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Full text of "Italia desde la batalla de Pavia hasta el saco de Roma; reseña histórica escrita en su mayor parte con documentos originales, inéditos y cifrados"

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CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE ESPAÑA. 

TOMO I 

ITALIA 

DESDE LA BATALLA DE PAVÍA 

HASTA EL SACO DE ROMA 

RESEÑA HISTÓRICA 
POR 

ANTONIO RODRÍGUEZ VILLA 

Tirada de 500 ejemplares numerados 



Precio: TRES pesetas 



MADRID 
LUIS NAVARRO, EDITOR 

CALLE DE LA COLEGIATA, 6 






ITALIA 

DESDE LA BATALLA DE PAVÍA 
HASTA EL SACO DE ROMA. 






V*DRTD. — IMPRENTA CENTRAL A CARGO DE VÍCTOR SAi;r 

Colegiata , 6, bajo. 



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CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE ESPAÑA. 

TOBIO I 



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DESDE LA BATALLA DE PAVÍA 

HASTA EL SACO DE ROMA 

RESEÑA HISTÓRICA 

ESCRITA EX SU MAYOR PARTE COV DOCUMENTOS 

ORIGINALES, INÉDITOS Y CIFRADOS 

POR 

ANTONIO RODRÍGUEZ VILLA 

Oficial dsl Cuerpo facultativo de Archiveroi, 
Bibliotecarios y Anticuariot 



MADRID 
LUIS NAVARRO, EDITOR 

CALLE DE LA COLEGIATA, 6 
I 88 5 




V 



EJEMPLAR NÚM. 89, 



INTRODUCCIÓN. 



Con ser tan fecundo en famosos hechos de 
armas el siglo xvi, no hay seguramente otros 
dos más culminantes ni que causaran en el 
mundo mayor interés y ruido que la batalla de 
Pavía y el saco de Roma. 

Realizados ambos sucesos por un mismo ejér- 
cito, en un mismo reinado, en la misma penín- 
sula italiana, teatro entonces de las contiendas 
europeas, y resultando de cada uno de ellos un 
soberano prisionero, uno y otro triunfo contri- 
buyeron á asentar de una manera decisiva y 
poderosa la supremacía militar de España en 
Europa y su dominación en Italia. 

La batalla de Pavía y los hechos que la prece- 
dieron son ya bastante conocidos. Sobre el Saco 

1 



de Roma publicamos años hace unas Memo- 
rias (1), en las que con abundante copia de da- 
tos se refieren las vicisitudes de tan comentado 
acontecimiento. Más de tres años trascurren en- 
tre uno y otro, y siendo lo de Roma consecuen- 
cia y continuación de lo de Pavía, es de todo 
punto importante esclarecer é ilustrar la histo- 
ria de este breve, pero angustioso periodo, tan 
desgraciado para Francia, tan desastroso para 
Italia y tan glorioso como infecundo en benefi- 
cios para España. 

Los documentos que nos han servido de base 
para este estudio son los despachos originales, 
inéditos y cifrados de los Embajadores, Gene- 
rales y otros Ministros del Emperador Carlos V 
en Italia, asi como las minutas de cartas de éste 
á los mismos, escritas por el Canciller Mercuri- 
no de Gattinara, que forman parte de la Colec- 
ción Salazar, custodiada en la Biblioteca de la 
Real Academia de la Historia. 



(1) Memorias para la historia del asalto y saqiteo de 
Roma eji 1527 por el ejército imperial, formadas con do- 
cumentos originales, cifrados é inéditos en su mayor 
paríe.— Madrid, 1875. 



CAPITULO I. 

Desde la batalla de Pavía hasta la salida de 
Francisco I de Italia. 



Había Italia alcanzado su libertad en el si- 
glo XII y ejercido desde entonces poderosa in- 
fluencia en la civilización y en la política de 
Europa; pero dividida aquella bella península 
en muchos Estados independientes, discordes y 
rivales entre sí, sólo pudo conservarse en esta 
disposición mientras se hallaron también frac- 
cionadas y divididas las naciones á las que la 
unían los más estrechos vínculos. Tan pronto 
como en el siglo xv España y Francia consi- 
guieron ver en gran parte realizada su unidad 
territorial, y prepotente y vigorosa la autoridad 
real, ofrecióseles Italia como rica presa y es- 
pléndido botín. Entonces estas dos naciones 
hermanas aspiraron á dominar á su antigua se- 
ñora, que habiendo sido elocuente testimonio 



4 

de la incontrastable fuerza que dan la unión, la 
virtud y el valor, lo fué ahora también de las 
lamentables y humillantes consecuencias de la 
desunión, de la molicie y del afeminamiento- 

Estalló la rivalidad entre España y Francia 
por ejercer su dominación en Italia; muy tarde 
conoció ésta su desgracia y trató de evitarla, ó 
cuando menos alejarla excitando el antagonis- 
mo de uno y de otro Estado, inclinándose ora 
al primero, ora al segundo, según las circuns- 
tancias; aliándose á veces unos principados con 
España y otros con Francia, negociando no 
pocas veces con las dos naciones á la par se- 
cretamente para mejor entretenerlas y enga- 
ñarlas. Pero una vez desarrollado el espíritu de 
rivalidad y de conquista y más engrandecidas 
en su interior una y otra, la suerte de Italia es- 
taba prevista: la más fuerte, la más militar 
ahuyentaría á su contraria y ejercería su domi- 
nio en aquella península. 

En esta tremenda y obstinada lucha, que en- 
sangrentó mil y mil veces los campos de la 
hasta entonces próspera y feliz Italia, obtuvo 
España los más completos y decisivos triunfos 
sobre su rival. En el momento en que comienza 
el hilo de esta historia, disputábanse con en- 
carnizamiento Carlos Y y Francisco I el duca- 



5 

•do de Milán. Campaba en él* el ejército imperial , 
y sitiaba el francés con su Rey á la cabeza la 
plaza de Pavia, la más importante y fuerte de 
todo el Estado, después de la capital. 

Dominaba en Milán el partido de la indepen- 
dencia italiana sinceramente entregado á un 
jefe nacional como Francisco Sforza. La peste 
había diezmado su población, y abierta además 
su muralla por varios puntos, no tenía medio 
de defenderse (1). Por este motivo el mismo se- 
<5retario de Estado del Duque, el renombrado 
Jerónimo Morón, aconsejó á su Soberano que 
abriese las puertas de Milán á Francisco I para 
evitar su ruina por medio de anticipada sumi- 
sión. 

Había entregado ya una diputación las llaves 
de la ciudad á este Monarca, que se había apro- 
ximado á ella, cuando al día siguiente el señor 
Alarcón entró en Milán con algunos caballos; 
anunció la inmediata llegada del ejército im- 
perial mandado por el Duque de Borbón, el Vi- 
rrey de Ñapóles Carlos de Lannoy y el Marqués 
de Pescara; reanimó los abatidos espíritus, y 
llenos de alegría los milaneses gritaron: «¡Viva 
el Duque! jYiva el Imperio!» 



(1) Mignet. Rivalití de Francois I el de Charles V. 



6 

Püsose en marcha Francisco I para entraren 
la codiciada capital, y considerando los impe- 
riales lo despoblada é indefensa que se hallaba^ 
resolvieron abandonarla. Tomó, pues, posesión 
de ella el Rey de Francia, guarneciéndola po- 
derosamente. 

La superioridad del ejército francés era tan 
grande con relación á la del cesáreo, que podía 
considerarse á Francisco I como el futuro do- 
minador de Italia, toda vez que obrando con 
prontitud y acierto podía dispersar las fuerzas 
enemigas por varias partes diseminadas, apo- 
derarse de todo el Estado de Milán é invadir 
súbitamente el reino de Ñapóles. Teníase en 
efecto á los imperiales como reducidos a com 
pleta impotencia (1); y el Papa, las repúblicas 
de Florencia y de Yenecia y otros principados 
de Italia sólo aguardaban ocasión propicia para 
romper de una manera ostensible su alianza 
con Carlos V. 

Tan desesperada era la situación de los im- 
periales, que Lannoy llegó á pensar en evacuar 
el Milaiiesado y replegarse sobre Ñapóles, no 
sólo para no arriesgar todo lo que el Emperador 
poseía en Italia, sino también para oponerse al 

(1) Mignet 



7 

cuerpo de ejército que el Rey de Francia había 
enviado á aquel reino al mando del Duque de 
Albania para distraer por aquella parte la aten- 
ción de los Generales de Carlos V. Por fortuna 
el Marqués de Pescara logró disuadir al Virrey 
de tan desastroso intento, conviniendo todos 
en que la dominación de España ó de Francia 
sobre Italia había de resolverse en Lombardía. 
De repente, merced á la pericia y á la activi- 
dad de Pescara y de Borbón, todo cambió de 
aspecto. El antiguo Condestable de Francia, 
acaudillando los alemanes que el Archiduque 
Fernando le había enviado y los reclutados por 
su cuenta, en número de más de doce mil, se 
incorporó al ejército imperial, con cuyo refuer- 
zo casi igualó éste en infantería al francés, 
quedándole inferior en caballería y artillería. 
Ya no pensaron entonces estos caudillos más 
que en acometer á Francisco I si aceptaba la 
batalla, ó en librar á Pavía si la rehusaba. Im- 
poníase además fuertemente esta solución, de 
una parte por la apurada situación de nuestras 
tropas, á las que se debían gruesas sumas de 
dinero; y de otra por el angustioso estado en 
que se hallaba Pavía, después de tres meses de 
estrecho bloqueo y de un sangriento asalto, sin 
víveres, sin dinero y sin municiones, sostenida 



8 

solamente por el esfuerzo, bravura y animosi- 
dad del nunca bien ponderado Antonio de 
Leiva . 

Así, pues, el 24 de enero de 1525 salió de Lodi 
el ejército cesáreo, mal pagado, hambriento y 
desarrapado, en busca del francés, lucido, bien 
provisto, superior en fuerzas y favorecido por 
el terreno. Con la aproximación de ambos ejér- 
citos comenzó á mejorar la situación de Pavía 
y á cobrar algún recelo Francisco I, porque 
dejando de combatirla, sólo se ocupaba en for- 
tificar su campo, vigilarlo de noche y de día y 
reconcentrar todos los destacamentos, tenien- 
do que sostener continuas escaramuzas con los 
imperiales de dentro y fuera de la ciudad, de 
las que salieron muy mal librados los france- 
ses. Desamparáronles también en tan críticos 
momentos diez y seis banderas de grisones y 
tres de suizos; y la peste y otras dolencias mer- 
maron considerablemente aquel ejército antes 
tan poderoso. 

«El dicho Rey (de Francia) — escribía desde 
Genova Lope de Soria al Emperador con fecha 
26 de enero (1)— está todavía sobre Pavía sin ha- 
cerle batería ni pensar en combatirla, sino for- 



(1) Col. Salazar— A— 34. 



9 

tincando su exército para esperar al de V. M.; y 
poruña espía que partió de su exército á los xxii 
del presente, tenemos nueva cómo había hecho 
derribar los muros del parco de Pavía para que 
su gente darmas pudiese bien pelear encaso que 
viniese á combatirlo el exército de V. Oes. M., 
del qual ya tenía mucho recelo y noche y dia 
estaban en armas y hacía recoger toda su gen- 
te de los alojamientos; y también dice la dicha 
espía que morían muchos do su exército de 
pestilencia y otras dolencias; y los de Pavía 
salían fuera de continuo y se decía que tenían 
abundancia de vituallas dentro y están muy 
fuertes.» 

En estas condiciones dióse la batalla el 24 de 
febrero de 1525, combatiendo unos y otros con 
extraordinario valor, pero llevándose sobre to- 
dos la palma la infantería española, á la que 
principalmente correspondieron aquel día los 
honores del triunfo. En menos de dos horas, 
dice M. Mignet, un lucido ejercito mandado 
por el Rey en persona y por los más acredita- 
dos generales de su nación, fué no sólo derro- 
tado, sino deshecho y exterminado. Más de diez 
mil hombres perecieron en el campo de bata- 
lla ó se ahogaron en el Tesino. Los mejores 
capitanes, los más encumbrados oficiales de la 



iO 

Corona, los primeros señores del reino, queda- 
ron ó muertos ó prisioneros. Prisionero quedó 
también el mismo Francisco I. 

<f A Dios sean dadas infinitas loores y gracias 
(escribía al Emperador su Embajador en Geno- 
va) y al glorioso santo Mathía , pues en el 
dia de su fiesta nos alumbró del nascimiento 
de Y. Ces. Mag., y asimismo en el dia de su 
fiesta ha dado esta tan felice victoria, con la 
qual agora tiene más absoluto poder V. M. para 
asentar las cosas de la christiandad y poner ley 
por todo el mundo, de suerte que Dios sea ser- 
vido y los christianos estén en buena paz.» 

El mismo Lope de Soria añadía en otra carta 
de 26 de febrero dirigida á S. M.: 

« V. M. puede dar gracias á Dios de la 

victoria que ha dado al Yisorrey contra el Rey 
de Francia, según ha referido el Secretario del 
Duque de Genova que residía cerca del dicho 
Visorrey, el cual arribó aquí la noche pasada; y 
dice cómo á los 24 del presente, dos horas antes 
del dia, el exército de V. M. asaltó al del Rey de 
Francia, y fue con tanta orden y esfuerzo que 
muy poco pelearon los franceses y luego se 
pusieron en rota; pero este Secretario no se 
halló en ello, porque el Yisorrey hizo ir á San- 
tangelo á Hieronimo Morón con todos los Em- 



íi 

baxadores que estaban con él, y uno dellos fue 
el dicho Secretario. Pero dice que estando en 
Santangelo pasaron muchos con la nueva de 
la victoria, y entre otros vido pasar algunos 
caballos franceses que habia tomado presos el 
capitán Qucaro, que los enviaba á Lodi, y sa- 
bida la certeza de la victoria dice que se partió 
para venir aquí y quando fue acerca de Placen- 
cia halló muchos de caballo de los franceses 
que venian á salvarse en aquella ciudad, y to- 
dos decian cómo el campo del Rey de Francia 
era roto y que pensaban que fuese preso el Rey,. 
y por otras partes tenemos esta misma nueva 
y la tenemos por cierto que sea roto el Rey de 
Francia, pero no que sea preso ni libre, y de 
cada puncto espero que venga la certeza de 
todo y el despacho del Visorrey para despachar 
la dicha carabela. Y no es de maravillar que 
sean rotos los franceses, porque el exército 
de V. M, y los que están dentro de Pavia les 
han muerto y deshecho mucha gente en pocos 
dias y se les eran idos xvi banderas de grisones 
y tres de suyzos, y hablan roto y desbalijado 
las cuatro banderas de Juanin de Médicis y él 
está herido de un arcabuzazo en una pierna y 
es venido á curarse á Placencia, y también la 
gente del Duque de Milán, de la cual era capi- 



12 

tan Alexandro Ventivolla, han roto y preso á 

Joan Ludovico Palavicino en Casalmayor 

Postdatum. Después descrito lo susodicho so- 
mos á los XXVII y es venida una carta al Duque 
de Genova por via de Alexandria hecha ayer, 
en que le dicen cómo por hombres venidos del 
campo francés han entendido como fue preso 
el Rey de Francia y herido en la cara, y que 
también son presos el que se dice Rey de Nava- 
rra y Mr. de LanQon y Federico de Bozol (1) y 
Memoranci y otras muchas personas principa- 
les, y muertos el Almirallo y La Paliza y 
Mr. del Cu (2) y otros muchos, que en conclu- 
sión se juzga no haber escapado persona de 
importancia de muertos ó presos, y déla infan- 
tería juzgan que sea muerta la mayor parte, y 
del exército de Y. Mag. Ces. no sabemos hasta 
agora el daño que habrá recebido, pero juz- 
gan que sea poco. Dios lo haga y á él damos 
muchas loores y gracias de la natiuidad de 
V. M. que fue en el dia de Sancto Mathia y en 
su dia mismo ha sido esta tan noble victoria, 
con la qual Y. M. puede agora poner ley y usar 
de su preheminencia imperial en toda la chris- 
tiandad.» 



(l) Federico da Bozzolo, de la casa de Q-onzaga. 
<2) Lescu. 



i3 



Lope de Soria al Emperador. 

Genova, 2 marzo 152.5. 

«A los 27 del mes pasado screví á "V. Ces. Mag. 
por yia de Monego avisando aquella de la glo- 
riosa "victoria que Dios ha dado al Visorrey y al 
exército de V. M. á los 24 del mes pasado, como 
habrá entendido por el Comendador Peñalosa, 
al qual despachó el Visorrey por Francia, y 
por esto no será necesario que yo diga Jas par- 
ticularidades de la batalla, ecepto que ha sido 
tal que es presionero de V. M. el Rey de Fran- 
cia, y con esta será la nómina que me ha en- 
viado el dicho Visorrey de los muertos y presos 
de los enemigos, y de la otra gente muy pocos 
son escapados Y entre otras cosas acuer- 
do á V. Ces. M. que tome Marsella debaxo de 
su dominio, porque demás que en ello será Dios 
servido, será grandísimo bien para los reinos 
de V. M. y bien de todos los cristianos, á causa 
que siendo de V. M. no saldrán de allí ni se 
recogerán los corsarios y ladrones como han 
hecho hasta agora; y desde agora podrá orde- 
nar V. M. con la Madre y el Consejo del Rey de 
Francia que no consientan que salgan ningu- 
nos navios en curso de Prohengia, porque ya 



14 

pienso que luego será deshecha esta armada 
francesa, y estando armados los navios irán en 
ellos algunos corsarios que podrían hacer mu- 
chos daños. 

«Toda Italia tiene por cierto que Y. M. ha de 
venir este verano á coronarse, porque á todos 
parece que agora tiene aparejo para ello sin 
contradicción alguna, y está en su mano venir 
por mar ó por tierra. 

»E1 Visorrey me ha escrito que platique con 
Andrea Doria si quiere acordarse con sus gale- 
ras para servir á V. M. y helo hablado con un 
pariente suyo para que lo platique con él: de lo 
que me responderá daré aviso á V. M., y el ar- 
mada francesa acordó ayer de ir hacia la plagia 
Romana para embarcar la gente principal del 
Duque de Albania para volverla en Francia, 
pero yo creo que no harán tal viage sino que 
irá á Marsella. 

»E1 Rey de Francia ha enviado al Marqués de 
Salucio que ponga en libertad á Don Hugo de 
Moneada y lo envié adonde estuviere el Viso- 
rrey, y el dicho Marqués dice que quiere que 
pongan primero en libertad á su hermano que 
ha sido preso en la batalla.» 

Concluida ésta, y á ruego del Rey cautivo , 
no fué llevado este á Pavía, sino á un monas- 



I 



15 

terio inmediato que allí fuera había, quedando 
encargado de su custodia el Sr. Alarcón. A los 
pocos días fué trasladado al castillo de Pizzi- 
ghetone situado sobre el Adda entre Lodi y 
Cremona, yéndose los caudillos cesáreos á reu- 
nir con el Duque de Milán para ordenar lo que 
debía hacerse hasta que llegase la resolución 
del Emperador. 

Cuando supo éste el triunfo obtenido por su 
ejército «se entró en su oratorio é retraimiento, 
solo, á dar gracias á aquel Soberano Señor y 
Dios dispensador de todo por la victoria habida, 
y estuvo bien media hora retraído alabando á 
Dios» (1). Mostróse después el César de veinti- 
cinco años con los que le hablaron de aquel su- 
ceso tan moderado en sus palabras como mo- 
desto en su actitud, adelantando tan solo la 
idea de que aquella victoria podía ser el punto 
de partida de una paz universal en la cristian- 
dad y de fuerte baluarte contra los infieles. 

No faltaron cortesanos que le propusieron ce- 
lebrar con gran pompa tan glorioso triunfo; 
pero él lo rehusó generosamente, y quiso tan 
solo que al siguiente día se verificase una 



(1) Relación de lo sucedido en la prisión de Francisco I, 
por el capitán Gonzalo Fernández de Oviedo. 



16 

procesión general en acción de gracias á la di- 
vina Providencia, procesión de la que formó 
parte, á pie, dirigiéndose desde su Alcázar de 
Madrid al templo de Nuestra Señora de Atocha^ 
donde se cantó misa solemne. 

Llegábanle entre tanto felicitaciones de todas 
partes, y singularmente de sus ministros en Ita- 
lia y de los mismos potentados de aquella pe- 
nínsula que antes esperaban con impaciencia 
su derrota para aliarse contra él. Aconsejábanle 
los primeros que se aprovechase de la victoria 
ejerciendo su dominación absoluta sobre toda 
Italia y apoderándose de alguna parte de Fran- 
cia, especialmente de Marsella, é indicábanle 
la conveniencia de irse á coronar con tan fausta 
motivo. 

Los Estados de Italia, vencidos y humilla- 
dos tanto como el Rey de Francia en Pavía,, 
se apresuraron á formar liga con el Emperador 
y á contribuirle con cuantiosas sumas para las 
necesidades del ejército. Cuando en Roma se 
supo la victoria del César, mostró el Duque de 
Sesa, su embajador en la Corte Pontificia, al 
Papa Clemente VII (1) «doblado acatamiento é 



(1) Carta del Duque de Sesa al Emperador. Roma 9 de 
marzo, 1525. Col. Salazar. 



i7 

respeto, diciendole que este felicissimo venci- 
miento es para mayor exaltación suya y acres- 
ceutamiento del Estado de la Sede Apostólica y 
beneficio universal de la christiandad, y para 
que Y. M. pueda libremente con su ayuda con- 
vertir las armas contra el enemigo común de 
la fee, ofreciéndole (al Pontífice) nueva liga é 
confederación con V. M. y haciendo aquel cum- 
plimiento que era necesario para llevarle de lo 
que otros le atemorizaban con la grandeza 
de V. M.; y asi se ha puesto en plática de los 
capítulos que converná hacer para que venga 
en efecto la dicha liga, y se ha escrito al Yiso- 
rrey para que pareciendole que se debe proce- 
der adelante y concluir sin esperar respuesta 
de V. M. se haga. Venida la orden que dará se 
executará conforme á aquello.» 

(1) «<La dificultad consiste en que S. S. que- 
rría que se incluyesen todos los potentados de 
Italia ó á lo menos se les dexáse lugar reserva- 
do para que con consentimiento de los confe- 
derados pudiesen ser recibidos, y porque está 
la materia de Venecianos al punto que se sabe, 
conviene resolver lo que con ellos se ha de fa- 
cer. Querría S. S. ser primero certificado que 



(1) En cifra lo que sigue. 



i8 

serían seguros del Estado y que veniesen á 
composición de dineros, y aunque no se efec- 
tuase de presente, desearía asegurarse S. S. 
solo de esta partida ó por promesa del prefa - 
to Visorrey.» 

A este despacho contestó el Emperador: 
(1) 'íQue S. M. ha recebido las cartas de 9 de 
Marzo con el correo de S. S. y que ha sido muy 
bien hecho después de la victoria de usar con 
su Beatitud los términos blandos y dulces y 
mostrarle l'acatamiento y buena intención de 
S. M. como lo ha hecho; y cuanto á la nueva 
liga plaze muy bien á S. M. que se tráete entre 
los dos para asegurarse l'un y l'otro. Pero antes 
de concluir cosa alguna es razón de consultar 
los capítulos con S. M. y assi lo deue hacer el 
Duque, y entre tanto con muy buenas persua- 
siones confirmar S. S. en la buena esperanza 
de la dicha conclusión, y que siendo concerta- 
dos los dos, más fácilmente se tractará de la 
conclusión de los otros y de las condiciones 
con las quales se deuerian recibir. 

wQuanto al punto de los Venecianos, que 
S. S. bien puede estar seguro que por beneficio 



(1) Minuta de carta, de letra del canciller Mercurino 
Gattiuara.— Col. Salazar. 



49 

particular de S. M. no se han de mover las ar- 
mas contra christianos, y que S. M. ha también 
respondido á su Embaxador que acá está, que 
meritamente queda contento de la respuesta; 
pero si pareciese que á los dichos Venecianos 
remordiese la consciencia de su hierro, y que 
por mejor asegurar su Estado quisiesen ofrecer 
dineros, fuera bien que antes de responder 
sobre ello se supiese la suma que ofrecen y lo 
que piden por ella; y asi debe el Duque, como 
de sí, procurar que se aclaren, por tener mejor 
respuesta, persuadiendo á S. S. que si Venecia- 
nos toviesen más seguridad de la que tienen, 
nunca vernian á tales ofrecimientos como vie- 
nen estando en duda, aunque la duda no debe 
ser tal que les desespere, pero es claro que con- 
cluido el concierto entre S. S. y S. M. y viendo 
no haber lugar de poder entraren ello sin común 
consentimiento de entrambos, más liberales 
serán en sus ofrecimientos y mejores condicio- 
nes se sacarán para emplear sus fuerzas contra 
Turcos, contra los cuales es puesto todo el es- 
tudio é intento de S. M.» 

En cuanto á los Venecianos, escribía á Car- 
los V su Embajador en aquella república: 

«Los desta república después desta victoria 
hacen á menudo sus consejos que dicen de pre- 



20 

gay, y dellos sacan á los papalistas, que diceii 
que es señal que tractan negociación de Roma, 
y van y vienen correos á menudo y con mu- 
cha diligencia. Lo que podemos conjeturar es 
que desean que el Duque de Albania no se re- 
solviera que el Papa, ellos, Florentines y el Du- 
que de Ferrara se ligaran á defensión el uno 
del otro; á lo qual según aquí nos dicen, el Papa 
no les ha bien acudido» (1). 

Deseoso el Virrey de Ñapóles de facilitar á los 
Venecianos el ingreso en la liga, que más por 
temor que por sinceridad formaron con Car- 
los V los principales Estados de Italia, escribió 
al embajador Alonso Sánchez con fecha 23 de 
marzo, comunicándole las instrucciones nece- 
sarias al efecto, dando cuenta de ellas y de su 
gestión diplomática este Ministro al Emperador 
en los siguientes términos: 

(2) Escribíale el Virrey : « Que hiciésemos 
saber á los de esta república de parte suya 
que aunque en lo pasado había rompido la 
capitulación, no querían que fuese rota, sina 



(1) Párrafo de carta de Alonso Sánchez, embajador de 
S.M. en Venecia, dirig-ida al Emperador con fecha 16 de 
marzo de 1525.— En cifra. — Col. Salazar. 

(2) Carta de Alonso Sánchez al Emperador. Venecia 2^ 
marzo 1525. — Col. Salazar. 



21 

■que pues al felicísimo exército de V. M. se de- 
bia mucho y la deuda habia crecido tanto por 
causa que ellos no cumplieron lo capitulado, 
porque si hubieran enviado su exército, como 
eran tenidos, no hobiera discurrido tanto tiem- 
po, como discurrió, antes de salir el exér- 
cito de V. M. en campo, ni fuera menester 
hacer venir la gente que después de la primera 
vino de Alemana; seria justo y conveniente que 
se redimiese con dinero la dicha falta, que 
aunque se dixese que no hablan enviado su 
gente, se podría responder que se habia recom- 
pensado con dinero, y quedarla saneada la be- 
nivolencia entre V. M. y ellos, y para el delan- 
te se podría hacer entre V. M. y los de esta 
república una perfecta liga en defensión y 
ofensión, amigo de amigo y enemigo de ene- 
migo, no eceptuando á persona alguna; y que 
les hiciésemos saber que ellos tienen hombre 
que platica con Suyzos, lo que jamas en tiempo 
pasado han hecho; y que no le parecía que lle- 
vaban camino derecho para perdurar en unión 
y conformidad con V. M.; que después de haber 
dado Dios á V. M. esta tan crecida victoria y 
siendo ellos obligados á ayudar la empresa y no 
lo habiendo hecho, antes habiendo puesto tiem- 
po en medio de tal suerte y á tal sazón que la 



22 

dilación pudiera ser presentanea causa del per- 
dimiento del exército de V. M., no les ha tomada 
una carga de feno de sus tierras ni alojado en 
ellas un caballo en un mes que habia después 
que vencieron á Franceses. Antes se les habia 
mostrado tan entero amor y benivolencia coma 
si en esta empresa hubieran fecho toda la bue 
na obra que se pudiera desear, y que convidán- 
doles allende de esto á la reformación de amis- 
tad y deseando perpetuarla entre V. M. y ellos, 
teniendo V. M. causa justa de condolerse por la 
que han faltado, se muestren agora tan altane- 
ros como si ellos fuesen los vencedores y nos- 
otros los culpantes » 

«Después de haberles hecho todos estos car- 
gos, contestaron que consultarían y responde- 
rían. 

'í Fuimos esta manyana con ellos por la res- 
puesta, y según su costumbre nos la hicieron 
leer en escrito. En sustancia es: sus buenas pa- 
labras y escusaciones de lo pasado; de la obser- 
vancia que han tenido y tienen á V. M. etc. y 
que ellos entienden de tener con V. M. la mes- 
ma confederación que hasta aqui, y que toda- 
vía les placerá platicar la liga. Cuanto al dine- 
ro, que ellos pueden jurar con verdad que han 
tenido el gasto como si dieran su gente, y que 



23 

por esta causa no seria su honra dar dinero; 
que cuando las cosas serán establecidas entre 
V. M. y ellos, son contentos de reconocer á 
V. M. en lo que pudieren, teniendo deseo como 
tienen de gratificarle, etc. Esta es la respuesta 
en sustancia. 

»Fueles replicado que V. M. y el Visorrey 
quedarían poco satisfechos de esta respuesta^ 
porque postpouian y dilataban lo que hablan 
de poner primero, que es lo del dinero por las 
presentes ocurrencias, que el felicísimo exér- 
cito de V. M. no puede estar así, y que pues eran 
cuerdos que viesen lo que les convenia (1). En 
el discurso del razonar señalaron que era con- 
veniente que supiesen cómo han de vivir antes 
de pagar dinero; y por lo que comprendemos 
y entendemos dellos, tenemos por cierto que 
no vernán á pagamiento de dinero que prime- 
ro no hayan asentado sus cosas con V. M. cómo 
han de estar, pareciendoles que pagar dinero 
y quedar en los mismos términos á peligro 
de guerra, que no deben hacerlo ni les con- 
viene.» 

Natural era que Carlos V tratase de obtener de 
su victoria las mayores ventajas posibles. Hubo 



(1) En cifra lo que sigue . 



24 

sobre este punto en su corte grandes consultas, 
resultando de todas ellas tres pareceres princi- 
pales. Opinaban unos que conservase perpetua- 
mente prisionero al Rey de Francia; opinaban, 
por el contrario, otros que le diese inmediata 
libertad, bajo promesa de que no volvería á ha- 
cer la guerra al Emperador; y por último, acon- 
sejábanle algunos que con la brevedad posible 
y con las mejores condiciones que se pudie'^en 
alcanzar, se le declarase libre. Desechado desde 
luego el primer parecer, el Emperador resolvió 
adoptar un término medio entre los dos segun- 
dos. Conservando sobre las armas el ejército de 
Italia, impuso á su regio prisionero como prin- 
cipales condiciones para otorgarle la libertad la 
cesión del ducado de Borgoña, de los condados 
de Auxerre y Macón y del vizcondado de Auxo- 
ne; perder sus derechos de soberanía sobre 
Flandes y Artois; renunciar á todas sus preten- 
siones sobre el reino de Ñapóles, ducado de 
Milán, condado de Asti y señoría de Genova; 
ceder la Pro venza al Duque de Borbón, que la 
reuniría á sus antiguos estados para formar un 
reino independiente; restituir al Rey de Ingla- 
terra lo que había poseído en Francia; pagar á 
este Monarca lo que había prometido satisfacer- 
le el Emperador, y en fin, restituir al Príncipe 



25 

de Orange en el principado que le había con- 
fiscado. 

Pero oigamos al mismo Emperador su reso- 
lución y sus propósitos al contestar á la felici- 
tación que le dirigió el Abad de Nájera por la 
victoria de Pavía (1): 

«Vuestras cartas de 19 de Enero, 3, 17, 23, 25 
y 26 de Febrero habernos recibido, y con ellas 
tanta alegría cuanto se puede pensar por la fe- 
licísima victoria que contra el Rey de Francia 
nuestro Señor Dios nos ha dado... Todos esos 
capitanes han hecho lo que de tanta caballería y 
verdaderos servidores nuestros se podía desear, 
los cuales demás de haber cumplido con lo que 
sus sangres les obligaban, nos han obligado á 
tener especial cuidado de su honra y acrescen- 
tamiento, en el número de los cuales no dexa- 
mos de poneros á vos, pues no habrá poco ayu- 
dado á ello vuestra persona, industria y dili- 
gencia. Y assí en la promoción que agora se ha 
de hacer destas iglesias, nos acordaremos de 
mostraros alguna señal para principio de gran 
significación de lo que merecéis... 

(2) »A1 Visorrey de Ñapóles escrebimos que 



(1) Minuta de carta del Emperador al Abad de Nájera, 
-de 2 abril 1525,— Col. Salazar. 

(2) En cifra. 



26 
nuestra voluntad es tener fin á la paz univer- 
sal de la christiandad, porque vemos que no 
nos ha dado Dios esta victoria de su mano para 
otro efecto, y que assí tratase con el Christia- 
nísimo Re^'' de Francia de los capítulos y asien- 
tos della, porque fasta saber si tendrá por bien 
de venir en condiciones honestas, no queremos 
sino sobreseher las armas que otramente sería 
necesario exercitallas. 

>jCon este despacho va provisión de otros cien 
mil ducados para el entretenimiento del exér- 
cito fasta ver lo que el Rey de Francia acorda- 
re de hacer, que en verdad holgaríamos mucho 
que se contentase de se conformar con lo que 
Dios le muestra que quiere, para en beneficio 
de la christiandad, y quando no toviere por 
bien, aunque contra nuestra voluntad, queda- 
remos satisfecho de haber cumplido con lo que 
nos parece que debemos á príncipe christiano 
y al cargo en que Dios nos ha puesto» (1). 

De la lectura de esta carta resulta clara y 
terminante la resolución del Emperador, basa- 
da en la aspiración á la paz universal con los 



(1) En iguales ó parecidos términos se expresó el Em- 
perador con el Papa en carta que le escribió, Datnm 
Maioreti 4.° Aprilis 1525, que empieza: <EThtbuit nobisRe- 
verendus Baltasar Castiliioneiis. ..* — Col. Salazar. 



27 

príncipes cristianos, en obtener de Francisco I 
honestas condiciones para su rescate y en man- 
tener en pie de guerra el ejército de Italia para 
utilizarlo, caso de no concertarse aquéllas. 

De otros sucesos que por este tiempo ocurrían 
en Italia nos dan noticia las siguientes cartas 
de Lope de Soria y Alonso Sánchez, embajado- 
res cesáreos respectivamecte de Genova y de 
Venecia, y del Virrey de Ñapóles. 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 5 de abril de 1525 (1). 

«El armada de mar francesa es yda hacia la 
plagia Romana para recoger al Duque de Alba • 
nia y su gente, la cual gente, según me escri- 
ben de Roma de los xii del presente, ha sido 
una parte della desbaratada por alguna gente 
de V. M. que estaba juntamente con los Colu- 
neses y pelearon acerca Sant Paulo de Roma 
y los rompieron y los siguieron hasta Monte 
Jordano, que es la casa de los Ursinos dentro 
de Roma, y les tomaron siete banderas de in- 
fantería y muchos presos y muertos y ahoga- 
dos en el Tíbero; y hecho esto mandó el Papa 



1) Col. Salazar. 



28 

que no se procediese más contra ellos, y tam- 
bién mandó á los Franceses que vendiesen los 
caballos y se fuesen á embarcar, los cuales iban 
hacia Civita vieja y Cornetto, y alguna gente 
de V. M. y de Coloneses eran idos contra el se- 
ñor de Salmonete, porque se habla mostrado en 
favor de Franceses é ya tractaban con él de 
composición... 

»Por otras tengo scrito á V. Ces. Mag. cómo 
los desta ciudad tuvieron un Consejo general á 
los 3 de Hebrero en el cual determinaron de 
hacer una unión en esta ciudad de Adornos y 
Fragosos, y gobernarse como hacen los Vene- 
cianos por algunas personas de la ciudad y no 
tener más cabos de parcialidad y echar al Du- 
que con darle cierta renta perpetua y alguna 
suma en contado y derribar el castillo y hacer 
otras cosas. Y para esto diputaron doce ciuda- 
dinos para que ellos entendiesen en las cosas 
que para esto convenían, los cuales se comul- 
garon junctamente y juraron de no pensar en 
otra cosa ecepto en el bien común desta ciudad 
y de no descubrir cosa alguna de las cosas que 
se platicasen entre ellos, y en esto consintió el 
Duque de Genova por ver la tierra en mucho 
peligro de perderse, teniendo á las puertas los 
enemigos por mar y por tierra y no tener for- 



29 

ma de haber dineros para sustentar los gastos 
que aquí se requerían. Y con este título de 
Union prometían los de esta ciudad de pagar al 
hora sesenta ó setenta mil ducados, y por su- 
plir aquella necesidad y pasar aquella fortuna 
y dar tiempo al tiempo le pareció que conyenía 
al servicio de V. M. dar lugar á esto por soste- 
ner esta ciudad cuanto fuese posible, porque 
no se alterase antes de tiempo, como cierto es- 
taba y estuvo en mucho peligro de reboltarse; 
que yo vi la noche que surgió aquí la armada 
francesa muchos destos ciudadinos determina- 
dos de enviar á platicar de partido con el Mar- 
qués de Salucio, y otros se huyeron y se es- 
condieron en monasterios pensando que aque- 
lla noche hiciese mudanza esta ciudad; y como 
ha sucedido la victoria en favor de V. M., ha 
comenzado á resfriarse esta unión por aquellos 
que al hora fueron los inventores della, pen- 
sando más en su propio ínteres particular que 
no en el servicio de V. M. ni bien de la tierra. 
Pero como el Datarlo del Papa ha solicitado esta 
plática y aconsejado que se debía traer al cabo, 
y scrito sobresto y dicho á algunos desta ciu- 
dad que eran en Roma y enviado breves del 
Papa que contienen que lo deben hacer y les 
ofrece SS. todo favor para lo que convenga 



30 

al bien de la tierra, y porque también la parte 
Fragosa lo desea, pareciendoles que toda mu- 
danza les podría ser provechosa,... procuran to- 
davía la dicha unión, pero toda la parte Adorna 
es de contraria opinión y no querrían que se 
hiciese, y están determinados de no consentir- 
lo aunque el Duque lo quiera, si V. M. expre- 
samente no lo manda y lo tiene por bien... 
Yo creo que V. Ces. Mag. debe tener entera 
información de la importancia y cualidad desta 
ciudad y cuanto importa á su servicio tenerla 
subjeta, de suerte que pueda servirse della se - 
guramente y que no pueda valer á sus enemi- 
gos, y para esto no me parece que seria buena 
la dicha Union... 

jíAquí es arribado el Embaxador que envió el 
Rey de Túnez al Rey de Francia, al cual habla 
despachado el Rey de Francia para que vol- 
viese á Túnez y hele tomado la carta que lleva- 
ba del Rey de Francia, y he enviado una copia 
della á Roma y otra al Yisorrey, el cual me ha 
scrito que lo tenga á buen recaudo hasta que 
me escriba otra cosa; y helo puesto en una ga- 
lera, y con la presente será una copia de la di- 
cha carta del Rey de Francia, por la cual y por 
las pláticas que tenia con el de Túnez, verá 
V. M. cómo usaba del Christianismo; y lo que 



31 

deste he podido entender, es que truxo un pre- 
sente de parte del Rey de Túnez de caballos y 
leones y gamellos y otras cosas moriscas y ofre- 
cimiento de dineros y fustas armadas con arti • 
Hería en ellas para poner en tierra contra Se- 
cilia, y el Rey de Francia le habla de ayudar 
con su armada para tomar los Gerbes. 

"Don Ugo de Moneada pienso que debe ser 
partido para ir á Y. M. por tierra, porque á los 
XXV del presente me escribió de Milán que par- 
tirla el dia siguiente; y según he entendido el 
Rey de Francia le ha rogado que vaya á 
V. M. para platicar algunas cosas, y en Milán 
están el Duque de Borbon y el Visorrey y todos 
los otros capitanes con muchas fiestas y ban- 
quetes, y el exército está una parte hacia Rezo 
y Módena y Carpió, el cual han tomado para el 
Marqués de Pescara, y la otra parte del exérci- 
to va hacia Piamonte, y se entiende en pagar- 
lo, porque de otra suerte no quieren ir á ningu- 
na parte, y aun están dentro de Pavia los ale- 
manes que han estado cercados. 

»E1 Obispo de Pistoya es venido al Tisorrey 
de parte del Papa y dicen que trae pláticas de 
mucha importancia, pero hasta agora no tengo 
noticia dellas, pero sé mu^^ cierto que todos los 
potentados de Italia conocen estar en contu- 



32 

macia con Y. Ces. Mag. por la mala demostra- 
ción que han hecho en lo que tocaba á su 
servicio y están con algún temor, y no cesan 
entre ellos de platicar una unión para en caso 
que V. M. quisiese tomar emienda y casti- 
gar algunos dellos por su error. Yo digo qae 
V. M. es dotado de tan Real condición y es tan 
católico que olvidará todo lo pasado y hará li- 
bro nuevo y pensará en poner paz en toda la 
christiandad y en asentar las cosas de Italia, de 
suerte que cada cual goce de lo que justamen- 
te le toca y que no deben temer de nada. 
V. M. lo mandará mirar como conviene á su 
imperial estado y servicio La infantería es- 
pañola se es comenzada de amotinar pidiendo 
que les paguen lo que se les debe 

»Somos á los 4 de Abril y es vuelto el ber- 
gantín que envié á reconocer el armada fran- 
cesa, á la qual dexó partida y á la vela delante 
de Pisa el postrero dia del mes pasado y va ha- 
cia Provenza y en ella se son embarcado los 
Alemanes y Riengo de Cheri. 

»En este dia he recibido cartas de Milán he- 
chas ayer y no dicen otra cosa sino que el Vi- 
sorrey y el Marques de Pescara eran idos á 
Peciguiton á ver al Rey de Francia y aun no 
eran vueltos.» 



33 



Alonso Sánchez al Emperador. 

Venecia 18 abril 1525. 

(1) «El Sormano, que á cuatro escribí á V. M. 
era venido aqui, me lia seido referido que en 
nombre de la madre del Rey (de Francia) re- 
quirió á los de esta república que estoviesen 
juntos con franceses, que ellos les ayudarían 
con gente y dineros, y que para la seguridad 
desto pornian aqui en esta ciudad cient mil du- 
cados. Tuvieron dos dias consecutivamente 
dos consejos que dicen pregays y discutieron la 
materia. Finalmente los que tenian la parte 
francesa bebieron xxix voces, y los que tuvie- 
ron la de V. M. ciento y cuarenta y tantas vo- 
ces para que no se aceptase el partido del Sor- 
mano. 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 20 abril 1525 (2). 

«... Partió de Roma micer Joan Bartolomco 
(Gattinara) á los 5 del presente con la conclu- 



(1) En cifra.— Gol. Salazar. 

(2) Col. Salazar. 



34 

sion de la liga hecha nuevamente entre el 
Papa y Y. Ces. Mag. y los potentados de Italia 
con ciertas condiciones y contribuciones que 
han de determinar el Papa y V. M., y es defen- 
siva y ofensiva, y dicen que es mucho al pro- 
pósito del servicio de V. M. y bien de toda la 
christiandad, y no se es publicada por venir 
primero el dicho micer Juan Bartholomeo al 
Visorrey y darle cuenta della... 

»Aqui tenemos nueva cómo se junta alguna 
gente francesa acerca de Niza de Proenza, y 
dicen que quieren venir á tomar ciertos pasos 
fuertes desta ribera con temor que ha de pasar 
el exército de V. M. en Proenza; y en este dia 
enviamos de aqui alguna infantería con las 
galeras de Genova, para que se pongan en 
Yintemilla y los otros pasos. Y como por otras 
tengo acordado á Y. M., debe pensar en tomar 
en todo caso Marsella y tenerla debaxo de su 
dominio, porque teniéndola es señor de todo el 
mar Mediterráneo y asegura á todos los que 
por él navegan y quita todos los celos á Geno- 
va y Ñapóles y Sicilia, y esto parece que con- 
viene mucho, asi para el servicio de Dios por 
evitar tantos ladronicios como de allí se hacen, 
'como por pacificar y asegurar todo lo de Ita- 
lia, así por mar como por tierra. Y si para esto 



35 

fuese necesario hacer armada por mar, agora 
habrá aqui muy buen aparejo por haberse he- 
cho nuevamente algunas carracas, y es venida 
la Grimalda de Levante, que es la mayor que 
hay aqui. 

«El armada francesa con el Duque de Alba- 
nia y Rengo de Cheri arribaron y desembarca- 
ron en Prohenga, pero tienese sospecha que 
sean perdidas las cuatro galeras del Barón de 
San Brancate y una de las de Andrea Doria, 
porque partieron de Córcega para Prohenga y 
en el Golfo les tomó un temporal recio y no se 
sabedellas... 

»Del exército de V. M. no hay que decir has- 
ta saber lo que manda V. M.; él está alojado por 
toda Lombardia y Piamonte en diversas partes 
y atiéndese agora á pagarlo y para esto se 
buscan dineros en todas partes... 

»Un soldado es venido de Milán, que partió de 
allá á los XIII del presente, y dice que estaba 
enfermo el Marqués de Pescara de calenturas. 
Dios le dé salud, que daño seria perder V. M. 
tan buen servidor. 



36 



Lope de Soria al Emperador. 

Genova 21 abril 1525. (1). 

«... Está todo el mundo muy contento en ver 
cuan católicamente reconoce V. M. haber habi- 
do esta victoria de mano de Dios, y el cuidado 
que tiene de apaciguar toda la cristiandad sin 
cudicia de otros stados, sino para hacer guerra 
á los infieles; y con tan santo pensamiento todos 
tenemos por muy cierto que asi como hasta ago- 
ra Dios ha tenido la mano y encaminado las 
cosas de Y. Ces. M., le guiará mucho mejor de 
aqui adelante... 

«Las cinco galeras de Francia que sospecha- 
ban que fuesen perdidas, ya son vueltas en 
Prohenga, y las que están aqui de V. M. y desta 
comunidad están en orden, como el Visorrey 
me lo ha ordenado; y en este punto recebi una 
carta suya hecha en Milán á los xxv del presen- 
te y me dice cómo es vuelto del Rey de Fran- 
cia y que piensa que habrá (2) de pasar el Du- 
que de Borbon en las dichas galeras para ir á 
Y, M. y muy presto. 



(1) Col. Salazar. 

(2) En ciíra lo que sigue. 



37 

»E1 Marqués de Pescara está bueno. 

»E1 Conde Camilo de Gámbaro combatió con 
EsforQino en Nobelara sobre ciertas palabras 
que había dicho el dicho Conde contra el Du- 
que de Milán, y fue muerto en el campo el di- 
cho Conde. Combatieron á pié, armadas las pier- 
nas y muslos izquierdos y gorjarinesde malla 
y celadas y hachas darmas. No hubo alguna he- 
rida el dicho Esforgin.» 

El Virrey de Ñapóles al Emperador. 

Picigueton 1 mayo 1525. 

«El Duque de Ferrara envia á micer Ludovi- 
co Cato, leñador desta, á besar las manos de 
V. M. y suplicarle por sus cosas, ofreciendo á 
Y. M. su servitud. De las cosas pasadas sola- 
mente dice que el dicho Duque ha bien servido 
y guardado la fe á quien la ha prometido, y asi 
espero que servirá á Y. M, si lo abragare y reci- 
biere en su gracia, lo qual será conveniente al 
servicio de Y. M. por muchos respectos que por 
otras tengo escripto, especialmente con Figue- 
roa. Y ciertamente después de la batalla, yo he 
hallado al dicho Duque muy prompto á todo lo 
que por servicio de Y. M. le he requerido; que 
luego prestó á Y. M. cincuenta mil escudos por 



38 

tiempo de un año, y agora me presta en mi 
nombre propio veinticinco mil escudos para su- 
plir lo que es menester. .. Y pues el dicho Duque 
tiene voluntad de darse totalmente á V. M. y 
hacerle todo el servicio que pudiere con su per- 
sona y estado, y puede y sabe y suele servir, 
suplico humildemente á V. M. lo reciba en es- 
pecial grado y recomendación acordándose que 
os antepasados que señorearon el mundo, no hicieron 
por fuerza lo que 'pudieron ganar por arnor.y> 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 12 mayo 1525. 

(1) «Anteayer recibi cartas del dicho Yisorrey 
(de Ñapóles) y dice que será aquí con el Rey de 
Francia para los xvii de este mes para llevarlo 
á Ñapóles con las galeras, las cuales están en 
orden y las proveo de todas las cosas necesa- 
rias, y serán las once y cuatro de Genova con 
algunos bergantines. 

(2) «Don Hugo de Moneada partió de Milán á 
los X del presente para ir á V. M. por tierra, al 
cual el Rey de Francia ha librado graciosamen- 
te sin que pague rescate alguno á cambio de 
Memorengy, y el dicho Rey paga el rescate por 



(1) En cifra. 

(2) En claro. 



3í> 

el dicho Memorangy, el cual es ido á Francia, y 
desto y de todo lo demás que se ha determina - 
do en Piciguiton, adonde se han hallado juntos 
el Duque de Borbon y el Visorrey y el Marqués 
de Pescara y el dicho Don Hugo y otros capita- 
nes, será informado del V. M. particularmente. 
)>Yo he enviado un bergantín á reconocer lo 
que hace el armada francesa, y tengo letras d e 
los que van en él y del Señor de Monego de los 
VII del presente, y dicen cómo Andrea Doria 
ha armado otra galera y otra el Barón de San 
Brancat, de manera que tienen agora doce ga- 
leras y ponian en orden tres galeones; pero las 
naves hablan casi desarmado del todo; y dicen 
que con las dichas doce galeras y galeones 
quieren ir á la costa de Cataluña ó venir á esta 
ribera; pero yo creo que se ponen en orden para 
ver adonde llevarán al Rey de Francia y ver si 
pudiesen cobrarlo en lámar.» 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Pecig-uiton 12 mayo 1525. 

«Con el Comendador Meneses, que partió de 
aquí á los vii del presente, avisé á V. M. de lo 
que se pensaba hacer (1) de este señor Rey, y 



(1) En cifra lo que sigue. 



40 

avisé de otras cosas que por mi letra habrá vis- 
to. Lo que al presente ocurre avisar es que 
dentro de cuatro dias ó cinco al más tardar, 
partirá de aquí el Yisorrey de ísápoles y se irá 
á embarcar con el Rey en Genova para Ñápe- 
les. Llevará quince galeras, que están en orden, 
con diez ó doce bergantines y fregadas; llevará 
mil y quinientos infantes españoles. 

»E1 Reverendísimo Cardenal de Salviati, le- 
gado de Lombardia, ha venido hoy aquí á ha- 
blar con el Yisorrey... Cosa muy cierta y noto- 
ria es que el Papa lo ha criado legado para en 
Francia y España... Hoy no ha visitado al Rey 
(de Francia), mas creo que le visitará mañana 
antes que se vaya.» 

El Duque de Milán al Emperador, 

Milán 10 junio 1525. 

«Sacratissime et invictissime Domine mi co- 
lendissime: Nuperrime mihi redditse sunt li- 
tterae Mtis. Yestree sub die xxiiii Martii datae, 
quibus mecum non solum de tanta victoria 
Omnipotentis Dei auxilio consecuta gratulari 
diguata est, sed auspicium fore quietis totius 
christianae Reipublicíe polliceri videtur, meque 



4i 

in primis bono animo esse iubet, quando in 
animum sibi induxisse asserit, qua in re potue- 
rim me in vindicanda ad hostium iniuria Italia? 
rebus non defuisse: Quod quidem, ut tenuiter 
effecisse propter rerum mearum inopiam, sem- 
per profitebor: Ita afflrmare non dubitabo cons- 
tantiam, vigilantiam, fidem semper vel in dif- 
ficillimis temporibus prostitisse, eam que sem • 
per opinionem prse me tulisse ab hoste condi- 
tionem accipere, postremum omnium esse ma 
lorum. QusecumYestraeMaiestati satis nota esse 
arbitrer; ita ut post hac alterius testimonio non 
egeant. Reliquum est, ut id de me, sibi in futu- 
rum polliceri possit, quo maioribus beneficiis á 
Mte. Testra ornatus fuero, eamdem habituram 
esse seruum, qui rebus Mtis. Yestrse magis pro- 
desse poterit, ñeque me unquam aliud in ani- 
mo habiturum, quoque ut omnes intelligant 
pro tantis innumerabilibus in me collatis bene- 
ficiis, quoquomodo licuerit, me semper erga 
Mtem. Yestram fore quoque gratissimum, Cui 
me et mea etiam atque etiamq. humiliter com - 
mendo et trado. Mediolani die x junii MDXXY. 
— (1) Sacratissimse et invictissimse Maiestatis. — 
Humilimus servus. — Franciscus.» 



(l) De mano del Duque. 



4-2 



II. 



Sep:uía Francisco I en el castillo de Pizzighe- 
tone distrayéndose de su desgracia, ya jugan- 
do al palón y á otros juegos de ejercicio, ya 
entregándose á la poesía, como dulce lenitivo 
de su honda pena, componiendo en su melan- 
cólica soledad la triste epopeya de su campaña 
y derrota (1). Un mes llevaba encerrado en 
aquella fortaleza, cuando recibió la visita del 
Obispo de Pisto3^a, Nuncio del Papa, y una 
carta de Clemente YII en la que se condolía de 
su infortunio. En los breves momentos que 
pudo hablar con él sin testigos, preguntóle con 
ansiedad por el ejército que al mando del Du- 
que de Albania había enviado al reino de Ña- 
póles. Refirióle el Nuncio la lentitud con que 
habían operado estas tropas y que ellas y su 
capitán se habían ya embarcado y huido de 
Italia. Al ver el Rey cautivo disipada y perdi- 



(1) En la Captivitédií roi Francois I, por Champollion- 
Figeac, están publicadas las poesías que con este motivo 
compuso. 



43 

da su última esperanza, permaneció algún 
tiempo como suspenso , y después exclamó: 
«¿Es posible?» 

Poco después de la batalla había escrito á su 
victorioso rival una sentida carta en la que le 
manifestaba la esperanza que abrigaba de que 
usaría generosamente de su victoria. «Os supli- 
co, le decía, juzguéis por vuestro propio corazón 
loque os placerá hacer de mí.» Pedíale fijase 
con misericordiosa conveniencia lo que fuese 
necesario para la liberación de un rey de Fran- 
cia, queriendo antes ganarle como amigo que 
no desesperarlo. 

Cruzóse esta carta con el despacho en que el 
Emperador señalaba las condiciones impuestas 
al Soberano prisionero, y cuando éste tuvo co- 
nocimiento de ellas «puso la mano sobre un 
puñal que ceñido traía y con gran suspiro dijo: 
— Desa manera mejor seria morir Rey de Fran- 
»cia. — El Sr. Alarcon se llegó presto y le desci- 
ñió el puñal con temor de que hiciese algún 
desconcierto en su persona, lo cual el Rey no 
pudo disimular sin apartarse algún tanto á 
limpiarse las lágrimas que todos le vieron» (1). 



(1) Bib. Nacional, Mss. 98 G.— Relación publicada tam- 
bién en la Col. de documentos inéditos, tomo 38, pági- 
na 292. 



44 

Escribió después al Emperador delegando en 
la Reina Regente, su madre, la resolución de 
este asunto, si bien manifestándose desde lue- 
go decidido á no acceder á ninguna concesión 
humillante ó funesta. Poco más adelante, por 
indicación del Virrey de Ñapóles, hizo algunas 
proposiciones á Carlos Y no muy distantes de 
las exigidas por éste, y aun habiéndose quedado 
viudo, propuso asimismo casarse con la Prince- 
sa D.* Leonor, hermana del César. Ofrecía que 
cuando Carlos Y fuese á coronarse á Italia ó á 
ejecutar alguna empresa á Alemania, sumi- 
nistraría la mitad del ejército y la mitad de los 
gastos; y si la empresa se dirigiese contra los 
Turcos, tomaría personalmente parte en ella 
con el mismo contingente de tropas (1). 

Al trasmitir Lannoy estas proposiciones al 
Emperador, suplicábale se inclinase á la paz, 
que hecha de esta manera le proporcionaría la 
ventaja de tener siempre por aliado al Rey de 
Francia. Pero las proposiciones hechas por 
Francisco I, rechazadas como excesivas en 
Francia por la Regente y su Consejo, lo fueron 
también como deficientes en España por el 
Emperador. 

(1) Mignet. 



45 

Frustrada la vía de las negociaciones, debió 
Carlos V tomar una resolución decisiva con el 
ejército de Lombardía, que, por debérsele mu- 
chas pagas y permanecer estacionado en el ya 
exhausto Estado de Milán, fué causa de todos 
los desórdenes, violencias y atropellos que des- 
pués ocurrieron en Italia. 

Afirma Mr. Mignet (1) que intentó entonces 
Carlos V proseguir la guerra, pero que faltán- 
dole el nervio principal de ella, que es el dine- 
ro, comenzó á activar la negociación de su ca- 
samiento, bien con la Princesa María de Ingla- 
terra, hija de Enrique VIII , matrimonio de 
tiempo atrás concertado, bien con D.' Isabel, 
Infanta de Portugal, enlace aconsejado por la 
nación española, inclinándose á aquella de las 
dos cuya dote fuese mayor y más prestamente 
cobrada, á fin de destinar su importe á los gas- 
tos de la nueva guerra; aserto este que resulta 
poco conforme con el carácter del Emperador, 
y tan aventurado como poco probado. 

Añade este reputado historiador, que una vez 
recibido el todo ó una parte de este dote se 
proponía el Emperador entrar en Francia por 



(1) Rivalité de Francois I et de Charles Qaint, tomo ii, 
pág. 100. 



46 

los Pirineos al frente de escogidas tropas, ve- 
rificándolo simultáneamente por los Alpes el 
victorioso ejército de Italia y por Calais Enri- 
que YIII de Inglaterra auxiliado por las tropas 
de los Países Bajos. Es posible que en un prin- 
cipio, dejándose llevar el Emperador del ardor 
bélico ó del interés personal de algunos de sus 
generales y consejeros, en especial del Duque 
de Borbón, pensase en acometer esta empresa. 
Nosotros apenas hemos encontrado sino muy 
ligeros detalles de este proyecto, del que debió 
desistir pronto Carlos Y, contentándose con ob- 
tener de su regio prisionero, en virtud de nego- 
ciación, todas ó la mayor parte de las condicio- 
nes que para su liberación le impuso. 

Esta actitud pacifica y conciliadora del Em- 
perador estaba fundada no sólo en el bien ge- 
neral de la cristiandad, que era siempre su pri- 
mera razón de Estado, sino en otras muy gra- 
ves consideraciones. En primer lugar el estado 
interior de nuestra península dejaba mucho 
que desear en cuanto á quietud y prosperi- 
dad con los levantamientos de las Comunida- 
des de Castilla, de ias Germanías de Valencia 
y las continuas rebeliones de los moriscos; pero 
aparte de esto, el triunfo de Pavía y la prisión 
del Rey de Francia unidos al poderío anterior 



47 

del Emperador, alarmaron de tal suerte á todos 
los Estados de Europa, y principalmente á los 
de Italia, que trataron de aliarse para contra- 
rrestarle, iniciándose así el sistema de equili- 
brio europeo. En segundo lugar, las ideas re- 
formistas de Alemania, que hasta entonces ha- 
bían tenido sólo carácter religioso, lo adquirie- 
ron político, en abierta oposición al Emperador, 
presentándose desde un principio este movi- 
miento religioso-político imponente y amena- 
zador. «Lo de Alemania, escribía por este tiem- 
po el Duque de Sesa al Emperador, se entiende 
que ya cada día empeorando y se teme no sea 
otra venida de los Godos en Italia. Plega á Nues- 
tro Señor de remediarlo.» Y pocos días después 
le volvía á escribir en cifra el siguiente párrafo 
sobre el mismo asunto: 

«La materia del Luter agrava grandemente 
al Papa, y en respuesta de la demanda del Se- 
renísimo Sr. Infante, después de muchos con- 
sistorios y congregaciones se deliberó S. S. de 
ayudar con veinte mil ducados, los cuales se 
han enviado con oferta de mayor socorro cuan- 
do la cosa se tomase por V. M., de suerte que 
del todo se extirpase esta maldita secta, la cual 
cada día crece; y aquí se sospecha y teme que 
quieren sostenerla y aun aumentalla debaxo de 



no desbaratalla, para tener siempre en necesi- 
dad al Pontífice, y hablan cubierto llenos desta 
suspicción» (1). 

Otra poderosa razón, á más de las dos anterio- 
res, contribuyó eficazmente á que el Emperador 
no se resolviese á invadir la Francia. El Imperio 
turco, potencia entonces esencialmente con- 
quistadora, llegó por este mismo tiempo á su ma- 
yor grado de pujanza bajo el cetro de Solimán II. 
Tan temible por sus fuerzas terrestres como 
por las marítimas, amenazaba constantemente 
los Estados cristianos fronterizos y era un peli- 
gro continuo para el resto de Europa. Con fre- 
cuencia el Papa y el Emperador se lamentaban 



(1) Sobre este mismo punto de la reforma luterana, es- 
cribía el Duque de Sesa al Emperador en carta fecbada en 
Roma á 10 setiembra i525: 

«... A tres del presente recibí un despaclio de V. M. de 
XIII de agosto: luego fui con SS. y le hablé cerca de todos 
los cabos que contenía; y cuanto á la materia del Luter su 
Beatitud estima que el verdadero remedio para la estir- 
pacion de aquella malvada secta es el que V. M. con su 
sacratísima persona mediante Dios dará, que enteramente 
está condado. Dice que porque en la dieta que se espera 
podria haber algunos inconvenientes, seria de opinión 
que V. M. ordenase que la prorrogassen dando esperanza 
de su felicísima venida, y cuando no se pudiese obtener, 
enviase V. ívl. alguna persona calificada para que tuviese 
la mano que no intentasen de innovar cosa de mala di- 
gestión; y que sobre todo V. M. debria mandar que no se 
les pasase nada de las exorbitancias que piden contra la 
Iglesia y ritos christianos.» 



del creciente poderío de los infieles, sostenido 
y favorecido por las guerras entre los Príncipes 
cristianos, siendo la mayor aspiración de uno y 
otro hacer que éstas cesasen para emplear todas 
sus fuerzas contra el común enemigo. Por este 
motivo decía el Pontífice al Embajador cesá- 
reo (1) que anhelaba la paz universal y la gran- 
deza del Emperador, «porque sin lo uno é sin lo 
otro no se puede oviar al frangente en que está 
la república cristiana destas dos tan importan- 
tes materias del Turco y del Luteriauo.» 

No es creíble, por todas estas razones, que 
pensase el Emperador seriamente en invadir el 
reino de Francia, como pretende Mr. Mignet. Su 
deseo fué siempre concertarse con el Rey de 
Francia para consagrar sus fuerzas á contener 
el movimiento reformista de Alemania, y sobre 
todo para combatir á los turcos y corsarios afri- 
canos. 

Cerca de tres meses llevaba Francisco I en el 
castillo de Pizzighetone, cuando en vista del 
poco resultado hasta entonces obtenido en la& 
negociaciones, y de la situación de aquella for- 



(1) Carta del Duque de Sesa al Emperador refiriéndole 
una conferencia tenida con el Papa. — Roma, 19 junio, 
1525.— Col. Salazar. 

4 



50 
taleza colocada en medio del teatro de la guerra 
y expuesta, á pesar de sus formidables defen- 
sas y escogida guarnición, á un golpe de mano, 
fué menester í)en8ar en trasladar á sitio máí? 
seguro al Monarca cautivo. Ya el Emperador, 
previendo este caso, había dispuesto que se le 
condujese al reino de Ñapóles (1). 

Así, pues, celebrado consejo por Borbón, Lan- 
noy. Pescara, Antonio de Leiva y el Abad de 
Nájera, tesorero y comisario general del ejérci- 
to, acordaron llevar á Francisco I á Castilnuo- 
vo de Ñapóles, inexpugnable fortaleza cons 
truída á la orilla del mar en una lengua de 
tierra. 

Llegó con este designio el Virrey á Pizzigbe- 
tone el íiO de abril de 1525; «'mas visto lo mucho 
que se debe al exército y la desconfianza del 
pago que todo él, especialmente la gente de ar- 
mas, podria tomar, y los motines y otros desór- 
denes que de aquí y>odrán suceder, y por otros 
algunos respectos, creo que por todo mañana, 
venido como se espera el Duque de Milán, te 



(]) Carta del Eiuperadoral Duque de BorbOn y al Vi- 
rrey de MápoJes de ¡¿1 marro 1025.— Posteriormeote reite- 
ró euta voluntad del Emperador Mr. de Beurre cuaodo 
fué ¿Italia.— Carta del Abad de Nájera al Emperador de 1 
de mayo de 1025 —i; o 1 Salazar 



51 

resolverá de no ir á Ñapóles, salvo poner al Rey en el 
castillo de Milán, y sin hacer otra alteración en- 
tretener este exército y todas las otras cosas 
hasta que venga el aviso de lo que V. M. manda 
que se haga. 

(1) «Primero del presente el Rey de Francia 
fué contento de librar á Don Hugo de Moneada 
sin que pagase otro rescate, salvo que Mr. de 
MemoranQi fuese también libre; y S. A. salió á 
pagar diez mil escudos quel dicho MemoranQi 
habia hecho de talla á un capitán de infantería 
española, que se dice Herrera. El dicho Memo- 
rangi se partió para Francia dos días ha. Don 
Hugo se partirá para la Corte de V. M. dentro 
de cuatro ó cinco días; irá por tierra á la mayor 
priesa que pudiere. 

«Por el bilango que llevó el Comendador Fi- 
gueroa verá V. M. lo que se debe á este exército 
y lo poco y mal parado que hay para cobrar y 
pagar, y verá cuan necesario es que V. M. en 
este breve tiempo que quede, mande poner en 
execución lo que se ha de hacer porque este 
exército no se deshaga ni se pierda la victoria 
y reputación ganadas. 



[l) Carta del Abad de Nájera al Emperador, fechada en 
Peqiguiton á T de mayo de 1325. Casi todo este párrafo 
está en cifra; lo que si^ue en claro. 



»E1 Rey de Francia está bueno, y muy cierto 
que si se viese con V. M. se concertarian en dos 
palabras, como más particularmente Don Hugo 
habrá decir á V. M...» 

A pesar de las atendibles consideraciones ex- 
puestas al Emperador por el Abad de Nájera en 
la carta anterior, decidióse llevar á Francis- 
co I á Ñapóles; y á este efecto recibió órdenes 
Lope de Soria, embajador español en Genova,. 
del Virrey Lannoy para aprestar la escuadra en 
que había de verificarse el pasaje. Pronto se 
halló ésta en disposición de navegar. Compo- 
níase de quince galeras y diez ó doce bergan- 
tines, con mil quinientos infantes españoles á 
bordo. 

«El Marqués de Pescara (1) por servir á V. M. 
ha sido contento de quedar con el cargo del 
exército, si bien lo ha refutado algunos dias^ 
así por hallarse como se halla algo indispuesto 
de la persona, como principalmente por temor 
de no recibir alguna afrenta amotinándose al- 
guna parte de gente que por dicha no se podrá 
pagar tan presto. Antonio de Leyva y yo que- 
daremos aquí con el ilustre Duque de Borbon y 



(1) Carta del Abad de Nájera al Emperador, de Picigui- 
ton, 12 mayo 1525.— Col. Salazar. 



53 

el dicho Marqués á servirá V. M. — Alarcon creo 
que irá con el Visorrey á Ñapóles.»» 

Antes de pasar más adelante en la narración 
de las vicisitudes que este viaje del Rey prisio- 
nero tuvo, exigen el interés histórico y el orden 
cronológico de consuno, dar cuenta del buen 
camino que llevaban las negociaciones de paz 
y alianza entabladas por el Duque de Sesa en 
Roma á nombre de Carlos V con el Pontífice 
Clemente VII por si y por otros Estados de Ita- 
lia, para apreciar mejor el cambio de política 
pretextado luego pjr éstos con motivo de la sa- 
lida de Italia del Rey de Francia. Y nada nos 
informará tan auténtica y detalladamente del 
resultado de esta negociación y de otros acci- 
dentes á ella anexos, como la misma corres- 
pondencia del ilustre descendiente del Gran 
Capitán. 

«No habrá (escribía el Duque de Sesa al Em- 
perador) (1) que responder á las letras de V. M. 
de X de Enero, vii é ix de Hebrero é v de 
Abril, pues con tan ventajosa mejoría han sub- 
cedido los negocios, como se esperaba de la 
felicísima fortuna y buena ventura de V. Mag'. 
Y habiendo ido micer Juan Bartolomé de Gati- 



(1) Roma, IS mayo 1525.— Col. ¿alazar. 



54 

nara con larga razón de lo que aquí se ha he- 
cho, que fasta tener respuesta de aquello no 
hay cosa de sustancia de que pueda avisar, solo 
diré que cuantos más dias pasan, pienso que se 
ha ganado al doble en la capitulación que se hi- 
zo {\), por lo que veo en las otras materias. Y 
por ser el prefato Juan Bartolomé muy bien 
informado, como actor principal, de todas las 
particularidades de la negociación, no me dé- 
teme en escribirlas. 

»La publicación... (de la capitulación) fue el 
primer dia de Mayo con toda la solemnidad en 
santo Apóstol, y el Cardenal Coluna hizo la 
fiesta y dixo la misa. No se esperó la confirma- 
ción de V. M. porque el Visorrey la habia ya 
publicado en Milán y en las más tierras de la 
Iglesia... 

»S. S. ha deliberado que vaya por legado á 
V. M. el Reverendísimo Cardenal de Salviatis, 
que ya es declarado en consistorio, que no ha 
sido muy á contentamiento de Coluna, porque 

quisiera la jornada para sí persona es á 

quien V. M. es en cargo, que sin duda él hizo 
oficio de muy buen servidor en tiempo que 
otros faltaron. La causa de su ida, á lo que en - 



(1) Estas palabras en cifra 



55 

tiendo, es á congratularse de la victoria y tra- 
tar de todo lo pasado, y ver si hay medio de In 
paz universal para lo porvenir... 

)>De Inglaterra hay letras de xxviii del pasa 
do y afirman por muy cierto que el Rey hacia 
grandes preparativos de guerra y pasaría en 
Francia en persona en habiendo respuesta de 
V. M. y que va ateniéndose á los capítulos de 
\eiffra)ide empresa que con V. M. (1) tiene acorda- 
do. Creo que no acometerá hasta saber la reso • 
lucion que V. M. toma con sus embaxadores 
que ha enviado. 

«Grandísimaraente ha sido laudada la forma 
que V. M. tuvo cuando supo la felicísima victo- 
ria que Dios le dio. En mayor grado se estima 
haberla tomado V. M. con tanta santimonía, 
igualdad de ánimo y clemencia que el mismo 
vencimiento, é juzgan por pequeño aquél en 
comparación de lo que merece un tan glorioso 
Príncipe. Plega á Nuestro Señor que triunfando 
del Turco y aumentando la fe, V. M. goce de en 
tera gloria y felicidad como generalmente se 
espera. Su Santidad ha sido el que ha sublimado 
aquel valeroso y christiano acto, y la letra que 
V. M. le escribió se leyó en consistorio y des- 

(1) En cifra. 



56 

pues se ha estampado, y junto coü esto lo que 
su Nuncio acerca dello muy bien escribió.» 

«Pláceme (1) que á V. M. satisfaga la persona 
del Conde Baltasar de Castellón, la cual acá sin 
duda era y es estimada, y sé que hizo muy buen 
oficio en el servicio de V. M. cuando estuvo en 
Parma y Plasencia, tanto que le indicaban por 
sospecto. Justa será toda la merced y favor que 
V. M. le mandará hacer y muy á satisfacción 
de S. S. que le ama y tiene obligación porque 
ha sido m\iy aficionado á su casa... 

»E1 secretario Serón es venido á S. S. á darle 
razón de la venida del Visorrey con el Rey de 
Francia á Ñapóles. Partieron de Pigiguiton álos 
XVIII y veníanse á embarcar á Genova.» 

Con la anterior noticia enlaza perfectamente 
la siguiente carta de Lope de Soria al Empera- 
dor (2) dándole parte de la llegada á Genova 
del Virrey Lannoy conduciendo á Francisco I, 
de los excesos cometidos en esta ciudad por la 
gente de guerra que le custodiaba, y de la 
marcha de la escuadra. 

«Aqui arribaron el Rey de Francia y el Viso- 



(1) Carta del Daqae de Sesa al Emperador; Roma, 24 
maj-o, 1525.— Col. Salazar. 

(2) Oénova. postrero de mayo de 1525.— Col. Salazar. 



57 

riey á los xxiiii deste Mayo con obra de tres 
mil infantes españoles, y no entraron por la 
ciudad, sino que vinieron por la montaña y se 
entraron en este castillo, adonde quedó apo- 
sentado el Rey y Alarcon; y en la ciudad se 
aposentó el Visorrey con toda la gente; la qual 
gente ha sido algo rigorosa en el alojar, que- 
riendo seguir su costumbre de comer á discre- 
ción y hacer algunos malos portamentos, pero 
no en tanta manera como pienso que otros 
scribirán á V. M. Usanza es de gente de guerra 
enojar adonde arriban. Al Visorrey ha pesado 
mucho dello y ha procurado de remediarlo en 
cuanto ha podido, y al cabo ha prometido dn 
pagar tres mil y cuatrocientos ducados á esta 
ciudad por el daño que han recibido, y con esto 
quedan algo satisfechos. Y en verdad que esta 
gente de guerra está tan mal avezada que es 
harto trabajo haberla de gobernar. Plegué á 
Dios sacar á V. M. de todos estos enojos. 

»En este dia, á hora de vísperas, son par- 
tidos de aquí el dicho Rey y el Visorrey con 
buen tiempo y con quince galeras y una cara- 
bela y algunos bergantines, y van á Ñapóles, y 
muy bien en orden todas las dichas galeras de 
todo lo que han necesario. Dios les dé buen 
viaje. El Rey va en la galera capitana de las 



58 

tres de Portuondo, y el Visorrey en la galera 
del Comendador Ycart. 

»E1 Rey amuestra estar alegre, y tiene mu- 
cha esperanza en la misericordia y Real cora- 
zón de V. M.; y anoche arribó aquí Memoran qí 
y antes era venido Moreta. Y pues escribe el 
Visorrey á V. M., por su carta entenderá las plá- 
ticas que entre ellos pasan. 

»E1 armada francesa está en Tolón, pero no 
tiene gente de mar ni de guerra en las naves 
ni los galeones, pero han crecido de dos gale- 
ras y tienen agora doce, pero las dos no bien 
armadas; de suerte que por la dicha armada 
yrán bien seguras las galeras de V. Ces. Mag., 
en las cuales van mil y quinientos soldados 
españoles de mas de los gentiles hombres y la 
gente ordinaria de las galeras, y el resto de la 
infantería es vuelto á Lombardia. 

«El Duque de Genova é yo habemos acorda- 
do al Visorrey que debia tomar apuntamiento 
con el Rey de Francia para que su armada de 
mar no viniese en estas riberas á hacer daños 
en las tierras desta comunidad, porque en ser 
partidas las galeras de V. M. tengo por cierto 
que vendrán por acá las francesas y harán todo 
el daño que podrán. Y hase concertado entre el 
Rey y Visorrey que no se moverá la dicha ar- 



59 

mada para hacer algún daño en tanto que no 
se mueve el exército de V. M. para hacer gue- 
rra en Francia (1); y con este apuntamiento es 
ido Moreta y un hombre del Duque de Genova 
en Prohenza.» 

En otra carta de 2 de junio, escribía el mismo 
al Emperador, que después de haberse dado al 
mar las galeras que conducían prisionero al 
Rey Francisco, i.q)or haber sobrevenido tiempo can" 
trario en la mar, pasaron en Portofino, que es 
lexos desta ciudad siete leguas, y hasta agora 
no tengo nueva que sean partidas de allí, ni de 
la armada de Francia tenemos nueva ningu- 
na.» La misma versión encontramos en otra 
carta del Abad de Nájera al Emperador (2). «Por 
haber hecho tiempo cmitrario , no se han partido el 
Virrey y Alarcon con el Rey de Puertofin, xx 



(1) Esto con tanto más motivo, cuanto que el Duque 
de Genova había enviado sus galeras con las de España 
para hacer el pasaje á Ñapóles, seg^ín se deduce de la si- 
guiente carta de dicho Duque, Antonioto Adorno, al Em- 
perador. (Genova, 8 junio, 1525): 

«Habrá tres dias que recibí una carta de V. M. de vii 
del pasado; y en cuanto toca al enviar mis galeras con las 
suyas para acompañar Mr. de Borbon, luego ofrecí de 
cumplir muy enteramente el mandado de V. M.; empero 
el Visorrey ha determinado después servirse dellaa para 
la llevada del Rey de Francia, lo cual se ha puesto por 
obra » 

(2) Genova, 2 juuio. 



(50 

millas de aquí, donde estarán fasta que sea 
buen tiempo.» 

Hizose al ñu la armada al mar, pero no con 
rumbo á Ñapóles, sino á España. ¿En virtud de 
qué órdenes ó en atención á qué consideracio- 
nes? ¿Qué ocurrió en Portofiuo para tomar tan 
grave é inesperada resolución? De varias ma- 
neras se ha explicado esta repentina determi- 
nación. 

Según el autor de la «Historia déla Guerra de 
Lombardía, batalla de Pavía y prisión del Rey 
Francisco de Francia» (1), el Emperador escribió 
al Yirrey que acompañase al Rey á Ñapóles, y 
le envió con ésta otra carta ordenándole que 
no la abriese «hasta estar bien dentro en la mar 
y que hiciese lo que en ella hallase que le man- 
daba. >» Cumplido este precepto, el Virrey abrió 
la carta en alta mar «y halló qu3 le mandaba 
traer á España» á Francisco I. Como en ningu- 
na otra parte hemos encontrado esta versión, y 
el autor citado acoge en su referida relación otros 
errores evidentes, como el afirmar que entre 
las galeras que acompañaron desde Genova al 
Rey de Francia estaban las de Andrea Doria, 



(1) Atribuida á Fr. Juan de Oznai'a, eu el siglo Juau 
de Carvajal. Publicada en la Coleccióa de documentos 
inéditos, tomo 38. 



61 

tenemos su testimonio en este como en otros 
muchos pasajes por erróneo y de escaso valor 
liistórico. 

Champollion-Figeac en su obra titulada Cap- 
timté du roi Francois /opina que Francisco I se 
dejó persuadir por Lannoy de que mediante 
una entrevista con el Emperador acabarían to- 
das las dificultades que se oponían á su liber- 
tad; y deduce de todos modos que la ida á Es- 
paña del Rey de Francia y de Lannoy fué cosa 
convenida entre los dos sin conocimiento pre - 
vio del Emperador. 

Pero nosotros nos inclinamos á creer con 
Mr. Mignet (1) que el persuadido fué el Virrey y 
el persuadidor Francisco I. 

Por algunos párrafos de cartas de testigos 
oculares y actores de esta negociación he- 
mos visto ya el deseo constante que manifesta- 
ba el cautivo Monarca de avistarse con su rival, 
no sólo porque realmente creyese que de esta 
manera se resolvería más pronto su suerte, sino 
también porque con ocasión de este largo pa- 
saje aun abrigaba esperanzas de poder escapar 
de las manos de sus guardianes. No iba en esto 
muy descaminado, porque sobre ser la armada 



(1) Rivalité, ele. 



62 

francesa mucho más fuerte que la combinada 
española y genovesa, contaba aquélla con un 
marino tan experto y atrevido como Andrea 
Doria, si bien los jefes de la imperial Portuondo 
é Icart no le iban mucho á la zaga en estas cua- 
lidades. 

Ello es lo cierto que un golpe de mano podía 
devolver la libertad al regio prisionero y dar al 
traste con el más opimo fruto de la victoria de 
Pavía. Avisó secretamente Francisco I á su ma- 
dre la Regente de esta posibilidad y no se omi- 
tió en Francia medio alguno para hacerla efec- 
tiva. Al fin desistió el Rey de esta empresa tan 
incierta como peligrosa, y que indudablemente 
había de contribuir, caso de salir fallida, á agra- 
var su situación. 

Rendido Lannoy á las vivas instancias de 
Francisco I y halagado también por las merce- 
des que de Carlos V esperaba recibir, se resol- 
vió á llevarle á España sin consultar á los demás 
jefes imperiales, sin prevenir al Emperador y 
contra lo acordado por todos ellos. «Señor, es- 
cribía á Carlos V (1), os llevo al Rey, lo cual es- 
toy seguro que os agradará, porque así podrá 
V. M. acabar más pronto sus negocios.» 



(1) Carta de Lannoy al Emperador, de 10 de junio de 
15-25. -Col. Lanz. tomo 1.' 



63 

Concluyó en Portoflno con Montmorency, 
general de la flota francesa, un convenio en 
virtud del cual se unirían á las galeras españo- 
las seis francesas guarnecidas por españoles, y 
subiendo á la que conducía al Rey de Francia, 
se dio á la vela, entrando sin novedad el 17 de 
junio en el puerto de Palamós, y el 19 en Bar- 
celona. 

Dejemos al Rey de Francia prisionero en Es- 
paña, donde, como es sabido, su cautiverio fué 
más prolongado de lo que él se prometía, y su 
entrevista con Carlos V más difícil y tardía de 
lo que todos presumieron, y volvamos nuestra 
atención á Italia, objeto exclusivo de este es- 
tudio. 



u^ 



CAPÍTULO 11. 

Desde la salida de Italia de Francisco I hasta la 
muerte del Marqués de Pescara, y conclusión del 
Tratado de Madrid. 



Deplorable fué el efecto que la inesperada 
determiDación del Virrey de Ñapóles de llevar 
al Rey de Francia á España produjo en toda 
Italia, no sólo entre los Generales, Embajado- 
res y agentes del Emperador, sino entre todos 
los potentados de aquella península. Avivó la 
oculta enemistad que entre ei Duque de Borbón 
y Lannoy había de antiguo; disgustó grave- 
mente á Pescara, Leiva y otros Ministros del 
César, y alarmó al Papa, á los Venecianos y aun 
al Rey de Inglaterra. Leamos, si no, lo que 
aquellos escribían al Emperador: 

«Señor (decía el Duque de Borbón) (1): Es- 



il) Carta del Duque de Borbón al Emperador en fran- 
cés. Milán, 10 junio. 1525. 

5 



66 
tando aquí el Virrey de Ñapóles, el Marqués de 
Pescara, Mr de Rup, el Marqués de Algonassa. 
Antonio de Leiva y Alarcón, se acordó que el 
dicho Virrey debía llevar á Ñapóles al Rey de 
Francia por las razones que os ha dicho mon- 
sieur de Reux. Después el Virrey ha hecho 
todo lo contrario y llevado al Rey de Francia 
á V. M-, maraTülándome yo de que nada me 
hubiese advertido el Virrey, y conmigo todos 
vuestros buenos servidores de aquí. Esto me ha 
causado tal afrenta que ya no se habla en este 
país sino en mi deshonra... Mucho me temo, 
señor, que esta repentina marcha no os haga 
perder al Papa y á venecianos y á otros poten- 
tados de Italia, y mayor peligro hay aún de per- 
der al Rey de Inglaterra... El dicho Virrey me 
ha dejado aquí sin dinero ni medio de juntar 
alemanes para acometer la empresa de Fran- 
cia... Cuando os plazca oirme, os diré cosas de- 
lante de el por las que conoceréis cuan necesa- 
rio hubiese sido poner vuestros intereses en 
otras manos que no en las suyas.» 

El protonotario Caracciolo, agente diplomá- 
tico de la mayor confianza del Emperador, le 
escribía (1): 



(1) Milán, 9 junio. 1525.— Col. Salazar. 



67 

«El Sr. Vicere dixe voler andar a Napoli e 
condur el Re de Franza; de poi che e stato a 
Genua, pare que sia nata opinione precipue 
últimamente per esser venute sei galere fran- 
cesa ad unirse con quelle de V. M. che voglia 
condur el Re in Hispagna el che existimo che 
sua S. faccia con ogni prudentia e ordine 
de V. A. lo existimo che qv^sla venuta de Re in 
Hispagna po'iiera graiidissima suspicione a tuta Italia, 
non exceptuando alchuno e forsi al Senno. Re de 
Anglia, dubitando che possa succedere appunc- 
tamento tra V. A. e il dicto Re de Franza a 
damni saltem de Italia, me e parso toccare 
questo motto perche e caso considerabile e é da 
credere quan loro se firmassero in questa opi- 
nione tentariano ogni cosa per fugir o differire 
piu che se po la ruina loro V. M. prudentissima 
so che gouernara tutto con la sua sólita sa- 
pientia...- 

El Abad de Nájera escribía al Emperador so- 
bre el mismo punto (1): 

«Lo que por ésta se puede avisar es que ya 
que á los seis del presente habla hecho lel Vi- 
rrey de Ñapóles) vela y estaba xv millas ade- 
lante de Puertofin para Ñapóles, llegó Memo - 



(1) Genova. 9 junio. 1525.- Col. Salazar. 



68 

fanci con seis galeras del armada del Rey; y 
en la hora considerando quánto importa al ser- 
vicio de y. M. concluir presto con el Rey la paz 
ó la guerra, acordó de lo llevar en Spaña, y 
han hecho vela hoy con la gracia de Nuestra 
Señor Dios tres horas antes del día. 

»E1 exército de Y. M. queda pobre, como el 
Virrey dirá, y por eso es menester socorrerla 
luego y veer lo que ha de ser del, porque otra- 
mente no se podrá sostener y destruirá el país 
por donde estuviere. 

»E1 Rey de Francia va mu\'' alegre y con 
muy cierta esperanza de concierto. Dios lo 
haga como Y. M. lo desea...» 

También el Duque de Sesa comunicó en los 
siguientes términos al Emperador la impresión 
que en Roma causó la salida del Rey de Fran- 
cia para España: 

(1) «Al principio que se supo la ida del Yiso- 
rrey á Espagna con la persona del Rey de 
Francia, hizo una umbra muy grande, porque 
estos juicios italianos son tan delicados y soti- 
les que á una pequeña cosa dan infinitos senti- 
dos, cuanto más á esta, siendo del momento 
que es. S. S. en aquel primer golpe estaba ad- 



(1) Roma, 19 janic, 1525.- Col. Salazar. 



69 

mirado; después me ha hablado algunas veces, 
y lo que me dice es que está en el mismo deseo 
que siempre estuvo de la paz universal y gran- 
deza de V. M., porque sin lo uno é sin lo otro 
no se puede obiar al frangente en que está la 
república cristiana destas dos tan importantes 
materias del Turco y del Lut iriano, que cree 
que es este el mejor camino, y así no faltará á 
solicitar lo que cupiere á su mano.» 

Todavía en 24 de julio manifestaba el mismo 
Embajador al César, por encargo del Pontífice, 
estas palabras sobre la ida del Rey de Francia, 
que preludian la actitud que poco después tomó 
casi toda Italia contra el Emperador: 

(1) «Lo que S. S. me ha dicho que escriba 
á V. M. es que todo lo de Italia está confuso y 
todos en grandísima sospecha, la qual se ha 
tomado de la ida del Visorrey sin dexar asen- 
tadas las cosas de acá; y que S. S. ha sido y es 
siempre muy requerido y molestado de mu- 
chos para que se hiciese una liga, y que en 
Inglaterra la desean y mueren por nuevas 
pláticas.» 

Es, pues, indudable que la precipitada deter- 
minación del Virrey Lannoy empeoró el es- 



(1) Roma, M julio, 1525.— En cifra.— Col. Salazar, 



70 

tado de las cosas políticas en Italia. En virtud 
de la capitulación acordada entre los Generales 
y Embajadores del Emperador y los diversos 
Estados de aquella península aprontaron éstos 
fuertes contribuciones de guerra en castigo de 
su abandono ó de su infidelidad, temiendo to- 
dos que de no hacerlo fuese el ejército á campar 
en su territorio. Esto no obstante, negociaban 
secretamente con la Regente de Francia, con 
el Rey de Inglaterra y hasta con el Turco, para 
oponerse á la dominación cesárea; pero estas 
pláticas, por traerse entre muchos y tener que 
concordar tantos, tan diversos y tan opuestos 
intereses, no dieron un resultado inmediato. 

El Emperador por su parte ni quería deshacer 
el ejército de Lombardía para hacer frente con 
él á todos aquellos tratos secretos y afirmar su 
autoridad en Italia, ni podía tampoco, exhausto 
como se hallaba de recursos, reforzarlo ni sos- 
tenerlo. El Duque de Borbón ansiaba avistarse 
con el César, ya para contrarrestar la inñuencia 
de Lannoy, ya también para decidir á S. M. á 
acometer la invasión de Francia, mediante la 
cual esperaba recobrar sus vastos dominios; 
pero lap galeras que habían conducido al Rey 
de Francia á España y habían de trasportarle á 
él también, no volvían, y la armada francesa y 



la flota mandada por Andrea Doria acechaban 
vigilantes la partida del Duque para aprehen- 
derle. 

Creciendo de día en día los tratos de los Prin- 
cipados de Italia contra Carlos V y habiendo 
tomado en ellos parte muy principal el Duque 
de Milán, el Marqués de Pescara, obrando con 
firmeza y energía, se apoderó de Jerónimo Mo- 
rón, secretario del Duque Francisco Sforzia, 
alma de la conjuración, y entrando en Milán 
con la mayor parte del ejército, cercó en el 
castillo al Duque. 

En tan apuradas circunstancias, hostil á la 
causa imperial casi toda Italia, en camino el 
Duque de Borbón, el ejército sin pagas y Car- 
los V sin tomar con él determinación alguna, 
falleció, abrumado de tanto trabajo, afligido y 
desconsolado por el abandono y desdén del 
Emperador, el egregio y esforzado Marqués de 
Pescara, encargando el mando de las tropas á 
su pariente el Marqués del Gasto y al célebre 
Antonio de Leiva. Cuando tantas pruebas habla 
dado de fidelidad y celo por el servicio impe- 
rial, cuando á él en primer término era debido 
el glorioso triunfo de Pavía, ni fué recompen- 
sado cual sus méritos lo exigían por lo segun- 
do, ni pudo sustraerse á la calumnia y viles 



n 

pasiones por lo primero. Los médicos opinaron 
que había muerto envenenado (1). Su esposa, 
la justamente renombrada Victoria Colonna, 
dechado de virtud, de saber y de hermosura, 
hallábase en Marino, ciudad del reino de Ña- 
póles, y al tener noticia de la gravedad de su 
marido, se puso en camino; mas al llegar á 
Roma supo su muerte y se encerró en un con 
vento de monjas de la Orden de Santa Clara, 
para no salir de él, á lo que dicen (2), siendo 
menester que una y otra vez instasen al Empe- 
rador sus Ministros de Italia para que la escri- 
biese y consolase. 

Dejó tan ilustre guerrero por premio de sus 
servicios cuantiosas deudas, y sus Estados y 
rentas empeñados; pero dejó también tan alta 
y justificada fama de insigne capitán, que aun 
hoy S3 le tiene por uno de los mayores cono - 
cidos. 

Examinemos ahora en la correspondencia di- 
plomática de aquel tiempo el desenvolvimiento 
lento y detallado de todos estos sucesos. 



(1) En la historia del iavictísimo y muy animoso caba- 
llero y capitán D. Hernando Dávalos, Marqués de Pes- 
cara, recopilada por el maestro Valles (Anvers, 1558). 
nada se dice de esta sospecha. 

(2) Carta del comendador Herrera al Emperador, 
Roma, 16 dic. 1525. Col Salazar. 



73 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 14 junio 15¿5(l). 

A los nueve del presente, después de haber 
hecho vela el Yisorrey con el Rey de Francia 
para España, llegué aquí con el cumplimiento 
de los dos cambios de ochenta y veinte mili du- 
cados que V. M. últimamente me mandó en - 
viar á pagar en Genova. Dexé xv mil deposita - 
dos en manos de Ansaldo de Grimaldo fasta en 
tanto que venga aviso si es aceptado en Nápo - 
les un cambio de xxxv mil ducados quel Virrey 
le Tino á cambio á pagar en Ñapóles. Di al ilus- 
tre Duque de Borbon xx mil ducados: todo el 
resto se ha pagado al exército y se paga de pre- 
sente en las partidas que V. M. verá por un 
vilango que envía el Marqués de Pescara, por el 
cual verá lo mucho que se debe y el poco reca- 
do que hay para pagarlo; y por eso es menes- 
ter que V. M., como es su costumbre y notable 
exemplo, encomiende sus cosas á Dios y las re - 
suelva presto, como más fuere su servicio, ó 
disponga deste exército de manera que tenga lo 



(1) Todos estos documentos corresponden á la citada 
Col. Salazar. 



74 

que ha menester ó se disminuya en todo ó en 
parte la grande espesa que hace. 

Venecianos ofrescieron al Virrey lxxx mil 
ducados, los cincuenta mil luego pagados, y 
los treinta mil dentro de un año; mas quieren 
nuoTa confirmación de V. M. de la liga que 
consigo tienen; sobre lo qual he rescebido hoy 
una letra del embaxador Alonso Sánchez, la 
cual envío originalmente para que vea V. M. lo 
que en esto pasa. Lo que ahora procuramos es 
s acalles estos dineros como prestados con pro 
mesa del Duque de Borbon y del Marqués de 
Pescara de ge los restituir cuando dentro de 
cierto tiempo V. M. no aprobare la dicha liga; 
y si para esto quisieren aprobación del Duque 
de Borbon , como lugarteniente general de 
V . M . en Italia, se les dará á beneplácito 
de V. M. 

El Papa no quiere dar xxv mil ducados que le 
tocan sin los cien mil, antes quiere que se sa- 
que la gente que está en sus tierras. 

£1 Duque de Milán ha hoy acabado de pagar 
xxv mil ducados que á él le tocaban, y ha con- 
certado con los mercantes Milaneses que darán 
XL mil escudos, que ha de dar en paño y en 
seda. De Luca y Sena poco ó nada se puede es- 
perar. 



I 



75 

Al exército se debe lo que V. M. ha visto por 
el vilango que llevó el Comendador Gómez 
Xuarez de Flgueroa y por el que de presente 
envía el Marqués de Pescara. Plega Dios que no 
suceda por falta de pagas cualque motín; y por 
eso es mucho necesario que V. M. con la infor- 
mación que terna del Virrey, mande proveer 
del remedio necesario. 

El Duque de S aboya procura de sacar el exér- 
cito de sus tierras, y así lo ha requerido con 
las letras de V. M. al Duque de Borbon y al 
Marqués de Pescara. Hanle respondido que todo 
lo que V. M. manda harán en habiendo pagado 
el dicho exército, en lo cual se entiende, por- 
que otramente no hay donde está. El marque- 
sado de Salucio no es suficiente para la mea- 
tad. El Estado de Milán está destruido. En los 
Estados del Papa y Venecianos no se puede 
alojar. Si la gente fuese pagada, que pudiese 
comer por sus dineros, se podría poner en rasa 
campaña; mas estando como está, V. M. crea 
que no se puede hacer más de lo que se hace, 
como el Virrey y Alarcon harán fe. Con el Du- 
que se usarán todas las buenas palabras que 
fueren posibles , fasta que certificado desto 
V. M. mande lo que más fuere su servicio. 



76 



El Emperador al Protonotario Marino 
Caracciolo. 

Toledo 21 junio 1525. 

Dolémosnos que ese Estado de Milán esté tan 
perdido como nos escribís, lo cual se puede 
bien creer habiendo tenido sobre si tanto tiem- 
po tan gran número de gente. Esperamos en 
Nuestro Señor que con voluntad de franceses ó 
sin ella reduciremos muy presto toda la chris- 
tiandad en paz y sosiego, con lo cual ese Es- 
tado y todos los otros de Italia descansarán de 
los trabajos pasados. 

El Duque de Sesa al Emperador. 

Roma i9 junio 1525. 

Han deliberado que el Legado vaya con más 
presteza de la que se pensaba... (1). Puedo con 
verdad certificar á V. M. que fué muy más que 
necesario apresurar en el concluir la capitula- 
ción; que ya andaban pláticas y pláticas entre 
muchos, y el Duque de Ferrara era uno de los 
que más solicitaban y apretaban á S. S. que to- 

(1) En cifra. 



I 



77 

mase la mano y el nombre de la defensión de 
todos, y salía del ordinario de la mucha beni- 
volencia que tiene y ha tenido con sus dineros 
ofreciéndolos no con el puño cerrado. Y algu- 
nos eran de opinión que porque Francia no 
fuese damnificada se permitiese la guerra aun- 
que fuese con manifiesto peligro, y los de In- 
glaterra, á cuanto he comprendido, si no hol- 
garan de venir ala conclusión, no refutaran de 
traer la cosa en pendencia y de tener siempre 
á V. M. necesitado, porque el juicio continuo 
restase en la boca del Cardenal (1). Bien se co- 
noce que no se podría hacer cuerpo de tan di- 
versos miembros con fuerza que bastara á re- 
sistir la grandeza de V. M.; pero cuando las 
cosas se pueden resistir con la mano desarmada 
y siempre la autoridad y estimación prevalece, 
harto mejor es que subjetarlas á la fortuna, 
cuanto más siendo V. M. tan christianísimo 
como es, y queriendo y deseando la paz uni- 
versal y beneficio de su república christiana. 



(1) El cardenal y datario de la curia pontificia, persona 
de gran influencia en Italia, amig-o de Francia y que 
ejercía en el ánimo del Pontífice decisivo predominio. 



78 



Lope de Soria al Emperador. 

Sestri 1 j ulio 1525. 

...En este día me han dicho (el Duque de Ge- 
nova y su Consejo) que son contentos de servir 
á V. M. para su pasaje en Italia, el qual acá es 
muy público y se tiene por cierto (1). 

Lope de Soria al Emperador. 

Sestri 7 julio 1525. 

(Dice que se espera la venida de S. M. á Ita- 
lia; que con tiempo mande hacer los aprestos 
de armada y bastimentos necesarios, y añade): 

El Marqués de Pescara dicen que partió de 
Milán á los cuatro del presente para ir al Pia- 
monte á causa que en las más de las tierras no 
quieren alojar la gente del exército de V. M., 



(1) El Duque de Genova, Antonioto Adorno, en su afán 
de complacer y agradar al César, le hizo también obse- 
quio de cuatro caballos corsos, según se deduce de la si- 
guiente carta autógrafa del Duque al Emperador, fechada 
en Genova á 22 de junio de 1525: 

«Porque he sabido que V. M. tiene gana de cauallos 
corsos, envióle con un mi gentilhombre quatro dellos; y 
si no fueran las fastas de los moros que andan por estos 
mares, serían más de éstos; empero no faltarán, placiendo 
á Dios, presto otros.» 



79 

y todo aquel país está alterado y no quieren 
obedecer..., y el Duque de Saboya ha pasado 
los montes, y es ido en Francia diciendo que 
Madama la Regenta lo ha enviado á llamar 
para que le haga compañía, que quiere ir á 
V. Ces. Mag. 

El Abad de Nájera al Emperador. 

8 julio 1525 (I). 

Por cosa muy cierta se entiende que Vene- 
cianos y otros potentados de Italia platican con 
Francia y piden para degollar este exército 
de V. M. ó echarlo de Italia diez mil suizos pa- 
gados por tres meses, y no otra gente de pie ni 
caballo, y cincuenta mil ducados cada mes... 

El Duque de Borbón, Marqués de Pescara y 
Antonio de Leiva han puesto al que se dice Rey 
de Navarra en el castillo de Pavía con buena 
guarda, por tener con este Color á su disposi- 
ción cuando algo se descubriesen este Estado 
y los otros potentados de Italia. 

(1) En cifra. 



80 
Lope de Soria al Emperador. 

Sestri 14 julio 1525, 

Luego que recibió la carta de V. M. de los XX 
del mes pasado el Duque de Borbón, me escri- 
bió lo que entenderá V. M. por la copia que será 
con ésta; y vista su determinación, luego hablé 
con el Duque de Genova y dimos principio en 
poner en orden cinco carracas que al presente 
se hallan aqui... las cuales se ponen en orden 
con toda diligencia para que estén prestas 
cuando sean arribadas las galeras y quiera par- 
tir el Duque de Borbón... 

(1) Tengo avisos de algunas partes que andan 
pláticas entre el Papa y Venecianos y Florenti- 
nes y otros potentados de Italia, y quieren de- 
cir que cabe en ellos el Duque de Milán, para 
unirse todos y deshacer este exército de V. M. 
y aun estorbar que no venga V. M. en Italia. 

Lope de Soria al Duque de Borrón. 

14 julio 1525. 

...Me envió V. 111. S. la letra que la Ces. Mag. 
le escribe, la cual he visto y leído, y por ella veo 

(1) En cifra. 



81 

más verdaderamente la mucha voluntad y de- 
terminación que tiene S. M. de venir presto en 
Italia, y que V. 111. S. vaya muy presto á verle, 
y que el armada de mar se ponga en orden...» 

Lope de Soria al Emperador. 

Sestri 27 julio 1525. 

(Le da cuenta de haberse apoderado Andrea 
Doria de una carraca llamada del Arca que él 
tenía á sueldo, con cuyo hecho cree que Doria 
había roto la tregua, y añade): 

«É yo he enviado á decir al dicho Andrea 
Doria que estoy maravillado de lo que hace sa- 
biendo la tregua que está asentada; y él res- 
ponde que no rompe la tregua, sino que tiene 
comisión del Regimiento (1) de Francia que es- 
torbe el pasaje del Duque de Borbort; y porque sabía 
que la carraca del Arca era para su pasaje, la 
tomó; pero esta es mala cubierta, pues la ca- 
rraca es desta Comunidad y estaba á sueldo 
de V. M., y la tomó en esta ribera del dominio 
de Genova, y también después ha tomado el 
bergantín que era de Barcelona, y todos los 
marineros y los que en él venían eran vasallos 
de V. C. M. « 



(1) Por Kes^ncia. 



Lope de Soria al Emperador. 

Sestri 6 agosto 1525. 

«...Escriben de Roma al Duque de Genova 
cómo tenían por hecha la liga entre el Papa y 
Francia é Inglaterra con todos los potentados 
de Italia, ecepto el Duque de Milán y de Ge- 
nova, y que todavía daban esperanza el Data- 
rio y Dominico Sauli de hacer entrar en la di- 
cha liga al Duque de Milán. 

Aquí entendemos cómo en Prohen^a se ha 
publicado tregua entre V. M. y Francia hasta 
los XV de setiembre próximo, y hemos visto un 
traslado de la orden que sobresto ha dado Me- 
morensy á todos los capitanes del armada de 
mar de Francia, hecha á los XIIII de julio, en 
que dice que dexen passar á qualesquiera na- 
vios del país y tierras y subiectos de V. Ces. 
Mag. sin darles algún impedimento; (1) y ésta 
no dice de los confederados. No están muy se- 
guros de la dicha tregua estos genoveses, por- 
que dicen que no saben si ellos se entenderían 
por subiectos de tierra de V. M.» 

(1) En cifra. 



83 



Lope de Soria al Emperador. 

Genova 9 agosto 1525. 

«El Duque de Borbón espera que arriben las 
galeras de V. M. para partir, y en este punto he 
recibido una carta suya hecha anteayer, en que 
dice que también piensa de llevar algunas de 
las galeras de Francia... 

...El exército de V. M. se va juntando, y por 
agora será alojado en tierras del Marqués de 
Monferrara y de Ast y Alexandría.» 

El Duque de Sesa al Emperador. 

Roma 14 de agosto 1525. 

«Estotro día apareció una letra de un hijo de 
don Alonso Téllez de xx del pasado, la cual 
afirma el fellicisimo casamiento de V. M. y el 
acordio con Francia, y que mandaba ir por la 
persona del Rey de Francia al Arzobispo de 
Toledo y al Duque de Nájera, lo que ha puesto 
aqui tanto espanto que da causa á mirarse los 
unos á los otros.» 



84 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Vercelli 20 agosto 1525. 

(1) tt...Dire solamente cómo Venecianos y los 
otros potentados de Italia continúan sus pláti- 
cas con Francia y Inglaterra más caídamente 
que nunca, y están tan adelante en ellas que 
no se curan de la investidura que saben que 
Vuestra Majestad envía al Duque de Milán; y en 
esto diz que andan más caldos los que menos 
debrían, y es por no perder la ocasión en que 
agora les parece que se hallan para poder salir 
de baxo de la mano de quien ha de castigar los 
graves pecados que algunos más solícitos que 
los otros han cometido, porque saben que agora 
ó en algún tiempo permitirá Dios que sean ma- 
nifiestos. Acuerdóme que un día que el Rey de 
Francia en Pagiguiton, hablando en lo de suli - 
bertad, me dixo que á S. A. y la Regente su 
madre convenía platicar con todo el mundo 
por dar algún torcedor y disponer mejor sus 
cosas, mas que con nadie le convenía concer- 
tarse ni con nadie podía tomar ni dar vínculos 
ni firmezas seguros del concierto que con V. M.; 

(1) En cifra. 



85 

y decía cada hora públicamente que dexándole 
en paz lo que antepasados le dexaron vernía 
con V. M. en Italia y á su coronación con su 
armada de mar, y le daría infantería y gente 
de armas, y no sé si decía ó dineros para la ha- 
cer, pudiese tomar lo que le pertenesce á Y. M. 
en Italia y que fuese señor de toda ella, y que 
fasta que esto fuese fecho estaría con V. M. 
donde y como fuese servido. Demás desto ve- 
mos que V. M. ha ordenado y mandado que el 
dicho Rey de Francia, su hermana Madama de 
LanQon, que diz que es ya partida, y el Duque 
de Borbón, que no espera otro que las galeras, 
que vayan á donde Y. M. estoviere. 

El Marqués de Pescara está en harta congoxa 
por todo esto (por no tener con qué pagar ni 
alimentar al ejército) y porque no se hallan 
dineros prestados ni le queda nada por empe- 
ñar ni vender. En lo mesmo están el ilustre 
Duque de Borbón y Antonio de Leiva. 

El Conde de Ginebra dio 15.000 escudos» (que 
le correspondían por la capitulación). 



86 



Lope de Soria al Emperador. 

Sestri 21 agosto 1525. 

«Bien creo que V. M. habrá holgado de la ida 
del Rey de Francia en esas partes, y por ello se 
debe tener por muy bien servido del Visorrey, 
pues no podía hacer ni pensar otra cosa mejor 
para lo que conviene al servicio de V. M. y 
bien de todos los negocios. Plegué á Dios 
guiarlo de manera que sea su santo servicio y 
bien de todos los reinos y señoríos de V. Ces. 
Mag. 

Las pláticas comenzadas por los potentados 
de Italia parece que se hayan resfriado, pero 
los Venecianos amuestran tener algún temor, 
pues fortifican sus tierras y ponen en orden su 
gente de guerra. (1) Estos son los que ponen 
de continuo en Italia las diferencias entre V. M. 
y Francia con temor de ser castigados y despo- 
seídos de sus tierras que tiránicamente tienen; 
y si una vez se les quitasen sus fuerzas que tie- 
nen, toda Italia estaba en paz y V. M. la podría 
mandar como le pertenece, y de otra suerte á 
ellos parece que está en su mano mover la gue- 

(1) En cifra. 



87 

rra y echar de Italia á los que fueren sus con- 
trarios, y deste pensamiento y su codicia siem- 
pre buscarán formas para poner diferencias en- 
tre V. M. y el resto del mundo.» 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 14 setiembre 1525. 

«El Marqués de Pescara me ha enviado copia 
de los capitules de la tregua asentada entre 
V. M. y el Rey de Francia, para que en esta ciu- 
dad se publicase y se hiciese aucto dello; y por 
esto fui á Genova á los xi del presente para 
hacer que se pregonase; y por estar la ciudad 
despoblada del todo (por la peste que en ella 
había) pareció al Duque que no era necesario 
que se publicase con pregón hasta que vuelva 
la gente y el Senado dentro della; (1) pero he 
comprendido que lo dexau de hacer él y los Ge- 
noveses por no ser nombrados en los dichos 
capítulos, aun ponen duda si ellos se compre- 
henden en la dicha tregua, aunque diga todos 
los reinos y señoríos y subditos, pareciéndoles 
que sería más conveniente que se entendiesen 
por confederados de V. M. que no por subditos. 

(1) En cifra. 



88 

Yo les doy á entender lo mejor que puedo que 
siendo Genova tierra del Imperio que se entien- 
den por subditos de V. M. y no por otra cosa, y 
con esto se comprehenden en la dicha tregua. 

Por otra tengo escrito á V. M. cómo un capi- 
tán que se dice Antonio de Udena fué enviado 
por el Duque de Borbon con obra de quinientos 
hombres para servir al señor de Monego, y sien- 
do en Onegia, tierra desta ribera de casa Doria, 
donde habia algunos ciudadinos ginoveses que 
eran idos allí con sus mujeres por la pestilen- 
cia, le pareció que debía saquear el dicho lugar, 
y asi lo hizo sin causa alguna; y después tomó 
el castillo. Y como el dicho Duque de Borbon y 
el Marqués de Pescara entendieron esto, envia 
ron algunas banderas de italianos para castigar 
este capitán con un forriero que se dice Var- 
gas, los cuales han hecho mucho mayor daño 
en esta ribera que el dicho capitán. De manera 
que ya no se puede habitar por donde pasa la 
gente de guerra, porque á los amigos y á los 
enemigos les parece lícito de robar y hacer 
daños 

El Duque de Borbon arriba hoy en Saona y 
muy presto se embarcará.» 



89 



El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 21 setiembre 1525. 

«El Duque de Borbóu está en Saona para se 
embarcar y se le ha dado aviso de todo lo que 
aquí se entiende, para que vea si le paresce de 
detenerse. 

El Virrey ha scripto á Antonio de Leiva 
que V. M. tiene voluntad de le dar algún titulo, 
y el que más querría es Manchal en Italia, así 
por servir á V. M. en lo de las muestras, que 
cierto hay necesidad dello, como por causa de 
la diferencia que tiene con el marichal Memo- 
ranci.» 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 26 setiembre 1525. 

«Ayer, por orden del Marqués de Pescara, el 
Marqués del Gasto, que está en Aste, envió con 
Juan de Urbina y el Comendador Corbera dos 
mil infantes españoles á degollar dos mil italia- 
nos que habían venido de Francia por la vía de 
Saludo al llano de Saludo, junto á Ribelo. 
Y como llegaron los españoles á las xxiiii ho- 
ras y media, comenzaron la escaramuza. Los 



90 

italianos diz que tenían al pie de 800 escopete- 
ros y arcabuceros, y salieron todos fuera de la 
tierra á combatir. Los españoles cargaron sobre 
ellos de manera que los hicieron huir; y así, 
antes que fuese una hora y media de noche, 
los habían muerto, preso y destrozado. Juan de 
ürbina fué malherido de una scopeta que le 
pasó las dos piernas. Plega Dios que no muera, 
que cierto V. M. perdería el más valiente sol- 
dado del mundo. El Comendador Corbera tam- 
bién diz que está herido de una pica en la pier- 
na. Fasta ora no se sabe aquí el número de los 
muertos de la una parte y de la otra. A Dios 
sean infinitas gracias por esta victoria, que yo 
espero que es prenóstico y principio de la ma- 
yor que le ha de dar contra todas estas pláticas, 
paces y ligas que se van tratando contra V. M. 
A los XXII del presente pasaron por cerca de 
Saona las tres galeras de la Religión, y el illus- 
tre Duque de Borbon envió al Comendador 
Icarte (1) tras ellas para que si las alcangase las 
traxesse para que le acompañasen fasta Spaña. 



(1) Don Francisco Icart, lugarteniente de las galeras 
del reino de Ñápeles, era muy estimado por sus buenos 
servicios del Virrey Lannoy y de D. Hugfo de Moneada, 
y por su influencia obtuvo á principios del año 152T el 
gobierno del castillo de Gaeta. 



91 

El Marqués de Pescara ha estado malo de cier- 
tas fievres que le vinieron de un gran sol que le 
dio en la cabega estando tomando la muestra á 
los alemanes.» 

Lope de Soria al Emperador. 

Saona 21 setiembre 1525. 

«...El Duque de Borbon lieua consigo presos á 
su secretario y á los otros, y allí les dará el cas- 
tigo según constará de sus deméritos. 

Pasando por esta ribera las galeras de la reli- 
gión de Rodas, pareció al Duque de Borbon en- 
viar al Comendador Icarte que las tomase y las 
hiciese venir á hablar con él; y asi partió de Ge- 
nova el dicho Comendador con siete galeras y 
las halló surgidas en Porto Veneris de noche; y 
las tomó sin defenderse ni hacer escándalo, y 
las hizo venir aqui donde estaba el dicho Bor- 
bon, al cual ha parecido que vayan con él este 
viage, y asi van: De manera que lleva xvii ga- 
leras, y no siendo menester allá las de V. M. y 
las de Genova, seria bien que luego las mandase 
V. M. volver acá.» 



9-2 



Lope Hurtado de Mendoza al Emperador. 

Novara 15 octubre 1525. 

«Suplico á V. M. se acuerde de mandalle (al 
Marqués de Pescara) hacer tales obras que él vea 
que V. M. se acuerda de sus servicios pasados y 
presentes, que palabras ya no bastarán para él, 
que á lo que yo entiendo, aunque no me lo ha 
dicho, está quexoso. E si V. M. dilatase alguna 
demostración estarlohia más, y á mi parecer 
sería dañoso, según el tiempo y cargo que de 
V. M. tiene. Ha mas de xv días que está malo 
del estómago; ya está mejor, aunque bien flaco, 
porque le ha apretado muy recio, y tomóle so- 
bre haber tenido unas tercianas. Porque destas 
cosas suele hacer Dios su voluntad, será bien 
que V. M. envíe acá provisión á la persona que 
será servido para que si Dios dispusiese del, ten- 
ga su cargo y la gente le obedezca. En Antonio 
de Ley va toda cosa estarla bien, porque la gen- 
te le ama y tiene crédito y lo merece, que es 
buen servidor de V. M.» 



93 



Lope de Soria al Emperador. 

tíénova n octubre 1525. 

«Consideradas las pláticas de Italia, el Marqués 
de Pescara y todos los otros servidores y vasa- 
llos de V. M. habernos pensado en lo que con- 
viene á su imperial servicio, y el dicho Marqués 
me envió á decir el pensamiento que tenia para 
remediar contra de las dichas pláticas; y como 
V. Ces. M. le habia escrito que él pusiese en 
execucion lo que le pareciese que más conviene 
á su imperial servicio; y que lo primero habia 
pensado de tomar en prisión á Hieronimo Mo- 
rón (1), como ministro é inventor de las dichas 
pláticas, y después apoderarse de algunas tie- 
rras del Estado de Milán por V. M. y asegurarse 
dellas, pareciéndole que era mejor prevenir que 
ser prevenido; y siendo tan prudente caballero 
y tan leal servidor de V. Ces. Mag. yo tengo 



(1) Era secretario del Duque de Milán, el cual como es- 
taba tiempo hacía muy enfermo, descansaba en el primero 
todo el peso de los negcocios.— También figuró mucho en 
este célebre proceso el caballero Billia, como embajador 
que era del Duque de Milán cerca de S. Mag. Ces.; asi 
como D. Pedro Garcia, secretario áe Estado y del Conse- 
jo de la Cesárea Magestad, en concepto de encargado de 
los negocies del Ducado de Milán; y por el mismo motivo 
Camilo Gilino, secretario del excelente Duque de Milán. 



94 

por cierto que habrá pensado y aconsejádose 
con los otros capitanes que le están acerca lo 
que más conviene al servicio de V. M. Y así 
han prendido al dicho Rieron imo Morón... y 
luego como lo prendió nos lo hizo saber al Du- 
que de Genova y á mí, y nos ha parecido que 
ha hecho muy sabiamente por muchos respec- 
tos, máxime porque del se podrán saber todos 
los conciertos y las pláticas para dar la provi- 
sión que se requiere al servicio de V. M.w 

El Virrey de Cataluña al Emperador. 
Barcelona miércoles 18 octubre 1525. 

«Anteanoche recebí la carta que V. M. me 
mandó enviar para detener las carracas que 
traxeron los caballos de Mr. de Borbon, las cua- 
les son dos, la una maj^or que la otra, y Mr. de 
Borbon me dixo que las traia por un mes entra- 
mas y que las daba de flete por el dicho mes 
mili y quatrocientos ducados, y cuando me 
dieron la carta de Y. M. ya un día antes las ha- 
bía pagado y las había dado licencia. 

Mr. de Borbon llegó aquí el sábado pasado: 
fue muy bien recebido y servido como V. M. lo 
tenía mandado que se hiciese, y en verdad su 
persona lo merece todo. Mañana jueves dice 



95 

que se partirá, mas yo creo que será el viernes 
y la via de Valencia, si otra cosa no le manda 
en contrario V. M.» 

Lope Hurtado al Emperador. 

Milán 5 noviemlDre 4525. 

(Escribe que fué á Roma á dar cuenta al Papa 
de las razones que justificaban la prisión de Je- 
rónimo Morón, y que le preguntó el Papa:) 

«¿Qué os parece á vos que hará el Empera- 
dor? Digo. No sé: pienso yo que si los amigos 
no se conciertan con S. M., que será necesario 
que se concierte con los enemigos, y esto po- 
dría hacer gran daño á Italia.» 

El Duque de Sesa al Emperador. 

Roma 12 noviembre 1525. 

(1) «Lo que pienso de S. S. es gran temor de 
tener por determinado que V. M. tomará para 
si el Ducado de Milán, que es articulo que por 
ninguna forma puede comportarlo, ni le basta 

disimulación para encubrirlo porque á la 

descubierta dice que teniéndolo V. M. es querer 

(1) En cifra. 



96 
dominar á Italia y no dexar parte della á nadie 
y que por la investidura de Ñapóles no ha de 

tener ninguna cosa en Lombardía que si 

V. M. querrá ser señor de todos por fuerza que 
no terna su consentimiento, sino que esperará 
el martirio que los otros, y que á este fin saldría 
tomando el Ducado de Milán para sí ó para dar- 
lo al Sermo. Sr. Infante.» 

(Dice que luego que supieron en Turquía la 
prisión del Rey de Francia, mandó el Sultán un 
emisario á los Venecianos á decirles que ofre- 
cían 500.000 ducados y su armada de mar para 
atacar al Emperador en Sicilia, pues temían 
que dominando á los cristianos diese contra 
ellos.) 

4 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova IT noviembre 1525. 

«A los XIII del presente hizo cercar el dicho 
Marqués (1) (de Pescara) el castillo de Miláu con 
una buena banda de españoles y otra de ale- 
manes, visto que después de haber andado en 
algunas pláticas con el Duque de Milán para 



(1) Como capitán general y gobernador del Estado de 
Milán, cuyos títulos le había dado S. M. 



97 

que él asegurase de tener al servicio de Vues- 
tra Majestad los castillos de Milán y Cremona 
y el exército estuviese seguro del, había cono- 
cido que le daba dilaciones y que todavía per- 
severaba en las pláticas comenzadas contra el 
stado y exército ele V. Ces. M ; y en el dicho 
castillo de Milán algaron banderas de Vuestra 
Majestad, pero tiraban mucha artillería contra 
los cercadores y mataban algunos, y en la ciu- 
dad no ha habido alteración alguna. Y el dicho 
Marqués ha dado razón á los de la ciudad de la 
causa que lo mueve á hacer tales cosas contra 
el Duque, y todos lo tienen por bien hecho en 
las palabras, no sé en los corazones; y comen- 
zaba el dicho Marqués de hacer recoger las ren- 
tas del Estado; y echó mandamiento á todos los 
lugares que no respondiesen á ninguno sino á 
quien él ordenase. Y también el castillo de Car- 
mona (1) tiraba artillería contra la gente de 
Vuestra Majestad que está dentro aquella ciu- 
dad; y el dicho Marqués todavía está mal dis- 
puesto de su dolor de estómago.» 



(1) Sic, por Cremona. 



El Duque de Sesa al Emperador. 

Roma 23 noviembre 1525. 

(1) «Y viendo que cada día las platicas andan 
muy más estrechas, he querido hacer esta para 
enviarla por todas las vías que hallare. Vuestra 
Majestad tenga por determinado que la nego- 
ciación no puede tractarse con más calor de lo 
que se tracta, y que está en muy poco de aca- 
barse todos de desvergonzar; que lo pasado en 
Milán y lo que por horas sienten de lo de allí, 
les despierta admirablemente, y sino hobiera 
embarazado al Papa con la esperanza de que 
Vuestra Majestad envía sin ninguna duda... y 
ya se va desconfiando y dice que lo quiero en- 
tretener con palabras y que entre tanto nos- 
otros no perdemos tiempo 

El Papa está hoy en el peor canon que nunca 
hombre estuvo, y dicen del general y particu- 
larmente blasfemias terribles, dándole culpa 
que por su pocagine está Italia perdida por no 
gastar y estar irresoluto. Sábelo y disimúlalo. 
Temo que esta voz con las otras que tiene cerca 

(1) En cifra. 



99 
■del oído (1) no le despierten, y aun téngolo por 
determinado si no se hace otra provisión de 
allá de la que fasta aquí se ha fecho.» 

El Abad de Nágera al Emperador. 

Milán 25 noviembre 1525. 

«A los XVII del presente avisé á V. M. cómo á 
los XIII del mesmo el Marqués de Pescara había 
encerrado al Duque en este castillo, y de la 
buena devoción y voluntad que en esta cibdad 
y en todo el Estado se hallaba en servicio de 
Vuestra Majestad.» 

(Expone que uno de los objetos de esta carta 
es rogarle que envíe dinero para pagar al ejér- 
cito y evitar motines, porque como las rentas 
del Estado de Milán están todas empeñadas y 
no se sabe quién quedará dueño de él, no hay 
quien preste un maravedí, y además la vida en 
Milán es muy cara.) 

«Antonio de Leiva con banquetes y buenas 
palabras anda entreteniendo y acariciando los 
capitanes porque hayan paciencia y entreten- 
gan la gente; algo aprovecha pero no mucho, 
á causa del caro vivir que arriba digo.» 



(1) Alude al Cardenal datario. 



100 

(Ruega á S. M. que mande dinero y comuni- 
que con prontitud el resultado de los tratos con 
Francia), «porque acá los tractantes contra la 
grandeza de V. M. no cesan cada hora de publi- 
car muchas y diversas nuevas con que mantie- 
nen en reputación y buena esperanza sus plá- 
ticas; y lo que principalmente agora publican 
como cosa que más desean y más temen, sien- 
do al contrario, es que no hay concierto entre 
Vuestra Majestad y el Rey de Francia; y con 
esto las pláticas andan harto caldas entre el 
Papa, Inglaterra, Francia y Venecianos. En 
Venecia diz que está el Obispo de Bayus con 
poderes de Madama la Regenta, como particu- 
larmente verá V. M. por las letras del protono- 
tario Caracciolo y Alonso Sánchez que lleva 
este correo.» 

... El Marqués del Guasto y Antonio de Leiva 
atienden con toda diligencia á cerrar este cas- 
tillo, y lo traen en buenos términos, non obs- 
tante la mucha artillería que cada hora les 
tira... 

... Hieronimo Morón entiende en hacer su 
proceso de su mano, y hecho se enviará á V. M, 
para que mande declarar la justicia del Duque.» 



401 

El Duque de Sesa al Emperador. 
Roma 30 de noviembre de 1525. 

«...Viendo que las pláticas iban más encendi- 
das y poco menos que á la descubierta, porque 
no se usaba de la mesma pasada en el secreto 
ni en el tractar, sino que á la pública se nego- 
ciaba, me pareció hablar al Papa diciéndole lo 
que veía y resintiéndome de ello con las mejo- 
res razones... Respondióme que él no podía 
dexar de oir los que le requerían, y que no juz- 
gaba haber hecho poco en esperar lo que ha es- 
perado de lo que V. M. determinaba en sus co- 
sas... Supliquéle que quisiese avisar á Y. M. 
primero que se resolviese con nadie de lo que 
S. S. deseaba .. Y esto hice porque se ganase 
algún tiempo.» 

(Dice que en suma lo que quiere S. S. es que 
S. M. mantenga, como prometió, á cada uno 
en su ser; que si el Duque de Milán ha faltado 
y su culpa es tan grave que merezca la priva- 
ción del Estado, que S. M. ponga otro en él, 
cual le parezca conveniente, y quite así á todos 
el temor y sospecha que tienen de la extraor- 
dinaria grandeza y predominio de S. M.; que 



402 

si bien anda en tratos contra S. M. no es como 
requeridor sino como requerido.) (1) 

Lope Hurtado de Mendoza al Emperador. 
Milán 1.0 de diciembre de 1525. 

«Aquí hay gran falta de personas: muerto el 
Marqués de Pescara se sentirá más, porque él 
era tan trabajador que hacia más oficios que 
hará ninguno que V. M. provea en su lugar. 

P. S. Cuando ésta he escrito son las dos des- 
pués de mediodía. Los físicos me han dicho que 
hará Dios gran merced al Marqués si vive de 
aquí á mañana á estas horas.» 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 3 de diciembre de 1525. 

«Por la que tengo escrita á V. M. á los xxii 
del pasado, decía que parecía á los servidores 
de Y. M. que debía hacer provisión de persona 
para el gobierno del exército, á causa de la 
grave dolencia del Marqués de Pescara, el qual 



(1) En esta misma carta recomienda el Duque de Sesa 
al Emperador á Clemente AlDaaés. maestro de correos en 
la corte de Roma, que á la fecha de la carta llevaba cua- 
reata años de servicios á la orden del Emperador y de sus 
ilustres predecesores. 



i03 

plugo á Dios llevarlo desta vida el primero 
deste mésenla tarde... Dios lo perdone, que 
cierto era buen caballero y buen servidor de 
V. M. Escriben al Duque de Genova que no pa- 
recía (1) que estasen bien conformes con el 
Marqués del Guasto y Antonio de Leiva. Mara- 
villóme por ser todos sabios y buenos servido- 
res de Y. M., y pienso que estarán conformes 
en todo lo que sea servicio de aquélla. Está el 
exército con falta de personas de gobierno, 
porque todos los capitanes de gentes darmas 
están ausentes. 5) 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 5 de diciembre de 1525. 

«El Marqués de Pescara falleció á los tres antes 
del día, de suerte que no fué cierto lo que es- 
cribieron al Duque de Genova que era muerto 
el 1." del mes, ni tampoco es verdad que estén 
discordes el Marqués del Guasto y Antonio de 
Leiva, sino muy conformes. Es muerto muy 
catholicamente y con todo su sentido hasta el 
postrero puncto, y ha ordenado muy sabiamen- 
te todas sus cosas y dexado el cargo del exér- 

(1) En ciíra, 



104 

cito al Marqués del Guasto y Antonio de Leiva 
hasta que lo provea V. M., y rogado al Senado 
y pueblo de Milán que los obedezcan y miren 
por el servicio de V. M., y hasta agora no había 
allí novedad alguna.» 

Lope Hurtado de Mendoza al Emperador. 

Milán 6 de diciembre de 1525. 

«Plugo á Nuestro Señor llevalle (al Marqués 
de Pescara) á iii del presente: según la señal 
han visto los físicos en el corazón que tenía la 
punta podrida: son de opinión que murió de 
tósigo. Hasta que dio el alma á Dios tuvo sen- 
tido como si estuviera sano, y tanto cuidado 
del servicio de V. M., llamando al Marqués del 
Guasto y Antonio de Leiva, pidiéndoles y ro- 
gándoles tuviesen cargo deste exército y estado 
y fuesen grandes amigos porque mijor sirvie- 
sen á V. M., llamándolos y á los otros capita- 
nes encomendándolos sirviesen como siempre 
lo habían hecho, tomando fee á los de Langque- 
neques que fielmente servirían á V. M., y otras 
cosas mucho de notar estando en el punto que 
estaba, donde ha dado testimonio de la fee que 
ha tenido á servicio de V. M. Sus servicios en 
la vida, su voluntad en la muerte merecen que 



105 
V. M. cumpla lo que en su testamento suplica; 
porque satisficiendo lo que ha merecido y el 
Marqués del Guasto ha servido, será exemplo 
para obligar á que otros tengan cuidado más 
de servir y ser fieles como lo ha seido él; y para 
descargo de su alma, y que el Marqués no que- 
de perdido para siempre, hay gran necesidad, 
porque según lo que sus criados dicen y parece 
por su testamento, ha de pagar el Marqués con 
el dote de la Marquesa de Pescara y deudas más 
de doscientos mil ducados, y el Marqués es tan 
buen caballero que es más aparejado para em- 
peñarse que para descargar el testamento del 
de Pescara. Y pues al uno va el alma, al otro el 
cuerpo, cierta esperanza tienen todos que Y. M., 
usando de su real condición y grandeza, man- 
dará cumplir lo que en el dicho testamento se 
contiene y el del Guasto suplica, lo cual todos 
en este exército tendrán por muy señalada 
merced de V. M. 

El Marqués y Antonio de Leiva están como 
hermanos y muy determinados de conservar 
esta voluntad... 

(1) Por las cartas que escribí á Y. M. á v del 
pasado cuando vine de Roma, decía que á to- 

(1) En cifra. 



dos los servidores que allí y aquí tenía Y. M. 
les parecía que pues de lo de Italia no se po- 
drá fiar según las cosas pasadas, y lo que 
agora habían querido hacer, que V. M. se con- 
certase con el Rey de Francia. Agora parece 
que es más necesario, porque es muy gran 
falta la persona del Marqués, y porque á la 
gente se debe mucho... y el gasto ordinario es 
grande; é si se quitase es de creer que los que 
tienen mala voluntad la mostrarían por obra, 
é si se juntasen los que platican, con trabajo se 
podría sostener lo de acá sin venir V. M., por- 
que por mar y por tierra serían muy poderosos, 
é sin Francia todos no son nada ni osarán pro- 
bar su fuerza contra la grandeza de Y. M,; an- 
tes se cree que las manos atadas vendrían á 
hacer lo que Y. M. mandase; y agora yo creo 
que de ninguna manera se han de concertar 
si no fuere para hacer luego lo que han hecho 
otras veces...» 

Cuando por efecto de las activas gestiones de 
los enemigos del Emperador dentro y fuera de 
Italia, comenzaba el Papa á desfallecer en sus 
propósitos de alianza con aquel soberano, llegó 
muy oportunamente á Roma el comendador 
Herrera con nuevos poderes de Carlos Y para 



\Q1 

negociar con el Pontífice. «Desde la hora que 
llegó, escribe el Duque de Sesa á S. M. (1), no 
se ha perdido ninguna de negociar fasta esta. 
La dificultad principal ha consistido en el artí- 
culo del Duque de Milán, porque lo que Vuestra 
Majestad promete en caso de muerte natural, 

quisieran que se entendiera también á civil 

Piden que V. M. ponga un Duque italiano » 

Más detalles sobre este asunto nos da el mis- 
mo Comendador Herrera en carta al Empera- 
dor (2) en la que se expresa de esta suerte: 

«Yo llegué aquí miércoles á vísperas á vi 
del presente... Otro día siguiente el ilustre Du- 
que de Sesa é yo fuimos á dar la carta de Vues- 
tra Majestad á S. S., el cual me recibió con mu- 
cho amor mostrando haber holgado con mi ve- 
nida. (En cifra). El leyó la carta y mostró mu- 
cho contento, disculpándose que si había dado 
oídos á otros conciertos y pláticas lo había cau- 
sado la dilación de la respuesta de V. M. Aquel 
día por no tener sacada la cifra no expliqué mi 
comisión ni se dio la capitulación. El siguiente 
dixe y declaré lo que por instrucción traía. Vis- 
ta por S. S. la capitulación (3), halló muchas di- 

(1) Carta de 16 de diciembre de 1525.— Col. Salazar.— 
El Comendador llegó á Roma el 6 del mismo mes. 

(2) Roma, 16 de diciembre 1525. — Col. Salazar. 

(3) Suspensión de hostilidadas por dos meses. 



i08 

ficultades por las cuales no quiso tomar forma 
de conclusión. La principal es lo de Milán, y 
dice que pues el Duque no murió, que debe 
quedar pacifico en su ducado. El Duque é yo 
diximos que pues ofendió, que es muerto, y que 
la elección de nombrar queda á V. M. conforme 
á los capítulos.)» 

Pocos días después, el 29 de diciembre, le 
escribía el mismo Comendador, holgándose de 
haber contenido algo las pláticas de los antim- 
perialistas: «Lo de aquí y aun de toda Italia 
está en calma y suspenso hasta ver respuesta 
de y. M. Las pláticas han parado, lo cual no 
hacían cuando yo llegué.» 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 23 diciembre 1525. 

«El Rey que se dice de Navarra se es fuido del 
castillo de Pavía con todos sus servidores á los 
XIII del presente en la noche, y dicen que fue 
hacia tierra de los suizos y que dieron lugar á 
su libertad algunos de los que le guardaban. 

En Prohenga hacen nuevas galeras con toda 
diligencia hasta que tengan el número de xxv, 
y no habiendo acá sino ocho de V. M. y cuatro 
de Genova, si no sucede algún concierto entre 



109 

V. Ces. Mag. y el Rey de Francia, estarán los 
franceses mucho más fuertes en la mar que nos- 
otros, y en tal caso esta ciudad y sus riberas 
estarían en mucho peligro y también las gale- 
ras de V. M.» 



Lope de Soria al Emperador. 

Genova 27 diciembre 15SS. 

«Yo despaché un bergantín desta ribera á los 
cuatro de noviembre con despachos para Vues- 
tra Majestad y le di mi patente declarando á 
cualesquiera personas cómo yo les despachaba 
por cosas tocantes al servicio de V. M. Tengo 
aviso cómo forzado del mal tiempo de la mar, 
entró en el río de Narbona y allí lo han tomado 
y puesto en prisión los que iban en él: (En cifra.) 
entre otros iba Silvestrin de parte del Duque de 
Milán á V. M. (En claro); y estando asentada la 
tregua es fea cosa que la hayan de romper cada 
vez que se les antoje; y también Andrea Doria 
la rompe cada día y postreramente ha combati- 
do y tomado una nave inglesa pensando que 
era española, y como vido que era de ingleses 
la dexó. Y contra el Sr. de Monego hace todo el 
daño que puede , y esto no es servicio de 



no 

V. Ces. Mag. y lo debe castigar y proveer para 
que no usen de tales términos contra los subdi- 
tos de V. M.» 

Lope Hurtado al Emperador. 

Milán 22 de enero 1526. 

«Por muchas letras y mensajeros he avisado 
á V. M. de (1) las necesidades deste exército, y 
agora de la última con este, que es la mayor 
que se ha visto, pues solo el remedio se espera 
de Dios ó de V. M., que todos los otros faltan. 

El crédito aquí y en Venecia y Genova es 
perdido, porque en Ñapóles no se han cumplido 
los dineros que se habían tomado á cambio; y 
por no tener manera para hallar un real ni 
cómo pagar los españoles que estaban en la 
guarda deste castillo, los han sacado de aquí el 
Marqués (del Guasto) y Antonio, y quedan cua- 
tro mil alemanes, por tener por menos el peli- 
gro que el amotinar de la gente. Hanlos en- 
viado á alojar á lo mejor del Estado, pero todo 
está tan destruido, que nada hay que no sea 
muy malo. 

La gente de guerra no halla qué comer. Los 



(1) En cifra. 



MI 

pobres labradores no tienen qué dalles, y no es 
maravilla, porque ha muchos dias que lo dan 
sin discreción á más de xv mil caballos y xx 
mil personas sobre todas las malas venturas 
pasadas; ya no pueden ni tienen con qué su- 
frir. Esta ni la gente pueden valerse, y cuando 
no pudiese ser paz, mejor sería guerra á los 
enemigos que destruir los subditos y asolar 
este Estado. 

V. Mag, con presteza lo debe mandar pro- 
veer, porque de otra manera no se podría es- 
cusar grandísimo deservicio de Dios y de V. M., 
porque las exclamaciones del pueblo y daño es 
más grande de lo que se puede decir ni pensar, 
como V. M. más largo entenderá por las que 
van con esta. Yo he querido decir esto, porque 
V. M. de todos sepa de la manera que está lo 
de aquí...» 



o 



CAPÍTULO III. 



Desde ia vuelta de Francisco I á Francia hasta (a 
ruptura de hostilidades de los Estados italianos 
contra el Emperador. 



Después de muchas dilaciones, tratos y arre- 
glos, firmó Francisco I en Madrid el tratado de 
paz que había de devolverle su libertad el 14 de 
enero de 1526; ratificólo Carlos V el 11 de febre- 
ro, y el 17 de marzo cruzaba por fin el Bidasoa y 
entraba en su reino el prisionero de Pavía con 
decidido propósito de no cumplir las más esen- 
ciales cláusulas de la capitulación que tan so- 
lemnemente había suscrito. 

«Plugo á Dios, escribía el Emperador al Abad 
de Nájera (1), poner la mano en que se concer- 
tase y firmase paz y confederación christiana 



(1) Minuta de carta del Emperador al Abad de Nájera 
Toledo á 8 de febrero de I52o.— Col. Sa lazar. 

8 



144 
entre el Christianísimo Rey de Francia, nuestro 
muy amado hermano, con condiciones y vín- 
culos convenientes para el cumplimiento y se- 
guridad de lo asentado y con casamiento del 
dicho Christianísimo Rey con la Serenísima 
Reyna doña Leonor, nuestra muy amada her- 
mana, de que esperamos que sucederá una uni- 
versal paz en la christiandad. 

»Con el dicho Christianísimo Rey irá el Viso- 
rrey de Xápoles fasta Baj^ona, de donde tomará 
su camino para Ñapóles. 

» También entendemos en despachar desde 
aquí al Duque de Borbon, que se partirá presto 
para tener ahí cargo de nuestro Lugarteniente 
y Capitán General, con la ida de los cuales se 
proveerá en la del Duque de Milán, en que es 
nuestra voluntad que se haga justicia, y en lo 
que se debe hacer para la conservación del 
exército, y en todo lo demás que convenga. En 
este medio procúrese de entretenerle con lo 
que se sacare desse Estado y de lo que de Ve- 
necia y del Papa y otramente como se pudiere, 
»... La confesión de Hiéronimo Morón have- 
mos visto, y sobre todo llevará el Duque de Bor- 
bon la resolución que conviene. 

»...La liberación del de Labret fué muy recia 
cosa y débese entender en castigar rígidamen- 



lis 

te á los que en ello se hallaren culpados» (1). 

La libertad dada á Francisco I fué la señal de 
una alianza general contra Carlos V. Los po- 
tentados italianos, mal avenidos con el dominio 
que éste ejercía en Italia; el Rey de Inglaterra 
por envidia y despecho, y el Rey de Francia por 
su constante rivalidad, provocaron la coalición 
que tajo el pretexto ostensible de paz univer- 
sal se formó en aquella península contra el 
ejército imperial. 

El Papa, que tan inclinado se hallaba á nego- 
ciar con el Emperador poco antes de la libera- 
ción del Rey de Francia, y con tanta demos- 
tración de regocijo recibió al Comendador He- 
rrera, vio marchar de Roma sin pena ni senti- 
miento alguno al Embajador cesáreo Duque de 
Sesa, viéndose éste en la triste necesidad de 



(1) En una nota puesta en el mismo pliego y de la mis- 
ma mano que la anterior minuta se lee entre otras cosas, 
hablando de la capitulación con el Rey de Francia: 

«Al Duque de Borbon se restituye su Estado con les 
muebles y rentas percebidas después de su ida de Francia 
y se tiene en suspenso la querella que la Regente preten- 
día su Estado durante su vida; y no es obligado de ir á 
Francia ni hacer fidelidad al Rey de Francia... y puede 
continuar el servicio de S. M. gozando de su Estado por 
sus ministros, y se perdona á los que han seguido su 
parte, re8tituyéndolos.> 



116 

proteger militarmente su retirada para ponerse 
á salvo de las asechanzas de Su Santidad. 

La situación de las tropas cesáreas en el Mi- 
lanesado iba siendo cada vez más difícil y com- 
prometida: ni había víveres para sustentarles, ni 
dinero con que pagarles, ni capitanes con las 
condiciones y cualidades necesarias para man- 
darlas. Esperóse primeramente la llegada á Ita- 
lia de D. Hugo de Moneada con dinero y órde- 
nes terminantes y precisas del Emperador; con 
igual ó mayor ansiedad se aguardó luego la del 
Duque de Borbón, que por no tener Carlos V 
armada poderosa con que contrarrestar la de los 
enemigos, tuvo que dilatar su viaje; y en finia 
del Virrey de Ñapóles, Lannoy, se tuvo duran- 
te algún tiempo como el único remedio para 
salvar el desesperado estado del ejército y los 
intereses imperiales en Italia, Todos tres sin 
embargo, aunque animados de los mejores de- 
déos, defraudaron las esperanzas del ejército 
de Lombardía. 

Rara vez se habrá visto otro como él en 
tan desesperadas y angustiosas circunstancias; 
muy pocas habrá sido mayor la dificultad de 
gobernarlo; y acaso nunca la hayan vencido 
los más ilustres capitanes con tanta habilidad, 
destreza y prudencia como Antonio de Leiva, el 



117 

Marqués del Gasto y el Duque de BorbÓD, ca- 
lumniado en la Corte el primero, desatendido 
el segundo y desprovisto de recursos el tercero. 
¿Quién había de pensar siquiera, en vista de 
todo esto, que aquellas reducidas tropas se ha- 
bían de pasear todavía triunfantes por toda Ita- 
lia y apoderarse gloriosamente de la antigua 
ciudad de los Césares? Mas no adelantemos los 
sucesos y atengámonos á los documentos, que 
de otra suerte se nos tendría por apasionados, 
exagerados y parciales. 

El Marqués del Guasto al Emperador. 

Milán 26 de febrero de 1526. 

«Por letra de V. M. he entendido que manda 
al Duque de Borbon acá por su lugarteniente 
general en Italia, de lo cual me place mucho^ 
y de mi parte por ello beso las reales manos de 
V. M., porque puede muy bien creer que su 
venida hará mucho fruto así en lo deste Estado 
como en su Real exército, por el deseo grande 
que tienen de una persona fiel y denota al ser- 
vicio de V. M., y no creo que en el mundo se 
pudiera hallar otro como él.» 



H8 



Lope Hurtado al Emperador. 

Milán 12 de marzo de 1526. 

Escribe que el Papa y venecianos ponen mil 
dificultades para concertarse con S. M. «hasta 
saber cómo el Rey de Francia cumple con 
V. M. lo asentado, y tengan lengua del cómo 
piensa conservar la amistad de V. M. Estando 
el Rey en lo que debe, pienso que lo mejor se- 
ría, llegado el Visorrey en Ñapóles para que 
esté sobre el Papa, comenzar la guerra, pues 
ellos lo han de hacer en viendo tiempo, y para 
esperalle ahorran dineros; V. M. los gasta y el 
exército, y más destruye este Estado que ya 
no tiene remedio sino sacar la gente ó pagán- 
doles para que coman por dinero... 

»La venida de V. M. no sé cómo puede ser, 
aunque V. M. tuviese la armada presta, cuanto 
más sin comenzar y en Sevilla, porque ya este 
Estado está tan comido, que, según lo que to- 
dos dicen, no se podrá sufrir un mes. Otras 
partes no hay donde pueda ir. A la gente se 
deben seiscientos mili ducados, é ya no se pue- 
den valer ni comer á discreción, ni destruir sin 
ella, ni hay qué. Cada mes tiene V. M. cerca 
de sesenta mili ducados con alemanes y espa- 



119 

ñoles sin la gente de armas y fortalezas y otras 
cosas ordinarias deste Estaao y extraordinarias 
del exército. A tal hambre y á tan gran deuda 
V. M. debe pensar el remedio y luego provelle, 
y no se descuide V. M. con decir que llegará 
Mr. de Borbon, porque será mayor la necesi- 
dad, y agora la tierra y la gente le espera, 
pensando que llegada la gente de guerra será 
pagada y la tierra libre. Llegando sin dineros, 
pues acá no los hay, podría haber un gentil 
motiu, porque los unos y los otros se darían al 
diablo...» 



El Comendador Herrera al Emperador. 

Roma 16 de marzo de 1526. 

«El domingo, que fueron xi del presente, el 
Papa con todos los Cardenales fué á San Pedro, 
donde se celebró la misa muy solemne y la 
dixo el Cardenal de Tortosa, y al fin della un 
Obispo hizo una oración al propósito de la paz, 
y dixo todo lo que convenía en loor de V. M.; y 
á la noche se hicieron grandes luminarias por 
toda Roma é se tiró mucha artillería, según se 
suele hacer en semejante caso, y esto se hizo 
otra noche.» 



420 
El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 19 de abril de 1526. 

«La fortificación de Parma y Plasenciase con- 
tinúa con toda diligencia, y aun dicen que se 
comienza la de Módena. En ninguna destas 
tierras dexan entrar español ni soldado deste 
exército, ni aun el cuerpo del Marqués de Pes- 
cara (santa gloria haya) no dexaban entrar una 
una noche en Plasencia...» 

El Emperador al Abad de Nájera. 

Sevilla 21 de abril de 1526. 

«Quanto á la necesidad que nos escribís que 
hay de dinero en ese exército, Nos entendemos 
en despachar con toda presteza á D. Hugo de 
Moneada para que vaya en diligencia á Roma 
por cosas que mucho importan á nuestro servi- 
cio, el cual pasará por ahí y llevará resolución 
y recaudo de todo lo que se ha de hacer con 
ese exército y en ese Estado, y del dinero que 
sería menester para el entretenimiento del di- 
cho exército hasta la ida del Duque de Borbon^ 



421 

pues se dilata por la falta de las galeras (1). Ed 
el entretanto es menester que tengáis la mano 
en que no se hagan novedades ni mudanzas 
algunas en las cosas dése Estado.» 

El Duque Sesa al Emperador. 

Roma 4 de mayo de 1526. 

Escribe que refirió al Papa que se decía que 
él y venecianos «conmovían al Rey de Fran- 
cia para que no cumpliese y viniese en rompi- 
miento con V. M. Respondióme conjuramento 
que él era el requerido y solicitado, y que si 
solamente tuviera respecto á sí y no quisiese 
y desease ser uno con V. M., habría concluido 
á gran ventaja suya.» 

El Emperador al Duque de Sesa (2). 

4 mayo 1526. 
«Que es verdad que el Rey de Francia no ha 



(1) Retardóse la vuelta á Italia del Duque de Borbón 
porque las seis galeras mandadas por Francisco Reque- 
séns, que habían de ir á buscarle á España y acompañarle, 
temían á la armada francesa mandada por Andrea Doria, 
que poco después pasó al servicio del Papa, y temíala 
también la ciudad de Genova, en cuyo puerto estaban 
ancladas aquellas galeras. 

(2) Todas estas minutas de cartas son de letra de Mer- 
curino Gatinara.— Col. Salazar, 



i 2-2 

cumplido, alegando imposibilidad en la resti- 
tución de Borgoña, pero ofrece por ello grande 
somma de dinero hasta á dos millones de duca- 
dos, y que cumplirá todo lo otro asentado con- 
forme á la capitulación: todavía S. M. fasta 
agora no acepta de hacer innovación, persis- 
tiendo en lo capitulado ó que cumpla su fe y 
palabra de volver preso. La resolución de todo 
esto , si se hará nuevo concierto en Francia 
ó no, depende de la conclusión que se tomare 
con S. S. 

))Que S. S. no tiene tanta razón de dolerse de 
S. M., que no menos ha deseado y desea de 
quedarle bueno y observante hijo y buen pro- 
tector de aquella sancta silla, aunque las pláti- 
cas que han corrido y corren han dado alguna 
sospecha y puesto los negocios en trabajo, don- 
de S. M. ternia más justa causa de dolerse. To- 
davía con el deseo que S. M. tiene al bien de la 
christiandad, ha enviado allá el dicho D. Hugo 
con entera resolución de todas las dificultades.» 

El Emperador al Comeíídador Herrera. 

4 mayo 1526. 

Contestando á lo que éste le escribe acerca de 
que el Rey de Francia se quejó á algunos del 



423 

tratamiento que en España sufrió, le dice: «Que 
no ternia el Rey de Francia causa de quexarse 
del tratamiento de acá; y las palabras que dice 
serán de las invenciones que se suelen hacer, 
pensando con ellas hacer mejor sus hechos.» 

El Emperador á Lope de Soria. 

8 mayo de 1526. 

«Que S. M. holgará mucho si se puede casti- 
gar y aun desarmar (á Andrea Doria), pues hace 
exercicio de pirata y no ha restituido los presos 
como estaba capitulado con Francia.» 

El Emperador á Lope Hurtado. 

8 mayo de 1526. 

Contestando á los apuros y necesidades del 
ejército, escribe estas extrañas palabras: 

«Si siguieran la orden que S. M. les había 
mandado dar, no fuera el dicho exército en tal 
necesidad ni los negocios de S. M. en mucho 
mayor.» 

En estas y otras minutas de cartas contesta 
Mercurino Gattinara las más de las veces á los 
avisos del peligro inminente en que se halla el 



124 

ejército de Lombardía con frases tan genera- 
les, frías y desconsoladoras como estas: 

«No cahe respuesta, sino de agradecer los 
avisos.» 

«No caye respuesta, sino que se defiendan lo 
mejor que podieren...» 

y si las noticias se refieren á algún triunfo de 
los enemigos, contesta: 

«Estas son de las fortunas de la guerra, y no 
hay remedio sino de mirar que se pague á los 
enemigos con la misma moneda.».. 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 24 mayo 1526. 

«•Lo de Milán está asosegado, y tienen avisos 
que están en el castillo con estrema necesidad 
y que mueren de modorrilla y se tenía sospe- 
cha que fuese muerto el Duque. 

»Del Papa ni Venecianos no hay hasta agora 
algún movimiento; pero todo el mundo (cifra) 
está soleuado esperando que se mueva alguno 
para tomar todos las armas contra el exército 
de Y. M., y esto tenga por cierto y no le den á 
entender otra cosa.» 



125 
El Duque de Sesa al Emperador. 

Roma 25 mayo 1526- 

«Andrea Doria es venido aquí: ha sido muy 
bien rescebido y tratado del Papa. Está acorda 
do con la provisión que tengo escrita á V. M. 
Yínome á visitar diziendome que en tanto que 
sirvió á franceses no pudo faltar á su débito de 
nacer la guerra como podía; que agora tenia 
mucho contentamiento por estar en servicio de 
S. S., porque siendo unido con S. M. podría 
mostrar el deseo que tenía de servirle. Respon- 
díle segund me pareció que convenía. Estos 
días, sabiendo que tiene en sus galeras poco me- 
nos de eco españoles de los que ha tomado du- 
rante la guerra, he hecho grand instancia con 
S. S. que los mandase relaxar. Lo que me ha 
respondido es que aquello toca al Rey de Fran • 
cia » 

El Duque de Sesa al Emperador. 

Roma 26 mayo 1526. 

«...He entendido y de muy buena parte que 
el Papa es resoluto de armarse y que ha co - 
menzado á dar orden de capitanes para hacer 



1S6 

gente á furia, y algunos han sido requeridos. 
Esta determinación se ha tomado después de la 
venida aquí de Andrea Doria y de un correo 
que es llegado de ayer acá de Yenecia; y á lo 
que puedo comprender ellos tienen por deter- 
minado que el Rey de Francia es suyo y el de- 
sino es tentar lo de Genova por mar... para que 
yendo á revoltar aquella ciudad, el exército de 
V. M. venga á socorrer, y en este medio el cas- 
tillo de Milán pueda ayudarse del trabajo en que 
está» (1). 

El Comendador Herrera a S. M. 

Milán 2 junio 1526. 

«Las necesidades y peligros deste exército 
son tantos y tales que si V. M. no lo manda re- 
mediar, ello no se puede proveher sin dar más 
tiempo al tiempo, que á la verdad una de las 
cosas que más daño han fecho á lo presente ha 
sido la dilación, y tenga Y. M. por averiguado 
que si no se da breve remedio, esto no se puede 
sostener, á causa que la tierra está destruida y 
hambreada por ser la gente mal pagada; las 
inteligencias y tramas de los adversarios son 



(1) Por este motivo fueron á Genova, solicitadas por la 
Comunidad de esta ciudad, tres banderas de españoles. 



457 
grandes; ganan amigos y V. M. los pierde, y 
esto procede de descuido. El Marqués y Anto- 
nio de Leiva hacen más que hombres, é ya no 
bastan palabras ni otras maneras que fasta aquí 
han tenido para sostener esto, porque la carga 
es pesada y de la importancia que V. M. sabe.» 

Lope Hurtado al Emperador. 

Milán 2 junio 1526. 

«Antonio de Leiva está malcontento, porque 
le han avisado que V. M. no se tiene por bien 
servido del. V. M. debe mandalle escribir, que 
agora no es tiempo de tener descontento tal ca- 
pitán y sobre tales servicios y voluntad; que 
por mi fe, de noche y de día anda muriendo por 
mejor proveer lo que es menester y el remedio 
deste exército, que según la necesidad del daño 
que hace en este estado. Dios que fuere capitán 
acertara con trabajo en todas las cosas; é así 
mirando Y. M. lo uno con lo otro se debe de te- 
ner por muy bien servido del y del Marqués, y 
así lo deben conocer allá los suyos y verlo ellos 
acá por letras de V.M. y en sus negocios. Hanles 
dicho que han informado á V. M. que todos los 
dineros que se han buscado sobre oficios y to- 
mado de tierras por no alojar gente, que ha 



128 

seido para ellos. No ha seido ansí, que los ha 
recebido el tesorero y asentado el escribano de 
ración, é yo lo he visto de algunas tierras y 
oficios, é si otra cosa supiera, hubiera avisado á 
V. M.» 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 2 junio 1526. 

«Acá se ha entendido por letras de algunos 
particulares que á V. M. han dicho que allende 
de los egessos que la gente deste exército haze 
en el comer y rescatar, que Antonio de Leyva 
lleva cada día quinientos escudos, que serían 
XV mil cada mes. V. M. me mande cortar á mí 
la cabega, si jamas se hallare que ha llevado 
directa ni yndirectamente un maravedí. El es 
muy noble caballero, de limpia conciencia y 
tan cumplido en las coias de la honra quanto 
manifiestan las obras que fasta ahora ha hecho. 
Por ser limpio y fiel servidor de V. M. tiene 
émulos y enemigos que pensando de ofenderle 
dirán á V. M. semejantes cosas, y serán para 
mayor clareza y justificación de su bondad. 
Grandísima merced rescibirá él y la mesma 
rescibiré yo en que V. M. mande hacer la pes- 
quisa y castigo que tal caso requiere así contra 



129 

los que lo hacen como contra los que lo dicen. 
Yo ternia gran culpa cuando de tal cosa no hu- 
biera dado aviso á V. M.» 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 2" de junio de 1526. 

«...Lope Hurtado de Mendoza, portador desta, 
como testigo de vista, particularmente referirá 
á V. M. de los tumultos questa ciudad ha fe- 
cho, y de cómo está el exército alojado en ella, 
y del peligro que ha corrido de ser saqueada, y 
de la obediencia y penitencia en que está; y 
cómo se le han quitado y quitan cada hora las 
armas, y cómo se han confinado y confinan 
cada día diversas personas sediciosas; y de 
cómo el protonotario Caracciolo con dos genti- 
les hombres desta ciudad fué á decir al Duque 
Francisco Sforcia que diese este castillo; y de 
cómo á los XXIII del presente, vigilia de San 
Juan, la banda de los italianos entró á la custo- 
dia de Lodi, y aquella mesma noche dos horas 
antes de día, como cosa concertada de algunos 
días antes, lo dieron en manos de cinco mili 
hombres que venecianos enviaron para tomar 
le y tenerle como le tienen. 

También dirá cómo la gente del Papa, questá 

9 



130 

en Plasencia, ha fecho su puente para echar en 
el Po, y cómo fasta agora no hay movimiento 
de sguigaros; y cómo el Marqués y Antonio de 
Leiva, visto que en ninguna otra parte deste 
Estado hay victuallas para sostener este exér- 
cito, y considerado quel intento principal de 
los enemigos es socorrer y avictuallar este cas- 
tillo, consultado con otros capitanes de V. M., 
han determinado de esperar aquí con más de 
VIII mil infantes españoles y alemanes, sete- 
cientas lanzas y más de mili y docientos ca- 
ballos ligeros. Toda la gente del exército que 
aqui está ha prometido de reparar la ciudad con 
sus propias manos.» 

En Cremona están dos mil alemanes, seis- 
cientos españoles, docientas lanzas y otros do- 
cientos caballos ligeros. En Pavía la banda del 
Conde Lodron, que estuvo con Antonio de Lei- 
va en ella, que son más de dos mili muy bue- 
nos hombres y docientos caballos ligeros. 

En Alexandría tres banderas de infantería 
española, con una banda de mili italianos, que 
tiene un capitán spagnolo que se dice Aldana, 
docientas lanzas y docientos caballos. 

Como (1) y todas las otras tierras fuertes deste 



(1) La ciudad italiana de este nombra. 



131 

Estado tienen su recaudo de gente para defen- 
derlas. Al Señor Infante se ha escripto que en- 
víe algún socorro, porque para el circuito desta 
ciudad es menester más gente; y ausy ha res- 
pondido que invia dos mil infantes con Jorge 
Frensperch. Hase enviado á Grisones á procu- 
rar el paso, y hase tornado á escribir al dicho 
Señor Infante que prepare mucha más gente 
para que venga si fuere menester, y que teman 
venecianos, y con efecto les mande hacer el 
daño que pudiere, pues ellos han rompido la 
guerra... 

De D. Hugo no tenemos aviso alguno des- 
pués que llegó en Roma, ni creo que lo teme- 
mos tan ayna, porque el Papa y venecianos 
han cerrado todas las vías, que no puede pasar 
una letra á Roma, Venecia ni Alemania. Su- 
plico á Y. M. piense cuánto conviene á su ser- 
vicio quedar en paz con el Rey de Francia sólo 
por castigar estos potentados, que después de 
tantos días como ha que les ruega con la paz 
le han roto la guerra.» 



i32 



El Duque de Sesa al Emperador. 

Roma 7 junio 1526. 

Avisa que la liga contra S. M. se ha verifica- 
do, siendo sus principales capítulos: 

«Amistad perpetua con liga defensiva y ofen- 
siva contra quoscuñique: que el Rey de Francia da 
para libertar á Italia 40.000 ducados al mes 
y 600 lanzas por todo lo que la guerra durare; 
el Rey de Inglaterra 20.000 ducados; Venecia- 
nos 800 lanzas y diez mil peones; el Papa 500 
lanzas y 8.000 infantes. Las contribuciones de 
dinero han de servir para bajar 10.000 suizos, 
por los cuales por orden é inteligencia del fran- 
cés ha enviado con gran furia.» 

Lope Hurtado al Emperador. 

Milán 8 junio 1526. 

Pide á S. M. envíe dinero para contrarrestar á 
los potentados de Italia, «porque en esto consis- 
te el hecho así en los negocios como en las ar- 
mas, y porque sin ellos acá no hay virtud ni 
memoria de beneficio recibido de V. M.» 



133 



El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 9 junio 1526. 

Avisa que á 5 de junio llegó á Milán D. Hugo 
con menos dinero del que se esperaba, por lo 
que hsiy muy mal contentamiento. 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 10 junio 1526. 

Participa que D. Hugo, el Protonotario Cara- 
ciolo y el Comendador Herrera habían entrado 
en el castillo de Milán y hablado con el Duque, 
«el cual diz que está con su debileza de miem- 
bros acostumbrada, y dixo quería morir y vivir 
servidor de Y. M., y después fue D. Hugo á 
MunQa á hablar con Hieronimo Morón. « 

Alonso Sánchez al Emperador. 

Venecia 13 junio 1526. 

Avisa que fue á verse con los del gobierno 
veneciano y les dio una carta de D. Hugo «y les 
dixe su llegada, el orden y poderes que traía 
de V. M. para asentar todo lo que convenía al 
beneficio público de Italia y á toda la religión 



134 

cristiana; que toviesen por bien de enviar su 
poder á Roma (donde estaba D. Hugo tratando 
con el Papa) á quien mandasen para que se pu- 
diese tratar y asentar lo que se había de hacer 
con D. Hugo.» Le contestaron con palabras dul- 
ces y generalidades sin quedar en nada. Apre- 
tados más, y después de consultarlo en consejo, 
replicaron « que ellos tienen intelligencia y 
unión con el Papa, con el Christianisimo Rey 
de Francia y con el Sermo. Rey de Inglaterra; 
que no podían responder cosa ninguna sino 
con su sabiduría y voluntad.» 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 28 junio 1526. 

Dícele que todos los caminos están tomados 
y no pueden escribir, «y también está Andrea 
Doria acerca el canal de Pomblin, el cual reco- 
noce todos los navios que pasan para ver si hay 
en ellos españoles, y les hace hablar á todos, y 
si halla que es español lo pone en galera; de 
manera que vemos todos señales y obras de 
parte del Papa y Venecianos de enemistad y 
guerra contra V. M., y no hay más disimula- 
ción sino que han roto la guerra claramente 
contra V. M. con pensamiento de deshacer su 



435 

exército y abaxar la grandeza que tiene en 
Italia.» 

Refiere los motines y saqueos que ocurrían en 
Milán, ya por alemanes principalmente, ya por 
españoles; y que el Conde Guido Rangon, Ca- 
pitán General del Papa; Vitelio, de los florenti- 
nes, Juanin de Médicis de los caballos ligeros, y 
el Duque de Urbino de Venecianos, reunían 
sus tropas en Placencia contra los imperiales. 

«...Arribó aquí el Duque de Borbon (1) esta 
mañana con las seis galeras, alegrándose todos 
mucho «porque de cada ñora se espera que ha- 
brá jornada entre los exércitos,y su persona 
dará mucho favor y partirá muy presto de aquí 
para ir á Milán. E ya tengo nueva cómo la gente 
del Papa ha pasado el Po y marchaba hacia Lodi 
á juntarse con los venecianos.» 

Dice que el de Borbon le ha dado una carta 
de S. M., <>en la cual me manda (V. M.) le obe- 
dezca y sirva como hacía al Visorrey de Ñapó- 
les, y así lo haré.» 



(1) Dice una carta del Secretario Pérez que con 5.C00 
hombres. 



136 

El Secretario Juan Pérez al Emperador. 

Roma 3 julio 1526. 

Avisa que cansado el Duque de Sesa de pla- 
ticar con el Papa, que siempre le respondía no 
podía tomar determinación alguna sin sus 
coligados, se marchó de Roma el 2 de julio con 
dirección á Marino: que en Ginengano se junta- 
ban D. Hugo, el Cardenal Coluna, Yespasiano 
y Ascanio Coluna. 

«Envió primero (el Duque de Sesa al marchar- 
se) que partiese alguna gente de pié españoles 
y alemanes, y bien pocos italianos, y consigo 
sacó más gente y también de caballo, y con 
harta dificultad dio licencia para ello S. S.» (1). 

Escribe que tuvo que salirse de la casa en que 
estaba el Duque de Sesa, porque era del Papa y 
dijo que se la dejasen libre; que ahora está en 
una casa por su cuenta; y pide por tanto dine- 
ro para ella, así como lo que se le debe; que 
solo tiene 500 ducados de pensión sobre el prio- 
razgo de Osma y 300 que lleva en ausencia «y 



(1) ¡Buen cuadro de costum'bres diplomáticas y de res- 
peto al derecho de gentes.! 



137 

lo demás que me queda he menester para pagar 
la pensión.» 

«Así que con verdad puedo decir que no ten- 
go para vivir más de lo que Y. M. será servido 
de mandarme dar; y si el Duque aquí estuviera 
no me pusiera en suplicar á V. M. lo que digo, 
porque estando en su casa podía pasar con lo 
que V. M. me manda dar.» 






CAPÍTULO IV. 



Desde la renovación de la guerra en Italia contra 
Carlos V, hasta la salida del ejército imperial de 
Milán. 



El 22 de mayo de 1526 firmaron el tratado de 
Cognac, más conocido con el nombre de Santa 
Ziffa, el Papa Clemente VII, Francisco I, las re- 
públicas de Venecia y de Florencia y el Duque 
de Milán Francisco Sforza, á instigación del 
Rey de Inglaterra, que prometió formar parte 
de esta alianza, permitiendo también entrar en 
ella al Emperador y demás príncipes de Euro- 
pa. Habíase convenido en este tratado, bajo el 
santo pretexto de dar paz á la república cristia- 
na, que el Duque de Milán recobraría la plena 
posesión de su Ducado; que volverían los Esta- 
dos de Italia á la misma situación en que antes 
de la guerra se encontraban; que los hijos de 
Francisco I dados en rehenes serían puestos en 



140 
libertad mediante cierta suma en dinero; que no 
fuese el Emperador á coronarse á Italia sino con 
el séquito que el Papa y Venecianos juzgasen 
conveniente, y en fin, que tres meses después 
de la conclusión del tratado pagase Carlos V 
todas las cantidades que debiese al Rey de In- 
glaterra. Pero estas condiciones impuestas al 
César para entrar en la Liga eran á todas luces 
inaceptables, y en la previsión casi segura de 
su negativa decidieron formar un poderoso 
ejército que libertase á Italia del yugo cesáreo. 
Proponíanse los confederados en primer lu- 
gar sacar al Duque de Milán de la angustiosa si- 
tuación en que se hallaba, apoderarse de Geno 
va, y dando por derrotado y deshecho el ejército 
imperial de Lombardía, conquistar el reino de 
Ñapóles, del que dispondría el Papa con el asen- 
timiento de los coligados (1). Era el mismo 
plan, con ligeras diferencias, que tenían traza- 
do antes de la memorable batalla de Pavía, y 
que como aquél les salió totalmente frustrado; 
porque ni pudieron mejorar la suerte de Fran- 
cisco Sforza, ni entrar en Genova, ni señorearse 
de Ñapóles, ni menos oponerse al aguerrido y 
valeroso ejército del Emperador. Nada más le- 



(1) Mignet, Rivalité, etc. 



141 

jos del ánimo de este soberano que la renova- 
ción de la guerra en Italia. Fiando en el jura- 
mento de Francisco I, se dirigió á Sevilla, donde 
había de reunirse y casarse con la Infanta Doña 
Isabel de Portugal, como en efecto lo verificó á 
mediados de marzo de 1526, siendo su inmedia- 
to propósito pasar á Italia á coronarse empera- 
dor y de allí dirigirse á Alemania para contener 
á la vez los progresos de los Luteranos y las 
agresiones de los Turcos. ¡Vanas esperanzas 
que bien pronto se disiparon! No tardó en saber 
que su regio prisionero rehusaba la plena eje- 
cución del tratado de Madrid; y profundamente 
disgustado por haber sido engañado, previendo 
los nuevos peligros á que se hallaba expuesto, 
comprendió entonces la falta que había come- 
tido en dar libertad á Francisco I sin haberse 
apoderado antes de la Borgoña. La Santa Liga 
se oponía á su coronación de la manera gran- 
diosa, digna y sosegada con que aquella cere- 
monia debía verificarse. Luteranos y Turcos 
podían todavía por algún tiempo campar des- 
ahogada y libremente sin miedo al Emperador, 
que se veía precisado á permanecer en España 
y afirmar su dominación en Italia para realizar 
sus ulteriores designios. 
Mas ¿con qué recursos y aliados podía contar 



442 

Carlos V para salir airoso de tan difícil empre- 
sa? Sin otros amigos que el señor Infante y el 
ejército de Lombardia, apremiado aquél por el 
vuelo que la Reforma iba tomando y por las in- 
vasiones de los Turcos, desprovisto éste hasta 
de lo más necesario é indispensable, y hastia- 
dos los pueblos de España de suministrar dine- 
ro para lejanas guerras, era muy dudosa é in- 
cierta la victoria, que sólo con una resolución 
heroica y extremada del ejército de Pavía po- 
día obtenerse. 

En cambio, los confederados disponían de 
abundantes sumas, de buenas tropas, de ex- 
celentes capitanes y de las simpatías del país 
en que combatían; mas á pesar de tan incom- 
parable superioridad no obtuvieron ninguno de 
los resultados principales que se habían pro- 
puesto, consiguiendo únicamente ventajas par- 
ciales. 

Todavía quiso el Emperador venir á un arre- 
glo con el Papa, cabeza de la Liga; y á este 
efecto envió á negociar con él á D. Hugo de 
Moneada, prometiéndole reintegrar á Francisco 
Sforza en el Ducado de Milán, siempre que se 
sometiese á una justificación que la indulgen- 
cia imperial facilitaría. Si con esta y otras ofer- 
tas no podía separar al Papa de la Liga, debía 



143 

Moneada tratar con el Duque de Ferrara, en- 
tenderse con los Colonas, rivales de Clemen- 
te VII, y acudir á un medio violento para con- 
seguir aquel propósito (1). 

Excusóse el Pontífice con decir que no podía 
resolver nada sin el consentimiento de los de- 
más aliados, y entonces D. Hugo se retiró al 
reino de Ñapóles, y en Marino conferenció con 
los Colonas. Hiciéronle viva guerra en el Sur 
de los Estados Pontificios, y aun se apoderaron 
de Anagni; y como los gastos del Pontífice en 
el ejército del Norte de Italia, en la escuadra 
que sitiaba á Genova y en la misma guarda y 
defensa de Roma eran tan cuantiosos que ya 
no podía soportarlos, se concertó con los Colo- 
nas; éstos enviaron sus tropas á Ñapóles, y el 
Pontífice desarmó las que guarnecían á Roma, 
facilitando asi el golpe que D. Hugo preparaba 
sobre esta ciudad para escarmentar á Clemen- 
te YII, llevándolo sigilosamente á efecto el 20 
de setiembre (2). 

Obtuvo D. Hugo de Moneada por el pronto el 
resultado que se había propuesto, obligando al 



(1) Mignet. 

(2) En nuestra obra Memorias para el asalto y saqueo 
de Roma publicamos ya varios documentos sobre esta en- 
trada y saco de Moneada y de los Coluneses en Roma. 



444 

Papa, refugiado en el castillo de Santangelo, á 
firmar una tregua de cuatro meses con el Em - 
perador. Empero alejado el peligro, volvió Cle- 
mente YII más ó menos abiertamente á fomen- 
tar los intereses de la Liga, protestando siem- 
pre de conservarse fiel al César. 

Son tan interesantes y curiosos los docu- 
mentos que sobre el período que abraza este 
capítulo insertamos á continuación; tal su ri- 
queza de detalles, y tan viva, expresiva y enér- 
gica la relación que hacen de todos estos suce- 
sos, que aconsejamos al erudito lector ñje bien 
en ellos su penetrante atención. 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 8 julio 1526. 

«El castillo de Lodi se perdió porque era tan 
flaco que no se podía defender, y el capitán 
Quesada que era dentro con obra de cincuenta 
hombres, se salió del sin querer rendirlo á los 
enemigos , y passó por medio dellos en la 
noche. 

»La gente del Papa se juntó con la de los Ve- 
necianos cerca de Lodi, y juntamente son idos 
á alojar á Mariñano, á tres leguas de Milán; y 
la mayor parte del exército de V. M. de caballo 



145 

y pié están dentro de Milán muy fortificados y 
con hartas vituallas y determinados de esperar 
allí á quien algo querrá dellos y á defender que 
no sea socorrido el castillo de Milán. 

»E1 dicho Duque de Borbon ha llevado consi- 
go la primera paga del cambio de los cien mili 
ducados, y asi será pagado todo el resto á los 
términos debidos; pero será necesario que V. M. 
mande proveer de más cantidad, porque según 
las necesidades y lo que se debe, esto es poca 
cosa. » 

Avisa que hace falta una buena armada de 
mar, y bergantines para llevar los despachos; 
y que se resolvió que la causa del Duque de 
Milán se remita á justicia, dando el Emperador 
los jueces para sentenciarla de acuerdo con el 
Papa; que en este tiempo entregue el Duque el 
castillo al protonotario Caraciolo , para que 
ponga en él la gente necesaria, y el Duque viva 
en la ciudad. Que el protonotario dé pleito-ho- 
menaje de devolver al Duque el castillo si fue- 
re absuelto, pero si fuese condenado quede el 
Ducado á beneficio del Sacro Imperio, sucedien- 
do en dicho Estado la persona que designen 
S. S. y S. M. Cesárea. 



10 



146 



El Secretario Pérez al Emperador. 

Roma 9 julio 1526, 

Participa que llegó un criado del Duque de 
Borbón con cartas para el Papa, proponiéndole 
se mantuviese en paz con S. M.; que el Papa 
contestó con buenas palabras, pero que nada 
podia hacer sin consultar con sus aliados. Que 
se decía que el Sr. de Labrit iba con ejército á 
Navarra, y el Rey de Inglaterra á Flandes, y el 
de Francia á Italia, y el Turco reunía poderoso 
ejército sobre Hungría. 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 10 julio 1526. 

Conaunica que el ejército del Papa y Vene- 
cianos constaba de 20.000 infantes; que después 
de reunido en Mariñano, f^paso á paso se llega- 
ron á poner junto á los burgos de Puerta Ro- 
mana y de Puerta Tusa (de Milán) á los vi del 
presente que fue el día que llegó aquí el ilustre 
Duque de Borbon. Y luego el día siguiente des- 
de un hora antes que amaneciese, todo el día 
fasta un hora de noche duró la escaramuza y 
el combatir con artillería de una parte y de 



447 

otra. Los enemigos perdieron tanta gente y la 
esperanza de no poder hacer nada de lo que 
pensaban que aquella noche se retiraron á Ma- 
riñano á las seis horas de la noche con harto 
temor y en desorden. Allí están esperando, á 
lo que se piensa, aviso del Papa y Venecianos 
de lo que deben hacer. Han hecho su reseña y 
diz que han hallado seis mil hombres menos 
entre los muertos y huidos, y cada día les fal- 
tarán más. 

»Lo que el ilustre Duque de Borbon, Marqués 
del Guasto y Antonio de Leiva con el parescer 
de los otros capitanes y servidores de V. M. que 
aquí están, piensan hacer, es procurar de con> 
tentar la gente deste exército con el poco di- 
nero que traxo el dicho Duque de Borbon y con 
algo más si desta ciudad se pudiere sacar... ha- 
cer cinco mili italianos, los tres para la custo- 
dia deste castillo y los dos para el de Cremona, 
y con esto recojer toda la gente deste exérci- 
to... y salir á buscar los enemigos y darles la 
batalla antes que les venga el socorro que es- 
peran del Rey de Francia y de suizos... y en tal 
caso es menester que V. M. piense que todo el 
mundo ha de ser contra él, y que no le quedan 
otros amigos quel Sr. Infante y este exército, y 
que mande proveer de dineros que es lo princi- 



148 

pal que falta, y que mande enviar alguna gen- 
te á Genova, porque los enemigos tienen gran 
armada de mar y podríanla tomar, lo cual no 
plega á Dios, porque sería la ruyna de toda la 
empresa. 

)>Asi mismo es menester que el Sr. Infante 
envíe gente de Alemania y haga guerra á Ve- 
necianos. 

»Antonio de Leyva está muy mal contento^ 
porque ha entendido que Y. M. da crédito á los 
que le dicen que él ha inventado esta guerra y 
que ha llevado dineros de rescates. Lo que yo 
sé por verdad es que después del Marqués de- 
Pescara (santa gloria haya) no ha tenido ni tie- 
ne Y. M. en Italia quien mejor entienda las co- 
sas de la guerra y que con mayor diligencia y 
trabajo haga en ella lo que cumple al servicia 
de Y. M. y á su propia honra; y sé que no ha 
llevado después que yo estoy en este exército 
un maravedí de rescate, ni es hombre para lo 
pensar quanto más hacer; antes sé que quien 
más ha escusado la guerra ha seydo él; y que 
por sostener la gente deste exército y que no 
llegase á las tierras del Papa y de Yenecianos, 
él y el Marqués del Guasto han vendido y empe- 
ñado lo suyo y de los amigos fasta las camisas: 
y si otra cosa Y. M. hallare, mándeme á mí cor- 



149 

tar la cabera, pues no le he dado aviso dello. Y 
asi suplico á y. M. que piense más en hacer al 
Marqués y Antonio de Leyua las mercedes que 
sus servicios merescen, que permitir se diga 
dellos lo que no hacen. Todo esto digo más por 
avisar á V. M. de la verdad que por desculpar 
al dicho Antonio de Ley va ni á otra persona.» 

Lope Hurtado al Emperador. 

Chamarí 18 julio 1526. 

(1) «Si V. M. no puede presto y muy bien 
proveer á las cosas de la guerra, yo tendría 
por bueno y razonable acuerdo de paz, porque 
el país está de manera y las necesidades tan 
grandes, los enemigos tantos y poderosos, que 
no proveyéndolo presto, bien podríase recebir 
tan gran revés que después se pudiese mal re- 
mediar. » 

Lope Hurtado de Mendoza al Emperador. 

Chamar i 18 julio 1526. 

«En partiendo Don Ugo (2), los de Milán co- 
menzaron á estar tan sobervios que hicieron 



(1) En cifra. 

(2) A Roma. 



150 

cuatro capitanes de los mayores bellacos de in- 
fantería, so color que los querían para guardar 
las puertas y castigar los malos, porque ya 
había cuadrillas en el lugar y por los caminos 
que mataban todos los españoles que topaban 
desmandados; y desta manera en tres dias creo 
que mataron más de l. Tan adelante iba la 
cosa, que ya con trabajo se podía traer de co- 
mer de la plaga. El Marqués y Antonio, por no 
romper con ellos y por escusar los inconve- 
nientes que con Herrera se enviaron á decir á 
V, M., lo sufrían, pensando remediallo sin 
romper. 

A XVI deste, yendo por una calle los dos, co- 
nocieron una espía del Obispo de Lodi; man- 
dáronle prender; él comengó á dar voces por 
alborotar; todos le decíamos que callase y fue- 
se; nunca quiso. Los de la guarda le mataron 
luego. El lugar se puso en armas, por todas 
partes nos comentaron á combatir. Tomaron el 
palacio y domo por fuerga; mataron una com- 
pañía de italianos questaba en la guarda; sona- 
ron su campanon y más recio á pelear, pero na 
les aprovechaba, antes en todas las calles reci- 
bían gran daño de alemanes y españoles, que 
todos hicieron maravillas. 

Esto duró desde el sábado á la tarde hasta 



i51 

el domingo á la misma hora, que nunca se hizo 
sino pelear la noche y día. Los gentiles-hom- 
bres estuvieron quedos trabajando de lo reme- 
diar. Ya que vieron que no podían hacer nada 
y supieron que Juan de Urbina llegaba con 
diez banderas de españoles, pidieron misiricor- 
dia; dexaron las armas; echaron al Pedro de 
Fusterla y más de otros trecientos de los que lo 
revolvían aquella noche. Otro día alojaron las 
diez banderas dentro de la ciudad, y todas las 
otras se venían, juntos y á pocos, sin podelles 
tener los capitanes. El lugar luego estuvo tan 
sosegado como una aldea. 

Los alemanes quisieron otro dia saquealle, 
pero los nuestros estuvieron quedos.» 

Lope de Soria al E^iperador. 

Genova 19 julio 1526. 

Avisa que Andrea Doria había tomado á 
Puerto Hércules y Talamón, puertos de seneses, 
y amenazaba á Sena. 

«La compañía de Figueroa que estuvo en 
guardia del Rey de Francia es arribada hasta 
el Piamonte, y allí ha sido desbalijada en un lu- 
gar del Duque de Saboya que se dice Samper> 



d52 

por un subdito suyo que se dice Filiberto y por 
Juan de Virago, y los han hecho volver hacia 
Francia.» 

El Emperador á Lope de Soria. 

Granada 21 julio 1526. 

Escribe que le envía letra de cien mil duca- 
dos para que la cobre el Duque de Borbón; «y 
porque no habiendo ya forma de enviar allá 
otros dineros, nuestra voluntad es que se mire 
muy bien cómo se gastan estos y que se entre- 
tengan y duren cuanto fuere posible; conviene 
que tengáis esto muy secreto hasta que haya 
tal necesidad que no se pueda excusar.» 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 28 julio 1526. 

«Lo que por esta ocurre avisar á Y. M. es que 
el campo del Papa y Venecianos, visto que este 
castillo estaba muy al cabo, volvió á los xxi del 
presente desde Mariñano donde estaba, x mi- 
llas de aquí, y vino á ponerse cuatro millas 
y menos desta ciudad, en derecho de una puer- 
ta que se dice Oriental, con desseno de pasar 
un poco más adelante á socorrer este castillo 



153 

por una llanura que tiene delante que se dice 
El Jardín, donde nuestra gente los esperaba 
con gran deseo de darles la batalla. No les pa- 
reció camino seguro, y asi el dicho exército no 
pasó más adelante. Y á los xxii se comengó á 
tractar acordio con el Duque Francisco y se 
concluyó á los xxiv. 

Otro día que fueron xxv, día de Sanctiago, 
el dicho Duque Francisco entregó al ilustre 
Duque de Borbon el castillo como á Lugarte- 
niente y Capitán general de V. M., y se partió 
con toda su gente en la hora, que eran las xxii 
horas, acompañado de Antonio de Leiva, buen 
rato fuera de los reparos, y después del Conde 
de GayaQO, con cieut caballos ligeros con co- 
misión de acompañarlo fasta Como. 

El Duque Francisco fue al campo de los 
enemigos por visitar al Duque de Urbino, y 
luego que llegó licenció al dicho Conde de Ga- 
yado... 

Los secretarios del Duque Francisco Esforcia 
Juan Angelo Rielo y Poligiano quedan en po- 
der del protonotario Caraciolo para se exami- 
nar según la comisión quel dicho protonotario 
tiene de V. M...» 



ÍU 



El Abad de Kájera al Emperador. 

Milán 21 agosto 1326. 

«El mesmo dia que se rindió este castillo los 
de Sena salieron á la gente del Papa, que eran 
al pié de ocho mili hombres, y los rompieron y 
mataron más de 700 hombres y les tomaron xiv 
piezas de artillería. 

El campo de los enemigos se está todavía 
dos millas de aqui, y tan fuerte de fosos y re- 
paros que en ninguna manera se pueden com- 
batir, salvo escaramuzar como cada día se ha- 
ce.,. Yisto que en el asalto de los xv no pudieron 
hacer nada, el Duque de Urbino envió luego al 
proveditor con cuatro piezas gruesas de artille- 
ría y dos mil hombres, y hicieron otra batería, 
y á los XX dieron otro asalto, donde por la gra- 
cia de Dios tampoco hicieron otra cosa que 
perder gente, talmente que tienen perdida la 
esperanza de haberla por fuerza y se espera que 
la gente se volverá á su campo. 

(En cifra). Con gran deseo estamos esperan- 
do el socorro del Sr. Infante, assí porque tene- 
mos aquí poca gente y desta han caído malos 
más de mil y quinientos hombres, bien que, 
loores á Dios, no muere ninguno, como por po- 



155 

der salir á parte donde el campo de los enemi- 
gos se pueda combatir. Tienen más de 20.000 
infantes con suizos y valesanos y más de mil 
de los villanos luteranos que se han huido de 
Alemania.» 

Añade que D. Hugo se concertó con el Duque 
de Ferrara, y pareció muy bien á todos menos 
al de Borbón, por quedar asi con el solo titula 
de Lugarteniente general. 

Descifrado de carta del Marqués del Gasto 

PARA EL CAPITÁN JOAN BaP. CaSTALDO Y GU- 
TIÉRREZ. 

Milán 28 agosto 1526. 

«De aqui habemos escripto al Sr. Infante 
muchas veces, y nos ha respondido con muchos 
ofrecimientos siendo necesidad, y no pienso 
que la haya en el mundo mayor de la que aqui 
tenemos, pero hasta agora no sabemos cosa 
ninguna... que os certifico que acá estamos con 
tantos trabajos que no se os podrían acabar de 
escribir, y el Sr. Antonio de Leyva, aunque 
siempre está con su mal, hace y sirve más de 
la cama que cuatro de nosotros. 

Y porque me escribís que deseáis saber la 
verdad de algunas cosas que allá se han dicho 



156 

y escripto de Genova y otras partes... yo os es- 
cribiré en esta lo que ha pasado lo más suma- 
riamente que pudiere... Y digo quanto á lo de 
Lodi que fue desta manera. Que aquella tierra 
no tenía vituallas para tres días ni se le habían 
podido meter, porque como empezaron las re- 
voluciones de los Venecianos y por estotra par- 
te el campo del Papa, todo el villanage se huyó 
y dexaron perder los trigos que tenían sem- 
brados, y las tres compañías de españoles que 
estaban dentro en Lodi, viendo que todas las 
otras se reducían á Milán, determinaron de no 
querer quedar allí. 

El Señor Antonio de Leiva y yo, viendo esto, 
no tovimos otro remedio sino enviar allá los 
italianos á fin de, con darles alguna cosa, tener- 
los allí XV ó XX días, y así los metimos, y aquel 
traidor de Ludovico Vistarini, que era capitán 
de S. M. de italianos y el que escribimos á 
á S. M. que andaba en las pláticas de Lodi, con 
hacérnoslo saber nos aseguró y supo hacer su 
hecho que ya tenía concertado con el Duque de 
ürbino de darle la ciudad; y así una noche 
siendo el dicho Ludovico Vistarini de guarda 
en una puerta y el campo de Venecianos esta- 
ba cerca, enviólos á llamar secretamente; y 
así vienen más de dos mil hombres y entran 



157 

por la dicha puerta y tierra; y Fabricio Marra- 
maído veyendose ya perdido, se retiró al casti- 
llo lo mejor que pudo con algunos gentiles- 
hombres. 

Sabido yo esto, en amaneciendo cavalgué, y 
la infantería no quería salir de Milán, pensando 
que los engañábamos, y no creían la pérdida 
de Lodi. Viendo yo esta tardanza, determiné 
con docientos hombres, que me halle en Mari- 
nan, de socorrer el dicho Fabricio; y así fui y 
entré dentro por el castillo, y los enemigos te- 
nían hechos grandes bastiones delante el cas- 
tillo, y con todo esto salí con la dicha gente 
por una calle adelante tras ellos y les ganamos 
hasta la plaga, donde fue herido el alcaide He- 
rrera (1) de un arcabuz, derrocadas todas las 
quixadas baxas con la barba, que aunque Dios 
loado está sano, queda muy feo; y fue herido 
Fabricio Marramaldo de una cuchillada en el 
brago y un escopetado que le pasó el hombro; 
y si el Duque de Urbino no entrara en aquel 
instante con todo el cuerpo de su exército, to- 
davía les ganáramos la ciudad, pero cargaron 
tan presto que me fue necesario retirar al cas- 
tillo, porque ya les teníamos ganado hasta la 



(1) Hermano del Comendador iel mismo apellido. 



158 
puerta de la puente de Ada, y de mi voluntad 
yo me quisiera quedar aquella noche allí, pero 
viendo que el campo de Venecianos teníamos 
junto y que el del Papa pasaba ya el Po, que 
estaba cerca, y que Lodi no se podía tomar sin 
traer todo nuestro exército allí y desamparar á 
Milán, me pareció retirar aquella noche y dexé 
en el castillo un capitán español con xx hom- 
bres que se estoviese allí por dos ó tres días, el 
cual, cuando salió, hizo mucho mal á los ene- 
migos y les tomó dos banderas y se retiró sin 
perder hombre, y desta manera se perdió la 
dicha ciudad. Solo Dios basta á excusar los 
traidores... 

Los enemigos se están aquí junto de nosotros 
todos dos campos á media milla, y aunque sa- 
limos cada día á escaramuzar por ver si salen 
para nos poder entremeter con ellos, no hay 
hombre que salga de su fuerte, porque lo están 
más que en la Roca de Milán. Nosotros nos es- 
tamos en esta ciudad comiendo lo que no hay, 
que en verdad es una compasión que ya Dios 
ni las gentes lo pueden sofrir, y esperando 
nuestro socorro para salir en campaña. 

Plega á Dios que nos dé victoria como S. M. 
y nosotros lo deseamos; y si el socorro tardare 
habernos determinado, porque este dinero que 



159 

agora ha llegado no se gaste mal, y por la ne- 
cesidad que esta ciudad tiene de recoger los de 
Pavía, una parte de los de Alexandría y todos 
los Italianos, que serán obra de tres mil, que 
están agora sobre Valencia (1), en la cual está 
Juan de Virago con 1500 hombres que espero á 
esta hora será tomada, y con éstos salir en cam- 
paña á buscar estos enemigos en alguna parte 
donde los podamos sacar de su fuerte, que por 
la bondad de nuestra gente y con la que ellos 
han apocado por haber enviado mucha de su 
exército á Cremona, esperamos en Dios y en la 
gran ventura de S. M. de haber aquella victo- 
ria que otras veces se ha habido contra los que 
en su deservicio han osado sacar banderas; y 
creed que habríamos dado alguna mano á estos 
enemigos, si no nos hobiese caido mala tanta 
gente, que en la verdad es tanta que si no lo 
hobiese tocado con la mano, no lo creería. Pero 
gracias á Nuestro Señor ninguno muere y mu- 
chos dellos ya han vuelto á los reparos de don- 
de cada día salimos á hacer algo; y en verdad 
que ellos se pueden juzgar por los más gerca- 
dos, pues tienen mayores reparos y menos se 
alexan de ellos... 

(l) Valenza. 



460 

Los Florentines por mandado del Papa ha- 
bían ido á tomar á Sena con cuatro mil hom- 
bres y artillería el día de Sanctiago. Salieron 
los de Sena, que estaban á dos millas, y los des- 
barataron y rompieron todos y les tomaron el 
artillería. Esto fue muy buena cosa para des- 
mayo á los enemigos, de que el Papa está muy 
sentido. En verdad S. M. es muy obligado á 
esta República de Sena por la buena fé que 
siempre ha tenido y sostenido á la Cámara im- 
perial. 

Genova está en mucho peligro y á dos millas 
della está el Conde Pedro Navarro con el arma- 
da del Rey de Francia, Papa y Venecianos. El 
Dux ha hecho allí cierta infantería. Nosotros le 
enviamos dos compañías de Españoles que es- 
taban en Alexandría y habemos dado orden, 
con voluntad del dicho Dux, de hacer allí una 
armada, para la cual el señor Duque de Borbon 
ha mandado que se tomen diez mili escudos de 
los cambios que vernán de ahí (de Ñapóles.) 
Hácese la dicha armada con gran diligencia, 
Plega á Dios de guardarnos aquella ciudad por 
lo que tanto importa al servicio de S. M. y al 
bien de nosotros. 

Con Grisones se ha tenido plática, mas coma 
es gente bestial, siempre se ha confiado poco 



161 

en ellos; deseábamos tenellos más por el pasa- 
ge (1) que no por ellos. No sé lo que harán.» 

El Secretario Pérez al Emperador. 
Roma último de agosto 1526. 

Comunica que en varias cartas que ha reci- 
bido de Granada y Barcelona «se decía cómo el 
Yisorrey (Lannoy) de Ñapóles embarcaría en 
Cartagena con siete mil hombres para venir 
acá y que traia los Alemanes en este número, 
de que acá ningund placer han habido, antes 
están con temor y creen cierto que verná. 
(2) Crea V. M. que si viene el Visorrey con esta 
gente que hará en estas partes quanto quisiere, 
y que el Papa lo teme mucho, en especial por- 
que cree que el Visorrey dexado aparte que 
por servir á V. M. le ha de hacer todo el mal y 
daño que pudiere, lo hará porque tiene creido 
que le quiere mal, y por esto teme más de lo 
que nadie pudiere creer.» 



(1) Para que permitieran pasar por su territorio tropas, 
de Alemania. 

(2) En cifra. 



U 



162 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 2 setiembre 1526. 

«El Duque de Borbon ha enviado aquí por el 
primer tercio destos cien mil ducados, que ago- 
ra mandó enviar V. M., diciendo que en haber- 
lo recibido, saldrá luego de Milán á buscar los 
enemigos, y sin estos dineros que sería impo- 
sible salir, y visto cuánto importa que salga la 
gente de Milán y la necesidad que allí hay de 
dineros, entiendo con toda diligencia en cobrar 
el dicho tercio... 

Los de Milán y los enemigos se están como 
se estaban estos días atrás. El Duque de ürbino 
está enfermo y querría irse del campo á curar- 
se en Bresa. Sobre Carmona (1) están diez mil 
hombres y con buena artillería y habiendo he- 
cho buenas baterías le dieron dos asaltos á los 
26 del presente y los de dentro mataron mu- 
chos de los de fuera, máxime de los capitanes 
y principales, porque de los otros no quisieron 
acercarse á la muralla, ecepto dos banderas de 
suizos, de los cuales pocos escaparon que no 
fuesen muertos, de manera que por fuerza está 



(1) Sic, por Cremona. 



163 

bien cierto que no la tomarán, y en el campo 
de la Liga dicen ser arribados obra de cinco 
mil suizos, y creo que sea cierto, y dicen que 
se pagan en el dicho campo por la Liga cua- 
renta mil hombres, y que el Rey de Inglaterra 
ha ya pagado ochenta mil ducados por la con- 
tribución de dos meses... 

La noche pasada fue tomada una barca que 
llevaba cartas del Rey de Francia al Conde Pe- 
dro Navarro, de las cuales el Duque de Genova 
envía copia á Y. M.; y lo que en sustancia con- 
tenían es que se dé toda diligencia por entrar 
en esta ciudad y que procure de tener tal ar- 
mada que pueda estorbar que no tome tierra 
en Italia el Visorrey con la suya... 

Somos á primero de Setiembre y en este día 
son venidas las galeras de los enemigos delan- 
te este puerto y lo han lombardeado y nosotros 
á ellos; y en fin ellos se andarán por aquí ha- 
ciendo daños y procurando de alterar esta ciu- 
dad... El armada que al presente haremos aqui 
son cinco carracas y seis galeones con las seis 
galeras que tenemos armadas, y no se armarán 
más hasta que vengan las treinta piezas de ar- 
tillería que han de venir de Pavía... 

Somos á los dos de Setiembre y todas las 37 
galeras están junto á esta ciudad, y son veni- 



i 64 

dos aquí avisos del Piamonte cómo pasa gente 
de armas é infantería de Francia, y que serán 
700 lanzas y 10.000 infantes entre gascones y 
franceses y piamonteses, y que será capitán 
general en Italia el Marqués de Salucio... El 
Conde Pedro Navarro es almirallo de toda esta 
armada de la liga.» 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 10 setiembre 1526. 

«Acá no se pierde tiempo en lo de la armada 
de mar y en la artillería que es menester; y así 
suplico á V. M. que mande que el armada que 
trae el Visorrey, si no fuere partida se parta con 
la mayor diligencia y que vaya á desmontar en 
Monego ó en Genova sin pasar primero á Ñapó- 
les, pues la necesidad de socorrer está aquí y 
en Genova, sobre la cual están 77 galeas del 
Papa, Francia y Venecianos... 

Los Grisones se han resoluto en que no quie- 
ren dar gente contra los suizos sus coligados, que 
están en el campo del Papa y Venecianos, ni 
paso para los Alemanes, porque los cantones de 
suyQOS los amenazan si lo dan. Dexaránse for- 
jar y no harán otra cosa, y así Jorge Frans« 



165 

perch dice que cuando fuere menester pasará 
por su tierra dellos ó por otra parte.» 

Añade que el Infante disponía en Trento para 
enviar 7.000 alemanes. 

«Cremona se tiene fuertemente. Loores á Dios, 
j los de dentro en diversas veces han tomado á 
los Venecianos siete banderas. El Duque de Ur- 
bino se tiene sobrella todavía. Ha dado un asal- 
to, después que alli fue y no ha hecho nada, ni 
hará placiendo á Dios; antes espero que venido 
el socorro de V. M. de España y de Alemania, 
si esperan ellos y estos del Papa, que están aquí, 
se les dará el pago qne se dio al Rey de Francia 
sobre Pavía (1). El verdadero socorro y remedio 
que deseamos y esperamos para acabar la gue- 
rra, es la venida del Visorrey en Italia... 

(2) El Marqués del Guasto ha trabajado estos 
días al torno destos reparos, y por el sol del 
dia y el sereno de la noche le han superveni- 
do unas tercianas que le tractan tan mal, que 
plega Dios no falte y le dé la salud quel mesmo 
desea. Antonio de Leyva tampoco anda muy 
sano por la mesma causa.» 



(i) En cifra. 
(2) En claro. 



166 



Lope Hurtado al Emperador. 

Genova V¡ setiembre 1526. 

ATisa que están ya para acabarse de cobrar 
las cédulas de los cien mil ducados que envió 
S. M. para que el Duque de Borbón pagase el 
ejército; «pero según me dicen los oficiales de 
la thesorería de S. M. (1) no se gastan estos di- 
neros que vienen en poder del dicho Borbon con 
la orden que conviene al servicio de V. M., por- 
que él se los toma de estos mercantes que los 
pagan y después face consignar en la thesore- 
ría de V. M. lo que le parece, y no entiende en 
ello el Abad de Nájera como solía, antes el di- 
cho Borbon le ha quitado del cargo que tenía, 
de manera que las cosas de la pecunia no van 
con tan buena orden como sería menester, y es- 
tos docientos mil ducados que ha recebido el 
dicho Borbon parece que han aprovechada 
poco. 

(2) El Duque de Borbon y los otros capitanes 
ygentedeV. M. están dentro de Milan,ylos^ 
enemigos allí cerca como de primero, y mu- 



(i) En cifra. 
(2) En claro. 



167 

chos enfermos en ambas partes; y entre otros 
están enfermos el Marqués del Guasto y Antón 
de Leyva con calenturas; y en el campo de los 
enemigos hay obra de diez mil suizos, pero dí- 
cese que son venidos á ellos embaxadores de 
los cantones á mandarles que se vuelvan á sus 
casas é ya se han vuelto algunos y se vuelven 
cada dia.» 

El Infante D. Fernando á Alonso Sánchez. 

20 de setiembre de 1526. 

Dice que no puede enviar gente porque no 
recibe para ello dinero del Emperador, y él no 
puede suplirlo por la necesidad en que se halla, 
pues habiendo dado batalla el Rey de Hungría 
á los Turcos, no sólo la perdió, sino que fué 
muerto en ella y el enemigo se apoderó de 
Buda; que los Turcos están cada vez más pujan- 
tes; que para contrarrestarlos es menester á más 
de todo su poder, el de toda ía cristiandad, pero 
por acudir también al angustioso estado en 
que se halla el ejército de S. M. en Italia, envía 
á Augusta á Jorge Frausperch «con la valor de 
joyas nuestras de más de sesenta mil ducados 
y con poderes nuestros para obligar á nuestra 
Cámara de Inspruch, y consentimiento de los 



168 

tres estados de aquel Estado para obligar ge- 
neralmente que tracten con los mercaderes de 
allí, y por cualquiera destas haya... doce mil 
pagas, y le mandamos hacer doce mil infantes 
y pagarles por un mes, y que sin tardanza al- 
guna los llevase á Italia.» 

El Maestro Salamanca al Emperador. 
Roma 25 de setiembre de 1526 . 

«S. Ce. y C. Mag. Creo que V. M. será infor- 
mado cómo luego que la Beatitud de nuestro 
señor hovo la triste y dolorosa nueva de Hun- 
gría, que fué á xvii del presente, hizo consisto- 
rio y llamó á todos los Cardenales, Embaxado- 
res y hazedores de los príncipes cristianos, en- 
tre los quales fui yo llamado como sieruo de su 
Alteza, á quien de más cerca tocaba este mal 
por estar la Austria y tierras á ella subiectas 
más cerca de la Ungría que otra tierra ningu- 
na. Allí en aquel consistorio se trataron mu- 
chas cosas y propusieron los medios que se po- 
drían tener para el remedio de un mal tan cre- 
cido y tan eminente. No se halló otro ninguno 
más conviniente sino que se hiciese una tre- 
gua y suspensión de armas entre V. M. y todos 
ios príncipes cristianos, para que unánimes 



469 

ayan de socorrer á este miserable reino que 
tantos años ha seido muro y defensa de la cris- 
tiandad contra este inhumano y cruel tirano 
enemigo de nuestra santa fee; y asi lo mandó 
escribir su Beatitud de su parte á nuestros 
príncipes para que todos lo persuadiesen á 
Y. M. Y aun para mejor lo poder alcauQar y 
más presto mover á V. S. Mag., deliberaba su 
Beatitud ir en persona á Barcelona á do pensa- 
ba hallar á V. S. Mag. 

Esto después se concluyó más brevemente 
que se esperaba, porque tres días después entró 
aquí Don Hugo de Moneada con los Colone- 
ses,... y hizo una tan gran hazaña como servi- 
dor de tan alto y sublimado principe como es 
V. S. Mag...» 

El Comendador Aguilera al Emperador. 
Roma 3 de octubre de 1526. 

Participa que el Turco ganó por fuerza á 
Buda é hizo morir á todos cuantos dentro halló 
de doce años arriba, y que tiene todo el reino de 
Hungría por suyo. 

«El Papa está con gran determinación y áni- 
mo de ir á Barcelona á entender en esta paz 
universal, y para esto veo que hace todos los 



170 

más aparejos que puede, y aunque no han fal- 
tado ni faltan estorbadores, así algunos señores 
Cardenales del Colegio, como Embaxadores y 
otras personas, S. S. está en esta determina- 
ción.» 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 28 de setiembre de 1526. 

«... Se rindió Carmona á los xxiiii del pre- 
sente, salvas las personas y la ropa, con tal 
condición que vayan los españoles á Ñapóles y 
los alemanes en Alemania.» 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 3 de octubre de 1526. 

«El Duque de Urbino, como sabio, engañó la 
gente que estaba en Cremona, que antes que 
llegasen los españoles, alemanes é italianos 
que de aquí partieron á los xxix del pasado, 
hizo de manera que primero del presente su 
gente, según que estaba capitulado, sin esperar 
los seis días que había prometido, entró dentro, 
de manera que está en su poder. Los alemanes 
pensamos se acordarán de servir á la liga; los 
españoles é italianos se salvarán si pudieren.» 



174 

Achácalo á haberse vendido el coronel Co- 
rradin y otros capitanes de los alemanes, pues 
sin tener necesidad que de pólvora, súbita- 
mente y sin esperar el socorro se rindieron. 

El Abad de Najera al Emperador. 
Milán 3 de octubre de 1526. 

Después de narrar la derrota y muerte del 
Rey de Hungría por los turcos, añade: 

«El Papa principalmente y después todos los 
otros príncipes de cristianos y coligados en la 
presente guerra contra V. M., debrían dexar 
aparte las pasiones é injusticia que siguen, y 
mediante una paz universal unirse con V. M. 
contra el dicho Turco.» 

Refiere varias escaramuzas ocurridas en Italia 
con los enemigos; en una murió el capitán 
Corvera, que era uno de los mejores de los 
nuestros. En cambio «un muy valiente hombre 
que se dice Sancho de Frías, alférez de Antonio 
de Ley va,» acometió con 15 hombres de armas 
á 150 escopeteros enemigos, que dispersó, mató 
y prendió. 

«A los XIX del presente, el Duque de Borbon 
hizo venir de Irego á Hierónimo Morón para 
que estuviese más guardado en este castillo, 
según que muchos días antes en consejo se ha- 



472 

bía platicado de traerlo quando viniesen los 
Alemanes con deseño de tenerle más guardado 
y de pedirle ayuda y consejo para las necesi- 
dades presentes. El Duque lo ha comenzado á 
tentar en lo del ayuda, y responde general- 
mente que no faltará de servir á V. M. y de 
ayudar con lo que en su poder esto viere. Cuan- 
do pensase librarse con lo que diese, sin duda 
daría algo; otramente yo por mí tengo poca es- 
peranga de sus dineros. El protonotario Ca- 
racciolo lo quería examinar, según la comisión 
y mandato que de V. M. tiene; y el Duque de 
Borbon le ha hecho que suspenda de hacerlo 
por ahora. El mejor testigo que V. M. tiene para 
justificación de su presión y de la culpa del 
Duque Francisco Esforcia y de sus cómplices 
es éste, y es enfermo, podría morirse un día. 
Suplico á V. M. mande escrebir al dicho proto- 
notario lo que en este caso debe hacer. 

»E1 armada de las galeras de los enemigos que 
están sobre Genova se ha apartado por el mal 
tiempo, y diz que han tomado ciertas naos que 
venían cargadas de grano para Genova. 

»De Genova se avisa que tienen por cierto 
quel Visorrey de Ñapóles se ha pasado con el 
armada á Ñapóles, cosa que al presente no cum- 
ple mucho.» 



473 

Alonso Sánchez al Emperador. 

Venecia 4 octubre 1526. 

«...Es venido á mí el preboste de Buda, que 
dice ha hoy xvi días que partió de Posonio, que 
es un lugar dos millas alemanas de los confi- 
nes de Austria, y que en el dicho Posonio quedó 
la señora Reyna de Hungría, y que S. A. le 
mandó que viniese á hablarme y me dixesse de 
su parte que escriba á V. M. y le suplique vuel- 
va los ojos á aquel reino tan importante y tan 
grande, que de derecho pertenece á V. M., y 
que su autoridad y nombre en Hungría es muy 
grande, y que queriendo V. M. no terna mucha 
dificultad en obtenerle, pues no trate las nego- 
ciaciones por medio de alemanes qUe son muy 
exosos á los húngaros... Dice (este hombre, 
que era del Consejo del Rey) que el Rey de 
Hungría cierto es muerto, y que escapado de 
la batalla pasando por una agua en unas palu- 
des se ahogó, y que también se ahogaron mu- 
chas personas principales que iban con el Rey 
y quisieron ayudarle. Dice que cuando hicieron 
la batalla no tenía el Rey más de treinta mil 
hombres, y los Turcos eran docientos mili; que 
fue la batalla á dos millas alemanas del rio 



174 

Sdrava. Dice que de doce Obispos que hay en 
aquel reino murieron los siete en ella, pero que 
no murió mucha gente; y que el daño que los 
Turcos hacen es quemarlo todo, pero que toda 
la gente se salva y huye; y que de acá del Da- 
nubio es toda Hungría del Turco, y que ha to- 
mado Buda, pero que de allá del Danubio es 
todo hasta agora salvo...» 

Lope de Soria al Emperador. 

Genova 14 octubre 1526. 

«El Duque de Borbon ha enviado por las ban- 
deras de españoles que estaban en Alexandria, 
que vayan á Milán, y recoge toda la gente que 
puede, y entiendo que quiere salir á combatir 
con los enemigos agora que es partida la gente 
del Papa (1). En Alexandria es entrado Fabri- 
cio Marramao con obra de 1.500 italianos.» 



11) Por efecto del concierto 6 tregua pactado entre el 
Papa y Moneada, después de la entrada violenta de éste 
en Roma. 



175 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 28 octubre 1526. 

Dice que Francisco Guizai'dino(l), lugarte- 
niente general de la gente del Papa, se partió 
del campo de los enemigos en virtud de la 
capitulación de éste con S. M. 

«El Duque de Urbino entró en este su campo 
á los 16 del presente, con deseño, á lo que se 
decía, de venir luego á dar asalto y probar á en- 
trar en esta cibdad; y como por dicha ha enten - 
dido lo mucho que aquí se deseaba que lo hicie- 
se, no ha fecho hasta ahora nada, antes publica 
que quiere fortificar algunas tierras á diez y 
doce millas de Milán. 

"Andrea Doria es vuelto sobre Genova con 
seis galeras que tienen las banderas del Papa, 
y dicen que esperaba otras dos que lleva el 
Embaxador de Portugal fasta en Proenga. 

»En esto S. S. muestra no querer estar por lo 
capitulado con Don Hugo. Creo que han veni- 
do á hacer compañía á las galeras de Venecia- 
nos entre tanto que el Conde Pedro Navarro va 
con todas las galeras de Francia á juntarse con 



(1) F. Guicciardini, tan excelente militar y político 
como afamado historiador. 



176 

las naves y galeones que diz se arman en Mar- 
sella para ir á encontrar el armada que trae el 
Visorrey. 

»...A los XIX del presente la Condesa de Cha- 
lante fue degollada por justicia en este casti- 
llo, porque confesó haber hecho que Don Pedro 
de Golisano, teniente y primo del Conde Goli- 
sano, matase á dos hermanos, Arduyn y Cario 
de Masyn , gentileshombres piamonteses y 
grandes imperiales, que fueron muertos aquí 
una noche. El dicho Don Pedro está en este 
castillo preso y se hace el proceso contra él.» 

Pide con urgencia socorros de gente para 
acometer á los enemigos. (1) «Y para esto el 
Duque de Borbon está muy determinado, y el 
Marqués está muy flaco y con su recia cuarta- 
na determina de pelear fasta que la dexe ó 
erralle; Antonio de Leiva tiene tercianas y más 
tiempo fiebre continua, y está de contino me- 
dio toUido de su mal de ciática y tan flaco que 
á gran pena se puede mover en el lecho, y tal 
cual está ordena la mayor paite de las cosas 
de la guerra y quiere ir ligado á caballo, si 
otramente no se pudiere hacer, a ordenar y ver 
pelear si otro no pudiese hacer y la causa des- 

(1) En cifra. 



177 

ta deteriü i nación no es otra sino ver que ya no 
hay un maravedí de los docientos rail escudos 
que V. M. ha enviado al Duque de Borbon, y 
que del reino ni deste Estado no hay un ma- 
ravedí para pagar siquiera los alemanes que 
aquí y en Pavía hay, cuanto más para los que 
dicen que vernán y que ya en esta ciudad no 
hay que puedan comer los hombres darmas, 
caballos lijeros é infantería española, ni los mi- 
laneses tienen con qué comprarlo; dexan sus 
casas y se huyen en tanto número que no se 
puede remediar. Los soldados quieren comer, y 
no hay dineros ni otra manera para dárselo en 
esta ciudad ni en otra parte deste Estado, que 
todo está destruido , y el invierno comienza 
muy recio; los soldados pierden la vergüenza 
y la obediencia y tienen licencia para hacer 
muchas cosas malas que no se pueden castigar, 
y que desta manera se va consumiendo y per- 
diendo el exército, y todo esto acuerdan de 
aventurarlo de la manera arriba dicha, antes 
que dexarlo caer todo de golpe. « 



^2 



178 
El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 19 noviembre 152'3. 

«Ultimo de octubre los enemigos se levanta- 
ron deste su fuerte y se fueron á alojar cuatro 
millas más atrás por el mismo camino que vi- 
nieron, en una tierra que se dice Pioltela al 
camino de Cassan , donde tienen puesto su 
puente sobre Ada. Estamos esperando que se 
muevan para ver si pasan Ada, ó si van á Lodi 
y Marinan como entre ellos publican que pien- 
san hacer. La causa de su retirada dicen que 
fue el mal tiempo de aguas y frios que en ver- 
dad padescian. La gente de V. M., que aquí 
está, salió toda en sus escuadrones fasta un 
hospital que se dice de Sant Gregorio fuera de 
los reparos desta cibdad: el Marqués del Guasto 
con su cuartana armado; y Antonio de Leiva 
muy en extremo malo en una letica. El ilustre 
Duque de Borbon, como sano y deseoso de com- 
batir, andaba buscando manera cómo los caba- 
llos ligeros con mil escopeteros reconosciesen 
el fuerte de los enemigos y el camino por don- 
de se les pudiese entrar á darles la batalla; y en 
esto se pasó todo el día desde en amanescien- 



179 

do fasta las xxiii horas del día que no se pudo 
hacer nada, porque los dichos enemigos estu- 
vieron hechos escuadrones en el dicho su fuer- 
te; que nunca osaron marchar fasta que á las 
XXIII horas, visto que no se podia hacer nada, 
se comengó á retirar nuestra gente, y si tuvié- 
ramos gastadores, victuallas y carros para lle- 
varlas, y certeza que cuando volviéramos á Mi- 
lán, no se hubieran huido de sus casas los que 
mantienen los soldados, solo por salir de las 
necesidades y mala vida que aqui se tiene con 
la gente, pudiera ser que la dicha gente mar- 
chara la noche fasta amauescer sobre los ene- 
migos, si bien el país no lo padesce, y la razón 
de guerra quiere que en tal caso se haga el 
puente á los enemigos» (1). 



(1) Con esta misma fecha avisa al Emperador que para 
representarle el estado del ejército van dos individuos de 
él á nombre de los demás, siendo uno de ellos «Sancho Ló- 
pez, gallego, lug-arteniente de la compañía del Conde de 
Altamira. persona discreta y de las qtie mejor han servido 
á V. M. en Italia, especialmente con A.ntonio de Leiva en 
el cerco de Pavía.» 



180 

El Abad de Nájera al Emperador. 

Milán 5 de diciembre de 1526. 

«Jorge Frenespergue, con el rocorro de los 
alemanes, pasó el Po á los xxvii del pasado por 
una tierra que se dice Ostia. El Duque de Ur- 
bino y Juan de Médicls con todo el campo de 
Venecianos le dieron tres días algún empacho 
al caminar, porque iban escaramuzando siem- 
pre, y desta manera el dicho Jorge llegó sába- 
do xxiiii del pasado á una tierra que se dice 
Burgoforte, y otro día, domingo, comenzó á 
pasar el Po con tres barcas y un puerto; y ya 
que el capitán Corradin, que viene con el di- 
cho Jorge, era pasado con tres mil hombres.- 
los dichos enemigos dieron á Jorge una grande 
arma y escaramucaron de manera que murie- 
ron más de cient hombres de los enemigos, en- 
tre los cuales fué un Benedicto de Mondolfo, 
lugarteniente del Duque de Urbino, que era el 
más sabio y valiente hombre de guerra que tu- 
viese. Fué herido de un mosquete Juan de Me- 
diéis en la misma pierna que ahora dos años 
fué herido sobre Pavía. Hízole pedazos la pierna 
de ia rodilla abaxo: fué luego llevado á Mantua. 



181 

donde le segaron la pierna por dos lugares, y 
dándole el fuego, le dio el pasmo, de manera 
que confesado y con mucho ánimo murió á 
á los XXIX. Dios le perdoné, que harto era pe- 
cador; y crea V. M. que era el mejor hombre 
que para escaramuzar y combatir habia en todo 
el campo de la liga. Y asi al dicho Duque de 
Urbino y á todo su campo les parece haber per- 
dido todas sus fuergas y esfuergo, especialmen- 
te quedándoles en casa tanto número de ale- 
manes, á quienes no ha podido resistir. 

))E1 dicho Jorge... lunes que fueron xxvi, baxó 
á pasar el Po por Ostia. El Duque de Urbino 
mandó luego apercibir barcas y hacer un puen- 
te en Cremoua para pasar de la otra parte del 
Po á encontrarse con el dicho Jorge, mas des- 
pués lo pensó mejor, retiró su gente y alojóla 
en Casalmayor y cerca de Cremona, y fué á 
Mantua, donde diz que está de presente con su 
mujer. Créese que espera nueva comisión de la 
Señoría de Venecia para lo que ha de hacer. El 
puente de Cremoua fasta agora no es fecho ni 
se face. 

))E1 Marques de Saludo, que habia quedado 
con la gente de Francia y con todos los suizos 
y cinco piezas de artillería desta parte de Ada, 
sobre la mesma ribera de Ada, en una tierra 



182 

que se dice Babari, por entretener este exército 
que no dexase á Milán y fuese á socorrer los di 
chos alemanes, pasó ayer de la otra parte de 
Ada á una tierra que se dice Trebi, y se tiene 
por cierto que va á unirse con el campo de ve- 
necianos con deseño de pasar todos juntos el 
Po ó tomar otro partido en sus cosas, de manera 
que desta parte de Ada no quedan otros enemi- 
gos que los de Lodi. 

»La gente del Papa ha desamparado á Placen- 
cía porque es grande y no fuerte, y se ha reti- 
rado á la defensión de Parma y Módena, de 
quien temen mucho quel Duque de Ferrara 
con los alemanes de Jorge no ge la tome. 

»E1 Virrey con el armada es llegado á un 
puerto de Seneses que se dice Sant Estefano: ha 
diz que combatido y maltratado á Andrea Doria 
y sus galeras. A los xxii del pasado llegó el 
dicho Virrey á xx millas de Genova; bombar- 
deóse todo el dia con las galeras de los enemi- 
gos. Hizo día muy oscuro y tan tempestuoso en 
el mar que no pudo llegar á tomar puerto, ni lo 
quiso Dios porque fuese al puerto que digo, por 
donde se espera que dará más presto en lo vivo 
y hará mayores efectos que hiciera por acá. 
Dios tiene cuidado de las cosas de V. M. y las guía 
como le place y mucho mejor que se pueden pedir. » 



<c^ 



CAPÍTULO Y, 

Desde la salida del ejército imperial de Milán hasta 
el asalto de Roma. 



La infidelidad de Francisco I, la guerra pro- 
movida por los Estados italianos y el insoste- 
nible estado del ejército de Lombardia, movie- 
ron por fin á Carlos V á obrar resueltamente- 
Armó en las costas de España una flota, en la 
que embarcó cerca de diez mil soldados espa- 
ol es y alemanes, con destino á Ñapóles, man- 
dados por Lannoy y el Sr. Alarcón, al primero 
de los cuales, en recompensa de sus servicios, 
nombró Príncipe de Sulmona, y al segundo 
Marqués déla Valle Siciliana. Al mismo tiem- 
po expidió á su hermano el Archiduque Fer- 
nando órdenes apremiantes para enviar á Lom- 
bardia un cuerpo de ejército de lansqueneques 
al mando del esforzado y hábil capitán Jorge 
Frundsberg. 



184 

Atento liu sólo á reforzar su ejercito sino a 
lebilitar la santa liga, atrajo á su devoción al 
Duque de Ferrara, uno de los más poderosos 
Principes de Italia, y cuyos Estados, por estar 
situados entre las posesiones continentales de 
los venecianos y los Estados del Papa, le ofre- 
cían grandes ventajas estratégicas. Para más 
lisonjearle, le nombró su Capitán General en 
Italia, no sin que se resintiese por la concesión 
de esta dignidad el Duque de Borbón, á quien 
se apresuró el Cesar á dar las más amplias sa- 
tisfacciones. 

Los dos cuerpos de ejército asi formados lie - 
garon oportunamente á su destino, después d«í 
oponerse al primero Andrea Doria con su es - 
cuadra, y el Duque de Urbino con sus tropas al 
segundo. 

Para allegar recursos con que hacer frente á 
la nueva guerra, convocó Cortes Carlos V en 
Valladolid el 11 de febrero de 1527, refiriendo 
en la proposición leída ante aquella asamblea 
las graves 3^ urgentes necesidades que le im- 
pulsaban á acrecentar sus ejércitos, refiriendo 
en primer lugar la audacia y fortuna de los 
turcos, que ponían en inminente peligro los 
intereses de la cristiandad. Uno de los más ilus- 
tres caudillos del ejército cesáreo en Italia, atri- 



185 

buyendo sin duda al Key de Francia la entrada 
de aquellos infieles en Hungría, escribía á un 
su amigo: «La causa principal que movió al 
Turco á romper, yo la he sabido por buena par- 
te, y bien creo que S. M. lo sabe mejor que yo. 
Si os pareciera decirlo, yo lo remito á vosotros» 
aunque parecerá cosa increíble... Me avisan 
cómo el dicho Turco no tiene pensamiento de 
contentarse con lo hecho (1).» 

En este estado las cosas, escribía Lope de So- 
ria al Emperador: 

(2) «El Duque de Borbon está en Pavía y es 
salida toda la gente que era en Milán, excepto 
diez banderas de infantería y cinco de gente 
de armas que, en ser pagadas, con las otras 
saldrán. Luego el dicho Borbon pasaría el Po 
para juntarse con los alemanes, que todavía es- 
tán cabe Plazencia, y con ellos el Príncipe de 
Orange y el Marqués del Guasto, y dice que 
marcharían hacia Boloña y Florencia y se jun 
tara con éstos el Duque de Ferrara. Y queda en 
guardia del Stado de Milán Antonio de Leyva 
con buen número de gente darmas é infantería, 



(1) Descifrado de carta del Marqués del Gasto á Juan 
Bautista Castaldo y Gutiérrez, 8 de febrero de 1527.— 
Col. Sal. 

(2) Genova 30 de enero da 1527. 



186 

que soD, entre otros, los que agora van á la em 
presa de Aste con el Conde Baptista de Lodron, 
que serán dos mil infantes alemanes y tres mil 
italianos y docientos hombres darmas y algu- 
nos caballos ligeros y nueve piegas de artille- 
ría; y esta empresa se hace principalmente á 
causa del estorbo que daban los enemigos que 
están en Aste y Monferrara á las vituallas que 
venían por tierra á esta ciudad, y piensan que 
será fácil cosa echar de allí los enemioros.w 



■^D" 



Al mismo tiempo se quejaba también de que 
los alemanes que había traído Frundsberg lle- 
vaban tres meses sin hacer nada después que 
pasaron el Po, con cuya tardanza los enemigos 
habían tenido tiempo de fortificarse. 

Por fin, en 20 de febrero (1) comunicaba el 
Duque de Borbcn al Embajador español en Ge- 
nova «col nome de Dio luni primo marchiare- 
mo cuanti con questo exército che gia sta acossi 
concertato e determinato.» 

Pero quien, como siempre, nos da más noti- 
cias y detalles sobre la salida del ejército impe- 
rial de Milán y sus primeras operaciones es el 



(1) De 152^. Traslado de carta del Duque de Borbón á 
Lope de Soria,— Col. Sal. 



187 

tJomisario del mismo, D. Fernando Marín, abad 
de Nájera, de cuya biografía es bien sensible 
que se tengan tan escasos datos. Este oscuro 
servidor cesáreo, personificación viva de aquel 
glorioso ejército, con el que de igual manera 
compartió los triunfos que las penalidades, es- 
cribía al Emperador en 18 de febrero desde Tre- 
bia, á tres millas de Placencia, la siguiente 
notable carta: 

(1) «Con grandísima fatiga se ha podido sa- 
car este exército de Milán, por falta del dinero 
que era menester para dar dos pagas á la in 
fautoría spañola y diez escudos de socorro por 
hombre darmas, y por eso no ha podido salir 
junto ni hacer facción alguna fasta juntarse. 
Monta lo que ha sido menester para sacarla 
62.404 escudos, de los cuales se han sacado de 
la ciudad de Milán al pié de 40.000 escudos, en 
que entra una parte de argento que se tomó de 
las iglesias: el restante se ha sacado de una 
talla que Antonio de Leyva hizo entre todos los 
capitanes y otras personas deste exército, en 
que tasó el primero al ilustre Duque de Borbon 
en tres mil escudos; al Marqués del Gasto en 
mil, y á sí mesmo en otros tantos; y al protono- 



(1) Col. Salazar. 



188 

tario Caracciolo, á Juan de Urbinayámí en 
cada trescientos, y después sucesivamente á 
los dichos capitanes en cada doscientos ó tres- 
cientos, más ó menos, según que cada uno po 
día pagar; y desta manera nos ha sacado Dios 
deste trabajo y ha iraido el exército fasta una 
ribera que se dice la Trebia, á tres millas de 
Plasencia. Hase disputado muchas y diversas 
veces si se debía de hacer la empresa de tomar 
Plasencia ó pasar este exército adelante (1); y 
la conclusión ha sido que no se debe perder 
tiempo sobre ella, porque está fortificada y tie- 
ne 7 ú 8 mil hombres dentro con el Conde Gui- 
do Rangon y Paulo Ciasco, capitán de caballos 
ligeros; mas que se dexe bien guardado el Es- 
tado de Milán y que el exército se junte con la 
gente de Jorge Franspergh y después se vaya 
á juntar con el Duque de Ferrara en Rezo. 

»E1 Duque de Borbon y todos los otros capi- 
tanes y personas del Consejo de Y. M. han vo- 



(1) Sobre este particular escribía el Marqués del Gasto 
alEroperador en carta de 4 de febrero Col. Salazar): 

«Los del exército de V. M. se juntaron una milla de Pla- 
cencia y se pusieron de la una parte y de la otra della. 
dentro de la cual había seis mil hambres de guerra y ha- 
bían fortificádola pensando defenderla.» por lo cualexpon.^ 
la dificultad que había en tomarla y la conveniencia de 
pasar adelante . 



189 

tado y hecho toda instancia para que Antonia 
de Ley va quedase á la guardia del dicho Esta- 
do, porque ninguna otra persona lo podría ni 
sabría hacer como él, mayormente que su voto 
fue el primero sobre que no se perdiese el Es- 
tado de Milán, pues que ninguna cosa se podría 
ganar que valiese tanto como él. 

»E1 dicho Antonio, considerado lo mucho que 
esto importa al servicio de V. M., se ha resol- 
vido siempre de quedar, dexándole 8 ó 10 000 
infantes alemanes ó españoles y alemanes pa- 
gados ó con qué pagarlos. Finalmente, visto 
que no hay dineros para esto y que á mala pena 
l)astan para dar media paga á los alemanes de 
Jorge Fransperch; los que se han podido cobrar 
de los cambios que traxo Cesar Ferramosca, 
pagado lo que sobrellos primero se había toma- 
do en Genova, y considerando que las diez 
y seis banderas de españoles que primero salie 
ron de Milán, á los 18 de diciembre, han comi- 
do dos pagas y que sobre que les den otra se 
amotinaron aquí cuatro días ha, bien que se 
desamotinaron con que dicho Antonio por or- 
den del Duque les prometió que dentro de cua- 
tro días el campo marcharía adelante ó se les 
daría la paga. Visto ansí mesmo que la opinión 
del Duque de Ferrara es q ueste exército pase 



490 
adelante, quedando Milán bien guardado; y 
que Jorge Frenesperch con su banda no espera 
otra cosa, ha determinado de quedar á la custo- 
dia del dicho Estado de Milán con las dos ban - 
das de alemanes que primero teníamos, que son 
cuatro mil infantes y más otros mil doscientos 
que como aventureros vinieron con M. Jorge y 
mil y quinientos españoles sin los que quedan 
á la guardia de Genova, Como, Leco, y Trezo y 
Piciguiton, y más dos mil quinientos italianos 
con el Conde Ludovico de Yeljoyoso, y cuatro- 
cientas lanzas y otros tantos caballos lijeros, 
con los cuales procurará de entretenerse por 
todo este mes y el que viene, viviendo á discre- 
ción y con algún dinero si lo pudiere sacar del 
dicho Estado, aunque está tal que poca espe- 
ranza se puede tener del, así que queda á la 
ventura que Dios le querrá dar, con intención 
de aventurar á perder primero la vida que se 
pierdan este exército ni el Estado de Milán 
que tanto importan al servicio de V. M. Y así 
el Duque de Borbon y el Marqués del Gasto y 
el Príncipe de Oranje, capitán general de ca- 
ballos lijeros, se partirán mañana 19 de pre- 
sente y con la bendición de Dios pasarán esta 
ribera de la Trebia, y dexando Plasencia á la 
mano izquierda se irian á juntar con Jorge 



491 

(Frundsberg), y el día siguiente sin parar un 
día caminarán hasta Rezo, donde estará el Du- 
que de Ferrara (1), con quien el Duque de Bor- 
bon resolverá la empresa de tomar á Bolonia ó 
de pasar adelante á Florencia, adonde los sol- 
dados tienen ojo, y con que el Papa más presto 
verná á la paz, que de razón debría ser venido 
muchos días ha. Dios por su misericordia la 
ponga de su mano, y si no, se contente de dar 
á V. M. la victoria que todos esperamos y como 
ha hecho por lo pasado. 

))Temo que quedarán pocos ó ningunos espa- 
ñoles con las banderas que quedan con Anto- 
nio de Leyva, porque todos quieren ir á Flo- 
rencia. 

«Suplico á V. M. que pues vee las necesida- 
des y peligro en que queda Antonio de Leiva y 
las con que va el Duque de Borbon con este 
exército, que no lieva mi real, mande proveer 
luego de alguna buena suma de dineros sin 
esperar que del reino los envíe el Visorrey, por- 
que teniendo el exército que tiene los querrá 
más para aquel exército que para este... 

»Juan de Urbina hubo los días pasados en 
una escaramuza, en que acaso se halló desar- 

(1) En cifra. 



192 

mado, una cuchillada en la cara y un golpe de 
partesana que le rompió una parte de la ba- 
rriga, de que milagrosamente Dios le ha sa- 
nado... 

«Jerónimo Morón ha dexado un hijo suyo 
en el castillo de Milán en rehenes fasta que dé 
al Duque de Borbon 7.000 escudos que faltan 
para Cumplimento de 20 000 en que se ha com- 
puesto, y con que el dicho Duque le ha resti- 
tuido á lo suyo. Trahele consigo, y como perso- 
na que bien lo sabe hacer, entiende en las vi- 
tuallas y otras cosas necesarias para el exército 
y llénesele buen ojo porque no se vaya, no 
obstante el juramento que ha hecho deservir 
bien y fielmente á Y. M. 

»Los días pasados fueron presos aquí en Pla- 
sencia el capitán Qucar y Mos. de Scaienga 
con una emboscada que los enemigos les hicie- 
ron; y por gran ventura se escapó el Príncipe 
de Orange. Están todavía presos y lo estarán 
fasta que haya recompensa ó paguen talla... 

»E1 Conde de Gayago tenía en servicio de 
V. M. 200 caballos ligeros de conduta y era 
coronel de otros 300 y de 1.000 infantes ita- 
lianos. Estaba con micer Jorge Frenespergh 
por hacer la escorta á las vituallas; y porque el 
Papa diz le ha dado la conducta que tenía Juan 



193 

de Médicis, se pasó ayer á su servicio con la di- 
cha infantería y tres compañías de caballos 
italianos. El es otro Juanin de Médicis, y se- 
gún las buenas obras que aqui se le habían he- 
cho, no podía dar mejor pago del que ha dado. 
Espero en Dios que acá se le dará el que me- 
resce. Si V. M. fuere servido de hacer merced 
de su Condado de Gayago, que tiene en el rei- 
no, á Antonio de Ley va, será tan bien empleado 
que en ninguno de los que acá sirven sería 
mejor.» 

No encontró el ejército imperial el menor 
obstáculo á su marcha, limitándose los Gene- 
rales enemigos, el Marqués de Salucio que ca- 
minaba delante, á preservar y guarnecer Pla- 
sencia y Bolonia; y el Duque do Urbino, que 
seguía de lejos nuestras tropas, á observarlas 
tímidamente. 

Iban, pues, de mal en peor los intereses de 
la Santa Liga, culpando de ello los italianos al 
Reyde Francia, que después de haberlos excita- 
do á la guerra y prometídoles pronta y eficaz 
ayuda, los entretenía con vanos pretextos sin 
cumplirles lo ofrecido. El jefe de los confedera- 
dos, Clemente VII, cuando supo la llegada de 

Lannoy á Ñapóles con buen golpe de gente, y 

43 



194 

la eutrada del temible Frundsberg (1) con sus 
lanzqueneques en Lombardía , alarmóse por 
sus Estados Pontificios y por Florencia. Y como 
no cesaban de llegarle agentes del Emperador 
invitándole á separarse de la Liga y á aliarse 
con este soberano, estuvo algún tiempo irreso- 
luto. Desde este momento, dice con gran acier- 
to Mr. Mignet, comenzó á flotar entre los con- 
federados y los imperiales, á pedir socorros á 
los unos, á negociar con los otros, á hacerlo 
todo á medias y sin constancia, á dar el triste 
espectáculo de sus miedos y de sus tergiver- 
saciones, á entregarse á sus odios sin energía, 
á mostrar sus confusiones sin comedimiento, 
á pasar de las hostilidades á las negociaciones, 
de las treguas á las rupturas, de los ataques á 
los tratados, según sus esperanzas ó sus te- 
rrores. 

A la vez que hacia la guerra al Emperador y 
negociaba con Francisco I, envió á España á 
Pablo de Arezzo para proponer al Cesar un arre- 
glo en los negocios de Italia y pedirla libertad 
de los hijos del Key de Francia. Carlos V había 
enviado por su parte á Italia al General de los 



(1) Sabido es que este agruerncio capitán luterano ha- 
bía prometido estrangular al Papa con la cadena de oro 
que llevaba pendiente del cuello. 



Franciscanos 3^ á su escudero mayor César Fe- 
rraraosca para concluir con el Pontífice una 
paz común. Hasta entonces no había sido po- 
sible venir con éste á un acuerdo; pero ahora 
con la inquietud é intranquilidad de su ánimo 
accedió á todo lo propuesto por Carlos V. Que- 
daban por tanto en pie los artículos del trata- 
do de Madrid; no se exigía el restablecimiento 
de Francisco Sforza, y el Papa y los Florenti- 
nes quedaban obligados á entregar doscientos 
mil ducados para despedir de Italia los lanz- 
queneques, debiendo entregar en prenda de 
fidelidad Parma, Placencia y Civita-Vecchia. 
Opúsose el consistorio de los Cardenales á este 
proyecto de arreglo; pero el Papa aceptó y fir- 
mó el 31 de enero de 1527 una tregua de ocho 
días para presentar este tratado á los Venecia- 
nos, que lo desecharon con desprecio. 

Para mayor tormento de este voluble sobera- 
no, el mismo día que firmó la tregua obtenían 
las tropas pontificias un pequeño triunfo sobre 
las imperiales en el Sur de Italia. El general 
pontificio Vitelli y el Cardenal legado Trivulcio 
al frente de diez mil soldados atacaron al ejér- 
cito cesáreo que sitiaba la plaza de Frosinone, 
obligándole á retroceder á Ñapóles . Saberlo 
Clemente VII y romper el tratado ajustado con 



196 
Carlos V, mandar proseguir la guerra y aun 
proponerse la conquista del reino de Ñapóles^ 
fué todo obra de un momento. 

y porque se vea cuanto en tan críticos mo- 
mentos influyó este mal paso del Virrey Lan- 
noy, en el curso de los sucesos, transcribimos á 
continuación la carta que con este motivo escri- 
bió Lope de Soria al Emperador (1): 

...«Fué verdad que el Visorrey con el exército 
se retiró de Frosolon, y según los avisos que 
tengo se ha retirado á Gayeta; y se levantó de 
sobre Frosolon á los iv del presente á media 
noche en ordenanza, paso á paso, y perdió algu- 
na gente y algunas municiones, de lo qual han 
tomado mucho ánimo los enemigos de V. M., 
y como antes desto tenían mucho miedo, agora 
ha determinado el Papa que su exército pase 
adelante y dado orden de dineros y gente á 
Mr. de Valdemons para que vaya á la empresa 
del reino de Ñapóles; y había hecho venir á 
Roma á Andrea Doria para ordenar la empresa 
contra Ñapóles por mar, adonde también irá 
esta armada francesa que está en Saona... Y 
sepa V. M. que antes desta retirada partió de 
Roma Cesaro Ferramosca á los 28 del pasado 



(1) GéQova, 22 de febrero de 1527.— Col Salazar. 



197 

para hacer saber al Visorrey lo que había tra- 
tado, y que el dicho Visorrey en ocho días no 
innovase cosa alguna, y en este medio vernía 
poder especial de los Venecianos para concluir 
lo que el dicho Césaro había concertado con el 
Papa: que es que en toda Italia suspendiesen 
las armas por tres años y quien poseya que po- 
seyesse, y que fuesen restituidos los Coluneses 
en sus vasallos y daños, y la intregacion del 
Cardenal Coluna fuese en manos de V. M., y 
que el Papa y Florentiues diesen docientos 
mil ducados, y los Venecianos hobiesen de dar 
lo que V. xM. señalare; y para la observancia 
desto daba el Papa á Parma y Plazencia y á Ci- 
vita vieja en tercería; y á esto diz que los Vene- 
cianos no venían bien ni querían enviar man- 
dato. Y después que siguió la dicha retirada 
del Visorrey, no solamente no quieren venir á 
esto, pero han determinado la dicha empresa 
del reino y procuran otras cosas contra el ser 
vicio de V. JVl.; y en verdad, como quiera que 
el daño fué poco en la retirada, hase perdido 
mucha reputación y dado mucho ánimo á los 
enemigos; pero si V. M. manda proveer á sus 
exércitos de dineros, como conviene, todavía 
los podrán bien castigar. 
j>El Duque de Borbon partió de la Trebia 



198 

cabe Plazencia, donde estaba alojado á los xix 
del presente y marchaba hacia Modena con el 
campo. Dios le dé victoria, y Antonio de Leiva 
volvía á Pavía para estar á la defensión del Es- 
tado de Milán con alguna gente.» 

También Francisco I, entusiasmado con este 
pequeño contratiempo del ejército imperial de 
Ñapóles, escribió al Papa prometiéndole enviar 
en breve dinero y tropas á Italia y atacar al 
Emperador por Navarra y por Flandes. Por for- 
tuna, este Príncipe, pródigo de palabras y de 
promesas, no lo era de obras; y con la misma 
viveza que concebía un proyecto lo abando- 
naba y olvidaba por una partida de caza ó por 
una empresa amorosa. 

Faltas de toda clase de recursos las tropas 
enemigas que operaban en Ñapóles, tuvieron 
que desbandarse; y tomando vigorosamente la 
ofensiva Lannoy, atravesó la frontera del reino 
de Ñapóles y de nuevo acampó en los Estados de 
la Iglesia, mientras que el Duque de Borbón, 
acampado en San Giovanni, donde conferenció 
con el Duque de Ferrara, amenazaba invadir 
de un momento á otro con su aguerrido ejér- 
cito la Italia central. 

Nuevos temores y sobresaltos del Papa y 



499 

nuevas conferencias con los imperiales produjo 
el sübito cambio del ejército del Virrey. En- 
vió éste á Roma á César Ferramosca con condi- 
ciones más ventajosas esta vez para Clemen- 
te VII; y casi al mismo tiempo llegó también á 
aquella capital un embajador de Francisco I en- 
cargado de sustentar la prosecución de la gue- 
rra, trayendo sin embargo poco dinero y mu- 
chas esperanzas. 

Mantúvose indeciso el Papa durante algunos 
días: por un lado deseaba mantenerse fiel á la 
Liga, y conseguir mediante ella la independen- 
cia de Italia, y por otro sentia la necesidad de 
librar el Estado de la Santa Sede y el florentino 
del tremendo azote de los imperiales. Venció 
el temor á la esperanza, y concluyó con el Em- 
perador en 15 de marzo de 1527 una tregua 
mediante la cual debía entregar solamente 
sesenta mil ducados y las ciudades de Ostia y 
Civita-Vecchia como prendas de seguridad, re 
tirándose en este caso el ejército imperial sola- 
mente de las tierras de la Iglesia. 

Al convenir en estas condiciones, no se había 
contado para nada ni con el Duque de Borbon, 
que seguía enemistado con Lannoy, ni con el 
ejército que mandaba, que falto de dinero y de 
víveres, ansiaba caer sobre Bolonia, Florencia 



200 
ú otra importante ciudad, para saciar sus apre- 
miantes necesidades con espléndido botín. 

Veamos, antes de pasar mas adelante, cómo 
nos pinta con su admirable exactitud y clari- 
dad el Abad de Nágera el estado de aquel temi- 
ble ejército, que á manera de siniestra y pavo- 
rosa nube amenazaba caer sobre las más bellas 
ciudades de Italia: 

(1) «Lo que de presente ocurre avisar á V. M., 
es que ese felicísimo exército camina todo lo 
que más puede, y toda la gente siente poco el 
trabajo de las jornadas de x y xii y xv millas 
que á las veces hace, con pensar que va á Flo- 
rencia, y no se curan de esperar que se hagan 
puentes en los ríos que se pueden pasar á pié. 
Hoy pasa una ribera, que se dice la Panara, 
pasada Modena, donde el Duque de Ferrara ha 
hecho hacer un puente, y mañana, placiendo 
á Dios, irá á una tierra que se dice Castel San 
Juan, XII millas de Bolonia, á la mano izquier- 
da de la Strada Romana andando hacia Bo- 
lonia. 

«Último del pasado, por mandado del ilustre 



1) El Abad de Nág-era al Emperador.— Ferrara 3 de 
marzo de 152").— Col, Sal&zar. 



201 

Duque de Borbon, venimos aquí un su gentil 
hombre, llamado Mr. de Pelus y yo á procurar 
con el ilustre Duque de Ferrara que viniese al 
exército y cabalgase con él, como Capitán ge 
neral, y que prestase seis cañones... (y otras 
muchas provisiones de boca y de guerra). Hase 
resolvido de hacer todo lo que se le pide, salvo 
cabalgar con el exército, porque dice que no 
está en orden ni tan sano como seria menester 
para ello, y que teme que salido de aquí, Vene- 
cianos le vernán á destruir sus tierras, como 
otras veces han hecho. Visto esto, le hemos 
persuadido á que venga á ver el exército en 
Castel San Juan y consultar con el Duque de 
Borbon el camino y lo demás que es menester 
hacer con el exército en servicio de V. M., y 
hase resolvido de ser después de mañana con 
el Duque de Borbon en una tierra suya que se 
dice el Final, xii millas de Castel San Juan, al 
confín del Modenés y Bolones, de manera que 
no verá el exército. Y la verdadera causa de 
esto es, aunque el Duque no la dice, que teme 
de (1) encargarse de un exército no pagado 
conjo éste, y pien.sa que un día lo tomaría en 
prisión fasta que lo pagase, como persona que 

Cl) En cifra. 



202 

tiene fama de gran dinero (1). Con estas razo- 
nes y otras símiles, el Conde Don Ugo de Pó- 
puli, por parte del Papa, y un Mr. de Estén, lu- 
garteniente del Marqués de Saluzio, lo han 
procurado tirar á la liga, dos días antes que 
Mr. de Pelus y yo llegásemos aqui, y en llegan- 
do, el Duque nos dixo todo lo que con ellos ha- 
bía pasado, y cómo les había mostrado los pri- 
vilegios de Carpí y de Capitán general que de 
V. M. tiene, y que no podía ni quería servir 
otro señor, y que con esta resolución se habían 
partido de aquí, tres horas antes que nosotros 
llegásemos, 

»La gente que va en este exército de V. M. 
son setecientas lanzas, ochocientos caballos 
ligeros, diez mil alemanes, cinco mil españoles 
y más de tres mil italianos muy buenos. Lleva- 
mos un infinito carruage, el qual se sufre por 
poder llevar cada uno vituallas. Lleva cuatro ca- 
ñones y las doce piegas pequeñas que el Duque 
de Ferrara dio á micer Georgio Frenespergh, y 
podrá ser que llevando los seis cañones que he- 
mos pedido aquí, dexásemos la mayor parte de 
las dichas piegas pequeñas.» 

Avisa después que el Duque de Borbón ha 

(1) En claro. 



203 

pedido al Duque de Ferrara 30.000 escudos para 
dar algunas pagas al ejército, que cada día las 
pide. «Si el Duque falta, el Duque de Borbon se 
verá en harto trabajo. No se puede dar Juicio en 
las cosas que han de suceder y de donde se tiene 
alguna esperanza para la sustentación deste 
exército. » 

«El Guizardino es ido á Florencia con Fede- 
rico de Bozano y el Conde de Gayago con qual- 
que tres mil hombres por ver de fortificarla. 
Placerá á Dios que antes que la fortifiquen, el 
exército de V. M. será sobre ella. La ciudad está 
en grandísimo temor y en grande alteración, y 
tanta, que se tiene por cierto que antes que este 
exército llegue á ella se vernán á concertar... 

»E1 señor Fernando de Gonzaga llegó al 
exército último del pasado, y anda poniendo en 
orden su compañía de gente de armas. 

»E1 Conde de Ayamonte, que estaba con el 
Virey en Chipriano, se embarcó en Ortonamar 
y llegó aquí primero del presente, y con él don 
Alonso de Córdoba y otros gentileshombres 
españoles. Entiendo que trae la Capitanía ge- 
neral de los caballos ligeros, la cual el Duque 
de Borbon había dado al Príncipe de Orauge, y 
también la vanguardia de gente de armas. Será 
menester que se contente con ella.» 



204 

Y por último, Lope de Soria participaba a 
Emperador con fecha 15 de marzo (1): «De Fran- 
cia ni suyzos no hay nueva alguna. El Duque 
de Urbino está doliente en el Mantuano; Anto- 
nio de Leiva está en Milán; el Conde de Lodron 
está cerca de Aste y quiere hacer la empresa 
de Aste.» 

No repetiremos aquí, por haberlos amplia- 
mente consignado ya en otra parte (2), los últi- 
mos movimientos de este ejército hasta llegar á 
Roma, ni las múltiples negociaciones que pre- 
cedieron al asalto de esta veneranda ciudad. So- 
corrida oportunamente Florencia, vino á des- 
cargar sobre el jefe de la Liga y sobre la antigua 
corte de los Césares toda la furia de aquel tre- 
mendo ejército vencedor en Pavía, reforzado en 
Milán, hostigado por el hambre y el frío, sin 
pagas y sin municiones, seguido más bien que 
no dirigido por su caudillo. Reducido éste á la 
miseria por haber vendido y empeñado hasta 
su última alhaja^ murió al comenzar el asalto 
de Roma al pie de sus muros, inspirando su ge- 



(1) Genova, 15ií~. 

(2) Véase el capítulo i7 y los documeutos que le prece- 
den de nuestrj libro Memorias para la historia del asalto 
y saqueo de Roma. 



205 

nioysuferoz energía á sus soldados un entu- 
siasmo que le sobrevivió, y repitiendo largo 
tiempo después de este suceso las tropas espio- 
nólas, admiradoras de su valor, su favorito es- 
tribillo: 

«Calla, calla, Julio César, Aníbal, Scipion: 
¡Viva la fama de Borbon!» (1) 

El 6 de mayo de 1527 entró en la ciudad 
santa el ejército imperial, de la que estuvo po- 
sesionado cerca de diez meses, después de ha- 
berla hecho sufrir el más espantoso saqueo. 

Dueño el Emperador de los reinos de Ñapóles 
y de Sicilia por herencia de sus mayores; apo- 
derado del Estado de Milán en concepto de 
feudo del Imperio; vencida y humillada Roma; 
rendida Florencia y destruida su constitución 
republicana; prisioneros suyos sucesivamente 
Francisco I, Francisco Sforza y Clemente VII; 
aliados del vencedor de Pavía el Duque de Fe- 
rrara y la señoría de Genova; sin ejército los 
Venecianos, dejó Italia de ser independiente y 
quedó por mucho tiempo sometida á la domina- 
ción española. 



(1) Le Duc Aumale, Flisl. des Princes de Conde, tom. i. 



A 

^ 



APÉNDICES. 



t/ 



s 



I. 



L'ordine per lo quale se paga la fantería spagnola 
con i! auantagi e lo sequente (I). 



33 capitanes, á 40 escudos al mes cada uno 
por su persona, y tres escudos por infante. 

En cada compañía se dan seis pagas de ven- 
taja, á saber: dos al alférez, una al sargento, 
una al pífano^, dos á dos tambores. 

Por cada 25 infantes se da una paga de ven- 
taja por un cabo de escuadra. 

Se da de ventaja por cada arcabucero un es- 
cudo y tercio. 

ídem por cada escopetero, 3 reales, que son 
27 sueldos. 



(1) De una relación enviada al Emperador á fines de- 
diciembre de 1525.— Col. Salazar. 



14 



210 



Compañía del capitán Juan de Urbina. 

350 infantes: 25 arcabuceros. 
40 escopeteros. 

Alférez, sargento y 6 cabos. 

A 44 particulares de esta compañía, 151 du- 
cados. 

A Juan de Urbina, como Maestre de Campo, 
30 ducados. 

Un alcaide, un escribano, cuatro alguaciles, 
un carcelero, un verdugo y otros 8 infantes 
agregados. 

15 hombres á caballo para ayuda de la justi- 
cia, con otros 10 infantes. 

Un carro de campaña con 12 hombres á ca- 
ballo. 

Total de los gastos mensuales, 507 escudos. 



Compañía de D. Alonso de Córdoba. 

220 infantes: 45 escopeteros. 
40 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
Homini da bene (1). 
14 particulares. 
Total gastos mensuales, 145 escudos. 



(1) En casi todas las compañías hay consignada una 
partida para li homini da bene. 



211 



Compañía de D. Juan de Mercado. 

211 infantes: 33 escopeteros. 
29 arcabuceros. 

Alférez, sarg., y 5 cabos, homini da bene. 

9 particulares. 

Juan de Mercado, como maestre de campo de 
la infantería. 

2 alguaciles, un caucelleri y 4 infantes de 
ayuda. 

Total mensual, 181 escudos. 



Compañía de Pedro de Mercado. 

222 infantes: 25 escopeteros. 
32 arcabuceros. 
4 mozos que llevan los cauailecti. 
2 arcabuceros con carro para llevar 6 mos- 
quetes de bronce con 6 caballos. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
13 particulares. 
Total mensual, 135 escudos. 



Compañía de D. Felipe de CervellÓQ, 

328 Infantes: 85 escopeteros. 
67 arcabuceros. 



2i2 

Alférez, sargento y 8 cabos. 

35 particulares. 

Total mensual, 280 escudos. 



Compañía de D. Francisco Villaturel. 

190 infantes: 48 escopeteros. 
31 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
2 particulares. 
Tota], 105 escudos. 



Compañía de D. Fernando Corvara. 

305 infantes: 35 escopeteros. 
37 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 9 cabos. 
18 particulares. 
Total, 171 escudos. 



Compañía de Gerónimo Tomás. 

204 infantes: 41 escopeteros. 
11 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 6 cabos. 
4 particulares. 
Total, 75 escudos. 



213 



Compañía de D. Juan de Villanueya. 

205 infantes: 40 escopeteros. 
25 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 4 cabos. 
3 particulares. 
Total, 82 escudos. 



Compañía de Juan Santa Cruz. 

228 infantes: 54 escopeteros. 
28 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
4 particulares. 
Total, 96 escudos. 



Compañía de Juan Cerbellón . 

116 infantes: 9 escopeteros. 
4 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
11 particulares. 
Total, 64 escudos. 



2i4 



Compañía del capitán Andrés de HerrerR* 

242 infantes: 45 escopeteros. 
30 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
10 particulares. 
Total, 114 escudos. 



Compañía de Alonso Gayoso. 

194 infantes: 59 escopeteros. 
21 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
6 particulares. 
Total, 106 escudos. 



Compañía del capitán Alonso Clavero. 

141 infantes: 38 escopeteros. 
33 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 4 cabos. 
Total, 87 escudos. 



215 



Compañía de Andrés de Bracamente. 

268 infantes: 44 escopeteros. 
22 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
2 particulares. 
Total, 85 escudos. 



Compañía de Bernardino Galludo. 

158 infantes: 24 escopeteros. 
27 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 3 cabos. 
12 particulares. 
Total, 85 escudos. 



Compañía del Conde Pedro de Niuolaru. 

189 infantes: 54 escopeteros. 
39 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
Total, 99 escudos. 



216 



Compañía de Luis Queaada. 

163 infantes: 72 escopeteros. 
63 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 4 cabos. 
1 particular. 
Total, 133 escudos. 



Compañía de Diego López. 

140 infantes: 21 escopeteros. 
24 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
14 particulares. 
Total, 118 escudos. 



Compañía de Diego de la Serna. 

141 infantes: 57 escopeteros. 
24 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
5 particulares. 
Total, 81 escudos. 



217 



Compañía de Juan de Ribera. 

167 infantes: 24 escopeteros. 
34 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 4 cabos. 
2 particulares. 
Total, 100 escudos. 



Compañía de Juai. de Vargas. 

231 infantes: 59 escopeteros. 
19 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 4 cabos. 
2 particulares. 
Total, 85 escudos. 



Compañía de D. Juan Sarmiento. 

266 infantes: 81 escopeteros. 
30 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 6 cabos. 
8 particulares. 
Total, 130 escudos. 



218 



Compañía de Juan de Lepe. 

158 infantes: 27 escopeteros. 
30 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 4 cabos. 
2 particulares. 
Total, 84 escudos. 



Compañía de Juan Salcedo. 

199 infantes: 33 escopeteros. 
34 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 6 cabos. 
Total, 110 escudos. 



Compañía de Juan Pérez de Barrag^án 

186 infantes: 26 escopeteros. 
30 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
1 particular. 
Total, 89 escudos. 



219 



Ctompañia de Luis Viacampos> 

259 infantes: 54 escopeteros. 
32 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
1 particular. 
Total, 101 escudos. 



Compañía de Nofrío del Monte. 

295 infantes: 38 escopeteros. 
42 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
9 particulares. 
Total, 125 escudos. 



C ompañía de Ramón Brancacho. 

177 infantes: 33 escopeteros. 
41 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
1 particulares. 
Total, 122 escudos. 



220 



Compañía de Rodrigo de Ripalda. 



149 infantes: 27 escopeteros. 
21 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 4 cabos. 
16 particulares. 
Total, 86 escudos. 



Compañía de Pedro Davales , 

180 infantes: 41 escopeteros. 
14 arcabuceros. 
Alférez, sargento. 
2 particulares. 
Total, 60 escudos. 



Compañía de Pedro Arias. 

"236 infantes: 55 escopeteros. 
68 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
Total, 145 escudos. 



221 



Compañía de Machín Daya. 



185 infantes: 35 escopeteros. 
6 arcabuceros. 
Alférez, sargento. 
Total, 42 escudos. 



Compañía de Gerónimo Mendoza, 

173 infantes: 43 escopeteros. 
24 arcabuceros. 
Alférez, sargento. 
Total, 68 escudos. 



Compañía de Cristóbal de Berrio 

166 infantes: 24 escopeteros. 
25 arcabuceros. 
Alférez, sargento y 5 cabos. 
Total, 79 escudos. 



Compañía de Fernando de Figueroa> 

261 infantes: 46 escopeteros. 
28 arcabuceros. 



222 

Alférez, sargento y 8 cabos. 
16 particulares. 
Total, 223 escudos. 



RESUMEN 



Importa la paga de los maestres de campo y 
sus oficiales y los hombres que á pie y á caba- 
llo están á sus inmediatas órdenes, 320. Impor- 
ta la paga de las partidas anteriores, 4.422 es- 
cudos mensuales. 

Hay además 140 gentileshombres, algunos 
de los cuales son capitanes y alféreces: su suel 
do mensual importa 1.300 escudos (1). 



(1) En la cubierta: «Memorial de la costa que á S. M. 
hace la infantería española con g^entilealio oabres y todo.» 






II. 



Triumpho pugnico lamentable: sobre la profana en- 
trada y saco de la alma ciudad de Roma. Hecho 
por Vasco Díaz de Frexenal. Dedicado al illustrís- 
simo y ornatissimo señor don Goncalo Hernández 
de Cordoua, Duque de Sessa | marqués de Biton- 
to I Conde de terranoua | y conde de Cabra, ec. (I)- 

El tauro mostrando su fuerga y vigor 
en nuestro hemisperio por muchas vegadas, 
restando del cursso ya doze jornadas, 
las fuergas agenas le ponen furor; 
quando Luciana, con mucho temor, 
del acto venturo mostró su figura, 
veyendo los unos en tanta tristura, 
los otros alegres con gran estridor. 



(1) Este título ocupa la parte inferior de la 1/ págfina. 
debajo de un grabado en madera, que representa una ciu- 
dad murada ardiendo y asaltándola y combatiendo los sol- 
dados. Sobre este grabado hay otros dos representando dos 
bustos de hombres barbados, con una especie de turban- 
tes en la cabeza.— Folleto de seis hojas en 4.°, impreso en 
letra gótica, sin fecha ni lugar de impresión. Por ser ex- 
traordinariamente raro lo reproduzco en estos Apéndices. 



224 

Ya mil y quicientos y mas Teynte y siete» 
llegados después del primo tormento 
que Cristo sufriera por el compliraiento 
de aquella mosayca por mano del prete. 
que administrando con vn gauiñete 
agudo lapídeo la circuncisión, 
fué muy espantado de la perfecion 
del niño Jesús vestido un roquete. 

Entró la potencia del nuestro león 
por el vaticano en el burgo de Roma, 
passando los muros como una paloma, 
haziendo hazañas por admiración 
allí el exelente duque de borbon 
murió de Tállente la espada en la mano, 
diziendo: yo muero contento y hufaDO, 
pues he puesto en roma la hispana nación. 

Allí los hispanos dezian: señor, 
acra es el tiempo que haueys de alegraros, 

pues honra y dineros no pi^eden faltaros, 

que en esta jornada ya soys yencedor: 

do él replicaua, por darles fauor: 

yo voy muy contento en morir el primero, 

á pié á la muralla como cauallero, 

y no en desseruicio de mi emperador. 

Estando en aquestas, el magno clemente 
por entre dos muros comienga á huyr, 
y los cardinales tras el por guarir, 
con furia inuocando al omnipotente 
Santangelo luego guarnido de gente 



225 

allí los recibe cod mucha fatiga, 

diziendo: señores, ved como la liga 

que aqueste houo hecho, le aprouechó niente. 

Do por lo que via, yo tengo el sentido 
turbado, perplexo, de mala manera, 
la mano está presta, la pluma lo espera, 
diziendo: tal cosa no se eche en oluido, 
mas él de continuo se está amodorrido, 
los labios se cieran, la lengua está muda, 
turbado el oydo, la vista ya duda, 
diziendo: no creo que tal haya sido. 

Y es que en sant Pedro, bien junto al altar, 
vi muertos varones de gran merescer, 
que allí se acogían por se preualer 
de aqueste tumulto feroce sim par, 
en la qual yglesia vi otros estar 
muertos, cortadas caberas y manos: 
o padre del mundo, entre los cristianos 
porqué consentistes tal cosa passar? 

Siguiendo victoria, los fuertes hispanos 
hazian gran daño en aquellos pápeseos, 
al tiempo que llegan los fieros tudescos 
matando é hiriendo con golpes profanos, 
ninguno escapara de quantos romanos 
tomaron en medio los imperiales, 
por haberles sido enemigos mortales 
en la lombardia con los venecianos. 

Los imperiales se allí refrescando, 

i5 



226 

los otros refuergan el puente de Sixto 

con gente y bestiones que yo bien he visto, 

en tanto que phebo se va declinando. 

Los cuales al tiempo de estar laborando 

vieron los hispanos en fuerte escuadrón 

y dexan el puente sin mas dilación, 

do los que quedaron murieron gridando. 

Assi como lobos entre los corderos, 
después que los perros son muertos del todo, 
andaban en rhoma con un cruel modo, 
tudescos é hispanos sangrientos muy fieros. 
Los unos á otros, con sed de dineros, 
allí se mataban con mucha crueldad; 
allí lamentándose el frayle y abad 
de libres y esentos los vi prisioneros. 

Allí cardenales y dotos perlados 
fueron metidos en graue prisión, 
muy reverenciados por gran illusion 
con dignos romanos muy ricos y honrados 
hizieron sus tallas de largos ducados, 
después de tomados dineros y ropa, 
las donas passaron sus males en popa 
á las discreciones de nobles soldados. 

AHÍ vi reliquias de santos y santas 
que fueron tomadas por los lutheranos, 
y muy mal tratadas con actos profanos, 
las cuales yo creo del cielo ser plantas. 
Do vírgenes, monjas y donzellas, quantas 
de noble prosapia allí fueron corruptas. 



227 

y las que huyendo passaron las grutas, 
con otras suspensas por pies y gargantas. 

PUERTAS. 

Allí vi la puerta capena y latina, 
y la methiona flaminea asinaria, 
y la lanicaua^, también la salaria, 
y la numentana con la tiburtina, 
la gran portuense, la áurea y colina, 
la apia y setinia con la viridaria, 
y la de sant Ángel con furia nepharia 
jugando pelotas contra la picina. 

Las puertas ya dichas eran ocupadas 
de muertos y biuos con gran confusión; 
do via á los unos pedir confession, 
los otros dineros y joyas preciadas: 
ó gentes crueles, perversas, dañadas, 
•que nunca touistes allí compassion, 
que aun á los que eran de vuestra nación 
heristes, matastes con crudas porradas. 

PUENTES. 

Allí vi la puente theodosiana, 
con la que fue hecha por los senadores, 
cubiertas de sangre haziendo tremores, 
y la valentina con la graciana, 
también vi la otra ques dicha adriana, 
questaba cubierta de muertos assaz, 
y la fabiana con grande solaz, 
pues era repleta de ropas de grana. 



228 



MONTES. 

Allí TÍ muy triste el monte auentlno, 
y el otro de jano con el quirial, 
el monte tarpeyo, también el vinal 
con el lanitario, gridando contino, 
y no me fue innoto el monte inquilino,. 
al qual los tudescos metieron á saco, 
do entonces me vino memoria de caco 
veyendo la furia del gran palatino. 

PALACIOS. 

Yí estar el magno palacio gemente 
con el del senado, y el de octauiano; 
allí el de Nerón con el de Trajano, 
y el de Silvestre y Antonio heminente. 
También el de Romulo vi ciertamente, 
que el santo natal nos festeja contino, 
y el otro de Claudio y el de Constantino^, 
haziendo caricias á tan fiera gente. 

THEATROS. 

Allí vi el theatro que hizo Tarquino 
en el septifolio, y el de Pompeo 
en damaso, triste, con poco meneo, 
do vi lamentarse el que hizo Flamino, 
y á las cathecumbas, si bien lo magino,. 
do Vespasiano se vido en conflilo; 
vi estar mal contento el theatro de Tito, 
que de laudable memoria es Indigno. 



229 



ARCOS TRIUMPHALES. 



Yí el arco triunfante de Vespasiano 
y Tito, do estañan las siete candelas; 
y el de Constantino, onde las nouelas 
se manifestaban al pueblo rhomano. 
Allí vi destruto el Valentiniano, 
que hizo Theodosio y Graciano en memoria; 
y el de Octauiano, perdiendo su gloria; 
y el otro de antonio con el Jualiano. 

ARCOS MEMORIALES. 

E ultra de aquestos que son triumphaleSt 
por muy admirable trabajo fundados, 
notaba otros muchos que son disipados, 
que ahora se nombran los memoriales. 
De aquestos que digo por muy especiales, 
yo vi los que dicen de la piedad 
de la buena dueña con gran voluntad 
echo por su hijo gemidos mortales. 

Por casos guerreros de gran valentía 
estos fueron hechos con gran dilación, 
los cuales notando la hispana nación 
de verlos se rie con gran fantasía. 
Diziendo que el arco que el cielo tenia 
dará testimonio de hechos de españa, 
y que la heminente celeste compaña 
le sea en su vando, que en esto confia. 



230 



THERMAS. 



Allí vi las thermas de Domlciano, 
las hondas cauernas alexandrinas 
y las subterráneas limpiadinas; 
también las resfexas de Maximiano, 
las grutas que bizo diocleciano, 
que siendo el yemal de fuego repletas, 
y en tiempo de estío con aguas quietas, 
eran ocupadas ecbadas á mano. 

Por estas que digo vi entrar los soldados 
buscando la ropa con bacbas ardiendo, 
do unos á otros se yuan siguiendo 
bien mas de dos millas con granes cuydado; 
De aquí mucbas sedas, damascos, brocados, 
assaz oro y plata les via sacar, 
do via que algunos queriendo boltar 
perdían la vida y quedaban burlados. 

TEMPLOS. 

El templo lloraba del gran pantbeon, 
el templo de Marte, también el de Vesta; 
el templo de Eneas, do bizo gran fiesta 
el fuerte Pompeo con gran affeccion; 
el do el secretario del crudo Nerón 
estaba, y el templo de Venus, no solo 
con el oratorio del lucido apolo, 
y el de la Minerua y castelo, junon. 



231 

Las fiestas pasadas que allí se haziaii, 
plazeres, solacios sin cabo, sin cuento, 
allí fueron bueltas en graue tormento, 
pues la libertad y la ropa perdían, 
quedando con vida que en poco tenían, 
las perdidas otras les via dezir, 
aunque no cessaban de siempre gemir 
por los desonores que allí padescian. 

CAPITOLIO. 

Vi el gran capitolio, do Cesar tenia 
su templo y do phebo su magno palacio, 
y hércules otro, que hizo despacio; 
y archiles el suyo con gran fantasía; 
el templo de juno allí se incluya; 
también el de jano con el de carmento, 
de do octaviano muy mas que contento 
á dios hijo vido y su madre maria. 

COLISEO. 

Vi el gran Coliseo con muchas cauernas, 
quel papa silvestro mandó derrocar, 
onde se solía el gran phebo sentar, 
con ñera persona y muy luengas piernas, 
estaba cercado de muchas linthernas, 
onde su cabega tocaua en el cielo, 
mas ora el cuytado no tiene consuelo, 
pues tiene fatigas que son sempiternas. 

AUi yo no via representaciones, 



232 

según en el tiempo de phebo solia, 
mas vi lanxquineques con gran tiranía 
matando las donas con niños varones; 
allí los romanos seyendo en prisiones 
les vi muy humildes quebrada la hiél, 
los buenos menores les vi por nibel 
medidos á palos por sus presunciones. 

La mucha soberuia de los memorados 
la vi tan perdida que no tiene medio, 
pensando cuydosos cargados de tedio, 
y entrando la furia muy desatinados, 
do ya las hazañas y cuentos narrados 
aquí fenescieron con esta de aora, 
y los edificios de tanta demora 
desde hoy mucho menos serán estimados. 

AGUJA. 

Notaua el aguja en el vaticano 
con el sacro tagio de cesar se incluye, 
onde la natura mirando se excluye, 
diziendo ser puesta por arte inhumano; 
vi triste el caballo, con el aldeano 
que dio libertad á roma y su gente, 
del muy poderoso rey magno de oriente, 
que aora ha pagado su coyto profano. 

Otros hedificios vi muy inefables, 
con mil subscriciones de lindas figuras, 
los éreos cauallos y las sepulturas, 
con los epitaphios de casos notables; 



233 

allí las cenizas de los venerables 
en éreos pomos altas parescian; 
mil vultos marmóreos allí se ofrecían 
de tanta grandeza que son admirables. 

Allí los infantes mil arcabuzazos 
les vi que tirauan por gran puntería, 
diciendo: pues estos con gran fantasía 
aquí por memoria pusieron sus azos, 
aora, pues somos llegados á plazos, 
es bien saludarles sus nobles cenizas, 
que si son excelsas ya son muy cedizas 
con sus epitaphios labrados de lazos. 

Do los florentinos muy determinados 
llegaron á tiempo muy cerca de rhoma, 
empero temiendo la españa, que doma 
los reyes excelsos con los principados, 
les vi que tornaron, quedando amenguados 
la buelta de sena con mucho temor, 
do el papa sintiendo con gran disfauor 
vi que se rendía con otros perlados. 

Notando el triunpho del papa Clemente, 
el fausto tan grande de los cardenales, 
la gran rutilancia de los principales 
rhomanos honrados con la común gente. 
Sintiendo la gloria del pueblo valiente 
con tantos de hijos triunfantes lasciuos, 
me tiemblan las carnes por verlos catiuos 
de pobres hispanos por modo furente. 



234 

Do viendo la peste andar tan horrible 
quel orbe mundano no vido su par, 
assaz temeroso me vi titubar, 
notando ser muerte tan aborrescible, 
y pues mi deseo me fue tan falible, 
por ser los negocios en tal suspensión, 
me fué para el reyno sin la condusion 
de lo que esperaba, pues era impossible. 

Laiidetur cJiristus (1). 



(T) Sigue en la última hoja un Romance en el qnal el 
autor narra su nascimiento. 

En Frexenal de la Sierra 
nascí yo desuenturado 



^^ 



III. 



Minuta de bula de Clemente Vil, escrita en el Castillo 
de Sant Angelo, excomulgando á los autores y 
ejecutores de su prisión. 

Ha publicado este importante documento en 
la Revista titulada Archimo síórico italiano (1) eí 
distinguido erudito Comm. César Guasti, ha- 
ciéndolo preceder de atinadas y juiciosas con- 
sideraciones. 

Comienza éstas asentando la extrañeza de 
que ninguno de los escritores que han tratado 
del Saco de Roma haga mención más ó menos 
directa de esta bula. Y, sin embargo, en nues- 
tro citado libro Memorias para la historia del asalta 
y saqueo de Roma en 1527, pág.,275, en una carta 
del secretario Pérez al Emperador, de 2 de se- 
tiembre de 1527, se lee el siguiente párrafo: 

«Creo que Alarcon enviará á V. M. la copia 
de una bulla que Su Santidad ha hecho nueva- 
mente, en que da orden cómo se ha de elegir 



(1) Tomo XV.— Dispensa 1.^ del 1885. 



236 

Pontífice faltando Su Santidad En fin, los 

que han visto la dicha bulla hallan que no 
es perjudicial á nadie; pero quieren decir que 
si no delibran á Su Santidad, que tietie hecha 
otra bulla en que descomulga á todos los que le tienen 
preso y son en que esté así, en dicho ^ hecho ó consejo, 
y que ¡jorná entredicho general en toda la christian- 
dad: no se sabe esto por cosa cierta, pero di- 
cese.» 

Opina el Sr. Guasti que esta bula fué escrita 
en los primeros días de la prisión del Pontífice; 
pero en nuestra opinión lo fué bastante más 
adelante, quizá poco antes de la fecha de la 
citada carta del secretario Pérez, cuando el 
Papa perdió toda esperanza de ser prontamente 
socorrido y librado por sus aliados, y cuando 
comenzó su existencia y la de los prelados que 
le acompañaban á correr graves riesgos por las 
exageradas pretensiones de los alemanes. 

Sufrió esta minuta de bula varias correcciones 
de diversas manos, según indica el referido 
Sr. Guasti, entre ellas la del Cardenal Lorenzo 
Pucci (Sanctiquatro), entre cuyos papeles se 
ha encontrado recientemente este curioso do- 
cumento. Puso también mano en ella otro emi- 
nente prelado que, á juzgar por su tendencia á 
suavizar y templar ciertas frases fuertes y enér- 
gicas, debía pertenecer al partido cesáreo. Otra 
tercera mano debió ser la del que primeramen- 
te la redactó. 

Fácilmente se comprende que no llegó á pu 
blicarse esta bula por no empeorar la situación 



237 

del Pontífice con las gravísimas declaraciones 
en ella insertas. Tampoco se ha encontrado 
registrada en el Archivo del Vaticano. 
Dice así: 

Adjuturam rei memoriam. 

Considerantes ac saepius non sine lachrimis 
incredibilique animi moerore apud nos per- 
pendentes, quod olim beato Petro primo Christi 
vicario sub Herode rege, ac plerisque alus post 
eum Ro. Pontificibus etiam á magni Constan- 
tini temporibus, cum prima illa in Christianos 
persecutionis rabies deferbuit, ac pió eiusdem 
Constantini edicto plena in toto orbe Terrarum 
de persecutoribus Christi victoria est parta, 
sub diversis regibus et principibus aliquando 
evenit, idem quoque nobis, qui ab exercitu 
charissimi in Cristo filii nostri Caroli in Impe- 
ratorem electi cum venerabilibus fratribus nos- 
tris S. R. E. Cardinalibus in ipso Sancti Angelí 
Castro post obsidionis deditionisque nostrae 
tolerantiam detinemur inviti, nulla sane alia 
culpa nostra, quam nimio forsan tuendarum 
ecclesiasticarum rerum studio, et comunis ín- 
ter christianos principes ineudundae pacis de- 
siderio evenisse: meditantcsque insuper non 
aliunde quam ex Dei muñere, et orationibus 
quae pro iis sine intermissione ñebant ab Ec- 
clesia (1), processisse ut tam ipse beatus Petrus 



(1) Añadido al margen desde et orationibus, hasta Ec^ 
ciesiü.— Todas estas notas son del Sr. Guasti. 



238 

Apostolorum prioceps cathenis solutas, caree - 
reque ereptus, de manu Herodis et ab omni 
expectatione plebis ludeorum liberan, quam 
tot alii Ro. Pontífices successores sui, post odia, 
simultates, insidias, persecutiones , carceres. 
exilia, quae pro fide, pro religione, pro iustitia, 
passi fuerant, ad pristinum salutis suae sola- 
tium ac dignitatis fastigium et potestatis im- 
perium restituí mererentur: in hac ipsa nostra 
venerabiliumque fratrum nostrorum captivita- 
te, ad Deum imprimís (Deus enim noster refu- 
gium et virtus, adiutor in tribulationibus quae 
invenerunt nos nimis) confugiendum, eiusque 
opem et gratiam asslduis orationibus implo - 
randum esse censuimus. Non quidem quod, 
pro libértate Ecclesiae sponsae nostrae tuenda 
carcerem pati indignum aut arduum repute- 
mus, cum pro ea mortem etiam sustinere et 
gloriosum et suavissimum, cum Del adiutorio, 
duceremus; sed quia universo Christiano gregi 
nihil gratius, nihil opportunius, nihil quod ma- 
gis ad animi corporisque eius salutem confe - 
rat (1), quam liberam pastoris sui praesentiam 
arbitramur; Propheta Ínter coetera conqueren - 
te, quod charissimos filies, tanquam oves erran- 
tes sine pastore, prophetiae spiritu praevideret. 
Ea propter ut nostram, immo totius Ecclesiae, 
libertatem ab ipso Deo qui nos in adoptionem 



(1) Escrito primeramente: Salutem collaturwn sit: co 
rregido después: ¿>alutern sit collaturum; y cambiado por 
ñnenconferat. 



239 

suam coelestem non ut ancillae sed ut liberae 
filios vocavit atque suscepit (1), tanto facilius 
impetremus, quauto pro ea plures in Ecclesia 
supplicabunt; testante Evangelio «De quacun- 
que re dúo aut tres ex vobis consenserint super 
terram, omnia fient vobis á Patre meo» (2): ha- 
bita super his cum venerabilibus fratribus nos- 
tris S. R. E. Cardinalibus praefatis matura de- 
liberatione, et de eorum consilio unanimique 
consensu, universis Patriarchis, Archiepisco- 
pis (3), Episcopis, et alus Ecclesiarum Prelatis, 
ac dilectis fliiis monasteriorum Abbatibus et 
Prioribus et Ordinum quorumcunque Generali- 
bus, in virtute sanctae obedientiae, ac per eam 
charitatem quae nos omnes invicem membra 
Cristi effecit (4), et quae corpus ipsum, ut vi- 
tam habeat et abundantius habeat, a capite 
nullatenus separari permittit, pie ac paterne 
iniungimus, ut tam ipsi quam universae eorum 
civitates terrae loca dioceses monasteria con- 
ventus cougregationes ac ordines universi 
praefati; triduano prius ieiunio, quo purius ad 
orandum culusque mens elevetur, indicto (5) 



(i) Decía primeramente: Deo, qui in adoptionem suam. 
non ut ancillae sed nt liberos filios, nos suscepit. 

(2) Habíase escrito antes: testante EvangbliOj super 
quacunque re duo aut tres ex vobis consenserint, omnia 
fíent vobis a Patre meo. 

(3) Añadida al margen esta palabra. 

(4) Después de effecit añadióse et facit assidue, quedan- 
do al fin tachada esta frase. 

(5) Añadido al marg-en desde triduano hasta asta pa- 
labra. 



240 

assiduas pro nobis, quousque a detentione tam 
impia liberemur, ad Deum preces orationes 
supplicationesque publicas et privatas insti- 
tuant, proponant et habeant; sibique ad memo- 
riam reducendo, quae piae memoriae Grego- 
rius papa X praedecessor noster in Concilio 
Lugdunensi universis Christifidelibus, occu- 
rrente Pontificis obitu (1), orationum suffragia 
iniunxit (2), nihil pro restitutione nostra remis- 
sius orent, quam ille (3) pro uovi creatione 
Pontificis orandum esse mandavit (4); cum la- 
chriinabile quidem sit Ecclesiam Dei sponso 
suo orbari, sed (5) longe quidem lachrimabilius 
Ecclesiam ipsam legitime desponsatam et per 
annos iam (6) quattuor sponso iunctam, grata 
postmodum nimiumque, ad regendum domum 
alendumque fllios et innúmera tanti matrimo- 
nii onera sustinuendum necessaria sponsi sui 
praesentia frui non posse; plenamque in Domi» 



(1) Y añadía: vivens adhuc; después se tachó. 

(2) Decía: suffragia imploravit; una mano corrig-ió: 
imploranda statuit; y otra lo tachó, sustituyendo esta 
frase por iniunxit. 

(3) Está añadida esta palabra. 

(4) Decía primeramente praecipitnr. 

(5) Estaba primeramente escrito: sponso suo orbari, de 
quibus (Una mano añadió al marg-en: pulcre in sacro elo- 
quio) Sapienha lusit, cerva charissima et gratissimiis 
himnulus. Pero esto fué tachado, complaciendo al que 
sostuvo y apostilló en el margen: haec interlineata omit- 
terem. 

(6) Esta palabra está añadida. 



244 

no fiduciam nobiscum obtineant, si pie si inces- 
santer oratum fiierit, brevi futurum, utDeus et 
Salvator noster lesus Christus, cui si non Petri 
aliorumque sanctorum Ro. Pontificum aequali- 
bus meritis, pari tamen potestate succesimus, 
faciat pacem in diebus nostris, et reconcilietur 
nobis in tempore malo, propicieturque iniqui- 
tatibus nostris, et in misericordia et miseratio- 
nibus nos coronet, iugumque captivitatis nos- 
trae dissolvat et de interitu vitam nostram re- 
dimat, ac tanto denique gaudio nos Ecclesiae, 
Ecclesiam nobis restituat , quanto utrunque 
prius moerore seiunxerat. Yerum cum per 
apostolum Paulum, vas electionis magistrum- 
que gentium, scriptum sit «Coadiutores Dei su- 
mus,» saepiusque Ínter ipsa inscrutabilia Dei 
indicia observare licuerit non uno eodemque 
modo, sed aliter atque aliter profundissimam 
divinae sapientiae altitudinem, nunc in hyla- 
ritate miserendo nunc in severitate corripien- 
do, ut magis expediré cognoverit, salutem in 
medio terrae mortalium operan, orationesque 
propterea et preces Sanctorum eo usque gratas 
habere et dono gratiae suae dignas efficere, ut 
humana (1) Ínterin remedia quae Sancti eius 
divinitus inspirati excogitarunt, et in scriptis 
suis posteritati fldelium commendarunt, mini- 
rae contemnantur (2) non incongruum et in- 



(1) Decía primeramente: ut non tamen humana. 
{¿) Añadido: non contemnantur, y sustituido después 
desde minime hasta non. 

16 



242 

fructuosum nec a pietate pontificia alienum fore 
duximus, si praeter pia universalis Ecclesiae 
implorata suffragia, severum aliquid apostólica 
auctoritate per nos decerneretur, quod autho- 
res ministrosque captivitatis nostrae vehemen- 
tius commoveret, eorumque corda acrius extl- 
mularet et pungeret; dicente Scriptura «Tange 
montes et fumigant:» id quod in eiusdem Dei 
ac domini nostri lesu Christi passione et morte 
contigisse compertum est, quando, inter tot 
divinae pietatis insignia quae crucifixorum 
corda mulcere debebant, non prius Centurio 
ipse et qui cum eo erant custodientes lesum in 
ligno pendentem clamore valido confessi sunt 
<^Vere ñlius Dei erat iste,» quam cum sol obscu- 
ratus est, et tenebrae factae sunt super univer- 
sam terram, et motus terrae factus est magnus, 
et petrae scissae sunt, et velum Templi in duas 
partes a summo usque deorsum discissum est. 
Ea de re, ad memoriam reducentes quae sacri 
cañones Romanorumque Pontificumsanctiones 
et ortodoxorum Conciliorum decreta adversus 
omnes et singulos cuiusvis ordinis dignitatis 
et gradus qui, suadente diavolo, violentas ma- 
nus in clericos in episcopos in cardinales in 
Pontífices Ro. injicerent, cosque nefario auso 
captivare aut alias in vitos detinere vel fraudu- 
lenter decipere non pavescerent, constitue- 
runt, decreverunt et promulgarunt; ne nos 
aut dignitatem pontificiam in qua sumus, cu- 
ius splendorem ut diligentius intueamur mo- 
net Spiritus Sanctus, cum animam nostram 



■ 



tilloquitur. «Si (1) ignoras te, o pulcherrima Ín- 
ter mulieres, egredere, et abi post vestigia 
gregum tuorum, et ibi pasee haedos tuos iuxta 
tabernacula pastorum,» aut tot venerabilium 
fratrum nostrorum Cardinalium et Episcopo- 
rum, qui in eadem nobiscum capti vítate sunt 
positi, de quibus etiam ab apostólo Paulo ad- 
monemur «Qui suorum^ inquit, curam non ha- 
bet, fidem negavit et est infideli deterior,» 
salutem atque honorem vel ignorare vel con- 
temnere videamur (2): cum eisdem Cardinali- 
bus maturaque deliberatione praehabita, ac de 
eorundem consilio unanimique consensu, Pa- 
triarchis, Archiepiscopis , Episcopis, sub in- 
terdicti ingressus ecclesiae et suspensionis a 
divinis, Abbatibus vero et Prioribus ac Ordi- 
num quorumvis generalibus praefatis, sub in- 
dignationis nostrae et excomunicationis latae 
sententiae ac privationis omnium beneficiorum 
poenis (3), praedecessorum nostrorum Ro. Pon- 
tificum, et praecipue piae ac sanctae memoriae 
Sylverii papae et martyris, qui detentionis et 
expulsionis suae authores formidabili (4) ana- 



cí) Decía: intueamur monet Spiritits Sanctus, in- 
quiens si...; se corrigió lueg-o: nostram monet mentem; y 
borradas estas palabras, quedó escrito como arriba se lee. 

(2j Después de videamur, decía: comminante etiam. 
Evangelio Ignorans ignorabitur, palabras que fueron ta- 
chadas. 

(3) Decía: poenis districte. 

(4) En vez de formidabili^ decía perpetuo. Uno aposti- 
lló: Istud verbum perpetao omitterem, y otro lo sustitu- 
yó con la palabra formidabili. 



244 

thematis apostolici malleo percussit confregit 
attrivit, vestigiis in haerendo, districte praeci- 
pimus et mandamus, ut tam per se vicariosque 
suos quam per omnes Verbi Dei praedicatores^ 
ne quis forte Canonum ignorantiam praeten- 
dere ullo modo possit, palam et publice íd 
eorum ecclesiis monasteriis conventis et locis^ 
ubi opportunius fore videbitur, omnes et sin- 
gulos qui nos et Cardinales atque Episcopos 
fratres nostros captivos detinent seu deten- 
tionem hanc ipsam nostram ratam gratamque 
habent (1), seu ad id consilium auxilium et 
favorem palam seu occulte quomodo libet 
praestant, iuxta priscorum sacrorum Canonum 
determinationem, quos cum poenis in eis con- 
tentis approbamus et innovamus, excomuni- 
cationis sententia innodatos perpetueque ad 
honores dignitates et muñera inhabilitatis in- 
capacitatisque nota affectos, civitates autem 
térras et loca illis subiecta ecclesiastico inter- 
dicto supposita esse, declarent atque denun- 
tient, proutnos per praesentes denuntiamus et 
declaramus: singulisque Patriarchis Archiepis- 
copis et Episcopis per praesentes mandamus, 
ut in eorum civitatibus et diocesibus, quas 
propter huiusmodi nostram detentionem eccle- 



(1) Seg-uía después de gratamque habent uvel habere 
videntur,» pero una mano subrrayó estas tres palabras y 
escribió al margen: 'Ista verba interlinéala oinilterem, 
quia ex siispicione tam gravi poena non sunt affligendi, 
Y por esta causa fueron tachadas. 



245 

^iastico interdicto praesentium vigore subieci- 
mus, detentione huiusmodi nostra durante, a 
divinorum celebratione et campanarum pulsa- 
tione, quam primum praesentium literarum 
notitiam habuerint, cessent et ubique cessari, 
ac omnia et singula alia in Canonibus contra 
talia in Pontiñcum Episcoporum Cardinalium- 
que personas nepharie praesumentes hactenus 
editis contenta observent eaque ab ómnibus et 
singulis Christifidelibus eis subiectis inviolabi- 
liter observan faciant sub eisdem poenis et 
mandent (1): ea spe eaque freti fiducia, ut de- 
tentionis nostrae huiusmodi authores atque 
ministri, quorum hactenus aegris oculis odiosa 
fuit Ecclesiae lux, cum filios tenebrarum de- 
claratos se senserint (2), fllii lucis esse inci- 
piant, et qui prius ab Ecclesia quotidie refecti 
exprobrare non desinebant «Stomachus noster 



(1) En lugar del período que empieza: Singulis Pa- 
triarchis, y acaba en esta palabra,, escrito todo en el mar- 
gen, se había primeramente redactado: síngulique eorum 
qui patriarchatus episcopatus prioratus monasteria vel 
generalatus huiusmodi in dictis locis ecclesiastico, sic 
ut praefertur, interdicto subiectis habuerint vel exercue- 
rintj detentione nostra durante, á divinis quamprimum 
cessent, campanas non pulsent, coeteraque alia cuneta 
sub eisdem poenis et faciant et observent, quae interdic- 
ti anathematisque apostolici, vel simili vel quavis alia 
utcunque urgentissima causa appasiti, cum tamen hac 
una pro qua hodie apponitur urgentior inveniri non 
qiteat, tempore et locis fieri ac observari a cunctis Chris- 
li/ldelibus cuiuscunque gradus et conditionis extiterint, 
vel consiteverunt vel debuerunt... 

(2) Decía: noverint. 



246 

nauseat super cibo isto levissimo,» quotidiana 
eis postea refectione sublata, lamentan non 
cessent «Languerunt oculi nostri prae ino- 
pia;» atque ita materna correpti disciplina 
(corripit enim fllios suos et morti non tradit 
mater Ecclesia), ut olim Filistei, a Deo percus- 
si, arcam foederis a se abdicarunt, et ad sanc- 
tum Dei populum remiserunt; sic Ro. Pontifi- 
cem, animatum Dei templum et praecipuum ac 
singulare Spiritus Sancti sacrarium (1), cum sa- 
cratissimo Cardinalium Episcoporumque coetu, 
quorum numero Salvator noster lesus haberi 
non est dedignatus, haud quaquam ulterius 
penes se captivum sea per vim retinendum 
censeant, sed ita disponant, ita decernaiit, ut 
nos cum eisdem venerabilibus fratribus nostris 
ad almam Urbem nostram, ad ipsam beati 
Petri sedem, longe iustius et laudabilius quam 
inde eiecti sumus, restituamur: in qua seden- 
tes, ac in amoenissimo Ecclesiae sponsae nos- 
trae sinu illud ludentes «lam hyems transiit, 
imber abiit et recessit, flores apparuerunt in 
térra nostra, et tempus putationis advenit,» 
quae pium, quae providum, quae zelotem (2) 
Ecclesiae Dei pastorem decent, in honorem et 
laudem nominis sui, quod est benedictum in 



(1) Añadido: animatinn Dei. En vez de praecipuum, se 
escribió unicum. Una mano escribió: islud verbum et 
unicum delerem; y el Cardenal Pucci sustituyó; pro*- 
cipuum, 

(2) Añadido: quae zelotem. 



247 

saecula, ac pusilli nobis commissi gregis, cui 
regnum daré placuit coelesti Patri, utilitatem 
atque salutem, quantum cum Deo licuerit, li- 
beris animis liberisque consiliis exequi valea- 
mus. Et quia difficile foret ad singula quaeque 
loca praesentes literas deferre, volumus et 
dicta aucthoritate decernimus, quod illarum 
trasumptis manu publici notarii inde rogati 
subscriptis, et sigillo alicuius prelati seu alte- 
rius personae in dignitate ecclesiastica consti- 
tutae munitis, ea prorsus fides indubia in iudi- 
cio et extra et alias ubilibet adhibeatur, quae 
praesentibus adhiberetur, si originales ipsae 
exhibitae forent aut ostensae (1). Quarum qui- 
dem publicationem, non pastoralis officii nos- 
tri inmemores aut pressuram Ecclesiae spon- 
sae nostrae, qua nimium laboravit, dissimu- 
lantes, sed pia quadam futurae liberationis 
nostrae, quae variis quotidie rumoribus certis- 
que nuntiis magis magisque augebatur, spe 
detenti, in praesentem usque diem distulimus. 
Qua postmodum spe si non omnino frustrati, 
diutius tamen quam quis existimasset unquam 
destituti, ne oblivione aut ignavia, quae si 
diuturnior foret quandam potius paternae im- 
pietatis speciem praeseferret, redargüí mere- 
remur, has tándem praesentes literas expediri 



(1) Lo que sigue hasta Nulli erg o es de mano del más 
frecuente de los correctores, y tiene tachaduras y correc- 
ciones como escrito de primera intención. 



248 

fecimus ac publicar! mandavimus. Nulli er- 
go, etc. Dat., etc. 



Por otros autores se ha asegurado que Cíe 
mente VII no despachó documento alguno 
eclesiástico durante su larga cautividad. El 
mencionado secretario Pérez se hace también 
cargo de este rumor, manifestando que (1): «El 
Papa está determinado de no signar ni despa 
char cosa ninguna en tanto que está en el cas- 
tillo.» Pero aparte de los documentos de esta 
clase insertos en mis Memorias^ he visto muchos 
otros originales fechados in Arce Sandi Angelí^ 
durante el tiempo de su prisión. 



(1) Memorias para la historia del asalto, etc. Carta de 
Pérez al Emperador. Roma, 27 junio, 1521. pág. 227. 






IV. 



Después de la publicación de mis Memorias 
¡para la historia del asalto^ he tenido ocasión de 
ver original el siguiente interesante docu- 
mento: 

«El Emperador al Capitán D. Alonso de 

CÓRDOBA. 

Madrid, 16 setiembre, 1528. 

»E1 Rey. 

»Don Alonso de Cordoua: Porque confiamos 
tanto de la bondad y santidad de nuestro muy 
Sancto Padre que sin premia ni torcedor algu- 
no entreterná nuestra amistad y juntamente 
con esto cumplirá enteramente todo lo que nos 
ha prometido hazer por servicio de Dios nro. 
Señor y bien de la chistiandad, pues á esta 
causa habia dado esa ciudad y fortaleza de 
Ciuita Vieja en rehenes, y nuestra intención 
non es que le sea más detenida: Por la presen- 
te escrevimos agora al Illustre Príncipe Do- 
ranges como nuestro Capitán general, él os 
mande de nuestra parte que sin dilación algu- 



250 

na entreguéis y restituyáis á nuestro muy San- 
to Padre, ó á la persona ó personas que para 
esto su Santidad nombrare, essa ciudad y for- 
taleza, que en nuestro nombre tenéis con todo 
lo que dentro della hallastes al tiempo que vos 
fue entregada. Por ende os mandamos que lue- 
go que el dicho Príncipe doranges os ordenará 
lo susodicho, lo pongáis así por obra, sin poner 
en ello dificultad, dilación ni contradicción al- 
guna, que esta es nuestra determinada volun- 
tad é así cumple á nuestro servicio. Fecha en 
Madrid á xvi días de Septiembre de DXXVIII. — 
Yo el Rey. — (Hay un sello de cera con las ar- 
mas imperiales.) — Por mandado de su Magt.— 
Juan Alemán. — (Al dorso:) Por el Rey— A Don 
Alonso de Córdoua, su capitán, que tiene en 
rehenes la fortaleza de Ciudad vieja.» 



FIN DE LOS APÉNDICES. 



A 



índice de materias. 



Págs. 

Introducción 1 

Capítulo I. — Desde la latalla de Pama hasta la 

salida de Francisco I de Italia 3 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 

2 marzo 1525 13 

Lope de Soria al Emperador.— Genova 

5 abril 1525 27 

Alonso Sánchez al Emperador. — Vene- 

cia 18 abril 1525 33 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 

20 abril 1525 33 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 

27 abril 1525 36 

El Virrey de Ñapóles al Emperador. — 

Picigueton 7 mayo 1525 37 

Lope de Soria al Emperador.— Genova 

12 mayo 1525 38 

El Abad de Nájera al Emperador.— Pe- 

ciguiton 12 mayo 1525 39 



252 ^^^^ 

Págs. 

El Duque de Milán al Emperador.— 
Milán 10 junio 1525 40 

Capítulo II. — Desde la salida de Italia de 
Francisco I hasta la muerte del Marqués de 
Pescara y conclusión del Tratado de Madrid» 65 

El Abad de Nájera al Emperador.— Mi- 
lán 14 junio 1525 73 

El Emperador al protonotario Marino 
Caracciolo.— Toledo 21 junio 1525. . . 76 

El Duque de Sesa al Emperador. — Ro- 
ma 19 junio 1525. 76 

Lope de Soria al Emperador. — Sestri 7 
julio 1525 78 

Lope de Soria al Emperador. — Sestri 7 
julio 1525 78 

El Abad de Nájera al Emperador. — 8 
julio 1525 79 

Lope de Soria al Emperador.— Sestri 14 
julio 1525 80 

Lope de Soria al Duque de Borbón. — 
14 julio 1525 80 

Lope de Soria al Emperador. — Sestri 
27 julio 1525 81 

Lope de Soria al Emperador. — Sestri 6 
agosto 1525 82 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
9 agosto 1525 83 

El Duque de Sesa al Emperador. — Ro- 
ma 14 agosto 1525 83 



253 

Págs. 

El Abad de Nájera al Emperador. — . 
Yerceli 20 agosto 1525 84 

Lope de Soria al Emperador. — Sestri 
21 agosto 1525 86 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
14 setiembre 1525 87 

El Abad de Nájera al Emperador. — 
Milán 21 setiembre 1525 89 

El Abad de Nájera al Emperador. — 
Milán 26 setiembre 1525 89 

Lope de Soria al Emperador. — Saona 
27 setiembre 1525 91 

Lope Hurtado de Mendoza al Empera- 
dor. — Novara 15 octubre 1525 92 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
17 octubre 1525 93 

El Virrey de Cataluña al Emperador. — 
Barcelona 18 octubre 1525 , 94 

Lope Hurtado al Emperador. — Milán 
5 noviembre 1525 95 

El Duque de Sesa al Emperador. — Ro- 
ma 12 noviembre 1525 95 

Lope de Soria al Emperador.— Genova 
17 noviembre 1525 96 

El Duque de Sesa al Emperador. — Ro- 
ma 23 noviembre 1525 98 

El Abad de Nájera al Emperador. — 
Milán 25 noviembre 1525 99 

El Duque de Sesa al Emperador. — Ro- 
ma 30 noviembre 1525 101 



254 

Págs. 

Lope Hurtado de Mendoza al Empera- 
dor.— Milán 1.° diciembre 1525 102 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
3 diciembre 1525 102 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
5 diciembre 1525 103 

Lope Hurtado de Mendoza al Empera- 
dor. — Milán 6 diciembre 1525 104 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
23 diciembre 1525 108 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
27 diciembre 1525 109 

Lope Hurtado al Emperador. — Milán 
22 enero 1526 110 

Capítulo HL — Desde la vuelta de Francisco I 
á Francia hasta la ruptura de hostilidades de 
los Estados italianos contra el Emperador, . . 113 

El Marqués del Gasto al Emperador. — 
Milán 26 febrero 1525 117 

Lope Hurtado al Emperador. — Milán 12 
marzo 1526 118 

El Comendador Herrera al Empera- 
dor. — Roma 16 marzo¡1526 119 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán 19 abril 1526 120 

El Emperador al Abad de Nájera. — Se- 
villa 27 abril 1526 120 

El Duque de Sesa al Emperador. — Ro- 
ma 4 mayo 1526 121 



%5S 

Págs. 

El Emperador al Duque de Sesa.— 4 
mayo 1526 121 

El Emperador al Comendador Herre- 
ra.— 4 mayo 1526 122 

El Emperador á Lope de Soria.— 8 ma- 
yo 1526 123 

El Emperador á Lope Hurtado. — 8 ma- 
yo 1526 123 

Lope de Soria al Emperador.— Genova 
24 mayo 1526 124 

El Duque de Sesa al Emperador. — Ro- 
ma 25 mayo 1526 125 

El Duque de Sesa al Emperador. — Ro- 
ma 26 mayo 1526 125 

El Comendador Herrera al Empera- 
dor.— Milán 2 junio 1526 126 

Lope Hurtado al Emperador. — Milán 2 
junio 1526 127 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán 2 junio 1526 128 

El Abad de Nájera al Emperador.— Mi- 
lán 27 junio 1526 129 

El Duque de Sesa al Emperador. — Ro- 
ma 7 junio 1525 132 

Lope Hurtado al Emperador. — Milán 8 
junio 1526 132 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán 9 junio 1526 133 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
10 junio 1526 133 



256 

Págs. 

Alonso Sánchez al Emperador. — Vene- 
cia 13 junio 1526 133 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
28junio 1526 134 

El Secretario Juan Pérez al Empera- 
dor.— Roma 3 julio 1526 136 

Capítulo IV. — Desde la renovación de la gue- 
rra en Italia contra Carlos F, Tiasta la salida 
del ejército impeHal de Milán 139 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
8 julio 1526 144 

El Secretario Pérez al Emperador. — Ro- 
ma9juliol526 146 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán lOjulio 1526 146 

Lope Hurtado al Emperador. — Chama- 
ri 18 julio 1526 149 

Lope Hurtado de Mendoza al Empera- 
dor.— Chamari 18 julio 1526 149 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
19 de julio 1526 151 

El Emperador á Lope de Soria. — Gra- 
nada 21 julio 1526 152 

El Abad de Nájera al Emperador.— Mi- 
lán 28 julio 1526 152 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán 27 agosto 1526 154 

Descifrado de carta del Marqués del 
Gasto para el capitán Joan Bap. Cas- 



257 

Págs. 

taldo y Gutiérrez. — Milán 28 agosto 
1526 155 

El Secretario Pérez al Emperador. — Ro- 
ma último de agosto 1526 161 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
2 setiembre 1526 162 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán 10 setiembre 1526 164 

Lope Hurtado al Emperador. — Genova 
17 setiembre 1526 166 

El Infante D. Fernando á Alonso Sán- 
chez.— 20 setiembre 1526 167 

El Maestro Salamanca al Emperador. — 
Roma 25 setiembre 1526 168 

El Comendador Aguilera al Empera- 
dor.— Roma 3 octubre 1526 169 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
28 setiembre 1526 170 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán 3 octubre 1526 170 

Alonso Sánchez al Emperador. — Vene- 
cia 4 octubre 1526 173 

Lope de Soria al Emperador. — Genova 
14 octubre 1526 174 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán 28 octubre 1526 175 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán 19 noviembre 1526 178 

El Abad de Nájera al Emperador. — Mi- 
lán 5 diciembre 1526 180 

47 



258 

Págs. 

Capítulo Y. — Desde la salida del ejército iU' 
Xterial de Milán hasta el asalto de Roma 183 

Apéndices 207 

I.— L' ordine per lo quale se paga la fante- 
ria spagnuola con li auantagi e lo se- 
quente 209 

II. — Triumpho pugnico lamentable: sobre 
la profana entrada y saco de la alma ciu- 
dad de Roma. Hecho por Vasco Díaz de 
Frexenal 223 

III. — Minuta de Bula de Clemente YII es- 
crita en el Castillo de Sant Angelo, exco- 
mulgando á los autores y ejecutores de 
su prisión 235 

lY. — Carta del Emperador al capitán don 
Alonso de Córdoba, mandándole entregar 
al Papa la ciudad y fortaleza de Civita- 
vieja que conservaba en rehenes. Madrid 
16 setiembre 1528 ....... 249 






índice de nombres propios. 



Abad de ü' ajera (El), comisario del ejército im- 
perial, págs. 25, 39, 50, 51, 52, 59, 67, 73, 79, 
S4, 89, 99, 113, 120, 128, 129, 133, 146, 152, 154, 
164, 166, 170, 171, 175, 178, 180, 187, 200. 

Adorno ( Antonioto^ Duque de Genova, páginas 
10, 12, 28, 30, 58. 59, 78, 80, 82, 87, 103^ 163. 

Adornos (Los). Casa ilustre de Genova, páginas 
28.30. 

Agailera (El Comendador), pág. 169. 

Alarcón ^Hernando de), págs. 5, 15, 43, 53, 57, 
59, 66, 75, 183. 

Albaiiés (Clemente), maestro de correos, pági- 
na 102. 

Albania (El Duque de), págs. 7, 14, 20, 27,35,42. 

.41dana (El capitán), pág. 130. 

Alemán (Juan), pág. 250. 

.4lgona$$a (El Marqués de), pág. Q)Q. 

Almirante de Fraueia El), pág. 12. 

Allamira (El Conde de), pag. 179. 

.4rezzo (Pablo de), pág. 194. 



260 

Arias (Pedro), pág. 220. 
Arzobispo de Toledo (El), pág. 83. 
Ayamonte (El Conde de), pág. 203. 
Bayus (El Obispo de), pág. 100. 
Berrio (Cristóbal de), pág. 221. 
Beurre (Mr. de), pág. 50. 
Billia (El caballero), pág. 93. 
BorbÓD (El Duque de), págs. 5, 7, 24, 31, 36, 39, 
46, 50, 52. 59, 65, 70, 73, 74, 79, 80, 81, 83, 85, 
88, 89, 90, 91, 94, 114, 116, 117, 119, 120, 121, 
135, 145, 146, 147, 152, 153, 155, 160, 162, 166, 
171, 172, 174, 176, 177, 178, 184, 185, 186, 187, 
188, 190, 191, 192, 197. 198, 199, 201, 202, 203, 
204, 205, 224. 
Bozano (Federico de), pág. 203. 
Bozzolo (Federico da), pág. 12. 
Braneaelio (Ramón), pág. 219. 
Braeainoiite (Andrés de), pág. 215. 
Caracciolo (El protonotario Marino), págs. 66, 

76, 129, 133, 145, 153, 172, 188. 
Castaldo y Gutiérrez (Juan B.)> páginas 

155, 185. 
Castiglione (El Conde Baltasar), embajador de 
Clemente VII cerca del Emperador, páginas 
26,56. 
Caío (Micer Ludovico), pág. 37. 
Cerbellón (Juan), pág. 213. 
Cerbellón (Felipe), pág. 211. 
Chalante (La Condesa de), pág. 176. 
Cheri (Renzo da), págs. 32, 35. 
Ciaseo (Paulo), pág. 188. 
Clavero (Alonso), pág. 214. 



261 

Clemente ¥11, págs. 6, 16, 17, 18, 26, 27, 29, 

34, 42, 49, 53, 55, 66, 74, 76, 80, 82, 95, 98, 101, 

^ 114, 115, 119, 121, 125, 131, 132, 134, 136, 139, 
142, 160, 161, 164, 168, 169, 171, 175, 182, 191, 
192, 193, 195, 199, 235, 248. 

Colonna (El Cardenal), págs. 54, 136. 

Colonna (Vespasiano), pág. 136. 

Colonna (Ascanio), pág. 136. 

Colonna (Victoria), mujer del Marqués de Pes- 
cara, págs. 72, 105. 

Coluneses (Los), noble familia romana, pági- 
nas 27, 28, 143. 

Corbera (El Comendador), págs. 89, 90. 

Corbera (Fernando), págs, 171, 212. 

Córdoba (D. Alonso de), págs. 203, 210, 249. 

Corradín (El coronel), págs. 171, 180. 

Datario (El Cardenal). V. Guiberti (Mateo). 

Dávalos (Pedro), pág. 220. 

Daya (Machín), pág. 221. 

Díaz de Frexenal (Vasco), pág. 223. 

Doria (Andrea), págs. 14, 35, 39, 60, 62, 71, 81, 
109, 121 , 123, 125, 126, 134, 151, 175, 182, 184, 196- 

Enrique VIII de Inglaterra, págs. 45, 46, 55, 
65, 66, 67, 69, 82, 84. 

Estén (Mr. de), pág. 202. 

Fernando de Austria (El Archiduque), Infante 
de España, págs. 7, 47, 96, 131, 147, 148, 154, 
155, 165, 167, 168, 183. 

Ferramosca (César), págs. 189, 195, 196, 199. 

Ferrara (El Duque de), págs. 20, 37, 76, 143, 
155, 182, 184, 185, 188, 189, 191, 198, 200, 201, 
202, 203. 



262 

Figueroa (El comendador). V. Gómez Suárez 
de Figueroa. 

Fi^aeroa (El capitán Fernando de), págs. 15U 
221. 

Florentines, págs. 20, 80, 160. 

Francisco I, rey de Francia, págs. 4, 5, 6, 7, 
8, 10, 11, 12, 13, 14, 16, 24, 25, 26, 30, 31, 32, 
36, 38, 39, 40, 42, 43, 44, 49, 50, 52, 56, 57, 58, 
59, 60, 61, 62, 65, 66, 68, 84, 86, 87, 113, 121, 
122, 131, 132, 134, 139, 146, 151, 160, 163, 193, 
194, 198, 199. 

Fragosos (Los), ilustre familia genovesa, pági- 
nas 28, 30. 

Frías (Sancho de), pág. 171. 

Frundsbcri; (Jorge), caudillo de los lanzque- 
neques, págs. 131, 164, 167, 180, 181, 183, 186, 
188, 189, 190, 191, 192, 193, 202. 

Fusterla (Pedro de), pág. 151. 

Oalindo (Bernardino de), pág. 215. 

Gámbaro (El Conde Camilo de), pág. 37. 

García (D. Pedro), pág. 93. 

Gasto (El Marqués del), pags. 71, 89, 100, 103, 
104, 105, 110, 117, 127, 130, 147, 148, 149, 150, 
155, 165, 167, 176, 178, 185, 187, 188, 190. 

Gattinara (Mercurino), págs. 121, 123. 

Gattinara (Juan Bartolomé) págs. 33, 34, 53, 54. 

Gayazo (El Conde de), págs. 153, 192, 193, 203. 

Gayoso Alonso), pág. 214. 

General de los Franciscanos (El), pág. 195. 

Genova (El Duque de). Y. Adorno (Antonioto). 

Gilino (Camilo), pág. 93. 

Ginebra (El Conde de), pág. 85. 



263 

Oolisano (El Conde de) pág. 176. 

Golisano (D. Pedro de), pág. 176. 

Gómez l^uárez de Fi^ueroa (El Comenda- 
dor), págs. 37, 51, 75. 

Gonza^a (D. Fernando de), pág. 203. 

Grimaldo (Ansaldo de), pág. 73. 

Grisones, págs. 131, 160, 164. 

Gaicciardini (F.), págs. 175, 203. 

Guiberti (Mateo), Cardenal datarlo, págs. 29, 
77, 82. 

Herrera (El Comendador), págs. 106, 107, 115» 
119, 122, 126, 133, 150. 

Herrera (El Alcaide), hermano del Comenda- 
dor del mismo apellido, pág. 157. 

Herrera (Andrés de), capitán de infantería es- 
pañola, págs. 51, 214. 

Hungría (El Rey de), págs. 167, 171, 173. 

Hungría (La Reina de), pág. 173, 

Hurtado de Hendoza (D. Lope), págs. 92, 95, 
102, 104, 110, 118, 123, 129, 132, 149, 166. 

Icart (El Comendador D. Francisco), págs. 58, 
90, 91. 

Inglaterra (El Rey de), págs. 24, 115, 132, 134, 
139, 146, 163 

Isabel (D.'), infanta de Portugal, y mujer des- 
pués de Carlos V, págs, 45, 144. 

Labret (Mr. de), soi disaní vQy de Navarra, pá- 
ginas 12, 79, 108, 114, 146. 

Lanzon (Mr. de), pág. 12. 

Lanzon (Mad. de), pág. 85. 

Lannoy (Carlos de), A^irre^^ de Ñapóles, págs. 5, 
6, 7, 10, 11, 13, 14, 20, 23, 25, 30, 31, 32, 34, 



264 

36, 37, 38, 39, 40, 44, 50, 52, 54, 56, 57, 58, 59, 
60, 61, 62, 65, 66, 67, 08, 70, 73, 75, 86, 89, 114, 
116, 118, 135, 161, 163, 164, 165, 172, 176, 182, 
183, 193, 196, 197, 198. 

1.a Paliza (Mr. de), pág. 12. 

Leiva (Antonio de), págs. 8, 50, 52, 65, 66, 71, 
79, 85, 89, 92, 99, 100, 103, 104, 105, 110, 116, 
127, 128, 130, 147, 148, 149, 150, 153, 155, 165, 
167, 171, 176, 178, 179, 185, 187, 188, 191, 193, 
197, 204. 

liconor (La Princesa D.^), hermana de Carlos 
Y, págs. 44, 114. 

Lepe (Juan de), pág. 218. 

Lescii (Mr. de), pág. 12. 

liodi (El Obispo de), pág. 150. 

Lodron (El conde Baptista de), págs. 130, 186, 
204. 

López (Diego), pág. 216. 

López (Sancho), gallego, pág. 179. 

Luterano»», pág. 141. 

Lulero (Martin), págs. 47, 48, 49. 

Alaria de Inglaterra (La Princesa), pág. 45. 

Marín (D. Fernando), abad de Nájera y comi- 
sario del ejército imperial. \. Abad de Ná- 
jera. 

Ularranialdo (Fabricio), págs. 157, 174. 

Masyn (Arduyn y Carlos), pág. 176. 

mediéis (Juanin de), págs. 11, 135, 180, 193. 

Mendoza (Jerónimo), pág. 221. 

Meneses (El comendador), pág. 39. 

Mereado (Pedro de), pág. 211. 

Mereado (Juan de), pág. 211. 



265 

Moneada (D. Hugo de), págs. 14, 31, 38, 39, 51, 
52, 90, 116, 120, 122, 131, 133, 134, 136, 142, 
143, 149, 153, 169, 175. 

Mondolfo (Benedicto de), pág. 180. 

Monego (El Sr. de), págs. 39, 88, 109. 

Monferrara (El Marqués de), pág. 83. 

Monte (Nofrio del), pág. 219. 

Montmoreney (Mr. de), págs. 12, 38, 39, 51, 58, 
67, 82, 89. 

lloreta, págs. 58, 59. 

llorón (Jerónimo), págs. 5, 10, 71, 93, 95, 100, 
114, 133, 171, 192. 

n^ájera (El Duque de), pág. 83. 

Mavarra (El Rey de). V. Labret (Mr. de). 

]¥avarro (El Conde Pedro), págs. 160, 163, 
164, 175. 

Miuolara (El Conde Pedro de), pág. 215. 

Orante (El Príncipe de) Filiberto de Chalons, 
págs. 25, 185, 190, 192, 203, 249. 

Pallavieini (JoanLudovico), pág. 12. 

Pelos (Mr. de), págs. 201, 202. 

Peñalosa (El Comendador), pág. 13. 

Pérez (El Secretario Juan), agente del Empe- 
rador en Roma, págs. 135, 136, 146, 161. 

Pérez de Barragán (Juan), pág. 218. 

Pescara (El Marqués de), págs. 5, 7, 31, 32, 35, 
37, 39, 50, 52, 53, 65, 71, 73, 74, 75, 78, 79, 85, 
87, 88, 89, 91, 92. 93, 96, 99, 103, 103, 104, 106, 
120, 148. 

Pistoya (El Obispo de), págs. 31, 42. 

Policiano, secretario del Duque de Milán, pá- 
gina 153. 



266 

Popoli (El Conde Hugo de), pág. 202. 

Porta^al (El Embajador de) en Roma, pági- 
na 175. 

Portuondo, marino español, pág. 58. 

Preboste de Buda (El), pág. 173. 

Prote<^tantes de Alemania, págs. 47, 4S. 

Qucsada (El capitán Luis), 144, 216. 

Ranzón (El Conde Guido), págs. 135, 188. 

Reina Regente (La) de Francia, págs. 44, 62, 
70, 79,81,84, 100, 110. 

Requeséns (Francisco), pág. 121. 

Reux (Mr. de), pág. 66. 

Ribera (Juan de), pág. 217. 

Ricio (Juan Angelo), pág. 153. 

Ripalda (Rodrigo de), pág. 220. 

Rup (Mr. de), pág. 66. 

Saboya (El Duque de), págs. 75. 79. 

Salamanca (El Maestro), pág. 168. 

ISalcedo (Juan), pág. 218. 

Salmonete (El Sr. de), pág. 28. 

Salueio (El Marqués de), págs. 14, 29, i64, 181, 
193, 202. 

Salviati (El Cardenal), págs. 40, 54. 

San Brancate (El Barón de), págs. 35, 39. 

Sánchez (Alonso), Embajador de Carlos V en 
Yenecia, págs. 19, 20, 33, 74, 133, 173. 

Sanctiquatro (El Cardenal), pág. 236. 

Santa Cruz (Juan de), pág. 213. 

Sarmiento (Juan), pág. 217. 

Sauli (Dominico), pág. 82. 

Scalenga (Mr. de), pág. 192. 

Serna (Diego de la), pág. 216. 



267 

ikroii (El secretario), pág. 56. 

S»esa (El Duque de), págs. 16, 18, 19, 47, 48, 53, 
68, 76, 83, 95, 98, 101, 107, 115, 121, 125, 132, 
136, 223. 

Sforcino, pág. 37. 

Sforza (Frac cisco), Duque de Milán, págs. 5, 
11, 37, 40, 71, 74, 82, 84, 93, 96, 99, 101, 107, 
108, 114, 124, 129, 133, 139, 142, 145, 153, 172. 

S»ilvestrín, servidor del Duque de Milán, pá- 
gina 109. 

Solimán II, págs. 48, 96. 

Soria (Lope de), págs. 8, 10, 13, 27, 33, 36, 38, 
52, 56, 78, 80, 81, 82, 83, 86, 87, 91, 93, 96, 102, 
103, 108, 109, 123, 124, 133, 144, 151, 152, 162, 
170, 174, 185, 196, 204. 

Sormano, pág. 33 

Suizos, pág. 21. 

Suliuona (El Príncipe de), el Virrey Launoy, 
pág. 183. 

Téllez (Alonso) pág. 83. 

Tomás (Jerónimo), pág. 212. 

Tortosa (El Cardenal de), pág. 119. 

Triviilcio (El Cardenal), pág. 195. 

Túnez (El Rey de), págs. 30, 31. 

Tm-cos, págs. 44, 48, 49, 70, 141, 142, 146, 167, 
169, 171, 173, 185. 

Udena (El capitán Antonio de), pág. 88. 

Urbina (Juan de), páginas 89, 90, 151, 188, 
191,210. 

Lrbino (El Duque de), págs. 135, 153, 154, 156, 
157, 162, 165, 170, 175, 180, 181, 184, 193, 204. 

Taldemons (Mr. de), pág. 196. 



268 

Wallesiciliana (El Marqués de la), D. Hernando 
de Alarcón. pág. 183. 

Wargas (Juan de), pág. 217. 

"Wapgas (El forriero), pág. 88. 

l^eljoyoso (El Conde Ludovico de), pág. 190. 

Venecianos, págs. 6, 17, 18, 19, 28, 33, 66, 74, 
79, 80, 84, 86, 96, 114, 132, 134, 140, 144, 146, 
148, 160, 164, 165, 180. 

Wentivoglia (El Capitán Alejandro), pág. 12. 

'Wiacanipos (Luis), pág. 219. 

Villanueva (Juan de), pág. 213. 

Willaturel (Francisco), pág, 212. 

Virago (Juan de), págs. 152, 159. 

Vistarini (Ludovico), pág. 156. 

Virrey de Cataluña (El), pág. 94. 

Vitelli, general de soldados florentinos y pon- 
tificios, págs. 135, 195. 

ÍCuearo (El capitán), págs. 11, 192. 






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