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Full text of "Historia de la civilizacion española desde la invasion de los árabes hasta la época presente"

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HISTORIA 



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LA CIVIÚZAaON ESPAÑOLA 

DESDE Ik INVASIÓN DB LOS XbABBS 

HASTA LA ÉPOCA PEE8ENT& 

roE 

Udtviduo d$ ia Dirección general de eetudioe, y de la Jeademia 

española. 

TOMO IV, 




MADRID: 

KM lA mPEKNTA DX TXKXS, 

CAlUt SB SBGOTIA» MDH. 6. 

1840. 



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ÉPOCA CUARTA. 

QUE COMPRENDE EL TIEMPO CORRIDO 
DB8DB SL ADVSNimiElffTO DS FSIiIPS V. 

HASTA LA RENUNCIA DE CARLOS IV EN 
SU HIJO FERNANDO VII. 



OBSERVACIOIVES PRELIMINARES. 

¡lá\ influjo moral y político de la Francia des- 
de el establecimiento de la dinastía borbónica en 
lüspana, dio á esta nación una nueva fisonomía, 
tan diferente hoy de la antigua , asi én las ins- 
tituciones políticas, como en Ibs Sentimiento^, 
hábitos y cóstuhib^s: Los sudéis qué tíoi han 
traído al catado ádtiá'I, y los '^ogrésos de la ci^ 
vilizaclon en el siglo XVIII y parte del XIX, 
formarán la materia de este tomo; pero antes de 
engolfarme en t^n dificil y penosa lajT^^, vpy , á 
satisfacer al cargo que se me ha hedió tÉ^iot^a^* 



4 

tículo de un periódico recomendando esta obra ( i ); 
á saber, que me detenia demasiado en la narra- 
ción de los hechos históricos, economizando las 
reflexiones generales y filosóficas. 

G)mo la principal obligación de un histo- 
riador es referir con imparcialidad y buen crite- 
rio los hechos que mas conduzcan á dar a co- 
nocer el estado de la sociedad, sus leyes, cos- 
tumbres , industria y adelantamientos litera- 
rios; me daria por satisfecho si en esta parte 
hubiese tenido algún acierto, dejando á la dis- 
creción de los lectores las reflexiones filosóficas, ó 
las inducciones generales de los mismos hechos. 
Tácito , uno de los escritores mas profundos de la 
antigüedad , tan celebrado por todos los buenos 
críticos en los tiempos modernos , es bien económi- 
co en reflexiones filosóficas: solo las usa cuando 
la gravedad de los sucesos y la oportunidad se 
las presentan, y aun esto lo hace con su acostum- 
brada concisión. 

Ese lujo de filosofia que hoy se afecta aun en 
los escritos mas ipsignificantes, esa maníj^ de ge- 
neralizar las ¡deas para acomqdarlas á un ña- 
ma .particular,, jamás entraron en el plan de 



(í) ' Sébiinirio pintoresco Esp&dó! , ^ de noviembre 



5 
mí obra. Sin embargo , no he dejado de ocupar- 
me en consideraciones filosóficas 7 generales cuan* 
do roe han parecido necesarias. Asi , por ejemplo, 
tratando en la introducción i esta obra del esta- 
bledmiento del cristianismo, el mas importante 
j seguro elemento de la civilización europea, hi* 
ce ver el influjo que tuvo en la mejora del esta- 
do social. 

. Al hablar de la admisión y facultades legis- 
lativas de los procuradores en las Cortes de Cas- 
tilla, empecé con unas consideraciones generales 
sobre el origen y progresos del sistema represen- 
tativo en Europa; y en el juido comparativo qne 
hice de las constituciones políticas de Castilla, 
Navarra y Aragón , no escaseé las reflexiones fi- 
losóficas, apoyado en la observación de los he- 
chos , según allí dije , en la realidad de intere- 
ses positivos , no en las falaces máximas de va* 
oas teorías. Lo mismo ejecuté cuando puse en 
contraposición el opresor feudalismo de Europa 
con la legislación mas protectora y benéfica de 
Castilla. 

Esto por lo que hace al tomo primero; que 
en los dos siguientes tampoco anduve escaso en 
consideraciones filosóficas, cuando las creí con- 
ducentes para guiar al lector en el descubrimien- 
to de la verdad, en la rectificación de hechos 
históricos siniestra ó erróneamente presentados 



6 

por algunos escritores, y qn la debida apreciación 
de las innovaciones d mejoras sociales. Viniendo á 
la gloriosa cpoca de los reyes católicos* no deje de 
sotar el tránsito de la antigua civilización á la 
moderna, manifestando el carácter esencial de es- 
ta, la tendencia general á la centralización, asi 
^n las [^elaciones sociales como en las ideas, el 
esfuerzo dirigido á desterrar el espíritu de loca- 
lidad é individualismo creando intereses generales, 
y reuniendo los ánimos para constituir el estado 
con dos solos elementos , pueblo y gobierno. Pro- 
curé investigar los medios de que se valieron los 
.reyes católicos para afianzar el poder supremo, tan 
menoscabado y envilecido en el reinado anterior ; pa- 
ra dar vigor á las leyes, y asegurar la administra- 
ción de justicia ; para ordenar el sistema de hacien- 
da, mejorar la táctica militar, contener las usurpa* 

ciones de la corte romana, reformar las costum- 
bres, y promover los adelantamientos de la agri- 
cultura , de las artes industriales, de la navega- 
ción y de las letras. 

Con hechos y observaciones filosóficas di á 
conocer la política de Carlos V y de Felipe II, 
los bienes y males que hicieron á la monarquía, 
las causas que en los reinados sucesivos de la 
dinastía austríaca empobrecieron y despoblaron 
á la nación, corrompieron sus costumbres , y aca- 
baron con el sistema representativo. 



. Por úlúmo, con Griterío filosófico, según mis 
debites fuerzas alcanzaron, hiceonaí larga reseña 
de los progresos industriales j literarios de los 
españoles , vindicándolos de las invectivas con que 
en un tiempo fueron maltratados por algunos es* 
critores estrangeros. 

Si lo didio no bastare para satisfacer al ilus- 
trado . crítico que hizo aquella observación, no 
por eso dejaré de tenerle en e! debido aprecio» 
ni olvidaré jamás el favor que por otra parte ba 
hecho á mis tareas , las cuales no merecen cier- 
tamente tantas alabanzas. 

Hecho este descargo , tan ingrato para mí 
por lo que tiene de -personal, paso á dar una 
breve noticia de la alteración que sufrid ta Fran- 
cia en sus ideas políticas y elementos sociales du- 
rante el siglo XVIII , 7 del influjo que estas opi* 
niones y mudanzas ejercieron en el estado social 
de España. El elemento monárquico habia pre- 
valecido esclusivamente en la vigorosa y larga 
dominación de Luis XIV, cujro poder no estaba 
limitado por instituciones políticas de ninguna 
especie. Empero su gobierno era fuerte, era ilus- 
trado: todos los • ramos de la administración pú- 
blica se habian mejorado notablemente. La ac* 
cion del poder central se introdujo en todas las 
partes de la sociedad , y logro atraer á sí lodos 
los medios de fiíerxa de la misma, en lo cual 



8 
consiste la verdadera administración^ Por este 
medio la Francia llego á hacerse respetar de las 
demás naciones , y se puso al frente de la civi- 
lización europea. 

Pero Luis XIV abusó de este poder al fin 
de su reinado; empeñóse en la guerra, impolí- 
tica para él, de la sucesión dé. su nieto al trono 
de España, fue vencido y humillado; y la de- 
bilidad del monarca en su vejez se comunicó al 
gobierno. La monarquía, dice Mr. Guizot (i), es- 
taba tan desgastada en 17 12 como -el mismo 
monarca , y el mal era tanto mas .grave, cuanto 
que Luis XIV habia acabado con las antiguas 
instituciones y costumbres. 'Sin independencia no 
hay costumbres políticas/ Los caracteres enérgi- 
cos y vigorosos desaparecen con la humillación 
y la dependencia, pues que la fortaleza de las 
almas dimana de la seguridad de sus propios 
derechos. 

Acercábase, pues, el tiempo en que iba á ser 
combatido el elemento monárquico, primero por 
el libre examen y la discusión , y luego por la 
fuerza popular, como habia sucedido en Ingla* 
Ierra. La ocasión era sumamente oportuna: al 



(1) Historia general de la civilisadon europea, lee- 
cien 14. 



9 

gobierno foerte j respetado dé Luis XIV había 
sucedido un tnonarea ddbtl y enfermizo en so me- 
nor edad , j on regenté sin prestigio que daba 
ejemplo de malas costumbres!, y fomentaba* la 
corrupción general. E! elemento democrático, cxal* 
tado hasta lo sumo en el Contrato social j en 
las obras de otros publicistas que no respetaron 
las tradiciones históricas, ni tenian las grandes 
miras y conocimientos profundos de Montesquieu, 
fué cundiendo en las masas populares, hasta que 
de una en otra guerra política se vino á parar 
á una espantosa revolución, en que se hundieron 
las instituciones antiguas y el mismo trono. 

La monarquía española gobernada por la di- 
nastía de Borbon recibid muchas ideas e impre- 
siones de la Francia , como se verá mas ade- 
lante, y adoptó grandes mejoras en la adníi- 
nistracion pública; no siguiendo servilmente )as 
inspiraciones de aquella nación, sino aSadiendo 
a sas luces las que derramaron algunos sugelos 
eminentes qoe honraron nuestro suelo en el si- 
glo XVIII. Fueron comparativamente dichosos los 
reinados de Femando VI y Carlos III , en que el 
ánimo se ensancha y recrea viendo los rápidos 
adelantamientos que hace la sociedad española 
en la carrera de la civilización. Guiábala el es- 
pirita filosófico, no con aquel ímpetu que en el 
reino vecino, cuya sociedad iba á renovarse en- 



teramente por medio de espantosas coavttUiones« 
sino con la calma y circunspección qae caraete* 
ritaron siempre á los españoles , y que afianzan 
el acierto ea las innovaciones j reformas. 



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CAPITULO I, 



Guerra de sucesión; abolición tie los fueros de Cataluña , Aragón y 
Ytlencia; alteración de la ley fuikdañieftttal an el modo «le 

suceder á la corona. 



vITrandes y ibuy complicados fueron los suce- 
sos acaecidos en el largo reinado de Felipe Y, 
qae duró 4^ anos. La monarquía española tan 
abatida j miserable á la muerte de Garlos II, se- 
gún manifesté en el tomo anterior, sino reco- 
bra su antígaa libertad con el establecimiento de 
la naeva dinastía , volvió por lo menos á ocupar 
un lugar distinguido entre las demás potencias 
europeas. Los españoles, defendiendo los derechos 



I 2 

de SQ rey y su propia independencia « repro* 
dujeroQ los gloriosos hechos de su antigua bi- 
zarría. 

Recibió coa esto la nación una nueva vida: 
el gobierno , siguiendo los progresos de la civi- 
lisacion europea , disciplinó los ejércitos , creó una 
respetable marina, arregló la hacienda, y fomen- 
tó los demás ramos de la pública administra- 
ción. Cultiváronse al mismo tiempo con ardor las 
letras y las artes, y la España recobró la consi- 
deración política que habia perdido en el funesto 
reinado de Carlos 11. He aquí el g^ran cuadro 
que con tímida mano voy á trazar , empezando 
por los esclarecidos triunfos ganados en la memo- 
rable guerra de sucesión. 

Al comenzar esta, la monarquía española 
presentaba el aspecto mas lastimoso. Las fronte- 
ras y las provincias distantes del centro, esta- 
ban desprovistas de guarniciones y almacenes : las 
brechas que habia abierto en las murallas de Bar- 
celona el duque de Vendóme en la guerra ante- 
rior , no estaban todavía reparadas; apenas des- 
de Rosas á Cádiz se encontraba un fuerte, una 
aola plaza que tuviese guarnición y artillería. La 
Galicia y la Vizcaya se hallaban en igual aban* 
dono: los almaceaes vacíos, desiertos los arsenales, 
y casi olvidado el arte de construir naves : redu- 
cíase la marina á 1 9 galeras « algunas de ellas 



i3 
mallratadas , j todo el ejercito ele tierra á 2o9 
hombres (i)« 

Una escuadra combinada de ingleses j holán» 
descs, compuesta de 5o buques de goierra y i43 
hombres de desembarco, se habia presentado de- 
lante de Cádiz con objeto de invadir la Anda1u« 
cía. Para oponerse á estas fuerzas el marques de 
Villadarias, gobernador de aquellas provincias* 
no pudo reunir mas que i5o infantes 7 5o ca- 
ballos. La guarnición de Cádiz no pasaba de 3 00 
hombres, sin bastimentos y pertrechos de guerra: 
faltaba ademas un depósito de armas para las 
milicias; y en suma, la Andalucia, al estallar la' 
guerra , j en vísperas de una invasión , se ha- 
llaba tan descuidada y desprovista de defensa, 
como cualquiera otra provincia del interior en el 
seno de la paz mas profunda. 

Hallábase á la sazón Felipe combatiendo glo- 
riosamente contra los austriacos en Italia, adon- 
de habia pasado pocos meses aptes, después de 
haber sido jurado en las Cortes de Castilla y de 
CataluSa (2). Habia quedado de regente del rei- 



(1) Gomen tarioft de la gaem de Espada, por el nkar- 
q«es de san Felipe, tomo I, pég. 39. 

(9) £1 marqaet de md Felipe, dice hablasdo de estas 
Cortes de Catalana lo siguiente: «No se esUbleció en ellas 
lef algima provechosa al bien público y al modo de go^ 



'4 

no con un consejo de gobierno la reina Dona Ma- 
ría Luisa de Saboya , quien después de celebra* 
das las G)rtes de Aragón , donde también fue ju- 



biemo: todo fue confíriDar privilegios y añadir otros que 
alentaban á la insolencia; porque los catalanes creen que 
todo va bien gobernado gozando ellos de muchos fue- 
ros* Ofrecieron nn regular donativo , no muy largo, 
y volvieron á jurar fidelidad y obediencia » con menos 
intención de observarla que lo habian hecho la. primera 
vez. ComeníartoSf tomo J, pág, 50. Acerca de las Cortes 
de Castilla, dice el señor Marina en el tomo II, cap. 4f 
pág. 35, que no puede calificarse de Congreso nacional 
aquella reunión, por cuanto el despotismo que habia lle- 
gado á aborrecer hs^ta el nombre.de Cortes, las dispensí^ 
pretestando que esta formalidad causaria gastos y perjui- 
cios á los pueblos. Lo contrario asegura el historiador 
Belañdo, que escribió en tiempo de FcKpe V. Apoyado 
en documentos originales, dice que los comisionados pa- 
ra felicitar al rey por las ciudades de voto, en Cortes, re- 
cibieron poderes de las mismas para hacer los actos de 
juramento y pleito bomenage. £n consecuencia , compues- 
tas las Cortes de estos procuradores , de los grandes y tí- 
tu\o$f y del estado eclesiástico y juró el- rey ante ellas 
conservar á las ciudades,, villas y lug^^ sus libertadeSf 
exenciones y privilegios; asi como las Cortes le recono- 
cieron por rey y le juraron obediencia y fidelidad. JftS" 
ioria ewil de España y tomo J, cap. 1.®, pdffs. 27 jr 32. 
réase también el Dior» de UbÜla^ nunísiro de Estado 
de aquel tiempo , que coincide con la relación de Belando. 
Es muy curioso este diario, y contiene apreciables docu- 
mentos. Se imprimió en Madrid, año d6.1704» en un 
tomo ea folio menor. 



i5 
lodoso áugtistó esposó , vino á Madrid, qat sin- 
síosamenle lá aguardaba. Autique de tierna edad, 
pues aan no babia cumplido Jos i4- anos, did 
desde luego muestras de su ánimo varonil, j 
de una inteligencia superior á su edad. 

Recibida la noticia del desembarco de los 
enemigos, convocé el cotísejo de gobierno , decla- 
rando en él que estaba resuelta á pasar á Anda- 
lúdMi^Y i pci'ccer en éefetísa de aquella provin- 
cia. Su elocuencia y su ejemplo animaron á sus 
apocados ministros , j cada cual ofreció' su v vida 
Y sus bienes para tan gloriosa demanda. El car- 
denal Portocarrero , principal autor del testamen- 
to de Carlos II , armo j mantuvo seis escuadro- 
nes de caballeria ; el obispo de G)rdoba un regi- 
miento de infanteria: los nobles, los eclesiásticos 
7 el pudblo siguieron aquel ejemplo; j en su- 
ma, todos tomaron las armas en \ós paises mas 
inmediatamente amenazados por el enemigo. 

Apoderdse este del Puerto de Sfaiúik M aria, 
adonde lo^ habitantes de Cádiz habian traslada- 
do sus mas preciosos efectos : las tropas protes- 
tantes saquearon el pueblo, profanandcf'fds' ob-* 
jetos mas sagrados del culto; con lo ciDal se encen- 
dió la' indignaeioa de ipa católicos espaSütes. ' I/a 
plast de Cadis hita una gloriosa resistencia , y 
los aliados, divididos entre sí, se embarcaron 
desordenadamente y dieron la vela , d^ando en 



i6 

los ánimos de un pueblo ultrajado el mayor en- 
cono contra la( causa y los defensores del arehi* 
duque. 

Cruzando los buques enemigos en la costa de 
Portugal , supieron sus gefes que la flota españo- 
la de America, escoltada por una escuadra fran- 
cesa t no habiendo podido tomar el puerto de C^- 
diz, se habia refugiado en el de Vigo, que se 
bailaba en mal estado de defensa. Los enemigos 
se encaminaron allá; derrotaron la escuadra com- 
binada franco-española , rompieron la cadena que 
obstruia la entrada del puerto, donde loSTence- 
dores, se apoderaron de nueve navios de línea y 
de seis galeones , mas no de las riqueza^ , como 
ansiaban, pues casi todas ellas fuer^m sepultadas 
en el mar. Regulábase el valor de aquellos car* 
gamentos en diez y siete millones y quinientos 
mil pesos fuertes en plata, sin coular el de las 
mercaderias , que era, mucbo roas considerable. . 

Felipe bubo dci regresar de Italia apresu- 
radamenle , para oponerse aqui á las fiíerzas 
enemigas. Iban estas tomando cada día mayor 
incremento con la declaración de Portugal á fa- 
vor del arcbi-duque, con la deserción del almi- 
rante de Castilla y otros personages « y posterior- 
mente con el levantamiento de Valenda , Aragón 
y Cataluña. Habíanse encendido con esto dos guer- 
ras en la península , una civil y otra^ estrangera, 



agregándose* á tamaños desastres los continuos 
descalabros qnc sufrían lo^ ejércitos de Luís XIV, 
derrotados y perseguidos por los insignes caudi- 
llos Malborough y el príncipe Eugenio. • 

A pesar de tan grandes reveses, y del estan- 
do apuradísimo en que se hallaba el erai^io, 'no 
desmayd Felipe, viendo tan decididos ^n favOr 
suyo todos los pueblos de la corona de Castilla, 
y fart dispuestos á hacer todo ünage de ^a(;ri(i- 
cios. Do8 veces tuto que abandonar el monarca 
español la capital del reino para que la ocupasen* * 
sus enemigos. En la primera de ellas partid para 
Burgos, acompañado de la rema, y dé un gran 
núnM*ro de grandes. El glorioso ejemplo que die^ 
ron las personas reales de energía, sufrimiento-y 
resolución,' escild un entusiasmo general en la co- 
roña de Castilla. Los habilantes ofrecieron «( rey 
todos sus bienes, aprontaron Wvercs para e'l ejer- 
cito, y se presentaron á millares para combatir ba- 
jo sus banderas. 

Las acertadas operaciones militares del má^ 
riscal de Bcrwick, general de las tropas de Fef- 
1 (pe, 'obligaron 'á los aliados á abandonar la ca- 
pital, á la que regresó el monarca en medio de 
las mas vivas aclamaciones. Al afío siguiente ga- 
nó Berwick la celebre batalla de A I mansa , en la 
cual tuvieron los aliados cinco mil muertos y 
doce mil prisioneros, perdiendo ademas IqiSí bag«i^- 
Tomo U'^. a 



i8 

gcs, la artillería y ciento veinte estandartes, y 
bauderas. 

La segunda vez que Felipe se vid precisado 
á al)andor>ar la capital y retirarse con lá corte á 
Valladulíd, fue en 1.810 (i)« de resultas de la 
derrota que ¿ufi^ieroQ s\ks tropas en Aragón, doo- 
de se hallaron en perdona los dos monarcas com* 
peí ido res. Acompañado el archiduque de sus au- 
xiliares, asi iogiescs como alemanes, entró trlua- 
fante en Zaragoza; y para empeñar mas á los 
aragoneses, restableció su antigua constitución y 
privilegios. Determinado luego su viagQ. á Ma« 
.drid , entró en esta villa con grande aparato mi- 
litar; pero sus habitantes le recibieron con uq 
triste silencio. 

Entretanto los castellanos se preparaban pa-^ 
ra hacer nuevos esfuerzos y sacrificios: Felipe, 
alentado por la reina, ^dquiria nuevo vigor en 
medio de tan grandes apuros, jurando sepultarse 
en las ruinas de España, antes que abandonar á 
un pueblo de quien rcclbia tan señaladas prue- 
bas de fidelidad. 

A la sazón llegaba á España el famoso gOf 
neral Vendóme para dirigir el esfuerzo del mo- 



(1) GimentarioA del niarques de san Felipe, tomo I, 
pá^. 110. 



'9 

liarca, y aproirecharae del -celo quo .alentaba á IO0 
caslollaiios. Sabedor ea el camino de qué él ene- 
migo estaba en Madrid, eselauíó: sitfñffiif que el 
rey, lá reina y el principe de Astu^t;A^ estén i 
salvo,' yo respondo de todo lo detua». Al llegar 4 
Valladolid, tío que el estado de los" T»egocí«s 
presentaba mejor especió de Jo que se figura baii 
los enemigos. Ademas del' cuerpo de guardias es* 
[hartólas *y wa lonas, en húmero de 49 « quedaban 
tódáviá'del ejeVcilo de Aragón 59 caballos y 88 

♦ — 

infantfñ: en las fronteírás de Castilla la Vieja y 
Portugal habia 8 batallones y 12 escuadrones; 
otros tatitos en Andalucía; 32 batallones y 35 
escuadrones en Estremadura. De todas partes acu* 
dian voluntarios á aumentar las filas del ejerci- 
to, mientras quo las partidas sueltas infestaban 
todos los caminos, y venian á inquietar al enemi- 
go hasta las puertas de Madrid (i). 

Dedicóse desde luego Vendóme á dfsri|)I¡nar 
y organizar aquellas fuerzas, auxiliado del duque 
de Popoli , de los condes de Aguilar de las Tor- 
res y Valdecanas, y de D, José Patino (2), que 



(1) Loft partidarios mmn célebre» fueron D. Feliciano 
Bracamonte y O. Jo.se Vallpjo, quienes caiiaaroit ;nuclios 
daftcs á los enemigo». 

(*2) Fue este el célebre ministro, de cuyo gobierno 



20 
muy ver3aido en el ramo de hacienda , did dea-* 
de entonces á conocer su gran capacidad j celo 
escraordj¡MflÍO en et acopio de provisiones j per- 
cepción d^los impuestos. Por los esfuerzos reu- 
nidos de aquellpis hábiles sugefos, se formo un 
ejéicilo. de 253 hombres, perfectamente equipar 
do, en el corto espacio de cincuenta dias«. á pre- 
sencia de un enemigo poderoso. 

La primera operación militar de Yendome 
fue impedir que el ejército enemigo de Castilla la 
IVueva se reuniera con los portugueses; i cuyo 
fin, marchando rápidamente por Salam^anca y 
Plasencia , se apodero del puente de Aimarás. Ai 
mismo tiempo un cuerpo de 2o@ franceses , al 
mando deNoaílIes, entró en Cataluña con un 
tren considerable de artilleria para expugnar á 
Gerona. - 

Estos dos movimientos combinados produje- 
ron un efecto decisivo. El ejército del archídu- 



se hablará roas adelante. Mr. G>xe supone que quien au- 
silió á Vendóme fue don Baltasar Patino, confundiendo 
sin duda á este con su hermano don José, que era el in- 
teligente en el ramo de, hacienda, y quien en el siguiente 
año de 17 i t pasó á la provincia de Estremadura con el 
carácter de su|veriütendente general de ella y su ejército. 
yida manuscrita de don José Patino^ por don José An^ 
ionio de Armona , corregidor que fue de Madrid, 



ai 

que f acantonado en las inmediaciones de la ca- 
pital, donde era el calor excesivo , se disminuía 
insénsiblemétite, asi por las enfermedades y los 
desórdenes de la intemperancia , como por sus 
continuos choques con las partidas jr* destacamen- 
tos enemigos. Los generales aliados habian hecho 
hs representaciones mas enérgicas á los portu- 
gueses, para que se pusieran en movimiento y se 
internasen en España; pero |a lentitud c indeci- 
aiott del gobierno portugués dio lugar á que Ven- 
dóme se interpusiese con sus fuerzas , j entonces 
ae retiraron las tropas portuguesas á sus acanto- 
namientos , dejando á Felipe en libertad de diri- 
gir todas, sus (bertas ' contra sus mas poderosos 
enemigos. 

Cercados estos de obstáculos delante de un 
ejército contrario que diariamente se acrecentaba, 
encerrados en un pais donde apenas podian man- 
tenerse por la fuerza, y nó contando ya con la 
cooperación de los portugueses ; los generales alia- 
dos no pensaron desde entonces mas que en reti- 
rarse abandonando la capital. 

Vdhrió á entrar en ella FeKpe acompañado 
de Vendóme, recibiendo nuevas demostraciones 
del mas acendrado amor de ius subditos, cuyo 
entuliasmd'jmbrepüjd i todo encarecimiento. Fe- 
tfpe'úo obstante se dietuvo poco á goziV de tan 
grata satiáfiíccion: á los tres dias dejó la capital 



22 

para incorporarse á si| ejércítQ,. que continuaba 
avanzando contra el encinigo á las ordenes de 
Valdccanas, mientras que las partidas de Braca- 
monte y de Vallcjo .le acosaban de i'i^ y de .no- 
che en su marcha. 

Por medio de un movimiento, rápido J Há- 
bilmente ejecutado, según el plan de Vendóme, 
llegaron las tropas de Felipe á dar alcance á un 
cuerpo de seisjDiil hombres, que á las órdenes del 
g;rncral ingles Sianbope, formaba la relagiiarjia; 
y atacándola denodadamente en Bribuega, le 
obligaron á rendirse después de un sangriento y 
obstinado combate. 

£1 gcners^l austriaco Slaremberg,» que man- 
daba el cuerpo principal del ejercito enemigo, 
retrocedió para auxiliar al ingles cuando supo el 
peligro en que se hallaba; y sin haber podido evi- 
tar lá rendición deSt(inhope. hubo de hacer fren- 
te al ojcrcito de Felipe , que le acometió furiosa- 
mente apenas le tuvo á la vista. £1 rey, que man- 
daba el ala derecha, carga con denuedo, arrolla 
la primera linea de la caballería enemiga « y obli- 
ga á la segunda á replegarse; pero sus escuadro- 
nes inconsideradamente enardecidos -se olvidan 
de cubrir los flancos de la ínrantct ¡a , y es- 
ta se halla en el mayor peligro. £ntoiices se ha- 
ce gencrstl la batalla: los. aliados, á quienes no 
queda otra alternativa que la de vencer ó mo- 



23 

rir, cargAfi con tal ímpetu, que el pje'rcito real 
teme su derrolH, j se da ordea para rclirarse á 
Toríja, 

En tal apuro', los generales y oficiales espa- 
ñoles, )uolando los soldados que les quedalHin, 
forman un cuerpo escogido , y peleando todos ro« 
mo simples soldados contienen los progresos del 
enemigo, basta que ValdccaSas al frente de los 
walones y de la reserva cae sobre aquel y le des- 
barata. La oscuridad puso fin al comliate, y du- 
rante la nocbe hizo su retirada St;ircinberg« cla- 
vando su artillería y tomando el camino de Bar- 
celona. Felipe se dirigió con Vendóme á Zarago- 
sa: Valdecanas y M¿ibony continuaron con activi- 
dad las operaciones militares; y mientras que los 
franceses apoderados de Gerona descendian á los 
llanos de Urgcl, los espa Soles se e&tablecian su- 
cesivamente en el centro de Cataluña (i). 

A pesar de estos señalados triunfos, aun no 
estaba segura la corona en las sienes de Felipe; 
porque el e'xíto de la guerra dependía de la lucha 
empeñada en los Países -Bajos. Los franceses ha- 
bían sufrido allá tan grandes perdidas, que con 
una campana mas , dirigida con igual acierto que 



(1) l/Eip»gnc %o\\% \t% roU de U luaisoii de Dourlioii' 
par Wtlliam Gox«, tom. *i, c*sp. tS. 



^4 

las anteriores, Luís XIV iba á verse reducido á 
recibir las condiciones de paz en las inmediacio- 
nes de París; pero afortunadamente para este 
monarca varió esencialmente la política del gabi- 
nete ingles. La reina Ana , que no abrigaba ene- 
mistad alguna personal ni política contra la Fran- 
cia, como Guillermo, se entregó al partido de 
los torys, quienes apoderados de loa ministerios, 
y asegurados de la cooperación del parlamento, 
no pensaron mas que en disolver la grande alian- 
za , ya entrar 'en negociaciones de paz con el mo- 
narca francés. 

Firmáronse en Londres \oé^ preliminares, y 
se resolvió abrir en Utrecht un congreso com^ 
puesto de todas las pólcncins beligerantes. Du- 
rante el corso de esta importante negociación fa- 
lleció el emperador de Austria sin sucesión, y re- 
cayó la corona imperial en su hermano Carlos, 
(Y)mpetidor de Felipe, Con e«te suceso varió ente- 
ramctile la cuestión : las potencias que habían 
combatido contra Luis XIV para sostenerel equi-. 
librio europeo, debian ahora evitar que Carlos, 
dueño de Italia y emperador de Alemania, agre* 
gase á tan vastos estados el reino de Kspanav for- 
mando un poder mas temible que el dd mismo 

Luis. 

En consecuencia se firmó la paz de Utrecht, 
por la cual cedió Felipe i Inglaterra la isla de 



25 

Menorca y la pkza de Gíbraltar^ coiMervando la 
España y la« Amérícas ; al duqoe de Saboya se 
dio la isla de Sicilia con título de reino, y á la 
casa de Austria se cedieron los Paises*Bajos es-^ 
panoles, el Milanesado, el reino de Ñapóles, loS 
presidios de Toscana y la isla de Cerdena. Car-^ 
los VI, aunque era el mis favorecido en esta' 
paz, no quiso hacerla con Felipe Y, ni recpno* 
cerle por rey de España, y aun peleo un ano 
mas con la Francia, si bien convino en evacuar i 
Cataluña. 

Los catalanes, aunque sin esperanza de so* 
corros esieriores , y abandonados de todo el mun- 
do, no quisieron ceder, resueltos á morir antes 
qoe someterse á Felipe. Sus fuerzas estaban r^^ 
ducidas á 1 63 hombres regimentados , y una gran 
muchedumbre de paisanos con armas; ¿ pero qu¿ 
▼alia esta fuerza contra el poder reunido de Luis y 
Felipe? Asi es que pronto las tropas de uno y otro 
ocuparon toda la Cataluña, escepto Barcelona, 
cuya guarnición , uaidar con los demás habitan-* 
tes, juró resistir hasta el úkimo estremo. Las fuei^ 
zas españolas y francesas reunidas delante de Ia!> 
plaza ascendían á 359 hombres. 

El sitio fue de los mas sangrientos y horro-» 
rosos que recuerda la historia. Los habitantes to- 
maron todas las disposiciones para defender pal- 
mo á palmo el tcrrenoi' Se enTtaron los ancianos, 



26 

los enfermos y loda gente débil á Mallorca , re* 
comendáadolos al cuidado de aquellos habitan- 
tes, que eran sus hermanos y confederados. Los 
clérigos, los frailes y aun las mugeres tomaroa 
las armas: finalmente, después de la mas encar* 
nizada resistencia , la ciuda4 hubo de rendirscr á 
discreción. 

. Cuando el gobierno de Inglaterra logró atraer 
á los catalanes para que tomasen las armas ea 
fairor del archiduque, prometió conservarles sus 
privilegios, y esta promesa se ratificó de nuevo en 
el tratado que se hizo para la evacuación de Ca- 
taluña por los aliados. Felipe no obstante tuvo 
medio de atraerse una parte del gabinete ingles, 
determinándole por fin á eludir la ejecución ^ 
un empeño garantido por dos veces ante toda la 
Europa. Asi en los artículos sometidos á la apro* 
bacion de la corte de España, en virtud de tos* 
convenios preliminares con la Francia , lord Le-> 
xington no hacia mención de la antigua constitu-^ 
cion de los catalanes, limitando su demanda á 
un simple armisticio. En la correspondencia del- 
ministro de estado ingles Bolingbroke con los ple- 
nipotenciarios de Utrecht, se hablaba de los prin 
vilegiós de Cataluña como contrarios á los inte- 
reses de la gran Bretaña, recomendando la cons- 
titución de Castilla como mas. favorable á los 
subditos que quieren vivir bajo un sistema de 



^7 

obediencia legitima á sus soberanos (i). 

Desamparados, pues, los catalanes, y suje* 
tados por la fuerza , perdieron su antigua consti^ 
tucion, como la babian perdido ya los aragone^^ 
y valeocianos por un decreto de Felipe, que á la 
letra dice asi: Considerando babor peidido los 
reinos de Aragón y Valencia, y todos sus babi- 
tantes, por la rebelión que cometieron, faltandq 
enteramente al juramento de fidelidad que me hi- 
cieron, como á su legítimo rey y señor, todos los 
fueros, privilegios, exenciones y libertades que; 
go^ban, y que con tan liberal mano se les ha-t 
bian concedido, asi por mí como por los señores 
reyes mis predecesores,. particularizándolos en es- 
to de los demás reinos de la corona ; y tocándome 
el dominio absoluto de los referidos reinos de 
Aragón y Valencia, pues á la circunstancia de 
ser comprendidos en los demás que tan- legitimar 
mente poseo en la monarquía, se añade abora 
la del justo derecho de la conquista ,que de ellos 
han hecho últimamente mis armas cQ/nel motivo 
de su rebelión ; y considerando también que unq 
de los principales atributos de la soberanía es U 
imposición y derogación de las leyes « las cuales 



(1) Mr. G>if y L*Espftgne aoiia les roit d^ 1» maison de 
Bourbon, tom. 2, cap. 21. 



38 

COD la variación de los tiempos y mactanzai def 
costumbres podría yo alterar^ aun sin los grandes 
y fundados motivos y circunstancias que hoy coo- 
curren para ello en lo toqante á los de Aragón 
y Valencia : he juzgado por conveniente, asi por 
esto como por mi deseo de reducir todos mis m- 
nos de España á la uniformidad de unas mismas 
leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándo- 
se igualmente todos por las leyes de Castilla,* tan 
loables y plausibles en todo el universo; abolir y 
derogar cntieramente, como desde luego doy por 
abolidos y derogados, todos los referidos fueros, 
privilegios, práctica y costumbres hasta aqui ob- 
servadas en los referidos reinos de Aragón y Va- 
lencia; siendo mi voluntad que estos se reduzcan 
á las leyes de Castilla , y al uso , práctica y for- 
ma de gobierno que se tiene y ha tenido en elíá, 
y en sos tribunales , sin diferencia alguna en na- 
da, &c. Buen Retiro, á 29 de Junio de 1707(1)1 
En el mes siguiente se espidió otro decretó 
declarando '\^ue la mayor parte de la nobleza y 
otros buenos vasallos del estado general , y ma- 
chos pueblos enteros babian conservado en los 
reinos de Aragón y Valencia pura é indemne su 



(t) Belando, historia civil de Espada, tomo I, pági- 
na 316. 



«9 

fidelidad , rínd¡¿ndo$é solo á la fuerza íoooptras- 
lable de los enemigos; Eo consecuencia les prome- 
tía e! rejr la conservación de todos sus privilegios, 
exenciones, franquicias j libertades; si bien con 
la cláusula de que esto no se entendiese en cuan- 
to al modo de gobierno, leyes y fueros de dichos 
reinos , asi porque la diferencia de gobierno ba- 
bia sido en gran parle ocasión de las turbaciones 
pasadas, cpmo porque en el modo de gohárnar 
los reinos y .pueblos no debia haber .diferencia 
de leyes y. estilos. 

Las máximas de gobierno absqluto sentadas 
eo aquellos decretos eran muy conformes á las 
ideas políticas que entonces dominaban en Casti^- 
Ha. Las antiguas Cortes habian dejado de convo* 
carse en el débil reinado de Carlos IL Apenas 
quedaba ya un recuerdo de aquella entereza varo- 
nil con que las asambleas nacionales habian de- 
fendido sus derechos. La España después de haber 
conservado sus instituciones políticas en el tenebro- 
so tiempo de la edad media , gemía en la mas pro- 
funda humillación y servidumbre al advenimiento 
de la nueva dinastía (i). £1 &natismo religioso, 



(1) *«Por U myerte de Felipe IV, por la menor edad 
de Ctrlot II y loe diagustoe qne hubo eotre U reina ma- 
dre y don Jnan de Austria , le omitieron entonces las 



3 o 

sósleiHclo constantemente por la inquisición, ha- 
bia herido de muerte la gloria j la prosperidad 
dét pueblo castellano. Afortunadamente los ade- 
lanlamientos de la civilización europea hacían pre« 
sentir á principios del siglo XVIIl las progresi- 
vas mejoras que habían de rpcíbir asi las iustitií- 
ciones políticas, como los demás ramos de la pú- 
blica administración. 

La Francia , gobernada entonces por el ttiTki 
absoluto de los monarcas , no podía comurircar- 
nos buenas máximas de gobierno; aunque sí ideas 
útiles eil cuanto á administración y fomento de 
hs artes industriales. Aun este bien se adquirid 
al principio á costa de la independencia nacional. 



Cortes^ debiendo ser precisas y convenientes; y como las 
diferencias en las monarquías corrompen las buenas eos- 
tambres, y después tampoco hubo Cortes en aquel dilata- 
do reinado, no solo faltó quien las enderezase, sino que 
con el discurso del tiempo ofuscaba Iss materins que eran 
de iuspeccioB de ellas, paró en lastimoso aliandoao el 
continuado afán de las mismas, pues es notoria la gran 
estrechea de medios en que se halló el real patrimonio en 
todo aquel reinado Ss^c* Asi se esplicaba don Vicente dj 
Cangas Inclán, en una representación dirigida áFcl¡{»e V 
sobre el origen y utilidad de las Cortes, sobre !a mejor 
administración de justicia y otros puntos importantes. La 
insertó el seBor Valladares en el tomo II de su Sei^anarío 
erudito. 



3i 

Eí cardenal Portocarrero, icgiiD asegura el mar- 
ques de San Felipe (i), para coaserYar sin riralcs 
su autoridad, introdujo ea el gdi>¡erno á los irán* 
ceses, por quienes fue después arrojado de el. Es- 
te mal estadista hizo que el rey formase un con- 
sejo secreto de gabinete, en el cual tuviese voz j 
voto el embajador francés. 

En esta junta, que presidia el monarca, no 
entraban mas que el cardenal , el presidente del 
consejo de Castilla Arias, y el embajador francés* 
á cuyo voto se daba la mayor consideración. Des* 
de entonces tenían tanta mano en los pegocios de 
España los ministros franceses, que dieron mas 
celos á las potencias estrangeras, viendo estrecha- 
da la unión de \^^ dos coronas en tal grado % que 
todo se ponia al arbitrio de Luis XIV. Si algu- 
nas veces el gabinete de Madrid, cansado de tan^- 
ta humillacKHi \ qaeria obrar con cierta indepen^ 
dencia, los ministros franceses, recordando lat 
obligaciones que Felipe debia á su soberano « y \u 
necesidad que^tenia üe sus auxilios, siempre que- 
daban victoriosos. Asi aquella pririiera época, tan 
gloriosa para los espaSolés por las distinguidas 
pruebas que dieron de valor y lealtad, y para el 



(i) G>meatarios de la gaerra de España, tom I| pá« 
giaa 30. 



3a 

rey por el tesón coa que defendió su corona, fue 
también un período de ardides palaciegos y de £or- 
zosa sumisión al gabioete de Francia. 

La política de España varió notablemente de 
resultas del faillecimicnto de la reina, acaecido en 
i4- de Febrero de 1714* Felipe, entregado á un 
dolor profundo , abandonó las riendas del gobier- 
no, y la princesa de los Ursinos, favorita de la 
difunta reina y de su augusto esposo , amaestrada 
en las intrigas palaciegas , ambiciosa y sagaz tra-» 
tó de gobernar á su arbitrio la monarquía , opo*^ 
niendo sus ardides á los del gabinete francés, yt 
aspirando i una independencia que no era poitr 
ble mientras viviese Luis XIV. Por ella se con- 
fió la dirección principal de los negocios al fran^ 
ees Orry, conocido ya por sus reformas en el ra« 
mo de hacienda, y al mismo tiempo se trato de 
limitar el poder y los privilegios del' clero , pcw 
niendo término á los abusos eclesiásticos, y rcfre^ 
nando la terrible autoridad de la inquisición. 

Soslenian los proyectos de Orry ¡el confesor - 
del rey Robinel.y don Melchor de Macanaz, que 
por su gran talento y la entereza de su carácter^ ' 
había ascendido de un juzgado inferior de Aragoq 
á la plaza de fiscal del consejo de Caslílla, y ya 
se habia dado i conocer por su oposición á las 
inmunidades del clero. Presentó Macanaz un in- 
flarme ó memoria al rey, en la cual se proponía 



33 

protiar que lo3 abasos de la iglesia habiao sido 
perjudiciales i los Intereses de la corona ; que el 
privilegio del asilo habla convertido el templo de 
la divinidad en un reftigio de malhechores; que 
otras muehas inmunidades civiles del cuerpo ecíe- 
llisticó eran perjudiciales á tk autoridad real y 
al tesoro publico ; y que el tribunal de la nuncia- 
tura ejercía un verdadero despotismo en España. 

Hizo esta Memoria una impresión profunda 
en el ánimo de Felipe V« qiie mandó pasarla al 
consejo de Castilla para que informase. Como este 
era un ataque directo al monstruoso poder del 
clero, que tenia va en EspaSa tan hondas raí* 
ces^ no podía menos de escitar grande interés, 
alentando las esperanzas de algunos ilustrados 
espaSoles partidarios de las reformas , y escitan- 
do la indignación de los interesados ei| aquellos 
abusos. I^ inquisición, fiempre vigilante para 
sostenerlos , declard herética v subversiva de la fe 
católica aquella Memoria que habia sido denun^ 
ciada, si bieu por consideración #1 rey se abstuvo 
por ^tonc^ de proceder confr^ !4acanaz. £1 de- 
creta de la inquisición se fijó en las iglesias y pla- 
zas públicas del reino, y l^sti^ en las par^^s 
del palacio real. 

Los refprmadores hicieron ver al rey qne la 
piiblicacion de la sentepcia inquisitorial era un 
atentado escandaloso contra la corona , y Felipe 
Temo ir. '4 



H 

se irritó hasta el panto de exigir la reydcacioQ de 
aquel decreto , 7 aun tuvo la intención de suspen- 
der de sus funciones al santo Oficio. Este no obs- 
tante osó hacer frente al monarca mismo: los in- 
quisidores nuevamente nombrados por el rey no 
se atrevieron á tomar posesión de sus plazas. Se 
intimidó la conciencia del escrupuloso monarca« 
quien mandó convocar una junta de teólogos. Didí 
esta un dictamen favorable á la inquisición , cen- 
surando la Memoria de Macanaz; y el consejo de 
Castilla confirmó este &II0 , pues si bien recomen- 
daba débilmente aquel escrito en algunos puntoSi^ 
le calificaba en general de violento en demasia, j 
contrario á los principios de la fe católica; Felipe * 
hubo de ceder á la oposición de las dos autorida- 
des civil y eclesiástica* sin atreverse á adoptar el 
dictamen de sus ministros; y aunque siguió prole* 
giendo á Macanaz contra el poder terrible de la in- 
quisición, tuvo por fin este celoso minislro^ que es- 
patriarse salvándose en |a corte de Francia (i). 



(1) Mr. G>ze L'Espagne soas les rois de la maison de Boar-* 
bon y tom. 2 , cap. 22. Macanas dirigió al rey desde Párli* 
un escrito i o ti talado: Auxilios para bien gobtrrtar una' 
monarquía católica , qae puede verse en el tomo 5.* del 
Semanario erudito de Valladares. En esta obra hace rese- 
da de los gravísimos males que aquejaban á la monarqaia^ 
apuntando loa oportunos remedios.. Se lamenta de It com<« : 
plicacion de las leyesi y hace ver la necesidad de na oódf-»*. 



35 

Otros dos sucesos notables ocurrieron en esta 
época del reinado de Felipe V, y fueron la renun- 
cia solemne de sus derechos á la corona de Fran- 
cia, 7 la alteración de la antigua ley fundamental. 
de Castilla acerca del modo de suceder en la coro* 
na. Motivó lo primero ift instancia que hicieron 
los ingleses pendientes las negocTaciones para la 
paz « á fin de que para evitar la reunión de los 



go; niMÚfiesta los per)aiciot de la amorticacion eclesiásti- 
ca , del excesivo número de frailes , proponiendo la refor- 
ma, de estos 9 llaáaa enfermedad pestilencial á la muche- 
dartilire de jesuítas que había en España, ponderando los 
per)aicíos que causaban al estado. IVata de la necesidad de 
Ibipentar. el comercio 7 la industria; 7 aunque no tengan, 
aplicación en el dia muchas de las mejoras que propone» 
siempre serán dignos del mayor elogio los pensamientos y 
el celo patriótico de este ilustre magistrado 1 que por el 
bien de su pab trabajó con tanto empe&o» é biso tan cos- 
tosos sacrificios. Lo mas notable es que entre sus escritos 
s(e halla uno en defensa de la inquisición; pero según dice 
el Sr. Mnriel en un« de sus notas al cap. 22 de la Histo- 
ria de Coxe, los inquisidores calificaron de irónico «aquel 
escrito 9 opiafion; que le vio eonfirmadsr después en otra 
Qbff de Macfcnaii intitulada: Apología éc la defensa es^. 
criia por Fr, Nicolás Jesús de Belando en fatfor de la 
hisáoria civil de Mspaña^ prohibida iiy'usiamente por la 
inquisieioni sirva esto para vindicación del benemérito 
Má¿a«a« »• á quien no ha mucho tiempo se ha censurada 
en un papel público por su instabilidad en las opiniones, 
\é*9it lo que acerca de Macanas dice el marques de san 
Felipe en sns Comentarios tbm. 3,^ pig. 122 yslguientea 



• 36 

reinos de España y Francia en ona misoia perso- 
na, renunciasen sus respectivos monarcas el derecho 
que pudieran tener el uno á la corona del otra Asi 
se verifico de una y otra parte ; y para este efecto 
convocó Felipe las Cortes, ante las cuales se leyd 
su escritura de renuncia quedando esta sancionada 
en ellas como fej (i), y asimismo la ezclusioa 
perpetua de la casa de Austria, llamando á la de 
Saboja á falta de sucesión de Felipe (2). 

Aprovechándose este de la misma reunión de 
Girtes, se propuso introducir en la sucesión á la 
corona de España una especie de ley sálica, ó mas 
bien agnación rigorosa contra la lejr fundamental 
y antigua costumbre ¿e Castilla, 7 á la cual de* 
bia él mismo la corona; novedad peligrosa, infuo- 
dada , y que habia de producir las funestas conse- 
cuencias que estamos palpando. Este inconsidera* 
do proyecto se fraguo en el Consejo de Estado; j 
habiéndose pasado al de Castilla sufrid una viva 
oposición de parte de su gobernador Ronquillo y 
otros muchos consejeros. Hé aqui como se explica, 
el Sré Marina sobre el particular (3): «Examinado^ 
el punto en este Supremo Tribunal, hubo gran de^ 



(i) Véase aqaelU escritora en la Historia civil de B^ 
lando tomo I , pág. 545. 

(2) Balando» en el mismo tomo» pág. 556. 

(3) Teoría de las Górtea^^ tom. ü, pág. 25* 



3r 

aacuérdow y lor mis se resislicroo á que ae minki* 
se la antigua forma y orden de sucesión autoriza* 
da por l^tMitumbre y la ley. El presidente Ron- 
quillo, que fué quien Ihso mayor resistencia , ca?? 
yó dt la gracia de los reyes, los cuales premiaron 
su ▼irtiidy (firmesa con desterrarle de la corte. 
Entr^aotoel Goosejo estendid su dictamen redu« 
cido á que' para, mayor validación y firmeza, y pa« 
ra la universal aceptación concurriese' ol reino al 
estaUedmiento de ésta nueva ley,. bailándose este 
junto en Oírles. Aunque asi lo exigía el derecho y 
b gravedad del asunto;, con. todo eso no se cele* 
krti^iatt en debida fiMrjna... ni se despacharon cssltfs 
eonvocátorísiS4 nt.tfe biso elección de Prc^urádorcs 
por loi ayuntamientos de las ciudades iy villas de 
voto, < solamente se previno y miindd : á estos que 
enviasen siis poderes bastanteA:á'los üipntados 4k 
los Reinos , que á la sazón se bollaban en Ma- 
drid (i) de quienes no babia sospecha que dejasen 



(1) En esto se equivoca el Sr. Marina. Las fxirtes Da- 
ñadas para el sclo de U renuncia, sé' convocaron efí''Ta 
forma scottninbradaí y á ellas asistieron los DipuUidos de 
Bárgoa, León, Zaragosa« Granada, Valencia t S^vilU, 
f:órdo1»a, Murcia , Jaén, Galicia^ Salamanca,. (GaUtityvi)^ 
Madrid « Guadalafara , Tarasona , Jana , Avila , Frag^, Ba^ 
dafOSi PalancU, Toro^ Zamora, Caienca, Segovia, Va]ladoli4 
y.ToMow Ea(S«la«.a»Umaa€orifli «alebradas en ol.afto 12 
y no en el J 4 1 como equivocadamenle se dice en. una no^ 



38 

de acceder servilmente á las iiMinaacfonesnlel go- 
bierno.» » . '?. 

Efin^tivamente , en cuanto á obediencia serTÍl 
de aquellos Diputados « tiene sobrada razpn el Se-" 
ñor Marina; ni aun mostráronla energia dé Ron« 
quillo y otros consejeros para resistir la .arbitrarie- 
dad de un monarca, que se atrevía i hablar en es^ 
tos términos: «Mando que la sucesión de esta coiro- 
na proceda de aqui adelante en la forma espresada 
estableciendo esta por lejr fundamental de la suce- 
sión de estos reinos «sus agregados j que á ellos ae 
agtegarea;' sin embargo de la ley de la Partida y 
de otras cualesquiera leyes y estatutos, cpstumbres 
y estilos y capitulaciones, ú otras cuaiesqtíier dia-» 
posiciones de los reyes mis predecesores que húbie- 
fre en contrarioVlw cuales derogo y amth on lodo 
io que fu6i(«n contraría» á esta ley.» 






-iM 



I . f '!••'. . 

• 

ta 4 la historia dé Mr. Cose, tom. 11, pág. 144 1 se esta-- 
bledo' couio ley el naevo modo de suceder á la coronal 
Este documenlo tiene la fecha en Madrid á 10 de Mayo 
de 1713, y las Cortes sé cerraron eñ 10 dé Junio aigtfien^^ 
te. Hisioría civil de España por BehméoyVomj I, cap«i>92i 
9Sy94. 



capítulo u. 



Ibirimoiiiodel rey ton dotti lübel F«nietio; 'ctida de le príneeM* 

4eloe IMmÍi werto ^ LiMe Xiy ; alUracioaen U politiee del 

gabinete de Madrid; minUterio del cardenal Alberoni; projcctoe 

dt eoto^bU'y planct de refteina dvranu »n adminiatracíoa. 



Jb^óoo tieñtop después de haber enTiadado Felipe 
tratd. de oonbraer nuevo eolaoet porque siendo es- 
crapoloso j de t^mperarneuto ardiente , no podía 
▼irir sina en «h estado de. matrimonia Deseando 
Lilis XIV fijar' Ié)' elección de su nieto, propuso 
una de las prínc^as de Portugal , ó de Baviera, 
ó una hija del príncipe de Qmde; pero la princesa 
de los Ursinos qot tanto ascendiente tenia en el 



4o 

animo di&I rey, y qóe profcqraba conserTarle para 
lo sucesivo, trató de dirigir por sí este negocio, 
buscando una princesa dócil con quién pudiese te- 
ner ignal favor que con la reina difunta. 

Rabiando del asunto con él eclesiástico Albé- 
roni , sagaz agente de la corte de iParkna en Ma- 
drid, propuso ésteá Isabel Famesio, bija de Edaair- 
do, último duque dé I^naá,- pintándola como 
una señora ocupada sólo en sus labores, j de nio-* 
gun modo temible pátra la princesa (i). Cayo esta 
eíl el lazo; se concertó la boda^ se pidió permíap 
mra ella á Luis XIV que la dio ton di^uslov f 
de alK á poco tiempo se yeriGco el enlacé J[^ . 



XX) Uns búout lombarda , décia cllistosamente Albé- 
roni'y seganel lestimooio de Mr. t}oxe, indpaátata dá bnt- 
tero efromag^o picentino , ed avezsa di non Mntirsi di 
ftltro parUi^ cbe di niertelH ricanií et tele. 

1(2) Asi refiere este importante suceso Mr. Coké ^ y con 
iíl coincide basta cierto punto el marques de S. Felipe; pe- 
ro de divcírso m'odo se ctieilta'eA nna bislorit .cont^ oJp ^ " 
rinea del cardenal Alberoni, traducida del'español^ segaii 
ae dice en la portada /é impresa en el Haya él alto de ÍTtíí 
¿n ella se baila Inserta ía si^iéiltedárta^AlberonlxaiMi 
AiinSstro amigo sfnyo. "Persuadido de la parte que «mni|ií^t9 
fliis aattsfaccionét, voy á daros noticia ant«.« qocá nadieidel 
acontecimiento mas dicboso de mi vida. £1 proyecto de ca« 
Sarniento entre S. M- C. y la princesa Isabel, que (brmé des- 
dé Va moef^e de la difunta rein% , y f^dk hkbi» tjonilinica- 
Jio é nuestro ddqne, acaba de ser aprobado por ti rey oom 



4i 

La nOévi rckia antes de .ver^e con aui espato 
despidió duramente á la priaceaa de los Ursino^ 
^ae se había adelantado hasta, Jadraque á reeil^tr 
á stt sohenaoa t^^ calidad de camarera mayor^. 
-^^aíteiifne de aqui esta loca que ha osado : íusmI- 
tarroen"* dijo la dominante Isabel de resultas d/e 1^ 
primera conferencia que tuvo con \» princesa. « y al 
l^nto fue esta conducida con. escolta á la frontera 
de Francia. £1 marques de S. Felipe atribule s» 
desgracia á las sugestiones que contra ella habían 
iMcho de antemano la reina: viuda dona Ana, tia 
de Isabel» el cardenal del Giudice* y Alberoní. Al- 
gunos suponen que el rey Felipe. es^Jbfi de acuer- 






'. 1 



Ia ncdiicio» del Padre aanto y del ¡rey. ierifttí»ni»iiiMK«ri 
I#etfiivoriteft. de U difunta reln^ están, en derrota, «y mh- 
1^ todo la princesa (de los Uf^ínos): qaisiera que fiieseis 
testigo de la desconfiansa con que ñe tñirs desdé que sos^ 
pedia liaber sido yo el móvil de esta' negodaeion. No )6b9^ 
tante liaoe algaaoa.dias vaa oonniigo de na f^rle fftfit«4ft» 
y, tt^ n^nifiesla nfuy satisfecha de jeste..afonteciiDÍentOy sin- 
tiendo solo no haber tenido en él parte alguna. La cono- 
céis demasiado liien para conved¿eros^e que sbtomih'Ab 
está de aciteMo con sus palabras.*.»,£Kstailrti'dá cárdiaal 
Alberoní d«pais sa naissan^^. jasq^sa coiyifnefif;^ me^t de 
*anne 1719, par Mr. J. R. traduii de Pespagnol, pág. líO. 
Ar;tso sea esta la F/da dr Alberoni, iescrita segnn dice el 
marque* de S. Felipe (lomo II, pág. 153) por a n grande 
anfíigo de «qael^ para lo cual dio el mismo cardenal los 
msleriales. 



"4á 
ño en esta resotádon; cansi^do ée la éepencíencia 
en qoe le tenia 'la prmce^; pero el autor citado 
ló duda, y deja indeciso este punto (i). Comoquie* 
ca que sea U desgracia de aquella señora acarreó 
la tie Orry, cesando cotí esto el'ristema de adnfi- 
úistracion que habiá planteado. Alberoni que era 
amigo del tarJenál Qiúdice, y tintaba de congra^ 
iciarié con el esTádd eclesiástico , y en especial c&tk 
la corte de Roma , ihfiuyd para el restablecimien^ 
^6 del cardenal éñ su destino de inquisidor genc^ 
ral,' que bábiá jpérdido^^or los sobesos anteriores. 
Aprovechando este 'tan biiena- ocasión, hizo 
entender al VhóiíariQá que. él santo oficio era el'me^ 
jor apoyo de la corona , y obtuvo del rey un de- 
creto mandando á los diferentes consejos que Te re- 
presentasen losi males cansados á¿ tei religión^ y ai 
estac(o bajo el anterior gobieirho. Entonces fue ciían^ 
^do, Idacanaz tuyo que. expatriarse i y volvió á pre- 
valecer la doctrina ultramontana. Felipe, aupque 
htíéúú «n el : fondo y deseoso del bies páblictf , era 
éscrupqlo^ en deindsia, y por elaftfcto hipocondría^ 
cp^qu^ le.doDpinaba, propenso á recibir imprésiÓH 
neS' de lemer reUgioso. Indolente, adornas,, cu^andq 
algdn peligro ó suceso extraordinario no le hacia 



• I' I 



(1) Comea tirios de la guerra de EspaÜía , tom. II, pá- 
finí 130. 



43 

obrar enérgicamente , dejáliase por lo común lle^ 
▼ar de \o$ consejos e inspiraciones de las personas 
que le rodeaban. Asi fue que sus dos mugeres le 
gobernaron alternativamente, como también la 
princesa de los Ursinos en el tiempo de su viudea. 

Todas las cosas variaron de semblante; el po- 
der teocrático rea>brd so autoridad; et importante 
puesto de ministro de estado 7 de negocios estrauf- 
geros fue ocupado por el cardenal Giudice (i). Or- 
17 aalid desterrado «y todo presagiaba un funesto 
porvenir para esta desventurada monarquía. Enr 
tretanto acaeció la muerte de Luis XIV, y ba* 
bieodo sucedido en la corona de Francia el débU 
•y enfermizo Luis XV que apenas.cootaba seis aoo^ 
de edad, ]S*elipexoniciUló el pensamiento de apóde- 
xlHrse de aquella regencia ,' que por la ley,£unda*- 
mmtal de Francia, y según la opinión genera) le 
pertenecía; -de derecho .ea calidad de Jieredéro prer 
■aantivo.ifp -jiio.. ■ •:> 

En consecuencia luego que murtd^ iu abuelo 
consultó sobre el par^^i^ar con sus inámos conse- 
jeros; pero después de , iviia madura . delib?racioti 
abandonó aquella idea temieii4QiMi9a .ccmfiBdera^íiotí 



)'»7 •• • '> •■ 

■».. • 



(f) "Comentarios de la guerra de £spaSa» tom. 11, pi'- 
fina 134. . y í. 



44 

de Ia« potencias europeas si manifestaba la inten- 
ción de bacer Valer sus derecbos. Frustrada su es- 
peranza vid con despecbo al duque de Orleans 
apoderarse de la regencia y de toda la* autoridad 
en Francia; obstáculo grande para sus miras en 
lo sucesivo. 

La ambiciosa Isabel Farnesio que á los noere 
meses habia tenido de Felipe un bijo llamado 
Carlos, fomentaba el pensamiento de sa marido 
acerca de la futura sucesión al reino de Francia 
con la mira de establecer allá algún dia su pn^ 
pia descendencia. Empero como esto era incido 
ií por lo menos distante, se ocupaba en sus prb* 
pías pretenisioncs á los ducados deParma, Pla^ 
séncia y Toscana, pa^a coja sucesión no habia 
rúÉi personas intermedias qne tres príncipes «iü 
descendencia varonil. Asi que solo pensaba en bá^ 
cer|e du^a de aquellos estados como un entable* 
cimiento ventajoso para ella en caso de que llegaae 
á faltar Felipe; - ?. ;HWír 

Su c6niié{er0 principal lífá'Alberoni , que ade^* 
•lantando cada dia tnas^'éh la gracia de los reyes, 
habia logrado remolar- ülgunos ministros poniendo 
otros de su defvocion, y quitar la plaza de ayo del 
príncipe jil cardenal Giudice, que ya le bacia som- 
bra. Poco después obtuvo del papa el capelo por 
los servicios hechos á la ielesia en el socorro dado 
á los venecianos en el año de 1 7 1 6 , y el ajuste de 



45 

las controrersias entre h$ cortes de Roma y Es- 
paña (i). 

Satisfedba la ambicien de Alberoni « asesora- 
da plenamente s<i autoridad en la corte de Madrid 
coa el fa?er de los reyes , y puesto al frente del 
gobierno, aceleró los armamentos marítimos que 
se estaban preparando socolor de auxiliar á los ve-' 
necianos contra los turcos, pero en realidad para 
bacer una invasión en Italia (2). Habia entonces 
un pretesto plausible, porque el emperador de 
Austria habia becLo prender en los estados de Mi-* 
lan á D. José Molinés que babia tenido ultima- 
mente i su cargo los negocios de EspaSaen Roma, 
y volvia á Madrid con-el destino de itíquisidor ge- 
neral, que babia renunciado Giudice. 

Para activar el armamento marítimo en Bai^ 
oeUma , envió allá Alberoni al diestro y diligentí- 
simo D. José Patino, intendente general de mari- 
na, con cuya actividad no tardó en bailarse pron- 
ta una armada de 12 naves de guerra y 100 de 



■■■■«■ 



(i) ComenUriot de U guerri de Espafii, tom. II, pá- 
gina 153. 

(2) El Sr. Murfel jastifica á Alberoni en nnt notn 
al tomo II de U hiiloria deMr. Coxe, pág. 335, haciendo 
ver con faertes raionet y tettimoaiot que no fue el autor 
«iao el ejecutor de los designios hostiles de Felipe y au.es- 
poia pira ocupar cuanto pndiesen cu Italia. 



46 

tranüporte cxin M m£uiie»Tp6i»o GákftIlot;a:li^ 
do. Después de haber partido esta escuadra de 
Barcelona , el marques de Grimaldo « ministro de 
Estado, dio aviso á todos los ministros que ser* 
▼ian en las corles extrangeras* de laa razones 4g[iie. 
tenia Felipe para continuar la guerra contra :la> 
casa de Austria , cuando esta se hiliaba sobrada* 
mente ocupada coa la del turco ( i ). > 

Apoderáronse los españoles ^ poco tiempo de 
la isla de Cerdena ; después de lo cual se hicieron 
inmensos preparativos para otra expedición de ma* 
yor importancia, cual era la conquista del reino 
de Sicilia. Nunca se vieron en España, dice el 
marques de S. Felipe (2), preparativos tan gran* 
des: ni Femando el Católico que taptas expedicio-r 
nes ultramarinas hizo, ni Carlos Y, ni . Felipe II 
que costearon muchas, prepararon una igual a la 
presente. La Europa veia con asombro que un rei- 
no fatigado y exhausto con la anterior guerra de 
sucesión , fuese capaz de hacer gastos tan inmensos; 
en lo cual se dieron á conocer los erandes recursos 
de esta nación cuando la gobemaoan sugetos in-« 
leligentes. Patino era el alma de todo; para ¿1 no 



(1) Comentarios de U guerra de España tom. 11, pái» 

gioa 157. 

(2) Comentariot tom. II, pág. 167. 



4^v 

■ 

habi^ obstáculos • j ntidai-ie oailtabí|. i ju peoerr 
trábiou. • . ■ ^ 

G>08tabala armada . destínala para tan gran* 
de empresa de 2Z navios de línea, 3 mercaoles 
armados en guerra « 4 galeras, ana galeota ma-f 
Uorquina, y 34o. buques de transporte cpn 3o9!- 
bombres, de desembarco entre íafyaUtüí j caba-' 
Hería, gente velerana y. escogida (i).. i^ 

Desembarcadas feliiia^te las tropas,, se em- 
pezó la conquista de la Sicilia q>n buenos auspi-( 
dos , aunque no* sin grande resistencia en mocbqiS.« 
fuertes dé la isla. Entretanto la Inglaterra recer^ 
losa de aquella invasión, envió una escuadra al. 
lAediterráneo de 20 navios de linea al mando del^ 
almirante Bing, y poco después se firmó un trata- 
do de aliansa entre aquella nación , el Austria 7 
la Francia, al que accedió mas tarde, Ifi Holanda 
para oontrarestar los designios de Albepooi, qqeJmn. 
bia querido encender una guerra general en .Eu-. 
ropa. La escuadra inglesa atacó ,á,Ja española c^^ 
d golfo de Araicb, y esta inferÍQrfi?9 1^ caljic^d de(, 
los buques, en buena oficialidad, y ei^ las m^niípr, 
braa, sufirió unjcombate ^in línea ni disposición/^ 



(1) i Cemiiitarlos Um. 11» fág, 180, 



48 
ihilitar , atacando las naves inglesas i las «apaSo^' 

las á su arbitrio, porque estaban divididas. £b- 

suma , de la escuadra espaSola solo quedaron 1 5 

naves, habiéndose perdido las restantes con SSga^ 

hombres de tripulación 7 728 cañones* Los espd^: 

nbles sin embargo pelearon con mas bizarría que 

los ingleses, y nunca se atrevieron estos á abor^ 

dar , por mas que á ello eran provocados. 

A pesar de este descalabro las tropas espano* 
las continuaban adelantando en la conquista de la 
Sicilia, no obstante la tenas oposición que haciaa 
las tropas del emperador auxiliadas* por los ingle--. 
$es. Por su parte el regente de Francia irritado 
con el cardenal Alberoni, envió contra España un 
ejército al mando del duque de Berwick quiea 
se apodero de Fuenterrabía y S. Sebastian sia* 
haber podido impedirlo Felipe, que salió ya tarde 
de Madrid á ponerse al frente de i53 hombres. I^at 
provincia de Guipuacoa se sometió á los franoe* 
séB^ que ocuparon también á Santona para don- 
de se babian eibbarcado en buques ingleses; y- 
por instigación de estos incendiaron tres navios 
españoles construidos alli , y los materiales prepa-» 
rados para construir otros siete. Desde Guipúzcoa 
pasó Berwick al Rosellon con objeto de hacer la 
guerra en Cataluña empezando por el sitio de 
Rosas. 

Estos reveses, los malogrados planes del car- 



49 , 

denal Alberpni qae había intentado vanamen- 
te iñtere|sar en su causa á las potencias- del 
norte» como también la mala nueva de que los 
alemanes sitiaban á Mccina sin }iabcr podido im- 
pedirlo los espióles; fueron otros tantos motivos 
¿e que se valieron los émulos de Alber4>ni para 
indiisponeric con la reina Isabel, que interiormen- 
te le despreciaba por la humildad de su ori-^ 
gon (i). Últimamente instigado el duque de Par- 
ma por el regente de Francia para que procurase 
echar de España al cardenal, envió á Madrid al 
marques de Scptti. Tuvo este una larga j secrc^ 
conferencia con los reyes , en que les presentó las 
cartas del duque su señor y varios documentos 
del regente de Francia, haciéndoles ver la ruina 
que amenazaba á su reino, y' la imposibilidad de 
'tacer la paz si no echaban de su lado á Álberoni. 
Convencido el rey expidió un decreto mandando 
salir á este de Madrid en termino de ocho dias, y 
de los reinos de España en el de tres semanas, con 
prohibición de mezclars(^ en cosa alguna del go- 
bierno ni parecer en la corte (2). 



u 



(1) Era hijo de an jirdinero, y en sus primeros años 
había trabajado con sa padre en aquel oficio. 

(2) Comentarios de la guerra de Espada tom. III , pá- 
gina 2<4. 

Tomo ir. l^ 



46 

traiiíiporte cuti t% mfafiÉes^y>.^o oaMkwiailiop-»^ 

do. Después de haber partido esta escuadra dcr 
Barcelona , el marques de Grimaldo , ministro de 
Estado, dio aviso á todos los ministros que aer^ 
▼ian en las corles extrangeras « de laa razonea que 
tenia Felipe para continuar la guerra contra- ;la> 
casa de Austria , cuando esta se hallaba sobrada* 
mente ocupada con la del turco (i).- 

Apoderároiase los españoles m pocQ tiempo de 
la isla de Cerdena ; después de lo cual se hicieroa 
inmensos preparativos para otra expedición de ^tna*^ 
yor importancia, cual era la conquista del reino 
de Sicilia. Nunca se vieron en España , dice al* 
marques de S. Felipe (2), preparativos tan gran-r 
des: ni Fernando el Católico que taptas expedicior 
nea ultramarinas hizo, ni Garlos Y, ni . Felipe II 
que costearon nmchas, prepararon una igual á la 
presente. La Europa veia con asombro que un rei- 
no fatigado y exhausto con la anterior guerra de 
aucesion , fuese capaz de hacer gastos tan inmensos; 
en lo cual se dieron á conocer los grandes recursos 
de esta nación cuando la gobemaoan sugetos in-< 
leligentes. Patino era el alma de todo; para el no 



(1) Comentarioi de la guerra de Espaiüa tom. 11, pá<F 

gioa 157. ' 

(2) Comentarios tom. 11, pág. 167. 



4% 

* ■ 

trácioD. ' - 

« • • • 

Goostaba la armada destínala p^ra tan gran* 
de empresa de 22 navios. de línea, 3 mercanles 
armado» en gueira, 4 galeras, una galeota ma-( 
llorquina, y 34o baquía de trans.porte cph 3o9l- 
hombres de desemWca entre , iB(í^ltería y c^ba-' 
Hería, gente veterana y. escogida (i). >^ 

Desembarcadas £eliz|Bente las tropas «se em- 
pezó la conquista de la Sicilia con buenos auspi-, 
oos , aunque no* sin grande resistencia en mocbpis.. 
fuertes dé la isla. Entretanto la Inglaterra recer^ 
losa de aquella invasión, envió una escuadra al. 
lAsditerráneo de 20 navios de linea al mando del ^ 
almirante Bing , y poco después se firmó un trata- 
do de aliansa entre aquella nación , el .Austria 7 
la Francia, al que accedió mas taride Ja Holanda; 
para oontrarestar los designios de A|beroQÍ, qqe^n. 
bia querido encender una guerra general en Eu-. 
ropa. La escuadra inglesa atacó ,á, la español^ e^. 
d golfo de Araicb« y esta infer¡or,'i?9 1^ P^l|idad de{, 
los boques, en buena oficialidad, y eq las mj^piípi-. 
braa, sufirió onjcombate^in línea ni disposición, 



(1) CoMnlnioa Um. Up fág, 180» 



=7 



CAPITULO III. 



Goptíanacioa del r«¡nailo d« F«U|M Y hifUiíi miMrt*. 



JLF esde la caída de Alberon! acaecida en Diciem- 
bre de 17 19 hasta el ministerio del barón de Ri« 
perdá, el interior de la monarquía ofrece larga 
materia de censura, y mujr pocos actos dignos de 
recomendación. El marques de Scotti que tanto 
babia contribuido á la desgracia de AIberont« le 
sucedió por algún tiempo en la privanza con d 
monarca y su esposa ; pero no teniendo el talento 
y carácter necesarios para apoderarse del timón 
del gobierno, pronto quedó reducido á un estado 
de completa nulidad. 



53 

Siguióle en el favor el jesuíta Daubcnton; con- 
fesor del rey* que á pesar de sus muchos anos no 
kabia perdido la actividad de un cprtesanj» intri- 
gante, ni carecía de sagacidad y destreza para los 
artificiosos manejos de la cortea Como en calidad 
de confesor le necesitaba para recibir consuelos 
espirituales el tétrico y meticuloso monarca, go- 
bernaba el ánimo de este á su arbitrio, en termi-. 
nos que todos consideraban á Daubenton como el 
verdadero primer ministro (i). 

¿Qué era entonces Felipe? Un rey miserable, 
atormentado de escrúpulos , encerrado en su pala- 
cio, pasando una vida triste, monótona, acompa- 
ñado únicamente de Isabel, que sufria con resig-- 
nacion tan mísero estado por ganar la voluntad 
del rey , j satisfacer la ambición de mandar ú sa 
arbitria La escrupulosa devoción y timidez del 
monarca , daban aliento á la monstruosa inquisi- 
ción que seguia ejerciendo inhumanamente su ti- 
ránica autoridad, y ostentándola en sus detesta-^ 
bles autos -de fe (2). t 

Scotti y Daubenton erati rivales del marques 
de Grimaldo^ que habiendo debido á Orry el mi- 

# 

*■■"'• ' ' 

(t) Mr. €oze1*Espagne soüt les rois de la matMm de 
Boarbon, tomo IH, cap. 22. 
iíl) Pelipt inditpoctto al principio con la in^díácltfii 



54 

nísterio de estado , nunca babia perdido sa puesto 
ni el favor del rey. Su prudencia y buen porte le 
sostuvieron en tan delicadas y críticas circunstan- 
cias; pero enfermo ya, y por otra parte poco ins- 
truido, ni tenia la firmeza necesaria, ni los conoci- 
mientos indispensables para dirigir las riendas del 
estado. £1 ministro de la guerra marc[ues de Cas- 
telar y su hermano D. José Patino, eran los hom- 
bres de talento mas notables en aquella época, y la 
reina los favorecía secretamente; pero todavía no 
estaba bastante cimentado su crédito para aspirar 
á la cumbre del poder* 

Acercábase entretanto el proyecto que Felipe 
babia concebido hacia largo tiempo de abdicar la 
corona , fastidiado de los negocios , é incapaz de 
dirigirlos por la atormentadora hipocondría que le ' 
acongojaba y consumía sus fuerzas fisicasy mora- 



por inflajo de li princesa délos Ursinos, de Orry y Ma* 
canaz, se acercó después macho á los partidarios de aquel 
tribanal , á consecuencia de su casamiento con Isabel Far- 
nesio y sus intimas relaciones con el partido italiano de 
sa corte. Por desgracia es demasiado cierto que hasta la 
muerte de Felipe V todos los tribunales del santo oficio 
celebraron cada año uno ó dos autos de fe públicos, y 
aun hasta tres, como sucedió en Sevilla el afio de 1722 y 
en Granada el de 23. Historia de Mr. Coxe; tom. III, pá- 
gina 6 en la nota , citando en apoyo al Sr. Llórente. 



55 

les. £1 decreto de renuncia se comunico al Consejo 
de Castilla en la forma ordinaria , y este lo roan- 
¿(d publicar solemnemente (i). Aceptada la corona 
por el príncipe D. Luis« fue este proclamado en 
^ de Febrero de 1724* 7 su reinado pasó como 
una sombra , habiendo fallecido aquel malogrado 
jdven en el siguiente Agosto de viruelas mal cura- 
das d malignas , según dice el marques de S. Fe- 
lipe en sus comentarios; Pérdida sensible fue la de 



(1) El decreto estaba concebido en los términos si- 
gaientet: «Habiendo considerado de caatro altos fc esta par- 
te con alguna particular reflexión y madnreí las miserias 
de esta vida por las enfermedades , guerras y turbulencias 
que Dios ba sido servido enviarme en los 23 aSos de mi 
reinado; y considerando también que mi hijo primogéni- 
to D. Luis, principe jurado de Espada , se halla en edad 
suficiente» ya casado y con capacidad, juicio y prendas 
bastantes para regir y gobernar con acierto y justicia esta 
monarqnia; be deliberado apartarme absolutamente del 
gobierno y manejo de ella » renunciándola con todos sus es- 
tados, reinos y señoríos en el referido principe D. Luis» 
mi hijo primogénito, y retirarme con la reina» á quien 
be bailado nn pronto ánimo y voluntad A acompañarme 
gustosa A este palacio y retiro de S. Ildefooso» para servir 
á Dios y desembar^aado de estos cuidados pensar en la 
muerte , y solicitar mi salud. Lo participa^al Consejo para 
que en su vista avise adonde convenga y Uegue á noticia de 
todoi. EnS. Ildefonso á 10 de Enero de 1724« BelandOf 
fuMioría ei9il de España^ ionu Jllf pág. 320. 



56 

este nonarca en sos floridos anos^ porque teni^ 
grande aplicación al despacho, y deseo de apren- 
der y acertar ; pero en tan corto tiempo no ocurrid 
asunto alguno de gra^e importancia y de conocido 
influjo en la civilización. 

Muerto Luis dirigid el Consejo de Castilla una 
consulta á Felipe manifestándole la conveniencia 
de que volviese á tomar las riendas del gobierno; 
á la que accedió S. M. mai^dando que se juntasen 
luego las Cortes para jurar por principe de Astu* 
rias j sucesor de los reinos al infante D. Fernan- 
do. Fue esto ñna verdadera infracción de la mis- 
roa ley hecha por Felipe acerca de lá sucesión . 9\ 
tronó, pues que este pertenecía ya al príncipe 
Fernando en virtud de la anterior renuncia de stt 
padre ; pero como por una parte lá voluntad 'del 
monarca era absoluta , y el consejo apoyaba aque- 
lla infracción, no hubo quien teclamase, ni se tra- 
tó de conVocár lai Cortes para resolver tan grá«^ 
ve caso. 

Preciso es sin embargo confesar en obsequio 
de la verdad que en esta nueva época de su reí- 
nado Felipe se dedico mas seriamente a promorér * 
lá industria y mejorar los diferente]; ramos de lá ' 
administración. Cansado de las dilaciones con que 
se alargaban las negociaciones de paz en el con- 
greso de Cambray, envió á Viena al holandés ba- 
rón deBiperdá, ^uehábiá sidoan'tériorroénte íiiaf 



,■ 57 • ■ 

Útil en el ramo de Hacienda , y qoe convertido al 
cafolicisuio se babia establecido en Madrid. Por 
conduelo de este emisario se restableció la paz j 

m 

buena arroonia entre las cortes de «Austria y Ma*. 
drid. £1 emperador reconoció á Felipe por rey de 
España « y ai infante D. Carlos (habido en su se- 
gunda muger) como heredero eventual de Panna 
y Toscana sin^ condición alguna feadal; y el mo- 
narca español prometió favorecer la compañía del 
comercio de Oslende, y la sucesión de María Te- 
resa)» hija de Carlos VI en los estados hereditarios 
de su padre, que era i la sazón el objeto princi* 
pal de la política de Austria. 

«Este diplomático aventurero , dice Mr. Co* 
xe (i), babia hecho una tentativa tan atrevida co- 
mo diestra para apoderarse á su vuelta del minis* 
terío, presentando nn estenso y magnífico plan de 
las reformas que debían hacerse en la monarquía 
española. En este escrito designaba los medios 
mas Conducentes para mejorar el comercio, formar 
una poderosa marina, y aumentar las rentas del 
Estado (2). 



(1) L*EspagQe sous les rois ¿^ la msison des BoorlioiiSy 
tom. III, pág. 129 y 8Ígu¡ente5. 

(2) Mr. Coxe trata con alguna estenaion esta materia 
tn el tom. 111, pág. 131 y aignientta* Yo me he ceuido á 
ciertas nociones generales. 



58 

Las bases de esta nueva administración, cuyo 
proyecto fue de grande utilidad á los ministerios 
posteriores, darán una idea aunque breve de las 
miráis de aquel hombre cstraordinario. A tres pan* 
tos principales se reducia su nuevo sistema de co- 
mercio ; el asiento de negros , el contrabando , él 
tráfico directo con la America j otras providen- 
cias encaminadas at fomento del comercio nacional* 
En cuanto al asiento ó provisión de negros para 
las colonias españolas cuyo perjudicial privilegio 
tenian los ingleses , proponía que sino era posible 
arrancársele sin empeñarse en una guerra, se de- 
bia fatigarlos y aburrirlos para que ellos mismos 
le abandonasen voluntariamente, como vejatorio y 
de ninguna utilidad. Los medios indicados para 
lograr este fin eran bien onerosos por cierto para 
la Inglaterra, y no menos dificiles en la ejecución, 
pero seguros llevándolos á cabo. 

Por lo que hace á la extirpación del contra- 
bando proponía armar escuadrillas. estacionadas de 
modo que pudiesen recorrer toda la America meri- 
dional , y enviar una fuerza de tierra compuesta 
de 5@ infantes é igual número de caballos para 
arrojar á los ingleses de las posesiones que habian 
invadido. Los arbitrios para costear estos arma- 
mentos estaban bien calculados , y no eran cierta- 
mente gravosos. Al mismo tiempo demostraba la 
utilidad de hacer el comercio directo con la Amé- 



59 

rica ; y para suplir la falta de manufacturas en 
España proponía que se estimulase con premios y 
otros beneficios á los fabricantes estrangeros para 
que Tiniesen á establecerse en nuestro sucio. Tam- 
bién proponia la erección de un Banco en Madrid 
que diese cinco por ciento de los capitales impues- 
tos en él , apuntando los fondos con que pudiera 
empecarse á formar este útilísimo establecimienta 

Manifestando la importancia de las Islas Fili- 
pinas bajo el aspecto mercantil, proponia la for- 
mación de una compañía para hacer aquel tráfi- 
fico , cuyos buques dando la vela de Cadis para los 
mares del Sur, dejasen parte de sus cargamentos 
en Chile, y tomando por ellos plata &e encaminasen 
á las Filipinas. 

Para la protección y seguridad del comercio 
marítimo de España indicaba la necesidad de for-' 
mar en el Ferrol un puerto y un astillero que 
ofreciesen un abrigo á las escuadras destinadas á 
cruzar durante el verano para proteger las flotas 
de America, y observar el derrotero de los buques 
ingleses. Hacia ver también la conveniencia de es- 
tablecer una factoría en el Ferrol para comerciar 
con los paises del Norte, sin olvidar las pesque- 
rías, en cuyo tráfico podrian emplearse 2o9 fami- 
lias de marineros , privando á los ingleses de mas 
de veinte millones di* escudos que sacaban todos 
los anos de España. Últimamente proponia Ri- 



6o 

perdáqucse prohibiese la introducción de mana- 
facturas estrangeras de lana , seda y otras , cuan- 
dio las fábricas nacionales de estos artículos empe- 
zasen á toipar algún incremento. 

Con Is| combinación de estas j otras medidas 
esperaba proporcionar un aumento tan prodigioso 
en los productos industriales, én la población j r¡* 
queza nacional , que según sus cálculos podría 
mantenerse un ejército de 1 3 o3 hombres y una 
escuadra de ico navios y fragatas^ quedando to^ 
davia en las arcas reales un sobrante de dos mi- 
llones úe escudos. 

Cuando volvió á Madrfd después de concluida 
la negociación de Yiena tan a gusto del rey, le 
entregó este las riendas del gobierno en la firme 
persuasión de que realizaria sus grandes proyectos. 
£1 por su parte mostraba la seguridad presuntuo- 
sa de un hombre que confia ciegamente en sus me* 
dios, y la nación alucinada le miraba y aplaudía 
como i su restaurador. 

Desgraciadamente la ejecucfoa no correspon** 
dio á tan lisongeras esperanzas. Desvanecido el 
proyectista con sus planes quiméricos y con el au* 
ra popular, no contó con los obstáculos que habían 
de oponerle el carácter del rey , los anHguos hábi-* 
tos, las circunstancias locales, y su situación per* 
spnal. Felipe naturalmente suspicaz y desconfiado, 
que jamas puso su entera confianza en ministro 



6i 

alguno, sometió los brillantes proyectos de Ripér- 
dá al examen de algunos confidentes, i quienes so- 
lia pedir sus dictámenes secretos. Esta comunica- 
ción fue un golpe funesto para el desyenturado 
ministro. Aquellos mal intencionados consejeros 
no contentos con descubrir y aun exagerar los de- 
fectos de sus planes , tocaron sagazmetite el resor- 
te de la prerogativa real que tanto apreciaba el 
monarca , disuadiéndole de conceder al nuevo mi- 
nistro el extenso poder qué necesitaba para poner 
aquellos planes en ejecución. 

£n suma Riperdá se hizo sospechoso al rey, 
y se yid ademds contrariado por el carácter domi- 
nante y altanero de la reina , que estaba contra 
él prevenida. Los grandes le detestaban; muchos 
de los empleados hechuras suyas le ponían obstá- 
culos ó le comprometían, y él solo no tenia meáias 
para resistir a tantas contradicciones y dificul- 
Udes. ' 

Agregóse por fin á esta poderosa oposición la 
imprudencia misma de Riperdá, que abusando de 
tu ministerio comunicó al embajador infles una 
parte de los artículos secretos del tratado de Vie- 
na; revelación que le precipitó de la silla ministe- 
rial , y le acarreó después tantas desgracias. 

D. José Patino y su hermano el "marquen de 
Caltelar que desempeñaba él ministerio de la guer- 
ra, aceleraron la caida de Riperdá, quien celoso de 



62 

la reputación y gran capacidad de aquellos dos 
rivales babia querido alejarlos de la corte, hacien- 
do al primero ministro residente de España en 
Bruselas, y al segundo embajador de Venecia. Pe- 
ro antes de salir para sus nuevos destinos, Riper- 
dá cayó estrepitosamente : el marques de Castelar 
volvió al ministerio de guerra , y su hermano Don 
José Patino obtuvo las secretarias de Marina y de 
Indias por los buenos oficios de su amigo el con- 
fesor de la reina, Agregósele poco después el mi* 
ni^sterio de Hacienda con la presidencia de su con- 
sejo , por la separación de D. Francisco de Arria- 
za que le desempeñó dos meses y medio, acompa* 
nándole en 1^ caida Grimaldo, secretario del des- 
pacho de Estado. 

Al tomar D. José Patino las riendas del go- 
bierno se hallaba la nación en el estado siguiente. 
Las relaciones exteriores estaban sumamente com- 
plicadas. Las estipulaciones del tratado de Viena, 
no se habían ejecutado en algunos puntos dificiles, 
ni reinaba la buena fe en la correspondencia de 
aquella corte , por mas íntima que entonces pare- 
ciese la unión. G>n la corte de Francia no se ha- 
bian arreglado las desavenencias de familia; el 
cardenal Fleury que habia suplantado en el minis- 
terio al duque de Borbon, no era menos desafecto 
que este a los intereses de España. Con Inglater- 
ra- amenazaba un rompimiento , que se verifico 



63 

ál Mo siguiente. El rey de Cerdena y las demai 
potencias de Italia solo deseaban la tranquilidad 
en sus estados; pero los incontrovertibles derechos 
de la reina Doña Isabel Farnesio á.toda la heren- 
cia y sucesión vde su casa en Italia , podian turbar 
la paz ; debiendo creerse que el infante D. Carlos 
en quien habían recaido estos derechos , como hijo 
mayor de la reina « pasase á tomar posesión de 
aquellos estados al frente de un ejército veterano. 
En finia república de Holanda mediaba para ajus- 
far las diferencias políticas que ponian en peligro 
la paz de Europa y los intereses de su comercio. 
El estado interior de España presentaba un 
cuadro poco lisongero , hallándose empeñadas las 
rentas de la corona, entregadas todavía á codiciosos 
asentistas y arrendadores cargados con la riqueza de 
los pueblos, mas empeñadas aun las provincias me- 
diterráneas por tan duras exacciones; poco poblada 
la Península; atrasada la agricultura, y apenas co^ 
nocido en sus puertos el comercio activo y pasivo. 
£1 que se hacia en Indias por medio de flotas, de- 
masiadamente atrasado , esperaba para recobrarse 
el estímulo de oportunas y acertadas providencias. 
La marina que habia empezado á forinarse'con 
accidentales y transitorios esfuerzos, necesitaba 
consolidarse por medio de un sistema fijo. Blo^ 
queados los galeones en Portobelo por una cscua-* 
dra inglesa, se retardaba el preciso auxilio de los 



64 

caudales de Indias. Las pagas del ejército, de los 
tribunales y ministros apenas podían satisfacer- 
se (i). 

He aqui las grandes atenciones, los muchos 
y complicados negocios para cuya feliz terminación 
se necesitaban grandes conocimientos y recursos. 
D. José Patino reunia la actividad á la inteligen- 
cia, y conibinando las facultades y medios que ie 
proporcionaban los tr^s ramos de Marina, Indias 
y Hacienda que estaban á su cargo, supo aprove^ 
char bien las fuerzas de la primera, para poner á 
salvo los tesoros de la hacienda pública y los in- 
tereses particulares. Por sus acertadas disposicio- 
nes y la atinada ejecución de los gefes de marina 
llegaron felizmente á la Península los caudales de 
América, burlando la vigilancia de las escuadras 
inglesas que andaban á caza de tan rica presa. 

G)mo la guerra con la Gran Bretaña causalia 
tan graves males a nuestro comercio , Patino hizo 
todos los esfuerzos posibles para acabar con ella; 
y al fin logró su ardiente deseo, mediante el tra- 
tado de paz celebrado en Sevilla el ano de 1729* 
En su artículo ^ se estipuló que las tropas espa* 



(1) Memoria histórica de D. José PatiHo, por D. Joaé 
Antouio de Armona. 



65 

JQoIas entrasen desde luego á guarnecer las plazas 
de Liorna, Puerto-Fcrrayo, Parma y Plasencia 
para conservar la inmediata sucesión de estos es- 
tados al infante D. Garlos, y por el artículo 1 2 se 
estableció una garantía para la pacificación dé los 
ducados de Toscana , Parma y Plasencia al mis- 
mo infante después de haber entrado en la soce-^ 
-óon; £n' virtud de este tratado á que se allanó 
posteriormente el Austria , el infante pasó a Italia 
y fijó su residencia en Parma. 

Arreglados estos negocios, D. 3osé Patino, f]ue 
á' los ministerios de Marina y Hacienda reunia ya 
d de Guerra por la separación de su hermano el 
marques de Castelár, proyecto una espedicion con- 
tra Oran dtf que se habían apoderado los moros 
en 1708. £1 ejército espedicionario compuesto de 
253 hombres á las órdenes de Montemar que tan- 
to se había distinguido en Italia; conquistó rápi- 
damente las plazas de Oran y Mazarquivir, y de- 
jando las competentes guarniciones, volvió triun- 
fante á España. 

La sucesión del reino de Polonia ocasionó en 
1733 un rompimiento entre las potencias de Eu- 
ropa, y declarándose entonces enemigos el rey de 
España y el emperador de Austria, proyectó el 
.primero la conquista de Ñapóles y Sicilia para el 
infante D. Garlos. El ejercito español mandado por 
el mismo Moniemar , se apoderó de las princí pa- 
Tomo IF. 5 



66 

les plazas « derrotó á los imperiales en Bitonto , y 
aseguró á D. Carlos los reinos de Ñapóles y Si- 
cilia.* 

He aqui nuevos y gloriosos hechos que recuer- 
dan las antiguas hazañas españolas , pero que con- 
sumen la sangre y los tesoros de la nación para 
satisfacer la ambición de Isabel Farnesio , y here- 
dar á sus hijos en Italia ; política mezquina y sa- 
mamente gravosa cuando á toda costa debiera ha- 
berse asegurado la paz para no pensar mas que 
en el fomento de las artes industriales. 

Sin embargo en medio de estos proyectos de 
dominación esterior • se restablece la marina, se 
adelanta con actividad la construcción de buques, 
se prescriben reglas y se establece una severa eco- 
nomía. Instituyese un colegio para instrucción de 
una compania de guardias marinas con maestro^y 
escogidos para ensenar las ciencias exactas, la as- 
tronomía, la náutica, la gcografia y otras faculta- 
des. De este cuerpo apenas formado salen el aSó 
de 1734 dos hijos suyos D. Jorge Juan y D. An- 
tonio Ulloa que ilustran á la Europa con sus 
obras, recibiendo en cambio los mas distinguidos 
testimonios de aprecio y consideración ( i ). 



(1) A fines de 1734 en que falleció D. José Patiné 



6? 
Aamentanse los tesoros de Indias con el activo 

fomento de sas minas, y puestos en náOTimiento con 
la protección vigorosa de fuertes escuadras « se 
ven U^r con frecuencia á enriquecer la España. 
El comercio adquiere nuevo vigor animado con 
ÍBS flotas y galeones. Los derechos marítimos de 
la nación se sostienen con firmeza en ci Seno me- 
jicano contra las incursiones del contrabando ex- 
trangero. Se propaga la religión con nuevas misio- 
nes, y se observa la mas recta administración de 
justicia en las partes mas distantes del trono. Ni 
ie olvidan las islas del Asia : ábrese para ellas el 
camino de un comercio directo no conocida basta 
entonces; y si este tráfico no prospera desde luego 
por los estorbos que suscitan la política y lá emu- 
lación del comercio extrangero^ queda seSalado el 
norte para su buena dirección y prosperidad en 
tiempos mas felices y oportunos. 

Arreglada la hacienda se libertó á los pueblos 
de aquellos tributos estraordinariós y precisos que 
se habian exigido para atender á las gravísimas 
urgencias del estado. Sacáronse d se redimieron en 
parte las rentas de la corona del concurso de asen- 



constiba la eacuadra española , según documentos oficiales, 
de 59 baques, á saber; 34 navios de línea, 9 fragatas y 16 
embarcaciones menores. 



68 

listas y arrendadores poderosos que las dísfrutabaa 
por anticipaciones hechas á buena cuenta , abrién- 
dose asi el camino á la administración real que se 
estableció' generalmente poco después, con grandes 
beneficios del erario y de los pueblos (i). 

¡Y este ministro que tantos bienes hizo á lá 
nación fue vilmente calumniado 7 escarnecido !•— 
Un carmelita descalzo , portugués ^e nación , con- 
ventual de S. Hermenegildo de Madrid en la ca* 
He de Alcalá, llamado Fr. Manuel de Silva, empe- 
zó á publicar periódicamente en Diciembre de 35 
un papel manuscrito en prosa y verso intitulado 
El Duende contra el ministro Patino y su gobier- 
no. La sátira era amarga y cáustica, de escaso mé- 
rito literario, pero de gran efecto popular, por la 
propiedad con que estaban pintadas las personas» 
y por el conocimiento de los negocios interiores del 
estado. En uno de aquellos satíricos papeles titula- 
do Las confesiones de semana santa, supone el frai- 
le que todos los oficiales de la Secretaría de Esta- 
do se preparan al cumplimiento de iglesia, y hacen 
su confesión con el padre Patino (2). En esta con- 



i 



(i) Memoria histórica de D. José Patino, por el ^íUh 
¿o D. José Autonio de Armona. 

(2) Patino habia sido eu el verdor de sus aiíos jesoita 
cu Italia. 



69 

fesion los covachuelos, criaturas suyas, declaran, 
sus flaquezas, galanteos, manejos y fraudes, mez- 
clándose algunas verdades con muchas mentiras. 

El público siempre inclinado á la maledicen- 
cia y á ver humillados á los poderosos , leia con 
ansia el papel, y celebraba con aplauso sus chocar- 
rerías , lo cual incomodaba sumamente á Patino, 
que en un ano no pudo descubrir al autor por mas 
esquisitas diligencias que se hicieron ; al fin se dio 
con él , se le puso preso en el mismo convento , de 
donde pudo fugarse á Portugal. 

Heredaron los conocimientos y el celo en la 
prosecución de las mejoras dos agraciados y discí- 
pulos de Patino que fueron sucesivamente minis- 
tros, á saber D. José del Campillo y D. Ccnon de 
Somodevilla , conocido después bajo el célebre nom- 
bre de marques de la Ensenada. £1 primero esta- 
ba al frente del gobierno cuando por la muerte del 
emperador Carlos VI acaecida enOctubfe de 1 7^0 
se suscitaron las pretensiones de varios príncipes á 
h sucesión de sus estados. «Felipe Y que alegaba 
también derechos al todo de la herencia , hubo de 
limitar sus demandas á las provincias que el em* 
perador poseia en Lombardía para establecer en 
ellas al infante D. Felipe. Con este objeto partid 
S. A. en Febrero de 1741 p^^ra Italia, llevando 
consigo al duque de Montemar con 1 53 hombres 
7 al marques de la Ensenada por su secretario de 



70 
Estado 7 guerra ^ siéndolo ya de su dignidad- de 

almirante. 

«Asistid el marques en esta campana ¡al lado 
del infante, y promovido á consejero de güerrja, 
mereció de todos los mayores honores y dislincio* 
nes, hasta que por fallecimienlo de D. José del 
Campillo le nombró el rey en i4- de Mayo de 
1743 su secretario de Estado y del Despacho de 
Guerra y Marina, Indias y Hacienda; le honro 
con el gobierno de su consejo, la /Superintendencia 
general de rentas, y el manejo y distribución del 
real erario, confiriéndole también el cargo de lugar- 
teniente general del almirantazgo: empleos todo^ 
que habia reunido su antecesor D. José del Cani- 
pillo. 

jnCuando Ensenada vino al ministerio, I9 
guerra que habia empezado por mar en 1739 , se 
hallaba estendida en toda Europa con obstinación y 
alternada Ibrtuna (entre las naciones aligerantes. 
Los desgraciados acontecimientos de Puerto-Cabello 
y de ptras invasiones que hicieron los ingleses ea 
nuestras posesiones de ultramar, se recompensa- 
ron gloriosamente con la heroica (defensa de Carta- 
gena (de Indias , y con jel memorable «combate de 
Tolón que cubrió de laureles á su general D. Juan 
José ^Navarro, y á los valerosos marinos que 
mandaba. Montemar y Gages que dirigian en Ita- 
lia las pperacionea militares bajo las órdenes del ' 



7\ 
infante D. Felipe , sostenían con sus proezas el 

crédito de la nación en los anos dei744-y45;7 
SI nos fue adverso el de ijí^t en que falleció 
Felipe V, no tardó afortunadamente en calmarse la 
irritación de los ánimos, j al fin la política pro*- 
curó reunir j combinar los intereses de las nacio- 
nes europeas en el congreso de Aqnisgran el ano de 
J748(i).. 



(1) Noticia biográfica del marques de la 'Entenada , por 
•1 Sr» D. Minia Feraaiidei de riavarrete. : c^b^: . 



s-^ 



^T^ 



CAPITULO IV, 



Reinado de Feraando V|. 



JCil largo reinado de Felipe Y tan abundante en 
acontecimientos históricos , y el modo con que ae 
estableció la nueva dinastía en España , estendienh* 
do después su dominación a la Italia á pesar dt 
tantas dificultades j contradicciones ; me han oblí* 
gado á hablar de la guerra de sucesión , y á metr* 
ciarme en las relaciones exteriores mas de lo qae 
hubiera querido. Pero fijados ya los Borbones en 
una y otra Península , me dedicaré en este capitu- 
lo y los siguientes á manifestar los progresos qaé 
hizo la civilización en los dos gloriosos reinados 
de Fernando VI y de Carlos III, omitiendo 6 indiv 



73 

ca&do ligeramente los sucesos públicos « mas pro- 
pios de otra clase de historia que de la presente. 

Sosegada la Europa por el tratado de Aquis- 
gran , según dije en el capitulo anterior , se dedi- 
có Fernando VI á conservar la paz durante su 
reinado en España, plenamente convencido dé que 
el espíritu caballeresco y el afán de las conquistas 
habían causado gravísimos perjuicios á la nación 
entprpeciendo los progresos de la agricqltqra y del 
comercio. Amaestrado el monarca con una costosa 
experiencia , conocía bien cuanto se había debili-r 
tado la España ^n las mntiniias guerras sostenidas 
para satisfacer la ambición de Isabel Farnesio, y 
el establecimiento de sus hijos en Italia, 

A los designios del pionarca cprrespondian 
exactamente las miras del marques de la.Enjsena- 
da, que al abrigo de la paz quería elevar á esta na- 
ción al grado de poder y prosperidad de que era^ 
susceptible por sus grandes recursos, y por la bue*- 
na disposición de sus moradores. «Aunque la nata- 
raleza no había depositado en él , como dice el con- 
de de Cabarrús (i), la llama celestial de un talen- 
to superior, ni se hallaba adornado de profundos 



(1) Elogio del conde de Causa, impreso por Ib^r- 
ra, pág. 16. 



74 

conocimientos , la Providencia le habia dotado de 
un alma generosa y la observación le inspiró aquél 
instinto, aquel tacto precioso que hace conocer, 
apreciar y aplicar oportunamente los hombres, y 
enriquece é ilustra á un ministro con las luces y 
el acierto de cuantos emplea.** 

£1 primer cuidado de Ensenada fue el arreglo 
de la hacienda, llevando enteramente á cabo él 
sistema de real administración en las rentas pro- 
vinciales , desterrando el funesto recurso de los ar* 
ríendos y anticipaciones hechas por avaros, asen- 
tistas, que tanto habían vejado á los pueblos, y á 
cuyos arbitrios habia sido forzoso apelar antes por 
los grandes apuros del erario. Ensenada mas felis 
que sus antecesores , generalizo el sistema de ad^ 
ministracion que á fines del reinado de Felipe Y ' 
se hallaba ya establecido en algunas provinciasi 
simplificando la recaudación , y concibió el pensft-^ 
miento de reemplazar las rentas provinciales coo 
un solo impuesto ( i ). 



(1) Deseoso el marques de la Ensenada, dice el seSor 
Canga Arguelles en su útilísimo Diccionario de Haeien^ 
da (1), de cortar los dados que las rentas provinciales can* 
salían á Castilla, obtuvo del benéfico Fernando VI el da- 

(1) TomoIart¡caloCii/a#fr^. 



75^ . 

Con las providencias indicadas j otras que 
pueden verse en el artículo adicional del Sr. Mu* 
riel al reinado de Femando VI (\), Hegd la eco- 
nomía de la administración á punto de regulari- 
zarse los ingresos y gastos; de suerte que vino á 
quedar un sobrante después de satisfechas las car- 
gas públicas. No faltaban sin embargo extrangeros 
que vituperasen á aquel monarca por su severa 
economía. G)mo el sistema favorito de su reinado 
era la neutralidad con el fin de conservar la paz, 
descontentaba á las potencias rivales que alterna- 
tivamente buscaron su alianza , y de aqui aquellas 
injustas calificaciones. Pero lo cierto es que aten- 
diendo al estado en que hallo Fernando la ha- 
cienda publica , y á la necesidad que tenia de pro- 
porcionarse recursos para llevar adelante su siste- 
ma de neutralidad , no podia ser mas recomenda*- 



^ 



creto de la abolición, estableciendo en tu lugar la única 
contribución^ impuesta sobre la riqueza. Para llevarla á 
efecto se formó un catastro comprensivo del número de 
habitantes, y de la calidad j valor de los productos de la 
agricaltora é industria^ El resultado de tan importante 
operación ^ que costó al erario 40 millones de rs. se en* 
cuentra consignado en 150 volúmenes que se guardaban 
el aSo de 1808 en la biblioteca del departamento del for 
mentó general. 

(1) Historia de Mr. Coxe» tom. IV, pág. 324. . 



76 

ble la conducta de ahorros y parsimonia que en- 
tonces se observaba. Asi pudo atender á todas las 
obligaciones, y emprender costosas obras públicas 
para beneficio del reino. 

Entre estas merecen particular mención la del 
canal de Castilla bajo la dirección del brigadier 
D. Carlos Lemaur; el magnífico y costoso camino 
del puerto de Guadarrama para abrir una ancha 
comunicación entre las dos Castillas; el del puerto 
del rey, y otros que no llegaron á concluirse. 

Conociendo Ensenada la grande importancia 
de la marina en una nación peninsular como- la 
nuestra , y con tan ricas colonias , trató de fomen- 
tarla por todos medios, á lo cual habia contribaí- 
do antes de ser ministro. «Desde la paz de 1 7 48 
dice el Sr. Navarrete (i), había procurado promo- 
ver con buen é^Ito el comercio activo de mar« los 
gremios de pesca y la construcción de buques mer* 
cantes, estableciendo la matrícula bajo un sistismil 
útil y conveniente , pues todo lo habían destruido 
y aniquilado las guerras anteriores. Por estos me- 
dios y los que pensaba adoptar, a ejemplo de otras 
naciones marítimas , para crear un cuerpo de ma- 
rinería, calculaba tener la suficiente para todos los 



(1) Noticia biográQca del marques de la EnaensdSy 
página 6. 



^ 'ni ^ 

boqaes qaé empéiáLa i construir « estando ya 
con este objeto acopiada en los arsenales el affo de 
1752 toda la madera 7 demás efectos necesarios. 
Para esto tuvo que levantar de planta los magní- 
ficos arsenales que todavía son la admiración del 
€pñ los examina. G)nt¡nud j mejoró el de Car- 
raca; se hicieron de nuevo por su disposición el di- 
latado y suntuoso del Ferrol , y el mas reducido 
y bien proporcionado de Cartagena. Se mandaron 
construir 12 navios á lá vez, y se contrataron 
otros. Por medio de D. Jorge Juan se trajeron de 
Inglaterra los mas hábiles constructores y maes- 
tros para las fa'bricas de jarcia, lona y otras, se 
hicieron en los astilleros inmensos acopios de toda 
clase de géneros y pertrechos, y se publicaron or^ 
denanzas y reglamentos muy oportunos para la 
buena administración de los crecidos gastos que 
ocasionan obras de tanta magnificencia é impor- 
tancia.» 

La industria y el comercio recibieron conside- 
rables mejoras en virtud de las providencias que 
se expidieron para su fomento. Entre ellas son las 
mas notables la exención total de derechos á los 
aguardientes transportados de un punto de la Pe- 
nínsula a otro , y á los cereales conducidos por mar 
de un puerto á otro del reino ; la rebaja de dere- 
chos en los tejidos de seda al tiempo de su expor- 
tación ; varias franquicias concedidas para favore- 



78 
cer la pesqaería en los puertos de la Peniasula ; h 
libre exportación de todo derecho público d moni* 
cipal de los granos, vinos j aguardientes en bo- 
ques españoles , debiendo pagar estos mismos artí- 
culos embarcados en buques extrangeros los dere- 
chos reales V mas no los municipales; y por último 
la abolición de los decretos absurdos que prohibían 
la exportación de la plata bajo las penas má« se- 
veras. Pero el ramo de industria que mas constaih 
temente llamo la atención del gobierno , fue el de 
las pesquerías. Habian sufrido estas una gran de- 
cadencia desde que por la cesión de Terranova he- 
cha por la Francia á la Inglaterra en virtud de 
lo estipulado en el tratado de Utrecht , se tíegd ci- 
ta última potencia á conceder á los españoles el 
derecho de pescar alli, á pesar de las ene'rgicas re- 
clamaciones que se hicieron. Cerrada pues la puer- 
ta á este ramo de industria , no hubo mas recurso 
que fomentarle en nuestras propias costas , de la 
cual resultaron muchos bienes. 

Hecha la debida justicia á tan saludables pro- 
videncias, preciso es decir francamente que aun no 
habia en la nación el caudal de conocimientos eeo» 
nómicos necesario para dar toda la conveniente di- 
rección á los ramos industriales , y formar atina" 
dos aranceles con que pudiese prosperar el comer- 
cio. Asi es que á veces proccdia el gobierno en esta 
materia con miras mezquinas y un vicioso sistenta 



79 

de timidez por falta de tioo. Por ejemplo , habién- 
dose permitido en 1755 auna compañía de co- 
mercio formada en Barcelona hacer expediciones 
para Sto. Domingo, Puerto-Rico y Margarita, fue- 
ron tantaa las restricciones puestas á aquel privi- 
legio « que la compañía no quiso hacer uso del 
mismo. 

Q>n el fin de dar mas impulso á la civilizar 
don, Ensenada envió varios españoles á los pai* 
»ts extrangeros para perfeccionarse en las artes j 
las ciencias, y trajo ademas sugetos muy instrui- 
dos de otros países proporcionándoles aqui coloca- 
ciones y otros medios decorosos de subsistencia. 
Escitados por tan honroso estímulo se trasladaron 
á España con objeto de ocuparse en la construc- 
ción naval los hábiles extrangeros Briant, Tour* 
nell y Sothweil; D. Miguel Casiri, versado en las 
lenguas orientales se ocupó en traducir los manus- 
critos árabes, y sus tareas produjeron la Bibliote- 
ca arábico-hispana, bien conocida en toda Euro- 
pa. El coronel D. Luis Godin, uno de los acadé- 
micos franceses que habian estado en la espedicioa 
científica del Perú , vino á dirigir la academia de 
guardias marinas de Cádiz; D. Guillermo Bowles 
después de haber viajado por la Península , escri- 
bió su Introducción á la historia natural y la geo- 
grafia de España , y D. José Quer ilustró la Ikh 
tánica con su Flora española y otras obras. 



8o 

iPor no anticipar ahora las noticias lif erariai . 
qac reservo para el lugar oportuno en que trata de 
-los progresos intelectuales de los españoles en él 
^iglo XVIII, omito aquí otros beneficios que de^- 
bieron las letras y las bellas artes á este celoso 
ministro, cuyos proyectos de reforma se estendian 
á todos los ramos. £1 de la legislación patria no 
podia, menos de llamar su atención, al ver tan 
atrasado este estudio y tan imperfectos nuestros 
códigos. 

Asi es que en ana representación dirigida al 
rey én el ano de 1 7 5 1 , proponia que á las cate* 
dras de Co'digo y Digesto romano, en las cuales 
solo se esplicaba aquella antigua jurisprudencia, 
se sustituyesen las del Derecho patrio coa unas 
Instituciones prácticas, reduciéndose á ua tomo 
los tres de la Recopilación, respecto á que de las 
leyes en ella contenidas, decia el ministro, muchai 
están revocadas, otras no se hallan en uso, ni son 
del caso en estos tiempos, otras son complicadas, 
y no pocas dudosas que es preciso aclarar. 

'*Para esta obra, anadia, podria formarle 
una junta de ministros doctos y prudentes, que 
con prolijo examen fuesen reglando y coordinando 
los puntos de esta nueva Recopilación que podría 
llamarse el código Fernandíno^ siendo V. M. el 
que logre lo que no pudo conseguir su augustísi- 
mo padre por mas que lo deseó 



« En España no se sabe el derethp publico^ 
que es el fundameaiQ de todas las leyes; y para 
su enseSansa se podría formar otra Instituía*..; 
para el Derecbo canónico se había de establecer 
nuevo método sobre los fundamentos de la discir 
pHna eclesiástica antigua « y concilios generales y 
liacionales ; pues la ignorancia que hay en esto ha 
hecfap y hace grande perjuicio al estado y á la real 
hacienda.» 

• Grandes pensamientos eran estos, pero aun 
no había llegado el tiempo de ponerlos en ejccMT 
cion , asi por la dificultad de la empresa , con^p 
por los insuperables obstáculos que oponian los 
antiguos hábitos y los intereses individuales. Mas 
übIíi'&q Ensenada en el arreglo que hizo con 1^ 
corta de Roma sobre los derechos del. Patrpnatp 
jreal, por medio del concordato celebrado en 1 754.* 
Después de ana negociación secreta que duró do^ 
«nos y medio, se concluyeron las antiguas altee- 
caciones, recobrando la corona el derecho de pre- 
.sientar para las dignidades, prebendas y beneficios; 
^quedando ademas arreglados varios puntos para 
hi.fliejor elección de loa ministros de la iglesia, re- 
ferma del estado eclesiástico, y alivio de la mq- 
aafi|üia. 

Fue c^e tratado útilísimo para la España, 
pues por él se ilibertd del pago de enormes sumas 

que hasta entonces habian pasado á los estados 
Tomo IV. 6 



84 

nádoQ poseedora de tan inmensas posesiones en 
America necesitaba mantener constantemente una 
marina numerosa, para defenderlas contra las po« 
tencias interesadas en arrebatárselas. El nuevo mi- 
nisterio volñd toda su atención al ejército de tier- 
ra para hacerse respetar de la Francia; y esto no 
dejó de ser favorable para la independencia nació» 
nal por la parte de los Pirineos. 

Ocupaba el ministerio de Hacienda Valpa- 
raiso, que habia contribuido también á la caida 
de Ensenada; y aunque ni por sus conocimientos 
ni por la firmeza de su carácter era el mas propio 
para desempeñar cumplidamente el puesto qae ha- 
bia dejado el marques, no carecia sin embargo de 
actividad é inteligencia. Por otra parte los oficiar- 
les de la secretaria puestos por Ensenada , seguian 
desempeñando sus destinos, y llevaban adelanta 
las tareas bajo el plan de reforma anterior. El mi- 
nistro de Estado don Ricardo Wall, prescindieo- 
do de sii parcial adhesión á los ingleses, era tam- 
bién de grande utilidad para dar impulso á la ci- 
vilización por sus vastos conocimientos. 

Asi , pues , hasta la muerte de Ferpando VI 
acaecida en ijSg, siguió su curso la ilustración 
nacional conforme al movimiento progresi^ro que 
iba adquiriendo en las naciones mas cultas de 
Europa. Cültiyábanse con ardor las letras; ia tole- 
rancia religiosa iba sucediendo por grados al anti* 



85 

gao fanatismo; j el gobierno espaffol observante 
el sistema de neutralidad adoptado por el rey 
desde el principio de sa dominación, se dedicaba 
' á promover los adelantamientos sociales. Emplea- 
dos convenientemente los r^ursos se formo un res- 
petable ejército: la marina llego á contar en el aSo 
de 1 7 56 44 navios de línea, 19 fragatas y otros 
buques de guerra hasta el número de 63 en todo, y 
se pudo atender al pago de las deudas de la coro- 
na, que el rey ironsideró siempre como una sagra- 
da obligación. 



/. 






I 



f ^ 

JLO V. 

• Ji< 
'■-■'. : •( 

Reiuado <!«; Curio* llf. Providencial pnramiiiaHai n refrenar loe «biiaot 
de la autoridad ecIeMáftica , fspulaioii de loa jeauiUs. JunU de <Mt»d9 
¿ instrucción <|ue «e le dio |»ara au gobierno. 



Ua monarca dotado de cara'clcr firme, irre- 
prensible en su conducta, religioso sin supersti- 
ción y amante del bien público; unos ministros 
¡lustrados y celosos que promueven las mejoras en 
todos los ramos de la adminislracion pública; re- 
cursos suficientes para cubrir las atenciones del 
estado; orden y tranquilidad interior; respeto á 
las leyes y lectitud en la a<!minislrac¡on de jusli- 



87^ 

cm: lM.iquifn<rfiii.itHf|i, If;^ rlrmcnlojt .(lc,pr(>5;pc-* 
ildiid qiiciiitrr€«t f^ iMiiaailo de, Carlos 111. . , ,. . 

A el v-Mtlyírn «¡cniprP jei ojos paría;tt,poyar;fi^ait 
clof irijMa' los (lefcnsoreí dol alisolutUi^do, sin re(l^?^ 
xiuoar queá ua rqy ben^ifico y á unos alioa/Jos, 
ministros, succdun por lo'comun otros detest^l)li;s 
ó iñcpios que deslruyen cuanto tun auícresor.os hi- 
rieron én £H?or.del.|)roQoinuaal. Unas buenas in^iir 
itluciontSt fundadas no en, vanas teori^s^ sino, vni 
l(»s hábitos* coiiunibrcs é intereses nacionales,, nyu 
el único preservativo de los abusos del po(l(?r« U 
l^arantiji inas se|(u^a de ,1a pública bicuandiinz^ 
Así ba prosperado la Inglaterra» asi ha, podido, 
cnciinibrarse á tan alto grado de esplendor y po-^ 
deria 

«Todo observador ¡mparcial , dice un ipdlcbfq 
escritor ingles (i), todo hombre quQ se interese í^n 
el bienestar dt sus semejantes, no podrá menos de 
considerar como el mas bello fenómeno de la l^is-' 
toria del género humano, la prosperidad de la 
logLiterrai cuyo desa'^rullo constante y progresivo 
iiuMca ba padecido interrupción. Otros diucas mas 
favorecidos de la naiuraleaa ofrecerán á sus babi* 



■<■*■ 





O) ' Mr. [{alian L' Furope au itioycn age. luni. Ilt his- 
toirc lie la coiíAlílutioii U* Au|lclerre. , . 



88 
táhtes ibajores gócies bajó el aspecto de Inexistencia 
puramente física; [^ro nb' hay país alguno donde 
hs instituciones políticais hlijran derramado tantos 
beneficios, donde sé hayan visto ea tal armonía h» 
elementos taki comunmente discordes de la riqut^ 
za^ del orden y de lá HbertcuV 

La Esparta tan favorecida por la naturaleza 
en producciones físicas , tuvo tattkbien en lo antf- 
gtio sus instituciones políticas, no trasplantadas dé 
estrangeiñús climas, sino propias, nacionales, her* 
ikianadaS con los sentimientos; hábitos y coslutn-< 
btes de sus moradbre^. Annqite Garlos Y aherd^teii- 
cialmente la constitución poh'ttca de Castilia, y B^« 
lipell ab'úsd de sú autoridad, seguti hice ver en el 
tomo anterior; no obstante uno y otro respetaron 
él principio sancionado por las leyes y la costum- 
bre de acudir i las cdrtcs en los asántós grawss, y 
én especial cuando tcnian necesidad de imponer 
nuevas cont^ribuciones ó pedir subsidios. 

Lo iñismo hicieron Felipe III y FeKpe IV$ 
siendo muy notable y de^raciadamente poco hón*- 
rosó, que dejai^len de convocarse las cortés c».«i 
reinado mas débil y despreciable, cual fue «1 dé 
Carlos 11. Felipe V acabó con los restos de liber^ 
tad en Aragón y Cataluña; de manera que escep- 
to Navarra y las provincias Vascongadas, todo es- 
taba sometido desde principios del siglo XVIII al 
mando absoluto de los Borbones. 



89 

i: . Noera és esperar queCárlos Ilt-^iaik^aniáBié 
de la péeWigátíva real como sos{Nredcdesorc»'/.«esT 
Inngtése eipMitiiieaiDeB^ oaar autoridad tan ám^ 
pUa que le permitia mejorar, el eatado de i la voá-r 
cmmtio^coavulsíoDes polftioas» 7:<^e kabia-^llegá? 
db i auásioanos stniviokiicla QÍ.re¿iafña¿ioiibaúLa$ 
doctrinas democráticas y anti-rel¡g¡osas.qtia*l4»iCé 
lÁkíañ oindtdíp^eiiíFrabeíé, es^MciakiieDle >ékl los 
ttltiiBos anos de soraiHido, {e.bniefQii i»asíoa«tl# 
j meloso y como igaálnieafte ¿Áts ídíoísIüosh^í^ 
stéoipre fialnaii' prócedidd^ieiií la» TieftitfmM coa 

grande eircunspcccicMi'^i'j^deÉcíavirespetaiidQjla 
creencia réiígiosaty ki autojrídad del iiobéarea. .1 
> No adeliaiiarpD , < pieáv las inslkiicioj^ pait* 
ticas: el solxraía^ -siguió: ejerciendo .efoióda s«i pie- 
nitnd la prcrdgathrá rea) ,; yi lea prtncipaleá ite&r- 
nadórea Roda , Flortdáblaiicl» Airaqda ijrGaaspOr 
maaes, ocupados en «on|patir los abuioa de la aiJK- 
toridad ' edesiásÍioa4^ lucha ménos: j^ligrosa >qtté !la 
política, ó no creyeran oportanoeltieaupo de res^ 
Mecer las antiguas cortes, o no-sseí atreriáron á 
proponérselo á un monarca tan cdoto de m9 pre- 
rogatívaa. Por otra pakic , esta .misaaa autoridad 
omnímoda , ieH facilitaba los medios 4q ejeditar 
las reformas civileai» y promorer loa intereses ma* 
feriales de la sociedad, i' que tanta importancia 
se empesó a dar en a^uel siglo. .^ 

• Jio siendo posible abarcar en loi lestrechos 



90 

lignitos cío este lomó lo raucho que á favor del biea 
público se hizo en el reinado de Carlas III, entre* 
sacare de ln historia de aquel 4Íenipo las disposí-^ 
cienes mas notable»; empcsando por la^ providén-» 
cías encaminadas á reprimir ios abusoa de Ia;au« 
torídad eclesiástica, y Afianzar las prerogalivas de 
la Corona.' • 

<■:. -Tres eran en España los apoyos de las doclfit 
ii&s'uUra«iontanas,'j del escesi^o poder de. Ia\ tú* 
mana caria , á saber, los jesuÍMs, la inquiatcioQ j 
d'trtbanarde la nunciatura. Gintra ellois ptifadi^ 
«>ijfe'roú SQS tiros los reformadores arriba citadoii 
La espubion de los jcsuitasi (ue unpde tos-<actos 
ina» ^rigorosos- det gobiorap^espaaoL Hasta en- 
tonces nadie habiaosadoáquv'aUatir el. poder co* 
losal' de esta instila'cion politico^religiosa , funda- 
da por un español , la cual ejercía tan grande ior 
fluencia eo ia sociedad , por el número de sua indi- 
viduos y grandes talentos de muchos de ellos* por 
la consideración política» que les daban sus esleniías 
relaciones , por el ascendiente que tcnian end 
gfabinete'de 'tos príncipes católicos, cuyas, con- 
ciencias dirijian , y por el lugar que se habían 
hecho en todas las ciaseis del estado. 

Lanzáronse por aquel tiempo contra elloa gra- 
vísimas acusaciones, en cuyo examen no entraré« 
como agcno de nú propósito ; ni seria ocupación 
<inuy noble la de combatir á un rendido, mucho 



9^ 

incnos rpnsíderapfio que las tarcas l¡terai*ias.4A 
tautos íodivirlijos españoles de aquella rorporacion 
orupau un lugar, distinguido en la, historia de la 
cívllizarioQ española. Justos sin embargo y. poden 
rosoi. motivos debió tpoer Carlos lll para decreta^ 
su cspul&ion sin oirlos, siendo tan detenido y cir- 
cunspecto cn*sus dcterniinariones y reformas. ¿Pe- 
riH qiiiéo, podrá aprobar el modo con que se cje-^ 
cuto- su estrauamiento , dejándolos abandonado^ 
^D las cpstas.de Italia? (i) , ' ; 

Tani|>ien espulsó de sus estados ^ U^ jesiuitas 
^\ infante d y que de Parma; y e| pj|pi^¡iadigQddA 



: ; . . r . 



. •(!) Coniideran'lo á tangre fria y ¡aerando con i ¿i par* 
cíalidad ealadetercniíiaripD, dice Mr. G)xe ^Q.m'Ustpria, 
tomo 5.", pig. 15 ,. es preriao convenir .en que por mas 
roiiYeuicnte y necesaria que pudiese parerer la cspulsion, 
ae inftí*ló tan arbitraria crueldad en la cfeciirion de ella, 
f|u« ai coraion oprioiido palpita con justa iiidignarl «n. I,iiys 
individuas de una gran corporación religiosa se hallan sií^- 
bitamente presos romo si fuesen culpables de los mayores 
delitos, desterrados de su pslria sin forma c)e proceso, 
espuestos á los mas horribles padecimientos, Obligados en 
iiti á permanecer en lus estados del papa, sopeña dv per- 
der la mesquina |>eusion que para su manutención se les 
bahía seAalado. Véanse en el mismo capitulo y en «>1 .i(li<» 
cionil del Sr. Muri«*l laa principaleí causas que iiitluye- 
ron en la vApulsioii. 



9^ 

pretestando que aquel ducado era un feudo de b 
iglesia, espidió un breve contra el infante ame- 
nazando á sus estados de interdicción y de esoo- 
munion ásu persona, si no revocaba los dedreloi 
espedidos contra los privilegios y derechoá de b 
iglesia. 

Los príncipes de la casa de Borbofi , din 
Mr. G)ze (i) que buscaban ocasión de poner H* 
mites á las pretensiones de la corte romana, lejoi 
de sufrir el insulto que se hacia á un indiTidoo 
de su {amilia , refrenaron el ejercicio dte la auto- 
ridad pontificia con las determinaciones mas cWr- 
gícas. La Francia se apoderó de Beneventa To- 
das las potencias católicas se pusieron de' acuerdo 
para combatir el breve del papa , como ilegal y 
espedido ab irato. El rey de España en particu- 
lar hizo una declaración demostrando qae aai 
mas piadosos antecesores habian negado el pw 
á semejantes breves de excomunión. Manddse ca 
consecuencia á los^relados impedir la publicacioo 
de él en sus diócesis respectivas. Al mismo tiefli- 
po el consejo de Castilla reprodujo la pragmátici 
sanción contra los espendedores de bulas ó brew 
que atentasen contra la autoridad real , 



(1) L*Espagne sous les rois de la maúon da Boarfcooi 
lomo 5.^ y pág. 23. 



.93 

naodo con la pena capital 7 confijcacion de bienei 
a cuantos cooperasen á estender el breve contra el 
duque de Parnia , y la bula in easna domini en 
que estaba fundado (1). 

Con esta motiro se escribid y publicd el Jui- 
cio Irnparcial , obra que bia;o célebre el nombre 
de Campomanes. Demostrábase en ella que la 
excomunión lansada en el Monitorio de Parma 
no tenia valor alguno , siendo absolutamente ne- 
cesario para la seguridad é independencia de la 
autoridad civil « que no se ejecutase breve alguno 
en los estados católicos sin la aprobación de la au- 
toridad pública. Escitd este escrito una grande ir- 
ritación en los partidarios de Us máximas ultra- 
montanas, que apelaron á las armas de la calum- 
nia « suponiendo que se trataba de trastornar las 
ipstituciones religiosas de acuerdo con el partido 
de los encicQpledistas j otros filósofos franceses. 
Para contener las usurpaciopes de la curÍ4 roma- 



(i) Véiie Is biitorit de aquella celebre bula escrita 
en 1698 por el conaejero del aupremo He Aragón O. Jiiaii 
Luii Lopes I que te publicó eu 1768, con el HÍKurao de 
D. Joié de Ledeaipa , fiscal del conM¡p 4c Castilla : eu uno 
y otrp CfCfitQ de estos celosos magistrados ^ deficmle la 
regalis cootra las usurpaciones de la autoridad ecte- 
•iástica. 



94 

M y restringir la liraoia inquisitorial dé EipaSi 
se había espedido en 1762 un real decreto pre- 
viniendo , 1.^ que no se ejecutase ni cumpliese 
Lula alguna ó resciipto del papa, cualquiera que 
fuese su objeto, sin haber sido anteis presentada 
á S. M. por el conducto correspondiente : 2.^ qoe 
toda bula ó breve relativo á negocios entre partee 
o personas particulares , hubiese de presentarse a! 
concejo luego que se recibiese en España , sin po- 
der ejecutarse hasta haber obtenido el pase: 3.' 
que en lo sucesivo no pudiese el inquisidor gene- 
ral publicar edictos sin autorización del rey : ¿.* 
que antes de condenar la inquisición los librOf 
óyese la defensa de los autores ó interesados citán- 
dolos al efecto , conforme á la regla prescrita i la 
inquisición de Roma por Benedicto XIV, 

Este decreto tan racional fue recogido por in- 
flujo del P. Eleta , confesor de Carlos III « tiut i 
veces intimidaba la conciencia del rey; pero cono 
este era poco aficionado á la inquisición y conocia 
.Lien los abusos de la corte romana, no fue diEcil 
á I05; ministros desvanecer aquellas contrarias im- 
presiones, y lograr mas adelante que se pusiese ei 
ejecución. 

£1 obispo de Cuenca D. Isidoro Carvajal cf 
cribid al P. Eleta una larga carta en que se la- 
mentaba de la opresión que padccia la ¡gles;ia, de- 
plorando sus males como pudiera haberlo hecbo 



\ 



95 

en' tíempa dc'^los ctníperadores gentiles. £1 confeti 
sor prcsentd al rey csla carta , J habiendo manr 
dado S. M.-que el obispo* diese áof^plias esplícat* 
ciones esp^ificando ^u% cargos; %&v\6 csfé 0úiifu-^ 
so leaiendo qué recurrk* á imputaciones vagas so-^ 
bre loQ escesivios tributos que se exigían al clero, 
notiqías idjuniosas que se publicaban contra el pa-^^ 
pa-y tos jesttrtá«^«llhqées dados contra las manos 
iñuertas éiiksiisticas , designio* de disminuir el 
núfffei^ de eclesiásticos seculares y-regular«ss de* 
presión de la autoridad pontificia en la presenta-» 
cion de tas bulas al consejo antes de su ejecticion, 
y otros cargos semejantes. ' ■• - k. 

Sometida ésta alegación al consejó de Gasti-- 
lid/ sas Escales D.* José Menino, después conde 
tte Fiorida*blanca , y eí Sr. Campomanes- estén* 
(dieron siis ínferme$ ó respuostai fis¿ales|, en- qtie 
slífitarott luminosos principios y sanas doctrinas de 
-legtsIaciOii eclesiástica -contra las escesiv^s. preten- 
siones de la 'corte romana^ y á favor de la prero* 
gativ9 reial-'(l), £1 resultado- fue bacer compare- 
cer al obispo ante el consejo de Castilla, donde 
í)lé reprendido por el'phéát/^énte^ 

Trfiínfante el itfiliíiisterio' reformador de los 
ebmtácülóS'^e le oponte et fanatismo , se atrevió 

■ . i . I • . I /i ! . .* ' i • • ' . ..;..; I I . , 

(1) Inipricniéronfte estos escritos eu la obra publicada 
ton el Ululo df Espedieuta del lobi^po de Caeucs Orvsjal. 



96 

á dar algunos pa«o* mas, 7 en 17 70 se espidió una 
real cédula limitando la jurisdicción de los in- 
quisidores á los solos crímenes de l^regía contur 
máz y apostasía ^ 7 prohibiendo toda prisiop aur 
tes de tener pruebas evidentes del delito. Desde 
entonces fue constantemente vigilada la inquisi- 
ción por el gobierno , 7 si bien no pudo ioapedir 
roas adelante el procesg del íamoso Olavide, por 
lo menos. logró templar la sentencia, pues aia b 
interposicioq . del re7 7 de ios ministros huhier^t 
sufrido una pena mucho mas grave. 

Reformóse también la administración de jiisr 
ticia en los asuntos eclesiásticos , habiéqdope Qbr 
tenido en 1777 del papa Clemente XIV uq bre- 
ve para el establecimiento del tribupal superior 
de la Bota « compuesto de seis eclesiásticos es p^r 
noles propuestos por el re7 7 aprobados , por el 
papa. Asi acabó el antiguo tribunal de ia IHinir 
datura , que con menoscabo de Ips derechos enisr 
copales 7 de la jurisdicción española habia ejerár 
do un poder judicial contrariq á I4 ¿otigu^, «^r 
ciplina. 

Con no menor firmeza se procedió en otras tfir 
formas de abusos eclesiásticos. Púsose coto á los 
perjuicios de ia amortización, dcterqaiqaodp^ppiy 
una Ic7(i)que no se admitiesen demandas de ina- 



~n — 



(1) Ley 17, tít. 5 , Hb. i de I* Novíi. Refiep. 



97 

nos muertas para la adquisición de bienes, aunque 
motivadas con los especiosos títulos de piedad ó 
necesidad. Se hizo efectiva la represión de los 
inmoderados privilegios de las manos muertas, 
según lo estipulado con Roma por Felipe Y en el 
Concordato de i 737.Recog¡e'ronsc los breves ofen- 
sivos á las regalias , y se resistid el necio empeño 
de la curia romana en publicar perioJicamenlc la 
bula tn cana domíni. Se quilo por regla general 
á los eclesiásticos el manejo y la administrarion de 
caudales profanos. Se prohibieron las maiK us he- 
chas en la enfermedad de que uno muriese, á su con- 
fesor, clérigo ó fraile, á" cualquier deudo de estos 
y á su iglesia ó religión, para evitar las persuasión* 
nes, sugestiones y fraudes con ^que turbábanla 
voluntad del enfermo, contratos afectos inspirados 
por la naturaleza en favor de la propia fami- 
lia (i); ley anteriormente promulgada , y siern** 
pre desobedecida, hasta que entonces tuvo cum- 
plido efecto. Se limitó la jurisdicción diocesana, 
privándola del conocimiento de algunos negocios 
propios de la civil; se llevaron á efecto los breves 
sobre asilos , cuya ejecución se entorpecía con fal-* 
sos pretestos; se recogieron los que eran ofensivos 
¿las regalías de la corona; hicicronse observar los 



(i) Leyéi 15 y 16 , tit. 20 , lib. 10 de la Nov. Rcc. 
T&mo IF. 7 



98 

olvidarlos cánones sobre residencia de bcncflcíados, 
y se suprimieron los benefícios incongruos. 

Estas reformas y otras que se omiten menos 
importantes , encaminadas á desterrar funestas 
preocupaciones y restablecer la pureza de la dis*- 
ciplina ecle¿$iastica , alarmaron al clero rn gene- 
ral , que empezó á murmurar con impaciencia, y 
aun algunos de sus individuos se propásirun á 
violentos actos. El rey sin embargo encargó á sus 
justicias la mayor vigilancia para contener tales 
de2$acH^«iS, mandando instruir sumarias á los mas 
culpables , como sucedió con el obispo de Mon- 
doñcdo y el provisor de Guadi?:, que fueron jus- 
tamente casiij^ados |)or haber' impuesto indebi- 
das censuras al juez ordinario. 

Estrano pareccria que habiéndose hecho tan-* 
to en aquel reinado para limitar el poder csccsivo 
del clero, y acabar con absurdas preocupaciones* 
no se suprimiese el monstruoso tribunal de la ín» 
quisicion; pero es necesario tener presente que e| 
rey después del motin de Madrid procedía con 
timidez en toda providencia que pudiese contra- 
riar la opinión pública ; y él creia que los espa- 
ñoles querian la inquisición, como se lo manífcs* 
tó al ministro lloda y al conde de Aranda , aña- 
diendo que en nada coartaba su autoridad. Kso 
no bastaba , pudiera responderse al señor don Car- 
los 1I[ : la inquisición entorpecia bárbaramente 



;99 

los progresos de Ik ctviUzacíon , procedía tenebro^ 
sámente, y llevaba iodavU á. la. hoguera por de^ 
Utos imaginarios , como sucedió en Seyílla el aao 
de 1781 coa una infeliz tenida por bruja: úl^ 
timo ejemplar de esta clase j borrón indeleble. ea 
una época tan ilustrada. 

Por los medios espresados y algunos otros qufe- 
se omiten en obsequio de la brevedad , la cor 
Eona recobró parte del poder que le habia usur- 
pado la auloridad eclesiástica; y aunque no llega-^ 
ron á deslindarse completamente los límites de una 
y otra autoridad , la determinación de prescntác 
los breves pontificios al consejo de Castilla antes 
de su ejecución , la protección concedida á los 
eclesiásticos en el orden judicial contra los abusos 
de la autoridad de sus superiores, el decreto. qui^ 
imponía á los obispos la obligación de pedir al 
consejo de Castilla su aprobación relativamente á 
los provisores nombrados por ellos para ejercer la 
autoridad judicial en los procesos sobre matrimo^ 
nios y otros negocios ; y finalmente otras acerta?* 
das providencias que se dictaron para contener 
los abusos de la autoridad eclesiástica , contribu- 
yeron á robustecer la civil con gran beneficio del 
gobierno y de los gobernados. 

A estas reformas siguieron otras encaminadas 
al mejor régimen interior de la monarquía ;á cu- 
yo fin se nombró en 1787 una junta, sometiendo 



too 
i fn eonocñBÍcBto r e«.fm los a 
portantes M estado. El conde Ík Flartdahlsoca 
oMnaaicD i esta junU ana iortrncñm coapuota 
de 3^5 arti'cahM, qncTÍenen i fonnar do siitr^a 
de golwenio iolann 5 eftcno es t«d«s loe r>Boa 
de Estado , Gracia j Justicia , Goeira . ladia^ 
Mjríoa j Hxíenla. £1 rey- BÍimo qain oír j cs- 
■Modar por sí aqoeib iastnicriaa , amo te cje- 
cold por espacio de cerca de tns «teses ca todo* 
los dcspacttosdd estada 

Sao eH cstreao saaas las ideas qoe coaticB* 
i^orf «aril* en ordoi i noestras reUdoaes tam la 
corte !■■■>■ ; á la amorlizacioa de bienes cclt- 
^amitmié u m JMn del real patronato; inommiie»- 
|c* db ias YtBeatactooes y necesidad de reacdia 
fatm miarlas; reforaa de la disciplioa rr^lat; 
íoitfTwrioo del clero j de las demás clases M ca- 
tado: reforma de tríbaoabs ; fomento de la agñ- 
caltora, de la íodoitria j del eomcrdo, j de lis 
I reino, con lo d 




amtm 



CAPITULO YI. 



Contiiiaaeion ¿fA reinado de GarliM 111. Mejorat brchas en lot raiMie 
OMt imnorunte» de U administmcion púhlic». FomenU de U agrical- 
iora é indaaUria: tociedades económicafl y otros me<lios con que aque* 

lUi 10 promovieron y adelantaron. 




Jlodicadaf eo el capítulo anterior las principa- 
les providencias gubernativas encaminadas al me* 
jor régimen de la sociedad española , daré á cono* 
cer en el presente j el que le sigue los esfuerzos 
hechos en aquel reinado para fomentar la agricultu- 
ra « la industria y el comercio, facilitar las comu-* 
sicactones interiores « mejorar el estado de la ha* 
cienda pública y dar el debido aumento á la 
aunoa. 
., , JÚ hablar del fomento que recibieron en este 
b «f riciiUiira y las arles ÍQdu4U\%.W% > V^ 



102 

primero que se ofrece á nuestra consideración es el 
establecimiento de las sociedades económicos de* 
bidas al celo del sabio Campomanes, y á la ilustra- 
da protección del conde de Floridablanca. £sle 
espíritu de asociación, cuyo primer ejemplo dieron 
las provincias vascongadas (i), se propagó por 
todo el reino, y las diversas clases del estado par- 
ticiparon de este movimiento que se habia dado á 
las mejoras industriales. Las principales socieda- 
des de esta clase ofrecieron estimutos al trabajo, 
y publicaron memorias útilísimas, entre las cuales 



(1) La sociedad vascongada f^e estableció por si misma 
y obtuvo la aprobación del rey en 17 65. Su digno presi- 
dente el conde de PeSa-florida, rjue tantos esfuerzos iiífcu 
para promover la ilustración en aquel país , publicó eti 
1766 un ensayo sobre la sociedad vascongada en que se 
encuentran mucbos datos y observaciones útiles y curio- 
sas sobre el cultivo de las tierras y la economía rural, me- 
joras de que es susceptible el comercio de los vascos espa y 
fióles, y otros puntos de suma utilidad. Ocupóse diez aüo» 
esta sociedad vascongada en los asuntos propios de su ins- 
tituto sin ser imitada por las demás provincias del rei- 
no, hasta que en 1775 algunos habitantes de Madrid se 
dirijieron al consejo de Castilla para establecer uua aso*- 
clarión semejante en la capital , á fui de que pudiese scr7 
vir de modelo á las demás del reino ,'como asi se verilit^f^. 
£1 trabajo que mas honra á la suciedad madrileiía es su 
escelentc informe sobre el espediente de ley agraria 
Icndiúo L'on lauta maestría por el.Sr. Jovcllanos. 



io3 

descuelga por su hucna doctrina erondmfV;! y nll^s 
rnWiS políticas el Informe del íluslrc Jovcllanos. 
ISin^ua escritor español habia prescotado faasla 
cotonees uo cuadro tan filosófico j razonado sobre 
las causas fisicas, morales y políticas que babian 
influido en el atraso de la agricultura española. 
G)fnparando su estado progresivo desde el tiempo 
de los reyes católicos hasta el de Carlos III; tra- 
ca con mano maestra el siguiente bosquejo «n que 
reúne los principales puntos de sus investigaciones. 
«Cierto es, dice, que conquistarla Granada, 
reunidas tantas coronas y engrandecido el imperio 
español con el descubrimiento de un nuevo mun-^ 
do, empezó una época que pudo ser la mas favo- 
rable á la agricultura española , y es innegable 
que en ella recibió mucha cstension y grandes me« 
joras* Pero lejos de haberse removido entonces los 
estorbos que se oponian i su prosperidad , parece 
que la legislación y la política se obstinaron en 
auqnentarlos. Las guerras estrangeras distantes y 
continuas que sin interés alguno de la nación ago- 
laron poco i poco su población y sus riquezas; 
las espulsíones religiosas que agravaron conside- 
rablemente entrambos males ; la protección privi* 
Icgiadá de la ganadería que asolaba los campos; 
la amortización civil y eeicsiástica que estancó la 
mayor y mejor parte de las propiedades en ma- 
nos desidiosas; y por último la díversúm d^ \^^ 



io4 

capitales al comercio y la industria , cfeclo natu- 
ral del estanco y carestía de las tierras , se opu- 
sieron conslanteoiente á los progresos de un culti- 
vo, que favorecido por las leyes hubiera aumen- 
tado prodigiosamente el poder y la gloria de la 
nación. 

» Tantas causas influyeron en el enorme dc^ 
aliento en que yacia nuestra agricultura á la en- 
trada -del presente siglo ; pero después acá los es- 
torbos fueron á menos, y los estímulos i mas. La 
guerra de sucesión, aunque por olra parte funf*s- 
ta , no solo retuvo en casa los fondos y los brazos 
rr>!fí antes perecian fuera de ella, sino que atrajo 
algunos de las provincias cstraiias, y los puso en 
actividad dentro de las nuestras. A la mitad del 
siglo la paz habia restituido al cultivo el sosiego 
que no conociera jamas, y á cuyo influjo empezó 
á crecer y prosperar. Prosperaron con el la po* 
Llacion y la industria y se abrieron nuevas fuea-^ 
tes á la riqueza pública. La legislación no solo 
mas vigilante, sino también mas ilustrada, fo- 
mentó lis establecimientos en Sierra-morena « en 
£stremadiira , en Valencia y otras parles; favore- 
cid en todas el rompimiento de las tierras incul- 
tas, limito los privilegios de la ganaderia; resta- 
bleció el precio de los granos ; animó el tráfico de 
los frutos y produjo, en fin, esta saludable fer- 
mentación , estos clamores c^ue siendo para muchos 



io5 

una prueba de la decadencia de nuestra agricultu- 
ra « es á los 0}0S de la sociedad el mejor agüero 
de su prosperidad y restablecimiento.** (i) 

Mucho se hizo cfectiiramente para mejorar el 
estado de laagriculiura en el feliz reinado de Car- 
los III, como puede verse a$i en el citado informe 
de Jovellanos, como en la memoria presentada al 
rey por el conde de Floridablanca en noviembre 
de 17B9, que es propiamente una apologia de su 
ministerio. La providencia mas acertada para el 
fomento de nuestra agricultura fue sin duda la 
real pragmática de 1 1 de julio de 1765, por la 
cual se abolió la tasa de los granos, y se permitid 
el libre comercio de ellos. Los beneficios que de 
esta oportuna determinación debian resultar están 
detenidamente espresados en la a preciable obra in- 
titulada; Recreación política^ c¡\íií su autor D. Ni- 
colás de Arriquivar presentó á. la sociedad vascon- 
gada en las juntas generales que celebró por el 
mes de noviembre de 1770 (2). 

Contribuyó también mucho al fomento de la 
agricultura la mejora que recibió en tiempo del 
ministro Roda el establecimiento de los pósitos. 



(1) Informe «obre el espediente de ley agraria y edición 
de Sancha, afiode 1775. 

(2) Se imprimió por orden de la misma en Vitoria 
«fto de 1779. 



io6 

inslitiicíon patridUca debida al gobierno de Fer- 
nando VI. Su objeto era asegurar la subsistencia 
del pueblo contra todos los accidente^, obligando ¿ 
todos los vecinos que tenían una tierra de labor 
copropiedad ó á censo, á contribuir para el pósito 
con cierto número de fanegas. Al ano siguiente 
volvia á recibir el contribuyente lo que había lor 
ministrado, sustituyendo una cantidad de graoQ 
algo mayor , y asi sucesivamente todos los aSoí 
hasta que la suma de estos aumenlus , que se lia? 
raaban creces , componían lo suficiente pai a llenar 
las paneras. Estableciéronse ademas varios mon- 
tes de piedad en Máldga , Valencia, Galicia.. y 
oirás partes para socorrer á los labradorcsv sa* 
ministrándoles medios para comenzar . el cullivo 
d^ sus tierras. 

Pensamiento fue' también útil á la par que 
grandioso la colonización y cultivo de^e^^tcrilestcct 
1 ¡(Olios en. Sierra- moren a , de que resultaron, tai 
lindas poblaciones, y tantos beneficios á la agricnlr 
tu raí y á la seguridad de los viagrros. Desgracia* 
damente se atajaron los progresos de tan uiil em- 
presa con la .prisión de Olavide, dimanada .9 
parte de su imprudencia , por la liberlad con que 
hablaba (i). 



r 

(1) La calda de su protector el conde de Aranda dejé 
libre campo á sus caemigos; y después de dos auos de 



ISo b'istaron sia embargo tao laudables es- 
fuerzos y providencias favorables á la agricultura 
para ciar al cullivo de la tierra lodo el impulso ne* 
cesario, y i los labradores todo el alivio á qiie 
tenian deiecbo. Seguían los privilegios de la ga<^ 

, nadería niosteiia , la prohibición del cerramiento 
de hered'ides (i), la desigual distribución de las 
tierras con la acumulación de inmensas posesiones 

•M Us manos muertas, el método atrasado en las 

I labores, y sobre todo las insoportables cargas que 

pesaban sobre la agricultura (2). 



cierro en un calaboso de la inquisición, se le declaró culpa- 
tde de hcregia. Inipusiéronsele en consecuencia las penas 
aiguienles: privación de todos sus empleos é incapacidad de 
obtener otn»a en lo sucesivo, couüscaciou de todos sus 
bienes, destierro á 3() leguas de Madrid, Sitios reales, su 
llueva colonia, Sevilla y Lima, lugar de su nacimiento; 
prohibición de montar á caballo, de llevar vestidos de oro, 
Iplata ó seda, ocho años de reclusión y de vida monisii- 
ca en un convento. l.'Fspagne sous les rois de la maisou 
de Bourbou, iom. V, cap. 67, pág. 132 y. siguientes. 

(1) Solo se habia permitido el cerramiento de viñedos, 
olivares, y otras posesiones destinadas al arbolado. 

(2) Algo se habia nie)orado el sistema de rentas pro^ 
>iiiri9lrs por el i*eglaineuto que expidió el conde de Flori- 
«lahlanca, y empeaó á ejecutarse en 1787, según manifies- 
ta el mismo en la instrucción reservada que se dio á la 
nueva Junia de Estado ^ art. 243 que dice asi. «La varié- 
4^|1 con que los arrendadores de estas rentas (las proviii- • 
«-¡ales) se nianeiaron hasta el año de 1749 en qua je maii- 



io6 

institución palricitica debida al gobierno de Fer- 
nando VL Su objeto era asegurar la subsistencia 
del pueblo contra lodos los accidente^, obligando á 
todos los vecinos que tenian una tierra de labor 
en propiedad ó á censo, á contribuir para el pósito 
con cierto número de (anegas. Al ano siguiente 
vulvia á recibir el contribuyente lo que faabia sur 
ministrado, sustituyendo una cantidad de grano 
algo mayor , y asi sucesivamente todos los anos 
hasta que la suma d^ estos aumenlos , que se 11^ 
raaban creces , compoqian lo suficiente para llenar 
las paneras. Estableciéronse ademas varios mon- 
tes de piedad en MáUga, Valencia, Galicia. y 
otras partes para socorrer á los labradores, su«« 
ministrándoles medios, para comenzar . el cultivo 
de $us tierras. 

Pensamiento fue también uh'l á la par qiie 
grandioso la colonización y cultivo de^e^tcriles tcrr 
lilorios en. Sierra- moren a , de que resultaron tan 
lindas poblaciones, y tantos beneficios á la agriculr 
tura» y á la seguridad de los viageros. Desgracia- 
damente se atajaron los progresos de tan útil em- 
presa, con U .pri^'on de Olavide, dimanada.cn 
parte de su imprudencia , por la libertad con que 
hablaba (i). 



(1) La caída de su protector el conde de Aranda dejó 
//iw campo á sos enemigos; y después de dos años de eu- 



Ko bisUron sio embargo iao lau<]«bfes ct- 
fuerzos y providoncias favorables á la agricultura 
para dar al cullívo de la tierra lodo el impulso ne* 
cesarlo, y i los labradores todo el alivio á qiie 
tenian deiecbo. Seguian los privilegios de la ga<^ 
naderia iticsteíia , la prohibición del cerramiento 
de heredrides (i), la desigual distribución de las 
tierras con la acumulación de inmensas posesiones 
eo lé$ manos muertas, el mc'todo atrasado en las 
labores, y sobre todo las insoportables cargas que 
pesaban sobre la agricultura (2). 



cierro cu un r.a1a1>oso de la inquisición, se le declaró culpa- 
ble de hcregía. Impuftiéroníele en ronsccucnria las penas 
•iguienles: privación de todos sus empleos é incapacidad de 
obtener otn»s en lo sucesivo, couüscaciou de todos tua 
bienes, destierro á 30 leguas de Madrid, Sitios reales, su 
nueva colonia, Sevilla y Lima, lugar de su nacimiento; 
inroliibicion de montar á caballo, de llevar vestidos de oro, 
plata ó seda, ocho años de reclusión y de vida mouistí- 
ca en un convento. I.'Fspagne sous les rois de la maisou 
de Bourl>ou, tom. V, cap. G7, pág. 132 y. siguientes. 

(1) Solo se habia permitido el cerramiento de viñedos, 
olivares, y otras posiciones destinadas al arbolado. 

(2) Algo se hahia mejorado el sistema de rentas pro^ 
vinrialrs por el reglamento que expidió el conde de Flori- 
«lablanca, yewpeaó á ejecutarse en 1787, seguu manifies- 
ta el mismo en la instrucción reservada que se dio á la 
nueva Junia de Estado^ art 243 que dice asi. «La vnrié- 
«Llll con que lo» arrendadores de estas rentas (las provin- 
ciales) se manejo ron hasta el ano de 1749 eu que jic uuiii* 



io8 

Tampoco podía prosperar mucho la industrii 
mientras subsistiese la monstruosa alcabala, y otras 



daron administrar! habia causado y arraigado grandes 
abusos y desórdenes'; y para evitarlos mandé formar d re- 
glamento que se ha empezado á ejecutar en este año» re- 
duciendo en él á la posible uniformidad la administración 
en las 22 provincias de Castilla y León, haciendo algunas 
bajas considerables en los derechos con respecto á los que 
se debian establecer por su legitima imposición acordada 
por el reino junto en Cortes, y estableciendo algunos mé- 
todos de contribuir que formasen un sistema de igualdad 
geométrica ó de proporción entre los contribuyentes.» En 
los siguientes artículos especiñca aquellas mejoras; y acer- 
ca de la única contribución proyectada anteriormente di- 
ce asi en los arts. 267 y 26B. «No hago á la junta parti- 
cular encargo sobre lo que hasta ahora se ha denominado 
única contribución^ porque con los reglamentos vigentes 
y con las enmiendas hechas y otras que mostrará la ex- 
periencia, vendrán poco á poco á simplificarse los tributos» 
>de modo que se reduzcan á un método sencillo de contri- 
buir, único y universal en las provincias de Castilla, que 
es lo masa que se puede aspiraren esta materia.s= £1 es- 
tablecer de repente una contribución única por reglas de 
catastro sobre las tierras y bienes raices ó estables , que es 
lo que se ha declamado en muchos papeles y en las ope- 
raciones antiguas, causaria un trastorno general en la mo- 
narquía con riesgo evidente de arruinarla. 

No pensaba asi el gobierno cuando expidió en 1770 la 
Pragmática sobre eftte punto, estableciendo en el Consejo 
Real una nueva sala de única contribución, para que con- 
•ultára á S. M. lo que estimase conveniente , á fin de ha- 
cerla asequible. 



caasai que entorpecían sus prop-esos , y de qae 
tan asiargamente se habían quejado nuestros eco- 
nomistas del siglo XVIII. Ya en el reinado de 
Felipe V clamaba altamente el escritor Ulloa con- 
tra los exhorbitantes derechos de alcabalas y cien- 
tos, proponiendo el remedio de tan grave perjui- 
cio (i). También se lamentaba de los derechos 
qae se exigian en las aduanas interiores, cargán- 
dose mas á las manufacturas nacionales que á las 
cxtrangeras. La prueba está , decia este buen pa- 
tricio , en que siendo la aduana de Cádiz la que 
con mas moderación cobra los derechos , no baja* 
ri de 8 o lo por ico lo que cobre de los tejidos 
que por tierra van de Valencia, Granada y Tole- 
do, y á los extrangeros les cobran dos y medio 
á menos; y en los géneros mas altos no pasa de 
5 por 100 como las naciones mismas co|[^fiesan en 
tos escritos.. • 

«Varias providencias se hallan de S. M. sobre 
reglar que los derechos se cobren solo á la entra- 
da y salida del reino, los extrangeros cuando en- 
tran y los de fábrica española á la salida de el. 
En todo el reino ha tenido efecto la orden 'ge- 
neral de 3 1 de Agosto de 1 7 1 7 espedida á es- 



■ MI * 



(1) H^iMedmiento de Isa ftbricaf 7 comercio etpa- 
toly tonol, capí. 677. 



lió 

te fin, menos en Andalucía, donde mas se necesi- 
taba la franqueza por ser la garganta por donde 
se encaminan á las Indias las mercaderías. En 2 1 
de Setiembre del mismo ano se mandaron quitar 
las aduanas que estaban entre Galicia y jCa^stilla, 
y entre Castilla y Asturias pasándolas á los puer- 
tos, como ya lo estaban eú virtud de la primera 
las que mediaban entre Castilla, Valencia, Ara- 
gón y Cataluña, y se habían pasado á los puertos 
de mar y frontera de Francia, esplicándosc en di* 
chas o'rdenes que la real mente era que los genero^ 
fabricados eñ España pudiesen correr desembara- 
zadamente por (oda ella quitándoles para ello estos 
estorbos. Este beneficio no llego' á Andahjcia; co- 
hioqueda dicho, donde sobran tantas aduanas que 
ademas de las de los puertos y una en cada cabeza 
de los Htico reinos, hay dos interiores, una en Je- 
rez y otra en Lebrija , que no pueden servir de 
otra cosa que de volver á cobrar de lo que yB ha 
contribuido; y lo mas cierto para embarazar que 
nuestros tejidos lleguen al embarque.» 

Estas y otras quejas sé repitieron de'spues en 
e] Proyecto económico de W^ardv escrito en- el 
ano de 'i 762 donde entre varias causas de la de- 
cadencia de nuestra industria , se expresan l;is si- 
guientes. «El tercer páiíó fué Sbtlv^ ehl'tilia a los 
gép^rp^ e3;l,rangcros ;» lo qu^ s^ efectuó po^; varios 
medios que concurriAn todos al. mismo dc$tru£tiva 



III 
fiíu Por la escasez ñe dinero en qiie estaba conli- 
nuaincnle la corte, se aditiílían arbitrios infelices, 
mas perjudiciales unos que otros , ▼. gr* la Taria- 
cion en las monedas, destruidora de la fe pública 
Y del comercio; los arrendamientos y anticipacio- 
nes; los privilegios j mdnopolios: ademas de esto 
por falta de inteligencia en los que tenían el mana- 
do, los tributos y derechos de aduanas también 
ae ¡mponian y cobraban de un modo errado, que 
tenia los mismos malos efectos , y las naciones ez- 
trangerasse Talieron de estas disposiciones denuea« 
tro gobierno para adelantar sus intereses, sacando 
de tiempo en tiempo cédulas que facilitaban la in- 
troducción de sus mercancías, hasta que al fin lo- 
graron tratados solemne.*, según consiguieron los in- 
gleses en el ano de 1667, cuyas malas consecuen- 
cias estamos experimentando hasta el dia de hoy. 
«La cuarta causa fue la elevación de ingleses 
y holandeses, que por una conducta toda contraria 
ODiuy diferente de Ja nuestra, supieron sacar par* 
t¡do de nuestros desaciertos , levantar sus fábricas 
aobre la ruina de las de España , y hacerse due- 
ños de nuestro comercio , y de los tesoros dé 
Indias.» (1) r 



(1) Proyecto económico por D. Bernardo Ward, irii- 
preaion de Ibarra 1779, págs. 102 y -siguientck» ' ' ' - ' 



112 

Pasíinclo luego el autor á referir Ia3 causas* 
que eo su tiempo impedían I05 progresos de las 
fóbricas en España « cita las siguientes: i.^ los 
cientos y alcabala».que embarazan el dcspacbo de 
los géneros; 2.^ los derechos áe adManas mas (a- 
Torables al extrangero que al natura! ; 3.^ los im- 
puestos municipales de los pueblos; ^.^ la falta de 
un crédito d banco público en la nación; 5.^ los 
gremios Y hermandades que motivan gaslos inú- 
tiles « oiérran la puerta á las habilidades de fuera, 
quitan la honesta emulación , impiden los progre- 
sos de las artes, fomentan la desidia, é introdu- 
cen un monopolio perjudicial al público y al co« 
roercio nacional; 6.^ lá mala disposición de nues- 
tro sistema económico , que no está arreglado del 
liiodo que corresponde , para que la^ fábricas del 
reino disfruten nuestro propio consumo dentro y 
fuera de España. 

Llamaron la atención del gobierno estas qne- 
jas de nuestros economistas, y para el remedio de 
tan graves males se adoptó un sistema económico 
diferente del anterior según haré rer en el capitu- 
lo siguiente como lugar mas oportuno; limitándo- 
me ahora á indicar las principales disposiciones 
tomadas por el conde de Floridablanca para ade- 
lantar la industria nacional , segim lo expresa el 
mismo en su citada Memoria. Ademas de la in- 
T¡tacion que se hizo á millares de operarios ex- 



fi3 

trangcros para venir á establecerse en España, se 
introdujeron modelos de máquinas y otras cosas 
necesarias para las artes, procurando por todos 
medios facilitar la enseñanza, y aspirar á la per* 
feccion, que da tan gran superioridad á las manu* 
facturas de otrai naciones de Europa. Se estable-*- 
cieron grandes fábricas dé curtidos en Sevilla; eq 
Madrid j otros pueblos grandes se fomentó la fa-* 
fricación de muchos artículos de consumo ordina* 
rio, en que traficaban antes los extrangeros, lle^ 
vándonos por ellos sumas considera blcSf 

Fundáronse ademas escuelas para aprender á 
tejer medias, cintas, telas finas y otros ramos de 
industria , y el gobi^no sostenia con el mayor ce<* 
lo y protección estos útilísimos establecimientos. 
Erigióse también una fábrica de máquinas bajo la 
dirección de maquinistas muy hábiles y de profe* 
sores extrangeros ; y se forn^ó un gabinete de los 
mejores modelos traidor de loa paisas mas cultos e 
industriosos de Europa. En suma la industria iba 
tomando mucho vuelo con el fomento, del gobierno, 
con el de las tociedades 'económicas , y con los es* 
critos que sobre la industria popular habia pub1i«r 
cado el conde dé Campomanos, i quien tanto deba 
la civilización española. 



Tomoir^ 



CAPÍTULO vn. 



Fomt uto del comercio exterior ¿ interior de Espafia ; providenciaf 

ptra facilitar lat cbmanicacionet ioteriores del reino; aumento de !•« 

rentas del estado ; fomento de la marina ; disposiciones favorables «f 

ejército. Otras varias reformas que mejoraron el estado social. 



Jlocreíble parece que en una nación tan ventajo- 
samente situada como la nuestra , cuyo imperio se 
estendía á las inmensas posesiones de América y 
al fértilísimo suelo de las islas Filipinas,*, se ha- 
biese pensado tan tarde en dar el aumento posible 
á nuestra marina , y el necesario impulso al co* 
mercio esterior con acertadas providencias* «Harto 
sabidas son las consecuencias de tal jolvido de 
nuestros verdaderos intereses , dice el Sr. Bre- 
mon ( I ) , pues que a los últimos tiempos de la 



(1) Memoria bistóncxi-cionómica sobre el comercio 
general de EspaíÍAi premiada por la sociedad económica 
de cala corte. 



ii5 

dinastía austríaca, en el nada feliz reinado de su 
postrer soberano Carlos II, llegó la monarquía 
española al punto de decadencia que no se ignora; 
al paso que elevadas ya entonces sobre él la Ho- 
landa, la Francia y la Inglaterra, se disputaban 
á porfia el gran comercio oriental que ha venido 
á concentrarse en la última." 

La casa de Borbon reinante que encontró la 

monarquía en tan mísero estado, pudo todavía 
como tan oportunamente observa el mismo autor, 
sacar un inmenso partido de los muchos elemen- 
tos que quedaban para restablecerla en todo su vi- 
gor y fuerza. «Poseía aun España sus estensos 
dominios de ambas Américas, y a falta de artí-. 
cidos propios con que satisfacer los consumos de 
aquella parte, ningunos mas á propo'sito para ella 
qae las telas de algodón de Asia, que España ha- 
bría adquirido con las proporciones de su plata 
con mas oportunidad que las otras naciones euro- 
peas que carecían de las minas de este metal , y 
sin embargo le llevaban forzosamente á los mer- 
cados orientales , á costa de drficiles y complicadas 
operaciones (i).» 

£1 gobierno español sin embargo desatendíen^ 



(I) Memoria citada, pág:. 9. 



ii6 

áo sus verdaderos intereses, y siguiendo en esta 
parte ún sistema económico lleno de errores, ni 
permitid el comercio del Asia , ni aun la entrada 
en España de ninguno de sus artículos, proveyén- 
dose en consecuencia los españoles de ellos por la 
via ilícita de los extrangeros, con lo cual se daba 
fomento á un espantoso contrabando. Por lo que 
hace al comercio directo de América, se obstruyo 
en lugar de fomentarle, permitiendo que solo se 
hiciese por flotas y galeones, y por un solo puerto. 
Empezóse a reformar este absurdo sistema 
mercantil entre la metrópoli y sus colonias, coa 
el establecimiento de paquebotes en la Coruiía, que 
salian una vez al mes para la Habana y Puerto- 
Ilico y dos veces para el rio de la Plata. Permí* 
tió^elés llevar medio cargamento de mercadériais 
sacadas de Espacia, y retornar otro medió cargá^ 
mentó de frutos de America. Produjo resultados 
satisfactorios esta ligera modificación del vicioso 
sistema antiguo, y sirvió de preliminar el celebré 
reglamento de f 778. Por él se amplió el comercio 
directo con la América, limitado antes al puerto 
de Cádiz , á los de Sevilla , Cartagena , Alicante, 
Barcelona , Santander , la Coruna y Gijon. Mas 
tarde se concedió igual privilegio á otros cinco 
puertos de Ja Península, y por fin todas las pro- 
vincias de España consiguieron el goce del comer- 
cio directo con la América « escepto las Vasconga- 



"7 

das que prefirieron la conservación de sus privile- 
gios , y las ganancias del contrabando á las de un 
tráfico regular. 

El impulso dado al comercio por aquel regla- 
mento produjo los mas felices resultados. £n pocos 
anos los puertos agraciados con el nuevo privile- 
gio hicieron ganancias muy considerables ; tripli- 
cóse la exportación de las mercaderías extrange- 
ras ; se quintuplo la de las nacionales, j los retor- 
nos de América aumentaron proporcionalmente. 
En suma el valor total de las importaciones en 
América ascendió gradualmente desde 76 hasla 
3oo millones, y los retornos desde 72 hasta 800. 

Adelanto también con otras saludables pro- 
videncias el estado de las colonias americanas, y 
las rentas de ellas se acrecentaron, á consecuencia 
de las mejoras que el progreso de las luces intro- 
dujo en el laboreo de las minas. Encargado por el 
gobierno el laborioso extrangero Bowles de propo- 
ner los medios convenientes para beneficiar con 
mas acierto las famosas minas de azogue del Al- 
madén , descubrid algunos nuevos procedimientos 
por medio de los cuales casi se duplicaron los pro- 
ductos de aquellas, y bajó una mitad el precio de 
los azogues. 

En virtud de tan acertadas disposiciones se 
aumentó también el prbduclo de las minas del 
^uevo*Mundo en la misma proporción que el de 



ii8 

otros raínos de la riqueza nacional; de manera 
que llegó á ser casi doble la cantidad esportada de 
metales preciosos desde i jSo á 1 765, sin contar 
los que salían por contrabando ( i ). 

£1 establecimiento de la compañía de Filipi- 
nas fue un útilísimo pensamiento para fomentar 
aquellas remotas posesiones , y entablar relacio* 
nes mercantiles con la India oriental. Por este me- 
dio se aumentó el mezquino tráfico permitido por 
el despacho anual de la celeore nao de Acapulco, 
que desde Nueva España conducia á aquellas islas 
el producto en venta de los efectos asiáticos remi- 
tidos en la misma. Pero como observa muy bien el 
Sr* Muriel {2) , unas empresas tan vastas como la 
de nquella compañía suponen cierta prosperidad 
en la agricultura , industria y comercio interior; 



(1) Solo el contrabando que hadan los ingleses anual- 
mente en América después de la pas de 1763, se regulaba 
en 20 millones de pesos fuertes. En el capítulo VIII adi- 
cional t tomo VI de la obra que he citado tantas veces 
L'Espagne sous les rote de la maison de Bourbon^ se 
refiere el estado progresivo del producto de las minas de 
América , con el apoyo de varios autores. 

(2) L'Espa^e sous les rois de la maison de BourboUi 
tom. VI, cap. VII adicional, pág. 151.=No siendo compa- 
tible el privilegio de la compañía de Filipinas con las leyes 
actuales, se decretó stt extinción en 1^34; y este comercio 
importantísimo ha quedado libremente abierto á todos los 



"9 

y pueden parecer gigantescas en un pais que está 
en decadencia por falta de buenas leyes, j otros 
medios necesarios á la consecución de tan vastos 
objetos. 

Ei banco de S. Garlos no obstante los vicios 
de que adolecia su establecimiento, y que están in- 
dicados en la obra abajo citada (i), bizo mucbo 
bien á la causa del comercio en general , porque 
contribuyó a estender en España los conocimien- 
tos mercantiles, como también las ideas relativas 
al crédito y las ciencias económicas. El conde de 
Floridablanca babla de él como un felís arlu- 
trio , al que recurrió en los apuros de su admi- 
nistración , y bajo este aspecto no bay duda que 
en todos tiempos ba becbo grandes beneficios al 
estado. 

Tratóse también de fomentar la industria y 
el comercio nacional , siguiendo las lecciones de 
nuestros economistas de los siglos XVII y XVIII 
que amargamente se quejaban del favor dado á 



«•piulóles, sin perjaicio del que los eztrangeros hacen allí 
iguilmente en ciertos términos &vorables y del mayor 
beneficio para el incremento del producto de las mismas 
lilas. Memoria histáríco-econórntca soére el comerem ge- 
nero/ de Eitpaña , por el Sr. Bremon. 

(1) L*Espagne sous les rois &c.| cap. VII adicional, 
tom. YlfpftS. 149. 



120 

las manufacturas extranjeras con detrimento de 
la industria nacional. El gobierno español empe- 
zó á seguir un. sistema opuesto disminuyendo ó 
modificando los derechos en el interior del reino, 
aumentando los de importación, y en suma pro- 
curando excluir la fatal competencia de los géne- 
ros extrangeros con derechos restrictivos y aun 
prohibitivos. 

La Inglaterra ma^ perjudicada en esto que 
otras naciones se quejó amargamente y entabló 
negociaciones diplomáticas para la conclusión de 
un tratado semejante al que habia celebrado con 
la Francia , poco favorable i esta nación. Pero el 
conde de Floridablanca , se mantuvo firme en la 
negativa, alegando que eran muy diversas las cir* 
cunstancias de Francia y España, c insistiendo en 
la conservación de los. derechos existentes, como 
también en la facultad que tenia el gobierno espa- 
ñol de imponer otros, según se lo aconsejase su 
tonveniencia (i). 



(1) Mr« Coxe animado del interés nacional se queja 
amargamente de Riperdá y del irlandés "Ward llamándolos 
aventureros , que domiciliados en Espafia procedieron con 
resentimiento contra sus respectivos países nativos , y con 
el interesado objeto de adquirir importancia eu el concep- 
to del |;obierno español que los protegía, (tom. V, página 
366). Pero prescindiendo de las miras que llevasen aque- 



\ 



121 

Pero no solo la Inglaterra era la que tenia ta- 
les pretcnsiones, tratando de sacar ventajoso par- 
tido con menoscabo de nuestros intereses naciona- 
les. También la Francia solicitaba privilegios en 
virtud del pacto de familia de que hablaré mas 
adelante. La Holanda igualmente, aunque por otro 
camino quiso imponernos la ley , obligando a los 



líos » su modo ele pensar coincidia con el de nnestros eco- 
nombtas qn^ en el siglo XVII y desde principios del XVIII 
se lamentaban amargamente del perjoicio qoe sofrían noei- 
tra indiistría y comercio por el favor qoe daba nuestro vi- 
cioso sistema económico á la indostría extrangera« Don 
Gerónimo de UztarÍE en su Teórüea y prddica de comer" 
do y de marina (1) trata con extensión del perjuicio que 
nos causaban los extrangeros con la introducción de sus 
manufacturas, de la necesidad de regalar prudentemente 
la imposición de los derecbos á ja entrada y salida para 
dificultar y aun prohibir la introducción de los que per« 
judicasen á nuestra industria, alegando el ejemplo de las 
naciones extrangeras que asi lo practicaban. Aun dura en 
nuestros días esta contienda , y no faltan celosos patricios 
que defiendan los intereses nacionales contra los amaños 
de la codicia particular, y de los artificios extrangeros. 
Distingüese por este celo patriótico y sus vastos conoci- 
mientos en la economia pública el Sr. D. Manuel Gutiér- 
rez, que en difercLtes escritos muy apreciables ha comba- 
tido las doctrinas que tanto perjuicio están haciendo á 
nuestra indostría y comercio. 

(1) Capt. 81 y 82. Se ¡mpriniió esta obra en 17^4 j te reinpri* 
mió cB Madrid, afo de 1742 ^ dos tenof en Mío. 



122 

españoles a hacer el comercio de Oriente « después 
del establecimiento de la compañía de Filipinas, 
por el cabo de Hornos y no por el de Buena-Es- 
peranza « en virtud de una cláusula del tratado 
de M unster confirmada por el de Utrecfa. El go* 
biérno español rechazó coa firmeza una y otra de- 
manda , sosteniendo el decoro del trono 7 la inde- 
pendencia nacional. Entonces aun había una Es- 
pana poderosa que se gobernaba por su voluntad y 
sus propias leyes; que no era miserable juguete 
de gabinetes estrangeros , arrastrada ppr su debi- 
lidad al impulso de ágenos intereses y caprichos. 

Suprimióse pues el abuso de los privilegios ó 
franquicias excesivas y voluntarias que en tiempos 
antiguos se habian concedido á los ingleses y ho- 
landeses por los arrendadores de las aduanas ; se 
uniformaron los derechos de estas; se abolió la 
bolla en Cataluña ^ derecho antiquísimo y mas gra- 
voso que la alcabala de Castilla ; se disminuyeron 
los impuestos sobre las primeras materias « máqui- 
nas y otros artículos que podian sernos útiles ; se 
aumentaron los de aquellos que pódian perjudicar 
á los progresos de nuestra industria y comercio, y 
aun se renovaron gradualmente y con prudencia 
ciertas prohibiciones de artículos cuya introducción 
hubiera arruinado enteramente la industria nacio- 
nal en aquellos ramos. 

Con tales providencias y el comercio libre de 



123 

America, las aduanas qae en los anos de grande 
prosperidad no baliian producido hasta aquel 
tiempo mas que sesenta miHones á lo iRimo« ha- 
bían subido basta ciento treinta cuando el conde de 
Fiorídablanca escribia su Memoria^ <egun los 
datos ofidale^ receñidos por el ministerio de Ha- 
tienda. 

£1 comercio interior del reino se hallaba muy 
entorpecido por £silta de comunicadones interio- 
res, mal gravísimo que aun en el dia se está es« 
perimentando, y en lo cual se nota un descuido 
muy reprensible; pues si bien es Terdad que la 
Península ofrece mas dificultades que otros paises 
por sus muchas montanas y demás obstáculos na- 
turales bien conocidos; mucho pudiera hacer el ce- 
lo de las diputaciones prorinciales y ayuntamien- 
tos en la mejora de los caminos de unos pueblos á 
otros, en el allanamiento y limpieza de las entra- 
das y salidas , puentes rústicos y otras obras pú- 
blicas de mediano coste que facilitasen las comu- 
nicaciones. 

En los primeros anos del reinado de Car- 
los lU se trato de mejorar el estado de aquellas, 
y en 1760 se destinó por primera vez un fondo 
especial para la construcción de caminos. Pero ra 
el ministerio de Floridablanca fue ruando á 
ramo se did un grande impulso, au ment ^ i Mh 
fondo con otros arbitrios, legwi 



124 

la Memoria de aquel celoso miaistro. Allí se es- 
pecifican las infinitas obras hechas para aquel ob-! 
jeto, y el estado de progresivo adelantamiento en 
que se hallaban las comunicaciones interiores por 
tierra. £1 medio de facilitarlas por agua no mere- 
ció menos la atención del gobierno. Adelantáronse 
los trabajos en el canal de Aragón, de cuyo origeo 
hablé en el tomo anterior, produciendo los efec- 
tos mas saludables en el fomento de la agricultu- 
ra y del comercio interior de Aragón. También se 
trabajo en el canal de Campos, empicándose anual- 
mente la suma de 3.366,889 rs. que le estaba 
asignada. Por último se empezó el canal de Gua- 
darrama que habia de conducir el agua desde Toe- 
relodones á Aran juez, si bien hubo de abandonar- 
se por la causa espresada en la referida Memoria. 
Consecuencia de las espresadas mejoras en el 
régimen interior del estado fue el aumento de po- 
blación, la cual desde 7.5oo3 habitantes en que á 
principios del siglo XVIII la habia calculado Us- 
tariz, ascendia ya á mas de lo millones por los 
anos de 1787 y 1788 (i). 



(1) L' Espagne sous les rois de la maison de Bourbon* 
tom. 6, cap. 6 adicional, pág. 122. 

«La época mas opulenta y de mayor población de la an- 
tigua España fue la del reinado de los reyes católicos ; y el 
número de sus habitantes calculado con la aproximación 
que presta el censo de aquellos tiempos, ya reunidas las 



El acrecentamiento de la población jr riqueza 
nacional se demuestra por el aumento de las ren- 
tas públicas de España. .Sus valores importaron 
en el ano de 1722, según don Gerónimo Ustariz 
en su Teórica 7 práctica del comercio, cap. 19, 
la suma de 235.358,890: y en el ano de 1778 
ascendian 7a á 63o.2i7,4i3 rs. 7 i3 maravcdi*- 
ses (i). 

No debemos sin embargo ocultar que los gas- 
tos de la corona ibaú subiendo a proporción que 
los ingresos aumentaban, 7 por lo regular sobre- 



• i 



mm 



coronas, no pasó de 9.690,191 almas, no dallando nadie 
^ne en todos los aSos siguientes de la dinastía austríaca, 
fne precipitadamente decredendovCoteíado aquel censo del 
siglo XV con el pablícado en l/O?, resaitaqaeexísiíendi» 
segan este último 10,54i,2!21 almas, resulta nna diferen- 
cia de 861,03U individnos mas ipie en el antígoi», 7 cuatro 
millones 7 medio si se compara con d del reinado últim/» 
dt la dinastia austríaca... ProJbar tan admíraMe aumenUt de 
población equivale á demostrar que Ja riqueza na';«ooal ha* 
bia prosperado en igual proporción f^uf: aquella se mullí' 
plicaba; pues que sa límite está puesto en la alMindan^/ia 6 
€Kzaa> de alimento que la sostíen^^ OrUféin^ proffrMiéffM y 
ItmiieM de la pobiacion jr examen lü^Ufé^jf^f^Uk» 4s lutUí 
España por don /í:fU)$ttnde Jfías^-^fÁ %0ih4ff iáíMéÁ «M Mi 
memoria títufada EMpaoa ton ift4ni^írítá , físeríe f rUtt^ 
asegura, qoe en 1 7{0 tenía fa naf^k* ^f) hfH9Aírp% d^ %f*9 • 
pa regla4b j SO naríM de liiMa; pé^^ M^ 

(f) £1 MsSor Canip, íhftintMttn 4#r í#si^ ímda ^ f atm»^ II« 
artínilo rentas r*aUs ^^ P^^^ik^t^ 



126 

pujaban aquellos á estos. Verdad es que en el rei- 
nado de Carlos III se emplearon en beneficio pú-* 
blico grandes sumas. G>nstruyéronse caminos y 
puentes, edificios j otras obras públicas de utili- 
dad y ornato en la capital y otros pueblos del 
reino: estableciéronse fábricas, y se aprontaron 
fondos para otras mejoras en varias provincias* 

También destinó Carlos III grandes sumas pa* 
ra el pago de la deuda pública. El rey Fernan- 
do VI, dice el señor Ganga Arguelles, por su de- 
creto de 1 5 de julio de 1748 mandó liquidar to- 
dos los créditos pendientes hasta el ano de 1746 
en que babia entrado á reinar, á fin de irlos pa- 
gando conforme lo permitiera el estado de la ha- 
cienda; de la cual salieron por primera partida 
60 millones de rs. coci tan 'digno objeto. Por otro 
dé z de diciembre de 1749 mandó el mismo mo- 
narca que,anualme|3ite se separara un millón de rs. 
aplicados esclusiv^mente al objeto; y en 27 de oc- 
tubre de 1756 amplió la suma á la de 2.600,8 
reales aplicándola al pago de créditos atrasados. 

El señor don Carlos III estendió la cantidad 
á diez millones de rs. anuales por decretos de 2 2 
de febrero de 1760 y 1 6 de id. de 1 7 6 1 ; habién- 
dola alargado en el de 1762 hasta la suma de 3o 
millones. Con esto y con haberse mandado admi*- 
tir en los empréstitos abiertos en los anos de 1782 
y 1794 Id tercera y cuarta parte en créditos, se 



127 

logro bacer qae la masa de estos , que según espre- 
sion del decreto de 1762 llegaba a la suma de 
mil millonesv baya quedado reducida en el día á 
la de 98.2i6«85o y 21 mrs. (i). 

La marina se puso en un estado brillante^ 
digno de la nación española (2); lo cual costó su- 
mas inmensas* pero también es cierto que ni ella 
ni el ejercito se emplearon siempre en empresas de 
utilidad pública , sino en guerras contrarias al io* 
teres nacional, como vojr á manifestar en el capí- 
tulo siguiente. ' 

El ejército no ofrecía á la verdad una pers- 
pectiva tan grata y bonrosa , fenómeno estrano si 
se considera que Carlos III babia debido el reino 
de Ñapóles á las armas, que la ecbaba de enten- 



(1) Diccionario de hacienda, tom« I, art. Créditof del 
reinado de Felipe V. 

(2) Los progreMM ^ la marina española en el reinado 
de Carlos III fueron los siguientes. Después de la paz que sU 
gnid á la desastrosa guerra de 1761 la España no tenía 
mas qne 37 navios de línea 7 unas 30 fragatas. En 1770 
Gonlaba 7a 51 navios, desde 58 hasta 112 cañones; 21! 
fragatas, 8 urcas, 9 jebeqnes y otros 12 buques menore*: 
en todo 102 buques de guerra* En 1774 tenia 64 navios de 
linea, ocho de ellos de tres puentes, í}6 fragatas, 9 ícIn*- 
qnes, y otros 28 buques menores de guerra en todo 1 {2. 
En 1778 presentaba 67 navios de línea, 32 fragatas &<*» 
total , 163 boques de gotrra de todas clases. 



128 

dido en el arte de la guerra, y era muy amante 
de la gloría militar; pero sin duda la seguridad 
que le daba por la parte de los Pirineos el pacto 
de familia, y la aversión á los ingleses, le bizo 
pensar mas en el restablecimiento de la marina, 
que en el del cje'rcito. Lo cierto es qiie este desde 
la paz convenida en 1748 se habia mantenido en 
una inacción poco favorable al espíritu marcial 
de los españoles; si se esceptuan la corta guerra 
de Portugal poco fecunda en acontecimientos, la 
espedicion de Argel en 1775 y la de Buenos-Ai- 
res en 1776, que ofrecieron pocas ocasiones de 
distinguirse, y de acrecentar la enseñanza mili«* 
tar (i). 

Sin embargo no dejo Carlos III de instituir o 
proteger establecimientos en que pudiesen formar- 
se oficiales instruidos de infantería , caballería, ar- 
lilleria e ingenieros. Las escuelas militares del 
puerto de Sta. María para la infantería, que di- 
rigid con tanto acierto el genei^I Ofarril bajo las 
órdenes del conde de O-Reílly; la de Ocana para 
la de caballeria cuya dirección se confio al gene- 
ral Ricardos, y la de Segovia para la artillería, 



(1) L* Eipagne seos les rois de la m^iison de Bourbon; 
tom. 6, cap. 6 adicional y pág. 133. 



"9 
summislrároQ al ejército disltoguidoa oficiales. En 
fin, la principal nobleza voWid a dedicarse al ejcr^ - 
cicio de las armas, que casi habia abandonado bajo 
los últimos reyes de la dinastía austriaca. 

£1 espíritu reformador del reinado de Car- 
los ni mejoró también la condición del pueblo, 
contribuyendo poderosamente á suavizar el trato, 
i estender k urbanidad, y rectificar las costum- 
bres. 'Honróse ál labrador, se derogaron las anti« 
guas y barbaras leyes que declaraban viles los ofr^. 
dos mecánicos (i): se introdujo el ctcmento popa*" 
lar en los ayuntamientos, autorizando la elección 
de dos diputados del común, y un síndico persone^ 
ro; con lo cual volvió el pueblo á tener parte en 
loa cargos municipales, vinculados ya en la clase no* 
ble; disposición que fue recibida con general aplau- 
so. Animó entonces al estado llano un noble sen-» 
ilmienlo de su propia* dignidad, viéndose libre 



V. 



(I) Se iiliijii un por honesto» y hoiw>^dost 4>cc la Jcy B, 
tíi* 23t lii>> S* dé Ek N. R.y los oj&cios de curlidor« herrerp» 
sastre, ^pateri>, carpintero y otros á este modo; ^fugite el 
uso de ellos no eiivileoe la Gtoiilia ni la persona del fue los 
e|eree, ni la inhabilita para los empleos miinicipalei da U 
fif A h li c a , ni para el goce y prerogativas de la h^dalgiiia 
é los que la tengan« conforme á lo declarado t^fi la prde* 
•ansa de 3 de tioviemhrede 1770, aunque los ejerzan pop 
•as personas. 

Tomo It^, o 



\ 



i3o 

del esclusivo predominio de los nobles « honradps 
sm afanes, y protegidas sus personas. G>ntr¡bu)ró 
también á esto último la Instrucción de corregir 
dores encaminada á mejorar la administración de 
justicia^ que desgraciadamente había estado poco 
atendida basta entonces. 

G)adjruvaron también á. mejorar las costum- 
bres otras saludables providencias: tales fueron* la 
pragmática sanción sobre juegqs prohibidos; la lejr 
que obligaba á los llamados gitanos á renunciar á 
su vida errante 7 viciosa; y otras disposiciones en- 
caminadas á desterrar la vagancia y. la holgazane- 
ría, y la desordenada afición á las fiestas de toros* 
poniendo coto á la mucha frecuencia con que se 
repetian. 

Fomentáronse los sentimientos de humani- 
dad, fundándose hospicios y otros establecimientos 
de beneficencia , para alimentar pobres y evitar la 
mendicidad. Formóse en Madrid una junta general 
y superior de caridad , á la cual se entregaron 
anualmente 3o3 ducados para los objetos de su 
institutor También concedió él gobierno al hospí- 
cío general i43 ducados anuales. , y otras sumas a 
diferentes, estableciimicntos piadosos. Contestos y 
otros fondos que facilitaban el estado esctesiá^ipa 
y la caridad de otros fieles, se suministraban 'sa^- 
corros á muchas personan honrada^'qiie.vivi^n 6Jir 
la indigencia, á muchos jornaleros y artesanos qüi;^ 



i3i 

careoAD de trabajo, 7 en fin á cuantos necesitaban 
aaxilios. £1 ejemplo de la capital produjo. un fe- 
liz rebultado en otras muchas poblaciones del rei'- 
no , donde, también se establecieron asociaciones de ^ 
beneficencia , se dotaron hospicios y casas de re- 
clusión «propagándose asi los sentimientos morales, 
y mejorándose notablemente el estado de la so- 
ciedad. 



m 



CAPITULO vm. 



Dm grandes detaciertM cb el reiaadp Cirlot 111 qw umumi (»▼(• 
•iiBM makty y lavieroa un penicíoeo ioflige en U ciftIisackNi eipt 
Mi0 i nhtr, el pecto de familia, y la cooperaeion en k guerra contrm 
U indepeadeaciade tbe Eitadof-Umdeede Anériea. 



M^ errando VI había oltferrado rigdirotaiiieBte el 
Astema de neatralidad , tan favorable para el co- 
mercio y la prosperidad de sus subditos; pero 
Oírlos III en lugar de seguir tan buen ejem<» 
plo« que era el mas conveniente á los intere-* 
wts de la nación, tomó un rumbo contrario, mo* 
vido de particulares consideraciones, y de perso-^ 
nales resentimientos. Miraba este monarca coo 
pocM afición á los ingleses, por el bccbo siguieii- 



i33 
fe : Hallándose empeSado en la guerra qoe soste- 
nían en Italia los Borbones de España y Franda 
contra la emperatriz María Teresa « los ingleses y 
el rey de Cerdcna (i) « se presentó delante de ISá- 
poles una división de la escuadra inglesa, y so 
comandante intimo á Girlos la orden de declararse 
neutral en el termino de una hora, sopeña de ver 
bombardeada la capital de su reino. £1 monarca 
para evitar aquella catástrofe , se vio obligado á 
prometer solemnemente por escrito que observaría 
la mas rigorosa neutralidad. 

Este desagrado que desde entonces le quedó con* 
tra los ingleses, se acrecentó en los primeros años de 
so reinado en España con motivo de las intermi- 
nables contestaciones relativas á los estabiccimien* 
los británicos, y al comercio de contrabando en las 
Indias occidentales, y de las frecuentes vejacionef 
de los cruceros ingleses. Agregábase otro motivo de 
descontento, y era la constante negativa del go« 
bierno ingles á las reclamaciones de los emanóles 
para hacer la pesca en Terranova. 

Estas quejas por una parte, y la adhesión de 
Carlos á los príncipes de su familia, no menos ar- 



(1) El rey de Cerdeña faltó nulamente á la alianxa 
COB loi Borbone?, pasándose al bando contrarío. 



ciu>iTiJLO vm. 



Dm grandes deíaciertot cu el reiaadp Cirlot 111 qw MOiarai gitvl» 

•iniat makty y lavieron an penückMO iofliQe en U eifilincioo uft» 

Mi0 i nhtr, el pecto de familia, y la cooperación en la guerra contra 

U I nd epen d enci a de tbe Eitadof-Unidot de Anériea. 



M^ ernando VI había ohsenrado rígdirosamente al 
aistema de neatralidad , tan favorable para el co* 
anercio y la prosperidad de sus subditos; pero 
Oírlos III en lugar de seguir tan buen ejem* 
plo« que era el mas conveniente á los intere* 
wis$ de la nación, tomó un rumbo contrarío* mo» 
vido de particulares consideraciones, y de perao-l 
nales resentimientos. Miraba este monarca con 
poca afición i * * oleses, por el bccbo siguien- 



i33 
f«: Hallándose emp^ado en la gnerra qot soste* 
nian en Italia los Borbones de EspaSa y Franda 
contra la emperatriz María Teresa « los ingleses y 
el rey de Cerdcna (i) « se presentó delante de ISá- 
poles una división de la escuadra inglesa, y so 
comandante intimo á Girlos la orden de declararse 
neutral en el termino de ona hora* sopeña de ver 
bombardeada la capital de su reino. £1 monarca 
para evitar aquella catástrofe , se vió obligado á 
prometer solemnemente por escrito que obserrarit 
la mas rigorosa neutralidad. 

Este desagrado que desde entonces le quedo con* 
tra los ingleses, se acrecentó en los primeros años de 
so reinado en España con motivo de las intermi- 
nables contestaciones relativas á los estabiccimien* 
los británicos, y al comercio de contrabando en las 
Indias occidentales, y de las frecuentes vejaciones 
de los cruceros ingleses. Agregábase otro motivo de 
descontento, y era la constante negativa del gCK 
bierno ingles á las reclamaciones de los eqiaSoles 
para hacer la pesca en Terranova. 

Estas quejas por una parte, y la adhesión de 
Carlos á los príncipes de su familia, no menos ar« 



(1) El rey de Cerddia faltó mslsmente á U «liiai; 
ton loi Borbone?, pasándose al bando contrarÍQ. 



i34 

raigada en su corazoo c[ue la de su padre i le hi- 
cieron firmar en 1 5 de agostó de 1761 la célebre 
alianza conocida con el pació de familia , que tan 
gravas compromisos acarreo después á los Borbo^ 
mes en Espafía. Resultó como era natural la guer- 
ra con ]á Gran Bretaña , en la cual tomaron los 
ingleses la Habana con todos los tesoros que se ter 
ni^n aili guardados, nueve navios de á 60 cano- 
ncs, tres fragatas j otros buques menores. Por el 
mismo tiempo invadieron la opulenta ciudad de 
Manila y las demás islas Filipinas. A e$tas per- 
didas se aSadio' la del jgaleon de Acapulco , cuyo 
valor subía á tres millones de pesos fuertes. Ajusta- 
da por fin la paz en París el i o de febrero de 
1 763 /fue necesario ceder á la Inglaterra las Fio- 
rfdas, para recobrar la Habana y las islas Fi- 
lipinas (1). 

]La cesión de las Floridas á |a Inglaterra era 
una gran falta política .de parte del gobierno tiS'* 
paRol ««porque tarde ó temprano b^ria á los in* 
gicscs dueños del golfo de Mcgico; j si la posesión 
d$ la Jamaica les facilitaba el modo de arruinar 
el comercio que hacSd Cadi;c en las costas de Yn»- 

(1) L*Espagne sous les rofs 4e la mai^n de Bourbon, 
tomo 4*^ » p&g* 502. Memorias de) principe de )a Pas, to*- 
mo 3.^ y pág. f 5 en la nota. 



i35 

cntan , Hondaras , Goatemala y Tierra-firme , el 
cstabtectfniento en las Floridas los babilitaba pa- 
ra destruir el de Vera-cruz (i). 

Grande ceguedad fue la de Carlos III en 
adoptar con tanto ahinco los intereses de la Fran- 
cia , poniéndose en lucha con la nación marítima 
m^s poderosa « y la única que podía oponerse al 
cumplimiento de los proyectos patrióticos concebi- 
dos por algunos estadistas españoles, para las me- 
joras progresivas en las posesiones de Ultramar. 

El verdadero ínteres de España en aquella 
época consistía en la conservación de sús colonias, 
cuya posesión le daba tan gran consideración en 
Europa , y las cuales regidas pdr buenos princi- 
pios' ídé economia pública, hubieran podido llevar 
á un alto punto la industria, el comercio, la ri- 
queza, y el poder de la metro'poli (2). 

Pero de todas las guerras desastrosas en, que 
se vid envuelta la España , ninguna mas antipo- 
lítica que la emprendida para sostener la insur- 
rección de las colonias anglo-americanas : el espí- 
ritu de venganza contra la Inglaterra, y no el de 



(1) L*Espaguc sous les rois de la maison de Bourbon, 
tomo 4*^> cap. 61 , uota última , pág. 504* 

(2) L'Eapagnesous les roisy tom. 6.^, cap. 3. adi- 
cional. 



i36 

un objeto filantrópico , pudo inspirar á unos go- 
biernos tan absolutos como eran los de España j 
Francia, el desatinado penjsa miento de apoyar los 
|>rioc¡p¡os democráticos en América , que ya en 
Europa producían tanta fermentación. ¿Y cdmo 
pudo consentir el sesudo Carlos rtll en el apoyo 
dado á los aúglp-americanoSf siendo un poderoso 
.ejemplo y un punzante estimulo para que las co- ' 
lonias españolas hiciesen algún dia otro tanto? 

£l conde de Aranda después de haber firma- 
do como ^embajador nuestro en Francia el tratado 
de pax, coa Inglaterra « reconociendo la indepen- 
dencia do la3 qplonias afiglor.americanas; dirijídal 
rey una memoria secreta haciendo proíiJnd]a&> re- 
flexiones sobre las consecuencias que podrían. jre>^ 
sultar en lo sucesivo para Espaiía del establecí** 
miento de una potencia tan colosal cerca de sus 
colonias (i)* 

Con mayor vehemencia aún ha levantado úl-* 

timatncntc su voz el principe de la Paz defen*- 

dicndose contra el conde de Flor idablanca , que 

•en el manifiesto de <la junta central le inculpó por 

el tratado de alianza con la república francesa en 



mmt 



(1) L'Espagne 80U5 les roii Scc tom. ^.^ , cap. 3i^ adi^ 
cioiía] y piigk 47. 



«37 

1 796. «¿ Qaé podor superior , dice , qae neceti- 
dad, qué estrecliez ó qaé raras circunstancias obli- 
garon al ministro español para condescender con 
la Francia á precio tan subido? ¿Fué el temor? 
No; la España era entonces rogada de rodillas y 
mas fuerte que la Francia. ¿ Fué la opinión del 
rey Carlos III? No; sa opinión fue contraria, y el 
ministro trabajo largo tiempo en superarla, ¿Fué 
eWoto nacional? Todo el mando en España mal- 
dijo esta guerra. ¿Fué el interés del reino? Los 
desastres de Gibraltar « los desastres de nuestra 
armada , nuestros tesoros disipados , el comercio 
perdido , nuestro crédito arruinado depondrian en 
contrario. ¿ Se quedaron aqui los males? No ; es* 
tos males fueron solo el principio y el preludio de 
los dolores venideros. Incubada por los dos minis- 
tros temerarios (el de España y Francia) al precio 
irredimible de tanta sangre y de tantas ríq^ests 
der ranudas , la semilla sediciosa en el norte de 
América , el fatal genio de las revoluciones tomo 
vida, creció como an gigante y atravesó el Atlin- 
lioo^ y devoró á la. Francia, y estendió por la Euro- 
pa sus estragos, y viajó á la redonda por la tierra, y 
dejó en todas partes su larva inacabable."* (i) 



(i) Memorias tomo 2.® « fég. 67 |d fin ^ i^^joostiBfiíM^ 



CAPITULO IX. 



Primeros aóot del reinado de Girlot IV : origen de la reTolucion de 
Francia : conducta del gobierno eipaftol en tan tremenda crisis: guer- 
ra del Pirineo^ j pti lyiistada en Baailea con la república francesa* 



\ 



' 1. ■ ' 



ilJIarés tempestuosos iba i surcar la nave del 
estado durante la azarosa dominación de esté prín- 
cipe, destinado por su mala esti^lla á llorar la 
sangrienta catástrofe dé un rej deudo y aliado su- 
yo ; á luchar con los sanguinarios terroristas' de 
Francia , y con el inmenso poder de la Inglaterra; 
á perder después la corona en un motin popula r« 
y acabar sus dias en tierras estranas « lamentando 
-la ingratitud de utt^ hijo : ¡época fatal para dar 
impulso á los progresos de la civilización ! ¡tiem- 
pos MMgasde revueltas^ de eaconados partidos , en 



que la maledicencia emponzoña todos los actos, y 
en que tan dificü es aparar la verdad para pre- 
sentarla imparcíalmente. 

El pueblo español había concebido buena idea 
de las recias intenciones 7 capacidad del nuevo 
monarca. Alentaba tan b'aenas esperanzas la per- 
manencia en el ministerio del conde de Florida- 
blanca, cuya persona había recomendado Car- 
los III á su hijo como un ángel salvador en los 
peligros que ofrecía la Francia (i). Poco tardaron 
en realizarse estos peligros con la'gran revolución 
que iba i trastornar enteramente aquel reino y po- 
ner en agitación a toda la Europa. 

El conde de Floridablanca acostumbrado por 
tantos anos á respetar las instituciones monárqui- 
cas, y á proceder en las reformas con tanta mesu- 
ra , no podía mirar con buenos ojos una revolu* 
cion que emprendía su larga carrera con p^sos 
tan agigantados* Los tronos se estremecieron y los 
atinados estadistas veian una nueva era de efer- 
vescencia política» en que el elemento popular iba 
á aliar su terrible bandera sobre los escombros de 
la raooarquia* 



(1) Memorias del Príncipe de U Pas , tomo 1.^ » pá- 
fina 122. 



1 4o 

Sucedió también por aquellos tiempos qae un 
asesino, de nación francés, osó herir alevosamente 
al conde de Floridablanca ; y esta tentativa de 
asesinato sé atribuyó comunmente á alguna de las 
sociedades secretas de aquel reino ; nuevo motivo 
que tuvo aquel personage para mirar con ojos si- 
niestros las novedades acaecidas en Francia ; si bien 
no formó proyectos de hostilidad, como por mu- 
chos se ha creido equivocadamente. 

. La conducta que pensaba seguir en cuanto al 
sistema político* de España se destubrió bien en 
las cortes celebradas el ano de 1789 para la )ura 
y reconocimiento del príncipe de Asturias, como 
heredero de la corona. «Las necesidades del esta- 
do, dice el Sr. Martínez de la Rosa (1), los aba- 
sos de la administración y el anhelo que ya des- 
puntaba en la nación de mejorar de suerte , en- 
cendieron el ánimo de algunos diputados celosos 
que pidieron que las cortes se ocupasen en exami- 
nar los males qae aquejaban al reino y en apli* 
caries , de acuerdo con el monarca , el remedio 
oportuno: este conato de reforma que empeaaroo 
á mostrar las cortes inquietó sumamente al go^ 
bierno, poco dispuesto á satisfacer tales voto^; y 
acudiendo en su ayuda an ministro sagaz, poso en 



(1) Espíritu del siglo , tom. 1.^ , pág. 38 y 39. 



«4i 

práctica las dilaciones « las dádivas , las amenazas, 
hasta qae disueltas las corles quedo tranquilo el 
gobierno en el borde mismo del precipicio* dejan* 
do sepultada á la nación en el mas peligroso le-* 
targo (i). Tal fue el éxito que tuvieron las últi- 
mas cortes , si tal nomibre merecen « que vid reu- 
nidas España hasta la época de su revolución: es* 
te hecho tan grave como cierto no ha menester es* 
plicacion ni reflexiones ; la historia de la monar- 
quía durante los cuarenta aSos últimos « debe ser 
su solo comentaria" En estas mismas cortes se 
derogo la pragmática de Felipe V. sobre sucesión 
á la corona « restableciéndose el antiguo derecho y 
práctica, según ks leyes de partida; acto que se 
tuvo muj secreto, juramentando á los diputados. 



mmmam^a^i^i^mm^mi 



(1) Ett ana esposicion cpu dirijió al rey el conde de 
Floridablanca desde sa prisión en la cindadela de Pam- 
piona, decía : «Aunque d capónente no ha hecho mención 
específica de las últimas cortes , no dejaron de ser impor- 
tantes sus servicios en ellas : el rey lo sabe , pues hubo ob- 
jitos grandes fielismente conseguidos; ^ no faltaron espí- 
rüuM inquietos fue quisieron eniror en maUrias que itan 
turbado oíros países : ^ro se atajó todo afortunadamen^ 
te con mucha potüiea y oportunas resohieiones , dejando 
contentos A los reinos y é sus diputados. 



j que luego hizo Taler el rey Femando VIL 
La caída del conde de Florídablanca , acae- 
cida en febrero de 1 792* no fue una gran pérdi- 
da , por la razón que apunta el Sr. Martínez de la 
Rosa en el pasage citado « como también por la 
estensíon que dio al poder ministerial « anulando 
el consejo de estado, concentrando en sus manos 
todos los resortes de la administración, y sujetando . 
á los demás ministros en sus respectivos ramos á 
deliberar en común bajo su presidencia (i). Sa- 
cedióle el conde de Aranda , que habiendo sido 
consultado por el rey acerca de la conducta de 
Florídablanca, la calífiod de inepta, impolítica y 
temeraria. Pero la suya tampoco hubo dé agradar 
al rey, pues que en noviembre del mismo año le 
separó para reemplazarle con el duque de la Al-* 
cudía (2). 

Para entonces habian ya ocurrido en París las 
terribles escenas del 10 de agosto de 1792 y de la 
prísion de Luis XVI y su familia en la torre del 
Templé, atentados precursores de otro mayor que 



(1) El Principe de la Pai habla largamente en el 
pítalo )2, tom. 1.^ de áns Memorí«a de las caiisu.qnt 
motivaron la caida de Florídablanca. 

(2) Mo espresa este en sos Memorias las causas que 
inflayeron en la separación de Aranda. 



r43 
había de cubrir de luto' á ia Francia y de Jiorror 
á la Europa toda. 

£1 gobierno español se condujo en aquel bor- 
rascoso tiempo con dignidad , con la nobleza ge« 
nerosa propia del carácter nacional, por mas qne 
digan lo contrario los detractores de nuestras gior 
rías. Para salvar la vida del rey d^ Francia no 
perdono medio alguno; abrió, créditos de cantidad 
ilimitada en Paris para atender al decoro de los 
augustos presos, y ganar si era posible votos á su 
favor en la convención: ofició al ministro Pit para 
que interpusiese también su mediación , áfünque en 
vano; buscó por medio de su representante . eo 
París sugetos de valía que protegiesen la causa del 
monarca preso; 7 finalmente presentó dos notas 
con una carta de mediación del rey Carlos IV en 
favor de Luis, las cuales se presentaron y leyeron 
en la convención (i) el dia 28 de dicien^bre del 
mismo ano. 



(1) He «qai el texto literal de las dos notas remitidas 
al encargado de negocios. '.:■.-: 

1.' Habiendo significado el gobierno de Francia al de' 
España sus deseos de ver asegurada de un modo positivo 
la neutralidad qu§ existía d^,hey^o^^tB ^ )a ^ ^lya naci^i^y . 
S. M. C. ha autorizado al infrascrito su nrimer secretario 
de estado para declarar por esta.not^|,qué la Espacia ob* 
servará de su parte la neutralidad mas perfecta con re»T« 



.44 

«Durante sa lectura , dice el principe de la 
Paz, reinó el silencio en la asamblea y en las tri- 
bunas « favor no acostumbrado cuando se hablaba 
en pro del infeliz monarca. Un momento se con- 
cibieron esperanzas de obtener un buen suceso ; pe- 
ro el terrible fallo estaba echado por los hombres 
de sangre , que á falta de razones csponian sus to* 
luntades con el grito y las amenazas.» «Lejos de 
nosotros, esclamó el feroz TbKríot, lejos las iúr 



• / 



ilgm^fa^mri^m^'^f^^^i'^ma^f^^^f^^m^^^^m^mmmmm^m^^immmmmmmm^i^^fi^m^f^^if^ 



pecto á la guerra en que la Francia se encuentra empe- 
iiada con otvat potencias. Esta nota será cangeada contra 
otra igual firmada por el ministro de negocios estrange-* 
ros » en la cual se darán las mismas seguridades por par* 
te de lá Francia. Madrid de diciembre de 1792.=:£/ Ju* 
ifue de la Alcudia. 

2.* & M. C. en consecuencia de la neutralidad conve- 
nida entre la España y el gobierno francés bajo la seguri- 
dad de la amistad y buena fe de la nación francesa, man- 
dará retirar de las fronteras las tropas que las guarne* 
cen (1)9 conservando solo en las plazas el número de ellas 
necesario para su servicio y el de sus destacaqaentos res^ 
pectivos ; \o cual será puesto en ejecución tan pronto 00- 

■ .■■■ ■• #f ■ ■ ' -: r ' 

(I) l^hbaii «aiM» antat «itas tropas por via da firteaneioo , j 
ptn laaar 1 raya fas firpaoeaat , qoa 4anil>ian aa Miiaa a|H^9aifluda 
•IPirip-* 



i45 

fluencias de los reyes. No suframos por modo al- 
guno que los ministros de las cortes estrangera§ 
ibcmen aquí un congreso para intimarnos la, vo- 
luntad de los bandidos coronados. ¿Seria que el 
déspota castellano osase amenazarnos ? (i)" 

Estos Y otros despropo'sitos que dijo el bárba- 
ro xlecla mador, fueron aplaudidos con estrepitosa 
vocería^ los buenos se intimidaron , j nadie se 
aventuró á apoyar la mediación de una corte es- 
trangera : el resultado fue no hacer caso y vota^ 



IDO la Francia entregará otra nota , prometiendo obrar 
dé igual modo por sa parte.» 

Con estos documentos y lo demás que dice el Príncipe 
de la Paz en el tomo 1.^ de sus Memorias , cap. 6.^ , se 
desvanece la patraña inserta en la página 129 , tom. 5 de 
la historia de Mr. Coxe sobre el altercado que tuvieroii en 
el consejo de estado el conde de Aránda y el duque de la 
Alcudia, defendiendo aquel la neutralidad, y abogando es-- 
te por la guerra , de cuyas resultas fué desterrado el con- 
de á Granada: este destierro no se verificó hasta el año de 
1794» ^^ ^"^ Aranda presentó una Memoria que corre 
manuscrita , en la cual se inculpaba al gobierno de no 
haberse preparado convenientemente para continuar la 
guerra. Por lo demás bien sabido es que el conde era muy 
partidario de -los franceses , y que antes de la revolución 
estuvo enlazado en amistad con los enciclopedistas. 

(1) Memorias dd Príncipe de la Paz, tomo 1.^^. pá- 
gina 67 y siguientes. 

TomúlF. lo 



1 46 

lordre ái/yowr. No obstante esta insultante repul- 
sa, aun se pasaron o'rdenes al ministro español 
en Paris para redoblar sus esfuerzos, y seguir 5us 
oficios públicos ó privados , según le sugiriesen su 
celo y lealtad , atendidas las circunstancias* y sal- 
vo el honor de la corona. Asi lo hizo el Sr. Oca- 
riz ; y cuando vid que iba á decidirse en la con- 
vención la suerte de Luis XVI , pasó un nuevo 
oficio para salvar á la augusta víctima de la 
muerte. 

«<En la aciaga noche del 1 7 de enero de 1 793, 
acabada ya la votación sobre la suerte del rey de 
los franceses y comenzado el escrutinio , mientras 
se contaban los sufragios de vida tí muerte, fue 
anunciado á la convención el nuevo oficio del en* 
viado de España. Ocariz renovaba en el las pro- 
posiciones de mediación y garantia, que desde di- 
ciembre anterior tenia indicadas al consejo ejecu- 
tivo ; encarecia vivamente los deseos y los ruegos 
de Carlos IV; y sin pedir en aquel trance mas 
favor que la vida del monarca francés, anadia es- 
tar pronto á remitir á nuestra corte cualesquiera 
condiciones honrosas que la Convención estimase 
necesarias y bastantes para desistir de aquel pro- 
ceso y terminarle, como asunto mas propio de una 
solución política por la vía de un tratado, que se- 
ria la gloria de las dos naciones: solución ventu- 
rosa digna de nuestro siglo, prenda cierta de la 



i47 

paz de la Europa , y fundamento mucho mas 
firme para la independencia de la Francia (i). » 

Hé aqui un espectáculo imponente que honra 
sobremanera al gobierno español : ninguna voz se 
oye mas que la suya en favor del malhadado Luis, 
í Y esta voi« que es el grito de la humanidad en- 
tera , se desecha fieramente por la G)nvencion !... 
Los tigres sedientos de sangre rechazan la lectura 
del oficio , y no falta un Danton para proponer 
que se declare la guerra á España en aquel 
acto ! 

Cae por fin la cabeza de aquel martirizado 
monarca « y entonces suspende el gobierno espa- 
3ol sus entabladas negociaciones, respondiendo al 
ministro francés en Madrid , que aun insistia en 
ellas , que su presencia y sus gestiones en tan tris- 
tes momentos eran incompatibles con el luto de la 
corte. ' 

Y en efecto, ¿que transacción cabía ya con 
unos frenéticos revolucionarios que acababan de 
cometer tan horrendo crimen ; que insultaban á 
todos los gobiernos y provocaban en todas partes 
la guerra con sus escritos incendiarios, con sus 



(I) Memorias citadas , toni. 1.**, pAff. 70 v 71 



i48 

discursos trastornadorcs del orden social ? 

«(¿ Qué se os trae en este instante ? ( de* 
«cia Barreré hablando de la mediación de Espa- 
ña ) , nada mas que congeturas é ilusiones di" 
plomáticas.,. No olvidéis , ciudadanos, vuestra 
hermosa misión, que es la de hacer revoluciones 
en todas las potencias.^ Estas ideas y otras semen 
jantes, tan comunes entonces, tan aplaudidas y 
preconicadas, hacian ver claramente que el objeto 
de los republicanos era acabar si pudiesen con to- 
das las monarquías de Europa. 

No era cstrano pues que estas tratasen de ha- 
cer frente para evitar la propagación de unas doc- 
trinas perturbadoras del orden público , y tan con- 
trarías al verdadero espíritu reformador con que 
debían mejorarse las instituciones antiguas, si- 
guiendo los progresos de la civilización. A pesar 
de todo la E^ana no fue quien declaro primero , 
la guerra , sino el gobierno francés, j aun antes 
de declararla cometió actos de hostilidad , como se 
acredita en el manifiesto con que respondió el rey 
de España á aquel gobierno en 23 de marzo de 
1793 (1). 



(1) Memoria» citadas tom. 1.^, cap. 11. 



^49 

EsU guerra fue una de las mas populares en 
EspaSa ; el entusiasmo se hizo general. Los ayun- 
tamientos del reino competian entre sí de un mo- 
do asombroso en procurar recursos pecuniarios,/ 
en los alistamientos voluntarios de los mozos de 
sos respectivos distritos. Un gran número de su- 
getos ofrecieron sus riquezas y sus bienes juntamen* 
te: las viudas mismas presentaban a sus hijos. 
Baste decir acerca de este impulso general de leal* 
tad, de patriotismo y de instinto conservador^ 
que no hubo necesidad de hacer sorteos , y que el 
ejército se puso en pie de guerra con solo gente 
vohintaria (i). La EspaSa ofreció en donativos 
la enorme sama de 73 millones (2). • 

La campana de 1 79^ fue gloriosa para núes* 
tras armas en el Pirineo oriental:, los españoles 
acreditaron su valor , nunca desmentido , en la 
célebre batalla de Truillas y en otros sangrientos 
combates; y el insigne general Ricardos que los 
mandaba, se apoderó de los castillos y fortalezas 
de Bellegarde , los Baños , la Guardia , Villa* 
franca, San Telmo, Port-Vendres y Coliuvre, obli» 
gando por fin a los franceses á encerrarse en 
Perpinan. TSo fueron tan felices los aliados en el 



(i) Memorias citadas tom. 1,^, pág. tl3, iioU^ 
(1) Id. id. pá({. 139. 



i5o 

norte, pues perdida en 26 de diciembre la terri- 
ble batalla de Geisberg , los auslriacos , los pru-^ 
sianos Y los emigrados de Conde derrotados y fu- 
gitivos abandonaron á la Francia las famosas lí- 
neas de Weiscmburgo. 

Las medidas estraordinarias adoptadas por la 
Convención en agosto del mismo ano habian dado 
á la f evolución una terrible cnergia , y medios 
poderosos á los ejércitos republicanos. El comité' 
ó junta de salud pública babia propuesto el si- 
guiente proyecto de ley, que fue aprobado con el 
mayor entusiasmo por la asamblea : Art. i P El 
pueblo francés declara por el o'rgano de sus re- 
presentantes que va á levantarse en masa para 
defender su constitución y su libertad , y para li- 
bertar el territorio francés de sus enemigos. Ar^ 
tículo 2P: El comité de salut públic presentará 
mañana un proyecto para dar la correspondiente 
organización á este gran movimiento nacional. 

Por otros artículos se nombraban diez y ocho 
representantes encargados de correr toda la Fran- 
cia, y dirijir á los comisionados de las asambleas 
primarias en la requisición de hombres , caballos, 
municiones y subsistencias. Dado este grande im- 
pulso, dice Mr. Thiers (i) todo se hacia posible: 



(1) Histoire de la rcvolution fran^aise, tom. 1 , cap. 25, 
pág. 461 I edición de Bruselas 1840. 



i5i 

declarando ana vez que la Francia entera, hom^ 
bres j cosas pertenecían al gobierno , podía este 
bacer todo lo que juzgase útil é indispensable se- 
gún lo que le sugiriesen sus conocimientos , los 
futuros peligros j el progresivo entusiasmo. Sin 
duda no era necesario levantar en masa la po^ 
blación entera» interrumpir la producción, y bas* 
ta el trabajo necesario para proporcionarse medios 
de subsistencia; pero con venia sí que el gobierno 
pudiera exijirlo todo, limitándose sin embargo en 
esta exacción á las necesidades , según se fuesen 
presentando. El mes de agosto pues fue la época 
de los grandes decretos que pusieron toda la Fran- 
cia en movimiento , todos los resortes del estado 
en ejercicio» 7 que terminaron en provecho de la 
revolución su última y mas terrible crisis. 

Este poder ene'rgico y colosal amenazaba á 
los ejércitos aliados para la campana de 1794» 
tan fatal para todos ellos. Por lo que bace á la 
España el conde de la Union , que babia sucedi- 
do al difunto general Ricardos , fue atacado en 
i.^ de mayo de aquel ano por el general Dugom- 
mier, y obligado á retirarse del territorio francés 
para cubrir á Figucras. A esta dcs;;rac¡a se siguió 
la pérdida de todos ios fuertes y plazas ganadas á 
los franceses en la campana anterior, que sucesi- 
vamente fueron cayendo en su poder , aunque no 
sin gloriosa resistencia y esforzados combates de 



l52 

las tropas espauolas. Por último se perdieron ]^g 
lineas de Figueras, j esta plaza con 9 d i o3 hombres 
de guarnición , y bien pertrechada, cajo en poder 
del enemigo, Por la parte de Guipúzcoa perdimos 
á Fuenter rabia, S. Sebastian y Tolosa , quedando 
acantonados los enemigos en aquella provincia, en 
el valle del Bastan j en San Juan de Pie de 
Puerto. 

Corria el ano de 179^, y la convención de 
Francia había adoptado principios mas modera- 
dos de gobierno, después de haber perecido en el 
cadalso el ano anterior Robespierre , S. Just ,. 
G)uthon y otros furibundos jacobinos: esta mu- 
danza de política interior en Francia y las gran- 
des perdidas que babian sufrido el ano anterior 
los aliados, hicieron pensar á algunos de ellos en 
negociaciones de paz : la ajusto antes que todos el 
rey de Prusia (i), cuyo ejemplo siguió poco des- 
pués el gobierno de España (2). No me detendré 
á calificar este convenio , porque ademas de no 
pertenecer al principal asunto de esta obra , ten*» 
dria que detenerme mucho en el examen, de las ra- 
zones que para justificarse alega el Príncipe de la 



(1) En 5 de abril de 1795. 

(2) La paz entre España y la república se firmó en 
Basilca el 22 de julio del mismo aíiO. 



i53 
Paz. Una de ellas es la necesidad d conveniencia 
por lo menos de evitar una revolución moral en 
los ánimos, que podria haber ocasionado el pro- 
longado contacto de las tropas francesas república-^ 
ñas: j como esto hace mas á mi proposito, copiara 
sns mismas palabras , que dan á conocer bastante 
el estadio de las opiniones políticas en aquel 
tiempo. 

»Tal fáe en efecto uno de los motivos que in- 
dinaron en favor de la paz con perfecta unatiimi- 
dad al consejo del rey , sin discordar de los mios 
en un ápice. Mo en verdad porque se temiese un 
eambia en la lealtad ni en los sanos principios del 
ttiayor número • lo cual era imposible, al menos 
por entonces ; pero la historia de cosas pasadas j 
presentes hacia advertir cual era él poder 7 los re- 
cursos de las minoridades , cuando estas llegan á 
apoyarse con el favor de las armas estrangeras, 
mucho mas si estas hallan modo y medios para ce- 
bar el interés de las plebes j de las gentes perdi- 
das ; poderosa palanca que la propaganda republi- 
cana ponia en acción en todas partes donde entra* 
ban los ejércitos franceses. 

» En España no dejo' de percibirse una minori- 
dad de esta clase, ciertamente muy pequeña, pero 
bastante para poder temerse un incendio, tanto 
mas cuanto sin acudir á las doctrinas ni á los fu- 
nestos efectos de la revolución francesa t nuestros 



i54 

propíos males desde el tiempo mismo de los go-^ 
dos ofrecian ejemplos peligrosos; y no tan lejos ie 
nosotros la deposición de Enrique IV , las comuni- 
dades de Castilla y las germanias de Valencia en 
los dias de Carlos V, junto con todo esto los prcs* 
tigios de la antigua constitución de Aragón, las 
turbaciones de aquel reino- en tiempo de Felipe II 
y los recuerdos dolorosos de sus fueros destruidos 
bajo aquel reinado (i). Tales memorias fermen- 
taban en algunas cabezas y pasaban á proyectos. 
En junio de 179 5 una correspondencia intercepta* 
da bizo ver patentemente que los franceses trabaja- 
ban con suceso en formarse prosélitos en muchos 
puntos importantes, y ofreció rastró para descubrir 
algunas juntas que se ocupaban de planes demo- 
cráticos, divididas solamente por entonces en acor- 
dar si serian muchas ó una sola irepública iberiana 
)o que convendría á la España. Los franceses para 
dominar mas ciertamente preferían que fuesen mu- 
chas. Una de aquellas juntas, y por cierto la mas 
viva, se tenia en un convento , y los principales 
clubistas eran frailes. El contagio ganaba : al solo 
amago que los franceses hicieron sobre el Ebro« 
una sociedad secreta que se tenia en Burgos pre- 



ri 



Í)j:- 



(1) Esto es un error histórico , según queda demos- 
trado anteriormente. 



i55 

paraba ya sus diputados para darles el abrazo fra- 
ternal..r ¡Cuánto hubiera sido el mal si la prose- 
cución de la guerra hubiera desenvuelto una revo- 
lución en medio de elementos tan discordes de ideas 
y de intereses como los que en Esparta habrían 
movido los trastornos demagógicos! ¡Con qué faci* 
lidad la habría entonces devorado la república 
francesa!» (i) 



(1) Memorias del Príncipe de U Pai lom. 1.^ página 
331 en la nota. 



CAPITULO X. 



Tnt^clo de S. Ildefonso y guerra con U Gran Bretafia. Estado social 
de España hasta principios del siglo XIX. 



Xicabada la guerra con Francia parecía lo mas 
natural que el gobierno español se dedicase esclu* 
sivamente á cultivar las artes de la paz , evitando 
todo compromiso político que le enredase en nue- 
vas dificultades y peligros. Mas por una triste fa- 
talidad celebro con la república francesa un trata-* 
do de alianza en i8 de agosto de 1796 (i)^ y !a 



(1) Las principales disposiciones del tratado eran: te- 
ner la potencia requerida prontos y á disposición de la 
potencia demandante 15 navios de linea, 6 fagatasycnar 



«57 

Inglaterra cbcHib eomtúó contra nosotros nia« 
chos actos de ftoabEdad, que tlieron motifo a ana 
femial declaración de gncna (i). 

No laidaMOS amdka en eqperiaientar los per- 
niciosos efectos de csia añera ludo. Padeció la- 
mentables qndiíantos nnesira fiíena naral , per* 
didas irreparaUes nuestro comercio; 7 en medio 
de tan grabes males sin tener resarcimiento algu- 
no, las necesidades del erario iban creciendo estraoi^ 
dinariamente. Las foerxas marítimas que podia 
suministramos la Francia eran muj escasas , por- 
que apenas empesaba a restablecer su destruida 
marina. Así es que mas adelante perdimos dos 
importantes posesiones, á saber, la isla de Me- 



tro corbetas 6 boques ligeros , todos bien armados y eqoi* 
pados ; como también 189 hombres de in&ntería y 69 de 
caballería con on tren proporcionado de artillería ; de- 
biendo ademas la potencia requerída remplasar al ponto 
los boqoes y bajas que sufríesen las tropas por los acci- 
dentes de mar ó de tierra. £1 Principe de la Paz en el to- 
mo 2.® de sos Memorias, cap. 33 y sigoienles^ se ocupa 
largamente en defenderse de los foríbondos atames qne le 
han dado Taríos escritores por aquella alisnñ f'im tor 
iiestos resoltados. ■^*-' 9^ 

(1) El manifiesto del rty eonlinrilikf^rf 
publicó en 7 de octubre de 179fi.. 



i58 

norca j la de la Trinidad en America , colonia 
rica y floreciente. Pero apartando la coosideracmi 
de tan fatales acontecimientos esteriores « TolTá« 
mosla al interior del reino para hacernos cargo 
de la administración pública , j del estado social 
en que se halló el reino hasta fines de aquel 
siglo. 

Desacuerdo grande era ciertamente el querer 
gobernar la nación como á mediados del siglo 
XVIII « con poder absoluto , teniendo enfrente 
una nación que acababa de levantarse contra él 
tan estrepitosamente t y cuyo ejemplo debia influir 
tanto en la sociedad española. La misma paz con 
la república francesa facilitaba la introducción de 
las doctrinas democráticas y de sus defensores y 
sectarios. El contagio iba cundiendo , y no habia 
otro medio de neutralizar sus efectos que el de 
ponerse al frente de una revolución política, ine* 
vitable ya para nosotros , y que había de reventar 

mas tarde ó mas temprano. 

Entonces hubiera podido el gobierno darle 
una buena dirección , restableciendo las antiguas 
instituciones españolas , y modificándolas seguA los 
progresos de la moderna civilización. Se me dirá 
que esto ofrecía grandes dificultades: lo conozco 
asi; pero también las hubo en el reinado de Car- 
los III para abatir la prepotencia del clero y des- 
hacerse de los jesuítas , y uno y otro se ejecuto sin 



convulisieats. /Adeniii de ^qiie no épin %éú temi- 
bles entonces en EspaSa \q$ «atraTiM «políticos, 
porque ni en el pueblo .estpMol se habían fixopa- 
gado como en FraAcia las dottrinaa democsáiioas 
y aoti'freligtosas^ ni los elanealoa coifservadores 
de nuestra sociedad habían perdido £u fiieraa co- 
mo en empella nación* 

Peco íU .autoridad siiprena que entonces go ' 
bertaba la £spaoa , oootaadd «m la paoieiKÍa de 
los españoles creyó qne aan podía seguir mandan- 
do sin tales cortapisas « y disponer de Jas i»ntas 
públicas como cnaJqoier parlieolar qm consHne 
tin patrimonio, para atender iisus necesidades j i 
sus caprichos. 

No hablaré yo de estos últimos: mi oficio no 
es acriminar, inquietar las ceniaas^e los muertos, 
y hacer mas amarga la suerte de algunos que aon 
Tiren, y son de^aciados. Otros ados del gobier- 
no de mayor irascendenda para el estado social 
serán el ob)eto de mis inrestigaciones , empezando 
por ei oso que aquel hizo de su poder en los ne- 
gocios edesiistioos. 

No atreriéodoae a suprimir el tribunal de la 
inquisición , cuya enhUaoM era ya un insufrible 
baldón , una bárbara aoomalia en el estado pro- 
gresÍTO de las sociedades modernas, le cortó por 
lo menos los ruelos, mandando por una real orden 
que no procediese con prisiones rontra persotta il* 



i6o 
guM alta d baja, sin consultar al rey previamen- 
te y obtener su permiso (i). 

Los bienes eclesiásticos privilegiados siempre, 
no contribuían en la debida proporción al soste* 
nimtento de las cargas públicas , con manifiesto 
perjuicio de las otras clases mas productoras. Pa« 
ra remediar en parte este mal, j aumentar los re«> 
cursos para la estincion de vales , mandd poner en 
venta el Sr. D. Carlos IV los bienes de laS cofradías, 
memorias, aniversarios^ obras pias, hospitales, hos- 
picios j capetlantais. Se obtuvo bula pontificia pa- 
ra exigir del estado eclesiástico un subsidio cstraor- 
dinario de 36 millones; y por otro Breve espe- 
dido en 1806 se concedió' al rey la facultad de ven- 
der y enagenar la séptima parte de los bienes cele* 
siásticos, sin mas escepcion que la de los asignados 
por congrua de los párrocos. También se impuso 
un i5 por 100 de todos los bienes raices y dere- 
chos reales que adquiriesen las míanos muertas. : 

Fuerte el gobierno con los derechos de la pre- 
rogativa real en puntos de disciplina eclesiástica, 
espidió á 5 de setiembre de 1799 ^' siguiente dc« 
creto que causo' algunos disturbios , como se verá 
mas adelante. **La divina Providencia se ha ser- 
vido llevar ante sí el 29 de agosto último el al« 

(i) Memorias del príncipe de la Paz, tomo 11, p&gi- 



na 



i6i 

ma de nuestro santísimo padre Pió VI , y no pu- 
diéndose esperar de las circunstancias actuales de 
Europa y de las turbulencias que lar agitan , que 
la elección de un sucesor en el pontificado se haga 
con aquella tranquilidad y paz tan deseada , ni 
acaso tan pronto como necesita la iglesia; á fin de 
que entretanto mis vasallos de todos mis dominios 
no carezcan de los auxilios precisos de la religión, 
he resuelto que hasta que yo les dé á conocer el 
nuevo nombramiento del Papá, los arzobispos y 
•obispos usen de toda la plenitud de sus faculta" 
des conforine d la antigua disciplina de la igle- 
sia para las dispensas matrimoniales y demás que 
les competen, l^n Ibs demás puntos de consagra- 
ción de obispos y arzobispos y otras cualesquiera 
mas graves que puedan ocurrir , uie consultará la 
cámara cuando se verifique alguno por mano de 
mi secretario de Estado y del Despacho (i); y en- 
tonces con el parecer de personas á quien tuviese 
á bien pedirle, determinaré lo conveniente; sien- 
do aquel supremo tribunal el que me lo represen-* 
te, y á quien acudirán todos los prelados de mis 
dominios hasta nueva orden mia.» 

Aunque el Sr. Senmanat, patriarca de las 



(1) Lo era entonces interino I). Mariano Luis de Ur- 
quijo. 

Tamo ir. 11 



i6a 
Indias, el Sr. Arce, inquisidor general y arzobispo 
de Burgos , y otros muchos dignos prelados con* 
testaron al gobierno ofreciendo su pronta obedien- 
cia, y aplaudiendo la real determinación , no lar* 
daron en alzarse contra el espíritu de ella los sec- 
tarios de las doctrinas ultramontanas, y en espe- 
cial el autor de un escrito anónimo contra el edic- 
to pastoral del Sr. Tavira , obispo de Salamanca. 
G>ntestdle no obstante victoriosamente el S. Agui« 
riano , canónigo de la catedral de Calahorra y ca« 
tedrático de disciplina eclesiástica en los estudios. 

de S. Isidro (i). Hubo también con este motivo 
agrias contestaciones con el nuncio apostólico Don 

Felipe Gasoni, de cuyas resultas el ministro de 
Estado le envió los pasaportes, y la orden de salir 
del reino en dias contados. Medió el príncipe de 
la Paz, que á la sazón estaba retirado de los ne- 
gocios, aunque siempre conservando grande vali- 
miento con el rey , j se revocó la orden relativa 
al nuncio (a). 

Mientras el Sr. Urquijo procedia con esta fir« 



(1) G>leccioii diplomAtica sobre dispensas matrimo- 
niales y otros puntos de disciplina eclesiástica, por D. An- 
tonio Llórente. 

(2) Memorias del príncipe de la Pas , tomo III , pági- 
na 18. 



i63 
meza « el ministro de Gracia y Jasticia Caballerov 
^ habia sucedido al célebre JoYellanos (i), iba 
preparando el ánimo del rey contra los reforma- 
dores, pintándolos como sogetps peligrosos, defen- 
sores de doctrinas antimonárquicas ¿ irreligiosas; 
con lo coal llegó á sobresaltarse la conciencia del 
monarca , que en materias de religión era muy es- 
crapuloso, aunque no cruel ni perseguidor. 

En el capítulo siguiente volvere á tratar de 
este punto, haciendo ver la desgracia de Urquíjo 
y el triunfo de Caballero, que si bien causó grandes 
vejaciones personales al partido reformador, no 
pudo atajar el torrente de la opinión, declarada 
ya por las nuevas doctrinas , á |pesar de la inqui- 
sición, y de la vigilante policía del absolutismo. 
Abora me ocuparé en describir brevemente la apu- 



(1) En 1797 habían sido llamados al ministerio, por 
influjo del principe de la Pas , Jovellanos y Saavedra» su- 
. geios bien conocidos por su alta capacidad , y opiniones 
|í^VOrables á las reformas. El primero cayé á muy poco 
tiempo, y no pudo realisar sos grandes pensamientos, £1 
principe dice que le derribó Caballero para sucederle ; pe- 
ro entonces se atribuyó generalmente su caida al proyecto 
concebido por el mismo Jovellanos de quitar al valido su 
gran poder é influjo en la corte. G>mo quiera qiie sea, la 
desgracia y persecución del ilustre Jovellanos, indispu- 
sieron con el trono á los partidarios de las reformas, al 
paso que dieron nuevo aliento á los del bando opuesto. 



i64 
rada situación del gobierno en cuanto á .medioi 
pecuniarios , los arbitrios á que recurrió para su- 
plir aquella (alta ; y concluiré este capítulo con 
una resena del estado de nuestra agricultura, in- 
dustria y comercio, á fines del siglo XVIII. 

Las guerras seguidas primero con la repúbli- 
ca francesa , y después con la Gran Bretaña « co- 
mo también las demás atenciones públicas, babian 
puesto al gobierno en grandes apuros. Para salir 
de ellos no se habia atrevido á acudir al medio 
ordinario de aumentar las contribuciones púbií« 
cas, ya por no escitar un general descontento,. ya 
también porque conocia lo perjudicial que era 
gravar la producción, y atacar los capitales indos- 
triosos de que depende la subsistencia de la clase 
jornalera. Buscó pues recorsos en los préstaindV y 
emisión de papel moneda » medio conocido ya en 
el anterior reinado. 

«El total de los vales creados entonces , dice 
cl Sr. Canga Arguelles (i), fue de 94*479; d 
importe de sus capitales 548.9o5,5oo rs., y el 
del gravamen anual del erario por los rediuA^ 
21.956,220 rs. Para mantener la estimación del 
papel que se creó en aquel reinado , dispuso S, M. 



(1) Diccionario de Hacienda, tomo II, arC. Vales 
Reales. 



i65 
qoe el Banco nacimial redujera á metálico i la 
vista los vafes que ios poseedores te presentaran; 
que se pagarán religiosamente los réditos estipu^ 
lados, y que se estinguieran con dinero efectÍYO 
devuelto á los dueños 3|334 vales de á 3oo pe- 
sos cada uno, quedando reducida con esto la ma- 
sa circulante al tiempo del fallecimiento de aquel 
monarca á 91,1 45 pesos $ el del capital á 
533.go2,5oo rs. vn.» 7 el de los réditos, á.. 
21.356,100 rs. Con esto se logró que los vales ' 
no solo mantuvieran hasta el ano de 1793 todo 
el valor que representaban, sino que gozaran .en. 
su reducción libre por el metálico uno por ciento 
en Madrid y dos en Cádiz. 

• Pero este ventajoso estado del papel moneda 
sirvió paía su ruina , por haberse desentendido el 
gobierno de las bases indestructibles del crédito. 
Partiendo del fiílaz principio de que el valor que 
los vales conservaban en el comercio era prueba 
de que la suma que representaban , es decir , el 
importe de la deuda del estado contraída bajo es- 
ta forma , lejos de ser excesiva distaba mucho de 
ser suficiente para dar empleo á los fondos ocio- 
sos existentes en la nación; echó mano de ellos 
en los apuros de la guerra con Francia y poste- 
riormente» 

Desde Enero de 1794 hasta 6 de Abril de 
1799 se hicieron cuatro emisiones de vales; sien*, 



i66 

do el total de los creados entonces 243,255; d 
importe de sus capitales 1,759.639,500 rs., y el 
de los réditos anuales 70.^85, 58o rs. 

A pesar de los pingttes fondos aplicados á foi* 
tener el crédito del papel , de haberse satisfedio re- 
ligiosamente los intereses, j eztingufdose en el rei- 
nado referido vales por la suma de 4-o3.563)470 
reales, &a misma abundancia unida á las conse* 
cuencias de las guerras , l^s hito perder en el cs^m* 
b!o libre por el metálico desde 2 á 60 por too. . 

A la progresiva desestimación del papel mo* 
neda se agregaba la decadencia de la agricoltara« 
de la industria y del comercio , que describia con 
tanto conocimiento de la materia el Sr. Ganga 
Arguelles en una Memoria que escribió en 1802 
de orden del rej, j se halla inserta en el tomo I 
de su Diccionario de Hacienda. 

' «Inmensos terrenos entregados ál pasto; <tfrot 
muchos poseídos por manos muertas que carecen 
de actividad y de vigor; leyes reglamentarias qne 
en el cultivo é industria intentan dirigir la mano 
del hombre , que solo puede recibir un impulso 
eficaz de parte desü interés; acumulaciones de bie» 
nes|en pocas manos; el espíritu funesto de las^- 
vinculaciones^ y los alicientes poderosos que ofre- 
cen las clases no producentes , son las causas que 
impiden eficaiemente que la agricultura 7 las fií- 
brícas lleguen (entre nosotros) al alto grado do 



167 
pujanza en que se hallaron en otros tiempos. 

«Efectos suyos son la cortedad de las cose- 
chas de granos j simientes que no. bastando para 
el consumo de las provincias , nos deja en la de- 
pendencia del extrangero; la de vinos y aceites 
que no tiene todf la extensión que debidra por fal- 
ta de industria y de luces para propagarla y para 
mejorar su calidad ; la escasez de aguardientes con 
respecto á la cantidad que debiéramos sacar de 
nuestros caldos, y su mala calidad nacida de la 
ignorancia en el método de su elaboración; la 
falta de carnes para nuestro surtido, en medio 
de que los pastos consagrados á la cria de los ga- 
nados^ privan al hombre de la parte del terreno 
roas feraz de España ; y la de lino y cánamo que 
nos hace tributarios del norte, cuando solo las 
vegas de Granada y Calatayud pueden producir 
lo suficiente para el consumo de nuestros arsena- 
les , y para hacer un comercio muy lucrativo.» 

Habla luego de la decadencia en que se halla- 
ba el ramo de la cosecha de seda , porque ade- 
mas de haber hecho disminuir su consumo el ca- 
pricho de la moda , en algunas provincias el espí- 
ritu fiscal encontraba un ramo de rentas en el 
gravamen de las cosechas; y en otras el empeño de 
sostener fábricas por el rey , hacia fijar el precio 
de la seda, y tasar arbitrariamente el trabajo del 
labrador. Tratando de las lanas , barrilla , sosa y 



1 68 

rubia como artículos considerables de extracción 
por su abundancia j falta de consumo en nuestras 
fábricas « se queja de ios derechos impuestas á al- 
gunos de ellos ; y pasando luego á la industria . 
nacional, dice: 

«Prescindiendo, si es que se puede , de lo qae 
ayudan á su ruina Jas rentas provinciales, por- 
que recargando los consumos á la menuda aumen- 
tan el precio del salario; aun viven para ver- 
güenza nuestra los reglamentos numerosos y ridí- 
culos que detienen la imagins^cion del artesano 
para inventar nuevas obras ; que atan su mano 
en la maniobra, y fijan á su modola calidad y. 
circunstancia de las manufacturas, previniendo 
con este espíritu funesto de tutela el gusto del 
consumidor y el capricho* Aun existen las orde- 
nanzas gremiales , que consultando mas el ínteres 
particular que al público, ponen estorbos á la la- 
boriosidad , sujetan al artesano á largos y costo* 
sos aprendizages, le desangran con contribucio- 
nes pecuniarias para su habilitación « y en fin im- 
piden que el hombre trabaje cuando y como quie- 
ra ^ sin mas ley que la del comprador.» 

Entra luego el Sr. Canga en el pormenor Je . 
las manufacturas con que podía contar España 
para su surtido y el de sus posesiones ul trama ri- 
ñas; y pasando m seguida al comercio dice: 

«Sin agricultura y sin fabricas el comercio 



iGg 
desfallece, y una nadon que al atraso de estas dos 
fuentes de prosperidad añada trabas al tráfico, de^ 
be caminar á su ruina del modo mas eficaz. ¿ Y 
qué comercio puede hacer España interior ni es* 
teriormente sin sobrantes proporcionados de frutos, 
á pesar de la naturalesa y circunstancias de su 
terreno, y sin caminos j canales para acelerar la 
circulación de los géneros? ¿Guando la contribu- 
ción de la alcabala y cientos sobre los demás re- 
cargos acrece su precio de un modo insoportable; 
cuando los registros , las investigaciones y las ri* 
tualMades para asegurar á la real hacienda contra 
los fraudes detienen á cada paso el arriero y al 
comerciante, y le disgustan y molestan de mil 
maneras? ¿Y cuando son necesarias mil formali- 
dades y diligencias para habilitar una feria , y 
para dar licencia á los hombres, á fin de que se 
junten en los lugares que creen mas á proposito 
para permutar recíprocamente los productos de su 
industria ?» 

Patentizando luego el mezquino tráfico que en 
1 789 hicieron unas provincias del reino con otras, 
según los estados de frutos y manufacturas adjun- 
tos á la exposición hecha á S. M . por el conde de 
Lerena en 1 79 1 : continua del modo siguiente. 

«Los recargos que ponen los actuales arance- 
les de entrada y salida á los géneros y efectos na- 
cionales y extrangcros , favoreciendo poco á la in~- 



170 

dustría propia, impiden el curso del comerciot 
agregándose á ello la falta de marina mercante, y 
la limitación de puertos habilitados para dar sa- 
lida á los frutos. Facilidad en los transportes y 
multiplicados puntos de salida es lo que redamao 
nuestro comercio y nuestra conveniencia , mas no 
ban bastado hasta aqui las luces de la experiencia 
para aumentar el número de los puertos que la sa- 
biduría del gobierno abrid al negociante en el am 
de 1778, quitando el monopolio que ejercia Cá- 
diz, 7 que hoy se halla reducido á 12. 

«Tantas faltas como las que se han tomctido 
hasta aqui , y que han ocasionado el atraso mas 
ruinoso de los manantiales del poder, han debili- 
tado nuestro comercio con utilidad de los extran- 
geros. Basta leer nuestras balanzas y los registros 
de las naves que frecuentan nuestros puertos para 
convencerse de su estado precario y miserable pa- 
ra nosotros, cnanto pujante para los demás. En 
una serie constante de anos la Inglaterra ha lle- 
vado las ganancias de su comercio de 36o á 5 00 
millones de reales anuales , y España sus perdidas 
de 429 á 493 millones, sin compensar sus des* 
calabros con las posesiones de África, Asia y 
America ; porque tal vez son mayores y mas fu- 
nestos ios defectos de la legislación y del sistema 
de las colonias que eKde la metrópoli.... 

«La agricultura en decadencia, las fábricas 



»7» 
6 arroíiiadas 6 dd todo paralizadas « d comerdo 

interior encadenado por las leyes que debieran 
protegerle 7 fiímentarle ; el estertor detenido por 
el sistema fiscal y por las adquisiciones de la In- 
glaterra qae en el Mediterráneo derra las salidas 
de Cádiz con las escuadras que enyia de Gibraltar; 
en los mares de ta India con las que puede des- 
padiar desde Ceilan « 7 en las de América con las 
que abrigarán sus interesantes colonias de Trini- 
dad y Jamaica; una deuda inmensa (i) que des* 
pues de baber arruinado el crédito público ocasio- 
na sendbles sacrifidos para su extindon; 7 las 
casas de comerdo principales de España 6 este- 
nuadas por las necesidades del erario, d embara* 
zadas en sus negodos por efecto de la guerra , es 
el cuadro que presenta España en el ano de 
1 80 1 cuando la paz viene á aligerar la pesada 
carga de una guerra, 7 el cual manifiesta los inte- 
reses políticos bada donde debe dirigir el gobier- 
no sus proridendas, sacando al estado de tan 
triste situación, y llevándole al colmo del poder, 
adonde le llaman natnrabnente sus destinos.» 



(i) La deuda de EspaiKa el aSo de ISOI^ sin contar la 
contraida en Améíica, las cartas de ]pago de tesoreiia ge- 
neral pendientes por falta de pago , ni los capitalistas de 
obras pias, ascendía á 4^08.052,771 rs. Diccionario de 
Hacienda en el mismo artículo. 



172 
Hé aqui an cuadro bien triste presentado ofi- 
cialmente al gobierno con valentía y sin rebota 
A tan misero estado se hallaba reducida la nactOB 
por los desaciertos anteriores, por las guerras te- 
merariamente emprendidas, sin contar con los ne- 
cesarios recursos para atender á los excesiyoa gas» 
tos que pesaban sobre la monarquía. G)mparaiido 
esta situación á la que ofrecia en tiempo dé Fer- 
nando VI y en los felices anos del reinado de Car- 
los III, se ve claramente cuanto habia menguado 
la riqaeza pública « y crecido las angustias dd 
tesoro. 



'fíii 



CAPITULO XI. 



^rUlcípíos del siglo XIX $ elef acíoii de Bonaparte al poder; cesión que 

1$ bace el pAlwraú espafiol de la Luiaiana) relaciones nuestras con It 

corto de Roma , j caída de Unjuijo ; funesto ministerio de 

Caballero. 



JÜlI rayar la aarora del siglo XIX se hallaba á 
la cabeza del gobierno de Francia, con el título de 
primer cónsul, uno de aquellos hombres extraor- 
dinarios que todo lo abarcan en su Comprensión 
ilimitada « la guerra, la política, la administra- 
ción un genio colosal que después de haber lle- 
vado sus victoriosas armas hasta las pirámides de 
Egipto, vuelve á Francia, ahoga la anarquía, 
restablece el orden y el culto , abre las puertas de 



174 
Francia á los proscritos , ordena la adminislra- 
cion de justicia, concibe el gran proyecto de na 
nuevo código civil fomenta todos los ramos de h 
prosperidad pública « y ane y amalgama en tomo 
de sí todos los partidos. 

Mientras se obraban estos prodigios en Fran- 
cia nuestra corte cedia inconsideradamente al pri- 
mer cónsul la Luisiana en cambio de la Tosca- 
na, para establecer en ella al infante D. Luis con 
el título de rey ; y se bacian vergonzosas conce- 
siones á la curia romana. El principe de la Pai 
en sus Memorias (i) dice que no tuvo parte en 
aquel tratado tal como se concibió, y como le ce- 
lebraron por parte de la Francia el general Ber- 
tbier, y la de España D. Mariano Luis de Urqui- 
]0, y añade lo siguiente, «Se juntaron dos cir- 
cunstancias para que se ajustase aquel tratado 
como fue pedido ; la una fue la inexperiencia dd 
ministro y su flaqueza ante el prestigio que can- 
saba Bonaparte ; la otra el amor y la temara de 
los reyes por sus hijos. Tal vez se anadió a esto 
en cuanto á Urquijo la esperanza de obtener la 
propiedad de su mando interino, recomendado y 
sostenido por la Francia. Como quiera que habie- 



(i) Tomo VBLf cap. in. 



se sido, la negociación fue concluida cen el ma- 
yor secreto, de modo que aun á mí me fue ocul- 
tada por los reyes, hasta un mes de estar ratifi- 
cada de ambas partes*» El mismo príncipe de la 
Paz confiesa haber hecho con Luciano Bonaparte 
otro tratado en 21 de Marzo de 1801 , para ar- 
reglar ciertos puntos relativos á aquella negocia- 
don. De todos modos la cesión de la Luisiana nos 
era muy perjudicial , asi por el daño que causaba 
á nuestros intereses mercantiles, como porque 
aquel inmenso territorio formaba un respetable 
antemural á los estados de Nueva España, 

Por lo que hace i nuestras relaciones con la cu- 
ria romana, es de saber que Urquijo queriendo 
llevar adelante las reformas eclesiásticas, exigía 
del nuevo Papa Pió Vil un generoso desprendi- 
miento de las prerogativas á que estaba asida 
aquella curia tan foertemente ; y ademas habia 
pedido sobre las antiguas pertenencias que disfru- 
taba la corona en las masas decimales, una no- 
vena parte mas por el tiempo que fuese necesario 
para amortizar los valest 

£1 sumo Pontífice concediendo aquel noveno 
extraordinario escribió al rey, de un modo afinrtuo- 
so, pero lamentándose de los malos consejeros que 
esparcian ó dejaban esparcir doctrinas depresivas 
de la silla romana , y graduando de prematuro 
el real decreto de 5 de Setiembre de 1799. Que- 



176 
jábase en general de los obispos, y anadia que 
algunos de ellos sin haberse limitado á hacer dis- 
pensas, habian favorecido las doctrinas contrarias 
á la santa sede , sobre cuyo asunto daba á enten- 
der que se harian prolijas inspecciones para ase- 
gurarse de su fe ortodoxa, reconocer las dispen- 
sas que habian sido hechas, anular las que pudie- 
ran haberse concedido contra las reglas eclesiásti- 
cas, restablecer el principio de la unidad católica, 
y otras observaciones á este tenor. Por último ro- 
gaba al rey que apartase de su lado aquellos hom- 
bres que engreidos de una falsa ciencia, preten- 
dian hacer andar i la piadosa EspaSa los cami- 
nos de perdición. 

Esta carta aceleró la caida de Urquijo prepa- 
rada yá por Caballero; y encargado el príncipe 
de la Paz de transigir aquellos negocios con el 
nuncio sin escándalo ni disturbios, convino en 
que se recibiese en estos reinos la bula aueiorém 
jidei^ por la cual estaban condenadas las doctri- 
nas del sínodo de Pistoya, dirigiéndola á los obis- 
pos para que prestasen %\a adhesión, salvas las 're<- 
galías de la corona. 

No satisfecho aun con esto el ministro Caba- 
llero dio rienda á las persecuciones , haciendo avi* 
var los procesos que tenia pendientes la inquisi- 
ción contra Jovellanos , Urquijo , algunos obispos 
y una multitud de sugetos de la capital acusados 



^77 

de jansenismo y de opiniones perniciosas en ma- 
terias políticas. Asi lo refiere el príncipe de la 
Paz(i), añadiendo que el rey desechólas demás 
medidas rigorosas que el tribunal de la suprema 
y Caballero habían propuesto , siendo una de ellas 
la celebración de un auto de fe semejante al de 
Olavide. 

Asi quería un imbécil ministro hacer que re*- 
trocediese la España á los tiempos mas atrasados; 
pero afortunadamente había otras personas en el 
gobierno que pensaban de distinto modo, y ademas 
la civilización habia ya recibido tal impulso, que 
no estaba en manos de un oscuro leguleyo apagar 
su resplandeciente antorcha. Siguieron, pues, di- 
fundiéndose las luces por medio de las tarcas indi - 
Yiduales, según haré ver en el capítulo correspon- 
diente, contrayéodome ahora á indicarlas mejoras 
mas notables hechas en varios ramos de la públi- 
ca administración. 

Aunque en 28 de Setiembre de 1799 ^^ 
habían reducido en las capitales de provincia las 
diversas administraciones que allí habia, con 
el laudable objeto de simplificar la general ha- 



(2) Mcftiorías tomo III , p6g. 108 j siguientes. 
Tomo IF, I a 



i8o 
planta, qoe se había dado ai ¿«rtkia militar de 
mar j tierra . deben coatarse el referido auoiea- 
to, 7 las instas retrtbuciooes de! oficial y AtX ul- 
dado- A la marinería se añadieron también pre- 
mios y Tcnlajas caerás; se le pagaran aquel aña 
todos los atrasos que aun quedaban de los ^e 
1799 y 1800 ; y un sistema rigoroso de OHtIa- 
bilidad y de medios y fondos especiales aseguró 
sus pagas al corriente { i )■ 

Concediéronse grandes exeociones de tmpacs- 
tos á diferentes artículos de nuestra industria que 
era preciso fomentar, otorgándose ademas á loi 
nuevamente introducidas ó innovados en España, 
privilegios especiales por mas ó menos tiempo, en 
razón de los esfuerzos que debían costar á loa em- 
prendedores de estos nuevos ensayos de trabajo j ar- 
te. Debiéronse á esta providencia madbos artc&c- 
tos no conocidas antes en Espaiía, como la Eabri- 
cacion de papel deesparto, paja, pita y palmitoftc-, 
introducida por Aristides Francklío con la sola con- 
dición de emplear operarios españoles y enseñarlos. 

Los artículos extrangeros necesarios á nuestra 
industria' obtnvieron franca entrada en el reíoo. 
Igoal &TOr ae coocedid á la introducción de nne* 




/79 

Polo y Catalina , principal redactor de aquel cen- 
so ; el Sr. D. Bernardo de Borja Tarrius , que for- 
mo la aprecíable estadísiict de la provincia de 
Avila , y otros beneméritos sugetos que después se 
ban dado á conocer en diferentes destinos, 

Gostfbanse en aquel ano de i8o3 I09 benefi' 
cíos de la paz coocluida en 27 de Marzo de i 80^ 
por los plenipotenciarios de España, Franciai 
Holanda é Inglaterra ( 1 )• Al abrigo de tan desea-» 
da paz, que por desgracia duró poco, se dieron 
nuevos estímulos á la navegación, á la industria 
y al comercio, y se proyectaron algunas expedi-> 
ciones científicas. Los intereses de la deuda se pa- 
garon exactamente ; todas las acciones de los antier 
guos empréstitos , reembolsa bles por turno, se pa- 
garon como en los anos anteriores ; todos los redi-* 
tos de bienes de obras pias fueron satisfechos de 
igual modo religiosamente. 

Por el mismo ano dio principio el aumento 
de pagas del ejército y armada establecido por las 
nuevas ordenanzas. E)ntre las mejoras de la nueva. 



H V 



(1) Fue plenipotenciario de España , el Excmo. Sr. Don 
José Nicolás de A^ara , uno de los distinguidos sugetos que 
mas contribuyeron á las reformas en el reinado de Car- 
los llf I y á difundir las luces , honrando á la nación con 
sus escritos, según haré ver mas adelante. 



i8o 

planta, que se había dado al servicio militar de 
mar j tierra , deben contarse el referido aumeq- 
to, Y las justas retribuciones del oficial y del sol« 
dado. A la marinería se añadieron también pre- 
mios Y ventajas nuevas ; se le pagaron aquel ano 
todos los atrasos que aun quedaban de , los 'de 
1799 Y 1800; y un sistema rigoroso de conta- 
bilidad y de medios y fondos especiales aseguro 
sus pagas al corriente (i). 

Concediéronse grandes exenciones de impues- 
tos á diferentes artículos de nuestra industria que 
era preciso fomentar, otorgándose ademas á los 
nuevamente introducidos ó innovados en EspaSi, 
privilegios especiales por mas ó menos tiempo, en 
razón de los esfuerzos que debian costar á los em- 
prendedores de estos nuevos ensayos de trabajo y ar- 
te. Debiéronse á esta providencia muchos arte&c* 
tos no conocidos antes en España, como la (abri* 
cacion de papeHe esparto, paja, pita y palmito &c., 
introducida por Aristides Francklin con la sola con* 
dicion de emplear operarios españoles y ensenarloi. 

Los artículos extrangeros necesarios á nuestra 
industria obtuvieron franca entrada en el reino. 
Igual favor se concedió' a la introducción de nae* 



(t) Memorias del príncipe de U Paz , tomo IIT, pági- 
nas 335 y 336. 



i8i 

vos instramentos astronómicos , aparatos d instru- 
mentos de fisíca, química, matemáticas y otros 
necesarios para adelantar las artes. Y con respecto 
á los demás artículos de comercio, se hizo un nue- 
vo arreglo en las tarifas de aduana; habilitándose 
nuevamente diversos puertos de España y las 
Américas para facilitar mas el comercio y la na- 



vegación. 



G)menzdse entonces á ensayar el gran proyec- 
to del Monte pío de labradores , pensamiento dig- 
no del mayor elogio. Su objeto era suministrar á 
aquellos , socorros cuando los necesitasen para la- 
brar sus tierras , reponer sus aperos y yuntas, y 
reparar sus casas y cortijos. G>mprendia ademas 
el proyecto, la imposición de viudedades para las 
rougeres é hijos de los mismos labradores , y el es- 
tablecimiento de escuelas para ellos de economía 
rural y agricultura (i). Acudid el gobierno con 
mano benéfica á aliviar á las provincias que tanto 
habian padecido de resultas de la terrible fiebre 
amarilla reproducida en i8o3 ; aumcntd los me- 
dios de subsistencia al hospicio de Madrid, sin des- 
cuidar otros establecimientos de beneficencia, dsi 
de la capital como de las provincias. 



(i) Memorias del principe de la Paz, tomo 111} pági* 
na 35S. 



i8a 

Debióse también á aquel gobierno otro acto 
grande de beneficencia , cual fue el de la propaga- 
ción de la vacuna en America y las islas Filipiniii 
Para tan importante expedición salid de la G>ruSa 
en 3 de Noviembre de i8o3 una corbeta con dia 
facultativos escogidos « á la cabeza de ellos cl acre- 
ditado Balmis, y hasta 25 niños con sus madreí 
ó nodrizas, para ir inoculando brazo á brazo en el 
curso de la navegación , y hacer llegar el saludable 
fluido á su destino Y sin peligro de alteración. 

Por conclusión de esta breve resena, que aun 
pudiera alargarse con otras mejoras de menor con- 
sideración , no puedo menos de tributar el debido 
bomenage de alabanza al cuerpo científico de inge- 
nieros de caminos^ puentes y canales. Establecido 
en 1801 bajo la direeclon del ilustre matemático 
y arquitecto D. Agustin de Betancourt « produjo 
en breve saludables frutos en este importante 
ramo de la administración pública. Los jo'vcnes 
que recibieron en él su enseñanza , no tardaron en 
dar muestras de sus adelantamientos, y i poco 
tiempo se formó un buen plantel de ingenieros de 
canales y caminos» 

Desgraciadamente iban á entorpecerse bien 
pronto estos adelantamientos sociales. Encendió- 
se de nuevo la guerra entre la Francia y la Gran 
Bretaña; y esta desgraciada península, destinada 
á recibir casi siempre cl impulso de una de aque- 



i83 

Has naciones « se veia en el mas terrible conflicto. 
Escitada por el primer cónsul de Francia para to- 
mar parte en la contienda, tuvo que comprar una 
precaria neutralidad con un subsidio de seis millo- 
nes mensuales ( i ), dejando muy resentida á la In- 
glaterra. 

En el ano de i8o4 empieza en España una 
nuera época de calamidades que oponen un espan- 
toso dique al curso de la civilización. Enfermeda- 
des, terremotos, necesidades públicas, y una rui- 
nosa guerra que nos movió el inexorable Pitt , y 
que empezó con el escandaloso atentado cometido 
contra las cuatro fragatas españolas. El gobierno 
consumió sus escasos recursos en grandes arma- 
mentos marítimos , que incorporados con los de 
Francia , proporcionaron á la escuadra británica 
en i8o5 el memorable y para nosotros funesto 
triunfo de Trafalgar , por la impericia del almi- 



(1) Memorias del príncipe de la Paz y tomo III , pági- 
na 307. «Todo el mundo, dice el autor, me ba cargado á 
mi esta transacción mas costosa por sus resultados en polí- 
tica .que la misma suma exhorbitante , que fue pactada por 
Asara. Y sin embargo mi consejo dado al rey , fue rom- 
per primero con la Francia que consentir aquel tratado; 
consintiólo empero al fin , y fue ratificado aquel con- 
trato.» 



i84 

rantc francés Víllcneuve. Allí pereció el poder 
marítimo de España , si bien recibid nuevos tim- 
bres la gloria de sus hijos, que lidiaron como hé- 
roes en aquel desesperado trance. 

Nuestro comercio sufrió irreparables pérdidas 
en aquella época: la agricultura y la industria 
habian decaído con los estragos de las epidemias 
anteriores, y otras enfermedades que ae extendieron 
por una gran parte de la Península. Coincidió con 
estos males una grande escasez en las cosechas, (\nt 
aumentaba el descontento general. En el real pa- 
lacio atizaba' su fuego la discordia entre el prín- 
cipe de Asturias y el de la Paz; mientras Napo^ 
león, declarado ya emperador de los fraoceseSt 
veticia al Austria y á la Rusia , obligando á la 
primera á firmar un tratado de paz poco bonrosot 
y amenazando con su ilimitada ambición y altivo 
predominio la independencia de otras naciones 
menos poderosas. 

Nunca se habia presentado en España mayor 
necesidad de convocar sus antiguas G)rtes para 
tratar del remedio 'le los acerbo^ males que aque- 
jaban á la monarquía, y precaver los que le ama- 
gaban de fuera. Lejos de esto se publicaba en el 
mismo ano de i8o5 la Novísima Recopilación, 
suprimiendo varias leyes fundamentales relativas 
á nuestra antigua Constitución, para borrar ep 
la memoria de los españoles hasta el recuerdo de 



i85 

la representación nacional ( i ). No hablaré de los 
defectos que como compilación legal contiene aque- 
lla monstruosa obra , por baberlo ejecutado con 
tanto acierto el Sr. Marina en su Juicio crítico 
de la' Novísima Recopilación. 

Complicáronse mas en 1806 los negocios pú- 
blicos : el Príncipe de la Paz viendo las usurpa- 
ciones de Napoleón 7 recelando por lo sucedido 
en Ñapóles (2) que tuviese el emperador reservada 



. (1) £1 Príncipe de la Paz se vindica de aquel cargo 
en sns Memorias , tom. 4*^9 p^* 190 , diciendo lo siguien- 
te: «Caballero habia ordenado mejorar y reimprimir la 
JNovisimá Recopilación , y en 2 de junio de 1805 engaSó 
al rey y y le sacó una orden reservada y dirijida al consejo 
de Castilla para suprimir en aquella edición diferentes le- 
yes relativas á la constitución del reino , leyes fundamen- 
tales las mas de ellas; gravísimo delito que cuidó de en- 
cubrir I mandando igualmente de parte del rey que aque- 
lla orden y el espediente que en su cumplimiento se for- 
mase, fuera arcbivado, cerrado y sellado, sin que pudiera 
nunca abrirse á menos de una nueva orden para bacerlo. 
Cuando hizo esta maldad , añade el autor y estaba yo en- 
tregado enteramente al cuidado de las dos escuadras que 
se aparejaban en el Ferrol y en Cádiz. La primera noticia 
de tamaña felonía no llegó á tci\% oídos sino al cabo de 
dos ados de haberse cometido ; tal fue el secreto y tales las 
medidas de reserva con que se condujo el ministro Ca« 
ballero.» 

(2) Napoleón habia destronado á Fernando IVpara co- 
ronar ú fu hci*mano José Napoleón. 



i86 

igual soerte á esta monarquía « se preparaba pa* 
ra la guerra , mientras aquel se hallaba ocu- 
pado en la de Prusia. Publicó al efecto una 
proclama en 6 de octubre de 1806 escitando el 
generoso patriotismo de los españoles, pidiendo- 
caballos, en especial á las provincias de Andalu* 
cia y Estremadura , y abriendo un alistamiento 
de gentes; sin determinar el objeto de estos pre- 
parativos hostiles. Bien conocido sin embargo era 
para los sugetos versados en la política europea. 
Formada una nueva coalición por la Prusia , la 
Rusia y la Suecia , el gabinete de Madrid quería 
entrar en la contienda contra Napoleón; pero este 
con la celeridad del rayo volvió sus armas contra 
los prusianos , y en la célebre batalla de Jena 
perecieron la gloria y el poder de la monarquía 
prusiana. 

Intimidado Carlos IV recogió velas, hizo dar 
al emperador de los franceses en Berlin una sa- 
tisfacción acerca de los .referidos armamentos , su- 
poniéndolos dirijidos contra los ingleses , que ame- 
nazaban con una invasión en las provincias me- 
ridionales. 

Napoleón que aun no babia vencido á los 
rusos, disimuló por entonces engañando con bue- 
nas palabras á nuestro enviado en Berlin , y ha- 
ciendo creer que estaba satisfecho con sus espli- 
caciones. A esta debilidad de Carlos IV siguieron 



i87 

después el reconocimiento 'de José , usorpador de 
la corona de su hermano , la adhesión al bloqueo 
continental , que socolor de arruinar el comercio 
ingles era un sistema de opresión y latrocinio 
contra los pueblos del continente (i), y por úl* 
timo la humillación de poner á las ordenes del 
emperador de los franceses una división auxiliar 
que partid á las orillas del Báltico bajo las órde- 
nes del marques de la Komana.' 

Valiera' mas haberse arenturado á los trances 
de una cruda guerra, según manifiesta el Prínci-^ 
pe de la Paz haber sido su opinión (2) , y pelear 
gloriosamente unidos á los enemigos de Napoleón, 
que recibir las opresoras leyes de este , y prestar- 
le nuestros soldados para recibir luego en galar- 
dón un yugo ignominioso. Aun tenia la nación 
grandes medios de resistencia: todavia por aque- 
llos tiempos sabian triunfar en América las ar- 
mas españolas contra las inglesas que emprendie- 
ron dos espediciones , -la una política , acaudillada 
por el general Miranda con el fin de revolucionar 
la costa de Tierra Firme « y la x)tra militar en 
Buenos Ayres. 



(1) MemOireA de Mr. Bourienne tom. 

(2) Memorias tom. 4*^ cap. 25. 



/ . 



o 



i88 

Pero la imprevUion había cerrado los ojos al 
gobierno español , y un torrente de acerbos males 
iba á inundar esta desventurada monarquia, j i 
destruir los últimos esfuerzos que entonces se ha- 
cian para mejorar la administración. Diré algo 
de estos y terminaré este capituló con la terrible 
catástrofe que arrojó á Carlos IV del trono* 

Trabajábase en el arreglo del sistema de ha- 
cienda ; y el midistro Soler presentó al rey una 
larga memoria sobre las obligaciones de toda espe* 
cié inherentes al tesoro, sobre el importe verdade- 
ro de los productos ordinarios de las rentas del es- 
tado , recursos con que podia contarse, y medios 
posibles de acrecentar estos valores con iguales 
ventajas de la nación y del erario. Sirvió este es- 
crito de fundamento para dos planes modelos de 
presupuestos anuales , detallando en particular el 
valor reconocido de cada renta , y la suma de gas** 
tos correspondientes á los varios ministerios , he- 
chos todos los cómputos sobre datos verídicos é in« 
concusos por dos quinquenios respectivos al estado 
de paz ó de guerra (i). Estos escritos que debie- 
ron haberse publicado para que la nación conocie- 
se el estado de su hacienda, se guardaron con mu- 



(í) Memorias «icl Príucipe de la Pa%, tom. 4'^> P^'~ 
giuft 367. 



1 89- 

cfao misterio: el rey se reservó una copia'; con otra* 
se quedó el ministro, y la tercera que se aacó, fue 
á parar á maños de D. Manuel Sixto Espiífiosa (i).- 
¿A que hacer este ímprobo. trabajo para sepultar- 
Ic'de este modo y no poner én ejecución los presu'* 
puestos? ¿No era ya' tiempo de ionponerse la co-. 
roña cierto coto , dando publicidad á la distribuí 
cion de las rentas, ya que tenia •cerrado jej San- 
tuario de las leyes á los procuradores de las 
cortes? ■ ■ ■ r- , ■ 

Mas útiles y efectivas eran las tareai de las 
oficinas del Fomento , donde ademas del censo 
de que hablé en el capituló anterior , se reiinian 
todos los conocimientos que •podian' adquirirse sor» 
bré la historia económica de España, se fornoaba 
una biblioteca especial de escritores de economía 
política y comercio, asi españoles como estráoge-* 
ros; y se reunian datos para publicar todos los co- 
nocimientos é invenios que pudieran ser útiles á la 
producción y á la industria nacional de ambos 



(1) El Príncipe dice que se tenian reservados aquellos 
documentos porque se pagaba todavía á Napoleón el sub- 
sidio pecuniario ; y reclamándose por nuesl'ra corte la ce- 
sación de aquella carga}, teniamos que exagerar la escasez 
de medios, ocultando nuestros verdaderos rorursos. 



190 

mondos. Presentábase ademas cada ano al gobierno 
una memoria relativa al estado económico comer- 
cial y político de Europa; como también los infor- 
mes y estados relativos á la balanza de comercio 
entre España y sus Indias, y el resultado de la 
producción agrícola de la península en todos sos 
ramos. 

Estas y otras mncbas tareas luminosas de 
aquellas oficinas permanecen las mas inéditas« 
otras* se ban perdido en los trastornos de la in- 
vasión francesa ', y mucbas ban sido robadas por 
manos interesadas en la conservación de los aba- 
sos. Una gran parte de aquellos trabajos sirvió 
también para las importantes tareas de las corles 
posteriores en los ramos de crédito y hacienda; 
y asimismo se utilizó de los mismos datos el úni- 
co ministro que bajo el gobierno absoluto de Fer- 
nando Vil en la época del ano i4 al 20 , em- 
prendió las deseadas reformas en la hacienda (i); 
si bien no pudo llevar á cabo sus deseos. 

Todavia no pararon aqui los proyectos de me- 
joras que se realizaron en el reinado de Carlos IV 
hasta fines del ano de 1807 , á pesar de la ope- 
sicion que hacian los fanáticos y otros que por 



(1) D. Martin Garay. Memorias tom. 4* 



'9' 

Ignorancia d interés personal estaban aferrados 
á los antiguos abusos. 

La imparcialidad que debe guiar la pluina 
del escritor nos obliga á reconocer aun en aquellos 
malbadados tiempos las büellas de la filosofia , que 
pugnaba por abrirse paso entre las antiguas preo- 
cupaciones j rancias doctrinas del escolasticiismo. 
De esto bablare en el lugar correspondiente , con- 
trayéndome ahora á otro pensamiento digno de 
loa, mandado llevar á ejecución por el rejr en de- 
creto de marzo de 1806. Sobre este punto deje- 
mos hablar al mismo Principe de la Paz. 

«Mandaba, dice, este real decreto la erección 
en todas las provincias de institutos normales de 
agricultura práctica que fuesen dirijidos y alum- 
brados por la ciencia. Se trataba precisamente de 
buscar recursos para establecer aquellas casas, y 
era una emprea muy costosa, porque al tenor de 
lo mandado debían ser veinte y cuatro por lo me* 
nos las escuelas de esta especie , cada cual con un 
campo y un jardin botánico donde se practicase 
la enseñanza , en donde se ensayasen los descu- 
brimientos, mc'todos, utensilios é instrumentos 
nuevos que nos llegasen de otras partes ; en donde 
se reuniesen todas las producciones conocidas del 
pais; en donde se educasen las silvestres y se es- 
plorase su importancia ; donde se aclimatasen las 
exóticas que las localidades respectivas pcruiític- 



sen , y donde se instruyese á los alumnos en la fi- 
siología vegetal , en el dícernimiento de terreóos, 
en los medios de fecundarlos según sus calidades, 
y mejorar sus producciones, y en todo lo demás 
que condujese á propagar entre los pueblos los co- 
nocimientos físicos, industriales y economices que 
necesita en tanto grado la clase labradora , para 
sacar un buco partido del sudor de su frente y la 
fatiga de sus brazos. Mientras se bailaban medios 
no gravosos de realizar estas empresas, sebabiaya 
establecido en el jardin botánico de Madrid una 
escuela principal para formar maestros principa- 
les de estos ramos indicados , que debcrian llevar 
la luz á las provincias y gobernar las nuevas' 
casas. 

» Daba ya un gran estímalo á esta obra el su^ 
ceso prodigioso del jardin de Sanlucar , primer 
ensayo que yo bice de esta suerte de establecimien* 
tos, tan necesarios y tan útiles en medio de un 
pais como la España , donde la grande vocación 
del pueblo y el fundamento principal de la rique- 
za es el cultivo de la tierra. En Sanlucar prevale* 
cian y prosperaban ya, y se daban el árbol de la 
quina y los de la canela , del cacao, del plátano y 
del coco , con otras mucbas plantas , árboles y ar- 
bustos de la America , del África y del As¡a« 
huespedes ya seguros de la España, que á la 
vuelta de pocos anos habrian enriquecido mas y 



'93 

mas el medio día de nuestras costas, y habrían 
tomado carta- puebla entre nosotros."* (i) 

Agradables ilusiones, bellas utopías, castillos 
en el aire, como otras tantas cosas proyectadas en 
España basta estos últimos tiempos, que con. tanta 
facilidad se describen en el papel, y que por des- 
gracia jamás se ven realizadas. Lo cierto y posi- 
tivo era que el estado iba caminando á su ruina» 
que la discordia se encendía n^s y mas en el real 
palacio , y que el águila de Napoleón estaba ace- 
chando la presa de la^ corona para clavar en ella 
sus garras, cuando el rompimiento entre la familia 
real le presentase ocasión oportuna. 

Ajustada la paz de Tílsít con el emperador de Ru- 
sia, y humillados todos los enemigos que Napoleón 
tenia en el continente, tornó victorioso á París, y 
á poco tiempo exijió de Portugal que adhiriéndose 
á su absurdo sístema^de bloqueo continental , ar^ 
restase en calidad de rehenes á todos los ingleses 
residentes en su territorio, secuestrase sus bienes 
y confiscase las mercaderías de aquella nación. Re* 
sistidse aquel gobierno , como era justo, á hacer 
tan doloroso sacrificio, y entonces el emperador 
de los franceses resolvió invadir á Portugal y divi- 
dir este reino en tres porciones ó estados , á saber, 



(1) Memorias tom. 5.*, pág. 30 y sisuieiii^s. 



«94 

la provincia de Entre Duero y Mino con la ciudad 
de Oporto para el rey deEtruria, en compen- 
sación de sus estados de Italia que habia de ocupar 
Napoleón; el Alentejo j los Algarbes para el 
Príncipe de la Paz; las provincias de Beira, 
Tras-osmontes y la Estremadura Portuguesa ha- 
bian de quedar en depósito hasta la paz general, 
para disponer de ellas según las circunstancias. 

Tal fue el convenio secreto celebrado en 27 
de octubre de 1807 entre Napoleón y Carlos lY. 
siendo de notar que pendientes estas neg;ociacio- 
nes el príncipe Fernando sin licencia de sus pa- 
dres escribia á Napoleón una carta implorando 
su protección, y pidiéndole para esposa una prin- 
cesa de su familia. Dificilmente presentará la his- 
toria dos hechos mas ruines que aquella ignomi- 
niosa partición de Portugal consentida por el rey 
de España , y la humilde carta de su hijo po* 
niéndose en manos de un' usurpador estrangero. 
Después de esto ¿quépodia esperarse ya sino ana 
grande avenida de infortunios ? 

Entretanto penetraba en el interior de Casti- 
lla la vanguardia del ejército francés destinado 
contra Portugal , que no deberia haber entrado 
hasta la conclusión definitiva del tratado susodi- 
cho. Ardía al mismo tiempo el fuego de la dis- 
cordia en palacio. Espiado el príncipe de Asturias 
y sorprendido en su cuarto por el rey « se le en- 



1 95 

contraron varios papeles (i) que dieron motivo i 
su «rresto, j al juicio que en seguida se abrid con 
tanta imprudencia , para cortarle después de un 
modo tan pueril j poco honroso. Eran tales dis*^ 
cordias en aquellas circunstancias tanto mas fu- 
nestas, cuanto que facilitaban á INapoIeon la eje- 
cución de sus designios , cuando solo la unión de 
todos los partidos pudiera haberlos frustrado. 

Seguia el emperador enviando mas y mas tro- 
pas á la península , con manifiesta infracción 
del tratado en que se .fijó el número de ellas. El 
general Dupont comandante del segundo cuerpo 
del ejercito de la Gironda, habia entrado en Irun 
el 24 de diciembre de 1807 , aunque según el 
anterior convenio la entrada de aquel cuerpo no 
deberia verificarse sino en el caso de moverse los 
ingleses para defender á Portugal. A Dupont si* 
gnid Moncejr con un refuerzo considerable, y el 
general Dubesme penetraba en Cataluña por la 
Junquera con i23 hombres, sin previo consenti- 
miento de nuestro gobierno. Indeciso este« estra- 
viada la opinión por los traidores que fraguaban 
la ruina de la monarquia española , 7 creyendo 
neciamente la muchedumbre que Napoleón venia 



(1) El PrÍBcipe de la Paz da larga cuenta de estos pa* 
peles: tom. 5 de sus Memorias , págs. 175 y sigaieates« 



196 

á proteger al principe de Asturias y á derribar al 
de la Paz; se descuido la defensa j seguridad del 
reino» facilitando los injustos designios del usur* 
pador. 

Hallábase ya la península llena de tropas es- 
trangeras : el 27 de noviembre se habta embar- 
cado para el Brasil la üaimilia real de Brdganza, 
y el 3 o entraron los franceses en Lisboa. Lu 
plazas de Pamplona , Figueras y Barcelona fue- 
ron ocupadas por los generales franceses Darmag- 
nac y Lechl , valiéndose para ello de indignos 
ardides: la plaza de S. Sebastian había abierto 
sus puertas á los franceses de orden del rej , y el 
castillo de Monjuich también se les habia entre* 
gado inconsideradamente (1). En suma el gobier- 
no español estaba cogido en un laaso de que ya 
era casi imposible libertarse* 

A principios de marzo de 1808 llegó a Ma- 
drid desposeída la reina de Etruria, y pocos días 
después el consejero Izquierdo» quien dio á eono^- 
cer plenamente á la corte las verdaderas intencio-^ 
nes de Napoleón. G>mo al mismo tiempo se cn- 
^n á Madrid dos cuerpos de tropas fraaf- 



(1) Véase lo que acerca de efto dice el Príncipe de la 
Pac en sus Memorias , tom. 5 , cap. 31 , pág. 361 j ai*- 
gnientei. 



^97 

cesas, el rey temeroso de una violencia, determi- 
no retirarse á Andalucía para defender sos derechos 
si los veia atropellados, ó embarcarse para Ame- 
rica, si la necesidad le obligaba á ello : en conse- 
cuencia se tomaron con actividad las disposiciones 
necesarias para el viage. Los parciales del prínci- 
pe Fernando y otros muchos que estaban todavia 
alucinados acerca de los designios de ISapoIeon, 
hicieron creer á la muchedi^mbre que el viage de 
los reyes era un artificio del príncipe de la Paae 
para conservar su poder. 

Habíase reunido en Aranjuez , donde se ha- 
llaba la corte* mucha gente de los pueblos de la 
comarca , atraída por 1% curiosidad ; y en la.no- 
cbe del 17 al 18, señalada para la partida de la 
familia real, se sublevo aquella muchedumbre 
auxiliada por parte de la iropa con objeto de im- 
pedir la salida de los reyes: el príncipe de la 
Pa2 fue preso y Carlos IV renuncio en su hijo la 
corona; ¡acontecimiento fatal cuando el enemigo 
schajiaba tan cerca de Madrid! Sabidos por Mu- 
rat los sucesos de Aranjuez se apresuró á ocupar 
la capital « donde entró el 23 de marco al frente 
de un numeroso ejército francés. 



=3 



ÉPOCA ».• Y ULTIMA. 



DESDE EL ADITEKIMIENTO DE FERNANDO VII 
HASTA QUE TUE PROMULGADA LA CONSTI- 
TUCIÓN DE 1837. 



JLios acónlecimieiitos de esta época son demasía- 
do recientes « para que á ellos pueda aplicarse el 
íoiparcíal y severo juicio de la historia. Las con- 
tiendas políticas siguen con encarnizamiento; las 
pasiones ban subido a un alto punto de exaltación, 
y el ánimo del escritor no está exento de ellas, ni 
su cabeza libre de ciertas opiniones predilectas 
que pueden inclinarle á un partido. 

S¡n embargo , pareciéndome que esta obra 
quedaria manca si no se diesen á conocer , por lo 
menos en general, los trastornos acaecidos en este 



5tOO 

periodo, la alteración de los elementos sociales, j 
las vicisítades de la civilización ; procuraré trazar 
un breve bosquejo de estas grandes mudanzas. 
Hablarán solamente los hecbos, sin calificación 
particular de las personas, mucbas de las cuales 
▼iven todavia. De las instituciones y partidos po- 
líticos diré lo puramente necesario para el objeto 
de esta obra , sine ira et studio , como se espresa 
Tácito en el principio de sus anali^. 



CAPITULO xn. 



Beinado de Fernando Vil : f» prhnerot actos de gobierno : f n viage 
á Francia y fonada rennnda: Dos de mayo : gnerra de la indepen- 
dencia: gobierno de la jnnU central: instalación de laa cortea en 

Cadií y snt principales tareas. 



JP ernando VII fue recibido en Madrid con el 
mayor entusiasma La alucinada muchedumbre 
creía ver en ¿I un restaurador de la monarquía, 
en cuyo apoyo habian venido las tropas france* 
sas. £1 clero en general celebraba su advenimien- 
to , ya por estar poco satisfecho del gobierno an- 
terior, que habia puesto á contribución los bienes 
eclesiásticos y vendido las memorias de obras pias, 
ya también por ver á uno de su clase (i) que 



(1) £1 caBdnigo EKoiquií. 



202 

antes babia sido ayo de Fernando, llamado ahora 
á la corte para intervenir en la dirección de 
los negocios. También el clero en general estaba 
contento con Napoleón por baber restablecido el 
culto en Francia , y esperaba de él que protegiese 
al nuevo monarca. Los grandes pensaban adquirir 
mayor consideración en la corte con la caída del 
príncipe de la Paz, y el favor que daban los nue- 
vos acontecimientos al duque del Infantado « tan 
querido del monarca por su adhesión y padeci- 
mientos. 

Poco sin embargo duraron estas gratas ila- 
siones : engañado Fernando con falsos ardides, 
llevado dolosamente á Francia , donde le aguar- 
daba Napoleón, y trasladada también allá toda la 
familia real de España , se consumo la mas atros 
perfidia de que hacen memoria los anales. Fernan- 
do renunció por fuerza la corona en su padre « e»* 
le en Napoleón, y el usurpador en su hermano Jo- 
sé. Apartemos la consideración de aquel ignomi- 
nioso teatro de ruin duplicidad y opresora tirania, 
para admirar el gran movimiento de un pueblo 
que se alza heroicamente para defender su inde- 
pendencia. 

EldiaDos de mayo de 1808, memorable por 
siempre en los fastos de España , iban á salir pa- 
ra Francia de orden de Napoleón, la reina de 
Etruria y el infante D. Francisco. Agólpase en la 



ao3 
l^lazaela de palacio un numeroso gentío, inquieto 
ya, receloso de los designios de Napoleón, y re- 
sentido del porte insolente de las tropas francesas. 
Los grupos dejan pasar el coche de la reina de 
Etruria; pero al partir el del infante D. Francis- 
co, sea valanzan á él queriendo impedir su salida, j 
acometiendo á un ayudante de Murat que estaba 
presente. Acuden las tropas francesas, dispersan á 
viva fuerza los grupos , y sigue á esto el general 
alzamiento de la población. £1 furor suministra 
armas á los sublevados : las antiguas lanzas de la 
armeria que se vibraron un tiempo contra los sar- 
racenos* se tinen ahora de sangre francesa: los 
instrumentos de las pacíficas artes se convierten en 
armas ofensivas: truena la artilleria, la metra- 
lla barre las calles ; Daoiz y Yelarde perecen glo- 
riosamente defendiendo la patria , y el pueblo ma- 
drilei&> sucumbe al número superior , y á la disci- 
plina de los feroces enemigos. Acabado el combate 
y confiado el pueblo en la salvaguardia de un con- 
venio ^ recorre las calles; y el sanguinario Murat 
mandando prender á cuantos llevan armas ó nava- 
jas, de uso común en la plebe « los entrega inhu- 
manamente i la muerte en la tarde y noche de 
aquel fiínestísimo dia. 

Los gemidos de aquellas inocentes víctimas no 
tardaron en resonar por todos los ángulos de la 
monarquia« escitando una general indignación. Es 



204 

pontáneamente lanza la nación toda un espanfoao 
grito de guerra. Allá en las ásperas montanas don- 
de Pelayo levantó el glorioso pendón contra los 
descreídos musulmanes , se repite aquella noble 
decisión contra los nuevos invasores; y sin contar 
el número de las falanges enemigas, se Iiace la 
primera declaración de guerra á Piapoloon , for- 
mando una junta de gobierno. Repítese este sn- 
Llíme levantamiento en las demás provincias , -que 
aun no están ocupadas por las tropas francesas, 
y todos se preparan á la tremenda lucba. 

No era esta una guerra promovida por el fa- 
natismo religioso , ni comprada con el oro de In- 
glaterra, como calumniosa y vilmente dijeron 
nuestros enemigos; era una sublime inspiración del 
sentimiento nacional que no comprenden las al- 
mas vulgares , un vehemente amor á la patria, 
una firme resolución de verter la última gota de 
sangre en defensa de su independencia, de su re* 
ligion y de sus leyes. 

Este gran movimiento debía causarían el 
orden moral un general trastorno , á la manera 
que en el orden fisico la súbita irrupción del mar 
impetuoso , cuando rompe sus naturales diques. 
Exaltados hasta lo sumo los nobles sentimientos 
y desencadenadas también las pasiones menos ge- 
nerosas, iban á ejecutarse prodigiosas hazañas j 
á cometerse grandes crímenes por unos y otros 



205 

combatientes. Hallábanse incorporados en lasmís'^ 
mas filas el absolutista que solo peleaba por el 
rey y por sus hogares, y el liberal cuyo principal 
ídolo era la libertad: en el común peligro y cuan* 
do todavia no se habia mezclado la cuestión de 
política interior con la de Independencia « abra* 
zábanse y corrian unidos á morir por la patria los 
que profesaban opuestas doctrinas. 

Pero no tardó en mezclarse á esta guerra emi- 
nentemente nacional otra de principios políticos 
no menos sañuda entre los mismos españoles. De 
una y otra ha hablado el Sr. conde de Toreno 
con el mayor acierto ( i ) : el mismo asunto ha 
ado tratado por otros apreciables escritores; y no 
pudiera yo añadir datos ni pensamientos nuevos 
á los ya publicados. No obstante haré algunas re** 
flexiones contraidas al objeto de mi obra, que 
como especial tiene otras miras en campo mas 
determinado. 

La sociedad espaüola necesitaba un gobierno 
enérgico y vigoroso para hacer frente a Napoleón» 
j no le tenia. La junta central , compuesta de los 
representantes ó diputados de las provinciales, era 



(1) Historia del levantamiento, guerra y revolución 
de Espada. 



206 

sobrado numerosa para el ejercicio del poder eje- 
cativo , 7 no bastante para la deliberación de los 
negocios legislativos. Por otra parte agotados los 
recursos de la nación en el primer levantamiento 
general , era preciso buscar otros medios estraor- 
dinarios para continuar la guerra ; y ni tenia el 
terrible poder de un gobierno revolucionario , ni 
los necesarios elementos para restablecer el orden 
en los diversos ramos de la administración. No 
hizo innovación alguna esencial en el ramo de 
Hacienda , ni tomó disposiciones á favor del eré* 
dito público. Aumentóse la deuda á consecuencia 
de los suministros hechos á las tropas por los 
pueblos , medio oneroso pero inevitable en una 
guerra de aquella clase. La organización de los 
eje'rcitos continuó en el mismo pie que al princi* 
pió del levantamiento, salvas algunas modificacio- 
nes hechas por las juotas provinciales , que abo- 
lieron los privilegios de que gozaban ciertas cla- 
ses en las promociones á los grados superiores de 
la milicia. Los tribunales, los procedimientos civi- 
les , y en general la legislación no sufrieron alte- 
ración notable. 

Preciso es sin embargo confesar que la junta 
central no acudió al ruinoso medio de los emprés- 
titos , reembolsando con los caudales de América, 
los fondos anticipados que en las urgencias recibía 
áel comercio de Cádiz y de los particulares. En sus 



207 

relaciones con los gobiernos estrangeros sostüTO la 
dignidad de la nación; y guiada por nn inaltera- 
ble patriotismo jamás desesperó de la causa que 
defendía. Su firmeza produjo un efecto favorable 
en el espíritu público , y la posteridad le debe este 
tributo de reconocimiento (i). 

En los últimos tiempos de su existencia quiso 
entrar en el camino de las reformas políticas , que 
hasta entonces habia esquivado por el poderoso in- 
flujo de algunos individuos. Resuelta á convocar 
las cortes consultó con las juntas provinciales, coa 
los tribunales supremos « ayuntamientos, cabildos, 
universidades y otras respetables corporaciones so- 
bre la forma de reunión de aquellas, votos que de* 
berian darse á las provincias de Ultramar, y tam- 
bién sobre los puntos principales que el gobierno 
debia someter á la deliberación de las mismas. 

Los informes que recibió la junta central va- 
riaban en lo esencial muy poco: G)rtes y Consti- 
tución era el voto general : todos deseaban que se 
formase una ley fundamental mas adecuada á las 
necesidades de la actual sociedad española, y á los 
progresos de la civilización ; prueba evidente de 
que no era solo la independencia el objeto de la 



(1) EsMti historique sur Tesprit de reforme politique 
en Etpagne par A. Duverine. 



208 

lacha con Napoleón, sino también la libertad po- 
lítica j civil, para poner freno á las demasías de 
la arbitrariedad, que por tantos anos había opri- 
mido á los españoles. Ocupóse en coordinar estos 
informes una comisión de la misma junta» como 
también en preparar los materiales de un código, 
mientras otras se empleaban en las tareas admi- 
nistrativas. Finalmente la junta convino en con- 
vocar las cortes para el i.^ de marzo de i8io« 

A esto último no dieron lugar las tropas 
francesas que invadiendo la Andalucia á principios 
de aquel ano , obligaron á la junta central á re- 
fugiarse en la isla de León , no sin grave riesgo 
de sus individuos, á quienes en su viage insulta- 
ban algunos pueblos sublevados. Reunida alli nom- 
bró un consejo supremo de regencia, compuesto 
de cinco individuos , á quien entregó el mando, 
comunicándole sus últimos acuerdos, que se redu- 
cian en sustancia á lo siguiente : que la regencia 
propusiese á las futuras cortes una ley fundamen- 
tal que protegiese j asegurase la libertad de im- 
prenta , la cual se habia mantenido hasta enton- 
ces de hecho como uno de los medios mas conve- 
nientes, no solo para derramar la instrucción, si- 
no también para asegurar la libertad civil y polí- 
tica de los ciudadanos. 

No estaba muy conforme con aquellas ideas 
la regencia, é iba retardando la convocación de 



209 
Cortes ; pero estrechada por el descontento gene- 
ral que se aumentaba cada día , hubo de convo- 
carlas para el 24. de setiembre de aquel ano: en 
la formación ó modo de constituirse las mismas 
se decidid por una sola cámara ó eslamento, se-^ 
gun la práctica de las antiguas cortes de Castilla. 
£ste mismo principio fue después sancionado en 
la Constitución de 1812, sin considerar , como 
dice el publicista francés antes citado (i) « que sí 
una nación para establecer sus leyes fundamenta- 
les, ó revisar sus códigos antiguos, debe reunirse 
en una sola asamblea « como el medio mejor de 
▼encer los obstáculos que se oponen siempre á las 
reformas , el caso es diferente después que ha fi- 
jado las bases de su Constitución, y las del orden 
público. Los gobiernos libres deben entonces adop- 
tar el conveniente equilibrio entre el movimiento 
rápido de los intereses nuevos y puramente popu- 
lares , j la estabilidad de otros iuiereses mas an- 
tiguos , cuya coqservacion desean las clases ricas 
y poderosas. 

Los mejores publicistas de Europa han sido 
de esta misma opinión ; y Mr. Adams, aunque 
republicano y revestido de la mayor autoridad en 



(t) Emú hlstortc|iie 4« Tesprit de ii:rüi-ine rw Ktpag- 
B€, par A. Duvu'iue. 

TamoIF. x\^ 



periodo, la alteración de los elementos sociales, 7 
las yicisitades de la civilización ; procuraré trazar . 
un breve ' bosquejo de estas grapdes mudanzas. 
Hablarán solamente los hechos, sin calificación 
particular de las personas , muchas de las cuales 
viven todavia. De las instituciones y partidos po- 
líticos diré lo puramente necesario para el objeto 
de esta obra , sine ira et studio , como se espresa 
Tácito en el principio de. sus ana|^. 



CAPITULO XII. 



Beinado de Ftniaiido vil : fw primerM actot de fobieroo : so tiage 
i Francia y feriada renuncia: Doi de mayo : goerra de la indepen- 
dencia: gobierno de la junU central: initalacion de las cortea en 

Cadis y lut prtncipalea tareaa. 



Jb ernando VII fue recibido en Madrid con el 
mayor entusiasma La alucinada muchedumbre 
creía ver en ¿I on restaurador de la roonarquia, 
en cuyo apoyo habian venido las tropas france- 
sas. £1 clero en general celebraba su advenimien- 
to , ya por estar poco satisfecho del gobierno an- 
terior, que habia puesto á contribución los bienes 
eclesiásticos y vendido las memorias de obras pias, 
ya también por ver á uno de su clase (i) que 



(1) £1 canónigo EKoiquií. 



2ia 

ca de su suelo , y por la falta de uniformidad en 
las disposiciones morales de sus habitantes. La 
institución de un ministerio de gobernación inte- 
rior, de los gefes políticos y de las diputaciones 
provinciales (no traspasando estas el círculo de sus 
atribuciones administrativas) , debia producir en 
la administración inmensos beneficios. ¡ Cuánto 
impulso podian recibir por este medio la agricul* 
tura, las artes industriales, j el comercio ! Si tan- 
tos bienes habían hecho antes las sociedades eco- 
nómicas sin autoridad administrativa , ¿ qué no 
debia esperarse del celo y conocimientos prácticos 
de estas nuevas corporaciones* revestidas por laf 
ley de tantas facultades , presididas por una ilus- 
trada autoridad , que sé comunicaba rápidamente 
con un ministerio destinado á fomentar la pros- 
peridad « á promover los intereses materiales de 
cada provincia? 

Por desgracia no era el tiempo mas á pro- 
pósito para ensayar el nuevo gobierno adminis- 
trativo: los enemigos ocupaban la mayor parte 
del territorio español « y afligian á los habitantes 
con onerosas contribuciones , oon vejámenes ^e 
toda especie: habían desaparecido muchos estable- 
cimientos agrónomos , se habían' arruiíiado mu- 
chas fábricas y establecimientos literarios. Aunen 
las provincias tío ocupadas se hacia sentir doloro- 
sámente eí azote de la guttrSL r la esístentía de k» 



2l3 

moradores era muy precaria , y escasos los medios 
para atender al fomento de la industria y de la 
enseñanza. 

Trataron también aquellas cortes de asegurar 
la independencia del poder judicial, haciendo ina- 
movibles á los jueces, descargándolos de toda atri- 
bución gubernativa y administrativa , y sentando 
las principales bases para la recta é imparcial 
administración de justicia. Se abolieron la tortu- 
ra legal y demás apremios con que antes se babia 
martirizado á los presuntos reos : prohibiéronse 
también la confiscación de bienes, y el derecho que 
aun conservaban en algunos pueblos los señores 
de nombrar los jueces; y por fin se suprimid el 
tribunal de la inquisición, después de i4 dias de 
una discusipn solemne. 

Desaparecieron asimismo ciertos derechos, ó 
por mejor decir privilegios feudales de los seiiores, 
opuestos i los intereses y franquicias de los demás 
ciudadanos , y que pugnaban con la libertad de 
la industria y del comercio ; materia sumamente 
delicada, por el roce que tenia con el sagrado 
derecho de propiedad, no siempre respetado en 
aquellos tiempos de turbulencia. 

Trabajóse también en el arreglo de la hacien- 
da. Por primera vez presentó á las Cortes el mi- 
nistro de este ramo en febrero de i 8i i un ver- 
d¿idero presupuesto de ingresos y gastos , según el 



ai4 
cual la suma de aquellos estaba lejos de ser sufi- 
ciente para cubrir los últimos. En consecuencia 
las cortes mandaron llevar á efecto el decreto de 
la junta central relativo á la contribución estraor- 
dínaria de guerra. También presento aquel mi- 
nistro en el mes siguiente una memoria circuns- 
tanciada sobre la deuda y el crédito público: j en 
el mes de setiembre siguiente las cortes recono- 
cieron todas las deudas antiguas , como tambian 
las contraidas desde 1808 por las autoridades 
nacionales. 

Llamó no menos la atención del gobierno en 
aquella época el estado de la instrucción publica, 
y á fin de ponerla al nivel de las naciones mas 
cultas de Europa , se nombró una comisión com- 
puesta de sugetos acreditados por sus conocimien- 
tos « para que trabajasen un plan de instrucción 
pública. Hiciéronlo asi ; pero no llegó a discutirse 
en aquellas cortes ni en las siguientes « por haber- 
lo impedido los sucesos políticos que sobrevinieron, 

Con estas y otras reformas de menor impor- 
tancia se babia dado un gran paso en la carrera 
de la civilización: el tiempo y los adelantamientos 
sucesivos debian mejorar y perfeccionarlo que ba- 
bia quedado incompleto ó mal planteado. "En 
efecto • dice el escritor francés que antes he cita- 
do, ¿quién pudiera esperar que las cortes españo- 
las hiciesen desde el principio de su instalación le-* 



aiS 

jes exentas de errores, sin dar de frente con los 
escollos que no pudieron evitarse en las revolucio- 
nes de Inglaterra y Francia ? En el tránsito del 
despotismo á la libertad se agolpa un torrente de 
ideas generales, que la esperiencia sola puede re- 
ducir i lo puramente esencial j practicable. ¡For- 
tuna cuando aquel cambio no va acompañado de 
violencias jfr persecuciones! Las cortes de Cádiz no 
cometieron escesos de aquella naturaleza. ¡Plu- 
guiera i Dios que hubiese imitado su conducta el 
goUemo posterior de Fernando Vil!** 



CAPITfJLO Jun. 



Regretb áé FeHkando á É8|>afia ': a^ticton «leí titíMmk eonstitotioiíah 
ofrecimiento 4|ue bacé tel rey de convocir !«■ aiitígVM eortct :■ arbitra- 
rio gobierno qne esUblece: revolución del ofio 20 : eiUdo tocial de Ef* 
palla hasta la invasión fraaceía de 1823» 



JLia reacción política de 1 8 1 i causó un lastimo* 
so retroceso en la civilización española. ¿Quién po- 
drá recordar sin emoción aquel trastorno general en 
las instituciones, en los intereses materiales de la 
sociedad, en la enseñanza pública, en los senti- 
mientos morales del pueblo? A la apacible luz de 
la progresiva inteligencia sucedió un tenebroso 
caos , en el cual no se oian mas que lamentos de 
perseguidos y feroces gritos de perseguidores. Pero 
DO imitemos á estos, no escuchemos las innobles 
inspiracidies de la venganza : también el que esto 
escribe tuvo una buena parte en los padecimientos 



217 

de aqaella época, y pudiera creerse qoe el reieoti* 
miento guiaba su pluma. Tracemos con bonroia 
calma el cuadro de nuestras miserias « el estado de 
degradación moral é intelectual á que nos mdujo 
entonces el fanatismo. 

Habia dicho el rey en su célebre decreto espe- 
dido en Valencia á i^ie mayo de 1 8 1 4 : **Abor- 
rezco y detesto el despotismo ; ni las luces y cultu-* 
ra de las naciones de Europa lo sufren ya , ni en 
Espaüa fueron déspotas jamas ñus reyes « ni sus 
buenas leyes y G>nstitucion lo ban autorizado....* 
Y ademas de prometer que convocaría nueras cor- 
tes para establecer cuanto conviniese al bien gene- 
ral» anadia S. M.: **La libertad y seguridad indi- 
vidual y real quedarán firmemente aseguradas por 
medio de las leyes, qoe afianzando la pública tran- 
quilidad dejen i todos la saludable libertad , en 
cujro goce imperturbable que distingue á un go- 
bierno moderado de un gobierno arbitrario y des- 
pótico« deben vivir los ciudadanos que están suje- 
tos i él" 

Esto era lo que deseaba la parte sana de h 
nación ; lo que merecian los españoles por los he- 
roicos sacrificios que habian hecho en la guerra de 
la independencia. Veamos como se cumplid aquella 
solemne promesa. En lugar del gobierno modera- 
do que se ofrecia« reinó la roas ilimitada arbitra- 
riedad : las leyes eran los caprichos del gobierno y 



2l8 

de siis agentes; la seguridad individual iba á mo*' 
rir en los calabozos y presidios. La imprenta 
atizaba las venganzas , ocupada esclusivameote en' 
publicar blasfemias político-religiosas de energú- 
menos escritores. Restablecio'se la inquisición , sir- 
viendo á veces de tribunal civil para fallar por 
comisión del gobierno sobre los llamados delitoi 
políticos. Los jesuitas, coya espulsion babia decre- 
tado el religioso Garlos III , volvieron á vestir el 
hábito j a ocupar sus antiguas casas ; al paso 
que todos los conventos sé poblaban de frailes 
antiguos Y nuevos, a quieneí se restituyeron to- 
dos los bienes , volviendo las manos muertas con 
sus' pretensiones , j^rivilégios y doctrinas, como 
en los siglos de la edad media. 

Desécbose el sistema de hacienda planteado 
en la ¿poca anterior, como obra de la revolución, 
y el desacordado góbieifiio' hubo de acudir á im- 
puestos arbitrarios, á derechos exorbitantes de 
aduanas que arruinaban él comercio , y á emprés- 
titos onerosos , sin tener crédito ni seguras hipo- 
tecas. A'un^palra esto qíié se recaudaba por medios 
tan irregulares había una viciosa ádkninistracion; 
dé manera qué ni ^é pagaba al ejército, ni podía 
restablecerse la marina , ni aun había lo bastan- 
te para cubrir las mas urgentes atenciones del 
estado. Lá instrucción pública corría parejas ton 
tan viciosa administración : en los establecimiéii- 



219 

tof de enseñanza , y especialmente en las dniver-' 
sidades , volvió á reinar el escolasticismo, y no se 
oian otras doctrinas qne las favorables al gobier^ 
no absoluto « y á las pretensiones de la romana 
curia. 

Desenfrenada la plebe tomó desde entonces 
una parte activa en nuestras revoluciones políti* 
cas , sin entender cual era el objeto y la tendencia 
de ellas , resultando de aqui una verdadera anar- 
quía ; ora pidiendo cadenas al despotismo y dan- 
do mayor impulso a la arbitrariedad , ora profa- 
nando el santo pombre de libertad, y queriendo 
en lugar suyo entronizar la licencia. Desquiciadas 
asi las cosas, la insubordinación se fue haciendo 
liabitual ; las persecuciones , el espionage y la in- 
fame delación fueron estendiendo la inmoralidad 
por todas las clases del estado. 

Hé aqui en lo que vienen á parar los pueblos 
cuando el gobierno abandona el sendero de la 
justicia , cuando las pasiones se sobreponen á las 
leyes « cuando de una estremada libertad se pasa 
á un estado de ignominiosa servidumbre. ¿ No era 
esto volver á los calamitosos tiempos de Carlos II ? 
¿Podría creerse que ni aun fuesen respetadas en 
el siglo XIX las refornias hechas en el glorioso 
reinado de Carlos III ? 

En medio de aquellas espantosas tinieblas 
vislumbráronse alguna vez rayos consoladores de 



esperanza. Viendo palpablemente Fernaqdo el deS' 
concierto con que se morta la máqaína del estado 
en manos de los furibundos absolutistas , quiso 
tomar 'otro rumbo « valiéndose de sugetos ilustra- 
dos, que profesaban otras doctrinas políticas mas 
racionales. Garaj y Pizarro fueron algún tiempo 
sus ministros: uno y otro quisieron restablecer el 
orden público* introducir en la administración un 
régimen saludable, reformar la bacicnda el uno, 
y recobrar en la diplomacia el otro la considera- 
don que babia perdido nuestro gabinete. 

*'Garay, dice un autor, aceptó el ministerio 
de hacienda con el intimo conTenchooiiento de que 
no le era posible salvar la nación de los males que 
la amenazaban, sino con una medida vigorosa,* 
cuja ejecución requeria mucba osadia. Desde que 
entró en el ministerio trabajó con ardor para con- 
seguir su objeto: inclinábase al sistema de con- 
tribuciones directas , que basta entonces babia sus- 
citado repetidas discusiones entre los economistas 
españoles. Los obstáculos que se oponían á la rea- 
lización de la medida proyectada eran inmensos; 
mas no le desmayaron , y reunió con un celo 
infatigable cuantos datos estadísticos pudo procu* 
rarse. G>n estos datos y los consejos de mucbas 
personas instruidas estableció un sistema de im- 
puestos que no podemos considerar como perfec- 
to, pero que al menos era infinitamente superior 



221 

al qae había prevalecido basta entonces. Algunos 
creían que produciría felices resultados, 7 que era 
un paso mojr importante para la reforma de las 
rentas. 

» Los que ansiaban reformas por lentas que 
fuesen saludaron con un vivo entusiasmo la pu- 
blicación del nuevo plan , que atrajo á Garaj el 
odio de la camarilla, yde los ministros que de ella 
dependían. Por ooosiguiente biciáronse insupera- 
bles las dificultades que Garay tenia que vmoer 
para llevar á cabo sus ideas; y los ministros Lo- 
sano de Torres y Eguia determinaron la pérdida 
de un bombre que solo era peligroso porque que» 
ria introducir la reforma y el buen orden en la 
bacienda(i).'' 

Instigado el rey por la camarilla y el frenético 
parado que avasallaba su débil voluntad , firmó 
el decreto de destitución de Garay y Pízarro , y 
volvieron i reinar la ignorancia y el fanatismo. 

El desorden sucesivo de la hacienda y las ve- 
jaciones qué' sufrían todas las clases produc- 
toras de la sioiciedad, habían apurado ya el sufri- 
miento. Si i esto se afiade el gran número de fa- 



(1) Memoiías sobre Fernando VII , edición de Valen- 
cia I84O ,tom. 1, página 250 y rigaiénies. 



222 

' milias descontentas por las persecuciones , y la 
grande emigración que ellas habían causado , se 
tendrá una verdadera idea del desasosiego gene- 
ral, 7 del anhelo con que se deseaha una mudanza. 

La revolución política de 1820 es una terri- 
ble lección para los reyes, que abusando de su po- 
der < le vén derrocarse cuando se contemplan mas 
aeguros.. Hallábase reunido el ejército espediciona- 
-rio de Ultramar r ^ de h$ mismas tropas con que 
pensaba : Fernando sujetar á los americanos , ^se 
lauEa el primer grito de libertad, cuyo eco se repi- 
te después por todas las provincias del .reino. Eje- 
<:u^e en-un principio esta revolución con mucha 
templanza : se olvidó con generosidjad la bárbara 
reacción de iSi^; 00 hubo persecuciones; y los 
«nemigOsde la libertad aterrados con el movimien- 
to general y espontáneo de la nación^ tuvieron ocul- 
to su despecho hasta qiie.se les presentase coyun- 
tura para hacer guerra a| nueyp orden de cosas. 

Juró el rey la Gonstitucioa « sino gustosamen- 
te, á lo menos con apariencias de hvena fe , y el 
infante D. Carlos, como generalísimo que á la sa- 
son era , dirijió á las tropas la alocución siguien- 
te : *^ldados : al prestar ení vuestras banderas 
este juramento á la O)nstitucion de la monarquía 
habéis contraído obligaciones inmensas: carrera 
esclarecida de gloria se os está preparando. Amar 
y defender la patici* * sostener el solio y la persona 



aa3 
del rey y enhiaros con el pueblo para consolidar 
el siitemacooatitucioDal, estas son Tuestras obli- 
gaciones sagradas « y esto es cuanto el rty espera 
de Tosotros, y lo mismo cuyo ejemplo os prometo 
de mi parle. Vuestro companero=sCarlos.^ 

Lossugetos llamados á componer el nuevo mi- 
lusterioeran en la mayor parte de los que mas ha- 
bian padecido por la persecución del ano 1 4 ( i ) ; 
política desacertada « pues si bien podian abogar su 
resentimiento en beneficio de la- patria^ claro es que 
por lo menos babia de faltar la mutua confianza 
entre ellos y el rey « naturalmente desconfiado y re- 
celoso. Juntáronse las cortes, en el siguiente julio, y 
desde luego se dedicaron con incansable afán á re- 
parar los males del estado , que necesitaban una 
reforma radical en todos los ramos de la adnu- 
nistracioo. 

En los estrechos límites a que, me. veo redut 
cido no es posible dar cabal razón de tan impor- 
tantes tareas , ni aun en el dii^ es absolutamente 



(1) Don Evarisío Peres de Castro , ministro de Esta- 
do; don Agoatin ArgOelIes de la Gobernación y el mar- 
qnca delaa Amarillas de Gaerra, reemplazado luego por 
don Cayetano Valdés; don José Canga-Argikelles, de Ha- 
cienda , don Manuel García Herreros , de Gracia y Justi- 
cia; don Antonio Porcel ^ de Ultramar ; y don Juan Jabat, 
de Marina. 



224 

necesario un pleno conocimieiito de ellas ; por- 
que á escepcion de algunas leyes de aquella ¿po- 
ca constitucional restablecidas en la presente , lo- 
do lo demás ha quedado en los anales históricos 
para gloriosa memoria del celo , laboriosidad € in* 
teligencia de aquellos diputados. 

Ocupáronse en arreglar el sistema de hacien* 
da « si bien no correspondió el éxito á las esjpé- 
ransas que se babian concebido, á consecuencia 
de algunas alteraciones atropelladas que se hicie- 
ron en materia tan importante. Se IcTántó el el^ 
tanco del tabaco y se franqueó la venta de la sal 
ál pormenor : suprimiéronse los derechos de puer* 
tas j los puestos públicos; se rebajó i 12S mi* 
¡Iones la contribudon general , y se hizo retrocc^ 
der de un golpe el sistema directivo, administra- 
tivo y judicial de las rentas al punto en que le 
habian dejado las cortes antes del ano i^. C>n- 
tindose pues el año 20 con solos 460 millones 
por valor de todos los ramos « y ascendiendo la 
suma presupuesta de gastos á 702 millones, re- 
sultaba un déficit de 24.2 millones de rs., para 
cuyo suplemento se adoptó entre otros recursos la 
efiecsiva aplicación á la tesoreria de la séptima 
parte de los bienes propios de iglesias, conventos, 
comunidades , fundaciones y de cualesquiera otras 
procedencias eclesiásticas. 

Aquel défidt asombroso provenia de la rcba- 



225' 

]a de i5i millones de rea les en la contribución 
general j derechos de puertas , hecha espontánea- 
mente con el objeto de captar la benevolencia de 
los contribuyentes ; reduciéndose por consiguiente 
el impuesto directo para el ano económico de los 
dos semestres de 1820 y 1 821 a 1 52 millones, 
inclusos 27 millones rcguladps a los derechos de 
puertas , cuyo repartimiento entre los pueblos se 
cometió al cuidado de las diputaciones provincia- 
les (i). Para cubrir aquel dc'Gcit se abrió un em- 
préstito de 200 millones con las casas de Laffi- 
te«Hubbar y compañía sobre la garantia de la 
insinuada septimacion de los bienes eclesiásticos (2). 



(i) Por decreto de las cortes ordinarias de 6 de no- 
viembre de lS20 se hiio el repartimiento de la contribu- 
ción general á todos los pueblos de la península, fijándose 
las cuotas de ella y de las equivalentes á los derechos su- 
primidos de puertas. Para esto se tuvo presente el cupo 
de contribución general de 1817, 18 yl9; el total de ri- 
qoeaa territorial , industrial y comercial ; y la riquesa sé- 
Balada por las diputaciones provinciales á cada partido , 
de acuerdo con sus representantes. Las noticias que en- 
tonces se recogieron y las observaciones que se publicaron 
mnidaa con aquel repartimiento , son datos estadísticos de 
grande importancia; 

(2) Memoria ministerial sobre el estado de la real ha- 
cienda de £spañá en los ailos de 1822, 1824 y i ^25 por 
el Excmo. Sr. D. Lnis Lopea Ballesteros, inserta en el dic- 
cionario de Hacienda del Sr. Canga. 
TbmeiT. i5 



2^6 

Para el segundo ano económico se calcularon 
en solos 1 83.37 i,36o ^^' '^^ valores de las con- 
tribuciones ordinarias directas é indirectas « las 
cuales comparadas con 74-9*8979634 que impor- 
taban los presupuestos de gastos , dejaban un va- 
cio de. 559.526,074- rs. Establecio'se la contribu- 
ción directa dividida en territorial , industrial y 
sobre las casas , que tampoco produjo favorables 
resultados. Asi es que para el tercer ano econó- 
mico se presuponia el vaTor de las rentas en 
663.763,457 f s. « Y ascendiendo el presupuesto 
de gastos á 861.591,646 rs., resultaba un défi- 
cit de 197.828,189 rs. Siendo mas que probable, 
añade el señor Ballesteros en la citada memoria, 
que no se cobrase el total de las rentas designa* 
das , como habia sucedido basta entonces , no se 
veia el término á que podria llegar el déficit; de 
consiguiente no quedaba otra alternativa que la 
de verificar con rigor la exacción de unai contri- 
buciones ruinosas « según concepto de sus mismos 
autores , ¿ la de cercenar con mano inexorable 
los gastos hasta donde pudiesen ser satisfechos 
cómodamente por los contribuyentes. 

El arreglo de la legislación ocupó largamen* 
te á aquellas laboriosas cortes. Se hizo y discutió 
el código penal , que si bien no era una obra 
maestra , atendidos los progresos que habia hecho 
ya ea Europa el estudio de la legislación crimi- 



227 

nal. Helaba por lo menos machas ventajas á noes* 
tros antiguos códigos, cuyas disposiciones en esta 
parte estaban en contradicción con las luces del si- 
glo, y con los adelantamientos sociales. La discu* 
ttOD de éstas materias ofreció también ancho cam* 
po á los ilustrados jurisconsultos del congre so pa- 
ra ensenar al pueblo doctrinas y elevados senti- 
mientos de humanidad , que debian necesaria* 
mente influir en la moral pública, y en la ilustra- 
don de los ciudadanos. También se formó el có- 
digo civil, y un se imprimió parte de el ; pero no 
babo tiempo para discutirle. Lástima es cierta- 
oiénte que no llegase este caso ; pues en el día 
tendriamos una colección de discursos bien razo- 
nados sobre las materias mas importantes del de- 
recho civil. 

¡ Qué de bienes hubiera recibido la sociedad 
española si hubiesen llegado á plantearse estas 
saludables reformas hechas en su legislación civil 
y criminal ! A ellas hubieran seguido los códigos 
de enjuiciamiento , el de tomercio, y otro de eco- 
nomía rural que tanta falta hace ; y en pocos 
anos habria desaparecido ese complicado laberin- 
to forense en que ahora se pierden y eternizan las 
causas, con gravísimo perjuicio de los intereses 
individuales y de la pública moralidad. 

Los establecimientos de beneficencia, el esta- 
do de las oomonicaciones' interiores « la nueva di* 



228 

TuioQ de provincias, y otros ramos de la admiais- 
tracíon interior llamaron también la atención de 
las cortes de aquella ¿poca, 7 á ellas se debieron 
muchas acertadas providencias encaminadas al fo» 
mentó de la prosperidad , y al alivio de las clases 
menesterosas. La Instrucción pública fue objeto da 
una ley especial, y se planteó un nuevo plan de 
estudios, de que hablaré al dar razón en los capí« 
talos siguientes de los progresos intelectuales de 
losespaSoIes. 

Finalmente no hubo ramo de alguna impor- 
tancia en que no se hiciesen conocidas mejoras, 
á pesar de la discordia civil ; ' que no tardo' en le- 
vantar su horrorosa frente. Los partidos políticos 
se hacían la mas cruda guerra: la anarquía iba 
cundiendo por todas las provincias del reino ; 
mientras que los facciosos absolutistas validos de 
la división de los constitucionales , ganaban ter- 
reno, hacían prosélitos, y recibían protección de la 
santa Alianza. Por fin el general Barón de Eróles 
tomo el mando de los absolutistas en Cataluña, y 
se estableció una ¡Regencia facciosa en Urgel. La 
Francia protegía ya visiblemente aquella subleva- 
ción, á consecuencia de las disposiciones tomadas 
en el congreso de VerOna. Habla este autorizado 
ál gobierno francés á intervenir si llegase uno de 
los casos siguientes: i.^ un ataque de parte de la 
España , 2.^ si el rey ó la familia real se viesen 



€11 peligro* 3.^ si se pretendiese mudar la dinastia 
reinante. 

La Francia arrimó á los Pirineos un ejercifo* 
que de cordón sanitario se convirtió en ejército de 
obserracion. En primeros de enero de 1823 reci- 
bió el ministerio espaiíol las famosas notas de las 
cuatro potencias , á saber, Francia , Rusia, Aus- 
tria jPrusia. La lectura de estos documentos en 
que las principales potencias de Europa proponian 
reformas en el gobierno, amenazando en caso de 
negativa ejecutarlas á la fuerza, debia producir 
en el público una general efervescencia , y en los 
ministros las mas serias reflexiones. *'£ra dema- 
siado cierto por desgracia , dice el autor antes ci- 
tado (1), que la anarquia Labia liccbo rápidos 
progresos , y las cosas liabian llegado á un punto 
que sin modificar la G)nslifucion no habia medio 
de conservar la monarquia.** El gobierno sin em- 
bargo creyendo ultrajada la independencia nacio- 
nal respondió fuertemente á las notas, y los mi- 
nistros de Austria , Rusia y Prusia apenas reci- 
bieron aquella contestación, pidieron sus respecti- 
vos pasaportes, y salieron de España : lo mismo hi- 
zo algunos dias después el ministro plenipotencia- 
rio de Francia. 



(1) Memorias «obre Fernando 7.^ , tomo 2, pég. 189. 



23o 

El ejercito ele qae podin disponer el gobierno 
apenas era suficiente para contrarestar á los fac- 
ciosos, cuyo número se aumentaba de dia en dia: 
escaseaban ademas los recursos de toda especie, y 
la disciplina de las tropas se hallaba muy relajada. 
G)n tales elementos ¿qué resistencia podria opo- 
ner al grande ejército francés que amenazaba ya 
desde el Pirineo? No encontrándose pues el gobier- 
no seguro resolvió trasladarse á Sevilla con el rey, 
esperando que la nación se alzaría contra los fran- 
ceses como en i8o8. ¡Vana esperanza! Los ene- 
migos entraron, allanándoles el camino los cuerpos 
facciosos , y la plebe se declaró á favor del gobier- 
no absoluto. 









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CAPlTl>LO XIV. 






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lUptablecimi^to del poder abaolato : conducta del rey en la aerada 
époctí conttitncionl : eita<W «le la Méltdad ' éapafiola i muerte de Vé^ > 
MDdo Vil : innoTacÍMes hechas en el estado social de Espafia hasta e( 

aflo'rfelSM. ' ' 



I 



D '„,'■■•} . . ; ' . 

oloroso Of ^i^ftaopippte para to^o el que al^rlgipe 
optimizólos 4^ puodionor y pafcriotisma reciordar 
aqt^ellps aciagos dia^.^^iQ que las tropas de qna oa-^ 
cíqq que tantos pal^s o^ babja oa,usado,eiii i SoS». 
cprneroo. inipunetjDDei;i|e la^C^paSa eti i8a3 djgsde 
el Pirinep l^ast^ Jaf murallas de Cádiz. ¿Qpé se 
liabia be^fio la i|pt¡gua enefgia de los pueblos? Su** 
poDién^olof disgustados con los desórdenes anterio* 
res ¿ halñao de sufrir por eso quj? una qacion es* 
trangera viniese á ponerles el yugo« á restablecer 
el gobierno absoluto de Fernando? £sto es incou- 



a32 

cebíblé. Ea MadfridT donde aua qúédabah fástFÓs 
de la sangre vertida por la patria el Dos de mayo, 
fueron recibidos los franceses por la plebe fanáti- 
ca como sus libertadores. ¡Oh mengua ! 

Invadieron luego la Andalucia, y el gobierno 
constitucional hubo de retirarse á Cádiz, donde 
resistió algún iiidkfo ; pei^o^ri "iil vie'ndose solo y 
atacado por mar y tierra , tuvo que ceder dejando 
salir libremente al rey de la plaza. Esperábase 
que S. M. escarmentado de reacciones , y amaes-^ 
trado por la esperiencia, adoptase ahora un siste- 
ma de templanza y de equitativo gobierno, según 
Kama prometido sotemnémentéM en su decreto de 
3 o de setiembre del inismp ano. Pero apenas sa- 
lió de Cádiz cuando espidió el famoso decreto de 
I .^ de octubre , anulando todos los actos del go- 
bierno constitucional , y después lanzó otro de 
pií'^di^pdo^ fcontebidó'.en^'éflMósMéi'minos! 
7 v) '.i!£í: rey'niWséfo áfen((W*^^élli^ durante «áu 
viáge'á la'ctí^tafl ñb- á^ eiiéfteiiere iá" iñneo legu^^ 
d^ su paso mngféfi 4hdiy¡dod qüé'^ará^te el^is^ 
tma con$titueÍ€m8ít< ba^» sfdé^cí^¿i/á¡fo'<ií corlea 
én tai dos ülthnas legiéláéWaS-^^ríi lói^ fntñistros^' 
cótisef&ros de estado^ vhd^hdk'hi^^tliHmhal su^ 

premo^'de^ Jti^itihytomhhdcenfie^ generales ¡^ ge-^ 
fes púí/iicos, empleados dé tos fníñistérios^ y loé 
¿éfes y éficialts' de la éstihgútdá milicia nació* 
nal voltthiána ; pftóhibiéhdoles para siempre la 



233 
entrada en la capital y en los sitios reales^ á loa^ 
(jue no podrán acercarse á quince leguas en con^^ 
torno.» 

He aquí una pena gravísima impuesta «in- 
forma alguna de juicio, sin distinción de los que 
habian servido Icalmente á la patria y al mismo 
trono en aquellos puestos; mientras muchos de 
los bullangueros que antes habian figurado en los 
iñotines , quedaban impunes aclamando ahora al 
rej absoluto. 

* G)n estos principios de gobierno ¿qué podia 
esperarse para lo sucesivo? Todo volvió' al estado 
en que se hallaba el ano i4-« menois la inquisi- 
ción , que no llego á restablecerse ; merced á la 
resolución tomada por Fernando en este punto, de 
acuerdo con la santa Alianza. Expatriáronse mi-* 
llares de familias;; los constitucionales que queda- 
ron en el reino padecieron toda clase de vejacio- 
nes, la sangre corrió en los patíbulos... Pero 
echemos un velo sobre aquellos actos de barbarie, 
que la civilización y la humanidad miran como 
an indeleble oprobio, para ocuparnos solamente 
en los objetos análogos al principal designio de 
esta obra. 

La dislocación en que se hallaba la hacien- 
da, y la escasez de recursos consiguiente á ella, hi« 
zo pensar muy luego al gobierno absoluto en la 
formación de utaa junta de hacienda , cuyos tra- 



234 

hájos se pasaron á informe de la dirección gene- 
ral de rentas. Ambos cuei^pos , dice el Sr. Balles- 
teros (i), conocieron la necesidad de algunas va- 
riaciones en el sistema observado antes del ano 
1817; pero discordaron en los principios. La jun- 
ta quiso que en la administración de las, rentas 
provinciales se suprimiesen los encabezamientos 
y. las administraciones directas, y que en su lu- 
gar se introdujese el repartimiento dé 270 millo- 
nes anuales, á cubrir con el producto de los pues- 
tos públicos , y por medio de amillaramientos en 
lo que estos no alcanzasen; precediendo el señala- 
miento de cuotas fijas á cada provincia y pueblo, 
lo cual venia á coincidir con la contribución de 
consumos entablada por las cortes , y á establecer 
un método igual al de las directas, cuyo éxito 
habia sido siempre malogrado. 

Opinaba también que se incluyese en el re- 
partimiento al reino de Navarra y á las provin- 
cias exenta», probando mas con esto que la indo-, 
le de sus contribuciones era verdaderamente di-* 
recta , y ofendiendo ademas los fueros y costum* 
bres de aquellos paises* 



(1) Memoria ministerial antes citada. 



235 

La dirección general sin embargo amaestra- 
da por la esperiencia se propuso formar un sistema 
mixto de contribuciones , en que las indirectas; 
tuviesen la parte preponderante, j las directas 
reducidas á corto número j cuantía fuesen auxi- 
liares de ellas. En consecuencia propuso las ren- 
tas que se especifican en la citada memoria , y 
cuyo producto se calculaba en 600 millones. 
Adoptadas por el ministerio con preferencia al. 
ftstema de la junta de hacienda, y discutidas por 
d consejo de ministros , fueron aprobadas por el 
rey. 

Tratóse luego de nivelar los gastos con los 
recursos^ fijando unos y otros en los correspon* 
dientes presupuestos que el rey mandó formar 
desde principios de 1826 por decreto de 1 4 de 
noviembre del ano anterior , prefijándose las re- 
glas correspondientes para facilitar aquella ope- 
ración : sí bien no empezaron á regir los presu- 
puestos hasta que asi se mandó por decreto de 
28 de abril de 1828. 

Arreglóse también el sistema de cuenta y ra- 
zón , mandándose en decreto de 1 8 de diciembre 
de 1823 que desde i.^ de enero siguiente se lle- 
vase con absoluta separación la cuenta de la ad- 
ministración y recaudación de las rentas y con- 
tribuciones, de la de distribución de sus produc- 
tos. Y en 5 del mismo enero se espidió otro de- 



236 

crcto prescribiendo los elementos de claridad j 
orden en la cuenta y razón mandada establecer, y 
la distinción de autoridades que la habían de for- 
mar é intervenir.. 

Para fomentar la industria nacional se crecí 
por decreto espedido en el mismo 5 de enero de 
1.824- la junta de fomento con dos objetos; i.^el 
de examinar si en aquellas circunstancias bastaria 
e] restablecimiento de la junta general de córner^ 
cío, moneda y minas para dirigir el fomento de los 
ramos de prosperidad pública , d si convendria 
sustituirla con otro cuerpo, y de qué modo debe- 
ría instituirse : 2.^ el de formar la colección de 
leyes económicas, entresacándolas de nuestros có- 
digos, reglamentos, ordenanzas y demás monu- 
mentos legales. £1 Sr. Ballesteros dice en su me- 
moria que la junta no desempeñó ninguno de aque- 
llos dos primordiales encargos; pero que instala- 
da por real orden de 6 de abril de aquel ano con 
individuos instruidos en las materias de su insti- 
tuto, trabajó varios informes sobre'empresas de 
fomento; el proyecto de una ley de minas , y el de 
otra sobre privilegios de invención , introducción 
y mejoras de máquinas y me'todos artísticos , ade- 
mas de otras útiles tarcas. 

Inslituyó&e tanibicn por decreto de i8 de 
agodlode 1824 el conservatorio de artes, dotán-^ 
dolé con 708 rs. al ano sobre los productos de la 



mina de grafito de Marbella , con los que resul- 
tasen de las obras que hablan de construirse en 
el taller de máquinas del mismo establecimiento» 
j con los que rindiesen los derechos por las pa- 
tentes de los privilegios de invención; y ademas 
cedió el rey al conservatorio la casa que ocupa en 
la calle del Turco. Propúsose el gobierno como 
objeto principal de tan útil establecimiento reunir 
en ¿1 los restos del gabinete de máquinas que la 
real hacienda habia costeado, y andaban dispcr^ 
aosy maltratados desde la invasión francesa; plan- 
tear un taller de construcción de máquinas, y 
^proporcionar una escuela práctica en la cual se 
manifestasen á los empresarios de industria y a 
loa aficionados las máquinas de hilar, cardar y 
tejer, y otros instrumentos de que se hace uso en 
las ciencias fisico-matemáticas. Mas adelante se 
establecieron en el mismo conservatorio cátedras 
. de ciencias con aplicación á las artes, de que ha- 
Uard en el lugar oportuno. 

Necesitando el comercio con el estrangero ana 
gran reforma en los aranceles, se nombro en 6 de 
abril de i82i( la junta de este nombre, que se 
oeupd con zelo y aplicación en este objeto , y los 
demás que se habían puesto á su cuidado, cuales 
eran la redacción de una acta de navegación, la 
modificación parcial del sistema de matrículas, el 
arreglo proporcional y uniforme de los derechos de 



238 

lónelada , puerto y demás llamados de nave- 
gación. 

Para fomento de la agrictaltura nacional se 
prohibid la introducción de granos, harinas y le- 
gumbres del estrangero; pero como este ramo ne- 
cesitase de reglas fundamentales, que protegiendo 
la industria rural facilitasen al mismo tiempo los 
medios de ocurrir sin violencia al surtido público, 
para precaver con oportunidad los efectos de la 
carestia , se encargo este importante trabajo á la 
misma junta de aranceles. 

También se tomaron providencias para fomen- 
tar el ramo de mineria, que estaba muy abando-* 
nado. En i.^ de enero de i825 se restauráronlas 
minas de cobre de Riotinto con objeto de aumen- 
tar sus rendimientos , y en decreto de 4 de julio 
siguiente , espedido á consecuencia del dictamen de 
la. junta de fomento, se estableció una ley de mi- 
nas en que se dictaron medidas para protejer y 
reanimar el laboreo y beneficio de aquellas. Echá- 
ronse con esto los cimientos de un sistema que fal- 
taba en el ramo de minas; y á él se debió la com- 
pania que tomó varias para beneficiarlas á espen- 
aas de sus capitales , y dar al reino las grandes 
utilidades de esta industria. Todas las minas re- 
servadas á la real hacienda y los productos perte- 
necientes al estado por las que beneficiasen los 
particulares , se aplicaron á la real caja de amor* 



239 
lísacion, para atender con ellos j los demás 
recursos al pago de la deuda (i). 

Por decreto de 27 de marzo de 1826 se 
prescribieron reglas para el modo de conceder los 
priTilegios esclusivos de invención , introducción 
j mejoras de cualesquier objetos de uso artístico. 
En 1827 se hizo la primera esposicion de los 
productos de la industria española , á consecuen- 
cia de un decreto espedido á este fin en 3 o de 
marzo de 1826; y en 8 de abril de 1 828 se con- 
cedió por un real decreto libertad de derechos en 
aa introducción á las máquinas é instrumentos 
útiles, y destinados directamente á las fábricas 6 
labradores que hubiesen de usarlos. 

Al mismo tiempo que algunos buenos espa- 
ñoles trataban de templar el rigor del gobierno 
absoluto , introduciendo las indicadas mejoras so- 
ciales y otras de menor consideración, que se omi* 
ten en obsequio de la brevedad « los furibundos 
absolutistas , llamados apostólicos , no contentos 
con el gobierno de Fernando, que en su bárbaro 
concepto era demasiado liberal , intentaron derro- 
carle violentamente. £1 infame Bessieres acaudi- 
lló aquella primera sublevación en i825; pero 
aofi)cada prontamente por las tropas y muerto el 



(1) Sr. Ballesteros en la memoria citada. 



24o 

rclieMe caudillo « quedó restablecida la tranquífi- 
dad hasta el ano de 1827, en que estallo de nuer 
To la rebelión en Cataluña con doble fuerza. La 
presencia del monarca, la acliva persecución de 
los rebeldes, y los ejemplares castigos que se hi- 
cieron en muchos de ellos, acabaron pronto con 
aquel terrible levantamiento. 

£1 29 fue un ano para siempre memorable 
por la venida de la augusta Cristina , esposa de 
Fernando, que tanto desagradó á los apostólicos, 
rezelando que si Fernando llegaba á tener ^uctr 
aioii varonil, quedaria postergado su ídolo D.Car- 
los en la sucesión al trono. Convirtióse pronto aquel 
rezelo en evidencia y sana, porque el rey viendo 
en cinta á 5u augusta esposa, y mas prendado de 
ella que aficionado á &\x hermano, publicó en mar- 
zo de 1 83-0 la ley hecha en las cortes de 1789, 
revocando la pragmática de Felipe V sobre suce- 
sión. Asi aunque la reina diese á luz una nina, 
ella debia ser la innu!diata heredera del trono , y 
no don Carlos. 

Verificóse en efecto el nacimiento de la au- 
gusta Isabel, y el despecho de los apostólicos al 
ver la esclusion de D. Carlos hubiera tal vez pa- 
rado en una nueva insurrección , si la revolución 
política acaecida en Francia el 3o de julio del 
mismo ano no los hubiese contenido, y hecbo tem- 
blar á D. Carlos y al rey mismo en su trono. Sa- 



a4i ^ 

hÍMm ^pie lo* emigrados españoles animados con 
aquel üioeso proyectaban una invasión, para res- 
tablecer el sistema representativo* £1 gobierno es- 
paSol dirijió enérgicas reclamaciones á los ga* 
biaetes de Inglaterra j Francia : el primero con- 
toiro los armamentos bostiles, su^pepdiendo algu- 
nas de las disposiciones del alisn bilí; pero en 
Francia se alentó á los emigrados » facilitándoles 
algonos &ndos, aunque df^pues fueron abandona- 
dos cuando ja se bailaban comprometidos* Malo^ 
frrfse la eapedicion en el Pirineo ; porque ademas 
dt ser pocos les que la emprendieron j faltos de re- 
cursos « no teman entre sí el mejor acqerdor Hicié- 
mose al ano siguiente en el medio dia de España 
otras tentativas que tuvieron peor resultado, cos- 
tando la vida á varios denodados patriotas.; y la 
consecuencia fue una cruel reacción que angustió 
los ánimos, y remachó mas y mas las cadenas con 
que estaba oprimida la nación, 

G>braron ánimo ios apostólicos, y. en i832 
Srabajaron con incansable afán para recobrar el 
terreno que babian perdido , y augurar el medio 
de abolir la pragmática de i83o* tM ocasión se 
les vino a las manos en setiembre del mismo ano: 
hallándose el rey gravísimamente enfermo en San 
Ildefonso , consiguieron la revocación tan ansiada, 
arrancándosela al débil Fernando cuando ya es- 
taba casi moribundo. Duróles sin embargo poco 
Temo ir. 16 



aqaet triunfo ; porque restablecido milagroumcQle 
el rey de aquella enfermedad , llegó a ^ conocer 
palpablemente los intentos de su hermatoo , y del 
jpartido que le miraba como su caudillo. En coa- 
secuencia Calomarde fue desterrado <» j se nombro 
un iauevo ministerio bajo la presidencia del señor 
Cea Berra udez, que á la sazón se bailaba de em- 
bajador en Londres. 

£1 6 de octubre espidió el rey un decreta 
habilitando para el despacho de los negocios á Ja 
reina, por el tiempo que durase su enfermedad; 
y en el dia siguiente se publicó otro en la Gaceta 
mandando abrir las universidades que el go^ 
dierno anterior habia dispuesto cerrar « temiendo 
la reunión de los jóvenes, generalmente animados 
de sentimientos patrióticos, y adictos á las refor* 
mas de las anteriores épocas constitucionales. Con 
fecha de 20 del propio mes se espidió una rtal 
cédula concediendo amnistia á todos los persegui^^* 
dos hasta entonces como reos de estado , escep- 
tuando los que votaron la destitución del rey en 
Sevilla, y los que habian acaudillado fuerza aro- 
mada contra su soberania (i). . it 



(i) Después se amplió I9 ampislia á ciertos suget05 de 
los eseepttiádos en el priñaer deéreto ; y últimamente se 
'^onxplet^ fMrá todo<s. ^ •»'»' - : «• - • í' 



243 

Estos eran los primeros albores ele Fa laz que 
iba á disipar las tinieblas de la ignorancia y del 
fanatismo : todo anunciaba la dpro:KÍmacion de un 
sisteñía político opuesto al que hasta entonces se 
habia seguido. Los primeros pasos justificaban las 
. esperanzas que habían concebido los constitucio* 
nalest Los ministerios, comenzaron á preparar 
grandes mejoras en la administración pública , y 
ki creación del que tomó el nombre de Fomento, 
anunciaba un régimen que iba á cimentarse sobre 
oíros liberales principios. 

• . En diciembre de i832 , á presencia de los 
■limstros j otros personages de la corte , declaró 
el rey que protestaba contra lo hecho el 18 de 
setiembre acerca de la revocación de la pragmáti- 
ca de 1 8 3o « obtenida por sorpresa en un mo* 
mentó en que la violencia del mal le habia redu- 
cido á un estado de postración, quedando en con* 
secuencia sin efecto el decreto firmado en aquel 
dia. 

En primeros de enera se poblicaron los docu- 
' mentos que acreditaban tas disposiciones adoptadai 
por las G)rtes en' 1789V el 4-, Tolvid á tomar la 
dirección de los negocios el rey, por hallarse ya 
enteramente restablecido;, y en marzo.^iguiente 
hizo entender á su hermano D. Carlos en tc'rminos 
muy comedidos la necesidad de que saliese a via- 
jar fuera de la penjpsuút.^r w^v^f> un partido 



abusalia de su nombre para turbar la tranquilidad 
del estado. D. Carlos se retiró á Portugal, donde 
permaneció basta la llegada del general Rodil, 
que participó de los últimos triunfos conseguidos 
por el duque de Bragan^a contra las tropas de. 
Don Miguel. 

Espidióse en abril un real decreto convocan- 
do las cortes para prestar juramento de fidelidadé; 
y reconocer como princesa de Asturias á Isabel de 
Borbon. Compusiéronse estas cortes de cierto nú- 
mero de prelados « grandes, títulos, y los diputa-* 
dos de las ciudades que tenian voto en cortes. Sí 
en lugar de ellas se hubiese entonces formado una 
yerdadera representación nacional, autorizada no 
solo para el acto de la jura, sino para entender 
también en las reforoMis del estado j en sentar las 
bases de un buen sistema de gobierno >; bubiem 
este podido plantearle sin convulsiones, al abrigo 
de un trono contra el cual no se babta levantado 
lodavia un terrible enemigo. Entonces se hubie* 
ran reunido tal vez ¿los constitucionales W rea* 
listas moderados « y se babrian afianzado machas 
opiniones dudosas y vacilantes: (i). 



#. •' 



(1) ' Esaai ' hislorique sur l*esprit de reforpe politiqot 
en Cft^gne, pW-'Mr. l>wveniiei ^. 278. 



a45 
El gobierno d^bia ya conocer que cl trono de 
Isabel II no podía apoyarse sino en el partido li- 
beral, cuya causa estaba identificada con la suya. 
lia división de los dos bandos se presentaba sin 
rebozo ni tergiversación : don Carlos desterrado 
de la corte protestando en su destierro contra la vio- 
lación de sus sonados derechos, era ya un enemigo 
deelarado, cuyo apoyo estaba en el furibundo par- 
tido que siempre se había opuesto á toda clase de 
reformas. 

La lucha comenzó apenas Fernando VII dio 
el último suspiro. En las provincias de Álava y 
Vizcaya lanzaron los voluntarios realistas el pri- 
"mer grito á favor de D. Carlos; ejemplo que fue 
seguido en Castilla por otros de la misma clase 
acaudillados por Merino. Esta sublevación provocó 
el decreto de supresión de todos los cuerpos de vo- 
luntarios realistas, que se ejecutó en todas partes 
sin resistencia: solo en Madrid la hicieron los vo« 
limtarios ; pero acometidos por la tropa , que obe« 
deció fielmente las órdenes de sus gefes , fueron en 
breve reprimidos y desarmados. 

El espíritu que animaba al ejercito se mostró 
en esta ocasión, como después, opuesto a la causa 
del absolutismo. Esta opinión era en general la de 
los soldados y de los oficiales, según hemos visto en 
la enconada guerra que siguió después , y de la 
cual úo me detengo á hablar , como asunto ageno 



246 

del pldn de esta obra. Coptrayéndome pues al es* 
tado social del reino , á la alteración que recibid su 
sistema político , y á los progresos de la civiliza- 
ción , diré cuanto me permitan los estrechos límites 
de este capítulo, para presentar un bosquejo de tan 
importantes variaciones. 

Muerto el rey se esperaba generalmente un 
nuevo*. sistema político indicado claramente por 
las circunstancias; pero cuando el presidente del 
ministerio anuncio en el famoso manifiesto ó cir- 
cular de 4 de octubre que no se mudada el sis- 
tema de gobierno seguido hasta entonces * la in- 
quietud se hizo general, y no tardo en manifestar- 
se de un modo terrible. Los generales Quesada y 
Llauderdirijieron á la reina Gobernadora enérgi- 
cas representaciones, manifestando la necesidad 
de nombrar un nuevo ministerio que mereciese la 
confianza general , y restableciese las co'rtes según 
lo exijia el estado de la nación. 

Este deseo general, que se manifestaba con 
públicas demostraciones en Cataluña y otras pro- 
vincias del reino , acabó con aquel ministerio de 
transición , en cuyo lugar se nombró otrp nuevo 
de diferentes principios políticos. El gobierno abso- 
luto habia muerto ya, y era preciso gobernar bajo 
otro sistema: el que se adoptó en el Estatuto real 
no podia satisfacer á los que deseaban el gobierno 
representativo en toda su estcnsion ; y de aqai re* 



24? 

suUd fuego tina lucha fatal para la administra- 
ctoQ interior del estado ^ f mas todavía para 
el bfaen éxito de la gnerra que nos hada el pre- 
tendiente. Yidsé entonces la naciM lasl 
te dividida en bandos , estenoada con los 
cios que era fbrsoso hacer para aomeslar j 
tener los ejércitos constitodanales« j con las 
ladoras inTasiones que desde sos gaaridas kac£aa 
de tiempo ra tiempo los beaom en las ptvsñ- 
cías interiores. 

Púsose al fia en i SBj na término i las 
aveneocias políticas con la Gmstilacíoa 
por las cortes oonstitojrcntcs . aceptada par 
solemnemente jurada , j por todos racihida 
el Tlnculo que debía unir j hermanar i los dife- 
rentes partidos. 

Esta reroladon política forma ana 
época qne está fuera de «hs investi ga ciones , 
gnn manifesté en el pro sp e cto ; 7 pe 
me ceñiré en lo restante de esle capftolo á dar 
tida de lo hecho en los úlíiwan anos dd 
anterior en *faen^cio de. la dvtlisacios. 

^mbraronse por el ministerio de Fi 
los primeros sabdelegados ó gobernadores dviks 
de las provindas , á quienes se comon» pora s« 
dirección j gobierno una instmedon bien 
da en que se espedficaban las referaus de t^ 
SQSCcptibles los diferentes ramos qne a^auíVa 



348 

Empezando por la agricultura « el mas importan* 
te de todos t cacargábase á aquellas autoridades 
la averiguación de las causas Ideales que mas 
hubiesen contribuido á su -abatimiento , •fijan-' 
do el grado de influencia deW:ada una de ellas , é 
indicando los medios de neutralizarlas y des* 
truirlas. 

Mandábase también á los subdelegados hacer 
averiguaciones é informar sobre varios puntos im* 
portantes relativos á pósitos ; mientras que dos 
comisiones nombradas por S» M. desempeñaban 
los respectivos encargos que se les habían dado* á 
saber : á la una de examinar las lejes relativas al 
comercio de grados, con objeto de favorecer j ase- 
gurar su libertad ; y á la otra de examinar la 
utilidad de los pósitos, comparada con los incon* 
venientes que producen. La ganadería que debe 
formar una sola profesión con la labranza , se re- 
comendaba á los subdelegados como uno de ios ar- 
tículos mas importantes, eapcciainaente en este 
país, encargándoles que procurasen instruir á.los 
ganaderos, españoles eo todos los puntos concer- 
nientes á e$le ramo tan lucrativo , para que adop- 
tasen en el las mejoras hechas en otras naciones 
de Europa. 

No menos se encarecia la necesidad de pro^ 
porcionar riego á todos los territorios á que pudie- 
sen cslendcric, especialmente en los paiscs meri- 



*49 

d¡onaIes« donde por falu de agaas suelen malo- 
grarse tantas cosechas. La desecación de lagunas 
j pantanos « tan perjudiciales por la ínsali^bridad 
7 por el terreno que ÍDutílizan, era otro de los en- ^ 
eargos que se hacian á aquellos gefes; como tam- 
bién la de llevar á cabo la enagenacion de los ter- 
renos incultos 6 baldíos, decretada antes por e) 
ministerio de Hacienda, cuando aquel negocio cor- 
ría á su cargo. 

En la misma instrucción se indicaban otras 
mejoras pertenecientes á la agricultura en que se 
ocupaba el ministerio, j á las que podrian coatrir 
Irair con sus luces y noticias los subdelegados» Ta- 
les eran una ley clara y terminante sobre acota? 
mientos ó cerramientos de heredades-, otra sobre 
montes y plantíos (que se publicaron después); k 
reforma de nuestra legislación en cuantor á coma^ 
nidad de pastos, el fomento del. cultiva de la seda, 
de linos y cánamos , el de muchas plantas exóticas 
que ya se habian hecho indígenas « y la aclimata- 
ción de otras útilísimas que pudieran prosperar eo 
nuestro suelo. 

El fomento y la efieas protección de la indus* 
tría era el segundo objeto que encarecidamente se 
m encomendaba, con la prevenríon de que pro* 
moríesen la enseñanza de la geometria y. del dibu- 
jo con aplicación á las artes; que visitasen las fa* 
brícas y demás establecimientos de manufacturas 



25o 

áe sus respectiras provincias , alentando el traliajo 
con los estimólos de la alabanza y del pr«0EU0i 
procurando* remover las trabas, para estender y faa» 
ccr popular la industria en todo el reino. Y mien- 
tras el tonüístéríó después de un detenido examen 
deias ordenanasas gremiales que hasta entonces ha« 
biatí entorpecido las artes^ preparaba con pleno co- 
ííociniienló' dé causa nna ley que proclamase los 
principios protectores de la libertad fabril, encar- 
Ifaba fi sus agentes que no ¡eonsintiesen la forma- 
ción de tineros gremios ni aprobasen ovevas or* 
dieriiftWs/'-.-'-f ' . • ^ 

"''■ - T&tdbieQ se- les mandaba reconocier las cajeas 
tfeagua'd cualesquiera fuersas motrices de esta esi* 
píÜié qoie' hubieie en sos respectivas provincias 
kpKcabhes 4* I»-mdaidrTa i empeñando á los caipita'- 
liMasaIa^rofv«chani¡e¿to!deellas, y Qfreciéqdoles 
ifiíántos medios dependieseo de la administración 
(Mra llevar á cabo sus proyectos. 

En cuanto al comerció la seguridad de las per- 
flonafr ocupadas en ¿lerat el primer punto de que 
trataba la instrucción , mandando á las autoridar 
des" encargadas d^ gobierno civil , que diesen fa- 
vor y amparo á los que ocupados en el tráfico tu* 
viesen qué trasladarse frecuentemente de unas 
|Kirtes á otras , permitiéndoles llevar armas si las 
necesitasen, procurando mantener la seguridad 
en los caminos y posadas , mejorando la comodi- 



25l 

dad de estas « ,y finalmepte siiprímii^do toda* ka 
▼ejacioniis odiosas que antes sufrían los trafican* 
tes bajo el preteslo de refrendar los pasaportes^ y 
otras semejanteSi . 

Sobre las fXMnunicaciones interiores para &- 
cilitar y dar impulso al comercio « llamaba espe- 
cialmente el ministro la atención de los subdele- 
gados de fomento, encargándoles que aplicaran 
desde luego todo su esmero y vigilancia para po- 
ner espedí tas las comunicaciones de poco cos- 
te, para conocer el estado de los caminos in- 
teriores de cada provincia, los recursos destina- 
dos á su apertura y, conservación, la forma de su 
administración, y lo demás concerniente -á formar 
una idea cabal de taics: datos. .Deberían estos ser- 
vir .para:/eola!i^r e^ sistema de poioaunicacionea 
provinciales con el general del reino, en qi^e se 
ocupaba una comisión facultativa encargada de 
trazar el plan de Jos caminos y canales , que des- 
de luego podrian emprenderse. 

Otra de las atribuciones propias de la auto^ 
ridad administrativa , era la de promover y faci- 
litar la derivación de las aguas de los ríos- para 
cualesquiera necesidades de la industr^ agrícola 
ó fabril, la construcción de baSos, molinos bata- 
neros , y otras obras de esta clase que tanto con- 
tribuyen á la utilidad general. 

Ademas de estas mejoras concernientes á los 



252 

fres mas eopiosos manantiales de la riqoesa « ha* 
cía la instraccioB á los subdelegados' oportunas 
advertencias para guiarlos en los demás ramos de 
la administración pública. Tratando de minería 
y sus agregados • ademas del encargo especial que 
se bacia á tos gefes de algunas provincias meridio- 
nales para promover este ramo tan importante, 
se mandaba á todos favorecer la investigación y 
laboreo de los carbones minerales, de que la in* 
dustria saca boj tanto partido, y que no bay me- 
dio de reemplazar con otro combustible. 

£1 fomento de la instrucción pública era otro 
de los principales encargos , sino el mas impor- 
tante de todos, que se bacia i los subdelegados. 
Mandábsiseles dispensar una protección especial á 
la instrucción primaria, j destinar á la dotación 
de estas escuelas los fondos públicos de que pu- 
diesen disponer, partiendo del principio de que 
ninguna medida puede influir mas en la suerte de 
la sociedad. Oíros medios oportunos se les indi- 
caban también para acelerar los progresos de la en- 
señanza pública, que pueden verse enelcapíto« 
lo VII de la instrucción. 

En ella ocupaban uno de los lugares mas dis- 
tinguidos los establecimientos de beneficencia; y 
no podia menos de ser asi atendida su importan- 
cia. £1 gobierno trataba de formar un plan gene- 
ral sobre ellos con las correspondientes modifica- 



253 

dones locales , en Tista de los datos que deberían 
proporcionarlos subdelegados sobre el estado de 
esta liase de establecimientos en cada pro?inc¡a, 
8US recusos y demás circunstancias conducentes al 
intento. 

La mejora de las cárceles y el establecimiento 
de casas de corrección dcbian ocupar también d 
celo de las autoridades civiles , para introducir la 
aplicación al trabajo y la moralidad en aquellas 
tristes moradas de padecimiento , que en otros pai* 
sescultos están ya tan bien ordenadas ; al paso que 
'nuestras prisiones ofrecen la imagen mas espanto- 
sa de miseria, degradación c inmoralidad. ¿No 
podría esto mejorarse, como índica la instrucción* 
ya por medio de suscripciones voluntarias, ya por 
la aplicación de arbitrios boy mal empleados, ora 
estableciendo industrias en la parte de los edificios 
destinada a los presos por delitos leves, ora enco- 
mendando a personas benéficas la administración 
de las prisiones, d por otros medios semejantes? 
Omito los demasiáramos de que babla la inslruc- 
tion , todos los cuales abundan en observaciones y 
reglas atinadas que deben servir de norma á los ge- 
fes políticos, y que ya es tiempo de llevar á ejecu- 
ción, pues ha desaparecido la guerra civil, que era 
el mayor obstáculo para las mejoras administrati- 
vas. Estas son las que principalmente deben llamar 
la atención del gobierno y de sus agentes, si la na« 



254 

don ha de llegar álguD dia á competir en civíHia- 

cion con las otras mas collas de Europa. 

Pensaniiieoto vmf útil fue lambien el estable- 
dimieoto de cajas de ahorros en las provincias* á 
semejanza de otros países de Europa ; pero las 
circiinstancias de la nación eran poco favorables 
para esta filantrópica providencia dada en 3 de 
abril de i835 ; y si entonces no se cogia el de- 
bido fruto de ella « por lo menos se abrid el do- 
mino para plantear una institución que ba de 
producir inmensos beneficios cuando se baile ge- 
neralizada. 

Restablecio'se el cuerpo de ingenieros civiles* 
que en la reacción de i823 había desaparecido, 
con harta mengua de los gobernantes de aquella 
época , que no supieron conocer y apreciar la im- 
portancia de aquel establecimiento. Fundiéronse 
ademas por decretos de 23 de abril y i.? de ma- 
yo una escuela de ingenieros de minas, otra de 
ingenieros gedgrafiDs , y la tercera de íngenierqs 
de bosques. 

No fueron menos recomendables las provi- 
dencias espedidas por el ministerio de Gracia y 
Justicia para promover los adelantamientos de la 
civilización. Nombráronse comisiones para la for- 
mación de los códigos civil, criminal, de proce- 
dimientos , y revisión del mercantil para ponerle 
en armonia con los otros. El primero se presentó 



;i55 

' concloido á las corles por el gobierno en i836« 
y desde entonces se halla pendiente su discusión, 
También están mujr adelantados los otros, si no 
ooncluidos; y la nación espera con impaciencia el 
examen y aprobación de tan importantes tareas, 
para regirse por una legislación menos complica- 
da que la actual, y ma^ adecuada, á las institucio- 
nes políticas, hábitos y costumbres de la éfktmt 
presente. 

Entretanto que se trabajaban los códigos de 
procedimientos, publicó el gobierno en 26 de ser 
tiembre de i835 un arreglo provisional para la 
administración de justicia , que si bien no está 
exento de notables defectos , como hicieron ver los 
redactores del Boletin de jurisprudencia; se in- 
trodujeron por el grandes reformas en esta parllB 
de nuestra legislación , y mas con las posteriores 
adiciones que se le (lan becho. 

También se empezó por aquel ministerio la 
reforma de regulares, suprimiendo toda comuni- 
dad que no llegase i doce individuos , los cuales 
debían agregarse a otros « quedando aquellos bie- 
mes.eo beneficio de la nación. Proponíase .enton- 
ces el gobierno ir acabando paulatinamente con 
iqu^Daí corporaciones ,* según los principios de sa 
política, no tan rápida y progresiva como la 
posterior. 



CAPITULP XV. 



Eitado ele lát ciencias 7 la Hteratara ea Espafi» dWde pñncipiei M 
•iglo XVUl hasu el reióado de Carloa IIL 



ijoa investigación general j filosófica de los 
adeUnlamieotos intelectuales es el objeto qne me 
propongo en este y los siguientes capítulos, no 
un examen particular de los autores, lo cual, cc^- 
mo indiqué en otro tomo no es propio de tuna 
obra destinada á bosquejar el carácter distihtiVó 
j la fisonomía peculiar de las diferentes épocas 
que abraza. No obstante, se darán i conocei'-'Ios 
escritos que mas contribuyeron á los progresos de 
la civilización. 

Al frente de ellos figura en el primer tercio 



del siglo XVIII el teatro críiíco de Feijoo, que 
tan cruda guerra hizo á las vulgares preocupa- 
ciones, y a) escolasticismo. Apenas puede conce- 
birse como aquel sabio benedictino, ocupado en 
los estudios monásticos -á últimos del siglo XVII, 
<^poca de tinieblas en España ^ pudo atesorar tan- 
ta y tan escogida doctrina , para comunicarla 
luego á sus compatricios en un estilo natural, 
fluido, y á veces elegante. Adelantóse como el cé- 
lebre Bacon á su siglo, imitó su análisis filosó- 
fico, adquirió el buen gusto en los escritores del 
^iglo de Luis XIV , y pertrechado de vastos co- 
nocimientos , se propuso g4iiar i sus contemporá- 
neos por el sendero de la. verdadera filoísofia. Osó 
combatir los felsos milagros , los escesos que se co- 
metian en las peregrinaciones sagradas, las falsas 
tradiciones populares, y otros abusos que afeaban 
la augusta magestad de la religión. 

En otras partes se lamenta del atraso en que 
se hallaban las ciencias fisicas y naturales en Es- 
paña, indicando las causas de ello, y la necesidad 
de reformar los estudios. Al mismo tiempo se bur- 
laba de las fábulas introducidas en la historia 
natural , de las artes divinatorias, de las profe- 
cías supuestas, de la magia, de las brujas y 
duendes , y de otro4 infinitos errores acreditados 
en el vulgo. iNo brilla menos su patriotismo que 

su cienda, cuando defiende á los espafioles de las 
T&molT. 17 



258 

invectivas con qae eran atacados por algunos es- 
trangeros superficiales. 

Es incalculable el beneficio que hicieron en 
España las obras de Feijoo , y el movimiento li- 
terario que dieron á esta nación, amortecida ba- 
jo el ignominioso yugo dd reinado anterior. Em- 
pezó entonces una nueva era de ilustración, y con 
ella otras ideas distintas deias que generalmente 
habiaa prevalecido en el siglo XVII (i). 

Otro campeón aun mas osado que Feijoo por 
el vigor de sus ataques y la tendencia mas peli- 
grosa de ellos , fue el jurisconsulto Macanas , de 
quien hablé con cstcnsion en el capítulo I. La in- 
quisición ahogó su voz; pero la doctrina de sus es- 
critos habia ya circulado por toda la península, y 
produjo aunque lentamente saludables efectos. La 



(1) Precedió' á Feijoo otro escritor, apenas conocido 
en el dia, qae en una serie de discursos imitando los moite- 
*1es de Plutarco ,, combatió la filosofa escolástica, la ma- 
gia y otros errores vulgares ; y aunque persona de eleva- 
da clase, hizo ver los inconvenientes de los mayorazgos. 
llene por título esta óbrír el Hombre práctico , y fue su 
autor el Excmo. Sr. D. Francisco Gutierre^ 'de los Rfos y 
Córdoba, tercer, conde de Fernán Nunet: se imprimióf^n 
Bruselas año de 1680 , y la reimprimió Ibarra en en 1764- 

parece mas bien obra 
Hñc iié escribió. 



Por éú. culto leuguagc y fácil estilo p 
del sigla XVIII ;'>iue'<lel tiiíA(¿-¿h ^¿ 






259 

reforma de la legislación era una de las propues- 
tas por M acanaz ; pero se quedó en proyecto. 

Al mismo tiempo, y con menos peligro, el ju- 
risconsulto catalán Finestres, catedrático de la 
universidad de Gervcra , escribia en puro latín sus 
disertaciones ó exercitationes sobre el derecho na- 
tural y de gentes, origen de los reinos y dominios, 
y otros puntos del derecho público. "'Esta obra, 
dice el Illmo. Sr. Amat (i), es uno de los partos 
mas felices del fecundo ingenio del autor. El que 
la lea conocerá luego que el Sr. Finestres fue un 
naturalista y publicista en nada inferior á Grocio 
Pufiendorf y Burlamaqui. Andando tan escasos 
en aquel tiempo en España los autores estrange- 
ros de derecho público , por estar prohibidos casi 
todos, suplieron en algún modo por ellos estas diser- 
taciones del doctor Finestres. Su autor ademas del 
estudio del derecho romano en que estaba versa- 
dísimo, habia consultado los mejores escritores 
que acerca de él han florecido en otros paises.** 

Publicóse también en tiempo de Felipe Y una 
apreciable historia del derecho español con el título 
de Sacra Themidis hispance arcana , á nombre 
de Gerardo Ernesto de Franckenau, secretario del 



(1) MemoriaA para ayudar á formar un diccionario 
crítico de escritores catalanes , artículo Finestres. 



262 
á la caterva de profesores pedantes que vcndian 
por sistemas científicos sus errores, el P. Rodrí- 
guez; y si no lograron estos dos reformadores es- 
tablecer en todas partes el estudio de la medicina 
sobre sus verdaderas bases, prepararon al menos 
los ¿nimós' para una feliz revolución en aquella 
ciencia. 

Para instrucción de la nobleza , cuya educa- 
cióín* Iflerária estaba muy descuidada, fundó e( 
rey eii ún vasto edificio e( Seminario de nobles, 
proveyéndole de cáledi*ás de humanidades, y otros 
estadios que después se ampliaron y mejoraron, 
foritiándo3e asi un plantel de jo'vencs distinguidos 
por sü (^aña y educación esmerada. 

'* Pbr estos y otros medios fueron propagándose 
Ioscbtioi:imientos científicos ; al paso que el ejerci- 
tó ' natióilall con los adelantamientos en la táctica 
militar y las severas reglas de la disciplina, com- 
^iSacon las mas lucidas tropas estrangeras, co- 
giendo gloriosos laureles en la guerra de sucesión^ 
No menos adelantaba la marina con el fomento 
tfel gobierno y la buena dirección del ilustre don 
íor^é Juan y de otrds marinos , honra y prez de 
¿íqiüfér benemérito cuerpo. '^ 

' •' ]Ni se limitaron á tan' importantes ramos las 
mejoras que producia el estado progresivo de la 
civilización! El arreglo de la hacienda pública, 
la urgente necesidad de proporcióHíar recursos 



263 

para tantas atenciones, el necesario restableci- 
miento del cre'dito público y el indispensable fo- 
mento de La arruinada industria, dieron un gran- 
de impulso al estudio de la ciencia económica, 
que según hice ver en el tomo anterior se babia 
cultivado con ardor en España desde el reinado 
de Felipe III. Los respetables nombres de Uzta- 
ríz (i)vZ^vala (2) y Ulloa (3) ilustraron el rei- 
nado de Ff^ipe V« difundiendo útilísimos cono- 
cimientos sobre los ramos mas importantes de la 
prosperidad pública. Por estos j otros escritos de 
aquel tiempo se ve que los intereses materiales 

iban ocupando en la sociedad un lugar preeminen-. 
te, después que acabada la guerra de sucesión y 
concentrado en el trono todo el poder político , los 
mayores estimulantes para el pueblo debian ser el 
cultivo de las artes pacíficas, y la utilidad individual. 
La literatura propiamente dicha no dejó de 
producir copiosos frutos, á pesar de los obstácu- 



(1) Teórica y práctica del comercio y marina , que 
dio á luz por primera vez D. Gerónimo Uztariz en diciem- 
bre de 1724 , y se reimprimió en 1742. 

(2) Representación de D. Miguel Zavala sobre ios me- 
dios para cobrar con equidad los tributos, de adelantar 
la cobranza y de estender el comercio, impresa en 1732. 

(3) Restablecimiento de las fábricas y el comercio, por 
don Bernardo Uiioa. 174^* 



264 

los que oponían ai desarrollo de las facultades m" 
telectuales et encadenamiento de la imprenta, y t» 
tirania de la inquisición. Los historiadores del 
reinado de Felipe V si no se distinguen como 
Blancas, Mariana y Meló por su enérgico estilo, 
sus animados cuadros , viva descripción de carac- 
teres y situaciones , y elevadas máximas políticas, 
por lo menos se descubre en ellos ( i ) un atinada 
discernimiento, un espíritu investigador ocupada 
siempre en desterrar de nuestros anales aviles y 
eclesiásticos las fábulas que los oscurecían , dan- 
do por este medio á nuestra historfa aqttel carácter 
de verdad que debe distinguir particularmente á 
esta clase de escritos. 



(1) Hablo de los que merecen el nombre de historia^ 
dores : tales son Mi2aua , continuador de la bístoria de 
Espaita de Mariana , y e) marques de Mondejar, á quieu 
debemos las Memorias históricas de don Alonso VIII y don 
Alonso el Sabio, varias obras cronológicas y el juicio crí- 
tico de los historiadores de t£spaua , en que sobresalen 
la copiosa erudición y el atinado juicio del autor. Perre- 
ras se distingue por dos calidades que han hecho reco- 
mendable su historia , asi dentro como fuera del reino^ 
á saber , la exactitud cronológica, y un severo juicio para 
descartar los sucesos fabulu£05. Los Comentarios del mar- 
ques de San Felipe merecen grande estimación por su ve- 
racidad y patrióticos sentimientos. Belando es un pesado 
cronista , si bieh se recomienda por su buena fé, y la fíde«> 
lidad con que presenta los documentos originales de aquel 
tiempo. 



265 

La elocuencia y la poesía fueron menos afor- 
tunadas en la restauración literaria. La primera 
no jpudo alzar su voz en 'el pulpito ni en el foro, 
oprimida con el indigesto fárrago de los malos 
predicadores, y con los pedantescos alegatos de los 
leguleyos que voceaban en los tribunales. 

Por lo que toca a la poesia no faltaron lite- 
ratos dedicados á encaminarla por el sendero del 
buen gusto , señaladamente Luzan , que en su 
juiríosa poética sentó las reglas dictadas por la 
sana razón á Horado y Boileau. ISo obstante « es 
preciso confesar que* trató con escesivo rigor i los 
dramáticos españoles del siglo XVII , juzgándo- 
los por las severas reglas del teatro francés , que 
ellos no se Labian propuesto observar, como que 
trabajaban según otro sistema muy diverso de 
aquel, y mas acomodado al gusto del público. Por 
otra parte la servil iipitacion no produjo por ep- 
toncesmas que poesias mediocres en el género clá- 
sico (con muy rara escepcion) ; poesias desnudas de 
afectos y de fuerte colorido ; de suerte que los es- 
pañoles acostumbrados á la fecundidad , lozania 
y pincel vigoroso de los anteriores poetas, miraban 
con desden la reforma , y seguian embelesados ad- 
mirando en la escena aquellos animados cuadros 
que se habian formado como por .íjK^piracion , y 
sin las embarazosas trabas de antiguos precep- 
tistas. 



266 

Cultivóse también en aquel reinado la críti- 
ca, distinguiéndose en este ramo el deán Marti» 
como puede verse en la colección de sus cartas la- 
tinas , notables por la pureza del estilo , por la 
erudición y buen gusto que reinan en ellas. 

Empezóse á publicar en el ano de 1 7 3*7 el 
Diario de los Literatos^ periódico donde por pri- 
mera vez en España se erígia un tribunal censo- 
rio para juzgar los libros que se daban á luz , con 
juiciosa crítica , urbana moderación y sólida doc- 
trina;: si bien.no con aquel delicado gusto, saga- 
cidad filosófica y estensas miras con que en estos 
últimos tiempos se distingue este ramo de la lite- 
rajbura tan útil como dificultoso (1). 



■4m> 



(1) En el diario de los literatos se publicó la graciosa 
sátira conocida generalmente bajo el supuesto nombre de 
Jorge Pitillas, y cuyo verdadero autor fíie D. José Cobo 
de la Torre,. abuelo deL malogrado orador y buen legista 
don Ramón Cobo, diputado que fue en las anteriores 
cortes. 

También se publicó en el mismo diario la censura que 
hizo el Sr. Salafranca, uno de sus redactores, de la obra 
publicada por Mayans con el titulo de Orígenes de la len^ 
gua española. Contestóle el autor con el nombre de don 
Plácido Veranio,; pero el censor le replicó victoriosamen- 
te. Aunque l^^áns no era un literato de afinado gusto» 
tenia mucha erudición, y contribuyó con sus obras á los 
progresos de las letras. 



267 

Censura aunque no literaria , sino de costum- 
bres, derramó con abundante gracia el autor 
de una obrita intitulada la Virtud al uso y 
Mística á la moda : su objeto es ridiculisar la 
hipocresía, y descubrir los artificios de los caman- 
duleros en veinte documentos que diríje un padrea 
su hijo, exhortándole á que se haga hipócrita para 
pasar una vida descansada y regalona; Los docu- 
mentos están escritos con mocho desenfado y do- 
naire. Entre el décimo y el utldécimlór inserta el 
autor una carta dirijidá á D. Alejandro Girón 
por su hijo , llamado Carlos del INíno Jésus , dán- 
dole cuenta de los progresos que iba haciendo eki 
la carrera de la farándula' mística, y lo mucho 
que se regalaba. El padre le contesta -brevemente 
satisfecho de sus adelantamientos. La sátira en 
genei'al es urbana y decente, si se esceptúa alguñ 
otro pasage en que se traspasan las leyes del de- 
coro y del buen gusto. El estilo es fluido, y el len- 
guage propio y castizo. 

El ingenio español, naturalmente libre y ene» 
migo de cortapisas , se esforzaba por romper las 
cadenas con que le tenian aprisionado el fanatis- 
mo y la inquisición. Pero esta , vigilante siempre 
con su espada vengadora y su índice espurga to- 
rio , como el feroz Omar con el coran y el alfan* 
ge , cortaba las alas del ingenio, haciéndole pa- 
gar bien cara ^\x osadía. 



!i68 

■Volviendo á la proteccioa que Felipe dbpeo- 
so á las letras* acertado fue y digno de alabanza 
el peosamiento de fundar la Academia Española, 
destinada según sus estatutos á cultivar j fijar la 
pureza y elegancia del idioma castellano , dester- 
rando todos los errores que en sus vocablos, en 
sus modos de hablar ó en su construcción habían 
introducido la ignorancia y la afectación , el descui- 
do y la demasiada licencia en las innovaciones. Gk- 
respondió la academia a tan justas esperanzas coo 
la publicación de su diccionario y de otras obras 
bien conocidas y apreciadas por los literatos na- 
cionales y estrangeros. También fundó el mism# 
rey la Academia déla Historia, cuyas principales 
tareas se examinan y recomiendan mas adelante. 

Dado el primer impulso i la restauración li- 
teraria por Felipe V, su sucesor Fernando VI no 
tenia mas que seguir tan glorioso ejemplo , con la 
ventaja de poseer mayores recursos que so padre 
para el fomento de las letras y las artes. Su mi- 
nistro el celebre Ensenada, que tenia grandes 
miras en todos los ramos de la administración 
pública, deseaba ardientemente mejorar la ense- 
ñanza, lamentándose del atraso en que esta se ha- 
llaba. "Es menester, decía hablando de las uni- 
versidades (i), reglar sus cátedras , reformar las 

(i) Colección de documentos de aquel tiempo, que 



a69 

«uperfluas y establecer las que faltan con nuevas 
ordenanzas para asegurar el mejor método de es- 
tudios...,* No sé que haya cátedra alguna de de- 
recho público , de física esperimental, de anatomía 
y botánica... ISo hay puntuales cartas geográficas 
del reino y de sus provincias • ni quien las sepa 
grabar, ni tenemos otras que las imperfectas que 
vienen de Francia y Bblanda. De esto proviene 
que ignoramos la verdadera situación de los pue- 
blos y sus distancias , que es una vergüenza. En 
Francia trabajan continuamente en perfeccionar 
las suyas , midiendo una y muchas veces los ter- 
renos, dirijicndo estas operaciones el famoso Cassi- 
ni el joven. G)nviene que en España se practi- 
quen bajo las reglas que han proyectado D. Anto- 
nio de Ulloa y D. Jorge Juan , á cuyo fin se fa- 
brican en París y Londres los instrumentos nece- 
sarios, y algunos están ya en Madrid." 

Las observaciones astrono'micas y la relación 
del viage de aquellos dos sabios se imprimieron á 
costa del gobierno (i); y Ensenada siguió prote- 



he debido á la generosa franquesa de mi amigo y compa- 
fiero de academia el Sr. Navarrete. 

(1) Salió tamKíen á luí una diiertacion histórica y 
geográfica sobre la demarcación entre los dominios de 
Espafia y Portugal , á nombre de don Jorge Juan y de 



270 

gíéndolos, como también á cuantos podían contri- 
buir á la reforma de los estudios y al adelanta* 
miento de la instrucción pública «que tanto le in- 
teresaba. No pudo sin embargo, á. pesar de sos 
esfuerzos* reformar la legislación ni fundar una 
academia de ciencias como deseaba , ni dester- 
rar la mala enseñanza de las universidades, por 
los poderosos obstáculos que oponian los antiguos 
hábitos, las preocupaciones, y el influjo de ciertas 
gentes poderosas que sostenían los abusos. 

Ocupábanse sin embargo en difundir las laces 
muchos individuos ilustrados que ya particular- 
mente , ya unidos en sociedades amistosas , culti- 
vaban con ardor las ciencias y las letras. En Cá- 
diz formaron una de estas asociaciones los referí- 
dos Ulloa y Juan , y el francés Mr. Godin por 
la clase de matemáticas ; el Dr. Porcell y D. Pe- 
dro Virgilio por la medicina y cirujia; don José 
Velazquez, marques de Valdeflores, y don José 
Carbonell por la historia y las antigüedades , las 
buenas letras y las lenguas orientales. 



Ulloa. Este publicó ademas sus Noticias americanas ; y 
don Jorge Juan su Examen marítñnOj reinando ya Our- 
los III. De esta obra, que tanta celebridad ba dado al sa- 
bio español, decia el Instituto de Francia en 1826 , que 
era el tratado mas completo y profundo escrito sobre la 
materia. 



£1 Dr. Piquer, profesor de medicina en' Ta 
ciudad de Valencia , sigutendo las huellas del doc* 
tor Martin Martines , pugnó por establecer la fí- 
sica, la medicina y la anatomía sobre el análisis 
y la esperiencia ; adquiriendo gran celebridad con 
las obras medicas y filosóficas que dejó escritas ( i). 

Los progresos de la literatura aumentaban en 
actividad e importancia. La academia de la his- 
toria, bien penetrada del principal objeto de su 
instituto, escitaba al gobierno para que hiciese re* 
conocer las bibliotecas y los archivos de las ciuda- 
des y cabildos de las iglesias catedrales , á fin de 
recoger antiguos códices y documentos, base prin- 
cipal para escribir con acierto la historia. Confor- 
me á este tan atinado pensamiento , el gobierno 
comisionó al padre Burricl , á don Francisco Pé- 
rez Bayer y al marques de Yaldeflores , para exa- 
minar todos los archivos del reino públicos y par- 
ticulares. El fruto de este trabajo literario fiicuna 
preciosa colección de 1 3664 documentos origina- 
les de la historia de España , comprendiéndose en 
ellos 439 historiadores contemporáneos de los he- 
chos que referian; 4 1 34 inscripciones; 2021 me- 



(1) Antes se había distinguido el médico español So- 
lano de Luffuc , cuyo tratado de los pulsos y traducido des- 
pués' de su muerte en inglés y francés se estendió por to- 
da la Kuropa. 



272 
dallas, y 12 curiosos monumentos de bellas ar- 
tes, sin contar varios estrados de autores anti- 
guos ( I ). 

Esta idea de acudir á las fuentes originales 
para escribir la historia , adoptada ya en el siglo 
XVI, como dige en el tomo anterior, era el me- 
dio mas seguro de purgar de fábulas nuestros 
anales, y asegurar los adelantamientos de este ra- 
mo tan importante de la. literatura. Y este es el 
mismo sistema que en los tiempos modernos se ha 
adoptado en las naciones mas cultas de Europa; 
de modo que ya, el principal mérito que se busca 
en un historiador, es el conocimiento de los hechos 
fundado en los documentos contemporáneos. Y en 
vano si le falta este requisito , pretenderá suplirle 
con un elegante estilo, orden y método en la compo- 
sición, y otras esteriores calidades de adorno y 
de recreo. 

Pero volviendo á mi proposito , el tesoro his- 
tórico nacional se aumento mucho con la referida 
colección , con las tareas individuales que publi- 
caron después los distinguidos comisionados (2) ,y 
eon los apreciabics documentos antiguos que para 



(2) L* Espagnc sous les rois &c., cap. adicional citado 
pag. 36 S. 

(2) El señor Bayer publicó una obra doctísima sobre 
las medallas hebreo-samaritanas , que ba merecido gran- 



273 
la historia civil 7 eclesiástica de este país insertd 
en su, España sagrada ^ el maestro Flqrez , uno 
de los sug;etos mas doctos y juiciosos de su tiempo, 
que hizo tan importantes servicios á las letras es- 
pañolas con aquella obra y otras bien conocidas, 
cuyo objeto era dar impulso y buena dirección al 
estudio de la h¡st(|pia nacional. 

En tan útiles tareas se ocup({ también el 
benedictino Sarmiento , celoso apologista de las 
doctrinas de Feijoo, y laborioso investigador de. la 
antigua civilización* Debérnosle las Memorias para 
la historia de la poesía y de los poetas españoles, 
que si no se distinguen por el análisis filosófico y la 



de aceptación ea toda Europa , y formó ademas el catálo- 
go ó índice completo de los preciosos manuscritos de la 
biblioteca del Escorial. La parte relativa á los manuscritos 
castellanos , latinos y griegos , forma tres volúmenes en 
folio], Gon mucbas notas y observaciones. El señor Casiri, 
célebre orientalista, se encargó del catálogo relativo á los 
manuscritos árabes. El P. Burriel, en sus cartas al padre 
Rábago y al doctor Amaya , da noticias muy importantes 
de las riquezas literarias que habia recogido, de la colec- 
ción canónica que usaba la iglesia de España cu tiempo de 
los godos , y de otros puntos muy interesantes de la anti- 
gua historia , ademas de otros escritos que acreditan su 
grande erudición. El marqués de Valdeflores escribió un 
ensayo sobre los alfabetos desconocidos de las medallas y 
monumentos mas antiguos de España; una noticia del 
viage hecho por orden del rey; los orígenes de la poesía 
castellaní, y otras ' obras de menor consideración. 
Twnoir. 18 



27'4 

elegancia del estilo, contienen por lo menos hecbos 

y noticias importantes , despertando en aquella 

época el patriótico deseo de conocer bien nuestra 

antigua poesía. 

Ya indiqué á principios de este capítulo el 

vergonzoso atraso de la elocuencia sagrada , cuya 

reforma promovió eficazmente el P. Isla con su 
ingenioso Fr. Gerundio. Esta amarga sátira, 

abundante en sales cómicas, y también en chocar- 
rerías, desterro del pulpito los absurdos sermones 
que antes le proCanában , en lo cual hizo el padre 
Isla un servicio importante a la civilización espa- 
ñola. Debióle también esta la traducción del Gil 
Blas, ó por mejor decir la restitución al suelo pa* 
trio de la obra original de un ingenio español ( i ). 
El señor Muriel en el artículo adicional 
á e^te reinado, que cité antes, tratando del bien 
que hizo el Grerundio desterrando del pulpito 
aquellas estravagancias , se queja con mucha ra- 
zon de que los predicadores , con escepcion de va- 
rios que alli cita , dieron en otro estremo. Huyen- 
do de las anteriores estravagancias, se entregaron 
á una servil imitación de los oradores franceses; 



(i) Véanse sobre este punto las Observaciones críticas 
4cl seíior dou Juan Antonio Llórente. 



275 
y como estos se hallaban en continua 'lüclia toñ 
los filósofos, trageron aquellas controversias,|mez<i 
dándolas intenipestíTaniente con ías verdades evan* 
gélicas, sin advertir cuanto podían turbar aque- 
llas dudas y discusiones la antigua creencia espa* 
Sola tan bien arraigada. 

Otro de los males que produjo esta servil 
imitación de los sermonarios franceses , fué la cor- 
rupción del idioma castellano , tan reprensible co** 
mo la gerigonza gongorina de los antiguos, predi- 
cadores; pues que en estas y otras modernas tra- 
ducciones empezaron á alterarse la sintaxis caste- 
llana, la índole , y hasta la nomenclatura de nues- 
tra magestuosa , rica y sonora lengua. 

Los Origenes de la poesía española de Velaz- 
quez aunque no desempeñaban cumplidamente el 
objeto, contribuian sin embargo á inspirar afición 
al estudio de nuestra antigua poesia, que iba de- 
cayendo , á proporción que prevalecia el gusto 
francés, y la ciega adhesión á los principios de 
su teatro. D. Agustin Montiano escribia sus dos 
tragedias con toda la severidad del arte , con per- 
fecta observancia de las unidades , pero sin vida, 
sin movimiento y calor poético; de manera que 
en esta parte adelantaba muy poco la reforma. 
A los progresos de la civilización cootribt 
no poco en este reinado don Juan de Iriar^ 
dividuo de la biblioteca real, moy vp 



276 
historia literaria , en la crítica y en la bibliogra- 
fía. A su laboriosidad se debió el catálogo de los 
manuscritos griegos de aquella biblioteca , muchos 
de los cuales copio de su propia mano. También 
trabajó en la misma el catálogo de obras sobre 
geografía, cronologia y matemáticas; y contribu- 
yó á las correcciones y adiciones de la biblioteca 
hispana de don Nicolás Antonio.' Las demás oirás 
latinas que escribió corrieron simpre con crédito 
entre los literatos. 



CAPITULO XVI. 



Del Miado de U enseñanza pública , y d« \o% progresos científicos en 
los reinados de Carlos 111 y Carlos IV. 



MM dificultad de redacir á un breve compendio 
la relación de los progresos intelectuales hechos 
en España , se va aumentando á proporción que 
los ingenios trabajan en mas dilatado campo , j 
jfüt la acción del gobierno multiplica los estable- 
cimientos de enseñanza. Los abundantes materia- 
les qne ofrecen los dos reinados de Carlos III y 
Carlos IV, no me dejan otro recurso que el de es- 
coger los que mas conduzcan á mi propósito de dar 
una idea general delais verdaderas mejoras hechas 



278 .• , . 

en los diferentes ran]ios]¡de la instrucción pública. 
Refiriendo brevemente las principales providencias 
del gobierno , encaminadas al fomento de la ilus- 
tración , emplearé la misma concisión en el ezá* 
men crítico de las obras castellanas originales, que 
mas contribuyeron á promoverla. De intento di- 
go obras origínales , porque no pienso compren- 
der en esta resena ni las traducciones « ni las 
que reducidas a una mera compilación de doctri- 
nas o materiales publicados antes en paises estran- 
geros , no aumentaron nuestra riqueza literaria, 
ni dieron nuevo lustre a la civilización española. 

La enseñanza primaria , base fundamental 
de nuestros conocimientos , y la educación popu- 
lar de las clases trabajadoras, tan atrasada en la 
primera mitad del siglo XVIII , recibieron un fo- 
mento vital en el reinado de Carlos III , merced 
á su ilustrado gobierno , á las tareas del señor 
Campomanes que tanto trabajó en este punto , y 
al celo de las sociedades patrióticas. Afanáronse 
estas ^n aumentar y mejorar la enseñanza pri- 
maria, en promover la educación é industria de 
las gentes pobres , y. en fomentar la agricultura, 
las artes y oficios « estableciendo ademas escuelas 
de dibujo , de aritmética y geometría., y de otras 
enseñanzas útiles para aquellos fines. 

En todos los barrios de Madrid se estableció* 
ron escuelas para las ninas pobres ó abandona- 



279 
das , en las cuales ademas de ensenarles la lec- 
tura, escritura, doctrina cristiana, j los princi- 
pios de la moral , se les ínstruia en las labores 
propias de su sexo, como también en otros ramos 
de industria , que después se aumentaron conside- 
rablemente , llegando á ser útilísimos estableci- 
mientos. Las diputaciones de la Trinidad y de san 
Isidro establecieron telares de cintas semejantes á 
los de Francia : en los barrios de la Comadre 
j de Mira el rio , ademas dé las labores de aguja, 
se les ensenó el arte de bordar con seda , hilo de 
oro j plata, y el de hacer flores artificiales. 

£n estas escuelas se educaban centenares de 
ninas pobres ; se vcstia á las mas necesitadas ; se 
distribuían .premios á las que mas se distinguían 
en los exámenes ; y se dotaba á las que pasaban 
al estado del matrimonio. Para atender á tan con- 
siderables gastos , se suministraban aosilios es- 
traordinarios á las diputaciones , sacándolos de 
los fondos de caridad establecidos de orden del 
benéfico Carlos III. Igual educación se daba á los 
niños pobres ó abandonados , ensenándoles el ofi- 
cio que se creia mas conveniente á su propio in- 
terés. De estos beneficios gozaron algunos milla- 
res de muchachos, según resulta de los estados im- 
presos y publicados en aquella época. 

El ejemplo de la capital , ya para el estableci- 
miento de asociaciones de beneficencia , ya para la 



28o 

dotacíoQ de hospicios y otras casas de reclusión, 
donde se mantenia y educaba á la gente pobre; 
produjo los mejores resultados en las principales 
poblaciones del reino. Entre ellas merecen especial 
y honorífica mención , las de Granjitda , Barcelo- 
na, Toledo, Burgos, Gerona , Cádiz , Alicante^ 
Yalladolid, Valencia, Ciudad-Real, Ecija, Sala- 
manca, y las Canfirias; siendo muy loable el celo 
que en todas ellas desplegaron las autoridades ci- 
viles y eclesiásticas ( i ). 

Continuó el fomento de la instrucción prima- 
ria y de la educación popular en el reinado de 
Carlos IV, durante el cual se aumentaron las es- 
cuelas de primeras letras, y se establecieron en 
las capitales de provincia , como en la- corte , aca- 
demias de maestros para facilitar las mejoras en 
este ramo tan importante. Las sociedades econó- 
micas siguieron trabajando con afán en promover 
la industria y derramar las luces en la clase tra« 
bajora. "I^as colecciones de memorias , dice el 
príncipe de la Paz (2), de discursos ^ proyectos y 
empresas de estos cuerpos patrióticos en todo el 
tiempo de mi mando, forman ellas solas una rica 
biblioteca nacional , donde al lada de las teorías 



(1) Memoria ó esposicion del conde de Florídablanca 
al rey Carlos III. 

(2) Memorias iom. 2.<^, pág. 175. 



28l 

j los principios generales , reinan ^us aplicaciones 
al estado industrial, á las necesidades, y al ins- 
tinto particular de los diversos pueblos y provin- 
cias.* 

Las tareas de Palomares, Anduaga y Torio, 
contribuyeron en gran manera á mejorar uno de 
los ramos mas- importantes de la enseñanza pri- 
maria, y á ella también se dedicaron con afán 
los padres de las escuelas pías , entre quienes se 
distinguid por sus conocimientos, y una obra de 
gran mérito en este ramo el P. Merino. 

Tratóse también en el reinado de Garlos IV, 
de llevar aun mas adelante la instrucción prima- 
ría encomendando á los ministros residentes en 
las cortes es trangeras yá los sugctos que viajaban 
por cuenta del gobierno , que buscasen' prolija- 
mente y remitiesen cuantos métodos de enseñan- 
za populares mereciesen mas estima entre los sa- 
bios de Europa. Entre tanto se registraban nues- 
tros autores nacionales, y sñ estractaba y rcsumia 
cuanto se hallaba al caso en nuestra historia , en 
nuestras leyes , en nuestros reglamentos y orde- 
nanzas , y en multitud de escritos y memorias, 
algunas muy preciosas, hacinadas en los archivos, 
que contenian muchas verdades y lamentos. Y es 
cosa digna de notarse; los escritos mas rancios de 
tres y aun cuatro siglos , coincidian con ios mas 
nnevos en reclamar^las bases y los medios de una 



282 . 

enseñanza fructuosa, que al sentimiento religioso 
juntase el de la patria casi olvidada en las escue- 
las.. Traba jóse constantemente; fué nombrada una 
comisión de bombres sabios y celosos, que confi- 
riesen á su anchura y presentasen sus dictámenes. 

Llegaron las noticias y los planes que se ba- 
bian pedido de los paises estrangeros; y compa- 
rado todo y discutido largamente, la comisión 
unánime en sus votos, prefirió las ideas del sabio 
Pestalozzi. Hecba consulta al rey de aquel dicta- 
men y obtenida su real aprobación , se puso ma- 
no á equella empresa , y se le dio principio por un 
ensayo felicísimo ( i ). 

Yidse en España por primera vez , añade el 
mismo príncipe de la Paz, la educación del cuer- 
po hermanada con la del alma, los recreos con-, 
vertidos en egercicios militares y gimnásticos , el 
tambor y el pífano en vez déla campana, los can- 
tos religiosos y monárquicos, en vez del rezo tris- 
te y monótono de un mal compaginado catecismo, 
y los paseos históricos y los paseos sentimentales 
y cristianos , en ve£ de las salidas de dos en dos 
con las manos cruzadas , la vista por el suelo y 
el escolapio á la cabeza con la cana. Todo era ac- 



(1) Memorias del príucipc de la Pai, tom. 5.®, pá- 
giua 5. 



283 

cion en esta escnéla , todo tenia grandeza y todo 
daba estímulo. Los objetos de la enseñanza se re- 
mudaban con tal arte, que á una tarea que se acá- 
baba, la que yenia detras era como una especie 
de descanso..... La religión entraba en esto como 
ona parte eaencialísima , y la enseñanza de esta 
en toda la pureza de sus fuentes y de su principal 
objeto, que es la moralidad de las acciones (i). ^ 
Se acudid á los ayuntamientos, á las socieda- 
des patrióticas y á los principales cuerpos litera* 
ríos, pidiéndoles maestros y otros sugetos instrui- 
dos que concurriesen á aprender , ó á presenciar 
este nuevo método de enseñanza. Hasta cien indi- 
viduos de estas clases , personas las mas de ellas 
muy notables por su posición social , por sus ta- 
lentos y su ciencia , quisieron tener entrada en el 
instituto; pero no fue posible admitir á todos á 
un tiempo, porque un escesivo concurso podia 
perjudicar á la enseñanza. Planteáronse estos ins- 
titutos en varias capitales de provincia , y se tra- 
taba de establecerlos en otras. Celebráronse en 
Madrid exámenes en noviembre de 1 807 , los cua- 
les dieron á conocer los adelantamientos que ha- 
bian hecho los alumnos ; pero la invasión francesa 
y el alzamiento de la nación acaecidos poco des- 



(1) Memorias citadas, tom. 5.^ pag. 11. 



284 

pries , acabaron con este y otros establecimientos. 

Grande era á principios del reinado de Car- 
los III , con pocas escepciones , el atraso de los es* 
tudios destinados á difundir la ilustración en to-r 
das Jas clases del pueblo, y á los cuales se da hoy 
el nombre de enseñanza intermedia ó secundaria. 
Eli España no faltaban establecimientos de esta 
clase, mas ó menos provistos de cátedras: algu- 
nos traian su origen del siglo XVI, otros del XVII 
y XVIII (i). Los principales y mas adelantados 
eran el seminario de nobles de Madrid , del ^üe 
bable en el capítulo anterior, el de Vergara y los 
esludios de san Isidro. 

La fundación del seminario de Versara se de- 
bió al celo del conde de Peííaflorida , quien ade- 
mas de haber enviado i sus hijos á Paris y otros 
paises estrangeros para que se instruyesen en las 



(1) En 1538 fundó el colegio de Baeza Rodrigo Lopes 
con rentas propias: actualmente es colegio de humanida- 
des, de patronato real delegado. El de Monforte de Le- 
mus, fue fundado en 1593 por D. Rodrigo de Castro, 
cardenal y arzobispo de Sevilla, descendiente de la casa de 
Lemos. Los jesuitas ensenaban en este colegio primeras le- 
tras latinidad y filosofía; pero después de su espulsion 
acudió á S. M. la condesa de Lemos entonres patrona, pi- 
diendo en calidad de tal las reutas de los espulsadds para 
plantear un nuevo seraiuario. Instituyóse en efecto con el 



285 

ciencias naturales, no descansó hasta ver plan* 
teados aquellos estudios, que tantos benrCcíos re- 
portaron á la juventud española. Dábase allí una 
esmerada educación, y los alumnos rccibian sólidos 
conocimientos en humanidades, ciencias exactas y 
naturales , sin contar otras útiles enseñanzas. 

Felipe rV fundó el establecimiento de ios es- 
tudios de san Isidro en Madrid con veinte y tres 
cátedras ;á saber: de lenguas sabias, humanidades, 
matemáticas, filosofía natural, &c. Encargáronse 
los jesuítas de aquellas enseñanzas por escritura 
qne celebraron con el rey, reservándose este el pa- 



titulo de Real Seminario de Monforte con ocho maestros, 
dos ie primeras letras, dos de gramática latina, dos de filo- 
gofia, uno de teologia escolástica, y otro de moral. Poste- 
riormente se convirtió en colegio de humanidades , y co- 
mo tal subsiste en el día bajo el patronato de la casa de 
Benvik. 

En el siglo XVII se fundaron el colegio de Sacromon- 
te de Granada, y el de san Bartolomé y Santiago con es> 
ludios de filosofia y teologia; el de Cabra en el reino de 
Córdoba, convertido hoy en colegio de humanidades; el 
de san Nicolás de Barí en Bilbao , que mantiene por tér- 
mino de seis auos á seis niños huérfanos, nacidos y bau- 
tisados en seis pueblos de la provincia, instruyéndolos en 
la doctrína cristiana, lectura, escritura, aritmética, lati- 
nidad y música , y les da auxilios en la carrera á que se 
dediquen. Otros establecimientos antiguos hay de esta cla- 
se, que son menos conocidos, y de los cuales no doy ra- 
lon por no alargar mas esta nota. 



¿86 

tronato de los estudios. Suprimidos los regulares 
de la compañía , estuvieron aquellos cerrados has- 
ta que el rey Carlos III, mando abrirlos bajo nue- 
va planta en julio de 1768, con cátedras de lati- 
nidad , retoricar, poética , lengua griega , hebrea j 
árabe , matemáticas, derecho natural j discipli- 
na eclesiástica. ^ 

En la misma época se fundaban en Madrid 
cátedras sueltas de ciencias exactas , físicas j na- 
turales. Las sociedades patrióticas, siguiendo el 
benéfico impulso del gobierno , establecian también 
en algunas provincias enseñanzas de economía po- 
lítica , de dibujo y otros conocimientos útiles á la 
industria ; con lo cual se iba generalizando la ins- 
trucción, y el apego á aquellos estudios. Faltaba^ 
sin embargo 4 un sistema que uniformase y diri-^ 
giese bien los establecimientos de segunda enseñan- 
za; cada uno de los cuales se gobernaba por un 
método y'reglamento particular; resultando de aquí 
la falta de unidad y principios homogéneos, tan 
necesaria para producir buenos resultados. 

El gobierno quiso también mejorar en las uni- 
versidades, asi los estudios preparatorios ó de se- 
gunda enseñanza , que estaban en un lastimoso 
estado, como el de las facultades mayores. Al in- 
tento encargó á la de Salamanca , como la prin- 
cipal, que formase un plan de estudios. Hízolo así; 
pero como en ella prevalecia entonces el escolasti- 



2«7 

dsmo, resultó una obra en estremo defectuosa. El 
' consejo de CastHIa la pasó a su fiscal , que era el 
célebre Campooianes ; y á pesar de las rectifica- 
ciones que este hizo en su informe , adoptadas 
todas por aquel supremo tribunal , quedó todavía 
muy imperfecto el plan , que se publicó y man- 
dó observar en 177 1. Se adoptó provisional- 
mente para testo de filosofía el Goudin, mien- 
tras la misma universidad formaba un curso ele- 
mental de aquella facultad según había ofrecido, 
y no llegó á cumplir. ¿Qué filosofía podia ense- 
narse por el Goudin? ¿Gimo transigió en este 
punto Campomanes , después de combatir con 
tanta firmeza y acierto los grandes abusos que 
notaba en la enseñanza de la jurisprudencia civil 
y canónica? ¿Gimo en un tiempo de ilustración se 
sufrían tales desaciertos? ISo obstante, algo se 
adelantó con las correcciones de Campomanes: la 
catedral de propiedad de súmulas se substituyó con 
otra de elementos de aritmética, álgebra y geo- 
metría ; la de filosofía natural con otra de física 
esperimental ; y se suprimió-la llamada de/ísicos 
como inútil. 

Mejor se bizo algunos anos después en la uni- 
versidad de Valencia, cuyo rector, el señor Blas- 
eo( i) , acudió á S. M • en 1 3 de setiembre de s « 

(1) Era natural de Torrella junio á sajn * 



288 

manifestando, qué Banqueen ella se trabajaba con 
tino y aplicación , j $e hacian progresos en las 
ciencias , pudiera adelantarse mas en la enseñanza 
pública, variando el método antiguo que se seguia, 
y ordenándolo según las luces del tiempo. El rey 
tuvo á bien resolver que se variase interinamente 
el método de teología , según proponia el señor 
Blasco, y que este se encargase de ordenar el plan 
de estudios. Egecutolo así, y examinado con la 
mayor detención y escrupulosidad por una junta 
que nombró el rey presidida por el inquisidor ge- 
neral, y compuesta entre otros del señor Peres 
Bayer , del P. Rico y del P. Benito de S. Pedro, 
fue aprobado por S. M. , y mandado observar en 
20 de marzo de i7&7- 

Por aquel plan se asignaron á la universidad^ 
que antes no tenia renta alguna , 2,000 pesos' 
anuales, 12,000 de pensión sobre la mitra, y 



tras estuvo en la corte, *le encargó el rey varias comisio- 
nes en negécios graves y difíciles, que desempeñó con' el 
mayor celo é inteligencia, entre otros el arreglo de los es- 
tudios de san Isidro, y el método de estudios para los car- 
melitas descalzos, publicado á nombre de su general, en 
que dio pruebas de su vasta literatura, maduro juicio, 
moderación y acrisolado gusto. Biblioteca valenciana, por 
don Justo Pastor Fuster, tom. 2.®, pág. 363. 



291 

usUbteeieron itu tixtAtn» ir 
i (ubLa bpdio pin^rrou rti vi 
imo^ itiiltqué lialilnnili) «le U 



en eiIe ramn loi lüitorr* ( )i • 
Bl priotero ¿«puna Ait \>»\>tt 
ptbietno por nríui p«iuu «f 




de él se hizo en la citada Biblioteca valenciana (i). 

En el último ano del reinado de Carlos IV, 
publico el gobierno uñ nuevo plan de estudios, del 
que hablaré cuando haya acabado de referir los 
adelantamientos que hicieron las ciencias bajo la 
dominación de Carlos III y de su hijo , debidos á 
la protección del gobierno , y á las apreciables 
tareas de algunos individuos. 

Para fomento de las ciencias naturales se 
fundaron el jardia botánico, y el gabinete de his- 
toria' natural. Este último tomó su origen en el 
reinado de Fernando VI con la colección de mu* 
chos artículos que se pusieron bajo la custodia y 
dirección del sabio Bowles ; pero habiéndose for- 
malizado en tiempo de Carlos III el proyecto de 
establecer definitivamente el gabinete, se presentó 
al rey ofreciendo el suyo particular, que era muy 
copioso, el americano D. Pedro Dávila. Aceptó 
el rey la oferta, y le nombró director con 6o3 rea- 
les de sueldo. El gabinete de Madrid es uno de 
los mas preciosos de Europa , y el mas completo 
en minerales (2). 

También es fundación de Carlos IIK>el jardin 



i . 



(1) Tomo 1,^ desde la pág. 358 en adelante, 

(2) £1 Sr. D. Juan Mieg , profesor de física y quími- 
ca en él Wal palacio ,' en una óbrila intitulada , Paseo por 



agí 

, donde se establecieron dos cátedras de 
aquella ciencia « que había hecho progresos en el 
reinado anterior , como^ indiqué hablando de la 
Florade Quer(i). 

Distinguiéronse en este ramo los señores Or* 
tega y Cavanilles. El primero después de haber 
viajado á costa del gobierno por varios países es* 
trangeros» con objeto de recoger las noticias nece- 
sarias, para el adelantamiento de las ciencias na- 
turales en este reino , trajo una precíosa|colecc¡on 
de instrumentos 7 máquinas; trató y dio á cono- 
cer al ministerio á varios sabios estrangeros con 
el fin de que nuestra¿nacioo , los admitiera en su 
seno para aprovecharse de sus luces ; y promovió 
el establecimiento del jardín^ botánico. Escribió 
con D. Antonio Palau y Verdera « siendo ambos 
.catedráticos de aquel jardín, un curso elemental 
de botánica , y fué ademas autor de otras obras, 
cuyo catálogo puede verse en la Biblioteca de los 
mejores escritores del reincido de Carlos IIJ^ 



T* 



el gabinete]! de'Jtiistoria [natural de Madrid, da razón de 
los principales objetos de Koológia de tan apreciable co- 
lección. 

(1) Aunque esta obra se publicó en 1762, i*einando 
ya Carlos III, su autor pertenece propiamente al reinado 
de Femando VI , en el que estudió y debió de escribirla. 



del seaorSeinpere(i). Era también él senor Orte* 
ga escelente latino, y buen buroanísta. 

£1 señor Cavanilles empezó en 1 791 á recor- 
rer la España de orden del rey , para examinar 
los vegetales que en ella crecen* **Creí, 'dice, en 
sus observaciones sobre la bístoria natural del rei«* 
no de Valencia (2), que podrian ser mas útiles 
mis viages si á las observaciones botánicas ana- 
dia otras sobre el reino mineral , la getígi^afia y 
agricultura ; puesto que apenas teniamos cosa al- 
guna sobre la posición y naturaleza de los montes; 
la geografía estaba may inexacta por punto gene- 
ral, y se ignoraba la verdadera población y frutos 
de las provincias , como también las mejoras que 
en todas ellas podia recibir la agricultura, fuente 
inagotable de abundancia y felicidad." El nom- 
bre de este célebre naturalista es bien conocido en 
Europa. 

La Flora peruana de los seSores Ruiz y Pa- 
vón, honra no menos á los sabios autores de esta 
preciosa colección que al gobierno español , á cu- 
yas espensas se hizo esta espedieion científica en 
la América meridional. También se egecutaron 
otras en la ' América septentrional bajo la di- 



(1) Tom. rv, art! Ortega, pág. 156. 

(2) Dos toms. fol. impresos con lujo y bellas estampas. 



293 

.reccion de los señores Mutis , Scssc y Mocino, 
qae produgeron felices resultados para Ids progre- 
sos de la ciencia. 

No adelantaba menos que la botánica la agri- 
cultura, estimulada por el celo del gobierno y de 
las sociedades patrióticas. -Coatrlbuian también á 
mejorar su estado los esfuei^os que empleaban 
'muchos particulares ricos para perfeccionar el 
cultivo de los campos con los descubrimientos mo- 
dernos. A este mismo fin se encaminaban los lu- 
minosos escritos que sobre esta materia se publi- 
caron, asi en el reinado de Carlos III , de que da 
razón el señor Sempere(i), como en el de Carlos 
IV , según puede verse en las Memorias del prin- 
cipe de la Paz {i\ 

En el seminario de Vergara de cuya funda- 
ción hablé mas arriba, se establecieron cátedras 
de química y metalúrgica , dotadas por la muni- 



■»»i I * 



(1) Biblioteca española, tora. 1.^ pág. 183; 2.^ pá- 
ginas 36, 54, 109, 185; 4.^ páginas 87 y 160: 6.^ 128, 
y en los artículos de las sociedades económicas. 

(2) Tom. 2.^ cap. 46, pág. 289; 3.^* pág. 356 , donde 
habla del Semanario de agricultura y artes que á la sa- 
son se publicaba; y tom. 5.^, pág. 30 y siguientes, donde 
trata del estaUecimiento de institutos normales de agrí«' 
cultura práctica en todas las provincias , y del jardw* 
aclimatación de Sanlucar. 



ficencia de Carlos Iircon 3o3 reales aiHiales para 
salarios de maestros ,^69 para los procedimientos 
químicos y metalúrgicos y 33 para la formación 
y manutención de un gabinete mineraldgioo(i). 

Coa estas cátedras y las de fisica y química 
establecidas en .Madrid, se fue generalizándola 
afición ¿restos estudios 4 siendo muy notable el ar*- 
^or con que los cultivaban algunos individuos de 
la mas alta nobleza. El Excma Sr. marqués de 
Santa Ccus, que hallándose en París concurrió 
con su hi)o primogénito á la escuela de física de 
Mr. Sígaud de la Fond , cuando regreso á Espa- 
ña hizo traer de Paris una colección de máquinas 
e instrumentos, y estableció en su misma casa una 
escuela, donde dio un curso completo de física 
esperimental el señor don José de Viera y Clavijo, 
ayo del hijo primogénito de la casa (2). 

ISo siendo de esperar los debidos progresos 
en las ciencias físicas , i$in que les acompañen los 
de las artes, sus ausi liares, el gobierno estableció 
por orden de 25 de febrero de i794« un taller 
agregado al observatorio , de instrumentos astro- 



(1) Sempcre, Biblioteca, tona. S.^* pág. 176. 

(2) Este mismo Sr. Viera es el autor de los elog^ios de 
de Felipe V y del Tostado premiados por la Academia es^ 
pañola, y de un poema didáctico en cuatro cantos titula- 
do: Los Ayres fijos. 



295 

ndmicos y fíaicos, y una enseñanza pública de 
todos aquellos principios de geometría astronómica 
y física , de que deben estar adornados los que se 
dedican á esta ingeniosa profesión. Con el mismo 
objeto se habia pensionado antes á don Carlos 
Rodríguez y don Amaro Fernandez, para que 
perfeccionando en Londres la habilidad de que te- 
nían dadas pruebas tan positivas , se pusiesen en 
estado de ensenar y dirigir los trabajos propios de 
estas artes científicas. 

Grande impulso se dio también al estudio de 
las ciencias médicas con el establecimiento en Ma- 
drid del real colegio de medicina , verificado en 
1795, que no tardo en ser una de las respeta- 
bles escuelas de esta ciencia en Europa, Hubo en 
él distinguidos profesores , no menos que en los 
otros colegios de medicina , y en las universidades, 
donde se habia mejorado mucho la enseñanza de 
esta útilísima profesión. 

Para el estudio de la astronomía tco'rica y 
práctica en toda su esteusion , se estableció tam- 
bién en el reinado de Carlos IV el cuerpo de in- 
genieros cosmógrafos, con las enseñanzas siguien- 
tes, aritmética, anaflisis'finita y geometría ; cálcu- 
lo infinitesimal , y fttlftiá*ica sublime ; trigonome- 
tría plana y esférica ¡ óptica en todas m» parles; 
astronomía sintética, astronomía pr^ for- 

mación de cartas geográficas y feoí 



296 

tcorologia y sus aplicaciones ; hidrostálica é hi- 
dráulica; astronomiá física; diseno j formación 
de planos. Para las observaciones astronómicas se 
compro en Londres un cscclente y costOvSO telesco- 
pio, construido bajo la dirección del famoso as* 
trdnomo Hcrscbel. 

A tan útiles establecimientos científicos débe- 
nos agregar el Depósito hidrográfico fundado en 
Madrid ; sobre cuyo origen , importante objeto, y 
progresivos adelantamientos , pienso detenerme 
acaso mas de lo que permitan los estrechos lími- 
tes de esta obra, ora por la grande importancia de 
este establecimiento, ora porque los trabajos be- 
dios en él son de los mas honrosos para la nacion« 
.y ya porque en el estado tan decadente de núes* 
tra marina, I conviene llamarla atención del go- 
bierno y del público á tan .aI(o obji^to, que en 
mas. felices tiempos constituyó una de las mayores 
glorias del imperio español. 

Para subir a), verdadero origen de una insti- 
tución tan importante, conviene recordar qu^ , el 
sabio don Jorge Jqan, comisionado por el gobier- 
no, paso' en compañía de si;i distioguidp CQn^pa- 
ñero don Antonio UlIoai,¿d|{^iprincipales nacio- 
nes marítimas de Europus^^pn el objeto de obser*- 
var atentamente su estado y progresos en la náu- 
tica, para proponer al gobierno cuanto juzgara 
digno de ponerse en planta eñlre nosotros. Las 



profondas observaciones de estos dos insignes mari- 
nos, y los vastos conocimientos que con ellas se 
adquirieron , dieron un grande impulso á los co- 
nocimientos náuticos en esta nación. 

Establecióse en Cádiz en 1762 el obseryato- 
rio astrono'míco, tan esencial para la prosperidad 
de la navegación ; hiciéronse iipporlantes espedi- 
ciones marítimas j descubrimientos geográficos, 
bidrográficos y astronómicos , especialmente en el 
continente de América; y en breve llegaron los es- 
panoles á competir con las naciones mas adelanta- 
das en la náutica. **£n el ano de 1789 , se dice 
en la Introducción al estado general de la real 
Armada del ano 1828(1), presento el gefe de 
escuadra , don Vicente Tofino el atlas de las cos- 
tas de EspaSa, que se le habia mandado levantar 
por comisión particular que el rey tuvo á bien 
confiarle , acompañando este trabajo ton un der- 
rotero muy circunstanciado y correcto. La conser- 
vación de las preciosas láminas en que estaban 
grabados estos primeros ensayos de nuestra apli- 
cación , pedia necesariamente que alguno se hiciese 
cargo de su deposito y de los estampados, como 
también de la reproducción subsiguiente de ejem-. 
piares para el servicio de nuestra armada j demaa 



■4 



(O §20. . .,.,^ 



298 

ñayegantes; y en efecto,* hubo yarias personas en- 
cargadas de este objeta Pero como en aquella 
época se hubiese dispuesto, de orden de S. M. ua 
viage de esploracion á los mares de Asía y América, 
con el fin de levantar cartas y planos de nuestras 
costas y puertos en aquellos domloios con toda la 
perfección conveniente ; y como poco después se 
emprendiera también igual trabajo en las islas de 
Barlovento, orillas dé Tierra-firme y Seno mejica- 
no, creció la necesidad de que hubiese facultativos 
especialmente destinados á reunir y coordinar este 
cúmulo de tareas y noticias para ilustración de la 
hidrografia española. , 

"De aqui nació la idea de que lo que solo 
babia sido hasta entonces un mero depósito de di- 
chos trabajos y noticias idebidas á la instrucción y 
cefa de diferentes sugetos. comisionados al inten- 
to (1), .pasase a ser una ojB.ci^a ó dependencia de* 
dicada á. su arreglo y publicación, y está fué una 
de las principales miras con que se estableció en 
1797 el depósito hidrográfico." 

Recibió este su completa organización, en 
1799 en virtud de una real orden, denominándole 



(1) El dep<Ss¡(o se estableció primeramente en la ralle 
de la Ballesta, y en él se recogieron las cartas del Mediter» 
raneo trazadas por el seíior TofíSo , las del Océano , y un 
gran número de planchas de cobre, de derroteros y carias 



299 

hidrográfica , y nombrando para auxi- 
liar del director, que á la sazón lo era el capitán 
de fragata don José de Espinosa Tcllo , dos ofi- 
cialeSt dos primeros pilotos , dos segundos y un 
pilotin. A fines de 1807 se nombró un bibliote- 
cario redactor* y posteriormente hubo otras alte- 
raciones. 

El director don Josc Espinosa , el teniente de 
fragata don Felipe Bauza , el alférez graduado 
don Juan Ferrer, primer piloto de la real arma- 
da, y los demás empleados del establecimiento, no 
solo fueron enlazando y publicando los trabajos de 
la espedicion al estrecho de' Fuca, y los de Malas- 
pina, sino que logrando ésactas e individuales no- 
ticias por medio de la correspondencia que man- 
tenian con otros depósitos estrangeros, y la ad- 
quisición de diferentes libros y obras elementales 
y preciosas ; trazaron y dieron á luz cartas de 
otros mares , distintas y provechosas obras , y 



para ir surtiendo á nuestros navegantes, asi en los depar- 
tamentos de marina , como en los puertos de mar : cou esto 
motivo se hacian bastantes adelantamientos » MÍ te la fai~ 
drografía y la náutica, como CA ]a*^ñavegado* y^^ 
Todo estaba á cargo de un oficial &ciilUltiv* 
el señor don José Vargas y Ponce»" 
literato. Mercurioj^de España | mtí^ 



3oo 

promovieron espediciones españolas sobremanera 
convenientes á los rápidos adelantos de la hidro- 
grafía (i). 

En 1 8o 4 se trasladó la dirección hidrográfica 
á la casa que hoy ocupa en la calle de Alcalá, j 
que le fué cedida por el rey, como también una 
gran parte de libros estrangeros de la facultad 
náutica; de modo que con estos y con los que 
acopiaba la dirección, llego á formarse una selec- 
ta biblioteca. Conservábanse también en ella una 
multitud de escritos, mapas, derroteros, planos, 
.diarios y otros apreciables manuscritos de célebres 
autores y navegantes españoles; siendo este un es- 
tablecimiento científico y literario útil para la na- 
ción, y honrosísimo á la marina española (2). 

¡Cuántas obras pudieran citarse de nuestros 
sabios marinos, si esta fuese una obra destinada á 
dar razón de todas las tareas individuales! Fio pa- 
saré sin embargo en silencio, las de algunos que 
especialmente se distinguieron : tales son , el Tra- 
tado de navegación , la colección de tablas para 



(1) Mercurio citado de setiembre de 1825. 

(2) G>n la invasión de los franceses se interrumpieron 
los trabajos de tan útil y distinguido establecimiento; pero 
becba laipaz volvieron á continuar como antes. A este pro- 
pósito me ha parecido oportuno insertar aqui el siguiente 



3o í 

uso de ella , j los Métodos para calcular la longi- 
tud en el mar por las diferencias lunares, que pu- 
blico D. Jo5C Mendoza de los Rios; la Memoria 
sobre el cálculo de la latitud del lugar por dos al- 
turas de Sol, obra de D. Dionisio Alcalá Galiano, 
las reflexiones sobre las máquinas y maniobras del 
uso de á bordo, por D. Francisco Ciscar; la espli- 
cacioD de varios métodos gráficos para corregir las 
distancias lunares, y resolver otros problemas de 



resumen comparativo de la existencia de buques en los 
auosde 1790 y 1808. 

En 1790. En 1808. 

Navios 76 42 

Fragatas 51 30 

Obrbctas 6 20 

Ur¿as iJ 15 

Jabeques 15 4 

Balandras 10 10 

Bergaiiliiies 31 50 

Paquebotes 5 < 

Lugres 2 1 

Goletas 7 38 

Patacbes 5 >» 

Galeras 3 2 



• ■ I 



Galeotas 4 9(' 

Lancbas de fuersa • • 3 

Balauxes • » 

Místicos » 

Esquifes » 



• • • f •. 

• « •. • ' 

• • • 



■ « 



302 

la astronomíii náutica , la Mismoriá elemental so- 
bre los nuevos pesos y medidas decimales, la Es« 
posición de los principios del cálculo , y las notas 
y adiciones al examen marítimo de D. Jorge Juan 
por D. Gabriel Ciscar; los Rudimentos de táctica 
naval por D. José Mazarredo ; y la Táctica níaval 
de D. José Solano Ortiz de Bozas. 

El estud io de la geografia recibid notable im- 
pulso con la publicación que hizo el geógrafo don 
Tomas López de sus mapas, y de los Principios 
geográficos aplicados al uso de ellos. Aumentóse 
en el reinado de Carlos IV la aplicación á esta 
ciencia, que cultivó felizmente el malogrado don 
Isidoro Antillon, publicando su apreciable com- 
pendio de la geografia de España y Portugal , sus 
Lecciones dé geografia, y las cartas esféricas del 
Occéano atlántico , del gran golfo de la India , del 
Báltico y los reinos que baSa,con las memorias 
que acompaSan á ellos. Posteriormente hizo pro- 
gresos la ciencia , sobre la cual se publicaron otras 

obras estimables. 

ISo fueron menos atendidas las ciencias mora- 
les y políticas que cultivaron con felicidad algunos 
distinguidos sugetos en los dos reinados de Carlos 
III y su hijo. Al frente de ellos descuelU por su es- 
traordinario celo, vastos conocimientos, y útilísi- 
mos escritos el señor Campomanes , que desde su 
nombramiento de fiscal en el consejo de Castillai 



3o3 

no empleó sus taureas sino en promover la indus- 
tria , la educación del pueblo j la reforma de los 
estudios. Profundo jurisconsulto, hermanó el estu- 
dio de las le jes patrias con el de la economía pú- 
blica , tan descuidada entre nuestros legistas, sin 
advertir que la ignorancia de esta ciencia habia 
producido grandes errores en la legislación. 

Campomanes trató de ilustrar ál pueblo en dos 
luminosos discursos ; uno sobre el Fomento de la //i- 
dusiria popular ^ y otro sobre la Educación popular 
de ios artesanos y su fomento ; y para ampliar sus 
ideas publicó luego un apéndice dividido en cuatro 
partes que forman otros tantos tomos. En el i .^ re- 
imprimió varios tratados económicos de D. Miguel 
Alvarez Osorio escritos entiempo de Carlos II, como 
ya tengo dicho anteriormente, y un epítome de los 
discursos de Francisco Martinezdc Mata. Acompa- 
ñan al testo muchas notas del señor Campomanes 
sumamente apreciables por los datos , noticias 
económicas y atinadas observaciones que contie- 
nen , $i bien no toda la doctrina contenida en ellas 
es conforme a los adelantamientos que después fai 
hecho la ciencia económica. 

Los demás toinos del apéndice comprenden va- 
rios discursos sobre fábricas, esctiéUc patrióticái, 
legislación gremial de los artesanos ^ ¡ ac- 

tivo de la nación, y ademas una o • 

principales cédulas , decrctof i 



3o4 

providencias espedidas en el reinado de Carlos III, 
á favor de las manufacturas y del comercio. Se 
dan también á conocer varias obras estrangeras 
relativas á las artes j oficios; y por último, se 
inserta el Memorial de Francisco de Mata en 
razón del remedio de la despoblación^ pobreza y 
esterilidad de España; la mejor obra de econo- 
mía política que se escribió en el siglo XVII en 
España, y acaso en Europa , como dice muy fun* 
dadamente el señor Sempere(i). 

Pero las obras en que el señor Campomanes 
acreditó sus profundos conocimientos en la legis- 
lación y la historia patria, fueron el Juicio impar- 
cial que trabajó en unión con el conde de Flori- 
blanca, siendo los dos fiscales del consejo, y de que 
ya di noticia, en el capítulo 5.^; y en especial la 
que lleva por titulo: Tratado de la Regalía de 
la amortización^ En e'l investiga desde su origen 
el uso de la aut9r¡da4 ciyil en los bienes raices 

vía ■ • 

transferidos á las iglesias y comunidades;, la prác- 
tica que han seguido fuera de España los prínci- 
pes seculares^ para poner coto a la enagenacion de 
aquellos bienes raices; y los trá^^it^ progresivos 
de la regalia de amortización. pi) España con dis- 
tinción de provincias y de tiempos : tarea impór- 



(4) Biblioteca, tom. 2P pág. 92. 



3o5 
tantísima sobre una de las caestiones mas vitales 
de la sociedad , llevada hasta la evidencia con 
abundantes hechos históricos, y el mas vigoroso 
raciocinio. 

Tratóse también en el feliz reinado de Carlos 
III de reformar nuestra legislación penal ; cn-^ 
cargo importante que confió el celoso é ilustrado 
ministro Roda al consejo de Castilla. Dio este co-* 
misión al señor Lardízabal para que formase un 
estrado de las leyes penales de la Recopilación, 
añadiendo las concordantes de todos los demás 
cuerpos legales de España. Ademas de haber des- 
empeñado este encargo el señor Lardízabal con 
el mayor acierto , publicó un Discurso sobre las 
penas contraído á las leyes criminales de España, 
para facilitar su reforma, obra pequeña si se atien- 
de al volumen , pero de gran mérito y trascen- 
dencia, considerando su objeto y atinada ejecución. 
En ella determina con filosófica precisión la natu- 
raleza de las penas, el objeto de ellas, las calida- 
des que deben tener para ser útiles y convenientes, 
la justa proporción entre las mismas y los delitos, 
con otras cuestiones filosóficas del mayor interés. 

'Algunos anos antes habla publicado en latín 
el jurisconsulto Acevedo, bibliotecario de los Es- 
tudios de S. Isidro , su escelente diaerli '^bre 
]a tortura, en que ademas de demostra 
contraria á los derechos de l# 
Tomo IF. 



3o6 

mas solemnes pactos de la sodedad« toca otras im- 
portantes cuestiones de derecho natural y de gen- 
tes, manifestando la necesidad de enlazar esle es- 
tudio con el de la moral ( i ). 

£1 mismo ano en que publico Acebedo su pre- 
cioso tratado, daba á luz el abogado don Juan 
Francisco de Castro el 3.^ y último tomo de su 
obra intitulada: Discursos críticos sobre las leyes 
y sus interpretes (2). Aunqfieesla obra filosóGca* 
mente considerada, no sea de las mas aventajadas, 
contiene, sin embargo, mucha j buena doctrina, 
sobre todo en el punto ú objeto principal de ella, 
que es el de hacer patente la falta de un cuerpo 
metódico de leyes, jr la urgente necesidad de acu- 
dir al remedio de un mal de tanta trascendencia. 
También trato el autor con bastante acierto la cues- 
tión de mayorazgos, y las consecuencias que han 
producido on el suelo español. 



(1) El señor Sempcre asegura haber visto en la biblio- 
teca del señor don José Miguel de Flores otra obra de 
Accvcdo, que á su parecer no estaba concluida , y cuyo tí- 
tulo era : Idea de un nuevo cuerpo legal. Véase el estrac- 
to que hace de ella en el tomo 1.^ de su Biblioteca , página 
80. El tratado de la tortura está traducido al castellano 
por el celebre D. Casimiro Ortega. 

(2) ISo debe confundirse este Castro con otro del mis- 
mo apellido, canónigo de Sevilla, defensor de la tortura, 
conlcmporáneo del sciior Lardizabal» con quien tuvo con- 
testaciones sobre la materia. 



3o7 

Las Instituciones del derecho ciyil de Castilla 
publicadas en ijjf porlos señores Asso y Ma- 
nuel, abrieron camino en la enmarañada selva de 
nuestra jurisprudencia , por donde los jóvenes de- 
dicados á esta profesión pudiesen adelantar con 
menos fatiga. Verdad es que no era aquel un li- 
bro elemental completo 7 filosófico, como se nece- 
sitaba ; pero por lo menos estaban tratados metó- 
dicamente los elementos del derecho* y en la rese- 
na histórica que precede á ellos , se daban á los 
jóvenes las indispensables noticias de nuestra an- 
tigua legislación. 

Publicaron también los mismos autores , y en 
ello hicieron un gran servicio , el Fuero viejo de 
Castilla^ con un discurso preliminar sobre el ori- 
gen y el autor de las primeras leyes de este fuero; 
y el Ordenamiento hecho en las Cortes de yUca* 
/a, con otro discurso preliminar, describiendo el 
estado en que se hallaba la legislación de España 
en el reinado de D. Alonso XI « y los esfuerzos que 
hizo este monarca para dar á las leyes el vigor 
que no habian tenido en los reinados anteriores. 

Cultivábase entonces mucho el estudio de nues- 
tra antigua jurisprudencia , habiéndose aumentado 
los medios de instrucción con las copiosas colec- 
ciones que se habian hecho de cuadernos de Cor- 
tes, ordenamientos , pragmáticas , fueros generales 
y particulares , debido todo al reconocimiento que 



3o8 

se había hecho de nuestros archivos por encargo 
y comisiones de los reyes D. Fernando VI y Car- 
los III. Por otra parte, el estudio del derecho na- 
tural se hallaba ya planteado en algunos puntos, 
según dige mas arriba ; y las lecciones del Sr. Ma- 
rín , que anotó la edición hecha en Madrid del 
derecho natural A^ Heineclo, propagaban en la 
capital de la monarquía estos conocimientos tan 
importantes. 

No permitiéndome los límites de esta obra 
hablar de otros escritos y autores de menor nom- 
bradla, cerraré este catálogo con la mención fao-. 
norífica de dos ilustres magistrados, célebres lite- 
ratos y grandes amigos, Jovcllanos y Melendez. £1 
primero muy superior al otro bajo el concepto de ju- 
risconsulto, adquirid una estraordinaria reputación 
con su Informe sobre ley agraria , de que ya ba-^ 
ble aunque ligeramente, tratando de las sociedades 
económicas. Es esta obra una de las pocas de este 
género, que podemos llamar clásicas, asi por la 
nobleza del estilo y propiedad de las frases, como 
por la maestría con que está desempeñado el asun- 
to principal. 

Tratábase de subir á la indagación de las 
causas que mas habian influido en el desaliento 
de nuestra agricultura, para remediarlas. Pedíanse 
por muchos nuevas leyes , sin considerar, como 
dice el señor Jovellanos , que las causas de aquel 



3o9 
atraso y clesaHénto estaban por la mayor parte en 
las leyes mismas, y que por consiguiente no debía 
tratarse de multiplicarlas , sino de disminuirlas; 
no tanto de establecer leyes nuevas, como de dero- 
gar las antiguas. Las leyes solo pueden favoreced 
á la agricultura animando la natural tendencia de 
la misma hacia su perfección. Este favor no tan- 
to estriba en prestarle estímulos, como en remover 
los estorbos que retardan su progreso: en suma, 
el único fin de las leyes respecto de la agricultura, 
debe ser proteger el interés de sus agentes, sepa- 
rando todos los obstáculos que puedan obstruir su 
acción y movimiento. 

He aqui el gran principio de donde partió 
este ilustre sabio ; y apoyado en él , se dedica á 
investigar profundamente aquellos estorbos, que 
reduce á tres clases, á saber; estorbos políticos ó 
derivados de la legislación ; estorbos morales d de- 
rivados de la opinión ; obstáculos físicos o dimana- 
dos de la naturaleza. En este examen es donde 
campean el talento perspicaz, y el saber profundo 
del escritor. Nada se escapa á su penetración ; la 
mesta, la amortización civil y eclesiástica, los bal- 
dios,' las tierras concegiles , las posturas , la aber- 
tura de las heredades Pero no me es dado cs- 

teüder mas el análisis : la obra está en manos 
de todos, y una simple lectura de ella producirá 
mas efecto que mis encarecidos elogios. TSo hablo 



■\ 



3io 
de otras tareas jurídicas del ¡lastre Jovellanos, 
porque al lado de esta perderían uiucho en repu* 
tacíon(i). 

Melendcz nó era ciertamente un profundo le- 
gista como Campomanes y Jovellanos, pero se dis- 
tinguid en la elocuencia forense con sus Discursos^ 
que aun en cl ¿lase Icen con interés, por su ani- 
mado estilo y arreglada composición. En esta par- 
te aventajo á Campomanes, que nunca fue elocuen- 
te, y aun al mismo Jovellanos, de quien no tene- 
mos una oración de esta clase, que pueda compe- 
tir con las de Melcndez. 

Amigo de los dos, y digno de estar al lado de 
ellos, fué el conde de Cabarrús que tanto se dis- 
tinguió en la ciencia econo'mica , como acreditan 
sus Cartas^ su elogio del conde de Gausa y otros 
escritos, por los cuales se vé cuanto trabajó para 
fomentar la prosperidad , mérito relevante que le 
hace acreedor á ser contado, aunque estrangero, 
entre los ilustres varones que honraron á la na- ' 
cion en el siglo XVIIL • 

Después de tantas tareas científicas el minis- 
tro Caballero publicó en 1807 un nuevo plan de 
estudios, descartando de la facultad de jurispru- 



(1) El señor Jovcllanos fundó cl Instituto cantábrícOi 
de cuyo estado actual se hablará mas adelante. 



3ii 
dcDcia el deredio natural y At gentes, el deredio 
público , j otros cooocimicDtos indispeiua bles al 
buco legisla. Verdad es que se dismiuujo por 
este plan el oúmcro de las universidades , que en 
la facukail de filosofía se establecieron cátedras 
de matemáticas , física , química , astronomía é 
historia natural, y que se hIcIcroD algunas otras 
mejoras; pero existiendo yz el plan de 17S6 da- 
do á la uolversldad de Valencia, no redunda en 
gloria de aquel miuislcrio una obra que á lo mas. 
puede considerarse como mediana comparada con 
el plan de 1 7 7 i { 1 ). 



(1> n í'rinr ii-e Af la Partaagura u. el ioa,„ /, 
.u» Memoria. , y.- I ■ ^ .¡.n .1,, ;;i-¿ 
culmte (iliiu dr 
luso noiJie ^ai 
Sueno sería i¡i 
que nadie MÍK de 




|SBB5F5SSpSC?SB!SS!piSSji5 SHr^^'T iiS¡55?^iiM»-^»i>^S^S»«i««w^^M^ 



CAPITULO XVII. 



progresos de U literatura y de las bellas artes, en el siglo XVIIl y 

priacipios del XIX. 



fil impulso se había dado ya en los reinados 
anteriores, y la literatura debía seguir rapu 
mente el movimiento progresivo de las ri 
bajo la dominación de Garlos III. Los ttti 
^ran poderosos; un gobierno iloftrado 
nientába las artes j las ciencias; 
dad en el comercio y la indatftni^^j 
tada en los tribunales ; los tei 
za patentes en el gabinete de 1 




«D todo e. r**:ni.; f. clmc iu;atiriti^lr ác Ifls 5%vc- 

bt, auiera se Lari¿ sentir; rcprim!(]o cI 1<»na- 
. resplandedcDúL ¡a antorcha cicla filoso! :.^. . 
hé aquí ui. uermoso campo para los ingoniivs, im 
lala^üdo parvezúr para las musas. 

La historia espaiíola no contenta ya con des- 
terrar las fábulas y referir con verdad los sihT.vos 
políticos, aspiraba á invcsiigar con ospiVitu liloso- 
fico las mas graves cuestiones del oslado , a d;ir w 
cooooer las leves, el gobierno, el «i.sloma do li.i 
dcnda y de guerra, las letras, las arlos, la rul 
tora en fin de la nación española. I\>(o so propn 
io elantor de la Historia criticado l\.^|>aMa. -«M.-is 
deu, dice Mr. Depping (i), es el primor o>paiuil 
que ha acometido la grande empresa do r.Miiliir 
la historia de España con juicio critico, acoiim 
dándose á los adelantamienlos que ba InuLo I.-* 
ilustración en estos últimos tioiMjK>s. W ti.il).-ijii <¡o 
este sabio forma época en la liioratura empano!.!, 
■Lv ha dado nuevo lustre á la bi^toria general de 

i k — 

W! Alte apncublc autor cstran^oro, niuy atUito »i 
pscoiafti ha escrito tamliiou una liistori.i «lo l'>|i.i- 
ue inromplcla, y liabla asi ilc Masdou eu oí l-n 
t>ibliuleca históriía de E.^paria f^ur protivli' a 




/ 



3i4 

España, d por mejor decir, á la nación misma; 
porque Masdeu es el único en cuya obra se her- 
manan Ja historia de los pueblos y de la civili- 
zacion, con la historia de los gobiernos, que pare- 
ce haber sido el único objeto de otros historia- 
dores.» 

La imparcialidad sin embargo exige que re- 
bajemos algo de aquel escesivo elogio. Masdeu no 
se hallaba en la mejor situación para escribir la 
historia de España durante la dominación de los 
árabes; porque desterrado como jcsuita de esta 
nación, no podia reconocer sus archivos, ni la 
autoridad de Casiri era una guia segura , según 
dice el señor Conde en el prólogo de su historia de 
la dominación de los árabes. Masdeu ademas no 
hace profundas investigaciones sobre el estado po- 
lítico y econo'mico de España en las diferentes épo- 
cas que abraza su historia, ni pinta los caracteres 
y sucesos coa el pincel vigoroso de Mariana. 

Por lo demás escribid con diligente puntuali- 
dad los sucesos acaecidos durante la dominación 
de los romanos y de los godos, dando bastante 
razón de la cultura española en aquellas dos e'po- 
cas; porque ademas de los materiales que enconlrd 
ya acopiados en Florian de Ocampo, Morales 
Mariana y otros historiadores, consultó los auto- 
res latinos que trataron de España, y aclard con 
su perspicaz ingeniou muchos puntos dudosos. HI-- 



3i5 

el eminente servicio Je combatir las 
opiíüones ultramontanas acerca de las cscesivas 
pretensiones de Roma , defendiendo la prerogati- 
va real, j la pureza de la disciplina eclesiástica de 
España en los primeros siglos. 

A la clase de obras filosóficas pertenece tam- 
lien la Historia política de las naciones euro- 
' peas (i). Aunque no pueda considerarse como ori- 
ginal en el fondo, por haberse escrito sobre la del 
abate Reinal, sin embargo las alteraciones que 
Liio el autor para corregir los errores de aqurt. 
Jos apéndices qne anadió de propia cosecha, y v\ 
animado estilo con que supo espresarse, son uw^ 
ritos suficientes para hacer mención de ella, y no 
pasarla en silencio, como si fuese una mera tra- 
ducción. Su autor el duque de Almodovar, dis- 
frazado con el nombre de don Eduardo Malo de 
LuquCv tenia gran juicio y conocimiento en Uts 
negocios de estado, adquirido en las cujbaj;ul.is y 
otros deslinos de consideración que dcácujptnó con 
acierto. 

Su recto modo de pensar se manifiesta en el 
tomo 2. donde censura la dureza y confusión de* 
nuestras leyes crimínales, espresando su nrdiciiir 
deseo de la reforma de ellas. £1 api'ndice al Ulno 



^•cLa en 1784. 



3i6 

3. én que trata de la constitución Inglesa y de la 
compania mercantil de la India oriental, oCrece 
ínteres por la novedad de sus observaciones. Otro 
apéndice tiene sobre el estado polítíco-ccondmico 
de la Francia, donde se aprovecha de las obser- 
vaciones del ministro Necker sobre la administra- 
ción de las rentas, mezclando aquellas con otras 
suyas muy atinadas. 

Apreciable y útilísima es , aunque no esté es- 
crita con espíritu filosófico, la Historia del Real 
monasterio de Sahagun, por el P. Escalona, com* 
puesta sobre documentos originales de aquel an- 
tiquísimo monasterio. En ella se aclaran muchos 
sucesos importantes de nuestra historia eclesiásti- 
ca y civil. Acompánanla tres curiosos apéndices, 
el último de los cuales .es una colección de 826 
escrituras sacadas del archivo del mismo monas- 
terio, que empiezan en el ano de 9*0 4-i y acaban en 

el de 1475* 

No contento el maestro Florez con el ímpro- 
bo trabajo que le daba su grande obra de la Es- 
paña sagrada^ publicó sus Memorias de las rei- 
nas católicas^ adornadas con láminas de los tra- 
ges mas usados en cada siglo: también dio á luz 
el Viage hecho por^Ambrosio de Morales, de or- 
den de Felipe II, á León, Galicia y Asturias, 
ilustrándole con notas y una vida del autor. Y por 
último completó su obra de Medallas de las co- 






2¿?;o ..' — --• .L' sr:ii.:.i,... ■ i. ,. . i\>'ín.--i.-\ 
nie .:^'Mí^.— -í i,.i-;! .-- .. » ' .■..■-'i-i I,.;, 

■an ~s±lj .uní' "¡i ^ :i i... ..ii ■ i..ii>ii4 i .i 
.Die !n ;;!a ;r.j.,i;.niil 

-1.iniriiii"'i «ini.itn -n r^'M ii-iinri ( íu¡ 

tnria ii.-.iiir'.i [.r >• -i-.n ui-ii-i ' -'i .üii- -.íi j 

'iiLj. vm '.'ini:>:. 'íí'í íi- ji^hi "i i.i iiini.^ .,i - 
U.-'i:ri'L ÁJ «i!.; i.-.;í :.: ;.: ■:,.v: ::'x':i-. n..:. ii :: : 

i¿. •.ttr ^í U- ■■-■íL. '.'Lir:.,,. t :,{ l„ .; Mi,.c i,.; 



K ocupiW Ui Un uli.i.' i.ii. 



3i8 

bre los principales asuntos de la obra. Su repata- 
clon se ba estendído mucho fuera de España ; y 
los autores, asi nacionales como estrangcros, ban 
acudido á ella, siempre que se les ha ofrecido tra*- 
tar del antiguo estajdo de Cataluña , y de lá flo- 
reciente prosperidad de Barcelona en aquellos 
tiempos. 

£1 mismo ano en que Capmany'daba á luz 
sus Memorias, empezaban á publicarse las anti- 
guas cro'nicas de los reyes de Castilla, pensamien- 
to útilísimo que el rey católico don Fernando 
quiso llevar -á cabo, encargando la egecucion de 
el al doctor Lorenzo Galindcz de Carvajal , quiep 
solo corrigid y publicó la de don Juan IL A fi- 
nes del siglo XVII se dio la misma comisión al 
jurisconsulto y literato don Juan Lucas Cortes» 
que parece juntó gran copia de materiales para 
la obra 9 según dice el señor Llaguno, erudito 
editor y anotador de las Crónicas impresas por 
Sancha, de que estoy tratando (i)* Y aunque no 
llegó á verificarse aquella publicación, se ve por 
lo menos la importancia que se daba á esta obra« 
por la dignidad y gran mérito de los sugetos á 
quienes se hacia el encargo. 



(1) Prólogo á la Crónica del rey don Pedro, Uno 

de las Crónicas. 




xüimau 




320 

sobre el origen y patria de los godos, y. su mo- 
^narquía: el doctor Traggía su Ilustración del rei- 
nado de don Ramiro II de Aragón , e! Discurso 
histórico sobre el origen y sucesión del reino pi- 
renaico hasta don Sancho el mayor, y la Memo- 
ria sobre el origen del condado de Rívagorza, El 
juicioso crítico don Joaquin Antonio del Camino 
combatia el privilegio del rey don Ramiro sobre 
el voto de Santiago ; el erudito don José Cornide 
daba interesantes noticias de las antigüedades de 
Cabeza del griego , y el cultísimo don Vicente de 
los Ríos trabajaba su Discurso sobre los ilustres 
autores c inventores de artilleria que han florecí* 
do en España desde los reyes católicos. 

Estos trabajos, insertos en las Memorias de 
la Academia de la historia , y otros de esta apre- 
ciable colección, ademas de aumentar el caudal 
de los conocimientos históricos, contribuian á man- 
tener el interés y la constante aplicación á este 
ramo, el mas importante déla literatura, y que 
tan grata variedad ofrece en Espaiía, por las di- 
versas naciones que han ocupado su suelo* • , 
No hablare' del laborioso Gutiérrez Coro* ,í'^ 
nel (i) empeñado en dar un nuevo origen á lotijj 



(1) Historia del origen y soberanía del condadi 
reino de Castilla.* Madrid ^ año de 1785. 




031 
-Kyffs de Xspiña, as^nmnao ddc no desciroai-n 

de los godos . sino di: ios pnncipf.' \ duques de 
Cantabria , qnicees dude ios tinnQO^ mus auIt- 
^uos baLiao consemdosu auloridaü, sin Taulia»r 
ni dependaiciii Ji^nnuí- Farfi apoyar eue iiti(>To 
úslema te vaic de todas armas . iusta de los fai- 
■os cnmicoacf: y aunque ¿ nadie ha legado con- 
veuwr , acopia sin cmbar^i imponante^ notician. 
Tamliieu las iiay curiosas eu oira aiaa del mismo 
aator intiiuiada: DÍieTtacio:i liUtdrica cronolojnc^ 
y (^Qealuj;icá sobre Io£ jueces d-.' Castilb Nudo 
dtura ^' liaiii Calvo; asuuto ouc asiniistno tra- 
to el Ti. V. Fr Benito Uantejo ea su Díserta- 
áon sobre el principiD de la iodensodeocia do 
Cutilla y nberanía At sos condes desde Fernán 
Gtmxalez. inserta ai el tomo 3." de Iks Memorias 
dt la Academia. 

Ceaeíi^'ia {rrani^f bt::ieron a U literatura na- 
cioDal los ejitores de la Historia de Fsjtsña de 
Mariana, impresa por Monforl en Valencia eon 
lujo tipográfico (i| Las notas, obsorvacioncs m- 





(1) 

i «¿SI 


1 





322 

ticas, apéndices, y ensayo cronológico que acom- 
pañan á esta hermosa edición, esclarecen sobre* 
manera nuestros anales, acreditando el buen gus- 
to que reinaba entonces, y los progresos que ha- 
bia hecho el criterio filosófico en Espaiía. 

La Academia de la historia habia concebido 
el gran pensamiento de un diccionario geográfico 
histórico, para dar á conocer la situación, el ter- 
reno, las producciones naturales, la agricultura, 
comercio, industria, gobierno, población c histo- 
ria de todas las provincias del reino. Para la ege 
cucíon de tan grandiosa obra se necesitaba un 
grande acopio de materiales, y la concurrencia de 
luces de todos los individuos pertenecientes á aquel 
distinguido cuerpo; a todos los cuales se repartid 
una Instrucción sobre el modo de formar aquel 
diccionario. Parte de él se publicó en dos tomos 
4..^ mayor el ano de 1802; y es la sección pri- 
' mera que comprende el reino de Navarra , el se- 
ñorío de Vizcaya, y las provincias de Álava y 
Guipúzcoa. La egecucion correspondió á las espe- 
ranzas que se tenian concebidas de tan respeta- 
ble y docta corporación. La parte histórica sobre 
todo está desempeñada con el mayor acierto; y 
es ciertamente una pérdida para la literatura, la 
lentitud con que se procede en este importante tra- 
bajo. Si la academia le continuase con actividad, 
haria un gran beneficio al público, y agregarla 



333 

ao nacTO j glorioso lítalo i loe que y» tícoe ad- 
quinddi para sa jiula repatarioo. 

£1 Eoiayo del iluslrc Jonllanoc sobce laj re- 
preseaUcion» dramáticas j oCras dívwñooei pú- 
blicas , es digno del waajoe elogio por [a rívcza 
con que describe lot anlíguoc tonto», por d aní- 
inado ÍDteres coa qoe recaerda las costoabn» 
caballerescas, j por h ÍBportancia que da al ar- 
te dramálíco, prcMStindole bajo d aspecto snoral 
jr poh'ticOi ooe obMrraciooet profuodas, espiesa- 
das ea noble , cnérgíoo j agradat4e estilo- 
Entre los escritos faistóricoi del reinado de 
Carlos UI ocap* uo li^ar distíi^ido la vida id 
célebre pintor Mengs, por d Sr. Azara, en laque 
este ilustre bumanista j grao conocedor de la« 
artes , desentrañó oon Buestria el mérito de tao 
cmiocate artista . calificando con filosófica eucti- 
lud sui principales obras. Y aunque la rida de 
Cicerón . del inglés Midleton. no debiera tener 
aquí tugar por haberse esduido de esta rcsdU 
las traducciones ; no obslante , la que biso d se- 
«or Azara de aquella obra es tan clásica, que cor- 
re con el crédito de una producción origiaal , y se 



hubiera heth 

É 


1 DOtkble la omisioa de ella ( i ). 


Hit»— A>«r< <»< buen dogio fünelu- 

^^^ "~*AL*^''* '"* ""'S" *' ■'■'o 



324 

El Ensayo hístdríco-crílíco de la antigua le- 
gislación castellana escrito por el señor Marina, 
. para servir de introducción a la edición de las Sie- 
te Partidas hecha por la Academia de la Historia, 
es uno de aquellos escritos que mas honran á nues- 
tra moderna literatura. Las esquisitas noticias que 
contiene , el fino criterio con que despeja el anti- 
guo caos.de nuestra legislación , y el tino filoso- 
fico con que el autor analiza los antiguos fueros jr 
demás cuerpos legales , constituyen á esta obra en 
laclase de las mejores historias filoso'ficas que apa- 
recieron durante el siglo XVIII y principios del 
XIX. Para el historiador es un modelo de sagaz 
investigación, de profundo análisis y de narración 
desembarazada; para el legista, un útilísimo reper** 
torio de datos y selectas noticias sobre nuestra le* 
gislacion antigua. Es muy superior en mi juicio 
esta obra á la Teoría de las Corles , del mismo 
autor , como ya indique en uno de los tomos an- 
teriores , citando en ellos con frecuencia una y 
oljra obra. 



don José Mor ¿e Fuentes , en su Elogio de aquel autor. 
Pero lo que no dice, y yo he sabido originalmente, es que 
un inglés compró por una cantidad exorbitante un tomo 
pequeño de cartas del seBor Azara escritas desde Roma, 
y que en Madrid posee actualmente un sugeto ilustrada 
varios tomos de cartas del mismo. 



325 

Xa historia de los vínculos y mayorazgos que 
publicó el señor Semperé en i8o5, aunque no 
puede recomendarse por su estilo , que en general 
es demasiado llano; contiene importantes noticias 
sobre la propiedad rural de España en la edad 
media y sus varias clases , sobre el origen de la 
vinculación de bienes raices; multiplicación de las 
enagenaciones perpetuas de bienes de la corona; 
^progresivo aumento de los mayorazgos; confusión 
de la jurisprudencia española, aumentada por las 
leyes de Toro, y otras cuestiones de importancia. 

A esta época pertenecen también las tarcas 
históricas del señor Quintana, pues que en 1807 
publicó el primer tomo de sus Vidas de españoles 
celebres^ aunque por las revueltas y vicisitudes 
de los tiempos se ha retrasado la publicación de 
los otros dos tomos. El público ha juzgado ya es- 
ta obra tributando á su distinguido autor los de* 
birlos elogios, que me abstengo de repetir por de- 
licadeza. El pensamiento eminentemente patriótico 
de perpetuar la memoria de tan insignes varones, 
y dar i conocer el estadp de la sociedad en que vi- 
vieron, no podia menos de escitar un grande inte- 
rés , y tener honrosa cabida en la historia de nues- 
tra civilización. ISo ganaria esta poco si el señor 
Quintana continuase publicando los trabajos que 
es de suponer tenga preparados* y que esiN^r^n 
con ansia cuantos cultivan las letra*' e«pi 



326 

Aunque no tanto como la historia civil, se cuUi- 
▼d también la historia literaria en la época de que 
estoy tratando. Los Mohedanos empezaron á pu- 
blicar en 1766 su historia literaria de España; 
compilación abundante de noticias acerca de la 
antigua cultura española, recogidas de varios au- 
tores , pero egecutada sin la debida imparcialidad, 
con profuso acopio de erudición que la hace pe- 
sada , sin aquel discernimiento filosófico que es el 
alma de esta clase de trabajos, 7 que manifiesta 
distintamente los verdaderos progresos de la civi- 
lización ( I ). Casi en iguales defectos incurrid el 
abate Lampillas en su Apologia de la literatura 
española , hacinando obras buenas y medianas, 
recomendando mas de lo debido algunas de estas, 
calificando inesactamente muchas de las primeras, 
tratando siempre de abultar nuestra riqueza litera- 
ria, como sino fuera mas honroso tener, por ejemplo 



(1) Si es cierto, comoi dice el señor Sempere en su 
Diccionario , art. Mobedanos, ^ue habian escrito otra obra 
intitulada : Reflexiones sobre la literatura española de los 
tres últimos siglos comparada con la frafncesa y de otras 
naciones , es lástima que no se baya impreso , pues aunque 
no era de esperar.que aquel cotejo estuviese becbo con to- 
do el discernimiento filosófico que requeria , y que no se 
encuentra en la historia literaria de los Mobedanos , tal 
ve£ lialiria en acuella obra datos y noticias ijmportantes. 



327 

nn bueo poema épico, que ciento apellidados tales 
sin las calidades necesarias para merecer tal título. 

A pesar de estos defectos y de no haber teni* 
do el señor Lampíllas todo el lleno de conocii^íen- 
tos de la literatura antigua y moderna de España, 
para desempeñar un asunto tan vasto; es muy de 
^labar el celo con que defendió á los españoles, 
haciendo ver la ligereza con que los escritores 
Bettinelli, Signorelli yTiraboschi, habían hablado 
de nuestra cultura. Quedó victorioso, porque los 
abundantes materiales de nuestra antigua y mo- 
derna civilización, aunque no bien distribuidos ni 
filosóficamente clasificados en aquella obra, basta* 
ban para desmentir á tan injustos detractores. 

G)mbat¡ólos también en una carta dirigida al 
comendador Fr. Cayetano Valenti Gonzaga, el 
abate don Juan Andries, literato de mayores co- 
nocimientos, mas criterio filosófico, y delicado gus- 
to que el abate Lampillas. Asi lo conoció el mis- 
mo Tiraboschi hablando de esta carta , y encare- 
ciendo la escogida erudición , la fuerza de racioci- 
nio, y la moderación de su autor. Pero la obra que 

dio mas renombre al abate Andrés, fué su histo- 
ria sobr^ el origen, progresos y estado actual de la 
literatura ( i ). 



(t) Ogní leiieraiway dice el título original, esto 



328 

Empresa era esta agig;antada para la cual se 
necesitaban ininensos conocimientos, un gran ta- 
lento analizador, y el mas afinado gusto, ^o era 
ciertamente labor que podia desempeñar cumpli- 
damente un solo hombre. Hizo sin embargo, cuan- 
lo cabe en este género de escritos, donde no se 
puede entrar en investigaciones profundas, ni dar 
grande estension á los datos históricos.. Escogió 
con acierto, presentó con método y claridad las 
épocas , calificó generalmente á los autores con ti- 
no é imparcialidad ; y en suma presentó un cua- 
dro general de la literatura , sino profundo , por 
lo menos bastante instructivo y agradable. El ca- 
pítulo 1 1 del tomo 2.^ en que trata del influjo 
de los árabes en la cultura moderna de las bue-^ 
ñas letras , contiene noticias curiosas y filoso* 
ficas observaciones acerca de las lenguas vulgares, 
déla poesia provenzal, del influjo que esta tuvo en 
la cultura de los otros idiomas, de la semejanza 
entre los poetas árabes y los provenzales, de la 
música en tiempo de los árabes , y otras cuestio- 



de toda literatura, 6 de la literatura en general» no de to- 
da la literatura como tradujo en castellano su hermano 
don Carlos. 



329 

oes de grande ínteres p^ra nosotros, por el. íntimo 
enlace que tienen con nuestra literatura y anlíguas 
costumbres (i). 

La elocuencia española tan mal parada en la 
primera mitad del siglo XVIII , según apunte an- 
teriormente tratando del P. Isla , debía llamar 
muy principalmente la atención de los promove- 
dores de la reforma literaria en el reinado de Car- 
los ni. La Academia española tan interesada por 
el objeto principal de su instituto en la cultura 
de la lengua castellaoUi , oFrecid premios á los au- 
tores de las mejores composiciones que se presen- 
tasen en prosa y verso , sobre asuntos dados por 
la misma. Y como á la sazón eran de moda los 
elogios o panegíricos, género tan popular en Fran- 
cia desde el tiempo de Fontenelle, se propuso pa- 
ra primer premio en la oratoria el'elogio de Feli- 
pe y, que obtuvo el académico de la bisloria don 
José Viera y Cía vi jo. ¿Pero cómo podía bablarsc 
imparcialmcnte de un monarca en el reinado de 
f u bijo? La elocuencia necesita libertad para alzar 



(i) En el reinado de Carlos III , se ettablcrió en los 
Estudios de san Isidro una cátedra de historia literaria; y 
en los primeros ejercicios que se tuvieron de ella , leyó el 
bibliotecario segundo , don Cándido María Trigueros un 
discurso sobre el estudio metódico de la misma histaria. 



33o 

su vuelo con gallardía. La adulación nunca pudo 
ser elocuente ; y en efecto , no lo era la oración de 
Clavíjo, por mas esfuerzos que bacía el autor pa- 
ra remontarse. 

Fue también premiado otro elogio que com- 
puso el mismo autor de don Alfonso Tostado, obis- 
po de Avila ; pero en realidad no era mas que 
una disertación escrita como la composición ante- 
rior en lenguage castizo , con elegancia á veces; 
pero nunca con el vigor de Demostenes, con la 
magestuosa pompa de Cicerón , ni con la eleva- 
ción sublime de Bossuet. 

El elogio de don Alonso el Sabio escrito por 
el marino don José Vargas Ponce, se acercaba 
mas que los anteriores al verdadero género orato- 
rio por sus formas y animado estilo ; si bien le 
Lacen desmerecer mucho cierta estudiada afecta- 
ción en las sentencias, j el corte de los perio'dos 
á la francesa, por haber imitado á Mr. Thumas. 
G)mo quiera, el autor habia estudiado el asunto, 
y supo presentar en un cuadro artísticamente tra- 
zado, el mérito de don Alonso y la ilustración de 
su siglo, desenvolviendo luego su cardinal pen- 
samiento en largas y eruditas notas. 

Siguieron á estos elogios premiados por la 
Academia los que escribid Cabarrús del conde de 
Gausa y de Carlos III, que tampoco pueden pre- 
sentarse como modelos oratorios , aunque son 



33i 

naj reoomoidaUef por los noUef MDtimieDtos 
que en ellos respiran , y por los dalos que contie- 
nen , especialmente el del conde de Gausa, ilus- 
trado con notas del autor. 

El elogio de don Ventura Rodrigues, leido en 
la Real sociedad de Madrid por el ilustre Jove- 
llanos, aventaja mucho á los anteriores; j las no- 
tas que acompañan á la edición que de él se hizo 
en 1790, por la viuda de*Ibarra, forman una 
de las mejores obras que tenemos en castellano 
sobre las artes. También leyó en Ja misma socie- 
dad un Elogio de Carlos III , que no llena cierta- 
mente el objeto • como dice modestamente el au- 
tor en la advertencia que precede á la impresión, 
hecha también por la viuda de Ibarra en 1789. 
Mas elocuente fue este benemérito escritor en 
su vigorosa apologia, ó sea la Memoria que es- 
cribid poco^antes de su muerte para vindicarse* 
Aquel discurso abunda en elevados y patrióticos 
sentimientos , espresados con un raudal de la mas 
pura y animada elocución. 

Posteriormente escribieron sus Elogios del 
cardenal Cisncros , y de la reina católica dona Isa- 
bel, los señores académicos don Vicente González 
Arnao, y don Diego Clemencin. Uno y otro asun- 
to ofrecian hermoso campo á los oradores, y gran- 
de interés á los españoles todos. Fueron en su 
tiempo muy bien recibidos, en especial el de la 



332 

reina Isabel por las importantes Ilustraciones que 
le acompañan , y forman el tomo 6.^ de las Me- 
morias dé la Academia de la Historia. 

INo habia hecbo iguales progresos en el reina- 
do de Carlos III la oratoria sagrada ; porque los 
predicadores en general solo se ocupaban en tra- 
ducir sermonarios franceses , si se esceptúan al- 
gunos pocos oradores originales, que ja están ca- 
si olvidados en el dia (i). Hiciéronse no obstante 
posteriores adelantamientos por baberse ejercitado 
en la oratoria del pulpito respetables eclesiásticos 
dotados de grandes conocimientos y buen gusto. 
Tales fueron los doctos Tavira, Amat, Traggia, 
los agustinianos Lasala y Centeno, el abad de 
Baza Navarro, y otros que supieron grangearse 
una sólida reputación. Por lo que hace á la elo* 
cuencia forense, con el egemplo que dieron en sus 
alegaciones Campomanes y Florida blanca, con los 
escritos de Mora Jarava y otros letrados de nota, 



(1) Uno de ellos es el P. Gallo , abogado y presbítero 
de la Congregación del Salvador, sugeto instruido que 
escribió algunos buenos sermones, y btras obras sucltasi 
que pueden verse en la O>leccion de' ellas publicada por 
el abogado don Francisco Ignacio de Cortincs. Posterior- 
mente se egercitaron en la oratoria sagrada los padres 
Calatayud y Santander , que no carecen de mérito, y pue- 
den contarse entre los escritores originales. 



333 

se formó ana ilustrada escuela que ha seguido 
hasta noestros dias. Los estudios filosóficos de 
jurisprudencia que se han hecho desde entonces, 
han rectificado las doctrinas , dando á los discur- 
sos forenses mas interés y novedad. 

Tratándose de oratoria no es posible omitir 
dos obras que sobre este asunto escribió el erudito 
Capmany , titulada la una , Filosofia de la elo- 
cuencia , y la otra Teatro de la elocuencia. En 
una 7 otra acredita el grande estudio que habia 
hecho de nuestros autores antiguos, la acertada 
calificación de ellos , 7 el celo que empleó , asi en 
estos como en otros escritos, para restablecer el 
buen uso del habla castellana, tan maltratada 
por traductores ignorantes, 7 otros escritos afran* 
cesados en la dicción. Pero en sus investigaciones 
sobre la elocuencia, no se encuentra la filosofia 
que promete en una de aquellas obras, esto es, el 
análisis profundo de los medios que emplearon 
los grandes oradores antiguos 7 algunos moder- 
nos, para conmover los ánimos, enardecer las pa- 
siones, 7 conseguir con la palabra mas gloriosos 
triunfos que los conquistadores con las armas. 
Los mismos ejemplos que á veces cita como de- 
chados de elocuencia , confirman la czaclitud do 
este juicio imparcial , en que convienen conmigo 
otros autores. 

La crítica literaria se cultivó mucho en el rei* 



334 

nado de Carlos III con las acaloradas contiendas 
que tenían entre sí los autores; pero los mas de 
aquellos escritos dictados por el amor propio d el 
espíritu de partido, están generalmente arrinco- 
nados. ¿Qué- interés pueden escitar en el dia las 
violentas diatribas del caustico Fomer contra 
Iriartc y Trigueros, y las contestaciones de es- 
tos? ¿Quie'n busca ya los furibundos artículos qae 
se dispararon contra el orgulloso Huerta, y las 
malas defensas que este hizo de sus temerarias 
doctrinas? ¿Quien lee boy, sino un curioso eru- 
dito , la descorte's y amarga crítica que hizo Cía* 
dera de la traducción del Hamlct de Moratin? 
Cada uno ocupa hoy en la república de las letras 
el lugar que le ha señalado la justa posteridad, 
y aquellos escritos se miran, ya con fria indife- 
rencia. 

No asi otras obras de buena crítica y erudición, 
que todavia se leen con interés. Tales son las diser* 
taciones impresas en las Memorias de la Acadetnia y 
otras que se escribieron sobre varios puntos de li- 
teratura; la Oración apologética de Forncr con 
sus eruditas notas y los demás escritos de está na* 
turaleza en que se defendió con criterio el buen 
nombre de la literatura española; la graciosa 
obra en que Cadalso combatió' á los charlatanes li- 
terarios llamados eruditos á la violeta ; varios dis- 
cursos del seSor Jovellanos que pueden verse en sus 



335 

obras; finalmente muchos de los discursos que se pu« 
blicaron edel Censor, el Corresponsal del Censor, 
el Apologista universal, el Memorial literario, las 
Variedades de ciencia, literatura y artes, j otros 
infinitos perio'dicos que salieron á luz en aquellos 
dos reinados; y en los cuales se ventilaban Kis mas 
importantes cuestiones de gobierno « economía po- 
lítica, ciencias naturales y literatura. 

£1 examen crítico de la poesía del siglo XVIII 
pertenece propiamente á este lugar; porque basta 
el reinado de Carlos III se cultivo poco este ramo 
tan interesante de la literatura. La guerra de su* 
cesión, y después de ella la atención casi esclusi* 
va que se dio al fomento de los intereses materia- 
les de la sociedad, y al cultivo de los conocimien- 
tos necesarios para el adelantamiento de la náu- 
tica, del comercio y de^a industria, hicieron mi- 
rar con un interés secundario las agradables artes 
de la imaginación. 

El carácter de la poesía española del siglo 
XVII vario' esencialmente desde principios del 
XVIII, según indique anteriormente, y no podia 
cienos de ser asi. £1 gusto francés dominaba en 
la corte ; los modelos que ofrecía en todos los ra - 
mos de la literatura el reinado de Luis XIV, go- 
zaban de una reputación europea; ilúestra poe- 
sía en los últimos anos del siglo XVII era una 
bárbara gerigonza , co nada parecida á la poc6¡a 



336 

creadora y romántica de Lope y Calderón , ni á 
la elegante y clásica del siglo XVI. Huyendo de 
la monstruosidad gongorina aquellos primeros es- 
critores del siglo XVIII siguieron la escuela fran-^ 
cesa, que entonces tenia mas crédito en Europa. 

Desgraciadamente no asomó en aquella época 
un ingenio que arrebatase la atención del público« 
dando un rápido impulso á las tareas poéticas, 
que egercen tan poderoso y agradable influjo en 
las costumbres y en la civilización. Luzan, severo 
y juicioso preceptista , aunque poco ameno y filo** 
sófico para la materia que trató en su Poética, pu« 
blicó algunas composiciones líricas que ocupan 
un honroso lugar en nuestro Parnaso; el conde 
de Torrepalma en su Deucalion hacia buen uso 
de la numerosa octava, aspirando á la elevación 
del poema épico, pera con resabios de afectación 
y algunos recuerdos del gusto gongorino; y Mon- 
tiano escribía sus tragedias con regla y compás, 
frias por consiguiente y desanimadas. 

^0 eran estos medios los mas adecuados pa- 
ra inspirar un interés ardiente, y electrizar por 
decirlo asi, á una sociedad ocupada en otros go- 
ces mas positivos. Fue, pues olvidándose la poe- 
sía hasta el reinado de Carlos III en que el favor 
4e la corte, y una lucida concurrencia de inge« 
nios , despertó la afición á los placenteros cantos 
de las musas. Los dos principales restauradores 



337 

fueron entonces don Nicolás de Moratin ^ y Ca- 
dalso. Entrambos habían hecho un grande estudio 
de nuestros poetas antiguos , según se deja conocer 
por el carácter de sus composiciones, por su estilo, 
j el buen uso que hicieron de la versificación. 

Sin embargo la poesía de Moratin es mas ori- 
ginal, mas española. Algunos de sus romances, j 
sobre todo el canto épico, las Naves de Cortes 
destruidas y pertenecen al gdnero caballeresco y 
peculiar de nuestra nación, en que las galas poé- 
ticas se hermanan con la bizarría , con los eleva- 
dos sentimientos, con una especie de magnificen- 
cia oriental, que da á nuestra poesia un idealis* 
mo diferente del de las naciones septentrionales. 
«En este canto épico, y en otras obras suyas 
que se han publicado después , dice con su acos- 
tumbrado buen criterio el señor Quintana (i), se 
advierte el prolijo estudio que entonces hacia de 
nuestras tradiciones históricas, de las genealogías. 
blasones y costumbres caballerescas de los tiempos 
antiguos, y el partido poético que su imaginación 
sabia sacar de estos objetos, para dar mas novedad 
y consistencia al fondo de sus versos , que no siem- 
pre se señalan por la profundidad del pensamiento. 



(1) Poesías selectas castellanas, totn. {.^ IntrodaccioOi 
pág. 16 edición de 1830. 

Twno Jy. aa 



338 

ni por la gravedad y fuerza de la sentencia. Todo 
lo que le rodeaba era para el bello y poético « y 
tomaba en su imaginación el aspecto mas agrada- 
ble y magestuoso. Jamás se pintaron con mas 
amor ni efusión las circunstancias locales, y las 
costumbres de un pueblo ; y Madrid , sus contor- 
nos, sus calles, sus teatros, su circo, sus muge- 
res , sus concursos y funciones , toman en la fan- 
tasía de Moratin unas formas grandes , elegantes 
y poéticas , que se manifiestan frecuentemente con 
rasgos breves y espresivos, generalmente los mas 
felices de su estilo , y descubren que aquel noble y 
bello sentimiento era un numen que le inspiraba.» 
Cadalso no tenia ciertamente el numen poéti* 
co de Moratin , especialmente en las composicio- 
nes que piden grandeza y elevación sostenida ; pe- 
ro resucitó el buen gusto en las composiciones de 
poesia ligera, y dio nuevo ser á la anacreóntica, 
casi olvidada desde el tiempo en que florccia Vi- 
llegas. Débese también á Cadalso el tpson cons- 
tante con que fomentó el cultivo de la poesia , tri<* 
butando sinceros elogios* á Moratin, dirigiendo los 
primeros ensayos de Melendez, y ocupándose sin 
cesar en dar un rápido movimiento á los ingenios. 
Contribuyó mucho también á difundir el espíritu 
filosófico , y á dar á conocer los poetas ingleses, á 
alguno de los cuales quiso imitar en sus malhada- 
das Noches lúgubres. 



339 

Afltai de hablar de Ifelendes, en qaiea ro- 
ooa oaeTa época para la poesía, trataré 
ligeramente de otros ingenios bien conocidos « cu- 
yas obras inflo jeron mas ó menos en los progresos 
de la aTilisacion. El primero será Huerta « acér- 
rimo antagonista de la escuela francesa, j mal 
sostenedor de la antigua española, por (alta de 
gasto j de conocimientos. Oscuro y casi gongoríno 
en sos composiciones poéticas, qué nadie lee en el 
día, solo tuvo acierto en el género clásico, escri- 
biendo su Raquel^ según las reglas del arte que 
afectaba despreciar. 

Adelantó algunos pasos mas la tragedia clási* 
ca española , pues ya se vid animada de interés, 
con escenas de numerosa versificación y nobles sen- 
timientos, con cierta gallardía castellana, aunque 
todavia muy lejos de la perfección. Menos des- 
igual que Huerta , mas enérgico y sostenido en el 
diálogo, aunque no tan fácil versificador como 
aquel , escitó Ayala la simpatia nacional con su 
Numancia^ asunto infeliz para una composición 
de este género , y todavia mas según lo trató cl 
autor: ¿pero qué pecbo español no se conmueve 
con aquella terrible lucba entre el jtiránico poder 
de Roma, y los sobrehumanos esfuérceos de un pae- 
blo, que al fin prefiere la mas horrible mili 
la ignominiosa cadena de la servidambí^ 
£1 culto don Tomas Iriartv^ 



34o 

nista, esmerado en la corrección de sus obras, 
acérrimo purista, fué restaurador de la comedia 
clásica española en el siglo XVIII ; pues todo io 
que se habia hecho hasta su tiempo valia bien 
poco, inclusa la Petimetra de don IKicoIas Mora- 
tin. El Scnorfto mimado , si no es una comedia 
comparable á las del celebre Moratin en sales 
cómicas , ^n la rapidez del diálogo y en la anima- 
da pintura de los caracteres, presenta á lo me- 
nos la sociedad culta de aquel tiempo , con un 
diálogo natural, lenguage castizo, buenas máxi- 
mas morales j oportunos chistes , sin mezcla de 
indecentes chocarrerías. Ejercito'se también Iriarte 
en el apólogo, género casi prosaico ,. muy acomo- 
dado á su ingenio, que no se distinguia por la 
elevación. Fué en esta parte feliz su desempeño, 
aunque no tanto como el de Samaniego , en quien 
se advierte mas naturalidad, mas abandono, por 
decirlo asi, aiayor vivacidad y travesura^ mas 
copia en el decir , y sobre todo mas chispa y mas 
gracejo. 

Fiel imitador de Fr. Luis de León el maes* 
tro González ha dejado en alguna de sus compo- 
siciones gratos recuerdos de aquella poesia, ideal 
en su objeto, grave y solemne como los sentimien- 
tos religiosos á que debió su origen. La espresion 
y el estilo de González parecen del siglo XVÍ; 
tiene la misma pureza en la frase, pero poca poe- 



34 1 

lia de estilo. Escritor de mas rigorosa fantasia y 
de mas fuerte colorido era Forncr ; punzante y 
enérgico en la sátira , como se ve' en la que pre- 
mió ia Academia , no con aprobación de otros 
. jueces que preferian la de Moratin; también su- 
po Forncr elevarse tal cual vez en la lírica , pero 
siguiendo las huellas de los poetas del siglo XVI, 
DO abriéndose un nuevo camino. 

Esta gloria estaba reservada a Meicndez: do«^ 
lado de una tierna sensibilidad , de ardiente ima- 
ginación y esquisito gusto , dio á la anacreóntica 
ana suave flexibilidad j delicada gracia , con el 
bello realce de una poesia de eslilo y corrección 
basta entonces desconocidas en esta clase de com- 
posiciones. Sus romances si no tienen aquella lo- 
sana gallardía, aquel lujo oriental que nosencan-^ 
tan en los antiguos moriscos y caballerescos, gé- 
nero que no cultivó este gran poeta ; presentan 
con la roas enérgica viveza, con la mas pintores- 
ca espresion , magníficos cuadros de la naturaleasa* 
tiernas escenas pastoriles, impresiones profundas 
en los efectos del alma. ¿Quién no admira el 
magcstuoso y terrible espectáculo que ofrece su 
romance á la tempestad? ¿Quien no se siente 
profundamente conmovido con la melancólica des- 
cripción de la tarde, y regocijado con la bellísima 
descripción de la mañana? \jOS tristes recuerdos 
y amargas sensaciones que escitan en el ánimo del 



342 

poeta un árbol caído , arrancan hondos suspiros 
en la lectura ; asi como nos arrebata j lleva en 
pos de sí la hermosa Rosana , tan gallardamente 
descrita, cuando con envidia de todas las zagalas 
se presenta á gozar de los fuegos en la víspera 
de pascua. 

Cultivo Melendez con igual felicidad la églo- 
ga ; y no contento con arrebatar la palma en 
liquellos géneros, que tan grandes adelantamien- 
tos debian a su pluma , pulsó la lira en elevado 
tono, para celebrar la gloria de las artes, y la mag« 
nificencia del estrellado cielo. Sin apartarse del 
camino trazado por los clásicos antiguos, supo 
remontarse con cierta grandeza original, buscando 
nuevas c incógnitas regiones. Pero cuando sin 
consultar bien sus fuerzas, ni atender a la senda 
que le habia conducido hasta entonces al templo 
de la gloria , quiso medirse en el ensayo épico 
sobre la caida de Luzbel • con el terrible y subli- 
me cantor del Paraiso perdido ; imitó en la caida 
á su héroe sobrenatural , dejando un triste escar- 
miento á los que desprecian el sano consejo de 
Horacio (i). 

Tampoco anduvo muy feliz Mefendez en al- 



(1) Sumite materiam vcstris qui scribitis Kquam vi- 
ribus. 



343 

gunas composiciones de carácter filosófico « qae 
era entonces el gusto dominante en muchos escri- 
tos. La manía de filosofar se habia hecho tan co« 
mun en Francia , que hasta en los géneros de poe* 
sia donde menos bien sientan las máximas fiiosch 
ficas , se introdujo esta mala costumbre , que des- 
pués cundió entre nosotros, dando cierta afecta- 
ción pedantesca, y un tono declamatorio á las com- 
posiciones. 

Preservóse de este vicio Jovellanos, aunque 
era gran filósofo , entregándose solo á las inspira- 
ciones del sentimiento religioso en su admirable 
epístola escrita desde la Cartuja del Paular. Su 
noble y sencilla elevación , el tono afectuoso y me- 
lancólico , y aquella versificación tan armoniosa y 
bien sostenida que no necesita del ausilio de la 
rima , dominan en todo el poema, constituyéndole 
un modelo en su genero, que ningún poeta ha 
sobrepujado después. Las dos sátiras que escribió 
imitando la vehemencia de Juvcnal, deben contar- 
se entre las pocas composiciones buenas que tene- 
mos en este género, por la importancia del asunto, 
la propiedad con que retrata los objetos satiriza- 
dos, la encrgia de las sentencias, y el buen uso 
que hizo del verso suelto. 

También cultivó Jovellanos el género trágico 
en su Pelayo, pero no tan feliz en la composición 
ni en el estilo poético , como en la epístola ante- 



344 

ríor, dejó la tragedia en el mismo estado qae an- 
tes tenia, para que otro cogiese los laureles tra- 
tando el mismo asunto. Mas acierto tuvo en la 
tragedia urbana o comedia sentimental, como en- 
tonces se llamó á aquel genero , precursor del otro 
espantoso j atroz , que después ha llenado la es- 
cena de espectáculos repugnantes. El Delincuente 
honrado interesa y conmueve por el asunto, por 
la dignidad con que está representado el noble 
cargo de la magistratura , y agrada sobremanera 
por la dicción siempre decorosa , pura y castiza. 

Debe contarse también entre los poetas ori- . 
ginales que contribuyeron i los progresos de la 
civilización , el distinguido humanista Cienfue- 
gos (i), tan alabado en su tiempo, y hoy tan in- 
justamente deprimido por algunos. ¿Gomo .han 
olvidado tan pronto el lustre que dieron á la es- 
pañola escena , su dicción poética, sus nobles sen- 
timientos, y el animado diálogo de algunos actos 
de sus tragedias? ¿INi merecerán honorífica men- 
ción su entusiasmo poc'tico, la fuerza, vehemep- 



(1) Su ensayo de sinónimos y otros trabajos acadé- 
micos sobre el idioma castellano , acreditan el profundo 
estudio que de él había hccbo , y lo ejercitado que estábil 
en el análisis; ¡ojala bubicra continuado en tan impor- 
tantes tareas ! 



345 
cía y alto designio in algunas de sus compoiicío- 
nes líricas? Verdad es que á veres degenera su 
cnlusiasTno co hinchada declamación; que intro- 
dujo en nuestra lengua algunas peligrosas inno- 
vaciones; ¿pero estos deTeclos han de hacer olvi- 
dar el mcrilo contraído bajo otros títulos tan glo- 
riosos? A juzgar con tanta severidad, muchos de 
nuestros antiguos y celebres poetas serian lanza- 
dos del Parnaso. 

Cierra con gloria el cat.ilogo de tan ilustres 
nombres , el celebre don Leandro Moratin, que 
cultivó la sátira con grande acierto, y sobresaltó 
en la comedía clásica. Sus obras se han hecho 
populares, y el mérito de ellas ha sido tan bien 
calificado por los mejores críticos, que nada pu- 
diera yo añadir en elogio suyo. La civiUiacíon, 
bajo cuyo concepto me incumbe considerable, le 
debió mucho por haber desterrado de nuestro 
teatro las absurdas representaciones que tanto le 
degradaban , por haber presentado eu la escena 
ron tanta gracia y en el lenguagc mas casliio 
las costumbres nacionales, combatiendo vicios y 
preocupaciones que ejercían ua peroicioto indujo 
en la sociedad. 

tío llevo rnas adelanta efU ^ 
los posteriores portas de qalm 
blar, según el de&ígniu d« 4 
davia ¡ j coino dice mi amígol 




346 

en semejante caso '*por mas imparcialidad que 
se guardase al hacer el examen crítico de su ca- 
rácter y mérito poético, la censura podría pare- 
cer contradicción , y los aplausos lisonja (i)." 

La restauración que había dado nuevo ser á 
Jas letras, alcanzo' también, como era natural, a 
las bellas artes , cuyo cultivo sigue siempre los 
progresos de la civilización. La ignorancia rei- 
nante en los últimos anos del siglo XVII, depra- 
vo en tal manera. el buen gusto, que á principios 
del XVIII las artes se hallaban en la mas lasti- 
mosa decadencia. Empezando por la arquitectura 
que bajo el concepto de pública utilidad es la 
priipera y mas antigua de aquellas, habia perdido 
su sencillez y las buenas máximas seguidas por 
Herrera y sus discípulos é imitadores. Otro Her- 
rera de fatal memoria (2) puso en crédito las 
]perniciosas licencias del italiano Borromini, pri- 
mer autor de la corrupción de aquel arte en Ita- 
lia. Abrazaron muchos sectarios este pésigao 
gusto , dando á la arquitectura un carácter mez- 



(1) Introduccioá á las poesias castellanas del siglo 
XVIII. 

(2) D. Sebastian Herrera Barnuevo , arquitecto , pin- 
tor, escultor, maestro y trazador de obras reales. Elogio 
de D. Ventura Rodríguez por el señor Jovellanos, nota 13. 



347 
quino, precursor de )a completa depravacioa á 
que llegó dcspucj. 

Dominaba á principios del siglo XVIII la 
manera llamada churrigueresca , no con gran ra- 
zón como dice el señor Jovellanos. porque don 
José Churriguera el padre , aunque mucho, no 
fué tan desatinado como otros. £1 mas frenético 
delirante de todos fue don Pedro de Kivera. 
maestro mayor de Madrid, autor de las fachadas 
de] Hospicio , san Sebastian y cuartel de guardias 
de Corps , de la fuente de Antón Martin , de la 
antigua de la Red de sao Luis , y del enorme 
puente de Toledo. "Los arquitectos mas nombra- 
dos de aqaclla edad no sabrán hallar la magestad 
para los templos, el decoro para los edificios pú- 
blicos , ni la comodidad y la gracia para los par- 
ticulares. Privados de conocimientos matemáticos, 
ignorantes de los principios de su profesión, j en- 
tregados á su solo capricho, violaban á porfía to- 
das las máximas de la razón y del gusto, y se 
alejaban mas y mas cada vez de la belleza que no 
puede cxtsiir fuera de ellos." (t) 

Para restablecer el buen gutto hahia hecho 
venir Felipe V. algunos artistas eslrangeros, á 



(I) Elugio Je üoii Vciiton 1 



348 

quienes se debieron grandes adelantamientos j 
reformas. Estimulados con este ejemplo algunos 
beneméritos españoles que habian sabido preser- 
varse de la corrupción general, se dedicaron con 
el mayor empeño á desterrar de nuesiro suelo la 
barbarie que habia desfigurado y degradado las 
artes. De estos primeros y mas conocidos refor- 
madores, á quienes se debieron los progresos su- 
cesivos,, hablare solamente indicando algunas de 
sus principales obras ; porque para estenderme á 
otros necesitaría un volumen , y ya este va pa- 
sando de los límites prescritos. 

Ocupará el primer lugar, como es debido, el 
celebre don Ventura Bodriguez, de quien dice el 
seQor Jovellanos que consagraba su juventud al 
estudio de los buenos, y sólidos principios de Ja 
arquitectura ; mientras Barbas, Tome, Churri- 
güera y Bivera llevaban la corrupción del buen 
gusto á aquel estremo de depravación , donde sue* 
le ser necesario que toquen los males públicos pa- 
ra empeñar á la indolencia en su remedio. 

Empleado Bodriguez como delineador bajo la 
dirección del arquitecto italiano luvarra, le ayudó 
á trazar el modelo de un nu<!vo y magnífico pa- 
lacio que Felipe V. habia mandado construir, por 
haberse incendiado en i 784. el antiguo alcázar de 
Madrid. luvarra pensaba edificar el nuevo pala- 
cio fuera de la puerta de los Pozos ; pero la Cor- 



349 
te desaprobó esta idea , y cl «rquilccto muríó con 
el sentimienlo Ae no verla realizada. 

Habiéndose encargado la obra al italiano 
Sacbettt can la prevención de que el nuevo pala- 
cio se construyese en el mismo terreno donde ha- 
bía estado el antiguo; se ocupó Rodrignez cerno 
primer delineador de Sachcllí en levantar los pla- 
nos del sucio, plaza y calles adyacentes al antiguo 
palacio, y en la dclineacion de todas las obras del 
nuevo, sustituyendo al arquitecto principal en to- 
das sus ausencias desde que se empezó la cuns- 
trnccion. 

Establecida en cl reinado de Femando VI 
la Academia de las Bellas Artes , fue Rodrigues 
nombrado director; y dedicado con el mayor afán 
á desterrar el mal guslo en la arquitectura , dejo 
á \v$ posteriores ailislas decbados que imitar en 
la escclenle colefjiata do santa Fe de Granada, en 
lasma<;nilicas capílli* dt Zaragoza y Arenas, en 
el suntuoso edificio tic f^vadnnga, en el iiello Icm- 
plo de san M<arcos de Madrid, 40 el elegante 
pórtico de los Prcmoslr.ltcnses , HQÍos puUrios 
de Liria y Allamira, y cu < ''' 1 iinas obras 

que seria piolijo rcfetir. 

Bajo la diieccia^^iu^^^^ JMgnf-:: 
adquiíid solida 
quitetiura, ta4 
driguez, quínnJ 




35o 

só á observar las magníficas obras de Italia. Res« 
títuido á su patria cooperó á la propagación del 
buen gusto en la arquitectura , dirigió la casa de 
la Academia española en la calle de Valverde, la 
del Depósito hidrográfico en la calle de Alcalá, 
la casa , ahora G)nservatorto de Artes, en la calle 
del. Turco ; distinguiéndose en todas ellas según 
el respetable testimonio de la Academia de san 
Fernando , la buena distribución y comodidad de 
sus respectivas piezas , luces y sencillo aspecto 
conforme á las reglas del arte (i). Son también de 
su^ invención y ejecución las cuatro fuentes del 
Prado colocadas en frente de la plazuela del jar- 
din botánico, y la bellísima de la Alcachofa, sin 
contar otras obras para dentro y fuera de Ma- 
drid. En las ausencias , ocupaciones y muerte de 
su tio don Ventura desempeñó con gran tino la 
plaza de arquitecto mayor de la villa de Ma- 
drid , hasta que se confirió en propiedad al cele* 
bre arquitecto don Juan de Yillanueva. 

Son tan conocidas las obras de este distin* 



(1) Distribución de premios hecha en la jantá pú- 
blica de 24 de setiembre de 1808 , donde se hace especial 
y honorífica mención de los distinguidos profesores que 
habían fallecido hasta aquella (echa. 



35i 
piído profesor , que babrc de detenerme may po- 
co para .recomendar el mérito de Us principales. 
El Museo destinado ahora á las nobles artes, di- 
ce la Academia en el citaclo escrito, fui donde el 
(ubiime genio de este artista produjo aquet mag- 
nífico edificio, que reuniendo la magestad á la 
(olides, proporcioo j bello gusto, es y será siem- 
pre un testimonio de sa fecunda imaginación j 
dilatados conocimientos'. 

El Observatorio astronómico Ka llnnado siem- 
pre la atención pública por su belleza y elegancia. 
asi como generalmente agradan por su buen gusto 
y magestnosa sencillez las demás obras ejecutadas 
por este benemérito profesor. Trabajó ademas co- 
mo iogeoiero en los caminos de Aranjucz y de la 
Granja, y en las carreteras de Cataluña por Ara- 
gón y Valencia ; j como hidráulico en el canal de 
□an-gacion y riego que se proyecto en los Alfa- 
ques , en el gran Priorato de san Juan , y en el 
desagüe de las lagunas de Vílleaa y Tembleque. 

La restauración de la arquitectura promovi- 
da tan eficazmente por don Ventora Rodrigues, 
don Juan de Villanueva y otros dignos profeso- 
res de menor nombradía , que florecieron en su 
tiempo , se acelerd con las obras escritas en el 
siglo XVIII íoLre tan útil arte, y de que voy á 
dar una breve noticia. La primera será la Colee- 
cion de diferentes papeles crillcos sobre lafjn 




352 

tes de la arquitectura (i). El editor de esta obra 
don Diego de Villanueva , hermano del anterior 
y también arquitecto, zahirió y persiguió los res- 
tos del mal gusto, que aun se cscundian'en los ta- 
lleres de los plateros y tallistas y de algunos ar- 
quitectos contemporáneos (2). 

Incomparablemente mayores fueron los resul- 
tados que produjo á favor del restablecimiento de 
la buena arquitectura y demás bellas artes, el via- 
ge de Espafla de don Antonio Ponz^ secretario 
de la Academia de san Fernando. Dotado de es- 
quisito gusto y de vastos conocimientos artísticos 
adquiridos en Italia dondb residió algunos anos, 

4 

se propuso á costa de grandes fatigas y gastos dar 
idea de las mejores cabras de las nobles artes exis- 
tentes en España , criticando al mismo tiempo 
con imparcial severidad las defectuosas, para des- 
terrar el mal gusto que tan profundas raices ha- 
bia echado entre nosotros. El designio aunque 
grande podia acarrear sinsabores al autor, por te- 
ner que lastimar el amor propio no solo de algu- 
nos profesores, sino también de otras personas dis- 
tinguidas; pero Ponz arrostrando todos estos in» 



II ¡ >i I 



(1) Se imprimió en Valencia año de 1766 , 1.^ to- 
mo, 8.*» 

(2) Elogio de D. Ventara Rodrigues, nota 14* 



353 

convenientes llevo adelante su proyectó, con aplau- 
so no solo de los sugetos ilustrados de este país, 
sino también de los cstrangeros. 

Habiendo cesado el víage artístido por la muer- 
té de don Antonio Ponz , f'ue nombrado para con- 
tinuarle el señor Bosárte, secretario de la misma 
academia , quien comenzando su viage por las 
ciudades de Segovia , Valladolid y Burgos, pu- 
blicó en 1804. el tomo i.^ lleno de preciosas no- 
ticias, y documentos ]ust¡(icativós suníaniente im- 
portantes para escribir algún dia la historia de 
las artes españolas. Otro tótno dejó escrito de su 
segunido viage, eifi el que dio nueva muestra de sus 
conocimientos ' artísticos , acreditándolos también 
en una erudita Disertación sobre íos monumentos 
antiguos pertenecientes á las tres nobles Artes, 
existentes en Barcelona. 

Pero la obra bisto'rica mas notable del siglo 
XVII sobre la arquitectura, es la que ya cité en él 
tomo anterior del señor Llagünó, que posterior- 
mente publicó Cean con sus ilustraciones, á sa- 
ber : las Noticias de los arquitectos y arquitec-- 
tura de España desde su restauración. El señor 
JovcIlanQS habló ya de ella en una de sus notas 
al Elogio de don Ventura Kodriguez , cuando aun 
estaba inédita , y el juicio que entonces formó 
aquel sabio dé élTa , ha sido confirmado después 
por todos los inteligcnlies. '*Los hechos y memo- 
Tomo IV. a3 



354 

rías mas exactas. decU el señor Jovellanos, las 
relacioDes mas iicics y completas, los juicios mas 
aliñados é imparcialcs se cticuciilraa aili cscriliis 
con un estilo correcto, elrgaote y purísimo, apo- 
yados en gran copia de ducumcatos raros y au- 
ténticos, c ilustrados con mucha doctrina, y muy 
csquisita erudición.» 

Otro de los que contribuyeron mucho con sus 
escritos á los adelantamicnlos de la arquitectura, 
fue el presbítero valenciano, académico de honor 
y de mérito por la arquitectura , don Juse Ot tiz 
y Sana. Ademas de haber traducido c ilustrado 
las obras de Vilruvio y Paladio sobre la arquitec- 
tura , y los Diálogos sobre las artes del diseiio de 
Monseiior Boltarí , dejo escritas bis siguientes 
obras originales: Descripción lalino-hispnna del 
antiguo teatro saguntino ; ISolicia y pUn i\e un 
viage arquitectónico ant¡:uaiio, hecho por orden 
del rey; Instituciones de arquitectura según la 
doctrina de Vilruvio y dci antiguo. Los profeso- 
res han celebrado mucho estos trabajos, que acre- 
ditan los grandes conocimicnlus, la escogida eru- 
dición, y el buen gusto de un autor que tanto se 
desveló para difundir co España las buenas mátí- 
mas de arquitectura de los tiempos antiguos. 

La escuela de los grandes pintores cspaiíolcs 
que florecieron en el siglo XVII , y de quienes hi- 
ce honorífica mención en el lomo anterior, h^bía 



355 

acabado en Garreno y Cóello. El desaire que á 
este último hizo la corte llamando á Lucas Jor- 
dán (i), le costó la vida, y el pintor italiano quedó 
dueño del campo para inundar la España de pre- 
cipitadas obras, y satisfacer á su insaciable codicia. 
Reinaba entonces el mal gusto en la literatura y 
las artes r habian desaparecido la sencillez , la 
esactitud y la filosofia ; y Jordán, que no trataba 
de restablecer el gusto antiguo , sino de ganar 
cuanto dinero pudiese , se acomodó á las preocu- 
paciones reinantes, introduciendo cq sus composi- 
ciones la oscuridad de las aiegorias , la mezcla de 
historia y mitología , y la confusión de mil figu- 
ras reales y fabulosas , personificando hasta* las 
cosas ideales. 

De aquí provino, dice el señor Cean(2), la fal- 
ta de decoro en las actitudes, la complicada compo- 
sición y la inverosimilitud ; de aqui los repetidos 
y afectados escorzos, y las luces importunas c im- 
propias , que ayudadas de la violencia de los os- 
curos, producen un efecto que no da la natura- 
leza: de aqui la discordancia de los colores, y 



(1) Vino este profesor estrangero á Madrid en 1692. 

(2) Diccionario de los mas ilustres profesores de las 
bellas artes en España, art. Jordán. 



otros mil defectos celebrados por la novedad, y 
adoptados por el mal gusto co las artes, que do- 
minaba en toila la Europa. Sin cmbarj^o, no todo 
lo que dejó pintado en España Jordán es de esta 
clase; bellos cuadros y frescos bay do el muy ce- 
lebrados en el dia por los buenos profesores; pero 
es indudable que por su precipitación y codicia 
contribuyo á la corrupción del arle. 

Grande fue el servicio ijue bisio don Antonio 
Palomino, publicando á principios del siglo XVUl 
su Museo pictórico, en que senlo los principios 
del arte de la pintura con claridad y mdlodo. dan- 
do reglas sencillas para la práctica . como profe- 
sor inteligente, y conservando en sus Vidas de los 
pintores españoles mucbos hechos importantes, 
que sin su diligencia bubicrao quedado sepulta- 
dos en el olvido. Sus composiciones artísticas ma- 
níGestan corrección de diljuío , buen colorido, de- 
coro en las figuras, propiedad en los trages, co- 
nocimiento de la anatomía, perspectiva é histo- 
ria , en que estaba muy versado este benemérito 
profesor. 

Establecida en i^Si la academia de san Fer- 
nando uno de sus primeros objetos fue la ense- 
ñanza de la perspectiva, tan necesaria á tas tres 
nobles artes ; y para desempeñarla nombro con 
aprobación del rey á don Alejandro González Ve- 
lazquez, pintor y arquitecto. Unido este en su ju- 



357 

ventad con su hermano don Luis, que también era 
boen profesor, pintaron muchas obras de conse- 
cuencia al fresco y al temple , para lo que tuvie- 
ron especial gragia y tnanejo. Distinguióse aun 
mas que ellos su hermano menor don Antonio, 
que tuvo la fortuna de lograr una pensión para 
ir á estudiar á Roma. Muchas y buenas obras 
pinto al óleo y al fresco, aunque las de este géne- 
ro son mas estimadas: nombróle el rey en 1/54 
teniente director de la nueva academia de saii 
Fernando , sin haber pasado por la clase de acá* 
démico , y tres anos después su pintor de cámara. 
Estos, y algunos otros. profesores menos cono^ 
cidos, sostenian el decaido crc'dito de la pintura en 
la primera mitad del siglo XVIII y algunos anos 
4p!spues, hasta que el rey Carlos III trajo á Espa- 
ña al celebre Mengs. ''Recobró entonces el arte sa 
perfección, como dice el señor Cean (i); y las ol- 
vidadas pasiones del ánimo, la grandeza de los 
caracteres, la suma corrección del dibujo , el de- 
coro, la belleza ideal y otras sublimes partes vol- 
vieron á aparecer con las obras de este gran pro- 
fesor Los demás que aspiraban á perfeccionarse 

en la pintura acudian á el, en quien hallaban un 
maestro y un protector, dirigiéndolos por el buen 



(1) Diccionario citado , arl. Mfugs. 



4 



sendero , y proporciona ado obras y ascensos a los 
que consideraba acrcedoros. D. Francisco Bayeu. 
don Mariano Madla, Jun Gregorio Ferro, don 
Francisco Ramos, don Francisco Agustín j oti 
que fueron sus discípulos, como algunos mas 
haberlo sido, espcrimentaron estos beneficios." 

ISo es pssiblc que yo me detenga á especificar 
]as obras maestras que dejó Mengs en Esparia, 
□ i las bellísimas que ejecutaron algunos de sus 
mas aventajados discípulos. Fl señor Ccan lo ha 
ejecutado con el acierto que acostumbra hablan- 
do de las artes, y nada pudiera yo añadir á 
lo que él ha tratado con mas conocimiento. ¡Glo- 
ria eterna al reinado de Carlos 111 en que brilla* 
han con igual esplendor las letras y las arles; 
en que el pintor filósofo, ademas de haber 
tado nuestras preciosidades artísticas con sus ii 
mortales obras, cscribia los mejores elementos 
pintura que se conocen (i), Aquel fue el tiempo 
de la verJ:idera restauración de las artes en Es- 
paña, el que dio impulso al genio original di 
Goya, tan ce'lebre por su vigoroso pincel, y 
el carácter nacional que le dí^tirgue. 

La escultura yacía á principios del s 






ri) Víanse los e 
Jlor Awru en 178' 



ritos de Mcags publicados por el » 



359 

XVIII en cl mas lastimoso estado. Convertidos 
los escultores en laUíslas, dice el señor Jovella- 
nos (i), para servir en los templos á una supers- 
tición tan vana y tan ignorante como ellos, al- 
teraron todos los módulos, trastrocaron todos los 
miembros, desfiguraron todos los tipos del ornato 
* arquitectónico y produgeron una muchedumbre de 
nuevas formas, si muy distantes de la sencillez y 
magostad de las antiguas , mucho mas todavia de 
la decencia y del buen gusto. 

Sin embargo, no lodos los profesores españo- 
les de quella época seguian tan depravado gusto. 
Aun antes de ser llamados por Felipe V los es- 
cultores estrangeros, á quienes se tiene comun- 
mente por los primeros restauradores del arte en 
España , habia aquí varios que sabían \trabajar 
con arreglo á los buenos principios. Don Nicolás 
Camarón que nació en Huesca el año de 1692, 
y fue discípulo de su padre José, se estableció 
á los 24 años de edad en la ciudad de Segorbe, 
con crédito en su profesión, como asegura el señor 
Cean (2); ejecutó la silleria del coro para aquella 
catedral , y otras obras recomendables. £1 famoso 
Castro, de cuyo méiito se hablará mas adelante, 



(1) Flogio ele clon Ventura Rodríguez. 
{*2) Diccionario , art. Camarón. 



había 



iprcí 



sr.o 

mJido los princi] 



de la 



I 
I 

I 



con profi.'sorc£ cspaiioios; y cuando en Sevilla fiu 
presentado al estraiigcro Freinic , primer csrultgj 
de Felipe V, Labia trabajado Jos estatuas de s 
Leandro y san Isidoro, en vista de las cual< 
Fremin le aconsejó que pasase á Roma a peií 
ctoiíarsc en el arte como lo hizo. 

No hablare del escultor Duque Cornejo, piiM 
aunque luvo mucha facilidad en la invención , y 
debió su enseñanza i Pedio Roldan, iillímo es- 
cultor ¿lo mérito que hubo en Sevilla , no im 
d eslc en la sencillez de sus csUtuas , ni en la dcj 
adorno; antes bien contribuyó á la propa^ 
dul mal guí.ta siguiendo li libertad fantástica d^ 
liüA descabellada imaginación. 

Felipe V, que por una parte veía esfc dew 
arreglo, y por otra tenia un grande apego, com« 
era natural, á las cosas As su país nativo, hiz 
veoír al escultor de P.iris Rcnalo Fremin, aconta 
pinado de don Juan Tlerrí. piisano suyo , pari 
adornar magmíicamenle los jardines que se esta*] 
han haciendo en el real sitio de san Ildefonso. "Cei 
le'branse mucho, dice el scííor Cean, las estatuai 
y grupos de Fremin por la facilidad y franqucz^ ■ 
con que eslan ejecutadas, al paso que se crilican 
las actitudes y el c.iracler de sus dioses y ninfas 
por faltarles la sencillez y grandiosidad ática qucJ 
hahia estudiado en Roma.» 



36i 

Vinieron también á Madrid el artista fla- 
menco Mr. Luquct, y con él don Roberto MIcbel, 
nacido en Francia « que podemos consüderar como 
escultor español, por haberse avecindado aqui, 
igualo^ente que su hermano y discípulo don Pe- 
dro , ambos escultores de cámara en los reinados 
de Fernando VI y Carlos III. Don Roberto, que 
llegó á ser por su turno director de la Academia 
de san Fernando, dejo', ademas de sus celebrad.'is 
obras, muchos y diestros discípulos, que contri- 
buyeron al restablecin^iento de los buenos prin- 
cipios en la escultura. 

Castro fue llamado de Italia por Fernando VI^ 
y obtuvo la plaza de primer escultor de S. M. ci) 
premio de los retratos que hizo del rey y de la 
reina. Ejecuto despqes en marmol los de doq 
Jorge Juan, del padre Sarmiento, de don José 
de Carbajal y don Alonso Clemenic de Ardslcgui, 
las estatuas de Luis I, de Fernando el VI y su 
esposa, las de Trajano, Teodosio, Ataúlfo, Wa- 
lia, Turismundo, Enrique IV y Felipe II. 

La escultura, dice el seiior Cean (i), recobró 

en España su esplendor con las obras, celo y apli- 
cación de este profesor. Proponía asuntos y es^pe- 



(1) Diccionario citado, art. Castro, doiule puede verse 
el catálogo de las obras ejecutadas por este célebre profesor. 



s ventajosas á su aJülantamicnto, pstimuUba i 
los jÓFencs al trabajo; Indat^aba las noticias per- 
Icnerienlcí á la historia de ias bellas artes esj>a- 
ñülas; defiiiidia con tesón sus boiioies y distin- 
ciones; y para acredilür tos de )a escultura sobre 
las demás, tradujo tlel toscano y publico en 7'53 
)a Lección de Benedicto Varchi.» 

El último de los restauradores del buen gusto 
en la escultura (de quienes línicamcnte uic b^ 
propuesto tratar) será el distinguiíto profesor don 
Manuel Alvarez, á quien solían llamar el griego, 
asi por el empeño que ponia en imitar las formas, 
actitudes y corrección del antiguo, como por la 
prolijidad con que acababa las obras Discípulo 
el mas aventajado de Castro, competia con este 
en la rigorosa observancia de las reglas del arle 
como también en el eslímuln que daba á los alum 
nos con sus lecciones y su ejemplo, dirigiéndolo 
por el buen camino, aun cuando estaba postradi 
en cama en los últimos anos de su vida. Suya, 
son las cinco estatuas de la fuente de Apolo en el 
Prado y otras escelentes obras que cita el se- 
ñor Cean , ejecutadas para Madrid y otros pue- 
blos. 

£1 grabado en dulce estaba para desapare- 
cer en España bácia mediados del siglo XVIIl, 
por bailarse ya á orillas del sepulcro y á la ed;id 
casi itonagciiana don Juan Bernabé Palomí 



363 

grabador de láminas, quien sin otro maestro que el 
estudio j la imitación de las estampas de los mejo- 
res autores estrangeros, llegó con su empeño y es- 
traordinaria aplicación á hacerse notable en este 
arte (i). Dedico'se á él por fortuna uno de aque- 
llos ingenios privilegiados, que á una escelente 
disposición natural, reúnen la aplicación y una 
esmerada enseñanza, 

D* Manuel Salvador Carmona , á quien po- 
demos considerar como el restaurador del grabado 
en dulce, estuvo al lado de su tio don Luis Salya- 
. dor Carmona, profesor de escultura, con quien 
ejecutó algunas obras. Después fué pensionado á 
Paris para instruirse en el grabado en dulce, y uso 
del agua fuerte en los principales ramos de histo* 
ria y retratos ; alli hizo tan grandes progresos que 
el rey de Francia le nombró su grabador; honra 
singular para un estrangero, deque no habia 
ejemplar. Restituido á España , no solo fue el 
restaurador del grabado , sino que arregló los 
tórculos que sirven para estampar , la fabricación 



(1) Grabó las láminas clel 2.^ tomo clel Museo pictó- 
rico de su tio don Antonio Palomino ; y habiendo tam- 
bién grabado con acierto en Córdoba el retrato de Luis 
XV , agradó tanto á Felipe V. que le hizo volver inmedia- 
tamente á la corte á grabar los planos de la jurisdicción 
de Madrid. 



364 

•.'.A ¡ijficl , la composición de tintas para lo mis- 
mu i y todo lo dispuso de modo que aniquiló por 
i'ittuiiccs el comercio estraugero de estampas en 
Lcucücio de la industria nacional (i). 

Pasan de 3oo las laminas que grabo, entre 
las cuales se distinguen las que designa la Aca- 
demia en el Resumen citado al pie. 

Bajo la dirección de Carmona y del pintor 
Baye'u hizo tan rápidos progresos en el grabado 
don Fernando Selma, que no tardó en darse i 
conocer como un profesor sobresaliente. Sus dibu- 
jos eran muy acabados, distinguiéndose por una 
corrección j delicadeza que participaban de la 
dulzura y suavidad de su carácter. £1 retrato de 
Carlos V porTiciano, las estampas del poema 
de la música de Triarte , las de la gran edición del 
Quijote impreso por Ibarra , la de la Virgen y la 
del Pez de Rafael dibiijiíibis y grabadas por líl , y 
el sna Q^éfonso de Murillo. te dieron una glorió- 



lo de Europa, 
los elementos male- 
y guslo del 




365 

ejecutaba « según se vé por las mismas cartas. Úl- 
timamente adopto en el grabado un nuevo estilo 
que' le puso al nivel de los primeros profesores de 
su tiempo. £1 retrato de Magallanes, el Pasmo 
de Sicilia de Rafael , y otras obras de esta última 
época , manifiestan lo varonil de su nuevo gusto; 
y aquellos toques maestros que animaron su gra- 
bado, dándole mayor espíritu y valcntia (i). . 

Contribuyeron también á los progresos del 
arte Moles, Montaner , Fabregat, Ballester, y 
sobre tqdo Amctllcr, Enguídanos y Estcvc, quie- 
nes con sus escelentes grabados han adquirido un 
glorioso nombre dentro y fuera de España. Sus 
obras, como mas inmediatas á nuestro tiempo, 
son roas conocidas ; y esta circunstancia,- junta con 
la limitación á que me reduce el plan de esta obra, 
disculpa suficientemente la generalidad con que 
hablo de estos distinguidos profesores. 

Como principales restauradores del grabado 
en hueco , merecen particular mención don Tomas 
Francisco Prieto , y especialmente su discípulo 
don Pedro González de Sepúlvcda, á "quien debe 
este arte sus mayores adelantamientos. Dístín- 
agüense entre las muchas obras que ejecuto, las 
•monedas árabes grabadas de orden del rey para 
el* de Marruecos; las matrices para las casas de 
-Uiil ■ ■ , ' 

(1) Resumen de las actas de la Academia citadas nii(ts. 



36G 

monnJa He España e Indias pertenecientes al r^ 
nado do Carlos IV¡ los sellos de todos tamaños pa- 
ra S. M. Y demás personas reales, como también 
para diferentes cuerpos y particulares ; j la me- 
dalla que ejecuto con mollvo de la institución de 
I.I orden de Carlos III, notable por la corrección 
de su dibujo, por el buen gusto de su composición 
y limpieza del grabado. 

Después de esta breve noticia de los progre- 
sos de las arles en España durante el siglo XVIII, 
nada mas justo que asociar á tan distinguidos 
profesores el respetable nombre det seíior Cean, 



cuyo 



diccionario citado 



por mí tantas veces, es 



una de las mejores obras que se ban escrito sobre 
las artes. Sus datos están por lo general sacados 
de los arcbivos y documentos públicos de las igle- 
sias y conventos; y en esta parte aventajo mucho 
á Palomino, cuyas noticias de los antiguos pin' 
tores, son en gran parte inesactas. Los juicios de 
Cean son también mas seguros, mas filosóficos y 
determinados que los de aquel profesor; y en su- 
ma, la obra es tan Interesante por su contenido 
como acertada en su plan, método y distribución. 
Asimismo es muy apreciablc por los fragmentos 
del poema y de otras obras de Céspedes sobre la 
pintdra, insertos en el Ape'nJice; como también 
por las labias cronológicas y geográficas del 
mo tomo. 



CAPITULO XVIII. 



Delta TÍcisitudes de la ensefianza pública, y de loa medios empleados 
por el gobierno para su reforma desde la invasión de los franceses 

en 1808 hasta la época presente. 



JCin este capítulo me ocuparán los objetos que 
espresa el epígrafe, s!n descender á las tareas in- 
dividuales, por la razón que indiqué en el capí- 
tulo anterior; después de lo cual aiiadirc algunas 
reflexiones sobre la urgente necesidad de arreglar 
bien los estudios preparatorios para la tercera en- 
señanza, ó sean las facultades profesionales. 

La invasión de los franceses que causo tan 
grandes trastornos en la sociedad espaííola, bizo 



1 



368 

notables perjuicios ala enseñanza pública, cu^ 
fondos SLiFrieron incalculable detrímtnto, como los 
demás del Estado. Sucedió también ijue muchos 
profesores abandonaron sus cátedras, huyendo de la 
dominación eslrangera; y un gran número de es- 
tudiantes tomo las armas d volunlariameote , u 
por requisición militar. Aun los que permanecie- 
ron en los estudios ¿que' sosiego podrían tener para 
entregarse á la meditación en medio de aquclli 
desolación universal ? Las alarmas eran 
nuas; el estrepito de la guerra no dejaba u 
ra de reposo a los ingenios. Hoy ocupaban los 
enemigos un pueblo donde habi^t algún estableci- 
miento de enseñanza ; mañana eran lanzados de 
él, voUian á ocuparle y en cada allcrnaliva de 
estas , las venganzas , muertes y saqueos destruian 
los institutos de mayor utilidad. 

El asturiano, por ejemplo , planteado 
tanto acierto por el sabio Jos'ellaiios, se vid 
ruinado y desierto: los soldados franceses convi 
licron en cuartel su edificio; y cuando su ilu 
fundador, huyendo de la perfidia de los hom 
que tan mal le pagaban sus servicios patiiólii 
Tolvio' á su país nativo , trató de restablcc 
querido Instituto. Para ello destino la cuarta 
te de su sueldo, que no pasaTia de í.o9 rs. (r)," 



(I) Olius I03 teJiú páralos gastus de ti gut 



36^ 

Aesde Juego se dedicó á taD benéfica obr^* Pero 
babíeodo los franceses invadido nuevamente aquel 
país, tuvo que fugarse, pereciendo en aquel amar- 
go destierro. 

Ni ganó tampoco la enseñanza en la primera 
-restauración áe Fernando Vil ¡ pues si bien los 
establecimientos de itistruccioñ pública recobra- 
ron sus antiguas rentas , no asi muchos de sus 
buenos profesores, que por haber sido partidario 
de las instituciones políticas de Gad¡2 , fueron 
despojados de sus cátedras arbitrariamente. Agre- 
gase i esto el mal sistema que se adoptó, vol- 
yiéndo á los atrasados estudios de la edad me- 
dia ; mientras en otras naciones cultas de Euro« 
pa , las ciencias faacian rápidos adelantamientos. 
Este movimiento progresivo se halla hábilmente 
descrito en la Historia de los progresos de las cien* 
cías naturales por Cuvier , inserta por suplemento 
á la historia de Bufón, publicada en castellano, 
edición de Barcelona, i832 (i). 

Restablecido en 1820 el régimen constitu* 
cional , llamó la atención de las Cortes el mal es-* 



dándose solo con 209 para sus gastos. Este desprendimien- 
to es uno de los muchos rasgoi que caracterizan la mag- 
nanimidad de Jovellanos. 

(1) No menos se trabajaba en la literatura, como 
acreditan las muchas obras de todas clases publicadas en 
Tomo íT. s4 



lado ¿6 la cDSeííanza; y nombrada una comiste 
de su seno, á la cual se asociaron algunos suge- 
tos de fuera acreditados por sus conoctmieiilos 
clentíGcos, formo un nuevo pl.in de estudios, que 
fue discutido y aprobado por la representación 
nacional en 3fj de juuio de i 82 1. Este plan aco- 
modado en general á tos adelantamientos que ba- 
l)ian hecho las ciencias en Europa, pecaba por 
un lujo esccsivo en las enseñanzas, pues la nacioii_ 
DO se bailaba en estada de costear un gran 1 
mero de ellas, y hubiera valido mas arrcgU 
bien la enscñaza primaria , establecer instituí^ 
de la segunda donde eran mas necesarios, y reía 



Alemauin , Francia , Inglaterra y oíros paisEs, A prin^ 
pios del siglo XIX 36 propagó En í'raiicia el géiic: 
niadp romiSnlíco , eslo es , según iiindama Stacl ea su 
cialite obra ie la Alemania, aquella lite 
su origen Ae la antigua cabalteria y ilel er 
cclclire escritora supone dividido el imperio de la'liten| 
tura, entre el paganismo y el cristianismo; < 
tigiiedad y la edad media; añadiendo que las 
origen latino, como que recibieron su civilización y 
lengua de los romanos , siguieron su sistema literario , 
que las naciones de origen tcutúuico, cívilicadas 
cristianismo , adoptaron otro sistema. Véanse las 
vaciones generales que preceden ásu obra de la Alcrnau 
y el capitulo 2.°, 2." parte de la misma , doni 
presamente de la poesía clisica y romiutica. 



371 

. 4 - ... 

mar los estudios de las universidades suprimicn* 
do algunas de ellas. Sin embargo, preciso es con- 
fesar que la Dirección de este ramo non^brada 
entonces, trabajó mucho en beneficio de la ense- 
ñanza pública, procurando acomodarse al estado 
^n que se hallaban los fondos y la nación misma. 

Pero no tardó esta en perder aquellos benefi- 
cios con la bárbara reacción del ano 23, que aca- 
bó con cuanto bueno se había hecho en este y otros 
ramos. Volvieron á levantar su cabeza el escolas- 
ticismo , las rancias preocupaciones y las atrasa- 
das doctrinas, hasta que algunos sugctos racio- 
nales y celosos 4 pasada la primera furia de aque- 
lla espantosa contrarevolücion , trataron de hacer 
frente a la barbarie con algunos útiles estableci- 
mientos. 

Fundáronse ep el G)nservatorio de artes , que 
como dije en otro capítulo se habia creado en 
1824., cátedras de aritmética y ^ometría, me* 
canica, física, química y delincación, con objeto 
de propagar estos conocimientos, y de ponerlos al 
alcance del mayor número posible de personas: 
enviáronse algunos pensionados á la Escuela de 
manufacturas y artes de París para aprender los 
conocimientos .científicos é indios tríales, observar 
los métodos de enseñanza, y el régimen interior de 
aquel establedimiéiilo. ]Pusiéi*onse ademas por el 
G)nservator¡o cátedras de aquellas enseñanzas en 



372 
varios pueblos del reino ; y ca ti de febrcrc 
■ 832 se publicó un ;irregIo de enseÜanzas pan 
el mismo Coascrvalurio (1). 

Como en 1 823 se babia anulado el plan general 
de estudios de 1 8 2 1 , fue preciso hacer otro arregla- 
do á los principios de aquel gobierno, j esta obra 
«lió como era de esperar. El plan publicado por 



M 



(I) Según el presupuesta de lat Corles , qae ha pi 
ci piado & regir desde l.^deeitero de IS4I , han sido 
ludas para el Cooservatorío las cátedras siguientes : una 
de aritméllca, geometría elemental y geomelria descnpH- 
va; una de mecánica; uua de Tísica; una de química; una 
de delineacioo. La easeGauía de mcráiiica se separó de la 
de aritmética ygcometria, (]ue antes estaban unidas , por- 
que uo solo profesor no poilia desempeünrlas cu»1 rorrcs- 
ponde. Ademas se hallan puestas en varias provincias y 
aprobadas en el referido presupuesto las cátedras iHguieo- 
les -. en Badajoz, una de matemáticas puras y delineacion; 
en liurgos, dos de geometría , mecánica , delineacion y 
([uimica ; las mismas que se bm establecido en Cádiz, 
Granada, Málaga, Murcia, Oviedo, Santiago, Sevilla j 
Valencia. 

Se bailan también planteados los siguientes estable- 
cimientos de segunda enseñanza; I09 de san Icidro y Uc 
las escuelas Pias de Madrid, el Instituto Cantábrico, el 
Asturiano , los de Ciceres , Murcia , Lérida , Albacete, 
Burgos, Soria , Tudela y los colegios de Cúrdoba y Bacza 
que baccD las veces de institutos, basta que se les dé la or- 
ganÍEacion de tales. Ademas bay otros proyectados 
diferentes poblaciones del reino. 



373 

el ministro C;)Ioinar(]e en 1 824. era absurdo eo lo 
relativo a asignaturas , y libros de testo, si bien 
oontiene algiin/is bucnns disposiciones reglamen- 
tarias tomadas ele los planes anteriores. Con aquel 
desacertado sistema y la persecución de un gran 
número de profesores ilustrados, ¿qué podía es- 
perarse de las universidades sino vergonzoso atra* 
so y malísima enseñanza? Aun asi el suspicaz 
gobierno temiendo la propagación de las luces en- 
tre los jóvenes reunidos, mandó cerrar las univer- 
sidades, mientras que en Sevilla tenia abierta una 
escuela de tauromaquia. 

Aunque volvieron aquellas á abrirse por de- 
creto de la reina, según dije en el capitulo i4« 
no se reformó la enseñanza hasta que por un real 
decreto de 25 de setiembre de i834 < se nom- 
bró una dirección general de estudios compuesta 
de cinco individuos. Recibió esta el especial en- 
cargo de formar un nuevo plan mas conforme al 
sistema político que se habia adoptado, y al es- 
tado de civilización en qfje se bailaban las prin- 
cipales naciones de Europa: lo cual ejecutó sin 
tardanza presentando al gobierno un plan de es- 
tudios en el que se hacian grandes reformas , a.«í 
en el método de la enseñanza , establecimiento de 
nuevas asignaturas y señalamiento de autores p;i- 
ra libros de testo, como en materias de gobierno 
interior y disciplina de los establecimientos lile- 



rarios. Pasóse este proycclo á informe del Consejo 
realquc Iilzo en e'l muclias modiricacioncs, después 
de largas y luminosasconfereDcias. Trasladado por 
fin el dictamen del Consejo al Minislerio, se for- 
mo en este con presencia de aquellos dalos y de 
otros aniccedeiiles mas antiguos, un plan de es- 
tudios que se publicó en 4- de agosto de 1 836 , y 
no llegó á ponerse en planta, á consecuencia de 
una real orden espedida en i del siguiente mes. 

Por un decreto posterior se reslabicció con el 
carácter de interinidad la Dirección general de es- 
ludios, conforme á lo que se prevenía en cl art 
culo 3C9 de la Constitución de 1 8 1 2 , y en el 
glamenlo de las Cortes de 2^ de junio de 182 

Como estaban ya para abrirse las universi- 
dades y otros establecimientos de cnseííanza pú- 
blica , no había tiempo para plantear bíen los es¡ 
tudios, en caso de adoptarse alguno de los pb 
formados anleríormentc, y menos para hacer otro" 
nuevo. Túvose, pues, por mas acetlado arreglar 
provisionalmente la enseñanza , ¡ntroiluciendo CD 
ella las urgentes reformas que reclamaba impc 
riosamente cl estado de la nación. 

Este arreglo provisional aprobado por S. 
en real orden de 29 de octubre de í 
imprimió en la Gaceta de 6 de no\ 
cedido de una esposicion de la Dirección gencr 
en que da razón de tas mejoras que había pi 



1 

si- 

'm 




375 

pqestp 60 Gl,;s¡stcma general de. enseñanza. Co« 
mp e^tf; arr(;g)Q provisional rige todavia , no se- 
fí ii^oportuQO especificar 9C[ui las |)rinc¡pa1cs re^ 
(orinas que por cl.j$e hicieron en Ja enseñanza 
^qupdaria y en la auperion j^l estudio de la loV 
giq2^ se agrego el de la gramáticjEi ;^eneral o filoso- 
fica^ con el objeto ¿q, hermanar, como dice la Di-: 
rcccion, upos conocimieijitos, ^náiogo^. entre si, y 
proporcionar á los alumnpi 1^ \ooasjon^,^e, ejerci- 
tarse, en, el. análisis. £n^esfe primer año de filoso- 
fia empieza tamhien.eleftHJ^io (je la^ matemáticas, 
con el fin.pcincip^l'dc ^i^pon^r 4 loi «djscipulos 
par^ el de la.£isica,.y 9C06lumbrarlos á ^raciocinar 
coq csactítud; y al: catedrático de. matemáticas se 
encargó tamhien la aplicación de la geometria al 
dibujo lineal .<>n este •misma apo.. 

Al estudio de Ia,fí4Í/:a,«^ que se hace en el segu- 
do aSa^imultáneapiente co.nel 2.^ do matemáticas, 
8fi. agregó también Ift enseñanza dp.la geografía^ 
matemática. y física ,« como .preliminar ipdispensa- 
blopara estudiar 9011 aprovechamiento la historia^ 
La enseñanza de Ja ^losofia rporal , ,que. se da 
en el tercer ano , se hermanó con e| estudip de Idi, 
religión, porque la sancjon. religión es . la base de; 
la buena moral ; y la Es^pana , que es, csencialnnep* 
te católica, no debia descuidar tan¡(iecesario estu- 
dio., aJ quaisedaen el dia tan grand;^ important 
cia en |los paiseí mas cultos de Europa. 



les <d^| 
rccMJI 



376 

IjU ^ lerCcVa enseñanza, ó sean las faculf»' 
i4ÍQk jtttf>.'t Mii'CJ , como se tlaman cornuomenle. )C 
lücícfuu l.tmbícii considerables reformas Por el 
iitim <i^ 1Ü2Í nada había quedado en el estudio 
tlfi la jurisprudeacia que pqdiese recordar i lo* 
jNieblos sus perdidos derechos. ¿Que ideas saaas, 
tJecia la Dirección , podía tener de jurisprudencia 
vi que ignore los principios del derecho aaiural 
y de gentes , del derecho público, y de !a ciencia 
vconomica? Asi es que por el arreglo provisional 
se eslablecicroD estas asignaturas, como lambii 
la del derecho crtmioal de Espaiía que antes 
enseñaba muy superficialmente y la del dei 
mercantil, que nunca se aprendió en nuestras uni- 
versidades. 

£0 cuanto al estuco de la junsprudeocia 
candaica, la Dirección crejrd muy acertadamente 
que esta no dehia formar por si una carrera se- 
parada , porque ó bien se enlaza esta enseñanza 
con la jurisprudencia civil , d es el complemento 
de la carrera de teología; y así se limita á seSa- 
br i cada una de ellas b parle que le correspoo- 
oe en este estadio; adnrlíendo fon oportaoldad 
es sn esposiñoa , que bien dirígtda esU eBseaaii- 
a Kara rooocer los «trdaden» timiles de b po- 
testad erlesiáttica ce «aleñas de dÍKÍpKna . j 
bs aitti^aas pnro^ttns ^ h eonaa las ^ 
Mcrabad» par hs fcctrisas «Itraanabaas. 



377 

Ija tcolog^ia, que por el plan de ettadíoi de 
1824 había retrocedido al siglo XIII, se paso 
por el iqdicado arreglo provisional en armonía 
con los demás estudios reformados « despojada 
del escolasticismo « pertrechada de puras doctrinas 
j asistida de los estodios ausiliares eorrespon* 
dientes, según puede verse en el capítulo 2«^, sec« 
cioñ 2.^ del arreglo. 

. En orden al estadio de la medicina en las 
universidades , decia la Dirección , qae no sienda 
posible discutir 7 acordar en tan corto tiempo lai 
reformas sustanciales que pudieran ser precisas; 
y habiendo quedado esta ciencia menos malpara* 
da que otras , por no rozarse con las ideas políti^' 
cas; se limitaba á proponer que no se comem^§t 
el esludio de la medicina por aquel aSo en lai 
universidades donde no pudiera darse c$Í9í ense^ 
Sanza con todos los medios necesarios, cuales sori$ 
el competente número de catedráticos , disector^ 
anfiteatro anatómico, j surtido de cadáveres* Asi 
se evitará, aitadia la Dirección, el inconveniente 
de que los jóvenea emprendan esta carrera donde 
por falta de dichos medios no pueden hacer eo 
ella los adelantamientos debidos ; qaedándoles CO' 
mo les queda el arbitrio de trasladarse á otra nnu 
versidad , ¿ á los colegios provistos de todo lo ne- 
cesario para proporcionar una sólida enseSanza. 
He aquí las principales reformas becbaa por 



378 

el Arreglo provisional, que sí no lian daílo al s'it- • 
tema general <]c instrucción púltlica lodo el enla- 
ce, regularidad y amplitud de que es susceptible, 
lo cual DO puede hacerse por una medida provi^ 
sional, lia abierto por lo tnciios el caminQ y prc 
parado á los alumnos para que puedan reci bir 
aprovccbamienlo un caudal mas copioso de áof 
trina, cuando resueltas por las Cortes las ba^ 
que tiene presentadas el gobierno para el arrcgli 
general de la enseñanza secundaria y superior , 
pueda llevar este á debido efecto. 

INo me detengo mas en esta materia por ha- 
berse publicado ya en el Bolctin oficial de instruc- 
ccion pública excelentes artículos sobre el estado 
actual de ella , sobre \as granílcs mejoras que ha 
recibido la enseñanza primaria, las que deben ha- 
cerse en la secundaria y demás estudios; cueslio- 
ncs del mayor ínteres en este importantísimo ra- 
mo de la administración pública. Los datos oficiai> 1 
les que en aquel periódico se presentan , y la^fl 
consideraciones filosóficas con que van acomp^i^^ 
fiados, nada dejan que desear, y sin entrar yo en 
tales investigaciones á riesgo de repetir las misaias 
ideas , concluiré' este capitulo con las siguientes 
observaciones acerca de tos estudios preparatorio^ J 
para las facultades mayores, punto que i 
un pronto arreglo, y sobre el cual m 
mado bastante la atención piíblica. 




379 

El pía o de estudios decretado por las Cortes 
en 1821 , laas conformé que los anteriores al eS"" 
tado que entonces tema la instrucción pública en 
las naciones mas ct|Itas de ]EiUropa , dio á la ense- 
ñanza secundaria }a estension é importancia que 
reclaman tan útiles conocimientos f y exigia para 
las facult9des de teología, leyes y medicina dis^ 
tintos estpdios prep^fi^torios. Pero según el siste- 
ma acttial de enseñanza, son utios mismos los de 
las tres carreras. Este defecto deberá desaparecer 
cuando aprobadas por las Cortes las bases que tie- 
ne presentadas el gobierno, puedan plantearse en 
todo el reino los e^tqdios con la uniformidad y 
acijsrto qrié corresponde. Solo entonces podrá re-' 
solverse 8dh tino la cuestión importante de la ins*^ 
triiccion preparatoria mas conveniente á los discí- 
pulos para emprender la carrera especial que cada 
uno de ellos haya abrazado. 

Ofrece este punto gran dificultad ; porque se 
trata de proporcionar á los alumnos los conoci« 
mientos peculiares y puramente indispensables 
que necesiten para empezar con aprovechamiento 
la profesión que adopten, y no hacerles perder el 
tiempo en estudios preparatorios que les hayan de 
ser de poca ó ninguna utilidad. Por el plan ge- 
neral de estudios de í de agosto de i83o, que co^ 
mo he dicho no llego á plantea k'se, se exigia á 
los que hubiesen de seguir las carreras de juris- 



38o 
pnidcRcia y teología el grado ác bachiller en le- 
tras; y á los cúrtanles de mcilicina y cirujia, far- 
macia y velerinaria, el de liaclitUcr cDcícocias. Lo 
mismo se exige eti Francia; con \i difei encía de 
que allí está bicD determinado lo que se cniícodc 
poc Iclras j por ciencias; y en Espuiía no cslabaa 
aun adoptadas en aquel scolído tales denomina- 
ciones, espccíalniente la primera, y mucho menos 
arreglados aquellos estudios para recibir el refe- 
rido grado. 

En la misma Francia hay escuelas prepara- 
torias como la politécnica, donde los discípulos to- 
dos internos y sujetos á una continua vigilancia y 
dirección especial, emplean bien el tiempo, y se 
preparan con sólidos conocímícnlos para las res- 
pectivas profesiones. Son de tanta utilidad eslus 
establecimientos, que convendría generalizarlos en 
cada facultad , por cuyo medio adquirirían los 
alumnos la instrucción complementaria que nece- 
sitasen para empezar con fruto sus rcspcitivas 
carreras. £n estas escuelas se emplea utilmente el 
tiempo, no están espuestos los ¡dvenes á la disi- 
pación, y los padres de familia tícncn una segu- 
ridad, que ahora les falta, de la buena ocupación 
de sus hijos. I,.os ejercicios continuos y en común 
que hacen allí las jóvenes, y los rigorosos exáme- 
nes á que están sujelos, escítan su emulación , y 
les facilitan mucho los adelantamientos. En aquel 



38i 

reino se van propagando estos establecimientos pu» 
blicos y de particulares , para proporcionar la ins- 
trucción preliminar j complementaria que se nece* 
sita para el estudio de las diversas profesiones; j 
ojalá llegue pronto el dia en que nosotros imitando 
á las naciones mas cultas de Europa « empleemos en 
los progresos de la enseñanza púUica igual inte- 
rés , celo j perseverancia. Sin esto no hay que es* 
perar adelantamientos en la civilización , ni gran- 
des mejoras en el orden social 






/ 



k ' , , 



. i 



CAPÍTULO XIX. 



I • ! t 



Observaciones generales^ y conclusión. 



J^os sucesos referidos aunque compendiosa- 
mente en esta obra, ofrecen á mi ver cuatro épo- 
cas bien distintas y deteridiíiá^as del estado so- 
cial de España, y de los diversos elementos dé ci- 
vilización en cada una de ellas, á saber: i.^ el 
de la heroica lucha con el poderio musulmán, en 
que predominaron los sentimientos enérgicos de 
libertad é independencia, y la España se dividió 
en varios reinos: 2.^ el de la monarquía única, 
de la centralización del poder y de su abuso bajo 
la dominación de la casa de Austria: 3.^ el de las 



383 

reformas administrativas , fomeoto de los iotere- 
s^s materiales de la sociedad, é introducción de 
nuevas ideas, hábitos y costumbres, bajo la dinas- 
lia de los Borbooes: 4*^ el de las revoluciones 
políticas, en que empieza la lucba entre el poder 
absoluto j la reforma constitucional, que alter- 
nativamente triunfatn , originando estas vicisitu- 
des grandes trastornos en el estado social 

La primera de estas cuatro épocas, que pue- 
de llamarse el tiempo heroico de £spana, es no* 
table por la gloriosa existencia con que se forma- 
ron las diversas monarquías cristianas de la edad 
media. Gl sentimiento religioso prevalece en todas 
ellas, inspirando grandes pensamientos, mezclados 
á veces en la >plcbe con perseguidora intolerancia 
y odio al mercenario y abyecto judaismo. La cruz 
es una celestial ensena á cuya vista todas las cla- 
ses de la sociedad corren con intrepidez á los com- 
bates. £1 himno religioso .enciende los corazones 
de la muchedumbre , como al. antiguo pueblo de 
Grecia los cantos de Tirteo. í Mezcla noble de ca- 
rácter ascético y moral que distingue á los guer* 
reros de aquel tiempo , y jproduce tan grandes re- 
sultados! 

Hermanado con el sentimiento religiosa iba 
siempre el amor de la patria, y la firme resolución 
de morir defendiendo sus leyes. En los congresos 
de Aragón se ve la auit^i^fid inflexíblf de los an- 



384 

liguos espartanos: las cortes de Caslilla r(^rucr¿4 
la dignidad . prudencia y firmeza tic los antigaos 
palricios de Roma. Todo era nacional enafjndlcs 
tiempos; lodo presentaba una fisononiia prouia, 
peculiar, cspaiíola. Nuestro sistema municipal era 
diferente del de otros estados de Europa r nuestro 
pueblo no se regia por el rodigo feudal de Ciras 
naciones ; y aunque la Cataluña recibió soberanos, 
leyes y costumbres de Francia , pronto se hizo Íq- 
dependicnte , sobrepujando ea inteligencia c í 
duslria á la patria de sus antt¡!;uos señores. 

E! roce con los cullos y elegantes a'rabes tem- 
plo la fiereza gótica de nucslros antepasados ; y en- 
tonces se formaron aquellas costumbres cabalIercs-_ 
cas tan interesantes, aquel valor beroico mezcln 
do con los entrañables afectos de humanidad, d» 
roción religiosa, fidelidad y respeto al bello sexo, 
que hacen tan ideal la antigua poesía. ¿Quie'n no 
se siente conmovido al leer las sencillas páginas 
de nuestras antiguas crónicas y de los animados 
cancioneros? Todo es eminentemente poe'tico en 
aquellos remotos siglos de la edad media. 

Las almas degradadas que no ansian en las 
sociedades modernas mas que los materiales inte- 
reses, y los goces sensuales en un mundo que ellas 
apellidan positivo , son incapaces de elevarse á la 
superior esfera de aquellos nobles scnlimícntos que 
animaron á los homhres de oíros siglos. ÜNo crM 



"em- 
ren- 
rcs- 



385 

sos ídolos la riqueu n¡ el afetninado lujo , sino 
la religión y la patria, cuya gloria satisfacia com- 
pleta mente sus deseos. De aqui el noble tesón « la 
constante lucha con los infieles, y los costosos sa- 
crificios hechos por consenrar la libertad j la in- 
dependencia. 

De aqui también aquella gran sendUei de 
costumbres, aquella parsimonia y sobriedad que 
distinguieron siempre al pueblo español, para 
quien tuvo la riqueza material una importancia 
secundaria. Esta noble frugalidad , dice un aprc- 
ciable escritor estrangcro (i), ha penetrado tan 
profundamente en el carácter español , que para 
él son ineficaces las tentativas de corrupción, y e! 
aliciente de un ostentoso lujo. 

Con aquella sencillex de costumbres se junta- 
ban una gran sensatez y prudencia en la conduc- 
ta, una eminente razón de estado, y cierta íbrta- 
leza práctica en los negocios de la vida , que es- 
cluia hasta cierto punto los placeres de la imagi- 
nación, pero que realzaba la dignidad de la na- 
turaleza humana. Los aragoneses en los buenos 
tiempos de su historia llevaron hasta la mas in- 
flexible severidad su amor á la justicia. La liber- 
tad echó profundas raices cñ aquellos corazones 



Üe UEspágüe , coilsideratíons sar soii passé , son pre^ 
ient et jon avenir , par Mr. le Barón d' Eckstein. 
Tomo IF. 25 



386 

indómitoff que bajaron á recobrar sa independen- 
cia desde las montanas del Pirineo, duros como 
aquellas indestmctibles rocas , rápidos como los 
torrentes que de ellas se desprendían. 

En la época segunda se unieron las dos co- 
ronas de Aragón jr Castilla por medio del enlace 
de Isabel y Femando. Formóse entonces la gran 
monarquía que absonriendo después las de €rra- 

nada y de Navarra , quedó única , fuerte , vigo- 
rosa, y ufana con los laureles de ocbo siglos. 

Empero no era un todo compuesto de partes ho- 
mogéneas: la centralización no habia nivelado 

todas las provincias: las Vascongadas , Navarra, 
Aragón , Cataluña y Valencia conservaban sus 
fueros , sus peculiares hábitos y costumbres ; y de 
aqui la gran dificultad de establecer una adminis- 
tración central uniforme; inconveniente que aun 
palpamos en el dia después de tantos siglos. 

£1 poder real sigue su grandiosa obra de ci- 
vilizar, dar orden y estabilidad á aquel gran to- 
do compuesto de tan diversas partes. Organiza 
una fuerza suya para tener á raya las inmodera- 
das pretensiones de los proceres , acostumbrados á 
competir con los monarcas. Completa la obra el 
cardenal Cisneros, aquel prelado castellano rígido, 
austero, maestro en la religión y la política, como 
en la edad media lo hablan sido muchos obispos. 
Identificados con el puebla veslian la coraza como 



387 

él para guerrear con los musulmanes, jr luego en 
las asambleas legislativas defendían las franquicias 
de la nación. 

¿ Por qué inesplicable fatalidad nos legaron el 
sagaz Fernando y la grande Isabel el sanguinario 
tribunal de la inquisición ? ¿co'mo tratando de fo- 
mentar la prosperidad de su reino, lanzaron de él 
á los industriosos judios? ¡Política mezquina! ¡ver- 
gonzoso tributo pagado á la intolerancia mona* 
cal! Inde mali labes; de aqui el origen de nuestros 
desaciertos posteriores , de la ignorancia y degra- 
dación de tan gloriosa monarquía. 

Carlos V, que vino á regirla sin conocer á los 
españoles, animado de insaciable ambición, an- 
sioso de poder ilimitado, acabó con las libertades 
de Castilla. Padilla , Bravo j Maldonado fueron 
los últimos de aquellos antiguos patriotas, como 
Catón fue el último de los romanos. En aquella 
revolución política se ven las antiguas almas de 
acerado temple , bregando como el angustiado 
Laoconte con las venenosas sierpes que le devoran. 
La verdadera libertad , la que nace del corazón, 
la que se funda en una práctica de largos siglos, 
era el ansiado patrimonio de aquellos nobles cas- 
tellanos, que la vieron morir ahogada por un fla- 
menco , á quien el rey católico habia allanado el 
' camino de la opresión. 

Aquellos antiguos proceres tan poderosos é 






independie 



idieales 
Topresentacii 
se á reclamarle, i 



388 
fueron desposeídos del dereclio 4 
en las aollgiias corles, sin atrcfe^ 
1 de derecto los corres 



I 



de 

1 



según las leyes fundamentales del reino, ¡Tan 
grande era ya sn abalímienlo y tna irresistible el 
poder de la corona! £1 clero por lo menos, aun- 
que rscluido de las cortes romo la nobleza , tenia 
un verdadero poder, respetable para los mismos 
monarcas, apoyado en la corte de Boma , en la 
inquisición, y luego en los jcsuilas, institución re- 
ligiosa cuyo tipo es propiamente español, grande 
en su objeto, que era la monarquía cspirilitj 
como CartosV aspiraba á la temporal. 

Con estos elementos se hallaba ya desfígai 
la antigua sociedad espaiiola. arruinado su siste- 
ma político, bumillada la nobleza , convertida en 
fanatismo religioso la antigua y pura creencia de 
la iglesia goda. ¿Qué hacia entrclanlu aquel he- 
roico pueblo español, lan libre en otro tiempo, 
tan independiente, lan bizarro, y por espacio de 
ocho siglos ocupado en blandir la lanza y esgrimir 
la espada contra los opresores de su patria? 

Los astutos monarcas le hicieron conocer otra 
gloria , la de las conquistas ; lleváronle á Italia , al 
Nuevo Mundo, á los Faises B;<jos , al interior de 
Alemania: allí cogia gloriosos laureles; halagá- 
banle los himnos del triunfo, cegábale cI incienso 
que scqucmalu en obsequio del cesar: conquistaba 



389 

el oro y la plata de Méjico y del Perú; abría nue- 
vas regiones á la religión cristiana , gananciosos 
mercados al comercio ; y estos grandes beneficios 
que procuraba á la civilización general, le baciaa 
olvidar sus antiguas instituciones. 

Felipe II hereda la ambición de su padre, pe- 
ro no tan bizarro y aventurero como él, se ocupa 
mas en ia política del gabinete ; y alli concibe 
grandes pensamientos , mezclados con otros pro* 
yectos de fatal trascendencia. Los laureles ganados 
en S. Quintin acreditan que los españoles no han 
perdido la superioridad militar adquirida eo Pa- 
via. La humillación del poder turco que amenaza- 
ba á la Europa con sus terribles fuerzas , era un 
gran beneficio hecho á la civilización europea; al 
paso que la ocupación de Portugal daba mayor 
consistencia á la monarquía española, aumentaba 
sus recursos, y estendia. sus relaciones mercantiles; 

Abarcaba Felipe con su vasta comprensión 
todo el ámbito de tan estensa monaiquia : ocupa* 
banle alternativamente los talleres de las artes, 
ios trabajos de la estadística , el cuidado de las 
obras públicas, la .protección de las letras , las 
tareas de la hacienda, los negocios del clero, el 
confuso laberinto de la política europea , en que 
era muy práctico y entendido^ Reprimida que fué 
la rebelión de los moriscos de Granada, reinó 
el orden en el inleiior de la monarquía; pero era 



Sgo 
el ordeo ¿e los claaslros, lilendoso, y somlirío co- 
mo el aeniblaate del monarca. La inquisición, mas 
vigilante entonces y terrible por las heregias que 
cuodian en Europa , fulminaba sentencias de 
muerte en sus tenebrosas cavernas, intimidando 
i cuantos cultivaban las letras españolas. La ín- 
fame delación convertida por el fanatismo en de- 
ber religioso, se babia mezclado con las altas ca- 
lidades del carácter español para corromperlas, 
coDio ct venena de la vívora inficiona la sangre 
£1 disimulo y la hipocresia sucedieron á la anti- 
gua franqueza y sinceridad castellana. 

Aragón bacía inútiles esfuerzos para defender 
su. antigua libertad:. AotonioPerez se salvaba en 
Francia : el Justicia mayor perecía! en un .cadalso. 
Todavía Felipe no clava en los antiguos fueros 
el. agudo puñal, como Pedro IV. en el de la fa- 
mosa unión, ni los borra de una plumada como 
Felipe V. Contento con mostrará tos aragoneses 
su poder terrible, tes deja el o5teiil<goce de unas 
leyes que ban perdido ya su antigua, eficacia. Mas 
diestro en el maqniavolisma que su padre, respe-^ 
ta'Us formas esLablecidas, convoca tas cortes de 
¡i -procuradores cuando las necesita , seguro de 
i^m no iiap dt oponerse á su incxürablc voimilai). 
ie los Estados-Unidüs de Ho- 
,. y empica los Icíoios, 




391 

libertad política y xtM^otA ipe tanto le 

La proyectada invasión de Inglaterra, si 

ideada con altas miras políticas, ofirccía cu 

ejecución tan grares incomrcnientcs y pefigros, 

la prudencia marcaba aqoel pessamícsto am A 

sello de la reprobación ; al paso qoe la cítüíz^h- 

don se horrorizaba riendo la poderosa mum^ ̀ 

uo déspota tendida para abogar no solo la lücr^ 
tad democrática de los Plises Bajos, smo la tm^^ 

narquia constitucional de los brilanos He a^pn b» 
grandes errores de Felipe. 

Aquellos tesoros tan mal empleados crao las 
fuerzas Titales robadas á la índoslría espaSb£a^ 
que pereda exánime en medio de las ferió¿«ca# 
inundaciones de plata del dinero 3iímném. I>» «S' 
trangeros, los enemigos de b mfioar^ia €Sp(»Mi(a 
nos la arrancaban con $a índoslniaf para ítíi^et 
después la guerra al mismo que no sabía itei^ei^ 
ciarla en sus estados. Poblábanse ks ¿^»^eA€o# 
de brazos que deberían ocuparse esi k$ t^Lier'^ 
y faé aqui como el pofler rigoroso qtie l^bía es^ 
tendido su dominación desde ¡as túéU$ A^ Vttú 
bdsla las del imperto cbino, se debírita y e Awm " 
me , á la msíner^ de an rasto íneettdío esattl^ Je 
▼a (altando el combustíLle. 

£n los reinados de Felipe III y FeUpe fV se 
hace respetar todavía la monarfoia t$ftSi6U, ssaer 
por la grandeza de su tradicional resombre; y fas 



3g2 
venerables restos ¿c sus antiguos guerreros 
por la verdadera fuerza de su constÍLucioD inte- 
rior. La corte se ocupa en fiestas y regocijos ; los 
grandes compiten en opulencia, brilla el solio del 
monarca con el falso esplendor que le cerca, co- 
mo los arreboles de occidente recamados de oro y 
de púrpura al tiempo de sepultarse el sol, que 
luego se convierten en cárdenas tintas y pavoro 
sas sombras. 

Los campos van quedando desiertos : cícrrai 
se unos tras otros los talleres por falta de traba' 
jo: los brazos de los valientes mas acostumbrados 



4 



á [as lie 



I que 



i las labores sedentarias de la i 



dustria, no pueden suplir la falta de 
arrojados bárbaramente del s 



los moriscos 



espai 



por 



el 



débil y escrupuloso FcIípc III- Recaudadores y 
asentistas estrangeros devoran las rentas del esta- 
do ; la inquisición celebra autos de fe; y en este 
desquiciamiento general de la monarquía no que- 
da para consuelo y gloria de sus babitantes , mas 
que la célebre oombradia de algunos esclarecidos 
escritores. ¿Que' diré del reinado de Carlos II? 
Es !a tumba fatal donde quedan sepultados tan- 
tos siglos de gloria !!! 

Con deseos de restaurar la monarquía vino á 
principios del siglo 1 8 un príncipe estrangero de la 
casa real de Francia; pero no eran solo las insti- 
tuciones administrativas de Luis XIY, y la pros- 




393 

perídad matenil id sacb afofirf, 1» 
sitaban sos baUtaotcsL Sm ityj a m fdú¿i» 
cíonal , $as antiguas eárUs faSam mk 
orden fiable, on liiliii de püermm 
mente espanoL £n ctfa fnrle Ffpc T hi 
por el bien de so patria jihpfiíijL Mii^j 
de aniqaibr los íbcrof de Aragón j Cafafgffi» par 
espíritu de Trnganxa , babia igiialn d i» ü» Í lmim 
manifestados en Castilla ubre c— fia eaMi áe «r- 
tes , con el oMitiTO qoe refiere en saa 
el marques de S. Fefípe {íy 

Apurados de rccorsos I» firaneeses £ 
pios de la guerra de atetáom^ fesSam que s 
siesen en España meras CMtfríWrwnei; pen^ ef 
cardenal Portocarrero se opsso a ^b uBtnífrifiíü 
do, que el rej tenia sofeimles realas síeamre fue 
estuviesen bien administradas: Para el arrejfi» díe 
est9 adminístracúm pidió el mij a m f^rieaait al 
gobierno francés que enriase ie Yr^m^ht wm mr* 
tendente general ; y entonces fiae mtmAmA^ f^hrjr^ 

''Esto , dice el marques de & FeCpe < «^ se 
llevó bien en España ; disimolaWse el dídlir « j 
con la nueva planta que quma dar el b^mtes m 



(1) Toiao !«•, páfi. 46 y 



394 

cnagonaban mas cada dia los ánimos. Esto hi'i 
discurrir á los máznales y padres de la patria, 
que seria convcDientc juntar corles generales eo 
Castilla, con las cuales se daria asiento á muclias 
cosas , y cunGrmariiin el homcnage al rey los pue- 
blos, Aiilor de este dictamen fue el marques de 
Villcna , hombre por su sangre de los mas ilus- 
tres, ingc'nuo , erudito y sincero: decía que "im- 
>• porlaba corregir muchos abusos y establecer nue- 
"Vas leyes conformes á la necesidad de ios tiem- 
wpos, y que promulgadas estas de acuerdo con los 
"pueblos, no solo, tendrían inviolable ejecución, 
"pero se podía prometer al rey mayores tribuios 
«y con mejor método cobrados ; porque nadie ¡g- 
"noraba las cstrcciicces del real erario para una 
"guerra que se preveía' infalible dentro y fuera 
"^C España : que era raiton observase el rey los 
sfueros, y que eslo !o creerían los .vúbflílos cuan- 
»do con nuevo juramento los autorizase, sin aña- 
"dir otros; porque en Castilla aunque había po- 
"Cos, no SG tenia ambición de ellos , como ea los 
» reinos de la corona de Aragón; y que asi podia 
"cl rey sin peligro juntar las ciudades á cougre- 
"so, que sin duda confirmaria los ánimos en la 
"fidelidad . amur y obediencia a su príncipe.' 

Examinada en el consejo áe gabinete cat 
proposición fue desechada, y el rey espidió 
decreto nianifcslando, que no conTcnia por enloi 



395 

ees convocar, cortes. Algosos magnates j ciudades 
(añade el marques de S. Felipe) quedaron dis- 
gustados de esto, porque ja se habían publí* 
cado posibles aquellas , y creian que negarlas era 
opresión. 

!Nada pues se adelantaba en la política inte-^ 
rior , al paso que un eslrangero venia á turbar 
los ánimos con sus precipitadas reformas , que- 
riendo amoldarlo todo según las ordenanzas de 
Luis XIV. Cierto es que los antiguos abusos ne- 
cesitaban grandes remedios; pero era necesario 
atemperarse al carácter nacional , consultar sus 
costumbres y antiguas leyes, y sobre todo acudir 'á 
la autoridad de las cortes , donde en los buenos 
tiempos, se trataban los intereses generales deja 
nación. 

Pero los eslrangeros se babian apoderado del 
principal influjo en la corte , y las maxiniai; polí- 
ticas del gobierno absoluto de Luis XIV fueron 
prevaleciendo en España, conbarta m^gua de la 
independeocia nacional. Posteriormente* introdujo 
la princesa de los Ur,s¡nos en el real palacio d^ 
Madrid la artiGciosa política de Italia, losardi^^. 
des y maniobras de las camarillas. Alberoni con 
mas alta capacidad quiere volver á los españoles 
su antigua gloria militar, pero una desmedida 
ambición, muy desigual á los medios con que 
cuenta, le precipitan de su fantástico ¡ensalza- 



396 

míenlo. El inmoral y aventurero Kíperdá asptti 
á ser el regenerador de España con algunos cono- 
cimientos áv hacienda . fon [>ocos y suijerflciales 
ác política , y ron un audaz cbarlaUnJsmo (|uc en 
breve le hace pertlcí su [irímcta fama, j hundirse 
en el abismo de la desgracia. 

Afortunadamenlc vinieron en pos los Paliños, 
Campillos y Ensenadas , y uias tarde los Hodas, 
Florida blancas, Campomanes. Azaras y Jovella- 
nos, españoles instruidos, sensatos , piáctícos ad- 
ministradores los unos, diestros estadistas y sa- 
bios jurisconsultos los otros, que adoptando mu- 
chas reformas administrativas de Francia , y aco- 
inodándolasoportunaiiicnte á nuestro sucio, dieroa,^ 
grande impulso á la púMica prosperidad, ^H 

Los intereses materiales de la sociedad efdlffl 
entonces el principal objeto de ia investigación: 
la ciencia económico-política llamaba poderosa- 
laentc la atención de los sabios mas distinguidos. 
; Cuánto no se debió á las tareas económicas de 
los jurisconsultos Campomanes y Jovcllanos , y de 
otros escritores espaíiolcs. que antes y después de 
ellos cstendieron las saludables doctrinas de una 
ciencia tan útil , cuando no se apoderan de ella 
para torcidos fines los charlatanes y curanderos 
políticos! Las sociedades económicas fundadas va 
tan buenos principios, y en el conocimiento prác- 
tico de las lespcctiras localidades, trabajaban de 



397 

consuno, para sacar á esta nacían Jesvcnluratla Je 
la poslraeion del siglo XVII. Aspirábase lambica 
i desterrar las linieblas de la supcrslicion, á cstir- 
par los abusos del poder eclesiástico, consolidando 
la prerogativa real que lan victoriosamente su- 
pieron defender los emínenles jurisconsultos de los 
reinados de Carlos III y Carlos IV. Mezcladas an- 
daban sin embargo con estos laudaliles objetos las 
doctrinas filosdricas que iban propagándose acá de 
la vecina Francia, para debilitar la antigua fe 
española , inoculando á los incautos un ejteril es- ' 
ceplrcismo. 

r^uevas costumbres habían sucedido á las an- 
tiguas: la parsimonia castellana iba bacíendo lu- 
gar al deseo de enriquecerse: el lucro, los gozes 
materiales iban sucediendo al patriotismo, y á la ' 
antigua gloria. El favor del monarca, los bri- 
llanles empleos de palacio eran las ansiadas ocu- 
paciones de la antigua nobleza castellana : el dc^ 
potismo ministerial habia ocupado el lugar de i 
los antiguos consejos del monarca j de las vene- I 
rabies cortes. De lo antiguo apenas quedaban ves- 
tigíoí. 

INo se alzo una voz patrio'ttca j varonil que 
dijese al monarca : Los progresos de la civiliza- i 
cion pugnan coo el poder absoluto: el libre exa- 
men es la necesaria consecuencia de la prop 
cion de las luces: antes que el pueblo pida 



s la reforma polft 



398 



, ande 



amcnuz; 

le, á Jarle las instituciones que le coavengan. La 
o!)r3 becfaa con rcílcxion, de bucDa fe' y con los 
elementos de casa, es preferible á la ejecutada por 
la violencia d con repugnancia, ó por estraiías 
iriíltiencias, Entretanto se oia ya á lo lejos el es- 
pantoso trueno de la revolución francesa tjue iba á 
correr por otros países, como la lava de un vol- 
can . y el poder absoluto cerraba sus oídos á Ii 
clamores del pueblo. 

Ardió por fin en Esparta el fuego di 
Tolucion, y como era de esperar se conmovió 
el edificio antiguo hasla en sus cimientos. Los 
abusos de los gobernantes anteriores, la auscDcía 
del monarca , la obstinada lucba de los cspañol^j 
con las tropas de un opresor estrangero, dierott 
al elemento popular una fuerza terrible. La na 
cion ejerció en toda plenilud la soberanía , como 
era natural que sucediese en aquel estada de ho[^., 
fandad: quedo vencedora, como generalmente 
queda toda pueblo denodado y constante 
se aferra en mantener su independencia. 

La nación por medio de sus representanti 
reunidos en Cadíz formo unas nuevas institucio- 
nes políticas diferentes de las antiguas ; pero el 
rey á su vuelta del cautiverio en que |c habíoí^ 
tenido Napoleón, las anuló , diciendo en su di 
crclo de 4 de mayo de 1 8 1 4 que "en la 



1 

\ó 

iS 

o 

1 



399 

Ración de Cádiz se Iiabian copiado los príaclpioa 
fvolucionarios j democráticos de la francesa de 
l'jygi," y ofreciendo convocar Corles para csla- 
pblecer cuanto conviniese al bien de los reinos; 
jiromesa á que se falló posteriormente. Quedo, 
Bues, en el trono el poder absoluto con sus anti- 
guos satélites, y la inseparable comparsa de in- 
Euisicíon, jesuítas y demás ausiliares del gobier- 
\io teocralico-mínistcrial, (jiie en otros tiempos ha- 
bía causado la ruina de España. 

Como en el siglo XIX ora este un anacro- 
Laísmo, un absurdo en política, contra el cual 
B^ugnabao constantemente los progresos de la ct- 
' 'vilizacion, no pudo durar mucho la obra de aque- 
llos fanáticos, llamados por mal nombre restau- 
radores; pero el daño hecho entonces á la sociedad 
[ 'fue muy grande, porque se fomenlti la persecu- 
l'^ion, se anularon muchas útiles reformas, se re- 
t'^ucitaron antiguos abusos, se cortó el vuelo á U 
Industria nacional, y en lugar de promover los 
adelantamientos intelectuales, se cubrid toda la 
península de errores y tinieblas. 

Heslablecldse en 1820 el régimen conslitu- 
cion.il, que ofreció por algún tiempo una risueña 
perspectiva do orden y prosperidad; pero los al- 
borotos y demasías posteriores, la división entre 
el partido liberal , la lucha de este con el trono 
j con los facclosor, <]ue le proclamaban como an- 



I 
I 



tes absoluto, presentaron á la santa alianza 
ocasión favorable para combatir la libertad 
Espaiía y Portugal , como lo Iiabian becbo en 
Italia. 

Volvió Fernando á ejercer su poderío ilimi- 
tado : volvieron con mas furia las persecuciones; 
sumióse de nuevo esta infeliz nación en un caos, 
basta que amansada la ira de los perseguidores, 
ptidleron hacerse lugar algunos hombres sensatos 
que sin aspirar á reformas políticas, tralaron por 
lo menos de fomcnlar los intereses materiales de 
esta sociedad, tan combatida de recias yasoladoras 
tempestades. Mucbo se bizo por el ministerio de 
Hacienda en licmpo del señor Ballesteros para or- 
denar aquella, restablecer el cre'dito, nivelar Ii 
gastos con los ingresos, fomentar la industria 
el comercio. Mucbos y buenos ausiliares tuvo en 
tan importantes tareas; y aun se bubícra becbo 
mas si un partido fanático y furibundo no estuvie- 
se minando siempre, y procurando destruir con io- 
clinacion satánica , cuantas obras se encaminan á 
la reparación del gc'nero bumano. 

Este partido destructor levanltí otra vez la ca- 
beza después de muerto el rey, para poner en el 
trono á don Carlos, y reslablecer el despotismo y 
la inquisición. Pero ya era larde: la nación ba- 
liia tenido largos y dolorosos ensayos : el de. 
mo y la inquisición no son de este siglo , como 



ir- 

1 



^01 
tampoco lo son las doctrinas demacra ticas del 
XVlIt. Una moaíiiquia constítiicloaal cimcnlaJa 
en solidas bases, apoyada en la buena moral, en 
la juslícia y en el amor del pueblo; un gobierno 
fuerle que reprima las facciones y haga obser- 
var escrupulosamente las leyes; esto es lo que pue- 
de en cl día prosperar, lo que exige el estado de 
la civilización europea. 



ÍNDICE. ^H 

Obicnaeionei prelininaret P^íff^^^l 

capítulo I. -i^^H 

Guerra de sucesión ; abolición de loi fueros d» Cat/^T^^^ 
luna , Aragón y ffavarra ; variación de ¡a tty fun- 
damental en la, tuceíivR á la corona, . . . 11 

CAPÍTLI.0 II- 

Miterle de Luh XIV : alteracifín en la poUUca del ga- 
binete de Madrid; miniHerio del cardenal álbcroni; 
proyectos de conquista y planes de reforma durante 
tu adminiílraeíon ,..,...,.. 30 

capítulo 111. 

Continuación del reinado de Felipe V haita iv muerte, . 53 

CAPÍTULO IV. 

Reinado de {Fernando VI, y mfjorat hechas durante 
él en la administración publica <^Í^H 

Reinado de Carlos III. Providencias eneaminadaí i^^^| 
refrenar los abusos de la autoridad eclesiástica: et'^^^^ 
pulsión de losjeawtas ¡ junta de estado é instrucción 
que se le diá para tu gobierno SS 

CAPÍTULO VI. 

Continuación del reinado de Carlos III ; mejoras he- 
chas en los mas importantes ramos de (a administra- 
ción pública ; fomento de la agricultura é industria; 

toeiedades eronómicaí tOl 

CAPÍTULO vil. 

Fomento del comercio interior y eslerior de España; 
providencias para facilitar las comunicaciones inte- 
riores del reino ; aumento de las rentas del estado; 
fomento de la marino 114 

CAPÍTULO VIII. 

Dos grandes desaciertos en el reinada de Carlos III, 
que cnusaron gravísimos males , y tuvieron un per- 
nicioso influjo en la cicilisacion española 132 

CAPÍTLLO IX. 

Primeros aüoi del reinado de Carloi IV: revoluciim de 
Francia ; ennducla del gobierno español en tan tre- 
meinh criiii »• . -.'-v ¿ . 138 



4o3 



CUPÍTULO X, 

IFrat ado de Scm Ildefmio y guerra am la Gran Breta* 
ña : Estado socicd de España h(uta principios del 
siglo XIX. . . • t 156 

CAPÍTULO XI. 

Elevación de Bonaparte al poder ; cesión que le hace el 
gobierno español de la Luisiana; relaciones nues^ 
tras con la corte de Roma, y eaida de llrquijo ; fu- 
nesto ministerio de Caballero 173 

CAPÍTULO xn, 

Reinado de Femando VII ; sus primeros actos de go» 
biemo ; su viage á Francia y forzada renuncia ; dos 
de Mayo ; guerra de la independencia / gobierno de 
la junta central ; instalación de Uu Cortes en Cc^ix, 
y sus principales tareas ......•• 201 

CAPÍTULO xui. 
Regreso de Femando á España ; abolición del sislefna 
constitucional ; ofrecimiento que hace el rey de con- 
vocar las antiguas Cortes ; gobierno arbitrario que 
establece ; estado social de España hctsia la invasión 
francesa de 1823, • • 216 

CAPÍTULO XIV. 

■ 

Restablecimiento del poder absoluto ; conducta del rey en 
la segunda ipoca constitucional ; estado de la socie^, 
dad española ; muerte de Femando Yfl ; innovado- 
nes hechas en el estado social de España hasta el año 
de 1836. ...,,...,...,..,...,... 231 

CAPÍTULO XV. 

Estado de las ciencias y la literatura en España desde 
principios del siglo XVIII hasta el reinado de Car- 
los III 256 

CAPÍTULO XVI. 

Del estado de la enseñanza pública, y de los progresos 
cientitleos en los reinados de Carlos III y Carlos IV» ^HH 

CAPÍTULO XVII. 

Progresos de la literatura y las bellas artes en el siglo 
XVIil y principios del XIX Z±% 

CAPÍTULO XVIII. 

De las vicisitudes de la enseñanza pública y de los me- 
dios empleados por el gobierno para su reforma des^ 
de la invasión de los franceses en 1808 h(uta la época 
presente 367 

CAPÍTULO XIX. 

Observaciones generales y conclusión. • • « « « . • • 382 



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2000 pesos 


20,000 pesos 


321 


26 


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el 


353 


19 


siglo XVII 


siglo xrnr ' 


369 


9 


partidario 


' partidarios 


379 


26 


1830 


1836 



Nota. En el tomo anterior se atribuyó por inadverten- 
cia al escultor Montañés la estatua de San Gerónimo dd 
monasterio de Buenavista en las inmediaciones de Sevilla; 
obri del céíebre profesor florentin ¿ Pedro Torrigiano. 



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