice así: mientras he visto en esta ciudad af 
precitado Zamora le he vixto ocupado en trabajar. 

La del señor Víctor de los Ríos, administrador 
á la sazón de las Rentas Municipales de aquel 
Cantón, dice : Ezequiel Zamora, vecino muchos año& 
de esta ciudad ha sido y es un hotnbre laborioso, 
pundonoroso en el compromiso de sus deberes y buen 
vecino. En el mismo sentido declararon los comer- 
ciantes y agricultores Nico ] á8 Pérez, Nicolás Ova- 
lies, Juan Bautista Pérez, Francisco Gil Ceballos r 
Fausto Celis, Domingo Cuervos, Félix Carias, Joséi 



124 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Antonio Istillarte, Ignacio Ríos, José Ramón Her- 
nández, Ildefonso Guzmán, Socorro Telles y Joaquín 
Paúl. 

El señor Manuel Orta, agricultor, Jefe político 
-de Villa de Cura el año de 44, dijo: conozco hace 
muchos años á Ezequiel Zamora, comerciante de esta 
-ciudad ; ha sido un buen vecino y amigo del orden 
legal, por lo que siempre ha merecido la estimación 
de los vecinos; tanto que en el año de 44 cuando Juan 
Silva se levantó, soltó los presos de la cárcel y se puso 
A cometer excesos en esta ciudad y fuera de ella, con- 
voqué la milicia y di á Zamora el nombramiento de 
Teniente, como Jefe político que era yo, cuyo encargo 
lo desempeñó cumplidamente. 

Consta en auto del tribunal de 1? Instancia 
del cuarto circuito judicial de la provincia de Ca- 
racas, que Zamora, en 2o de junio de 1846, es á 
saber, tres meses antes de su alzamiento, manifestó 
á dicho Tribunal, por citación que se le hizo, que 
se temía que una de las partidas de los Llanos 
entrara en la ciudad, y cometiera robos ; y añadió 
-que al saber cualquiera noticia de tramas contra el 
«orden publico, lo manites aria inmediatamente á las 
autoridades, pues era amante, como el primero, del 
«orden, las instituciones y las leyes. 

Era público y notorio en Ciudad de Cura que 
cuando se fué á levantar, pagó todas las deudas por 
«créditos corrientes de su casa mercantil, y vendió 
las existencias á un isleño llamado Manuel, de- 
pendiente suyo, encargándole que el montante lo 
remitiese á su madre, que iba á quedar escasa de 
recursos en Caracas. 

De lo suyo propio, y sin molestar á nadie, su- 
fragó los gastos que tuvieron que hacer los libera- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 125 

les en las elecciones del Cantón ; y á este respecta 
declaró debajo de juramento el Comandante Anto- 
nio Rodríguez, del partido blanquista, dueño de 
una posada en Villa de (Jura, que Zamora le pa- 
gaba con puntualidad los gastos de los guzmancistas, 
que se alojaban en su casa; por gusto y cuenta 
propia, decían unos; si bien otros afirmaban que 
lo hacía por orden del Doctor José Manuel García ; 
empero, éste lo negó cuando le juzgaron por cons- 
pirador, haciendo ver que Zamora tenía más recursos 
que él. 

Cierto que Zamora se asoció para empezar la 
guerra á muchos hombres de mala condición, como 
hacen todos los revolucionarios; pero esto no quiere 
decir que su gente se compusiese en su totalidad de 
hombres perdidos, ni que lo fuera él mismo. Por 
el contrario ; él se había doctrinado leyendo los 
escritos, y oyendo los discursos y las conversaciones 
privadas de hombres sabios del Partido Liberal, co- 
mo el señor Guzmán, el Doctor Larrazábal, Doctor 
Echeandía, Eequena, Doctor Fidel Ribas, Rafael 
Arvelo, Doctor García, los sacerdotes J. Alberto 
Espinozay José Antonio Pérez de Velasco. Seguían- 
le las multitudes como á un libertador. Muchos 
de sus oficiales eran agricultores, acostumbrados á 
la vida sencilla y honesta de los hombres de campo ; 
esforzados montañeses, que le acompañaban, fanatiza- 
dos con las ideas nuevas y que llegaron á amarle con 
frenesí. Eran ellos quienes le enseñaban caminos 
secretos en los bosques, y pasos difíciles en los 
torrentes ; quienes le ocultaban en lo más espeso 
de los montes, cuando tenía que huir con sólo dos 
ó tres compañeros ; y le daban que comer y le 
avisaban los movimientos de los enemigos. 



126 DOCTOR L. VILLANtJEVA 

Las mujeres, sensibles en todo el mundo á las 
grandes pasiones populares ; atraídas á los peligros 
•de aquella época, por la suerte de sus hijos y ma- 
nidos, salían voluntariamente de las selvas y atra- 
vesaban grandes distancias para llevar á Zamora bas- 
timentos y pertrechos. Y los negros esclavos se le 
incorporaban con espontaneidad, armados de terce- 
rolas, fusiles v carabinas. Le sobraban correos v es- 
pías. Y es un hecho histórico que los pueblos no 
€iit ran nunca en aventuras criminales. 

Hay en el corazón de las masa? rústicas cierta 
virtud, sublime sobre todas, de amor á la libertad; 
cierto natural criterio para favorecer la causa de 
los desgraciados, de los pobres y oprimidos ; in- 
quebrantable voluntad para sobrellevar en su defensa 
los rigores del infortunio: y una como superior 
fuerza mágica, para convertir hombres inclinados al 
mal, en soldados heroicos de las buenas causas : 
cualidades é instintos del pueblo que los hombres 
de Estado no debieran ninguna vez desconocer. 

•íoííJSüSwpo! ^Ií- En los primeros días de organización y lu- 

«oiares. c j ia ^ e j og ma y ürei¡5 partidos populares, se han visto 

confundidos en unas mismas filas salteadores y políti- 
cos; hombres empecinados en la maldad, explotado- 
res de las revueltas, con hombres de honor v sen- 
timientos puros : como si las revoluciones para cam- 
biar las costumbres, la estructura social, las institu- 
ciones políticas y el predominio de los partidos, se 
asemejaran A los asombrosos sacudimientos seísmi- 
cos, que hacen brotar del centro de la tierra, en 
hirviente torbellino, elementos de muerte y manan- 
tiales regeneradores de la vida. 

Tal ha sucedido en América y en Europa; 
en Venezuela y en España : ora querrámos juzgar 






VIDA DEL GENERAL . ZAMORA 127 

ios tiempos modernos cuando las revoluciones de 
Cronwell, de los franceses y los italianos, ora las 
feroces guerras civiles de la antigua Roma. 

En los ejércitos de nuestra Independencia, aK 
gunas de las divisiones patriotas empezaron á for- 
marse con partidas de facinerosos. 

Páez nos dice que sus compañeros rivalizaban 
en salvaje crueldad y sed de sangre, matando cuantas 
personas caían en sus manos: que se robábanlas 
alhajas de oro y plata de las iglesias, y les quita- 
ban á los vecinos, por la fuerza, cuanto dinero te- 
nían. Olmedilla, en una época de hambre, se co- 
mió un pequefiuelo hijo suyo: sin embargo, mu- 
chos de aquellos hombres á quienes Páez llamó con 
razón bandoleros, se convirtieron en militares dignos 
y útiles; y la Patria honra hoy sus nombres, al 
par de los de aquellos integérrimos varones, que 
padecieron junto con ellos, como camaradasy com- 
pañeros suyos, trabajos infinitos, por el clima, las 
enfermedades, la miseria y los rigores de la guerra. 

Hé aquí cómo pinta Baralt el campamento de 
los semibárbaros de Apure en 1816: 

tb Demás de esto, el estado perpetuo de guerra en que 
se bailaba la comarca, la miseria, el encono de las pasio- 
nes y el hábito, en lin, de las matanzas y del robo, ba- 
tían desarrollado por desgracia en la desalmada soldades- 
ca una gran disposición al latrocinio y á las violencias. 
Poco tiempo después de la acción del Yagual, fué Servier 
asesinado en el cuartel general de Achaguas j>or hombres 
que no tuvieron rubor de ostentar impunemente sus des- 
pojos ; siendo lo más singular del caso, que aquel infame 
«rimen se rugió de antemano en el campo y que casi todos 
lo esperaban, sin bailar medios de impedirlo. Meses ade- 
lante el anciano Girardot, padre del célebre Atanasio, y 
el Teniente Coronel Miguel Valdez, tuvieron la misma 
suerte; y aunque Páez hizo fusilar inmediatamente al 
oficial asesino de estos últimos, no estaba en su mano 
borrar la profunda impresión que estos hechos horrorosos 
hicieron en el ánimo de todos. Porque, en verdad, ¿ cómo 



128 DOCTOR L. VILLANUBVA 

impedir las violencias de innumerables partidas que re- 
corrían las llanuras, ni las de muchos hombres malos que, 
so color de hacer la guerra á los españoles, vagaban sin 
sujeción á nadie, cometiendo excesos inauditos! No podía 
estar el ojo del jefe en todas partes, ni siempre le era 
posible castigar aquellos crímenes, ora porque los delin- 
cuentes evitaban -con una fácil fuga la acción de la justicia, 
ora porque esta callaba ante caudillos poderosos y de 
grande influencia, que muchas consideraciones mandaban 
respetar." 

Dos de los soldados de Zamora de cotiza y 
chamarra, Medrano y Agachado, de los peor califica- 
dos por los oligarcas, han merecido en estos últimos 
tiempos la apoteosis del Panteón ; de la misma 
manera que un día los demócratas de Roma rehabi- 
litaron la memoria de Catilina, cubriendo de flores 
su sepulcro. (1) 

En el curso de esta narración encontrarán los 
que nos honren leyéndola, ejemplos, noticias y casos 
prácticos, que confirmarán estos asertos, que «os ha 
parecido conveniente adelantar, con el fin de sumi- 
nistrar nociones claras y justas de aquella guerra, 
desconocida en nuestra historia militar, v no rec- 
lamente juzgada todavía. 

concentración VIII. Estas partidas debían incorporarse á Za- 

de laa facoione» ri t^ i i ni* i £• ' i i 

en san Franci»- mora en han r rancisco de los liznados, que h\e el lu- 
co de Tiznados. * 

ñalado para la concentración de todas las tuerzas, en 
gar se día fijo; mientras que el, asistido de Rangel, 
reuníalos vecinos de los valles de Manuarey Taca- 
suruma, para llevarlos á la Ollita. (2) 



1 Cicero ii — Discou rs pon r FlacciiH. 

2 República de Venezuela.-— Señares Segundo Martmeí y 
Evangelio t Cabeza. — Muy señares míos y compañeros. — Ahora 
que serán las nueve de la noche les partieino lo siguiente: Co- 
mo á la oración llegamos á este sitio y tuvimos la felicidad de 
saber que ustedes pernoctaban en el s ; tio del Ojo de Agua, y 
como sabemos que ustedes están defendiendo la misma causa 
que nosotros, tienen un denodado patriotismo y deseos desecar 
la patria de la salvaje t v brutal dominación en uue la tienen lo» 
godos oligarcas, sostenidos por el gobierno faccioso y ladrón de 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 129 

Llámase así un valle de la Galera, tres le- 
guas de San Francisco, cerrado hacia el Llano 
por la quebrada de los Cautiles, barrera formi- 
dable en que pocos hombres pueden detener un 
ejército ; su otra entrada se llama el Guanába- 
no, donde había entonces un hato. Por allí se 
pasa á los Valles de Aragua, franqueando á Can- 
ta Gallo, parju ir á salir á Lucas, sitio del ca- 
mino real donde cobraban el antiguo peaje. En 
tan inexpugnable campamento, fortificado por la na- 
tuialeza, se detuvo siete días, al cabo de los cuales 
emprendió marcha á San Francisco, población si- 
tuada á la entrada del Llano, en la margen iz- 
quierda del Tiznados. Este río tiene las cabece- 
ras en el valle de Manuare; lamiendo la Galera baja 
al Sur, paralelo al Chirgua; y vierte sus aguasen 
el Portuguesa. 

San Francisco, cuyo nombre primitivo es San 
Francisco de Asís de Tiznados, fué fundado á prin- 
cipios del sigio último, junto con Guardatinajas (San- 
ta Bárbara de Guardatinajas), Calabozo, (Villa de 
todos los santos de Calabozo), Ortiz, (Santa Rosa de 



Sonblettc. Cábele la lr»ur* d* participarle» que marchamos con 
el ejercito lib*r»l guzm*neista como á las ocho de la mañana á 
tomar el pueblo liberal de San F-anripc de Tiznado». Allí di- 
remos con orpil lo y bizarría: " Viva la Libertad." "Viva el pue- 
blo soberano. " Viva Gu'mán. ,, 

Desgraciado del srodo que sa oponga; parque allí mismo pa- 
gará con su vida Ja infamia: allí mismo »* le colará la cabera 
para que sirva de escarmiento a los t 1 ai dores y tirano-». Amigos, 
ustedes v no°otro« unMt«»s seremos una mural'a inexpugnable 
Convidólos, pues, á que se veniran á inco porar á estas tilas de 
hombres torios res» el tos á Per libres ó morir, pudiendo asegu- 
rarles que el triunfo de los libe r ales por medio de las armas 
será infalible, y la patria agradecida y libre de sus ti' anos nos 
bendecirá, y la poster»dad nos cub-rá de gloTia.— Somos de 
ustedes — ElJefe del pueblo soberano — Ezeqiiel Zamora. — Coro- 
nel Francisco J. Rangcl. — El Secretario del despacho, José B. Ma- 
mhé.- Cantón en Conalito á 19 de setiembre de 1846—36 de la 
Independencia y 6? de la Oposición.— Es copia.— Cobos Fuertes* 



130 DOCTOR L. VILLANÜEVA 



Lima (le Ortiz) Parapara, (Santa Catalina de Sena 
de Parapara) San Luis de Cura, Los Angeles (Nues- 
tra Señora de los Angeles — La Misión baja ), 
por los religiosos capuchinos andaluces, misioneros 
de la Provincia, con indios de naciones guai- 
queríes, píritus, guamas y palenques que andaban 
dispersos por los montes del río GuArico ; y de 
g ñires y mapoyes, sacados de las riberas del Ori- 
noco. Cerca de San Francisco había grandes hatos 
de ganado vacuno, mular y caballar; y A fines 
del pasado siglo hubo seis capillas destinadas al culto 
en los sitios de Guaitoco, Limón, Totumo, Chir- 
gua, Lijas y Platilla, y de que tenemos noticia 
por testimonio fidedigno de Monseñor Martí, si bien 
ningún viajero encuentra hoy vestigios de ellas. 

El 25 entró Zamora en este pueblo, A la ca- 
beza de más de 300 soldados; v con las faccio- 
nes que unas en pos de otras se juntaban en la 
plaza, llegó A pasar revista A un cuerpo de mil 
y pico de hombres de todas armas; de A pie y * 
de A caballo. Dispuso los infantes, en cinco ba- 
tallones, parte armados de fusiles, parte de lanzas 
y tercerolas, bajo el mando de Rangel y Manuel 
I barra: y los jinetes Alas órdenes de Rosalio He- 
rrera y Evangelista Cabeza. Fo madas las tropas 
y presente el Cura del lugar, Pbro. Sebastián Es- 
cobar, muy amigo y partidario de la revolución, 
las arengó Zamora diciendoles que su programa era 
defender la Constitución de 1830, las leyes y la 
libertad de la patria, holladas por el Gobierno; y 
proporcionar A los pobres una situación feliz; y 
para concluir previno A los soldados con frases al 
alcance de todos ellos, que se cuidasen de come- 
ter acto alguno criminal, haciéndoles ver que tan 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 131 

¿abominable y antisocial conducta era propia sólo de 
.los tío ves y lo* Cisneros (1). Y luego de acabada 
-la arenga y de atronado el aire con vivas al Par- 
tido Liberal, enarboló una bandera amarilla, y la 
paseó por la plaza, de un extremo á otro de las 
filas, y ia entregó por fin al porta-estandarte de su pe- 
queño ejército, con las formalidades que para el 
caso establecían por entonces las ordenanzas mili- 
tares. 

Esta bandera amarilla de interés histórico, como 
pronto lo veremos, era la que usaba la Sociedad 
liberal de Villa de Cura en sus juntas públicas, y 
que le fué regalada A Zamora después de las elec- 
ciones. En su centro se leía esta inscripción: Elec- 
ción popular — Principio alternativo — Orden — Horror á 
Ja oligarquía. Las tropas confirmaron con vivas á 
.Zamoki el título de General del Pueblo Soberano 
■que las primeras partidas alzadas le dieron en Las 
Guasrluitas : y allí mismo condecoró él, con el grado 
de Coronel, A Manuel I barra y A Francisco José 
Rangel. 

.Desempeñaba el destino de Secretario de Za- 
juora un mozo entendido, de nombre José Bernardo 
Masabé, hijo de Socorro Masabé, lahrador de Guam- 
bra, de la jurisdicción de Cura, muy liberal y ami- 
go personal de Zamora; y el de Mayor de la fuerza, 
Ignacio Lovera que ayudaba á Masabé A despachar 
la correspondencia. 

En' este poblado demoró tres días empeñado 
en adiestrar sus somatenes para irlos con virtiendo 
poco A poco en tropa reglada. 

Revolvía en la mente el plan de pasar por San 
José á Guardíitinajas, recoger las facciones de esta 



1 Véaso el expediente de la causa. 



132 DOCTOR L. VILLA^UEVA 

comarca, que ya le habían ofrecido su adhesión y 
batir si podía las columnas del Gobierno, acanto- 
nadas en el Rastro y Calabozo, ó si nú guerrear 
contra ellas acosándolas por ambos flancos, sin pre- 
sentar la batal a, obligándolas á marchas y con- 
tramarchas, para desconcertarlas, disminuirlas por la 
deserción y acabarlas por cansancio, desaliento y 
todo genero de contratiempos. 

Y sentíase tan animado de ardor por su causa 
y de fe en su victoria, y de confianza en sus ju- 
veniles aptitudes para la guerra, que como le pre- 
guntaran con qué recursos contaba para tan difí- 
cil empresa, respondía en tono de acendrada con- 
vicción diciendo, que no sabía con qué contaba la 
revolución en el resto del país; pero que á él 
nada le faltaría, pues se proponía imitar á Páez r . 
quien, según la Historia de Venezuela, con solo su 
denuedo, y asido de la bandera de la Patria, había 
triunfado de líneas enteras de enemigos de ésta. 

Y repetía á cada paso ta es discursos, para que 
la tropa se penetrara de su firme resolución de 
arrastrar con cuanto se le opusiera, hasta conseguir 
lo que deseaba en bien de sus conciudadanos. 

Su virtud tenía la dureza de un fanático y el 
temple de un conspirador. Cuando escribía ó habla- 
ba escogía palabras que cayeran en el ánimo de 
sus enemigos con el peso y el frío de una hacha de- 
vastadora. 

Los amenazaba de muerte, como lo hizo en la 
comunicación á Martínez y Cabeza, fechada en Co- 
rralito, y sin embargo no fusiló á ningún prisionero.. 

En la camparía de la Federación declaró lague- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 133 

Tra á muerte, y no mató á nadie, antes bien juzgó en 
-Consejos de guerra á subalternos suyos por insubor- 
dinados ó perversos. 

Soltaba frases muy premeditadas, como para po- 
ner miedo en los enemigos; que es uno de los mo- 
dos de vencerlos ; y con el objeto también de que 
sus amigos y camaradas le respetasen, se le some- 
tiesen, v confiaran en su energía, lealtad v determi- 
nación de no transigir con los hombres del gobierno. 
Y porque tuvo siempre el talento singular de saber 
consustanciarse con el genio y anhelos de las faccio- 
nes, con las cóleras de su Partido, y con la voluntad 
del pueblo ; fue' por lo que éste le amó y le siguió 
con entusiasmo hasta el último trance de la vida. 
Pues para dirigir una revolución es menester empa- 
parse en sus propósitos y pasiones: y en atención al 
estado á que habían llegad») los en onos de los parti- 
dos en 4t¡, era forzoso matar ó morir. 

Entre los conocidos que se incorporaron aquí 
á la fuerza revolucionaria, se recuerda á Juan Ig- 
nacio Lovera ; Pedro Cabrera, natural de Garal atos ; 
José Blanford, de nación inglés, que volvió á gue- 
rrear con Zamora en 1859: Desiderio Masabé ; Pablo 
González, que se alzó otra vez en la federación, 
v cargó hasta su muerte el trabuco de Rangel ; el 
Comandante Linares; Juan Antonio Paúl, hijo de 
Coto Paúl; el Capitán Ki.mho y los Nieves, perso- 
nas" lodps que poseían bienes de fortuna. 

IX. Zamora salió de este pueblo con su corto d e 8 ^tñ Z, SíSÍ 

ejército medio organizado, el 26, por la vía del 

L,lano: pernoctó en el paso del río Tiznados: el 

27 hizo alto en San José ; y el 28, en el lugar 

-que unos llaman Potrero de Alejo, otros Potrero 



cuco. 



134 DOCTOR L. YILLAXUEVA 

del Limón, pero generalmente nombrado Laguna de- 
Piedra, ala margen izquierda del Tiznados. 

Este sitio es una sabaneta circular, de cerca*- 
de quinientos metros de diámetro, cubierta al Oeste 
por el monte del Tiznados, al Sur por el caño de 
Báquira, y al Este por un espeso matorral. 

Zamora acampó a lt como en una cindade- 
la; porque el río y el cano habían salido de ma- 
dre, y suponía é\ que por aquellos lados no po- 
día pasar ninguna fuerza. Pero el Jefe encargado- 
de perseguirlo, como Comandante de Operaciones 
de los Llanos, era un experto militar de la Inde- 
pendencia, el Coronel Francisco Guerrero, que había 
servido en las filas de la Patria á las órdenes de 
Páez. 

Amaneció el 2í). 
Acdon de i». X. Zamora, nuevo en la milicia, y crevendo su 

gana de Piedra. ... * * 

posición inexpugnable, se descuidó en prepararse para 
resistir cualquier ataque; y su gente, en vez de estar 
sobre las armas, comenzaba á ocuparse en limpiarlas, 
cuando de súbito fue asaltado por las tropas de Gue- 
rrero. Este, y es la ocasión de decirlo, al saber la 
aproximación de los alzados, había partido el 27 de Ca- 
labozo, donde reconcentró sus fuerzas v remudó sus 
caballos, y se fue a reunir con el escuadrón número 3?, 
que tenía avanzado en El Rastro. Puso la guarni- 
ción de la plaza á cargo del Comandante Carabaño, y 
el 28 siguió al hato de Huenavista, caminando con 
lentitud para ir tomando informes acerca de su enemi- 
go; mas, cuando se hubo enterado bien por sus espías- 
de la situación v fuerzas de éste, levantó sus reales 
A las once de la noche, y llegó, por caminos fra- 
gosos á Báquira antes de romper el alba. 

No encontró en el paso veal ninguna avanzada,.. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 135 

porque Zamora, como hemcs dicho, no lo creyó 
vadeable á causa de las avenidas del Tiznados. 

Realmente el calía estaba hondísimo y venía 
á servir á Zamora de foso para defender el cam- 
pamento: por lo cual tuvo Guerrero que desistir de 
atravesarlo, como pensó al principio, y guió entonces 
por el camino real, á poca distancia de la orilla, 
para ir á esguazarlo por sus cabeceras, y entrarse, 
como en efecto lo hizo, por la sabaneta del Potrero. 
Llevaba su vanguardia el Mayor de la columna, 
Comandante Miguel Palacios, con los carabineros 
de Ortiz y dos compañías del escuadrón Cura. 

Zamora, al avistarlos, voló á las armas, batió 
al aire las banderas, y á su voz de mando, que 
por primera vez resonaba en un campo de batalla, 
corrieron todos á medir mis fuerzas con un renom- 
brado procer de los tiempos de Colombia. Zamora 
en persona arremetió con sus caballos contra la 
columna de Palacios, la envolvió y h destrozó á 
lanzazos: peo Guerrero, rápido y atrevido como 
en sus juveniles anos, desemboca por entre los 
matorrales que med o le ocultan, y ent r a en el 
campo de la acción con la compañía de Orituco, 
los escuadrones 1? y *2? de Calabozo, 3? del Ras- 
tro, un piquete de El Sombrero, y la compañía 
del Capitán Domingo González. 

Las columnas de infantería, formadas en batalla, 
rompen los fuegos con grande alborozo, dando vivas á 
su Jefe y al Partido Liberal y alzan por vez primera, 
por cima de las armas, la bandera amarilla que Za- 
yoKA les había dado por enseña de la libertad, en 
la plaza de Tiznados, como si en aquella jornada mag- 
na se propusieran legarla á la inmortalidad, ungida 



13() DOCTOR L. VILLANUEVA 

con la sangre de sus primeros héroes y glorificada por 
los fuegos de su priu er combate. 

Aquellos somatenes entusiasmados basta la exal- 
tación por Zamora, aquellos montañeses que acaba- 
ban de cambiar la esteva por el fusil ; aquellas 
partidas que antes erraban desordenadamente por 
las sabanas como tribus nómades, causando males? 
todos ellos entregaban ahora sus vidas con alegiía* 
por una prestigiosa causa pública, cuyos ideales de 
dicha, libertad y gloria, les había inculcado en la 
mente su intrépido Caudillo. 

De ios hombres de las antiguas facciones, cali- 
ficados con sobra de razón, hasta entonces, de ban- 
didos, por sus primeros hechos, muchos murieron 
allí, redimidos de sus extravíos, al pie de la ban- 
dera del Ejército, frente á frente de los veteranos 
del Gobierno, c mo aquellos gentiles de mala vida 
que, convertidos al cristianismo primitivo, se abraza- 
ban con la cruz para morir noblemente en los supli- 
cios, transfigurados en mártires d • una nueva fe. 

La infantería contraria, dice Guerrero en su 
parte oficial, sostuvo un fuerjo rirísimo por más de 
un cuarto de hora. Pero este Jefe, no pudiendo 
romper de frente aquellas masas que se estrenaban 
con tanto brío y que Kangel sostenía con inven- 
cible aplomo, determinó dividir sus fuerzas en dos 
columnas ; lanzando el escuadrón número 1? de 
Calabozo por la derecha, y el resto por la izquierda. 

Acosados así los liberales por los dos flancos, 
empezaron á- perder terreno, hasta que al fin ago- 
tado el pertrecho, no les quedó más recurso que 
defenderse en retirada hacia el monte, mientras la 
caballería, con sorprendente arrojo, disputaba á pun- 
ta de lanza el laurel de la victoria. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 137 

Zamora recorría las filas á caballo, arrebatado 
de bélico coraje, dando voces de pelea por todo el 
campo, y llevando él mismo los escuadrones á trabar- 
se con las filas enemigas. 

XI. A pesar de sus esfuerzos de valor y capaci- J5£3¡¡¡[* :e,dt " 
dad y de la suprema bizarría de los suyos, fué al 

fin vencido Zamora, quedando la victoria por las 
armas del Gobierno. Los liberales, rotos y dispersos, 
fueron alanceados sin misericordia. No hubo pri- 
sioneros, pues á nadie se dio cuartel. El Coronel 
Guerrero, dice al Gobierno en su parte las siguientes 
frases que causan pavor : 

"Prisioneros no se hicieron ; así porque la estrechez 
del campo en que obraba la caballería no le permitía 
sino alcanzarlos sobre el monte y alancearlos, como por 
el ardor de la tropa en el momento de la persecución." 

De los vencidos perecieron más de ciento. Za- 
mora se arrojó vestido al río, y no obstante ser 
buen nadador se habría ahogado cerca de la orilla, 
á no haberse asido de una zalea rpie le tiró Rosal io 
Herrera. Allí se ahogaron Manuel Ibarra y como 
ochenta más de t»*opa. 

Las crecientes del Tiznados fueron en aquellos 
días tan continuas é impetuosas, que á las tres ó 
cuatro horas de estar bajando, comenzaban á subir 
con tal violencia, que no admitían ninguna barquilla 

• 

El pequeño ejército liberal fue destruido. Ar- 
mas, caballos, monturas, un baúl con pólvora á 
granel y plomo en barras, nueve cargas de ves- 
tuarios y cuanto más llevaban los alzados fue á ma- 
nos de los triunfadores. 

XII. La bandera amarilla quedó prisionera. El a mííuiÍ, andera 
Coronel Guerrero la remitió con un oficio al Estado 

mavor General, fechado á 30 de setiembre en La- 



138 DOCTOR L. VILLANUEVA 

guna de Piedra, diciendo que sus grandes letreros 
demostraban que la habían hecho en Caracas. Del 
Estado Mayrr la remitieron al Ministerio del In- 
terior y Justicia y de aquí al Tribunal (1). 

La bandera amarilla, signo de oprobio en con- 
cepto de los conservadores es, de aquel tiempo, la 
ensena gloriosísima del Gran Partido á que debe 
Venezuela los mejores adelantos en política, su cré- 
dito en el exterior y su progreso intelectual y ma- 
terial. De aquellos Tribunales inquisitoriales arre- 
batóla en 1848 el General José Tadeo Monagas y 
se la entregó al pueblo para que la pasease, coronada 
de laureles por los campos de batalla, y la clavase en 
el Palacio del Gobierno Xacional. Abatiéronla en 58 
los fusionistas, pero en f>í) la alzó de nuevo Zamora 
en Coro con mejor suerte que en 4(>, y con ella guió 
el Partido Liberal á los campos celebres de Santa 
Inés y El Corozo. Desde entonces la mantiene el 
pueblo 'm alto, como paladión de sus de echos, em- 
blema de su gloria, y recuerdo vivo de sus ilustres 
virtudes militares. 

Para dar fin á la historia de esta bandera, 
copiamos en seguida los oficios de Piñango, Cobos 
Fuertes y Páez, sobre su aprehensión en la pelea 
v su envío al Gobierno, v la declaración de Zamora 
en el Tribunal de Ciudad de Cura. 

República de Venezuela. — Comandancia de operaciones 
del Llano. — Laguna de Piedras: setiembre 30 de 1840. 

Señor General, Jefe del Estado Mayor General del Ejército. 

Ya usted estaiá impuesto del parte ijue le di ayer 
acerca de la completa derrota de los facciosos. Hoy 
mandé reconocer el campo y se tomaron ciento y siete 



1 Sobre ella interrogaron á Zamora cumulo las declara no^e* 
ron carpos que le recibió el Tribunal d* 1" Instancia de Ciudad 
de Tura, constituido en la Cá ccl Pública, en 24 y 2."> ib* abril 

de 1847. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 139 

bestias, de suerte que para esta fecha están en mi po- 
der entre caballos v muías más de ciento sesenta. De 
los muertos, á no quedar duda, fué uno Ezequiel Za- 
mora, quien hacía de Jefe de los facciosos. También se 
han hecho algunos prisioneros, quienes me han informado 
que murió igualmente Faustino Blanco, de la revolución 
de Silva. Entre los prisioneros hay uno de los del asalto 
de Cura. Me siento algo restablecido y me propongo 
continuar mañana. — Soy atento servidor. F. Guerrero. 

Adietan. — Se les cogió una bandera con grandes le- 
treros de imprenta lo que prueba que les vino de Ca- 
racas — 

Es copia. — Cuartel General en San Juan de los Mo- 
rros. — octubre 2 de 1840. — El General Jefe del Estado Mayor 
General. 

Judas T. Piñamío. 



República de Venezuela. — Secretaría de Estado del In- 
terior y Justicia. — Sección I a — Número 380. — Caracas: 
7 de octubre de 1840. 

Excelentísimo ¡Señor General, Primer Jefe del Ejército. 

Sabe el Poder Ejecutivo que en el ataque y derrota 
de los facciosos, que mandaban Ezequiel Zamora, Kan- 
gel y Cabezas, se t^mó una bandera, que parece llevaba 
el primero con algunas inscripciones impresas. Probable- 
mente esta bandera es una de las que se han extraviado del 
Concejo Municipal, á quien había prestado el Gobierno al- 
gunas de las de uso. Esta bandera es de suma impor- 
tancia para el descubrimiento de algunos hechos que tienen 
relación con la causa que se sigue en esta ciudad, contra 
Jos principales autores de la conspiración que se ha 
hecho sentir en distintos puntos de la República, y he 
recibido orden de S. E. el Presidente de la República, 
para pedir la remisión de aquélla ¿i este Ministerio, para 
lo cual hago a V. E. la mi'n estimulante recomendación. 

Soy de S. E. etc. 

Francisco Cobos Fikktes. 



República de Venezuela. — Ejército permanente. — Cuartel 
General en San José de Tiznados á 12 de octubre de 
1840.-17° y 30? 

Señor Secretario de Untado en Jos Denpachon del Interior y 
Junticia. 

El Oficial Faustino Heredia, pondrá en manos de 
usted, la bandera tomada á los facciosos en el campo 



140 DOCTOR L. VILLANUEVA 

de Laguna de Piedra en la fundón de armas del 29 
rte l pasado Con lo eual queda cumplida la orden de S E 
el Presidente, que se sirve usted comunicarme. 
Con sentimientos de alta consideración. 
Soy de usted atento servidor. 

José A. Páez. 
Llevado Zamora al tribunal preguntóle el Juez: 

—¡En dónde hubo usted la bandera que apareció 
enastada en el ataque de El Limón? Contesta: La ban- 
dera tricolor que apareció en el ataque de El Limón era 
de la caballería que mandaba Rosalio Herrera, v la que 
•figuraba de color amaiillo sólo, era la misma que tenía 
la Sociedad Liberal de esta ciudad, la misma que se me 
entrego como depositario del menaje de dicha Corporación, 
y la misma que llevamos á la función que tuvo lugar en 
.a hacienda de Ancón en uno de los días en que lo» miem- 
bros de aquella quisieron divertirse. 

Preguntado:— ¿En qué imprenta pusieron á esa ban- 
dera de que usted acaba de hablar, el mote ó letrero con 
que figuró en El Limón í 

Contesta: — Yo creo que el letrero fué puesto con 
cartulina y que er. ninguna imprenta se le puso, como po- 
drán decirlo el Licenciado Juan Martínez y Miguel Torres. 

Preguntado:— ¿Ha recordado usted el moteó letrero 
que tenia la bandera que usó la Sociedad Liberal estable- 
cida en esta ciudad poco antes de las elecciones, v de la 
cual ha hablado en su ultima declaración ?— Contesta :— Sí, 
señor, recuerdo que el mote ó letrero era "Elección popu- 
lar, principio alterna' iro, orden y horror á la oligarquía:' 

Preguntado :—• Y cómo pudo figurar dicha bandera 
en el ataque de El Limón, cuando usted v la facción que 
acauchl aba. proclamaban principios enteramente contra- 
nos, a la vez que no puede haber orden público cuando se 
ataca un gobierno legítimamente constituido, y á la vez 
que alzándose contra él se ataca á la nación, sus leves y 
autoridades í —Contestó : "Creí conloantes he dicho* que 
debía atacarse un Gobierno que había infringido la Cons- 
titución y leyes de la República ; v esto lo decían todos los 
periodistas de Caracas y otras partes." 

z£ r r? ucion á X ¡ n - E1 Coronel Guerrero pasó el río por el va- 

do de San José el 5 de octubre, y despachó piquetes 
por diferentes puntos á perseguir los dispersos ; y per- 
sonalmente fue recorriendo desde el hato del Totumo, 
ala ribera occidental del cajón que se dilata entre 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 141 

Chirgua y Tiznados, hasta el hato de San Felipe, 
donde se habían parado A comer los jefes Herrera, 
Cabeza, Martínez, Ledesma, Infante y como quince 
más. DrI hato de Las Animas emprendió marcha á 
Caromocho por entre un palmar muy atascólo, para 
ir á descansar en la Guásima y esperar que sus gue- 
rrillas le llevaran algunos prisioneros. De este punto 
y con techa 18 de octubre, sintiéndose aquejado de 
antigua enfermedad, pidió licencia, que le fué con- 
cedida, para retirarse al hogar. 

El General Silva, acantonado en El Pao, se mo- 
vió en las vísperas de la pelea, á custodiar las ane- 
gadas costas de Chirgua, en combinación con Gue- 
rrero; el Coronel Torres, nombrado Jefe de la línea 
de San Juan, Ciudad de Cura y Magdaleno, había 
marchado oportunamente á cubrir con sus columnas 
los pasos de la Sierra; y el Coronel Juan de la 
Cruz Paredes, con la caballería de Parapara y una 
columna de los Valles, se precipitó á Sabana Larga 
y Guaitico donde calculaban que podían asomar los 
derrotados. Cordero hizo tapar el camino del Llano 
con un piquete á las órdenes del Capitán Lanz, si- 
tuado en el valle de Pacaragua, que linda con Ma- 
nuare; colocó á Cisneros en el valle de Timbique 
con instrucción de extender sus operaciones al Salto 
de Canuto, á fin de mantener abierta la comunicación 
con las tropas de Guerrero, y coger los derrotados que 
buscaran abrigo por aquella vía : encomendó á Fran- 
cisco José Rojas que recorriera y celara con una par- 
tida de su confianza desde Agua Blanca arriba hasta 
Agua Blanca abajo y Cogollal, en previsión de que los 
dispersos pretendieran internarse por la Cordillera de 
Cerro Azul ; y completó su línea de resguardo, 
mandando situar al Comandante Simón García en la 



142 DOCTOR L. YILLAXUKVA 

encrucijada de los caminos de Pacaragua; asen- 
tándose él personalmente en la cabecera de Manuare, 
•que es una posición estratégica por su confluen- 
cia con Pacaragua y Tacasuruma. Últimamente y 
para cerrar todos los caminos, despachó el General 
Piilango al Capitán Esteller co:i cien infantes á re- 
correr la línea entre San Francisco y Timbique. 

Cercado así Zamora parecía condenado á ser co- 
gido de un momento á otro ; y aun se aseguró en par- 
tes oficiales que lo habían hecho prisionero y mata- 
rlo : (1) pero siendo como era, baqueano experto de 
Aquellos campos, logró escurrirse por veredas que sus 
perseguidores 1.0 conocían, hasta que salió á Sabana 
Larga donde enco tro á Rangel oculto con algunos 
soldados. De allí partió á pie, pero con entera seguri- 
dad, á Tacasuruma, con el intento de internarse en 

los inaccesibles montes de la inmensa cordillera v 

• 

guerrear á la defensiva en sus quebradas, picos y 
■desfiladeros hasta que se repusiera de su desastre ; 
ideando rectificar con una nueva táctica su primer 
plan de campana, que tan lastimosamente acababa de 
fracasar en la porfiada y sangrienta jornada de El 
Limón; pues aquellas comarcas con caminos intransi- 
tables cortadas por quebradas y estribos de montes, 
habitadas por labriegos amigos suyos, caudillos natu- 
rales del país, audaces y duros, como la raza caribe (2) 
•de que descienden, eran á un tiempo gente y es- 
cenario á propósito para la guerra que iba en se- 
guida á ensayar, con escasa tropa armada, contra las 

1 Kl Coronel Guerrero en el par f e al Estado Mayor General, 
<liee : •* De los muertos á no quedar duda, fué uno Ezeqiikl Za- 
mora, que hacía déjete de Jos facciosos. 

2 El señor Doctor Vargas creyó reconocer en cráneos halla- 
dlos en sitios de la .Sierra, los caracteres de *a r^za Caribe, domi- 
nadora del Bajo Orinoco y las pequeñas Antillas, y sus aprecia- 
ciones parecen corroboradas por el concepto de Si veis, en la geo- 
logía y geog a fía de esta Cora lleía. 



r 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 143 

huestes numerosas del Gobierno, comandadas por 
Páez, Guerrero, Piñango, Carreño, Cordero, José 
María Zamora, Paredes, Torres, Dominga Hernán- 
dez, Doroteo Hurtado y gran número de oficiales de 
indisputable actividad y valor. 

La choza de un conuquero de Cerro Azul le 
sirvió de abrigo los primeros días ; y de allí á las 
montañas de las Muías, iba v venía diariamente 
acompañado sólo de tres individuos, Manuel Herrera, 
y los hermanos José y Miguel Masabé, va men- 
cionados. 

XIV. Empero, desorientado en aquella soledad, c J ) i£¡ nuar0 á 
quiso adquirir datos de la Revolución y del Gobier- 
no, para disponer sin pérdida de tiempo lo más con- 
veniente á sus operaciones ; y en esta virtud de- 
terminó saltar, con audacia incomparable, de Ma- 
lí ua re á Guambra, v de Guamb a á Caracas, donde 

' • 7 

el Doctor José Manuel García, su pariente é inspira- 
dor, podría darle noticias ciertas y consejos oportu- 
nos: y tan pronto como lo pensó lo puso en práctica. 

Su vestido se componía de un calzón ancho y una 
camisa hasta la rodi.la, como pinta Strabon á los galos 
del Mediodía ; y su calzado cotizas de cuero, á imita- 
ción de las sandalias. En este traje y armado de una 
lanza enastada emprendió camino. 

De Guambra á Caracas hay treinta y cinco le- 
guas de suelo, en parte enmarañado y riscoso. 

Pasó de noche sin pararse por los alrededo- 
res de Cura, el Pao de Zarate y La Victoria. 
Apartábase d? los caminos reales, para acostarse 
á dormir á ratos; y volvía á emprender marcha 
por entre las breñas. Comía solo en algún rancho. 
No le inquietaba la lluvia ni el sol ; pero le gustaba 



144 DOCTOR L. VILLANUEVA 

más caminar de noche, porque estaba acostumbrado 
á andar á oscuras como los soldados de Esparta. 

Así rindió su viaje que parece fabuloso; y á los 
pocos días bien en cuenta de todos los acontecimien- 
tos de la guerra y la política, sin ser sospechado de las 
autoridades, marchó la vuelta de sus escarpados pe- 
ñascos. Cuando pasó por la Platilla, llevaba siete 
hombres con una carabina, un trabuco, tres lanzas, un 
par de pistolas, dos cananas y unas cuantas libras de 
pólvora y de balas. Tal era el parque y la tropa con 
que este hombre de corazón guerrero y singular arro- 
jo, iba á abrir la segunda campaña militar de que 
vamos á tratar en las páginas siguientes. 



r 



CAPITULO IV 

I. Antes de pasar adelante es menester pintar el Geografía d« 

r r la Sierra. 

nuevo teatro de esta guerra ; á saber : la Sierra 
extensa y á la par áspera y altísima del Gruárico, 
Aragua y Carabobo; no tal como se ve boy con 
numerosos y crecidos vecindarios, ricas haciendas 
de caña y café, hatos, y caminos anchos y múlti- 
ples; sino tal como era en 1846, con selvas vír- 
genes, rústicos pobladores, y atajos sólo de éstos co- 
nocidos. 

La cordillera que forma la espina dorsal de la 
región media de Venezuela, empieza en el cerro de 
Tucuragua, alto de mil doscientos metros (1.200 ms.), 
en la extremidad occidental de Carabobo. Abátese 
á poco, para dar paso á varios ríos que vienen de 
la cadena del litoral ; y vuelve á alzarse al Este, 
primero con el nombre de Palomeras, y después con 
el de Sierra del Pao de Cojedes^ paralelamente á las 
márgenes meridionales del lago de Valencia, hasta los 
cerros de Yuma (670 ms.) y de Manuare, siendo 
sus picos más elevados los de Cuispa (1.000 ms.), 
Cerro Azul (1.187 ms.), y el Palmar (1.128 ms.). 

Ábrese esta masa granítica en dos ramales de 
Occidente á Órente, para formar los valles de Los 
10 




140 DOCTOR L. VILLANUEYA 

Naranjos, Marinare, Tacasuruma y otros, no menos 
fértiles y pintorescos, que sin duda fueron en otro 
tiempo, según ensena Humboldt, lagos pequeños, 
que por la acumulación de las aguas, ó por otra 
catástrofe más violenta, rompieron los diques que 
los dividían, no siendo menos probable que la irrup- 
ción de las mismas hacia los Llanos, ocasionando 
extraordinarios destrozos, hava dado forma di; ruinas 
á los Morros de San Juan y San Sebastián. 

Uno de estos brazos corre al Sursureste con los 
nombres de filas de la Platilla (l.XX(> ms.), de Flores 
(1.424 ms.), de Morros de San Juan, de San Sebas- 
tián, San Francisco y Camatagua. (1) 

El otro ramal sigue al Este por las filas del 
Pao de Zarate (l.f)!)7 ms.), Guaraima (1.070 ms.), Lo- 
ma del Hierro (1.367 ms.), Consumidero (1.143 ms.), 
Roncador (1.4(53 ms.), Loma del Viento (1.1X3 ms.). 
Palomita (1.5X4 ms.), Altagracia (1.505 ms.), So- 
ledad (1.308 ms.), Guanapc (1.128 ms.), y el Mo- 
rro de Uñare (1.003 ms.), donde termina; dando 
origen sus declives meridionales á los ricos vales 
de Orituco, Altagracia, y á las selvas de los (íüires, 
Tamanaeo y Guaribe; mientras las septentrionales 
forman los valles de A ragua y del Tuy. (2). 

En resumen : 

El nudo principal de la cadena interior del ('en- 
tro está en los cerros de» Vuma v El Palmar, al 
Sur del lago de Valencia. En lo adelante la cadena 
sigue dividida en dos ramales, de los cuales, como 
hemos visto, el principal forma las grandes cum- 
bres (pie separan los Valles ds Aragua y del Tuy, 
de los de San Sebastián, Orituco v Altagracia hasta 



1 Estas alturas lian sido ivet i liradas por Rcclus y Siwrs 

2 Rt tlus v Sívíts. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 147 

<que muere á orillas del Uñare. El segundo, menos 
«elevado, corre por las filas de La Platilla, Flores y los 
Morros de San Juan : se pierde en las cercanías 
•de Camatagua y San F/ancuco : forma el extenso 
valle de Tacasuruma, y se expande hacia el Sur, 
enviando eslribosque van á terminar en el terreno 
cubierto de colinas, terromonteros y pretiles que 
constituyen el sistema de las galeras. Esta masa 
-es upenda es una sola montaña que se llama La 
Sierra. 

De las citadas galeras, la que apelillan de San 
Carlos, hecha célebre por los campamentos de Za- 
mora, nace en las cercanías de esta ciudad y ter- 
mina en el cerro de La Virgen, partiendo términos 
«con el desierto de los Llanos, á manera de una 
«lunilla peñascosa entre la zona de los pastos y la 
.agrícola. 

De los graneles ríos de dicha cordillera, los del 
Norte y Nordeste caen á los campos de Carabo- 
bo y A ragua; y los del Sur y Sursuroeste á los 
de Cojedes y Guárico ; siendo los más caudalosos y 
largos, los llamados Tiznados, Chirgua, Platilla, Ma- 
nnare, Paito, Paya, Naranjos, Paearagua, Prepo, Ca- 
«íové, Cano, Palmar, Caicaray Giiigüe. 

La mayor parte de estas i ierras eran en 184í>, 
montañas incultas, inhabitadas, y ni siquiera explo- 
radas. Los vecindarios, con sus conucos v ranchos, 
estaban situados en los lugares más accesibles, v 
por donde sin embargo no andaban sino los baquea- 
nos: hoy están en grandísimas porciones sombradas 
ile frutos menores, cate y caña ; y con crecidas 
poblaciones desparramadas en caseríos y aldeas nue- 
vas, como Belén, cruzadas de caminos trillados, aun 



US DOCTOR L. VIL.LANUEVA 

para subir la larguísima cuesta de Tormenta, de* 
Timbique adentro, que niCisneros conocía. 

A la simple vista, el trozo de la serranía del 
Centro presenta aspecto más ó menos igual al de 
la serranía del Oriente. En el primero como en el 
segundo, las corrientes han tratado de estrechar, aun- 
que causando menos depresión, el valle longitudinal 
que separa las dos cordilleras ; y al hacerse la sepa- 
ración de las aguas afluentes al Tuy, de las que caen 
en la profunda cavidad del lago de Valencia, el re- 
lieve de los terrenos que la determinan es de muy 
suave elevación, ni más ni menos de lo que sucede 
con la línea divisoria de las aguas del golfo de Ca- 
riaco, y las del valle que riega el río San Juan : 
así como el dique trasversal formado por el cerro 
de los Teques, recuerda el dique de Mtapire en la 
Sección Cu maná. 

Para contribuir á la descripción geográfica de 
esta sierra, inexplorada en parte aún, vamos á su- 
ministrar al lector algunos otros detalles de impor- 
tancia, que harán comprender mejor la narración de 
esta penosa campaña que hizo Zamora por entre 
desfiladeros sombríos, valles, cumbres, torrentes im- 
petuosos y selvas no holladas en aquella época por la 
planta del hombre. 

En la sierra que separa la Sección Aragua de 
la del Guárico, hay una eminencia llamada PlatillÓN, 
entre Tormenta al Norte y Valle Hondo al Sur ; de 
donde, caminando al Mediodía hacia Tiznados, se baja 
al valle de La Platilla, que se extiende tierra adentro 
en jurisdicción de aquel pueblo, para formar parte de 
la sabana de cría, á que sirven de base los estribos de 
la Cordillera. El río de su nombre, que nace entre 
Platillón y Picacho Blanco, lo cruza con giros ondú- 



VIDA DEL GENERAL ZAM0BA 149 

latorios en un trayecto de más de nueve leguas; en 
su curso, recibe los ríos y quebradas llamadas La 
Piedra, Palambra, Caliche, San Gregorio, Mayalito, 
«Cucharito y otros más ; y luego que pasa Las Lo- 
mitas de La Platilla, se desliza por el valle de Do- 
mingo Lorenzo hasta la galera de Casanga ; y allí 
desemboca en el Tiznados. 

De La Platilla á la quebrada de La Tigra hay 
dos leguas. 

Nombran Cerro Pelón otra cumbre próxima 
á San Juan de los Morros, de que parten caminos 
á Carabobo, Parapara, Ortiz y Tiznados; y por la 
parte Norte, á San Juan, la Villa y Guambra: el 
de San Juan mide cinco leguas ; el de San Antonio, 
dos y media; y el que. conduce á Platillón, cuatro y 
media. De San Antonio á Cucharito hay tres leguas. 

El Valle de Canuto se dilata entre el río Tiz- 
nados y el Ceiba, que es afluente suyo. Reu- 
nidos estos dos ríos en el sitio que llaman El 
Espanto, desaguan juntos en el Portuguesa. 

Otro vaMe fértilísimo, que dicen de La Olllta, 
demora al pie de la Sierra de Tiznados, por el 
lado del Sur hacia el Llano, diez millas del pue- 
blo; cortado de caminos á Valencia por Terrón Co- 
lorido y las Dos Bocas; y á las cumbres de Platillón 
y Picacho Blanco, para bajar á San Juan y cerca 
de Ciudad de Cura. En este valle se encuentra 
el antedicho Salto de Canuto, cuyo embovedado 
tiene como "200 metros de largo; paso célebre 
adonde todos los vecinos van en romería el Lunes 
San + o á pescar y recoger abundantísima cosecha de 
palambras, palometas, cachamas, coporos y otros pe- 
ces grandes y carnosos. 



150 DOCTOR L. VILLANUEVA 

En Vallecito, que ahora se conoce con el nom- 
bre de La Florida, se levantan las cumbres de Te- 
rrón Colorado, Caracuello, Capotera del Diablo y Pla- 
tanal, comprendidas entre las de Yuma, Cerro Azul 
y Tormenta, y por cuyas faldas corren los ríosr- 
Baiión, Brazo del Medio, Terrón Co orado y El 
Manuare, que por allí llaman de San Gregorio. 

El magnífico valle de Tacasuruma, linda al Norte 
y Oeste con la Serranía de Boquerón, que se des- 
prende de Cerro Azul, y corre hasta el cerro de 
La Virgen, cerca de Villa de Cura. Por el Sur,, 
con la fila del mismo Cerro Azul que lo separa 
de Manuare; y por el Este con la quebrada del 
Limón. En este lugar había entonces muchos ve- 
cindarios, hatos v sementeras. Su terreno está cor- 
tado de quebradas, cuyas aguas caen en el Guárico. 

Todos estos valles de escaso cultivo en 1846, 
se hallan sembrados actualmente de caña dulce y frutos 
menores, y brindan sus pastos de paja, macolla y 
gamelotillo á rebaños de ganado vacuno. 

Los Leones, donde derrotó Zamora al Capitán 
Julián Castro, era un conjunto de ocho ó diez ve- 
gas en el valle de Tacas u ruma, fertilizadas por el 
Guárico. 

El valle de Pedernales colinda por eí Esté y 
Norte con la fila de Boquerón ; por el Oeste con 
Yuma; y por el Sur y Suroeste con filas de Ce- 
rro Azul v Piñal. 

•> 

Sería menester uu larguísimo trabajo de geo- 
grafía para nombrar y describir, siquiera á la li- 
gera, todos los valles, cimas r ríos, quebradas, selvas 
y vegas, caminos y veredas de esta Sierra; lo cual 
corresponderá en su oportunidad á otra* manos;: 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 151 

r.o tocando á nosotros en la presente sino citar é 
indicar los puntos indispensables para nuestra narración; 
reservándonos añadir á los dichos los demás que 
sea preciso dar á conocer en la historia de esta 
singular guerra, que sostuvo Zamora más de medio 
año, contra el General Páez y sus tenientes más acre- 
ditados. 

Los itinerarios explicarán las marchas y con- 
tramarchas de las columnas beligerantes; las apa- 
riciones y ocultaciones rápidas de Zamora ; por 
entre montanas inaccesibles y peligrosas, oscureci- 
das por nieblas perennes y pobladas de animales 
nocivos. 

De La Tigra á Cucharito hay dos leguas. 

De Cucharito á San Francisco, tres. 

De San Juan á Cerro Pelón, tres. 

De Cerro Pelón á Plalillón, dos. 

De Cerro Pelón á San Antonio, tres. 

De San Antonio á Cucharito, dos y media. 

De Timbique á Cucharito, una. 

De Platillón á La Tigra, ocho millas. 

De Cerro Pelón á San Francisco, doce millas 

II. Después de la acción de Laguna de Piedra. Piandeoam- 

1 n ' paña de Paex. 

se movió el General Páez en 1? de octubre, de 
Maracay á los Llanos ; y con el propósito de per- 
seguir inmediatamente á Zamora, escalonó las co- 
lumnas de Racamonde y García en La Platilla, Pi- 
cacho Blanco y Guambra; y distribuyó 400 hombres 
más entre Timbique, Manuare y Los Naranjos, á las 
órdenes del General Cordero, quien tenía bajo su 
mano al Coronel Cisneros y al Capitán Ksteller. 
Estas columnas, separadas ó reunidas, debían man- 
tenetse en espectativa de las operaciones del Llano, 



152 DOCTOR L. VILLANITETA 

y cooperar al triunfo que se alcanzara por aquel 
lado, persiguiendo á los derrotados; al mismo tiem- 
po que se las consideraba suficientes para batir y 
vencer cualquier partida que nuevamente asomara 
por aquellos sitios. El plan de persecución in- 
dicado por el General Cordón) desde Manuare, 
como Jefe de operaciones de La Sierra, era des- 
tinar un cuerpo que no tuviera más oficio que 
buscar y perseguir á Zamora, manteniendo cubier- 
tos los diferentes puntos, donde pudiera guarecerse, 
como Los Naranjos, Pacaragua, Manuare, Timbique 
y las montañas de Las Muías. Aceptado este plan 
por el Estado Mayor, se escogió á Cisneros para 
llevar a, cabo la persecución, por suponérsele más 
práctico y más astuto que otro alguno del ejérci- 
to. Pronto diremos quién era este hombre y cuál 
fue el resultado de sus operaciones, y el desastroso 
término de su carrera y de su vida. 

Xo se contentó Páez con ésto, sino que para 
impedir que Zamora volviera hacia abajo, situó 
un campo volante de 40 hombres de flor en San 
Francisco; otro hasta de 25 en San José, en Guarda- 
tinajas y Barbacoas; los cuales quedaban dentro de 
un circuito militar defendido por una guarnición 
acantonada en Calabozo, y compuesta de una com- 
pañía de carabineros de á caballo y otra de infan- 
tería; por cien hombres más de las milicias de Orituco 
que cubrían la línea entre Barbacoas y el Sombrero, 
dos compañías entre San Francisco y la entrada á 
la serranía v varios escuadrones (Mitre Ortiz v Ca- 
labozo, prontos á ir á donde fuera preciso. El cuer- 
po principal del ejército compuesto de dos bata- 
llones con K34 plazas, quedó acantonado á orillas 
<lel río Tiznados, entre San Francisco y San José. 



YIDA DEL GENERAL ZAMORA 153 

Como temiera que Zamora pasara el Apure y 
fiíera á conmover aquella provincia, ordenó á Gue- 
rrero qoe se moviera en dirección á San Andrés, 
por el camino real, con instrucciones de pasar aquel 
río á la menor novedad que llegara á su noticia, 
y de aumentar su fuerza si lo creyera necesario; y 
para tapar el camino á Barinas, adonde podía ir 
Zamora á ponerse á la cabeza de las guerrillas de 
la provincia, hizo marchar al General J. Laurencio 
Silva con 500 hombres por el Baúl y Turen. 

Páez gastó todo el mes de octubre en orga- 
nizar su plan de defensa y ataque en los Llanos 
y en La Sierra ; y hecho ésto, se quedó ¿i espe- 
rar que la facción ó su Jefe reaparecieran en al- 
guna parte; difícil y laboriosa tarea en que le ayudó 
ventajosamente su entendido Jefe de Estado Ma- 
yor, General Judas Tadeo Piííango. 

III. Zamora por su parte, empleó aquel mismo JJJjjj de Za 
tiempo en la excursión á Caracas ya menciona- 
da y en organizar su nujeva facción en la apar- 
tada cima de Tormenta, infranqueable campamen- 
to qne enseñoreaba el teatro de la guerra, cer- 
cado de desfiladeros y torrentes, y favorecido por 
la naturaleza de majestuosas arboledas que nunca 
anteriormente habían servido de abrigo á gente ar- 
mada, dí auM en la guerra de la Independencia. 
Alojóse en el rancho de un oficial suyo de nombre 
Escalona ; y desde allí despachó emisarios á Las 
Raíces y Casupito á alistar paisanos, quienes acu- 
dieron prontamente gustosos á sus banderas, con ar- 
mas y pertrechos. 

Allá subió Cisneros á batirlo. Pero luego que 
los facciosos le percibieron, se replegaron detrás de 
las cumbres: y Cisneros, desorientado, tuvo que 



e 



1 



154 DOCTOR L. VILLANUEVA 

suspender la persecución, porque no conocía aque- 
llos montes, ni encontraba prácticos que lo guiaran 
con seguridad, pues los vecinos huían á los bos- 
ques al sentir las tropas del Gobierno; de tal suer- 
te,. que éstas para dar un paso adelante 'tenía i que 
pagar los espías : y sucedió á veces que algunos 
recibían la paga adelantada y luego desaparecían, 
yéndose por lo común á avisar á los facciosos el 
paradero de las tropas que andaban persiguiéndoles. 
d™ p o?Me£Ío a IV. En La Sierra nadie quería servir al Gobierno. 

El Coronel Doroteo Hurtado, que en esta re- 
cia campaüa fue uno de los más constantes y su- 
fridos oficiales del Gobierno, decía en oficio al 
Estado Mayor General : "todos los red nos huyen al 
monte, de modo que yo no encuentro hombres para 
postas que Iteren las comunicaciones a los Coman- 
dantes de las columnas, ni para espías que me den 
razón del paradero de Zamora." Y otra vez dijo 
al Capitán Uacamonde en carta particular: 

"Sin embargo de haber librado órdenes á los t»omi- 
s trios de la jurisdiección, para reunir un número res- 
petable de reclutas, todo ha sido infruetuoso, porque loa 
hombres absolutamente están negados á servir al Go- 
bierno." 

Francisco Chirinos, Comandante de la columna 
de Occidente, informa al Coronel Hurtado, en ofi- 
cio fechado en la Yuca á 1? de enero, que el 
soldado Escolástico Guzmán que le servía de ba- 
queano se le había desertado con el fusil y el per- 
trecho, y anude candorosamente : "también digo á 
usted, que este desertor no ha tenido motiro alguno 
para hacerlo, pues ha sido tratado con más conside- 
ración que los mismos de mi columna, y recomiendo 
á usted este hecho tan escandaloso u falto de disci- 
plina, ¡m 's lo ha cerificado en la marcha, dejándome 
sin baqueano." 



r 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 15o 

Esto pasaba con frecuencia en las tropas del 
Gobierno, porque todos los prácticos eran facciosos. 

Latouche, Comandante de la columna de ope- 
raciones de Valencia, dice á su inmediato superior 
desde el Corozo, 4 2 de enero: "Respecto á los 
postas que usted me dice pida á la autoridad terri- 
torial, los pedí á los jueces de Güigiie, con fecha 
16 del prójcimo pasado, y éstos me contestaron, que 
en aquel lugar no había hombres baqueanos de estos 
campos que mereciesen la confianza para desempeñar 
tal encargo, así es que he quedado con la misma 
necesidad que he manifestado á usted en mis auter lo- 
res comunicaciones." 

El Jefe político de San Carlos, al contestar 
al Coronel Hernández, en oficio, sobre la organi- 
zación de las milicias activa y de reserva de su 
Cantón, dice : 

í; Y al ocuparme de su contestación me es muy sen- 
sible manifestar á usted, que en el estado de desmora- 
lización en que boy se hallan estos vecinos con los tras- 
tornos políticos que han ocurrido de setiembre acá, creo 
casi imposible poder llevar á efecto tan saludable me- 
dida, pues los hombres aún permanecen huyendo por .los 
montes, la desconfianza y temores de que están poseí- 
dos los aterra; y lo peor de esto es, que la zizaña y ma- 
los principios de que están poseídos no se acaban." 

De tal desprestigio nos da cuenta la prensa 
de los mismos oligarcas, igualmente que sus mi- 
litares. El señor Juan Vicente González escribió en 
su periódico Diario de la Tarde los siguientes ex- 
presivos conceptos: 

• 

• fc La Administración es un poder espiritual é invi- 
sible, poder de convención, expectador impasible de una . 
lucha contra la moral y la justicia ; hasta risa causa ver 
los esfuerzos contra una Administración que se da á par- 
tido, como le permitan no confesarlo, y que vite por 

los aires, sin base donde descansar porque la base 

de un Gobierno es la opinión ¿Con quiénes está 



15Ü DOCTOR L. VILLANUEVA 

«1 Gobierno f El vive solo y campea con su propia im- 
popularidad. 

Nunca sociedad alguna estuvo más 

llena de desórdenes que la que abandonan ai acaso los 
hombres encargados oficialmente de conducirla. En el cam- 
po ministerial no hay sino opiniones incoherentes, medidas 
contradictorias, errores de juicio, insustancialidad, tinie- 
blas, contusión: el Gobierno flota entre la anarquía y el 
vértigo." 

Y el señor Doctor Ángel Quintero publicó en 
Valencia, entre o ras cosas, el siguiente apostrofe al 
Poder Ejecutivo : 



"Vuestro Gobierno ha sido un misterio: Venezuela 
no lo ha conocido; es hoy que puede juzgar bien por 
los resultados. ¿Cuáles son éstos f Venezuela sin tesoro 
público y sin fortunas particulares : una parte de la so- 
ciedad en lucha á muerte con la otra : los hijos en ar- 
mas contra sus padres : la inmoralidad y la más desen- 
frenada licencia recibiendo un culto público; todo, en fin, 
perdido, y en la opinión de muy respetables patriotas, 
serias dificultades que vencer, y que no allana uy ejér- 
cito, para restituir la sociedad á su estado normal." 

Iímí?a? ion A V- l J *' iez ordenó terminantemente á Cisueros que 

no se parara en ninguna parte hasta batir y 
coger los facciosos, que si no podía sorprenderlos, si- 
guiera sin descanso sus huellas cualquiera que fue- 
se la vía que lomaran ; para lo cual le proveyó 
suficientemente de tropas, diner» y ganado, pues 
creía que este antiguo guerrillero realista, fiero y 
bárbaro, era el más capaz para emboscadas y sor- 
presas de la guerra de montanas, y si bien era 
cierto que no conocía bastante la parte occidental 
de la Sierra, que era donde estaban los alzados, 
tenía sobre otros Jefes y oficiales la ventaja de 
ser un montañés caviloso y atrevido, que sabía, co- 
mo Zam ka y Rar.gel, caminar á pie, correr por 
los desfiladeros, dejarse caer al fondo de las bou- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 157 

donadas, esconderse como las serpientes en los ma- 
torrales ; pasar las noches en vela acechando á sus 
contrarios, con todas las costumbres, mañas y pre- 
visiones de los naturales de la serranía. No obstante, 
bien fuese que no pudo, bien que no quiso, hay que 
declarar que Cisneros no logró encontrarse nunca 
con Zamora : de tal modo que, cuando el General Cor- 
dero suponía á éste muy lejos, se le presentó de 
súbito en Timbique acompañado de Rangel y de más 
de cien hombre» de pelea; al tiempo que Cisnetos 
se hal aba en el Alto de las Muías aumentada ya su 
tropa con las columnas de Simón García y del Co- 
mandante Francisco Chirinos. Zamora trepó á Cerro 
Azul : apellidó guerra por los valles ; sorprendió 
unos piquetes sueltos del Gobierno, y después que 
alarmó y molestó la línea de operaciones del Ge- 
neral Cordero, fué A salir por los sitios viejos de 
La Platilla. 

Al saberlo Páez dispuso que Cisneros ocurrie- 
ra a combatirlo con Racamonde y Guevara, y la 4* 
compañía de Orituco que mandaba Josó García. 

Esta orden fue expedida el 10. Racamonde par- 
tió á cumplirla, y llegó á La Tigra, apercibido á 
luchar con la facción si la encentraba al pie de la 
nmniaña, atento á que en la cumbre era imposible 
atacarlo. Pero Cisneros no concurrió, ni se puso en 
comunicación con los compañeros: por lo cual ílie- 
reció una reprimenda del Estado Mayor, aunque 
se disculpó de sus faltas, exponiendo que se había 
distraído efectivamente de su principal deber, cual 
era el de batir los facciosos, en razón á estar preparan- 
do los medios de ponerse en comunicación con Ran- 
gel, su antiguo amigo, para inducirle á presentarse 
al Gobier. o con su gente : circunstancia que infun- 



1 



158 DOCTOR L. VILLANUEVA 

dio sospechas, por primera vez, sobre su infiden- 
cia, como lo expondremos más adelante, cuando 
demos cuenta del juicio que se le siguió por ñu- 
tas cometidas en el cumplimiento de sus deberes, 
como Jete de aquellas fuerzas. 

La compañía de García tampoco se presentó, 
porque á causa de habérsele desertado los prácticos, 
se extravió en El Platillón, y estuvo á punto de pe- 
recer de hambre en unos montes oscurecidos por 
las nieblas. A duras penas pudo salir en lastimoso 
estado á La Platilla Abajo, donde alcanzó á ver una 
partida que habría tiroteado y perseguido si el co- 
misario de Palambra le hubiera asistido con los ba- 
queanos que le mandó pedir. 

Zamora abandonó La Platilla, y desapareció sin 
dejar rastro. 

Los contratiempos de las fuerzas del Gobierno 
desconcertaron en t nto grado á Kacamond^, que 
vino á quedar solo en la montana sin encontrar quien 
le diera noticias ni do los amigos ni de los enemi- 
gos ; en vista de lo cual determinó caminar la vuelta 
de San Francisco, temeroso de que Zamora tuviera 
en mira caer de repente sobre, esta plaza. Detú- 
vose en su travesía á registrarlos caseríos de La 
Tigra y El Mamón; y el 21 pernoctó en Cucharito 
en <U>nde recibió un oficio del Estado Mayor, en que 
se le prevenía que conservase la posición q-ie estu- 
viera ocupando en la serranía, cualquiera que fuese. 
Por suerte estaba en Cucharito, punto de impor- 
tancia, equidistante á una jornada de tropa de San 
Francisco v de Timbique v considerado como uno 
de los principales de la comarca, porque era una 
encrucijada que debía guardarse. 




VIDA DEL GENERAL ZAMORA 159 

Zamora, en vez de tomar aquella ruta, bajó á 
Cerro Pelón, y se acercó, en una marcha de seis 
horas á San Juan y sus vecindarios para solicitar 
noticias de la Revolución, que suponía extendida por 
todo el país, y recoger los elementos de guerra que 
hubieran podido conseguirle sus amigos: y hecho 
ésto, siguió por veredas sólo de é\ conocidas, á Tim- 
bique. A la sazón Cisneros que lo perseguía por 
las cercanías de Tormenta, reventó por San Gre- 
gorito á Cucharito el 21 en la tarde, muy lejos de 
la dirección por donde le esperaba Raca.iionde, á 
quien en seguida hizo entender que no había obte- 
nido rnzón fija del paradero de la facción, ni encon- 
trado rastros que se lo hicieran sospechar: en fuerza 
de lo cual diéronse á pensar los dos, que Zamora 
debía de haber tomado la montaña de Guambra por 
Picacho Blanco. Y así era en efecto, y con esta con- 
vicción marcharon el día siguiente con las columnas 
reunidas á La Platilla Arriba distante poco menos 
de dos leguas. Allí se juntaron con Chirinos, que, 
en cumplimiento de instrucciones superiores, había 
ocupado A Picacho Blanco en la mañana del 22, 
yendo por la vía de Guambra y Cerro Azul. 

Según informe de unas mujeres, supieron que 
Zamora había estado acampado allí hasta el 21 en 
la noche, y que unido á Rangel habíase ido con 
rumbo á Tacasuruma. Empero, en la mañana del 22 
divisaron en las alturas varias partidas que corrían 
por las filas más próximas y subían después á otras 
más altas que se levantan por detrás. Y habiéndose 
propuesto distinguirlas de más cerca para tirotearlas 
y perseguirlas, gastaron todo el día en subir y bajar 
cuestas sin alcanzar su objeto, porque las partidas 
aparecían y desaparecían rápidamente por todos la- 



160 DOCTOR L. VILLANUEVA 

dos. Rendidos de fatiga y hambre bajaron á La Pla- 
tilla á comer y descansar. 

Aquella gente eran montañeses muy diestros ea 
trepar las cumbres, dejados allí por Zamora para 
ternetener al enemigo, mientras que él con Rangel co- 
rría á Tacasuruma á buscar más .soldados y municio- 
nes con que dar un golpe mortal al destacamento de 
Páez que pareciese más débil. 

El día siguiente, 24, aumentadas las fuerzas del 
Gobierno con las de Simón García, emprendieron 
marcha juntos al Alto de las Muías, penetrados de 
la dirección que debía haber tomado Zamora, 
pero no encontrándole en aquellos sitios separáron- 
se por diversas vías para obrar en combinación, & 
fin de ver si por huellas ó noticias lograban saber los 
lugares donde se albergaba su infatigable contendor- 
De TacMuru- VI. Zamora se burlaba de ellos; los vigilaba des- 

mi 4 Los Ba- 

•*•■' de los cerros ; y sin ser visto observaba todos sus mo- 

vimientos; los contaba, y oía sus toques de orde- 
nanza. Así se mantuvo para llevar á cabo su in- 
tento: y cuando hubo hallado y recogido lo que soli- 
citaba, desapareció por entre las quebradas, para 
pasar de un extremo á otro del teatro de la guerra: 
esto es, del valle de Tacasuruma, que está al Oeste 
de Villa de Cura, á la hacienda que se llama La 
Dormida, situada al Nordeste de esta ciudad. 

Este movimiento parecerá, á los que no conocen 
sus pormenores, semejante al del caballo en el tablera 
de Ajedrez, como si hubiera sido hecho de un salto 
por encima del enemigo, al travos de riscos y des- 
peííadcios. Hízolo de noche y tan cerca del ene- 
migo, que puede decirse que lo ejecutó por entre 
las mismas posiciones de éste. 

Vamos á referir cómo fué esta maniobra de Za- 




VIDA DEL GENERAL ZAMORA 161 

mora, que produjo tan grande estrago en las filas 
del Gobierno, y que dejó pasmados á los Jefes que 
le perseguían. 

Del valle indicado subió á las cabeceras de la 
quebrada de Guambra, en uua de cuyas vertientes 
se detuvo dos días, pero cuando Cisneros llegó al 
Palmar, que es otro sitio de las cabeceras de la citada 
quebrada, distante media legua de la que él ocupaba, 
levantó sus reales y continuó hacia el Guárico abajo r 
adonde llegó en la tarde del mismo día ; y, sin parar,, 
guió á la boca de la quebrada del Corocito, y de aquí 
agua arriba basta sus cabeceras. Desde este punto 
veíase distintamente la torre de Maracay y la gente 
de Cisneros, que ya quedaba lejos como legua y 
media. Casi de noche llegó á La Pabona, situa- 
da en un bajo poco antes de Garabatos. Allí per- 
maneció algún tiempo, entre paisanos muy parti- 
darios suyos, y cuando al anochecer del tercero día 
supo que tenía á Cisneros cerca de sí en el poblado 
de Garabatos, se movió hacia Cura; faldeó el Cerro 
de las Cabras dejándolo á la izquierda, y pasando 
por detrás de la casa de Don Pedro González, sita 
en los Colorados, á las 11 de la noche, más ó menos* 
fu¿ á tener á La Lagunita, donde se mantuvo medio 
oculto dos días; y de este punto marchó de frente k 
Los Bagres, adonde arribó al amanecer del día sábado» 
26 de noviembre. 

Marcha atrevidísima, cuanto difícil y sorpren- 
dente. 

Acuarteló á Rangel con parte de la fuerza en la 
casa de Don Isidro Jadn, y el resto en las de Lino 
Fuentes y Fernando Lespe. 

11 



162 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Y él se alojó en la de Mateo Díaz, en ¡a que- 
brada Peñas Blancas arriba, donde vivía una amiga 
suya, de nombre Bibiana, hija de este hombre y 
de Josefa González. En esta mujer tuvo Zamora 
un hijo que nombraron Nicolás, á quien sirvió de 
padrino en el bautismo, más tarde, el General José 
María García Fuentes. Este niño murió de muy 
tierna edad. 

AooiondeLo. VIL Habiendo sabido las autoridades de Cura, á 

las ocho de la mañana, por aviso del señor Andrés 
Fuentes, que Zamora y Rangel se hallaban con gente 
armada en el sitio de La Majada, Bagre Abajo, tres 
leguas más ó menos de la Plaza, preparáronse á la 
defensa con la corta fuerza de que les era dado 
disponer. El capitán José del Rosario Villasmil 
mandaba la cuarta compañía del batallón de línea 
número 2?, quien estaba acantonado allí desde el 23, 
con orden del Estado Mayor General de batir, per- 
seguir y exterminar los facciosos, si se acercaban 
á la población; á cuyo efecto se recomendó al Jefe 
político de Cura que lo reforzara con veinte y cinco 
hombres, para que en cualquier momento de peligro 
tuviese expedita una fuerza de sesenta á setenta. 
Después se supo que la citada autoridad apenas ha- 
bía auxiliado á Villasmil con seis reclutas. Arre- 
batado empero de pundonor este valeroso oficial, lue- 
go que se impuso de la noticia, corrió á las armas, 
y salió de la ciudad al pasitrote, animado á la pelea 
con su infantería y un piquete de caballería colec- 
ticia, formado de vecinos del lugar; sin atender á 
los que le observaban que lo más acertado era, con- 
currir á la acción con las columnas de Cisneros, Gar- 
cía, Racarnonde y Chirinos, que volarían de Garaba- 
tos, donde á la sazón se hallaban, á Los Bagres, en 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 163 

recibiendo el aviso que ya se les había mandado. De 
Garabatos á Los Bagres hay poco menos de cinco 
leguas. 

El contestaba diciendo que con su compañía 
-veterana podía batir más de doscientos facciosos. To- 
das aquellas columnas reunidas podrían dar una fuerza 
-de seis á setecientas plazas. 

Así como se vio fuera de poblado, dejó el 
camino real, y salió á la sabana de Los Bagres 
Abajo. 

Es de saberse que Los Bagres era un hato 
-de Don García Revenga, en el valle del Chorro, 
tres leguas de Villa de Cura, en que había ade- 
más tres haciendas de café: uaa del señor Ma- 
nuel María Landa, nombrada Tucutunemo; El Cor- 
tijo, del señor Trinidad Celis ; y El Chorro, del señor 
Andrés Fuentes. L^s Bagres se dividían en Bagres 
Arriba, en donde estaba la casa de habitación, las 
oorralejas, majadas y queseras ; y Los Bagres Abajo, 
porción de terrenos quebrados con sabanetas y ce- 
rros, que servían de asiento al vecindario de la misma 
posesión. Por en medio de esta cone una quebra- 
da de Norte á Sur, que llaman quebrada de Los Ba- 
gres ; más allá de la cual se extendían hacia la sa- 
bana unos conucos, dichos Los Palenques, á causa de 
sus empalizadas. 

Aquí hizo Zamora una trinchera, en que colocó 
una avanzada, y otra á orilla de la quebrada, al pie 
-de unos mamones ; y ocultó en el monte el resto de 
la tropa. 

Villasmil desfiló por la derecha á posesionarse de 
la punta de la loma que se levanta al frente de 
la quebrada ; pero las avanzadas, al divisarlo, lo ti- 



lf>4 DOCTOR L. VILLANUEVA 

rotearon, manteniéndose ocultas detrás de las esta- 
cadas. 

Villasmil contestó los fuegos sin pararse, y 
al pasitrote cruzó la sabaneta y coronó la altu- 
ra, sin darse todavía cuenta del número de la gente 
que se proponía batir. 

Zamora, que al revés, pudo ver y contar á 
sus contrarios, dividió prontamente los suyos, que 
eran trescientos, en dos columnas ; de las cuales dio 
una á Rangel con orden de que los atacara á fuego 
vivo, apoyado en la mata que está al pie de la loma; 
mientras que él con la otra, subía á una cumbre 
más elevada de la misma cordillera para acribillarlos 
por la espalda. 

Y así al cabo sucedió: pues Ínterin Villasmil pe- 
leaba á pecho descubierto contra un enemigo gua- 
recido de las arboledas, corría Zamora á pie por 
entre riscos la vuelta de la montaña para domi- 
narle, como á poco lo hizo; viniendo á quedar el 
joven veterano entre dos fuegos, sin poder acome- 
ter á Rangel, porque se exponía á que Zamora lo 
barriese por la espalda, ni hacer cara á éste, te- 
miendo que el otro, emboscado, lo diezmara con tiros 
por mampuesto. 

Sorprendido de aquella maniobra y rodeado de 
enemigos, dispuso una guerrilla para contener á 
Rangel ; y con el resto de la tropa se preparó á 
contrarrestar personalmente la carga de Zamora. 

Llamó la caballería para que le ayudase por 
el llat-o ; pero estos jinetes bisónos asustáronse con 
los fuegos, y se dispersaron. El choque fué recio 
y desesperado con pérdidas de ambas partes ; por- 
que Villasmil puntilloso y valiente, lejos de pen~ 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 165 

$ar en replegarse ó huir á la ciudad, animaba á 
los suyos con sus voces y ejemplo ; y más se enar- 
deció y cobró nuevos bríos, cuando hubo divisado des- 
de la altura la cabeza de una fuerza que iba de La 
Villa en su auxilio, y cuyos toques de corneta y 
tambor oía claramente. 

Era Cisneros que se acercaba con su columna. 
Pero este hombre que, según se averiguó después, 
andaba en tratos con los revolucionarios, no se apre- 
suró á concurrir á tiempo para salvarlo, cuando pudo 
marchar directamente por un camino expedito, con 
tropa de refresco, ó contra Rangel ó contra Za- 
mora, y á lo cual le excitaban acaloradamente sus 
oficiales. 

Dos horas duraba la refriega, cuando Villas- 
mil cayó sin vida, herido de un balazo en la cabeza, 
en los momentos mismos que resistía con más bra- 
vura los nutridos y certeros fuegos del General 
Zamora. Los pocos soldados que sobrevivieron útiles 
se acobardaron cuando se vieron sin jefe ; algunos 
cayeron prisioneros, y otros lograron llegar sanos y 
salvos á La Villa. 

Zamora recorrió el campo, hizo recoger las 
armas, cartucheras y municiones, y repuso sus avan- 
zadas en los puest'js que ocupaban antes del com- 
bate. 

' De cuatro á cinco de la tarde sería cuando se pre- 
sentó Cisneros á una milla de la Sabana ; y en vez de 
abrir los fuegos contra Zamora vióse, que su mosca se 
acercaba sin disparar un tiro á las avanzadas de El Pa- 
lenque. Después se ha sabido, por declaraciones juradas 
«en los Tribunales, que estas dos guerrillas se pusieron 
4tl habla : indicios todos de que Cisneros estaba co- 



1 



100 DOCTOR L. VILLANUEVA 



metiendo el feo delito de traición á su Jefe y & 
su bandera. Nuestro deseo de ver triunfar las ar- 
mas liberales, no nos inducirá á loar esta conducta 
de Cisneros ; pues pasarse con las armas al enemi- 
go, ó de cualquier modo inteligenciarse con él, es 
de todos los crímenes el más ignominioso, ora se 
trate de guerras internacionales, ora de revoluciones 
intestinas. El militar debe mantenerse firme é in- 
sospechable al pie de sus banderas, hasta el último 
trance de la vida. 

Poco después retiró Zamora sus piquetes de 
observación: levantó el campo, atravesó la loma don- 
de había tenido lugar la pelea, y fué á parar con i 
una columna como de cien hombres, haciendo car- 
gar á cuestas cinco heridos, á la fila del Gamelotal 
que se extiende frente á Los Bagres Arriba; y por la 
noche, entre nueve y diez, tuvo el atrevimiento de 
pasar por el Caro de Semen, hacia La Ollita, casi 
por entre las fuerzas del Gobierno, al tiempo que 
Páez estaba acampado en la casa de corredor de 
Avilan, en El Pozóte. 

Los guerrilleros, decía el avisado General Pedro 
Manuel Hojas, á diferencia de los jetes que maniobran 
con un ejército, no deben nunca pasar la noche en el' 
campo en que pelean. 

Como resultado de; la acción se recogieron en 
Los Baxres, cuarenta y pico de muertos, y ocho más 
en la montarla. 

Cisneros, antes de oscurecer, desfiló por el flan- 
co derecho en dirección al picacho de El Diablo; \ r - 
la cabeza de la tropa vino á asomar poco antes de 
las diez de la mañana del día siguiente, á la ante- 
dicha loma del Gamelotal, por donde había pasado 
Zamora la tarde anterior. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 167 

VIII. Dos sucesos graves ocurrieron en esta oca- A»e»inato de 

~ D. Andrés Fuen- 

sion, y de los cuales vamos á dar cuenta conforme *•*• 
á relaciones que hemos recogido de personas dig- 
nas de fe, actores en ellos ó sabedores de lo que 
realmente pasó. Tales son: el asesinato del 
señor Andrés Fuentes, perpetrado por las fuerzas 
de Zamora, antes de la acción ; y el comportamiento 
militar del Coronel Cisneros en el apuro en que se 
hallo la fuerza que se le había ordenado auxiliar. 

Enemigos de Zamora le imputaron entonces 
aquella muerte, de palabra y por la prensa ; y en el 
juicio que se le siguió por conspiración, le hicieron 
^ cargos por ella, contra los cuales protestó siempre 

enérgicamente; y aun la alegaron los jueces en la 
sentencia, como uno de los fundamentos en que se 
apoyaban para condenarle á la pena del último su- 
plicio. 

Desestimaron en absoluto las declaraciones en fa- 
vor de Zamora, rendidas bajo juramento en el tribunal, 
por individuos que estaban presentes en el acto que se 
cometió aquel atroz delito; y las de personas de 
cuenta de Cura, que acreditaron su honradez y sanos 
hábitos de trabajo en su antiguo oficio de comercian- 
te; la buena índole de caballero que le distinguía en 
el trato social ; y las excelentes aptitudes con que 
se apresuró, más de una vez, á defender el orden 
social, como sucedió en 1844 y en el mismo año 1846, 
según anteriormente lo hemos dicho. Con esto come- 
tieron los jueces dos acciones dignas de ser reproba- 
das, pues al tiempo que pretendían deslustrar la repu- 
tación del General Zamora, calificándole de asesino, 
cuando no había cometido personalmente ninguna 
muerte ni mandado cometerla, irritaban las pasiones 
de un partido político, que lejos de ser gavilla de 



168 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

salteadores, como decían los oligarcas, venía desarro- 
llándose de manera formidable, por la irradiación 
de una prensa ilustrada, enérgica y patriótica: dando 
á entender á los hombres pensadores, que llevaba en 
sí, como causa pública, condiciones vitales de per- 
durabilidad y trascendencia. 

De Zamora puede decirse, que siendo joven, 
fue honesto; y que fue siempre creciendo en el 
conocimiento y práctica de las obligaciones naturales 
y civiles que forman el carácter de los buenos ciu- 
dadanos. 

Pedro Pastrán, preso junto con Fuentes, declaró 
que Rangcl mandó salir á éste con ocho lanceros y 
no le vio más. 

El General Francisco de Paula Alcántara, Jefe 
de Operaciones de Aragua, certificó la manifestación 
que le hizo José de Jesús González (a Agachado), 
cuando fue indultado, en la que consta que Zamora no 
había mandado matar á Fuentes. Pero el tribunal no 
quiso apreciar este documento respetabilísimo, porque 
carecía en su sentir, de las formalidades prescritas 
en el Código vigente de Procedimiento Judicial ; 
cuando los jueces debieran haber pensado que no era 
conforme á la moral y la justicia, rechazar ninguna 
prueba que pudiera favorecer al encausado. Empero, 
es de saberse, que lo que privaba en la política de 
los oligarcas era el interés de infamar aquella nue- 
va causa popular, atribuyendo á sus predicadores 
miras de volcar y destruir la sociedad ; y á su más 
señalado guerrero, los instintos, costumbres y pa- 
siones de los malhechores. De que cundió entre 
los curiales á manera de monomanía homicida, más 
poderosa que los sentimientos humanitarios ó cual- 
quiera razón de Estado, la determinación de llevar al 



r 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 169 

cadalso cuantos liberales pudieran ser habidos, al 
modo que se mandan reses al matadero. En un 
día el tribunal de 1* Instancia de Cura, senten- 
ció á muerte dos liberales ; [1] el de Puerto Cabello, 
nueve; [2] el de La Guaira, once. [3] La Corte 
Suprema de Caracas confirmó en un mismo día siete 
de ellas. 

Pero es también deber nuestro decir^que Páez 
y Soublette arrancaban á menudo víctimas á los 
patíbulos; si bien limitaban las conmutaciones é 
indultos, á los conspiradores que no eran cabecillas- 
Hemos encontrado en los archivos, diez y ocho 
' conmutaciones decretadas por el General Sou- 
blette. 

¡Ojala hubiera perdonado siempre, como se 
lo aconsejaba su ilustre y noble corazón, para que 
nunca jamás tuviera la historia que velarse el ros- 
tro de dolor, al tener que recordar el fin trágico 
del heroico joven Rodríguez, de Calabozo, que ex- 
puso su vida por la libertad de su padre ; ni el 
lastimoso sacrificio del infeliz Calvareño! 

Ni quisieron los jueces tomar en consideración 
el testimonio escrito del mismo Coronel Guerrero, 
en que salía fiador de las virtudes sociales de Za- 
mora, y que se perdió, como el del General Al- 
cántara, porque tampoco permitieron que figurara 
en el expediente. 

Tales procederes de Alcántara y Guerrero son 

1 Pío y Juan Antonio Avila, encausados por conspiradores. 

2 Tomás Campos, Zoilo Perera, Damián Ojeda, José María 
Herrera, Norberto Avila, Francisco Sánchez, Juan José Gonzá- 
lez, José Antonio Mingorro y Rafael Barrios. 

3 Capitán Pedro Vicente Afruado, Mariano Tirado, Tomás 
Galarra^a, Carmen Boearanda, Felipe Pérez, Julián Mejías, Sil- 
▼erio Kiobueno, Francisco Marcelino Blanco, Magdaleno Martí- 
nez, Antonio Hernández y Francisco Ordóñez. 



170 DOCTOR L. VILLANUEVA 

muestras de raro, seguro juicio, y de acendrada 
probidad; pues lejos de prestarse á calumniar á un 
adversario vencido, como suelen hacerlo aquellos 
á quienes enloquecen y degradan las pasiones de 
partido, nos han dejado la austera enseñanza de 
que toda política será inmoral, que no respete la 
verdad, la justicia natural y los fueros sacratísimos 

del hombre. 

# 

Joaquín Rodríguez, hoy General de la Repú- 
blica, y oficial entonces de Zamora, hijo del señor Pe- 
dro Rodríguez, agricultor en Cerro Pelón ; y que fué in- 
dultado por Páez, su padrino de bautismo; declaró ante 
el Auditor de guerra, Licenciado José Santiago Rodrí- 
guez, que había sido Rangel quien había mandado ma- 
tar á Fuentes, y que la orden fue ejecutada a lanza- 
zos, fuera de la vista de la tropa, por el oficial 
Francisco Pacheco v ocho soldados. 

Este testimonio fue rechazado en 1? y 2? Ins- 
tancia por considerarse á Rodríguez de diez y seis 
años de edad, cuando la ley señalaba la de diez y 
ocho para ser testigo. La partida, empero, de su 
bautismo, presentada al Tribunal, acreditaba que ha- 
bia nacido el 20 de agosto de 1829; de lo cual 
se infiere que le faltaban apenas, cuando dio su 
declaración, cortos días para completar los diez y ocho. 

Cuadra á esta narración reproducir en seguida 
el escrito que el Doctor Elias Acosta presentó con 
este motivo á la Corte Suprema de Justicia, como 
defensor de Zamora. 

Dice así: 

Excdentiximo señor : 

Doctor Elias Acosta, defensor de Ezkquikl Zamora ? 
eou todo el respeto que debo. — Acaba de poner en mi 
mano la madre de mi defendido, la certificación de bau- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 

tisiiio del señor Joaquín Rodríguez, testigo que ha de- 
clarado en esta causa en favor de Ezequiel Zamora, 
y cuyo testimonio se ba despreciado en I a y 2 U Instan- 
cia, ]K>r considerársele de diez y seis años de edad. La 
certificación que presento, acredita que Rodríguez nació 
en 20 de agosto de 1829, y habiendo dado su declara- 
ción en 3 de julio del presente ano, está de manifiesto 
que par» entonces tenía casi diez y ocho años de «dad. 
La Ley de Partida, al fijar la edad de veinte años cum- 
plidos en el testigo (Título 1<>, Partida 8 a ) para causa 
criminal, expresamente, se contrajo al testigo que viene 
á deponer contra el encausado. Efrtas son sus palabras : 
Veinte años cumplidos á lo menos, debe haber el testigo 
que aducen en el pleito de acusación ó de riepto contra 
alguno en juicio. Tal garantía fue dada exclusivamente 
al acusado, para .protegerle con especialidad contra la 
debilidad é imprudencia del entendimiento de un me- 
nor, y para que no se le castigase por el dicho de un 
adulto que no tuviese veinte años cumplidos. Nuestro 
derecho tomado de la* misma ley, solo ha reducido la 
edad del mismo testigo á la de diez y ocho años. En fa- 
vor de Zamora pues, deben obrar todas las pruebas 
ordinarias del derecho, que no le sean especialmente ne- 
gadas, entre las cuales debe contar con el dicho favo- 
rable de los testigos mayores de quince años. No es po- 
sible, que en perjuicio del encausado, y para que no pueda 
probar su inocencia, se rechace, como se ha hecho con ex- 
cesiva crueldad, la declaración de un testigo mayor de diez 
y siete años: mejor dicho, es testimonio jurado de un ciuda- 
dano de notabilidad, que contaba diez y ocho años once me- 
ses, cuando declaró, como el señor Joaquín Rodríguez, quien 
por su educación y roce social es mucho más creíble y de 
mayor autoridad su dicho, que el peón y jornalero Olayo 
A venda ño, campesino y destituido de las cualidades que 
constituyen en derecho la mayor excepción. No podrá el 
menor de diez y ocho años perjudicar en su declaración 
al acusado; pero sí proteger su inocencia, porque en favor 
de ésto valen y han valido siempre, aun en los Gobiernos 
tiránicos, los testigos verdaderamente inhábiles, como lo 
enseñan los maestros Evio Bolaño, (.'V! parte juicio criminal. 
§ 15, núm. 17.) Antonio Gómez, (V. Resoluciones id. 18, 
núm. 21 y 23, núm. 27) y Acevedo en el núm. 8" de su glosa 
á la ley a , título 6?, libro 4? de la Recopilación. 

Por otra parte, Exmo. señor ; es una regla de derecho 
que el año comenzado se tiene por completo. Annus in excep- 
tus, pro completo habetur. Y aun sin el socorro de esta 
regla, el duro Marhen, De sé orimixali, sostiene citando 
leyes y muchas autoridades, en su controversia 2 n , nú- 
mero 30, que es idóneo el testigo mayor de diez y seis 
años. La declaración, pues, del señor Joaquín Rodríguez, 



172 DOCTOR L. VILLANUEVA 

testigo tan importante, por haber presenciado los sucesos 
de que provino la muerte de Andrés Fuentes, es pleno, 
eficaz y legal ; porque es en favor y no en contra del acu- 
sado ; y porque, según consta de la certificación de su 
bautismo que presentó él, tenía casi los diez y ocho años 
cumplidos, cuando dio su declaración. Suplico á V. E. se 
sirva mandar agregar este documento auténtico, para que en 
rigorosa justicia, se tenga en cuenta al examinar las prue- 
bas exhuberantes con que mi defendido tiene acreditado 
que él no fué el autor ni tuvo parte en la muerte de An- 
drés Fuentes. 

Exmo. señor. 

Elías Acosta. 

El honrado General José María García Fuen- 
tes, sobrino y ahijado del señor Andrés Fuentes, 
nos ha entregado un papel, escrito de su puño y 
letra, en que dice, que quiere consignar en nuestras 
manos la narración de aquel hecho, según sus re- 
cuerdos, para refutar el cargo que entonces hicie- 
ron á Zamora, de haber sido el sacrificador de su 
tío y padrino. Y de ello resulta, como es verdad, 
que Zamora no tuvo participación en aquel hecho- 
García Fuentes era entonces un niño que no 
llegaba á los doce ; pero recuerda haber visto á 
Zamora en La Dormida, posesión de Don Manuel 
Guirado, con cerca de 300 hombres; que su padre, 
señor García Revenga, fue? aquel día á su campamen- 
to, y suministró dos reses para racionar las tropas; y 
que en su propia haciéndale prepararon el almuerzo; 
y asegura además, que al saber él la noticia de la 
prisión de su tío corrió á donde estaba Zamora ; y 
cuando pareció á su presencia, oyó que le preguntaba 
á Rangel por los presos, y que éste contestó mos- 
trando los que estaban allí, y diciéndole que A Fuen- 
tes lo había mandado matar, porque era un oligarca 
malo. 



ir 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 173 

Esta relación está llena de pormenores que nos 
han servido para formar concepto cabal del suceso. 

A los cincuenta años de aquel acontecimiento, estos 
dos militares de honor y respeto, García Fuentes y 
Rodríguez Guerrero, padres de familia, individuos no- 
tables de nuestra sociedad, han querido bajo el 
sagrado de su palabra, ratificar el lino su declara- 
ción del 47, y rendir el otro la suya, que guardaba 
como un secreto, ante otro tribunal, el de la His- 
toria, enteramente libre de las injusticias de los ma- 
gistrados, de intereses de partidos, y de las pasiones 
de los hombres; para que la vida de este amado 
caudillo del pueblo venezolano, se conserve en la 
memoria de las gentes, pura de la mancha con que 
sus enemigos quisieron deshonrarla. 

Demás de c'sto, tenemos por cierto, que tan dis- 
tante de la mente tenía Zamora !a idea de matar á 
Fuentes, que la noche anterior pasó cerca de su ha- 
cienda, y no se le ocurrió prenderle, ni hacerle dafio 
en sus bienes, como pudo efectuarlo con la mayor co- 
modidad. Al contrario, no se detuvo allí; sino que 
continuó marcha á la sabana de La Majada, por la cual 
cruzó antes del día, para irá situarse en Los Bagres 
Abajo, donde se libró la acción la misma tarde. Y 
más de una vez declaró bajo juramento, que aquella 
muerte había sido obra de Rangel y de otros; y que 
si con parte de su sangre hubiera podido rescatar 
aquella víctima, lo hubiera hecho con agrado, porque 
había sido su amigo y le tenía deferencia por rela- 
cionas de familia. — (Declaración ante el Tribunal de 
1? Instancia de 8 de abril) 

El General Páez dice que fué llangd quien man- 
dó asesinar al señor Fuentes, ciudadano respetable de 
Villa de Cura. — ( Autobiografía, tomo II, pág. 5o4). 



174 DOCTOR L. VILL AHUEVA 

juioiooontra XI. Permítasenos ahora agregar cómo acabó su 

Cimeros. ° ° 

vida el famoso Cisneros, en la mitad de esta guerra, 
siendo Jete de una columna del Gobierno. 

Páez no quiso proceder contra ¿1, por su com- 
portamiento e.i la función de Los Bagres; pero 
persuadido de la inconveniencia de que continuara 
mandando la columna de San Sebastián, limitase 
á apartarlo con cautela de la jefatura, por me- 
dio d'i una artificiosa comunicación del Estado Ma- 
yor que decía así: "Deseando S. E. que las tropas 
que obran en La Sierra no se den descanso en 
la persecución de los facciosos, y hallándose in- 
formado de que U. S. padece algunas indisposi- 
ciones, si esto es cierto, puede U. S encargar del 
mando de la columna al Capitán Viera, y venir á 
este Cuartel General, donde hallará todos los auxi- 
lios que necesitare al lado de S. E." 

A ésto contestó Cisneros, suplicando que se 
le concediera retiro á él y á su fuerza, por tener 
tres meses de servicio en un trabajo asiduo y fuerte; 
que por las marchas y contramarchas la fuerza se 
encontraba inútil y sin poder dar un paso, habien- 
do cundido tan desastrosamente el espíritu de de- 
serción, que temía quedarse solo ; pues hasta el sar- 
gento y el cabo del cuerpo de guardia, de los de 
más confianza, habían desaparecido. Piñango le rei- 
teró la orden de entregar la fuerza y presentarse 
al Cuartel General; y no habiendo querido cum- 
plirla fue reducido á prisión. 

Quitáronle la espada y le pusieron un par de 
grillos. En la noche del mismo día 13 de diciem- 
bre dio orden el General Páez para someterlo á 
un consejo de guerra de Oficiales Generales. Cons- 
tituyóse éste bajo la presidencia del General Fran- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 175 

cisco de P. Alcántara con los vocales, coroneles 
Juan Uslar, Manuel Cala y Miguel Arismendi, Co- 
mandante Antonio Ascanio, Coronel graduado Juan 
D'Sola y Comandante Miguel Zar raga. Desempe- 
ñó las funciones de Secretario del Consejo, el Sub- 
teniente Federico Maya; de Fiscal, el Capitán 
de Ingenieros Olegario Meneses, y las de Defensor 
del reo el Comandante Juan B. Rodríguez. El 
29 de diciembre, el Consejo en sesión celebrada en 
la comandancia de la línea de Ciudad de Cura, des- 
pués de asistir á las nueve de la mañana á la misa 
del Espíritu Santo, oída la relación del proceso, la 
defensa del Procurador y la conclusión del Fiscal, 
lo condenó por unanimidad de votos á ser pasado 
por las armas, con previa degradación, por los de- 
litos de inobediencia, sedición y expoliación. La 
Corte Suprema de Justicia, en calidad de Marcial, 
confirmó la Sentencia; y no habiendo encontrado 
el Poder Ejecutivo motivo para conmutarla, se la 
ejecutó el 13 de enero á las 11 de la maiíana en 
la plaza de San Luis de Cura 



CAPITULO V 

I. En una edad mítica la imaginación del pueblo par S2TE¡u2 
bien podría haber hecho de tal guerra una leyen- 
da: y la religión y la poesía formado símbolos, 
de las selvas de esta sierra, verdes y floridas; al 
modo que los griegos primitivos idealizaron las en- 
cinas del Epiro, convirtiéndolas en oráculos sagra- 
dos; y los valles y montes de la Tesalia en man- 
sión de magas, centauros y dioses. Pues á ello se 
habría prestado la faotástica naturaleza de estas mon- 
tañas; con cimas coronadas de fuegos celestes; árbo- 
les colosales envueltos en nubes ; rocas inmensas, co- 
mo las que arrojaron sobre la tierra las divinidades 
coléricas de la Beocia; y vertientes y lagos, semejan- 
tes á aquellos sobre cuyas aguas se mecían, entre flo- 
res, las almas de las razas heroicas de los soñadores 
pueblos orientales. 

Pero viniendo á la seca realidad de la his- 
toria; á la narración fiel, aunque helada de los 
hechos positivos, no se nos hace dificultoso decir,, 
porque así es la verdad, que aquella fue la época 
heroica de nuestros partidos políticos; que si, de 
cierto, luchaban con fiereza, lo hacían también por 
arraigadas convicciones. 
12 



178 DOCTOR L. VILLÁNUBVA 

Los sectarios morían como fanáticos, sin perder 
el ánimo. Los labriegos eran bárbaros, pero leales á 
sus banderas. Los políticos, liberales y oligarcas, se 
hubieran dejado cortar las manos antes que manchar- 
las. Los militares pasaban de los campamentos á sus 
casas, como el famoso guerrero de Tebas, que des- 
pués de haber alcanzado grandes victorias, tuvo que 
salir á la calle con su capa remendada. Soublctt», que- 
riendo modelarse á Arístides, baja infeliz del poder : 
y el gran tribuno liberal muriera de hambre en la 
cárcel, si la gente del pueblo no le socorriera en su 
largo cautiverio. 

Sacerdotes inmaculados, piadosos como los 
santos, y sabios como los Doctores de la Iglesia, 
entre los que pueden citarse Espinosa y Ale- 
gría, Fortique y Pérez de Velasco, invocan al mis- 
mo Dios, para comprometer sus angélicas virtudes 
«en el combate de sus causas : y después de herma- 
nados en el altar, por la iluminación de la misma 
fe, y el arrobamiento de la misma esperanza, salen 
de los templos, todavía con los manteos perfumados 
de incienso, al estadio inflamado de las controver- 
sias de la política. 

Páez mismo, aun transfigurado en autócrata, con- 
servaba en su alma un gran fondo de moral, que 
la historia reconoce v honra. 

m 

El salvaje Rangel se subleva, porque no le 
dejan votar en Magdaleno ; y devasta las propie- 
dades de los oligarcas, y mata á sus dueños por un 
apetito de venganza; por el furor de esas grandes 
pasiones que sólo la educación modera. 

Mató á Fuentes, no para robarlo, sino porque 
era un enemigo poleroso. 



r 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 179 

Entraba á saco las tiendas de sus enemigos para 
los soldados ; mientras que él no cambiaba su mala 
manera de vestirse, que consistía, según fama, en 
andar sin camisa, descalzo, con un calzón ancho y 
corto, y una viejísima levita militar. 

Se padecía con orgullo y gloria. 

Los hombres y los partidos profesaban la reli- 
gión del honor. 

Tal fué nuestra época más fecunda en virtud ; 
como de la edad heroica de Roma dice Tito Livio. 

La prensa de los liberales tenía el acento y el 
esplendor de la voz del Sinaí. 

Y el sombrío terror de los oligarcas, semejante 
á la institución del Santo Oficio, si bien es verdad 
que espantaba los pueblos, no conseguía que abjura- 
ran sus principios. 

Se daba tormento á los hombres, pero los 
caracteres se mantenían incólumes. 

La nación joven y pura, de naturales y ro- 
bustas fuerzas, como Minerva, tenía en cada hijo 
un soldado de la palabra, de la milicia, ó de la 
prensa, que no vacilaba en subir, como fuera pre- 
ciso, al ara de los holocaustos en honor de sus 
creencias, por la gloria de la patria y la dicha de 
sus conciudadanos. 

Época de duros combates; en que se formó 
Zamora, altivo y fanático. 

Pues así como de un organismo viciado no 
pueden nacer criaturas sanas, igualmente de una 
causa corrompida no pueden surgir virtudes heroicas. 

Había moral en la política, y en las ambicio- 
nes patriotismo. Los partidos tenían fe y pasiones, 



180 DOCTOR L. VILLANUEVA 

cualidades indispensables para el triunfo de las pro- 
pagandas públicas. 

Los liberales fueron héroes y mártires en eí 
tribunado y en la milicia, porque sentían en eF 
corazón la vivacidad de una sangre virgen, y en la 
mente el calor de los ideales. Realzaban sus ca- 
racteres con la virtud del pudor, que no les dejaba 
caer en la mísera servidumbre: ambicionaban el po- 
der para hacer el bien, y el amor del pueblo para 
enaltecer su dignidad personal. 

Entre los más esforzados sobresalió Zamora, 
porque su vida fue toda un severísimo ejercicio mi- 
litar. Comía lo que los soldados. Asaba él mismo su 
ración de carne, como Aquiles, según Homero. Dor- 
mía sobre las piedras. Jamás tenía un céntimo. Y de 
día ó de noche, con lluvias ó con sol, marchaba á 
pie á la cabeza de su tropa. 

Así empezó sus servicios á la Causa Liberal 
con la ofrenda, digna de admiración, de sus bienes 
de fortuna y de las fuerzas de su juventud: y en 
tan eminente carrera de heroísmos y sacrificios te- 
nemos que seguirle hasta el fin, si queremos cono- 
cer sus más grandes esfuerzos, de ingenio y de- 
nuedo, en los últimos meses de esta crudísima cam- 
paría, cuya relación hemos de continuar, fiando en 
la benevolencia del lector. 

Faccica d« II. Vamos antes de todo á decir dos palabras so- 

bre la facción de Barlovento, de cuya suerte es- 
tiempo que nos informemos, porque así se explican en 
parte las operaciones del Gobierno sobre la Sierra, á> 
cuyas montanas estaba reducido para la fecha el tea- 
tro de la guerra. 

El Doctor M. M. Echeandía, que se eom- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 181 

prometió con Zamora en La Victoria á alzarse en el 
-cantón Ríochico, cumplió su convenio en el mismo 
mes de setiembre, poniéndose á la cabeza de los 
-vecindarios de Tacarigua y Curiepe, acompañado de 
:su hermano Juan Bautista, del Capitán P. V. Agua- 
ldo, del Comandante Mariano Tirado, Jefe de Estado 
Mayor y otros; todos de atrevimiento y valor á prueba. 

Pero mal armados, fueron derrotados el 2 de 
octubre en Vega Grande ó Zancudo, entre Curiepe 
«é Higuerote, por fuerzas del General José María 
Zamora; y habiendo sido perseguidos hasta más allá 
«de Ríochico, tomaron el rumbo de Uchire. De este 
punto, en el cual incorporaron algunos partidarios 
suyos, siguieron marcha á Píritu, en donde estaba el 
Oeneral José Gregorio Monagas, nombrado á la 
sazón Comandante de Armas de la provincia de 
Barcelona, y con cuyas simpatías contaban engalla- 
damente. Este Jefe que no tenía en la plaza sino 
«n piquete de caballeiía, al aproximarse los alza- 
dos, reunió á la lijera como ciento, y se retiró con 
ellos á Barcelona. 

Tras él iban aquéllos ; y no pararon hasta las 
afueras de la ciudad. Organizados allí como pu- 
dieron, y animados á la empresa de tomar la 
plaza, entráronse por las calles dando vivas á los 
liberales. El Comandante Jirneno los rechazó con 
la milicia; les quitó algunos soldados, y los persi- 
guió hasta lejos del poblado. Volvieron á Píritu, pero 
lo abandonaron al saber que Monagas marchaba con- 
tra ellos con una columna. De allí se fueron á 
Clarines. 

En el promedio de octubre pidiéronle una 
entrevista para deponer las armas; y bien que este 
Jefe rechazó la proposición, se comprometió á soli- 



1 



182 DOCTOR L. VILLANUEVA 

citar del Gobierno el indulto para todos los de la 
partida. El Poder Ejecutivo desaprobó este proce- 
der ; ordenó que se sometiese á los alzados por la 
fuerza, y se previno al magnánimo Monagas que pa- 
sara á Caracas á rendir cuenta de su conducta, por- 
que era indispensable examinarla escrupulosamente. 

El General José Tadeo Monagas, tan luego como 
supo estas ocurrencias, marchó á Clarines, con todas 
sus fuerzas, cercó á los facciosos en este pueblo, y los 
obligó á entregar las armas y rendirse á discre- 
ción. Los Echeandía. perdida toda esperanza de 
rehacerse, se embarcaron entonces para Curazao. 

Allí cayeron prisioneros los ciudadanos Ca- 
pitán Pedro Vicente Aguado, Comandante en Jefe 
de la columna de operaciones sobre las costas de 
Barlovento; Mariano Tirado, Jefe de Estado Mayor; 
Silverio üíobueno, Ayudante de campo; Tomás An- 
tonio La Rosa, Ayudante de Estado Mayor; Te- 
niente Felipe Pe' rez, Capitán adjunto al Estado Ma- 
yor; Julián Mejías, Capitán de cabal ería ; Antonio 
Hernández, Subteniente de caballería; Leonardo 
Faríñez, Sargento primero de caballería, y muchos 
otros; quienes fueron mandados presos á Caraca.*,, 
juzgados y sentenciados á muerte. 

Ahora nos toca decir cómo el Gobierno va á 
concentrar sobre Zamora todas las tropas de Caracas, 
de Carabobo y algunas de Oriente. 

Hwopunde m El acontecimiento de Los Bagres conmovía 

Fui para p«r- *— 

•efuír á Zamora j a \i nca c ] e operaciones del Gobierno, desde Manuare 
hasta los Valles del Tuy y Aragua. En todas las 
poblaciones de este vasto circuito militar fueron lla- 
madas las milicias á las armas. Macero se adelantó 
de Ocumare á Tacata con una columna de obser- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 183 

vación para poner á cubierto sus Distritos. Páez 
ordenó poner sobre las armas en La Victoria 200 
hombres de la milicia de reserva, al mando del 
segundo Comandante José María Muguerza y re- 
forzarlos con doscientos más de Turmero al manda 
del Comandante Martín Ramos; y en este cantón 
se llamó al servicio al Capitán de la quinta com- 
pañía con cincuenta hombres, pura que ocurriera de 
Cagua á Santa Cruz en caso necesario, quedando* 
en la plaza de Turmero veinticinco veteranos y 
una compañía de milicia activa, destinados á custodiar 
el armamento guardado en su cuartel Además, se or- 
ganizó en la Quinta un campo volante, que reco- 
rriese todo el frente del ¡Sur de la parroquia de Santa 
Cruz, cuyas montañas lindan con las de Magdaleno, 
Toco ron y Castillo, por donde se habían visto á 
última hora nuevas partidas de facciosos. 

El General Páez con ochocientos hombres ocu- 
pó La Cuesta de las Muías, para disponer desde 
allí una nueva y eficaz persecución. 

Su Estado Mayor quedó reorganizado así: 

General Pifiando, Jefe con Ucencia temporal. 

Primer Ayudante General, Coronel Juan de la Cruz 
Paredes. Con licencia temporal. 

Primer Ayudante de S. E., señor Coronel José Aus- 
tria; 2? Ayudante del Mayor General, el Comandante 
Bernardo Herrera, jefe oeeidental del Estado Mayor. 

Segundo Ayudante de S. E., el Comandante de caballe- 
ría Tomás Castejón ; el de milicia, Manuel Páez ; el Capitán 
Gregorio Codecido. Capitanes adjuntos, el Capitán de In- 
genieros, Olegario Meneses, y el de milicias, Rafael Lugo. 
Escribientes : los Tenientes de Ingenieros Manuel Escurra 
y Manuel Cadenas, los Subtenientes de milieias Federico 
Maya y José Pardo Gil y Sargento I o aspirante Roseliano 
Guillen. 

Cirujano Mayor, seííor Doctor Manuel Porras; Practi- 
cantes Bonifacio Cmanéz y Benito Gordils. 

Auditores de Guerra: Licenciado José Santiago Ro- 
dríguez y Doctor Ángel Quintero; Comisario de Guerra, 
señor Francia. 



184 DOCTOR L. VILLANUEVA 

El señor Coronel Miguel Arismendi, fué nom- 
brado jefe de la tercera línea de puestos, comprendi- 
da desde La Victoria hasta La Cabrera, teniendo á 
sus órdenes las guarniciones de Turmero y Maracay 
y un campo volante, mandado por el Capitán José 
María Pérez, que corría entre estas dos plazas. La 
guarnición estaba á cargo del Capitán Antonio Je- 
lambi, del batallón número 2? de línea. Había otra 
línea de tropa desde San Juan de los Morros hasta 
Güigüe, para cubrir los Valles de Aragua y sus se- 
rranías por la parte del Sur: y otra de Agua He- 
dionda, jurisdicción de San Juan, hasta Camoruco, 
que era el término de la de San Francisco con El Pao. 

En sustitución de Cisneros, se nombró al Coronel 
Doroteo Hurtado, Jefe de operaciones de La Sierra. 

Encomendóse la defensa de Ciudad de Cura 
en lo civil al Doctor Manuel Manzo, hombre enér- 
gico y diligente, apropiado á las circunstancias; y en 
lo militar al Comandante Juan Bautista Rodríguez, 
con una columna de soldados de Barquisimeto. 

ic thu y IV. De Valencia se movió á proteger á Güigüe 

*i«* tropa» e l Coronel Domingo Hernández, Comandante de 
Armas de la Provincia de Carabobo, con toda la 
fuerza veterana que había en cuartel, la guardia 
nacional de policía y un piquete de caballería; al 
tiempo que el General Cordero pasaba con su co- 
lumna de Man uare á Magdaleno. La ciudad de 
Valencia quedó guarnecida por la milicia activa. 

El 2 de diciembre pernoctó el Coronel Hur- 
tado en Chiicao con las tropas que puso Páez á 
sus órdenes en Caro de Semen : al amanecer del 
<lía siguiente continuó la marcha, y al medio día 
se le reunieron en Virgen Pura dos columnas más, 
de las cuales mandó revolver una para que tomara el 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 185 

camino de Guambra, y la otra fue destinada á 
Cerro Azul con encargo de que buscara la casa 
de Feliciano González, por donde, según decían, ha- 
bían pasado las tropas liberales, dos días después 
de la función de Los Bagres. A una y otra se 
previno que habían de reunirse en Guambra, y que 
cuando hubiesen recogido las bestias de aquellos lu- 
gares, para conducir los oficiales y soldados despeados, 
siguieran á Manuare, Tacasuruma ú otros puntos don- 
de sospecharan que estuviese el enemigo. Otra fuerza 
tom-S la vía dí? Picacho Blanco, á salir á La Platilla 
Arriba con las mismas órdenes. 

Realmente Zamora pasó por Cerro Azul con 
su tropa, sus heridos y el botín di, la pelea, como 
bestias, armas y ganados. Mientras estas columnas 
le buscaban en un sentido, se movía é\ por la parte 
alta de La Sierra en opuesta dirección. FA cuatro 
llegó Hurtado a Cerro Pelón sin novedad, y los vigías 
puestos en El Platillón por la autoridad de San Juan, 
le participaron que no habían visto á nadie por Picacho 
Blanco, ni por la bajada de Los Cueros á La Platilla. 

De Cerro Pelón marchó Hurtado á Cucharito, 
donde acampó el 5 en la tarde, al mismo tiempo 
que entraba en el banco de La Platilla Arriba la co- 
lumna de Occidente. 

V. l)e Cucharito siguió en la madrugada del 7 Tiroteo <u La 
con dirección a La Ollita, donde positivamente estaba 
el General Zamora ; y llevando el intento de ba- 
tirlo, mandó que la columna de Occidente se mo- 
viese del banco de Platilla Arriba, por La Yagua, á 
acometerle por la parte superior, dirigiéndose él por 
La Platilla á la inferior. 

De 7 á 8 de la mañana se avistaron las avan- 
zadas ; y á poco se vio á Zamora formado en batalla, 



180 DOCTOR L. VILLA NUEVA 

en número como de 200 hombres, en el banco in- 
mediato á una casa. 

Las tropas de Hurtado avanzaron briosamente, 
y las do Zamora respondieron con prontitud por 
ambos lados : oprimidas, empero, por el número de 
aquéllas, se replegaron s bre la costa del río, y pre- 
cipitándose, por travesías fueron á formar en una 
cumbre más adentro, donde se quedaron á esperar 
una nueva acometida de sus contrarios ; quienes te- 
niendo que ir por un terreno quebrado y montuoso, 
gastaron cerca de una hora al pasitrote para darles 
alcance. Allí volvieron á t rotearse, y otra vez se 
ocultó Zamora, para reaparecer en otra fila más atrás, 
v todavía más alta. 

La gente de Hurtado, estropeada por la marcha 
de la noche anterior desde Cucharito, se tendió al fin 
en el suelo, medio muerta de cansancio y hambre. A lo 
lejos veíase á los de Zamora flamear sus banderas 
en la altura, como en señal de convidar á un nuevo 
tiroteo, pero Hurtado dispuso pararse á reponer sus 
tropas y á orientarse mejor, para evitar una celada. 

Zamora decampó al anochecer, y de prisa y si- 
lenciosamente se encaminó á las montañas de Giiigüe, 
frente á Manuare, con trescientos y más hombres. 

VI. Detúvose aquí Hurtado de siete á ocho días, 

Operaciones de > 7 

Hurtado. ocupado en nombrar comisarios de policía que avisa- 
ran lo que supieran de la facción, y en corresponderse 
con las autoridades de San Francisco, del Pao y 
otros pueblos de la línea. 

El día siguiente tiró columnas por diversos ca- 
minos á (pie inquiriesen la ruta que llevaban los fac- 
ciosos. Por un lado iba la de Occidente ; por 
Mocundo, San Pablo y Camobé emprendió marcha 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 187 

la infatigable compañía de Orituco, caminadora y 
sufrida cual ninguna; y la de Magdaleno por Co- 
peicito, Piritalito, El Limón, Tirabique, Vallese- 
co, Valle Hondo, Los Cueros, Platilla Arriba, La 
Tigra, La Platilla, Bejucal y las Carnazas: y él per- 
sonalmente recorrió la tierra con un campo volante por 
El Cují, El Potrero y Chirgua Ai riba hasta Camoruco, 
jurisdicción del Pao. Y como medidas de política, 
desastrosas por cierto, previno á los comisarios que 
reunieran los vecinos para formar rondas, registrar 
los caseríos y caminos, capturar á cuantos juzga- 
sen sospechosos, y mantener vigías en los lugares 
elevados que anunciaran el aparecimiento de cualquier 
partida armada; rematando esta ordenación de enojo- 
sos procederes con la de hacer salir de las sierras 
para los poblados todas las familias de los montañe- 
ses: lo cual produjo la fuga de casi todos los vecinos 
á las guaridas más inaccesibles. Esto equivalía a 
despoblar las serranías, desolar los campos, des- 
truir las casas y pequeñas fortunas de toda aquella 
gente, que fuera de ser industriosa y honrada era 
además amante de la libertad, e incapaz de doble- 
garse al rigor de la opresión. Error grav'simo fué 
éste, que dio por resultado el que las tropas del Go- 
bierno no hallaran en lo adelante hombres para es- 
pías, postas, prácticos, ni soldados; pero ni mujeres 
que les dieran qué comer. Capturaban los mucha- 
chos en el monte como animales; lo cual hace re- 
cordar los procedimientos empleados en Ja Conquista 
para reducir los indígenas. (1) En las montañas de Las 
Muías cometieron toda clase de desafueros, hasta coger 
á un pequeño hijo natural de Rangel y mandarlo junto 
con todo el vecindario á San Luis de Cura. 

1 Diario histórico de la columna de operaciones de Güigüc. — 
Día 4 de octubre. 



188 DOCTOR L. VILLANUEVA 

tt £??"»*• VIL De este valle de La Ollita y con fecha de 

Hurtado lol r* * 

Ur6T0luciC11 ' diciembre escribió Hurtado sus impresiones al Jefe 
del Ejército, en un oficio que copiamos á continua- 
ción, porque tiene grande interés para explicar una 
vez más, no ya por nuestro dicho, sino por el de un 
Jefe oligarca, el significado de aquella guerra civil 
sostenida por Zamora sin claudicaciones en ningún 
momento. 

República de Venezuela.— "Jefatura de Operaciones. — La 
Ollita: diciembre 8 de 1840. 

Señor General Jefe del Entaio Mayor General. 

Cada día se agolpan razones que convencen del mal- 
estar de los vecindarios de la Parroquia de San Fran- 
cisco; y de que se necesita una guarnición respetable 
compuesta de infantería y caballería, que dé por estos y 
otros lugares, destacamentos. El entusiasmo de estos hom- 
bres por seguir la facción de su General Zamora y Coro- 
nel Kangel, exige medidas activas que los desvanezcan. No 
hacía veinticuatro horas que ocupaba este punto la facción, 
cuando en grupos venían á reunirse: tres de ellos han 
llegado has* a la vista de nuestros centinelas y al reco- 
nocerlos por el uniforme, se han rechazado y dispersado 
sin que se haya podido coger masque á Demetrio Aponte: 
quien en su declaración dice, que aquí estuvo hablando 
con Zamora y liangel y Tomás Rondón: y salía con dis- 
posición de avisar á José Aponte que vive en Las Co- 
cuizas, y reunir gente y caballos en Ohirgua, señalándole 
por punto de reunión Corocito en la Siena: que también 
escribieron á Benedicto Bracho ; y que éste, según oyó decir 
á Ramón Zuloaga, tenía entusiasmada á toda la gente 
de su partido y con ella debe ocupar al Pao. Que decían 
que en El Chorro tienen un ejército mandado por José 
Vivas y que desde Corocito se dirigían á Güigue y Mag- 
d aleño, donde cuentan (ron gente, así como también con 
otra reunión acaudillada por Santiago Ceballos en Ca- 
ránganos; y que también dirigieron comunicaciones para 
otras personas en diferentes puntos. A la vez que los 
grupos buscan la facción, debe notarse que hasta ahora 
no se me ha presentado un solo vecino de esta juris- 
dicción, de manera que me he visto en la necesidad de 
llamar al comisario de La Ceiba, para entre otras cosas 
hacer llamar algunos vecinos que puedan servir de prác- 
ticos y postas. En medio de todo, acabo de recibir ofi- 
cio del Capitán del campo volante, Simón Duran, deantes 
de ayer, en que me dice ha reconocido las costas de 



VIDA DEL GENERAL ZAHORA 189 

Chirgua hasta el desembocadero de La Galera, San Luis 
Mayalito, Corralito y Las Lajitas, y que nada ha observa- 
do: pero nada satisfecho quedo de esta circunstancia, 
pues que en tan cortas horas hemos visto los grupos que 
dejo referidos, y debemos convencernos de la anima- 
ción de estos malvados cuando desatienden la falta de 
armas y se arrojan con puntas de machetes enastadas, 
como verá V. E. por la que le remito, juntamente con 
la persona de Demetrio Aponte. Respecto al informe de 
Duran, y eñ consideración á la urgencia de tener á mi 
lado un piquete de caballería, me propongo hoy, que se 
me reúna con 40 hombres, dejando el resto, cuidando 
con los vecinos, el pueblo y el campo volante de San 
José, que podrá recorrer la parte del Sur de San Fran- 
cisco y los terrenos del mismo San José ; pues ya se 
me han reunido los soldados que había allá enfermos con 
excepción de seis que no pudieron venir. 

Soy de U. S. atento servidor. 

D. Hurtado. 
Es copia. 

J. T. Piñmtgo. 

De La Ollita salió Hurtado el 15 á Manuare 
á tomar noticias del paradero de Zamora : subió á 
la Sierra Alta por Corcobádo, jurisdicción del Pao, 
y despachó de Camoruco el campo volante de San 
Francisco á recorrer las riberas de Chirgua Abajo, 
con orden de regresar á dicho pueblo por Corralito, 
después de registrar la falda de La Galera, y cap- 
turar ciertas personas, conniventes con Zamora, que 
vivían allí. En su marcha pasó revista á los vecin- 
darios del Cují, Potrerito, Chirgua, Chiquito, Ca- 
moruco, Corcobádo, Cotoperiz, Camobe, Terrenal, 
Bueña-Vista, río de Pacaragua Arriba hasta sus ca- 
beceras, cumbres y valles de Manuare; y entonces 
supo que el General Zamora estaba ó había estado 
en la montaña de Cerro Azul. 

VIII. Hay dos cerros de este nombre: uno en Cerrt 
las cabeceras del valle de Manuare, que es el de Cara- 
bobo, y otro en Virgen Pura, á inmediaciones de Pla- 
tillón y Picacho Blanco y es el de A ragua. 



~1 



190 DOCTOR L. VILLAjSUEVA 

Ordenó Hurtado en consecuencia que la columna 
de Chirinos y la compañía del Capitán Guevara, de 
Magdaleno, treparan á la cumbre de aquel cerro por 
las huellas de los facciosos, pues se encontraron ras- 
tros de su paso por ahí y despojos de dos reses, 
muertas poco tiempo había. Llevaban hachas y otros 
hierros con que abrirse paso en la montaña. 

Por la paite opuesta, esto es, por la Yuca, 
mandó que Latouche entrara en el monte con sus 
fuerzas divididas en dos columnas. Este oficial se 
puso en marcha á cumplir su comisión el 20 á las 
(i a. ni. por el camino de las Albahacas; dispuso 
al efecto cinco guerrillas al mando de los oficiales 
Capitán Francisca Roa, Teniente Simón Perozo, Te- 
niente Pío Nieves, Subteniente Gregorio Aróla y 
Sargento primero Pedro Arráez; cada una de vein- 
te hombres, y* las despachó por distintas vías á 
registrar todas las montañas, quebradas y ríos de 
aquel lugar, y apenas hallaron rastros de los ene- 
migos hacia el Sun; siguió por las huellas hasta el 
Carozo y habiéndosele incorporado allí dichas gue- 
rrillas y la cuarta compañía, al mando del Capitán 
Solís, siguió hacia Las Guasduitas, donde se decía 
que podrían estar. 

ocupación dei IX. Muguerza, en combinación con Chirinos y 

vaiie de Caí- L a t ouc } )e? partió el 17 de Pedernales al valle de Cal- 
cara, y en el tránsito encontró un arrasado que, 
según los prácticos, era de alguna partida que iba á 
Guacamaya, por donde andaba una compañía de 
Chirinos. Continuó por ¿!, más allá de una legua, 
y al llegar á un picacho se esparció el rastro á de- 
recha é izquierda ; de modo que sólo se veían por 
la fila, las huellas de ocho ó diez personas. De 
aquí retrocedió para seguir á Caicara en la com- 



VIDA DEL GENERAL ZAM0BA 101 

binación antedicha con Latonche y Chirinos; y en 
la contramarcha tropezó con el Alférez Escalona, 
que con una guerrilla de veinte hombres custodiaba 
aquellos puntos, y quien le informó que las huellas 
esparcidas hacia Caicara eran positivas, pues las 
había encontrado frescas en el plan del río, en direc- 
ción á la Quebrada de ¡as Cruces, por donde podían 
salir á Magda le no. 

A las siete de la noche hizo su entrada en Caica- 
ra. y al aclarar, marchó por fuera de la montaña 
en observación, mientras que el Teniente Lorenzo 
Madrigales con cincuenta hombres de tropa y dos 
prácticos penetraba en su interior. A las las seis de 
la tarde acampó en La Yuca, y en la noche se 
le incorporó Madrigales, con la noticia de que no había 
hallado más que un cantón ó campamento de los 
facciosos, recien desocupado, y unos rastros que sa- 
lían hacia la sabana. 

Latouche. por su parte, cumpliendo la combi- 
nación, entró por el Horno de cal de la Yuca mar- 
chando en dos columnas y entrambos registraron la 
montana hacia Cerro Azul. 

La tercera columna, al mando de Chirinos, su- 
bió á la cúspide de Cerro Azul, y no encontró A 
nadie. Su jefe destacó una guerrilla con un ba- 
queano á tomar lenguas; y él, con el resto, siguió 
al Este, por entre una selva espesísima donde tro- 
pezó con los ranchos del campamento de Zamora, 
y los quemó. A las cinco de la tarde fue á salir 
á un conuco de Kangel, que sus soldados, transidos 
de hambre, destrozaron, y en que cogieron un peón, 
ó soldado faccioso, agazapado en un mogote y ar- 
mado de una lanza. Pasó á Tormenta y Timbique, 



n 



Táctica de Za- 
mora. 



192 DOCTOR L. VILLANUEVA 

4 

y en seguida contramarcha á Corocito por El Al- 
godonal. 

X. La situación de Zamora era apurada en cuan- 
to á subsistencias, porque entrambas fuerzas habían 
arrasado las sementeras y destruido los ganados y 
animales domésticos de los ya enteramente des- 
poblados vecindarios. Las mismas fuerzas del Go 
bierno padecían hambre. Esta circunstancia obliga 
á Zamora desde entonces, á adoptar la táctica de 
dispersar su gente, diciéndoles dónde y cuándo de- 
bían reunirse, mientras que é\ se iba con pocos- 
á ponerse en relación con sus parciales de lo& 
pueblos, y á promover nuevos alzamientos Cuan- 
do le parecía conveniente, reunía las partidas, em- 
peñaba una pelea, y luego volvía á dispersarlas. 

Se acercaba á un caserío, solo ó con uno & 
dos; mandaba llamar un liberal conocido v lo exci- 
taba á mover la gente de su jurisdicción. Escon- 
díase de día v voKía á caminar en la oscuridad. 
Así era corno desaparecía de los campamentos, 
evitaba la persecución, y renacía al poco tiempo 
armado y pertrechado. De esta manera engañaba 
al Gobierno, haciéndole creer que la facción esta- 
ba destruida, y á veces Páez mismo, tan avisado 
en este genero de guerras, llegó á licenciar algu- 
nos cuerpos, creyendo que no había á quien per- 
seguir. (1) Después de El Limón, cuando se suponía 
á Zamora muerto ó vagando solo por lejanas cum- 



1 El Jefe de Estado Mayor dice al Ministerio de Gue- 
rra : " Los facciosos, acosados por la columna del Gobier- 
no, escasos de recursos y de comestibles principian á dividirse 
en pequeñas partidas y [abandonan sus antiguas guaridas." — (Ofi- 
cio del General Piñango á 19 de diciembre fechado en San Luis, 
de Cura. — Copiador general número 4). 



Y1DA DEL GENERAL ZAMORA 193 

bres, aparece á los sesenta días en Los Bagres: 
pelea, vence, espanta á los oligarcas, y obliga al 
Poder Supremo y al Ciudadano Esclarecido, á levantar 
numerosas tropas, á llamar al servicio expertos ca- 
pitanes, y á llenar su Comisaría de Guerra con parte 
de los 800.000 pesos que la Administración de Sou- 
blette había economizado, y que A randa propuso en 
vano emplear en el Instituto de Crédito Territorial. 

Confirman tal juicio las prevenciones de Páez 
á su ejército, en el oficio que copiamos á continua- 
ción, y que dice así : 

República de Venezuela. — Estado Mayor Ceneral del 
Ejército. — Cuartel General en San Luis de Cura, á 
15 de diciembre de 1840.— 17° y M°- 

Señar Coronel Doroteo Hurtado, Jefa de operaciones de la 
Sierra. 

Cuando el 2 del presente mes se acercaba la hora 
de moverse del ("aro de Semen las columnas encarda- 
das de la persecución de Raupel y Zamora, S. E. el 
General en Jefe llamó ú su rededor á los señores Jefe 
de operaciones, Comandantes y oficiales de dichas colum- 
nas, y en lenguaje muy sentido les puso do manifiesto 
los estragos causados por los enemigos del reposo públi- 
co, y la necesidad de perseguirlos activa y eficazmente. 
Muchas veces dijo S. E. a los señores allí reunidos : u Xo 
se detengan, no descansen, no duerman, pers'gan al 
enemigo de día y de noche;" y S. E. se retiró persua- 
dido de que sus palabras habían produ ido el efecto 
que deseara. Después de esto los facciosos se han deja- 
do ver por nuestras fuerzas en el sitio de La Ollita. Cada 
día que se prolonga la vida de esta facción, aumenta 
la agonía de los buenos ciudadanos: la Xación £e 
muestra ofendida y hasta irritada por los ultrajes (pie 
ha recibido de sus procaces enemigos, que aunque peque- 
ños en número, y sin las dotes que distinguen á los 
soldados de la República, la obligan, sin embargo, á con- 
servar un ejército para no dejar triunfante el crimen. S. E. 
siente y padece, porque ve sufrir á. sus compatriotas 
y tiene un interés muy particular, en que. se reconozca 
que el ejército de su mando es sensible á las desgracias 
públicas, y que se afana por hacerlas cesar. Y como 
S. E. quiere que abunden estas pruebas, dispone: que 

13 



I 



1W DOCTOR L. VILLANUEVA 

usted se sirva recordar á los señores Comandantes v 
oficiales de las columnas que están á sus órdenes, las 
memorables palabras del 2 de este mes en el Caro de 
Semen. S. E. cuenta con la reputación militar que tan 
sólidamente tiene usted establecida en la República, y 
espera que los señores Comandantes y oficiales honrarán 
debidamente sus puestos. S. E. está resuelto á no disi- 
mular ninguna falta en el servicio : el Comandante ú ofi- 
cial que no tuere atenta y rígidamente exacto en el 
cumplimiento de las órdenes que usted le dé, será in- 
mediatamente sometido á juicio. Los partes de usted 
servirán de regla á S. E. ¡Ojalá no haya que censu- 
rar y corregir omisión ó negligencias, sino aplaudir el 
valor, celo y eficacia de los señores Comandantes y ofi- 
ciales de las columnas que obran en la Sierra ! 

Al publicar usted esta resolución en la orden ge- 
neral de su cuartel, conviene que usted recuerde á los 
señores Jetes y oficiales el cumplimiento de las órde- 
nes generales para oficiales, contenidas en el Tratado se- 
gundo, título 17 de las Ordenanzas del ejército, y muy 
particularmente el articulo oí). — Soy de usted atento ser- 
vidor. 

Jada* T. Pifia ngo. 

lo qn« valia XI. Es curioso conocer el valor que tenía enton- 

el fañado en ' 

1846, ees el ganado. En relaciones de las autoridades de 

La Yuca, Cuchan to y La Ceiba, al Estado Mayor 
General, aparece que los toros se pagaban á veinte 
reales (diez bolívares): los novillos á cuatro y cinco 
pesos: las reses pequeñas á dos pesos y á doce reales. 

TirotoosonLa XII. En la presente ocasión pasó Zamora á La 
mayV "*"*" Yuca á quitar mantenimientos al enemigo v enviar pos- 
tas á Pedernal y Tacasurumn. Aquí sostuvo un largo ti- 
roteo, dando tiempo á que oscureciera para encubrir 
sus movimientos. 

Nadie le persiguió. 

De este sitio se fué á Guacamaya, donde es- 
taba acampado el Capitán José Olivero, hombre muy 
práctico y muy idóneo para la guerra de partidas. 
En la sierra que separa á Guacamaya del Canuto 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 195 

y Tacasuruma, encontróse con una compañía ene- 
raiga y de súbito se rompieron los fuegos; peleó pri- 
mero en unos conucos y después en el monte, hasta 
la noche, en que se retiró dejando en a'arma á los 
contrarios. 

Divertido es leer los partes de los Jefes del 
Gobierno en que dan cuenta de las huellas de Za- 
mora; de la hora en que las tomaban; cómo las 
perdían, de qué forma se confundían con Jas de los 
ganados ; si eran viejas ó frescas ; si los caminan- . 
tes avanzaban ó retrocedían ; si eran tantos ó cuar- 
tos; si las de hoy eran las mismas de ayer. Por 
las brechas en la paja, decía una vez Olivero, puedo 
calcular que son más de ciento. 

Sobre estas noticias decía una vez el Estado 
Mavor al Comandante Chirinos; "S. E. el General 
en Jefe, se ha impuesto de la comunicación de us- 
ted de ayer, y siente sobremanera que hubiese usted 
perdido la huella de los facciosos ; y no los hubiese 
perseguido hasta alcanzarlos y batirlos; pues este re- 
sultado es el que S. E. se promete de usted y de la 
columna de su mando" 

XIII. Serán siempre dignas de nombre y es- Zamora oan» 

« . i * é inutilisa las 

entura, estas tatigosas marchas y contramarchas en £«•«« *ei <** 
que nuestro héroe, sin igual en la guerra de montañas, 
asomaba por entre breñas, combatía y escapaba 
por entre hoyadas y gamelotales, sin que á nin- 
guno le fuera dable envolverle ni aprisionarle. Co- 
mo fantasma, vigilaba á sus enemigos sin ser vis- 
to ni sentido : sorprendíalos de noche, y al ama- 
necer no se sabía por dónde había partido. Los 
soldados del Gobierno desertaban hastiados de 
aquel perpetuo ejercicio sin fruto, desnudos y co- 
miendo á veces en el día, no más que maiz cocido 



1 



196 DOCTOR L. VILLANUEVA 

6 crudo ; ó bien caían enfermos, rendidos de traba- 
jos. (1) Algunos perecieron en los sumideros ó tembla- 
dares, que sólo les guías sabían evitar. (2) Los 
oficiales se mantenían debajo de la bandera por pun- 
donor. El General Cordero enfermó en Manua- 
re y tuvieron que llevarlo medio muerto en ha- 
maca á Valencia. Hurtado, endurecido en la gue- 
rra de la Independencia, declaróse en enerj .can- 
sado y enfermo, y pidió su retiro; y para reempla- 
zarle se encargó al General José M. Zamora, Co- 
mandante de Armas de la Provincia, de la Coman- 
dancia en Jefe de las operaciones El Coronel Gue- 
rrero, cuyos antiguos males se reagravaron, renumió 
el mando de sus tropas. 

Chirinos cavó malo en La Yuca, v Latouche 
avisó desde El Corozo, que tenía una inflamación de 
pecho y úlceras en los pk's que no le permitían 
moverse. (3) 

Dice el Coronel Hurtado desde Tormenta al 

Estado Mayor General: 

u En mi concepto todavía no se cree la extensión y 
dificultades que presentan estas sierras, que además de 
ser guaridas puramente de aquel hisí destinadas á ocultar 
al hombre malo, éste siempre cuenta con el apoyo del 
considerable número de vecinos (pie por todas direccio- 
nes le rodean, con la facilidad d« encontrar entre ellos 
muchos dispuestos á seguirle, y <pie también consiguen 
por medio de éstos, obligar á los demás por la fuerza. 

El conocimiento (pie tengo de estas verdades me hace 
no detenerme para manifestarlas á usted; lo mismo que 



1 Participo d usted que tenr/o la tropa enteramente desnuda, 
ron guayucos, y las fornitura* en el pellejo limpio. — J Miguel Latou- 
che. — Taeasuruma: enero ¿o. — Oficio al Jefe de Operaciones. 

2 FJ d : a ocho se ordena al Comandante García *nie dividiera la 
gente en partidas para recorrerla montaña y serranías inmedia- 
tas, para ver si descubre algún po o airón, por Labe* se per- 
dido algunos individuos en este tránsito y no taberse ni d°» ellos 
ni de sus anima 'es y cjirgns.- (Diario histórico de l<* tohnnua de 
* per* ciones de (iiiigüc al mando de ! señor (¡ enera'. león de Pebres 
Cordero). 

3 Oficio de Latouche fechado en el Corozo á 2 de enero de 
1847, al Jefe de operaciones. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 197 

éi estado á que me han recluido las fatigas, continuas 
y rápidas marchas, que he tenido que hacer en días atrás, 
no me permiten continuar más tiempo sobre La Sierra. 
Si fuera de ella ó á sus inmediaciones se juzgan necesa- 
rios mis servicios á la Patria, estoy siempre dispuesto 
á prestarlos hasta el últiino día de mi vida." 

" Hace para dos días que con varias partidas de gue- 
rrillas he registrado escrupulosamente día y noche todos 
estos montes y quebradas del valle de Tacasuruma, in- 
quiriendo hacia Manuare, Manuarito y Tacaragua en so- 
licitud de los facciosos, y nada se ha podido conseguir." 

" Sin embargo, usted me manda en su citado oficio 
recorrer y registrar escrupulosamente las montañas de 
Tacasuruma; lo haré por tercera vez." 

Él mismo al pasar de Tormenta á Cucharito, 
escribe al Estado Mayor General: 

Cucharito, diciembre 25 de 1846. — Ayer noche llegué 
hasta, este punto )>orque en el tránsito no hallé conque ali- 
mentar la tropa y hacía dos días que no comía con fun- 
damento. — Doroteo Hurtado. 

(Oficio al General Pi ñango). 

XIV. Incúlpase á las fuerzas liberales que hubie- Desafueros^ 
ran tomado en algunas poblaciones y caseríos ropas,, 
cobijas, víveres y otras cosas; y con este motivo se las 
insultaba por la prensa y en documentos oficiales 
con los más oprobiosos calificativos; sin tener en 
cuenta que las del Gobierno llevaban á cabo los 
mismos irregulares procedimientos, pues entram- 
bas robaban conucos, hatos, haciendas, pulperías y 
tiendas. 

Cierto que Zamora decía que la guerra había 
de mantener la guerra; pero sus contrarios profe- 
saban la misma máxima: con la diferencia de que 
en aquel liempo los periódicos, que eran todos go- 
biernistas, hablaban mal de Zamora y de todos los 
liberales, sin que nadie les contradijera; y no sólo 
silenciaban los desmaues y atropellos de las tropas 
oligarcas, sino que elogiaban sus procederes, como de 
gente de orden severísimo, respetuosa á la propie- 



198 DOCTOR L. VILLANUEVA 

dad y demás derechos ajenos. Mas, lejos de ser 
esto así, tenemos por averiguado lo contrario. 

El Gobernador de Carabobo señor Miguel Herre- 
ra, expuso á la Jefatura de Operaciones de La Sierra, 
que en los Naranjos exigían las tropas del Gobierna 
al vecindario contribuciones forzosas de guerra, con- 
sistentes en víveres, bestias, servicios personales,, 
etc. ; que de esto se hacía un tráfico abusivo á nom- 
bre del Gobierno, ó de las tropas que se hallaban 4 
las órdenes del General Cordero, causando á de- 
terminados individuos extorsiones considerables; y 
á fin de evitarlo en lo sucesivo, pedía que se toma- 
sen escrupulosamente todos los informes conducen- 
tes á la averiguación de tales hechos. Ni han que- 
rido los detractores de los liberales fijarse en las 
fechorías del Coronel Cisneros, jefe de las tro- 
pas francas de La Sierra, y encargado después muy 
especialmente de perseguir los revoluciónanos; quien, 
apoyado en las armas del Gobierno, se apropia- 
ba los caballos, muías y burros de los vecinos, y 
los mandaba para su hato de Xavarro ; cogía el ga- 
nado de los particulares para la tropa y no lo paga- 
ba; y se lo cargaba á ésta para descontarlo de la* 
raciones; el sebo lo mandaba machacado para su 
casa; y los cueros los vendía por su cuenta. (1) 

vuevo pian XV. Tampoco se limitaban los perseguidores de 

Itüorü r Zamora á estos actos, que tanto desdoraban al Go- 
bierno, sino que por escrito propusieron los más inhu- 
manos planes para destruirle á él y á toda su gente. 

Uno de estos fue el indicado al Estado Mavor 
General como medida para conseguir la pacificación 
de La Sierra; y que consistía en quemar todos los 

1 Dato* tomados del expediente de la causa del Coronel 
Cisneros. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 199 

ranchos, arrasar las sementeras, y reconcentrar todos 
los vecinos en los poblados. 

He aquí el inaudito párrafo de la comunicación 
del Jefe encargado de restablecer el orden público 
y proteger las propiedades, en Manuare y Taca- 
suruma : 

í Mas jo me atrevo á manifestar á S. E. que, do es 
posible conseguir la total destrucción de estos malvados 
si no se adopta un plan que parecerá desolador, pero que 
yo lo juzgo indispensable, así como de mi deber indicarlo. 
Tal es: quemar todos los conucos, y aun los ranchos, y 
sacarles las familias á poblado; de lo contrario puede 
aseverarse que la seguridad pública quedará amenazada tan 
pronto como se retiren las tropas ; primero: porque puede 
asegurarse también que no hay una sola persona de los 
colonos ó inquilinos en este valle y en el de Tacasuruma 
que no tenga sus afecciones con los facciosos; y segundo: 
porque sus localidades les ofrecen ventajas naturales para 
bnrlarse de la moral, atacando impunemente la vida y la 
propiedad ajena. (1) 

XVI. Empero, digna de alabanza será siempre la. sentimientos 

i ' O I humanitarios da 

negativa de Paez á adoptar este modo de hacer Pá * a> 
la guerra; pues sin titubear, tan pronto como se le 
dio cuenta de tal proyecto, ordenó al General Pinango 
que contestase el oficio aludido en los términos 
siguienles : 

Kepúhlica de Venezuela. — Ejército d« operaciones. — Estado 
Mayor General. — Cuartel General en Laguna de Pie- 
dra, á 17 de octubre de 184tí. — Año 177 de la Ley y 
36? de la Independencia. 

fkñor General Jefe de operacionen de Güig'úe. 

Con fecha 7 del corriente á las cuatro de la mañana 
dije á usted lo siguiente: 

• 

"Con fecha 5 del que cursa comuniqué á usted las 
noticias que había recibido de los señores Paredes y Hur- 
tado, de que los cabecillas Zamora y Rangel se dirigían 
a Manuare, y anoche tuve la satisfacción de recibir la 
comunicación de usted fecha en la hacienda de Manuare 
el 4, ya reunido con el Coronel Cisneros, y de que perma- 

1 Diario histórico de laR op roción?» de lu CVuninu úm 
Gftipie.— (Xtubre 14— Octubre 17. 



1 



200 DOCTOR L. VILLANUEVA 

necerfa allí hasta recibir nuevas órdenes de S. E. mani- 
festando además lo conveniente que sería quemar los co- 
nucos, y hasta las casas, sacando las familias á poblacio- 
nes distantes, lo cual sometí á la consideración de S. E. 
y me ordenó manifestar & usted: que no tenía facultades 
para quemar y destruir, y que semejantes medidas no 
podían ejecutarse sin incurrir en responsabilidad; y que 
además la experiencia ha probado lo ineficaz de tal pro- 
cedimiento ; á la vez que privaba á las autoridades de la 
fuerza moral de las Leyes: sintiendo no convenir con us- 
ted por las razones expuestas. 

"También me ordenó acompañar á usted el indulto 
que se publicó en Parapara el 4, para que, considerando 
usted Iom términos en que es concedido, ofrezca usted 
igual perdónalos que quieran obtenerlo; exceptuando á 
los cabecillas y malhechores; y que habiendo comunica- 
ción del señor Coronel Hurtado, de que tenía certeza de 
que las facciones se dirigían á los Naranjos y Manuare, 
cubriese usted ambos puntos, p< > ¡u anaciendo en Manuare 
hasta que se pusiera expedita la comunicación de ese 
Valle con San Francisco, para tenerla con el Cuartel 
General que marcha hoy á San José y de allí á San 
Francisco. — Todo lo cual tengo el honor de comunicar á 
usted de orden de S. E. para su cumplimiento." 

Y h ibiendo recibido la comunicación de usted del 9 
del corriente, en que da p'irte de la autorización que le 
han dado los señores Tovar y Avila para despedir los 
vecinos y quemarles las casas, puesta en conocimiento de 
S. E. el General en Jefe, me ordena contestar á usted : 
que si los señores Martín Tovar y Gal indo y Ciríaco Avila, 
dueños de los Valles de Manuare y Tacasuruma, quieren 
despedir los vecinos de esos Valles y quemarles ris casas 
y conucos, podrán hacerlo como sus dueños que son; pero 
que las tropas del Gobierno no deben mezclarse en tales 
medidas, sino en las de seguridad que les conciernen, y 
que deben basarse en las leves y ordenanzas que nos 
rigen ; y por tanto (pie reitere á usted las órdenes del 7 
á las cuatro de la mañana y que arriba trascribo á usted. 

Soy de usted atento servidor, 

Jtidaa T. Piñango. (1) 



1 Altfimow propietarios de Manuare' y Tacasuruma escribieron 
cartas ai Jefe de (operaciones autorizándole pa a tomar toda* 
las medidas con duren tes á aspirar la tran pülidad de aquellos 
valí s, y que en consecuencia quemara las casas y conucos, y co- 
rriera ó aprehendiera A I09 que t ivieran ! a inii« pequeña parteen la 
facci n — ( Dhrio histórico de las operjc'oues del Genera 1 Cordero. — 
Día 12 de octubre ). 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 201 

La verdad histórica, ha dicho Napoleón III, en 
su " Vida de Cesar," debe ser no menos sagrada que 
la religión. Y nosotros, que nos hemos impuesto el 
deber de escribir estas páginas de acuerdo con la 
verdad y la justicia, por cuanto pertenecemos al Par- 
tido que proclama la libertad del pensamiento y la 
independencia del carácter, nos complacemos en dar 
á conocer con nuestra pluma, sin brillo, pero limpia 
de odios, esta bella obra de clemencia, de filantro- 
pía y moral política que trae á la memoria las me- 
jores de Páez, en las sangrientas campañas de su 
juventud, hechas con tanta virtud y no menos exce- 
lente gloria. 

Pues la severidad de la historia consiste preci- 
samente en dar realce y nombre á lo grande y digno, 
y én reprobar lo que de alguna manera viola las le- 
yes de Dios y los fueros de la humanidad. 



CAPITULO VI 

I. Los liberales del Pao de San Juan Bautista, cío*™*" fM ' 
enviaron emisarios á Zamora y á Rangel á ofre- 
cerles armas, víveres, ropas y pertrechos, en opor- 
tunidad de estar la plaza enteramente desguarnecida ; 
pues el General Silva que cubría esa porción del 
territorio hasta El Baúl, se había retirado del servicio 
y estaba otra vez entregado ásus quehaceres de agri- 
cultor. En enero partió Rangel al Pao con un 
piquete y ocupó la plaza, ayudado eficazmente por 
el Capitán José del Rosario Sanabria; recogió 25 

fusiles, 50 carabinas, varias lanzas y otros elementos 
de guerra, y exhortó á los liberales á fomentar par- 
tidas en aquella comarca de los Llanos, á ejemplo de 
lo que estaban haciendo los de Aragua y Guar- 
datinajas. Pues debemos decir, que por los lados de 
La Victoria habíase presentado una facción, y otra en- 
tre Choroní y Maracay á inmediaciones de la ha- 
cienda de La Trinidad, residencia de Páez. El Ca- 
pitán Gabriel Rodríguez apareció á la cabeza de una 
guerrilla en Chirgua Abajo, de ciento y más hombres 
armados de flechas y carabinas ; y decíase que en El 
Chorro esperaban á Zamora numerosas guerrillas 
provittas de mejor material de guerra. 



Xos Leones. 



-04 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Mientras Kangel llevaba á cabo esta expedición, 
trabajaba sin descanso Zamora en Tormenta y Las 
Muías para nuevas acometidas que pusieran en jaque 
á las fuerzas oligarcas ; cada día más impopulares 
en toda la República. 

Encuentro en H. Por este tiempo se le incorporó Rondón en El 

Cují con cincuenta hombres de infantería y caballería; 
y con ellos y la gente de Rangel formó un campamento 
en Las Guasduitas. Allí, atento á los movimientos 
del enemigo por su espionaje diligente y voluntario, lle- 
gó á saber que el Capitán Julián Castro se aproximaba 
á Timbique, con una columna de las fuerzas del 
Coronel Domingo Hernández. En el acto levantó 
el campo, y le salió al encuentro en el sitio de 
Los Leones. Castro, repuesto de la sorpresa, se 
paró á pelear con su acostumbrado valor, pero en- 
vuelto por todos lados, vióse obligado á perder terre- 
no, y á batirse en retirada; dejando en el camino 
hombres, armas y bagajes Zamora, á la cabeza 
de un piquete de caballería alanceó á unos, y co- 
gió á otros prisione os. Hernández, que estaba á re- 
taguardia, oído que húbola noticia del desastre, voló 
á repararlo, impidiendo que su teniente fuera des- 
trozado por completo. En este punto volvió á encen- 
derse la pelea, de cinco á seis de la tarde, entre Her- 
nández y Zamora hasta que, oscurecido el campo, se 
replegó el primero á su campamento del Corozo, 
hacienda del señor Ciríaco Avila, y el segundo á 
Las Guasduitas. 

Los del Gobierno perdieron más de cuarenta, 
entre prisioneros, desertores, heridos y muertos. A 
Zamora le mataron un soldado. 

El Coronel Hernández lamenta en su parte oficial 
la pérdida de un valiente Cabo, que se arrojó á la 



VIDA DEL GENERAL ZAMOBA 205 

muerte en una carga á la bayoneta, y cuyo cadá- 
ver quedó en manos de los atrevidos serranos. 

No pasaron 15 días cuando se alzó su ánimo á 
un golpe más audaz, y de mayor sorpresa y tras- 
cendencia. 

Entretuvo cierta tarde al Coronel Hernández con 
unas cortas guerrillas en Timbique y Tormenta, que 
corrieron en la noche por entre sus avanzadas, hacien- 
do fuego, mientras que él bajaba de Las Muías 
para ir á salir á unos conucos, en la vía de Guaca- 
maya, adonde llegó el otro día al oscurecer: y de allí 
á poco hizo su entrada en Magdaleno. Al ama- 
necer se movió á Cagua y Santa Cruz, por la 
cadena de montañas que enlazan á Manuare y Taca, 
suruma con la fila de Castillo. De forma que, súbi- 
tamente apareció cierta madrugada en un camino 
crucial de los valles de A ragua, entre Santa Cruz, 
Turmero, Maracay, Cagua y Ciudad de Cura. 

Era su intento, según declaró en el Tribu- 
nal, ir á La Quinta y Las Matas á reunir hom- 
bres, pues sabía por avisos de Jesús Agacha- 
do, morador de aquellos sitios, que los había allí 
en abundancia, casi todos liberales y partidarios de 
la guerra. Sin embargo, divulgóse en aquel tiempo^ 
y se tuvo por cierto, que su plan era sorprender la 
guarnición de Maracay y caer sobre el parque; ten- 
tativa que fracasó porque tropas del Gobierno, acam- 
padas no lejos de allí, se alarmaron con las colum- 
nas de humo de unas pulperías incendiadas inconsulta- 
mente por Rangel, en el paraje nombrado La Culebra. 

III. Asegúrase por deposiciones dignas de eré- Funciondew- 

t i ii • i / i masen La Cu- 

dito, que estanco en aquel lugar se avisto el enemigo >•*«. 
inopinadamente. Las moscas, cuando se hubieron 
alertado, hiriéronse fuego; y Zamora, con la pron- 



206 DOCTOR L. ViLLANUEVA 

titud de un valiente y entendido Capitán, dispuso 
el combate y lo empeñó con buena suerte, en un 
callejón cercado de ambos lados. 

Los infantes del Gobierno pelearon con brío, 
pero sus caballos, que se habían mantenido á dis- 
tancia de cuatro ó quinientos metros, en vez de apo- 
yarlos se pusieron en fuga. Con todo, resistieron 
aquéllos las cargas de Zamora y Bangel, hasta que 
hubieron sentido sobre sí una masa desproporciona- 
damente mayor, muy diestra además, y superiormen- 
te mandada. 

Entonce> se replegaron ; y por largo trecho 
hicieron fuego, defendiéndose de la persecución que 
vivamente les hacían los de Zamora, hasta que al fin 
se desbandaron. De los liberales murieron 2, v en- 
tre los heridos, que alcanzaron á o, fue contado, con 
gran sentimiento de los Jefes, Carmelo Díaz, oficial 
de gran pecho. 

De los del Gobierno quedaron linos prisioneros, 
y otros dispersos, muertos ó heridos. Casi todas las 
armas fueron á poder del vencedor. 

Hé aquí cómo da cuenta de esta jornada el mismo 
General Zamora : 

Señor Luciano Parra. 

Valleeito : 2<> de febrero de 1847. 

Mi apreciado amigo: ahora que serán las ocho déla 
noche le comunico lo siguiente : el miércoles batimos al 
enemigo en el sitio de La Culebra, quedando dos colum- 
nas y algunos Jefes muertos para ejemplo de los demás 
opresores. Ya la oligarquía va muy por lo bajo; al va- 
lor de las columnas que cargo, al mando del valiente 
Coronel F. Kangel, se le debe todo. Por tanto espero que 
montes á caballo inmediatamente, vayas á los campos 
y recojas los hombres que puedas, que mañana te es- 
pero con tu valor acostumbrado y los hombres armados 
que consigas. Confío en tu fidelidad y creo firmemente 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 207 

que no desobedecerás. Yo, ei valiente liangel y mis co- 
lumnas te saludan, y tú cuenta con tu servidor. — Eze- 
qüiel Zamora. — Adición : cariños á nuestro amigo Vivas, 
y que no se quede. — Vale. 

Apenas se oyeron los tiros en el Cuartel General 
y plazas comarcanas, se despacharon tropas al sitio del 
suceso, y Zamora tuvo que levantar el campo llevándo- 
se sus heridos, y el material de guerra conseguido en 
el combate. Faldeó un cerro que está entre Garabatos 
y La Laguna, anduvo toda la noche hasta que salió al 
camino real de La Villa á Caracas, por donde siguió 
un largo espacio, hasta que hubo encontrado un ca- 
serío por el cual subió el cerro, cogió la fila y ba- 
jó del lado arriba de una hacienda que estaba á 
su derecha. Allí le amaneció, y sin dar descanso 
á la tropa, se adelantó á un portachuelo más allá 
de Los Bagres, en donde se paró á las doce del día 
á matar tres reses para racionar la gente. A po- 
co continuaron los liberales marcha hasta el ano- 
checer, en que fueron alcanzados y cercados en el 
sitio de Cataure por las tropas del Gobierno. Cho- 
cáronse, pues, las avanzadas, y confundidos todos en 
la oscuridad, insultábanse y retábanse á duelo sin- 
gular. 

El resto de la noche pasó en silencio ; y al 
aclarar se vio á Zamora con su bandera amari- 
lla en la cima del cerro, donde se mantuvo todo 
el día en actitud de pelea, sin que nadie osara aco- 
meterle en tan ventajosa posición. Los del Gobier- 
no replegaron á Caicara, y Zamora á Cataure, arri- 
ba de los Pérez, donde atacado el siguiente día, 
rechazó al enemigo hasta Vallecito. 

IV. De este punto emprendió marcha Zamora al tra- comba* •* 
vés de la montaña de Cataure á salir á Cerro Chino ó * ffmt ° 
Pagüito; pasó con sus fuerzas, que serían 800 hombres, 



208 DOCTOR L. VILLANUEVA 

por El Peñón, siguió por Hormiguero, posesión de 
Don Manuel Guirado, se adelantó por El Espinal, de 
Don Félix Fuentes, á situarse en Cují-Gacho, ha- 
cienda llamada del Ocumo, de Don Fernando Fuentes. 
De aquí fué á acamparse en BQquerón de Caicara. 

Como tuviera informes el Gobierno de este mo- 
vimiento, ordenó en la madrugada del 27, que el 
Coronel Domingo Hernández marchase por el lado 
del Chorro hacia el valle de Caicara, con la columna 
de su mando, menos las compañías de los Capi- 
tanes R. Francia, y Oliveros, destinadas por rumbo 
diferente á desempeñar otra comisión. 

El Comandante Juan Bautista Rodríguez había 
salido con la columna de Barquisimeto, el batallón 
Caracas y las compañías de Magdalenoy San Juan, 
por los contornos del Nicual y Pagüito. 

Prcvíuoscle á Hernández que ocurriese á donde 
sonasen tiros, porque ésto era señal de que Rodríguez, 
se había encontrado con los facciosos primero que él. 

Orden semejante se dio al Comandante Ro- 
dríguez. 

Hernández salió alas cinco y media de la ma- 
ñana con f>00 hombres, por la íuta indicada, y á las 
dos de la tarde llegó á Caicara, donde supo que Xa- 
mora estaba en La Loma de Cataure, formado en 
batalla. Invirtió el resto del día en reconocer el 
valle y en racionar la tropa por dos días, á fin de no 
tener que imerrumpir sus operaciones contra la fac- 
ción, en las cuarenta y ocho horas subsiguientes. Per- 
noctó allí, y al amanecer del 28 se movió á Vallecito. 
• Se llama Loma de Cataure la cumbre de un ce- 
rro muy elevado, de este mismo nombre, á la cual se 
subía desde Vallecito por un camino tortuoso abierto 
en su cuesta. 



r 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 209 

De esta loma y por el lado opuesto, se des- 
prende, bajando con bastante rapidez, uta pica por 
la fila que va basta donde llaman Morro de Catau- 
re: allí se encuentra el camino que del Nicual pasa 
por el Valle de Cataure y sube á La Loma á em- 
patarse con el de Vallecito. Además de estas dos- 
picas, partía otra de un conuco del Valle dicho r 
apenas transitable, por la cual se atravesaba la 
montaña para caer á otro valle conocido con el nom- 
bre de Pagüito. De suerte que el General Zamora^ 
tenía delante de sí tres caminos para salir de la fila: 
por Vallecito, por El Morro ó por Pagüito. Si las tro- 
pas del Gobierno tomaban estas tres avenidas, había 
(le quedar, como en efecto quedó, situado en la cum- 
bre sin más recurso, so pena de morir de hambre; 
que el de romper valientemente á tiros y sablazos 
alguna de las fuerzas apostadas en cualquiera de las 
menc «madas direcciones. Y esto fue lo que realmente 
sucedió. 

El Coronel Hernández dividió su tropa en 
tres grupos ; de los cuales situó uno, al mando del 
Capitán Julián Castro, al pie de la cuesta para cu- 
brir el camino de Vallecito ; otro con el Capitán Al- 
varez, en el pie opuesto del cerro, para guardar el 
paso de la loma al camino del Nicual ; y reservó 
el tercero, más numeroso, para reforzar á cualquiera 
de los dos que fuese atacado por el General Zamora; 
debiendo la fuerza situada en la parte contraria á 
la del ataque, subir la loma y hacer fuego á la 
facción por retaguardia. 

A poco de estar colocadas estas tropas en los 
lugares dichos, bajaron las de Zamora, parte por el ca- 
mino del Morro y otras por una quebrada, con el pro- 

14 



210 DOCTOR L. VILLANUEVA 

pósito probable de acometer á aquel destacamento por 
los flancos; pero el Coronel Hernández, observado 
que hubo este movimiento, reforzó á Alvarez con la 
fuerza de reserva v le ordenó avanzar sobre la loma: 
mas según dijo él mismo al Estado Mayor en ofi- 
cio de 6 de marzo, el mencionado Capitán Alvarez 
desconoció el toque de corneta, y cuando ala voz 
«ele repitió la orden, ya Zamora, como hubiera visto 
el total de la tuerza, se había replegado á la loma. 

Estas posiciones fueron conservadas todo el 
día 28, tn espera de que Rodríguez avisara que 
iba á avanzar hacia la montaña por Pagüito. Si 
Zamora salía derrotado, bajaría en dispersión por los 
«otros dos caminos, donde con todos los suyos sería 
•cogido prisionero. Hernández hizo saber á Rodríguez 
que aguardaría su ataque hasta la mitad del día siguien- 
te ; y que si no sucediera tal cosa, entendiese que 
él acometería por sí solo á los facciosos, cualquiera 
que fuese el rumbo que tomaran. Rodríguez no 
contestó ; p?ro en su lugar lo hizo el Comandante 
de la línea de Cura, Coronel Guerrero, que aún 
enfermo de gravedad, dirigía las operaciones desde 
la cama; y le avisaba que había dado orden peren- 
toria á Rodríguez de que asaltara la facción por 
Pagüito al aclarar del día siguiente; habiéndolo 
al efecto reforzado con tropas despachadas de Villa 
de Cura, de San Sebastián y de San Juan. Todo, 
pues, quedó preparado para empezar los fuegos por 
Pagüito al amanecer, si en la noche no rompían el 
cerco los alzados. 

En efecto, el día primero, ocupados los puestos 
por lo> destacamentos de Hernández para concurrir 
al ataque co «binado, observó este que Zamora ha- 
bía abandónalo sus posiciones ; y buscando por la 



r 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 211 

huella la ruta que hubiese tomado para seguirlo, 
avisáronle que por el camino de Vallecito á Magda- 
leno se veía un tropel de gente, y aunque estaba 
persuadido de que la dirección de Zamora no podía 
ser por otra parte sino por la pica de la montana 
que del Valle de Cataure salía á Pagüito, suspendió 
la marcha para examinar los lados por donde efecti- 
vamente se divisaba la partida. En esta virtud bajó á 
Vallecito, y averiguadas las cosas, resultó ser falso el 
informe que se le había dado : volvió á subir la cuesta 
de Cataure, y ya en la mitad del camino, notó que en 
una casa más abajo de una cañada de Vallecito, había 
mucha gente que bajaba á una quebrada y subí* á una 
cumbre; lo cual le obligó á hacer un reconocimiento 
con una compañía. El Capitán de ésta regresó á poco 
á informarle que eran mujeres naturales de aque- 
llos valles que habían salido huyendo de sus ca- 
sas el día ar.terior. Hernández continuó subiendo, 
y aunque sin baqueanos, resolvió bajar al Valle de 
Cataure y buscar la pica antedicha, que al fin halló 
al medio día. A esta hora entró en la montaña, tre- 
pó ia cuesta qué le llevaba por un camino fragosísimo 
al Valle de Pagüito, y acabó de vencerla entre cuatrr 
y cinco de la tai de. Entonces fue cuando se en- 
teró de la función de armas que se había empeñado 
al pie de la cuesta entre Rodríguez y Zamora, y 
que se conoce en nuestra historia militar con el 
nombre de acción de Pagüito. 

La fuerza de Rodríguez, en obedecimiento á 
!a orden del Coronel Guerrero, caminó toda la 
noche, y al amanecer avistó la de Zamora, situa- 
da ventajosamente en dos lomas. El choque era 
inevitable, porque el uno tenía que abrirse paso 
para solicitar subsistencias por los lados de Camata- 



212 DOCTOR L. VILLANUEVA 

gua y San Francisco de Cara, donde había muchos^ 
liberales y más tropas; mientras el otro tenía encargo 
de cerrarle la salida, combatirlo y exterminarlo. 
En tal emergencia, luego de acabado el reconocí" 
miento del lugar, hizo trepar Rodríguez dos gue- 
rrillas por los flancos del cerro, que fueron pron- 
tamente contenidas por un fuego vivísimo desde- 
las alturas. Los soldados caían heridos ó muer- 
tos, unos sobre otros, sin que fuera dable á la& 
guerrillas desplegarse para rodear los puestos ene- 
migos, á causa de que no podían subir sino por 
veredas estrechísimas, barridas por los fuegos. Tra- 
bado formalmente el combate, ordenó el Coman- 
dante Rodríguez que el batallón Caracas regido por 
Esteller, avanzase por el centro. 

Este batallón, mandado por oficiales vale- 
rosos, ejecutó un movimiento rápido al pie de- 
la cuesta, para embestir la subida con destreza 
y vocería. Sus Comandantes, marchando á su 
frente, daban ejemplo de bravuia. La primera com- 
pañía fue diezmada: uno de sus oficiales, Lino Co- 
rrea, cayó muerto; otro herido, y de los soldados, 
gran número quedaron tendidos en el campo. 

Zamora le tiraba encima sus columnas, capi- 
taneadas por oficiales tan arrojados como ellos ; car- 
gábalos á plomo con tal furor como nunca se había 
visto en aquella guerra civil tan tenazmente sos- 
tenida por el pueblo, escaso de elementos de gue- 
rra, contra un Gobierno desacreditado en el cri- 
terio público, pero con recursos de todo género, 
y de/endido por un cuadro magnífico de Jefes y ofi- 
ciales. 

Zamora no contó nunca sinoj con los pertrechos- 
que quitaba al enemigo, y^con los que le remitían. 









VIDA DEL GENERAL ZAMORA 213 

sus copartidarios : no tenía dinero: vivía de los 
-conucos y de las reses que encontraba : ni sus con- 
militones era gente que viniera de las campañas de 
3a Independencia, sino montañeses y llaneros nue- 
vos en el arte de la guerra, con poca disciplina, 
aunque esforzados y constantes. De este número 
•era José de Jesús González (a Agachado) que 
peleó en aquella refriega con denuedo inimitable, 
alistado en las tropas de Zamora, en calidad de 
Sargento, en la compañía del Teniente Joaquín Ro- 
dríguez ; el Comandante Tomás Rondón ; los Ca- 
pitanes Poli* arpo Sánchez, Masabé, Tovar, Sanabria 
v Ramón Zuloaga ; el abanderado Teniente Juan 
Breto ; lo.. Tenientes Felipe Pe re ira y Dámaso Pe- 
ralta; el Aspirante Figuera y muchos otros cuyos 
nombres quisiéramos haber conocido para consig- 
narles con gusto en estas páginas. 

Al ver Zamora que el batallón estaba seria- 
mente comprometido en la cuesta, determinó hacer 
un movimiento general con todas sus fuerzas y arro- 
llarlo por el centro y los flancos : y puestos él y 
Rangel á su frente, tendida la bandera y atronan- 
do la montaña con sus cornetas, tambores y voces 
de pelea, se desprendieron de la cumbre como una 
tempestad de fuego. Este fue el instante solemne 
de la acción. El Caracas se paró á morir á pie 
firme; al tiempo que Rodrigue', penetrado de lo 
inminente del peligro que aquel cuerpo estaba co- 
rriendo, tiró en medio del horrendo conflicto las com- 
pañías de San Juan y Magdaleno, dejando sólo de 
reserva las impertérritas columnas de Barquisimeto. 

Ninguno perdió el ánimo. 

Rangel, ágil y fiero, se arrasaba, se entra- 
ka por las filas del Gobierno y les disparaba tía- 



214 DOCTOR L. VILLANUEVA 

bucazos á quema ropa; volvía á los suyos, car- 
gaba de nuevo el trabuco y otra vez los acome- 
tía. En tan reñida disputa chócanse los combatientes- 
unos contra otros cuerpo á cuerpo: valientes oficia- 
les ruedan heridos ó muertos: y los dos Jefes,. 
Rangel y Rodríguez, igualmente enardecidos, embís— 
tense con las reservas y producen en el campo la< 
más espantosa contusión. Uno y otro son heridos r- 
á Rodríguez lo sacan sus soldados á hombro ;. 
mientras Rangel, desnudo de la rinta arriba y cho- 
rreando sangre de una herida en el arca derecha,, 
rompe el campo como una fiera que, bramando de fu- 
ror, saltase por encima de sus cazadores para irse á 
morir á sus guaridas. En medio del estrago Este— 
11er toma el mando. 

Más de cien muertos v como doscientos he- 
ridos están tendidos en el cerro y en el valle. 

Zamora, sin u\\ cartucho, carga con ímpetu te- 
rrible á lanza y bayoneta por medio de aquellas 
columnas que diezmaba la muerte, y desconcertaba \st 
falta de su denodado Comandante. Todo á su derredor 
se abate ó muere. 

Gente y caballos resbalan en el barro que se h» 
formado de sangre y tierra : y son precipitados á 
los barrancos, ó destrozados por los que corren por 
encima de ellos. Desde los tiempos de la Inde- 
pendencia no se había librado una acción más san- 
grienta, atendida las cortas fuerzas que tomarot> 
parte en ella, y que según datos oficiales mon- 
tarían por todo á dos mil quinientos hombres. 

Zamora se abre paso con su lanza, baja al plan r 
y se retira dando frente al enemigo cou una co- 
lumna como de cien hombres, sin que nadie s^ 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 215 

atreva á perseguirle. Su causa está perdida mili- 
tarmente, pero él la lleva como ideal de su vida en 
la mente y en el corazón, y va, como huyó Héctor 
vencido, pero glorioso, por en medio del incendio de 
su campo de batalla. 

Se ha dicho que en esta jornada se contaron seis- 
cientas bajas. 

El Coronel Doroteo Hurtado desde el mismo 
campamento á donde llegó despue's de la acción, 
dice al Cuartel General : 

;t La posición del enemigo era tau ventajosa, que afín 
no se puede decir que nuestra perdida ha sido consi- 
derable, pues debieron babor concluido con todas nues- 
tras tropas desde el principio del combate; las alturas 
no eran accesibles á lo* esfuerzos de un hombre solo 
para treparlas, sosteniendo el enemigo un fuego vivísimo 
l>or más de dos horas" (1). 

Las tropas del Gobierno quedaron ocupando 
el campo, y él siguió, ó mejor dicho, retrocedió 
al picacho de Cataure, en donde reunió gran mi- 
mero de dispersos, y por la noche del mismo día, 
abrigado de la oscuridad, partió á La Sierra, pasan- 
do por la parte occidental de los Morros de San 
Juan, sin haber encontrado en el tránsito sino una 
partida en Chacao, que huyó á su aproximación,, 
sin disparar un tiro. 

V. Para perseguir los derrotados dispuso el Co- Derroudei*. 
ronel Hurtado desde Tormenta, con fecha 11 de Uberalei * 
marzo, que los capitanes Valentín Viera y Guiller- 
mo Blanco recorrieran el Guárico, Muías, Guam- 
bra, Virgen Pura y Cerro Azul. El Comandante 
Chirinos y el Capitán Oliveros marcharían reuni- 
dos desde aquí hasta las cabeceras de Mauuare, 

1 Hurtado partió con fuerzas, de La Ollita, á* nde estaba acan- 
tonado, á Pagüito, el 27. 



*J10 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

donde el primero seguiría á Tacasuruma, cuyo valle 
había de registrar escru pelosamente por todos sus 
puntos hasta las Muías, sin fijarse en ninguno de 
ellos; y el segundo regresaría á este lugar mante- 
niéndose en constante movimiento en el terreno que 
media ente éste y Manuare, que erd el señalado 
para sus incursiones ; debiendo dar uno y otro par- 
tes de lo que ocurriera, así á otros Comandantes 
de columnas, como á la Jefatura de Operaciones. 

Todos los individuos que se aprehendieran se 
«destinarían á la mayor brevedad á Ciudad de Cu- 
ra, á las órdenes del señor General, Jefe Ge- 
neral de Operaciones. Al Comandante José M? 
Muguerza con las tuerzas de su mando se 1p en- 
cargó que entrara por detrás de la Quebrada de 
Agua, Brazo del Medio, Montañas de Camové y 
:San Pablo, á salir por Mocundo á La 01 lita. Al 
Comandante Saturnino García con su columna to- 
caba obrar por la parte del Sur en las descolgadas 
de las montañas del Platillón, Platilla, Picacho Blan- 
deo, Los Cueros, Valle Hondo, San Gregorito y 
Bejucal, á salir á La Ollita por la Platilla baja. 

Los Jefes y Oficiales encargados de colum- 
nas, compañías ó piquetes estaban autorizados para 
pedir al Comisario ordinario de Cura, dos días antes 
•que se les acabaran las raciones, las que les corres- 
pondieran á sus tropas, hasta el vencimiento del mes. 

Se encargó muy particularmente que ninguno 

■de los mencionados Jefes v Oficiales se detuviera 

• 

-en parte alguna más de un día para lavar y dar 
descanso á sus tropas. Los partes se dirigirían á 
La Ollita, sin perjuicio de darlos también al se- 
ñor General Jeíe General de Operaciones, conforme 
á lo dispuesto en la orden general del mismo día. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 217 

Los liberales, por su parte, se dispersaron en 
varias direcciones. 

Rondón siguió para el Pao de San Juan Bau- 
tista, de donde eran vecinos sus soldados. 

A Policarpo Sánchez lo cogieron en Paso Ancho, 
jurisdicción de San Francisco de Tiznados, y lo ma- 
taron. 

Rangel se internó en La Sierra; y su herida, 
sin asistencia de ninguna especie, le ocasionó una 
enfermedad mortal. El campo volante de Guillermo 
Blanco (Guillermote), le halló medio muerto, acom- 
pañado de dos muchachos, en la montaña de Guam- 
bra el 14 de marzo en la mañana. Acabáronle de 
matar; llevaron el cadáver en un burro á Villa de 
Cura, y allí le cortaron la cabeza para remitirla al 
Poder Ejecutivo. (1) 

Zamora, llegado que hubo á la serranía, dis- 
persó su gente, como lo hacía cuando se le acababan 
los pertrechos y los víveres, á condición de volver á 
reuniría en sitio y día convenidas de antemano. 
Vagó algún tiempo solo en aquellas tristes soledades 
revolviendo en su fogosa mente nuevos planes de 
recomposición para producir otra campaña, acaso 
más ruidosa, porque era Zamora caudillo dotado por 
el cielo de fe inmortal en la redención del pueblo, y 
de virtud heroica para soportar los rigores del mar- 
tirio, primero que hincarse de rodillas delante de 
los opresores de su causa: con lo cual dio ejemplo á 
los liberales de entonces y á los de lo porvenir, de 
entereza de carácter, para no abandonar á sus com- 
pañeros en días de peligro; de constancia en los re- 

1 Decapitáronle, y jutestaht cabeza en mía jaula, la llevaron d 
Caraca*, donde entonces me hallaba yo con el tí enera l Monagos. — 
Autobiografía de Fáez. Tomo 1L 



218 



DOCTOR L. VILLANUEVA 



veses, para no rendirse por flaqueza de ánimo ; de 
abnegación sublime, para conservarse puro, íntegro, 
inmaculado en épocas desastradas como aquella, en 
que no imperaba sino la rapacidad de linos, la bar- 
barie de otros, y en todos, las pasiones del odio y 
las venganzas. 

A fines de aquel mismo nefasto mes de marzo 
c¿yó enfermo de fiebre; y en cierta noche se arras- 
tró como pudo al rancho de unos infelices, pero pia- 
dosos montañeses, que apenas pudieron ofrecerle por 
cama una troje miserabilísima, y por alimento algu- 
nas raíces de sus arruinados conucos. 

new. mor * pri-io " VI. Así pasó unos días en aquel sitio, llamado 
Palainbra, entre la vida y la muerte, el hombre 
destinado para abatir, once años pasados, con su 
genio y valor, el poder casi omnipotente de la 
oligarquía de Venezuela; como si la Providencia 
hubiera querido modelarle en las penas de la pu- 
rificación, para señalarlo como digno precursor de 
la campaña más sorprendente y más gloriosa, em- 
peñada por el Pueblo contra los ejércitos de la 
nueva oligarquía, que subió al poder por la Revo- 
lución de Marzo. 

Ui\ piquete de la columna de La Victoria le sor- 
prendió una noche en su recóndito asilo ; y le habría 
inmolado como á Rangel, si hubiera dado su ver- 
dadero nombre. Pero como dijo llamarse Juan 
Pérez, contentáronse con prenderle y llevarle 
amairado á San Luis de Cura, donde todos al verle 
quedaron atónitos ; sus enemigos se arrebataron de 
alegría, en tanto que entre sus partidarios movióse 
gran duelo, porque sintieron todos, muertas en el co- 
razón, las esperanzas de victoria. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 219 

Pusiéronle un par ríe grillos y le encerraron 
primero en el cuartel de la columna de Barquisime- 
to, privado de comunicación, y después, en la cárcel 
pública. De allí le trasladaron en fines de mayo á la 
de Maracay, asiento del Cuartel General. 

República de Venezuela. — Ejército permanente. — Cuartel 
genera] en Caracas á 28 de marzo de 1847. — 18? de la 
Ley y 37? de la Independencia. 

Al señor Secretario de Estado en los Despachos de Guerra 
y Marina. 

Acabo de recibir los oficios que en copia tengo el 
honor de acompañar á usted, en los cuales se me par- 
ticipa la captura del famoso cabecilla de la facción, del 
companero de Bangel, Ezequiel Zamora. Me congra- 
tulo con el Gobierno y doy cordialmente la enhorabuena 
á los pueblos que han sentido el azote de aquel cabe- 
cilla, por el término de sus desgracias. 

Sin tiempo para decir todo lo que merece el señor 
Coronel Doroteo Hurtado, no puedo privarme de la sa- 
tisfacción que experimento al recomendar la singular con- 
ducta de este Benemérito Jefe. En persona y mandan- 
do una guerrilla, el Coronel Hurtado se ha apoderado 
del que entre los facciosos mereció el título de Gene- 
ral y lo ha presentado al General encargado de las 
operaciones. El cabecilla será entregado á los Tribuna- 
les de Justicia y á éstos toca, por medio de un fallo 
justo, satisfacer la socieda 1. 

Soy de usted atento servidor, 

José A. Páez. 



Bepública de Venezuela. — Comandancia de Operaciones. — 
San Luis de Cura, marzo 27 de 1847. — A las 7 de 
la noche. 

Señor General Jefe del Estado Mayor General del Ejército. 

Ahora que son las siete de la noche, acabo de recibir 
del señor Coronel Doroteo Hurtado, el parte que original 
tengo la satisfacción de acompañar á usted. Como maña- 
na ha de llegar á esta ciudad el faccioso Ezequiel 
Zamora, participaré a usted inmediatamente la identi- 
dad de su persona. 

Creo haber cumplido la comisión con que S. E. el 



220 DOCTOR L. VILLANITEYA 

Poder Ejecutivo y S. E. el General en Jeje del Ejér- 
cito, se sirvieron honrarme; y felicito á la dación y á 
SS. EE. por el término de la facción que temerariamente 
pretendió despedazar la ltepííblica. 

Soy de usted atento servidor, 

José M. Zamora. 



República de Venezuela. — Jefatura de Operaciones de L,a 
Sierra. — San Francisco de Tiznados, marzo 20 de 1847. 
— 18? y 37? — A las ocho de la mañana. 

JSeñor General Comandante de armas de esta provincia 
y Jefe General de operaciones. 

El día 14 del corriente fue muerto Francisco José 
Kangel, en la montaña de Guambra por una partida al 
malulo del Capitán Guillermo Blanco, (Guillermote) en 
cumplimiento de las disposiciones que al efecto di a es- 
te oficial ; y hoy tengo la gloria de decir á usted que 
corno á. las doce de la noche en el pie del cerro de Jua- 
na Caliente, situado entre las bocas de los ríos de La 
Platilla y Palambra y sin hacer un tiro, fué capturado 
Ezequiel Zamora por una guerrilla que conduje per- 
sonalmente hasta las inmediaciones del punto indicado. 
Dentro de tres días tendía usted en su presencia á este 
individuo. 



Lo 
vario 



> pongo en su conocimiento, para que se sirva ele- 
ai de S. E. el General en Jefe del Ejército. 

Con sentimientos de consideración me suscribo de us- 
ted muy obediente y seguro servidor. 

Doroteo Hurtado. 



Kepública de Venezuela. — Secretaría de Estado en los 
Despachos de Guerra y Marina.— Sección I a — Caracas : 
21) de marzo de 1847.— 18 de la Ley y M de la Inde- 
pendencia. 

Excelentísimo señor General en Jefe del Ejército. 

Con satisfacción se ha enterado S. E. el Presidente 
de la Kepública, de la nota de V. E. fecha de ayer, en 
que participa á este Ministerio, la captura del faccioso 
Ezequiel Zamora, por el señor Coronel Doroteo Hur- 
tado. 

S. E. acepta la recomendación que V, E. hace del señor 
Coronel Doroteo Hurtado, quien en persona dirigió la 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 221 

guerrilla que capturó al cabecilla Zamora, habiéndose 
hecho acreedor a la gratitud nacional, no tan solo por 
este señalado y distinguido servicio, sino por los que hizo 
en la guerra de Independencia y por los que en todas 
ocasiones ha prestado á Venezuela, siendo siempre un 
constante defensor del orden. El Gobierno, pues, hará el 
uso conveniente de la recomendación indicada. 

Con sentimientos de consideración y respeto, me sus- 
cribo de V. B. atento, obediente servidor. 

José M. üarreno. 

VIL Concluida la relación de esta guerra, es na- Fiada uoam. 

° 7 pafiadeu su- 

tural que la generación de hoy quiera saber qué in- "*• 

fluencia llegó á tener tilla en la política, en la mo- 

•ral y en el progreso del país; porque si no ejerció 

ninguna en favor de las fuerzas radicales de la 

vida pública, sería forzoso al historiador calificarla 

de» temeridad ó locura, ó ele otro modo todavía 

menos honroso. 

Apuñadas bien las causas de esta revolución pue- 
de estimársela, á justo título, como la protesta ar- 
mada de una gran porción del Partido Liberal 
contra los procederes de la oligarquía. Y no de- 
cimos de todo el Partido Liberal, porque los que 
hayan leído estas páginas con detenimiento, habrán ob- 
servado que algunos de ellos, lejos de ayudar á los 
alzados, los persiguieron hasta el fin de la cam- 
pana; lo cual se debió, sin duda, á sus propias 
inconsultas divisiones. Pues es bien sabido que las 
fracciones de un Partido se aborrecen más entre 
sí, que al enemigo común. 

Como los insurrectos fueron los guzmancistas, 
apellidados de más puros, más exaltados, é intran_ 
sigentes, salieron combatiéndolos algunos de los demás 
círculos; aunque diferenciándose de los oligarcas, 
por cierto espíritu de generosidad y contemporiza- 




222 DOCTOR L. VILLANUEVA 

ción para con sus hermanos en la comunión liberal, 
como dieron de ello muestras expresivas el Gene- 
ral J. Laurencio Silva en Barinas y Turen; el Co- 
mandante Nicolás Silva en El Pao, el General José 
Gregorio Monagas en Barcelona y Piritu, y el ve- 
nerado General Alcántara en Los Valles de Aragua : 
y junto con ellos Muñoz Tébar y Cala, Valero y 
Sotillo y algunos más. 

El General Marino y los candidatos Salom y 
Blanco se mantuvieron apartados de la guerra ci- 
vil: sin defender al Gobierno ni adherirse á las 
facciones. 

La rebelión autorizaba al Gobierno á perseguir A 
los liberales, y de estes injusticias vino á originar- 
se la unificación del Partido; pues no hay medio 
más eficaz que el martirio, para compactar á los 
que profesan una misma doctrina política ó reli- 
giosa. La persecución unió y fortificó á los cristia- 
nos en las cat¿icumbas. 

De suerte que el Partido, formado en la pax 
por un elocuente apostolado, se disciplinó en las 
prisiones, se hizo indomable en la guerra y se 
depuró en el infortunio. 

La moral pública lejos de menoscabarse se 
enalteció, por cuanto la insurrección dio á entender la 
vez primera en Venezuela, que el pueblo aunque de- 
sarmado no terne rebelarse contra el crimen de la 
usurpación, uno de los mayores en un país de siste- 
ma alternativo y representativo, y que, como el de 
traición á la patria, no debe alcanzar remisión en 
ninguna República de hombres d gnos y civilizados. 

La moral encontró en Zamora su justo ven- 
gador. Y más meritoria lúe su obra, cuanto la He- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 223 

vó adelante, escuso de recursos y de material de 
guerra, y la coronó al fin con su propia inmolación, 
que todos los demócratas habrán por siempre de res- 
petar y admirar; pues luego que dio ejemplo de pro- 
bidad, de valor y de constaucia, como pocos, es- 
tuvo á punto de perder la honra, y de acabar la 
vida en un sunlicio. 

A 

Ni hay que considerar tal revolución como 
tentativa de naturaleza individual ; como agresión de 
un hombre audaí á un Gobierno y á un pueblo: 
cuando la filosofía de la historia, por el contrar o, ve 
en ella una expresión del estado general del país, 
un signo sangriento, pero patognomónico, de la de- 
terminación bien asentada en la conciencia pública, 
de modificar la política, estableciendo un nuevo or- 
den de cosas, y poniendo en otras manos las 
riendas del Estado. 

lia guerra fracasó, á pesar de los máximos es- 
fuerzos de Zamora y sus tenientes; pero de sus 
cenizas se alzó la causa,antes de pasar un año, 
bajo la forma de una evolución política concebida, 
preparada y llevada á cabo por el Presidente, Ge- 
neral Monftgas, previsor, de grandes pensamientos 
y resoluciones inquebrantables. 

Si la revolución de Zamora hubiera sido un 
hecho de carácter puramente persona!, habría que- 
dado muerta y sepultada en el campo de Pagüito, 
como quedó la causa de las Reformas el ano 183(5, 
con el aprisionamiento de Carujo en los muros de 
Puerto Cabello. Esta conspiración no tenía raíces 
en el país, y no bien hubo apelado á las armas 
contra Vargas, cuando la nación puesta de pie la 
deshizo y lapidó para siempre. 



224 DOCTOR L. VILLANUEVA 

En 46 suceden las cosas de otro modo, porque 
las causas son muy distintas. 

La revolución armada es vencida al cabo de 
siete meses de batallar inaudito; el caudillo va 
á tener á un calabozo, y aún le sentencian á muer- 
te en noviembre de 47 ; y, sin embargo, en enero 
de 48, es decir, á los tres meses, su causa esta glorio- 
samente victoriosa en la Casa de Gobierno, y él mis- 
mo, armado á la cabeza de un cuerpo de ejército, 
álzase á perseguir en nombre del Congreso y de la Pa- 
tria los dispersos soldados del Ciudadano Esclarecido, 
batido y derrotado en la sabana de losAraguatos. 

Zamora, pues, en La Sierra, no era un hom- 
bre sino un elemento popular: no era el Cabecilla 
de una turba inconsciente y desmoralizada, sino 
el precursor armado de una revolución eminente- 
mente nacional: de una sublevación de todas las 
almas contra un partido incapaz, para satisfacer las 
nuevas aspiraciones de la República. 

Era el astro que anunciaba la aurora de una 
nueva época, como aquellas claridades bíblicas con 
que alu <nbró Dios el mundo antes de crear el sol. 

Los liberales pasaron de los tormentos á los 
Ministerios, al Congreso, á mandar el Ejército y 
á gobernar las provincias; las reformas propuestas 
por su prensa empezaron á elevarse á la catego- 
ría de instituciones políticas : se abolió allí mismo 
la pena de muerte por conspiración, y se dio la ma- 
no á la agricultura para medio levantarla de su tumba. 

La causa de los heroicos montañeses ha triun- 
fado ai fin ; y su bravo caudillo, el que levantó por 
vez primera la bandera amarilla en un campo de 
guerra, ha sido llevado por la vía triunfal á con- 
sagrar sus trofeos en el templo de la gloria. 



CAPITULO VJI 

I. Zamora rindió su primera declaración en 
Cura, ante el Auditor de Guerra, señor Licenciado 
José Santiago Rodríguez, cuyo Secretario fue el 
señor José Pardo Gil. 

En 5 de abril le pusieron bajo la autoridad 
ílel Juez de 1* Instancia del 4? circuito, que era 
el de Cura, por disposición del General en Jefe 
del Ejército, y desde el 8 empezó la causa en este 
Tribunal hasta el 27 de julio en que fue senten- 
ciado á muerte. 

Nombró defensor al señor Doctor Manuel Díaz, 
quien desempeñó fielmente su encargo; y sirvió de 
Fiscal de la causa el señor Licenciado Juan Martínez. 

En 31 de los mismos se compulsó el testimo- 
nio de la sentencia que debía quedar en el Tribu- 
nal y se remitieron los autos á la Corte Superior 
constantes de mil ciento ochenta y dos folios. 

Ante esta Superioridad le defendió el señor 
Doctor Elias Acosta, y no obstante sus esfuerzos,. 
confirmó la Corte en 6 de setiembre la sentencia, 
apelada. Remitióse en consulta á la Suprema, y 

15 



Froceao 



220 DOCTOR L. VILLANUEVA 

% 

-¿sta, oído lo representado por el Fiscal Doctor 
José Isidoro Rojas, la aprobó, el 28 de octubre, 
mandándose copia de ella al Presidente de la Re- 
pública, por si tenía a bien usar de la atribución 
21? que le concedía el artículo 117 de la Consti- 
tución. 

xJSfM^m- H- En 2 de noviembre el Ministro del Interior 
JSLrta! p * na Doctor Tomás J. Sanavria, por orden del Poder 
Ejecutivo, pidió el Acuerdo y consentimiento del 
Consejo de Gobierno para conmutar en ocho años 
de conBnación en la ciudad de Maracaibo, la pena 
de muerte. Considerada la solicitud, y tomados 
los votos, estuvieron por la conmutación tal como 
la proponía el Poder Ejecutivo, los señores Obispo 
'de Trícala, Blanco, Mejía y Sanavria, y en contra 
los señores Doctor Vargas, Tovar, Narvarte y Ro- 
dríguez, añadiendo éstos que estarían porque se 
conmutara la pena si se imponía á Zamora la de 
-diez años de presidio en lug^r de la de confinación. 
Empatados los votos se recomenzó á tratar la mate- 
ria, quedando pendiente para la próxima sesión 
del día 4: en la cual, votada otra vez. volvió á re- 
sultar empatada en los mismos términos. 

Con forme al Reglamento quedó abierto de nue- 
vo el debate: y en la sesión extraordinaria del 
5, presentó el Ministro la siguiente Resolución del 
Poder Ejecutivo: 

" Impuesto S. E. el Presidente de la República de que 
el Consejo de Gobierno conviene en la conmutación de la 
pena capital en que ha sido condenado Ezequiel Za- 
mora, para lo cual fué excitado, estando disccnle única* 
mente en la pena que baya de subrogarse ; y urgiendo el 
que cefi>e este inconveniente por estar para espirar el tér- 
mino dentro del cual quiere el Decreto Legislativo de 3 de 
mayo de 18,'ií) que el Gobierno determine la conmutación ; 
resuelve: excitar de nuevo al Consejo para que le coli- 
sa te la pena en que haya de hacerse la conmutación acor- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 227 

«lada; con la cual se conforma desde luego; pues que no 
ejecutándose la de muerte, queda salvado el prineipio que 
ha guiado y guia á la Administración para afianzar la paz 
interior de la- República, que es el motivo grave de con- 
veniencia pública que le ha llevado á solicitar en este caso 
«1 previo acuerdo y consentimiento del Consejo, á quien 
se convocará extraordinariamente para las once de este 
-día. — Por 8. B., Sanavria." 

Habiendo el Consejo resuelto previamente, que 
podía constitucional mente ocuparse en tratar el asun- 
to, entró á conocer de él, no obstante la opinión en 
contra del Secretario Rodríguez ; y bien discutida 
la materia, acordó consultar á S. E. el Presidente 
<le la República, que el Consejo prestaba su acuerdo 
y consentimiento al Poder Ejecutivo para que pu- 
diera conmutar en diez años de presidio en el 
cerrado de Maracaibo la pena capital impuesta á 
Ezequiel Zamora como reo de conspiración y otros 
delitos; y así autorizado, expidió el General José Ta- 
<leo Monagas el siguiente Decreto, que debiera grabar- 
se en letras de diamante: 

JOSÉ TADEO MONAGAS 

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA 

ETC., ETC., ETC. 

Vista la sentencia de S. E. la Corte Suprema de Jus- 
ticia, en que condena á Ezequiel Zamora á sufrir la 
pena de último suplicio por conspiración y otros delitos. 

En uso de la atribución 21 que me concede el ar- 
tículo 117 de la Constitución, y previo el acuerdo y con- 
sentimiento del Consejo de Gobierno. 

Decreto : 

Artículo I o Se conmuta la pena de muerte á que 
ba sido condenado Ezequiel Zamora, en la de diez 
años de presidio cerrado en el de Maracaibo. 

Artículo 2? El Secretario de Estado en los Des- 
pachos del Interior y Justicia, queda encargado de la 
locución de este decreto. 

Dado, firmado de mi mano, sellado con el sello del 
Poder Ejecutivo, y refrendado por el Secretario de Es- 



228 DOCTOR L. VILLANUEVA 

tado en los Despachos del Interior y Justicia en Cara- 
cas, á 5 de noviembre de 1847, ano 18 de la Ley y 37 
de la Independencia. 

José T. Monaqas. 

Por 8. E. — Tomás José Sanavria. 

Es copia. 

Sanavria. 

voto d« var- III. Duélenos encontrar á Vargas tan mal dis~ 

gis en el Con- *~ 

■•jo do oobior- puesto á la conmutación en los humanitarios tér- 
minos en que la propuso el General Presidente de 
la República, pues desearíamos que todos sus actos 
fuesen dignos de eterna loa. En el presente caso 
muéstrase más bien hombre de partido subordinado 
a las imposiciones de la dpjca, que hombre de Es- 
tado desapasionado y previsor. 

El Vargas del Consejo de Gobierno no es el 
liberal Vargas de 1830, que pide valientemente la 
amnistía, ni el Justo de 1835, que prefiere renun- 
ciar la Presidencia antes que amancillar su magna- 
nimidad con el rigor de los castigos. 

En todo tiempo se leerá con gusto el hermosísimo 
discurso en el Constituyente de Valencia, Heno de no- 
bles sentimientos de concordia y generosidad, con 
que combatió el proyecto de decreto para extrañar 
del país y confinar á los desafectos del Gobierno ; y 
su Mensaje al Congreso de 36, cuando terminada 
la guerra, pide el perdón para los faccios s, en esta 
forma : 

" Ningún momento, dice, pues, más propio, se- 
gún el concepto del Gobierno, para librar una medida 
de alta política que deje satisfecha la justicia ua- 
cional, concillándola con la humanidad y la clemen- 
cia; propendiendo así á extinguir hasta las reliquias 
de una lamentable conjuración." . 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 229 

Tale3 sentimientos le valieron que las Cámaras 
Legislativas le honrasen con el renombre de Magná- 
nimo. 

Vargas, como Hortensio, Marcelo, Catulo y 
otros beneméritos patricios de la oligarquía de Roma, 
«e paró en el desarrollo de la política entre un 
pasado que le era simpático y un porvenir que le 
parecía peligroso, sin qierer desprenderse de las 
preocupan >n?s, ni arrojarse á los nuevos caminos 
que la revolución liberal brindaba á todos los talentos, 
para trabajar por el advenimiento de una civilización 
•más conforme á las aspiraciones y necesidades del 
país. 

" Cuando un pueblo está en agitación, dice Na- 
poleón III, es un gran mal que el partido de los hom- 
bres honrados, ó de los hombres buenos, como los llama 
Cicerón, ni ahpte las ideas nuevas para dirigirlas mo- 
derándolas. 17 

"De aquí surgen divisiones profundas? 

"De un lado los exaltados se apoderan de las pa- 
siones buenas ó malas de la multitud ; y del otro, los 
hombres honrados, inmóviles ó indiferentes, se oponen 
á todo progreso y suscitan, por su resistencia obstinada, 
impaciencias legítimas y violencias lamentables? 

14 La oposición de estos últimos i i ene el doble in- 
conveniente de dejar el campo libre á los que valen me- 
nos que ellos, y de mantener la duda en el alma de esa 
masa social flotante que juzga los partidos más bien 
por la honorabilidad de los liombres que por el valer 
de las ideas? 

Tal fue el error político de nuestro sabio Var- 
gas, á quien cuadran perfectamente las reflexiones 
de Napoleón cuando juzga las dificultades con que 



I 



230 DOCTOR L. V1LLA3ÍUEVA 

tropezó el movimiento liberal de la República 
romana. 

zamo» m IV. En los días en que iban á trasladar á Zamora. 

•vade da la car- • • • 

«eidexaraoay.al presidio se evadió de la cárcel de Maracay, donde 
pocos días antes, según lo aseguran sus deudos, ha- 
bían intentado quitarle la vida, aunque no se dice- 
por disposición de quién. 

Léase lo que sobre tan azarosa sospecha expuso 
al Gobierno del General Monadas, la señora madre 
de Zamora; y el decreto de la Corte' Superior que 
recavó sobre la materia. 

E 'elvntíñmo señor Presidente de la R»públie%. 

Paula Correa, viuda, legítima madre del desgraciado 
joven EzEguiKL Zamora, llena de respeto y anegada 
en lagrimas, que espresan el dolor mas fuerte de natu- 
raleza, elevo hoy mi triste y compasiva suplica al padre 
general de los venezolanos, el Supremo poder Ejecutivo, 
cuya clemencia esmalta sus heroicas virtudes. 

Existe Exmo. Señor, mi desventurado hijo en la cáne* 
de Maracay, casi privado de comunicación, arrastrando- 
enormes y pesados grillos, que mas que la seguridad 
contra la fuga, trabajan el tormento y el aniquilamien- 
to de su vida. 

En tan dura y desesperante situación, tres veces se 
ha atentado contra la existencia, empleándose aleves é 
insidiosos medios, de cuya prueba siempre sabe salvar- 
se el asesino. 

Primero, se fingió que una partida, quería acometer 
en una noche al pueblo para sacarlo de la cárcel. En 
efecto se hiso correr la noticia, se alarmó el vecindario^ 
y en confianza, la mas criminal, se solicito del oficial 
de la guardia de la cárcel, á quien se reveló el plan, que 
con el pretesto de los confabulados en motín, se le qui- 
tase la vida en esa noche á mi hijo. Para persuadir- 
lo, se le decía por el hombre mas descarado y cruel r 
que tiene Venezuela, que era un servicio distinguido 
que se hacía ¿i la República, matándose á Zamora, para 
que n:> se gistase más en custodiarlo, ni en su juicio. 
La virtud del oficial de la guardia salvo en tan horrible- 
noche, la vida de mi hijo, pues se negó á la criminal 
maquinación de aquel hombre exeeerablc. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 231 

En la vez segunda, un oficial aprovechando el mo- 
mento, en que el de la guardia no se hallaba en la 
cárcel, entro á ella, y desnudando su espada se dirijid- 
al calabozo donde estaba mi hijo. En el acto, quiso 
el cieln, que entrase el oficial de guardia, y sorprendi- 
do el asesino, no pudo consumar su crimen. 

Frustrados estos medios, se echo mano, Señor Exmo- 
de otro mas infame y aleve. 

A pocos dias se logró meter en la comida de mi 
hijo una hallaca con solimán. La casualidad de haber 
notado aquel, al dividirla con una cuchara, que estase 
había ennegrecido, lo salvo de la muerte. 

En tan agovioso suplicio lia permanecido mi desgra- 
ciado hijo. 

El 20 de Agosto ultimo se ha aparentado en Mará- 
cay grande alarma, suponiéndose, que varios amotina- 
dos en'Tacasuruma invadiesen el pueblo. Guardias dobles,, 
patrullas, quien vives, y un tren estudiado de temores 
agitaron l.\ población. Mi hijo, esperaba de un momento 
á otro la perdida de su vida, como fruto del aparato. 

Temo señor, y con sobrada razón, aunque no puedo 
dar las pruebas de tan abominable y criminal historia,, 
que un asesinato oportunamente perpetrato, me quite la 
esperanza de la clemencia, y de la misericordia del Go- 
bierno de mi patria, y de la humanidad del piadoso co- 
razón de V. E. 

El perverso, que asecha infatigablemente la vida 
de nii hijo se prepara á burlar la clemencia nacional, de- 
jando á la anciana madre, que suplica en el ultimo de- 
sespero, que la arrojará al sepulcro. 

Ya por e**tas razones, y por la ñe que la causa de 
mi hijo será hoy sentenciada en 2 a instancia y se apro- 
xima su termino. Y mas que todo por que en las es- 
caceses del Erario, no hay con que sostener la guarni- 
ción que custodia la cárcel de Maracay ; y porque á 
ser licito el temor y el alarma en que se halla aquella 
villa, no esta seguro mi hijo, y según se aparenta está es— 
pnesto al asalto de los facciosos. Suplico entrañable y hu- 
mildemente á V. E. se sirva mandarse traslade ¡inmedia- 
tamente á esta cárcel publica, que ofrece nías seguridades» 
con la correspondente custodia, la persona de Ezequiel 
Zamora; que sea, Exmo Señor, la ley, y la justicia, y no- 
otro crimen mas feo, los vengadores de los errores de> 
mi joven hijo! 

Caracas: Setiembre 4 de 1S47. 

Exmo. Señor. 

Paula Correa. 



232 DOCTOR L. VILLANUEVA 

JBxmo. Señor Presidente áe la República. 

* 

Paula Correa, viuda y legítima madre del joven 
Ezequiel Zamora, con el alto respeto que debo á V. 
E. represento. 

En la semana próxima anterior por las razones en- 
tonces espuestas, suplique á V. E. se dignase acordar 
la translación de mi espresado hijo de la cárcel de Ma- 
racay á la de esta Capital, cuya custodia, ademas de ser 
mas segura, daba garantia á la vida de aquel desgra- 
ciado venezolano, mientras que la justicia pública, y la 
clemencia del Gobierno decretasen definitivamente sobre 
la suerte del procesado. 

Ahora, Señor Exrao, agrego otra razón poderosa 
y sostenida por el dño de naturaleza y por las leyes 
del Estado ; y lo hago en virtud de cartas y suplicas, 
que últimamente he recibido de mi hijo Ezequiel. 

Este en persona, quiere y desea, como uno de los 
medios mas valiosos de su defensa, obra tan amparada, 
aun por los mayores tiranos de la tierra, exponer ante 
■el tribunal Supremo, que va á juzgarlo en ultima ins- 
tancia, hechos importantes, circunstancias, que nadie pue- 
de esplicar, como el mismo acusado, que cuenta ya 
•con la incomparable desgracia de dos sentencias de muer- 
te. Qu ere mi desventurado hijo, que lo oiga S. E. la Cor- 
te Suprema ; y de esta audiencia espera la vida. 

El mismo Dios, oyó á Cain, no obstante de estar en su 
presencia el cadáver palpitante y el fraticidio de Abel. 

Ante el Areopago, una de las maravillas del muñ- 
ólo judicial, ante aquello; doce ancianos, reputados como 
divinos. 

Ante el Senado de Boma, que era una asamblea 
•de Reyes, en el concepto de los embajadores de Pirro. 

Y ante las Audiencias Españolas, que representa- 
ban la m a gestad del Monarca, comparecían, y tuvieron el 
derecho de ser oídos los ciudadanos acusados por delito 
de Uiuerte. 

Quiere nuestra Constitución que el ciudadano sea 
oido, antes de ser condenado. 

Dígnese, pues, V. E. padre gral. de los venezola- 
nos también para que sea oido mi hijo, acordar inme- 
diatamente su traslación á esta cárcel. 

Caracas setiembre 10 de LS47. 

Paula Correa. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 233 

República de Venezuela. — Corte Superior de Justicia del 
Segundo Distrito número 91. — Caracas 17 de setiem- 
bre de 1847.— Ano 18? de la Ley y 37? de la Inde- 
pendencia. 

Señor Secretario de Estado en Ion Despacho* del Interior y 
Justicia. 

En el oficio de usted de 13 del corriente número 
-837, á que se sirve acompañar una representación de 
Paula Correa, madre de Ezequiel Zamora, recayó en 
■esta Corte el decreto que sigue : 

No apareciendo fundamento alguno para temer por 
la seguridad del encausado, la Corte no está en el caso 
de usar de la facultad que le concede el artículo 10 de 
la ley de diez y seis de junio de 1831. Comuniqúese 
al señor Secretario de Estado en los Despachos del In- 
terior y Justicia, devolviéndole la representación." 

Y lo trascribo á usted acompañándole la represen- 
tación mencionada. 



Soy de usted atento servidor. 
El Presidente, 



Francisco Díaz. 



Díjose entonces que la guardia había sido so- 
bornada por sus parientes Cáspers, Tosta y Gabriel 
su hermano, en connivencia con una autoridad del 
lugar; aunque no aparece así de la averiguación su- 
maria que se formó al efecto. (1) Es lo cierto que se 



1 República de Venezuela.- Comandancia de Anana de la Provin- 
cia. — Caracas: 80 de noviembre de 1847.— 18 de la Ley y 37 
de Ja Independencia. 

Señor Secretario de Estala de los Depirtament s de O tierra y Ma- 
rina. 

El *eñor Comandante de la guarnición de Maracay, can fecha 
27 del que rige, me participa lo siguiente : 

Tengo el honor de elevar á manos d* V. E. Ja averiguación 
sumaria adjunta, por medio á los individuos (pie componían la 
guardia de 1% cárcel del 22 del corriente por la fuga del reo 
Ezeqi iel Zamora. Por las d^cla- aciones tomadas, aparece según 
la conclusión fiscal, que no ha habido culpabi'idad de parte de 
dicha guardia, en la fuga del preso, pues ésta quedó encargada 
déla seguridad déla puerta principal de la cárcel, único punto 
en que tenía centinela, desde el moment > en que el señor Jefe 
político, mandó suprimir la que se ponía cerca del río para vi- 

filarlo; cuyo encargo fue confiado entonces al alcaide y rondas 
e policía, en el interior del fdiñcio. según me lo ha manifesta- 
do el referido señor Jefe Político: sin embargo V.E. impuesto 
del contenido de dicho sumario dispondrá lo que estimare con- 



234 



DOCTOtt L. VILLANÜEVA 



fugó una noche, y llegó á La Victoria, donde remudó 
bestia y se encaminó á los Altos, para seguir á Ca- 
racas y refugiarse en la casa del Doctor José Manuel 
García. De aquí se fué disfrazado y acompañado de 
Napoleón S. Arteaga á la casa de las Cotarro, esquina 
de Piñango, para salirse la noche siguiente á una ha- 
cienda de esta misma familia, á inmediaciones del 
Hatillo, y que llamaban la Guairita. Así lo ejecutó. 

Allí se hizo conocer de los peones y vecinot 
con el nombre de Don Manuel, manteniéndose me- 
dio oculto hasta los principios del ano próximo, en 
que los sucesos políticos lo trajeron otra vez al ser- 
vicio militar activo. 



veirente. Quedando todavía arrestados loa cxpr*Bad*">8 individuo* 
de la guardia en el cuartel, lo anuncio á V. K. para su conoci- 
miento. 

Lo mi« trascribo si usted pura fu conocimiento y el deS. E. 
el Presidente, advir iendo que hoy mismo hy sometido el ex pe- 
diente a dictamen de letado. 

Sny de usted at°nto servidor, 

8. M <ir¡ño. 



CAPITULO VIII 

I. El 24 de enero se presentó Zamora al General zamor*e«ii*- 

1 mado al servicio 

Monagas, quien le encargó de organizar un batallón miliUr - 
en Villa de Cura. 

Tan pronto como lo formó, partió en el ejer- 
ejército nacional á Calabozo á las órdenes del Ge- 
neral S. Marino; de aquí prosiguió con el General J« 
L. Silva por la costa de Apure hasta Pedraza y Bari- 
nas. siendo secundo de este Jefe el Comandante Julián 
Castro, y oficial de una compañía Jesús Agachado. 

II. Parte del 48 quedó Zamora de guarnición Ma ^Ji a b ñ * d * 
en Barinas, v estando allí se le mandó venir con su co- 

lumna á Valencia para que con ella marchase, como 
lo hizo, contra los insurrectos de la provincia de Mara- 
caibo, dcnde se distinguió por tres hazañas dignas 
de memoria. Fue la primera, la defensa de Qui- 
siro con 250 soldados, contra la invasión de 900 
oligarcas, que pretendieron desembarcar por aquella 
costa. 

La segunda, el ataque á la partida de Basilio 
Borges, que señoreaba el puerto de Cabimas, en la 
ribera del lago ; y cuyo oficio era recoger ganados y 
víveres para los alzados. Batiólo Zamora, y lo hÍ2<> 
prisionero con cuanta gente comandaba. 



236 DOCTOR L. VILLANUEVA 

La tercera, de gran peligro y osadía, consistió en 
el asalto, en San Carlos del Zulia, á la División 
expedicionaria que iba de Maracaibo á sublevar la 
Cordillera. 

Funcionaba en la Provincia como Jefe de ope- 
raciones, el General Justo Briceño, y cuando le 
hicieron saber el movimiento de los oligarcas, enco- 
mendó al intrépido Zamora que esa misma noche los 
sorprendiera y acabara. 

En hora apropiada y en cumplimiento de esta 
orden, embiste Zamora el campamento enemigo con 
336 infantes. Los contrarios eran 1.500 bien ar- 
mados y valientes; y aunque se apoyaban en tres 
cuarteles y un vapor, fueron al fin destrozados: 
quedando en poder de Zamora 600 prisioneros, 800 
fusiles, el vapor, que se llamaba General Jacksm, 
siete faluchos, treinta piraguas, los bagajes y el 
parque. 

El resto de la división fue destruido: unos se 
tiraron al Lago y se ahogaron; otros se dispersaron 
por el monte, y los más quedaron muertos, ó heridos 
ó prisioneros en el mismo campo de batalla. Entre 
éstos figuraban los Coroneles Muguerza y Hurlado, 
y tres hijos del General Páez. 

El General Briceño le colmó de alabanzas ; v 
el Ministro de Guerra, en su Memoria al Congreso, 
recordó su proeza con los más honrosos calificativos, 
campea dei 49. jjj £ n 49 m \\\fá 4 j a órdenes del General Lau- 

rencio Silva para contribuir á debelar la segun- 
da intentona del General Páez : y guerreros ex- 
pertos de aquel tiempo cuentan, como hecho de 
nombradla, su temerario arrojo en Cazupo con sólo 
cuatrocientos cincuenta soldados contra toda la Divi- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 237 

sión alzada que iba marchando de aquel cerro al Valle 
de Carache ; verdad es que perdió en ten desigual 
encuentro gran parte de su gente, pero obligó á 
Páez á suspender la retirada, y dio tiempo á que 
Silva le cercase con su ejército por el frente y 
por retaguardia. De los paezis as murieron siete, y 
salieron heridos diez y seis, entre ellos el Capitán 
Pocaterra y el Teniente Minchir, hijo del Coro- 
nel, á quien tocó en suerte batirse ese día con 
Zamora. 

La facción capituló en Campo Monagas. 

Dijeron algunos, y se ha conservado en cró- 
nicas de aquel tiempo, que para lisonjear al Ge- 
neral Monagas se había dado su nombre á aquel 
campo, conocido con el de Macapo— abajo. 

Esto es una imputación que *e desvanece con 
la tradición que se ha conservado en la familia Mo- 
nagas, de Valencia, respecto á este particular. Sin 
ir á registrar archivos antiguos, bastará al efec- 
to copiar un párrafo de la carta que el respeta- 
ble Presbítero Doctor Juan Antonio Monagas, es- 
cribió al General Monagas, su primo hermano, desde 
Valencia, á 17 de agosto de 1849, para perlir la 
amnistía de Páez y demás prisioneros. Dice asi : 
Me ha sido de bastante placer el saber que el rendi- 
miento se hizo en el sitio llamado Monagos, nombra- 
do así porque en una hacienda que tenía allí mi abue- 
lo, hacía su principal residencia ; y se lo refiero a usted 
también para su gusto. (1) 

IV. Preso Páez, encargó el Gobierno á Zamora Zamorll y PáMi 



(1) Este documento están precioso por los sentimientos de 
caridad y enseñanzas morales y políticas en él contenidas, que 
no hemos podido resistir al deseo de reproducirlo íntegro, en el 
Apéndice. 



238 DOCTOR L. VILLANUEVA 

que lo condujera con su columna de Valencia á 
Caracas; y cuando los oligarcas, dando lágrimas á 
la desgracia de su caudillo se comunicaban mutua- 
mente el temor de que lo inmolasen en el camino, 
como habían hecho Jefes oligarcas con algunos pri- 
sioneros liberales en la guerra de 46, resultó que 
Zamora, aunque enojado justamente con é\ por los 
grillos que le hizo poner en Villa de Cura, más 
bien salió protegiéndole en la cárcel de Valencia y 
en el tránsito á Caracas. 

Al recibirle como preso, mandó que le quita- 
ran los grillos, y en seguida entró en el cuarto 
que le servít de calabozo, y con el tradicional res- 
peto con que los militares de aquel tiempo tra- 
taban á Jefes superiores, le dijo : (1) "Excelentí- 
mo señor: estoy á las órdenes de V. E. P^r medio 

de estos dos oficiales, (que eran los Capitanes Joa- 
quín Rodríguez Guerrero y Francisco L. Alcántara) 
que son .os de guardia, puede V. E pedir lo que 
necesite para su servicio personal." 

Páez le dio las gracias. El General Alcántara 
nos refirió más de una vez, y ahora nos lo ha 
ratificado el General Rodríguez Guerrero, que mu- 
chas veces contaba Páez á Zamora episodios de la 
guerra de la Independencia, y que Zamora le 
contestaba á su turno las preguntas que le hacía 
sobre la guerra de 46. Y sobra quien atestigüe que 
en Los Guayos, Guacara, San Joaquín, y los Valles 
se prestaba siempre Zamora á llevarle á las casas 
y haciendas, donde sus amigos le tenían preparados 
suntuosos banquetes. Páez se queja en su libro 
de que Zamora no castigase los grupos que le da- 

1 Por las leyes se daba el título de Excdencia ú los Gene- 
vales en Jete de Colombia. 



VIDA DEL GENE BAL ZAMORA 239 

bao mueras ; pero ¿sto, bien meditado, quiere decir 
qoe el General Páez no quiso nunca confesar la 
impopularidad en que había caído para aquella fe- 
cha, y la mala voluntad que le tenían los pueblos 
tomo Jefe de los oligarcas; comu tampoco quiere 
estimar lo que hacía Zamora para defenderle la 
Tida, y entregarle sano y salvo en Caracas al Poder 
Ejecutivo. 

Un malvado le habría quizá sacrificado ó dejado 
•aerificar en la travesía, con el beneplácito de las 
exaltadas turbas que en las poblaciones por donde 
pasaban gritaban : muera Páez. (1) 

Durante los otros años de la dominación de 
Jos Monagas sirvió Zamora las Comandancias do Ar- 
nas de Maracúbo, Ciudad Bolívar, Barcelona y 
Cumaná. 

Cuando ocurrió la revolución de Barquisimeto 
estaba en la de Guayana, ascendido ya á General de 
Brigada, destino que desempeñó los años de 54 y 
55. Entre los militares á üus órdenes en Ciudad 
Bolívar y Upata, recordamos á los Comandantes 
Juan José Campos y José Mármol Muñoz y al Capi- 
tán Mario Gallegos, su Ayudante de plaza. 

Y. En 185(5 casó con la señora Esti'fanu Fal- 
cón, hermana del General Juan C. Falcón, y viuda 
del señor José Benito Diez, español, oriundo de San- 



Xatrimonio de 
Zamora. 



1 Habiéndose de te» minado que fuese conducido á Carairas, 
salí de Valencia con mi hijo Ramón el 2 de setiembre, escolta- 
do por la co umna de Zamora, compuesta de hombres mal in- 
tencionados. En el tránsito se reúna gente j nnMiiano «re- 
venida para gritar "muera Páez," y, si el jefe político de algu- 
na población enviaba á la cárcel al ebrio que vociferaba aque- 
llas amenazas, Zamora lo hacía poner en libertad á nombre 
del pueblo soberano y mandaba á sus soldados que repitiesen 
aquel grito. Resígneme á los insultos y ai maltrato que se me 
daba en las cárceles, á pesar de hallarme enfermo.— ^4 utobio - 
frafía de t des. 



] 



240 DOCTOR L. VILLANUEVA 

tander, de opinión carlista, de oficio farmacéutico, 
y venido-ai país en 1841. El señor Diez abraza 
la Causa Liberal de Venezuela, y en 49 se encon- 
traba de Gobernador de Coro, sirviéndole de Se* 
cretario el señor Goiticoa. 

Zamora acabó de formar á los hijos de Diez,, 
que eran tres : Justiniano, Julio y Antonia, y los amó 
como padre. Antonia se casó con el Doctor Ig- 
nacio Escobar; Julio murió joven y Justiniano es 
hoy General de la República, siempre adscrito al 
Partido Liberal. (1) 

La señora de Zamora, que aún vive, como si el 
cielo hubiera querido conservarla para que asistiese 
á la glorificación de su esposo, es hija del señor 
Don José Falcón y la señora Josefa Zavarse de 



(1) El infrascrito Cura de la parroquia de San Barto- 
lomé (le Macuto certifico: que en el libro parroquial de 
matrimonios al folio veintitrés se encuentra la partida 
siguiente: 

"En esta parroquial de San Bartolomé de Macuto, 
el día cuatro de julio de mil ochocientos cincuenta y seis, 
el Ilustrísimo señor Doctor Silvestre Guevara, Dignísimo 
Arzobispo de Caracas y Venezuela, presenció el matri- 
monio que por palabras de presente en su Palacio, con- 
trajeron en este di* el General Ezkquiki, Zamora, na- 
tural de Caracas, hijo legítimo de Alejandro Zamora y 
Paula Correa, y Estéfana Falcón, natural de Coro, y am- 
bos vecinos de la ciudad de Santiago de León, viuda 
de Benito Diez é hija legtima de José Falcón y Josefa 
Zavarse, habiendo recibido el mismo día el Sacramento 
de la Penitencia, también fueron dispensadas las tres ca- 
nónicas amonestaciones que dispone el Santo Concilio de 
Trento, por su Señoría Ilustrísiina; fueron testigos presen- 
ciales el General Juan Faleón, la esposa del General 
Presidente de la República, Luisa Oriach de Mona gas, 
el Doctor José Manuel García y el Cura de la parroquia. 
De que certifica José Eugenio Bullos." 

Es copia del original. — Macuto: setiembre veintiocho 
de mil ochocientos noventisiete. 

Presbítero Antonio Leña. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 241 

Falcón, y hermana del Gran Ciudadano Maiiscal 
Falcón y de las señoras Mercedes de Toledo y Con- 
cepción de Diez. 

En su largo servicio de plaza se entregó Za- 
mora al estudio de historias militares, especialmente 
de nuestra Independencia, al de las Ordenanzas, y al 
de libros de táctica que le regaló el señor O. Meneses ; 
conservados todos con religioso respeto por su señora 
viuda. 

Le gustaba frecuentar la sociedad culta: y su 
conversación y modales en una sala eran enteramen- 
te distintos de los del hombre de cuartel. 

Su ambición constante consistía en servir al 
pueblo, á la manera de Tiberio Graco, con ciertas 
ideas utópicas de socialismo y de igualdad de bienes.. 

Pero nunca descuidaba sus ejercicios corpora- 
les de natación, tiro de pistola, juego de florete, 
equitación, coleadura y toreo. 

Era muy aficionado al baile. Dormía poco, cuan- 
do más tres horas, y casi nunca de seguida. Se 
levantaba y volvía á acostarse. 

En la mesa futí siempre sobrio: su comida co- 
mún era nuestro hervido, carne á la llanera, café 
y leche. No bebía ningún licor espirituoso. Cami- 
naba á pie extraordinariamente. No jugaba. 

En los últimos años de la década renunció la 
Comandancia de Armas de Cumaná y se retiró á 
Coro á fundar una propiedad agrícola. Formó un hato 
en Maguay, á 11 leguas de Coro hacia La Sierra, y la 
hacienda de La Caridad á 9, enriquecida por él coa 
un ingenio valorado en 40.000 pesos. 

Fomentó, además, los bienes que su consorte 
10 



242 



DOCTOR L. VILLANUEVA 



había heredado de su padre. Consagrado á estas labo- 
res de honrado y activo agricultor pasaba su vida 
en Coro cuando vino á sorprenderle el levantamiento 
de Carabobo y otras Provincias del centro en marzo 
de 1858. El General Falcón, Comandante de Ar- 
mas de Coro, le encargó luego que tuvo las pri- 
meras noticias de la revolución, de organizar tro- 
pas en Paraguaná, pero hecho ésto, las licenciaron así 
como se supo la renuncia de Monagas. 



CAPITULO IX 

I. La fusión de marzo fue una evolución car- »««i<«i<rato 

MATSO. 

gada de infortunios. 

Nacida en un cuartel, apenns se hizo Go- 
bierno, cuando brotaron de su seno los gérmenes 
del odio y las venganzas. 

No fue el advenimiento de una civilización 
reclamada por los progresos del tiempo, sino la 
restauración por sorpresa de un viejo partido; y 
como toda restauración, apareció mezquina de miras, 
despiadada con los vencidos, y estéril para el desa- 
rrollo de una nueva vida política y administrativa del 
país. 

Aquellos fusiomstas, entre los que sobresalían 
hombres doctos en ciencias y bellas letras, sugetos 
honradísimos en el manejo de los caudales públi- 
cos, militares de ilustración y valor, y aun jóve- 
nes dotados de ricas prendas de inteligencia, pu- 
dieron haber formado con todos los recursos que 
facilita el poder, un partido poderoso para el bien, 
que conservase la paz y respetase la libertad, 
manteniendo la armonía entre las leyes y el fun- 
cionamiento ordenado de los partidos; empero, en vez 
de esparcir ideas generosas de regeneración pública 



244 DOCTOR L. VILLAJÍÜBVA 

y crear fuerzas de atracción alrededor del Go- 
bierno, implantaron el terror; el terror de la ro- 
tunda, de los pontones, de los destierros y de lo& 
cadalsos. Cuando debieran haber olvidado lo pa- 
sado, como lo prometieron, diéronse á aturdir el 
país cantando en mesenianas, como rapsodas enlo- 
quecidos, las desgracias de sus propias personas 
bajo la dominación de los Monagas. 

Pudieron haber preparado una época de felici- 
dad, de reconciliación social y gloria pública, y lo- 
que hicieron fue resucitar un partido con el misino- 
suda rio con que había sido sepultado en 1848, y 
vestirlo con la túnica preciosa que bordaba la elo- 
cuencia de algunos de sus oradores, y armarlo de 
rayos para provocar una guerra civil, devastadora y 
larga, como nunca la hubo desde la fundación de la 
República. 

r Pertecueion á H. En los primeros quince días de instalado el 

Gobierno del General Castro, empezó la persecución 
á los liberales. El 3 de abril fué reducido á prisión 
el General José R. Soto, que había sido el Jefe de 
la revolución de marzo en Barquisimeto, y junto con 
él Antonio Leocadio Guzmán, Francisco Oriac, 
Ruperto Monagas, Ramón Anzola Tovar, Felipe 
Guerra, Pablo Guerra, Nicolás Guerra, Cayetano- 
Echezuría, Coronel Casado, Jesús M. Silva, Ramón 
Suárez, José M. Santana, Julián Yanes, Ramón Es- 
calona, Ramón Piar, Simón Aguado y Grana, Her- 
mógenes A. Navarro, Luis Level, Rafael Valdez, 
Doctor José T. Monagas, Doctor Joaquín Herrera, 
Coronel Gil y muchos otros, según consta en los 
registros de cárcel y en las crónicas de El Foro r 
periódico gobiernista. 

Al General Falcón y al General Zamora, que- 



VIDA DEL GENERAL ZAHORA 245 

habían llegado á Caracas en los primeros días de 
:abril, á presentarse al Gobierno, se les dio la ci li- 
diad por cárcel. 

En junio. 6 si decimos, en el tercer mes del 
•Gobierno de marzo, fue desterrado el Geaeral Za- 
mora junto con el General Falcón y varios otros 
liberales ; según reza el Decreto del General Castro 
<juc insertamos á continuación : 

JULIÁN CASTRO, 

OENERALEN JEFE DEL EJÉRCITO LIBERTADOR, ENCARGADO 
DE LA ORGANIZACIÓN DE LA REPÚBLICA. 

Considerando : 

1? Que á pesar del clamor uniforme, general y solemne 
«del buen pueblo de Venezuela por la reforma del Gobierno 
Nacional, sobre la base de la moral y de la conservación 
de sus derechos públicos é individuales, persisten todavía 
algunas personas, mal avenidas con todo régimen bien 
ordenado, en mantener la Kepública, por vías de hecho, 
•en continua agitación, oponiendo cuantos obstáculos les 
sugiere su malicia á la pronta y pacífica reconstitución 
del Estado. 

2? Que la aplicación severa de las leyes á los extra- 
víos de estos individuos, sería enteramente aflictiva para 
sus familias y para los buenos ciudadanos que ven en el 
sistema de lenidad de la actual administración, qua aqué- 
llos no han sabido ni querido apreciar, la prenda más 
segura del respeto que profesa á los derechos públicos é 
individuales. 

En ejercicio de la plena autoridad de que me hallo 
investido para sostener el orden público, mientras se re- 
constituye el Estado de una manera regular y pacíñca, con 
acuerdo del Consejo de Estado, 

decreto : 

Art. 1? Saldrán temporalmente del territorio de la 
República los individuos que constan en la lista inserta 
á continuación, hasta que el futuro Gobierno constitu- 
cional les permita el regreso al seno de su patria y fa- 
milia; á menos que se suspendan los efectos de esta 
medida en consideración á- la conducta que observen en 
~e\ exterior, ó porque cesen las circunstancias que la mo- 
tivan. 



246 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Art. 2? Los Gobernadores de las provincias litorales 
no permitirán la entrada de ninguno de aquellos individuos- 
en el territorio de su mando, sin los requisitos de que 
habla el artículo anterior. 

Art. 3? El pasaje de estos individuos para el extran- 
jero de ida y vuelta, se pagará del Tesoro publico, si 
ellos no pudieren costearlo de su propio peculio. 

Art. 4? El Secretario de Estado en el Despacho de! 
Interior y Justicia queda encargado de la ejecución de 
este Decreto. 

Dado en Caracas, á 7 de junio de 1858. — J. Castro. — 
Por 8. E. — El Secretario de Estado en los Despachos del 
Iuterior y Justicia, Manuel F. de Tovar. 



Lista de los individuos á que se refiere el artículo- 
primero de este Decreto : 

General Juan C. Falcón, General José Ramón Soto,. 
General E&equiel Zamora, Coronel Wenceslao Casado, Co- 
ronel Carmelo Gil, Comandante Amador Armas, Antonio 
L. Guzmán, Ramón Anzola Tovar, Doctor Joaquín Herre- 
ra, Doctor José Manuel García, Ramón Suárez, Doctor 
Pío Ceballos, Diego Antonio Alcalá, Jesús María Aris- 
teiguieta, José Gabriel Ochoa, José Simón Jimeno, Pedro 
("onde, Fabricio Conde, Carmelo Villamartín Valiente — 
J. Castro. — Por 8. E. — El Secretario de Estado en los 
Despachos del Interior y Justicia, Manuel F. de Torar. 

Es copia. 

Tovar. 

Prucipiotdo III. Desde el mismo (lía que empezó la reac- 

]r revolución fe- 
deral, ción, contra todos los que estaban con Monagas y 

aun contra muchos de los mismos revoluciona- 
rios de marzo, acercáronse unos á otros los li- 
berales principales para comunicarse sus azares y 
temores y convenir en algún plan de revolución 
que ecbase por tierra el nuevo poder, ejercido ex- 
clusivamente por un partido que venía pidiendo ven- 
ganzas por todo lo que había padecido desde el 24 
de enero de 1848. 

La primera Junta revolucionaria se celebró en 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 247 

Caracas en la casa del General Carlos Ferrero, pa- 
rroquia de San Juan, donde estaba alojado el Gene- 
ral Falcón. A ¿lia concurrieron el mismo General 
Falcóti, el General Zamora, el Licenciado Francisco 
Conde, el Doctor Víctor A riza, el señor Agustfn 
Rivero y el Doctor Gonzalo Antonio Ruiz. 

El señor Rivero nos ha informado, en carta 
autógrafa, como allí manifestó el General Falcón, que 
Zamora, é\ y todos los liberales fieles, estaban dis- 
puestos á tomar parte en la revolución, y que en ella 
entrarían aun los que habían figurado en el movi- 
miento fusionista. 

El mismo General Falcón propuso, incontinenti, 
que el programa de la revolución fuese la doctrina 
federal. Todos los circunstantes lo apoyaron y, pues- 
tos de pie, le nombraron por unanimidad Jefe Su- 
premo del Partido Liberal. 

Dos días después, se reunió otra Junta más 
numerosa, en la misma casa, y en ella se nombraron 
centros revolucionarios de algunas Provincias. Al 
Doctor Ari?a se facultó para que eligiera los -vocales 
del de Barquisiineto, y á los señorea Agustín Rivero 
v A. Salom. el del Yaracuv. 

Cada liberal se sintió amenaz do eu sus bienes, 
en su libertad y en su vida; y á poco andar formáron- 
se clubs de conspiración en todas las Provincias: dio— 
se calora la prensa contra el Gobierno; aclamóse el 
principio de Federación, como base de un progra- 
ma de oposición y de guerra ; y se reconoció por 
todos los liberales al Benemérito General Juan C. 
Falcón como Jefe de la nueva Causa política que 
iba á emprender campaña contra la restaurada oli- 
garquía. 



248 DOCTOR L. V1LLANUEVA 

Era el General Falcón ciudadano hoitorabilísi- 
tno por sus prendas de inteligencia y educación, y 
por ios servicios que desde Taratara había prestado 
á la Patria; y Zamora, que no ambicionaba el poder 
sino la pura gloria militar, fue el primero que se 
puso á sus órdenes. 

En seguida déla expatriación de estos dos Gene- 
rales se formó en Caracas una agrupación con los libe- 
rales Juan Crisóstomo Hurtado, Santiago Goiticoa, Co- 
ronel Rafael Urdaneta, Pedro P. Ibarra, Dr. Gonzalo 
A. Buiz, Dr. Juan de Dios Morales y Dr. Jesús María 
Blanco, asistida de infinito número de copartidarios 
•de todos los gremios de la sociedad, y de las masas 
populares, nutridas de ideas enteramente liberales y 
animadas contra un Gobierno que provocaba hora por 
hora las iras nacionales con el terror implantado 
en la capital y en todas las Secciones ; y llevado en 
algunas hasta lo increíble. 

El General José T. Monagas que, inspirado en 
el más acrisolado patriotismo, había renunciado la 
Presidencia el 15 de marzo, estaba aherrojado en 
durísima prisión. Su primer Ministro, Jacinto Gu- 
tiérrez, la cabeza mejor dotada para organizar la 
Hacienda pública, orador parlamentario elocuentísi- 
mo y diplomático sabio, fué víctima en las calles de 
Caracas, de los más viles atropellos. 

De todos los altos hombres públicos de aquellos 
tiempos, fué éste uno de los de más constante, 
generosa índole para defender la justicia, en los 
Congresos, en el Gabinete y en las conferencias 
privadas con los Presidentes. Entre muchos nota- 
bilísimos actos suyos, de moral y virtud republica- 
nas, recordaremos sólo para confirmar nuestro aserto, 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 249 

el de 1849, cuando sostuvo con sublime entereza 
en el Consejo de Estado el Convenio de Macapo, 
celebrado entre Páez y Silva: y la digna sereni- 
dad con que renuncia la cartera de Hacienda al 
persuadirse que el Presidente sustenta una opinión 
contraria. 

Léase aquí su célebre voto salvado: 

" Mi dictamen fundado en las ratones que he interesado en 
la discusión de este serio asunto se reduce á los dos puntos 
siguientes : 

1? Respecto de los rendidos en Macapo, el Consejo debe 
consultar al Poder Ejecutivo que respete y cumpla y haga res- 
petar y cumplir el convenio celebrado el 15 de este mes por 
el seüor General de División José Laurencio Silva, Comandante 
Coronel de Operaciones contra el enemigo, disponiendo, en con 
secuencia, de los rendidos, en armonía con dicho convenio. El 
General Silva, como General en campaña, estaba facultado na- 
turalmente por su propia misión* y carácter para aquel acto, sin 
necesidad de previa y especial autorización ; porque aun cuando 
careciese de poder, debería suplirlo el decoro del Gobierno, 
la dignidad y alteza de la República, los principios de equidad y 
los fueros de la desgracia. 

En cuanto á los autores y cómplices en los otros movimien- 
tos revolucionarios, el Poder Ejecutivo que tiene acordada por 
el Consejo la facultad 4* del artículo 118 de la Constitución, debe 
ejercerla con todos los comprometidos, separando á unos del país 
y á otros de su domicilio por el tiempo que juzgue, necesario, y 
mandando poner en libertad para que se restituyan á sus casas 
á aquellos que no crea perjudiciales de modo alguno á la paz y 
seguridad de la República. Es así como sellaremos el expediente 
ya muy voluminoso de nuestras desgracias, como acercaremos los 
días de la tranquilidad y el trabajo; como habrá paz en los ánimos, 
contento en los corazones, bienestar y libertad para todos. Así 
alzaremos la República á sus grandes destinos y tendrán porvenir 
nuestros hijos. Después de haber errado todos, hagamos entrar 
en juicio á todos por medio de la magnanimidad. — Jacinto Gu- 
tiérrez» [1] 

No menos injusta Fué la prisión del General 
José Gregorio, el m4s reverenciare de nuestros fi- 



1 Aunque de corta extensión, dijo el Doctor Larraziibal en 
JSl Patritta número 171 correspondiente al 8 de setiembre de 
1849, el voto del seno* Gutiérrez, es una obra clásica que hon- 
rará snmpre á su autor. El señor Gutiérrez no es »Mo un ha- 
cendista, e9 también un político perfecto, un hombre de] Es- 
tado. 



!tfO DOCTOR L. VILLANÜBVA 

lántropos; ni menos inhumana la determinación de 
llevarle como presidiario al Castillo de Maracaiho, 
donde á poco murió de honda tristeza. 

Falto el Gobierno de un hombre de Estado á su 
cabeza, declara desatentadamente la guerra aun gran 
Partido ; y éste acepta el reto, llama á sus Proceres, 
alienta la juventud, yérguese como un atleta, y se 
lanza á la miyor revolución en que nunca jamás 
vierónse empeñadas sus mejores fuerzas. 

La ciudad dei IV. El Partido Liberal en su período primitivo 

pueblo. * * 

de formación, de 1840 A 1846, se limitó k reclamar el 
cumplimiento de la Constitución de 1830, que el se- 
ñor Guzmán llamó el Monte Arentino de los venezo- 
lanos, y á proponer algunas reformas de leyes, que la 
opinión pública exigía. Hecho poder de 48 á 58, bo- 
rró de nuestros códigos la pena de muerte por mol i vos 
políticos ; libertó a, los propietarios de la expoliadora 
lev de 10 de abril ; ensanchó la esfera de la instruc- 
ción pública, poniéndola al alcance drí los pobres ; 
abolió la esclavitud; creó la autonomía del poder 
municipal; rectificó la división territorial; y cambió 
la inmovilidad de 20 anos por un progreso racional, 
con resultados prácticos, para que imperara la igual- 
dad entre todos y la justicia para tedos. 

En 58 y 59 ibaá comenzar otra civilizadora evo- 
Ilición política, promovida por el inextinguible deseo 
de acercarse, cada día más, á la suspirada libertad ; 
con virtiendo las provincias en Estados soberanos, 
con descentralización administrativa, tribunales pro- 
pios ó independientes, y el más bello y filosófico 
ideal de derechos individuales y de libertades públicas. 

Nuestro partido se presentaba como el homo novus 
de la Patria; el más ilustre que nunca fue ni ha sido 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 251 

hasta los tiempos que alcauzamos. Pero en la civiliza- 
ción de lo porvenir, tienen los liberales que exceder, 
ó por lo menos igualar á sus beneméritos antepasa- 
dos; porque si bien la Federación es una cumbre en 
la escala de la perfectibilidad gubernativa, no es con 
todo defi jitivamente la última de ellas. 

Sucede con los adelantos de la política lo mismo 
que con las alturas de las cordilleras; que, vis- 
tas á distancia, parece que son el linde de una cadena 
de montañas; empero, cuando se posa el pie en su ci- 
ma, se ve detrás otra más alta. 

En este sistema de gobierno 83 condensaron 
junto con sus principios propios, los de las predica- 
ciones de la prensa primitiva; adoptáronse los pro- 
gresos alcanzados, y formóse con toda esta masa lu- 
minosa, lo que bien podríamos llamar, la Ciudad del 
pueblo; como llaman la Ciudad celeste, en la doctrina 
agustiniana, la organización en un solo cuerpo de en- 
señanza de las instituciones religiosas di» los judíos 
y tas instituciones religiosas del Evangelio, bajo el 
dogma de la unidad de Dios, con la revelación á los 
israelitas v la revelación á los cristianos. 

Aqui el dogma era la unidad del liberalismo, ó 
de otro modo, la unidad de la libertad, con las ideas 
del tribunado primitivo, las conquistas de la déca- 
da mencionada, y las aspiraciones federalistas de la 
época moderna. 

Pero la ley del progreso ensena, que más allá del 
adelanto político que constituye la Federación, hay ó 
debe haber, otros quizá invisibles hoy, pero que se re- 
velarán más adelante, y por cuya conquista tendrán 
que bregar los liberales, si quisieren mantener viva la 
perpetua renovación de los elementos que forman el 



252 DOCTOR L. VILLANUEVÁ 

misterioso organismo de los pueblos, puesto que no 
les es lícito pararse jamás en su carrera, so pena de 
desconocer su dogma y quedar petrificados en el es- 
pacio de la política, como suelen los partidos conserva- 
dores. 

Un partido liberal debe marchar siempre, ya 
que su inmortal destino es transformar las naciones 
por medio de jornadas, cívicas ó bélicas, que produz- 
can el desenvolvimiento natural, fisiológico y eterno 
de las inexhaustas fuerzas progresivas de la especie 
humana. 

Para expMcar la razón originaria del prestigio, 
longanimidad y triunfos de la revolución federal, se- 
ría preciso ir á buscarla, por un largo estudio que co- 
rresponderá á quien escriba la historia de aquella é- 
poca, en la violación del programa de marzo; con lo 
cual se sustituyó al ofrecido olvido de lo pasado, el 
sistema de los castigos, como ley moral de reparación 
y de justicia: y luego en la aspiración á mejoras mora- 
les y políticas que habían comenzado á germinar en la 
conciencia del pueblo. 

, . V. Lo más difícil en el estudio de la historia es 

Zamora íntimo. 

leer en las almas, para alcanzar á penetrar los mo- 
tivos secretos de las acciones humanas; pues en 
los sucesos públicos hay dos órdenes de causas; 
visibles unas, que el escritor encuentra en los docu- 
mentos y tradiciones; invisibles otras, que no es 
dado descubrir sino al que pueda, por alguna cir- 
cunstancia especial, interrogar y oir las respuestas 
del hombre íntimo; operación delicadísima que no 
es siempre fácil poner en práctica para el logro 
de lo que intentamos. 

Zamora sale de Curazao á la guerra, por ser- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 253 

vir á la Patria, contribuyendo á que su Partido 
estableciese por las armas, el anhelado sistema de 
la Federación ; ya que los convencionales de Va- 
lencia no quisieron hacerlo en el seno de la paz. 
Esta es, en la historia, la razón visible. 

Pero movióle otra, oculta y personal, que con- 
sistía en su odio al Presidente Castro, quien arbi- 
trariamente lo había desterrado ; en su vehemencia por 
derribar del poder á los oligarcas, que lo habían calum- 
niado, perseguido y aun vejado; en su fraternal afecto 
al General Falcón, cuyos caminos al poder y a 
la gloria deseaba allanar antes que otro alguno ; y 
en su propio orgullo de guerrero que le inducía á 
crear por el pensamiento planes de campañas, con 
que vencer y humillar á sus contrarios. 

Allá, en el fondo profundísimo de su corazón, 
donde resonaban los ecos de sus violentas pasiones, 
es donde hay que ir á buscar el origen de las ins- 
piraciones, felices cuanto atrevidas, de sus maniobras 
en el centro, por entre ejércitos enemigos; de su táctica 
admirable, en San Lorenzo, Santa Inés y El Corozo; y 
de su marcha, casi á la par con las bolivianas, desde 
Curbat 1 ', al pie de la cordillera, bástala plaza de San 
Carlos; de la melancólica ciudad, destinada por el cielo 
para ser como la Jerusalén de la más santa y querida 
de las causas populares. 

El arte brota siempre de las grandes pasiones. 

El alma, como una cítara de alambres divioos, 
no produce notas supremas de dolor, de alegría, de 
ira, de esperanza ó de desesperación, sino cuando 
la hieren esos grandes, sublimes, terribles afectos, 
del amor, de la desgracia, del patriotismo, de las 
venganzas ó las ambiciones. 



254 DOCTOR L. VILLANUEVA 

La elocuencia, como el arte de la guerra; las 
armonías de la palabra, como el estruendo pavoroso 
de las batallas; los cánticos de Rossini que, según 
Donizetti, sólo pueden igualarse á los del cielo; 
los adorables ángeles del pincel; tales maravillas no 
tienen su numen sino en el sentimiento. 

Un guerrero ilustre es un artista. 

Artista científico como Sucre, ó artista al natural 
como Páez. 

Pichincha, Mata de la Mié 1 , Santa Inés, son 
poemas: poemas de la espada, inspirados por el ca- 
lor que vivifica el corazón y sublima el entendi- 
miento á las empresas más gloriosas. 

Para estos juicios sobre ZamOíia es menester 
verle y oirle, cuando está solo, en el pequeño 
retiro de su destier o, hablando consigo mismo, 
con su esposa y con Dios. Allí está el Zamora 
íntimo que no engaña al historiador. 

Su viuda nos ha referido que muchas veces le sor- 
prendía paseándose en su habitación y soltando frases 
como éstas : Es preciso ayudar á Juan 

V\\ día, con motivo de una carta del Gene- 
ral Faícón, de Saint Thomas, en que modificaba la 
organización que se había dado á los planes para el al- 
zamiento de Paraguaná, decía: Juan como que me 
regaña. Pero no tiene razón. . . .Si yo logro desem- 
barcar h ayudaré mucho . . . .porque haré lo que 

ningún General ha hecho Tengo aquí (y se ponía 

la mano en la frente) tengo aquí una campaña. . . . 

En ocasiones solía decir en sus soliloquios : 
Juan es demasiado bueno. . . .Si los godos le hubieran 
puesto un par de grillos, como á mí, procedería de otro 
modo. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 255 

Pero es preciso ayudarlo, porque lo están enga- 
ñando .... 

El es ni uy confiado 

En sus expansiones íntimas rebosaba de cari- 
ño para con el General Falcón. 

Como si respondiera á una voz interior, solía 
exclamar: Yo le salvaré. 

Otras veces decía á su esposa: Yo creo que lo 
mejor es irnos á Nuera Granada; pues ¡para que 
voy yo á meterme en esta revolución ? Los compa- 
triotas no me agradecerán mis servicios, porque son 
ingratos. En Nueva Granada viviremos con lo que 
yo gane trabajando, y con lo que nos manden de Coro, 
de mis campos, y lo que te envíe tu madre. Ade- 
más, venderemos esta plata en bruto que compró al 
padre Rincones .... 

Cuando amanecía de mal humor, prorrumpía co- 
lérico: / Ese Castro me la pagará! ¡Le haré tina 
guerra como él no sabe ! 

Vacilaciones y contrariedades hijas de su ca- 
rácter irascible y de su temperamento nervioso. 

El mejor de sus entretenimientos en Curazao, 
era ejercitarse en los toques de música marcial. 



r 



CAPITULO X 

I. En la noche del 20 de febrero de 1859 es- 8 o *• <ébw* 
talló la revolución federal en Coro, con ocasión de 
estar el Gobernador Fermín García en Cumarebo. 
Desempeñaba la Comandancia de Armas, el Coman- 
dante Francisco Carabaño, y la Jefatura de la guarni- 
ción, el Comandante José María Sanda : militares que 
habían servido al partido liberal hasta la caída del Go- 
neral Monagas. 

Díjose entonces que algún tiempo antes del 2(1 
de febrero habían empezado á correr rumores de 
trastornos políticos, de que no se hizo ningún caso, 
preocupado como estaba el ánimo de los hombres def 
Gobierno con las elecciones provinciales y naciona- 
les, á punto de verificarse en aquellos mismos días. 

Era candidato de un círculo para la Gobernación., 
el mencionado señor García. Tal circunstancia fue há- 
bilmente aprovechada por los conspiradores, valién- 
dose de ella para distraer la atención de tinos y entibiar 
el celo de otros, quedándoles así campo abierto para 
activar la correspondencia con sus compañeros de fuera.. 
y urdir tramas con los del interior. 

17 



258 DOCTOR L. VILLANUEVA 

El General Falcón había ido de Curazao á Saint 
Thomas en solicitud de elementos de guerra ; y aun- 
que todos los revolucionarios de la República se habían 
comprometido á esperar sus órdenes para levantarse, 
sucedió que exasperados los de Coro por algunos malos 
tratamientos que les daban los gobiernistas, escribieron 
por órgano de su comité, al General Zamora, á la sa- 
2Ón en Curazao, proponiéndole la toma del parque, si 
él creía que con aquellos elementos podía abrirse la 
campaña. 

Zamora aprobó el plan sin anuencia del General 
Falcón, y designó al Comandante Tirso Salaverría para 
encabezar el movimientD. 

Fue entonces cuando un grupo de jóvenes, de 
más de cuarenta, comprometidos en la conspiración, 
y recelosos del Gobierno, porque se decía que el plan 
estaba descubierto, determinaron alzarse en la ciu- 
dad y correr los peligros de la guerra, antes que dejar- 
se prender. Al efecto, pensando que en las noches 
de rctre'a se formaba una concurrencia de curiosos 
en la calle del cuartel, ocultáronse al anochecer del 
domingo 20, en casas cercanas de éste; hicieron 
parar con maña casi en frente de su puerta, como 
quince ó veinte burros cargados de pasto, y á hora 
convenida, precipitáronse sobre los centinelas. Iba 
adelante Félix Iraola ; dispersaron á pedradas la 
escolta de la retreta, invadieron el local, sorp r endie- 
ron la desprevenida guarnición, y tomaron posesión 
del parque, venciendo una débil resistencia de la tropa. 
Pues ésta, aturdida de la sorpresa, tal vez se imagi- 
nó ver detrás de aquellos mozos el pueblo armado ; 
y temiendo ser inmolados, parle corrieron á escaparse, 
y otros se apresuraron á rendir las armas, tan pronto 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 259 

como lo mandó el oficial de guardia, José Tomás 
Santana, tínico que estaba allí. 

Los asaltantes fueron Félix Iraola, José Torres, 
Rodulfo Pereira, Juan Navarrete Romero, Clodomiro 
Isais, Manuel Rodríguez, Nicolás Quero, Manuel 
Hansen, Leovigildo Hernández, Apolonio Moreno, 
Tomás Díaz, Vicente Miquelena, Rafael Miquelena, 
Juan Larriia, José Rivero, Catal.no Aceituno, José 
María Freites, Sandullo Rosillo, Anselmo González, 
José Tomás Pereira, Manuel Valles, Simón Primera, 
Juan García, José de las Mercedes Miquelena, Emilio 
Navarro Miquelena, Lucas Villalobos, Manuel Acosta, 
Juan Acosta, Enrique Medina, Filindo Castro, Basi- 
Jio Acosta, Fernando Rojas, Gregorio Ruijano, Ma- 
nuel Martínez, José de los Reyes Pachano, Juan 
José Colina, Pedro García, Carlos García, José de 
Jesús Osoro, Nicolás Arévalo, Luis Matié, Simón 
Yarí, Juan de la Cruz Quero, Hilario Quero, Pe- 
riandro Crispín, Benito Molina, Tirso Salaverría y 
Jesús María Hernández. Los cinco primeros eran 
imberbes. 

Había en el parque dos grandes cañones de bron- 
ce montados, que llamaban El Tití y El Alegre, y 
otros de menor calibre; novecientos fusiles y mucha 
pólvora elaborada, y bastante á granel; fornituras, cor- 
netas, tambores y banderas. 

Al grito de Federación alborotóse la ciudad, y 
todos los liberales, al saber la ocurrencia, volaron á las 
armas: y unos á pie y otros á caballo, llenaron las 
«alies y plazas principales dando vivas á la revolución. 

Las autoridades militares y civiles fueron arres- 
tadas: y la Junta» revolucionaria, compuesta de Juan 
Navarrete, Pedro Torres, José Toledo y Nicolás Sal- 



i 



260 DOCTOR L. VILLANUEVA 

darriaga, procedió luego á luego á dictar las medidas 
conducentes á la organización de tan incruenta victo- 
ría. Se nombró esa misma noche á Salaverría, Jefe 
provisional de la plaza y de las tropas federalistas de 
la Provincia, según la indicación del General Za- 
mora; y al amanecer el 21, expidió dicho Jefela si- 
guiente proclama, que fue publicada por i ando solem- 
ne y esparcida á los cuatro vientos, en que apellidaba 
guerra contra el Gobierno del Presidente Castro : 

TIRSO SALAVERRÍA, 

JEFE PROVISIONAL DE F.VTA PLAZA Y DE LAS TROPAS FEDERALISTAS 

DE LA PROVINCIA 

Córtanos ! ! Compatriotas ! ! 

La revolución de marzo lia sido inicuamente falseada. 
Atraídos por los encantos de su programa fascinador, con- 
currieron á consumarla todos los venezolanos ; y su triun- 
fo no ha producido otros gajes que el entronizamiento 
de una minoría siempre retrógrada, siempre impotente 
en su caída, siempre ávida de satisfacer innobles ven- 
ganzas. Aceptáronla de buena (ó los mismos que, fie- 
les á sus compromisos, sostuvieron el poder recientemen- 
te derrumbado ; y con rrimim.l violación de las protestas 
de echar al olvido Jo pa.-ado, se les persigue sin causa, 
y sin causa y sin fórmula do juicio se les condena á 
una proscripción indefinida ; sin que haya bastado á dar 
treguas á este abuso la voz de la Nación, que <Je todos 
los ángulos se alzara reclamando la amnistía. Procla- 
man la Libertad en las elecciones; y nunca las eleccio- 
nes se han verificado más á expensas de la libertad del 
pueblo. Invócase como el garante más seguro de la so- 
beranía popular, el voto universal en las mismas elec- 
ciones; y lo que hemos visto ha sido el escarnio del 
voto universal, otorgando ese derecho ala fuerza arma- 
da sometida á la voluntad de Jefe? establecidos ad-A<w, 
para llenar los designios proditorios de un club domi- 
nador. 

Bajo esa tutela depresiva tuvieron lugar las eleccio- 
nes para la Convención Nacional. jY cuál había de ser 
el resultado ? Otra vez la centralización del poder con- 
tra el querer délos pueblos paladinamente manifestador 
otra vez el dejar sometida la suerte del país á la volun- 
tad de un hombre y su partido : otra vez el abrir an- 
churoso campo para perpetuarse en el poder público, uno> 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 261 

«m algunos, con ultraje de los principios preconizados 
en esta misma Carta central. 

Por fin los abasos consecuentes á tan funesto orden 
de cosas; por fin las escandalosas infidencias del Jefe 
provisional del Estado, tantas veces falaz y perjuro cuan- 
tas bajo la religión del juramento ha protestado des- 
prendimiento, abnegación y patriotismo; por fin las in- 
justicias y arbitrariedades de sus agentes en las provi n- 
cias, siempre garantizados con la impunidad, han rebo- 
sado la copa de nuestra indignación y roto los diques 
del sufrimiento, para realizar un pensamiento, ídolo de 
nnestro corazón, y Que la prudencia nos había obligado 
hasta ahora á mantener en el terreno de la opinión. Es- 
te pensamiento mágico, regenerador, ese símbolo de fe 
política de todos los venezolanos, ese refugio salvador, 
único que el Cielo nos depara eu la desecha tormenta 
■que las pasiones azuzadas por los desmanes de un po- 
der arbitrario han descargado sobre nosotros, es la re- 
organización de Venezuela en República eminentemente 
federal. 

Compatriota* : 

Mi corazón abunda en sentimientos de jubilo que 
ini débil voz puede apenas explicar. Sin derramarse ni 
una sola gota de sangre, sin vejámenes ni tropelías de 
ningún género, sin que nadie pueda lamentar una inju- 
ria que de pilabra ó de hecho le irrogaseis; sin más ar- 
mas que vuestro valor y denuedo, y sin más esfuerzos 
que los de vuestras voces, me acompañasteis anoche en la 
grave empresa de desarmar la fuerza y apoderarnos de las 
armas couque un esbirro, remedo de Gobernador del Ge- 
neral Castro, nos oprimiera, y con que se prometía rea- 
lizar el dtesi guio de su amo, de perpetuarse en el dominio 
del país, á despecho de la voluntad general. Hazaña 
memorable la vuestra, compatriotas! Arranque singular 
•de patriotisAio y valentía ! Rasgo espléndido de modera- 
ción, de orden y moralidad en medio del tumulto de 
una ciudad conmovida y en los momentos en que se 
hallaban á vuestra discreción la vida y la libertad de 
vuestros propios opresores ! ! ! 

Compatriota* ! 

Por el concurso unánime de vuestras voluntades me 
•elegisteis Jefe provisional para la empresa de la santa 
causa de la Federación en esta Provincia ; y heme aquí 
á la cabeza de este honroso movimiento, resuelto con 
toda la abnegación del patriotismo, con toda la energía 
y ardor de un alma libre, con todo el noble orgullo 
de un militar, ciudadano idólatra de su Patria, dispues- 
to á arrostrar, alegre y sereno, á vuestro lado, los aza- 



262 DOCTOR L. VILLANUEVA 

res de la campaña que hoy se abre á nuestros esfuer- 
zos. ¡ Feliz yo, cantaradas, si, como lo espero de la Di- 
vina Providencia, triunfáremos de nuestros dominadores l 
Feliz yo, siquiera exhale á vuestro lado mi último sus 
piro, en nombre de la Libertad y la Federación de nú 
Patria. 

Córtanos ! 

No temáis. La Federación es el Gobierno de todos. 
La Federación es el Gobierno de los libres. Venezuela 
será libre, y Venezuela obtendrá el lauro de la Fede- 
ración. No hay un solo venezolano, con excepción del 
reducido club que hasta hoy nos lia dominado, cuyo co- 
razón no lata de entusiasmo al impulso de esa voz má- 
gica y arrobadora. La República entera está conmovi- 
da. Las localidades más importantes han dado simultá- 
neamente el golpe que nosotros, y las demás se apres- 
tan aceleradamente á secundarnos. La opinión nos fa- 
vorece, la gente de armas nos sobra, y cuantos elemen- 
tos iludiéramos necesitar están á nuestra disposición. 

Córlanos todos ! 

No desconfiéis de nuestras protestas: no son las de 
aquel que infiel al Gobierno que servía, ha sido más 
y más infiel á la Nación que en mala hora, le confiara 
sus destinos. Nuestro programa exclusivo es la Federa- 
ción de Venezuela : el medio de realizarlo es la Unión 
de todos los venezolanos: y en consecuencia, las distintas y 
odiosas denominaciones de bandos políticos serán para 
relegadas al olvido. 

Viva el movimiento federal ¡uta de Coro!!! 

Vira la Federación de todas hs Provincias de la Re- 
pública ! ! ! 

Vira el Oral Juan G. Falcó n^ primer Jefe del movi- 
miento federalista nacional!!! 

Dado en el Cuartel general de Coro, á 21 de febrero de 
1 85í>. 

Tirso Salavkkría. (1) 



(1) Esta proclama fue imoresa en Coro, Maraca ibo y otros 
1 airares, pero posremos además el borrador de ella con la firma 
autógrafa del General Sala venia; encontrado por el General Cor- 
dero en la casa de, Gobierno de ('oro y enviado por él al Mi- 
nisterio de Guerra y Marina. — Oficio fechado en el Cuartel Gene- 
ral en Coro, á 7 de abril fie 1839. — Y tenemos otra manuscrita también 
que se conserva en el expediente de la causa de conspiración 
contra el General Salaverna, formada en elJuzgado de I a Instancia 
del circuito de occidente, de Coro. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 263 

En la madrugada del 21, secundaron el movi- 
miento en La Vela, Serapio Rincón y Carlos Ga- 
lán, á quienes se avisó oportunamente el feliz re- 
sultado de la intentona en Coro. Sin perder momento 
se apoderaron del Resguardo y de dos buqut s surtos 
en el puerto : las goletas Ouaireiia y El Coriano. 
Esta fue tomada por la fuerza; y la otra, entre- 
gada de buen grado por su capitán, fue de allí á 
poco despachada á Curazao á llevar á Zamora y de- 
más desterrados, la noticia de lo recien acabado de 
acontecer, y participar al primero que había sido nom- 
brado por el pueblo y el Gobierno provisional, Jefe de 
Operaciones del Ejército Federal de Occidente ; y se 
ie invitaba á él y al Coronel José Rosario González, 
á ponerse á la cabeza de las fuerzas del Estado. Uno 
y otro aceptaron la invitación y zarparon inmediata- 
mente para La Vela. El 22 desembarcaron sin nove- 
dad en este puerto, en medio de las aclamaciones 
populares, acompañados de los ciudadanos General 
José Desiderio Trías, Napoleón S. Arteaga, J. F. de 
la Guerra, José Gabriel Ochoa, y Juan Francisco 
Manrique. El 23 publicó Zamora su primera Orden 
General, que dice así : 

II. ORDEN GENERAL Orden s«era 

de Z amor a. 

para hoy 23 de febrero de 1S:V) • 

Militares! 

Nombrado Jefe de. Operaciones de Occidente en la 
campana abierta por los pueblos, rescatando sus derechos 
y proclamando el» sistema federal de las provincias, cum- 
ple á mi deber saludaros por haberme cabido esta honra 
al lado de los valientes corianos, con quienes más de 
una vez he sido partícipe de las glorias y de los reve- 
ses de las campañas. 

La moral, el orden, el respeto á la propiedad y el 
amor ardiente por la libertad de su patria, es el distin- 



2G4 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

tivo del carácter coriaiio, como civil : el denodado valor 
contra el enemigo armado, la generosidad y clemencia con 
<»1 vencido, y la subordinación, es su divisa como militar. 

Con tan bellas dotes y la santidad de la cansa que 
sostenemos, que no es otra que la verdadera causa de 
los pueblos, la República genuina, la Federación, vuestro 
lieroísmo debe ser premiado con el triunfo de los prin- 
cipios y el derrocamiento consiguiente de la tiranía. 

Viva la Federación ! 

Viva la verdadera República! 

Viva, y para siempre, la memoria de los Patriarcas 
de nuestra Independencia, de los hombres del 5 de julio 
<le 1811, los que, en el acta gloriosa, dijeron á los pueblos, 
federación ! 

Que se cumpla pues, después de tantos años. 

Ezeqtjiej, Zamora. 

dai°U£!í? oi de III. Nombróse Gobernador de la Provincia al se- 

^to^o P Marao". ñor Nicolás Saldarriaga, y para su Secretario, al señor 
Víctor Hanscn ; pero el 25 del mismo mes, cons- 
tituida la Provincia en Estado Federal, según los 
principios de la revolución, nombraron los vecinos 
de la capital, reunidos en la plaza pública, un 
Gobierno provisional compuesto de los señores, José 
Toledo, Nicolás Saldarriaga y Pedro Torres, como 
principales; y Francisco Santana, José María Sán- 
chez Granadillo y José T. Pereira, padre, como su- 
plentes; quienes e «trado que hubieron en ejercicio de 
sus funciones, designaron para Presidente del Gobierno 
A Saldarriaga; Secretario de la Gobernación del Esta- 
blo á Toledo ; y Secretario de Hacienda y Adminis- 
tración general á Torres; y expidiéronlos estatutos 
y el programa de Gobierno y Administración que re- 
producimos en seguida : 

Constituida la Provincia de Coro en Estado indepen- 
diente y asumiendo, como una de las actuales unidades 
políticas de Venezuela el ejercicio de su soberanía, pro- 
testa solemnemente: 

I o Defender con todos sus recursos y con su sangre 
¿ui independencia administrativa ; y 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 265 

2? Respetar y conservar la integridad y la unidad de 
la Nación en la forma federal. 

Al efecto, y mientra» que las elecciones constituyan 
los poderes públicos conforme á las reglas genuinas del 
Bistema republicano, el Gobierno provisional del Estado 
de Coro, asume el ejercicio de todas las atribuciones del 
Poder Ejecutivo en cuanto concierna á los intereses del 
Estado, con sólo la excepción de las atribuciones del 
Gobierno General de la República, que provisionalmente 
se fijan de la manera siguiente : 

1? Las Relaciones Exteriores de la Federación Vene- 
solana. 

2? El Ejército y la Armada de la República, que una 
vez constituida no podrán emplearse sino en la guerra 
exterior. 

3? El Crédito público, exterior é interior. 

4 o Las Aduanas, mientras existan, y cualesquiera 
otras contribuciones que conservare ó decretare. 

ti? El peso y ley de la amonedación. 

0" El pabellón y el escudo de armas de la República. 

7? El servicio de Correos, cuyo* empleados nombrará 
en el territorio del Estado su propio Gobierno ; y 

8? Lo concerniente al patronato eclesiástico, mientras 
exista, en lo que exceda de los límites de un Estado. 

Constituidos que sean los Gobiernos de los veinte 
Estados que forman las actuales veinte provincias de la 
República, se procederá á la elección de una Asamblea 
general que di^te la Constitución federal de ella ; y á 
cada Estado toca decretar posteriormente la suya en ar- 
monía con el pacto nacional. 

El Gobierno General de la Federación Venezolana 
estará á cargo de cinco ciudadanos elegidos por los Go- 
biernos provisionales de los Estados ; y mientras esto se 
Aerifica, no pudiendo la República quedar sin represen- 
tación exterior, el Gobierno del Estado asume por ahora el 
ejercicio de las atribuciones mencionadas del Gobierno Ge- 
neral j y declara que los principios que profesa y que le 
rigen, son los que constan del siguiente programa: 

Abolición de la pena de muerte. 

Libertad absoluta de la prensa. 

Libertad de tránsito, de asociación, de represe otación 
y de industria. 

Prohibición perpetua de la esclavitud. 



260 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Inviolabilidad del domicilio, exceptuando los casos 
de delitos comunes judicialmente comprobados. 

Inviolabilidad de la correspondencia y de los escri- 
tos privados. 

Libertad de cultos conservando la soberana tuición 
que sea indispensable para garantir esa misma libertad. 

Inmunidad de la discusión oral de toda especie. 

Inviolabilidad de la propiedad. 

Derecho de residencia á voluntad del ciudadano. 

Independencia absoluta del Poder Electoral, que ni 
antes de su ejercicio, ni durante su ejercicio, ni después 
de él, dependa de ninguno de los funcionarios de los 
demás ramos de la Administración. 

Elección universal, directa y secreta, de Presidente 
de la República, de Vire-presidente, de todos los Le- 
gisladores, de todos los Magistrados del orden político 
y civil y de todos los Jueces. 

Creación de la milicia nacional armada. 

Administración de Justicia gratuita, en lo secular. 

Abolición de la prisión por deuda, como apremio. 

Derecho de los venezolanos á la asistencia pública 
en los casos <le invalidez ó escasez general. 

Libertad civil y política individual, consistente: I o , 
en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley; y 
2°, en la facultad de hacer sin obstáculo, licencia ó ve- 
nia, todo lo que la ley no haya expresamente cal i tiendo 
de falta ó delito. 

Seguridad individual: prohibición del arresto ó pri- 
sión del hombre sino por causa criminal, precedida la 
evidencia de la comisión de un delito, y los indicios 
vehementes de la culpabilidad. 

La aplicación, en fin, á nuestra patria, de todas las 
demás instituciones felizmente descubiertas por la huma 
nidad, y que la infancia del Estado social, ó la igno- 
rancia de nuestros conductores, ó la depravación, ó el 
criminal abandono, han hecho imposibles hasta ahora. 

Con techa 2t¡ de. febrero eligió el Gobierno 
provisional los cinco ciudadanos que debían com- 
poner el Gobierno General de la Federación Ve- 
nezolana, de acuerdo con los estatutos arriba ci- 
tados, y excitó á los Gobiernos provisionales de 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 267 

las nuevas Secciones que se fueran organizando, & 
uniformar la elección en favor de sus candidatos 
propuestos, que eran los ciudadanos General Juan 
C. Falcón, Antonio Leocadio Guzmán, Doctor José 
Manuel García, José Gabriel Ochoa y Napoleón Se- 
bastián Arteaga ; á la vez que ofrecía reconocer co- 
mo Gobierno General, el que compusieran los cinco 
ciudadanos que reunieran la mayoría relativa de votos 
de los Gobiernos Seccionales. 

Por otro decreto quedaron abolidos en el Es- 
tado de Coro los tratamientos dados á los empleados, 
disponiéndose que sólo se antepusiera el dictado de 
ciudadano al título del empleo ó grado que indicara 
el carácter público; y el tratamiento sería el de us- 
ted indistintamente. 

Siempre honrará á aquellos patricios haber 
declarado oficialmente, que el Estado no reconocía 
por enemigos suyos, sino á los que atentaran 
de hecho contra su independencia, y prometido no 
inquietar á nadie por sus opiniones políticas ni por 
sus actos anteriores; pues adictos ó contrarios á la re- 
volución, todos los venezolanos estaban llamados á go- 
zar de igual inmunidad, mientras no conspiraran contra 
el sistema federativo; en virtud de lo cual decretaron 
que ningún ciudadano podía ser preso, porque fuera ó 
hubiera sido contrario á la revolución del 20 de 
febrero. 

Esto era , en verdad, elevar la tolerancia polí- 
tica y el respeto á la conciencia humana, á la cate- 
goría de dogma en el Gobierno, como nunca jamás 
lo idearon nuestros antepasados. Hoy mismo tra- 
bajan con ahinco los hombres de Estado en abolir la 
prisión por motivos políticos, como una de las más 
bellas aspiraciones de la civilización moderna. 



268 DOCTOR L. VILLANUEVA 

El Pabellón nacional que debía usar el ejér- 
cito y la armada, sería el antiguo tricolor de Ve- 
nezuela, con la adición de siete estrellas azules en 
la faja amarilla, para simbolizar las siete Provin- 
cias -que constituyeron la Federación venezolana el 
año de once. 

Honores á 2»- IV. En 25 de febrero se declaró á Zamora acree- 
dor á la gratitud nacicnial y á la confianza del pueblo 
v del Gobierno ; se le acordó el ascenso á Gene- 
ral de División, y se le nombró primer Jefe del 
Ejército del Estado de Coro y del de Occi- 
dente. Y habiendo declarado el Gobierno que estoba 
satisfecho de su conducta, aprobó todos los actos 
que había ejecutado desde su llegada al territorio; 
y le autorizó plenamente para dictar todas las me- 
didas que fueran conducentes á la defensa de los 
principios proclamados ; entre otras, la de conceder as- 
censos militares hasta el grado de primer Comandante 
inclusive. 

En la misma fecha se concedieron honores y 
ascenso á General de Brigada y facultades iguales, 
al Coronel González. 

ortamzacion V. Organizáronse en un fondo común las llama- 

de Rentas. ° 

das rentas internas y las rentas del Municipio;) 7 se 
procedió á reinstalar los Concejos Municipales. Con 
fecha 4 de marzo, el Gobierno provisional en ejercicio 
de las atribuciones del Gobierno general de la Fede- 
ración venezolana, re bajó en un veinticinco por ciento 
los derechos de importación en todas las aduauas de la 
República, dejando los de exportación como estaban, 
basta que las atenciones del Tesoro público permitie- 
ran disminuirlos ó extinguirlos, como se prometía ha- 
cerlo la Federación en beneficio de Jos productores 
nacionales. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 269 

VI. Por decreto de 5 de marzo, se formó la i»«wwu 

i mi fcdtnd. 

escuadrilla con cuatro buques que se armaroa con pe- 
queños cañones encontrados en La Vela ; de estas 
naves, dos debían zarpar hacia barlovento, y las otras á 
sotavento con sus respectivas dotaciones de marina 
y tropa, y todas las municiones de boca y guerra 
necesarias; y se nombró Jefe militar de ella, al 
Coronel Rodulfb Calderón. La Guaireña sollamaría 
en lo adelante Federación) y El Coriano, 20 de Febrero. 

Por orden de Zamora se embarcó Calderón 
en la primera, armada con dos carroñadas por banda. 

El Coriano era una goleta nacional de 90 to- 
neladas, y La Guaireña de mayor porte. 

El castillo tenía dos piezas de regular tamaño. 

VIL El señor Maximiliano Iturbe, sugeto enten- semdore» p ú- 
dido y honrado, fue nombrado Administrador de la lcai * 
Aduana de La Vela. 

Fuera de los asaltantes del cuartel, sobresa- 
lieron en la ciudad de Coro por sus servicios á la 
Revolución, los ciudadanos: 

Juan José Navarrete, Rafael Petit, Benito Ur- 
daneta, Emilio Navarro, Víctor Hansen, Vicente 
Miquelena, Simón Ramones. 

Del Cantón San Luis, volaron á la capital á 
apoyar el movimiento: Martín Reyes, Nepomuceno 
Guerrero, Julián Castellano, José del Rosario Pe- 
tit, Manuel Sánchez, Catalino Chirino, Manuel Oviol, 
Pedro Oviol, César Castellano. 

En Paraguaná se pusieron en armas : José del 
Rosario González, Escolástico Naranjo, Faustino 
Pulgar, Manuel González, Domingo Moreno, Ale- 
jandro Pulgar, León Colina, que bien puede lia- 



270 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

marse el León de las batallas, José Tomás Valles, 
Casimiro Garcés. 

Los Odubers ofrecieron sus bienes y prestaron 
buenos servicios. 

José González era un veterano oficial de Co- 
lombia, que tomó servicio en calidad de soldado 
en 1323, á los 23 afns d» edal. D^spuJs de ruda 
campaña en territorio de Coro, fue ascendido á Te- 
niente, y en 1827 recibió del Libertador el grado 
de Capitán. En el promedio de 1830 á 1848, ejer- 
ció varias veces en su Provincia con beneplácito 
publico, los empleos de Jefe militar, Juez de pa- 
rroquia y Concejal. En 48, llamado ni servicio con 
el grado de primer Comandante, concurrió á la 
campaña del Zulia junto con Zamora, y sirvió los 
destinos de Comandante de Armas de Maracaibo v 
de Gobernador del Castillo de San Carlos. En- 
tonces fue elevado á Coronel. 

Dos veces fue Representante de la Provincia 
de Coro en el Congreso Nacional. En 1858 se 
asiló en Curazao buyendo de las persecuciones 
de los reaccionarios de su localidad. Abora, al 
empezar la guerra con Zamora, le condecoró el 
Gobierno provisional con el grado de General de 
Brigada. 

En Cumartbo encabezaron el levantamiento, Juan 
Agustín Lugo, Pedro Alejandro Pina, (dominicano) 
Bernardo Márquez, Cirilo Guillermo, Henrique Co- 
lina, Rodulfo Calderón, Dionicio A. Goitía, José 
de Jesús Medina, Francisco Bracbo, Julián Rivero, 
Julián Hernández, Joaquín Pérez, Nicolás Cu riel, 
Ramón C. Curiel, Miguel Goitía, Aureliano Gonzá- 
lez, Francisco Cumare, León Barbera, Santos Seco, 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA. 271 

José Gregorio Domínguez, José María González, 
Antonio López, Francisco Chirino, padre, Fabián 
Rodríguez, José de la Cruz, Barbera, Francisco 
de la Rosa Chirino, Paulino Jiménez, Guadalupe Ji- 
ménez, Silvestre Chirino, Merced Barbera, Reyes 
Fernández, Juan Cesáreo Lugo, Nicanor Dumón, 
José Carvallo, Manuel Iglesia, Crisóstomo Jurao, 
Rudecindo Vargas, Francisco González, Carlos Galán. 

Pablo Pifia, Juan Vicente Pifia, y Andrés ligar- 
te sorprenden la guarnición de Capada re, le qui- 
tan ochenta fusiles y doscientas lanzas, y organi- 
zan una columna de 200 hombres que marchó 
1 aégo á Jacura. 

Francisco Acosta, asistido de otros amigos, mo- 
vió á Costarriba. 

El Comandante Benito Urdaneta, antiguo ofi- 
cial de la guerra de la Independencia, fue nombrado 
Jefe de Estado Mayor. Arteaga se ocupó en armar 
los buques; Manrique en ayudar á preparar el 
parque, y de noche trabajaba en la imprenta de 
A. W. Neuman, en la composición y tirado de los 
boletines. Óchoa empleó su talento é instrucción en 
servir al Gobierno provisional para redactar los docu- 
mentos oficiales, entre los cuales sobresalen el pro- 
grama de la Revolución, y la estructura del nuevo 
sistema que iban á implantar. 

Trías marchó con fuerzas á Capadare: Gonzá- 
lez á Paraguaná á organizar sus milicias, y Martín 
Reyes á Churuguara, en observación sobre la línea 
de BarquÍ8Ímeto. 

En poco menos de quince días se formó un 
ejército de mil hombres : á la escuadrilla se le dio 



272 DOCTOR L. VILLANUEVA 

una tripulación de doscientos, y otros tantos á la 
guarnición de la plaza. 

c^Sm? " da VIII. La invasión de Zamora con su marcha ai 

centro sobresaltó las Provincias, y produjo una crisis 
ministerial. El General Soublette fue llamado al Mi- 
nisterio de Relaciones Exteriores, el señor Rafael 
Arvelo al de lo Interior y el señor Pedro de las Casas 
al de Hacienda. 

Caracas se excitó con violencia. Liberales y 
oligarcas recorrieron las calles dando vivas á sus 
partidos y ostentando sus insignias y colores res- 
pectivos; de lo que podemos formarnos alguna idea, 
•leyendo el siguiente telegrama del Presidente de la 
República : 

Telégrafo Eléctrico. — Caracas: 1? de marzo de 1859. — A 
las (> ]>. m. 

¿Señor General Jefe de Operaciones de Caraabobo. 

Hubo hoy una gran alarma aquí, porque varios grupos 
se organizaban para turbar el orden público; pero la 
ciudad en masa, el comercio todo, notable y valeroso, 
rodeó al Gobierno ocurriendo voluntariamente á armarse 
á defender la causa de todos. Nadie se quedó en su 
casa; y lie tenido la complacencia de ver ostentarse la 
opinión de un modo lujoso, é imponente. Esta acti- 
tud y las medidas que se tomaron lian restituido la 
calma y contento á la capital. Los revoltosos se disol- 
vieron á esconder su vergüenza. Trasmita U.S. esta no- 
ticia a Puerto Cabello, que creo conveniente. 

J. Castro. 

partidas fe- IX. El primer pensamiento de Zamora, fue niover- 
>" á líar.piisimeto por Sabaneta, y de allí á los Llanos 
de Cojedes, Portuguesa, Barinas y Apure; escogidos 
por él desde Curazao para teatro de su campana, por 
estar abundantes entonces de ganados }' caballos, por 
tener excelentes territorios para la guerra, y cen- 
tros poderosos de opinión armada en favor de la 
causa federal. 



i 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 273 

Efectivamente: desde julio del ano anterior 
se habían mantenido alzadas muchas partidas, vic- 
toreando la Federación. Fueron las primeras las 
de Regino Sulbarán y Carlos Padilla, de setenta 
hombres, en La Boca de la Montaña, entre Gua- 
natito y Sabana Seca; y la de José Antonio Li- 
nares, colombiano de nación, en El Carrao, como 
de ciento cincuenta ; las cuales reunidas en número 
de más de doscientos hombres, y comandadas por 
este último, cfferrotaron en Trapichito las fuerzas del 
Gobierno, regidas por el Comandante Rafael Ro- 
mero; aunque días después tuvieron que replegarse 
á Samán Blanco, donde fueron batidas y dispersadas 
por el Comandante Silverio Escalona. Allí cayó 
prisionero Sulbarán, herido en una pierna; y como 
consecuencia de tal fracaso, apaciguáronse es(8s co- 
marcas hasta noviembre, en que asomaron nuevas 
partidas por Valle Hondo, Arenosa y otros sitios de 
la jurisdicción de Guanarito ; figurando con mayor 
renombre Martín Espinoza, natural del Pao.de San 
Juan Bautista, Carmen Pina y Miguel Santaella, 
quienes atacaron y vencieron, á fines de diciembre, 
las tropas del Comandante Segura, y dieron muerte 
á éste en el sitio de La Calceta. 

En pico menos de tres días atacaron á Gua- 
narito, y lo quemaron; y de allí, unidos á Linares, 
á Juan Lara, Guadalupe Rivero y otros, siguieron 
devastando á Sabana Seca, Las Animas, El Regalo, 
El Jobo, Potrero Lucenero y todas las poblaciones 
ribereñas del Guanare, como Guerilandia, San Mi- 
guel, San Andrés, Flores, Morrones, Río Viejo y 
La Unión. 

Para febrero estaban va en armas Antolino Al- 
18 



i'74 DOCTOR L. VILLANUEVA 

varez, Pedro Manuel Rojas, que llegó á ser con jus- 
ticia el más afamado General de la Federación en 
Occidente; caudillo humano, y á la par honradí- 
simo y valiente ; Natividad Petit y muchos otros de 
menor graduación. Para la fecha habían tiroteado 
más de una vez las guarniciones de Nutrias, Dolo- 
res, Libertad y Guanarito, y obligado al Gobierno á 
resguardar todas las plazas con tropa armada, y á 
mantener cuerpos francos por las selvas y caminos 
principales de aquellas dos Provincias. 

Como es común en las guerras, cometiéronse 
muchos delitos contra las personas y las propiedades: 
á saber, asesinatos, incendios de pueblos y hatos, 
profanación de iglesias, robos y violencias en hom- 
bres y mujeres. 

Martín Espinoza entró á saco la población de 
Sabana Seca, quemó las casas y mató muchos indi- 
viduos. En Las Animas fusiló á Carlos Ramón 
Moreno y A Encarnación Jiménez, que se preparaban 
á favorecer á unas familias escapadas del incendio 
del poblado. 

El mismo procedimiento de crueldad usó Lara en 
Morrones, en cuya plaza pasó por las armas á Juan 
Pedro Linares, á Luis Rodríguez v á un señor Gar- 
cía. Linares quemó El Regalo, y Rivero asoló E\ 
Jobo, á cuyo Juez de paz hizo alancear, dejándole 
tendido en el camino con diez y seis estocadas. 

El Teniente Enrique Ortega, de esta misma 
facción, prendió al anciano Juan Bautista Ángulo, le 
llevó consigo dos días, haciéndole sufrir los más 
duros ultrajes y dolores, y por último lo mató en 
Potrero Lucenero, y crucificó el cadáver co:i sendas 
estacas en pií's y minos. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA. 275 

A Ciríaco Jiménez le dieron muerte, y clavaron 
su cadáver en una tapia, después de sacarle las en- 
trañas. 

Marcelino Cruces, criminal prófugo de la cárcel 
■de Nutrias, era el abanderado de una de estas par- 
tidas. 

Ramón Calles, Jefe político de Guanarito, es 
asesinado en el sitio de Pot rerito, y á su familia la 
hacen marchará pie á uno de los campamentos. 

Tales fueron, entre otras, las primeras horrendas 
represalias de las infinitas atrocidades cometidas pol- 
los centralistas, al restaurarse en el poder de aquellas 
comarcas, con motivo del triunfo de la Revolución 
«de Marzo, y de que vamos á dar idea ajustándonos 
A documentos públicos que tenemos á la vista. 

X. Verdaderamente, las tropas del Gobierno Desmane» de 
saquearon varias casas en Libertad, entre otras la tnaSST Ma 
del venerable Cura párroco; se llevaron las alhajas 
de los santos y la plata labrada de la iglesia, y 
ofendieron el pudor de familias honestas. Quemaron 
los caseríos cercanos á Dolores, y se robaban por 
los caminos las mujeres y )as hijas de los labrado- 
res, convirtiendo aquellos hombres, sencillos y la- 
boriosos, en vengadores terribles de su honra, de 
sus propiedades y de sus caros afectos. 

En Río Viejo, pueblecito de la margen izquierda 
del Guanare, aprisionaron una india, esposa de un 
bonguero, y la ultrajaron. Era el marido un in- 
dio conocido en la comarca como hombre honrado 
y trabajador; al llegar á sus oídos la noticia del 
crimen, juró matar á todos los colorados (así lla- 
maban á las tropas del Gobierno), y se lanzó á la 
guerra con tal furor que se hizo celebérrimo por sus 



276 DOCTOR L. VILLANUEVA 

malos hechos. Desde entonces empezó á beber para 
hacerse más feroz. Cuando cogía un colorado le- 
decía : engrille, es decir, que bajara la cabeza ; y le- 
descargaba un machetazo. Mataba hombres, mujeres- 
v muchachos. En Santa Lucía cometió los crímenes 

m 

más inauditos. Por donde pasaba no dejaba sino ras- 
tros de sangre y desolación. Malo era y á la vez va- 
liente como Bóves ; y prestigioso entre los indios de 
aquellas tierras, porque los dejaba robar cuanto que- 
rían. Este hombre se llamó el Coronel Martín 
Espinoza, á quien hemos ya nombrado, y de quien 
tendremos mucho que decir en el curso de esta 
relación. 

En Ba riñas entraron á saco los gobiernistas 
la casa de la respetable familia Arvelo ; y pegaron 
fuego á la del oficial Rafael María Soto, quien fue 
después General de la Federación y Presidente de! 
Estado Barina8. 

En un informe que de los sucesos de aquella 
Provincia hizo el señor Juan T. Sosa al General 
Zamora, dice: las fuerzas centralistas han cometido 
crímenes semejantes á los que nuestra historia refiere 
de Antoñanzas y Zoazola 

Las circunstancias no son para seguir en este 
relato, y sólo hago hincapié en que los crímenes de 
los centralistas provocaron las represalias, y ellos son 
responsables ante la sociedad y su señor. (1). 

Espinoza solo llegó á tener hasta cuatro mi) 
hombres voluntarios, debajo de su mano, aunque no 
todos armados. Menores eran en numero, pero bien 



(1) Boletín Oficial del Ejército Federal de Occidente, número í- 
Harina*, 21 de mayo de l$-59. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 277 

ordenadas, disciplinadas y obedientes ias columnas 
Je Antolino Alvarez y Pedro Manuel Rojas, virtuosos 
hacendados de Santa Rosa y Dolores ; nunca mancha- 
bas con los feos delitos de que acabamos de hacer 
mención. Sus tropas fueron, como las de Petit, 
.gruesos y aguerridos núcleos que sirvieron para for- 
mar el ejército que mandó después Zamora en 
Barinas, San Lorenzo y Santa Inés. 

Mientras Zamora se organiza en Coro, y cubre 
acertadamente las líneas de Barquisiineto y Mara- 
ca ib o, y madura su plan de operaciones para dar 
golpes decisivos á los centralistas, veamos de cuál ma- 
nera se preparaban éstos para combatirlo, y cómo 
¡pensaban exterminarlo. 

XI. No bien hubo cundido en el país la noticia K Xpe dici<m <ui 
del sorprendente desembarco de Zamora, apresuróse ?o. nn ^ Corde * 
•el Gobierno á levantar tropas, para enviarlas á recu- 
perar la Provincia perdida. Al efecto se despachó 
•de La Guaira á Puerto Cabello, al Coronel José 
•del R. Armas con una División, en los trasportes 
goleta Emilia y bergantín Isabel, para seguir á Coro 
•como cuerpo de vanguardia del Ejército expedicio- 
nario, que iba á marchar al mando del General León 
«le F. Cordero, nombrado el 2 de marzo Jefe de 
Operaciones de Coro. 

Este ilustrado y experto General estaba sirviendo 
la Jefatura de Operaciones de Carabobo y Yaracuy, 
con autorización para hacer á la de Cojedes, Barquisi- 
ineto y Portuguesa las indicaciones conducentes al 
mejor servicio militar, en el propósito de dar uni- 
dad á las operaciones de aquellas Provincias ; y aun 
para tomar el mando del Ejército que se estaba for- 
mando, si las circunstancias así lo exigieran. 



278 DOCTOR L. VILLA NUEVA 

En esta virtud, hizo dicho General marchar 
una columna de Orituco, de 250 hombres, acanto- 
nada en Valencia, á conducir á Barqnisimeto 600 
fusiles, 25.000 cartuchos, 2.000 piedras de chispa y 
300 cananas. En esta plaza de Valencia llamó al 
servicio á los Comandantes Mal pica, Zuloaga, Olon- 
dro y otros, con las milicias de sus parroquias res- 
pectivas: despachó á San Carlos la primera colum- 
na que se organizó, al mando del Comandante José 
Ramón Arvelo: hizo poner en manos todo el arma- 
mento depositado en el parque del Yaracuy ; y ad- 
virtió al Gobernador de esta Provincia, que enviara 
á Barquisimeto la fuerza de milicia que le pidieran, 
para la formación de la División de reserva, y do& 
compañías más á Puerto Cabello, que irían á armarse 
á Valencia. Pidió una columna á Aragua; y dispuso 
finalmente poner en Carabobo sobre las armas, 600 
hombres, distribuidos así: 200 para reforzarla guar- 
nición de la plaza; 200 para la de Puerto Cabello r 
y otros tantos que se situarían en San Carlos. El 
Gobferno le dio por Jefe de Estado Mayor, al enten- 
dido Comandante de Ingenieros Olegario Metieses. 

En el desarrollo general de su plan de campaña, 
ofició también al Gobernador de Maracaibo, José 
Aniceto Serrano, encargándole que sin pérdida de 
tiempo pusiera en marcha una columna, A ocupar lo* 
Cantones limítrofes de Casicurey Matícora. 

Para abrir la campaña dispuso que la ex- 
pedición marítima, á las órdenes del Coronel Armas, 
zarpara sin dilación de Puerto Cabello, con instruc- 
ción de obrar sobre el litoral de la Provincia de 
Coro : y en cumplimiento de esta disposición se hizo 
á la vela dicho Jefe el 2 de marzo, por la noche, 
con un cuerpo de 500 hombres. El 3 desembarca 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 27!) 

en Chichiriviche, que es un fondeadero de la en- 
senada de Tucacas, de cuyo extremo más septentrio- 
nal dista tres millas. Esta punta demora desde la 
l*>ca de Puerto Cabello al Norte 28 grados Oeste, 
y dista de ella 25 millas. Tal fue la primen jomada 
de la expedición.^ 

El 4 ocupó Armas El Tocuyo, donde permane- 
ció dos días, en solicitud de noticias de Zamora, 
y con el empeño de poner en manos 100 fusiles más, 
que llevaba en parque. Allí supo que el pueblo de 
Capadare se había pronunciado por la Federación el 
día 2, por lo cual se vio obligado á no adelantar 
un paso más, hasta recibir de Puerto Cabello 
los refuerzos ofrecidos; pues la instrucción que se 
le impuso en oficie) del 4, era proceder en todo con 
tal cautela, que los revolucionarios no pudieran ob- 
tener lamas pequeña ventaja sobre él ; procurando 
entre tanto, no comprometer ninguna función de ar- 
mas, sino en el caso de tener de su parte de las 
cien probabilidades lan noventa y nueve. 

Sabido que Zamora estaba en Coro al frente 
de un ejercito, se puso en marcha el mismo Ge- 
neral Cordero, en apoyo de su vanguardia. El 10 
de marzo dio su escuadrilla la vela con dirección á 
Los Cayos de San Juan, llevando en el vapor Unión 
dos compañías del batallón 5 de marzo, á saber: 
la 3? y la de Granaderos, el Estado Mayor y la 
Banda de música: en el bergantín Paquete de Puer- 
to Rico, el resto del 5 de marzo y parte de la co- 
lumna Carabobo, que mandaba el Comandante Sil- 
verio Escaloua: en la goleta Eloísa el resto de esta 
columna: en la Carolina, 50 hombres más, una ba- 
tería de artillería con dos piezas de campaña y el 
parque de la División; todo al cuidado del Capitán 



1 



280 DOCTOR L. VILLANUBVA 

de artillería Dolores Navas y del Subteniente J. 
Romero. 

El Estado Mayor estaba constituido de esta 
manera : Jete de Estado Mayor, Olegario Meneses ; 
2? Ayudante, Comandante Teodoro Chataing; Ca- 
pitán Adjunto, A.Jorge Pardo; Comisario de Gue- 
rra, Capitán Pedro Celis Plaza, con 6.000 pesos en 
caja; escribiente, Teniente Pedro Nolasco Silva;. 
Proveedor, Teniente de la Armada, Eduardo Volcán ; 
Practicante, Pedro Ravelo. 

Total de la División del General Cordero: 

Artillería: 1 Capitán, 1 Subteniente y 16 arti- 
lleros. 

Batallón 5 de marzo : 1 Comandante, 28 oficiales 
y 325 de tropa. . 

Columna Carabobo : 1 Comandante, 13 oficiales 
y 190 de tropa. 

Quedaron 250 infantes de guarnición en el Cas- 
tillo, de que era Jefe el Coronel J. J. Illas. 

El Comandante Cubillán servía el Apostadero, 
y el Comandante José María Hernández la Coman- 
dancia de la brigada de Artillería. 

El vapor Unión era una nave mercante, de 
222 toneladas, que el Gobierno compró, armó en 
guerra con 2 cañones de á 8, y una tripulación de 
42 hombres, y puso bajo el mando del Primer Te- 
niente de marina Manuel J. Armas. 

Esta expedición iba custodiada por las dos go- 
letas de guerra 5 de Marzo y Liza. 

La primera estaba gobernada por el Primer 
Teniente Zenón Montero, como Primer Comandante; 
y por el Primer Teniente Simón Sardi,como segundo. 



VIDA DEL GENERAL ZAHORA 281 

La Liza, también buque mercante, que servía de 
paquete entre La Guaira y Puerto Cabello, fue arma- 
dla en guerra, bajo el mando del segundo Teniente 
Manuel Grande. 

La escuadrilla amaneció el 11 á la vista de 
Los Cayos de San Juan, en cuyo fondeadero S. O. 
estaban anclados los trasportes que habían llevado 
£ Chichirivichela expedición de Armas ; y á las diez 
y media de la mañana tomó puerto, entrando al 
Occidente del Cayo N. N. O., á 18 millas de Chi- 
chi riviche. Detrás del Cayo alcanzáronse á ver dos 
goletas : urfa á la vela, y otra que parecía fondeada, 
pero que en realidad estaba varada. A poco se «upo 
que eran dos barcos de la escuadrilla federal : la 
que navegaba forzó la vela y se puso en popa; era 
la 20 de Febrero; la otra era la Federación, que había 
encallado en los bajos que rodean á San Juan, y ha- 
bía sido abandonada precipitadamente con algunos ele- 
mentos de guerra de los que llevaba á su bordo. 

Lo que sucedió á estas goletas fue que al lle- 
gar Armas á San Juan, el 10 á las tres p. ni., oído 
el informe del retén situado en la punta de Cura- 
michate, de que se aproximaban á la costa de Ma- 
racara dos buques enemigos, armados en guerra, 
ordenó él á los Comandantes de las goletas de gue- 
rra 5 de Marzo y Liza que salieran á batirlos. 
Avistáronse, en efecto, las naves á tiro de cañón, 
á las seis p. m.; pero entrada la noche se apar- 
taron sin haberse hecho daño. 

En la madrugada, empero, al acercarse La 
Guireña al N. O. del Cayo de barlovento de San 
Juan se varó en un banco de arena, habiendo podido 
á favor de la oscuridad, Calderón y sus tripulantes 
trasbordarse á la 20 de Febrero. 



H 



Campafia de 



282 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Después se ha sabido que los buques de la re* 
votación andaban por la costa, con intención de dar ca- 
za á los trasportes de Armas. 

En la goleta perdida se encontró un cañoncito de 
á 3, con ochenta cartuchos, y además un juego de ban- 
deras de señales, un anteojo, una campana, y dos escan- 
dalosas. También quedó en poder del General Cor- 
dero la falúa de La Vela, que Calderón llevaba pa- 
ra alijo, y junto con ella dos marineros que se ha- 
bían quedado en tierra. 

Allí fletaron el falucho nacional Esperanza, de 
Bartolo Marques; y lo incorporaron á la escuadrilla: 
y en seguida se dispuso que la columna Armas se 
reembarcase en sus trasportes, para continuar en 

convoy con los demás navegando por la costa. 

• 

Zarpó el 12 á las diez de la noche toda la expe- 
dición, y á las nueve de la mañana del 13 se puso á la 
capa frente á Barranquita, por donde desembarcó la 
dicha columna de vanguardia, con orden de seguir 
por tierra á Cumarebo, mientras las otras marcha- 
ban por mar al mismo punto. 

A las diez dio fondo la expedición, una legua 
á Barlovento del puerto de Cumarebo, entre Barran- 
quita y Boca de Kicoa. De aquí largó las velas Cor- 
dero al puerto de Cumarebo, donde se paró dos dfaa, 
y recogidas las noticias que por allí circulaban, llegó 
á saber que Zamora había salido de Píritu en di- 
rección hacia arriba, con ui cuerpo de mil hom- 
bres, en tres Divisiones, parte de fusil, y parte de 
lanzas y machetes. 

XII. Llegada es la hora de que volvamos á Coro 



Zamora 
Costa. 



*° T u para referir cómo ordenó Zamora esta singular campa- 
ña. Puesta apunto su expedición, y cuando se prepara- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 283 

ba á emprender marcha hacia Barquisimeto, para hacer 
la guerra en el Sur de Occidente, como hemos dicho, 
tuvo noticia de la operación del Coronel Armas; y en- 
tonces cambiando rápidamente de plan, salió á buscar- 
le por la costa con el intento de batirlo y vencerlo. El 7 
de marzo circuló su proclama de guerra al Ejército y á, 
la Armada, en su calidad de primer Jefe del Ejército 
de Occidente, para calentar los corazones y correr 
á la victoria ó á la muerte. 

Dice así esla su primera marcial alocución : 

ALOCUCIÓN 

DEL 

CIUDADANO GENERAL 1er. JEFE DEL EJERCITO DE OCCIDENTE 

Al Ejército y á la Armada Federal. 

I Compatriotas ! El 20 de febrero de 1859 forma épo- 
ca en nuestra historia; él ha abierto una página de 
ladrón, una campaña de heroísmo, una cruzada de li- 
bertad. 

El 20 de febrero es un grande acontecimiento; él de- 
termina una situación, despeja un porvenir : él trae las 
palmas de la victoria! No más sombras siniestras en el 
horizonte de la patria ; enarbolemos el estandarte de nues- 
tros padres, de los patriotas de 1811. 

Corianos! Vuestra patria, la tierra del heroísmo, 
el oasis de la libertad, se alza á la faz de sus tiranos 
y dice Federación ; y á tan noble, á tan sublime, á tan 
grandiosa idea, se une la palabra de paz, de perdón, 
de olvido del pasado, no como lo dijeron los enemigos 
de la patria, sino con pruebas, con la lógica elocuente 
de los hechos. El espionaje, las cárceles y las prisio- 
nes se olvidan, se desechan, se condenan como contra- 
rias al programa, á la comunión de los hijos de la li- 
bertad ; vemos, sí, que los victimarios, los verdugos, los 
esbirros del tirano, aquellos hombres que persiguieron, 
que vejaron, que lanzaron cieno sobre todas las repu- 
taciones y abrieron el sepulcro para muchos, quedan en 
el seno de sus familias al lado de sus esposas, gozando 
los cariños de objetos caros para el corazón. No se oye 
un grito, una voz que los recuerde y que diga : Ven- 
ganza ! 



1 



284 DOCTOR L. VILLANUBVA 

Corianos! semejante proceder os hace acreedores á 
los mejores títulos, y justificará mañana una nuevicon 
ducta si os halláis en el caso de cambiar 

Sí, Corianos; mientras que os presentáis con noble- 
za, en tanto que usáis de un derecho sagrado, vuestras 
enemigos os contestan con denuestos y desfigurin la 
historia de vuestros hechos. Suponen temores infunda- 
dos: se ocultan; huyen como si hubiese perseguidores 
y escriben con audacia que sois una compañía de ase- 
sinos y ladrones, un puñado de bandidos. 

Y bien, compatriotas ; en este estado de cosa-s, ya 
que habéis sido magnánimos una vez más, y cuando te- 
néis por recompensa la calumnia y la amenaza ; cuando, 
en fin, quieren arrebataros el más precioso de vuestros 
derechos conquistados el 20 de febrero, necesario es 
repeler la fuerza con la fuerza y que nos paguen caro 
la sangre, una sola gota de sangre de los hijos del 
pueblo 

Corianos; os sigue la victoria-: en sólo quince días 
que contamos de existencia política, tenemos un ejército 
respetable, una armada fuerte, y el Gobierno del Esta- 
do, que hace frente al más odioso de los tiranuelos de 
América. 

Compatriotas! Que nuestras falanjes victoriosas tre- 
molen el estandarte de la libertad por toda la Repúbli- 
ca: que lleguen hasta el centro de ella; y que allí que- 
de fijado para siempre. 

Compatriotas. Evitemos en lo posible la efusión de 
sangre; pero que se derrame y se tormén hecatombes, 
si así lo quieren los victimarios, los enemigos jurados 
de la libertad. 

Cuartel general en Coro, 7 de marzo de 1859 — Año 
1? de la Federación. 

Ezequiel Zamora. 

El 8 en la noche despachó el batallón Fede- 
ración á cargo del Coronel Julián Castellano, Jefe 
de Brigada, á incorporarse en Capadare á las tro- 
pas del General Trías. 

El día siguiente, también en la noche, sa- 
lió por la misma vía el batallón Tiradores ó Flan- 
queadores al mando de los Comandantes Juan Bautista 
López y Juan Agustín Lugo. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 285 

Nombró de Comisario de guerra á Don Juan 
Navarrete ; y como no hubiera dinero en las rentas 
públicas, ni quisiera él poner empréstitos á los ciu- 
dadanos, pidió á su suegra tres mil pesos, que esta 
señora tenía guardados, pertenecientes á los tres 
niños Diez, menores de edad, de la herencia de su 
padre. El Gobierno de la Federación pagó esta can- 
tidad luego que se instaló en Caracas. Tales fueron 
los fondos con que se abrió la primera campaña de 
la Federación. 

Y el 10 á las 5 de la tarde levantó bajo su 
mando inmediato el resto del ejercito, que consistía 
en los batallones Vanguardia y 20 de Febrero, goberna- 
dos respectivamente por los Coroneles Juan Nepomu- 
ceno Guerrero y Manuel Oviol, y de los Comandantes 
Martín Reyes y Tomás Pereira. En Carorita se le 
incorporó el General Gouzál-z con la caballería de 
Paraguaná, en que figuraban el Capitán León Co- 
lina, como Ayudante Mayor, Faustino Pulgar, Ma- 
nuel González y otros que también alcanzaron fama 
en la guerra de los cinco años. 

El Comandante Salaverría quedó de Coman- 
dante de la plaza de Coro y del castillo de La 
Vela. 

La Jefatura política del Cantón capital fué ser- 
vida primero por Aquilino Morón, que pasó des- 
pués al destino de Administrador de Rentas Mu- 
nicipales; en seguida por Andrés Depool, y lílti- 
mamente hasta el 14 de marzo por Eugenio Gui- 
llermo. 

José R. Márquez fué nombrado Juez de Cantón. 

Zamora pasó por Cumarebo y Píritu sin tener 
noticia de los enemigos. 



^ 



280 DOCTOR L. VILLANUEVA 

En Güequito fue donde supo por oficio del 
Comandante militar del puerto de Cumarebo, Ber- 
nardo Márquez, que parte de ellos habían desem- 
barcado por aquel lugar; y en previsión de que 
pudieran ir detrás de él, ordenó á Márquez que 
los observara desde el pueblo de aquel nombre, y 
que en caso de que hicieran tal movimiento los 
tiroteara y se replegara sobre él, cubriéndole la re- 
taguardia, hacia Sau Juan. A este sitio volaba él, con- 
tando hallar allí el grueso de las fuerzas oligarcas que 
so prometía sorprender y destrozar. 

El itinerario de Zamora fue el siguiente : Cu- 
marebo, ♦ Píritu, Maracara, Carorita, Río de Que- 
que, Jacura, Capadare, San Juan. 

El 15 salió de Píritu; el 16 de Jacura; acam- 
pó en Capadare el 17, y se sostuvo allí hasta el 
19; el 20 lo pasó en San Juan, el 21 adelantó 
4 leguas al Tocuyo; y el 22 en la tarde llegó á 
orillas del caudaloso Yaracuy ; pero como no en- 
contrara á nadie en Los Cayos, siguió á Morón, 
donde el Coronel José Félix Mora le ofrecía un 
contingente de tropa de nó escasa consideración. 

PMofciRio XIII. En este río quiso estorbarle la marcha el 

Yantouy. ' 

Comandante Francisco Antonio Rivero, con una co- 
lumna dejada allí por el General Cordero : y como en 
este paso no se puede atravesar el río sino en 
canoas, pensó Rivero que con quitar éstas de 
allí como de antemano lo había hecho, bastaría 
para impedir que Zamora prosiguiese su camino, 
con lo cual daría tiempo á que Betancourt y 
Oberto, que iban sobre sus huellas, lo alcanzaran y 
obligaran á pelear, sin retirada posible. Pero Zamora 
obvió aquella dificultad mandando que la caballería 
se tirase á nado, dividida en dos trozos, mientras 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 287 

unos piquetes de á pie hacían fuego por la orilla 
del monte. Detrás de los caballos pasaron á nado 
algunos infantes, y reunidos todos del otro lado, 
cargaron á Rivera, lo dispersaron por el bosque, y 
le quitaron la gente, los fusiles y las bestias. 

Tal fue el primer combate de aquella atrevida 
campaña, por medio de un campo de guerra que ocu- 
paba un enemigo bien armado. 

XIV. Dice el Diario del Estado Mayor del Gene- pi** da cor- 
ral Cordero, que penetrado este de la marcha de ZA- morat 
moka hacia arriba, determinó cerrarle el paso, man- 
dando á priesa el batallón Victoria, del Comandante 
Pinto, por Chichiriviche; mientras él con el resto 
del ejército y las columnas de Betancourt y Oberto 
que venían, la primera de Barquisimeto por Churu- 
guara, y la segunda de Capatárida, armada y equi- 
pada con recursos de Maracaibo, le hostilizaría por 
la costa, hasta acabarlo á hierro y fuego donde quiera 
que lo alcanzase. Dio en efecto la orden de que 
Pinto se revolviese; pero examinando la aguada de 
los trasportes, se encontró que ninguno estaba pro- 
visto de ella, á pesar de haberla mandado hacer para 
doce días en Puerto Cabello. En vista de tal 
contratiempo tuvo el Jefe centralista que cambiar 
de plan. 

Encargó en consecuencia á Antonio Bravo que in- 
terceptara las comunicaciones de Zamora, pen> éste 
las tenía bien expeditas por medio de numerosas gue- 
rrillas que iba dejando tras sí, formadas de los veci- 
nos de aquellas comarcas, todos liberales y prácticos 
del terreno: y lejos de dejarse incomunicar, aisló 
á su enemigo, cogiéndole todas las vías de la cos- 
ta; y cubrió su retaguardia con dos compañías que 
tenía Bernardo Márquez en Cumarebo, una al mando 



288 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

del Capitán Dionisio A. Goüfa, del mismo lugar, y 
otra al del Capitán Jesús M? Hernández, coriano» 
Esta compañía era del batallón 20 de febrero; la dé 
Goitía se incorporó después al Tiradores, dé Cu- 
marebo, mandado por el Comandante Juan Cesáreo 
Lugo. 

En la noche de ese día Cordero hizo desem- 
barcar el o de marzo para que marchara por tierra 
á La Vela, con la División de Armas, á quien se 
dio instrucción de hacer alteen el sitio de Carrizal 
á esperar órdenes. 

cordero ocupa XV. Cordero continuó el 14 en el vapor por la 

á0cro costa, y á las dos de la tarde tondeó en Muacó, 4 

dos millas de La Vela. El Jefe de Estado Mayor 
mandó unas guerrillas á dominar las alturas, para 
apoyar el desembarco del resto del ejército. Hecho 
ésto, siguieron todos juntos á La Vela, yendo el 
Victoria en vanguardia, y llevando personalmente ei 
General Cordero, en retaguardia, el 5 de marzo. 

La goleta de este mismo nombre, que desde 
Carrizal se mandó á voltejear sobre el puerto, se 
trabó á cañonazos con las baterías del fortín, man- 
dado por el Comandante César Castellano, en 
.el cual había una guarnición de sesenta hombres. Allí 
estaban también el ciudadano Toledo, miembro del 
Gobierno provisional, y Napoleón ¡Sebastián Arteaga* 

El cañoneo duró toda la tarde hasta el ano- 
checer. A esta hora capituló la guarnición, entre- 
gando la Fortaleza á las 7 p. m. al Comandante 
Meneses, que la ocupó con una compañía del bata- 
llón Victoria. En este lance perdieron los revoluciona- 
rios cuantiosos elementos de guerra y la bandera, 
que era tricolor, con siete estrellas azules en la faja 
amarilla, según el decreto del Gobierno. 



VIDA DEL GENERAL. ZAMORA 28ÍF 

Cayeron prisioneros: Napplcón S. Arteaga, José 
Toledo, Comandante de la fortaleza, César Castellano ; 
Capitanes Carlos Galán, Alejandro Key, Elias Ló- 
pez, Juan Larrúa ; Tenientes Pedro José Castro, 
Miguel Gil, Kamón Pachano, Tomás Guiñan, Pedro 
Añes, Manuel Devira, Antonio Echeverría; Subte- 
nientes Evaristo Marines, José de la Cruz Reyes,. 
José Hilario Mencia, Juan Bautista López, Manuel 
Molina y cincuenta y tres de tropa. 

Encargóse de la Comandancia de Armas de la' 
Provincia el Coronel Armas, y marchó el 15 en la 
mañana á ocupar la capital, evacuada la tarde ante- 
rior por Salaverrfa, los demás del Gobierno y la 
guarnición, compuesta de sesenta infantes y cuaren- 
ta jinetes, todos los cuales tomaron juntos el camino 
de la Sierra. 

A las nueve de la mañana de aquel día, 15 
de marzo, dio fondo en el puerto una goleta in- 
glesa, que levó anclas á poco, y se hizo á la vela sin 
esperar visita. Se la mandó alcanzar con la Liza y 
y á las once de la noche la trajeron presa. Su 
nombre era Ocean Brig y su Capitán Joseph Crou- 
se. Encontráronse á bordo los ciudadanos Antonio 

■ 

Guzmán Blanco, Antonio Ferrer, Nicolás Pereira, 
Jesús María Aristeiguieta. venezolanos; y los espa- 
ñoles Antonio Ruiz, Carmelo Valiente Villamartín y 
José Mió. Los . papeles estaban en regla, y el Capi- 
tán informó que había salido el 12 de St. Tilomas, 
despachado para cualquiera de los puer. os de Vene- 
zuela, habiendo arribado el 14áBonaire. Aunque 
el General Cordero sospechaba que este buque ha- 
bía sacado de St. Thomas al General Falcón, y traía- 
á bordo 4.000 fusiles, no se le pudo probar nada.. 

19 



1 



200 DOCTOR L. VILLANUEVA 

ni era lícito proceder contra el, ni contra los pasa- 
jeros, amparados coniD lo estaban del pabellón inglés. 

¡ Atrevimientos de la suerte! Si el joven Guz- 
raán Blanco hubiera sido reducido á prisión aquel 
día, probablemente no habría tenido ocasión de ser 
«no de ios más calificados Capitanes de los tiempos 
modernos de Venezuela. La fortuna quiso exponerle á 
un gran peligro, como una advertencia á la posleridad, 
para enseñar cómo pueden cambiar los destinos de 
los hombres y de los pueblos por el suceso más casual 
y al parecer más insignificante. Cordero, sin embar- 
go de su talento, no pudo pensar que en aquel joven, 
pálido y endeble, apenas enamorado de las bellas 
letras, había muchos Marios, como juzgó Sila á, César, 
€n su mocedad. 

La goleta zarpó ese mismo día, llevando á su 
-bordo al hombre que, hecho más tarde General, esta- 
ba predestinado á terminar la guerra por un tratado 
de paz entre los dos partidos, después de cinco años 
de desgracias sin cuento; tocando á él mismo reme- 
diarlas en pare en largos períodos de g bierno y 
administración. 

ei Gobwn». XVI. El Gobernador había sido reducido á pri- 

dor García. i i 

sión en el puerto de Cumarebo, la noche del 20, por el 
Comandante Ii. Calderón, y conducido á Coro por 
este mismo en la del 21. El 26 lo pusieron en liber- 
tad ; y el 27 se escapó á pie y disfrazado. Así andu- 
vo tres leguas, hasta el sitio en que ciertos vecinos 
amigos le facilitaron una bestia para seguir al cantón 
Casicure. En este lugar reasumió sus funciones de 
Gobernador, y expidió un decreto, con fecha 5 de 
marzo, por el que abrió un empréstito de dos mil 
pesos, y ordenó la recolección de hombres, armas, 
caballos y monturas para organizar la columna que 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 201 

^1 Gobernador de Maracaiho había puesto al mando 
<lel Comandante Manuel Oberto, como Jefe de Ope- 
raciones de la frontera de las dos Provincias. De 
este punto se trasladó á Urumaco, y en seguida á las 
parroquias de San Luis hasta Piedra Grande y 
Churuguara, para ponerse en comunicación con los 
funcionarios de Barquisimeto, y activarla marcha de 
Betancourt, que estaba en Siquisique. . 

En aquellas poblaciones se, mantuvo trabajando 
por recuperar la Provincia, hasta que llegó el Genera] 
Cordero. Pero, habiéndose enfermado, no quiso reer. 
caigarse de la Gobernación. 

XVII. Mientras tenían lugar estos acontecimien-¿t 6 e "¿°JSJ^ 
tos en las ciudades principales de la Provincia insurrec- 
ta, alzábanse los vecinos de los campos por los prin- 
cipios de la Revolución ; sucediendo ahora como en 
4C, que los oligarcas señoreaban los poblados con 
sus tropas regulares, y los liberales se esparcían por 
las selvas, dominaban las serranías y los llanos, y su- 
blevaban las masas populares. 

Los libertos llevaban clavada en la mente la 
idea de que los oligarcas los iban á volver á la escla- 
vitud, y los de Coro creían que debían exclusivamente 
su libertad al General Falcón. 

Indios de acá y de allá andaban alucinados con 
los resguardos de tierras de indígenas, que les ofrecían 
leguleyos de las aldeas. 

Los pobres, en suma, tenían horror á los centra- 
listas, porque entre otras cosas propalaban que los que- 
rían venderá los ingleses, para con sus carnes hacer 
jabón, y con sus huesos cachas de cuchillos, bastones 
y sombrillas. (1) 



(1) Informe pasado al Gobierno [por el General llamón Ek- 
4*obar. 



2Í)2 DOCTOR L. VILLANUEVA 

De suerte que por donde quiera que pasaba 
Zamora encontraba amigos y prosélitos. Se le co~ 
municabau noticias del enemigo, se le proporcionaban 
bastimentos, y corrían voluntarios los campesinos- 
armados de flechas á alistarse en sus banderas. Le 
faltaban armas para la gente que le seguía. 

El 15, cuando entraba Cordero en Coro, salía él 
de Píritu, llevando cinco días de anticipación á las fuer- 
zas que pudieran perseguirle. 

operación mi- XVIII. Pero, Cordero en vez de caminar desde- 

Cumarebo la vuelta de Puerto Cabello, teniendo, como- 
era cierto, un ejército igual al de Zamora, pero mejor 
armado, le dio las espaldas y se reembarcó para la ca- 
pital, contra las esperanzas de su Gobierno y de su 
partido. A los cargos que se lo hicieron, contestó en un 
oficio al Gobernador de Maracaibo, con fecha 21 de 
marzo, que la operación principalmente indicada no 
era perseguirá Zamora, sino ocupar La Vela, para im- 
pedir el desembarco fác 1 del General Falcón con su 
parque; pues por una comunicación interceptada el 
12 en Cumarebo, supo que el Jefe de la Revolución 
llegaría al día siguiente con material de guerra, Y 
algunos de los expulsos : y aun en caso de que ésto no 
sucediera, podían siempre introducir por aquel puer- 
to fusiles y víveres de Curazao. Era la segunda ra- 
zón, la conveniencia de restablecer el régimen de su 
partido en la Provincia, desbaratar el Gobierno fede- 
ral del Estado, y quitar á Zamora su base de opera- 
ciones. 

Esta fue la primera parte de su plan de campa- 
ña, creyéndose bastante fuerte para cercar y destruir 
en seguida á Zamora, á quien suponía en una de 
estas tres direcciones: ó á Puerto Cabello por el 
camino de la Costa, ó a San Felipe por el de Aroa r 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 293 

<5 á Barquisimeto por Moroturo. Consecuente con 
«estas suposiciones hizo parar mil hombres en Barqui- 
simeto, quinientos en San Felipe, y destinó número 
igual con Betancourt, y otros tantos con Oberto á 
.•seguirlo por Píritu, á tiempo que ordenaba que 
Pinto, con su batallón Victoria, volase á Puerto Ca- 
bello á reforzar la plaza antes que Zamora llegase 
/i ella. Además, una goleta de guerra se mantendría 
-cruzando desde San Juan hasta La Vela. 

XIX. Zamora contrapuso á aquellas maniobras, operación nú- 

1 ■ litar de Zamora 

-otrasmás hábiles: lompió á sablazos los cercos, des- 
truyó á Pinto, inutilizó á Betancourt y Oberto, se po- 
sesionó del Yaraeuy, conmovió á Carabobo, amenazó á 
Puerto Cabello y Valencia, obligando á Páez á ence- 
rrarse en esta plaza y á Justo Briceno en la primera : 
y por una sucesión de movimientos estratégicos, acer- 
tados y sorprendentes, entra y sale por los lados del 
triángulo de fuego que de Barquisimeto á San Felipe, 
y de San Felipe á Nirgua, formaban con más de dos 
mil hombres Rebolledo, Domingo Hernández y Sa- 
ga rzazu. 

Poruña coincidencia singular, el mismo día 10, 
-cuando salía Zamora de Coro hacia arriba, salía 
-Cordero en la escuadra de Puerto Cabello hacia 
abajo. Zamora partió con sus batallones á las cinco 
<le la tarde, y Cordero á las diez y media de la noche. 

XX. A los trece años, est r > e*, de 40 á 59, vol- 'Zamora-cor- 

. , r-i i rr i /. ti oero-Páez. 

Alan a encontrarse Cordero y Zamora, defendiendo 
cada uno su bandera, firmes en sus filas respectivas, 
-ofreciendo á sus causas las aptitudes, la reputación 
militar y la propia sangre. DeÜ escabroso teatro de 
valles y cumbres de Mauuare y Tacasuruma, han pa- 
gado los dos á disputar el predominio de sus partidos 
■en un escenario de guerra tendido entre Coro, Barqui- 



294 DOCTOR L. VILLANUEVA 

si meto y Puerto Cabello, y cerrado por una costa 
marítima, en forma de media luna; de ciento diez y 
nueve millas de largo. 

En esta otra campaña también le desbaratará 
Zaaíora sus planes- mejor combinados. 

En Tacasuruma lo engaña con unas guerrillas; 
se le desaparece como un fantasma, y salta por enci- 
ma de Villa de Cura á dar el combate de Lo.* 
Bagres. 

En Coro lo deja entretenido con la ocupación 
de ciudades enemigas, y vuela á sublevar el litoral : 
á combatir y triunfar en El Palito, y á asaltar el 
parque de la capital del Yaracuy. 

Ahora, al poner el pie en Carabobo, va á topar 
con el General Páez : quien no obstante hallarse en- 
fermo en Valencia, ofreció sus servicios al Gobierno, 
no bien hubo sabido que Zamora se acercaba á la 
costa de Puerto Cabello. Castro le nombro Jefe de 
Operaciones de la Provincia, y le dio por Jefe de Es- 
tado Mayor al General Austria. l 

£¿eeanet¿e XXI. Edecanes de Zamora en esta campaña fue- 

ron los oficiales Rafael Petit, Francisco Pulido, Bue- 
naventura Núñez, Escolástico González, Torres, y 
Castro. 

El Teniente Manuel Iturbe era Ayudante del 
Estado Mayor. 

El Comandante Bernardo Márquez pasó del 
Estado Mayor á mandar el Tiradores, junto con 
Lugo. 

Acción de ei XXII. El 23 á las dos de la tarde entró en Mo- 

rón, donde halló al Coronel Mora con cuatrocientos 
hombres. Allí dio descanso á la tropa, y preparó su 



Paht.^ 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 2ÍK> 

plan para destruir á los Comandantes Pinto, Cubi- 
lláu y Arvelo, apostados en El Palito, á la cabeza de 
un destacamento de seis á setecientos hombres, los 
cuales tenían encargo de emprender retirada á Va- 
lencia, disputando el terreno á los revolucionarios. 

Todavía en Morón, se le presentó desertado \m 
corneta de Pinto, oriundo de Sanchón, y le dio 
razón detallada de la posición del enemigo. 

En la tarde movió Zamora sus reales, y al 
anochecer dividió el ejército en dos grupos. Uno, 
compuesto del latallóu Federación con los Coroneles 
Uviol, Guerrero y Castellanos, tomó á la derecha 
para ir »i salir al río de El Palito; el otro, for- 
mado de los demás cuerpos, siguió con el, y 
los Generales Tría» y González por el cami- 
no de la coíta, para ir á caer por encima del 
campamento enemigo. El Federación llegó al río 
de la una á las dos de la madrugada, y rompió 
de improviso los fuegos, sobre las avanzadas. Los 
enemigos estaban despiertos, y no enteramente des- 
prevenidos, pues desde esa tarde habían recibido 
avisos ciertos de que Zamora había llegado á Morón. 
Al sentir Cubillán los fuegos quiso concentrar todas 
las fuerzas, para retirarse en orden, según las ins- 
trucciones que tenía. Pero, atacado su campamento 
por todas partes, tuvo que hacer frente á la acome- 
tida con todas las tropas, produciéndose la más desas- 
trosa confusión con el fragor de la fusilería, los 
gritos, y el desconcierto y terror prop os de un com- 
bate en la oscuridad. Más de una hora duró esta 
brega horrorosa, en que murieron considerable nú- 
mero de unos y otros. Allí rindieron la vida el in- 
trépido Comandante del Federación, Coronel Guere- 
ro, y el valiente Urbina. Cinco heridas graves 



296 DOCTOR L. VILLANUEVA 

recibió el denodado Comandante Oviol, y otra el 
Capitán Jesús María Hernández, igual en lo adelan- 
te & los más renombrados del ejército liberal. 

En aquel torbellino de fuego en que los bravos 
corianos empapaba» el suelo con su sangre, se oyó de 
súbito, como á la hora y media de pelea, la (orneta 
del General Zamora, que tocaba fuego á pié firme. 
Esta era la señal convenida para dar una carga á la 
bayoneta cor. todo el grueso del Ejército. 

Tal fue el instaure decisivo de la acción, en 
<jue cada oficial de Zamora se impuso el deber de 
■mantener su puesto á muerte ó á vida, sin dar un 
paso atiás. 

Pinto dio muestra aquella noche de lo que habría 
«deser en la larga campana que se empezaba. Resiste 
con ánimo esforzado el terrible choque, hasta que 
diezmada su gente, hiende, sable en mano, por 
medio de las enfurecidas masas corianas, logrando 
al fin salirse, sano y salvo, de aquel campo de mueV? 
te, por el camino del Cambur. 

Allí murió el joven Teniente Rodulfo Pereira, 
gallardo mancebo (pie había abrazado la causa fede- 
ral con entusiasmo, y con él, los bravos Capitán Fer- 
nando Castellanos, v Teniente José de Jesús Chiri- 
ai 08. El Capitán Canales salió herido. 

Cuando los del Gobierno, oprimidos por todos 
lados quisieron emprender la fuga, se encontraron 
cortados hacia Puerto Cabello por la columna del 
General Tr*as. Arvelo intentó pararse en el camino 
para rehacerse, pero la tropa botó los fusiles, y él 
mismo rcíibió una herida. 

Zamora, apercibido de la derrota, les tiró encima 
3a caballería. Arrojáronse unos al río, y otros 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 297 



al monte, habiendo quedado prisioneros casi todos 
los que siguieron por la carretera. 

El parque, las caballerías, el ganado y los equi- 
pajes, todo fue á poder de los liberales. 

Los partes oficiales de la acción acusan como 
cien muertos de ambas fuerzas. Casi todos los ofi- 
ciales del Gobierno salieron heridos. El Capitán 
Zapata fué encontrado en el campo, muerto de un 
lanzazo. El Teniente Rodríguez, herido, á quien 
iban á sacrificar unos soldados, salvó la vida por 
mediación del General Trías. 

El Ministro de Guerra califica el hecho de armas 
con estas frases: "El suceso fué desgraciado para 
nuestras armas, y de los partes se infiere que no hubo 
regularidad en el servicio de aquella fuerza al frente del 
enemigo'' 

El General D Hernández puso en conocimien- 
to del Ministro de Guerra, que la fuerza de Cubillán 
s^ encQntró ocupando el sitio de El Patito, por contra- 
riar órdenes expresas del Estado Mayor, comunica- 
das al amanecer del 23 Sin embargo Cubillán de- 
claró que estaba allí por disposición del Jefe de 
Puerto Cabello, General Justo Briceíio. 

Esta comunicación del Estado Mayor del Gene- 
ral Páez, escrita á las 3 de la madrugada del 23, 
decía que habiendo sabido el Jete de Operaciones 
la llegada de los facciosos desde el día anterior 22, á 
las cinco de la tarde, á la boca de Yaracuy, y siendo 
posible que tomaran el camino de Valencia, se le 
ordenaba no comprometiese combate, sino se re- 
tirara, guardando la distancia conveniente del ene- 
migo para evitar un encuentro ; debiendo vigi- 
lar sus movimientos y dar parte de ellos al Estado 



"I 



298 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

Mayor; y se le ofrecía auxiliarle con uua columna 
que encontraría en el punto llamado La Entrada. 
Para que se pusiera á cubierto de cualquier sor- 
presa, lo cual era muy de temer, se le prevenía que 
se situase del otro lado del río, en el punto que á su 
juicio estuviera mejor resguardado de todo peligro, 
conservando expeditas sus comunicaciones con el 
Capitán Chirinos y el Coman Jante Rivas que cubrían 
el camino de Canoabo. 

Juzgando esta campana de Zamora, dijo el 
General Cordero al Ministro de la Guena: " Zamora 
ocultó su movimiento por la costa con toda sagacidad 
y reserva." (1) 

A lo cual contestó El Heraldo con estas agresi- 
vas expresiones: 

"Falta un plan bien concebido de operaciones milita- 
res: escándalo y vergüenza eterna será para nosotros la 
inmensa circunferencia descrita por los cobardes Zamora 
y Trías, sin encontrar un pronto y completo escarmiento: 
esa campana del General Cordero no le granjeará honor y 
füina en nuestra militar historia." 

Es lo cierto que la acción de El Palito con- 
movió el centro de la República, y llevó el alarma 
á las regiones del Poder Supremo. En Borburata, 
Quisandal, Patanemo, Tu Hamo y Ocuma e, co- 
rrieron los liberales á las armas bajo la dirección 
del General Gabriel Guevara, victoreando la Fede- 
ración v á Zamora. 

Puerto c»beiio. XXIII. El General Justo Briceno, dice al Mi- 

nistro de la Guerra: "estos hombres llegaron hasta el 
frenesí en su bárbaro entusiasmo^ p adiendo decirse, al 
ver su fanático ardor, que todos eran cabecillas, j>m$ 
ninguno quedaba en zaga á los demás. Las mujeres, 



(1) O tirio fechado cu Coro á 25 de marzo. 



VIDA DEL OENERÁL ZAMORA 29£ 

de guayuco y con machetes ó cuchillos en mano r 
animaban con su. ejemplo y exhortaciones ú los hombres. 1 * 

El General Gabriel Guevara era Procer de la 
Independencia, y estuvo muchas veces á las inme- 
diatas órdenes del Libertador. Hizo la campaña 
del Sur y alcanzó por su valor é instrucción militar 
el grado de Teniente Coronel. 

En la ciudad misma de Puerto Cabello se 
formaron tumultos y se dieron vivas á la revo- 
lución. 

Un grupo aunado, como de cincuenta, al man- 
do de Cleto Marcano, se levantó en Puente Fuera 
v salió con bandera amarilla al lu¿mr nombrado 
Til Trincherón. De la milicia acuartelada para de- 
fender la ciudad se sublevó una compañía. 

FA estado de esta plaza, dice el General Bri- 
cen*», no me inspira confianza, y como no tengo 
fuerza* aquí con qué poder hacer una esforzada de- 
fensa, llevaré ésta, en caso necesario, hasta donde la pru- 
dencia me lo aconseje. El castillo es aquí nuestra 
esperanza. 

En tal apuro mandó Briceño al señor Miguel 
Herrera a Coro en la Trimmer á informar á Cor- 
dero de lo acaecido, y traer fuerzas para salvar 
la plaza; teniendo, sin embargo, la suerte deque ese 
mismo día diera fondo la goleta Isabel con el 
resto de las fuerzas embarcadas en La Vela, y 
detenidas en el mar cinco días por mal tiempo, cuan- 
do Cordero contó que no gastarían sino tres, como es^ 
lo ordinario. Habiendo salido el 19 no arribaron sino 
el 24. Con ellas, y las que pudo armar en la ciu- 
dad, se dispuso Briceño, anciano veterano de la Inde- 



300 DOCTOR L. V1LLANUEVA 

pendencia, á reprimir las agresiones de los revolucio- 
narios urbanos y rechazar cualquier asalto que inten- 
tase Guevara con sus montoneras. 

Con esta gente llegaron presos á la plaza Napo- 
león S. Arteaga y Tirso Salaverría. 

Si estas tropas se hubieran detenido un día 
•más en la navegación, y llegaran el 25 en vez 
del 24, probablemente habría cambiado el curso 
<le la campafia ; porque Guevara hubiera esa noche 
•ocupado la plaza, y el día siguiente entrando Za- 
mora en ella, habría roto la línea centralista, to- 
rnado la base de operaciones de Cordero, surtido 
■el ejército federal de todo género de recursos, abierto 
los puertos del país al General Falcón, y trastornado 
por completo todos los planes del Gobierno. 

En tal emergencia, no pudierulo Zamora po- 
sesionarse de Puerto Cabello, ya reforzado ; ni de 
Valencia, fbrm dablemente preparada A la resistencia, 
pensó ocupar la Provincia de Yaracuy, cuyos libe- 
rales le llamaban con instancia. 

■wutS'Jrííu» XXIV. Páez, sin conocer aún los verdaderos pla- 

nes de Zamora, se pone á la cabeza de las tropas va- 
lencianas, sale á las afueras con la caballería, avanza 
piquetes a Bárbula, y se apresta á la pelea contando 
con que nuestro atrevido Zjmora se viniera por la 
carretera sobre la capital de la Provincia. Llamó al 
servicio al General J. de la C. Paredes, á los Coman- 
dantes M. A Mcnt'ndez, Velis Suárez, Clemente 
Fonseca, Mirtiüano Romero, y á muchos Capitanes 
y Tenientes 

Su fuerza disponible era de novecientos quince 
4iombres, entre los Batallones número 1? de Ca- 
raboho, Brigada de Artillería, y 1*, 2? y 3? Colum- 
bas de A ragua. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 301 

La caballería constaba hasta de c'ento noventa 
regida por el General José de la Cruz Paredes. 

Esta fuerza estaba bien armada, y municionada á 
tres paquetes, con excepción de la Artillen» que lo 
estaba sólo á dos. 

XXV. Zamora recoge en El Palito los dispersos, ?h?c¡itl!" w * 
armas y municiones, y dejando á sus enemigos 
en expectativa, marcha la vuelta de Urama. Con 
este parque se armó el batallón de alistados por el 
benemérito Comandante Mora, en los pueblos ne- 
tamente liberales de Sanchón, Morón y Alpargaten, 
donde gozaba este Jefe de general prestigio. El 2(> 
por la mañana, día sábado, entró el cuerpo expedi- 
cionario en Urama, donde los liberales Casimiro Herra- 
da, Esteban Herrada y Joaquín Molinas habían en- 
cabezado la sublevación del vecindario. 

Zamora recomendaba, donde quiera que llegaba,. 
que no se ocuparan ganados y bestias sino á los 
enemigos. Al amanecer del 27 tomó el camino de- 
Guabinas, sitio donde acampó á las seis de la tarde 
de ese día. 

El Comandante Juan José Mora era militar 
de la Independencia; sugeto muy honrado en sus- 
negocios particulares; de pericia y va or; y en las* 
luchas políticas siempre fiel al Partido Liberal. 

Entre el cúmulo de opiniones sobre los pla- 
nes de Zamora, la del General José Escolástica 
Andrade fue la más correcta, porque anunció con 
verdadero talento militar, á gran' distancia y cot* 
anticipación de días, la marcha y la intención de 
aquel Jefe. 

Estaba en San Carlos como Jefe de Operacio- 
nes de Cojedes, Portuguesa y Barinas : y al saber 



302 DOCTOR L. VILLANUEVA 

por un parte del Coronel Illas, de.Puerto Cabello, 
<jue Zamora se encontraba el 17 en el río Tocuyo, 
«escribió el 20 su juicio sobre aquella campaña en 
«estos breves términos: Dos objetos pueden proponerse 
ios enemigos: ó atacar á Car abobo viniendo por El 
Falito, ó internarse hacia las provincias de Cojedes fi 
Portuguesa. (1) Y consecuente con este orden de 
ideas, mandó concentrar el mayor número de tropas 
<le infantería y caballería en San Carlos y Araure, 
<|iie eran, en su atinado concepto, las dos vías por 
donde Zamora iba á entrar en el Lian >. Este plan 
no fue ejecutado, y los sucesos posteriores confirma- 
ron sus luminosas previsiones. 

z Jfff** 1 * de XXVI. Veamos ahora el desarrollo del plan de 

Zamora. 

Con su estrategia desconcertó la combinación del 
General Cordero. 

El Coronel Sagarzazu, con mil hombres, en Bar- 
quisimetó, y el Coronel Roque Rebolledo con qui- 
nientos, en San Felipe, apoyábanse mutuamente para 
cerrarle el camino al interior. Un cuerpo avanzado 
en El Palito se proponía estorbarle el paso al co- 
razón de la provincia de Carabobo ; y las columnas 
de Betancourt y Oberto, cubriendo por retaguardia el 
camino de Co o, se prometían hacerle prisionero, al 
ser batido y rechazado en cualquiera de sus embes- 
tidas. 

Cuando parecía así encerrado entre Divisiones 
enemigas, cae de súbito, bajo las sombras de la noche, 
sobre la de El Palito ; la destruye, y le quita todo 
su material de guerra; fuerza á Betancourt y Oberto 
h desistir de perseguirle, y á embarcarse por Tuca- 



1 Oficio tí Ioh Gobernadores y Jefes militaren de Occidente: 
£an Carlos, 20 de marzo de 1859] 



VIDA DKL GENERAL, ZAMORA 303 

cas en cumplimiento de órdenes superiores, para 
acudir á Puerto Cahello. Puso en confusión á 
Sagarzazu y Rebolledo, á tal punto que uno y 
otro, considerándose en peligro de perder las tropas 
y la vida, cambiaron prontamente de posiciones. 

El camino de la costa quedó, en consecuencia, 
libre; Carabobo descubierto; y en jaque dos colum- 
nas de notable importancia, como claramente lo 
verá el lector, si quisiere fijar la vista en el teatro 
de la campana, y meditar sobre la situación y 
movimientos de los diversos cuerpos. 

Desconociendo el Estado Mnyor de la Jefa- 
tura de Operaciones de Carabobo los planes de 
Zamora, ocurrióseleque podía éste avanzarse por Ca- 
noabo á Nirgua, para salir por los cerros de Las 
Palomeras á la Provincia de Cojedes: y en esta 
virtud dispuso, que Rebolledo dejara una guarnición 
en San Felipe, y cubriese á Nirgua con el grueso 
de su columna ; y ordenó á Sagarzazu hiciese lo mis- 
mo respecto de Barquisimeto, situándose en Urachiche ; 
á tiempo que Domingo Hernández y J. de la C. Paredes 
salían de Puerto Cabello con 1.200 hombres, á picarle la 
retaguardia por la costa, y seguir tras é\ por Canoaboy 
Montalbán. 

XXVII. Cercado así Zamora por todas partes, Tomad6San 
decía un General del Gobierno, por fuerzas imponentes, T * lip *' 
y apoyado el Gobierno por la opinión nacianal, pronto 
será restablecida la paz. 

Este General tenía poca penetración. Pues Za- 
mora en vista de las erradas operaciones de sus ene- 
migos, partió derecho á San Felipe; hizo en un día 
dos jornadas; sublevó los vecindarios de Canoabito, 
Las Guasduas, Taría, Los Cañizos y Agua Negra: 



304 DOCTOR L. VILLANUEVA 

y sin detenerse, entró el 28 al pasitrote por la» 
calles de aquella capital, y venció á plomo la resis- 
tencia de media ho^a que le hizo la guarnición de • 
la plaza. 

Constaba ésta de ciento sesenta hombres, al man- 
do del Comandante Pedro Araujo, quien logró esca- 
par con cuatro soldados; y era Jefe de la plaza el 
Comandante Nicolás Torrellas, hecho prisionero á 
una milla de la ciudad. Hubo varios heridos y cinco 
muertos. 

Zamora recogió todos los elementos de guerra, 
incorporó los soldados á su ejército, dio pasaporte 
á los jefiís, y garantías á todos los ciudadanos en 
sus personas y en sus propiedades. 

Allí sentaron plaza en el Ejército federal José * 
María González, que todos conocemos con el nom- 
bre de Zamorita, porque se parece á Zamora en la fi- 
sonomía, y lo imita perfectamente en el modo de 
hablar apretado é incisivo; y además Blas Ignacio 
Miranda, que como práctico de las entradas y sa- 
lidas de la ciudad, hizo aquel día prodigios de actividad 
y valor, dignos de recuerdo. También tomaron ser- 
vi rio Pío Rebollo y José Colina. 

Las autoridades civiles se escondieron; y Za- 
mora organizó la Provincia en Estado federal, con 
el nombre de Estado del Yaracuy. Constituyó el 
Gobierno Provisional con los señores Agustín Rive- 
ro, Antonio Salom .y Maximino Castillo, . quienes 
nombraron de Secretario General al señor Juan 
Sanoja, y de Jefe de Operaciones al Coronel Eda- 
vigis Rivero. 

Firmóse en la casa de Rivero el acta de pro- 
nunciamiento por la Federación, y el mismo día 
se publicó por batido. 



VTDA DEL GENERAL ZAMORA 30.J 

Contábanse entre los más decididos revolucio- 
narios, fuera de los dichos, los jóvenes Alvarez 
de Lugo, Demetrio y Federico Pérez, Doctor Cres- 
cendo Montero, q1 Comandante Sinforoso Aguirre, 
y otros cuyos nombres no hemos podido recoger. 

El señor Manuel Ferreida dio á Zamora algu- 
nos barriles depólvjra, y ¿j an número de escopetas 
vizcaínas de calibre de bala de onza: elementos que 
sirvieron para el combate de Araure. 

Suministráronle á la Comisaría del Ejercito, 
que la desempeñaba, como hemos dicho anterior- 
mente, Don Juan Navarrete, 1.500 pesos, que era 
cuanto había en la Tesorería de la Provincia ; y 
habiéndosele dicho á Zamora que existía un depó- 
sito de 8.000 pesos para la construcción de la iglesia, 
manifestó que él no tomaba dinero de las iglesias; 
que si podían conseguirle 1.500 más de las rentas 
públicas, los tomaría-, y que si no, en último caso, pusie- 
ran una contribución de guerra á los centralistas. (1) 

No hubo, sin embargo, necesidad de molestar 
á nadie, y el día siguiente, al romper el alba, de- 
campó el ejército para seguir á la sabana de Cocorote, 
donde descansó esa noche. El 30 abandonó Za- 
mora aceleradamente aquellos lugares en dirección á 
Buchivacoa, con el intento de interceptar las comu- 
nicaciones de Rebolledo, ó impedirle que se reu. 
niera con Sagarzazu. Era su plan caerle encima 
y destrozarlo, haciendo una conversión rápida so- 
bre su izquierda; y, sin pérdida de tiempo, embestir 
por la derecha á Sagarzazu; ya se quedara aislado 
en Barquisimeto, ya sa iera á defender á Rebolledo. 



(1) Carta autógrafa del señor Agustín Rivero en que relata 
este suceso. 

20 



1 



306 DOCTOS L. VIL LAN ÜE VA 



Zamora 



Llevaba cerca de dos rail hombres, con mu- 
niciones suficientes para trabar combate con los 
dos, juntos ó separados. 
Moralidad de XXVIII. En confirmación de los principios de 

orden y respeto que Zamora imponía á su ejército, 
vamos á copiar unos párrafos de la relación cpie sobre 
la conducta de Z amo ka pasó el Gobernador del Yara- 
cuy, Mariano Izava Alcalá, al Ministro del Interior y 
Justicia, con lecha 6 de abril: 

u Ya sabrá S. E. el Encargado del Poder Eje- 
cutivo, que algunas casas de esta ciudad fueron sa- 
queadas por las tropas de los facciosos, esencialmente 
de los negros de Agua Negra y de la Costa, que 
«e habían incorporado no con otro fin que con el 
-de robar y matar ; los cuales, prevaliéndose del fuego 
•que se Sostenía, empezaron á derribar puertas y á 
• cometer atrocidades; y si no se hizo extensivo 
*el saqueo á toda la población, fue, sin duda, debido 
á un milagro de la Providencia, porque es así como 
puede explicarse que Trías y Zamoka, Zamora y 
Trías fueran los que contuviesen el desorden." (1) 

A tiro de ballesta se conoce el lenguaje de un 
enemigo de aquellos tiempos. Pues 'no pudiendo 
desconocer el hecho de haber Zamora protegido las 
propiedades de San Felipe, en el acto mismo de to- 
mar la plaza, lo atribuye, no á las condiciones mo- 
rales de aquel honrado caldillo, sino á móviles in- 
dependientes de éste ; nada menos que á la misteriosa 
intervención de la Providencia: muy diferentemente 
de la imparcialidad y rectitud con que nosotros, ala- 
dos al deber, juzgamos á unos y á otros, honrando el 
mérito donde quiera que lo encontramos. 



1 Oficio del Gobierno Superior Político de U Provincia del 
Yaracuy al Secretario de Estada en los Despachos de lo Interior 
v Justicia. — San Felipe, abril G de 1859. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 307 

XXIX. En esta ciudad expidió Zamora la si- Proclama *e 

1 Zamora ea fta& 

guíente proclama : Felipt ' 

EZEQÜIEL ZAMORA 

<;eneral de división y primer jefe de operaciones del 

ejército federal de occidente 

Occidentales : 

Yo obedezco al llamamiento con que me honráis; hijo 
<lel pueblo é idólatra de la Libertad, yo me hago un 
deber con otros; yo os ofrezco el sacrificio de mi exis- 
tencia, si fuere necesario, para restablecer la República, 
para plantear la Libertad, para hundir á los tiranos. 

Compañeros y amigos: 

Yo me siento con suficientes fuerzas para afrontar á 
los tiranos, me las habéis dado, me las comunicáis con 
honrarme Von vuestra confianza, escogitándome como á 
otros para la gran empresa de la Libertad. 

Compañeros y amigos: 

Vosotros me abrumáis de gratitud, y me empeñaré 
en hacerme acreedor á los poderes que me otorgáis. Yo 
no veré obstáculo en la marcha gloriosa de vuestras «ar- 
mas, proscribiendo la palabra imposible cuando se trata 
<le la federación, de libertad. Por donde quiera, yo 
os aseguro, vosotros encontraréis los soldados de la gio- 
ria, eclipsando las grandes acciones de los Griegos y los 
Romanos, cuando se sacrificaban por la Patria y pol- 
los Dioses. 

¿Soldados de la Federación ! 

La suerte de las armas nos acompaña, ó mejor di- 
cho, la razón de nuestra causa nos prepara el camino 
<le la gloria y nos ofrece un nombre en la posteridad. 

Acabáis de batir y poner en fuga vergonzosamente 
á los que osaron contestar con el grito de guerra á la 
voz dulce y consoladora de federación; dígalo si no 
La hoca del Yaracuy, las playas del Palito y la ciudad 
<le San Felipe, del 22 al 27; en sólo cuatro días, tres 
acciones y tres victorias. 

El 22 de los corrientes encontramos al enemigo en- 
señoreándose en La Boca del Yaracuy, fiado en lo ex- 
quisito de una posición militar, pero á los primeros tiros 
de nuestros valientes, y al ver cómo pasan el río sin 
auxilio de canoas y con el denuedo de hombres libres, 
abandonaron sus posiciones, dejando algunos muertos y 
elementos de guerra. 



308 DOCTOR L. VILLANUEVA 

En El Palito se detienen más los enemigos, luchan? 
atrincherándose en las casas; pero cuando viene el día 
y vuelven nuestras tropas á la carga, huyen despavori- 
dos, según tienen de costumbre. 

Ellos dejan en completo desorden los tristes restos- 
de los seiscientos soldados, sus armas, sus caballos; bo- 
tan los equipajes, no pueden con las insignias, abando- 
nan sobre las riberas del mar la rica bandera que fla- 
meaba entre sus lilas: esto sucede en la noche del 23 
v 24. 

El 28, ayer, á las cuatro de la tarde, entramos en esta 
ciudad, y los habéis visto cómo dejan el campo á los 
primeros fuegos, entregándonos sus municiones, sus ar- 
mas, sus caballos y sus soldados. 

Pueblox del Occidente! 

Ha llegado el momento de vuestros pronunciamien- 
tos: proclamad el Evangelio práctico de los principios 
políticos. La igualdad entre los venezolanos, el imperio de 
la mayoría, la verdadera República, la Federación. 

El Ejército Federal será la vanguardia en esta cru- 
zada de glorias. Triunfará la bandera de la Federación 
ó me veréis sucumbir bajo las bayonetas del centralitmo, 
de la tiranía. 

San Felipe: 29 de marzo de 1859. 

Ezequiel Zamora. (1) 

Anarquía de XXX. Es de oportunidad saberse que aquella 

del tIÍmu"!" Provincia estaba, como la de Coro el 20 de febrero, 
en una situación de anarquía entre los hombres del 
Gobierno, bastante á propósito para que los fedérale» 
se posesionasen fácilmente de ella; pues las eleccio- 
nes habían fraccionado tan hondamente el partido 
dominante, que el Gobernador Izava, como aspirara a 
ser reelegido, al ver que en Yaritagua habían sido 
nombrados para constituir la junta electoral in- 



1 De este documento tenemos tros ediciones : una, de San Feli- 
pe, que nos facilitó el señor Manuel Landaeta Rosales, otra de Tri- 
nidad, que nos ha dad » el Geue-al t\ Giuseppi Monadas, v la tercer» 
manuscrita y certificada por el General Austria, como Jefe de Estado 
Mayor de háez. Se dice que. esta proclama fué redactada por el 
señor Coronel Fcl pe de la Guerra, hombre de letras, y Siib-jefe- 
de E. Mavor de Zamora. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 309 

<lividuos enemigos suyos, sustituyó de súbito, en 
-venganza, todas las autoridades de aquel cantón, con 
federales muy notables. 

De lo dicho puede inferirse que la gente del Go- 
bierno no tenía cohesión en lo político, como tampoco 
la tenía en lo militar; circunstancias de que supo sacar 
partido el General Zamora, enterado como estaba, 
por sus copartidarios, de la confusión que reinaba 
en el campo de los enemigos. Como consecuencia de 
la medida del Gobernador, alzáronse en su contra el 
Jefe político, el Concejo Municipal, el Comandante 
militar y muchos particulares, con la determinación 
-de desconocer el Gobierno de la Provincia v de 
•unirse accidentalmente al de Barquisimeto. 

Desde marzo ó abril de 1858 habían sido nom- 
brados Agustín Rivero y Antonio Salom, por 
Falcón y Zamora, en Caracas, directores del comité 
revolucionario del Yaracuy ; y con esta autorización 
urdieron la trama de la conspiración en toda la 
Provincia, y aprovecharon en favor propio cuantos 
incidentes originados de las disensiones políticas me- 
noscababan el poder de sus enemigos, y los desauto- 
rizaban en el ánimo del pueblo. 

XXXI. El Gobierno Xacional desaprobó la ope- Movimiento» 

1 * de las Divitio- 

■racióu de Rebolledo ordenada por el General Páez; y "!• d f 1 ,^ 1 '-" 

i > j no y del ejercí « 

le sobró razón, pues acabamos de decir cuál fue su z * moT * 
•resultado. (1) 

Por segunda vez humilla Zamora á sus contra- 
rios y consigue sobre ellos una nueva victoria moral 



1 Señor General en Jefe José Antonio TYiez, etc., ete., ete. — 
•Carnean : marzo 27 de 1859.— Se ha impuesto S. K. el Presidente 
•del paite de V. E. de las 7 a. ni., y me encarga decir á V. E. 
que le pareció desacertado el movimiento del Coronel Rebolledo 
sobre Nirgua, en el concepto de que San Felipe no hubiese que- 
dado bien cubierto, ete — I/híh I). Correa 



310 DOCTOR L. VILLANUEVA 

y política, superior con mucho á la material; pues 
si bien por ésta dispersó las columnas que preten- 
dían hostilizarle, y cogió parques; por aquella dio- 
rumbo en el centro á las corrientes de la revo- 
lución; alentó al pueblo á la universal empresa de 
los alzamientos ; y le inspiró te en el triunfo de 
sus armas, ensenándole fugitivos, vencidos ó prisio- 
neros á cuantos intentaban detener la ola irresistible 
de la causa democrática. 

Rebolledo al tener noticia de la pérdida de San 
Felipe, partió precipitadamente de Nirgua, ájuntarse 
con Sagarzazu, porque se consideró en peligro de ser 
roto y cogido prisionero; forzó la marcha, y alcanzó 
la misma noche del 30 el sitio de La Piedra. De 
aquí salió el otro día, y no paró hasta Urachiche, 
donde fueron á encontrarle las fuerzas de Barquisi- 
meto; retirándose así delante de Zamora sin com- 
prometer un lance. 

La División de Carabobo se apartó de la costa: 
y de Canoabo se enriscó á priesa por la secranía bus- 
cando á Nirgua, donde hizo alto con el propósito de 
cubrir la entrada en la Provincia. 

Cada golpe de Zamora trastornaba por com- 
pleto los planes de los enemigos: aquí se burlaba 
de unos; allá sorprendía y derrotaba á otros; ahora 
rendía una ciudad y se apoderaba de todo su ma- 
terial de guerra; y á cada paso desconcertaba á sus 
perseguidores, sin darles tiempo á rectificar sus erro- 
res ni á reparar sus infortunios. 

Es del caso decir, para que se vea el cuidada 
con que las previsoras Divisiones enemigas atendían 
a sus propios peligros, que en el primer momento de 
la consternación determinaron las fuerzas de Barqui- 



\ 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 311 

simeto desocupar la plaza y retirarse á Coro, supo- 
niendo á Rebolledo derrotado y acaso prisionero. Mas- 
>en la mafiana del 31 supieron la aproximación de ¿ste 
¡>or La Piedra, y salieron á encontrarle en Urachiche.. 

El señor Comandante Jete de Estado Mayor Divisio- 
nario de Barquisimeto, dice á este Estado Mayor General,, 
con fecha 31 de marzo, á las tren de la mañana,, lo que- 
sigue : 

u Aunque en oficio de ayer se le participó á usted 
nuestra marcha sobre San Felipe, para en unión del Co- 
ronel Rebolledo y sus fuerzas batir al enemigo, como por 
las noticias últimamente recibidas no podrá verificarse 
esta reunión, á causa de que el enemigo le ha intercep- 
tado el paso y se pone en marcha directa sobre esta ciu- 
dad; 8. E. no teniendo esperanzas de tener un pronto 
auxilio para resolverse á sostener un sitio, cree indispen- 
sable su retirada á Coro, á menos que el Coronel Rebolledo,, 
con todas sus fuer/as, se incorporara á esta plaza, lo que 
le parece ya muy difícil. — Sírvase usted poner esto en 
conocimiento de S. E. el General Jefe de esas provincias, 
y trasmitirlo á Valencia y al Supremo Gobierno, á quien 
se le había participado nuestra marcha sobre el Yaracuy.^ 

Pero en la misma fecha d lux once de la mañana, me 
dice un empleado del Gobierno, de<de Barquisimeto, en 
carta particular, con el carácter de. oficial y urgente, te- 
miendo que no se tuviese el acuerdo de comunicárseme 
por el Estado Mayor, entre otras cosas, la que en copia 
verá V. S.en la nota adjunta. 

Al trasoí' tir esto mismo á S E. el General Jefe de Ope- 
raciones de Carabobo, esta Jefatura le ha hecho las indi- 
caciones siguientes : 

V. E. observará por las horas en que han sido escri- 
tas la comunicación inserta y la que incluyo en copia, 
que la última resolución del señor Coronel Sagarzazu fue 
la de salir al encuentro del Coronel Rebolledo, y batir 
juntos al enemigo : su retirada á Coro hubiera podido ser 
fatal. Nada se sabe del señor General Hernández. Ayer 
salió de Montalbán, y vino á ésta una persona que no 
dejó en aquel punto ni noticia de él. S. E. teme que no 
se haya verificado su reunión á las fuerzas de los Coro- 
neles Rebolledo y Sagarzazu. 

" Barq uisimeto : marzo 31 de 183Í). — Señor General Jone 
& Andrade. — En estos momentos, que serán las once del» 
día, sale el Coronel Sagarzazu con todas sus fuerzas á 
reunirse con el Coronel Roque Rebolledo, que con las de 



312 DOCTOR L. VILLANTJEVA 

su mando, durmió anoche en La Piedra, a una legua de 
Yaritagua. Reunidas estas dos fuerzas, podrá librarse 
una batalla con buen éxito, bien que tengo la opinión 
de que el enemigo la esquivará, y procurará ver si sale 
á Xirgua ó Araurejáeste último punto puede salir por 
Buría." — (Oficio del Estado Mayor de las f ver zas del Sur de 
Occidente al Ministro de Guerra y Marina J. 



República de Venezuela. — Estado Mayor General de las 
operaciones del tíur del Occidente. — Cuartel General 
en San Carlos, á 2 de abril de 1819. — A las cuatro 
de la tarde. 

jSV'Tor Coronel Jefe d* Operaciones de Barquhimeto, Coro- 
nel Miguel Sagarzazu. 

S. K. se impuso de la comunicación del Estado Ma- 
yor de usted, fecha M próximo p.isado á las 3 de la 
mañana, en que participó su resolución de evacuar á Bar- 
quisimeto, y retirarse á Coro en virtud de serle im- 
posible su reunión con 1<is fuerzas al mando del señor 
Coronel Roque Rebolledo, y á no haber sido una car- 
ta posterior qué como oficio y urgente recibí al mismo 
tiempo, escrita el mismo día en esa ciudad á las once 
de la mañana, anunciando la marcha de usted á incor- 
porarse al Coronel Kebolledo que durmió el 30 en La 
Piedra, 8. E. habria quedado oprimido por la más pro- 
funda pena, que le c i usara su primer pensamiento, por 
justificable que fuera el motivo de su retirad i; pero 
confía que la reunión de usted con aquél J^fc, habrá 
cambiado la sitiriciórr de esa provincia y Ris operacio- 
nes. Recuerda, sin embargo, tí. E., que al señor Gene- 
ral D. Hernández, según oficio de S. E. el Jefe de Ope- 
raciones de Carabobo, fecha 31, que por diferentes direc- 
ciones envié á usted, se le mandó m irehar volando á reu- 
nirse en Nirgua al Coronel Rebolledo, y que pudiendo 
no haberle alcanzado all , le habrá seguido sus huellas 
del modo que le haya sido posible; movimiento que us- 
ted habrá de tener presente con lo demás de las instruc- 
ciones á que me refiero, para protejer en todo caso aque- 
lla División si sucediera que el enemigo por un movi- 
miento rápido se desentendiera de usted para atacarla. 
Mas s be usted que semejantes movimientos sólo puedeu 
percibirse oportuuam ;nte, cerca ó á la vista del enemi- 
go y con el espiona ge que sea posible sobre sucampo. 

Lo que dejo indicado, lo es por orden expresa de 
S. E. que desea vivamente un éxito expléndido de las 
operaciones de usted. 

Soy de usted atento servidor. 

J. E. Andrade. (1) 



1 Archivo del Estado Mayor de la División Barquisiineto. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 313 

Si Rebolledo no hubiera volado, como lo hizo, 
de Nirgua á Barquisimeto, Sagarzazu se habría 
replegado a Coro, y Zamora habría tomado po- 
sesión de Barquisimeto. Las medidas de defensa 
fueion rápidas y acertadas, como que cada Jefe 
procuró salvarse de un enemigo que atacaba por 
sorpresa y de manera terrible y decisiva. 

El escenario de estas maniobras tiene la forma 
geométrica de un triángulo: de San Felipe á Nir- 
gua; de Nirgua á Ba r quisimeto. 

Sagarzazu desocupa la línea de N¡7gua á Bar- 
quisimeto; Rebolledo pasa á escape de Sati Felipe 
á Nirgua, y de Nirgua á Urachiche; al tiempo que 
la División de Carabobo en vez de perseguir á Zamo- 
ra se acoge á las cumbres de Nirgua. El trián- 
gulo queda libre, y Zamoka dueño de su territorio lo 
cruza velozmente, primero con el intento de coger 
á deseo la columna de Rebolledo y destrozarla; y 
cuando este se le escapa, señorea la línea de Occi- 
dente, refuerza sus cuerpos, y avanza sobre las fuer- 
zas reunidas de éste y Sagarzazu, que van á refu- 
giarse en la plaza de Barquisimeto. 

Aunque escapado Rebolledo de ser destruido 
en los cerros de Nirgua, como lo fue Ouhillán en 
El Palito, arrugóse la situación para todos los cuer- 
pos del Gobierno; porque Zamora, maniobrando 
diestramente, incomunicó á Barquisimeto con Nir- 
gua, por un lado; con Aran re y Sarare por otro, 
y con San Carlos por el camino de El Altar. 

Desbaratada la línea de operaciones del Go- 
bierno, cada columna se juzgó amenazada de ser 
envuelta y destruida. 

En este conflicto mantúvose encerrada la 



314 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

División de Carabobo en Nirgua, aunque se le 
dieron órdenes repetidas, desde Valencia, de reu- 
nirse á marchas forzadas con Rebolledo, pa- 
ra batir entre torios á Zamora, antes que llega- 
se á Barquisimetu. Pero el Jefe de la División, 
al llegar á Nirgua el 2 al mediodía, supo que 
Rebolledo y Sagarzazu se habían juntado el 31, 
y que Zamora se encontraba desde aquel día en Obi- 
vacoa, y había tendido una red de guerrillas hasta 
Gamarra, con las cuales interceptaba por aquella vía 
las comunicaciones con Barquisimeto. 

Preocupado Hernández con el falso juicio que se 
había formado, de atribuir á Zamora el pensamiento 
de estar en Chivaron, no más que preparándose para 
introducirse en Carabobo por El Picacho, vía de 
Montalbán ; ó en Cojedes, por Las Palomeras, vía 
de Santa María ; resolvió hacer alto en aquella 
cumbre, para acudir á cualquiera de estos supuestos 
movimientos. 

Así explicó su detención al Estado Mayor, 
añadiendo que, á pesar de las órdenes recibidas, per- 
manecería allí hasta estar bien seguro de que Zamora 
no tenía expedita ninguna salida por la vía de Nirgua, 
Esto fue de tan grave trascendencia para el Go- 
bierno, cuanto que el General Páez había dicho 
á Sagarzazu no comprometiese acción, sino cuando 
se le incorporase dicha División, reforzada con la co- 
lumna del Comandante José León Rodríguez. 

Libre Zamora de enemigos que pudicrau to- 
mar la ofensiva, dominó en absoluto el teatro de 
las operaciones; y se propuso desde luego aprove- 
char tan propicias circunstancias para levantar los 
cantones limítrofes de aquellas tres Provincias. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 315 

AI llegar á La Piedra se le incorporó Anun- 
ciación Peraza con trescientos hombres mal ar- 
mados; y en Uraehiche, pronunciadas todos los 
vecinos por la revolución, bajo la autoridad del 
Jefe político, Nicolás Duran, formaron una colum- 
na de dos 'compañías de cuarenta hombres cada 
una; mandada la primera por el Capitán Luis Pe- 
tit, y la segunda por el Capitán Fernando López, 
de la que era sargento el hijo de éste, Manuel 
Antonio López. En este liberal pueblo se agrega- 
ron al ejército, Prudencio Vásquez, Ramón Pe- 
reira, Rogé rio F rey tes, Antonio Mendoza, Herme- 
negildo Zavarse, F. López, L. Petit, Narciso Fa- 
rrera, M. Mordí, de Yaritagua y otros más. 

Entró el ejército federal en Yaritagua entre 

vítores y otras manifestaciones de entusiasmo público, 

por la vía que llaman de El Sallo. De allí, al cabo de 

los pocos diasque gastó en orgar izarse mejor, siguió 

marcha á Barquisimeto por Cabudare habiendo in- 
corporado todas las guerrillas de los vecindarios, 

v recogido cuantos elementos de guerra hubo á las 

manos. 

En Cabudare se reunieron á la invicta ex- 
pedición Nicolás Patino y Justo Méndez, con un 
piquete de caballería en que militaban Buenaven- 
tura Freytes, Domingo Al varado y muchos que 
después fueron excelentes Oficiales: siendo de los 
más notables José Blanfort, norte -americano de 
nación, que había servido con Zamora en Que- 
siro el año 1849, y en La Sierra de Carabobo el 
de 1846. 

Preciso es ahora conocer las medidas que por 
su parte había tomado el Gobierno para contener 
los progresos militares de la revolución. 



316 DOCTOR L. VILLANUEVA 

^^ XXXII. El 14 de marzo fue nombrado el Ge- 
neral Andrade Jefe de las fuerzas de las Provinci.is 
<le Cojedets, Portuguesa y Barinas, y encargado de di- 
rigir en ellas las operaciones militares : y en obe- 
decimiento al Gobierno partió de Caracas á San 
Carlos el 16 al amanecer. 

Situado en San Carlos llamó los escuadrones 
<le Tiznados y Calabozo. 

Pero fn 22 del mi-ino, acordó el Gobierno 
4ina nueva organización militar, y nombró al Ge- 
neral Jos¿ Laurencio Silva, Jefe de Operaciones 
-del Sur de Occidente, con mando sobre todas las 
tropas de Cojedes, Portuguesa, B¿irinas y Apure, 
y se le dio al General Andrade por Jefe de Estado 
Mayor. 

Ambos habían militado juntos á las órdenes 
•<le Sucre en el Perú; Silva como Coronel, man- 
dando los Húsares de Colombia en Junfn y Aya- 
cucho; y Andrade como Oficial del Voltígeros, ba- 
tiéndose en Junín, Corpahuaico y Ayacucho (1). 

Uno y otro pertenecían á la edad poética de Co- 
lombia, cuyos anales se confunden en la historia 



1 Este i ven Oficial, m»iy querido del Mariscal de Ayacu- 

•cho, y notable después en la edad civil de Venezuela, empezó 
su carre r a militar de Aspirante en 1820: sirvió en el Estado 
Mayor de S. E. el Libertador, y en los Batallón»» Granadero* 

.de la Guardia, Vencedor en fioyacd y Voltígeros; kc batió en 
Carabobo en 1821 y en Bi mboná : hizo la campaña del Sur del 
Peni en 1823 á las órdenes de Sucre ; y en 1824 peleó en Junín. 
en Corpahuaico y Ayacucho. El General Sucre lo ascendió u 
Capitán efectivo de la primera Compañía de Voltigeros y en su 
Cuartel General de HuamauKa el día siguiente al de la batalla. 
En 1827 fue elevado por el mismo General Sucre á Coman- 
dante, v el Liberador le dio el grado de Coronel efectivo en 

•«ñero de 1830. Y al recomendarlo el Mariscal S'icre al General 
Urdaneta, le dice: "Este Oficial, en su calidad de subalterno se 
distinguió en la campaña por sus capacidades : luego como Mayor 
«le Vo tíge os ha mostrado suficiencia, y en las circunstancias difí- 
ciles que nos han rodeado, ha concurrido poderosamente á la 

•sconse vaci n de su cuerpo, á su disciplina y mol al.— (Biografía 
<del Maris al tucre, por el autor de este libro). 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 317 

con las leyendas de seres casi fabulosos, como Sucre, 
símbolo de la inocencia; como Ricaurte, el ángel- 
mártir de San Mateo; como Páez, que se transforma 
en monstruo marino, para vencer una escuadrilla 
con sus caballos, en las corrientes ensangrentadas del 
caudaloso Apure. 

XXXIII. Los de Barquisimeto, al acercarse ZA- m ?¿f 
mora ala ciudad, conservaron su posición á la defen- 
siva, en obedecimiento á instrucciones del Jefe de Ope- 
raciones de Carabobo, aunque tenían en la plaza más 
de mil infantes, una regular caballería y dos piezas de 
campaña. 

Zamora se acampó en Ticrritas Blancas, y Íes- 
intimó que se rindieran, para lo cual mandó de- 
parlamentario, con una comunicación, al Coman- 
dante José Antonio Sequera y Mendoza, militar 
que sobresalió más tarde en la campaña por su. 

entendimiento v valentía. 

* 

Los de la plaza contestaron verbaluif nte por me- 
dio de uno llamado Pancbo Juárez. Encontróse éste 
con Trías que estaba en vanguardia, y conducido que 
fue por el Oficial José María González á presencia 
de Zamora, dijo : 

"Mandan á decir Sus Señorías los Coroneles, que 
esperan á V. R. rendido á discreción, y que le garantizan) 
la vida suya y la de sus compañeros." 

Zamora lo vio de arriba á abajo, y sacudiendo- 
un chaparro, le contestó : 

"Dígales á esos Coroneles que saldan para batirlos, 
que yo nunca me lie rendido á militares como ellos z. 
vaya, vaya amigo, siga su viaje." 

Y dicho ésto, le pegó unos chaparrazos al caba- 
llo del comisionado, que salió á escape en direccióa 
á la ciudad. 



1 



318 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Todo el día 3 se mantuvo Zamora formado en 
batalla en La Cruz, sin pensar atacar la ciudad, por 
que no se consideraba Fuerte para rendirla: y preveía 
además que el enemigo bien pudiera hacer aparecer 
por retaguardia alguna columna que le obligara á 
suspender aquella operación. 

Intentar tomar la plaza por la fuerza habría sido 
por tanto una mal pensada operación militar; y en el 
mismo sentido discurrieron en la ocasión aquellos de 
sus contrarios de superior inteligencia: como el Gene- 
ral A ndrade, que en oficio de 5 de abril dice al Ministro 
de Guerra: No se resuelve el General Silva á creer que 
Zamora se aventure á atacar á Barquisimeto. La 
fuerza al mando de los Coroneles Sagarzazu y Rebo- 
lledo excederá de mil hombres, y la del enemigo no 
puede ser mayor, ni sus medios de ataque pueden pro- 
meterle probabilidades favorables para emprender el 
sitio de una ciudad respetable y de recursos como Bar- 
quisimeto, que cuenta según informes hasta con dos 
piezas de artillería de campaña en buen estado. 

Mientras esto pasaba, interceptó Zamora una 
correspondencia del General Silva, que le dio á enten- 
der que este General iba á cerrarle por Araure el 
camino á la Provincia de Portuguesa: y dueño ya de 
este secreto, y con la ventaja de llevarle dos días 
anticipados de marcha, determinó volar á aquella 
villa, para entrar en los Llanos antes que Silva pu- 
siese en práctica su pensamiento. Correspóndenos 
ahora decir todo lo que sucedió en la ejecución de 
este plan. 

En verdad; abundando Silva en las mismas opi- 
niones de Andrade en cuanto al teatro de operaciones 
que iba á escoger Zamora, apresuró la organización 
de su ejército para acudir sin pérdida de instantes á 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 319 

Araure, llave de aquellos Llanos, y levantar allí una 
formidable barrera militar que detuviese la marcha 
de la División federalista. 

Zamora por su parte, teniendo que habérselas 
«o sólo con los de Barquisimeto, sino con el Gene- 
tal Silva, que iba sobre él desde San Carlos, manio- 
brando con su justamente célebre pericia, levantó sus 
reales en la noche de aquel mismo día ; á cuyo efecto 
mandó prender muchas fogatas en su campamento; 
dejó dos cornetas y dos tambores á caballo, con ins- 
trucción de que conservasen vivas las candeladas toda 
la noche, tocaran diana á las cuatro de la madrugada, 
y corriesen en seguida á alcanzarle, como así lo hicie- 
ron. 

Marchó de priesa y silenciosamente á Araure; 
pernoctó en Zanjón Coloiado; y el otro día alcanzó 
Iiasta Cujicito. 

De Zamora puede decirse como'de Viriato, que 
era un guerrero de pies ágiles; pues el mismo Go- 
bernador de Barquisimeto informa al Ministro de lo 
[nteiior y Justicia con fecha 8 de abril, pasado ya 
el apuro en que lo puso Zamora, que éste contra- 
marchó por la Sabana de Cabudare sin dejar sentir 
sus movimientos, no habiéndose podido advertir su 
fuga hasta el día siguiente por la mañana, por caga 
razón no pudo el Jefe de Operaciones seguirle inmedia- 
tamente g picarle la retaguardia, pero lo verificó al día 
¿siguiente haciendo su marcha hasta el sitio de Cujicito, 
y saliendo de allí á su alcance sin haberlo podido lo- 
grar por la precipitación con que el enemigo hacía la 
suya hasta llegar á la villa de Araure. 

En la noche de éste, se descubrió que un 
hombre, llamado Anselmo Méndez, introducido 
maliciosamente en el ejército, era un malvado pa- 



320 DOCTOR L. VILLANUEVA 

gado por enemigos pa»a asesinar al General Za- 
mora. Sorprendido al ir á ejecutar su plan, mató un 
soldado, é hirió á otros; pero en el acto le cayeron 
á tiros y le quitaron la vida. Averiguóse después 
que era de opinión contraria; y algunos dijeron que 
era loco. 

combate de XXXIV. A las tres de la tarde del día siguiente, 

Aranre. m ^ 

pasadas las Montañuelas, dio parte la mosca de Patino 
que había tropas enemigas apostadas en la i^alera, en 
actitud de combatir, á lo que parecía. Y no bien 
hubo Zamora acabado de oiría nueva, cuando mandó 
hacer parada en la Sabana de Tapa de Piedra, para 
disponer su plan de pelea. 

En el ala derecha, situó al Coronel Mora, con la 
columna "Flanqueadores"; en la izquierda, el Fe- 
deración," con los Coroneles Rafael Petit y Escolás- 
tico González; en el centro la brigada "20 de Fe- 
brero," con Reyes y Oviol y la columna de Urachi- 
che, todavía bisoña, y las adiestradas fuerzas de 
Bernardo Márquez ; y en la reserva, las de Jesús M? 
Hernández. 

El Jefe enemigo era Manuel Herrera, natural de 
San Carlos, quien ocupó un puesto en la galera, á pro- 
pósito para rechazar el ataque y replegarse en caso 
necesario, v desde donde dominaba los dos caminos 
que desde Barquisimeto conducen a La Villa de 
Araure. Pero Zamora que tenía siempre á la mano 
los prácticos de las localidades quienes, copio hombres 
del pueblo, eran federales, consiguió allí uno, de 
nombre Trinidad A I varado, vecino del Cantón, que 
le guió por el monte que está en medio de aquellos dos 
caminos ; con lo cual quedó oculto á las avanzadas y 
á los espías del enemigo. El lugar que ocupaba 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 321 

Herrera, dista de la boca del monte como setecien- 
tos metros; y Zamora, que se complacía en este 
género de maniobras secretas, no se contentó con 
internarse en el bosque, sino que se escondió todavía 
más, entrándose por un zanjón que había allí. De 
suerte que, invisible enfrente de los oligarcas, los 
divisaba, contaba y señalaba á los tiros de sus sol- 
dados. 

Allí reorganizó su ordenación de combate, y áe 
súbito salió formado sobre Herrera, á pasitrote; pero* 
apenas éste le hubo visto por aquella dirección en 
que no le esperaba, cuando rectificó sus posiciones, 
dando frente con dos columnas á las tropas del cen- 
tro y de la derecha de Zamora, que subían ya á ocu- 
par la galera, y amenazaban rodearlo por todas partes. 

Los enemigos eran cuatrocientos de infantería, 
al mando del mismo Manuel Herrera, y como 
doscientos de caballería, á cargo del Comandante 
Juan Manuel García. 

Empezó el tiroteo con gran calor, y á po- 
co quedó trabada la acción en el centro y en 
las alas. Herrera resistió la embestida con denuedo ; 
pero cargado por los aguerridos infantes corianos 
v los caballos de José González v León Colina, 
se replegó detrás de la galera hasta que, á las 
dos horas y media de refriega, se declaró en de- 
rrote, por el camino de Ospino: á tiempo que su 
caballería, perseguida y lanceada, se fué medio 
oculta por entre los matorrales de la Sabana. 
Zamora le lino perseguir por todos lados para 
quitarle I03 soldados, las bestias y las armas que 
le quedaran. De los federales murió el Capitán 
José María Sánchez, natural de Pecaya, del bata- 

21 



322 DOCTOR L. VTLLANUEVA 

llón Federación, quedando encargado de su com- 
pañía, desde esa hora, el Teniente Manuel Iturbe. 
Los derrotados pasaron por las calles de Arau- 
re al anochecer, y medio se organizaron en La Mesa 
de Acarigua; pero á los tiros de las guerrillas de 
Zamora volvieron á desbandarse, á pesar de los 
esfuerzos que hizo Herrera por mantenerlos en or- 
den, hasta que, al llegar á la encrucijada en que 
se abren los dos caminos, el de Guanare y el de 
Barquisimeto, cogieron unos por aquella vía y otros 
por ¿sta. 

Telégrafo Eléctrico. — Valencia : 8 de abril de 1859. — A 
las 3 lis. a. in. 

Señor Ministro de Guerra. 

A las dos de la madrugada recibió S. E. una comu- 
nicación del señor General Andrade, participándole que 
el Comandante Manuel Herrera había presentado acción 
á Zamora, infringiendo las órdenes que tenía para eva- 
cuar Araure y venirse á San Carlos, y que fue derro- 
tado sin saberse su paradero. Ayer salió para San Car- 
los una columna de cerca de doscientos hombres, y saldrá 
pronto la del Comandante Oberto y los demás piquetes 
que se están armando y equipando. Se necesita urgen- 
temente dinero y plomo. 

Soy de usted. 

José de A u siria. 

El G descansó el ejército en Araure, y reco- 
gió los despojos de Herrera; el 7 se puso en 
camino hacia Ospino, y pernoctó en la quebrada 
de Los Hierros. 
Juan Antonio XXXV. K n ios montes de Araure se en 

Michelena. 

contraba alzado el Comandante Juan Antonio Mi- 
cheiena, hombre esforzado que desde entonces hasta 
la conclusión de aquella guerra señoreó aquel ex- 
tenso cantón, y prestó servicios recomendables á 
su parrido. En los días do mayor conflicto para los 
liberales obtuvo, por su buena suerte, que uno de 
sus oficiales, Juan María González, oriundo de 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 323 

San Carlos, aficionado á estudios de Química, lo- 
grase hacer pólvora con salitre de Turen ; mala por 
•cierto, porque no había elementos adecuados para 
fabricarla de buena calidad, pero servía para en- 
iretener los fuegos de las guerrillas. (1) 

El 8 se paró Zamora en Ospino ; el 9 siguió por 
el camino real á San Rafael de Las Guasduas, donde 
pasó la noche; el 10 en la tarde llegó á vista de 
Guanare, cuya plaza estaba en poder del Coronel 
Muguerza, con seiscientos hombres. 

XXXVI Este Jete no quiso exponer la ciudad i'^i^SZ 
aun asalto, y se fué con su División y parque á la 
Mesa de Caracas, con el propósito ulterior de re- 
tirarse á la Provincia de Trujillo. No teniendo ob- 
jeto la entrada en la ciudad, alejóse de ella Zamora, 
y se dirigió al pueblo de Guerilandia, donde tenía 
su cuartel general el Coronel Natividad Petit, con 
ochocientos hombres de pelea, reunidos en Gua- 
narito, Morrones, San Miguel y La Florida. 

XXX VIL En este tiempo fue nombrado el J? ?» n «' al Sou - 

1 blette Director 

General Soublette Director de la Guerra en Oc- de lft GttCrr *' 
cidente, quedando bajo su mando el General Páez, 
Jete de Operaciones de Carabobo; el General Silva, 
de las Provincias de Cojedes, Portuguesa, Bacinas 
v Apure; y el General Cordero, de las de Yaracuy, 
Barquisimeto, Coro y Maracaibo. Igualmente obra- 
rían, según sus instrucciones, los Jefes de Opera- 
ciones de Mérida, Trujillo y Táchira. Servíale de 
Auditor de Guerra el Doctor Modesto Urbaneja. 



1 Después de la Hierra explicó González al autor de este 
libro su procedimiento, y le resfaló muestras de alumbre, de 
nitratos v otros minerales de A mure. 



CAPITULO XI 

I. El 7 de abril supo Silva, en San Carlos, la M 2 r o5Üi2J ir * 
rota de Herrera, y el paso de Zamora á las selvas de 
Portuguesa ; y en vista de estos sucesos ordenó á 
los de Barquisimeto que no aventurasen ningún 
combate, si creían dudoso el resultado; pues é\ 
•marcharía inmediatamente á reunírseles, luego que 
llegasen mil hombres de infantería que habían sa- 
lido dos días antes de Valencia, entre los cuales 
iban las columnas de Betancourt y Oberto. Díjoles 
también que mantuviesen expedita é instantánea co- 
municación con el Cuartel General, para saber hora 
por hora los movimientos y posiciones de ellos y 
de los enemigos, procurando en todo caso que la 
•reunión de los cuerpos se hiciera con seguri- 
dad y sin inconvenientes; á cuyo efecto debían á 
todo trance impedir que ninguna tropa contraria 
se interpusiese entre unos y otros ; y, por último, 
que si ocupaban á Araure, debían esperarle allí; 
á menos que la persecución al enemigo les prome- 
tiera ventajas ciertas. 

A Hernández, que hasta el 3 estaba en Nir- 
gua, se le repitieron órdenes para que apresurase 
su marcha al Cuartel General, si consideraba no 
ser fácil su paso para Barquisimeto. 



326 DOCTOR L. V1LLANUEVA 

Adelantó Silva un cuerpo de caballería entre Los 
Desapartaderos y San Rafael ; y obligado al firt 
por las circunstancias, que exigían imperiosamente 
su marcha, partió á priesa el 9, con las cortas 
fuerzas que le habían llegado de Valencia y las- 
que pudo reunir en San Carlos, de infantería y 
caballería, aún sin fondos suficientes en Comisaría, 
y escaso además de pertrechos y vestuarios. Dejó- 
instrucciones para que la División Oberto, ofrecida 
tiempo había por el Comandante de Armas de 
Carabobo, marchara á juntársele sin pérdida de ins- 
tantes. 

En obediencia á estas disposiciones, rápidas- 
y precisas, como de un General acostumbrado al 
mando, pusiéronse prontamente en comunicación los 
cuatro cuerpos de Hernández, Sagarzazu, Rebolle- 
do y Muguerza ; marcharon con precipitación^pera 
en orden, sobre la Provincia de Portuguesa, y se 
adelantaron hasta Guanaro, donde se pararon á es- 
perar al General en Jefe. 

Telégrafo Eléctrico. — Valencia: 10 de abril delS59. — A 
las 4 lis. p. ni. 

Señor Minifitro de Guerra. 

El General Hernández acampó el 7 del corriente por la 
noche, en el sitio del Gamelota.1, y se reunirá en Agua Blan- 
ca, á 3 leguas de Araure, con la División del Coronel Sa- 
garzazu, que allí hizo alto ; impuestos ya ambos Jefes, de la 
dispersión ó derrota que había sufrido en las llanuras de 
Araure el Comandante Herrera, por el faccioso Zamora. 
La División del General Hernández consta, de la primera co- 
lumna Aragnadel Comandante Ortega, 107; segunda colum- 
na de A ragú a, del Comandante Fernández, 182; tercera co- 
uinna de Aragua al mando del Comandante Michelena, 168 ; 
cuarta columna de Aragua del Comandante J. J. Revenga, 
165; cuatro compañías de Carabolx) del Comandante Lugo, 
246 ; tercer escuadrón San Joaquín, 80 ; escuadrón Cara- 
bobo, 52; columna del Coronel Rodríguez, con dos compañía» 
de Carabobo, 120; al mando del Comandante Villapol, 
70; compañía Aragua, 40; un piquete de caballería, 33;. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 327 

dotación de un cañón, 10; 1.333. Me encarga 8. E. el Ge- 
neral en Jefe decir á V. E. que con esta tuerza pensó 
]>oner8e en marcha, hasta encontrarse con el enemigo, 
pero que desgraciadamente experimentó en su herida del 
pie, una fuerte inflamación que aún lo tiene en cama. 
Por lo dicho se convencerá el Gobierno de que las fuerzas 
que obran de San Carlos hacia Araure, en distintas di- 
recciones, constan de tres mil hombres por lo menos; 
sin contar en este número con las que se encuentran 
desde Guanare hasta Barinas. 

Soy etc. 

J. de Austria. 

Silva, acompañado sólo de su Estado Mayor, 
se reunió con ellos el 14 en la tarde. Estas Di- 
visiones, con un escuadrón de caballería de cua- 
renta y siete hombres, pasaron revista á dos mil sete- 
cientos de tropa, á lo cual hay que agregar 
setecientos dejados atrás, y que se esperaban 
para emprender movimientos coutra el inquieto y 
prestigioso Zamora, que encendía en entusiasmo 
las muchedumbres liberales y las arrastraba tras sí, 
por donde quiera que pasaba. 

Herrera fue nombrado Comandante de la plaza 
de Guanare. 

II. Zamora, sin dar largo descanso á los suyos, zw»or»«um>h» 
recorría una curva para caer sobre Barinas. 

Incorporó á Petit al ejército, y siguió el 14, 
por San Nicolás á Sabaneta, donde rindió la jor- 
nada aquel día. 

El 15 almorzó su ejército, en la hacienda del 
Marqués de Pumar, y pernoctó en Barrancas; y 
de allí salieron á las dos de la madrugada, para 
ir á atacar á Barinas, donde estaba depositado, bajo 
la custodia del General Ramón Escobar, el gran 
parque de Occidente, de más de doscientas cargas 
de pertrecho, de dos á trescientos fusiles, algunas 



328 DOCTOR L. VILL AHUEVA 

piezas de artillería, mucho correaje y otros elemen- 
tos de guerra. 

AI amanecer del 16 rompió los fuegos sobre 
esta ciudad, defendida no más que por una guar- 
nición de ciento setenta y cinco hombres, repar- 
tidos en tres cuarteles en el recinto de la plaza : 
uno al Este, que era la cárcel ; otro al Oeste, 
Casa de la Diputación ; y el tercero al Norte, casa 
de alto del señor Datla Costa. En el atrio de la 
iglesia habían construido á la tijera una barricada. 

Y cuando, en la noche del 15, temió Escobar ser 
atacado, lo primero que se vino á su mente fue tomar 
medidas para salvar el parque, á efecto de lo cual, 
mandó comisiones armadas por todas las entradas 
de la ciudad, á recoger cuantos burros y muías se 
encontraran, y llevarlos á la plaza, para mudarlo á 
Barinitas, y de allí á Mérida, caso de no poder soste- 
nerse en Barinas. 

Funcionaba como Jefe de Estado Mavor de 
Escobar, el Teniente Coronel Vicente Cangas; 
de Ayudante de Campo, el Teniente Manuel 
Salvador Briceño; de Jefe de la Artillería, Doc- 
tor Tesalio Cadenas Delgado ; y con calidad de 
Jefes de Cuerpos, los Comandantes Ángel Romero, 
Wintila Navarro, Cipriano Heredia, Pío León, Án- 
gel Cardozo, Rudecindo Dorantes, Eugenio San- 
doval, Luis Romero, Jacinto Lópe¿ Mercado, Fran- 
cisco Antonio Padilla, Ramón Carballo, Antonio Ma- 
ría Fernández, José del Rosario Delgado. 

El ataque duró veinticuatro horas á fuego 
vivo, en que hicieron unos y otros las más brillantes 
acciones de diligencia y arrojo. 

Zamora puesto á caballo, se precipitó impru- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 329 

dentemente, más de una vez, sobre las fortifica- 
ciones, habiendo pasado por el dolor de ver caer muer- 
to á su lado, en una de las acometidas, al intré- 
pido Coronel Manuel Oviol, que le acompañaba 
desde Coro, y en otra, á su Edecán Aureliano 
González. 

También murió allí el Capitón Joaquín Mo- 
lina, de Urama, y el Ayudante Francisco Mesa: 
y salieron heridos Escolástico González, Diego 
Garrido, y el Teniente Juan Xavarrete Romero. 

Medio día era pasado cuando Zamora dispuso que- 
mar la ciudad; á lo cual contestaron los sitiados pe- 
leando con mayor encarnizamiento. Cadenas Delga- 
do salió de la plaza dos veces con una pieza de 
artillería, y cuando mayor era su ardimiento, cayó 
mortalmente herido. El cañón fue tomado por los 
federales. 

El Comandante Luis Romero, que se atrevió á 
contrarrestar cuerpo á cuerpj la embestida de una 
brava columna coriana, quedó igualmente fuera de 
combate. 

Las tropas liberales sufrieron grandes pérdidas, 
por los certeros fuegos de las fortificaciones, espe- 
cialmente los de una garita que teníi seis troneras, 
y que fue al cabo bizarramente asaltada por el 
Capitán Hermenegildo Zavarse, con la columna de 
Urachiche. Allí se distinguió por su valor, entre 
otros, el oficial M. A. López. Pero pronto tuvieron 
que abandonarla y volver á sus posiciones, por no 
poder resistir el fuego nutridísimo que les hacían 
de los balcones del cuartel principal. 

Desesperado Zamora por rendir á los sitiados, 
ordenó un asalto general; y entonces í\\e cuando 



330 DOCTOR L. VILLANUEVA 

González, Trias, Naranjo, Castellano, Vásquez, Ber- 
nardo Márquez, Petit y otros no menos esforzados, 
tomaron á la bayoneta las casas que servían de 
cuarteles pequeños, y avivaron el luego en todas 
las calles que desembocan en la plaza. 

La ciudad, ya casi oscurecida por el humo del 
incendio y el de la pólvora, semejaba un cráter de 
rugidos espantosos. El General defensor déla plaza, 
acostumbrado á aquellas carnicerías en la guerra de 
la Independencia, aunque enfermo y cargado de 
anos, se mantuvo sereno en todos los momentos: al 
fin cayó herido; pero no por eso perdió el ánimo,, 
sino que ordenó resistir hasta que todos perecieran» 
Su guarnición estaba ya reducida á la tercera parte» 

En medio de tan pavoroso cuadro, el ínclita 
caudillo liberal, digno de la victoria, por su extraor- 
dinario valor y osadía, se abre camino por medio 
de las tilas, en su arrogante caballo de batalla; reor- 
ganiza la pelea, anima su gente con su acerada voz. 
de mando militar, y acomete al frente de un batallón 
con denuedo terrible, contra los porfiados enemi- 
gos. Cruzábanse las balas sobre su cabeza, siu 
hacerle daño, como si estuviera resguardado por 
alguna deidad amiga ; rompe por entre las llamas y\ 
rodeado de peligros, asiste á todas partes, con la 
celeridad y maestría de un guerrero sin jwr, por su 
valentía, su tenacidad y resolución desesperada. 

Era su intento apoderarse del gran parque para 
convidará batalla al General Silva, en alguna de aque- 
llas estratégicas posiciones del inmenso territorio de 
Barinas, que se dilata entre las faldas de la serranía 
con sus escabrosas quiebras, y las sabanas sin tér- 
mino de Cojedes y Apure. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 331 

Cerraba ya la noche. Unos y otros extenuados 
de fatiga, sed y hambre, echábanse al suelo á tomar 
aliento. 

Zamora aflojó el ataque, limitándose á sostener 
los fuegos desde las casas que sus soldados estaban 
ocupando. De tiempo en tiempo se oía fuego graneado; 
después todo quedaba en silencio, y volvían las des- 
cargas como para mantener en zozobra al enemigo. 

Los revolucionarios de Guanare y los del tránsito 
pudieron despachar postas á avisar al ejército federal, 
donde quiera que se hallara, la salida de la primera 
división del Gobierno el día 16. 

De suerte que por la noche del mismo recibió 
Zamora, en las desoladas calles de la arruinada 
Barí ñas, la noticia de la aproximación del enemigo ; 
siendo de notar la circunstancia de que éste supo 
también, en Tucupido, á la una de la madrugada 
del siguiente, 18, el suceso de aquella plaza, y á esa 
hora levantó el campo y voló á socorrerla. 

III. Advertido Zamora del peligro de ser acome- 2 *"^"'^* 
tidopor la espalda, suspendió el ataque en la madruga- 
da del 17, y dejando dos compañías para mantener los 
fuegos y engañar á los sitiados, empezó á retirarse 
al Real, llevándose sus heridos, el cañón y el mate- 
rial de guerra que había ganado. 

Estas compañías, apostadas en los ángulos de 
la plaza, esraban mandadas por el Capitán Chirinos 
y el Subteniente M. A. López, á quienes se dijo 
que al sentir un cañonazo al Sur, fueran á recon- 
centrarse al cuartel general en el pueblecito de 
Caroní, cerca de Ba riñas, sobre la margen derecha 
del río Santo Domingo; como así lo hicieron en el 
medio día del 1 7. 



332 DOCTOR L. VILLANUEVA 

El 18 se mudó el ejército á Toruno, sobre 
la misma ribera; el 19 pasó el río para salir al Jíen!; 
y el 20 se acampó en San Lorenzo, que era el lugar 
designado de antemano para la reunión de las fac- 
ciones, que llamaron el ejército federal de Bar! ñas, 
de Iriarte, Alvarez, Rojas, Espinoza, Petit y Lina- 
res, con el otro que nombraban del General Zamora. 
El Real y San Lorenzo, eran poblaciones del lado 
izquierdo del Santo Domingo; la primera en su orilla, 
y la segunda una milla tierra adentro. De una y 
otra no se hallan actualmente sino vestigios. 

Hay pueblo y sabana de San Lorenzo, á diez 
leguas de Barinas. 

Mientras los federales se acampan y organizan 
sus Divisiones en este sitio, vamos á dar cuenta de 
los movimientos y suerte de sus contrarios, y del es- 
tado en que quedó la pjblación de Barinas. 

De ¿¡¡¡¡S* á IV. Silva, rejuvenecido con los aires de aquellas 

selvas, donde segó tantos laureles en la guerra santa 
de la emancipación, lanzó su cuerpo de vanguardia 
el 16, al alba, en dirección de Barinas, casi á la 
misma hora que Zamora empezaba la función de ar- 
mas contra aquella plaza. 

Su ejército forzó las marchas y no parándose sino 
para comer, salvó en poco menos de día y medio las 
catorce leguas que median entre Tucupido y Barinas, 
teniendo que atravesar ríos como el Boconó, que corre 
por tierras anegadizas, que llaman tembladares, en que 
se hunde el que yerra el paso: y Masparro, La Yu- 
ca y otros, cuyas fuentes están en la cordillera, de re- 
molinos tan impetuo*os, que tumban las bestias, y no 
pueden esguazarse sino con prácticos; con la cir- 
cunstancia de que crecen de repente, y sorprendiendo á 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 333 

los viajeros en el momento que los atraviesen, los arras- 
tran y los ahogan. 

V. Preciso es decir, porque es la verdad, que la de Barü^u 
guerra sostenida con vigor desde el principio del 
año, había hundido la Provincia en la más desastrosa 
miseria, y postrado los habitantes de las ciudades en 
un profundo decaimiento moral y político; de modo 
que la población podía clasificarse en tres grupos : 
los federales, que eran la inmensa mayoría, alzados 
en los montes; los amigos del Gobierno, armados en 
las plazas; y el resto, asustado é infeliz, indiferente 
á unos y otros. Y á esto hay que agregar que las 
tropas centralistas habían sido desatendidas por el 
Gobierno, en tanta manera, que los soldados anda- 
ban desnudos, y algunos oficiales sin camisa: y mu- 
chas veces sucedió llegar la noche sin darles la 
ración de carne, única cosa de que se podía disponer 
como bastimento, a causa de lo largo de las marchas, 
y de la necesidad en que estaban de aguardar que 
la caballería recogiera ganados ; lo cual no era hace- 
dero todos los días, porque á veces no había tiempo 
sino para pelear con las partidas emboscadas en los 
matorrales. 

Los pueblos y caseríos estaban desiertos. Y 
respecto á Bariuas, antes populosa y rica, y centro 
elegante de cultura social, bastará decir que al en- 
trar el General Silva en ella la halló en un estado 
indescriptible de aflicción y espanto. Familias poco 
há acomodadas y dichosas, habían quedado en la 
indigencia; otras que abandonaron con anticipación 
la ciudad, corrieron la triste suerte de ser atropella- 
das en los montes. 

De las autoridades nadie sabía, porque todas se 
ocultaron, con excepción del Gobernador señor Hi- 



334 DOCTOR L. VILLANUEVA 

pólito de la Cueva, que afrontó los peligros del sitio, 
y uno que otro de los empleados subalternos que 
se decidieron á acompañarle. 

Concluida la pelea, la guarnición se redujo á los 
cuarteles; y las familias llorosas y transidas de ham- 
bre se amontonaban en el interior de casas conver- 
tidas en escombros. Acá y allá veíanse en los sola- 
res y en las calles cadáveres podridos, de gente y bes- 
tias; y heridos abandonados, moribundos ó sedientos. 

Todavía humeaban los despojos de la infeliz metró- 
poli del Sur de Occidente, aún mojaba su suelo la sangre 
de más de quinientas víctimas, inmoladas en aquel 
combate reñidísimo, cuando el lí) en la tarde entró 
por sus calles el ejército del Gobierno, hondamente 
condolido de tan crueles infortunios. Los Jefes y 
oficiales se entregaron á ia generosa obra desalentar á 
los sitiados, de crear hospitales de sangre, y tranquili- 
zar las familias medio enloquecidas de terror; y á la 
otra piadosísima de mandar quemar los muertos; lo 
cual hicieron eu una misma pira: con lo cual queda- 
ron todos, amigos y enemigos, reducidos á un solo 
montón de cenizas, como la triste ofrenda que dos 
partidos políticos, igualmente exaltados, llevaban al 
ara ensangrentada del altar de las Kuméuides. 

Ni para las últimas horas del 20 había 
podido obtener el General Silva noticia alguna 
de Zamora, tal cual la deseaba, no obstante las di- 
versas comisiones destinadas al efecto: lo que prue- 
ba una vez más la destreza con que Zamora eje- 
cutaba sus movimientos, aun manejando ya fuerzas 
de consideración, (1) y la falta de opinión de la 
causa del Gobierno entre la gente del pueblo. 



1 Carta del General Silva al Presiden te de la República, pu- 
1)1 irada en El Heraldo de 3 de mayo, y fechada el 20 de abril 
<m Harina*. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 335 

VI. Habíase celebrado la reunión de todas las tro- §ÍS!mS!& 
pas, que constituían los dos ejércitos federales de juan/iu"!. *° 
Ba riñas, en la sabana de Juana Marín, para ofre- 
cer batalla al General Silva á orillas del río Santo 
Domingo, en la llanura vastísima que lleva el nombre 
-de San Lorenzo. 

El 25 se incorporó Antolino Alvarez á Zamo- 
ra con su División, entre cuyos Jefes principales 
figuraba Pedro Manuel Rojas, por entonces Co- 
mandante, quien nos enseñó cuando militábamos 
con él en 186K, en servicio del Gobierno del Ma- 
riscal Falcón, toda la extensa sabana, las posi- 
ciones de los dos ejércitos, y la mata donde fue 
situado Jesús María Hernández con los corianos. 
Una noche, vivaqueando á orillas de aquel cau- 
daloso río, nos relató parte de los sucesos que 
ahora vamos á contar, sin que en aquellas horas 
«umbrías pensáramos que en alguna ocasión habíamos 
<le escribir esta historia. 

El 27 llegó Martín Espinoza con su ejército, 
<jue era nada menos que una muchedumbre devas- 
tadora, armada de fusiles y flechas, tocando cuer- 
nos por cornetas, sin tambores ni banderas. 

Antes de pasar de este punh> de nuestra re- 
lación debemos dar á conocer un personaje liberal 
<]ue guerreaba á la sazón en Los Llanos, digno 
<ie mención por sus hechos militares, su instrucción y 
carácter indómito y audaz ; y que va á prestar 
desde esta fecha notables servicios á Zamora, al 
ejército y á la causa federal. 

VIL Queremos hablar del Licenciado Francisco eidf. iriaru 
Iriarte. 

Confinado á Valencia por el Gobierno de Mar- 



n 



336 DOCTOR L. VILLANUEVA 

zo, pudo escaparse y volver á Los Llanos, donde 
vivía hacía tiempo ; y entonces prendió la guerra 
civil en Barinas y Portuguesa, con la novedad de 
la Federación. 

Se alzó en Guerilandia, y con cien escopetas 
y los pertrechos quitados á un destacamento de 
los centrales, fué á tomar la plaza de Guanare; 
y se habría posesionado de ella, á no haber sido 
socorrida por Manuel Herrera, con tropas de Ospino. 
Después libró la acción de Medero, donde derrotó 
una columna de trescientos hombres: atacó á Nu- 
trias y forzó á los centrales á desocuparla. Hizo 
General ¿í Antolino Alvarez. Y tan pronto como 
recibió comunicaciones de Zamora, fechadas en 
Sardinero, en que le avisaba la desocupación de 
Guanare y su marcha al corazón de la provincia, 
le alzó pt>r su Jefe, y puso á sus órdenes lodas 
sus fuerzas, que constaban de la columna de se- 
tecientos soldados que mandaba personalmente en 
Nutrias; de las de Alvarez; y de las numerosas y 
desordenadas turbas de Espinoza; cabecilla éste rebel- 
de a toda disciplina, y ensimismado por el luc- 
tuoso prestigio que le daba su monomanía de deseo- 
(¡otar, tal era su expresión favorita, á todos los 
enemigos de la Federación. 

Venía, pues, Iriaite á aliarse á Zamora como 
soldado y tribuno; con un ejército medio pertrechado; 
con fama merecida de inteligente, y la auréola fascina- 
dora con que le realzaban ante la imaginación popular, 
sus ideas revolucionarias esparcidas por toda la Pro- 
vincia. 

xartin Espinosa VIII. Tócanos ahora decir algunas palabras sobre 
Espinoza, para que el lector acabe de conocerle, 
y se penetre bien, por otra parte, de la sagacidad 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 337 

con que el General Zamora supo utilizarle á él y 
á sus turbas. 

Llevaba consigo este Espinoza, de quien ya 
nuestro lector tiene algunas noticias, un hombre 
que se decía adivino ; y á quien sus tropas res- 
petaban , como tal. Era éste un indio, natural 
de Caracas, muy ladino, y superior por su in- 
teligencia y locuacidad á aquella gente ignorante, 
metida en los bosques, como si fueran salvajes.. 
Hacíales creer que se comunicaba con Dios y los 
Santos, y que sabía lo que pudiera suceder. Decía- 
lescómo y cuándo debían pelear, y cuándo y cómo 
debía evitarse el combate; y Espinoza aseguraba 
que cada vez que seguía sus instrucciones le iba 
bien, y que no había sufrido derrotas, sino cuando 
había procedido contra siis consejos. 

Es el caso que preveía tantos peligros, y salían 
ciertos tantos augurios, que poco á poco fue ins- 
pirando fe, aun á los más incrédulos: y las mismas 
fuerzas corianas, que al principio se burlaban de 
él, empezaron á preocuparse de sus vaticinios. 

Zamora, al verle, lo penetró hasta el fondo 
de su alma, y comprendió todo el partido que 
podía sacarse de tal tunante. Tratóle con cariño,. 
y se propuso guardarle todo género de miramien- 
tos y consideraciones ; y á poco empezó á con- 
sultarle en público, y fingía obedecerle, haciendo 
creer á sus soldados que él también se comuni- 
caba con el cielo por medio de aquel embaucador ; 
así como en la antigua España el astuto Sertorio^ 
Teniente de Mario, engañaba los bárbaros con quie- 
nes guerreaba contra Mételo y Pompeyo, dicien- 
do 



1 



338 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

deles que se entendía con los dioses por medio 
de una corza blanca. 

En el pueblo de El Real mandó Zamora un 
día que el cura abriese la iglesia; y tendida la 
tropa, subió el adivino al pulpito, revestido con el 
manto de una de las imágenes, y dijo, entre varias 
cosas, que era necesario seguir al General Zamora, 
porque lo que este caudillo deseaba era llevar á 
Martín á Caracas para matar á todos los que su- 
pieran leer y escribir. Todo esto fue, como debe supo- 
nerse, de acuerdo con Zamora. 

El día de la acción en San Lorenzo, estuvo 
por la tarde rezando en la iglesia, y después, mon- 
tado en un caballo rucio, se paseó con su manto sobre 
Jos hombros por delante de la tropa ; y cuando se 
-encontró con Zamora, le dijo: "esté usted seguro 
■que el General Silva no peleará;" y lo mismo dijo á 
la tropa; y como así sucediera, ganó desde ese día 
en adelante mayor crédito entre los jefes y los sol- 
dados. 

Cargaba en un cajón una pequeña imagen de la 
Santísima Trinidad : en todos los campamentos le 
formaba un altar; por las noches rezaba el rosario 
de mullas, con toda la tropa, y concluido el rezo, 
iban todos á besarle la mano, inclusive Espinoza. 

Este hombre se llamaba Tiburcio; había perte- 
necido á la servidumbre de un señor Ustáriz, de 
Caracas ; y contaba que había aprendido muchas 
cosas llevando los niños de su señor á la escuela. 

Conocía las virtudes medicinales de algunas ver- 

O te 

bas, respecto de lo cual se refiere, que en cierta 
ocasión, desagradado Zamora con un Coronel de 
apellido Rojas, del Estado Mayor de Espinoza, díjolc 



YIDA DEL GENERAL ZAMORA 339 

^1 adivino para calmarlo: no tenga mted cuidado. 
General, que yo enfermaré á ese hombre de la boca, 
y quedará inutilizado. Y en efecto, á los dos ó 
tres días cayó aquel hombre enfermo, con la lengua 
hinchada y sin poder hablar. Se supone que le 
propinaría alguna yerba cuyas propiedades le eran co- 
nocidas. Consignamos estos episodios, de que tan co- 
munmente se habla todavía en Barinas, porque este 
hombre tuvo realmente influencia en el desarrollo 
de la revolución por aquellas tierras; y logró con 
5i astucia refrenar los ímpetus feroces de Espinoza. 

Los lectores pensadores comprenderán sin expli- 
caciones, que el intento de Zamora era valerse de 
aquellas montoneras para sostener la guerra, mientras 
la suerte le proporcionaba modos de formar un ejér- 
cito reglado, con que maniobrar y destruir los del 
Gobierno en acciones campales y decisivas. 

IX. El 25 salió el General Silva de Harinas en „A^*. 81ÍT * de 
persecución de los federales hacia abajo, pero sin 
saber de cierto donde estaban ; pues unos lo» situa- 
ban en San Lorenzo, y otros en La Luz, pueblecito 
más al Sur todavía. No conseguía prácticos ni es- 
pías, porque los que podían prestar este servicio 
eran enemigos. Su ejército montaba á tres mil y 
pico de hombres Siguió por la margen derecha del 
río hasta Toruno, pero iba tan despac o, que hasta 
el 27 no pasó al otro lado, cuando de Barinas á 
Toruno no hay sino cuatro leguas. 

El ejército no atravesó el río por este paso, 
porque se supo que Zamora tenía trincheras ocultas 
del otro lado, según lo informó un espía de éste, 
cogido prisionero, y á quien se amenazó fusilar si 
no decía la verdad. 



Barinu. 




340 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Esta fue la primera emboscada que evadió Silva. 

Una mujer le sirvió de guía para señalarle el 
vado del Bostero, y por allí esguazó el río. 

En el monte ribereño no se halló más camino- 
para salir al banco de San Lorenzo sino una pica, 
que fue menester ensanchar para el desfile del ejér- 
cito. Esla tarea se confió á los macheteros de á 
pie de la columna de vanguardia, gobernada por 
el Comandante Jesús María Lugo. 

Posiciones d« X. A poco rato asomó el ejército á la sabana, 

loe dos ejéroitoe * ° 

«n san loremo f ren j e ¿ ] as posiciones que ocupaba el General Za- 
mora. 
i» 

Era la hora de los vientos abrasadores, en que 

el sol de aquellas cálidas regiones centellea en la 
hierba, inflama la tierra y pone la atmósfera en un 
estado árido y sofocante ; todo lo cual hace caer á 
veces al suelo hombres y animales, sin conoci- 
miento. 

• 

A lo primero que atendió el General Silva, fue 
á buscar agua, en atención á que el río estaba bajo 
las armas federales ; y recordando que á la izquierda 
«obre el fondo de la sabana había un caño, mandó 
un escuadrón á reconocerlo, custodiarlo y defenderlo. 

Situó al Comandante Lugo con su División y 
una pieza de artillería en el ala derecha ; y al Co- 
mandante Menéndez en la izquierda. 

El resto del ejército fue colocado en el centro. 

El Comandante José María Peña mandaba un 
cuerpo de caballería, y otro el Comandante "Her- 
mógenes López. 

Zamora rebosando de alegría, porque nada lo 
entusiasmaba tanto .como los preparativos de una 
batalla, dispuso sus fuerzas en una especie de orden 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA .'Ul 

abierto ó disperso, como aplicación de la táctica 
¿superior, según su talento, á la topógrafo del te- 
rreno, en que las posiciones suplían la disciplina 
Ae tropas veteranas y la calidad del armamento. 

Situó á Jesús María Hernández con los có- 
rlanos distribuidos en guerrillas en una muta de- 
lantera, como para llamar sobre este punto la aten- 
ción del enemigo. Emboscó las fuertes Divisiones 
de Espinoza y Alvarez á manera de sostenes en 
el monte del río, cuya ribera dominaba; y su re- 
serva detrás, con la caballería oculta; mientras él quedó 
en la retaguardia desde donde se prometía seño- 
rear el campo, y dirigir los movimientos. Entre 
la mata y el pueblo hay otro banco de sabana. 

En tan estratégica posición retó al General Sil- 
va, quien comprendió al momento todo el ardid de 
su entendido y sagaz contendor. 

Si Zamora se hubiera presentado en orden 
normal de batalla en la sabana, es probable que 
hubiera sido destrozado, porque Silva con tropas de 
línea y excelente, material de guerra, habría tenido 
más medios de alcanzar una victoria, al igual de 
aquellas que tanto crédito le dieron en la Indepen- 
dencia, y aun en nuestras guanas intestinas, en lid 
con generales de justa fama. 

XI. Los fusileros de Menéudez empezaron á ti- ^¿¡^JJ^i 
rotearse con la vanguardia de los federales, v sos- 
tuvieron las escaramuzas por mucho tiempo, en el 
banco intermedio, sin que los ejércitos trabasen pe- 
lea. Pues ni los de Silva avanzaban contra la mata, 
aii los federales salían á lo limpio. 

Entonces el caudillo federal resolvió atraerlos 



342 DOCTOR L. VILLANUEVA 

hacia el río, y mandó salir afuera guerrillas del 
cuerpo de Espinoza á provocar un choque formaL 
Pero cerrada la noche se replegaron arabos á sus- 
respectivns posiciones. Las tropas de Alvarez y 
Espinoza se voceaban con sus contrarios, alegraban 
el campamento tocando sus gaitas y tamboriles, y 
con pequeñas guerrillas hacían tiros sobre el ene- 
migo para tenerlo en alarma; y con otras de in- 
dios armados de flechas ó carnuzas lo molestaban 
duramente, hiriéndole ó matándole gente, porque los 
disparos eran seguros a pesar de la oscuridad de 
la noche. A esto hay que añadir los repetidos to- 
ques de corneta con que Zamora los desconcertaba. 

Toda la noche fue escaramuzas y fuegos. 

-Al rayar el alba encontráronse los dos ejérci- 
tos en sus mismos puestos. 

Esto es lo que se ha llamado el cañoneo de 
San Lorenzo, oído en Obispos, en los campos del 
Totumal, en los de Toruno y en Barinas mismo. 
No pocos muertos y heridos quedaron en el campa 
de uní y otra parte. 

La táctica de Zamora consistió en ponerse á la 
defensiva, para tomar la ofensiva con sus reservas 
en momento oportuno. 

áS^de^íüYÍ XII. Pero Silva no podía empeñar sus batallo- 

ges contra las montañas; y en esta emergencia resolvió 
ejecutar una operación de táctica, por ver si sa- 
caba á Zamora de sus posiciones. En consecuencia, em- 
prendió una retirada defensiva y ofensiva, haciendo ui> 
difícil movimiento de flanco enfrente del enemigo,, 
por un terreno enteramente descubierto. La evo- 
lución era digna de un guerrero veterano, y fué lle- 
vada á cabo por su Jefe de Estado Mayor, General 



Vida del general z amor a 343 

Andrade, con destreza propia de un militar instrui- 
do y valeroso. 

Con efecto, retiróse para La Luz en posición 
defensiva; pero con la intención de cambiarla rápi- 
damente en ofensiva, y hacer un contra-ataque, si 
Zamora salía á embestirlos por los flancos ó por 
retaguardia. La operación fue atrevida, pero co- 
rrectamente científica é imponente. Zamora se que- 
dó á verla con admiración, pero sin abandonar su 
orden de batalla, limitándose á inquietar los ene- 
migos por retaguardia con sus caballos; á lo cual 
respondieron los de Silva con un tiroteo vivo y 
continuado que también se oyó en Barinas, como 
si fuera un combate, y de que da cuenta en oficio 
del 2 de mayo el Gobernador La Cueva al Gene- 
ral Soublette, Director de la guerra. 

El secreto de los movimientos del General Silva 
en San Lorenzo consiste en Ja necesidad que tuvo 
de retirarse enfrente del enemigo, por no querer 
éste venir á batallar en campo raso. 

Ahora bien; él no podía retirarse sino de dos 
modos; ó retrogradando ó por un flanco; y esco- 
gió este último, aunque sus evoluciones tenían que 
ser menos fáciles. 

Bien pesada la situación en la balanza del cri- 
terio militar, discurrió Silva desde el pueblo de La . 
Luz, que lo acertado era dar la vuelta á Barinas, 
frustrada como estaba la esperanza de batirse con 
Zamora en campo abierto; y porque además le 
era forzoso organizar un gran cuerpo de caballería 
para proteger sus infantes, cubrir sus retiradas, y apo- 
derarse de los puntos estratégicos, antes que Zamora; 
y con qué perseguirle y romperle sus columnas separa- 



344 DOCTOR L. VILLANUEVA 

das, salvando rápidamente grandes distancias, sorpren- 
diéndoley cortándole por todas partes. Necesitaba en fin, 
muchos caballos para franquear el paso de los ríos, abas- 
tecer de ganados su ejército quitándolos al enemigo, y 
tener siempre delante de sus infantes una masa pode- 
rosa con qué abrir y resguardar sus marchas. En esta 
virtud, suficientemente meditada su operación, que de 
seguro tenía que ser censurada por el atolondrado par- 
tido á quien servía, guió á Obispos y el 4 entró en Ba- 
rinas. 

Por desgracia para él, no le era dable hacer otra 
cosa. Pero entonces Zamora, radiante de osadía, tomó 
la ofensiva, y guiado de su ingenio, despachó á prisa á 
Alvarez y á Lspinoza á ocupar á Boconó, para cortar 
al General Silva su línea de comunicaciones y co- 
rrespondencias, con orden de dejar allí un destaca- 
mento, y de seguir á tomar á Guanare á viva fuerza. 
Así lo hicieron ; y pronto vino á encontrarse aquel 
grande ejército asediado en Barinas, incomunicado con 
todoel # mundo, sin víveres ni dinero, y obligado, días 
después á evacuar el territorio en una retirada defensiva 
hacia Guanare, para no perecer por deserción, por desa- 
liento y hambre. 

yZtm.ra. XIII. Era una brega entre dos Generales ilustres; 

el uno, llanero sagaz, reflexivo y previsor, aleccionado 
bajo el mando do Bolívar y Sucre; el otro, hecho 
militar por sí mismo en la guerra de montañas del 
4(¡, y dotado por el cielo de raro ingenio para la 
•estrategia, y de rapidez de vista y de acción para 
improvisaciones felices enfrente del enemigo. 

Silva estaba viejo y enfermo: ya su lanza no 
producía heridas incurables, como en los mitológicos 
combates de su juventud: al paso que Zamora, sar»o 



VIDA DEL GENEBAL ZAMORA 345 

y ile templadas fuerzas, ostentábase en el vigor de 
la edad. La fortuna es mujer, decía Luis XIV á 
Villeroy, pnra consolarle de su derrota en Italia; 
ella no ama sino á los jóvenes. El favorito de la 
guerra en Junín fue desairado en su última cam- 
paña del 59, allf mismo, donde siendo joven, había 
igualado á Hércules en trabajos de fuerza, de in- 
teligencia y de valor. 

XIV. Ve'ase como pinta el General Soublette»fiSf *l*S 

i i ««npafift de Oo- 

aquel desastre: eidaat». 

República de Venezuela. — Dirección de la Guerra de Occi- 
dente. — Cuartel General en San Carlos, á 11 de mayo 
de 1859. 

Señor Secretario de Estado en ¡oh Despachos de Guerra y 
Marina. 

Incluyo á usted en copia dos oficios del Jefe Militar 
de la Portuguesa, del 8 y 9, números 138 y 1~>0, para 
que usted los eleve al conocimiento de S. E. el Presi- 
dente de la República. 

De esto* oficios se deduce que el General Silva lia vuel- 
to á Harinas, y nada más, porque como no se lian recibido 
sus informes, no se puede estimar la importancia ventajosa 
6 desventajosa de este movimiento, aunque á primera vista 
parezca que el General Silva haya abandonado la actitud 
ofensiva. También se comprende, que el enemigo lia ocu- 
pado á Boconó para privar al General Silva de sus co- 
municaciones con el resto de la República, y el Jefe Mi- 
litar de la Portuguesa no tiene fuerzas, ni yo j Miedo 
dárselas para poner expedita la comunicación con Hari- 
nas. Sí creo que las tenga el General Silva, y si no las 
tuviera, pronto estaría como asediado en la ciudad de Ha- 
rinas, ó forzado á abrirse paso, abandonando ;'t Harinas. 

Todavía entiendo otra cosa más, y es que si en efecto 
Antolino Alvarez, que se sabía haberse reunido con Ezk- 
<¿uiel. Zamora, ha venido con fuerzas considerables so- 
bre Guanare, traiga la orden de ocupar A Guanare, y 
sucesivamente á Ospino y Aranre, para cortar toda rela- 
ción con Harinas; y si esto sucediera, la insurrección pren- 
dería en Barquisimeto, se descargaría en Yaritagua, y no 
»é qué suerte correría Cojedes. 

Las fuerzas que con el Comandante Benito Figueredo 



340 DOCTOR L. VILLANUEVA 

obran por El Baúl, reforzadas por un Escuadrón de Ca- 
ballería del Guárico, que condujo el Comandante Facundo 
Camero el 7, perseguirán vigorosamente las partidas de 
facciosos que amenazan El Baúl, y si tuvieren buen suce- 
so, como lo espero, vendrán á apoyar á Araure y aun A 
Guanare, según lo fueren exigiendo y permitiendo los su- 
cesos, pero entre tauto yo nada bago ni puedo hacer, por- 
que no tengo un solo hombre de qué disponer. 

Cuando supe la heroica defensa que un puñado de 
patriotas hizo en Barinas en los días 10 y 17 del pasado, 
creí que la invasión del faccioso Zamora había perdido 
toda su importancia; pero fue porque yo conté con que el 
ejército hubiese podido perseguirlo de cerca después de 
aquel rechazo, lo que no sucedió; pues nuestras fuers&as 
quedaron en Barinas desde el 19 hasta el 25, día en que 
marcharon contra las fuerzas facciosas, y nada más he 
sabido hasta hoy, que me dicen que han vuelto á Barinas, 
no se dice cuándo. 

Ya he comunicado á usted antes mi temor de que 
tenga el Gobierno que defender y salvar la República en 
los campos de Carabobo, y yo no veo otro modo de evi- 
tarlo que haciendo marchar inmediatamente un fuerte ejér- 
cito á Occidente, provisto de todo lo necesario y bajo el 
mando del Jefe que más merezca la conftanza del Gobier- 
no, y que tenga la fortaleza y la agilidad necesaria para 
hacer una campana rápida que'desembarace el ejércitodel 
General Silva, y ponga un término solemne á esta in- 
surrección. 

Sin medidas muy vigorosas, sin sacrificios genérale», 
la sociedad está en peligro de que la insurrección invada 
todo el territorio. 

Observe usted lo que dice el Jefe Militar de Gua- 
nare, que en la Portuguesa y en Barinas, el Gobierno 
no tiene otro apoyo que el que dan las armas que tiene 
á su servicio. Sólo se posee el terreno que se pisa con 
fuerzas considerables. Ambas provincias están levantadas 
en masa. 

Soy de usted atento servidor, 

Car Ion Soublette. 

cómo jugóu XV. A tiempo que el Gobierno y ei Director de 

prensa e«ntr*lit- . . 

taásuva. j a Q uerra ei) Occidente pronunciaban estos juicios 
sobre las operaciones del General Silva, la prensa 
del partido dominante declamaba contra ¿lias, en to- 
no tan violento, que no pocas veces llegó hasta la 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 347 

injuria y la calumnia. Una vez dijo El Heraldo, su 
órgano principal : 

"La existencia del ejército de Ezequiel Zamora,. 
es un misterio para nosotros. Desde Coro hasta las puer- 
tas de Puerto Cabello, y hasta la capital del Yaracuy, 
. y hasta las cercanías de Barquisimeto, allegándose par- 
tidarios por entre la Portuguesa y Barinas; rechazado 
con pérdida sin destruirse ; derrotado muchas veces sin 
desbandarse; perdiendo lo mejor de su gente y hasta el 
Jefe fie su Estado Mayor, sin detener su carrera; per- 
seguido de una armada poderosa, sin alcanzarle ; dueño 
de escoger el punto de ataque, sin colocarle entre 1» 
muerte ó la victoria ; nosotros no podemos comprender 
bien los varios incidentes y filosofía de esa guerra.' 7 

Y tiempo después añadió : el nombre (leí Ge- 
neral Silva figurará en nuestra historia como el 
de aquel eunuco del Bajo Imperio que abrió el África 
á Genserico y á sus vándalos. La razón de tal invecti- 
va consistía en que dicho periódico atribuía al Gene- 
ral Silva tratos con los liberales, que, seguía diciendo,. 
debilitaban la fe del ejército, y operaciones pérfidas, 
falsas alarmas y contramarchas para debilitarlo, fa- 
tigarlo y amedrentarlo. 
. • 

¿Cuál habría s ido, escribe otro día, la suerte 
de Ezequiel Zamora, si Rubín, Garrido ú otros de 
nuestros excelentes jefes le hubieran perseguido al tra- 
vés de la Portuguesa y Barinas, en Barquisimeto ó 
Guanare ? 

Como se ve, parecía muy fácil perseguir y destro- 
zar á Zamora desde la tribuna de un periódico ; cuando 
era muy difícil hacerlo en la Sabana de San Lorenzo, 
donde la pericia de Silva y Andrade apenas alcan- 
zaron k salvar su propio honor y su ejército : y co- 
mo igualmente lo fue en Santa Inés, en donde á 
poco andar fue vencido ose mismo valentísimo Ru- 
bín, de que hablaba El HerakU. Los gobiernista* 
de las ciudades pretendían que sus Generales ba- 



348 DOCTOR L. VILLANUEVA 

tiesen á Zamora y se lo entregasen prisionero ; sin ha- 
ber querido nunca comprender que para tal em- 
presa había dos imposibilidades: una militar, porque 
Zamora era un gran General que no se dejaba 
envolver, ni destruir ; y otra política, porque su cau- 
sa no era personal, sino la de un pueblo que tenía 
que triunfar, aun padeciendo reveses, contra todos los 
ejércitos y todos los Capitanes de la oligarquía, por 
aventajados que fueran ; desde Páez hasta sus últi- 
mos Tenientes: y tan es así, que vanamente en- 
sayaron sus mejores militares en Coro, en Carabobo, 
.y en el Sur: y de la misma manera agotaron sus 
esfuerzos y sacrificios por vencer y atar los liberales 
al carro de la victoria. 

camptfivdeoo XVI. Contra las citadas impías invecti vas, produ- 

oidente. # . * 

cidas por las incandescentes pasiones de aquella prensa, 
opone la musa de la Historia en estos tiempos, que 
son casi la posteridad de aquella época, el discer- 
nimiento de la verdad, la referencia de los hechos 
con exactitud, el esclarecimiento de los secretos de 
la guerra, y la distribución equitativa de la justi- 
cia, según el papel de los actores. Pues aquellos 
Generales eran hombres honrados y discretos, que 
servían sus causas respectivas con igual dignidad 
en la política que en la milicia. De lo cual resul- 
ta, que para nosotros, liberales ortodoxos, purita- 
nos por la fe en el pueblo y en la libertad, para 
nosotros, decimos, son tan venerables en el augusto 
tribunal de la Historia, Silva y Andrade defendien- 
do el Gobierno de Marzo con ejércitos regulares, 
como Zamora combatiéndolo encarnizadamente á la 
cabeza de las legiones populares. Y así como en 
otros capítulos* hemos desentrañado el origen y 
desenvolvimiento de la política liberal, para honrar 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 349 

nuestro partido; y asistido con entusiasmo al naci- 
miento de la edad civil de Venezuela, y justificado 
el alzamiento de Zamora en 46 y en 59, como efec- 
to de revoluciones encarnadas en el corazón del 
pueblo, y juzgado los hombres y sus hechos hon- 
radamente con nuestro criterio de escritor liberal, 
también decimos que no es permitido en la historia 
apreciar hechos militares, si no se ajusta el crítico 
á las enseñanzas del arte de la guerra, y no se man- 
tiene insensible á las simpatías ó antipatías que pue- 
dan inspirarle las banderas políticas de los conten- 
dores. 

Así que, una jornada militar se juzga en laüisto- 
ria únicamente por los movimientos de los ejércitos, por 
el valor y disciplina de éstos y la pericia de sus Gene- 
rales: cosas todas muy diferentes de las influencias que 
de ellas mismas se derivan en la suerte del perso- 
naje historiado ó en la desús opositores. 

La santa justicia es la Pitonisa del historiador, y 
sus respuestas son los fallos que deben grabarse ínte- 
gramente en Ls páginas que se ofrecen á los que 
solicitan el conocimiento de la verdad. En. confirma- 
ción délo cual, dice Thiers: 

Los acontecimientos no deben desfigurarse por 
debilidad; ni alterarse por nuestras pasiones ; ni omi- 
tirse por negligencia. 

Cierto que el ejército de Silva era una masa 
heterogénea, compuesta de liberales y oligarcas, 
como resultado forzoso de una situación derivada de 
la fusión de Marzo: cierto también que Silva sentía 
cariño por Zamora, su subalterno en la campaña del 49: 
como era también verdad que los Jefes y oficiales es- 
taban sobrecogidos con la popularidad de la federación 



} 



350 DOCTOR L. VILLANUEVA 

en Barinas, y Portuguesa, provincias alzadas en masa, 
como dijo el General Soublette; pero Silva y cuan- 
tos liberales militaban á sus órdenes cumplieron en 
aquellas filas las imposiciones del deber militar, á 
satisfacción de las más rígidas leyes del honor. 

Llegado que hubo el ejército á Guanare, Silva 
y Andrade se apresuraron á renunciar sus destinos; 
y el Gobierno, vista la notoria enfermedad del Ge- 
neral Silva, le relevó del cargo, y le nombró Mi- 
nistro de Guerra : y á la vez recabó de Andrade que 
aceptase el nombramiento de Comandante en Jefe 
de las Operaciones del Sur de Occidente: y le dio 
por Jefe de Estado Mayor al Coronel Antonio Je- 
lambi. 

Desbaratada la fusión militar de que Silva era 

centro, retiráronse con él de aquel ejército muchos 

Jefes y oficiales liberales, y otros se separaron por 
completo del servicio. 



r 



CAPITULO XII 

I. Anudemos ahora nuestra relación. o 8 mir'. Mlf,i 

El General Silva rompió el cerco. Dejó en 
Ba riñas una guarnición de cerca de 400 hombres; 
y con el resto de sus desnudas tropas regresó á 
Guanare, atacado á la sazón por todo el ejército 
enemigo. 

Al llegar el 12 en la tarde, al paso real del 
r(o Guanare, á una legua de la ciudad, disparó el 
Comandante Lugo que iba en vanguardia, tres ca- 
ñonazos, para anunciar á los sitiados que el día si- 
guiente serían auxiliados, como en ef'eclo lo fueron 
en la mañana del 13. 

La ciudad, llamada un día Atenas de Oc- 
cidente, por su celebérrimo colegio de San Luis, 
había quedado reducida á escombros: desmantelados 
sus mejores edificios, destruidos sus barrios, y cu- 
biertas de cadáveres sus calles y plazas. 

Digamos cómo habían pasado las cosas. 

II. En cumplimiento de órdenes de Zamora, ex- At *<me » o*»- 
pedidas en San Lorenzo, acercáronse á la ciudad 
Alvarez y Espinoza el 8 en la tarde; y á las 7 
a. m. del 9 rompieron arrogantemente los fuegos 
sobre la guarnición de la plaza, mandada por Ma- 



nare. 



. i 



352 DOCTOR L. VILLANUEVA 

nuel Herrera, quien, por no tener caballería y ser 
muy escasos sus infantes, se redujo á la plaza, y 
á las casas inmediatas á ésta. 

Como los federales pretendieran ocupar las man- 
zanas que rodeaban los cuarteles, para tomarlos, co- 
menzó un fuego vivísimo de una y otra parte, que 
duró todo ei día y parte de la mañana del 10, 
en que Herrera sacó guerrillas, y las trabó cuerpo á 
cuerpo con las de los asaltantes. Mas de dos horas 
duró este nuevo combate en las calles y en las casas, 
alternativamente ocupadas y desocupadas por los 
combatientes. 

Los federales se retiraron pasado el medio día, por 
falta de municiones, situándose á inmediaciones del 
poblado, en espera del General Zamora que les había 
avisado su aproximación ; y el 12, reunidas todas las 
fuerzas, embistieron de nuevo la ciudad, á las diez 
de la mañana. 

La intensidad de los fuegos, el encarnizamiento 
de la lucha, y las llamas del incendio de una parte 
de la ciudad, todo bien indicaba que el ataque 
obedecía á la presta voluntad del tremendo caudillo 
(jue demolía y echaba por tierra cuanto se oponía 
al triunfo de sus armas. 

Horadaron los federales las casas para acercarse 
con menos pérdida de gente á los cuarteles; y al 
llegar á éstos, estalló el fuego, con tal furor, que 
los sitiados no tupieron tiempo ni át comer en todo 
el día, hasta las doce de la noche, que Zamora 
lo mandó cesar, como por una hora. 

Los enálteles del Este, Sur y Oeste cayeron 
en poder de los liberales ; replegándose sus diez- 
madas guarniciones á los otros tres que mandaba 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 353 

vu persona el Comandante Herrera, y que estaban 
al Norte. Contra estos convergieron todos ios fuegos 
basta la tarde, en que se mandaron suspender por la 
aproximación del ejército de Silva, cuya marcha co- 
noce ya el lector. 

III. El Caudillo liberal se replegó á Guerírandía, !■■«»■§ *#< 

1 D ' tira á GnerÜAB- 

sin descansar, marchó al pasitrote por El Cambur y j¿J l m * rcha * 
Obispos á Barinas, que había quedado desguarne- 
cida; y de la cual tomó posesión sin disparar un 
tiro, el 18 á las 6 y media de la tarde. 

En El Totumal, á nueve leguas, habfa dejado 
cuando partió á Guanare, un cuerpo de 400 caballos, 
amenazando á Barinas, v ahora lo llamó al Cuar- 
tel General. 

El destacamento de trescientos hombres situa- 
do allí por el General Silva, al mando de Cangas 
v del Gobernador La Cueva, nombrado Jefe de 
Operaciones, se había reducido por la deserción á 
la mitad; y el 12 evacuó la ciudad, y se fué á 
Barinitas con el parque y algunas familias que qui- 
sieron emigrar á Mérida. Tras los fugitivos des- 
pachó Zamora á Petit y Vásquez, con quinien- 
tos hombres, quienes al punto que avistaron la 
pequeña plaza, la tirotearon y obligaron á la co- 
lumna que la defendía á rendirse, y á entregar todo- 
el material de guerra que llevaban consigo; y que 
consistía en cuatrocientos fusiles, once cajas de 
pertrechos, cinco mil balas sueltas y otros varios; 
elementos. El Comandante Sandoval, que estaba 
de avanzada en Las Piedras, no quiso rendirse, y 
se fué con su piquete, de más de setenta hombres^ 
á Boconó de Trujillo ; y el Gobernador La Cueva 

con su familia, el padre Ureña y otros, á Mérida. 
:¿3 



-▼íncia da Barí 
ama en 
Uederal. 



354 DOCTOR L. VILLANUEVA 

De allí A poco la guarnición de Pedraza se 
entregó al Coronel C. J. Fuentes. 

*it¡J¡¡MK »í!". IV. En el mismo mes de mayo cambió Zamora 

ÜÍTiii Elido la Provincia de B.irinas en Estado de Barinas, y 
le dio un Gobierno Civil, con Concejos Municipales 
autorizados para proveer todos los destinos públi- 
cos: como el único poder, en su sentir, del cual 
debían emanar en la Federación los empleados del 
orden judicial, político y económico de cada Can- 
tón (1). 

Expidió un decreto sobre timbre de papel 
sellado para los diferentes negocios de la Admi- 
nistración pública: adjudicó á cada Cantón como 
renta propia, sus antiguas rentas internas, y lo que 
produjera en sus respectivas localidades la venta 
*de papel sellado. (Decreto de 20 de mayo). Es- 
tableció un nuevo sistema judicial, dotado de Jueces 
de Cantón y de \\\\ Juez Superior con facultad ex- 
tensiva {\ todo el Estado, para conocer de los nego- 
cios que por los Códigos de Procedimiento Judi- 
cial y Orgánico de Tribunales, correspondían al 
antiguo Juez de Circuito, y de los que á la Corte 
Superior de Justicia competían en primera instan- 
cia, ó por vía de íipelación, en sala de revista, 
asociado de dos ciudadanos sacados por la suerte 
entre a lista formada por el Concejo Municipal 
de cada Cantón. Adjudicó sueldos á los Jueces, 
sus Secretarios y porteros: organizó las rentas de 
la Provincia: creó fondos para sus tropas y hos- 
pitales: nombró un Inspector General de las ren- 
tas del Estado: y convocó una Legislatura pro- 
visional del nuevo Estado, para que los Delegados 



1 Oficio de la Secretaría General á varios Jefes mili- 
tare 8. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 355 

•del pueblo supieran en (\ué y cómo se disponía 
•de sus intereses. Esta Asamblea debía instalarse en 
setiembre. 

Hicieron el pronunciamiento por la Federación 
los vecinos de Villa de Obispos el 29 de mayo 
bajo la inspiración y presidencia de su Concejo 
Municipal, compuesto de los liberales Justo Pérez, 
Presidente del Concejo; y de los vocales Isidro 
Contreras, Terecio M. Cárdenas, Antonio Quintero, 
Francisco María de la Guerra, Luis M. Sánchez, 
José A. Cubian, Pablo M. Caballero, Procurador. 
Era Jefe Civil del Cantón, Pablo Rojas; y Juez, 
Ramón Naranjo. 

Los de Sabaneta se pronunciaron el 30 en la 
plaza pública bajo la dirección del ciudadano Ma- 
teo Cortés, Juez de paz; del Comandante Diego 
Riera, del Capitán Andrés Vanegas y del Teniente 
Diego A. Alvarez. Y á continuación se levantaron 
todas las poblaciones de la Provincia, reconocien- . 
do á Zamora como Jefe de Operaciones de Occi- 
dente. 

V. El Concejo Municipal de Barinas, presidido m concejo mu- 

J i » r nioipal d« B&n- 

por Rafael A. Rincones y cuyo Secretario era Dainel^o ^;^ 
Ángulo, acordó á Zamora, con fecha 14 de junio, el uoLdiiiLT' 
título de Valiente Ciudadano, en los términos si- 
guientes : 

EL CONCEJO MUNICIPAL 

DEL CANTÓN BARINAS 

Considerando : 

Que el ciudadano General Ezeqüiel Zamora, con 
acierto y arrojo asombroso ha atravesado la República, 
-venciendo en todas partes á los enemigos de la Fede- 



33G DOCTOR L. VILLANUEVA 

ración, para venir en apoyo de la liberal provincia de- 
Harinas, hasta darle en toda su plenitud el bien precio- 
so de la libertad, y elevándola al rango de Estado in- 
dependiente del gobierno central, por lo qne se ha he- 
cho digno de la gratitud del pueblo, y siendo el Concejo 
Municipal su órgano inmediato, 

decreta : 

Art. 1? El Concejo Municipal distingue al ciudada- 
no General Ezequiel Zamora con el nombre de Va- 
liente Ciudadano, cuyo título le dará en todos sus actos 
al tratarse del mencionado ciudadano. 

Art. 2? Este decreto le será presentado por una co- 
misión de dos miembros que nombrará el Concejo. 

Dado en Barinas á 14 de junio de 1859. — El Presi- 
dente, Rafael A. Rincones. — El Secretario, Daniel Ángulo. 

Las tropas montaban en julio á 1.721 solda- 
dos, distribuidos así: 1 485 de infantería, y 236 de 
caballería, con 23 jefes y 177 oficiales. 

Señoreado por completo Zamora de la Provincia, 
hizo converger todos sus elementos activos á sitiar 
y acabar por ríiedio de intrigas el Ejército de Gua- 
nare; y al efecto empezó á urdir una trama con 
los federales de aquella plaza, valiéndose de cartas 
y de emisarios para fomentar la deserción de la 
tropa, esparcir noticias desfavorables al Gobierno, 
maquinar sediciones, y convidar á algunos jefes á alis- 
tarse en las banderas de la Federación. 

AMdiofeOaa. VI. Desde principios de julio aproximó fuerzas 

sobre el enemigo en todas direcciones para incomu- 
nicarle con Trujillo, Barquisimeto y San Carlos; 
y estorbarle la recolección de ganados en las cer- 
canías mismas de la capital. Ordenó al Comandante 
Pablo Alvarado que cortara el camino real de Co- 
jedes, situándose en La Aparición con 500 hom- 
bres, lo que motivó choques repetidos con la guar- 
nición de üspino que comandaba un hermano de 
Herrera, de nombre José de Jesús. El 21 deju- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA ÍW7 

lio se destrozaron estos destacamentos mutuamente 
-en El Tigre, jurisdicción de aquella parroquia. 

Espinoza atacó á Acarigua, y obligó al Co- 
mandante Lameda que la defendía, á retimrse á 
Sarare. En el flanco de las mesas y serranías por 
donde se abren caminos á Trujiüo y Barquisimeto, 
colocó la División de los Comandantes Rafael Mi- 
ría Daboín y Pedro Silva, que lograron derrotar en 
Hu mocaro Alto una columna que iba del Tocuyo á 
auxiliar á los de Guanare. 

Y no se limitó á estas líneas de asedio, sino 
desparramó cuerpos y guerrillas por todas las vías 
de Cojedes á Guanare. A Navarro, con su Brigada, 
de que hacía parte el escuadrón del Coronel Mag- 
daleno Barreto, le ordenó situarse entre el pueblecito 
•de Cojedes, y los sitios de Camoruco, O noto y Los 
Apartaderos: al Comandante Francisco Ramos, con 
las partidas de los Comandantes Encarnación Aro- 
<rha y Ramón Orozco y las de los Capitanes 
Custodio Gutiérrez y Basilio Matute, les mandó 
-cubrir la línea desde Caño de Agua, por Lagu- 
nitas, hasta el paso de La Madrina, por el flanco 
derecho: á Nicomedes Ramírez, el camino de San- 
ta Cruz y el Paují. Fueron acantonados Manuel 
Chaves, Ramón Nadal y Gabriel Díaz, en el Riecito. 
Juan de la Cruz Urbano, se tendió por Pimpi- 
nela, Changuango, Caño de Agua, y Los Arreci- 
fes. Marcial Sánchez se situó on Turen. El 
Coronel Juan Antonio Michelena vigilaba el camino 
de Araure, Agua Blanca y San Rafael; Francisco 
Lópe¿, Ferrer, Araujo, Camejo y muchos más cu- 
jos nombres no recordamos, el de Papelón, que va 
por Sabaneta, Píritu y Boca de Acarigua al Baúl, 
y defendían además las infinitas veredas de aque- 



358 DOCTOB L. VILLANUEVA 

lias montanuelas y sabanas. Las riberas del Cujé- 
eles y el Portuguesa, en que florecían muchas po- 
blaciones, servían de campamento á Carmen Pé- 
rez, Félix Puerta Linares, Juan de Jesús Núfiez. 
y J. Orozco, Jefe de la columna Vencedora, para 
impedir el paso á Turen y los Llanos de Barinas. 

Baldomcro Farfán, Pío Pacheco y otros, em- 
peñaron combate más de una vea con U guarnición 
de El Baúl, con resolución de vencerla y de dominar 
aquella línea hasta El Pao y Guadarrama; aunque 
siempre fueron rechazados, como sucedió en los 
asaltos de 20 y 28 de aposto. 

Rodeado de enemigos, no puede en verdad 
decirse que el General Andrade fuera asediado de 
cerca; pero sí quedó encerrado en un circuito de 
defensa, de donde sus guerrillas tenían que salir á 
pelear de continuo para recoger por las sabanas adya- 
centes ganados con (pié racionar ías tropas, y expues- 
tas al peligro de que le quitaran de los pastoreos las 
madrinas de caballos, como algunas veces se lo hicie- 
ron. En ocasiones los federales llegaban sin ser perci- 
bidos hasta las afueras de la ciudad, por entre el 
bosque del camino de Guerilandia, que desemboca en 
sus cercanías. 

La Testera, Los Naranjos y otros sitios de la 
vecindad, fueron teatro de encuentros sangrientos 
en que se inutilizaban á diario soldados y oficiales 
de ambas partes; combates que era menester librar para 
mantener á los sitiadores siempre apartados de los 
lindes de la ciudad. 

A estas fatigas hay que añadir los cuidado» 
con que tenía que precaverse de las maquinaciones 
de los federales urbanos, que no dejaban de incitar 



VIDA PEL GENERAL ZAMORA 339* 

la tropa á la traición, bien que ésta, justo es de- 
cirlo, probó en su mayor parte lealtad, subordina- 
ción y disciplina, aun en medio de los más crueles 
trabajos que padeció en el tiempo de este encierro- 

Sucedió una vez que una comisión de caballe- 
ría, que tenía encargo de vigilar el camino que de 
Gunnare conduce al pueblecito de Tucupido, donde 
había fuerzas contrarias, sorprendió una correspon- 
dencia para Zamora de particulares de la ciudad y 
jefes del ejército; en la cual le daban noticias del 
campamento, especialmente del cuerpo de caballe- 
ría, bastante reducido ya por las deserciones y por el 
mal estarlo de los caballos, invalidados por la in- 
clemencia del invierno. Y además, asegura el Coronel 
Jelambi en su oficio al Ministro de la Guerra, cuando 
refirió desde San Carlos todos los incidentes de 
aquel sitio memorable, que un Comandante nom- 
brado Jefe de día, se fué esa noche á conferenciar con 
Zamora en Tucupido, y que á poco desertó de las filas 
del Gobierno. Tal conducta será siempre digna de 
la más severa reprobación, aun cuando pudiera ser 
favorable á las operaciones militares del héroe cuya 
vida estamos escribiendo; pues por encima de los 
intereses de los partidos deben estar siempre las im- 
posiciones de las leyes morales, á que los hombres de 
honor deben sujetarse hasta el último trance de la 
vida. 

Este hecho revelaba á todas luces una cons- 
piración capaz de poner el ejército en peligro de 
un grande escándalo que debía evitarse sin pérdida 
de tiempo; y en tan delicado lance probó una vez. 
más el General Andrade sus cualidades de Jeie r 
su firmeza de carácter y valor heroico ; pues en- 
fermo de fiebre voló á los cuarteles en medio de 



360 DOCTOR L. VILLANUEVA 

un violentísimo aguacero que se descargaba esa no- 
•che sobre la ciudad, y mandó prender con su misma 
tropa los jefes sospechosos. Uno se escapó á favor 
<le la tormenta, y apareció después en las filas fe- 
derales, y se dice que era hombre de gran coraje 
y osadía. Otros fueron aprendidos. El Ejército se 
salvó, dijo Jelambi en el oficio citado, por la virtuosa 
mayoría que lo formaba. 

A esta anarquía militar hay que añadir la falta 
casi absoluta de bastimentos y dinero, que obligaba á 
racionar á los oficiales con medio real en plata y 
•dos libras y media de carne, y á los soldados con 
míenos aún ; para lo cual se valían de escasos prés- 
tamos, suministrados generosamente por comer- 
ciantes extranjeros, que tenían confianza en la 
Jionradez y cabal idad del General Andrade, quien, 
-en su aislamiento les daba leí ras contra la Aduana de 
Puerto Cabello, para cuando se abrieran las comuni- 
caciones, todo lo cual montó á $14.1í)l. Suma era ésta 
bien miserable pa»a un cuerpo de ejército de dos mil 
hombres, en más de dos meses de sitio, á contar 
•desde el 9 de julio has a el 7 de setiemb e, y.por 
•cuyo pago instó el mismo General Andrade desde 
San Carlos al Gobierno en oficios reiterados. 

En hospital había rmís de trescientos enfermos, 
**in camas, ropas, ni alimentación apropiada, siendo 
más bien aquello un pestífero hacinamiento de heri- 
dlos y calenturientos medio desnudos, que un esta- 
blecimiento donde se les pudiera curar, ó aliviarles 
i|)or lo menos sus dolencias. 

Los postas que se mandaban hacia San Carlos 
V> Barquisimeto no volvían ; ora porque fuesen ene- 
ítnigos, ora porque fuesen cogidos por las guerri- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 361 

Has federales : de suerte que allí no se sabía de 
nadie, y cada día el incansable Zamora los inco- 
municaba más y más por cuantos caminos y veredas 
pudieran conducir á Guanare. 

VII. Es ésta una ciudad situada entre el declive *■»•»•«• 

plasa militar. 

de una serranía y las vegas del río de su nombre, 
que corre por el Sur, á distancia de una legua; 
carece de fortificaciones, como todas las poblacio- 
nes del interior de Venezuela, y pobrísima de 
agua, (1) para podérsela utilizar como plaza mili- 
tar; pues surtíase apenas, en aquel tiempo, de una 
quebrada de poco caudal llamada Las Piedras, seca 
en verano ; de unos jagüeyes nombrados La Vivita, 
El Pionío y otros, y de la quebrada que dicen 
Curumbare, en la sierra, una legua distante de la 
ciudad. 

VIII. En vano aguardó allí el General Andrade Retiría» <ui 

° ... General Andra- 

por más de sesenta días, la División del centro, al de a 8m CarIoi 
mando del Comandante Renito Figueredo, organizada 
en El Baúl, y que tenía por encargo obrar hasta 
Guanarito por las extremidades del Sur de los Can- 
tones Araure, Ospino y Guanare; y la de la iz- 
quierda que debía llevar el General Brito, por Nu- 
trias, en un plan combinado con éste y con las 
fuerzas de infantería y caballería de Apure, y las 
sutiles enviadas de Guayana y San Fernando; con- 
forme al plan de campana trazado por el Ministro 
de la Guerra, y. comunicado al Estado Mayor del 
Sur de Occidente, en la última quincena del mes de 
junio. 

El 6 de setiembre reunió el General Andrade 
en junta de guerra á los señores Coronel Antonio 



1 Hoy tiene un acueducto que abastece el río Guanare. 



.362 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

Jelambi, Jefe de Estado May< ir General ; y Coman- 
dantes Manuel Herrera, Jefe Militar de la Provin- 
cia; Antonio Torrens, Jefe de las caballerías; Ma- 
nuel Ortega, José Miguel Aparcero, Norberto Ji- 
ménez y Fr-ancisco Javier González, de las cuatro 
Brigadas de infantería; y les informó de la corres- 
pondencia de Barquisimeto recibida á última hora 
Y en seguida expuso, que si bien era cierto que el 
Gobierno se hdlaba fuerte y triunfante en toda la 
República, debía, con todo, pensarse que su ejército 
podía encontrarse en la incapacidad de moverse 
hacia donde conviniera, si continuaba ocupando por 
más tiempo la plaza de Gaanare; consideración ha- 
bida de la marcha emprendida por el General Fal- 
cón Inicia la Provincia de Barquisimeto, y muy 
probablemente hacia Araure, con el objeto de reu- 
nirse con el ejército del General Zamora. Si el 
General Falcón evitaba la lucha en Barquisimeto y 
se dirigía á Araure, ocupada por sus partidarios, po- 
día caer repentinamente sobre Ospino, destruir su 
guarnición y apoderarse de los elementos de guerra 
allí existentes, y embestir á Guanare, cuyas tropas 
estaban ya bien disminuidas y escasas de caballería. 
En caso de que Barquisimeto fuese atacada y vencida, 
sucedería que toda la P r ovinoia y sus convencinas 
serían invadidas, y aun ocupadas por los enemigos, á 
causa de faltar oportunamente auxilios del Gobierno 
y del ejército ; pues éste vendría á encontrarse situa- 
do á muy larga distancia del teatro de los sucesos. 
Además, el ejército estaba incomunicado con toda 
la República dos meses había, sin recibir correspon- 
dencia, recursos, ni instrucción alguna del Gobierno; 
habiendo tenido durante ese lapso que pelear mu- 
chas veces con todas las facciones de Portuguesa y 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 363 

Barí rías, y contrarrestar enérgicamente la obra de 
seducción, á que habían apelado los enemigos, para 
anarquizar, desmoralizar y destruir sus Divisiones; 
y con lo cual habían al fin conseguido algunas infi- 
dencias, deserciones v aun conatos de sedición. 

Fuera de estas consideraciones, militaban otras 
que el General Andrade quiso someter al conoci- 
miento y estudio de la Junta ; entre las cuales 
figuraba como principal, la de que la detención del 
ejército en Guanare provenía de órdenes terminantes 
del Gobierno, para aguardar allí la División del Ge- 
neral tírito que debía entrar, parte por Nutrias y 
parte por Guanarito, para obrar en combinación con 
ella sobre el General Zamora. Pero hacía dos me- 
ses que aquel Jefe había llegado á San Fernando y 
nada se sabía de su paradero, ni por oficios suyos 
ni ]>or informes de. ninguna persona. De lo cual 
era forzoso inferir una de dos cosas: ó que dicho 
General no contaba para sus operaciones con el 
ejército del Sur de Occidente, ó que había encon- 
trado obstáculos y dificultades que se oponían á la 
proyectada combinación ; y en la cual no debía, pen- 
sarse por el momento, teniendo en cuenta que la 
situación militar en setiembre no era la misma que 
en julio; porque ahora existía en Occidente una 
facción que podía ser más considerable que la del 
mismo Zamora, en atención á que amenazaba é in- 
vadía algunas Provincias de las más importantes de 
la República. Sin embargo, debía reflexionarse que 
bien podía presentarse el General Brito de un mo- 
mento á otro, y hallarse sin el apoyo de ellos en 
Guanare: así como era no menos digno de tomarse en 
cuenta el desamparo en que iban á quedar las Pro- 



3G4 DOCTOR L. VILLANUEVA 

vincias de Marida y Tr jjillo por la desocupación de 
Portuguesa. 

Tales fueron las proposiciones torales sometidas 
por el General en Jete del Ejército al examei y 
discusión de la Junta de Guerra, para resolver si se 
evacuaba ó nó la plaza de Guanare; y en el primer 
caso, trazar la dirección de la retirada. 

Discurrióse largamente sobre la situación de la 
República y de los ejércitos beligerantes, y acerca del 
partido que convendría adoptar en tan delicadas cir- 
cunstancias. Hecho ésto, opinaron lodos que la posi- 
ción del ejército en Guanare era insostenible por más 
tiempo, y que siendo de temer la marcha del Gene- 
ral Falcón hacia Araure y Ospino, hubiera ó nó 
tomado á Barquisimeto, era lo acertado, militar- 
mente hablando, dirigirse sin pérdida de tiempo á 
Ospino, recoger el parque y la guarnición de esta 
plaza, y continuar las operaciones como los sucesos 
lo demandaran. Asistió á esta sesión el señor Go- 
bernador de la Provincia, v estuvo de acuerdo en 
todo con los militares, menos en la ruta que debía 
tomar el ejército. 

Tal era en resumen la calamitosa situación de 
la plaza, cuando Andrade, oído el dictamen de sus 
Jefes principales, determinó emprender la retirada, 
primero á Ospino, y después á San Carlos, por un 
territorio enemigo, obstruido á cada paso por gran- 
des barrizales, y hondas cañadas, en que S3 atascaban 
la tropa y los animales, y que era forzoso atravesar con 
el agua al pecho; y bañado de ríos como el Portugue- 
sa, el María, el peligroso Morador, entre San Rafael 
y Ospino, y el Guache, el Acarigua, el Agua Blanca, 
el Cojedes, el San Carlos, salidos todos de madre, 



VIDA PEL GENERAL ZAMORA 3t>5 

en aquella estación; sin tener para pasarlos, puentes, 
balsas, ni canoas. 

Convenida la retirada, ordenóla Andrade sin 
dilación ; y acompañado de sus edecanes ManuH Ez- 
curra, Tomás Soriano y otros, hizo al día siguiente 
desfilar el ejército que ascendía aproximadamente á 
dos mil hombres, para tomarla derrota de Ospino con 
cuantos vecinos quisieron seguirle, en calidad de 
emigrados ; con su armamento, pertrechos, arti- 
llería y demás material de guerra, en mas de tres- 
cientas cargas : todos los equipajes, ganados, madrinas 
de cnbállos, y cuatrocientos enfermos : no habiendo 
dejado de estos en la plaza sino los que estaban en 
incapacidad absoluta de marchar á pie ó á caballo. 

No hubo bien sabido Zamora la marcha de 
las tropas centralistas, cuando tiró tras ellas para hos- 
tigarlas y destruirlas, al juicioso y hábil Trías 
con la brava División llamada Vanguardia del Ejér- 
cito Federal. Ocupó éste á Guanare el í) de se- 
tiembre á las 12 del día, y sin más descanso que 
el indispensable para repartir el rancho, continuó 
sobre Andrade con ánimo de darle alcance. 

Al llegar, empero, al río que nombran de Ma- 
ría, á media legua del Portuguesa, equidistante en- 
tre Guanare y San Rafael dos leguas y media, tuvo 
que pararse por haberlo encontrado crecido, y no 
tener medios de salvarlo. 

El Capitán Blas Herrera, que mandaba la des- 
cubierta, recogió algunos rezagados, con los que re- 
gresó al campamento, á las doce de la noche. 

El General Andrade, caminando en buen orden, 
se adelantó esa tarde hasta San Rafael de las Guas- 
cluas, á cinco leguas de Guanare. 



306 DOCTOR L. VILLANUEVA 

En Ospino tuvo noticias de la toma de Bar- 
quisimeto por el General Falcón, y considerando su 
ejército demasiado pesado para una operación fruc- 
tuosa sobre aquella plaza, y temeroso de ser cogido 
entre diversos fuegos, resolvió guiar á San Carlos, 
plaza fuerte, abastecida de víveres, y donde toma- 
ría informes ciertos del Gobierno y de la Repú- 
blica. 

Recogió á prisa la guarnición y parque de Os- 
pino, y cuidadosamente atento á su retaguardia, ame- 
nazada por Trías, á su flanco izquierdo por el Ge- 
neral Falcón, y al derecho por los cuerpos francos 
de Portuguesa y Cojedes, guió á Araure, condu- 
ciendo su ejército, como un experimentado General, 
digno de clarísimo renombre. 

Cuando sus avanzadas llegaron el 12 á La 
Sabana de Choro, 7 leguas de Ospino y 3 de Arau- 
re, desocupó el Coronel Michelena esta villa, y se 
replegó á Sarare, ordenando al Capitán Juan Segun- 
do Araujo, del Algodonal, que hiciera ocultar en 
los montes del camino las guerrillas de Agua Blan- 
ca y Onoto, para que sin ser vistas atisbaran los 
movimientos del enemigo, y tuviesen al corriente de 
ellos á los Jefes superiores. 

Para el 15 se hallaba Andrade en Araure: v 
Trías detenido en el torrentoso río de Acarigua, y 
obligado á esguazarlo por Camburito, á una legua 
del paso real, agua arriba, que es el vado por don- 
de los indios lo atraviesan en invierno. El 17 alas 
3 p. m. entró Andrade en San Rafael, y se acampó por 
la tarde y la noche en Los Apartaderos, encruci- 
jada de los caminos de Occidente. El otro día al- 
canzó Trías, al trote, estas mismas posiciones. En- 



VIDA DEL GENEBAL ZAMORA 367 

tonces fue cuando salió á La Sabana de Cojedes 
la Brigada de caballería del General Navarro, con 
intento de venirse á las manos con el ejército central ; 
pero al mirarlo, marchando £n cuadm con su parque 
en el centro y sus caballos á, los lados, como en dis- 
posición de rechazar cualquier ataque, se mantuvo 
eu observación á cierta distancia ; porque sus infan- 
tes no eran más de 25, armados unos de fusiles v 
otros de tercerolas. Hicieron unos tiros, como era 
de ordenanza; á los que el ejército contestó con 
una granizada de balas que los hizo apartar del 
camino real. (1) Andrade pernoctó el 18 en los 
contornos de Pozuelos ; pintoresco sitio, no lejos de 
San Carlos; v el día siguiente al medio día, avistó 

por San José las avanzadas de esta plaza, por cuyas 
calles entró en la tarde, entre las aclamaciones de 

gus compañeros. 

Treinta y seis leguas había recorrido en me- 
nos de doce días sin perder una compañía, un fu- 
sil ni un cartucho : marchando formado en cuadro 
cuando tenía que atravesar las sabanas, donde po- 
dían írsele encima las caballerías del enemigo ; 
y con sus pertrechos y cañones entre columnas bien 
reforzadas, al tener que pasar los bosques don- 



(\) Federación Venezolana. — Estado Mayor de la División 
Cojede» — Cojedes, setiembre 18 de 1859. — Año IV de la Federación. 
—Señor Jefe de Enfado Mayor de S. E. el General en Jefe de Ion 
Ejército* Federales, Jíuíh V Falcan. — Con esta fecha digo á S. S. 
el Jefe de Estado Mayor de la División Vanguardia del Ejército 
del Sur de Occidente, situado en San Ilnfael de Onoto, lo siguiente : 
'Ponías 11 de la noche, cuando he acabado de recibir parte de. 
8. S. el Coronel Jefe de la División, desde el campo de batalla, 
en que me dice: que por la forma defensiva nue llevaba el enemigo 

en cuadro, no pudieron obrar nuestras caballerías 

Lo^ pertrechos y fusiles los llevan dentro del cuadro unas veces, 
j otras en medio de una columna formada con su gruesa infan- 
tería apoyada por 200 de caballería ; y lo trascribo á U. S. pa a su 
conocimiento y el de S. E., el General pn Jefe del Ejército.— Soy 
de S. E. arto, servidor.— El Jefe de Estado Mayor.— Felipe S m Gon- 
zález. 



368 DOCTOR L. VILLANUEVA 

fie sospechaba que podía haber emboscadas: con 
la precaución de acamparse siempre muy tempra- 
no en parajes, escojidos con solicitud y atención, 
para hacer en ellos campamentos seguros, que que- 
daran bien resguardados por sus accidentes natura- 
les, y bien defendidos por la colocación de las tropas; 
pasando la noche puesto á cubierto de toda sorpresa: 
cualidad que distingue entre otras á los militares 
instruidos y prácticos. 

El Ministro de la Guerra, General Domingo 
Hernández, aprobó desde Valencia la retirada, á 
nombre del Gobierno, con fecha 30 del mismo mes; 
siendo de cumplido deber consignar aquí la circuns- 
tancia de que en San Carlos encontró el General 
Andrade una comunicación, en la cual el General 
Pedro E. Ramos encargaba á las autoridades del 
tránsito, con fecha 11 del mismo, que por cuantos 
medios fuesen posibles se le hiciese saber que era 
necesario, y de alta conveniencia, que á la mayor 
brevedad se moviera hacia dicha plaza con todas 
las fuerzas de su mando. 

De suerte que vinieron á coincidir en este pun- 
to el pensamiento del Gobierno y el del General 
en jete de aquel ejército, con el cual se contaba pa- 
ra que sirviera de núcleo á otro mayor, con que 
ideaban los centrales recobrar lo perdido en las 
Provincias de Occidente. 



Proo Urnas 'd* 
¡amo i 
riñas. 



CAPITULO xnr 

I. Cuando Zamora ocupó á Barinas expidió zamoíT en b» 
la siguiente alocución para dar cuenta á los libe- 
rales de su campaña de tres meses de Coro á Los 
Llanos, y que hem s dejado para este Capítulo, 
para no interrumpir la relación que veníamos ha- 
ciendo de los sucesos militares ocurridos en las 
Provincias ganadas por sus armas. 

KZEQUIEL ZAMORA, 

GENERAL DE DIVISIÓN Y .TEFE DE OPERACIONES 

DEL EJÉRCITO FEDERAL DE LOS ESTADOS 

DE CORO Y DEL OCCIDENTE 

A HU8 Conciudadanos! 

Conciudadanos: La magna revolución del 5 de Mar- 
zo en que Venezuela derrocó el poder central para cons- 
tituir el Gobierno Federal, fue convertida por la trai- 
ción de la Oligarquía en la dictadura atroz de Julián 
Castro, con su sisema de mazmorras, grillos, cadenas, os- 
tracismo y toda especie de persecusiones crueles y vio- 
lencias inauditas. El pueblo de Coro, consecuente con 
los principios proclamados en aquella memorable época, 
levántase con sublime heroísmo el veinte de febrero á 
vindicar su libertad, á conquistar su soberanía arreba- 
tada por la infame traición y la bárbara dictadura; y 
se constituye en Estado Federal, honrándome con el nom- 
bramiento de General de División y Jefe de operacio- 
nes del Estado y de los demás del Occidente, para defen- 
der y sostener la Federación, mediante su aquiescencia. 

Honrado con, tan noble misión, fiel á los principio» 



370 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

republicanos, y dispuesto siempre al sacrificio de mi» 
bienes y de mi vida por la santa causa del pueblo, no 
vacilé un momento en obelceer su patriótico mandato: 
y puesto á la cabeza de libres y valerosos ciudadanos, 
los acaudillo, me lanzo al combate como en épocas an- 
teriores me había lanzado á combatir contra el despo- 
tismo, y conducido por el Dios de la Victoria, venzo 
las fuerzas centralistas, según lo acredita el siguiente 
«iocumento. 



Federación Venezolana. — Operaciones de Occidente. — 
Estado Mayor General.— Barinas mayo 10 de 1830. 
— Ano 1° de la Federación. 

Al Ciudadano General Jefe de Operaciones de lo* Esta- 
do» de Occidente. 

Ciudadano General. 

En virtud de lo dispuesto por usted, en que me or- 
dena una ligera reseña de las funciones de armas que 
el Ejército Federal de su mando ha tenido con las fuer- 
zas centrales, tengo el honor, ciudadano General, de con- 
signaros en este pliego la indicada reseíla. 

El día 22 de marzo último á las 4 de la tarde, avis- 
tó nuestro ejército al enemigo & las márgenes del Ya- 
raeuy, que orgulloso nos esperaba creyendo que nuestros 
soldados no pudiesen salvar el inconveniente de la pro- 
fundidad de las aguas. Pero nuestras tropas, superando 
«1 inconveniente de U misma naturaleza, pasaron el río, 
bastando la carga de nuestra caballería, auxiliada por 
una guerrilla de infantería, para ponerlo en vergonzosa 
fuga, dejando en nuestro poder varias armas y algunos 
otros elementos de guerra, con pérdida de hombres, entre 
los cuales se asegura que murió el hijo del Jefe que los 
mandaba, y éste, para hacerse desconocido en la fuga, 
botó el uniforme, no sufriendo ninguna novedad los dos 
piquetes que atacaron 

El Ejército Federal después de haber tenido algunas 
horas de descanso siguió marcha triunfante el 23 hacia 
El Palito, lugar de Puerto Cabello, donde se sabía 
que estaban otras fuerzas enemigas numerosas, en buenas 
posiciones y estudiado atrincheramiento, al mando de 
Avelino Pinto, y no obstante su gran número, ventajo- 
sos puntos de defensa, de encontrarse allí uno de los ba- 
tallones del famoso Dictador, y principiar la acción al 
acto que llegamos, que sería como á las once de la noche, 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 371 

y en medio de bosques plagados de guerrillas, fueron 
«desalojados de sus atrincheramientos, muertos los que los 
•defendían y derrotado el resto de su ejército completa- 
mente, haciéndoseles prisioneros doscientos cincuenta solda- 
dados, tomándoles mucho armamento, cajas de gnerra, 
banderas, heridos, y quedando cubierto el campo de muer- 
tos, entre los cuales había jetes y oficiales. Concluida 
la función de armas, revisado el campo, apoderado de los 
prisioneros y heridos y de los elementos de gnerra, si- 
guió nuestro ejército vencedor el 24 á la ciudad de San 
Felipe, donde llegó el día 28, y encontrando en la misma 
ciudad otras fuerzas centralistas entró á atacarlas; ápo- 
43is horas de combate fueron derrotadas en sus fortifica- 
ciones, y el Jefe, con el resto de fuerza que le que 
daba, siguió en huida ala sabana, donde se le hizopri 
lionero con parte de la oficialidad. 

Al amanecer del siguiente día, siguió el vencedor 
Ejército Federal en marcha para la ciudad de Barqnisi- 
meto, y al entrar á aquella plaza, súpose qne en el ca- 
mino venían otras fuerzas centrales de Occidente y se 
salió eo busca de ellas, no habiendo sido posible que vi- 
niesen al encuentro hasta que eu la ciudad de Araure 
se presentó el enemigo con fuerza respetable de infante- 
ría y caballería, y á las dos horas y media de comba- 
te ftie derrotado, huyendo su Jefe Herrera hacia los ce- 
rros para salvarse y la caballería salió oculta á meiced 
■de los matorrales de la sabana. Victorioso nuestro Ejér- 
cito Federal, fué á batir á los dos días las fuerzas cen- 
trales que ocupaban la ciudad de Guanare, al mando del 
Coronel Muguerza, y excusado el combate por su Jefe, 
que la abandonó y siguió la vía de Trujillo, continuó 
la m a relia hacia la ciudad de Barinas, y cuando, con 
#ran pérdida de oficiales y soldados, estaban al rendirse 
en sus fortifica ciones, fue necesario para la pronta reu- 
nión del Ejército Federal de Barinas, ir á incorporarlo 
prontamente en la sabana de Juana María. Reunidos ya 
los dos ejércitos federales en esa llanura, se avistó el 
•ejército central al mando del General José Laurencio Silva, 
-en el llano de San Lorenzo, y como á las cuatro y media 
de la tarde principió la función de armas que duró hasta 
la mañana, en que se retiró el enemigo con pérdida de su 
fuerza, dejando heridos y elementos de guerra y muchas 
bestias en el cainpo. En la persecución que se le hizo 
hasta el pueblo de La Luz se le cogieron algunos pri- 
sioneros, entre ellos dos oficiales y muchas bestias y 
-equipo. Seguidamente continuó el vencedor Ejército Fe- 
deral unido á la ciudad de Guanare, y las fuerzas cen- 
trales que la ocupaban, habiendo tenido n nichos muertos 
jr heridos, fueron desalojadas de cuatro cuarteles y se 
4*>ntramarchó hacia esta ciudad de Barinas, donde hemos 



372 DOCTOR L. VILLA NUEVA 

encontrado la población sin fuerzas; y apenas supo la 
guarnición central de Barinitas, que un piquete de ca- 
ballería nuestra le había hecho al que había dejado de- 
destacamento varios muertos y heridos, cuando envía par- 
lamentarios para su rendición. 

Soy de usted atento servidor. 

Benito Urdaneta. 



Conciudadanos : Ansioso de dar cuenta de mis ope- 
raciones y del valor de mis compañeros de armas, me 
cabe la satisfación de haber llenado con honor mis de- 
beres, combatiendo la dictadura que ostentaba su trai- 
ción á la revolución del 5 de Marzo; y me complazco 
de que, vencida en las gloriosas jornadas que quedan 
referidas, se acerca el deseado momento de fundar el 
Gobierno Federal que da al pueblo la dirección y ma- 
nejo de sus propios intereses, sin sujeción á ningún otro 
poder, y asegura un porvenir de gloria y bienandanza 
á todos los venezolanos. Un esfuerzo más y nuestras 
esperanzas quedarán satisfechas. 

Compañeros de armas : Habéis probado con vuestra 
abnegación y sublime heroísmo que solo el pueblo quie- 
re su bien y es dueño de su suerte, y que de hoy 
más "Venezuela no seiá patrimonio de ninguna familia 
ni persona" Riendo la irayor lecompensa de las victo- 
rias alcanzadas contra el Centralismo, el establecimien- 
to del Gobierno Federal que da todos los bienes que 
emanan de su magnífica institución, aunque la patria 
siempre llena de munificencia premia á sus buenos y 
leales servidores. Así, hagamos el postrer esfuerzo que 
pueda necesitar de nosotros para dejar cumplida la gran 
misión que nos ha confiado, y veréis abierta la nueva 
era de la Federación Colombiana ; que fueron los últimos 
votos de nuestro Libertador, el Gran Bolívar. 

Viva la Federación! 

Dada en el Cuartel General en Barinas á 19 de ma- 
yo de 1850 y 1? de la Federación. 

E. Zamora. 



VIDA DEL GENERAL ZAMOR \ ítT.'J 

Dos días pasados, dirigió á los harinosos y apú- 
renos la proclama que á continuación copiamos : 

EZEQÜIEL ZAMORA 

GENERAL DE DIVISIÓN Y JEFE DE OPERACIONES 

DEL EJÉRCITO FEDERAL DE LOS ESTADOS 

DE CORO Y DEL OCCIDENTE. 

A los Bar Ineses y Apúrenos ! 

Barineses: En la memorable acta» de Independe mi a 
-<lel año de mil ochocientos once, vuestra provincia tuvo 
la gloria de ser una de las siete unidas de Venezuela, 
-que por medio de sus representantes juró ser indepen- 
diente y constituirse en Estado Federal. Cruentos y es- 
tériles sacrificios habéis hecho para plantearlo, pero ya 
estáis en la época de la Federación; y sobre las rui- 
nas de la dictadura que el cinco de Marzo del año próxi- 
mo pasado, os impuso Julián Castro con la envejecida 
oligarquía, levantaréis el Gobierno Federal que asegura 
para siempre 1» Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, 
dogma de la República germina, que proclamaron los pa- 
triarcas de vuestra Independencia. 

Barineses: Habéis visto el ejército que mindó el Dic- 
tador para ensangrentar vuestro suelo, destruir vuestras 
propiedades y vestir de luto vuestras familias, huir en el 
campo de San Lorenzo; y así como en la guerra de la In- 
dependencia, el Estado de Barinas comprendido entre los 
límites que demarca el Cojedes y el A rauca, fue el sepul- 
cro de un poder de más cite tres siglos, así será su territo- 
rio federal la honda fosa de los esbirros de la Dictadura, 
«i pronto no repasan el Cojedes. 

Apúrenos: Vosotros y los barineses, hijos de unos mis- 
mos padres y mártires de una misma causa, tenéis en vues- 
tras ricas y extensas llanuras que limita el horizonte, la 
Mata de la Miel y el Campo de Camben), en que mordieron 
el polvo el godo Morillo y el autócrata Páez ; el polvo mor- 
derán también los esbirros de la Dictadura al llevarlos su 
insensatez á combatir vuestra Federación. 

« 

Apúrenos: Si un puñado de vosotros en la memo- 
rable jornada de Los Araguatos, venció al autócrata Páez, 
de hoy más podéis decir con haberos armados todos, en 
defensa de la Federación, que no vivís bajo el impro visado 
poder del Dictador y que estáis federados. 

Barineses y Apúrenos: La Patriaos tributa el más 
sentido reconocimiento por el denuedo, actividad y abne- 
gación patriótica con que habéis volado al combate para 



374 DOCTOR L. VILLANUEVA 

rescatarla de la dictadura y elevarla al rango y digni- 
dad de Nación de primer orden, que por la estabilidad 
prosperidad y adelantada civilización, le prepara la Fede- 
ración Colombiana, consecuencia natural y resultado pre- 
cioso de nuestros esfuerzos y sacrificios. 

Dada en el Cuartel General, & 21 de mayo de 1859 y 
1? de la Federación. 

Ezequiei* Zaxora. 
opinan d*i Ge- H. En los mismos días que el General Zamora 

Béral Soublette * 

^a r di a zámo^iI oc u P a ' ia ^ fibrinas y publicaba estas alocuciones, es- 
cribía el General Soublette un dictamen luminoso 
al Gobierno, sobre el modo de combatir al caudi- 
llo liberal que había conmovido el Occidente en 
menos de dos meses de campaña, y que amenaza- 
ba conquistar, no solo las Provincias de Barinas f 
Apure y Portuguesa, como si pensara crearse oi> 
vasto teatro de operaciones en los Llanos del Sur, 
sino también las de Barquisimeto, Yaracuy y Co- 
jedes. 

El General Soublette, además de apreciar cor* 
exactitud, como era propio de su clara inteligencia, 
los hechos militaras de la campana de Zamora, pre- 
vio hasta dónde podía llevar este caudillo sus ar- 
mas victoriosas, si la fortuna le respondía satisfac- 
toriamente á sus invocaciones, repetidas y audaces. 

Cuando el Gobierno creía, ó fiogía creer, que- 
el General Zamora corría fugitivo A las selvas de 
Turen, ó al fondo de las estepas de Occidente, este 
boliviano guerrero tenía por cierto todo lo contrario; 
pues ove sus toques de clarín sobre Barihas- y Gua- 
nare; siente sus> pisadas en Ospino, Arawe y 
El Baúl: es decir; sobre una línea de operaciones- 
que podía llevarlo hasta el Guárico, y 1» temible* 
Sierra de Carabobo; y más que todo, lo *e venir 
triunfador sobre Barquisimeto y San Carlos* 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA. 37¿ 

Y nos decidimos á reproducir en estas páginas 
tal dictamen, contenido en su oficio de 14. de mayo,, 
en los mismos días en que Zamora atacaba á Gua- 
naro y sentaba sus reales en Barinas, porque sus 
previsiones se vieron á poco cumplidas, como re- 
sultado lógico de las operaciones que veía ejecutar 
á los ejércitos, y de las aptitudes militares que 
atribuía, con razón, á Zamora, cuando reconoce 
que tiene en jaque al General Silva en Harinas, 
y que le corta las comunicaciones; y cuando lo 
ve que sorprende y embiste las poblaciones de Por- 
tuguesa, dejando lejos su enemigo y obligándolo á 
operaciones desastrosas. 

El General Soublette fue uno de los pocos 
militares que comprendieron á Zamora de un 
golpe de vista; y advirtieron de cuánto podía ser 
capaz en el desarrollo de aquella guerra ; pues an- 
tevio que el éxito favorable de ¡a campana no de- 
pendía, para el Gobierno, de reforzar más ó menos 
una plaza, ni para Zamora, de tomarla ó no; sino 
de accidentes felices ó desgraciados en la ejecución de 
los movimientos y las operaciones. Y así mismo 
sucedió ; pues al cabo pudo verse que los ataques 
de Zamora á las ciudades produjeron, no la toma 
de ellas, pero sí la destrucción del ejército ene- 
migo : su desconcierto por las sorpresas de golpes 
escandalosos á distancia; su aniquilamiento por mar- 
chas y contramarchas estériles; su anarquía por la 
sutil inoculación en sus filas del espíritu revolucio- 
nario; y su retirada, en suma, primero de Barinas 
y después de Guanare, dejando á Zamora en po- 
sesión absoluta de las dos Provincias disputadas, sin 
que los dos ejércitos se hubieran nunca empeñado en 
combates decisivos. Tal era la suerte de la cam- 



376 DOCTOR L. VILL AHUEVA 

paña de que el General Soublette hablaba, sin ser oído 
por su Gobierno, en el documento cuya lectura reco- 
mendamos á los que quieran apuñar bien la razón 
filosófica de los hechos, y la inspiración feliz de los 
movimientos estratégicos de nuestro insigne Capitán. 

República de Venezuela. — Dirección de la Guerra de Occi- 
dente. — Cuartel General en San Carlos, á 14 de mayo 
de 1859. 

Señor Secretaria de Estado en ¡os Despachos de Gmrra ¡/ 
Marina. 

He recibido el ofteio de usted de 6 de los corrientes, 
en que me anuncia la remesa de mil vestuarios comple- 
tos, y que se me hará otra más adelante, cuando las cir- 
cunstancias lo permitan. 

Hoy prevengo al Comandante de Armas de Carabobo, 
que los detenga en Valencia, porque no puedo remitirlos á 
Harinas, ni creo prudente traerlos aquí. 

Es necesario que el Gobierno prepare un depósito de 
vestuarios para vestir la tuerza del ejército del General 
Silva. 

Hasta ahora nuestras medidas han tenido un carácter 
de provisorias que les daba la persuaden de que la guerra 
era momentánea, y que retirándose los cuerpos, no había 
necesidad de vestirlos y pagarlos, ni acuartelarlos, etc., etc. 
Pero las operaciones de Barinas nos han revelado una pro- 
funda y terrible verdad : que la guerra es duradera, y que 
el Gobierno e>tá en la necesidad de proveer á sus opera- 
ciones y movimientos, con todos los elementos necesarios 
para que triunfen las armas del Gobierno. Yo creo que el 
modo con que se ha obrado anteriormente, entrando á la 
Portuguesa diferentes Jefes, con tropas de distintas Pro- 
vincias, sin unión ni concierto en las operaciones, cada 
Jefe haciendo lo que podía, algunos obrando mal y perni- 
ciosamente, según oigo, y todos contentándose con disipar 
la facción y dando por concluido todo, por el interés de vol- 
ver cada uno á su Provincia, y las facciones quedaron en 
pie como si no las hubiesen tocado, y las Provincias de la 
Portuguesa y Barinas en masa, hacen hoy causa común 
con Zamora y su facción, que dueño de todo el territorio, 
tiene en jaque al General Silva en Barinas, le corta sus 
comunicaciones, y nos invade y ataca en Guanare, en Os- 
pino, en A mure, en El Baúl, y á la menor ventaja que 
adquiera, lo tendremos sobre Barquisimcto y San Carlos. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 377 

Nunca ha estado el Gobierno más débil en Occiden- 
te que lo está hoy no obstante el Ejército del General 
Silva, que encerrado en Barinas, nada ha podido hacer. 
Yo no puedo menos que reiterar al Gobierno esta refle- 
xión en todas mis notas para ver si llego á trasmitirle 
mi convicción de que si no viene inmediatamente á Oc- 
cidente un cuerpo de 2.000 hombres de infantería y ca- 
ballería, nada se podrá hacer y se expone además la 
suerte del ejército que manda el General Silva, á un de- 
sastre ó á su disolución. La única ventaja que podemos 
sacar hoy de la permanencia del General Silva en Ba- 
rinas es la de que ocupe la atención de Zamora, y nos 
dé lugar para acumular fuerzas en estas provincias, para 
marchar á Barinas, librar al General Silva del conflicto 
en que esté y con una fuerza formidable destruir la fac- 
ción de Zamora, y destruir y castigar todas las faccio- 
nes de Barinas y la Portuguesa. 

Juzgo de las cosas de este modo, por los hechos, 
pues hoy se cumplen veinte días de incomunicación con 
el Ejército. 

Guanare pide refuerzo; quiero dárselo, y si viniera 
la columna de Coro que está detenida en Valencia de 
orden de U. S. y si el Pao y Barqnisimeto cumplieren 
mis órdenes, reforzaré á Guanare, pero nada más, y que- 
daremos siempre aguardando un accidente feliz ó des- 
graciado, sin poder influir ni por nuestra dirección ni 
por nuestras providencias. 

Entretanto yo, viejo, arruinado, débil y destituido 
hasta de una bestia para montar, quedo lanzado en este 
abismo, entregado como fiel cristiano á la volunntad de 
Dios. 

Soy de usted atento s. s. 

Cario* Soubtette. 

III. La Asamblea Federal del Estado se reunió f n ° £^5*"' l 
en setiembre, como lo había dispuesto Zamoka, y dictó 
la Constitución del Estado, y muchas leyes en con- 
sonancia con el sistema que se venía proclamando en 
los campos de batalla. Fue una de las más notables, 
la del impuesto de un tanto por ciento sobre la ri- 
queza, como contribución única para subvenir á los 
gastos de la Administración pública. Se organizó el 
Poder Ejecutivo según un decreto de la Asamblea, 



378 DOCTOR L. VILLANUEVA 

para que funcionara mientras la Constitución recibía 
la sanción popular. Por un decreto especial se de- 
clararon vigentes todas las garantías de los venezola- 
nos estatuidas en la Constitución de 1857, y por 
otro se mandó organizar las milicias, y se las llamó al 
servicio. 

Para noviembre se había encargado del Poder 
Ejecutivo el General Carlos J. C. Fuentes, quien 
nombró de Secretario General al ciudadano Bernardo 
Ferrer, funcionando de Jefe Civil del Cantón Barinas, 
Antonio J. Fontainés, y de Secretario suyo, Casimiro 
Vielma. 

Una ley de orden público concedió al Poder 
Ejecutivo, por tres meses, las facultades siguientes: 

I a Llamar al servicio de las armas á todos los ciuda- 
danos que pudieran llevarlas. 

2" Imponer un empréstito forzoso á los ciudadanos del 
Estado, aunque estuvieran ausentes, hasta por la suma de 
quince mil pesos, confiando á su prudencia la justa equi- 
dad que debía guardarse. 

3* Mandar en persona la fuerza armada cuando lo cre- 
yera conveniente. 

4 H Hacer la guerra á los enemigos armados contra la 
Federación, por cuantos medios creyera oportunos comba- 
tiéndolos hasta fuera del territorio del Estado, si fuere po- 
sible. 

o'! Auxiliar á los Estados vecinos, si lo permitían las 
circunstancias, con fuerzas de éste. 

H Organizar la milicia de ambas armas, nombrando al 
efecto los Jefes y oficiales de los cuerpos. 

7* Prohibir á los ciudadanos la enajenación á extran- 
jeros de los bienes de cualquiera clase que poseyeran. 

8 a Tomar de quienes los tuvieran, toda clase de elemen- 
tos de guerra, presuponiendo siempre la indemnización. 

9 a Prohibir la libertad de transitar con pasaporte ó 
sin él. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 379 

10 a Permitir, por causas de interés público, la extradi- 
ción de los individuos que se asilaran en el Estado. 

11 a Dictar, en fin, todas aquellas medidas de seguri- 
dad que demandaran las circunstancias. 

IV. Formó Zamora de la Provincia de Portugue- EtudodePoi*. 
sa otro Estado Federal bajo las mismas bases que el 

de Barinas; y como en cierta ocasión nombrara el 
General Aranguren, Jefe Militar del Norte, algunos 
empleados civiles, le ordenó que revocase los nom- 
bramientos, porque tal atribución no correspondía 
sino á los Concejos Municipales. 

Alzada la Provincia de Apure, excepto San 
Fernando, con los Segovias y otros Jefes, la orga- 
nizó también en Estado y la dotó de reglas guber- 
nativas para su Administración. 

Y como un aspirante á la Presidencia del nuevo 
Estado de Portuguesa solicitara su favor para conse- 
guir este puesto, contestó Zamora que él no estaba 
haciendo guerras para imponer gobernantes á los 
pueblos, sino al revés, para que los pueblos se gober- 
naran por sí, pues era de este modo como él entendía 
el liberalismo y la Federación. Convocado en seguida 
elpueblo para hacer el nombramiento, resultó electo 
el Coronel Antonio María Palacios, el cual se en- 
cargó inmediatamente de la Presidencia, y entró a 
prestar servicios de importancia. 

V. Durante su mando en estas Secciones, que carictw <u z»~ 

7 A mora. 

duró más de seis meses, organizó tropas, las disciplinó, 
vistió y equipó. Se proveyó de caballos y muni- 
ciones de . guerra ; de lanzas que hacía fabricar allí 
mismo, y de cuanto era menester para ponerse en 
pie de pelea. 

Era un fanático, y como tal, probo y desin- 



380 DOCTOR L. VILLANUEVA 

teresado. Propúsose consustanciarse con el pueblo 
en sus costumbres, maneras y modo de hablar: 
por eso decía, los goo, los coloraos, y soltaba á 
cada paso expresiones vulgares que la tropa oía 
con gusto. Comía con los soldados y los quería, los 
amaba y era amado de ellos. 

En los combates planeaba á algún oficial flojo, 
pero jamás á un soldado. Supo infundir á todos 
la convicción de su pericia, de su competencia y 
de su privilegio de invencible. 

Su educación era toda militar. Nada le dis- 
traía de su deber de Jefe del Ejército. Su ideal 
era la gloria de los combates: y su ocupación pe- 
renne mandar soldados, equiparlos, cuidarlos, comba- 
tir y vencer. 

Había leído algo de historia antigua, y también 
de la moderna, en especial, lo referente á las guerras. 

Un día se presentó una mujer llorando, por- 
que un soldado le había robado unas prendas. 

Las prendas no valían mayor cosa. Zamora 
llamó al soldado ; y delante de él le hizo pagar á 
la mujer lo que ella decía que valían, que no pa- 
saba de 2 á 3 pesos. 

Despidió á la mujer, y después que esta se 
hubo ido, le dice al soldado, delante de sus edeca- 
nes, del Secretario, Licenciado Iriarte, y otras per- 
sonas : 

" ¡ Cómo se ha atrevido usted á robar á esta infe- 
liz t ¿ Qué va usted á remediarse con esas miserables 
prendas 1 ¿ No sabe usted que la gente del pueblo es 
sagrada? Le haré dar á usted unos palos para cas- 
tigarlo. 



VIDA DEL GENERAL ZAHORA 381 

— Lo que debe cogerse son los ganados, bestias, y 
tiendas de los godos ; porque con esas propiedades es 
con lo que ellos se imponen, y oprimen al pueblo. 

— A los godos se debe dejar en camisa, pero la gente 
del pueblo igual, á usted, se respeta y se protege" 

Y siguió discurriendo sobre estas ideas entera- 
mente revolucionarias, todo con el propósito de infun- 
dirá la tropa amor al pueblo y odio á los ricos, aun- 
que fueran liberales ; pues decía que las mismas ha- 
ciendas de los Pulidos, aunque estos eran liberales, 
debían destruirse, porque si no los godos las tomarían 
para hacer daño á los liberales. 

luso sí, decía, no se debe cojer sino lo indispensa- 
ble para la tropa, para comer, vestirse y pelear. 

En política no le dominaba sino el pensamiento 
de atraer á todos los liberales, tanto á los venci- 
dos como á los vencedores de la revolución de 
Mario: dominado por la idea grandiosa y magnánima 
de reconstituir el Partido Liberal, á ejemplo de lo 
que hizo el General Monagas en 1847. 

Para Zamora el Partido Liberal era una familia : 
cada liberal un hermano suyo: y donde quiera que 
alcanzaba á ver alguno de ellos, aun en el centro de las 
filaa enemigas, lo llamaba, le recordaba su ¡inage polí- 
tico, y le brindaba pu&to en la revolución. 

Al General Silva lo hizo victorear por sus sol- 
dados en San Lorenzo ; y á Brito lo colmaba de 
elogios. 

Se la pasaba siempre hablando al pueblo y á 
}a tropa; y decía, entre otras cosas dignas de men- 
ción, que los militares no debían morir en camas, 
sino en el campo de batalla ; ni molestar á sus fa- 



"1 



382 DOCTOR L. VILLANUEVA 

milias con sus padecimientos. Contaba que el Coro- 
nel Guerrero, muerto en la acción del Palito, había 
caído al suelo ensangrentado y sonreído. 

Su séquito eran veinte ó veinticinco personas 
entre edecanes, ayudantes de Estado Mayor y es- 
cribientes. Su orden de marcha era siempre esta: 
ensillen: y era forzoso dejarlo todo de la mano, 
ropa, hamaca y comida, \ porque el que se quedaba 
atrás se hacía merecedor de su cólera. 



CAPITULO XIV 

I. Aunque los preceptos del arte para el desem- ,íorimt"y'«S 

— I i'rr *ii • a •! Centro. 

peno de una biografía, no permiten al escritor apar- 
tarse muy lejos del hilo de su narración sobre la 
vida y sucesos del personaje que está historiando, 
nos es menester en la presente ocasión hacer alto 
por breves instantes, para dar algunas noticias del 
Gobierno ; del General Falcón, que preparaba en 
Curazao su invasión por la costa del centro ; y de 
los principales n.ovimieiitos políticos y militares del 
resto de las Provincias, en lo que esté íntima- 
mente enlazado con la campana que hacía nuestro 
héroe, en los nuevos Estados Federales de Harinas 
y Portuguesa. 

Tenemos por tanto forzosamente que decir algo, 
aunque muy á la Hjera, de los acontecimientos que 
ocasionaron la incomunicación del Gobierno con la ' 
Provincia de la Portuguesa, y por qué se dejó en 
desamparo el ejército de Andrade desde el principio 
de julio. Nunca pasaron en el país otros tan ex- 
traordinarios, ni que influyeran tan hondamente en la 
común suerte de los venezolanos. 

A los levantamientos de Occidente contestaron 
los liberales^de Oriente, poniéndose en armas en 



384 DOCTOR L. VILLANUEVA 

las Provincias de Barcelona y Cumana, á las órde- 
nes del Ilustre Procer General .Juan Antonio So- 
tillo. Alzóse el prestigioso General Leiceaga en la 
Sierra de Carabobo ; y tomaron mayor incremento 
las antiguas facciones de Medrano, Agachado, Ro- 
dríguez, y otros en la Provincia del Guárico. 

Los movimientos de Zamora, brillantes y feli- 
ces, sus victorias y aun sus reveses, sus proclamas 
de guerra, que volaban por las poblaciones como 
olas de llamas, producían la explosión revolucio- 
naria por los nuevos principios políticos en las Pro- 
vincias del Centro v del Oriente. 

Desde junio la crisis política era violentísima 
en toda la Repúb.ica. 

El Presidente Castro, aunque valeroso y re- 
suelto, no era por cierto un político capaz para ma- 
nejar con tino las riendas del Estado. Disgustóse 
con el partido conservador que lo había traído al 
poder, á tiempo que combatía la revolución fede- 
ral; viniendo á quedar en la precaria situación de no 
tener por apoyo, sino un estrecho círculo impotente 
para conquistar la paz y devolver su aplomo á la 
Nación. 

De aquí surgió como era natural, una revolu- 
ción de cuartel que dio en tierra con el Presidente 
y su Ministerio de Junio, formado por el Geueral 
Silva, Aranda, Reudón y Echeandía ; todos liberales 
prominentes, pero sin autoridad ni poder para traer 
la revolución k la casa de Gobierno, ni para veu- 
cerla por la fuerza. 

A este tiempo desembarca el General Falcón 
en las playas de Morón con un gran parque; y á 
los acentos de su alocución fechada á 24 de julio 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 385 

en Palma Sola, se alza el General Pedro Vicente 
.Aguado en Maiquetía y La Guaira, y viene á pelear 
á Caracas el 2 de agosto, contra las tropas de línea 
que se hahian pronunciado por el partido conser- 
vador. 

En El Tuy crmrbola la bandera de la Fede- 
ración el General Pedro Tomás Lander, acomjM- 
fiado de Pedro Conde, Luis R. Cáspers, Tomás P^ 
Castillo, Pinero, Bello y muchos más, en un movi- 
miento concertado con los Generales Manuel Lander;, 
Miguel Acevedo, Juan Bautista Arismendi, José 
Rafael Pacheco, Silverio Galarraga y otros que suble- 
van á Petare, Guarenas, Guatire, Caucagua y demás; 
pueblos orienta' es de la Provincia de Caracas. 

Los Valles de Aragua se constituyen en Es- 
tado Federal con un Gobierno Provisional, compues- 
to délos ciudadanos Felipe de Bigott, R. Aguirrey 
Aureliano Altbnzo ; el cual monta un ejército al mando 
del General Antonio Valero y de los Coroneles 
Francisco Linares Alcántara, Jimeno, José María 
García Fuentes, Ramón de la Plaza y muchos otros 
que después fueron notables Jefes de la Federación. 

Caracas estaba rodeado de facciones. 

Las avanzadas de Aguado venían hasta San- 
cliorquf, y allí se tiroteaban con las del Designado* 
Doctor Pedro Gual. 

Los liberales del Tuy llegan hasta Piedra Azul, 
en número de cerca de cuatro mil; pero en su mayor 
parte desarmados. 

Manuel Lander se bate en El Rodeo y La 
Esperanza. Y en Charallave, en las montan uelas del 
23 



. i 



386 DOCTOR L. V1LLANUEVA 

Picacho de día, y en Santa Lucía se pelea brazo 
á brazo entre liberales y conservndores ; lo mismo 
<]uó en Guarenas, Guatire, Caucagua, Higuerote; 
y en Los Teques, en San Pedro, en Piedra Azul, 
en Carayaca y en el camino de Caracas á La Vic- 
toria. 

Kn setiembre se dan las batallas sangrientísi- 
mas de Maiquetía, La Guaira, La Victoria y Ma- 
racay, en que figuraron defendiendo la Federación, 
los Coroneles Lucio de Alba y Delfín Armas; el 
General Manuel Felipe Fuen mayor, el Comandante 
Simón Aguado y Grana, Secretario del General 
en Jefe del Ejército, de La Guaira ; los Generales 
.José Granado, los Oficiales José Miguel Torres v 
:los que constan en el cuadro de Jefes v Ofi- 

1 ar 

xciales del General Aguado, que publicamos en e\ 
Apéndice 

De Valencia á La Guaira no se veía un palmo de 
tierra sin mancha de sangre. 

Más de dos mil muertos quedaron tendidos en 
tan vasto teatro de guerra; y de tres á cuatro mil 
federales fueron á poblar las cárceles, pontones y 
castillos. A otros se condenó á la expatriación, y 
algunos, como el Oficial Fueiimayor, pagaron sus 
opiniones políticas en el cadalso. 

Leieeaga, á quien servía de Jefe de Estado Ma- 
yor el General Maxi miaño Pérez, Vocal del Comité 
Revolucionario de Valencia, levanta la Sierra de (V 
rabobo; y llega con sus huestes basta las calles de Va- 
lencia, y obliga' á las autoridades á circunvalar la 
ciudad de barricadas, y á considerarla, por orden 
general de <S de agosto, como plaza fuerte, no sólo 
en su recinto, sino basta una legua en conturno, 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 387 

rigiendo por consecuencia en ella, las ordenanzas 
militares Un pequeño vapor que navegaba en el 
lago, fue armado en guerra para facilitar las ope- 
raciones militares entre Valencia, Maracay, Villa - de 
dirá, Magdaleno y Güigüe. 

El General Lorenzo Benítez se puso á la cabeza 
«del levantamiento de Oc timare de la Costa. 

Con todos estos sucesos llegó á ser tan conflic- 
tiva la situación de aquella Provincia, que su par- 
tido centralista se determinó A convocar los ciu- 
dadanos para que la Sección reasumiera su soberanía : 
medida que hubiera sido de gran trascendencia para 
la paz, si el General Cordero no la hubiera desa- 
probado c!esde Puerto Cabello, en una carta al Ge- 
neral liamos, en la cual excitaba al partido, á man- 
tenerse firme contra la revolución. Empero, ésta 
había alcanzado en Carabobo el recio temple que 
«us virtuosos ciudadanos han sabido dar siempre á 
la? grandes causas públicas. 

Los liberales de Cojedes, con una División de 
más de ochocientos hombres, , al mando del Doctor 
y General Eloy Guillermo Montenegro, abogado y 
propietario de San Carlos, conmueve la Provincia, 
y aunque derrotado en Orupe el 12 de agosto, va 
a engrosar con sus restos la Brigada del General 
Navarro, y á prestar muy buenos servicios en Oc- 
cidente á las órdenes del General Zamora. 

II. Volvamos ahora la mirada a Harinas, para dar zamorafu.ua a 

. , . Espinosa. 

cuenta de un suceso que debe conocerse, porque 
importa á la moralidad y disciplina que ya Zamora 
venía imponiendo al ejército.^ 

En Tucupido supo Zamora que Espinoza había 
intentado asesinar al Cura Anzola de Santa Inés; 



^ 



¿88 DOCTOR L. VILLANUEVA 

porque no quería casarlo con una moza del lugar; 

pues, según fama, una de las locuras de este hombre 
era casarse en cada pueblo con la mujer que mas le- 

gustaba: y que igualmente había querido dar muerte 

al Jefe Civil de aquel lugar, porque no se prestaba á 

ejecutar las atrocidades que le ordenara. 

Irritado al fin Zamora, con los excesos de es- 
te hombre empecinado, insensible á sus consejos- 
y amonestaciones ; y resuelto por otra parte á no 
consentir que el ejército se contaminara de incli- 
naciones al mal, determinó fusilarlo; para que todos; 
. vieran que no toleraba en sus subordinados la perpe- 
tración de cr'menes comunes, ni menos el militar de la 
desobediencia, deserción é insubordinación, va tres 
veces cometido por Espinoza. De estos era el 
último haberse resistido á incorporársele con sus- 
tropas para las operaciones sobre Guarniré; alegando, 
desde Santa Inés, que no iba porque estaba herido 
-en un pie. Cierto era lo de la herida, que se infirió 
cogiendo una res; pero también lo era que se valía 
de ella, como pretexto para no concurrir al llama- 
miento; con la circunstancia agravante de haber con- 
testado á Amadeo Salcedo, Comandante que le llevó* 
la orden citada, que Zamora mandaría en Harinas y 
Guanare, pero que en aquellos montes mandaba él. 
Bien era sabido que, después de muerto el adivino,, 
único freno que le sujetaba, empezó á aconsejar á la 
fuerza de su mando que se desertara, como de allí á 
poco se vio suceder; pues no se allanaba á prescindir 
del sistema de desmanes con que caracterizó su ca- 
rrera militar, antes de subordinarse á Zamora. 

A este fin partió Zamora de Tucupido con sus 
23 acompañantes ordinarios, su guardia de 150 ¡n- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA .'Wí) 

fantes, al mando de Mencía, y un escuadrón de 
-caballería. 

Llegó á Santa Inés y entró de repente en la 
casa en que estaba alojado Espinoz», que había 
sido antes de pulpería. 

Espinoza le recibió sentado, por su herida: 
y Zamora se le acercó para decirle cuánto sentía 
que sus indios no fueran á gozar del botín que 
se iba á cojer en Guarniré, pues él había dispuesto 
•que todas las tiendas y pulperías, al tomar la pla- 
za, se repartieran entre la tropa : y poco á poco 
fue avivando en Espinoza su ingénita pasión por 
-el robo, ha^ta que al fin vino éste á consentir que 
su fuerza de infantería, no menor de trescientos 
hombres, se pusiera en marcha hacia Barí ñas, que- 
dando él fiólo con su guardia de caballería. 

Incontinenti puso Zamora esta tropa bajo la 
mano de si s edecanes NííTíez y González, con or- 
den severísima de no pararse hasta Barinas, y de 
allí proseguir á Tucupido á incorporarse á la Divi- 
sión del General Trías. 

Y como Espinoza, siempre receloso, le pre- 
guntara á Zamora cómo podría defenderse, si lo 
.atacaban los enemigos, contestóle éste diciendo que, 
en tal caso, pidiera auxilios A Pedro Manuel Rojas, 
que andaba por Nutrias, ó á Linares, que se hallaba 
en Guanarito. Y sin perder tiempo, hizo rodear la casa 
con su gente de confianza, como guardia de honor 
/le Espinoza : mandó parte de su Escuadrón con 
el Jefe Civil, á buscar todas las bestias que Es- 
pinoza se había robado en los hatos, escondidas con 
.anticipación en la montaña, y que pasaban de 
añil ; y en seguida puso bajo el mando de su Ede- 



390 DOCTOR L. VILLANUEVA 

can Víctor Pulido, la guardia de caballería de Es- 
pinoza, con instrucción de que la hiciera entrar 
en el cuartel de Mencía ; como así lo hizo. 

Esta guardia de caballería de Espinoza se com- 
ponía de trece jinetes, que llamaban Las Trecfr 
Fieras, porque tenían nombres de animales feroces,. 
á saber: Tigre, Caimán, Mapanare, Perro, Gavi- 
lán, Toro, Lobo, Caribe, etc. El que llamaban 
Perro fue el único que se escapó, y se le pre- 
sentó á Zamora con cuarenta hombres la víspera 
de la Batalla de Santa Inés. 

Zamora reunió algunos de sus oficiales en con- 
sejo de guerra: ordenó á Iriarte que instruyera un 
sumario á Espinoza; y con u^as declaraciones que 
se tomaron sobre sus últimos homicidios, robos v 
desobediencias, se le condenó á muerte, y sin má? 
dilación, se le fusiló en la plaza. 

Los Coroneles Juan Bautista García v Fran- 
cisco Pulido sirvieron de Secretarios del Consejo: 
y un Oficial de la guardia de Zamora mandó la 
escolta. 

Así terminó la vida de Espinoza. 

Zamora demostró en este trance un arrojo in- 
comparable, para lo cual debía contar, como en 
•efecto contó, con un corazón muy bien templado; pues 
de otra manera le habría sido imposible llevar á 
cabo un hecho como éste, reclamado é impuesto 
por la necesidad de conservar en aquellos desier- 
tos, so pena de perecer, la unidad de mando, el 
orden de la disciplina y la dictadura militar que le 
era rigurosamente indispensable para responder á 
su partido y á su Jefe, del buen éxito de la cam- 
pana. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 391 

III. Hecho ¿s'o, el General Zamora, empleó su *$m* *• 
tiempo y aptitudes en preparar una expedición para 
invadir la Cordillera, y luego de concluido su equi- 
po, marchó en junio con ella á La Bellaca, formida- 
ble posición que ocupaban los enemigos en el camino- 
que c induce á Mérida, y que consiste en una a'- 
tura á que no se puede subir sino por un camino 
esculpido en la roca casi en espiral, y circundada 
por la quebrada de su mismo nombre, que corre á 
su pie por entre riscos, á manera de un infran- 
queable foso natural. 

Vamos h ceder con gusto la palabra en este 
punió, al entendido General Leopoldo Terrero, para 
que diga al lector lo que oyó referir al mismo Ge- 
neral Zamora, sobre esta hazaña militar: (1) 

En los primaros «lías ele agosto (le 1S5Í), y después 
de un penoso y dilatado viaje al través de la selva de Tu- 
ren, nos incorporamos al General Kzkquikl Zamora, 
los señores Juan Bautista García (Juancho), José Xico- 
medes Ramírez y Leopoldo Terrero, que esto escribe. El 
Cuartel General estaba acampado en la ciudad de Harinas; 
y rendido el asunto de nuestra comisión por García, en la 
Orden General de la misma fecha que se proclamó al 
Ejército, se hizo reconocer á García y á Ramírez como 
Comandantes adjun'os al Estado Mayor General, y ¿i 
Terrero como Capitán y Edecán del General en Jefe. 

Nunca olvidaré la impresión que hizo en mi ánimo, 
prevenido ya por las proezas de aquel caudillo, su «pari- 
ción á mis ojos. Nos hallábamos en una gran «ala de 
dos ventanas, que servía de despacho á la Secretaría Ge- 
neral : en un extremo, á la testera, había una gran mesa 
en donde siempre estaba escribiendo el Licenciado Fran- 
cisco José Iriarte, Secretario General, á quien encontró 
semejanza con los clérigos-soldados, cuyo fanatismo ca- 
racterizó las primeras guerras del c.irlismo en España. 
Al rededor de dicha mesa estaba escribiendo el Ayudante 
Pulido, coriano, que á veces oficiaba de médico, y senta- 
dos mis dos compañeros, los Comandantes García y Ka- 
mírez. El General Zamora entró acompañado de varios y 



1 Memoria inédita del General Leopoldo Terrero. 



39U DOCTOR L. VILLANUEVA 

«distinguidos oficiales : Jesús María Hernández, León Co- 
lina, el viejo Petit, H. Zavarse, Francisco Medina y otros, 
á quienes nos presentó como los comisionados que había- 
mos llevado las últimas, halagüeñas ó importantes noti- 
cias de Caracas. Se paró en medio de la sala, y todos 
los demás se situaron á respetuosa distancia. 

— Estos señores, dijo al hacer nuestra presentación, 
han venido desde Caracas, corriendo grandes riesgos y su- 
friendo trabajos, para traerme importantes despachos del 
Doctor García, Don Napoleón Arteaga y otros distingui- 
dlos liberales ; y además, el Comandante García conoce 
los trabajos del Comité de Saint Tilomas, en donde ha poco 
estuvo, y sabe los últimos movimientos que efectúa el Ge- 
neral Falcón. Vienen, también, á compartir nuestras fati- 
gas, y á convertirse en soldados de verdad. 

Y luego, como para explicar estas últimas palabras, 
.presentándonos á los Coroneles Zavarse, Hernández y 
«Colina, anadió : 

— Tomen ustedes por modelo á estos oficiales, que 
lo son para todo el ejército; y si en el primer combate 
•que tengamos, pelearen ustedes al lado de ellos, no dejen 
de repetirlo siempre con orgullo ; esto es, si por casualidad 
-salieren con vida del lance. 

A las risas que acogieron sus últimas palabras, enca- 
rándose nuevamente á nosotros, y con gestos y movimien- 
tos que seguían las gradaciones de su narrativa, habló de 
esta manera : 

Tomo yo, que escribo, la palabra para repetir lo que 
Zamora d'jo, desconfiando poder trasmitir fielmente su 
lenguaje pintoresco, sus frases demasiado llanas y el corte 
de su perorata, ya para- mí, después de tantas años, de 
difícil rememoración. 

Desde la llegada del ejército á Barinitas, el espionaje 
aportaba noticias seguras de que el Ejército de la Cordi- 
llera, al mando del Coronel La Cueva, se había detenido 
en su marcha, avisad" ya tal vez, del movimiento de 
avance de las tropas federales. En Harinas la Vieja se 
-«upo que había salido de Las Piedras ; y en consecuen- 
cia debía creerse que buscaba posiciones de combate, pues 
<A trayecto era insostenible, inadecuado para acampar. 
Puesta en movimiento nuevamente la fuerza federal, la 
marcha se hizo con gran lentitud, pues los cangilones y 
riscos, qne han hecho de tan tétrica reputación los Calle- 
jones de Mérida, se prestaban á la aniquilación de las tro- 
lías, sin gran trabajo, con cualquiera estratagema. 

Al fin llegóse al punto crítico: El Bachaquero. Es 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 3P3 

este sitio una casa, construida á la izquierda del camino, 
qne ordinariamente servía de posada á los viajeros, para 
aguardar en ella la bajada de las aguas, cuando la 
quebrada de La Bellaca se hacía invadeable, por las 
lluvias. A derecha é izquierda, en la extensión que la 
vista alcanza, se levantan ya los grandes estribos de la 
Cordillera andiiui, rematados por desnudos ventisqueros 
ó páramos inaccesibles, con sus flancos perpendiculares 
cortados á pico, y á veces como conos invertidos, rotos 
á trechos ]>or torrenticos que se lanzan en busca de lecho 
que apenas enenentran. En dicha casa estableció Zamora, 
bu Cuartel General, y tuvo en 611a noticias de que el 
enemigo estaba acampado del otro lado del río, en El 
Hoyo; y que el cerro de La Bellaca estaba atrinche- 
rado. 

A la mañana siguiente, en persona y acom panado 
de algunos Ayudantes, Zamora exploró el terreno. A 
tiro de fusil estaba La Bellaca, v las dianas de ambos 
campamentos, mezclaron sus toques de alarma y desafío. 
El único camino por entre matorrales y sartenejas, llevaba 
á la quebrada que se halla (romo á trescientos metros distan- 
te de El Bachaquero. Llegado á su orilla, algún pensamiento 
desagradable debió nublar el rostro del Caudillo. Bajaba 
el torrente sus oscuras aguas cortando el camino, y era 
tal su rapidez que, difícilmente, y no sin grandes cui- 
dados, podía una bestia fuerte atravesar sn angosto le- 
cho; para un hombre á pie era imposible. Del otro lado 
el camino, subía en espiral, pendiente, y todo él cubierto 
de una gruesa capa de cantos rodados, que al pisarlos 
se deslizaban con el peso del cuerpo, y hacían el subir 
la cuesta fatigosa tarea, aun para los que por allí tra- 
ficaban de contino, en tiempo de paz. 

Todo lo estudió en rápida ojeada aquel gran táctico, 
y tomó meditabundo á su Cuartel General. Media hora 
después el bravo Colina, con cincuenta corianos escogi- 
dos, bien municionados v armados de fusil v eon nía- 
chotes y cordeles, salía como cuerpo de zapadores á 
flanquear La Bellaca, para buscar un punto de ataque 
que no fuese el camino real. 

Zamora buscó dar pasto á su impaciencia ; revistó 
minuciosamente las tropas: y á la una, después de to- 
mado el rancho, (lió órdenes de mantenerse en disposi- 
ción de marcha. A las dos mandó una descubierta por 
el lado que había tomado Colina á trasmontar una al- 
tura y atender si se oía algún ruido (pie diera á co- 
nocer la situación del destacamento. La descubierta re- 
gresó sin ninguna noticia. La exasperación del Caudillo 
llegó á su colmo, y dando por perdido al valiente Colina, 
determinó regresar, y dio orden de marcha. En ese mo- 



3íU DOCTOR L. VILLANUEVA 

mentó, cerca de las tres de la tarde, se oyeron distin- 
tamente tiros á retaguardia, del ejército enemigo. Al ins- 
tante comprendió Zamora que Colina, voluntaria ó invo 
1 unta ría mente había caído en medio de las tropas con- 
trarias; y sin atender á más, púsose á la cabeza de su 
érente, gritándole: "Muchacli«s! el bravo Colina ataca la 
retaguardia, y está perdido si no dominamos La Be-Vaca. 
¡ Vamos á tomarla !" 

Hé aquí lo que había sucedido : 

Separado Colina del Ba cuáquero, y dirigiéndose por 
el lado derecho de la serranía para descabezar el torren- 
te, se vio obligado á dar un largo rodeo, pues los es- 
paldones de la montaña eran inaccesibles. Al tin logró 
abrirse una senda, pero la marcha era tan lenta, que 
á cada paso era necesario izar un soldado por una ro- 
ca escarpada, y que éste por medio de cordeles re- 
cibiese arriba el armamento y el pertrecho ; otras veces, 
divididos los cincuenta hombres en grupos de á diez en 
traban á explorar la sierra, y se avisaban por gritos, 
hasta volverse á encontrar á mayor altura. A las ocho 
horas de esta titánica tarea, llegaron al camino real, 
quedando el enemigo á sus espaldas, interpuesto entre 
Colina y Zamora. Regresar por el trayecto que habían 
traído era punto menos (pie imposible, por lo (pie Colina 
intentó buscar otro modo de ti uiquear al enemigo y em- 
prendió su retorno por el camino real, para abandonarlo 
oportunamente; pero á una vuelta de la vía se encontró 
en la esplanada del Hoyo y enfrente de la única casa 
que allí había. Algunos hombres de la retaguardia de La 
Cueva, que en aquel lugar rondaban descuidados, pasado 
el primer asombro, soltaron unos tiros y corrieron á dar 
el alarma. Colina no halló por el momento otro recurso 
que atrincherarse dentro de la casa, (pie pocos momentos 
después empezó á recibir los fuegos cruzados de la mitad 
del ejército oligarca. 

Entretanto volvamos á Zamora. 

Iba, el insigne Capitán, á la cabeza de su ejército 
que marchaba al pasitrote por el camino cubierto que 
conducía á la quebrada ; y á su lado seguíale el Sargento 
Palacios, veterano, que era su corneta de órdenes. 

— Dígame, Palacitos, prorrumpió el Jete, usted habrá 
oído (pie nadie sabe para qué nació. Pues usted nació pi»ra 
volatín. ¡ Xo se lo dijo su madre ? 

— Qué cosas tiene mi General ! dijo el corneta sin com- 
prender. 

Pocos momentos después estaban á la orilla de La Bella- 
ca, que precipitaba sus frías y espumosas aguas con siniestro 



f 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 395 

ruido. Su anchura sería de cerca de tres metros, y al otro 
lado el pendiente sendero se ocultaba, siguiendo la espiral 
de la vía, con su piso resbaladizo de cantos rodados. Za- 
mora hizo colocar una bestia caballar al través de la 
corriente, sujeta de un lado por el dogal y del otro de la 
cola, para que sirviese de apoyo ó pasamanos á los in- 
fantes, y pudiesen mantenerse, al perder pie con la fuerza 
de la corriente. Explicado por él cómo debía hacerse el 
paso, desenvainó el sable, y dando un formidable planazo 
al corneta Palacitos, le gritó : 

— Al otro lado, volatín ! 

Y volviéndose á Zavarse : 

— Coronel, exclamó ; tome la trinchera de la vuelta, 
que detrás de usted va el ejército á coronar la altura. 

Lo que pasó fué obra de minutos que valían siglos. 

Zavarse con la espada en la boca, se apoyó con la 
mano izquierda en el lomo de la bestia, y con la de- 
recha ayudado de un soldado, pasó al otro lado. Y 
así siguió toda la tropa de dos en dos, tambaleando so- 
bre el movedizo suelo, y entrando inmediatamente bajo 
la bóveda de fuego que vomitaba la trinchera. Media 
hora después se dominaba aquel bastión natural, se coro- 
naba la altura al son angustioso de la corneta que tocaba 
fagina y fuego y adelante ; el enemigo huía, y estaba ga- 
nada la brillante acción de La Bellaca ! 

ftetiróse el Coronel Hipólito de La Cueva en com- 
pleta derrota y no paró hasta la ciudad de M crida, de- 
jando en poder del General Zamoiía parte de su parque, 
prisioneros y su crédito militar. Al descender al Hoyo, 
los vencedores tuvieron que hacerse reconocer para que 
Colina cesara su resistencia. La casa aparecía agujereada 
como una criba, y de ella, desconocidos, negros de pól- 
vora y manchados de sangre, salieron Colina y diez sol- 
dados por todo el resto muertos ó heridos estaban 

tendidos dentro de la habitación. 

Aquí terminó Zamora su dramática narración, mos- 
trándonos con un gesto digno á Zavarse y Colina, que 
se inclinaron modestos y fieros cual dos paladines de la 
antigüedad. >> 

IV. Después de esta acción organizó Zamora dos eX p2Sín« a , da í 
columnas, para mandar una con el Comandante Pa- la Cordxllera * 
blo Chirinos, hacia Trujillo: y otra con el General 
Petit y el Coronel José Ignacio Pulido, hacia Mé- 
rida, por Los Callejones. 



39G DOCTOR L. VILLANUEVA 

Esta ocupó las Piedras sin estorbo el 20 de 
junio; y las fuerzas del Gobierno, al mando del Jefe 
de Operaciones de la Provincia, Doctor Eloy Paré- 
eles, se retiraron á la capital á buscar auxilios, con 
<jue resistir el choque de los federales; y rehechos 
en el tránsito y puestos á las órdenes del Coman- 
dante Martín Bravo, concertaron el plan de dejar 
•entrar á Petit á Mucuchíes, y atacarlo vigorosamen- 
te dentro del poblado. 

Dividieron al efecto sus tropas en dos grupos: 
«uno regido por Bravo, y otro pur Espinoza, y si- 
multáneamente rompieron los fuegos sobre la plaza. 
La pelea fue recia, porque los serranos querían 
vengarse de Ja derrota de La .Be laca, y los ex- 
pedicionarios que eran 235, tenían por ley militar no 
presentarse sino vencedores delante de Zamora. 

En cumplimiento de esta determinación *>e dis- 
pusieron á resistir en sus cuarteles, con la firme re- 
solución de morir antes que abandonar sus posiciones. 
Todos se batieron con heroicidad. Petit murió; v 
Pulido, atrincherado en una casa, se mantuvo tc- 
do el día con la gallarda valentía de quien llevaba 
■en las venas sangre ilustre de la gloriosa estirpe 
Colombiana. 

Quemáronle al fin la casa, y puesta fuera de 
combate toda su columna, vióse obligado, al cabo 
de una brega á muerte, á quedar prisionero con 
todos sus heridos. 

La columna de Chirinos coronó á Calderas, y 
ios del Gobierno, al divisarlos desde Niquitao y 
Las Mesitas, se retiraron por un páramo donde 
algunos perecieron de frío, y otros se desertaron. 
El Gobernador al saber este desastre se puso en 



VIDADEL GENERAL ZAMORA 397 

armas, rehízo sus tropas en San Lázaro y El Bu- 
rrero, nombró á Pedro Bracho por Jefe militar y 
marchó sobre Boconó, donde estaban ya lat tropas- 
invasoras. El 29 de junio á las once de la maña- 
na salió de Trujillo por Burusay, una columna al 
mando del Comandante Nicolás González; á las. 
tres del mismo día otra de 300 con Bracho, por 
El Páramo, y el Comandante B^ptista se dirigió por 
Las Mcsitas con otros: todos en combinación sobre 
el campamento de los federales. 

El último de junio durmió Bracho en Los Na- 
ranjos : y el primero, á la hora que amaneció, dio- 
sus órdenes de ataque contra Chirinos que los es- 
peraba en el puente. Apenas se pusieron á tiro 
de fusil, se trabó la refriega con furor. El Co- 
mandante Tomás Antonio Pulgar mandaba la mos- 
ca ; el Jefe de Operaciones, Comandante Perfecto 
Jiménez, la vanguardia; el Comandante José María 
Perozo llevaba la segunda columna Escuque ; y el 
Comandante José N. González la tercera. La ac- 
ción duró tres horas á contar desde las seis de 
la mañana. 

Chirinos perdió posición y vida: y de su va- 
liente tropa pocos se salvaron. De modo que las. 
dos cortas expediciones salieron mal libradas, por 
haber contado Zamora con que sus aguerridas hues- 
tes, calificadas de invencibles, derrotarían fácilmente 
las montoneras de la Serranía. 



CAPITULO XV 

I. Desembarco el General Falcón por Morón eloJi"5 b VSUí! 

24 de julio, acompañado de los señores A. Guzmán 

Blanco, Jacinto R. Pachano, J. M. Aristeiguieta, 
Wenceslao Casado, Carlos Perrero, Adolfo Chaves, 

Maximiliano Iturbe, Santos C. Mattey, Ramón Pa- 
chano, Luis Armas, Amador Amias, José Armas, 
Francisco Silva, Narciso Flores. Gabriel Poleo, Ge- 
naro Espejo, Jesús Varguillas, Domingo Zulueta, 
Juan Romero, Guillermo Castés, Lope Landaeta, 
Antonio Terrero, Alejandro Guiet, Vitelio Luzardo, 
F. Arrillaga, J. María Aurrecochea, N. Rodríguez, 
Manuel 1>. Brea, padre e hijo. Y allí mismo circuló 
*u Alocución, fechada en su Cuartel General en la 
playa de Palma Sola á 24 de julio, en que hablando 
de Zamora, dice : 

Desde el veinte de febrero, todo nos ha sido próspero; 
y permitidme, compatriotas, hacer en este lugar una mou 
ción honrosa del bravo Jefe, que de una en otra victoria, 
ha tenido la fortuna de pasear por la República la ban- 
dera estrellada de la Federación. 

Salido Zamora de Coro, la heroica, con un puñado 
de valientes, atraviesa la tercera parte de nuestro territo- 
rio por entre un erizo de fuerzas enemigas ; toca á las 
puertas de las capitales de todo el Occidente ; las visita 
casi todas ellas ; y donde quiera que tropieza con el enemi- 
go, lo vence y lo desarma. A las trescientas leguas de 
marcha, la opinión le guardaba á Harinas como premio de 



400 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

tanto denuedo, de habilidad tanta. Allí crea un ejército, 
lo organiza, lo arma, y seguro en su inexpugnable y rica 
base de operaciones, prueba todo lo que se puede, cuan- 
do se cuenta con la opinión y se tiene fe en los pueblos. 

¡Viva el Ejército de Occidente como un modelo eterno 
para la posteridad ! 

Mucha dei Ge- II. De allí siguió á Alpargatón, Canoabo, Mon- 

tal han, Bejuma y rsirgua; y el 22 de agosto entró 
con 1.500 hombres en San Felipe, desocupada ala 
hora del amanecer, por el enemigo, que no eran 
sino 40 infantes. Perseguidos por el Comandan- 
te R. Calderón, fueron cogidos prisioneros el día 
siguiente. Pero apenas serían veinte minutos pasa- 
dos de estar en la ciudad, cuando fueron todos 
puestos en libertad por el Caudillo Federal. La 
Provincia se constituyó en Estado Federal con el 
mismo Gobierno provisional que nombró Zamora en 
marzo, teniendo por suplentes á Antonio Girón, 
Juan Bautista Blanco y Joaquín Tortolero. El Co- 
ronel Tirso Salaverría, fue nombrado Comandante 
de Armas del Estado: el ciudadano José María 
Ortega Martínez, Gobernador político del mismo, y 
Secretario suyo, el señor J. J. Freites, hijo. 

Desde Urachiche habían marchado á la Costa 
á recibir al General Falcón, Antonio MeLdo¿a, los 
Peralta, Alvarado y otros cuyos nombres se nos 
escapan por el momento. 

Funcionaban como Jefe de Estado Mayor Ge- 
neral, el General Wenceslao Casado ; Sub-Jefe, el 
Coronel C. T. Itwin ; Secretario General, el señor 
Víctor Ariza, y Sub-Secretario, el señoi J. G. Ochoa ; 
y Auditor de Guerra, et Doctor A. Guzmán Blanca 

El 8 de setiembre se acercó el General Falcón 
á Barquisimeto, y en Tierritas Blancas derrotó las 



anea. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 401 

tropas centrales al cabo de hora y media de reñido 
combate. 

III. Zamora, luego que hubo llegado á sus oídos t¿¡£5»£ 
esta noticia, embocó la trompeta de la gloria militar 

para dar á conocer el hecho en el territorio de su 
mando, en los siguientes términos: 

Federación Venezolana. — Estados de Coro y Occidente. — 
Cuartal General. — Jefatura de Operaciones. — Barinas, 
diez y siete de setiembre de 1859. — Ano 1? de la Fe- 
deración. 

Al ciudadano General Wenceslao Catado, Jefe d-e Estado Ma- 
yor General de los Ejércitos Federales. 

He recibido con el oficio de usted, fecha 7 de los 
corrientes, varios ejemplares del Eco del Ejército, y he 
tenido la satisfacción de encontrar en ellos los detalles 
de la jornada que tuvo lugar el 3 del presente en el 
sitio de La Cruz de Tierra Blanca, sobre la línea enemiga 
goda, donde segó laureles inmarcesibles la espada reden- 
tora del invencible General Juan C. Falcón ; y me apre- 
suro á reimprimir tan brillantes detalles en el Boletín 
Oficial del Ejército Federal de mi mando, para ejemplo 
de las fuerzas Federales y escarmiento del puñado de 
godos de estos lugares. 

Sírvase usted felicitar al Ejército vencedor y á su 
denodado Jefe, á nombre de mis compañeros de armas. 

Dios y Federación, 

Ezequiel Zamora. 

IV. Falcón ocupó en seguida A Barquisimeto, y «•*•••«»• 

1 * ~ á Barquisimeto. 

no bien hubo acabado de organizar la Provincia en Es- 
tado Federal, nombrando y. haciendo nombrar los em- 
pleados de todos los ramos del servicio público, 
cuando levantó sus reales con dirección á Guanare, 
teniendo bien por cierto que estaban todavía allí si- 
tiadas las tropas del General And nido. 

Su vanguardia gobernada por el General Fran- 
cisco García, se acampó en Sarare el 14 al medio 
día, cuando el ejercito centralista maniobraba por 

Acarigua y Araure. 
20 



1 



402 DOCTOR L. VILLANUEVA 

En aquel punto se le reunieron el Coronel Mi- 
chelena con ciento trece infantes, y el Coronel Fe- 
lipe Parra, con veinte de caballería. 

El General Falcón llegó á Araure el 19, el mis- 
mo día que entraba en San Carlos el General An- 
drade. Paróse en esta villa á remediar los inconve- 
nientes que habían retardado su marcha, pues tenía 
por seguro que, de allí á poco, se vería á corta 
distancia del enemigo. Sin embargo, como reflexio- 
nara más en sus operaciones, cambió de plan, desis- 
tiendo de seguir sobre el avisado General Andrade, 
que estaba ya en salvo; y al contrario, el 24 tomó 
la vuelta de Barquisimeto. De aquí emprendió mar- 
cha á Coro el 1? de octubre ; dejando á Trías de Jefe 
de Operaciones del Estado Nueva Segovia, que así 
llamaron el de líarquis meto (l). 

Aooló Squ6 Siqtti * V. El 3 derrotó el General Falcón en Siquisique 
las fuerzas centrales al mando del Comandante Ni- 
colás Torrellas: y prosiguió á Coro adelantándose 



1 Trías paróla persecución, y se retiró de San Rafael He Ono- 
to á Araure el 21 ; en obedecimiento de una orden dtfl General 
Falcón de (pie tenemos conocimiento por la comunicación del 
Coronel Márquez al Estado Mayor de la División Cojedes, que 
dice así : 

Federación Venezolana. — Estado de Portuguesa. — Estado Mayor 
Divisionario de la Vanguardia del Ejército Federal. — .San Ka- 
fjielde Onoto: setiembre 20 de 185».— Año I o de la Federación. 

Ciudadano Coronel Jefe de Estado Mayor de la ¡>¡r¡HÍón Cojedes. 

El ciudadano General Jefe de la División Vanguardia del 
Ejército Federal me ha ordenado decirle, lo siguiente: Con fecha 
de ayer me dic* desde Araure el ciudadano General Juan C Fal; 
con, Jefe del Ejército, que conviene «pie esta División regrese » 
aquella villa, á combinar con el ciudadano General que la manda, 
un movimiento que decidirá la suerte de l*s armas federales; y 
se dispone que el Jete de la División Cojedes se conserve siem- 
pre en la actitud que hasta ahora ha tenido para con el enemi- 
go, á fin deque innove esta contramarcha; y (pie vigile mucho 
el ciudadano Coronel Navarro, no vaya el enemigo A introducir 
comunicación en los Estados donde ya han triunfado mu stras 
armas Esto dispone el General en Jefe, y maíian a regresará esta 
División á la indicada villa de Araure. 

Dios, Federación ó Muerte. 

El Coronel Jefe, 

F. Afdnver. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 403 

hasta Pecaya, catorce y media leguas de aquella 
«ciudad ; y después á Sabaneta, donde por su orden 
organizaba tropas el General González. 

V. Mientras el caudillo de la revolución practica- ¿¡¡¡¡¡Yi*! 
ba esta operación, partió Zamora de Barinas con * ui,imtU - 
su genial celeridad á concertar con él en Barquisi- 
meto, el plan de la nueva campana; pues era pú- 
blica fama por Occidente que el Gobierno prepa- 
raba otro grande y poderoso ejército para batirlos, 
v recobrar las Provincias perdidas. 

Desde Barquisimeto ordenó al General Nava- 
rro y al General Aranguren, que acosaran diaria- 
mente las fuerzas oligarcas de San Carlos, cuando 
salieran á coger ganado por las parroquias de Coje- 
des, Onoto y Desapartaderos ; y las vigilasen para 
sorprenderlas y acabarlas, en combinación con el 
Comandante José Rivas Sandoval que capitaneaba un 
escuadrón bien diestro y superiormente montado, 
«ó por lo menos las debilitasen con las fatigas, pri- 
vaciones de alimentos y otros recursos, con las 
deserciones y el desaliento de la tropa. Pues fiaba 
-él, en que á medida que pasase el tiempo, la opi- 
nión por sí sola iría desbaratando las filas de los 
usurpadores, ayudada de la constancia, tesón y dis- 
ciplina de las fuerzas federales. La táctica de aquella 
guerra, en su concepto, debía fincarse principalmen- 
te en el asedio y en la persecución diestra y há- 
bilmente concertada sobre los enemigos, para im- 
pedirles formar masas que pudieran caer sobre al- 
gún cuerpo revolucionario; ganando ai tiempo para 
aprovechar la oportunidad de reunir fuer/as adecua- 
das con que obrar rápidamente sobre sus mejores 
Divisiones. La persecución debía hacerse con gue- 



1 



404 DOCTOR L. VILLANUEVA 

rrillas emboscadas, teniendo siempre al enemigo á 
una vista, e inspeccionando sus movimientos. 

Entonces fue cuando Zamora, penetrante y acu- 
cioso, descubrió en la casa del señor García, de 
Barquisi nieto un parque de ochenta barriles de pólvora,. 
y otros más en o'ra casa, que sirvieron para pelear 
las batallas de Barinas: y sobre lo cual escribió- 
ai General Falcón la siguiente carta : 

Barquisimeto : 4 de octubre de 1839. 
¡Señor General Juan C\ Falcan. 
Mi querido hermano : 



Estoy volado por ver si les pego un susto á los go- 
dos que guarnecen á San Carlos, y el Baúl 

Mucho se pelea por Los Valles de Aragua, pero la 
decisión la hará la tropa vencedora que marcha de Oc- 
cidente. 

De Barinas, Portuguesa y Apure no tengo noticias- 
de novedad. 

Aquí seles cogieron álos godos en un escondite, ochen, 
ta barriles de pólvora que, con la que hallé en otra casa- 
tendremos para sostener los fuegos hasta un ano si fue- 
re necesario. Salud y fortuna le desea su hermano^ 

Ezequiel Zamora. 

Esta carta revela la clarísima inteligencia mi- 
litar de Zamora, su seguro golpe de vista y la 

facultad poderosa de que estaba dotado, para tra- 
zar una campaña y marcar con antelación los puntos 
donde iba á librar los combates. 

VI. Entre tanto, el Gobierno llamó al General 

Reíros Jefe del 

2J£ ,todeOMi Andrade al Ministerio de Guerra, y nombró al Ge- 
neral Pedro Ramos, Jefe del Ejercito de Occidente,, 
del que fue Jefe de Estado Mayor el Coronel 
Manuel Vicente de las Casas, que marchó el 15 de 
setiembre de Valencia á San Carlos. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 4(K> 

Ramos no bien hubo acabado de resguardar 
á, Valencia de todo peligro que pudiera venirle de 
Leiceaga, que llevaba á veces sus partidas hasta 
El Palotal, partió á San Carlos el 5 de octubre; 
y de aquí se encaminó á Barquisimeto el 31 del 
mismo mes con un ejército de 2.000 hombres. 

En la tarde de ese día acampó en La Ceiba, 
y en la del siguiente, en Los Apartaderos, donde 
-se paró el 2, mientras se recogían ganados y ca- 
ballos por las sabanas v3cinas; pues era costumbre 
de carácter natural, que las tropas de unos y otros 
.se alimentaran con los ganados de los particulares y 
usaran sus bestias, sin que se pensara en pagarlos ; de 
lo que se originó, al fin de la guerra, la ruina de 
las familias, de la industria pecuaria y la desola- 
ción de los caseríos y las ciudades, de que aún no 
han podido reponerse. 

El 3 se movió el ejército á San Rafael, para 
tomar el camino de Pitiguao, por calificarlo pre- 
ferible al del Altar ; y habiendo hecho alto en la 
falda Norte del cerro de aquel nombre, destararon, 
<?n la noche, una columna de observación sobre 
Sarare, con instrucción de avanzar hasta Cujicito, con 
el propósito de interceptar la comunicación en aquel 
punto de Barquisimeto y los federales del Sur. 

A las cuatro de la tarde llegó el ejército á Sarare. 

El 5 al medio día marchó la primera División á 
•Cujicito: el 6 adelantaron hasta La Morita. El 7 
entró en Cabudare, en cuyo río había unas avanza- 
das federales que hicieron varios disparos, y corrie- 
ron á dar aviso al General Trías ; quien al cerciorarse 
-de la verdad, desocupó la plaza, marchando con seis- 
•cientos hombres y dos piezas de artillería, á incorpo- 



1 



406 DOCTOR L. VILLANUEVA 

rarse por la vía de Carora al General FaJcón, quien re- 
gresaba de Coro en vista de los movimientos de 
Rubín, del litoral tierra adentro, en su persecución. 
En la tarde del mismo día ocupó Ramos á Barqui- 
simeto, encargó de la Gobernación de la Provincia a! 
señor Mariano Raldíriz, y se piso en comunicación 
con Gil y Rubín. 

Marcha* ¿«i g«. VIL El Caudillo déla Federación, en la imposi- 

neral Filcón. . . * . ■, -, -¡ r r* 111/ 1 

mimad de ocupar á Coro, como lo había pensado, 
concibió el plan de concentrar todas las fuerzas- 
de Occidente en San Carlos, y embestir á Valen- 
cia : y al efecto, expidió órdenes desde Carora, de 
las cuales fue portador el Coronel Gutiérrez, á Za- 
mora, Aguado, Aranguren, Valero, Medrano, Her- 
moso, Carpió, Rivas Sandoval y otros, para que 
cada uno con sus fuerzas y por vías demarcadas, 
se le incorporasen en aquella plaza. Pero como se 
le enfrentara ahora el ejercito de Ramos, impidién- 
dole el pas) á Cojedcs, guió á las Provincias de 
Portuguesa y Barí ñas, donde podía disponer de un 
ejército aguerrido mandado por Zamora, y de una 
población amiga pronta á todo género de sacrificios 
por el triunfo del Partido Liberal. 

Trías pasó por Quíbor el 8 ; y el 9 se incorporó 
al General Ealcón en FA Tocuyo. 

Eiército dei Go- VIII. Ramos llegó á Quíbor el 10, cuando ama- 

necía ; y el 11 á las 10 a. ni. se acuarteló en El To- 
cuyo á aguardar la División del Comandante Rubín, 
recoger ganados, reponer sus caballerías y solicitar 
noticias de Mérida y Trujillo. 

Su ejército, según revista pasada en esta plaza, 
ascendía á mil seiscientas plazas, por haber tenido- 
que dejar una Brigada en Barquisimeto. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 407 

Falcón se vio forzado á tomar la intransitable 
vía de Humocaro Alto, para salir por Chahasquén 
á Guanare; mientras que Ramos, reunido á Rubín 
en El Tocuyo, tomaba la vía de Araure para im- 
pedir cualquier intentona sobre el Centro. 

La División Rubín tenía exactamente como la 
de Ramos, mil seiscientos hombres; de modo que 
juntas las dos formaron un ejército de tres mil y 
pico, con cinco piezas de artillería y cuarenta y cuatro 
artilleros. 

Fuerzas de Trnjillo al mando del Comandante 
Perozo cubrieron á Boconó ; y con ellas y las guar- 
niciones de Barquisimeto y Cabudare, se formó un 
antemural para resistir algún nuevo ataque sobre Bar- 
quisimeto por Sarare. Al mismo tiempo se mandó 
reforzar á San Carlos : y el 16 se movió todo el 
ejército, vía de Guárico hacia Ospino, á cuyas 
cercanías llegó el 21, vencien-lo las dificultades que 
le presentó una vía atravesada de cumbres eleva- 
dísimas y peñascosas vertientes. El 23 marchó de 
Ospino h San Rafael, por un camino trasversal; 
tomó el real en la Sabana de Los Manires, á las 
3 de la tarde, y pernoctó en Las Cocuizas. 

IX. En esos mismos días, reunidos el General oS^Í 61 **" 
Falcón y el General Zamora en La Mesa de Ca basca, 
marcharon junios á Guanare, donde se estuvieron á 
inquirir los movimientos del enemigo: acomodando 
entre tanto guerrillas en todas las quebradas 
de San Rafael á Las Cocuizas, con orden de rom- 
per los fuegos al pasar los centrales, y huir al monte 
sin dejarse coger. Se situó además un cuerpo de obser- 
vac ón en el mismo San Rafael al mando de Casado, 
Calderón y Amador Armas, que debía retirarse a 



408 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Guanare al acercarse la vanguardia de los enemi- 
gos; y tomar la vía de Tucupido cuando tuviera noticia 
de que éstos acababan de llegar á dicho pueblecillo. 

El Ejército Federal se entristeció al cundir en 
las filas la orden de volver atrás; porque se le an- 
tojaba derrota la bien meditada marcha al través del 
desierto, para llevar al enemigo á alguna espesa mon- 
tana, más allá de Barinas, donde por una batalla 
tremenda, y á la par segura, como nunca jamás la 
vieron los tiempos pasados, quedara ganado para 
siempre el triunfo por las armas del Partido Li- 
beral. 

Conociendo los jefes estas malas impresiones de 
la tropa, la formaron en la plaza de Guanare, y con el 
propósito de alentarlas y garantizarles una próxima 
victoria, la arengaron Falcón y Zamora; cada cual 
con su propia elocuencia militar, que pintaba al 
vivo la diversidad de caracteres de estos dos gran- 
des ciudadanos de fama ilustre, y de ambos mereci- 
da. Arrebatáronse de entusiasmo los soldados, y 
contestaron las arengas con aclamaciones ruidosas 
á la federación y á sus Jefes. 

Según relaciones dignas de fe, el plan de Za- 
mora era pelear y destruir el ejército enemigo en 
Guanare : para lo cual dejaría en la plaza al General 
Trías con trescientos hombres, bien pertrechado y 
atrincherado; y se saldría él con el resto de las tropas 
á Guerilandia, á esperar que los centrales, cediendo á 
sus ímpetus de costumbre, y envalentonados con sus 
victorias del Centro, empeñaran un ataque formal 
contra los atrincheramientos de la ciudad. Entonces 
los embestiría él por retaguardia, contando destrozar- 
los; ó por lo menos mermarles el ejército, y obligarlos 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 409 

á retirarse por la misma ruta que habían llevado, 
sin que pudieran esperar auxilios de las fuerzas de 
Cojedes, hondamente quebrantadas por las acometi- 
das de Aranguren. Pero no gustó este plan al Ge- 
neral Falcón ; y entonces determinaron de común 
acuerdo, replegarse á Barinas, ocurriéndosele desde 
luego 4 Zamora, que la batalla no podía darse sino 
en San Lorenzo ó en Santa Inés, ó en algún lu- 
.gar igual ó parecido á es f os. Resuelta la retirada, 
«e dictaron disposiciones para emprenderla con acierto. 

X. El ejercito que quisiera ir de la Provincia J>«.owmart á 
<Je Portuguesa á la de Barinas, tenía que tomar una 
de las dos líneas de invasión que parten más allá 
de los ríos de Tucupido y Boconó: una por Barran- 
cas á la derecha, larga de 16 leguas, de Guanare 
A este punto; y otra á la izquierda que va, del otro 
lado de Tucupido, al paso Anduecero en el río Cho- 
rroco ó Boconó ; ó bien atravesando el Sipororo á Sa- 
baneta por el vado del Corozo. 

Esta última vía forma una curva más extensa 
que la otra; pero ambas son montuosas, y están 
cruzadas por los mismos ríos. 

Los liberales marcharon por la deSabaneta, para 
llamar á la reconcentración las gruesas partidas de 
Guerilandia y Guanarito. 

Zamora dejó detrás un escuadrón de caballe- 
ría para espiar los movimientos del ejército del 
Gobierno, al mando de un Coronel que, por cono- 
cedor de los caminos, pasos de ríos, veredas, matas 
y escondrijos, le llamaban el Mapa de Barinas, y 
cuyo nombre nadie recuerda. Este militar, además 
de su baquía, era tan activo y diligente, que supo 



Rtmot en Gut- 
nart. 



410 DOCTOR L. VILLANUEVA. 

mantenerse constantemente por el camino, adelante 
del enemigo, y llegó á conocer con oportunidad y 
precisi/n sus pasos y paradas; délo cual daba cuen- 
ta detallada á Zamora dos ó tres veces al día. 

XI. Ramos se alojó en Guanas el 25 alas tres 
de la tarde, y el ejérc to federal en Barinas el 27. EU? 
de diciembre continuó éste marcha á Sania Inés, cuya 
montana ocupó el 4 de diciembre á las once de la 
mañana; y desde ese día se empezó la fabricación 
de trincheras, bajo el plano trazado por el Ingeniero 
Chaquert, liberal muy entendido y amigo idólatra de 
Zamora de tieaipo atrás. 

El ejército central andaba á ciegas; nadie le 
daba noticias de la dirección que llevaban las huestes 
revolucionarias ; no encontraba bastimentos, pero ni 
las cosas más insignificantes para entretener las pri- 
meras necesidades del soldado. 

Ocho días se paró el ejército en Guanaro, para 
ponerse en marcha del 3 al 4 de diciembre, cuando 
va los federales estaban bien acomodados en Santa 
Inés; morosidad que contrastaba con la prontitud y 
celeridad de Zamora, para moverse en todas di reccio- 
nes día y noche*, bajo lluvias torrenciales ó bajo un 
cielo inflamado; ya tuviera que atravesar á nado ríos 
impetuosos, ó que trepar por desfiladeros)' páramos, 
como en los caminos á las nevadas cimas de la Cor- 
dillera. 

Sabido que Zamora había pasado de Barinas 
con dirección á Santa Lucía; lo que daba á enten- 
der á sus enemigos que llevaba intención de cruzar 
el Apure, ó de internarse vía de Pedraza, por las 
montanas que van á terminar en las fronteras colom- 
bianas, moviéronse éstos tras él por Barrancas}' La 



I 



VIDA BEL GENERAL ZAMORA 411 

Yuca ; y sin tocar en Ba riñas, guiaron" á Obispos y 
siguieron por la ribera izquierda del Santo Domingo 
basta El Real. Allí supo Ramos que el lugar en que 
Zamora estaba era un desconocido pueblecito, que 
nombran Santa Inés, sobre la orilla opuesta de aquel 
río, separado de la sabana por una montana larga y 
espesa. 

___- ai i i i Anarquía en 

Xll. A todo esto remaba en el campamento de i<>» ejéroitoi, 
los centralistas cierto espíritu de anarquía, incompati- 
ble con la unidad de mando que requieren las opera- 
ciones militares. Rubín alegó un día, que por las facul- 
tades de que estaba investido, podía obrar como Jefe 
Superior donde quiera que se hallase ; á lo cual le 
contestaron Ramos y Casas, que podía hacer como 
quisiera, porque ellos respetaban de un todo las dis- 
posiciones del Gobierno. Pero Rubín, aconsejado á 
lo que parece por el discreto Meneses, dijo después, 
con notable despecho, que mejor era, como había di- 
cho Napoleón, un solo jefe malo que dos buenos. 

Y aunque se puso á las órdenes de Ramos, 
iba siempre de mala gana, haciendo lo que se le 
antojaba. Llegaron las cosas á tal punto, que des- 
agradado profundamente el Coronel Casas, propuso 
á Ramos en El Real donde pernoctaban, que pu- 
sieran al Comandante Rubín en la vanguardia para 
que luciera sus bríos. Ramos couvino; y por el 
Estado Mayor se le comunicó la orden al Coronel 
Jelambi, que mandaba la primera División. Este 
bravo y pundonoroso Coronel se presentó inmedia- 
tamente ante Casas, y mostrando el mayor respeto, 
le dijo estas solemnes palabras: "Señor Coronel; 
habiendo venido yo en vanguardia durante toda la 
campaña, no creo justo se me quite el mando, cuando 
estamos enfrente del enemigo." 



412 DOCTOR L. VILLANÜEVA 

Casas, penetrado de la razón que asistía á 
aquel veterano tan digno, y queriendo rendir cu 1 to 
á su virtud militar, le contestó con su ingénito la- 
conismo: "Tiene usted razón, señor Coronel; siga 
usted con su División en vanguardia" 

Algo se susurró allí de sedición contra Ramos 
y Casas, pero todo pasó sin ninguna consecuencia. 

Determinóse al fin pasar el río por San Lo- 
renzo; y como no hubiera sino una canoa, se im- 
provisaron balsas, aunque muchos soldados se tira- 
ron á nado. Esta operación empezó al amanecer, y 
duró ' hasta la tarde, en que marcharon á La 
Palma, pueblecito intermedio entre Barinas y Santa 
Inés, á 2 leguas de ésta y 14 de aquélla. 

El río Santo Domingo, nace en la serranía de 
Mériday pertenece á la hoya hidrográfica del Orinoco, 
en que vierte sus aguas por medio del Apure, co- 
mo todos los del territorio conocido con el nombre 
de Provincia de Barinas ó Estado Zamora, como 
decimos hoy. 

Mide su curso de 60 á 70 leguas; de las cua- 
les son navegables 30, á contar desde Toruno, sito 
á cuatro leguas de Barinas, hasta su desemboque 
en el Apure. Florecían á sus orillas por aquel 
tiempo muchos pueblecitos ó aldeas, cuyos mora- 
dores sembraban en sus feraces vegas, plátanos, yu- 
ca, maiz, algodón, tabaco, añil, cacao y otros fru- 
tos, y criaban ganados en sus espaciosas sabanas 
que se dilatan, ricas en pastos y bosques, hasta las 
márgenes entrecortadas del Apure. A su derecha 
se asientan Barinas, Caroní, Toruno, La Palma, 
Santa Inés y Santa Lucía, y á la izquierda San 
José, El Real y San Lorenzo. 



VIDA PEL GENERAL ZAMORA 413 

El Gobierno Central había concertado, con bas- 
tante previsión, el vasto plan de atacar el Ejército 
Federal con los cuerpos combinados de Ramos y 
Rubín por Guanare, y el de Brito por Nutrias. Al 
mismo tiempo se mandaron bajar las fuerzas de 
Trujillo á Barinitas ; ora para impedir alguna in- 
vasión á la Cordillera, ora para cooperar á los 
movimientos del ejército; y en último caso para 
cubrir la retirada á la Serranía, tal vez la más conve- 
niente y accesible. Pero estas fuerzas no concu- 
rrieron á Barinitas; y Zamora, que aprovechaba sin 
dilación todas las faltas de sus contrarios, la hizo 
ocupar con un destacamento de consideración. 

La infracción de esta orden, escribió Ramos al 
Ministro de la Guerra con fecha 5 de enero desde 
Mérida, ka contribuido en mucho á las desgracias del 
Ejército. 

No menor era la anarquía en el campo de los 
federales; pues los recelos y rivalidades entre algunos 
oficiales de los dos cuerpos de ejército, se habían 
extendido á Jefes de alta graduación, señalándose 
entre todos, por su mala voluntad al General Falcón, 
el Doctor Iriarte, Secretario General v Auditor de 
Guerra de Zamora ; y aunque éste varias veces le 
reprendiera como amigo y como superior, por sus 
conceptos irrespetuosos para con el Jefe de la Revo- 
lución, su hermano y su Jefe, con todo, seguían ur- 
diéndose intrigas, y enconándose las rencillas entre 
los dos círculos que habían venido formándose con 
los nombres de falconcistas y zamoranos : exaltando 
cada cual los méritos de su Jefe y deprimiendo los 
del otro. Esto llegó al extremo Me que, con motivo 
de haberse perdido unas comunicaciones del General 
Segovia, según unos, del General Linares, según 



414 DOCTOR Li VILLANUEVA 

otros, sin darse cuenta de ello al General Falcón, es- 
talló en Barinas un violento altercado entre éste y el 
General Zamora, que sobresaltó los cuarteles: y aun 
se añade que el General Zamora, determinado á evi- 
tar cualquier nuevo contratiempo en lo adelante, con 
su hermano y Jefe, a quien respetaba y quería, es- 
tuvo á punto de retirarse del ejército, y marcharse á 
tierras de Colombia. 

Ignoramos qué palabras se dijeran en tan lasti- 
mosa ocasión los dos caudillos, mal dispuesto uno con- 
tra otro; no porque se hubiera apagado en sus almas, 
por ambición ú otro interés, el sentimiento de her- 
manos, sino por los cuentos de los intrigantes y 
chismosos ; plaga funesta que se procrea al rededor 
délos hombres de mando: y á lo que parece, tam- 
poco nadie podrá saberlo, limitándose los mejores cro- 
nistas á referir, en lo cual están todos contestes, que 
aquel mismo día se dio en todos los cuarteles una 
orden general en que mandaba el General Falcón 
reconocer al General Zamora como Jefe del Ejér- 
cito; bien que algunos reducen el nombramiento no 
más que á las operaciones en los Estados de Barinas 
y Portuguesa : lo que no es conforme á los sucesos 
posteriores, pues es sabido que el General Zamora 
murió dirigiendo el sitio de la capital del Estado Co- 
jedes, y según relación de uno de sus Edecanes, 
que aún vive, el General Rodríguez Guerrero, dire- 
mos más lejos su plan de campaña sobre el Centro y 
sobre Caracas, enunciado en la noche del 9 de enero, 
delante de varios Jefes y oficiales, cuando vivaqueaba 
á orillas del río de San Carlos. 

Cómo cumplió este encargo el General Zamo- 
ra, es lo que vamos á decir en las páginas que 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 415 

respetuosamente sometemos en seguida al juicio del 
lector. 

XIII. Empero, es de saberse que, habiendo des- *****?"• 
pac hado Zamora á Aranguren con un cuerpo de ocho- 
cientos hombres, á asediar ó atacar á San Carlos, 
para impedir movimientos de fuerzas de esta plaza 
en auxilio del Ejercito de Ramos, que iba sobre el 
General Falcón, vino á quedar aquel Jefe inter- 
ceptado en Oojedes por la marcha de Ramos de El 
Tocuyo á Ospino, de que ya hemos hablado. 

Aranguren, ciertamente, atacó á San Carlos y 
aun lo quemó « n parte ; pero rechazado, se retiró 
perdidoso hacia El Pao, que también intentó tomar 
á viva fuerza, y donde igualmente le resistieron, 
forzándole á retroceder al Tinaco. De aquí caminó 
la vuelta de San Carlos, que orilló por la izquierda, 
para tomar en seguida el camino real de Acarigua. 
Recibido que hubo oficio de Zamora, llamándole 
á Santa Inés, ganó por Durigua los montes de San 
Andrés, Satí Nicolás y La Luz, y penetró en el 
bosque de Santa Inés la víspera de la batalla, con 
los restos de su División. 

XIV. EJÉRCITO DEL GENERAL RAMOS ^¿í*" 1 



neral Ramo*. 



PRIMERA DIVISIÓN Ó DE VANGUARDIA 



Coronel Antonio Jelambi, cuyo Jefe de Estado Mayor 
era el Comandante Manuel Salvador Briceño. Ayudantes : 
Tomás Soriano y Mariano Miehelena. 

Esta División se componía de los restos del Ejér- 
cito de Silva y Audrade, llevando la Brigada de Ma- 
riano Ortega y la de Jiménez, Jas columnas de Cruz 
Fernández, Diego Villapol y Flores. A ella se agregó 
la antigua Brigada de Menéndez que peleó en San Lo- 



" 



416 DOCTOR L. VILLANUEVA 

renzo, toda la caballería, menos el Escuadróu "Ospino"; la 
Columna o de Marzo y la d<3 Ramos con toda la artillería 
y parque correspondiente. 

SEGUNDA DIVISIÓN 

Comandante Francisco Miguel Pérez Arroyo, cuyo 
Jefe de Estado Mayor era el Comandante Benigno Ri vas. 
Se formaba de la Brigada Caraca** mandada por el Co- 
mandante Simón Madriz, con dos Columnas : una llamada,. 
Rubín del mando de los Comandantes Manuel Narrarte 
y Martín Davalillo: y otra regida por los Comandantes 
Juan Romero y Menéndez, y entre cuyos Oficiales iban 
los Capitanes Travieso, García, Marrero, Aquino y otros 
cuyos nombres no sabemos. Y además la segunda Co- 
lumna Carabobo, y el Escuadrón del mismo nombre, á 
las órdenes del Comandante Riera. Entre los Jefes de 
esta División figuraban el Comandante Figueroa, que 
mandaba un Cuerpo y los Comandantes José Ignacio 
Mijares y Manuel Paredes. 

La Guardia de caballería del General en Jefe, esta- 
ba al cargo de los Capitanes Tomás Rodríguez (Mari- 
poso) y Esteban Palacio, posteriormente General, y De- 
signado de la República. 

Auditor General de Guerra, Doctor Gonzalo Cárdenas. 

Cirujano Mayor, Doctor Francisco Padrón. 

Capellán del ejército, Presbítero Pacheco. 

Ayudantes del Estado Mayor : Comandantes Lino Jo- 
sé Revenga, R. Gallegos y Manuel Escurra; Capitanes, 
Luis María Díaz y Carlos Ilernáiz ; Tenientes : Enrique 
Reina Francia y Rafael Mijares. 

Edecanes del General en Jefe, Comandante Domin- 
go Fábrega; Capitanes: Astolfo Ramos y Manuel Za- 
valeta. 

Comisario general de guerra, Manuel Antonio Tirado 

Comandantes de caballería: Doctor Elias Hurtado. 
N. Tovar, Genaro Maica y Julián Ramos. 

La División de Rubín se organizó de la manera si- 
guiente : 

Cuatro brigadas. 

Primera de vanguardia ó derecha, al mando de los 
señores Comandantes Manuel Oberto y Luis Espelosíu, 
y compuesta de las Columnas mandadas por los Co- 
mandantes Tinoco (la de Paraguaná) y Calderas (de Coro) 
y piquete de San Luis, de Coro y el de Caballería. Se- 
gunda, Centro, al mando de los señores Comandantes, Juan 
Ángel lietancourt, y Teodoro Chataing, compuesta de 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 417 

las columnas de Maracaibo y Cumarebo. Tercera izquier- 
da, al mando délos señores Comandantes Alejandro Fi- 
gneroa é Ignacio Aliaros, compuesta de la columna de 
Aragua y piquete de Coro. — Cuarta Reserva, al mando 
del señor Coronel Juan José Illas, compuesta del bata- 
llón Constitución, al mando de los Comandantes Camilo 
Prado y Félix Moreno. Y las columnas Carabobo y 2 de 
Agonfo. 

Jefe de Estado Mayor, Comandante Olegario Mene- 
ses. 

Auditor de Guerra, doctor Tomás Alvarez. 

Cirujano mayor, doctor Juan de Dios Monzón.. 

Comisario de Guerra. — Pedro Celis. — Oficial de ía Co- 
misaría, Alejo Uriarte. 

XV. El Jefe de Estado Mayor de este ejercito <*••«• 
era el Coronel Manuel Vicente da las Gasas, militar 
educado en nuestra Academia de Matemáticas, bajo 
el profesorado de Cagigal y Acevedo. Escudriñando 
su historia militar, hemos encontrado que sentó plaza 
en el batallón Junín, corno Cabo primero, que llama- 
ban entonces aspirantes. Algún tiempo después fue 
ascendido á Sargento. 

En Bogotá le dio el Libertador el despacho de 
Subteniente, por los anos de 1828: y de vuelta á 
Caracas, recibió de manos del Coronel Austria la con- 
decoración del Busto. Al igual de muchos militares 
bolivianos, entró en la revolución de 1835. 

Alistóse más tarde en el partido conservador. 
Ha sido un General de celebrada serenidad en los 
combates, y de irreprochable moralidad en la adminis- 
tración de caudales públicos. Sus opiniones políticas 
aunque contrarias á las de nuestro Partido, nos han 
merecido siempre respeto; porque tenemos por cierto 
que las ha pensado con sinceridad, así como las ha 
sostenido con firmeza, aun con hechos como los de 
agosto, que no pueden tener nuestra aprobación. 



27 



CAPITULO XVI 

I. Brito fue derrotado al pisar á Nutrias el 20 Bnu. 
<le noviembre, por el Comandante Pedro Manuel 
Rojas ; primera acción que dio por sí este Jefe, 
y por la cual le condecoró Zamora con el grado 
«de Coronel. Briro era en concepto de Zamora el 
más estratégico General de los centrales : así como 
-de Manuel Herrera decía que era su primer oficial. 
Cuando repitieron á Brito este juicio lo retribuyó 
-contestando, que la Federación no era sino Zamora. 
Y cuentan que Zamora añadió en esta ocasión es- 
la otra frase: " por Guanare viene un grande ejército 
sin General : y por Nutrias un gran General sin 
-ejército." 

Destruida la División de Brito, y paradas en 
Boconó las tropas de Trujillo, tuvo que marchar 
*olo el ejército de Ramos á encontrarse con el 
invicto guerrero, que en un año había federado tres 
Provincias por la fuerza de sus armas, y destruido 
cuantos ejércitos se atrevieron á perseguirle ó á 
enfrentársele. 

Ramos no tuvo nunca noticias ciertas del ejér- 
cito federal, ni de los planes de sus Jefes. Y aun- 
que pudo haberse parado en Ba riñas á solicitar estos 
informes no quiso ni pasar por ella, halagado con la 



420 DOCTOE L. VILLANUEVA 

pusril idea de que Falcón y Zamora iban huyendo* 
hacia Apure, sin ánimo de esperar las tropas del 
Gobierno. Ansioso de darles alcance partió ciego- 
por donde le decían que era su ruta. 

Awuftdude II. El 9 en la tarde salieron de orden de Zamo- 

ra, los Comandantes León Colina y Jesús María Her- 
nández con una brigada de infantería y caballería 
á inspecionar al enemigo por La Palma ; y á las seis 
y media de la mañana rompió el inolvidable Capitán 
Ramón Rivas los fuegos sobre las avanzadas; pero 
sujetos á instrucciones de Zamora, de pelear en re- 
tirada hacia su campamento, hiriéronlo con precisión,, 
y á las ocho estaban ya incorporados al ejército. 

Militaba como Ayudante del Comandante León 
Colina el oficial Víctor Rodrigue/, que sentó plaza 
en el ejército al pasar Zamora por Barquisimeto- 
en los primeros días dei mes de abril. 

tJuT í b u ^' ^' cam P° ^ e es * a Italia estaba preparado, 

^^ de la manera que vamos á decir, como si viniéramos 

caminando del pueblo de Santa Inés á la boca 
de la montaña. Este trayecto, largo de dos le- 
guas, tiene la figura de un martillo. La primera 
trinchera estaba á la salida del pueblo, sobre el ca- 
no lamado El Palito, y la defendía el Coronel Ra- 
fael Petit con su división de 200 hombres, entre 
cuvos oficiales figuraba el Comandante Francisco 
C umare. 

De cada lado de esta fortificación había otra sobre 
un terreno deleznable que en aquel país llaman tem- 
bladales, en que se atollan hasta los animales ; y 
con las cuales quedaba dominada la del medio en 
previsión de que pudiera ser tomada. Defendía una 
de ellas, el Coronel Amador Armas; y la otra, el In- 
geniero Chaquert, que fue quien las construyó todas. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 421 

Del pie del trincherón de Petit arrancaba un 
lomo de perro, á cuya derecha habían construido 
lina fortísima defensa, llamada El Trapiche, y estaba 
bajo la custodia del General Trías, del Coronel Juan 
José Mora y del General Ortiz. 

Por el mismo lado y desde este punto, empe- 
gaba una cadena de trincheras cada una de las cua- 
les tenía forma de trapecio, de suerte que sus sol- 
dados podían hacer fuego sobre el camino, hacia el 
medio, hacia adelante y hacia atrás. Estos puestos 
•estaban bajo las armas de Aranguren, Paz, Bruzual, 
Díaz, García y Henríquez. Seis eran las trincheras 
de la banda i¿quierda, de la misma forma, y man- 
dadas por Prudencio Vásquez con su División de 
300 hombres, á quien servía de Ayudante el Ca- 
pitán Desiderio Escobar ; y por los Comandantes 
Rogerio Freytes, y Montilla. Otra formidable 
trinchera en comunicación con ¿stas, estaba al cui- 
dado del Comandante Martín Franco, guapo cara- 
queño y antiguo Ayudante de Zamora en las accio- 
nes de Quisiro y Zulia. 

Más hacia la entrada había otro pequeño Tra- 
piche, donde por algún tiempo hicieron la primera 
resistencia Colina, Hernández y Varguillas. 

El Coronel Manrique mandaba una columna. 

Fuera de estos atrincheramientos, que pueden 
considerarse como principales, había otros de menor 
consistencia, que se comunicaban entre sí y con los 
grandes, por entre el monte. En la espesura de 
¿ste, se emboscaban guerrillas innumerables, desti- 
nadas á sostener los fuegos sin interrupción á uno 
y otro lado, con lo cual $e completaba la defensa 
<lel enmarañado campamento. 



422 DOCTOR L. VILLANUBVA 

El General Guzmán Blanco dice en su obra Et& 
defensa de la Causa Liberal, que él acompañó á Zamo- 
ra ese día á recorrer las posiciones del campo de- 
batalla, en calidad de Ayudante. 

El General Level de Goda dice que Zamora 
se lo llevó á él y á Guzmán Blanco basta La Pal- 
ma, á enseñarles las trincheras y á explicarles las 
combinaciones de los fuegos. (1) 

primen» tiros IV. Las fuerzas de Colina, Hernández v Jesús- 

en Senté Inés» * 

Varguillas, entraron por el camino, toreando al eue- 
migo para hacerle entrar en aquel armadijo, defen- 
dido por un flanco y á retaguardia, por el río Santo 
Domingo que rodea el pueblo : y hacia el lado de 

La Sabana, por su poderosa caballería que mandaban 
J. de R. González, Nicomedes Soiórzano, los Segó— 
vias, Rivas Sandoval, Benito Alvarez PernaJete, Me- 
lean, José María Monagas y muchos más. 

A Colina le mataron un Teniente: y uno de 
sus Jetes de caballería que salió herido, murió de 
tétano poco días después de la pelea. 

ideeenoi de V. Eran Edecanes de Zamora, los Coroneles 

Zemore* 

Juan B. García, Joaquín Rodríguez Guerrero, Rai- 
mundo Rendón Sarmiento, Francisco Pulido, villa- 
curano, compañero de Zamora desde la guerra de- 
1846, Víctor Pulido, Oraa, médico, Escolástico Gon- 
zález v Buenaventura Núñez. YA Coronel Meticfa,. 
coriano, era el Jefe de la guardia del General Zamora,, 
la cual constaba de setenta hombres de infantería, 
y algunos jinetes. 

Las fuerzas de Aris eguieta, Calderón y Colón* 
Fuentes, Fermín Medina y Marrano puestas bajo 



1 Historia con temporánea <le Venezuela, polítíni y mílítKCV 
185N-188G. 



VIDA PEL GENERAL ZAMORA 423 

el mando del General Domingo Díaz, cubrían el 
pueblecito, para contrarrestar el movimiento que pu- 
dieran hacer los centralistas por fuera de la montaña. 

VI. El General Falcón con sus edecanes, el Es- ¿{¡¿taláis 
tado Mayor General y las reservas escogió la plaza 
del pueblo de Santa Inés, como el lugar á propósito 
para atender, por una parte al punto donde flaqueara 
la batalla; y por otra al costado por donde pudiera 
el enemigo intentar cualquier asalto. 

Si el enemigo vencía las líneas, le encontraría 
al frente de reservas dispuestas para evitar una 
derrota. Si flanqueaba el pueblo por La Sabana, 
entretanto se peleaba en las trincheras, tendría que 
empeñar con él una segunda reñidísima batalla. 

Así, pues; previsto todo, y concertado hábil- 
mente el plan de la defensa y del ataque ; y 
puestos á salvo de toda sorpresa y desgracia, en- 
tregóse Zamora á dar la gran batalla, cuya con- 
cepción era toda suya, y para cuya ejecución lo 
dio el General en Jefe cuantas facultades y elemen- 
tos había menester al logro de coronar de gloria 
aquella empresa de estrategia, la más ilustre en la 
moderna historia militar de Venezuela. 

VIL Asistían al GraL Falcón de edecanes, los E V2¡¡!£* 
Comandantes Jacinto Regino Pachano, Primer Edecán, 
Luis Level de Goda, Cirilo Matos, Adolfo López Cha- 
ves, Leopoldo Eugenio Machado, Jacinto Armado, y 
Santos Mattey, empleado del Estado Mayor General ; 
y su Auditor A. Guzmán Blanco: y acompañábale 
junto con él el Padre Andrés Riera, elegido más tar- 
de Obispo de Calabozo, su hermano Ildefonso, médi- 
co y orador filósofo, el Doctor Agüero, el Padre Teje- 
ra, nombrado después Canónigo de la Catedral de 



424 DOCTOR L. YILLAKUEVA 

■ 

Caracas, el Doctor E. Ortiz, ' los Doctores Acuña, y 
Montenegro, de San Carlos, el Doctor Vicente Manzo 
v muchos otros cuyos nombres no nos ha sido posible 
recoger. 

Mantúvose allí todo el día, recibiendo hora por 
hora por medio de sus Ayudantes noticias precisas del 
curso de la acción; atento á sus varios accidentes ; 
reflexivo y sereno; y pronto á acudir en cualquier 
momento, á inclinar la victoria hacia sus armas : al 
igual de la posición de Sucre en Junín al frente de los 
infantes, mientras se batían á lanzazos todas las 
fuerzas de caballería. 

zS^fai* VIII. La estrategia de Zamora en Santa Inés, es 

tfti»ét. | a m ¡ simi q ue empleó en San Lorenzo: es decir, poner- 

se á la defensiva, para tomar la ofensiva en el instante 
en que fracasaran los ataques contra su ejercito. Pues 
considerando siempre á su enemigo más fuerte de lo 
que pudiera ser en realidad, ayudábase de los re- 
cursos de las montañas, para resistir ventajosamente 
con pocos soldados, y á veces bisónos, el empuje 
de tropas aguerridas y bien armadas. 

Su campamento de Santa Inés recuerda el 
*le San Lorenzo, pero mejor hecho y con proporciones 
colosales : porque este segundo anfiteatro era un 
inmenso campo de defensa de casi dos leguas, con 
trincheras en tan gran número, de fuegos tan inge- 
niosamente combinados, v construidas con tal arte 
y solidez, que parecían ocultos e inflanqueables 
bastiones, de donde caían sobre las apiñadas e 
indefensas columnas del enemigo, por todos lados, 
torrentes no interrumpidos de mortíferas descargas 
<le fusilería. Fudiendo bien decirse que el Ejér- 
cito liberal se batía de modo invisible : y que la 
.aquilea cólera de Zamora en tan a'ta ocasión, era 



VIDA BEL GENERAL ZAMORA 425 

la del pueblo mismo, hecho genio : gloriosa alma pa- 
rens, coronada de 'laureles. 

Poco antes de romperse los fuegos entró Zamo- 
ra en la iglesia, y ofreció á Dios hacer construir un 
buen templo en aquella aldea, si conseguía la victoria 
«obre sus enemigos. 

Al salir de allí se puso unas flores amarillas 
en el kepis. 

IX. Las tropas centralistas deseosas de batirse, y Empiezan ios 
confiadas en su valor y fortuna, abrieron los fuegos.**™"- 

á derecha é izquierda sobre las primeras trincheras ; 
y los defensores de éstas, cuando apenas los contes- 
taban, se salían en retirada por las picas, á reunirse 
con los de más adelante. 

Parecía á los asaltantes que la victoria era 
segura, porque la débil resistencia en las trinche- 
ras les hacía conjeturar que aquella gente no tenía 
intención de combatir formalícente, ni brío para 
medirse con sus belicosos Cuerpos; curtidos por 
el sol estival y por el humo de recios combates, 
en las campañas de las Provincias del Centro. 

X. De diez á once de la mañana sería, cuando Jy r \ J*JJ* M 
los fuegos se hicieron más vivos y continuados, 

como de descargas cerradas que estremecían el bos- 
que, y producían un estrépito espantoso: lo cual se 
explica porque toda la primera División del Ejérci- 
to centralista, se precipitó contra el baluarte que 
hemos descrito con el nombre de El Trapiche. 

Iba con ella su Comandante Coronel Jelambi. 
Sus artilleros entraron por el centro del camino, re- 
ventando la montana á cañonazos, al tiempo mismo 
que sus veteranas columnas de infantería tomaban las 



426 DOCTOR L. VILLANUEVA 

trincheras de los lados, y barrían con sus fuegos el 
camino y las veredas. 

Por su parte los federales, ocultos detrás de 
gruesos árboles, disparaban por mampuesto, y aca- 
baban á sus contrarios por cuartas enteras. 

En el corto tiempo de tan reñida brega, perdieron 
los centralistas cien hombres; y de allí á poco hasta 
doscientos. 

Los heridos y los muertos casi obstruían el es- 
trecho callejón por donde marchaban confundidos Je- 
fes, oficiales y soldados. 

Desmontadas tres piezas, pidió Jelambi á Casas 
el cañón que quedaba para seguir atacando de frente; 
á lo cual contestó éste mandándole decir que avanzara 
al pasitrote contra El Trapiche, porque ya se habían 
dado órdenes ala Brigada Caracas para flanquearlo. 
En efecto, el Comandante de ¿sta, Simón Madriz, 
puesto á su cabeza, emprendió la operación con 
presteza y bravura. Jelambi enardecido, da la se- 
ñal de embestir por el centro; pónese al frente de 
los suyos, carga, y á poco, cae herido de muerte. 
Álzanle del suelo sus Edecanes Suriano y Miche- 
lena, y lo apartan, por entre los árboles, de aquel 
campo de matanza. 

Jelambi había combatido una hora, y cuando cayó 
yacían á su derredor muertos ó heridos de su Divi- 
sión, veinticinco entre jefes y oficiales. 

Narvarte y Davalillo, Comandantes de la Colum- 
na Rubí», quedaron igualmente fuera de combate. 

Cuando dijeron á Casas que la primera División 
estaba medio acabada, sin Jefe, y en confusión, 
expidió la siguiente orden, con el acento seco y 
frío de Wellington en la carnicería de Waterloo: que 



r" 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 427 

éntrela segunda División. Dijo; prendió un cigarro, 
y cruzó la pierna sobre el pescuezo del caballo. 

Era Jefe de este cuerpo Pérez Arroyo: simpá- 
tico indio de Cojedes, de tan bellas prendas militares 
como el Coronel Jelambi. Tírase al callejón, que 
era como tirarse á los antros de la muerte: sigúelo 
su División, y con ella precipítase en el conflicto, 
para trabar de nuevo la batalla, con el estrago y el 
trueno de descargas de fusilería que no se suspenden 
ni por un instante. El va adelante, desafiando todos 
los ¿peligros, y rompiendo á machetazos Us trincheras- 
Pero los Jefes de la resistencia eran no menos bra- 
voí que él. Pues allí están el bizarro Trías; Mora y 
Ortiz, soldados aguerridos; el oficial José Félix Mora; 
el valentísimo Martín Franco; Jesús María Hernán- 
dez, que atraía sobre sí la admiración de todos; Bru- 
zual, de memoria inmortal; Colina, que parecía de 
la guerrera raza de los tiempos heroicos; Aranguren, 
de heroísmo magno; el impávido cuatjto desventu- 
rado Francisco García, de cuya brigada era Subte- 
niente Aquilino Juárez. 

Pérez Arroyo está ya cerca del Ti apiche, dan- 
do la tercera carga. Vésele intrépido á la rojiza luz 
de los relámpagos de fuego, cuando una bala le hiere 
en la cara, y le rompe el maxilar inferior. Siempre 
pelea sinflaquear. Con una mano se aprieta el hueso 
despedazado, y con la otra alza el sable, y asalta el 
primero de todos, la tremenda fortificación, que pa- 
rece un volcán de humo, de rayos y de balas. 

Al fin, los heroicos federales, atacados de frente y 
por los flancos por una masa enorme, tuvieron que 
dar un paso atrás y ceder el fortín, atestado de muer- 
tos. Sus heridos habían sido llevados á la aldea de 



428 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Santa Inés. YA Trapiche era el linde de la primera 
línea de defensa. 

Cuando se lo avisaron á Zamora, se sonrió, y dijo: 
Buenos bueno, pisaron el peine. 

Los Jefes de las dos Divisiones centralistas es- 
taban ya imposibilitados de seguir combatiendo. 

La orden de Casas al ejército era esta: Adelante; 
que era lo mismo que mandarlo á la muerte. 

Zftmorftiaoiuá XI. Zamora, infatigable, con lafirmezade corazón 

la pelea. ' c ' 

que le dio el Cielo, animado de fiero orgullo, entraba 
y salía |*>r las veredas comunicando órdenes rápidas, 
colocando él mismo guerrillas detrás de los palos, y 
compañías n las trincheras, sin haber tomado hasta 
aquella hora sino tragos de agua que le daban sus 
oficiales. 

Era el genio que incitaba á la batalla, como 
una irresistible fuerza de lo alto. 

DdíJarÍTÍ" XII. Los centralistas se paran á tomar aliento en 

pi " El Trapiche. En él instalan su Estado Mayor; y 

para aprovechar el tiempo, apresúranse los cirujanos 
á curar allí mismo algunos heridos. En el hospital de 
sangre hay ya cerca de cuatrocientos. Sesenta oficia- 
les están inutilizados. El numeroso y diligente cuer- 
po de sanidad no puede dar abasto á la tarea an- 
gustiosísima de ligar arterias, hacer amputaciones y 
curas de primera intención, excitados todos, cirujanos 
y heridos, por la sed, el olor de la pólvora, el humo 
y el estruendo de los gritos de ira y de las voces de 
pelea. 

Los muertos eran incontables. 

Mientras los centrales se reorganizan en el des- 
mantelado Trapiche, multiplícase Zamora en acti- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 421> 

vidad y talento. Ve con gusto que los enemigos se 
internen en el bosque, y que avancen sobre su segunda 
línea de trincheras. A este efecto dispone que las 
pequeñas barricadas sean sostenidas con pocos fuegos, 
y abandonadas en seguida, para irlos atrayendo 
á la segunda línea, donde debían quedar como en 
un cerco, todos muertos ó prisioneros. 

XIII. Apostó á Trías y á Aranguren con seiscien- JfSEÍSah 1 
tos hombres en el cañaveral que se extendía entre el 
camino real y el río, para impedir que los centralis- 
tas le flanquearan sus posiciones ; como lo intentaron 
tres veces más. 

En el Trapiche y en este cañaveral fue dmde 
se peleó con más encarnizamiento. 

Pasaron las cosas como -Zamora las había pre- 
parado. 

Los centralistas, orgullosos de haber tomado E! 
Trapiche, y creyendo ya asir la victoria, porque 
ignoraban por completo las líneas de defensa de 
Zamora, avanzan aún sin beber ni comer, á asaltar 
el segundo orden de fortificaciones. Con la segunda 
División va ahora la Brigada Oberto, del Coman- 
dante Rubín. 

Los federales, en obedecimiento á la orden de 

Zamora, pelean un rato, dejan las posiciones, 

y con escasas pérdidas vana reforzar las que están 
más adentro. 

Así van entrando engañados los enemigos de 
la Federación en el corazón de la montaña, hasta 
que pisan el lomo de perro, donde los esperan bata- 
lladores invencibles. 

XIV. La lucha toma aquí mayores proporciones, l» trinchen 
pues la División Pérez Arroyo, reforzada con tropas 



430 DOCTOR L. VILLANUEVA 

frescas de las reservas, porfía en tomar á viva fuerza 
la inexpugnable trinchera del ángulo de El Mar- 
tillo, defendida por Petit, y bien apoyada en sus 
costados por las dos en que se hallaban Chaquert 
y Vásquez, Amador Armas, Bruzual y Eseobar, Ro- 
gerio Freytes y gran número de hombres de armas, 
decididos á resistir hasta el último aliento. 

El choque fue, como debía ser entre gente 
heroica, estupendo y horrible. Unos á otros qui- 
tábanse la vida aquellos combatientes, como si fue- 
ran de crueles razas ene ni gas, cuando en su ma- 
yor número eran conocidos, amigos, condiscípulos, 
y aun parientes, hijos de una misma patria, que 
los llorará por siempre, á todos, heridos ó muertos, 
con igual dolor. 

No era posible á los centralistas adelantar un 
paso, porque las descargas de los federales eran tan 
apretadas y certeras por el frente y los flancos, que 
las compañías casi en totalidad caían destrozadas 
unas sobre otras, apilándole los heridos y los muer- 
tos en el lomo de perro, y en los pantanos laterales 
del camino. 

Una pieza colocada en medio del callejón, no 
cesaba de disparar balas y metralla contra aquellos 
inconmovibles parapetos, formados de gruesos tron- 
cos, duros como el hierro, y que diez años pasados 
vimos intactos. 

Rubín iba ahora en vanguardia, invulnerable, 
magnífico de arrogancia, como si tuviera la virtud 
mágica de espantar la muerte con su voz y sus terri- 
bles golpes. 

át Z uZL¡úll ^- ^ue entonces cuando Zamora pasó de la 
á u ofensiva, defensiva á la ofensiva, abriendo al efecto el ejército 



YIDA DEL GENERAL ZAMORA 431 

en dos alas, y lanzándolas impetuosamente sobre los 
costados del enemigo para cortarlo, al mismo tiempo 
que lo acribillaba de^ frente desde las trincheras con 
una inacabable tempestad de luego. 

Serían las cuatro de la tarde. 

Aquel torbellino mortífero de rayos y de estruen- 
dos en un bosque de sombras, que se estremecía 
con las detonaciones de las armas, los movimientos 
de las tropas, y el despedazamiento de los árboles, 
parecía una de esas súbitas catástrofes de la natu- 
raleza, que llevan consigo la desolación y el es- 
panto. 

La brega duró más de dos horas, sin que pu- 
dieran los centrales romper las filas liberales, ni 
ganar un palmo de terreno, á pesar de los es- 
fuerzos de Rnmos, de Casas, de Rubín, de Mene- 
are, Prada, Figueroa, .Oberto, Félix M? Moreno, Es- 
pelozín, José Ignacio Mijares, de las acometidas de 
su valentísima oficialidad, y del fuego horroroso de 
aquella tropa impertérrita,* veterana, sufrida y obe- 
diente. 

Intentaron algunos Jefes flanquear estos baluar- 
tes, como lo habían hecho con El Trapiche ; pero 
lo que obtuvieron fue extraviarse en el laberinto 
de trincheras, zanjas, y fangales, y quedar pri- 
sioneros en manos de los federales. Tal sucedió 
al Coronel Illas, que peleaba al frente de la Brigada 
de reserva de la División de Coro. 

XVI. Oficiales y soldados con las piernas que- litfMttBUi 
bradas, apenas si podían arrastrarse por los barrizales 2¡T centrtht " 
para abrigarse á orillas del camino. Otros se abrazaban 
con los árboles, para no caer precipitados en los tem- 
bladares. Y muchos exhalaron el último suspiro bajo 
las ruedas de los cañones. * 



432 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Caen heridos los Comandantes Espelozín y 
Oberto, los Capitanes Pulido, Manrique, Fagúndez y 
Manuel Ramírez, y veinte Capitanes más de las dos 
primeras Divisiones. 

La ultima pieza quedó sola en medio del camino, 
porque todos los artilleros yacían por tierra, ha- 
biéndose empeñado con este motivo una lucha obs- 
tinada entre los liberales, por llevársela, y los cen- 
tralistas, por no dejársela quitar ; quedando al fin 
en poder de estos últimos, que lograron enlazarla 
con una soga y arrastrarla á su campamento. 

Cuando desaparecían las filas de adelante, arrojá- 
banse á la trinchera las segundas, ensoberbecidas por 
la vocería de los oficiales, los toques de avance y el 
deseo de la victoria. 

Zamv ra los habría hecho matar á todos, á no 
haber acudido la noche, como una Divinidad piadosa, 
á atajar aquella obra de devastación. 

se suspendan XVII. Empezó á oscurecer. 

lot fuegoi. 

Las cornetas mandaron cesar el fuego. 

Un trueno sordo, inmenso, aterrador, fue la últi- 
ma explosión de las armas. 

Después, un silencio tétrico llenó el bosque. 

Las tropas centralistas, rendidas de sed y de 
fatiga, se echaron en el suelo; y apenas si los oficiales 
se medio incorporaban, cuando sentían algún siniestro 
ruido por la selva, de animales ó de soldados dispersos. 

Las opacas claridades de la luna, medio alum- 
brando aquel campo de muerte, al través de las ramas* 
de los árboles, oprimían de honda tristeza aún las al- 
mas más endurecidas, 
zamortinui. XVIII. Zamora tuvo la intención de salir de la 

U cortar al ene- i / i • i 

mi **< montaña por una pica que mando abrir, y correr con la 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 433T 

caballería á cortar á los enemigos por Maporal ; pero 
cuando sus soldados empezaron A romper el monte, se 
apercibieron de que g§nte contraria venía abriendo otra 
por la misma vía. Dispuso entonces que Bruzual se- 
fuera internando por entre las matas, y que al sen- 
tirla cerca le hiciera una descarga. Eso mismo 
pasó & poco. La guerrilla centralista se disperso, sil* 
que nunca más volviera por aquel lado. 

Pero los del Gobierno por su parte supieron ai 
anochecer que zapadores de Zamora abrían la mis- 
ma i'i otra pica ; y entonces fué cuando temerosos, de 
ser cortados dispusieron emprender la retirada. 

XIX. A media noche se dio en voz baja te orden 11 
de contramarcha r, vista la imposibilidad de tomarlos 
atrincheramientos; y para ocultar esta operación, 
mandó Ramos revivir otra vez los fuegos en el lomo 
de perro. 

Empezó el movimiento hacia atrás. De cincuen- 
ta á sesenta Jefes y oficiales heridos, fueron sacados 
en hamacas: más de doscientos iban á caballo ó á 
pie ; los demás que no pudieron marchar fueron deja- 
dos en la selva. 

El ejército no había comido, porque el gana- 
do se desgaritó desde temprano, y nadie pensó ei> 
preparar las raciones para el día. Por otra parte r 
Ramos y Casas lograron en la noche tener noticias- 
ciertas de que detrás de aquellas trincheras había otra 
línea, aun más difícil de tomar; por lo cual un nuevt* 
ataque tenía que ser considerado como una injustifi- 
cada temeridad. 

FA ejército conservador estaba reducido á la mi- 
tad, pues quedaban en el campo más de quinientos 
muertos y como trescientos heridos. 

28 



434 DOCTOR L. VILLANUEVA 

El Doctor Vicente Amengual dejó escrito en un 
documento oficial, que la batalla de Santa Inés duró 
hasta las doce de la noche, y que las tropas del Go- 
bierno se retiraron porque el enemigo estaba atrin- 
cherado y no era posible flanquear la montana donde 
estaba fortificado: que ignoraba la pérdida sufrida 
por el ejército federal en la montaña, pero sí era 
un hecho que el Gobierno había perdido de seis 
á setecientos hombres entre muertos, heridos y dis- 
persos. 

En otro del Doctor P. E. Morales, se dice que 
la pérdida del ejército del Gobierno fue como de mil 
jiombres. 

Trías fue quien avisó á Zamora la marcha 
<en retirada, y er. el momento se emprendió la per 
isecución. 

Zamora se puso á la cabeza de la caballería, y 
Falcó n tomó á su cargo los infantes. 

Ramos confió á Rubín la retaguardia con las 
columnas menos fatigadas, para que hiciera frente al 
ejército federal, que sin duda los perseguiría, así 
como se enterara de su marcha de retroceso. 

LLaT.imm. XX. En efecto : Zamora voló sobre ellos como 

un numida, y los alcanzó en La Palma con sus es- 
cuadrones. Rubín hizo cara; y en el acto se trabó 
una refriega encarnizada entre los lanceros del uno y 
los infantes del otro. 

Mientras se sostiene el choque, Zamora los 
envuelve con unos escuadrones, y hace desfilar otros 
por la izquierda, con soldados de infantería á la 
grupa para cortarlos en el monte del Bostero. 

Era pintoresco ver galopar por la sabana la ca- 
ballería federal, con sus pabellones amarillos batí- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 435 

«dos por el viento, con Zamora á la cabeza, que 
¿i t urdí a á los enemigos, y movía las pasiones de los 
suyos, con sus incesantes toques de clarín, dados por 
él mismo. 

XXL Sofocados por el polvo, y acosados por la ei n»»t«r*~ 
.sed, llegaron los centralistas al montecillo mencionado, 
«donde estaba ya Zamora con los infantes que había 
apeado; y allí los detuvo, mientras llegaban las co- 
lumnas de Trías, Calderón y Aranguren. 

Vuelve Rubín á hacer frente á los federales, 
y á sus gritos de pelea renuévase el combate. 

Mátanle el caballo ; y continúa defendiéndose 
-á pie largo trecho, hasta que le traen otro. Los 
heridos que pueden marchar se ponen adelante. A 
-otros se les , abandona por el camino, condenados 
á morir á la intemperie, de hambre, de sed y crue- 
les dolores. 

En este encuentro perdieron los del Gobierno 
-como 200 hombres, muchas armas y pertrechos. El 
■General Ramos es herido. 

Metieses cae prisionero ; y al verle Zamora le 
-dice: Maestro, esto no estaba en sus matemáticas. 
Trátale con bondad, le hace, dar una bestia, y lo 
recomienda á sus Edecanes. 

Allí murieron, entre otros, Figueroa \ el artillero 
Velásquez. 

Mijares recibió una herida mortal, pero llegó 
4iún vivo á Barinas, donde al fin espiró. 

XXII. Del Bostero continúan la retirada á Ma- ■•h»l 
poral, bajo el sol abrasador del medio día, al pasi- 
trote, sin comer ni beber: y con la persuación de 
que no podía llegarse á Barinas sino disputando el 
terreno palmo á palmo. 



43ti DOCTOR L. VILLANUEVA 

Pero en el Maporal está ya otra vez Zamora por 
vanguardia, con sus caballos y sus infantes á la» 
ancas. 

Como los árabes, es Zamora el hombre de hierro 
que resiste el sol, descubierta la cabeza; corre por 
el desierto entre ráfagas ardientes ; con botas 6 
descalzo se mete por los espinares; y puesto á ca- 
ballo, siempre delante del enemigo, con su aterra- 
dor clarín, es como una sombra armada que des- 
pierta á su voluntad las tormentas de la guerra. 

El estrépito de las cornetas y del fuego reco- 
mienza simultáneamente por el frente, flancos y re- 
taguardia. 

Era que el General Falcón había llegado con el 
grueso del ejército y daba una carga asombrosa, que 
Rubín y Casas, al frente de sus batallones, resis- 
ten con firmeza admirable, hasta que todo el ejér- 
cito, con sus bagajes y el parque, pudo entrar en 
el pueblo de Toruno, abrigados ya todos de las som- 
bras de la noche En El Bostero quedó prisionero, 
entre otros, el Comandante Carrera. 

Allí perecieron muchos más. Al Capitán José 
María Ramos le quiebran las piernas de un balazo: y 
algunos Cuerpos emprenden dispersarse para no tocar 
en Barinas. 

La derrota era inminente; y para poder salvar 
el ejército se determinó seguir sin dilación á Barinas, 
que distaba cuatro leguas. 

Marchan íoda la noche. 

XXIII. Antes de amanecer paran su retaguardia 

Uroníy Puní* . . 

torda. <>n Caroiu cuando ya los heridos, el parque y la impe- 
dimenta estaban en sa'vo. Allí dan frente al Ge- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 437 

ueral Zamora, y continúan batiéndose, hasta Flor 
Amarilla ó Punta Gorda, ya cerca de la ciudad. 

Cuando llegaron á ésta en la madrugada del 
12, tenían cuarenta v ocho homs sin comer. Al^u- 
nos infelices soldados enloquecieron en la travesía 
por el sol y la sed* 

Era el mes de diciembre, en que las sabanas están 
secas v áridas, cubiertas de terronales á manera de 
piedras puntiagudas, que maltratan á los hombres 
y á las bestias, hasta despearlos y rendirlos de 
fatiga. 

Cuando los oficiales excitaban k los soldados á 
marchar ligero, estos desgraciados les enseñaban los 
pies chorreando sangre. 

De Santa Inés á Barí ñas se libran, pues, cinco 
acciones en un día y una noche, á saber : Bostero, 
Maporal, Toruno, Caroní y Punta Gorda. En tan 
sostenida persecución perdieron mucha tropa, algunos 
Jefes, fusiles y parte de sus pertrechos, banderas 
y equipajes. Entraron en Barí ñas con trescientos 
heridos. 

XXIV. Trece días se quedaron los conservadores uM . ■ .. 

1 sitio de Birl- 

en este lugar, procurando reponer sus pérdidas. Pero M8# 

cortadas sus comunicaciones por todas las vías, no lo- 
graron hacer venir á sí tropas de ninguna parte (1) 

Las de Mérida y. Trujillo, en número de dos- 

1 República de Venezuela. — Jefatura del r-yército de Occiden- 
te. — Cuartel General en Barinas á 12 de diciembre de 185». 

J&efior Comandante Manuel Herrera. 

Este ejército, que intentó ocupará Santa Inés, muy defendido 
por el enemigo, en una posición poderosísima, ha tenido que venir 
en retirada á fortificarse en esta plaza; pero como dentro de poco 
kc espera que estará sitiado por la facción, se vendrá usted en el 
acto con toda su fuerza á reforzarnos, haciéndose reconocer con- 
venientemente al eutrar. Venga volando, volando. 

Hoy de usted atento servidor, 

El General. — P. E. liamos. 



438 DOCTOR L. VILLANUEVA 

cientos hombre?, que iban sobre la ciudad ai mando 
del Comandante Baptista, se revolvieron de Barí ñas- 
la vieja, por haber sabido, de sus corredores, que en 
Parángula, punto medio entre Barinas y Barinitas r 
había ya apostadas fuerzas federales. 

El Comandante Manuel Herrera, que había que- 
dado de guarnición en Guanare, levantó los trescien- 
tas hombres que mandaba, desocupó la plaza, y tomó* 
el camino de Botonó, pira ir á incorporarse por Ba- 
rinitas al ejército: lo cual tampoco pudo hacer, y fue 
á parar á Trujillo. 

Como los enemigos no quisieron aceptar la ba- 
talla campal, en la sabana, á que los convidó Zamora, 
el día que allí llegaron, empezó éste á dictar provi- 
dencias para rendirlos por hambre, ya que no querían 
salir á batirse, ni entrar en arreglos de capitulación. 

El General Falcón se acampó con su Estado Ma- 
yor en el banco de sabana, dicho Flor Amarilla, á la 
izquierda de la entrada en la ciudad. En una mata 
enfrente se instaló la Prevención: y allí fueron amon- 
tonados los prisioneros. 

orden General XXV. El 16 se expidió por el Estado Mayor Ge- 

4eZa»ort. '. l 

neral la siguiente orden general : 

ORDEN GENERAL DE 1(> DE D1CIE3IBRE DB 18,19.— EN 
EL CAMPAMENTO FRENTE A LA CIUDAD DE BARINAS. 



El Valiente ciudadano General Ezequikl Zamora, ha 
acordado en esta fecha, por el órgano de este Estado Ma- 
yor General, publicar en la orden general de hoy la 
resolución 8iguiente : Considerando que son acreedores á 
la recompensa nacional aquellos Jefes, oficiales y tropas 
que han ocupado sus puestos con dignidad en la función 
de armas que tuvo lugar el día diez de diciembre en Santa 
Inés; cuyo triunfo han obtenido las armas Federales so- 
bre los enemigos de la Patria, 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 439 
DECRETO : 

1? Se les concede el ascenso inmediato á su carre- 
ra, desde la clase de cabos, hasta la de Generales, á lo» 
oficiales y Jefes que se encontraron en dicha acción y 
á los cuales se les expedirán en su oportunidad sus res- 
pectivos títulos. — 2? El soldado que haya sobresalido en 
la predicha acción de Santa Inés, por un hecho distin- 
guido de valor, tendrá el premio que merezca, previo el 
informe del Jefe bajo cuyas órdenes se encontraba comba- 
tiendo. — Publíquese esta resolución en la orden general 
de hoy, para que se les guarden á los agraciados los 
fueros y honores qne les corresponden. 

El General Jefe. 

W. Catado. 
Es copia. 

Casado. 

Ba riñas quedo en consecuencia sitiado : singa- 
nados ni mantenimientos de ninguna especie: sin 
más agua que la de una acequia, porque el río estaba 
bajo las armas de los sitiadores: sin pastos para las 
bestias: y con enfermos en número extraordinario, 
cuyo hacinamiento produjo á poco en el ejército fie- 
bres y disenterías. 

En tan conflictiva situación, reuniéronse en junta 
de guerra los Jefes principales, y determinaron, oído 
el dictamen del General en Jefe, retirarse á Mérida 
por Pedraza, porque el camino de Barinitas estaba 
ocupado por fuerzas federales y no creían fácil el paso 
á Guanare, Araurey San Carlos. 

XXVI. Reducidos ya á mil y pico de soldados, Pe buIbm • 
salieron al fin de Barinas el 24 de diciembre, entre t0r010# 
once y doce de la noche. Zamora, informado de esta 
marcha por algunos liberales de la ciudad, levantó el 
ejército en la madrugada, y corrió en su seguimiento 
en la dirección que indicaban los prácticos de la sa- 
bana, Id cual era por Aranjuez hacia Mérida. 

9 

Amanecieron sobre el pueblito del Corozo, que 



roao. 



440 DOCTOR L. VILLANUEVA 

alcanzaron á ver embanderado de amarillo. Antes 
de Hogar á él, sintieron tiros por retaguardia ; y otros 
-en el mismo poblado; habiéndose sabido después que 
■eran para echar unos rezagados que saqueaban casas 
y habían abierto la iglesia, y tirado á la calle las 
imágenos del altar del Nacimiento. 

Los centralistas lo dejaron á un lado: pasaron 
una quebrada ó riachuelo que corre al Suroeste; y 
señorearon la sabana en cuyo fondo se alza un cha- 
parral sobre una colina. 

En esta eminencia sentó su campo el General 
Ramos con la mayor parte de su ejército. 

XXVII. Rubín siempre en retaguardia, se paró 
en la mitad de la sabana; y dos columnassuyas, al man- 
ado de Villapol y Mariano Michelena, quedaron más 
Atrás defendiendo el paso de la quebrada. 

En ol ala derecha se formó en batalla la Brigada 
Caracas. En la izquierda otros Cuerpos. 

A los primeros tiros de los federales, volvió 
cara Rubín, y los contestó denodadamente con toda 
su fusilería. Empero, rodeado de enemigos, y que- 
riendo sostenerse en aquel paraje, pidió refuerzos; á 
lo cual contestó ol Coronel Casas ordenándole que 
se recogiera á la altma. 

Rubín emprendió este movimiento con orden 
gallardo, dando fr» nte al enemigo, y tendidas las 
banderas. 

Entóneos fue cuando se formalizó la batalla 
en todo el campo. El Ejército federal embistió á 
los centrales con arrogancia, pretendiendo romper 
aquellas compactas y aguerridas masas que parecían 
resueltas á defender sus posiciones. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 441 

La acción del Corozo se' divide en dos pe- 
ríodos. 

En el primero se sostiene Rubín en la sabana 
y se repliega en seguida, como hemos dicho, al monte- 
cilio donde estaban situados Ramos y Casas. 

El Ejército se desorganizó un poco Cwii este 
movimiento, pero restablecida la formación, se puso 
en orden de batalla. En este instante puede decirse 
que fue cuando comenzó la segunda jomada. 

Los federales atacaron la altura con su natural 
arrojo ; y aunque lo hicieron con furor, fueron arro- 
llados sobre la sabana, porque se les agotó el pertre- 
cho En tal situación, el General Faleón que e* f iba 
atento en el ala derecha á todas las peripecias del 
combate, viendo envuelto á Calderón y Aranguren, 
tomó un escuadrón, y atronó el campo con estas 
palabras que se han hecho célebres: u síf/anme los 
que quieran ver uv hombre f/uapo. Siguiéronle Guz- 
mán Blanco, Luis Level de Goda, el General José 
María García, llamado El Indio, el Coronel Franco 
y algunos otros oficiales. 

Arremete valientemente sobre el ala izquierda, 
donde la brigada Caracas, al verlo ir sobre ella, 
hincó la rodilla en tierra, acribilló sus jinetes á 
plomo, y los esperó en las puntas de las bayonetas. 

Faleón saluda con el sable á los contrarios, 
que le contestan con la misma bizarría, y enfure- 
cido les cae á machetazos dentro de sus mismas filas. 
Pero éstas eran inconmovibles. 

Una y otra vez vuelve contra aquella muralla 
de hierro, y una y otra vez lo contrarrestan con 
una lluvia de fuego. Estaba sublime de entusiasmo 
y de valor. 



442 DOCTOR L. V1LLANUEVA 

Las columnas federales iban entrando en la 
sabana á banderas desplegadas, maniobrando como 
tropas regulares y aguerridas : pero no pudiendo dar 
un paso adelante por falta de municiones, se reple- 
gaban sobre la quebrada. 

En medio de la pelea encuentranse Falcón y 
Zamora, habíanse, y conciertan un nuevo plan de 
ataque. 

Sepáranse: Falcón parte á reconcentrar las 
infanterías para un asalto general, mientras Zamora 
carga al enemigo personalmente con todos los caballos, 
á fin de dar tiempo á que lleguen su parque y sus 
reservas, que venían volando por el camino de Ba- 
rí ñas. 

Los conservadores se habían reaccionado : ba- 
rrían la sabana con un fuego vivísimo: cogían pri- 
sioneros, y arrollaban á los federales. Es un hecho 
que las columnas remolineaban, porque no tenían 
pertrechos Falcón recorría el campo, rugiendo 
como un león. Casas comprendió que el enemigo 
estaba quebrantado en sus posiciones, y en trance 
de una derrota. Lo dice á Ramos. Sus mejores 
tácticos, entre los que se distinguía Lino Revenga, 
ven claro el desastre de los liberales, y aconsejan 
lanzar sobre ellos todos los batallones, y perseguirlos 
para conquistar una victoria, y restablecer la cam- 
paña. Se dan disposiciones de que vuelen al campo 
los Cuerpos de Villapol y Mariano Michelena, que es- 
taban apostados en el río, y al nrjmento acuden estos 
al conflicto. 

Pero la orden de avanzar tué combatida por 
Rubín, quien opinó que aquella retirada era un mo- 
vimiento falso de Zamora, para envolverlos y llevar- 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 443 

» 

los á alguna otra emboscada como la de Santa Inés. 

XXVIII. Mientras estos Generales deliberan, du^siEZE 
Zamora, que se veía perdido porque no llegaba su par- 
que, adivinó la intención de Casas ; y entonces, arre- 
batado de inspiración bélica, como solía en sus gran- 
des peligros, idea contenerlos á todo trance, y pega 
fuego á la sabana para interponer un mar de llamas 
entre los dos ejércitos. 

Mientras tanto llegaría Amador Armas con el 
parque, y se tomaría la ofensiva. 

El efecto de aquel incendio fue horrendo. 

Sobrecogiéronse dé espanto todas las almas, aun 
las más impávidas. 

La sabana, tostada, como se ponen las hierbas 
y matorrales de Los Llanos en los meses de verano,, 
ardió por todas partes en un instante. 

Las llamas se levantaban como olas con un zum- 
bido pavoroso. 

El humo en una nube espesa y caliente obs- 
curecía el campo, y envolvía y ahogaba á los com- 
batientes, de los cuales unos corrían desalados á la« 
altura y otros á la quebrada. 

Los caballos relinchaban y brincaban por en- 
cima de las candeladas, á tiempo que los heridos,, 
sintiéndose quemar vivos, lanzaban lamentos dolo- 
rosísimos pidiendo piedad á los hombres y á Dios v 
para que los libertaran de morir en aquel atroz, 
suplicio, que parecía evocado del fondo del infierno. 

La ceniza levantada por el viento como en los 
huracanes plutónicos, no dejaba ver nada. Amigos- 
y enemigos se asaban en las mismas brasas, entre 
detonaciones de armas de Fuego y cargas de pertre- 
cho regadas por el campo. 



444 DOCTOR L. VILLANUEVA 

Cuando se acabó el incendio todavía se peleó 
para disputar el agua de la quebrada y de un pozo 
vecino, porque unos y otros estaban devorados por 
la sed. Muchos murieron por buscar un trago de 
agua. 

Los dos ejércitos, ensoberbecidos, volvieron á 
mirarse como dos gladiadores que no se tenían 
miedo. 

La mortandad había sido inmensa. Allí rindió 
la vida el benemérito Franco. El Coronel Cases fué 
herido: y de los liberales entre otros, el Comandante 
Luis Level de Goda, y el Coronel R. David Henrí- 
quez, Jefe de Estado Mayor de Aranguren. 

El Comandante Benigno Rivas quedó prisionero 
en manos del Coronel Rafael Márquez, Jefe de Es- 
tado Mavor de Trías. 

Perdido por los centralistas el momento psi- 
cológico de la batalla, el momento decisivo que un 
Zamora oligarca hubiera aprovechado para encade, 
nar la victoria, tuvieron que seguir su retirada á 
Curbatí, entre las cuatro y cinco de la tarde. 

El Corozo es la más completa batalla campal 
de la campana de Zamora en 1859. 

Zamora, como un genio creador de tempes- 
tades, atraviesa en su caballo de batalla por aquel 
lastimoso cuadro de desolación, de ruinas y de muer- 
te. Conmuévese su corazón de guerrero; pero él 
sabe comprimirlo pora no pensar sino en el exter- 
minio de sus enemigos. 

Su voz, como trompa de devastación, resuena 
en los oídos de los oligarcas, desde El Corozo hasta 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 445 

Caracas, como la señal agorera de haber llegado el 
día final de su dominación. 

XXIX. El grande ejército de la oligarquía, es- D«M«tr© 
taba casi despedazado. Sus reliquias iban á quedar 
prisioneras el día siguiente en Curbatí. 

En efecto: Ramos pasó esa tarde el río de 
este nombre, y pernoctó del otro lado. Por la 
noche Zamora no intentó nada contra ellos, ocupado 
en rehacer sus fuerzas para despertarlos en la ma- 
drugada con las descargas de sus fusileros. 

Muy temprano se tirotearon las avanzadas En 
la plazoleta del pueblo dieron un balazo en la ca- 
beza al Comandante Prada, que lo dejó sin vida ; 
era éste, Jefe de mérito notable. 

El ejército llevaba la vía de Pedraza, pero el 
falso informe de unas mujeres, diciendo que Zamora 
había pasado en la noche por allí con su ejército, y 
que estaba rnás adelante, hizo suspender la marcha 
por aquella vía, y tomar la de Mucuchíes. 

Reunióse un Consejo de Guerra para deliberar. 

Casas opinó por dar una batalla final á los fede- 
rales, y jugarlo todo en aquel punto. La posición 
era buena, y aún conservaban algunas tropas, bastante 
parque y el ánimo alzado. 

El dijo : Si emprendemos la retirada por esa 
montaña^ pereceremos todos miserablemente. 

— Si damos aquí, una batalla, moriremos tal vez y 
pero con gloria. 

Su opinión fue desechada. 
Se emprendió la fatal marcha. 

El camino era angosto y peñascoso: ácada paso 
serpenteaba una vertiente. 



446 DOCTOR L. VILLANTJEVA 

El río daba vueltas por el camino : y Zamora, 
más práctico, tiraba su gente por entre las curvas, y á 
•cada momento les salía por delante haciéndoles fuego. 

En una de esas vueltas fue sorprendido Rubín, y 
tuvo que sostener un combate cuerpo á cuerpo, en 
que perdió el sable. De allí á poco se extraviaron 
del camino, y se encontraron de repente en un bos- 
que oscuio atravesado de bejucos inmensos, en que 
algunos quedaron ahorcados. 

En otra vuelta. hicieron el último esfuerzo por 
salvar los restos del parque ; pero allí lo perdieron 
iodo. 

Ue este sitio en adelante el desastre fue general 
y completo. Las tí opas se desbandaron. 

Rubín se salvó en un monte donde un indio, a 
quien halagó con unas onzas de oro, le dio de comer, 
y le mantuvo oculto por varios días. 

Casas, con Mariano Michelena y C. Hernaiz, 
se extravió entre las matas por varias horas; y oía las 
voces claras y distintas de sus perseguidores. 

Con su natural sangre fría, montó su revólver, 
resuelto á levantarse la tapa de los sesos, antes que 
dejarse vejar. 

Por su buena suerte los vencedores no dieron 
con ellos, y entonces pudieron seguir por la montaña, 
aunque medio muertos de trabajos y miserias. 

Ramos es conducido en hamaca por el camino 
fragosísimo de Curbatí á la villa de Mucuchíes, 
adonde llegó, luego de tramontadas ásperas montañas 
y un páramo, la noche del 28, con los pocos Jefes, 
oficiales y soldados que le quedaban, todos á pie, 
desnudos y extenuados de hambre. 



VIDA DEL GENERAL ZAMOEA 447 

Muchos dispersos tomaron el camino de Tru- 
jillo. 

XXX. La situación pasada al Gobierno por el w I 5gí¡5 to . 
Estado Mayor General, fechada á 5 de enero en Ma- 
rida, daba por total del Ejército doscientos ochenta 
y siete soldados de fuerza disponible, con un depó- 
sito de cinco Comandantes y die:-* y siete Capita- 
nes, veintisiete Tenientes y diez y siete Sub-tenientes. 

El 28 se leyó en Curbatí á las tropas federales 
la proclama del General Falcón que reproducimos en 
seguida: 

JUAN 0. FALCÓN, 

GFNERAL EX JEFE DE LOS EJÉRCITOS FEDERALES, 

Al Oran Ejército de Occidente. 

Compañero» de armas ! Un recuerdo ante todo y una 
lágrima sobre la tumba de nuestros hermanos que lian 
sucumbido gloriosamente. Hemos terminado la presente 
jornada. El diez de diciembre es una techa clásica en 
los fastos de la revolución. El campo de Santa Inés y, 
como corolarios suyos, los de La Sabana, El Corozo y 
Curbatí, esos sepulcros del ostentoso ejército, el más nu- 
meroso de cuantos se han organizado contra la Federa- 
ción, quedan inmortalizados por vuestro heroísmo. Cinco 
mil hombres han desaparecido como una sombra ante 
vuestra pujanza. 

Guerreros! Me siento orgulloso de hallarme á vues- 
tro frente. Bravos eu el combate, magnánimos después 
de la victoria, habéis conquistado el doble laurel de va- 
lientes y humanos. Así se conducen los guerreros hijos 
de la libertad, así acojen al vencido, como lo habéis acoji- 
do vosotros, con abrazos y enternecimientos fraternales. 

Que el Dios de la paz, presida desde hoy nuestra 
marcha triunfal ! Elevémosle nuestras preces fervorosas 
para que inspire á los enemigos de la causa popular 
el convencimiento de la esterilidad de sus esfuerzos ; 
y que nueva sangre no se derrame para dar cima á la 
obra de civilización que hemos emprendido. Pero si fue- 
re necesario, aceptemos el doloroso sacrificio : combata- 
mos, triunfemos, que luego nos dedicaremos con el mibino 
tesón, á curar las heridas de la Patria de todos. 

Compañeros ! La libertad es nuestra diosa, la frater- 



448 DOCTOR L. VILLANUEVA 

nidad es nuestra divisa. Ese culto y esa ensena vamos 
á fijarlas en breve sobre las cimas del Avila! Marche- 
mos á la gloría! 

Dada en el Cuartel general en Ourbatí de Barínas, 
á 28 de diciembre de 1859, Año 1? de la Federación. — 
Juan C. Falcó*. 



rrltlonerot, XXXI. JEFES Y OFICIALES HERIDOS Ó PRISIONEROS EN 
keridos y muer- 
to* del ejército LOS COMBATES DESDE S AMAINES HASTA CURBATI 
centralista. 



General Pedro E. Ramos, herido. 

Coroneles: 

Manuel Y. de las Casas, herido ; Julián Ramos, pri- 
sionero; Juan José Jilas, prisionero. 

Comanda ntcH : 

Francisco Miguel Pérez Arroyo, herido; Manuel Oberto, 
prisionero; Luis Ezpelosín, herido ; Manuel Narvarte, pri- 
sionero; Martín Davalillo, prisionero; Antonio M* Fernán- 
dez, Manuel Ortega é Ismael Melendres, heridos ; Manuel 
Ramírez, prisionero ; Manuel Paredes. José Antonio Tovar 
y Froiláa Flores, heridos; Miguel H. Betancourt, Benigno 
Rivas, Juan Ángel Betancourt y Lino J. Revenga, prisio- 
neros. 

Capitanas: 

Pedro Pérez y Jesús María Soriano, prisioneros ; José 
Antonio Pulido, Marcos Blanco, José María Giménez, Juau 
Oliveros, Rafael Romero, Javier Zavala, Ramón García, 
Agustín Fagííndez, Próspero Rey, Esteban Méndez, Fran- 
cisco Sosa, Manuel Travieso y Olegario Meneses, heridos; 
Pedro Curta», prisionero; Marco Aurelio Rivera, herido; 
Alejandro Marcusí, José Félix Cardozo, Vicente Petit, 
Pedro Freites y Orisanto Quintero, heridos. 

Ten ¡en ten : 

Enrique Manrique, prisionero ; Basilio Pacheco, Fran- 
cisco Tidaneta, Ramón Sutil, Leandro Berroterán, Juan 
José lbarra, Juan Pío Cofa, Clemente Pérez, Félix Chiri- 
no, Manuel Carrillo, Eusebio Espinoza, Francisco Espi- 
noza y Federico Landaeta, heridos. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 449 



Subtenientes : 



A. Primero, J alian Colmenares, Tomás Hernández y 
Jesús Avila, heridos. 

CONTUSOS 

Comandante Crnz Fernández; Capitán Astolfo Ra- 
mos ; Capitán Luis M. Díaz, prisionero ; Subteniente José 
María Aurrecochea. 

LISTA DE LOS JEFES Y OFICIALES MUERTOS 
EN LOS DIVERSOS COMBATES 

Coronel Antonio Jelambi. 

Comandantes : 

Camilo Prada, José I. Mejías, Alejandro Figueroa, Jo- 
sé Ángel Cardozo. 

Capitanes : 

Andrés Velasco., Natalio Blanco, Francisco Romero. 

Tenientes : 

Reyes Piñango, Manuel Pacheco, Julián Monjuí, José 
Eulogio García. 

Subtenientes : 

Manuel María Istíiriz, Genaro Bobadilla, Manuel Jimé- 
nez, Rafael Sáez. 

Faltan algunos oficiales heridos ó muertos cuyos nom- 
bres no se han podido obtener. 



XXXIÍ. República de Venezuela. — Estado Mayor General c©m«iiicmfMB 
del Ejército de Occidente. — Cuartel General en Mérida oficial ¿«i co- 
á 20 de enero de 1860. "iSiíE!* 11 

<¿ tierra 

Señor Secretorio de Estado en los Despachos de Guerra y 
Marina. 

Acuno á usted recibo de su nota oficial, fecha 9 del 
que cursa, dirigida á S. E. el General Comandante en 
Jefe del Ejército de Occidente, referente á la ausencia de 
noticias oficiales, en que estaba el Supremo Gobierno, del 
desastre de Santa Inés, y de los referidos combates que 
con posterioridad tuvo que sostener el Ejército con los 
facciosos, hasta aquella fecha en que se impuso V. S. de 
la llegada de S. S. el General á Mucuchíes y del propósito 
<le fijar su Cuartel General en esta ciudad. 

29 



^1 



450 DOCTOR L. VILLANUEVA 

La carencia de noticias oficiales se explica fácilmente 
por la completa incomunicación en que permaneció este 
Ejército durante trece días en la ciudad de Harinas, pues 
el enemigo, aprovechándose de la ventaja que le ofreciera 
su caballería y del conocimiento práctico del terreno que 
pisaba, cubrió todos los camiuos de guerrillas, que cerra- 
ban el paso á nuestros postas. Grandes esfuerzos hizo el 
que suscribe por llevar á conocimiento de usted aquellos 
funestos sucesos, cuya ignorancia podía traer á la República 
males de gran trascendencia, pero ellos fueron infructuo- 
sos ante el vigilante espionaje del enemigo y la encubierta 
hostilidad de los habitantes de aquella Capital. 

Bien comprendió S. S. el General, desde su arribo á 
esta provincia, que el enemigo, alentado por el triunfo ob- 
tenido sobre nuestro Ejército, y estimulado por la cretncia 
de que las provincias del centro se hallaban indefensas, 
trataría de caer de improviso sobre ellas, y aprovechándose 
del primer estupor que necesariamente debía producir en 
el ánimo de los defensores del Gobierno la nueva de un 
revés tan inesperado, dominándolas, generalizar en toda 
la República la revolución y amenazar seriamente la Ca- 
pital. 

En esta virtud se ocupó, sin perder instantes, y sin 
omitir paso alguno, en reorganizar el Ejército con el con- 
tingente de estas Provincias, y marchar á Barquisiuieto 
ó á otro punto que con más urgencia reclamara su pre- 
sencia : y como viera que el malestar de su salud le 
impedia emprender marcha inmediatamente, ordenó, con 
fecha i> de enero, que el Comándate Rubín, como uu Jefe 
caracterizado, se moviera hacia la provincia de Trujillo. 
donde debía organizar las fuerzas que existían allí y 
seguir para la de Barquisimeto á tomar el mando acci- 
dental de todas las fuerzas, hasta la incorporación del 
Cuartel General. Razones de otro género h:m obligado á 
S. S. á permanecer en esta Capital. De todo se ha da- 
do cuenta á usted oportunamente. 

Por lo expuesto verá usted que S. S. ha obrado en 
todo de acuerdo con los deseos del Supremo Gobierno 
y que usted manifiesta en su nota. 

S. S. de conformidad con las órdenes del Gobier- 
no, y con sus vehementes deseos, se moverá tan luego como 
se le proporcionen bagajes. 

El me ordena decir á usted para conocimiento de S. E. 
el Poder Ejecutivo, que es su propósito firme buscar y 
batir al enemigo y exterminar de un golpe una facción 
que está todavía en pie, para mengua del honor nacional 
y escándalo de la América. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 451 

Hoy misino se pone este Estado Mayor General en 
comunicaron con S. E. el General en Jefe del Ejército. 

Soy de usted atento servidor. 

El Coronel Jefe, 

Manuel Vicente de las Casas. (1 ) 

XXXIII. Mientras los restos centralistas se aca-¿f^JJ¡¡5J¡ 
ban d<3 disolver en Mérida, despojándose Ramos desu staClri0i ' 
Jefatura, para investir de ella al Comandante Ru- 
bín, y dispersándose los oficiales hacia Trujillo, 
Maracaiho y Táchira; el General Zamora, al revés, 
rehace su Ejército: levanta nuevas legiones con ar- 
mas del enemigo: y despidiéndose de aquellos cam- 
pos testigos de su gloria militar, emprende marcha 
triunfal á Barinas, á Guanare, á Araure, hasta 
San Carlos. 

El General Trías es nombrado Segundo Jefe 
del ejército de Occidente: y el Coronel Márquez se 
encarga de su División. Prudencio Vásquez va de 
Jefede Operaciones de Barquisimeto y Yaracuy : Mar- 
tín Segovia del Bajo Apure ; y el Coronel López de 
Barinitas. 

Los Estados de Barinas y Portuguesa qurdan bien 
organizados con Gobiernos de carácter civil y mi- 



(í) Scarún los informes que han dado varios oficiales del 
mismo Ejército, los facciosos tomaron un considerable nú- 
mero de pertrechos de los del Gobierno y la mayor parte del 
armamento ; y aunque es cierto que, á pesar de la ventajosí- 
sima posición que tenía la facción cuando fué atacada en Santa 
Inés, tuvo muchas bajas por heridos y muertos y que fué con- 
siderable el descalabro que sufriera en el Corozo, esa pérdida 
puede consideraTse repuesta por el frran número de prisioneros 
<iue hizo al Ejército en la retirada de Santa Inés y en la vía 
de Curbatí donde, ya en desorden las fuerzas del* Gobierno, 
fueron cortadas, y columnas enteras tuvieron que rendirse; por 
manera que la facción si no está más numerosa y mejor pertre- 
chada hoy, no puede decirse más débil que antes de ser ataca- 
da en Santa Inés ; y sí que el floridísimo Ejército del Gobier 
no desapareció. 

[Oficio del Gobernador de Metida al Ministro de Guerra 
y Marina.— Enero 23 de 1800]. 



452 DOCTOR L. VILLANUEVA 

litar, sin que en sus territorios se viera un solo* 
enemigo armado. 

La campaña que empezó Zamora el 22 de fe- 
brero en Coro, ha terminado en Ba riñas el 26 de 
diciembre con las más ruidosas, espléndidas y de- 
finitivas victorias. 

Es una obra de diez meses con diez v ocho ac- 

m 

ciónos de guerra, á saber: Boca del Yaracuy, El Pali- 
to, Araure, Barinas, San Lorenzo, Guanare, Bari- 
nitas, La Bellaca, El Hoyo, Santa Inés, La Pal- 
ma, Bostero, Maporal, Toruno, Caroní, Punta Gorda r 
Corozo y Curbatí; y dos sitios: el de Guanare y 
el de Barinas 

Ha formado una pléyade de Jefes y oficiales 
de mérito relevante, á quienes ha dado lecciones prác- 
ticas de estrategia y enseñado una táctica nueva. 

Ha constituido tres Provincias en Estados Fede- 
rales, y establecido en ellos las más libres y democrá- 
ticas instituciones. 

Ha luchado con Generales de justa reputación 
como Cordero, inteligentísimo y diestro: Silva, Sou- 
blette, Páez, Justo Bricefio, Ramón Escobar, An- 
drade, Brito, Domingo Hernández, Sagarzaiu, Re- 
bolledo, Ramos, Casas, Metieses, y otros igualmente 
esforzados y resueltos. 

El más poderoso ejército de la oligarquía está 
va destruido. 

m 

Del 10 al 26 de diciembre ha sido derrotarlo nue- 
ve veces, y sufrido un sitio de trece días. 

Empezó el combate de Santa Inés con tres mil 
hombres, y sólo llegaron á Mérida, desfallecidos y 
desnudos, de tres á cuatrocientos. 



VIDA DEL GENERAL ZAHORA 453 

Sus Jetes están heridos, prisioneros ó muertos. 
Banderas, armamento y parque, todo está en poder 
de los federalistas, quienes han agregado á su ejército 
como mil soldados prisioneros. 

Zam.ra ha sido coronado con el triunfo. 

Toda la Federación de Occidente corre á sus 
banderas; álzanse al cielo himnos en su honor ; y 
bajo arcos de laurel, desgájanse aquellas Provincias 
á la frontera de Cojedes, con fe ciega en el genio de 
este General, que no quiere para sí sino la gloria de 
haber sido el precursor del Caudillo de la Federa- 
ción, el soldado del pueblo, y la piedra angular de la 
paz y de la libertad. 

Ha gobernado discrecionalmente Estados popu- 
losos y ricos, y no tiene un céntimo en los bolsillos, 
equipaje ni ropa. 

Viste un sencillo uniforme militar de paño bur- 
do; lleva el kepis sobre el sombrero; y el sable pen- 
diente de una banda amarilla terciada al pecho. 

XXXIV. El 9 de enero lletra el ejército á las z*««ora©ns«» 

33 •' Carlos. 

cercanías de San Carlos, cuyos defensores, mandados 
por el Comandante Benito Figueredo, militar de honor, 
sabedores del desastre de Ramos, y entiendo ya sobre 
sí el oleaje del Ejército Federal, se preparan á reci- 
birlo en la plaza, debidamente fortificada. 

Al galope de su caballo va Zamora meditando el 
modo de rendir la plaza en veinticuatro horas, y de 
consagrar el triunfo de su causa, con la proclamación 
del Gobierno de la Federación en la plaza misma que 
va á conquistar. 

En la tarde y inche de aquel día convino con 
sus Jefes principales, y con el Doctor Guzmán Blan- 
co, nombrado últimamente Secretario suvo, en acia- 



454 DOCTOR L. VILLAJíUEVA 

mar al General Falcón, en San Carlos, Presiente 
Provisional de la República, para que procediese á 
nombrar su Ministerio y á organizar los Ejércitos Fe- 
derales. 

Edecanes suyos, como el honrado General Joa- 
quín Rodríguez Guerrero, nos han referido que esa 
noche, vivaqueando á las márgenes del hermoso río 
de San Carlos, dijo delante de todos sus Edecanes, y 
de varios Jefes, que el día siguiente, á las tres de la 
tarde, estaría tomada la plaza: y que inmediatamente 
se proclamaría al General Falcón Presidente Provi- 
sional por el pueblo y el Ejército; y se emprendería 
marcha á las Provincias del centro. 

En ejecución de este plan mandaría á Carahoho, 
según manifestó, oficiales muy prácticos de La Sierra, 
con orden de reconcentrar todos los federales alzados 
del Guárico, Carabobo y Aragua para marchar con 
todos ellos por Güigüe, Villa de Cura y La Victoria 
á la capital de la República. 

Era realmente una nueva campana, digna de su 
genio militar. (1) 

Amanece el 10 de enero. 

Cuando las dianas saludan la conmemoración del 



1 Ante» de saMr el Ejército de >raure, en Acarigua, hablé 
ron el General Falcón, y como su Auditor que era, tomé suh 
idean, y con ellas, en Agua Hlancn, esa misma noche, conferen- 
cié con el General Zamora, de qnien era yo Secretario Gene- 
ral. Al día seguiente, en el punto en que 'acampó el Ejercito; 
desde el mediodía basta las cuatro de la tarde, enteré al Gene- 
ral Falcón de que el General Zamora pensaba que en San Car- 
los, la población y el ejército, proclamarían á aquél Presidente 
en campaña, para que formase Ministerio y constituyera el Go- 
bierno Provisional ue la Federación y, en seguida, nombrase ¡i 
Zamora, General en Jefe de los Ejércitos Federales de la Re- 
pública. 

Tal como dejo dicho, quedó convenido, y es por tanto ca- 
lumnioso haber asegurado que alguna vez existiera riva'idad ni 
desacueido, entre el Magnánimo Falcón y el Valiente Ciudadano. 

"En defensa de la Causa Liberal." — (iuzmdu Manen. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 4fn> 

primer mes de la gran victoria de Santa Inés, ya Za- 
mora está á caballo ; pasa el río, y al galope entra por 
la calle principal de la ciudad, tremolando la bandera 
amarilla; no ya como un General, sableen mano, sino 
como el heraldo de su causa, como el hombre-pueblo 
á quien basta ya para rendir á sus últimos enemigos, 
no más que mostrarles el lábaro sagrado de la 
Patria, de la Patria magnánima que reconoce iguales 
hijos suyos á todos los venezolanos. 

Hay algo de misterioso, de fantástico, de ideal, 
en e?ta sorprendente entrada de Zamora por las ca- 
lles de San Carlos, soportando los fuegos de las trin- 
cheras, y dando vivas al Ejército, á Falcón y á su 
causa. 

De misterioso; porque parecía movido por una 
voluntad superior; como si Dios le hubiera tocado en 
el corazón, y señalado á los ojos de su espíritu el 
invisible, radiante mundo de la inmortalidad. 

De fantástico: porque recuerda la leyenda de 
aquel héroe antiguo, arrebatado al cielo en una tem- 
pestad. 

De ideal : porque la imaginación quiere ver en 
aquel acto de pasear la bandera alrededor de los 
muros de su ciudad-Gólgota, la ceremonia de culto y 
honor, para legarla en herencia al Partido Liberal, 
á manera de su paladión en la paz y en la guerra. 

Desmóntase en la plazoleta de la iglesia de 
San Juan, templo arruinado donde se dieron dos 
combates en la guerra de la Independencia ; sube 
á la torre para darse cuenta cabal del plan de de- 
fensa de los sitiados, y baja en seguida : y organiza 
una línea de ataque contra las fortificaciones para 
dar, pasado el medio día, según dicen, un asalto 



456 DOCTOR L. VILLANUEVA 

general al recinto de la plaza mayor donde, para 
esa hora, contaba tener reducido al enemigo. 

Muerte de za- XXXV. Precipítase Falcón sobre La Yaguara a 
* rora ' contener á Menéndez, que va de Valencia con 300 

hombres en auxilio de la plaza, en el momento mis- 
mo en que el ilustre Capitán, conducido por la Dei- 
dad de la pérfida fortuna, cae muerto de un balazo al 
pie de una fortificación .... 

Recibióle en sus brazos el General Guzmáu 
Blanco, y ayudado del General Pina le llevó fuera 
de la vista de los soldados, al aposento de una rasa 
vecina. (1). 

El General Falcón quedó atónito al darle G112- 
mán la noticia 

No es que la Revolución se derrumbara con 
la muerte de su caudil o militar ; sino que compren- 
dió el General Falcón que Dios quería someter el 
pueblo á nuevas pruebas, como para hacerlo más digno 
de su final victoria. 

El ángel de la gloria alzó del suelo los en- 
sangrentados laureles del héroe; tendió sus enlu- 
tadas alas por el espacio, y fué á posarlas sobre los 
verdes ramajes de la selva de Santa Inés ; bosque 
célebre por siempre, que el pueblo desde entonces 
reverencia como la tierra santa de los ideales de la 
Patria. 
Apoteosis de XXXVI Aquí termina la vida del héroe, v 

Zamora. * ' * 

empiezan los honores de su Apoteosis. 

El Partido Liberal bajo la administración del 

General Guzmán Blanco, exhumó sus restos en San 

Carlos y los guarda en el templo sacro de la fama : y 

le ha erigido estatua en una de las plazas de !a capital 
de la República. 



(1) La casa de la familia Acuüa. 



VIDA DEL GENERAL ZAMORA 4r>7 

Su retrato de cuerpo entero figura en el Pa- 
lacio Federal del Capitolio, entre los de los Padre» 
de la Patria; y la antigua Ba riñas lleva su nombre 
como timbre de gloria inmarcesible. 

Y en el presente tiempo, el señor General Ig- 
nacio Andrade, Presidente constitucional de los Es- 
tados Unidos de Venezuela, liberal de la escuela 
clásica, reverente á las glorias del Partido, y amigo 
augusto de los estudios de historia, decretó, en su 
calidad de Presidente del Estado Miranda, que se es- 
cribiera esta vida, y se explicara su trascendencia, de- 
purados y definidos los hechos, y averiguadas sus cau- 
sas bajo la más severa crítica de la razón inde- 
pendiente y libre; á fin de que las generaciones de 
•lo porvenir al entrar en la política, se modelen al 
ejemplo de la constancia, de la abnegación , de la 
honradez y virtud heroica con que Zamora reina 
y reinará siempre en los fastos de Venezuela; pueü 
la filosofía de la historia al derivar de los hechos 
las leyes generales del progreso y civilización de 
los pueblos ; nos enseña á buscar por medio de ellas 
en el organismo de las sociedades, las cauris de 
sus movimientos de descomposición y recomposición, 
con que renueva la Providencia sus elementos de» vida 
por profundas, y á veces cruentas y dolorosos purifi- 
caciones. 

Expuestos así al estudio del pueblo de Venezuela 
el carácter y los hechos de este Grande Hombre, 
restaños sólo desear que se le imite en su patriotismo: 
los militares con la espada; y los civiles con la 
propaganda de la doctrina liberal; por medio déla 
palabra, de la pluma y del ejemplo. 



APÉNDICE 



PIEZAS DEL PROCESO 

EN' EL JUICIO CRIMINAL 

CONTRA EZEQUIEL ZAMORA 

EN 1847 (1) 



DECLARACIÓN 

En la ciudad de San Luis de Cura, á cuatro de abril 
<le 1847, yo, el Auditor de Guerra, en virtud de la disposi- 
ción contenida en la comunicación anterior, pasé al cuartel 
de la columna de Barquisimeto (2) y después de haber el 
señor José Pardo Gil aceptado y jurado desempeñar fiel- 
mente las funciones de secretario en el presente acto, hize 
comparecer á un individuo que se halla detenido en este 
lugar, el cual, impuesto del deber en que se halla de ser 
verdadero en sus respuestas á las preguntas que se le 
hagan, se le hizo el siguiente interrogatorio. 

— Preguntado: ¿Cómo se llama usted, de dónde es na- 
tural y vecino, cuál es su religión, su estado y ocupación I 
— Responde: Me llamo Ezequiel Zamora, nací en el 
pueblo de Cúa, Valles del Tuy, he sido vecino de esta ciu- 
dad de Cura, mi religión es la Católica, Apostólica, Eo- 
niana, de estado soltero; y comerciante. 



1 Este expediente fué publicado en un cuaderno, con notas, 
cuyo autor no sabemos quien fue. 

2 Por la ley el reo al rendir su declaración debe estar libre 
de toda prisión, y se hace constu* así en el proceso; y Kzequiel 
Zamora con un par de enormes grillos estaba rindiendo la suya 
^11 medio de más de doscientas bayonetas. 



IV APÉNDICE 

— Preguntado : 4 Por qué cree usted hallarse preso en 
la actualidad ? — Responde : Por haber sido perseguido por 
las tropas del Gobierno, lo cual ha sucedido por haber yo 
levantado una facción contra él, ó cooperado á ella. 

— Preguntado: ¿En qué términos cooperó usted & la 
facción que dice, ó la levantó ! — Contesta : Con la lectura 
de la multitud de papeles que salían de la prensa llamada 
de oposición ó liberal, que ahora conozco por lo que he 
sabido eran sediciosos ; papeles á cuya lectura me entre- 
gué con ardor, comencé por desatender mis ocupaciones 
ordinarias y concluí tomando las armas contra el gobierno 
de mi patria, creyendo que le hacía un servicio; y dado 
el primer paso, seguí de suceso en suceso hasta que fui 
aprehendido por un piquete de la columna de La Victoria 
en la noche de uno de los últimos días del mes anterior, 
(marzo), en el sitio de Palanibra, jurisdicción de San Fran- 
cisco de Tiznados. 

— Preguntado: ¿ Cómo puede usted explicarme su in- 
tención de hacer un servicio á su patria, tomando las ar- 
mas contra el gobierno establecido! —Contesta: Creí lo 
lo que me decía la prensa llamada desmoralizadora: creí 
que un gobierno que infringe las leyes autoriza á los ciu- 
dadanos para levantarse en masa contra él : creí que las 
había infringido el gobierno de Venezuela: creí en fin 
que era realidad cuanto decían los papeles que hoy han 
causado mi perdición. Y tanto uníame afianzaba en este 
concepto, cuanto que el Gobierno, compuesto de tantos 
hombres ilustrados y que debían conocer el mal que se 
estaba causando con tales publicaciones, 110 trataba de 
contener semejante desmoralización. 

— Preguntado: j No sabe usted que hay una ley espe- 
cial sobre imprenta y las publicaciones que hacen por su 
órgano, ley en virtud de la cual sin que el jurado declare 
que se ha abusado de la libertad que allí se concede, no 
se puede proceder á tomar medida ninguna ; y no sabía 
usted que ese jurado estaba compuesto de personas que 
pertenecían al partido desorganizador de quien usted se 
queja hoy, lo cual hacía nugatorio los esfuerzos que se 
ponían en práctica para contener la licencia ? — Responde : 
Sé lo primero, mas ignoro lo segundo, y añadiré si se ine 
permite, que en mi concepto el Congreso debía haber dic- 



APÉNDICE V 

tado una ley que contuviese los males que se veía iba á 
causar la prensa por el camino de perdición que habían 
emprendido. 

— Preguntado : ¿ Cuáles eran los papeles á cuya lec- 
tura ha dicho usted se había entregado t — Responde : 
El Patriota, Lis Avispas, El Zancudo, El Diario, El Sin 
Camisa, La Centella, El Rayo, El Venezolano y otros mu- 
chos que venían á mis manos de Valencia y otras partes. 

— Preguntado : ¿ Estaba usted suscrito á todos estos 
papeles ó se los enviaban gratis ? — Responde : Había de 
lo uno y de lo otro. 

— Preguntado: 4 Babia usted quiénes eran los autores 
de aquellos escritos, puesto que llegó á darles tanto cré- 
dito, que se dejó llevar ciegamente por las ideas que ellos 
publicaban ? — Responde : Conocí como autor de El Patrio 
ta al Doctor Felipe Larrazábal : se me dijo que de El Ve- 
nezolano lo era también Antonio L. Guzmán : también oí 
dec : r que algunos eran obra del Doctor Fidel Rivas, otros 
de un señor Bruzual del Oriente, y Las Avispas de un jo- 
ven nombrado Requena, individuos todos á quienes creí 
con la ilustración bastante para saber lo que publicaban. 

— Preguntado : ¿Cuáles son los sucesos á que se ha 
referido usted en una de sus respuestas anteriores, los 
sucesos á que le condujo el hecho de haber tomado 
armas contra el gobierno de su patria? — Responde : Pri- 
mero, el choque que tuve con las tropas del Coronel 
Guerrero en el sitio del Limón donde fui derrotado 
igualmente que la fuerza que allí mandaba compuesta 
de mil y un pico de hombres de infantería y caballe- 
ría, fuerza que tenía por título "La Oposición" y se com- 
ponía de cinco compañías, de cada una de las armas 
dichas y fuerza á cuya cabeza me encontraba yo con 
e\ carácter de General, segundo : el encuentro que tuve 
en Los Bagres con una fuerza, que mandaba "me dicen," 
el Capitán Villasmil, el cual por consecuencia del asalto 
que me hizo fue derrotado por mis tropas y muerto. 
Tercero: en el sitio de La Ollita tuve otro encuentro 
con las armas del Gobierno, pero me retiré habiendo 
reconocido que aquellas eran superiores á las mías. 
Oaarto : habiéndome dirijido de allí á las montanas de 
Oüigiie, frente á Manuare, con más de trescientos hoin- 



VI APÉNDICE 

bres, tuve otro choque con una partida del Gobierno en 
el sitio de La Yuca, adonde vine de dichas montañas 
obligado por la necesidad ó falta de subsistencia: no» 
dispararon algunos tiros; pero nosotros nos fuimos, sin 
ser perseguidos, al sitio de Guacamaya, en donde no» 
rechazó otra fuerza del Gobierno, ó más bien que ésto, 
la noticia que tuvimos de que allí existía. Quinto: el 
ataque que tuvo lugar en el sitio de la Culebra y que 
mandé yo en persona (i la cabeza de doscientos y como 
cuarenta hombres. (1) Sexto : el suceso del sitio de Cataure, 
en el cual, viéndonos mis compañeros y yo casi cercados por 
las tropas del Gobierno, disparamos algunos tiros, hicimos 
pie firme y al favor de la osciridad de la noche nos retira- 
mos. Y séptimo, en tin, el formal ataque que tuvo lu- 
gar en el sitio de Pagüito, en el cual pelearon á mi» 
órdenes más de trescientos hombres. Son estos los su- 
cesos más notables de lo quo puedo llamar mi vida mi- 
litar, desde que me decidí á obrar formalmente contra- 
el Gobierno. 

— Preguntado : ¿Qué pasos ha dado usted en su ca- 
rrera revolucionaria con anterioridad al choque tenido 
en el sitio del Limónf Responde : los necesarios para 
reunir la gente que allí llevé, cuya operación dio prin- 
cipio en el Valle de Guambra. 

— Preguntado: ¿Cuántas partidas logró usted reunir 
á las formadas por usted minino? — Responde: Las que 
habían organizado por su propia cuenta, sin conocerlos 
yo ni tener noticia de ellos, el citado Rangel, Rosalio 
Herrera, Evangelista Cabeza y Segundo Martínez. 

— Preguntado : ¿Todos estos individuos se sometie- 
ron á las órdenes de usted f — Responde:' Sí, señor. 

— Preguntado : ¿En virtud de qué disposiciones, orden 
ó mandato logró usted esta sumisión? — Responde: En vir- 
tud solamente del querer de los individuos nominados. 

— Preguntado: ¿Qué precedentes pudo usted intere- 

(1) La Culebra, sitio que» dista romo dos leguas de Mará— 
cay : cuartel general del León de Payara, donde tenía reconcen- 
trado un »jcreito numeroso y bien pago que inoraba en todov 
los pueblos de Aragua. La Culebra dista de Vanta Crws una 
legua escasa, de Tunnero, cantón entonces, una v media, de 
Magdaleno <*os, de Ciudad de < ura, tres, de Cagna dos, y ro- 
deado de muchos ot os pueblos queda casi en el centro. 



APÉNDICE VII 

sar para con ellos, qué razones pudo darles para con- 
seguir que obrasen bajo sus órdenes unos hombres que, 
habiendo organizado por sí mismos sus respectivas par- 
tidas, debían creerse hasta abatidos sometiéndose á quien 
se les ofrecía para mandarlos sin darles fundamento al- 
guno de superioridad? — Responde: No hice otra que, ins- 
truido de que existían varios grupos de hombres en armas 
contra el Gobierno, escribirles á los que los capitaneaban 
para que se me uniesen, diciéndoles en diferentes cartas 
que yo me había levantado para defender la Constitu" 
ción del año de treinta que creía infringida y hollada y que 
sino había individuos que me acompañasen, dejaría el te- 
rritorio de Venezuela para dirijirme á donde hallara pa- 
tria, paz y libertad, lo cual produjo el efecto de que 
todos los individuos á que me dirigí se me reunieron en 
San Francisco de los Tiznados con las fuerzas que te- 
nían á su mando, advirtiendo, que para entonces ya 
Rangel estaba en mi compaña. 

— Preguntado : ¿ Nó concede usted como yo, un efec- 
to mágico y por demás milagroso á esas cartas que dice 
dirigió? jnó se sorprende usted de que un simple comer- 
ciante de Ciudad de Gura lograse llevar á su alrede- 
dor, con solo su nombre, nombre antes ignorado, á hom- 
bres tenidos por valientes y que por sí solos habían aco- 
metido la misma empresa que usted, lo cual les auto- 
rizaba para tenerle á lo sumo, como un compañero 
igual,, y nunca como su Jefe? — Responde: No creo que 
haya sido esto obra de milagro, sino efecto causado 
por la prensa liberal ó de la oposición que á mi me 
ha perdido (1) y que produjo iguales efectos para los 
demás que se comprometieron llevados por la idea de 
destruir un Gobierno que había quebrantado las leyes. 

— Preguntado: ¿Quién confirió á Rangel el grado de 
Coronel? — Responde : Yo. 

—Preguntado : ¿ Puede usted recordar los pasos que 
dio en los asuntos á que dijo le condujo la seducción 
manifiesta por la prensa liberal, desde que, como ha re- 
ferido al principio desatendió sus ocupaciones ordinarias 



ÍI) Demasiado lo estaba, pues todos pedían ejecución y era 
la cárcel su prisión, una capilla verdadera. 



VIII APÉNDICE 

hasta que tomó las armas contra el Gobierno f — Tteapon- 
de : Sí, señor ; comencé por entregarme con toda la ac- 
tividad de que me creí capaz al triunfo del partido li- 
beral en las elecciones primarias, así en esta Parroquia 
como en la de Magdaleno y en las de San Francisco y 
San José de Tiznados, comisionado por una sociedad li- 
beral que existía en esta ciudad, habiendo obrado en la 
segunda en unión de Ramón Qoiticoa, que había venido 
de Caracas, también de comisionado. Habiéndose come- 
tido en mi concepto varias injusticias por la Junta de 
Notables y por la Asamblea parroquial de aquí, tales 
como reducirme á prisión y privarme del ejercicio de 
los derechos de ciudadano por cuatro años, concluido que 
fue el período de las primeras elecciones me dirigí á 
Caracas, consulté con el Doctor, Manuel María Echean- 
día lo que debier° hacer en aquel caso; y me dijo, 
que en vano procuraría yo una providencia favora- 
ble, puesto que el mando lo tenían los Oligarcas. Me 
manifestó además el mismo Echeandía, que la justicia 
debía buscarse en una revolución, porque las quejas y 
los clamores eran generales, en cuya virtud me leyó 
una carta que dijo haberla, enviado un señor Monagas 
del Llano-arriba, nombrado José Gregorio, en la cual le 
ofrecía (según lo que oí leer) quinientos ó mil hombres 
para hacer respetar la ley y castigar la osadía de los 
mandatarios. Pocos días después volví á verme con el 
referido Echeandía y me repitió lo mismo. No me moví 
de Caracas entonces hasta el día en que Antonio L. 
Guzmán partió de allí para La Victoria, con el objeto, 
según se dijo, de tener una entrevista con el General 
José Antonio Páez, co?i una lanz% enastada en mis ma- 
no* fui tino de los que formaron su comitiva, compues- 
ta al salir de Caracas como de quinientos hombres, los 
que fueron aumentándose en el tránsito hasta La Victoria, 
de modo que casi no podía transitarse por el camino. 
Llegado á aquel punto, yo fui uno de los pocos que se 
alojaron con Guzmán en la casa del General Marino. 
En uno de los días que allí permanecí, el Doctor Echean- 
día me invitó para reunirme con él y Manuel Ibarra (*) 



(*) Este valiente, dipno de ser compañero del inmortal Za- 
mora, tuvo la <l Hgriieiu de malograrse en la pelea del Limón 
ó Laguna de piedia: no puede menos, quien lo conoció, de re- 



APÉNDICE IX 

en una esquina de la» de la Ciudad y después de ha- 
bernos dicho que Guznián era un cobarde, que él no do- 
blaba su cerviz y que ni Ibarra ni yo debíamos do- 
blar la nuestra; formó el plan de revolución, que yo 
acepté, diciendo: que él movería el Llano-arriba jun- 
to con un tal Aguado, el señor Monagas referido, su 
hermano Juancho y otros, y que Ibarra y yo marchá- 
semos á levantar la gente de la cerranía y la del Llano 
abajo. Al día siguiente Echeandía se fué para Caracas 
por la mañana, é Ibarra y yo por la tarde nos diriji- . 
inos á El Pao de Zarate, dormimos en la casa del señor 
Juan Nepomuceno Castillo y por caminos extraviados 
seguimos el día siguiente hacía la Sierra de Virgen-Pura, 
buscando el Valle de Tacasuruma para dar principio á 
mi empresa, contando con que los vecinos de allí me 
seguirían, como sucedió. La primera reunión la tuvimos 
en el sitio de Guambra, en la casa de Tiburcio Barrios, 
habiendo sido el comisario Socorro Masabé el que citó 
y juntó Jos vecinos. Seeuí para adelante, y hallándome 
en el sitio de Las Muías con un grupo como de cien 
hombres, se me presentó Rangel, una tarde, con un cor- 
to número de hombres, como siete ú ocho, ofreciéndome 
una partida mayor que tenía reunida: recibí de él en 
aquel acto unos viran reconociéndome como un caudillo 
del partido liberal ; esa misma tarde marchamos juntos 
para el sitio de Los Leones, de allí para el de Las Guas- 
dnitas y de esto para otros y otros hasta llegar á las 
llanuras de El Limón, donde tuve el encuentro que lie dicho 
con el Coronel Francisco Guerrero. 

— Preguntado: ¿Dónde se alojó usted en Caracas en 
los días de agosto que ha dicho estuvo allí? — Respon- 
de: En la casa de una hermana mía nombrada Geno- 
veva. 

— Preguntado: ¿Tiene usted algunos otros parientes 
en Caracas ? — Responde : Sí señor, y son los Esnales, los 
Garcías (Miguel y el Doctor José Manuel y Juan her- 
mano de éstos) y los Arrabales. 



corda ríe con ternura; pa$?ó bien caro su arrojo y empuje! La 
bistora no puede ser muda al hablar de hambres que se con- 
sa^rra* on sin reserva á servir de i escate de libertad. Su tumba 
es desconocida ! 



X APÉNDICE 

— Preguntado : ¿ Cuál de estos individuo» merece más 
consideraciones y respeto departe de usted f — Contesta: 
A todos considero igualmente. 

— Preguntado : j Formaron parte de la reunión de 
Guzmán en La Victoria algunos de los parientes de us- 
ted f — Responde : Sí señor, mis hermanos Gabriel y An- 
tonio José, y mi primo el Doctor José Manuel García. 

— Preguntado: ¿Conoció usted á Rafael Flores, co- 
nocido por el sobrenombre deCalvarenof (1) — Responde: 
Lo conocí en La Victoria en los días de la reunión dicha. 

— Preguntado: ¡ Qué relaciones tuvo usted con An- 
tonio L. Guzmán durante la reunión de La Victoria 
y antes? — Responde: No he tenido otras relaciones con 
éste, que las de un conocido. 

— Preguntado : ¿ Qué ofertas hacía usted á los veci 
nos de Tacasuruma p ira que le siguiesen, puesto que 
tan fácilmente Jo consiguió según dice! — Responde: Nó 
les hacía oferta ninguna. Ellos me seguían porque yo 
invitaba para defender la patria, la libertad y la ley 
que habían quebrantado los Oligarcas. 

— Preguntado : ¡ Cuándo fue que conoció usted á 
Rangel por la primera vez f — Responde : Cuando se me 
reunió en el sitio de Las Muías que he mencionado antes. 

— Preguntado: ¿Quién suministró á usted elemen- 
tos de guerra y otros recursos para la empresa que 
acometió f — Responde : A mi no me ha suministrado na- 
die, porque un barril de pólvora que tuve lo tomé en 
San José de Tiznados en casa de Valentín Tovar, y esta 
pólvora la perdí en el ataque de El Limón consumiéndo- 
la en la pelea. 

— Preguntado : ¡ De dónde salió, pues, la pólvor-i, el 
plomo y los elementos todos empleados en los diferen- 
tes choques (pie ha dicho usted haber tenido con las 
armas del Gobierno? — Responde: Para los últimos en- 
cuentros conté con las armas y municiones tomadas por 



(1) Pregunta inquisitiva para recabar del preso alguna pa- 
labra (pie pudiera complicar al doctor Jone Manuel García en 
)a revolución, pues á él le atribuía la Oligarqu a 1* d rección 
del movimiento; masen vano buscará la nial cia una protesta 
contra la Hiuidad de aentimientos del honrado Zamora. 



APÉNDICE XI 

Rangel en El Pao de San Juan Bautista, y para los otros, 
ya con los elementos de guerra tomados en el ataque 
de Los Bagres, y ya especialmente con las armas y mu- 
niciones con que contribuía cada vecino que se presen- 
taba al llamamiento que se le hacía. 

— Preguntado : ¿ De qué otros arbitrios se valía us- 
ted para ganar prosélitos? — Responde: Les leía los pa- 
peles que publicaba la prensa liberal que eran muchí- 
simos y que ellos mismo* cargaban en abundancia en 
los sombreros, al paso que también les proclamé en San 
José de Tiznados, en una ocasión en que querían asesi- 
nar al Ministro del Tribunal. 

— Preguntado : ¡ Qué relaciones políticas, ó eleccio- 
narias, ó Guzmancistas tenía usted en Valencia? — Res- 
ponde : Xo las tuve sino con José y Juan Rodríguez, 
comerciantes de allí, que me escribieron para que tra- 
bajase por la Candidatura Guzmán, y une enviaban todos 
los papeles del partido liberal. 

— Preguntado: ¿Con qué otras personas conservaba 
usted relaciones de esta especie y de qué lugares eran f 
— Responde : Con ninguna otra. 

— Preguntado : Hacia qué punto llevaba usted su 
dirección con la gente (pie mandaba, cuando se verificó 
ei choque del sitio de La Culebra, y con qué fin f — Res- 
ponde: Íbamos hacia la misma Culebra, y los sitios de 
La Quinta y Las Matas, con el objeto de reunir hombres; 
pues se nos dijo que los había con abundancia, y tenía- 
mos seguridad de que nos seguirían. 

Preguntado : ¡ En qué fundaba usted la confianza 
de que se le reunieran aquellos vecinos f — Responde : En 
que así me lo aseguraban varios moradores de aquellos 
sitios, que estaban con nosotros, sin que me sea posible 
recordar otros que un tal Jesús Agachado. 

— Preguntado : ¿ Qué puede usted decirme de un 
barril de pólvora que tomaron ó pusieron donde lo to- 
mara, en su expedición á La Culebra ! — Responde : Nada. 

— Preguntado : j Dónde fué usted después del ata- 
que de El Limón ? Responde: Vine á Cerro Azul y me 
paseaba de allí á la montana de Las Muías con tres in- 



XII APÉNDICE 

dividuos, á saber, Manuel Herrera, y los hermanos Ma- 
saba, Miguel y José, hijos de Socorro. 

— Preguntado : ¿ Dónde estaba usted cuando Rangel 
ocupó últimamente El Pao de San Juan Bautista, y don- 
de se le reunió! — Responde: Estaba unas veces en la 
montaña de Las Muías y otras en la de Tormenta, ha- 
biéndome reun'do con Rangel en Las Guasduitas. 

— Preguntado: ¿Qué dirección llevaba usted ó hacia 
que punto iba ó se encaminaba con su gente antes de 
ser batido en Pagüitof — Responde : íbamos en derechu- 
ra para San Francisco de Cara y Camatagua, confiados 
en que habiendo habido, como en efecto hubo allí una 
gran votación por el partido liberal en las últimas elec- 
ciones, encontraríamos quienes nos siguiesen. 

— Preguntado : 4 Y después de la derrota de Pagüi- 
to, que pensó usted hacer! — Responde: Irme por Guar- 
datinajas como lugar solitario, en busca de un río na- 
vegable donde embarcarme para un país extranjero. 

« 

— Preguntado : 4 Usted conoce á Santiago Sandoval 
y á José María Meza, de Valencia! — Responde : No los co- 
nozco. 

— Preguntado: ¿Cuántos días estuvo en el sitio de 
La Dormida á tiempo que iba para el de Los Bagres! 
— Responde : Me parece que fueron tres días. 

— Preguntado : ¿Qué auxilios recibió allí y de quién! 
— Responde: Los dependientes que tenía en mi bodega 
que eran, un isleño nombrado Manuel y Felipe Albero, 
me enviaron una botella de vino, un poco de pan de 
horno y un poco de queso. 

— Preguntado: ¿Le enviaron también pólvora! — Res- 
ponde: No, señor. 

— Preguntado : ¿Cómo ó por quién supieron aquéllos 
individuos que ustedes estaban en La Dormida ; y quién 
sirvió de conductor de los efectos mencionados ! — Res- 
ponde : Yo se los mandé decir con una negrita de la 
Hacienda La Lagunita, cuyo nombre no sé, y los con- 
ductores de los efectos fueron mis mismos dependientes, 
los cuales después de habérmelos entregado, regresaron 
á esta ciudad. 



APÉNDICE XIII 

— Preguntado: Finalmente, ¿puede usted decirme, 
como uno de los principales cabecillas que dice haber 
sido de la revolución en que se ba visto envuelto el 
país, cual sea la extensión qne se logró . dar á este mo- 
vimiento, cuáles los recursos con que contaban sus pri- 
meros Jefes y quienes fuesen éstos? — Responde: En cuan- 
to á los puntos tocados del espíritu revolucionario diré ? 
que solo puedo hablar de Río Chico, y toda aquella 
costa, Los Tiznados, Guarda ti na jas, El Pao y las serra- 
nías de Cura : esto por lo que hace á los lugares don- 
de estalló la revolución, pues mis compañeros en ella ase- 
guraban que Barinas, Coro y Apure hacían lo mismo 
que se ha visto en los lugares mencionados. En cuan- 
to á recursos no sé con cuales se contase : más por lo 
que hace á mí diré, que habiendo leído en la historia 
de^Venezuela, que el General Páez con solo su valor y asido 
de la bandera tricolor, había triunfado de líneas enteras 
de enemigos de la Patria, así yo me propuse imitarle 
exhortando á mis compañeros con estas mismas expresio- 
nes, de las cuales creía sacar los medios necesarios para 
mi objeto. Y por lo que hace á Jefes principales de dicha 
revolución, no conocí otros que á Manuel Ibarra y los 
Echeandía, de vista y trato y por noticias, al señor Agua- 
do y al señor Monagas. Digo est ) en orden á la conspi- 
ración armada, pues como d ; je al principio, consiste en 
la prensa liberal, por su parte desmoralizadora y que el 
gobierno debió contener. — En este estado suspendo el pre- 
sente interrogatorio, y habiendo leído lo escrito al que lo 
ha evacuado, dijo, que es conforme en todas sus partes, 
advirtiendo solamente : que en la relación que hizo de 
los choques que tuvo con las armas del Gobierno se omitió 
mencionar el del sitio de Los Leones, que se verificó el 
mismo día que el de Las Guasduitas y que puede reputar- 
se por uno solo, habiendo sido también el primero, después 
que Rangel estuvo en El Pao. — Firma conmigo y el Se- 
cretario. — José Santiago Rodríguez— José Pardo Gil 
— Ezequiel Zamora. 



• * 



XIV APKNDICE 

República de Venezuela. — Ejército permanente. — Cuartel 
General en Cura, á 13 de enero de 1847. — Afio 18 
de la Ley y 37 de la Independencia. 

Al señor Juez de Primera Instancia de este Circuito. 

Tengo el honor de acompañar á U. S. la declaración 
recibida á Joaquín Rodríguez por el seüor Auditor de 
Guerra. De esta declaración queda un testimonio en mi 
Secretaría. 

Soy de usted atento servidor. — José Antonio Pábz. 

En San Luis de Cura á cinco de enero de 1847, el 
señor Auditor de Guerra hizo traer á su presencia al 
joven Joaquín Rodríguez que ha pertenecido á la facción 
de Rango! y Zamora, y se ha acogido al indulto que le 
estaba ofrecido por S. E. el General en Jefe y tenién- 
dole presente ante el señor José Pardo Gil que ha acep- 
tado y jurado y desempeñar las funciones de Secreta- 
rio, y previo juramento, se le preguntó por su nombre, 
edad y oficio, y contestó llamarse como queda dicho, de 
diez y seis años de edad y de oficio agricultor al lado de 
su padre el señor Pedro Rodríguez, hacendado en Cerro 
Pelón. 

— Preguntado: j En qué fecha se incorporó usted á la 
facción y cuándo se sepiró de ella? — Contestó: El día 
veintidós de setiembre iba yo para San Antonio en so- 
licitud de unos bueyes, y en el sitio del Rincón tropezó 
con una partida de los facciosos mandados por Leocadio 
Alvarez, de Parapara; quien me llevó al Paso del Medio 
donde estaba reunida toda la facción, y le he seguido 
hasta el veinticuatro de diciembre que me separé de 
ella para presentarme al señor Coronel Doroteo Hurta- 
do, por que supe que su Señoría estaba autorizado por 
S. E. el General en Jefe para indultarme. 

— Preguntado: ¿En qué punto dejó usted á los prin- 
cipales cabecillas de la facción! — Contestó: Dejé á Rangel 
en la quebrada de Guacamaya con treinta hombres, y 
con Zamora tomé la dirección de las Guasduitas. En 
aquel punto dejé al mencionado Zamora acompañado de 
los hijos de Masabé, nombrados José y Miguel, y otros 
de cuyos nombres no me acuerdo, hasta doce : todos sa- 



APÉNDICE XV 

Jieron á comunicarse eon un tal Rondón que decían es- 
taba por el Cují con cincuenta hombres, y se proponían 
organizar una fuerza para moverse no sé sobre qué 
punto. En Tormenta, en la casa de un tal Escalona 
dejé á estos hombres, y seguí para Los Cueros, acom- 
pañado únicamente de dos individuos, los que siguieron 
hacia Casupito en solicitud de los Silvas y yo me quedé 
enfermo en casa de Montano García, Valle-hondo. 

Preguntado : ¿ Con qué objeto se lian separado Za- 
mora y Rangel f — Contestó : solamente puedo decir lo que 
á mi presencia le sostuvo un día Rangel á Zamora á 
saber : "que no le convenía permanecer más en los cerros, 
que se retiraba á los Valles de Aragvia, y si no podía 
hacer allí nada, seguiría para la costa á levantar las es- 
clavitudes. 

— Preguntado : ¿ La gente de RnigaPestaba conforme 
con esta resolución f — Contestó : Sí señor, él, Rangel, 
convidó á los que le quisieran seguir y¡jle siguieron como 
treinta hombres, siendo Francisco Pacheco el más inte- 
resado en esta marcha hacia la costa. Yo no dudo que 
este proyecto se haya realizado porque estaban muy de- 
cididos por él. 

— Preguntado: ¿ A qué punto pensaba dirijirse Za- 
mora cuando se separó de Rangel ! — Contestó : Al Pao 
de Sárate por Caicara donde decía que contaba con dos- 
cientos hombres armados. Tampoco dudo de la ejecución 
de este plan, es decir, de la ida de Zamora al Pao, 
porque estaba muy determinado á ella, como lo estuvo 
cuando vinimos á Los Bagres, y se proponía ahora llevar 
el mismo camino. Zamora me dijo que pensaba des- 
cansar en Guambra unos días en el conuco de Masabé 
y q ue tenía también que hablar con Ruperto Martínez 
Si no está en los montes de Guambra, yo le considero 
ya en el Pao. 

— Preguntado: ¿Con qué objetóse situaron los fac- 
ciosos en La Ollita f — Contestó: Con el objeto dé formar 
allí un Cantón, y por medio de comisiones reunir allí 
mucha gente. 

— Preguntado: ¿Contaban los facciosos con alguna ca- 
ballería f — Contestó : Contaban con cincuenta hombres 
que les había ofrecido Rondón. 



XVI APÉNDICE 

— Preguntado: ¿De quién recibían los facciosos auxi- 
lios y comunicaciones de los Tiznados f — Contestó no 
vi llegar comunicación de aquel punto ; Kangel sí ofició 
desde San Pablo á un tal Montenegro y sus dos hijos. 
Yo no me acuerdo del nombre de Montenegro, pero sí 
sé que es uno que los liberales tenían en lista para 
elector. 

— Preguntado: ; Dónde permaneció Zamora todo el 
tiempo que estuvo separado de Bangel y qué auxilios lle- 
vó á la facción! Contestó: Zamora estuvo en Cara- 
cas, en el Pao de Zarate, á inmediaciones de la Vic- 
toria y muy cerca de esta Villa, sin haber entrado á 
ella, se presentó en la Platilla con siete hombres, entre 
ellos los dos hijos de Masabé, y llevó dos cananas, dos 
libras de pólvora, una de balas, un par de pistolas, dos 
cueros de cordobán teiiidos, una carabina, un trabuco 
y tres lanzas. 

—Preguntado: ¿Insistían los facciosos en colocar á 
Guzmán de Presidente, sabiendo que estaba preso por 
conspirador f — Contestó: Los facciosos supieron que Guz- 
mán estaba preso ; pero quedaron persuadidos de lo con- 
trario después que recibieron en las Guasdui tas, por me- 
dio de Justo Breto, un recado del Coronel Cisneros di- 
ciéndoles que aunque se publicaba que Guzmán estaba 
preso, no lo creyeran, pues no podían prenderle y es- 
taba mui quieto en su casa en Cara-cas. 

— Preguntado : ¿ Quiénes mandaron matar al señor 
Andrés Fuentes y quienes fueron los ejecutores? — Con- 
testó: Kangel dio la orden y la ejecutó el llamado ca- 
pitán Pacheco, sin poder indicar yo los soldados que lo 
acompañaron porque al ver salir al señor Fuentes entré 
en la casita para no ser testigo de aquello. El día antes 
de este acontecimiento fueron reconocidos por unos vijíaa, 
los señores Pedro Boftiill y Manuel Landa que venían 
de Tucutnnemo el segundo y del Loro el primero, y 
cuando se dio aviso de esto á Kangel, contestó : '•dé- 
jelos ir" (1) cosa que extrañé porque siempre hacía llevar 



(1) Ni es' oh señores ni otros sufrieron cosa alguna, áex- 
cepci »n de Fuentes, prueba irrefragable de (pie no asesinaban 
oligarcas ni á nadie, siendo un suceso muy singular el que obró 
respecto de Fuentes que se f ué á espionar las í* tercas de Ran- 
gel y Zamora con un piquete de caballería, lo cual había ave- 
riguado Kangel en el sitio de la Migada. 



APÉNDICE XVII 

á su presencia á las personas que descubrían sus vigías. 
En este estado se suspende la declaración que se leyó 
3l declarante, y dijo estar conforme y firma. — Ángel Quin- 
tero. — El Secretario, José Pardo Gil. — Joaquín Rodríguez. 

• 
• * 

CONFESIÓN 6 DECLARACIÓN 

CON CARGO DE EZEQUIEL ZAMORA 



En ocho de abril del presente año me constituí en 
el cuartel de la columna de Barquisimeto, local habilitado 
para la permanencia del reo Ezequiel Zamora, con el 
objeto de recibirle su declaración con cargo, y teniéndole 
presente, le instruí del deber en que se hallaba de de- 
cir verdad en cuanto supiere y fuere preguntado, y ha- 
biéndolo ofrecido, dijo llamarse como queda dicho, ser 
natural de día, pueblo de los Valles del Tuy, vecino 
de esta ciudad, de oficio comerciante, de estado soltero, 
de condición libre, de religión Católica, Apostólica y Ro- 
mana, de veinte y nueve años de edad y de instrucción 
alguDa. 

— Preguntado : ¿ Quién lo prendió (\ usted, en qué par- 
te, día y hora, con expresión del lugar y si sabe la causa 
de su prisión? — Contesta: A mí me prendió un piquete 
de la columna de la Victoria en el sitio de Pala robra, 
segán se me informó después, como á las once de la 
noche de un día cuya fecha no recuerdo, por haberme 
encontrado en dicho punto solo y huyendo de las tropas 
del Gobierno ; pues ya hacía algunos días que me ha- 
bía separado de los compañeros que como yo, se disper- 
saron después, aunque no me consta, por no haberlos vuel- 
to á ver. Yo me alcé contra el Gobierno porque dicién- 
dose en la multitud de periódicos que circulaban por 
toda la República, que el Gobierno había infringido la 
Constitución y leyes de la Nación, creí prestarle un ser- 
vicio á mi patria, obedeciendo al grito de que todos los 
buenos ciudadanos debían levantarse para contener los 
abusos y hacer respetar la ley, en los mismos términos 

II 



XIII APÉNDICE 

que lo aconsejaban los escritores cuyas producciones se 
llaman hoy sediciosas. Yo, señor, me consagré á la 
lectura de todos los papelea que aconsejaban la revolución, 
y me suscribí á El Venezolano y á El Patriota, con cuya 
lectura y la de otros muchos me afirmaba más en mi 
propósito de conspirar. — Yo no culpo hoy sino á la fal- 
ta de previsión de los Congresos pasados, compuestos 
de hombres prominentes y que más avanzados que yo 
en conocer el resultado de las cosas, debieron en sus pro- 
fundas meditaciones acordar las medidas consiguientes 
para contener los abusos de libertad de imprenta y re- 
primir en sus justos límites la audacia de los escritores 
difamantes y delatores de los hechos que referían del 
Gobierno, para que no hubieran convidado á la rebelión. 

— Preguntado: ; Tenía usted relaciones con los escri- 
tores públicas que cita en su precedente respuesta! — 
•Contesta : En el mes de agosto último y después de las 
•elecciones conocí personalmente al doctor Felipe Larra - 
zábal y á su hermano, cuyo nombre no recuerdo, al doc- 
tor Manuel María Echeandía á Antonio Leocadio Guz- 
imín, al doctor Fidel Rivas, á N. Rcqnena y otros: pero 
ninguna relación mantuve con ellos. 

— Preguntado : ¿ Las personas que usted acaba de in- 
dicar, le excitaron áque entrase en la facción á que us- 
ted lia pertenecido? — Contesta: Para responder debn ha- 
cer al Tribunal algunas explicaciones. Con motivo de 
haberse anulado las elecciones de Magdaleno y de ha- 
bérseme privado de los derechos de ciudadano por cua- 
tro años, fui á Caracas á consultarme con un abogado 
de la República, con el objeto de ver de qué manera podría 
yo ser restituido al goce de mis derechos, y habiendo 
encontrado al doctor Manuel María Echeandía, éste me 
dijo: que no había otro remedio sino tomar las armas, 
que ya todos los pueblos de las Provincias de Harinas, 
Apure, Co^o y el Oriente estaban convenidos y sólo es- 
peraban el piimer grito para levantarse en masa: me 
manifestó una carta del General José Gregorio Mona- 
gas, en la cual le ofrecía quinientos ó mil hombre* que 
tenía ya preparados por causa también de las elecciones. 
Después de este consejo permanecí en Caracas en unión 
de Manuel [barra qué me acompañaba, hasta el día en 



APÉNDICE XIX 

«que se verifico la salida de Guzmán para La Victoria, 
«quien venía á una entrevista con el Ciudadano Escla- 
recido : estuve allí como cinco días y en uno de éstos 
me llamó el expresado doctor á niri de las esquinas de 
iaa calles de aquella villa y me indicó que había habla- 
rlo con Guzmán, que éste se le había mostrado muy co- 
liarde, j*nes le había comunicado que ya los pueblos 
-estaban muy ilustrados y que ellos obrarían ; y pactamos 
-entonces, que él iría á mover la gente del Llano-Arriba 
y de los lados de Bío-Chico, y que yo y Manuel Ibarra, 
marcháramos hacia el Llano-Abajo con los habitantes de 
las serranías de este Cantón, pero habiendo emprendi- 
do nú jornada me impidió continuar el camino el Coro- 
nel Guerrero, quien me sorprendió en El Limón con las 
tropas de su mando. Las mismas excitaciones me hizo 
-Juan Bautista Echeandía, en Caracas; y por la conversa- 
ción que tuve con el doctor Echeandía, de quien he habla- 
ndo, deduje, desde entonces, é infiero hoy, que Antonio Leo- 
cadio Gtiziuáu detya saber por lo menos la revolución 
que esta-ba preparada, y concluyo declarando que nin- 
guna otra persona me habló de revolución. 

— Preguntado: ¿Qué tren observó usted en La Vic- 
toria que le hiciese entender que Guzmán estuviera pre- 
fiarado para llevar á cabo la rebelión de que usted aca- 
ba de hablar ! — Contesta : Mucha gente le acompañó y 
no reparé sobre lo que se me pregunta. 

— Preguntado : ¿ Conoce usted á un tal Vivas que 
habita en jurisdicción de La Victoria, y esperaba usted 
de él algunos recursos f — Contesta : No le conozco, ni 
esperé :U». él recursos y sólo confiaba en que se me decía 
era muy liberal. 

— Preguntado: ¿Qué plan revolucionario le comuni- 
caron á usted las personas (pie le excitaron á la rebe- 
lión! — Contesta: Ya he dicho los pactos que el doctor 
Echeandía, lbarra y yo celebramos en La Victoria : á mí 
.ae me hizo entender que un Gobierno que había que- 
brantado la ley debía ser contenido por la fuerza, y en- 
tregado á estas reflexiones concebí que debíamos po- 
jier á Guzmán en la Presidencia, ya que los mismos 
mandatarios se habían apoderado de la cosa pública; 
une afiancé en este propósito y me guió el patriotismo. 



XX APÉNDICE 

— Preguntado: ¿No tenía usted amigos que le hi- 
ciesen conocer la magnitud de la empresa que pretendía 
usted acometer ! — Contesta : Nadie supo mi pretensión y 
solamente recibí consejos de los Echeandía, sirviéndome 
únicamente de norte la piensa de oposición, cuya sola 
voz oí. 

— Preguntado: ¿No le descubrió algún plan Ratnórt 
Goiticoa T — Contesta : No, señor, y no le veo desde las 
elecciones primarias. 

— Preguntado : ¿ Sabe usted quién previno á los su- 
fragantes de la parroquia de Magdaleno que bajasen de 
los cerros á votar armados ! — Contesta : No sé. 

— Preguntado : ¿ Estuvo usted en esta ciudad algu- 
na vez de las en que se separó de Francisco Bangel f 
— Contesta : No, señor. 

— Preguntado : ¿ Quién comunicaba á usted las ope- 
raciones del Gobierno f — Contesta : Nadie, pues nosotros 
veíamos las operaciones ó movimientos de las columnas- 
que nos perseguían, y estas también nos observaban, pe- 
ro no nos ofendían porque nosotros andábamos por tra- 
vesías y aquellas marchaban siempre por los caminos. 

— Preguntado: ¿Quién le auxiliaba de víveres! — 
Contesta: Nadie. 

— Preguntado : ¿ Sin recursos, cómo podía subsistir ! — 
Contesta : Ocurríamos á los conucos y matábamos resé» 
de las que se hallaban en los campos- 

— Preguntado: ¿Sabe usted si alguna persona no- 
table de La Victoria, dispensaba á la facción alguno» 
auxilios f — Contesta : No, señor. 

— Preguntado : ¿ Dijo usted en Vallecitos á sus tro- 
pas que esperaba recursos del extranjero? — Contestar 
Nada he dicho sobre el particular á las tropas que 
mandaba. 

— Preguntado: ¿Cómo se llamaban los Jefes y ofi- 
ciales de la tropa de su mando? — Contesta : Me acuerda 
de Tomás Rondón, comandante, de Jesús Agachado, coman- 
dante, de Policarpo Sánchez, capitán, de un Sanabria r 
capitán, de José Masabé, oficial y ayudante, de Felipe 
Pereyra, teniente, de Juan Breto, teniente abanderado,. 



r~ 



APÉNDICE XXI 

<le un Tovar, capitán, de N. Figuera, aspirante, de Ra- 
jnón Zuloaga, capitán, de Dámaso Peralta, teniente, y 
no recuerdo por ahora otros. 

— Preguntado: ¿Qué se han hecho las personas que 
:acaba de indicar! — Contesta: El 3 de marzo, poco antes 
•de llegar á Picacho Blanco y entre Cerro Azul y el ca- 
mino que va para dicho punto, me separé de Rondón, 
quien siguió con toda la gente para el Pao. Yo tomé para 
Las Muías solamente con tres individuos que no conocí. 

— Preguntado: ¿Al separarse Rondón de usted qué 
planes concibieron ! — Contesta : Rondón siguió el destino 
<]ue dije arriba y yo me propuse buscar un río navega- 
ble, inr donde pudiese salir de Venezuela convencido de 
que no podía continuar. 

— Preguntado: ¿Qué se han hecho los dependientes 
•<le usted ? — Contest i : No sé. 

— Preguntado : ¿ Quién mandó coger al seuor Andrés 
Fuentes y por orden de quién se le dio muerte f — Con- 
testa: No supe quién lo mundo coger, pero sí sé que 
Rangel lo mandó matar. 

— Preguntado : ¿ Recuerda usted los nombres de los 
soldados que le mataron y el género de muerte que le 
•dieron ? — Contesta : No recuerdo los nombres de los sol- 
alados, porque cuando vi que el señor Fuentes era con- 
ducido amarrado, sólo atendía ala víctima, y volví luego 
la cara para no verle: á las súplieis que aquél me ha- 
cía volví hacia él y le encontré entonces ligado de pies 
y manos: movido de compasión hablé á Rangel para 
<pie le soltara y conseguí (pie lo hiciera de los brazos 
no más, habiéndome ido después á una casita, y cuan- 
do volví ya era cadáver, sin haber sabido como fue, 
pues me horrorizó el hecho. 

— Reconvenido: ¿Cómo dice usted que no sabe el gé- 
nero de muerte que le dieron al seüor Fuentes, cuando 
<le varias actas de otros procesos seguidos contra indi- 
viduos que se encontraban aquel día en Los Bagres, cons- 
ta haber usted elegido para perpetrar el asesinato refe- 
rido á los más jóvenes, con el intento de que éstos apren- 
dieran á matar? — Contesta: Nunca habría yo podido co- 
jneter una ación detestable, y, á decir verdad, puedo 



XXII APÉNDICE 

asegurar que en aquellos momentos no podía hablar, al/ 
ver á un lado al señor Fuentes, y a otro á Rarogel que 
estaba furioso, pues así se ponía cuando tomaba licor r . 
siéndolo único que debieron haber declarado ios testigos - 
á que se refiere el cargo. 

— Preguntado: ¿La comunicación que se le pone de 
manifiesto y que aparece escrita en Vallecito T el veinte 
y tres de febrero, fue obra suya ? Contesta : Sí, señor. 

— Preguntado : ¿ Por qué acostumbraba usted poner 
en sus comunicaciones al fecharlas, los números ó guaris- 
mos 37, 1S y ÍJ? f — Contesta: Los guarismos i nd i eados Re 
referían, el primero, á la época de la Independencia, el 
segundo, á la de la Ley y el terceto á la de la Opo- 
sición. 

— Preguntado: ¿Quiénes convinieron en el uso de Isi» 
fechas que acaba de referir, ó fue alguna orden ó dis- 
posición librada por alguna persona que dirigiera la em- 
presa de la revolución ? — Contesta : Todo io que se me 
pregunta lo decían los periódicos que continuamente lo» 
repetían, y cuando fui derrotado en El Limón fue cuando 
más usé de aquella fórmula, excitando á los diferentes co- 
misionados y comísanos de policía si que me siguieran 
voluntariamente, pues yo á nadie obligaba. 

— Preguntado: ; En cuántas partes fue derrotad;» la 
facción (pie usted acaudillaba . f— Contesta : En El Limón 
fuimos derrotados, y en Pagiiito nos retiramos i>or ha- 
bérsenos acubado el pertrecho, y sin ser perseguidos por 
las tropas del Gobierno, las cuales quedaron ocupando 
el campo, que mis compañeros y yo dejamos; seguimos, 
ó mejor dicho, retrocedimos al Picacho de Cataure en 
donde se reunió la mayor parte de los dispersos, y por 
la noche de ese mismo día, favorecidos por la oscuri- 
dad, tomamos marcha con dirección á La Sierra i pasamos 
por la jiarte occidental de los Morros de San Juan, sin 
encontrar á nadie en el tránsito sino en Chaeaoy en donde 
la guardia que estaba allí nos huyó sin dispaiar un tiro, 
la cual ignoro si fuese nuestra ó del Gobierno r po* no- 
haber conocido á ninguno délos soldados que la, compo- 
nían. 

— Preguntado: Después del ataque de Pagiiito, ¿tío> 



APÉNDICE XXIU 

usted á Francisco Rangel ? — Contesta : Cuando yo me 
retiraba del campo por falta de municiones, observé que 
Rangel lo hacía también por la misma causa : después 
se me informó que había salido herido y no lo volví á 
ver más. (1) 

— Preguntado: ? Estuvo usted reclutando gente en El 
Pao de San Juan Bautista ? — Contesta : No, señor. 

— Preguntado : j Supo usted qué persona de aquel 
pueblo ofreció entregar una caballería? — Contesta: Oí 
decir entre los soldados de la tropa, que si Rangel no 
se hubiera salido tan precipitadamen e de El Pao habría 
recibido una caballería que le preparaban ; pero no supe 
qué persona fuese la que quisiera prestar el servicio 
mencionado. 

— Preguntado : ¿ Quién confería los grados con que 
se distinguían las personas que acompañaban á usted en 
la facción? — Contesta: Hasta 1» expedición de El Limón los 
confería yo, y después de esta jornada los distribuía Rangel 
de acuerdo conmigo, pues llevaba el título de Coronel 
dado por mí. 

— Preguntado: ¿Quién dio en Los Bagres muerte al ca- 
pitán Villasmil ? — Contesta: No supe. 

— Preguntado : Cuando estuvo IT. en La Victoria en 
los primeros días del mes de setiembre último ¿ qué obser- 
vó 17. en la gente v á Antonio L. (¿uzman, que pudiese ha- 
cerle entender que éste tenía proyectada de antemano la 
facción ó revolución á que U. ha pertenecido ? — Contesta: 
Por lo que he dicho que me manifestó el doctor Echean- 
día y por lo que leí en los diferentes periódicos de 
que he hecho mención, deduje más que lo suficiente para 
persuadirme de la necesidad de hacer la revolución sin 
conocer caudillo, porque creía que todos los liberales 
debían levantarse en masa contra los mandatarios opre- 
sores, porque habían roto el Código fundamental y ho- 
llado las leyes de la República. 



simulo 
el 



(1) Rangel fue cogido por Guillermo Blasco, herido ; y asé- 
alo lo condujeron a Cura «travesado en una burra, y c nio 
*.* movimiento de la marcha hiciese que oscilase nn brazo, mandó 
el Jefe disparadle una descarga para v«dver'o á matar, hin ccu- 
rrírsele que pe'igraba la inocente bestia, como sucedió. Fue nece- 
sario buscar ft a burra que no fue tan desgraciada como la pu- 
niera La cabeza de Rangel fue mutilada y conducida á Caracas 



t n una lata. 



1 



XXIV APÉNDICE 

— Se le hace cargo con los varios delitos que co- 
metió la facción que acaudillaban usted y Rangel. — Con- 
testa: Si supe de algunos que se cometieran no podía 

impedirlo y sólo lamentaba tan fatales sucesos. 

— Reconvenido : Si usted no podía evitar los delitos 
atroces que se cometían por sus tropas, ¿ por qué no se 
separó de ellas, por qué no se presentó á las autorida- 
des públicas para que le juzgaran, pues semejante pro- 
ceder habría obrado en su favor, y por qué no solicitó un 
indulto pudiéndolo haber hecho! — Contesta : Xo podía se- 
pararme de mis companeros, pues creía de mi deber 
morir con ellos; y en cuanto á solicitar indulto sabía 
por los periódicos demasiado, que se decía que á Zamo- 
ra y Rangel no se perdonarían. 

— Preguntado : ¿Dio usted una declaración en cuatro 
de los corrientes ante el señor Auditor de Guerra, Ledo. 
José Santiago Rodríguez y es la misma que se le ha 
leído? — Contesta: Sí, señor, es la misma. 

— Preguntado: ¿Sabía usted que conspirar contra el 
Gobierno de su patria era un delito, y que como cabe- 
cilla debía responder, no solamente de sus propios hechos 
sino también délos de sus compañeros? — Contesta: Cuando 
me levanté contra el Gobierno creí hacer á mi patria 
un servicio en virtud de las razones que tengo mani- 
festadas. 

Se le hicieron o'ro* cargos, preguntas y reconven- 
ciones, relativo todo á los asesinatos perpetrados en las 
personas de Fuentes, Reyes, ] togado y otros, y a los incen- 
dios de varias casas y también al delito de conspira- 
ción que ha cometido, y contesta : — Ya tengo declarado 
que no tuve parte en las muertes que se refieren, pues 
fueron obra de Rangel y otros, lo mismo que los otros 
crímenes de que se me acusa. Respecto de ese Rogado 
ninguna noticia tuve del suceso, añadiendo: que si con 
parte de mi sangre hubiera podido rescatar las victimas 
relacionadas, lo hubiera hecho de grado, ya porque el 
primero era un amigo y que por relaciones de familia 
le tenía deferencia, ya porque el segundo era un hom- 
bre muy honrado y pacífico. 

En este estado mandé suspender esta confesión para 
continuarla siempre que convenga. — Se le leyó al reo y 



APÉNDICE XXV 

manifestó estar conforme con lo que había dicho, se 
suspendió la incomunicación de éste y firma. — González 
Méndez. — Brizuela, Secretario interino. — Ezequiel Za- 
mora. 

* * 

Se mandó citar al Procurador Municipal, y se li- 
braron los oficios para la comparecencia de los testi- 
gos. — Seguidamente compareció en este Tribunal el se- 
ñor Manuel Díaz é impuesto del nombramiento de de- 
fensor que le ha hecho el reo de esta causa, aceptó y 
juró desempeñar fielmente su encargó. — Firma, González 
Méndez. — Brizuela, Secretario. — Manuel Díaz. — A las siete 
de la mañana de hoy trece de los corrientes se confirió 
al señor Procurador que siga el curso legal con la bre- 
vedad que demanda su naturaleza. El Fiscal pide á US. 
se sirva obrar en este sentido, y se reserva emitir 
su opinión definitiva (mando, evacuadas las pruebas, vuel- 
va á pasársele el expediente para el último informe. Co- 
mo Ezkquiel Zamora en sus confesiones se refiere á 
injusticias que supone haberle hecho la Junta de No- 
tables y la Asamblea parroquial de esta cabecera en 
tiempo de las últimas elecciones primarias, poniéndolo 
en arresto y privándole de los derechos de ciudadano; 
y menciona también la nulidad de las elecciones de Mag- 
daleno, espera el que suscribe que por medio de oficio 
dirigido al señor Jefe político, se pida al Concejo Mu- 
nicipal una copia autorizada de todas las actas que exis- 
tan sobre aquellos hechos, y se agreguen á este expe- 
diente. Confíi el Fiscal en que he sacarán y agregarán 
\kív Secretaría, de acuerdo con el decreto de seis de es- 
te mes, testimonios de las actas de otros expedientes 
que por conspiración cursan en el Tribunal de ÜS. en 
lo conducente ó relativo á los hechos criminales de Za- 
mora. En la presente causa no importa tanto averiguar 
los delitos de Zamora y su facción, porque ellos están 
muy averiguados en cuantos expedientes se han forma- 
do desde setiembre último en este circuito y otros por 
el crimen de conspiración. Importa más descubrir el ori- 
gen ó las primeras combinaciones de la revolución. Sá- 
bese que Zamora antes y después de las elecciones 



H 



XXVI APÉNDICE 

primarias, iiuiiituvo activa correspondencia epistolar con 
algunos señores de Caracas sobre asuntos de política ; 
que les dirigía postas con frecuencia; que algunos de 
éstos eran Nolasco Tovar, Pedro Navarro y Tiburcio Ba- 
rrios, así como un tal Escalona, vecinos de esta ciudad, 
y que el mismo Zamora más de una vez fué á la ca- 
pital en ese tiempo. Sábese también que en la acción 
de Laguna de Piedra se cogió á los facciosos una ban- 
dera con motes ó letreros de imprenta ; y en el concepto 
del Fiscal deben hacerse á Zamoka preguutas inquisi- 
tivas sobre los puntos del párrafo anterior y sobre el mo- 
do con que hubo la bandera, cuáles eran sus letreros, 
en qué imprenta se hizo el trabajo, etc., y también debe 
interrogársele quién le dio el grado de General para 
capitanear las diversas facciones que existían en La Sie- 
rra y en el bajo Llano. Igualmente deben ser examina- 
dos sobre lo primero los conductores de las cartas, To- 
var, Navarro, Escalona y Barrios y las personas que 
aparezcan citadas. TS. sin embargo acordará lo que crea 
más conveniente. — Fecha ut supra, á las tres de la tar- 
de. — Juan Martínez. — Tribunal de l u Instancia — Agre- 
gúese á sus autos. Examínese á los conductores de 
cartas que menciona el Fiscal, librándose al efecto las 
órdenes conducentes; pídase al ('oncejo Municipal de este 
Cantón, por el órgano de su Presidente, copia autorizada 
d« las actas relativas á la nulidad de las elecciones 
primarias de la parroquia de Magdalcno, de los acuer- 
dos de la Asamblea parroquial de esta ciudad que tengan 
relación con el arresto que aquella acordó de Iíí persona 
de Ezeqiiel Zamora y la privación de los derechos 
de ciudadano de éste, y luego agregúense á estos autos. 
Hágase al reo el interrogatorio que indica el Fiscal y 
confiérase en el día traslado al defensor. Cura, abril 
14 de 1847. — González Méndez. — Brizuela, Secretario. — Se 
confirió al defensor el traslado acordado á las doce del 
día de hoy, fecha ut supra. — Briznela, Secretario. — Ma- 
nuel Díaz. 

República de Venezuela. — Jefatura política del Can- 
tón. — Ciudad de Cura, 15 de abril de 1847. Señor Juez 
de l w Instancia. — US. ha mandado citar varios testigos 
en la causa que ]>or conspiración se sigue al cabecilla 



APÉNDICE XXVII 

Ezeqqiel Zamora y lia oficiado á esta Jefatura política 
para que los cite también y tendré la satisfacción de 
cumplir con su citada orden. Soy de US. atento ser- 
vidor. A, Otáñez. 

Señor Juez de l u Instancia. — Manuel Díaz, defensor 
de Ezequiel Zamoba, con el debido respeto á US. digo: 
que me lie impuesto de las actuaciones y otras diligen- 
cias agregadas al expediente que se sigue contra su 
persona por el delito de conspiración. Ardua es la em- 
presa que se me presenta en esta vez al ¿margarme 
de la defensa de un hombre qae había comentado su 
carrera política, marcando sus pasos con distinguidos ser- 
vicios al Gobierno y á nuestras liberales instituciones, 
presentándonos en su juvenil edad el más hermoso por- 
venir para dejar su memoria en nuestros corazones gra- 
bada con la gratitud, desenpeftando como lo ha hecho 
antes de ahora todos los deberes de un verdadero re- 
publicano. Así es que salvar la persona de este hombre 
interesante, es la mayor carga que yo creo encontrar en 
las nobles funciones que me he> encargado como su de- 
fensor. Es verdad, señor, que Ezequiel Zamora ha 
tomado las armas contra el Gobierno de su patria, sien- 
do ésta su objeto más querido, y exculparlo de este car- 
go, sería pretender desmentir su explícita confesión ; pero 
cuando veo su lastimosa historia en los aciagos días de 
agosto último, en las elecciones primarias, en que figuró 
y desenpeñó un papel de verdadero republicano, recibe 
mi alma como la de mi defendido un lenitivo con el cual 
se mitiga en parte nuestro acerbo dolor. No están 
relegados al olvido, la historia y hechos de Zamora en 
las elecciones de cuarenta y seis. Colocado éste en me- 
dio de sus conciudadanos como un hombre cuyo interés 
y afán no tenía por objeto desperdiciar un solo momen- 
to para ofrecer á la sociedad un ejemplo claro del ho- 
rror conque miraba el ocio y la apatía, se presentó á su 
corazón una época en que reconociésemos en él uu in- 
dividuo que nutrido ya con los sentimientos de un acen- 
drado patriotismo, quería, como lo deseó vehementemente, 
instruirnos de que en medio de sus faenas se había ali- 
mentado su corazón con los dulces afectos que nuestra 
Constitución le había hecho concebir, y queriendo desem- 
peñar en aquellos días el noble deber que le encargaba 



XXVHI APÉNDICE 

«n su artículo 17, pensó como era natural, que debía 
abandonar en tan críticos momentos sus intereses y su 
tranquilidad, para lograr con sus tareas un Jefe que 
rigiese la Nación con las dotes propias para su felicidad. 

Zamora confesó que para estos días se había entre- 
gado con el mayor ardor á leer los periódicos y papeles 
sueltos que circulaban con el fin de presentará los ve- 
nezolanos los diferentes candidatos en quienes debía fi- 
jarse la atención : comparó y sujetó á una mental diges- 
tión todas las doctrinas y principios con que los escri- 
tores públicos disputaban en sus respectivos candidatos 
«1 interés con que debíamos marchar en la elección del 
más digno, y por una consecuencia se decidió por la 
candidatura de Antonio L. Guzmán. 

Debe entenderle por la propia confesión de Zamo- 
ra que no conocía á Guzm4n y que sólo había conce- 
bido en él la capacidad suficiente para esperar de él 
-el mejor resultado para su patria; de consiguiente, está 
fuera de toda imputación que mi defendido tuviera ra- 
teras miras pira elegir á Guzmán, y es ésto tan pro- 
bado, cuanto que en la mediocridad en que ha vivido 
respecto á luces y fortuna, á nada aspiraba sino á su 
trabajo, y por una consecuencia forzozadebe convenirse 
-en que sólo el patriotismo fue el móvil fie su elección. 

Guiado por este sendero abandonó, como he dicho, 
todos los placeres por contribuir con un grande contin- 
gente al buen éxito de su obra. Pero ¡desgraciado jo- 
ven ! no entendió que cuantos pasos daba en pos del lauro 
que se prometía, más males le urdían sus adversarios 
<y puedo decirlo así) porque en la época eleccionaria 
lia de haber contendores en la discusión candidatura, 
los que proponiéndose que encallaran los esfuerzos de 
-Zamora como las olas sobre una roca, urdían medios 
que tocaran hasta en los extremos que no pudo evitar 
Zamora. 

Cuando recuerdo, señor, que fui un testigo ocular 
de cuanto pasó en esta ciudad en los días eleccionarios, 
quisiera que tales días no se me presentaran jamás, por- 
que á la verdad nunca me había ocurrido que la intri- 
ga alcanzase hasta corromper los entendimientos y co- 



APÉNDICE XXIX 

razones que consideraba más rectos en la escena que 
se me presentaba, pues acostumbrado á la rectitud é 
imparcialidad, todo era para mí nuevo y desconocido. Pe- 
ro 4 á quién puedo llamar como testigo de esta verdad 
sino al Juez á quien hablo ! Necesario es correr un ve- 
lo que sepulte en el olvido unos hechos que ejecutados 
en otros puntos nos han producido los espantosos males 
que hoy lamentamos, engendrando por una consecuencia 
lógica el mayor desaliento para nuestras futuras elec- 
ciones. 

Burlado Zamora en medio del patriótico fuego que lo 
devoraba, vio los tristes resultados que iban á tener sus 
esfuerzos, pues los contrarios animados más y más en 
las garantías que tenían, apoyados en la misma Consti- 
tución y leyes que él, marchaba sin embargo á paso 
firme; así fue que llamó la atención de la Asamblea 
para hacer valer sus derechos como ciudadano, y en 
este paso, no encontrando concierto entre sus reclamos 
y las ideas de aquella representación, fue vejado y con- 
ducido á una prisión, de cuyo acto fue testigo toda la 
ciudad, puesto en libertad siguió su marcha sin des- 
viarse una línea y sin atender á los males que en ade- 
lante se le presentarían, arrostró todos los inconvenien- 
tes, porque en tal grado de vigor se encontraba su pa- 
triotismo. 

Zamora es un fiel testigo del poco valimiento que 
tenían sus empeños por alcanzar que sus prosélitos su- 
fragasen, y perdiendo el tiempo en un punto estacio- 
nario con las circunstancias de o ros sucesos que aciba- 
raban su corazón, llegó el caso de presenciar la conspi- 
ración que le hacían sus conciudadanos, acusándolo co- 
mo á un reo ante la Asamblea: él oyó las declaracio- 
nes de unos testigos de tan poco valimiento para man- 
char su reputación, y lleno de furor se transportaba ins- 
tantáneamente, reprimiendo con los mayores esfuerzos 
hasta aquel aliento que le inspiraba la justicia, oyó la 
terrible sentencia en que se le declaró agente de su 
propio interés y la que puso el sello á sus males, des- 
pojándolo del inestimable derecho de elegir y ser elegi- 
do por un tiempo de cuatro anos, y oyó en fin las más 
inertes expresiones que le dirigieron los magistrados, de 



XXX APÉNDICE 

quienes exigiera la consideración en la rectitud de sus 
pasos, y no bastando nada, se retiró á su casa con el 
corazón llagado pura buscar en este asilo y entre sus 
amigos el remedio de sus niales 

Yo fui uno de los que eligió para que le diese con- 
sejo, y le dije que ocurriera al Congreso con los docu- 
mentos que se le habían instruido: dejó á mi cuidado 
los pasos, le proporcioné copia de un expediente de un 
crimen para que consultara en Caracas, y puedo asegu- 
rar que en el corazón de Zasíoba no había proyectos 
de revolución, ni otros fines que vindicarse ante la Repre- 
sentación Nacional y ante el público, del desprecio y 
ultrajes que había recibido de la Asamblea, probando, como 
lo hizo, la rectitud de sus pasos en las elecciones, y las 
quejas que tenía de los magistrados que componían la 
Asamblea. 

Al asegurar Zamora que con todos estos documen- 
tos, consultó al doctor Manuel María Echeandía, cuál 
debía ser el rumbo que tomaría para recobrar la pér- 
dida de sus derechos, estoy seguro que estaba muy aje- 
no de abrazar el temperamento que se le aconsejó, para 
que tomando las armas se vindicase de las injurias que 
había recibido, siendo esto tan cierto, como que acaba- 
ba de dejar atrás en Mag.daleno centenares de hombres 
dispuestos á hacerle la guerra al Gobierno, por las mis- 
mas razones, cuya aserción no puede revocarse á duda 
si se atiende á (pie estas parroquias y los Tiznados 
obraban de acuerdo con Zamora y que el mismo can- 
didato de éste era el de aquellos vecinos ; si se atiende, 
á que en todas estas parroquias por unanimidad de sus 
vecinos y sociedades liberales, reputaban á Zamora co- 
mo el mejor agente para llevar á cabo sus decisiones; 
y si se atiende á que sabia Zamora que más de tres- 
cientos hombres habían sido acometidos y despojados en 
Magdaleno de sus derechos, cuyos votos fueron anula- 
dos : así fue que incontinenti de este suceso se agruparon y 
atacaron esta Ciudad y ¿quién mejor que Zamora debía 
.estar en cuenta de todo ? pero como he dicho, para él 
no era un medio honesto tomar las armas para llenar 
de luto á su patria, nada pudo fascinarlo en esta ocasión, 
y por consiguiente siguió á Caracas como he dicho. 



APÉNDICE XXXI 

Xo debe extrañarse que Zamora, en virtud de su 
consulta con Eeheandía, el ardor patrio y la confianza 
que le inspiraba la porción de individuos que tan decidida- 
mente resueltos se lanzaron, como dice, en la nave de 
acontecimientos á probar fortuna, junto con tantos hom- 
bres que en el misino caso que él estaban dispuestos á 
correr la misma suerte, vecinos unos de Tacasuruina y 
otros de otros puntos. 

Zamora dice, y con razón, que al verse colocado 
en esta posición, se creía sostenido por una columna inex- 
pugnable, mas los acontecimientos desgraciados que tuvo 
le lucieron quedar solo, y entonces no le ocurrió otro 
medio, que buscar el de alejarse del país para no ple- 
gar ante el Gobierno de la Nación, pues estaba seguro 
de que no se le perdonaría. 

Pero ¡ olí Señor ! Cuánto interesaba á los amigos de 
Zamora la espantosa situación en que se hallaba, y sin 
que él lo haya expresado en las declaraciones que ha 
rendido, ya ellos lo reputaban en un estado lamentable. 
El ha dicho, que ajeno su corazón de ser un asesino, 
un incendiario, y por decirlo todo, un malvado, no podía 
ser testigo del infernal programa de Rangel : él nos ha 
pintado el horror con que vio los hechos que cometía 
aquél y su gente, en lo cual ningún voto tenía: él nos 
ha asegurado que su grado de General no infundía en 
las tropas de liangel todo el respeto necesario, máxime 
en los casos en que éste llegó á ordenar algún hecho in- 
decoroso, y que pocas veces podía evitar los males que 
le atribuyen como primer Jefe. 

En todas ocasiones dio Zamora i>rueha de sus me- 
jores intenciones, procurando evitar hechos degradantes, 
aconsejando la buena moral y disciplina, dando garan- 
tías á los vecinos hacendados que estaban en sus puntos 
ocupados en sus faenas : estos son hechos que nadie puede 
negar, dígalo el señor José María García y muchas otras 
X>ersonas y familias. 

Bien notoria es, señor Juez, la conducta observada por 
el finado Fuentes en los momentos de su captura, pues 
impuesto en la mañana del 28 de noviembre por Juan 
Antonio Perdomo, vecino de La Majada, de que Rangel 



XXXII APÉNDICE 

se encontraba en aquel punto, instruyó de ésto á Justo 
Fuentes, seíior Manuel Guirado y otros vecinos, que se 
encontraban dominados por la facción, y todos se pusieron 
á salvo dirigiéndose & esta ciudad, y Fuentes Andrés, 
para ponerse fuera de los tiros de aquella gente, empren- 
dió marcha basta el sitio del Aguacate, en que por su 
desgracia quizá proyectó situarse en El Loro, casa de José 
Antonio Méndez, para espiar á Iiangel, como punto más 
inmediato; sabemos que Fuentes desde este lugar par- 
ticipó al señor Jefe político cuanto podía desearse en la 
materia, y creyendo hacer un importante servicio á la 
República, se poseyó de un halagüeño pensamiento, tal 
como el de reunir gente y formar un punto de apoyo para 
ofenderla facción: embullado con esta lisonjera idea, dis- 
pone que le desensillen el caballo y se puso á comer, y 
enajenado con las medidas que tomaba, fue hecho preso 
por la fuerza que había despreciado, y siendo esto tan 
cierto como lo es, ¿ no me veré autorizado para aseve- 
rar que Fuentes en su fantástica idea cavó la huesa en 
que ha sido sepultado! 

Volvamos pues á seguir la marcha que me interesa. 
No fue esta vez la única que Zamora empleó su me- 
diación humanitaria con Rangel para favorecer alguna 
víctima, lo hizo también en Guambra con el honrado 
Agustín Reyes, cuya muerte tampoco pudo evitar, pero 
fue más feliz salvando á Guillermo Blanco que había 
sido preso por una partida de Rangel. 

No está fuera de nuestro alcance la conducta de Za- 
mora en procurar alejarse de Rangel, diciéndole que 
tenía prosélitos en otros puntos, y que era indispensa- 
ble pasar en persona á donde estaban para animarlos, 
ofreciéndole como lo hizo, doscientos hombres que acau- 
dillaba Luciano Paira en El Pao de Sárate, de estaju- 
risdiccióu, con lo que logió internarse en las montanas 
de Tormenta y otros montes por donde vagaba, en cuyo 
tiempo Rangel invadió ios cainpos de Magdaleno, y la 
parroquia del Pao, en donde se hizo de armas, municio- 
nes y hombres, cometiendo en su regreso en Tacasuru- 
ma incendios y muertes, como hanse referido ; de regreso 
solic'tó á mi defendido en las montanas en qne habita- 
ba para alentarlo y sacarlo del vértigo que le causaban 



APÉNDICE XXXIII 

sus males, y conduciéndolo á los campos de La Laguna 
hasta la jornada de Pagüito. 

Después de lo que dejo referido, es interesante con- 
traerme á todo aquello que tenga relación con el título 
de General con que fué revestido, y con tal fin me valdré- 
de sus propias palabras. Dice Zamora que habiendo- 
llegado á Guambra, se le presentó el comisario de po- 
licía Socorro Masabé con un número de vecinos de aquel 
lugar dispuestos á obedecerle, y que con ellos pasó á- 
Las Muías, sitio inmediato á Guambra, en donde encon- 
tró á Rangel con un corto número de individuos, los que* 
unidos con los que sacó de Guambra, hacían el número' 
de más de cien hombres que de este lugar se dirijieron 
á Los Tiznados, y escribió á Martínez, Herr. ra y Cabe- 
za, que acaudillaban sus respectivas partidas, y que so- 
metidos igualmente como los primeros mereció el nombre 
de General entre ellos, que de allí salieron para El Limón 
en donde fueron atacados por Guerrero, que los derrotó : 
que Rangel, insistiendo siempre en su empresa, lo acom- 
pañaba á hacerse de hombres y de armas pira llevar 
á cabo siempre su empresa, y que por último, el título 
de General, de mi clieute, en lugar de ser pernicioso era 
moralizador al ejército liberal ó faccioso y contenía en 
mucho los excesos que Rangel y algunos de mala incli- 
nación intentaban practicar, aun cuando no pudiesen im- 
pedir en un todo los males que se practicaban y lamentaba 
Zamora. 

Oigo ya, señor, por todas partes un eco unísono ea 
esta ciudad, que lamentando la suerte del desgraciado» 
Zamora tiende á prestarle todo consuelo y llevar hasta 
el Supremo Gobierno cuanto sea conducente para salvar- 
le la vida, y con razón, porque sien lo este hombre como 
sus hechos tan conocidos antes de este suceso, necesa- 
rio es que empleen un esfuerzo simultáneo para conser- 
var la vida á un joven que ha contribuido al ornato de 
esta población. También debo hacer presente por últi- 
mo, que siendo esta causa grave, como se ha calificado, 
y que la persona de mi defendido es interesante, nece- 
sito para llenar mis deberes todo el tiempo que me con- 

ni 



XXXIV APÉNDICE 

cede la ley, esto es, el de treinta días, sin que restrinja 
ni un solo momento. 

También debo decir, señor Juez, que no es posible 
que en cuatro horas que se me han concedido por US. para 
imponerme del proceso, compuesto de sesenta y seis fo- 
jas, formar concepto de sus actas, y exculpar á mi de- 
fendido de los cargos que se le hacen, ni que pueda 
salir de mis manos una obra completa, que satisfaga mis 
deseos y los de mi cliente. En esta virtud y reprodu- 
ciendo cuanto dejo expuesto, suplico á US. se sirva dar 
por exculpado á Ezequiel Zamora de los hechos que 
se le imputan, y acordar en la recepción á prueba de 
esta causa, todo el término que dejo referido, y que la 
ley concede en estos casos, por ser justicia que im- 
ploro y juro. — Ufamtel Díaz. 



* 
* * 



OTRA DECLARACIÓN DE EZEQUIEL ZAMORA 



En veinte y cinco de los corrientes á las siete de 
la mañana se constituyó el Tribunal en la cárcel públi- 
ca, con el objeto de recibirle nueva declaración con car- 
gos á Ezequiel Zamora, y después de habérsele im- 
puesto del deber en que estaba de decir verdad en cuan- 
to sepa y se le pregunte, dijo llamarse como queda di- 
cho, haber sido vecino de esta ciudad, natural de día, 
pueblo de los Valles del Tuy, de estado soltero, libre, 
de religión Católica Apostólica, límuna, de oficio co- 
merciante, de veinte y nueve anos de edad y de instruc- 
ción alguna. 

— Preguntado: Cuando estuvo usted en el mes de 
noviembre último en el sitio de La Dormida j estuvo us- 
ted también en la casa del citado Silva f ¿ dijo usted 
á este individuo, que le iba á buscar y que le siguie- 
ra ? — Cont-esta: Ni estuve en la casa de Silva, ni hablé 
con él, como se me pregunta. 

— reconvenido: ¿ Cómo niega usted haber visto y 
habladu á Silva, cuando éste en su declaración, clara 



APÉNDICE XXXV 

¡y terminante, declara que la noche que usted y Fran- 
cisco Rangel pasaron á las inmediaciones de la hacien- 
da Lagunita á situarse con su gente en el sitio del Hoyo, 
más acá de la quebrada de La Dormida, ó lo que es 
io mismo, entre La Dormida y La Lagunita, usted se le 
apareció con una partida en su casa y le llamó, y que 
habiendo abierto la puerta el citado Silva le dijo usted 
-que iba á buscarle para que le siguiera; pero que des- 
pués que le manifestó no poderle acompañar porque te- 
nía una mujer y varios hijos y su trabajo, usted le 
repuso, que ya que no quería acompañarle debía venir 
á este pueblo á comprarle unos trastos ? — Contesta : Yo 
no cargo mi conciencia al decir que no he visto al 
Teferido Silva en los sitios que menciona en su declara- 
ción : en mi nombre puede haberle mandado alguna per- 
sona de las que me acompañaban, pues yo no vi en el 
campamento á otros que á Felipe Albero y Manuel el 
isleño, los cuales me llevaron varios trastos, como que- 
so, unas botellas de vino, tabacos y bizcochos ; y debo 
añadir que la avanzada que tenía á la vista del cami- 
no que conduce de esta ciudad á la hacienda Lagunita, 
me informó que una persona había llegado en traje de 
peón al campamento y me había solicitado; se había 
puesto en marcha, salí con el objeto de ver si lograba 
liablar con ella y aunque la vi á larga distancia y la lla- 
mé, esta no quiso detenerse y por lo tanto no supe quién 
4?ra. Tampoco podía yo haber visto á Silva, pues ocupado 
-constantemente en vigilar sobre mi seguridad personal, no 
podía permanecer mucho tiempo en un solo punto por 
estar revisando el campamento y las avanzadas. 

— Vuelto á reconvenir: No es creíble que sus tropas 
«dejaran salir del campamento una persona que le solici- 
taba, con tanta más razón cuanto que en aquellos mo- 
mentos era á usted importante saber el estado de esta 
población y cuanto que usted mismo dice habérsele in- 
formado que aquélla deseaba hablarle. — Contesta: Como 
no tuve intenciones de acometer esta población, no me in- 
teresaba saber su estado, y al irse la persona de que 
Jie hablado Fin entenderse conmigo, pudo ser por evitar 
^lgún compromiso ó por evitar se le dejara en servicio. 

— Preguntado : En el mes de agosto último á conse- 



XXXVI APÉNDICE 

cuencia de haber resuelto la Asamblea parroquial de 
esta ciudad la suspensión de los derechos de ciudadano 
de usted ¿nó dijo públicamente que tarde ó temprano 
se vengaría de los miembros de aquella corporación 
v aun de toda la familia de los Celis? — Contesta : Xada 
de lo que se me pregunta he dicho, y puedo asegurar 
que siempre he odiado la venganza; y que juré que aun- 
que los Celis me ofendieran, nunca les cometería falta. En 
comprobación de lo que acabo de decir, puedo citar loa 
documentos que solicité con el objeto de buscar el re- 
medio por las vías que la ley me trazaba, como lo podrán 
declarar las autoridades que en aquella época estaban en 
esta ciudad y Santa Cruz, parroquia del Cantón Tur- 
mero. 

— Preguntado : ¿ Conoce usted á José Bernardo Ma- 
sabé ? Contesta : Mucho le conozco. 

— Preguntado : ¿ Le nombró usted de secretario ! — 
Contesta: Sí, señor. 

— Preguntado : ¿ Desde cuándo no vé usted :il citado 
Masabé? — Contesta: Xo tengo presente el día que se se- 
paró de mí. 

Preguntado: ¿Qué motivó la separación de él, así 
de la facción como de usted ? — Contesta : Como Bangel 
y yo convinimos en separarnos con distintas partidas para 
combatir por diferentes puntos, -elejí entre las personas 
que debían acompañarme, á Masabé, pero habiendo lle- 
gado á Las Guasduitas, las dispersé ofreciéndoles que 
mientras descansaban iría yo á Caracas y á otro punto 
en solicitud de auxilios, quedándome únicamente conloa 
individuos relacionados por tener con Jote Bernardo mucha 
amistad y á quien profesaba grande aprecio. 

— Preguntado: ¿Cómo se llaman las nueve personas 
que del vecindario del Pao de Zarate comis onó usted 
para que reuniesen á todos los vecinos de la jurisdic- 
ción f — Contesta: Muy pocas personas conozco en El Pao 
y aunque no recuerdo á cuántas personas escribí, puedo 
confesar que sí lo hize y me lo indicó un soldado de 
la tropa, vecino de aquella jurisdicción, sin poder ahora 
recordar sus nombres. 

— Preguntado: ¿Conoce usted á Toribio López, ve- 



APÉNDICE XXXVII 

-ciño del Naranjal, y á Simón Santana, de Camatagua? 
— Contesta: Del Naranjal conozco á un viejo llamado 
Romualdo López, comisario de dicho sitio. 

— Preguntado: ¿Qué relaciones tuvo usted con Tomás 
Barrera, vecino del caserío de Los Colorados f — Contesta: 
No me recuerdo haber tenido relaciones con esa per- 
sona. 

— Preguntado : ¡ Recuerda usted la noticia que dio 
en el mes de junio ó julio últimos al señor Nicolás Pérez, 
comerciante de esta ciudad, sobre que guardara los reales 
que tuviera porque esta población iba á ser saqueada ? 
— Contesta: Recuerdo que Manuel Pulido y otro vecino 
del Ancón me dijeron que se decía, que una partida 
venía á asaltar la población, y recuerdo también ha- 
bérselo dicho á Pérez por ser mi amigo y ai Jefe Po- 
lít ico como autoridad. (1) 

— Preguntado: ¡ Eu dónde hubo usted la bandera que 
apareció enastada en el ataque del Limón ? — Contesta : La 
bandera tricolor que apareció en el ataque del Limón 
era de la caballería que inundaba Rosa-lio Herrera, y la 
que figuraba de color amaiillo sólo, era la misma que 
tenía la «Sociedad Liberal de esta ciudad, la misma que 
«e me entregó como depositario del mensaje de dicha 
Corporación, y la misma que llevamos á la función que 
tuvo lugar en la hacienda de Ancón, en uno de los días 
en que los miembros de aquélla quisieron divertirse. 

— Preguntado: ¿ En qué imprenta pusieron á esa ban- 
dera de que usted acaba de hablar, el mote ó letrero 
que figuró en El Limón ? — Contesta : Yo creo que el le- 
trero fué puesto con cartulina y que en ninguna impren- 
ta se le puso, como podrán decirlo el licenciado Juan Mar- 
tínez y Miguel Torres. 

— Preguntado: ¿El grado de General de usted se 
le confirió formalmente antes de lanzarse en la facción ó 
cuándo í'uet — Responde: Antes de la facción ningún tí- 
tulo tenía, pero en Las Guasduitas me eligió la comiti- 
va de General suyo, y en ese mismo día y después de 



(1) En este tiempo no había conspirado todavía Za moka sino 
dos meses después: loque prueba Ja impremeditación; y su 
alzamiento fué después por el mal tratamiento en las eleVeio- 
jies de age-sto del misino año. 



XXXVIII APÉNDICE 

haber dado las gracias á los soldados, di á Ringel cF 
título de Coronel, en recompensa del honor que se uie aca- 
baba de dispensar. En este estado mandé suspender es- 
ta confesión para continuar cuando convenga. — Fue leída 
al reo, dijo estar conforme y firma. — González Méndez. — 
Brizuela, Secretario. — Ezequiel Zamora. 






M'EVA DECLARACIÓN DE EZEQI'IEL ZAMORA 

En veinticuatro de los corrientes á las ocho de- 
la mañana se constituyó el Tribunal en la cárcel píí- 
blica cen el objeto de interrogar nuevamente al reo Eze- 
quiel Zamora, é impuesto del deber en (pie está de 
decir verdad en cuanto se le pregunte, dijo llamarse como- 
queda dicho, haber nido vecino, como ha manifestado 
en sus anteriores declaraciones, de esta ciudad, de es- 
tado soltero, natural de día, de condición libre, de oficio- 
comerciante, de religión Católica, Apostólica y Romana, 
y de veintinueve anos de edad. 

— Preguntado: ¿Conoce usted al venerable Cura de 
San Francisco de Tiznados, Presbítero Sebastián Esco- 
bar y qué relaciones tuvo con él cuando la facción que 
usted mandaba se acuarteló en aquella parroquia f — Con- 
testa : Conozco al Presbítero Escobar, y no recuerdo ha- 
ber tenido relaciones con él con referencia á la facción ;. 
pero sí puedo decir que cuando estuve en la parroquia 
de que se habla me visitó varias veces en el cuartel, 
en prueba del afecto que me había profesado antes. 

— Preguntado : ¿ Los planes de usted, Kangel y otros^ 
cabecillas de la facción, eran de hacer guerra, al Go- 
bierno legítimo de Venezuela, matando á todo oligarca 
y á todo el que se opusiera á sus intentos, y era el 
de repartir las tierras y los bienes de aquéllos entre 
los pobres ? — Contesta : Nada de lo (pie se me pregunta 
respecto á Kangel oí decir á éste, pero no puedo asegu- 
rar que fuese su intención practicar ó ejecutar los hecho» 
sobre que se me interroga: porque en la creencia de que 
yo no participaba de semejante opinión podía muy bien. 



APÉNDICE XXXIX 

ocultarme sus proyectos. Respecto á mi persona aseve- 
ro que ataqué al Gobierno por las razones ó motivos 
que dejo dichas, pero jamás estimulé á los soldados con 
las ofertas que se refieren. Esto lo puede testificar todo 
el vecindario de Los Tiznados, en presencia del cual pro- 
clamé varias veces á mis tropas con prevenciones muy* 
serias de que no cometiesen acto ninguno criminal, ha- 
ciéndoles ver é inculcándoles que tau abominable y anti- 
social conducta sólo era propia de los Boves y Jos Cis- 
nea >s. 

— Preguntado: Cuando la facción llegó al sitio do 
los Bagres, ¿supo usted que el señor Andrés Fuentes 
estaba eu su hacienda, y no fue usted quien mandó lue- 
go una partida de veinte y cinco hombres al mando del 
que llamaban Capitán Francisco Pacheco, con el objeto 
de que le llevaran á su presencia al referido Fuentes f 
— Contesta: P^s falso, pues no tenía motivos para obser- 
var semejante conducta. 

— Reconvenido: Niega usted la pregunta, ¿y cómo 
su Secretario «fosé Bernardo Másala 1 lo declara y aña- 
de, que habiendo sido conducido á su presencia el señor 
Andrés Fuentes y Pedro Pastrán dirigió la palabra á us- 
ted el último suplicándole que no le hiciera mal, pues- 
to que, como usted mismo sabía, no se había mezclado 
en asuntos políticos, y que usted le respondió con estas 
palabras : " ron usted no va nada, no tenga usted cui- 
dado ? (1) — Contesta: Nada de eso pasó con Pastrán, 
y si algo dijo, no le atendí en aquellos momentos. 

• 

— Reconvenido: Cómo dice usted que tal cosa no \u\ 
pasado ó no la recuerda, cuando consta del sumario y 
varias declaraciones lo contrario ? — Contesta: No recuer- 
do haber dicho las palabras que se me atribuyen. 

— Preguntado: ¿ Ha recordado usted el mote ó letre- 
ro que tenía la bandera (pie usó la Sociedad Liberal es- 
tablecida en esta ciudad poco antes de las elecciones, y 
de la cual ha hablado usted en su última declaración ! 



(1) Pastrán como Podro Bofill, Manuel LnnúV, José Manuel 
García y otros, estuvieron en el campamento de Zamora y 
Rangcl ese día, v á todos se les dH pirantía por igual : él 
suceso excepcional de Fuentes fue muy aislado y único de Kan- 
$rel c( n su tropa, y que Zamora no pudo impedir. 



XL APEKDICE 

— Contesta: Sí, señor, recuerdo que el mote ó letrero era 
■" Elección popular, principio alternativo, orden y horror 
á la oligarquía." 

— Preguntado : ¿ Y cómo pudo figurar dicha bande- 
ra en el ataque del Limón, cuando usted y la facción 
que acaudillaba, proclamaban principios entera mente con- 
trarios, á la vez que no puede haber orden público cuan- 
do se ataca un Gobierno legítimamente constituido, y 
ú la vez que, alzándose contra él se ataca á la Nación, 
sus leyes y autoridades ? — Contesta : Creí, como antes he 
dicho, que debía atacarse un Gobierno que había infrin- 
gido la Constitución y leyes de la República; y ésto 
lo decían todos los periodistas de Caracas y otras par- 
tes. 

— Preguntado : • Sabe usted si de esa bandera que co- 
rrespondía á la Sociedad Liberal de esta ciudad, fue bo- 
rrada la palabra ov<Icn, y puede usted indicarme la ptr- 
aona que lo hiciera ? — Contesta : La palabra que se in- 
«dica sí fue borrada, pero no supe por quién ; pues ese 
día había mucha gente en ese lugar ó sitio, que fue en 
la hacienda de Ancón, v á donde concurrieron muchas 
personas notables de esta ciudad. 

— Preguntado: ¿ Nó podrá usted decirme cuál sea 
su opinión respecto al origí n de esa revolución provo- 
cada por los periodistas de la prensa corruptora ? — Con- 
testa : Nada puedo decir. 

— Reconvenido: Parece increíble que R ángel hubic- 
ise sido, como ha manifestado usted, el que ordenó la 
muerte del señor Fuente-», puesto que aquél no le co- 
nocía y que siendo un hombre idiota, tampoco debía 
estar en cuenta de que el referido señor Fuentes fnese 
uno de los que debían morir, ya por sus opiniones políticas, 
ya por otro respect>: lo que prueba, ano dejar duda, 
<]iie usted debió imponer á Kangel de las parcialidades 
<]ue oeurreron en esta ciudad los días de las elecciones 
primarias. — Contesta : Aunque Rangel no hubiera cono- 
cido al señor Fuentes, le conocían sus conductores, quie- 
nes querían privarle de la vida, en momentos en qve 
aquél se encontraba en estado de embriaguez, y en que 
estaba como una fiera, en cuyo caso ninguna reflexión 
le entraba, ni se le podía hacer. 



APÉNDICE XLI 

— Reconvenido : Tampoco parece concebible lo que 
acaba usted de decir sóbrela crueldad de lia ngel, cuan- 
do se sabe por notoriedad que éste nada hacía á los 
soldados y Jefes del Gobierno que encontraba indefen- 
sos. — Contesta : Después del ataque de los Leones no 
fue Rangel sino Zamora el que perdonó los soldados del 
Gobierno, y aun prestó nuxilio A uno que estaba para 
morir de sed, aprovechando la ocasión de haber quedado 
Rangel detrás; y si éste alguna vez puso en práctica 
conducta igual, lo hacía sin duda por mi ejemplo y cons- 
tante predicación. 

— Preguntado: ¿Cómo quiere usted atribuir á sólo 
Rangel los diferentes delitos y excesos cometidos por la 
facción que ustedes dirigían, cuando de los diferentes 
procesos seguidos contra otros reos de conspiración, se 
ve con claridad (pie obraban (K consuno, corroborándose 
esto mismo con la circunstancia de aparecer siempre jun- 
tos, sin embargo de separarse de vez en cuando, y de 
los diferentes reveses que experimentaron en la campa- 
ña! — Contesta : Ya he dicho antes que no estaba de «acuer- 
do con algunos hechos de Rangel. 

— Preguntado: ¿Ha podido usted saber qué dirección 
habrán tomado los otros Jefes de la facción, y qué pla- 
nes proyectaron al llevar á cabo su partida ? — Contesta : 
Lo tínico que supe fue que Rondón siguió para El Pao 
de San Juan Baustista, de donde eran vecinos muchos 
soldados de los que cargaba. 

En este estado mando suspender esta declaración para 
continuarla siempre que convenga. — Le fue leída al reo, 
dijo estar conforme y firma. — González Méndez. — Brizuela, 
Secretario interino. — Ezkuuiel Zamora. 



* * 



OFICIO 



República de Venezuela. — Jefatura política del Cantón 
—Número 75.— Maracay, Mayo 25 de 1847,— 18? y 37° 
— Señor Juez de 1" Instancia del 4? circuito. — Ayer re- 



XLII APÉNDICE 

cibí la comunicación de usted fecha 21 délos corrientes, 
número 291), en que me trascribe la resolución de S. E. 
la Corte Superior, relativa á la traslación á la cárcel 
de esta Villa, del reo Ezeqüiel Zamoba. La persona 
de éste me fue entregada el 22 en la tarde por el 
señor Comandante Juan Pereira, con oficio de remi- 
sión del señor Jefe Político de ese Cantón. Dicho reo 
lo he puesto en uno de los calabozos internos del edi- 
ficio de esta cárcel, y permanece en él con los mismos 
grillos (1) que trujo y con toda la seguridad necesaria. 

Lo «ligo á 17. S. para su inteligencia y en contes- 
tación á su citada nota. — Soy de U. S. muy atento, obe- 
diente servidor. — ¿Salvador Mirhelena. 

• * 

República de Venezuela. — Corte Superior del 2 o Dis- 
trito. — Caracas, 18 de mayo de 1847, año 18? de la ley 
y 37° de la Independencia. — Señor Juez de 1" Instancia 
del 4? circuito. — El señor Gobernador de la Provincia 
con fecha de ayer, dirigió á ota Corte Superior el oficio 
que sigue. — Tiene informes fidedignos este Gobierno de 
que se procura esmeradamente la fuga del reo EzEgriEL 
Zamora, preso en la cárcel pública de Cura; y de que 
á pesar de la escrupulosa vigilancia de las autoridades, 
y de todas las precauciones tomadas, no presta aquel 
lugar toda la seguridad necesaria para un encausado de 
tanta consideración. Cree, pues, este Gobierno, que es 
de urgente necesidad trasladar inmediatamente á Maracay, 
donde sí existe la suficiente segundad, al citado reo; 
pero como según el artículo 10 de la ley de 15 de ju- 
nio de 18.'*1, sobre procedimiento contra conspiradores, 
es á S. E. la Corte Superior del Distrito á quien toca, 
proveyendo á la seguridad de los encausados, designar 



(1) Los mismos grillos que nunca le cambiaron. Oon éstos» 
lo pusieron cu un ou ro en la cáeel de Ciudad de Caray sin 
sombrero, con un sol abrazador hasta Maracay: al haber anda- 
do como una milla pudo la señora Paula Correa, madre del 
preso, alcanzarlo v ponerle sombrero, contra el querer del Je- 
fe de la escolta, fcn esta vez no pudo victorear al Presidente 
Antonio Leocadio Gimnán, como lo hizo al entrar á Ciudad 
de Cura, pues una bebida que tomó en Santa t/ruz lo hizo 
enfermar, en términos de llegar moübuudo á Guaruto, una lc- 
jrua distante de su destino. 



APÉNDICE XLIU 

el lugar á donde deban ser trasladados y juzgados, me- 
dirijo á S. E. por el órgano de US., para que en con- 
sideración de los informes dignos de todo crédito, que* 
ha tenido el Gobierno, se sirva acordar á La brevedad 
posible, la traslación del referido Zamora á Maracay r 
» donde ocurrirá el Juez siempre que lo creyere necesario.'** 
En consecuencia , recayó el decreto que sigue: — "Visto- 
el precedente oficio del señor Gobernador de la Provin- 
cia, y en virtud de las razones en él expresadas, la 
Corte acuerda que Ezequiel Zamora, preso que se juz- 
ga por conspiración, sea trasladado de la cárcel de Cu- 
ra á la de Maracay (1) comunicándose esta determina- 
ción con inserción del oficio referido al Juzgado de l tt 
Instancia del 4? circuito judicial; y que se participe tam- 
bién al seuor Gobernador á fin de que se efectúe la 
traslación del reo con la seguridad necesaria." Lo que 
comunico á usted para su inteligencia y fines indicados.. 
Dios guarde á usted. El Presidente, Juan José Romero, 

Tribunal de Y x Instancia del circuito. Agregúese 
esta comunicación á sus antecedentes; y coa el ñn de- 
llevar á cabo la resDlución de S E. la Corte Superior, 
transcríbase su contenido al señor Jefe Político de es- 
te cantón, para (pie con seguridad bastante s^a tras- 
ladado y entregado al señor Jefe Político de Maracay 
el reo Ezequiel Zamora. Cura, mayo 'M de 1847 á 
las seis de la tarde. — González Méndez. — Brizucht, Secre- 
tario interino. 



* 
# # 



Señor Juez de 1* Instancia. 

Puesto que S. E. la Corte Superior de Justicia por sus 
muchas ocupaciones, no ha podido mandar un testimo- 
nio de varios expedientes en que están comprobados los 
crímenes del titulado General de los facciosos Ezequiel 
Zamora, y puesto que la causa que á éste se sigue 



(1) Se hizo correr la noticia de (pie José Jesús González (alias 
Agachado) con una partida, vendría de La Siena á sacar de 
la car el á Z»mora y de aquí partir; ojee dehía trasladarse al 
Cuartel General donde únicamente creían tener seguridad bastan- 
te para tan importante preRi, que tanto deseaban devorar. Aga- 
chado para esa fecha estaba en Apure. 



XLIV APÉNDICE 

debe retardarse algún tiempo porque se esperan las prue- 
bas que ha ofrecido á puntos muy (listantes del lugar 
del juicio, procedo á indicar algunos excesos y delitos 
de dicho Zamora y de su facción, para que se averigüen 
en dicha causa. 

Primero: Zamora, en el tiempo de las últimas elec- 
ciones primarias fue un caudillo gii7inancista muy exal 
tado en este cantón, que con hechos y expresiones con- 
movió á las masas contra el Gobierno y contra los hom- 
bres de o^den á quienes llamaba picaros, godos y oligar- 
cas. 

Segundo: Zamora pretendió ser elector por ese tiempo; 
y (pie triunfase el partido llamado de Guzmán; y para 
lograrlo, recorría el poblado y los campos con una ac- 
tividad increíble, seducía, pagaba y capitaneaba á la 
gente sencilla é ignorante, á quien leía los impresos 
titulados liberales; ge presentaba con ella á la Asam- 
blea parroquial de esta cabecera ; reclamaba los dere- 
chos de sus partidarios ; leía las listas en que estaba él 
inscrito ; las firmaba ;i ruego ; entorpecía los trabajos de 
la Asamblea ; le faltaba con frecuencia el respeto debi- 
do ; y dirigía contra los eonjueees y contra el orden públi- 
co algunas expresiones sediciosas y alarmantes. 

Tercero : En el mismo tiempo aparecieron pasqui- 
nes en (pie Zamora amen -izó de muerte á algunos de 
los que él llamaba oligarcas, y juró contra éstos odio 
y venganza eterna. E*te vecindario estuvo alarmado y 
sobresaltado por las amenazas y conducta de Zamora 
y de su gente en la época eleccionaria. En ese tiem- 
po se dejó bigotes, y manifestaba que por las buenas ó 
por las malas subiría el señor Guzmán á la Presiden- 
cia de la Kepública, y que rodarían por este pueblo las 
cabezas de los oligarcas. Desde entonces manifestó Za- 
mora conatos de conspiración, y las autoridades tuvie- 
ron que estar con mucho celo y vigilancia, y que tomar 
algunas medidas de seguridad pública. 

Cuarto : Los sufragantes de Magdaleno, en cuya pa- 
rroquia también trabajó Zamora con ardor, lo mismo 
que en la de Los Tiznados, concurrieron á votar armados, 
y la Asamblea de allí tuvo que anular los sufragios por 
la violencia ó coacción c^ie se ejercía. 



APÉNDICE XLV 

Quinto : No habiendo Zamora conseguido el triunfo 
de su electorado y de su partido, fué á Caracas en agos- 
to con Manuel Ibarra y otros, bien armados y con tren 
de guerra que indicaba ya el proyecto concebido de tur- 
bar el orden piiblico. 

Sexto: Kegresó Zamora con el señor Guzmán has- 
ta La Victoria, y de allí vino á La Sierra & levantar 
contra el Gobierno á la misma gente que ya había con- 
movido en las elecciones primarias. Dos veces ha inva- 
dido su facción la hacienda del señor Eustaquio Barre- 
to, en Magdaleno; una en setiembre con liangel á la 
cabeza, y otra en febrero, cuando aquella bajó con Za- 
mora á La Culebra ; en la primera fueron baleados los 
señores Barreta, Carlos Montesinos y otros, que se salva- 
ron milagrosamente; y fue saqueado y malbaratado cuan- 
to había en la hacienda ; en la segunda fue también 
ésta saqueada, buscados los mismos individuos para ma- 
tarlos, y amarrados algunos peones y esclavos (pie fue- 
ron incorporados á la facción. 

Séptimo: En Magdaleno también el mismo Zamora 
robó la casa del señor Salvador del Cristo, distribuyó 
las ropas y efectos entre su gente, y cometió otros ex- 
cesos y tropelías, como incendiar algunas casas y propie- 
dades. 

Octavo: En la octava jurisdicción de Magdaleno, la- 
facción de Zamora asesinó á Andrés Bogado, porque 
éste no (pieria seguirla. 

Noveno: Antes la misma facción de Zamora cortó 
la lengua y mató á lanzazos al comisario de policía de 
Guambra, Agustín lieyes, porque éste no (pieria acom- 
pañarla y era hombre honrado y de orden. 

Décimo : Zamora ó su facción en varios puntos 
ha cometido otros robos, otros asesinatos, otros incen- 
dios y otras tropelías, y en la acción de Laguna de Pie- 
dra se cogió á los facciosos una carga de ropa que ha- 
bían robado en Los Tiznados. 

Undécimo: En los encuentros de armas que los fac- 
ciosos han tenido con las tropas del Gobierno, Zamora 
lnwacribillado y hecho acribillar á puñaladas á los ofi- 



XLVI APÉNDICE 

-cíales y soldados de aquéllas, a quienes también lian 
desnudado y robado. 

Duodécimo : Kste pueblo ha sufrido mucho con mo- 
tivo de las amenazas, incursiones y tropelías de la fac- 
ción de Zamora. Este lo tenía sentenciado á muerte 
y ofrecía á su gente que lo saquearían y degollarían. 
.Zamora lo amenazaba y circulaba constantemente, y ha- 
biendo manifestado en Los Bagre*, que do esta ciudad 
sólo se escaparían los señores hermanos Pérez, dijo Rar- 
£-el : u Estos me tocan á mí: yo me encargo de ellos." 

Decimotercero: Rangel, durante su alzamiento pensó 
presentarse al señor General Cordero y al señor Coronel 
<Jisneros, v Zamora se lo estorbó haciéndole concebir 
esperanzas de triunfo para que continuase en la empresa 
que ambos habían acometido. 

Apunto los hechos presentes con el objeto de que 
l\ S. se sirva averiguarlos, ó ampliar la comprobación 
de cada uno de ellos. U.S. puede hacer declarar sobre 
éstos y sobre los demás crímenes de Zamora y su facción 
á los señores, Jefe Político Aureliano Otáñez, Eustaquio 
Barreto, Pedro Boftll, Nicomedes Brizuela, llamón Her- 
nández, Francisco Gil CebaPos, Manuel María Lauda, 
doctor Jaime Bosch, doctor Ignacio Celis, Braulio Otá- 
ñez, Ramón Rodríguez, Trinidad y Fausto Celis, doctor 
Manuel Manzo, Manuel Orta, Juan y Domingo Cuervos, 
Jesús Peraza, Joaquín Díaz, Benito Marti, Nicolás Ova 
lies, Justo Fuentes, Luis María Ceballos, Leonardo Ló 
pez, Francisco Monroy, Cayetano Ayala, José Jaén y 
Fortunato Turrealva, quienes sabrán muchas cosas de 
ciencia cierta y otras de público y notorio. También se 
puede librar despacho á Magdaleno con inserción de los 
particulares conducentes y á los demás lugares que 
US. juzgue de necesidad para averiguar los crímenes y 
atrocidades que la facción de Zamora haya cometido 
en las veces que han sido invadidos por ésta. Suplico, 
pues, á V. S. se sirva acordar las providencias condu- 
centes para que queden bien justificados en el expedien- 
te todos los excesos y delitos de Zamora. — Cura : once 
de mayo de mil ochocientos cuarenta y siete. — Juan Mar- 
tínez. 



APÉNDICE XLVII 



PRUEBA QUE OFRECE MANUEL DÍAZ COMO DEFENSOR DE KZEQUiEL 
ZAMORA EN LA CAUSA QUE SE LE SIOUE POR CONSPIRACIÓN 



Lista de loa testigos que serán examinados por el 
siguiente interrogatorio : Nicolás Pérez, Nicolás Ovalles, 
Braulio Otáíiez, Juan Bautista Pérez, Francisco Gil Ce- 
ballos, Fausto Celis, Domingo Cuervos, Félix Carias, José 
Antonio Istillarte, Víctor Ríos, Ignacio Ríos, Manuel 
Orta, José Ramón Hernández, Ildefonso Guzmán, Soco- 
rro Telles y Joaquín Paúl. Todos vecinos de esta ciudad. 

Primero: — Por las generales de la ley y las relacio- 
nes de amistad ó enemistad que tengan con mi defen- 
dido. 

Segundo: — Si saben que Ezbquiel Zamora desde 
sus primeros años ha estado consagrado con laboriosidad 
y esmero á la industria de comerciante en mediana es- 
cala, cumpliendo religiosamente siempre sus compromisos, 
que distinguen á un hombre honrado. 

Tercero : — Si es cierto que Zamora siempre dio prue- 
bas de adhesión al cumplimiento de ¡os preceptos cons- 
titucionales y las leyes, siendo p.>r tanto uno de los ve- 
cinos, que á cual primero, se presentaba á las autorida- 
des en los momentos de algún peligro, tal como el al- 
zamiento de Juan Silva en que fue uno de los que mar- 
charon con el comandante Carabano en la persecución 
que se le hizo. 

Cuarto: — Si asimismo les consta que ¡ni defendido 
marchó de los primeros hasta más allá de San Sebas- 
tián de los Reyes, procurando la vanguardia para ser 
el primero que castigara la audacia de quien se burlaba 
de la sociedad sin más bandera que el pillaje. 

Quinto: — Si en medio de esta población y en la an- 
siedad en que se hallaba, Zamora, cual si fuera el primer 
jefe, inspiraba confianza, tranquilizaba las familias y par 
tía de extremo á extremo de la ciudad deseoso de cas- 
tigar á los criminales que, fugados de la cárcel y arma- 



XLVIII APÉNDICE 

dos con cuanto en el parque había, pretendían la violación 
de los más sagrados derechos sociales. (1) 

Sexto: Si es cierto que Zamora jamás ha sido pre- 
so, arrestado ni demandado hasta el tres de agosto del 
año pasado de 1S4G, en que la Asamblea electoral de 
esta ciudad le arrestó para privarle de sus derechos de 
ciudadano, como lo verificó. 

Séptimo: Digan, finalmente, si saben que EzEgunsL, 
Zamora con su trabajo como comerciante ganaba sufi- 
ciente para sostener su decencia personal, y su negocio 
era su única ocupación sin otras aspiraciones. 

Que el doctor Manuel María Echeandía, residente 
en la isla de Trinidad, previas las formalidades de la 
ley, sea examinado en estos términos : — Si es cierto que 
Ezequiel Zamora á mediados de agosto del ano pa- 
sado de 184b 1 , le consultó en Caracas lo que debía hacer, 
pues le habían privado por cuatro aüos de los derechos 
de ciudadano para elegir y ser elegido, acompañándole 
los documentos respectivos; y si es también verdad que 
ala vista de tales documentos contestó á mi defendido : 
"nada hace usted con su queja á los magistrados que ac- 
tualmente se encuentran en la nación ; todos son oligar- 
cas enemigos de los liberales, y. usted como uno de éstos 
nada alcanzará de ellos y perderá su tieoipo, sus pasos 
y sus intereses. No hay más partido que tomar que 
ocurrir á las armas para vindicar el ultraje de los oli. 
garcas. Reunidos todos los liberales con hombres como 
usted á la cabeza es como puede castigarse á los enemigos 
de la libertad individual. Usted cuente con Barlovento, 
armaremos esa gente, y usted en La Sierra con los demás 
companeros deberemos triunfar de la tiranía." 

Pido que se evacué esta prueba y que se libre des- 
pacho á la Isla de Trinidad para que sea evacuada 
esta última declaración. Otrosí: Conviene á los dere- 
chos de la defensa que para sentenciar se tengan ala vista 



(1) Juan Sil víi, no se .sabe inundado por quiéo, turbó el or- 
den público en Ciudad do í'ura el once en la noche del me* 
de junio de 1844. Puso en libertad á todos loa preso?, los armó, 
hubo H r s ó tes v e-timas y se fué con su horda de criminales. 
Juan Silva no fue perseguido después que i>asú de San Sebas- 
tian, ni eastifradn después que vivía tranquilamente en el Orien- 
te. Esta es una histeria misteriosa. 



APÉNDICE XLIX 

las actas de la Asamblea de agosto de 1846, para ilus- 
tración del tribunal. Otrosí: Conviene a los derechos- 
de mi cliente que los testigos Olayo A venda ño y José 
Bernardo Masaba, como los demás que aparezcan decla- 
rando contra Ezequiel Zamora, sean citados al tribu- 
pal para repreguntarlos. Otrosí : Pido igualmente, como 
antes lo indiqué, que se saquen tratados de cuautas de- 
claraciones haya en el proceso y tengan relación con 
esta causa, para que se verifique un cotejo de los con- 
ceptos que encierran unas y otras. Así lo espero en* 
Ciudad de Cura á 22 de abril de 1847. — Manuel Díaz. 



* 
• # 



ESCRITO DEL FISCAL, 



Al procederse hoy siete de los misinos al examen 
de los testigos de la prueba de Ezequiel Zamora, dijo 
el Procurador Municipal señor Licdo. Juan Martínez: 
"desde el treinta del próximo pasado concluyó el tér- 
inino ordinario de prueba y está corriendo sólo el de 
la distancia para las que se deban evacuar en varios 
puntos de la República; por esto me parece que ya pasó 
el tiempo en que debieran examinarse los testigos ve- 
cinos del lugar del juicio, y que en esta virtud no de- 
ben tomarse sus declaraciones. Por otra parte es inú- 
til é inconducente y por tanto no aprovecha al reo la 
prueba que ha ofrecido, pues él además de estar convic- 
to paladinamente, ha confesado que levantó una facción 
contra el Gobierno, los excesos y horrores que esta ha 
cometido, los diversos encuentros y ataques que ha te- 
nido con las tropas del orden, y que de aquélla era Ge- 
neral ó cabecilla hast.i que fue i>reso después de la 
derrota que sufrió en Paguito; y la prueba ofrecida,, 
aunque se evacuase, no excluiría la posibilidad de que* 
Zamora es criminal. Tal prueba, eu que algunos dé- 
los testigos son cómplices de éste, y en que á mi ver 
son supuestos los nombres de otros, se ha promovido» 
únicamente con sólo el objeto de alargar el juicio, contra 

IV 



L APÉNDICE 

el espíritu y teuor expreso de la ley sobre conspirado- 
res, y el Tribunal no debe permitir que sea burlada, 
tanto más en esta causa que por su gravedad y tras- 
cendencia excita la atención de todos, que produce dis- 
gustos, división y alarma en el vecindario, y que está 
íntimamente conexionada con el orden publico y el bien 
de la sociedad. Además, hay temores de que el reo se 
ftigue, aunque sean grandes el celo y la vigilancia de las 
autoridades : y anoche se oyó un tiro de la cárcel por 
ciertos amagos que la están haciendo. Pido eu virtud 
de todo lo expuesto, que no se tomen las declaraciones 
de los testigos vecinos de esta ciudad : que se declare 
inconducente la prueba ofrecida por Zamora ; y que se 
proceda á dictar sentencia, evacuados que sean los úl- 
timos informes. Si así no se acordare, apelo para ante 
Su Excelencia la Corte Superior, adonde se servirá en tal 
•caso, este Tribunal, dirijir un testimonio de las actas 
•conducentes." Esto dijo el señor Procurador Municipal 
y urina. — Briznela, Secretario. — Juan Martínez. 



Tribunal de 1" Instancia del Circuito. — Vista la dili- 
gencia anterior del Procurador Municipal del Cantón, en 
que pide no se tomen las declaraciones de los testigos 
vecinos de esta ciudad, por haber pasado, en su concep- 
to, el tiempo en que detreron examinarse, en que pide se 
declare inconducente la prueba ofrecida por Zamora, y se 
proceda á dictar sentencia, evacuados que sean los últi- 
mos informes; se observa en cuanto á lo primero, que el 
término de la distancia es tiempo hábil para evacuar la 
prueba que se ofrece en el lugar del juicio, y por con- 
siguiente debe continuar el examen de los testigos: se 
observa en cnanto á lo segundo, que habiéndose admi- 
tido la prueba ofrecida por el defensor de Zamora, para 
diferentes puntos de la República, y mandádose librar y 
aun librado algunos despachos, en los cuales se han he- 
cho inserciones solicitadas por el Procurador referido, 
es claro que hoy no es permitido al Tribunal decidir si 
es ó rió conducente la prueba acordada. En cuanto al 
tercer punto se observa, Analmente, que eu la audiencia 
de hoy ha solicitado el mismo Procurador el examen 
de nn testigo y la práctica de una diligencia ó averigua- 



APÉNDICE LI 

«iones de ciertos hechos, en las parroquias de Los Tiznados, 
«con cuyo objeto se han librado ya los correspondientes 
-despachos, y que según estos antecedentes, lo consen- 
tido por el fiscal, y lo acordado por este Tribunal* es 
-evidente que la causa de Ezequiel Zamora ,no debe 
sentenciarse, mientras no espire el término de la distan- 
cia concedido en ella, que debe continuar el examen 
<de los testigos de este vecindario y oírsele al indicado 
Procurador la apelación que interpone al final de su di- 
ligencia, en el efecto devolutivo. Compúlsese, pues, en 
consecuencia el testimonio de las actas conducentes, y re- 
mítase á la mayor brevedad posible á S. E. la Corte Su- 
perior, y reitérense las órdenes de comparecencia délos 
testigos mencionados para que declaren, según está acor- 
dado. — Cura, mayo ocho de mil ochocientos cuarenta y 
siete. — González Méndez. — Brizuela, Secretario. 



• # 



SENTENCIA 



En nombre de la República <le Venezuela, — El Juez de 
l n Instancia del 4? circuito judicial de la Provincia 
de Caracas. 

Vistos con lo representado por el Procurador Mu- 
nicipal y alegado por el defensor en los autos criminales 
formalizados contra Ezequiel Zamora, por conspiración 
y por atribuírsele culpabilidad en otros varios delitos y 
excesos. Averiguado como lo está suficientemente, que 
Zamora perteneció á la facción que en este Cantón tur- 
bó el orden público, desde el mes de setiembre del ano 
próximo pasado ; debe inquirirse ahora el lugar que ocu- 
paba en ella, para saber si está comprendido en el in- 
dulto expedido por el Supremo Gobierno en ocho de ju- 
nio último, ó en su ampliación del veinte y uno del pro- 
pio mes ; ó si no estándolo, cual sea el castigo á que 
se haya hecho acreedor, de conformidad con la ley de 
15 de junio de 1831, que determina el modo de proceder 
con los conspiradores y las penas en que incurren, como 
también cuál sea la responsabilidad que le resulte por 



LII APÉNDICE 

los otros crímenes y excesos cometidos mientras penna- 
necio en la facción, y la parte que en ellos tuviera. Za- 
mora confiesa paladinamente en las diferentes declara- 
(•iones que ha reudido, que levantó una facción contra 
el Gobierno ó cooperó á ella: que con este motivo tu- 
vo un choque con las tropas que mandaba el General 
Guerrero en el sitio del Limón : que la fuerza que allí 
mantenía á sus órdenes alcanzaba a mil y un pico de 
hombres de infantería y caballería, teniendo i>or título r 
u La oposición " y á cuya cabeza se encontraba con el 
carácter de General : confiesa el encuentro que tuvo en. 
el sitio de Los Bagres, con una fuerza que mandaba el 
capitán Villasuiil, quien por consecuencia del asalto que 
le hizo, fue derrotado con sus tropas y muerto : confiesa 
que en el sitio de La Ollita tuvo otro encuentro con las» 
armas del Gobierno, pero se retiró habiendo reconocido que 
aquéllas eran superiores á las suyas: confiesa que ha- 
biéndose dirijidode allí á las montanas de Güigüe, frente 
á Manuare, con más de trescientos hombres, tuvo otro cho- 
que con una partida del Gobierno en el sitio de LaYuca T 
adonde había ido de las montanas referidas obligado por 
la necesidad ó falta de medios de subsistencia, y que 
aunque le dispararon algunos tiros, se fueron sin ser per- 
seguidos al sitio de Guacamaya, en donde fueron recha- 
zados por otra fuerza del Gobierno, ó más bien que esto* 
se fueron por la noticia que tuvieron, de que allí exis- 
tía: confiesa que tuvo otro choque con las tropas del Go- 
bierno en el sitio de La Culebra, perteneciente á Los Va- 
lles de Aragua, el cual mandó en persona á la cabeza 
de doscientos y como cuarenta hombres: confiesa que 
de allí marchó al sitio de Cataure, donde, viéndose cer- 
cado con sus companeros por las tropas del Gobierno* 
dispararon algunos tiros, hicieron pié firme, y al favor 
de la oscuridad de la noche se retiraron; y confiesa, en 
fin, que en el formal ataque que tuvo lugar en el sitio 
de Pa güito, pelearon á sus órdenes más de trescieutos 
hombres, y que los hechos de armas que quedan rela- 
cionados, son los sucesos más notables de lo que puede 
llamar su vida militar, desde que se decidió á obrar for. 
malmente contra el Gobierno. También confiesa Zamora 
que dio los pasos necesarios para reunir la gente que 
llevó al Limón, cuya operación dio principio en el Valle: 



APÉNDICE Lili 

•de Guambra: que reuniólas partidas que habían orga- 
nizado por su propia cuenta Rangel, Rosalio Herrera, 
Evangelista Cabeza y Segundo Martínez, los que estu- 
vieron á sus órdenes, habiéndole escrito á los últimos 
-para que se le unieran : que confirió á Rangel el gra- 
•do de Coronel : que habiéndose entregado con la mayor 
actividad el ano pasado al triunfo del partido liberal 
•en las elecciones primarias, así en esta parroquia como 
^n la de Magdaleno y Los Tiznados, comisionado por la 
sociedad que existía aquí, y obrando en la segunda, en 
unión de Ramón Goiticoa, que había venido de Caracas, 
también de comisionado, se cometieron en su concepto 
varias injusticias por la juntas de Notables y por la Asam- 
blea parroquial de esta ciudad, tales como habérsele 
reducido á prisión y habérsele privado de los derechos 
«de ciudadano por cuatro anos : que concluido que fue el 
período de las elecciones se dirigió á Caracas don le con- 
sultó con el doctor Manuel María Echeandía lo que 
«debería hacer en aquel caso, y éste le dijo que en vano 
procuraría una providencia favorable, porque el man- 
ilo lo tenían los oligarcas, y que la justicia debía 
buscarse en una revolución : que después de esto salió 
de Caracas en compañía de Guzmán con una lanza en- 
astada, y fue uno de los que formaron su comitiva: 
•«que invitado él y Manuel 1 barra en La Victoria por el 
propio Echeandía para una de las esquinas de la ciudad, 
formó Echeandía el plan de revolución, y convinieron en 
«que Echeandía movería el Llano Arriba junto con un tal 
Aguado, el General José Gregorio Monagas, Juan Bau- 
tista Echeandía y otros, y que Ibarra y él (Zamora) le- 
vantarían la gente de la Sierra y el Llano Abajo : que 
«el día siguiente por la mañana se fué Echeandía para 
Caracas, é Ibarra y él (Zamora) por la tarde, se diri- 
gieron al Pao de Zarate, desde donde, por caminos ex- 
traviados, se fueron á La Sierra de Virgen Pura, bus- 
cando el Valle de Tacasuruma, para dar principio á la 
empresa, contando con que los vecinos de allí lo seguirían, 
«como sucedió: que la primera reunión la tuvieron en 
"Ol sitio de Guambra, de donde siguió para adelante, y ha- 
llándose en el sitio de Las Muías con un grupo como 
«<le cien hombres, se le presentó Rangel una tarde, con 
¿ríete ú ocho • individuos, ofreciéndole una partida mayor, 



LIV APÉNDICE 

en cuya oportunidad recibió de éste en aquel acto unos- 
vivas, y fue reconocido como un caudillo del partido* 
liberal : que en aquella misma tarde, marcharon juntos- 
para el sitio de Los Leones, y después para los demás- 
que ocuparon basta llegar á las llanuras del Limón - r 
y que cuando se dirigió últimamente al sitio de La Cu- 
lebra fue con el objeto de reunir hombres, y cuando fue 
batido en Pagüito marchaba para San Francisco de Cara y 
Cama tagua, en solicitud de gente que lo siguiera. — A vis- 
ta, pues, de lo expuesto, no puede negarse que Eze- 
quiel, Zamora merece el calificativo de cabecilla ó Jefe 
de la facción de que se ha hecho referencia, pues aun- 
que consta que Hangel invadió primero esta pobla- 
ción y las de Güigüe y Magdaleno, consta también que 
habiéndose reunido á aquél, llevó desde entonces el grada 
y título de General de la fuerza, hasta que fue aprehen- 
dido, y de consiguiente como tal General ó cabecilla 
se encuentra exceptuado del indulto expedido por ei 
Supremo I\ E. en ocho de junio último, y por su amplia- 
ción del veintiuno del propio mes ; sobre todo, bien con- 
siderado, si se atiende que Zamora, según resulta acre- 
ditado de las exposiciones de un número considerable de 
testigos que han sido examinados en las tres piezas 
que componen estos voluminosos autos, solicitaba y bus- 
caba por sí desde un principio, prosélitos para la revo- 
lución que hacía, aun amenazando á algunos: que pro- 
clamó y arengó en los lugares ó pueblos donde llegó ¿ 
entrar para que le siguieran y aun dio órdenes y dis- 
posiciones para atacar las fuerzas del Gobierno á 
los oficiales que destinaba de avanzada sobre ciertos- 
puntos: que al separarse de esta ciudad para la de Ca- 
racas después de las elecciones, lo. verificó armado de 
lanza y de otras armas que indicaban ya, según sostie- 
nen algunos testigos, sus miras de levantarse contra el Go- 
bierno legítimo de la República: que antes de las elec- 
ciones había manifestado aquí, según declaran otros de 
los propios testigos, que con su espada subiría Guznián 
a la silla presidencial, y aun manifestaba mucho rencor 
y encono contra los que él llamaba oligarcas: que su 
propio defensor Manuel Díaz, como defensor de José Hi- 
dalgo y Cipriano Quintana, á quienes también se les si- 
guió causa por conspiración, manifiesta que estos fueron 



APÉNDICE LV 

arrebatados por Rangel y Zamora, autores verdadero» 
de la conspiración, y que el propio Díaz manifiesta, en 
el tercer interrogatorio de su escrito principal de prueba, 
que Zamora, era uno délos caudillos de la facción cuando 
llegó al sitio de Los Bagres, y si era tal caudillo como 
sostiene el defensor, no puede rovocarse á duda que 
segán el diccionario mismo de la lengua castellana, man- 
daba y guiaba como cabeza y superior la gente arma- 
da y de guerra que había llegado á aquel punto. Ver- 
dad es que el acusado atribuye á la lectura de los pe- 
riódicos de l*i prensa corrompida, á cuya lectura se en- 
tregó, con ardor, haber llegado al estado de perdición 
en que se encuentra; y también es verdad que su de- 
fensor le excepciona, asegurando que el verdadero cabe- 
cilla de la revolución fue Francisco Rangel ; pero, acer- 
ca de las excepciones propuestas por el reo, preciso 
es convenir que ellas, por su naturaleza, carecen de 
toda fuerza ante los tribunales encargados únicamen- 
te de administrar justicia, y cuyo deber es sólo arre- 
glarse siempre á las leyes: y acerca de las excep- 
ciones alegadas por el defensor, ellas están hasta cierto 
punto en oposición con lo confosado por el mismo acu- 
sado y con lo declarado por muchas personas enumera- 
das en la causa, no faltando quienes aseguren que al- 
gunas veces, separado Rangel de Zamora, éste se .le 
incorporaba con hombres armados en el lugar donde aquél 
estaba, y que aun impidió que el propio Kangel se pre- 
sentara al Coronel Oisneros, en momentos en que estaba 
dispuesto á verificarlo. Respecto á los otros crímenes co- 
metidos por la facción : consta de autos que ella, efecti- 
vamente, perpetró varios crímenes en los lugares ¡K>r 
donde anduvo, y cometió otros muchos excesos; y por 
lo tanto es natural que eu todos ó la mayor parte de 
ellos tuviese Zamora como caudillo una parte conside- 
rable. En cuanto al asesinato que fue perpetrado en la 
persona de Andrés Fuentes, Pedro Pastrán asevera que 
prisionero con Fuentes, lo pusieron en libertad y Rangel 
mandó á éste con ocho lanceros, y no lo vio más; lo 
mismo aseveran el testigo José Olayo Avendano y otros. 
Zamora niega abiertamente en las diferentes declaracio- 
nes que ha rendido en el informe escrito que acaba de 
remitir á este tribunal, haber tenido parte alguna en la 



I/VI APÉNDICE 

'muerte de Andrés Fuentes á que se refieren los testigo* 
que quedan relacionados, y para comprobarlo su defensor 
presenta los testimonios de Juan Ruinualdo Prieto, Pas- 
cual Torres, Juan Ibáñez, José Teodoro Fernández y otroa, 
y una certificación del General Francisco de Paula Al- 
cántara, Jefe de Operaciones de Los Valles de Aragua, 
referente á la manifestación que le hizo José de Jesús 
González, alias Agachado, cuando se le presentó y fue in- 
dultado ; pero los testigos, en sustancia, dicen que nada 
«aben. Guillermo Blanco está contradicho habiendo ma- 
nifestado en su declaración, que no supo quien dio la 
-orden para dar muerte á Andrés Fuentes», conducido por 
Francisco Pacheco á presencia de Zamora y Bangel. 
Luis Fernando Fuentes está del mismo modo contradi- 
cho asegurando después en otra declaración que Z a mo- 
ka no tuvo parte alguna en la muerte de Fuentes. Joa- 
«priu Rodríguez manifiesta tener solo diez y seis año» 
y de consiguiente su dicho carece de fe, pues no tiene 
•diez y ocho años cumplidos. La certificación del Gene- 
ral Alcántara refiriéndose á José de Jesús González, no 
puede estimarse porque no concurrieron á ella las forma- 
lidades prescritas por el artículo 35 y siguientes de la 
Ley 4 H del Código de Procedimiento Judicial y además, 
González asegura que él y Zamora exijieron al Capitán 
Pacheco suspendieran los efectos de la orden mientras 
hablaban con el Coronel Bangel. Además, el que capi- 
tanea una facción es responsable de los malos hechos 
-que comete, pues de lo contrario resultaría que un per- 
verso astuto, lanzaría cubiertamente á otros á cometer 
crímenes y desastres y decir después que no se los ha- 
bían mandado á perpetrar, se quedaría impune, con es- 
cándalo de la moral y oprobio de las leyes. Verdad es 
•que en el plenariode la causaban declarado un número con- 
siderable de testigos sobre la nueva conducta y comporta- 
miento de aquél antes de entrar en la revolución, y uno 
<le los servicios que prestó en esta población en «1 año 
<le cuarenta y cuatro, cuando estalló aquí la revolución 
de Juan Silva, aseverando en la defensa y que, tam- 
bién se prueba en ésta que la irregular conducta obser- 
vada por la Junta de notables y la Asamblea parroquial 
de esta ciudad, fue la que dio origen al alzamiento de su 
«defendido ; pero estas exposiciones, por muy bien proba- 



APÉNDICE LVII 

das que estén, lio son ni pueden ser en derecho bastan- 
te á desvirtuar los cargos que resultan contra el reo, 
pues aunque la conducta de la Junta de Notables y de 
la Asamblea parroquial de esta ciudad hubiese sido irre- 
gular, no debió creerse autorizado Zamora para levantar 
usa facción contra el Gobierno, para trastornar el orden 
público y para causar males inauditos á la patria, prin- 
cipalmente cuando no podía ignorar que la justicia de 
un Tribunal no absuelve nunca á los ciudadanos de la 
obediencia que deben prestar á las leyes, y cuando 
estas mismas le tranqueaban los medios de vindicarse, si 
realmente había sido ofendida ; y como á los tribunales 
en sus fallos, no 1(8 es dado separarse de lo que las 
leyes prescriben, ni pueden acordar otra cosa que lo 
que estas mismas determinan con arreglo á lo alega- 
do y probado. Por estos fundamentos, pues, y por 
los demás que contienen los autos, administrando justi- 
cia por autoridad de la ley, y con sujeción entera al ar- 
tículo 2? de la ley de 15 de junio de 1831, que deter- 
mina el modo de proceder contra los conspiradores y 
las penas en que incurren, se condena ai expresado 
Ezequiel Zamora á la pena de último suplicio, en las cos- 
tas procesales, y á consignar el papel sellado correspondien- 
te que debe ser agregado con la nota de inutilizado? 
previas las notificaciones respectivas ; remítanse en con- 
sulta y apelación los autos al Tribunal superior, deján- 
dose por secretaría copia autorizada de esta sentencia: 
y de ella dése cuenta al P. E. por d órgano del Minis- 
tro del Interior á los fines consiguientes. — San Luis de 
Cura, julio 27 de 1847.— Ano 18 de la ley y 37 de la 
Independencia. — Manuel Alfonzo. — Antonio Rriznela, Secre- 
tario interino. 

PETICIÓN 

DE LA SEÑORA MADRE DEL ENCAUSADO, A LA CORTE 

SUPERIOR DE CARACAS 



Paula Correa, madre de Ezequiel Zamora, atenta- 
mente á V. E. expongo: que habiéndose excusado 



LVIII APÉNDICE 

de hacer la defensa de ini hijo ante esta Superioridad, 
los señores Doctores Elias Acosta y Miguel Uznárez, me 
he empeñado con el primero para que, no obstante sus 
actuales ocupaciones *n otras causas criminales, haga com- 
patible cuanto pueda la defensa del precitado mi hijo; 
y él ha prestado su conformidad atendiendo á los rue- 
gos y lágrimas de una madre. En esta virtud, y en la 
de que V. E. siempre ha atendido las solicitudes de 
las madres, y parientes cercanos de los reos en iguales 
casos de estar ellos ausentes de esta ciudad. — A V. E. 
suplico se sirva dar por excusado al señor doctor Mi- 
guel Uznárez, que piensa marcharse al campo, y por 
nombrado nuevamente el señor doctor Elias Acosta, quien 
firma en prueba de su conformidad ó aceptación. — Ca- 
racas, á 10 de agosto de 1847. 

Excelentísimo señor. 

Paula Correa. — Elia$ Aconta. 

Caracas, agosto 10 de 1847. — En visto de la. acep- 
tación manifestada por el doctor Elias Acosta, cítesele 
para que comparezca á prestar el correspondiente jura- 
mentó. — Díaz. — En veinte y siete de los mismos compare- 
reció el l)r. Elias Acosta, y prestó ante la Corte el co- 
rrespondiente juramento, y firma. — Elias Acosta. — Cerezo. 



Manuel Díaz, representando á V. E. con el debido 
respeto expongo: que he venido áesta ciudad como de- 
fensor que fui en primera instancia de Ezequiel Zamora, 
y por encargo de este mismo, para qne le represente an- 
te esta superioridad en la manifestación de los hechos 
que tienden á su defensa ; y como yo he sido quien ha 
creado el proceso, si me es lícito usar esta expresión, 
y además, por lo angustiado del tiempo para imponerse 
de los autos el señor l)r. Elias Acosta, que apenas podrá 
contraerse al informe la exposición de los hechos, que 
constituyen la defensa del encausado, aparte del alegato 
en derecho que debe hacer el Dr. Acosta, y así lo espe- 
ro de la consideración y latitud que V. E. acostumbra 
á prestar á las peticiones de los reos, especialmente á los 
condenados en Primera Instancia & último suplicio, es 
justicia que imploro, etcétera. — Manuel Díaz. 



APÉNDICE IAX 



AUTO 



Caracas, agosto 31 de 1847. — Estando nombrado por 
defensor tm profesor de derecho, que aun fue propuesto 
por la madre del encausado, no ha lugar & lo que so 
sol i cita. — Díaz. — Romero. — Cerezo. 



En la misma fecha Manuel Díaz, dijo: que apela 
de la anterior providencia para ante la Corte Suprema 
de Justicia y firman. — Castro. — Manuel Día*. 

AUTO 

Caracas, setiembre 1? de 1847. — En virtud de los prin- 
cipios expuestos en el acuerdo de S. E. la Corte Supre- 
ma, de 3 de agosto del presente año, se declara sin lu- 
gar la apelación á que se refiere, la diligencia anterior. 
— Díaz. — Romero. — Cerezo. 



Sentencia de Segunda Instancia 



La Corte Superior de Justicia del segundo Distrito. 
— Habiendo visto el expediente seguido contra Ezkquiel 
Zamora por conspiración y otros delitos que se le han 
atribuido, y venido en consulta y apelación de la sen- 
tencia que en 21 de julio último ha expedido el Juez de 
I a Instancia del 4? circuito judicial de esta Provincia, 
condenando al encausado á la pena de último suplicio, 
al pago de las costas y presentación del papel sellado 
que ha de inutilizarse, oído el informe de su defensor, 
observa: que por confesión del mismo Zamora consta 
que después de haber acompañado con una lanza enas- 
tada á Antonio Leocadio Guzmán en su marcha de esta 
ciudad á la de La Victoria, en setiembre último, concertó 
con otros para ponerse en armas, siendo el único que 
llevaba lanza en la comitiva en distintas direcciones con- 
tra el Gobierno de la República, y que, en efecto, él 
por su parte, reuniendo varios hombres, levantó una fac- 
ción armada, la que se aumentó con otras partidas que 
estaban también alzadas á las órdenes de Francisco Ran- 



LX APÉNDICE 

gel y otros, los cuales le reconocieron y proclamaron por 
su Jefe principal, con el título de General y que no con 
otro carácter dirijió en persona la facción en sus i 'Ct, vi- 
siones por varios lugares y pueblos que ocuparon, y en 
distintos encuentros y combates con las tropas del Go- 
bierno, señaladamente en los del Limón, Los Bagres, L i Cu- 
lebra y Pagüito. Por varias declaraciones del proceso es- 
tá comprobado esto mismo, como también que la facción, 
mientras estuvo mandada por Zamora, cometió varios ro- 
bos, incendios y asesinatos, y aunque no está probado 
que los mandase á cometer, siempre era responsable como 
Jefe principal, moral y legalniente de ellos, pues debió 
impedir tales escándalos. Y aunque el defensor ha pro- 
curado excusarlo con que sii título de General era en nom- 
bre y no en la autoridad efectiva, resulta lo contrario 
de sus confesiones y de los hechos que ha llamado él mismo 
su vida militar. En cuanto á la gravedad del cargo por la 
muerte de Fuentes, en efecto : los testigos Pedro Pastrán, 
Eustaquio Colmenares, Francisco Pacheco y José Bernardo 
Masabé, han declarado uniformemente en el sumario, que 
fue obra de llangel casi exclusivamente. Otros testi- 
gos que declararon, como Yamario Martínez, y Juan 
Pablo Torre?, después de vencido el término probatorio 
y el de las distancias complicando á Zamora en los su- 
cesos, no deben sin embargo dejar de estimarse. Des- 
pués de tantos datos no deja de dar lugar á una in- 
ferencia desfavorable para Zamora las inferencias que 
se desprenden de las declaraciones dadas por José Ma- 
ría García y Ana Fuentes, refiriéndose á la invasión de 
la hacienda de Los Bagres. Por otra parte se despren- 
de la inferencia de que Fuentes era conjuez de las 
elecciones primarias en agosto último, uno de los que le 
prendieron y suspendieron de los derechos de ciudada- 
no al encausado, de consiguiente su encono debía exis- 
tir contra el que presidió aquella Asamblea, mucho más 
si se atiende á que por este hecho deliberó su alza- 
miento contra el Gobierno de su patria. En cuanto á 
los testigos con que el defensor de Zamora ha inten- 
tado probar que no fue él sino Bangel quien dio órde- 
nes de cometer los excesos cometidos por la facción, ha 
observado justamente el Juez inferior, que la mayor parte 
de ellos ó ignoran los hechos, ó han incurrido en nota- 



APÉNDICE LXI 

bles contradicciones con arreglo al respectivo interrogatorio 
del citado defensor y dicen lo contrario de lo que testi- 
fican en sus primeras declaraciones. Entre estos testigos 
. contradichos es notable José Bernardo Masaba, secretario 
de Zamora, y con qnien este mismo ha dicho que tenía 
grande amistad y a quien profesaba aprecio y distin- 
ciones. No quedan, pues, de dichos testigos, como tam- 
bién ha notado el Juez, sino tres, contra quienes no apa- 
rece objeción ; pero cuyo testimonio no basta á destruir 
la convicción contraria que resulta de los precedentes 
datos. Y aun el concepto de que Rangel hubiese sido 
el principal autor de los hechos para abrogarse la au- 
toridad como Jefe más inmediato de la tropa, siempre 
aparecería Zamora como el Jefe, cabecilla ó principal con 
quien Bangel conferenciaba, como varios testigos aseve- 
ran, en cuyas conferencias debía prevalecer la opinión de 
él como primer Jefe ó General titulado de la facción, 
para impedir los crímenes. Y si también es cierto que 
por el octavo particular del interrogatorio del defensor, 
folio <i?, con el fin de desvanecer aquellos cargos, se 
ha intentado probar que Rangel casi siempre estaba ebrio, 
que en este estado era como una fiera, y que por esta 
razón Zamora no se atrevía, ni ningún otro oficial, á 
contrariarle ó suplicarle en las deliberaciones que toma- 
ba, tal excusa es inverosímil atendidas todas las circuns- 
tancias antes observadas y además las conferencias pri- 
vadas y otros actos de obediencia de Rangel hacia Za- 
mora. De todo lo expuesto, pues, se deduce, que el 
encausado no sólo es reo de conspiración, sino Jefe prin- 
cipal de ella, y reo también de crímenes atroces que 
merecen por las leyes pena capital ; y por tanto no está 
comprendido en ninguno de los indultos acordados por 
el Poder Ejecutivo, á que ha pretendido acogerlo su de. 
fensor. (1) — En este concepto, administrando justicia por 
autoridad de la ley, se confirma la senteucia apelada; 



[1] Ni Zamora dí su defensor pensaron nunca en acogerse á 
los varios indultos del P. E. porgue era prohibición expresa del 
encausado; y tanto que así lo dice en sus declaraciones. Loque 
ni es cierto es que ni el Juez de 1* Instancia ni los Ministros de 
las Cortes Superior ni Suprema podían ser sus Jueces, porque 
eran sus enemigos políticos y no podían abrigar ningún senti- 
miento de imparcialidad. Y así todos debieron excu arse obran- 
do con delicadeza. 



"1 



LXII APÉNDICE 

y remítanse los autos en consalta á S. E. la Corte Su- 
prema de Justicia. Caracas : setiembre 6 de 1847. — Año 
18 de la Ley y 37 de la Independencia. — Francisco Díaz 
— Juan José Romero. — Manuel Cerezo. — Caracas: setiem- 
bre 9 de 1847.— Al sefíor Fiscal. 



• # 



ESCRITO DEL FISCAL 



He visto los autos formados contra Ezequiel Zamo- 
ba por conspiración y otros delitos y traídos al Tribu- 
nal Supremo de Justicia en consulta de la sentencia li- 
brada por la Corte Superior en que condena á Zamora, 
como conspirador y homicida, á la pena del último su- 
plicio; en cuanto al primer delito, esté plenamente acre- 
ditado en las actas, que Zahora fue Jefe de la facción 
armada que pretendió trastornar las bases del Gobierno, 
é invadió varias poblaciones de la República cometien- 
do varios crímenes. El mismo Zamora lo contieza, lo 
dicen muchos testigos, y aun sin esto lo revelaría el 
encumbrado puesto en que aquél estaba colocado entre los 
que componían la facción, y las consideraciones que és- 
ta le dispensaba. Zamora, como General de ella, fue 
quien confirió el grado de Coronel á Francisco Rangel, 
su segundo en el mando; él quien ordenó los ataques 
contra las tropas del Gobierno ; quien las batió en Los 
Bagres, en cuya función de armas fue muerto el capi- 
tán José del Rosario Villasmil ; quien mandó en perso- 
na el ataque del sitio de La Culebra á la cabeza de más 
de doscientos hombres ; él fue quien sostuvo el choque 
en todas las acciones de guerra que tuvieron las armas 
del Gobierno en El Limón, en La Ollita, en La Yuca, en 
Guacamaya, en Cataure, Los Leones y el de Pagüito, y 
él quien es responsable de todos estos hechos y de sus 
consecuencias. Ezequiel Zamora es conspirador de pri- 
mera clase, y no está comprendido en ningún indultó 
como cabecilla. Obran también contra ellos cargos que 
le resultan de la parte que debió tener de las varias 
muertes que cometió la facción, entre ellas la de Fuentes. 



APÉNDICE LXIII 

De este no ha podido él mismo disculparse ni su defen- 
sor ha podido de una manera bastante á minorar la c\ü< 
pa. En nada favorecen á Zamora sus numerosas prue- 
bas. La mayor parte de sus testigos ignoran los princi- 
pales hechos ; el dicho de otros está en contradición con 
el que habíase emitido en el sumario; otro no tiene la 
edad que la ley señala al testificarle en juicio; y otro 
ha sido examinado informalmente. Tres sólo quedan há- 
biles, uno de los cuales resulta favorable desvirtuando 
su testimonio el de los otros, quedando en pie los que 
acusan á Zamoua. El es pues responsable de los he- 
chos cometidos por la facción. Por tanto, estimando el 
Fiscal justa y arreglada á la ley la sentencia consul- 
tada, pide que V. E. se sirva aprobarla. Caracas, se- 
tiembre 23 de 1847. — Rojas. — Carneas, setiembre 24 de 
1847. — Señálase para la vista de esta causa el dia 5 de 
octnbr** próximo. — Narrarte. 



REPÚBLICA DE VENEZUELA 

EN SU NOMBRE 

La Corte Suprema de Justicia. — Caracas: octubre 28 de 
1847. — 187 y 37 de la Independencia. 

Vista la causa seguida contra Ezeqtiel Zamora 
por conspiración y otros delitos, en consulta de la sen- 
tencia que pronunció la Corte Superior del segundo Dis- 
trito, á 6 de setiembre próximo pasado, por cuanto con- 
firma la de Primera Instancia, que le condenó á la pena 
de último suplicio, por lo representado por el Ministro 
Fiscal y lo informado á la voz por el abogado defensor, 
aparece convicto y confeso Zamora de haber capitanea- 
do, con el título de General, la facción á mano armada 
contra el Gobierno, conocido notoriamente por su nombre 
y el de Francisco Rangel : de haberle nombrado Coronel 
en ella: de haber sostenido combate en diversos en- 
cuentros con tropas del Gobierno lejítimo de la Repú- 
blica y de haber cometido la misma facción, en sus co- 
rrerías, varios asesinatos, incendios y otros exesos. Y 
además aparece Zamora confeso de que había contri- 
buido á formar la facción referida, reuniendo hombres al 



LXIV APÉNDICE 

intento y procurando se le incorporaran otros grupos que 
levantados ya, se le fueron incorporando, entre ellos el 
dirijido por el famoso Rangel; y de que así, en un cuerpo 
la facción, continuó & su cabeza hasta la dispersión de 
sus restos cuando fue atacado en el sitio de Paguito. 
Por consiguiente, con razón se ha considerado á Eze- 
<¿uiel Zamora en las sentencias y representaciones fis- 
cales de esta causa, conspirador de primera clase, con el 
carácter de cabecilla ó General, Jefe ó director de 
facción, responsable como tal de los otros delitos men- 
cionados, siendo tenido por tanto excluido del indulto 
concedido ¡>or el Poder Ejecutivo en decretos de 8 y 21. de 
junio último. Pero hay además contra Zamora otros car- 
gos en cuanto á los del tos que le han sido imputados: 
consta por el dicho de varios testigos que algunos in- 
cendios fueron ejecutados á su presencia ; por confesión 
propia, que tomaba ganados de los vecinos particulares 
en las labranzas, para con dichas reses sostener la facción, 
la inicua facción de piratería que capitaneaba; que oyó 
la orden que daba lian ge l para aprehender en Guambra 
á Agustín Reyes, y no tomó medidas ningunas contra 
la disposición de Rangel. Es verdad que ha pretendi- 
do probar que era opuesto y que procuraba evitar tales 
acontecimientos; pero esto no le releva de la responsa- 
bilidad que le afecta, pues continuaba siempre como Jefe 
principal de la tropa que él mismo había reunido y formado 
desde el principio. Por las declaraciones de Pedro Pastrán 
y otros que fueron presos junto con Andrés Fuentes, resul- 
ta que Ranjel los puso cu libertad, siendo sólo Fuentes el 
muerto, de que se deduce muy bien que Zamora pudo, 
si hubiera querido, evitar la muerte de aquél. Zamora ó 
sus defensores han procurado excusarle de tos cargos que 
arrroja el sumario, ya diciendo que por la conferencia con 
el doctor Manuel María Echcaudía, ya que con la lectu. 
ra de los periódicos, y ya que por haberle privado de 
los derechos de ciudadano en las últimas elecciones : peto 
nada de esto amerita para dejar de fallar en su contra 
por lo ineficaces que son tales excepciones. Por estos 
fundamentos y otros que abundan en las anteriores sen- 
tencias y que se desprenden de los autos, administrando 
justicia por autoridad de la ley, se aprueba la sentencia 
venida en consulta ; y por si 8. E. el Presidente de la Re- 



APÉNDICE LXV 

pública tuviere á bien hacer uso de su atribución consti- 
tucional, diríjasele copia de la presente por la respecti- 
va Secretaría. 

André* Narcarte, Presidente — José Rafael Blanco, — 
Juan Bautinta Carreño. — Joaquín Botón. 



CONMUTACIÓN DE LA PENA DE MUERTE 

Por el Benemérito General José Tadeo Mo nagas 
JOSÉ TADEO MONAGAS 

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA 

ETC., ETC., ETC. 

Vista la sentencia de la Corte Suprema de Justicia 
en que condena á Ezequiel Zamora á sufrir la pena 
de último suplicio por el delito de conspiración. En uso 
de la atribución 21* queme concede el artículo 117 déla 
Constitución, y previo el acuerdo y consentimiento del Con. 
Rejo de Gobierno. 

decreto: 

Art. I o Se conmuta la pena de muerte á que lia si- 
do condenado Ezeqciel Zamora, en la de diez años de 
presidio, en el cerrado de Maracaibo. 

Art. 2? El Secretario de Estado en los DD. del 
Interior y Justicia queda encargado de la ejecución de 
este decreto. 

Dado, firmado de mi mano : sellado con el sello del 
Poder Ejecutivo y refrendado por el Secretario de Esta- 
do en los DD. del Interior y Justicia en Caracas á 5 
de noviembre de 1847. — Año 18? de la ley y 37? de la 
Independencia. — José Tadeo Monagas. — Por S. E. — To- 
man Jone Sanabria. — Es copia. — Sanabria. 



LXVI APÉNDICE 



OFICIO 



República de Venezuela. — Secretaría de Estado en 
las DD. del Interior y Justicia. — Caracas, 3 de setiembre 
de 1847, 18° de la ley y 37? de la Independencia.— Ex- 
celentísimo señor Presidente de la .Corte Suprema de Jus- 
ticia. — Para los fines consiguientes tengo el honor de 
pasar á manos de V. E. copia autorizada del decreto 
Ejecutivo de esta fecha, conmutando la pena de muerte 
impuesta á Ezeqviel Zamora, en la de diez aüos de 
presidio. — Contesto así la nota de V. E. fechada el 29 
de agosto último, número 08. Soy de V. E. atento ser- 
vidor. — Tomás Jo*é Samibria. Caracas, noviembre 6 de 
1847. — A su expediente, dejándose en cancillería copia 
autorizada de este Tribunal, del decreto Ejecutivo del 
«día de ayer, del precedente oficio y de esta providencia. 



Corte Suprema de Justicia 



Pase á la Corte Superior para que tenga cumpli- 
miento la sustitución hecha por el Poder Ejecutivo, de la 
pena impuesta al reo de esta causa. — Narrarte. — B'arwo. — 
Bóton. — Caracas, noviembre nueve de 1847. — Cúmplase lo 
resuelto por S. E. la Corte Suprema de Justicia en el 
auto anterior; y al efecto devuélvase el expediente al 
tribunal inferior, quedando en Cancillería copifi autori- 
zada de la Suprema sentencia y de las demás actuacio- 
nes hasta este Decreto. — Díaz. — Romero. — Cerezo. 



República de Venezuela. — Caracas, 11 de noviembre de 
1S17. — Año 18? de la ley y 37? de la Independencia. — Señor 
Juez de 1 H Instancia del 4? circuito. — Para que en ese Juz- 
gado se dé cumplimiento á lo resuelto por S. E. la Corte Su- 
prema de Justicia en su auto del seis del corriente, expedí- 



APÉNDICE LXV1I 

<lo en la causa seguida contra Ezequiel Zamora por cons- 
piración y otros delitos, devuelvo á usted el expedien- 
te, en tres piezas, la primera en 334 folios, la segunda 
con 425, y con 440 la tercera. — Dios guarde á usted. — 
El Presidente. — Francisco Dia; 



r<v. 



Tribunal de l u Instancia del cuarto circuito judi- 
cial de la provincia de Caracas. — Guárdese, cúmplase 
j ejecúteselo resuelto por el Excelentísimo señor Presi- 
dente de la República, en su decreto de cinco de este 
mes, conmutando á Ezequiel Zamora la pena de muer- 
te que se le babía impuesto por este Tribunal, porS. F. 
la Corte Suprema, en la de diez anos de presidio eu 
el cerrado de la Provincia de Maracaibo, como también 
«en la parte en que disponen dichas sentencias que aquél 
satisfaga las costas judiciales y consigne el papel sella- 
do que debe agregarse á los autos con la nota de inu- 
tilizado : notifíquense las predichas sentencias y el decre- 
to del supremo Gobierno al reo, á su defensor y al fis- 
cal, de la manera conveniente : compúlsese un testi- 
monio íntegro y legalizado del fallo pronunciado por el 
Tribunal Supremo de la Nación y del decreto de S. E. 
el P. E., y remítase al señor Gobernador de la provin- 
cia de Maracaibo, para que disponga que el reo men- 
cionado entre á cumplir la pena que se le ha impuesto, 
con cuyo objeto se le remitirá éste por conducto del señor 
Gobernador de esta provincia, oficiándose para ello, y 
para lo demás que haya lugar y corresponda, al señor 
Jefe político del Cantón Maracay, donde permanece preso 
el propio reo: acúsese recibo de estos autos á S. E. la 
•Corte Superior del Distrito que lo devuelve ; y en su 
oportunidad archívense, pasándose á la oficina pública 
de Registro del Cantón. San Luis de Cura, noviembre 
<liez y ocho de 1S47. — M. Alfonso. — Brizuda, Secretario. 



El mismo día se acusó recibo de los autos á S. E. la 
«Oorte Superior. — Brizuda, Secretario. 



LXVIII APÉNDICE 

El propio día se notificaron al fiscal y defensor las- 
sentencias libradas en la causa y también el Decreto 
del Supremo Gobierno, y quedaron enterados. — Brizuéla 7 
Secretario. 



Seguidamente se compulsó un testimonio de la última 
sentencia y del decieto del P. E. y se dirigió al señor 
Jefe político de Maracay para la debida notificación al 
reo y para que, vuelto á cerrar otro testimonio, por el 
mismo orden que se le envía, lo remita al señor Gober- 
nador de la provincia el que con la mayor seguridad, 
le remitirá también el propio reo, oficiándosele igualmen- 
te para que ai recibir tanto al reo como el testimonio- 
expresado, los remita al señor Gobernador de Maracaibo 
á quien del propio modo se le incluye la comunicación 
correspondiente. — Briztiela, Secretario 



Incontinenti se ofició al señor Administrador de Ren- 
tas internas, para que en el caso de no satisfacerse por el 
reo ó consignarse el papel sellado competente, represen- 
te y pida lo que corresponde en conveniencia con la 
lev de la materia. — Brizuela. Secretario. 

Kr 7 



REPÚBLICA DE VENEZUELA 

Jefatura política del Cantón. — Número 124. — Mará- 
cay, noviembre 22 de 1847, — 18? y 37?. — Señor Juez de 
1" Instancia del cuarto circuito. 

Contesto la comunicación de US. fecha 18 de los» 
corrientes, número 04í), en que me adjunta copia de la 
sentencia de S. E. la Corte Suprema, y Decreto del P. E. 
en la causa del reo Ezequiel Zamora y del auto librado 
en su consecuencia por ese Juzgado, en 18 de los corrien- 
tes. Todo lo que US. me previene en su comunicación 
citada ha sido cumplido, notificándose al reo por una 
diligencia que firmó conmigo al pie de dicho testimonio, 



APÉNDICE LXIX 

«1 cual se puso dentro de su cubierta con el oficio que 
US. dirije al señor Gobernador de Maraca i bo. El refe- 
rido reo será remitido mañana, con toda 1 1 Redundad 
necesaria, al cargo de un Oficial y una escolta de diez 
soldados, y con él se dirigirán las comunicaciones de US. 
para los señores Gobernadoras de Caracas y Maracaibn. 

Soy de US. muy atento obediente servidor. — 8 tirador 
Michelena. 



REPÚBLICA DE VENEZUELA 

Jefatura política del Cantón. — Numero 82. — Maracay 
noviembre 22 de 1847. — 18? v 37? — Señor Gobernador de 
la Provincia. 

Al cargo del Subteniente José María Pérez, de la 
guarnición de esta villa, y un piqueta de diez solda- 
dos de la misma, remito á US. por disposición del se- 
ñor Juez de I a Instancia del cuarto circuito, la persona 
de Ezequiel Zamora. Dicho oficial lia sido bien 
instruido de la vigilancia y seguridad con que debe ser 
«conducido dicho reo, conforme las prevenciones que me 
lia hecho aquel Juzgado, el cual va con los mismos gri- 
llos con que ha estado en la prisión en esta villa. Ad- 
junto dos pliegos cerrados del señor Juez de I a Instan- 
cia, uoo para US. y el otro para el señor Gobernador 
<le Maracaibo, los cuales contienen la copia de la senten- 
cia de S. E. la Corte Suprema, el decreto de conmu- 
tación del P. E. y la notificación al reo en persona he- 
cha por esta Jefatura. 

Soy de US. muy atento servidor. — Salrndor Micho- 
lena. 



• # 



LXX APÉNDICE 

REQUISITORIA CONTRA EL GENERAL EZEQÜIEL ZAMORA 

(Gaceta de Venezuela, número 895, de 2 de enero de 1848) 

La República de Venezuela y en su nombre. — Ef 
Juez de I a Instancia del cuarto circuito judicial de la pro- 
vincia de Caracas. — A los señores Jueces de 1* Instan- 
cia, alcaldes parroquiales, jueces de paz y demás autori- 
dades de la República, 

Hace saber : 

Que habiéndose fugado Ezequiel Zamora de lar 
cárcel de la villa de Maracay, donde se bailaba en mo- 
mentos en que iba á ser conducido á la provincia ele 
Maracaibo, donde debía cumplir los diez anos de presidio 
cerrado en que le fue conmutada la pena de muerte que 
se le había impuesto, se ha mandado librar la presente 
requisitoria con las inserciones siguientes para su aprehen- 
sión. — Tribunal de 1" Instancia del circuito. — Acúsese 
recibo de la anterior comunicación ai señor Jefe política 
del Cantón Maracay: y por cuanto en ella manifiesta 
dicho funcionario haberse fugado el re <> Ezequiel, Zamora 
en momentos en que iba á ser remitido al presidio ce- 
rrado de Maracaibo por diez aiios en que le fue conmu- 
tada la pena de muerte que le habían impuesto los tri- 
bunales de justicia : líbrense en el día requisitorias circu- 
lares con las inserciones necesarias á los señores Jue- 
ces de 1* Instancia, Alcaldes parroquiales, Jueces 
de paz y demás autoridades de la República, para su 
apreheusión y remisión á este tribunal donde existe la cau- 
sa; insertándose á mayor abundamiento la predi cha re- 
quisitoria en la Gwi'ta de Venezuela, etc. — San Luis de 
Cura, noviembre 24 de 1847 — 18? de la ley y 37? de la 
Independencia. — Manuel Alfonzo. — Antonio ¡lrizuela¡ Secre- 
tario. 

El Secretario que suscribe, certifica ; que los signo» 
tisonómicos de Ezequiel Zamora, que ha podido ad- 
quirir de personas que le conocían muy bien, son del 
tenor siguiente: " Pelo rubio pasudo y bastante poblado, 
color blanco y algo catire, frente pequeña, ojos azules 
y hundidos, nariz larga perfilada, boca pequeña y algo 



APÉNDICE LXXI 

sumida, labios delgados, barba roja y escasa, estatura? 
regular, cuerpo delgado, muy junto de muslos, y pier- 
nas manetas. — Tiene las manos largas, descarnadas y cu- 
biertas por un bello áspero ; los pies son también lar- 
gos y flacos; es de un andar resuelto, y tendrá como 
treinta años de edad. — Cura fecha ut supra. — Antonio 
Brizuela. 

En cuya virtud los señores Jueces y autoridades 
á quienes se dirije la presente requisitoria, le darán su. 
más puntual cumplimiento, circulándola de uno en otro 
hasta el último, que la devolverá á este Tribunal con 
la persona del reo prófugo, bien asegurada, si se lograse 
su captura. — San Luis de Cura, noviembre 24 de 1847. — 
18? y 27?. — Manuel Alfonzo. — Antonio Brizuela, Secretario. 






CARTA DEL PBRO. DOCTOR I0NAGAS 

ALPRESIDENTE DE LAREPUBLICA 



Excelentísimo señor Presidente José Tadeo Monagas. 

Valencia: «agosto 17 de 1849. 

Mi querido primo y amigo : 

Mil y mil enhorabuenas por la deseada paz que el 
Señor nos ha concedido después de la desgraciada re- 
volución de estos días. Ahora sólo resta que usted no 
ponga término á su bondad y beneficencia á favor de los 
desgraciados. Es verdad que el amor propio, y los con- 
sejos de los que no miran el bien general sino sus pa- 
siones é intereses particulares, pondrán algún obstáculo 
á la inclinación de usted, que siempre me ha manifes- 
tado por el perdón ; pero es necesario hacerse superior 
á todo, y dar á conocer su generosidad libre de resen- 
timientos. Por tanto, una amnistía general es la propia 
para el caso, por la que yo le suplico rendidamente y 
la que espero pondrá fin á las disenciones y partidos. 
"Tsted sabe muy bien que este es el mayor medio y aún 
el iinico para una sola reconciliación: las historias así 



LXXII APÉNDICE 

nos lo enseñan y la experiencia así lo demuestra, pues 
aunque los ingratos alguna vez no correspondan á la 
benignidad que se ha usado con ellos, después tarde ó 
temprano se eoje el froto de la beneficencia, y esta pro- 
duce una paz estable que nunca se consigue sin ganar 
el corazón. Desentiéndase usted por ahora de las pre- 
tensiones de los malévolos, créame que esta especie de 
gentes no miran lo porvenir. Ninguna persona en Cara- 
cas le estimará á usted tanto como yo, ni ninguna ten- 
drá más interés en su buen nombre y en su felicidad. 
La medida que le aconsejo, y á que usted más se in- 
clina, será más gloriosa para usted que cuantas victo- 
rias haya conseguido, y ninguna le afirmará más en la 
tranquilidad de su gobierno. 

Recuerde usted la historia de César Augusto, que 
por una disposición semejante se hizo dueño de todo el 
Jmperio Romano, y la paz qne consiguió después de tantas 
guerras le duró toda su vida, habiéndose por tanto ce- 
rrado el templo de Jano en toda ella. Para dará cono- 
cer este Príncipe la sinceridad de su perdón, hizo quemar 
públicamente todas las causas que había contra sus ene- 
migos y todos los papeles que pudieran recordar su me- 
moria, olvidando para siempre las conjuraciones, hacién- 
doles volver á sus casas libres de todo y aún dándoles pre- 
mio, como lo ejecutó con Cornelio C. nieto de Pompeyo. 

En estos días tenemos el ejemplo heroico de la Rei- 
na Católica con la amnistía tan general que dá á to- 
dos los españoles, y hasta á los encausados y sentenciados 
por asuntos políticos, como consta del Correo de Ultra- 
mar, 2S de julio, que es digna de leerse, y supongo que us- 
ted la habrá visto; pero le encargo que la vuelva á 
releer, con lo acordado por el Congreso, porque contie- 
ne cuanto puede desearse en la materia, y para hacer 
callar á los que no respiran sino fuego y sangre. 

Me acuerdo también del perdón gratuito de S. Juan 
Gualberto, que habiendo encontrado al asesino que qui- 
tó la vida á un hermano del Santo, enjun lugar en que 
no podía escapar, ya al darle el golpfe de muerte le per- 
donó, sólo porque le pedía con los brazos abiertos, le 
perdonase por Nuestro Señor Jesuciisto, y este Dios tan 
bueno le corresponde amorosamente inclinándole su cabeza 



APÉNDICE LXXI1I 

•en señal de agradecimiento una imagen de Cristo cru- 
cificado que estaba en una capilla en donde entró el Han. 
to después de este suceso: con lo que se convirtió en 
-el momento y sólo pensó en adelante en hacerse santo, 
como lo consiguió. 

Yo espero de su bondad y de la amistad que me 
profesa acogerá mi súplica, y liará todo bien á los infe- 
lices, y que esto mismo hará desaparecer las quejas con- 
tra usted, y se conseguirá la unión, concordia y recíproca 
correspondencia. Ojalá que usted, reciba con gusto mis 
insinuaciones, y olvide todo resentimiento. 

Le encargo una cosita de confianza, y es que esta 
carta se la entregue á mi estimada Doña Luisa para que 
la conserve y se la lea varias veces, especialmente cuan- 
do los demagogos, y hombres vengativos quieran estor- 
bar el curso de su beneficencia. 

Recibí su última muy apreeiable dos ó tres días 
antes de esta follisca, que no contestó, considerándole 
muy ocupado, y con muchas atenciones, y tengo el gusto 
•de hacerlo en esta ocasión en que, lleno usted de satis- 
facciones, estará tranquilo. Por olla me convenzo cada 
día más del cariño, y buena amistad conque usted me 
corresponde, y la obligación en que me pone de enco- 
mendarle muclio á Dios, y de interesarme cuanto pue- 
da en que se consolide la paz. 

Deseo á usted una eterna felicidad, y saludo á la 
señora su esposa y niñas con toda la demás familia con 
mucho cariño, con el que soy todo de usted muy aman- 
to primo y amigo. 

Doctor Juan Antonio Monayas. 

P. D. — Me ha sido de bastante placer el saber (pie el 
rendimiento se hizo en el sitio llamado Monagas, nombra- 
do así, porque en una hacienda que tenía allí mi Abuelo, 
hacía su principal residencia, y se lo refiero á usted 
también para su gusto. 



* * 



LXXIV APÉNDICE 



CAMPANA DE LA FEDERACIÓN 

LOS JEFES DEL EJÉRCITO FEDERAL DE OCCIDENTE 

JL MUS COMPAÑEROS DE A.It]ftf A>& 

Á LOS VENEZOLANOS TODOS 

Córtanos ! 

Habéis levantado el pabellón de la libertad, de en- 
tre ese polvo de las pasiones inmundas, del abismo de 
la ignominia : grande es vuestra gloria. La gratitud de 
la Nación será, no lo dudéis, inmensa, como su coo- 
peración, como la unidad de su querer, como la explosión 
de su valor para sacudir todo género de servidumbre. 

Venezolanos: salud; y para siempre Libertad! 

Ni ahora, ni nunca, la vergüenza de las cadenas. 

Venezolanos : Federación ! 

La Federación encierra en el seno de su poder el 
remedio de todos los males de la Patria. No: no es que 
los remedia, es que los liará imposibles. 

Con Federación atenderá cada Estado á todas sus 
necesidades y utilizará todos sus recursos, mientras que 
juntos constituirán por el vínculo del Gobierno general 
el gran bien, ei bien fecundo y glorioso de la unidad 
nacional. El orden público dejará de ser un pretexto 
de tiranía, porque será la primera de las atribuciones 
de cada Gobierno particular. Tendrán los pueblos ma- 
gistrados de su exclusiva elección. 

Volveremos la espalda, ya para siempre, á las tira- 
nías, á las dictaduras, á todos los disfraces de la detes- 
table autocracia. 

Coro es ya un Estado. >lientras que se verifican 
las elecciones conforme á las mejores doctrinas, Coro 
tiene ya un Gobierno propio, y asumiendo el Estado su 



APÉNDICE LXXV 

soberanía, constituye una de las grandes unidades polí- 
ticas de la Federación Venezolana. 

Otras provincias lian lanzado ya el grito de libertad ? 
todas se disputarán ese honor; cada una hará el mis- 
mo uso de la soberanía, y pronto, muy pronto, consti- 
tuirán el Gobierno general. 

Entre tanto la conciencia de nuestros derechos, y 
nuestro valor harán simultáneo, decisivo y omnipotente 
el movimiento de los pueblos de Venezuela por la últi- 
ma y la más gloriosa de sus conquistas: el sistema 
Federal. 

Queremos ahorrar la sangre de nuestros hermanos f 
queremos la tranquilidad de las familias y la paz y la 
libertad imperando en la República. Levántese ella co- 
mo un solo hombre, lance el grito de la voluntad y sus. 
mismos opresores inclinarán la trente respetuosa ante el 
Soberano, ante el Pueblo de Venezuela. 

¡ Y desgraciados de los que no lo hicieren ! 

Dado en Coro, á 25 de febrero de 1S59. — Año 1? 
de la Federación. — EzEQurBL Zamora.. — José R. González. 



MARTIN REYES, 



JEFE I>E LA COLUMNA DE OPERACIONES SOBRE BARQUISIMETO, A LOS 

HABITANTES DE SKjriSIQl'K Y BARAGUA 



La tiranía toca á su fin. La Nación cansada del 
Gobierno despótico de sus malos Administradores, se 
levanta en masa por todas partes deponiendo á los ti- 
ranos que la tenían sojuzgada. Siquisiqueiios, Pueblos, 
de Baragua y Carora, seguid el ejemplo de toda la pro- 
vincia de Coro, que unánimemente ha sacudido el yugo 
ominoso de los tiranos, al mismo tiempo que lo han he- 
cho casi todas las provincias de Venezuela. Conciuda- 
danos todos : los tiranos no poseen más terreno que el 
que ocupan miserablemente, con ignominia, las plantas 
de sus pies, y ni aun en tan corto espacio se conside- 
ran seguros : su mala conciencia los acusa y acosa. Por 



LXXVI APÉNDICE 

todas partes y doquiera que miran, se les presenta á 
su vista el cuadro espantoso de sus crímenes, el esque- 
leto de Venezuela sacrifícala á su arbitrio y auroj.i.. 

¡Inicuos y feroces, no conocen más ley que el de- 
senfreno de sus pasiones ! 

SiquÍ8Íqueños y Pueblos de Carora ! Yo os invito á 
que os unáis á vuestros conciudadanos y vecinos más 
cercanos de Cburuguara : abandonad á los tiranos que 
os engañan, á esos oligarcas que os balagán con femen- 
tidas promesas de felicidad que .jama * cumplen. No os 
dejéis alucinar, romped las cadenas que os lian forjado 
y cerrad vuestros oídos á los esbirros de la tiranía. A 
las armas ! A las armas ! compañeros, y decid con vues- 
tros hermanos los corianos : 

; Viva la República Federal ! 

j Vivan la* libertades públicas ! 

¡ Vira el valiente ciudadano Ezequikl. Zamora. 

Cuartel General en Cburuguara, á 2(5 de febrero de 

1850. 

Martin Reyes. 

Es copia fíel. — El Jefe de Estado Mayor. — José Gu- 
tiérrez. 






Gobierno Federal de Caracas de primero 

de agosto de 1859 

PODER EJECUTIVO 

Doctor José Manuel García, Prebendado doctor Jo- 
sé Manuel Rivero, Estanislao Rendón, doctor Juan de 
D. Morales, Juan Crisóstomo Hurtado. 

SECRETARIOS 

Doctor Gonzalo Ruiz, Interior y Justicia — Doctor 
Jesús M. Blanco, Relaciones Exteriores — Nicolás Martí- 
nez, Hacienda — Comandante Rafael Urdaneta, Guerra y 
Marina — Comandante de Armas, General José Laurencio 



APÉNDICE LXXVII 

Silva — Ayudannte de Plaza, Capitán Miguel Moreno — 
Gobiernos de las Provincias — Miguel García Meza — Se- 
cretario, Manuel Larrazabal. 

ler Comandante del 5 de Marzo — 2? Comandante del 
Batallón "Convención," Encarnación Magallanes. — 2? Co- 
mandante del Batallón "Convención," Alejo Mijares — Guar- 
da parque, Tomás Muñoz y Avala. — Cajero, Adolfo Ur- 
daneta. — Proveedor de recursos, Diego Antonio Alcalá. 
— Capellán de ejército. — Presbítero Andrés. — Jefe Muni- 
cipal, Félix Bosa. 

El Doctor Dubreil se presentó al Gobierno provisoria 
á las 9 de la noche y manifestó, que los señores Minis- 
tros de Francia é Inglaterra estaban dispuestos á reco- 
nocer el Gobierno provisorio, tan pronto como les par- 
ticiparan oficialmente su instalación. 



Ciudadanos empleados en el Gobierno 

de la Federación 

Juan Jurado. — Andrés Level. — Manuel Blanco, hijo. 
— N. Goiticoa, Feliciano Borges. — Rafael . García, Pedro 
Manuel Toledo. — Guillermo Flínter. — Manuel Fariñas llevó 
los pliegos para hacer pronunciar La Guaira. 

Ramón Landa, fué nombrado Jefe político del Can- 
tón Petare. 



Acta del 1? de agosto de 1859 



En el nombre de Dios Todopoderoso. 

Reunidos nosotros los ciudadanos de Caracas, con el 
objeto de establecer y nombrar un Gobierno Provisorio, 
que asegure el orden y tranquilidad pública, y preste 
todas las garantías que necesite la sociedad paia su con- 



LXXVIII APÉNDICE 

servación, bajo el imperio de la razón y de los principios 
que proclamamos solemnemente, declaramos: 

IV El Gobierno de Venezuela será desde hoy para 
siempre popular y federal. 

2? Reconocemos como Jefe Supremo de la Nación 
al ciudadano Juan C. Falcón, mientras tanto los pueblos 
<le la Confederado!), bajo la forma que se dieren, expre- 
sen su voluntad. 

3? Nombramos para constituir el Gobierno Provi- 
sorio Provincial, mientras se obtiene la voluntad de la 
Provincia, á los ciudadanos : 

Doctor José Manuel García. 
" José Manuel Rivero. 
Estanislao Renden. 
Licenciado Juan de Dios Morales. 
Juan CrUóstomo Hurtado. 

4': Se nombra al ciudadano General José Laurencio 
Silva, Jefe de las Armas de la Provincia. 

Dado en Caracas, á 1? de agosto de 1851), ano 1? de 
la Federación. 

Juan de Dios Morales, Juan C. Hartado, Felipe Es- 
teves, M. García Meza, Jesús M. Blanco, R. Urdaneta, 
Gonzalo A Ruiz, N. Ramírez, J. Fernández, F. Bolívar, 
José L. Silva, hijo, Manuel F. García, Juan de M. Guz- 
mán, Doctor José F. Soto, B. H. de Noya, Diego A. 
Alcalá, Rafael Acevedo, Antonio J. Zamora, Doctor José 
M. García, Doctor José María Rivero, José R. Villas- 
mil, Diego Campbell, Santos Escobar, Victoriano Soto, 
Tomás Sotillo, Rafael Esparza, Pedro H. Cornieles, Arís- 
tides Caballero, Félix Bosa, Andrés Verde, Manuel La- 
rrazábal, José T. Borges, Miguel Rodríguez, Ramón A. 
Pina, Narciso Pacheco, José M. Monteverde, Nicolás 
Martínez, Pedro Requena, Miguel A. González, Fernan- 
do Baquero, Felipe Alvarez. Juan B. Hernández, Sil- 
verio Bermúdez, J. R. Olivo, J. R. Carcano, Francisco 
A. Amos, Domingo Esquivel, Miguel Soto, Pro. José 
Andró*, \V. Oleta, Ramóu Yépez, Hónralo M. de la Guar- 
dia, Ramón L. Castro, Alejandro F. Feo, Agustín Coll, 
Ramón Bigot, Pro. José V. Genovés, Jacinto Gutiérrez 
Toll, Pablo de la Guerra, Manuel R. Conde, Miguel 



APÉNDICE LXXIX 

Moreno, José C. Tirado, Rafael E. García, Pro. Fran- 
cisco A. Pereira, José de la C. Acedo, Juan A. Pérez 
Bonalde, R. Col!, J. R. Revenga, Manuel Alvistur, Pe- 
dro A. Arroyo (2), Rafael Aconta, Agapito Torres, Car- 
los Martínez, Belisario Pereira, Martín J. Arámburu, 
Gerardo Márquez, Florencio Soto, Pedro Bigott, Gui- 
llermo F. Feo, Francisco Herrera (3) Pedro Ranceo, Fran- 
cisco Belpino, Dionisio Flores, Agustín Garres, Tomás 
Fuentes, Benito Landaeta, Domingo Mota. 
(Siguen muchas firmas). 



REPÚBLICA DE VENEZUELA 

Estado Federal de Caraca* 

Caracas : agosto 1? de 1S5Í). 

Habitantes del Estado! Nombrados por el pueblo de 
Caracas para componer su Gobierno provisorio federal, 
cumple á nuestro deber hacer llegar á conocimiento de todos, 
el acto espléndido por el cual ha quedado roto para siem- 
pre el tiránico sistema central, y puestas Jas bases fun- 
damentales de la Federación que tantos sacrificios y tan- 
tas víctimas ha costado á la República. 

Conciudadanos! La tiranía ha concluido en Venezue- 
la: la omnipotencia nacional impera, y á la sombra del 
pabellón federal, los pueblos entusiasmados llevarán la 
República al lugar que la Providencia le tiene señalado 
entre las naciones más civilizadas del mundo. 

Viva la Federación! Viva el Pueblo Soberano! Viva 
el General Falcón! Viva el valiente General Ezeqüiel 
Zamora! Viva el General Juan Sotillo! Viva el Gene- 
ral Pedro V. Aguado! 



LXXX APÉNDICE 

CUADRO 

de ciudadano 3 y antiguos Jefes y oficiales que f o* marón el fjércit» 
del centro, en el litoral de los Cantones Guaira y Maiquetía 
en agosto de 1839, bajo las órdenes del General Pedro Vicente 
Aguado, quienes obtuvieron sus adjuntos de dicho General» 
do la manera siguiente : 

Primeros Comandantes 

José María Navarrete, Maiquetía — Manuel Vicente 
Bosque y Florentino Hernáudez, La Guaira. — Martín Pa- 
dros y José Carlos Torres, Maiquetía. — Julián Tactyson y 
Godoy, Caracas. 

¡Segundos Comandantes 

Rafael Travieso, Lijo, La Guaira. — Pablo Blanco, Ma- 
cuto. — Guillermo Quevedo, La Guaira. — Vicente Faustino 
Merentes, Naiguatá. — Simón Blanco, La Guaira. — Marcos 
Antonio Madriz, Guaraca rumbo. — Andrés Alcántara Rave- 
lo, La Guaira. 

Capitanes 

Juan de Mata Torres, Macuto. — Juan Rondón, LaGuai- 
ra. — Juan Pablo Figuera, y Gabriel Piñango, Caraballeda» 
Juan Felipe Figuera, Santiago Gil, Natividad León y Ce- 
lestino Jaque, La Guaira. — Demetrio García, Caracas. — 
Fernando Ruz, Maiquetía. — Juan José Montes y Magda- 
leno Flores, La Guaira. — Andrés Lázaro Delgado, Macuto. 
— José Alanés, Justo Andue¿a, Dionicio Madera y José Ig- 
nacio Hernández, La Guaira. — Vicente Hernández, Cara- 
cas. — Teodoro Herrera, Eugenio Reyes y Eduardo Maran- 
te, La Guaira. — Simón Gil, Carayaca.— Antonio Redondo, 
Catia. — Dionisio Tovar, Carlos Díaz y Joaquín Tinoco, 
La Guaira. 

Tenientes 

Rufino Blanco, Bernardo Madera, Felipe Santiago 
Montes, Juan Ramón Ramírez, Fermín Madera, Emilio 
Conde, Narciso Hernández, Rafael Villalobos, Gabriel Vi- 
llalobos y José Francisco Sánchez, La Guaira. — José de 
Jesús Piñango,Caraballeda. — Valentín España, Naiguatá. 
— Juan Pedro Montes, La Guaira. — José Gabriel Rome- 
ro y José Víctor Medina, Macuto.— José Tomás Flores, 
La Guaira. — José Fuenmayor, Naiguatá. — José Tomás 



APÉNDICE LXXXl 

González, Matilde Brito, Rafael Sabino y Ruperto Ibarra, 
La Guaira. — José María Rodríguez,. Gregorio Rodríguez 
y José María Méndez, Maiquetía.— Candelario Romero, 
Cátia. — José D. Arteaga, Maiquetía. — Juan Ramón La- 
inírez y Fermín Madera, La Guaira. 

Súb-Tenien-tes 

Luis José Hermoso, Valentín Sifontes é Isidro Her- 
moso Narvarte, Ctiraballeda. — Doroteo Aponte, Julián Do- 
mínguez y Feliciano Longa, Nai guata. — Catalino Ozas, 
Quintín Díaz, José Víctor Medina, Julián Alvarez y 
Francisco Rojas, La Guaira. — José María Blanco, Macuto. 
— Benigno Monasterios, Maiquetía. — Pantaleón Gon- 
zález, Pragedes Palacios é Isaías García, Maiquetía. — 
Cirilo del Carmen Franco, Caraba11¿da. — Julián Colmena- 
res, Salvador Díaz, Pedro Díaz, Juan Bello, José An- 
tonio García, José Maitán, Andrés Lozano Delgado, José 
Isabel Gómez, Baldomcro Narvarte y Tomás Pereira, La 
Guaira. — Rufino Gedler, Mauricio Mayora (fué ascendido 
á Teniente) y Felipe Parra, Maiquetía. — Juan Inocencio 
Blanco, Macuto. — Francisco Rive r o, Brígido Benítez y Mar- 
cos Centeno Madriz, La Guaira. 

Dios y Federación. 

El Coronel Auditor de Guerra 

Ramón A. Delgado. 



Gobierno Provisional de La Guaira 



B. Manuel Calimán, Rafael Travieso, Manuel Vicente 
Vásquez, Pablo Solse, Tomás Sabino. 

Este Gobierno nombró al señor B. Giusseppi, Agen- 
te Consular en Trinidad. 



Vi 



^1 



fcXXXH APÉNDICE 

Estado de A ragua 

División del General Alcántara, perteneciente al Ejército 

de Aragna 

General en Jefe, Francisco L. Alcántara. — Estado Ma- 
yor General : Primer Comandante, E meter o Gómez ; Se- 
gundo Jefe, primer Comandante Ceferino Ríos ; Comisario 
General, Comandante Luis Primero; Ayudante General,- 
José del Carmen C i sueros; Ayudantes de Campo, prime- 
ros Comandantes José María Gimeno y José Dolores Gu- 
tiérrez; Adjuntos, Capitanes Jesús María Ríos, Sergio 
Quevedo, Eladio Sarco y Jesús María Cisneros ; para Ede- 
canes, Comandantes Federico Quintero y Miguel Parejo y 
Capitán Rosario Aponte. 



* 
• # 



¡Oficio de Zamora al Comandante Bernardo Márpz 



Federación Venezolana. — Estado de Coro. — Cuartel Gene- 
ral. — Jefatura de Operaciones. — Güequito: 14 de mar- 
zo de 1859, á la una de la noche. — Ano 1? de la Fede- 
ración. 

Al ciudadano Com infante Militar del Puerto de Cumarebo, 
Bernardo Márquez. 

Acabo de recibir su comunicación fecha trece del que 
cursa, en donde me dice que ha hecho devolver la Compa- 
ñía del Capitán Goitía, y se ha incorporado con la del 
Capitán Jesús María Hernández. 

Me ha parecido un punto acertado la medida que us- 
ted ha tomado, siempre que los enemigos sea verdad que 
hayan desembarcado en el Puerto de Cumarebo, pues esto 
me indicaría que ellos pretenderían picarme la retaguar- 
dia. ¡Si esto fuere así, es probable que se avanzarán á 
Cumarebo, en cuyo punto debe usted situarse para obser- 
varle sus disposiciones y cubrir ¡ni retagiftirdia, debiendo 
á toda costa tirotearlo y venirse en retirada, que entre 



APKND1CK LXXXIII 

-tanto yo vuelvo á San Juan, lugar donde están los ene- 
migos acampados, para caerles y destrozarlos. 

Confío en su valor y pericia militar para que con toda 
la serenidad de un buen Jefe, sepa usted engañar al enemi- 
go con estrategias y emboscadas, mientras yo me avanzo á 
•darle el golpe mortal á su cuerpo principal acampado en San 
.Juan. 

Entre tanto siga usted dándome parte de lo demás 
•que sepa y ocurra. 

Sov de usted atento servidor, 

Ezequiel Zamora. 



* 
* * 



Oficio del General Sonblette al Ministro de Guerra y Marina 



República de Venezuela. — Dirección de la Guerra en Oc- 
cidente. — Cuartel General en San Carlos á 2 de mayo 
de 1859. 

.Señor ¿secretario de Estado en los Despachos de Guerra y 
Marina. 

En marcha para esta ciudad recibí, devuelta de aquí 
mismo, la comunicación de usted, de 11 del mismo, en que 
usted me reitera la urgente necesidad de auxiliar á S .E. 
4¿l General Silva 1 con todo lo necesario para el mejor 
éxito de las operaciones de que está encargado; y debo 
decir á usted, para evitar las consecuencias de una es- 
peranza frustrada, sobre esta orden, que yo no tengo 
nada más, para auxiliar al General Silva, que los diez 
mil pe^os ($ 10.000) que he recibido de Puerto Cabello, 
■con los que desde hoy empiezo á racionar la fuerza que he 
conducido de Carabobo: y creo muy difícil que llegue 
al Cuartel General del General Silva ni un peso. Aquí 
no he encontrado sino quejas y lamentos. Xo se me 
auxilia ni con la ración de carne. No hay quien supla 
fondos, ni con la oferta de librarlos contra la Tesorería 
-General. He traído un escuadrón de caballería y ten- 
dré que devolverlo á Carabobo, porque los caballos ho 



LXXXIV APÉNDICE 

pueden continuar la fatiga, ya que no me auxilian ni ; 
con un caballo. 

El ejército está desnudo y yo no tengo ni nn ves- 
tuario. Aquí se me aguardaba con ansia para entregar- 
me la situación de la provincia, y que yo la remediara,, 
como si fuera el Gobierno, ó más aún, como si fuera la. 
Providencia Divina. 

Por separado remito á usted originales dos oficios,, 
uno en que se halla la renuncia del General Escobar,, 
y otro en que el señor Gobernador de esta provincia 
manifiesta que se verá precisado á renunciar, si no se 
le auxilia con lo necesario para atender á los gastos 
de ella. 

El desaliento es grande, no tanto en ésta como en 
la provincia de Barquisiineto, y más en la de la Portu- 
guesa, y lo considero mayor en la de Barinas, de donde 
nada sé. Dicen que el General Silva se movía el 25!!! 
Pero esto mismo lo ignoro. 

No es imposible que sufra un revés el General Silva: 
como difíciles y arriesgadas califica su Jefe de Estado 
Mayo? las operaciones contra el enemigo, en la comu- 
nicación que hoy remito á usted 5 y asilo demuestra su 
prolongada dilación en Barinas, de donde no había sa- 
lido el 24, y aún el 29 no se sabía en Guanare que 
hubiera salido; pues he recibido una comunicación de 
dicha fecha, del Comandante militar de la Portuguesa, 
que es muy cuidadoso, y nada me dice. 

Las partidas sueltas que hay en estas provincias son 
varias y numerosas, y si por desgracia el General Silva 
sufre un revés, yo no podré contener el enemigo con 
200 hombres, de Maracay, 80 de caballería, de San José 
de Tiznados, á pie, y los que tenga la columna del Baúl, 
que manda el Comandante Villapol, unida á las que allí 
existían. 

En tal caso tendremos que defender la República en 
Carabobo ; pero si el Gobierno no consigue caudales para 
la comisaría, en cantidad bastante suficiente para aten- 
der al pago de la fueiza, esto mismo será difícil. 

Sería muy conveniente que el Gobierno dispusiera 
que el ejército del General José María Zamora se moviera 



APÉNDICE LXXXV 

-con prontitud bacía La Victoria, porque es posible que 
-con él se decida la suerte de la República en Occidente. 

Si me llegaren tropas de Carabobo me adelantaré á 
Araure, y si no llegaren las bastantes para presentarme 
siquiera con mil hombres, será, más que inútil, perjudi- 
cial, mi marcha á Araure. 

Ni mi edad, ni mi salud achacosa pueden resistir 
una campaña como esta. No puedo soportar la marcha 
de cuatro horas: llego postrado. Estoy haciendo un sa- 
crificio estéril, y sólo me consuela la esperanza de que 
será el último. 

Soy de usted atento y seguro servidor, 

Carlos tióublette. 



• * 



Proclama de Linares, llamado el Generalísimo 



JOSI5 ANTONIO LINARES 

De los fedérale* de Xueva Granada y Venezuela y General 
del Ejército Federal de la Portuguesa 

Soldados : 

Nacido en el territorio de los libres granadinos y for- 
mado en las 'doctrinas republicanas de sus ilustrados hi- 
jos, debía á ejemplo de ellos, ofrecerme á la Libertad. 
Así, y teniendo presente que venezolanos y granadinos 
* derramaron juntos su sangre en los campos de batalla 
por la Independencia, conducidos por el genio del Gran 
Bolívar, os llamé á las armas el diez y nueve de julio 
<lel ano pasado de cincuenta y ocho, para rescatar los dere- 
chos de Venezuela de la más detestable tiranía. Valerosos, 
como dignos hijos del padre de Colombia, me jurasteis 
por Dios y la Federación, en los espesos y silenciosos 
bosques de Guanariro, ser libres 6 morir; y viva en mi 
memoria la acción heroica de mi compatriota el impon- 
derable Kicaurte, os contestó como él al volar en nubes 
-<le pólvora en San Mateo : "perezca yo, pero sálvese la 
JPaíria". 



LXXXVI - APÉNDICE 

Soldados : 

Desde entonces, sin más vestido que la corteza dé- 
los árboles, sin más armas que las púas de Guasdnas r 
sin más embarcaciones que el nado y sin más alimento- 
que las plantas de los bosques, habéis luchado con la 
naturaleza y. hollado bajo vuestras plantas el pecho vil 
de la soldadesca dictatorial. La historia registrará vues- 
tras hazañas con las de Vigirima y Boyacá, y pronto- 
entraréis en el templo do la Fama, orlada la frente con 
laureles arrancados de Los Andes, acompañados de vues- 
tras hijas, que en señal de derechos adquiridos, derra- 
marán A vuestros pies flores del bosque que presenció- 
vuestros solemnes juramentos. 

Soldados : 

El Libertador de Colombia, el Gran Bolívar, com- 
prendiendo que la insubordinación y crímenes del tirano- 
José Antonio Páez habían de traer la destrucción de la 
colosal obra de Colombia, la muerte en patíbulos y des- 
tierros de tantos campeones de la Libertad, pretendió- 
justiciarlo; no lo hizo, y Colombia no fué; su padre, y 
fundador de cinco naciones murió, y hasta hoy había- 
mos quedado sometidos á la oligarquía de los godos y 
al despotismo de tiranos y dictadores: no olvidéis las 
lecciones de la historia para poner á cubierto de ataques 
de los enemigos la Libertad y la Federación ; y desde 
ahora justifico mi conducta política y militar ante el ciu- 
dadano General, Jefe de Operaciones, de los Estados- 
de Coro y Occidente, para honra del Ejército y bien de^ 
vosotros. 

¡ Viva la Federación ! 

¡Viva el Ejército Federal! 

Dada en Barinas á 2(5 de junio de 1S¿"59. 

Jone Antonio Linares 



* 



APÉNDICE LXXXVH 

Alocución del General Jnan C. Falctin en Palmasola 

Al pisar el territorio, al aparecer sobre la escena (lela 
revolución, siento la imprescindible necesidad de hablar & 
mis conciudadanos. Prefiero siempre ser conocido: que 
nadie se equivoque conmigo. La Patria debe además sa- 
ber, por qné vengo, y lo que traigo. 

No soy, á ella le consta, un militar de cuartel que hace 
la guerra por oficio : como tal, la guerra me inspira horror, 
y menosprecio el que la hace. Soy, lo que todo hombre de 
conciencia que cine espada, y lo que he sido, desde que 
Venezuela me prestó la de su libertad : un ciudadano ar- 
mado, y nada más. 

Que menos puedo ser un ambicioso tentado por la ví- 
bora del poder, para quien la reputación significa poco, 
con tal de mandar sin ella ; uno de esos hombres que pre- 
firiendo el monótono placer del mando al honor y la fama, 
renuncian á un puesto en el Panteón de la historia, donde 
vivir con nuestros nietos, donde vivir con la edad del mun- 
do, donde vivir siempre: uno de esos, ante cuyos ojos la 
Patria es nada, porque su predominio personal lo absorve 
todo ; que ni aun me parezco siquiera á tales monstruos, 

que lo diga Venezuela entera Mis propios enemigos, 

así, que lo digan también 

Tampoco soy yo quien trae la guerra : ésta existe, y 
existe declarada por la Nación en masa contra sus opre- 
sores; tiranos que, audaces, se constituyen mandatarios, por 
derecho divino, y que por deber infernal, imponen á los 
pueblos el deber de obedecerles. Insensatos ! ¡Có- 
mo olvidan el coraje de los venezolanos ! 

Sí : la cuestión no es que las leyes que hagáis sean 
buenas ó sean malas : la cuestión es que el derecho de ha- 
verlas, no es vuestro, sino de la mayoría; porque en las 
Repúblicas, corresponde á aquélla el ejercicio de todos los 
poderes sociales. 

Hé aquí la verdadera causa de la presente revolución ; 
la misma de siempre : que los gobernantes empeñan una 
lucha temeraria con el pueblo, disputándole su soberanía : 
le imponen sus comisarios ; y como sería ignominioso que 



LXXXVI1I APÉNDICE 

el soberano se sometiese á tanta iniquidad, no quedándole 
otro camino, ocurre á las armas, para hacer valedera su 
voluntad. Tal es el secreto de nuestras perennes agita- 
ciones. La anarquía en que vivimos, no es causa sino efec- 
to : la causa de las causas, la causa madre, es esa : que el 
pueblo quiere, y no lo dejan elegir. 

Las violencias eleccionarias de 40 engendraron el año 
de 48 y todos los que le siguí «ron después. ¿ Cómo dudar 
que las del Gobierno provisional de Marzo, habrían de 
precipitarnos nuevamente en la insurrección f Si se quería 
concluir con la guerra civil para siempre, debió respetarse 
el querer popular : la libertad eleccionaria es la paz de Ve- 
nezuela. 

Ved cómo escarmientan los pueblos á los que atenían 
contra su soberanía: apenas un ano, y eso combatien- 
do, ha podido durar la obr;> de Marzo, porque burló el 
voto de la revolución. Hubieran tenido sus conductores 
buena fe, y estaba conseguida la más bella ocasión de 
reconciliar los partidos, extinguir los odios, desarmar la 
venganza, y fundar una paz dura lera, libre y honrosa. 

Para hoy, la Kepúbliea sería una verdad práctica, 
con derechos reales y positivas garantías para el ciuda- 
dano, con discusión tan libre y franca, como es franca 
y libre la razón del hombre. Tendríamos pacto social y 
no las precauciones, reticencias y ambigüedades de una 
bandería contra otra. 

Los partidos políticos mismos, convertidos en doctri- 
narios, y persuadidos de que la fuerza no es palanca de 
este siglo, habrían confiado ya á la razón, todo lo que 
deben á la felicidad pública. 

Pero la Patria es inmortal. Si aquella feliz oportu- 
nidad se desaprovechó, no ha de negarnos el Cielo otra, 
en que probemos que somos dignos de que no nos aban- 
done todavía. 

De mí, nadie puede dudar con justicia : mis pala- 
bras deben ser creídas. No he mentido cuando el inte- 
rés podía seducirme. ¡ Mentiría ahora, que la verdad es 
mi gloria! 

Venezvela tendrá elecciones libres, que es su gran- 



APÉNDICE LXXXIX 

de empeño, como base de la República, y con ellas, será 
lo que quiera ser. 

Desde el veinte de Febrero, todo nos ha sido prós- 
pero; y, permitidme, compatriotas, hacer en este lugar 
una mención honrosa del bravo Jefe, que de una en otra 
victoria, ha tenido la fortuna de pasear por la República, 
la bandera estrellada de la Federación. 

Salido Zamora de Coro, la heroica, con un puñado 
de valientes, atraviesa la tercera parte de nuestro terri- 
torio por entre un erizo de fuerzas enemigas, toca á las 
puertas de las capitales de todo el Occidente, las visita 
casi todas ellas, y donde quiera que tropieza con el ene- 
migo, lo vence y lo desarma. A las trescientas leguas 
<le marcha, la opinión le guardaba á Harinas como premio 
de tanto denuedo, de habilidad tanta. Allí crea un ejér- 
cito, lo organiza, lo arma, y seguro en su inexpugnable 
y rica base de operaciones, prueba todo lo que se puede 
cuando se cuenta con la opinión, y se tiene fe en los 
pueblos. 

¡Viva el Ejército de Occidente como un modelo eterno 
para la posteridad ! La Patria debe también muchos re- 
cuerdos de gratitud al viejo Soldado y las lanzas orien- 
tales, que con nosotros, lidian infatigables, en favor 
de la causa popular. 

¡ Derramemos una lágrima sobre la tumba de los va- 
lientes de ambos ejércitos, que no hayan sobrevivido á 
tanta gloria ! 

Para hoy, la revolución tiene toda su fuerza material : 
yo creo traerle el complemento de su autoridad moral ; 
ese que me han dado el favor de los pueblos, y la acep- 
tación de los Jefes armados, que hasta ahora acaudillan 
el Ejército. 

Con esta autoridad propóngome darle unidad y con- 
cierto á la campaña ; al propio tiempo que ahorrar san- 
gre geaerosa y conjurar futuros peligros. Ayudadme, 
compatriotas, todos. 

Vamos á fundar la República. Contribuid todos al 
triunfo nacional, y luego Venezuela dispondrá libremente 
de su suerte, como dueña absoluta de sí misma. 



XC APÉNDICE 

La sangre que ello cuesta, dejémosla caer sólo sobre 
los que pretendan todavía bregar con la opinión pública, 
poniendo á los venezolanos en el duro trance de escoger 
entre la esclavitud y la insurrección. 

Si tal sucede, la guerra queda justificada, y la pos- 
teridad bendecirá á los que la hacemos, si fieles, funda- 
mos la libertad de la Patria. 

Juan C. Falcón. 

Cuartel General, al desembarcar en la playa de Palma 
Sola, á 24 de julio de 1859. 

# 

Carta del General Cordero al General Ramos 

Señor General Pedro E. Ramos. 

Valencia. 
Puerto Cabello, aliosto o de 1859. 

Mi estimado General y amigo : 

A las 5 de la tarde de ayer llegaron á este puerto 
los señores Domingo Fabrega y Ee venga y poco después, 
López, que entró á las 7 y puso en mis manos su apre- 
ciable carta fecha de ayer, junto con las dos cartas que 
en copia me acompaña. 

Ayer mismo entré á conferenciar con aquellos seño- 
res en unión del Jefe Municipal, acerca de los puntos 
principales en que debemos fijarnos para seguir adelante 
en nuestra misión de salvar la República, y be visto con 
satisfacción que estamos muy de acuerdo en el fondo de 
la materia, que es no inclinarnos ante el poder de ninguna 
facción. Disentimos solamente de lo relativo á las formas 
y medios que debemos escoger para este propósito, y 
sobre esto precisamente voy á llamar su atención con 
algunas observaciones que le pondrán de manifiesto las 
inconveniencias y el efecto funesto que pueden surgir al 
adoptar los medios con que aquellos señores pretenden 
que se puede salvar la provincia de la crisis que la ame* 
naza en la actualidad. 



APÉNDICE XCI 

Eli 08 lian asomado y sostenido el pensamiento, de que 
convocando los pueblos de la provincia y excitándolos & 
reasumir su soberanía, se puede salvar la provincia. No 
aceptan que para hacer esto mismo hay que romper me- 
dio á medio la constitución del Estado que se aclama, 
cuando nosotros aquí, para salvar esa misma constitu- 
ción y conseguir la reacción de la Kepública bajo esos 
principios, tenemos que apartarnos de uno solo de sus 
artículos. En circunstancias anormales cono esta, cua- 
lesquiera que sean los medios que se adopten, quedan 
justificados por los fines que se pretendan conseguir y 
nadie nos acusaría de haber empleado aquéllos, cuando 
se halla salvado la sociedad y las instituciones que se 
ha dado el país. 

Al adoptar los medios propuestos por aquellos seño- 
res, de que la provincia reasuma su soberanía, se daría 
un ejemplo escandaloso en el resto de la República, por- 
que este paso tiene todo el carácter de una revolución 
que a tropelía el sistema constitucional, y que seguido de 
las demás provincias en donde se han asomado estas 
mismas tendencias, acabaría por anarquizar y perder el 
país. Sobre todo ¿ cómo piensan estos señores que con el 
enemigo al frente y en la condición en que se hallan nues- 
tros pueblos, se pueden ir convocando para una nueva 
organización de la provincia ? Se ciegan y los embaraza 
la situación, sin recordar que en otras épocas, el año de 
35, cuando el país se hallaba en una peor situación, y 
los constitucionales no contaban con los elementos que 
nosotros tenemos hoy, se efectuó una feliz reacción, mar- 
chando con la constitución en la mano y la fe mas de- 
cidida en el porvenir. Este es el único camino que á 
mi ver nos queda de salvarnos y salvar la República, y 
estoy seguro que este pensamiento encuentra eco en laa 
demás provincias del Oriente y del Occidente. Si estu- 
viere equivocado, creo sin embargo, que siempre tendre- 
mos el tiempo necesario para iuclinarnos ante la voluntad 
de la República, si es que quiere regirse por otro siste- 
ma, sin apartarnos todavía de la senda de legalidad que 
hoy podemos trillar con ventajas y sin humillarnos ante 
la fuerza de una reacción facciosa que ha hallado su 
cuna en Morón y que es dirigida por Falcón, Valero,. 
Guevara, Leiceaga y otros como ellos. 



XCII APÉNDICE 

Lo que lia pasado en Caracas les quita á estos se- 
ñores Fábrega y Revenga, toda esperanza de una reacción 
legítima ; pero ¿no se puede acaso también pensar que el 
movimiento del Coronel Casas con el hecho de proclamar 
á Falcón, sea más bien un paso político ó un lazo para 
salvar al General Castro y efectuar una reacción legíti- 
ma I No es posible, me parece, que sin estar esclareci- 
dos aún todos los acontecimientos, se pueda tomar nin- 
guna deliberación que se aparte de los principios cons- 
titucionales, y mucho menos ninguna que en las presen- 
tes circunstancias acabe de perder el país. Yo no sé 
<pie presentimiento tengo, de que pronto puede efectuarse 
una feliz reacción, y tengo la esperanza de que en Cara- 
cas mismo la veremos aparecer grande y espléndida. 
Mientras tanto, debemos seguir paso á paso los sucesos y 
mantenernos firmes en sostén de los principios que he- 
mos resuelto defender. 

Por mis comunicaciones anteriores, verá usted que 
aquí hemos tomado la firme resolución de sostener los 
principios constitucionales, y me alegro de hallar en 
su última carta consignado, como suyo también, este gran- 
dioso pensamiento. Las dos copias que usted me acom- 
paña, manifiestan claramente la impotencia y el estado 
de apuro en que se halla la facción, y tengo la más 
completa fe, de que nuestros esfuerzos sobre ella nos 
pueden dar el triunfo más espléndido. Con todos los 
-elementos que tenemos en el seno de la provincia, con 
4 buques de guerra que están aquí, con el vapor Unión 
y 2 buques más que estoy armando en guerra, tenemos 
seguro el dominio del mar, y fácilmente podemos domi- 
nar también la situación y quien sabe si salvar el país. 
Ya he despachado comisiones á Coro, Maracaibo, Cura- 
zao y otros puntos, para prepararlos en este sentido, y 
pronto creo que tendremos un resultado satisfactorio. Hoy 
-despacho un buque á Oriente con una comisión especial 
cerca de Inocente, para prepararlo y para que prevenga 
á Ouayana y me mande la Regeneración, y juzgo que 
Oriente y Occidente unirán sus esfuerzos con nosotros y 
se abrirá ventajosamente el camno de la reacción. 

Y r a usted sabe también que anteayer he despachado 
<íl vapor Unión á La Guaira, para favorecer la trasla- 



APÉNDICE XCIII 

ción de cualesquiera de los supremos Magistrados 
que representan legítimamente el poder de la nación, 
y si esto, como lo creo, se puede conseguir, Garabobo 
será v el asiento del Gobierno y el centro de la reacción. 

Escrito hasta aquí, acaba de entrar el vapor pro- 
cedente de La Guaira. El Coronel Armas y el Coman- 
dante Chataing que vienen á bordo, me traen la noti- 
cia de que el doctor Gual está encargado del Gobierno 
legítimo y rodeado del Coronel Casas, del Gobernador 
Zuloaga y del Treneral Soublette: que las fuerzas 
de Aguado fueron completamente rechazadas por la ju- 
ventud de Caracas, con una pérdida considerable de am- 
bas partes, y que Aguado se ha retirado á La Guaira. 
Mendoza está sobre él con algunas fuerzas; Aguado le 
propone que rendirá las armas con tal que todo se 
someta á las deliberaciones del Congreso. Esperamos el 
resultado de ésto. Todo lo demás que omito decirle, se 
lo comunicará á la voz el amigo Fábrega, que se ha 
hallado presente á la llegada del vapor y que ha oído 
á aquellos señores. 

A Fábrega le hago un encargo secreto: conviene 
qus usted me los remita volando. 

Soy de usted amigo de corazón. 

L, de Febres Cordero. 

Es copia. 

Cordero. 



* 
# * 



Carta del General Trías al General Falcón 

44 Ciudadano General Juan C. Falcan, Jefe del Ejército Fe- 
dcral. 

San Rafael de Onoto, setiembre 20 de 18.10. 

Mi querido amigo : 

Anoche recibí sus dos estimables, fechadas en Aran- 
re: quedo impuesto de ellas y mañana emprenderé mi 



XCIV APÉNDICE 

contramarcha para ese punto, como usted me lo indica, 
no verificándola hoy, para dejar reponer un día más mis 
caballerías, harto fatigadas á consecuencia de las mar- 
chas por caminos tan fragosos. 

Desde ayer muy de mañana se reunieron en San 
Carlos las fuerzas godas de Guanare con las que estaban 
en aquella plaza, y aunque siempre los traía picados 
muy de cerca, no pude hacerles ningún daño por la re- 
taguardia, porque la multitud de guerrillas de que es- 
taban poblados los bosques por donde pasaron, ninguno 
le disparó un fusilazo siquiera para llamarles la aten- 
ción por alguna parte : tampoco quise empeñar un com- 
bate por no tener fe en la parte de mis fuerza* que 
se denomina Los Indios, de los cuales se me han desertado 
más de cuatrocientos, y lo más sensible es, que los co- 
bardes se han llevado el armamento y las municiones 
que se les había puesto en manos en defensa de la 
causa. 

Respecto á la oferta que usted le hizo al Doctor 
Cabrales para que yo quedase en el Estado de Barqui- 
simeto como Jefe de las Armas, debo manifestarle que 
un soldado siempre cumple gustoso lo que se le ordena. 
Así, pues, acepto aquella oferta que usted le hizo á nues- 
tro amigo Cabrales. 

El ciudadano Coronel Márquez retorna su saludo y 
le ofrece su consideración y respeto. 

Su amigo y compañero de corazón, 

José D. Tríap. 



* 
* * 



Carta He Zamora al General Trías 

* 

Barinas: setiembre 23 de 1850. 

Ciudadano General Desiderio Trías. 

Mi estimado amigo y compañero: 
No esté con quisquillas conmigo, porque usted sabe 



APÉNDICE XCV 

que entre usted y yo nada hay reservado: la República 
entera sabe que usted es el General más sereno y despierto, 
como humanitario, y no necesita de que le digan va- 
liente, como me dicen á mi; valientes son mucjioy. Sin 
embargo, si llego á hablar de usted, es capaz alguno de 
ofenderse, porque el mundo está lleno de celosos y des- 
conocidos, y no diría más- que la verdad, porque yo h£ 
andado con muchos hombres arrojados al peligro; pero, 
en confianza, usted les excede. 

Mucho cuidado á la tropa y mucho amor á los jefes 
y oficiales, que todos son buenos y son mis compañeros. 

Su amigo, 

Ezequibl Zamora. 



* 



Parte oficial He la acción de Sipisipe 



Federación Venezolana. — Estado Mavor General de los 
Ejércitos Federales. — Número 622. — Cuartal General 
en Siquisique á 4 de octubre de 18.M). — Ano 1? 
de la Federación. 

Señor Coronel Florencio Navarro. 

Ayer á las cinco de la tarde, el Ejército Federal 
mandadvv por el Excelentísimo General en Jefe Juan O. Fal- 
cón, segó nuevos lauros en los campos de esta villa. 

El día primero del presente mes, emprendimos nues- 
tra marcha sobre este punto, desde la plaza de Barqui- 
simeto, y después de dos días de penoso camino, cuando 
S. E. se encontraba media legua distante de esta pobla- 
ción, recibió parte que el enemigo, en número de cuatro 
cientos cincuenta hombres, se hallaba ft una milte de dis- 
tancia de Siquisique, y sinembargo que la tropa venía 
muy estropeada á consecuencia de una jornada de más 
de diez leguas y muy distante todavía del lugar en donde 
se recibió el parte predicho, se dio orden para que el va- 
liente Coronel Kodulfo Calderón, con la División de su 
mando, avanzase al paso de trote. En seguida se ade- 



XCVI APÉNDICE 

lantó el General en Jefe con los oficiales de su comiti- 
va que se encontraban bien montados, y llegó á la po- 
blación en el momento mismo en que el enemigo estaba ya 
á la vista. Dispúsose e