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Full text of "El Sindicalismo y la Política. Los Solidarios y Nosotros"

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LA POLÍTICA 



LOS «SOLIDARIOS» 
Y «NOSOTROS» 



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OBRAS PUBLICADAS DEL AUTOR 



RUTA DE TITANES 
LOS TREINTA JUDAS (folleto) 
BUENAVENTURA DURRUTI (folleto) 
FRANCISCO ASCASO (folleto) 



DEDICATORIA 



A mi compañera Josefina Martínez Sánchez 
muerta prematuramente a los 48 años de 
edad, en el exilio, siempre con la esperanza 
de volver un día, de nuevo, a su Galicia 

am,ada. 

Ricardo , Sanz. 



Reservados los derechos de traducción y de reproducción 

para todos los países. 

■ Queda íiecho el depósito queiuüica la lev. 

© Copyright-by Ricardo Sanz 

82 - Golfech - (France) 

Edición propiedad del autor 
1966 



PROLOGO 

Hacer un prólogo a un libro, significa, en primer^ lugaT 

una atención que nos brinda el autor y una consuleracion a la 

amistad que, necesariamente, ha de ser correspoMa por el que 

el prólogo realiza, pero en ninguna manera, ello puede ser una 

coacción a la libertad interpretativa del amigo, ni menos, una 

bidicación de dirección interesada. , „- , c i 

Este es el sentido que me ha expresado Ricardo Sanz al 

hacerme el requeHmiento y en esta libertad de apreciación he 

de expresarme, confiando que el lector ha de agradecer, en m^ 

avances explicativos, la lealtad hacia el autor con el mismo grado 

que por adelantado, debo al que este libro leyere... 

El libro El Sindicalismo y la Política, parece estar creado, 
en el pensamiento del autor, con la intención de presentar unos 
hechos y unas consecuencias de los mismos, reflejando el ayer 
para poder ayudar a la construcción del mañana, sin salir del 
marco de nuestra Organización, aunque relacionado con ella, 
por razón natural de contacto, haya fuertes ensayos demostra- 
tivos de que no siempre, los que considerábamos amigos, nos 
ayudaron ni los adversarios y hasta los enemigos, fueron sientpre 
negativos, para una obra orgánica realizada por unos nombres, 
a los cuales, los obstáculos, los inconvenientes y las adversidades, 
eran adcates físicos y r.iorales que, además de impelerles a Ut 
continuidad de una lucha altamente justa y humana {con todas 
las virtudes y defectos que- U^ humanidad, comporta) les oUigaba 
a una reflexión constante, para rectificar equivocaciones y per- 
filar el inmediato futuro hacia el triunfo de la finalidad bus^ 

cada... •■■ 

En cierto modo, por tanto, este libro es la resultante, aunque 
el autor no la mencione, de un análisis retrospectivo de actuación, 



' II II r I II inTiiiiTi' 



8 



RICARDO SANZ 



eji la cual, -para llegar a una síntesis satisfactoria, la propia 
conciencia del narrador parece desear la apreciación de los que 
como él vivieron aquellos sucesos aunque no intervinieran 
directamente en sus ejecuciones y que con él consideren la efi- 
ciencia de los mismos o sus deficiencias^ buscando el común 
denominador, para tener derechos físicos, morales y materiales 
en los esfuerzos actuales para liberar toda la península Ibérica. 

¿Hasta qué punto puede ser original este deseo o teoría? 

He aquí el gran problema al que debe dar solución el mili- 
tante lector buscando en sus discusiones la condición objetiva 
para el futuro de "ser o no ser'' de la cual depende seguramente 
la continuación de una obra a la que se dedicaron y muchos de 
ellos dieron lo mejor que tenían, en la persecución de la conti- 
nuidad revolucionaria del M.L. 

El autor, sabe buscar las hebras que unen todo el desarrollo 
de los acontecimientos durante la represión del fatídico Martínez 
Anido con sus huestes de asesinos que no pudieron, gracias a los 
militantes anarcosindicalistas, a pasar de las pérdidas numéri- 
cas, ni dominar, ni menos acabar, con la Confederación Nacio- 
nal del Trabajo, En consecuencia, considero, que además de 
ser un libró de historia vivida, es también un libro de ejemplos 
sociológicos y hasta económicos a tono con la convicción de que 
la revolución social había de ser realizada, como lo fué, \n 
circunstancias bien difíciles que la guerra impuso y que en 
muchos aspectos, no ha sido no solo superada, sino ni siquiera 
Igualada, por ningún otro conglomerado de productores en el 
mundo. El Sindicalismo y la Política, es pues, un capítulo de los 
más interesantes no solo de la historia del M.L, español, sino que 
incluso, son varias .páginas de. la -historia política y sociaf de 
Espaíía, que comprcizde, desde principios de nuestro siglo hasta 
el filial de nuestra guerra. 

Historia vivida y acaso, más que historia, narración de 
hechos justificando su alcance y consecuencias, no por un ob- 
servador más o menos imparcial sino por uno de los actores de 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



lo: mis mu. Historia, que nunca hubiera podido ver la luz si no 
¡uihU'va sid<y así, porque los historiadores nuestros, nunca podían 
saber detalles que en ningún documento constan y sin los cuales^ 
como demostró Anatole Frunce, ninguna historia es verdadera 
V los hechos, o se ignoran o se convierten en leyenda... Y aún, 
ios que de cerca o de lejos, estos hechos conocieron, el propio 
respeto a los autores, les haría callar en vulgarización pública. 

Pero uno de los actores, en conciencia y plena responsabi- 
lidad, nos demuestra el motivo, el fondo y la realización de lo 
que unos admiran, otros posiblemente censuran y la mayoría 
de nuestros militantes, no solo de hoy sino de ayer, ignoran... 

Y es, que a través de este libro, que se lee con interés desde 
el principio hasta el fin, en los hechos relatados que tienen como 
base el grupo de «Los Solidarios-» y más tarde ííNosotros:>i se 
constata que, asumiendo por completo los servicios prestados 
incondicionalmente al anarcosindicalismo, pagan en su -persona 
faltas si las hubiesen y dejan al M.L. los beneficios que sus es- 
fuerzos pudieran reportar, cosa que, de nuestros días, acaso no 
se conciba igual... 

Las evaluaciones cuantitativas que el autor nos brinda, son 
por lo menos tan importantes como las cualitativas, cuando nos 
presenta lo que podía haber cambiado radical y completamente 
el curso de ia guerra si la columna Durruti no se hubiera tenido 
que parar en su marcha hacia Zaragoza o si los trabajadores, los 
republicanos y hasta los liberales de Aragón hubiesen realizado 
lo que hicieron los del Norte, los de Asturias, Valencia, Madrid, 
Barcelona, etc, y hasta la demostración de un plan que, puesto 
en ejecución, hubiera permitido, lo que después fué imposible... 
Este libro además, por escapar a los ya editados, basados 
casi exclusivamente en documentos th-cs o menos históricos, 
tiene la conveniencia y la oportunidad, de volver a estudiar pro- 
blemas que creyendo haber resuelto, se nos vuelven a plantear, 
aunque con distintos enunciados, con las mismas características 
y seguramente proporciones, que en los tiem^pos de los "Solida- 
nos . 



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RICARDO SANZ 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



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Con rasgos vigorosos, quedan dibujadas figuras que- ya u'. 
son nuestras exclusivamente, sino que pertenecen a España en- 
tera, como Ascaso.Durruti y García Oliver, y bien reflejados los 
desafectos socialistas del tiempo de la Dictadura de Pnmo de 
Rivera, la lealtad de actuación anarcosindicalista, para el na- 
cimiento y defensa más tarde de la segunda República que 
traicionó Franco y sus secuaces, como- así mismo una versión muy 
especial por su originalidad, demostrando que Franco no es 

español. 

Pero, amigo lector, todo esto y mucho más, que no cabe 
en un prólogo, lo encontrarás tú mismo en la lectura que estoy 
seguro que te satisfará, si eres militante del M.L. y si no lo 
eres, habrás de hacer justicie a la honradez de una relación, que 
son memorias colectivas y disección sin piedad, de unos hechos 
que, siempre llegaron a tí o deformados o incompletos. 

También eitcontrarás, especialmente si eres un intelectual, 
algo que posiblemente no te plazca en la retórica literaria del 
autor que, autodidacta, al igual que el que esto escribe, su Uni- 
versidad, casi siempre fué la cárcel y el presidio, su formación 
y su lenguaje, el simple y sencillo de la fábrica o taller, satu- 
rado de la pasión discursiva de nuestras asambleas, de nuestras 
conferencias, de nuestros mítines... 

Si eres intelectual pues, baja un poco hasta la base del 
obrero manual del que todo el día tiene las manos sucias, del 
campesino, del minero... Ponte un poco en su lugar, piensa, que 
al salir del trabajo, sobre todo en aquel tiempo, pocas ganas 
quedan pora ''intelectualizarse" y que se necesitaba una fuerte 
convicción en las ideas y una gran voluntad de realización, para 
'^dscar la consecución d'e~ló-que nuestros- intelectuales teóricos 
nacionales e internacionales, nos habían enseñado... 

Si eres un obrero manual, como el autor y yo mismo, com- 
prenderás fácilmente el lenguaje, te encontrarás como en tu 
propio interior y seguramente a ello es a lo que aspira de pre- 
ferencia Sauz, que como íú, si eres militante antiguo, a los pri- 
meros años de su vida, tuvo que entrar al trabajo, que como 



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tü es absorbido desde 1919 por ía vida activa «"¿''"' «"^ "" 
tía reposo a los ,ue se co,t.agra,. a las luchas reivindicamos 
'r :Lo tú ka sufrido persecuciones, -»"— ^° J 
¡boicots, de la Patronal. ,ue llamábamos Y.''?*Znt^respe. 
V „ue cerno tú ha tenido que cambiar de oficio sm pode, espc 
li^LZ en ,un,uno... Fabril y Te.úl hoy, Metalur^a ,— 

Co,istracci¿a más tarde, Mercantil '¡'^t^"'' f'- ^""^ 'Zrli 
¡arse cual debía en la guerra, de acuerdo con la divisa insu^eradA 

de nuestro ideario: .^„-,',r, <;us 

_ Cada cual según sus fuerzas. A cadn cual «S""^"/ 
necedades. Y esperar, como todos los ,u. su un.ca ilu^onj 
volver con dignidad a Espaím, que el esfuerzo que ''''''''f^™ 
pira hacer coliprenA.r a los hombres de ™f ""-/"Vf " XJ- 
L los de ayer, ha de redundar, en beneficio de todos los pr fue 
lores espalóles que, solo así, acaso lleguen ''/''^^Z'^^JZ 
el anarcosindicalismo significa y lo que queda aun por-hiccr en 
el seno de la CÍV/f. y más alU de ella... 

J. Juan Domenecli. 



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CAPITULO I 



Los que hemos vivido una vida activa en las luchas 
sociales, hemos olvidado a menudo, la diversidad y también 
la complejidad, que esa misma lucha nos reservaba, por su 
amplitud. 

t Absortos por completo, en el marco del quehacer diario, 

nuestra atención fue acaparada por una serie de accidentes 
circunstanciales, que tuvieron la fuerza reguladora de nuestras 
principales actividades. 

Así pasa el tiempo, que casi no cuenta para nosotros, 
inadvertido, para ir curtiendo nuestro temperamento, dentro 
de un mundo completamente ajeno al nuestro, que no es el 
presente, que es el mundo de mañana. 

Por razones que serían demasiado complicadas de explicar 
aqui, por no ser este nuestro objetivo, España fue un país, que 
a pesar de la grandeza, de la aventura do sus hijos, después 
de los siglos, no llegó a encuadrarse dentro del marco progresivo 
de otros países, que lograron entrar en la vía del progreso, con 
cierta facilidad. 

Aparte naturalmente de esa propia corriente, que carac- 
teriza a nuestro país, por sus destellos de avance progresivo 
humano, que. lleva a los Españoles, in^i\idual y hasta colec- 
tivamente en ciertos momentos al borde de la temeridad y del 
sacrificio más sublime, el resto de su principal contenido his- 
tórico es de carácter reaccionario y absolutista. 

La historia social de España, como no importa de qué 
otro país, arranca indudablemente desde el momento en que 



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RICARDO SANZ 



el hombre primitivo se revela contra la esdfivjlud, la opresión 
o la explotación del hombre por el hombre. A partir de en- 
tonces quedan rotos todos .los valores humanos 3^ el pobre queda 
a merced de las circunstancias que le conducen a la brega inhi- 
terrunipida. 

Nuestro reducido alcance intelectual nos coloca en un terre- 
no de inferioridad, para hacer un estudio profundo de la vida 
social de nuestro país y por dicho motivo, nos limitaremos 
solo a desbrozar un poco, a partir de unos acontecimientos 
producidos, en una época, más o menos, ai .alcance- de nuestra 
memoria. 

Partiendo, pues, de esa época, como punto de referencia 
pasamos rápido a continuación a nuestro .verdadero objetivo. 

Fué indudablemente en 1909, cuando el pueblo español 
recibió la primera y hasta entonces más fuerte sacudida de 
carácter social. La reacción del oscurantismo, ia aristocracia 
coaligada con el militarismo y en fin, ese conglomerado de fa- 
riseos, que en España formaron legión en todas las épocas de 
su historia, no podían mirar con indiferencia el despertar 
de las humildes capas sociales, que tenían la gallardía de poner- 
se de pie y mirar frente a frente a sus verdugos. 

Un puñado de hombres, en su mayoría modestos intelectua- 
les, artesanos, anarquistas, y librepensadores, esparcidos por 
toda España, al calor del estudio sociológico y de la brisa del 
libre pensamiento que se respiraba y se abría paso en todas las 
latitudes de los pueblos civilizados del mundo entero, se 
concertaron en nuestro país para llevar esa corriente purifí- 
cadora^naüzándola hacia el despertar de las capas modestas, 
más que modestas, miserables de España." 

-La obra de este puñado de hombres conscientes, tuvo desde 
ei principio, el asentimiento y el apoyo incondicional de otros 
intelectuales y hombres de diferentes países puestos ya en mar- 
cha. 



EL SINDICALISMO Y LA POUTICAí. 



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Los nombres" de Cardenal, de Leopoldo ' Bonaf uUa, de 
Esteve, dé Herreros, de Aselmo Lorenzo, de Ciaramunt..., y de 
muchos otros en ' Cataluña, unidos a los de Salvoehea, de 

Sánchez Rosa, de Abelardo "Saavedra i?n Andalucía, de Ricardo 
Mella en G-alicia, y en fin un número considerable de otros 
esparcidos por toda España, fueron la garantía de algo serio 
que áe proyectaba de cara a un futuro próximo de uno a otro 
confín del país. 

La tarea no era fácil. Eí analfabetismo, la vida a base de 
limosna, el embrutecimiento por distintos procedimientos, 
fomentados y alimentados por todos los enemigos del progreso, 
tenían sometido al pueblo español en la más lamentable de la 
ignorancia individual y colectiva. 

Para principiar, había que enseñar a leer y a escribir 
a todo un conglomerado de analfabetos. Había que apartar de 
la taberna a una legión de embrutecidos, que en el momento 
de reposo abandonaban el hogar miserable, buscando ei con- 
suelo de sus miserias en el fondo de los barriles de la bodega. 
La tarea verdaderamente era difícil, por no decir imposible. 
Así las cosas, en Cataluña y, en Andalucía comenzaron a 
formarse los primeros pequeños núcleos de proletarios, que 
no sabían leer ni escribir y que anhelaban aprender para cono- 
cer las cosas de la vida, que en mayor parte ignoraban. 

Las cosas fueron ampliándose., y los pequeños núcleos de 
principio fueron convirtiéndose en agrupaciones familiares que 
despertaban el interés de los vecinos y de la gente de buena 
voluntad. A ese movimiento de recuperación moral, de los caí- 
dos en la desgracia, se le dio un nombre. El nombre fue: La 
Escuela Moderna. 

La Escuela Moderna fué creada y animada por Francisco 
Ferrer Guardia. Su único objetivo fue el que queda señalado 
más arriba, de enseñar a leer y a escribir a los que no sabían, 
por no tener posibilidades de ir a la escuela. 

El desarrollo efectivo de *Ía Escuela Moderna no había 
constituido en España, ni aun en Barcelona, particularmente. 



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RICARDO SANZ 



donde sus efectivos eran más desarrollados, ningún motivo de 
preocupación, para los poderes públicos que pudieran ver en 
ello un avance social y tuvieran motivo para inquietarse. 

Por otra parte, los obreros de las fábricas y de los talleres 
de Barcelona y en general en toda Cataluña, guiados por el cere- 
bro genial de Anselmo Clavé, principiaron a formar sus coros, 
que tomaron el propio nombre de Clavé, y así, las tabernas y 
los centros de corrupción, en sus diferentes aspectos fueron 
cambiando de fisionomía, orientándose en formas mas racio- 
nales y mas humanas, que basta las entonces seguidas. 

No todo estaba resuelto, con haber tomado otro rumbo la 
vida cotidiana de los desheredados. El problema cultural y 
moral se había orientado por senderos de redención humana, 
pero eso no era todo lo que había que hacer. 

Se ha dicho a veces, con cierta justeza, que el pueblo lo 
mismo grita, «Viva la libertad», como grita: «Vivan las cade- 
nas». 

Es indudable que el pueblo español, entró en la vía de su 
recuperación en 1909, o mejor dicho a principios del siglo 
presente, y que solo la fuerza represiva en sus manifestaciones 
más inhumanas, fueron capaces de contenerlo en su marcha 
hacia su total emancipación. 

La semilla echada en el surco, por aquella Jegión de 
hombres, que ya no existen, algunos de los cuales murieron 
fusilados como Francisco Ferrer Guardia, fundador de la Es- 
cuela Moderna, no cayó en terreno baldío, perdura y perdurará. 
Si hoy el volcán permanece en estado de postración porque 
una losa de plomo y un mar de sangre lo ahoga, en realidad 
nadie* sabe, y muchos temen lo que en realidad puede ocurrir 

en un próximo futuro. - . _ . „ 

E] anarquismo español, desde sus albores, se orientó de 
cara a lo social, es decir hacia el colectivismo. 

Sus precursores no esperaron a que las llamadas capas 
bajas de la sociedad .fueran a su encuentro. Fueron ellos los 
que buscaron el contacto con los desheredados, seguros que entre 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



17 



ellos, encontrarían el ambiente y la comprensión, de sus ideas 
de redención huma -ría. - ^ j 

De GS-' oii-mio parte indudablemente lo que mas tarde 
debía ser la ^baso fundamental, del movimiento anarcosmdica- 

lista español. . 

Los primeros diez años del siglo xx, fueron rudos para 
los que se habían impuesto la penosa tarea de movilizar por 
la educación y por la acción al proletariado español. Los medios 
y las posibilidades a su alcance eran más que reducidos nulos. 
La marcha emprendida aunque segura y positiva era lenta y 

a la par peligrosa. 

Partiendo del gobierno, secundado éste por todas las capas 
acomodadas y satisfechas de la sociedad capitalista,^ cada día 
crecían los escollos y las dificultades, puestas a la mas pequeña 
manifestación de avance social del proletariado. Las leyes 
represivas se multiplicaban a diario. Los efectivos coercitivos 
de cuerpos armados, de la nación, al servicio exclusiva de os 
poderosos, se multiphcaban. La represión sistemática de los 
llamados guardadores del orden capitalista se hacia cada día 
más insostenible por bárbara. 

Los insumisos, los rebeldes protestarlos, que osaban en- 
frentarse con gallardía, contra la desigualdad social, eran masa- 
crados, perseguidos, acorralados, como perros rabiosos. Los 
partidos políticos de turno, liberales y conser^/adores, teórica- 
mente, cuando no estaban en el poder, se combatían, eluno al 
otro, la manera déspota de proceder, desde la oposición, de 
cara a conseguir en las próximas elecciones, la mayoría que 
les tenía que llevar de nuevo al gobierno. Pero una vez en el, 
no se diferenciaban los unos de los oíros. A pesar de ios medios 
coercitivos empleados desde arriba, la brecha abierta de cara 
-a- la emancipación proletaria, -cada- día-se-hacía mas amplia. 
Lo- obreros de las comarcas industriales, y de las cuencas mme- 
ras, iban en cabeza. Esos trabajadores, registraban con mas 
precisión que el campesinado y el resto de explotados, las co- 
rrientes modernas sociales de los otros países de Europa y de 



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RICARDO SANZ 



América, que saltaban como fuerza magnética por encima de las 
fronteras y llegaban a la pneríf. riel taller, a la boca de la mina, 
o no importa donde se eüconlrtirg un explotado. 

Había que organizarse, en potentes sociedades de resisten- 
cia, como se hacía en otros países, para defenderse de la inhu- 
mana explotación capitalista. Había que hacerse respetar, 
mejorar las condiciones de trabajo y de vida. La jornada de 
trabajo era agotadora. El trato como hombres era inhumano, 
y en ciertos trabajos, salvaje. 

Y mientras que el mundo estaba ya en marcha, España se 
ponía de pié, dispuesta a no quedarse atrás. En esa caravana 
de la conquista de ún nuevo mundo, de un mundo mejor, más 
justo y humano, no podía faltar el hermano menor, el esclavo 
del teruño. El campesinado que también registra el latido, de 
sus hermanos ' del taller y la mina, con la perspicacia de la 
propia naturaleza, que lo cobija atento al clarín que ya ha 
sonado y ha puesto en marcha a las otras legiones de explota- 
dos; suelta la azada, pasándose por la frente sudorosa la manga 
de la camisa o la mano callosa, piensa también que él, no puede 
permanecer un momento más inactivo, y mucho menos indi- 
ferente, en la nueva aventura que se ha lanzado el mundo del 
trabajo. 

La lucha social en el campo español, se presenta aún 
mucho más difícil y antihumana que en los otros centros de 
explotación del país. El jcrnalero del campo, el campesino po- 
bre español, es el cuerpo humano descarnado, el hombre del 
arroyo, la hoja seca que se lleva el menor soplo. No tiene un 
jergón de paja donde descansar su fatiga, ni un rincón donde 
morirse de hambre. Esa fué siempre la realidad, la única 
realidad, de la inmensa mayoría que representa el campesinado 
más que pobre, miserable de España. 

En Andalucía, ese estado de desesperación permanente, 
llevó al campesino andaluz, al borde de la locura. Nosotros 
lo hemos comprobado personalmente. En una ocasión, y en 
el momento de la siega, nos decía uno de esos compañeros 
¿Veis esas máquinas? Pues bien dentro de unos días todos esos 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



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trigales ya secos, todas esas llanuras inmensas, serán segadas 
por esas máquinas. Antes era un trabajo que duraba msft 
de un mes, porque lo hacíamos a mano, y eramos centenares 
de segadores que hacíamos esa tarea. Ello nos permitía llevar 
el pequeño jornal diario a casa, hoy, ya ni eso. 

Y, mirando el rostro curtido de aquel campesino, veíamos, 
el dolor de su alma. Entonces comprendimos perfectamente 
porqué en el campo andaluz, había veces que ardían las ma- 
quinas y los trigales secos. Y mientras que la tragedia atena- 
zaba la vida del obrero del campo, en ese campo que se extien- 
de en una tercera parte del suelo español, el señorito, el ña- 
menco, la manóla y la guardia civil, viven y guardan el orden. 
Y para completar ese cuadro, que no hay pintor capaz de pin- 
tar, los fariseos que no hacen absolutamente nada para reme- 
diar el mal de los que mueren disecados por el hambre, se 
complacen en organizar una «carnavalada» por año, que dura 
toda una semana, y que le dieron el nombre de «Semana 'Santa». 
Esa es la España de pandereta, la España que conocen los 
despreocupados, los atorrantes, que del extranjero la visitan, 
porque la otra España, la España campesina y miserable que 
no dura solamente una semana, que dura una eternidad, esta 
perdida en la llanura, en Sierra Morena, donde sus cuevas 
cobijan a los condenados al hambre, y también a los que viven 
fuera de las leyes burguesas. El resto de los trabajadores del 
campo español, en particular los campesinos levantinos, mm:- 
cianos, aragoneses y norteños, tuvieron en todas las épocas mas 
suerte que el campesino andaluz. Esos otros obreros de la tierra, 
muchos de ellos a través de todos los tiempos, tuvieron sino 
otra cosa, la posibilidad de emigrar a otros países o a las ciu- 
dades industriales de España, cosa que en realidad apenas 
lograron conseguir un número "muy xedLicido de braceros- anda- 
luces, a causa de las escasas posibilidades económicas y de cono- 
cimientos variados dentro del propio dominio de la tierra. 

Esa inestabilidad, esa -incertidumbre del obrero del campo 
español, que por ser España una nación eminentemente agrí- 
cola, la forman el 80/100 de los productores españoles, fué en 



20 



RICARDO SANZ 



realidad una masa de maniobra, cosa que en las ciudades 
indusLiiales españolas, sirvió maravillosamente de cara a todos 
los nioviii tientos de emancipación y de rebeldía, que día tras 
día se proyectaban con más insistencia, por su actividad, su 
dinamismo y su combatividad. 

Esos obreros que, por ejemplo, llegaban a Barcelona por 
centenares; que en principio eran -muy mal acogidos por su 
conducta a veces de rompe huelgas y de mano de obra barata, 
cuando llevaban cierto tiempo en la ciudad condal trabajando 
y conviviendo con sus compañeros de trabajo, se convertían 
fácilmente, transformándose muy pronto en obreros conscientes 
y auténticos revolucionarios. Llevaban dentro de sí, esos excam- 
pesinos el germe del odio y de la rebeldía, que habían acu- 
mulado en la tierra yerma, donde la conciencia del cacique, 
del mayoral o del capataz era aun más yerma que la tierra 
virgen del lugar. 

Y mientras ese trasiego de energías humanas trataba por 
todos los medios a su alcance, de situarse, en alguna parte 
del pjaneta, para poder vivir, para poder anidar, como la 
cigüeña o la golondrina, los gobiernos españoles no querían 
darse cuenta de nada de ello y si se daban cuenta, en vez de 
hacer algo para remediar el mal, trataban por el contrario solo 
sacar un beneficio de ello. 

Mientras que las clases productoras españolas se orienta- 
ban por mediación de las sociedades obreras de resistencia, 
siempre guiadas por los hombres de avanzada en el pensa- 
miento social, hacia su mejoramiento moral y económico la 
Europa central, se convulsionaba, y vivía unos momentos de 
iacertidumbre general. 

El imperialismo germano, guiado por Guillermo II y 
fuertemente presionado por el prusianismo absolutista, se pre- 
paraba, para lanzarse, salvajemente a la conquista de nuevos 
territorios de los pajses^^vecinos, para así mejor dominarlos. 
Solo esperaba la ocasión oportuna para dar la orden de ataque, 
después de haber provocado el motivo que debía justificarlo, 
lo que ocurrió, después del atentado de Sarajevo. 






EL SINDICALISMO V LA POLÍTICA 



SARAJEVO 



21 



El día 28 de junio de 1914, a las 10 de la mañana, se 
cometió el atentado en Sarajevo que costó la vida al heredero 
al trono de Austria-Hungría, el Archiduque Francisco Fer- 
nando de Austria, y a su mujer la condesa Sofia. 

Un grupo de 6 estudiantes servios pertenecientes a la 
secta "Joven Bolnia", en nombre de la libertad, de su país, 
frente al imperialismo, austríaco, decidió la realización del 
atentado, con objeto de eliminar así al presunto tirano; el 
heredero al trono de Austria-Hungría, que pretendía anexio- 
narse a su pretendido imperio a la Servia. 

Para realizar el hecho, los 6 estudiantes, armados de 
bombas y pistolas, se colocaron escalonadamente en el trayecto 
donde debía pasar el cortejo, en su visita a Sarajevo. 

Chabrinovich, el primero de los conjurados, tal como 
estaba previsto, dejó pasar el cortejo, sin accionar; fué el 
segundo Mehmedbachitch quien lanzó la bomba, sobre el 
automóvil, cuyo efecto fué el de herir a un oficial de la escolta. 
Los otros tres conjurados o sea, lovanovitch, Ilitch y 
Mitsko, que oyeron la explosión de la bomba creyeron que el 
hecho estaba realizado, dándose cuenta demasiado tarde que 
no era así. Solo Gabrielo Princip, el último de los conjurados 
se dio cuenta a tiempo, logrando descargar su pistola sobre 
el matrimonio principesco, los cuales resultaron muertos. 

De las 6 personas que intervinieron en el atentado. 5 fue- 
ron detenidas, 3 fueron condenadas a muerte por el tribunal 
austríaco y ejecutados; dos, Princip y Chabrinovitch por ser 
menores de edad, á 20 años de reclusión, los cuales murieron 
en presidio. 

Mehmedbachitch, el único .. que logró escapar, que fue 
precisamente el que lanzó la bomba, se escondió en Monte- 
negro. Descubierto a raiz de la segunda guerra mundial fue 
asesinado por los fascistas croatas. 



22 



RICARDO SANZ 



La declaración de guerra en el mes de Agosto de 1914 
fué para España un suceso de importancia capital. Etio liizo 
que la opinión casi general del país, que en realidad daba la 
importancia que en sí tenía tan grave acontecimiento se divi- 
diera inmediatamente en dos bandos adversos. La gran mayo- 
ría, por ser Españ? una zona poiitieamente atrasada, contro- 
lada o subyugada por la reacción, era partidaria de la Alemania 
imperiaKsta. En dicho sector de opinión, reinaba el frenesí, 
la agresividad. Los partidarios de Alemania hubieran querido 
que España entrara en guerra contra Francia inmediatamente, 
al lado del Kaiser. 

Por otra parte, había el otro sector de opinión, que aun 
siendo minoritario, lo componían todos ios hombres libres y 
conscientes, en los que figuraba la ■ clase intelectual y cuantos 
en realidad penetraban en el fondo de lo que se ventilaba 
en los campos de batalla. Este sector no quería la guerra,' y por 
ello no hizo nada para preparar las cosas y el ambiente de 
guerra contra el prusianismo alemán. No obstante, ello, no 
impidió a 14.000 españoles, en su inmensa mayoría catalanes, 
se alistaran voluntarios para combatir al lado del ejército 
francés, los cuales murieron en su inmensa mayoría en los 
campos de Francia, durante los 4 años que duró la guerra. 
Los mandos del ejército español también en casi su totalidad 
eran partidarios de Alemania, y esperaban coger las armas para 
luchar al lado de los cascos de acero. 

Pasados los primeros momentos de gran pasión, los espí- 
ritus fueron serenándose, y comenzó a germinar en la mente 
de todos los españoles sensatos sin distinción, la idea de neu- 
tralidad. Sohre todo los capitalistas y en particular ios hombres 
de negocios, vieron que a pesar de todo, pasando "p6r'"eñcima 
de toda idea sentimental y humanista, la guerra y la neutra- 
lidad de España solo podían traerles grandes beneficios finan- 



cieros. 



Los mismos alemanes, así como los franceses, llegarojí 
a considerar que una España neutral les podía ser tan útil, 
como una España aliada. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



23 



Claro que la neutralidad de España solo fue teórica. Fue 
teórica porque toda la reacción y en particular los gobiernos 
y el ejército, siempre estuvieron al lado de Alemania, sirvién- 
dola como verdaderos vasallos. 

Las aguas territoriales españolas, tanto del Atlántico como 
del Mediterráneo, estuvieron durante toda la guerra a la dis- 
posición incondicional de la flota pirata submarina alemana, 
que tantos estragos causó a la flota aliada, por dicho motivo. 
Y en otros muchos aspectos de carácter bélico, la España oficial, 
más que neutral, fue beligerante, contra los aliados. 

En diferentes ocasiones, los aliados, y en particular Fran- 
cia, protestó contra ciertas violaciones de la neutralidad de 
España, pero ello no pasó de protestas platónicas. No podía 
ser de otra manera. Francia por ser frontera común con 
España, tuvo un apoyo vital de ésta. Necesitaba a todo trance 
mantener la neutralidad con nuestro país ya que de 'lo contra- 
rio, otra cosa hubiera sido catastrófica para ella. Un arbitro 
parcial siempre vale más que un enemigo. 

Al socaire de la tragedia de los pueblos beligerantes, 
España entró rápidamente en la plenitud de sus actividades, 
en todos los aspectos de la vida, jamás el capitalismo español 
hubiera podido soñar encontrar un manantial tan inagotable 
de ingresos, del que se desprendía como consecuencia de la 
llamada guerra europea. 

Todo se puso en actividad y en marcha. No había el por 
qué pensar en las propias necesidades de la población nacional. 
Los pedidos de todo, de no importa que, llegados de los beli- 
gerantes se amontonaban en los despachos y oficinas. ¿Los pre- 
cios? no era cuestión de regateo, por parte.de los que esperaban 
ser servidos io "antes" posible. Y así, en" esa -verdadera ceguera, 
en esa locura, todo marchaba. Los talleres, las fábricas y los 
astilleros, y en fin, todo, absolutamente todo, marchaba a 
pleno rendimiento, 

Los trabajadores apenas tenían necesidad de desplazarse 
de un sitio a otro, para buscar trabajo. En todas partes había 
trabajo, y la mano de obra era necesaria no importaba donde. 



24 



RICARDO SANZ 



en toda España. Había que trabajar para las naciones que 
estaban en guerra. 

Mientras que los campos y ciudades, donde pasaba la 
guerra eran diezmados, en pleno reinado de la muerte y la 
desolación; en España el capitalismo, solo pensaba en aumentar 
sus dividendos al amparo de aquella magnífica ocasión que 
se les brindaba. 

Llenar las arcas, amontonar riquezas, era el lema de 
todos los. patronos españoles. No tuvieron jamás el más remoto 
pensamiento de modernizar los medios de producción para 
crear una industria de cara a la paz. Éso para ellos no tema 
ninguna importancia. Se trabajó durante toda la guerra, con 
el utillaje ya viejo de antes, con las herramientas deshusadas, 
solo con los medios llamados de fortuna. 

El capitalismo no tuvo en España jamás su propio con- 
cepto de clase, ese concepto de la evolución, de la moderniza- 
ción de todos los medios de explotación, vivió ausente ^ de la 
neutralidad de los explotadores españoles, el deseo, la inquie- 
tud, de la aplicación moderna, de los medios de producción. 
Ante el gran desorden capitalista, que los llevaba incluso a 
regatear a la clase trabajadora lo más imprescindible para poder 
vivir con decencia, mientras que ellos amontonaban enormes 
' fortunas, dio lugar a que, las simples sociedades de resistencia 
que habían subsistido hasta la declaración de guerra, fueran 
rápidamente transformándose en sindicatos. En los centros 
vitales de producción, de toda España los obreros que no vivían 
como antes, ausentes de lo que ocurría, ya no solamente en 
España, sino en el mundo entero. Los diarios y la prensa en 
general llegaban "a todos" los- "rincones de España. Los obreros 
que sabían leer, eran muy pocos, sobre todo en las aldeas, reu- 
nían a los vecinos, a los amigos, a los familiares y les leían el 
periódico en alta voz. 

La prensa propiamente obrera, escrita por los trabajadores 
mismos, fue poco a poco abriéndose paso, a través de todas 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



25 



fuerte de clase, la ciase ..',.. ■■< 

^^''l^dudable.nen.e, la ho.a histórica de la dase trabajadora 
española habia sonado. Ya nada ni nad.e, l°S--^~ ^ 
re oi que la había anunciado. Los i anos de guerra e^op , 
Íll, de 19H a 1918, en -f^^^^^^t vIC 
í.é -"'1^'i^ ^^:^ -:/,°:°;:n ás UwL'£ue..s vivas, 
rrtast:: sotia^t .....s .orales, poMcos , soela- 

les no quedaban a la zaga. «n,rmnban 

Los obreros de todas las clases, T^e cada ia - atoaban 
más en su conciencia, estaban convencidos, que aquel desbor 
r— Sin li.it. de .do 1. v^c^s a . nae.. ^^^^^^^^^ 

: LrrpaCli:^;- Hn UnTlte n.,— -- — a 

tr7^^ Tos'-;;!" -í— ri^a 

12 LL diarias, rd de hacer horas extraordmanas. Se Hnpoma 
la racionaUzación del esfuerzo humano. 

L Cataluña particularmente, los sindicatos umc^ d 
reciente formación, que cada día se veían mas concumdos 
; p "lo tanto potentes, a la par que se P^-P''^- -^^^C 
Lente de meiorar la situación económica de sus componentes 
mente u^ m j f.'íambleas, y reuniones, 

no olvidaban la cuestión moral. En las asambleas, y 
tanto de fábrica y de taller, como de sección o ¿^ sindicato 
se Laban acuerdos que poco después tenían inmediata aph- 
ración en los sitios de trabajo. . 

Se acordó suprimir las horas extraordinarias. U jornada 
1 T^día exceder de 8 horas diarias. El patronato a 
mrt";r ur^tencia encarni^ada. No aceptábanlas 
^.trnnos sobre todo la reducción o la supresión de las horas 
roTdin:-::, Wóndose en la demanda de P^^--^J^ 
la imposibihdad de la inmediata ampliación de los talle 
y medios de producción. Este problema se soluciono en gran 



26 



RICARDO SANZ 



parte favorablemente, a los acuerdo? del sindicato a base de la 
formación de turnos. 

La cuestión de la jornada de 8 horas diarias, fué también 
un caballo de batalla que costo un esfuerzo titánico. Por la 
conquista de la jornada de 8 horas hubo huelgas que se eter- 
nizaron y muchas víctimas que pagaron el tributo de aquella 
conquista. Las 8 horas se consiguieron escalonadamente. Es 
decir que ésta fué implantándose, primero donde los obreros 
estaban fuertemente organizados. Cuando en España por decreto 
ley, el gobierno implantó la jornada legal, de 8 horas, la 
mayor parte de los trabajadores de la industria, ya hacía años 
que la disfrutaban, incluso en muchas partes ya había sido 
sobrepasado ese límite a base de la llamada "semana inglesa", 
44- horas semanales. 

El proletariado español, no solamente se había puesto en 
pié, al amparo de unas circunstancias excepcionales de carácter 
internacional, sino que comenzaba a sacudir una serie de ata- 
vismos que eran lo que más le habían esclavizado a través de 
su historia. Sus orientadores podían estar satisfechos, al ver 
que habían sido magníficamente comprendidos. 

Los sindicatos únicos fueron en Cataluña la revelación 
histórica de la joven central sindical, llamada Confederación 
Nacional del Trabajo de España, que se afianzaba por todo el 
suelo español, donde había explotados, y adquiría gran sim- 
patía en todo el conglomerado de hombres libres. 

Las sociedades obreras de resistencia, habían cumplido 
su misión, su limitada misión de una etapa histórica del obre- 
rismo español, eran un utillaje gastado, agotado. La C.N.T. 
nueva máquina de lucha, joven, ágil, robusta y fuerte, venía 
a remplazarías. El proletariado español había conseguido con 
ello, hacer una verdadera revolución orgánica. 

El volumen sindical y confederal de España fué creciendo 
y afianzándose por toda la península. Los hombres de la C.N.T. 
eran de ios que todos los días iban al taller, a la fábrica o a la 



EL SlÑDICALtSMO Y LA POLÍTICA 



27 



mina. En la C.N.T., de aquellos tiempos venturosos, ^oh^^¿¿ 
rrocracia.ni cargos retribuidos, a pesar de su considerable 

volumen . 

Trabajar, ganar el jornal diario como asalariado era a 
prirrc pal vir ud de los mili.aates cenetistas. Después de la 
io nada diaria, al sindicato, a hacer comisiones, para resolver 
ionmc os de ábrica o donde fuera que éslos se P--n aran^ 
El militante conEederal en realidad no tcn,a un -ment<, ^ 
reposo. El domingo y días festivos era cuando h^^- "^ J^ 
bajo Reuniones de taller, de sección, y en fm las reuniones 
de junta, que se hacían poco menos que permanentes. 

Los locales sindicalei,. se multiplieaban por. todas partes 
V en cada domicilio social a medida que las posd,.hdades lo 
U«an, se formaban los srup. ^^ ^^ "s 

de libros y folletos, así como la organización de conferencias 
de carácter cultural y sindical. 

Mientras que esta actividad febril se manifestaba en el 
seno del movimiento obrero espaiiol, en los campos de Europa 
continuaba la sangría. Los hombres se mataban = ""-- P° 
defender según la vieja tradición, su patria. Los obreros epa 
ñoles, así como todos los hombres de avanzada, no eran insen. 
sibles, ni mucho menos indiferentes a aquella gran tragedi., 
pero todos ellos comprendían, que no podían nacer nada efec- 
tivo para evitarlo. 

El sector reaccionario, fanático, insensible a ^-^¿jf'^ 
humanista y sentimental. Vivía sugestionado, embebido, casi 
Ino a toil lo que le rodeaba, esperando el triunfo seguro de 
rinia. sobre'^us contrarios, en ^T" "- -""Xe en 
arreglado según su manera de pensar. Pensando -«■^P/^J'^ 
eso apenas concedían ninguna importancia a la tran.forma- 
cL; m'eiital de la clase productora de España -a ^le -- 1- 
deraba importada de Francia y por tanto puramente cireans 



28 



RICARDO SANZ 



táncial, cuya cuenta sería rápidamente liquidada, en el mo- 
mento que la 'Trancia hereje" fuera liquidada en los campos 
de batalla. 

Al unísono que la C.N.T., se constituía en España otra 

central sindical llamada la Unión General de Trabajadores 
U.G.T. Esta central obrera estaba orientada y dirigida por el 
Partido Socialista Obrero Español. 

La actuación de la U.G.T. difería mucho de la de la C.N.T. 
Por ser precisamente un partido político quien la dirigía, sus 
hombres, los socialistas, estaban vinculados a los intereses del 
partido, y a la organización sindical le daban una importancia 
de segundo o tercer orden, y por lo general solo les interesaba 
servirse de ella para sus fines políticos. No obstante eso, el 
desarrollo tomado por la C.N.T. y el empuje que ésta tenía 
en sus actuaciones de la lucha de clases, consiguiendo así el 
logro de mejorar paulatinamente los intereses vitales del pro- 
letariado, les obligó a reconsiderar su actuación frente al pro- 
blema de competencia que les presentaba la C.N.T. 

En 1917, la U.G.T. decidió abiertamente entrar en el 
terreno de la lucha sindical. Una gran parte de los obreros 
ferroviarios estaban afiliados a la U.G.T., los dirigentes socia- 
listas consideraron llegado el momento de reivindicar para los 
ferroviarios una serie de mejoras, pues en realidad, eran los 
peores retribuidos de la industria española. 

Las compañías ferroviarias se negaron rotundamente a con- 
ceder las mejoras que el sindicato les había formulado. No 
hubo más remedio que ir a la huelga. Y la huelga general fue 
acordada. Esta fué decidida para el 17 de agosto de 1917. 

Previamente, la U.G.T. había pedido a la C.N.T. la debida 
solidaridad de cara al conflicto que iba a plantearse, por ser 
este de carácter nacional. 

Excusa decir que la C.N.T. se puso ineondicionalmente 
al lado de la U.G.T., asegurando a ésta que todos los cenetistas 
pertenecientes al sindicato único ferroviario secundarían la 
huelga unánimemente. A más de eso, se comprometía la C.N.T. 



0. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



29 



a movilizar cuantos resortes estuvieran a su alcance para que 
en toda Espanti la huelga fuera lo más eficaz posible. La C.N.T. 
fué en aqmlla huelga una unidad más que luchó a la vanguar- 
dia, mientras duró el movimiento. 

Después de una magnífica y ejemplar lucha que duró 
varios días, la huelga fué ahogada por la intervención del 
gobierno y el ejército en favor de las compañías, quedando final- 
mente despedidos 3 000 huelguistas, y detenido y condenado 
después, el comité de huelga. 

Por fin, en noviembre de 1918, la guerra europea que 
había desolado media Europa, y había arruinado a todos los 
beligerantes, fué terminada. Si bien en la guerra casi nunca 
hay vencidos, ni vencedores, en la guerra europea, según Hitler, 
los hubo. Y los vencidos fueron Alemania y sus aliados. 

Aparte de toda consideración partidista, indudablemente, 
la derrota de Alemania en los campos de bataUa fué un acon- 
tecimiento que libró la humanidad de males mayores.' 

En lo que a España en particular, se refiere, el resultado 
final de la guerra fué saludable. Todo; absolutamente todo era 
propicio y estaba preparado para someter a los ciudadanos espa- 
ñoles de signo democrático, a la más bárbara de las esclavitudes 
registrada a través de la historia, en caso del triunfo de Ale- 
mania. No queremos insistir en el comentario con respecto a 
dicho particular. Preferimos dejar las cosas como quedaron en 
aquella época histórica. 



CAPITULO II 



II 1 



El inesperado final de la guerra europea en 1918 planteó 
en España una serie de nuevos problemas cuya solución en 
algunos de ellos, no debía ser fácil. Si bien es cierto, que 
muchos pedidos de mercancías, de los países beligerantes fue- 
ron automáticamente anulados, no es menos cierto que hasta 
que las naciones que habían salido de la guerra, estuvieran en 
condiciones, de prescindir de la base principal del comercio 
exterior, pasaría aun bastante tiempo. 

La clase patronal en Cataluña, absorbida en sus negocios, 
había descuidado algunos aspectos de carácter diverso, cuya 
importancia no dejó de preocuparles una vez terminada la 

guerra . 

Los trabajadores habían constituido sus sindicatos y sus 
organismos de defensa, la clase patronal en ese sentido no 
había aún determinado nada en definitivo, seguramente por 
haber tenido siempre a su lado y a su servicio a las autoridades 
con sus órganos represivos, 

Con la pos-guerra pues, nace la nueva federación patronal, 
anexa al fermento nacional del trabajo. La importancia que 
ésta tuvo a través de las luchas sociales y políticas la veremos 
posteriormente. 

La C.N.T, crece considerablemente en toda España. Los 
sindicatos dnicos se constituyen por todas partes. Ya no es 
exclusivamente " eñ las zonas industriales donde los asalariados 
se organizan, es en el campo, es en el mar, en fin por todas 
partes. Los obreros de Cataluña van a la vanguardia. En 1918 
éstos convocan un congreso regional que se celebró en la calle 
Vallespin de la barriada de Sans en Barcelona, 



32 



RICARDO SAN2 






El resultado de aquel congreso regional fue positivo ya que 
en él se debatieron una serie de problemas de importancia 
capital, para el porvenir del sindicalismo, ya no solamente 
regional, sino de carácter nacional. Allí se concretó de manera 
definitiva que la regional catalana se ponía incondicionabnente 
a disposición de la C.N.T. con todos sus medios y posibilidades, 
para acudir a no importa que región de España, a organizar 
V orientar a los trabajadores dentro de la organización nacional. 
Los acuerdos del primer congreso regional catalán se pusieron 
en práctica rápidamente a medida de las posibilidades. Sobre 
todo, una serie de militantes sólidamente preparados se despla- 
zaron regional y nacionalmente para organizar y orientar a los 
trabajadores dentro de la C.N.T. 

Un año después o sea en 1919, la Confederación Nacional 
de España convoca su primer congreso - nacional en Madrid. 
El congreso se celebró en el teatro de la Comedia del 10 al 18 
de diciembre de 1919. 

Mientras se organiza y se desarrolla en el plano nacional, 
la C.jN.T., en todos los centros de trabajo, mantiene su seriedad 
y su responsabilidad de organización de clase. Esta no tiene 
ninguna ccíicomitancia ni compromiso, con ningún partido 
político, dejando amplia libertad a sus afiliados para que éstos 
en ese aspecto decidan. En el terreno religioso, procede de la 
misma forma. 

Frente al anacronismo rancio de los antiguos partidos 
políticos, cada cual más reaccionario, de la España del siglo 
pasado, aparte del Partido Socialista que fué siempre el más 
fuerte, otras formaciones políticas de signo democrático, más 
o menos de envergadura se constituyeron en todo el país ; en 
Cataluña la Mancomunidad dirigida por Puig y Calafac, tomó 
una importancia muy considerable, y de ella arrancaron" todos 
los principios más o menos de carácter democrático y construc- 
tivo que posteriormente acreditaron políticamente a la región 
catalana, como una cosa muy seria dentro de la política 
nacional, 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 

Tres acontecimientos de gran envergadura se le planteíu^ 
a la C.N.T, ¿r- F.spaña en el curso del año de 1919. La huelga 
de la Can;:d»en'-;p.en Cataluña. La huelga minera de Riotinto, 
y el congreso nacional del Teatro de la Comedia de Madrid, 

La huelga de la Canadiense fué una prueba de fuerza 
entre el sindicalismo y el capitalismo. La clase patronal cata- 
lana vio en dicho conflicto el momento y la ocasión de dar la 
batalla, la primera, la más ruda planteada hasta entonces 
por la C.N.T- en la regional catalana. 

La burgesía catalana, no se detuvo a pensar las consecuen- 
cias que la prolongación de la huelga podía acarrear, por tra- 
tarse de una compañía de fluido eléctrico. Tampoco estudió 
si los obreros tenían o no razón de recurrir a la huelga para 
mejorar su situación ante la negativa de la compañía de aceptar 
sus peticiones, ni además, que la compañía era extranjera y 
estaba explotando una fuente de riqueza nacional, en beneficio 
de su país. En aquel caso concreto, solo se trataba de vencer la 
resistencia de los trabajadores, de derrotarlos, de humiUaiios 
y en fin de demostrar a éstos, que su organización sindical era 
impotente y por lo tanto ineficaz ante el poderío capitalista. 

Si en aquellas circunstancias, como en otras muchas, la 
lucha como era de razón, se hubiera planteado solo de poder á 
poder entre el capital y el trabajo, el problema hubiera tenido una 
solución más o menos normal y circunstancial, sin vencidos 
ni s^sncedores. Pero una vez más no era así. Las autoridades 
como de costumbre se pusieron incondicionalmente al lado del 
capitalismo. 

A pesar de que en aquellos momentos se encontraba en Bar- 
celona, como gobernador de la provincia, un hombre de gran 
altura política, de amplias concepciones democráticas, llamado 
Ossorio y Gallardo, a pesar de la "buena voluntad 'e Intención 
de dicho señor, en sohicionar la huelga dentro del margen que 
para ello daba la ley, todo fué inútil. Llamado por él, el comité 
de huelga, entre los cuales formaban parte Salvador Seguí, 
Ángel Pestaña, Piera y otros, se presentó a su despacho en 




34 



RICABDO SANZ 



distintas ocasiones, para ver la manera de dar solución al 
conflicto. El gobernador estaba guiado de los mejores prop;?- 
sitos y los representantes obreros también, para encontrar une 
fórmula adecuada de solución al conflicto, pero la cosa no 
pasó de ahí. 

La Canadiense, respaldada y quizás presionada por la Fede- 
ración patronal, se sustrajo a todo acuerdo con los represen- 
tantes del sindicato en presencia de las autoridades de la 
Provincia. 

A más de eso, el gobierno no demostraba ninguna seria 
inquietud por lo que ocurría en Cataluña, con la huelga de la 
Canadiense, la cual afectaba a gran sector de la economía cata- 
lana. El gobierno esperaba sin duda lo que indefectiblemente 
tenía que ocurrir, para justificar, lo injustificable. La huelga 
fué prolongándose una y otra semana. Los trabajadores no 
solamente de la compañía en huelga sino de otros sectores que 
como consecuencia de la falta de fluido eléctrico se encontraban 
paralizados, principiaron a inquietarse. 

Una vez más los obreros fueron lanzados a la desespera- 
ción por el hambre. No había otra disyuntiva, o continuar la 
huelga con todas las consecuencias y todas las armas de 
combate, incluyendo como arma de combate el sabotaje, o 
entregarse vencidos y humillados en las manos de los capitalis- 
tas. La dignidad de la clase trabajadora fue una vez más, puesta 
a prueba. 

Los huelguistas optaron por la continuación de la lucha. 
Una ola de solidaridad y de entusiasmo se desencadenó de un 
extremo a otro del país. En la guerra como en la guerra. Así 
salió la huelga del estado platónico, al de la acción contun- 
dente. Empezaron ios primeros " actos de violencia. "El sabo- 
taje, en los conflictos de trabajo como en la guerra es una 
cosa lógica. Las líneas de baja como alta tensión, así como los 
transformadores, fueron atacados primero con prudencia, en 
\i.sta de dejar abierta la posibilidad de una solución o de una 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



justa y razonada intervención de los poderes públicos que pro- 
piciara el diálogo. Vana pretensión. 

El poder público sí que intervino, como siempre. Intervino 
en favor de los intereses de la compañía, de la compañía 
extranjera. 

En las primeras de cambio, el comité de huelga fué di- 
suelto y declarado al margen de la ley, y fué decretada su 
detención. Varios de sus componentes entre ellos Salvador 
Seguí, fueron detenidos y encerrados en la fortaleza del castillo 
de Montjuich. El capitalismo, otra vez, podía sentirse bien ser- 
vido por su hermano jemelo el Estado. 

Esa acción vandálica del Estado contra la clase obrera, 
naturalmente, no solucionaba nada, al contrario, agravó el pro- 
blema. Perseguido, el comité de huelga, detenidos a centenares 
los huelguistas por el solo hecho de estar en huelga, lanzar la 
fuerza armada a la calle, con el pretexto del mantenimiento 
del orden burgués, fué contrario al sentido común. Hasta en- 
tonces, la acción de los obreros en huelga respondía a una fina- 
lidad, la de presionar a la compañía canadiense a una entente 
para la solución de la huelga con los interesados. 

Detenidos estos por centenares, perseguido el comité de 
huelga, declarada la huelga ilegal, todo quedó a merced de 
los más decididos, de los más audaces. Los más decididos; los 
más audaces, esos hombres que por ser esas dos cosas y tener 
conciencia exacta de su situación en la actuación al margen 
de la ley, una vez más se convirtieron en arbitros de la 
situación caótica, que el capitalismo y sus gobernantes con 
su cerrazón habían creado. Es lógico, es altamente saludable y 
humano que cuando el temporal proceloso creado por la des- 
mesurada ambición, el orgullo y la ccgneríi de poder de. los 
engreídos, lanzan la nave a través los escollos, a la deriva, que 
un puñado de marinos bien entrenados desafiando el mar 
bravio tomen el timón para salvarla y llevarla a puerto seguro. 

Ya no hubo tregua. Había que salvar la situación. No 
importaba el precio. Los actos de sabotaje se multiplicaron y 



36 



RICARDO SANZ 



los actos mas heroicos fueron realizados. Y todo ellos sucedía 
cuando los considerados como principales responsables de aqnella 
caótica situación, se encontraban detenidos o perseguidos. Hay 
lecciones que no sirven para nada. Porque esa misma, idéntica 
situación se repitió posteriormente en España docenas de 
veces. El resultado definitivo de la huelga de la Canadiense 
fué en el plano nacional sindical, y también político, de una 
importancia capital. Allí se demostró de lo que sería capaz 
posteriormente la CN.T. una vez sólidamente organizada en 
toda España, como organización de lucha y de defensa de sus 
afiliados, y del proletariado en general. 

El primer ensayo había sido altamente aleccionador. El 
mundo del trabajo había tomado una buena nota de ello, y 
se preparaba para nuevas acometidas. La C.N.T. no podía en 
lo sucesivo, esperar de la comprensión o de la benevolencia del 
capitalismo, el mejoramiento de su condición de explotado. 
Había que ser potente y resuelto para exigirlo. 

Así lo habían entendido ya hacia tiempo los trabajadores 
del Norte de España, tanto de la mina, de los Astilleros, como 
de los Altos Hornos que aun perteneciendo en una gran mayoría 
a la U.G.T. y otras organizaciones, no por ello habían dejado 
de ser conscientes y revolucionarios en el momento de prueba. 
La C.N.T, aunque minoritaria en dichos centros de producción, 
nunca tuvo problemas con los obreros de la U.G.T, 

Naturalmente, no es por azar que el sindicalismo español 
desde sus albores, se inclina por las soluciones de la violencia 
y de marcado signo revolucionario. En el terreno social, no 
hay ninguna ley que lo proteja. Si hay alguna costumbre 
tolerada, circunstancialmente, es porque el pueblo la impuso 
cómo ley. Pero todo" ello" circunstancial. 

Inchiso no existe ningún respeto a la propia ley del Estado 
reaccionario. Sin que ías circunstancias sean graves en ningún 
sentido infinidad de veces, los domicilios fueron allanados 
por los agentes del servicio secreto, o por ia guardia civil. Los 
ciudadanos fueron detenidos v encarcelados sin ningún man- 



'm 






EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



37 



,hto iudicial y por tanto sin estar sometidos a P"«'=» /"l^""' 
TodasesL reminiseencias bárbaras, el pueblo trabajador, 
las su£re esperando siempre la ocasión de la -«^'ts 
como mejor manera de protesta. Contrariamente a e«., ^ 
mandos militares formados por una casta, y por '»" * 
casados de la noble causa, fueron en todas 1-J=P-;1^\X" n 
mimados del poder civil. Después de haber sido derrotados 
todas las latitudes, y desalojados violentamente d tod s 
antiguas colonias, fueron concentrados en África ddjore^ ^^ 

La tierra africana, concretamente en el !«• ™'= P 
casta miUtar espaSola la tierra de promisión. M-nW^^^e 
™les y miles de hijos del pueblo eran muertos entre chunAeras 
inútilmente, por las balas de los rifeños de hambre o de sed 
los señoritos, los hijos de papá, iban llenándose 1- »^°f\ 
de galones y estrellas, haciendo así una carrera fácil regaaa 
con la sangre de los humildes. „ " g^ 

La historia más negra de todas las épocas de U í-span^ 
colonialista se encierra indudablemente en la «a°^P»"»' °y 
aventura del Rií. Los militares españoles no t"™™" '"\ ^ .^ 
rruecos nada más que desastres. Anotarlos aquí el uno detras 
del otro sería una tarea demasiado ingrata y penosa. 

Ese conglomerado de basura de presuntos sublevados cuya 
genuino representación fué encarnada en los gumapos ham - 
L que llevaron el nombre de Millan Astray, Queipo de Llano, 
Primo de Rivera, Franco y otros, no sirvió para otra cosa ^e 
para deshonrar a España a través de aquella época desvenm 

"^^La hueka de Riotinto fué. sin duda, prematuramente 
planeada. Se'comprende que fuera asi, debido a que los mm«.s 
de-aquella-euenca no pedían resistir mas üempo su situación 

infernal como explotados. ^^ 

La compañía explotadora de las minas de "»''"= f /^j 
tinto, por ser inglesa se creía, con derecho a ;»*»• f 'f 
que la Canadiense, que la General Motors, que la ^ora, jo .a 
Hispano Suiza, e infinidad de otras, se habían instalado 



'A 



RICARDO SANZ 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



39 






■ iiiis que en plan de aves de rapiña, en plan de pro- 



Aníe la incompetencia, el egoísmo usurero del capitalismo 
español, que de todos los tiempos prefirió vivir de renta, del 
corte del cupón bancario, por miedo a exponer sus capitales, 
en la explotación de los recursos naturales del país, el capita- 
lismo extranjero se instaló en España como en país conquis- 
tado. 

El gobernante español, sin distinción de manera tradicio- 
nal, abrió de par en par las fronteras del suelo español y más 
que con benevolencia, con reverencia, sin regateos, sin condi- 
ciones, permitió al capitalismo aventurero de otros países ins- 
talarse en España como dueño absoluto. 

Las. consecuencias de esa renuncia al derecho reglamen- 
tado a la ley internacional de la explotación en país extranjero, 
no podía tener en el suelo español más que consecuencias desas- 
trosas. Y los mineros de Riotinto fueron a la huelga por deses- 
peración. 

Aparte de Cataluña, donde la organización confederal y 
sus sindicatos únicos, eran ya una fuerza positiva, un baluarte 
capaz de afrontar una lucha como fué la de la Canadiense, en el 
resto de España y en paríicalar en Castilla, la organización 
estaba en embrión. 

Si se añade a eso la inveterada conducta de todos ios go- 
biernos de ponerse incondicionalmente al lado del capitalismo, 
en los conflictos de trabajo, se comprenderá fácilmente que la 
lucha se había planteado en condiciones desfavorables. Sin em- 
bargo, los trabajadores de las minas de Riotinto tenían razón, 
toda la razón de ir a la huelga porque no podían resistir más. 
Además de los jornales de miseria, y de la prolongada jor- 
nada de trabajo, el trato era inhumano, bestial. Aquello era 
peor que un cuartel. Los que ejercían las funciones de mando 
en el trabajo, eran presionados constantemente por la dirección 
insaciable, que les exigía cada vez más, cerrar los eslabones 



4 






de la cadena que como forzados, cora-: condenados, llevaban 
encima los mineros. 

En esas circunstancias, insostenible?, n*. es de extrañar que 
los mineros de Riotinto fueran a la huelga sin grandes posibi- 
lidades de ganarla, sobre todo por sus propias fuerzas. Hubieran 
ido a la sublevación, al suicidio, no importa a donde, todo, me- 
nos que continuar aquel calvario. 

Una vez planteada la huelga, la compañía pidió la pro- 
tección de sus intereses, seriamente amenazados por los obre- 
ros. Escusa decir que las autoridades pusieron a la disposición 
de la empresa todas las fuerzas represivas que el caso requería. 
La guardia civil tomó posición de las minas. Se desplego 
un servicio de vigilancia y protección en toda la zona afectada 
por la huelga, donde no había posibilidades de acercarse ni^ de 
lejos. Por el solo hecho de haberse cruzado de brazos, ios milico 
ros fueron perseguidos, brutalizados, detenidos. Sus familias, 
lanzadas a la más ruda prueba del hambre. Los ^ comercios 
presionados por la compañía se negaron a hacer crédito a las 
familias de los trabajadores en huelga. 

Los obreros del resto de España que conocían la tragedia de 
los mineros en huelga, se aprestaron con diligencia a prestarles 
la solidaridad, cosa que hicieron a medida de sus posibilidades. 
Tina o] a de protesta nacional se desencadenó contra los verdu- 
gos del proletariado. Se intentaron emplear varios procedi- 
mientos para mantener en pié de lucha a los huelguistas. Todo 
fue materialmente inútil. 

La zona donde se había planteado el confHeto, estaba situa- 
da a gran distancia de los centros vitales de producción, no 
había manera de acoger, parcialinente^a. los huelguistas o a sus 
familiares entre los que hubieran podido ayudarles. En c^iznto 
a la posibilidad de poder introducirse en aquel coto cerrado. 
ocupado por la fuerza armada, ai servicio de la compama, di^ 
puesta a ametrallar al más audaz de los hombres que prsteü- 
dieran atacarle, quedaba descartada. 



40 



RICARDO SANZ 



En esas condiciones las cosas, es facii suponer ^ue se 
renunciara a un ataque suicida y que la resi^lenciíi de los 
huelguistas quedaría limitada a escasas posibilidades de resis- 
tencia. Una vez más los lacayos del capitalismo se CLibrieron de 
gloria, defendiendo los intereses bastardos de una compañía 
extranjera, contra los mineros españoles, Pero bien dice el 
refrán que « quien siembra vientos, recoge tempestades». 

Previa consulta de las Regionales, el comité nacional de 
la C.N.T., confeccionó el orden del día de su primer congreso 
nacional que debía celebrarse en el Teatro de la Comedia en 
Madrid. 

Por ser dicho congreso el constitutivo de la Confederación 
Nacional del Trabajo de España, su importancia era verdade- 
ramente excepcional, pues de sus acuerdos y conclusiones de- 
pendía el porvenir de dicha central sindical. 

Hubo representaciones directas de todas las regionales de 
España. El ambiente que se respiraba en aquellos momentos, 
entre la clase obrera era de gran optimismo, y de confianza, en 
todo el país. 

Un momento, más que de curiosidad, de espectacióu y 
de preocupación, se produjo en el seno del capitalismo que veía 
en la marcha ascendente del sindicalismo español el freno, el 
arma de lucha contundente contra todas sus ambiciones. 

Todos los partidos políticos, por su parte, también trataron 
de dar la importancia que en realidad tenía el congTeso cons- 
titutivo de la G.N.T. 

Ai lado de los viejos impulsores, y creadores del sindica- 
lismo militante, se encontraron en el congreso de la Comedia, 
Góní ó" delegados; una serie dé" valores nuevos con una exüBe-" 
rante cantidad de ideas y de concepciones nuevas, de la lu- 
cha de clases, que fueron además de una sorpresa, una ver- 
dadera revelación. El anarco-sindicalismo se reveló por prime- 
ra vez, sin equívocos ni formas enciibiertas como cosa cons- 
tructiva. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



41 



Los anarquistas, como hemos consignada al principio de 
estas memorias, fueron los que, buscando un radio de acción 
donde sembrar las ideas y sus inquietudes de manumisión, 
encontraron a los obreros, a los desheredados, quienes acogie- 
ran y cultivaran el eco de sus palabras y de sus ideas. 

El contraste de esa iniciación, se plasmó como una reve- 
lación portentosa, en la primera confrontación de valores en 
el congreso de la Comedia. 

No fué jamás en parte alguna igual la teoría como la 
práctica. En realidad no había ninguna base fundamental 
contradictoria, entre el pensamiento y la finalidad de los viejos 
teóricos del anarquismo y las nuevas legiones de luchadores que, 
desengañados de la política, muchos de ellos, se habían entre- 
gado en cuerpo y alma a las luchas sociales por vía del sindi- 
calismo. No habían dos concepciones ni dos ideas antagonistas. 
Solo había xma corriente impetuosa que debía ser canalizada, 
pulida, desmaterializada por el concepto de una idea finalista 
que era lo que debía elaborar ei congreso^ 

En la declaración de principios, no hubo apenas debate, y 
se acordaron sin ningún voto particular, por aclamación. Se 
puede recurrir al texto de las Memorias de dicho congreso por 
ser éstas más elocuentes y más completas que miestra simple 
y breve narración. 

Había cierto recelo en algunas delegaciones, con respecto 
a la orientación a seguir en el plano internacional. Ello era bien 
fundamentado, el congreso se celebraba bajo la influencia de 
unos hechos históricos sin precedente. Se trataba de la revolu- 
ción rusa. Faltos de datos precisos, de orientación concreta, 
de lo que ocurría en Rusia, el entusiasmo por el hecho ruso 
era irrefrenable.' La mayor parte de las delegaciones propusieron, 
y así se acordó la adhesión de la C.N.T. a la tercera interna- 
cional sindical roja. Se nombró una delegación de tres compa- 
ñeros del congreso compuesta por Ángel Pestaña, Andrés Nin, 
e Hilario Arlandiz, para trasladarse a Rusia a llevar la adhesión 
personalmente y a la par estudiar la situación sobre el terreno. 









HICARDO SANZ 



de pasión, y de efervescencia, todos 



^**** *^ ^ . , , ^. „p narticular todos los revolucionarios, 

1^ í4s?rt*»* lírí mundo y ea pa^^ ^ ' 

, .. ,i^-rnnociendo en detalle el desarrollo y la 

,1 „„^ ^t,:; diris-entes a la revomcion rusa, veían 

wt;ir«íl*¥rTí>« anda [>or .-u. ui t,^ , , , 

i, . .Kn,-ínn manumisora de todos los esclavos del 

t\in rr<[H-(-to a la C.N.T. de España, naturalmente ese 
*-n!tií^i.Tsino, t-a adhesión espontánea del congreso al hecho ruso, 
iítirv> rsartanuMUc el tiempo justo que tardó a aclararse el hori- 
contr. Ciinndu se comprobó que la revolución rusa había caído 
rn Ii3> lunnos de un partido político, llamado partido comunista, 
% que se había implantado un régimen llamado dictadura del 
¡iroirtnriado, pero que ésta era la dictadura del partido comu- 
nista, contra el propio proletariado, con otros muchos agravantes 
más. entonces la C.N.T. concretamente en 1922, en una confe- 
reru'ia nacional tenida en Zaragoza, donde asistió Pestaña, como 
delegado el cual había pasado 6 semanas en Rusia, acordó 
rectificar el acuerdo del congreso del teatro de la Comedia, y se 
dio de baja de la tercera internacional sindical roja. Así quedó 
sancionado el error involuntario. 

Aparte del acuerdo mencionado más arriba, por las cir- 
cunstancias enumeradas, el congreso examinó y discutió todo 
ci orden del día, con detenimiento y alteza de miras. 

La declaración de principios que fueron sus estatutos, fue 
solemnemente hecha, y sif vigencia fué a través del tiempo por 
todos respetada. 

Producto de una larga experiencia, bien aleccionadora en 
materia política, el congreso tomó el acuerdo de que la C.N.T. 
se mantendría al margen de toda actividad política. Dejó a 
sus afiliados en amplia hbertad para pertenecer individual- 
mente, si así lo deseaban a un partido político o a una secta 
religiosa, pero negando a estos tener cargos en el seno de la 
C.N.T., si militaban como miembros activos en un partido poH- 
tico. 



EL SINniCALISMO Y LA POLÍTICA 



43 



Como medio de Jucha, se acordó ia acción directa. La 
acción directa supc-iía míe la C.N.T. no admitía en los coníHc- 
tos del trabajo, ninguna arbitraje ajeno a las partes afectadas 
capital y trabajo, ese punto fué infinidad de veces mal interpre- 
tado por muchos trabajadores, que su ardor subversivo, les 
hizo concebir que la acción directa era el empleo de la fuerza 
sistemática para resolver los conflictos del trabajo. 

Donde el primer congreso de la C.N.T. se afirma con más 
precisión, con más alteza de miras, de cara al futuro, es en su 
finalidad. En sus conclusiones sobre el particular, el Congreso 
declara: «La finalidad de la C.N.T. es el comunismo libertario^,. 
Ese punto fué acordado por unanimidad, por aclamación, con 
todas las delegaciones en pie. 

Con ese acuerdo, el congreso demuestra al mundo que la 
C.N.T. no será en el futuro una organización sin contenido 
finalista, un conglomerado de desesperados, a los que po-guia 
otra inquietud ni interés que el de luchar por unas mejoras 
materiales, sin otros horizontes más vastos. 

¿Cómo llegar a esa finahdad? También lo consigna el 
acuerdo. Por medio de la insurrección; por medio de la revo- 
lución social de las clases productoras. 

La marca de este acuerdo no puede ser más esencialmente 
anarquista. Indudablemente el espíritu puro de la primera 
internacional está concentrado en ese acuerdo finalista de la 
C.N.T. de España. Una vez más el sindicahsmo libertario espa- 
ñol ha tomado posiciones. 

En ese ambiente constructivo, continúa el congreso la 
discusión de los demás puntos del orden del día. A medida 
que. en la calle.se van conociendo los acuerdos del coniicio, 
la- espectación y el interés general crecen, ._por_ todas _ partes,_ 
la curiosidad de principio, despertada en los sectores no afecta- 
dos directamente, por lo que la C.N.T, había representado hasta 
entonces, principió a transformarse, a concretarse en relación 
o en atención, de la posición que cada uno de esos sectores ocu- 
paba en la vida pública del país. 



44 



RICARDO SANZ 



La cosa espontánea, la í'üsa probieinática, pasajera, que la 
C.N.T. había represeníacio pir.- 'a opinión general, de España, 
desde su iniciación duraníc k: guerra europea, que muchos 
sectores de la opinión española apenas se habían dado cuenta, 
y si se habían enterado, había sido de manera confusa, sin pre- 
cisión y muchas veces por la falsa información que de ella 
habían tenido, suministrada por los enemigos de la clase traba- 
jadora. Principiaba a concretizarse. Todo lo falso que se 
había propagado sistemáticamente contra la CN.T, y sus sin- 
dicatos únicos, por sus adversarios queda en suspenso ante la 
prueba que ésta está dando en la discusión de los problemas 
más serios y complicados por su difícil como urgente solución 
en su primer congreso. 

Ijas clases liberales del país en las que se encontraban los 
trabajadores intelectuales, el profesorado, escritores, periodis- 
tas y en fin lo que podíamos llamar las verdaderas fueraas vivas 
de España, estaban vivamente interesadas en el congreso de la 
C.N.T. Seguían con verdadera atención, a través de las informa- 
ciones fidedignas, los debates, los discursos de los delegados y 
finalmente los acuerdos condensados en los dictámenes de las 
ponencias. 

Los hombres de la C .N .T . concentrados como delegados 
en el congreso del teatro de la Comedia, se revelaban en la 
discusión de los problemas como un conglomerado de capa- 
cidades, muchas de las cuales las conceptuaban de una bien 
saturada solidez. No había equívocos, la realidad estaba allí. 
Se podría reconocer, o no por parte de los adversarios del sindi- 
calismo revolucionario cenetista, su valor constructivo, su alteza 
de miras en las discusiones y acuerdos. Sobre todo había en 
ello- una parte altamente" "surgesliva, el concepto humanista" 
frente a todos los materialismos. 

No podía ser de otra manera. El movimiento confederal 
estaba compuesto solo y exclusivamente por trabajadores. Tra- 
bajadores manuales e intelectuales. Obreros del campo, de la 
mina, del taller, del mar etc.. Donde ir a buscar un conglome- 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



45 



rado, más auténticamente sensible, a todas las manifestaciones 
de la vida humana. 

En los sitios de la vida activa del trabajo, es donde los 
latidos del corazón humano, se hacen sentir con la más ingenua 
placidez. Entre los compañeros de infortunio, del trabajo ma- 
nual sobre todo, muchas veces, ante el peUgro, el obrero se 
siente atado, al compañero que sufre a su lado, cuya vida a 
veces peligra sin que ellos lo ignoren. En esas circunstancias, 
es la solidaridad recíproca, desinteresada, espontánea, la que 
guía el sentimiento del hombre. 

Todos los delegados reunidos en el congreso confederal, 
conocían esa vida del trabajo, del penar diario, la cual había 
principiado en su más corta edad, cuando sus padres prema- 
turamente se vieron obligados a lanzarlos al trabajo sin haber 
podido darles una instrucción adecuada. Esos delegados que 
saliendo de allí, después de haber cumplido el mandato que 
sus compañeros de sindicato les habían encomendado, cuando 
los nombraron en sus asambleas respectivas. Volverían de 
nuevo a ocupar sus puestos en los sitios de la producción que 
circunstancialmente habían dejado por necesidades orgánicas. 

Hubo una nota marginal muy importante en el congreso. 
Varios centenares de delegados se habían concentrado en Ma- 
drid, de todas las regiones de España. La mayor parte no se 
conocían entre sí, ni por el nombre. A medida que los debates 
fueron desarrollándose, nació entre ellos la simpatía, el deseo 
de conocerse mejor. Ello era muy natural si se tiene en cuenta 
el concepto de afinidad. 

Las ideas, los conceptos, los puntos de vista, eran expues- 
tos, más o menos elocuentemente, o rudamente, pero la idea 
era la misma. Y surgía enseguida la afinidad. Y se buscaba la 
ocasión para anudar esa afinidad. Cuando había un momento 
propicio, que el congreso suspendía la sesión, en la pensión, 
en el café, en la calle, no importa donde, los delegados, mezcla- 
dos entre sí no hablaban más que de las cosas del coraicio. Fuera 



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RICARDO SANZ 



■'m 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



47 



de la sala de sesiones, muchas veces se aclaraban conceptos, 
expresiones no comprendidas o mal interpretadas. 

A más de todo eso, los delegados se intercambiaron de 
unos a otros, de manera espontánea y particularmente, sus 
direcciones, comprometiéndose a relacionarse en lo sucesivo 
en las cosas orgánicas y además, a organizar actos de propa- 
ganda, que se desarrollarían posteriormente en todo el resto de 
España. El resultado final del primer congreso confederal fue 
magnífico, bajo todos los puntos de vista. Hubo delegaciones que 
fueron a él, apenas sin nada concreto, solo con el deseo de 
aprender, de saber lo que pensaban los demás compañeros del 
resto de España. ¿Que importaba que hubiera bastantes dele- 
gados que no tomaron la palabra? No se trataba de exibirse, 
de hacer el discursilo para que constara el nombre del dele- 
gado presente. Se trataba de lo otro, de construir, de aprender 
^ de enseñar naturalmente - 

Construir, construir y construir. Eso fue el lema en todos 
de capacidad y de sentido de responsabilidad cosa que se logró 
plenamente. Cuando un delegado exponía un punto de vista, 
idéntico al de otros delegados, éstos se adherían a lo mani- 
festado por el compañero v asunto concluido. 

Sin rivalidades ni antagonismos, de ninguna clase. Sin 
ideas de doble fondo, sin coartar la libertad de expresión, de 
nadie, con la franqueza que debe reinar en una familia de 
intereses comunes, de ideas altruistas y manumisoras, la 
C.]N'.T. se consagró en su congreso constitutivo como la espe- 
ranza más firme de la ciase trabajadora de España y también 
como punto de mira y polo de atracción de todas las organiza- 
ciones sindicales del mundo. 

Terminadas las tareas del congreso, las delegaciones que 
habían asistido a él, se diseminaron, regresando a sus puntos 
de origen habiéndose antes juramentado todos, cumplir y 
tlefender en todas partes los acuerdos tomados por la organi- 
zación nacionalmente reunida en Madrid, 



La prueba de capacidad, de seriedad, de sencilla y firme 
responsabilidad, demostrada por los hombres de la CN.T. en su 
*:on-';reso constitutivo, fué interpretada en atención a la posi- 
ción que ocupaban cada uno que la axaminaba. Mientras que 
en sentido general, las agrupaciones y los hombres de relieve o 
simplemente observadores imparciales, consideraban que la 
confederación había sabido interpretar fielmente los momentos 
históricos que vivía el mundo, situándose en el terreno que 1*; 
correspondía. Mientras que los movimientos sociales del mun- 
do entero se felicitaban de la revelación, del despertar altamente 
consciente de la clase trabajadora, española. El capitalismo 
español se asustó. 

Producto de esa falta de comprensión, de serenidad, y de 
altruismo, el capitalismo escogió el peor camino a seguir. 

La pérdida de la guerra por Alemania, la revolución rusa, 
el congreso de la C.N.T., después de una serie de conflictos, que 
ésta había planteado, sobre todo la declaración de principios, 
en la cual los sindicalistas, hablaban del establecimiento del 
comunismo libertario, que debía sustituir al capitalismo des- 
pués de la revolución social, puso en vilo, no solamente a los 
explotadores sino también a todos los lacayos incrustados como 
zangaños en la colmena social. 

Y convinieron todos los enemigos del bien común no 
solamente en defenderse, sino en atacar, no importaba ni las 
armas ni los procedimientos. El capitalismo, la burguesía el 
militarismo, la iglesia, y en fin todos los que disponían de me- 
dios coercitivos, hicieron frente común para destrozar la CN.T, 
para arrancar de cuajo aquella especie de «Hidra de mil cabe- 
zas» que amenazaba su privilegiada existencia. 

No se podía tolerar un momento más aquellas criadas 
respondonas, aquellos delegados sindicales de obra, fábricas y 
talleres, que vivían vigilantes y no toleraban los desmanes de 
los patronos contra los obreros. Había que castigar con todas las 
armas de la inquisición a todos los ateos incrédulos herejes. No 
se podía tolerar un momento más, los renegados de la patria 




4S 



RICARDO SANZ 



.'..,¡r,f;!fÍ5l<.:S' ífue se abrogaban el dereclio de sublevar a los 
■ j^{j i i I > ' ' • 

*i;,i<i:" i'^'^"-' ''^'" ^^ negaran a embarcar para Marruecos, donde 

t , ,. ;^-.;¡ i'kia muerte segura. 

A(|tie] K caosi) fomentado desde abajo por los «miserables 
¿f,\ Miiilicato)), «caballos desbocados de la apocalipsis», había que 
írrtiiinJii-lo a toda costa. No importaban los medios. Las cajas 
furtiríi estaban repletas, los órganos de represión bien adies- 
íriulti-^' Una vez constituida la santa alianza de los poderosos. 
.\yl iUi los débiles, ya que mercenarios y asesinos bien paga- 
^j(,^ y ínen documentados los encontrarían por todas partes- 
Bajo ese signo, se montó el aparato represivo, más que 
n-prcíiivo de exterminio, ya que se había decretado la guerra 
.sin cuartel, la guerra a muerte, por ía santa alianza. 

Sin embargo, la cosa no sería tan fácil como la habían 
planteado los maquiaveios .de la santa alianza. Los sindicalistas, 
ios revolucionarios, los hombres machos del anarcosindicalis- 
tno. no se dejarían seguramente aplastar como seres indefensos 
jior t^l fariseísmo capitalista. Al contrario, pondrían en ejecu- 
ción si era necesario el eslogan, de «ojo por ojo, diente por 
(ücnte». 

Aunque todo se llevaba en el más riguroso secreto, no 
cabía la sorpresa. Al igual que la policía y la patronal, tenía 
un servicio de información bien montado, en " las filas del 
sindicalismo, por una red de confidentes que pagaba espléndi- 
damente la C.N.T. que estaba instalada en todas partes, también 
contaba con un servicio de Información seguro. No importaba 
en qué rincón de la actividad humana había un hombre al 
servicio del anarcosindicalismo. Los unos por filiación de clase, 
como obreros manuales, intelectuales los otros como simpati- 
zantes y servidores de las causas justas. 

Incluso había patronos, policías, funcionarios, de no im- 
porta qué servicio que conociendo a fondo lo que se tramaba, 
[lo estaban de acuerdo en hacerse cómplices de la criminal 
aventura capitalista. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



49 



Naturalmente el numero de estos hombros evK reducido 
y se debatía impotente, ante el ambiente apIar,L;..i. de los 
más perversos de su clase. El argumento de los dicigei^tes capi- 
talistas era contundente. Si el capitalismo estaba condenado a 
desaparecer, su mejor defensa era el ataque. El ataque no al 
sindicato, porque el sindicato concretamente era un conglomera- 
do inconcreto. El ataque a los dirigentes más destacados, más 
responsables, los que tenían más ascendiente entre las multi- 
tudes, tanto en eí piano nacional, como regional y local. 

La débil resistencia opuesta a la aventura capitalista no 
tuvo ninguna consecuencia práctica. No hubo apelación posi- 
bles. Es más, todos los hombres que en el seno del sistema 
capitalista, tuvieron la gallardía, la audacia de reaccionar, de 
oponerse con todas sus energías, a que se desencadenara la 
guerra f raticida, entre patronos y obreros. Esos hombres que 
medían exactamente las consecuencias desastrosas que ello iba 
a traer, fueron las primeras víctimas de la ceguera de sus 
Iguales de clase. Fueron marcados con el lápiz rojo, y fueron 
como se decía entonces puestos en capilla. 

Los campos fueron bien delimitados. De una parte el 
capitalismo con todo un aparato bien montado compuesto de 
todos los recursos. De otra parte la C.N.T. el anarcosindica- 
lismo, respaldado, por una legión de descamisado? de ham- 
brientos de miserables, de todo lo que el capitalismo consideró 
siem^pre como la escoria social. 

La batalla iba a ser ruda, ruda y encarnizada. La confe- 
deración como nueva Troya, como nuevo Cartago, encerrado en 
su fortaleza, respaldada con todas sus legiones esperaba el asalto, 
el ataque de los bárbaros con librea y smoking, cosa que no se 
hizo esperar mucho tiempo. - . . _ 



im^ 



CAPITULO III 



Fué en Barcelona donde principió el combate preliminar. 

Era allí donde había que abrir brecha. La lucha principió como 
empiezan todas las grandes tormentas. Según los burgueses, 

los delegados sindicales no debían existir. En sus casas manda- 
ban ellos, nadie más que ellos. Donde se prestaba más una 
acción encubierta contra los delegados sindicales era en el sin- 
dicato de la construcción. 

Antes de terminar la obra o el tajo, ya eran despedidos 
los delegados. Claro que eso no resolvía nada en favor deljia- 
trono, pues como de costumbre, los obreros de la obra se reunían 
y nombraban nuevos delegados. Esto segundo sin embargo no 
era una solución tampoco para los obreros. No lo era por cuanto 
los delegados despedidos, habían sido ya fichados por el pa- 
trono, que los había despedido, y cuando se presentaban estos 
obreros a pedir trabajo como tales, no importa donde, se les 
negaba sin más explicaciones. No era pues un simple despido 
era la declaración del a pacto del hombre». 

Ese procedimiento directo de ataque patronal contra los 
representantes del sindicato se fué generalizando en todos los 
lugares de trabajo. 

Naturalmente el sindicato tomó inmediatamente medidas 
contra ese procedimiento de provocación y alli donde los dele- 

-- gados eran despedidos, surgía, inmediatamente o bien la_huelga_ 
de brazos caídos, o bien simple y lamentable, la paralización 
completa de la producción. 

Hubo patronos que no estando de acuerdo con ese procedi- 
miento provocativo de su organización, propusieron al sindicato 
de abonar el salario de los despedidos, cosa que como es natural 



52 



RICARDO SANZ 



el sindicato no aceptó, pues no era en la calle que debían estar 
sus representantes, sino en los puestos de trabajo. 

Ese sistema de provocación fué aumentando de día en día, 
y como es natural las cosas fueron enconándose y complicán- 
dose. A pesar de todo, la ofensiva patronal contra los delegados 
sindicales estaba condenada al más estrepitoso fracaso. 

En su inmensa mayoría, los delegados de taller no eran 
militantes del sindicato. Eran obreros más o m.enos serios y res- 
ponsables en el trabajo, queridos por sus compañeros y nom- 
brados por ellos, sin ninguna intervención exterior. Por ese 
motivo, regularmente, los delegados sindicales eran apreciados 
por sus patronos ya que muchas veces, aparte de lo que queda 
dicho gracias a su oportuna intervención, se evitaban conflictos 
provocados por los propios compañeros de trabajo, que por el 
solo hecho de estar respaldados y defendidos por el sindicato, 
se permitían la torcida libertad de no cumplir como debían 
en el trabajo u otras cosas parecidas. 

Por eso la ofensiva contra los delegados sindicales fracasó 
rotundamente, dando una vez más prueba al sindicato de su 
torpeza. No por eso las juntas y la uiilitancia en general se 
durmieron en los laureles. Se sabía que se buscaban los elemen- 
tos adecuados, por parte de la federación patronal para dar la 
batalla a fondo a los militantes más destacados, hasta terminar 
con el más insignificante escollo. 

En poco tiempo sobre todo en Cataluña, los sindicatos 
habían puesto en práctica, en principio muchos de los acuerdos 
tomados en el congreso confederal. La mayor parte de los sin- 
dicatos habían comenzado a organizar sus escuelas propias las 
cuales se desarrollaban de manera independiente^ por medio 
de las comisiones de cultura. Se formaron también dentro de 
las comisiones de cultura las secciones de organización de 
conferencias, de excursiones de deportes, y en fin, todo lo que 
contribuirá a la elevación cultural de los hijos de los obreros 
y de los ciudadanos en general, 



EL GINDXGADSMO Y LA POLÍTICA 



53 



Entre la clase Ir; íj-,^ ;,J ,; se había tomado tal entusiasmo 
por la obra de los süidif-r^Uj^ rmc éstos eran el polo de atracción 
de todos, jóvenes y viejos i.pie sentían alguna inquietud. Así se 
explica que a pesar de la gran empresa de los sindicatos, en 
todos los órdenes de la vida social, estos encontraron adeptos 
y voluntarios para todo, llegando a formar poco a poco una 
cantidad de militantes que se transformaron en legión. 

Los períodos de vida normal sindical fueron cortos y 
escasos. Por regla general, la C.N.T. vivió a través de su época 
en la clandestinidad. Bastaba una provocación, no importa de 
quien para que fueran clausurados los domicilios sociales de 
los sindicatos. Incluso a veces, fueron los mismos militantes 
de la organización confederal los que aun teniendo los domi- 
cilios abiertos, se reunían y tomaban sus acuerdos y decisiones 
clandestinamente para evitar complicaciones. 

Como debido a las informaciones que se poseían, se sabía 
que de un momento a otro, las autoridades de acuerdo con 
la patronal, darían un nuevo golpe a la organización, ésta, en 
reuniones privadas dentro de la más prudente reserva, infor- 
maba a la militancia más activa de lo que podía ocurrir en 
un plazo más o menos corto. No se trataba solamente de un 
plan de defensa, de los derechos orgánicos, se trataba de algo 
más grave, se . trataba de salvar la vida de los hombres más 
destacados de la C.N.T. 

Había llegado el momento de defenderse y también de 
prestarse al ataque, con todas sus consecuencias. 

Lo mismo que, para cuestiones de carácter que podríamos 
llamar exterior los sindicatos habían formado sus comisiones 
y secciones, en las cuestiones interiores -debían organizar sus 
mejores y más activos elementos. Se convino así y se organi- 
zaron los grupos de afinidad. 

Los grupos de afinidad estaban compuestos, por eso, por 
hombres afines. Estos hombres y también mujeres, claro está, lo 
mismo estaban compuestos, por militantes de su respectivo 



■'■^r 



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RICARDO SANZ 






EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



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sindicato como por militantes de distintos sináh..lo,. entre sí Es 
decir: por afinidad. 

La federación patronal había elegido un,: n..úa fuerte Al 
frente de la misma estaba como presidente Graupera. Se decía 
que dicho elemento no era patrono j que se había prestado a 
ocupar dicho cargo en las condiciones que lo había hecho por- 
que los demás patronos incluso Miró y Trepat, que era entonces 
el mas duro, ni Mas Baga, también de los fuertes, no habían 
querido ocupar el cargo en las condiciones ni intenciones que 
lo habla hecho Graupera. Después de reclutar una partida 
de mercenarios y un número considerable de confidentes, den- 
tro^de los sindicatos mismos, ya solo faltaba poner mano a la 

^ Martínez Anido y Arlegui, gobernador y jefe de la poh- 
eia_ respectivamente de Barcelona fueron los encargados de 
dingir el masacre, la eliminación sin contemplaciones, de' los 
tnt T ; . *^.-f^^--í- Nacional del Trabajo de España 
Madiid les había dado carta blanca. 

Y empezó la ■ caza al hombre. No señalaremos aquí lo. 
S: r:¡:Í'' ^^^ ^^^ ^-- '^'^^ - ^^-n-a delsiad; 

lToJJT''r "'. "'' ""^^'^^ "^^^''^'^ P- ^-berse es- 
crito ya mucho sobre el particular 

hecho'^TUf '?'/'. "^"''' ^^^" ^^"-^^^^^' sefialaremos solo 

culndo ! ' '\Z '''"^ ^' 1° q-e son capaces les hombre 
cuando eslan guiados por un ideal. Como actores pues, habla- 
de la L.W.T. a agruparse en el seno_deIa.masma.-¥- se agruparon 

ruerkrif ^^'"^^ ''t-^'"^'^ ^=^- --^ cobrar ; 

niuerte. Posteriormente, se ha hablado demasiado a la ligera del 
.grupismo. de la C.N.T. Los que tal hicieron fué porcT oM 
aaron demasiado Tn-onto aup m-^M.- .i • -t^'^'^'i^^ *^^^^- 

p™tegi6, pedieron ^salvá: su ^idf ««™J"--'' í™ 1- 



,'" i 



No se trata ahora de pasar la factura, puesto que aquello 
ya pasó a la historia, y muchos, la inmensa mayoría de los im- 

pugadores, ya no existen. Se trata solamente de consignar los 
hechos tal como ocurrieron, para conocimiento de las nuevas 
generaciones, y al mismo tiempo para patentizar la satisfacción 
del deber cumplido, con el desprendimiento más abnegado, 
incluso de la propia vida. 

Si el gobierno Dato, primero y Sánchez Toca, después 
con la ciega colaboración de Anido, y Arlegui, a cuya disposi- 
ción estaban sin medida, las cajas de caudales de la Federación 
patronal, no hubiera encontrado una resistencia organizada 
como lo fueron los grupos de afinidad constituidos, primero 
regional, y a continuación nacionalmente, ¿qué hubiera que- 
dado de los hombres y de la propia C.N.T.? No fueron solo 
una docena de militantes cenetistas los que murieron asesina- 
dos por los servidores del capitalismo. Fueron mucho^ cente- 
nares, y ello ocurrió entre los años 1920 y 1923. 

Tal sangría solo fué capaz de soportarla la C.N.T. con un 
derroche tan fonDÍdabie de energías, como representó más tarde 
los 7 años de la dictadura de Primo de Rivera, para luego, ai 
fin de esa tempestad, de ese formidable incendio humano ver 
a la Confederación Nacional del Trabajo como Ave Fénix levan- 
tarse de entre sus cenizas más lozana y más potente que nunca. 

En todo ese período turbulento, de terror, de caza al hom- 
bre, de destrucción incluso de sus familiares, de todo lo peor, 
los hombres de la C.N.T., los revolucionarios conscientes, jamás 
pidieron tregua ni perdón. Agrupados por grupos de afinidad, 
hicieron frente a todas las contingencias las más bárbaras y 
a veces repugnantes. 

No se contaban con medios económicos, incluso üi con 
armas para defenderse. Los confidentes de la policía y agentes 
de la patronal aumentaban a medida que las dificultades eran 
mayores, y que la lucha se hacía más insostenible. El confi- 
dente era por regla general la primera víctima. Cuando se 
descubría un confidente en el seno de un grupo de afinidad, 



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RICARDO SANZ 



^:m^; 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



57 



sin pérdida de tiempo este era eliminado por sus propios com- 
pañeros. Ese caso se daba después de haber comprobado la 
veracidad del hecho, pues hubo veces que la policía intentó por 
esa estratagema suprimir a varios acusándoles de confidentes 
señalándolos como tales a sus propios compañeros. 

Como la lucha era a muerte y sin cuartel, la patronal, 
que tenía a sueldo las bandas de pistoleros, les señalaba a éstos, 
los patronos recalcitrantes, que ellos tenían marcados como 
contrarios a su funesta y criminal actuación, los cuales eran 
el uno tras el otro asesinados. El asesinato de esos patronos tan 
honrados como humanos, eran cargados al haber de los mili- 
tantes de la G.N.T. Cuando la policía dudaba de alguno de 
sus confidentes, o no se podía servir de él, por haber sido desen- 
mascarado a tiempo, entonces, este era ehminado sin contem- 
placiones por los perros de Arlegui. 

Igual que la C.N.T. trataba de estar al corriente de lo 
que se tramaba contra sus hombres, la policía también en prin- 
cipio llegó a tener sus agentes dobles. Es decir policía en los 
grupos de afinidad. Ello duró hasta que se descubrió el primer 
caso concreto de esa naturaleza, que fue el siguiente. 

Se trataba de suprimir a Martínez Anido, principal respon- 
sable de lo que ocurría en Barcelona. El grupo Claramonte, se 
encargó de esa dehcada como difícil misión. Martínez Anido en 
tal que gobernador de la provincia, debía asistir a una función 
de gala al teatro Barcelona, situado en la plaza de Cataluña. 
El grupo Claramonte informado de ello se reunió para preparar 
el hecho que debía ejecutarse al día siguiente, sábado por la 
nocbe. 

Eran cuatro los compañeros que debían intervenir en el 
hecho. Claramonte conducía "una moto sidecar, marca Indian, 
de dos asientos. El sidecar debía ser ocupado por Joaquín 
Blanco y Alcodori. Estos compañeros tenían por misión arrojar 
dos bombas cada uno contra Martínez Anido y luego vaciar los 
cargadores de las dos pistolas que llevaban cada uno. El tercer 
hombre que se llamaba Pellejero era el encargado de vigilar la 



llegada del cocri' ^ ^I , dar el aviso a Claramonte, que con 
los dos compañci. ..^ estacionado en la Plaza Real, esperando 

el momento oportuno y una vez realizado el hecho, PeUejero 
debía cubrir la retirada de los ejecutores del atentado. 

Pellejero que era un agente de la policía, había sido^ei 
encargado de guardar las 4 bombas de las llamadas de pina, 
hasta momentos antes de utilizarlas. 

Esas 4 bombas habían sido inutilizadas en la jefatura de 
policía, por tanto cu'indo Pellejero las entregó a quienes debían 
utilizarlas, sabía que eran inofensivas. 

Claramonte por precaución y sin que los otros 3 compañe- 
ros del grupo, lo supieran, había encargado a otro companero 
del grupo que vigilara de cerca todos los movimientos e intervi- 
niera en caso de necesidad. El nombre de este compañero no ' 
lo damos por discreción y porque vive actualmente. 

Momentos antes de la hora de actuar, el agente 'doble, 
es decir el poUcía Pellejero, irrumpió seguido de varios poli- 
cías m.ás, y al grito de «son esos» principiaron a disparar sus 
pistolas contra los que preparados ocupaban el sidecar. Blanco 
y Alcodori, lanzaron una bomba cada uno a los policías que 
como es natural no explotaron, pero que no obstante les per- 
mitió sembrar el pánico entre ellos, logrando escapar. Clara 
monte no tuvo tiempo de poder defenderse y murió acribillado 
por la policía. El compañero que Claramonte había designado 
como reserva fué el que se encargó de descargar todo el carga- 
dor de su pistola en la cabeza de Pellejero, el cual pagó así 
su traición. 

Después de este hecho, ya no se recuerda otro parecido, ,^ 
aun que es de suponer, que en aquellos momentos podían ocu^ x 
rrir cosas parecidas. 

Como caso original de la misma naturaleza citaremos otro 
que DO es aun conocido. 

En los momentos más álgidos de aquella lucha deses- 
perada, había la consigna y el compromiso más terminante, de 
los componentes de los grupos de afinidad, de no dejarse déte- 



58 



■RICA.IÍDO SANZ 



ner por la policía, ja que ello re|:)resentaba la muerte Sobre 
todo si se trataba de nomn.fio... fiohados o perseguidos. Había 
que defenderse hasta la vh:.. ¡..I, del cargador. «Después el 
diluvio.). Cuando los militantes más o menos activos de los eru 
pos de afinidad, conocidos por ia policía eran detenidos no 
importaba en que circunstancia y eran llevados a la jefatura 

de poiicia, se sabía a ciencia ríprtí í-nto ^ i„ - ■ . 

¡ , ■ , lí^noia cierta que a la mañana simiente 

<íe madrugada, les sena aplicada la llamada ley de fu^as La 
iey de fugas consistía en sacar a los presos maniatados, meterlos 
.a una furgoneta como para ser trasladados a la cárcel y al líe 
gar a un sitio convenido, hacerles bajar y asesinarlo^ a man- 
salva. 

Al día siguieate, los periódicos publicaban la consiguiente 
iiola íacüitada por la policía. 

En la xnadi-ugada de hoy, cuando eran trasladados a la 
oaxcel por la polrcia. fulano, Mano y fulano, intentaron esca- 
parse, vrendose obligados los agentes de la autoridad a dt 
para,^ contra ellos, los cuales resultaron muertos 

1 ahora vamos a relatar ei caso original a que nos refe- 

■mos mas arrxba. Habían sido detenidos tres compañeros en Ya 

ba„.,ada de Pueblo Nuevo, llamados Manuel Fortuny, IZll 

I-lor j Jordán Estos fueron conducidos a la jefatura ¿e pTucS 

,-ara aphcarles la ley de fugas a la madrugada' del día sig, it 

^dl ^ """■ T ''"°" """^ '''' compañeros no fueron tras- 
udados como estaba previsto a la cárcel. 

El caso fué que la policía, después de redactar la consi- 

.1.COS llevaban la muerte por .intento de fuga», de Jos tres 
ompaneros que aun se encontraban ert los calab„«>s de ja! 
a. En verdad eso les. salvó la._vida. pero ello no -impidió que 

mas tarde fueran asesinados. ^ 

Mientras arreciaba el temporal, eso que se ha dado en 
am i a masa como siempre, permanecía inactiva y no hacía 

n^.amzada en periodo activo. La federación patronal movilizó 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



59 



todos sus efectivos compuestos de incondicionales holgazanes, 
perros falderos incapaces de ganarse la vida honradamente tra- 
bajando, para constituir una organización sindical a su imagen 
y hechura. A esa organización amarilla le dieron el nombre de 

Sindicatos Libres. 

Como esa organización llamada Sindicatos Libres a más 
de ser creada por la patronal y dirigida por ei pistolerismo de 
los mismos, gozaba de la protección de las autoridades y por 
tanto de la impunidad, en principio no dejó de causar mucho 
daño a la militancia conferal dentro de los trabajos. Igual que 
com3 en la calle, los hombres de la C.N.T. luchaban con ahínco 
contra todos los enemigos de la clase trabajadora, en los ^sitios 
de trabajo se resistían igualmente a afiliarse a los sindicatos 
libres motivo por el cual eran señalados por sus enemigos y 
asesinados en la calle a ia saUda del trabajo por las bandas de 
los pistoleros del Libre. 

Ello tuvo la réplica adecuada pues en el trabajo se cono- 
cían todos y se aplicó la ley del tahón. 

En España entera, la mihtancia confederal, prestaba una 
atención particular a lo que estaba ocurriendo en Cataluña con 
sus hermanos de explotación. Á pesar de la clandestinidad y de 
la desfiguración de los hechos, por la prensa capitaHsta. A pesar 
que los periódicos obreros estaban todos suspendidos, que los 
medios de comunicación y de traslado de una a otra región eran 
muy difíciles, la organización mejor dicho, la militancia confe- 
deral sabía lo que ocurría en Cataluña. El comité nacional clan- 
destino, recibía constantemente ofrecimientos de hombres y 
medios para cubrir los huecos que se producían en sus filas. 

Era algo increíble, algo incapaz de concebirse. A pesar 
de aquella constante sangría, las filas, de los acosados, de los . 
diezmados, se mantenían intactas. Allí donde caía uno, se incor- 
poraba otro inmediatamente. La policía estaba asombrada de 
aquel fenómeno inexplicable,. .que llegó a desorientarla. Mientras 
se trató de perseguir y de cazar a la gente fichada, la cosa aun- 
que muy problemática y peligrosa buscando mil estratagemas 



-r^^^ 



60 



RICARDO SANZ 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



61 



-. .0- 'aí^a el objetivo. Lo problemático, lo casi imposible era 
a:.i .o-r m gente que se incorporaba o que ya hacía tiempo que 
acu.aua, sm ser conocida de la policía ni del pistolerismo patro- 

Precisamente en una ocasión, los periodistas, hablando 
con Martmez Anido señalándole algo extraordinario que había 
ocurndo aquellos días, y cual era su opinión respondió: esos 
son los últimos coletazos. 

Seguramente como respuesta a esa afirmación de Mar- 
tínez Amdo días después, un grupo apostado en varías esqui- 
nas de la Reforma, Gran Vía Layetana, hizo varias descargas 
cerradas contra un automóvil ocupado por Graupera, presidente 
de la federación patronal que fue a estrellarse sobre un muro 
Resulto muerto el chófer y gravemente herido Graupera. 

Escusa decir que este hecho causó sensación, no solamente 
en Barcelona smo en toda España. Los gn.pos de afinidad 
habían aprendido a apuntar a la cabeza. Los capitalistas y la 
policía principiaron a inquietarse, no sin justificada razón. 

Mientras que, según decía Arlegui, jefe superior de Poli- 
cía vivía en constante delirio, soñando continuamente que los 
smdicahstas le acechaban por todas partes, viéndolos bajo la 
cama y no importaba a donde Martínez Anido, insensible, 
ávido de sangre humana, ordenaba a todos los resortes de 

eoiefbt '''" '' ^"^ ^"" ''^^ ^" P-P- -Fe--^ 

Los pistoleros a sueldo de la federación patronal emiosca- 
dos en los llamados sindicatos libres, como eran oerseguidos 
procedían con más prudencia y trataban "en io posible de no 

dejarse ver por quienes les iba a la zaga. 

Por otra parte los militantes de la C.N.T. para meior 
defenderse ya no iban solos, sino agrupados en dispersión. 
La policía raramente les daba el alto, cuando se encontraba con 
eho., pues sabia bien la respuesta que les esperaba. 



De entre los hombres activos de ^l^ <.on federación nadie 
dudaba que mientras Martínez Anido c.tuv^v..: en el Gobierno 
Civil de la provincia, la situación no cambiaría y por tanto era 
cuestión de amor propio ■ y de dignidad, eliminarle. En ese 
sentido se hizo todo lo imaginable. Se trató de envenenarlo, 
de cazarlo a lazo, de preparar una explosión en su propia casa, 
de secuestrarle algún miembro de la familia para seguir mejor 
sus pasos. Y por fin se intentó matar a Martínez Domingo, al- 
calde de Barcelona, seguro que iría a su entierro y una vez eso 
logrado, entonces la presa sería segura, no se escaparía. 

Todo fué inútil, el sabía que estaba condenado a muerte 
y que por lo tanto debía tomar todas, absolutamente todas las pre- 
cauciones. Sobre todo después del atentado contra el presidente 
Graupera, la cosa se planteaba muy seria. El presidente de la 
federación patronal, pocos minutos antes del atentado había 
estado en el gobierno civil conferenciando con Martmez Anido. 
Por tanto alguien muy acercado a dicho centro oficial, había 
informado a los sindicalistas, la presencia de Graupera en el 
despacho de Martínez Anido. La cosa era grave y Martmez 
Anido pensaba que la fuente de información podía también 
llevarlo a él al alcance de las pistolas de los grupos de afinidad. 
Después del atentado de Graupera, se produjo una pausa 
en la actividad represiva. Por el contrario esa actividad se 
acentuó con la formación de los sindicatos libres. Los pistoleros 
del Libre habían establecido su domicilio social en la calle 
Puerta Ferrisa. En ese momento de pausa, los grupos de afi- 
nidad, reducidos sus efectivos considerablemente algunos de 
los cuales habían quedado diezmados por las bajas sufridas, 
procedieron a su reorganización y a su fusionaraiento. Las posi- 
ciones tomadas se mantenían intactas. " " 

Los hombres de la C,N,T, pensaban que había llegado el 
momento de pasar al ataque, al asalto. Se estudió la posibilidad 
de asaltar el domicilio dé' los líbrenos en Puerta Ferrisa ^en el 
momento que éstos estuvieran reunidos. Estudiado bien ei caso 
se vio que era imposible. 



.62 



iUCARDO SANZ 



La calle Pucrla Ferrisa es estrecha y corta, en pVeaij -v-iííro 
de Barcelona. El domicilio del Sindicato Libre esta ha ín.ordado 
por la guardia civil a caballo, por la policía uniforniíid-i ^ - 'creta. 
En esas condiciones era una verdadera locura intentar nada ; 
pues los del Libre tenían también montada una guardia. Se tuvo 
que desistir de ello por el momento. 

La Cárcel Modelo estaba repleta de detenidos, en la inmen- 
sa mayoría hombres de ia C.N.T. Todas las celdas ocupadas. 
Las aglomeraciones llenas, lo que habían sido en período nor- 
mal los talleres para la confección de alpargatas, cestos y jugue- 
tes, cosa cjue hacían los presos condenados, también estaban 
repletos. El régimen interior era muy severo. Media hora dia- 
ria de «paseo» y en «galápago». El «galápago» era unos peque- 
ños departamentos construidos en los patios, en forma de caja 
de muerto, donde se metía el máximo una docena de presos. 
Una vez llenas, se cerraban en llave hasta media hora después 
que sonaba la corneta para anunciar el alto del paseo. 

£u el interior de la cárcel, había una casi perfecta organi- 
zación, entre los presos de la C.N.T. A pesar de la rigurosidad 
del régimen, los hombres de la confederación, no solamente 
estaban bien informados entre sí. al día, sino que sabían lo 
ocurrido en la calle, mejor que los que estaban en libertad. 
Muchas veces los compañeros de la calle se enteraban de las 
cosas por conducto de los presos. Por regla general en España, 
en ia época mencionada el preso representaba para todos el hom- 
bre de confianza. 

^ Ni en la cárcel se encontraban seguros los hombres de ia 
C.N.T. En varias ocasiones se sorprendió la buena fe de algunos 
que lo pagaron con su vida. Se dieron varios casos de presos 
que, durante la nuche se les anunció la libertad, y al salir 
de la cárcel, de noche, se les asesinaba en la calle. El primer caso 
que se dio de esos fué el del militante Evelio Boal que había 
sido detenido meses antes en función de secretario del comité 
nacional de la C.N.T, y que por lo visto, por equivocación, 
había sido llevado a la cárcel. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



63 



Inmediatamente registrados estos l^eehos se dio la cons g 
na, en el interior de la cárcel, que nmgun afihado a la Conté 
dejación aceptara salir de la cárcel durante la noche y si al- 
guien era focado, por obligarlo a ello ¿f í-^-— ^^^^ 
dar el grito de alarma para armar el plante. Gracias a la acti 
tud de'los presos, se evitó la repetición de la «libertad para 

""te pretendió obligar a los presos a ir a misa los domingos, 
así com¿ a asistir a los sermones del cura del establecimiento 
pero no lo lograron. A los presos enfermos les estaba vedado 
La la enfernTería, no había ningún medicamento P-J^^f - 
incluso a los. casos más urgentes. El único derecho dehpieso 
era el de morirse como un perro encerrado dentro de una 

celda. , . j^ 

Afortunadamente que, a pesar de la gran penuria de 
aquellos momentos, el espíritu de solidaridad, no decayó jamas 
eltre los presos, sino todo lo contrario. Tenían que salvarse lod^ 
apoyándose los unos con ¡os otros, frente al enemigo, de tod<« 
los enemigos. Esa fué siempre la máxima de los presos sociales. 
Debido a la persecución en la calle y en los centros de 
trabajo, las cotizaciones habían quedado reducidas al mínimo. 
Los presos y sus familias estaban desa.sistidos, y los grupas que 
actuaban en la calle, así como los militantes que, por ser muy 
conocidos estaban obligados a vivir escondidos, no disponían 
de medios económicos para poder hacer frente a aquella dura 

situación. . • „ 

En el plano internacional no había ninguna organiza- 
ción hermana que pudiera venir en ayuda de la C.r,.!., pues 
la confederación nacional del trabajo de España era de reciente 
íormación v por tanto ünica en su ge_nei-o en el mundo del .ra- 
bajo. Se pensó ya entonces, y entre algunos companeros fue 
cuestión de deliberaciones adecuadas, de consegmr fondos para 
continuar la lucha, aunque fuera por procedimionlns ilícitos 
Pero se desistió. La pureza' de las ideas, la honradez de los 
revolucionarios, estaban por encima de su propia impotencia 



64 



RICARDO SANZ 



material. Era entonces lo que bien podríamos denominar la 
época del romanticismo idealista español. 

Salvo raras exepciones, la prensa estaba toda al servicio 
de la clase capitalista. Fueron solo casos aislados, los periodistas 
que se atrevieron a señalar los responsables de ciertos hechos 
materiales, asumiendo así la grave responsabilidad de la res- 
puesta contundente de los asesinos a sueldo. Una de esas 
víctimas fué el periodista Fernando Pintado que fué agredido 
por los pistoleros de la patronal en pleno centro de Barcelona, 
resultando gravemente herido. 

La táctica cambiaba, con arreglo a la fisonomía que mar- 
caban los hechos. La policía al servicio de Martínez Anido y 
Arlegui era la que llevaba en su haber el número más grande 
de asesinatos. El comisario Bravo Portillo era el hombre insacia- 
ble que no se hartaba nunca de sangre humana. Seguramente 
que también se sospechaba que un día mordería el polvo, aba- 
tido porcias pistolas de los grupos de afinidad, cosa que ocurrió 
una mañana quizá cuando menos se lo esperaba, en la barriada 
de Gracia en Barcelona. 

A pesar de la impunidad de que gozaba la policía para 
cometer sus crímenes, ésta a través de los hechos ocurridos 
comprendió que ellos no eran invulnerables. Se contaban por 
docenas los policías que habían sido muertos por los sindica- 
listas 7 ante ello, empezaron también a reflexionar. Si ios 
pistoleros de la patronal cobraban buenos sueldos, para matar 
a los hombres de la C.N.T., competía a ellos, solamente a eUos, 
cumplir esa misión apechugando con la debida responsabilidad. 
Claro que la policía no planteó ningún problema de com- 
petencia a sus superiores, pero estos, tuvieron que notar que sus 
.?^^boixíinados, cada vez más rehuían intervenir en. los casos 
donde se trataba de "matar a alguien. Era una resistencia pasiva, 
que amenazaba convertirse en una huelga de brazos caídos. 

Para parar la amenaza que se vislumbraba, Martínez Ani- 
do, que no podía permitir que las cosas se pararan, oorque en 
dicho caso, los hombres de la CN.T. se lanzarían victoriosos 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



65 



A^ .n^- vrincheras entonces, una vez más, 
a fondo por encima de -; /-^^ ^ ,^^ ,,bezas de las 

se recurrió al sobornu. p.-. do p^^ ^^^^^^^^ ^^^^^^ ^^ ^^ 

presuntas victimas. ^^ r- - ¿ ^^^ ^^^ que se 

que ya percibían con., .^'^^^.do nonn , ^ -^ ¿^ la 

estipularía de antemano con arreglo a la impor 

víctima. 1 

Tal deto.™nación fué -nocida in^ed,ata»en^e en ^ 
medios confederales. Entonces se - ab eo.o por ^^ 
tema especial de protección y de ¿«í^-jj^ "^ ^^^y^, t¿to 

.onstituianla -i" ¿^ 'ptl rrrdTraLián patronal. 

de la policía, como de los pistoleros ^ , , i. 

Mientras ocurría lo ^^^f^^'!^ .f /^^^.JZ^Ü 
CN.T. que actuaba en la ^l-<i-'-'¿^^Es;at de - litantes ac- 
of recimientos de muchas regionales de E^P»"^^^ ^ j^^^ar 

tivos, que estaban dispuestos a ^-f^^^" .;^™;„ ¿efender 
voluntarios al lado de los que -o"^" '^':; ^^f j/f ,Uab. a la 
a la CN.T. En verdad, no eran ^''-^^''\"' ^¡¿¡^ medios 

---' Ttn. Z^^^ L"— ente se 

para continuar la iucna. piiqrjuestos a cu- 

. Uor, P-1 Barcelona nuevos elementos dispuesLUb 

merecían, y encuadrados en los grupos 
aptitudes o inclinaciones. 

Kue se^ramente ese ^Zs^^^Tít^^:^ Í^ 
reflexionar a la policía secreta. Los grupo„ ^.^ 

de sus sensibles bajas no daban P™"''^/' ^^ Uegaba mu- 
eran mis activos y ^^. ¡^^^^Z^ZTl^^^^ «rensi- 
chas veces a la temeridad. Había ^ S" ¿^ ^fi. 

Me Cuando la P^^-i tut™ .t L" f^asLl es decir- 

■ f '' r tTabt vT-Tido a Cataluila, atraídos por la pelea, 
de gente que había veniau a„nello no termma- 

por el combate, entonces -"'P'^^^f ^^^.^^e los tragaría a 
ría jamás, era como un espiral sm fm, qae 6 

todos, uno detrás de otro. 



66 



RICARDO .SANZ 



EL SINDICALISMOS LA POÉTICA 



.67 



Mas que retraimiento, fué inrjdo lo que la policía secreta 
de Cataluña cogió en un n-r;jnenfo cLeScrminado. Varios de esos 
policías que estaban muy comri!':;idr>í, en los hechos ocurridos, 
pidieron el traslado a otras regiónos cosa que se les negó, como 
es muy natural a causa de que una vez fuera del torbellino, 
se prestaran para atraerse la simpatía de los sindicalistas, a ser- 
virles de confidentes a éstos. A más de esto, hubo muchos poli- 
cías de la secreta que cuando se les planteó por sus jefes, de 
ponerse a las órdenes de Martínez Anido y Arlegui, se negaron 
rotundamente y presentaron la dimisión del cargo. 

La desmoralización de la policía y el pánico reinante 
entre la patronal, que no veía cuando terminaría aquella situa- 
ción, a más de muy costosa, de continua intranquilidad, plan- 
teó a Martínez Anido el dilema de reaccionar. Y reaccionó, 
pretendiendo llevar el terrorismo a las otras regiones de España. 
La patronal catalana, apoyaba dicho proyecto porque veía en 
ello una táctica de diversión que les permitiría un poco de 
tranquilidad, y a la par que generalizándose el terrorismo en 
toda España, inmediatamente de una manera u otra se acabaría 
con él. 

Martínez Anido que con el tiempo, se había convertido en 
dn-ector absoluto, del aparato represivo , mandó a varios de sus 
hombres, que el creía los más seguros, a varias regiones para 
organizar la m.atanza. Tal cosa la hizo sin contar con el gobier- 
no, cosa que sentó muy mal en el Ministerio de la Gobernación. 

Los hombres que Martínez Anido había desplazado de 
Barcelona para organizar el terrorismo en algunas regiones de 
España, una vez librados del peso directo de su jefe, no mos- 
traron gran interés en el mandato que este jes había encar- 
gado.- - ■ ■ -- 

Hubo algunos hechos aislados sin gran trascendencia, como 
por ejemplo el asesinato de dos jóvenes libertarios en Zaragoza 
el más joven de los hermanos Navarro, v otro, el asesinato del 
joven anarquista Arlandiz de Valencia, y en fin algunos oíros 



Z¡o a renuncia, en la -^ ^n;,,,», encuadrado, los 
Ni las deportaciones a pie p ^^^ ^ ^^j,^n ^ 

deportados entre las parejas de U ^ ^^ ^^ ^j^^. al 

l/deportación de gran — » ^^jl^^^^,,, ,e encontraba 
castillo de la Mola en Mahon entr^ ^^^. ^.^^^ ,,„,,,s, 

Salvador Seguí, ni el ^«1 "O I-"°" ¡ ,i ,„ioso que se 

„ada, absolutamente nada -^^ ^¿f ^7,,,j„ ¿e España. Martme. 
llamaba Gonfederac.on Nao onal del ^ ^^,„,,^ente de todos 

Anido, a pesar de la -P^^f ;*\X, J^poco lo lograría. Los 
'-r'^°%roren - dSSn,'um/oco lo lograrra. Los 
medios puestos en su f impedirlo, 

grupos de afinidad --'-'^ "",,,, J cuando iba a ter- 
Los españoles en geneial se p g ^^^^.^ p^.„„p,„ „ 

„inar aquella ¿-ventura El |*« ^^ Cataluña pues 

inquietarse de la P^^^^S^.T-.f ' , ,,^ alcance, que la vula 
habían llegado -«---/'^ f/f ^ ^.^istro de la gobernación, 
de algunos ministros, entre ellos el ^^^^^ ^^^^^^..^ 

estaba'n en peligro. Los S-;P- ¿;~. habían pensado que 
no habían podido cazar a Martine ^^ ,_^ Gobernación. 

,ui.á sería mes fácil ^^^^^^^ ¡"if^^e de lo que ocurx-ía en 
^ue en realidad era el P""^" como gobernador de la 
Cataluña, por ma^ener en .un.^^^ ^^^^^^^^ ^„^,„, ^^ ,„e 
provincia ds Barcelona, 

de Arlegui, apenas se hab aba. ^^ ^^^ ¿^ .fi^i. 

Era una cosa de °^''''°%'"J',, Había hombres entre 

dad, la posibilidad de ^-^ ^1 -»^^^^,„ ,, „,„era de llegar 

ellos, que -'^"■id-l^f" ,^"r iTvida para ellos no tenía mayor 
hasta él sin conseguirlo P-^der la J ^^ ^^^^^^^ ^^¿,^^ 

importancia, la cuestión era Uegai, q 

lidad ds salir. V «ivoTial aue habían sido un í>oco 

Los pistoleros de la P^^ ^^^ ^ía. comenzaron también 

deiados a su propia suene poi la pohc^ ^^^ ^.^^^,^^ , i„, 

„ ..eflexionar. Muchos ¡^ /^ ¡ble entrar en acción. 

nuevos reclutados, esquivaban P 



68 



RICARDO SAJNZ 



r.L SINDICALISMO T LA POLÍTICA 



69 



Solo lo hacían empujados por los ya fuertemente comprometi- 
dos. 

Kn el largo período que duraba ya la represión, se habían 

contraído una serie de responsabilidades que no eran ni serían 
seo-uramente después de aquel período confuso, fáciles de eludir. 
Y después. ¿Qué pasará después? A pesar de la gran dimen- 
sión de Barcelona, a pesar de que se podía recurrir a la solu- 
ción de la emigración, y en fin a pesar de todo, la situación no 
se presentaba brillante. 

Los que se encontraban en una posición más falsa y por 
tanto angustiosa eran los patronos que habían colaborado más 
de cerca en el asesinato de algún obrero. De estos temerarios, 
había muchos y ellos sabían que los hombres de la C.N.T. esta- 
ban informados de todo. 

Un ejemplo, el patrón tintorero, Agustín Serra, situado 
en la calle Wad Ras, de Pueblo Nuevo en Barcelona, fué el que 
prestó el autom.óvil a los pistoleros que mataron a Pablo Sa- 
bater. 

Pablo Sabater era el presidente de la sección tintoreros del 
Sindicato Fabril y Textil. Un hombre corpulento que medía 
aproximadamente dos metros de alto, y de más de cien kilos 
de peso. Era la bondad personificada, incapaz de hacer daño a 
nadie. Habitaba en la barriada de San Martin. 

Una noche, de madrugada, se presentó la policía en su 
domicilio, lo hizo levantar y se lo llevó detenido. Como fué ese 
uno de los primeros casos que se dieron de esa índole, Pablo 
Sabater no dio gran importancia al hecho, pues no era la pri- 
mera vez que lo llevaban detenido. 

El automóvil, qne como lo hemos dicho, pertenecía al pa- 
trono trntorero Agustín Serra, en vez de dirigirse al centro de 
la ciudad, es decir a la Jefatura Superior de la policía se dirigió 
en dirección contraria, momentos después se encontraban fuera 
de la barriada en un sitio llamado Casa Baro. Los ocupantes 
del coche que eran cuatro y el chófer, hicieron descender del 
automóvil a Sabater y una vez apartados un poco, le hicieron 



, .n p1 acto. Como el cuerpo del 

- acá,,.., -^'i^Xd^^^ --P'-' '- rz^ 

-""''" ''" : Tt^ron redar cuesta abajo hasta el £ondo. 

Los militavues del ^^-^^.'^'"^'^ZJre.os, todos amigos de 
lo ocu.-,do y los de la — T.nt<, ^ ^^^^^ ^^ ^^, ,,,,. 
Pablo Sabater. sabían que eia V ^^^^^^ 

prestado el automovü sab.endo de lo q ^^ ^^^^^^^ 

Cuando terminó la «P"-™'/''^^"^ Herrero y Pedro 
de la .nisma sección ^^ .^l^^^ZZ S.n., ce... i^ ^^ 
Molina, un dommgo por la ar p ,^^^^^ ^^^^^ ^^^¿ g„. 

casa y saldaron con el la «^™^' J" „^„,„ y Molina fueron 
vemente herido y '-.^'"P.^^^^eVon más 'tarde juzgados y 
detenidos por la guardia -" jj";^° ^^^^„„, necesario citar 
condenados a 7 años de P'«''d'°-J^° ^ ^,„i,„ „ledo los 

™ .osario de estos hechos; que e a a to q ^^^^^^ ^^^ ^^ 
patronos comprometidos cuando se 

terrorismo. principal responsable ;de aquel 

Martíne. Anido como prrnc^pa P ^^^^ ^^ ^^.^^^^ ^ 

funesto periodo de f - '/" ''^ J^ ^e a pesar de todo, un 
Uan.a que lo ^-rab^/^f ^ JiiaTrn.sLpre.istas. Si se 
dia caería, y caería en a^e. ^^^^^^^ ^. ^^^^ ^,, „or«, 

había hecho acreedor md veces Q ^c^ento. 

no había mds que aguantar hasta el u ^.^ ^.^ 

El ministro de la Gobernacton, ¡f°f^_^^ ,„y„ , Bar- 

.ombrio que tomaban las ^^^^-^Z^l^ aqulua sitúa- 
caloña, el cual hizo saber a Martxn» ^^^ J^^ ^^,^^ ^^ ^^_ 

cióu no ^^^^rl-^^^^^ZX^ tal como estaban las cosas 
ber al delegado del «™*°- '^^ ^s acontecimientos, pues 
era imposible detener la jareta ^^ solamente 

de ellos sería víctima el g"''-™^^'' tpToildo'y alimentado. El 
lo había tolerado s.no í- J°.^;^f ¿^¡^ conocer, si llegaba el 



70 



RICARDO SANZ 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



71 



Y añadió, lo que ha ocurrido en Rusia puede rcjj,;edrLc;rf.e 
aquí si no somos fuertes. Y creo haber decapitado la revc'neión 
social, y si el gobierno no Zo cree así, peor para él, pue? en 
dicho caso, lo que se ha evitado hasta ahora puede desencade- 
rarse dentro de breve plazo. 

Una capitulación - implícita por parte de la autoridad, una 
espantada. Un momento de pánico en los de arriba, traería como 
consecuencia lógica el a laque cerrado de los que hasta ahora 
apenas tenían fuerza y ánimos para defenderse. Si el gobierno 
quiere la revolución, social, la anarquía, no tiene más que dar 
la razón simple y llanamente a esos de la C.N.T,, a los que, en 
su primer congreso han proclamado que quieren implantar el 
comunismo libertario por medio de la revolución sociaL 

Martínez Anido se defendía como fiera enjaulada. Si hu- 
biera estado más alto, es seguro que hubiera intentado el golpe 
de Estado que dio poco después Primo de Rivera, desde la 
capitanía general de Cataluña. 

El gobierno no se atrevió destituir a Martínez Anido de 
su cargo de Gobernador de Barcelona. La responsabilidad de lo 
que ocurría tal como anunciaba Martínez Anido competía a 
todos. El era el brazo ejecutor pero los otros, todos los otros, 
todo el gobierno, era no solamente cómplice sino el instigador de 
ía tragedia. En aqueUa suciedad, en aquel crimen colectivo, 
no se salvaba nadie. Solo una liquidación de los que como 
gobernantes habían actuado en todo aquel período, podía sal- 
var de momento la trágica situación. 

Martínez Anido, cuando hablaba al representante del 
Gobierno, de una posible reacción violenta y generalizada, de 
los iiombres,_de_ las fuerzas de la C.W.T. se equivocaba. También 
él, como le había ocurrido antes a Arlegui, veía enemigos por 
íodas partes. Estaba poseído de un miedo cerval a pesar de su 
firmeza y crueldad en la actuación. 

El movimiento confederal, la joven C.N.T., no estaba en 
condiciones de hacer la revolución social después de los años 
de continuada sangría. Habían caído centenares de sus hom- 



bres, lo más florido, mejor dicho lo más granado. Y no eran 
solamente los militantes de la C.N.T. de toda España, la que 

había recibido el golpe de gracia. 

Ciertamente, la represión de Cataluña, como afirmaba 
Martínez Anido había decapitado la revolución social, que se 
incubaba a pasos de gigante en el seno del movimiento confe- 
deral Eso solo lo sabía Martínez Anido y los sindicalistas revo- 
lucionarios. Tendría que pasar mucho tiempo para rehacer las 
fuerzas, para recuperar las energías gastadas. 

Sin duda alguna, Martínez Anido estaba seguro, al ex- 
tremo que habían llegado las cosas, que no ganaría la partida 
empeñada, plenamente. Pero en pleno desarrollo, del coinhate, 
se le ponía el veto desde arriba. Ello representaba para el la ca- 
tástrofe Si las cosas tomaban la fisonomía que él preveía, iio 
habría un pedazo de tierra en ningún rincón de España donde 
pudieran cobijarse, ni él ni sus más bravos seguidores. Pero 
como hemos dicho, el cuerpo de la C.N.T. estaba fuertemente 
debilitado por la sangría sufrida en el rudo y desigual combate. 
No todo había terminado, a pesar de la lucha interior en 
las alturas, a pesar de la desautorización implícita desde el 
Gobierno, Martínez Anido no se detuvo en su marcha tortuosa. 
Y es que en realidad no podía hacerlo. Todo el aparato represivo 
montado por él, de acuerdo con la Federación Patronal perma- 
necía en pie, y aunque con menos virulencia, los asesinatos de 
los militantes confederales continuaban. 

Hubo un hecho, ya de los últimos tiempos de terror, que 
por su importancia, no podemos dejar de consignar. 

Había un abogado que se llamaba Pedro Homs que había 
estado al servicio de la C.N.T., como defensor de-Ios homhi-e^ 
de la misma. Dicho sujeto, por el cargo que ejercía, conocía 
a la mibtancia coníederal. Sobre todo a los hombres mas des- 
tacados por ser éste un hombre ambicioso y por tanto banal, 
tenía la pretención de llevar los asuntos más impormntes en 
materia de defensa dentro del movimiento de la C.N.T. 



M^- 



72 



RICARDO SANZ 



EL SINDICALISMO X hA POLÍTICA 



73 



El comité pro presos, que era el encargado de la relación 
entre la Confederación y sus abogados, jamás consideró a Homs 
el abogado más competente, y por tanto siempre se sirvió de él, 
como un gestor de cosas de tramite. Los otros abogados, más o 
menos de gran prestigio, entre los que se encontraban en Bar- 
celona Francisco Lairet, Conipanys Juan Rusiñol, y varios 
otros más, y, en Madrid, Eduardo Barriobero, Serrano Bata- 
nero, y otros, eran los encargados de la defensa de los casos 
más importantes y delicados. 

No se sabe si por despechó y en qué fecha exacta, Pedro 
Homs se puso al servicio de la policía, primero como confidente 
y más tarde se convirtió personalmente en jefe de una banda 
de pistoleros, al servicio de la patronal y por tanto de Anido. 

Pedro Homs que, como decimos, fué descubierto como 
traidor y pistolero, en los últimos tiempos de la represión, 
fué el que se encargó entre otros, de la organización del 
atentado que costó la vida ai abogado Francisco Lairet, hom- 
bre imposibilitado e indefenso, y que precisamente, por dicho 
motivo, ios grupos de afinidad no creyeron en la necesidad 
de protegerle, pues jamás imaginaron hubiera en la tierra 
un mal nacido capaz de matar a Lairet. También fué Homs 
el que preparó y ejecutó poco después el atentado que costó 
la vida a Salvador Segui y Pedro Paronas, en la calle de la 
Cadena, en el dis trico quinto en Barcelona. La matanza con- 
tinuaba y por la importancia de las víctimas, se dedujo que 
la prima por la importancia de la cabeza, estaba en plan de 
activa ejecución. 

La Patronal que sabía por larga e:xperiencia,- que la ley del 
Tallón, de ojo por ojo y diente por diente, estaba en pleno 
vigor, estaban aterrados. No sabían naturalmente donde des- 
cargarían la furia de su dolor, los grupos de afinidad, ante 
los últimos crímenes. 

Pero hubo una pausa. Esta vez fueron los grupos de afi- 
nidad, los que trataron de frenarse a sí mismos. 



Ante la importancia de i. ■..■.-.,., era de «^Pf'" ;^ P¿° 

duiera una reacción inmediata, en todas partes, donde hrf.ia 
ho'mbres interesados en acabar con aquella monstruos.dad 
colectiva. 

Arma al bra«,, los grupos de afinidad, hombres de la Con^ 
federación Nacional del Trabajo, esperaron un '»°-"^°'° J"^ 
ver cué es lo que ocurría a continuación, pues no ignoraban 
que! el seno%e la Federación Patronal de --era gene^- 
Lda, se quería terminar de una vez, y lo mas pronto posi- 
ble, con aquella situación de angustia ininterrumpida, que 
ya duraba demasiado tiempo. , , , 

El día 8 de marzo de 1921, es el día de gloria del prole- 
tariádo revolucionario español. El parto que '-f'f^\°^2 
hacía mucho tiempo, en las mismas entrañas ¿^ 1°= ¿™P°^ 
de afinidad, vé la luz. Eduardo Dato, Presidente del Consejo 
de Ministros, es ejecutado cu Madrid por un grupo que, a 
tal ñn, se había desplazado desde Barcelona a la capital de 

España. , t.*- i ' 

El grupo en cuestión era del Sindicato de la Metalurgia 
y lo componían, Pedro Maten, Luis Nicolau y B.amon Casa- 

nellas. 

Verdaderamente el atentado no se había organizado contra 
Dato pues se consideraba, que el Jefe del Gobierno no era el 
principal responsable del mantenimiento de Martínez An^o 
y Arlegui en Barcelona. Fué preparado contra Bugallal, mi- 
nistro de la Gobernación, hombre perverso y de baja cate- 

eoría moral. 

Hacía muchos-días-. que el grupo.me.alúrgico:.^e^^^^^^^ 

en Madrid, siguiendo la presa, pero no había -«d- ¿«J^f 
hasta eUa. BugaUal en Madrid como Anido en Ba«eona 
sabían la responsabilidad que habían incurrido y por tanto 
^bían tomar 'todas las prccanciones. A más de eso, <^mo ya 
hemos señalado más arriba, el Ministro de la Gobernación 
sabía lo que se tramaba contra él y estaba ojo avizor. 



74 



RICARDO SANZ 



Ante las dificultades, mejor dicho, aaí - la ipivcsibilidad de 
poder ejecutar el plan Bugallal, el grupo raetalürgico que 
había estudiado tamhién el plan Dato, determinó no perder 
mas tiempo y el día 8 de marzo de 1921, como dejamos 
dicho fué muerto a tiros en Madrid, Don Eduardo Dato, Pre- 
sidente del Consejo de Ministros. Era así como escribían la 
historia, los anarcosindicalistas en España. 

La muerte de Dato cayó como una bomba en las altas 
esferas. Ello demostraba con toda evidencia que los hombres 
de la C.N.T. sabían llevar el combate, dirigiendo su peso a 
la parte cumbre del mal. Por eso decimos más arriba qne 
el día 8 de marzo de 1921 fué el día de gloria del proletariado 
revolucionario de España. 

La partida, que se jugaba era demasiado fuerte para que 
se terminara ante un hecho determinado, por muy impor- 
tante que este fuera. 

Después de la muerte de Dato, éste fué sustituido en la 
Presidencia del Gobierno por Sánchez Toca. 

Sánchez Toca aceptó la responsabilidad de mantener a 
BugaUal en el Ministerio de la Gobernación a condición de que 
éste, en el plazo más breve posible liquidara la cuestión de 
la represión en Cataluña, cosa que Bugallal se comprometió 
cumplir. 

Á partir de entonces, el Ministro de la Gobernación hizo 
saber a Martínez Anido y Arlegui que el nuevo jefe de 
gobierno les exigía la liquidación inmediata de todos los 
hechos de violencia perpretados oficialmente por los agentes 
civiles o policiacos, y que haría responsables a las autoridades 
civiles . y__a la Federación Patronal, de .cuanto en ese sentido 
ocurriera a partir de aquel momento. 

La Federación Patronal que es ■ la primera interesada en 
hquidar aquella pesada situación de peligro e intranquilidad 
para ellos, intenta frenar la marcha de los acontecimientos 
de cara a los hechos de violencia, cosa que no logra plena- 
mente, a causa de haber creado un aparato muy costoso y 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



75 



oc.npUc.do, cosa que los llamados Sindicatos Libres no pueden 
sostener, pues éstos son el instrumento de la propia Tederacon 
Patronal y ésta teme que se vuelvan contra ella. 

Se establece una especie de ^erra de posiciones que k^ 
dos bandas aceptan voluntariamente mientras ^ega la^lu-n 
definitiva jCual solución? Nadie lo sabe, pero los mas com 
S Sos,las cabezas visibles del pistolerismo «£¡-1 se r^pl- 
Ln y no solamente se repliegan sino que micran la desban 
dada para ponerse a cubierto ante el declive. Solo quedan en 
a ü vobs ültimos residuos. Es Pedro Homs el que no a- 
bandera por ser el más comprometido. Entonces Martínez 
Anido pone a la disposición de Homs todo lo <pe ^e^ - 
en pie. Los atentados continúan de manera mas o menos espo 
radica y descontinuada, contra los militantes de la C.JM.1., 
sobre todo contra los hombres más destacados. 

En lo que podríamos llamar la ultima etapa del pistole- 
rismo oficiaL disida por Anido, y ejecuta.^ Pf^adt Se^ 

Pedro Koms, ^ ^^^-^-^-"J^^ ^^Z^^^^t^ 
V Paronas que lo acompañaba. Igualmente luer 
ios compañeros Pey, Albaxicias, Felipe Mañero, y varxos otros 
En realidad, Martíne. Anido no puede mantenerse en e 
Gobierno Civil de Barcelona, de cara a la normalización de la 
^tu ció. como pretende el nuevo Jefe de Gobierno Sánchez 
Te Bugallal, que sabe era él el elegido para ocupar el lugar 
;: ochaba ¿ato, en aquel momento pretende termm- ^es^e 
el Ministerio de la Gobernación con el pistolerismo en Cata «na 
ñero no tiene la suficiente autoridad para oponerse o destituir 
rinWo pues sobre él recae la responsabilidad directa de 

infinidad de crímenes comelidos en toda España. 

Tanto Martínez Anido como Bugallal, no ignoran que se 
está preparando un golpe de estado o sea, "- -^^— 
militar e intenta alargaí en lo posAle su mandato en vista^ 
a facilitar el triunfo de la sublevación. Por otra parte^ ^ 

•:i„^ r^..r=nTnl ps más garantizada en tos cargot. 
propia segundad personal es uias ga 



FL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



77 



76 



RICARDO SANZ 



que ocupan a causa de la protección oficial, cosa que saben 
Íes faltaría al día siguiente que dejaran o se les suplantara en 

el cargo. 

Los grupos de afinidad que ven próximo el final de 
aquella penosa situación, tratan de controlarse lo más 
posible a sí mismos. Buscan la manera de preparar una embos- 
cada a la banda de Homs, para aniquilarla por completo. Se 
establece una vigilancia estrecha, cerca del café "La Esquerre 
del Ensanche" de la -:alle Aribau, que Homs y su banda acos- 
tumbraban frecuentar. 

Los grupos de afinidad encargados de la operación perma- 
necían noche y día esperando el aviso; el golpe de teléfono 
de los centinelas para desplazarse y entrar a saco .en la guarida. 
La consigna era: que no quede uno en vida. Pero nada. Nadie' 
frecuentaba dicho café. Ni los pistoleros de Homs, ni nadie 
más. Se diría que todo el mundo esperaba el golpe. 

Se buscaba por toda Barcelona la banda de Homs, pero 
nadie sabía nada, parecía que se los había tragado el mar. Los 
mismos servicios de información, deseosos de facilitar a los 
sindicalistas los detalles más o menos precisos, que les pusiera 
sobre la pista de Homs y su cuadrilla no lograban averiguar 
nada en concreto. Homs no ignoraba que la más pequeña 
indiscreción, los llevaría a todos a "Casa Antunez". 

El 14 de agosto de 1922, es atentado en la ciudad de 
Manresa, por los pistoleros de Martínez Anido, Ángel Pestaña. 
Nunca con más propiedad que en aquella fecha, se podía 
repetir la frase del monstruo Martínez Anido, pero en sentido 
adverso. "Son los últimos coletazos". Los últimos coletazos del 
pistolerismo de Martínez Anido, frente a la" resistencia inque- 
brantable del sindicalismo revolucionario. 

El atentado contra Ángel Pestaña fue la gota que desbordó 
el vaso. Sánchez Toca, comprendió que no lograría normalizar 
la situación en Cataluña y que todo sería inútil mientras Mar- 
tínez Anido y Arlegui continuaran en Barcelona, Por tanto, 



el Gobierno Sc^-.^}.,. Toca, cayó en el ridículo y fué Sánchez 

Guerra oí mv^ I pr;.:Uuyó. 

El 24 ^ ' or : -e de 1922, poco más de dos meses después 

del atentado en í/ianresa contra Ángel Pestaña, Sánchez Guerra, 

Presidente del Consejo de Ministros, destituye de sus funciones 

a Martínez Anido y Arlegui. 

Fué así como terminó momentáneamente el "reinado del 
crimen" que duró más de dos años en Cataluña, cuyo estigma 
quedará para siempre registrado en la historia, para vergüenza 
de toda la reacción española coaligada. 



CAPITULO IV 



Como es natural, se ha hablado del carácter español, para 
definirlo cada uno con arreglo a su concepción de las cosas. - 
No obstante, el criterio predominante en este hecho concreto 
se generaliza al apreciar el carácter de los españoles en la 
órbita cervantina, que se condensa en su inmortal obra, el 

Quijote. 

Claro está que a continuación vemos, como la realidad de 
los hechos en la vida española es tan variada que llega a veces 
a poner en duda el acierto de Cervantes. Por eso la idea del 
individualismo español se hace carne en el ambiente y en la 
concepción general para, a continuación, aceptarla todo el 
mundo como cosa real. 

No, no se puede admitir en la vida del español solo dos 
concepciones bien definidas, como lo hace el gran Cervantes, 
la del ideahsmo soñador y la del materialismo cazurro. Porque 
si bien el español ha demostrado a través de la historia en 
general, que su idealismo lo lleva muchas veces al borde de lo 
absurdo, no es menos cierto, que su materialismo, también por 
lo general, no lo hunde en el lodazal de una digestión mor- 
bosa y embruteoedora, capaz de negar la espiritualidad humana. 

El árbol genealógico español es tan exuberante, tan 
robusto, que su frondosidad constituye un ramaje tan 
denso, capaz de dar cobijo en su seno a todos los pensamientos, 
a todas las concepciones de la vida, desde la más altruista a la 

más perversa, 

Y todo eso ocurre, en todas las capas sociales en el suelo 
español. ¿Cómo definir pues el buen y el mal español, en ese 
laberinto de realidades y contradicciones? El poeta ya lo dijo: 



80 



RICARDO SANZ 



"nada es verdad ni es mentira", y el pensador, el sabio moderno 
afirmó: "todo es relativo". 

Como todos los mortales de no importa qué latitud, de 
la tierra, el español considera que sus ideas, su punto de vista, 
su pensamiento es el más acertado de todos los demás; Y en esa 
totalitaria concepción, de la vida, no tolera, no puede concebir 
que otros seres humanos como él no piensen igual, y discrepen 
en lo más fundamental de su pensamiento. 

Es quizá esa falta de elasticidad, de comprensión, de 
tolerancia, de respeto mutuo, lo que llevó a los españoles, 
a todos los españoles, al borde del absurdo, al apreciar la capa- 
cidad y la grandeza de los demás países del mundo, en relación 
con ellos mismos, y a la rutina de su propia razón de ser, 
cuando se trata de analizar las cosas dentro del marco de sus 
limitadas fronteras. 

Señalar los defectos no es una falta. Corregirlos es una 

virtud. Esc es nuestro lema. 

Pero vayamos al fondo de la cuestión. En ese mar de 
contradicciones y de realidades, que encarna el pensamiento 
español, éste se diluye para condensarse en hechos reales en 
todas las manifestaciones de la vida. No es todo positivo pero 
tampoco negativo. Y sería mucho menos negativo aun, si el 
nivel cultural, si la instrucción del ciudadano español, no 
sufriera una mengua aterradora, que no logra conjugar la 
inteligencia natural del ser humano. 

El pensamiento de aventura español, queda más que 
frenado, paralizado con la muerte del siglo pasado. Esa quiebra 
de todo un pasado que se revela negativo a través del tiempo 
induce al español a poner su vista sobre nuevos horizontes 
para canalizar sus pensamientos y sus actividades. El mundo 
ha tomado una orientación moderna de las cosas. Una quiebra 
de valores caducados requiere una nueva máquina de recambio 
que las remplace. España no puede estar ausente en ese con- 
cierto internacional de la vida. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



81 



Frente al fracaso, a la caducidad de la aventura colonia- 
^.:.. cfuc muere, una nueva concepción se ^^^^'f''^^^^ 
.. >: .amiento humano, cuyo eco se llama siglo XX, Es ia lilo- 
loba subversiva que nace potente, que penetra en la mente 
hximana, con la convicción impetuosa de la piquet^a demoledora, 
es el eco que no se extingue en la mente de los hombres de la 
¿poca, que se llama socialismo. Socialismo mtegi-al, mejor 

dicho, anarquismo. 

Max Estimer, es el precursor, con su libro «El Único y su 
Propiedad.. Schopenhauer, Federico Nietzsche y otros de sus 
discípulos buscan afanosos el superhombre, seguros de encon- 

Su eco repercute en todas partes, en ' Rusia, Bakunin, 
Kropotkine, Tolstoi. En Francia Proudhon, Grave, Sebastian 
Faure, Han Riner. Malatesta en Italia y en fin. por todo un 

poco. -t 

En España, el pensamiento de avanzada que no ^a a ia 
zaga del resto del mundo sino por el contrario abre vasto hori- 
zonte en la clase trabajadora artesana, se manifiesta con profu- 
sión entre los espíritus inquietos. Es una sola comente, la _ 
corriente de emancipación que se transforma en múltiples 
af Inventes que todos pugnan por llegar lo antes posible a rma 
sola' finaUdad. La redención de todos los humanos. 

Los unos, Mateo MorraL Paulino Pallars, Rull, Paidmas, 
AngioliUo y otros, aceptan como sistema de lucha de protesta 
Pl hecho individual, de suprimir por ia violencia, del atentado 
personal, los responsables visibles, de la tragedia délos de abajo. 
Los otros ya en número mucho más crecido, como ya hemos 
dicho en otro lugar, se acercan, se funden entre los deshereaados 
. y forman el. bloque que les ha de permitir abrir brecha en ia 
ruinosa fortaleza capitalista. 

La filosofía anarquista, por su simplicidad seguramente 
penetra con gran facilidad en las mentes sencinas que ia 
comprenden sin gran esfuerzo y la siguen de corazón porque 
forma parte de su conciencia. El principio de la Escuela. 



82 



RICARDO SANZ 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



83 



Moderna o Racionalista se adapta compictamoal;. ñor estar 
ausente de ello el dogmatismo religioso y si cnnrcpír do patria 
que embrutecen al hombre. 

Nosotros no pretendemos señalar errores, íiieraii quienes 
fueran que los cometieran. Solo nos limitamos a reseñar los 
hechos que por regla general son los que hablan con mas elo- 
cuencia e inducen ai hombre a pensar por su propia cuenta. 
En nuestro país, frente a una fuerza de voluntad aun no 
superada por los desheredados de ninguna parte, frente al 
espíritu de sacrificio de los menos, hubo siempre un sistema 
de represión organizado, casi a la perfección, motivo por lo 
cual en múltiples circunstancias, se tuvo que recurrir a la 
improvisación, tanto de la defensa como del ataque. 

Fué pues más que otra cosa, un caso de necesidad el 
sistema de agrupación de voluntades, la unificación de fuerzas 
dispersas que formaron el bloque resistente. 

Es indudable que en ninguna parte del mundo el anar- 
quismo no tuvo que hacer frente como el anarquismo español, 
a una serie de ensayos y modalidad de lucha que le permitieron 
hacer frente a una situación que jamás se les planteó, al 
anarquismo de los otros países. 

El anarquismo español fué en todas las circunstancias un 
anarquismo diferente de los otros anarquismos y lo fué porque 
e] anarquismo español fué anarquismo militante en todas las 
épocas y en todas las circunstancias lo que no fueron los otros 
anarquismos en el plano internacional. 

A los anarquistas españoles, en sentido global, no les 
afectó para nada, jamás, la definición contundente que del anar- 
quismo hizo Lenin, cuando dijo que "el anarquismo era un 
ideal pequeño burgués'!. -En -España esa calidad de anarquistas 
si bien existía, se podían contar con los dedos de una mano. 
Además, todo el mundo los descubrió, los conoció y los señaló 
con el índice. 

No basta ilamarae anarquista para serlo. O dicho de otra 
manera, no todos los que se llaman anarquistas lo son. También 
hay muchos, muchísimos que lo son sin llamárselo. Nosotros, 



no estamos autorizados para dar, ni quitar la patente de anar- 
uuista a nadie. No obstante, nosotros hemos consumido muchas 
velas, de noche, estudiando en la soledad, lo que es la filoso la 
anarquista, la hemos aprendido y hemos procurado respetarla^ 
Es en la conducta queridos amigos, donde se aprecia la calidad 
de los verdaderos idealistas. No basta llamarse anarqmsta para 
conducirse luego como un redomado jesuíta. De esa manera no 
se sirve al ideal anarquista. 

Es así como nos hablaba más o menos Leopoldo Bonafulla, 
en la galería 6 de la cárcel de Barcelona una vez, siendo 
nosotros aun muy jóvenes. 

Los que además de estudiar en los libros, hemos tenido 
ocasión de estudiar en los hombres por haber estado por la 
fuerza de las circunstancias obligados a hacer la vida común 
con ellos, hemos aprendido cosas muy curiosas y provechosas 
a la vez. Aquellos tiempos venturosos no se borraran :^amas 
de nuestra memoria. 

Por -egla general, entre los hombres que profesan una 
misma idea, hay una coincidencia de pensamientos muy com- 
prensible que no altera en lo fundamental el contenido del 
mismo. Sin embargo, el contraste se aprecia enseguida cuando 
se trata de la aplicación del método. Entre anarqmstas conven- 
cidos vemos que mientras que hay quienes no fuman ni beben 
alcohol, ni incluso comen carne, por sentimiento y convicción, 
hay quienes fuman, beben, y comen de todo. Lo que queda 
reseñado no tendría nada de particular si no hubiera una 
segunda parte que es el verdadero contraste. Lo que hemos 
podido apreciar en la vida en común, es üeeir de la^ cárcel, 
cambia por completo en la vida cotidiana de la calle. Asi vemos 
"ai que nodríamos apreciar más cerca de una inclinación deter- 
minada.' en un sentido determinado también, comportarse en la 
realidad de la vida, de manera no distinta sino opuesta a lo que 
podía parecer en principio su propia razón de ser. Por eso una 
vez más repetimos la vigencia de que "nada ^es verdad ni es 
mentira" y de que "todo es relativo en la vida' . 



84 



RICARDO SANZ 



Contrariamente a lo que siempre creyó la reacción espa- 
ñola, el anarquismo español no es una mercancía importada 
del extranjero. El anarquismo español es la resultante lógica 
de una conducta mil veces detestable del capitalismo y la 
reacción española. 

El anarquismo español se incuba, crece y se desarrolla 
en las cárceles y presidios en España y en la vida miserable 
de hambre y privaciones del proletariado español. Los que 
hemos vivido la vida, por que no decirlo, floreciente del movi- 
miento anarquista español, en la calle y en la cárcel, hemos 
podido apreciar ese fenómeno con toda su intensidad, y en toda 
su magnitud. Fue tan ciega la reacción española, fue tan torpe 
el capitalismo hispano que creyó ingenuamente, podía dominar 
las ansias de libertad, la sed de justicia y el hombre del pueblo 
español, por medio de la fuerza represiva de la cárcel y sobre 
todo de la ignorancia. 

Nosotros hemos visto a miles de hijos del pueblo entrar 
en la cárcel, acusados de perturbadores, de revolucionarios, de 
enemigos del orden o simplemente de herejes. Esos hombres 
la mayor parte de ellos jóvenes, en su inmensa mayoría entra- 
ron en la cárcel sin saber leer ni escribir. Y como una vez 
fichados^ como tales, volvieron a ser detenidos una y otra vez, 
en la cárcel, ayudados por sus compañeros aprendieron a leer 
y escnhir. y los que ya sabían aprendieron a eso, a ser anar- 
quistas, porque aún no lo eran. 

En ese ambiente y en el transcurso del tiempo, el anar- 
quismo y las ideas anarquistas se familiarizaron tan profun- 
damente en la mentalidad del pueblo español, que hablar de 
anarquismo o en anarquista no espantaba a nadie. Todo lo 
contrario, había_ personas de cierta buena posición social, qi.ie 
justificaban y alentaban aquel amhiente que más que subver- 
sivo era cuestión de un deber, de un derecho y de justicia. 

No le sirvió para nada a la iglesia y al capitalismo ultra- 
muntano español, de fusilar a Francisco Ferrer Guardia crea- 
(.or en España de la Escuela Moderna, ün vez muerto ' Fran- 



EL SIKtíICALISMO Y LA POLÍTICA 



85 



eisco Ferrer, ol ..,:... del Kacionalismo del anarquismo se 
afianza más v^ - -^ -^ seguidores del maestro sacrificado. 
Así vemos ,'.c, mientras que los partidos poHticos de 
todas las tendencias permanecen putrificados o en estado de 
descomposición, como le ocurría al radicalismo ¡^^^^-^^'^J 
anarquismo aumenta la simpatía y el volumen de sus sega- 
dores, en perjuicio de los demagogos de la política. El pana 
español había' sido siempre timado, por los profesionales de la 
política y cuando tuvo la primera ocasión les abandono en signo 
de airada protesta. No hubo jamás en España una política de 
izquierda capaz de contrabalancear a la reacción. Por eso, las 
clases populares se declararon abstencionistas, es decir apo- 
líticas. 

Los anarquistas, que en España no son pequeños bur- 
gueses, que forman grandes núcleos que se agrupan por doce- 
nas, por centenares de grupos específicos, que van al trabajo 
todos los días, porque es ese su único medio de vida, que sien- 
ten la explotación capitalista en el fondo de su conciencia, 
de hombr;s libres que luchan diariamente por despertar- la 
conciencia de los oprimidos, de los desheredados conocen donde 
reside el mal de toda la humanidad, que sufre y trabaja, no 
prometen nada a sas compañeros de explotación porque como 
ellos nada poseen, pero les señalan el camino, les dan el 
ejemplo desafiando el peligro, todos los peligros, yendo a^ ia 
cárcel, a la deportación, al destierro, no importa a que m a 
donde. 

Fué siempre ia conducta, el ejemplo, lo que convenció 
a los humildes. Y los anarquistas españoles siempre estuvieron 
en primera -fila en la ■ Hnea -de CQinbate^.antes Jiue iiad^^^^^ y 
después aue todos. Un balance, una factura que nadie como 
eUos puede presentar jamás tan completa en España. Por eso, 
en aquellos tiempos, en todps los tiempos, hablar de auarqmsmo 
y de los anarquistas representaba una tarjeta de libre circu- 
lación, un salvoconducto de honradez. 



86 



RICABDO SÁPÍZ 



El anarquismo milsUMÍ." í-j..- ].-_!seó jamás redimirse a sí 
mismo. Su línea de coiiduí;: ; ':,', ]-. redención de toda la huma- 
nidad. No pensó desposeer u caijitalistas de sus mal ad<jui- 
ridas comodidades, para acomodarse él y los suyos en perjuicio' 
del prójimo. Buscó de manera racional y altruista el bien para 
todos, para todos sin excepción. Esa fué, esa debe ser, según 
nuestro concepto, la conservación de una sociedad nueva, donde 
el anagrama Libertad, Igualdad y Fraternidad no sea una ficción 
o algo peor. 

El anarquista revolucionario sabía ayer y no Ha olvidado 
aún, que el régimen capitalista, que la sociedad del privilegio 
no desaparecía por la sola acción de la evolución. I^s que viven 
bien no tienen nada en cuenta en beneficio de los que viven 
mal. Solo piensan en mejorar mas y más su- bienestar, cosa que 
como es natural repercute y agrava el mal del conjunto de la 
sociedad. Por eso los sindicalistas revolucionarios de la C.N.T., 
en 1919 acuerdan en su primer congreso, ir a la implantación 
del comunismo libertario, por medio de la revolución social. 

Hoy en 1966, a 47 años de distancia, vemos que jamás 
en España los acuerdos de 1919 reclamaban con más vigor ni 
más urgencia ser aplicados sin contemplaciones pues si bien 
47 años apenas cuentan para la vida de un pueblo, para la vida 
de los hombres cuenta macho. 

Claro está que mirando las cosas en el plano internacional, 
^■eraos que en esos 47 años, la fisonomía geográfica, en el 
aspecto político, ha cambiado fundamentalmente, sobre todo 
en Europa j África, y al paso que marchan los acontecimientos, 
otras sacudidas de carácter social mucho más fuertes, son de 
esperar, en plazo más o menos breve. Mirando el panorama 
de ..hoy, vemos . q.u^ los anarquistas -de hace 47 anos atrás, no- 
eran unos ilusos, sino unos ilumioados, eran ia v^anguardia, 
la avanzadilla que se había lan2;ado a la descubierta de una 
realidad, la realidad de hoy y de mañana sobre todo. 

Los anarquistas españoles y con ellos todo el pueblo obrero 
no tuvo suerte. La adversidad les acompañó en todo su largo 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



camino de lucha y de sacrificios, fueron el yunque donde se 
forjó el hierro un tanto frío. La fragua donde se alumlirc 
la llama que debía servir de guía para alumbrar el munciu 
entero. Después de las breves anteriores consideraciones, pasa- 
mos de nuevo al tema de nuestro principal propósito. 

Aunque a simple vista, parezca que las fuerzas en^ pre- 
sencia estaban equilibradas, en realidad no fué jamás así. Lo 
que ocurrió fué que, capitalismo y reacción en el plano nacio- 
nal, creyeron que combatiendo y destruyendo en Cataluña el 
germen de la revolución social española, el resto vendría solo, 
a continuación sin grandes sacrificios para ellos. El foco de 
infección para ellos estaba allí y había que reducirlo primero 
para luego extirparlo de raiz en el resto de España. 

Pero la fuente parecía inagotable. Con un instinto de defensa 
y combativo a la vez, el anarquismo español que ha compren- 
dido las intenciones perversas de todos los enemigos del pueblo 
formando la santa alianza, apretando sus filas, reuniendo todos 
los recursos, no rehuyen el combate. Un afluyente asombroso 
de nuevos voluntarios, se concentran día tras día en lo que 
podríamos llamar teatro de operaciones. Los grupos llamados 
de afinidad de ayer, compuestos en su casi totalidad de obre- 
ros catalanes, se transforman en grupos heterogéneos, es decir 
en grupos específicos, compuestos de una juventud impetuosa 
que llega de todas las regiones de España y que toman el 
nombre de grupos anarquistas. La lucha llamaba al combate 
a todos los revolucionarios españoles en una latitud determi- 
nada de España y ellos respondían presentes. 

Los grupos anarquistas, después de una nueva reestructura- 
ción en Cataluña, sin abandonar la lucha, en pleno combate, 
han formado sus , comités de grupo de barriada en el plano 
local, de comarca en el comarcal y de región en el plano 
regional. Sin jerarquías, sin jefes, sin mentores, con una disci- 
plina voluntariamente aceptada y respetada porque emanaba 
de los acuerdos de las reuniones, todos los grupos cumplían 
cada uno con su misión. Los comités de relaciones eran los 



88 



RICARDO SANZ 



encargados de poner en comunicación los grupos entre sí. Las 
reuniones donde se tomaban los acuerdos en iodos los escalones 
eran clandestinas, y dependía de las circunstancias que éstas 
fueran más o menos restringidas. Por regia general, las reu- 
niones se celebraban al aire libre, en la montaña, o en el bosque, 
cuando éstas eran numerosas y el tiempo lo permitía. Las 
reuniones de delegados de grupos o de comités se verificaban 
por compañeros, designados de antemano por las reuniones 
restringidas, éstas llevaban los acuerdos de cada núcleo, que 
defendían en las reuniones Erenerales. 

Mas de una vez, enterada la policía, por confidencia, que 
iba a celebrarse una reunión de importancia en ía montaña 
o en el^ bosque, destacaban a la guardia civil, para dispersar 
o impedir la ceiebración de la misma. Por regla general, los 
que debían reunirse veían el desplazamiento de fuerzas y se 
daban inmediatamente cuenta que había « chivatazo » enton- 
ces se aplazaba la reunión sin más graves consecuencias. Pero 
no era siempre así, sobre todo cuando la reunión debía cele- 
brarse urgentemente, en particular de noche, entonces la cosa 
cambiaba de aspecto. Hubo veces que se fué a tiro limpio con 
la guardia civil, o con el somatén, antes, después o en plena 
celebración de la reunión. 

Cuando las reuniones se celebraban en local cerrado, público 
o privado, entonces las cosas cambiaban de aspecto. No fueron 
pocas las veces que ocurrió de ser sorprendida una reunión 
por la policía, en los sótanos de un café o en un domicilio parti- 
cular y detener a los reunidos, siendo éstos llevados a la cárcel 
y a continuación, procesados por reunión clandestina. 

Se puede afirmar que la totalidad de los componentes de 
los grujios anarquistas, eran m.íhlantes más o menos ..activos . 
de la C.N.T. Había una sincronización en la actuación que 
permitía el desdoblamiento de las actividades de la militancia 
anarquista y confederal. Eso se explica fácilmente, si se tiene 
en cuenta que los sindicatos, la mayor parte del ano, y a veces 
varios años consecutivos, permanecían clausurados por orden 



EL .SINOrCALíSMO Y LA POLÍTICA 



G9 



'L'' ir . / iva. Gontrariamerile, no todos los militantes de la 
..■ ,', ; '.?;.l:Gnecían a los grupos anarquistas. IjOS grupos anar- 
'.,::;''■ estaban por regia general compuestos por hombres ma- 
■lluros, cuya energía y dinamismo no tenía nada que envidiar a 
ia de la juventud. No obstante, eso no era una regla, era una 
excepción. 

Por ser en una proporción casi generalizada anarquistas, 
los militantes de la C.N.T., no había interferencia de unos a 
otros, en la actuación dentro de ios sindicatos, cuando éstos 
actuaban legalmente. Cuando la actuación era clandestina, la 
cosa era normal, es decir que los componentes de los grupos, 
más que de la cosa específica de su ideología peculiar, estaban 
absorbidos por la constante preocupación de la" ■ marcha de los 
acontecimientos sindicales del trabajo, y sobre todo de la cues- 
tión candente de esos períodos casi ininterrumpidos, los presos. 
Los presos, siempre los -presos. , ' 

Los detenidos constituían la plaga permanente de la orga- 
nización sindical. El capitalismo ; la reacción niancom.unada, 
mantenía en la ignorancia más rudimentaria a las clases 
menesterosas, privándolas de la posibilidad de enviar a sus 
hijos a la escuela, las cuales apenas existían en el país. Las 
universidades permanecían cerradas con siete llaves al acceso 
de los hijos de los trabajadores. En recompensa, construía cár- 
celes, presidios, donde amontonar a los delincuentes ¿de delito 
común ? No, de «delito político», a la par que fusilaba sus 
maestros. 

Hay un refrán español que dice: «a falta de pan buenas son 
las tortas». Y los obreros que no pudieron frecuentar las escuelas 
y mucho menos las universidades, frecuentaron conducidos por 
la f-uerza bruta del capitalismo, las., cárceles, los presidios de 
España, donde con el tiempo, aprendieron lo cpie jamás pudie- 
ron aprender en la calle. Magnífico contraste. 

Los españoles se indignaron cuando Dumas dijo, que 
África empezaba en los Pirineos. Nosotros no aprobamos 
esa desconsiderada apreciación, hacia el pueblo español., es 



90 



RICARDO SAN2 



mas la c-r^í ■ ,,v;,,t ^on la protesta más solemne y vigorosa de 
nuestr:: í-; . - .? españoles conscientes. 

^^ pn ..:.,. ■ rianol en su conjunto, no fué jamás respon- 
sable de la ü iridación nefasta de un conglomerado de fariseos 
que en nombre de Dios, de la ley burguesa, del orden desor- 
denado del capitalismo, o de Jas buenas costumbres sumió a 
España en un lodazal vergonzoso en una especie de tribu de 
cafres. 

En España no fueron jamás las clases trabajadoras, las 
llamadas revolucionarias, las primeras en atacar. Fueron siem- 
pre las llamadas a defenderse, frente a la provocación de los 
de arriba. Si se recurre a las páginas de la historia de todas las 
convulsiones, de todas las desgracias, de todos los desastres 
ocurridos en España, encontramos el origen, en la provocación de 
los -poderosos. Los de abajo no tuvieron jamás fuerzas para 
prestarse al ataque, fueron siempre demasiado débiles, y hasta 
demasiado ingenuos. 

Fué esa una escuela, una táctica, que a fuerza de sufri- 
mientos de reveses y de constantes caídas, llegaron a aprender 
los revolucionarios de abajo, preparándose para dar el golpe 
final a la santa alianza. No fué posible, no se les dio tiempo. 
No existían aun los más imprescindibles medios, para dar el 
asalto definitivo, con posibilidades de éxito, a la fortaleza capi- 
talista. Los ensayos hechos, la especie de gimnasia revolucio- 
naria hecha, buscando el punto vulnerable del enemigo, ade- 
más de no encontrar el verdadero objetivo, debilitó demasiado 
las fuerzas de choque, las cuales se encontraban casi siempre a 
merced del alcance enemigo. 

Una vez más repetimos que no tratamos de señalar errores 
._^i_<ie.Jjiiscar defectos. No _cs eso lo qjue nosotros buscamos. 
Nos interesa ante todo, sacar una o las conclusiones que sean, 
asumiendo nuestra parte adecuada de responsabilidad, comj 
actores. Quede para los pusilánimes, para ios dediles, para los 
vencidos sin entablar combate, la tarea de la queja, del gemido 
pordiosero. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



91 



Nosotros no arriaremos bandera jamás, cciv'- n'- »'■ hicie- 
ron los que ya no cuentan desgraciadamente rT;Vv ■ r^^ -^ .'^ .:. i-vn 
eso reside nuestra fuerza de convicción. 

Contrariamente a lo que se podría supones., y lo que 
incluso se ha dicho, sin gran convicción, los grupos anarquistas 
no se opusieron ni obligaron a la organización confederal a 
seguir caminos y derroteros en contra de la voluntad de sus 
componentes. El respeto más absoluto fué observado colectiva- 
mente por los grupos, a los acuerdos de la organización. 

Fue así y no podía ser de otra manera. Los acuerdos de 
la organización se tomaban en las asambleas generales por 
mayoría de votos. El hecho de llevar el carnet confederal en 
el bolsillo daba derecho a todo afiliado, a pedir la palabra en 
las asambleas y exponer su punto de vista en la discusión de 
los temas. Siendo así, a nadie, cuando pedía la palabra, se le 
preguntaba como pensaba en el terreno ideológico. Todo el 
mundo hablaba y discutía sin la menor coacción. Cuando se 
agotaba el tema, si no había coincidencia más o menos general, 
en un punto determinado, eran los reunidos, los que en última 
instancia zanjaban la diferencia con su voto. 

Siendo la mayoría de los reunidos, con entera libertad, 
sin coacciones y por voluntad espontánea, la que tomaba los 
acuerdos, si esos acuerdos eran nonnalmente escrupuíosa- 
mente respetados por todos, no se puede decir que los grupos 
impusieran su voluntad a la marcha de la organización sindi- 
cal que en todo momento actuó al margen de la organización 
específica. 

Aparte de la cuestión sindical, como se verá más lejos, los 
grupos anarquistas tenían por misión otras .actividades <nie_ 
no competían eu nada a los sindicatos. En principio el naovi- 
miento anarquista consideraba que los jóvenes próximos a ser 
llamados al servicio militar, no debían incorporarse a filas. 
debían permanecer ausentes de los cuarteles, en estado de 
prófugos. 



92 



RICARDO SANZ 



Esa táctica tenía dos fallos : a saber, el primero i-X n'*- 
tener contacto con los soldados, que en un momento üeí^ri^i;- 
nado podían servir maravillosamente a una sublevación niíL- 
tar en el sentido revolucionario, y segundo a que el prófugo 
estaba constantemente amenazado de ser descubierto y una 
■vez detenido y llevado por la fuerza al cuartel, o a un batallón 
disciplinario, su acción y actuación posterior posible, quedaba 
anulada. Se convino ante ese dilema dejar una amplia liber- 
tad a los presuntos reclutas para que ellos decidieran si debían 
presentarse, o no hacer el servicio militar. En caso afirmativo, 
se recomendaba a la juventud militarizada que estableciera 
contacto con la organización específica donde fueran destina- 
dos, y si esta no existía, con la organización sindical. 

Es posible que como se ha dicho posteriormente en el 
extranjero el anarquismo español no fuera un anarquismo 
integral, de pura solera filosófica anarquista. Los anarquistas 
españoles, ya desde los albores de las luchas sociales en España, 
lo admitieron así implícitamente al denominarse a sí mismos 
anarcosindicalistas. A este respecto se podrían hacer muchas 
consideraciones de carácter diverso, para llegar a la conclusión, 
si ese desviacionismo anarquista de España fué práctico y 
saludable o pernicioso para las propias ideas anarquistas. Es 
por eso por lo que decíamos más arriba que en España no 
hubo anarquismo «pequeño burgués», en primer lugar, porque 
la casi totalidad de los anarquistas eran trabajadores y por 
tanto explotados y a más de eso eran militantes y revolucio- 
narios. A nuestro parecer, es más fácil, más cómodo, vivir 
encerrado en la torre de marfil de la filosofía anarquista 
vendiendo zapatos, comerciando con una parroquia .más o 
menos reducida, dando conferencias de carácter . ideológico y. 
sentimental a tanto la pieza, o explotando a los que escriben 
por afición y a los que leen por sentimiento, desde una editorial, 
que no levantarse todas las mañanas para ir a trabajar, que 
renegar de la explotación capitalista, que defender a los débiles 
compañeros de trabajo, que de ser despedidos seleccionados de 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



93 



los centros de explotación por actos de sabotaje y por último 
de ser una y otra ve?, encerrados en la cárcelpor comhatir- no 
teóricamente, sino prácticamente el sistema capitalista, la 
corrupción, el latrocinio y cuantas lacras mantiene la sociedad 

burguesa. 

Los primeros son indudablemente los «anarquistas peque- 
ños burgueses)^ los segundos son los anarcosindicalistas revolu- 
cionarios. Entre ambos, la elección no puede ser dudosa. Noso- 
tros dejamos al lector amigo para que, a conciencia, impar- 
cialmente, haga la selección y escoja de entre ambos al que 
considere el mejor. 




CAPITULO V 



El gobierno Sánchez Guerra procedió a ia normalización 
de la C.N.T. Se abrieron los locales de los sindicatos y una vez ■ 
más éstos, se vieron invadidos por los trabajadores. 

Para nada había servido ía cruenta represión de los servi- 
dores del capitalismo, que no fuera para destruir centenares 
de kogares, por la muerte violenta de sus deudos, tanto de 
una clase como de la otra, tanto de un bando como del 
otro. La Confederación comenzó de nuevo su reorganización. 
Muchos de los militantes que durante la represión, por dife- 
rentes motivos habían permanecidos inactivos, volvieron de 
nuevo a la brecha al llegar la normalidad. Los centenares 
de presos gubernativos, algunos de ellos llevaban varios 
años encarcelados, sin proceso alguno, recobraron su libertad 
y se reintegraron a sus sitios de trabajo y por tanto a la tarea 
de reorganización. Lina verdadera resurrección se operó en 
toda España en los medios sindicales confederales. 

Solidaridad Obrera, diario, órgano de la regional catalana, 
volvió a reaparecer, en Barcelona, y tanto en Cataluña como 
en el resto de España, el diario confederal era leído con ver- 
dadera avidez, por parte de la clase trabajadora. Más de una 
docena de semanarios, de los sindicatos de las distintas regio- 
nes de Sspaña, volvieron a su publicación. 

Fué sin duda la Confederación Nacional del Trabajo de Es- 
paña la organización sindical" -del mundo que tuvo" uñ "servicio 
de prensa más prolijo. Igual ocurría con el servicio de libre- 
ría, de revistas, folletos y demás medios de propaganda. 

Los grupos anarquistas tenían -'también su órgano semanal. 
«Tierra y Libertad». El esfuerzo de cultura y de propaganda 
era en España algo que se salía de la regla, en sentido general. 



ííí^fe 



96 



y se comprende que fuera así. Un pueblo inculto, con un 
porcentaje del 75 % de analfabetos, tenía que ser nutrido de, 
todos los medios de cultura, de propaganda, tanto por media- 
ción de las letras, como por el grabado y er dibujo, para des- 
pertar el interés, la preocupación de los que por no saber 
leer y escribir se encontraban en un terreno de inferioridad, 
con respecto a los demás ciudadanos; inclinándolos así al deseo' 
a la necesidad de aprender. 

Los pistoleros de la Federación Patronal, emboscados en ios 
llamados sindicatos libres, comprendieron que no íes sería po- 
sible continuar por más tiempo viviendo sin el amparo de los 
patronos y sobre todo de las autoridades policíacas e iniciaron 
la desbandada. Los que aún no eran conocidos, lograron pasar 
más o menos . desapercibidos sin salir . incluso de Barcelona. 
Los que se habían dado a conocer en los sitios de trabajo o 
no importa donde, se vieron obligados a esconderse. Desalo- 
.laron voluntariamente el local de . Puerta Ferrisa. no apare- 
ciendo mas por allí, y el cafó Lion d'Or, sitio de reunión de 
otros tiempos, también fué evacuado por ellos, pues no i^^no- 
raban que los grupos de la C.N.T. les iban a la zaga ''con 
malas intenciones. 

Los mismos patronos que en otras ocasiones les habían uti- 
lizado con razón o sin ella, se los sacaban de los sitios de tra- 
bajo, para evitar complicaciones. La policía no solamente 
uo tes protegía, sino que a ^^eces de manera velada o conñ- 
dencialmente, indicaba a los militantes de la C.N.T. donde 
podían dar con algunos de ellos. 

Todo eso fué sin embargo circunstancial. Anido y Arle^ui 
.^^V..^°"^^ ^^VP^^s*:*^^s. .co^^P^pmeti^as con Graupera en ° ja 
patronal, habían montado un aparato a la par que costoso 
complicado, cuyas raices y reminiscencias tenían que ser muy 
difícil de extirpar en un plazo breve. Por eso a pesar de lá 
relativa calma que en sentido general se observaba, de manera 
mas o menos esporádica y circunstancial, aún se cometían 



í:l .sindicalismo y la política 



97 



atentados u .-> djba caza a algún que otro pistolero o confi- 
dente ci-ni': '■:' ílí'^^^p'acia. 

Al i^x^:^': . -'.- los Sindicatos, ios Grupos Anarquistas que 
habían ne,^aa./el peso de la brutal represión, se orientaron 
de cara a una reorganización que les permitiera recobrarse 
así mismos, ante posibles eventualidades, ya que en realidad 
la normalidad, por regia general, fué en España, siempre lo 

anormal. 

Un número muy considerable de jóvenes anarquistas de 
toda España afluían a Cataluña, «tierra de promisión» como 
dijo Francisco Ferrer en el momento de ser fusilado en el 
castillo de Montjuich. Estos se agrupaban a medida que sus 
relaciones y amistades se lo permitían. Cada grupo adoptaba 
su nombre, y por regla general, no había límite en el número 
de sus adheridos. 

Entre los grupos de reciente formación, a fines de 1922, 
se formó uno, denominado «Los Solidarios)^. Este grupo estai->a 
integrado por los compañeros siguientes: Francisco Áscaso, 
Buenaventura Durruti, Juan García Oliver, Aurelio Fernández, 
Rafael Torres Escartín, Ricardo Sanz, Gregorio Suberviela, Al- 
fonso Miguel, Miguel García Vivancos, Manuel Campos, Kuse- 
bio Brau, y el 'cToto)> de León. 

Los grupos anarquistas, siempre actuaron en la clandes- 
tinidad. A principios de 1923, tuvieron una reunión para for- 
malizar dicha organización en el piano regional en Cataluña, 
V acordaron constituir su primer comité regional de relaciones 
anarquistas de Cataluña. 

Formaron parte de dicho comité regional los compañeros 
siíTuieníes : Aurelio Fernández, Ricardo Sanz, Antonio Perra, 
Picos y Sebastián Clara. . . [ 

La misión de este comité regional, como lo indica ei 
nombre, era la de relacionar entre sí todo el movimiento anar- 
quista de Cataluña, tanto de grupos, como de individualidades. 
Por regla general, los grupos estaban compuestos por la ju- 
ventud. Era raro ver en un grupo un hombre mayor de 30 años. 



98 



RICARDO SANZ 



Todos frisaban entre Tí; y 25 años. Esa juventud tenía ya una 
experiencia bi-:íij ^-v:r. Jr de las luchas sociales, pues en su 
totalidad había:, v^:.■^ Jargos períodos de clandestinidad y 
de persecuciones r. lr,'..< de todo el país y, los más, habían pasa- 
do frecuentemente por las cárceles y presidios. 

Casi todos ellos poseían una cultura bien formada pues 
su ansia de saber, de aprender, era para ellos una obses'ión. 
Apartados del vicio, de la corrupción, frecuentaban las biblio- 
tecas, Jos museos, se interesaban por la música, la pintura... 

En la cárcel, en la persecución, escondidos, no importa 
donde, leían, estudiaban se capacitaban de cara al mañana. 

Los teóricos del anarquism^o internacional, traducidos 
al español por las Editoriales Prometeo Muci, Sopeña. Cénit así 
como los clásicos griegos, desde Homero, Aristóteles Pitá- 
goras. Diogenes, fueron dados a conocer al pueblo español 
Desgraciadamente un número muy reducido de los hijos del 
trabajo pudieron llegar a conocer todo ese manantial del saber 
humano, pues la inmensa mayoría de los obreros no sabían 
leer ni escribir. 

Sin disciplina impuesta, los grupos anarouistas con am- 
plia libertad de acción, tomaban sus acuerdos, acuerdo^ qup 
cumplimentaban en todo lo posible, haciendo honor a los compro- 
misos adcpiiridos. 

El Sindicato era su centro de expansión. Allí encontraban 
su ambiente, una multitud de descontentos, de protestarlos de 
explotados, víctimas deí capitalismo inhumano. El día que 
aquella masa de maniobra se diera cuenta de su propia fuerza 
üe ^su propia razón de ser, todo quedaría liquidado. Se levan- 
tarían todos como un solo hombre, y la revolución social .ería 
un hecho triunfante. Así pensaba aquella juventud impetuosa 

El mundo entero después de la guerra europea, permanecía " 
en estado de ebullición. Rusia, el país más vasto de Europa 
continuaba rumbo hacia adelante, frente al capitalismo mun- 
dial que buscaba por todos los medios extrangular su revolución 
triunfante. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



99 



A pesar de que los anarquistas españoles sabían ^ quf- 
Revolución rusa, por las circunstancias que fueran habíar ^ 
viado su curso, siendo el partido Bolchevique quien r,e 3-^ '^ 
apoderado momentáneamente de ella, implantando la Ur..-.:.. 
dictadura del proletariado, contra el propio proletariado i. y^^ 
de que la C.N.T. en 1922 había acordado separarse de la iü 
Internacional- Sindical Roja, a causa de conocer ya lo que poii- 
ticamente ocurría en Rusia, contra los no conformistas con el 
partido Bolchevique, que eran eliminados sin contemplaciones 
sin tener en cuenta que fueran revolucionarios. A pesar del 
confusionismo reinante en aquellos momentos, y apreciar la 
cosa rusa, la juventud anarquista ardía en deseos para que el 
triunfo definitivo de la revolución rusa fuera un hecho. 

Aparte de las consideraciones de carácter doctrinal las 
juventudes anarquistas, españolas, no podían vivir ausentes de 
una enorme realidad, que ios hechos descubría a su vista. 

El capitalismo mundial, coaUgado, estaba dispuesto a 
ahogar la revolución rusa, ante todo y por encima de todo. 
T^odos los procedimientos fueron puestos en práctica, desde 
la asfixia por el bloqueo, al ataque armado directo, sm contem- 

placiones. 

Una serie de generales mercenarios entre los que figura- 
ban Daniauine, Calchak, Üdonik, ^'rangel, y otros, se prestaron 
a realzar s^i repugnante empresa. Todos al unísono convergieron 
sobre sus fronteras y sus posiciones, con el ánimo de asfixiar la 
más grande revolución de la Historia. 

Ese hecho contaba mucho, para los anarquistas españoles 
que sabían luchar y sabían que en el fragor de la lucha, muchas 
veces se cometen errores y hasta injusticias. Por eso, sm aprobar 
en todo lo que estaba ocurriendo en el interior de Rusia, rela- 
cionado con su revolución, lamentaban en el alma que mucnos 
revolucionarios fueran devorados por la propia revolución, entre 
los que figuraban muchos anarquistas. 

Después de constatar tdÜo lo que queda reseñado, las ju- 
ventudes anarquistas españolas, pensaban que la revolución 



ÍOO 



RICARDO SANZ 



e*j,íañoííi ([uc llegaba a paso de gigante, debía ser más justa, más 
comprcnsibie v u^ás íitunana en lo posible para bien de la hurn'^ 
nitlod. 

I^s sindicatos por su parte no perdían el tiempo. Durante 
h% represión y clausura de los mismos, la patronal babía apro- 
v'cchaLÍo la ocasión para dejar incumplidas, muchas de las 
clíiusulas del reglamento de trabajo. Los salarios se encontraban 
cu considerable retraso. El trabajo a destajo fué terminante- 
mente abolido, las horas extraordinarias suprimidas y los despe- 
didos, de nuevo readmitidos en sus puestos anteriores de tra- 
bajo después de ser indemnizados por los patronos. 

Era cosa clásica en los sindicatos de la C.N.T. de no exis- 
tir los cargos retribuidos en ningima escala. El presidente o el 
secretario de no importaba que sindicato, por ejemplo, el más 
importante en número de afiliados "en el Fabril y Textil de 
Barcelona, todos los días, de la semana se encontraba al pie 
de su máquina desde que sonaba la sirena de entrada basta el 
toque de salida. El ejemplo estaba por encima de todo. Por 
regla general, los cargos de máxima responsabilidad de la 
junta administrativa de los sindicatos, como era el de pre- 
sidente, secretario y tesorero, recaían siempre en los compañe- 
ros más serios y responsables. La asamblea general del sindicato 
que era la que los nombraba, tenía siempre en cuenta de escoger 
a hombres maduros y experimentados. En ello no babía com- 
petencia y pocas veces hubo equívocos, pues en la fábrica o 
sitio de trabajo, se conocían iodos, y a más de eso, no bahía 
ambiciones personales, pues el cargo no representaba par el 
titular otra cosa, que una enorme responsabilidad. 

Como los acuerdos y decisiones a seguir se tomaban en las 
asambleas generales, a veces éstas eran muy agitadas. Sobre 
todo cxiando se trataba de tomar decisiones de gíave responsa- 
bilidad. La juventud, toda la juventud, por regla general se 
inclinaba por las resoluciones extremas del todo o nada. Afortu- 
nadamente, luego, era por mayoría de votos que se tomaban 
los acuerdos y ios reunidos en general los que no hablaban. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



101 



con su ^'oto decantaban la balanza en el medio más justo y 

vü/.on&hlc. 

En esas condiciones las cosas, no era igual como es muy 
natural militar en un grupo, que tener un cargo importante, 
en lina junta de sindicato. 

Lo 'uno era incompatible con lo otro. Por eso, al ser^ nom- 
brados los cargos de los sindicatos, sobre todo de las juntas 
generales; y comités, siempre se escogía y se designaban ios 
compañeros de edad madura y de probada honradez. Como ya 
digimos más arriba:, en las actividades del sindicato había para 
todos. Los jóvenes de ambos sexos podían acoplarse y actuar en 
las comisiones de cultura, cuadros artísticos, . y comisiones de 

giras campestres. 

El Comité Nacional de la C.N.T. era requerido por varias 
regionales para que, a ser posible, los militantes que habían 
marcliado a Catalufia volvieran de nuevo a sus puntos de 9ngen, 
pues tenían necesidad de ellos para proceder a la reorganización 

de los sindicatos. 

Se intentó algo en ese sentido, pero no se consiguió apenas 
nada. Hubo solo algunos militantes de la regional catalana que 
de manera circunstancial se comprometieron a hacer giras de 
propaganda en las regiones más necesitadas de ello, pero de _ 
manera circunstancial y en espera de ver el resultado de ciertos 
manejos de carácter militar que presagiaban algo poco tranqui- 
lizador. 11' 

Se hablaba en aquellos momentos, a mediados del ano 
1923 que se iba a nombrar o se había nombrado ya, una conai- 
sión de investigación para ^aclarar)) las responsabilidades mili- 
tares derivadas del llamado «Desastre de Amiab>, donde mas de 
20.000 soldados, con sus respectivos estados _ mayores entre 
ellos varios generales, habían sido hechos prisioneros o masa- 
crados. Se denominó esta comisión con e] nombre de «Expe- 
diente Picaso». 

Un vez más los militares al orden del día. En España se 
puede hundir el firm.amento y cojer debajo no importa a quien, 



lo; 



RICARDO SANZ 



>._ ;'Li=.de masacrar, robar, deshonrar, prevaricar, todo está per- 
:-'i'-':-\ í.odo menos sacarle la guerrera a un militar para ver 
, v;c lo que lleva debajo. La casta militarista en España es 
.Liiv!j.lnerable. Todos deben estar sometidos ante la espada. El 
sable permanece siempre en alio, dispuesto a caer, a caer sobre 
las cabezas de los ciudadanos españoles. Jamás fué de otra ma- 
nera. Pobre España. 

El desastre de Anual, la palabra estaba bien aplicada pero 
hubiera sido más justa, más completa la expresión si se hubiera 
dicho; «los desastres de Marruecos», Porque no fué un desas- 
tre, fueron una cadena interminable de «desastres», lo que la 
casta militar española cosechó en Marruecos, 

Y claro está, cuando alguien en España se atrevió a levan- 
tar la vista, para mirar cara a cara, a los comerciantes de la 
cuartelada, la sublevación, la rebelión de los entorchados ya 
asomaban ías dos orejas. 

En España no hubo jamas un poder civil con la debida 
autoridad, como tal, para hacer frente a la ((sublevación per- 
manente». Ello se explica perfectamente por cuanto todos ios 
gobiernos, en todas las épocas, fueron más que conservadores 
reaccionarios, prefiriendo vivir de prestado o de rodillas, ante 
la constante amenaza de la casta militarista, que no vivir respal- 
dados en la fuerza cívica del pueblo, única capaz de enfrentarse 
con eí enemigo n" 1 del pueblo español, y derrotarlo de una 
vez para siempre. 

Por eso el proletariado español, desde bacía mucho tiempo. 
vivía divorciado completamente de la política, declarándose 
mayor de etiad, confiando sus intereses en sí mismo dentro de 
sus sindicatos, preparando para un próximo futuro el levanta- 
miento dejos desheredados, contra .todos los._privilegiados.- 

Se ^■iviü en ]a época a que nos referimos en una normali- 
dad de prestado. Nadie creía que la legalidad gubernamental, 
podía prolongarse largo tiempo. La conspiración hacía su cami- 
no y todos los residuos, todos los despojos del ayer se prepara- 
ban afanosos para el mañana inmediato. 



EL SINDICALISMO Y LA rOLíTíCA 



103 



En privado, clandestinameníc, 1 \ fiebres militantes de 
la C.N.T,, y del anarquismo, se iu*:-rrot;. .■.u; sobre lo que se 
podía hacer para parar el golpe «iv: ; ^.k. a ser descargado. 
Si los militares se sublevaban contra el poder civil, se daba 
por descontado que su triunfo, sería un hecho ya que no 
encontrarían ninguna resistencia, ni oposición por parte de 
los gobernantes. Por tanto, la única víctima a enumerar sería 
una vez más, la clase trabajadora. Hay un refrán que dice. 
que «los lobos no se muerden entre sí». 

En Marruecos, Áb-el-Krim, con una partida de rífenos 
había logrado derrotar en diferentes ocasiones a los arrogantes 
hijos de papá, terminando una de sus operaciones de la caza al 
invasor, con el conocido copo, denominado (cel Desastre de 
Anual» de que hacemos referencia. Más de 20.000 españoles 
encontraron la muerte y muchos otros fueron hechos prisioneros, 
entre los que se encontraba el general Navarro que 'mandaba 
las fuerzas, y todo su estado mayor. El gobierno español de 
aquella época, tuvo que pagar una fuerte suma de dinero para 
rescatar a los prisioneros. Así quedó de momento arreglada la 
situación. 

Más tarde, la cosa del «Desastre de Anuab) por tratarse 
de algo muy raro, repercutió en el Parlamento y se nombró una 
comisión investigadora para aclarar los hechos. Fué la llamada 
a Comisión Picase». 

Con referencia a la cuaiitía del dinero que el gobierno 
español tuvo que dar al cabecilla rebelde Ab-el-Krim, hubo al- 
guien que en broma o en serio dijo que «en Marruecos se 
pagaba muy cara la carne de gallina». Esa carne de gallina fué 
la que a través_de todas las épocas se creyó con el derecho de 
dominar y masacrar al sufrido e indefenso pueblo español. 

El grupo los Solidarios, aunque de reciente formación, 
era un grupo más de los ya existentes en Barcelona. Todos sus 
componentes eran jóvenes, no había ninguno de ellos que lle- 
gara a los 25 años. A más de eso el grupo era heterogéneo, es 



104 



RICARDO SANZ 



deíúr: que sus componentes pertenecían a diferenii'^s rt;;/i/'íies de 
España. 

Con el tiempo, el grupo los Solidarios, por stí. din^^inisnio 
y su actividad, logró crear a su alrededor una verdadera ola de 
simpatía. Sus colaboradores espontáneos en principio, se sentían 
cada vez más ligados moralmente al grupo, )- hubo muchos de 
ellos, los que podríamos llamar colaboradores directos, que por 
ambas partes se consideraban de derecho sino de hecho, como 
componentes del m.isnio. 

Todos los componentes del grupo eran trabajadores y por 
tanto, como tales, vivían de un jornal diario. El grupo no 
tenía ningún ingreso en ningún sentido, por no tener tampoco 
ningún gasto, este era cubierto con arreglo a las posibilidades 
de cada uno de sus componentes. El tu70 j el mío, apenas exis- 
tía en el seno del grupo, sobre todo cuando se trataba de acti- 
vidades relacionadas en el plan colectivo. Individualmente, cada 
inienibro del grupo era libre de hacer lo que creyera por conve- 
liienLe, bien entendido siempre que su actuación no estuviera 
en contradicción con la pureza de las ideas, 

A. continuación damos la relación y la filiación de cada 
componente de los Solidarios, así como de sus colaboradores 
directos para dar una idea de la composición y alcance del 
mismo. 

Francisco Ascaso, camarero; Buenaventura Durruti, me- 
cánico ajustador; Juan García Oliver, camarero; Manuel Torres 
Escaríín, pastelero; Aurelio Fernández, mecánico; Ricardo Sanz, 
fabril y textil; Alfonso Miguel, ebanista; Gregorio Soberbíela, 
mecánico; Eusebio Brau, fundidor; Manuel Campos, carpinte- 
ro: Miguel García Vivancos, chofer; Antonio del Toto, jorna- 
lero. - - - - - 

María Luisa Tejedor, modista; Julia López Mainar, coci- 
nera, Pepita Not, cocinera; Ramona Berni, tejedora. 

Colaboradores directos: Jaime Palau, Adolfo Ballano Bue- 
no, María Rius, Hilario Esteban, Antonio Boada, Pablo Martín, 
Joaquín Blanco, Antonio Pérez (Valencia), Antonio Badlle, 
Paulino Sosa, Antonio Martín, C. Flores, Mas, Enrique; deja- 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



IOS 



mos de consignar otros raiuchos nombres de colaboradores direc- 
tos, para evitar complicaciones siempre perniciosas. 

Antes de ser refundidos en los Solidarios, algunos de sus 
componentes que residían desde hacía mucho tiempo en Bar- 
celona, tenían el deliberado por no decir el ciego propósito de 
dar con el paradero de Martínez Anido. 

No cabía la menor duda, que Anido, consciente del mal 
que había causado, una vez desposeído del mando y de la 
protección personal creada por sí mismo, la situación resultaba 
para él muy peligrosa y cualquier imprudencia por su parte le 
podía ser fatal. Por eso, desapareció de la escena pública, en 
espera de reaparecer, si las circunstancias ló aconsejaban así. 

El grupo en su totalidad, consideraba que era una cuestión 
de amor propio, encontrar donde fuera a Martínez Anido, para 
ajustarle las cuentas. Por mucho que en ese sentido ^ae hizo, 
todo fué inútil de momento. No parecía sino que la tierra se 
había tragado al monstruo. 

En ese trabajo de investigación^ se terció que por media- 
ción de una fuente de información que no es ahora el momento 
de señalar publicamente, el grupo se enteró de que uno de los 
principales colaboradores de Anido en los asesinatos de Bar- 
celona, llamado Ramón Laguía, se escondía en la ciudad de 
Manresa. 

Hechas las oportunas averigiiaciones y en colaboración 
con los com,pañeros del grupo de Manresa, se acordó que dos 
compañeros del grupo se desplazarían a dicha ciudad a «visi- 
tar» al que fué el principal jefe de pistoleros del sindicato libre. 

Todos los componentes de los Solidarios, se prestaron es- 
pontáneamente voluntarios, para- hacer- -di eha—eoraisión,- -pera, 
como nada más debían ir dos, después de argumientar unes 
y otros, el deseo y la necesidad de ir a Mamresa, se convino 
fueran Francisco Ascaso y- García Oliver. 

El día y a la hora convenida entre los que directa ó indi- 
rectamente debían intervenir en el hecho, se encontraban estos 
en su sitio. 



106 



RICARDO SANZ 



El. STKlilCALÍSMO Y LA POLÍTICA 



197 



Ramón Laguía y algunos otros de su banda, frecuentaban 
un café, donde los compañeros Ascaso y García Oliver fueron a 

encontrarlos. 

De la refriega, Laguía, que se había dejado por muerto, 
desgraciadamente, no fué así, resultando solamente gravemente 
herido, así como muchos otros de sus compañeros. 

A través del tiempo, posteriormente como es natural, hubo 
quien pretendía ver en el grupo los Solidarios una especie 
de jerarquía, que no existió jamás. No existió porque el am- 
biente que envolvía a los componentes del mismo, no se prestó 
jamás a ello. Para que sirva de aclaración diremos, por una 
sola vez que los Solidarios era un grupo de individualidades. 
Con esto estaría dicho todo pero por si acaso eso no fuera lo 
suficiente añadiremos, que en el seno del grupo, ni García 
Oliver, ni Ascaso, ni Durruti, no fueron ni más ni menos que 
no importa que otro componente del grupo. Y no era por esa 
máxima más o menos problemática, de que todos somos iguales, 
no. Era por respeto, por convicción, por ética. 

Después del tiempo, los hechos, y la convivencia diaria, 
liabía demostrado cuales eran las aptitudes de cada uno, y 
también el sitio que cada uno debía ocupar. El respeto mutuo 
del uno al otro, fué siempre la acrisolada línea de conducta de 
todos y eso fué sin duda el motivo principal de que jamás ocu- 
rriera nada grave entre los componentes del grupo los Soli- 
darios. 

Y naturalmente, como no eramos perfectos, hubo a veces 
problemas interiores de más o menos importancia cosa que se 
solucionó sin mayores consecuencias, que las familiares. Lo que 
no hubo jamás en los Solidarios, fué ni cobardes ni traidores. 

- En -esa preoeupacií»n constante -de los Solidarios, de^odex - 
un día dar con el paradero de Martínez Anido. Por fin nuestra 
fuente de información que era segura dio en el clavo. Supimos 
con todo detalle el paradero del verdugo. 

Se encontraba en San Sebastián. Habitaba en Ondarreta, 
cerca de la cárcel e iba acompañado de dos policías de la secreta 
cuando salía de su casa. 



p.\ 



Todos los días- ^vi^ar-'n no por ía mañana, por la tarde, 
salía de paseo, sí^ir-.pr" íicompañado de los agentes. Su itine- 
rario era, después u'. r';~LVCsar el pequeño túnel que separa On- 
darreta de San Sebastián, bordeando la carretera que sigue ^ el 
trazado de la playa de la Concha, se dirigía al centro de la ciu- 
dad. 

El día que se tuvo esta información en el grupo, fue un 
verdadero acontecimiento. Reunido en pleno, se acordó que 
tres compañeros del mismo debían desplazarse inmediatamente 
a San Sebastián, pues se sabía que a menudo Anido cambiaba de 
domicilio . 

Un vez más se planteó el problema. .En el momento de 
designar los tres compañeros, que debían marchar a San Sebas- 
tián, no había manera de ponerse de acuerdo. El principio de 
voluntarios quedó descartado porque lo eran todos, cada uno 
argumentaba por qué. 

Entonces se convino que dado el caso de que muchos 
componentes del grupo, al hablar en castellano se les couocia 
el acento catalán, éstos automáticamente quedaban descartados. 

Por fin, con muchas dificultades, y varios contrariados, 
se convino, fueran a San Sebastián "en misión especial ios 
compañeros Rafael Torres Escartín, Francisco Ascaso y Aurelio 
Fernández. 

No se creyó oportuno avisar a los compañeros de los grupos 
de San Sebastián, por miedo a "levantar la liebre . 

El grupo disponía de dos pistolas ametralladoras M.auser, 
en culatín y varias bombas, por si acaso. Nosotros a las pistolas, 
las denominábamos "los violines" a causa de que se podían 
colocar en un estuche, prefabricado como el de uu violm. 
Dos días después,- los tres compañeros indicados se encon- 
traban en San Sebastián. La organización, o sea, sus militantes 
de allí no sabían absolutamente nada de lo que se tramaba. 
Esa era la consigna del grupo., pues del secreto mas riguroso, 
dependía el éxito del hecho en sí. 

Antes que nada, había que explorar el terreno con arreglo 
a los informes que se tenían. Después de comer, los tres ' toras- 



108 



RICARDO SANZ 



Leros-\ fueron a tomar caf6, ...r.< ^U. <.Buezar los trabaTos de 
exploración. 

.Mientras se encontraban trariquilamente tomando café, 
alguien que pasaba por la calle, a través de los vidrios; sin abrir 
la puerta, miró al interior. ¿Fué una coincidencia? Es posible, 
pero ese hecho llamó la atención de nuestros compañeros' 
l^orres Escartín de manera un poco brusca se levantó de la 
silla y salió a la calle. El que conocía ai verdugo por haberlo 
^'[sío infinidad de veces en fotografía, cual no sería su sor^ 
presa ai^ encontrarse de cara al propio Martínez Anido, pues 
iba detrás de los dos policías secretas, que eran los que habían 
mirado al interior a través de la puerta cerrada. 

En realidad, este hecho inesperado, jamás soííado por los 
rocíen llegados fué un verdadero trueno..., sobre todo para 
ií^scartm. El primer impulso del aludido compañero fué tirar 
mano a su cintura que era donde llevaba habitualmente su 
pistola, pero no pudo terminar el gesto, pues como medida de 
precaución, los tres habían dejado las armas con las pequeña^ 
maletas que llevaban, en donde se hospedaban. 

Es posible y más que posible casi seguro, que Anido no 
conocía a Torres Escartín, pero ei caso fué que nuestros com- 
pañeros, por mucho que buscaron y rebuscaron, no pudieron 
ya dar con el monstruo. 

En realidad Martínez Anido y sus anompañantes, haMan 
^aparecido de San Sebastián. Dos días después, por nna ver- 
dadera coxncKleneia, los Solidarios, se enteraron\p.e Anido 
había marcljado a La Corufia. 

Aquel mismo día sin esperar más, y sin confiar a nadie 
su m.,,on en San Sebastián ,. los tres Solidarios salieron eon sus 
malelitas para La Coruña. 

Al llegar a La Coruña, como medida de precaución. Torre» 
^scarlm se separo de los otros dos compaüeros para a.sí yode; 
do c,,,nun acuerdo trabajar conjuntamente pero separados, ya 
íue AmkIo habza tropezado en San Sebastián con Escartín y plr 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



109 



tanto podía reconocerlo en La Coruña, en perjuicio de los 
otros dos compañeros. 

Al día siguiente de llegar a La Coruña. Asease y Aurelio 
Fernández fueron detenidos como traficantes en drogas. Acla- 
rado el error fueron puestos en libertad, pues ellos habían ido 
a La Coruña a trabajar de camareros. Ante tal incidente, los 
tres, inmediatamente, se pusieron en camino para Barcelona, 
por medio de transporte de ocasión para así despistar. No 
estaban equivocados, el día siguiente, la policía de La Coruña, 
con sus fichas de identidad en la mano, buscaron y rebuscaron 
para detenerlos. 

Así lograron escapar, con todo lo que llevaban y llegar 
a Barcelona. 

A su llegada de Rusia, Ángel Pestaña, escribió un libro 
titulado: "Siete semanas en Rusia. Lo que yo vi". El compañero 
Pestaña que era un hombre muy inteligente, y sobre todo, 
ponderado y sincero, desarrolló en su libro que fué publicado 
poco después, el tema pasional de aquellos momentos. A los 
que conocíamos a Pestaña de cerca por haber convivido con él, 
no nos cabía la menor duda que aparte de los detalles más 
o menos de apreciación personal, que en país desconocido a 
veces se prestan a interpretación equívoca, el resto, el fondo 
era lo que en realidad el compañero Ángel Pestaña había visto 
en Rusia. 

Relacionado con ese hecho concreto, jamás se establecieron 
polémicas ni discordia en el seno de los sindicatos de la C.N.T., 
pues nadie pensó en ningún momento alterar ni modificar su 
declaración de principios que recaban que la Confederación 
Nacional ■ del Trabajo de España propugnaba la Ímplamación_ 
del comunismo libertario, por la revolución social. 

No obstante eso, en el seno de la C.N.T., ya desde su 
creación como en iodos los movimientos humanos, se manifes- 
taron dos tendencias que"'sin ser antagonistas, ni irreconcilia- 
bles, eran bien definidas, las tendencias que podríamos deno- 
minar con el nombre de puritana y reformista. 



1.10 



KICARDO SANZ 



Siempre dentro del respeto mutuo, y de la cordialidad, 
estas dos tendencias salían a flote cuando se trataba en el seno 
de la C o uíe deración, cosas de principios. 

Ángel Pestaña mantenía el criterio puritano y con el se 
alineaba toda la juventud. La otra tendencia, la reformista, era 
mantenida por Salvador Seguí. 

Antes de nada, debemos aclarar, que conocíamos a fondo 
a Salvador ■ Seguí, y que éste fué hasta que murió asesinado, 
anarco-sindicalista revolucionario. Lo que resultaba era que 
Seguí era más abierto, menos dogmático, un verdadero demó- 
crata, dentro del sindicalismo. Seguí no tenía ninguna simpatía, 
sino que por el contrario condenaba de todo corazón, a lo que 
en aquellos momentos estaba de moda y llamaban la dictadura 
del proletariado. 

En noviembre de 1920, Salvador Seguí, y una treintena 
más de compañeros fueron deportados por Martínez Anido 
al Castillo de Mola en Mahón, Islas Baleares. Seguí que era 
el más form-idable orador de su época, dio una conferencia 
a sus compañeros y amigos de cautiverio que la tituló Anar- 
quismo y Sindicalismo. Dicha conferencia fue cogida taqui- 
gráficamente y luego publicada en un folleto. 

Recomendamos a los que no conocieron al malogrado Seguí 
y que por no conocerlo se permitieron hablar de si sin ningún 
fundamento de causa, que busquen este documento histórico, 
lo lean con detenimiento y así aprenderán a saber quien era 
Salvador Seguí "Noy del Sucre" y como pensaba en las cosas 
fundamentales que agitaban las corrientes de avanzada en sus 
tiempos. 

Excusa decir que la tendencia táctica de Salvador Seguí, 
era compartida en el seno de los sindicatos por la inmensa 
mayoría de la militancia confedera! ya granada. 

Por su parte el grupo de los Solidarios se había impuesto 
la tarea a sí mismo de actuar con toda la intensidad posible 
tanto en el plano sindical como específico. 



EL SINDICiLíSMO Y LA POLÍTICA 



111 



:; ■;- va hemos señalado más arriba, todos sus corapo- 
1:, . :■ - ,.: trabajadores y por tanto vivían de su jornal diario, 
,^i;; . ■ ;; uui subvención especial, sin ingreso de ninguna clase, 
csüii-uo i íi el uso vacías las cajas de los sindicatos que hubieran 
pudido ayudar a los gastos extraordinarios. Los Solidarios se 
dieron cuenta de que su actividad quedaría reducida sola- 
mente a Barcelona y que no podrían actuar durante las lioras 
de trabajo. 

El panorama económico no podía ser más deplorable. 
Los últimos hechos relatados más arriba en Manresa, San Sebas- 
tián, y La Coruña, demostraron al grupo que no podría conti- 
nuar actuando por falta de medios económicos. Planteado el 
problema tal como en realidad era, los Solidarios sólo vieron ^ 
un camino de salida. Buscar los medios económicos necesarios 
para su libre actuación donde éstos se encontraran. 

A partir de entonces, se estableció un fondo del 'gTUpo, 
que no pertenecía a nadie de sus componentes, particular- 
mente. Así quedó solucionado de manera definitiva el problema 
económico del grupo que a partir de entonces, jamás sintió 
la penuria económica, pues sabía donde encontrar lo necesario 
pora su sostenimiento. 

Los gobernantes de turno en España, habían condenado 
a los trabajadores a vivir fuera de la ley, de esa ley frágil que 
se rompía por todas partes, cuando los poderosos estaban obli- 
gados a respetar y cumplir los primeros, sin hacerlo jamás, 

Al unísono de la organización sindical, los grupos anar- 
quistas se organizaban por toda España. En Cataluña el Comité 
Regional de Relaciones activaba cada vez más en vista de hacer 
cumplimcíitar los acuerdos que tomaba la específica. Uno de 
esos acuerdos por su importancia tenía una preferente- atención 
en dicha organización. 

Se trataba de ir a la creación de los grupos y comités de 
obreros y soldados. Los nuevos reclutas, pertenecientes y sim- 
patizantes de los grupos anarquistas, al llegar a los puntos 
donde eran destinados, debían ponerse en contacto con los 



112 



RICAKDO SANZ 



raovHwiv,.:,,,-. .-.fines Les serían facilitadas las direcciones a 
„":,.;,' '- "'"' '''='""" "''íi^" ■=<"> '°da discreción, sin hacer 

A Cíúinuacián se ]es iría informando de la misión a 
cunrphr, con arreglo a las circunstancias y a las contingencia 
que se pudieran presentar. "ngencias 

No era u„ secreto para na<fe que los militares prepa- 
.aban un golpe de estado para ahogar en la ignorancia Tas 

s:rtod:rtH''r'" """ ^""^ ''°"*™''^^^ «„ 'Mareros ; 

.obre „do en el hecho concreto llamado "el Desastre de Anual'^ 
El expediente Picase seguía su curso. Antes que ese esean' 
daloso caso sahera a la opinión publica, había qle ir alTro" 
nuneíamiento. " P " 

Las llamadas Juntas M-üfai-í^c .,., - . 

en los cn«,-tn. .1 t T ",'""'=■' "O permanecían inactivas, 
en os cuauos de banderas de los cuarteles, entre las botellas 
de hcor s y cajas de cigarros puros, se hablaba en alta vi' 
sm recato „. vergüenza, de lo que en breve iba a ocurrir 

El gobierno lo sabía todo, pero no hacía nada para evitar 
1 levantamiento. No había en esas condiciones ninguna losT 
bilidad de hacer abortar el movimiento subversivo ^ 

lo qu'f ib?"t"™ ""''r' '' ^"^''' »"»- «- detalle 
10 que ,ba „ ocurrir en breve. Estaban bien informados ñor 

personas, no solamente allegadas a los cuadros miürras sfno 
por los mismos interesados, q„e eran contrarios al mv miento 
y bu.scaban la manera de hacerlo abortar. "^""'^'ento 

Pero la clase trabajadora en 1923, no estaba en condi- 
cones por si m.sma de enfrentarse en los cuarteles y en ll 
calle contra una eventual sublevación militar. Sus cuadros e 
encontraban en pleno período -de recuperación vsus efertv^ 

de maniobra aun muv d¿hi]p= T -. L ■ . *^iecrivos 

mbiernn D^m U. i sangrienta represión del 

fui I ^I^ 1 l"l I ' ""'" '"' í"^"°^ ^^ P--' ^-do j Arle- 
gm. Labza debilitado tanto el movimiento libertario español eme 
no cabía pensar cuiprender ninguna acción inmediata "^e envt 
gadura con posibilidades de éxito. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA. 



113 



Se pensó en la posibilidad de organizar ;í^kl jíucIj--; general 
en toda España. Y si bien eso se podía ínter... .-, i^o podía ser 
una hue:'ga indefinida. Se buscó todo lo imaginí:b;¿ para evitar 
o hacer frente a la cuartelada, sin encontrar una posü)ilidad de 
solución. El movimiento libertario se hubiera aliado con no 
importa quien, que hubiera sido una garantía para hacer frente 
a aquella situación, pues sabía que al fin y al cabo, como 
siempre, serían los trabajadores quienes sufrirían las conse- 
cuencias del golpe militar. 

^ En ese plan, el grupo los Solidarios, buscaba objetivos. 
Activaba en lo posible, multiplicando la relación y el contacto 
con los otros grupos e individualidades para llegar a conclu- 
siones factibles y positivas. 

Martínez Anido había circunstancialmente escapado de 
morir en San Sebastián y en La Coruña en mayo de 1923, pero 
no ocurrió lo mismo con Regueral semanas más tarde en León. 
Regueral fué gobernador de Bilbao durante el gobierno 
Dato-BugallaL Como Anido en Barcelona, se propuso exter- 
minar todo la más florido del movimiento obrero revolucio- 
nario bilbaíno. Su actuación nefasta y criminal le colocó en la 
línea de un verdadero verdugo de la clase trabajadora. 

Igual que Anido, Regueral, después de haber sido desti- 
tuido de sus funciones de gobernador de Bilbao, consciente del 
mal que había hecho, durante su mandato, desposeído de la 
protección oficial, iba de un sitio a otro como judío errante, 
para esquivar la ira de los martirizados. Era como una somhrJ 
que se proyectaba sobre el recuerdo oscuro del pasado aun 
reciente. 

._.. .^^^^.^'^^^'^^^^o^l.. se. .enteraren que Regueral se ' encontraba. _ 
circunstancialmeníe en León. Y fueron a buscarlo. Regueral 
no llevaba escolta, y eso facilitó la tarea de los compañeros, 
encargados de ajustarle las cuentas. 

En aquel entonces, D'urruti tuvo que trasladarse de Bar- 
celona a Madrid. La policía inmediatamente vio que el viaje 
de Durruti a Madrid correspondía a algo; a algo naturalmente 



114 



RICARDO SANZ 



que ella ignoraba; en el trayecto de Barcelona a Madrin ím'í 
detenido. 

A la mañana siguiente, la prensa daba la nota poUciucr 
do su detención. Como no había ninguna justificación váHíIa 
que motivara la detención de Durruti, la nota de la policía 
decía, "que se suponía que Durruti iba a Madrid a preparar 
el asalto de uno de los establecimientos bancarios de la capitaF'. 
Que su detención obedecía a que estaba reclamado por el juz- 
gado de San Sebastián, por robo a mano armada en las oficinas 
de los señores Mendizabai de dicha ciudad, donde iba a ser 
trasladado. 

El mismo día un componente de los Solidarios, por encargo 
del grupo, se trasladó a San Sebastián, para convencer a los 
señores Mendizabai, que Durruti no había intervenido en el 
asalto de su despacho. 

Sometido a reconocimiento en rueda de presos, en San 
Sebastián, Durriiti no fué reconocido por los señores Mendi- 
zabai como uno de los atracadores de su casa. 

Aquel mismo día el Juzgado lo puso en libertad. 

Un día antes de ser puesto en libertad Durruti en San 
Sebastián, el Cardenal Soldevila de Zaragoza, era muerto a 
tiros, por unos desconocidos, en el lugar denominado «El Ter- 
minilloí). 

Abededor de la muerte del cardenal Soldevila de Zaragoza, 
se hicieron muchas suposiciones 7 comentarios. Los que no 
estaban al corriente de la parte activa que la jerarquía ecle- 
siástica y la Iglesia en general, tomaba en la vida poh'tica, y 
sobre todo social de España, no comprendían lo ocurrido. 
Consideraban que era una cosa de rivalidad jerárquica o algo 
oscuro e incomprensible. 

Por el contrario, los que conocían los manejos y la intro- 
misión de la Iglesia española en la vida pública y privada de 
la nación, comprendían que, por vez primera, la acción de ios 
de abajo, se orientaba de cara a un factor cuya impunidad les 
había permitido todo, absolutamente todo. 



I 

m 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



115 



La acción de la policía, en principio fué un tanto descon- 
certada; fué solo de momento. Inmediatamente, se orientó de 
cara a la fuente segura, claro está. En Zaragoza, todas las 
¡:>ersonas que vivían el movimiento y las contingencias políticas 
y sociales, sabían la parte activa que el cardenal Soldevila 
lomaba en la vida material de todo lo humano, olvidando a 
inenudo lo divino. Hicieron una revisión de hechos como se 
hace una revisión de cuentas y el activo era abrumador. 

Después de haber sido detenido, y puesto en libertad el día 
antes, un día después fué detenido nuevamente Francisco 
Ascaso, esta vez ya acusado por la policía como autor del aten- 
tado al Cardenal Soldevila, en «El Terminillo». 

Como la policía tenía antecedentes de que habían sido dos 
personas las que habían intervenido en el hecho, se puso en 
activo para detener el segundo agresor. 

La situación económica del grupo los Solidarios -era muy 
precaria. Sin embargo, necesitaban medios económicos de ma- 
nera urgente. La casi totalidad de los componentes del grupo 
debían trasladarse al norte de España para una determinada 
misión. Había pues que buscar los medios necesarios en Bar- 
celona. 

Se sabía que diariamente, unos empleados del municipio 
de Barcelona, acompañados de un guardia urbano, trasladaban 
una determinada cantidad de dinero, desde el Ayuntamiento 
a una entidad baucaria, situada en las Ramblas. El itinerario, 
lo hacían, siguiendo la calle Fernando. 

Cinco miembros del grupo, a la hora fijada, se estacio- 
naron, en la calle Fernando y cuando los empleados acompa- 
ñados del guardia urbano llegaron a donde se les esperaba; 
de manera rápida, sin_ que f=ilos- tuvieran tiempo.de reaccionar, 
se les desvalijó de una cartera de cuero donde llevaban el papel 
moneda. Los dos saquitos de plata que llevaban los funciona- 
rios, no formaron parte d^l botín. La prensa dijo que el total 
robado ascendía a 95.000 pesetas. No hubo ninguna víctima 
pues el guardia urbano se desmayó de miedo. 



116 



RICARDO SASSZ 



A Último del mes de Agosto de 1923, la mayor parte 
Se los componentes del grupo los Solidarios, se encontraban en 
Asturias. El día 1 de septiembre, de 1923, fué asaltado el 

banco de España en Gijón. 

En el asalto del banco no hubo ninguna víctima pero, días 
después, fué en Oviedo donde la guardia civil se encontró con 
algunos de los que habían intervenido en el asalto del banco 
de Gijón, entablándose un tiroteo en el cual fué muerto Ensebio 
Brau, componente del grupo los Solidarios, y detenido Rafael 
Torres Escartín también del grupo. 

Una vez detenido Torres Escartín, a más de ser acusado 
como autor del atraco del banco de Gijón, se le acusaba tam- 
bién de la muerte del cardenal Soldevila, en Zaragoza. 

El muerto, o sea Ensebio Brau, de Barcelona, jamás fué 
identificado por la policía. Su madre que vivía en Barcelona, 
fue visitada por los compañeros de Brau, los que la pusieron 
en antecedentes de lo ocurrido. Como la madre de Eusebio 
Brau era viuda y además, tenía más de 50 años de edad, el 
grupo le puso un puesto de venta en la plaza del mercado de 
la barriada de Pueblo Nuevo, donde ella residía j así se le 
aseguró una manera de subsistencia a la pobre madre dolorida. 

En cuanto a Rafael Torres Escartín, la cosa fué mucho 
más grave, la guardia civil se ensañó con él de la manera 
más vil y cobarde. Antes de ser detenido, Escartín con una 
pistola les había tenido a raya, junto con su malogrado com- 
pañero Eusebio Brau, que fué muerto y eso no tenía perdón 
para los del tricorno. 

Lo apalearon, lo patearon, lo flagelaron en fin, lo destro- 
^.^^'o^. materialmente. Cómp_ quedaría, que varios días después, 
los presos comunes de la cárcel de Oviedo qne tenían preparada 
una fuga colectiva, cuando le avisaron para escaparse junto 
con los demás presos, si bien logró salir de la cárcel, no pudo 
seguirles en la huida a causa que tenía los pies destrozados 
y sufría un magullamiento general. Debido a eso, Torres Escar- 



EL SINDICALISMO y LA POLÍTICA 



117 



m- 



■m 



tín fué detenido nuevamci ... ,, ni.i siguiente muy cerca de la 
cárcel de donde había logrüdu r.--c2par. 

Hubo dos nuevos encartados en el proceso del Cardenal 
Soldevila: Julia López Mainar y Salamero, a éste último le 
faltaba una pierna. 

Eusebio Brau era de Barcelona. Tenía 23 años de edad, 
de oficio, fundidor en hierro. Habitaba con su madre en la 
barriada de Pueblo Nuevo. Fué el primer muerto que tuvo el 
grupo los Solidarios, de toda una lista que daremos a conti- 
nuación. 

Poco antes de morir en Oviedo, había sido herido en Bar- 
celona de una bala que le atraversó el pie izquierdo, en un 
encuentro que tuvo con los pistoleros del Sindicato Libre en la 
barriada de Pueblo Nuevo, y de la qne resultaron dos muertos 
del bando contrario. 

No cerraremos este capítulo sin rendir un merecido home- 
naje a la madre de Eusebio Brau, la cual cuando su lujo 
fué herido, y curado clandestinamente por un médico amigo 
en su casa, nadie se enteró de lo ocurrido, nadie más que las per- 
sonas interesadas en ello. 

Fueron varias mujeres de ese temple, de una entereza 
espartana, que colaboraron directa e indirectamente con el 
grupo los Solidarios, desinteresadamente, alguna de las cuales 
como por ejemplo Julia López Mainar fueron a presidio a purgar 
largas condenas. 

Conscientes de los momentos que se vivían, ya en el mes 
de septiembre de 1923, los hombres de la C.N.T. y los grupos 
anarquistas en general, no descansaban un momento. Los 
informes que se tenían eran alarmantes. La sublevación era 
cuestión de días, quizás de horas. 

El grupo los Solidarios, ya hacía meses que estaba en plena 
actividad. Sus componentes se trasladaban de uno a otro confín 
de la Península, con misiones concretas, de cara a hacer frente 
a la situación sin importar por qué medios, ni procedimientos. 



118 



RICARDO SANZ 



Los esfuerzos de unos y otros, de todo el M^- /iínionto Liber- 
tario, nrancomunado, para evitar la sublevación íaiíilar, fueron 
inútiles. Fueron inútiles porque frente a In:: presuntos suble- 
vados, solo se encontraban los menguados cuadros del anarco- 
sindicalismo, salidos de la más barbara represión que regis- 
traba hasta entonces la historia de las luchas obreras en 
España. 

Lo demás, las otras fuerzas políticas y sindicales del país 
en realidad no contaban para nada frente a la insurrección. 

Esa era la realidad. La única realidad, cosa que sabían de 
antemano, los enemigos del pueblo revolucionario consciente. 






m 
m 



CAPITULO VI 



No se hizo esperar. Tal como estaba previsto, el día 13 de 
septiembre de 1923, el general Primo de Rivera, con mando 
de capitán general de la cuarta región, desde Barcelona, secun- 
dado por toda la casta militarista del resto de España, se 
levantó contra el poder civil de la nación. . 

Una vez más el pronunciamiento en la calle. LTna vez más, 
ios ''bravos" mandos militares de la nación se levantarc>n bizarra- 
mente contra los propios españoles, cubriéndose de gloria. 

No hubo ninguna resistencia, ni colectiva ni individual. 
El gobierno García Prieto se plegó, dejando paso a los sxiBle- 
vados, que se instalaron cómodamente en sus puestos, después 
de haber fijado en todas las esquinas de los pueblos de España 
el Bando de la declaración de la «cuartelada». 

Alfonso XIII. «El rey felón», Alfonso «el Africano» como 
lo llamaban sus adversarios políticos, tampoco tuvo nada que 
decir, contra la bravura de los jefes de su bizarro y aguerrido 
ejército. Hubo quien afirmó en aquel momento que era el 
promotor del golpe de estado. 

Así, con toda la gloria de la victoria, conseguida por Prinac 
de Rivera, "el jerezano", se implantó en España la dictadura 
militar, "dictablanda", como la llamaron muchos a causa de 
que no hubo efusión de sangre y que a más de eso, a que todos 
los -que no se enfrentaron con la -nueva -situación^, política, de. 
manera resuelta, se les toleró y a los que se arrimaron a ella 
como al sol que más calienta, esos participaron de la piel del 
león. No fué igual, como, ..veremos a continuación para los que 
se enfrentaron con la nueva situación, con todas las conse- 



cuencias. 



120 



RICARDO SANZ 






El. SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



121 



Primo de Rivera al sublevarse, como justificación, decía 
en su programa a realizar, que lo hacía para terminar con el 
desorden imperante: contra los atentados y atracos, contra todas 
las violencias e inmoralidades de donde fuera que estas vinie- 
ran, y sobre todo contra el separatismo. 

Dicha justificación no podía ser más burda, por cuanto 
todo el mundo sabía, como ya lo hemos consignado en otro 
capítulo, que el motivo principal del golpe militar consistía en 
enterrar el «Expediente Picaso» pues el mismo, además de las 
responsabilidades del llamado desastre de Anual, había consig- 
nado un rosario de inmoralidades administrativas así como 
el no menos desastre del Barranco del Lobo, en el que murieron 
sitiados, de hambre y de sed, millares de soldados españoles. 
Se afirmaba entonces, que en el capituló de esas responsabili- 
dades estaba también consignado el nombre de Alfonso XIII, 
rey de España. 

A más de eso, el hecho de haber escogido Primo de Rivera 
en su directorio militar, como ministro de la gobernación al 
general Martínez Anido, al monstruo, como lo denominaba 
Torres Escartín, autor, ejecutor del terrorismo en Cataluña, 
demostraba claramente cuales eran las intenciones de los mili- 
tares coaligados con toda la reacción, el señoritismo y la iglesia 
española. 

En realidad, de todo el programa a realizar por la dicta- 
dura (decimos nosotros), solo dos objetivos quedaron vigentes 
a combatir, por parte de los dictadores, contra el anarcosindica- 
lismo y contra el separatismo. Todo lo demás quedó enterrado 
pues como se sabía en toda España, el golpe de Primo de 
Rivera, tenía como objetivo principal el de.-. salvar a .todos los 
perversos de todas sus perversidades. 

En principio todo el mundo creía que la perviveucia de 
la dictadura de Primo de Rivera sería corta. Después de "liqui- 
dado'' el problema de las responsabilidades de Marruecos, todo 
lo demás no eran problemas de carácter militar a dilucidar. 



Por otre ¡.íari;, i^.Á/m una promoción de oficiales e incluso 
jefes del cjérí/iio .-v: no compartían el criterio de la subleva- 
ción permanentíí cujttra el poder civil constituido. Si esos ofi- 
ciales y jefes, un día lograban unificarse y mancomunar sus 
esfuerzos, relacionados como ya lo estaban, con los elementos 
subversivos y revolucionarios, podían fácilmente también suble- 
varse a su vez, contra los otros jefes y oficiales que vivían 
en permanente sublevación. 

Y ocurrió algo parecido a eso. No se sublevaron inmedia- 
tamente estos oficiales y jefes, contra los que se servían de la 
sublevación como norma legal permanente, pero se aprestaron 
a la actuación más o menos activa aun sabiendo que ello era 
suceptible de la pena de muerte y ser fusilados. 

Para no hacer interminable nuestra lista, daremos a con- 
tinuación algunos nombres de los jefes y oficiales que estaban 
en relación permanente con los grupos anarco-sindicalistas solo 
en Cataluña, predispuestos a actuar si las circunstancias lo' 
exigían. 

■ López Ochoa (general), Diaz Sandino (coronel), Ramón 
Franco (comandante), Juan* Perea (capitán), Fermín Galán 
(capitán), García Hernández (capitán), Eduardo Medrano (capi- 
tán), E. Sancho (capitán), Reisat (capitán), Ponce de León 
(capitán), Sediles (capitán), Ramos (capitán), Meana (capi- 
tán), Giménez (capitán). 

El capitán Sancho fué el primero de ellos, el que murió 
estando preso on el castillo de Montjuich, Fermín Galán .y 
García Hernández, los dos capitanes fueron fusilados en Jaca 
como sublevados, por la dictadura de Primo de Rivera, el 
capitán Medrano, fué fusilado en Barcelona después de la guerra 
civil. 

Ese puñado de jefes y oficiales antifascistas son los que 
recordamos en estos momentos, por haberlos tratado personal- 
mente. Aparte de eso, había- en Cataluña varios jefes y oficiales 
controlados por los políticos catalanistas. Lo mismo ocurría 
en las demás regiones de España. Ello demuestra que en aquella 



122 



RICARDO SAN2 



época, había grandes posibilidades 4e triunfo, en caso de un 
levantamiento popular revolucionario, de cara a una transfor- 
mación social. El grupo los Solidarios estaba convencido de 
ello y con nosotros todo el anarquismo militante y todos los 

revolucionarios del país. 

La dictadura de Primo de Rivera contrariamente a lo que 
se creía generalmente, duró 7 años. A través de este largo perío- 
do estudiaremos varios de los hechos ocurridos, así como los 
actores algunos ya conocidos y otros completamente ignorados. 

Líi dictadura militar planteó ai sindicalismo cenetista eí 
eterno problema. El problema de la clandestinidad. Al anarquis- 
mo organizado no se le planteó esa cuestión, pues éste siempre 
había actuado clandestinamente. 

Por principio, la C.N.T., central sindical revolucionaria, 
Qo podía aceptar la modalidad impuesta por el régiment dicta- 
torial, como previa condición de actuación a las organizaciones 
siudicales que consistía en la organización corporativisEa, de 
signo fascista importada de Italia. Los estatutos de la carta sin- 
dical confederal dicen que la-'C.N.T. solucionará o tratará de 
solucionar todos los conflictos del Jr abajo entre las partes afec- 
tadas, es decir, en el capital y el trabajo sin ingerencias ajenas 
a las mistnas. 

Desde el principio de la implantación de la dictadura mili- 
Lar, la C.N.T. en el plano nacional se negó a formar parte de 
los llamados comités paritarios. Estos comités estaban formados 
por una delegación patronal y otra obrera, con un delegado di- 
recto de la autoridad que era el que en definitiva de manera más 
o menos autoritaria zanjaba los «acuerdos» siempre en benefi- 
cio de la burguesía como es muy natural. 

La otra central sindical, la U.G.T., de contenido político y 
reformista aceptó sin discusión la táctica gubernamental del 
corporativismo y la colaboración entre sus dirigentes y los 
dictadores militares fué tan estrecha y cordial, que Primo de 
Rivera les concedió además de muchas prebendas o enchufes 
com.o se decía en aquellos momentos, en ios comités paritarios y 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



123 



delegaciones llamadas de trabajo, un puesto eminente en el 
Consejo de Estado, cargo que desempeñó su secretario nacional, 
Largo Caballero. 

Y mientras la «dictablanda» de Primo de Rivera procedía 
de tal manera con los dirigentes de la U.G.T., y del Partido 
Socialista, la dictadura de Primo de Rivera perseguía y encar- 
celaba en masa a los militantes de la C.N.T. porque éstos no 
se plegaban a sus exigencias. 

Al amparo de dichas circunstancias, creció en volumen la 
U.G.T., mientras la C.N.T. y sus hombres permanecían perse- 
guidos y encarcelados. A pesar de lo que queda dicho, sin temor 
a que nadie pueda desmentir nuestra afirmación, en las zonas 
donde la C.N.T. tuvo formados sus cuadros de militantes, antes 
de la dictadura de Primo de Rivera, durante ni después de 
ésta, la U.G.T. ni el partido socialista no lograron abrir brecha, 
ni avanzar un paso. No, porque al anarco-sindicalismo no fué 
posible por nadie desalojarlo de sus posiciones. 

La prueba, la ruda y sangrienta prueba, había sido ya 
hecha en Cataluña y ni con eso, nadie, absolutamente nadie, 
logró doblegar a los hornbres'^de la CN.T, porque estos siempre 
tuvieron por lema de romperse antes de doblegarse. 

Aj^arnparo de la nueva situación política, de España, se 
operoí^^^ofensiva general por parte del capitalismo contra la 
elase'^^^^^Mora . Ya no solamente los salarios quedaron blo- 
queados,^^p3 que en muchos casos fueron rebajados, rompien- 
do así acuerdos y bases firmadas entre patronos y obreros. 

La cosa en Cataluña y sobre todo en Barcelona no era fácil. 
Los obreros de la C.N.T., aunque ésta perseguida y declarada 
al margen de la ley, contra viento y marea mantenían su digni- 
dad de clase y hacían frente a los abusos de los patronos, más 
egoístas, y por tanto explotadores. 

Como no era fácil rebajar los salarios, ni aumentar la jor- 
nada de trabajo, ya que riádie lo hubiera tolerado, individual 
y mucho menos colectivamente. Por citar un solo ejemplo, 
diremos que la prineipaT empresa de construcción de Barcelona 



'-.'-'A- RICARDO SANZ 

;>'n.-íada Fomenlo de Obras y Construcciones, que empleaba 
:.; doñees más de tres mil obreros, cuando alguien se presentaba 
a sus oí'icinas a pedir trabajo, si no se trataba de obreros espe- 
cializados, como por ejemplo albañiles, yeseros, canteros, mar- 
molistas, etc., tratándose de peonaje, no se les ocupaba, sin 
antes advertirles que el jornal que la casa pagaba era de 8 pese- 
tas y no de 9, que era lo establecido. 

Si se trataba de obreros residentes ya de tiempo en la 
ciudad condal, ni que decir tiene que estos a más de no aceptar 
el ofrecimiento, se marchaban indignados, Pero el caso no era 
el mismo cuando el obrero que buscaba ocupación, llegaba de 
provincias a Barcelona en busca de trabajo. En ese segundo 
caso, el solicitante aceptaba el ofrecimiento y a más de eso, se 
cuidaba en lo posible de decir en el tajo que había aceptado 
entrar en la empresa por una peseta menos de jornal de lo que 
estaba establecido, entre patronos y obreros sindicados. 

La organización anarquista había vivido un breve período 
de relativa tranquilidad que fué el que medió entre la liquida- 
ción del terrorismo en Cataluña, y el golpe de estado de Primo 
de Rivera. En ese corto período, la organización específica, tra- 
bajó activamente en el sentido de organización y coordinación 
de los núcleos ya organizados. 

La federación regional de grupos anarquistas de Cataluña, 
convertida en hermana mayor de las otras regionales que iban 
formándose en el resto de España, trabajaba sin descanso en el 
sentido ya no solamente orgánico, sino también más que sub- 
versivo, revolucionario. 

Por otra parte, como ya hemos dicho más arriba, hablar 
en España de anarquismo, de revolución, de transformación 
social, era una cosa corriente en todas partes. Esa dialéctica 
general popular, que todo el mundo comprendía, después del 
desengaño, de todos los desengaños que en política sana, existía 
de uno a otro confín de la península. 

El grupo los Solidarios, avanzadilla de ese movimiento pre^ 
cursor, lanzado a la descubierta y recuperación de posibilidades 



EL SINDICALISMO Y LA POLITICA 



125 



en todas las latitudes no solnine/;iv ■ ■ vida española sino sal- 
tando las fronteras, buscaÍKi ■.-. •....:. l final. La sublevación 
de todos los descontentos, de loa;- "í -■- h^xiahñenXos, de^todos los 
descamisados, que se condensaban cii h transformación social. 
Había ya mucho hecho de efectivo, cuando Primo de Ri- 
vera dio el golpe de estado. No se trataba por eso de hacer mar- 
cha atrás, o esperar tiempos mejores, al contrario, había que 
proseguir sin olvidar que lo que para otros representaba la 
ccdictablanda», y hasta agradable, para el anarquismo^ como 
para el sindicalismo revolucionario, representaba la cárcel o 
quizas la muerte. 

Sin duda alguna, por la actividad desplegada tanto indi- 
vidual como colectivamente, los componentes del grupo los 
Solidarios, estaban 'bien relacionados, hasta en los medios mas ^ 
inaccesibles. La discreción más elemental nos vedara en algún 
caso, re^'elar alguno de los hechos ocurridos a través de nuestro 
historial, sin que ello altere para nada ni mucho menos desfi- 
gure esta biografía. 

A este respecto, solo diremos que el hecho de ser consul- 
tados en ciertas circunstancias, de ser advertidos en ciertas 
alturas, o el ser solicitados en m^omeiitos cruciales nos dieron 
la convicción y hasta la confianza de que pisábamos seguros 
el camino del triunfo. 

La residencia habitual del grupo los Solidarios era Bar- 
celona. El día 13 de septiembre de 1923, que Primo de Rivera 
se levanta contra el poder civil, aparte los componentes del 
grupo que estaban presos, el resto, circunstancialniente no se 
encuentran en Barcelona ¿Donde estaban? No tiene importan- 
cia. 

Planteado el hecho consumado por' los militares, en reu- 
nión plenaria del grupo, después de estudiados ios aspectos prm- 
cipales del hecho en sí, se acordó tomar una serie de medidas 
más o menos urgentes, que afectaban a la organización especi- 
fica V üor tanto a sus afiliados. 



126 



RICARDO SANZ 



Los Solidarios resueltos dijeron en esa nier:icii-.ü.u- rennión: 
«en la guerra como en la guerra». 

La ley había sido violada, por los que '■..-'ríí;^; defen- 
derla; en ese caso y a partir de aquel momento, locc-; .ios ciuda- 
danos españoles tenían derecho a vivir fuera de la iey, o al mar- 
gen de la misma. 

Sí, porque los anarquistas revolucionarios, viviendo conti- 
nuamente fuera de la ley burguesa, cumplían con un deber de 
ciudadanos libres, ya que todas las leyes elaboradas en el régi- 
men capitalista, estaban hechas para explotar y oprimir a los 
desheredados. 

En ese plan las cosas, los Solidarios se aprestaron a lo 
peor. No importaba a que. 

Había una coincidencia unánime entre los componentes 
del grupo. Después del triunfo de la sublevación militar, y a 
las primeras de cambio, sin dar tiempo a las reacciones natu- 
rales en tales hechos, cuanto se intentara de cara a lo inmediato, 
frente a ios vencedores sin resistencia, estaba condenado al fra- 
caso. Había que esperar, esperar el tiempo que fuera, para que 
el conjunto de los ciudadanos por sectores de opiniones tomaran 
una orientación, y por tanto, las determinaciones adecuadas al ca- 
so consumado. Los autores del pronunciamiento eran sin duda, 
una fuerza preponderante, respaldada por todo lo más gastado de 
la nación. Pero el resto, que era la nación entera, estaba ausente, 
permanecía al margen de aquel juego sucio. Había que esperar 
el tiempo necesario para que el conjunto, defraudado, enga- 
ñado, una vez más, dijera su palabra. 

Solo hacia falta una cosa, coordinar esfuerzos, prepararse 
para la balaUa definitiva. Hasta entonces el enemigo había 
..S^^^'i^o. ^i^"H'^^- Ki triunfo del proletariado sería solo uno, pero 
definitivo. 

Había que buscar los medios. Había que acumular y prepa- 
rar todos los e! omentos útiles y necesarios para el combate. 

El grni)o ios Solidarios hacía mucho tiempo, desde su 
cünstitucióíi. que. por ¿u propia cuenta, trabajaba sin descanso 
cara aí hecho re',-oIucionarÍo. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



127 



Unas cuantas pruebas. En octubre de 1923, solo un mes 
después de la sublevación militar, por mediación de un tal 
Zulueta de Mondragon, los Solidarios compraron a los fabri- 
cantes Garate y Anitua de Eibar, 1.000 rifles de 12 tiros de 
repetición con \ina dotación de 200.000 cartuchos, 200 por 
arma. Por tal cantidad de armas, el grupo los Solidarios pagó 
la suma de 250.000 pesetas. 

Ya mucho antes, los Solidarios habían comprado en la barria- 
da de Pueblo Nuevo en Barcelona, una fundición de hierro que 
costó 300.000 pesetas. En dícha fundición, de manera clandes- 
tina, se fundían los cascos de las granadas que debían ser em- 
pleadas en el momento de la revolución. El encargado de dicho 
trabajo, era un miembro del grupo llamado Ensebio Brau. El 
grupo estableció un depósito de bombas de mano en la barriada 
de Pueblo Seco en Barcelona, el que contenia ya, cuando fue 
descubierto por la policía a causa de una confidencia.^ mas de 
6.000 bombas. 

A más de eso, los Solidarios, tenían depósitos de armas cortas 
y largas en casi todas las barriadas de Barcelona. 

Las armas procedían casi todas de compras hechas en Francia 
y Bélgica. Todas ellas entraban en España como es muy natural, 
clandestinamente. La frontera de Puigcerda era la que general- 
mente se utiUzaba para ese objetivo. En Puigcerda, el grupo 
tenía dos colaboradores directos, Antonio Martín y C. Flores. 
Estos compañeros estaban en relación con dos otros residentes 
en Font-Romeu, también colaboradores del grupo, que eran los 
encargados de guardar en depósito las armas adq^airidas en 
Francia y en Bélgica, para ser introducidas en España, El uno se 
llamaba Mas y el otro Enrique. 

"Además de eso se "recibían otros envíos por mar. La compra 
de las armas se hacía directamente por ios afiliados al grupo. 
En principio todas esas gestiones se realizaban con cierta 
facilidad a causa que la fnayor parte de los componentes del 
grupo no eran conocidos de la policía, por no estar aun ficha- 
dos. 



M 



128 



RICAllDO SANZ 



Los Solidarios tenían por línea de conducta la absoluta pre- 
caución de no comunicar a nadie las cosas que podríamos de- 
nominar interiores. Solo estaban al corriente de los asuntos 
los que debían intervenir. 

Como ya hemos dicho más arriba, en ei grupo no había jefes, 
ru mentores, lú dirigentes. Cada uno de sus componentes tenía 
su misión personal, cuando no se trataba de una misión colcc- 
üva naturalmente. 

En el aspecto cultural, es decir de propaganda o difusión 
de las ideas, ácratas, los Solidarlos no escatimaban el menor 
esfuerzo. Ya mucho antes de la dictadura de Primo de Rivera, 
existía el proyecto, de acuerdo con los anarquistas franceses, de 
liacer en el terreno intelectual y cultural, algo en París. 

Ese proyecto se realizó tal como estaba previsto. En 1924. se 
constituyó en París ei grupo internacional de ediciones anar- 
quistas. Se organizó la librería internacional, con domicilio en la 
rué Petit, 14, al frente de la cual se encontraba como adminis- 
trador Severino FerandcL Anexa a la librería, se forma la enci- 
clopedia anarquista, que dirigía Sebastián Faure. A más de eso, 
ese mismo grupo editaba la Revista Internacional, y otros perió- 
dicos. 

Escuso decir que esa obra costó varios centenares de miles 
de p-esetas, dinero que aportó íntegramente el grupo los Soli- 
darios. En España el grupo tenía imprentas y editores a su 
disposición, los cuales editaban hojas y hasta folletos clan- 
destinos. Todo eso se hacía dentro de la más estricta reserva y 
con toda discreción, por cuyo motivo, casi nunca ocurrió nada 
grave. 

También contaban los Solidarlos en Barcelona con un abo- 
gado defensor que se ocupaba de todos los asuntos y procesos 
de sus componentes, el cual no pasó la nota de sus honorarios' 
jamás. Este abogado era Don Juan Rusiñol, de familia ponde- 
rada, en Barcelona y Cataluña, como abogados. Don Juan Rusi 
iioL era uno de ios más expertos juristas del colegio de Ala- 
gados de Barcelona. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



129 



El problema seuai-aíTSla, planteado en Cataluña y Euz- 
kadi, la dictadura m\:\t^:: pretendió ahogarlo por la fuerza 
bruta. Ello hizo que u-a razón de interés, el interés de la 
defensa de la libertad mutua, unificara en el combate contra 
el absolutismo, a las dos fuerzas directa y sañudamente ata- 
cadas por ei equipo de Primo de Rivera, que eran el anarco- 
sindicalismo y el separatismo regionalista. En ese caso concreto, 
se puede afirmar que «los extremos se tocaron». 

Una promoción de jóvenes separatistas entre los que se desta- 
caban Pedro Conté, González Alba, Granier, los hermanos 
Badia y varios otros, se concertaron, para hacer frente por 
todos los medios a los atropellos de arriba ,entrando por la puerta 
ancha, en la fortaleza de la clandestinidad. Naturalmente, no 
hubo jamás interferencias en la actuación específicamente ha- 
blando, entre el movimiento separatista y sindicalista, cada uno 
actuaba dentro del marco de su propia razón de ser. 

Solo en ei caso de aunar fuerzas, para el combate contra el 
enemigo común, la dictadura, era cuando los homhres de la 
G.N.T. y los militantes separatistas, en estrecha solidaridad 
actuaban mancomunadamente. 

Indudablemente, sin quererlo, la dictadura había logrado 
limar asperezas y hasta antagonismos que podríamos llamar 
de vecindad entre catalanismo y sindicalismo. En la clandes- 
tinidad, en la lucha, en la persecución, y en la cárcel, los 
hombres eran todos iguales. En esa igualdad de intereses vitales, 
a más de la solidaridad, nacía la simpatía, el afecto mutuo y 
la confianza recíproca, sin la cual no se gana jamás ninguna 
batalla. 

La inmensa mayoría de los separatistas eran obreros, por 
tanto, como tales, conocían la vida de explotados. Pertenecían 
como no importaba quien a sus respectivos sindicatos. Algunos 
de ellos incluso desempeñaban cargos. 

Por otra parte los anarcosindicalistas, cuando más cultos 
v capacitados mejor, conocían por haberlo estudiado, el llamado 
problema separatista. 



130 



RICARDO SANZ 



Siendo catalanes o no, de n.n cimiento, los militantes confe- 
derales considerando que lo .'undairental de la vida no se encon- 
traba para ellos en el primer plan de lucha, la cuestión deno- 
minada (con varios nombres), separatismo, regionalismo, nacio- 
nalismo, sino que era la transformación social, lo inmediato, 
consideraban también que ese problema planteado en Cata- 
luña y Euzkadi, por un sector de opinión, más que prepon- 
derante, arrollador, debía ser respetado y tratado con la consi- 
deración que se merecía, por su importancia hasta llegar a una 
solución nacional y justa, cosa que se realizó más tarde aún 
sin haber desaparecido el régimen capitalista, desgraciada- 
mente. 

Frente a la dictadura militarista, los elementos revolucio- 
narios del separatismo catalán no se conformaron a vivir de 
rodillas, pasando a la acción subversiva, desde la propaganda 
escrita al atentado organizado . 

Producto de esa actuación espartana, un grupo de separa- 
tistas catalanes, en los que figuraban entre otros Pedro Conté, 
Granier, los hermanos Badia, y otros, organizaron un atentado 
contra un tren especial que debía conducir a Barcelona a 
Alfonso Xni, rey de España. 

:■ Días antes de la visita, en el sitio denominado «Las Costas 
de Garraf», los separatistas colocaron una ce máquina infernaba, 
compuesta de una fuerte carga de dinamita, la cual por media- 
ción, de un dispositivo, debía hacer explosión al entrar en con- 
tacto el tren especial. 

Estaba colocado de tal manera el artefacto que de haber 
hecho el efecto deseado, nadie de los que viajaban en dicho 
tren se hubiera salvado. 3e trataba de la voladura de un terra- 
plén-situado a la -salida -de un túnel, en plena montafta, situada 
en una gran altura, que inevitablemente el convoi debía 
caer en el mar, el cual, por su profundidad, se los hubiera 
tragado. 

Los Solidarios no tuvieron en ese hecho otra inter\'ención 
que la de facilitar la dinamita. 



EL SINDICALISMO Y LA POLlTICA 



131 



Descubierto dicho complot por la policía, se ^ desencadeno 
una represión fenomenal en toda Cataluña. La cárcel^ de Bar- 
celona que solo tenía capacidad para 900 personas, v- aumen- 
av su población en más de tres mil <letcnidos. Las celdas indi- 
viduales, en un momento determinado contenían cada una 
cuatro detenidos. 

Fué una redada de la que no se salvó nadie, nadie que no 
fuera un adicto al régimen naturalmente. Todos los fichados 
de no importa qué filiación de oposición, pasaron por la cárcel. 
Se instruyó un proceso que se hizo eterno, por falta de 
pruebas en materia delictiva, en el que no obstante eso, se 
juzgó y condenó a graves penas a los presuntos autores. 

Esa falta de método, de seriedad y también de sentido 
de responsabilidad, del aparato represivo, de la dictadura en 
Cataluña- poco a poco £ué reforzando la desconfianza de la 
opinión al régimen. Ya nadie tomaba en seno las eonsíantes 
amenazas y palos de ciego del régimen contra sus opositores 
Estos en su mavoría, platónicos, aceptaban ir a la cárcel o ser 
m^oles'tados por el aparato represivo que cada día era menos 
contundente y por tanto ineficaz. 

Huérfano, el poder central, de los soportes necesarios a su 
sostenimiento en las regiones de Cataluña y EuzVadi, este bus- 
caba por todos los medios de complicar en todos los ordenes 
la situación de las dos regiones más prósperas de España. En 
cambio, dicho régimen se mostraba complaciente con todo lo 
decadente, con todo lo gastado, sobre todo con la Iglesia el 
señoritismo chulo y en particular los suyos, es decir los entor- 

chados. 

La dictadura de Primo de Rivera vivió muchos anos en 
lo artificial, la mayor parte de las veces, dando palos de ciego.- 
No estaba respaldada por liombres inteligentes. Todos los hom- 
bres de valia, le dieron la espalda ya en las primeras de 
cambio, porque sabían a qué venía, que no era otra cosa, que 
a borrar inmoralidades. Por eso, no quisieron comprometerse. 



132 



RICARDO SANZ 



Como siempre, sólo los ambiciosos y ios ore finos se embarcaron 
en la galera dictatorial. 

Cataluña parecía un país coí.n.n?'Híado por el invasor. Las 
inmoralidades del régimen dictatoriaL salían a flor de tierra. 
Un conglomerado nauseabundo, dirigido por un deformado de 
nacimiento, un hijo del entonces capitán general de la Cuarta 
Región Militar, general Barrera, con la carta blanca que le daba 
el cargo que desempeñaba su padre, tenía aterrados a todos 
los de su estirpe, en Barcelona. 

Dicho elemento que era también oficial del flamante 
ejército espaí^ol, se convirtió en emperador de los barrios bajos 
de la ciudad condal, y no toleraba la competencia, de la chu- 
lería por ningún otro que pretendiera ser más crápula que él. 
Dicho energúmeno, rey de la macarronería de Barcelona, 
cobraba el barato de infinidad de - prostitutas. Dichas desgra- 
ciadas estaban obligadas a ser condescendientes con él, o de lo 
contrario se les retiraba el carnet profesional, por decisión del 
«l^"* chulo del barrio)). 

En el contubernio de gente de mal vivir, el energúmeno 
hijo del general Barrera, tuvo que dar una demostración que él 
era más que los otros. 

En una ocasión, un macarrón de poca categoría prohibió 
a su novia que tuviera contacto con Barrera. La muchacha se 
llamaba Lolita Bernabeu. LoÜta Bernabeu, que no calibró bien 
lo que tsl decisión representaba, le comunicó al cretino de 
Barrera su resolución. 

Tal lance se desarrolló en la azotea de una casa en la 
calle de Escudíilers. El perverso de Barrera, que gozaba de la 
impunidad rnás completa, no pudiendo disuadir a Lolita Ber- 
nabeu de su decisión, la cogió y la lanzó por encima de la 
balustrada a la caüe. " " 

La muerte no fué instantánea, y la desgraciada pudo decla- 
rar a las autoridades y a sus familiares la verdad de lo ocurrido. 
El comunicado oficial, publicado en toda la prensa rela- 
cionado con dicho incidente decía simple y llanamente, que 
se trataba de un suicidio. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



133 



«Bagaría)), el célebre dibujante de aquella época publicó 
una caricatura que representaba una barrera muy alta con 
una inscripción que decía; cea ver quien se atreve a saltar la 
barrera)). 

Hechos parecidos o de otra índole, se sucedían diaria- 
mente. La opinión pública a pesar de la censura draconiana 
de la prensa y de todos los medios de expresión, estaba bien 
al corriente de lo que ocurría. Ello hacía que una corriente 
muy pronunciada en todas las capas sociales de desconfianza 
y de hostilidad, se manifestara por encima de todo el aparato 
represivo. A través del tiempo en ese tejer y destejer, en ese 
tira y afloja, en esos palos de ciego, a que nos hemos referido 
ya, la policía lograba a veces desarticular la acción subversiva 
y revolucionaria. 

Las grandes redadas de detenidos eran muy peligrosas. Lo 
eran a causa de que muchos que aún eran «blancos))* después 
de fichados y registrados sus domicilios personales por coinci- 
dencias casuales, comprometían a veces, desarticulaban planes 
bien preconcebidos. 

El grupo los Solidarios que como ya hemos dicho en su 
inmensa mayoría no estaban fichados cosa que les favorecía 
mucho en su actuación y movimiento, lo fueron uno tras de 
otro durante la dictadura de Prim.o de Rivera, de la manera 
más ridicula. 

Como en dicha época no existía ninguna garantía del ciuda- 
dano, una simple detención gubernativa de una provincia o 
simplemente un capricho policíaco, retenían en la cárcel a no 
importa qué número de ciudadanos. 

La batalla más ruda que tuvo que librar nuestro abogado 
señor Rusiñol fué la de conseguir la libertad cuando nos encon- 
trábamos presos gubernativos. Todos los días, nuestro abogado 
visitaba al gobernador para interesarse por nuestra libertad, 
pues solo con una llamada telefónica a la jefatura de policía 
era suficiente para salir de la cárcel. 

La vida en la cárcel durante la dictadura era penosa, como 
no lo había sido jamás. La comida era mala y escasa. Una per- 



134 



RICARDO SAIMZ 



sona solo- cod !r q;ie daba el establecimiento no hubiera podido 
resisLu- niH-i! . ^■--.ipo. Afortunadamente, en la cárcel, como 
en ninguiía pJ-l- ;,.^.rte, el espíritu de solidaridad era ía razón 
de ser del pic:^o. Sul>re todo del preso político-social. 

En la épuca a que nos referimos, los presos políticos y 
sociales constituían la gran masa de la población penal. Solo 
existía un número muy reducido de presos comunes. En el 
interior de la cárcel, los presos sociales tenían una comisión 
clandestina que era la encargada de la relación con el exterior. 
Esa comisión todos los días comunicaba sus impresiones con 
el exterior haciendo las debidas sugerencias a la organización 
de la calle. 

Hubo épocas cuando el contingente de presos era muy cre- 
cido, que en la cárcel se determinaban muchas cosas que lueo-o 
tenían inmediatamente efecto en la calle. En realidad, ello era 
una cosa natural. La comisión interior de la cárcel era por regla 
general por sus fuentes de información la primera que captaba 
las noticias de lo que iba a producirse en la calle. 

Así se explican los fracasos de la policía. La relación de 
los presos con la organización de la calle ja no al día sino no 
importaba a qué hora era perfecta. Aparte de una serie de 
abogados de toda confianza, que la organización tenía a su ser- 
vicio, los cuales diariamente estaban en contacto con los presos, 
y por tanto podían transmitir al exterior el sentir diario de los 
presos, los detenidos por su cuenta tenían una doble red de 
comunicación. 

Se trataba de tres oficiales de la prisión, que estaban 
incondicionalmente ai servicio de la organización clandestina, 
los cuales prestaban servicio escalonadamente, es decir en los 
tres grupos que constituían las 24 horas de servicio. 

Cuando había algo urgente, tanto de fuera a dentro, como 
de dentro a fuera, el oficial de turno comuíiicaba por el medio 
más discreto posible en el interior lo que interesaba. Lo mismo 
ocurría cuando se trataba de comunicar algo al exterior, en 
cuyo caso, el servicio se prestaba directamente y a mano. 



El SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



135 



Dos de esos oficiales de prisiones eran jóvenes rclfí'-'a- 
mente, y trabajaban para la organización por afiii.^.ír.a. «' 
cero era un hombre de cierta edad, que tenía una i>u;2Üí'^ .i:...^u<:- 
rosa. Lo hacía por simpatía y por alguna que otra prcpin.; que 
recibía tanto en la calle como en la cárcel. 

Ese servicio fué siempre el más seguro y eficaz, pues 
jamás hubo que lamentar el más pequeño contratiempo. Desde 
luego, ios empleados entre sí no sabían ni conocían a los otros 
que estaban comprometidos. 

La dictadura militar a todo lo largo de su existencia, 
no logró, por ningfin procedimiento, domesticar a los sindi- 
catos de la C.N.T. El anarcosindicalismo, se mantenía en pié 
dentro de la clandestinidad. En las zonas donde este era prepon- 
derante frecuentemente surgían conflictos entre patronos y obre- 
ros y para su solución, jamás los obreros recurrieron a la comi- 
sión de arbitraje, por no tener en dicha comisión llamada 
comité paritario, ninguna representación. 

Infinidad de veces, los conflictos se eternizaban a causa 
de la imposición oficial a que la solución fuera dada en la 
llamada delegación del trabajo. Finalmente, la solución llegaba 
sin que los obreros confederales tuvieran que reconocer los 
organismos oficiales de los cuales no formaban parte. 

Las dificultades de desenvolvimiento sindical en los sitios 
de trabajo, eran las mismas que en las otras épocas de clandes- 
tinidad. No obstante, en Cataluña, se operó un cambio salu- 
dable en la conducta de muchos patrones. El espíritu regiona- 
lista estaba muy arraigado en todas las capas sociales como 
hemos dicho y ello hacía que los patronos convertidos a esa 
ideología, predominante, en sus casas fueran un tanto tole- 
rantes con sus obreros cuando se trataba, naturalmente solo de 
cotizar para el sindicato o hacer suscripciones para sus com- 
pañeros presos. 

En cambio había otros patronos los «cavernícolas» como 
se les denominaba, que favorecidos por el régimen, subían como 
la espuma, doblando sus dividendos, estos eran unos verdaderos 



}S 






136 



RICARDO SANZ 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



137 



auxiliares de la policía, denunciaban a los trabajadores, cuando 
estos cometían la más insignificante indiscreción en el trabajo. 
Claro está que la conducta observada por los confidentes 
al servicio de la policía, tenía un reverso, y fuera quien fuera, 
el «judas» tenía la adecuada recompensa en el momento opor- 
tuno, cuando menos se lo esperaba. 

El cerco se iba estrechando cada día más, alrededor de 
los componentes del grupo ios Solidarios. Y no era porque la 
policía tuviera informes más o menos precisos de las activi- 
dades de los mismos. Era por razón natural de las propias 
circunstancias. 

La policía no conocía a los componentes del grupo y aunque 
más o menos pensara la capacidad de acción de la militancia 
en activo no podía calibrar en detalle el punto neurálgico de 
la actuación. 

Cuando la policía por circunstancias aún ignoradas, descu- 
brió el depósito de bombas, ningún componente del grupo fué 
molestado en ningún sentido. Si en dicho caso hubo confidencia, 
el confidente debía ser un hombre inteligente, el cual supo 
cubrirse de todas las malas consecuencias. Kl componente del 
grupo encargado de dicha actividad había sido muerto en izn 
tiroteo con la guardia civil en Oviedo, en el mes de agosto de 
1923, es decir antes del golpe militar, por tanto los otros com- 
ponentes del gi-upo eran ignorados por los que hacían de inter- 
mediarios. 

De esos intermediarios, que nosotros hemos calificado de 
colaboradores directos, fué detenido uno de ellos. El individuo 
en cuestión estaba al corriente de la existencia del depósito y 
además de ello, sabía que en aquellos días iba a verificarse 
un traslado de un número determinado de bombas a otro lugar. 
Ese colaborador fué puesto en libertad poco tiempo después 
de ser detenido, cuando todo íiacía_ pens.ar que sería traducido 
en consejo de guerra y condenado lo menos a ocho años de 
presidio. 






Gomo los Solidarios no tenían ninguna prueba que fuera 
el el confidente y no había habido otras consecuencias graves, 
ia cosa quedó «archivada». 

.„,,?^, . ^^^S^^^^^ e.ii aquella fecha que se había constituido 
un comité de resistencia o de acción revolucionaria en Barce- 
lona, Se afirmaba que ese comité estaba compuesto por miem- 
bros anarcosindicalistas y separatistas. A continuación, se seña- 
laban una serie de nombres, algunos de los cuales eran com- 
pletamente imaginarios. 

La policía tomó en serio el rumor y otra vez la redada. 
Esta vez, el éxito policiaco fué de menor cuantía pues los pre- 
suntos detenidos tomaron ia precaución de cambiar de domi- 
cilio o de no hacerse visibles. 

El descontento y por tanto la conspiración al régimen, 
cada día captaba nuevos adeptos que se sumaban a los cuadros 
de activistas contra el régimen. 

Hay que reconocer y por tanto nos remitimos a ello, que 
Primo de Rivera en los primeros años de su gestión como dic- 
tador y también como jefe mihíar tuvo un éxito parcial en 
el plano militar, en la campaña de Marruecos. El había borrado 
la amenaza que pesaba sobre el ejército español, en cuanto a sus 
graves responsabilidades del pasado, pero no había bastante 
con ello ya que el problema de Marruecos continuaba en pié, 
y se prestaba a nuevas inmoralidades, Kabía pues que abordar 
a fondo el problema de Marruecos de cara a una pacificación 
real o aparente que calmara a las capas humildes españolas 
en su constante inquietud. 

Primo de Rivera concibió un plan en Marruecos. El plan 
consistió en una operación militar de prestigio que él mismo 
dirigió. 

Puso en pié todas las posibilidades de ataque previamente 
de acuerdo con Francia en vistas a esa acción de guerra de. 
gran envergadura. Se trataba de rechazar al enemigo de toda 
la costa al interior del Ri£. «La operación de Alhucemas»; ese 
fué su nombre. 



138 



niCAEDO SANZ 



Primo de Rt^c^m :o: ;' ■ .fe de operaciones, puso en línea 
a las mejores unida-:-::.- -.1. '.:■ marina de guerra, ya que la ope- 
ración era de costa. Áb-cMvrim, jefe rebelde, verdadero patriota 
que jamás hizo la sonrisa al invasor español, hombre duro y 
decidido, una vez más dijo no al enemigo cuando este, le pro- 
puso la sumisión. 

La campaña fué relativamente corta y se terminó con la 
derrota de Ab-el-Krim. 

Los franceses ayudaron en esa especie de operación combi- 
nada a los españoles hasta la rendición del cabeza rifeño, pero 
Ab-el-Krim, que no luchaba contra Francia, sino contra España, 
cuando no le fué posible resistir más, se rindió a los franceses, 
como último desprecio a los españoles. Por eso decimos que 
el éxito de Primo de Rivera fue solo parcial pues la otra parte 
del mismo le correspondió a los franceses. 

Esta pausa de las actividades que precedió la rendición de 
los rífenos, en Marruecos, no fué una molestia, ni vino en per- 
juicio de los jefes y oficiales del ejército español, ya que estos 
pudieron encontrar y encontraron en la península, la manera de 
pasar la vida cómodamente al amparo de una situación de pri- 
vilegio que les daba la dominación militar, contra todos los 
ciudadanos españoles. 



CAPITULO VII 



El éxito parcial en Marruecos de Primo de Rivera le indujo 
a creer que en la península, las cosas se inclinarían en su favor, 
de manera más o menos satisfactoria. 

Tal como lo había hecho constar en su programa de go- 
bierno, en el momento de sublevarse, había que acabar con 
los atentados y toda clase de desórdenes. El no ignoraba lo que 
representaba en España la fuerza trabajadora revolucionaria 
organizada, y en particular el anarquismo militante, que estaba 
invadiendo los cuarteles, preparándolos para una insurrección 
general. 

Ya en el raes de enero de 1920, cuando la nefasta cam- 
paña de Marruecos, es un anarquista. Chueca, el que en Zara- 
goza intenta sublevar el cuartel de Artillería del Carmen, el 
cual murió como un bravo. 

El 24 de febrero de 1924, por orden expresa del minis- 
terio de la gobernación de Madrid, son asesinados en Barce- 
lona por la policía secreta del estado los anarquistas Gregorio 
Suberbíela y Manuel Campos, los dos miembros del grupo los 
Solidarios. Suberbiela formaba parte del comité revolucionario 
que se creó en Barcelona por las fuerzas antidictatoriales for- 
madas por los separatistas- la C.N.T., y los grupos anarquistas. 
Campos, s_e dijo/ había interv_enido en el asalto del banco de 
España 'en "Cijón. Como se vé en esa ocasión, la policía estiba 
bien informada. 

En diciembre de 1923. Durruti, que estaba perseguido a 
muerte por los perros de presa de la dictadura, se ve obligado 
a pasar la frontera francesa para evitar una muerte segura. 



140 



RICARDO SAIS'Z 



Poco después que Durruti, Francisco Ascaso, que se encon- 
traba preso en la cárcel de Zaragoza, acusado de la muerte del 
cardenal Soldevila, logró, con varios otros detenidos, escapar 
de dicha prisión y llegar a Barcelona, en un tren ganadero, 
vestido con una blusa negra que le llegaba a los pies, como 
si verdaderamente fuera un conductor del tren de ganado. 

Seguido de cerca por la policía especial, tuvo que marchar 
a Francia, pues Asease estaba fichado por todas las policías. 

Aurelio Fernández que llevaba la sección de relaciones mili- 
tares, y estaba en contacto con la gente adieta de los cuarteles, 
también había sido detenido en Barcelona el día 24 de febrero 
de 1924, junto con su hermano Ceferino y Adolfo Ballano. 

Aurelio y Ceferino Fernández, después de pasar dos meses 
en la cárcel de Barcelona fueron trasladados incomunicados a 
Gijón, también acusados del asalto del banco de España, y más 
tarde absueltos por el tribunal de Derecho. 

Acusado por actividades de carácter militar, Aurelio Fer- 
nández fué trasladado de Asturias a prisiones militares de 
Zaragoza, de donde se fugó el día 7 de noviembre de 1924, 
logrando pasar la frontera francesa en el mes de enero de 1925. 

Como ccnseenencia del triunfo del golpe militar de Primo 
de Rivera, habían pasado la frontera francesa, buscando refu- 
gio en Francia, infinidad de españoles que se consideraban 
presuntas víctimas del nuevo sistema draconiano establecido en 
España. 

Todo ello naturalmente era el resultado circunstancial por 
cuyo motivo el contacto y la relación estrecha entre los enemi- 
gos de la dictadura del interior de España y de Francia se man- 
tenía y se estrechaba cada vez más. De . ello resultó el primer 
intento revolucionario fustrado- conocido -con el nombre de los — 
sucesos de Vera del Bidasoa. 

El 5 y ó de noviembre de 1924, un fuerte grupo armado 
de revolucionarios españoles residentes en Francia, de acuerdo 
con los del interior de España, pasan la frontera en Vera del 
Bidasoa, con la intención de levantar a su paso al pueblo contra 
la dictadura militar. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



141 



Esa operación estaba combinada con otros levantamientos 
que se producirían en el interior de España de manera sincro- 
nizada. 

Efectivamente, en esa misma fecha, un grupo de revolu- 
cionarios en Barcelona, intenta el asalto del cuartel de artille- 
ría de Atarazanas, empleando para el ataque, la bomba de 
mano. Tanto el intento de Vera del Bidasoa, como del cuartel 
de Atarazanas de Barcelona, fracasaron y las consecuencias 
fueron terribles para los revolucionarios. 

En Vera del Bidasoa fueron detenidos por la guardia civil 
varias docenas de revolucionarios que fueron encerrados en la 
cárcel de Pamplona. Juzgados en consejo de guerra sumarisimo, 
varios fueron condenados a la pena de muerte, siendo inmedia- 
tamente ejecutados, Gil y Santillan. Pablo Martín, también 
condenado a muerte se suicidó, echándose de io alto de la gale- 
ría en la cárcel. . ' , 

En Barcelona en el intento fustrado contra el cuartel de 
Atarazanas, fueron detenidos los anarquistas Llacer y Montejo, 
los cuales también fueron condenados a muerte en consejo 
sumarisimo, celebrado en la cárcel, siendo ejecutados inme- 
diatamente. 

En esa situación de pcrsecusiones, de crímenes y de eje- 
cuciones, el grupo los Solidarios que sufre en su propia entra- 
ña las duras consecuencias, se encuentra de luto y en precario. 

Juan García Oliver, detenido en Manresa, con el compañero 
Figueras de dicha localidad, pasa por el tribunal y son conde- 
nados a 7 años de presidio, condena que cumplieron en el penal 
de Burgos. 

Alfonso. Miguel y Ricardo Sanz, son los dos únicos compo- 

nentes del grupo- los Solidarios que quedan, .en Barcelona, y si 

bien no están sometidos a ningún proceso se pasan la mayor 
parte del tiempo en la cárcel, detenidos como presos guberna- 
tivos. Quedan además dos ,,. compañeras en libertad, Ramona 
Berni y Pepita Not, pues Julia López Mainar y Torres Escartin 
se encuentran en la cárcel de Zaragoza, en espera de ser juz- 
gados en el proceso del cardenal Solde\ala. 



i'iS 



RICARDO SAINZ 



Ki cuadro no podía ser más sombrío, pero aun a pesar 
í^ ■ ■'^:í>, el grupo los Solidarios continuaba actuando. En plena 
i. n-^. arle dictatorial, se intentó una delicada operación, cuyo 
resultado si no fué definitivamente positivo, tampoco fué nega- 
tivo: Se trataba de la recuperación de los 1.000 rifles que ios 
Solidarios habían adquirido en Eibar a los fabricantes Garata 
y Ánitua. Dichos rifles con los 200.000 cartuchos no habían 
podido ser retirados de la fábrica, en atención a la situación 
creada con el advenimiento de la dictadura. Se imponía encon- 
trar la fórmula para entrar en posesión de las armas. 

La fórmula fué la siguiente. Las armas saldrían de la 
fábrica, via puerto de Barcelona con destinación a un país de 
América Latina. Una vez en Barcelona, el grupo los Soli- 
darios con los medios que allí contaba, no le sería difícil 
sacar las armas depositadas. Así se hizo en principio. 

Las armas llegaron al puerto de Barcelona y puestas en 
depósitos, en espera de ser embarcadas. Lo más difícil estaba 
conseguido. 

En Barcelona había un comité revolucionario constituido, 
del cual formaban parte también los elementos separatistas. 

^ Los Solidarios no creyeron oportuno poner en antecedentes 
a dicho comité en lo que hacía referencia a las armas por miedo 
a posibles indiscreciones. Estaba aún reciente el asesinato de 
uno de sus com_ponentes por la policía, Gregorio Soberbíela, 
miembro de dicho comité revolucionario. 

Por otra parte, la gestión de sacar las armas del depósito 
no era difícil pero como se trataba de un gesto de audacia, el 
problema se plantearía a continuación, cuando el gobierno se 
enterara de lo ocurrido. 

Se consultó con "una personalidad de máxima importancia 
que vivía en Barcelona en la clandestinidad y que estaba lla- 
mada a serlo todo en el plano político después de caída la dicta- 
dura, y previa reflexión, se convino que de momento había 
que dejar las armas donde estaban, por ser el sitio más seguro. 
:5i en ei curso del tiempo no se presentaba el clima oportuno 



EL SINDICALISMO ^ LA POLÍTICA 



143 



■ ;Tf;ocuencias, segura- 
cv ene ei importe de 



para ir a burear las armas con ioíi--' 
mente que pasado un límite de Lxv ■,,.;. 

derecho de almacenaje se haría muy biMU^rlanle, las armas vol- 
verían de nuevo a su punto de partida, en previsión de lo cual, 
había que advertir a los fabricantes que debían admitirlas y 
les serían reembolsados todos los gastos. 

Tales contrariedades ocurrían en el curso del año 1925, 
cuando la dictadura estaba en una posición de acabar a sangre 
y Cuego con no importa que oposición y sobre todo con el anar- 
cosindicalismo y el separatismo. 

Como queda dicho, no hubiera sido nada difícil sacar las 
armas del puerto de Barcelona, pero esa solución de principio 
engendraba graves consecuencias si las armas a renglón segui- 
do no se empleaban en una acción revolucionaria.-. No se podía 
dar la voz de alarma a los poderes constituidos con el hecho 
de apoderarse de los rifles, de donde estaban, ya que después 
a continuación hasta que la policía no descubriera el 
paradero de las armas, no hubiera habido un momento de tran- 
quilidad. La cosa era clara. 

Después de mucho tiempo que las armas se encontraban 
almacenadas, como estaba previsto, volvieron a su punto de 
origen, y la casa Garate y Anitua, las admitió, como mercan- 
cía devuelta. 

La organización de los grupos de obreros y soldados en los 
cuarteles también había sufrido una especie de enfriamiento. 
Se comprende, que fuera así a causa de si no la liquidación, 
la pausa de la camparía marroquí. 

El problema de la guerra en África ya no constituía un 
constante motivo de preocupación para los soldados que desea- 
ban cumplir lo antes posible para- marchar a sus casas- una vez- 
lícenciados. 

El descalabro sufrido por ios exilados españoles en Francia 
al intentar la liberación de-España, en su paso por la frontera 
de Vera del Bidasoa, no fué suficiente para que estos renun- 
ciaran a sus propósitos. En París, donde había el núcleo más 



144 



lUCARDO SANZ 



importante de refugiados, donde se pubUcaban periódicos y 
revistas, editados en español, se desrnoadeuo una vigorosa cam- 
pana oral y escrita contra la mon.ír.:....íad de la represión 
militarista en España. Esa campana ciaba respaldada por un 
i)uen numero de intelectuales franceses, sobre todo por libres 
pensadores. Ascaso, Durruti, Aurelio Fernández, García Vivan 
eos, todos del grupo los Solidarios, vivían en ía capital de Fran- 
cia a^bsorbidos en sus actividades de cara a la liberación de 
r.spana. 

_ La rué Petit. 14, donde estaba instalada la librería Ínter- 
nacional era ei centro de las actividades escritas de cara a Es- 
pana l.zberacion, Iberión y otras, publicaciones en español eran 
introducidas clandestinamente en España, creando un clima 
de descontento y de oposición al régimen dictatorial 

Primo de Rivera y Alfonso XIII, el rey felón, creyéndose 
invulnerables, desafiando la ira de los desterrados españoles, 
tuvieron^la osadía de preparar un viaje a París del rey de 
Ji-spana. De este viaje, que se realizó en junio de 1926 ya ten 
dremos ocasión de hablar más adelante por las consecuencias 
a el mismo. 

Alfonso XIII continuaba, como siempre, sin querer enterarse 
de nada, de todo lo malo que acontecía en su reinado Su 
uniea preocupación era la caza y las consiguientes bacanales. 
Los domimos dsl conde de Romanones, del Duque de Veragua 
y otros,^ eran sus sitios favoritos de espansión. Lo demás, todo' 
lo demás no contaba para él. Así se explicaba el abandono de 
Lspana, la penuria general del pueblo español durante su 
remado. 

Los latifundistas; las jerarquías católicas, la alta banca, el 
mihtarzsmo. la aristocracia, y. en fin, todas las aves de rapiña 

de España eran su corte. - 

Mateo Morral, el anarquista de Sabadell, supo captar a tiem- 
po el punto de referencia. Lástima que no tuviera suerte en 
su enaltecedor intento. Naturalmente que hav un proverbio 
español que dice: al rey muerto, rey puesto. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



145 



En Zaragoza, el proceso de la muerte del cardenal Sol- 
devila, que hacía varios años dormía en Auditoria, se puso 
en activo e iba a celebrarse la vista de la causa. 

Había cuatro procesados: Francisco Ascaso, Rafael Torres 
Escartín, Julia López Mainar, y otro compañero cuyo nombre 
se nos escapa en este momento, conocido familiarmente con el 
apellido de Salamero. 

Solo quedaban tres procesados detenidos, pues Ascaso había 
logrado evadirse de la cárcel y pasar la frontera francesa. 

En aquellos momentos el grupo los Solidarios, solo, con- 
taba en Barcelona dos de sus componentes, Alfonso Miguel y 
Ricardo Sanz. Uno de los dos debía desplazarse a Zaragoza 
para atender en lo posible a los asuntos relacionados con la vista 
de la causa. 

Fué Ricardo Sanz quien se desplazó, en atención a los 
conocimientos que este tenía de la capital aragonesa.. 

Serrano Batanero, abogado del colegio de Madrid era el 
encargado de la defensa de Ascaso y de Torres Escartín, ei 
señor Castrillo, abogado de Zaragoza, aseguraba la defensa de 
Julia López y de Salamero. 

Dos días antes de la vista del proceso, Ricardo Sanz llegó 
a Zaragoza. Después de verificar varias gestiones con los com- 
pañeros de dicha ciudad, los cuales debían visitar los testigos 
principales, sobre todo de cargo, cosa que ya estaba hecha, se 
entrevistó con el abogado señor Castrillo en cuyo despacho 
debía encontrar la tarde del mismo día al señor Serrano Bata- 
nero que debía llegar de Madrid. 

La segunda entrevista que debía reunir a Sanz y al señor 
Serrano Batanero, en casa del señor CastriUo, no fué posihle 
celebrarla. No fué posible celebrarla a causa de que "Ricardo" 
Sanz fué detenido por la policía ai salir de la casa donde habitaba 
el abogado Castrillo, en la visita de la mañana. 

Sanz fué llevado con ínuchas precauciones a la jefatura de 
policía. Se trataba por lo visto de una presa de gran valor. 



10 



'■^^ 



146 



RICARDO SANZ 



Una vez en los calabozos, en los sótanos de la jefatura, Sanz 
jué desposeído de toda la ropa que llevaba encima, la cual fué 
examinada minuciosamente, pieza por pieza por los de la secreta. 
Terminada esa operación, vino el interrogatorio. 

El interrogatorio consistió en una soberbia paliza, que 
duró mientras el detenido tuvo fuerzas para resistirla, pues 
;jo podía defenderse por encontrarse maniatado. 

La oportuna llegada del abogado señor Serrano Batanero 
a la jefatura de policía evitó lo peor. Este, sin más ceremonias, 
■6(i presentó en el despacho del jefe y suponiendo lo que ocu- 
rría en aquellos momentos con el detenido, pidió ser confron- 
tado con él. El jefe le respondió que el detenido estaba inco- 
municado a lo que respondió el abogado, que él, solo deseaba 
ver a Sanz. La cosa estaba clara 7 el' jefe de la policía com- 
prendió que debía terminar la brutalidad y demás, debía tran- 
quilizar al abogado, permitiendo que éste viera a Ilicardo Sanz, 
en su propio despacho, pues de lo contrario, tal como le había 
anunciado el señor Serrano Batanero, al día siguiente en la 
audiencia y en plena vista de la causa, él, expondría al tribu- 
nal lo que ocurría en la i ef atura de policía de Zaragoza. 

Ija entrevista se celebró entre el abogado y el detenido y 
no fué de presencia ni formularia, pues el jefe de policía salió 
un momento de su despacho, dejando completamente solos al 
abogado y al detenido. 

Cuando el abogado marchó de la jefatura, despidiéndose 
del jefe, amigablemente, éste pasó a interrogar personalmente 
al detenido. Después de excusarse de lo ocurrido y decir a 
Sanz que había sido sorprendido en su buena fé por sus subor- 
dinados,, preguntó al preso, si era cierto que. era. portador de 
90 000 pesetas para comprar a los testigos de cargo. 

Naturalmente, Sanz contestó que tal rumor era incierto 
y que su ida a Zaragoza no tenía otro objetivo que confortar el 
ánimo de los procesados, pues él estaba seguro que estos serían 
irremisiblemente condenados, con arreglo a la petición^ fiscal. 
El policía pareció comprenderlo así también. 



EL SINDICAT^i^S: tO V L^ POLÍTICA 



147 



-.a acusación, Sanz fué detenido 
Falta de pruebas . . ^ -^--^^ ^^ ^^ ^,^^^^ ¿^ Zaragoza, 
gubernativamente y paso ^; ^-^ - muerte del cardenal, 

' La condena de los procesados por k mué ^^^^^^ 

,.é con arreglo a la V^^^^^^^J^^^^^^^^ 9 años 

Torres Escartín ¡2^^--; ."^^^ ,t Julia López. 

de prisión para Zalamero ^ ^ _ ^ ^ j^^^^^ 

Santoña, Salamero en la isla ü, 

López Mamar e„ l^» P-''"^ ^ hubo una basura en poH- 
En Espafia en todos los Uempos n 

tica que infestó de un confm a otro ^^^^^^^^ ,, Ribera, 

es fácil comprender, que al d-ctono mih'"^^^^^^ ^„^ 

no le fué difícil, amontonar todo ese J F 

etiqueta que decía «Unión Patriótica». 

En dicho V'^^^^- ^°^ gZlZ^^ -- - 
nación. El antiguo caciquismo clasico que 

aborto natural de la época. „„i^morado de tartufos. 

Todo '^^i^'^j^z^:^^^--- ^' 

Ellos lo querían todo. Si h^b.a Ja . .^esinos, y 

había terrorismo y asesmatos ellos los ten J ^^ ^^^ 

si había que mantener a toda España, en la g 

penitenciaria ellos los '^^if^^^rí^s.. «Como el Vino de Jerez y 
Era el tiempo de «Las Corsarias». 

el Vinillo de Rioja», decía 'l"^^' , ^,,,alva, los 

Y mientras tanto, la pohcia ase-mau 

.nagistrados condenaban y el v^d-go JJ^T la prostitución. 
La España de la chulería de la es'^'^- J*^ „lneado, es- 
del analfabetismo, del pedigüeño Y ¿«'^ ™'*°™"' ^'' 

taba bien servida. , ijbrea: ;<La 

Esa era la España de Primo de Riveía y de su 

Unión Patriótica,^. i-eelonal de Aro- 

Zaragoza era un bastión de la C^^.T. La -g ^^^^^^_ 

gón. Rioja y Navarra, formaba a la vanguar 
sindicalismo español. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



149 



148 



RICARDO SANZ 



A raíz de la vista de la cpMsn del proceso Soldevila, ,«como 
medida de precaución^), se íncicrron infinidad de detenciones 
para asegurar el orden. Familias enteras como la de Ejarquellos, 
Castañera, los Navarros. Y un niimero considerable de militantes 
de primera fila fueron detenidos gubernativamente. 

Victoriano Gracia, Miguel Abos, Servet Martínez, Cenon 
Canudo, Valeriano, Sauagustín, Meseguer, Muniesa, Joaquín 
Aznar, los hermanos Riera, entre otros, se encontraban ya en la 
vieja cárcel de Predicadores, cuando llegó Ricardo Sanz. El 
último de la rfedada. 

En aquellos momentos, la espaciosa sala de la cárcel de 
Predicadores, que era donde estaban aglomerados los presos 
gubernativos, estaba completamente llena. Era una causa exep- 
cíonal naturalmente, 7 .los gubernativos, pasados unos días co- 
menzaron a inquietarse; proyectando una huelga del hambre si 
no eran inmediatamente puestos en libertad. 

Por otra parte, los familiares de los detenidos frecuente- 
mente se presentaban en el gobierno civil, en la Jefatura de 
policía a pedir la libertad de sus deudos. Se hablaba con insis- 
tencia en la calle de una Huelga general si los presos guberna- 
tivos no eran inmediatamente puestos en libertad. Dicha huelga 
sena declarada en toda la región a renglón seguido que los 
presos gubernativos declararan la huelga del hambre. 
_ r.a cosa se arregló a tiempo, pues todos los presos guberna- 
tivos salieron en libertad. Todos, menos uno Sanz que continuó 
en la cárcel, a disposición de la Dirección General de Seguridad 
de Madrid. 

En distintas ocasiones, el abogado señor Serrano Batanero 
estuvo en la Dirección ; General, interesándose por la libertad de 
Kicardo Sanz, cosa que después de insistir mucho logró pasados 
seis meses. 

La puesta en libertad de Sanz en Zaragoza fué una cosa 
puramente formularia. Un policía secreta lo acompañó de Jefa- 
tura, a la estación donde debía coger el tren, cosa que hizo La 
pohcia de Barcelona había sido avisada por la de Zaragoza del 



tren Y hora de llegada de Sanz a la estación del Norte en Barce- 
lona. Cuando llegó el tren, la policía de la ciudad condal, ya 
estaba preparada para recibir al presunto detemdo con todos los 
«honores», Pero... ^ 

Pero pasó una cosa, y fué que Sanz no llego con el tren 
a la estación del Norte de Barcelona. Se apeó en San Andrés, 
cogió el autobús y antes de que el tren llegara a la estación San2 
ya estaba en casa, pues habitaba en la barriada de Pueblo Nuevo. 
Fueron solo unos minutos los que estuvo en casa, el tiempo justo 
de abrazar a sus familiares y avisar para su relación con ellos 
en lo sucesivo. 

La policía al verse fustrada, reaccionó inmediatamente yendo 
al domicÜio de Sanz. Este aún no hacía un, cuarto de hora que 
había salido de casa. Sabiéndose perseguido, era muy difícil que ta 
policía detuviera a Sanz en Barcelona. 

La consigna dada por los dirigentes del Partido Socialista 
Español y de la U.G.T., a sus afiliados, de colaboración con 
el régimen dictatorial era escrupulosamente seguida por estos. 
Nada de oposición abierta incontrolada al régimen. Para eso 
estaban las Delegaciones del Trabajo, con sus Comités Pantanos, 
Para eso, tenían su representación en lo más alto, en el Consejo 
de Estado. 

En \sturias, donde de todos los tiempos, los obreros mineros 
asturianos habían ido a la vanguardia de la lucha social,^ de 
clase, en la época de la dictadura de Primo de Rivera los mme- 
ros, en su mayoría controlados por el Sindicato Minero Asturiano, 
de filiación ugetista, se mantuvo en la más completa inactividad. 
Su secretario, Llaneza, afiliado dirigente del Partido Socia- 
lista Obrero Español. A falta de algo útil que hacer, se pasaba 
el tiempo en el café Astur de Mieres, explicando anécdotas en 
tertulia de amigos. ^ 

En cambio en la Duro Felguera y la mina del Fondón, 
donde los obreros eran en su inmensa mayoría anarco-sindicalis- 
tas afiliados a la C.N.T:: estos trabajadores estuvieron siempre 



150 



RICARDO SANZ 



frente a la dictadura, y no reconocieron jamás las instituciones 
oticiales de la misma. 

En Gijón, otro centro importante del anarco-sindicalismo 
.:;~ri>Xf-'- "' •- ^«"^^- -P-n ia^^sL" 

r„- ,f 7"''°'="'« 1"'=' ™™ en todas partes, donde los obre- 
ro. se deo araron en rebeldía oor,tra el régimen imperante Z 
consecuencias fueron funestas. perante, las 

^^^" «" GíJón^ un capitán de la Guardia Civil que se Ua- 
maba Eh.ardo Doval, discípulo predilecto de Martín!" iLdo 
que .en.a aterrorizada a toda la oposición de la cuenca minera 
Sobre todo a los hombres de la C.N.T. j en particular eHuerte 

i d^mete^r'^r'"" '■' }' '"''^^^ "^^ -^^ hablaren! sde^! 

iiaaamente en otro capítulo. 

Doyal estuvo siempre al servicio personal de Anido. Más que 
como oficial de a Guardia Tivil r>«.,,i ^ 

tiv¿ n.rní FI ,"'•''* ';™1' "o-^al era una especie de detec- 

nolicíl ve "' i''"' ''"^'^-P^-ba todas las funciones de 
poUcia. y era personalmente el que intervenía en todas la cues! 
nones cuando se trataba de realizar detenciones, interrogar lo 
detemdos y basta de apalearles en muchas circu;stanc¡r 

un verdt o Tod^sT r' - '^™ ™ "''"'''' '''^ "" --^-»o, 
tarslcon L d r , "" P"' '" ""a^^^a ''^«'-1 de compor- 
cuartel de ?» detenidos y sus familiares, cuando éstos iban\l 
euar.el de la Guardia Civil a interesarse por eUos. 

luohafsoí ::rLtrTas"'""''r r";^' ^-^ '^ "p-^^^- <^' '- 

"dos por él c^L detlr """'^'' '^='°= "'""""^^ ™- 
del d ^''"^'^'' ^' Persecusiones, de la mordaza por la censura 

la dif J"' f °' '"' '"^'•'"^ •*" "fonación de oue se "alt 
la dictadura, en el mundo entero, se conocía lo ,ue oclría en ^ 



^ 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



151 



u;ic: n^mpaña de condena contra el régimen militarista reinante 

cu V.:;jana. - ; . 

i), descrédito, la repulsa a la dictadura cada día se hacia mas 
oslcnsible, tanto en el extranjero como en el interior del país. 

Producto de esa situación de hostilidad creciente, para 
acallar ciertos rumores, y también en plan de desafío, como ya 
había ocurrido anteriormente en Cataluíia, el proyectado viaje del 
rey Alfonso XIII a París, se convino con el gobierno francés se 
verificaría en el mes de junio de 1926. 

La situación era embarazosa para el gobierno francés, ha- 
biendo el precedente de lo ocurrido en Marsella, hacía poco 
tiempo. La policía francesa, a pesar de su organización, del con- 
trol riguroso de ios extranjeros, en Francia, no había podido 
evitar el atentado de Marsella, que costó la vida al^rey de Yugoes- 
lavia y al Presidente del Consejo de ministros, señor L. Barthou, 
llevado a cabo por un yugoeslavo, que fué muerto en el acto del 

atentado. 

En 1926, en Francia, y Bélgica, se contaban por millares 
los exilados poUticos, y era muy difícil en esas condiciones ase- 
gurar que nada ocurriría ai rey Alfonso XIII en su visita a París. 
La policía no ignoraba tampoco la caUdad de los^ elementos 
emigrados, y por tanto era de suponer y más que de suponer, 
era seguro, que se intentaría algo muy serio contra Alfonso^ xiil. 
En aquellos momentos, huyendo de la bárbara represión en 
España; todos los compañeros del grupo Jos SoUdarios, que no 
estaban presos, ante la imposibilidad de una actuación eficiente, 
decidieron marchar a Francia. 

García Oliver que había salido del penal de Burgos, después 
de haber cumplido la condena, así como Alfonso Miguel, que se 
pasaba.ia mayor parte del tiempo en la cárcel de Barcelona, de- 
tenido gubernativo, decidieron también marchar a París," a reu- 
nirse con ei resto del grupo. 

Así se dio el caso que, en la fecha que Alfonso xni llegó 
a París, 6 de ios componeiites del grupo los Solidarios, se encon- 
traban en la capital de Francia. 



152 



RICARDO SAN2 



El día ames de la llegada del rey de España, a París, fueron 
detenidos i''v;r.r'!' ':u /Iscaso, Buenaventura Durruti y Gregorio 
Jover, por 3a pol^vu:. Se les encontró a cada uno de ellos una 
pistola. 

Escusa decir, que la noticia fué algo sensacional en el mun- 
do entero. Aunque los detenidos negaron la acusación de la 
policía de que se proponían atentar contra la vida de Alfonso 
Xin, por no haber logrado realizar el hecho, era de suponer que 
su propósito era ése. 

El atentado estaba preparado por partida doble, pues había 
otros, tres conjurados que esperaban el paso del rey de España, 
armados de rifles, por un itinerario- que éste no hizo, sin duda 
alguna hecho adrede, para desorientar o fustrar la realización 
del atentado. 

Una vez más, el último rey de España, estuvo de suerte, 
paseándose por Francia, sin que le ocurriera nada grave. 

«Le roi charmant», el rey simpático como lo llamaban los 
franceses, de cartón, volvió a España cubierto de gloria. 

A partir de entonces, más que nunca ya no solamente los 
exilados españoles sino todos ios hombres de espíritu liberal, 
franceses o no, emprendieron una campaña de crítica y más 
que de crítica, de condena contra la dictadura española, confa- 
bulada con la monarquía. 

La detención de Áscaso, Durruti, Jover, segiín la opinión 
general más que un hecho de prevención, había sido un hecho 
de provocación, por parte de la policía francesa, confabulada 
con los verdugos que decían gobernar a España en aouella 
época . ^ 

El gobierno dictatorial de Madrid, inmediatamente hizo 
una: demanda de extradicion.de los tres detenidos, para ser, 
juzgados en España, cosa que puso en vilo' a toda la opinión 
francesa, pues ello demostraba que efectivamente el hecho del 
viaje del rey a Francia había sido una burda provocación 
ya no solamente a los refugiados españoles, sino al pueblo 
libre de Francia. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



153 



El prestigioso abogado Henri Torres, se hizo cargo de la 
defensa de los detenidos. 

El proceso de Ascaso, Durruti y Jover, en Fr?r"ía, tm: 
en realidad el proceso contra la dictadura de Primo u-.^ F,.TBró 
en España. Dicho proceso tuvo una repercusión y una reso- 
nancia mundial. Hablar de Ascaso, Durruti, Jover, no importa 
en qué reunión de descontentos, en qué manifestación de pro- 
testa, en qué mitin de propaganda, era lo suficiente para poner 
en vilo a las multitudes. 

Jamás hubieran podido soñar los tres detenidos en una 
aureola y en una celebridad tan efectiva. 

Ascaso y Durruti eran bien conocidos en los medios sm- 
dicales y revolucionarios de España. Jover lo era en el Sindicato 
de la Madera de Barcelona, sí bien no pertenecía hasta en- 
tonces al grupo los Solidarios. Decimos hasta entonces, porque a 
partir de su detención, los Solidarios lo consideraron como uno 
de los componentes del grupo. 

La ola de indignación en Francia, Bélgica y otros países, 
contra el régimen dictatorial de España fué ganando posiciones 
de día en día por doquier. En el interior de España repercutió 
a base del descrédito que llegaba a la rechifla. El gobierno 
francés no solamente no dio la extradición de los detenidos 
sino que toleraba en Francia una campaña bien orquestada, en 
todos los aspectos, contra el gobierno y contra la monarquía. 

Producto de esa agitación, los elementos más activos^ y 
sobre todo los más decididos, en la lucha por la libertad^ prin- 
cipiaron de nuevo a inquietarse mirando hacia España. £1 
clima que se respiraba en el extranjero había que ^ trasladarlo 
al interior. Era allí donde se debía librar la batalla final. 

Después de la detención de Ascaso, Durruti y Jov-er, eL 
grupo los Solidarios, quedó de nuevo dislocado en Francia. Gar- 
cía Oliver trabajando de barnizador, Alfonso Miguel de eba- 
nista, y Aurelio Fernández, que había permanecido imposible 
litado durante muchos meses, a causa de la rotura de un tobülo. 



-^ 



154 



RICARDO SANZ 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



155 



ciíando escapó de las prisiones militares de Zaragoza, también 
estaba trabajando en un taller de mecánico. 

Reunido el grupo, después de examinada la situación, en 
París, tomaron la determinación de volver a España. La 
defensa jurídica de los tres detenidos, Asease, Durruti y 
Javer corría a cargo de Henri Torres, y la campaña de agita- 
ción j de protesta, contra todas las cosas relacionadas con la 
dictadura militar de España, continuaría sin interrupción, 
bajo los auspicios de Sebastián Faure, escritor libertario fran- 
cés, y de los intelectuales, de todas las tendencias, tanto espa- 
ñoles como extranjeros que se habían impuesto la misión de 
luchar por la libertad de España. 

La Librería Internacional y la Enciclopedia Anarquista, 
continuarían funcionando según la orientación dada en el 
momento de su fundación teniendo en cuenta que el objetivo 
principal, consistía en el aspecto primero, de la liberación de 
ios tres detenidos, de la campaña contra la dictadura militar de 
España y por último, de la propagación de las ideas anarquis- 
tas a través de las fronteras. 

Mientras se tramitaban las cosas para emprender el viaje 
de regreso a España, Ricardo Sanz, único componente de ios 
Solidarios, aún en libertad en España, ante la imposibilidad 
de hacer nada práctico, y ante la posibilidad de ser detenido, 
decidió marchar a Francia a reunirse con el resto del grupo. 

Llegado a Paris, Sanz, se reunió con el grupo, tratando las 
cosas pendientes de solución. Como el ambiente y la decisión 
de los componentes del grupo residentes en Francia, era la 
de volver a luchar en España, lo demás fué fácilmente decidido. 

A Sanz, se le encargó la misión de volver inmediatamente 
a España, acompañado de un compañero que no pertenecía a 
los Solidarios, si bien actuaba como colaborador de los mismos. 
Este compañero se llamaba Paulino Sosa. 

La misión era la siguiente; ir a Eibar, a visitar los fabri- 
cantes de armas, Garate y Anitua, y ver la manera de gestionar 



• - A. los rifles y las iviu.aidoucs pertenecientes al 
la recuperación de los núes j 

grupo los Solidarios. ^ ^ ^ , -. ,i,an clandestinamente 

Dos días después, Sanz ? " =■ ; j;; u ¿os a Eibar, se 

U frontera -P-^^^^L^fd la fábrica, coÍ los fabricantes, 
entrevistaron en e^fepacho^^^^^^^ la cuestión. 

--orK;:aIdX;/.acon.id^^^^^^^^^^^ 

:rrc:::;t= l-tUridos .ue .anaarian 

fueron trasladados a la cárcel d; ^an Seb-tran. ^^^^ 

Unos dias después t"-- ' -\f;¿°=,: ^ Moncloa, donde 
ral de Madrid, y desde allí, a la cárcel a 
"asaron 26 meses, detenidos gubernativamente. 



CAPITULO VIII 



• Antes de marchar a Francia, Ricardo Sanz, a pesar de 

estar perseguido, aprovechando la circunstancia, ^de la pr^- 
cupación y del trastorno existente, tanto en España, como en 
Francia, a causa del viaje de Alfonso XÍII a París, hizo un viaje 
de enlace, ai norte de España. 

Visitó Vitoria, San Sebastián, Bilbao, Ovi^o, Mieres, 
Sama-de Langreo, la Felguera, y otras poblaciones de la cuenca 

minera asturiana. 

Sanz no ignoraba lo difícil que resultaba en aquellos mo- 
n.entos viajar por España, pero los Solidarios teman hechas 
muchas experiencias y sabían que camuflándose uu poco con 
nombre supuesto, y viajando en vagón de primera -lase o en 
coche cama, había posibilidades de viajar, aun estando fichado 

o P^^^^^g^^^^- ^.^^ ^^ entrevistó con el doctor Isaac Puente y 
Orille- En San Sebastián, con Moisés Martín y un numeroso 
.rapo del Sindicato de pintores con los cuales estal.a de acuer- 
do sobre la actuación futura a realizar. En Bilbao conecto con 
un numeroso grupo de anarco-sindicalistas, entre los que ^figu- 
raban ios hermanos Vergara, Teófilo y Germán, ei primero 
cie-o, Agapito Gonzales, Vallejo, Alvarez y oíros. 

" Ese ™po de militantes actuaba en Bilbao, con gi'andes 
dificultades, frente a" los- colaboradores de la U.G-J'- La dicta- 
dura impedía por todos los procedimientos el desenvolvimiento 
sindical y político no oficial. En materia sindical todos ^debían 
someterse a las Delegacio^.es del Trabajo y a los comités pari- 
tarios En la política una represión draconiana contra el sepa- 
ratismo. La XJ.GT. como la Unión Patriótica, tenían el bene- 



158 



RICARDO SANZ 



plácito oficial, y podían dormir tranquilos, mientras que los 
opositores con motivos o sin ellos, se pasaban la vida en la 
cárcel, cuando no procesados gubernativos. 

Algo parecido ocurrió en la cuenca minera Asturiana 
En Oviedo, Amador Fernandez, Belarmino Tomás, González 
Fena y otros, hacían la vida de santones. En Mieres, Llaneza 
era una especie de pastor, más que secretario del sindicato 
mmero asturiano. El capitán de la guardia civil de Gij6n 
Ehsardo Doval, que era el arbitro de todo lo relacionado con 
el orden publico, no tuvo necesidad de meterse jamás con ios 
dingentes de la U.G.T. en Asturias. Estos, como^uenos discí- 
pulos y disciplinados, seguían las consignas de Madrid, de cola- 
boracion. 

No ocurrió igual en Gijón y la Felguera, donde el movi- 
miento anarco-sindicalista era mayoritario. Doval aprovechaba 
todas las circunstancias ya no solamente para molestar a los 
hombres de la C.N.T. sino para castigarles, ensañándose con 

En una ocasión tuvo la confidencia o la sospecha, de eme 
residía en Gijon el comité clandestino de la C.Ñ T 4 oaítir 
de entonces no hubo un momento de tranquilidad en casa 
de los militantes mas destacados de Gijón. El capitán Maguía- 
velo, lo ensayo todo, para lograr descubrir quienes eran los 
componentes del comité nacional clandestino de la CNT 
desde el registro domiciliario de noche, la detención mópi': 
nada hasta el simulacro de fusilamiento de los detenidos fué 
puesto en práctica. 

Felguera. El capitán Rooambole sabia que La Felguera era ' 

miraría T'^lt^^^^'f- ^"^ '°^ ""^'«^^ ^-'- Al 

frandeÍa CnT '"'"" '^"' 1"" ^' '^ "'^ ^1 Fondón 
eran de la CN.T., y que por nada dejarían de serlo, renun- 
ciando a su Ideario. Por eso, el capitán fantoche no se ¡tTevtó 
jam. a atacar La Felguera, porque sabía que aqu^; ^ un 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



159 



. El grupo los Solidarios, había estado siempre en contacto 
con los revolucionaría. <i.^ ; Felguera. Por eso Sam no quiso 
marchar a Francia sin entrevistarse con el grupo de la Fel- 
guera una vez más. Su llegada fué de incógnito y sin Uevar 
equipaje. Medio desfigurado, sin preguntar nada a nadie, fue 
a una dirección de éi conocida, donde como es natural no 
esperaban tal sorpresa. 

La reserva fué absoluta. Ni durante la estancia, m des- 
pués de ia misma nadie supo que Sanz había estado en La 
Felguera. Nadie naturalmente, menos los que tuvieron que 
reunirse con él, varias veces. La impresión de la visita fué 
excelente, tanto del visitante como de ios visitados. En, aquellos 
momentos los revolucionarios de la Felguera estaban ocupados 
en la tarea de montaje de fusiles; explicaron al recién Uegado 
que ya tenían varias docenas de ellos, completamente ter- 

minados. , . 

La operación consistía en que estaban en relación con 
varios compañeros que trabajaban en la fábrica de armas de 
Oviedo. Estos, sacaban las piezas de las armas y luego se 
montaban en un lugar habilitado a tai fin, donde Sanz pudo 
comprobar que no solamente hacían fusiles sino también dos 
ametralladoras pesadas ccHonts Kiss», casi terminadas. 

Después de tratados todos los asuntos de interés con ^el 
visitante, se tuvo una última reunión de despedida. Asistie- 
ron a la misma, la mayor parte de los que se requirió su 
presencia, entre los que se encontraban, Eladio Fanjul, Geró- 
nimo Riera, Pedro Martín, Gerónimo Martín, Teófilo Guüe- 
rrez y algún otro más. 

En dicha reunión, Sanz les prometió que su estancia en 
Francia sería muy breve, lo más breve posible. Un fuerte abrazo 
a cada uno de los asistentes selló aquella" memorable reuñióii. 
Tal como había entrado en el pueblo, salió de la Fel- 
guera, de noche, med^o camuflado y sin equipaje, el último 
componente del grupo los Solidarios, que quedaba en Espa- 
ña, en libertad, en dirección de San Sebastián, donde le espe- 



160 



RICAIÍDO SATS.Z 



raban los companeros de Ja Io..nj,,-. ,,^,^ i^a^.^^j^ ^j 
seguro de la frontera franoo... .,.^,, ,.:,, j,i,„ ^-^^^^^ ¿ 
momentos después de su llegad, a: ~.l.; indicado. 

Lo que ocurrió después ya .s^í consignado en el capítulo 
anterior, por cuyo motivo no hay necesidad de añadir Bada 
mas. Sanz fue a la cárcel una vez más con la satisfacción del 
deber cumplido. 

El ambiente español en Francia de cara a un esfuerzo 
eomnn, por la hbertad en España, era magnífico. Todo el 

i,spana E»o, sm embargo, no era suficiente. Había que crear 
en el .nler.or de España el clima que permitiera TposTbl 
i.dad de un golpe de fuerza, de varios golpes si era neoesa iÓ 
que pernntiere la efectividad de una ac.i6n manconrradade 
todos los opositores al régimen dictatorial. 

no-|f"/rT'' '" ''^'"'' ^""^o- '^ ^«'^'"'^ h^^endo todo lo 

toduia mihtar de España, cosa que en el interior, tuvo ula 
gran repercusión. ' ^'^^ 

princfpirf ' tr'™ T' '' °^''""™ ^' ^^Si-n dictatorial 
PiónT d= ' ."^"'"""^ de cara a la acción colectiva. I^ opi- 
mon ,ba de d« en día haciéndose más consciente y decidida 
Aunque de manera graduada, el miedo iba desaparee eldo 
":::.■ ^a-e^ ':.-"''' '^ - — poIí.íco^cTat 
el réi;^,"'-"!! '■"' '^"'" ^'^^ P°- habían colaborado con 
e ae cara a un cambio mas o menos próximo. 

tadurt'^a"" ^"-?'^'°' ^^P""'™^ ™° T- ^^'-ha k dic- 

aauía. a pesar de la censura, de la mordaza y de toda la 
-Clon dracom.,,„a de los medios represivos, en E paña 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



161 



En los cuarteles, los oficiales no afectados, aunque en pro- 
porción muy reducida, no escondían su opinión de condena 
al régimen. Ello hizo que varios de ellos fueran detenidos y 
encarcelados por rebelión. En un momento determinado, solo 
en el castillo de Montjuich de Barcelona, había varios oficiales 
presos, por distintos hechos de indisciplina. Entre ellos se en- 
contraban el capitán Juan Perea Capolino, Fermín Galán, tam- 
bién capitán y el capitán Sancho que murió en dicha prisión. 
Ello no impedía que los comités regionales estuvieran 
informados de todas las cosas y hechos importantes tanto en 
el plano nacional, como internacional, cuando se trataba de 
cosas relacionadas con España. Las cárceles, siempre las cárce- 
les, eran las primeras que captaban las noticias importantes 
fuera donde fuera que los hechos se produjeran. La fuente de 
información m.ás segura y fidedigna era siempre la cárcel. 

El aparato policiaco y represivo no encontró jamas, la 
manera de impedir que las noticias llegaran a la cárcel. En 
la cárcel estaban todos presos, allí no se podía ya detener a 
nadie- Las fuentes de información, además de naturales, eran 
justas. Nadie más que los presos tenía el derecho al privilegio 
de conocer al día las cosas que ocurrían en la calle. 

■ En distintas ocasiones, se intentó por la policía de des- 
mantelar el sistema de información de la cárcel. Ni presos 
pagados ni detenidos postizos, ni oficiales de prisiones confi- 
dentes. Nada, absolutamente nada, de todos los ensayos tuvo 
ninguna efectividad. Y no podía tenerla, si se tiene en cuenta 
que había presos que estaban muy bien relacionados con la 
dirección del establecimiento, con ei médico, con la monja 
- que servía el rancho, con el -jefe del economato, con el cartero, 
y en fin, con toda la gente bien informada, cosa que como es 
natural, revertía infaliblemente en el seno de la comunidad, 
de los privados de libertad. Había otros varios procedimientos 
que la discreción nos aconseja silenciar. 

it 



162 



RICARDO SANZ 



Por todos esos medios de información, se sabía que Juan 
García Oliver liabía sido detenido en Navarra, después de 
haber pasado la frontera y que había sido encarcelado en la 
cárcel de Pamplona. 

También se sabía que Aurelio Fernández había sido dete- 
nido en Bilbao, días después de haber pasado la frontera 7 su 
compañera María Luisa Tejedor, 

A más de Aurelio Fernández, fueron detenidos en Bilbao 
Saturnino Aransaez, Generoso Trucheros y Mariano Pelaez. ■ 

En Oviedo fué detenido Ceferino Fernández, hermano de 
Aurelio. 

En Gijón fueron detenidos Segundo Blanco, Amalio Sara- 
bia, y un compaííero de Canarias que días después fué asesi- 
nado por Do val en el puerto de Pajares, al ser trasladado en 
tren a Madrid. 

En la Felguera, fué detenido Eladio Fanjul. En San- 
tander Lázaro Sierra. 

En Madrid fueron detenidos, en el barrio de Vallecas, 
Urbano Cañardo, Manuel Gómez, Joaquín Aznar y otros. 

Todos esos detenidos fueron llevados incomunicados a 
Madrid, menos García OHver que quedó en la cárcel de Pam- 
plona, y encartados en un proceso de gran resonancia. Según 
la policía achuchada por el "monstruo", léase, Martínez Anido, 
Ministro de la Gobernación, como autores de un comnlot para 
atentar contra la vida de Alfonso XIII, y Primo de Rivera. 

Los detenidos y procesados por la juridicción mihtar eran 
en total unos veinte. c 

Conocidos los hechos en Espafía, y en el extranjero, la 
campaña de protesta contra la dictadura- en España, tomó la 
"forma dé un diliivio.' - 

Todos los exilados políticos buscaban la manera más rápida 
para marchar a luchar a España. Un verdadero desbordamiento 
de entusiasmo se apoderé sobre todo en los medios libertarios. 
La consigna era «a casa». 



EL SINDICAtlSMO Y LA POLITICA 



163^ 



en vistas a hechos tangibles ; ^^^^^ al régimen 

En España, las cosas de ^ «- ^"^^ „,,;„ eam- 

cada día se £orn,ah.aban mas. Se j ce » P ^^ ^^ 

,,,esi„o espaaoL '^^ f ^"^^f^^^^^r. puede i. 
dicho aún que cuando se pie.de el i , ^^^^^ 

directamente al abismo. Es lo que había que ev. ^^ 

Hechos parecidos a ^'•^'^^ZZ^Z sus dolorosas 
y del cuartel de Atarazanas de Barcelona 

consecuencias dcbian -f^J ^ jf crnee'n.raba sobre M.drid. 

La atención general del pa.= se Dirección 

En realidad, los observadores se daban cue„, que ^^^ 

General de Seguridad -^-"¿rait estado mayor, en 
cionamiento, parecía un cuartel g „^eguntaba la gente 

guerra. ¿Qué 1-^^:^;:/;;:;^^ ^c^nt se ocupaba de 

de la calle, esa gente que por regid ^ 

-"e1 estado de .^^^ff^^i^l^^ tZ^^ 
rltUi ::t ^;ro S: itp^Sos Rectamente en ,a 

-''"t t::; rM:íia^:eC:irt« p. ^igun .^p:;; 

centro neurálgico de la situación nacional en po 

conspiratiYo. complicados en el llamado 

Los presos que habían sioo ^ «taban incomu- 

complot de Vallecas, -^;-.--" ^f ^f 'Ño htía ya eon- 
oleados con guardias exteriores a la vista^ j^^j^etor de 

fianza, ni con los oficiales de prisione ^J^^ ...^. 

la causa estaba casi permanente en 1» "««' ^ 
iucomunicación de los detenidos ¿«"^ -;;"^ j, p„Hcía 
A pesar de las "S--- -^■^.t^/ntf Jetados' en el 
para impedir que se comunicaran entre 



164 



RICARDO SANZ 



as 



proceso, no hubo grandes contradicciones ante el juez, en I 
declaracione- ti;; \nj.o': a otros. 

En el pt^sillo, ea la enfermería, en la ducha, en el cruce 
de miradas y en ím en el ambiente, se notaba que no había 
gravedad j que el proceso se haría voluminoso e interminable. 

Daremos a continuación la relación aproximada de los 
procesados con algunos pequeños detalles para completar nues- 
tra información. 

Procesados que comparecieron ante el consejo de mierra 
celebrado en el mes de febrero de 1931: 

Urbano Cañardo, Joaquín Aznar, Manuel Gómez, Mariano 
Pelaez, Aurelio Fernández, María Luisa Tejedor, Saturnino 
Aranzaez, Segundo Blanco, Eladio Fanjul, y Lázaro Sierra. 

Para Generoso Pruchero y Sarabia se retiró la acusación 
y Cefermo Fernandez, como durante la incomunicación perdió 
sus facultades mentales, estaba internado en el manicomio- 
desde luego en concepto de detenido, desde el 26 de diciembre'. 

Parecerá hecho adrede, que hasta ahora a lo lar^o de 
esta biografía, no hayamos hablado del movimiento comunista 
en España, y decimos del movimiento comunista poraue hay 
que denominarlo de alguna manera. En España, ni antes ni 
durante la dictadura de Primo de Rivera, no existía el partido 
comunista Se habla mucho del oro ruso. El oro ruso, no fué 
capaz en España de atraer el proletariado español. Se explica 
que fuera asi. A pesar de los esfuerzos que el equipo de Stalin 
hizo para lograr la iormación del partido comunista español 
nada efecüvo logro durante muchos años. ^ ' 

La información que se tenía en España, sobre la marcha 
de los acontecimientos políticos y sociales en Rusia, confir- 
maban plenamente lo. ...que Ángel P-estaña-había dicho y- esorito.- 
i\ su regreso de dicho país. 

La dictadura del proletariado, era la dictadura del partido 
comunista cuyo secretario indiscutible era Stalin. Este Stalin 
tenía en Rusia poderes ilimitados. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



165 



El hecho de la eliminación de Bujarine, autor célebre 
del ABC. del comunismo, de los revolucionarios oe prime- 
línea como, Sinovleff, Kemenef, y otros ^f^^^ ^"^^^.^^^ 
losa nefasta a la dirección del movimiento de la post re...uciou 

rusa. 

Los revolucionarios españoles que habían vivido casi per- 
n.anen.ementc en dictadura con todos los partidos «aemonarios 
confabulados con el nrilitarismo, la iglesia Y 1« j"™'»— 
no aceptaban de ninguna manera eso de la dictadura, aunque 
esta se llamara del proletariado. Es por esto seguramente por 
lo que la C.N.T. en su definición finalista dice que preconiza 
la implantación del comunismo libertario, después de la revo- 

lución social. 

Seriamos injustos sin embargo si no dijéramos cpie en 
España había unos débiles cuadros, no eran oreados por los 
mismos comunistas españoles, ya que estos no ex-stian. . 

En la cárcel de Madrid en 1928-29, habían varios de eUos, 
todos jefes, BuUejos, Arroyo, Jésus Hernández y Gallo, tn 
Barcelona habían menos, Joaquín Maurin, David Rey. En Bil- 
bao, Pérez Solís, Perezapia. En Sevilla, Adame en ím, apenas 
nada. En Valencia, Hilario Arlandis, y el doctor Bolívar en 
Málaga. Este contaba solo con sus clientes. 

Hay que tener en cuenta que la mayoría de los hombres 
que contaba el movimiento comunista español, eran ramas 
desprendidas o bien del partido socialista, de la L.G.i. o de 
la CNT., todos ellos que aspiraban, cambiando de residencia 
a una posición de jefes dispuestos a imponer la disciplma del 
partido, tal como éste la dictara. 
- - Fué una lástima ,. J^i)Sotros lo hemos dicho en otros lugares 
muchas veces, que la dirección del comunismo ruso que ei 
segundo país de Europa, después de Rusia debía ser España 
el^que hiciera la revolución social y estableciera el comumsmo. 
El comunismo sí, pero no el comunismo ruso, el comunismo 
español. Es decir el comunismo libertario. Como seguramente 



166 



RICARDO SANZ 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



■167 



estaremos obligados a insistir sobre la materia más tarde, er.to\- 
ees expondremos nuestro punto de vista más concretamente. 

Los Socialistas y la U.G.T. por su parte no daban fe de 
vida, es decir vivían encantados como si nada ocurriera en 
España. En la cárcel, había de todos los sectores de opinión, 
sindicalistas, separatistas, abogados, escritores y hasta «chis- 
teros». Sobre todo éstos, en la cárcel de Madrid y Barcelona, 
abundaban, así como los estudiantes desafectos ai régimen. 
A propósito de una idea genial de Primo de Rivera, se hicieron 
por todas partes muchos chistes. La idea consistió en llamar 
a todos los alcaldes de España a Madrid. 

Convocados por el dictador, se presentaron en Madrid 
todos los alcaldes de todos los pueblos de España. Los gastos 
de viaje y estancia en la villa y corte, iban a cargo de los respec- 
tivos Ayuntamientos. 

Como ia asistencia era obligatoria, Madrid fué invadida 
por todos los energúmenos y caciques de España. Toda la 
unión, la unión patriótica claro está. 

Fué un caso único. Seguramente el más cómico, cometido 
por la dictadura militar. Fué un verdadero desorden organi- 
zado. Las calles principales estaban intransitables. Las casas 
de prostitución abarrotadas. Los cines y teatros invadidos y los 
cafés más que al completo. 

Los carteristas trabajaban a pleno rendimiento, y los 
patrioteros, iban buscando las comisarías, para presentar las 
denuncias de la cartera desaparecida. Uno de los chistes: Cama- 
rero, «traiga un directorio». El Camarero aparecía poco des- 
pués con una copa de vino de Jerez, que representaba Primo 
de Rivera y 12 percebes, que representaban sus ministros. 
Otro menos chistoso: En un anuncio del producto del «Rege^ 
nerador paz de cabaUo»,' en Madrid, en la orla de dicho anuncio 
se leía perfectamente «Primo de Rivera es un marica y algo 
más». Excusa decir que los ejemplares de la revista que publi- 
caba el anuncio no solamente se agotaron enseguida sino que 
se vendían a precio de oro. Su autor un joven dibujante que 



se apellidaba Melendreras se pasó una larga temporada en la 
cárcel por dicho motivo. 

Contrariamente a lo que ocurría en los primeros años de dic- 
tadura, que los enemigos dei nuevo estado de cosas procuraban 
salvarse, pasando la frontera o viviendo discretamente escondi- 
dos en España a partir de 1928, se operó la corriente con- 
traria. Los opositores y enemigos de la dictadura ya no se 
escondían, ni se resignaban a vivir en el extranjero. Una salu- 
dable resurreción se operaba por doquier. 

Las cárceles estaban repletas de conspiradores. La vigi- 
lancia del paso clandestino de las fronteras era considerable- 
mente reforzada, para impedir la entrada en España tanto de 
extranjeros como de ios propios españoles. 

La consigna dada era, « enemigo que huye puente de 
plata ». « Enemigo que se acerca hay que meterlo fuera de 
combate ». La salida de España era libre, la entrada impli- 
caba la cárcel. 

Ya a nadie le hacía miedo la cárcel. Bastaba que se diera 
una orden para que todo el mundo se creyera obligado a no cum- 
plirla. Todo el mundo no, todo el mundo no colaboracionista, 
entre los que no se encontraban los dirigentes socialistas de la 
U.G.T. 

En los cuarteles, la disciplina estaba resquebrajada. Aquel 
ímpetu, la soberbia de antaño estaban en quiebra. Los sol- 
dados se mofaban de las clases de tropa y estas hacían el desen- 
tendido, cuando los oficiales y jefes de servicio pretendían dar 
cumplimiento a ciertas órdenes, emanadas de arriba, que no 
tenían nada de común, con las cosas estrictamente de carácter 
de la vida común del cuartel. 

Cuando se trataba de conflictos obreros, dé" acttTS"~de" sabo- 
taje, o de ocupar ios sitios de trabajo por huelgas, los soldados 
decían que ellos eran militares movilizados y no voluntarios. 
Que para ello estaba la guardia civil o la policía. Si había que 
ir al calabozo, irían al calabozo, pero ellos no harían de esquiro- 
les, de rompe huelgas. 



^ '"■W:M«.-..^".Ji!ü? 



168 



RICARDO SANZ 



Cuando después de cinco años de dictadura, cuando ésta 
como ave perdida no sabía donde posarse, para escapar a una 
situación de franca liquidación, cuando el ambiente se caldeaba 
de día en día, frente al desbarajuste político cuando, a más de 
los indeferentes, los aprovechados de todos los tiempos, se apres- 
taban a crear toda clase de dificultades al régimen, para presen- 
tarse después como luchadores de primera fila y vencedores de 
la última batalla. Un verdadero estado de agotamiento se apode- 
raba ya de la selección de combatientes del primer día. 

Los hogares deshechos, los familiares presos o perseguidos, 
el hambre, la miseria, estaba al orden del día, pues si bien exis- 
tieron siempre los comités pro-presos, que no dejaron de actuar 
jamás, el radio de acción, la eficacia de los comités pro-presos, 
quedaban en infinidad de casos ireducida a sus posibilidades eco- 
nómicas, cada vez más precaria. Las cotizaciones en los lugares 
del trabajo se hacían cada día más difíciles, a medida que la 
situación anormal política se prolongaba. Las suscripciones pro- 
presos, solamente a las personas que conocían de cerca la tragedia 
económica de los privados de libertad. Por regla general, se 
atendía antes que nada, a los perseguidos, pues estos, en la 
calle aunque en libertad precaria, eran los que dirigían el movi- 
miento de resistencia y conspiración. 

Donde la tragedia revestía caracteres catastróficos, era en 
los presidios españoles. Los condenados políticos se cifraban en 
muchos centenares. En todos los penales había un buen número 
de ellos. 

Había presos políticos en el Penal del Dueso, Santoña. Había 
en San Miguel de los Reyes, -Valencia, en el R.eformatorio de 
Adultos- de-Graña—Eii Alcalá de Henares." En él Puerto de Santa 
María. En la Isla de San Fernando, Cádiz, en Cartagena, en el 
fuerte de la Mola se encontraban los conden'ados por delito mili- 
tar. En el penal de Burgos, los condenados como peligrosos e 
incorregibles. En el penal de Chinchilla. Y en fin por todo pues 
en España todos los desafectos al régimen vivían en libertad 
limitada o provisional. 



t 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



169 



En la mayor parte de o?:;:: ■ l'ñntros de Purgatorio », la vida 
de los condenados, era una iisíón, para los que los vigilaban, 
las celdas de castigo, siempre estaban llenas, cuando no existía 
un motivo para castigar al preso, lo provocaban, ya en la comida, 
en el aseo, en las practicas religiosas o no importa. Se aplicaba 
incluso, en aquellos tiempos, el castigo corporal por medio de 
los llamados «cabos de vara». Ello sin embargo no hacía perder 
las esperanzas y el humor de los penados. 

El rumor estaba al orden del día, en el penal, falta de 
otras fuentes de información se rumoreaba que iban a dar un 
importante indulto en una fecha más o menos breve. Un penado 
optimista le dice a otro; Parece ser que van a dar un indulto, 
que no vamos a quedar nadie aquí dentro. El otro preso de ma- 
nera pesimista responde: Seguramente que vamos a salir todos. 
Unos de tras de otros. Si, entre cuatro tablas y con los pies de- 
lante. 

La existencia en algunos penales de España era dantesca, 
El presidio de Burgos estaba considerado por todos, como un 
centro penitenciario de castigo. Había Directores de Cárcel que 
eran unos verdaderos verdugos, entre los que se encontraba un 
tal Alfonso Rojas. Ello no impedía que también en los penales 
había plantes y protestas ruidosas. 

Difícilmente se tenían noticias en el esterior, de lo que 
ocurría en el interior de los presidios. La censura era rigu- 
rosa. Las comunicaciones casi nulas. Se conocían los hechos 
solo cuando un penado que cumplía condena en un penal y 
debía responder de otro delito, era trasladado al lugar de refe- 
rencia para ser juzgado; Entonces claro, el secreto quedaba 
roto. El penado, una vez en la cárcel preventiva, al lado de sus 
antiguos compañeros, aún no j"üzgados o gubemaíivos, se consi- 
deraba como en libertad. La cárcel preventiva, como hemos 
dicho ya, no asustaba a nadie. El Penal sin embargo, todo el 
mundo lo temía. 

Los abogados defensores de los presos políticos, actuaban 
como tales, con una menguada libertad de acción. Aparte de 
eso, sus honorarios no eran regularmente por ellos percibidos 



170 



RICARDO SANZ 



a causa de la penuria económica de la Organización. El Comité 
Pro-presos no podía atender a las enormes necesidades, que el 
volumen del movimiento jurídico les planteaba. Recurría a todas 
las buenas voluntades, ayudado por los familiares de los dete- 
nidos, lograba reunir algunos fondos agobiado por el déficit. 

Ei movimiento de solidaridad por los presos de España 
era bastante considerable en el extranjero. Sobre todo en Fran- 
cia y en América Latina. Cuando se trataba de aportaciones 
por vía organizada de grupos o entidades, éstas iban a parar 
más o menos al Comité Pro-presos que aunque clandestino en lo 
posible tenía sus enlaces en cuyas direcciones se recibían los 
donativos. 

También había quienes recibían dinero para los presos 
de una manera particular. Entre ellos citaremos a Tomás 
Herreros y la Revista Blanca en Barcelona. Tomás Herreros 
tenía un puesto de venta de libros usados en Atarazanas. Anar- 
quista militante de toda la vida, estaba en relación con el Co- 
mité Pro-presos y todos los donativos que recibía, no impor- 
taba de donde, los entregaba a dicho Comité, bajo recibo. 

La Revista Blanca o sea la Familia Urales, por el contrario, 
no quiso jamás entregar ei dinero al Comité Pro-presos, negán- 
dose así, a reconocer dicho Comité. Siem.pre tuvo la pretensión 
de ser ella la que hiciera la entrega del dinero a los presos 
directamente, haciéndolo así. 

Es lógico fuera así, si se tiene en cuenta que la Familia 
Urales no pertenecía ni a la C.N.T. ni a la Organización espe- 
cifica. A más de eso actuaban perfectamente dentro de la ley 
dictatorial, por cuyo motivo no fueron molestados en sus nego- 
cios de editores de libros y folletos, así como ■ de la Revista 
Blanca por estar iodo - sometido a la Censura míHtar.-Jamás^ 
ningún miembro de la Familia Urales fué perseguido; ni encar- 
celado por oposición a la Dictadura. 

Ocurrió con la Familia Urales una cosa parecida a lo 
ocurrido con el Partido Socialista Espaííol y la U.G.T. 

En una ocasión por indicación del Comité Pro-presos de 
Barcelona, el Comité Nacional de la C.N.T. aue entonces 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



171 



residía en dicha ciudad, encargó a uno de sus componentes 
de visitar a la Familia Urales, al efecto de lograr, que ésta 
entregara los fondos de los presos al Comité designado para 
los mismos. El delegado por el Comité Nacional, que a la par 
formaba parte del mismo, no solamente no logró sus propó- 
sitos, sino que un miembro de la Familia Urales, lo sacó de su 
casa a empujones. Dicho compafíero se llamaba Pedro Foix 
(DelaviUe). 

Nos limitamos a señalar el episodio, sin hacer ningún 
comentario. 

En cuanto a la honradez de la distribución a los presos, 
del dinero recaudado por la Familia Urales, no podemos decir 
nada, ya que estos jamás admitieron el control de nadie, ni 
dieron cuenta detallada de nada.- Por eso nos encontrábamos 
en período de clandestinidad. Lo que sí podemos asegurar 
que hubo presos que se negaron a recibir el dinero* mandado 
por ellos. 

A final del año 1928 hecho un recuento de la situación 
interior del grupo los Solidarios y el balance no podía ser más 
desconsolador. Tres de sus componentes muertos en la lucha. 
Tres presos en Francia. Tres cumpliendo condena. Tres presos 
en la cárcel de Madrid y uno preso en la cárcel de Pamplona, 
Quedaban dos en libertad en Francia, que por su inactividad, 
habían perdido todo contacto con el resto del grupo. Estos eran 
García Vivancos y Alfonso Miguel. 

En la cárcel de Madrid la situación de los detenidos polí- 
ticos era poco envidiable sobre todo de los presos que no tenían 
familia en Madrid o alguien que se cuidara de ellos en el sentido 
de layarles la_.ropa_ y. sacarles alguna vez a comunicar. 

El Comité Pro-presos de Madrid mucho más aún que el 
de Barcelona se veía imposibilitado de atender a los pi-esos 
en lo más imprescindible^, a causa del enorme contingente de 
presos y a la escasez de ingresos en el mismo. 

La mayor parte de los presos estaban obligados a lavarse 
ellos mismos la ropa. Nadie los sacaba a comunicar, encentran- 



172 



RICARDO SANZ 



dose incluso con dificultades para poder conseguir r! sello nece- 
sario para escribir al exterior. 

La comida era de calidad inferior e insuficiente para los 
presos que no tenían otra cosa que recompensar su alimenta- 
ción. 

Había sin embargo algunas cosas buenas en la cárcel de 
Madrid. Los patios de las galerías, sobre todo de la primera, 
eran muy amplios. El servicio de duchas muy asiduo y sobre 
todo había una biblioteca que era obra de los mismos presos, cosa 
verdaderamente extraordinaria. Había en dicha biblioteca varios 
centenares de volúmenes todos de autores más o menos selec- 
cionados. 

Entre otros, se encontraba Unamuno, Valle Inclán Pío 
Baroja, Pedro Mata, Pérez Galdós, Ortega y Gasset, Ramón y 
Cajal, Vargas Vila, Lope de Vega, Calderón de la Barca. 

Todo lo más selecto de la literatura clásica se encontraba 
al alcance de los privados de libertad, y eUo era la obra de un 
día y otro día de trabajo, de les presos y de sus simpatizantes 
del exterior. 

Cuando se publicaba un libro interesante, inmediatamente 
uno y a veces varios ejemplares, iban a los presos. El encargado 
de la biblioteca estaba en relación directa con las editoriales y 
en algunos casos con los propios autores que mandaban los 
libros gratuitamente y a veces con dedicatorias. 

También se organizaban conferencias, todas eUas muy inte- 
resantes. En las horas del paseo se reunían en el patio por 
grupos,, las conferencias por regla general eran muy concu- 
rridas, a mas había también cursillos de geografía, historia y 
tambien-se enseñaba a leer y escribir a los analfabetos. 

Estos abundaban mucho entre los presos comunes. 

En las cárceles preventivas de España hay en ellas un 
dei'>artamento de «Celdas de Pago», por regla general éstas 
celdas de pago se encuentran habiHtadas al efecto en una de 
las galerías. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



173 



En Madrid, las «Celdas de Pago» se encontraban en la 
primera galería. Por allí pasaban médicos, abogados, ingenieros, 
toreros, escritores, de todo menos curas y militares. Había algu- 
nos de esos presos que se pasaban la vida sin salir de la celda, 
pero había la mayoría de ellos que inmediatamente se familia- 
rizaban con el resto de los detenidos, sin olvidar que allí dentro 
todos eran iguales. 

En esas conferencias y cursillos a que nos referimos más 
arriba, se daban casos bien edificantes. Como es fácil de suponer, 
los conferenciantes y profesores por regla general eran inge- 
nieros, escritores, abogados, etc. El resto eran trabajadores ma- 
nuales, revolucionarios que algunos de ellos llevaban presos 
hasta 4 años. Cuatro años que habían pasado estudiando noche 
y día. 

Al terminar el conferenciante, su conferencia o el profesor 
su curso, eran interrogados por esos compañeros de cjautiverio, 
sobre aspectos no bien definidos que solían ser la admiración de 
todos, sobre todo de los que ocupaban las celdas de pago. 

Una vez un conferenciante para terminar su peroración 
dijo: Aquí entre los que escuchan, hay muchos, muchísimos 
que sin haberse dado cuenta, saben tanto como nosotros que 
hemos pasado por las Universidades. 

El complot de Vellecas que tanto revuelo había dado du- 
rante muchos meses quedó en el ostracismo. Ya nadie hablaba de 
ello. No obstante todos los detenidos con motivo del mism.o 
continuaban en la cárcel procesados. 

El Juez Instructor después de haber agotado todos los 
recursos a su alcanze no había podido encontrar ningún motivo 
de delito lo suficientemente sólido para llevar a los procesados de- 
lante del Tribunal 'Militar que debía inexorablemente condenar- 
los. 

Ante la faUa concreta de pruebas convincentes, optó por 
archivar el proceso, eir espera de algo que no llegaba' que le 
permitiera de nuevo desenvolver el voluminoso alegato. 



174 



RICARDO SANZ 



Y mientras tantos a lo largo del recinto de la vieja Cárcel 
de la Moncloa se oía durante la noche «Centinela Alerta» — 
(c Alerta está». 

Hacía muchos días que reinaba un malestar general en 
la cárcel. Se aseguraba que para descongestionar el estableci- 
miento de la enorme cantidad de detenidos, un número deter- 
minado de presos comunes serían trasladados al Penal de Alcalá 
de Henares. Inmediaíamenlc que se supo ésto, los presos políti- 
cos y sociales se pusieron en acción para evitar se cometiera tal 
atropello e injusticia. 

Las notas pasaban de una a otra galería y las reuniones j 
acuerdos eran concretos. Nadie debía prestarse a ejecutar tal 
orden si es que llegaba. No se podía aceptar el precedente ya que 
primero serían ios presos comunes y a continuación serían los 
demás. Los presos comunes debían negarse a tal maniobra y el 
resto de los presos por solidaridad declararían un plante en toda 
regla. Se negarían a salir de la celda e ir a la comunicación, a 
comida y en fin a obedecer las órdenes. Cuando el Director tuvo 
conocimiento del propósito de los presos, de todos los presos, éste 
encargó a su ayudante que explorara el ambiente general- 
Guando el ayudante en conyersación particular con uno 
de los presos más representativos por su conducta y su seriedad 
alegaba que la operación favorecería a la población reclusa en 
general, el preso en cuestión le respondió: 

En esta cárcel hay infinidad de presos que nc están some- 
tidos a proceso alguno. Es decir que están a- disposición de la 
Dirección General de Seguridad. Con ordenar la libertad de 
esos detenidos, el problema queda definitivamente resuelto. 

Excusa decir que el argumento era de peso y el ayudante no 
hizo ninguna objeción, a lo dicho por el preso. El traslado quedó 
sin efecto. 

Ese mismo problema estaba planteado en Barcelona, aun 
con carácter más agudo. Sin embargo allí hubo solución. Por 
orden gubernativa se habilitaron dos transatlánticos en el Puerto. 
El Manuel Arnus y el Uruguaya dos cárceles flotantes con más 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



175- 



de 600 presos cada uno. Los presos que contenían estos dos 
buques eran todos gubernativo. Se encontraban --^f^.Cr 
nalidades políticas, ena-e ellas, ios Abogados Luis Compans y 
Juan Casanovas. Los dos de la Izquierda Republicana de Cata- 
luña. La vida en la cárcel flotante era más agradable que en ia 
prisión celular, más aire, mejor comida y más libertad de acción 
No había ningún sistema de comunicación organizado y por 
dicho motivo la comunicación era permanente. Los familiares 
y amigos de los presos tenían la posibilidad de acercarse a b 
presos bien por mediación de botes a remos o bien por los muel e 
cerca de los dos navios. La vigilancia interior era casi nula, los 
presos se acostaban o levantaban cuando lo creían conveniente 
Las Bodegas habían sido habilitadas para dormitorios. Los 
comedores eran magníficos y se servían de cubierta, para paseo, 
tomar el sol y el aire marino. 

Era una atracción para los presos, la entrada y salida de 
buques en el puerto, el vuelo de las gaviotas chillonas y carnívoras 
que revoloteaban constantemente alrededor de los barcos en 
espera de recoger sobre el agua los restos de la comida que se 

les lanzaba. T^xr^r 

La vista de la causa del proceso Asease, Durruti y _Jover 
en París fue. después de tanto ruido una cosa secundaria. Í5e 
condenó a los procesados por tenencia iUcita de armas ya la ex- 
pulsión de Francia- , .:j^„^íí, 
Cumplida la condena escogieron como país de residencia 
Alemania. En Alemania no les fué posible por aiferentes ra- 
zones residir, cogiendo como nuevo punto de residencia Bei- 
o-ica Fué en Bruselas donde se instalaron definitivamente. 
^ García Oliver y dos compañeros más que estaban procesa- 
dos en la cárcel de Pamplona por paso clandestino de la tron- 
tera-y por propaganda-clandestina también fueron_conden_ados. 
Juan García Oliver a 8 años de prisión y los otros dos 
compañeros a 2 años cada uno. García Oliver cumpHo la conde- 
na en el Penal de Burgos. Como queda consignado mas arriba 
a partir de 1925 el anarquismo organizado en España virtual- 



176,. 



RICARDO SANZ 



m 

/I 

i: 



monte está casi completamente desariiculado. Los anarquistas 
((SUS gruposj) no existen como tale.:-, a causa de la encarnizada 
persecución que son objeto ios hombres calificados como revolu- 
cionarios. 

La ficha policíaca es la única ley que impera. La policía 
lio se detiene en hacer distinción entre anarquistas y sindicalis- 
Las. Por eso, cuando se habla del anarco-sindicalismo español 
ellos representan el denominador común de todas las fuerzas 
revolucionarias y activas residentes en España, en el período 
histórico que estamos comentando. 

Aparte de un número relativamente reducido de jóvenes 
Tuilitantes no fichados y de algunos otros que trabajan y actúan 
con mucha discreción, el resto ha tenido qne pasar la frontera, es- 
conderse en España y los más están encarcelados. El cq^o del 
grupo «Los Solidarios» que en un momento dado no había 
ninguno de sus componientes en libertad cíi España era el caso 
de la íoíaíídad de grupos anarquistas en el territorio español. 

En esas condiciones en 1927 se reúnen en Valencia un 
puñado de anarquistas cuya cantidad aproximada no podemos 
precisar en estos momentos, con el premeditado propósito de 
vigorizar la organización anarquista ya que los antiguos Comités 
Regionales como tales no dan fe de vida ni actúan de manera 
coordinada entre sí. 

En dicha reunión o pleno se acuerda coníitituir la F.A.I. 
(Federación Anarquista Ibérica). La palabra Ibérica era porque 
incluían en dicha organización al movimiento anarquista de 
Portugal. 

Esa Organización y sus acuerdos quedaron «en pañales)). 
Decimos eso porque en realidad no tuvo continuidad. Solo en 
1929 cuando se perfila un resurgir efectivo en eL conjunto de 
la opinión española el Comité Peninsular de la F.A.I. lanza 
su primer manifiesto a la opinión pública, manifiesto que no 
tuvo como es natural otro valor positivo que el de darse a 
conocer públicamente por vez primera e interesar a todos los 
iniciados. 



CAPITULO IX 



1 s. iq29 se perfila en todos los resortes 
Al entrar en el ano l^^' J ? ^^^ ^^,.,.,^, ^, 

que mantienen en pie la dictaa ^.^^^ .^^^^_ 

i,bra poco a poco los smtomas de una caía ^^ 

diable La opinan pública -P'^' =\ |™ , ^j^ada por 
declive que de dia en día se opera - Jf f°™ j^ „,„;J y 
la vejez, sus errores y su ¡"^'■«'^^'V Ijtario más o menos 

aesFS:d:t^::rr: :: riinrrir curva . . 

-^'^rte^Sfdel r.,men, - -— ruJ^síS?: 
^" T iXatXTé rCtintidlnL^le, sin obst^cüo 
rS.::rLrfÍ:plraci6n se íormali^a y toma cuerp^^e 

Crpo^tdi TZ y S condenada al hundimiento mfa- 

''"'e1 mismo Primo de Rivera, Marqués de Estella se eonsi. 
dora frac™, por el abandono de los s^os Ja aristocrac. .ue 
busca salvarse abandonando el viejo navio que la .onai 
deriva, al naufragio seguro. ¿ .. 

■ V„é tan ffiande el esfuerzo realizado por el p-opu. g 

Fue tan granae descontento, las ansias de vivir 

men para dominar la caUe, que ei u . ¿^ ^1 obje- 

de todo el pueblo español que -'.=^^^^^°»/,7^^j;\ d,Jti. 

12 



178 



RICARDO SANZ 






EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



179 



jas que remozadas por la nueva savia 
,or<; oraban de nuevo llenas de esperanzas 
ÍF: de la resurrección se acercaba a pasos 



nadas y cas: í-a- 
resucitaban y kc 
securas de qiM:. - 
agigantados. 

El ambiente se saturaba de día en día, la mirada del 
cruardia civil ya no era tan inquisitorial, el aire del carcelero 
meaos marcial, y casi reverente. En la comisaría y sobre todo 
en la Dirección General de Seguridad se recibía a los presos 
según la categoría que ellos los tenían catalogados, con la debida 
amabilidad familiar, cosa no acostumbrada hacía ya mucho 
tiempo. 

La cárcel de Madrid, marcaba como verdadero termó- 
metro el punto de la vida política española. Ya no era el Centro 
que acumulaba cual almacén central, a . todos los detenidos en 
la frontera, y a todos los sospechosos del territorio nacional, 
solo lo que podríanaos llamar los detenidos de marca mayor, en 
provincias eran llevados a Madrid para ser interrogados en la 
Dirección General de Seguridad, de ese hecho la descongestión 
del establecimiento se operaba por sí solo, con la debida len- 
titud. 

Los hechos llamados del Prats de Molió, llevaron a la 
cárcel de Madrid a un solo detenido, éste se llamaba González 
Alba, activo militante separatista, profesor de la lengua cata- 
lana en Barcelona. 

Por tanto los hechos de Prats de Molió tuvieron resonan- 
cia internacional, a pesar del fracaso inicial de los mismos. 

Sin que nosotros podamos precisar en detalle lo que ocu- 
rrió, se supo que el coronel Francisco Macía, exilado en Francia 
primer opositor separatista Catalán al régimen dictatorial de 
Primo de Rivera concibió el propósito de hacer una concentra- 
ción de fuerzas en la frontera francesa para invadir España 
por la frontera de Cataluña. 

A esas fuerzas de invasión, compuestas no solamente de 
sc]jaratistas catalanes sino de todo un conglomerado de patriotas 
{¡^pañoles, una vqz pasada la frontera, debían unirse en terri- 



..o CaU. o.as íue„as abadas ..e deHa. p— a. . 
astado libre de Cataluña mdependxnte ,^ ,^^ ^. _ , ,,„ 

Se dijo entonces í™ / ^f ™ fy,„eia de un t.. - 
empresa de Macia se deb.o a la con ^ ^^_^^ ,^, ^, ,^ 

baldi, que se hacía f-^'\TZ"^Jroi.s y defensor de la 
célebre Garibaldi «autor de las camisas roj , 

unidad italiana». antecedentes a 

Ese íalso y confidente G^"''^^'';' J"^" ,^ p.^.s de MoUo. 
la policía francesa, de lo que - J^ invasién/a causa de las 
eos! que '^'-f 7:„tCrórprten^a d^ la policía fran- 
detenciones y de "'--J^ J,^ i„, „„„tUetos de frontera 
cesa que quena evitar a loa . 

con España. , „„ i^ rávcel de Madrid 

GoUe. Alba al que eonocrnros - U^carc^ ^^ ^^^^^^^ 

era un hombre con^encdo de sus id ^^^ ^^.^^ 

«- de las í«--^:;Pr;:if co'h^Lon iie el ideal-que 
Conté y otros que con su .sacr religión. 

ellos sustentaban .se convirtrera en -^ e^pe ^_^ ^^ ^^ ^^^^ 
Nadie dudaba ya que el ano 1929 se ^^,^^^,, en 

de la Dictadura. Sin embargo el deso den y ^^ ^^_ 

política de -dos los nempos en E^pan ^^^^^ 1 ^^^^.^^^^^^^^ 
lumbrar un equipo de recamo 

eapa. de heredar una sucesión <P\l'^'"ll^, en escena 

Los Socialistas estaban «-P^^^t L' el^aciente y eola- 

eomo algo nuevo y seguro poi ^1^°^^^^^^ «pelicanos como 

boracionista con la Dictadura Lo pa.tidos y ^^ ^^^.^^ 

,ales no habían actuado f.en a » f ^^^ P^n España lo 
individualidades, todas ^'}]''''':jlj^\,,^, „adie le siguió 

asqueada de la política ramplona y ~™-¿f;J pretendiendo 
pa'do en potentes sindicales al marg n ¿^ la^po''^ P ^,, ,, 

conseguir la emancipación por ellos mismos. 



180 



RICARDO SANZ 



qae luchaba, la que caía en las encrucijadas, la que perm^^nc 
cía encadenada medio muerta de hamire en las cárcelys v 
presidios. 

Por eso es lógico pensar que esa clase proletaria, cuando 
podía expresarse en reuniones, en actos públicos, o en manifes- 
taciones espontáneas, expresaba su convicción más absoluta, que 
solo la revolución social por el impulso de los de abajo podía 
y era capaz de hacer posible la justicia entre los humanos. 

Cuando todo parecía en compás de espera y cuando la calma 
era más completa en medio de la noche, un movimiento de puer- 
tas, de pasos, de palabras quedas, rompió el sueño de los que 
ocupaban las celdas de la primera galería de la Cárcel Modelo. 
¿Que pasa? interrogó un preso a uno de los ordenanzas de las 
celdas de pago. Este respondió : ingresos, muchos ingresos. 

Era la llamada noche de San Juan. Habían sido detenidos 
varias docenas de intelectuales en Madrid, todos enemigos polí- 
ticos del régimen, escritores, abogados, médicos, ingenieros, 
dibujantes, arquitectos, de todo había, e incluso un nutrido grupo 
de profesores y estudiantes. Todas las celdas de pago estaban 
ocupadas y aun no habían bastantes de las solicitadas por los 
nuevos ingresos. 

Un mo\dmiento extraordinario se operó tanto dentro de la 
cárcel como a la entrada de la misma. 

El patio de la primera galería parecía en fiesta. La mayor 
parte de los detenidos no habían estado nunca presos y a pesar 
de ello su moral era excelente. Otros sin embargo los primeros 
días de detención no saUeron de la celda y apenas tomaron ali- 
mentes. Estos desde luego, en un número muy reducido. Los 
días de comunicación con el exterior era un verdadero aconteci- 
miento. Los visitantes se apiñaban con el fin de comunicar con 
ios detenidos cosa que a veces no podían lograr por no reunir 
las condiciones reglamentarias. En más de una ocasión en la 
calle se formaron alborotos entre los visitantes y el servicio de 
orden. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



181 



Mientras que en la cárcel habían presos que se pasaban 
muchos meses sin comunicar con el exterior, incluso ni por co- 
rrespondencia, a los nuevos detenidos eran por docenas las per- 
sonas que venían a visitarles, y recibían un correo volummiKo. 
Todo ese movimiento duró poco tiempo, no había ocurrido 
nada en la calle, todo había sido una falsa alarma, sin fundamen- 
to Los detenidos cada uno por su cuenta hacían las gestiones opor- 
tunas para recobrar la libertad, recurriendo a las amistades y a 
las influencias personales. 

La Dirección General de Seguridad en dicha ocasión como 
no había proceso, no podían retener en la cárcel a ios presos 
de la redada de la llamada noche de San Juan. 

La corta estancia de los presos de la noche de San Juan en 
la cárcel sirvió para mucho. En la calle era muy difícü reunirse 
por el peligro de ser detenidos y procesados por reunión clandes- 
tina. Una vez en la cárcel, ya no existía el peligro y las reuniones 
fueron frecuentes y prolongadas con la ventaja que a ellas acu- 
dían las personas designadas por sus compañeros. Excusa decir 
que jamás la policía sorprendía ninguna de dichas reumones 
las cuales no nos atrevemos a calificar de clandestinas. 

Era así como la dictadura por todas partes cavaba su propia 

fosa. 

Era el momento de las sorpresas. Un día por la mañana 
Ricardo Sanz que hacía más de dos años se encontraba en la cárcel 
de Madrid sin que ninguna autoridad se acordara de el fue 
trasladado a la Dirección General de Segundad. Cuando se le 
comunicó que era solo para una cuestión de interrogatorio este 
pensó, que le iban a complicar en algún nuevo proceso. 

Nada de eso. El Jefe de la Brigada Social de dicho Centro 
Señor Luís FunoU que ya le esperaba en su despacho lo hizo 
pasar y después de ofrecerie una butaca para sentarse, y un 
cigarillo que no aceptó por ser abstemio. Le dijo estas palabras: 
Vd. ya sabe que yo soy Valenciano como Vd. mismo. En plan 
de paisano he pensado muchas veces como yo podría lograr su 
libertad pues aunque Vd. crea lo contrario su Ubertad no depende 



182 



RICARDO SANZ 



de mi sola voluntad, de lo contrario haría mucho tiempo que 
Vd. hahría salido ya de la cárcel. 

Hay una posibilidad de que Vd, salga de la cárcel de 
Madrid, para que luego pueda recobrar más fácilmente la liber- 
tad. La posibilidad existe a base de que Vd. por niediación de 
un abogado se haga reclam.ar por uno de los juzgados de Bar- 
celona para la Instrucción de diligencias. Una vez salido de Ma- 
drid nosotros daremos por liquidado su asunto y Vd. en Barce- 
lona podrá más fácilmente recobrar la libertad, pues allí ahora 
hay pocos presos gubernativos. 

Le respondió Sanz que aceptaba su iniciativa y que haría 
las gestiones oportunas para hacerse reclamar por Barcelona. 

Ocho días después Ricardo Sanz, acom.pañado de dos agen- 
tes de la policía secreta de vista, fué trasladado a la cárcel de 
Barcelona. 

Una vez en Barcelona, su abogado Sr Juan Rosiñol que 
era el que había hecho todos los trámites de reclamación y tras- 
lado a dicha . Ciudad del preso se ocupó de la gestión de su 
puesta en libertad cosa, que logró pocos días después. 

Los frenos del aparato represivo de la dictadura estaban 
ya tan gastados que no lograban un funcionamiento eficaz. 

Los colaboradores que durante muchos años habían obede- 
cido con celo las órdenes ultra montanas, recibidas del monstruo 
enjaulado en. el Ministerio de la Gobernación se -creían en el 
derecho de no ejecutarlas ahora al pié de la letra, justificando 
siempre algún motivo de no poderlo hacer. Los perros fieles 
servidores de Martínez Anido que hubieran querido continuar 
la caza del hombre a ultranza ya no eran secundados por sus 
subordinados, aquello era el fin. 

Primo de Rivera era él que desde lo m.ás alto del poder 
captaba con más precisión el declive de todo su sistema. El menos 
que nadie contaba con posibilidades de piezas de recambio que 
le permitieran renovar el aparato en perdición. Para él todo 
estaba perdido irremediablemente. 



EL SINDICALISMO V I.A POLÍTICA 



183 



Y mientras el confusión}- t-- ílgido invadía la nación, 
Alfonso xin aun rey de Espruic per.víaTiecía emboscado en espera 
sin duda del milagro que a última hora lo iba a salvar. Pobre 
España. Y cuanto cretino. 

A últimos de 1929 Primo de Rivera dimitió ante su propio 
directorio militar pasando a sustituirlo otro General. Dámaso 

Berenguer. 

Berenguer era un general cuya historia había también 
retoñado en Marruecos. Más perspicaz seguramente que Primo 
de Rivera no quiso cargar con el peso de la responsabilidad de 
la larga gestión de éste en el Poder y desde el principio prometió 
al pueblo español ir inmediatamente a la normalidad civil por 
medio de la convocatoria de elecciones. 

Pero el Caballo de Troya que ya galopaba dentro de la 
fortaleza antes de la dimisión de Primo de Rivera no podía 
detenerse en su carrera por un sólo cambio de decoración en el 
escenario político. 

La conspiración y el descontento hacían su camino. 

Aflojadas un poco las bridas de la represión, los conjurados 
y los descontentos cobraban bríos. Había que acabar lo antes po- 
sible con aquella situación de vergüenza y de sufrimiento que 
ya duraba demasiado. 

Siempre dentro de la clandestinidad, los sindicatos comen- 
zaron a actuar ostensiblemente. En Cataluña y concretamente en 
Barcelona por vez primera después de más de seis años, el Sindi- 
cato de la metalurgia hizo una petición de mejoras seguida de 
una huelga que fué general en los grandes talleres de la Maqui- 
nista Terrestre, la Vulcano, Casa Girona, Casa Torres, Hispano 

_ Suiza y otras. 

A la par la conspiración política sobre todo en el orden 
militar se ' condensaba cada día más de cara al hecho de la 
sublevación en la calle. Los Jefes y Oficiales que a lo largo del 
mandato de Primo de Rivera habían permanecido víctimas de 
todas las humillaciones, de todas las persecuciones, y de todos 
los escarnios, por fin habían roto las amarras que los tenían 



184 



RICARDO SANZ 



casi inactivos, consignados, vigilados o eTicíirííC-ñdns, lanxándose 
de lleno abiertamente a la lucha activa. 

Los hombres anarcosindicalistas eran soJiciíados en todas 
partes donde había algo en proyecto contra ei régimen imperante, 
pues era notorio que sin la intervención de la C.N.T. y de la 
F.A.L no había posibilidad de hacer nada serio en el plano regio- 
nal como nacional. 

El tiempo pasa y Berenguer, o es prisionero del aparato ^e 
él no ha creado o no se da perfecta cuenta que hay problemas 
en puerta que urgen la solución que no llega. No se ha notado 
ningtín cambio sustancial con la dimisión de Primo de Rivera. 
Todo continua igual que antes. Si se respira un poco más de 
libertad, es la consecuencia lógica de un régimen en descompo- 
sición, cosa iniciada ya antes. 

Nadie se resigna a esperar nnás. Ni los exilados políticos 
en el extranjero, ni ios presos y perseguidos, ni los militares, 
purgando castigos injustos e inm^erecidos, ni ios Sindicatos clau- 
surados. Nadie absolutamente nadie se resigna a esperar más. 

El descontento aumentaba cual bola de nieve. En poco tiem- 
po Berenguer se hizo más impopular que lo había sido jamás 
Primo de Rivera, si se tiene en cuenta que no había ningún 
motivo que justificara aquel largo período de interinidad que 
nadie aceptaba. 

El Comité de acción del movimiento anarcosindicalista crea- 
do exclusivamente para coordinar las fuerzas opositoras al régi- 
men en vistas a un movimiento subversivo residente en Barce- 
lona, redoblaba sus esfuerzos buscando las relaciones oportunas 
al caso. 

Donde este Comité tuvo una acogida más entusiasta fué en 
las cuadros militares de categoría relativa. Es decir de Sargentos 
a Comandantes. Los que ostentaban la graduación de Capitán 
eran bastante numerosos. 

Las entrevistas primero y las reuniones después, se tenían 
por regla general en un bar de ]a calle Aribau y en un Restau- 
rante de la barriada de la Barceloneta. Todo esto en Barcelona, 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



185 



Zaragoza por ser el centro neurálgico de la cosa militar de Es- 
paña permanecían en el primer plano de la conspiración. 

Madrid debía dar el golpe de gracia al régimen. Las fuerzas 
prestas a sublevarse eran las de aviación concentradas en Cuatro 
Vientos y el Jefe del movimiento insurreccional era el Coman- 
dante Ramón Franco. 

Mientras que en Cataluña y Vizcaya se daba por descontado 
el triunfo total de la insurrección ya desde la iniciación, en 
Zaragoza, la cosa se presentaba más difícil y problemática. Nava- 
rra aunque muy reaccionaria y comprometida con el régimen 
dictatorial no constituía problema por encontrarse, a más de 
aislada, prisionera del propio movimiento, teniendo en cuenta 
que éste debía iniciarse en Jaca provincia de Huesea, 

Era por la frontera de Canfranc que debían converger los 
exilados de Francia después de la sublevación de la guarnición de 
Jaca. 

Ei General López Ochoa residente entonces en Barcelona 
contrario del régimen de Primo de Rivera, acudía frecuentemente 
a las entrevistas con ios hombres de la C.N.T. 

£1 problema principal a debatir era siempre el mismo sin 
que en realidad jamás huhíera debate. 

Se trataba de derribar la Dictadura e implantar una Repú- 
blica. Una República Democrática que sería la encargada de 
convocar a unas elecciones generales, cuyas Cortes Constituyentes 
se encargarían de elaborar la nueva Constitución. 

La monarquía se bahía suicidado aceptando complaciente el 
advenimiento de la Dictadura militar, desde entonces ya nadie 
se atrevería a defender la monarquía, todo lo contrario. La mo- 
narquía debía desaparecer junto con la dictadura- Los- hombres 
del anarcosindicalismo no mostraban en las reuniones ningún 
interés particular, por el régimen político a implantar, después 
de la revolución aceptaban de grado la implantación de la Repú- 
blica, porque creían que dentro del Régimen Republicano se 
podía avanzar mucho en lo social pero eso y nada más. 



186 



RICARDO SANZ 



Lo que SÍ exigííin, '■'■L:<^ ^'>(Jn los hombres de la C.N.T., era 
la libertad de asocmc!;'!ji, t!.; Laelga, de propaganda escrita y 
oral, así corao ia inter venció'.!: de los sindicatos en los problemas 
de la economía que les afectaba directamente. 

No hablaban de la reapertura de los locales sindicales ni 
de la libertad de los presos ni de nada de lo que afectaba a la 
Dictadura; pues estaban convencidos que esos problemas queda- 
rían resueltos automáticamente al día siguiente de la subleva- 
ción, pues nadie se opondría a ello. 

Por las razones que fueran, los militares rebeldes tenían 
mucha más confianza con los sindicalistas revolucionarios de la 
C.N.T., que con los políticos. Ellos explicaban a su manera 
esa inclinación hacia los medios sindicalistas decían que tam- 
poco ellos eran políticos, 5^ que consideraban que el sindicalismo 
tenía una base constructiva y creadora, mientras que la política 
era ei arte de engañar, era la parte negativa de la vida, 

Ramón Franco, era un entusiasta partidario del sindica- 
ÜGmo revolucionario. Era si se quiere hasta un poco sectario. 
También el explicaba esa inclinación hacia los medios sindicalis- 
tas. Un día con aquella sinceridad que le caracterizaba en su 
casi brutal franqueza decía: Jamás una sola vez he recibido una 
decepción entre los medios obreros. La palabra por ellos dada, fué 
cumplida, el compromiso ejecutado y la razón justificada. Con 
ellos se puede ir no importa a donde, con la seguridad de no ser 
engañado. 

Su conducta se ajustaba siempre a este lema. En 'ios mo- 
mentos difíciles, cuando precisaba del auxiliar valioso y seguro 
siempre recurría a los de la C.N.T. 

Una vez había que desplazarse a distintos lugares de pro- 
vincia, por necesidades de ia propia conspiración, el carácter dé 
ia gestión era puramente militar. Por voluntad propia de Ramón 
Franco que era el que personalmente daba las ordenes escritas a 
sus compañeros de armas, fueron los hombres del anarcosindica- 
lismo, quienes se encargaron de dicha misión. Esa era para 
Ramón la mayor garantía de seguridad. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



187 



Su domicilio particular en Barcelona, situado cerca ílt 
Avenida del Tibidabo era frecuentado por alguno de su& ar.i . ' 
siiTdicalistas revolucionarios. Periódicamente en los momento 
decisivos se celebraban reuniones clandestinas en el Restauranre 
las Delicias de la Barceloneta cuyo propietario era un anarco- 
sindicalista. 

Cuando se encontraban presos en el Castillo de Montjuieh 
los Capitanes Sancho, Galán y Perea, estos estuvieron siempre 
en relación con el Comité de Acción anarcosindicalista residente 
en Badalona. Los Capitanes Medrano, Jiménez Reixat y varios 
otros actuaban siempre en relación con la C.N.T. y F.Á.I. 

Por otra parte en Barcelona el Comandante Pérez Farras y 
el Capitán Escofet estaban incondicionalmente al servicio de la 
política catalanista. Es decir de Maciá y Companys. La retirada 
estratégica de la Dirección del aparato Dictatorial de Primo de 
Rivera, había causado en general una especie de río revuelto entre 
los que le seguían y amenazaba convertirse en desbandada. 

Pero existía aún un hombre capaz de mantener el aparato 
Gubernamental en pié, si se esperaba que de manera platónica 
cambiaran las cosas. Ese hombre era el Ministro de la Gober- 
nación, Martínez Anido. El monstruo, durante más de seis 
años había formado un aparato represivo en el plano nacional 
capaz de hacer abortar no importaba qué plan de sabotaje, al 
poder dictatorial. Todo lo había centralizado en sus manos en 
lo relacionado con el orden público. Berenguer se creía seguro 
de que nada ocurriría mientras que Martínez Anido estuviera 
en el Ministerio de la Gobernación. Por eso se entretenían bus- 
cando la manera de salvar la Monarquía de una caída irremi- 
sible. - - - ■ -- ' 

Sánchez Guerra que en otra ocasión ya se había enfren- 
tado con el monstruo siendo éste Gobernador de Barcelona, se 
creyó una vez más capaz de de=afiarlo, y fué uno de los polí- 
ticos que abiertamente se dispuso a terminar con la dictadura 
militar. 



vy 



188 



RICARDO SANZ 



En relación estrecha, de manera ya coordinada con la 
conspiración, Sánchez Guerra pasó a la acción, escogiendo como 
centro de sus actividades, Valencia. Si la insurrección hubiera 
tenido un punto de partida favorable, la ciudad del Turia, la 
cuna de Blasco Ibañez, se habría consagrado de nuevo, ante la 
historia, como lo hizo en otra época con la epopeya del Cid 
Campeador. 

A medida que el tiempo transcurría, el vacío alrededor 
del poder dictatorial, era más amplio. La llamada Unión Patrió- 
tica daba la impresión de un comercio en franca liqfuidación. 
Nadie quería asumir la responsabilidad de la fin de gestión; 
por las graves consecuencias que ello les podía acarrear. Se 
dejaba hacer, y en muchos casos se colaboraba y se indicaba el 
pasaje más fácil del camino a seguir, para llegar al fin de 
aquella situación cadupa. Los enlaces de la conspiración se tras- 
ladaban de una parte a otra, sin grandes dificultades. I^ fiera 
sin embargo daba coletazos y golpes de cabeza que paralizaban 
la acción. Se actuaba con dificultad y había que evitar las im- 
prudencias o las precipitaciones, para no malograr la eficacia 
en la acción. 

Claro está que en aquellos momentos la paciencia no podía 
ser ilimitada. Hacía demasiado que se esperaba el fin, que al 
parecer el momento era oportuno para ir al toro. Como siem- 
pre los más decididos, los más impetuosos solo pensaban en un 
objetivo, terminar lo antes posible con la dictadura y con ella 
todas las inmoralidades que la rodeaban, lí>s exilados en Fran- 
cia y Bélgica esperaban el momento oportuno para intervenir 
sin pérdida de tiempo. Vivían al comente de todo lo que ocu- 
rría y muchos de ellos, los menos conocidos o comprometidos 
se introducían poco a poco individualmente en España; ios otros 
los que estaban reclamados o perseguidos permanecían cerca 
de la frontera lo más cerca posible. Se estaban ultimando los 
detalles para fijar la fecha de la sublevación. Claro que esta 
vez, la conspiración no se hacía en sitios confortables, como las 
otras veces, que servían como punto de reunión, los cuartos 



i£I. SiríDICALlSMO Y LA POLÍTICA 



189 



rí' banderas, las Capitanías Generales y, los Ministerios, Las entre- 
vl.vn« se celebraban en los sitios reservados de algún cafe, en 
lo., sótanos de alguna bodega, en el bosque o en algún domi- 
cilio particular. n i^i ^ ^ 

La misión reservada a los sindicatos de la CJNa. era la 
declaración de la huelga general nacional, para apoyar el movi- 
miento. El Comité Nacional que en aquella época residía en 
Barcelona ya había imprimido un manifiesto invitando a os 
trabajadores españoles, a sumarse ai movimiento, advirtiendoles 
que si había lucha en la calle se pusieran de parte de los suble- 
vados, empuñando las armas que éstos pondrían a su dispo- 
sición, , 

La primera misión de los trabajadores una vez el movi- 
miento en la calle debía ser abrir las puertas de las cárceles y 
presidios, poniendo en libertad a todos los presos, sm distin- 
ción alguna, igualmente se procedería a la apertura de todos 
los domicilios sociales de los sindicatos clausurados, asi como 
de las imprentas y escuelas clausuradas por orden de los dic- 

Las llamadas Delegaciones Oficiales del Trabajo y las 
locales de los Comités Paritarios debían ser asaltadas, incau- 
tándose de la documentación, que podía comprometer a los fun- 
cionarios del departamento llamado de trabajo por si procedía 
su detención y procesamiento. 

En ese aspecto no cabía duda que en las zonas donde el 
movimiento era auarco-sindicalista, la consigna sería respetada 
y seguida escrupulosamente, al pié de la letra. Todo estaba 
ultimado en cuanto se refiere a la eventual participación de los 
trabajadores en el movimiento. La palabra de la fijación de 
fecha y hora del movimiento les estaba reservada a los mili- 
tares. 

Todos esperaban impacientes la hora de la verdad, sobre 
todo los militares de carrera que habían sido castigad^os, mal- 
tratados y hasta escarnecidos por sus propios compañeros de 
profesión. Producto de esa impaciencia, sin duda, se produjo 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



191 



190 



HÍCAUDO SAJNZ 



la cat?ipl'í''í-'^ '-^''' í>í's in(5Sperado se corrió el rumor que la 
guarnicic'.::. d: .;\^oi\ (provincia de Huesca) se había sublevado. 
A contiDua^-ion Uci^tintn ios detalles aclaratorios. Efectivamente, 
los capitanes Fermín Galí'm y García Hernández de la guarni- 
ción de Jaca, al írenU! dt; 1a tropa, se habían sublevado contra 
el Gobierno de Madrid. 

Parece ser que el enlace mandado a dar la fecha defini- 
tiva de la sublevación había dado la fecha anticipada motivo 
por el cual los capitnn(í,s Galán y García Hernández se lanzaron 
a la calle antes del día exacto. Fracasado el intento, el caso 
fué sancionado con lodo rigor. Detenidos los capitanes Fermín 
Galán y García Hernández por el delito de rebelión militar, 
se les juzgó en consejo sumarísimo, siendo condenados los dos 
a la pena de muerte. La condena fué ejecutada acto seguido, 
siendo fusilados los dos. 

Fué un hecho de verdadera consternación nacional. La 
opinión en general no lícgaha a comprender como un régimen 
que se encontraba más que condenado a muerte en la agonía 
se atrevía a fusilar a dos oficiales de ejército por el delito de 
rebelión militar, cuando todos los que formaban el direc- 
torio eran unos sublevados contra la nación. 

Y es que la opinión, no se había enterado aiín que en el 
Ministerio de la Gobernación se encontraba un monstruo, un 
monstruo que llegó hasta dicho ministerio porque desgraciada- 
mente Torres Escartín, Francisco Áscaso y Aurelio Fernández, 
cuajado iban en busca suya y se encontraron inopinadamente 
con él en San Sebasíián, no llevaban encima las armas que 
debían servir contra éi. De lo contrario, Martínez Anido habría 
pagado la deuda contraída con el movimiento obrero de Bar- 
celona, cayendo' en el suelo como un guiñapo, como un perro 
rabioso bajo las balas do los hombres que formaban el grupo 
los Solidarios. 

El movimiento insurreccional hizo un alto circunstancial, 
una breve pausa para calibrar en realidad la importancia de los 
iiüchos ocurridos. 



La técnica realista la dio la 'ff^^J:,^:^ 
La condena, la rcpuka al régimen por el xusüan. -,.. - ^^^^^ 

y García Hernández fué general. El pueblo c-^-- • - .-■•- 

unánime, condenó el régimen, elevando a la ca.=|;.-., 

tires de la Libertad, a los dos héroes. 

No eran dos ejecuciones, eran dos crímenes lo que se 

había orne ido. Sin 'sordina, sin miedo a nada, el comentario 

d^a calle de todas partes era el mismo. Asesinos ¡^^^ 

Berenguer y su gobierno se habían cubierto ¿e fona toi 

lando a dos paü-iotas. El estigma infamante de tales crmrenes 

'-' TS det Ub^ridadana que en España fué ecUp^ 
sado p r la soldadesca el 13 de septiembre de X923 principia 
a visfumbrarse a través de una neblina tenue, pronta a disi 

'"^La conspiración se anudó aun más con nuevas aportacio- 
nes OUP se unieron a ella, en señal de condena al régimen, y. 
; oTpluu altruista y sentimental. Con los dos orim-es »^e- 
tidos ñor el régimen en las personas de los capitanes Fennm 
Galln y Garcí'a Hernández, ' la dictadura se había suicidado 
dSnitiv'ameme. La monarquía no se salvaba ^^YIiÍIL 
ral pues todo suponía que tras cortina movía todo el juego de 

marionetas . t „i = c a-PTieral 

No pudiendo un momento más. ante 1» /«P"l^^/~ 
Berenguer optó por retirarse, presentando la dimisión de Piesi 

dente del Directorio Militar. (, V ^ , _, . , , Almirante 
En sustitución de Berenguer fué designado el M"^^'^" 
Aznar. Aznar que sin dudo alguna había estudiado el problem. 
político español sobre el ángulo realista, al h-erse cargo^ dd 
Gobierno lo hizo con la aclaración previa que lo ha«a a «nd' 
eión lo más rápidamente posible a 1^ convocatoria- de de«maes_ 
municipales que precederían las generales, que se celebrarían 

continuación. „„^í^= v de 

Efectivamente con un relativo margen de f ^^.^^^^^^ > ^ 

libertad, se abrió la campaña electoral, para las eleeexones mun. 



A. 



\' i 



. .. :-U: fe 



7 '"'- 



192 



RICARDO SANZ 






cipales. Las elecciones municipales que en época normri' 
tucionai hubieran revestido como siempre, una 
secundaria, en el piano nacional en aquella ocasión y ciriSüBS- 
tancia se hizo lo posible, por los enemigos del régimen de con- 
vertirlas en una especie de plebiscito contra la dictadura. No se 
trataba de votar a los hombres de uno u otro' partido que 
como concejales y alcaldes debían administrar el consistorio de 
los pueblos. Se trataba del régimen. En presencia solo había 
dos listas. Republicanos y Morárquicos. 

En la lista de Monárquicos se encontraban muchos perte- 
necientes a la Unión Patriótica, etiqueta detestable e impopu- 
lar, en la lista de los Republicanos formaban los enemigos de la 
Dictadura, era pues el régimen que estaba en juego. 

El panorama general de la oposición y sobre todo de la 
conspiración, cambió de fisonomía y de orientación. Se creyó 
que si existía la posibilidad de derrotar al régimen por media- 
ción del sufragio universal, había que dedicar todos los esfuer- 
zos a tal fin una vez que las circunstancias se prestaban a ello. 

Ante esta nueva conyuntura, la organización sindical, por 
su parte, advertía que ella no intervendría en las elecciones 
por ser apolítica, y que si por las circunstancias que fueran 
la palabra dada desde el Gobierno no se cumplía, cosa que 
había ocurrido frecuentemente, entonces, la C.N.T. y F,A.L 
obrarían en consecuencia desligadas en absoluto de los demás 
sectores. 

La totalidad de los militares enrolados en los cuadros de 
la conspiración, se mostraron de acuerdo con la actitud del 
anarco-sindicalismo, y propusieron de manera colectiva, de 
continuar estrechamente relacionados, al efecto no ya de no 
perder el contacto sino de pensar -los aeontecimieníos de la nueva 
situación creada, por la convocatoria de las elecciones. 

Sin amnistía, sin libertad absoluta de acción, sin garan- 
tías constitucionales y en ñu, sin pruebas tangibles de máxima 
responsabilidad, por parte del nuevo Presidente del Gobierno 
no se podía fiar solamente con la palabra dada, ya que 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



193 



en múltiples ocasiones, incluso eso que pomposamente se deno 
mina palabra de honor, se las había llevado el v-n o. 

Se dice y se afirma que la historia se repite. En la vida poli 
úca V social española los hechos muchas veces han tenido una 
similitud por no decir una repetición. 

En septiembre de 1923 era público y notorio qu. un golp 
de estado, a modo de sublevación militar iba a produouse, cosa 
„„e ocurría y ocurrió sin que nadie se opusiera a ello 
' Las úni;as fuer.as capaces de oponer.,e al evan am^en o 
militar eran la clase trabajadora organizada en los sindicatos 
levlcionarios los cuales como ya se sabe, estaban mas que 
agotadas, diezmadas. .^^^ -. 

Después del primer Congreso de la C.N.T. en . .^W ==^ ™ 
habia tenido un momento de reposo, ni de '--wM^djie le 
permitiera poder fortalecerse ni prepararse para afrontar una 
situación decisiva. 

La prueba más dura que tuvo que afrontar el anarco- 
sindicalismo fué la represión seguida del pistolerismo oW 
en Barcelona que queda reseñado en otro lugar de estas memo- 

rías. .... 

Cuando Primo de Rivera a la "^b"- «i; l''^ ™"^'*'ff^ f, 
dispuso a dar el golpe de estado, ni la C.N.T., - - ^^p- 
Anarquistas estaban en condiciones de oponerse a la aventura 
militar con la mínima posibilidad de éxito. Por eso se resignaron 
ante el hecho consumado aún a sabiendas que señan ellas las 
primeras víctimas. 

Mucho de lo ocurrido después queda ya registrado ante- 

"~ele años no bastaron para terminar con el espíritu revo- 

lucionario ni mucho menos con el í'-^^'^ ;=°^''''\\''fjZ-\ 
co.sindicalismo español, el cual a pesar de los ^-^f^Jl^^^^ 
denados, perseguidos y encarcelados continuaba el d^^a eom 
bate, seguro del triunfo negándose a colaborar y a v.vir de rod, 
Has ente una banda de fariseos convertidos en gobernantes. 

13 



194 



RICARDO SAN2 



Y después de siete años de verdadera tragedia, cuando se 
vislumbraba ya el fin de una situación caótica, desastrosa, cuando 
jíodía existir la posibilidad de entrar en escena como actores 
de primer plano, una vez más haciendo un recuento y un 
examen de conciencia, la situación del anarco-sindioalismo era 
tan deplorable como en el mes de septiembre de 1923. 

Los unos en la cárcel o perseguidos, ios otros en el exilio 
forzado y así todo, todo en ruinas, incluso los escasos medios 
de comljate que en otra época habían existido en proporción 
considerable, todo había quedado en situación, de inutilidad y 
de perdición. Era una verdadera derrota cuando se vislumbraba 
la posibilidad del triunfo. 

Nadie, absolutamente nadie, mas que el movimiento sin- 
dicalista revolucionario, estaba llamado a entrar en la vida públi- 
ca española por la puerta ancha, sin embargo había que ren- 
dirse a la evidencia dejando paso a algo inconcreto, a algo inse- 
guro, con la esperanza que en la espera de un tiempo limitado 
se llegaría a la finalidad deseada. 

Al amparo de una situación de interinidad, de una liber- 
tad, más que legal, tolerada a causa del declive de arriba, y de 
la íuerje presión de abajo, ya mucho tiempo antes de abrir la 
campaña electoral, los sindicatos actuaban casi sin dificultades 
por parte de las autoridades. 

En Barcelona el Sindicato del ramo de la construcción 
que había sido el más afectado a ío largo de la dictadura por 
la explotación capitalista, se organizó en un tiempo record 
imponiendo en obras y tajos, los delegados sindicales encar- 
gados de hacer cumplir las bases firmadas entre Patronos y 
Sindicato antes de la Dictadura. En poco tiempo, el sindicato 
de la construcción logró agrupar en su seno a casi la totalidad 
de los obreros del ramo, 42.000 carnets se extendieron entre la^ 
diferentes secciones del mismo. A pesar de la consigna dad¡ 
por la Junta del Sindicato de evitar en lo posible ios conflictos, 
estos surgían a menudo, causa de las reminiscencias de la dic- 
tadura. 



EL SINDICALISMO V T.A POLÍTICA 



195 



-íón marcaba el camino 
Barcelona era la que con -.^ ,.^>^^^ion marca 

1 ^ A^ Penar- ;>.'e:to siudical. 

a seguir, al resto de Espai... - ^ _ ^^^^.^ ¿^ 

En el aspecto político -^ ;''::Z>iZreu^ V-^- ^^^ 
cada uno ya que la orgam.ac.on .o ^r ^^^^^^^^^^j^^^^^p,, ^anto 
el nuevo aspecto que las ----^-^^^^/f " de la Organi- 
había que atenerse a lo que era -^^"^¡l^^^^ con los 
zación pues si bien ésta estaba en ^^^^^^^ J^^"|^ ^^, ¿, j, 
políticos y militares, los compromisos n« iban mas 
co=^a circunstancial y provisional. ' , - 

De todos modos la organización sindical en el plano nació 
,al s^ coÍp-oltió como'siempre a cumplir los <^omv— 
loL-aídos L los organismos de oposición al reginren a condi- 

tánea de ir a por el todo de manera particular que el anarco 

Tg^l que I permitiera a más de hecho, de derecho, poder 

--l^Zr:.. eleceior.es uo huho uu solo .mtante^e 

1, C N T. que se presentara eu una lista electoral J^»*"^ Pf™^ 

e^ieron 'l margen de la política electoral. Su actitud fue 

cor" cta y de plena responsabilidad. Sin acuerdo previo se co n- 

I por' lo general en que sin necesidad de -^-^ ^^l^ 

urna, la CN.T. íormai-ía en primera Ma en el momento 

solemne de la implantación de la República. 

Eso claro está, era una apreciación al margen de todo 
_3rdo y de todo compromiso. Y lo era .. porqu^ tod • 

- -f° -«^ <l- ZJ'tZ 1 andHa' organi.aci6n. 

éste fuera logrado por medio de unas elecciones, hubiera 
verdaderamente insensato. ,. 

Había una cuestión más que sentimental, humana. Cen 
tenai-rs de presos que esperaban la amnistía para recobrar .a 



196 



RICARDO SANZ 



libertad. Miliares de expatriados que soñaban con el retorno 
a sus bogares. Ivíuchob perseguidos amenazados de la pérdida de 
übertad. Todo na cúmulo de reparaciones justas exigían a la 
par energía y comprensión para lograr el fin de la gran tra- 
gedia . 

La primavera del año 1931 se presentaba preñada de espe- 
ranzas y de incógnitas. Los pescadores de río revuelto se prepa- 
raban para asaltar las posiciones de los caídos en desgracia en 
el preciso momento que éstos las abandonaran. 

^ Los Socialistas que con su franca colaboración babían sos- 
tenido al régimen dictatorial comenzaban a presentarse si no 
como campeones de la resistencia, sí como enemigos de la Dic- 
tadura que tanto les había mimado en detrimento del sindi- 
caHsmo revolucionario de la C.N.T. que había sido masa-, 
erado. 

Los hombres de brega esperaban impacientes el acto final 
del drama que ya hacía siete años estaban viviendo. 

El 14 de abril de 1931 estaba señalado para marcar dos 
puntos opuestos en la vida de España. El fin de una gran tra- 
gedia 7 el principio da una gran esperanza. 

Una vez más se les presentaba el dilema de elegir. 

Ser o no ser. Ese era el dilema, el gran dilema. 



CAPITULO X 



Tal como estaba anunciado el día 12 de abril de 1931, se 
celebraron las elecciones municipales. Al día siguiente por la 
tarde ya se sabía en toda España, que la derrota del régimen 
y por tanto el triunfo de la República había sido completo, 
Alfonso XIII que había permanecido silencioso en su madri- 
guera, inmediatamente se puso en activo al efecto de parar el 
golpe, de manera desaprensiva como siempre. . Llamó a vanos 
jefes políticos a consulta al efecto de formar un gobierno de 
circunstancia. Lo esencial para él, era de salvar la corona. 

Aún no se había dado cuenta el último de los Berbenes 
que todo sería inútil, 

Sánchez Guerra intentó lo imposible. Ninguno de los poK- 
ticos capaces y en condiciones de poder intentar gobernar el 
país, se comprometió a hacerlo, aun a pesar de tener carta 
blanca por el Rey, de hacerlo como lo creyera conveniente y 
sin condiciones. 

La Monarquía estaba muerta virtualmente, desde hacía 
siete años. El día 12 de abril de 1931, el pueblo español por 
medio del sufragio universal, le dio el golpe de gracia. 

Ante la imposibilidad de continuar reinando en paa, acon- 
sejado por sus allegados, en particular por el Conde de Ronm- 
nones, Alfonso XIII optó por abdicar:' Un barco de la Marina 
de Guerra, lo- trasladó de Cartagena a Marsella. Ningún mal 
nacido se atrevió a defenderlo. La sangre de Fermín Galán y 
García Hernández, estaba aún en la memoria de todo el pueblo, 
que de manera pacífica^ exigía una reparación. 

El día 14 de abril de 1931, fué el día de la resurrección 
popular. Todo el pueblo humilde de España se lanzó a la 



v; 






7 



//■ 






# 



198 



RICARDO SAJV2 



c:a¡le delirante de alegría. Los edificios oficiales hizaron la ban- 
dera republicana. Las cárceles y muchos presidios fueron abier- 
tos de par en par. Sin violencias pero con energía se fué desalo- 
jando de sus poltronas a los emboscados que no habían tenido 
!a delicadeza de marcharse a tiempo. 

Los hombres de la C.N.T. estaban en la calle. Particular- 
mente en Barcelona fueron ellos, los que llevaban la iniciativa. 
Las cárceles, el Gobierno Civil, Capitanía General, Ayunta- 
miento, Palacio de Justicia y así todo fué barrido por ellos En 
el Gobierno Civil, se había instalado cómodamente, un desa- 
prensivo de la baja política. El segundo de a bordo de Alejandro 
Lerroux, llamado Emiliano Iglesias. 

La aN.T. le invitó a dejar el sitio, el cual ocupó a conti- 
nuación Luís Companys. En la Alcaldía fué Jaime Aiguade. En 
Capitanía General, el General Baíet y así en todos los Centros 
Oficiales de importancia. La C.N.T. estaba en todas partes. 
En todas partes desbrozando el camino de los que no contaban 
apenas en ninguna parte. 

Espaíía estaba en fiesta, del uno al otro confín. Los Socia- 
íistas como es muy natural, se sumaron al movimiento de entu- 
.siasmo popular. Había muchos, muchísimos que no querían/ ni 
aceptaban el nuevo régimen, por ser enemigos del mismo, qae 
aparentemente se adhirieron a él para mejor situarse, logrando 
asi camuflarse al amparo de la nueva situación. 

Claro, naturalmente, una transformación poHtica por el 
■sufragio universal, no podía seguramente hacer otra cosa que 
oso. Cambiar el color de la bandera. 

_ Hay quien ha dicho que la República vino a destiempo, 
MU que. hubiera republicanos para defenderla. En realidad la 
Kcpubhca no la implantaron en España, ni los Republicanos 
ni los Socialistas. Eué una cosa natural nacida de unas cir-'^ 
'Hinstancias excepcionales creadas por la indisciplina del Ejér- 
(Uto, •> 

En España en el momento de implantarse la República 
no habla una masa consciente, que políticamente fuera repu- 






i 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



199 



falicana. La Kííp;tbiica la aceptó con agrado la clase trabajadora 
español:- -^^^^m'^ > ual menor. No solamente que la aceptó sino que 
la impuso ; 

Si bien es cierto que en España no había una masa elec- 
toral propiamente dicha republicana, a causa que la clase 
obrera vivía alejada de la política, no es menos cierto, que había 
una gran cantidad de hombres políticos e intelectuales de izquier- 
da que bien secundados por el complicado engranaje del poder 
ejecutivo, hubieran podido hacer de la República Española, un 
estado democrático modelo. Enumerar aquí uno por uno a los 
hombres de gran valía capaces de regir un régimen democrático 
en España, en aquella época nos sería difícil después dei tiempo 
y las cosas transcurridas. 

Dichos hombres no fueron ni los más audaces ni los más 
decididos. Disgustados, indecisos, apáticos, dejaron vía libre a 
otros políticos menos capaces, menos honrados que ellos, que 
sembraron el descrédito y la desconfianza, una vez más, del 
conjunto electoral contra el régimen. 

Aparte de eso, el engranaje que hacía funcionar la máquina 
republicana era el mismo que durante tiempo inmemorial había 
funcionado en Monarquía y Dictadura. Una máquina gastada 
inservible, incapaz de adaptarse a las nuevas exigencias .creadas 
por las propias circunstancias. Fué sin duda ese el fallo más 
grande qne tuvo el nuevo régimen por cuyo motivo no fué po- 
sible su afianzamiento. 

El anarcosindicalismo que no había dejado de actuar du- 
rante la dictadura, una vez entró ésta en el declive empezó de 
manera activa a su reorganización y recuperación de efectivos. 
El 14 de abril de 1931, la C.N.T. en Cataluña estaba ya casi com- 
pletamente_ _organizada..„A .más de eso había logrado que los 
patronos que habían vulnerado las bases de trabajo en perjuicio 
de los trabajadores durante la dictadura volvieran a respetar las 
mismas. 

Los patronos del ramo de la construcción de Barcelona que 
se negaron a cumplir las bases firmadas antes de la Dictadura y 



200 



KíCARDO SAN2 



y que a má? óí- --■** ní^-uiios de eiíos habían despedido a los 
Delegados del c-i-uW,- •, • .{u ninguna otra razón tuvieron que 
enfrentarse con <-\ 1: .■::.■ icato que declaró una huelga general 
del ramo que duro varias semanas y que se terminó con el 
triunfo de los trabajadores. La libertad de los presos y persegui- 
dos con motivo del advenimiento de la República reforzó pode- 
rosamente la vitalidad del movimiento sindical v específico. 
T • . ' 

i^os grupos anarquistas se organizaron rápidamente como 

siempre al margen de la organización sindical, dentro de su 
organización nacional, la F.A.I. 

Excusa decir que ésta igual que, la C.N.T. aumentó sus 
efectivos considerablemente constituyendo la fuerza de propul- 
sión más considerable en ei seno del movimiento revolucionario 
español. 

Cataluña, concretamente Barcelona, era un punto de atrac- 
ción de las actividades subersivas de toda España. La F.A.I. 
contaba solo en Barcelona con varias docenas de grupos con 
ramificaciones en otras regiones de España. 

En esa segunda época de gran actividad del anarquismo es- 
pañol los Solidarios se vieron obligados a cambiar sus efectivos 
y hasta el nombre del grupo. 

y a. antes de implantarse la República, Ascaso, Durruti y 
Jovcr se encontraban en Barcelona, García Oliver y Torres Es- 
cartin que se encontraban cumpliendo condena en Burgos y 
Santoña respectivamente. Una vez recobrada la libertad se 
reintegraron a Barcelona. Julia López Maynar fue a Zaragoza 
donde tenía la familia y Salamero libre también se quedó en la 
Isla de San Fernando donde se estableció como sastre. Hubo 
un nuevo ingreso. Se llamaba Antonio Ortiz Carpintero, del 
Sindicato de. la Madera de Barcelona. 

^ Juan García Oliver en el sentido de la popularidad no 
había tenido ocasión de darse a conocer y demostrar en público 
su recia personalidad. 

Obrero camarero como ya se ha dicho, García Oliver poseía 
una cultura y una preparación intelectual poco común entre 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



los trabajadores. Enamorado de la antigua cultutíi .v : 
dedicó al estudio de los, clásicos griegos, intcnlar-dc- 
imitarlos sino superarlos. Omero, Aristóteles, Pitágorr.:-. ;.''■ 
nes, Aristófanes y en fin la antigua escuela gidega era su ;nruu:Aí- 
tial intelectual. 

Su carrera hacia la altura intelectual fue obscura como 
la de un verdadero revolucionario reuniendo las dos principales 
cualidades la del bíazo y la del cerebro. Brazo y cerebro fue 
su gran virtud, por no decir su única virtud. 

Rafael Torres Escartin., como obrero manual, aunque en 
su vida pública no haya aparecido así, Torres Escartin era un 
sentimental. Un sentimental rayando en loinfantil. 

Nosotros sabemos que en el penal del Dueso cuando se 
encontraba cumpliendo condena todo lo que se recibía del 
exterior o lo que podía recoger de él mismo, lo daba a los demás. 
No importaba a quien, sin darse cuenta que él también nece- 
sitaba cuidarse para sobrevivir a la gran tragedia. Salió del penal 
completamente agotado física y moralmente. Con todo el dolor 
en el alma, sus propios compañeros de grupo tuvieron que inter- 
narlo en el manicomio, pues su locura era agresiva y peligrosa, 
cuando se trataba de gente uniformada. Aurelio Fernández y 
sus compañeros del proceso de Vailecas detenidos en la cárcel 
de Madrid fueron puestos todos en libertad al advenimiento de 
la República. 

En una de las reuniones convocada por la Federación Local 
de Grupos Anarquistas de Barcelona, hubo una pequeña sor- 
presa. Uno de los grupos de reciente formación había cogido por 
nombre « Los Solidarios >:;. La representación del antiguo grupo 
los Solidarios no hizo ninguna observación en atención a que 
la nueva Federación Local ei-a de reciente creación y a más 
de eso porque no había patente y el nombre no hacia la cosa. 
Tratada la cuestión en la primera reunión del grupo se 
acordó, se denominaría en lo sucesivo «Nosotros);. 

El grupo «Nosotros» fué compuesto por los compañeros 
siguientes Francisco Ascaso — Buenaventura Durruti — Juan 



202 



RICARDO SANZ 



García Oliver — Rafael Torres Escartin — Aurelio Fernán- 
dez — Ricardo Sanz — Gregorio Jover - — Antonio Ortiz — 
Julia López Maynar — Pepita Not — Ramona Berni y María 
Luisa Tejedor. 

Colaboradores Adolfo Ballano Bueno, Paulino Colet y Jaime 
Palau, 

La segunda actuación de los compañeros mencionados en 
la nueva época del anarquismo en nombre del grupo «Nosotros» 
fué idéntica a la anterior. Es decir de los Solidarios solo había 
una variante; la experiencia del pasado, así como la nueva 
situación creada al anarquismo con el cambio de régimen 
político. 

En lo esencial, nada había cambiado. Existía como antes 
el régimen capitalista y por tanto la desigualdad social y econó- 
mica, existían todos los privilegios como antes, y por tanto la 
base esencial de lucha del anarquismo consistía en la abolición 
de todos los privilegios, base de todas las injusticias sociales. 

No había pues nada nuevo a dilucidar. El anarquismo se 
encontraba en su punto de partida. Había que preparar ideoló- 
gicamente y moralmente al más gran número posible de prole- 
tarios para que estos comprendieran el cometido por ellos a 
desempeííar y su m_isión a cumplir, después de la revolución 
social. 

Había igualmente que orientar a la ciase productora, para 
que esta se aprestara a romper todas las cadenas que la escla- 
vizaban hasta lograr destruir al capitalismo, no importe por qué 
medios y en su lugar sobre sus ruinas implantar un régimen 
de justicia social, donde cada ciudadano tuviera asegurada la 
existencia. 

Había que organizar, el. máximo. .posible, de.. mítines,. confe-_ 
r encías, cursillos de oradores y hasta el manejo de las armas. 
Todo, absolutamente todo, lo que pudiera resultar útil para 
derrocar al sistema capitalista. 

El ambiente de transformación social fué llevado a todos 
los centros de producción y de distribución. Ya no se trataba 
de una peseta más de salario y una hora menos de trabajo. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



203 



Ese sistema de lucha era legitimar la perpetuidad de la explo- 
í;ieión y por tanto de la esclavitud de los trabajadores. 

España fué siempre un país que se prestó mucho a las 
soluciones extremas. El hambre, la esclavitud, la falta de liber- 
tad, la explotación, la incultura. En fin, todas las lacras sociales 
se desarrollaron a profusión en España, en beneficio de la clase 
privilegiada. 

Oradores, muchos oradores, hacían falta. En los pueblos y 
aldeas la inmensa mayoría de los habitantes no sabían leer ni 
escribir. Había pues que hablarles, hablarles en lenguaje sen- 
cillo que ellos comprendieran y pudieran asimilar. 

Tal misión le estaba, le había estado siempre encomen- 
dada al anarco-sindicalismo. Si los obreros de la fábrica, del 
taller, de la obra y de la mina habían ya comprendido todo eso. 
y se habían agrupado en potentes sindicatos, si en un momento 
determinado esos obreros se encontraban en condiciones de 
paralizarlo todo, y hasta de ocuparlo todo, solo faltaba que los 
pueblos y aldeas secundaran a los obreros de la ciudad para 
terminar de una vez y para siempre, con el capitalismo y el 
estado, hermanos gemelos. 

La prensa obrera y anarquista surgió al advenimiento del 
nuevo régimen político, como floración primaveral. Centros de 
estudios sociales, agrupaciones libres. Todo ello era la resultante 
natural, la explosión del deseo contenido de libertad, después 
de tantos años de mordaza. En Barcelona ya desde el principio 
de la República, la actividad en la propaganda era sin inte- 
rrupción. Los mítines se sucedían y los locales de concentración 
de público por muy espaciosos que fueran resultaban insufi- 
cientes cuando se trataba de mítines o conferencias cuyos ora- 
dores eran conocidos.. . . _ 

Ante la imposibilidad de relatar uno por uno los actos 
celebrados en aquella época, solo recordaremos uno de ello-; 
por su repercusión histórica. 

Fué un mitin organii:ado por la Federación Local de Bar- 
celona, celebrado en el Teatro del Bosque de la Barriada de 
Gracia. Entre otros oradores figuraba Juan García Oliver. Este 



204 



RICARDO SANZ 



dijo que, frente a todas las tiranías y torU- ^ í,- .c<?;iresiones 
organizadas de los de arriba, contra el prolet^^riadr, xe encontra- 
rían los aguiluchos de la F.A.I. para eiúñhla;. batalla. Desde 
aquel día los aguiluchos de la F.A.I. entraron en la historia 
de la revolución española y García Oliver en la vanguardia de 
la misma, pues ¿1 jamás fué un «Capitán Araña». Todo lo 
contrario, siempre estuvo en primera línea ocupando el sitio 
de más peligro. 

No pasó mucho tiempo sin que Asease, Durruti y García 
Oliver aparecieran en la escena social y revolucionaria espa- 
ñola como poco menos que tres ídolos. Naturalmente, ese galar- 
dón lo habían ganado en la incrucijada, un día y otro día, du- 
rante muchos años de lucha y de prueba. 

Todas las regionales de la C.N.T. aun en plena reorgani- 
zación los solicitaban de preferencia para tomar parte en actos 
de propaganda. En muchos sitios los anunciaban sin tener la 
seguridad de que el día del acto tomarían parte en el mismo. 
Era la mejor manera de asegurar el lleno. 

Los que habían escuchado hablar en público a Salvador 
Seguí y a Ángel Pestaña decían que García Ohver era aún 
mejor orador que eüos, afirmaban que era el mejor orador 
de la organización. Ascaso era también buen orador, mis que 
de mitin, de conferencia. Durruti no era orador, era un tri- 
buno, es decir, con su presencia de hércules llenaba la tri-^ 
buna y no tenía necesidad de esforzarse para quedar siempre 
en buen lugar. 

Eran los tres pies fundamentales del coloso. Los conflictos 
parciales de] trabajo se sucedían sin interrupción. Era la resul- 
tante lógica de un largo período, cuya defensa de los trabaja- 
dores en ciertos lugares se hacía más que difícil," imposible. - 
Los patronos desaprensivos habían usado y abusado de toda 
clase de circunstancias para explotar a sus obreros. Estos, natu- 
ralmente, en el momento en que la organización sindical se 
encontraba en condiciones de atenderlos, no vacilaban en lo 
más mínimo de hacerlo. Era la cosecha de una natural tem- 



EL SINDICALISMO Y LA POLITI-CA 



205 



pestad cuyos vientos habían sembrado el egoísmo capitalista. 
Lo peor del caso fué que ya desde el principio, los mantene- 
dores y defensores del nuevo régimen político intentaron des- 
figurar la propia realidad de los hechos acusando a su vez a una 
sola parte en litigio a la clase trabajadora, que se declaraba en 
huelga, perturbando así la vida de la República, decían ellos. 

Nada más lejos de la realidad. Los Sindicatos Obreros 
fueron los que más aportaron individualmente y colectivamente 
al advenimiento y a la implantación de la República en España, 
por tanto, ellos, más que no importa quién, estaban interesados 
en la salvaguarda del nuevo régimen. No eran ellos los res- 
ponsables de la perturbación en el trabajo. Todo lo contrario, 
eran los patronos, los verdaderos enemigos de la República, 
los que provocaban a la clase obrera. Los intereses de la ciase 
trabajadora eran muy dignos de ser defendidos por ella misma 
dentro de la legalidad y dentro del reconocido derecho d^ huelga. 
Los trabajadores organizados, sabían mejor que no importa 
quien, que los enemigos de la República, se habían juramen- 
tado y le habían declarado la guerra a muerte. No importaba 
el procedimiento. ííabía que impedir por todos los medios la 
consolidación del nuevo régimen. 

Esa consigna fué llevada escrupulosamente en todas partes 
por los enemigos de la República. Fué sin duda alguna por 
eso por lo que los nuevos gobernantes crearon una nueva 
institución armada para su defensa: La Guardia de Asalto. Pero 
la Guardia de Asalto podía ser eficaz en manos del poder polí- 
tico para reprimir un movimiento en la calle, cosa que segura- 
mente no intentarían los enemigos de la República. 

E] peUgro existía en realidad en la A^dministración del 
propio Estado, pagada y mimada' por éste mismo: En- cambio, 
este peUgro que era el único peligro real, los defensores obli- 
gados de la República se negaban a descubrirlo. Era más fácil 
ver las pequeñas cosas de- la calle, que al fin y al cabo eran 
la resultante del propio plan de ataque del enemigo del régimen 
para luego, éste, largar la responsabilidad sobre la clase traba- 



206 



RICARDO SANZ 



jadora que seguramente sería a no tardar, la única llamada 
a defender la República. La C.N,T. y menos aún la F.A.I. no 
pidieron jamás favor de ninguna clase a esos gobernantes de 
la República. Hicieron uso solamente de sus derechos como 
ciudadanos, de asociación, de reunión, de expresión oral y 
escrita, de huelga j en fin de sus derechos. Todo lo demás 
quedó reservado para los buscadores de enchufes. En ese plan 
de seriedad y de decoro, la C.N.T, al margen siempre de la 
política, se organizaba y preparaba sus sindicatos en el plan 
local, regional y nacional con vistas a la celebración de su 
segundo congreso nacional. 

Las circunstancias de la vida política de España en pleno 
desbarajuste, de continua ilegalidad constitucional, habían im- 
pedido a la C.N.T. su funcionamiento normal, y por lo tanto, 
la posibilidad de actuación dentro de la propia ley de asocia- 
ción. En España hacía ya más de diez años, al advenimiento de 
la República, que regía la soberana ley del embudo, lo ancho 
para los políticos, los militares y los capitalistas, lo estrecho 
para los proletarios. 

En su reorganización, la C.N.T. se había encontrado con 
sorpresas que sin serlo realmente, en algunos sitios cambiaban 
por completo su fisonomía orgánica. Había zonas donde la 
C.N.T. en otras épocas apenas contaba con efectivos considera- 
bles. Después de la Dictadura, los trabajadores decidieron 
afiliarse espontáneamente a dicha Central Sindical en Madrid. 
Por ejemplo, donde ía C.N.T. había sido siempre minoritaria 
por ser el feudo del .socialismo y por tanto de la Ü.G.T., la 
C.N.T. vió aumentar sus efectivos de manera considerable en 
detrimiento de la U.G.T. 

Era ello sin duda" Ta"'merecida repulsa que la clase traba- 
jadora madrileña daba de manera contundente a los colabora- 
dores de la dictadura. 

Examinando en su conjunto el panorama que presentaba 
la nueva situación política, el anarquismo español, éste tiró 
sus conciusiones. El gru.po «Nosotros» estudió repetidas veces 



EL SINDTC.-^LISMO Y LA POLÍTICA 



207 



el problema dcsd. -^ U:, puntos de vista. Una RepubUca 
que descansaba, co:. : u existencia con no importaba quien 
que se acercara a .1.. oomo por ejemplo empezando por sn 
Presidente, Alcalá Zarnora, Queipo de Llano, Jefe Militar de ■ 
la Presidencia de la República, General Sanjurjo, Jefe de la 
Guardia Civil, y para muestra hay suficientes, no podía empren- 
der ninguna reforma importante en la política y mucho menos 
en lo social, por ser prisionera de sus propios dirigentes 

Pero lo >eor del caso era que los verdaderos republicanos 
que se daban cuenta de ello, no hacían nada, con vistas a 
acercarse a quienes aun sin ser políticos, podían respaldar la 
República, defendiéndola como mal menor. ■ 

Los enemigos de la República estaban convencidos que, ai 
paso que iban las cosas, no pasaría mucho tiempo sin que los 
defensores del principio de la República se encontraran a su 
lado para combatirla aún por caminos y motivos distintos que 

ellos. . , , 

Los anarquistas aceptaban por principio y por necesidad 
^1 régimen republicano. No lo atacarían directamente y hasta 
lo defenderían si alguien lo hacía, pero era muy difícil conci- 
liar su posición como revolucionarios, frente al poder político 
que admitía en su seno, con todos los derechos y prerrogativas 
de privilegiados a los enemigos de la clase trabajadora. ,^ 

Sin renunciar a nada, el anarquismo se proponía no enfren- 
tarse abiertamente con el nuevo régimen político para comba- 
tirlo con todas las armas y consecuencias, pero no por ello deja- 
ría que éste, impunemente, atropellara a los ciudadanos como 
lo habían hecho sus antecesores monárquicos. 

En el aspecto social, el anarquismo, como siempre, se 
consideraba en primera fila de combate- a fin -de conseguir una 
transformación a fondo. Por principio, su finalidad era el comu- 
nismo lil^ertario. Como se comprenderá claramcnle, en estas 
condiciones, las cosas eran- muy difíciles, casi imposible de 
conciliar la situación del anarco-sindicalismo revolucionario 
dentro del desenvolvimiento de la República burguesa. 



I'i^rti 



208 



RICARDO SANZ 



EL SiNDICAUSMO Y LA POLÍTICA 



209 



No obstante, había que dar ííüm lic^'na a los nuevos Gober- 
nantes, ai efecto de ver si este íit;rn|>.. ¿^eJi,raba el horizonte polí- 
tico en favor de ía República. La CJí.T. por su parte deseaba 
también no crear dificultades al ni; evo régimen, había reco- 
mendado prudencia v moderación a sus afiliados con vistas a 
no crear conflictos innecesarios, y sobre todo, conflictos de carác- 
ter de alteración de orden público. 

Claro está que ello era, más que difícil, imposible, por 
cuanio que la provocación de los enemigos de la República, era 
moneda de cambio en todos los órdenes de la vida pública, cosa 
que escapaba la mayor parte de las veces a la vista de quienes 
tenían la obligación de proceder con justicia. 

Tenía razón Francisco Ascaso, cuando en un mitin de la 
C.N.T. en uno de los Palacios de la Exposición en Barcelona, 
decía: «hay que ir a la conquista del poder económico». 

El poder económico en manos del capitalismo, demostraba 
sÍd gran esfuerzo al poder político republicano, que era más 
fuerte que él v que a más de eso podía si lo deseaba, terminar 
con la República, con solo bloquearla. 

Si la parte económica de un país gira la espalda a su her- 
mano gemelo, el estado; éste no tiene ninguna posibilidad de 
subsistir. El estado político dependerá siempre del poder eco- 
nómico, si quiere subsistir. La prueba era bien patente en Espa- 
ña, en la época que estamos describiendo. Los estados políticos 
pobre- tienden a desaparecer uno tras otro en la vida moderna 
actual. Comprendiéndolo así, los socialistas, en primera fila, 
desde hace ya casi medio siglo, se esfuerzan en crear estados 
políticos económicamente fuertes, a base de las nacionalizacio- 
nes de las grandes empr_esas_y compañías .explotadoras en bene- - 
ficio del estado patrón. En nuestros tiempos, el estado, sin dis- 
tinción de etiqueta política, yendo del socialista al fascista, 
tienden todo¿ a Ja nacionalización de los medios de producción 
y por tanto de \a riqueza pública, en beneficio del poder polí- 
tico. Es ai I como logran asegurar su existencia política que antes 



vivía permanentemente de manera precaria frente a la econo- 

'"^'' C:Í decir, pues e.. Men a la vista. .- - -~ 
tema de estado patrón no favorece, en -d^; ^ ^ ^at onis 
Case traba,adora, ^ -i;^tas ^^daÍ de^^a inLvaci6n 
::rs ;::fir .:: l:Z;uJs ... estado patrón ene., 
.gados de la administración de los intereses, que se dtcen pubh 

-'^^z:::TLr:::r,^^^ en todos .s escaí». 

de la administración, es la poUUa que devora ^^^^^^ 
la riqueza que representa el esfuerzo de los que trabajan 

^"^^rtpwL'^pnvada, Ho„ menos costosa , menos - 
plicada que la explotación del estado patrón, a P-- de 1» 

--r:::arpa^r::.r>^et::;r:Lero^^^^ 

smdicatos obreros. Para reforzar nuestra es.s de guer a a, 
estado patrón, añadiremos que Ascaso ettando ptde 1^ P~ 
del poder económico, siendo como era enemigo deV estado 
naturalmente no lo hacía con la intención 'ieponer en manos 
del estado toda !a riqueza social para que esle la malgastara. 
ÍeXeÍ poder econlico para ponerlo a la dispostcton de lo 
sindicatos obreros, para que éstos, conocedores <!= 1° í"'' /;^^_ 
senta construir, edit.car. crear las cosas utües, pudieran d ma 
ñera concienzuda, administrar mejor que nadze sus propros 

intereses. Esa era su idea. hechos 

Ha tenido que pasar un cuarto de siglo para que 1°^ " 
dieran la razón en su concepción de la vida administra va 
dlTa riqueza social, a un hijo del pueblo que se llamo Fran. 
cisco Ascaso. ^ ^^^ ^^ ^^^^^^ ,,„,, 

Asocitaót Internacional de los Trabajadores. Fué la prunera 



210 



RICARDO SANZ 



,, SINDICAUS..0 Y -LA POUTTCA 



211 



internacional que reunió, entre otros, en su seno a los dos gran- 
des colosos de la pre-revolución social. Carlos Marx y Miguel 
Bakunin. Por ser muy importante este problema lo trataremos 
a vuela pluma, pues de lo contrario nos llevaría demasiado 
lejos y no es ésíe nuestro propósito. 

Carlos Marx y Bakunin, si bien en lo fundamental pare- 
cen de acuerdo, en lo táctico, chocan entre sí. Los dos están 
de acuerdo en que hay que unir en una masa compacta a todos 
los trabajadores y su slogan es «Trabajadores del mundo: 
Unios». 

J_íOS dos son revolucionarios y consideran que la transfor- 
mación social debe hacerse por medio de la insurrección armada 
del proletariado. 

Jln la táctica a emplear para llegar a la finalidad deseada, 
Carlos Marx considera que hay varios medios para llegar al 
nn, entre otro.s el del empleo del sufragio universal, y la toma 
del poder pohtico, para luego — dice él — ^ destruirlo. Preconiza 
la dictadura del proletariado, una vez tomado el poder, para 
defenderse de los enemigos del nuevo sistema social. Admite el 
principio de clases y se muestra partidario de la desigualdad 
económica en atención a la importancia de la función desem- 
peñada por cada uno en el nuevo estado socialista. 

A mas de todo lo expuesto, hay una gran serie de conside- 
raciones, todas ellas consignadas en lo que podríamos deno- 
minar la biblia del marxismo, su obra cumbre titulada «El Capi- 
tal);. 

Bakunin por el contrario, no admite la ingerencia polí- 
tica ni como transición a la revolución social. Este pugna por 
la insurrección permanente, al objeto de debilitar al capitalismo 
y agotar la resistencia de sus defensores. Para ello dá el ejemplo 
vivo de su coñcep'ción revolucionaria y se encuentra casi en 
todas partes donde surge la insurrección. 

lin la finalidad es igualmente contundente, después de la 
revolución social — dice — es el pueblo libremente reunido, 
quien debe de 1er minar la manera más apropiada y justa de su 
desenvolvimiento. El Estado y la Dictadura del mismo, solo 



sirve ní\^^- 
añade* 



, - • •«f;vfl del proletariado, 

,,n*- se muestra partidario 



de pi^ 



- - , , pcpritas, todas ellas 

-■';;r;.:..:,.kunin tiene varias obras ^n-a^ 

, ':,;:;;:,v,tcs en Us que f«"^^":",n„ poco la cues- 

niuv inlv.rco.-. interviniera ^^^ i -kx^tv 

■ ^^ ^'''''" Z pue no hay que olvidar que Carlos Marx 
lión temperamenial, pues y ^^^ ^^^_ 

¿va alemán, «''-"'■'^^ r. "rr ll Asoeiaeión Internacional de 
En esa pugna dof ""^'' '^¡¿^ _,„ a continuación d^a- 
lo. Trabajadores «A.I.l.» se ^'^^^^J „,,i6n, a saber: redu- 
areeer. Esa pugna tuvo --^^^^^^^ I ,,„aeneia libertaria de 
lu- a una proporción POCO -port^nje^ ^^^^^.^^^^ ^^ ^^^^^^ ,,„. 
Bakunin y a mas de eso partir 

cepción marxista. .¡^eípulo, un adepto contum^ en 

Carlos Mar. -- -jf [I^^ supo interpretar y basta 
Rusia, precisamente fue Leni ¿ marxista. 

^:;.,o punto superar a P™P- ^^ ^^psicológico de su Rueb o 
Fué sin duda ^Ig^^^^.^^ff de ambiente de sU prop.o 
quien le faciUtó las pos.bd.dades _ 

camino a seguir. ^^-^^^ ^ido inglés, alemán, 

Si Lenín en ve. de ser ^^ el marxismo- 

francés, es decir occidental, -§"¿ „„ ,,„ preponderante 
leninismo no habría ten do un d ^^ ^^ ^.^^^^.„„ , 

como el que tuvo en Kusm aun a p ^^^i 

-- r "ai™l^r-^^° ':\Z ai p.ncipio de estas 
cobre la cual hemos j 

memorias. .evolución rusa, el marxismo-occi- 

Ante el hecho de la '^™^^^ ^ ,„, dirigentes cogieron 
deutal hizo marcha ^*-- . ^" .^^"tidades que ya desde el pnn- 
. ^iedo. .Vparte de algunas ,nA^^ ^^,„i„L„ario «so, en la 
,i,,;o se .dhixieron al ™°—'„„, lamente no lo ajoyaron 
Europa occidental los --f^^ f;^,, ^¿^odo reforzar la Segunda 
sino que ni lo saludaron. Les £ue m ^^^^ ^^^^ ^y^a^r 

Interiacional de Amsterdam, <pe co] 

, ios marxistas ^usos. -^ ^a„ista occidental quedo 

Desde entonces !a concepción 



212 



RICARDO SANZ 



virtualmenín íílv luida en dos fracciones: los marxistas revolu- 
cionarios Y ■ ■? i:i::"::¿[::- colaboracionistas. Ambas conocidas hoy 
por el nomíji:: '\ Lie .ixunistas los primeros y de Socialistas los 

segundos. 

La C.N.T. Española, de concepción libertaria que como se 
sabe se adhirió en su primer congreso nacional de 1919 a la 
Tercera Internacional sindical roja, acordó como queda dicho. 
darse de baja de dicha internacional en una conferencia nacio- 
nal sindical celebrada en Zaragoza en 1922, por incompatibili- 
dad ideológica, pues la C.N.T. no aceptó jamás como principio la 
dictadura del proletariado, adhiriéndose a la AJ.T. que en el 
mismo año, 1922, se organizó en Barcelona- 
La situación anormal por la que atravesó la organización 
sindical anarco-sindicalista en España, dejó ■ las cosas en sus- 
pensó en lo que se refiere a su ingreso en una de las Centrales 
bmdicales Internacionales durante muchos años. 

Es al abrirse el período de normalidad que facilita el adve- 
nimzento de la República, que la C.N.T. después de hecho 
un examen del panorama sindical internacional, se adhiere a 
la llamada Asociación Internacional de Trabajadores A.I.T 

n TNT ^''"'''^ "^^""''^ ^"^ ^^ ^^^'^^'^^ ^"^ magnífica por cuanto la 
UJN.l. escogm como Central Sindical Internacional la cuna de 
Bakumn, es decir la A.I.T. que recordaba al anarco-sindicalismo 
español el origen de su propia formación libertaria y antidic- 
tatorial. 

La AJ.T. reforzó su personalidad con el traslado del Secre. 
tañado de la misma a España, y durante algún tiempo su fun- 
cíonanuento en tanto que Central Sindical Internacional al 
lado y al calor de la C.N.T. pareció llenar las necesidades 
deseadas. 

La cuestión del burocratismo sindical en realidad no fué 
jamás un problema para la C.N.T. en España, pues ésta obli- 
gada constantemente a vivir en la clandestinidad, iba siempre 
con el morral al hombro con los pocos papeles existentes pues 
ni muebles poseía su Secretariado, 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



213 



^n\ no era lo mismo, la A.Ll. paso v 

= ní,die se diera cuenta de ello. 
,,e apena nadie ^ d ^^^ ,, desconoci:.-.^ 

Los efectivos de la A.i.l. eran j ^^^ ^^^^ 

,„auso po. los f— --, r;t, por respe, y con- 
que éstos no trataron de ^veri» J ¡^eros Secre- 

?ia„za,al Secretariado I^r." secretaría en el misrno 
tarios Suchy y Sehapiro t«b 3^^^" Bareelona. Ninguno de 

local del sindicato de la "^^'^\"8';7j^^„,traba que la Secre- 
los dos tenia -' '- ^ ^^ ^J¿ ^ ,,,,j„ „, apremiada 
rt""r\r^Lles --íes aa.eridas 

España; Ensebio CarCio ei <i 

cargo de Secretario de 1^^.1.1. .^ ^^ .,^^ 

Naturaln^ente Eusebtc Ca^^bo u"-- P^^ ^^^ 

datos y secretos de la S";\¿^i„,i,3 taernacionales que 
el efectivo real de las Centrales 3i ,. ,^3 ¿,^ eada una de 

„. „ la A I T- y el numero de atiliauos u 
componían la n..íí 1 

'=^^'"- , ■„ m,e nudiera complicar las cosas 

Sin ningún comentano V'^ J^^ un apéndice de la 

se supo que la A.I.T. no era otra eosa que u ^ ^P ^^^^^^^^ ^^ 

C.N.T. de España y que gractas a e=tB ^^^^^^^^ ^^^ .^^_ 

el mundo como tal ^f --""^^ate Índieales nacionales lo qrte 
niticante.Nosetratabadecen aes ^.^ .^^^^_ 

1 ^ TT» i s,m a sino nucicus v^i j, 
componía la mismd 

t^"^^^' 1 'Ar. dp efectivos de la A.I.T. 

U cosa del n-ero^^u . o efec^^^^ ^^^^^^^ ,^^^ 

en el plano internacional hubiera en ^ ^^^^^.^^ ^ Inter- 
tancia st hubiera existido la Vos^^'^^^J^^^^^^ ¿e cierta impor- 
-cnal °-%--f,;:f áureamente esta posibilidad 

internacional. 



214 



RICARDO SANZ 



Mientras que la A.I.T. tuvo su residencia en Esm.1. ,. 
hubo nxngun problema mayor que pudiera inquietar a W;,"" 
tantes de la C.N.Í. pues éstos se sentían bien represen ad^ 

por Ja misma. ¡j^^^^iíl^^í,^^ 

Fué posteriormente cuando ésta salió de España que los 
müuantes de! anareo-sindiealismo de la C.N.T. empezlon a 
preguntarse euai era la misión desempeüada por la A I T en 
el plano internacional, va oue en -I „i,„„ • , , ■'■■'■■'"' 
perfectamente. ' ' ^ ^^"""^ "'"'""'' '° »"''"="' 

directt\e*-"cK"r '' ^^P""''' desligada de la influencia 
rélTH A . T' '"™°'" ^'^ ?"=="•'» situación. Masca- 
ren encargado de las cosas de la A.I.T. en Francia y Bélgica 
desbordado por las propias circunstancias, fué impotente para' 
conciliar los intereses orgánicos v Ii = =io „ "'potente para 

A.I.T. y la C N T "'«■"^'«os J "asta económicos entre la 

A continuación las cosas no lograron más que empeorarse 
Tra,sladada la residencia de la A.I.T. a Suecia '(EstoXorís' 

Anderson con su manera sectaria e incapaz de conducirse 

::i: zJ:::^^- » «• ™- » - -^ ^-^^ 

la CNt'ITÍt '^" "" '' '"P"''^ '^"^ P»'^""^! -gánico de 
tividad ''"" '"^ '' ™'° >' P°'- '^"'^ «« I^ inac 

Nosotros que no nos aferramos a ia tradición del pasado por 
considerarla perniciosa, consideramos r,„» A l ^ 

en todos los órdenes de la v da T- "' renovarnos 

ene.', ce la vida, si no queremos perecer 

En realidad nosotros no estamos seguros que la A.I.T. ciini. 
pilera su misión histórica. De ser así los r,„„ 1 . ' 

tenemos 1» ,„;.;- j ' 1""* "^ sostuvimos 

ienemos el deber de sustituirla por algo nuevo que sea canaz de 
adaptarse en el plano internacional a las concepdone moleLa 
del sindicalismo. Con la segunda guerra mLdial IsapTre 
cerón dos centrales sindicales internacionales., la scgünd In. !.' 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



215 



nacional Socialista y la tercera internacional Sindical Roja, de 
obediencia comunista. 

Después de la guerra, ni la una ni la otra, respondían a 
las necesidades de la nueva estructura política y económica del 
mundo. Por eso se disolvieron sin reticencias de ninguna clase.- 
Como se sabe, a continuación, dado el ambiente de aquellos 
momentos se constituyó una sola central sindical internacional. 
La Federación Sindical Mundial. A dicha central internacional 
se adhirieron la mayor parte de las Centrales Nacionales en prin- 
cipio. Fué la Organización Sindical más numerosa qne jamás 
existió en el mundo. 

Se ha dicho, se dice y repite todos los días por doquier, y 
los propios comunistas hacen gala de ello, que las organizaciones 
sindicales deben actuar al margen de la política. Ese fué siempre 
el principio y ia conducía observada por la C.N.T. en España. 

Sin embargo internacionalmcnte jamás fué así. La prueba 
más evidente de ello fué la escisión producida en el seno de la 
Federación Sindical Mundial. Las Centrales Nacionales Norte- 
americanas primero, y a continuación, varías otras más se 
dieron de baja de ia F.S.M. alegando que estaba mediatizada 
por el partido comunista. 

Nosotros no vamos a discutir esa cuestión. Sólo diremos 
que eso de la independencia política de las Centrales Sindicales 
hoy es solc teórica. 

Es cierto que la F.S.M. en las llamadas democracias popu- 
lares responde a la disciplina que le impone el partido comu- 
nista. En los países capitalistas donde existen centrales sindi- 
cales' afectas a la F.S.M; como por ejemplo la C.G^T. francesa 
ésta no está sometida a los dictados del Gobierno francés como 
es lógico y natural, pero está mediatizada sobre todo individual- 
mente por los militantes del Partido Comunista Francés. 

Suponemos que otro tanto debe ocurrir en las demás 
naciones de régimen capitalista donde existen filiales de la 
F.SJVt. 



¿yo 



RICARDO SANZ 



"i' cuanto a la pretendida independencia política, de las 
icojiülcs sindicales nacionales e internacionales de los países 
capitalistas resulta un verdadero timo para la clase trabajadora 
afiliada a las mismas. Tal como están planteadas en estos mo- 
mentos las cosas, en ios países capitalistas, en esa carrera que 
todos ios estados siguen, de cara a las nacionalizaciones, para 
mejor reforzar su propia existencia, es posible que un día no 
muy lejano los trabajadores se den perfecta cuenta que son 
doblemente victimas, víctimas del Capitalismo y víctimas del 
Estado opresor. 

El Estado Patrón no libera al obrero de la explotación capi- 
talista, todo lo contrario, lo esclaviza aún más, negándole una 
sene de dert:chos, que el capitalismo privado está obligado 
por las propJiís leyes del Estado a cumplir. 

Es de esperar y será muy saludable que tal como van las 
cosas, en el plan económico mundial, los trabajadores manuales 
e intelectuales se den cuenta de que el enemigo común de todos 
los que trabajan, desaparecido el capitalismo privado, no es otro 
que el Estado Patrón. 

El Estado Patrón, lia declarado la guerra a muerte al Capi- 
talismo privado, deben estar los trabajadores fuertemente orga- 
Tp /''t.^'''*'''*'' sindicatos, para dar la batalla definitiva 
al Estado Patrón, antes o después que éste haya vencido al 
Capitalismo. 

La economía, la riqueza social, debe ser administrada sólo 
y exclusivamente por los sindicatos de productores. 



CAPITULO X 



En ose espíritu de comprensión, de tolerancia y hasta de 
colaboración de los hombres de la C.N.T. hacia el nuevo régi- 
men republicano, las cosas siguieron el curso natural hacxa_ un 
nuevo resurgimiento de valores que afianzara la nueva conquista. 
La conquista de la libertad. 

En el plano regional, la C.N.T. que por principio era fede- 
ralista, tenía que afirmar su propia razón de ser, de cara a ia 
nueva política a desarrollar por el Estado, en relación a las 
Regiones Españolas. 

Cuando se votó el Estatuto Catalán, la Regional Catalana 
de la CNT., que entonces estaba en buena relación con los 
hombres de la política regionalista, a pesar de que no tuvo 
ninguna inlerveneión en las elecciones, no hizo ninguna mani- 
festación de hostilidad, de cara a las mismas, dejando al libre 
albedrío de los ciudadanos, pertenecientes a la Coníederacion, 
en el momento del voto. Así se explica que el Estatuto de Cata- 
luña fué votado por una aplastante mayoría del cuerpo elec- 
toral La idea del filósofo Pi-Margall, maestro impulsor dei 
federalismo español, obtuvo la primera gran victoria en su 
país natal: Cataluña. 

Como se verá más tarde, a pesar de lo que queda, dicho, 
el estabíecimiento de la Autonomía de Cataluña, no .ue^ una - 
cosa de madurez política. Fué el estallido sentimental ae la 
época. El segundo acto del drama republicano. 

Los partidos republicanos de izquierda, iban dando ban- 
dazos sin llegar a orientarse en una línea de conducta sena, 
que les permitiera constituir un bloque o formación, que tuera 



218 



RICARDO SAJSZ 



una garantía capaz de atraer hacia ellos a toa o- ¡o.: Ir^mhres 
verdaderamente democráticos, que aún creían ev^ •.:. r.;v;:'ica. 

El partido socialista era el más cohesionado, a causa de 
que sus cuadros habían permanecido en reserva sin gastarse. 
A más de eso, una serie de intereses, propios de la colaboración 
con la Dictadura les había situado en un plano de preferencia 
■d todos ios dcuiás partidos que habían tenido que comenzar 
poco mas o mcuos que a cero, cuando se instauró la República, 

Por otra [jarte, quedaban las reminiscencias d,e la Dictadura 
que aun no habían sido eliminadas y que ellos, más que nadie, 
tenían iiilcrés cu conservar dentro de la Repiiblica, por ser ellos 
los mayores beneficiarios. Los aventureros de la Unión Patrió- 
tica, que en tal de sacar su particular beneficio habían sostenido 
a Primo íle Rivera, no tuvieron ningún inconveniente en acer- 
carse ai Partido Socialista, logrando así, situarse una vez más 
(cal sol que más calienta». Todo eso era la política en España, 
como en todas partes. 

Claro está que en España, en la época a que nos refe- 
rimos, era muy difícil crear un partido poHtico de izquierda. 
Los trabajadores organizados en potentes sindicatos en los Cen- 
tros industriales, se habían desinteresado por completo de la 
cuestión política. Era la respuesta lógica a todo un pasado que 
ellos no podían olvidar. 

La República hubiera podido lograr, con una actuación de 
atracción y de sentido de responsahihdad, la simpatía de los tra- 
bajadores en la cual debía apoyarse, pero no lo logró. Tuvo 
miedo de aliarse con las organizaciones obreras pues al parecer 
estas iban demasiado lejos, en materia social. La carencia de 
arraigo político o decepción política de la clase obrera española 
se demuestra en un hecho concreto. 

El partido comunista, que en todas las latítíides se pre- 
senta como la salvación de ios trabajadores, en España es 
completamente rechazado por los trabajadores. Y lo és, poraue 
en España, mejor que en ninguna otra parte, los trabajadores 
saben lo que representa para ellos el Partido Comunista. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



219 



C0.0 ,a Ke.os d.Ho en oUo luga, a .s del advento 

de la República, no «-^'f » ^^f^^^f ^ le abrü de 1931. 
En la implantación de la República, ei 

el Partido comunista ^^^^^^^Z^^^ ^^^ "^^ 
Solo después, cuando ^'^^^^¡^^¡^l^ .¡.¿.daño, el Dr 
Cortes Constituyentes, en f^^^f J^> j.^^^ ¿.j pitido comu- 
Bplivar, que se presenta solo, en una 

nista español ^^ ^^^^ ^^^ „p„,iei6n y 

1 contri," o su candidatura, dadas las circunstancias, 

n r;oVi "^- - vtXpCerPa'rudrcor. 

pies eircu— ^ fué ^'^X!;Í<^o Diputado 

:^;:-ta^;rbr: "as Cortes Constit^-J^ — ^_ 

,ue los P-i^os políticos -^ eltaZt en una Wa- 
tian en la esteriUdad, no '^°P^^'^ ^a que vivían, 

el6n capa, de enfrentarse con => — " J^r el visto bueno 
írente a la -ccion, que no s » ,. a ^^^^^^^^^ 

del nuevo regunen, los partmos ^ T^„„ehas Autónomas) 

la C.E.D.A. (Confederación Española ¿^ f";;";^ ^„ i,i„„o 
cobraban bríos y ganaban posiciones frente al prop g 

- ^-írrello era conocido -Wa.obr.. la cual se in. 

rSs df ^-4t -rqu^¿— ^ -- - 

.01 Jr Ikt^o^ismo! ni dif erencUs de ^^l^^^^, 

eapa. de <I"ebrantaMa unidad de on^ent« ^^.^^P ^^^ ^^^. 

Sin embargo, extítio siempre-la *.-^-encia_^ -^^ ^ 

dencias internas incluso, pero siempre con 

y tolerancia mutua. ¿ j^s 

Como ya hemos consignado en °-¡}j^¡' , ¡fieos, 
militantes de la C.N.T. pertenecían a te -pos P 
No obstante ello, el respeto mutuo, la tolerancia y H 



220 



RICARDO SANZ 



eso la franca fraternidad, fué siempre la divisa de cambio 
entro los hombres que andaban juntos, que sufrían juntos y 
que morían juntos también. 

Se habló mucho fuera de los medios confederales de la 
indisciplina del anarco-sindicalismo. Nada más lejos de la reali- 
dad. Los acuerdos tomados en asambleas y reuniones tuvieron 
siempro fuerza de ley. Naturalmente que hubo indisciplinados. 
Los hubo y los habrá siempre en todas las formaciones. Ello 
fué rara excepción, jamás una grande excepción-. De no ser así 
la C.N.T. no habría llegado jamás a la altura que llegó ni 
hubiera adquirido el prestigio que consiguió. 

Los militantes maduros del sindicalismo confedera! cono- 
cían por la experiencia vivida, la impetuosidad de la juventud 
que lo arriesga todo muchas veces sin reflexionar. Era un defecto 
de origen que ellos, la mayor parte de las veces disculpaban 
por no estar obligados a justificar. Por eso hasta la implanta- 
ción de la República, jamás hubo fisuras en el seno del movi- 
miento confederaí. 

Al Igual que la C.N.T. creció en proporciones considerables 
en efectivos al advenimiento de la Repdblica, los grupos anar- 
quistas se multiplicaron. No hubo límite ni gran control en los 
nuevos ingresos. Ello hizo que en ambas organizaciones hubiera 
mfiltraciones dudosas y hasta indeseables. 

La vida pública de los sindicatos se desenvolvía de la misma 
manera que en otras parecidas épocas de normalidad. Aparte 
del enorme contingente de nuevos afiliados que invadían los domi- 
cihos sociales reclamando, quien más, quien menos, ser aten- 
didos ante ciertas injusticias patronales, el resto todo continuaba 
Igual. 

En tiempo de normalidad, el trabajo de los grupos era 
casi inexistente. Sus componentes reintegrados al trabajóle fun- 
dían en el sindicato con el resto de compañeros de explotación. 
No era igual que cuando actuaban en clandestinidad. 

Claro está que en los sindicatos había mucho que hacpr 
Siete años de clandestinidad habían impedido toda interven* 



EL SÍNDIOALÍSMO Y LA POLÍTICA 



221 



-A- ^. rl. ^. c.rtr:.— ,cíón sindical frente al egoísmo capi- 
cion directa d -a ...... .....^^^ ^ ^^ eonsideraeión hacia 

tahsta que ha. ... ..^^^ y ■/"..ecesídad ineludible la confección 

de aunante de -'-- .^¿^^^tt^TL^ulul Ube.l e.a 

T7n pííie nuevo enirentamit-iiLu, ^^ i . ri -ui 

el mios tetado por haber seguido una línea n.as le. e 
nn rehción con los obreros. Las grandes empresas, la. grandes 
, en relación con _ afectadas. Estas no escaparían 

compamas y tiusts, eran las ü ^ínrlirato 

natural Y ló«ica. una vez más ,no lo era al parecer para la clase 

al sindicato, ) e:=te como i . a P=n en todas partes se 

defensa, respondiendo con la huelga. A eso en p 

. le Uama la lucha de clases. ^^^^^^^^^ ae educación 

En Espafia. por razón de temperamemo, 
social o de lo que fuera, la huelga platónica era de hmUada 

sociai, o Qfí lu H j^,j<. pl nTÍncimo de producirse 

duración y lo era, porque ya de.de el P^^^^^^P^^. ? ^^^ 

la misma en todos lo. casos y circunstancias, el Estado se poma 

rip TT^-^te del capitalismo. i - i „^ 

'ya podía estar toda la ra-zón de parte de los trabajadore 
Las autoridades si.temátieamente se poníarr al servrcro del 
patrorro o de la empresa, mandaban la íuerza pubUea con orde- 

nes de defender sus intereses. , „ . , , ranitalismo 

Respaldado de esa manera por el Estado, el Caprtahsrno 
se .entia fuerte v seguro, y las cosas que en pr.nctpto se hub.e 
an podido arreglar' sm grandes dificultades, no solame^^ se 
alar/aban indefinidamente, sino que se complicaban hasta el 
Zrfl de convertirse muchas veces en conflictos de orden 
pdbüco. Conflictos de orden públVeo- provocados por los llama- 

dos guardadores del orden. , „„^edi. 

Los gobernantes republicanos, que conocían os procedí 
.ni^nts ilaecionarios que en materia social y sinctical haman 
mpleado sus antecesores, hubieran podido intentar cambiar 



222 



RICARDO SANZ 



de actitud con la clase trabajador:; i-r. ios conflictos de trabajo, 
pero no lo hicieron. No Jo hK'i-::fr>.; ^f'■ ^juramente para congra- 
ciarse con sus enemigos. Es!ns :<:■ r:niiargo no se lo tuvieron 
en cuenta. 

Los conflictos del trabajo se complicaron progresivamente, 
se complicaron por la intervención, la mayor parte de las veces 
inoportuna de las autoridades. 

Durante la República, ya lo hemos dicho, y no nos cansa- 
fcmos de repetirlo, los obreros, jamás intentaron perturbar la 
\'ida política del país, con acciones deliberadas contra la forma 
de Gobierno. Ello hubiera resultado insensato, por cuanto los 
trabajadores eran los primeros interesados en la pervivencia de 
la legalidad republicana que se habían dado asimismo ei 14 de 
Abril de 1931 y de la cual solo pedían un margen de libertad 
que les permitiera vivir dentro de la legalidad, con arreglo- a la 
Ley de Asociaciones. Por lo tanto, luchar contra el capitalismo 
no era un delito. Los grupos anarquistas no actuaban como tales 
en el seno de los sindicatos, sino que como trabajadores, en las 
asambleas, en las reuniones y en los sitios de trabajo exponían 
sus puntos de \ista que a veces eran contradictorios entre ellos 
mismos. En lo fundamental desde luego todos estaban de acuer- 
do. Y lo fundamental era la transformación social del régimen 
capitalista por el comunismo libertario. Si los gobernantes de la 
República se creían en ei deber de defender al Capitalismo, en 
ese caso concretamente, era fatal y natural de encontrarse los 
unos freníe a los otros. 

Queda pues bien aclarado que los trabajadores de la C.N.T. 
jamás se levantaron contra la República con el ánimo de destuir- 
la por considerar que dentro de la República se puede implantar 
el comunismo libertario después dé haber desaparecido el capi- 
talismo y el Estado opresor. 

Ese fué siempre su lema, comunismo y libertad. 
Los anarcosindicalistas no se declararon jamás enemigos de 
la Repúijlica. por ser ía encarnación de la igualdad social. 



EL SINDICALISMO V LA PQ-HTICA 



223 



Fué en esas condieu^nes y ^^^ ^^^Z^ Z^' 
período que podríamos llamar, periodo de ensayos 

ríos prácticos, ;, i enlistas revolucionarios a 

Poco podía importa, e ^J^^^;^^^^ ,„, ..elga 

los hombres de la F.A.l. que ios pr 5 ^^^ ^^^ 

p„a eonc,ui.a. un n. c^- — oje s^^.^^ ^^^^ 

SU obietivo I mal. oe Irataua 

de los efectivos de maniobras subversivas „„,iiizacióu 

. Para lograr tal objetivo que no era otro que la nro 
permanente, se necesitaba un pun^o ¿^ P- ^^a - el ^^ ^^ 
habría justificación ni posibilidad de I" P"^^;; '^^ conscientes 
idea finalista. Si todos los trabajadores ^ub-ran -do c 
, revolucionarios, la inobilizac.on S»""! ^^^'X^" ,i ^Uvo 
nea, pero no era así, había pues que usar del motivo, y 
estaba latente en todas partes. pmitalismo. 

La miseria por la inicua explotación del «apUaUsm 

::da-ri::a!T-- ::^Lp^endida como . - -^^ - 

todos los militantes sindicalistas, -" «^ P^^^^;, ,¡a„ dura 
sindicalismo contra el 7"^'-'"° ^_.t; "fias circunstancias, 

y -'- -^".rdl miSait rrprtrp-ocidn que había 

que una serie de miiitautes a^ i r ^ _ 

Sufrido el peso de una lucha - P'-^^da la po bilidad'de 
blica creyeran que el nuevo régimen les dar.a la V 

una prolongada normalidad de ^'^^^^^.J.^^i: ¡l^oal y 
los sindicatos lograrían poco a P-^- 'X^^^, 1, lega- 
conquistar su personalidad, de "<="» ¿^ „- 

lidad, ellos personalmente tendrían también rinmarg P^^ 

so que les permitiría rehacer sus propios h gare Por P^^^^ 

■— se- pro-dujo un hecho ""«ral; que- v n„ a t as ocar J 



224 



«ICAUDÜ SANZ 



KL SINDICALISMO Y LA EOLÍTICA 



225 



impetuosidad de ocupar los puestos de responsabilidad que les 
estaban reservados en relación a sus conocimientos. A más de 
eso, sin que hubiera aún llegado el momento del relevo, pues 
todos eran útiles y necesarios ,ante el volumen del movimiento 
en sí, una serie de sólidos valores habían hecho su aparición 
demostrando en la tribuna, en la prensa, en las asambleas de 
los sindicatos, y no importaba donde, que la C.N.T. contaba 
con una promoción grande de hombres capaces como no impor- 
taba qué partido político para afrontar una situación de respon- 
sabilidad en la vida pública de la nación. Donde se demostró en 
el seno de la C.N.T. en el plano nacional, fué en su segundo 
congreso nacional celebrado en Madrid en el Teatro del Conser- 
vatorio. 

Toda la España Confederal estuvo allí representada. Regio- 
nal Catalana, Regional Levantina, Aragón, Rioja y Navarra, 
Regional del ÍNorte, Asturias, León y Falencia, ambas Castillas, 
Regional Galaica, Regional Extremeña, Regional Andaluza, 
Regional del Centro y los diarios C.N.T. y Solidaridad Obrera. 

Todas las Federaciones Locales de España estaban repre- 
sentadas, directas o por delegación. Habían varios centenares 
de delegados. Mas que espectacular fué un recuento de efectivos 
en presencia. Los Sindicatos mandaron al Congreso entre los 
militantes, los más competentes. Se hicieron exposiciones valio- 
sas, demostrándose la competencia y madurez de un porcentaje 
muy crecido de los allí reunidos. El respeto raútuo y la ponde- 
ración fué el lema de todos. Las Delegaciones Campesinas, muy 
numerosas, tuvieron intervenciones emocionantes, «Basta va 
-^decían por ejemplo, los campesinos andaluces — estamos can- 
sados de esta vida perra que nos imponen los señoritos. Solo 
comemos aceitunas y bellotas y eso aun porque vamos a robar- 
ías, exponiéndonos a las palizas de la guardia civil)). 

Los mineros de Ríotinto, de Almadén, de Puertollano, de 
Asturias, y en fin de todas las cuencas mineras de España decían 
lo mismo. No pódemeos más. Esperamos que la C.N.T. nos saque 
de la esclavitud. No hubo una sola voz; que se levantara para 



-:-.-. airada, con datos eswu _ hablar Y es- 

cribiv. no hiibia suficiente, ya ciu 

lad de pasar Hambre y M^J^'^-^ ¿^ desesperaeión de eiertas 

Aparte de esa nota <1^ '"f f *' , ^ ^rftu, el ansia del 

delegaeiones, el ambiente ^^ /-' ^T c»-™'"'™ '"' '"='^" 
^naffana inmediato, del ^"f^J.t algunos eompañeros ciue, 
£ieo. Magnífieo a pesar ¿^ í^ ^^^ ¿,i,ei6n por el estado 

;t :dit:iLnes -fz¿X^^- -^^'^r 

ConEabarx aun en « "« ,„iuci6n, cosa que de- 

el cual ciertamente no podía dar nmgu 
mostró en la práctica Llobregat y Cardoner, los 

E. ,a cuenca mmera ^^^^^ ^ f,,„ tetados por los 
mineros de Suria, Cardona, Sallet 5 )^ g ^^ j^^^.^ 1^^,5,0 

mercenarios de las empresas ">-» ™ ,^ „,,„, protesta 

tabla rasa de todo ^e^™-'» f J'^ ^por la guardia civil. 
,0, parte de los trabajadores -> -F - ^P,,^„ ¿e produeei6n 
' Toda la cuenca mmera, "^J"; j^^;^ a^^de la misión 
natural parecía una f Sf f ^^ J¿"; "^""os condenados a traba- 
de los guardianes era la ¿e fj^f „ ,, naturalmente tenía 
jos forzados. En esas condicione. 

que estallar la sublevación. rompieron el cerco. 

Fueron los mmeros de ^'8°' ;° \^^^ Je^es ni previo 
Lo hicieron concienzudamente bm ^p ^^^ ^^ ^^^. 

aviso de nadie. Un d,a del mes Forero ^^^^^ ^^^^ 

,„-,enta de trabajo, es decir '^'^^^ /eomunismo-liBer- " 
poseían se lanzaron a la «^"^ " "^^ indudablemente un hecho 
ario. No hubo te™-° f f ». ;r ieves días solamente, a 

'^^T' 1-p:rS NfolTstanre eso, los hombres de la 

causa de su e^pontane.udu 

15 



226 



RICARDO SANZ 



C.h.y üííbr/u p,v rnmera vez en la historia revolucionaria de 
a misma, | --;,. í. primera piedra de su propio templo. Toda 
la organiEaciot. ^^. ^arco-sindicalista de España se solidarizó con 
los revolucionados de Figois, dispuesta a imitar su gesto en la 
primera ocasión que se les presentara. 

En los primeros meses de 1932 cuando menos se esperaba 
nna noche, fueron embarcados en el puerto de Barcelona, en el 
«Buenos Aires», barco retirado de servicio por inservible, v por 
lanto peligroso, más de 100 militantes de la C.N.T. que fueron 
llevados a la deportación, entre los que figuraban Ascaso y 

La Organización Confederal, en el piano nacional, permane- 
cía en estado de alerta, cuando se enteró de la deportación de 
sus militantes. El Comité Nacional era asediado de todas partes 
con el interrogante de lo que se debía hacer. 

Se acordó una huelga general limitada de protesta, cosa eme 
fue secundada incluso por muchos núcleos de trabajadores oue 
lio pertenecían a la C.N.T. 

Al correr del tiempo todo fué complicándose y la pausa 
(leseada por todos había (jnedado definitivamente rota. Rota 
por incapacidad de los gobernantes republicanos, que más que 
nadie ^debían tener interés en mantenerla para lograr la conso- 
lidación del nuevo Régimen. 

i ^ ^r w^^° ^^ militantes, algunos de ellos de gran prestigio, 
<lc la C.JN.T., interpretando a su manera el desarrollo de \o^ 
acontecimientos en relación con la lucha sindical, creyeron opor- 
Liíiio sahr al paso pi'iblicamente de lo que ellos consideraban un 
tM-ror de táctica para proclamar su desconformidad con la ac- 
tuación masiva en el plano nacional de la organización, a la 
cual hasta entonces vivían unidos e identificados. 

_ Sin plantear previamente el problema en sus respectivos 
smdicatos, cosa natural y lógica, apareció un día en la calle un 
itKunñesto avalado con 30 firmas, varias de las cuales eran de 
companeros muy conocidos y responsables que hasta aquel mo- 



EL 



SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



227 



.nento no habían sido objeto del menor reprocho sino .o^^ := 

contrario. ^„„^v<. tímidi^- ■"¿Ií'.o-^ : 

El manifiesto de los 30, de una '"^"«^'';X'¿„, ,,:.:,.:, e.; 
.i„ argumentos, se levantó contra ^"^^^^^g ,,,rAa 
el seno de la C.N.T. la cual, =^fV '.«tnd cal sin tener on 
„ pretendía forzar la marcha de la "f^J^^^-^^Xj adoros, 
cuenta muchas veces los intereses de los P-l"°\,";;, [^ „^estra 
Por haher hecho ya referencxa «P^*"!- ^;t j¿„, ,„ 

contra el grupismo, ellos no tuvieron nmgun tnconven.e 
::currir af gr'upismo, para publicar el ^^^ ^^^„,¿ i. 
No pretendemos a más de 30 anos de d'^'^""*' ^„ 

,uerella,'ello seria insensato, y lo sería — ^ /"^^ ^j.^. 
tener en cuenta que dicho problema fue r^T^^l Cenoso 
pió seno de la C.N.T, por los prop.os -'«--1;;;"^ ¿, ^,,, 
Contederal Nacional, celebrado en Zaragoza en el mes a . 

'" 'no' obstante eso. hubo problemas anexos ^ ^^^^^^^ 
tado ñor pescadores de río revuelto, que no «■'¿™;' 
nvanifiesto de los 30. los cuales afectaron mucho mas g 

«ización confederal que el trentismo en s.^ ^^ ,^^ 

La mayor parte, mejor dicho "^es y militantes de 
firmantes del manifiesto trent.sta eran ^^-^^1'^^°'^ "^j,^,. pe,„ 
la C.N.T. y continuaron siéndolo s.n -^^f^^'¡/'J¡ '^p.ovechán. 
hubo otros arrivistas políticos stn ^^^ -'^"^.^¡/li^aicatos, 
d„,e del anuiente conius.omsta ^^ ^^^^ ,^ justificación 
llamados de oposición que no eran otra cosa que j 
..norbosa de ambiciones inconfesadas, P-° /l^ . ; \^ ,„„, 
superficie tan pronto se presento la ocasión de quitaise 
y descubrii-se ante sus companeros. 



228 



RICARDO SANZ 



No era una reforma política lo que necesitaban los u--¿í: 
j adores españoles. La República en tanto que institución polltic- 
podía y debía llenar todas las necesidades institucionales. ],,; 
que necesitaba el proletariado español era una transformación 
social de todas las fonnas de la vida ciudadana en el sentido di 
mejoras prácticas de subsistencia, de la cual había estado siempre 
carente, de eso no se intentaba nada desde los sitios de dirección 
económica dei país. 

Que los obreros buscaran la forma de mejorar su situación 
económica era una cosa natural y justa, lo que.no era natural ni 
Justo era que los poderes públicos en la Repúbliea continuaran 
las viejas costumbres de los regímenes caducos convirtiendo los 
problemas de lucha de clases en problemas de orden público 
No eran los llamados extremistas de la F.A.I. los provocadores de 
,s¡.tuaciones de perturbación sociaL eran las autoridades las que 
motivaban las perturbaciones, con la provocación constante por 
medio de la intervención de la fuerza armada en los conflictos 
(íe trabajo. 

Los extremistas, lo que hacían era aprovechar la coyuntura 
de la mtervención del Estado en los conflictos de trabajo en favor 
del capitahsmo, para afirmar ante los trabajadores su posición 
hostil hacia el capitalismo y a la par contra el Estado, su fiel 
defensor. 

Mientras el Estado Repubhcano se entretenía en las cosas 
que para él sólo debían ser secundarias, los problemas de fondj 
que afectaban a la entraña de la vida de la nación, quedaban 
^m la mas pequeña atención por el mismo. 

A ios homhres de la República no se les ocurría pensar que 
l'.spana era una nación eminentemente agrícola y que había qu.p 
abordar con preferencia los problemas del campo, los cuale^^ 
estaban en compás de espera sin resolver, se hablaba de 1¡ 
reforma agraria, pero la reforma agraria no se concretaba en 
onda : Proyectos, solo proyectos, pero ninguna solución práctica 



EL 



SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



229 



Por tanto no eran iniciativas ni planes ^^V^^^''^ 
realizar lo que faltaban en ese ^^-^^f^^'l'^^^^^ 
como Julio Senador Gómez dos :^-^^^^'^°;.Xo arsenal de 
ñones agrarias habían dejado escnto ^^ J^f'^^'Z^Un en 
proyectos, todos apreciables en ^^^^^'iXT^^^^ para ' 

ios archivos sin que nadie interesado ^^s desemp ^ 

, hacer un estudio acabado de todas -. /«^í^^ f ^^f .^.i.uismo, 
y realizarlas. Los terratenientes, los ^^^^^^^^^^ f ;i;\r¿epúbHca 
Lstroso, continuaban imperando en los tiempos de la Uep 
igual q;e en la monarquía. El Duque de y^^^S^'^^^ ^ nti- 
lomanones y hasta el contrabandista N. ^^ -;^^^^^^^^^^^^^ 
auaban imponiendo su ley, la ley de los millones, 
reforma de la vida social de España. 

Y mientras tanto los campesinos de A-d-^--%^\ft^r^';f, 
..dura ydem. ^;^::^^^^^ 

con arreglo a su extensión geográfica, cosa que r^ po ^^^_ 
precisar por falta de estadísticas, la poca ^^-^'^ J^^^ ^as- 
Laba en las zonas consideradas pobres, -^^ ^ f;^X¡ todo 
tilia, incluso Aragón, por falta de abonos químicos r'O^^^ 
de agua, las tierras de secano, solo se sembraban cada dos ano , 
que/ando en lo que se llamaba barbecho, <l^^ ^^^f^^ ^^ 
er descanso pues de lo contrario no se recogía apena. s.m 

Era más cómodo por lo visto importar del extranjero e 
trigo, maíz y cebada en una proporción ^f^^^^^^^^^J^ 
poL; en condiciones de explotación y de rendimiento las 

del país. ^ . .• ^^„ 

. ___ Y. si cerPados por el hambre, los '^^l^^'^^JJ^^ 
.nuntaban .abajarla, sin el visto bueno de ^ ^^- 
es decir de los terratenientes. P« '-«'^'^'^res como ocurrió 
municipales o de simples grupos de -l^^tT otros pueblos 
en Navalmoral de la Mata, e„ Puertollano ) °^™ ? (^^ 
de Andalucía, la República o sea el Gobierno RepubUcan 



230 



RICARDO SAKZ 



i.-andaba la guardia civil y los desalojaba por la fuerza, de los 
sitios de trabajo. 

Mientras continuaba la tragedia del campesino andaluz, 
sin tierra doade caerse muerto de hambre, se mantenían los 
cotos de caza, las grandes propiedades ganaderas, donde las 
razas bravas constituían la riqueza y el placer del señorito in- 
sultante, esos señoritos que en los días de fiesta lanzaban 
puñados de monedas de cobre a la «chiquillerías, hijos de los 
pobres, para regocijarse viendo como se lanzaban los unos encima 
de los otros en busca del vil metal. 

El problema' del campo continuaba como nunca, latente 
en España, sobre todo en las regiones pobres, pues en Cata- 
luña por ejemplo, donde la propiedad de la tierra estaba mejor 
repartida por no existir grandes terratenientes, y a más de eso 
por un sentido práctico de comprensión, se instituyeron leyes, 
y más que leyes, convenios que armonizaron la vida del campo 
catalán con la vida de la ciudad. Por ejemplo «Los jRabasaires» 
hablaban de la llamada «Ley de Correosa) como cosa ventajosa 
para el campesino de Cataluña, el cual se sentía ligado a la 
tierra, convertida en pequeña propiedad, que permitía al culti- 
vador vivir trabajando con cierta decencia y dignidad. Lo mismo 
ocurría en Levante, donde la propiedad a más de estar repar- 
tida en el campo, el grueso de su producción era de mercan- 
cía de exportación como por ejemplo, la naranja, el arroz, la 
cebolla, frutos en general. 

Pero todo esto último, no era obra de la República, era 
una cosa de madurez de comprensión, de sentido común, de 
ciudadanía, cosa que no existía aún en las regiones retardata- 
rias de Españ_a_donde imperó siempre el absolutismo, el oscu- 
rantismo y el despotismo de los de arriba contra los humildes. 
Sería desleal por nuestra parte no querer reconocer que 
la República tuvo cosas buenas. En materia de instrucción 
pública el esfuerzo fué considerable. Marcelino Domingo, minis- 
tro del Ramo, fué un hombre de una competencia indiscutible. 



EL SlNDICALiy- 



política 



231 



Su programa de construid " ' ' . '^os de enseñanza en Es- 

paña fué para él, una vcií:.. ;;^ion. 

No sabemos en realidad c-..¡l>¿^í escuelas se construyeron, 
si fueron votados los créditos necesarios. Lo que sí sabemos es 
que a partir de la instauración de la República, la Enseñanza 
cambió por completo de fisionomía. Que los padres que lo desea- 
ban y estaban en condiciones de enviar a sus hijos a la escuela, 
podían hacerlo, seguros que sus hijos podrían ser acogidos en 
ios centros de enseñanza creados al efecto. 

Desgraciadamente habían muchas familias pobres que, en 
vez de mandar sus hijos a la escuela, ya de muy corta edad, 
a los 10 o 12 años los mandaban a trabajar, a veces jornadas 
agotadoras como aprendices, como domésticos recaderos o sim- 
plemente como pastores o algo parecido. 

Marcelino Domingo, un verdadero artesano de la _ Cultura 
en España. La historia lo recordará a través de sus páginas 
como uno de sus hijos predilectos. 

El caso del Ministro de la Guerra, Sr. Manuel Asaña, que 
luego fué Presidente de la República tuvo, mejor dicho, hubiera 
podido tener, una efectividad magnífica. 

Conocedor como el que más, que el ejército estaba infectado 
de enemigos de la Nación y por tanto de la República, tuvo la 
idea, que hubiera pedido ser genial de haber dado el resultado 
que él esperaba, de proponer una ley que fué votada por el Par- 
lamento, de autorizar a todos los jefes y oficiales del Ejército, 
que lo desearan, de retirarse del mismo con el sueldo íntegro. 

Con ello buscaba el Sr. Azaña limpiar la República de cons- 
piradores y enemigos, pues no estando en activo y por tanto en 
contacto directo con los presuntos sublevados de los cuarteles, 
les tendía un puente que aunque costoso, les aislaba, poniéndo- 
los ai otro margen. 

Pero como hemos dicho más arriba, no tuvo suerte, y el 
efecto fué casi contrario, íué contrario porque los únicos que 
se acogieron a dicha ley, fueron los jefes y oficiales liberales 



232 



RICARDO SAJN'Z 



no (■uiuplii>íu{t;)S en las múltipleíí ciu-rfol^Hn^' y hasta cierto 
punto íMMMiitgos de los manejos tiíihios. í'-: 1->h siempre prestos 
a la i^ul)!rví\ci6n. 

l^t'.^ otros, los enemigos de la ley. de lodas las leyes, esos- 
permanrc'Kn-ou en activo esperando ei momento de saltar enci- 
¡na de lu ¡(tveii República para apuñalarla por la espalda. Así 
."^e ha cycrilo siempre la historia de la reacción en España, una 
xcz mas Lriíaifaron los cretinos. 

En materia religiosa, la república se mostró liberal, deci- 
mos liberal en la parte que concernía a los ciudadanos no cre- 
yentes. El clero de España como seguramente nin^n otro del 
mundo intervenía en ia vida pública y privada de los ciudadanos 
de manera verdaderamente escandalosa. Esa intervención se 
hacia extensiva a las instituciones públicas y particulares. 

A más de eso, las empresas y compañías de explotación 
nuís importantes de España estuvieron siempre controladas o 
simplemente en manos del jesuitismo. 

San Ignacio de Loyola fué siempre el inspirador de todo 
el judaismo usurero español. 

Cuando las circunstancias les fueron favorables a la Iglesia 
española, cosa que ocurrió sin interrupción, ésta impuso su ley 
que siempre resultó ser inquisitorial a los no creyentes, herejes, 
era esa la palabra de odio a sus semejantes, que no se postra- 
ban de rodillas, ante los fetiches de su aUar, más tarde después 
de ía República, no se encendieron las hogueras purificaderas 
de^ la Santa Inquisición pero se formaron los piquetes de ejecu- 
ción que la Iglesia bendecía con fingida resignación sin la menor 
queja^humanilaria y mucho menos con la repulsa del crimen, de 
los crímenes en estado d^ pe miañen cia. Herejes," esa era la pala- 
bra, muchos de ios fusilados eran católicos, apostólicos y roma- 
nos. 

Las cosas eran así en España, y como los extremos haciendo 
una circunferencia se tocan, los republicanos espafioles de 
antes de la II República no eran herejes pero eran ateos. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



233 



Un republicano de solera en España lo era todo, un cató- 
lico fanático, también lo era todo en sentido contrario. 

Por eso decimos que la República en materia religiosa fué 
comprensible, comprensible porque trató de hacer compatible la 
conducta de la Iglesia con el sentido magnánimo de los Repu- 
blicanos que sin ser herejes querían vivir libres del yugo cle- 
rical. 

En cuanto a los jefes y oficiales del ejército que habían 
jurado fidelidad y acatamiento al régimen republicano, estos 
continuaban conspirando, si no con la desenvoltura que lo hacían 
en la época de la Monarquía, can la debida discreción por ser 
para ellos, algo más complicada la nueva situación política. 

Marruecos era el foco de la conspiración. Todos los jefes 
y oficiales que eran la inmensa mayoría, que no simpatizaban 
con el régimen republicano se consideraban caídos en desgi-acia. 
La República para ellos era un sistema de gobierno importado 
del extranjero. 

No se concebía en ia jerarquía militar española un jefe u 
oficial del ejército que en la calle o en los lugares públicos 
fuera considerado como otro ciudadano cualquiera. En cuanto a 
su relación con la Sociedad, él se consideraba superior. El orde- 
nanza debía limpiarle bien las botas, ei sable y el caballo bien 
peinado. Debía lavarle los pies, hacer las compras y la cocina, 
pues muchos de ellos ahorraban la criada y la cocinera, para 
tener más medios económicos para las «juergas». 

Cuando se paseaban por la calle, su principal preocupa- 
ción era de comprobar si los soldados que los cruzaban les 
hacían el saludo tal como marcaba el reglamento, pues de lo 
contrario el castigo era automático- para los infractores. Todo 
ello no era disciplina, era humillación, odio a los de abajo. 

En el ejército español no entró jamás el liberalismo ni 
mucho menos la democracia, el trato de los llamados por ellos 
mismos «superiores» a los «inferiores)) fué déspota y humillante, 
se castigaba muchas veces de obra a un soldado incluso delante 
de sus propios compañeros. 



234 



RICARDO SANZ 



Claro que esa odiosa conducta tuvo infinidad de veces 
consecuencias trágicas en campana. Los odios engendrados en 

retaguardia se soldaban en las acciones de guerra. No fueron 
pocos los oficiales y jefes que murieron atacados por la espalda 
y el caso era que esa liquidación de cuentas siempre se lia cía 
de manera muy discreta. Se hacía generalmente por recomen- 
dación. Jam.ás por el propio interesado. 

El grupo «Nosotros» vivía absorbido por la lucha sindical. 
Sus componentes, en gran parte, eran solicitados por las dife- 
rentes regionales de España para intervenir en los actos de 
propaganda. La mayor parte de ellos, boicoteados de los tra- 
bajos por los patronos del oficio estuvieron obligados a concen- 
trarse en el sindicato fabril y textil de Barcelona, en su sección 
llamada «ramo d^l agua», la cual teñía establecida la bolsa. 
Es decir que cuando un patrono de dicha sección tenía necesi- 
dad de obreros, este venía obligado a pedirlos al sindicato por 
mediación de los delegados de fábrica. En ningún caso era 
admitido al trabajo ningún obrero que no llevara el aval del 
sindicato, aval que era presentado por el interesado al delegado 
de ia fábrica en el momento de emprender el trabajo. 

La conducta observada en las asambleas generales por los 
componentes del gi'upo «Nosotros)) era siempre con arreglo a 
las exigencias de las necesidades de los trabajadores del ramo. 
En su sección hacían lo propio, jamás ningiin miembro del 
grupo aceptó ningún cargo retribuido, salvo el caso de Fran- 
cisco Ascaso que fué nombrado redactor de «Solidaridad Obre- 
ra», diario de la regional catalana, en un pleno regional, en 
cuyo caso, pasó a formar parte de ia redacción del diario, 
como un obrero- más del mismo. 

: "Las asambleas generales del sindicato fabril y textil de 
Barcelona, muchas veces se convertían en verdaderos parla- 
mentos sociales, siempre muy concurridas estas asambleas, a 
más de plantear y discutir en principio las cosas que afectaban 
al trabajo diario, los reunidos tenían la satisfacción de escu- 
char a nmchos militantes de probada capacidad, que en la dis- 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



235 



cusión deriva h-i^r .-l-re aspectos latentes que afectaban al con- 
junto y que -w:..' -.u así eran de palpitante interés para todos. 

Las conferencias patrocinadas por la Comisión de Cultura 
del sindicato, se sucedían las unas a las otras. 

Los temas siempre de actualidad, eran desarrollados ya por 
afiliados al sindicato o por personas competentes en el plano 
intelectual. Desde luego todas ellas eran muy concurridas.^ 

En esc trabajo constructivo de capacitación, se lanzo la 
idea de la formación de una escuela de oradores. Los alumnos 
debían escogerse, previa selección, de entre los jóvenes que pro^ 
metieran una posibilidad de rápida adaptación. El ensayo, muy 
interesante, por tratarse de maestros en potencia de los muchos 
españoles que no sabían leer ni escribir, no llegó a realizarse 
inmediatamente. Solo después, en los patios de la^ cárcel de 
Barcelona, entre los presos, se ensayó con cierto éxito dicho 

proyecto. 

La cosa no era complicada. Se escogían los temas a debatir, 
cada presunto alumno escogía el de su preferencia, lo estudiabít, 
y a la mañana siguiente, debía desarrollarlo en voz alta ante 
sus compañeros, sin interrupción, ios minutos asignados. 

Excusa decir que ello resultó en principio un motivo de 
regocijo, dentro del debido respeto, naturalmente. Poco a poco, 
las cosas se formahzaron a tal punto, que muchos de los que 
habían hecho el aprendizaje en la cárcel y que seguramente 
jamás hubieran subido a una tribuna llegaron a ser excelentes 

oradores. 

El grupo «Nosotros» estaba al corriente del movimiento 
sindical y revolucionario de toda España, Sus componentes 
desplegaban una gran actividad. Los unos acudiendo a donde 
eran solicitados por la organización para asistir coma -oradores: 
en mítines, conferencias y reuniones de información. Los otros 
en misión de organización de grupos y busca de medios de 
combate para un futuro inmediato. 

Había que aprovechar en lo posible el tiempo, pues la situa- 
ción en general tendía a complicarse cada día más. 



236 



RÍCARDO SAIXI. 



En una ocasión Francia- . j;.,.c,,--o y Ricardo Sanz tuvieron 
que clcspiazarse a Bilbao, áonaf- unían que tomar parte en un 
mitin coa José María MariíüLz, de Gijón. El acto se celebró 
un primero de mayo en el Frontón Eukalduna. Fué un éxito 
Sin precedentes en todos los sentidos, dejando una impresión 
de seriedad y responsabilidad, que valorizó mucho a la C.N.T. 
precisamente en Vizcaya, donde ésta comenzaba a tomar cuerpo. 
Aprovechando ese viaje los compañeros aludidos se desplazaron 
a Eibar donde visitaron a los fabricantes, Garate y Anitua y 
les hablaron de la posihle solución de lá entrega de las armas, 
o sea de los mil rifles que aun continuaban depositados en su 
casa. 

Como siempre, los visitantes que ya eran conocidos, fueron 
bien recibidos, y después de comprobar que las armas estaban 
aun en inmejorables condiciones, los fabricantes reiteraron una 
vez más que les serían entregadas en el momento que hubiera 
autorización para ello. La cosa dependía solamente del Gober- 
nador de San Sebastián. 

Como es natural, al día siguiente los delegados se presen- 
laron al Gobierno Civil de San Sebastián y pidieron una entre- 
vista con el Señor Aldasoro, Gobernador de la Provincia. 

jMomentos después, fueron recibidos por el Gobernador, 
AI requerimiento de Ascaso y Sanz, el Gobernador les contestó 
muy amable, después de haberles pedido el nombre, que si bien 
era él el que debía dar la autorización de la entrega de las 
armas, él no podía hacerlo si el Mmistro de la Gobernación no 
le daba la orden expresa y por escrito de hacerlo. 

Pónganse en relación con el Ministro Don Miguel Maura, 
les dijo y la cosa quedará resuelta en su favor. Se hizo la ges- 
tión en Madrid,-aníe el Ministro de la Gobernación, y éste si 
bien dijo que no podía autorizar la entrega de las armas a los 
sindicatos , no obstante en el momento que la Generalidad de 
Cataluña se encargara del orden p^Ahlieo, en la región axxtónoma, 
él no tendría ningún inconveniente que los rifles pasaran a' 
manos de las autoridades de Cataluña, 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



237 



Reunido el grupo al efecto, trató la cuestión y se convino 
que de momento no había otra solución que la de ceder If.-; 
armas a la Generalidad. De esa manera era muy posible qae 
los rifles fueran a manos de los trabajadores en un momento 
dado. La Generalidad de Cataluña formó una milicia armada, 
sin uniforme, llamada «los escamots». Fué la fuerza de choque 
que se sustituyó al Somaten. «Los escam.ots» fueron armados con 
los rifles cedidos por el grupo «Nosotros» a la Generalidad. 

En el curso del próximo capítulo se verá como el grupo 
«Nosotros» no se había equivocado, al pensar que estando los 
rifles en poder de la Generalidad de Cataluña, era muy posible 
que en un momento dado, estos fueran a parar en manos de 
los revolucionarios de la C.N.T. 



CAPITULO xir 



El año 1932 se saldó, de manera deplorable para los 
Gobernantes de la Repdbiica. Los hechos desarrollados en la 
cuenca minera del Alto Llobregat a principios del mismo y la 
deportación a Rio de Oro y Fuerte Ventura de un centenar de 
militantes de la C.N.T., el 10 de febrero, colocó al Gobierno 
de la República frente al anarco-sindicalismo español. 

El hecho de ciega represalia de los gobernantes contra la 
militancia confederal, se manifestó de manera evidente, puesto 
que muchos deportados no trabajaban en las minas y algunos 
de ellos no habían estado jamás en Figols. Ascaso y Durruti ho 
habían tenido ninguna intervención en los hechos de Figols, 
pero ello no impidió que igual que varios otros fueran deportados 
en el Buenos Aires. ^ , 

La organización confcderal que desde el principio del régi- 
men republicano, venía sufriendo toda clase de persecusiones 
por parte del poder constituido, igual, que en los Gobiernos 
Monárquicos, no creyó oportuno contemporizar más, con los 
ciegos servidores de la reacción capitalista, gobernando en repú- 
blica. 

Solo los cansados o los inadvertidos no podían darse cuenta, 
que el tiempo trabajaba en favor de los enemigos de la Repú- 
blica. Camuflados en todos los rincones de la vida política del 

pa^ís, esperando su hora.- -^^ 

La manifestación del trentismo, fué una carta hábilmente 
jugada por el radicalismo, estraperlista, que intentaba atraerse 
a ciertas ovejas descarriadas... No se podía decir públicamente 
«que ia C.N.T. no estaba preparada para hacer triunfar una 
revolución social y que si en último caso ello llegaba a conver- 



240 



RICARDO SANZ 



iiv,- ^'.r. r<.nl.dad, la C.N.T. se vería obligada a entregar la revo- 
'y.--^: yr. M.::nos de un partido político o en otro caso gobernar 
'^'' J'^^^í;^J^ como un partido político más)). Hemos dicho ya 
que la C.A.T. contaba con un contingente de hombres capa- 
citados para no importaba qu6 empresa de carácter económico 
y social. Los compañeros trentistas, confundían una revolu- 
ción política y de carácter institucional con una revolución social 
que era lo que preconizaban los nuevos valores del anarco- 
sindicalismo. 

La C.N.T. ya lo había hecho una vez más, eso de entregar 
la revolución a un partido político, lo hizo el 14 de abril de 
Xyjl, pero no era la revolución sociah que era de lo que se 
trataba esta vez; era la revolución sin revolución. El clima y 
el ambiente a partir de 1932 era francamente revolucionario 
rTmlr ^^-i^-i-do- y lo era porque los gobernantes 

repubhcanos no supieron vigorizar a la República a partir de 
su implantación por cuyo motivo los obreros se consideraban 
engañados. 

Si a más de e^o la RepúbHca en vez de mostrarse compren- 
siva con e proletariado se mostraba severa e inflexible, natu- 
raímente, la bola de nieve iba aumentando en volumen como 
pecuencia de las deportaciones, las prisiones guberna ivas y 

los registros domiciliarios. ^ 

aetív^d^d n" ""' .'' ^7° «"''^''^'•-» - encontraba en plena 
aetwidad. Después de pulsar constantemente el ambiente naeio- 
nal de las fuerzas revolucionarias, se hacían a la par sondeos v 
consultas de muchos hombres ,ue aun no siendo^propratrnte 

t ;ldad oerH f r°. "^^ '"'"^ -P"!»!!— . de-óoratas 
de ve. dad, pero defraudados por ¡a República o sea por sus' 
gobernantes estaban descontentos y deseaban una salida airo" 
de aquella lamentable situación. 

Se había hecho un recuento de fuerzas y de elementos de 
combate, para constatar las posibilidades de éxito de un posible 
ensayo general revolucionario. El ambiente había sido prapa- 



EL SINDICALÍSMO Y LA POLÍTICA 



241 



rado en el transcurso del año 1932 y ios h-clí- . v'u Flgols eran 
bien patentes e invitaban a la reflexión. 

El grupo «Nosotros» tomó una parte i-:...;; ,.cTÍva en la 
preparación y ejecución del movimiento revcliícÍGnario del 8 
de enero de 1933. 

Sin tener la pretensión de dominar la situación en las 
primeras de cambio en toda España, había una gran posibili- 
dad de que en Cataluña, el movimiento triunfara en muchas 
partes. A continuación la realidad aconsejaría la conducta a 
seguir. Se había estudiado un plan de ataque, que comprendía 
en principio de inutilizar las fuerzas represivas concentradas en 
Jefatura Superior de Policía en la Vía Layetana, y las de la 
Guardia Civil en la Plaza Palacio, es decir en el Gobierno 
Civil. 

Los dos centros Oficiales debían ser volados a la dinamita. 
Esas dos explosiones que debían producirse entre las 9 y 10 
de la noche serían la señal para que los grupos de ataq-ue, con- 
centrados en sitios estratégicos se lanzaran al asalto de los obje- 
tivos marcados a cada uno de ellos. 

Una patrulla de vigilancia revolucionaria era la encargada 
de comprobar por mediación de taxis, si cada grupo revolucio- 
nario se encontraba en su sitio, momentos antes del atatjue. Las 
armas a emplear eran bombas de mano y pistolas. Las armas 
láridas quedaban preparadas pero en reserva para intervenir 
en el momento oportuno. 

Nadie sabía el día y hora exacta del golpe revolucionario, 
pues ello dependía de los trabajos de mina de los edificios que 
debían desaparecer. Jefatura y Gobierno Civil, dos tubos de 
soldadura autógena de 1,20 m de altos ^ por 70 cm de diámetro 
fueron rellenos de dinamita para la operación, uno para cada 
edificio. 

El día 8 de enero a las 8 en punto de la mañana, en la 
calle Mercaders, «dos albañiies y un peón» se detenían tirando 
un carretón de mano, cargado con ladrillos, cemento y yeso. 



ló 



242' 



RICARDO SANZ 



camuflando los dos artefactos, y en menos de un euarío di' Ííoiü 
la operación quedó terminada. 

Sin que nadie pudiera sospechar nada, los dos íuUr í.;,...,r: 
deslizados dentro de la cloaca, quedando los ladrillos ; cí (to- 
mento en el carretón, junto con uno de los tres hombres, el 
.cual ^cuando creyó que nadie podía haber sospechado nada, 
metió la tapa de la cloaca y se marchó con el carretón y el 
material sobrante. 

Los dos hombres que habían penetrado en la cloaca acom- 
pañados de los tubos se unieron a otros dos que ya los esperaban 
y eran dos expertos conocedores del trazado de desagüe que les 
guiaron hasta el punto exacto donde debían ser colocados los 
«petardos)). 

Excusa decir que el trabajo fué titánico. Los tubos pesa- 
ban 90 kilos cada uno. El de la Vía Layetana fué colocado fácil- 
mente, debido a la altura de la bóveda de la cloaca que mide 
más de 2 metros. 

El más difícil, el terriblemente difícil fue el de la Plaza 
Palacio- A partir de la Plaza Antonio López hasta el edificio 
del Gobierno Civil, la cloaca no mide más de 1 metro cincuenta, 
de alto. A más de eso, por ser la parte baja de Barcelona, el 
contenido o densidad de las aguas es muy crecido y sobre todo 
molesto para la maniobra, con agua más arriba de la cintura 
se tuvo que transportar desde la Plaza Antonio López a la de 
Palacio, solo a dos personas, pues no había sitio para maniobrar 
un peso de 90 kilos, muy poco manejable por lo delicado del 
caso. 

Fue necesario más de 8 horas para lograr instalar los 
aparatos. Fmalizada la operación de puesta en batería de los 
cuatro hombres que habían dentro de la cloaca, tres salieron a la 
superficie por sitio reservado, y el tercero quedó dentro por ser ' 
ei que debía meter fuego a las mechas. 

En el intervalo que se realizaban los trabajos mencionado, 
aproximadamente entre 8 y 9 de la noche, en la Plaza España 
fueron detenidos García Oliver y Gregorio Jover. Iban en un 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



243 



taxi en misión de control de los grupos de ataque situados en 
los puntos estratégicos de Barcelona. 

García Oliver y Gregorio Jover, iban bien armados y podían 
defenderse contra la policía, pero no lo hicieron a causa de no 
conocer aún el resultado de la colocación y puesta a punto de 
las máquinas infernales. Por tanto no podían ser los primeros 
en romper el fuego, ya que con ello hubieran comprometido 
muy seriamente el resultado definitivo, del dispositivo de ataque 
que era como hemos dicho la señal de las explosiones en los 
Centros Oficiales. Los dos detenidos fueron llevados a la Jefa- 
tura de Policía, directamente, donde se encontraron en los sótanos 
con varios otros detenidos. 

Excusa decir, los momentos de ansiedad de todos los que 
sabían lo que iba a ocurrir y sobre todo de García Oliver y 
Gregorio Jover que se encontraban prisioneros en los sótanos 
de un edificiQ próximo a derrumbarse. Y por tanto, dichos 
detenidos para salvarse de una muerte segura no podían avisar 
a la policía que el edificio iba a volar inmediatamente. El caso 
de Sansón iba a repetirse. 

Efectivamente a. las 9,30 de la noche, tal como se había 
convenido, con los 3 últimos revolucionarios, que momentos 
antes habían salido de la cloaca, el último que quedó encargado 
de meter fuego lo hizo saliendo a su vez de aquel infierno. 
A las 10 apraximadamente se produjo la primera explosión, 
que fué la de la Jefatura Superior. La segunda explosión, 
que era la del Gobierno Civil, no tuvo efecto a causa de 
un defecto técnico, pues la mecha lenta de yesca, que iba atada 
a la mecha rápida, se desprendió antes de llegar el fuego a su 
punto, y ello falló el resultado deseado. 

El edificio de Jefatura de Policía no se vino abajo tal como 
se esperaban por una causa natural. Dicho edificio está retirado 
de más de 6 metros de la linea recia de los otros, por una acera 
muy espaciosa, aunque los hombres que colocaron el artefacto 
tuvieron en cuenta esa anomalía y procuraron hundir todo lo 
que les fue posible el tubo, en la derivación de desagüe, no logra- 



244 



RICARDO SANZ 



ron tilcanzai los cimientos de la fachada que era el objetivo 
deseado- Dijeron, los que presenciaron de cerca o de lejos, que 
la expJiOsión fue algo aterrador. Los compañeros que estaban 
detenííios, dijeron que la explosión les hizo el efecto de un 
terreií-wto. Los guardias de asalto salieron en pijama o en calzon- 
cillos a la calle creyendo que había llegado la fin del mundo. 

Hubo lucha en la calle y alrededor de los cuarteles. En la 
Rambla Sta Mónica fué muerto el anarquista Joaquín Blanco. 
Los (íompañeros detenidos en Jefatura fueron apaleados bárba- 
ramente por los bravos Guardias de Asalto, que momentos 
antes huían como gamos, ante la acción de los revolucionarios. 

Hubo docenas de detenciones y se instituyeron varios pro- 
cesos jíor tenencia de armas y explosivos. El 8 de enero de 1933 
marcó la ruptura del compás de espera porque la Organización 
y con ella los revolucionarios no podían contemporizar más, 
con los mediocres gobernantes republicanos. 

Como antaño se llenaron las cárceles de presos guberna- 
tivos; las garantías constitucionales no servían para nada, pues 
la policía se presentaba en los domicilios a registrar, sin mandato 
judicial, y así igual, como siempre. 

Era bien notorio, y ello lo sabían todos los gobernantes de 
las diferentes épocas, que se podía gobernar sin el anarco- 
sindicalismo, pero no contra él. Los gobernantes de la República 
no habían aun aprendido y lo iban a aprender. A la par que 
Cataluña, España entera iba a movilizarse o ya estaba en plena 
movilización, más que por sentimiento solidario, por propia nece- 
sidad. 

En las ciudades españolas, la presión de los sindicatos y el 
entrenamiento de la lucha de clases, hacía muchas veces retro- 
ceder o detener simplemente la acción represiva de los gober- 
nantes: En "las álde"as no era 16" mismo; en ios pueblos todo 
continuaba igual que antes de la República, con esto está dicho 
todo. 

No serían solo Figols, Barcelona, Zaragoza y otras ciudades. 
A continuación serían los sin pan de Casas Viejas, Castilblanco 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



245 



Arnedo y otros. La RepxÜir' . ... los Gobiernos Republicanos 

estaban en deuda con toao- lo..- qi-.e de la República esperaban 
el remedio de sus males. 

La leyenda negra de la guardia civil se afirmaba con todo 
el vigor de su gravedad en plena República, con la matanza, el 
incendio de Casas Viejas, con la caza de los pobres de Arnedo 
y con la destrucción ciudadana de Castilblanco. Nosotros hemos 
visto poco después en Arnedo, en aquel pueblecillo Riojano, 
a lo largo de las paredes de las casas y a la altura de la cintura 
de una persona, como las balas de los mausers se alineaban 
clavadas en ios muros. 

Los ciudadanos aun aterrados nos enseñaban lo que había 
servido como muro de ejecución y nos decían: allí fué donde 
murieron. Aquello era la República de la Guardia Civil. 

Las cárceles estaban de nuevo abarrotadas de trabajadores. 
Como siempre, la mayor parte de ellos gubernativos. Le era 
mucho más fácil a la policía, detener a los militantes de los 
sindicatos, a la salida de la fábrica donde trabajaban, o en su 
casa cuando dormían, que no cuando se cometían los actos de 
sabotaje, pues los autores de esos hechos no estaban dispuestos 
a dejarse detener. 

Hubo un momento en plena República, que era tan grande 
el número de presos gubernativos en la cárcel de Barcelona, 
que una gran parte de ellos fueron trasladados a las prisiones de 
Valencia y Burgos entre otras. El grupo «Nosotros» fué afectado 
también por esta especie de deportación de gubernativos; Aurelio 
Fernández, Francisco Ascaso y Gregorio Jover, Buenaventura 
Durruti, los tres primeros fueron trasladados a la cárcel de 
Valencia y el últim.o a Burgos. El abogado y asesor jurídico 
del grupo «Nosotros» Señor Juan Rosiñol, con la República 
tuvo muchas más dificultades para conseguir la libertad de sus 
defendidos que durante la rnonarquía. En ese ambiente de des- 
concierto político y de impopularidad gubernamental se planteó 
el problema de una nueva consulta electoral. 



246 



UICAUOO SANZ 



i\vix ovideiito qud v\ Gobierno ReTnibücíínu no representaba 
nadie en el podei-. \a\ reacción, como las derechas, habían estado 
.siempre eniitra él. I'or otra parte las clases populares le negaban 
el apo)-o, y los sindicatos lo atacaban de frente. Se imponía una 
nueva consulta electoral que sancionara aquella caótica situación 
que no podía coulinuar un momento más. 

Fue decidido que las nuevas elecciones generales, se cele- 
brai'xan el 19 de septiembre de 1933. 

En el momento de abrirse el período electoral, el anarco- 
sindicalismo tomó posición írente a los políticos. Una vez más 
la C.N.T. consideró que no solamente debía permanecer ai mar- 
gen de la contienda electoral sino que debía aconsejar a la clase 
trabajadora la abstención. 

No votar — esa fué la consigna. 

No votar a nadie. El anarco-sindicalismo sabía bien lo que 
esa consigna representaba. Si los obreros y las clases liberales 
habían votado la República sin presión de ninguna clase, motivo 
por el cual dicho Régimen había triunfado. El hecho que los 
sostenedores del nuevo régimen, no le ratificaban la confianza, 
era tanto como su propia condena. La condena pues era implícita, 
no contra el régimien. No contra la República, contra los malos 
arobernantes. 

No se podía ratificar la confianza a unos políticos, cuya 
gestión desde el poder había sido tan funesta como las más 
funestas de la monarquía. 

No votar, no quería decir que la C.N.T. abandonaba la 
República, entregándola en brazos de sus enemigos. 

No votar, era el signo-de protesta, de condena a una serier 
de reaccionarios em^boscados en las instituciones republicanas 
haciendo de la Repriblica un trapo sucio. Los mismos que pro- 
clamaban fuerte, gallardamente NO VOTAR, eran los más dis- 
puestos para sí en un momento dado alguien se levantaba contra 
la República ellos serían los primeros en defenderla, sin ahorrar 
sacrificios para salvarla. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



247 



Los campesinos y ciudadanos de Andalucía sabían bien lo 
que quería decir NO VOTAR. Ellos conocían lo ocurrido en 
Casas Viejas, en Medina Sidonia, en el Parque de María Luisa 
y en Casa Cornelio. Ellos conocían las brutalidades de la 
guardia civil, las cuales no habían disminuido en intensidad 
durante la República. En Cataluña las cosas habían empeorado 
considerablemente desde que el poder central había pasado a la 
Generalidad los servicios de orden público. El titular de la Con- 
serjería de Orden Público, un tal Dencas, que nadie conocía 
se creía poco menos que un virrey de las Indias. Con su pre- 
tensión ridicula de dominar a la C.N.T.,. que ellos llamaban 
siempre la F.A.L, y los murcianos, por ser ésta más vulnerable 
que la primera, las cosas llegaron a un punto tal de tensión 
que no había manera no ya de contacto ni de relación alguna. 

Antes que Regara lo inevitable la C.N.T, determinó que 
una comisión de la misma, se entrevistara con el Presidente 
Companys para plantearle la cuestión de confianza. Una especie 
de ultimátum. Formaban la comisión, Ensebio Garbo, Tomás 
Herrero, Juan Peiro y Ricardo Sanz, solo éste último pertenecía 

a la F.Al. 

La entrevista fue larga y provechosa, Companys estaba al 
corriente de todo lo que ocurría, por tener un buen servicio de 
información, sin dar toda la razón a los comisionados les dijo 
que a pesar de sus esfuerzos hasta el momento no había podido 
conseguir sus proposites que no eran otros que los de evitar en 
lo máximo posible las rivalidades entre la policía de la Genera- 
lidad y los Grupos de la F.A.I, 

Pidió a su vez a los comisionados, a los cuales conocía 
- personalmente-desde ha cía -muchos- años ; que .ellos Je. prometieran., 
a su vez que intervinieran acerca de los responsables de la F.A.I. 
para que se abstuvieran de provocar a los hombres de Badia. 
A partir de entonces las cos.as se suavizaron un poco, no pudiendo 
llegar a evitar lo peor. 

Bruno y el Sentim, dos componentes de un grupo de la 
F.A.I. fueron muertos a tiros por la policía de la Generalidad 



248 



RICARDO SANZ 



que capitaneaba Badia. Poco tiempo después Badia y un her- 
mano suyo eran muertos a tiros por un grupo de descono- 
cidos. En aquella ocasión se podía aplicar la sentencia de, ojo 
por ojo y diente por diente. 

En ese ambiente de verdadero desastre, se vivía en casi 
toda España en el momento que iba a ser consultado el pueblo 
español en unas elecciones generales. 

La C.N.T. había dicho : No votar, y todos los ciudadanos 
conscientes de España habían comprendido la razón de tal toma 
de posición. Si los gobernantes republicanos tenían aún alguna 
duda de ello, pronto iban a comprobar el resultado definitivo 
de su gran error. Por otra parte los partidos de las llamadas 
derechas republicanas sabían bien' el significado de la toma 
de posición del sindicalismo revolucionario español, y aun sa- 
biendo las grandes ventajas que para ellos representaba el 
abstencionismo organizado del anarco-sindicalismo la cosa que- 
daría circunscrita solo y exclusivamente a la operación elec- 
toral. Más allá todo sería problemático ya que la C.N.T. histó- 
ricamente había demostrado su mayoría de edad y de ello haría 
honor en lo sucesivo. 

Tal como estaba anunciado, las elecciones se celebraron 
el 19 de septiembre de 1933. El porcentaje de abstenciones fué 
del orden del 30 por ciento. Ello demostraba que la clase tra- 
bajadora y los hombres de espíritu cívico habían escuchado la 
voz de la razón. Los cavernícolas votaron como es muy natural 
a la reacción. 

La abstención solo afectó a los llamados republicanos de 
izquierda. Con ello las derechas tuvieron un resonante triunfo 
si bien el triunfo quedaba solo limitado a la importancia de la 
abstención. 

De esa manera pasaron las derechas republicanas a la Go- 
bernación del país. Fué Lerroux el que formó el nuevo Gobierno. 

La C.N.T. por su parte no arrió bandera, como siempre 
se encontraba en primera fila, no permitiéndole a nadie que le 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



249 



loniar^ 



'n calle, la cual le perteneció siempre por derecho pro- 



pio. 



El 8 de diciembre del mismo año 1933 se fué a un movi- 
miento general nacional, por parte del anarco-sindicalismo; con 
el premeditado propósito de advertir a los nuevos Gobernantes 
que la C.N.T. se encontraba dispuesta a no importaba qué 
eventualidad para hacer fracasar no importaba cual fuera el 
intento de derribar el régimen republicano. El Comité Nacio- 
nal directivo de dicho movimiento esa vez se encontraba en 
Zaragoza, entre otros Durruti formaba . parte del mismo. Por 
tanto el Gobierno Lerroux sabía a qué atenerse sin equí- 
voco con respecto a las intenciones en lo futuro de la CN.T. 

El Gobierno Lerroux no fué más tolerante con los 
sindicatos de la C.N.T. que lo habían sido los Gobiernos ante- 
riores; hubo solo una variante. Los Gobiernos anteriores de la 
República, llamados de izquierda, se creyeron con el derecho 
y el deber de perseguir y combatir a sangre y fuego a la C.N.T. 
mientras se dejaba en libertad de acción a los enemigos de la 
República. 

Lerroux sabía que no podía ni debía seguir la misma 
táctica que sus antecesores gobernantes con la C.N.T. exclu- 
sivamente. Ello hubiera sido su caída vertical como Gobernan- 
te. A más de eso tenía sus enemigos políticos a combatir y 
sus amigos políticos que contentar. 

El Partido Socialista desde la implantación de la Repú- 
blica se había instalado cómodamente en todas las poltronas 
del estado capitalista. Fué una verdadera «merienda de negros)). 
Sus dirigentes y allegados contaban los «enchufei» por apartida 
doble. Dichos señores vivían como en país conquistado. Claro 
que eso seguramente lo habían aprendido durante la colabora- 
ción con la dictadura de Primo de Rivera. 

Las regiones autónomas, en particular Cataluña, era y había 
sido siempre el blanco de la reacción del poder central y Gil 
Robles era un cavernícola. 



250 



RICARDO SANZ 



Por otra parto había aut congraciarse desde el Ministerio 
de la Guerra con ci ejérnuo, siempre dispuesto a sublevarse, 
siendo así Gil Robles lio It^nía tiempo que perder, así princi- 
pió el llamado «bienio negro». 

El nuevo jefe del Gobierno republicano ya desde el prin- 
cipio demostró ser un hombre hábil en política. El había obser- 
^■ado la conducta de los gobiernos anteriores. Si dichos Gobier- 
nos habían hecho un abuso del poder, sobre todo contra los 
ce abajo, el se encontraba en condiciones, sin salirse del marco 
de la República de hacer lo propio contra sus opositores. 

Si unas circunstancias especiales le habían dado la ocasión 
de subir al poder, sin olvidar eso tenía solo un margen para 
conducirse desde el mismo, su tarea era- más ■ fácil que lo fué la 
de lüs Gobiernos anteriores, pues él era el Jefe poco menos que 
uuhscutible de su partido y ello le daba a más de la autoridad 
el ina^rgcn^ suficiente, la libertad de actuación. 

Principió ia operación de «quítate tu para nonerme yo>) 
in cuesf ron intereses estaba planteada. En política es la cues- 
tión prmcipal la de ios intereses, intereses bastardos muchas 
veces. 

Lo. Socialistas más afectados que nadie en esa operación 
de desuaueio se sintieron atacados a fondo y ellos que jamás 
hab.an protestado porque las circunstancias les habían favore- 
cido en el largo período de 10 años, comenzaron a inquietarse 
preparanoo el ambiente contra ia nueva situación política 

La política catalana se consideraba también atacada en 
lo mas intimo de su propia existencia. El Gobierno 4utóuomo 
no quena perder ninguna de ias prerrogativas conseguidas con 
los anteriores, gobernantes del Poder-Central, tanto si estaban ■ 
como no. consignadas en la ley del Estatuto Catalán 

_ Lerroux con el estatuto catalán en la mano reduio a la 
minzma expresión, as prerrogativas de la Región Autónoma. La 
Geucrahdad afirmaba ia intromisión insolente del poder central 
en los asuntos interiores del Gobierno Autónomo, cosa que al 
parecer se confirmo en muchísimas cosas. Claro que la Ínter 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



251 



pretación de la ley, se presta siempre a torcidas inierpi\'- . 
clones y era a causa de eso que la ruptura de las buenas rela- 
ciones entre el Gobierno de Madrid y el de la Generalidad de 
Cataluña se había producido. 

En cuanto a la actitud del Gobierno de derechas, frente 
a la C.N.T. no tuvo grandes variantes de los llamados Gobier- 
nos de izquierda. Continuaron las prisiones gubernativas, ei 
apoyo oficial a los capitalistas frente a los obreros organizados 
y muchos funcionarios que no habían sufrido las consecuencias 
de la prisión de los Gobiernos anteriores, tuvieron que formar 
a la hora del recuento. 

Diez años después de su formación, el grupo «Los Solida- 
rios» y «Nosotros» tuvo que hacer un examen concienzudo de 
la nueva situación para sacar la consecuencia de los- hechos 
y estudiar las perspectivas abiertas de cara a un próximo futuro 
ante la marcha de los acontecimientos. 

Muchos hombres de gran prestigio y personalidad en el 
plano nacional y regional que ayer consideraban poco menos 
que unos locos a los que ocupaban la primera fila de la revo- 
lución española se acercaban a éstos, buscando la manera, no ya 
de reanudar el diálogo, sino de un acercamiento. El peligro de 
algo peor que lo existente se acentuaba cada día más, y no se 
podía proclamar el sálvese quien pueda ya que todos estaban 
igualmente amenazados. 

Se llegó a ofrecer a los hombres del grupo «Nosotros» todo 
lo que fuera necesario para hacer frente a una posible grave 
situación. 

Estos que no habían pedido nada a nadie y que en otras 
circunstancias habían conseguido lo necesario por procedimien- 
tos revolucionarios, se mantuvieron en sus posiciones no com- 
prometiéndose a nada, declinando toda hipoteca. La respuesta fué 
categórica. Al anareo-sindicalista, como siempre, en caso de 
peligro se le encontraba en la calle y la marcha de los aconte- 
cimientos políticos en el plano nacional, demostraba que una 



252 



RICARDO SANZ 



vez más, ai paso que iban las cosas, dentro de breve plazo se 
viviría de nuevo sobre un volcán. 

Todas las fuerzas ultramontanas, militarismo e iglesia, 
aristocracia, capitalismo, a todo eso que en conglomerado se le 
llamaba las fuerzas vivas al amparo de la nueva situación polí- 
tica, sin recato ni decoro, conspiraban de nuevo a la vista de todo 
el mundo, disfrutando ellos y nadie más que ellos de la demo- 
cracia republicana, pues el resto con pretexto o sin ello iban 
engrosando la población penal y las cárceles preventivas. 

El pueblo español y en cabeza el ana reo-sindicalismo se 
encontraba de nuevo, lo que podíamos denominar, «ai pié del 
muroi), se trataba de hacer un nuevo intento revolucionario 
provocado por los de arriba. Esta vez naturalmente la cosa 
era mucho más grave que las otras veces. 

De nuevo el anarco-sindicalismo y a la cabeza el grupo 
tt Nosotros» se pusieron en pie de guerra, armas habían pocas, 
y las que habían no estaban disponibles para no importa que 
eventualidad, continuaba el miedo de los políticos a los traba- 
jadores revolucionarios. Muchos ofrecimientos, muchas prome- 
sas, pero las cosas no pasaban de ahí. 

Los hombres de la C.N.T. por su parte ya bien relacionados 
V dispuestos en el plano nacional de manera reservada sin 
hacer ostentación de ninguna clase, seguían el camino de la 
preparación, de su propia preparación, que no era la misma de 
los políticos de izquierda pues los intereses de ambos no fueron 
jamás los mismos. 

La bola de nieve lanzada en la pendiente por las dere- 
chas republicanas aumentaba de volumen a medida que trans- 
curría el tiempo. En un año solamente de Gobierno, Lerroux 
se encontraba ya en precario y más que en precario desbordado 
por amigos y enemigos. Cuando los medios represivos se em- 
plean sin método, cuando la injusticia se ejerce permanente- 
mente, la repulsa, la condena, se abre paso por encima de los 
obstáculos y hasta de la fuerza represiva. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



253 



En Asturias, los mineros mobilizados por la U.G.T. se 
,.onían en pie exigiendo mejoras materiales y respeto ciuda- 
'i^T^M UH.P. (Unión Hermanos Proletarios). 

^ ^En Cataluña era el Gobierno de la Generalidad el que se 
enfrentaba eon el Poder Central por rivalidades V^^^^^^'^^ 
regional catalana de la C.N.T. permanecm ^^^^^^^^/^ ml^X 
lidad política y por tanto se mantenía al margen de la quereUa 

^"Vntradrel Comité Nacional de la C.N.T. que los polí- 
ticos de izquierda preparaban un movimiento /«-"^^^f 
eontra la forma de Gobierno empleada por las derechas en ei 
poder, cursó las oportunas instrucciones de la -^f ^^^ ^f 
que seg.m dicho Comité Nacional estaría en^ relación con la 
marcha y desarrollo de los acontecimientos. Permanecer todo 
movilizaios eon todos los elementos de combate a vuestro alean 
pero que ninguna regional intervenga colectivamente sm previo 

aviso del Comité Nacional. , * 

La cosa era. pues, concluyente. U C.W.T. como siempre, 
so pondría en acción cuando lo creyera oportuno y -^^«^««"o- 

La fecha del 6 de ocluiré de 1934 fue escogida por las 
izquierdas repubUcanas para la movilización nacional platomea 
contra los gobernantes del Uamado «bienio negro». 

Los mineros asturianos, como siempre, reaccionaron virü- 
«rente contra la opresión del Gobierno Cavernícola. Por «o 
el episodio del 6 de octubre de 1934 en Asturias merece un 

""^''Mientrr'que en Cataluña fué una cosa tragico-eómiea. 
aparte de la muerte de los dos abnegados multantes separa- 

'^ r, j r' ,„ „ rnn.,nle!-. Alba los cualcs muñeron 

tistas. Pedro Conté y tronzalez moa, i , . 

batiéndose contra los mercenarios del Poder Central a tiro 
limpio en el local deKíentro de Dependientes de Comercio en 
la Rambla de Santa Mónica, el resto, como veremos mas ade- 
lante fué ima m.ascarada. -j .i í; j~ 
Se ha hablado v escrito mucho sobre lo ocurrido el 6 de 
octubre en Asturias.' Por eso nosotros seguramente no aporta- 



254 



RICARDO SAN2 



remos nüH;. iuievo a lo ya dicho. Solo nos interesa dar una 
opiniüD. :v^'' *'" siendo particular no por ello deja de tener 
.su interéi. 

La aliaiizii obrera en Asturias, en nuestro concepto, fué 
una cosa natural y lógica y lo fué porque la U,G.T. y la C.N.T. 
en dicho centro de producción más que dos centrales obreras 
rivales, eran un conjunto de trabajadores en franca hermandad. 
Entiéndase bien que decimos un conjunto de trabajadores. Y 
como trabajadores, los afiliados a la U.G.T. eran sin duda tan 
rebeldes como los revolucionarios de la C.N.T. Era ese el primero 
de los motivos que les unía para el combate común, de ahí 
nace la alianza obrera pre-revolucionaria. Es por eso por lo que 
justificamos y aprobamos la alianza obrera en Asturias, pues 
de otra manera no habría tenido justificación. 

Ahora bien, los compañeros de la C.N.T. de Asturias, 
León y Falencia no podían pronunciarse en cantón aparte, 
ccnno no podían hacerlo los de no importa que otra Regional, 
líl hecho de constituir la ahanza obrera, los compañeros astu- 
rianos con la U.G.T. no quería decir que se habían declarado 
en rebeldía con su central sindical a pesar de que la C.N.T. no 
tuviera ningún acuerdo nacional en ese sentido. No obstante 
I;\ regional aludida no podía ir más adelante; en tanto su Cen- 
tral Sindical no se pronunciaba en pro u en contra de lo ya hecho, 
pues de lo contrario con ello comprometía el conjunto orgánico. 
Los a narco-sindicalistas de la Felguera, revolucionarios como 
no importa quien, ya señalaron a tiempo exponiendo sus dudas, 
pero a pesar de ello en el momento de la verdad no vacilaron 
un momento en seguir adelante. 

El caso de Asturias estuvo a punto de repetirse en Cata- 
hiña a pesar de que el Comij.é_Ií._egional de_la C.N.T. vivía 
alerta para poder evitarlo. Pero no lo hubiera evitado, no lo 
habría evitado, si el General Bateí, con mando de la IV Región, 
srgdn decían los bien enterados, incondicional adicto a la poli- 
lira de la Generalidad, en vez de permanecer fiel al Gobierno 
(.'mUral de Madrid se hubiera declarado en rebeldía contra éste. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



255 



En dicho caso todos los revolucionarios de Catalana se hu- 
bieran lanzado a la calle, a pesar de las consign:- ; hühietan 
confraternizado con los enemigos del Gobien-o - roux-v^ü 
Robles. El resultado definitivo de ello, lo hui.ic-a.uo- -isto a 
'continuación, pero el absurdo se habría consonado sm que 
nadie, absolutamente nadie lo hubiera podido evitar y por tanto 
en Cataluña la C.N.T. en aquellos momentos no estaba en 
buenas relaciones con el Gobierno de la Generalidad y en 
cuanto a Alianzas Obreras no había necesidad de hacerlas con 
nadie, pues la C.N.T. lo resumía todo. 

A través de nuestra larga exposición, hemos manifestado 
con toda sinceridad, lo que pensamos de los socialistas como 
políticos. Los hechos del 6 de octubre 1934 en Asturias 
no puede modificar en nada nuestra apreciación reiteradamente 
expuesta. Por el contrario una vez más afirmamos nuestra 
diferente apreciación en lo que se refiere a los afiliados a la 
U.G.T. en Asturias, con referencia a los afiliados de esa misma 
Central Sindical de otras regiones. Los trabajadores de Asturias 
pueden pertenecer tanto a la U.G.T. como a la C.N.T. el caso 
no tiene mavormente importancia. Y no la tiene porque los 
obreros asturianos tienen una conciencia de clase bien arraigada 
como no importa qué obrero anarco-sindicalista . La experiencia 
de la lucha social en España demostró elocuentemente que el 
conformismo castrador del Ugetismo durante la Dictadura de 
Primo de Rivera fué una cosa forzada, impuesta por la volun- 
tad expresa de los dirigentes socialistas. Hay que remitirse a 
las pruebas que nos dieron, tanto los trabajadores ugetistas de 
Asturias como los afiliados a la U.GT. del Centro que, tan 
pronto llegó la primera oportunidad, los primeros se decla- 
raron en rebeldía y los segundos, sobre todo en Madrid, apro- 
vecharon la o-casión para ingresar poco menos que en -m?.sa 
a la C.N.T., cuando se ha dicho que el 6 de octubre, en Asturias, 
los dirigentes sociaHstas fueron desbordados por los afiliados 
a la U.G.T. y que estuvieron obligados a aceptar el hecho revo- 
lucionario, como hecho consumado. 



256 



RICARDO SAfíZ 



Viendo el desenlace final de dicho movimiento, y Ic niiV^ 
participación que en ese mismo tuvo la U.G.T. en el ^i1.:-p 
nacional, no podemos por menos que pensar que quizá:- ¡xitc 
a I (runa poderosa razón que jamás pusieron en claro los promo- 
tores de la matanza que les obligó a apechugar con el nio\T.raJ.euí;o 
una vez éste en la calle. 

El caso de la C.N.T. en dicho movimiento fué distinto. La 
C.N.T. se sumó al mismo, por el hecho del pacto de alianza 
y a pesar de los muchos esfuerzos realizados por los represen- 
tantes de la C.N.T. para concertar y de común acuerdo con- 
cretar la marcha a seguir. Una vez los hechos en la calle, no 
les fué posible sacar nada en claro. No les fué posible sacar 
nada en claro, porque también por razones muy discutibles no 
hubo manera de establecer el contacto con el fantasma llamado 
Comité Revolucionario. 

El Comité Regional de la C.N.T. de Asturias, León y 
Palencia fué al movimiento revolucionario del 6 de octubre sin 
contar previamente con su Comité Nacional, por tanto no podía 
esperar de éste nada en ningún sentido, por haberlo tenido 
en completa ignorancia. 

Si resultó que el hecho consumado fué por partida doble, el 
Comité Nacional de la C.N.T. se vio imposibilitado de hacer 
nada práctico en favor de los revolucionarios anarco-sindicalistas 
de Asturias, y con ellos de todo el movimiento insurreccional 
de la región, de no haber fracasado el plante en Cataluña. Si 
la Generalidad de Cataluña no se hubiera rendido antes de 
empezar el combate, seguramente que las cosas hubieran cam- 
biado de aspecto pues el movimiento revolucionario de Astu- 
rias duró 15 días; tiempo más que suficiente para poder coor- 
dinar la acción de manera nacional. Los esCamots, revoluciona- 
rios de salón, abandonaron las armas, renunciando de manera co- 
barde a defender sus derechos y sus libertades en la calle. 

Total, que la batalla emprendida en Asturias, en octubre 
de 1934 fué el primer episodio que debía continuar en toda 
España a mediados de julio 1936. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



257- 



Tres columnas de mercenarios fueron puestas en pié de 
guerra, no para dominar la rebelión. Para aplastar al pueblo 

irabaiador Asturiano. , , r- ,o = Iní Tefes 

La orden de Gü Robles, Ministro de la Gne„a a los Jete 

a; las tres coltnnnas fué tajante. Hay que ^-^^ífl- g^^^^^ 
y fuego. Era lo que deseaban los Jefes de Tt.bu, Solchoga. 

Lonez Ochoa y Yagüe. , . ■„, ,.„,, 

' Llegados con sus huestes de energúmenos, ^-^T^'^Z 
lares y rífenos al eampo de operaciones, empezó la matanza 

' '^'tTcÜLción de los medios de producc¡6n yde co. 
sumo, al comunismo libertario, a la transformac.on W de la 
clase trabajadora asturiana se respondió con. la orden 
por el Ministro de la Guerra, corregida y ™°"»^'.'"1- 
' A sangre y fuego sí, y la violación de las hrjas de los t^a 
bajadores por moros y legionarios y robo y '"^^ ° ^/^ 
hi os de los obreros. Todo, absolutamente todo les estábil per 
miüdo a los IWdos defensores del orden : del <-^^_ 
lista Una vez más el ejército de los «menguados» de ese ejer 
cito adiestrado solo para ganar batallas «n terntorm español 
contra los españoles indefensos, bien pertrecnados, armados de 
cañones, de barcos de guerra e incluso de avtones, se cubrió 

gloria en Asturias, . j- „i «nsavo 

Ya lo hemos dicho. Fué el primer episodio el ensayo 
práctico, táctico de lo que dos años después, en julio de l.áo, 
tenía que ser la carnicería nacional. 

Fué el bautismo de sangre que el sufrido pueblo asturiano 
recibió con dos años de antelación, de cuyo nistorico hecho 
hablaremos con detenimiento más adelante. , , , . 

En Cataluña, la cosa, más que trágica resulto conaica p„ 
no decir ridicula. El Gob¡em<^Autó«.m<^d^la._Qenera íM se . 
proclamó independiente. Se esperaba que el general ^^e, 
'efe militar de la IV Región -Cataluña- se sumaria a. movi- 
miento de «independencia» pues se aseguraba que a mas de se. 
catalán era adicto incondicional del Gobierno Autónomo. 

17 



258 



RÍCARDO SANZ 



Los escamots, milicias civiles armadas, salieron a la calle 
luciendo los rifles de Eibar, al parecer dispuestos a no dejar 
títere con cabeza. Durante todo el día 6, la cosa parecía ir 
viento en popa para los políticos de la Generalidad. 

El Comité Regional de la C.N.T. se mantenía a la espec- 
tativa, tal como había recomendado el Comité Nacional Confe- 
deral. Su Secretario, Francisco Ascaso estaba en relación perma- 
nente con todas las comarcales catalanas por mediación de 
enlaces y sobre todo por vía telefónica. Con Ascaso formaban 
parte del Comité Regional, entre otros, Patricio Navarro y 
Ricardo Sanz. 

Algunos sindicatos de la C.N.T. de manera espontánea 
fueron al paro, sobre todo en Barcelona. Se afirmaba durante el 
día 6 que en Badalona estaba todo paralizado y a más de eso 
que se habían levantado barricadas y que los trabajadores eran 
dueños de la situación. 

El Comité Regional mandó un delegado que fué un com- 
ponente del mismo, para comprobar, personalmente lo que hu- 
biera de cierto. A su vuelta, después de haberse entrevistado 
con los militantes de Badalona aseguró que si bien el paro era 
-general, no había otra cosa de particular, y que la C.N.T. en 
Badalona permanecía en la espectativa y esperaba órdenes del 
Comité Regional, 

En otras localidades de Cataluña, el paro era completo, 
esperando los militantes de la C.N.T. las órdenes de su Comité 
Regional. 

Todo el mundo en movilización esperaba el resultado defi-, 
nitivo, que no era otro que la decisión del General Batet de 
sumarse al movimiento, en cuyo caso la IV Región Militar de 
Cataluña se "declarar ía~en~ rebeldía con' el "Ministerio de la 
Guerra. Pero no fué así, el General Batet, Capitán General 
de la IV Región, no se sumó al movimiento de independencia 
de la Generahdad declarándose en guerra abierta con el Gobier- 
no de Madrid, 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



259 



. 1n rpnev-^í-'--^ ^^f^ Catalmia había perdido 
Definitivamente la Uenct 

la partida. -., ./iidad, que durante todo 

Companys, Presidente .. ^ .;: Catalanes sin hacer men- 

erdía 6 había estado -^-^y^^ ^^nos de la F.A.I a 

ción una sola vez fV^\^;''. " ^-^ - i¿ , cambiar de tono. Los 

Luis Companys que no hoi.a ^^o^3^^^^_^^ ^^^^ ^^^^.^^^ 
clase trabajadora, que no era ^ ¡ndicalismo, 

-V'" Z trat 'Í nrontl ar..es de ,r.ar el 
Xl° ruirAr— «„ .^ arranque subUme lo ,rr.po. 

^'"%... por .Mma ve. -¿ -f;- «tíL^Í^ 
o menos: Ciudadanos: Todos Cu.^lanes o ^^ ,^P^ ^^ ^^^ ^^^^^^^ 

, -™l-'7X:,,t Todos junios a la lucha por el triunfo 
IrTustia llot o r^unca. Esa e.bortaoi6n se repino nruchas 

^^^^^' . 1 ^ r.t.liiña nue había estado reunido 

'' ^rjll^r e^l er:U"— , negado ese mo- 

-permanentemente auiauLc 

Lnio tomó las medidas oportunas al caso. 

Conociendo la in.petuosidad ^^^''^^^^^^^ ^Z- 

micrófono de Radio Barcelona. r N T de no 

En la nota se aconsejaba a los -i^tantes^ e la ^^^ ^T. de no. 

obedecer a ningur. otra --^^/^^ Jl rContdera/ r e'eo- 

=rrtXsr:fiw"dT;r^^ err sus sitios . . 

espectativa. 



-^-i 



260 



RICARDO .SAINX 



r--í*fS--- '-< 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



261 



Al conocer la decisión de la C,N,T. los escamots sin espe- 
rar más, principiaron a tirar ía^ üim ,í d.'n tro de las cloacas, 
excusa decir que éstas fueron inmodiatamenLe recuperadas. 

Por otra parte, Dencas, Consejero de Gobernación, dicen, 
logró escaparse de Consejería por una cloaca y como siempre, 
¡Ay de los vencidos! se desencadenó una represión feroz contra 
el separatismo, y las cárceles se llenaron de adictos a la Gene- 
ralidad. Cataluña fué literalmente tomada por el Gobierno de 
Madrid quedando en suspenso todas las prerrogativas del Esta- 
tuto Catalán. 

El General Batet quedó en su puesto de mando, natural- 
mente, como adicto al poder Central, claro que ello, no impidió 
que después durante la sublevación militar de julio de 1936 
fuera fusilado en Burgos, por considerarle no grato a los su- 
blevados. 

El Gobierno Gil Robles logró dominar la situación sin 
que ello representara un triunfo para los del Bienio Ne^ro. El 
problema quedaba planteado más latente que nunca, era de 
esperar que los vencidos momentáneamente prepararían la 
revancha. 

Los militares traidores, que como siempre iban a lo suyo, 
aprovecharon todas las coyunturas para preparar el nuevo 
golpe. Una vez más la sublevación en marcha. 

A principios de 1935 se decía que había en España más 
de ^20.000 presos. La inmensa mayoría de ellos eran políticos 
sociales, en dichas condiciones el Gobierno Gil Robles se encon- 
traba en situación precaria, pues nadie se mostraba contento 
ni aun conforme, en una situación ambigua que no aportaba 
ninguna solución de continuidad. 

Comprendiéndolo así todo el mundo político, incluso el 
propio Gobierno, se pensó en la necesidad de una nueva con- 
sulta electoral que dirimiera la cuestión. Si el Gobierno no 
representaba la opinión pública, y la prueba estaba en la can- 
tidad de presos, perseguidos y funcionarios cesantes, el Gobierno 
debía hacer una nueva consulta al país, decían las izquierdas. 



Gil Robles que en realidad no podía gobernar ante la opo- 
sición y el vacío mismo de la reacción, que se mostraba msa- 
ble y enemiga de la legalidad republicana del Gobierno de 
derechas también consideró que ^izás la mejor salida de 
a uet borrascosa situación sería pensar en una pos^le^ c^^^^^ 
suUa electoral que, aunque no fuera inmediata, podían suaví 
zar de cara a un futuro aun no determinado. 

Po otra parte, el Gobierno de derechas no había sido mas 
duro para la W trabajadora que ^o babia^ sido el — 
Gobierno de izquierdas. Quedaba pues la ^^'^^^^'l^' '^^^^ 
tud que adoptaría la clase trabajadora ante una --- c-sul^ 
electoral de la cual podía depender en realidad un tnunfo aun 
mavor de las derechas en las futuras elecciones. 

' Si los trabajadores toman la decisión de no votar, si con 

cretamente los hombres de la C.N.T. ---Í-^^^? .^^^^ ^ 
lo habían hecho en las elecciones anteriores, el tnunfo .aplas- 
tante de las derechas se afirmaría sm equivoco. 

En ese compás de espera pasó algim tiempo y el clima 
general de las cosas se suavizó un poco. Una vez mas tal como 
fstaban compHcadas las cosas en la política española, el sufragio 
universal iba a derimir una difícil situación. 

En esas circunstancias de incertidumbre se abno lo que 
podríamos denominar el preperíodo_ electoral, otra vez los pes- 
cadores de votos se pusieron en acción. ^ y ^^ „trn^ 
A los partidos políticos ya formados se añadieron otros 
que estaban en formación. Después del partido ^—^'^^^ 
no había sido nunca nada en España, salió a la luz el partido 

sindicalista. i «. „<.«-^ lo 

Evitaremos ser «cuña de la misma madera» al tratar la 
cuestión del partido sindicalista.- El auarco-sindicalismo no tuvo 
nunca nada que ver, ni de cerca ni de lejos con dieho aborto. 

Solamente diremos que no fuimos demasiado duros al 
escribir el foUeto denominado «Los 30 Judas». Naturalmente 
oue no lo fueron todos, ni mucho menos, pero lo que quedo 
fuera de duda fué que los que movilizaron los 30 firmantes 



262 



RICARDO 5ANZ 



del manifiesto, ellos sabían bien lo que hacían y lo que pre- 
tendían. La evidencia se demuestra en el hecho, que, algunos 
firmantes del manifiesto de los 30, encabezaron con sus nom- 
bres las listas electorales del Partido Sindicalista. 

El anarco-sindicalismo sin grandes esfuerzos logró inde- 
pendizarse del Treintismo. Desgraciadamente algunos firmantes 
del manifiesto pudiéndolo hacer no supieron salvarse de su 
mal paso, que ios llevó a la derrota. 

La campaña electoral del 16 de febrero de 1936 se pre- 
sentó rñuy animada, 20.000 presos, decían las" izquierdas, abafo 
el Bienio Negro, Asturias y Cataluña repetían. 

Las derechas en el poder no decían nada más que «todo 
para el jefe» — ■ ccA por los 300» — aspiraban sacar 300 dipu- 
tados. El Jefe era Gil Robles. 

Quien no decía nada, absolutamente nada, era la G.N.T, 
Por eso, izquierdas, como derechas se acercaban a los mili- 
tantes más destacados del anarco-sindicalismo; por medio de 
delegados acreditadas, para saber la posición que la organización 
confederal tomaría de cara a la nueva consulta electoral. En 
esa busca de contacto, las derechas fueron muy insolentes en 
sus proposiciones. Ellos sabían bien que, colectivamente no 
lograrían nada, que todas las puertas las encontrarían cerradas, 
que nadie les haría caso. Pero buscando los contactos indivi- 
duales por personas interpuestas para intentar incluso el sobor- 
no. Al margen de toda agitación política la C.N.T. más que 
en público, en privado, los militantes se habían reunido para 
examinar concienzudamente la cuestión que planteaba a la orga- 
nización la nueva situación política, en vista de las próximas 
elecciones generales. A más del caso de interés como organiza- 
ción interesada eñ todo avancé, se planteaba el casó de concien- 
cia en el cual estaba implícitamente afectada la organización 
anarco-sindicalista, 20.000 presos, entre los cuales se encontraban 
muchos militantes de la C.N.T. era una cosa muy digna de 
tener en cuenta de cara a una posible inmediata amnistía. 
Aconsejar no votar era tanto como condenar a los que estaban 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



263 



priv; d.:: d- libertad en cárceles y presidios dando así la razón 
ai Gobierno del Bienio Negro. No, eso no lo haría jamás la 



C,N.T. 



La amnistía era ei clamor general de la clase obrera y 
liberal del país. Libertad para los presos, se repetía por todas 
partes. Esa era y es la consigna del sindicalismo revolucionario. 
No se dijo jamás a la clase trabajadora, abiertamente, que fuera 
a votar a las izquierdas, pero nadie, absolutamente nadie, pro- 
nunció en ninguna circunstancia la palabra: No votar. 

Los que en alguna ocasión habían puesto en entredicho 
la capacidad, el -sentido de responsabilidad, la seriedad y la 
madurez de la militancia confederai, podían darse cuenta que 
esta, cuando llegaba el momento decisivo sabía ocupar siempre 
el sitio de honor que le correspondía. 

El resultado no se hizo esperar, dando una vez más la 
razón a los que la tenían. La derrota de la reacción en las 
urnas, en favor de las izquierdas fué patente. No cabía duda 
de que la C.N.T. era el arbitro de la vida pública española, con 
la cual había que contar en todos los momentos. 

Lástima que, el remedio que podía ser eficaz llego dema- 
siado tarde. Llegó demasiado tarde, porque una vez más los 
políticos de izquierda se durmieron en los laureles del triunfo 
electoral y continuaron siendo legalistas con los enemigos del 
régimen, menospreciando ei valor y la lealtad del pueblo, y 
ello los llevó rápidamente ai abismo. 

Con cierta euforia en el ambiente general, el Comité Nacio- 
nal de la C.N.T. después de previa consulta a las regionales, 
cursó el Orden del Día del tercer Congreso Nacional que se 
celebró él 1 de Mayo "y' sucesivos en Zaragoza. 

La discusión del Orden del Día del Congreso Nacional 
en las asambleas generales de les sindicatos, fué muy debatido. 
En el Sindicato Fabril y Textil de Barcelona, al cual pertene- 
cían casi todos los componentes del grupo «Nosotros», se plan- 
teé seguramente como en muy pocas otras asambleas, de ma- 



264 



RICARDO SANZ 



ñera rcníísta, e. íicblüina que podríamos denominar de segu- 
ridad nacional. 

Por el contacto expreso que los componentes del grupo 
(f Nosotros» mantenía con ciertos cuadros militares, se sabía, 
de manera cierta y segura, que se preparaba una nueva suble- 
vación militar para un plazo más o menos inmediato. 

En esas condiciones las cosas, se comprenderá fácilmente 
que la preocupación principal de los hombres del grupo «Noso- 
tros» era la de airear en principio el peligro, y la de preparar 
el ambiente general de la opinión para bacer frente al mismo, 
esta vez con todas las consecuencias. 

No liabía tiempo que perder. Por encima de todo lo demás 
estaba eso. El peligro ccfascista». 

Con el asom.bro de no pocos incrédulos se propuso y se 
acordó finalmente, ante la insistencia y la convicción con que 
se defendió dicha proposición por varios asambleístas, de ir a 
la creación de milicias armadas en el seno de los Sindicatos de 
la C.N.T., para hacer frente de manera eficaz a una eventual 
sublevación militar de carácter fascista, contra el pueblo espa- 
ñol. 

El Congreso de Zaragoza fué un éxito desde todos los 
puntos de vista, pues no era solamente la C.N.T. la que estaba 
en liza, era todo el pueblo obrero español, y dependía mucho 
del resultado del mismo, la orientación que tomarían las cosas. 
Por eso, todos los amigos y simpatizantes de la C.N.T. e incluso 
sus mismos adversarios daban una importancia extraordinaria 
al Congreso de Zaragoza. 

Excusa decir que estuvieron representados todos los Sin- 
dicatos Confedérales de España e incluso algunos Sindicados 
Autónomos, con carácter informativo. También estaban repre- 
sentados directamente todos los Comités Regionales y toda la 
prensa Confederal, así como muchos corresponsales nacionales 
y extranjeros. 

No relataremos todos los puntos del Orden del Bía para 
definirlos uno por uno. Solamente señalaremos dos por su 



EL SINDICALISMO Y LA POLITICA 



265 



importancia. El uno fué el de la reconcUiación con el, treiüism ;^ 
Este punto, que parecía un poco escabroso, a causa de las cou- 
troversias y hasta de la virulencia que en un momento adqui- 
rió, se resolvió sin ninguna dificultad. 

Si el gran filósofo Ateniense Pitágoras dijo, «que las faltas 
del amigo debían escribirse en la arena, por ser donde se borran 
más pronto», los hombres del anarco-sindicahsmo, sin tener en 
cuenta nada de lo ocurrido antaño, dijeron: damos por zan- 
jado el incidente con el hecho de la ramificación. Sin vencidos 
ni vencedores, por eso somos todos de la misma familia. 

El otro punto, mejor dicho, el otro aspecto del punto del 
Orden del Día: orientación a seguir, lo planteó la delegación del 
Sindicato Textil y Fabril de Barcelona, compuesta por Juan Gar- 
cía Oliver, Francisco Ascaso y Montserrat. 

Se trataba del acuerdo tomado por la asamblea del Sindi- 
cato en Barcelona, que más o menos decía : el Sindicato Fabril 
y Textil de Barcelona, vista la posibilidad más o menos inme- 
diata de un levantamiento mihíar de carácter fascista contra la 
RepúbUca Española, propone al Congreso, acuerde: «la crea- 
ción y formación de las milicias confederales armadas, para 
hacer frente a una posible e inmediata sublevación militar». 

Dicha proposición que en otra época hubiera levantado 
una protesta unánime, en el Congreso, por el carácter ^y sobre 
todo por la educación antimiUtarista del anarco-sindicalismo, ia 
reserva de la mayoría de las mismas demostró que el terreno 
estaba abonado. 

Se entabló una animada discusión en pro y en contra de 

la proposición. Los delegados del Sindicato Fabril y Textil de 

Barcelona defendieron la proposición, los argumentos fueron 

" muchos y sólidos. A lo largo" de la discusión- hubo pasajes de la 

misma, con una buena dosis de broma. 

Por ejemplo, dentro del más elemental respeto del com- 
pañerismo, ia delegación "del Centro, concretamente, Cipriano 
Mera, desde la Tribuna, combatiendo la proposición, dirigién- 
dose a la delegación del fabril y textil de Barcelona, decía. Ya 



266 



RICARDO SANZ 



nos diftiii ios compañeros Ascaso y García Oliver, del color que 
quiertMi t'l fajín de general. Total que finalmente la proposición 
del SiiHÜfiíito Textil de Barcelona fué rechazada por mayoría 

de votos. 

Donde luego no podía ser de otra manera y los delegados 
proponentes estaban convencido& de ello. No obstante, la im- 
presión general de la asistencia al Comicio fué que los momentos 
eran muv difíciles y que la organización debía vivir más que 
vio-ilante con el arma al brazo. 

Se organizó un mitin de clausura del Congreso, que se 
celebró en la plaza de toros. Varios trenes especiales llegaron 
a Zaragoza el día de dicho acto, de diferentes regiones de Espa- 
ña. Los maños decían que la C.N.T. había tomado por asalto 
Zaragoza. 

Efeofívamente la ciudad del Ebro fué, durante varios 
días y en particular el día del mitin confederal, el centro neu- 
rálgico del movimiento sindicalista revolucionario español. 

El grtipo «Nosotros», casi al completo en Zaragoza, al mar- 
gen del Congreso, multiplicó anudando las relaciones entro las 
delegaciones de muchas ciudades y pueblos de España. Eihar, 
la Felguera y sobre todo los Centros Mineros y Campesinos. 

Láslima que no hubiera tiempo material de organizar bien 
la defensa, pues dos meses justos después del Congreso, llegó 
el hecho consumado. 

Se fué a Francia, a Bélgica y a donde podía haber posi- 
bilidades de adquirir armas, pero esas cosas son muy lentas y 
complicadas y el tiempo apremiaba. 

Internacionalmente, entonces, el movimiento revoluciona- 
rio^ español no contaba en nada. Ninguna ayuda, ningún apoyo. 
Nacionalmente, igual. El miedo, siempre el miedo. Los más 
conservadores de todos se encontraban entre las llamadas izquier- 
das. Era una verdadera tragedia. 



CAPITULO XIII 



Después de las elecciones del 16 de febrero de 1936, en 
las que de nuevo, una vez más, la clase trabajadora para salvar 
la situación ratifica su confianza a los republicanos de izquierda, 
entre otros motivos, por conseguir una amnistía que ponga en 
libertad a los muchos millares de presos políticos y sociales, 
así como para cerrar el paso al fascismo, era de esperar que las 
cosas no quedarían tal y como, alegremente y confiadamente, 
las habían recibido de nuevo los poHticos llamados de izquier- 
da. 

La sublevación en marcha, afianzada en el período del 
Bienio Negro no se detendría, en espera que los de abajo, que 
los trabajadores, acabaran definitivamente con el régimen de 
privilegio por medio de la revolución social. 

Los hechos del 6 de octubre en Asturias habían hablado 
con suficiente elocuencia para considerar que, de haber^ sido una 
cosa bien organizada y bien coordinada en toda España, el sis- 
tema capitalista se hubiera venido abajo. 

Hubo algún tiempo en que la revolución fué solo patri* 
monio de los hambrientos, de ios descamisados. Después, las 
cosas cambiaron de aspecto. La palabra orden y desorden se 
confundió entre sí, en el preciso momento en que los llamados 
a mantener en vigencia el^rden del propio capítalismo_acudie_-_ 
ron al desorden para afianzar sus prerrogativas ilegitimas. A par- 
tir de ese momento la revolución que no está patentada por 
nadie, cambió de manos y ésta pasó inopinadamente de las 
manos callosas de los desheredados a las manos enguantadas de 
los ser%údores del capitalismo. 



270 



RICARDO SANZ 



-*■ Partido Comunista de España, a las órdenes incondi- 
.-: ■IílJ.-- ííe los agentes de Moscú se impuso ^en todas partes, era 
íi.iídjcióri imprescindible llevar el carnet del Partido Comunista 
para ser considerado como un auténtico antifascista. Todos los 
demás eran sospechosos. La era de terror impuesta por el Stalinis- 
mo se in ironizó en España. Si la guerra hubiera tenido otro 
desenlace del que tuvo, es muy posible que el hecho del final 
en Madrid, se hubiera repetido en toda España. 

El grupo tíNosotros» que había estado reunido permanen- 
temente durante ocho días, antes de estallar la sublevación, que 
había permanecido día y noche en contacto con un grupo de 
sargentos de artillería, que tenía una delegación directa en el 
campo de aviación del Prat, que estaba al corriente de todo lo 
que ocurría con arreglo a la insurrección en España y Marrue- 
cos, por fin se reunió por última vez. 

La última vez que se reunió el grupo «Nosotros» com- 
pleto, fué delante del cuartel de Atarazanas. 

Habían sido reducidos uno tras otro, todos los focos 
rebeldes de la ciudad condal. Solo quedaba la fortaleza de 
Atarazanas que aun resistía. 

Esta vez, sin darse cita, todo el grupo se encontró reunido 
frente al Cuartel de Atarazanas de Barcelona. El estampido del 
cañón y el olor a pólvora los había reunido. El tableteo de las 
ametralladoras y fusiles automáticos, el zumbido de la bomba 
F.A.L, tan familiar, les reunió por xíltima vez allí. 

La reunión fué breve pero muy animada, Durruti estaba 
en su verdadero papel de Jefe de fila. Asease y García Oliver 
con el fusil ametrallador en sus manos a punto de sangrar, 
rojas como el cañón a pesar de los pañuelos que las envolvían, 
Ricardo Sanz con un cesto de bombas. que. iba ...en vi ando una 
tras otra a los sitiados, Aurelio Fernández, Antonio Ortiz y Gre- 
gorio Jover cumpliendo con su deber de auténticos revolucio- 
narios. 

Hubo una pausa, algo anormal. Paco, dijo alguien. Ni un 
tiro, ni un cañonazo, nada, ¿cómo? ¿qué dices?, si, acaban de 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



271 



.ata. a Asease. La lucha r..n^6^^^ --- /- ^ 
Jamás hasta entonces. S.n que nacUe .1.. . -na 

definitivo, todos los combatientes se • P ^ 

bíerto ¡A por ellosl dijo una voz, v". ' ' "'"f n'"='=="^^^ 

De un pequeño balcón, una sábana atada a un pa o, anunciaba 

f:Zi:Z del enemigo. La última fortaleza había captttOado^ 

Sí fué la última reunión del grupo «Nosotros», la trágica 

reunit de Atarazanas en la cual murió Francisco Ascaso. 

Despué^. -da. Absolutamente nada, l^-S^f "*' ."Tal 
sión por todas partes. Nosotros, los amigos, los íntimos de Paco 
; no' nos fué posible reunimos una sola vez --.durante tod 
ia guerra. No pudimos ni acompañar a Paco por ultima vez el 

día del entierro. „„™„t;ñ el nnino 

Quizás la equivocación más grande que cometió el grupo 

«Nosotros» fué esa: la de disgregarse. „„p-11e- 

Durruti salió, al frente de la ?"-<=- -l""?"^.^"; "^ 
vaba su nombre, hacia el frente de lucha. Ricardo W.^e^- 
ponsable de la organización de milicias, en el cuarte de Pedrf 
bes- García Oliver, responsable de la Columna «Los Aguilu 
chos»; Gregorio Jover, Jete de la Columna Francisco Ascaso 
AntoHo Oniz, Jefe de la Columna de su nombre en el Sur 
de Tagón y Aurelio Fernández, de responsable de la sección 
de tv'stigación, del Comité Central de Milicias Antifascistas 
Z CataluL. Torres Escartín, por deficiencia mental no pudo 
ser acoplado. Fraccionadamente, el grupo cambiaba impresiones 
en los momentos en que podían encontrarse. 

En el transcurso de ia lucha, se cometieron mucho= erro- 
res, algunos de ellos fundamentales. Por ejemplo, Durruti salió 
de Barcelona pocas horas después de dominada la -'"-;<>-■» 
la primera columna que debía enfrentarse con los sublevados^ 
-doifde fuera que estos se encontraran. -Su mis.on en pnneipio 
era Zaragoza. Allí ya lo esperaban un tanto despreocupadamente 

los antifascistas. . ^ i„c f«=: 

Al llegar a Lérida, ésta estaba ya dominada por los fas- 
cistas y Durruti tuvo que enfrentarse con los rebeldes, los cuales 



272 



RICARDO SATSZ 



se rindieron poco después. Continuó la marcha le columna 
Durruti, a la que se sumaban por doquier ííondo "'-asahiv, todos 
los antifascistas que estaban en condiciones de j^or :itiles en 
el frente. 

Así las cosas, en una especie de marcha triunfal llegó 
Durruti con sus hombres, después de pasar Fraga, a Bujaraloz, 
después de un breve alto en la marcha, la Columna se puso 
de nuevo en camino. Su objetivo era el primitivo: Zaragoza. 
En Zaragoza ya se esperaba a Durruti con su columna para la 
insurrección de la clase trabajadora y todo ei antifascismo en 
general. 

Pero como siempre, llegó lo imprevisto. Unos aviones de 
la bíiKC de Logroño, también sublevados, salieron al encuentro 
de ]a columna que marchaba confiada por la carretera general, 
con Era ia cual lanzaron unas bombas de escasa potencia, hacien- 
do varias víctimas. 

Durruti se detuvo a pocos kilómetros de Buiaraioz, esta- 
bleció su campamento y no continuó su marcha hacia Zara- 
goza, que permanecía en compás de espera, de algo que no iba 
a llegar precisamente en el momento esperado. 

En la guerra, más que en ninguna otra parte, el tiempo 
cuenta mucho. Los sublevados de Zaragoza aprovecharon esta 
pausa, esa desgraciada idea de la detención en el camino, de 
la columna Durruti para preparar y consolidar su defensa. 

Los hombres de Durruti avanzaron por los flancos dere- 
cho e izquierdo, logrando ocupar Gelsa, Yelilla, Pina y Osera. 
Por cí flanco derecho la Alraolda, la Naja, Castejón de Mone- 
gros, Monegrillo, Alfajarín y algún otro. 

Así lograron poner cerco a unos 30 kilómetros de Zara- 
goza. Y mientras tanto, la población civil de Zaragoza sin mo- 
verse, sin lucha, sin un tiro, se dijo en aquella época que el 
responsable de la pasividad de la ciudad fué el Gobernador, 
que no quiso hacer entrega de las armas a la población civil. 

Pero ese no fué un caso único. Ese caso se dio en casi 
toda.s !as provincias de España, porque esa era la orden cur- 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



273 



1 «1 MÍTiistro de la Gobernación. 

sada a los ^^l'-'^i^-X/pu^b Se fué d más gxande 
El miedo, siempre el miedo al pueDlo. íís 

enemigo de la l^V^'^'^- -^ ¿, Cabanellas, Jefe de la 

A más, se hablo de la traición ae 
Guarnición, como si se pudiera esperar algo 
sobre todo en '»'^'l°/f''*'™- ^„^j^„¿ .¿optada por la pobla- 

desarmados pero ese era el caso generar 

^ñls caaon. estaban en la calle. El «^f ° ^^f ^ 
con las armas al hombro. ¿Qué -P-aban p«e^? .Qu ^e^^^, 
Durruti con sus hombres P-.J»"^" .^/"'j'irRepúblioa, con 

cieron en la parte norte, frente a Huesca y la parte sur, 

IS 



274, 



RICARDO SANZ 



freiiLo de Aragón, a causa de falta de medios para emprender 
una acüíón ofensiva, pues se carecía de armamento y de muni- 
ciones. I*or dicho motivo el frente de guerra permaneció inactivo 
cerca de dos años. 

Hemos señalado con preferencia el caso de la columna 
Durruti en Aragón, porque a continuación se comprobó que la 
guerra debía de 'liquidarse rápidamente. La clave fué sin duda 
alguna Zaragoza. La guerra debía terminarse en favor de la 
República antes de la intervención de Rusia, más de 3 meses 
después de iniciada la sublevación. No eran víveres lo que 
necesitaban los defensores de la República para combatir al fas- 
cismo. Eran armas y municiones lo que hacía falta. Compren- 
diéndolo así Méjico, aliado desinteresado de la España leal, tan 
pronto fué posible puso a disposición del Gobierno Republicano 
30.000 fusiles con su dotación de municiones, armas que fueron 
transportadas por el «Magallanes» y que fueron desembarcadas 
en el puerto de Cartagena, 

Mientras que la Rusia de Stalin se entretenía haciendo 
cálculos políticos para decidirse a mandar armas a España, 
armas que fueron pagadas al contado cuando fueron libradas 
al Gobierno Republicano, Alemania a Italia, hacía ya varios 
meses según acuerdos secretos establecidos antes de la suble- 
vación, estaban mandando no solamente los últimos modelos 
de armamento de todas clases a los sublevados sino que además 
de eso, mandaban sus técnicos con unidades combatientes contra 
la República. 

Y mientras en el campo republicano antifascista y prole- 
tario se continuaba en plena confusión con medidas dilatorias 
y conspiraciones de baja política. Los fascistas que no discu- 
tían, que ordenaban y hacían cumplir las órdenes sin dilación 
de -nmguna-clase-, : se -acercaban cada día más con sus 'escasas 
fuerzas combativas de mercenarios bien disciplinados a las 
puertas de la capital de España. 

Madrid era su obsesión. Lástima que esa misma obsesión 
no fuera también en principio una realidad latente para los 



EL SINDICALISMO Y Li POLITICA 



275 



,1^1. Renública No obstante, Madrid, a pesar de los 
hombres de la Republ ca i ■ - incinerable, 

repetidos combates en..m.,..^ ^ ^ ^^^^^ ^^^^^,,^^ pareció 
Zaragoza, una so.^y : ^'^ ^^ ^^^ considerables medios 

decidido a su ''^'''''%,,,-:; ^^ «teían las propias cir- 
puestos en línea y las posD^u^uades que o ^ 

cunstancias, todo quedó reducido en una absurda juga P 

'^^ Ít'rató de valorizar ciertas unidades "dientes a la poH- 
,ea L"en detrimento de las ^f^^J^^^"^^^ 

choque y en fm de todo io J ¿^ ^^^^te capaces de 

terreno, que tenían establecido sus ,^^^¡^'^^J^J-'°^^ ,„„„. 
periférico., cp.e iban cuando »--- ^^¿^s de Intervenir . 
cían el dispositivo enenrigo, esas fuerza de o»as d 

en la proyectada operaron «--"f^Xl fueron ni con- 
ciadas en el plan de operaciones. Sns raanaos n 
saltado, en las partes nrás simples o -encales^ 

AV \.u\.^» Tipcesidad al parecer de nada de tono e^ 

^tf^Madl— -6 todo lo contrario. Un derroche in 
.enst de medios y de energías que "o «n J- ^^ 

-1 -n ;.-,.^mn^- -fn- -"sas así sm hacer nmgun otro 
rl%u:nirnoru;;aria demasiado lejos como actores We 

"^r t ftÍ^— L ^ .no pasaran. «Madrid, tumba 
ael fasdsmo»-. Mientras tanto el cerco se cerraba cada d.a 



frj(^:j. 



276 



RICARDO SAN2 



más. Los moros, el tercio y toda dase de mercenarios encua- 
drados en el ejército fascista, cada día í^e acercaban más a la 
capital de España. Los «Junkers» alemanes descargaban sus tone- 
ladas de bombas sobre la capital mártir. Los ataíjues se hacían 
sentir cada vez más intensos. La situación se hacía insostenible 
por momentos. Se dio la voz de alarma. Hay que salvar Madrid, 
De todas partes salían voluntarios para ir a Madrid. Durruti 
fué uno de ellos. El Gobierno le confió el mando supremo de 
todas las fuerzas expedicionarias. 

Madrid que estaba a punto de capitular, rendidos, sin 
fuerzas para continuar el rudo combate, recibió áqueUa especie 
de transfusión de sangre, como suprema inyección de nuevas 
energías. El combate continuó, y continuó con la convicción y 
la certeza de que Madrid no sería tomado por los fascistas. 

Centenares, millares de vidas humanas, fueron segadas por 
el fuego y la metralla, pero Madrid se mantuvo como un 
gigante, en pie. 

Mientras la lucha a muerte continuaba, en un momento 
de reposo, a la pregunta de alguien hecha a Durruti, éste 
respondió, renunciamos a todo menos a la victoria. 

Frase que se hizo histórica y que aún hay hoy quienes 
viven sobre el interrogante porque no la comprendieron. 

Esa frase en aquellos momentos encerraba sin verbalismo 
la tragedia de todo un pueblo. 

No hay que buscar en esa frase ninguna intención no expli- 
cada supuesto que era la tónica de la calle en aquellos trá- 
gicos momentos. 

En los frentes y sobre todo en el de Madrid, se vivía el 
espíritu de lucha, de defensa. Los combatientes no pensaban 
en otra cosa que en la «victoria». Si, la victoria, qtie les tenía 
que devolver la normalidad. De vivir en familia, de habitar 
una casa, de dormir en una cama, de comer sentado en la 
mesa y en fin ía normalidad. 

La retaguardia no conocía todo eso y los que lo conocían 
lo habían olvidado demasiado pronto. Los entonces mihcianos 



EL smOICALISMO Y lA POLÍTICA 



277 



voluntarios, cuando les tocaba «no. días de P~ J ^^^^^^ 
ban contentos a retaguardia a abrazar sus fam.Uares y seré 
oueridos, al contemplar la vida desordenada y hasta detesta 
Wede sus propias antiguas amistades se llenaban de indigna- 
Sn y volvían al írenta renegando de lo que habían con- 

""'lÍ 'nuevos emancipados, a costa de ¡o^.^^.ZlZZ 

ti r y z rías LS^r^t- ;^^rrcían. 

de las posibilidades ,ue les brindaba la revolue.on. 

De la revolución ¿ de qué revolución Segur— f^^ 
revolución que los fascistas estaban ganando un poco cada día 
en los frentes de batalla. 

Desgraciados. No sabían que si se P^^- 1^P«7';;X 
tascismo'que ganaría definitivamente' la revolución, la revolu- 
eión que ellos hacían todo lo posible para perderla. 

En ese plan las cosas, se comprenderá fácilmente la frase 
de Durruti «Renunciamos a todo, menos a la victoria . Era la 
victoria la que debía ganar la revolución por eso odos os 
TeXs de la revolución social incluyendo entre ellos a los 
"^^"stas y a los inconscientes aprovechados, contribuyeron 
r^lo lo posible a que no se alcanzara la victoria tan quenda 
por ¿un^it! para q^e con ello, el fascismo ganara SU revo- 

lución. , r- .^ j„ 

Durruti lo había dicho a sus hombres, en el frente de 
Aragón antes de salir a defender la capital de España. «La 
situfción de Madrid es angustiosa, casi 'iesespeada_ Hay pues 
„ue ir alK a hacerse matar, hay que ir a morir a Madrid. ^ 

Una ve.-m-ás no se equivocó Todo lo I-" ff^J""^ 
tado ocurría a principios del mes de -™"*!^%^; ¿'¿^ i, 
día 19 de dicho mes, cinco meses justos después de_ ^^^^^^ 

.blevaoión, Durruti ora ^^^J^^^^^ ^ l:£Í^ 
versitaria, por una ráfaga de ametrallaüora. 

T. u =^ la VtíTiaña antirascista. jamas ndSLít 
cayó como una bomba en la ILspana 



278 



RICARDO SAJNZ 



entonces se había experimentado una expresión tan profunda 
de dolor en el pueblo libertario español. 

La guadaña de la adversidad iba segando una tras otra, 
la vida de los mejores. El 6 de octubre de 1934 fué José María 
Martínez, en Asturias. El 19 de julio de 1936 era Francisco 
Ascaso quien moría en Barcelona, en la barricada, luchando 
contra el fascismo. Y el 19 de noviembre de 1936 era Durruti, 
el ídolo del pueblo, el que sucumbía defendiendo Madrid. Nadie, 
ningún m.oviiniento en España podía presentar una hoja de 
luto, de heroísmo y de sacrificio en lo niás íntimo de su propia 
carne, como lo hizo siempre el anarco-sindicalismo español. 

El grupo «Nosotros» no pudo reunirse. Las circunstancias 
impedían en aquellos momentos dejar ios puestos que éstos 
ocupaban a grandes distancias los unos de los otros. 

En Capitanía General de Barcelona, alrededor del Conse- 
jero de Defensa de la Generalidad, se reunieron los represen- 
tantes de las fuerzas armadas para examinar la situación que 
planteaba la muerte de Durruti y designar la persona que debía 
reemplazarlo en el cargo. 

A las diferentes propuestas que se hicieron, se acordó 
fuera Ricardo Sanz el sucesor de Durruti. Este que se encon- 
traba en misión de inspector de los frentes de Aragón y Cata- 
luña, fué localizado en la costa y se le notificó el nuevo nom- 
bramiento y la orden de incorporarse lo antes posible en el 
frente de Madrid. El día 21. dos días después, se encontraba 
en Madrid ocupando el sitio que Había quedado vacante con 
la muerte de Durruti. 

Esta vez, sí que se podía aplicar en todo su valor aquélla 
frase- lapidaria. En la guerra como en la guerra, 

■ Hacía algún tiempo que ía columna (dos Aguiluchos» 
había sido fundida con la columna Ascaso. en el frente de 
Huesca. Con dicho motivo García OHver se había reintegrado 
a la retaguardia; Sn presencia y su intervención en los proble- 
mas importantes de retaguardia se consideró en aquellos mo- 
mentos imprescindible. Batirse con las armas en la mano con- 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



279 



tra bi ::£ci;^^ o en el frente era mucho más fácil que batirse 
con la riínlidad, inteligentemente, en retaguardia. 

Por dicho motivo, y los que le conocían íntimamente, más 
que aconsejarle, le rogaron mantenerse en retaguardia, lo que 
en realidad aceptó a regañadientes, pues como ya hemos dicho 
en otro lugar, García Oliver no fué nunca de los que se que- 
daban atrás. 

Donde quiera que se encontrase García Oliver, el anarco- 
sindicalismo se encontraba bien representado. Era una garan- 
tía, una de las más sólidas garantías. 

En cuanto a las Brigadas Internacionales, se habló mucho 
entonces y a continuación del «rol» de las inismas como uni- 
dades combatientes de élite. Para nosotros, todos los respetos y 
simpatías a los que, desprendidos de todo interés particular, 
vinieron a España en aquellos tristes momentos a jugarse la vida 
por un sentimiento altruista. 

En ese aspecto, conocimos un grupo importante de antifas- 
cistas italianos que, en el cuartel de Pedralbes en Barcelona, 
al mando del Capitán Angeloni organizaron una Compañía 
de Ametralladoras, la cual se incorporó a la columna Durruti 
en el frente de Aragón, donde se batieron como verdaderos 
patriotas. El Capitán Angeloni fué muerto en la trinchera y 
con él la mayoría de sus compañeros. 

En el frente de Madrid, y a las primeras de cambio, 
cuando aún no se hablaba de las Brigadas Internacionales, había 
igualmente varios grupos de centro y sud-americanos, argentinos, 
venezolanos, brasileños, mejicanos, colombianos y otros que, 
sin etiqueta de ninguna clase se habían presentado en España, 
muchos de ellos por sus propios medios y se encontraban en 
primera línea combatiendo al lado" dé süs~amigos los españoles, 
que los consideraban como propios hermanos. 

También la mayor parte de estos verdaderos amigos de 
España murieron en el frente de Madrid, a lo largo del prolon- 
gado asedio fascista pues a ninguno de ellos se les ocurrió la 
idea de marchar a su país antes del fin de la guerra. 



280 



RICARDO SAIMZ 






EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



231 



En las Brigadas ínternacionaies hubo mucho de bueno, 
pero no poco de ccijlufw. También la baja política se metió por 
medio, cosa que hizo mucho mal en todos los sentidos. 

Tiene una lógica explicación que en los ejércitos merce- 
narios se enrole todo lo peor, toda la hez de la tierra, la guerra 
admite eso. El caso de España no era una guerra más. Los que 
estaban en la trinchera de enfrente, por regla general eran 
también españoles y forzados, y las poblaciones civiles eran 
españolas igualmente. La guerra de España era una guerra 
civil en la que «amigos» o «enemigos» eran todos de la misma 
tierra, de la misma nación. 

Bien estaba que los fascistas pusieran por delante en pri- 
mera fila frente a los republicanos, moros, italianos y alemanes, 
con toda clase de prerrogativas y todo derecho como vencedores, 
sobre los vencidos. 

La intervención de las Brigadas Internacionales en la gue- 
rra civil española fué correcta, humana, altamente compren 
siva. Lo fué por disciplina y por la conducta observada por 
todos en el campo republicano, no era afortunadamente la 
misma que la mantenida en el campo fascista. De lo contrario, 
hubiera podido en ciertas circunstancias producirse un verda- 
dero caos. Los reclutadores de los combatientes de las Brigadas 
Internacionales, en muchas ocasiones no tuvieron nada en 
cuenta en lo que respectaba la moral. 

Se hizo como hemos dicho más arriba, la baja política. 
I^a política de los irresponsables stalinianos. 

Los que estaban en el frente del Centro, saben que Madrid 
estuvo a punto de capitular entre los últimos meses de 1936 
y primeros de 1937. Los mismos fascistas estaban convencidos 
de ia toma de la capital por su parte, y a tal fin, prepararon 
la opinión mundial diciendo que Madrid sería ocupado en 
im plaxo muy breve. 

Afortunadamente esta vez los imponderables estuvieron de 
parte de los defensores de Madrid. En la guerra hay fenómenos, 
que sin serio, parecen inexplicables. 



A medida que pasaba el tiempo, la g"''-» - «^^'^^^ ^■ 
ral se iba formalizando en los frentes en toda la zon., r. , 

blicana. , a A^^ 

La defensa de Madrid en principio fue una cosa de des- 

=r :.'".:: .rii í "-f -rrsr. 

so^sde Madrid, sin desertar del frente, sin abandonar el 
combate, se trasladaban de posiciones, sin tener en cuenta 
qur lio constituía una grave falta, falta que muchas vece 
L catastrófica a causa de las infiltrao.ones enemigas que 
obligaron al mando a modificar las líneas de defensa en per- 
juicio del propio dispositivo defensivo. 

Todas esas faltas, algunas de ellas ^--^-^'-^2'^^ 

corrigiéndose poco a poco. En principio, el sistema de defensa 

decir el atrincheramiento, el camuflaje los abngos contra 

ll artillería y la aviación estaba por completo abandonado. 

Hubo infinidad de bajas y de pérdida de posiciones por 

iniprudencia. Los mlUcianos llegaron a ««""P'^^-íf 'P'^ ^ 
.uLa era como una escuela en la que se aprendía cada día 
an poco. Solo de esa manera llegaron a formalizarse las cosa 
sin necesidad de implantar una discipUna d-»-- J^'^ 
unos combatientes todos voluntarios y que por consiguiente, 
podían abandonar la trinchera sin nmguna responsabJidad. 

El cambio operado en muy poco tiempo fué muy conside- 
rabie. Las trincheras se multiplicaron así como las casamata 
en todo el trente. Se constituyó en la penferia de la eapital 
.n si«V.m-a-^ado de barricadas, de una solidez a P-We 
cañón. Por todas paites se multiplicaba el -'^-^/ f ^";^^. 
V de ataque también de la manera mas mgeniosa. Ya los deten 
ores de Madrid no abaldonaban una posición para ocup^ ot^a 
sin previa orden, cada uno se mautema en su sitio. Al Udo del 
refu'Jo contra la aviación, pegados a la trinchera sm deseu- 



282 



RICARDO SAKZ 



::r;r el cuerpo, sin hacer fuego ni fumar, por no llamar la 
ritención dei enemigo. 

Todo eso lo habían aprendido los defensores de Madrid, 
después de haber sufrido muchos reveses y muchas penalidades 
que lleva la guerra en sí. 

Se formaron, en las grandes unidades, los grupos de mi- 
neros, de dinamiteros así como un servicio de información 
periférico que consistía en infiltrarse en el campo enemigo y 
cometer actos de sabotaje a base de voladuras. 

Los dinamiteros a más de su misión especial, que consis- 
tía en atrincherarse en los lugares susceptibles de esperar los 
tanques enemigos en espera que éstos llegaran a su alcance, 
para atacarlos por mediación de bombas de mano, tenían otro 
cometido; volar las partes ocupadas por el enemigo en algunos 
edificios de la Ciudad Universitaria después que los mineros 
les habían preparado las galerías subterráneas al efecto. 

Todo esto ocurría cuando ya los ejércitos mercenarios 
se encontraban a las puertas de Madrid, cuando los cañones 
fascistas emplazados en Monte Garabitas, mandaban sus pro- 
yectiles a los primeros edificios de la capital, cuando la mayor 
parte de las principales líneas de comunicación, tanto ferro- 
viarias como por carretera estaban ya cortadas, cuando la 
asfixia se anunciaba en el campo fascista de manera cierta 
e inevitable, 

Hacía ya algún tiempo que el Gobierno de la República 
como medida de prudencia o más bien de seguridad, había 
tenido necesidad de abandonar la capital para instalarse en 
Valencia, 

Ello en principio causó una penosa impresión, sobre todo 
en la^ población civil. Los' defensores de Madrid, sin embargo 
aun sintiéndose más solos, se sentían más libres. 

Incluso el Estado Mayor encargado de la defensa de Ma- 
drid pudo sin interferencias penosas ni consejos inadecuados 
continuar la tarea de coordinar todos los esfuerzos con vistas 
a la resistencia, ya que otra cosa no se podía hacer en aquellos 
momentos. 



EL SINDICALISMO V Í^A POLÍTICA 



283 



. . ' 1 ' , . irimotores, todos los 

La aviación alemana, > mmoLoiü^, 

días visitaban Madrid, sh. . :.>:..^., bombardeando con 
preferencia la población civil, . in^.^cipio fueron dueños dei 
Lacio, casi en absoluto, ya que h OCA apenas es molestaba 
por ser casi inexistente. En cuanto a la aviación de caza repu- 
blicana, ésta intervino con mucha eficacia bastante después 

Las voladuras de los edificios en construcción en la Liudaa 
Universitaria se sucedían continuamente. Se daba el caso insó- 
lito de que algunos de estos edíHcios eran ocupados^en parte 
por los dos adversarios. Es decir que el Hospital ciinico qae 
era un gran inmueble, era ocupado por mitad de los dos ene- 
migos en presencia. Al parecer los ' fascistas ■ iban muy escasos 
de víveres ^n aquellos momentos. En una emboscada prepa- 
rada por los hombres de Durruti, lograron capturar dentro 
de la casa de campo, un camión marca «Diamond» el cual 
iba cargado con varias toneladas de pan y cebollas. Acampana- 
ban al camión capturado tres soldados armados y un cura. 
Interrogados los prisioneros, dijeron que pertenecían al servi- 
cio de intendencia y en cuanto al cura dijo que iba en misión 
de prestar los auxilios religiosos a los heridos que no estaban en 
condiciones de ser trasladados a retaguardia. Esa fue la decla- 
ración oficial. Luego por separado uno de los soldados, anti- 
fascista y republicano, informó de lo que interesaba ai ser- 
vicio de información del Estado Mayor. 

Madrid —tumba del fascismo— se decía en la retaguar- 
dia republicana ; pero el mando fascista aun no estaba conven- 
cido de eUo. Habían sido un tanto fáciles las batallas ganadas 
en el frente del centro, .por los mercenarios al senecio de los 
sublevados. La marcha de los rifeíios a partir de Talavera de 
la Reina hacia Madrid," había sido casi triunfal.- Las unidades 
repubUcanas que se les opuso, todas de reciente creación, entre 
ellas la columna Tierra y Libertad, organizada en ei cuartel 
de Pedralbes, en Barcelona por Ricardo Sanz, mandada por 
el ioven anarco-sindicaHsta Ramos, del sindicato ferroviario de 
Barcelona, Uegó a Madrid, agotada del viaje y tuvo que ser 
puesta en Hnea sin pérdida de tiempo. 



284 



RICARDO SANZ 



Sin entrenamiento, sin conocimienlot u^iUú.. ;:, vj^ una lla- 
nura completamente pelada, sin un árbol, ^xu i^n arbusto, con 
un armamento deficiente, escasos de municiOii<:;¿i y en fin en 
unas condiciones deplorables tuvieron que enfrentarse con un 
ejército de élite, con el ejército marroquí. 

Excusa decir que el choque fué terrible, fué difícil eva- 
luar ias pérdidas, pues no quedó nada. Empezando por el 
jefe de la columna, que murió de los primeros, el resto era 
un campo sembrado de cadáveres. Los moros también se lle- 
varon su parte. Acostumbrados a las victorias fáciles, a los 
paseos militares hasta entonces, atacaron confiados, convencidos 
de una victoria más, cosa que no fué así. Tuvieron que retro- 
ceder y hasta batirse en retirada. La prueba de su descalabro 
fué que tardaron varios días a reorganizarse y a volver de 
nuevo al ataque de cara a Madrid. Y mientras tanto, en reta- 
guardia continuaba el buen humor «no pasarán» - «Madrid 
tumba del fascismo». 

Mucho se había ganado desde aquellas tristes fechas. Ma- 
drid se sentía dueño de sí mismo, aunque inseguro, haciendo 
frente a los repetidos ataques frontales del enemigo. 

El mando fascista, obstinado en la toma de Madrid, hizo 
un esfuerzo supremo para rendirlo. No pudiéndolo tomar de 
frente, intentó corno último recurso el sitiarlo. 

Puso en línea todo lo mejor de sus fuerzas de choque. Ai 
amanecer de un día del mes de febrero de 1937, la artillería 
enemiga en una proporción desconocida hasta entonces, empe- 
zó a pilonar las posiciones republicanas en la parte donde se 
debía desencadenar la ofensiva. La aviación alemana orientada 
por el fuego- de artillería, principió . al unísono a bombardear 
los sistemas defensivos republicanos. Hubo un momento que 
la tierra en el teatro de operaciones parecía un volcán en 
erupción. 

El Estado Mayor Republicano, que conocía por confiden- 
cias seguras el plan, de ataque enemigo, organizó el dispositivo 
de defensa para impedir a toda costa el éxito de los atacantes. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



285 



Varias ho«. d«6 el cajoneo y el bo^^^i^o. D^- 
g„na figura humana apareja -^^^Iron los tan-jues enemigos 
pues de una pausa brevisinaa, ^'P"" habían perma- 

Lguidos de la infantería Los ^^ZTlXier^ernr, de ma- 
neoido al abrigo, espe-ndo el momento ¿e ^^^^^^^^ ^^^^_ 

,era rdpida saltaron a - ¿"^'^ ^ ^L al alcance de sus 
rando que los monstruos de "^^'^ J ^^ ¿^ cesar contra 
granadas ofensivas. La arttUcr.a F°P'| * ; ^^ ;,„ corrigiendo 
Tas fuerzas enemigas en '™^""'=" "^f i,,ta^ente para evitar 
a medida que el enemigo avanzaba en 
ser víctimas de nuestras propias -"f '= «" ^,^,„ de lado 

Uno. dos, tres. Los tanques "f^J^Xados. Nuestra 
o quedaban destrozados, --? -" ^J^ las tri^cberas que 
infantería en pleno combate «"^ °™P ¡¿33 momentos antes 
babían sido casi c-l" lir v « de las armas pesadas, 
del ataque con vistas a f"'^'. f^^^^^i-t^^ente rellenas por la 
Muchas trincheras hab an sido «ompletamen ^^ ^^_^_ 

acción de los obuses de artillería 1 --¡J^ ^^.^^^ «n las 
Los defensores de Madrid ¡^J^^^^^ZZ enemigas. U. 
excavaciones hechas por el fuego ^ ^^ progresando 

tanques enemigos seguidos '^'^ í^ 'f ^^^' ¿e las forma- 

, piar de la -^'^^-^^^rtu propia arfillexía tiraba sobre 
ciones atacantes se rezagaba su prop 

sus talones obligando así a los re^ gado a ^^^^ ^.^^. 

La primera jornada de ataqu fue - ^^^^^^.^ ¿^ 

al enemigo para conocer los núcleos fuertes 
los republicanos. preparación de arti- 

Al dia siguiente al --°=««, "T^J ^ eon una preci- 
Uería con una «"^f « /=? ha2o= d la aviación enemiga, 
sión bien adecuada de los ^jf^f ^J^^ ,ex fatal para las 

Ese segundo ataque ^^^^^'^^ "^ V .^^j,^ención masiva " 
armas republicanas si no hubiera s.do por la mt.r 

de nuestra aviación. intensameute. Cerca 

La DCA -if 1^----^^ r enemigos y propios. 

de 20 aparatos fueron dernbano:, 



286 



RICARDO SANZ 



El resultado del segundo ataque enemigo se saldó por una situa- 
ción de indecisión en la batalla pues, si bien el mando fascista 
había logrado avanzar aproximadamente dos kilómetros en pro- 
fundidad, por la configuración del terreno no se había aún roto 

el frente republicano. 

Los tanques fascistas reducidos poco menos que a la mitad 
de sus efectivos, quedaron ese segundo día de ataque a la dis- 
tancia de tiro de fusil de las primeras posiciones republicanas, 
que defendían el pueblo de Aravaca sobre la carretera de La 
Coruña, 

Al día siguiente, tercer día de la batalla, el enemigo no 
atacó de frente Aravaca, derivó el ataque sobre el flanco izquier- 
do, en dirección de las Rosas y el Plantío. Así, alejándose de 
Madrid obligaban al mando republicano a modificar su pro- 
pio dispositivo de defensa. 

El primer objetivo enemigo, que no era otro que el corte 
de la carretera de La Coruña por Aravaca, fué logrado al tercer 
día, entre las Rosas y el Plantío. Claro que ésta no era una pér- 
dida sensible para el ejército republicano. La carretera de 
La Coruña no era una vía de comunicación fundamental en 
aquellos momentos para la vida de Madrid. 

Las pérdidas propias fueron indudablemente importantes, 
dados los efectivos de todas clases puestos en línea. Sin em- 
bargo las pérdidas enemigas fueron mucho más cuantiosas y 
ello no recompensaba el enorme esfuerzo realizado, a las ven- 
tajas y objetivos conseguidos por ellos. 

Al llegar a la carretera de I,a Coruña los efectivos enemigos 
puestos en línea habían quedado completamente agotados. En 
esas circunstancias continuar el ataque- emprendido no era 
posibiesin un determinado período" de tiempo de recuperación;"" 
de reorganización y de eneuadramiento. 

Así terminó lo que pudiéramos llamar la última ofensiva 
seria y de envergadura en el frente de Madrid. 

La Junta Fascista se resignó a continuar en Burgos en 
espera de una circunstancia favorable que le permitiera de 



SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



287 



nuevo atacar 1. c.pital de España. A fuerza de recibir muchos 
reveses freíale ; la ninralla madrileña habían llegado a conven- 
cerse de üuc .-..ueLa cantinela de la retaguardia de ceno pasa- 
rán - Madrid tumba del fascismo» iba a convertirse en efec- 
tiva realidad, , , 
. Las fuerzas de élite estacionadas en zonas próximas a 
Madrid fueron desplazadas a otros frentes, en particular ^al 
Norte de España y Andalucía, para reducir o mejor dicho, 
para liquidar dichos frentes, los objetivos principales fueron 

Bilbao y Almadén. 

Madrid fué dejado por los fascistas como presa imposible, 
con ello el" pueblo madrileño y sus defensores pudieron respirar 
un largo período de calma y de tranquilidad. 

Sin desguarnecer el frente por completo, con una reserva 
de hombres conocedores del frente y con material apropiado 
para cualquier eventualidad, en la primavera del año 1937, las 
unidades de los otros frentes, entre ellos la del frente de Ara- 
gón recibieron la orden de reintegrarse a sus puntos de origen. 

tos hombres de Durruti, tristes y apesadumbrados por 
múltiples motivos, recibieron la orden, que fué cumplida auto- 
máticamente bajo la impresión de un desahucio o de algo peor. 
De una derrota en la ruda batalla de Madrid, que habían 
ganado. 



CAPITULO XIV 



Desde el principio de la sublevación una vez ésta domi- 
nada en toda Cataluña, los antifascistas en general y sobre 
todo los revolucionarios del anarco-sindicalismo, se dedica- 
ron por entero a consolidar las conquistas derivadas de la lucha 
preliminar, que no era otra que desbrozar el camino de cuan- 
tos obstáculos se iban apercibiendo durante la marcha. 

En las primeras de cambio, todas las actividades fueron 
concentradas en el Comité de Milicias Antifascistas de Cata- 
luña. Era dicho Comité el condensador de todas las iniciativas 
y el iniciador que mandataba todas las resoluciones. 

Todas las fuerzas representadas en el Comité de Milicias 
Antifascistas, fueron leales y respetuosas entre sí, mientras no 
hubo interferencias y mediatizaciones extrañas, capaces de des- 
viar el curso del buen entendimiento entre sus componentes. 
Nadie intentó jamás en su seno, no solamente de anular sino 
de minimizar tan siquiera la misión que cada uno tenía asig- 
nada. Era sin duda alguna en aquellos momentos la hora de 
la realidad, de la verdad y del respeto mutuo que jamás debió 
faltar en una empresa tan delicada como era la vida o muerte 
de un sistema de libertad y de civilización que entonces como 
jamás en el pasado se dirimía en España con las armas en la 
mano. Licenciado automáticamente el ejército oficial a las 
píimerasde cambio por -el Gobierno de la República paradles- _ 
baratar sin duda el juego indigno de los sublevados, el hecho 
no tuvo en realidad ningún eco efectivo en el campo enemigo. 

Los fascistas, no solamente mantuvieron en activo a todas 
las fuerzas armadas de su zona, sino que además de eso, faltos 
de material humano recurrieron a todo lo imaginable, hasta 

19 



290 



RICARDO SANZ 



lo más vil, para oponer un dique al ejército del pueblo, el 
ejército de voluntarios. 

La República no tuvo problema en principio, en el reclu- 
tamiento de defensores de la legalidad republicana. Un contin- 
gente asombroso de voluntarios para el frente se presentó, en 
todos ios centros de actividad militar. Hubo incluso problemas 
de descontento y hasta de rebelión pasiva, de los que preten- 
dían marcbar al frente de lucha y los encargados de la orga- 
nización de inilicias, citaremos un caso solamente. 

Fué en Barcelona, en los primeros días de la sublevación. 
En los cuarteles de artillería de la barriada de San Andrés se 
habían concentrado varios centenares de voluntarios para mar- 
char al frente de Aragón. Como en dicho cuartel no se les podía 
armar ni equipar para salir al frente, el responsable de dicho 
cuartel los dirigió al cuartel de Pedralbes que era donde se 
organizaban las columnas para el frente. Una llamada telefónica 
fué todo. cí¿ Cuartel de Pedralbes? Si. ¿Tu eres Ricardo Sanz? 
Si. Ahí te mando 300 voluntarios para el frente. ¿Están arma- 
dos y equipados? No. Pues no los mandes. Aquí lo que nos hace 
falta son armas. No hombres. Mándame cañones, ametralla- 
doras, fusiles, ambulancias, todo eso sí puedes mandarlo. De 
voluntarios hay aquí tantos como queremos. Lo siento pero los 
camiones ya han salido para ésa. Pues has hecho muy mal, 
debías haberme consultado antes. Yo no puedo recibirlos por- 
que aquí no tengo sitio. Arréglate como puedas, yo aquí no 
los podía tener más tiempo. 

Efectivamente los camiones llegaban momentos después 
con los 300 voluntarios a Pedralbes, con la agravante de que, 
Pérez, el responsable del cuartel de artillería de San Andrés, 
antes de salir "les'Tiabía prometido que en Pedralbes se" les" 
armaría y equiparía para salir al frente. 

No se trataba de dejar aquellos hombres en la calle. Una 
vez en Pedralbes formaron una comisión para entrevistarse con 
Ricardo Sanz para formalizar la cuestión de la salida al frente. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



291 



Ricardo Sanz les expuso claramente la cuestión. Les dijo 
que no podía mandarlos al frente sin antes armarlos y eq[ui- 
parlos, cosa que de momento no podía hacer por carecer de 

lo necesario. 

Todos ios Jefes de Columna me telefonean diciéndome lo 
mismo. Que les mande armas y municiones. De hombres tie- 
nen más de los necesarios. Al frente afluyen voluntarios de 
todas partes. Como podéis comprender yo no puedo mandaros 
al frente sin las condiciones necesarias, añadió Ricardo banz. 
Los comisionados estaban convencidos de que lo que les decía 
Sanz era cierto, pero éste para que no quedara la menor duda, 
acompañó él mismo la comisión a los depósitos de armamento 
y de equipamiento para que se convencieran por si mismos. ^ 
A requerimiento de los comisionados, Sanz les dijo que^ el 
no podía comprometerse a señalaries la fecha en que podrían 
salir pues ello dependía de la llegada de material. Asi lo expu- 
sieron los comisionados a los compañeros que esperaban el 
resultado de la gestión, cosa que éstos no admitieron por con- 
siderarse engañados. Se produjo un verdadero motm que obhgo 
a la guardia del cuartel a emplazar una ametralladora .rente 
a los amotinados para intimidarlos y hacerles comprender que 
su conducta era desde todos los puntos de vista irresponsable. 
Y todo ello porque aquellos hombres querían ir al frente 
a luchar contra los fascistas. 

La cosa no pasó de ahí. Dos días después, armados, equi- 
pados debidamente, contentos, cantando, salían del cuartel de 
Pedralbes como lo habían hecho muchos miles de voluntarios 
antes que ellos, hacia el frente de batalla. Eran los tiempos 
heroicos, los tiempos venturosos de la verdad. 

Ese mismo ambiente se respirafaa-en todas par-tes, -En la 
organización de defensa instalada en Capitanía General, García 
Oliver, Secretario responsable de la misma, asesorado por el 
Coronel Sandino del arma de aviación, procedía a la puesta en 
actividad de todos los recursos de combate. Secundado por 



292 



RICARDO SANZ 



.un.^. procedieron rápidamente a la transformación 
E,,gp^,c ^w^ ^ . _^^- ^^^ industria de guerra. 

<1^ ^V"""'-- lo imposible. Nadie ponía inconvenientes a 

dfluct Había que destruir el fascis„.o en el canope de bata- 

,1a paxa luego consolidar la «™1-";^^,^^^ i, ^p,,,,bi. 

T7";a era la única consigna de los üomores ae i i. 

rH.d de los revolucionarios de toda la vida. Desgraciadamente 

ef enttdo i .esponsabüidad, el entusiasmo, la eonvicc.on revo^ 

iTonaria no privaba en todas, partes. Los primeros meses, todo 

T mundo siguió la corriente sin manifestar la menor oposi- 

:L ni ^ontLi-iedad. Todo se desarrollaba dentro de la mas 

"""Fli"Xtntmp.s de espera, sin duda, que aprovecbaron 
los dudosos, los emboscados, para captarse la confianza y a la 
- rrdid^rSrWes ae guerra ^e estac.naban en 

t^:;Sti-;t=n::tSsrdr^^;^|: 

T™Lod la propia y confusa situación general, trabajaban 
de Z su pro^o int-ós de clan. Como en todas las tem- 
p staX natilli y todos los ^-bord—os ^ t^"^ 
Lesistible de falsos valores, de arrivistas. de —rer^s y 
hasta de enemigos de la propia causa, fueron ^^^^^^ ^ 
P^era de obtener un beneficio o la ocasión de traicionar. 
"' Natalmente que existía un comité de j--"?-- -^ 
responsable era AureUo Fernández. Pero a este comité de mv^ 
"ac"n- le estaba, vedado proceder contra los enemigos de la 
Zública. cuando éstos eran respaldados por "'g----? P^^^; 
tiios que vivían dentro de la legalidad republicana que los 

""'"^ErPartido Comunista fué el campeón en recoger y además 
valorizar los residuos de todo lo peor que logro salvarse de la 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



293 



j „,.r,liin Falta de personalidad, 
tempestad en las primeras de ''r^'°-„^^.,y,J^ el Partido 
de arraigo y del propio senUdo de ^-PO-a^^--- ^^^^^ j^ 
Comunista contal de^au^ de v—.^^^ ^^^,_^ ^^^^ 

estratagemas, desde la dadiva, la y 

la amenaza o la eliminación ^«^ ^ J ■=;• i,,eiones que 

Naturalmente que os demás pandos y^^ --Í- ^ ^T 
formaban el Frente Popular no ig peí de 

dimientos empleados por el ^^^^^^^¿¡^'Zlic.u. Española, 
caballo de Troya, dentro de '^/"''f ^" f '¿^^^nes, en bolo- 
No obstante ello había ^-J:^¿",;:l tT a la' República 
causto a la tan cara y condicionada a^ua 

"ntcía Oliver, Hombre de volundad i^."— ^¿/tt" 
del apoyo incondicional de la Organiza-n Obr«a q ^^^^ 
el cuadro a su akededor desde '^ 3-™»! en los frentes ' 
pilcaba sus esfuerzos, para que no faltara na 

de guerra. , ¿ ^^ je la 

Sus :^-f^lZ-\::^;jZ Ur.. compe 
tt~é7e]:ogrrn cada%unto neurálgico de la actividad 

combativa. ferroviarios. Sección 

En comunicaciones tema a lerr„ns.r,n). ^ j 

Norte, Germán Horcajada. A Ramón Vaque en M.Z.A. y 
en todas partes. Secretaría 

Para sincronizar las — f^^f , CW™ es de Aragón 
de Defensa, creó la Inspección General de lo ^^^ 

Lr Írm^^reTprt^:^, tXndo como Utular 

' '^UÍ;X eran dueños d. f^^^^^^^im^ 

lo tanto un P-f- f ^f^t Los t oL de Costa, 
a la desembocadura del Rio ,^'"^°-J: el caso de 

debían estar situados en los sitios estratégicos, p 

una eventual necesidad. 



294 



RICARDO SANZ 



La línea llamada del Cinca debía ser el basiiÓTi a.:..;: :" ' 
estrellaran todas las posibles ofensivas del fascismo en íicr.x.. da. 
Aragón. No debía quedar nada imprevisto de cara a una guerra 
de posiciones más o menos larga. 

En la Secretaría de Defensa de Barcelona no se pensaba 
más que en dos cosas. En el frente de lucha y en ganar la guerra. 
En Madrid ocurría lo propio, Eduardo Val, otro anarco-sindica- 
lista, desde el Comité de Defensa, movía todos los resortes para 
confirmar que Madrid sería la tumba del fascismo. 

Tiempos heroicos aquellos en que los hombres idealistas 
y revolucionarios no pensaban en otra cosa que en la victoria. 
El Comité de Mihcias de Cataluña se disolvió para crear 
el nuevo Gobierno de la GeneraUdad. La G.N.T. fué represen- 
tada en dicho Gobierno por tres Consejeros: Domenech, Fábregas 

y Dionisios. 

Cuando se hace referencia a la colaboración, nosotros 
hemos creído siempre que ésta se estableció el primer día de la 
insurrección militar fascista. 

Claro está que cuando existe algo que parece una imper- 
fección o una fealdad, esta se pretende cubrir con algo que la 
disimule. Colaboración política, colaboración militar, y cordia- 
lidad revolucionaria, todo es colaboración. Cuando se colabora 
con alguien, la palabra ella misma la define, es porque uno solo 
no puede llevar a termino una empresa determinada. 

Si Durruti, en las primeras de cambio, cuando salió con 
su columna de Barcelona, en vez de detenerse a unos kilómetros 
de Zaragoza, por las razones ya expuestas en otro lugar, hubiera 
continuado el avance y con la ayuda de los antifascistas zara- 
-gózanos, se hubiera -apoderado de la capital de Arag(5n^ conti- 
nuando por tierras riojanas y alavesas hasta entrar en contacto 
con los antifascistas vizcaínos, dejando asi a los navarros arrin- 
conados sobre el Bídasoa, la victoria de la guerra en favor de 
la República, le hubiera sonreído a Durruti y a sus hombres, 
va no solamente de todas partes de España sino de todos los 
pueblos libres de la tierra. En dicho caso, Durruti y lo que él 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



295 



representaba no hubieran tenido necesidad de colaborar ni de 
pedir la colaboración de nadie. Como en los buenos momentos 
del asalto al Cuartel de Atarazanas todo el mundo había for- 
mado al lado de Durruti sin detenerse a pensar como este 

^^""'tn el arte de la guerra eso se llama la explotación del 
éxito. El reirán lo dice sin equívoco. ¡Ay de los vencidos! Y noso- 
tros lo sabemos bien por la trágica experiencia. 

Una vez más insistimos, en que no fuimos nosotros los que 
nos lanzamos a la revolución, fueron los fascistas, los revolu- 
cionarios, y nosotros no tuvimos otro remedio que afrontar da 
situación, tal como nos la impusieron nuestros enemigos^ Ellos 
sí que tenían un plan de ataque. Nosotros no lo teníamos. Es mas. 
Nosotros por no tener nada, no teníamos ni un plan de defensa 
lo cual tuvimos que improvisar sobre la marcha. 

A ningún componente del grupo ccNosotros)) se le planteo 
asimismo el problema de colaborar o no con^todos los organismos 
antifascistas después de la insurrección militar. 

Era de sentido común pensar que si por sí solo el movi- 
miento libertario era incapaz de combatir y vencer al fascismo 
en todos ios frentes de lucha, había que mancomunar todos lo. 
esfuerzos para darle la batalla a fondo. A más de eso nosotros 
creíamos, que debíamos ser aliados leales sin reservas de ninguna 
clase, sin intenciones malsanas. La partida en juego era dema- 
siado seria, terriblemente fuerte para pretender triunfar por ei 
engaño Eso les estaba reservado solo a los irresponsables, a ios 
lacayos de Stalin, y a los fascistas emboscados prestos a la trai- 
ción Ese concepto de responsabilidad, esa seriedad en la actuación 
cimentó la confianza y la ponderación en el^ movimiento anarco- 
sindicalista frente ai antifascismo en general. - - - - 

La colaboración en ei Gobierno de la Generalidad de Ca^a- 
luña como en el de Madrid no podía enturbiar la conducta de 
los apohtieos de la C.N:T. puesto que éstos no iban a los cargos 
oficiales con intenciones finalistas, para acomoaarse ^en lo^ 
mismos, sino que por el contrario los aceptaban con espíritu de 



296 



RICARDO SAPJZ 



;->^. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



297 



sacrificio, por razón de las circunstancias anormales y como 
inedio solamente de salir del paso de una situación que la intran- 
sigencia, la irreflexión o el sectarismo podían hacerla catas- 
trófica. 

El mundo entero y sobre todo las democracias, con las 
únicas que la República Española podía confiar en algo, miraban 
a España asustados, Ifenos de pánico, porque no sabían el resul- 
tado final que iban a tomar las cosas. Nadie ignoraba, porque 
nosotros temamos ingenuamente abiertas las fronteras a todo el 
mundo: que a la par que en la zona Republicana se luchaba en 
las trincheras contra el fascismo, en "la retaguardia se hacían 
ensayos de socialización, de colectivización, y en fin se estaba 
edificando una nueva estructura de convivencia social. 

Stalin, más que nadie, que era el único que podía con su 
ayuda efectiva a la República Española hacer inclinar la balanza 
del resultado final de la guerra en favor del proletariado en 
armas, se mantenía en la más cerrada reserva, pues no ignoraba 
que el movimiento social en España no era el mismo de Rusia 
dominado por la llamada dictadura del proletariado, y en caso 
de un triunfo en la guerra y la revolución, España no sería jamás 
un satélite de los hombres del Kremlin, 

De manera calculada, premeditada, todos los que podían 
y debían ayudar a la España Republicana, y en particular Rusia, 
esperaban que ésta se desangrara y se debilitara para, ima vez 
moribunda encadenarla, someterla sin condiciones a la más tre- 
menda de las esclavitudes. 

Stalin, naturalmente estaba bien informado de todo lo que 
ocurría durante la guerra en España y por saberlo no ignoraba 
que muchos de los llamados Consejeros, enviados por Rusia, así 
como no pocos diplomáticos una vez en contacto con el arübíenté, 
y las corrientes renovadas del movimiento social español, se 
hacían flexibles y hasta eran captados por ese ambiente saludable 
del cual ellos estaban tan carentes. Los que estuvimos en relación 
y hasüa cierto punto convivim.os por razones del frente de gueiTa 
con los técnicos o consejeros e intérpretes rusos, sabemos que 



Stalin durante nuestra fC ■- «ncontró ante el problema 
español con dos frentes de I , .iii El primer problema consistía 
en combatir al fascismo hasta ¿u derrota. El segundo era el de la 
resistencia moral del antifascismo a aceptar más que el control, 
la dominación política e ideológica rusa en España. 

Se supone que hubo casos en que Stalin tuvo que tomar 
resoluciones graves, contra sus propios compatriotas enviados a 
España, porque éstos o bien no ejecutaban sus órdenes con la 
rigurosidad que él las determinaba, o porque el resultado concreto 
de sus determinaciones no era el deseado. De ello se ha dicho 
y escrito tanto, que nosotros preferimos no insistir para evitar 
las redundancias. 

Es posible que si los antifascistas españoles en general hubié- 
ramos aceptado la sumisión, la entrega total que Rusia pedía, 
a cambio de una ayuda masiva, como hacía la Alemania Nazi 
y la Italia Fascista en el campo contrario, que la balaníza de la 
guerra se hubiera inclinado en nuestro favor con el retraso 
consiguiente. 

Pero la cosa era clara. Si el antifascismo español había 
cogido las armas para combatir al propio fascismo, no aceptando 
el despotismo ni la dominación del totalitarismo español; natu- 
ralmente no podía resignarse a aceptar la dominación de otro 
totalitarismo, aunque éste se llamara proletario, el cual venía 
del exterior. 

Ya lo hemos afirmado más arriba. La colaboración sin 
reservas con todos los antifascistas como posible tabla de salva- 
ción, sin hipotecar el futuro, en nada ni por nada. Eso, o ir a 
por el todo. 

El problema escabroso de ir a por el todo, sí que se lo habían 
planteado concienzudamente los miembros del grupo «Nosotros»."' 

Si colaborando, cediendo y haciendo concesiones todos los 
días, si manteniendo una conducta ponderada y de responsabi- 
lidad frente a todos los múltiples imponderables, la situación en 
general, no solamente no avanzaba favorablemente, sino que por 
el contrario, las cosas iban en regresión. Si la insensatez de los 



298 



RICARDO SANZ 



irresponsables o enemigos de la nueva situación que no tenían 
nada que perder, multiplicaban sus audacias, liasta sus ataques 
más o menos encubiertos contra ia vanguardia revolucionaria^ 
confundiendo la tolerancia y el sentido de responsabilidad con 
la cobardía. Si un ambiente de asfixia, de insolencia, se abría 
paso, por encima, no ya de los intereses de la propia guerra, sino 
del sentido comiín, motivo por el cual se vislumbraba ya un 
más o menos eventual desastre. Convencidos los bombres del 
grupo «Nosotros» y mucbos que coincidían con ellos, que no 
se produciría el milagro así como muchos militantes de la C.N.T. 
principiando por su Secretario General Mariano Vázquez, seguido 
de una mayoría arrolladora, el grupo «Nosotros)) consideraba 
de manera seria y responsable que se debía ir a por el todo ape- 
chugando con todas las consecuencias. 

¿Cómo ir a por el todo? Sí amigos y compañeros. El' grupo tenía 
su plan a realizar, plan que no expuso jamás a nadie ante la 
posibilidad de que un día hubiera necesidad de ponerlo en 
práctica. 

Su plan consistía en la siguiente operación. Descartada de 
momento la posibilidad de una ofensiva militar, de cara a esta- 
blecer contacto con las fuerzas deJ Norte, por haber sido refor- 
zado el sistema defensivo en ese eje por el enemigo, había que 
estudiar o mejor dicho, había que poner en práctica otro plan. 

Con el tiempo que las colurajias con federales llevaban frente 
a Zaragoza, Huesca y Teruel, los servicios de información peri- 
féricos, es decir en el próximo campo enemigo, habían llegado 
a situar a todas las fuerzas enemigas en todos esos frentes. 

Zaragoza, a causa de la lucha enemiga frente a Madrid,- 
estaba completamente desguarnecida. Solo había una columna 
^^olaníé que se decía, mandaba Solchaga, la cual tenía la misión 
de acudir en caso de urgencia a los sectores de Huesca y Teruel. 

Por los pasos seguros, y en combinación con los antifascistas 
residentes en el campo enemigo, había la posibilidad, con la 
debida discreción, de introducir armas y municiones, así como 
hombres conocedores del terreno para que, en un momento dado, 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



299 



eiií-. i- U: ^Huación fuera propicia dar el asalto a Zaragoza con 
l;oda ]jv:;-:=uiiiuad de éxito para tomarla. 

Cuiabinada con esa primera operación de la toma de Zara- 
goza, en la cual debían intervenir el grueso de las fuerzas confede- 
rales de la parte Norte del Ebro, las fuerzas confederales del Sur 
Ebro, debían hacer movimiento sobre el eje Zaragoza-Madrid 
cuyo objetivo inmediato sin preocuparse de Teruel, debía ser 
Calatayud. A Teruel se le mantendría en el quien vive, solo con 
un simulado ataque frontal sin exponer en principio a los ata- 
cantes. 

En Levante, la columna de hierro, Tierra y Libertad, se 
pondría en actividad para apoyar la acción del grueso de las 
fuerzas que una vez tomada Zaragoza continuarían hacia Cala- 
tayud. 

Misión final del plan. Una vez tomada Calatayud, establecer 
contacto con las propias fuerzas del Centro, las cuales se pon- 
drían en actividad para facilitar la conjunción. 

La guarnición de Teruel, completamente aislada, no hidaiera 
tenido medios de mantenerse, y se hubiera visto obligada a capi^ 
tular. Huesca con todo y quedar respaldada por la parte Norte 
por las fuerzas fascistas, su situación hubiera resultado muy 
precaria. 

No se fué a por el todo, por prevalecer el criterio de la 
mayoría, una mayoría, esta vez muy discutible, ante lo delicado 
del' problema y ante la imposibilidad de consultar en debida 
forma a la base, y se continuó colaborando. Se continuó ^cola- 
borando con toda lealtad, como siempre, pero cada vez más en 
precario, más en plan de pariente pobre. Sí, porque a pesar de 
pagar la ayuda recibida por la República- en -lingot-es -de H>r-o-^ a 
precio de guerra, es decir sobrecargado, aun había que ser reve- 
rentes con los mercaderes y humildes con sus lacayos. A medida 
que transcurría el tiempo, como si ello fuera una fatalidad, el 
interés de ganar la guerra avivando los frentes, tomando la 
iniciativa, citando al enemigo el mejor estadio para poderlo 



300 



RICARDO SANZ 



vencer y destruir, ai'^ f;or el contrario este^ el que llevaba la 
iniciativa y la vciiLr.ja en la contienda. 

La políüca, siempre la baja política sobre el tapete. El resto, 
lo más iniportante no interesaba al parecer. Parecía que en las 
alturas babía interés en prolongar la sangría, en agotar las 
fuerzas, en debilitar las energías y la resistencia. Se constituían 
comités para luego disolverlos, se nombraban comisiones, que 
no llegaban a actuar. Nuevos organismos inútiles, nuevos engra- 
najes sin acoplar. Todo ello para dar satisfacción a los recomen- 
dados y a los aprovecbados, y hasta ciertas aves de rapiña, se les 
emboscaba. Mientras tanto el enemigo, que no discutía, que 
estaba resuelto a ganar su revolución, con menos medios y posi- 
bilidades que la República, cada día un poco, iba ganando posi- 
ciones y consolidándolas en perjuicio del antifascismo. No bas- 
taba en el campo republicano aquella profusión de propaganda 
interior, de periódicos, revistas, carteles y espectáculos públicos, 
para demostrar, para convencernos a nosotros misnios que eram.os 
los más valientes, los mas buenos y los más justos. Be ello todos 
estábamos convencidos, pero debíamos demostrarlo sobre la mar- 
cha, no en retaguardia con desfiles a veces ridículos, con mani- 
festaciones desprovistas de sentido práctico sobre todo útil. 

Y mientras que en política continuaban las querellas, las 
zancadillas y las ambiciones del «Clan)) en los Sindicatos Obreros, 
en las colectividades, en todos los centros de producción, pasados 
los primeros mom.entos, en que todo el mundo abandonó el tra- 
bajo para marchar voluntario a combatir al fascismo. Una vez 
reestablecida la calma, estabilizados les frentes de guerra, los 
trabajos orientados por la militancia consciente, no les fué difícil 
- comprender— que el -frente ^lo-existía -solamente en. las. trincheras, 
en el campo de batalla. 

El frente existía en todas partes. En la fábrica, en el taller, 
en las colectividades campesinas, en la mina y en fin en todos 
ios centros de producción. Había que alimentar a los frentes de 
guerra con todo lo necesario. Eso no se podría conseguir sin im 
esfuerzo interrumpido de la retaguardia. Los obreros no afec- 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



301. 



tados por la movilización voluntaria del frente se remtegraron 
:t Ls de trabajo. El aparato de la P-d--"-J ^^ = 
al principio, de una manera acelerada a ^!^^^^^^¡^^ 
en plena actividad, al efecto de conseguir el maxnno 

"'" Fué en el traba]o donde se estableció la verdadera y sana 
colaboración, de compaíiero a compaúero de ^^ ¡^^^ 

traban en dificultad, se buscaban y -Pf f ^""al "la 
naturales, en vistas . la aportación y a la *«-« / ¿"^"^ 
boración. La clase trabajadora manual e ^'-1;'= "" 
hablando había encontrado en la Organizaron S-d-l J^C^^ 
tivlsta su verdadera orientación hacia una verdadera transtorma 
ci^n social. Los técnicos y hasta muchos de los antiguos pairónos 
pusTeron al servicio incondicional de la nueva orxentacton de 
C: de la produccién y en general fueron -^osj^^^ 
y leales auxiliares en la buena marcha económica de lod.s 

^"ttLr'Ír como en los sitios de trabajo reinaba la 
armonía, el desinterés, la tolerancia y la camaradería^ No es de 
e.Lñar si se tiene en cuenta ,„e en los ^^^/''^f^Zs^ 

existían los partidos pclítio. y ^f ^^^ 1 a^ ^ "te; 

Precisamente por ser asi, por e^tar esa áLu± 

poderosa como el «arma atómica», los S-''^-'-' ^Xlia 
la CNT y de la U.G.T. cada uno en su zona de influencia, 

ello Constituía el punto negro para 1- -<l°~'f "^j-^^S^" 
en el £ur<.ón de cola del último tren, digámoslo claro, del Partido 
Comunista, cuya eonstante preocupación no era otra que la de 
destruí- el Sindicalismo ¿instructivo e independiente que, desde 
hacía más de medio siglo se había dado a los españoles para 



302 



RICARDO SANZ 



f^loria y galardón de un pasado que se afirmaba y procuraba 
nt' lanzarse en la liltima etapa de su larga existencia. 

Si bien fué cierto que en el pasado, en algunas circunstan- 
cias los hombres de la U.G.T, y de la C.N.T. se querellaron por 
razones, más que fundamentales, interpretativas, en la actuación 
sindical, durante la guerra por el contrario, conscientes unos y 
otros de la responsabilidad que los momentos exigían estuvieron 
siempre en excelente relación y la colaboración fué recíproca 
V cordial. 

Los unos y los otros sabían .el volumen de los intereses en 
juego. La partida empeñada era dura y difícil y había que 
ponerlo todo, absolutamente todo en juego para ganarla. 

Ambas organizaciones establecieron relaciones cordiales que 
les permitió en todas las circunstancias actuar de común acuerdo. 
Ei pasado no podía enturbiar el presente ni mucho menos com- 
prometer el futuro. La U.H.P. de Asturias (Unión de Hermanos 
Proletarios) que llevó a la revolución y a la muerte, entrelazados 
a los hombres de la C.N.T. y de la U.G.T. en las jornadas memo- 
rables de Octuire de 1934, era la divisa, el estandarte bajo 
c;uyos pliegues latían una vez más los corazones de todo el prole- 
tariado consciente español, encuadrado en las dos únicas cen- 
f rales sindicales nacionales: U.G.T. y C.N.T. Eso, tan humano 
por ser proletario, tan lógico por ser racional, y tan positivo por 
brotar de la misma entraña del dolor colectivo, era lo que no 
comprendían los intrusos los que llegaban de fuera con las alforjas 
(largadas de consignas y de prejuicios. 

Y por no comprenderlo, no lo comprendían ni los propios 
políticos de la República, que jamás se plantearon el problema 
.-seriamente de la evolución y la toma de conciencia de sí mismo 
(iei proletariado español. 

fíabían transcurrido ya 20 años desde la Revolución Rusa 
a !a subversión española. Pretender los rusos emplear en España 
los mismos métodos que habían empleado en Rusia para el 
liiunfo de su revolución, sin tener en cuenta el tiempo trans- 
currido ni las distintas características que, por temperamento 



EL SINDICALÍSMO Y LA POLÍTICA 



303 



racial y circunstancial ofrecía el caso español, era una locura. 
Era mucho más absurdo aún pretender implantar en España 
la dictadura del proletariado, un país como ei español, que 
jamás en su conjunto fué susceptible de soportar sin protesta, sin 
lucha, sin sangre, ninguna dictadura de carácter español. 

Como queda dicho en otro lugar, en 1922, la C.N.T. de 
España que pertenecía entonces a la III Internacional Sindical 
Roja, de obediencia comunista, residente en Rusia, se dio ^ de 
baja de dicha internacional por incompatibilidad ideológica. 
Desde entonces a 1931, que fué el advenimiento de la República 
a pesar de los esfuerzos realizados por Rusia en esos^ 11 años, 
el Partido Comunista no avanzó un solo paso en España. En ese 
sentido pues, no se podía especular con el caso español con posi- 
bilidades de éxito aún a pesar de las circunstancias especiales en 
que se desenvolvía el pueblo anti-fascista. 

Las colectividades campesinas de Aragón, Cataluña, Levante 
y otras muchas; más que ensayos esporádicos, fueron preciosas 
realizaciones de carácter social aún no superadas después de un 
cuarto de siglo en ninguna parte. 

Los frentes de guerra estaban bien aprovisionados por dichas 
colectividades así como por los centros industriales que rivali- 
zaban en sus esfuerzos para que nada faltara en las trincheras. 
Era la nueva Sociedad en marcha. La Sociedad del Trabajo, y del 
respeto mutuo, dentro de la libertad individual y colectiva. 

Solo faltaban armas y municiones, medios de transporte, 
gasolina, aviación, mucha aviación, para combatir y destruir al 

fascismo. 

Stalin estaba convencido de que Rusia era la llameada a ser 
en un tiempo más o mxnos breve, el arbitro en el conflicto de 
la guerra civil española. Los acontecimientos en el plan, interna- 
cional se complicaban cada-día niás,-y las llamadas -democracias, 
desmoralizadas perdían el control y la confianza en todas partes. 
Hitler, cual caballo de Atila, desbocado, daba saltos de uno 
a otro vedado, rompiendo per todas partes el equilibrio interna- 
cional. La audacia nazi-fascista había acobardado de tal manera 



;04 



RICARDO SANZ 



., .jt.; eventuales opositores, que éstos se replegaban cada vez más 
es. v-usíciones que no estahan resueltos a defender. 

Los repetidos golpes de audacia nazis, eran encajados por 
l&ü víctimas como hechos fatales, sin apelación. Tal era la degra- 
dación y la irresponsabilidad de decisión de los que, como amigos 
o a'Iiados tenían el deber, la obligación, de detener a tiempo a 
los jinetes de la apocalipsis, antes de que fuera tarde, de con- 
cesión en concesión, se llegó a la vergüenza de Munich y allí 
pudo comprobar ei enemigo que no había nada que temer y que 
tenía la vía libre para continuar impunemente arrollándolo todo 
a su paso. 

Rusia también estaba implícita en ese peligroso juego de 
ajedrez aún a pesar de que procuraba mantener aparentemente 
cierta distancia. 

El caso español, que en esa coyuntura parecía no tener 
internacionalmente ninguna importancia, era el primer episodio 
de la gran tragedia mundial que se preparaba. 

Las democracias históricas dejaron abandonada a la Repú- 
blica Española pensando que con ello evitarían lo peor, es decir 
una intervención abierta de la Alemania de Hitler contra los 
posibles aliados de la Democracia Española. Fué sin duda alguna 
esa, una de las más importantes concesiones hechas al fascismo 
internacional, el cual, dirigido por Hitler, creyó la hora llegada 
de ir al asalto definitivo del llamado mundo libre. 

No se había equivocado Stalin. La España Republicana con- 
denada por sus posibles aliados a desaparecer en manos del fas- 
cismo, no tenía otra salida que la de entregarse sin condiciones 
en brazos de Rusia, buscando así una posible puerta de salida 
a su dramática situación. 

Las cosas tanto en el frente como en la retaguardia repu- 
blicana, iban de mal en peor, a medida que transcurría el 
tiempo, Stalin arbitraba la partida en juego, caprichosamente, 
sin tener para nada en cuenta los intereses del antifascismo 

español. 



EL SINDICALISMO Y la POLÍTICA 



305 



Si bien la ayuda rusa en armas y rn.s*i 'ilíones continuaba de 
manera muy dosificada, a más de o ■ * ^- .>r parte del arma- 

mento que servía Rusia, ésta por n:::,. fíói,. de sus técnicos y 
consejeros condicionaban su entrega y jnanejo a las nuevas for- 
maciones que se iban organizando o ya organizadas con los cua- 
dros de mandos adictos al partido comunista. 

Las unidades no controladas por los incondicionales del Sta- 
lin ismo, vivían condenadas a una existencia casi de inmovilidad 
completa por falta de elementos de ataque, que por regla general 
los que iban llegando no iban directamente al frente sino a los 
centros de clasificación política creados por los servidores del 
partido comunista. 

La política del partido comunista en el plano gubernamental 
más que incierta era sectarista y catastrófica. Como era dirigida 
por los rusos, cuya mentalidad no se acoplaba al carácter español, 
eso hacía que la intriga y a más de eso, la inestabilidad de sus 
representantes impidiera todo posible entendimiento. 

Como los comunistas españoles no tenían iniciativa propia 
estando obligados a cumplir diariamente las consignas que se 
recibían de Moscú, ello hacía que lo que se acordaba un día, 
se negara al día siguiente. La tela de Pénelo pe estaba permanen- 
temente sobre el tapete. El tejer y destejer era la norma, la regla 
de tres del partido comunista. 

Mientras que el antifascismo español iba perdiendo posi- 
ciones en el frente. Mientras que los mejores hijos del pueblo 
pagaban con stis vidas la dura contribución de una libertad 
amenazada, el partido comunista con su audacia y su carencia 
de responsabilidad ganaba día tras día nuevas posiciones en 
retaguardia, porque la gravedad de las circunstancias aconse- 
jaban prudencia y moderación a los que tenían un _ sagrado 
concepto de la responsabilidad evitando a toda costa el mal 
inayor. ante la constante provocación. 

Las jornadas de mayo de 1937 provocadas por ciertos 
elementos incondicionales del partido comunista, fué más que 
ima insensatez, una locura. Tener la pretensión de dominar 



20 



306 



RICARDO SANZ 



el anarco-sindicalismo en su propia cuna, cosa anc ;\i;; lo había 
logrado nadie, hasta entonces, era una alierjacii'--. 

Una vez más los anarco-sindicahstas diei-ori v-ruebas a más 
de serenidad y sangre fría, de una convicción y una seguridad 
de su valor moral que jamás fué desmentida en su largo his- 
toria] de lucha revolucionaria. 

Dominar a la C.N.T. en Barcelona podía ser solo el sueño 
de unos locos. Por eso la Confederación no se molestó ni a 
responder a la provocación. 

El cese el fuego de García Oliver, entonces Ministro de 
Justicia de la República no iba dirigido a los provocadores, a 
los cuales no tenía por qué temer. Iba dirigido a sus propios 
compañeros, a los hombres de la C.N.T. y de la F.ÁJ. porque 
los conocía bien y por conocerlos sabía que si estos se lanzaban 
a la calle, en unos momentos, en unas horas liquidarían *la 
cuenta. 

García Oliver sabía más que los que se habían lanzado a la 
aventura. Sabía que en los cuarteles de los Dootis en la ave- 
nida de Icaria, en la barriada del Pueblo Nuevo se encon- 
traban esperando su salida para el frente de Aragón, las fuerzas 
de la columna Durruti, que procedentes del frente de Madrid 
se dirigían a Bujaraloz, Al mando de dichas fuerzas bien arma- 
das y bien aguerridas iba Ricardo Sanz. 

Excusa decir lo que hubiera ocurrido si Ricardo Sanz, 
al frente de sus hombres se hubiera desplegado en orden de 
combate contra los aprendices a la revolución en las calles de 
Barcelona. También se intentó destruir manu niilitari las colec- 
tividades campesinas de Aragón. Todo porque eran obras crea- 
das por la C.N.T. Muchos de los voluntarios enrolados en las 
-Columnas confederales- eran campesinos __aragoneses, dichos cam- 
pesinos, cenetistas en los largos períodos de calma en el frente, 
se dedicaban a ayudar a las colectividades, aportando, no sola- 
mente su ayuda personal sino también la ayuda mecánica, 
como eran, tractores, camiones y otros útiles efectivos. 

En cambio las colectividades campesinas, ponían a la 
disposición de 3 as columnas todo lo que éstas necesitaban para 



EL SINDICALISMO Y .LA POLÍTICA 



307 



abastecer su Intendencia. Lo sobrante, que no era poco, tanto 
de cereales como de ganado etc., era entregado a Intendencia 
General sin otro interés que algún que otro intercambio de 
productos necesarios en la campiña. Tampoco esa obra creadora 
magnífica fué una cosa respetable para que los que eran inca- 
paces de crear otra cosa que la discordia y el cisma. 

• Se disolvió el Consejo de Aragón, porque éste era obra 
de la C.N.T. y en su lugar se nombró un Gobernador delegado, 
un instrumento del partido comunista llamado Mantecón, un 
hijo de papá, que a pesar de la etiqueta republicana de que 
estaba investido no era otra cosa que un redomado fascista. Una 
de esas aves de rapiña de que ya hemos hablado, que se embos- 
caron en la República para mejor traicionar al proletariado. 

Fueron importadas de Rusia, las instituciones llamadas 
Comisariado Político y Servicio de Información MiHtar (S.I.M.). 
El Comisariado Pohtico en las unidades militares no co- 
munistas no tenía apenas ninguna misión aparte de ocuparse 
en lo posible de las cuestiones más o menos domésticas de 
los combatientes. 

Por el contrario el Comisariado Político en las Unidades 
MíJitares Comunistas, o en vía de comunizar, era la institu- 
ción clave del partido. Los activistas, los fanáticos, los sectarios 
servidores incondicionales, ejecutores ciegos de todas las con- 
signas del partido comunista estaban enrolados en el Comisa- 
riado Político, con cargos y categorías equivalentes a los mandos 
militares. El Comisariado Político era el instrumento clave del 
partido comunista. El S.I.M. era una cosa parecida, si bien 
por ser una institución sem i-secreta era mucho más peligrosa. 
El Servicio de Investigación Militar cometió mucho.s he- 
chos verdaderamente vandáhcos al ampaiiq_ de la impunidad 
que le daba el Partido Comunista. 

Cuando se trataba de personas encausadas fuera o no fuera 
comprobada la certeza de los hechos, que uo pertenecieran a 
un partido político o a una organización sindical, que les ava- 
lara y respaldara, todo eí peso de la injusticia, cuando no del 
sadismo, caía sobre las víctimas. Donde se aplicaba con todo 



308 



RICARDO SANZ 



el rigor inimaginable, la fría venganza, era cuando se trataba 
de auténticos marxistas que no aceptaban la disciplina ni las 
consignas del partido oficial, manteniendo una posición de 
oposición j por tanto considerada por el partido como rebel- 
día a sus dictados inapelables. 

Citaremos sobre el caso ocurrido en la 29 División. Esa 
División era mandada por Rovira y Jordi Arques, Jefe y Comi- 
sario de la misma. El conjunto de los mandos de la misma 
así como el Jefe y Comisario pertenecían al Partido Comunista 
de inspiración catalanista, llamada Bloc Obrero y Campesino 
o dicho de otra forma Partido Obrero de Unificación Marxista 
(P.O.U.M.). 

Cuando el Partido Comunista oficial se creyó suficiente- 
m,ente fuerte para atacar con éxito al P.O.U.M. que en Cata- 
luña era la única fuerza comunista efectiva, buscó el pretexto, 
todos los pretextos inimaginables para que fuera disuelta la 
29 División y fueran encarcelados el Jefe y el Comisario de la 
misma y dispersados todos sus mandos y efectivos. 

A continuación podríamos relatar por conocerlo con todo 
detalle- infinidad de casos individuales y colectivos cuya con- 
dena pronunciamos ya en su dia de víctimas inocentes cuyo 
delito consistía solamente en no querer aceptar el carnet del 
Partido Comunista. También se usó a profusión el reverso de la 
medalla. Es decir la persuación y la adulación. La dádiva fué 
el arma contundente del partido. Verdaderas nulidades, gente 
dudosa, ambiciosos y ególatras que jama? hubiera ti sido nada 
en ninguna parte a cambio de coger el carnet del Partido Co- 
munista, se les veía de la noche a la mañana ocupando cargos 
y luciendo entorchados que no se merecían y que no habían 
ganado en ninguna batalla. Como el Partido Comunista pro- 
metía el cuento de la fábula y no tenía río donde construirlo, 
tuyo que recurrir a recoger todas las aguas turbias para formar 
el río aue no era precisamente el río gemelo del Jordán. 

En ese plan de barrer hacia dentro, los comunistas se mos- 
traron más que audaces, ridículos- En un momento detenni- 



SÍNDICALISMO Y LA POLÍTICA 



309 



nado proteo o i ;; conquistar la confianza o quizas la adhesión 
de Largo Cib^iU-r: cuando éste era Presidente del Consejo de 
Ministros y iVÍi^iíriíTO de la Guerra. En su prensa, en la tribuna, 
y por todos los inedios de propaganda dirigida, se emprendió 
una orquestada campaña de elogios en favor de Largo Caba- 
llero llegando a afirmar con toda seriedad del caso que Largo 
Caballero era sin duda alguna el L^nín Español. 

Por nuestra parte se había convenido y acordado que 
debíamos colaborar sin condiciones, naturalmente nuestra mi- 
sión era concreta. Primero en el Gobierno de la Generalidad 
y a continuación en el Gobierno de la República. No había el 
por qué hacer caballo de batalla sobre si debían ser cuatro o 
cinco los Ministros del Movimiento Libertario en el Gobierno. 
Se trataba solamente de colaborar en las Instituciones Republi- 
canas de cara a demostrar al mundo entero la unificación del 
antifascismo español y la firme voluntad de ganar la- guerra. 

«Renunciamos a todo menos a la victoria», se había dicho. 
Había pues que hacer honor a la palabra. 

Si estábamos representados o llamados a ello, en todas las 
actividades legales de la vida pública, había que cumplir con 
nuestro deber en todas partes. Se acordó y decretó la milita- 
rización de las milicias, primero, a continuación la moviliza- 
ción de las quintas, la participación en los cuerpos armados 
en el caal estaban comprendidos los cuadros de mando, el Comi- 
sariado, el S.IJVl., Cuerpos de Policía y Seguridad y en fin todo 
el aparato. 

Al principio de nuestra guerra se quiso presentar a nues- 
tro movimiento precisamente por quienes no lo conocían en rea- 
_lir(ad como, un conglomerado de gente, indisciplinada. La reali- 
dad demostró todo lo contrario. El sentido de responsabilidad, 
]a tolerancia, el respeto y la lealtad fué en todos los momentos 
nuestra única divisa. Fué quizás sin duda alguna el por qué 
se agruparon en torno a nosotros muchas personas que aún 
sin haber jamás convivido con nosotros consideraban que de cara 
al porvenir, nuestro movimiento era una seria garantía. 



310 



RICARDO SA^íZ 



Lástima para todos crue el destvaiyce final de las cosas, 
fué desastroso, aún a pesar 'de Ir. bu--- voluntad y el desinterés 
de haber renunciado a todo. 

Fué demasiado tarde cuando ios antifascistas españoles se 
dieron exacla cuenta que el problema español se ventilaba en 
las trincheras. So puede asegurar que si todo el antifascismo- 
español se hubiera interesado debidamente por el problenia de 
la guerra, si cada uno sobre todo de los políticos españoles, 
hubieran vivido la realidad del problema español ya desde el 
principio, la guerra hubiera tenido otro desenlace. - 

Mientras se hacía la guerra se jugaba a la política. No a la 
política de guerra, para ganar la guerra, a la política de la eli- 
minación del menosprecio, muchas veces de los colaboradores 
y de los interesados en ganar la guerra. -Nuestro movimiento, 
el movimiento libertario, lo hizo todo, absolutamente todo, para 
ganar la guerra. Renunció a todo, absolutamente a todo. Fué así 
porque mejor que nadie, sabíamos a lo que estábamos expues- 
tos. Solo nos queda la satisfacción del deber cumplido. 

A medida que los frentes se derrumbaban, uno tras otro, 
después de haber sido dejados de lado, mejor dicho abando- 
nados por las llamadas democracias. Á ínedida que Rusia espe- 
culaba con el antiíascismo español por ser la única potencia 
que se mantenía en plan de amistad y de defensora de la PLcpú- 
biica Española, las posibilidades no ya de la revolución, sino 
de la independencia de España, como nación soberana desa- 
parecían. 

La política y la seguridad internacional se habían com- 
plicado a tal extremo que no eran pocas las personas que en 
la zona republicana llegaron a abrigar la esperanza que una 
posible" inraédiála" "declaración de guerra" en- la -Europa Central 
viniera a trastocar todo el sistema en la guerra civil española. 

Desgraciadamente no fué así, Stalin que tenía en sus 
manos las llaves de la puerta de salida que buscaba Hitler para 
lanzarse a la loca aventura, la misma guerra de España que 
permitía a Alemania y a Rusia el ensayo práctico de su arma- 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



311 



mentó moderno, retrasaron la segunda conflagración mundial 
algún tiempo. 

Los españoles, unos y otros, fascistas y antifascistas, fui- 
mos sometidos todos a la condición de conejos de Indias. En 
España se hicieron toda clase de , ensayos y experimentos con 
vistas a la guerra que iba a estallar, que todo el mundo llamado 
demócrata temía y por temor, por cobardía de no cortar a 
tiempo, haciendo la del avestruz, estalló, 

Stalin mandaba a España, solo el armamento imprescindi- 
ble para alargar la guerra. El interés del antifascismo español 
no contaba para nada. Solo contaba en sus cálculos que ^iban 
mucho más allá que la guerra de España. Por eso las consignas 
eran contradictorias. Los domésticos de Stalin encuadrados en 
el Partido Comunista de España no tenían más que obedecer, 
tanto si comprendían como no, lo que les mandaban sus amos 
y señores, desde fuera de España. Las órdenes eran órdenes j 
por tanto no había que discutirlas. Los comunistas de España 
no hicieron nada para ganar la guerra, pero hicieron mucho 
para perderla. El Partido Comunista en España no tenía fun- 
damento alguno. Era una mercancía de importación, un reciu- 
tamiento de aventureros. 

Stalin sabía todo eso, y por saberlo sabía que España aun 
obligada por la fuerza de las circunstancias a caer dentro de^ la 
órbita comunista totalitaria, jamás sería un satélite seguro. Quien 
apenas sabía nada de todo eso éramos los españoles, incluso 
los españoles que conocíamos de mucho tiempo, lo que quena 
decir dictadura del proletariado, cosa que jamás los españoles 
con personalidad propia aceptaron. 

Si en conclusión España, la España antifascista era una 
cosa perdida," para la" Rusia Colonialista, ésta no tenía -por que 
esforzarse en salvar el antifascismo español am^enazando de 
muerte por sus enemigos. 

La diplomacia rusa estaba en excelentes relaciones^ en 
1938 con la diplomacia alemana, partiendo de este prmcipio, 



312 



RICARDO SANZ 



había que esperarlo todo, todo lo malo naturalmente, para el 

antifascismo español y para la democracia internacional. 

Era tanta nuestra preocupación por nuestro propio pro- 
blema y tan grande nuestra ignorancia de lo que se tramaba en 
secreto en ciertas cancillerías que ello hacía que una espesa 
cortina de humo nublara nuestro entendimiento, no dejándonos 
espacio para ver claramente que íbamos precipitadamente de 
cara al abismo. 

Así y solo así, se podía explicar nuestra ingenua pero hon- 
rada conducta en la tragedia de nuestro pueblo mártir. 

Fué sin duda alguna mejor que fuera así, siempre ocurre 
igual en casos parecidos. El más afectado directamente en un 
grave problema es por regla general el último en darse exacta 
cuenta de ello. Tenía que llegar y llegó el desenlace fatal. 

El antifascismo español había sido condenado por todos y 
por tanto debía estar preparado para subir al cadalso. Por todos, 
incluso por la llamada patria del proletariado. 

El balance no había podido ser más desastroso. Centenares 
de miles de muertos, toda España destrozada, centenares de 
miles de españoles a las puertas de las fronteras j un porvenir 
sombrío, muy sombrío, para los que sobrevivieran a la gran tra- 
gedia . 

Iba a bajarse el telón del primer acto del gran drama q;ue 
la historia registraría en páginas de sangre. 

Lo demás todo ha sido ya escrito a profusión. Sola- 
mente seis meses después empezaba la segunda parte. El entre- 
acto había sido corto. El tratado germano-ruso de 1939 hizo 
posible y efectiva la agresión de la Alemania hitleriana contra 
la Polonia. 

. . El sacrificio del Antifascismo Español no había servido más 
que para avivar la hoguera de las discordias y de las ambiciones. 
Todos, absolutamente todos, los complicados en el sacrificio de 
la España mártir fueron responsables de su propio castigo, de 
su propia den-ota, pues hablar de victoria sobre una enorme 
pirámide de muertos y de ruinas nos parece ridículo. 



CAPITULO XV 



Hay alguien que ha dicho que Franco no es un español. 

Compeneti'ados con esa idea, la cual compartimos a parte 
entera, desarrollaremos el tema para demostrar que Franco no 
es un español. Decir que Franco no es español no quiere 
decir que no sea hijo de españoles, ni que no haya nacido en 
España. La mayor desgracia que pudo caer sobre España^ no 
fué el hecho concreto de que los militares se sublevaran el 18 de 
julio de 1936 contra los españoles, ' puesto que la sublevación 
de los militares españoles, como ya hemos afirmado varias veces 
fué permanente en España. Eso con ser una desgracia más, 
no fué la mayor. 

La mayor desgracia fué que Franco quedara ya desde el 
principio de la sublevación, como Jefe indiscutible, como Cau- 
dillo. Muerto Sanjurjo a las primeras de cambio, el rebelde, 
por derecho propio contra la República. Desaparecido a conti- 
nuación Mola, considerado por la jerarquía militar como el poH- 
tico del Ejército. Franco encontró la vía libre para imponerse, 
si ello era necesario, pues Millán Astray era un guiñapo humano 
cargado de extravagancias y no intentaría siquiera hacerle 
sombra. En el terreno político no había ningún hombre que 
pudiera disputarle a Franco el derecho de continuidad una vez 
terminada la guerra, pues Calvo Sotelo había sido eliminado de 
la escena política por mediación de un- atentado-perpetrado, dicen 
por los amigos del Teniente Castillo, de los Guardias de Asalto, 
que había sido asesinado por los elementos de Falange días antes. 
En cuanto al Jefe de Falange José Antonio Primo de Rivera 
que podía rivalizar con Franco en el plano político, éste se 
encontraba preso en Alicante por el Gobierno RepubUcano 



314 



RICARDO SAN2 



que ie juzgó y ejecutó en el curso del año 1937, siendo entonces 
Ministví! d-- J^-^íicia Juan García Oliver. 

PucKtd T: ídiininar obstáculos, Franco eliminó sin contem- 
placiones a los que él consideraba no adictos y seguidores de 
sus turbios designios. No se detuvo ni ante los de su propia 
casta, ¡a casta militar. Entre los muchos fusilados de categoría 
figuraban el General Batet y otros muchos. Haciendo honor a 
la máxima jesuítica de que el fin justifica los medios, Franco 
empleó todos los medios, hasta los más monstruosos, para Uegar 
al fm, que no era otro, que el de someter al pueblo español 
ala condición de esclavo. Falto de ambiente popular, Franco 
se apojó en el clero y el gran capitalismo internacional, de 
los cuales obtuvo la adhesión incondicional desde el primer mo- 
mento. 

El nazi-fascismo, condensado en el llamado eje Berlín- 
Roma-Tokio, se había comprometido con el fascismo español 
a aportar todos los medios necesarios a los sublevados, sin los 
cuales la partida la tenían de antemano perdida los militares 
traidores a su propia patria. 

Rodeado de sus incondicionales, entre los que figuraba toda 
la escoria africana, entre ellos Milián Ástray, Várela. Yagüe 
García Vahño, Muñoz Grandes, Solchaga y oíros, incluso pres- 
cmdiendo de la llamada Junta de Burgos, esa <rcuadrilla de Rife- 
nos» que queda anotada, que en Marruecos, en Anual, Barranco 
de Lobo, Xahuen y en fin por todo fueron cazados como cone- 
JOS por los cabiieños de Ab-el-Krim, se pusieron fácilmente de 
acuerdo_ para combatir no importaba por qué procedimientos, 
a ios ciudadanos españoles que habían cogido las armas para 
defender los derechos de ciudadanía. Y Franco fué aceptado 
como Jefe indiscutible de la banda. 

-^- -lí^ált^de-ambiente y de recursos en la península, Franco que' 
dicese catohco, no tuvo ningún escrúpulo en traer a España 
a combatir a los españoles, un gran contingente de moros. Las 
primeras fuerzas moras, rífenos bien aguerridos, enemigos ances- 
trales de los españoles fueron transportados de 4frica a Espa 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



315 



na por vía aérea. Los aparatos que los trans|>'-.-ia)- t eran ale- 
rnanes. 

Concretamente Franco hacía la guerra r. tos Españoles, 
desde el principio, con fuerzas y material de combate extranjero! 
A más de eso esas fuerzas mercenarias rifen as, habían recibido 
órdenes y a la par carta blanca. Había que combatir y vencer 
a toda costa. La carta blanca consistía en no respetar nada en 
el avance en terreno enemigo. Todo, absolutamente todo, estaba 
permitido: el asesinato, la violación, el robo, el incendio. En 
fm, todo. Las órdenes eran dadas personalmente por Franco. En 
esas condiciones las cosas, los moros hacían en España, con 
los españoles, gracias a las órdenes que recibían por los que se 
reclamaban el título de tales, lo que ya habían hecho tantas 
reces en África con los soldados españoles y cuyos relatos y 
descripciones indignaron en otra época a todos los españoles. 

La aviación alemana e italiana tenía por misión 'principal, 
bombardear la retaguardia republicana. Rara vez ni los ale- 
manes ni los italianos se dedicaron a bombardear las líneas 
de fuego republicanas cuando éstas estaban protegidas por la 

Ramón Franco, hermano del Caudillo que por circunstan- 
cias aun no conocidas, se encontró en la zona fascista, después 
de la sublevación militar, fué destinado, como simple comba- 
tiente a la base aérea de Baleares. Se le asignó la m.isión de 
bom.bardear Barcelona que como es .sabido no era frente de 



guerra 



Nosotros que conocíamos personalmente a Ramón Franco, 
sabemos que éste no era fascista y sabemos más, sabemos quj 
no era amigo de.su hermano. 

Todo el mundo sabe que Ramón Franco murió en un vuelo 
en misión de bombardeo a Barcelona. Pero el caso fué que el 
día que Ramón Franco cayó al mar con el avión que pilotaba 
el mismo, ese día Ramón -no llegó a Barcelona, y por tanto no 
fué derribado por la DCA. ¿Qué pasó? Nadie lo sabe. Es decir, 
nadie nc. Seguramente su hermano sí que lo sabe. 



316 



RICARDO SAN2 



Desde antes de ia sublevación los rebeldes y Franoo eu pa» 



ticular, fueron asistidos sin condiciones por la Iglesia. 



TT1 r 



j.ertt 



todo, salvo las contadas excepciones, estuvo en todos Iq¿ ja;j 
mentes al lado de los fascistas, sin detenerse un solo momento 
a pensar si éstos tenían o no razón en su destructora empresa. 
Es más. Infinidad de sacerdotes empuñaron las armas al lado de 
los fascistas contra el pueblo. Franco mendigó y aceptó la ayuda 
extranjera sin condiciones. No le fué difícil hipotecar o vender 
una^ España que no era suya. Así se explica que las unidades 
militares reculares, alemanas e italianas, entraran en España 
como en país conquistado. 

Fué en la zona fascista de España donde por vez primera 
se levantó el espantajo del coco comunista. Ese espantajo que 
hoy en 1966 pone la carne de gaUina al capitalismo imperialista 
mundial, dispuesto a vaciar sus cajas de caudales en manos de 
no miporta quien para asegurar sus privilegios en peligro. 

Franco, primer charlatán de feria, que presentó la droga 
anticomunista en el mercado internacional, fué generosamente 
recompensado por todos los tartufos de la corte celestial lleván- 
dolo del patíbulo de los criminales de guerra ai pináculo de la 
salvación ^ de toda una caterva de aspirantes al empleo de la 
bomba atómica. 

Si la guerra entre naciones, entre razas distintas es desde 
todos los puntos de vista, condenable, la guerra en famiUa en el 
seno de la propia nación no sería comprensible, sin ver en la 
misma un signo de aberración mental. 

La guerra de España fué eso, un exceso de aberración 
mental. Son los privilegiados los que se levantaron en armas 
contra el avance social, genuina representación de ios misera- 
bles, de los analfabetos, de los hambrientos .de pan y libertad. 
j^ue el odio al esclavo, al vasallo,, que no tenía otra remisión 
que vivir de rodillas ante el señor omnipotente. 

^ Solo bajo esa concepción se comprende la forma draco- 
niana dada al desenvolvimiento de la guerra en sí. Ni h-^ridos 
ni prisioneros. Hay que exterminar a los lobos y a ios lobeznos' 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



317 



Es la nueva cruzada de la guerra santa. La nueva inquisición 
que se levanta sobre las cenizas de un pasado de horror y ver- 
güenza, que se renueva para que las nuevas generaciones ten- 
gan constancia de ello. Las revoluciones de abajo, por el con- 
trario son generosas. Solo están inspiradas en la idea de mejora, 
de justicia, de renovación, de altruismo y de sacrificio. 

Franco es la encarnación, la síntesis de una explosión 
de odio y de desprecio de los de arriba conti-a los de abajo. 

Las vidas humanas, la desolación, la miseria, la entrega 
al mejor postor. Todo eso no tiene importancia, lo que cuenta 
es el fin. El fin son las cadenas, la mordaza, la corrupción, más 
desenfrenada en todos los órdenes de la vida ciudadana. 

La España antifascista conoce todo eso. Sabe por los eva- 
didos del campo enemigo, por una serie de hechos conocidos, 
lo que ocurre en el bando contario. Por eso lucha, por eso se 
defiende en la línea de combate y de resistencia. 

Los no combatientes, llenos de odio y de pánico se replie- 
gan, se refugian en retaguardia donde pueden. Cuando los fas- 
cistas toman un pueblo, no encuentran a nadie de sus habi- 
tantes. Todos han huido. Si queda algún rezagado es cazado 
a tiros, o sometido a pruebas brutales. La consigna dada «ni 
heridos ni prisioneros w, es observada con todo rigor. 

La liquidación del antifascismo determinada por Stalin, que 
era el único que podía salvarlo, le es asignada al Dr. Negrin. 
Al Gobierno Negrin se le saludó por el partido comunista como 
el gobierno de ia victoria. En los medios políticos y sindicales 
nadie conoce a Negrin. Negrin es un aventurero más a las 
órdenes del Partido Comunista. El Gobierno Negrin fué el 
Gobierno de la liquidación. Después de más de dos años y medio 
de lucha,- sin desmayos, sin flexibilidad, sin la menor duda de 
la victoria final, en los frentes de lucha y sobre todo en la reta- 
guardia empezaron los síntomas del cansancio. En algunos fren- 
tes principiaron a escasear -algunas cosas necesarias^ a los sol- 
dados. Estos que en gran proporción habían reemplazado los 
voluntarios del primer momento, a causa de las bajas y de los 



318 



RICARDO SANZ 



trastornos sufridos, tenían un concepto de la lucha en curso 
muy distinto que los voluntarios. No obstante estar bien encua- 
drados sobre todo en las unidades de reciente creación, se nota- 
ba la deficiencia de combatividad. Eran las unidades viejas 
las que aguantaban el peso de toda resistencia eficaz. 

En reta^ardia, el descontento aumentaba de día en día, 
pues era visible que al lado de las grandes privaciones, como 
en todas las guerras, habían favorecidos. Si se tiene en cuenta 
que nuestra guerra no era una guerra, que el antifascismo 
español luchaba por la abolición de los privilegiados, todo ello 
complicaba el normal desarrollo de la buena marcha de las 

cosas. 

Después del corte de comunicaciones por los fascistas entre 
Cataluría y Levante, las cosas se agravaron de tal forma que el 
Estado Mavor Republicano se encontraba en precario en todos 

los frentes. 

La batalla del Ebro que fué en principio un éxito magis- 
tral se convirtió a continuación en un descalabro, por no contar 
el Estado Mayor Republicano con medios suficientes para explo- 
tar el éxito inicial. 

Los constantes bombardeos de la aviación alemana e ita- 
liana. El empleo en los frentes por el enemigo de grandes 
masas de aviación y de tanques de gran tonelaje y de artillería 
pesada, colocaba a ios ejércitos republicanos en un terreno de 
tal inferioridad capaces de romper la moral de los más fuertes 
y convencidos luchadores. Todo eran promesas, muchas pro- 
mesas, iban a llegar cantidades asombrosas de material moderno 
que pondrían en terreno de inferioridad al enemigo, el cual 
se vería -forzado a capitular. 

" Por üiía" jugada polílica- de prestigio internacional, que no 
afectó a nadie, incluso al propio antifascismo español, pues no 
eran combatientes, sino medios de combate lo que hacía falta, 
se retiraron del campo republicano y del territorio leal, las 
llamadas Brigadas Internacionales, cuyos efectivos eran muy 
insignificantes. 



EL S INDI CAL ISi-v!;-; Y LA POLÍTICA 



' 319 



Sin que nadie .=^i' ;- :' el fenómeno. Era cuestión 

de alta política. Mier: !.r^5 :.: ': ^^os se debilitaban cada día 
más hasta llegar al desn;.;: :■ ..v;-\:-,ilo de algunas unidades lla- 
madas de élite, se iba de ce;] cesión en concesión y la fiesta 
continuaba en ciertas alturas. 

Todo ello ocurrió a espaldas de los que luchaban con 
entusiasmo v buena fe, empeñados en ganar la guerra ¡Qué de 
ilusiones perdidas y de esfuerzos y sacrificios inútiles! 

La aparente calma, el compás de espera fué roto brutal- 
mente, por el enemigo, dispuesto a terminar de una vez antes 
que se complicaran las cosas en el plano internacional. 

Fué la ofensiva limitada a la ruptura de los frentes esco- 
gidos por el mando fascista, de cara a explotar el éxito al 
máximo. La resistencia en principio, en algunos sectores fué 
espartana. El enemigo tuvo que desistir y probar suerte sobre 
otros terrenos. Se empleó la táctica de la tierra quemada. La 
guerra de material, hasta lograr la ruptura. 

flund ido el frente, vinieron las consiguientes « espan- 
tadas i) de las unidades inseguras que ponían constantemente en 
peligro de cerco por la retaguardia de las unidades endurecidas 
en los combates, que permanecían en primera línea. En las 
primeras de cambio, el fascismo adoptó la táctica de no emplearse 
a fondo, seguramente porque no contaba con medios para 
hacerlo. Le fué mucho más cómodo de emplear el recurso de 
a enemigo que huye puente de plata. 

La consigna dada por el Gobierno Negrin de resistir tuvo 
un límite. Límite que una vez sobrepasado, todo fue inútil. 

Resistir no quería decir otra cosa que hacerse matar. 
Mientras que el Gobierno no aportaba ning; una otra solución 
^ara continuar resistiendo. 

De cara a la frontera francesa sin una línea de resistencia 
bien asegurada para poder resistir con los medios adecuados, 
el Gobierno Negrin. desde Figueras. no podía recomendar la 
resistencia por más tiempo a los combatientes de Aragón que se 



320 



RICARDO SANZ 



batían en r^^ürada y que hacía cerca do tres añu;- C|lío estaban 
resistiendo 'V combatiendo sin desmayo al ífiSuí'íirLO eñT>í»:AoL 

Los si:fí>^ I" vi vientes de la gran epopeya veían e:< U; frontera 
un m.edio ^'' salvar la vida, y a m.ás de eso, unn posibilidad 
de una p<'>«íÍJ^e tregua, para reemprender de nuevo el combate 
con más p<-/fcibiiidades de éxito. 

Por ofí'-i parte el desfile de la población civil, en monu- 
mental car?/"'';ina, acosados por la aviación fascista, era vía crucis 
aue desmoTí^íIi^íiba los espíritus más templados. Los últimos 
días de P(}fff\^'^J^^ comparados con afpiel río humano en perdi- 
ción resuUííf^'i un cuento de niños. Era la debacle, rayando en 
la locura. FViinco podía darse por satisfecho de haber promo- 
vido el mtf* grande cataclismo que jamás registró la historia 
en el munfl-'' etitero contra la raza española. 

Liquifi/í'í'^s los frentes de Aragón y Cataluña que eran 
los núcleo? jíríncipales, la resistencia republicana en el resto 
de los frenf^'- ^c podía prolongarse mucho tiempo. No obstante 
una vez yí' '-'' Francia, Negrín y unos cuantos incondicionales 
ensayaron fí^r un nuevo golpe de efecto. Uno de esos golpes de 
efecto ridííMílíJ sin ningún contenido práctico o eficaz para la 
marcha de ¡t^ guerra de que Negrín estaba acostumbrado. 

El hiífibo consistió en trasladarse al frente del Centro, donde 
aun contjíilííiba la resistencia, no para ayudar a continuar la 
lucha frcnln al enemigo, sino para continuar la política tor- 
tuosa que I^ niarcaban los mentores del Stalinismo. 

Una Vf''/' eiT- Madrid, Negrín cou su propio Estado Mayor 
Comunista i atentó imponer una vez más sus consignas y desig- 
nios tortuo.NOrí a los mandos del Centro, cosa que éstos no acep- 
taron por lio ser comunistas, declarándose en rebeldía contra 
el aprendiv. ii Dictador 

El iiK'ldeute estuvo pronto liquidado. Negrín y sus lacayos, 
derrotados p*^^' ^^^ antifascistas de Madrid no tuvieron otro recurso 
que salir dn España precipitadamente ante la posibilidad de que 
les ocurrí cf'i ¡i^a^; ^^^t^ ^^s atañara con respecto a su seguridad 
personal. S^ formó una Junta Civil y Militar presidida por el 



EL SINDICALISMO Y L.\ POLÍTICA 



321 



Coronel Segismundo Casado al efecto de tratar con los fascistas 
las modalidades de rendición ya que toda resistencia sería inútil 
y había que salvar en lo posible el nuevo sacrificio inútil de 

vidas humanas. 

Ese fué el epílogo del Madrid heroico, del Madrid inven- 
cible, del Madrid que asombró al mundo entero con su resis- 
tencia sublime que superq a toda la historia del pasado. 

Esparta, Troya, Numancia, todo, absolutamente todo eso, 
fué superado por los defensores de Madrid. 

Franco, el pretendido campeón del anticomunismo no tuvo 
necesidad de enfrentarse en Madrid con los Molinos de Viento. 
Cuando sus huestes miserables de moros, italianos y alemanes 
llegaron a Madrid cuyas puertas habían sido abiertas de par en 
par, por sus propios defensores, en Madrid no existía ya ningún 
vestigio de comunismo. 

A través de la que queda dicho se ve claramente el, interés 
que tuvo Stalin de controlar todos los movimientos del Ejército 
Popular en el cual no tenía ninguno confianza. Poco importaba 
a Stalin que el fascismo ganara la guerra. Lo que le importaba 
mucho sin duda alguna, era que la guerra la ganara el prole- 
tariado sin su control. 

Franco lo recompensó más tarde mandándole la División 
Azul. 

Terminada la guerra en los frentes de batalla, comenzó la 
guerra contra los vencidos por los vencedores. Muchos millares 
de combatientes republicanos que habían pasado la frontera, una 
ve2 en Francia, decidieron regresar a España. Pensaban que 
nada raalo podía ocurrirles, por el hecho de haber combatido 
defendiendo la República. 

No fué así, L.aJnmeusa mayoría de dichos repatriados fueron 
apastados en campos de concentración, siendo minuciosamente 
estudiado caso por caso. Bastaba la más pequeña duda para que 
el encausado fuera procesado y encar celado, y la más leve acu- 
sación que a veces no era otra cosa que rencillas personales 
para que eí acusado fuera automáticamente «paseado^) asesi- 



21 



322 



RICARDO SANZ 



nado o condenado a muerte y fusilado; cosas de esa índole se 
sucedieron a profusión en toda España por espacio de 10 años 
consecutivos, 250.000 ejecuciones. 

En el momento de la subleyación fascista, la Marina de 
Guerra quedó también dividida en dos bandos. La gran mayo- 
ría quedó adicta a la República. 

En una ocasión el Crucero Libertad, afecto a la Marina 
leal se enfrentó con el Crucero Baleares, afecto a ios rebeldes. 
Se entabló batalla y el crucero Libertad hundió al Baleares 
después de ruda batalla. Finalizada la guerra, la Marina del bando 
Republicano se refugió en Bizerta, . base miHtar francesa en 
aquellos tiempos, en sus posiciones de África del Norte, 

Pasado un corto período, el Gobierno Francés decidió res- 
tituir a España los barcos de guerra refugiados en Bizerta.' 
Entre ellos se encontraba el Crucero Libertad. Como los soldados 
de tierra, los marinos de guerra, en gran parte, decidieron vol- 
ver a España en los mismos barcos que tripulaban. 

Los bravos fascistas, por orden superior, una vez en aguas 
territoriales españolas, pusieron al crucero Libertad rumbo al 
lugar más o menos exacto donde había sido hundido el Baleares. 
Una vez alK escogieron una gran cantidad de marinos, formaron 
con eUos sobre cubierta una gran corona de «flores humanas» 
y .a lanzaron al mar como castigo a la bravura de unos soL 
dados que supieron defender el derecho a k libertad de su 
pueblo. 

Los tripulantes de la marina de guerra española, demos- 
traron a través de lo largo de la guerra, que eran auténticos 
españoles. Caso digno de mención. La mayor parte de los com- 
ponentes de la tripulación del crucero Libertad, eran de la 
región Gallega. Varios de eUos de El Ferrol, Así se escribe así 
empezó la historia para llegar a los 25 años de paz. 

Como la casta militarista española, una vez terminada en 
su favor, no tendrían a quien combatir, ni contra quien suble- 
varse, Franco inventó ios Tribunales de Excepción, compuestos 



yííVDICALISMO Y LA POLÍTICA 



323 



por SUS íi--: ; , ,vara juzgar o mejor dicho para condenar 

a los vent:ií>:. 

Docenas de nüies de condenados a muerte, por los Conse- 
jos de Guerra, la mayor parte de ellos ejecutados. Las condenas 
de muerte fueron la inmensa mayoría de ellas pronunciadas 
por el delito de rebelión. Delito de rebelión que solo los suble- 
vados, los fascistas las habían cometido. Según propia defi- 
nición del delito, todos los Jefes y Oficiales fascistas, estaban 
implicados en el delito de la pena de muerte. 

Por si eso no fuera lo suficiente, Franco dio carta blanca 
a los llamados Tribunales de Justicia Militar, para poder con- 
denar y ejecutar las penas de muerte con autonomía absoluta 

de los mismos. 

De esa manera, los Jefes y Oficiales del Ejército, -asumieron 
ingenua o concienzudamente la grave responsabilidad del delito 
de asesinato colectivo, en las personas ejecutadas sólo por el 
hecho de haber perdido la guerra. 

Resultará muy interesante, cuando pase este infinito período 
de terror en España, de revisar una por una todas las causas 
de los Consejos de Guerra, sobre todo de los 10 primeros 
anos de dominación fascista, para comprobar el grado de respon- 
sabilidad, de los condenados y ejecutados, y el de los acusadores 
y ejecutores morales de las sentencias de muerte. 
_ En España, ia inmensa mayoría de los cuadros del ejér- 
cito fascista, está implícitamente complicada, en el grado máxi- 
mo ae responsabihdad criminal, por el delito de ejercicio frau^ 
auiento de la Justicia Militar, y de condena colectiva a muerte 
ae millares de españoles inocentes que fueron ejecutados.""" 

Es ese seguramente el secreto principal, el por que de esa 
tan cacareada paz del fascismo español. Nadie de los compH- 
cados que son legión, desea que se levante el velo de la verdad 
para asi quedar a cubierto de sus crímenes. Los unos se apo- 
yan en los otros y el beneficiario máximo de esa cobarde ira- 



324 



RICARDO SANZ 



gedia es F?3^^^^ ^e supo ímplicorloG a todos en el gigantesco 

genocidio^ ,,.,.,. 

Nn YtíAff^ '^•^ España o Ira sublevación militar mientras 

,• f Vrrt^'/f- ^ ^^ -^^ Habrá por miedo a las consecuencias. 

T d pqf/-*'^ J^r'/vfíCi.ííados, todos son responsables del crimen colec- 

orr'íi^í^^'' 'í^'^^-rt^^ ^-^ pueblo español. Ya no es Franco sola- 

tp el fk^/y/r^^:^'^'^ de la tragedia española, como pretenden 

ti \(\«, /í^^rz/'/í^^^^*^^' eso lo saben todos los españoles. 

Hp rís-'^^í^ *^ futuro de España, los ciudadanos españoles 
1 dr-ín n^¡^^' h'j^^T T^na forma práctica infalible, de inmuni- 
Ap fr-^-fí íf^Uf^', de ese cáncer que se denomina, el ejército 
F 'ol Vaí^^^^^ ^^^ necesita alimentar un nido de vívoras para 
t¡^ff^f^{0f^úñ la emponzoñen con su veneno. El ejército 
ñnl la) í'//fno h.3. existido hasta nuestros días debe desapa- 
recer. , , . , . „ 

S rííí f/í-ííf/rríble, sería de aesear no tener ejército en Espa- 

. </(>>; r^/atínuar soportando el peso de la sublevación 

An&tíW" ^^'^ ^ costado demasiado caro a los españoles, 

ntos odKíí'/>í'' desplantes y cuantas criminales» tragedias han 

rprovocadí> ^'^ Ví^p^^^ ^^ casta militarista, la de 1936 debe ser 

la último» 

En v<>Ui'i<'i*í Franco ha sido, como en todo, un caso original. 
T) sDués díí ííi ¡sublevación no ha dejado que nadie le hiciera 

u «t^i í-nc *«ntido. Se ha hablado y escrito con relativa 
sombra oí) '■''^'' - tvt 

sióti <^<' '"'^ Falange Española. No se puede hablar del 

movimícnf) U\\nn ^isia en España antes de la guerra porque 

alíddd nf> existía. Existían sí, unos grupos de señoritos 

holgazanea, qu^* P^^ ^^ *^^^^ ^^^^ ^^ ^^^^^ ^^ agruparon 

1 dedor díi un ^^^^ *?^^® como se sabe fué el hijo del anterior 

fl ' ífl flor 1 'Hntír "díí -Rivera . Es posible que José -Antonio Pringo 

T Tí i vori t 1 ( ) V i fi ra en sí mismo un norte donde orientar sus 

'd as aun u<> í''^" definidas, dentro de un movimiento llamado 

rí reTioviK*!*^*"' ^^ vida de hijo de un hombre que había desem- 

plndo (ni pfipí'l preponderante durante cerca de 7 años en 

17 -,. i,H convulsiones de carácter político en el mundo 
üiSpanu, iii'^ J 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 






entero, pudieron influir poderosamente en el hijo del ex-dictadnr. 
joven y cultivado, a concebir ciertas ideas, que si bien en p;:1, 
cipio podían ser inconcretas y extravagantes podían no obstante 
orientarse, hacia una finalidad concreta, aunque esta finalidad 
no satisfaciera más que a una clase determinada. Pero todo 
eso quedó reducido a una verdadera quimera, truncada por 
el estallido de la sublevación militar fascista. 

Naturalmente, desde el principio de la rebelión los mili- 
tares traidores mil veces a su patria tenían que justificarse, 
más que ante los españoles, ante el extranjero, que ellos se 
apoyaban en un movimiento de opinión popular y que este 
se llamaba la Falange Española. Ello fué una estratagema ver- 
bal de cara a la galería sin ningún valor ni sentido de conti- 
nuidad. 

Desaparecidos de la escena política José Antonio Primo de 
Rivera como Jefe de Falange y Calvo Sotelo portavoz de la 
misma, el Falangismo quedó privado de toda dirección orien- 
tadora, de continuidad. 

No hubo sustitutos que los reemplazaran con personalidad 
propia. 

Terminada la guerra, el movimiento de continuidad del 
falangismo, fué cuestión de conveniencias de ios vencedores, 
mejor dicho de Franco. 

Franco, celoso, desconfiado, en todos los órdenes de la vida 
para evitar una posible desviación del falangismo hacia derro- 
teros imprevistos, optó por domesticarlo. Castrarlo de toda ini- 
ciativa, de todo movimiento propio, era la única solución de 
un Jefe indiscutible, de un dictador omnipotente; y fué eso lo 

qite hizo Franco. Jlizo más; para evitar complicaciones, se- 

nonobró asimismo Jefe de Falange. Con ello quedó yugulada 
toda posibilidad de complicación. 

Todo cuanto se hizo en la España fascista, en nombre de 
Falange, fué Franco quien lo inspiró y lo ordenó. Falange es 
una entidad irresponsable colectivamente. Franco y Falange. 



326 



RICARDO SANZ 



Ello no es exacto. La realidad es otra. La denominación 
exacta debe ser y es la siguiente: La falange de Franco. 

En cnanto al problema sindical obrero, nada se puede decir 
de interesante, pues si bien existen los llamados sindicatos ver- 
ticales, estos no tienen ningún carácter obrerista. Son los sin- 
dicatos oficiales del Estado fascista, donde se confunden en ami- 
gable concubina-je, capitalistas y burócratas del régimen. Los 
obreros que trabajan no tienen ningún cometido a desempeñar 
en los Sindicatos Verticales. Los trabajadores en general odian 
al sindicato fascista capitalista pues a más que. éste no se ocupa 
de sus intereses de ciase, les descuenta del salario la cuota sin- 
dical, cosa que voluntariamente se negarían a pagar. 

Una fuerte y muy justa reacción, se ha operado en Espa- 
fia, en la clase trabajadora y estudiantil, contra esa modalidad 
de asociación 'en éstos últimos años. Si esa acción continua, ello 
podría constituir el principio del desmoronamiento verticaL 

Las instituciones fascistas de Franco, no han creado nada 
útil ni nuevo en España en 25 años de perviv#ncia; todos son 
plagios. Plagios del nazismo, plagios del fascismo y plagios del 
jesuitismo. Las concepciones ultramontanas recalcitrantes de 
Hitler-, Mussolini y de Foster DuUes forma un cuerpo de doctrina 
que Franco no ha logrado condensar en ningún sentido concreto. 

Haciendo análisis subjetivos hay quien se aventuró a decir 
que Franco procedía de la escuela maquiavélica. Nada más lejos 
de la realidad. El Príncipe de Maquiavelo, en su exposición de 
lo que podríamos llamar su cuerpo de doctrina, no llega a des- 
cubrir el caso bien singular de Franco. El caso de Franco es un 
caso sin precedente. De ahí viene la afirmación de que Franco 
no es un esnañol. 

Si Maquiavelo en su cuei-po de doctrina jamás desprecia 
a su pueblo y a su raza. Si jamás incita al fratricidio, si Maquia- 
v^elo jamás reniega ni propaga la destrucción de lo propio, bus- 
cando por el contrario de engrandecerlo, de multiplicarlo, a 
costa del presunto enemigo. Si Maquiavelo busca los flancos 
del presunto enemigo para combatirlo y vencerlo, por los proce- 



EL SIPÍDICALISMO Y LA POLÍTICA 



327. 



"liraientos más intrigantes e inverosímiles, sin señalar jamás co- 
ír<c enemigo ai hermano. Sin propagar jamás el exterminio de 
sa propio pueblo, entonces habrá que convenir que Franco ha 
superado todo lo que de perverso podía tener la escuela maquia- 
vélica, 

¿Qué es, pues, Franco? ¿Un rifeño? ¿Un asiático? No. Nada 
de eso. Estamos seguros que tanto los primeros como los segun- 
dos renegarían de- su propia raza, de tener como hermano a un 
aborto de la naturaleza, que se asimilara a ese caso único en la 
historia de los hombres. Declarada la segunda guerra mundial, 
mientras los ejércitos invasores en loca carrera arrollaban todo 
lo que se encontraba a su paso sin detenerse, Franco, en plan 
de seguro servidor, hacía la sonrisa a sus protectores del Eje 
Berlín-Roma-Tokio. Todo iba viento en popa, Franco se flo- 
taba las manos de contento, ante el mapa geográfico de África 
del Norte haciendo sus planes con vistas a edificar su nuevo 
y quimérico imperio. 

Para principiar por algo, Franco comenzó por ocupar la 
zona internacional de Tánger, pensando q^ue a continuación 
sería Marruecos, Argelia y Túnez. Todas las posiciones fran- 
cesas de la zona de África debían pasar bajo su dominio. Por 
eso se consideraba por derecho propio como parte integrante 
del Eje Berlín- Tokio-Roma. 

Franco ardía en deseos de poner a la disposición de sus 
protectores del Eje el millón de soldados bien aguerridos, que 
desde hacía tiempo les había pública y espontáneamente ofre- 
cido. Pero no eran hombres lo que de momento necesitaban los 
ejércitos pretorianos. Más que combatientes lo que precisaban los 
nazi-fascista eran medios. Toda clase de medios para hacer la 
guerra en condiciones de ganarla.- No- ohtante ello, Hitler aceptó 
como cosa simbólica que Franco mandara una División al frente 
del Este, a combatir al lado de los Alemanes contra los Rusos. 

Franco, sin pérdida,, de tiempo, para complacer a Hitler 
como buen seguro servidor le mandó la llamada pomposamente 
«División Azul» al mando del general más prestigioso de su 
Corte, el General Muñoz Grandes. 



328 



RICARDO SANZ 



Ignoram-í;- rr= detalle la misión que la cacareada División 
Azul cumplió en eí frente del Este, lo que sí sabemos es que 
dicha división se disolvió como un azucarillo al primer contacto 
que tuvo con el enemigo y ya nadie habló más de ella. 

Ante esa acción concreta, Franco se convirtió en beligerante 
contra el ejército aliado. Todo el mundo esperaba que ese hecho 
tendría la repercusión natural en su día. Que Stalin ajustaría 
las cuentas a Franco en la primera ocasión que se le presentara. 
Pero nada más lejos de la realidad. 

Stalin que ya en el curso de la guerra^ cuando la victoria 
sonreía a los Aliados impuso condiciones draconianas a sus 
propios amigos de armas, por hechos más o menos de fondo, 
cuando llegó el momento de la liquidación de los beligerantes, 
no se acordó que entre ellos se encontraba Franco. Se esperaba 
lógicamente que Stalin pondría todo su empeño en que Franco 
fuera llevado a la fuerza por los vencedores en presencia del 
Tribunal de Nuremberg, para que fuera juzgado como un cri- 
minal de guerra más. 

Nada de todo eso ocurrió. Y no solamente no ocurrió nada 
de eso sino que Stalin, jamás emprendió en el curso de su 
dominio omnipotente, ninguna acción individual ni colectiva 
contra Franco. Nadie dudó jamás que si Stalin se lo hubiera 
propixesto después de la guerra, él solo, es decir Rusia, se bas- 
taba y se sobraba para derribar a Franco y a su régimen sin 
que nadie hubiera intentado impedirlo, ;,Por qué no lo hizo? 
Otro enigma más muy difícil de descifrar. A todo eso se le 
llama «Secretos de Estado». Es de suponer que Stalin, una 
vez más, consideró que el fruto español aun no estaba maduro. 

Franco que fué beligerante en 3a guerra mundial contra 
los alia do s7 jorque aparté del hecho viviente de la División" Aztrl," 
estuvo ayudando con todas las posibilidades y recursos españoles 
a las potencias del eje y no tuvo necesidad de intervenir osten- 
siblemente en la guerra a causa del rápido desenlace fatal que 
la niisma tuvo para los ejércitos invasores. 

Hitler engreído en sus irresistibles v victoriosos avances, 
en todos los frentes, creyó que se bastaba asimismo para vencer 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



329 



a sus enemigos para luego imponer su ley en el mundo- Europa 
toda, incluyendo España, quedaría sometidú b'iio ^u bota. 
Hitier no quería, despreciaba los aliados. Italia como aliada 
suya, representaba para él una pesadilla, un lastre que esperaba 
el momento oportuno para lanzarle por la borda. 

Las cosas en esas condiciones, Franco quedaba fuera de 
concurso por voluntad expresa del más obcecado loco que cono- 
ció la historia, Hitler. Sí porque Hitler despreciaba y no quería 
mendigos a su alrededor. Por eso Franco no fué llamado a 
intervenir abiertamente en la guerra. Fué una fuerza de 
reserva inútil. Lo fué seguramente más que por diversos otros 
motivos, por el desenlace fatal fulminante, que tuvo la guerra 
en el frente del Este. 

Los Ejércitos Alemanes al mando personal de Hitler lle- 
garon con relativa facilidad a las puertas de Stalingrado, des- 
pués de haberlo arrollado todo a su paso. La toma de Moscú era 
una cosa segura. No podían surgir imponderables que evitaran 
la caída de la presa codiciada. Tal pensaba Hitler. 

Pero surgieron los imponderables. Los ejércitos alemanes 
que al mando de Paulus habían logrado casi el cerco de Stalin- 
grado fueron parados en seco por las defensas rusas y ya no 
avanzaron un paso más. No solamente no llegaron a Moscú 
que era el objetivo del mando supremo, es decir de Hitler, sino 
que ni lograron tomar la plaza fuerte, la plaza heroica de Sta- 
lingrado. 

La derrota más grande que obtuvo jamás ningún ejército 
en el mundo la obtuvo el ejército alemán frente a Stalingrado. 
Se ha escrito ya lo suficiente sobre este particular, y ello nos 
exime de insistir. 

La derrota de Stalingrado se prolongó a la del Alemain, 
pasando a través de railes de kilómetros de países invadidos 
que fueroB uno tras otros liberados, hasta la derrota final que 
fué la de Berlín, donde quedaron sepultados los principales gér- 
menes del mal calcinados por las llamas purificadoras. 

El millón de hombres que Franco había ofrecido genero- 
samente a Hitler no tuvieron necesidad de batirse en retirada. 



330 



RICARDO SANZ 



Afortunadamente para los Españoles, por una sola vez los im- 
ponderables habían obrado en su favor. 

Franco metió en el archivo su quimérico proyecto del 
«nuevo imperio». A continuación plegó velas y su plan de dueño 
y señor de la posesión internacional de Tánger no tuvo más 
repercusiones que la de un ridículo más, para la historia del 
fascismo español. 

Terminada la guerra mundial, Franco obtuvo una valiosa 
herencia. Su Estado (Policía) fué reforzado por todo lo peor 
que logró salvarse de la derrota nazi-fascista. La inmensa mayo- 
ría de los fugitivos de Alemania-Itaha y también de la Fran- 
cia de Petain, se refugiaron en España, donde tuvieron una 
sentimental y excelente acogida, por parte de sus hermanos 
en ideas y sentimientos, los fascistas españoles. 

En España no había espacio para los antifascistas espa- 
ñoles que fueron cazados y perseguidos por los llamados humoris- 
ticamente nacionales. Estos debían reservar un sitio de honor 
sin duda alguna a ios rufianes responsables de millones de 
muertos, conocidos con el nombre de criminales de guerra. 

Si la lógica hubiera contado para algo en España, es 
indudable, que la psicosis de guerra civil, debía terminar cuando 
terminó la guerra mundial. Terminada ésta a favor de los alia- 
dos, el pretendido absurdo imperio franquista quedaba com- 
pletamente destniído. Con más de siete años de dominación 
Franco no podía presentar un balance de realizaciones que supe- 
rara en nada, al transcurrido de 1923 a 1930 durante la dic- 
tadura de Primo de Rivera de cuyo fracaso ya se habló en otjo 
lugar. 

Una amnistía general. Un intento de reconciliación y de 
reconstrucción de España, bajo unas bases paralelas._a_ .las..pre-. 
conizadas por las Naciones Unidas, debían y podían ser un prin- 
cipio de solución del desbarajuste español. El Ejército Español 
podía en parte intentar reparar su liltim.o gran crimen colec- 
tivo, cometido contra les españoles. El momento era propicio 
y había que aprovecharlo. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



331 



El mundo entero hubiera saludado la medida, el intento 
de reconciliación, como una cosa saludable. En cuanto a ios ven- 
cidos, éstos no hubieran puesto ninguna dificultad sino todo lo 
contrario, hubieran facilitado la tarea de los hombres de buena 
voluntad donde sean que estos hubieran surgido. Infinidad de 
veces se había dicho, ya entonces, por muchos refugiados polí- 
ticos de honorable personalidad y de sentido de responsabilidad, 
de todas las tendencias, que había que liquidar la psicosis de 
guerra civil existente entre los españoles. 

La sed de revancha, los deseos de segunda vuelta, la rabia 
del vencido contra el vencedor debía desaparecer. Esa era. Ese 
ha sido y es aún el lenguaje de todos los vencidos conscientes, 
tanto exilados como del interior de España, donde los hay en 
gran proporción, en una proporción incalculable. 

Nada de todo eso se intentó tan siquiera en el campo fas- 
cista. Todo lo contrario. La rabia continua en casa del vencedor. 
La arrogancia, el desafío, la provocación y la venganza son la 
única moneda de cambio. Cuando los vencidos hablan de recon- 
ciliación, de convivencia fraternal, el vencedor contesta con la 
amenaza, con el castigo ejemplar, con el exterminio que prac- 
tica aún hoy, después de 25 años, con todo el rigor y a eso le 
llaman los fascistas, 25 años de paz. La paz de los cementerios, 
de los caminos solitaiios, de las encrucijadas, de los centros 
policíacos, de los piquetes de ejecución, de los verdugos en fun- 
ción permanente, y de jornadas extraordinarias. Esa fué la paz 
que nos ha ofrecido -siempre a los vencidos, el vencedor. 

Todo eso ya lo sabemos nosotros. El caso del prestigioso 
abogado Eduardo Barriobero, hombre de edad que hospitalizado 
en Barcelona, no habiendo logrado ser evacuado cuando entra- 
b.an_ los _ fascistas _ aún enfermo, fué ejecutado -por -el procedi- 
miento del garrote vil. Su único delito había sido el de defender 
a los trabajadores en los procesos de carácter social. En Ganáis, 
provincia de Valencia, el cago ocurrido con los hermanos Enri- 
que, José y Ramón Sanz. Tres hermanos que fueron condenados 
a muerte y ejecutados en el campo militar de Paterna. Su único 



332 



RICARDO SAIMZ 



delito fué ser primos hermanos de Ricardo Sauz, el cual había 
logrado salvarse pasando la frontera ÍTgnr'csa, i-io continuam.os 
relatando más hechos de esta naturaleza portíue se trata de 
docenas de miles de ellos. 

No hay presos, se dice en España. Naturalmente por lo 
visto, los fascistas consideran que están mas seguros en el 
cementerio sus adversarios. Franco está en plan de moderno 
Faraón. Nada de amnistías. Nada de reconciliación. Los espa- 
ñoles no pueden abrigar la posibilidad de un nuevo abrazo de 
Vergara, Las nuevas generaciones están obligadas por el fas- 
cismo a continuar la guerra que les impusieron sus antepasados. 
El odio, el rencor, el menosprecio. Todo eso es oro de ley para 
el fascismo, que pretende perpetuar el odio entre españoles. 
Franco, el hombre sin escrúpulos, . cambió la ^saca cuantas 
veces le pudo ser beneficioso. Después que se erigió en amo 
iiidiscutíble de España se mostró complaciente con todas las situa- 
ciones que vinieron del exterior con tal de recibir la indulgencia 
y el visto bueno de los que solo lo soportaron por cuestión de 
conveniencia. En tal de persistir, él y sus inmediatos, vendió la 
nación por parcelas. 

Incapaz de germinar en su mente una idea útil se convir- 
tió en el enterrador número uno de ia nación. Pensando que 
debía dejar constancia permanente de su paso por la vida, con- 
cibió el macabro proyecto de la muerte. El valle de los Caídos 
es su obra cumhre. Igual que los antiguos Faraones en el de- 
sierto de Egipto, hizo construir en plena sieiTa la gran pirá- 
mide. Una pirámide de huesos humanos que el gran trapero 
hizo recoger en una parte de la España diezmada por la casta 
militarista. 

- Encima de la pirámide de huesos humanos hÍ2:o instalar 

una cruz monumental y se guardo la clásica espada de la cru- 
zada para sacudir con ella a todos sus adversarios. Adversarios 
y enemigos esparcidos por el mundo entero, cosa que él no 
ignora. Por eso hace 25 años que no Ka salido de las fronteras 
de España; de la España crucificada. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



V6B 



Celoso como nadie más, no admite rivales de ninguna 
clase- Su hermano Nicolás, hombre obscuro y sin historial polí- 
tico fué sometido al ridículo de ia época. Lo nombró Embaja- 
dor en Portugal, donde lo mantuvo aislado durante infinidad de 
años. No había por lo visto en España o fuera de ella otro 
puesto menos ridículo por su insignificancia. 

Su cuñado Serrano Suñer que fué durante bastante tiempo 
Ministro de Negocios Extranjeros de su Gobierno, cuando inten- 
tó demostrar que tenía personalidad propia, Franco lo puso 
automáticamente en paro forzoso haciéndolo dimitir del cargo. 

Franco es el último Faraón de toda la historia presente. 
Mientras él exista, no habrá amnistías, no habrá libertad, no 
habrá posibilidad de avanzar un paso en España sobre la vía 
del progreso humano. 

Los colaboradores directos de Franco, una vez éste desapa- 
recido de la escena política no querrán asumir la grave respon- 
sabilidad que como equipo les corresponde. Alegarán que fué el 
lefe, el Caudillo, el responsable de todo lo ocurrido. Sin embar- 
go Franco por sí solo no hubiera podido hacer nada malo. Todos 
están implícitos en la responsabilidad criminal de lo ocurrido en 
el largo período de un cuarto de siglo. Por eso los responsables 
de ayer y de hoy no tienen prisa que se aclare el horizonte 
político español porque tienen miedo. Tienen miedo a la incógni- 
ta que les está reservada para el mañana, ese mañana de la ren- 
dición de cuentas. Ese es hoy el factor principal que mantiene 
a Franco en el poder. 

* Los otros, los que hasta ahora han vivido tranquilos ca val- 
gando sobre los hombros del pueblo miserable español también 
tienen .miedo, tienen miedo del salto en el vacío, de perderlo 
todo, y ese miedo de -todos ios cómplices de Franco, . es el qne 
mantiene a éste contra toda lógica, contra el interés de la in- 
mensa mayoría de los españoles, como jefe insustituible de la 
nación mártir. Franco salje todo eso. Sabe más, sabe que des- 
pués de él, no quedará ningún vestigio digno de conservar como 
recuerdo. Sabe que nadie lo quiere ni dentro ni fuera de Espa- 



334 



RICARDO SANZ 



ña. Sabe que el mundo es pequeño para él, qna ní^ puede ir a 
ninguna parte, por eso permanece en España, prirqtu- e? donde 
se siente más seguro. Es una condena perpéluc que le ha caído 
al pueblo español. 

Hablar de franquismo y de falangismo a estas alturas, es 
la cosa más ridicula del mundo. Cuando la balanza se incline 
de cara a la liquidación, nadie querrá saber nada de todo eso, 
se considerarán ofendidos ios ciudadanos españoles cuando se 
les trate de franquistas y de falangistas, cuando Franco y sü 
falange hayan desaparecido. Pero ¿cuando llegará ese momento? 

Ese es el problema neurálgico que les está planteado a 
todos los españoles decentes. Sobre todo los que habitan en 
España. 

España por motivos de salud pública no puede, no debe 
continuar por más tiempo "en ese compás de espera, extinguién- 
dose cada día un poco más. Mientras los pueblos más atrasados 
del mundo, que ayer los españoles los contemplaban con com- 
pasión, poco a poco, un día y otro día, se reincorporan a la 
vida moderna, adoptan los sistemas de avanzada política v 
social, rompen con el pasado que los encadenaba. España, la 
España de Cervantes, hace 25 años, que en vez de avanaar 
retrocede un poco más. 

Los que se dan perfecta cuenta de esa regresión, son los 
españoles que viven fuera de España. La España actual no crea 
nada nuevo, solo multiplica, multiplica lo malo, lo sunerñuo» 
lo falso. Y toda esa mercancía averiada se prodiga en España 
como lo único bueno, como lo mejor del mundo. Todo está con- 
trolado, todo está intervenido, todo está forjado a troquel por 
parte de los beneficiarios. También por este camino no llega- 
ríamos jamás al fin y es por eso por qué desistimos de conti- 
nuar anotando, "" ""~ "' " - -- 

Seguramente que los españoles antifascistas, exilados y 
residentes en España, no hemos hecho lo posible, lo más ele- 
mentalmente necesario, para combatir y derribar al totalita- 
rismo español. 



EL SINDICALISMO Y LA POLÍTICA 



335 



Tampoco consideramos sea ahora el mejor momento para 
plantear esa espinosa cuestión. A nuestro criterio es otra cosa 
la más interesante a plantear en estos momentos. 

Si hemos llegado a la tardía conclusión que somos noso- 
tros les españoles de dentro y de fuera de España, los llamados 
a dar una viable solución al problema español, es decir a nues- 
tro problema, si en esa confruntación de pareceres y de interés 
común, hemos considerado que no podemos abogar como única 
solución una nueva guerra civil. Si por encima del interés de 
partido, de grupo, de sindicato o de creencia, lo que sea, está 
el interés de todos los españoles. 

¿Qué hacer, pues, a la vista de todos ios obstáculos que se 
oponen y que quedan enumerados más arriba para llegar a 
normalizar la vida en España? 

No se nos escapa, que el problema planteado es muy difí- 
cil de resolver y sobre todo muy delicado, cuando hay una parte 
interesada que maneja los resortes que se oponen a ello. 

Pero si por dicho motivo, hay que renunciar a la opera- 
ción que salve al paciente, en este caso España, tampoco eso 
es una solución. 

El grupo fc Nosotros» no se encuentra en estos momentos 
en condiciones de tomar la iniciativa individual para buscar la 
única solución. 

Si la tuviera, es seguro que lo haría.