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Full text of "La Sagrada Biblia : nuevamente traducida al español, é ilustrada con notas"

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Contents. .15 7 BLE. V^/ Vfc'viv^f jy 

Versión 

Translator R_(íx T'orritJ Anicii't" 

PuDiisne a by 2). Vi Ce kfe ^5 al v<í e' Ai j o 

Place TjKr i.^ 

Date IS3Ja 

Accession rso. I ,^1^ 

Accession Date A/cJ, 7 ^ /?3^. 

Price.i.Z^-Z 



LA 

SAGRADA BIBLIA, 

NUEVAMENTE TRADUCIDA AL ESPAÑOL , 

É ILUSTRADA CON NOTAS 
rou 

DON FÉLIX TOUIVES AMAT. 

i:nitlON REIMPRESA DE LA SEGUNDA DE MADRID. 

TOMO XIV. 

LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 

Y LAS EPÍSTOLAS DE S. PABLO 

Á LOS ROMANOS Y Á LOS CORINTHIOS. 




Tt\TxlS, 

LIBRLRÍA DE LOS SS. D. VICENTE SALVA É HIJO, 
CALLE DE LILLE , N». J. 

1836. 



w 



Imprenta de J. Smitli, call« de Monlinoreiicy, n. 16. 



ADVERTENCIA 



LOS HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 



El titulo de este libro parece que promete 
la Jiistoria de los hecJios de todos los apósto- 
les : no obstante san Lúcas^ que es su autor, 
solo refiere lo que pasó después de la ascen- 
sión del Señoi'f y lo que hicieron después de 
la venida del Espíritu santo para la forma- 
ción de la Iglesia, hasta que fueron por las 
provincias á predicar el Evangelio. %Mas co- 
mo san Lúeas era discípulo de san Pablo, y 
su compafierQ en los viages apostólicos, re- 
fiere particularmente lo que pertenece á di- 
cho apóstol hasta el año sesenta y tres de 
Jesu-Christo, el segundo después de llegado 
á Roma san Pablo. •< No ha escrito, decia 
« san Agustin, (de Cons. Evang. IF. c. 8.) 

« sino lo que creyó bastante para la edifica- 
To>i. XIV. 1 



2 ADVERTENCIA. 

« cion de sns lectores, pero lo ha escrito con 
« tanta sinceridad, que entre un grande nú- 
a.mero de libros sobre la historia de los após- 
« toles, la Iglesia siempre ha juzgado á este 
a digno defé, y ha desechado todos los de- 
« mas. » 



LOS HECHOS 
DE LOS APÓSTOLES, 



CAPITULO PRIMliRO. 

Promesa del Espirilu sanio : ascensión del !Señor. Elección 
de Mathias pava el apostolado. 

1 He hablado en mi primer libro ¡ olí Theóphilo ! 
de todo lo mas notable que hizo y enseñó Jesús, des- 
de su principio, 

2 hasta el dia en que fue recibido en el cielo, des- 
pués de haber instruido por el Espíritu santo á los 
íiI)óstoIes, que él había escogido ; 

3 á los cuales se había manifestado también después 
de su pasión, dándoles muchas pruebas de que vivía, 
aparecíéndoseles en el espacio de cuarenta días, y ha- 
blándoles de las cosas tocantes al reino de Dios. 

4 Y por último , comiendo con ellos , les mandó 
que no partiesen de Jerusalem , sino que esperasen el 
cumplimiento de la promesa del Padre, la cual (dijo) 
oísteis de mi boca ' ; 

5 y es , que Juan bautizó con el agua , mas voso- 



Joann. XIV. v. 16^/26 



4 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

tros habéis de ser bautizados o bañados en el Espíritu 
santo dentro de pocos dias. 

6 Entonces los que se hallaban presentes , le hicie- 
ron esta pregunta : Señor, ¿si será este el tiempo en 
que has de restituir el reino á Israel? 

7 A lo cual respondió Jesús : No os corresponde á 
vosotros el saber los tiempos y momentos que tiene el 
Padre reservados á su poder soberano : 

8 recibiréis , sí , la virtud del Espíritu santo que 
descenderá sobre vosotros, y me serviréis de testigos 
en Jerusalem , y en toda la Judea y Samaría, y hasta 
el cabo del mundo. 

9 Dicho esto , se fue elevando á vista de ellos por 
los aires, hasta que una nube' le encubrió á sus ojos. 

10 Testando atentos á mirar cómo iba subiéndose 
al cielo , hé aquí que aparecieron cerca de ellos dos 
personages con vestiduras blancas, 

11 los cuales les dijeron : Varones de Galilea, ¿por 
qué estáis ahi parados mirando al cielo ? Este Jesús , 
que separándose de vosotros se ha subido al cielo, 
vendrá de la misma suerte que le acabáis de ver subir 
allá. 

12 Después de esto se volvieron los discípulos á 
Jerusalem, desde el Monte llamado de los olivos, que 
dista de Jerusalem el espacio de camino que puede an- 
darse en sábado ^. 



1 O globo de luz y resplandor que acompañaba á su 
cuerpo glorioso. 

2 Ve ase Sábado. 



CAPÍTULO I. 5 

13 Entrados en la ciudad, subiéronse á una habi- 
tación alta ', donde tenian su morada Pedro y Juan, 
Santiago y Andrés , Pbelippe y Thomás , Barlholomé 
y iMatheo, Santiago hijo de Alpheo , y Simón llamado 
el Zelador, y Judas hermano de Santiago. 

14 Todos los cuales, animados de un mismo espí- 
ritu , perseveraban juntos en oración con las mugeres 
piadosas, y con IMaria la madre de Jesús, y con los 
hermanos ó parientes de este Señor. 

15 Por aquellos dias levantándose Pedro en medio 
de los hermanos, (cuya junta era como de unas ciento 
y veinte personas) ^ les dijo : 

16 Hermanos mios , es preciso que se cumpla lo 
que tiene profetiíado el Espíritu santo por boca de 
David ^, acerca de Judas, que se hizo adalid de los que 
prendieron á Jesús ; 

17 ¿^ el cual fue de nuestro número, y había sido 
llamado á las funciones de nuestro ministerio. 

18 Este adquirió un campo con el precio de su mal- 
dad, y habiéndose ahorcado, reventó por medio, que- 
dando esparcidas por tierra todas sus entrarlas ; 

19 cosa que es notoria á todos los habitantes de Je- 
rusalem, por manera que aquel campo ha sido llamado 
en su lengua , Hacéldama , esto es , campo de sangre. 

20 Así es que está esrcito en ellibro de ios Salmos'*: 



1 Véase Cenáculo. 

2 Ejerciendo el oficio de vicario de Chrisío. 

3 Piulm. XL c. iO, 

4 P,atm. LXVIll d. 26. — CVIII. ü. 8. 



6 HEtilOS DE LOS APÓSTOLES. 

Quede su morada desierta , ni haya quien habite en 
ella ; y ocupe otro su lugar en el episcopado \ 

21 Es necesario pues que de estos sugetos, que han 
estado en nuestra compañía todo el tiempo que Jesús 
Señor nuestro conversó entre nosotros, 

22 empezando desde el bautismo de Juan hasta el 
dia en que apartándose de nosotros se subió al cielo ; 
se elija uno que sea , como nosotros, testigo de su re- 
surrección. 

23 Con eso propusieron á dos, á Joseph , llamado 
Barsabas , y por sobrenombre el Justo , y á Mathías. 

24 Y haciendo oración dijeron : ¡Oh Señor! tú que 
ves los corazones de todos, muéstranos cuál de estos dos 
has destinado 

25 á ocupar el puesto de este ministerio y aposto- 
lado, del cual cayó Judas por su prevaricación, para 
irse á su lugar ^. 

26 y echando suertes, cayó la suerte á Mathías. 
con lo que fue agregado á los once apóstoles. 



1 Véase Obispo. 

2 A la habitacioü de los malvados. 



CAPÍTULO 11/ 

Venida del Espíritu santo. Primer sermón de san Pedro, y 
su fruto. Vida de los primeros fieles. 

1 Al cumplirse pues los días de Pentecostés " , es- 
taban todos juntos en un mismo lugar, 

2 cuando de repente sobrevino del cielo un ruido, 
como de viento impetuoso que soplaba, y llenó toda 
la casa donde estaban. 

3 Al mismo tiempo vieron aparecer unas como len- 
guas de fuego, que se repartieron y se asentaron so^r/» 
cada uno de ellos : 

4 entonces fueron llenados todos del Espíritu san- 
to, y comenzaron á hablar en diversas lenguas las pa- 
labras que el Espíritu santo ponia en su boca. 

5 Habia á la sazón en Jerusalem judíos piadosos y 
temerosos de Dios , de todas las naciones del mundo. 

6 Divulgado pues este suceso, acudió una gran mul- 
titud de ellos , y quedaron atónitos , al ver que cada 
uno oia hablar á los apóstoles en su propia lengua. 

7 Así pasmados todos y maravillados, se decían 
unos á otros : ¿Por ventura estos que hablan, no son 
todos galileos , nulos é ignorantes ? 

8 ¿pues cómo es que los oímos cada uno de nos- 
otros hablar nuestra lengua nativa ? 

9 Parthos, medos y elamitas, los moradores de 
Mesopotamia, de Judea, y de Cappadocia,del Ponto, 
y del Asia, 

i Véase Pentecostés. 



8 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

10 los de Phrygia, de Pamphylia, y del Egypto, 
los de la Lybia, conflnante con Cyrene, y los que han 
venido de Roma, 

11 tanto judíos como prosélitos ', los cretenses y 
los árabes , los oímos hablar en nuestras propias len- 
guas las maravillas de Dios. 

12 Estando pues todos llenos de admiración, y no 
sabiendo qué discurrir, se decian unos á otros : ¿ Qué 
novedad es esta? 

13 Pero hubo algunos que se mofaban de ellos di- 
ciendo : Estos sin duda están borrachos ó llenos de 
mosto. 

14 Entonces Pedro presentándose con los once 
apóstoles , levantó su voz y les habló de esta suerte : 
¡ Oh vosotros judíos , y todos los demás que moráis en 
Jerusalem ! estad atentos á lo que voy á deciros , y 
escuchad bien mis palabras. 

15 No están estos embriagados, como sospecháis 
vosotros , pues no es mas que la hora tercia * del dia ; 

16 sino que se verifica lo que dijo el Profeta Joel ' : 

17 Sucederá en los postreros días (dice el Señor) 
que yo derramaré mi Espíritu sobre todos los hom- 
bres ; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas ; y 
vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros Ancia- 
nos revelaciones en sueños. 

1 Véase Prosélitos. 

2 Véase Hora. Los judíos en los dias de fiesta no co- 
mían sino después de haber hecho las oraciones de la ma- 
ñana, que acababan cerca de las doce. 

3 ¡s. XLIV. V. 3, — Joel II. v. 28. 



CAPÍTULO II. 9 

1 S Si por cierto : yo derramaré mi Espíritu sobre 
mis siervos y sobre mis siervas en aquellos (lias , y 
profetizarán : 

19 yo haré que se vean prodigios arriba en el cielo, 
y portentos abajo en la tierra, sangre, y fuego, y tor- 
bellinos de humo. 

20 El sol se convertirá en tinieblas , y la luna en 
sangre ' , antes que llegue el dia grande y patente del 
Señor. 

21 Entonces todos los que hayan invocado el nom- 
bre del Señor, serán salvos '. 

22 j-Oh hijos de Israel! escuchadme ahora: A 
Jesús de Nazareth, hombre autorizado por Dios á 
vuestros ojos , con los milagros , maravillas y prodigios 
que por medio de él ha hecho entre vosotros , como 
todos sabéis; 

23 á este Jesús, dejado á vuestro arbitrio por una 
orden expresa de la voluntad de Dios , y decreto de su 
presciencia, vosotros le ha])eis hecho morir, claván- 
dole en la cruz por mano de los inipíos ; 

24 pero Dios le ha resucitado , librándole de los do- 
lores ó ataduras de la muerte , siendo , como era , im- 
posible quedar él preso ó detenido por ella en tal lugar. 

25 Porquera David en persona de él decia ^ : Tenia 
siempre presente al Señor ante mis ojos , pues está 



1 Esto es, aparecerá de color sangriento. 

2 Joel II. V. 32. 

3 Psalm. XV. v. 8. 



10 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

siempre á mi diestra , para que no experimente nin- 
gún trastorno : 

26 por tanto se llenó de alegría mi corazón , y re- 
sonó mi lengua en voces í/e júbilo , y mi carne reposará 
en la esperanza. 

27 Que no dejarás mi alma en el sepulcro ' , ni per- 
mitirás que el cuerpo de tu Santo experimente la cor- 
rupción. 

28 Me harás entrar otra vez en las sendas de la vi- 
da ; y colmarme has de gozo con tu presencia. 

29 Hermanos mios , permitidme que os diga con 
toda libertad y sin el menor recelo : el Patriarca David 
muerto está , y fue sepultado ; y su sepulcro se conserva 
entre nosotros hasta el dia de hoy. 

30 Pero como era Profeta , y sabia que Dios le ha- 
bla prometido con juramento que uno de su descen- 
dencia se habia de sentar sobre su trono , 

31 previendo la resurrección de Christo, dijo, que 
ni fue detenido en el sepulcro , ni su carne padeció 
corrupción. 

32 Este Jesús es á quien Dios ha resucitado , de lo 
que lodos nosotros somos testigos. 

33 Elevado pues al cielo , sentado alli á la diestra 
de Dios , y habiendo recibido de su Padre la promesa ó 
-potestad de enviar al Espíritu santo , le ha derramado 
hoy sobre nosotros del modo que estáis viendo , y 
oyendo. 

1 Esto es, en poder de la muerte ; ó en el limbo, según 
otros iutcri)retes. Véase Iiifierno, Alma. 



capítulo II. 11 

34 Porque no es David el que subió al cielo ; an- 
tes bien él mismo dejó escrito ' : Dijo el Señor á mi 
Señor , siéntate á mi diestra , 

35 mientras á tus enemigos los pongo yo por tari- 
ma de tus pies. 

36 Persuádase pues certísimamente toda la casa 
de Israel , que Dios ha constituido Señor y Christo 
á este mismo Jesús , al cual vosotros habéis crucifi- 
cado. 

37 Oido este discurso , se compungieron de cora- 
zón, y dijeron á Pedro y á los demás apóstoles : Pues, 
hermanos, ¿qué es lo que debemos hacer ? 

38 A lo que Pedro les respondió : Haced peni- 
tencia , y sea bautizado cada uno de vosotros en el 
nombre de Jesu-Christo para remisión de vuestros pe- 
cados ; y recibiréis el don del Espíritu santo. 

39 Porque la promesa de este clon es para vosotros 
y para vuestros hijos , y para todos los que ahora están 
lejos de la salud, para cuantos llamare á sí el Señor 
Dios nuestro. 

40 Otras muchísimas razones alegó, y los amones- 
taba, diciendo : Poneos en salvo de entre esta genera- 
ción perversa. 

41 Aquellos pues que recibieron su doctrina, fue- 
ron bautizados ; y se añadieron aquel dia á la Iglesia 
cerca de tres mil personas. 

42 Y perseveraban todos en oh- las instrucciones de 



1 P^ahn. CIX. V. 



12 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

los apóstoles, y en la comunicación do la fracción dol 
pan * ó Eucháristia , y en la oración. 

43 Y toda la gente estaba sobrecogida de un respe- 
iitoso temor ; porque eran muchos los prodigios , y mi- 
lagros que hacian los apóstoles en Jerusalem , de suerte 
que todos universalraente estaban llenos de espanto. 

44 Los creyentes por su parte vivian unidos entre 
sí, y nada tenian que no fuese común para todos 
ellos. 

45 Vendían sus posesiones y demás bienes, y los 
repartían entre todos , según la necesidad de cada 
uno. 

46 Asistiendo asimismo cada dia largos ratos al 
Templo , unidos con un mismo espíritu , y partiendo 
el pan por las casas de los fieles , tomaban el alimento 
con alegría y sencillez de corazón ^ , 

47 alabando á Dios, y haciéndose amar de todo el 
pueblo. Y el Señor aumentaba cada dia el número de 
los que abrazaban el mismo género de vida para sal- 
varse ^ 



1 Véase Pan. 

2 Significa esto, ó el convite de candad llamado ágape, 
ó amor, que hacian en común; ó la comunión 'del pan 
euchárístico ; ó mas bien lo uno y lo otro ; pues entonces á 
la comunión ordinariamente seguía la comida, que se hacia 
en común. Véase Pan, Convite. 

3 De los que debían salvarse en esta común unión y gé- 
nero de vida;, ó en la unid id de la Iglesia. 



13 



CAPITULO III. 



Ln cojo de nacimiento, curado con la invocación del nom- 
bre de Jesús. Segundo sermón de san Pedro, en que de- 
muestra ser Jesús el Mesías prometido en la Ley. 

1 Subían un dia Pedro y Juan al Templo, á la ora- 
ción de la hora de nona '. 

2 Y había un hombre, cojo desde el vientre de su 
madre, á quien traían á cuestas, y ponían todos los 
días á la puerta del Templo, llamada la Hermosa, 
para pedir limosna á los que entraban en él. 

3 Pues como este viese á Pedro y á Juan , que 
ibaná entrar en el Templo, les rogaba que le diesen 
limosna. 

4 Pedro entonces, fijando con Juan la vista en este 
pobre, le dijo : Atiende acia nosotros. 

5 Él los miraba de hito en hito, esperando que le 
diesen algo. 

6 Mas Pedro le dijo : Plata ni oro yo no tengo ; pero 
te doy lo que tengo: en el nombre de Jesu-Christo na- 
zareno levántale, y camina. 

7 Y cogiéndole de la mano derecha, le levantó, y 
al instante se le consolidaron las piernas y las plantas. 

8 Y dando un salto de gozo se puso en pié, y echó á 
andar; y entró con ellos en el Templo andando por sus 
propios pies, y saltando, y loando á Dios. 

9 Todo el pueblo le vio cómo iba andando, y ala- 
bando á Dios. 

2 Véase Oración. 



14 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

10 Y como le conocían por aquel mismo que solia 
estar sentado á la limosna , en la puerta Hermosa del 
Templo, quedaron espantados y fuera de sí con tal 
suceso. 

11 Teniendo pues él de la mano á Pedro y á Juan , 
todo el pueblo, asombrado, vino corriendo acia ellos, 
al lugar llamado pórtico 6 galería de Salomón. 

12 Lo que viendo Pedro, habló á la gente de esta 
manera : ¡ Oh hijos de Israel ! ¿por qué os maravilláis 
de esto, y por qué nos estáis mirando á nosotros, 
como si por virtud ó potestad nuestra hubiésemos 
hecho andar á este hombre ? 

13 El Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el 
Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorifi- 
cado con este prodigio ú su Hijo Jesús, á quien vos- 
otros habéis entregado; y negado en el tribunal de 
Pilato, juzgando este que debia ser puesto en libertad. 

14 Mas vosotros renegasteis del Santo y del Justo, 
y pedísteis que se os hiciese gracia de la vida de un 
homicida : 

15 disteis la muerte al Autor de la vida ; pero Dios 
le ha resucitado de entre los muertos, y nosotros so- 
mos testigos de su resurrección. 

16 Su poder es el que, mediante la fé en su nom- 
bre, ha consolidado los pies á este que vosotros visteis 
y conocisteis tidlido ; de modo que la fé , que de él 
proviene, y en él tenemos, es la que ha causado esta 
perfecta curación delante de todos vosotros. 

17 Ahora, hermanos, yo bien sé que hicisteis por 
ignorancia lo que hicisteis, como también vuestros gcfes. 



CAPÍTULO 111. 15 

18 Si bien Dios ha cumplido de esta suerte lo pre- 
nunciado por la boca de todos los Profetas, en orden á 
la pasión de su Chrislo. 

19 Haced pues penitencia , y convertios, á fln de 
que se borren vuestros pecados; 

20 para cuando vengan por disposición del Señor 
los tiempos de consolación , y envíe al mismo Jesu- 
Chrislo que os ha sido anunciado ', 

21 el cual es debido por cierto que se mantenga en 
el cielo, hasta los tiempos de la restauración de todas 
las cosas, de que antiguamente Dios habló por boca 
de sus santos Profetas. 

22 Porque Moysés dijo á nuestros padres : El Se- 
ñor Dios vuestro os suscitará de entre vuestros her- 
manos un Profeta, como me ha sitscüado á mí : á él 
habéis de obedecer en lodo cuanto os diga. 

23 De lo contrario, cualquiera que desobedeciere 
á aquel Profeta ^, será exterminado ó borrado del 
pueblo de Dios, 

24 Y todos los Profetas que desde Samuel en ade- 
lante han vaticinado, anunciaron lo que pasa en estos 
días ^ 

25 Vosotros / oh israelitas ! sois hijos délos Pro- 
fetas, y los herederos de la alianza que hizo Dios con 
nuestros padres, diciendo áAbraham :En uno de tu des- 
cendencia serán benditas todas las naciones de la tierra. 



1 Véase Venida de Jesu-Christo. 

2 Que perfeccionará la Ley que os entrego ahora. 

3 No solamente Moysés habló asi de Jesús. 



16 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

26 Para vosotros en primer lugar es para quienes 
ha resucitado Dios á su Hijo, y le ha enviado á_^llena- 
ros de bendiciones ; á fin de que cada uno se convier- 
ta de su mala vida. 



CAPÍTULO IV. 



Los apóstoles, presos y examinados sobre la curación del 
tullido, confiesan lafédeJesu-Chrislo. Se les manda que 
no prediquen. Crecen bs fieles en número y viven con 
perfecta unión. 

1 Mientras ellos estaban hablando al pueblo, so- 
brevinieron los sacerdotes con el magistrado ó coman- 
dante del Templo y los sadduceos, 

2 no pudiendo sufrir que enseñasen al pueblo, y 
predicasen en la persona de Jesús la resurrección de 
los muertos ; 

3 y habiéndose apoderado de ellos, los metieron en 
la cárcel hasta el dia siguiente, porque ya era tarde. 

4 Entre tanto muchos de los que habían oído la 
predicación de Pedro, creyeron ; cuyo número llegó á 
cinco mil hombres. 

5 Al dia siguiente se congregaron en Jerusalem los 
gefes ó magistrados, y los Ancianos, y los Escribas, 

6 con el pontífice Annás y Caiphás, y Juan, y 
Alejandro, y todos los que eran del línage sacerdotal. 

7 Y haciendo comparecer en medio á los apóstoles, 
les preguntaron : ¿Con qué potestad, ó en nombre de 
quién habéis hecho esa acción? 



CAPÍTULO IV. IT 

8 Entonces Pedio, lleno del Espíritu sanio, les res- 
pondió : Príncipes del pueblo, y vosotros Ancianos de 
Israel, escuchad : 

9 Ya que en este dia se nos pide razón del bien 
que hemos hecho á un hombre tullido, y que se quiere 
saber por virtud de quién ha sido curado, 

10 declaramos á todos vosotros, y á todo el pueblo 
de Israel, que la curación se ha hecho en nombre de 
nuestro Señor Jcsu-Christo nazareno, á quien voso- 
tros cruficásteis, y Dios ha resucitado. En virtud de tal 
nombre se presenta sano ese hombre á vuestros ojos. 

1 1 Este Jesús es aquella piedra que vosotros dese- 
chasteis al edificar, la cual ha venido á ser la princi- 
pal piedra del ángulo : 

12 fuera de él no hay que buscar la salvación en 
ningún otro. Pues no se ha dado á los hombres otro 
nombre debajo del cielo, por el cual debamos salvar- 
nos. 

13 Viendo ellos la firmeza de Pedro y de Juan, 
constándoles por otra parte que eran hombres sin le- 
tras, y del vulgo, estaban llenos de admiración, cono- 
ciendo que eran de los que habiau sido discípulos de 
Jesús: 

14 por otra parte, al ver al hombre que había sido 
curado, estar con ellos en pié, nada podían replicar 
en contrario. 

15 Mandáronles pues salir fuera de la junta, y co- 
menzaron á deliberar entre sí, 

16 diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? el 
milagro hecho por ellos, es notorio á lodos los habí- 



18 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

tanles de Jerusalem : es tan evidente, que no pode- 
mos negarle. 

17 Pero á fin de que no se divulgue mas en el 
pueblo, apercibámosles que de aquí en adelante no 
tomen en boca este nombre, ni hablen de él á perso- 
na viviente. 

18 Por ¡tanto llamándolos, les intimaron que por 
ningún caso hablasen ni enseñasen en el nombre de 
Jesús \ 

19 Mas Pedro y Juan respondieron á esto , dicién- 
doles : Juzgad vosotros , si en la presencia de Dios , 
es justo el obedeceros á vosotros antes que á Dios ; 

20 porque nosotros no podemos menos de hablar lo 
que hemos visto y oido. 

21 Pero ellos con todo amenazándolos los despa- 
charon , no hallando arbitrio para castigarlos , por te- 
mor del pueblo, porque todos celebraban este glorioso 
hecho ; 

22 pues el hombre en quien se habla obrado esta 
cura milagrosa , pasaba de cuarenta años. 

23 Puestos ya en libertad, volvieron á los suyos, 
y les contaron cuantas cosas les hablan dicho los prin- 
cipes de los sacerdotes y los Ancianos. 

1 ¡Cuan funestas son las consecuencias de entrar en un 
empeño á impulsos del odio, de la envidia, ó de un amor 
desordenado ! Es mas común de lo que se piensa el ha- 
llarse el hombre en la terrible situación ó estado en que 
nada puede oponer á la verdad , que se le presenta delante 
de los ojos, y con todo no tiene fuerza ó espíritu para ce- 
der á ella, ó abrazarla. 



CAPÍTULO IV. 19 

24 Ellos al oírlo, levantaron todos unánimes la voz 
á Dios , y dijeron ; Señor , lú eres el que hiciste el 
cielo , y la tierra , el mar , y todo cuanto en ellos se 
contiene : 

25 el que , hablando el Espíritu santo por boca de 
David nuestro padre, y siervo tuyo , dijiste : ¿Por qué 
se han alborotado las naciones , y los pueblos han for- 
jado empresas vanas? 

26 Armáronse los reyes de la tierra, y los princi- 
pes se coligaron contra el Señor y contra su Christo. 

27 Porque verdaderamente se mancomunaron en 
esta ciudad contra tu santo hijo Jesús , á quien un- 
giste, Heródes y Poncio Pilato, con los gentiles, y 
las tribus de Israel, 

28 para ejecutar lo que tu poder y providencia de- 
terminaron que se hiciese \ 

29 Ahora pues Señor mira sus vanas amenazas, y 
da á tus siervos el predicar con toda confianza tu pa- 
labra , 

30 extendiendo tu poderosa mano para hacer cura- 
ciones , prodigios y portentos en el nombre de Jesús, 
tu santo Hijo ^. 



1 Los príncipes, por grande que sea su poder, no son 
mas que ejecutores de los designios de Dios. El Señor 
hace servir para la salvación del género humano y santi- 
ficación de las almas, las volantades corrompidas y crimi- 
nales de Pilato, Heródes, etc. 

2 Que sean pruebas de su divinidad, y señales de que 
tú nos envías. 



20 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

31 Acabada esta oración, tembló el lugar en que 
estaban congregados ; y todos se sintieron llenos del 
Espíritu santo, y anunciaban con firmeza la palabra de 
Dios. 

32 Toda la multitud de los fieles tenia un mismo 
corazón, y una misma alma; ni habia entre ellos quien 
considerase como suyo lo que poseia ; sino que tenían 
todas las cosas en común. 

33 Los apóstoles con gran valor daban testimonio 
de la resurrección de Jesu-Christo Señor nuestro ; y 
en todos ios fieles resplandecía la gracia con abundancia. 

34 Asi es que no habia entre ellos persona necesi- 
tada, pues todos los que tenían posesiones ó casas, ven- 
diéndolas , traían el precio de ellas, 

35 y le ponían á los pies de los apóstoles, el cual 
después se distribuía según la necesidad de cada uno. 

36 De esta manera Joseph, á quien los apóstoles 
pusieron el sobrenombre de Bernabé, (esto es, hijo de 
consolación ó consolador) que era levita, y natural de 
la isla de Chypre , 

37 vendió una heredad que tenía, y trajo el precio 
y le puso á los pies de los apóstoles. 

CAPÍTULO V. 

Castigo de Ananias y Saphira. Los apóstoles, y en especial 
san Pedro, son de nuevo perseguidos y presos ; y por con- 
sejo de Gainaliel son puestos en libertad, después de ser 
azotados. 

1 Un hombre llamado Ananias, con su rauger Sa- 
phira, vendió también un campo. 



CAPITULO V. 21 

2 Y, (le acuerdo con ella, retuvo parle del precio ; 
y trayendo el resto , púsole á los pies de los apóstoles. 

3 Mas Pedro le dijo : Ananías , ¿ cómo ha tentado 
Satanás tu corazón , para que mintieses al Espíritu 
santo , reteniendo parte del precio de ese campo ? 

4 ¿Quién te quitaba el conservarle ? Y aunque le 
hubieses vendido , ¿ no estaba su precio á tu disposi- 
ción ? ¿ Pues á qué fin has urdido en tu corazón esta 
trampa ? No mentiste á hombres , sino á Dios. 

5 Al oir Ananías estas palabras , cayó en tierra y 
espiró. Con lo cual todos los que tal suceso supieron , 
quedaron en gran manera atemorizados. 

6 En la hora misma vinieron unos mozos, y le sa- 
caron y llevaron á enterrar. 

7 No bien se pasaron tres horas , cuando su mu- 
ger entró , ignorante de lo acaecido. 

8 Díjole Pedro : Díme, muger, ¿ es así que vendis- 
teis el campo por tanto? Sí, respondió ella, por ese pre- 
cio le vendimos. 

9 Entonces Pedro le dijo : ¿ Por qué os habéis con- 
certado paramentar al Espíritu del Señor? Hé aquí á 
la puerta los que enterraron á tu marido ; y ellos mis- 
mos te llevarán á enterrar. 

10 Al momento cayó á sus pies, y espiró. Entrando 
luego los mozos , encontráronla muerta , y sacándola, 
la enterraron al lado de su marido. 

11 Lo que causó gran temor en toda la Iglesia, y 
en lodos los que tal suceso oyeron '. 

1 Eu vista de la severidad con que castigaba Dios la 



áá HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

12 Entre tanto los apóstoles hadan muchos mila- 
gros y prodigios entre el pueblo. Y todos los fieles uni- 
dos en un mismo espíritu se juntaban en el pórtico de 
Salomón. 

13 De los otros nadie osaba juntarse ó hermanarse 
con ellos ; pero el pueblo hacia de ellos grandes elo- 
gios. 

14 Con esto se aumentaba mas y mas el número 
de los que creian en el Señor , asi de hombres como 
de mugeres , 

15 de suerte que sacaban á las calles á los enfer- 
mos, poniéndolos en camillas y lechos ó carretones , 
para que pasando Pedro, su sombra locase por lo me- 
nos en alguno de ellos, y quedasen libres de sus do- 
lencias. 

16 Concurría también á Jerusalem mucha gente de 
las ciudades vecinas, trayendo enfermos y endemonia- 
dos, los cuales eran curados todos. 

17 Alarmado con esto el príncipe de los sacerdotes, 
y los de su partido, (que era la secta délos sadduceos) 
se mostraron llenos de zelo ; 

18 y prendiendo á los apóstoles, los metieron en 
la cárcel pública. 



hipocresía y mentira. Quiso Dios desde el principio de la 
Iglesia hacer ver cuan contrarias son á la moral evangélica 
la mentira é hipocresía que encierra el hecho de estos dos 
consortes, y cuan opuestas á una religión fundada en espi- 
ritu y verdad. Casi todos los santos Padres convienen en 
que solo perdieron la vida corporal, pero no la eterna. 



CAPÍTULO V. 23 

19 Mas el ángel del Señor abriendo por la noche 
las puertas de la cárcel , y sacándolos fuera , les dijo : 

20 Id al Templo, y puestos allí, predicad al pueblo 
la doctrina de esta ciencia de vida. 

21 Ellos, oido esto, entraron al despuntar el alba 
en el Templo , y se pusieron á enseñar. Entre tanto 
vino el pontífice, con los de su partido , y convocaron 
el concilio, y á todos los Ancianos del pueblo de Israel, 
y enviaron por los presos á la cárcel. 

22 Llegados los ministros, y abierta la cárcel, co- 
mo no los hallasen, volvieron con la noticia, 

23 diciendo : La cárcel la hemos hallado muy bien 
cerrada , y á los guardas en centinela delante de las 
puertas ; mas habiéndolas abierto , á nadie hemos ha- 
llado dentro. 

24 Oidas tales nuevas , tanto el comandante del 
Templo, como los príncipes de los sacerdotes , no po- 
dían atinar qué se habría hecho de ellos *. 

25 A este tiempo llegó uno y les dijo: Sabed que 
aquellos hombres que metisteis en la cárcel, están en 
el Templo enseñando al pueblo. 

26 Entonces el comandante fue allá con su gente, 
y los condujo sin hacerles violencia, porque temían ser 
apedreados por el pueblo. 

I Los grandes males que ocasionan los que entran en 
empresas, ó injustas ó imprudentes, provienen siempre de 
no querer reconocer su error. Se tiene vergüenza de mu- 
dar de opinión : no se quiere confesar que se duda, se pasa 
la vida deliberando, y entre tanto los males crecen y la 
muerte viene. S. Joann. Chnj-sost. in Ecaruj. 



24 HECHOS DE LOS AFCSTOLES. 

27 Conducidos que fueron , presentáronlos al con- 
cilio ; y el Sumo sacerdote los interrogó, 

28 diciendo : Nosotros os teníamos prohibido con 
mandato formal que enseñaseis en ese nombre ; y en 
vez de obedecer, habéis llenado á Jerusalem de vues- 
tra doctrina , y queréis hacernos responsables á nos- 
otros de la sangre de ese hombre. 

29 A lo cual respondiendo Pedro y los apóstoles , 
dijeron : Es necesario obedecer á Dios, antes que á los 
hombres. 

30 El Dios de nuestros padres ha resucitado a Je- 
sús, á quien vosotros habéis hecho morir, colgándole 
en un madero. 

31 A este ensalzó Dios con su diestra por principe 
y salvador , para dar á Israel el arrepentimiento y la 
remisión de los pecados : 

32 nosotros somos testigos de estas verdades, y lo 
es también el Espíritu santo, que Dios ha dado á to- 
dos los que le obedecen. 

33 Oídas estas razones, se desatinaban sus enemi- 
gos, y enfurecidos trataban de matarlos. 

34 Pero levantándose en el concilio un Fariseo , 
llamado Gamaliel , doctor de la Ley , hombre respe- 
tado de todo el pueblo, mandó que se retirasen á fuera 
por un breve rato aquellos hombres. 

35 Y entonces dijo á los del concilio : ¡ Oh israe- 
litas ! considerad bien lo que vais á hacer con estos 
hombres. 

36 Sabéis que poco há se levantó un tal Theodas , 
que se vendía por persona de mucha importancia , al 



CAPÍTULO VI. 25 

cual se asociaron cerca de cuatrocientos hombres : él 
fue muerto , y todos los que le creian , se dispersaron, 
y redujeron á nada. 

37 Después de este alzó bandera Judas galileo en 
tiempo del empadronamiento , y arrastró tras sí al 
pueblo : este pereció del mismo modo, y todos sus se- 
cuaces quedaron disipados. 

38 Ahora pues os aconsejo que no os metáis con 
esos hombres , y que los dejéis, porque si este desig- 
nio ó empresa es obra de hombres, ella misma se des- 
vanecerá ; 

39 pero si es cosa de Dios , no podréis destruirla , 
y os expondríais á ir contra Dios. Todos adhirieron á 
este parecer. 

40 Y llamando á los apóstoles, después de haberlos 
hecho azotar, les intimaron que no hablasen mas, ni 
poco ni mucho, en el nombre de Jesús, y los deja- 
ron ir. 

41 Entonces los apóstoles se retiraron de la pre- 
sencia del concilio muy gozosos, porque habían sido 
hallados dignos de sufrir aquel ultraje por el nombre 
de Jesús. 

42 Y no cesaban todos los días, en el Templo y por 
las casas , de anunciar y de predicar á Jesu-Christo. 

CAPITULO VI. 

Eleccmi de los siete diáconos: Esie'bají se señala entre to- 
dos : hace grandes milagros ; y se levantan contra él mu- 
chos judíos. , 

1 Por aquellos días , creciendo el número de los 

3 



20 HECHOS DK LOS APÓSTOLES. 

discípulos , se suscitó una queja de los judíos griegos 
contra los judios hebreos ó nacidos en el país , porque 
no se hacia caso de sus viudas en el servicio ó distri- 
bución del sustento diario. 

2 En atención á esto , los doce apóstoles convo- 
cando á todos los discípulos , les dijeron : No es justo 
que nosotros descuidemos la predicación de la palabra 
de Dios, por tener cuidado de las mesas. 

3 Por tanto, hermanos, nombrad de entre vosotros 
siete sugetos de buena fama, llenos del Espíritu santo 
y de inteligencia, á los cuales encarguemos este minis- 
terio. 

4 Y con esto podremos nosotros empltarnos entera- 
mente en la oración , y en la predicación de la palabra 
divina. 

5 Pareció bien esta propuesta á toda la asamblea ; 
y así nombraron á Esteban , varón lleno de fé y del 
Espíritu santo , y á Phelippe , y á Próchóro , á Nica- 
nor y á Timón , á Pármenas y á Nicolás, prosélito an- 
liochéno, 

6 Presentáronlos á los apóstoles , los cuales , ha- 
ciendo oración , les impusieron las manos, ó consa- 
graron '. 

7 Entre tanto la palabra de Dios iba fructiücando , 
y multiplicándose sobremanera el número de los discí- 
pulos en Jerusalem ; y sujetábanse también á la fé mu- 
chos de los sacerdotes. 



1 Véase Consagración, Manos. 



CAPÍTULO VI. 2T 

8 Mas Esteban , lleno de gracia y de fortaleza , 
obraba grandes prodigios y milagros entre el pueblo. 

9 Levantáronse pues algunos de la synagoga llama- 
da de los libertinos ó libertos, y de las sinagogas de 
los cyreneos, de los alejandrinos, de los cilicianos y de 
los asiáticos, y trabaron disputas con Esteban ; 

10 pero no podían contrarestar á la sabiduría , y 
al Espíritu que hablaba en él \ 

11 Entonces sobornaron á algunos, que dijesen 
haberle oído proferir blasfemias contra Moysés y con- 
tra Dios. 

12 Con eso alborotaron á la plebe, y á los Ancianos, 
y á los Escribas ; y echándose sobre él le arrebataron , 
y trajeron al concilio, 

13 y produjeron testigos falsos que afirmasen : Este 
hombre no cesa de proferir palabras contra este Lugar 
santo, y contra la Ley , 

14 pues nosotros le hemos oido decir: Que aquel 
Jesús nazareno ha de destruir este lugar, y mudar las 
tradiciones ú observancias que nos dejó ordenadas 
Moysés. 

15 Entonces fijando en él los ojos todos los del con- 
cilio, vieron su rostro como el rostro de un ángel. 

1 Mallh. X. V. 20. 



28 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

CAPITULO VII. 

Razonamiento de san Esteban en el concilio de los judíos, 
y su mar lirio. 

1 Dijo entonces el príncipe de los sacerdotes: ¿Es 
esto así ? 

2 Respondió él : Hermanos mios y padres, escu- 
chadme : El Dios de la gloria apareció á nuestro padre 
Abraham cuando estaba en Mesopotamia , primero que 
habítase en Cháran % 

3 y le dijo : Sal de tu patria , y de tu parentela , y 
ven al pais que yo te mostraré. 

4 Entonces salió de la Cháldea , y vino á habitar 
en Cháran. De allí , muerto su padre , le hizo pasar 
Dios á esta tierra , en donde aliora moráis vosotros. 

5 Y no le dio de ella en propiedad ni un palmo tan 
solamente : prometióle , sí , darle la posesión de dicha 
tierra , y que después de él la poseerían sus descen- 
dientes, y eso que á la sazón Abraham no tenia hijos. 

6 Predíjole también Dios : Que sus descendientes 
morarían en tierra extraña , y serian esclavizados, y 
muy maltratados por espacio de cuatrocientos años : 

7 si bien , dijo el Señor , yo tomaré venganza de 
la nación , á la cual servirán como esclavos ; y al cabo 
saldrán libres de aquel paisy y me servirán á mí en 
este lugar. 

8 Hizo después con él la alianza sellada con la cír- 

1 Cháran es lo mismo que Harán. 



CAPÍTULO VH. 29 

cuncision; y así Abraham, habiendo engendrado á 
Isaac, le circuncidó á los ocho dias: Isaac tuvo á Ja- 
cob ; y Jacob á los doce Patriarcas. 

9 Los Patriarcas movidos de envidia , vendieron á 
Joseph para ser llevado á Egypto, donde Dios estaba 
con él; 

10 y le libró de todas sus tribulaciones : y habién- 
dole llenado de sabiduría , le hizo grato á Pharaon rey 
de Egypto, el cual le constituyó gobernador de Egypto 
y de todo su palacio. 

11 Vino después la hambre general en todo e^ 
Egypto y en la tierra de Chánaan , y la miseria fue ex- 
trema : de suerte que nuestros padres no hallaban de 
qué alimentarse. 

12 Pero habiendo sabido Jacob que en Egypto ha- 
bla trigo, envió allá á nuestros padres por la primera 
vez ; 

13 y en la segunda que fueron , Joseph se dio á co- 
nocer á sus hermanos, y fue descubierto su linage á 
Pharaon. 

14 Entonces Joseph envió por su padre Jacob, y 
por toda su parentela , que era de setenta y cinco per- 
sonas. 

15 Bajó pues Jacob á Egypto, donde vino á morir 
él , y también nuestros padres. 

16 Y sus huesos fueron después trasladados á Si- 
chém * , y colocados en el sepulcro que Abraham com- 

I Algunos intérpretes creen que el padre de Epliron se 
llamaba Sichéin , y tanibieu Sehar. Pero es mas verosímil 



30 HECHOS DE LOS ArÓSTOLES. 

pro de los hijos de Hernor, hijo de Sichém , por cierta 
suma de dinero. 

17 Pero acercándose ya el tiempo de cumplirse la 
promesa, que con juramento habla hecho üios á 
Abraham , el pueblo de Israel fue creciendo, y multi- 
plicándose en Egypto, 

18 hasta que reinó allí otro soberano, que no sabia 
nada de Joseph. 

19 Este príncipe usando de una artificiosa malicia 
contra nuestra nación , persiguió á nuestros padres , 
hasta obligarlos á abandonar sus niños recien nacidos, 
á fin de que no se propagasen. 

20 Por este mismo tiempo nació Moysés , que fue 
grato á Dios , y el cual por tres meses fue criado ocul- 
tamente en casa de su padre. 

21 Al fin, habiendo sido abandonado sóbrelas aguas 
del Nüo, le recogió la hija de Pharaon , y le crió como 
á hijo suyo. 

22 Se le instruyó en todas las ciencias de los egyp- 
cios , y llegó á ser varón poderoso, tanto en palabras, 
como en obras. 

23 Llegado á la edad de cuarenta años, le vino 
deseo de ir á visitar á sus hermanos los hijos de Israel. 

24 Y habiendo visto que uno de ellos era injuriado, 



que S. Estébau dijo compendiosamente, que Jacob fue tras- 
ladado á Hebron, y enterrado en la sepultura comprada an- 
tes por Abraham á Ephron , y Josepli y sus hermanos en 
Sichém , en la parte del campo que Jacob compró á los 
hijos de Hemor. Véase Genes. XXXIII. v. 18?/ 19. 



CAPITULO Vil. 31 

se puso de su parte , y le vengó, matando al egypcio 
que le injuriaba. 

25 hí estaba persuadido de que sus hermanos los 
israelitas conocerian que por su medio les habia de 
dar Dios libertad ; mas ellos no lo entendieron. 

26 Al dia siguiente se metió entre unos que reñian , 
y exhortábalos á la paz , diciendo : Hombres , vosotros 
sois hermanos , ¿ pues por qué os maltratáis uno al 
otro? 

27 Mas aquel que hacia el agravio á su prójimo, le 
rempujó, diciendo : ¿Quién le ha puesto á ti por prin- 
cipe y juez sobre nosotros ? 

2S ¿Quieres tú por ventura matarme á mí , como 
mataste ayer al egypcio ? 

29 Al oir esto Moysés se ausentó ; y retiióse á vivir 
como exlrangero en el país de Madian , donde tuvo 
dos hijos. 

30 Cuarenta años después se le apareció un ángel 
del Señor en el Desierto del monte Sina , entre las lla- 
mas de una zarza que ardia siji consumirse. 

31 Maravillóse Moysés al ver aquel espectáculo ; y 
acercándose á contemplarle, oyó la voz del Señor, 
que le decía : 

32 Yo soy el Dios de tus padres , el Dios de Abra- 
ham , el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Despa- 
vorido entonces Moysés, no osaba mirar lo que aque- 
llo era. 

33 Pero el Señor le dijo : Quilate de los pies el 
calzado , porque el lugar en que estás , es una tierra 
santíi. 



32 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

34 Yo he visto y considerado la aflicción del pueblo 
mió, que habita en Egypto , y he oído sus gemidos, y 
he descendido á librarle. Ahora pues ven tú, y te en- 
enviaré á Egypto. 

35 Así que á este Moysés , á quien desecharon, 
diciendo : ¿ Quién te ha constituido nuestro príncipe 
y juez ? á este mismo envió Dios para ser el caudillo 
y libertador de ellos , bajo la dirección del ángel , que 
se le apareció en la zarza. 

36 Este mismo los libertó, haciendo prodigios y 
milagros en la tierra de Egypto, y en el Mar rojo, y en 
el Desierto por espacio de cuarenta años. 

37 Este es aquel Moysés que dijo á los hijos de 
Israel : Dios os suscitará de entre vuestros hermanos 
un Profeta legislador, como me ha suscitado á mí ; á 
este debéis obedecer. 

38 Moysés es quien , mientras el pueblo estaba con- 
gregado en el Desierto , estuvo tratando con el ángel , 
que le hablaba en el monte Sina : es aquel que estuvo 
con nuestros padres ; el que recibió de Dios las pala- 
bras de vida para comunicárnoslas. 

39 A quien no quisieron obedecer nuestros padres ; 
antes bien le desecharon , y con su corazón y afecto se 
volvieron á Egypto, 

40 diciendo á Aaron : Haznos dioses que nos guíen: 
ya que no sabemos qué se ha hecho de ese Moysés , que 
nos sacó^de la tierra de Egypto. 

41 Y fabricaron después un becerro , y ofrecieron 
sacriíicio á este ídolo , y hacían regocijo ante la hechura 
de sus manos. 



CAPÍTULO Vil. 33 

42 Entonces Dios les volvió las espaldas , y los aban- 
donó á la idolatría de los astros ó la milicia del cielo , 
según se halla escrito en el Libro de los Profetas ' : 
; Oh casa de Israel! ¿por ventura me has ofrecido víc- 
timas y sacrificios los cuarenta años del Desierto ? 

43 Al contrario habéis conducido el tabernáculo de 
Moloch, y el astro de vuestro dios Rempham ^, figu- 
ras que fabricasteis para adorarlas. Pues yo os traspor- 
taré á Babylonia , y mas allá. 

44 Tuvieron nuestros padres en el Desierto el ta- 
bernáculo del testimonio , según se lo ordenó Dios á 
IMoysés , diciéndole , que le fabricase según el modelo 
que había visto ^ 

45 Y habiéndole recibido nuestros padres , le con- 
dujeron bajo la dirección de Josué á el pais que era la 
posesión de las naciones , que fue Dios expeliendo de- 
lante de ellos , y duró el Tabemíiculo hasta el tiempo 
de David ^. 

46 Este fue acepto á los ojos de Dios , y pidió po- 
der fabricar un templo al Dios de Jacob. 

47 Pero el Templo quien le edificó fue Salomón ^. 

48 Si bien el Altísimo no habita precisamente en 
moradas hechas de mano de hombres , como dice el 
Profeta : 

49 El cielo es mi trono , y la tierra el estrado de mis 

1 Amos V. V, 25, 

2 Véase Remtnon. 

3 Ex. XXV. V. 40. Véase Tabernáculo. 

4 Josué III. V. 14. — Hebr. VIH v. 9. 

5 /. Reg. XVI. v. 13. —Psa/zn. CXXXI. v. 5. 



34 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

pies '. ¿Qué especie de casa me habéis |de edificar 
vosolros ? dice el Señor ; ó ¿ cuál podrá ser diyno lu- 
gar de mi descanso? 

50 ¿ Por ventura no hizo mi mano todas estas cosas? 

51 Hombres de dura cerviz, y de corazón y oido 
incircuncisos, vosotros resistís siempre al Espíritu san- 
to: como fueron vuestros padres, asi sois vosotros. 

52 ¿ A qué Profeta no persiguieron vuestros padres? 
Ellos son los que mataron á los que prenunciaban la 
venida del Justo , que vosotros acabáis de entregar , 
y del cual habéis sido homicidas : 

53 vosotros que recibisteis la Ley por ministerio de 
ángeles , y no la habéis guardado. 

54 Al oir tales cosas , ardian en cólera sus corazones, 
y crujían los dientes contra el. 

55 Mas Esteban estando lleno del Espíritu santo , 
y fijando los ojos en el cielo , vio la gloria de Dios , y á 
Jesús que estaba á la diestra de Dios. Y dijo : Estoy 
viendo ahora los cielos abiertos , y al Hijo del hombre 
sentado á la diestra de Dios. 

56 Entonces clamando ellos con gran gritería , se 
taparon ios oidos ; y después todos á una arremetieron 
contra él. 

57 Y arrojándole fuera de la ciudad le apedrearon ; 
y los testigos " depositaron sus vestidos á los pies de un 
mancebo , que se llamaba Saulo. 



1 1. Paral. XVII. v. 12,24— /a. LXVl. v. 1. 

2 Qiiese^nin la Lf-y debían tirar las pr'ineras piedras. 
Deiit. XVn. V. 7. 



CAPÍTULO VIII. 35 

58 Y apedreaban á Esteban , el cual estaba orando, 
y diciendo : Señor Jesús, recibe mi espíritu. 

59 Y poniéndose de rodillas , clamó en alta voz : Se- 
ñor , no les hagas cargo de este pecado. Y dicho esto , 
durmió en el Señor. Saulo empero habia consentido 
como los otros á la muerte de Esteban. 

CAPITULO Vlil 

Saulo persigue la Iglesia. Phelippe el diácono hace mucho 
fruto en Samaría, á donde son enviados Pedro y Juan. 
Pecado cometido por Simón mago, qiie dio el nombre á la 
simonía. Phelippe bautiza al eunuco de la reina Candace. 

1 Por aquellos dias se levantó una gran persecución 
contra la Iglesia de Jerusalem, y todos los discípulos, 
menos los apóstoles, se desparramaron por varios dis- 
tritos de Judea y de Samaría. 

2 Mas algunos hombres timoratos cuidaron de dar 
sepultura á Esteban , en cuyas exequias hicieron gran 
duelo '. 

3 Entre tanto Saulo iba desolando la Iglesia, y en- 
trándose por las casas, sacaba con violencia á hombres 
y mugeres, y los hacia meter en la cárcel. 

4 Pero los que se habían dispersado, andaban de 
un lugar á otro, predicando la palabra de Dios. 

5 Entre ellos Phelippe, habiendo llegado á la ciu- 
dad de Samaría , les predicaba á Jesu-Chñslo. 

6 Y era grande la atención con que todo el pueblo 

I Véase Sepulcro. 



36 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

escuchaba los discursos de Phelippe, oyéndole todos con 
el misino fervor, y viendo los milagros que obraba. 

7 Porque muchos espíritus inmundos salían de los 
espiritados, dando grandes gritos. 

8 Y muchos paralíticos, y cojos fueron curados. 

9 Por lo que se llenó de grande alegría aquella 
ciudad. En ella habia ejercitado antes la magia un 
hombre llamado Simón , engañando á los samaritanos, 
y persuadiéndoles que él era un gran personage : 

10 todos, grandes y pequeños, le escuchaban con ve- 
neración , y decían : Este es la virtud grande de Dios. 

11 La causa de su adhesión á él era, porque ya ha* 
cía mucho tiempo que los traia infatuados con su arte 
mágica. 

12 Pero luego que hubieron creído la palabra dei 
reino de Dios, que Phelippe les anunciaba , hombres 
y raugeres se hacían bautizar en nombre de Jesu- 
Christo '. 

13 Entonces creyó también el mismo Simón ; y ha- 
biendo sido bautizado, seguía y acompañaba á Phelip- 
pe. Y al ver los milagros y portentos grandísimos que 
se hacían , estaba atónito y lleno de asombro. 

14 Sabiendo pues los apóstoles, que estaban en 
Jerusalem, que los samaritanos habían recibido la 
palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan. 

15 Estos en llegando, hicieron oración por ellos á 
fin de que recibiesen al Espíritu santo ; 



1 Y del modo que el Señor les habia prescrito. 



CAPITULO VIII. 37 

16 porque aun no habia descendido sobre ninguno 
de ellos, sino que solamente estaban bautizados en 
nombre del Señor Jesús. 

17 Entonces les imponían las manos, y luego reci- 
bían al Espíritu santo de un modo sensible. 

18 Habiendo visto pues Simón, que por la impo- 
sición de las manos de los apóstoles se daba el Espí- 
ritu santo, les ofreció dinero, 

19 diciendo: Dadme también á mí esa potestad, 
para que cualquiera á quien imponga yo las manos, 
reciba al Espíritu santo. IMas Pedro le respondió : 

20 Perezca tu dinero contigo, pues has juzgado que 
se alcanzaba por dinero el don de Dios. 

21 No puedes tú tener parte, ni cabida en este 
ministerio, porque tu corazón no es recto á los ojos 
de Dios. 

22 Por tanto haz penitencia de esta perversidad 
luya ; y ruega de tal suerte á Dios, que te sea perdo- 
nado ese desvarío de tu corazón. 

23 Pues yo te veo lleno de amarguísima hiél , y 
arrastrando la cadena de la iniquidad. 

24 Respondió Simón, y dijo: Rogad por mí vos- 
otros al Señor, para que no venga sobre mí nada de 
lo que acabáis de decir. 

25 Ellos en fin , habiendo predicado, y dado testi- 
monio de la palabra del Señor, regresaron á Jerusa- 
lem , anunciando el Evangelio en muchos distritos de 
los samaritanos. 

26 Mas un ángel del Señor habló á Phelippe , di- 
To:^i. XIV. 4 



38 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

ciendo : Parte, y vé acia el Mediodía, por la via que 
lleva de Jerusalcm á Gaza , la cual cslá desierta. 

27 Partió luego Phelippe, y se fue acia allá. Y bé 
aquí que encuentra á un ethíope, eunuco, gran valido 
de Candace, reina de los ethiopes, y superintendente 
de todos sus tesoros, el cual habia venido á Jerusalem 
á adorar á Dios ; 

28 y á la sazón se volvia , sentado en su carruage, 
y leyendo al Profeta Isaías. 

29 Entonces dijo el Espíritu á Plielippe : Date prisa 
y arrímate á ese carruage. 

30 Acercándose pues Phelippe á toda prisa, oyó 
que iba leyendo en el Profeta Isaías , y le dijo : ¿ Te 
parece á tí que entiendes lo que vas leyendo ? 

31 ¿Cómo lo he de entender, respondió él , si al- 
guno no me lo explica ?■ Rogó pues á Phelippe que su • 
biese , y tomase asiento á su lado. 

32 El pasage de la Escritura que iba leyendo , era 
este ' : Como oveja fue conducido al matadero ; y co- 
mo cordero que está sin balar en manos del que le 
trasquila , así él no abrió su boca. 

33 Después de sus humillaciones ha sido libertado 
del poder de la muerte , á la cual fue condenado. Su 
generación ¿ quién podrá declararla , puesto que su 
vida será cortada de la tierra? 

34 A esto preguntó el eunuco á Phelippe : Díme , 
te ruego, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿de sí mis- 
mo , ó de algún otro ? 

1 /*. luí. V. 7. 



CAPÍTULO IX. 39 

35 Entonces Pheüppe tomando la palabra , y co- 
menzando por este texto de la Escritura , le evangelizó 
á Jesús. 

36 Siguiendo su camino , llegaron á un parage en 
que había agua , y dijo el eunuco : Aquí hay agua , 
¿ qué impedimento hay para que yo sea bautizado ? 

37 Ninguno, respondió Pheüppe, si crees de todo 
corazón. A lo que dijo el eunuco : Yo creo que Jesu- 
Chrislo es el Hijo de Dios. 

38 Y mandando parar e! carruage, bajaron ambos, 
Pheüppe y el eunuco , al agua , y Pheüppe le bau- 
tizó. 

39 Asi que salieron del agua, ei Espíritu del Señor 
arrebató á Phelippe , y no le vio mas el eunuco ; el 
cual prosiguió su viage , rebosando de gozo. 

40 Phelippe de repente se halló en Azoto, y fue 
anunciando el Evangelio á todas las ciudades por don- 
de pasaba , hasta que llegó á Cesárea. 

CAPÍTULO IX. 

Conversión porienlosa de Sanio : predica luego en Damasco: 
va áJenisalem, y Bernabé le presenta á los apóstoles, 
que le envían á Tarso. San Pedro cura á un paralitico, y 
resucita en Joppe á Tabitha. 

1 Mas Saulo , que todavía no respiraba sino ame- 
nazas y muerte contra los discípulos del Señor, se pre- 
sentó al príncipe de los sacerdotes , 

2 y le pidió cartas para Damasco dirigidas á las 
jsvnagogas , para traer presos á Jerusalem á cuantos 



40 UKCHOS Uü LOS APOSTÓLES. 

hombres y mugeres hallase de esta profesión ó escueta 
de Jesús. 

3 Caminando pues á Damasco , ya se acercaba á 
esta ciudad , cuando de repente le cercó de resplandor 
una luz del cielo. 

4 Y cayendo en tierra asombrado, oyó una voz que 
le decia : Saulo , Saulo, ¿ por qué me persigues ? 

5 y él respondió : ¿Quién eres tú, Señor? Y el 
Señor le dijo : Yo soy Jesús , á quien tú persigues : 
dura cosa es para tí el dar coces contra el aguijón. 

6 Él entonces temblando y despavorido , dijo : Se- 
ñor, ¿ qué quieres que haga ? 

7 Y el Señor le respondió : Levántale , y entra en 
la ciudad, donde se te dirá lo que debes hacer. Los que 
venían acompañándole, estaban asombrados, oyendo 
sí, sonido de voz ' , pero sin ver á nadie. 

8 Levantóse Saulo de la tierra , y aunque tenia 
abiertos los ojos, nada vcia. Por lo cual, llevándole 
de la mano, le metieron en Damasco. 

9 Aquí se mantuvo tres dias privado de la vista, y 
sin comer, ni beber. 

10 Estaba á la sazón en Damasco un discípulo lla- 
mado Ananías , al cual dijo el Señor en una visión : 
¿ Ananías ? Y él respondió : Aquí me tenéis, Señor. 

1 1 Levántate , le dijo el Señor , y vé á la calle 
llamada Recta ; y busca en casa de Judas á un hom- 
bre de Tarso llamado Saulo , que ahora cslá en ora- 
ción. 

1 Véase Cap. XXII. v. 10. 



CAPÍTULO IX. 41 

1*2 (Y en este mismo tiempo veia Saulo en una vi- 
sión á un hombre llamado Ananias , que entraba , y 
le imponía las manos para que recobrase la vista.) 

13 Respondió empero Ananias : Señor, he oido 
decir á muchos que este hombre ha hecho grandes da- 
ños á tus santos en Jerusalem ; 

14 y aun aquí^está con poderes de los príncipes de 
los sacerdotes para prender á todos los que invocan tu 
nombre. 

15 Vé á encontrarle, le dijo el Señor, que ese mis- 
mo es ya un instrumento ' elegido por mí para llevar 
mi nombre ?/ anunciarle delan'e de todas las naciones, 
y de los reyes , y de los hijos de Israel. 

16 Y yo le haré ver cuántos trabajos tendrá que 
padecer por mi nombre. 

17 Marchó pues Ananias , y entró en la casa ; é 
imponiéndole las manos, le dijo : Saulo hermano mió, 
el Señor Jesús , que se te apareció en el camino que 
traías , rae ha enviado para que recobres la vista , y 
quedes lleno del Espíritu santo. 

18 Al momento cayeron de sus ojos unas como es- 
camas , y recobró la vista ; y levantándose fue bau- 
tizado. 

19 Y habiendo tomado después alimento , recobró 
sus fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos que 
habitaban en Damasco. 

20 y desde luego empezó á predicar en las syna- 



l Véase Vaso, 



42 HECHOS UE LOS APOSTÓLES. 

gogas á Jesús , afu-mmulo que este era el Hijo de 
Dios. 

21 Todos los que le oían, estaban pasmados, y de- 
cían : ¿Pues no es este aquel mismo que con tanto fu- 
ror perseguía en Jerusalem á los que invocaban este 
nombre , y que vino acá de propósito para conducirlos 
presos á los principes de los sacerdotes? 

22 Saulo empero cobraba cada día nuevo vigor y 
esfuerzo , y confundía á los judíos que habitaban en 
Damasco, demostrándoles que Jesús era el Chrísto. 

23 Mucho tiempo después , los judíos se conjuraron 
de mancomún para quitarle la vida '. 

24 Fue advertido Saulo de sus asechanzas ; y ellos 
á fin de salir con el intento de matarle , tenían puestas 
centinelas día y noche á las puertas. 

... 25 En vista de lo cual los discípulos, tomándole 
una noche, le descolgaron por el muro, metido en un 
serón. 

26 Así que llegó á Jerusalem, procuraba unirse con 
los discípulos , mas todos se temían de él, no creyendo 
que fuese discípulo ; 

27 hasta tanto que Bernabé tomándole consigo, le 
llevó á los apóstoles ^, y les contó cómo el Señor se le 
había aparecido en el camino , y las palabras que le 
había dicho , y con cuánta firmeza había procedido en 



1 Pablo habiéndose ido á la Arabía, volvió pasados tres 
años á Damasco, y coutinuó predicando la fe de Jesu- 
Cliristo. Calat. I. v. 17. 

2 Galat. I v. \7 y 18. 



CAPITULO IX. 43 

Damasco predicando con libertad en el nombre de 
Jesús. 

28 Con eso andaba y vivia con ellos en Jerusaiem, 
y predicaba con grande ánimo y libertad en el nom- 
bre del Señor. 

29 Conversaba también con los de otras naciones, 
y disputaba con los judíos griegos ; pero estos confun- 
didos buscaban medio para matarle. 

30 Lo que sabido por los hermanos, le condujeron 
á Cesárea , y de allí le enviaron á Tarso. 

31 La Iglesia entre tanto gozaba de paz por toda la 
Judea, y Galilea, y Samaria , é iba estableciéndose, 
ó perfeccionándose, procediendo en el temor del Señor, 
y llena de los consuelos del Espíritu santo. 

32 Sucedió por entonces, que visitando Pedro á 
todos los discípulos, vino asimismo á los santos afie- 
les que moraban en Lydda. 

33 Aquí halló á un hombre llamado Eneas, que 
hacia ocho años que estaba postrado en una cama , 
por estar paralítico. 

34 Díjole Pedro: Eneas, el Señor Jesu-Christo le 
cura: levántate, y hazle tú mismo la cama. Y al mo- 
mento se levantó. 

35 Todos los que habitaban en Lydda y en Sarona, 
le vieron ; y se convirtieron al Señor. 

36 Había también en Joppe entre los discípulos 
una muger llamada Tabiíha, que traducido al griego 
es lo mismo que Dórcas. Estaba esta enriquecida de 
buenas obras, y de las limosnas que hacia. 

37 i\!as acaeció en aquellos días que, cayendo en- 



44 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

ferma, murió. Y lavado su cadáver, la pusieron de 
cuerpo •presente en un aposento alto. 

38 Como Lydda está cerca de Joppe, oyendo los 
discípulos que Pedro estaba allí, le enviaron dos men- 
sageros, suplicándole que sin detención pasase á ver- 
los. 

39 Púsose luego Pedro en camino con ellos. Lle- 
gado que fue, condujéronle al aposento alto ; y se halló 
rodeado de todas las viudas, que llorando le mostra- 
ban las túnicas y los vestidos que Dórcas les hacia. 

40 Entonces Pedro habiendo hecho salir á toda la 
gente, poniéndose de rodillas, hizo oración; y vuelto 
al cadáver, dijo : Tabitha, levántale. Al instante abrió 
ella los ojos; y viendo á Pedro, se incorporó. 

41 El cual dándole la mano, la puso en pié. Y lla- 
mando á los santos ó fieles, y á las viudas, se la entre 
gó viva. 

42 Lo que fue notorio en toda la ciudad de Joppe : 
por cuyo motivo muchos creyeron en el Señor. 

43 Con eso Pedro se hubo de detener muchos días 
en Joppe, hospedado en casa de cierto Simón cur- 
tidor. 



CAPÍTULO X. 



Bautiza Pedro á Cornelio el centurión , y á varios otros 
gentiles parientes y amigos de este. 

1 Habla en Cesárea un varón llamado Corne- 



CAPÍTULO X. 45 

lio, el cual era centurión en una cohorte ' de la le- 
gión llamada Itálica, 

2 hombre religioso, y temeroso de Dios con toda 
su familia , y que daba muchas limosnas al pueblo, y 
hacia continua oración á Dios : 

3 este pues, á eso de la hora de nona, en una vi- 
sión vio claramente á un ángel del Señor entrar en 
su aposento, y decirle : ¡ Cornelio ! 

4 Y él mirándole, sobrecogido de temor, dijo : 
¿Qué queréis de mí, Señor? Respondióle: Tus ora- 
ciones y tus limosnas han subido hasta arriba en el 
acatamiento de Dios haciendo memoria de tí. 

5 Ahora pues envía á alguno á Joppe en busca de 
un tal Simón, por sobrenombre Pedro; 

6 el cual está hospedado en casa de otro Simón 
curtidor, cuya casa está cerca del mar : este te dirá 
lo que te conviene hacer. 

7 Luego que se retiró el ángel que le hablaba, lla- 
mó á dos de sus domésticos, y á un soldado de los que 
estaban ásus órdenes, temeroso de Dios. 

8 A los cuales, después de_ habérselo confiado todo, 
los envió á Joppe. 

9" El dia siguiente, mientras estaban ellos haciendo 
su viage, y acercándose á la ciudad, subió Pedro á 
lo alto de la casa cerca de la hora de sexta á hacer 
oración. 

10 Sintiendo hambre, quiso tomar alimento. Pe- 



Vcase Cohorte. 



46 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

10 mientras se lo aderezaban, le sobrevino un éxtasis 
ó arrobamienio ,' 

11 y en él vio el cielo abierto, y bajar cierta cosa 
como un mantel grande, que pendiente de sus cuatro 
puntas se descolgaba del cielo á la tierra, 

12 en el cual habia todo género de animales cua- 
drúpedos y reptiles de la tierra, y aves del cielo. 

13 Y oyó una voz que le dccia : Pedro, levántate, 
mata y come. 

14 Dijo Pedro : No haré tal, Señor, pues jamás he 
comido cosa profana é inmunda. 

15 Replicóle la misma voz : Lo que Dios ha puri- 
ficado, no lo llames tú profano. 

16 Esto se repitió por tres veces ; y luego el man- 
tel volvió á subirse al cielo. 

17 Mientras estaba Pedro discurriendo entre sí qué 
significarla la Vision que acababa de tener, hé aquí que 
los hombres que enviara Cornelio, preguntando por la 
casa de Simón, llegaron ala puerta. 

18 Y habiendo llamado, preguntaron si estaba hos- 
pedado allí Simón, por sobrenombre Pedro. 

19 Y mientras este estaba ocupado en discurrir so- 
bre la visión, le dijo el Espíritu : Mira, ahí están fres 
hombres que te buscan. 

20 Levántale luego, baja y vete con ellos sin el me- 
nor reparo, porque yo soy el que los he enviado. 

21 Habiendo pues Pedro bajado, é ido al encuentro 
de los mensageros, les dijo : Vedme aquí ; yo soy aquel 
á quien buscáis ; ¿cuál es el motivo de vuestro viagc? 

22 Ellos le respondieron : El centurión Cornelio, 



CAPÍTULO X. 47 

varón justo y temeroso de Dios, estimado y tenido por 
tal de toda la nación de los judíos, recibió aviso de un 
santo ángel, para que le enviara á llamar á su casa, y 
escuchase lo que tú le digas. 

23 Pedro entonces haciéndolos entrar, los hospedó 
consigo. Al dia siguiente parlió con ellos, acompañán- 
dole también algunos de los hermanos de Joppe. 

24 El dia después entró en Cesárea. Cornelio por 
su parte, convocados sus parientes, y amigos mas ínti- 
mos, los estaba esperando. 

25 Estando Pedro para entrar, le salió Cornelio á 
recibir, y postrándose á sus pies, le adoró '. 

26 Mas Pedro le levantó, diciendo : Álzate, que yo 
no soy mas que un hombre como tú. 

27 Y conversando con él, entró en casa, donde 
halló reunidas muchas personas, 

28 y les dijo : No ignoráis qué cosa tan abominable 
sea para un judío el trabar amistad ó familiarizarse con 
un extrangero ; pero Dios me ha enseñado á no tener 
á ningún hombre por impuro ó manchado^. 

29 Por lo cual, luego que he sido llamado, he ve- 
nido sin dificultad. Ahora os pregunto: ¿ Por qué mo- 
tivo me habéis llamado? 

30 A lo que respondió Cornelio: Cuatro dias hace 
hoy, que yo estaba orando en mi casa á la hora de nona, 
cuando hé aquí que se me puso delante un personagc 
vestido de blanco, y me dijo : 

1 Véase Adorar. 

2 Véase Profano, Purificación. 



48 HFXHOS DE LOS APOSTÓLES. 

31 Cornclio, tu oración ha sido o\áa benignameníe , 
y se ha hecho mención de tus limosnas en la presen- 
cia de Dios. 

32 Envía pues á Joppe, y haz venir á Simón , por 
sebrenombre Pedro, el cual está hospedado en casa de 
Simón el curtidor cerca del mar. 

33 Al punto pues envié por tí ; y tú me has hecho 
la gracia de venir. Ahora pues todos nosotros estamos 
aquí en tu presencia, para escuchar cuanto el Señor te 
haya mandado decirnos. 

34 Entonces Pedro, dando principio á su discurso, 
habló de esta manera : Verdaderamente acabé de co- 
nocer que Dios no hace acepción de personas, 

35 sino que en cualquiera nación, el que le teme 
y obla bien, merece su agrado. 

36 Lo cual ha hecho entender Dios á los hijos de 
Israel, anunciándoles la paz por Jesu-Christo, el cual 
es el Señor de todos. 

37 Vosotros sabéis lo que ha ocurrido en toda la 
Judca : habiendo principiado en Galilea, después que 
predicó Juan el bautismo; 

38 la manera con que Dios ungió ' con el Espíri- 
tu santo y su virtud á Jesús de Nazareth , el cual ha 
ido haciendo beneficios por todas partes por donde ha 
pasado , y ha curado á todos los que estaban bajo la 
opresión del demonio , porque Dios estaba con él. 

39 y nosotros somos testigos de todas las cosas que 



Tmic. IV. V. 18. 



CAPÍTULO X. 19 

hizo en el país de Judea y en Jerusalem , al cual no 
obstante quitaron la vida colgándole en una cruz. 

40 Pero Dios le resucitó al tercer dia, y dispuso 
que se dejase ver , 

41 no de todo el pueblo , sino de los predestinados 
de Dios para testigos ; de nosotros , que hemos comido 
y bebido con él, después que resucitó de entre los muer- 
tos. 

42 Y nos mandó que predicásemos y testiflcásemos 
al pueblo , que él es el que está por Dios constituido 
juez de vivos y de muertos. 

43 Del mismo testifican todos los Profetas ' , que 
cualquiera que cree en él , recibe en virtud de su nom- 
bre la remisión de los pecados. 

44 Estando aun Pedro diciendo estas palabras , des- 
cendió el espíritu santo sobre todos los que oian la 
plática. 

45 y los fieles circuncidados ó judíos que hablan 
venido con Pedro , quedaron pasmados , al ver que la 
gracia del Espíritu santo se derramaba también sobre 
ios gentiles ó incircuncisos. 

46 Pues los oian hablar varias lenguas , y publicar 
las grandezas de Dios. 

47 Entonces dijo Pedro : ¿Quién puede negar el 
agua del bautismo á los que , como nosotros , han re- 
cibido también al Espíritu santo? 

48 Así que mandó bautizarlos en nombre ?/ con el 



Jer. XXXí. V. 3A. — Mich. Vil. v. 18. 



50 HECHOS DK LOS APOSTÓLES. 

bautismo de nuestro Señor Jesu-Chrislo; y le supli- 
caron que se detuviese con ellos algunos días , como lo 
hizo. 

CAPITULO XI. 

Disgústanse los hermanos de que Pedro haya tratado con 
los gentiles ; y él les satisface, contándoles el suceso. Pro- 
pagación del Evangelio en varias partes, sobre todo en 
Antiochia, á donde es enviado Bernabé', que conduce allí 
á Saulo. 

1 Supieron los apóstoles y los hermanos ó fieles de 
Judea , que también los gentiles hablan recibido la pa- 
labra de Dios. 

2 Vuelto pues Pedro á Jerusalem , le hacían por 
eso cargo los fieles circuncidados , 

3 diciendo : ¿ Cómo has entrado en casa de personas 
incircuncisas , y has comido con ellas ? 

4 Pedro entonces empezó á exponerles toda la serie 
del suceso en estos términos : 

5 Estaba yo en la ciudad de Joppe en oración , y 
Yí en éxtasis una visión de cierta cosa que iba descen- 
diendo , á manera de uu gran lienzo descolgado del cie- 
lo por las cuatro puntas , que llegó junto á mí. 

6 Mirando con atención , me puse á contemplarle, 
y le vi lleno de animales cuadrúpedos terrestres , de fie- 
ras , de reptiles y volátiles del cielo. 

7 Al mismo tiempo oí una voz que me decia : Pe- 
dro , levántate , mala y come. 

8 Yo respondí : De ningún modo, Señor, porque 



CArÍTULO XI. 51 

hasta ahora no ha entrado jamás en mi boca cosa pro- 
fana ó inmunda. 

9 Blas la voz del cielo liablándomc segunda vez, me 
replicó : Lo que Dios ha purificado , no lo llames tú 
impuro. 

10 Esto sucedió por tres veces ; y luego todo aquel 
aparato fue recibido otra vez en el cielo. 

11 Pero en aquel mismo punto llegaron á la casa 
en que estaba yo hospedado, tres hombres que eran 
enviados á raí de Cesárea. 

12 Y me dijo el Espíritu, que fuese con ellos, sin 
escrúpulo alguno. Vin eron asimismo estos seis her- 
manos que me acompañan, y entramos en casa de aquel 
hombre que me envió á buscar. 

13 El cual nos contó , como habia visto en su casa 
á un ángel , que se le presentó y le dijo : Envía á 
Joppe , y haz venir á Simón , por sobrenombre Pedro^ 

14 quien te dirá las cosas necesarias para tu salva- 
ción , y la de toda tu familia. 

15 Habiendo yo pues empezado á hablar, descen- 
dió el Espíritu santo sobre ellos, como descendió al 
principio sobre nosotros. 

16 Entonces me acordé de lo que decía el Señor : 
Juan á la verdad ha bautizado con agua , mas vosotros 
seréis bautizados con el Espíritu sanio. 

17 Pues si Dios les dio á ellos la misma gracia, y 
del mismo modo que á nosotros, que hemos creído en 
nuestro Señor Jesu-Chrislo ; ¿quién era yo, para opo- 
nerme á el designio de Dios? 

IS Oídas estas cosas, se aquietaron ; y glorificaron á 



52 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

Dios, diciendo : Luego también á los gentiles les ha 
concedido Dios la penitencia para alcanzar la vida. 

19 Entre tanto los discípulos que se hablan espar- 
cido por la persecución suscitada con motivo de Este- 
ban , llegaron hasta Phenicia, y Chypre, y Anliochía , 
predicando el Evangelio únicamente á los judíos. 

20 Entre ellos había algunos nacidos en Chypre y 
en Cyrene, los cuales habiendo entrado en Antiochía , 
conversaban asimismo con los griegos \ anunciándo- 
les lafé de el Señor Jesús. 

21 Y la mano de Dios los ayudaba: por manera 
que un gran número de personas creyó y se convirtió 
al Señor. 

22 Llegaron estas noticias á oídos de la Iglesia de 
Jerusalem ; y enviaron á Bernabé á Antiochia. 

23 Llegado allá , y al ver los prodigios de la gra- 
cia de Dios, se llenó de júbilo ; y exhortaba á todos á 
permanecer en el servicio del Señor con un corazón 
firme y constante; 

24 porque era Bernabé varón perfecto, y lleno del 
Espíritu santo, y de fé. Y así fueron muchos los que 
se agregaron al Señor. 

2.T De aquí partió Bernabé á Tarso, en busca de 
Saulo ; y habiéndole hallado, le llevó consigo á Antio- 
chia. 

26 En cuya Iglesia estuvieron empleados todo un 
año ; é instruyeron á tanta multitud de gentes, que 



1 Esto es, los gentiles, ó quizá los judíos nacidos alli. 
Véase Gentiles. 



CAPITULO XII. 53 

aquí en Anliochia fue donde los discípulos empezaron 
á llamarse cristianos '. 

27 Por estos días vinieron de Jerusalem ciertos 
Profetas á Antiochia , 

28 uno de los cuales , por nombre Agabo, inspirado 
de Dios, anunciaba que Labia de haber una grande 
hambre por toda la tierra , como en efecto la hubo en 
tiempo de el emperador Claudio. 

29 Por cuya causa los discípulos determinaron con- 
tribuir cada uno , según sus facultades, con alguna li- 
mosna para socorrer á los hermanos habitantes en 
Judea ; 

30 lo que hicieron efectivamente , remitiendo las 
limosnas á los Ancianos, ó sacerdotes de Jerusalem, 
por mano de Bernabé y de Saulo. 

CAPÍTULO Xíi. 

Martirio de Santiago. Prisión de san Pedro, y cómo fue 
puesto milagrosamente en libertad. Muerte desgradada 
del rey He r ó des. 

1 Por este mismo tiempo el rey Heródes se puso á 
perseguir á algunos de la Iglesia. 

2 Primeramente hizo degollar á Santiago hermano 
de Juan. 

3 Después viendo que esto complacía á los judíos, 
determinó también prender á Pedro. Eran entonces 
los días de los ázyraos. 

1 Véase profetizado este suceso en Is. LXV. r. 15. 



54 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

4 Habiendo pues logrado prenderle le metió en la 
cárcel , entregándole á la custodia de cuatro piquetes 
de soldados, de á cuatro hombres cada piquete , con 
el designio de presentarle al pueblo y ajusticiarle des- 
pués de la Pascua. 

5 Mientras que Pedro estaba asi custodiado en la 
cárcel, la Iglesia incesantemente hacia oración á Dios 
por él. 

6 Mas cuando iba ya Heródes á presentarle al pú- 
blico, aquella misma noche estaba durmiendo Pedro 
en medio de dos soldados , atado á ellos con dos cade- 
nas ; y las guardias ante la puerta de la cárcel haciendo 
centinela. 

7 Cuando de repente apareció un ángel del Señor, 
cuya luz llenó de resplandor toda la pieza; y tocando 
á Pedro en el lado, le despertó, diciendo : I-evántate 
presto. Y al punto se le cayeron las cadenas de las 
manos. 

8 Díjole asimismo el ángel : Ponte el ceñidor, y 
cálzate tus sandalias. Hízolo así. Díjole mas : Toma tu 
capa, y sigúeme. 

9 Salió pues, y le iba siguiendo, bien que no creia 
ser realidad lo que hacia el ángel ; antes se imaginaba 
que era un sueño lo que veia. 

10 Pasada la primera y la segunda guardia, llega- 
ron á la puerta de hierro que sale á la ciudad, la cual 
se les abrió por sí misma. Salidos por ella caminaron 
hasta lo último de la calle , y súbitamente desapareció 
de su vista el ángel. 

U Entonces Pedro vuelto en sí, dijo: Ahora sí 



CAPITULO XII. 00 

que conozco que el Señor verdaderamente ha enviado 
á su ángel, y librádome de las manos de Heródes y de 
la expectación de todo el pueblo judaico. 

12 Y habiendo pensado lo que haria, se encaminó 
á casa de María madre de Juan , por sobrenombre 
Marcos , donde muchos estaban congregados en ora- 
ción. 

13 Habiendo pues llamado al postigo de la puerta, 
una doncella llamada Rhodé salió á observar quién era. 

14 Y conocida la voz de Pedro, fue tanto su gozo, 
que, en lugar de abrir, corrió á dentro con la nueva 
de que Pedro estaba á la puerta. 

15 Dijéronle: Tú estás loca. Mas ella afirmaba que 
era cierto lo que decia. Ellos dijeron entonces : Sin 
duda será su ángel. 

16 Pedro entre tanto proseguía llamando á la puer- 
ta. Abriendo por último, le vieron, y quedaron asom- 
brados. 

17 Mas Pedro haciéndoles señas con la mano para 
que callasen, contóles cómo el Señor le habia sacado 
de la cárcel , y añadió : Haced saber esto á Santiago 
y á los hermanos. Y partiendo de allí, se retiró á otra 
parte. 

18 Luego que fue de dia , era grande la confusión 
entre los soldados , sobre qué se habría hecho de 
Pedro. 

19 Heródes haciendo pesquisas de él, y no ha- 
llándole , hecha la sumarta á los de la guardia , man- 
dólos llevar al suplicio: y después se marchó de Judea 
á Cesárea, en donde se quedó. 



56 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

20 Estaba Heródes irritado contra ios lyrios y sy- 
donios. Pero estos de común acuerdo vinieron á pre- 
sentársele, y ganado el favor de Blasto, camarero 
mayor del rey, le pidieron la paz , pues aquel país 
necesitaba de los socorros del territorio de Heródes 
para su subsistencia. 

21 El dia señalado para la audiencia, Heródes 
vestido de trage real, se sentó en su trono, y les 
arengaba, 

22 Todo el auditorio prorumpia en aclamaciones, 
diciendo : Esta es la voz de un Dios , y no de un 
hombre. 

23 Mas en aquel mismo instante le hirió un ángel 
del Señor, por no haber dado á Dios la gloria ; y roído 
de gusanos, espiró. 

24 Entre tanto la palabra de Dios hacia grandes 
progresos, y se propagaba mas y mas cada dia. 

25 Bernabé y Saulo, acabada su comisión de en- 
tregar las limosnas , volvieron de Jerusalem « Antio- 
cht'a, habiéndose llevado consigo á Juan, por sobre- 
nombre Marcos. 

CAPÍTULO XIII. 

Saido y Bernabé enviados por el Espíritu santo á predicar 
á los gentiles. Conversión del procónsul Sergio Paido. San 
Pablo predica en Aníiochi'a de Pisidia : convierte á ínu- 
chos gentiles, y abandonad los judíos incrédulos. 

1 Había en la Iglesia de Antiochía varios Profe- 
tas y doctores, de cuyo número eran Bernabé, y Si- 



CAPITULO XIII. 57 

mon llamado el Negro, y Lucio de Cyrene, y Mana- 
hera, hermano de leche del tetrarchá Heródes.y Saulo. 

2 IMientras estaban un dia ejerciendo las funcio- 
nes de su ministerio delante del Señor, y ayunando, 
dijoles el Espíritu santo : Separadme á Saulo y á Ber- 
nabé para la obra á que los tengo destinados. 

3 Y después de haberse dispuesto con ayunos y 
oraciones , les impusieron las manos , y los despidie- 
ron. 

4 Ellos pues enviados asi por el Espíritu santo fue- 
ron á Seleucia , desde donde navegaron á Chypre. 

5 Y llegados á Salamina , predicaban la palabra 
de Dios en las synagogas de los judíos, teniendo con- 
sigo á Juan , que les ayudaba como diácono. 

6 Recorrida toda la isla hasta Papho, encontraron 
á cierto judío, mago y falso profeta, llamado Barjesus, 

7 el cual estaba en compañía del procónsul Ser - 
gio Paulo , hombre de mucha prudencia. Este pro- 
cónsul , habiendo hecho llamar á si á Bernabé y á 
Saulo, deseaba oir la palabra de Dios. 

8 Pero Elymas , ó el mago , ( que eso significa el 
nombre Elymas) se les oponía, procurando apartar 
al procónsul de abrazar la fé. 

9 31a5 Saulo, que también se llama Pablo', lleno 
del Espíritu santo, clavando en él sus ojos, 

10 le dijo : ¡Oh hombre, lleno de toda suerte de 
fraudes y embustes, hijo del diablo, enemigo de toda 



1 Tal \ez del nombre del procónsul que convirtió; ó 
para latinizar su apellido. 



58 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

justicia ¡ ¿ No cesarás nunca de procurar trastornar 
ó torcer los caminos rectos del Señor? 

11 Pues mira : desde ahora la mano del Señor des- 
carga sobre tí, y quedarás ciego sin ver la luz del día, 
hasta cierto tiempo. Y al momento densas tinieblas 
cayeron sobre sus ojos , y andaba buscando á tientas 
quien le diese la mano. 

12 En ¡a hora el procónsul visto lo sucedido, abra- 
zó la fé, maravillándose de la doctrina del Señor. 

13 Pablo y sus compañeros, habiéndose hecho á 
la vela desde Papho , aportaron á Perge de Pamphy- 
lia. Aquí Juan , apartándose de ellos, se volvió á Je- 
rusalem. 

14 Pablo empero y los demás, sin detenerse en 
Perge, llegaron á Antiochia de Pisidia; y entrando 
el sábado en la synagoga , tomaron asiento. 

15 Después que se acabó la lectura de la Ley y de 
los Profetas , los presidentes de la synagoga los con- 
vidaron , enviándoles á decir : Hermanos , si tenéis 
alguna cosa de ediñcacion que decir al pueblo, hablad, 

16 Entonces Pablo, puesto en pié, y haciendo con 
la mano una señal pidiendo atención , dijo : ¡ Oh is- 
raelitas, y vosotros los que teméis al Señor % escu- 
chad ! 

17 El Dios del pueblo de Israel eligió á nuestros 
padres, y engrandeció á este pueblo, mientras ha- 



1 Evsto es, los prosélitos y los gentiles que adoraban al 
verdadero Dios. 



CAPÍTULO XIII. 50 

lútaban conio exlrangeros en Egypto , de donde los 
sacó con el poder soberano de su brazo, 

18 y sufrió después sus perversas costumbres por 
espacio de cuarenta años en el Desierto. 

19 Y enjin destruidas siete naciones en la tierra 
de Cliánaan , les distribuyó por suerte las tierras de 
estas , 

20 unos cuatrocientos cincuenta años después : lue- 
go les dio Jueces ó gobernadores hasta el Profeta Sa- 
muel. 

21 En cuyo tiempo pidieron rey; y dióles Dios á 
Saúl Lijo de Cis, de la tribu de Benjamín , por espa- 
cio de cuarenta años ; 

22 y removido este , les dio por rey á David , á 
quien abonó diciendo : He hallado á David, hijo de 
Jesé, hombre conforme á mi corazón, que cumplirá 
todos mis preceptos. 

23 Del linage de este ha hecho nacer Dios, según 
su promesa, á Jesús para ser el salvador de Israel , 

24 habiendo predicado Juan, antes de manifestarse 
su venida, el bautismo de penitencia á todo el pueblo 
<le Israel. 

25 El mismo Juan al terminar su carrera, decia : 
Yo no soy el que vosotros imagináis ; pero mirad, des- 
pués de mi viene uno, á quien no soy yo digno de des- 
atar el calzado de sus pies. 

26 Ahora pues, hermanos mios , hijos de la prosa- 
pia de Abraham , á vosotros es , y á cualquiera que 
entre vosotros teme á Dios , á quienes es enviado este 
anuncio de la salvación. 



GO HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

27 Porque los habitanlcs de Jerusalem y sus gefes, 
desconociendo á esle Señor, y las profecías que se icen 
todos los sábados , con haberle condenado las cum- 
plieron ; 

28 cuando no hallando en él ninguna causa de 
muerte, 720 obstante pidieron á Pilato que se le quitase 
la vida. 

29 Y después de haber ejecutado todas las cosas 
que de él estaban escritas, descolgándole de la cruz, le 
pusieron en el sepulcro. 

30 Mas Dios le resucitó de entre los muertos al 
tercer dia ; y se apareció durante muchos dias á 
aquellos 

31 que con él habían venido de Galilea á Jerusa- 
lem ' ; los cuales hasta el dia de hoy están dando tes- 
timonio de él al pueblo. 

32 Nosotros pues os anunciamos el cumplimiento 
de la promesa hecha á nuestros padres ; 

33 el efecto de la cual nos ha hecho Dios ver á nos- 
otros sus hijos , resucitando á Jesús, en conformidad 
de lo que se halla escrito en el Salmo segundo : Tú eres 
Hijo mió , yo te di hoy el ser ^. 

34 Y para manifestar que le ha resucitado de entre 
los muertos para nunca mas morir , dijo así : Y^o cum- 
pliré fielmente las promesas juradas á David. 



1 /. Cor. XV. V. 6. 

2 San Pablo [Hehr. I ) entiende estas palabras de la 
generación eterna, y en el cap. V. ibid. del sacerdocio. Pero 
en este lugar habla de la resurrección. 



C.XPÍTÜLO Xlll. ^l 

S5 Y por eso mismo dice en otra parle : No por- 
iiiilirás que tu Santo Hijo experimente !a corrupción. 

30 Pues por lo que hace á David, sabemos que 
después de haber servido en su tiempo á los designios 
<ie Dios , cerró los ojos ; y fue sepultado con sus pa- 
dres , y padeció la corrupción como los demás. 

37 Pero aquel, á quien Dios ha resucitado de entre 
los muertos , no ha experimenladw ninguna corrup- 
ción. 

38 Ahora pues, hermanos mios , tened entendido 
que por medio de este se os ofrece la remisión de los 
pecados ' ; y de todas las manchas, de que no habéis 
podido ser justificados en virtud de la Ley mosaica, 

39 todo aquel que cree en él , es justificado ^. 

40 Por tanto mirad no recaiga sobre vosotros lo 
que se halla dicho en los Profetas ' : 

41 Reparad, burladores de mi palabra, llenaos de 
pavor, y quedad desolados ; porque yo voy á ejecutar 
una obra en vuestros dias , obra que no acabaréis de 
creerla, por mas que os la cuenten j/ aseguren *. 

42 Al tiempo de salir, les suplicaban que al sábado 
siguiente les hablasen también del mismo asunto. 



1 Y que cualquiera que cree en él , es justificado por él 
de todas las cosas de que no habéis podido ser justificados 
por la Ley de Moysés. 

2 Y cuantos lo fueron en la Ley antigun, lo fueron por 
la íé en el Mesías. 

3 Habac. 1. v. 5. 

4 Esto es, será arrasado ese Lugar santo, dejaréis de 
ser mi pueblo, y formaré otro de todas las naciones. 

ü 



62 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

43 Despedido el auditorio, muchos de los judíos, y 
de los prosélitos temerosos de Dios, siguieron á Pablo 
y á Bernabé , los cuales los exhortaban á perseverar 
en la gracia de Dios. 

44 El sábado siguiente casi toda la ciudad concur- 
rió á oir la palabra de Dios. 

45 Pero los judíos, viendo tanto concurso, se llena- 
ron de envidia , y contradecían con blasfemias á todo 
lo que Pablo predicaba . 

46 Entonces Pablo y Bernabé con gran entereza les 
dijeron : A vosotros debia ser primeramente anunciada 
la palabra de Dios ; mas ya que la rechazáis, y os juz- 
gáis vosotros mismos indignos de la vida eterna, de 
hoy en adelante nos vamos á predicar á los gentiles ; 

47 que así nos lo tiene ordenado el Señor diciendo ' : 
Yo te puse por lumbrera de las naciones, para que 
seas la salvación de todas hasta el cabo del mundo. 

48 Oido esto por los gentiles, se regocijaban , y glo- 
rificaban la palabra de Dios ; y creyeron todos los que 
estaban preordinados para la vida eterna. 

49 Así la palabra del Señor se esparcía por todo 
aquel país. 

50 Los judíos empero instigaron á varias mugeres 
devotas, y de distinción, y á los hombres principales 
tic la ciudad , y levantaron una persecución contra Pa- 
blo y Bernabé ; y los echaron de su territorio. 

51 Pero estos, sacudiendo contra ellos el polvo de 
sus pies, se fueron á Iconio. 

1 Is, XUX. r, tí 



CAPÍTULO XIV. G3 

52 Y los discípulos estaban llenos de gozo y del 
Fspirüu sanio. 

CAPÍTULO XIV. 

Lo que hicieron y padecieron Pablo y Bernabé en Iconio y 
otras ciudades de Lycaonia ; y visitando las iglesias, a I 
volverse á Antiochta, de Syria. 

1 Estando ya en Iconio, entraron juntos en la sy- 
nagoga de los judíos, y hablaron en tales términos, 
que se convirtió una gran multitud de judíos y de 
griegos. 

2 Pero los judíos que se mantuvieron incrédulos, 
conmovieron y provocaron á ira los ánimos de los 
gentiles contra los hermanos. 

3 Sin embargo se detuvieron allí mucho tiempo, 
trabajando llenos de conGanza en el Señor, que confir- 
maba la palabra de su gracia con los prodigios y mi- 
lagros que hacia por sus manos. 

4 De suerte que la ciudad estaba dividida en dos 
bandos ; unos estaban por los judíos, y otros por los 
apóstoles. 

5 Pero habiéndose amotinado los gentiles y judíos con 
sus gefes, para ultrajar á los apóstoles, y apedrearlos, 

6 ellos, sabido esto, se marcharon á Lystra y Der- 
be, ciudades también de Lycaonia, recorriendo toda 
la comarca, y predicando el Evangelio. 

7 Habla en Lystra un hombre cojo desde su naci- 
miento, que por la debilidad de las piernas estaba 
sentado, y no habia andado en su vida. 



64 HliCHOS [>E LOS APOSTÓLES. 

8 Este oyó predicar á Pablo , el cual fijando eiir éí 
ios ojos, y viendo que tenia fé de que seria curado, 

9 le dijo en alta voz : Levántate y mantente dere- 
cho sobre tus pies. Y al instante saltó en pié , y echó 
á andar. 

10 Las gentes viendo lo que Pablo acababa de ha- 
cer, levantaron e! grito, diciendo en su idioma lycaó- 
nico: Dioses son estos que han bajado á nosotros en 
figura de hombres. 

• 1 1 Y daban a Bernabé el nombre de Júpiter ' , y a 
Pablo el de Mercurio, por cuanto era eí que llevaba la 
palabra. 

12 Ademas de eso el sacerdote de Júpiter, cuyo 
templo estaba al entrar en la ciudad , trayendo toros 
adornados con guirnaldas delante de la puerta , inten- 
taba , seguido del pueblo, ofrecerZ^s sacrificios. 

13 Lo cual apenas entendieron los apóstoles Ber- 
nabé y Pablo , rasgando sus vestidos rompieron por 
medio del gentío, clamando, 

14 y diciendo: Hombres, ¿qué es lo que hacéis? 
también somos nosotros, de la misma manera que vos- 
otros, hombres mortales que venimos á predicaros 
que, dejadas esas vanas deidades, os convirtáis al Dios 
vivo, que ha criado el cielo, la tierra, el mar, y todo 
cuanto en ellos se contiene : 



I Tal vez por ser de alta estatura, respecto de san Pa- 
blo, que era bajo y de poca presencia, llamado por el 
Chrysóstomo hombre de tres codos que sobrepvja los cieloa. 



CAPÍTULO XIV. 65 

15 que si bien en los tiempos pasíidos permitió 
que las naciones echasen cada cual por su camino, 

16 no dejó con todo de dar testimonio de quién era , 
6 de su divinidad, haciendo beneficios desde el cielo , 
enviando lluvias, y los buenos temporales para los fru- 
tos, dándonos abundancia de manjares, y llenando de 
alegría nuestros corazones. 

17 Aun diciendo tales cosas, con dificultad pudie- 
ron recabar del pueblo que no les ofreciese sacrificio. 
— 18 Después sobrevinieron de Anliochía y de Ico- 
nio ciertos judíos ; y habiendo ganado al populacho , 
apedrearon á Pablo, y le sacaron arrastrando fuera de 
la ciudad, dándole por muerto. 

19 Mas amontonándose alrededor de él los discí- 
pulos, levantóse curado milagrosamente , y entró en 
la ciudad, y al dia siguiente marchó con Bernabé á 
Derbe. 

20 Y habiendo predicado en esta ciudad el Evan- 
gelio, é instruido á muchos, volvieron á Lystra, y á 
Iconio, y á Antiochia de Pisidia, 

21 para corroborar los ánimos de los discípulos, y 
exhortarlos á perseverar en la f é ; haciéndoles enten- 
der, que es preciso pasar por medio de muchas tribu- 
laciones para entrar en el reino de Dios. 

22 En seguida, habiendo ordenado sacerdotes en 
cada una de las Iglesias, después de oraciones y ayu- 
nos, los encomendaron al Señor, en quien habían 
creído. 

2'¿ Y atravesando la Pisidia, vinieron á la Pam- 
pbylia. 



06 HECHOS DE LOS APO&TüLtS. 

24 y anunciada la palabra divina en Pcrge, bajaron 
á Altalia ; 

25 y desde aquí se embarcaron para Anliochía de 
Syria, de donde los hablan enviado, y encomendadu 
á la gracia de Dios para la obra ó ministerio que aca- 
baban de cumplir. 

26 Luego de llegados, congregaron la Iglesia^, y 
refirieron cuan grandes cosas había hecho Dios con 
ellos, y cómo había abierto la puerta de la fé á los 
gentiles. 

27 Y después se detuvieron bastante tiempo aquí 
con los discípulos. 

CAPÍTULO XV. 

Concilio de. Jerusalem , en que los gentiles convertidos son 
declaradus exentos de la Ley mosaica. Pablo se separa 
de Bernabé', por razón del discípulo Marcos. 

1 Por aquellos días algunos venidos de Judea, an- 
daban enseñando á los hermanos, que si no se circun- 
cidaban según el rilo de Moysós, no podían salvarse. 

2 Originóse de ahí una conmoción, y oponiéndose- 
les fuertemente Pablo y Bernabé, acordóse que Pablo 
y Bernabé, y algunos del otro partido fuesen á Jeru- 
salem á consultar los apóstoles y presbyteros sobre la 
dicha cuestión. 

3 Ellos pues siendo despachados honorijicamcnlc 
por la Iglesia , iban atravesando por la Fenicia y la 
Samaría, contando la conversión de los gentiles: con 
lo que llenaban de grande gozoá lodos los hermanos. 



CAPÍTULO \V. 67 

4 Llegados á Jerusaleni , fueron bien recibidos de 
la Iglesia, y de los apóstoles, y de los presbyieros, 
y allí refirieron cuan grandes cosas habia Dios obrado 
por medio de ellos. 

5 Pero [añadieron) algunos de la secta de los Fa- 
riseos, que han abrazado la fé, se han levantado di- 
ciendo : Ser necesario circuncidar á los gentiles, y 
mandarles observar la Ley de Moysés. 

6 Entonces los apóstoles y los presbyteros se jun- 
taron á examinar este punto. 

7 Y después de un maduro examen , Pedro , co- 
tno cabeza de todos, se levantó, y les dijo : Her- 
manos mios , bien sabéis que mucho tiempo hace fui 
yo escogido por Dios entre nosotros, para que los gen- 
tiles oyesen de mi boca la palabra evangélica , y 
creyesen. 

8 Y Dios que penetra los corazones , dio testimo- 
nio de esto , dándoles el Espíritu santo , del mismo 
modo que á nosotros. 

9 Ki ha hecho diferencia entre ellos y nosotros , 
habiendo purificado con la fé sus corazones. 

10 Pues ¿por qué ahora queréis tentar á Dios, con 
imponer sobre la cerviz de los discípulos un yugo , 
que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido so- 
portar? 

11 Pues nosotros creemos salvarnos únicamenlc 
por la gracia de nuestro Señor Jesu-Chrislo, así como 
ellos. 

1-2 Callo á esto toda la multitud; y se pusieron á 
escuchar á Bernabé y á Pablo, que contaban cuántas 



69 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

maravillas y prodigios por su medio habia obrado Dios 
entre los gentiles. 

13 Después que hubieron acabado, tomó Santiago 
la palabra , y dijo : Hermanos míos , escuchadme. 

14 Simón os ha manifestado de qué manera ha 
comenzado Dios desde el principio á mirar favorable- 
mente á los gentiles , escogiendo entre ellos un pueblo 
consagrado á su nombre. 

1 5 Con él están conformes las palabras de los Pro- 
fetas , según está escrito ' : 

16 Después de estas cosas yo volveré, y reedifi- 
caré el tabernáculo ó reino de David, que fue arrui- 
nado , y restauraré sus ruinas , y le levantaré ; 

17 para que busquen al Señor los demás hombres, 
y todas las naciones que han invocado mi nombre, 
dice el Señor que hace estas cosas. 

18 Desde ía eternidad tiene conocida el Señor su 
obra. 

19 Por lo cual yo juzgo que no se inquiete á los 
gentiles que se convierten á Dios , 

20 sino que se les escriba, que se abstengan de las 
mmundicias de los ídolos ó manjares á ellos sacrifi- 
cados, y de la fornicación, y de animales sofocados, 
y de la sangre. 

21 Porque en cuanto á Moysés, ya de tiempos 
antiguos tiene en cada ciudad quien predique su doc- 
trina en las synagogas , donde se lee todos los sábados. 

22 Oido esto acordaron los apóstoles y presbyteros 



1 Amos IX, V. 11. 



CAPITULO XV. 69 

von toda la Iglesia , elegir algunas personas de eníre 
ellos , y enviarlas con Pablo y Bernabé á la Iglesia de 
Anlioch'a; y así nombraron á Judas, por sobrenom- 
bre Bársabas, y íi Sílas , sugetos principales entre los 
hermanos , 

23 remitiendo por sus manos esta carta : Los após- 
toles y los presbyteros hermanos, á nuestros herma- 
nos convenidos de la gentilidad , que están en Antio- 
chía, Syria y Cilicia, salud. 

24 Por cuanto hemos sabido que algunos, que de 
nosotros fueron ahí sin ninguna comisión nuestra , os 
han alarmado con sus discursos , desasosegando vues- 
tras conciencias ; 

•25 habiéndonos congregado, hemos resuelto, de 
común acuerdo, escoger algunas personas, y enviáros- 
las con nuestros carísimos Bernabé y Pablo, 

20 que son sugetos que han expuesto sus vidas por 
el nombre de nuestro Señor Jesu-Christo. 

27 Os enviamos pues á Judas y á Sílas, los cuales 
de palabra os dirán también lo mismo. 

28 Y es , que ha parecido al Espíritu santo, y á 
nosotros , inspirados por él , no imponeros otra carga, 
fuera de estas que son precisas , es á saber : 

29 que os abstengáis de manjares inmolados á los 
ídolos, y de sangre, y de animal sofocado, y de la 
fornicación ; de las cuales cosas haréis bien en guar- 
daros. Diosos guarde '. 

30 Despachados pues de esta suerte los enviados, 



1 Véase Concilio, Presbyten 



70 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

llegaron á Antiochía ; y congregada la Iglesia, cnlre- 
garon la carta , 

31 que fue leída con gran consuelo y alegría. 

32 Judas y Sílas por su parle, siendo como eran 
también Profetas ' , consolaron y confortaron con mu- 
chísimas reflexiones á los hermanos. 

33 Y habiéndose detenido allí por algún tiempo, 
fueron remitidos en paz por los hermanos á los que 
los habían enviado. 

34 Verdad es que á Silas le pareció conveniente 
quedarse allí ; y así Judas se volvió solo á Jerusalem. 
— 35 Pablo y Bernabé se mantenían en Antiochía , 
enseñando y predicando con otros muchos la palabra 
del Señor. 

36 Mas pasados algunos días , dijo Pablo á Ber- 
nabé : Demos una vuelta visitando á ios hermanos por 
todas las ciudades , en que hemos predicado la palabra 
del Señor , para ver el estado en que se hallan. 

37 Bernabé para esto quería llevar también consigo 
á Juan , por sobrenombre Marcos. 

38 Pablo al contrario le representaba, que no de- 
bían llevarle, ( pues les había dejado desde Pamphylia, 
y no les había acompañado en aquella misión). 

; 39 La disensión entre los dos vino á parar en que 
se apartaron uno de otro. Bernabé , tomando consigo á 
Marcos, se embarcó para Chyprc. 

40 Pablo, eligiendo por su compañero á Sílas, eni- 



Vcase Profeta. 



CAPÍTULO XVI. 71 

prendió su viagc , después de haber sido encomendado 
por los hermanos á la gracia 6 favtr de Dios. 

41 Discurrió pues de esta sitcrle por la Syria y Ci- 
licia, confirmando i/ animando las Iglesias; y man- 
dando que observasen los preceptos do los apóstoles y 
de los presbyteros. 

CAPITULO XVJ. 

Pablo en Lystva loma consigo á Timolheo ; y Lucas, el au- 
tor de este libro, se les jimia en Troade, ó se manifiesta 
por -primera ir z estar en su compañía. Van á Macéelo - 
nia; ¡/ en Phih'ppos, donde se detuvieron antes, obran 
varios prodigios. Son azotados, y puestos en la cárcel. 
Convie'rtese el carcelero, y los magistrados les suplican 
que se vayan de la ciudad. 

1 Llegó Pablo á Derbe , y luego á Lystra , donde 
se hallaba un discípulo llamado Timotheo , hijo de ma- 
dre judía convertida á la fé, y de padre gentil. 

2 Los hermanos que estaban en Lystra y en Iconio , 
hablaban con mucho elogio de este discípulo. 

3 Pablo pues determinó llevarle en su compañía ; y 
habiéndole lomado consigo , le circuncidó por causa de 
los judíos que había en aquellos lugares ; porque todos 
sabían que su padre era gentil. 

4 Conforme iban visitando las ciudades, recomen- 
daban á los fieles la observancia de los decretos acor- 
dados por los apóstoles y los presbyteros, que residían 
en Jerusalem. 

5 Así las Iglesias se confirmaban en la fé , y se au- 
mentaba cada día el número de los fieles. 



V2 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

6 Cuando hubieron atravesado la Phrygia y el país 
de Galacia , les prohibió el Espíritu santo predicar la 
palabra de Dios en el Asia ó Jonia. 

7 Y habiendo ido á la Mysia , intentaban pasar á 
Bithynia ; pero tampoco se lo permitió el Espíritu de 
ÍQin-Christo. 

8 Con eso , atravesada la Mysia , bajaron á Troade, 

9 donde Pablo tuvo por la noche esta visión : Un 
hombre de Macedonia poniéndosele delante , le supli- 
caba , y decia : Ven á Macedonia , y socórrenos. 

10 Luego que tuvo esta visión , al punto dispusimos 
marchar á Macedonia , cerciorados de que Dios nos 
llamaba á predicar el Evangelio á aquellas gentes. 

11 Así embarcándonos en Troade, fuimos en dere- 
chura á Samothracia , y al día siguiente á INápoles ; 

12 y de aquí á Philíppos , que es una colonia roma- 
na,^ la primera ciudad de aquella parte de Macedo- 
nia. En esta ciudad nos detuvimos algunos días confe- 
renciando. 

13 Un dia de sábado salimos fuera de la ciudad acia 
la ribera del rio , donde parecía estar el lugar ó casa 
para tener oración los judíos ; y habiéndonos sentado 
allí, trabamos conversación con varias mugeres , que 
habian concurrido á dicho fin. 

14 Y una muger llamada Lydia , que comerciaba en 
púrpura ó grana , natural de Thyatira , temerosa de 
Dios , estaba escuchando ; y el Señor le abrió el cora- 
zón para recibir bien las cosas que Pablo decia. 

15 Habiendo pues sido bautizada ella y su familia , 
nos hizo esta súplica : Si es que me tenéis por fiel al 



CAPÍTULO XVI. 73 

Señor , venid , y hospedaos en mi casa. Y nos obligó 
á ello. 

16 Sucedió que yendo nosotros á la oración , nos 
salió al encuentro una esclava moza , que estaba obsesa 
ó poseída del espíritu python , la cual acarreaba una 
gran ganancia á sus amos haciendo de adivina. 

17 Esta , siguiendo detrás de Pablo y de nosotros, 
gritaba diciendo : Estos hombres son siervos del Dios 
altísimo, que os anuncian el camino de la salvación. 

18 Lo que continuó haciendo muchos dias. Al fin 
Pablo no pudiendo ya sufrirlo , vuelto á ella , dijo al 
espíritu: Yo te mando en nombre de Jesu-Christo 
que salgas de esta muchacha. Y al punto salió. 

19 Mas sus araos, viendo desvanecida la esperanza 
de la grangería que hacían con ella , prendiendo á Pa- 
blo y á Sílas, los condujeron al juzgado ante los gefes 
de la ciudad , 

20 y presentándolos á los magistrados, dijeron : Es- 
tos hombres alborotan nuestra ciudad, son judíos, 

21 y quieren introducir una manera de vida, que 
no nos es lícito abrazar, ni practicar, siendo como so- 
mos romanos. 

22 Al mismo tiempo la plebe conmovida acudió de 
tropel contra ellos ; y los magistrados mandaron que 
rasgándoles las túnicas, los azotasen con varas. 

23 Y después de haberles dado muchos azotes, los 
metieron en la cárcel , apercibiendo al carcelero para 
que los asegurase bien. 

24 El cual recibida esta orden, los metió en un 
profundo calabozo, con los pies en el cepo. 

ToM. XIV. 7 



74 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

25 Mas á eso de media noche, puestos Pablo y Sí- 
las en oración , cantaban alabanzas á Dios ; y los de- 
mas presos los estaban escuchando , 

26 cuando de repente se sintió un gran terremoto, 
tal que se meneaban los cimientos de la cárcel. Y al 
instante se abrieron de par en par todas las puertas , y 
se les soltaron á todos las prisiones. 

27 En esto despertando el carcelero, y viendo abier- 
tas las puertas de la cárcel , desenvainando una espada 
iba á matarse , creyendo que se hablan escapado los 
presos. 

28 Entonces Pablo le gritó con grande voz , di- 
ciendo : No te hagas ningún daño , que todos sin fal- 
tar uno estamos aquí. 

29 El carcelero entonces habiendo pedido luz, en- 
tró dentro ; y estremecido se arrojó á los pies de Pablo 
y de Sílas, 

30 y sacándolos afuera, les dijo: Señores, ¿qué 
debo hacer para salvarme? 

31 Ellos le respondieron : Cree en el Señor Jesús, 
y te salvarás tú y tu familia. 

32 Y enseñáronle la doctrina del Señor á él , y á 
todos los de su casa. 

33 El carcelero en aquella misma hora de la no- 
che llevándolos consigo , les lavó las llagas ; y recibió 
luego el bautismo, así él como toda su familia. 

34 Y conduciéndolos á su habitación, les sirvió la 
cena, regocijándose con toda su familia de haber 
creido en Dios. 

35 Luego que amaneció , los magistrados enviaron 



CAPITULO XVII. 7j 

los alguaciles, con orden al carcelero para que pusiese 
en libertad á aquellos hombres. 

36 El carcelero dio esla noticia á Pablo , diciendo : 
Los magistrados han ordenado que se os ponga en li- 
bertad : por tanto saliéndoos ahora , idos en paz. 

37 Mas Pablo les dijo á los aUjuacües: ¿Como? 
Después de habernos azotado públicamente, sin oirnos 
en juicio , siendo ciudadanos romanos, nos metieron 
en la cárcel, ¿y ahora salen con soltarnos en secreto? 
No ha de ser asi ; sino que han de venir los mayis- 
t radas, 

38 y soltarnos ellos mismos. Los alguaciles refirie- 
ron á los magistrados esta respuesta ; los cuales al oir 
que eran romanos, comenzaron á temer ; 

39 y así viniendo procuraron excusarse con ellos, 
y sacándolos de la cárcel, les suplicaron que se fuesen 
de la ciudad. 

40 Salidos pues de la cárcel, entraron en casa de 
Lydia ; y habiendo visto á los hermanos los consola- 
ron , ¿/ después partieron. 

CAPÍTULO XVIL 

Paldo predica con mucho fruto en Thessalónica, %j Ls ja- 
días le persiguen. Lo mismo sucede después en Berea. 
Dispula con ellos en Athe'nas, y con los filas <; fox ; xj se 
convierte entre otros Dionysio areopagila, ó senador del 
Areopago. 

1 Y habiendo pasado por Amphípolis y Apolonia , 
llegaron á Thessalónica , donde habla una synagoga 
de judíos. 



76 HtCllOS DE LOS APOSTÓLES. 

2 Pablo según su costumbre entró en ella , y por 
tres sábados continuos disputaba con ellos sobre las Es- 
crituras, 

3 demostrando , y haciéndoles ver , que habla sido 
necesario que el Christo ó Mesías padeciese , y resu- 
citase de entre los muertos ; y este Mesías (les decía) 
es Jesu-Christo, á quien yo os anuncio. 

4 Algunos de ellos creyeron , y se unieron á Pablo 
y á Silas, y también gran multitud de prosélitos y de 
gentiles, y muchas matronas de distinción. 

5 Pero los judíos incrédulos, llevados de su falso 
zelo , se valieron de algunos malos hombres de la ín- 
fima plebe, y reuniendo gente , amotinaron la ciudad ; 
y echáronse sobre la casa de Jason ' en busca de Pa- 
blo y de Silas. para presentarlos á la vista del pueblo. 

6 Rías como no los hubiesen encontrado ^ trajeron 
por fuerza á Jason , y á algunos hermanos ante los 
magistrados de la ciudad , gritando : Ved ahí unas 
gentes que meten la confusión por todas partes : han 
venido acá, 

7 y Jason los ha hospedado en su casa. Todos es- 
tos son rebeldes á los edictos de César, diciendo que 
hay otro rey, el cual es Jesús. 

8 La plebe y los magistrados de la ciudad , oyendo 
esto, se alborotaron. 

9 Pero Jason y los otros, habiendo dado fianzas, 
fueron puestos en libertad. 

10 Como quiera, los hermanos sin perder tiempo 



1 Royn. XV I. v. 21. 



capítulo xvir. 77 

aquella iioche hicieron partir á Pablo y á Sílas para 
Berea. Los cuales luego que llegaron , entraron en la 
synagoga de los judíos. 

11 Eran estos de mejor índole que los de Thessa- 
lónica , y asi recibieron la palabra de Dios con grande 
ansia y ardor, examinando atentamente todo el dia las 
Escrituras, para ver si era cierto lo que se les decía. 

12 De suerte que muchos de ellos creyeron , como 
también muchas señoras gentiles de distinción , y no 
pocos hombres. 

13 Mas como los judíos de Thessalónica hubiesen 
sabido, que también en Berea predicaba Pablo el 
Evangelio, acudieron luego allá alborotando , y amo- 
tinando al pueblo. 

14 Entonces los hermanos dispusieron inmediata- 
mente que Pablo se retirase acia el mar, quedando Sí- 
las y Timotheo en Berea. 

1 5 Los que acompañaban á Pablo , le condujeron 
hasta la ciudad de Alhenas , y recibido el encargo de 
decir á Sílas y á Timotheo que viniesen á él cuanto 
antes, se despidieron. 

16 Mientras que Pablo los estaba aguardando en 
Alhenas, se consumía interiormente su espíritu , con- 
siderando aquella ciudad entregada toda á la idola- 
tría. 

17 Por tanto disputaba en la synagoga con los ju- 
díos y prosélitos ; y todos los días en la plaza , con los 
que allí se le ponían delante. 

18 También algunos filósofos de los epicúreos y de 
los estoicos armaban con el dispulas, y unos decian : 



78 HECHOS ÜE LOS APÓSTOLES. 

¿ Qué quiere decir este charlatán ? Y otros : Este pare- 
ce que viene á anunciarnos nuevos dioses : lo cual de- 
cían, porque les hablaba de Jesús y de la resurrección. 

19 Al fin cogiéndole en medio, le llevaron al Areo- 
pago, diciendo: ¿ Podremos saber qué doctrina nueva 
es esta que predicas? 

20 Porque te hemos oído decir cosas que nunca 
habíamos oido ; y así deseamos saber á qué se re- 
duce eso. 

21 (Es de advertir que lodos los athenienses, y 
los forasteros que allí vivían , en ninguna otra cosa se 
ocupaban , sino en decir ó en oír algo de nuevo.) 

22 Puesto pues Pablo en medio del Areopago, dijo: 
Ciudadanos athenienses, echo de ver que vosotros sois 
casi nimios en todas las cosas de religión. 

23 Porque al pasar, mirando yo las estatuas de 
vuestros dioses, he encontrado también un altar, con 
esta inscripción: Al Dios no conocido. Pues ese 
Dios que vosotros adoráis sin conocerle, es el que yo 
vengo á anunciaros. 

24 El Dios que crió al mundo y todas las cosas con- 
tenidas en él , siendo como es el Señor de cielo y tierra, 
no está encerrado en templos fabricados por hombres, 

25 ni necesita del servicio de las manos délos hom - 
bres, como si estuviese menesteroso de alguna cosa , 
antes bien él mismo está dando á todos la vida, y el 
aliento, y todas las cosas : 

26 él es el que de uno solo ha hecho nacer lodo el 
linago de los hombres, para (jue habitase la vasta ex- 
icnsion de la tierra, fijando el orden de los tiempos ó 



CAFÍTL'LO XVII. 79 

cslaciones,^ los límites de la habitación de cada pue- 
blo, 

27 queriendo con esto que buscasen á Dios, por si 
rastreando, y como palpando, pudiesen por fortuna 
hallarle, como quiera que no está lejos de cada uno de 
nosotros. 

28 Porque dentro de él vivimos, nos movemos y 
existimos ; y como algunos de vuestros poetas dijeron : 
Somos del linage ó descendencia del mismo Dios. 

29 Siendo pues nosotros del linage de Dios, no de- 
bemos imaginar que el Ser divino sea semejante al oro, 
á la plata, ó al mármol, de cuya materia ha hecho las 
figuras el arte é industria humana. 

30 Pero Dios , habiendo disimulado ó cerrado Ios- 
ojos sobre los tiempos de esta tan grosera ignorancia, 
intima ahora á los hombres que todos en todas partes 
hagan penitencia, 

31 por cuanto tiene determinado el dia en que ha 
de juzgar al mundo con rectitud, por medio de aquel 
varón constituido por él, dando de esto á todos una 
prueba cierta, con haberle resucitado de entre los 
muertos. 

32 Al oír mentar la resurrección de los muertos, 
algunos se burlaron de él, y otros le dijeron: Te vol- 
veremos á oir otra vez sobre esto. 

33 De esta suerte Pablo salió de en medio de aque- 
llas gentes. 

34 Sin embargo algunos se le juntaron, y creyeron, 
entre los cuales fue Dionysio el areopagita, y cierta mu- 
ger llamada Dániaris, con algunos otros. 



hO HECÍ1U6 Ut Los Ai^Uí5ÍULhí>. 

CAPÍTULO XVIII. 

El fruto que hizo san Pablo en Cvrintho, animado del Se- 
ñor. Es acusado al procónsul : parte á Epheso, y vuelve 
áJerusalem. Apollo en su ausencia predica con gran fer- 
vor y fruto á los judíos. 

1 Después de esto Pablo, marchándose de Alhenas, 
pasó á Corintho; 

2 y encontrando allí ú un judío, llamado Aquila , 
natural del Ponto, que poco antes había llegado de 
Italia, con su muger Priscila, (porque el emperador 
Claudio había expelido de Roma á todos los judíos) se 
juntó con ellos. 

3 Y como era del mismo oficio, se hospedó en su 
casa, y trabajaba en su compañía: (el oficio de ellos 
era hacer tiendas de campaña '). 

4 Y todos los sábados disputaba en la synagoga, 
haciendo entrar siempre en sus discursos el nombre 
del Señor Jesús, y procurando convencer á los judíos 
y á Ica griegos. 

5 Mas cuando Sílas y Timothco hubieron llegado 
de Macedonia, Pablo se aplicaba aun con mas ardor á 
la predicación, testificando á los judíos que Jesús era 
el Christo. 

6 Pero como estos le contradijesen, y prorumpie- 
sen en blasfemias, sacudiendo sus vestidos, les dijo ; 
Recaiga vuestra sangre sobre vuestra cabeza : yo no 

1 /. Cor. ly. V. 12.— 7. Thes. 11. v. 9. 



CAPITULO XV III. 81 

tengo la culpa. Desde ahora me voy ó, -predicar ú los 
gentiles. 

7 En efecto, saliendo de allí, entró á hospedarse 
en casa de uno llamado Tito Justo, temeroso de Dios, 
cuya casa estaba contigua á la synagoga. 

8 Con todo Crispo , gefe de la synagoga , creyó en 
el Señor con toda su familia ; como también muchos 
ciudadanos de Corinlho , oyendo á Pablo creyeron , 
y fueron bautizados. 

9 Entonces el Señor apareciéndose una noche á 
Pablo le dijo : No tienes que temer, prosigue predi- 
cando , y no dejes de hablar ; 

10 pues que yo estoy contigo, y nadie llegará á 
maltratarte ; porque ha de ser mia mucha gente en 
esta ciudad. 

11 Con esto se detuvo aquí año y medio, predi- 
cando la palabra de Dios. 

12 Pero siendo procónsul de Acháya Gallion ' , 
los judíos se levantaron de mancomún contra Pablo , 
y le llevaron á su tribunal , 

13 diciendo : Este persuade á la gente que dé á 
Dios un culto contrario á la Ley. 

14 Mas cuando Pablo iba á hablar en su defensa, 
dijo Gallion á los judíos : Si se tratase verdadera- 
mente de alguna injusticia ó delito, ó de algún enorme 
crimen , seria razón ¡ oh judíos ! que yo admitiese 
vuestra delación. 

15 Mas si estas son cuestiones de palabras, y de 



1 Parece que era este el hermano de Séneca. 



82 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

nombres , y cosas de vuestra Ley , allá os las hayáis ; 
que yo no quiero meterme á juez de esas cosas. 

16 É hizolos salir de su tribunal. 

17 Entónces^acometiendo todos á Sosthenes , gefe 
de la synagoga , le maltrataban á golpes delante del 
tribunal, sin que Gallion hiciese caso de nada de esto. 

18 Y Pablo habiéndose aun detenido allí mucho 
tiempo , se despidió de los hermanos , y se embarcó 
parala Syria, (en compañía de Priscilla y de Aquila) 
habiéndose hecho cortar antes el cabello en Cénchres, 
á causa de habey^ concluido ya el voto que habia he- 
cho *. 

19 Arribó á Epheso , y dejó allí á sus compañe- 
ros. Y entrando él en la synagoga , disputaba con los 
judíos. 

20 Y aunque estos le rogaron que se detuviese mas 
tiempo en su compañía , no condescendió , 

21 sino que despidiéndose de ellos, y diciéndoles : 
Otra vez volveré á veros, si Dios quiere; partió de 
Épheso. 

22 y desembarcando en Cesárea ^, subió á salu- 

1 Véase Nazareo. 

2 Cesárea, sin adición, se entiende en la Escritura una 
ciudad de la Palestina; así como Anliochia la de Syria. 
Aunque á primera vista parece qne se habla de la Iglesia 
de Cesárea, con todo es muy fundada la opinión de algunos 
que creen qne aquí se designa por antonomasia la Iglesia 
de Jerusalem. En efecto, el verbo ascenderé, sin añadir mas 
palabra, significa subir ó ir á Jerusalem ; (Véase Joann. VII. 
V. 8 y 10 — XII. V. 20 ) así como descenderé, b;»jar ó venir 
de diclu ciudad. (Act. XXIV. v. \J 



CAPÍTULO XVllI. 83 

dar á la Iglesia, y en seguida tomó el camino de 
Antiochía : 

23 donde habiéndose detenido algún tiempo , par- 
tió después , y recorrió por su orden los pueblos de 
el pais de la Galacia, y de la Phrygia, confortando á 
todos los discípulos. 

— 24 En este tiempo vino á Épheso un judío llama- 
do Apollo, natural de Alejandría, varón elocuente, y 
muy versado en las Escrituras. 

25 Estaba este instruido en el camino del Señor; 
y predicaba con fervoroso espíritu , y enseñaba exac- 
tamente todo lo perteneciente á Jesús , aunque no 
conocía mas que el bautismo de Juan. 

26 Apollo pues comenzó á predicar con toda li- 
bertad en la synagoga ; y habiéndole oido Priscilla y 
Aquila , se le llevaron consigo , é instruyéronle mas á 
fondo en la doctrina del Señor. 

27 Mostrando después el deseo de ir á la provin- 
cia de Acháya, habiéndole animado á ello los herma- 
nos , escribieron á los discípulos , para que le diesen 
buena acogida. El cual llegado á aquel pais, sirvió 
de mucho provecho á los que habían creído. 

28 Porque con gran fervor redargüía á los judíos 
en público , demostrando por las Escrituras que Je- 
sús era el Christo ó Mesías. 



84 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 



CAPITULO XIX. 

Vuelve Pablo á Epheso, y manda que se bautizen varios 
discípulos, que solamente habían recibido el bautismo de 
Juan : hace bajar sobre ellos el Espíritu santo, y obra 
muchos milag7-os. Quémanse los malos libros; y Demetrio 
el platero mueve una sedición contra el Apóstol. 

1 Mientras Apollo estaba en Corintho , Pablo , re- 
corridas las provincias superiores del Asia, pasó á 
Epheso , y encontró á algunos discípulos, 

2 y preguntóles : ¿ Habéis recibido al Espíritu san- 
to después que abrazasteis la fé? Mas ellos le respon- 
dieron : Ni siquiera hemos oido si hay Espíritu santo. 

3 ¿Pues con qué bautismo , les replicó, fuisteis 
bautizados ? Y ellos respondieron : Con el bautismo de 
Juan. 

4 Dijo entonces Pablo : Juan bautizó al pueblo con 
bautismo de penitencia , advirliendo que creyesen en 
aquel que habia de venir después de él , esto es , en 
Jesús. 

5 Oido esto , se bautizaron en nombre del Señor 
Jesús. 

6 Y habiéndoles Pablo impuesto las manos, descen- 
dió sobre ellos el Espíritu santo, y hablaban varias len- 
guas, y profetizaban. 

7 Eran en todos como unos doce hombres. 

8 Pablo entrando después en la synagoga, predicó 
libremente por espacio de tres meses , <l¡sputando ron 



CAPITULO XIX. 85 

¡OS judíos , y procurando convencerlos en lo locanlc al 
reino de Dios. 

9 iMas como algunos de ellos endurecidos no cre- 
yesen , antes blasfemasen de la doctrina del Señor de- 
lante de los oyentes, apartándose de ellos , separó á los 
discípulos , y platicaba ó enseñaba todos los dias en la 
escuela de un tal Tyranno. 

10 Lo que practicó por espacio de dos años, de 
manera que todos los que habitaban en Asia , oyeron 
la palabra del Señor, así judíos , como gentiles. 

1 1 Y obraba Dios milagros extraordinarios por me- 
dio de Pablo ; 

1 2 tanto que en aplicando solamente los pañuelos 
y ceñidores * que hablan tocado á su cuerpo, á los en- 
fermos , al momento las dolencias se les quitaban , y 
los espíritus malignos salían fuera. 

13 Tentaron asimismo ciertos judíos exorcistas que 
andaban girando de una parte á otra, el invocar sobre 
los espiritados el nombre del Señor Jesús, diciendo : 
Os conjuro por aquel Jesús, á quien Pablo predica. 

14 Los que hacían esto , eran siete hijos de un ju- 
dío llamado Sceva , príncipe de los sacerdotes. 

15 Pero el maligno espíritu respondiendo, les dijo: 
Conozco á Jesús , y sé quién es Pablo ; mas vosotros 
¿quién sois? 

16 Y al instante el hombre , que estaba poseído 

1 La voz griega (7ijW/x<v9<a denota los delantales de 
lienzo ó de piel con que trabajan los artesanos, cual era 
san Pablo. 

8 



8) HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

de un pésimo demonio , se echó sobre ellos, y apode- 
róse de dos , y los maltrató de tal suerte que los liizo 
huir de aquella casa desnudos y heridos. 

17 Cosa que fue notoria á todos los judíos y gen- 
tiles que habitaban en Épheso ; y todos ellos quedaron 
llenos de temor, y era engrandecido el nombre del Se- 
ñor Jesús. 

18 Y muchos de los creyentes ojíeles venían á con- 
fesar, y á declarar lodo lo malo que hablan hecho. 

19 Muchos asimismo de los que se hablan dado al 
ejercicio de vanas curiosidades ó ciencia mágica, hi- 
cieron un montón de sus libros, y los quemaron á vista 
de todos ; y valuados , se halló que montaban á cin- 
cuenta mil denarios ó sidos de plata ' . 

20 Así se iba propagando mas y mas, y prevale- 
ciendo la palabra de Dios. 

21 Concluidas estas cosas, resolvió Pablo por inspi- 
ración divina , ir á Jerusalem, bajando por la Mace- 
donia y Acháya , y decía : Después de haber estado 
allí , es necesario que yo vaya también á Roma. 

22 Y habiendo enviado á Macedonia á dos de los 
que le ayudaban en su ministerio , Timolheo y Eraste, 
él se quedó por algún tiempo en Asia. 

23 Durante este tiempo fue cuando acaeció un no 
pequeño alboroto con ocasión del camino del Señor ó 
del Evangelio. 

24 El caso fue, que cierto Demetrio, platero de ofi- 



1 Esto es, unos ciento y cuarenta mil reales de vellón. 
Véase Denario. 



CAFÍlULü XIX. 87 

fio , fabricando de plata lemplitos de Diana , daba no 
poco que ganar á los demás de este oficio ; 

•25 á los cuales, como á otros que vivían de seme- 
jantes labores , habiéndolos convocado , les dijo : Ami- 
gos , bien sabéis qne nuestra ganancia depende de esta 
industria ; 

26 y veis también , y oís cómo ese Pablo , no solo 
en Épheso , sino casi en toda el Asia , con sus persua- 
siones ha hecho mudar de creencia á mucha gente , di- 
ciendo : Que no son dioses los que se hacen con las 
manos. 

27 Por donde, no solo esta profesión nuestra cor- 
rerá peligro de ser desacreditada ' , sino , lo que es 
utas , el templo de la gran diosa Diana perderá toda su 
estimación , y la magestad de aquella , á quien toda el 
Asia y el mundo entero adora, caerá por tierra. 



1 Hacer servir la religión á las pasiones ó intereses par- 
ticulares, es un abuso coníraiio al buen orden y á la reli- 
gión misma; pero por desgracia es abuso de todos tiempos. 
Cada uno tiene sus ídolos de que está enamorado : para 
este lo son las obras de sus manos, para aquel las de su 
espíritu : para unos el interés ó las riquezas; para otros 
el honor ó la vanagloria. La religión no sirve al interés ó 
torpe granjeria, sino por lo que ella tiene de exterior, de io 
cuai abusan los hombres. De ahí nace que lo exterior de 
la religiou con facilidad se aumenta, y no se disminuye ó 
limita sin grandes dificultades, y á veces conmociones; al 
paso que lo interior de la religión decae y perece muchas 
veces, sin que nadie ó casi nadie lo sienta ni se lamente. 
El Abiden^e. 



88 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

28 Oído esto , se enfurecieron y exclamaron , di- 
ciendo : Viva la gran Diana de los ephesios. 

29 Llenóse luego la ciudad de confusión, y corrieron 
todos impetuosamente al teatro ', arrebatando consigo 
á Gayo y á Aristarcho macedonios , compañeros de 
Pablo. 

30 Queria este salir á presentarse en medio del 
pueblo, mas los discípulos no se lo permitieron. 

31 Algunos también de los señores principales del 
Asia "^ , que eran amigos suyos, enviaron á rogarle que 
no compareciese en e* teatro ^ : 

32 por lo demás unos gritaban una cosa, y otros 
otra ; porque todo el concurso ^ era un tumulto ; y la 
mayor parte de ellos no sabian á qué se habían jun- 
tado. 

33 Entre tanto un tal Alejandro , habiendo podido 
salir de entre el tropel, ayudado de los judíos, pidien- 
do con la mano que tuviesen silencio , queria informar 
al pueblo. 

1 Lugar en que sella reunirse el pueblo. 

2 Asiarchds_ ó princiiDales sacerdotes gentiles, que pre- 
sidian los juegos, espectáculos y deinas asambleas. 

3 En todas las clases de personas puede hallarse la equi- 
dad , y también la obstinación y capricho. La divina pro- 
videncia se sirve de toda suerte de instrumentos para sus 
ocultos y sabios designios. La amistad de san Pablo con 
estos gentiles parecería mal y escandalizada tal vez á 
aquellos que no conocen la senda de la caridad cristiana, 
la cual se hace toda para todos los hombres, á fia de ga- 
narlos á todos para Dios. 

4 Vicíase Iglesia. 



CAPÍTULO XIX. S9 

34 Mas luego que conocieron ser judio, todos á una 
voz se pusieron á gritar por espacio de casi dos horas : 
Viva la gran Diana de los cphesios. 

35 Al fin el secretario ó síndico, habiendo sosegado 
al tumulto , les dijo ; Varones ephesinos, ¿quién hay 
entre los hombres que ignore que la ciudad de Epheso 
está dedicada toda al culto de la gran Diana , hija de 
Júpiter * ? 

36 Siendo pues esto tan cierto que nadie lo puede 
contradecir , es preciso que os soseguéis , y no proce- 
dáis inconsideradamente. 

37 Estos hombres que habéis traido aquí , ni son 
sacrilegos , ni blasfemadores de vuestra diosa. 

38 ]\Ias si Demetrio y los artífices que le acompañan, 
tienen queja contra alguno, audiencia pública hay, y 
procónsules ; acúsenle y demanden contra él. 

39 Y si tenéis alguna otra pretensión , podrá esta 
decidirse en legitimo ayuntamiento. 

40 De lo contrario estamos á riesgo de que se nos 
acuse de sediciosos por lo de este dia , no pudiendo 
alegar ninguna causa para justificar esta reunión. Di- 
cho esto , hizo retirar á todo el concurso. 



2 El griego A»o';r£Toí;í,esío es , imagen enviada de Jú- 
piter. Creia el pueblo que aquella imagen uo era obra de 
mano de hombres, sino que había bnjado del cielo. 



90 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 



CAPITULO XX. 

Pablo, habiendo recorrido varios distritos de la Macedonici 
y Grecia, predica en Troade, donde resucita á Eutychó. 
En Mileto convoca á los presbyleros de Epheso, y les da 
saludables consejos y advertencias. 

1 Después que cesó el tumulto', convocando Pablo 
á los discípulos, y haciéndoles una exhortación, se des- 
pidió , y puso en camino para Macedonia. 

2 Recorridas aquellas tierras , y habiendo exhor- 
tado á los fieles con muchas pláticas , pasó á Grecia , 

3 donde permaneció tres meses; y estando para na- 
vegar á Syria , le armaron los judíos una emboscada : 
por lo cual tomó la resolución de volverse por Ma- 
cedonia. 

4 Acompañáronle Sópatro , hijo de Pyrrho natu- 
ral de Berea, y los thessalonicenses Aristarchó y Se- 
gundo , con Gayo de Derbe , y Timotheo ; y asimismo 
Tychíco y Tróphimo asiáticos , 

5 los cuales habiéndose adelantado , nos espera- 
ron en Troade : 



1 La prudencia cristiana y el interés del Evangelio exi- 
gen á veces que se ceda á la tempestad. Dios se sirve de 
la malicia de un pueblo para ejercer su misericordia con 
otros. Lo que á los ojos de la carne solo parece huida ne- 
cesaria, es a los ojos de la fé una misión evangélica man- 
dada por el Espíritu santo. La confianza en Dios no nos 
priva de servirnos de la ¡¡rudencia natural. 



CAPÍTULO XX. 91 

6 nosotros después de los dias de los ázymos ó Pas- 
cua nos hicimos á la vela desde Pliilíppos, y en cinco 
dias nos juntamos con ellos en Troade , donde nos de- 
tuvimos siete dias. 

7 Mas como el primer dia de la semana nos hu- 
biésemos congregado para partir j/ comer el pan eii~ 
chárístico, Pablo , que habia de marchar al dia si - 
guíente , conferenciaba con los oyentes , y alargó la 
plática hasta la media noche. 

8 Es de advertir que en el cenáculo ó sala donde 
estábamos congregados, habia gran copia de luces. 

9 Y sucedió que un mancebo llamado Eutychó 
estando sentado sobre una ventana , le sobrecogió un 
sueño muy pesado, mientras proseguía Pablo su largo 
discurso , y vencido al fin del sueño , cayó desde el 
tercer piso de la casa abajo , y le levantaron muerto. 

10 Pero habiendo bajado Pablo, echóse sobre él , 
y abrazándole dijo : No os asustéis, pues está vivo. 

11 Y subiendo luego otra vez , partió ó clistribuyó 
el pan , y habiendo comido , y platicado todavía con 
ellos hasta el amanecer, después se marchó. 

12 Al jovencito le presentaron vivo á la vista de 
todos , con lo cual se consolaron en extremo. 

13 Nosotros empero embarcándonos, navegamos 
á el puerto de Asson , donde debíamos recibir á Pa- 
blo; que así lo habia dispuesto él mismo, queriendo 
andar aquel trecho de camino por tierra. 

f: 14 Habiéndonos pues alcanzado en \sson, tomán- 
dole en nuestra nave, venimos á I\Iitylenc. 

15 Desde allí, haciéndonos á la vela , llegamos al 



92 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

dia siguiente delante de Ch¡o , al otro dia aportamos 
á Sámos, y en el siguiente desembarcamos en Mileto ; 
16 porque Pablo se habia propuesto no tocar en 
Epheso , para que no le detuviesen poco ó mucho en 
Asia; por cuanto se daba priesa con el fin de cele- 
brar, si le fuese posible , el dia de Pentecostés en Je- 
rusalem. 

— 17 Desde Mileto envió á Epheso á llamar á los 
ancianos ó prelados de la Iglesia. 

18 Venidos que fueron, y estando todos juntos, 
les dijo ; Vosotros sabéis de qué manera me he por- 
tado todo el tiempo que he estado con vosotros, desde 
el primer dia que entré en el Asia , 

19 sirviendo al Señor con toda humildad, y en- 
tre lágrimas , en medio de las adversidades que me 
han sobrevenido por la conspiración de los judíos 
contra mí ; 

20 como nada de cuanto os era provechoso , he 
omitido de anunciároslo , y enseñároslo en público y 
por las casas , 

21 y en particular exhortando á los judíos y gen- 
tiles á convertirse á Dios , y á creer sinceramente en 
nuestro Señor Jcsu-Christo. 

22 Al presente constreñido del Espíritu santo yo 
voy á Jerusalem , sin saber las cosas que me han de 
acontecer allí : 

23 solamente puedo deciros que el Espíritu santo 
en todas las ciudades me asegura y avisa : Que en 
Jerusalem me aguardan cadenas y tribulaciones. 

24 Pero yo ninguna de estas cosas Icmo; ni aper- 



CAPÍTULO XX. 93 

CÍO mas mi vida que á mí mismo ó á mi alma , siem- 
pre que de esta suerte concluya felhmeyíte mi carre- 
ra, y cumpla el ministerio que iie recibido del Señor 
Jesús, para predicar el Evangelio de la gracia de 
Dios. 

25 Ahora bien , yo sé que ninguno de todos voso- 
tros, por cuyas tierras he discurrido predicando el 
reino de Dios , me volverá á ver. 

26 Por tanto os protesto en este dia , que yo no 
tengo la culpa de la perdición de ninguno. 

27 Pues que no he dejado de intimaros todos los de- 
signios de Dios. 

28 Velad sobre vosotros y sobre toda la grey, en la 
cual el Espíritu santo os ha instituido obispos , para 
apacentar ó gobernar la Iglesia de Dios , que ha ga- 
nado él con su propia sangre. 

29 Porque sé que después de mi partida os han de 
asaltar lobos voraces , que destrozen el rebaño. 

30 Y de entre vosotros mismos se levantarán hom- 
bres que sembrarán doctrinas perversas , con el fia de 
atraerse á sí discípulos. 

31 Por tanto estad alerta, teniendo en la memoria, 
que por espacio de tres años no he cesado de dia ni 
de noche de amonestar con lágrimas á cada uno de 
vosotros. 

32 Y ahora por último os encomiendo á Dios , y á 
la palabra ó promesa de su gracia, á aquel que puede 
acabar el edificio de vuestra salud, y haceros parti- 
cipar de su herencia con todos los santos. 



94 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

33 Yo no he codiciado ni recibido de nadie piala, 
ni oro , ni vestido , como 

34 vosotros mismos lo sabéis ; porque cuanto ha 
sido menester para mi y para mis compañeros , lodo 
me lo han suministrado estas manos con su trabajo. 

35 Yo os he hecho ver en toda mi conducta, que 
trabajando de esta suerte, es como se debe sobrellevar 
á los flacos \ y tener presente las palabras del Señor 
Jesús, cuando dijo : Mucho mayor dicha es el dar , 
que el recibir. 

36 Concluido este razonamiento, se puso de rodillas 
é hizo oración con todos ellos. 

37 Y aquí comenzaron todos á deshacerse en lágri- 
mas ; y arrojándose al cuello de Pablo , no cesaban de 
besarle , 

38 afligidos sobre todo por aquella palabra que lia- 
bia dicho , que ya no verian mas su rostro. Y de esta 
manera le fueron acompañando hasta la nave. 

CAPÍTULO XXI. 

Viage de san Pablo á Jerusalem. El Profeta Agabo le pre- 
dice los trabajos que le han de suceder. Allí se ^^urijicaen 
el Templo ; y maltratado por los judíos, le libra de sus 
manos el tribuno Ltjsias. 

1 Al fin nos hicimos á la vela después de habernos 
con pena separado de ellos , y navegamos derecha- 

I A fin de que no sospechen que se !es predica por ín- 
teres. 



CAPÍTULO XXI. 95 

mente ú la isla de Cóos , y al día siguiente á la de 
H bodas , y de allí á Pátara ; 

•2 en donde habiendo hallado una nave que pasaba 
á Phenicia, nos embarcamos en ella y marchamos. 

3 Y habiendo avistado á Chypre , dejándola á la 
izquierda, continuamos nuestros rumbo acia la Syria, 
y arribamos á Tyro ; en donde habia de dejar la nave 
su cargamento. 

4 Habiendo encontrado aquí discípulos , nos detu- 
vimos siete dias : estos discípulos decían á Pablo como 
inspirados, que no subiese á Jerusalem. 

5 Pero cumplidos aquellos Vlias, pusímonos en ca- 
mino , acompañándonos todos con sus mugcres y ni- 
ños hasta fuera de la ciudad ; y puestos de rodillas en 
la ribera, hicimos oración. 

6 Despidiéndonos unos de otros , entramos en la 
nave ; y ellos se volvieron á sus casas. 

7 Y concluyendo nuestra navegación , llegamos de 
Tyro á Ptolemaida, donde abrazamos á los hermanos, 
y nos detuvimos un día con ellos. 

8 Partiendo al siguiente, llegamos á Cesárea. Y en- 
trando encasa de Phelippe el evangelista \ que era 
uno de los siete diáconos, nos hospedamos en ella. 

9 Tenia este cuatro hijas vírgenes profetisas ^. 

10 Deteniéndonos aquí algunos dias , sobrevino de 
la Judea cierto Profeta , llamado Agabo. 

1 1 El cual viniendo á visitarnos , cogió el ceñidor 



1 O predicador del Evangelio. 

2 Véase 1 



96 HECHOR DE LOS APÓSTOLES. 

(le Pablo , y alándose con él los pies, y las manos ', 
dijo : Esto dice el Espíritu santo : Asi atarán los ju- 
díos , en Jerusalem al hombre , cuyo es este ceñidor, 
y entregarle han en manos de los gentiles. 

12 Lo que oído, rogábamos á Pablo, así nosotros 
como los de aquel pueblo, que no pasase á Jerusalem. 

13 A lo que respondió, y dijo : ¿ Qué hacéis con 
llorar, y afligir mi corazón ? Porque yo estoy pronto , 
no solo á ser aprisionado, sino también á morir en Je- 
rusalem, por el nombre del Señor Jesús. 

14 Y viendo que no podíamos persuadírselo , deja- 
mos de instarle mas, y dijimos : Hág-ase la voluntad 
del Señor. 

15 Pasados estos dias nos dispusimos para el viage, 
y nos encaminamos acia Jerusalem. 

16 Vinieron también con nosotros algunos de los 
discípulos de Cesárea , trayendo consigo un antiguo 
discípulo llamado Mnason, oriundo deChypre, en cuya 
casa habíamos de hospedarnos. 

17 Llegados á Jerusalem, nos recibieron los her- 
manos con mucho gozo. 

18 Al dia siguiente fuimos con Pablo á visitará 
Santiago , á cuya casa concurrieron todos los ancia- 
nos ó ■presbyteros. 

19 Y habiéndolos saludado, les contaba una por 
una, las cosas que Dios había hecho por su ministerio 
entre los gentiles. 

20 Ellos oido esto, glorificaban á Dios, y después 

I Véase Profetas. 



CAPULLO XM. 97 

le dijeron : \a ves, hermano , cuántos millares tle ju- 
díos hay, que han creído, y que lodos son zelosos de 
la observancia de la Lev. 

21 Ahora pues, estos han oido decir que tú enseñas 
á los judíos que viven entre los gentiles , á abandonar 
á IMoysés, diciéndoles que no deben circuncidar á sus 
hijos, ni seguir las antiguas costumbres. 

•2-2 ¿ Qué es pues lo que se ha de hacer ? sin duda 
se reunirá toda esta multitud de gente ; porque luego 
han de saber que has venido. 

23 Por tanto haz esto que vamos á proponerte : 
aquí tenemos cuatro hombres, con obligación de cum- 
plir un voto. 

24 Unido á estos, purifioale con ellos ; y hazles el 
gasto en la ceremonia á fin de que se hagan la rasura 
de la cabeza ' : con eso sabrán todos , que lo que han 
oido de tí, es falso ; antes bien que aun tú mismo con- 
tinúas en observar la Ley. 

25 Por lo que hace á los gentiles que han creído, 
ya les hemos escrito , que habíamos decidido que se 
abstuviesen de manjares ofrecidos á los ídolos , y de 
sangre , y de animales sofocados , y de la fornicación. 

26 Pablo pues , tomando consigo aquellos hombres, 
se purificó al dia siguiente con ellos, y entró en el 
Templo , haciendo saber cuándo se cumplían los días 
de su purificación, y cuándo debía presentarse la ofren- 
da por cada uno de ellos ^. 

1 Véase Nazareas. 

2 San Pablo conocía bien que las ceremonias de la l^ey 



98 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

27 Estando para cumplirse los siete dias, los judíos 
venidos de Asia, habiendo visto á Vablo en el Templo, 
amotinaron lodo el pueblo , y le prendieron , gri- 
tando : 

28 Favor , israelitas : este es aquel hombre que , 
sobre andar enseñando á todos, en todas partes , con- 
tra la nación, contra la Ley, y contra este santo Lugar 
ha introducido también á los gentiles en el Templo, 
y profanado este Lugar santo. 

29 Y era que habían visto andar con él por la ciu- 
dad á Tróphimo de Epheso, al cual se imaginaron que 
Pablo le habia llevado consigo al Templo. 

30 Con esto se conmovió toda la ciudad , y se amo- 
linó el pueblo. Y cogiendo á Pablo, le llevaron arras- 
trando fuera del Templo , cuyas puertas fueron cer- 
radas inmediatamente '. 



ya no eran necesarias : con todo su humildad le hace se- 
guir el consejo de los eclesiásticos de Jerusalem'; y su ca- 
ridad le hace condescender con las inclinaciones de los 
judíos. El celo verdadero hace que nada omitamos para 
ilustrar á los ignorantes^, ó ganar á los preocupados: la 
prudencia dicta que nos justifiquemos ; y la humildad que 
procuremos no irritar la obstinación y malicia de nuestros 
enemigos por mostrar una firmeza excesiva. Es verdad que 
la obstinación del pueblo supersticioso frustró todo el efecto 
de la condescendencia del Apóstol : la cabala y la malicia 
hicieron inútil su caridad complaciente : sin embargo la 
caridad nunca se pierde, siempre edifica; es útil para to- 
das las cosas. 

1 Para que no pudiese refugiarse en aquel asilo invio- 



CAPÍTULO XXI. 99 

31 MieiUras estaban tratando de malarle, fue avi- 
sado el tribuno de la cohorte, de que toda Jerusalein 
estaba alborotada. 

32 Al punto marchó con los soldados y centuriones, 
y corrió á donde estaban. Ellos al ver al tribuno y la 
tropa, cesaron de maltratar á Pablo. 

33 Entonces llegando el tribuno le prendió, y man- 
dóle asegurar con dos cadenas ' ; y preguntaba quién 
era , y qué habia hecho. 

34 Mas en aquel tropel de gente quién gritaba una 
cosa, y quién otra. Y no pudiendo averiguar lo cierto 
á causa del alboroto, mandó que le condujesen á una 
fortaleza '. 

35 Al llegar á las gradas, fae preciso que los solda- 
dos le llevasen en peso á causa de la violencia del pue- 
blo. 

3G Porque le seguia el gentío , gritando : Que 
muera. 

37 Estando ya Pablo para entrar en la fortaleza, 
dijo al tribuno : ¿No podré hablarte des palabras? A 
lo cual respondió el tribuno : ¿ Qué , sabes tú hablar en 
griego ? 

3S ¿Pues no eres tú el egypcio que los días pasados 



lable. Pero como san Pablo, según ellos., era blasfemo, 
creyeron que no debia gozar de él. 

1 Antes V. 11. y cap. 'XII. v. 6. 

2 O torre llamada Antonia, contigua al Templo, donde 
estaban las tropas que guarnecían á Jeriisalem. Joseph. De 
helio jad. VI. C.6. 



100 HECHOS DI-: LOS APÓSTOLES. 

excitó una sedición , y se llevó al desierto cuatro mil 
salteadores ' ? 

39 Dijole Pablo : Yo soy ciertamente judío ciuda- 
dano de Tarso en Cilicia , ciudad bien conocida. Su- 
plicóte pues que me permitas hablar al pueblo. 

40 Y concediéndoselo 'e\ tribuno, Pablo ponién- 
dose en pié sobre las gradas, hizo señal con la mano 
a! pueblo, y siguiéndose á esto gran silencio, le habló 
así en lengua hebrea : 

CAPÍTULO XXII. 

Apología de san Pablo : furor contra el de los judíos obsti- 
nados : se declara ciudadano romano queriendo el tribuno 
azotarle. 

1 Hermanos y padres mios, oíd la razón que voy á 
daros ahora de mi persona. 

2 Al ver que les hablaba en lengua hebrea , redo- 
blaron el silencio. 

3 Dijo pues : Yo soy judío , nacido en Tarso de 
Cilicia , pero educado en esta ciudad , en la escuela de 
Gamaliel , é instruido por él conforme á la verdad de 
la Ley de nuestros padres, y muy zeloso de la misma 
Ley, así como al presente lo sois todos vosotros: 

4 yo perseguí de muerte á los de esta nueva doc- 
trina, aprisionando y metiendo en la cárcel á hombres 
y á mugeres, 

1 Llamados en latin sicarios, \\o\i\\\t llevaban un puñal 
[sica) debajo del vestido. 



capítulo XXI 1. 101 

5 como me son testigos el Sumo sacerdote , y todos 
los Ancianos, de los cuales tomé asimismo cartas para 
los hermanos de Damasco , é iba allá para traer presos 
á Jerusalem á los de esta secta que allí hubiese , á fin 
de que fuesen castigados. 

6 Mas sucedió que , yendo de camino , y estando ya 
cerca de Damasco á hora de medio dia , de repente 
una luz copiosa del cielo me cercó con sus rayos ; 

7 y cayendo en tierra, oí una voz que me decía: 
Saulo , Saulo , ¿ por qué me persigues ? 

8 Yo respondí : ¿ Quién eres tú , Señor? Y me dijo: 
Yo soy Jesús nazareno , á quien tú persigues. 

9 Los que me acompañaban , aunque vieron la luz, 
no entendieron bien la voz del que hablaba conmi- 
go. 

10 Yo dije : ¿ Qué haré, Señor ? Y el Señor me res- 
pondió : Levántate, y \é á Damasco , donde se te dirá 
todo lo que debes hacer. 

1 1 Y como el resplandor de aquella luz me hizo que- 
dar ciego, los compañeros me condujeron por la mano 
hasta Damasco. 

12 Aquí un cierto Ananías , varón justo según la 
Ley , que tiene á su favor el testimonio de todos los ju- 
díos sus conciudadanos, 

13 viniendo á mí , y poniéndoseme delante me dijo: 
Saulo hermano mió, recibe la vista. Y al punto le\^ 
ya claramente. 

14 Dijo él entonces: El Dios de nuestros padres 
te ha predestinado, para que conocieses su voluntad, 
y vieses al Justo , y oyeses la voz do su boca : 



102 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

15 porque has de sor testigo suyo delante de todos 
los hombres , de las cosas que has visto y oido. 

16 Ahora pues ¿qué te detienes ? Levántate, bau- 
tízate, y lava tus pecados, invocando su nombre. 

17 Sucedió después que, volviendo yo á Jerusalem, 
y estando orando en el Templo , fui arrebatado en 
éxtasis , 

18 y le vi que me decia : Date prisa , y sal luego de 
J erusalem , porque estos no recibirán el testimonio que 
les dieres de mi. 

19 Señor, respondí yo ; ellos saben que yo era el quo 
andaba por las synagogas , metiendo en la cárcel , y 
maltratando á los que creían en tí ; 

20 y mientras se derramaba la sangre de tu testigo 
ó mártir Esteban , yo me hallaba presente , consintien- 
do en su muerte , y guardando la ropa de los que le 
mataban. 

21 Pero el Seíior me dijo : Anda , que yo te quiero 
enviar lejos de aquí acia los gentiles. 

22 Hasta esta palabra le estuvieron escuchando, 
mas aquí levantaron el grito diciendo: Quita del mun- 
do aun tal hombre ; que no es justo que viva. 

23 Prosiguiendo ellos en sus alaridos , y echando de 
sí enfurecidos sus vestidos , y arrojando puñados de 
polvo al aire , 

24 ordenó el tribuno que le metiesen en la forta- 
leza , y que azotándole le atormentasen , para descubrir 
l)or qué causa gritaban tanto contra él. 

25 Ya que le hubieron atado con las correas, dijo 
Pablo al centurión que estaba presente : i Os es lícito 



CAPITULO XXIII. 103 

a vosülios azotar á un ciudadano romano , y eso sin 
formarle causa? 

26 El centurión, oido esto , fue al tribuno, y le dijo: 
Dlira lo que haces ; pues este hombre es ciudadano 
romano. 

27 Llegándose entonces el tribuno á él , preguntóle: 
Díme , ¿eres tú romano? Respondió él : Sí que lo 
soy. 

28 A lo que replicó el tribuno : A mi me costó una 
gran suma de dinero este privilegio. Y Pablo dijo : 
Pues yo lo soy de nacimiento. 

29 Al punto se apartaron de él los que iban á darle 
tormento. Y el mismo tribuno entró en temor, des- 
pués que supo que era ciudadano romano , y que le 
habia hecho alar. 

30 Al dia siguiente queriendo cerciorarse del mo- 
tivo por qué le acusaban los judíos , le quitó las pri- 
siones , y mandó juntar á los sacerdotes , con todo el 
synedrio ó consistorio , y sacando á Pablo , le presen- 
tó en medio de ellos. 



CAPITULO XXIU. 



Pablo con sus palabras ocasiona una dispula con que se di- 
viden los Fariseos de los saddaceos. El tribuno Lysias le 
remite con escolta militar á Cesárea, á Félix, gobernador 
romano, para librarle de una horrible conjuración. 

1 Pablo entonces, fijos los ojos en el synedrio, les 
dijo ; Hermanos mios^ yo hasta el dia presente he 



104 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

observado tal ccnducta, que en la presencia de Dios 
nada me remuerde la conciencia. 

2 En esto el principe de los sacerdotes Ananías 
mandó á sus ministros que le hiriesen en la boca. 

3 Entonces le dijo Pablo : Herirte ha Dios á tí , 
pared blanqueada. ¿Tú estás sentado para juzgarme 
según la Ley, y contra la Ley ' mandas herirme? 

4 Los circunstantes le dijeron : ¿ Cómo maldices tú 
al Sumo sacerdote de Dios? 

5 A esto respondió Pablo : Hermanos, no sabia 
que fuese el príncipe de los sacerdotes. Porque real- 
mente escrito está ^ : No maldecirás al príncipe de tu 
pueblo. 

6 Sabiendo empero Pablo que parte de los que asis- 
tían eran sadduceos , y parte Fariseos , exclamó en 
medio del synedrio : Hermanos míos , yo soy Fariseo, 
hijo de Fariseos , y por causa de mi esperanza de la 
resurrección de los muertos es por lo que voy á ser 
condenado. 

7 Desde que hubo proferido estas palabras, se sus- 
citó discordia entre los Fariseos y sadduceos , y se di- 
vidió la asamblea en dos partidos. 

8 Porque los sadduceos dicen que no hay resur- 
rección, ni ángel ni espíritu; cuando al contrario los 
Fariseos confiesan ambas cosas. 

9 Así que , fue grande la gritería que se levantó. Y 
puestos en pié algunos Fariseos , porfiaban, diciendo : 

1 Lev, XIX. V. 15. 

2 Exod. XXIL V 28. 



CAPÍTULO XXIII. 105 

Nada de malo hallamos en este hombre : ¿ quién sabe 
si le habló algun espíritu ó ángel? 

10 Y enardeciéndose mas la discordia, temeroso 
el tribuno que despedazasen á Pablo, mandó bajar á 
los soldados, para que le quitasen de en medio de 
ellos , y le condujesen á la foríaleza. 

1 1 A la noche siguiente se le apareció el Señor, y 
le dijo : Pablo, buen ánimo : así como has dado tes- 
timonio de mi en Jerusalem , así conviene también 
que le des en Roma. 

12 Venido el dia se juntaron algunos judíos , é hi- 
cieron voto con juramento é imprecación , de no co- 
mer ni beber hasta haber matado á Pablo. 

13 Eran mas de cuarenta hombres los que se ha- 
bían así conjurado ; 

14 los cuales se presentaron á los príncipes de los 
sacerdotes , y á los Ancianos , y dijeron : Nosotros nos 
hemos obligado con voto y grandes imprecaciones , á 
no probar bocado hasta que matemos á Pablo. 

15 Ahora pues no tenéis mas que avisar al tribuno 
de parte del synedrio, pidiéndole que haga conducir 
mañana ' á Pablo delante de vosotros , como que te - 
neis que averiguar de él alguna cosa con mas certeza. 
Nosotros de nuestra parte estaremos prevenidos para 
matarle antes que llegue. 

16 Mas como un hijo de la hermana de Pablo en- 
tendiese la trama , fue, y entró en la fortaleza , y dio 
aviso á Pablo. 

1 Así lo dice el texto griego. 



lÜG HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

17 Pablo llamando á uno de los centuriones , dijo : 
Lleva este mozo al tribuno, porque tiene que partici- 
parle cierta cosa. 

18 El centurión lomándole consigo le condujo al 
tribuno, y dijo : Pablo el preso me ha pedido que 
traiga á tu presencia á este joven , que tiene que co- 
municarte alguna cosa. 

19 El tribuno cogiendo de la mano al mancebo, 
se retiró con él á solas , y le preguntó : ¿ Qué es lo 
que tienes que comunicarme ? 

20 É\ respondió : Los judíos han acordado el su- 
plicarte que mañana conduzcas á Pablo al concilio, 
con pretexto de querer examinarle mas individual- 
mente de algún punto; 

21 pero tú no los creas, porque de ellos le tienen 
armadas asechanzas mas de cuarenta hombres , los 
cuales con grandes juramentos han hecho voto de no 
comer ni beber hasta que le maten ; y ya están alerta , 
esperando que tú les concedas lo que piden. 

! 22 El tribuno despidió al muchacho, mandándole 
que á nadie dijese que habia hecho aquella delación. 

23 Y llamando á los centuriones, les dijo: Tened 
prevenidos para las nueve de la noche ' doscientos sol- 
dados de infantería, para que vayan á Cesárea, y se- 
tenta de caballería, y doscientos alabarderos ó lan- 
ceros ; 

24 y preparad bagages pava que lleven á Pablo, y 



1 Véase liora. 



CAPITULO XXIII. 107 

le conduzcan sin peligro de su vida al gobernador 
Félix , 

25 (porque temió el tribuno que los judíos le arre- 
batasen , y matasen , y después él mismo padeciese la 
calumnia de haberlo permilido, sobornado con dinero) 
y al mismo tiempo escribió una carta al gobernador 
Félix , en los términos siguientes : 

26 Claudio Lysias al óptimo gobernador Félix, 
salud. 

27 A ese hombre preso por los judíos, y á punto 
de ser muerto por ellos , acudiendo con la tropa le li- 
bré , noticioso de que era ciudadano romano ; 

28 y queriendo informarme del delito de que le 
acusaban , condújele á su synedrio ó consistorio. 

29 Allí averigüé que es acusado sobre cuestiones 
de su ley de ellos, pero que no ha cometido ningún de- 
lito digno de muerte ó de prisión. 

30 y avisado después de que los judíos le tenían 
urdidas asechanzas , te lo envío á tí , previniendo tam- 
bién á sus acusadores, que recurran á tu tribunal. Ten 
salud. 

31 Los soldados pues según la orden que se les 
había dado, encargándose de Pablo, le condujeron de 
noche á la ciudad de Antipátrida. 

32 Al día siguiente dejando á los de á caballo para 
que le acompañasen, volviéronse los demás á la for- 
taleza. 

33 Llegados que fueron á Cesárea , y entregada la 
carta al gobernador, le presentaron asimismo á Pablo. 



108 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

34 Luego que leyó la carta , le preguntó de qué 
provincia era , y oido que de Cilicia , dijo : 

35 Te daré audiencia en viniendo tus acusadores. 
Entre tanto mandó que le custodiasen en el pretorio 
llamado de Heródes. 

CAPÍTULO XXIV. 

Respuesta convincente de Pablo á las acusaciones falsas de 
los judíos. El gobernador Félix oye también á Pablo sobre 
lafé de Chisto ; ?/ viendo que no le ofrecía dinero, le re- 
serva preso para su succesor Por ció Festo. 

1 Al cabo de cinco dias llegó á Cesárea el Sumo 
sacerdote Ananias con algunos Ancianos , y con un tal 
Tertulio orador ó abogado, los cuales comparecieron 
ante el gobernador contra Pablo. 

2 Citado Pablo, empezó su acusación Tertulio, di- 
ciendo : Como es por medio de ti , óptimo Félix , que 
gozamos de una paz profunda, y con tu previsión re- 
medias muchos desórdenes ; 

3 nosotros lo reconocemos en todas ocasiones y en 
todos lugares , y te tributamos toda suerte de acciones 
de gracias. 

4 Mas por no molestarte demasiado, suplicóle nos 
oigas por breves momentos con tu acostumbrada hu- 
manidad. 

5 Tenemos averiguado ser este un hombre pestilen- 
cial , que anda por todo el mundo metiendo en con- 
fusión y desorden á todos los judíos, y es el caudillo 
de la sediciosa secta de los nazarenos : 



CAPÍTULO XXIV. 109 

6 el cual ademas intenló profanar el Templo, y por 
esto habiéndole preso, quisimos juzgarle según nues- 
tra Ley. 

7 Pero sobreviniendo el tribuno Lysias , le arrancó 
á viva fuerza de nuestras manos, 

8 mandando que los acusadores recurriesen á tí : 
tú mismo , examinándole como juez , podrás recono- 
cer la verdad de todas estas cosas de que le acu- 
samos. 

9 Los judíos conflrmaron por su parte lo dicho , 
atestiguando ser todo verdad. 

10 Pablo , empero, (habiéndole hecho señal el go- 
bernador para que hablase) lo hizo en estos términos : 
Sabiendo yo que ya hace muchos años que tú gobier- 
nas esta nación , emprendo con mucha confianza el 
justificarme. 

11 Bien fácilmente puedes certificarte, de que no 
há mas de doce dias que llegué á Jerusalem , á fin de 
adorar á Dios ; 

12 y nunca me han visto disputar con nadie en el 
Templo , ni amotinando la gente en las synagogas , 

13 ó en la ciudad ; ni pueden alegarte prueba de 
cuantas cosas rae acusan ahora. 

lA Es verdad, y lo confieso delante de ti, que si- 
guiendo una doctrina , que ellos tratan de heregía , yo 
sirvo al Padre y Dios mió , creyendo todas las cosas , 
que se hallan escritas en la Ley y en los Profetas ; 

15 teniendo firme esperanza en Dios, como ellos 
también la tienen, que ha de verificarse la resurrección 
de los justos , y de los pecadores. 

ToM. XIV. 10 



no HFXIIOS DK LOS APÓSTOLES. 

16 Por lo cual procuro yo siempre conservar mi 
ccnciencia sin culpa (leíanle de Dios , y delante de los 
hombiCs. 

17 Ahora , después de muchos aíios , vine á repar- 
tir limosnas á los de mi nación, y á cumplir ó D/os mis 
ofrendas y votos. 

18 Y estando en esto , es cuando algunos judíos de 
Asia me han hallado purificado en el Templo ; mas no 
con reunión de pueblo , ni con tumulto. 

19 Estos judíos son los que habían de comparecer 
delante de tí , y ser mis acusadores , si algo tenían que 
alegar contra mí ; 

20 pero ahora digan estos mismos que me acusan, 
si, congregados en el synedrio, han hallado en mí al- 
gún delito, 

21 á no ser que lo sea una expresión con que ex- 
clamé en medio de ellos, diciendo : Veo que por r/í'/m- 
der yo la resurrección de los muertos, me formáis hoy 
vosotros causa. 

22 Félix pues, que estaba bien informado de esta 
doctrina , difirió para otra ocasión el asunto , dicienda: 
Cuando viniere de Jerusalem el tribuno Lysias, os 
daré audiencia otra vez. 

23 Entre tanto mandó á un centurión que custodiara 
á Pablo, teniéndole con menos estrechez, y sin prohibir 
que los suyos entrasen á asistirle. 

24 Algunos dias después volviendo Félix á Cesárea 
y trayendo á su muger Drusilla ; la cual era judía 
llamó á Pablo , y le oyó explicar la fé de Jesu-Christo , 

25 Pero inculcando Pablo la doctrina de la justicia, 



CAPÍTULO XXV. 111 

(le la castidad, y del juicio venidero, despavorido Félix 
le dijo : Basta por ahora , retírate ; que á su tiempo 
yo te llamaré; 

26 y como esperaba que Pablo le daria dinero ;9ara 
conseguirla libertad, por eso llamándole á menudo , 
conversaba con él. 

27 Pasados dos años, Félix recibió por succesor á 
Porcio Festo ; y queriendo congraciarse con los judíos, 
dejó preso á Pablo. 

CAPITULO XXV. 

Lo que sucedió al Apóstol con el gobernador Festo^ ante 
guien apela al Ce'»ar. FeUo le presenta al reí/ Agrippa 
y á Berenice su hermana. 

1 Llegado Festo á la provincia , tres dias después 
subió á Jerusalem desde Cesárea. 

2 Presenláronsele luego los principes de los sacer- 
dotes y los mas distinguidos entre los judíos, para acu- 
sar á Pablo , con una petición , 

3 en que le suplicaban por gracia, que le mandase 
conducir á Jerusalem , tramando ellos una emboscada 
para asesinarle en el camino. 

4 Mas Festo respondió, que Pablo estaba bien cus- 
todiado en Cesárea , para donde iba á partir él cuanto 
antes. 

5 Por tanto , los principales (dijo) de entre vos- 
otros, vengan también á Cesárea, y acúsenle, si es 
reo de algún crimen. 

6 En efecto, no habiéndose detenido en Jerusalem 



112 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

mas que ocho, ó diez días, marchó á Cesárea , y al dia 
siguiente señalándose en el tribunal , mandó compare- 
cer á Pablo. 

7 Luego que fue presentado , le rodearon los ju- 
díos venidos de Jerusalem, acusándole de muchos y 
graves delitos, que no podian probar, 

8 y de los cuales se defendía Pablo, diciendo: En 
nada he pecado ni contra la Ley de los judíos, ni con- 
tra el Templo, ni contra César. 

9 JMas Festo queriendo congraciarse con los judíos, 
respondiendo á Pablo, le dijo : ¿Quieres subir á Je- 
rusalem , y ser alií juzgado ante mí? 

10 Respondió Pablo: Yo estoy ante el tribunal de 
César, que es donde debo ser juzgado : tú sabes muy 
bien que yo no he hecho el menor agravio á los judíos. 

1 1 Que si en algo les he ofendido , ó he hecho al- 
guna cosa por la que sea reo de muerte , no rehuso 
morir ; pero si no hay nada de cuanto estos me im- 
putan , ninguno tiene derecho para entregarme á ellos. 
Apelo á César. 

12 Entonces Festo habiéndolo tratado con los de 
su consejo , respondió : ¿ A César has apelado ? pues á 
César irás '. 

I Festo sirve, sin conocerlo, á una orden snperior de la 
divina providencia, cuando manda que Pablo sea llevado á 
Roma. Vemos los sucesos hirmanos; pero no vemos los re- 
sortes con que la Providencia los dirige al cumplimiento 
de sus adorables designios. Justo es que adoremos siempre 
los. designios de Dios escondidos en las empresas de los 
hombres. 



CAPITULO XXV. 113 

13 Pasados algunos dias, bajaron á Cesárea el rey 
.\grippa y Berenice á visitar á Festo. 

14 Y habiéndose detenido allí muchos dias, Festo 
habló al rey de la causa de Pablo , diciendo : Aquí dejó 
Félix preso á un hombre, 

15 sobre el cual estando yo en Jerusalem, recur-> 
rieron á mí los príncipes de los sacerdotes, y los An- 
cianos de los judíos, pidiendo que fuese condenado á 
muerte. 

16 Yo les respondí : Que los romanos no acostum- 
bran condenar á ningún hombre, antes que el acusado 
tenga presentes á sus acusadores, y lugar de defenderse 
para justificarse de los cargos '. 

17 Habiendo pues ellos concurrido acá sin dilación 
alguna , al dia siguiente sentado yo en el tribunal , 
mandé traer ante mí al dicho hombre. 

18 Compareciendo los acusadores, vi que no le im- 
putaban ningún crimen de los que yo sospechaba fuese 
culpado : 

19 solamente tenían con él no sé que disputa to- 
cante á su superstición jiífZá/m, y sobre un cierto Je- 
sús difunto , que Pablo afirmaba estar vivo. 

20 Perplejo yo en una causa de esta naturaleza , le 



1 Los paganos con la sola luz de la razón conocieron y 
practicaron este axioma de justicia. ¡ Y li;ibrá cristiano que 
juzgue y condene al prójimo, sin oir antes ó examinar lo 
que puede alegar en su defensa! Juzgar mal de otro sin 
oirle, ó sin prueba muy fundada, es ser su verdus-o. y no su 
juez. 



IH HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

dije, si quería ir á Jerusalem , y ser allí juzgado de es- 
tas cosas. 

21 Mas interponiendo Pablo apelación para que su 
causa se reservase al juicio de Augusto , di orden para 
que se le mantuviese en custodia , hasta remitirle á 
César. 

22 Entonces dijo Agrlppa á Festo : Desearía yo 
también oir á ese hombre. Mañana , respondió Festo, 
le oirás. 

23 Con eso al dia siguiente, habiendo venido Agrip- 
pa y Berenice con mucha pompa, y entrando en la sa- 
la de la audiencia con los tribunos, y personas prin- 
cipales de la ciudad , fue Pablo traido por orden de 
Festo. : 

24 El cual dijo : Rey Agrippa , y todos vosotros 
que os halláis aquí presentes, ya veis á este hombre, 
contra quien todo el pueblo de los judíos ha acudido 
á mí en Jerusalem, representándome con grandes ins- 
tancias y clamores que no debe vivir mas. 

25 Mas yo he averiguado que nada ha hecho que 
mereciese la muerte. Pero habiendo él mismo apelado 
á Augusto , he determinado remitírsele. 

26 Bien que como no tengo cosa cierta que escribir 
al Señor acerca de él , por esto le he hecho venir á 
vuestra presencia, mayormente ante tí, ¡ oh rey Agrip- 
pa ! para qué examinándole tenga yo algo que es- 
cribir. 

27 Pues me parece cosa fuera de razón el remitir á 
un hombre preso , sin exponer los delitos de que se le 
acusa. 



CAPITULO XXVI. 

Pablo sejusli/ica delante de Ayrippa, y cuenta por menor 
su conversión. 

1 Entonces Agrippa dijo á Pablo : Se le da licen- 
cia para hablar en tu defensa. Y luego Pablo accionando 
C( n la mano empezó así su apología. 

2 Tengo á gran dicha mia , ¡ oh rey Agrippa ' ! el 
poder justificarme ante tí, en el dia de hoy , de todos 
los cargos de que me acusan los judíos. 

3 Mayormente sabiendo tú todas las costumbres de 
los judíos, y las cuestiones que se agitan entre ellos : 
por lo cual te suplico que me oigas con paciencia. 

4 Y en primer lugar , por lo que hace al tenor de 
vida , que observé en Jerusalem desde mi juventud 
entre los de mi nación , es bien notorio á todos los ju- 
díos : 

5 sabedores son de antemano (si quieren confesar 
la verdad) que yo siguiendo desde mis primeros años 
la secta ó profesión mas segura de nuestra religión , 
viví cual Fariseo. 

6 Y ahora soy acusado en juicio por la esperanza 



1 Nos enseña aquí san Pablo el respeto, sumisión y 
rendimieiito con que se debe venerar la autoridad, poder ó 
elevación de las potestades de la tien-a, aunque los princi- 
pes ó grandes que las ejercen , sean malos y enemigos de 
Dios. 



116 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

que tengo de la promesa hecha por Dios á nuestros 
padres : 

7 promesa cuyo cumplimiento esperan nuestras do- 
ce tribus, sirviendo á Dios nochey dia. Por esta es- 
peranza, i oh rey ! soy acusado yo de los judíos. 

8 Pues qué, ¿juzgáis acaso increíble el que Dios 
resucite á los muertos ? 

9 Yo por mí estaba persuadido de que debía proce - 
der hostilmente contra el nombre de Jesús nazareno, 

10 como ya lo hice en Jerusalem, donde no solo 
metí á muchos de los santos ó fieles en las cárceles , 
con poderes que para ello recibí de los príncipes de los 
sacerdotes , sino que siendo condenados á muerte , yo 
di también mi consentimienlo. 

11 Y andando con frecuencia por todas las syna- 
gogas , los obligaba á fuerza de castigos á blasfemar 
del nombre de Jesús ; y enfurecido mas de cada dia 
contra ellos , los iba persiguiendo hasta en las ciudades 
extrangeras. 

12 En éste estado , yendo un dia á Damasco , con 
poderes y comisión de los príncipes de los sacer- 
dotes , 

13 siendo el medio dia, vi, ¡oh rey! en el camino 
una luz del cielo mas resplandeciente que el sol, la 
cual con sus rayos me rodeó á mí, y á los que iban jun- 
tamente conmigo. 

14 Y habiendo todos nosotros caido en tierra, oí 
una voz que me decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, 
¿por qué me persigues? duro empeño es para tí ol 
dar coces contra el aguijón. 



CAPÍTULO XXVI. 117 

15 Yo entonces respondí : ¿Quién eres tú, Señor ? 
Y el Señor me dijo : Yo soy Jesús , á quien tú per- 
sigues. 

16 Pero levántate, y ponte en pié ; pues para es- 
to te he aparecido , á fin de constituirte ministro, y 
testigo de las cosas que has visto , y de otras que te 
mostraré apareciéndome á ti de nuevo , 

17 y yo le libraré de las manos de este pueblo , y 
de los gentiles , á los cuales ahora te envío , 

18 á abrirles los ojos, para que se conviertan de las 
tinieblas á la luz, y del poder de Satanás á Dios, y 
con esto reciban la remisión de sus pecados , y ten- 
gan parte en la herencia de los santos , mediante la fé 
en mí. 

19 Así que, ¡oh rey Agrippa ! no fui rebelde á la 
visión celestial : 

20 antes bien empezé á predicar primeramente á 
\o?,jud/os que están en Damasco, y en Jerusalem , y 
por todo el país de Judea , y después á los gentiles, 
que hiciesen penitencia , y se convirtiesen á Dios, ha • 
ciendo dignas obras de penitencia. 

21 Por esta causa los judíos me prendieron, estando 
yo en el Templo, é intentaban matarme. 

22 Pero ayudado del auxilio de Dios, he perseve- 
rado hasta el dia de hoy, testificando la verdad á gran- 
des y á pequeños , no predicando otra cosa mas que 
lo que Moysés y los Profetas predijeron que habia de 
suceder, 

23 es á saber, que Chrislo habia de padecer la 
muerte, y que seria el primero que resucitarla de en- 



118 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

tre los muertos , y habia de mostrar la luz del Evan- 
gelio á este pueblo y á los gentiles. 

24 Diciendo él esto en su defensa, exclamó Festo, 
Pablo , tú estás loco ; las muchas letras te han tras- 
tornado el juicio. 

25 Y Pablo le respondió: No deliro, óptimo Festo, 
sino que hablo palabras de verdad y de cordura '. 

26 Que bien sabidas son del rey estas cosas, y por 
lo mismo hablo delante de el con tanta confianza ; bien 
persuadido de que nada de esto ignora , puesto que 
ninguna de las cosas mencionadas se ha ejecutado en 
algún rincón oculto. 

27 i Oh rey Agrippa ! ¿ crees tú en los Profetas ? 
Yo sé que crees en ellos. 

28 A esto Agrippa sonriéndosc respondió á Pablo ; 
Poco falta para que me persuadas á hacerme chris- 
tiano. 

29 A lo que contestó Pablo : Pluguiera á Dios , 
como deseo , que no solamente faltara poco , sino que 
no faltara nada para que tú y todos cuantos me oyen , 



1 A ¡as injurias ó dicterios que recaen contra la doctrina 
de Jesu-Cliristo, se debe responder aun á los superiores con 
vigor respetuoso; pero siempre con moderación. Un silen- 
cio hnm'lde no es virtud para todos tiempos y ocasiones; 
pero hay muy pocos que sean capaces de hablar á los gran- 
des en tales lances de un modo que reúna la libertad que 
exige la causa de Dios, y el respeto'que se debe siempre á 
la suprema autoridad, hln tales lances es muy necesario im- 
plorar la especial asistencia del Espíritu santo, y atender 
mucho á purificar bien nuestra intención. 



tU'lll'LO X.WU. 119 

llegaseis á ser hoy tales , cual soy yo , salvo oslas ca- 
denas. 

30 Aquí se levantaron el rey, y el gobernador, y 
Berenice , y los que les hacían la corle. 

31 Y habiéndose retirado á parle, hablaban eníre 
sí , y decían : En efecto este hombre no ha hecho cosa 
digna de muerte, ni de prisión. 

32 Y Agrippa dijo á Fcsto : Si no hubiese ya ape- 
lado á César, bien se le pudiera poner en libertad. 

CAPITULO XXVII. 

Pablo navega para Roma conducido por el centurión Julio: 
la nave naufraga junio á una isla; pero todos se salvan. 

1 Luego pues que se determinó que Pablo nave- 
gase á Italia , y que fuese entregado con los demás pre- 
sos á un centurión de la cohorte ó lecjion Augusta lla- 
mado Julio, 

2 embarcándonos en una nao de Adrumeto , nos 
hicimos á la vela, empezando á costear las tierras de 
Asia , acompañándonos siempre Arislarchó macedo- 
nio de Thessalónica. 

3 El dia siguiente arribamos á Sidon ; y Julio tra- 
tando á Pablo con humanidad , le permitió salir á visi- 
tar á los amigos, y proveerse de lo necesario. 

4 Partidos de allí , fuimos bogando por debajo de 
Chypre, por ser contrarios los vientos. 

5 Y habiendo atravesado el mar de Cilicia y de Pam- 
pbylia , aportamos á Lystra ó Mira de la Lycia , 



120 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

6 donde el centurión , encontrando una nave de 
Alejandría que pasaba á Italia , nos trasladó á ella. 

7 Y navegando por muchos días lentamente , y 
arribando con trabajo en frente de Gnido , por estor- 
bárnoslo el viento , costeamos á Creta , por el cabo 
Salmón ; 

8 y doblado este con gran dificultad , arribamos á 
un lugar llamado Buenospuértos , que está cercano á la 
ciudad de Thalassa. 

9 Pero habiendo gastado mucho tiempo , y no sien- 
do desde entonces segura la navegación , por haber 
pasado ya el tiempo del ayuno", Pablo los amonestaba, 

10 diciéndoles : Yo conozco , amigos , que la nave- 
gación comienza á ser muy peligrosa y de mucho per- 
juicio, no solo para la nave y cargamento, sino también 
para nuestras vidas "" . 

11 Pero el centurión daba mas crédito al piloto y 
al patrón del barco , que á cuanto decia Pablo. 

12 Mas como aquel puerto no fuese á propósito 
para invernar , la mayor parte fueron de parecer que 
nos hiciésemos á la vela para ir á tomar invernadero , 



1 Esto es, el de la fiesta de las Expiaciones, la cual cala 
en otoño, tiempo de tempestades. Levit. XXIII. Véase 
Fiestas, Año. 

2 San Pablo sabe que ha de llegar á Roma : con todo eso 
obra como si no lo supiese. Conocía el (Apóstol que el or- 
den sobrenatural tJe los designios de Dios no muda regular- 
mente el orden natural y ordinario de las cosas humanas ; 
porque sabe bien el Señor cómo ha de hacer que este sirva 
á aquel. 



CAPÍTULO XXVII. 121 

por poco que se pudiese , en Phenics , puerto de Creta 
opuesto al Ábrego y al Poniente. 

13 Asi pues soplando el Austro, Ggurándose salir 
ya con su intento , levantando anclas en Asson ' , iban 
costeando por la isla de Creta. 

14 Pero á poco tiempo dio contra la nave un viento 
tempestuoso , llamado Nordeste. 

15 Arrebatada la nave, y no pudiendo resistir al 
torbellino, éramos llevados á merced de los vientos. 

IG Arrojados con Ímpetu acia una isleta , llamada 
Cauda , pudimos con gran dificultad recoger el es- 
quife. 

17 El cual metido dentro, maniobraban los ma- 
rineros cuanto podian , asegurando y liando la nave , 
temerosos de dar en algún banco de arena. De esta 
suerte abajadas las velas y el mástil , se dejaban llevar 
de las olas. 

18 Al dia siguiente, como nos hallábamos furio- 
samente combatidos por la tempestad , echaron al mar 
el cargamento ; 

19 y tres dias después arrojaron con sus propias 
manos las municiones y pertrechos de la nave. 

20 Entre tanto, había muchos dias que no se de- 
jaban ver ni el sol , ni las estrellas , y la borrasca era 



1 Así se llama una ciudad de la isla de Creta, ó Candia. 
delante de cuyo territorio anclarla la nave. Otros, según el 
texto griego, creen que asson es un adverbio, que significa 
cerca, contiguo , inmediato, etc. 

11 



122 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

continuamente tan furiosa , que ya habiamos perdido 
todas las esperanzas de salvarnos. 

21 Entonces Pablo, como habia ya mucho tiempo 
que nadie habia tomado alimento, puesto en medio de 
ellos, dijo : En verdad, compañeros, que hubiera sido 
mejor, creyéndome á mi, nu iiaíjer salido de Creta, 
y excusar este desastre y pérdida. 

22 Mas ahora os exhorto á tener buen ánimo, pues 
ninguno de vosotros se perderá '; lo único que se per- 
derá será la nave. 

23 Porque esta noche se me ha aparecido un án- 
gel del Dios , de quien soy yo, y á quien sirvo, 

24 diciéndome : No temas, Pablo, tú sin falla has 
de comparecer ante César j y hé ahi que Dios te ha 
concedido la vida de lodos los que navegan contigo. 

25 Por tanto, compañeros, tened buen ánimo; 
pues yo creo en Dios , que así será , como se me ha 
prometido. 

2G Al fin hemos de venir á dar en cierta isla. 

27 Mas llegada la noche del dia catorce, nave- 
gando nosotros por el mar Adriático, los marineros á 
eso de la media noche barruntaban hallarse á vista de 
tierra. 

28 Por lo que tiraron la sonda, y hallaron veinte 



1 Un verdadero cristiano no insulta jamás á los qne se 
han hecho infelices por haber despreciado los sabios cun- 
sí^jos que les liabia dada, antes bien procura consolarlos y 
animarlos. 



CAPÍTULO xwn. 123 

brazas ' de agua ; y poco mas adelante , solo hallaron 
ya quince. 

29 Entonces temiendo cayésemos en algún escollo, 
echaron por la popa cuatro áncoras , aguardando con 
impaciencia el dia. 

30 Pero como los marineros , intentando escaparse 
de la nave , echasen al mar el esquife , con el pretexto 
de ir á tirar las áncoras un poco mas lejos por la parte 
de proa , 

31 dijo Pablo al centurión y á los soldados : Si 
estos hombres no permanecen en el navio, vosotros no 
podéis salvaros. 

32 En la hora los soldados corlaron las amarras del 
esquife , y le dejaron perder. 

33 Y al empezar á ser de dia , rogaba Pablo á lo- 
dos que tomasen aumento, diciendo : Hace hoy ca- 
torce dias que aguardando cljin de la tormenta, estáis 
sin comer, ni probar casi nada. 

34 Por lo cual os ruego que toméis algún alimento 
para vuestra conservación , seguros de que no ha de 
perderse ni un cabello de vuestra cabeza "*. 

1 El ¡fasQ de los latinos corresponde a una braza, ó al 
espacio que hay er.tre las extremidades de los brazos ex- 
tendidos. Véase Movedns y Medidas. 

; 2 Dios habia prometido á san Pablo la vida de todos los 
que navegaban con él (Véase el v. 24). Mas el santo no por 
eso espera un milagro : lo que espera es que Dios bende- 
cirá los conatos y esfuerzos que hagan los marineros para 
evitar el naufragio. Nunca la confianza en üios debe ha- 
cernos remisos ó indolentes en valemos de los medios que 



124 HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 

35 Dicho eslo, tomando pan , dio gracias á Dios 
en presencia de lodos, y partiéndole, empezó á comer. 

36 Con eso animados lodos, comieron también ellos. 

37 Éramos los navegantes al lodo doscienlas y se- 
tenta y seis personas. 

38 Estando ya satisfechos, aligeraban la nave, ar- 
rojando al mar el trigo. 

39 Siendo ya dia claro, no reconocian qué tierra 
era la que descubrían : echaban sí de ver cierta ense- 
nada que tenia playa , donde pensaban arrimar la 
nave, si pudiesen. 

40 Alzadas pues las áncoras , se abandonaban á la 
corriente del mar, aflojando al mismo tiempo las cuer- 
das de las dos planchas del timón ; y alzada la vela 
del artimon ó de la popa , para lomar el viento pre- 
ciso, se dirigían acia la playa. 

41 Mas tropezando en una lengua de tierra que 
tenia mar por ambos lados, encalló la nave, que- 
dando inmoble la proa , fija ó encallada en el fondo, 
mientras la popa iba abriéndose por la violencia de 
las olas. 

42 Los soldados entonces deliberaron malar á los 
presos , temerosos de que alguno se escapase á nado. 

43 Pero el centurión deseoso de salvar á Pablo, 
estorbó que lo hiciesen ; y mandó que los que supie- 
sen nadar, saltasen los primeros al agua, y saliesen á 
tierra : 

dicta la prudencia humana para conseguir el fin que desea- 
mos. 



CAPÍTULO XXVIII. 125 

44 á los demás, parle los llevaron en tablas, y al- 
gunos sobre los deshechos que restaban del navio. Y 
así se veriflcó que todas las personas salieron salvas á 
tierra. 

CAPÍTULO XXVIII. 

Prosigue Pablo su viaje desde Malla á Roma; en donde lue- 
go de llegado, convocand't a los -principales judíos, les da 
razón de su apelación, y les predica á Jesu-Chtisío : h 
cual sigue haciendo después, por espacio de dos años, á 
cuantos iban á él. 

1 Salvados del naufragio, conocimos entonces que 
aquella isla se llamaba Malta '. Los bárbaros - por su 
parte nos trataron con mucha humanidad. 

2 Porque luego, encendida una hoguera, nos re- 
focilaban á todos contra la lluvia que descargaba, y el 
frío. 

3 Y habiendo recogido Pablo una porción de sar- 
mientos, y echándolos al fuego, saltó una víbora hu- 
yendo del calor, y le trabó de la mano. 

4 Cuando los bárbaros vieron la vibora colgando 



1 Algunos modernos creen que Melila no es la isla de 
Malta, sino Meleda que se llama Melila como aquella, y de 
la cual habla Plinio. Suponen que en Malta nunca ha ha- 
bido víboras, pero sí en Meleda. Así lo manifiesta la rela- 
ción que hace el sabio señor Luch. Desde que los romanos 
conquistaron á Malta del poder de los cartagineses, no se 
sabe que haya habido allí príncipe alguno. 

2 Véase Bárbaros. 



12G HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

de su mano, se decían unos á oíros : Este hombre sin 
duda es algún homicida, pues que habiéndose salvado 
de la mar, la venganza divina no quiere que viva. 

5 Él empero sacudiendo la víbora en el fuego, no 
padeció daño alguno. 

6 Los bárbaros al contrario se persuadían á que se 
hincharla y de repente caería muerto. Mas después de 
aguardar largo ralo, reparando que ningún mal le 
acontecía , mudando de opinión , declan que era un 
Dios. 

7 En aquellas cercanías tenia unas posesiones el 
príncipe de la Isla, llamado Publio, el cual acogléa- 
donos benignamente nos hospedó por tres dias con 
mucha humanidad. 

8 Y sucedió que, hallándose el padre de Publio muy 
acosaido de fiebres y disentería, entró Pablo á verle ; y 
haciendo oración, é imponiendo sobre él las mauc^j, 
le curó. 

9 Después de esle suceso, todos los que tenían en- 
fermedades en aquella Isla, acudían á él, y eran cu- 
rados: 

10 por cuyo motivo nos hicieron muchas honras, 
y cuando nos embarcamos, nos proveyeron de lodo lo 
necesario. 

H Al cabo de tres meses, nos hicimos á la vela en 
una nave alejandrina, que habla Invernado en aquella 
isla, y tenia la divisa de Castor y Pólux. 

12 Y habiendo UegacLo á Syracusa, dos detuvimos 
allí tres días. 

13 Desde aquí costeando las (ierras de Sicilia ven i- 



CAPITULO XXVIII. 12? 

mos á Rhegio ; y al dia siguiente soplando el Sur, en 
dos dias nos pusimos en Puzol , 

1 4 donde habiendo encontrado hermanos en Chrisio, 
nos instaron á que nos detuviésemos con ellos siete 
dias; después délos cuales nos dirigimos á Roma. 

15 Sabiendo nuestra venida los hermanos de esta 
ciudad, salieron á recibirnos hasta el pueblo llamado 
Foro Apio, y otros á Tres - Tabernas. A los cuales ha- 
biendo visto Pablo, dio gracias á Dios, y cobró gran- 
de ánimo. 

16 Llegados á Roma, se le permitió á Pablo el es- 
tar de por sí en una casa con un soldado de guardia *. 

17 Pasados tres dias pidió á los principales de en- 
tre los judíos que fuesen á verle. Luego que se jun- 
taron, les dijo: Yo, hermanos ??2?os, sin haber hecho 
nada contra el pueblo, ni conUa las tradiciones de 
nuestros padres, fui preso en Jerusalem y entregado en 
manos de los romanos, 

18 los cuales después que me hicieron los interro- 
gatorios, quisieron ponerme en libertad, visto que no 
hallaban en mí causa de muerte. 

; 19 Mas oponiéndose los judíos, me vi obligado á 
apelar á César ; pero no con el fin de acusar en cosa 
alguna á los de mi nación. 

30 Por este motivo pues he procurado veros y ha- 
blaros, para que sepáis que por la esperanza de Israel 
me veo atado con esta cadena ^. 

-^ 1 Que solía estar atado por medio de una larga cadena 
coQ el prisionero á quien guardaba. 
2 Por haber predicado la resurrección de los muertos en 



128 HECHOS DE LOS APÓSTOLES. 

21 A lo que respondieron ellos : Nosotros ni hemos 
recibido cartas de Jadea acerca de tí , ni hermano al- 
guno venido de allá, ha contado ó dicho mal de tí. 

22 Mas deseamos saber cuáles son tus sentimientos, 
porque tenemos noticia que esa hi secta halla contra- 
dicción en todas partes. 

23 Y habiéndole señalado dia para oirle , vinieron 
en gran número á su alojamiento, á los cuales predi- 
caba el reino de Dios desde la mañana hasta la noche, 
confirmando con autoridades las proposiciones que sen- 
taba , y probándoles lo perteneciente á Jesús con la 
Ley de Moysés y con los Profetas. 

24 Unos creían las cosas que decía; otros no las 
creían. 

25 Y no estando acordes entre sí , se iban saliendo, 
sobre lo cual decía Pablo : ¡ Oh con cuanta razón ha- 
bló el Espíritu santo á nuestros padres por el Profeta 
Isaías ' , 

26 diciendo : Vé á ese pueblo, y díles : Oiréis con 
vuestros oídos, y no entenderéis: y por mas que ve- 
réis con vuestros ojos, no miraréis ! 

27 Porque embolando este pueblo su corazón , ha 
tapado sus oídos, y apretado las pestañas de sus ojos; 
de miedo que con ellos vean , y oigan con sus oídos, y 
entiendan con el corazón , y asi se conviertan , y yo 
les dé la salud. 

la persona del Mesías, que es la esperanza de Israel. Antes 
cap. XI í. V. 6 —XXII í. V. 6. — XXI f^. z;. 15. y XXVI. 
V.6. 

1 Is. VI V. 9. — Mallh. XIII. V. 14. 



CAPÍTULO XXVIll. 120 

28 Por tanto tened entendido todos vosotros, que á 
los gentiles es enviada esta salud de Dios, y ellos la 
recibirán. 

29 Dicho esto, se apartaron de él los judíos, te- 
niendo grandes debates entre sí. 

30 y Pablo permaneció por espacio de dos años 
enteros en la casa que habia alquilado , en donde re - 
cibia á cuantos iban á verle, 

31 predicando el reino de Dios, y enseñando con 
toda libertad , sin que nadie se lo prohibiese , lo tocante 
á nuestro Señor Jesu-Christo. 



FIN DE LOS HECHOS DE LOS APOSTÓLES. 



ADVERTENCIA 



SOBRE 



LA EPÍSTOLA DE S. PABLO Á LOS ROMANOS. 



Aunque esta carta no es la primera que 
escribió el Apóstol , se halla siempre en pri- 
mer lugar en el orden que sigue la versión de 
la Vulgata, tal vez por la sublimidad de los 
misterios que comprende, ó por la preemi- 
nencia de la Iglesia de Roma, d quien va di- 
rigida. Escribióla san Pablo en Corintho el 
año 5S de Christo, cuando iba á llevar d Je- 
rusalem las limosnas que habia recogido. 
Manifiesta d los romanos los deseos que tiene 
de verlos al paso que vaya d España. Pero 
el principal objeto fue cortar toda divisiotí 
entre los cristianos convertidos del judaismo 
y los convertidos de la gentilidad. Aquellos, 
siempre celosos de sus ceremonias, se gloria- 
han en su Ley, y en que el Mesías solamente 



ADVERTENCIA. 131 

hahia predicado entre ellos. Los gentiles, en- 
vanecidos con sus filósofos , despreciaban á 
los judíos , y les echaban en cara el haber 
rechazado al Mesías. El apóstol procura hu- 
millarlos á todos ; confunde d los gentiles ha- 
ciéndoles ver la ceguedad de sus filósofos; 
y humilla á los judíos haciéndoles ver que 
caian en los mismos vicios que los paganos. 
Quita á unos y á otros el orgullo del propio 
mérito, y reúne á ambos pueblos en la piedra 
angular Jesu-Christo , probándoles que su 
salvación ni puede venirles de sus sabios, ni 
de su Ley, sino solamente de la gracia 
de Jesu-Chrisio. — Sirvió de ainanuense al 
Apóstol un tal Tercio, y tal vez este misino 
la tradujo al latin. 



EPÍSTOLA 

DEL APÓSTOL S. PABLO 
Á LOS ROMANOS. 



CAPITULO PRIMERO. 

La f¿ es necesaria para salvarse , porgue sin ella nadie se 
, justifica ; y de la razón se abusa tanto, que los preciados 
de sabios vienen á ser los mas viciosos. 

1 Pablo siervo de Jesu-Christo, apóstol por voca- 
ción divina , escogido para predicar el Evangelio de 
Dios, 

2 Evangelio que el mismo Dios habia promelido 
anteriormente por sus Profetas en las santas Escri- 
turas, 

3 acerca de su Hijo Jesu-Christo nuestro Señor, 
que le nació según la carne del linage de David, 

4 y que fue predestinado ' para ser Hijo de Dios 
con soberano poder, según el espíritu de santificación 
por su resurrección de entre los muertos : 

5 por el cual nosotros hemos recibido la gracia y 

1 En cuanto hombre. Véase Jesu-Christo. 



CAPITULO I. 133 

el apostolado para someter á la íó por la viilud de su 
nombre á todas las naciones, 

6 entre las cuales sois también contados vosotros, 
llamados á ella por Jesu-Christo : 

7 á todos aquellos que estáis en liorna , que sois 
amados de Dios, y santos por vuestra vocación , gra- 
cia y paz de parte de Dios nuestro Padre, y de nues- 
tro Señor Jesu-Christo. 

8 Primeramente yo doy gracias á mi Dios por me- 
dio de Jesu-Christo acerca de lodos vosotros ; de que 
vuestra fé es celebrada por todo el mundo. 

9 Dios , á quien sirvo con iodo mi espíritu en la 
predicación del Evangelio de su Hijo, me es testigo 
d? que continuamente hago memoria de vosotros, 

10 pidiéndole siempre en mis oraciones que, si es 
de su voluntad, me abra finalmente algún camino fa- 
vorable para ir á veros. 

1 1 Porque tengo muchos deseos de ello , á fin de 
comunicaros alguna gracia espiritual, con la que seáis 
fortalecidos : 

12 quiero decir, para que hallándome entre voso- 
tros, podamos consolarnos mútuaínente los unos á los 
otros, por medio de la fé, que es común á vosotros y 
á mí. 

13 Mas no quiero, hermanos, que dejéis de saber, 
que muchas veces he propuesto hacer este viage, para 
lograr también entre vosotros algún fruto , así como 
entre las demás naciones; pero hasta ahora no me ha 
sido posible. 

12 



134 EFÍST. UE S. PABLO A LOS llOMANOS. 

14 Deudor soy igualmenle á griegos y á bárbaros ' , 
á sabios y á ignorantes : 

15 asi (por lo que á mí toca) pronto estoy á pre- 
dicar el Evangelio, también á los que vivís en Roma. 

16 Que no me avergüenzo yo del Evangelio ; siendo 
él , como es , la virtud de Dios para salvar á todos los 
que creen : á los judíos primeramente , y después á 
los gentiles. 

17 Y en el Evangelio es en donde se nos ha reve- 
lado la justicia ^ que viene de Dios , la cual nace de la 
(é, y se perfecciona en la fé , según aquello que está 
escrito ' : El justo vive por la fé. 

18 Se descubre también en él la ira de Dios , que 
descargará del cielo sobre toda la impiedad é injusti- 
cia de aquellos hombres , que tienen aprisionada in- 
justamente la verdad de Dios ; 

19 puesto que ellos han conocido claramente lo que 
se puede conocer de Dios. Porque Dios se lo ha ma- 
nifestado. 

20 En efecto, las perfecciones invisibles de Dios , 
aun su eterno poder y su divinidad , se han hecho vi- 
sibles después de la creación del mundo, por el cono- 
cimiento que de ellas nos dan sus criaturas; y así ta- 
les hombres no tienen disculpa. 

21 Porque habiendo conocido á Dios, no le glori- 
ficaron como á Dios, ni le dieron gracias ; sino que 

1 Véase Griegos, Bárbaros, Gentiles. 

2 Véase Justicia. 

3 ílabac. II. v 4.. 



CAPÍTULO I. 135 

ensoberbetidus devanearon en sus discursos , y quedó 
su insensato corazón lleno de tinieblas ; 

22 y mientras que se jactaban de subios, pararon 
en ser unos necios; 

23 hasta llegar á transferir á un simulacro en ima- 
gen de hombre corruptible , y á figuras de aves , y de 
bestias cuadrúpedas , y de serpientes , el honor debido 
solamente á Dios , incorruptible ó inmortal. 

24 Por lo cual Dios los abandonó á los deseos de 
su depravado corazón , á los vicios de la impureza ; 
en tanto grado, que deshonraron ellos mismos sus pro- 
pios cuerpos : 

25 ellos que hablan colocado la mentira en el lugar 
de la verdad de Dios, dando culto, y sirviendo á las 
criaturas en lugar de adorar al Criador, solamente el 
cual es digno de ser bendito por todos los siglos. Amen. 

26 Por eso los entregó Dios á pasiones infames. 
Pues sus mismas mugeres invirtieron el uso natural, 
en el que es contrario á la naturaleza. 

27 Del mismo modo también los varones, des- 
echando el uso natural de la hembra , se abrasaron en 
amores brutales de unos con otros , cometiendo torpe- 
zas nefandas varones con varones , y recibiendo en sí 
mismos la paga merecida de su obcecación. 

28 Pues como no quisieron reconocer á Dios, 
Dios los entregó á un reprobo sentido ', de suerte que 
han hecho acciones indignas del hombre , 

1 Eu pena de no haber hecho uso del conocimiento na- 
tural que tenían de Dios. 



136 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

29 quedando atestados de toda suerte de iniqui- 
dad, de malicia, de fornicación, de avaricia, de per- 
versidad : llenos de envidia , homicidas , pendencieros; 
fraudulentos , malignos , chismosos , 

30 infamadores, enemigos de Dios , ultrajadores, 
soberbios, altaneros, inventores de vicios, desobe- 
dientes á sus padres , 

31 irracionales, desgarrados, desamorados, des- 
leales, desapiadados. 

33 Los cuales en medio de haber conocido la jus- 
ticia de Dios , no echaron de ver, que los que hacen 
tales cosas, son dignos de muerte eterna; y no solo 
los que las hacen , sino también los que aprueban á 
los que las hacen. 

CAPÍTULO IL 

Demuéstrase que los judíos son tanto y mas culpable^ por 
sus malas obras que los gentiles. La verd((der<l circunci- 
sión es la del expirilii, ó la del entendimiento y de (a vo- 
luntad. 

1 Por donde tú eres inexcusable, ¡oh hombre! 
quien quiera que seas , que te metes á condenar á los 
demás. Pues en lo que condenas á otro, te condenas á 
tí mismo : haciendo como haces tú ¡ oh judio! aquellas 
mismas cosas que condenas. 

3 Sabemos que Dios condena según su verdad á los 
que cometen tales acciones '. 

1 Esto es, los enormes delitos de que he hablada. 



CAPITULO II. 137 

3 Tú pues j oh hombre ! que condenas á los que 
tales cosas hacen , y no obstante las haces , ¿ piensas 
acaso que podrás huir del juicio de Dios? 

4 ¿ O desprecias tal vez las riquezas de su bondad , 
y de su paciencia, y largo sufrimiento ? ; no reparas que 
la bondad de Dios ' te está llamando á la penitencia ? 

5 Tú al contrario , con tu dureza y corazón im- 
penitente , vas atesorándole ira y mas ira para el día 
de la venganza , y de la manifestación del justo juicio 
de Dios, 

6 el cual ha de pagar á cada uno según sus obras ; 

7 dando la vida eterna á los que , por medio de la 
perseverancia en las buenas obras , aspiran á la gloria , 
al honor , y á la inmortalidad ; 

8 y derramando su cólera y su indignación sobre 
los espíritus porfiados , que no se rinden á la verdad , 
sino que abrazan la injusticia. 

9 Así que tribulación y angustias aguardan shi re- 
medio al alma de lodo hombre que obra mal , del judío 
primeramente , y después del griego ' . 

10 Mas la gloria , el honor y la paz serán la porción 
hereditaria de todo aquel que obra bien , del judío pri- 
ramente , y después del griego ; 

1 1 parque para con Dios no hay acepción de per- 
sonas. 

12 Y así todos los que pecaron sin tener Ley escrita, 



1 I, os mismos bienes que te concede, 

2 V^éase Griego. 



138 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

perecerán sin ser juzgados por ella ; mas lodos los 
que pecaron teniéndola , por ella serán juzgados. 

13 Que no son justos delante de Dios los que oyen 
la Ley, sino los que la cumplen , esos son los que se- 
rán justificados. 

14 En efecto cuando los gentiles, que no tienen Ley 
escrita \ hacen por razón natural lo que manda la Ley, 
estos tales no teniendo Ley, son para sí mismos Ley 
viva ; 

15 y ellos hacen ver que lo que la Ley ordena, cslá 
escrito en sus corazones , como se lo atestigua su pro- 
pia conciencia, y las diferentes reflexiones que allá en 
su interior ya los acusan , ya los defienden , 

16 como se verá en aquel dia , en que Dios juzgará 
los secretos de los hombres , por medio de Jesu-Chris- 
to , según la doctrina de mi Evangelio. 

17 Mas tú que te precias del renombre de judío , y 
tienes puesta tu confianza en la Ley , y te glorías de 
adorar á Dios , 

18 y conoces su voluntad, y amaestrado por la Ley, 
disciernes lo que es mejor , 

19 tú te jactas de ser guia de ciegos, luz de los 
que están á oscuras , 

20 preceptor de gente ruda , maestro de niños ^, ó 



1 Muchos gentiles, aunque no tenían la Ley escrita, ayu- 
dados de la luz de la gracia adoraban al verdadero Dios, y 
observaban la ley natural, ó los preceptos inórales que 
dicta la luz de la razón. Por eso se llaman justos Job^ f\ 
centurión Cornelio, etc, Véase Lcij. 

2 Véase Niño. 



CAPITULO ir. 139 

recien convertidos , como quien liene en la Ley d-; 
Muj/scs la pauta de la ciencia y de la verdad. 

21 Y no obstante, tú que instruyes al otro, no le 
instruyes á tí niismo : tú que predicas que no es lícito 
hurtar , hurtas : 

22 tú que dices que no se ha de cometer adulterio, 
le cometes : tú que abominas de los ídolos , eres sacri- 
lego adorador suyo : 

23 tú en Jin que te glorías en la Ley, con la vio- 
lación de la misma Ley deshonras á Dios. 

24 (Vosotros los judíos sois la causa , como dice la 
Escritura ' , de que sea blasfemado el nombre de Dios 
entre los gentiles "*.) 

25 Por lo demás , la circuncisión sirve, si observas 
la Ley ; pero si eres prevaricador de la Ley , por mas 
que estés circuncidado , vienes á ser delante de Dios 
como un hombre incircunciso. 

26 Al contrario , si un incircunciso guarda los pre- 
ceptos de la Ley, ¿ por ventura, sin estar circuncidado, 
no será reputado por circunciso ? 

27 Y el que por naturaleza es incircunciso ó gen- 
til , y guarda exactamente la Ley, ¿no te condenará 
á tí que teniendo la letra de la Ley y la circuncisión , 
eres prevaricador de la Ley ? 

28 Porque no está en lo exterior el ser judío, ni 
es la verdadera circuncisión la que se hace en la 
carne ; 



1 Is. LII. 1.5— Ezcch. XXXVI Ü.2. 

2 Quienes al ver vuestras costumbres, tienín en bajo 
concepto la Ley que os gobierna. 



140 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

29 sino que el verdadero judío es aquel que lo e» 
en su interior ; asi como la verdadera circuncisión es 
la del corazón , que se hace según el espíritu , y no 
según la letra de la Ley : y este verdadero judío re- 
cibe su alabanza, no de los hombres, sino de Dios. 



CAPITULO lll. 

En qué tienen la preferencia los judíos sobre los'geniile.t. 
Unos y otros están sujetos al yugo del pecado. No es la 
Ley, sino la fé en Jesu-Chrisío la que los libra de él. 
Pero la Jé no destruye la Ley, sino que la perfecciona. 

1 ¿Cuál es pues [me diréis) la ventaja de los ju- 
díos sobre los gentiles? ó ¿qué utilidad se saca en 
ser del pueblo circuncidado ? 

2 La ventaja de los judíos es grande de todos mo- 
dos. Y principalmente porque á ellos les fueron con- 
fiados los oráculos de Dios '. 

3 Porque, en fin, si algunos de ellos no han creí- 
do , ¿su infidelidad frustrará por ventura la fidelidad 
de Dios? Sin duda que no , 

4 siendo Dios, como es , veraz , y mentiroso todo 
hombre ^, según aquello que David dijo á Dios * : A 
fin de que tú seas reconocido fiel en tus palabras , y 
salgas vencedor en los juicios que de tí se hacen. 

1 O las Escrituras divinas ; y á ellos se hicieron las pro- 
mesas del Mesías, y de su reino eterno. 

2 No faltará Dios á su palabra, aunque hayan faltado 
loM judíos. 

3 Psalni. L v. 6. 



CAPÍTULO III. 141 

5 Mas si nuestra injusticia ó iniquidad hace re- 
saltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿No será 
Dios (hablo á lo humano) injusto en castigarnos * ? 

6 Nada menos. Porque si así fuese , ¿ cómo seria 
Dios el juez del mundo? 

7 Pero si la fidelidad ó verdad de Dios ( añadirá 
alguno) con ocasión de mi infidelidad ¿"malicia se ha 
manifestado mas gloriosa , ¿ por qué razón todavía soy 
yo condenado como pecador? 

8 ¿Y por qué (como con una insigne calumnia es- 
parcen algunos , que nosotros decimos ) no hemos de 
hacer nosotros un mal , á fin de que de él resulte un 
bien? Los que dicen esto, son justamente condenados. 

9 ¿Diremos pues que somos los judíos mas dignos 
que los gentiles ? No por cierto. Pues ya hemos de- 
mostrado que así judíos como gentiles, todos están 
sujetos al pecado , 

10 según aquello que dice la Escritura ' : No hay 
uno que sea justo : 

1 1 no hay quien sea cuerdo , no hay quien busque 
á Dios. 

12 Todos se descarriaron, todos se inutilizaron : no 
hay quien obre bien , no hay siquiera uno. 

13 Su garganta es un sepulcro abierto ' , se han 



1 Por nuestros pecados; puesto que ellos manifiestaa 
sus perfecciones. 

2 Psalm. XIII. v. 3. 

3 Psalm V.v. 11. 



142 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

servido de sus lenguas para urdir enredos : dentro 
de sus labios tienen veneno de áspides ' : 

14 su boca eslú llena de maldición, y de amar- 
gura ■' : 

15 son sus pies ligeros para ir á derramar san- 
gre ^ : 

16 todos sus pasos se dirigen á oprimir y á hacer 
infelices á los demás : 

1 7 porque la senda de la paz nunca la conocieron : 

18 ni tienen el temor de Dios ante sus ojos*. 

19 Empero sabemos, que cuantas cosas dice la 
Ley , todas las dirige á los que profesan la Ley ; á fin 
de que toda boca enmudezca , y todo el mundo , así 
judíos como gentiles , se reconozca reo delante de 
Dios; 

20 supuesto que delante de él ningún liombre será 
justificado por solas las obras de la Ley. Porque por 
la Ley se nos ha dado el conocimiento del pecado *. 

21 Cuando ahora la justicia^ que da Dios, sin la 
Ley se nos ha hecho patente; según está atestiguada 
por la Ley y los Profetas. 

22 Y esta justicia que da Dios por la fé en Jesu- 



1 Psahn. C XXX IX. v. 4. 

2 Psahn. IX. v. 7. 

3 Prov. 1 V. 16. — Is. LIX. v. 7. 

4~Psalm. XXXF. v. 2. Se ve que san Pnblo sigue en 
estos versos la versión griega de los Setenta. 

5 Mas no se evita, ni perdona sin la gracia de Je.sn- 
Christo, que á nadie se niega. 

6 Véase Justicia. 



capítulo iii. 143 

Chrislo , es para todos y sobre todos los que creen en 
él; pues no hay distinción alguna cjüre judio y yeniil • 

23 porque lodos pecaron, y tienen necesidad de la 
gloria ó gracia de Dios. 

^24 Siendo justiGcados gratuitamente por la gracia 
del mismo, en \irlud de la redención que iodos tie- 
nen en Jcsu-Chrislo , 

25 á quien Dios propuso para ser la víctima de 
propiciación en virtud de su sangre por medio de la 
fé, á fin de demostrar la justicia que da él mismo, 
perdonando los pecados pasados, 

26 soportados por Dios con tanta paciencia, con el 
fin , digoy de manifestar su justicia en el tiempo pre- 
sente : por donde se vea cómo él es justo en sí mismo, 
y que justifica al que tiene la fé de Jesu-Christo. 

27 Ahora pues ¿dónde está ¡oh judio! t\ motivo de 
gloriarle ? Queda excluido. ¿ Por qué Ley ? ¿ por la de 
las obras? No, sino por la Ley de la fé '. 

28 Asi que concluimos , ser justificado el hombre 
por la fé viva sin las obras de la Ley. 

29 Porque en fin ¿es acaso Dios de los judíos so- 
lamente? ¿no es también Dios de los gentiles? Sí por 
cierto, de los gentiles también. 

30 Porque uno es realmente el Dios que justifica 



1 Luego no tenéis de qué gloriaros, pues á vosotros y á 
los gentiles, á todos os justifica Dios igualmente por la fé ; 
no por las obras que prescribe vuestra Ley, hechas con las 
fuerzas naturales, y que solamente las prescribe, pero sin 
dur AÍrtiid para ejecutarlas Véase l^ey, Fé. 



144 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

por medio de la fé á los circuncidados, y que con la 
misma fé justifica á los no circuncidados. 

31 Luego nosotros, dirá alguno, ¿destruimos la 
Ley de Moysés por la fé en Jesn-Christo? No hay 
tal : antes bien confirmamos la Ley '. 

CAPITULO IV. 

Con el ejemplo de Abraham prueba el Apóstol que Diosjus- 
tijica al pecador, no en fuerza de obras ó virtudes huma' 
ñas, sino de pura gracia por la fé que le infunde. 

1 ¿Qué ventaja pues diremos liaber logrado Abra- 
ham, padre nuestro según la carne? 

2 Ciertamente que si Abraham fue justificado por 
las obras exteriores, él tiene de que gloriarse, mas no 
para con Dios. 

3 Porque ¿qué es lo que dice la Escritura ^? Creyó 
Abraham á Dios; lo cual le fue imputado á justicia '. 

4 Pues al que trabaja , el salario no se le cuenta 
como una gracia , sino como deuda. 

5 Al contrario, cuando á alguno sin hacer las obras 
exteriores ó de la Ley, con creer en aquel que justifica 
al implo, se le reputa su fé por justicia ; es este un don 
gratuito según el beneplácito de la gracia de Dios. 



1 Pues toda nuestra doctrina se reduce á enseñar el me- 
dio de obtener la justicia y santidad que la Ley promete. 

2 Gen. XV. V. Q.—Galal. III. v. G—Juc. II. v. 23. 

3 Y así esta, ó la justificación, la recibió Abraham de 
pura gracia, y no como recompensa debida a sus obras. 



CAPÍTULO IV. 145 

6 En este sentido David llama bienaventuradü al 
hombre á quien Dios imputa la justicia sin mérito de 
las obras, diciendo: 

7 Bienaventurados aquellos, cuyas maldades son per- 
donadas, y cuyos pecados están borrados '. 

8 Dichoso el hombre á quien Dios no imputó 
culpa, 

9 ¿Y esta dicha * es solo para los circuncisos? ¿no 
es también para los incircuncisos? Acabamos de decir 
que la fé se reputó á Abraham por justicia. 

10 ¿Y cuándo se le reputó? ¿después que fue cir- 
cuncidado, ó antes de serlo? Claro está que no cuando 
fue circuncidado, sino antes. 

11 Y asi él recibió la marca ó divisa de la circun- 
cisión % como un sello ó señal de la justicia que habia 
adquirido por la fé , cuando era aun incircunciso ; 
para que fuese padre de todos los que creen sin estar 
circuncidados, á quienes se les reputase también lafé 
por justicia : 

12 como asimismo padre de los circuncidados, de 
aquellos, digo, que no solamente han recibido la cir- 
cuncisión , sino que siguen también las huellas de la 
fé que tenia nuestro padre Abraham , siendo aun in- 
circunciso. 



1 Pücdm. XXXI. V. 1. Por habérselos perdonado todos 
graciosamente. 

2 Esto es. la dicha de estar justificado graciosamente 
por Dios. 

3 Véase ( 'ir cunéis i o t>. 

ToM. XIV. 13 



146 EPÍST. CE S.PABLO A LOS ROMANOS. 

13 y así no fue en virtud de la Ley, sino en vir- 
tud de la justicia de la fé , la promesa hecha á Abra- 
ham , ó á su posteridad , de tener al mundo por he- 
rencia suya. 

1 4 Porque si solos los que pertenecen á la Ley de 
Moysés, son los herederos, inútil fue la fé , y queda 
sin efecto la promesa de Dios. 

15 Porque la Ley produce ó manifiesta la cólera 
de Dios contra sus trasgrcsores ; en lugar de que allá 
donde no hay Ley , no hay tampoco violación de la 
Ley. 

16 La fé, pues, es por la cual nosotros sojnos hc' 
rederos, á fin de que lo seamos por gracia , y perma- 
nezca firme la promesa para lodos los hijos de Ahra- 
ham ; no solamente para los que han recibido la Ley, 
sino también para aquellos que siguen la fé de Abra- 
ham , que es el padre de todos, 

17 (según lo que está escrito: Téngote constituido 
padre de muchas gentes ') y que ló es delante de Dios, 
á quien ha. creído , el cual da vida á los muertos, y 
llama ó da ser á las cosas que no son , del mismo modo 
que conserva las que son : 

18 asi habiendo esperado contra toda esperanza, él 
creyó que vendría á ser padre de muchas naciones, 
según se le habla dicho : Innumerable será tu descen- 
dencia ^. 

19 Y no desfalleció en la fé , ni atendió á su propio 



1 Gen. XV U r. 4 

2 Gen. XV. v. 5. 



CAPITULO V. 147 

cuerpo ya desvirluado, siendo ya de casi cien años, ni 
;i que estaba extinguida en Sara la virtud de concebir. 
•20 No dudó él ni tuvo la meiior desconfianza de 
la promesa de Dios, antes se fortaleció en la fé , dando 
á Dios la gloria : 

21 plenamente persuadido de que todo cuanto Dios 
tiene prometido , es poderoso también para cumplirlo. 

22 Por eso el creer le fue reputado por justicia. 
33 Pero el habérsele reputado por justicia , no está 

escrito solo para él , 

24 sino también para nosotros, á quienes se ha de 
reputar igualmente á justicia el creer en aquel que re- 
sucitó de entre los muertos, Jesu-Christo Señor nues- 
tro ; 

25 el cual fue entregado á la muerte por nuestros 
pecados, y resucitó para nuestra justificación. 

CAPÍTULO V. 

Excelencias de la justificación por la f¿ de Jtsu-Chrido, 
cuya gracia sobreabundante no como quiera quita los 
maks del pecado, sino que nos colma de bienes inmensos. 

1 Justificados pues por la fé, mantengamos la paz 
con Dios mediante nuestro Señor Jcsu-Christo ; 

2 por el cual asimismo, en virtud de la fé , tene- 
mos cabida en esta gracia , en la cual permanecemos 
firmes, y nos gloriamos esperando la gloria de los hijos 
de Dios. 

3 rSi nos gloriamos solamente en esto, sino también 



148 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

en las tribulaciones ; sabiendo que la tribulación ejer- 
cita la paciencia : 

4 la paciencia sirve á la prueba de nuestra fe, y la 
prueba produce la esperanza , 

5 esperanza que no burla ; porque la caridad de 
Dios ha sido derramada en nuestros corazones por me- 
dio del Espíritu santo, que se nos ha dado. 

6 Porque ¿de dónde nace que Christo, estando 
nosotros todavía enfermos del pecado, al tiempo seña- 
lado murió por los impíos? 

7 A la verdad apenas hay quien quisiese n?orir por 
un justo : tal vez se hallaría quien tuviese valor de dar 
su vida por un bienhechor. 

8 Pero lo que hace brillar mas la caridad de Dios 
acia nosotros, es que entonces raismo cuando éramos 
aun pecadores ó enemiíjos suyos, fue cuando al tiempo 
señalado, 

9 murió Christo por nosotros : luego es claro que 
ahora mucho mas estando justificados por su sangre , 
nos salvaremos por él de la ira de Dios. 

10 Que si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos 
reconciliados con él por la muerte de su Hijo ; mucho 
mas eslando ya reconciliados, nos salvará por él mis- 
mo resucitado y vivo. 

11 Y no tan solo eso, sino que también nos gloria- 
mos en Dios por nuestro Señor Jcsu-Christo, por cuyo 
medio hemos obtenido ahora la reconciliación, 

12 Por lanío así como por un solo hombre entró el 
pecado cu este mundo, y por el pecado la muerte ; asi 



CAPÍTULO V. 149 

también la muerte se fue propagando en todos los hom- 
bres, por aquel solo Adam en quien todos pecaron. 

13 Así que el pecado ha estado siempre en el mun- 
do hasta el tiempo de la Ley ; mas como entonces no 
habia Ley escrita, el pecado no se imputaba como 
irasgresion de ella '. 

14 Con todo eso la muerte reinó desde Adam hasta 
Moysés aun sobre aquellos que no pecaron con una 
trasgresion de la Ley de Dios semejante á la de 
Adam ^ , el cual es figura del segundo Adam que ha- 
bia de venir ^ 

15 Pero no ha sucedido en la gracia, así como en 
el pecado ; porque si por el pecado de uno solo murie- 
ron muchos •*, mucho mas copiosamente se ha derra- 
mado sobre muchos la misericordia y el don de Dios 
por la gracia de un solo hombre, que es Jesu-Christo. 

16 Ni, pasa lo mismo en este don de la gracia, que 
lo que vemos en el pecado. Porque nosotros hemos 
sido condenados en el juicio de Dios por un solo pe- 
cado, en lugar de que somos justificados por la gracia 
después de muchos pecados. 

17 Conque si por el pecado de uno solo ha reina- 



1 O no ss hacia cuenta, ni se reconocía tanto su grave- 
dad, ijor no haber Ley escrita, ni penas determinadas con- 
tra él. 

2 Esto es, personalmente, ó contra una ley ó mandato 
expreso de Dios, como pecó nuestro primer padre. 

3 A darnos á todos la vida del alma. 

4 Véase Machos. 



loO I'PiST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

do la muerte por un solo hombre, que es Adam, mucho 
mas los que reciben la abundancia de la gracia, y de 
los dones, y de la justicia, reinarán en la vida por solo 
iin hombre, que es Jesu-Christo. 

18 En conclusión, así como el delito de uno solo 
atrajo la condenación de muerte á todos los hombres ; 
asi también la justicia de uno solo ha merecido á todus 
los hombres la justificación que da vida al alma. 

19 Pues á la manera que por la desobediencia de 
un solo hombre, fueron muchos constituidos pecadores, 
asi también por la obediencia de uno solo, serán mu- 
chos constituidos justos. 

20 Es verdad que sobrevino la Ley , y con ella se 
aumentó el pecado, por haber sido desobedecida. Pero 
cuanto mas abundó el pecado, tanto mas ha sobre- 
abundado la gracia ; 

21 áfin de que al modo que reinó el pecado para 
dar la muerte, así también reine la gracia en virtud de 
la justicia para dar la vida eterna, por Jesu-Christo 
nuestro Señor. 



CAPÍTULO VL 



(Jomo deben los fieles pemeverat- en la gracia una vez reci- 
bida en el bautismo, haciendo nueva vida, y entregándose 
del todo á Dios. 

1 ¿Qué diremos pues ? ¿ habremos de permanecer 
en el pecado para dar motivo á que la gracia sea copiosa? 



CAPÍTULO VI. 151 

á No lo permita Dios. Porque eslaado ya nmeitos 
al pecado, ¿ cómo hemos de vivir aun en él ? 

3 ¿No sabéis que cuantos hemos sido bautizados cu 
Jesu-Christo, lo hemos sido con [a representación y 
en virtud de su muerte ? 

4 En efecto , en el bautismo hemos quedado sepul- 
tados con él muriendo al pecado ; á fln de que así 
como Chrislo resucitó de muerte á vida para gloria del 
Padre , así también procedamos nosotros con nuevo 
tenor de vida. 

5 Que si hemos sido ingertados con él por medio de 
la representación de su muerte, igualmente lo hemos 
de ser representando su resurrección , 

6 haciéndonos cargo , que nuestro hombre viejo fue 
crucificado juntamente con é! , para que sea destruido 
en nosotros el cuerpo del pecado , y ya no sirvamos 
mas al pecado. 

7 Pues quien ha muerto de esta manera , queda ya 
justificado del pecado. 

8 Y si nosotros hemos muerto con Jt?su- Christo, 
cieemosjirmemejite que viviremos también juntamente 
con Christo ; 

9 sabiendo que Christo resucitado de éntrelos muer- 
tos no muere ya otra vez ; y que la muerte no tendrá 
ya dominio sobre él. 

10 Porque en cuanto al haber muerto, como fue 
por destnnr el pecado-, murió una sola vez ; mas en 
cuanto al vivir , vive para Dios y es inmortal. 

1 1 Así ni mas ni menos vosotros considerad lam* 
bien que realmente estáis muertos al pecado por el 



152 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

bautismo, y que vivís ya para Dios en Jesu-Ghristo 
Señor nuestro. 

12 No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mor- 
tal , de modo que obedezcáis á sus concupiscencias. 

13 Ni tampoco abandonéis mas vuestros miembros 
al pecado para servir de instrumentos á la iniquidad ; 
sino antes bien entregaos todos á Dios , como resu- 
citados de muerte á vida , y ofreced á Dios vuestros 
miembros para servir de instrumentos á la justicia ó 
virtud. 

14 Porque el pecado no se enseñoreará ya de vos- 
otros, si no queréis, pues no estáis bajo el dominio de 
la Ley , sino de la gracia. 

15 ¿ Mas qué? ¿ pecaremos , ya que no estamos su- 
jetos á la Ley , sino á la gracia ' ? No lo permita 
Dios. 

16 ¿No sabéis que si os ofrecéis por esclavos de 
alguno para obedecer á su imperio , por el mismo he- 
cho quedáis esclavos de aquel á quien obedecéis , bien 
sea del pecado para recibir la muerte , bien sea de la 
obediencia á lafé para recibir la justicia ó vida del 
alma ? 

17 Pero , gracias á Dios , vosotros , aunque fuisteis 
siervos del pecado, Iiabeis obedecido de corazón á la 
doctrina del Evangelio, según cuyo modelo habéis sido 
formados de nuevo. 

18 Con lo que libertados de la esclavitud del pe- 



1 ¿ Abusaremos de la libertad que nos da esta> librán- 
donos del vii'iode aquella? 



CAPÍTULO VII. 153 

cado , habéis venido á ser siervos de la justicia ó san~ 
tidad. 

19 Voy á decir una cosa, hablando á lo humano, en 
atención á la flaqueza de vuestra carne , y es , que asi 
como habéis empleado los miembros de vuestro cuerpo 
en servir á la impureza, y á la injusticia para come- 
ter iniquidad , así ahora los empleéis en servir á la 
justicia para santificaros. 

20 Porque cuando erais esclavos del pecado, estu- 
visteis' como exentos del imperio de la justicia ' . 

21 Mas ¿y qué fruto sacasteis entonces de aquellos 
desórdenes de que al presente os avergonzáis ? En ver- 
dad que la muerte es el fin á que conducen. 

22 Por el contrario, ahora habiendo quedado li- 
bres del pecado , y hechos siervos de Dios , cogéis 
por fruto vuestro la santificación , y por fin la vida 
eterna. 

23 Porque el estipendio y paga del pecado es la 
muerte. Empero la vida eterna es una gracia de Dios 
por Jesu-Christo nuestro Señor. 

CAPÍTULO VII. 

• 

Ventaja grandísima del hombre en el eslado de la Ley de 
gracia, comparado con el que tenia por razón del pecado 
en la Ley anligtia. Combate la carne contra el espíritu. 

1 ¿Ignoráis acaso, hermanos, (ya que hablo con 
1 Negándoos á obrar lo que ella prescribe. 



154 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

los que eslán instruidos en la Ley) que la Ley no domi- 
na sobre el hombre, sino mientras este vive? 

2 Así es que una muger casada está ligada por la 
ley del matrimonio al marido , mientras este vive ; 
mas en muriendo su marido, queda libre de la ley que 
la ligaba al marido. 

3 Por cuya razón será tenida por adúltera , si vi- 
viendo su marido, se junta con otro hombre; pero si 
el marido muere , queda libre del vínculo , y puede 
casarse con otro sin ser adúltera. 

4 Así también vosotros, hermanos mios, quedasteis 
muertos á la Ley en virtud de la muerte de el cuerpo 
de Christo ', para ser de otro , esto es , del que resu- 
citó de entre los muertos , á fin de que nosotros pro- 
duzcamos frutos para Dios. 

5 Pues cuando vivíamos según la carne , las pa- 
siones de los pecados ", excitadas por ocasión de la 
Ley ^ , mostraban su eficacia en nuestros miembros, 
en hacerles producir frutos para la muerte ; 

G pero ahora estamos ya exentos de esta Ley, oca- 
sión de muerte, que nos tenia ligados, para que sirva- 
mos á Dios según el nuevo espíritu , y no según la le- 
tra ó Lp^/ antigua. 

— 7 Esto supuesto , ¿ quó diremos ? ¿ Es la Ley la 
causa del pecado? No digo tal. Pero sí que no acabé 



1 Con el cual fiiísttis crucificados, y cuyos miembros 
sois; y así estáis desobligados y libres de ella. 

2 Martini traduce , de las afecciones pecaminosas. 

3 O con la misma prohibición. 



CAPITULO VII. 155 

(le conocer el pecado , sino por medio de la Ley : de 
suerte que yo no hubiera advertido la concupiscencia 
inia ', si la Ley no dijera : No codiciarás ^. 

8 IMas el pecado , 6 el deseo de este , estimulado con 
ocasión del mandamiento que lo prohibe , produjo en 
mí loda suerte de malos deseos. Porque sin la Ley el 
pecado de la codicia estaba cojno muerto ^ 

9 Yo también vivía en algún tiempo sin Ley , dirá 
otro. Mas así que sobrevino el mandamiento , revivió 
el pecado , 

10 y yo quedé muerto. Con lo que aquel manda- 
miento , que debía servir para darme la vida , ha ser- 
vido para darme la muerte. 

1 1 Porque el pecado , tomando ocasión del manda- 
miento '% me sedujo , y Aúpor la violación de el mis- 
mo mandamiento me ha dado la muerte. 

12 De manera que la Ley es sania, y el manda- 
miento que prohibe el pecado , santo , justo y bueno. 

13 ¿ Pero qué , lo que es en s¿ bueno, me ha cau- 
sado á mí la muerte? Nada menos. Sino que el pecado 



1 O que fuesen pecado los malos deseos. 

2 La voz griega íTríQu/wj/a-í/f que usó el Apóstol, y en la 
Vidgata se traduce conaipisces, la expresamos con el verbo 
codieiarás, el cual por su generalidad corresponde exacta- 
mente á los dos verbos griego y latino, aunque es verdad 
que vulgarmente codiciar y codicioso se aplican mas al que 
desea el dinero ó frutos, etc-, que los placeres de la carne. 
San Pablo habla de todo género de ilícitos deseos. 

3 V nadie hacia escrúpulo de cometerle. 

4 O avivándose con la misma prohibición. 



156 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

6 la concupiscencia , es el que , habiéndome causado 
la muerte por medio de una cosa buena, cual es la Ley, 
ha manifestado lo venenoso que él es ; de manera que 
por ocasión del mismo mandamiento se ha hecho el 
pecado sobremanera maligno. 

14 Porque .bien sabemos que la Ley es espiritual ; 
pero yo por mi soy carnal , vendido para ser esclavo 
del pecado. 

15 Por lo que , yo mismo no apruebo lo que hago, 
pues no hago el bien que amo ; sino antes el mal que 
aborrezco , ese le hago. 

16 Mas por lo mismo que hago lo que no amo, re- 
conozco la Ley como buena. 

17 Y en este lance no tanto soy yo el que obra 
aquello , cuanto el pecado , ó la concupiscencia , que 
habita en mi. 

18 Que bien conozco que nada de bueno hay en 
mí , quiero decir, en mi carne. Pues aunque hallo en 
mí la voluntad para hacer el bien, no hallo cómo cum- 
plirla. 

19 Por cuanto no hago el bien que quiero ; antes 
bien hago el mal que no quiero. 

20 Mas si hago lo que no quiero , ya no lo ejecuto 
yo , sino el pecado que habita en mí. 

21 Y así es que, cuando yo quiero hacer el bien , 
me encuentro con una ley ó inclinado)! co7ilraria, por- 
que el mal está pegado á mí : 

22 de aquí es que me complazco en la Ley de Dios 
según el hombre interior ; 

23 mas al mismo tiempo echo de ver otra ley en 



CAPÍTULO vm. 157 

mis raierabros, la cual resiste á !a ley de mi espíritu , 
y me sojuzga á la ley del pecado , que está en los miem- 
bros de mi cuerpo. 

24 ¡ Oh qué hombre tan infeliz soy yo ! ¿ quién me 
libertará de este cuerpo de muerte , ó mortífera concu- 
piscencia ? 

•25 Solamente la gracia de Dios por los méritos de 
Jesu-Christo Señor nuestro. Entre tanto yo mismo 
vivo sometido por el espíritu á la Ley de Dios, y por 
la carne á la ley del pecado. 



CAPÍTULO VIIL 



C^njirma lo dicho el Apóstol mucho mas copiosamente. 
Felicidad de los justos. Su alegría y esperanza; y cómo 
de iodo sacan provecho, sÍ7í que nada les pueda separar 
del amor de Jesu- Chisto. 

1 De consiguiente nada hay ahora digno de conde- 
nación en aquellos que están reengendrados en Christo 
Jesús y que no siguen la carne. 

2 Porque la ley del espíritu de vida que está en 
Christo Jesús me ha libertado de la ley del pecado y de 
ia muerte. 

3 Pues lo que era imposible que la Ley hiciese, 
estando como estaba debilitada por la carne , hízolo 
Dios , cuando , habiendo enviado á su Hijo , revestido 
de una carne semejante á la del pecado, y héchole víc- 
tima por el pecado , mató asi al pecado en la carne , 

4 á fm de que la justificación de la Ley tuviese su 

14 



158 EPlST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

cumplimiento en nosotros, que no vivimos conforme 
á la carne, sino conforme al espíritu. 

5 Porque los que viven según la carne , se saborean 
con las cosas que son de la carne ; cuando los que vi- 
ven según el espíritu , gustan de las que son del es- 
píritu. 

6 La sabiduría 6 •prudencia de la carne es una 
muerte ; en lugar de que la sabiduría de las cosas del 
espíritu , es vida y paz : 

7 por- cuanto la sabiduría de la carne es enemiga 
de Dios ; como que no está sumisa á la Ley de Dios : 
ni es posible que lo esté siendo contraria á ella. 

8 Por donde los que viven según la carne , no pue- 
den agradar á Dios. 

9 Pero vosotros no vivís según la carne , sino según 
el espíritu; si es que el espíritu de Dios habita en vos- 
otros. Que si alguno no tiene el Espíritu de Christo, 
este tal no es de Jesu- Christo. 

10 Blas si Christo está en vosotros, aunque el cuer- 
po esté muerto ó sujeto á muerte por razón del pecado 
de Adam , el espíritu vive en virtud de la justifica- 
ción ' , 

11 Y si el Espíritu de aquel Dios, que resucitó á 
Jesús de la muerte, habita en vosotros, el mismo que 
ha resucitado á Jcsu-Christo de la muerte , dará vida 
también á vuestros cuerpos mortales, en virtud de su 
Espíritu que habita en vosotros. 

12 Así que, hermanos mios, somos deudores no á la 

1 O de la. gracia que derrama en vosotros Jesu- Christo 



CAPÍTULO VIII. 159 

carne , para vivir según la carne, sino al EspíHlu de 
Dios. 

13 Porque si viviereis según la carne, morirtMs ; 
mas si con el espíritu hacéis morir las obras ó pasiones 
de la carne , viviréis. 

14 Siendo cierto que los que se rigen por el espíritu 
de Dios, esos son hijos de Dios. 

15 Porque no habéis recibido a/iom el espíritu de 
servidumbre para obrar todavía solamente por temor 
como esclavos, sino que habéis recibido el espíritu de 
adopción de hijos, en virtud del cual clamamos con 
toda confianza : ¡ Abba ! ' esto es, ¡ Oh Padre mió ! 

16 1' con razón j porque el mismo Espíritu de 
Dios está dando testimonio á nuestro espíritu ^, de 
que somos hijos de Dios. 

17 Y siendo hijos, somos también herederos; here- 
deros de Dios, y coherederos con Jesti-Christo , con 
tal , no obstante que padezcamos con él , á fin de que 
seamos con él glorificados. 

18 A la verdad yo estoy ^rmemcw/e persuadido de 
que los sufrimientos apenas de la vida presente no son 
de comparar con aquella gloria venidera , que se ha de 
manifestar en nosotros. 

19 Así las criaturas todas están aguardando con 
grande ansia la manifestación de los hijos de Dios. 

20 Porque se ven sujelas á la vanidad ó mudanza, 



1 Véase Abba 

2 Con la confianza y amor que ucs inspira. 



160 EPÍST. DE S. PABLO A LüS ROMANOS. 

no de grado, sino por causa de a^uel que les puso 
tal sujeción ; con la esperanza 

21 de que serán también ellas mismas libertadas 
de esa servidumbre á la corrupción , para participar 
de la libertad y gloria de los hijos de Dios. 

22 Porque sabemos que hasta ahora todas las cria- 
turas están suspirando ¡oor dicho dia , y como en do- 
lores de parto. 

23 Y no solamente ellas , sino también nosotros 
mismos que tenemos ya las primicias del Espíritu san- 
to , nosotros , con todo eso , suspiramos de lo íntimo 
del corazón, aguardando el efecto de la adopción de los 
hijos deDios, esto es, la redención de nuestro cuevpo '. 

24 Porque hasta ahora no somos salvos , sino en 
esperanza. Y no se dice que alguno tenga esperanza 
de aquello que ya vé i/ posee ; pues lo que uno ya 
vé ó tiene , ¿ cómo lo podrá esperar ? 

25 Si esperamos pues lo que no vemos todavía , 
claro está que lo aguardamos por medio de la pa- 
ciencia. 

20 Y ademas el Espíritu divino ayuda á nuestra 
flaqueza, pues no sabiendo siquiera qué hemos de 
pedir en nuestras oraciones , ni cómo conviene ha- 
cerlo ; el mismo Espíritu hace , ó produce en nuestro 
interior, nuestras peticiones á Dios con gemidos' 
que son inexplicables. 

1 De las miserias de esta vida, por medio de su resur- 
rección. 

2 En que la gracia hace prorumpir á nuestro corazón. 
S. Joann. Chnjs. Homii XIV. ad Román. 



CAPÍTULO VIII. 161 

27 Pero aquel que penetra á fondo los corazones, 
conoce bien qué es lo que desea el Espíritu ; el cual 
no pide nada por los santos , que no sea según Dios. 

28 Sabemos también nosotros que todas las cosas 
contribuyen al bien de los que aman á Dios , de aque- 
llos , digo , que él ha llamado según su decreto para 
ser santos '. 

29 Pues á los que él tiene especialmente previs- 
tos , también los predestinó para que se hiciesen con- 
formes á la imagen de su Hijo Jesu-Christo , por ma- 
nera que sea el mismo Hijo el primogénito entre 
muchos hermanos. 

30 Y á estos que ha predestinado, también los 
ha llamado ; y á quienes ha llamado , también los ha 
justificado ; y á los que ha justificado , también los 
ha glorificado. 

31 Después de esto ¿qué diremos ahora? Si Dios 
está por nosotros , ¿ quién contra nosotros ? 

32 El que ni á su propio Hijo perdonó , sino que 
le entregó á la muerte por todos nosotros, ¿ cómo des- 
pués de habérnosle dado á él , dejará de darnos cual- 
quiera otra cosa ^ ? 

33 Y ¿ quién puede acusar á los escogidos de Dios? 
Dios mismo es el que los justifica ^. 



1 A los que Dios ha predestinado ah eeterno, y después 
ha llamado á la fé, y finalmente ha sanlifcado con su gracia. 

2 Esto es, el perdón de los pecados, y los auxilios para 
alcanzar la gloria. 

3 Otros traducen : será este mismo Dios que los justifica? 



162 EPiST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

34 ¿Quién osará condenarlos? Después que Jesu- 
Christo no solamente murió for nosotros , sino que 
también resucitó, y está sentado á la diestra de Dios, 
en donde asimismo intercede por nosotros. 

35 ¿Quién pues podrá separarnos del amor de 
Christo? ¿será la tribulación? ¿ó la angustia? ¿ó la 
hambre? ¿ó la desnudez? ¿ ó el riesgo? ¿ ó la per- 
secución? ¿ó el cuchillo? 

36 (Según está escrito ' : Por tí ¡oh Señor! somos 
entregados cada dia en manos de la muerte : somos 
tratados como ovejas destinadas al matadero.) 

37 Pero en medio de todas estas cosas triunfamos 
por virtud de aquel que nos amó. 

38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte , 
ni la vida, ni ángeles, ni Principados, ni Virtu- 
des , ni lo presente , ni lo venidero', ni la fuerza ó 
violencia, 

39 ni todo lo que hay de mas alto , ni de mas pro- 
fundo ^, ni otra ninguna criatura podrá jamás sepa- 
rarnos del amor de Dios, que se funda en .lesu-Christo 
nuestro Señor. 

1 Psahn. XLIII. v. 23. 

2 Ni los houores, ui los desprecios. 



163 



CAPITULO IX. 

Que los verdaderos israelitas, ij Ivs hijos verdaderos de 
Abraham son los que, llamados de Dios gralüila y ntiie- 
ricordiosamente, se rinden a la fe' de Jesu-Chrislo. 

1 Jesit-Chrislo me es testigo de que os digo la ver- 
dad, y mi conciencia da testimonio en presencia del 
Espíritu santo, de que no miento, 

2 al aseguraros que estoy poseido de una pro- 
funda tristeza , y de continuo dolor en mi corazón , 

3 hasta desear yo mismo el ser apartado de Christo ' 
por la salud de mis hermanos , que son mis deudos 
según la carne , 

4 los cuales son los israelitas, de quienes es la adop- 
ción de hijos de Dios, y la gloria, y la alianza, y la 
legislación, y el culto, y las promesas ; 

5 cuyos padres son los Patriarcas , y de quienes 
desciende el mismo Jesií-Christo según la carne, el 
cual es Dios bendito sobre todas las cosas por siempre 
jamas. Amen. 

6 Pero no por eso la palabra de Dios deja de tener 
su efecto. Porque no todos los descendientes de Israel 
son verdaderos israelitas; 

7 ni todos los que son del linage de Abraham , son 
por eso hijos suyos y herederos : pues por Isaac fy no 



1 O quedar separado de su Iglesia^ y como excomulga- 
do. Véase Ánathema. Hebraísmos. 



164 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

por Ismael) le dijo Dios * , se contará tu descen- 
dencia : 

8 es decir, no los que son hijos de la carne, estos 
son hijos de Dios , sino los que son hijos de la pro- 
mesa , esos se cuentan por descendientes de Ahraham. 

9 Porque las palabras de la promesa son estas ' : 
Por este mismo tiempo dentro de un año vendré ; y 
Sara tendrá un hijo. 

10 Mas no solamente se vio esto en Sara, sino 
también en Rebeca , que concibió de una vez dos hi- 
jos de Isaac , nuestro padre. 

11 Pues antes que los niños naciesen , ni hubiesen 
hecho bien , ni mal alguno, (á fin de que se cumpliese 
el designio de Dios en la elección ^ ) 

12 no en vista de sus obras, sino por el llama- 
miento y elección de Dios se le dijo : 

13 El mayor ha de servir al menor, como en efecto 
está escrito ^ : He amado mas á Jacob, y he aborre- 
cido ó pospuesto á Esaú. 

14 ¿Pues qué diremos á esto? ¿por ventura cabe 
en Dios injusticia? Nádamenos. 

15 Pues Dios dice á Moysés ^ : Usaré de miseri- 
cordia con quien me pluguiere usarla , y tendré com- 
pasión de quien querré tenerla. 



1 Gen. XXL V. 12. 

2 Gen. XVIII. v. 10. 

3 Que tenia hecha ah ¿eterno acerca de estos dos her- 
manos. 

4 Gen. XXF. v. 23.— Malach. I v, 2. Véase Jacob. 

5 Exod. XXXIII. V. 10. 



CAPITULO IX. 165 

16 Así que no es obra del que quiere, ni del que 
corre, sino de Dios que usa de misericordia. 

17 Dice también á Pharaon en la Escritura ' : A 
este fin te levanté , para mostrar en ti mi poder ; y 
para que mi nombre sea celebrado por toda la tierra. 

18 De donde se sigue que con quien quiere, usa 
de misericordia , y endurece ó abandona en su pecado 
al que quiere. 

19 Pero tú me dirás : ¿ Pues cómo es que se queja 
Dios, ó se enoja? porque ¿quién puede resistir á su 
voluntad ? 

20 Mas, ¿quién eres tú, ¡oh hombre! para recon- 
venir á Dios ? Un vaso de barro ¿ dice acaso al que le 
labró : Por qué me has hecho así ^? 

21 ¿Pues qué, no tiene facultad el alfarero, para 
hacer de la misma masa de barro un vaso para usos 
honrosos, y otro al contrario para usos viles? 

22 Nadie puede quejarse, si Dios queriendo mos- 
trar en unos su justo enojo , y hacer patente su poder, 
sufre con mucha paciencia á los que son vasos de ira , 
dispuestos para la perdición , 

23 á fin de manifestar las riquezas de su gloria en 
los que son vasos de misericordia , que él preparó ó 
destinó para la gloria • ; 

24 y ha llamado ci ella, como á nosotros, no sola- 



1 Exod. IX. V. 16. 

2 Sap. XV. V.7. — 1S. XLV. v. 9.—Jere,n. XVllL 
V. 6. 

3 Véase Predestinación. 



166 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

mente de entre los judíos, sino también de entre los 
gentiles , 

25 conforme alo que dice por Oseas' : Llamare 
pueblo mió , al que no era mi pueblo ; y amado , al 
que no era amado ; y objeto de misericordia , al que 
nohabia conseguido misericordia. 

26 Y sucederá que en el mismo lugar en que se les 
dijo ^ : Vosotros no sois mi pueblo ; allí serán llamados 
hijos de Dios vivo. 

27 Por otra parle Isaías ' exclama con respecto á 
Israel : Aun cuando el número de los hijos de Israel 
fuese igual al de las arenas del mar, solo un pequeño 
residuo de ellos se salvará. 

28 Porque Dios en su justicia reducirá su pueblo 
á un corto número : el Señor hará una gran rebaja 
sobre la tierra : 

29 y antes había dicho el mismo Isaías'' : Si el Se- 
ñor de los ejércitos no hubiese conservado á algunos de 
nuestro linagc, hubiéramos venido á quedar semejan- 
tes á Sodoma y Gomorrha. 

30 Esto supuesto , ¿qué diremos sino que los genti- 
les, que no seguían la justicia, han abrazado la justi- 
cia ; aquella justicia que viene de la fé ; 

31 y que, al contrario, los israelitas que seguían 
con esmero la Ley de la justicia ó la Ley mosaica, no 



1 Os. II. V. 24 — /. Peí. II. V. 10. 

2 Oí. /. V. 10. 

3 /y. X r. 22. 

4 Is. I. V. 9. 



CAPÍTULO X. 167 

lian llegado á la Ley de la justicia ó á la justicia de la 
Ley 7 

32 ¿ Y por qué causa ? Porque no la buscaron por 
la fé, sino por las solas obras de la Ley ; y tropezaron 
cnJcsm como en piedra de escándalo, 

33 según aquello que está escrito ' : Mirad que yo 
voy á poner en Sion una piedra de tropiezo , y piedra 
de escándalo para los incrédulos ; pero cuantos creerán 
en él, no quedarán confundidos ^. 

CAPÍTULO X. 

S¡¡n la fe (le Jem-Chrisío nadie puede salvarse : con ella, y 
vo con las obras de la Leij, se consigue la justificación. 
Por eso es predicada en todo el mundo. Los genliles la 
ahrazan , mientras que los judíos permanecen en su incre- 
dulidad. 

1 Es cierto, hermanos mios, que siento en mi cora- 
zón un singular afecto á Israel, y pido muy de veras á 
Dios su salvación. 

2 Yo les confieso, y me consta, que tienen zelo de 
las cosas deDios ; pero no es un zelo según la ciencia '. 



1 Is. VIH. V. 14. — XXVIIl V. 16.-7. Pet. II. v. 7. 

2 Ni engañados en su esperanza. 

3 Un zelo qne no es conforree á razón , ó un zelo indis- 
creto. Cuanto mayor es el zelo, tanto mas peligroso es, si no 
va acompañado y dirigido por buenas luces , y si solamente 
obra por los impulsos de una mal entendida piedad. Las 
fuentes del falso zelo son : I.» el poco conocimiento de 
ios designios de Dios y de sus caminos ; 2.° la complacen- 



168 EPÍST. DE S. PAULO A LüS ROMAiNOS. 

3 Porque no conociendo la justicia que viene de 
Dios, y esforzándose á establecer la suya propia ' , no 
se han sujetado á Dios para recibir de él esta justicia. 

4 Siendo asi que el fin de la Ley es Chrislo ' , 
para justificar á lodos los que creen eyi él. 

5 Porque Moysés dejó escrito ' , que el hombre 
que cumpliere la justicia ordenada por la Ley ó sus 
mandamientos^ hallará en ella la vida. 

6 Pero de la justicia que procede de la fé, dice así'': 
No digas en tu corazón : ¿ Quién podrá subir al cielo? 
esto es, para hacer que Jeszí-Christo descienda : 

7 ¿ ó quién ha de bajar al abismo ? esto es, para 
sacar á vida de entre los muertos á Chrislo ^ 



cia y confianza en sí mismo; 3.« un secreto amor de inde- 
pendencia y de gloria en el bien qne se quiere hacer. Las 
fuentes del zelo verdadero son: 1.* estudiar bien á Jesu- 
Christo y á su religión en las santas Escrituras, y mirar 
siempre al fin de sus preceptos y consejos, que es decir, su 
espíritu interior, no precisamente su letra material , diri- 
giéndose, no por el espíritu privado, sino por la autoridad 
de la iglesia ; 2,^ no buscar otras sendas para ir al cielo, 
ni otras reglas para la vida espiritual que las de la fé, ó 
confornies á ella. 

1 Esto es, á justificarse con sus obras y fuerz:is natu- 
rales. 

2 Al cual se ordenaban todos los sacrificios y figuras del 
Antiguo Testamento. 

3 LeviL XVni. v. b.-Ezedi. XX r. 11. 

4 Deut. XXX. V. 12. 

5 Porque no se te pide que hagas cosas tan difíciles para 
alcanzar la justificación ; ni la has de bascar lejos de ti. 



CAPÍTULO X. 169 

8 Mas ¿ qué es lo que dice la Escritura ' ? Cerca 
está de ti la palabra que da la justificación -. en tu boca 
está y en tu corazón : esta palabra es la palabra de la 
fé que predicamos. 

9 Pues si confesares con tu boca al Señor Jesús , 
y creyeres en tu corazón que Dios le h» resucitado de 
entre los muertos, serás salvo. 

10 Porque es necesario creer de corazón para jus- 
tificarse; y confesar la fé con las palabras ú obras 
para salvarse. 

11 Por esto dice la Escritura * : Cuantos creen en 
él , no serán confundidos. 

12 Puesto que no hay distinción de judio y de 
gentil ; por cuanto uno mismo es el Señor de todos , 
rico para con todos aquellos que le invocan. 

13 Porque todo aquel que invocare de veras el 
nombre del Señor, será salvo ^. 

14 ¿Mas cómo le han de invocar, si no creen en 
él? O ¿cómo creerán en él , si de él nada han oido 
hablar ? Y ¿ cómo oirán hablar de él , si no se les pre- 
dica ? 

15 Y ¿cómo habrá predicadores , si nadie los en- 
vía? según aquello que está escrito * : ¡ Qué feliz es 
la llegada de los que anuncian el Evangelio de la paz, 
de los que anuncian los verdaderos bienes ! 



1 Deut. XXX. V. 14. 

2 Is. XXVIII V. 16. 

3 Joel II. V. 32. Véase F¿. 

4 Iv. LII. v. 7.-Nah. I. v. 15. 



170 EFÍST. ÜE S. FABLO A LOS ROMANOS. 

16 Verdad es que no todos obedecen al Evangelio. 
Y por eso dijo Isaías ' : ¡ Oh Señor ! ¿ quién ha creido 
lo que nos ha oido predicar ? 

17 Asi que la fé proviene del oir, y el oir depende 
de la predicación de la palabra de Jesu-Christo. 

18 Pero pregunto : ¿ Pues qué no la han oido ya ? 
Si ciertamente : su voz ha resonado por toda la tierra, 
y hanse oido sus palabras hasta las extremidades del 
mundo '. 

19 Mas, digo yo: ¿Será que Israel no lo ha enten- 
dido ' ^ No por cierto. Moysés es el primero á decir ^ 
en nombre de Dios : Yo he de provocaros á zelos por un 
pueblo que no es pueblo mió; y haré que una nación 
insensata ó ignorante venga á ser el objeto de vuestra 
indignación y envidia. 

20 Isaías en persona de Christo ^ levanta la voz, y 
dice : Halláronme los que me buscaban : descubríme 
claramente á los que no preguntaban por mí, esto es ^ 
á los gentiles. 

21 Y, al contrario, dice á Israel : Todo el día 
tuve mis manos extendidas á ese pueblo incrédulo , 
y rebelde á mis palabras ^. 

1 Is. Lili. V. 1. La predicación es el medio ordinario 
para introducir la fé. 

2 Psalm. XVIII. v. 5. Véase 3Iundo. 

3 O que ignora tal vez que el Evangelio debe ser predi- 
cado á los gentiles? 

^ Deid XXXlI.v. 21. 

5 h. LXF. v.l. 

tí Y lejos de convertirse á mí, me dio la muerte. 



CAPÍTULO XI. 171 



CAPITULO XI. 



Culi el escarmiento de los judíos incrédulos amonesta el 
Apóstola los gentiles que no presuman de sí; y profetiza 
la general conversión de aquellos. 

1 Pues , según esto , digo yo ahora : ¿ Por ventura 
ha desechado Dios á su pueblo ? No por cierto. Porque 
yo mismo soy israelita del linage de Abraham , y de 
la tribu de Benjamin ; 

2 no ha desechado Dios al pueblo suyo, al cual co- 
noció en su presciencia. ¿No sabéis vosotros lo que de 
Elias refiere la Escritura ' ; de qué manera dirige él 
á Dios sus quejas contra Israel , diciendo : 

3 i Oh Señor ! á tus Profetas los han muerto , de- 
molieron tus altares , y he quedado yo solo , y atentan 
á mi vida ? 

4 Mas ¿ qué le responde el oráculo divino ^ ? Heme 
reservado siete mil hombres', que no han doblado la 
rodilla delante de el ¿dolo Baal. 

5 De la misma suerte pues * se han salvado en este 
tiempo algunos pocos que han sido reservados por 
Dios según la elección de su gracia. 



1 ///. Reg. XIX. D. 10. 

2 ///. Reg. XIX. v. 18. 

3 Esto es muchísimos. Véase Siete. 

4 A pesar de la geoeral incredulidad de los judíos. 



172 EPÍST. DE S. PAELO A LOS ROMANOS. 

6 Y si por gracia, claro está que no por obras ; de 
otra suerte la gracia no fuera gracia. 

7 ¿De aquí qué se infiere? que Israel que buscaba 
la justicia, mas no por la Jé , no la ha hallado; pero 
la han hallado aquellos que han sido escogidos por 
Dios , habiéndose cegado todos los demás , 

8 scguB está escrito ' : Les ha dado Dios hasta hoy 
dia en castigo de su rebeldía, un espíritu de estupidez 
y contumacia ; ojos para no ver , y oidos para no 
oir. 

• 9 David dice también ' : Venga á ser para ellos su 
mesa ^ un lazo donde queden cogidos , y una piedra de 
escándalo , y eso en justo castigo suyo. 

10 Oscurézcanse sus ojos de tal modo que no vean ; 
y haz que sus espaldas estén cada vez mas encorvadas 
acia la tierra. 

— 11 Mas esto supuesto , pregunto : ¿ Los judias están 
caidos para no levantarse jamás? No por cierto. Pero 
su caida ha venido á ser una ocasión de salud para 
los gentiles, á fin de que el ejemplo de los gentiles , 
les excite la emulación para imitar su fé. 

12 Que si su delito ha venido á ser la riqueza del 
mundo , y el menoscabo de ellos el tesoro ó riqueza 



i Is. VI. V. 9. — XXIX. V. 10.- Maílh. XIII. v, 14. 
Véase Causa. 

2 Psalm. LXVIII. v. 23. 

3 Sírvales su mesa, esto es, su aUmenlo, m Ley, su Tem- 
plo y altar de lazo, y de trampa, y de escándalo, ó ruina, 
por el mal uso que de ello harán. 



capítulo XI. 173 

de las naciones, ¿ cuánto mas lo será su plenitud ó fu- 
tura restauración * ? 

13 Con vosotros hablo ¡oh gentiles! Ya que soy 
el Apóstol de las gentes, he de honrar mi ministerio, 

14 para ver también si de algún modo puedo pro- 
vocar á una santa emulación á los de mi linage , y 
logro la salvación de algunos de ellos. 

15 Porque si el haber sido los mas de ellos dese- 
chados , ha sido ocasión de la reconciliación del mun- 
do ', ¿ qué será su restablecimiento ó conversión , sino 
resurrección de muerte á vida ? ^ 

16 Porque si las'primicias de los judias son santas , 
esto es , los Patriarcas , lo es también la masa ó el 
cuerpo de la nación ; y si es santa la raiz , también las 
ramas. 

17 Que si algunas de las ramas han sido cortadas , 
y si tú ; oh pueblo gentil ! que no eres mas que un 
acebnche , has sido ingertado en lugar de ellas , y he- 
cho participante de la savia ó jugo que sube de la raiz 
del olivo , 

18 no'tienes de que gloriarte contra las ramas natu- 
rales. Y si te glorías , sábete que no sustentas tú á la 
raiz , sino la raiz á tí. 

19 Pero las ramas , dirás tú , han sido cortadas para 
ser yo ingerido eji su lugar. 

I ¿Cuánto mas aun todavía enriquecerá al mundo su 
plenitud, esto tSj su conversión á la fé, al fin de los tiem- 



2 Act. XIII. V. 46 y 47. 



174 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

20 Bien está : por su incredulidad fueron corladas. 
Tú empero estás ahora firme en el árbol , por medio 
de la fé ; mas no te engrías , antes bien vive con temor. 

21 Porque si Dios no perdonó á las ramas natu- 
rales , ó á los judíos , debes temer que ni á ti tampoco 
te perdonará. 

22 Considera pues la bondad , y la severidad de 
Dios : la severidad para con aquellos que cayeron , y 
la bondad de Dios para contigo , si perseverares en el 
estado en que su bondad te ha puesto ; de lo contrario 
tú también serás cortado. 

23 Y todavía ellos mismos , si no permanecieren 
en la incredulidad , serán otra vez unidos á su tronco ; 
pues poderoso es Dios para ingerirlos de nuevo, 

24 Porque si tú fuiste cortado del acebnche , que es 
tu tronco natural , é ingerto contra natura en la oliva 
castiza , ¿ con cuánta mayor razón serán ingertas en su 
propio tronco las ramas naturales del mismo olivo ! 

25 Por tanto no quiero, hermanos, que ignoréis 
este misterio ' , (á fin de que no tengáis sentimientos 
presuntuosos de vosotros mismo) y es , que una parte de 
Israel ha caido en la obcecación, basta tanto que la ple- 
nitud de las naciones haya entrado en la Iglesia : 

26 entonces salvarse ha todo Israel , según está es- 
crito ^ : Saldrá de Sion el Libertador ó Salvador , que 
desterrará de Jacob la impiedad. 



1 Esto es, la futura conversión de los judíos. 

2 Is. LIX. V. 20. 



capítulo XI. 175 

27 Y entonces tendrá efetlo la alianza que he hecho 
con ellos , en habiendo yo borrado sus pecados. 

28 Es verdad que en orden al Evangelio son ene- 
migos de Dios por ocasión de vosotros ; mas con res- 
pecto á la elección de Dios , son muy amados por causa 
de sus padres los Patriarcas. 

29 Pues los dones y vocación de Dios son inmu- 
tables. 

30 Pues así como en otro tiempo vosotros no 
creíais en Dios, y al presente habéis alcanzado mise- 
ricordia por ocasión de la incredulidad de los judíos ; 

31 así también los judíos están al presente sumer- 
gidos en la incredulidad , para dar lugar á la miseri- 
cordia que vosotros habéis alcanzado, á fin de que á 
su tiempo consigan también ellos misericordia. 

32 El hecho es que Dios permitió que todas las gan- 
tes quedasen envueltas en la incredulidad , para ejer- 
citar su misericordia con todos. 

33 ; Oh profundidad de los tesoros de la sabiduría, 
y de la ciencia de Dios : cuan incomprensibles son sus 
juicios, cuan inapeables sus cam.inos ! 

34 Porque ¿quién ha conocido los designios del 
Señor ' ? O ¿ quién fue su consejero ? 

35 O ¿quién es el que le dio á él primero alguna 
cosa, para que pretenda ser por ello recompensado? 

36 Todas las cosas son de él , y todas son por él , 



í>ap. IX V. 13. -iv, XL i. 13. — /. Cor. II. v. 16 



1T6 EPiST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

y todas existen en él : á él sea la gloria por siempK 
jamás. Amen. 



CAPITULO XII. 

Da el Apóstol reglas de ijerfeccion á los fieles, conforme al 
estado de cada uno, y á los dones recibidos de Dios con la 
fe' de Jesu-Christo ; y dice que, siendo todos miembros de 
un mismo cuerpo, todos debemos trabajar en favor de toda 
la Iglesia, y amarnos mutuamente. 

1 Ahora pues, liermanos mios, os ruego encareci- 
damente por la misericordia de Dios, que le ofrezcáis 
vuestros cuerpos como una hostia ó victima viva , san- 
ta y agradable á sus ojos, que es el culto racional que 
debéis ofrecerle ' . 

2 Y no queráis conformaros con este siglo, antes 
bien trasformáos con la renovación de vuestro espíritu, 
á fin de acertar qué es lo bueno , y lo mas agradable, 
y lo perfecto que Dios quiere de vosotros. 

3 Por lo que os exhorto á todos vosotros, en virtud 
del ministerio que por gracia se me ha dado, á que en 
vuestro saber ó pensar, no os levantéis mas alto de lo 
que debéis, sino que os contengáis dentro de los limi- 
tes de la moderación ^, según la medida de fé que Dios 
ha repartido á cada cual. 



1 Esto es, el espiriUial sacrificio de vosotros mismos. 

2 Sin aspirar á ministerios mas altos y brillantes, que á 
los que Dios ha hecho ver que os llamaba ; ni querer escu- 
driñar los misterios de la í'é. 



CAPITULO XII. 17T 

4 Porque así como en un solo cuerpo tenemos mu- 
chos miembros, mas no todos los miembros tienen un 
mismo oficio ; 

5 así nosotros, aunque seamos muchos, formamos en 
Christo un solo cuerpo, siendo todos recíprocamente 
miembros los unos de los oíros. 

6 Tenemos por tanto dones diferentes, según la 
gracia que nos es concedida ; por lo cual el que ha re- 
cibido el don de profecía ', úsele siempi-e según la re- 
gla de la fé ; 

7 el que ha sido llamado al ministerio de la Igle- 
sia , dediqúese á su ministerio ; el que ha recibido el 
don de enseñar, apliqúese á enseñar; 

8 el que ha recibido el don de exhortar, exhorte; 
el que reparte limosna, déla con sencillez; el que pre- 
side ó gobíeima , sea con vigilancia ; el que hace obras 
de misericordia , hágalas con apacibilidad y alegría. 

9 El amor sea sin fingimiento. Tened horror al 
mal , y aplicaos perennemente al bien ; 

10 amándoos recíprocamente con ternura y caridad 
fraternal; procurando anticiparos unos á otros en las 
señales de honor y de deferencia. 

11 No seáis flojos en cumplir vuestro deber: sed 
fervorosos de espíritu , acordándoos que el Señor es á 
quien servís : 

12 alegraos con la esperanza del premio: sed su- 
fridos en la tribulación : en la oración continuos : 



1 Véase Profeta. 



178 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

13 caritativos para aliviar las necesidades de los 
santos 6 fieles : prontos á ejercer la hospitalidad. 

14 Bendecid á los que os persiguen; bendecidlos, 
y no los maldigáis. 

15 Alegraos con los que se alegran, y llorad con 
los que lloran ' : 

16 estad siempre unidos en unos mismos sentimien- 
tos y deseos : no blasonando de cosas altas , sino aco- 
modándoos á lo que sea mas humilde. No queráis te- 
neros dentro de vosotros mismos por sabios ó pru- 
dentes : 

17 á nadie volváis mal por mal ; procurando obrar 
bien , no solo delante de Dios, sino también delante de 
todos los hombres. 

18 Vivid en paz, si ser puede, y cuanto esté de vues- 
tra parte , con todos los hombres : 

19 no os venguéis vosotros mismos , queridos niios 
sino dad lugar á que se pase la cólera ", pues está es- 
crito ' : A mi toca la venganza ; yo haré justicia, dice 
el Señor. 



1 Las ediciones de la Vidgata varían en este veiso. L;i 
de Clemente VIH trae conforme al texto griego los infini- 
tivos gaudercy flcre; pero en la de Sixto V se pusieron los 
dos imperativos gaiidele y fíele, y esta parece st r la manera 
con que se lee también en algunos códices griegos, y en las 
obras de varios Padres de la Iglesia griega. 

2 Para que jamás os excedáis en la necesaria defensa ; 
Dios os vengará á su tiempo. 

3 Ecd. XXVIII. V. 1> 2. - MaUh. V. v. 3Í>. 



(APITULO Allí. i 79 

20 Antes bien si lu enemigo tuviere hambre, dale 
de comer ; si tiene sed , dale de beber : que con hacer 
eso , amontonarás ascuas encendidas sobre su ca- 
beza *. 

21 No te dejes vencer del mal ó del deseo de ven- 
fianza • mas procura vencer al mal con el bien , ó á 
fuerza de beneficios. 

CAPÍTULO XÍII. 

Recomienda la sujeción á los siiperiores, y á las potestades 
civiles. El amor del 'prójimo es el compendio de la Ley. 
Imitación de Jesu-Christo. 

1 Toda persona esté sujeta á las potestades superio- 
res ^ : Porque no hay potestad que no provenga de 
Dios ; y Dios es el que ha establecido las que hay en 
el mundo. 

2 Por lo cual quien desobedece á las potestades , á 
la ordenación ó voluntad de Dios desobedece. De con- 
siguiente los que tal hacen, ellos mismos se acarrean la 
condenación ; 

3 mas los príncipes ó magistrados no son de temer 
por las .buenas obras que se hagan, s'no per las malas. 
¿ Quieres tú no tener que temer nada de aquel que 



1 Que le encenderán en amor tuyo, ó llenaran de confu- 
sión y rubor. Deut. XKXIL v. Zb.—Proverb. XXV. r.21. 

2 Obed( zea sus preceptos, como no sean contra los de 
Dios. 



180 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

tiene el poder? Pues obra bien , y merecerás de él ala- 
banza ; 

4 porque el principe es un ministro de Dios puesto 
para tu bien. Pero si obras mal, tiembla , porque no en 
vano se ciñe la espada ; siendo como es ministro de 
Dios , para ejercer su justicia castigando al que obra 
mal. 

5 Por tanto es necesario que le estéis sujetos , no 
solo por temor del castigo, sino también por obliga- 
ción de conciencia. 

6 Por esta misma razón les pagáis los tributos, por- 
que son ministros de Dios , á quien en esto mismo 
sirven. 

7 Pagad pues á todos lo que se les debe ; al que se 
debe tributo, el tributo ; al que impuesto, el impuesto ; 
al que temor, temor; al que honra, honra. 

8 No tengáis otra deuda con nadie, que la del amor 
que os debéis siempre unos á otros, puesto que quien 
ama al prójimo, tiene cumplida la Ley. 

9 En efecto, estos mandamientos í/c D/os: No co- 
meterás adulterio ; No matarás ; No robarás ; No le- 
vantarás falso testimonio ; No codiciarás nada de los 
bienes de tu prójimo ; y cualquier otro que haya, es- 
tán recopilados en esta expresión : Amarás á t^i pró- 
jimo como á ti mismo '. 

10 El amor que se tiene al prójimo, no sufre que 
se le haga daño alguno. Y así el ai»or es el cumplí 
miento de la Ley. 

1 Luy.XlX.iA^. —Mallh. XXII. v. 29. 



CAPÍTULO XIV. 181 

1 1 Cumplamos pues con él, y tanto mas que sabe- 
mos que el tiempo insta ; y que ya es hora de disper- 
tarnos de nuestro letargo. Pues estamos mas cerca de 
nuestra salud , que cuando recibimos la fé. 

12 La noche está ya muy avanzada, y va á llegar 
el día de la eternidad. Dejemos pues las obras de las 
tinieblas, y revistámonos de las armas de la luz \ 

13 Andemos con decencia y honestidad como se 
suele andar durante el dia : no en comilonas, y borra- 
cheras, no en deshonestidades, y disoluciones, no en 
contiendas, y envidias ; 

14 mas revestios de nuestro Señor Jesu-Christo , y 
no busquéis como contentar los antojos de vuestra 
sensualidad. 

CAPÍTULO XIV. 

Los fuertes en la fé deben soportar á los flacos, y unos y 
otros se deben edificar mutuamente, evitando el escandali- 
zarse, y considerando que Dios es el juez de todos. 

I Tratad con caridad al que todavía es ñaco en la 
fé , ó poco instruido en ella, sin andar con él en dispu- 
tas de opiniones ^. 

1 Pasó ya / oh romanos ! la noche del gentilismo, y ha 
llegado el dia, ó la luz del Evangelio. Arrojemos pues las 
obras de tinieblas, las que hacíamos en nuestra ignorancia, 
y vistámonos las armas de luz, escudémonos con las obras 
de lafé. 

2 Sobre si deben ó no observarse algunos preceptos de 
la Ley de Moysés. 

TOM. XIV. IG 



J82 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

2 Porque tal hay que tiene por lícito el comer de 
todo , mientras el flaco no comerá sino legumbres ó 
verduras. 

3 El que de todo come , no desprecie ni condene al 
que uó se atreve á comer de todo; y el que no come 
de todo, no se meta en juzgar al que come, pues que 
Dios le ha recibido por suyo ó en su Iglesia. 

4 ¿ Quién eres tú , para juzgar al que es siervo de 
otro ? Si cae, ó si se mantiene firme , esto pertenece á 
su amo ; pero firme se mantendrá , pues poderoso es 
Dios para sostenerle. 

5 Del mismo modo también uno hace diferencia 
entre dia y dia ', al paso que otro tiene todos los días 
por iguales : cada uno obre según le dicte su recta con- 
ciencia. 

6 El que hace distinción de dias, la hace para agra- 
dar á el Señor. Y el que come de todo, para agradar 
á el Señor come, pues da gracias á Dios. Y el que se 
abíliene de ciertas viandas ^, por respeto al Señor lo 
hace ; y así es que da gracias á Dios. 

7 Como quiera que ninguno de nosotros vive para 
sí , y ninguno de nosotros muere para sí. 

8 Que como somos de Dios, si vivimos, para el Se- 
ñor vivimos ; y si morimos, para el Señor morimos. 
Ora pues vivamos, ora muramos, del Señor somos. 

9 Porque á este fin murió Christo , y resucitó ; para 



1 Observando escrupulosamente las fiestas legales. 
'2 Haciendo ver ambos con estas acciones de gracias que 
todos tienen el fia «^- agradar i Dios. 



CAPÍTULO XIV. 133 

redimimos y adquirir tm soberano dominio sobre vi- 
vos y muertos. 

10 Ahora b^n , ¿por qué lú que sigues todavía la 
Ley, condenas á tu hermano ? ó ¿ por qué lú que no la 
sigues, desprecias á tu hermano que aun la guarda ? 
No le juzgues, porque todos hemos de comparecer ante 
el tribunal de Ghristo , 

1 1 pues escrito está ' : Yo juro por mí mismo , dice 
el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla ; y que 
toda lengua ó nación ha de confesar que soy Dios. 

12 Asi que cada uno de nosotros ha de dar cuenta 
á Dios de sí mismo. 

13 No nos juzguemos pues ya mas unos á otros: 
pensad sí , y poned cuidado en no causar tropiezo ó 
escándalo al hermano. 

1 4 Yo bien sé , y estoy seguro según la doctrina de 
el Señor Jesús, que ninguna cosa es de suyo inmunda, 
sino que viene á ser inmunda para aquel que por tal 
la tiene. 

15 Mas si por lo que comes, tu hermano se con- 
trista y escandaliza, ya tu proceder no es conforme á 
caridad. No quieras por tu manjar perder á aquel por 
quien Chrislo murió. 

16 No se dé pues ocasión á que se blasfeme de 
nuestro bien ^. 

17 Que no consiste el reino de Dios en el comer, 



1 £s. XLV. V. 24 

í -^ Esto es, de nacstra fé '?n Jesu-Cbíisto, ó de la liber- 
tad de la Ley de que gozamos. 



184 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

pi en el beber esto ú aquello ' , sino en la justicia , en 
la paz y en el gozo del Espíritu santo ; 

18 pues el que asi sirve á Christo, agrada á Dios, 
y tiene la aprobación de los hombres. 

19 En suma, procuremos las cosas que contribu- 
yen á la paz ; y observemos las que pueden servir á 
nuestra mutua edificación. 

20 No quieras por un manjar destruir la obra de 
Dios escandalizando al prójimo. Es verdad que todas 
las viandas son limpias ; pero hace mal el hombre en 
comer de ellas con escándalo de los otros. 

21 Y aZ contrario hace bien en no comer carne, 
y en no beber vino, ni en tomar otra cosa, por la cual 
su hermano se ofende , ó se escandaliza , ó se debilita 
en lafé. 

• 22 ¿Tienes tú una fé ilustrada ^? tenia para con- 
tigo delante de Dios y obra segiin ella. Dichoso aquel 
que no es condenado por su misma conciencia en lo 
que resuelve. 

23 Pero aquel que hace distinción de viandas , si 
come contra su conciencia , es condenado por ella mis- 
ma , porque no obra de buena fé. Y todo lo que no es 
según la fé ó dictamen de la conciencia , pecado es. 

1 Guando no media causa ó precepto que obligue. 

2 ¿ De que ya no obligan las observancias de la Ley an- 
tigua ? 



185 



CAPITULO XV. 

Concluye san Pahh su exhortación con muestras de grande 
aprecio y afecto á los romanos, y del vehemente deseo que 
tiene de ir á verlos de camino para España, 

1 Y así nosotros , como mas fuertes en lafé , debe- 
mos soportar las flaquezas de los menos firmes , y no 
dejarnos llevar de una vana complacencia por nosotros 
mismos. 

2 Al contrario cada uno de vosotros procure dar 
gusto á su prójimo en lo que es bueno, y puede edi- 
ficarle. 

3 Considere que Christo no buscó su propia satis 
facción , antes bien , como está escrito ' , decia á su 
Padre : Los oprobios de los que te ultrajaban , vinie- 
ron á descargar sobre mí . 

4 Porque todas las cosas que han sido escritas en 
los Libros santos , para nuestra enseñanza se han es- 
crito ; á fin de que mediante la paciencia , y el con- 
suelo que se saca de las Escrituras, mantengamos 
Jirme la esperanza. 

5 Quiera el Dios de la paciencia , y de la conso- 
lación , haceros la gracia de estar siempre unidos mu- 
tuamente en sentimientos y afectos según el espíritu de 
Jesu-Christo ^ : 



1 Psalm. LXVIll. v. 10. 

2 Que todo respira dalzura y caridad. Dios es el ma- 
nantial y criador de la paciencia : Jesu-Christo es la regla 



186 EPÍST. DE S. PABLO A LOS i^OMANOS. 

6 á fin de que no teniendo sino un mismo corazón, 
y una misma boca, glorifiquéis unánv.cs á Dios, el 
Padre de nuestro Señor Jesu-Chiislo. 

7 Por tanto soportaos recíprocamente, asi como 
Christo os ha soportado y acogido con a^nor á vosotros 
para gloria de Dios. 

8 Digo pues que Jesu-Christo fue ministro ó pre- 
dicador del Evangelio para con los de la circuncisión, 
á fin de que fuese reconocida la veracidad de Dios , 
en el cumplimiento de las promesas que él habia he- 
cho á los padres ó Patriarcas ; 

9 mas los gentiles deben alabar á Dios por su mi- 
sericordia, según está escrito ': Por eso publicaré ¡ oh 
Señor! entre las naciones tus alabanzas, y cantaré 
salmos á la gloria de tu nombre. 

10 Y en otro lugar ^ : Alegraos , naciones , en com- 
pañía de los judíos , que son su pueblo. 

11 Y en otra parte' : Alabad, todas las gentes al 
Señor, y ensalzadle , los pueblos todos. 

12 Asimismo dice Isaías : De la estirpe de Jessé 
nacerá aquel que ha de gobernar las naciones , y las 
naciones esperarán en él '^. 

y modelo de ella, y el Espíritu santo su vínculo y santifi- 
cación. 

1 //. Reg. XXir. v. 50. — Pa. XVll v. 50. 

2 Deid. XXX V. 43. 

3 Psalm. CXVl. v.\. 

4 Jer. XI. V. 10. Piaede también traducirse : Florecerá la 
miz de Jessé, y saldrá tin renuevo que se levantará para 
regir las naciones, y las ilaciones esperarán en el. 



CAPÍTULO XV. 187 

13 El Dios (le la esperanza nuestra os colme de 
loda suerte de gozo, y de paz en vuestra creencia, para 
que crezca vucsíra esperanza siempre mas y mas , por 
la virtud del Espíritu santo. 

14 Por lo que hace á mí, estoy bien persuadido, 
hermanos míos , de que estáis llenos de caridad , y de 
que tenéis todas las luces necesarias para instruiros 
Í08 unos á los otros. 

15 Con todo os he escrito esto ¡ oh hermanos! y 
quizá con alguna mas libertad , solo para recordaros lo 
mismo que ya sabéis ; según la gracia , que me ha 
hecho Dios , 

16 de ser ministro de Jesu-Christo entre las nacio- 
nes , para ejercer el sacerdocio del Evangelio de Dios, 
á fin de que la oblación de los gentiles le sea grata , 
estando santificada por el Espíritu santo. 

17 Con razón pues me puedo gloriar en Jesu- 
Christo del suceso que ha teñid» la obra de Dios. 

18 Porque no me atreveré á tomar en boca , sino lo 
que Jesu-Christo ha hecho por medio de mí para re- 
ducir á su obediencia á los gentiles , con la palabra y 
con las obras ; 

19 con la eficacia de los milagros, y prodigios, y 
con la virtud del Espíritu santo ; de manera que desde 
Jerusalem girando á todas parles hasta el Illyrico , lo 
Le llenado lodo del Evangelio de Christo. 

20 Por lo demás , al cumplir con mi ministerio, he 
tenido cuidado de no predicar el Evangelio en los lu- 
gares enqueeraya conocido el nombre de Jesu-Christo 



188 EPIST. LE S. PABLO k LOS ROMANOS. 

por no edificar sobre fundamento de otro • ; veri- 
ficando de esta manera lo que dice la Escritura ^ : 

2 1 Aquellos que no tuvieron nuevas de él , le ve- 
rán , y los que no le han oido , le entenderán ó cono- 
cerán. 

22 Esta es la causa que me ha impedido muchas 
veces el ir á visitaros , y que hasta aquí me ha de- 
tenido. 

23 Pero ahora no teniendo ya motivo para detener- 
me mas en estos paises , y deseando muchos años hace 
ir á veros , 

24 cuando emprenda mi viage para España ' , es- 
pero al pasar visitaros, y ser encaminado por vosotros 
á aquella tierra , después de haber gozado algún tanto 
de vuestra compañía. 

25 Ahora estoy de partida para Jerusalem en ser- 
vicio de los santos. 

26 Porque la Macedoniu y la Acháya han tenido á 
bien hacer una colecta para socorrer á los pobres de en- 
tre los santos ó fieles de Jerusalem. 

27 Asi les ha parecido; y á ía verdad obligación 
les tienen. Porque si los gentiles han sido hechos par- 
ticipantes de los bienes espirituales de los judíos, de- 
ben también aquellos hacer participar á estos de sus 
bienes temporales. 



1 O por no ser allí tan necesario mi trabajo. 

2 Is. LÍJ. V. 15. 

3 Véase lo que sobre esta venida del Apóstol á España 
dicen lus historias eclesiásticas. Amal, lib. Ilí, c. 2, n. 178. 



capítulo XVI. 189 

28 Cumplido pues este encargo , y en habiéndoles 
entregado este fruto de la caridad, dirigiré por ahí mi 
camino á España. 

29 Y sé de cierto que en llegando á vosotros , mi 
llegada será acompañada de una abundante bendición 
y dones del Evangelio de Christo» 

30 Entre tanto , hermanos , os suplico por nuestro 
Señor Jesu-Christo, y por la caridad del Espíritu santo, 
que me ayudéis con las oraciones que hagáis á Dios 
por mí , 

31 para que sea librado de los judíos incrédulos, 
que hay en Judea , y la ofrenda de mi ministerio ó la 
limosna que llevo , sea bien recibida de los santos en 
Jerusalem , 

32 á fin de que de esta manera pueda ir con alegría 
á veros , si es la voluntad de Dios , y descansar, y re- 
crearme con vosotros. 

33 Entre tanto el Dios de la paz sea con todos vos- 
otros. Amen. 

CAPÍTULO XVI. 

Encomiendas y memorias, y último aviso de san Pablo á los 
fieles residentes en Roma. 

1 Os recomiendo nuestra hermana Phebé , la cuíd 
está dedicada al servicio de la Iglesia de Cenchrea ' , 

2 para que la recibáis por amor del Señor, como 
deben recibirse los santos ó fieles ; y le deis favor en 

1 Puerto en el arrabal de Corintho. 



190 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

cualquier negocio que necesitare de vosotros , pues ella 
lo ha heclio así con muchos, y en particular conmigo. 

3 Saludad de mi parte á Frisca y á Aquila , que 
trabajaron conmigo en servicio de Jesu-Christo : 

4 (y los cuales por salvar mi vida expusieron sus 
cabezas : por lo que no solamente yo me reconozco 
agradecido, sino también las Iglesias todas de los gen- 
liles ) 

5 y saludad con ellos á la Iglesia de su casa. Sa- 
ludad á mi querido Epéneto , primicia ó primer fruto 
de Christo en Asia. 

6 Saludad á María , la cual ha trabajado mucho en- 
tre vosotros. 

7 Saludad á Andrónico y á Junia . mis parientes y 
comprisioneros, que son ilustres entre los apóstoles , 
ó ministros del Evangelio , y los cuales creyeron en 
Christo antes que yo. 

8 Saludad á Amplíalo , á quien amo entrañable- 
mente en el Señor. 

9 Saludad á Urbano , coadjutor nuestro en Christo 
Jesús , y á mi amado Estachís. 

10 Saludad ú Apelles, probado y Jiel servidor de 
Jssu-Chrislo. 

1 1 Saludad á los de la familia de Aristóbolo. Salu- 
dad á Herodion mi, pariente. Saludad 'i los de casa de 
Narciso , que creen en el Sef.or. 

12 Saludad á Tryphcna y á Tryphosa, las cuales 
trabajar para el servicio del Señor. Saludad á nuestra 
carísima Pcrsida , la cual asimismo ha trabajado mu- 
cho por el Señor. 



CAPÍTULO xvr. 191 

13 Saludad á Rufo . escogido del Señor , y á su 
madre , que también lo es mia en el amor. 

14 Saludad á Asyucrilo , á Phlegonte , á Hermas ', 
á Patróbas , á Hérmes , y á los hermanos que viven con 
ellos. 

15 Saludad á Philólogo , y á Julia , á Nereo , y á su 
hermana, y á Olimpiade, y á todos los santos ojíeles 
que están con ellos. 

16 Saludaos unos á otros con el ósculo santo de la 
caridad. A vosotros os saludan todas las Iglesias de 
Christo. 

17 Y os ruego , hermanos . que os recatéis de aque- 
llos, que causan entre vosotros disensiones y escándalos, 
enseñando contra la doctrina que vosotros habéis apren- 
dido ; y evitad «u compañía. 

18 Pues los tales no sirven á Christo Señor nuestro, 
sino á su propia sensualidad ; y con palabras melosas , 
Y con adulacioriCs , seducen los corazones de los sen- 
cillos. 

19 Vuestra cbediencia á la fe se ha hecho célebre 
por todas partes. De lo cual me congratulo con vos- 
otros. Pero deseo que seáis sabios ó sagaces en orden 
al bien , y senci'los como niños en cuanto al mal. 

20 El Dio3 de la paz quebrante j abata presto á 
Satanás debajo de vaestros pies. La gracia de nuestro 
Señor Jesu-Christo sea con vosotros. 



1 Se Cie3 qne este .Hermas es el anto/ de la obrita El 
Pastor. 



192 EPÍST. DE S. PABLO A LOS ROMANOS. 

21 Os saluda Timotheo mi coadjutor , y Lucio , y 
Jason , y Sosípatro , mis parientes. 

22 Os saludo en el Señor yo Tercio ,que he sido el 
amanuense en esta carta. 

23 Salúdaos Cayo , mi huésped , y la Iglesia toda. 
Salúdaos Erasto S el tesorero de la ciudad , y nuestro 
hermano Quarto. 

24 La gracia de nuestro Señor Jesu-Christo sea 
con todos vosotros. Amen. 

25 Gloria á aquel que es poderoso para fortalece- 
ros en mi Evangelio , y en la doctrina de Jesu-Christo 
que yo predico , según la revelación del misterio deja 
redención; misterio que después de haber permanecido 
oculto en todos los siglos pasados , 

26 acaba de ser descubierto por los oráculos de los 
Profetas , conforme al decreto del Dios eterno , y ha 
venido á noticia de todos los pueblos, para que obedez- 
can á la fé : 

27 á Dios digo , que es el solo sabio , á él la honra , 
y la gloria por Jesu-Christo en los siglos de los siglos. 
Amen. 



1 De este Erasto se habla Act. XIX. v. 22. y /. Ti- 
moth. IV. V. 20. 



FIN DE LA EPÍSTOLA DE SAN PABLO, 

A LOS ROMANOS. 



ADVERTENCIA 



SOBRB 



LA EPÍSTOLA PRIMERA Á LOS CORINTHIOS. 



San Pablo escribe esta carta d los fieles de 
Cormtho para hacer cesar las disputas que 
se habian suscitado entre ellos, reprender al- 
gunos desórdenes y abusos que se habian in^ 
troducido, y responder á varias preguntas 
que le habian hecho por escrito. Escribióla 
el Apóstol desde Epheso, según se infiere 
del cap, XV J, v. 8; y probablemente acia 
el año 56 de Jesu-Christo, 



17 



EPÍSTOLA PRIMERA 

DEL APÓSTOL S. PABLO 

Á LOS CORINTHIOS. 



CAPÍTULO PRIMERO. 



Exhórtalos á la unión y concordia : les hace ver cómo con- 
funde Dios la sabiduría y soberbia humana, y que la cruz 
de Christo, que es una necedad y escándalo para los mun- 
danos, es para los fieles sabiduría y salud. 

1 Pablo, apóstol de Jesu-Ghristo por la vocación y 
voluntad de Dios, y nuestro hermano Sósthenes, 

2 á la Iglesia d© Dios, que está en Corinlho, á los 
fieles santiücados por Jesu-Christo, llamados santos 
por su profesión, y á todos los que en cualquier lugar 
que sea, invocan el nombre de nuestro Señor Jesu- 
Christo, Señor de ellos y de nosotros. 

3 Gracia y paz de parte de Dios Padre nuestro, y 
de Jesu-Christo nuestro Señor. 

4 Continuamente estoy dando gracias á Dios por 
vosotros por la gracia de Dios, que se os ha dado en 
Jesu-Christo; 

5 porque en él habéis sido enriquecidos con toda 



CAPÍTULO r. 195 

suerte de bienes cspihíuales, con todo lo que pertene- 
ce á los dones de la palabra y de la ciencia , 

6 habiéndose asi verificado en vosotros el testimo- 
nio de Chrislo ; 

7 de manera que nada os falte de gracia ninguna , 
á vosotros que estáis esperando la manifestación de 
Jesu-Christo nuestro Señor : 

8 el cual 03 confortará todavía hasta el fin, para que 
seáis hallados irreprensibles en el dia del advenimien- 
to de Jesu-Christo Señor nuestro. 

9 Porque Dios, por el cual habéis sido llamados á 
la compañía de su Hijo Jesu-Christo nuestro Señor , 
es fiel en sus promesas. 

. 10 Mas os ruego encarecidamente, hermanos mios, 
por el nombre de nuestro Señor Jesu-Christo, que 
todos tengáis un mismo lenguage, y que no haya entre 
vosotros cismas w?jjaW?V7os; antes bien viváis perfec- 
tamente unidos en un mismo pensar y en un mismo 
sentir. 

1 i Porque he llegado á entender, hermanos mios , 
por los de la familia de Chloé, que hay entre voso- 
tros contiendas. 

12 Quiero decir, que cada uno de vosotros loma 
partido diciendo : Yo soy de Pablo ; yo de Apollo ; yo 
de Céphas ' ; yo de Christo. 

13 Pues qué ¿ Christo acaso se ha dividido ? ¿ Y 
por ventura Pablo ha sido crucificado por vosotros ? ¿ó 
habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? 

1 Ací. VII!. V. n. — ll. Joann. Lv 42. 



196 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHÍOS. 

1 4 Ahora que sé esto, doy gracias á Dios, de que á 
ninguno de vosotros he bautizado por mi mismOy sino 
á Crispo, y á Cayo ; 

1 5 para que no pueda decir nadie que habéis sido 
bautizados en mi nombre. 

16 Verdad es que bautizó también á la familia de 
Esléphanas : por lo demás no me acuerdo haber bau- 
tizado á otro alguno que yo sepa. 

17 Porque no me envió Christo á bautizar, sino á 
predicar el Evangelio ; y á predicarle, sin valerme para 
eso de la elocuencia de palabras ó discursos de sabidu- 
ría humana, para que no sehaga inútil la cruz de Jesu- 
Christo'. 

18 A la verdad que la predicación de la Cruz , ó de 
un Dios crucificado , parece una necedad á los ojos 
de los que se pierden ; mas para los que se salvan , 
esto es, para nosotros , es la virtud y poder de Dios '. 

19 Así está escrito ^ : Destruiré la sabiduría de 
los sabios , y desecharé la prudencia de los prudentes. 

20 ¿ En dónde están los sabios ? ¿ en dónde los 
Escribas ó doctores de la Ley ? ¿ en] dónde esos es- 
píritus curiosos de las ciencias de este mundo '* ? ¿ No 



1 Y á fin de impedir que se atribuyese á la fuerza de la 
elocuencia la conversión del mundo, que es obra de la 
Cruz, 

2 O el medio eficacísimo de que se vale para justificar' 

DOS. 

3 h. XXIX. V. 14. 

4 Jerem. XXXIII. v. 18. 



! CAPÍTULO I. 197 

es verdad que Dios ha convencido de fatua la sabi- 
duría de este mundo ' ? 

21 Porque ya que el mundo á vista de las obras 
de la sabiduría divina no conoció á Dios por medio 
de la ciencia humana, plugo á Dios salvar á los que 
creyesen en él por medio de la locura ó simplicidad 
de la predicación de un Dios cimcijicado. 

22 Así es que los judíos por su parte piden mi- 
lagros ", y los griegos ó gentiles por la suya quieren 
ciencia ^ ; 

23 mas nosotros predicamos sencillamente á Chris- 
to crucificado : lo cual para los judíos es motivo de es- 
cándalo , y parece una locura á los gentiles ; 

24 si bien para los que han sido llamados á lafé , 
tanto judíos como griegos , es Christo la virtud de 
Dios , y la sabiduría de Dios : 

25 porque lo que parece una locura en los miste- 
rios de Dios , es mayor sabiduría que la de todos 
los hombres ; y lo que parece debilidad en Dios , es 
mas fuerte que toda la fortaleza de los hombres. 

26 Considerad si' no , hermanos , quiénes son los 
que han sido llamados d la jé de entre vosotros , có- 
mo no sois muchos los sabios según la carne, ni mu- 
chos los poderosos , ni muchos los nobles ; 

27 sino que Dios ha escogido á los necios según el 

1 ¿ Con el desprecio que ha hecho de'ella? 

2 Y milagros que se dirijan á la conquista temporal del 
mundo. 

3 O demostraciones naturales. 



198 EPÍST. r. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

mundo , para confundir á los sabios ; y Dios ha es- 
cogido á los flacos del mundo , para confundir á los 
fuertes ; 

28 y á las cosas viles y despreciables del mundo, 
y á aquellas que eran nada, para destruir las que son 
al parecer mas grandes ; 

29 á fin de que ningún mortal se jacte ante su 
acatamiento. 

30 Y por esta conducta del mismo Dios subsistís 
vosotros ó estáis incorporados en Christo Jesús, el 
cual fue constituido por Dios para nosotros por fuente 
de sabiduría, y por justicia ', y santificación, y re- 
dención nuestra; 

31 á fin de que como está escrito ' : El que se glo- 
ría , gloríese en el Señor. 

CAPÍTULO H. 

Demueitra el Apóstol que su predicación len Corintho no 
habia sido con pompa de palabras, ni aparato de ciencia 
humana, sino con la sabiduría aprendida en la escuela de 
Christo crucificado, la cual solamente puede entenderse 
por medio delEspíritu de filos. 

1 Yo pues , hermanos mios , cuando fui á vosotros 
á predicaros el testimonio ó Evangelio de Christo, 
no fui con sublimes discursos , ni sabiduría humana. 



I Jer, XXni. V. 5. 
^i Jer. IX. V. 23. _//. Cor. X, v. 17. 



CAPÍTULO II. 199 

2 Puesto que no me he preciado de saber ' otra 
cosa entre vosotros , sino á Jesu-Chrislo , y este cru- 
cificado. 

3 Y mientras estuve ahi 'entre vosotros , estuve 
siempre coni mucha ; pusilanimidad ó humillación , 
mucho temor, y en continuo susto ; 

4 y mi modo de hablar, y mi predicación , no fue 
con palabras persuasivas de humano saber, pero sí 
con los efectos sensibles del espíritu y de la virtud 
de Dios ; 

5 para que vuestra fé no estribe en saber de hom- 
bres , sino en el poder de Dios. 

6 Esto no obstante enseñamos sabiduría entre los 
perfectos ó verdaderos cristianos ; mas una sabidu- 
ría , no de este siglo ^, ni de los príncipes de este 
siglo, los cuales son destruidos con la crua ; 

7 sino que predicamos la sabiduría de Dios en el 
misterio de la encamación, sabiduría recóndita, la 
cual predestinó 1/ preparó Dios antes de los siglos para 
gloria nuestra ; 

;:;: S sabiduría que ninguno de los príncipes de este 
siglo ha entendido : que si la hubiesen entendido , 
nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria ; 

9 y de la cual está escrito ' : Ni ojo alguno vio, ni 
oreja oyó , ni pasó á hombre por pensamiento cuáles 



i Estofes, de predicar. Véase Conocer 

2 Véase Siglo. 

3 Is. LXIV. V. 4. 



200 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

cosas tiene Dios preparadas para aquellos que le 
aman : 

10 á nosotros empero nos lo ha revelado Dios por 
medio de su Espíritu ; pues el Espirita de Dios todas 
las cosas penetra, aun las mas íntimas de Dios. 

1 1 Porque ¿ quién de los hombres sabe las cosas del 
hombre , sino solamente el espíritu del hombre , que 
está dentro de él ? así es que las cosas de Dios nadie 
las ha conocido, sino el Espíritu de Dios '. 

12 Nosotros pues no hemos recibido el espíritu de 
este mundo, sino el Espíritu que es de Dios ; á fin de 
que conozcamos las cosas que Dios nos ha comu- 
nicado : 

13 las cuales por eso tratamos no con palabras es- 
tudiadas de humana ciencia, sino conforme nos enseña 
el Espíritu de Dios ^ , acomodando lo espiritual á lo 
espiritual ^ 

14 Porque el hombre animal no puede hacerse ca* 
paz de las cosas que son del Espíritu de Dios , pues 
para él todas son una necedad, y no puede entenderlas 
puesto que se han de discernir con una luz espiritual 
que no tiene. 



1 Y aquel á quien este se las revela, 

2 Antes 7, v. 17.— II . ü. 1 y 4. — II. Pet. 1. v. 16. 

3 Esto es, adaptando las palabras á las cosas de que 
tratamos; y exponiendo nuestra doctrina, toda espiritual y 
divina, de la manera, y con las palabras que nos sugiere el 
Espíritu de Dios. 



CAPÍTULO 111. 201 

15 El hombre espiritual discierne ó juzga de todo; 
y nadie que no tenga esta luz, puede á él discernirle. 

16 Porque ¿quién conoce la mente ó designios del 
Señor, para darle instrucciones * ? Mas nosotros tene- 
mos el Espíritu de Jesu-Christo ^. 



CAPÍTULO lll. 



Reprende á los que se apasionan por los predicadores del 
Evangelio, sin mirar al Señor, cuyos ministros son, y 
cuya gracia es la que produce el fruto en tas almas; y ex- 
horta á que despreciando la vana sabiduría del mundo, se 
abrazen con la sabia ignorancia del Evangelio. 

1 Y así es, hermanos, que yo no he podido habla- 
ros como á hombres espirituales, sino como á personas 
aun carnales. Y por eso , como á niños en Jesu- 
Christo, 

2 os he alimentado con leche, y no con manjares 
sólidos , porque no erais todavía capaces de ellos ; y 
ni aun ahora lo sois , pues sois todavía carnales ^ 

3 En efecto , habiendo entre vosotros zelos y dis- 



1 ¿ O poder reprender á los que él guia con su espíritu ? 
Sap. IX. V. 13.- /í. XL. V. 23. —Rom. Xl. v. 34. 

2 Y por eso conocemos sus misterios. 

3 Solamente os he propuesto las verdades mas sencillas 
de la Religión, porque no erais capaces de cosas mas ele- 
vadas. 



202 EPÍST. 1. DE S. PABLO k LOS CORINTHIOS. 

cordias , ¿ no es claro que sois carnales, y procedéis 
como hombres ' ? 

4 Porque diciendo uno : Yo soy de Pablo ; y el 
olro : Yo de Apollo; ¿ no estáis mostrando ser aun hom- 
bres camales 1 Ahora bien,¿ qué es Apollo ? ¿ ó qué es 
Pablo ? 

5 Unos ministros y no mas de aquel, en quien ha- 
béis creido, y eso según el don que á cada uno ha con- 
cedido el Señor. 

6 Yo planté entre vosotros el Evangelio, regó Apo- 
llo; pero Dios es quien ha dado el crecery hacer/rufo. 

7 Y así ni el que planta , es algo , ni el que riega ; 
sino Dios, que es el que hace cve,Q,Qx y fructificar. 

8 Tanto el que planta como el que riega , vienen á 
ser una misma cosa ^. Pero cada uno recibirá su pro- 
pio salario á medida de su trabajo '. 

9 Porque nosotros somos unos coadjutores de Dios: 
vosotros sois el campo que Dios cultiva , sois el edifi- 
cio que Dios fabrica por nuestras manos. 

10 Yo, según la gracia que Dios me ha dado, eché 
en vosotros , cual perito arquitecto, el cimiento del cs- 
piritual edificio "* : otro edifica sobre él. Pero mire 



1 O con miras humanas ; y según el movimiento de la 
naturaleza corrompida. 

2 Esto es, un mero instrumento de Dios. 

3 Ps. LXl. V. l3.~Matlh. XVl v. 27 - Rom. II 
V. 6. — Gal. VI. V. 5. 

4 Predicándoos la fe pura de Jesd-CiiKsto. 



CAPÍTULO III. 203 

bien cada uno cómo alza la fábrica, ó qué doctrina en- 
seña, 

1 1 Pues nadie puede poner otro fundamento, que 
el que ya ha sido puesto, el cual es Jesu-Christo. 

12 Que si sobre tal fundamento pone alguno por 
materiales oro, plata, piedras preciosas ' , ó maderas, 
heno, hojarasca ^, 

13 sepa que la obra de cada uno ha de manifestar- 
se ; por cuanto el dia del Señor la descubrirá, como 
quiera que se ha de manifestar por medio del fuego ; 
y el fuego mostrará cuál sea la obra de cada uno. 

1 4 Si la obra de uno sobrepuesta subsistiere sin 
quemarse, recibirá la paga. 

15 Si la obra de otro se quemare, será suyo el 
daño : no obstante él no dejará de salvarse ; si bien 
como quien pasa por el fuego '. 

16 ¿No sabéis' vosotros que sois templo de Dios, 
y que el Espíritu de Dios mora en vosotros ? 

17 Pues si alguno profanare el templo de Dios'', 
perderle ha Dios á él. Porque el templo de Dios, que 
sois vosotros ^, santo es. 



1 Esto es, la pura y sublime doctrina. 

2 Esto es, cosas inútiles y supcrfluas, como laa obser- 
vancias y ceremonias legales. 

3 Expiando así los defectos cometidos en la predicación 
*Íel Evangelio, y el haberse servido de adornos mundanos 
■en el edificio espiritual de los prójimos. 

4 O enseñando al prójimo doctrinas falsas, ó ^contami- 
nándose á sí mismo. 

5 11. Cor. VI. V. n. 



204 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

18 Nadie se engañe á sí mismo : si alguno de vos- 
otros se tiene por sabio según el mundo, hágase ne- 
cio á los ojos de los mundanos^ á fin de ser sabio á los 
de Dios. 

19 Porque la sabiduría de este mundo, es necedad 
delante de Dios. Pues está escrito ' : Yo prenderé á 
los sabios en su propia astucia =*. 

20 Y en otra parte ' : El Señor penetrales ideas de 
los sabios, y conoce la vanidad de ellas. 

21 Por tanto nadie se glorie en los hombres ''. 

22 Porque todas las cosas son vuestras, bien sea 
Pablo, bien Apollo, bien Céphas, el mundo, la vida, 
la muerte, lo presente, lo futuro : todo es vuestro ó he- 
cho para vuestro bien : 

23 vosotros empero sois de Christo; y Christo es 
de Dios su Padre. 

CAPÍTULO IV. 

Oficio del verdadero apóstol , y estima que se merece. Sigue 
reprendiendo con singular energía y mansedumbre á hs 
corinthios. 

1 A nosotros pues nos ha de considerar el hombre 
como unos ministros de Christo , y dispensadores de 
los misterios de Dios. 

1 Job. V, V. 13. 

2 Y haré que queden enredados en sus mismos discursos 
y sutilezas. 

3 Psalm. XCIII. v. 11. 

4 Ni de ser discípulo de este apóstol , ni del otro, 



CAPÍTULa IV. 20b 

2 Esto supuesto, entre los dispensadores lo que se 
requiere es, que sean hallados fieles en su ministerio. 

3 Por lo que á mí toca , muy poco se me da el ser 
juzgado por vosotros, ó en cualquier juicio humano , 
pues ni aun yo me atrevo á juzgar de mi mismo. 

4 Porque si bien no me remuerde la conciencia de 
cosa alguna , no por eso me tengo por justificado ; pues 
el que me juzga , es el Señor ' . 

5 Por tanto no queráis sentenciar antes de tiempo, 
suspended vuestro juicio hasta tanto que venga el Se- 
ñor ; el cual sacará á plena luz lo que está en los es- 
condrijos de las tinieblas, y descubrirá en aquel día 
las intenciones de los corazones; y entonces cada cu£l 
será de Dios alabado según merezca. 

6 Por lo demás, hermanos mios, todo esto que aca- 
bo de decir ^, lo he presentado en persona mia y en 
la de Apollo por amor vuestro ; á fin de que sin nom- 
brar á 7iadie, aprendáis por medio de nosotros, á no 
entonaros uno contra otro á favor de un tercero, mas 
allá de lo que va escrito ^ 

7 Porque ¿quién es el que te da la ventaja sobre 
otros * ? O ¿ qué cosa tienes tú que no la hayas reci- 



1 Que es quien solamente conoce á fondo el mérito ó 
demérito de las obras. 

2 Sobre vuestros predicadores, y partidos que forman. ^ 
íi Acabo de deciros v. 4. que Pablo, Apollo y demás pre- 
dicadores, no somos mas que unos instrumentos de que se 
vale Dios. 

4 O te hace sobresalir entre tus hermanos. 

IS 



206 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

bido de Dios ? Y si todo lo que tienes, lo has recibido 
de él, ¿ñe qué te jactas como si no lo hubieses reci- 
bido? 

8 Hé aquí que vosotros estáis ya satisfechos ', heos 
aquí hechos ya ricos : sin nosotros estáis reinando ; y 
plegué á Dios que en efecto reinéis, para que así nos- 
otros ^ reinemos también con vosotros. 

9 Pues yo para mi tengo que Dios á nosotros los 
apóstoles nos trata como á los últimos ó mas viles hom- 
bres, como á los condenados á muerte , haciéndonos 
servir de espectáculo al mondo , á los ángeles y á los 
hombres. 

10 Nosotros somos re/ju/arfos como unos necios por 
amor de Christo , mas vosotros, vosotros sois los pru- 
dentes cn€hrislo; nosotros flacos, vosotros fuertes ; 
vosotros sois honrados, nosotros viles y despreciados. 

11 Hasta la hora presente andamos sufriendo la 
hambre , la sed , la desnudez , los malos tratamientos, 
y no tenemos donde fijar nuestro domicilio. 

12 Y nos afanamos trabajando con nuestras pro- 
pias manos : nos maldicen , y bendecimos : padecemos 
persecución , y la sufrimos con paciencia : 

13 nos ultrajan, y retornamos súplicas: somos en 
fin tratados, hasta el presente , como la basura y las 
heces del mundo , como la escoria de todos '. 



1 Llenos, á vuestro parecer, de sabiduría y de luces. 

2 Participaudo de esta dicha, como padres vuestros en 
lafé. 

3 Y á manera de las víctimas humanas que SRcrifícao los 



CAPÍTULO IV. 207 

14 No os escribo estas cosas, porque quiera sonro- 
jaros, sino que os amonesto como á hijos mio§ muy 
queridos. 

15 Porque aun cuando tengáis millares de ayos ó 
maestros en Jesu-Christo , no tenéis muchos padres. 
Pues yo soy el que os he engendrado en Jesu-Christo 
por medio del Evangelio. 

16 Por tanto os ruego que seáis imitadores mios, 
así como yo lo soy de Christo. 

1 7 Con este fin he enviado á vosotros á Timotheo, el 
cual es hijo mió carísimo, y fiel en el Señor; para que 
os informe de mi proceder ó manera de vivir en Jesu- 
Christo , conforme á lo que yo enseño por todas parles 
en todas las Iglesias. 

18 Algunos sé que están tan engreídos, como si yo 
nunca hubiese de volver á vosotros '. 

19 Mas bien pronto pasaré á veros, si Dios quiere, 
y examinaré, no la labia de los que andan así hincha- 
dos, sino su virtud. 

20 Que no consiste el reino de Dios, ó nuestra 
religión , en palabras, sino en la virtud ■ ó en buenas 
obras. 

. 21 ¿Qué estimáis mas? ¿que vaya á vosotros con 



gentiles á sns dioses para expiar las iniquidades del mundo, 
y aplacar la cólera del cielo : ved cuánto va de itaosotros á 
vosotros. 

1 Y reprimir á los orgullosos que perturban esa Iglesia. 

2 Matth. VIL V. 21. 



208 EPÍST. I. DK S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

la vara ó castigo, ó con amor y espíritu de mansedum- 
bre' ? 

CAPÍTULO V. 

Excomulga el Apóstol á un incestuoso, y exhorta á los de 
Corintho á que eviten el trato con los pecadores públicos. 

1 Es ya una voz pública de que entre vosotros se 
cometen deshonestidades, y tales, cuales fio se oyen ni 
aun entre gentiles, hasta llegar alguno á abusar de la 
muger de su propio padre. 

2 Y con todo vosotros estáis hinchados de orgullo ; 
y no os habéis al contrario entregado al llanto , para 
que fuese quitado de entre vosotros el que ha come- 
tido tal maldad. 

3 Por lo que á mí toca , aunque ausente de ahí con 
el cuerpo, mas presente en espíritu, ya he pronun- 
ciado, como presente, esta sentencia contra aquel que 
así pecó. 

4 En nombre de nuestro Señor Jesu-Chrislo , 
uniéndose con vosotros mi espíritu , con el poder que 
he recibido de nuestro Señor Jesús, 

5 sea ese que tal hizo, entregado á Satanás, ó exco- 
mulgado, para castigo de su cuerpo, á trueque de que 
su alma sea salva en el dia de nuestro Señor Jcsu- 
Chrislo. 



1 Si queréis esto último, corregid esos desórdenes que 
hay entre vosotros; y que deberla yo castigar con penas y 
censuras. 



capítulo V. 209 

G No tenéis pues motivo para gloriaros. ¿ No sabéis 

acaso que un poco de levadura aceda toda la masa ' ? 

7 Echad fuera la levadura añeja , para que seáis 
una masa enteramente nueva , como que sois panes 
puros y sin levadura '. Porque Jesu-Christo , que es 
nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado por nos- 
otros. 

8 Por tanto celebremos la fiesta ó el convite pas- 
cual , no con levadura añeja , ni con levadura de ma- 
licia y de corrupción , sino con los panes ázymos de 
la sinceridad y de la verdad ^ 

9 Os tengo escrito en una carta : No tratéis con 
los deshonestos ^ : 

10 claro está que no entiendo decir con los desho- 
nestos de este mundo , ó con los avarientos , ó con 
los que viven de rapiña , ó con los idólatras ; de otra 
suerte era menester que os salieseis de este mundo *. 

1 1 Cuando os escribí que no trataseis con tales 



1 ¿ Y que así ese solo iucestuoso puede echar á perder 
toda esa Iglesia ? 

2 O libres de toda corrupción, por la gracia del bautis- 
mo. Véase Azymos. 

3 Con un corazón puro y libre de toda corrupeion. 

4 Esto es, no converséis familiarmente con ellos. 

5 Porque se hallan por todas partes. Es una hipérbole. 
Este verso se comienza en griego Ksti ou ffítVTííf To7f 
■7rc/3voíf, sed non omnino, ó sed non in íotum. üau se pone 
por cLt^eí, según la frase de los hebreos ; y así puede tra- 
ducirse : No entiendo decir que no tratéis absolutamente con 
tos dethonestos. 



210 EPÍST. I. DE S. PABLO K LOS CORINTHIOS, 

sugelos , quise decir, que si aquel que es del número 
de vuestros hermanos , es deshonesto , ó avariento , ó 
idólatra , ó maldiciente , 6 borracho , ó vive de rapi- 
ña , con este tal ni tomar bocado. 

12 Pues ¿cómo podria yo meterme en juzgar á 
los que están fuera de la Iglesia ? ¿ No son los que 
están dentro de ella , á quienes tenéis derecho de juz- 
gar? 

13 A los de afuera Dios los juzgará. Vosotros em- 
pero apartad á ese mal hombre de vuestra compañía. 

CAPÍTULO VI. 

Contra los desórdenes de los pleitistas y de los deshonestos, 

1 ¿ Cómo es posible que se halle uno siquiera en- 
tre vosotros que teniendo alguna diferencia con su 
hermano , se atreva á llamarle á juicio ante los jue- 
ces inicuos ó infieles i y no delante de los santos ó 
cristianos ' ? 

2 ¿No sabéis que los santos han de juzgar algiin 
dia á este mundo ? Pues si el mundo ha de ser juzga- 
do por vosotros, ¿no seréis dignos de juzgar estas 
menudencias? 

3 ¿ No sabéis que hemos de ser jueces hasta de los 
ángeles malos? ¿cuánto mas de las cosas mundanas? 

4 Si tuviereis pues pleitos sobre negocios de este 
mundo , tomad por jueces , antes que á ir\fieles , á 
los mas ínfimos de la Iglesia. 

1 Tornando á estos por arbitros de vuestras diferencias ? 



CAPÍTULO VI. 211 

5 Dígolo para confusión vuestra. ¿Es posible que 
no ha de haber entre vosotros ' algún hombre inteli- 
gente, que pueda ser jaez ó arbitro entre los her- 
manos ; 

6 sino que ha de verse que litiga hermano con her- 
mano ; y eso en el tribunal de los infieles ? 

7 Ya por cierto es una falta en vosotros ^, el an- 
dar en pleitos unos contra otros. ¿Por qué no tole- 
ráis antes el agravio ' ? ¿por qué antes no sufrís el 
fraude ? 

8 Mas algunos de vosotros sois los que agraviáis ^^ 
y defraudáis; y eso á vuestros' propios hermanos. 

9 ¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino 
de Dios? No queráis cegaros , hermanos mios : ni los 
fornicarios , ni los idólatras , ni los adúlteros , 

10 ni los afeminados , ni los sodomitas, ni los la- 
drones, ni los avarientos , 'ni los borrachos , ni los 
maldicientes^, ni los quo viven de rapiña, han de po- 
seer el reino de Dios. 

11 Tales habéis sido algunos de vosotros en olro 
tiempo; pero fuisteis lavados, fuisteis santificados, 
fuisteis justificados en el nombre de nuestro Señe? 
Jesu-Christo , y por el Espíritu de nuestro Dios. 

12 Si todo me es lícito, no todo me es conve- 



1 Qae tanto presumís de sabios. 

2 Y origen de muchos pecados. 

3 Ya que os creéis tan aventajados en la virtud. Matth. 
V. V. 39. — Luc, VI. V. 29. — Rom. XII. v. 17. — /. 
Thcs. IV. V. 6. 



212 EPÍST. 1. DE S. PABLO A LOS CORINTIÍlOS. 

niente : no porque lodo me es lícito , me haré yo es- 
clavo de ninguna cosa. 

13 Las viandas son para el vientre, y el vientre pa- 
ra las viandas ; mas Dios destruirá á aquel y á estas : 
el cuerpo empero no es para la fornicación , sino para 
gloria de el Señor, como el Señor para el cuerpo '. 

14 Pues así como Dios resucitó al Señor , nos resu- 
citará también á nosotros por su virtud. 

15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros 
de Christo , nuestra cabeza ? ¿ He de abusar yo de los 
miembros de Christo ', para hacerlos miembros de una 
prostituta ? No lo permita Dios. 

16 ¿ O no sabéis , que quien se junta con una pros- 
tituta, se hace un cuerpo con ella? Porque serán los 
dos (dice la Escritura •) una carne. 

1 7 Al contrario quien está unido con el Señor , es 
con él un mismo espíritu. 

18 Huid la fornicación. Cualquier otro pecado que 
cometa el hombre , está fuera del cuerpo ; pero el que 
fornica , contra su cuerpo peca ''•. 

19 Por ventura ¿no sabéis que vuestros cuerpos son 
templos del Espíritu santo , que habita ea vosotros, el 
cual habéis recibido de Dios , y que ya no sois de vos- 
otros , 



1 Al cual comunicará algún día la inmortalidad. 

2 Esto es, de mi cuerpo sautificado pur Christo, que es 
nuestra cabeza. 

3 Gen. II V. '¿X. — Matlh. IX v. Vo.-Eph. V. v. 31. 

4 Al cual afrenta y profana. 



CAPÍTULO Vil. 2l'¿ 

20 p esto que fuisteis comprados á gran precio ' ? 
Gloriücad pues á Dios , y llevadle siempre en vuestro 
cuerpo. 

CAPÍTULO VII. 

De ¡as cargas del malrimonio, y de las ventajas de la 
virginidad. Aviso á las viudas. 

1 En orden á las cosas sobre queme habéis escrito, 
respondo : Loable cosa es en el hombre no tocar mu- 
ger; 

2 mas por evitar la fornicación , viva cada uno con 
su muger , y cada una con su marido ^. 

3 El marido pague á la muger el débito , y de la 
misma suerte la muger al marido. 

4 Porque la muger casada no es dueña de su cuer- 
po , sino que lo es el marido. Y asimismo el maride no 
es dueño de su cuerpo , sino que lo es la muger. 

5 No queráis ;>ues defraudaros el derecho recíproco, 
á no ser por algún tiempo de común acuerdo, para de- 
dicaros á la oración ; y después volved á cohabitar, no 
sea que os tiente Satanás por vuestra incontinencia. 

6 Esto lo digo por condescendencia , que no lo 
mando. 

7 A la verdad me alegrara que fueseis iodos tales 



1 No monos que con el de la sangre de Jesu-Cbristo. 

2 El que no tenga el don de continencia para quedarse 
célibe, cásese antes que entregarse á la impureza. 



214 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

como yo mismo , esto <?*, célibes ; mas cada uno •icne 
de Dios su propio don , quién de una manera , quién 
de otra. 

8 Pero sí que digo á las personas no casadas y 
viudas : bueno les es si asi permanecen, como también 
permanezco yo. 

9 Mas si no tienen don de continencia , cásense 
Pues mas vale casarse , que abrasarse ' . 

10 Pero á las personas casadas , mando, no yo , 
sino el Señor , que la muger no se separe del mari- 
do : 

1 1 que si se separa por justa causa , no pase á otras 
nupcias , ó bien reconcilíese con su marido. Ni tampo- 
co el marido repudie á su muger ^. 

12 Pero á los demás digo yo mi dictamen , no que 
el Señor lo mande. Si algún hermano tiene por mu- 
ger á una infiel ó idólatra, y esta ' consiente en habi- 
tar con él , no la repudie. 

13 Y si alguna muger fiel ó cristiana tiene por ma- 
rido á un infiel , y este consiente en habitar con ella , 
no abandone á su marido ; 

14 porque un marido infiel es santificado por la 
muger üel , y la muger infiel santificada por el marido 



1 En el fuego de la torpeza. Y si han hecho voto de cas- 
tidadj tienen el remedio en la mortificación de la carne, y 
en la oración. 

2 Y en el caso de separarse justamente de ella, no pase 
á casarse con otra. 

3 Salvo el honor de la religión del marido. 



CAPÍTULO VII. 215 

fiel ' : de lo contrario vuestros hijos serian amancilla- 
dos, en vez de que ahora son santos ^. 

1 5 Pero si el infiel se separa , sepárese en hora bue- 
na ; porque en tal caso ni nuestro hermano", ni nuestra 
hermana deben sujetarse á servidumbre '; pues Dios 
nos ha llamado á un estado de paz y tranquilidad, 

16 Porque ¿sabes tú, rauger, si salvarás ó conver- 
tirás al marido? ¿y tú, marido, sabes si salvarás á la 
muger? 

17 pero proceda cada cual conforme al don que 
Dios le ha repartido, y según el estado en que se ha- 
llaba, cuando Dios le llamó á lafé*; y así es como 
lo enseño en todas las Iglesias. 

18 ¿Fue uno llamado siendo circunciso? no afecte 
parecer incircunciso. ¿Fue otro llamado estando in- 
circunciso? no se haga circuncidar. 

19 Nada importa ahora el ser circuncidado, y nada 



1 Y asi es santificado el matrimonio por la santidad de 
uno de los consortes. 

2 Serían ilegítimos, y no podrían ser tan fácilmente bau- 
tizados. 

3 O perder la libertad de seguir pacíficamente la fé de 
Jesu-Christo. Y así quedan libres, ya sea de la cohabita- 
ción sola, como lo entienden algunos teólogos, ya sea tam- 
bién del vínculo, como dicen otros. 

4 La religión cristiana no exige el mudar de condición , 
sino de costumbres, arreglándolas al Evangelio; ni des- 
truye nunca en el mundo el orden civil , sino solamente el 
pecado y las ocasiones del pecado, S. Chrysost. 



216 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

importa el no serlo : lo que importa á judíos y á gen- 
tiles es la observancia de los mandamientos de Dios. 

20 Manténgase pues cada uno en el estado que 
tenia cuando Dios le llamó. 

21 ¿Fuiste llamado siendo siervo? no te impacien- 
tes viéndote en tal condición, antes bien saca prove- 
cho de eso mismo, aun cuando pudieses ser libre '. 

22 Pues aquel que siendo esclavo es llamado al 
servicio del Señor, se hace liberto del Señor ; y de la 
misma manera aquel que es llamado siendo libre , se 
hace esclavo de Jesií-Christo. 

23 Rescatados habéis sido á gran costa ; no queráis 
haceros esclavos de los hombres '. 

24 Cada uno, hermanos mios , permanezca * para 
con Dios en el estado civil en que fue llamado. 

— 25 En orden á las vírgenes , precepto del Señor 
yo no le tengo : doy, sí , consejo, como quien ha con- 
seguido del Señor la misericordia de ser fiel minis- 
tro suyo. 

26 Juzgo pues que este estado es ventajoso á causa 
de las miserias de la vida presente : que es, digo, ven- 
tajoso al hombre el no casarse ^. 

1 Aprovéchate de tu humilde condición para bien de tu 
alma. Otros traducen : Si puedes ser libre, aprovéchate mas 
bien : ó. Si puedes lograr la libertad, mejor es que seas 
libre. 

2 O servirles en perjuicio de vuestro amo Jesu-Christo, 
ó de lo que él mauda, 

3 Salva la (é y obediencia debida á Dios. 

4 Atenta la necesidad urgente de disponernos para la 



CAPÍTULO Vil. 217 

27 ¿Estás ligado á una muger? no busques. quedar 
desligado. ¿ Estás sin tener muger ? no busques el casarte. 

28 Si te casares, no por eso pecas. Y si una don- 
cella se casa , tampoco peca ; pero estos tales sufrirán 
en su carne aflicciones y trabajos inseparables del ma- 
trimonio. Mas yo os perdono : dejólo á vuestra con- 
sideración '. 

29 Y lo que digo, hermanos 7Jiios , es , que el tiem- 
po es corto, 'y que así lo que importa es que los que tie- 
nen muger, vivan como si no la tuviesen ; 

30 y los que lloran, como si no llorasen'; y los 
que se huelgan, como si no se holgasen ;y los que 
hacen compras , como si nada poseyesen ; 

31 y los que gozan del mundo, como si no gozasen 
de él : porque la escena ó apariencia de este mundo 
pasa en un momenlo '. 

32 Ahora bien , yo deseo que viváis sin cuidados 
ni inquietudes. El que no tiene muger, anda única- 
mente solícito de las cosas del Señor, y en lo que ha 
de hacer para agradar á Dios. 



otra vida, y las inqnietndes del matrimonio^ es mejor para 
el hombre el estarse así sin casarse. 

1 No quiero hablar mas de las incomodidades del ma- 
trimonio, por no retraer de él á los que no tienen virtud 
para guardar continencia, y deben casarse. Podría tradu- 
cirse ; Mas yo me compadezco de vosotros. S. Aiig. De stat. 
virg. c. VI. 

2 Véase Llorar. 

3 Desaparece; como en un teatro cae de repente el te- 
lón , y se acabó la escena que se representaba, 

To^T. XIV. 19 



218 EPÍST. I. DE S, PABLO A LOS CORINTHIOS. 

33 Al contrario el que tiene muger, anda afanado 
en las cosas del mundo, y en cómo ha de agradar á 
la muger, y así se halla dividido. 

34 De la misma manera la muger no casada, y una 
virgen, piensa en las cosas de Dios; para ser san- 
ta en cuerpo y alma. Mas la casada piensa en las del 
mundo, y en cómo ha de agradar al marido. 

35 Por lo demás, yo digo esto para provecho vues- 
tro, no para echaros un lazo 3/ obligaros á la continen- 
cia; sino solamente para exhortaros á lo mas loahle, 
y á lo que hahilita para servir á Dios sin ningún em- 
barazo. 

36 Mas si á alguno le parece que es un deshonor 
que su hija pase la flor de la edad sin contraer matri- 
ynonio , y juzga deber casarla , haga lo que quisiere : 
no peca , si ella se casa. 

37 Aunque por otra parte quien ha hecho en su in- 
terior la firme resolución de conservar virgen á su hi- 
ja, no teniendo necesidad de obrar de otro modo, sino 
pudiendo disponer en esto de su voluntad, y así lo ha 
determinado en su corazón ' , este tai obra bien. 

38 En suma, el que da su hija en matrimonio, obra 
bien ; mas el que no la da, obra mejor. 

39 La muger está ligada á la ley del matrimonio, 
mientras que vive su marido ; pero si su marido falle- 
ce, queda libre: cásese con quien quiera, con tal que 
sea según el Señor. 

1 A lo cual se conforma libremente la hija. 



CAPÍTULO VIH. 219 

40 Pero mucho mas dichosa será, si permaneciere 
viuda, según mi consejo ; y estoy persuadido de que 
también en esto me anima el Espíritu de Dios. 

CAPÍTULO VIII. 

Nadie ha de probar cosas ofrecidas á ídolos, si can eso cau- 
sa escándalo ; pues el que escandaliza é los flacos, peca 
contra Jesu-Christo. 
* 

1 Acerca de las cosas ó viandas sacrificadas á los 

ídolos * , ya sabemos que todos nosotros tenemos ftcrs- 
tanie ciencia ó conocimiento sobre eso. Mas la ciencia 
por si sola hincha ; la caridad es la que edifica. 

2 Que si alguno se imagina saber algo, y no sabe 
esto, todavía no ha entendido de qué manera le con- 
venga saber. 

3 Pero el que ama á Dios, ese es conocido ó ama- 
do de él. i 

4 En orden pues á los manjares inmolados á los ído- 
los, sabemos que el ídolo es nada en el mundo, y que 
no hay mas que un solo Dios. 

5 Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, 
ya en el cielo, ya en la tierra, (y que así se cuenten 
muchos dioses, y muchos señores) 

6 sin embargo para nosotros no hay mas que un solo 
Dios, que es el Padre, del cual tienen el ser todas las 
cosas, y que nos ha hecho á nosotros para él ; y no 



1 Véase ídolos. 



220 EFÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORlNTHIOS. 

hay sino un sulo señor, que'es Jesu-Chrislo, por quien 
han sido hechas todas las cosas, y somos nosotros por 
éi cuanto somos. 

7 Mas no en todos se halla esta ilustración. Sino que 
hay algunos que creyendo todavía que el ídolo es al- 
guna cosa, comen bajo este concepto viandas que se 
le han ofrecido ; y así la conciencia de estos, por ser 
débil, viene á quedar contaminada. 

8 Lo cierto es que el comer de tales viandas no es 
lo que nos hace recomendables á Dios. Pues ni 
porque comamos, tendremos delante de él ventaja al- 
guna, ni porque no comamos, desmereceremos en nada. 

9 Pero cuidad de que esta libertad que tenéis, no 
sirva de tropiezo á los flacos. 

10 Porque si uno de estos \c á otro de los que están 
mas instruidos, puesto á la mesa en un lugar dedica- 
do á los ídolos * , ¿ no es claro que el que tiene su 
conciencia flaca, se tentará á comer también de aque- 
llas viandas sacrificadas que cree impuras? 

11 ¿ Y es posible que haya de perecer por el uso 
Í7idiscreto de tu ciencia ese hermano enfermo, por 
amor del cual murió Christo ? 

12 Así sucede que pecando contra los hermanos, y 
llagando su conciencia poco firme, venís á pecar con- 
tra JíAií-Christo. 

IS Por lo cual si lo que yo como, escandaliza á mi 
hermano, no comeré en mi vida carne alguna^ solo 
por no escandalizar á mi hermano. 

1 O eii que se celebran sus convites puramente civiles. 



•¿2 



CAPÍTULO IX. 

Cómo el Apóstol ae privaba de hacer lo que podia licila- 
menle,pur no desedificará nadie; haciéndose todo para 
todos, y padeciendo mil trabajos, por ganar para Dios á 
todo el mundo. 

1 ¿ No tengo yo libertad ? ¿ no soy yo apóstol ? ¿ no 
he visto yo á Jesu-Chrislo Señor nuestro ? ¿no sois 
vosotros obra mía en el Señor ? 

2 Lo cierto es que aun cuando para los otros no 
fuera apóstol, alo menos lo seria para vosotros, siendo 
como sois el sello ¿Ja patente de mi apostolado en el 
Señor ' : 

3 ved ahí mi respuesta á aquellos que se meten á 
examinar y sindicar mi conducta. 

4 ¿ Acaso no tenemos derecho de ser aumentados 
á expensas vuestras ? 

5 Por ventura ¿no tenemos también facultad de 
llevar en los viages alguna muger, hermana" en Jesu- 
Christo , para que nos asista , como hacen los demás 
apóstoles, y los hermanos ó paricjites (1q\ Señor, y el 
misryío Céphas ó Pedro ? 

6 ¿ O solo yo , y Bernabé , no podemos hacer 
esto =" ? 



1 Porque vuestra admirable conversión, y los dones que 
habéis recibido del Espíritu santo, prueban auténticamente 
mi apostolado. 

2 ¿Sino que hemos de ganar el alimento con nuestras 
manos, y cuidar nosotros mismos de nuestra asistencia? 



222 EPIST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

7 ¿Quién milita jamás á sus expensas? ¿quién 
planta una viña, y no come de su fruto ? ¿ quién apa- 
cienta un rebaño, y no se alimenta de la leche del ga- 
nado ? 

8 ¿ Y por ventura esto que digo, es solamente un 
raciocinio humano ? ¿ ó no dice la Ley esto mismo ? 

9 Pues en la Ley de Moysés está escrito ' : No 
pongas bozal al buey que trilla. ¿Será que Dios se cura 
de los bueyes ? 

10 ¿Acaso no dice esto principalmente por noso- 
tros? Sí, ciertamente por nosotros se han escrito estas 
cosas, porque la esperanza hace arar al que ara , y el 
que trilla, lo hace con la esperanza de percibir el fruto. 

1 1 Si nosotros pues hemos sembrado entre vosotros 
bienes espirituales , ¿será gran cosa que recojamos im 
poco de vuestros bienes temporales ? 

12 Si otros participan de este derecho á lo vuestro, 
¿ por qué no mas bien nosotros ? pero con todo no he- 
mos hecho uso de esa facultad ; antes bien todo lo su- 
frimos 1/ padecemos por no poner estorbo alguno al 
Evangelio de Christo. 

13 ¿ No sabéis que los que sirven en el Templo , 
se mantienen de lo que es del Templo ; y que los que 
sirven al aliar, participan de las ofrendas ? 

14 Así también dejó el Señor ordenado, que los que 
predican el Evangelio, vivan del Evangelio. 

15 Mas yo de ninguna de estas cosas me he valido. 
Ni ahora escribo esto , para que asf se haga conmigo, 

1 Deut. XXy. V. 4. 



CAPÍTULO IX. 223 

porque tengo por mejor el morir , que el que alguno 
me haga perder esta gloria. 

16 Como quiera que por predicar el Evangelio, no 
tengo gloria, pues estoy por necesidad obligado áello; 
y desventurado de mí , si no le predicare. 

1 7 Por lo cual si lo hago de buena voluntad , pre- 
mio aguardo ; pero si por fuerza , entonces no hago 
mas que cumplir con el cargo que tengo. 

18 Según esto pues ¿dónde está mi galardón PEstá 
en predicar gratuitamente el Evangelio , sin ocasionar 
ningún gasto , para no abusar del derecho que tengo 
por la predicación del Evangelio. 

19 En verdad que estando libre ó independiente de 
todos , de todos me he hecho siervo , para ganar mas 
almas. 

20 Y así con los judíos he vivido como judío, para 
ganar ó convertir á los judíos : 

21 con los sujetóse la Ley ó prosélitos, he vivido 
como si yo estuviese sujeto á la Ley (con no estar yo 
sujeto á ella) solo por ganar á los que á la Ley vivían 
sujetos ' ; así como con los que no estaban sujetos á 
la Ley de Moysés^ he vivido como si yo tampoco lo es- 
tuviese (aunque tenia yo una Ley con respecto á Dios 
teniendo la de Jesu-Christo) á trueque de ganar á los 
que vivían sin Ley. 

22 Hiceme flaco con los flacos , por ganar á los fla- 
cos. Híceme todo para todos , por salvarlos á todos. 

1 Por cuya razón circuncidé á Timotheo, y llevaba 
ofrendas al Templo. 



2'¿4 EPÍST. I. DE Í5. PAULO A LOS CORINTHIOS. 

23 Todo lo cual hago por amor del Evangelio, á fin 
de participar de sus promesas. 

24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, si 
bien todos corren, uno solo se lleva el premio ? Corred 
pues, hermanos míos, de tal manera que le ganéis. 

25 Ello es que todos los que han de luchar en la 
palestra, guardan en todo una exacta continencia ', y 
no es sino para alcanzar una corona perecedera ; al 
paso que nosotros la esperamos eterna. 

26 Así que , yo voy corriendo , no como quien cor- 
re á la aventura ^ : peleo , no como quien lira golpes 
al aire sin tocar á su enemigo ; 

27 sino que castigo mi cuerpo rebelde y le esclavizo, 
no sea que habiendo predicado á los otros, venga yo á 
ser reprobado. 



CAPITULO X. 

Propuestos los beneficios y los castigos de los hebreos por 
sus ingratitudes, amonesta el Apóstol á los corinthios, que 
se guardende sus vicios, especialmente de todo resabio de 
idolatriUj de la vana confianza, y de ofender al prójimo. 

1 Porque no debéis de ignorar, hermanos míos, 



1 Privándose de cuanto puede disminuir la robustez y 
agilidad de su cuerpo. 

2 Sino para coger la corona de gloria que tengo siempre 
á la vista. 



CAPÍTULO X. 225 

que nuestros padres estuvieron todos á la sombra de 
aquella misteriosa nube ', que todos pasaron el mar ^, 

2 y que todos bajo la dirección de Moysés fueron 
en cierto modo bautizados en la nube, y en el mar ^ , 

3 que todos comieron el mismo manjar espiri- 
tual ^ , 

4 y todos bebieron la misma bebida espiritual ^ : 
(porque ellos bebían del agua que salla de la misteriosa 
piedra, y los iba siguiendo; la cual piedra ^ta figura 
de Christo ^ ) 

5 pero á pesar de eso la mayor parte de ellos desa- 
gradaron á Dios ; y así quedaron muertos en el De- 
sierto ^ 

6 Cuyos sucesos eran flgura de lo que atañe á nos- 
otros, á fin de que no nos abandonemos á malos deseos, 
como ellos se abandonaron : 

7 no seáis adoradores de los ídolos, como algunos 



i Figura que era del Espíritu santo que nos alumbra y 
recrea con su gracia. 

2 Exod. XIII. V. 21— Num. I Y. v. 21. 

3 Símbolo de nuestro bautismo. Ex. XIV. v. 22. 

4 Cual era el maná, figura de la Eucháristía. Ex. XVI. 
V. }b.—XVIl. V. 6 — Num. XX. v. 11.— Psalm. LXXVH. 
V 25. — Joann. VI.v. 32. 

5 Aquella agua milagrosa que el golpe de la vara de 
Moysés hizo manar de una peña. 

6 Herido en la cruz después de muerto, y brotando agua 
y sangre por su costado. 

7 Num. XXVI. V. 65. 



226 EPÍST. 1. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

de ellos, según está escrito : Sentóse el pueblo á co- 
mer, y á beber, y levantáronse todos á retozar '. 

8 Ni forniquemos, como algunos de ellos fornica- 
ron , y murieron en un dia como veinte y tres mil *. 

9 Ni tentemos á Ghristo , como hicieron algunos de 
ellos ', los cuales perecieron mordidos de las serpien- 
tes. 

10 Ni tampoco murmuréis, como algunos de ellos 
murmuraron , y fueron muertos por el ángel extermi- 
nador *. 

11 Todas estas cosas que les sucedían, eran unas 
figuras ; y están escritas para escarmiento de nosotros, 
que nos hallamos al fin de los siglos ^. 

12 Mire pues no caiga, el que piensa estar firme 
en la Jé. 

13 Hasta ahora no habéis tenido sino tentaciones 
humanas ú ordinarias; pero fiel es Dios, que no per- 
mitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que 
de la misma tentación os hará sacar provecho para que 
podáis sosteneros. 



1 Bailando en torno del becerro de oro. Exod. XXXII. 
V. 6. 

2 Num. XXV. V. 9. Véase Chronologia. 

3 Dudando de las promesas de Dios, y pidiendo á Moy- 
sés milagros. Nain. XX. y XXI. 

4 Num. XI. V. l.^XIV.v.'i. 

5 O en la última edad del mundo, en que las figuras se 
cumplen. 



capítulo X. 227 

14 En razón de esto , carísimos míos, huid del culto 
de los ídolos ' : 

15 puesto que hablo con personas inteligentes, juz- 
gad vosotros mismos de lo que voy á decir. 

16 El cáliz de bendición que bendecimos ó consa- 
gramos, ¿no es la comunión de la sangre de Christo? 
y el pan que partimos , ¿ no es la participación del 
cuerpo del Señor ^? 

17 Porque todos los que participamos del mismo 
pan , bien que muchos, venimos á ser un solo pan , 
un solo cuerpo '. 

18 Considerad á los israelitas según la carne : los 
que entre ellos comen de las víctimas, ¿no es así que 
tienen parte en el altar ó sacrificio *? 

19 ¿Mas qué? ¿digo yo que lo sacrificado á los 
Ídolos haya contraído alguna virtud? ¿ó que el ídolo 
sea algo? 

20 No, sino que las cosas que sacrifican los genti- 
les, las sacrifican á los demonios, y no cá Dios '. Y no 
quiero que tengáis ninguna sociedad ni por sombra con 



1 Y de cnanto se le parezca , como son los convites des- 
pués de sus fiestas. 

2 ¿No nos unimos así todos coa Jesn- Christo? 

3 Cuya cabeza es Christo. 

4 Pues veis ahí cómo se podrá sospechar mal de voso- 
tros, cuando coméis de las viandas sacrificadas á los ído- 
los. 

5 Y que los que participan de dichos sacrificios, comu- 
nican en alguna manera con los demonios. 



22S EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTIIIOS. 

los demonios : no podéis beber el cáliz del Señor, y 
el cáliz de los demonios : 

21 no podéis tener parte en la mesa del Señor, y 
en la mesa de los demonios. 

22 ¿ Por ventura queremos irriíar con zelos al Se- 
ñor ? ¿ Somos acaso mas fuertes que él ' ? Todo me es 
licito, sí, pero no todo es conveniente. 

23 Está bien que todo me sea lícito, mas no todo es 
de edificación. 

24 Dicta la caridad que nadie busque su propia 
satisfacción ó conveniencia, sino el bien del prójimo^. 

25 Por lo demás f todo lo que se vende en la plaza 
ó carnicería, comedio, sin andar en preguntas por es- 
crúpulo de conciencia. 

26 Porque del Señor es la tierra , y todo lo que hay 
en ella ^. 

27 Si algún infiel os convida , y queréis ir, comed 
sin escrúpulo de todo lo que os ponen delante , sin ha- 
cer preguntas por razón de la conciencia. 

28 Mas si alguno dijere: Esto ha sido sacriñcado 
á los ídolos, no lo comáis, en atención al que os ha 
avisado, y á la conciencia; 

29 á la conciencia digo, no la tuya, sino la del otro. 
Pues ¿ por qué me he de exponer, diréis, á que sea 
condenada por la conciencia de otro esta libertad que 
tengo de comer de todo ? 



1 ¿ Para libertarnos de sn venganza ? 

2^ Véase esta misma sentencia Philip. II. v. 4. 

3 Y nada ha hecho impuro ó inmundo. 



CAPÍTULO XI. '¿29 

30 Si yo recibo con acción de gracias lo que como, 
ti por qué he de dar molivo á otro de hablar mal de 
mi por una cosa de que yo ofrezco á Dios acción de 
gracias ' ? 

31 Pero en fin, ora comáis, ora bebáis, ó hagáis 
cualquiera otra cosa, hacedlo todo á gloria de Dios. 

32 INo deis motivo de ofensión ó csccindalo ni á los 
judíos, ni á los gentiles, ni á la Iglesia de Dios, 

33 al modo que yo también en todo procuro com- 
placer á lodos , no buscando mi utilidad particular, 
sino la de los demás, á fin de que se salven. 

CAPITULO XI. 

Ordena que los hombres este'n con la cabeza desciibieria en la 
Iglesia, y las mugeres cubierta. Trata de la institución de 
la sagrada Euchdristía, y reprende los desórdenes que se 
cometian al tiempo de la sagrada comunión. 

1 Sed pues imitadores mios, así como yo lo soy de 
Christo. 

2 Yo por mi parte es alabo , hermanos tnios, de que 
en todas cosas os acordáis de mí ; y de que guardáis 
mis instrucciones, conforme os lo tengo enseñado. 

3 Rías quiero también que sepáis, que Christo es 
el (/efe y la cabeza de todo hombre : como el hombre 
es cabeza déla muger, y Dios lo es de Christo ". 



1 La caridad y amoral prójimo nos obligan a no escanda- 
lizarle, y á privarnos alguna vez aun de loque nos es lícito. 

2 En cnanto á la naturaleza liininana. 

20 



230 EPÍST. I. DE S. l'ABLO A LOS CORINTHIOS. 

4 todo hombre que ora ó que profetiza ' teniendo 
la cabeza cubierta , deshonra su cabeza ^. 

5 Al contrario muger que ora ó profetiza ' con la ca- 
beza descubierta , deshonra su cabeza ; siendo lo mis- 
mo que si se rapasfe. 

6 Por donde si una muger no se cubre con un velo 
la cabeza , que se la rape también. Que si es cosa fea 
á una muger el cortarse el pelo ó raparse, cubra por 
lo mismo su cabeza. 

7 Lo cierto es que no debe el varón cubrir su ca- 
beza , pues él es la imagen , y gloria de Dios ^ ; mas 
la muger es la gloria del varón. 

8 Que no fue el hombre formado de la hembra , si- 
no al contrario la hembra del hombre. 

9 Como ni tampoco fue el hombre criado para la 
hembra, sino la hembra para el hombre ^. 

10 Por tanto debe la muger traer sobre la cabeza 



1 Véase Pro felá. 

2 Pues es el velo una señnl de aquella sujeción que es 
¡ndigaa del hombre, aunque propia de la muger. Véase 
Velo. 

3 Había entonces mugerf^s que tenian el don de profe- 
cía, cómelas cuatro hijarj deldiícono Plielippc, Ael. XXÍ. 
V. 9; y habia ya habido muchas en el Antiguo Testamento, 
como María, hermana de Moysés, Débora, Ana, madre de 
Samuel, etc. Véase Profcía. 

4 El cual te dio el principado sobre las criaturas de la 
tierra. 

5 Gen. 11. v. 23. 



capítulo XI. 231 

la divisa de la sujeción , y también por respeto á los 
ángeles ' . 

11 Bien es verdad que ni el varón pcv LeyÚQ\ Se- 
ñor existe sin la muger, ni la muger sin el varón. 

12 Pues así como la muger al 'principio fue for- 
mada del varón , así también ahora el varón nace de 
la muger ; y todo por disposición de Dios '. 

13 Sed jueces vosoUos mismos: ¿es decente á la 
muger hacer en yú'Aico oración á Dios sin velo? 

14 ¿No €s así que ia naturaleza misma, ó la co- 
mim opinión , os dicta , que no es decente al hombre 
el dejar crecer siempre su cabellera ; 

15 al contrario, para la muger es gloria el dejarse 
crecer el pelo , porque ios cabellos le son dados á ma- 
nera de velo para cubrirse ? 

IG Pero si no obstante estas razones alguno se 
muestra terco , le diremos que nosotros no tenemos 
esa costumbre, ni la Iglesia de Dios ^ 

17 Por lo que loca á vuestras asambleas , yo os de- 
claro que no puedo alabaros , pues ellas en lugar de 
seros útiles , os sirven de daño. 

18 Primeramente oigo que al juntaros en la Igle- 



1 Que asisten al sacrificio; y por no ofender con su in- 
modestia á los sacerdotes que le ofrecen. 

2 A fin de que ni abuse el hombre de su superioridad , 
ni la muger se alze á mayores 

3 Esto eS; de que las mugeres comparezcan descubier- 
tas en el Templo. 



232 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTIIIOS. 

sia, hay entre vosotros parcialidades ó desuniones; y 
en parte lo creo. 

19 Siendo, como es, forzoso ' que aun heregias 
haya, para que se descubran entre vosotros los que 
son de una virtud probada. 

20 Ahora pues , cuando vosotros os juntáis ■para los 
ágapes ', ya no es para celebrar la cena del Señor ^ 

21 Porque cada uno come allí lo que ha llevado 
para cenar sin atender á los demás. Y así sucede que 
los unos no tienen nada que comer, mientras los otros 
comen con exceso. 

22 ¿ No tenéis vuestras casas para comer allí y be- 
ber ? ¿ ó venís á profanar la Iglesia de Dios , y avergon- 
zar á los pobres , que no tienen nada ? ¿ Qué os diré 
sobre eso? ¿ Os alabaré? en eso no puedo alabaros. 

23 Porque yo aprendí del Señor lo que también 
os tengo 1/a enseñado, y es que el Señor Jesús la no- 
che misma en que había de ser traidoramente entre- 
gado, tomó el pan , 

24 y dando gracias le partió , y dijo á sus discipu- 
los : Tomad , y comed : este es mi cuerpo , que por 
vosotros será entregado á la muerte: haced esto en 
memoria mia. 

25 Y de la misma manera el cáliz, después de ha- 
ber cenado , diciendo : Este cáliz es el nuevo tesla- 



1 Atendida la malicia de loa hombres. 

2 Véase Ágape. 

3 O la ujemoria del convite eucharístico, 'que celebró 
con los apóstoles la víspera de su pasión. 



CAPÍTULO XI. 233 

haced eslo cuantas veces le 
bebiereis, en memoria mia. 

26 Pues todas las veces que comiereis este pan , y 
bebiereis este cáliz , anunciaréis ó representareis la 
muerte del Señor hasta que venga. 

27 De manera que cualquiera que comiere este 
pan, ó bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo 
será del cuerpo, y de la sangre del Señor. 

28 Por tanto examínese á sí mismo el hombre; y 
de esta suerte "^ coma de aquel pan , y beba de aquel 
cáliz. 

29 Porque quien le come, y bebe indignamente, 
se traga, y bebe su propia condenación '; no haciendo 
el debido discernimiento del cuerpo del Señor. 

30 De aquí es que hay entre vosotros muchos en- 
fermos , y sin fuerzas , y muchos que mueren *. 

31 Que si nosotros entrásemos en cuentas con nos- 
otros mismos, ciertamente no seríamos asi juzgados 
•por Dios. 

32 Si bien cuando lo somos , el Señor nos castiga 
como á hijos f con el fin de que no seamos condena- 
dos juntamente con este mundo. 

33 Por lo cual , hermanos mios, cuando os reunís 
para esas comidas de caridad, esperaos unos á otros. 



1 Véase Teslamento. 

2 Hallando pura su conciencia. 

3 Véase Alianza. 

A Eo castigo de recibir indiguaineute el cuerpo del Se- 
ñor. 



231 EPÍST. 1. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

34 Si alguno tiene Iianibre ' , coma en casa , á fin 
de que el juntaros no sea para condenación vuestra. 
Las demás cosas , yendo yo ahí , las arreglaré. 

CAPÍTULO xn. 

De la variedad de dones que el Espíritu santo distribuye 
entre los fieles para utilidad de la Iglesia. Es esta un solo 
cuerpo místico, cuyos miembros deben ayudarse mutua- 
mente. 

1 Mas en orden á los dones espirituales no quiero, 
hermanos mios , que estéis ignorantes. 

2 Bien sabéis vosotros que cuando erais paganos, 
os ibais en pos de los ídolos mudos según erais condu- 
cidos ^. 

3 Ahora pues yo os declaro, que ningún verdadero 
Profeta, ningún hombre que habla inspirado de Dios, 
dice analhema á Jesús. Ni nadie puede confesar ' , 
que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu santo. 

4 Hay, sí, diversidad de dones espirituales, mas el 
Espíritu es uno mismo : 

5 hay también diversidad de ministerios, mas el 
Señor es uno mismo : 



1 O no le basta la cena frugal que hacen los demás, ó 
no puede por motivo justo esperar tanto. 

2 Por el espíritu de la mentira: mas ahora sois dirigí 
dos por el Espíritu santo. 

3 Con afecto sobrenatural, ó con fé viva ó animada de 
la caridad. 



CAPÍTULO XII. 235 

6 hay asíDiisuio diversidad de operaciones sobreña^ 
turales, mas el mismo Dios es el que obra todas las 
cosas en todos. 

7 Pero los dones visibles del Espíritu santo se dan 
á cada uno para la utilidad '. 

8 Así el uno recibe del Espíritu santo el don de 
hablar con -profunda sabiduría ; otro recibe del mismo 
Espíritu el don de hablar con mucha ciencia ; 

9 á este le da el mismo Espíritu una fé ó confianza 
extraordinaria j al otro la gracia de curar enfermeda- 
des por el mismo Espíritu : 

10 á quién el don de hacer milagros, á quién el 
don de profecía, á quién discreción de espíritus, á quién 
don de hablar varios idiomas, á quién el de interpre- 
tar las palabras ó razonamientos, 

1 1 Mas todas estas cosas las causa el mismo indi- 
visible Espíritu, repartiéndolas á cada uno según 
quiere. 

12 Porque así como el cuerpo humano es uno, y 
tiene muchos miembros, y todos los miembros con ser 
muchos, son un solo cuerpo, así también el cuerpo 
místico de Christo. 

13 A cuyo fin todos nosotros somos bautizados en 
un mismo Espíritu para componer un solo cuerpo , ya 
seamos judíos, ya gentiles, ya esclavos, ya libres; y 
todos hemos bebido uo mismo Espíritu ^ . 

1 O bien común de la Iglesia, y segiin las necesidades 
de esta. 

2 Participando de la Eucháristia , que es el sacramento 
de nuestra unidad. 



230 EPÍST. I. ÜE S. PAULO k LOS C'ORfNTHIOS. 

14 Que ni tampoco el cuerpo es un solo miembro, 
sino el conjunto de muchos. 

15 Si dijere el pié : ¿Pues que no soy mano, no soy 
del cuerpo ; dejará por eso de ser del cuerpo? 

16 Y si dijere la oreja :¿ Pues que no soy ojo, no soy 
del cuerpo ; dejará por eso de ser del cuerpo ? 

17 Si todo el cuerpo fuese ojo , ¿dónde estaría 
el oido ? Si todo fuese oido , ¿ dónde estaría el ol- 
fato ? 

18 Mas ahora ha puesto Diosen el cuQrpo muchos 
miembros, y los ha colocado en él como le plugo. 

19 Que si todos fuesen un solo miembro , ¿dónde 
estaría el cuerpo ? 

20 Por eso ahora , aunque los miembros sean mu- 
chos , el cuerpo es uno. 

21 Ni puede decir el ojo á la mano : No he me- 
nester tu ayuda ; ni la cabeza á los pies : No me sois 
necesarios. 

22 Antes bien aquellos miembros que parecen los 
mas débiles del cuerpo , son los mas necesarios ; 

23 y á los miembros del cuerpo qne juzgamos mas 
viles , á estos ceíi irnos de mayor adorno ; y cubrimos 
con mas cuidado y honestidad aquellos que son menos 
honestos. 

24 Al contrario nuestras partes 6 miembros honestos 
como la cara , manos , ojos , etc. , no han menester 
nada de eso ; pero Dios ha puesto tal orden en todo el 
cuerpo, que se honra mas lo que de suyo es menos dig- 
no de honor , 

25 á fin de que no haya cisma o división en el cuer- 



CAPÍTULO XIII. 237 

po, aiiles tengan los miembros la misma solicitud 
unos de otros. 

26 Por donde si un miembro padece , lodos los 
mie.nbros se compadecen; y si un miembro es honrado, 
todos los miembros se gozan con él. 

27 Vosotros pues sois el cuerpo místico de Chris- 
to ; y miembros unidos á otros miembros. 

28 Así es que ha puesto Dios víirios miembros en 
la Iglesia, unos en primer lugar apóstoles, en segundo 
lugar Profetas , en el tercero doctores , luego á los 
que tienen el don de hacer milagros, después á los 
que tienen gracia de curar, de socorrer al prójimo , 
don de gobierno , de hablar lodo género de lenguas , 
de interpretar las palabras. 

29 Por ventura ¿son lodos *!Fpósloles ? ¿ó todos 
profetas? ¿ó lodos doctores? 

30 ¿ hacen lodos milagros ? ¿ tienen todos la gracia 
de curar? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan lodos? 

31 Vosotros empero entre esos dones aspirad á los 
mejores. Yo voy pues á mostraros un camino ó don 
todavía mas excelente *. 

CAPÍTULO XÍII. 

Descripción de la caridad, y de sus jjrojnedades. 

1 Cuando yo hablara todas las lenguas de los hom- 
bres, y el lenguage de los ángeles misynos , si no lu- 

1 Y mas ventajoso para llegar á Dios, y sin el cual nada 
aprovechan los demás. 



238 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

viere caridad , vengo á ser como un metal que suena, 
ó campana que retiñe. 

2 y cuando tuviera el don de profecía , y pene- 
trase todos los misterios, y poseyese todas las ciencias ; 
cuando tuviera toda la fé posible , de manera que 
trasladase de una á otra parte los montes, no te- 
niendo caridad, soy un nada. 

3 Cuando yo distribuyese todos mis bienes para sus- 
tento de los pobres , y cuando entregara mi cuerpo á 
las llamas , si la caridad me falta , todo lo dicho no 
me sirve de nada. 

4 La caridad es sufrida , es dulce , y bienhechora ; 
la caridad no tiene envidia , no obra precipitada n§ 
temerariamente, no se ensoberbece, 

5 no es ambiciosa , no busca sus intereses , no se ir- 
rita , no piensa mal , 

6 no se huelga de la injusticia, complácese si en la 
verdad : 

7 á todo se acomoda , cree todo el bien del próji- 
mo y todo lo espera, y lo soporta todo '. 

8 La caridad nunca fenece; en lugar de que las 
profecías se terminarán , y cesarán las lenguas , y se 
acabará la ciencia. 

9 Porque ahora nuestro conocimiento es imperfec- 
to , é imperfecta la profecía. 



I A fin de ganar para Jesii- Christo á todos los hombres : 
tres veces insiste aquí san Pablo rn que la caridad inspira 
y exige la paciencia : paiiens esf . omnia sufferl: omniastis- 
iinet. 



CAPÍTULO XIV. 239 

10 Mas llegado que sea lo perfecto, desaparecerá 
lo imperfecto '. 

1 1 Ad cuando yo era niño , hablaba como niño, 
juzgaba como niño, discurria como niño. Pero cuan- 
do fui ya hombre hecho , di de mano á las cosas de 
niño. 

12 Al presente no vemos á Dios sino como en un 
espejo , y bajo imágenes oscuras ^ ; pero entonces le 
veremos cara á cara. Yo no le conozco ahora sino im- 
perfectamente ; mas entonces le conoceré co7i una vi- 
sión clava, á la manera que soy yo conocido ^ 

13 Ahora permanecen estas tres virtudes, la f é , 
la esperanza y la caridad ; pero de las tres la caridad 
es la mas excelente de todas. 

CAPÍTULO XIV. 

El don de profecía se debe anteponer al don de lenguas. Del 
mcdo de usar bien de todos ¡os dones. Dios es un Dios de 
paz, y va de discordias. Las mngeres deben callar en la 
Iglesia. 

1 Corred con ardor para alcanzar la caridad , y 



1 Viendo á Dios claramente ya no se necesita el uso de 
los dones. 

2 En iin'geaes que aun no llegan á lejiresentarle como 
él es en sí mismo. 

3 No será alguna ÍDiá?eu de Dios la que veré en el cielo^ 
sino que le veré cara á cara, directamente, y no por medi>> 
de figuras, aunque no llegaré á comprender sus infinitas 
perfecciones. 



240 EPÍST. 1. DE S. PABLO A LOS CORINTHIQS. 

codiciad después dones espirituales ', mayormente el 
de profecía ^. 

2 Pues quien habla lenguas sin tener dicho don, no 
habla para los hombres, porque nadie le entiende, sino 
para Dios. Habla sí en espíritu cosas misteriosas '. 

3 Al paso que el que hace oficio de Profeta *, habla 
con los hombres para edificación de ellos , y para ex- 
hortarlos , y consolarlos. 

4 Quien habla lenguas, se edifica á sí mismo; mas 
el que profetiza, edifica á la Iglesia de Dios. 

5 Yo, sí, deseo que todos vosotros tengáis el don de 
lenguas ; pero mucho masque tengais-el de profecía. 
Porque aquel que profetiza, es preferible al que habla 
lenguas desconocidas, ú no ser que también las inter- 
prete ó profetize, áfin de que la iglesia reciba utilidad. 

6 En efecto, hermanos, si yo fuere á vosotros ha- 
blando lenguas, ¿qué os aprovecharé, si no os hablo 
instruyéndoos ó con la revelación ^, ó con la ciencia ^, 
ó con la profecía ', ó con la doctrina ^ ? 

7 ¿ No vemos aun en las cosas inanimadas que 
producen sonidos, como la flauta, y el arpa, que si no 



1 Para la edificación del prójimo. 

2 O explicación de las cosas divinas. 

3 Pero sin utilidad de sus oyentes. 

4 Ya sea descubriendo sucesos ocultos y desconocidos, 
ya prorumpiendo en cánticos de alabanza, ó bien interpre- 
tando las sagradas Escrituras. Véase Profeta. 

5 De cosas ocultas y misteriosas. 

(i De las verdades de nuestra religión. 

7 O explicación de las Escrituras. 

8 De la moral evangélica. 



fcAPÍTULO XIV. 241 

forman tonos diferentes, no se puede saber lo que se 
toca con la flauta, ó el arpa? 

S Y si la trompeta no da un sonido determinado 
sino confuso, ¿ quién es el que se preparará para el 
combate ' ? 

9 Si la lengua que habláis, no es inteligible, ¿ cómo 
se sabrá lo que decís ? no hablaréis sino al aire. 

10 En efecto, hay en el mundo muchas diferentes 
lenguas, y no hay pueblo que no tenga la suya. 

11 Si yo pues ignorólo que significan las palabras, 
seré bárbaro ó eatrangero para aquel á quien hablo ; 
y el que me hable, será bárbaro para mí. 

12 Por eso vosotros, ya que sois codiciosos de estos 
dones espirituales, desead ser enriquecidos con ellos 
para edificación de la Iglesia. 

13 Y por lo mismo el que había una lengua, pida 
la gracia de interpretarla ó explicar lo que dice. 

14 Que si yo hago oración ó predico en una lengua 
desconocida, mi espíritu ora ó predica, opero mi con- 
cepto queda sin fruto "". 

15 Pues ¿qué haré ? Oraré con el espíritu, y ora- 
ré también hablando iníeiigiblemente : cantaré salmos 
con el espíritu ^ pero los cantaré tanibien iníeiigible- 
mente''. 

1 No entendiendo las señales qae le dan con el sonido. 

2 Respecto de los fieles que no tienen- el don de dicha 
lengua. 

3 O don que Dios rae ha dado. 

4 Esto es, de una manera que no solo yo, sino todos los 
fieles entiendan lo que digo en la oración pública. 

21 



242 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

16 Por lo demás, silú alabas áDios solamente con 
el espíritu ' , el que está en la clase del sencillo pue- 
blo, ¿cómo ha de decir Amen, esto es, Así sea, al fln 
de lu acción de gracias ? puesto que no entiende lo que 
tú dices : 

17 no es que no sea buena tu acción de gracias, sino 
que no quedan por ella edificados los otros ^. 

18 Yo doy gracias á mi Dios, de que hablo las len- 
guas de todos vosotros. 

19 Pero en la Iglesia mas bien quiero hablar cinco 
palabras de modo que sea entendido, é instruya tam- 
bién á los otros, que diez mil palabras en lengua 
extraña. 

20 Hermanos, no seáis como niiios en el uso de la 
razón ', sed sí niños en la malicia; pero en la cordura 
hombres hechos. 

21 En la Ley está escrito: Yo hablaré en otras 

1 O corr.zon, usando de una lengua que no se entiende. 

2 No se sigue de estos principios que los divinos oficios 
deban celebrarse precisamente en una lengua que entien- 
dan todrs los particulares : lo que hoy dia, atendida la mu- 
chedumbre de lenguas y las frecuentes variaciones que en 
ellas se introducen, tendría muchos inconvenientes Pe- 
ro á lo menos prueban , que no debe omitirse ninguna di- 
ligencia para poner á los fieles en estado de tomar parte 
en las oraciones públicas, ya sea explicándoselas de viva 
voz, ya sea poniendo en sus manos versiones fieles y 
exactas, que ilustren su entendimiento, y sostengan ó fo- 
menten su atención. Véase Conc. Trid. ses. XXIl. c. 8. 

3 No seáis como los niños, que admiran todo lo que le.s 
parece extraordinario, aunque nada entiendan. 



CAPÍTULO XIV. 243 

lenguas, y con otros acentos á este pueblo ; y n¡ aun 
asi me creerán, dice el Señor. 

•22 Asi pues el don de las lenguas es una señal no 
para los fieles, sino para los infieles • ; mas el de las 
profecías no se lia dado para convertir á los infieles, 
sino para instruir á los fieles ^. 

23 Ahora bien, si estando congregada toda la Igle- 
sia en un lugar, y poniéndose lodos á hablar lenguas 
diferentes, entran gentes idiotas ó rudas, ó bien infie- 
les, ¿no dirán que estáis locos.'* 

24 Mas al contrario, si profetizando todos ' , entra 
un infiel , ó un idiota , de todos será convencido , será 
juzgado de todos : 

25 los secretos de su corazón se harán manifiestos , 
y por tanto postrado sobre su rostro adorará á Dios , 
confesando que verdaderamente Dios está en medio de 
vosotros. 

26 Pues ¿ qué es lo que se ha de hacer , hermanos 
mios ? Vedlo aqid : si cuando os congregáis , uno de 
vosotros se halla inspirado de Dios, para hacer un 
himno , otro para instruir , este para revelar alguna 
cosa de Dios , aquel para hablar lenguas , otro para 
interpretarlas; hágase todo para edificación de los 
fieles. 

1 iv. XXVIH. V. II. Para que coa este prodigio escu- 
cheo atentos la predicación del Evangelio. 

2 Y asi el don de profecía es mas útil á la Iglesia, que 
el de lenguas. 

3 O explicando por turno los misterios de nuestra reli- 
gión , y anunciando lo secreto v venidero. 



244 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

27 Si han de hablar lenguas, hablen dos solamenle , 
ó cuando mucho tres , y eso por turno , y haya uno 
que explique lo que clicm. 

28 Y si no hubiere intérprete , callen en la Iglesia 
los que tienen este don , y hablen consigo, y con Dios, 

29 De los Profetas hablen dos ó tres, y los demás 
disciernan * . 

30 Que si á otro de los asistentes estando sentado 
le fuere revelado algo ^ , calle luego el primero. 

31 Así podéis profetizar todos uno después de otro, 
á fin de que todos aprendan , y todos se aprovechen; 

32 pues los espíritus ó dones profetices están suje- 
tos á los Profetas ^ 

33 Porque Dios no es aidor de desorden , sino de 
paz ; y esto es lo que yo enseño en todas las Iglesias 
de los santos. 

— 34 Las mugeres callen en las Iglesias, porque 
no les es permitido hablar allí , sino que deben estar 
sumisas , como lo dice también la Ley ^. 

35 Que si desean instruirse en algún punto , pre- 
gúntenselo cuando estén en casa , á sus maridos. Pues 



1 O juzguen, si es el Espíritu de Dios el que inspira á 
los otros. 

2 O recibiere de Dios alguna particular inteligencia en 
la materia de que se trata. 

3 A diferencia del C3t>ír¡tii que animaba á los adivinos 
de Satanás. 

4 Gen. ITI. v. 16. 



ÍAPÍTULO XV. 24o 

es cosa indecente en una niiiger el hablar en la Igíe- 
sia '. 

36 Por venluia ¿ tuvo de vosotros su origen la pa- 
labra de Dios ? ¿ó ha llegado á vosotros solos ? 

37 Si alguno de vosotros se tiene por Profeta, ó 
por persona espiritual , reconozca que las cosas que os 
escribo , son preceptos del Señor. 

38 El que lo desconoce, será desconocido^. 

39 En suma, hermanos , codiciad ó preferid el don 
de la profecía ; y no estorbéis el de hablar lenguas. 

40 Pero hágase todo con decoro , y con orden 

CAPÍTULO XV. 

La.fé y esperanza de nuestra futura resurrección se confir- 
man eficazmente por la resurrección ya sucedida de Jesu- 
Chrislo. Descríbese el orden y modo de ella, y la natura- 
leza de los cuerpos resucitados. 

1 Quiero ahora, hermanos míos, renovaros la me- 
moria del Evangelio , que os he predicado , que vos- 
otros recibisteis , en el cual estáis firmes , 

2 y por el cual sois salvados ; á Jin de que veáis si 
le conserváis de la manera que os le prediqué , porque 
de otra suerte en vano habríais abrazado la fé. 



1 ¿ Aca.so tenéis vosotros autoridad para introducir nue- 
vas costumbres, ó abusos, contra la práctica universal de 
la Iglesia ? 

2 O desaprobado y castigado de Dios, á. cuya voluntad 
se opone. 



246 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

3 En primer lugar pues os he enseñado lo mismo 
que yo aprendí del Señor, es á saber, que Ciirislo 
murió por nuestros pecados conforme á las Escritu- 
ras/ ; 

4 y que fue sepultado ^ , y que resucitó al tercer 
dia , según las mismas Escrituras , 

5 y que se apareció á Céphas ó Pedro , y después á 
los once apóstoles ^ : 

6 posteriormente se dejó ver en una sola vez de mas 
de quinientos hermanos juntos , de los cuales , aunque 
han muerto algunos , la mayor parte viven todavía : 

7 se apareció también á Santiago , y después á los 
apóstoles todos : 

8 finalmente después de todos se me apareció tam- 
bién á mí '^ , que vengo á ser como un abortivo ; 

9 siendo, como soy, el menor de los apóstoles , que 
ni merezco ser llamado apóstol , pues que perseguí la 
Iglesia de Dios. 

10 Mas por la gracia de Dios soy lo que soy, y su 
gracia no ha sido estéril en mí , antes he trabajado 
mas copiosamente que todos, pero no yo, sino mas 
bien la gracia de Dios que esici conmigo * : 

1 1 así que tanto yo como ellos , esto es lo que pre- 
dicamos todos , y esto habéis creído vosotros. 



1 Is LIIL i». 5. 

2 Joñas II. v. 1. 

3 Joann. XX v. 29. 

4 Aü. I\. V. 3. - Evli. III. V. 8. 

5 La cual da cl querer hacer el bieu, y el hacerle. 



capítulo XV. 247 

12 ALora bien, si se predica á Cüristo como resu- 
citado de entre los muertos , ¿ cómo es que algunos de 
vosotros andan diciendo , que no hay resurrección de 
muertos ? 

13 Pues si no hay resurrección de muertos, como 
dicen ellos , tampoco resucitó Chrislo. 

14 Rías si Christo no resucitó , luego vana es nues- 
tra predicación , y vana es también vuestra fé : 

15 á mas de eso somos convencidos de testigos fal- 
sos respecto á Dios , por cuanto hemos testificado con- 
tra Dios, diciendo que resucitó á Christo, al cual no 
ha resucitado, si los muertos no resucitan, 

16 Porque en verdad que si los muertos no resuci- 
tan, tampoco Christo resucitó. 

17 Y si Christo no resucitó, vana es vuestra fé , 
pues todavía estáis en vuestros pecados '. 

18 Por consiguiente, aun los que murieron cre- 
yendo en Christo, son perdidos sin remedio. 

19 Si nosotros solo tenemos esperanza en Christo 
mientras dura nuestra vida , somos los mas desdicha- 
dos de todos los hombres -. 

•20 Pero Christo, hermanos mios , ha resucitado de 
entre los muertos , y ha venido á ser como las primi- 
cias de los difuntos , 



1 Siendo, como es, Christo resucitado la causa de la 
justificación, y el vencedor de la nuierte y del pecado. 

2 Pues queda frustrada la esperanza de la otra vida, 
por la cual nos mortificamos y padecemos ahora. 



248 EPÍST. i. DIL S. Í'ABLO A LOS CORINTHIOS. 

2 1 porque así como por un hombre vino la muerte 
al mundo, por un hombre debe venir también ia re- 
surrección de los muertos ', 

22 Que así como en Adam mueren lodos, así en 
Christo lodos serán vivificados. 

23 Cada uno empero por su orden ^ ; Christo el 
primero , después los que son de Chrislo, y que han 
creido en su venida. 

21 En seguida sera el fin del mundo; cuando Jcsu- 
Chrisio hubiere entregado su reino ó lylesia á su Dios 
y Padre , cuando habrá destruido lodo imperio, y toda 
potencia , y toda dominación '. 

25 Entre tanto debe reinar ^, hasta ponerle el Pa- 
dre á lodos los enemigos debajo de sus pies. 

20 Y la muerte será el último enemigo destruido ^, 
porque todas las cosas las sujetó lí/os debajo de los pies 
de su Hijo. Mas cuando dice la Escritura : 

27 Todas las cosas están sujetas á él ; sin duda que- 
da exceptuado aquel que se las sujetó íodas. 

28 Y cuando ya todas las cosas estuvieren sujetas 
á él, entonces el Hijo mismo quedará sujeto, en cuaw/o 

1 Cotos. 1. V. 18. — Apoc. I. V. 5, 

2 /. Tkrs. TV. V. 15. 

3 Opuestas á la perfección de su reino. 

4 Psalm. CIX. v. 1. llabln el Apóstol del reino ó go- 
bierno que ahora ejerce Jesu Christo en la 'Iglesia, no del 
que ejercerá en el cielo sobre la Iijlesia triunfante, cuando 
ya no haya enenúífos, u¡ combates, y no resuenen mas 
que alabanzas al Señor, ü. Tfimnas: 

5 r.alm. f líl V. B. — /í. XXV. v. 8, - lieb. 11. r. 8. 



(APÍTULO XV. 249 

hombre, al que se las sujetó todas, á fin de que en to- 
das las cosas todo sea de Dios. 
— 29 De otra manera ¿ qué harán aquellos que 
bautizan por aliviar á los difuntos, si absolutamente 
los muertos no resucitan? ¿por qué pues se bautizan 
por los muertos ' ? 

30 ¿ Y á qué fin á toda hora nos exponemos noso- 
tros á tantos peligros? 

31 No hay dia, tencdlo por cierto, hermanos, en 
que yo no muera por asegurar la gloria vuestra y tam- 
bién mia , que está en Jesu-Christo nuestro Señor. 

32 ¿De qué me sirve (hablando corco hombre) 
haber combatido en Epheso contra bestias feroces , si 
no resucitan los muertos? E7i este caso no pensemos 
mas que en comer y beber, puesto que mañana mori- 
remos. 

33 No deis lugar á la seducción : las malas con- 
versaciones corrompen las buenas costumbres. 

34 Estad alerta ¡oh justos ! y guardaos del pecado ; 
porque entre yiosotros hay hombres que ne conocen 
á Dios, digolo para confusión vuestra. 



1 Algunos creen que se habla aquí del bautismo de lá- 
grimas y penitencia. Otros, que alude á la práctica de bau- 
tizarse por los catecúmenos que morían sin poder recibir 
el bautismo; al modo de lo que se usaba en ciertas purifica- 
ciones legales. El Apóstol sin aprobar esta práctica, que 
sin duda era hija de la superstición, infiere que debeu 
creer en la resurrección ; porque la tal ceremonia se funda 
en la creencia de otra \ ida. y es ju«to que el cuerpo parti- 
cipe dd premio ó castigo que reciba el alma. 



250 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

35 Pero ¿de qué manera resucilarún los muertos? 
me dirá alguno : ó ¿con qué cuerpo vendrán? 

36 ¡Necio! lo que tú siembras, no recibe vida, 
si primero no muere. 

37 Y al sembrar, no siembras el cuerpo de la plan- 
ta que ha de nacer después , sino el grano desnudo, 
por ejemplo , de trigo ó de alguna otra especie. 

38 Sin embargo Dios le da cuerpo según quiere, 
y á cada una de las semillas el cuerpo que es propio 
de ella \ 

39 No toda carne, es la misma carne, sino que 
una es la carne de los hombres, otra la de las bes- 
tias , otra la de las aves , otra la de los peces. 

40 Hay asimismo cuerpos celestes , y cuerpos ter- 
restres ; pero una es la hermosura de los celestes , 
y otra la de los terrestres. 

41 Entre aquellos mismos una es la claridad del 
sol, otra la claridad de la luna, y otra la claridad de 
las estrellas. Y aun hay diferencia en la claridad en- 
tre estrella y estrella : 

42 asi sucederá también en la resurrección de los 
muertos. El cuerpo, á manera de una semilla, es 



1 Así dará á cada hombre el propio cuerpo que le per- 
tenece. Es gran necedad negarla posibilidad deque resu- 
citen los cuerpos muertos, cu->ndo se reflexiona lo que 
pasa en un grano ó pequeña simiente metida dentro de la 
tierra^ de la cual sale una hermosa espiga, ó un grandioso 
árbol. ¡ Que expliquen los materialistas cóuio se hace tan 
prodigiosa resurrección del granito sepultado en tierra ! 



CAPITULO XV. 251 

puesto en la tierra en estado de corrupción, y resuci- 
ta rá incorruptible. 

43 Es puesto en la tierra lodo disforme , y resu- 
citará glorioso : es puesto en tierra privado de movi- 
miento , y resucitará lleno de vigor : 

44 es puesto en tierra como un cuerpo animal , 
y resucitará como un cuerpo todo espiritual '. Por- 
que asi como hay cuerpo animal , le hay también es- 
piritual , según está escrito. 

45 El primer hombre Adam fue formado con alma 
viviente , el postrer Adam Jesu- Christo ha sido lle- 
nado de un espíritu vivificante. 

46 Pero no es el cuerpo espiritual el que ha sido 
formado el primero , sino el cuerpo animal , y en se- 
guida el espiritual. 

47 El primer hombre es el terreno, yb)77zaí/o de la 
tierra ;'y el segundo hombre es el celestial , que viene 
del cielo. 

48 Así como el primer hombre ha sido terreno, 
han sido también terrenos sus hijos ; y así como es 
celestial el segundo hombre , son también celestiales 
sus hijos. 

49 Según esto , así como hemos llevado grabada 
la imagen del hombre terreno , llevemos también la 
imagen del hombre celestial ^. 



1 Esto es, libre de todas las alteraciones materiales, y 
perfectamente coacorde con el espíritu. 

2 Haciéndonos dignos de la inmortalidad gloriosa, 



252 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

50 Digo esto, hermanos mios, porque la carne y 
sangre ó los hombres carnales no pueden poseer el 
reino de Dios ; ni la corrupción poseerá esta heren- 
cia incorruptible. 

51 Ved aquí, hermanos, un misterio que voy á 
declararos : Todos á la verdad resucitaremos , mas 
no todos seremos mudados en hombres celestiales ' . 

52 En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, 
al son de la última trompeta ^ ; porque sonará la 
trompeta , y los muertos resucitarán en un estado in- 
corruptible ; y entonces nosotros ^ seremos inmutados. 

53 Porque es necesario que este cuerpo corruptible 
sea revestido de incorrnptibilidad ; y que este cuerpo 
mortal sea revestido de inmortalidad. 

54 Mas cuando este cuerpo mortal haya sido re- 
vestido de inmortalidad , entonces se cumplirá la 
palabra escrita ^ : La muerte hk sido absorbida por 
una victoria. 

55 ¿ Dónde está ¡ oh muerte .' tu victoria ?¿dó cst.í 
¡ ob muerte ! tu aguijón ^ ? 

1 Porque los reprobos tomarán otra vez su cuerpo cor- 
itiptible para vivir con él en el fuego eterno : un cuerpo que 
sin consumirse, sentirá eternamente los efectos de la cor- 
rupción , que son la pesadez, la fealdad , la inmundicia, la 
fetidez, y sobre todo, el dolor. 

2 Alude á la costumbre antigua de convocar al pueblo 
al son de trompeta ; y también á los jueces para pronunciar 
las senteií.ias. 

3 Que confiamos ser del número de los escogidos. 

4 h. XXK V. Si 

5 Os. XIII. V. U.-Hebr. 11 v. 14. 



CAPITULO Vil. 253 

56 Aguijón de la muerte es el pecado, al paso que 
la fuerza del pecado es ocasionada de la Ley '. 

57 Pero demos gracias á Dios, que nos ha dado 
victoria toM/ra la muerte j/ el pecado por la virtud de 
nuestro Señor Jesu-Christo. 

5B Así que, amados hermanos raios, estad firmes, 
y constantes ; trabajando siempre mas y mas en la 
obra del Señor ^, pues que sabéis que vuestro trabajo 
no quedará sin recompensa delante del Señor. 



CAPITULO XVL 

Exhorta á los corhiíhios a que hagan la colecta de limosnas 
¡jara los pubres de la Ljlesia de Jerusalein, y les recomien- 
da, á Timothco y d otros discípulos. 

1 En cuanto á las limosnas que se recogen para los 
santos, practicadlo en la misma forma que yo he orde- 
nado á las Iglesias de Galacia. 

2 El primer dia de la semana cada uno de vosotros 
ponga á parte, y deposite aquello que le dicte su bue- 
na voluntad, á fin de que no se hagan las colectas al 
tiempo mismo de mi llegada. 

3 En estando yo presente, á aquellos sugetos que 
me hubiereis designado, los enviaré con cartas mías 
á llevar vuestras liberalidades á Jerusalem. 



1 Rom. III. V. 20. 

2 O en vuestra justificación, > en la del prójimo. 

ToM. XIV. 22 



254 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

4 Que si la cosa mereciere que yo también vaya, 
irán conmigo. 

5 Yo pasaré á veros, después de haber atravesado 
la Macedonia, pues tengo de pasar por dicha provincia. 

O Y quizá me detendré con vosotros, y tal vez 
pasaré también el invierno, para que vosotros me lle- 
véis á do quiera que hubiere de ir. 

7 Porque esta vez no quiero visitaros solamente de 
paso, antes espero detenerme algún tiempo entre 
vosotros, si el Señor me lo permitiere. 

8 Acá en Epheso me quedaré hasta Pentecostés. 

9 Porque se me ha abierto una puerta grande, y 
espaciosa jjara la propagación del Evangelio; si bien 
los adversarios son muchos. 

i O Si va á veros Timolheo, procurad que cs(é sin 
recelo entre vosotros pues trabaja, como yo, en la obra 
del Señor. 

11 Por tanto ninguno le tenga en poco por ser mo- 
so^ ; y despachadle en paz, para que venga á verse 
conmigo, pues le estoy aguardando con los hermanos. 

12 En cuanto á nuestro hermano Apollo, os hago 
saber, que le he instado mucho para que fuese á visi- 
taros con algunos de nuestros hermanos; pero no ha 
creído conveniente hacerlo ahora ; mas él irá, cuando 
tuviere oportunidad. 

13 Velad entre tanto, estad firmes en la fé, traba- 
jad varonilmente, y alentaos mas y mas. 



1 /. Tim. TV. V. 12. 



CAPÍTULO XVI. 255 

14 Todas vuestras cosas háganse con caridad '. 

15 Ya conocéis, hermanos míos, la familia de Es- 
téphanas, y de Fortúnalo, y de Acháico : ya sabéis 
que son las primicias de la Acháya ^, y que se consa- 
graron al servicio de los santos ' : 

16 os ruego que tengáis mucha deferencia á per- 
sonas de ese carácter, y á todos los que cooperan, y 
trabajan en la obra de Dios. 

17 Yo por mi parte me huelgo con el arribo deEs- 
téphanas, y de Fortunato, y de Acháico : ellos son los 
que han suplido vuestra falta ó ausencia, 

18 recreando así mi espíritu como el vuestro. 
Mostrad pues reconocimiento á tales personas. 

19 Las Iglesias de Asia os saludan. Os saludan con 
grande afecto en el Señor, Aquila y Priscilla, con la 
Iglesia de su casa, en la que me hallo hospedado. 

20 Todos los hermanos os saludan. Saludaos vos- 
otros unos á otros con el ósculo santo de la caridad. 

21 La salutación de mí , Pablo, va de propio puño. 

22 El que no ama á nuestro Señor Jesu-Christo, 
sea anathema, Maran Alba.* 



1 O por un principio de amor de Dios. 

2 O los primeros que se convirtieron en esta provincia. 

3 Esto es, al cuidado de los pobres fieles, y á la asis- 
tencia de los predicadores. 

4 Maran Alha, esto es, perpetuamente execrable. Pala- 
bras syríacas que significan , el Señor vendrá para juzgarle. 
Expresión que denotaba la excomunión ó anathema mas 
terrible, y con la que significaban la mayor execración. 



256 EPÍST, I. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

23 La gracia de nuestro Señor Jesu-Christo sea 
con vosotros. 

24 Mi smcero amor con lodos vosotros en Christo 
Jesús. Amen. 



FIN DE LA EPÍSTOLA PRIMERA DE SAN PABLO 
A LOS C0R1^TUI0S. 



ADVERTENCIA 



LA EPÍSTOLA SEGUNDA Á LOS CORINTHIOS. 



Esta carta fue escrita desde Macedonia^ co- 
mo un año después déla anterior, y eíiviada 
por medio de Tito y de Lúeas á los fieles de 
CorÍ7itho, unos veinte y cuatro años después 
de la muerte deJesu-Christo. En ella refuta 
el Apóstol las calumnias que esparcian con- 
tra el los falsos apóstoles; y d las falsas vir- 
tudes y dones de estos opone su vocación, 
revelaciones, dones, trabajos y persecucio- 
nes; dando al mismo tiempo admirables do- 
cumentos de divina sabidtcria. 



epístola segunda 
del apóstol s. pablo 

Á LOS CORINTHIOS. 



CAPITULO PRIMERO. 

Excúsase el Apóstol de no haber ido antes á tñsitarlos ; 
después de hacerles ver la sinceridad de su corazón y de 
su doctrina. 

1 Pablo, apóstol de Jesu-Christo por la voluntad de 
Dios, y Timolheo su hermano ó coadjutor, á la Igle- 
sia de Dios, establecida en Corintho, y á lodos los san- 
tos ó Jielcs existentes en toda la Acháya. 

2 Dios Padre nuestro y el Señor Jesu-Christo os 
den gracia y paz. 

3 Bendito sea Dios Padre de nuestro Señor Jesu- 
Chrislo, el Padre de las misericordias, y Dios de toda 
consolación , 

4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulacio- 
nes ; para que podamos también nosotros consolar á 
los que se hallan en cualquier trabajo, con la misma 
consolación con que nosotros somos consolados por 
Dios. 



CAPÍTULO i. 259 

5 Porque á medida que se aumentan en nosotros 
las aflicciones por amor de Christo, se aumenta tam- 
bién nuestra consolación por Christo. 

6 Porque si somos atribulados , lo somos para vues- 
tra edificación y salud ' ; si somos consolados, lo somos 
para vuestra consolación ' ; si somos confortados , lo 
somos para confortación y salvación vuestra , cuya 
obra se perfecciona con la paciencia con que sufrís las 
mismas penas , que igualmente sufrimos nosotros ; 

7 de suerte que nuestra esperanza es firme por lo 
tocante á vosotros , sabiendo que así como sois com - 
pañeros en las penas , asi lo seréis también en la con- 
solación. 

8 Pues no quiero , hermanos , que ignoréis la tri- 
bulación que padecimos en el Asia ^ , los males de que 
nos vimos abrumados , tan excesivos y tan superiores 
á nuestras fuerzas , que nos hacían pesada la misma 
vida. 

9 Pero si sentimos pronunciar allá dentro de nos- 
otros el fallo de nuestra muerte, fue á fin de que no 
pusiésemos nuestra confianza en nosotros, sino en 
Dios , que resucita á los muertos ; 

10 el cual nos ha librado, y nos libra aun de tan 
graves peligros de muerte , y en quien confiamos que 
todavía nos ha de librar, 



1 Para enseñaros qne las afiicciones son la herencia de 
los hijos de Dios en esta vida. 

2 Para que la esperéis igualmente en vuestros trabajos. 

3 Áct. XIX. V. 24. 



260 EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

1 1 ayudándonos vosotros también con vuestras ora- 
ciones ; á fin de que muchos den gracias del beneficio 
que gozamos, ya que es para bien de muchas personas. 

12 Porque toda nuestra gloria consiste en el testi- 
monio que nos da la conciencia , de haber procedido 
en este mundo con sencillez de corazón y sinceridad 
delante de Dios, no con la prudencia de la carne, sino 
según la gracia de Dios ó espíritu del Evangelio, y 
especialmente entre vosotros. 

13 Yo no os escribo sino cosas cuya verdad cono- 
céis al leerlas. Y espero que la reconoceréis hasta 
el fin, 

14 pues ya en parte habéis reconocido que nosotros 
somos vuestra gloria, como vosotros seréis la nuestra, 
en el dia ó juicio de nuestro Señor Jesu-Christo. 

15 Y con esta confianza quise primero ir á visita- 
ros , á fin de que recibieseis una segunda gracia ; 

16 y pasar desde ahí á Macedonia, y volver otra 
vez desde Macedonia á vosotros y ser de vosotros en- 
caminado á Judea. 

17 Habiendo pues sido esta mi voluntad, ¿acaso 
he dejado de ejecutarla por inconstancia? ¿O las co- 
sas que resuelvo, las resuelvo á gusto de la carne , de 
modo que ya diga si , ya no? 

18 Mas Dios verdadero me es testigo de que en la 
palabra ó doctrina que os he anunciado, nada ha ha- 
bido del SI y del no '. 



1 No 08 hemos predicado ahora una cosa, ahora otra ; ni 



CAPÍTULO I. 261 

19 Porque Jesu-Chiisto, Hijo de Dios, que os he- 
mos predicado nosotros , esto e* , yo, y Silvano, y Ti- 
molheo , no es tal que se hallen en él el si y el no , 
sino que en él todo es inmutable, un si inYariable. 

20 Pues todas cuantas promesas hay de Dios, tie- 
nen en este si su verdad ; y también por él mismo 
todo tiene su infalible cumplimiento para honra y glo- 
ria de Dios , lo cual hace también la gloria de nuestro 
ministerio. 

21 Así Dios es el que á nosotros jun/o con vosotros 
nos confirma en lafé de Christo, y el que nos ha un- 
gido C071 sil unción; 

22 el que asimismo nos ha marcado con su sello, 
y que por arrhas de los bienes que nos ha prometido, 
nos da el Espíritu santo en nuestros corazones. 

23 Por lo que á mí hace, tomo á Dios por testigo y 
deseo que me castigue si no digo la verdad , que el no 
haber pasado todavía á Corintho, ha sido para poder 
ser indulgente con vosotros * : no es esto porque do- 
minemos en vuestra fé ^ ; al contrario procuramos 
contribuir á vuestro gozo, puesto que permanecéis fir- 
mes en la fé que recibisteis. 

con aquella ineertidumbre y variación que acompaña á las 
cosas huruauaa. 

1 Para dar tiempo de que se corrijan esos desórdenes., 
que deberla castigar con rigor en algunos de vosotros. 

2 Ni queramos tiranizar vuestras conciencias. 



262 EPÍST. II. DK S. PABLO A LOS CORINTHIOS, 



CAPITULO II. 

Manda restituir al incestuoso arrepentido á la comunión de 
la Iglesia ; y con indulgencia paternal y autoridad apos- 
tólica en nombre de Christo le alza la pena impuesta. 

1 Por lo mismo he resuelto para conmigo, no ir 
nuevamente á veros para no causaros tristeza '. 

2 Porque si yo voy á contristaros, ¿ quién después 
me ha de alegrar, toda vez que vosotros que deberíais 
Aacer/o, os hallaríais contristados por mí? 

3 Y esta es la causa de haberos escrito, para no 
tener, en llegando, tristeza sobre tristeza, con la vista 
de aquellos mismos que debieran causarme gozo ; con- 
fiando en que todos vosotros halláis vuestra alegría en 
la mía. 

4 Es verdad que os escribí entonces en extremo afli- 
gido y con un corazón angustiado y derramando mu- 
chas lágrimas ; no para contristaros, sino para haceros 
conocer el amor tan singular que os tengo. 

5 Que si uno de vosotros ha sido causa de tristeza, 
solo me ha tocado á mí una parte de la tristeza : cHgolo 
para no agraviaros, pues que todos os habéis ajligido, 

6 Bástale al tal esa corrección, hecha por muchos 
de los hermanos j esto es, por vuestra Iglesia : 

7 ahora por el contrario debéis usar con 61 de in- 
dulgencia, y consolarle, porque quizá con lademasia- 

1 Sino esperar á que os hayáis enmendado, y nada tenga 
que castigar en vosotros. 



CAPÍTULO IT. -263 

da tristeza no acontezca que esc tal dé al través y se 
desespere. 

8 Por lo cual os suplico que ratiüqueis con él la ca- 
riaad, y comuniquéis otra vez con él. 

9 Que aun por eso os he escrito, para conocer por 
experiencia, si sois obedientes en todas las cosas. 

10 Loque vosotros le concediereis por indulgencia, 
yo se lo concedo también ; porque si yo mismo uso de 
indulgencia, uso de ella por amor vuestro, en nombre 
y en persona de Jesu-Christo, 

11 á fin de que Satanás no arrebate á ninguno de 
nosotros, pues no ignoramos sus maquinaciones '. 

12 \Q-por mi, cuando vine á Troade ¿predicar el 
Evangelio de Christo, en medio de haberme abierto el 
Señor una entrada /ai'oraiZe ^, 

13 no tuvo sosiego mi espíritu, porque no hallé á 
mi hermano Tito ^ y asi despidiéndome de ellos, partí 
para Macedonia. 

1 Este lugar prjeba bien que es conforme al espíritu de 
la Iglesia el abreviar ó disminuir las penitencias impuestas 
á los pecadores, aun á los públicos, á proporción de las 
mayores pruebas que dan de su sincera conversión , y en 
atención á los tiempos y circunstancias de las personas ; 
todo esto á juicio de los prelados de la Iglesia, y [ ara el 
mayor bien y utdidad de las almas : en el gobierno de ios 
cuales nunca debe olvidarse, que toda la potestad que so- 
bre ellas ejercen los ministros del Señor, es in ¿e/üficatio- 
nem, nen in desfniciionem : para salvar á los pecadores, no 
para perderlos. V'éase .S'. Cypr. Ep. LIV. 

2 Para hacer allí mucho fruto. 

3 De quien esperaba saber q'.ié efecto habia producido 
en vosotros mi primera carta. 



264 EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

14 Pero gracias á Dios, que siempre nos hace 
triunfar en Christo Jesús, y derrama por medio de nos- 
otros en todas partes el buen olor del conocimiento 
de su nombre; 

15 porque nosotros somos el buen olor de Christo 
delante de Dios, así para los que se salvan, como para 
los que se pierden ; 

16 para los unos olor mortífero que les ocasiona la 
muerte ; mas para los otros olor vivificante que les 
causa la vida. ¿ Y quién será idóneo para un tal mi- 
nisterio? 

17 Pero ciertamente no somos nosotros como mu- 
chísimos que adulteran la palabra de Dios, sino que la 
predicamos con sinceridad, como de parte de Dios, en 
la presencia de Dios, y según el espíritu de Jesw-Christo. 

CAPÍTULO III. 

Excelencia de la ley de gracia comparada con la Ley es- 
crita. El velo que cubre a los judíos la inteligencia de las 
Escrituras, solamente se quila con laje en Jesu-Christo. 

1 ¿Empezamos ya otra vez á alabarnos á nosotros 
mismos ? ó ¿ necesitamos, como algunos, cartas de 
recomendación para vosotros, ó que vosotros nos las 
deis para otros ? 

2 Vosotros mismos sois nuestra carta de recomen- 
dación ^ escrita en nuestros corazones, conocida y 
leida de todos los hombres ; 

3 manifestándose jjor vuestras acciones que voso- 



CAPITULO ni. 265 

iTos sois carta de Jé-su-Chrislo, hecha por nuestro mi- 
nisterio, y escrita no con tinta, sino con el espíritu 
de Dios vivo ; no en tablas de piedra , sino en tablas 
de carne , que son vuestros corazones. 

4 Tal confianza tenemos en Dios por Christo ; 

5 no porque seamos suficientes ó capaces por nos- 
otros mismos para concebir algún buen pensamiento, 
como de nosotros mismos , sino que nuestra suficien- 
cia ó capacidad viene de Dios ', 

G y Dios es el que asimismo nos ha hecho idóneos 
ó capaces para ser ministros del nuevo Testamento ^ ; 
no de la letra de la Ley^ sino del espíritu; porque la 
letra sola mala ^, mas el espíritu vivifica. 

7 Que si el ministerio de aquella Ley de muerte , 
grabada con letras sobre dos piedras , fue tan glorioso 
que no podían los hijos de Israel fijar la vista en el 
rostro de Moysés por el resplandor de su cara , res- 
plandor que no era duradero ; 

8 ¿cómo no ha de ser sin comparación mas glo- 
rioso el ministerio ó la Ley del Espíritu * ? 

9 Porque si el ministerio de la Ley antigua , no 
obstante que era ocasión de condenación, fue acora- 



1 Nuestra capacidad para todo lo bueno, ó las fuerzas 
para ello , nos vienen de la gracia de Dios por los méritos 
de Jesu-Christo. 

2 O de la alianza que nuevamente ha hecho con los hom- 
bres. 

3 O es ocasión de muerte. Véase Ley. 

4 O la ley evangélica^ que es toda dulzura y amor. 

23 



266 EPiST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTUIOS. 

panado de tanta gloria, mucho mas glorioso es el mi- 
nisterio 6 publicación de la Ley de la justicia. 

10 Y aun lo que ha habido de "glorioso por aquel 
lado, no ha sido una verdadera gloria , si se compara 
con la excelente gloria del Evangelio, 

1 1 Porque si lo que se anula , ha estado lleno de 
gloria , lo que para siempre subsiste , debe ser muclio 
mas glorioso. 

12 Teniendo pues tal esperanza, nosotros os habla- 
mos con toda libertad ; 

13 y no hacemos como l^Ioysés, que ponia un velo 
sobre su rostro, por cuanto no podian los hijos de Is- 
rael fijar la vista en el resplandor de su cara , aunque 
no debia durar ' ; 

14 y así sus corazones han quedado endurecidos. 
Porque hasta el dia de hoy este mismo velo perma- 
nece delante de íus ojos en la lectura del antiguo Tes- 
tamento, sin ser alzado, (porque no se quila sino por 
la fe en Christo ^ ) 

15 y así hasta el dia de hoy cuando se lee ix ÍMoy- 
sés, cubre un velo su corazón '. 

16 Pero en convirtiéndose este pueblo al Señor, se 
quitará el velo. 

17 Porque el Señor es Espíritu, y donde cslá el 
Espíritu del Señor, allí hay libertad ''. 

1 Profetizando con esto que no podrían sufrir la luz del 
Evangelio, representada por esta luz pasagera, 

2 A quien no quieren recibir. 

íí El cual les impide ver á Jesu-Christo en lo qtie leen. 
4 Gobernado el hombre por el temor servil , sirve como 



CAPÍTULO IV. 267 

18 Y así es que lodos nosotros, contemplando a 
cara descubierta , como en un espejo , la gloria del 
Señor ' , somos Irasformados en la misma imagen de 
Jcsu-Christo, avanzándo7Ws de claridad en claridad \ 
como iluminados por el Espíritu del Señor. 



CAPÍTULO IV. 



La virtud y eficacia del Evangelio es was admirable predi- 
cándole los apóstoles, hombres frágiles , y continuamente 
atribulfJtdos. Conducta de san Pablo llena de sinceridad. 
Los apóstoles abrumados de trabajos, pero llenos de espe- 
ranza. Los males de esta vid.i son momentáneos ; los bie- 
nes de la otra eternos. 

1 Por lo cual teniendo nosotros este ministerio de 
predicar la nueva Ley, en virtud de la misericordia 
que hemos alcanzado de Dios , no decaemos de ánimo; 

2 antes bien desechamos lejos de nosotros las ocul- 
tas infamias ó disimulos vergonzosos de los falsos 
hermanos, no procediendo con artificio, ni alterando 
la palabra de Dios, sino alegando únicamente en 
abono nuestro, para con todos aquellos que juzguen 
de nosotros según su conciencia , la sinceridad con que 
predicamos la verdad delante de Dios. 

esclavo: movido del espirita de amor y candad, sirve como 
hijo, con una santa libertad y anchura de corazón. 

1 Gloria que la fé nos hace ver clarauíeiite en las Si '. 
Escrituras. 

2 O por el sucesivo aumento de luz y gracia. 



26á EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

3 Que si todavía nuesUo Evangelio está encubier- 
to *, es solamente para los que se pierden, para quie- 
nes está encubierto; 

4 para esos incrédulos cuyos entendimientos ha ce- 
gado el dios de este siglo ^, para que no les alumbre 
la luz del Evangelio de la gloria de Christo, el cual es 
la imagen de Dios. 

5 Porque no nos predicamos á nosotros mismos, 
sino á Jesu-Christo Señor nuestro ; haciéndonos sier- 
vos vuestros ' por amor de Jesús, 

6 porque Dios, que dijo que la luz saliese ó brillase 
de en medio de las tinieblas, él mismo ha hecho brillar 
su claridad en nuestros corazones, á ün de que nosotros 
podamos iluminar á los demás por medio del conoci- 
miento de la gloria de Dios , según que ella resplandece 
en Jesu-Christo. 

7 Mas este tesoro le llevamos en vasos de barro 
frágil y quebradizo ^ para que se reconozca que la 
grandeza del poder que se vé en nosotros, es de Dios, y 
no nuestra. 

8 Nos vemos acosados de toda suerte de tribuía - 
cioneSj pero no por eso perdemos el ánimo : nos ha- 
llamos en grandes apuros, mas no desesperados ó sin 
recursos: 



1 No obstante la claridad y sinceridad con que le anun- 
ciamos. 

2 Véase Siglo. 

3 No buscamos nuestra gloria ni nuestra utilidad ; sino 
la gloria de Jesu-Christo, y la salvación y provecho vuestro. 



CAPITULO IV. 2(59 

9 somos perseguidos, mas no abandonados : abati- 
dos, mas no enteramente perdidos : 

10 traemos siempre representada en nuestro cuer- 
po por todas partes la mortificación de Jesús, á fin de 
que la vida de Jesús se manifieste también en nuestros 
cuerpos. 

11 Porque nosotros, bien que vivimos, somos con- 
tinuamente entregados en manos de la muerte por 
amor de Jesús ; para que la vida de Jesús se mani- 
fieste asimismo en nuestra carne mortal. 

1 2 Así es que la muerte imprime sus efectos en 
nosotros ; mas en vosotros resplandece la vida '. 

13 Pero teniendo un mismo espíritu de fé que Da- 
vid, quien, según está escrito ^, decia: Creí, por eso ha- 
blé con confianza ; nosotros también creemos, y por 
eso hablamos - : 

14 estando ciertos de que quien resucitó á Jesús, 
nos resucitará también á nosotros con Jesús, y nos co- 
locará con vosotros en su (/loria. 

13 Pues todas las cosas que pasan en nosotros, se 
hacen por causa de vosotros : á fin de que la gracia es- 
parcida con abundancia, sirva á aumentar la gloria de 



1 Esto es, la muerte de Jesiis ejerce su fuerza, ó imprime 
8US efectos en nosotros , perseguidos y atribulados ; mien- 
tras en vosotros resplandece la vida inmorlaí del mismo , 
dando vida á vuestras almas. 

2 Paalm. CXr. v. 1. 

3 Con santa libertad de los misterios de Christo en me- 
dio de tantos peligros de muerte. 



270 EPIST. n. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

lia de Dios por medio de las acciones de gracias que le 
tributarán muchos. 

16 Por lo cual no desmayamos ; antes aunque en 
nosotros el hombre exterior 6 el cuerpo se vaya des- 
moronando, el interior o el espíritu se va renovando de 
dia en dia. 

17 Porque las aflicciones, tan breves y tan ligeras 
de la vida presente, nos producen el eterno peso de 
una sublime é incomparable gloria, 

18 y así no ponemos nosotros la mira en las cosas 
visibles, sino en las invisibles. Porque las que se ven, 
son transitorias; mas las que no se ven, son eternas. 

CAPITULO V. 

Cómo la tierra es un destierro , y el cielo nuestra patria. Por 
Jesu-Christo, juez de todos, somos reconciliados con Dios, 
siendo los apóstoles sus embajadores. 

1 Sabemos también, que si esta casa terrestre ó el 
cuerpo corruptible en que habitamos, viene á destruir- 
se, nos dará Dios en el cielo otra casa, una casa no 
hecha de mano ele hombre, y que durará eternamente. 

2 Que aun por eso aquí suspiramos, deseando la 
sobreveslidura del ropage de gloria ' , d la habitación 
nuestra del cielo : 

3 si es que fuéremos hallados vestidos de buenas 
obras, y no desnudos '. 



i O los dotes gloriosos para miestio cuerpo. 
2 /. CV. X^'. V. 51. 



CAPÍTULO V, 271 

4 x\sí también es que niieniras nos Bailamos en este 
íuerpo como en una tienda de campaña, gemimos 
agobiados bajo su pesantez ; pues no querríamos ver- 
nos despojados de él, sino ser revestidos como por en- 
cima, de manera que la vida inmortal absorba y haga 
desaparecer lo que hay de mortalidad en nosotros. 

5 Y el que nos formó ó crió para este estado ele gloria, 
es Dios, el cual nos ha dado su espíritu por prenda '. 

6 Por esto estamos siempre llenos de confianza ; y 
como sabemos que, mientras habitamos en este cuer- 
po, estamos distantes del Señor y fuera de nuestra pa- 
tria; 

7 (porque caminamos acia él por la fé, y no le 
vemos todavía claramente) 

8 en esta confianza que tenemos, preferimos mas 
ser separados del cuerpo, á fin de gozar de la vista del 
Señor. 

9 Por esta razón lodo nuestro conato consiste en ha- 
cernos agradables al Señor^ ora habitemos en el cuer- 
po, ora salgamos de é\para ii-nos con Dios; 

10 siendo como es forzoso, que todos comparezca- 
mos ante el tribunal de Christo, para que cada uno 
reciba el pago debido á las buenas, ó malas acciones 
que habrá hecho, mientras ha estado revestido de su 
cuerpo. 

11 Sabiendo pues el temor que se debe al Señor, 



1 lufundiéadonos la gracia, que es una prenda segura 
de la gloria. 



272 EFÍST. ir. DE 5. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

procuramos justificarnos delante de los hombres, mas 
Dios conoce bien lo que somos. Y aun quiero creer 
que también somos conocidos de vosotros, allá en vues- 
tro interior. 

12 No es esto repetiros nuestras alabanzas, sino 
daros ocasión de gloriaros en nuestra causa ; para que 
tengáis que responder á los que se glorían solamente 
en lo que aparece al exterior '. 

13 Pues nosotros si extáticos nos enagenamos ^, es 
por respecto á Dios : si nos moderamos ó abajamos, 
es por vosotros. 

14 Porque la caridad de Christo nos urge : al con- 
siderar que, si uno murió por todos, luego es consi- 
guiente que todos murieron ' ; 

15 y que Christo murió por todos, para que los que 
viven, no vivan ya para si, sino para el que murió y 
resucitó por ellos. 

16 Por esta razón nosotros de ahora en adelante no 
conocemos á nadie según la carne ^. Y si antes cono- 
cimos á Christo en cuanto á la carne ^, ahora ya no le 
conocemos así. 



1 En su vana elocuencia, y falsa filosofa ; y no en la só- 
lida virtud, y fuerza de la gracia. 

2 Si contamos las visiones de Dios , y demás dones que 
hemos recibido, es para manifestarla gloria de Dios. 

3 Y que todos necesitan de la vida de la gracia. 

4 No miramos que sea judio ó gentil , pobre ó rico, sabio 
ó ignorante, 

5 Vanagloriándonos tanto de que fuese de nuestro 
linaje. 



CAPÍTULO vr. 273 

17 Por tanto si alguno c.víá en Jesii- ChYÍ?,lo, ya es 
una criatura nueva : acabóse lo que era viejo, y lodo 
viene áser nuevo, pues que todo ha sido renovado '. 

18 Y toda ella es obra de Dios, el cual nos ha recon- 
ciliado consigo por medio de Christo , y á nosotros 
nos ha conüado el ministerio de la reconciliación, 

19 porque Dios era el que reconciliaba consigo ai 
mundo en Jesu-Christo, no imputándoles á ellos sus 
delitos ^, y él es el que nos ha encargado á nosotros 
el predicar la reconciliación. 

20 Somos pues como unos embajadores en nom- 
bre de Christo, y es Dios misino el que os exhorta por 
boca nuestra. Os rogamos pues encarecidamente en 
nombre de Jssií-Chrislo, que os reconciliéis con Dios ; 

21 el cual por amor de nosotros ha tratado á aquel 
que no conocía a! pecado, como si hubiese sido el pe- 
cado mismo, con el fin de que nosotros viniésemos á 
ser en é\ justos co?2/a justicia de Dios. 

CAPÍTULO VI. 

El modo de proceder de los ministros evangélicos ; y aviso a 
hs fieles de no mezclarse con los infieles. 

1 Y así nosotros como cooperadores del Señor ^ 
os exhortamos á no recibir en vano la gracia de Dios. 

1 Todo es nuevo eu aquellos que han resucitado a la 
vida de la gracia. Is. XLIII. v. 19. — Apoc. XXI. v. 5. 

2 Sino perdonándoselos por los méritos de la pasión sa- 
crosanta de la humanidad de su Hijo. 

3 En la obra de vuestra santificación. 



274 EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

2 Pues él mismo dice ' : Al tiempo oportuno te oí, 
atenderé tus súplicas, y en el dia de la salvación le di 
auxilio. Llegado es ahora el tiempo favorable , llegado 
es ahora el día de la salvación : 

3 nosotros empero no demos á nadie motivo alguno 
de escándalo , para que no sea vituperado nuestro mi- 
nisterio ; 

4 antes bien portémonos en todas cosas, como de- 
ben portarse los ministros de Dios, con mucha pacien- 
cia en medio de tribulaciones, de necesidades, de an- 
gustias, 

5 de azotes, de cárceles, de sediciones, de trabajos, 
de vigilias, de ayunos, 

6 con pureza, con doctrina, con longanimidad, 
con mansedumbre , con unción del Espíritu santo , con 
caridad sincera , 

7 con palabras de verdad , con fortaleza de Dios, 
con las armas de la justicia, para combatir á la diestra 
y á la siniestra ; 

8 en medio de honras y deshonras ; de infamia y 
de buena fama : tenidos por embaidores ó impostores^ 
siendo verídicos ; por desconocidos, aunque muy co- 
nocidos; 

9 casi moribundos, siendo así que vivimos ^; como 
castigados, mas no muertos ^ ; 

10 como melancólicos, estando en realidad siem- 

1 Is. XLIX. r. 8. 

2 Y cada dia escapamos de la muerte. 

3 Pues Dios inilngiobantente uos conserva la vida. 



CAPÍTULO VI. 2 7 5 

pre alegres ' ; como menesterosos, siendo así que enri- 
quecemos á muchos ^ ; como que nada tenemos, y todo 
lo poseemos '. 

11 El amor ¡ oh corinthios ! hace que mi boca se 
abra tan francamente , y se ensanche mi corazón. 

12 No están mis entrañas cerradas para vosotros; 
las vuestras sí que lo están para mí : 

13 volvedme pues amor por amor : os hablo como á 
hijos mios, ensanchad también para jni vuestro co- 
razón. 

14 No queráis unciros en yugo con los infieles '*. 
Porque ¿qué tiene que ver la santidad ó justicia con 
la iniquidad ' ? ¿ V qué compañía puede haber entre 
la luz y las tinieblas? 

15 ¿O qué concordia entre Christo y Beliai ? ¿o 
qué parte tiene el fiel con el infiel? 

16 ¿O qué consonancia entre el Templo de Dios y 
los ídolos ? Porque vosotros sois templo de Dios vivo, 
según aquello que dice Dios ^ : Habitaré dentro de 
ellos, y en medio de ellos andaré , y yo seré su Dios, 
y ellos serán mi pueblo. 

17 Por io cual salid vosotros de entre tales gentes, 
y separaos de ellas, dice el Señor, y no tengáis con- 
tacto con la inmundicia ó idolauii^ 

1 Y lleoos de consuelos celestiales. 

2 Colmándolos de bienes espirituales, 

3 Pues poseemos á Dios dueño de todo. 

4 O uniros estrechamente con ellos. 

5 ¿ La rehgion verdadera con la falsa ? 

6 Lev. XXfl. V. 12.—/. Cor. III. v. W.—VI. v. 19. 



276 EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTIHQE. 

18 y yo OS acogeré, y seré yo vuestro padre, y vos- 
otros seréis mis hijos y mis hijas, dice el Señor todo- 
poderoso. 

capítulo vu. 

Muestras del amor enlrañable entre san Pablo y los corin- 
ihios. La tristeza que les ocasionó, íes fue muy saludable. 

1 Teniendo pues, carísimos hermanos míos, tales 
promesas, purifiquémonos de cuanto mancha la carne 
y el espíritu ' , perfeccionando nuestra santificación 
con el temor de Dios. 

2 Dadnos cabida eti vuestro corazón. Nosotros á 
nadie hemos injuriado, á nadie pervertido, á nadie 
hemos engañado sonsacándole los bienes. 

3 No lo digo por tacharos á vosotros ; porque ya os 
dije antes de ahora que os tenemos en el corazón , y 
estamos prontos á morir, ó á vivir en vuestra compa- 
ñía '. 

4 Grande es la confianza que de vosotros tengo, 
muchos los motivos de gloriarme en vosotros ; y así 
estoy inundado de consuelo , reboso de gozo en medio 
de todas mis tribulaciones. 

5 Pues así que hubimos llegado á Macedonia , no 

1 Estoes, de los pecados carnales como la lujuria, gula, 
etc. ; y de los llamados espirituales, como la soberbia, la 
envidia, etc. 

2 O á no dejaros ni en vida ni en muerte. 



capítulo VII. 277 

he lenido sosiego ninguno según la carne, sino que 
he sufrido toda suerte de tribulaciones : combates por 
defuera , por dentro temores. 

6 Pero Dios que consuela á los humildes, nos ha 
consolado con la venida de Tito. 

7 No solo con su venida, sino también con la con- 
solación que él ha recibido de vosotros, cuyo gran de- 
seo de vermc^ y el llanío por el escúndalo del incestuo- 
so, y la ardiente aGcion que me tenéis, él me ha refe- 
rido, de suerte que se ha aumentado mucho mi gozo. 

8 Por lo que si bien os contristé con mi carta, no 
rae pesa ; y si hubiese estado pesaroso en vista de que 
aquella carta os contristí) por un poco de tiempo; 

9 al presente me alegro, no de la tristeza que tu- 
visteis, sino de que vuestra tristeza os ha conducido 
á la penitencia. De modo que la tristeza que habéis 
lenido, ha sido segnn Dios, y así ningún daño os he- 
mos causado. 

10 Puesto que la tristeza que es según Dios, pro- 
duce una penitencia ó enmienda constante para la sa- 
lud ; cuando la tristeza del siglo causa la muerte. 

11 Y sino ved !o que ha producido en vosotros 
esa tristeza según Dios, que habéis sentido : ¿qué so- 
licitud, qué cuidado en justificaros, qué indignación 
contra el iiiceniiioso, qué temor, qué deseo de reme- 
diar el mal, qué zelo, que ardor para castigar el de - 
lito ? Vosotros habéis hecho ver en toda vuestra con- 
ducta, que estáis inocentes en este negocio. 

12 Así pues, aunque os escribí aquella carta ^ no 
fue por causa del que hizo la injuria , ni por el que 

24 



S78 EPÍST. 11. ÜE S. PABLO A LOS C OKINTHIOS. 

la padeció ; sino para inanifcsfar el cuidado que tene- 
mos de vosotros 

13 delante de Dios : por eso ahora i\o?, hemos con- 
solado. Mas en esta consolación nuestra , sobre lodo 
nos ha llenado de gozo el contento de Tilo, viendo 
que todos vosotros habéis contribuido á recrear su es- 
píritu ; 

1 4 y que si yo le di á él algunas muestras del con- 
cepto ventajoso que tengo de vosotros, no he que- 
dado desmentido ; sino que así como en todas las co- 
sas os hemos dicho la verdad , asi también se ha visto 
ser la pura verdad el testimonio ventajoso que de vos- 
otros dimos á Tito , 

1 5 y así es que se aumenta el entrañable amor que 
os tiene, cada vez que se acuerda de la obediencia de 
lodos 'vosotros, y del respetuoso temor ^filial reve- 
rencia con que le recibisteis. 

16 Huclgome pues de la confianza que os merezco 
en todas las cosas '. 

CAPÍTULO VIH. 

Con el ejemplo de los macedonios exhorta el Apóstola los 
connthios á contribuir con largas limos7ias al socorro de 
los pobres cristianos de Jerusnlem:. 

1 Ahora os hago saber, hermanos mios , la gracia 



1 Y de que sin temor de ofenderos , puedo corregiros y 
auíonestaros en cuanto sea necesario. 



CAPITULO \1II. 279 

que Dios lia hecho á losjides de las Iglesias do Ma- 
cedón ia. 

2 y en, que han sido colmados de gozo á propor- 
ción de las muchas tribulaciones con que han sido 
probados , y que su extrema pobreza , ha derramado 
con abundancia las riquezas de su buen corazón ; 

3 porque debo darles el testimonio de que de suyo 
ó vohiníariamenie han dado lo que han podido, y aun 
nías de lo que podían, 

4 rogándonos con muchas instancias que acepláse- 
semos sus limosnas , y permitiésemos que contribuye- 
sen por su parte al socorro que se da á los santos ú 
fieles de Jenisaleni. 

5 Y en esto no solamente han hecho lo que ya de 
eHos esperábamos , sino que se han entregado á si 
mismos, primeramente al Señor, y después á nosotros 
mediante la voluntad de Dios ; 

6 y esto es lo que nos ha hecho rogar á Tito, que 
conforme ha comenzado, acabe también de conduci- 
ros al cumplimiento de esta buena obra ; 

7 á fin de que, siendo, como sois , ricos en todas 
cosas, en fé, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, 
y ademas de eso en el amor que me tenéis , lo seáis 
también en esta especie de gracia. 

8 No lo digo como quien os impone una ley, sino 
para excitaros con el ejemplo de la solicitud de los 
oíros , á dar pruebas de vuestra sincera caridad. 

9 Porque bien sabéis cuál haja sido la liberalidad 
de nuestro Señor Jesu-Christo , el cual siendo rico , 



280 EPÍST. II. DE 5<. PAULO A LOS CORINTHIOS- 

se hizo pobre por vosotros , ú fin de que vosotros fue- 
seis ricos por medio de su pobreza. 

10 y así os doy consejo en esto , como cosa que os 
importa ; puesto que no solo ya lo comenzasteis á ha- 
cer, sino que por vosotros mismos formasteis el desig- 
nio de hacerlo desde el año pasado : 

1 1 pues ahora cumplidlo de hecho , para que así 
como vuestro ánimo es pronto en querer, asi lo sea 
también en ejecutar según las facultades que tenéis. 

12 Porque cuando un hombre tiene gran voluntad 
de dar, Dios la acepta, no exigiendo de él sino lo que 
puede , y no lo que no puede. 

13 Que no se pretende que los otros tengan holgan- 
za, y vosotros estrechez, sino que haya igualdad ; 

14 supliendo al presente vuestra abundancia la ne- 
cesidad de los otros ' ; para que asimismo su abun- 
dancia en bienes espirituales sea también suplemento 
á vuestra indigencia en ellos , de donde resulte igual- 
dad , según está escrito * : 

15 El que recogía mucho maná , no se hallaba con 
mas ; ni con menos de lo necesario , el que recogía 
poco. 

16 Pero gracias á Dios, que ha inspirado en el 
corazón de Tito este mismo zelo mió por vosotros. 



1 \ socorriendo vosotros ahora ú los íieles de Judea , 
i};nalineute os socorrerán ellos, cuando venga algnn año de 
carestía entre vosotros. 

2 Exod. A 17. i\ 18. 



capítulo viií. 281 

1? Pues no solamente se ha movido por mis rue- 
gos, sino que habiéndose movido aun mas por su vo- 
luntad acia vosotros , partió espontáneamente para 
ir á veros. 

18 Os hemos también enviado con él al herma- 
no nuestro ' , que se ha hecho célebre en todas las Igle- 
sias por el Evangelio ; 

19 y el cual, ademas de eso, ha sido escogido 
por las Iglesias para acompañarnos en nuestros via- 
ges , y tomar parte en el cuidado que tenemos de pro- 
curar este socorro á nuestros hermanos por la gloria 
del Señor, y para mostrar nuestra pronta voluntad : 

20 con lo que tiramos á evitar que ninguno nos 
pueda vituperar, con motivo de la administración de 
este caudal. 

21 Pues atendemos á portarnos bien, no solo de- 
lante de Dios , sino también delante de los hombres. 

22 Enviam.os asimismo con estos á otro hermano 
nuestro, á quien hemos experimentado lleno de zclo 
en muchas ocasiones ; y que ahora lo está aun mas 
en la presente , y tengo gran confianza de que le re- 
cibiréis bien. 

23 Lo mismo que á Tito , mi socio y coadjutor en- 
tre vosotros , y á los demás hermanos que le acompa- 
ñan, y son los apóstoles ó enviados de ias Iglesias, y lu 
gloría de Christo ^. 

24 Dadles pues á vista de las Iglesias pruebas pro 



1 San laucas, ó tal vez san ]\Iárco3 

2 Por sus brillantes virtudes. 



28á KPÍST. II. DE S. PABLO A LOS CORliNTHIOS. 

pias de vuestra caridad, y de la razón que leñemos de 
gloriarnos acerca de vosotros. 



CAPITULO IX. 

Pri.s'ujue la misma exhoríasion con nuevas rabones ; en 
las que da el Apóstol algunos avisos sobre la limosna , y 
dice que se debe dar icon gusto, j^ara conseguir el mentó 
de ella. 

1 Porque en orden á la asistencia , ó socorro que se 
dispone á favor de los santos de Jerusalem , para nú es 
por demás el escribiros. 

2 Pues sé bien la prontitud de vuestro ánimo ; de 
la cual me glorío entre los macedonios , didéndolcs 
que la provincia de Acháya ' está ya pronta desde el 
año pasado á hacer esa limosna , y que vuestro ejem- 
plo ha provocado la santa emulación de muchos. 

3 Sin embargo he enviado ahí á esos hermanos , 
á fin de que no en vano me haya gloriado de vosotros 
en esta parte, y para que estéis prevenidos, como yo 
he dicho que estabais; 

4 no sea que cuando vinieren los de Macedonia 
conmigo, hallasen que no teníais recogido nada , y tu- 
viésemos nosotros (por no decir vosotros) que aver- 
gonzarnos por esta causa '\ 



1 Cuya capital es esa ciudad de Corlntlio. 

2 Siempre se j^aua en liablar con agrado á los débiles 
para obligarlos á obrar bien. No hay cosa mas razonable 
cjiíe hacer servir las razones humanas para la obra de Dios. 



CAPÍTULO IX. 283 

5 Por tanto lie juzgado necesario rogar á dichos 
liermanos , que se adelanten , y den orden para que 
esa limosna, de antemano prometida, esté á punto, de 
modo que sea ese un don ofrecido por la caridad, y no 
como arrancado á la avaricia. 

6 Lo que digo es, que quien escasamente siembra, 
cogerá escasamente ; y quien siembra á manos llenas , 
á manos llenas cogerá. 

7 Haga cada cual la oferta conforme lo ha resuelto 
en su corazón , no de mala gana , ó como por fuerza ; 
porque Dios ama al que da con alegría '. 

8 Por lo demás poderoso es Dios para colmaros de 
todo bien ; de suerte que contentos siempre con tener 
en todas las cosas todo lo suficiente , estéis sobrados 
para ejercitar toda especie de buenas obras con vues- 
tros prójimos, 

. 9 según lo que está escrito ^ : La justicia del que á 
manos llenas dio á los pobres, dura por los siglos de 
los siglos. 

10 Porque Dios que provee de simiente al sembra- 
dor, él os dará también pan que comer, y multiplicará 
vuestra sementera ^ , y hará crecer mas y mas los fru- 
tos de vuestra justicia ; 

1 1 para que siendo ricos en todo, ejercitéis con sin- 

San Pablo excitó con ellas el pundonor de muchos que aun 
no eran capaces de motivos muy elevados. 

1 Eccl. XXXV. V. n.-Marc XII v. IS.-Rom. XII 
r. 8 

2 Psalm. CXI. v. 9. 

3 O ¡a simiecte de vuestias limosnas. 



284 EPÍST. II. DE S. PAKLO A LOS CORINTHIUS. 

cera caridad loda suerte de limosnas ' , las cuales nos 
harán Iribular á Dios acciones de gracias. 

12 Porque estas ofrendas que estamos encargados 
de recoger, no solo remedian las necesidades de los 
santos , sino que también contribuyen mucho á la glo- 
ria del Señor por la gran multitud de acciones de gra- 
cias que se le tributan , 

13 pues ios santos recibiendo estas pruebas de vues- 
tra liberalidad por medio de vuestro ministerio, se 
mueven á gloriOcar ii Dios por la sumisión que mos- 
tráis al Evangelio de Jesu-Christo , y por la sincera 
caridad con que dais parte de vuestros bienes , ya á 
ellos , ya á todos los demás , 

14 y con las oraciones que hacen por vosotros , dan 
un buen testimonio del amor que os tienen , á causa 
de la eminente gracia que habéis recibido de Dios. 

15 Sea pues Dios loado por su don inefable. 

CAPÍTULO X. 

Cuiiduda de aan Pablo contrapue.da a la de los faiscs apón- 
loles , loa cuales calumniándole , impedían el fruto de su 
predicación. 

1 Mas yo Pablo, aquel mismo Pablo que, como 
dicen mis enemigos , parezco tan pequeño ó humilde 
estando entre vosotros , pero que ausente soy para con 
vosotros osado ó imperioso, os suplico encarecidamen- 
te por la mansedumbre y modcsiia de Chrislo, 

1 O seáis profusos en todo género de beneticencin. 



CAPÍTULO X. 285 

2 os suplico, diíjo, que hagáis de manera que no me 
vea obligado, cuando esté entre vosotros, á obrar con 
esa osadía que se me atribuye , con respecto á ciertos 
sugetos que se imaginan que procedemos según ia 
carne ó por miras humanas. 

3 Porque aunque vivimos en carne miserable , no 
militamos según la carne. 

4 Pues las armas con que combatimos, no son car- 
nales , sino que son poderosísimas en Dios para derro- 
car fortalezas , destruyendo nosotros con ellas los pro- 
yectos ' ó raciocinios humanos , 

5 y toda altanería de esiiriiu que se engríe con- 
tra la ciencia ó el conocimiento de Dios, y cautivando 
lodo entendimiento á la obediencia de Chrisío, 

6 y teniendo en la mano el poder para vengar toda 
desobediencia , para cuando hubiereis satisfecho á lo 
que la obediencia exige de vuestra parte. 

7 Mirad las cosas á lo menos según se dejan ver '. 
Si alguno se precia de ser de Christo, considere asi- 
mismo para consigo, que así como él es de Christo, 
también lo somos nosotros. 



1 Los sofismas con que los filósofos gentiles atacan la 
doctrina de la fé. Las palabras salidas de un corazón abra- 
sado en zeio por la gloria de Dios, la paciencia, la humil- 
dad, la oración , el sufi ¡miento, etc. , son las armas pro- 
pias de los Pastores de la Iglesia; y Dios les concede uua 
\ irtud y fuerza maravillosas. Masía humildad y blandura 
de un prelado no se opone al justo rigor y firmeza, cuando 
esta es necesaria para nianttuer la disciplina de la Iglesia. 

2 Y" repararéis la diferencia que hay de mi á los falso» 
apóstoles. 



•28a EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS C0R1NTHIÜ6. 

8 Porque , aun cuando yo me gloriase un poco mas 
de !a potestad que el Señor nos dio para vuestra edi- 
ficación , y no para vuestra ruina , no tendré de qué 
avergonzarme. 

9 Pero me abstengo^ .porque no parezca que pre- 
tendo aterraros con mis cartas ; 

10 ya que ellos andan diciendo : Las cartas, si, son 
graves y vehementes ; mas el aspecto de la persona es 
ruin , y despreciable ó tosco su lenguage •. 

1 1 sepa aquel que asi habla , que cuando nos halle- 
mos presentes, obraremos de la misma manera que 
hablamos en nuestras cartas, estando ausentes. 

12 A la verdad no nos atrevemos á ponernos en 
la clase de ciertos sugetos que se ensalzan á si mis- 
mos, ni á compararnos con ellos, sino que nos medi- 
mos por lo que somos, comparándonos con nosotros 
mismos. 

13 Por tanto no nos gloriaremos desmesurada- 
mente , sino á medida de la regla que Dios nos ha 
dado , medida que alcanza hasta vosotros. 

14 Porque no hemos excedido los límites, como 
si no alcanzásemos hasta vosotros ; puesto que hasta 
vosotros hemos llegado predicando el Evangelio de 
Christo •. 

15 Ni nos gloriamos desmesuradamente atribuyén- 
donos las fatigas de otros : esperamos sí , que yendo 



1 V asi estáis deutro del término de nuestra herencia, y 
podemos llamar nuestra á esa Iglesia. 



(APÍTULO XI. 287 

vuestra fé siempre en anmenlo, haremos, sin salir de 
nuestros límiles, mayores progresos entre \osotros, 

16 llevando también el Evangelio á otras parles que 
están mas allá de vosotros, ni nos gloriaremos de aque- 
llo que esté cultivado dentro del término á otros se- 
ñalado. 

17 Por lo demás el que se gloría, gloríese en el 
Señor. 

18 Pues no es aprobado quien se abona á sí mis- 
mo, sino aquel á quien Dios abona 6 alaba. 



CAPITULO XI. 

Prosigue su discurso contra los falsos apóstoles, gloriándose 
d€ que ha ejercido su ministerio sin recibir ningún socorro 
y de los trabajos que ha sufrido. 

1 ¡ Oh si soportaseis por un poco mi indiscreción ' ! 
Mas, sí, soportadme y sufridme ; 

2 ya que soy amante zeloso de vosotros, i/ zeloso en 
nombre de Dios ^. Pues que os tengo desposados con 
este único esposo, que es Christo , para presentaros á 
él como una pura y casta virgen '. 

3 Mas temo, que así como la serpiente engañó á 

1 Porque indiscreción os parecerá á primera vista el ala- 
barme á mi mismo. 

2 V así no puedo mirar con indiferencia que os aficio- 
néis á otro qne áDios. 

3 Explica así el sentido místico de los Cantares de Sa- 
lomón ; y el de la ley del Levítico {XXI. v. 14) sobre la es- 
posa del Sumo pontífice. 



288 EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

Eva con su astucia , así sean maleados vuestros espíri- 
tus, y degeneren de la sencillez propia del diftdpvlo 
de Christo '. 

4 En efecto si el que va á predicaros, os anun- 
ciase otro Christo que el que os hemos predicado, ú 
os hiciese recibir otro espíritu mas perfecto que el que 
habéis recibido , ú otro Evangelio mejor que el que ha" 
beis abrazado ; pudierais con razón sufrirlo y seguirle ^. 

5 Mas yo nada pienso liaber hecho menos que los 
mas grandes apóstoles ^ 

6 Porque dado que yo sea tosco en el hablar, no 
lo soy ciertamente en la ciencia de Christo: en fin 
vosotros nos tenéis bien conocidos en lodo. 

7 ¿ Acaso habré cometido una falla cuando, por 
ensalzaros á vosotros, me he humillado yo mismo, 
predicándoos gratuitamente el Evangelio de Dios? 

8 He despojado, por decirlo asi, á otras Iglesias, 
recibiendo de ellas las asistencias de que necosilaha 
para serviros á vosotros. 

9 Y estando yo en vuestra patria, y necesitado, á 
nadie no obstante fui gravoso ; proveyéndome de lo 
que me faltaba los hermanos venidos de Maccdonia ; 
y en todas ocasiones me guardé de serviros de carga, 
y me guardaré en adelante. 

1 Seducidos con los vanos y capciosos discuisos de esos 
falsos apóstoles, que intentan captar nuestra voluntad. 

2 Y no podría yo quejarme de que me abandonaseis. 

3 No diré que los falsos apóstoles, pero ni que Pedro 
Jnan, Santiago, etc. ; ni que sea inferior mi doctrina á la 
que ellos predican. 



CAPÍTULO XI. 289 

10 Os aseguro por la verdad de Chri&to que está en 
mi, que no tendrá mengua en mí esta gloria en las 
regiones de A chaya. 

11 ¿Y por qué ? ¿ será porque no os amo ? Dios lo 
sabe, y vé mi intenso amor. 

12 Pero yo hago esto, y lo haré todavía, á fin de 
cortar enteramente una ocasión de (/loriarse, á aquellos 
que la buscan con hacer alarde de parecer en todo se- 
mejantes á nosotros, para encontrar en esto un motivo 
de gloriarse. 

13 Pues los tales falsos apóstoles, son operarios en- 
gañosos é hipócritas, que se disfrazan de apóstoles de 
Christo. 

14 Y no es de extrañar ; pues el mismo Satanás se 
trasforma en ángel de luz : 

15 así no es mucho que sus ministros se trasfi- 
guren en ministros de justicia ó de santidad ; mas su 
paradero será conforme á sus obras. 

16 Vuelvo á repetir, (no me tenga ninguno por 
imprudente, ó á lo menos sufridme como si lo fuese, y 
permitidme que me alabe todavía algún tanto) 

17 lo que voy á decir para tomar de ello motivo de 
gloriarme, creed, si queréis, que yo no lo digo según 
Dios, sino que es una especie de imprudencia ó jac- 
tancia mia.. 

18 Mas yaque muchos se glorían según la carne, 
dejad que yo también me gloriaré. 

19 Puesto que siendo como sois prudentes, aguan- 
táis sin pena á los imprudentes. 

20 Porque vosotros aguantáis á quien os reduce á 

ToM. XIV. 25 



291) EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

esclavitud, á quien os devora, á quien toma vuestros 
bienes estajandoos, á quien os trata con altanería, á 
quien os hiere en el rostro ó llena de injurias, 

2 1 Digo esto con confusión mia, pues en este punto 
pasamos por sobrado débiles ó moderados \ Pero en 
cualquiera otra cosa de que alguno presumiere, ^se 
vanagloriare {os parecerá que hablo sin cordura), no 
menos presumo yo. 

22 ¿ Son hebreos ? yo también lo soy. ¿ Son israeli- 
tas ? también yo . ¿ Son del linage de Abraham ? también 
lo soy yo. 

23 ¿Son ministros de Christo ? (aunque me ex- 
pongo á pasar por imprudente) diré que yo lo soy mas 
que ellos, pues me he visto en muchísimos mas traba- 
jos, mas en las cárceles, en azotes sin medida, en ries- 
gos de muerte frecuentemente. 

24 Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes 
menos uno ^. 

25 Tres veces íui azotado con varas, una vez ape- 
dreado, tres veces naufragué, estuve una noche y un 
dia como hundiáo en alta mar á punto de sumergirme, 

26 me he hallado en penosos viages muchas veces, 
en peligros de rios, peligros de ladrones , peligros de 



1 En esa parte sí que confieso que he ílaqueado, según 
su opinión ; pues os he tratado, no como ellos os tratan, si- 
no con afabilidad y humildad. 

2 Alude á la ley del Deuteronoiuio , cap. XXF. r. 3; y 
para no exponerse losjudlos á pasar délos cuarenta, daban 
uuo niúnos. 



CAPÍTULO XI. 291 

los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en 
poblado , peligros en despoblado , peligros en la mar , 
peligros entre falsos hermanos ; 

27 en ioda suerte de trabajos, y miserias, en mu- 
chas Vv^Wii^i y desvelos, en hambre y sed, en muciios 
ayunos, en frió y desnudez : 

28 fuera de estas cosas ó males exteriores, cargan 
sobre mí las ocurrencias de cada dia, por la solicitud 
y cuidado de todas las Iglesias. 

29 ¿ Quién enferma, que no enferme yo con él ? 
¿ quién es escandalizado, 6 cae en pecado, que yo no 
me requeme ? 

30 Si es preciso gloriarse de alguna cosa, me glo- 
riaré de aquellas que son propias de mi flaqueza '. 

31 Dios que es el Padre de nuestro Señor Jesu- 
Christo, y que es para siempre bendito, sabe que no 
miento ni exagero. 

32 Y aun no he dicho que estando en Damasco, el 
gobernador de la provincia por el rey Arétas, tenia 
puestas guardias á la ciudad para prenderme ; 

33 mas por una ventana fui descolgado del muro 
abajo en un serón, y asi escapé de sus manos. 

1 Esto es , en mis penas y sufrimientos , que son las co- 
sas que me hacen mas semejante á JesnChristo. 



292 EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

CAPÍTULO XII. 

En prueba de la verdad y excelencia de su apostolado, refiere 
san Pablo sus visiones y revelaciones ; y concluye mani- 
festando su amor á los corintlúos. 

1 Si es necesario gloriarse, (aunque nada se gana 
en iiacerlo ) yo liaré mención de las visiones y re- 
velaciones del Señor '. 

2 Yo conozco á un hombre que cree en Christo, 
que caforce años há (si en cuerpo , ó fuera del cuerpo 
no lo sé , sábelo Dios) fue arrebatado liasla el tercer 
ciclo ^ 

3 Y sé que el mismo hombre, (si en cuerpo, ó 
fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe) 

4 fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras 
inefables , que no es lícito ó posible á un hombre el 

, proferirlas ó explicarlas. 

5 Hablando de semejante hombre podré gloriar- 
me ; mas en cuanto ú mí , de nada me gloriaré , 
sino de mis flaquezas y penas. 

6 Verdad es que , si quisiese gloriarme , podría 
hacerlo sin ser imprudente, porque diría verdad; 
pero me contengo, á fin de que nadie forme de mi 
persona un concepto superior á aquello que en mí 
vé , ó de mí oye. 



1 Si para confusión de esos falsos apóstoles es preciso 
hablaren alabanza mia, aunque en verdad esto no con- 
viene, diré , etc. 

2 Véase Cielo. 



capítulo xií. 293 

7 Y para que la grandeza de las revelaciones no 
me desvanezca , se me ha dado el estímulo ó agui- 
jón de mi carne, que es como un ángel de Satanás, 
para que me abofetee. 

8 Sobre lo cual por tres veces pedí al Señor que 
le apartase de mí ; 

9 y respondióme : Bástate mi gracia , porque el 
poder mío brilla y consigue su fin por medio de la 
flaqueza*. Así que, con gusto rae gloriaré de mis 
flaquezas ó enfeimedades ^ para que haga morada en 
mí el poder de Christo. 

10 Por cuya causa yo siento satisfacción i/ alegría 
en mis enfermedades , en los ultrajes , en las ne- 
cesidades , en las persecuciones , en las angustias 
en que me veo por amor de Christo ; pues cuando 
estoy débil, entonces con la gracia soy mas fuerte ^. 

11 Casi estoy hecho un mentecato con tanto ala- 
barme; mas vosotros me habéis forzado á serlo ^. 
Porque á vosotros os tocaba el volver por mí , puesto 
que en ninguna cosa he sido inferior á los mas aven- 
tajados apóstoles ; aunque por mi nada soy : 

12 en efecto yo os he dado claras señales de mi 
apostolado con manifestar una paciencia á toda prue- 



1 Brilla mas sosteniendo al hombre en medio de las nías 
•V iolentas tentaciones, 

2 Porque acudo con mas ardor á apoyarme en la gracia 
cié Jesu- Christo. 

3 Por no haber sostenido mi crédito contra esos íkláo» 
apóstoles. 



294 EPiST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

ba , con milagros , con prodigios , y con efectos ex ■ 
Iraordinarios del poder divino. 

13 Y en verdad ¿qué habéis Icnido vosotros de 
menos que las otras Iglesias , sino es que yo no os 
he sido gravoso ' ? Perdonadme ese agravio que os 
he hecho. 

14 Hé ahí que es esta la tercera vez que me dis- 
pongo para ir á veros ; y tampoco os ocasionaré gra- 
vamen. Porque á vosotros os busco yo, no vuestros 
bienes ; atento á que no son los hijos los que deben 
atesorar para los padres , sino los padres para los 
hijos. 

15 Yo por mí gustosísimo expenderé cuanto tengo, 
y aun me entregaré á mí mismo por la salud de 
vuestras almas ; á pesar de podrecerme que cuanto 
mas os quiero , soy menos querido de vosotros. 

16 En hora buena (dirán) ; es verdad que yo 
no os he gravado , pero como soy astuto , os he co- 
gido con dolo '"■. 

17 Mas ¿ acaso por medio de a'guno de mis en- 
viados , os he yo sonsacado algo? 

18 A mis ruegos fue Tito, y con él envié á otro 
hermano. ¿ Por ventura Tito os ha estafado ? ¿ No 
procedimos con el mismo espíritu y desinterés que 
antes? ¿no seguimos las mismas pisadas? 

19 ¿Pensáis que aun ahora, al decir esto, sea 

1 Ni aun exigiendo 'tan siquiera que me alimentaseis. 

2 O ardid, enviándoos mis discípulos i)aia recoger li- 
mosnas. 



CAPÍTULO XIII. 295 

nuestro designio juslificarnos delante de vosotros? 
Delante de Dios hablamos y según el Espíritu de 
Christo ; y todo cuanto os decimos , carísimos , lo 
decimos para edificación Tucstra. 

20 Lo que temo que suceda es, que cuando vaya 
yo á veros, no os halle tales como yo quiero; y á mí 
me veáis cual no queréis ' ; que por desgracia haya 
quizá entre vosotros contiendas, envidias, animosida- 
des , discordias , detracciones , chismes , hinchazones , 
sediciones y bandos ; 

21 y no sea que cuando yo vaya, me humille de 
nuevo Dios entre vosotros ; y tenga que llorar casti- 
gando á muchos de los que antes pecaron , y todavía 
no han hecho penitencia de la impureza , y fornica- 
ción , y deshonestidad en que han vivido. 



CAPITULO xm. 

Amenaza el Apóstol con graves castigos á los que no se 
hubieren enmendado ; ij concluye con una exhortación 
general. 

1 Mirad que por tercera vez voy á visitaros : por el 
dicho de dos ó tres testigos , co77io dice la Ley ^ , se 
decidirá todo. 

2 Ya lo dije antes estando presente , y lo vuelvo á 



1 Esto es , obligado á echar mano del rigor, 

2 Dcut. XIX V. \b.~Mal(h. XVIII v. 16, 



296 EPIST. II. DE S. PABLO A LOS CORINTHIOS. 

decir ahora ausente : que si voy otra vez, no perdona- 
ré á los que antes pecaron ' , ni á todos los demás ^. 

3 ¿ O queréis acaso hacer prueba del poder de 
JesM-Christo, que habla por mi boca, y del cual ya 
sabéis que no ha mostrado entre vosotros flaqueza , 
sino poder y virtud? 

4 Porque si bien fue crucificado, como flaco según 
la carne, no obstante vive aliora por la virtud de 
Dios. Así también nosotros somos flacos con él ; pero 
estaremos también vivos con él por la virtud de Dios, 
que haremos brillar entre vosotros. 

5 Examinaos á vosotros mismos para ver si mante- 
néis la fé : haced prueba de vosotros. ¿ Por ventura 
no conocéis en vosotros mismos * que Christo Jesús 
está en vosotros? á no ser que quizá hayáis decaído 
de lo que antes erais. 

6 Blas yo espero que reconoceréis , que por lo que 
loca á nosotros no hemos decaído de lo que éramos. 

7 Y rogamos á Dios que no cometáis mal ninguno, 
y no al contrario que nosotros aparezcamos ser lo que 
somos con la ostensioii de nuestro poder^ sino que 
obréis bien ; aun cuando parezcamos nosotros haber 
decaído de lo que somos *. 



1 Aates de mi primera carta, 

2 Que pecaron después de haberla escrito. 

3 Por las buenas obras que hacéis, y los prodigios que 
' obráis en su nombre. 

4 O no podamos hacer uso de! poder apobtólico para 
castigar. 



CAPÍTULO xni. 297 

8 Porque nada podemos contra la verdad y justicia, 
sino que todo nuesiro poder es á favor de la verdad. 

9 Así es que nos gozamos de que estéis fuertes eyi la 
virtud, y que nosotros parezcamos flacos ó sin poder. 
Y pedimos igualmente á Dios que os haga perfectos. 

10 Por tanto os escribo estas cosas estando ausente, 
á Qn de que presente, no haya de proceder con rigor, 
usando de la potestad que Dios me ha dado, la cual 
es para ediñcacion , y no para ruina ó destrucción. 

11 Por lo demás, hermanos, estad alegres ' , sed 
perfectos , exhortaos los unos á los otros , reunios en 
un mismo espíritu y corazón , vivid en paz , y el Dios 
de la paz , y de la caridad será con vosotros. 

12 Saludaos recíprocamente con el ósculo santo. 
Todos los santos ó Jicles os saludan. 

13 La gracia de nuestro Señor Jesu-Christo y la 
caridad de Dios Padre, y la participación del Espíritu 
santo sea con todos vosotros. Amen. 



1 La palabra del texto griego XítZ/síTS , equivale á h 
expresión latina Bene válele , en castellano, Dios os guar- 
de \ pasadlo bien. 



FJN DE LA EPiSTOLA SEGUNDA DE SAN PABÍX> 
A LOS CORINTHIOS. 



LA 

SAGRADA BIBLIA, 

NUEVAMENTE TRADUCIDA AL ESPAÑOL , 

É ILUSTRADA CON NOTAS 
POR 

DO\ FÉLIX TORRES AMAT. 

KDICION REIMPRESA DE LA SEGUNDA DE MADRID. 

TOMO XV. 

LAS ONCE EPÍSTOLAS ÜLTLMAS DE S. PABLO, 

LAS DE SANTIAGO , S. PEDRO , 

S. JUAN , S. JUDAS Y EL APOCALYPSL 




Px^IS, 

LIBRERÍA DE LOS SS. D. VICENTE SALVA ¿ HIJO. 
CALLE DE LILLE. N". 4. 

183»). 



Imprenta de í. Smilb, calle de Moutmorency, n. 10. 



EPÍSTOLA 

DEL APÓSTOL S. PABLO 

Á LOS GÁLATAS. 



CAPITULO PRIMERO. 

Reprende á los gálaías por haber dado oidos á unos falsos 
apóstoles, abandonando la doctrina que les habia ense- 
ñado, y que recibió él de Jesu-Chri^to. Refiere lo que 
el era antes y después de su conversión. 

1 Pablo, constituido apóstol no por los hombres ni 
por la autoridad de hombre alguno ', sino por Jesu- 
Christo , y por Dios su Padre , que le resucitó de en- 
tre los muertos; 

2 y todos los hermanos que conmigo están , á las 
Iglesias de Galacia. 

3 Gracia á vosotros, y paz de parte de Dios Pa- 
dre , y de Jesu-Christo nuestro Señor, 

4 el cual se dio á sí mismo ú la muerte por nues- 
tros pecados, para sacarnos de la corrupción de este 
mundo, conforme á la voluntad de Dios, y Padre 
nuestro, 

1 Como dicen vuestros nuevos maestros. 



4 EPIST. DE S. PABLO A LOS CALATAS. 

5 cuya es la gloria por los siglos de los siglos. 
Amen '. 

6 Me maravillo como así tan de ligero abandonáis 
al que os llamó á la gracia de Jesw-Christo, para se- 
guir otro Evangelio ; 

7 mas no es que haya otro Evangelio , sino que hay 
algunos, que os traen alborotados, y quieren trastor- 
nar el Evangelio de Christo "". 

8 Pero aun cuando nosotros mismos, ó un ángel 
del cielo, si posible fuese^ os predique un Evangelio 
diferente del que nosotros os hemos anunciado , sea 
anathema '. 

9 Os lo he dicho ¿/a , y os lo repito : cualquiera 
que os anuncie un Evangelio diferente del que babeis 
recibido, sea anathema. 

10 Porque en fin ¿busco yo ahora la aprobación 
de los hombres, ó de Dios ? ¿ Por ventura pretendo 
agradar á los hombres ? Si todavía prosiguiese com- 
placiendo á los hombres * , no seria yo siervo de 
Christo. 

11 Porque os hago saber, hermanos, que el Evan- 

1 Unamos nuestro corazón con el de S. Pabloj y eleván- 
dole acia Dios amoroso, criador y redentor nuestro, pro- 
rnmpamos muchas veces en un Amen de adoración, de ala- 
banza, de acción de gracias y de un ardiente deseo de que 
Dios sea gloriñcado por sus misericordias. 

2 Ofuscando su pureza con falsas doctrinas, y soste- 
niendo con vigor las ceremonias legales. 

3 Maldito sea, y de todos execrado. 

4 Esto es, á los principales de mi nación. 



ADVERTENCIA 



LA EPÍSTOLA DE S. PABLO A LOS GaLATAS. 



Los pueblos de Galacia, provincia del Asia 
menor, liahian sido convertidos ci la fé por 
san Pablo ; mas después muchos fieles se ha- 
hian dejado seducir por unos falsos apóstoles 
que les predicaban que la fé de Jesu-Christo 
no los salvaría, si no se hadan circuncidar, 
y no se sometian á todas las demás observan- 
cias de la Ley de Moysés, Estos doctores ju- 
daizantes procuraban desacreditar al Após- 
tol en el concepto de los gdlatas, diciendo que 
ni había sido instruido, ni enviado por Jesu-- 
Christo ; y que la doctrina era diferente de 
la de los demás apóstoles. Establece pues 
desde el principio de esta carta la verdad de 
su apostolado, y la certeza de su doctrina, 
que aprendió del mismo Jesu-Christo: prue" 



t ADVERTENCIA. 

ba en seguida la inutilidad de las ceremonias 
legales para lajustijícacion, y finalmente da 
á los gálatas algunos avisos para el arreglo 
de costumbres. 



CAPITULO I. 5 

gelio que yo os he predicado, no es una cosa hu- 
mana ; 

12 pues no le he recibido, ni aprendido yo de al- 
gún hombre , sino por revelación de Jesu-Christo. 

13 Perqué bien habéis oido decir el modo con que 
en otro tiempo vivia yo en el judaismo ; con qué exce- 
so de furor perseguia la Iglesia de Dios, y la desolaba, 

14 y me señalaba en el judaismo mas que muchos 
coetáneos mios de mi nación , siendo en extremo ze- 
loso de las tradiciones de mis padres '. 

15 Blas cuando plugo á aquel Señor, queme des- 
tinó ^ separó desde el vientre de mi madre , y me lla- 
mó con su gracia, 

16 el revelarme á su Hijo, para que yo le predi- 
case á las naciones , lo hice al punto sin tomar consejo 
de la carne ni de la sangre , 

17 ni pasar á Jerusalem en busca de los apóstoles 
anteriores á mí ^ ; sino que me fui luego á la Arabia ^, 
de donde volví otra vez á Damasco : 

18 de allí á tres años fui á Jerusalem para visitar á 
Pedro, y estuve con él quince dias ; 

1 El empeño contraído ya con los ruidosos procedimien- 
tos anteriores; la consideración que lograba en el partido 
de los Fariseos^ que era entonces muy poderoso ; una falsa 
ilustración y un falso zelo, hé aquí los obstáculos que de- 
tenidn á sao Pablo en el error. 

"2 Para recibir de ellos el apostolado, y el Evangelio que 
debía anunciar. 

3 A predicar á Jesu-Christo, según la orden que liabia 
recibido del mismo Dios. 



6 EPÍST. DE S. PABLO A LOS CALATAS. 

19 y no vi á otro alguno de los apóstoles, sino á 
Santiago , el primo hermano del Señor. 

20 De todo esto que os escribo , pongo á Dios por 
testigo que no miento. 

21 Desde allí fui á los países de Syria , y de Cili- 
cia. 

22 Hasta entonces no me conocian de vista las 
Iglesias de Christo que habia en la Judea ; 

23 solamente habían oído decir: Aquel que antes 
nos perseguía , ahora predica la fé, que en otro tiem- 
po impugnaba: 

24 y glorificaban á Dios por causa de mi conver- 
sión. 

CAPITULO II. 

San Pablo predica con libertad contra los falsos apóstoles, 
y contra los judaizantes. Resistencia que hizo á Céphas 
en AntiocJua sobre las ceremonias legales. Nadie es justi- 
ficado sino por lafé en Jesu-Christo. 

1 Catorce años después volví á Jerusalem con Ber- 
nabé , llevando también conmigo á Tilo. 

2 Este viage le hice movido de una revelación ; y 
conferí con los fieles de allí el Evangelio, que predico 
entre las naciones, en particular con los mas autori- 
zados, por no seguir quizá mi carrera sin fruto , ó ha- 
berla seguido en vano '. 

1 Puesto que mis émulos andaban diciendo que yo pre- 
dicaba iin Evangelio contrario al de los demás apóstoles, 
enseñando qne no eran necesarias las ceremonias legales 



CAPÍTULO II. 7 

3 Mas lii aun Tito, que me acompañaba, con ser 
gentil, fue obligado á ciicuncidarse; 

4 ni aun por miramiento á aquellos falsos herma- 
nos, que furtivamente se metieron á espiar la liber- 
tad , con que procedemos en Christo Jesús, á. fin de 
reducirnos á la servidumbre de la Ley antigua. 

5 A los cuales ni por un momento quisimos ceder 
ni sujetarnos, para que la verdad del Evangelio se 
mantenga Jirme entre vosotros : 

6 en cuanto á los que parecian ser los mas distin- 
guidos , (nada me importa lo que hayan sido en otro 
tiempo: en Dios no hay acepción de personas) aque- 
llos, digo , que parecian ser los mas autorizados, nada 
me enseñaron de nuevo. 

7 Antes al contrario habiendo reconocido ' que á 
mí se me habia confiado por Dios el evangelizar á los 
incircuncisos, asi como á Pedro á los circuncisos ; 

8 (pues quien dio eficacia á Pedro para el aposto- 
lado entre los circuncisos, me la dio también á mí 
para entre los gentiles) 

9 habiendo, digo, conocido Santiago, Céphas y 
Juan, que eran reputados como columnas de la Igle- 
sia, la gracia que se me habia dado , nos dieron las 
manos, en señal de convenio, á mí , y á Bernabé; 
para que nosoV'OS predicásemos á los gentiles, y ellos 
á los circuncidados : 

10 solamente nos recomendaron que tuviésemos 

1 Por los grandes efectos de mi predicación entre los 
gentiles. 



B Kl'lST. DE S. PABLO A LOS «lA LATAS. 

présenles á los pobres de la Jadea; cosa qiie he pro- 
curado hacer con esmero. 

— 11 Y cuando vino después Céphas ó Pedro á An- 
tiochia, le hice resistencia cara á cava, por ser digno 
de reprensión. 

12 Pues antes que llegasen ciertos sogetos de parte 
de Santiago , comia con los gentiles ' ; mas llegados 
que fueron , empezó á recatarse y separarse , por te- 
mor de aquellos circuncisos. 

13 Y los demás judies se conformaron con su porte 
disimulada, por manera que aun Bernabé fue indu- 
cido por ellos á usar de la misma simulación ^. 

1 Sin hacer distinción de viandas. 

2 Erraba Pedro, pero no en la doctrina, pues es claro 
que pensaba y creia, como Pablo, que no era necesaria la 
observancia de las ceremonias de la l^ey de Moysés ; sino 
que erraba en tener con los judíos una condescendencia 
que era perjudicial; porque absteniéndose de comer con 
los cristianos convertidos del gentilismo, daba á los judíos 
nuevo pretexto de querer obligar á todos los fieles, á U 
observancia de la Ley de Moysés. Y asi Pedro, aunque 
con buen fin , ofendía con su porte la verdad del Evan- 
gelio. — Es bellísima la reflexión que sobre este pasage hace 
san Agustín FJp. XXIX. ad Hieran. Lo que hizo útil- 
mente Pablo con la libertad de la caridad, fue recibido 
por Pedro con santa, benigna y piadosa humildad; y en 
este caso, mas raro es y mas santo el ejemplo que dejó 
Pedro á los succesores de no desdeñarse de ser corregi- 
dos por los inferiores ( en caso de separarse del recto ca- 
mino), que el ejemplo que dio Pablo á los inferiores de re- 
sistir, salva la caridad fraternal, á los mayores para soste< 
ner la verdad evangélica. Pues mas digno de admiración y 



CAPÍTULO II. 9 

14 Pero yo, vislo que no andaban derechamenle 
conforme ú la verdad del Evangelio, dije á Céphas en 
presencia de todos : Si tú, con ser judio, vives como 
los gentiles , y no como los judíos , ¿ cómo con tu ejem - 
pío fuerzas á los gentiles á judaizar? 

15 Nosotros somos de naturaleza judíos, y no de 
canta de gentiles pecadores ó idólatras. 

16 Sin embargo sabiendo que no se justifica el hom- 
bre por las obras solas de la Ley , sino por la fé de 
Jesu-Chrislo, por eso creemos en Christo Jesús, á fin 
de ser justificados por la fé de Christo, y no por las 
obras de la Ley ; por cuanto ningún mortal será justi- 
ficado por las obras de la Ley. 

17 Y si queriendo ser justificados en Christo, ve- 
nimos á ser también nosotros pecadores por no obser- 
var la antigua Ley, ¿ no se dirá entonces que Christo 
es ministro y causa del pecado? En ninguna manera 
puede jamás serlo. 

13 Mas si yo vuelvo á edificar lo mismo que he 
destruido como inútil ' , me convenzo á mí mismo de 
prevaricador. 

10 Pero la verdad es que yo estoy muerto á la Ley 
antigua , por lo que me enseña la Ley misma ^ ; á fin 



alabanza es escuchar de buena gana al que corrige, que 
corregir al que yerra. Pablo, pues, tiene la alabanza de una 
justa libortad ; Pedro la de una santa humildad, S. Aug. 
Ep. LXXXÍL n. ^27. 

1 Abrazando las ceremonias que he dicho ser inútiles. 

2 Anunciando la nueva ley que había de establecer el 
Mesías. 



10 EPÍST. DE S. PABLO A LOS (ULATAS. 

de vivir para Dios: esloy clavado en la cruz junta - 
mente con Christo. 

20 Y yo vivo ahora, ó mas bien no soy yo el que 
vivo, sino que Christo vive en mi. Así la vida que vivo 
ahora en esta carne, la vivo en la fé del Hijo de Dios, 
el cual me amó , y se entregó á sí mismo á la muerte 
por mí ^ 

21 No desecho esta gracia ó merced de Dios ^ Por- 
que si por la Ley antigua se obtiene la justicia , luego 
en balde Christo murió. 



CAPITULO II!. 

Ni antes ni después de la Ley escrilapiido haber justificación 
de hombre sino por la fe' viva en Jesu- Christo. 

1 ¡ Oh gálatas insensatos ! ¿ quién os ha fascinado 
ó hechizado para desobedecer asi á la verdad ? voso- 
tros , ante cuyos ojos ha sido ya representado Jesu- 
Christo como crucificado en vosotros mismos '. 

2 Una sola cosa deseo saber de vosotros : ¿ habéis 
recibido al Espíritu santo por las obras de la Ley, ó 
por la obediencia á la fé que se os ha predicado ? 



1 Para darme la vida de la gracia. 

2 Y así no iré á buscar la sautificacion en las ceremo- 
nias de la Ley antigua, que no pueden causarla , sino en 
lafé. 

3 ¿ Para libraros del yugo del pecado y de la Ley antigua? 



( AFITULO IIÍ. I i 

3 ¿ Tan necios sois , que habiendo comenzado por 
el espíritu, ahora vengáis á parar en la carne ' ? 

4 Tanto como habéis sufrido por Jesu-Christo, 
¿ será en vano? Pero yo espero en Dios que al cabo no 
ha de ser en vano. 

b Ahora pues aquel que os comunica el Espíritu 
sofito, y obra milagros entre vosotros, ¿lo hace por 
virtud de obras de la Ley, ó por la fé que habéis oido 
predicar? 

6 Ciertanmtte que por lafé, según está escrito: 
Creyó Abraham á Dios, y su fé se le reputó por jus- 
ticia *. 

7 Reconoced pues , que los que abrazan la fé , esos 
son los verdaderos hijos de Abraham '. 

8 Así es que Dios en la Escritura * , previendo que 
habia de justificar á los gentiles por medio de la fé , 
lo anunció de antemano á Abraham diciendo : En tí ^ 
serán benditas todas las gentes. 

9 Luego los que tienen fé, esos son benditos con ei 
fiel Abraham. 

10 En lugar de que todos los que se apoyan en las 
obras de la Ley, están sujetos á maldición. Pues está 



i ¿ O en las ceremonias carnales de la Ley ? 

2 Gen. XV. v. Q—Rom. IV. v. 3. Ebto es, la viva fé 
que tuvo en la promesa de que el Salvador habia de nacer 
de su descendencia. 

o Aunque no desciendan de él según la carne. 

4 Gen. XH v. 3. — Ezech. XLIV. v. 20. 

5 Esto es, en el Mesías que nacerá de tí. 



12 EPÍST. DE S. PaüLO a bOS CALATAS. 

escrilo : Maldito es cualquiera que no observare cons- 
lanlemente lodo lo que está escrilo en el libro de la 
Ley '. 

1 1 Por lo demás , el que nadie se justifica delante 
de Dios por la Ley, está claro ; porque el justo vive 
por la fé ^. 

12 La Ley empero no tiene el ser ó no se deriva de 
la fé; solo si, el que la cumpliere, vivirá en ella '. 

13 Jpsií-Christo nos redimió de la maldición de la 
Ley, habiéndose hecho por nosotros objeto de maldi- 
ción , pues esíá escrilo ''' : Maldito lodo aquel que es 
colgado en un madero * ; 

11 y lodo esto, para que la bendición de Abraham 
cupiese á los gentiles por Jesn-Chrislo , á fin de que 
así por medio de la fé recibiésemos la promesa del 
Espíritu sanio ^. 

— 15 Hermanos mios, (me serviré del ejemplo de 
una cosa humana i/ ordinaria) después que un hom- 
bre ha otorgado en debida forma un testamento, na- 
die puede ni anularle, ni alterarle. 

16 Las promesas se hicieron á Abraham , y al des- 



1 Drut XX rn. 7 26 

2 Hahac. II. r. 4. — Rim. I, v. 17. 

3 Lecil. XVIIl. V. 5. Para cumplirla es necesaria la fé 
en Jesa Christo; y asi los que no creen en él, están bajo la 
maldición . pues no observan la lif y. 

^'fíeut.XXL V. 23. 

5 Piies por sus maldades le habrán puesto allí. 

tí O la abundancia de sus dones v gracia. 



CAPÍTULO Itl. 13 

cendíenle de él. No dice : Y á los descendientes, como 
si fuesen muchos, sino como uno precisamente : Y al 
descendiente de ti , el cual es Christo. 

1 7 Lo que quiero pues decir es , que habiendo he- 
cho Dios una alianza con Abraham en debida forma , 
la ley dada cuatrocientos y treinta años después , no ha 
podido anularla, ni invalidar la promesa '. 

18 Porque si la herencia esta de bendiciones espi- 
rituales se nos da por la Ley, ya no es por la promesa. 
Y Dios hizo por medio de la promesa la donación á 
Abraham. 

19 Pues ¿de qué ha servido, diréis, la Ley? Pú- 
sose por /reno de las trasgresiones *, hasta que viniese 
el descendiente de Abraham , á quien se hizo la pro- 
mesa, siendo dicha Ley dada por mano de los ánge- 
les, por medio del medianero Moysés '. 

20 No hay empero mediador de uno solo ^ ; y Dios, 
al hacerla promesa á Abraham, es uno \ 



1 Subsiste pnes la promesa hecha á Abraham de comu- 
nicarnos las bendiciones de la gracia por medio de la fé en 
Jesu-Christo. 

2 Para demostración de la necesidad de la gracia ; á fin 
de qne, en vista de su flaqueza, clamasen los hombres á 
Dios por la gracia medicinal. Rom. Vil. v. 13. 

3 DeuiiXXXni. V. 2.—'Act. VIL 1.38. 

4 Lo fae Moysés entre Dios y el pueblo ; y por no cuuj- 
plir este la Ley, ó los pactos con Dios, era de ver que la 
Ley antigua debia acabarse. 

5 Para la promesa no hubo mediador ninguno; y así el 
rutnpiimiento de la promesa es infalible, por no depender 
)na.<5 que de Dios. 



14 EPÍST. DE S. PAULO A LOS CALATAS. 

21 Luego (replicaréis) ¿ la Ley es contra las pro- 
mesas de Dios ' ? No por cierto. Porque si se hubiese 
dado una Ley, que pudiese vivificar ó justificar, la jus- 
ticia ó santidad, provendría realmente de la Ley, 1/ 
no de la Je ^. 

22 Mas la Ley escrita dejó sujetos á todos al pe- 
cado, para que la promesa se cumpliese á los creyen- 
tes por la fé en Jesu-Christo. 

23 Así antes del tiempo de la fé , estábamos como 
encerrados bajo la custodia de la Ley ' hasta recibir 
la fé , que habla de ser revelada. 

24 Por manera que la Ley fue nuestro ayo que 
nos condujo á Christo por medio de los sacrijicios y 
ceremonias, para ser justificados por la fé en él. 

25 i\Ias venida la fé , ya no estamos sujetos al ayo. 
2« Porque todos sois hijos de Dios por la fé en Je- 
su-Christo. 

27 Pues todos los que habéis sido bautizados en 
Christo, estáis revestidos de Christo '', 



1 Puesto que no eran por ella benditos los hijos de Abra- 
liam. 

2 Y entonces hubiera sido superfina la promesa de jus- 
tificar por la fé. 

3 Como siervos sujetos á la Ley, solo por el temor del 
castigo nos absteníamos del mal. Y así la Ley hacia para 
con nosotros, débiles y niños en la ciencia de Dios, el oficio 
de un pedagogo, y de un maestro severo, que nos condu- 
cía á Christo, 

4 Y despojados del hombre viejo, ó de vuestros vicios, 
estáis estrechamente unidos con el, 



CAPÍTULO IV. 15 

28 Y ya no hay distinción de judío, ni griego; ni 
de siervo , ni libre; ni tampoco de hombre, ni muger. 
Porque todos vosotros sois una cosa en Jesu-Christo '. 

29 Y siendo vosotros miembros de Chrislo, sois por 
consiguiente hijos de Abraham , y los herederos según 
la promesa ^. 



CAPÍTULO IV. 



Compara la Ley antigua con un tutor, y á los judíos con 
un pupilo : dice que Quisto puso ya a los hombres en li- 
bertad. Después de varias expresiones de sentimiento 
amoroso, prueba por la Escritura misma, cuando habla 
de Isaac c' Ismae'l, que la Ley escrita no puede hacer liga 
con la ley de gracia. 

1 Digo además , que mientras el heredero es niño , 
en nada se diferencia de un siervo , no obstante ser 
dueño de todo; 

•2 sino que está bajo la potestad de los tutores y 
curadores , hasta el tiempo señalado por su padre : 

3 así nosotros cuando éramos todavía niños , está- 
bamos servilmente sujetos á las primeras y mas gro- 
seras instrucciones que se dieron al mundo. 

4 Mas cumplido que fue el tiempo, envió Dios á 
su Hijo, formado de una muger , y sujeto á la Ley ^ 



2 Un cuerpo unido á su cabeza. Rom. XIL v. 5, 

2 Sin necesitar ya para nada las ceremonias de la Ley. 

3 Véase Ley. 



16 EPÍST. DE S. PAULO A LOS CALATAS. 

5 para redimir á los que estaban debajo de la Ley , 
y á fin de que recibiésemos la adopción de hijos. 

6 y por cuanto vosotros sois hijos , envió Dios á 
vuestros corazones el Espíritu de su Hijo , el cual nos 
hace clamar : Abba , esto es, Padre mió. 

7 y así ninguno de vosotros es ya siervo, sino hijo. 
Y siendo hijo, es también heredero deDiospoj- Christo. 

8 Verdad es que cuando no conocíais á Dios , ser- 
víais á los que realmente no son dioses. 

9 Pero ahora habiendo conocido á Dios , o por me- 
jor decir, habiendo sido de Dios amados y conocidos , 
¿ cómo tornáis otra vez á esas observancias legales , 
que son sin vigor ni suficiencia , queriendo sujetaros 
nuevamente á ellas ' ? 

10 Observáis todavía los ritos de ios dias . y meses , 
y tiempos , y años ^. 

11 Temóme de vosotros, no hayan sido mutiles 
entre vosotros mis trabajos. 

12 Sed como yo, ya que yo he sido como vosotros ' : 
¡ oh hermanos mios! os lo ruego encarecidamente : á 
mí en nada me habéis agraviado. 

13 Al cordrario bien sabéis que cuando tiempo há 
os prediqué el Evangelio , lo hice entre las persecu- 
ciones y aflicciones de la carne ^ ; y en tal estado de 



1 Heh. VII. v.lS. 

2 Esto es, los sábados, las lunas nuevas, y otras fiestas 
í\e los judíos. 

•i Zeloso observador he sido también de las ceremonia.'» 
líbales, hasta que por la fé he quedado lihre, 
4 //. Cor. XII. V.7. 



capítulo IV. 17 

mi carne ó de humillación mia , que os era materia de 
tentación , 

14 no me despreciasteis, ni desechasteis; antes 
bien me recibisteis como á un ángel de Dios , como 
al mismo Jesu-Christo. 

15 ¿Dónde está pues ahora aquella felicidad en 
que os gozabais? Porque yo puedo testificar de voso- 
tros, que entonces estabais prontos, si posible fuera, 
á sacaros los ojos , para dármelos á mi. 

16 Con que por deciros la verdad, ¿me he hecho 
enemigo vuestro? 

17 Esos/rt?sos apóstoles procuran estrecharse con 
vosotros ; mas no es con buen fin , sino que pretenden 
separaros de nosotros , para que los sigáis á ellos. 

18 Sed pues zelosos amantes del bien con un fin 
recto , en todo tiempo ; y no solo cuando me hallo yo 
presente entre vosotros. 

19 Mijitos mios , por quienes segunda vez padezco 
dolores de parto , hasta formar enteramente á Christo 
en vosotros; 

20 quisiera estar ahora con vosotros , y diversificar 
mi voz según vuestras necesidades ; porque me tenéis 
perplejo sobre el modo con que debo hablaros. 

21 Decidme, os mego, los que queréis estar su- 
jetos á la Ley antigua , ¿ no habéis leido lo que dice 
la Ley ? 

22 Porque escrito está ' : Que Abraham tuvo dos 



I Gen. XVI. v. 15. — XYi. v. 2. 



18 EPiST. DE S. PABLO A LOS GALATAS. 

hijos , uno de la esclava Agar , y otro de la libre (^iir 
era Sara. 

23 Mas el de la esclava nació según la carne ó 
naturalmente ; al contrario el hijo de la Ubre ' nació 
nu'la(jrosamente y en virtud de la promesa : 

•24 todo lo cual fue dicho por alegoría. Porque estas 
dos madres son las dos Ici/es ó testamentos. La una 
dada en el monte Sina que engendra esclavos, la cual 
es simbolizada en Agar ; 

25 porque el Sina es un monte de la Arabia , que 
corresponde á la Jerusalem de aquí bajo, la cual es es- 
clava con sus hijos. 

26 Mas aquella Jerusalem de arriba ^figurada en 
Sara, es libre ; la cual es madre de todos nosotros. 

27 Porque escrito está ^ : Alégrate,^ estéril, que no 
pares : prorumpe en gritos de júbilo tuque no eres fe- 
cunda ; porque son muchos mas los hijos de la que ya 
estaba abandonada por estéril , que los de la que tiene 
marido. 

28 Nosotros pues , hermanos, somos los hijos déla 
promesa, figurados en Isaac. 

29 Mas así como entóneos el que había nacido se- 
gún la carne , perseguía al nacido según el espíritu , 
así sucede también ahora. 

30 Pero ¿qué dice la Escritura "*? Echa fuera ala 



1 Que ya era muger anciana y estéril. 

2 O la Iglesia de Jesu-Clnisto, toda divina y celestidl. 

:í Is. Liv.v.i. 

4 Gm. XXL V. K). 



CAPÍTULO V. 19 

esclava y á su hijo ; que no hade ser heredero el hijo 
de la esclava con el hijo de la libre. 

31 Según esto, hermanos, nosotros no somos hijos 
de la esclava, sino de la libre ; y Jesu-Christoes el que 
nos ha adquirido esta libertad. 



CAPITULO V. 

Daños de las ohseri'nncias legales, y bienes de h fé de 
Jesu-Chrisío. Cuáles sean los verdaderos ejercicios del 
crisliano. 

1 Manteneos firmes , y no dejéis que os opriman de 
nuevo con el yugo de la servidumbre de la Ley an- 
tigua. 

2 Mirad que os declaro yo Pablo , que si os hacéis 
(ircuncidar, Christo de nada os aprovechará. 

3 Ademas declaro á todo hombre , que se hace cir- 
cuncidar , que queda obligado á observar toda la Ley 
por entero. 

4 No tenéis ya parte ninguna con Christo , los que 
buscáis la justificación en la Ley : habéis perdido la 
gracia. 

5 Pues nosotros solamente en virtud de la fé , es- 
peramos recibir del espíritu la verdadera justicia ó 
santidad '. 

6 Porque para con Jesu-Christo nada importa el 



1 Que vanamente buscáis vosotros en las ceremonias de 
la Ley. 



20 EPÍST. DE S. PABLO A LOS GALATA.S. 

ser circunciso , ó incircunciso ; sino la fé , que obra 
animada de la caridad. 

7 Vosotros habíais comenzado bien vuestra carrera : 
I quién os ha estorbado de obedecer á la verdad ' ? 

8 Persuasión semejante no es ciertamente de aquel 
que os ha llamado á la fé. 

9 Un poco de levadura hace fermentar toda la 
masa ^. 

10 Yo confío no obstante de vosotros en el Señor , 
que no tendréis otros sentimientos que los mios ; pero 
el que os anda inquietando , quien quiera que sea , 
llevará el castigo merecido. 

11 En cuanto á mí , hermanos , si yo predico aun 
la circuncisión ^ , ¿por qué soy todavía perseguido ? 
Según eso acabóse el escándalo de la cruz que causo á 
los judíos ^. 

12 ¡ Ojalá fuesen, no digo circuncidados , «mo cor- 
tados ó separados de entre vosotros los que os per- 
turban ! 

13 Porque vosotros , hermanos míos , sois llamados 
á un estado de libertad : cuidad solamente que esta 
libertad no os sirva de ocasión para vivir según la car- 
ne ; pero sed siervos unos de otros por un amor espi- 
ritual. 



1 ¿ O el coutiniiar el buen camino que seguíais? 

2 Asi ese solo error de la necesidad de la circuncisión 
corromperá toda vuestra fé. 

3 Como fingen esos falsos apóstoles. 

4 Puesto que los judíos me persiguen , y se escandalizan, 
porque enseño que es inútil la circuncisión. 



CAPITULO V. 21 

1 4 Como quiera que toda la Ley en este precepto 
se encierra : Amarás á tu prójimo como á ti mismo. 

15 Que si unos á otros os mordéis, y roéis, mi- 
rad no os destruyáis ios unos á los otros. 

16 Digo pues en suma : proceded según el Espíritu 
de Dios , y no satisfaréis los apetitos de la carne. 

17 Porque la carne tiene deseos contrarios á los del 
espíritu, y el espíritu los tiene contrarios á los de la 
carne ; como que son cosas entre sí opuestas ; por cuyo 
motivo no hacéis vosotros todo aquello que queréis. 

18 Que si vosotros * sois conducidos por el espí- 
ritu, no estáis sujetos á la Ley, 

19 Bien manifiestas son las obras de la carne; las 
cuales son adulterio, fornicación ^, deshonestidad, 
lujuria, 

20 culto de ídolos, hechicerías, enemistades, pleitos, 
zelos, enojos, riñas, disensiones, heregías, 

21 envidias, homicidios, embriagueces, glotonerías, 
y cosas semejantes ; sobre las cuales os prevengo, como 



1 A pesar de esta resistencia de la carne. 

2 En el griego se lee ['TíopvÚA, nombre que significa las 
uniones carnales fuera delmatrinaonio, y los nifitrimonios 
ilegítimos; la tercera vos es ¿•¡Let^ufvía., que la Vulgata tra- 
duce immundilia, cuya significación si bien según el griego 
es bastante general , aquí parece contraída á los actos con- 
tra naturaleza; y la cuarta voz a.jsKyiiv. significa todo gé- 
nero de lascivia, ó todo lo que incita á ella. Aunque en 
antiguas versiones castellanas la palabra fornicatio se tra- 
duce adullerio, parece mas conforme á la Vulgata el decií- 
fornicación. Véase Fornicación. 

To.M. XV. 3 



*l'l ElñST. DE S. PAULO A LOS (iALATAS. 

ya tengo dicho, que los que Ules cosas hacen, no al- 
canzarán el reino de Dios. 

22 Al contrario, los frutos del Espirilu son : cari- 
dad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longa- 
nimidad, 

23 mansedumbre, fé ó fidelidad \ modestia, con- 
tinencia, castidad. Para los que viven de esta suerte, 
lio hay Ley que sea contra ellos". 

24 Y los que son de Jí-'su-Christo, tienen cruci- 
ficada su propia carne con los vicios y las pasiones. 

25 Si vivimos por el espíritu rfe Dios^ procedamos 
también según el mismo espíritu. 

26 No seamos ambiciosos de vana gloria, provo- 
cándonos los unos á los otros, y recíprocamente envi- 
diándonos. 



CAPITULO VL 

Cómo se deben ayudar tinos á oíros en el ejercicio de las lir- 
i lides cristianas. Para coger es necesario sembrar. La glo- 
ria del crisliano ha ríe ser solamente la cruz de Jesu- 
Chrislo. 

1 Hermanos fnios, si alguno, como hombre qite 
es, cayere desgraciadamente en algún delito, voso- 
tros los que sois espirituales, al t;il amonestadle é ins- 



1 Martini traduce , fedellá, fidelidad. 

2 Pues el rigor de la Ley sulo es contra los injustos, no 
contra los justos. 



capítulo vr, S3 

truidle con espíritu de mansedumbre , haciendo cada 
unoreflexion sobre si mismo, y temiendo caer también 
en la tentación '. 

2 Comportad las cargas unos de otros, y con eso 
cumpliréis la ley deChristo'. 

3 Porque si alguno piensa ser algo, se engaña á si 
iiHsmo, pues verdaderamente de suyo es nada. 



1 Las obligaciones de un cristiano en orden á las faltas 
ó caidas del prój^'mo se reducen á estas : 1.* excusarle en 
cuanto se pueda, ó sea CGinpatilde con la verdad y justicia, 
atribuyéndolas á sorpresas, ó ignorancia, ó á la violencia 
de la tentación : 2." instruirle y ayudarle, haciéndole ob- 
servar sus obligaciones : 3.* ^tenerle mucha compasión y 
tratarle con blandura: 4.* considerarse á sí mismo, y hu- 
millarse, conociéndose capaz de iguales ó mayores faltas : 
5.» entrar en temor de si mismo, y estar vigilante contra la 
misma tentación y contra la acrimonia, el orgvdlo, el olvido 
de nosotros mismos, y las demás faltas que suelen nacer de 
la visía de las faltas agenas : 6." sobrellevar los defectos 
del prójimo, sufriendo sus injurias con paciencia, perdonán- 
dolas de buena gana, rucando á Dios por él, animándole a 
la penitencia y haciéndola nosotros también por él : 7^ con 
el ejemplo de los otros desengañarse de la opinión lisonjera 
que formamos de nosotros mismos: 8/ considerar que noso- 
tros también tenen¡os faltas y defectos que deben sobrelle- 
var los demás : 9.* examinarnos á nosotros mismos, no com- 
parándonos con lo que hacen los malos^sino con lo que nos- 
otros podemos y debemos hacer con las gracias que Dios 
misericordiosamente nos concede. Es un medio de alige- 
rar el peso de nuestros pecados para el dia del juicio el 
procurar ahora disminuir y aligerar el de nuestros prójimos. 

2 Que toda consiste en la caridad. 



24 EPÍST, SS 3. PABLO A LOS CALATAS. 

4 Por tanto examine hien cada uno sus propias 
obras, y asi si halla que son rectas, tendrá entonces 
motivo de gloriarse en sí mismo solamente, y no res- 
pecto de otro'. 

5 Porque cada cual, al ir ¿i ser juzgado, cargará 
con su propio fardo ^. 

6 Entre tanto, aquel á quien se le instruye en las 
cosas de la fé, asista de todos modos con sus bienes al 
que le instruye. 

7 No queráis engañaros á vosotros mismos : Dios 
no puede ser burlado ^. 

8 Así es que lo que un hombre sembrare eso re- 
cogerá. Por donde quien siembra ahora para su 
carne * , de la carne recogerá después la corrupción 
p la muerte; mas el que siembra para el espíritu, 
del espíritu cogerá la vida eterna. 

9 No nos cansemos pues de hacer bien, porque si 
perseveramos, á su tiempo recogeremos el fruto. 

10 Así que, mientras tenemos tiempo, hagamos 
bien á todos, y mayormente á aquellos que son, me- 
díante la fé, de la misma familia del Serior que nos- 
otros. 

11 Mirad qué carta tan larga os he escrito de mi 
propio puño. 

1 O poniendo la vista en los defectos del prójimo. /. Cor. 
I. V. 12. 

2 O con sus propias obras; y con ellas se presentará al 
juicio de Dios. 

3 No servirán para con él falsos prett-xtos. 

4 No trabajando sino en satisfacer sus apetitos. 



CAPITULO \I. *25 

12 Todos aquellos que quieren seros gratos ó lison- 
jearos según la carne , esos os constriñen á que os cir- 
cuncidéis , con solo el fin de no ser ellos perseguidos 
por causa de la cruz de Christo '. 

13 Porque ni ellos mismos que están circuncidados, 
guardan la Ley , sino que quieren que seáis circunci- 
dados vosotros , á fin de gloriarse en vuestra carne co7i- 
iándoos entre sus prosélitos. 

1 4 A mi líbreme Dios de gloriarme , sino en la 
cruz de nuestro Señor Jesu-Christo , por quien el 
mundo está muerto y crucificado para mí , como yo 
lo estoy para el mundo. 

15 El hecho es , que respecto de Jesu-Christo, ni 
la circuncisión , ni la incircuncision valen nada , sino 
que lo que vale es el ser una nueva criatura ^. 

16 Y sobre todos cuantos siguieren esta norma ó 
doctrina , venga paz y misericordia , como sobre el 
verdadero Israel, pueblo de Dios '. 

17 Por lo demás nadie me moleste en adelante so- 
bre la circuncisión , porque * yo traigo impresas en 
mi cuerpo las señales ó la marca del Señor Jesús ^. 

1 Disimulando el ser cristianos, y siendo confundidos 
entre los judíos, y reputados tales. 

2 O el ser un nuevo hombre por la gracia. 

3 Pues ellos son los verdaderos israelitas, á quienes se 
hicieron las promesas. 

4 Si es menester que lleve cada siervo la marca del se- 
ñor á quien sirve. 

5 O las señales de lo que he padecido por su amor. 
Véase Señales. 



26 EPIST. DE S. PABliO A l.OS CALATAS. 

18 La gracia de nueslro Señor Jesu-Christo sea 
hermanos mios , con viicsíro espíritu. Amen. 



KIN DE LA EP1Sí;0LA DE SAN PABLO 

A LOS CALATAS. 



ADVERTENCIA 



L\ epístola de s. pablo á los EPHESÍOS 



San Pablo, qtie había convertido á la fea 
los de Épheso, les escribe esta carta desde 
Roma, en donde se hallaba preso cmi motivo 
de su apelación d César. El objeto es excitar 
en sus corazones los sentimientos de un vivo 
reconocimiento por la gran misericordia que 
ha usado Dios con ellos, llamándolos á la sa- 
lud eterna por la fe en Jesu-Christo su Hi- 
jo, en el tiempo mismo en que su ceguera y 
desórdenes los hadan indignos de su gracia. 
Con este motivo trata del misterio de la vo- 
cación de los gentiles; y finalmente emplea 
los tres últimos capítulos en instruir á los 
ephcsíos en las obligaciones de la vida cris- 
tiana. — Se cree escrita el aiío 62 de la era 
cristiana. 



EPÍSTOLA 

DEL APÓSTOL S. PABLO 
Á LOS EPHESIOS. 



CAPITULO PRIMERO. 



Todos los bienes de gracia y gloria se nos dan por Jenu- 
Chi'isto, exalítído sobre todas las cosas, hecho cabeza de 
toda la Iglesia. 

1 Pablo , por votunlad de Dios apóstol de Jesu- 
Christo , á todos los santos , residentes en E'pheso , y 
fieles en Chrislo Jesús. 

2 La gracia sea con vosotros , y la paz * de Dios 
Padre nuestro , y del Señor Jesu-Christo. 

3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesu- 
Christo , que nos ha colmado en Christo de toda suerte 
de bendiciones espirituales del cielo , 

4 así como por él mismo nos escogió antes de la 
creación del mundo , para ser sanios y sin mácula en 
su presencia , por la caridad ; 

1 Véase Paz. El Padre celestial nos da todos los bieues 
]|)or la mediación y méritoa de nuestro Señor Jesu-Christo, 



CAPITÜL.0 I. 29 

5 habiéndonos predestinado ' al ser de hijos suyos 
adoptivos por Jesii-Christo á gloria suya, por un puro 
efecto de su buena voluntad , 

6 á fin de que se celebre la gloria de su gracia , me- 
diante la cual nos hizo gratos á sus ojos en su querido 
Hijo. 

7 En quien por su sangre logramos la' redención , 
y el perdón de los pecados , por las riquezas de su 
gracia , 

8 que con abundancia ha derramado sobre noso- 
tros , colmándonos de toda sabiduría y prudencia : 

9 para hacernos conocer el misterio ó arcano de 
su voluntad, fundada en su mero beneplácito, por el 
cual se propuso 

10 el restaurar en Christo, cumplidos los tiempos 
prescritos , todas las cosas de los cielos , y las de la 
tierra , reimiéndolas todas por él mismo en un cuer' 
po ó Iglesia. 

1 1 Por él fuimos también nosotros llamados como 
por suerte , habiendo sido predestinados según el de- 
creto de aquel que hace todas las cosas conforme al de- 
signio de su voluntad , 

12 para que seamos la gloria y el objeto de las ala- 
banzas de Je«í-Christo , nosotros los judíos que he- 
mos sido los primeros en esperar en él. 

13 En él habéis esperado también vosotros, los gen- 
tiles , luego que habéis oido la palabra de la verdad , 
(el Evangelio de vuestra salud) y en quien , habiendo 

1 Véase Predt'.stinacion. 



30 EPiST. DE S. PABLO A. LOS EPHKSIOS. 

asimismo creído , recibisteis el sello del Espíritu santo 
que estaba prometido , 

14 el cual es la prenda ó las arrhas de nuestra he- 
rencia celestial hasta la perfecta libertad del pueblo , 
que se ha adquirido el Señor para loor de la gloría de 
él mismo. 

15 Por eso yo estando , como estoy, informado de 
la fó que tenéis en el Señor Jesús , y de vuestra cari- 
dad para con todos los santos ó pobres fieles , 

16 no ceso de dar gracias á Dios por vosotros , acor- 
dándome de vosotros en mis oraciones ; 

17 para que Dios Padre glorioso de nuestro Señor 
Jesu-Christo , os dé espíritu de sabiduría y de ilus- 
tración , para conocerle : 

18 iluminando los ojos de vuestro corazón , á fin 
de que sepáis cuál es la esperanza, ó lo que debéis es- 
perar, de su vocación, y cuáles las riquezas y la gloria 
de su herencia destinada para los santos , 

19 y cuál aquella soberana grandeza de su poder 
sobre nosotros , que creemos según la eficacia de su 
poderosa virtud , 

20 que él ha desplegado 3/ hecho patente en la pef- 
sona de Chrisfo , resucitándole de entre los muertos , 
y colocándole á su diestra en los cielos , 

21 sobre todo principado, y potestad, y virtud, 
y dominación , y sobre todo nombre , por celebrado 
que sea no solo en este siglo , sino también en el fu- 
turo. 

22 Ha puesto todas las cosas bajo de los pies de él ; 



CAPÍTULO II. 3 i 

> lo ha consliluido cabeza de toda la iglesia, asi mili- 
tanie como triunfante , 

23 la cual es su cuerpo , y en la cual aquel que lo 
completa iodo en todos halla el complemento de todos 
sus tnicmbros ' . 

CAPÍTULO III. 

Bienes grandes ya recibidos y otros mayores que gozamos en 
esperanza por la sangre de Jesu-Chrisio: por esta Jian 
entrado los gentiles en la herencia de los hijos ; y de todos, 
asi gentiles como jiulios, forma Jesu-Chrido su Iglesia. 

1 El es el que os dio vida á vosotros , estando como 
estabais muertos espiriiuahnente por vuestros delitos , 
y pecados , 

2 en que'vivísteis en otro tiempo, según la costum- 
bre de este siglo mundano , á merced del príncipe que 
ejerce su potestad sobre este aire ^ , que es el espíritu 
que al presente domina en los hijos rebeldes , 

3 entre los cuales fuimos asimismo todos nosotros 
en otro tiempo siguiendo nuestros deseos carnales, ha- 
ciendo la voluntad de la carne, y de las sugestiones 



1 También puede tener este sentido : La Iglesia es el 
complemento ó la perfección de Christo, en cuanto él es su 
mística cabeza, y lo llena todo en todos, formando nn todo 
cumplido y perfecto, y comunicando á todos sus miembros 
el ser y la vida. 

2 Véase Demonio. Tal vez el Apóstol quería significar 
de dónde provenían las operaciones'ó prodigios con que ios 
magos alucinaban á muchos sencillos fieles de Epheso. 



32 EPÍST. DE S. PABLO A LOS EPHESIOS. 

de los demás vicws,"^ éramos por naturaleza ú origen 
hijos de ira, no menos que todos los demás; 

4 pero Dios, que es rico en misericordia, movido 
del excesivo amor con que nos amó, 

5 aun cuando estábamos muertos por los pecados y 
éramos objetos de su colera, nos dio vida juntamente 
en Christo, ( por cuya gracia vosotros habéis sido sal- 
vados) 

6 y nos resucitó con él , y nos hizo sentar sobre los 
cielos en la persona de Jesu-Christo ; 

7 para mostrar en los siglos venideros las abun- 
dantes riquezas de su gracia , en vista de la bondad 
usada con nosotros por amor de Jesu-Christo. 

8 Porque de pura gracia habéis sido salvados por 
medio de la f é , y esto no viene de vosotros , siendo 
como es un don de Dios : 

9 tampoco en virtud de vuestras obras anteriores , 
puramente naturales, para que nadie pueda glo- 
riarse. 

10 Por cuanto somos hechura suya en la gracia, 
como lo fuimos en la naturaleza , criados en Jesu- 
Christo para obras buenas , preparadas por Dios desde 
la eternidad, para que nos ejercitemos en ellas y me- 
rezcamos la gloria. 

11 Así pues acordaos, que en otro tiempo vosotros 
que erais gentiles de origen , y llamados incircuncisos 
por los que se llaman circuncidados á causa de la cir- 
cuncisión hecha en su carne , por mano de hombre ; 

12 acordaos , digo, que vosotros no teníais enton- 
ces parle alguna con Jesu-Christo , estabais entera- 



CAPÍTULO II. 33 

mente separados de la sociedad de Israel , exlrangeros 
por lo tocante á las alianzas , sin esperanza de la pro- 
mesa 6 bienes prometidos , y sin Dios en este mundo. 

13 Mas ahora que creéis en Christo Jesús , vosotros 
que en otro tiempo estabais alejados de Dios y de sus 
promesas, os habéis puesto cerca por la sangre de 
Jesu- Christo. 

14 Pues él es la paz nuestra , el que de los dos pue- 
blos, judio y gentil, ha hecho uno , rompiendo , por 
medio del sacrificio de su carne, el muro de separa- 
ción , esa enemistad que los dividía ; 

15 aboliendo con sus preceptos evangélicos la Ley 
de los ritos ó las cei^emonias legales , para formar en 
si mismo de dos un solo hombre nuevo , haciendo la 
paz, 

16 y reconciliando á ambos pueblos ya reunidos en 
un solo cuerpo con Dios por medio de la cruz , des- 
truyendo en sí mismo la enemistad de ellos. 

1 7 Y así vino al mimdo á evangelizar la paz á vos- 
otros los gentiles , que estabais alejados de Dios , 
como á los judíos , que estaban cercanos ; 

18 pues por él es por quien unos y otros tenemos 
cabida con el Padre eterno unidos en el mismo Espí- 
ritu. 

19 Así que ya no sois extraños, ni advenedizos, 
^ino conciudadanos de los santos , y domésticos ófa- 
"¡nilicares de la casa de Dios ; 

20 pues estáis edificados sobre el fundamento de los 
-apóstoles y ^roíeias, y imidos en Jesu-Christo, el cual 
'CS la principal piedra angular de la nueva Jemsalem; 

4 



34 EPÍST. DE S. FADLO A LOS EPHESJOS. 

21 sobre quien, trabado lodo el espiritual ediflcio, 
se alza para ser un templo santo del Señor : 

22 por él entráis también vosotros, gentiles, á ser 
parte de la estructura de este edificio, para llegar á 
ser morada de Dios por medio del Espíritu santo. 

CAPÍTULO 111. 

Misterio admirable de la vocación de los gentiles revelado 
claramente á los apóstoles, y en especial á san Pablo, 
destinado de Dios particularmente ¡jara predicarles el 

Evangelio. 

1 Por este motivo, yo Pablo estor/ preso por amor 
de J esu-Christo, por causa de vosotros los gentiles, 

2 porque sin duda habréis entendido de qué ma- 
nera me confirió Dios el ministerio de su gracia entre 
vosotros ; 

3 después de haberme manifestado por revelación 
este misterio de vuestra vocación, sobre el cual acabo 
de hablar en esta carta, aunque brevemente : 

4 por cuya lectura podéis conocer la inteligencia 
mia en el misterio de Christo, 

5 misterio que en otras edades no fue conocido de 
los hijos de los hombres, en la manera que ahora ha 
sido revelado á sus santos apóstoles y profetas por el 
Espíritu santo. 

6 Esto es, que los gentiles son llamados á la misma 
herencia que los judíos, miembros de un mismo 
cuerpo ó Iglesia, y partícipes de la promesa divina en 
«lesu-Christo mediante el Evangelio ; 



capítulo III. 35 

7 del cual yo he sido constituido ministro, por el 
don de la gracia de Dios, que se me ha dado con- 
forme á la eficacia de su poder. 

8 A mi el mas inferior de lodos los santos ojíeles 
se me dio esta gracia, de anunciar en las naciones las 
riquezas investigables de Jesií-Christo, 

9 y de ilustrar á todos los hombres, descubriéndoles 
la dispensación del misterio, que después de tantos 
siglos habia estado en el secreto de Dios, criador de 
todas las cosas : 

10 con el fin de que en la formación de la Iglesia 
se manifieste á los principados, y potestades en los 
cielos, la sabiduría de Dios en los admirables y di- 
ferentes modos de su conducta, 

11 según el eterno designio, que puso en ejecución 
por medio de Jesu-Christo nuestro Señor ; 

12 por quien mediante su fé tenemos segura con- 
fianza, y acceso libre « Dios. 

13 Por tanto os ruego que no caigáis de ánimo en 
vista de tantas tribulaciones como sufro por vosotros, 
pues estas tribulaciones son para vuestra gloria, y 
pnieba de mi apostolado. 

14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre 
de nuestro Señor Jesu-Christo, 

15 el cual es el principio y la cabeza de toda esta 
f/ran familia, que está en el cielo y sobre la tierra, 

16 para que según las riquezas de su gloria os con- 
ceda por medio de su Espíritu el ser fortalecidos en 
virtud en el hombre interior ; 



36 EPIST. DE S. PABLO A LOS EPHESIOS. 

1 7 y el que Christo habite por la fé en vuestros co- 
razones, estando arraigados, y cimentados en caridad, 

18 á fin de que podáis comprender con todos los 
santos, cuál sea la anchura, y longura, y la alteza, y 
profundidad cíe este misterio * ; 

19 y conocer también aquel amor de Christo acia 
nosotros que sobrepuja á todo conocimiento, para que 
seáis plenamente colmados de todos los dones de Dios. 

20 Y en fin, á aquel Señor que es poderoso para 
hacer infinitamente mas que todo lo que nosotros pe- 
dimos, ó de todo cuanto pensamos, según el poder 
que obra eficazmente en nosotros : 

21 á él sea la gloria, por medio de Christo Jesús, 
en la Iglesia, por todas las generaciones de todos los 
siglos. Amen. 

CAPÍTULO IV. 

Union de los fieles en la unidad de la Iglesia, cuya perfec- 
ción deben todos procurar según su grado. Vida de los 
gentiles, y cuál debe ser la de los cristianos. 

1 Yo pues , que estoy entre cadenas por el Señor, 
os conjuro que os portéis de una manera que sea dig- 
na del estado ó dignidad á que habéis sido llamados, 

2 con toda humildad, y mansedumbre, con pacien- 
cia, soportándoos'unos á otros con caridad , 



1 Esto es, la inmensidad de este niisterio de la bondad 
de Dios para con los hombres. 



CAPÍTULO IV. 37 

3 solícitos en conservar la unidad del Espíritu con 
el vínculo de la paz : 

4 siendo un solo cuerpo , y un solo Espíritu , asi 
como fuisteis llamados á una mmna esperanza de 
vuestra vocación ', 

5 Uno es el Señor , una la fé , uno el baulisma. 

6 Uno el Dios ^ y Padre de todos, el cual es sobre 
todos, y gobierna todas las cosas, y habita en todos 
nosotros. 

7 Si bien á cada uno de nosotros se le ha dado la 
gracia á medida de la donación gratuita de Christo. 

8 Por lo cual dice la Escritura ^ : Al subirse á lo 
alto, llevó consigo cautiva, ó como en triunfo, á una 
grande multitud de cautivos ^ ; y derramó sus dones 
sobre los hombres. 

9 IMas ¿por qué se dice que subió, sino porque 
íintes había descendido á los lugares mas ínGmos de 
la tierra? 

10 El que descendió , ese mismo es el que ascendió 
sobre todos los cielos, para dar cumplimiento á todas 
las cosas. 

11 Y así él mismo á unos ha constituido apestóles, 
á otros profetas , y á otros evarvgelistas, y á otros pas- 
tores , y doctores , 

1 Esto es, á la vida eterna. 
•2 Malach- //. r. 10. 

3 Psalm. LXVII. v. 19. 

4 Otros explican la frase hebrea : Triunfando, ó Helán- 
dole cautiva á la que cautivaba á los demás : esto es , á la 
«mierte, y al pecado origen de ella. 



38 EPÍST. DE S. PABLO A LOS EPHESIOS. 

12 á fin de que trabajen en la perfección de los 
santos en las funciones de su ministerio , en la edifi- 
cación del cuerpo místico de Jesu-Christo ; 

13 hasta que arribemos todos á la unidad de una 
misma fé , y de un mismo conocimiento del Hijo de 
Dios, al estado de un varón perfecto, á la medida de 
la edad perfecta, según la ciial Christo se ha de for- 
mar místicamente en nosotros : 

14 por manera que ya no seamos niños fluctuan- 
tes, ni nos dejemos llevar aquí y allá de todos los 
vientos de opiniones humanas ipor la malignidad de 
los hombres , que engañan con astucia para intro- 
ducir el error. 

15 Antes bien, siguiendo la yeráaá del Evangelio 
con caridad , en todo vayamos creciendo en Christo , 
que es nuestra cabeza ; 

16 y de quien todo el cuerpo místico de losjieles, 
trabado y conexo entre sí eo7i la fé y caridad , recibe 
por todos los vasos y conductos de comunicación , se- 
gún la medida correspondiente á cada miembro , el 
aumento propio del cuerpo para su perfección me- 
diante la caridad ' . 

17 Os advierto pues, y yo os conjuro de parle del 
Señor , que ya no viváis como todavía viven los otros 
gentiles que proceden en su conducta según la vanidad 
de sus pensamientos, 

18 teniendo oscurecido y lleno de tinieblas el en- 
tendimiento , ágenos enteramente de vivir según 

1 Que es el alma ele este cuerpo ó edificio espiritual. 



CAPITULO IV. 89 

Dios , por !a ignorancia en que están , á causa de la ce- 
guedad 6 dureza de su corazón , 

19 los cuales no teniendo ninguna esperanza, se 
abandonan á la disolución , para zambullirse con un 
ardor insaciable ' en toda suerte de impurezas. 

20 Pero en cuanto á vosotros , no es eso lo que 
liabeis aprendido en la escuela de Jesu-Cbristo , 

21 pues en ella habéis oido predicar, y aprendido, 
según la verdad de su doctrina ^ , 

22 á desnudaros del hombre viejo, según el cual 
habéis vivido en vuestra vida pasada , el cual se vicia 
siguiendo la ilusión de las pasiones. 

23 Renovaos pues ahora en el espíritu de vuestra 
mente ó interior de vuestra alma , 

24 y revestios' del hombre nuevo, que ha sido cria- 
do conforme á la imagen de Dios en justicia , y santi- 
dad verdadera. 

25 Por lo cual renunciando á la mentira , hable 
cada uno verdad con su prójimo, puesto que nosotros 
somos miembros los unos de los otros. 

26 Si os enojáis , no queráis pecar ; no sea que se 
os ponga el sol estando todavía airados ^. 



1 La voz griega TrXeove^í* significa un deseo insaciable 
de torpes deleites. La misma voz usó el Apóstol después 
cap. V. V. 3. y Col. III. V. 5. 

*i Ad. Coloss. III. V. 9. 

3 Véase Vestido. 

4 O no permitáis que la ira tome asiento en vuestro co- 



40 EPiST. DE S. PABLO A LOS ErHESIOS. 

27 No deis lugar ó entrada al diablo : 

28 el que hurtaba o defraudaba al prójimo^ no 
hurte ya, antes bien trabaje, ocupándose con sus manos 
en algún ejercicio honesto , para tener con qué subsis- 
tir y dar al necesitado '. 

29 De vuestra boca no salga ningún discurso ma- 
lo, sino los que sean buenos para edificación de la fé, 
que den gracia c inspiren piedad á los oyentes. 

30 Y no queráis contristar con vuestros pecados al 
Espíritu santo de Dios, con el cual fuisteis sellados 
para el dia de la redención. 

31 Toda amargura, ira, y enojo, y gritería, y 
maledicencia , con todo género de malicia , desliérrese 
de vosotros. 

32 Al contrario sed mutuamente afables , compa- 
sivos, perdonándoos los unos á los otros, así como tam- 
bién Dios os ha perdonado á vosotros por Jesu- 
Christo. 

CAPÍTULO V. 

Exhorta á los ephesios á la imilacion de Jesu- Christo, á que 
se aparten de todo vicio, y se empleen en obras buenas ; y 
trata de la santidad del matrimonio. 

1 Sed pues imitadores de Dios , como que sois sus- 
hijos muy queridos , 

1 ¡ Cuánto se opone á este consejo de san Pablo la ocio- 
sidad de tantos cristianos, y la injusticia de aquellos que 
|)¡ensan que el mundo no se ha criado sino para ellos ! 



capítulo V. 41 

2 y proceded con amor acia vuestros hermanos , á 
ejemplo de lo que Quisto nos amó, y se ofreció á sí 
mismo á Dios en oblación , y hostia de olor suaví- 
simo. 

3 Pero la fornicación , y toda especie de impureza, 
ó avaricia ni aun se nombre entre vosotros , como 
corresponde á quieyíes Dios ka hecho santos ; 

4 ni tampoco palabras torpes , ni truhanerías , ni 
bufonadas, lo cual desdice de vuestro estado; sino 
antes bien acciones de gracias á Dios. 

5 Porque tened esto bien entendido , que ningún 
fornicador , ó impúdico , ó avariento, (lo cual viene 
á ser una idolatría) será heredero del reino de Chris- 
to , y de Dios. 

6 Nadie os engañe con palabras vanas ' , pues por 
tales cosas descargó la ira de Dios sobre los incré- 
dulos. 

7 No queráis por tanto tener parte con ellos. 

8 Porque verdad es que en otro tiempo no erais 
sino tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Y así 
proceded como hijos de la luz : 

9 el fruto empero de la luz consiste en proceder 
con toda bondad, y justicia, y verdad, 

10 inquiriendo lo que es agradable á Dios : 

11 DO queráis pues ser cómplices de las obras in- 
fructuosas de las tinieblas *, antes bien reprendedlas. 

1 Persuadiéndoos que podéis impunemente cometer to- 
dos esos crímenes. /. Cor. III. i\ 18. 

2 A que se abandonan los idólatras é impíos. 



42 EPÍST. DE S. PABLO A LOS EI'HESIúS 

12 Porque las cosas que hacen ellos en secreto , no 
permite el pudor ni aun decirlas. 

13 Mas todo lo que es reprensible, se descubre 
por la luz , siendo la luz la que lo aclara lodo. 

14 Por eso dice el Señor ' : Levántate tú que duer- 
mes , y resucita de la muerte , y te alumbrará Christo. 

15 Y asi mirad, hermanos , que andéis con gran 
circunspección ; no como necios , 

16 sino como prudentes ; recobrando en cierto mo- 
do el tiempo perdido , porque los dias de nuestra vida 
son malos ^. 

17 Por tanto no seáis indiscrelos é inconsiderados, 
sino atentos sobre cuál es la voluntad de Dios '. 

18 Ni os entreguéis con exceso al vino, fomento de 
la lujuria , sino llenaos del Espíritu santo, 

19 hablando entre vosotros i/ entreteniéndoos con 
salmos, y con himnos, y canciones espirituales, can- 
tando y loando al Señor en vuestros corazones , 



1 Is. IX. V. 2. — XXFI. V. 19— LX. v. 1, 2. 

2 Esto es, llenos de peligros y tentaciones. 

3 Es muy necesaria la prudencia evangélica, y la cir- 
cunspección cristiana en medio de tantos enemigos como 
tiene la verdadera Iglesia. El Evangelio nos enseña á no 
irritar á nadie con un zelo indiscreto, á sufrirlo todo con 
paciencia, á aprovechar mas el tiempo para nuestra salva- 
ción. Procuremos conocer cuál es la voluntad de Dios, y 
conformémonos con ella perfectamente. Kntrar en algún 
empeño importante sin consultar antes la adorable y omni- 
potente autoridad divina, es una indiscreción que fiícil- 
uieníe nos precipita en grandes excesos. 



CAPITULO V. 43 

20 dando siempre gracias por todo á Dios Padre , 
en el nombre de nuestro Señor Jesu-Cbristo, 

21 subordinados unos á otros por el sa7ito temor 
de Chrislo. 

22 Las casadas estén sujetas á sus maridos, como 
al Señor; 

23 por cuanto el hombre es cabeza de la muger, 
asi como Christo es cabeza de la Iglesia, que es su 
cuerpo místico , del cual él mismo es salvador. 

24 De donde así como la Iglesia está sujeta á Chris- 
lo, así las mugcres lo han de estar á sus maridos en 
todo. 

25 Vosotros, maridos, amad á vuestras mugeres, 
así como Christo amó á su Iglesia, y se sacrificó por 
ella. 

26 Para santificarla, limpiándola en el bautismo de 
agua con la palabra de vida, 

27 á fin de hacerla comparecer delante de él llena 
de gloria, sin mácula, ni arruga, ni cosa semejante ', 
sino siendo santa é inmaculada. 

2S Así también los maridos deben amar á sus mu- 
geres como á sus propios cuerpos. Quien ama á su 
muger, á sí mismo se ama. 

29 Ciertamente que nadie aborreció jamás á su 
propia carne ; antes bien la sustenta, y cuida, así como 
íambien Christo á la Iglesia; 



I Psalm. XLIV. v. 13. Puede también traducirse : A 

fin de formar para si lúui Iglesia llena de gloria, que vo 
tenga mácula, etc. 



44 EPÍST. DE S. PABLO A LOS EPHESIOS. 

30 porque nosotros que la componemos, somos 
miembros de su cnerdo, formados de su carne y de 
sus huesos. 

31 Por eso está escrito ' : Dejará el hombre á su 
padre y á su madre, y se juntará con su muger ; y 
serán los dos una carne. 

32 Sacramento es este grande; mas yo hablo con 
respecto á Christo y á la Iglesia ^. 

33 Cada uno pues de vosotros ame á su muger co- 
mo á sí mismo ; y la muger lema i/ respete á su marido. 

CAPITULO VI. 

Obligaciones respectivas de los hijos 7/ de los padres, de los 
criados y de los amos. Armas espirituales dd cristiano. 
Vigilancia y perseverancia en la oración. 

1 Hijos, vosotros obedeced á vuestros padres con 
la mira puesta en el Señor, porque es esta una cosa 
justa. 

2 Honra á lu padre, y á tu madre, que es el pri- 
mer mandamiento que va acompañado con recom- 
pensa ' ; 

3 para que te vaya bien, y tengas larga vida so- 
bre la tierra. 

4 Y vosotros, padres, no irritéis con excesivo rigor 
á vuestros hijos; mas educadlos corrigiéndolos, é ins-- 
truyéndolos según la doctrina de el Señor. 

1 Gen. II. V. 24. etc. 

'2 Cuya tiuion se repre.senta en el matrimonio. 

3 Aun para esta vida Ex. XX. v. Vl. — Detd. V. v. 16. 



CAPÍTULO VI. 45. 

5 Siervos, obedeced á vuestros señores temporales 
con temor y respeto, con sencillo corazón, como á el 
mismo Christo ; 

6 no sirviéndolos solamente cuando tienen puesto 
el ojo sobre vosotros , como si no pensaseis mas que 
en complacer á los hombres, sino como siervos de 
Christo, que hacen de corazón la voluntad de Dios que 
los ha puesto en tal estado, 

7 y servidlos con amor, haciéndoos cargo que ser- 
vis al Señor, y no á hombres ; 

8 estando ciertos de que cada uno, de todo el bien 
que hiciere, recibn-á del Señor la paga, ya sea esclavo, 
ya sea libre. 

9 Y vosotros, amos , haced otro tanto con ellos, ex- 
cusando las amenazas i/ castigos ; considerando que 
unos y otros tenéis un mismo Señor allá en los cielos, 
y que no hay en él acepción de personas '. 

10 Por lo demás, hermanos mios, confortaos en el 
Señor, y en su virtud /oí/o-poderosa. 

11 Revestios de toda la armadura de Dios, para 
poder contrarestar á las asechanzas del diablo, 

12 porque no es nuestra pelea solamente contra 
hombres de carne y sangre, sino contra los príncipes y 
potestades, contra los adalides de estas tinieblas del 
mundo, contra los espíritus malignos esparczV/os en los 
aires "". 



1 No tendrá miramiento alguno á la condición ó clase de 
las personas, para dejar de premiarlas ó castigarlas. 

2 Véase Demonio. 



4G EPiST. DE S. PARLO A LOS EPHESIOS. 

13 Por tanto tomad las armas todas de Dios ó toda 
su arnés, para poder resistir en el día aciago, y sos- 
teneros apercibidos en todo. 

14 Estad pues á pié firme, ceñidos vuestros lomos 
con el cingulo de la verdad, y armados de la coraza 
de la justicia , 

15 y calzados los pies, prontos á seguir y predicar 
el Evangelio de la paz ; 

16 embrazando en todos los encuentros el broquel 
de la fé,con que podáis apagar todos los dardos en- 
cendidos del maligno espiriiu : 

17 tomad también el yelmo de la salud ' , y empu- 
ñad la espada espiritual ó de! espíritu (que es la pala- 
bra de Dios); 

18 haciendo en todo tiempo con espíritu y fervar 
continuas oraciones y plegarias , y velando para lo 
mismo con todo empeíio, y orando por lodos los san- 
tos ojíeles; 

19 y por mí también, á fin de que se me conceda 
el saber desplegar mis labios para predicar con \flyev- 
tad , manifestando el misterio del Evangelio ; 

2ü del cual soy embajador, aun estando entre ca- 
denas ; de modo que hable yo de él coa valentía , como 
debo hablar. 

— 21 En fin, en orden al estado de [mis cosas, y lo 
que hago, os informará del todo Tychíco, nuestro carí- 
simo hermano, y fiel ministro en el Señor, 

22 al cual os he remitido ahí coa este laisme fln , 

1 Qne es la esperanza. Is. LIX. v. 17. 



CAÍÍTÜ-LO VI. 47 

para que sepáis lo que es de nosotros, y consuele vues- 
tros corazones. 

23 Paz á los hermanos, y caridad, y fé de parte ile 
Dios Padre , y de nuestro Señor Jesu-Christo. 

24 La gracia sea con todos los que aman á nuestro 
Señor Jesn-Ghristo con un amor puro é incorrupli- 
ble. Amen. 



l?iN DE LA epístola I>E SAN PABLO 

A LOS EPHESroS. 



ADVERTENCIA 



LA EPÍST. DE S. PABLO Á LOS PHILIPPENSES. 



Hahia sa7i Pablo convertido á la fe á los 
habitantes de Philippos, ciudad principal de 
la Macedonia (Act. XVI. v. 8.), y les es- 
cribe esta carta con motivo de un considerable 
socorro que le liabian enviado á Roiiia, donde 
estaba preso. Casi toda ella es moral, conte- 
niendo al fnismo tiempo los mas puros senti- 
mientos de fé, de caridad , de zelo y de con- 
fianza en Dios. — Parece escrita el año 62 
de Jesu-Christo^ y el % del imperio deNeron. 



EPÍSTOLA 

DEL APÓSTOL S, PABLO 

Á LOS PHILIPPENSES. 



CAPITULO PRIMERO. 

Después de agradecerles su afecto, les da cuenta del estado y- 
disposición en que se halla entre las cadenas, y los exhorta 
á sufrir trabajos por Christo. 

1 Pablo y Timolheo, siervos de Jesu-Christo, á to- 
dos los santos en Christo-Jesus, que están en Philíp- 
pos , con los obispos * y diáconos. 

2 La gracia y paz de Dios, padre nuestro, y de 
nuestro Señor Jesu-Christo sean con vosotros. 

3 Yo doy gracias á mi Dios cada vez que me acuer- 
do de vosotros , 

4 rogando siempre con gozo por todos vosotros , en 
todas mis oraciones , 

5 al ver la parte que tomáis en el Evangelio de 
Christo desde el primer dia hasta el presente ; 

6 porque yo tengo una firme confianza , que quien 

i Véase Ohiupos. 



50 EPÍST. DE S. PABLO k LOS PHILIPPENSES. 

ha empezado en vosotros la buena obra de vuestra sa- 
ludj la llevará al cabo hasta el día de la venida de 
Jesia-Ghrista ; 

7 como es justo que yo lo piense así de lodos voso- 
tros , pues tengo impreso en mi corazón , el que todos 
vosotros sois compañeros de mi gozo en mis cadenas, 
y en la defensa y conürmacion del Evangelio. 

8 Dios me es testigo de la ternura con que os amo 
á todos en las entrañas de Jesu-Christo, 

9 Y lo que pido es que vuestra caridad crezca mas 
y mas en conocimiento, y en toda discreción ; 

10 á fin de que sepáis discernir lo mejor, y os 
mantengáis puros , y sin tropiezo hasta el dia de 
Christo , 

11 colmados de frutos "de justicia por Jesu-Chrislo, 
á gloria y loor de Dios. 

— 12 Entre tanto, ; oh hermanos! quiero que sepáis 
que las cosas que me han sucedido ' , han redundado 
en mayor progreso del Evangelio ; 

13 de suerte que mis^cadenas por Chrrsto han lle- 
gado á ser notorias á toda la corte ' del emperador, 
y á todos los demás habitantes • 

1 Bien lejos de perjudicar al establecimiento de la fó. 

2 Véase Pretorio. El qne se desalienta á la vista át his 
persecuciones, no conoce las sendas del Evangelio. Las 
obras de Dios se establecen y Ibrtiíican muchas veces coa 
los mismos trabajos y persecuciones de sus obreros. Los 
obstáculos que oponen los hombres, son medios de que se 
hirve Dios. San Pablo se gloría, no de que la corte conozca 
su elocuencia y sus talentos, sino de que sej)a sus humilla- 



CAPÍTULO I. 51 

14 y muchos de los hermanos en el Señor co- 
brando bríos con mis cadenas , con mayor ánimo se 
atreven á predicar sin miedo la palabra de Dios. 

15 Verdad es que hay algunos que predican á 
Chrislo por espíritu de envidia , y como por tema ' , 
mientras otros lo hacen con buena intención : 

16 unos por caridad "^ , sabiendo que estoy consti- 
tuido para defensa del Evangelio; 

17 otros al contrario p>or zelos y tema contra mí, 
anuncian á Christo con intención torcida , imagináti- 
dose agravar el peso de mis cadenas. 

18 ¿Mas qué importa? Con tal que de cualquier 
modo Christo sea anunciado, bien sea por algún apa- 
rente pretexto, ó bien por un verdadero zelo ; en esto 
me gozo, y me gozaré siempre. 

19 Porque sé que esto redundará en mi bien, me- 
diante vuestras oraciones y el auxilio del Espíritu de 
Jesu-Christo, 

20 conforme á mis deseos, y á la esperanza que 
tengo, de que por ningún caso quedaré confundido ; 
antes estoy con total confianza de que también ahora , 



cioues. Se sirve Dios de sus mayores enemigos para dar á 
conocer y purificar a los que le sirven. Dejemos obrar a 
ifios, adoremos sus designios, y después de haber hecho lo 
que él nos prescribe , conformémonos con los efectos ó 
disposiciones de su sabia providencia. 

1 Pretendiendo hacerse apóstoles ó caudillos^ y que- 
riendo derribarme á mí. 

2 Suplen por mí, mientras estoy preso. 



52 EPÍST. DE S. PABLO A LOS PHILIPPÉNSES. 

como siempre , Chrislo será glorificado en mi cuerpo, 
ora sea por mi vida, ora sea por mi muerte'. 

21 Porque mi vivir es lodo para servir d Christo, 
y el morir también , y ademas es una ganancia mia , 
pues me llera á él. 

22 Pero si quedándome mas tiempo en este cuerpo 
mortal , yo puedo sacar fruto de mi trabajo , no sé en 
verdad qué escoger, si la muerte ó la vida. 

23 Pues me hallo estrechado por ambos lados : 
tengo deseo de verme libre de las ataduras de este 
cuerpo, y estar con Christo, lo cual es sin compara- 
ción mejor jpara m/; 

24 pero por otra parte el quedar en esta vida , es 
necesario por vosotros. 

25 Persuadido de esto, entiendo que quedaré toda- 
vía , y permaneceré con todos, vosotros , para provecho 
vuestro, y gozo ó exaltación de vuestra fé ; 

26 á fin de que crezca vuestro regocijo y congratu- 
lación conmigo en Christo Jesús , con motivo de mi 
regreso á vosotros. 

27 Solo os encargo ahora que vuestro proceder sea 
digno del Evangelio de Christo; para que, ó sea que yo 
vaya á veros , ó que esté ausente , oiga decir de voso- 
tros , que perseveráis firmes en un mismo espíritu , 
trabajando unánimes por la fé del Evangelio ; 

28 y no deben intimidaros los esfuerzos de los ene- 



1 Ya salga libre de esta prisión , ó bien sea coudenado á 
muerte. 



CAPÍTULO II. 53 

Iñigos, pues esto que hacen contra vosotros, y es la 
causa de su perdición, lo es para vosotros de salvación, 
y eso es disposición de Dios ; 

29 pues que por los méritos de Christo se os ha 
hecho la gracia, no solo de creer en él, sino también 
de padecer por su amor ; 

30 sufriendo el mismo conflicto, que antes en esa 
ciudad ' visteis en mi, y el que ahora habéis oido que 
sufro. 



CAPITULO 11. 

Exhórtalos á la unión y candad fralernal, á la humildad y 
á la obediencia^ con el ejemplo de Jesu-Chvislo. Reco- 
mienda y alaba á Thnotheo y á Epaphródiío. 

1 Por tanto si hay para mí alguna consolación en 
Christo de parte de vostoi^s, si algún refrigerio de 
jmrte de vuestra caridad, si alguna unión entre noso- 
tros por la participado?! de un mismo espíritu, si hay 
entrañas de compasión acia este preso; 

2 haced cumplido mi gozo, sintiendo todos una 
misma cosa , teniendo una misma caridad, un mismo 
espíritu, unos mismos sentimientos, 

3 no haciendo nada por tema, ni por vanagloria, 
sino que cada uno por humildad mire como supe- 
riores á los otros, 



Act. XVI V. la 



54 EPÍST. ÜE S. PABLO A LOS PHILIPPENSES. 

4 atendiendo cada cual , no solamente al bien de sí 
mismo, sino á lo que redunda en bien del prójimo. 

5 Porque habéis de tener en vuestros corazones los 
mismos sentimientos, que tuvo Jesu-Christo en el 
suyo ; 

6 el cual teniendo la naturaleza de Dios, no fue por 
usurpación sino por esencia el ser igual á Dios ; 

7 y no obstante ' se anonadó á sí mismo lomando 
la forma ó naturaleza de siervo , hecho semejante á los 
demás hombres, y reducido á la condición de hombre^. 

8 Se humilló á si mismo haciéndose obediente 
hasta la muerte , y muerte d€ cruz. 

9 Por lo cual también Dios le ensalzó sobre todas 
las cosas^, y le dio nombre superior á todo nombre ; 

10 á fin de que al nombre de Jesús se doble toda 
rodilla en el cielo , en la tierra , y en el infierno ; 

11 y toda lengua confiese, que el Señor Jesu- 
Christo está en la gloria de Dios Padre. 

12 Por lo cual, carísimos mios, (puesto que siempre 



1 Olvidando en cierta manera su gloria, y para salvar á 
los hombres. 

2 ¥ reconocido por hombre en su condición. '^Mmctisi. 
Este verso 7 en la Vulgata acaba con punto; pero en- va- 
rias ediciones antiguas así del texto griego como de la tra- 
ducc¡(m latina , en la versión castellana de Valera, y en 
algunas obras de santos Padres hay dos puntos ó división 
de verso después áe factus, y comienza el verso 8 et habilu 
inventus , etc. Así lo había puesto en la primera edición ; 
pero no siendo necesaria la variación , he seguido ahora la 
puntuación de la Vulgata. 



CAPITULO 11. 55 

habéis sido obedi€nles á mi doctrina, sedlo ahora) 
trabajad con temor y temblor en la obra de vuestra 
salvación ', no solo como en mi presencia, sino mucho 
mas ahora en ausencia mia. 

13 Pues Dios es el que obra ó produce en vosotros 
por un puro efecto de su buena voluntad , no solo el 
querer, sino el ejecutar ^. 

14 Haced pues todas las cosas sin murmuraciones, 
ni perplejidades , 

15 para que seáis irreprensibles y sencillos como 
hijos de Dios, sin lacha en medio de una nación de- 
pravada y perversa; en donde resplandecéis como 
lumbreras del mundo , 

16 conservando la palabra de vida que os he predi- 
cado, para que yo me glorie en el dia de Christo, de 
que no he corrido en balde, ni en balde he trabajado. 

17 Pues aun cuando yo haya de derramar mi san- 
gre , á manera de libación , sobre el sacrificio y víc- 
tima de vuestra f é ^ me gozo, y me congratulo con 
todos vosotros. 

18 y de eso mismo habéis vosotros de holgares, y 
darme á mí el parabién. 

— 19 Yo espero en el Señor Jesús, enviaros muy 



1 No confiando en \ iiestras propias fuerzas, sino en las 
q\ie os comunicará la gracia de Dios. Véase Gracia. 

2 Véase Gracia. 

3 Aunque pierda mi vida para fortaleceros en la fé de 
Jesu-Christo. Véase Libación. 



56 EPÍST. DE S. PABLO A LOS PHILIPPENSES. 

presto á Timothco , para consolarme yo también y 
alentarme, con saber de vuestras cosas. 

20 Porque no tengo ninguna persona tan unida de 
corazón y espíritu conmigo como él, ni que se interese 
por vosotros con afecto mas sincero. 

21 Visto que casi todos buscan sus propios inte- 
reses , no los de Jesu-Christo. 

22 Pues ya sabéis vosotros la experiencia que tengo 
de él , habiéndome servido en la predicación de el 
Evangelio , como un hijo al lado de su padre. 

23 Así que espero enviárosle , luego que yo vea 
arregladas mis cosas. 

24 Confio asimismo en el Señor, que aun yo en 
persona he de ir dentro de muy poco tiempo á veros. 

25 ínterin me ha parecido necesario el enviaros 
ya á Epaphródito mi hermano , y coadjutor en el 
ministerio , y compañero en los combates , apóstol ó 
enviado vuestro , y que me ha asistido en mis nece- 
sidades * ; 

26 porque á la verdad él tenia grande ansia de 
veros á todos , y estaba angustiado , porque vosotros 
habláis sabido su enfermedad. 

27 Y cierto que ha estado enfermo á punto de 
morir ; pero Dios tuvo misericordia de él , y no solo 
de él , sino también de mí , para que yo no pade- 
ciese tristeza sobre tristeza. 

28 Por eso le he despachado mas presto, á fin de 



1 Con las limosnas con qne le enviasteis. 



CAPÍTULO III. 57 

que con su vista os gozeis de nuevo , y así yo esté 
sin pena. 

29 Recibidle pues con toda alegría en ei Señor, 
y con el honor debido á semejantes personas, 

30 en atención á que por el servicio de Jesu- 
Christo ha estado á las puertas de la muerte , ex- 
poniendo su vida , á trueque de suplir lo que vos- 
otros (leude ahi no podíais hacer en obsequio mió, 

CAPÍTULO III. 

Que todas las cosas no valen nada en comimracion de las 
que tenemos en Jesu-Chrüío. De los falsos apóstoles, ene- 
migos de la cruz de Chrislo, 

1 En fin, hermanos míos, vosotros alegraos en el 
Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas 
cosas , y para vosotros es necesario. 

2 Guardaos pues^ os repito , de esos canes , guar- 
daos de los malos obreros , guardaos de los falsos 
circuncisos \ 

3 Porque los verdaderos circuncisos somos nos- 
otros , que servimos en espíritu á Dios , y nos glo- 
riamos en Jesu-Christo, lejos de poner confianza en. 
la carne ' : 

4 bien que podría yo también gloriarme en la car- 



1 Guardaos de esa inúiil cortadura, o circuncisión , de 
esos falsos predicadores, que solamente pouea su mira ea 
la circancision del cuerpo. 

2 O en las ceremonias de la Ley. 

ToM. XV. 6 



j8 epíst. de s. pablo a los philippenses. 

ne ' . Si alguno pues presume aventajarse según la 
carne , sepa que mas puedo yo , 

5 pues fui circuncidado al octavo día , soj/ del li- 
nage de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo 
hijo de hebreos , Fariseo en la manera de observar 
la Ley, 

6 zeloso por el judaismo hasta perseguir la Igle- 
sia de Dios ; y en cuanto á la justicia que consiste 
en la Ley, ha sido mi proceder irreprensible. 

7 Pero estas cosas que antes las consideraba yo 
como ventajas mias, me han parecido desventajas 
y pérdidas, al poner los ojos en Jesu-Christo. 

8 Y en verdad todo lo tengo por pérdida ó des- 
ventaja , en cotejo del sublime conocimiento de mi 
Señor Jesu-Christo ^ , por cuyo amor he abandonado 
y perdido todas las cosas , y las miro como basura, 
por ganar á Christo , 

9 y en él hallarme , no con tener la justicia mía , 
la cual es la que viene de la Ley ', sino aquella que 
nace de la fé de Jesu-Christo, la justicia que viene de 
Dios por la fé , 

1 á fin de conocerle á él , esto es , á Christo , 
y la eficacia de su resurrección , y participar de sus 
penas , asemejándome á su muerte ♦ ; 

1 Aun mas que esos falsos doctores , si eso fuese mate- 
ria de gloria. 

2 Que recibí en mi conversión. 

3 O está fundada sobre la letra de ella^ y las fuerzas na- 
turales del hombre. 

4 O muriendo á todos mis vicios. 



CAPÍTULO III. 59 

11 de modo que al cabo pueda arribar á merecer 
la resurrección yloriosa de los rauerlos : 

12 no que lo haya logrado ya todo, ni llegado á la 
perfección de asemejainne á Christo ; pero yo sigo mi 
carrera , por ver si alcanzo aquello para lo cual fui 
destinado ó llamado por Jesu-Christo. 

13 Yo, hermanos jnios , no pienso haber tocado al 
fin de mi carrera, ñli única mira es, olvidando las 
cosas de atrás , y atendiendo solo y mirando á las de 
delante , 

14 ir corriendo acia el hilo ' , para ganar el premio 
á que Dios llama desde lo alio por Jesu-Christo. 

15 Pensemos pues así todos los que somos perfec- 
tos ^ : que si vosotros pensáis de otra suerte , confio 
en que Dios os iluminará también en esto y sacará 
del error. 

16 Mas en cuanto á los conocimientos á que hemos 
arribado ya en las verdades de la fé , tengamos los 
mismos sentimientos ; y perseveremos en la misma 
regla. 

— 17 ¡Oh hermanos! sed imitadores raios , y poned 
los ojos en aquellos que proceden conforme al decha- 
do nuestro que tenéis. 



1 Acia el blanco de mi carrera. 

2 O aspiramos á la perfección; y por mas perfectos que 
seamos, y aptos para coger el premio. La palabra griega 
TÍXeioi, que la Vulgata traduce perfecti, significa aquí bien 
clispueatos para ganar el premio en alguu certamen, lu- 
oha, etc. 



60 EPÍST. DE S. PABLO A LOS PHILÍPPENSES. 

18 Porque muchos andan por ahí, como os decía 
repelidas veces, (y aun ahora lo digo con lágrimas) que 
se portan como enemigos de la cruz de Chrislo ; 

19 el paradero de los cuales es la perdición; cuyo 
Dios es el vientre ; y que hacen gala de lo que es su 
desdoro y confusión , aferrados á las cosas terrenas. 

20 Pero nosotros vivimos ya como ciudadanos del 
cielo ; de donde asimismo estamos aguardando al Sal- 
vador Jesu-Christo Señor nuestro , 

21 el cual trasformará nuestro vil cuerpo, y le hará 
conforme al suyo glorioso , con la misma virtud eficaz, 
con que puede también sujetar á su imperio todas las 
cosas y hacer cuanto quiera de ellas. 

CAPITULO IV. 

Última exhortación del Apóstol á la práctica de todas las 
virtudes , y su agradecimiento por el socorro que le habían 
enviado. 

1 Por tanto, hermanos mios carísimos y amabilísi- 
mos , que sois mi gozo y mi corona , perseverad así 
firmes en el Señor , queridos mios. 

2 Yo ruego á Evodia , y suplico á Syntyché , que 
tengan unos mismos sentimientos en el Señor. 

3 También te pido á tí ¡ oh fiel compañero ! que 
asistas á esas que conmigo han trabajado por el Evan- 
gelio con Clemente , y los demás coadjutores mios , 
cuyos nombres están en el libro de la vida '. 



1 Véase Libro, Vida. 



CAPÍTULO IV. 61 

4 Vivid siempre alegres en el Señor : vivid alegres 
repito '. 

5 Sea vuestra modestia * patente á lodos los hom- 
bres : el Señor está cerca. 

6 No os inquietéis por la solicitud de cosa alguna ; 
mas en todo presentad íx Dios vuestras peticiones por 
medio de la oración y de las plegarias , acompañadas 
de hacimiento de gracias. 

7 Y la paz de Dios , que sobrepuja á todo entendi- 
miento , sea la guardia de vuestros corazones , y de 
vuestros sentimientos , en Jesu-Christo. 

8 Por lo demás , hermanos mios , todo lo que es 
conforme á verdad , todo lo que respira pureza , todo 
lo justo , todo lo que es santo ó santifica , todo lo que 
os haga amables , todo lo que sirve al buen nombre , 
toda virtud , toda disciplina loable , esto sea vuestro 
estudio. 

i) Lo que habéis aprendido , y recibido , y oido , y 
visto en mí, esto habéis de practicar; y el Dios de la 
paz será con vosolros- 

10 Yo por mí me holgué sobremanera en el Señor, 
deque al fin ha reflorecido aquel afecto que me tenéis : 
siempre le habéis tenido en vuestro corazón , mas no 
hallabais coyuntura para manifestarle. 



1 La confianza en Dios y la sumisión á su divina volun 
tacl son la raíz ó el manantial de aquella paz y alegría ver- 
dadera de que nunca sfoza el honíbre carnal. 

2 La voz griega íttíéíxs'í significa moderación , sufri- 
miento, etc. 



62 EPÍST. DE S. PABLO A LOS PHILIPPENSES. 

11 No lo digo por razón de mi indigencia , pues he 
aprendido á contentarme con lo que tengo. 

12 Sé vivir en pobreza, y sé vivir en abundancia; 
todo lo he probado y estoy ya hecho á todo ; á tener 
hartura , y á sufrir hambre , ó tener abundancia , y á 
padecer necesidad; 

13 todo lo puedo en aquel que me conforta, esto 
es , en Christo. 

14 Sin embargo habéis hecho una obra buena, en 
concurrir al alivio de mi tribulación. 

— 15 Por lo demás bien sabéis vosotros ¡ oh philip- 
penses ! que después de haber comenzado á predicaros 
el Evangelio , habiendo en seguida salido de la Mace- 
donia , ninguna otra Iglesia , sino solamente la vues- 
tra, me asistió con sus bienes ; 

16 pues una y dos veces me remitisteis á Thessa- 
lónica con que atender á mis necesidades. 

17 No es que desee yo vuestras dádivas , sino lo 
que deseo es el provecho considerable que resultará 
de ello á cuenta vuestra delante de Dios. 

18 Ahora lo tengo lodo, y estoy sobrado : colmado 
estoy de bienes , después de haber recibido por Epa- 
phródito lo que me habéis enviado , i/ que he recibido 
como una oblación de olor suavísimo , como una hos- 
tia acepta y agradable á Dios. 

19 Cumpla pues mi Dios todos vuestros deseos , se- 
gún sus riquezas , con la gloria que os dé en Jesu- 
Christo. 

20 Al Dios y Padre nuestro sea dada la gloria por 
los siglos (le los siglos. Amen. 



CAPÍTULO IV. 63 

— 21 Saludad á todos los santos afieles en Christo 
Jesús. 

22 Los hermanos que conmigo están, os saludan. 
Os saludan todos los santos, y principalmente los que 
son de la casa ó palacio de César '. 

23 La gracia de nuestro Señor Jesu-Christo sea 
con vuestro espíritu. Amen. 



Esto es , del emperador Nerón. 



FIN DE LA epístola DE SAN PABLO 

A LOS PHILIPPENSES. 



ADVERTENCIA 



LA EPÍSTOLA DE SAN PABLO A LOS COLOSSENSES; 



Los fieles de Colóssas se hallaban turba- 
dos por dos clases de seducíosles : los unos les 
enseñaban d mezclar con el Evangelio las 
ceremonias del judaismo; los otros á acer- 
carse á Dios^ mas no por Jesu-Christo como 
mediador, sino por los ángeles, á los cuales 
daban ellos esta cualidad ú oficio, según los 
principios de la filosofía platónica. San Pa- 
blo desde Roma , donde se hallaba preso, les 
escribe para desengañarlos de tales errores, 
y les da después excelentes reglas para stt 
conducta^ 



epístola 
del apóstol s. pablo 

Á LOS GOLOSSENSES. 



CAPÍTULO PRIMERO. 



Alaba san Pablo la jé de los colossenses , y ruega por ellos. 
Jesii- Cliristo es la imagen perfecta de Dios, el señor de 
todas las cosas, la cabeza de la Iglesia, y el redentor de 
los hombres. Pablo es el ministro de Jesu-Chrisio, para 
anunciar el misterio de la vocación de los gentiles. 

1 Pablo , apóstol de Jesu-Christo por la voluntad 
de Dios , y Timotheo su hermano , 

2 á los santos y fieles hermanos en Jesu-Chrlslo , 
residentes en Coióssas. 

3 La gracia y paz sea con vosotros , de parte de 
Dios Padre nuestro , y de Jesu-Christo nuestro Se- 
ñor. Damos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor 
Jesu-Christo , orando siempre por vosotros ; 

4 al oir vuestra fé en Christo Jesús , y el amor que 
tenéis á todos los santos ojíeles , 

5 en vista de la esperanza de la yloria, que os está 
reservada en los cielos ; esperanza que habéis adqui- 



G6 EPÍST. DE S. PABLO A LOS COLQSSENSES. 

1 ido , cuando se os anunció la verdadera doctrina del 
Evangelio ; 

6 el cual se ha propagado entre vosotros, como asi- 
mismo en lodo el mundo, donde fructifica y va cre- 
ciendo, del modo que lo ha hecho entre vosotros, desde 
aquel dia en que oísteis y conocisteis la gracia de Dios 
según la verdad, 

7 conforme la aprendisteis de nuestro carísimo 
Epáphras, que es nuestro compañero en el servicio 
de Dios, y un fiel ministro de Jesu-Christo para con 
vosotros, 

8 el cual asimismo nos ha informado de vuestro 
amor todo espiritual. 

9 Por eso también nosotros desde el dia en que lo 
supimos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir 
á Dios que alcanzels pleno conocimiento de su volun- 
tad, con toda sabiduría é inteligencia espiritual ; 

10 á fin de que sigáis 'una conducta digna de Dios 
agradándole en todo, produciendo frutos en toda espe- 
cie de obras buenas, y adelantando en la ciencia de 
Dios; 

11 corroborados en toda suerte de fortaleza por el 
poder glorioso de su gracia, para tener siempre una 
perfecta paciencia, y longanimidad acompañada de 
alegría, 

12 dando gracias á Dios Padre, que nos ha hecho 
dignos de participar de la suerte y herencia úc los 
santos, iluminándonos con la luz del Evanyelio ; 

13 que nos ha arrebatado del poder de las tinieblas, 
y trasladado al reino de su Hijo muy amado ; 



CAPÍTULO I. 67 

1 4 por cuya sangre hemos sido nosotros rescatados ' , 
y recibido la remisión de los pecados ; 

15 3/ el cual es imagen perfecta del Dios invisible ', 
engendrado ab wterno ante toda criatura ; 

16 pues por él fueron criadas todas las cosas en los 
cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, ora 
sean tronos, ora dominaciones, ora principados, ora 
potestades ; todas las cosas fueron criadas por él mismo, 
y en atención á él mismo : 

17 y así él tiene ser ante todas las cosas, y todas 
subsisten por él, y por él son conservadas. 

18 Y él es la cabeza del cuerpo de la Iglesia, y el 
principio de la resurrección, el primero á renacer de 
entre los muertos, para que en todo tenga él la pri- 
macía ; 

19 pues plugo al Padre poner en él la plenitud de 
todo ser, 

20 y reconciliar por él todas las cosas consigo, res- 
tableciendo la paz entre cielo y tierra, por medio de 
la sangre que derramó en la cruz. 

21 Igualmente á vosotros, que antes os habíais ex- 
trañado de Dios, y erais enemigos suyos de corazón 
por causa de vuestras malas obras, 

22 ahora en fin os ha reconciliado en el cuerpo 
mortal de su carne por medio de la muerte que ha 
padecido, á fin de presentaros santos, sin mancilla, é 
irreprensibles delante de él en la gloria ; 

1 De la esclavitud en que nos tenia el demonio. 

2 Como que es Hijo suyo consustancial. 



68 EPÍST. DE S. PABLO A LOS COLQSSENSES. 

23 con tal que perseveréis cimentados en la fé, y 
firmes é inmobles en la esperanza del Evangelio que 
oísteis, y que ha sido predicado en todas las naciones, 
que habitan debajo del cielo ; del cual yo Pablo he sido 
hecho ministro. 

24 Yo que al presente me gozo de lo que padezco 
por vosotros, y estoy cumpliendo en mi carne, lo que 
resta que padecer á Chrislo en sus miembros, sufrien- 
do trabajos en pro de su cuerpo místico, el cual es la 
Iglesia ; 

25 cuyo ministro yo soy por la disposición de Dios, 
ministerio que se me ha dado en orden á vosotros, 
gentiles, para desempeñar la predicación de la palabra 
de Dios ; 

26 anunciándoos el misterio escondido á los siglos 
y generaciones pasadas, y que ahora ha sido revelado 
á sus sanios , 

27 á quienes Dios ha querido hacer patentes las 
riquezas de la gloria de este arcano entre las naciones, 
el cual no es otra cosa que Christo, hecho por la fé 
la esperanza de vuestra gloria. 

28 Esle es á quien predicamos nosotros, amones- 
lando á lodos los hombres, é instruyéndolos á lodos en 
toda sabiduría ó conocimientos celestiales, para hacer- 
los á todos pcrfeclos en Jesu-Chrislo ; 

29 á cuyo fin dirijo yo lodos mis esfuerzos, peleando 
según el impulso que ejerce en mí el Señor, con su 
poderosa virtud. 



69 



CAPITULO IJ. 

Exhorta á los colosscnses á que se guarden de los sofismas de 
los filósofos , de la sitpersticion de los hereges , de los ritof 
del judaismo, y de falsas visiones. 

1 Porque deseo que sepáis las inquietudes que 
padezco por vosotros , y por los de Laodicea, y aun 
por aquellos fieles que todavía no me conocen de 
vista ; 

2 á fin de que sean consolados sus corazones , y 
que estando bien unidos por la caridad , sean llenados 
de todas las riquezas de una perfecta inteligencia, 
para conocer el misterio de Dios Padre y de Jesu- 
Chrislo ; 

3 en quien están encerrados todos los tesoros de la 
sabiduría y de la ciencia. 

4 Y digo esto, para que nadie os deslumbre con 
sutiles discursos ó altisonanies palabras. 

5 Pues aunque con el cuerpo estoy ausente, no 
obstante con el espíritu estoy con vosotros , holgán- 
dome de ver vuestro buen orden , y la firmeza de 
vuestra fé en Chrislo. 

6 Ya, pues, que habéis recibido por Señor á Jesu- 
Chrislo, seguid sus pasos. 

7 unidos á él cerno á vuestra raiz, y edificados 
sobre él como sobre vuestro fundamento, y contirma- 
dos en la fé, que se os ha enseñado, creciendo mas y 
mas en ella con continuas acciones de gracias. 

8 Estad sobre aviso, para que nadie os seduzca por 



70 EPlST. DE S. PABLO A I.OS COLOSSENSES. 

medio de una filosofía inúlil y falaz, y con vanas su- 
tilezas, fundadas sobre la Iradicion de los hombres, 
conforme á las máximas del mundo, y no conforme 
á la doctrina de Jesu-Christo ; 

9 porque en él habita toda la pl-enilud de la divini- 
dad corporalmente, esto es, real y smtanciabnente ; 

10 y lo tenéis lodo en él, que es la cabeza de todo 
principado y potestad ; 

11 en el cual fuisteis vosotros también circunci- 
dados con circuncisión, no carnal ó hecha por mano 
que cercena la carne del cuerpo, sino con la circunci- 
sión de Christo ; 

12 siendo sepultados con él por el bautismo, y con 
él reuscitados á la vida de la gracia por la fé que 
tenéis del poder de Dios, que le resucitó de la muerte. 

13 En efecto, cuando estabais muertos por vuestros 
pecados, y por la incircuncision ó desorden de vuestra 
carne, entonces os hizo revivir con él, perdonándoos 
(jracios amenté todos los pecados ; 

14 y cancelada la cédula del decreto firmado contra 
nosotros, que nos era contrario, quitóla de en medio, 
enclavándola en la cruz ; 

15 y despojando con esto á los principados y po- 
testades infernales^, los sacó valerosamente en pú- 
blico, y llevólos delante de si, triunfando de ellos en su 
propia persona ó por su pasión y muerte. 

16 Nadie pues os condene por razón de la comida, 

1 Del dominio que habían ejercido en nosotros por cansa 
del pecado. 



CAPITULO II. 71 

Ó bebida, ó en punto de dias festivos, ó de noviluuius, 
ó de sábados ú otras observancias de la Ley ; 

1 7 cosas todas que eran sombra de las que habían 
de venir ; mas el cuerpo ó la realidad de ellas es 
Chrislo. 

18 Nadie os extravíe del recto camino, afectando 
humildad, enredándoos con un culto supersticioso de 
los ángeles, metiéndose en hablar de cosas que no ha 
visto, hinchado vanamente de su prudencia carnal % 

19 y no estando unido con la cabeza (¡ue es Jesu- 
Chrisfo, de la cual todo el cuerpo alimentado y orga- 
nizado por medio de los nervios y junturas^ va cre- 
ciendo con el aumento que es de Dios ^. 

20 Si habéis muerto pues con Jesi<-Christo en orden 
á aquellas primeras y elementales instrucciones del 
mundo, ¿por qué las queréis reputar todavía por leyes 
Nuestras, como si vivieseis en la época aquella de el 
mundo? 

21 No comáis, seos dice, ni gustéis, ni toquéis esto 
ó aquello ; 

22 no obstante que todas estas cosas, prescritas por 
ordenanzas y doctrinas humanas , son tales que se 
destruyen con el uso mismo que de ellas se hace. 

23 Pero en ellas hay verdaderamente una especie 



J Publicando que solo por medio de lo3 ángeles podemos 
llfigarnos á Dios. 

2 Los Sacramentos son como los conductos por donde 
se comunica la -vida de la gracia á todo el cuerpo místico 
(le Christo , que es la Iglesia. 



72 EPÍST. DE S. PABLO A LOS COLOSSENSES. 

de sabiduría cristiana, en su observancia libre y 
acompañada de humildad, y en castigar al cuerpo , y 
no contemplar nuestra carne'. 

CAPÍTULO líl. 

De la renovación de ha costumbres conforme d la nueva 
vida recibida de Christo. Varios avisos á los casados, á 
los padres de familia , y á los criados. 

1 Ahora bien, si habéis resucitado con Je.sw-Chris- 
to , buscad las cosas que son de arriba, donde Christo 
está sentado á la diestra de Dios Padre: 

2 saboreaos en las cosas del cielo , no en las de la 
tierra. 

3 Porque muertos estáis ya, y vuestra nueva vida 
está escondida con Christo en Dios. 

4 Cuando empero aparezca Jesw-Chrislo, que es 
vuestra vida, entonces apareceréis también vosotros 
con él gloriosos. 

5 Haced morir pues los miembros del hombre ter- 
reno, que hay en vosotros ; la fornicación, la impureza, 
las pasiones deshonestas, la concupiscencia desorde- 



1 Según san Gerónimo , san Juan Chrysóstonio y san 
Aníibrosio, el texto i)uede traducirse en nn sentido diferente 
del modo signiente : Estas cosas no tienen mas que una 
apariencia de saliiduría ó piedad ; ¡jorque nacen de una 
falsa piedad, y de una humildad afectada que no cuida del 
cuerpo , privándole del siisl culo necesario. 



CAPÍTULO III. "iS 

nada, y la avaricia, que todo viene á ser una ido- 
latría '; 

por las cuales cosas descarga la ira de Dios sobre 
los incrédulos, 

7 y en las cuales anduvisteis también vosotros en otro 
tiempo, pasando en aquellos desórdenes vuestra vida. 

8 Blas ahora dad ya de mano á todas esas cosas ; 
á la colera, al enojo, á la malicia, á la maledicencia, 
y lejos de vuestra boca toda palabra deshonesta. 

9 iNo mintáis los unos á los otros, en suma, desnu- 
daos del hombre viejo con sus acciones, 

10 y vestios del nuevo % de aquel que por el cono- 
cimiento de la fe se renueva según la imagen del Se- 
ñor que le crió ; 

11 para con el cual no hay distinción de gentil y 
judío, de circunciso y no circunciso, de bárbaro y scy- 
Iha , de esclavo y libre, sino que Christo es todo el 
bien , y está en todos. 

12 Revestios pues, como escogidos que sois de 
Dios, santos y amados, revestios de entrañas de com- 
pasión, de benignidad, de humildad, de modestia, 
de paciencia ; 

13 sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos 
mutuamente, si alguno tiene queja contra otro: así 
como el Señor os ha perdonado, así lo habéis de hacer 
también vosotros. 

1 Véase la nota al cfff . IF.v. 19 de \a Epidola á los 
ephésios. 

2 Véase Vestido* 



74 EPÍST. DE S. PABLO A LOS COLOSSENSES. 

14 Pero sobre lodo mantened la caridad, la cual 
cá el vínculo de la perfección ' ; 

15 y la paz de Christo ' triunfe en vuestros cora- 
zones, paz divina á la cual fuisteis asimismo llamados 
para formar todos un solo cuerpo ; y sed agradecidos 
á Dios por este y oíros benejicios. 

16 La palabra de Christo ó su doctrina en abun- 
dancia tenga su morada entre vosotros, con toda sa- 
biduría , enseñándoos y animándoos unos á otros , con 
salmos , con himnos y cánticos espirituales , cantando 
de corazón con gracia ó edificación las alabanzas á 
Dios. 

17 Todo cuanto hacéis, sea de palabra ó de obra, 
hacedlo todo en nombre de nuestro Señor Jesu-Chris- 
to, 1/ á gloria suya, dando por medio de él gracias á 
Dios Padre. 

18 Mugeres, estad sujetas ' á los maridos, como 
es debido, en Zo que es según el Señor. 

19 IMaridos, amad á vuestras mugeres, y no las 
tratéis con aspereza. 

20 Hijos, obedeced á vuestros padres en todo, por- 
(lue esto es agradable al Señor. 



1 Pues que nos une á unos con otros , y á todos con 
l>ioa ; que es en lo que consiste la perfección cristiana. 

2 Martiüi traduce según el griego, Kat) »' f//)«v« tou 
(::)¿oü, Pace di Dio, paz de Dios. 

3 Kl texto griego dice : iJ'7rorc¿(xaic^s , estad subordi- 
II idas. 



CAPÍTULO IV. 75 

2 1 Padres , no provoquéis á ira , b no it^riteis , á 
vuestros hijos con excesiva severidad, para que no se 
hagan pusilánimes ó apocados. 

22 Siervos , obedeced en todo á vuestros amos tem- 
porales, no sirviéndolos solo mientras tienen la vista 
sobre vosotros, ó solamente cuando os miran, como 
si no deseaseis mas que complacer á los hombres; sino 
con sencillez de corazón , y temor de Dios. 

23 Todo lo que hagáis, hacedlo de buena gana, 
como quien sirve á Dios , y no á hombres ; 

24 sabiendo que recibiréis del Señor la herencia 
del cielo por galardón ó salario , pues á Christo nues- 
tro Señor es á quien servís en la persona de vuestros 
amos; 

25 mas el que obra mal ó injustamente , llevará el 
pago de su injusticia, porque en Dios no hay acepción 
de personas. 

CAPÍTULO IV. 

Últimos avisos del Apóstol. Recomienda á TycMco y á 
One'simo ; y saluda á varios. 

1 Amos , tratad á los siervos según lo que dictan la 
justicia y la equidad , sabiendo que también vosotros 
tenéis un amo en el cielo '. 

2 Perseverad en la oración , velando en ella y acom- 
pañándola con acciones de gracias ; 



1 Que os tratará como tiatcis á ellos. 



76 EPÍST. DE S. PABLO A LOS COLOSSENSES. 

3 orando juntamente por nosotros , para que Dios 
nos abra la puerta de la predicación , á fin de anun» 
ciar el misterio de la redención de los hombres por 
Je«M -Christo ( por cuya causa estoy todavía preso) 

4 y para que yo le manifieste de la manera ^nwc 
con que debo hablar de él. 

5 Portaos sabiamente ?/ con prudencia con aquellos 
que están fuera de la Iglesia ' ; resarciendo el tiempo 
perdido ^. .j 

6 Vuestra conversación sea siempre con agrado 
sazonada con la sal de la discreción, de suerte que 
acertéis á responder á cada uno como conviene. 

7 De todas mis cosas , os informará Tychico , mi 
carísimo hermano, y fiel ministro , y consiervo en el 
Seíior ; 

8 al cual he enviado á vosotros expresamente , para 
que se informe de vuestras cosas , y consuele vuestros 
corazones ; 

9 juntamente con Onésimo , mi muy amado y fiel 
hermano, el cual es vuestro compatriota. Estos os con- 
tarán todo lo que aquí pasa. 

10 Salúdaos Aristarcho , mi compañero en la pri- 
sión , y Marcos , primo de Bernabé , acerca del cual 
os tengo ya hechos mis encargos : si fuere á vosotros , 
recibidle bien : 

\ 1 os saluda también Jesús , por sobrenombre Jus- 



1 A fin de atraeilos á la fé con vuestra conducta. 

2 Con aprovechiu- toda ocasión de hacer alguna obra 
buena. 



CAPÍTULO IV. 77 

lo : eslos son de los circuncisos 6 de los hebreos con- 
vertidos ; y ellos solos son los que me ayudan á anun- 
ciar q\ reino de Dios , y me han servido de consuelo. 

12 Salúdaos Epáphras , el cual es de los vuestros, 
ó vuestro paisano , siervo^e¿ de Jesu-Christo , siem- 
pre solícito en^rogar por vosotros en sus oraciones, 
para que seáis perfectos , y conozcáis bien todo lo que 
Dios quiere de i>osotros. 

13 Pues yo soy testigo, de lo mucho que se afana 
por vosotros , y por los de Laodicea y de Hierápolis. 

14 Salúdaos el muy amado Lúeas médico , y tam- 
bién Démas. 

15 Saludad vosotros á los hermanos de Laodicea , 
y á Nímphas, y á la Iglesia que tiene en su casa. 

16 Leida que sea esta carta entre vosotros, haced 
que se lea también en la Iglesia de Laodicea ; como el 
que vosotros asimismo leáis la de los laodicenses. 

17 Finalmente decid de mi parte á Archippo ' : 
Considera bien el ministerio, que has recibido en 
nombre del Señor , á fin de desempeñar todos sus 
cargos. 

18 La salutación va de mi propia mano , Pablo. 
Acordaos de mis cadenas. La gracia sea con vosotros. 
Amen. 

1 Vt'ase Phikm. v. 2. 

FIN DE LA EPÍSTOLA DE SAÍ* PABLO 

A LOS COLOSSENSES. 



ADVERTENCIA 



LA El'lSTOLA PRIMERA A LOS THESSALONICENSKS- 



Hahia san Pablo predicado lafé en Thes- 
salónica, hoy Salónica, capital de la Mace- 
dotiia, y viéndose precisado á retirarse por 
la persecución de los judíos, (Act. XVII. v. 
1.) pasó á Berea, de aquí á Athénas , y en 
seguida d Coriutho, d donde llegaron después 
de algún tiempo desde Tliessalonica Timo- 
t/ieo y Silas» Estos le contaron la constancia 
en la fe de los nuevos fieles de Thessalóniva ; 
y no pudiendo el Apóstol ir d verlos, les es- 
cribió esta carta , en la cual, después de ha- 
berles hablado con entrañable ternura, les da 
las instrucciones y los avisos de que necesi- 
taban. — Créese comunmente que esta es la 
primera carta de las que tenernos del san- 
to Apóstol, habiendo sido escrita diez y 
ocho años después de la muerte del Señor, (t 
ocia el 52 de la era vulgar. 



epístola primera 
del apóstol s. pablo 

Á LOS THESSALOINICENSES. 



CAPITULO PRIMERO. 

Alaba el Apóstol á los ihessalonicemes por haber sido un 
dechado de los demás fieles, con el fervor de su fe', espe- 
ranza y caridad, en medio de las tribulaciones. 

1 Pablo , y Silvano , y Timolbeo , á la Iglesia de 
los thessalonicenses , congregada en Dios Padre , y en 
nuestro Señor Jesu-Christo. 

2 Gracia , y paz sea con vosotros. Sin cesar damos 
gracias á Dios por todos vosotros , haciendo continua- 
mente memoria de vosotros en nuestras oraciones , 

3 acordándonos delante del Dios y Padre nuestro 
de las obras de vuestra fé , de los trabajos de vuestra 
caridad , y de la firmeza de vuestra esperanza en nues- 
tro Señor Jesu-Christo : 

4 considerando , amados hermanos , que vuestra 
elección ó vocación á lafé es de Dios, 

5 porque nuestro Evangelio no se anunció á voso- 



80 EPiST. 1. DE S. PABLO A LOS THESSALONICENSES. 

tros solo con palal)ras, sino también con milagros, y 
dones ' tic el Espíritu santo , con eficaz persuasión , 
porque ya sabéis cuál fue nuestro proceder entre vos- 
otros para procurar vuestro bien. 

6 Vosotros de vuestra parte os hicisteis imitadores 
nuestros , y del Señor , recibiendo su palabra en me- 
dio de muchas tribulaciones , con gozo del Espíritu 
sanio ; 

7 de suerte que habéis servido de modelo á cuantos 
han creído en la Macedonia y en Acháya. 

8 Pues que de vosotros se difundió la palabra del 
Señor ó el Evangelio , no solo por la Macedonia y 
por la Acháya , sino que por todas partes se ha divul- 
gado en tanto grado la fé que tenéis en Dios , que no 
tenemos necesidad de decir nada sobre esto. 

9 Porque los mismos j^eíes publican el suceso que 
tuvo nuestra entrada entre vosotros ; y cómo os con- 
vertisteis á Dios abandonando los ídolos , por servir 
al Dios vivo y verdadero , 

10 y para esperar del cíelo á su Hijo Jesús, (á 
quien resucitó de entre los muertos ) y el cual nos li- 
bertó de la ira venidera ^. 



1 //. Cur. II. V. 12. 

2 Satisfaciendo por nosotros con sn sangre á la justicia 
de Dios. 



81 



CAPÍTULO II. 



San Pablo hace presente á los t/iessalonicenses la liber- 
tad , desinterés y zelo con que les inedicó el Evangelio : 
y también el entrañable amor que les profesa, por au 
conslancia en la fe'. 

1 El hecho es que vosotros, hermaoos 7nios , sa- 
béis bien como nuestra llegada á vuestra ciudad no 
fue en vano ó smfnito: 

2 sino que habiendo sido antes maltratados y afren- 
tados, ó azotados con varas (como no ignoráis) en Phi- 
líppos , puesta en nuestro Dios la confianza , pasamos 
animosamente á predicaros el Evangelio de Dios en 
medio de muchos obstáculos. 

3 Porque no os hemos predicado ninguna doctrina 
de error, ni de inmundicia , ni con el designio de en- 
gañaros ' ; 

4 sino que del mismo modo que fuimos aprobados 
de Dios para que se nos confiase su Evangelio , así 
hablamos ó predicamos, no como para agradar á los 
hombres, sino á Dios, que sondea nuestros corazones. 

5 Porque nunca usamos del lenguage de adulación, 
como sabéis , ni de ningún pretexto de avaricia : Dios 
es testigo de todo esto : 

6 ni buscamos gloria de los hombres, ni de voso- 
tros, ni de otros algunos. 



1 Coiuo han hecho Simón Mago, Cerinto y otros falsos 
apóstoles. 

8 



82 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS THESSALONICENSES. 

1 Pudiendo como apóstoles de Chrislo gravaros con 
la carga de nuestra subsistencia ; mas bien nos hi- 
cimos párvulos ó mansos y suaves en medio de voso- 
tros, como una madre que está criando , llena de ter- 
nura para con sus hijos. 

8 De tal manera apasionados por vosotros , que de- 
seábamos con ansia comunicaros no solo el Evangelio 
de Dios , sino daros también hasta nuestra misma vi- 
da : tan queridos llegasteis á ser de nosotros. 

9 Porque bien os acordaréis, hermanos mios, de 
nuestros trabajos y fatigas por amor vuestro ; cómo 
trabajando de dia y de noche , á trueque de no gravar 
á nadie, gallándonos nuestro sustento , predicamos ahí 
el Evangelio de Dios '. 

10 Testigos sois vosotros , y también Dios, de cuan 
santa , y justa , y sin querella alguna fue nuestra man- 
sión entre vosotros , que habéis abrazado la fé ; 

1 1 sabiendo , como sabéis , que nos hemos portado 
con cada uno de vosotros ( á la manera que un padre 
con sus hijos) 

12 amonestándoos, consolándoos y conjurándoos á 
llevar una vida digna de Dios, que os ha llamado á su 
reino y gloria. 

13 De aquí es que no cesamos de dar gracias al 
Señor, porque cuando recibisteis la palabra de Dios 
oyéndola de nosotros , la recibisteis , no como pala- 



1 ¡ Qué materia tan abundante para reflexiones cristianas 
presenta aquí el apóstol san Pablo, trabajando de noche y 
(le dia para ganar su sustento! 



CAPÍTULO II. 83 

bra de hombre , sino (según es verdaderamente) como 
palabra de Dios , que fructifica en vosotros , que ha- 
béis creido ; 

14 porque vosotros, hermanos míos, habéis imi- 
tado á las Iglesias de Dios que hay en Judea reunidas 
en Jesu-Christo; siendo así que habéis sufrido de los 
de vuestra propia nación , las mismas persecuciones 
que aquellas han sufrido de los judíos ; 

15 los cuales también mataron al Señor Jesús, y á 
los Profetas , y á nosotros nos han perseguido , y des- 
agradan á Dios , y son enemigos de todos los hombres 
pues se oponen á su salvación ; 

16 prohibiéndonos el predicar á los gentiles á fin 
de que se salven, para ir siempre ellos llenando la me- 
dida de sus pecados ' : por lo que la ira de Dios ha 
caído sobre su cabeza , y durará hasta el fin ^. 

17 Pero en cuanto á nosotros, hermanos mios , 
después de haber estado por un poco de tiempo sepa- 
rados de vosotros con el cuerpo , no con el corazón , 
hemos deseado con tanto mas ardor y empeño volver- 
os á ver : 

18 por eso quisimos pasar á visitaros, y en parti- 
cular yo , Pablo , he estado resuelto á ello mas de una 
vez; pero Satanás nos lo ha estorbado ^ 

19 En efecto, ¿cuál es nuestra esperanza, nuestro 



1 A que los ha abandonado la justicia divina. 

2 Rom, XI. t'.26. 

3 Habiéndonos movido tales disputas y dificultades acá 
en Athénas, que no ha sido posible ejecutarlo. 



84 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS THESSALONICENSES. 

gozo , y la corona que formará nuestra gloria ? ¿ No 
sois vosotros delante de nueslio Señor Jesu-Chrislo 
para el dia de su advenimiento ? 

20 Si, vosotros sois nuestra gloria y nuestro gozo. 

CAPÍTULO llí. 

Consuelo del Apóstol al saber por Timotheo la covstancia 
de los thessalonicenses en la fe de Jestc-Ckristo. 

i Por cuyo motivo no pudiendo sufrir mas el estar 
sin saber de vosotros , tuvimos por bien quedarnos so- 
los en Alhenas , 

2 y despachamos á Timotheo, hermano nuestro, y 
ministro de Dios en la predicación de el Evangelio de 
Jesu-Christo, para confirmaros y esforzaros en vues- 
tra fé; 

3 á fin de que ninguno se conturbe ni bambalee 
por estas tribulaciones , pues vosotros mismos sabéis 
que á esto estamos destinados. 

4 Porque ya cuando estábamos con vosotros, os 
predecíamos que habíamos de padecer tribulaciones , 
así como ha sucedido, y tenéis noticia de ello. 

5 Por esto mismo no pudiendo ya sufrir mas, en- 
vié á informarme de vuestra fé ; temiendo que el ten- 
tador os hubiese tentado, y se perdiese nuestro tra- 
bajo. 

(3 Pero ahora que Timotheo regresado acá de voso- 
tros, nos ha traído nuevas de la fé y caridad vuestra, 
y cómo conserváis siempre buena memoria de noso- 



CAPÍTULO III. 85 

Iros , deseandü vernos , igualmente que nosotros os 
(leseamos ver también ; 

7 con eso, hermanos , hemos tenido gran consuelo 
á vista de vuestra fé, en medio de todas nuestras ne- 
cesidades y tribulaciones, 

8 porque ahora podemos decir que vivimos , puesto 
que vosotros estáis firmes en el Señor. 

9 Y en efecto, ¿ qué acción de gracias bastante po- 
demos tributar á Dios por vosotros , por todo el goz«) 
que experimentamos por vuestra causa delante de nues- 
tro Dios? 

10 Esto es lo que nos hace rogarle dia y noche con 
la mayor instancia , que nos permita pasar á veros , y 
acabar las instrucciones que faltan á vuestra fé. 

11 i Oh ! quiera el Dios y Padre nuestro, y nuestro 
Señor Jesu-Christo dirigir nuestros pasos acia vos- 
otros. 

12 Entre tanto el Señor os multiplique , y aumente 
vuestra caridad recíprocamente , y para con todos , tal 
cual es la nuestra para con vosotros ; 

13 á fin de fortalecer vuestros corazones en santi- 
dad y ser irreprensibles delante de Dios y Padre nues- 
tro , para cuando venga nuestro Señor Jesu-Christo 
con todos sus santos. Amen, 



86 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS THESSALONICENSES. 

CAPÍTULO IV. 

Que debemos huir de la lujuria y ociosidad ; y que no hemos 
de contristarnos como los gentiles por la muerte de los 
difuntos , teniendo la esperanza de la resurrección. 

1 Por lo demás , hermanos , os rogamos y conju- 
ramos por el Señor Jesús , que según aprendisteis de 
nosotros el modo como debéis portaros y agradar á 
Dios , así procedáis , para adelantar mas y mas en el 
camino del Señor. 

2 Porque ya sabéis qué preceptos os he dado en 
nombre del Señor Jesús. 

3 Esta es la voluntad de Dios, á saber, vuestra 
santificación ' : que os abstengáis de la fornicación , 

4 que sepa cada uno de vosotros usar del propio 
cuerpo, santa y honestamente; 

5 no con pasión libidinosa , como lo hacen los gen- 
tiles, que no conocen á Dios ; 

6 y que nadie oprima á su hermano, ni le engañe 
en ningún asunto, puesto que Dios es vengador de to- 
das estas cosas , como ya antes os hemos dicho y pro- 
testado ; 

7 porque no nos ha llamado Dios á inmundicia, 
sino á santidad. 

8 Así que quien menosprecia estos preceptos , no 
desprecia á un hombre , sino á Dios que es el autor 
de ellos ; y el cual asimismo nos ha dado su santo Es- 
píritu. 

1 O el que seáis santos y |iuios. 



CAPÍTULO IV. 8T 

9 Por lo que mira á la caridad fraterna , no hay 
necesidad de escribiros , pues vosotros mismos apren- 
disteis de Dios el amaros unos á otros. 

10 Y asi lo hacéis con cuantos hermanos hay en 
toda la j\Iacedonia. Pero os rogamos, hermanos mios, 
que adelantéis ó crezcáis mas y mas en este amor, 

11 y procuréis vivir quietos, y atended alo que 
tengáis que hacer, y trabajéis con vuestras manos, 
conforme os tenemos ordenado; y que os portéis mo- 
destamente con los que están fuera de la Iglesia ' ; y 
que no codiciéis cosa alguna de nadie ^. 

— 12 En orden á los difuntos, no queremo?, herma- 
nos, dejaros en ignorancia, porque no os entristezcáis, 
del modo que suelen los demás hombres, que no tienen 
la esperanza déla vida eterna. 

13 Porque si creemos que Jesús nuestra cabeza 
murió y resucitó, también debemos creer que Dios 
resucitará 1/ llevará, con Jesús « la gloria, á los que' 
hayan muerto en tafé y amor de Jesús. 

14 Por lo cual os decimos sobre la palabra del Se- 
ñor, que nosotros los vivientes, ó los que quedaremos 
hasta la venida del Señor ^, no cogeremos la delantera 
á los que ya murieron antes ^. 



1 Por no darles ocasión de calumniar la fé. 

2 Poniéndoos con vuestro trabajo en estado de no nece- 
sitar á los otros. 

8 Siendo miembros suyos por la fé y caridad. 

4 O los fieles que vivan entonces. 

5 Esto es, no resucitaremos por eso antes que ellos. 



88 EPÍST. I. DE S. PABLO A LOS TUESSALONICENSES, 

15 Por cuanto et mismo Señor á la intimación, y 
á la voz del arcbángel, y al sonido de la trompeta de 
Dios ' descenderá del cielo ; y los que murieron en 
Ghristo, resucitarán los primeros. 

16 Después, nosotros los vivos, los que hayamos 
quedado ^, seremos arrebatados juntamente con ellos 
sobre nubes al encuentro de Ghristo en el aire, y así 
estaremos con el Señor eternamente ^ 

17 Consolaos pues los unos á los otros con estas 
verdades *. 

CAPÍTULO V. 

Les advierte que la segunda venida del Señor .será cuando 
menos jñensen : exhortad prepararse con buenas'' obras, á 
subditos, á superiores y á iodos en general, pidiéndoles por 
último que nieguen por él a Dios. 

1 Pero en cuanto al tiempo y al momento de esta 
segunda venida de Jesu-Christo, no necesitáis, her- 
manos míos, que os escriba. 

2 Porque vosotros sabéis muy bien, que como el la- 
drón de noche, así vendrá el dia del Señor ; 

3 pues cuando los impíos estarán diciendo que hay 
paz y seguridad ; entonces los sobrecogerá de repcnl» 



i V^éase Dios. 

'2 Habiendo muerto tíiuibieu y resucitado, 
o No sabiendo nadie cuándo vendrá aquel dia , hablf 
Apóstol como si í'uese uno de los <|ne vivirán entónrí^ 
4 En ia muerte de vuestros aníigos y parientes. 



CAPITULO V. 89 

la ruina, como el dolor de parto á la preñada, sin que 
puedan evitarla. 

4 Mas vosotros, hermanos, no vivís en las tinie- 
blas del pecado, para que os sorprenda como ladrón 
aquel dia ; 

5 puesto que todos vosotros sois hijos de la luz, é 
hijos del dia : no lo somos de la noche , ni de las tinie- 
blas '. 

6 No durmamos pues como los demás, antes bien 
estemos en vela, y vivamos con templanza. 

7 Pues los que duermen, duermen de noche ; y los 
que se embriagan, de noche se embriagan. 

8 Nosotros empero, que somos hijos del dia ó de 
la luz de lafé, vivamos en sobriedad, vestidos de cota 
de fé y de caridad, y teniendo por yelmo la esperanza 
de la salud eterna ; 

9 porque no nos ha puesto Dios para blanco de 
venganza, sino para hacernos adquirir la salud por 
nuestro Señor Jesu-Christo, 

10 el cual murió por nosotros, á fin de que, ora 
velando, ora durmiendo ^, vivamos juntamente con él. 

11 Por lo cual consolaos mutuamente, y edifícaos 
los unos á los otros, como ya lo hacéis. 

12 Asimismo, hermanos, os rogamos, que tengáis 
especial consideración á los que trabajan entre voso- 
tros y os gobiernan en el Señor, y os instruyen, 



1 Sino de Dios, que nos ilumina con su gracia. 

2 Asi en vida, como después de Diuertos. 



90 EPÍST. I. LE S. PABLO k LOS THESSALONICENSES. 

13 dándoles las mayores muestras de caridad por 
sus desvelos : conservad la paz con ellos. 

14 Os rogamos también, hermanos, que corrijais 
á los inquietos, que consoléis á los pusilánimes, que 
soportéis á los flacos, que seáis sufridos con todos. 

15 Procurad que ninguno vuelva á otro mal por 
mal ; sino tratad de hacer siempre bien unos á otros, 
y á todo el mundo. 

16 Vivid siempre alegres. 

17 Orad sin intermisión. 

18 Dad gracias por todo al Señor, porque esto 
es lo que quiere Dios que hagáis todos en nombre de 
Jesu-Christo. 

19 No apaguéis el Espíritu de Dios '. 

20 No despreciéis las profecías : apreciadlas mu- 
cho. 

21 Examinad , sí , todas las cosas, y ateneos á lo 
bueno y conforme al Evangelio. 

22 Apartaos aun de toda apariencia de mal. 

23 Y el Dios de la paz os haga santos en todo , á 
fin de que vuestro espíritu entero , con alma y cuer- 
po se conserven sin culpa para cuando venga nuestro 
Señor Jesu-Christo. 

24 Fiel es el que os llamó ;y así lo hará como lo 
ha ofrecido. 

25 Hermanos mios , orad por nosotros. 

2G Saludad á todos los hermanos con ósculo santo. 



1 Ni estorbéis el uso de sus doues y gracias. 



CAPÍTULO V. 91 

27 Os conjuro por el Señor, que se lea esta carta 
á lodos los santos hermanos. 

28 La gracia de nuestro Señor Jesu-Christo sea 
con \osolros. Amen. 



FIN DE LA EPÍSTOLA PRLMERA DE SAN PABLO 
A LOS THESSALONICENSES. 



ADVERTENCIA 



LA EPÍSTOLA SEGUNDA A LOS THESSALONICENSES. 



Lo que san Pablo había dicho acerca del 
juicio final en su primera carta, había alar- 
vuado á los thessalonícenses^ como si este ter- 
rible día estuviese muy cercano, y por tanto 
les escribe esta segunda carta para tranqui- 
lizarlos-, y al mismo tiempo les da saluda- 
bles advertencias. — Parece que la escribió 
desde Corintho, como la anterior, en cuya 
ciudad se detuvo el Apóstol año y medio. (Act. 
XYIII. V. 11.) 



EPÍSTOLA SEGUNDA 

DEL APÓSTOL S. PABLO 

Á LOS THESSALONICENSES. 



CAPITULO PRIMERO, 



Da gracias a Dios por lafé de los thessalonicenses , y por 
su paciencia en las tribulaciones. 

1 Pablo , y Silvano , y Timotheo , á la Iglesia de 
los thessalonicenses, congregada en el nombre c/eDios 
nuestro Padre , y en el Señor Jesu-Christo. 

2 La gracia y paz sea con vosotros de parte de 
Dios nuestro Padre , y del Señor Jesu-Christo. 

3 Debemos dar á Dios continuamente acciones de 
gracias por vosotros , hermanos mios , y es muy justo 
que lo hagamos , puesto que vuestra fé va aumentán- 
dose mas y mas , y la caridad que tenéis reciproca- 
mente unos para con otros , va tomando un nuevo in- 
cremento ; 

4 de tal manera que nosotros mismos nos gloria- 
mos de vosotros en las Iglesias de Dios , por vuestra 
paciencia y fé , en medio de todas vuestras persecu- 
ciones , y tribulaciones que padecéis , 

ToM. XV. 9 



94 EPÍST. II. DE S. PABLO A LOS TIJESSALONICENSES. 

5 que son señales que demuestran el justo juicio de 
Dios que así os purifica , para haceros dignos de su 
reino , por el cual padecéis lo que padecéis ; 

6 porque delante de Dios es justo que él aflija á su 
vez á aquellos que ahora os afligen ; 

7 y á vosotros , que estáis al presente atribulados, 
os haga gozar juntamente con nosotros del descanso 
etei-no , cuando el Señor Jesús descenderá del cielo y 
aparecerá con los ángeles que son los ministros de su 
poder ; 

8 cuando vendrá con llamas de fuego á lomar ven- 
ganza de los que no conocieron á Dios , y de los que 
no obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesu- 
Christo ; 

9 los cuales sufrirán la pena de una eterna conde- 
nación confundidos por la presencia del Señor, y por 
el brillante resplandor de su poder ; 

10 cuando viniere á ser glorificado en sus santos , 
y á ostentarse admirable en todos los que creyeron ' ; 
pues que vosotros habéis creido nuestro testimonio 
acerca de aquel dia. 

1 1 Por cuyo motivo oramos también sin cesar por 
vosotros , para que nuestro Dios os haga dignos del 
estado á que os ha llamado , y cumpla todos los desig- 
nios que su bondad tiene sobre vosotros , y haga con 
su poder fecunda vuestra fé en buenas obras , 



1 Con la gloria inmensa de que los llenará á ellos, y poi 
10 mismo á vosotros también. 



CAPÍTULO II. 95 

1-2 á fin de que sea gloriticado en vosotros el nom- 
bre de nuestro Señor Jesu-Christo, y vosotros en él, 
por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesu-Christo. 

CAPÍTULO II. 

Describe las señales que precederán á la venida de Ckristo, 
y ¿la del Anlechristo y sus secuaces; y los exhorta á per- 
manecer en la doctrina que les ha enseñado. 

1 Entre tanto, hermanos, os suplicamos por el ad- 
venimiento de nuestro Señor Jesu-Christo, y de nues- 
tra reunión al mismo, 

2 que no abandonéis ligeramente vuestros prime- 
ros sentimientos, ni os alarméis con supuestas reve- 
laciones , con ciertos discursos , ó con cartas que se 
supongan enviadas por nosotros , como si el dia del 
Señor estuviera \a muy cercano. 

3 No os dejéis seducir de nadie en ninguna mane* 
ra , porque no vendrá este dia , sin que primero haya 
acontecido la aposíasía casi general de los fieles , y 
aparecido el hombre del pecado, el hijo de la perdi- 
ción , 

4 el cual se opondrá « Dios, y se alzará contra to- 
<U) lo que se dice Dios , ó se adora , hasta llegar á po- 
ner su asiento en el Templo de Dios , dando á enten- 
der que es Dios. 

5 ¿ No os acordáis que cuando estaba todavía entre 
vosotros , os decía estas cosas ? 

6 Ya sabéis vosotros la causa que ahora le detiene , 



96 EPIST. II. DE S. PABLO A LOS THESSALONICENSES. 

hasta que sea manifestado ó venga en su tiempo seña- 
lado ' . 

7 El hecho es que ya va obrando ó formándose el 
misterio de iniquidad : entre tanto el que está firme 
ahora , manténgase , hasta que sea quitado el impe- 
dimento ^. 

8 Y entonces se dejará ver aquel perverso, á quien 
el Señor Jesús matará con el resuello ó el solo aliento 
de su boca, y destruirá con el esplandor de su pre- 
sencia : 

9 á aquel inicuo que vendrá con el poder de Sa- 
tanás, con toda suerte de milagros, de señales y de 
prodigios falsos , 

10 y con todas las ilusiones que pueden conducir 
á la iniquidad á aquellos que se perderán , por no ha- 
ber recibido y amado la verdad á fin de salvarse. Por 
eso Dios les enviará , ó permitirá que obre en ellos , 
ti artificio del error, con que crean á la mentira, 

1 1 para que sean condenados todos los que no cre- 
yeron á la verdad , sino que se complacieron en la mal- 
dad ó injusticia. 

12 Mas nosotros debemos siempre dar gracias á 
Dios por vosotros , ¡ oh hermanos amados de Dios ! por 
haberos Dios escogido por primicias de salvación en 
toda la Macedonia, mediante la santificación del espí- 
ritu , y la verdadera fé que os ha dado; 

1 Que será tal vez luego que reine la apostasía general, 

2 O haya desaparecido lo que ahora le detiene , esto es, 
la íé y la caridad de tantas almas buenas como hay to- 
davía. 



CAPÍTULO III. Ot 

13 á la cual os llamó asimismo por medio de nues- 
tro Evangelio , para haceros conseguir la gloria de 
nuestro Señor Jesu-Christo. 

14 Así que, hermanos míos, estad Qrmes en la 
fe, y mantened las tradiciones ó doctrina que habéis 
aprendido , ora por medio de la predicación , ora por 
carta nuestra. 

15 Y nuestro Señor Jesu-Christo , y Dios y Padre 
nuestro, que nos amó, y dio eterno consuelo, y bue- 
na esperanza por la gracia , 

16 aliente y consuele vuestros corazones, y los con- 
flrme en toda obra y palabra buena. 

CAPÍTULO III. 

Les pide nieguen á Dios por el: habla contra los díscolos, 
ociosos y pertinaces ; y recomienda el amor al trabajo, y 
la corrección de los malos. 

1 Por último , hermanos , orad por nosotros , para 
que la palabra de Dios se propague mas y mas, y sea 
glorificada en todo el mundo, como lo es ya entre 
vosotros ; 

2 y nos veamos libres de los díscolos y malos 
hombres ' , porque aljin no es de todos el alcanzar 
la fé ^ 



1 Que con tanto furor se oponen á ella. /. Act. XVlll. 
V. 6 — /. Cor. III. V. 3—1. Thess. III. v. 2. 

2 Y menos de los que por su dureza se hacen indignos 
de ella 



98 EPlST. 11. DE S. PABLO A LOS THESSALOISIÍ ENSLS. 

3 Pero fiel es Dios, que os fortalecerá , y defenderá 
del espirilii maligno. 

4 Y así conQamos en el Señor , que vosotros hacéis 
ya ahora lo que ordenamos en esta carta, y que lo 
haréis en adelante. 

5 El Señor entre tanto dirija vuestros corazones en 
el amor de Dios , y en la paciencia de Christo. 

6 Por lo que os intimamos , hermanos , en nombre 
de nuestro Señor Jesu-Chrislo , que os apartéis de 
cualquiera de entre vuestros hermanos que proceda 
desordenadamente , y no conforme á la tradición ó en- 
señanza , que ha recibido de nosotros. 

7 Pues bien sabéis vosotros mismos lo que debéis 
hacer para imitarnos ; por cuanto no anduvimos de- 
sordenadamente ó causando inquietudes entre voso- 
tros; 

8 ni comimos el pan de balde á costa de otro , sino 
con trabajo y fatiga, trabajando de noche y de dia pa- 
ra ganar nuestro sustento , por no ser gravosos á nin- 
guno de vosotros. 

9 No porque no tuviésemos potestad para hacerlo , 
sino á fin de daros en nuestra persona un dechado 
que imitar. 

10 Así es que aun estando entre vosotros, os in- 
timábamos esto : quien no quiere trabajar, tampoco 
coma. 

11 Porque hemos oído que andan entre vosotros al- 
giTnos bulliciosos , que no entienden en otra cosa que 
en indagar lo que no les importa. 

12 Pues á estos tales los apercibimos, y les rog.v 



CAPÍTULO 111. 9Í> 

iiios encarecidameiite por nuestro Señor Jesu-Chrislo , 
que trabajando quietamente en sus casas , coman así 
su propio pan ó el que ellos se ¡janen. 

13 Vosotros , hermanos , de vuestra parte no os 
canséis de hacer bien. 

14 Y si alguno no obedeciere lo que ordenamos en 
nuestra carta , tildadle al tal , y no converséis con él , 
para que se avergüenze 3/ enmiende; 

Ib mas no le miréis como á enemigo, sino corre- 
gidle como á hermano co7i amor y dulzura. 

16 Así el mismo Señor y autor de la paz os con- 
ceda siempre paz en todas partes. El Señor sea con 
todos vosotros. 

17 La salutación, de mi propio puño, Pablo : lo 
cual sirve de contraseña en toda carta mía : así escribo 
ó Jirmo. 

18 La gracia de nuestro Señor Jesu-Christo sea 
con todos vosotros. Amen. 



FIX DE LA EPÍSTOLA SEGUNDA DE S. PABLO 

A LOS THESSALONICENSES. 



ADVERTENCIA 



«OBRE LA EPÍSTOLA I. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 



Timotheo era discípulo de san Pablo , y 
este santo apóstol^ que le hahia puesto obispo 
en Épheso , le escribe esta carta para ins- 
truirle en sus obligaciones. Le habla de los 
gravísimos cargos del ministerio episcopal ; 
de las cualidades que deben tener los minis- 
tros de la Iglesia ; del modo de instruir á los 
fieles, según el sexo y condición de cada uno^ 
y le amonesta por tíltimo que evite las dis- 
putas ruidosas f y el estudio de inútiles y va- 
nas ciencias. — Parece que fue escrita acia 
el año 6A ó 65 de Jesu-Christo^ según algu- 
nos ; desde Macedonia, y según otros desde 
Alhenas. En el principio de las cartas á 
los philippenseSf d los colossenses y d Phi- 
lemon vemos , que Timotheo acompañaba al 
Apóstol estando este preso en Roma por amor 
de Christo; y en la carta á los hebreos obser- 
vamos , que el mismo Timotheo lo estuvo en 
alguna ciudad de Italia. 



epístola primera 
del apóstol s. pablo 

Á TIMOTHEO. 



CAPITULO PRIMERO. 

Encarga el Apóstol a Timotheo que impida las doctrinas 
nuevas, y cuestiones inútiles que no fomentan la caridad 
la cual es el fin de la Ley. Obligaciones del ministerio 
episcopal. 

1 Pablo, apóstol de Jesu Christo por mandado de 
Dios Salvador nuestro , y de Christo-Jesus nuestra 
esperanza , 

2 á Timotheo, querido hijo ó discípulo en la fé. 
Gracia , misericordia y paz de Dios Padre , y de 
nuestro Señor Jesu-Christo, 

3 Bien sabes como al irme á Macedonia , te pedí 
que te quedases en Épheso , para que hicieses enten- 
der á ciertos sugelos que no enseñasen doctrina dife- 
rente de la nuestra , 

4 ni se ocupasen en fábulas , y genealogías inter- 
minables , que son mas propias para excitar disputas , 
que para formar por la fé el edificio de Dios. 

5 Pues el fin de los mandamientos ó de la Ley es 



102 EPÍST. I. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

ia caridad que nace de un corazón puro, de una buena 
conciencia , y de fé no fingida. 

6 De lo cual desviándose algunos , han venido á 
dar en cliarlatanería , 

7 queriendo hacer de doctores de la Ley, sin en- 
tender lo que hablan , ni lo que aseguran, 

8 Ya sabemos (tan bien como ellos) que la Ley es 
buena para el que usa bien de ella ' ; 

9 reconociendo que no se puso la Ley ó sus penas 
para el justo , sino para los injustos y para los deso- 
bedientes, jiara los impíos y pecadores, para los faci- 
nerosos y profanos , para los parricidas y matricidas , 
para los homicidas , 

10 para los fornicarios, para los sodomitas, para 
los que hurtan hombres ^ , para los embusteros y 
perjuros, y para cuantos son enemigos de la sana doc- 
trina, 

11 la cuíil es conforme al Evangelio glorioso de 
Dios bendito, que se me ha encomendado. 

12 (rracias doy á aquel que me ha confortado, á 
Jesu-Christo nuestro Señor , porque me tuvo por fiel, 
poniéndome en el ministerio á mí ; 

13 que fui antes blasfemo, y perseguidor, y opre- 
sor; pero alcanzé misericordia de Dios, por haber 
procedido con ignorancia careciendo del don de fé. 

14 Y así ha sobreabundado en mí la gracia de nues- 



1 O según el espíritu de la misma Ley, sirviéndose di 
tila para conocer y hallar á Jesii-Christo. 

2 Exod. XXL V. 16.-Deut. -YA/^. i-. 7. 



capítulo i. 103 

tro Señor Jesa-Christo con la fé y caridad, que es cu 
Chrislo Jesús ó por sus méritos. 

15 Verdad es cierta y digna de lodo acatamiento, 
que Jesu-Christo vino á este mundo para salvar á los 
pecadores , de los cuales el primero soy yo. 

16 Mas por eso conseguí misericordia; á fin de 
que Jesu-Christo mostrase en mí el primero su extre - 
mada paciencia, para ejemplo y conjiama de los que 
han de creer en el , para alcanzar la vida eterna '. 

17 Por tanto al Rey de los siglos inmortal, invisi- 
ble, al solo y único Dios , sea dada la honra, y la glo- 
ria por siempre jamás. Amen. 

— 18 Este precepto le recomiendo, hijo Timotheo , 
y es, que según las predicciones hechas antes sobre li, 
así cumplas ó llenes fu deber militando como buen 
soldado de Christo, 

19 manteniendo la fé, y la buena conciencia, la 
cual por haber desechado de sí algunos, vinieron á 
naufragar en la fé ; 

20 de cuyo número son Hymeneo y Alejandro ; los 
cuales tengo entregados á Satanás, ó exconmlyados ', 
para que aprendan á no decir blasfemias. 



1 En vista de ser llamado yo á ella siendo tan grande 
pecador. 
'2 Véase Excomunión. 



104 EPÍST. I. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

CAPÍTULO 11. 

Encarga que se haga oración por los reyes y magistrados. 
Jesu-Christo es el único medianero y redentor de todos. 
Debemos orar en todo lugar. Modestia de ¿as mngcres , su 
sumisión y silencio. 

1 Recomiendo pues ante todas cosas que se hagan 
súplicas, oraciones, rogativas, acciones de gracias, por 
todos los hombres ; 

2 por los reyes, y por todos los constituidos en alto 
puesto % á fin de que tengamos una vida quieta, y 
tranquila en el ejercicio de toda piedad y honestidad ; 

3 porque esta es una cosa buena, y agradable á los 
ojos de Dios salvador nuestro, 

4 el cual quiere que todos los hombres se salven, y 
vengan en conocimiento de la verdad ^. 



1 La Religión y la justicia nos obligan á rogar á Dios con 
particularidad por los reyes y por sus familias , sus miois- 
troSj consejeros, etc. La tranquilidad temporal de la Igle- 
sia pende regularmente de la del Estado, esta del príncipe 
que le gobierna , etc. Es de advertir que los príncipes y 
magistrados, por los cuales mandaba el Apóstol que se ro- 
gase á Dios, eran todos infieles ó idólatras ; pero se oraba 
por su conversión, y para que Dios hiciese que por lo menos 
dejasen vivir en paz á los cristianos. Alzando los ojos al 
cielo, dice Tertuliano,... pedimos para todos los empera- 
dores una vida larga, tranquihdad epsu imperip, seguridad 
en su familia, fidelidad en su senado, ejércitos valerosos, 
pueblo bien arreglado ^ quietud en el mundo, y cuanto 
puede apetecer un hombre y un César. Véase S. Aug. 
Enchirid. 103. 

2 Crió Dios á todos los hombres, no para castigarlos « 



CAPÍTULO II. 103 

5 Porque uno es Dios, y uno también el mediador 
entre Dios y los hombres, Jesu-Chrislo hombre; 

6 que se dio á si mismo en rescate por todos , y 
para testimonio de las antiguas promesas dado á su 
tiempo ; 

7 del cual yo estoy constituido predicador y apóstol 
(digo Idipiira verdad, no miento) doctor délas gentes 
en la fé y verdad, ójiel y veraz. 

8 Quiero pues que los hombres oren en todo lu- 
gar, alzando las manos limpias ó puras de toda mal- 
dad^ exentos de lodo encono, y disensión. 

9 Asimismo oren también las mugeres en trage 
decente, ataviándose con recalo y modestia ó sin su- 
perfluidad, y no inmodestamente con los cabellos ri- 
zados ó ensortijados, ni con oro, ó con perlas, ó eos» 
tosos adornos ; 

10 sino con buenas obras, como corresponde á mu- 
geres que hacen profesión de piedad. 

1 1 Las mugeres escuchen en silencio las instruccio- 
nes y óiganlas con entera sumisión. 

12 Pues no permito á la muger el hacer de doc- 
tora €71 la Iglesia, ni lomar auloridad sobre el marido ; 
mas estése callada en su presencia, 



sino para hacerlos bienaventurados , y los redimió á todos, 
y á todos da los medios ó gracias para salvarse, si quieren. 
A todos está patente la fuente de las aguas de vida eterna. 
Y realmente á ella acuden todos los que quieren salvarse, 
de todos estados, de todas condiciones, y de todos países. 
Véase Gracia, Predestinación . 

lü 



106 EPIST. I. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

13 ya que Adam fue formado el primero, y después 
Eva como inferior; 

14 y ademas Adam uo fue engañado, mas la mu- 
ger, engañada por la serpiente, fue causa de la preva- 
ricación del hombre ' . 

1 5 Verdad es que se salvará por medio de la buena 
crianza de los hijos, si persevera en la fé y en la ca- 
ridad, en santa y arreglada vida. 

CAPITULO III. 

Describe cuáles deben ser los ohiapos ó sacerdotes, .los diá- 
conos, y las mugeres que sirven á la Iglesia. 

1 Es una verdad muy cierta , que quien desea obis- 
pado ^ , desea un buen trabajo ó un ministerio santo. 

2 Por consiguiente es preciso que un obispo sea ir- 
reprensible , que no se haya casado sino con una sola 



1 Loque debe humillarla profundamente. 

2 O el sacerdocio. Véase Obispo. 

3 En los primeros siglos de la Iglesia se elegían y orde- 
naban presbyteros y obispos muchos que eran casados, 
aunque después de la ordenación guardaban continencia. 
Lo que dice san Pablo de los obispos , debe entenderse 
igualmente de los presbyteros. En aquel tiempo los minis- 
terios de la Iglesia eran casi inseparables del martirio, ó 
á lo menos de grandes trabajos. V entonces y siempre no 
basta la virtud ó santidad para este ministerio ; sino que es 
necesaria grande instrucción para enseñar el Evangelio, y 
responderá sus enemigos. Véase Conc. Trid. sess. V.cap. 
II. etc. 



CAPÍTULO nt. lO'í 

amante de ia hospitalidad, propio y capaz para en- 
señar ; 

3 no dado al vino, no violento, sino moderado; no 
pleitista , no interesado, mas 

4 que sepa gobernar bien su casa, teniendo los hi- 
jos á raya con toda decencia. 

5 Pues si uno no sabe gobernar su casa , ¿ cómo 
cuidará de la Iglesia de Dios ? 

G No sea neófito ó recién bautizado; porque hin- 
chado de soberbia ' , no caiga en la misma condena- 
ción del diablo, cuando cayo del cielo. 

7 También es necesario que tenga buena reputación 
entre los extraños o gentiles ^ , para que no caiga en 
desprecio, y en lazo del diablo. 

8 De la misma suerte los diáconos sean honestos y 
morigerados ^ no dobles en sus palabras, no bebedo- 
res de mucho vino, no aplicados á torpe grangería; 

9 que traten el misterio de la fé con limpia con- 
ciencia. 

10 Y por tanto sean estos antes probados ^ : y así 
entren en el ministerio, no siendo tachados de ningún 
delito. 

11 Las mugeres igualmente han de ser honestas?/ 
vergonzosas , no chismosas ó calumniadoras , sobrias, 
fieles en todo. 



1 O engreído al verse en íau alta digoidad, 

2 V que no pueda ser tachado de ellos. 

3 O examinada su vida y costumbres. 



108 EPÍST. I. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

12 Los diáconos sean esposos de uña sola muger; 
que gobiernen bien sus hijos y sus familias. 

13 Pues los que ejercitaren bien su ministerio, se 
grangearán un ascenso honorífico, y mucha confianza 
para enseñar la fé de Jesu-Chrislo. 

14 Te escribo esto, con la esperanza de que en 
breve iré á verte; 

15 y si tardare, para que sepas cómo debes por- 
tarte en la Casa de Dios , que es la Iglesia del Dios 
vivo, columna y apoyo de la verdad. 

16 Y es ciertamente grande á todas luces el mis- 
terio de la piedad ó amor divino , en que el Hijo de 
Dios se ha manifestado en carne mortal, ha sido jus- 
tificado por el Rspiritu santo ' , ha sido visto de los 
ángeles , predicado á los gentiles, creído en el mundo, 
elevado á la gloria ^. 

CAPÍTULO IV. 

Predice que algunos hombres 'pérfidos , instigados por el 
diablo, enseñarán varios errores : le exhorta á la vigilan- 
cia pastoral, y á que ejercitándose en la piedad, sea, aun- 
que joven, un perfecto modelo de los demás. 

1 Pero el Espíritu santo dice claramente ^ , que en 
los venideros tiempos han de apostatar algunos de la 

1 Allá en el Jordán, y por tantos otros milagros de Jesu- 
Chiisto y de sus apóstoles. 

2 Habiendo antes triunfado de la muerte. 

3 Por boca de los que tienen el don de profecía. 



CAPÍTULO IV. 104) 

fé , dando oidos á espíritus falaces y á doctrinas dia- 
bólicas , 

2 enseñadas por impostores llenos de hipocresía, 
que tendrán la conciencia cauterizada ó ennegrecida 
de crímenes; 

3 quienes prohibirán el matrimonio, y el uso de los 
manjares, que Dios crió para que los tomasen con 
hacimiento de gracias los fieles , y los que han cono- 
cido la verdad. 

4 Porque toda criatura de Dios es buena , y nada 
se debe desechar de lo que se toma ó come con haci- 
miento de gracias ; 

5 puesto que se santifica por la palabra de Dios , y 
por la oración ó bendición. 

6 Proponiendo esto á los hermanos, serás buen 
ministro de Jesu-Christo, como educado en las verda- 
des de la fé, y de la buena doctrina que has apren- 
dido. 

7 En cuanto á las fábulas ridiculas y cuentos de 
viejas ' , dales de mano ; y dedícate al ejercicio de la 
virtud ^. 



1 De los simonitas , gnósticos , encratitas , ebionitas, y 
otros hereges. 

2 La piedad sólida no puede cimentarse en fábulas. 
Cuando la credalidad de los pueblos abraza especies in- 
fundadas, y abusando de ellas , adopta devociones vanas ó 
pueriles, el aprobarlas ó respetarlas, es seguir ana con- 
ducta que S. Pablo contrapone á la piedad. Combatir las 
supersticiones populares, es afirmar la Religión, y esta muy 
distante de la piedad apostólica quien hace consistir la 



lio EPÍST. I. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

8 Pues los ejercicios corporales * sirven para pocas 
cosas , al paso que la virtud sirve para todo, como 
que trae consigo la promesa de la vida presente, y de 
la futura ó eterna. 

9 Promesa fiel y sumamente apreciable. 

10 Que en verdad por eso sufrimos trabajos y 
oprobios, porque ponemos la esperanza en Dios vivo, 
el cual es salvador de los hombres todos, mayormente 
de los fieles. 

1 1 Esto has de enseñar y ordenar. 

12 Pórtale de manera que nadie te menosprecie 
por tu poca edad : has de ser dechado de los fieles en 
el hablar, en el trato, en la caridad, en la fé, en la 
castidad. 

13 Entre tanto que yo voy, aplícate á la lectura ', 
á la exhortación y á la enseñanza. 

14 No malogres la gracia que tienes por la consa- 
gración, la cual se te dio á pesar de tus pocos años en 
virtud de particular revelación, con la imposición de 
las manos de los presby teros ^ 



piedad ó devoción en creerlo y abrazarlo todo sin discre- 
ción ninguna. 

1 Esto es, los ejercicios gymnásticos , ó de los atletas , 
que tanto se aprecian por los gentiles. 

2 De la Escritura sagrada dice S. Ambrosio , que es el 
libro sacerdotal. En su estudio deberíamos emplear toda la 
vida, aunque no fuese tan breve, sino larguísima. S. Joann. 
Chnjsost. 

3 Cap. 1. V, 18. Esto es, de los obispos, como lo entiend*- 
el Chrysóstomo, Véase Obispos 



, CAPÍTULO V. 111 

15 Medita estas cosas, y ocúpale enleramcntc en 
ellas, de manera que vea todo el mundo tu aprovecha- 
miento. 

16 Vela sobre tí mismo, y atiende á la enseñanza 
de la doctrina : insiste y sé diligente en estas cosas. 
Porque haciendo esto , te salvarás á tí , y también á 
los que te oyeren. 

CAPITULO V. 

El Apóstol advierte á Tinwíheo cómo ha de portarse con los 
fieles de todas edades. Cuáles fiayan de ser las viudas que 
sirvan en la Iglesia. Le dice que deben ser premiados los 
presbijteros que cumplen bien su ministerio ; que ha de cor- 
regir los pecados públicos; y mirar mucho á quién impone 
las manos piara ordenarle. 

1 No reprendas con aspereza al anciano, sino ex- 
hórtale como á padre ; á los mozos , como á herma - 
nos ; 

2 á las ancianas, como á madres ; y á las jovenci- 
tas, como á hermanas, con todo recato : 

3 honra á las viudas, que verdaderamente son 
tales '. 

4 Que si alguna viuda tiene hijos ó nietos, atien- 
da primero á gobernar bien su casa, y dar el retorno 
debido á sus padres, pues esto es lo que á Dios agrada. 



' 1 O que no tienen apoyo algano , socorriéndolas con lo 
necesario. X»'/;* en griego (en latin Vidud) significa deso- 
lada, destituida, etc. 



112 EPÍST. I. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

5 Mas la que verdaderamente es viuda y desam- 
parada , espere en Dios , y ejercítese en plegarias y 
oraciones noche y dia. 

6 Porque la que vive en deleites, viviendo , está 
muerta , pues que lo está su alma. 

7 Hazles pues entender estas cosas para que sean 
irreprensibles. 

8 Que si hay quien no mira por los suyos , mayor- 
mente sisón de la familia, este tal negado ha la fé, y 
es peor que un infiel '. 

9 No sea elegida viuda para el servicio de la lyle- 
sia de menos de sesenta años de edad, ni la que haya 
sido casada mas de una vez : 

10 sus buenas obras den testimonio de ella, si ha 
educado bien á los hijos, si ha ejercitado la hospitali- 
dad, si ha lavado los pies de los santos^, si ha socor- 
rido á los atribulados, si ha practicado toda suerte de 
virtudes. 

11 Viudas jóvenes no las admitas al servicio de 
la Iglesia. Pues cuando se han regalado á costa de 
los bienes de Chrislo, quieren casarse , 

12 teniendo contra sí sentencia de condenación , 
por cuanto violaron la primera fé ' ; 

13 y aun también estando ociosas ó teniendo poco 



1 Pues sobre desmentir su creencia ó religión, falta ala 
obligación natural, que cumplen los mismos infieles. 

2 Véase Lavar. 

3 La palabra de fidelidad., ó el voto con que se habían 
ofrecido al Señor. Véanse S. Cypriano y S. Agustiu. 



CAPÍTULO V. 113 

trabajo , se acostumbran á andar de casa en casa : no 
como quiera ociosas , sino también parleras y curio- 
sas, hablando de cosas de que no deberían hablar. 

14 Quiero pues mas en este caso que las que son 
jóvenes, se vuelvan á casar, crien hijos, sean buenas 
madres de familia , no den al enemigo ninguna oca- 
sión de maledicencia '. 

15 Pues algunas se han pervertido ya para ir en 
pos de Satanás'. 

16 Si alguno de los fieles tiene viudas en su pa- 
rentela , asístalas , y no se grave á la Iglesia con su 
manutención , á fin de que haya lo suficiente para 
mantener á las que son verdaderamente viudas óde- 
samparadas. 

17 Los presby teros que cumplen bien con su ofi- 
cio, sean remunerados con doble honorario ^ ; mayor- 
mente los que trabajan en predicar y en enseñar. 

18 Porque la Escritura dice : No pondrás bozal 



1 En descrédito de la Iglesia , á cuya costa viven , como 
ya ha sucedido. 

2 Abandonando á Jesu-Christo, á quien se hablan sacri- 
ficado para toda su vida. 

3 Otros traducen : Con doblado honor y asistencia , esto 
es , asistidos mas liberalniente que los otros, y mas honra- 
des. La palabra griega tí^h, que la Vulgata traduce /íowoí", 
la usó el Apóstol conforme al significado que tenia de paga 
que se da con honor, como el tributo á los reyes , ó la paga 
á los abogados, etc., llamada por eso eu castellano ho- 
norario. 



114 EPÍST. I. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

al buey que trilla '. Y iambicn : El obrero merece su 
jornal ^. 

19 Contra presbylero no admitas acusación, sin la 
deposición de dos ó tres testigos. 

20 A los pecadores públicos y obstinados has de 
reprenderlos delante de todos, para que los demás te- 
man. 

21 Te conjuro delante de Dios y de Jesu-Christo ., 
y de sus santos ángeles , que observes estas cosas sin 
dejarte prevenir, y sin hacer nada por inclinación ni 
afición particular. 

22 No impongas de ligero las manos sobre alguno, 
ni seas cómplice de pecados ágenos. Consérvate lim- 
pio y puro á ti mismo ^. 

23 No prosigas en beber agua sola , sino usa de un 
poco de vino por causa de tu estómago , y de tus fre- 
cuentes enfermedades. 

24 Los pecados de ciertos hombres son notorios , 
antes de examinarse en juicio ; mas los de otros se ma- 
nifiestan después de él. 

25 Asi también hay buenas obras manifiestas ; y las 
que no lo son , por poca averiguación que se haga , no 
pueden estar ocultas. 



1 Deuí, XXV. V. 4. 

2 31a(ih. X. V. 10. 

3 Para que de este modo puedas corregir con ma3 li- 
bertad. 



i 



115 



CAPITULO VI. 

Los siervos obedezcan á sus amos , sean estos ó no cristia- 
nos. Sobre los Jalsos ductores. Daños que acarrea la ava- 
ricia. Deben los ricos evitar la soberbia j y emplearse en 
obras de caridad. 

1 Todos los que están debajo del yugo de la servi- 
dumbre , han de considerar á sus señores como dignos 
de todo respeto , para que el nombre del Señor y su 
doctrina no sea blasfemado '. 

2 Mas los que tienen por amos á üeles ó cHstiayios, 
no les han de tener menos respeto, aunque sean y los 
miren como hermanos suyos e?z Chtísio; antes bien 
sírvanlos mejor, por lo mismo que son fieles y mas 
dignos de ser amados , como partícipes del tal benefi- 
cio. Esto has de enseñar, y á esto debes exhortarlos. 

3 Si alguno enseña de otra manera, y no abraza las 
saludables palabras ó instmcciones de nuestro Señor 
Jesu-Christo , y la doctrina que es conforme á la pie- 
dad ú religión ; 

4 es un soberbio orgidloso, que nada sabe, sino que 
antes bien enloquece, ójlaquea de cabeza, sobre cues- 
tiones y disputas de palabras : de donde se originan 
envidias , contiendas, blasfemias, siniestras sospechas, 

5 altercaciones de hombres de ánimo estragado , y 
privados de la luz de la verdad , que piensan que la 
piedad es una grangeria ó vji medio de enriquecerse. 



1 Viendo los gentiles lo mal qvie sirven sus criados cris- 
tianos. 



116 EPÍST. I. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

6 Y ciertamente es un gran tesoro la piedad, la 
cual se contenta con lo que basta para vivir. 

7 Porque nada hemos traído á este mundo ; y sin 
duda que tampoco podremos llevarnos nada. 

8 Teniendo pues que comer, y con que cubrirnos, 
contentémonos con esto. 

9 Porque los que pretenden enriquecerse, caen en 
tentación, y en el lazo del diablo, y en muchos deseos 
inútiles, y perniciosos, que hunden á los hombres en 
el abismo de la muerte y de la perdición. 

10 Porque raiz de todos los males es la avaricia; 
de la cual arrastrados algunos, se desviaron de la fé, 
y se sujetaron ellos mismos á muchas penas ¿/ ajüc- 
Clones. 

11 Pero tú ¡oh varón de Dios! huye de es'.as cosas, 
y sigue €71 todo la justicia, la piedad, la fé, la cari- 
dad, la paciencia, la mansedumbre. 

12 Pelea valerosamente por la fé, ¿/ victorioso arre- 
bata 3/ asegura bien la vida eterna, para la cual fuiste 
llamado, y diste un buen testimonio confesando lafé 
delante de muchos testigos. 

13 Yo te ordeno en presencia de Dios, que vivifica 
todas las cosas, y de Jesu-Chrislo, que ante Poncio 
Pilato dio testimonio, confesando generosamente la 
verdad ; 

1 4 que guardes lo mandado conservándote sin má- 
cula, sin ofensión, hasta la venida de nuestro Señot 
Jesu-Chrislo: 

1 5 venida que hará manifiesta á su tiempo el bien- 



CAPÍTULO VI. 117 

aventurado y solo poderoso, el Rey de los reyes, y Se- 
ñor de los señores ; 

16 el solo que es inmortal por esencia, y que habita 
en una luz inaccesible; á quien ninguno de les hom- 
bres ha visto, ni tampoco puede ver ; cuyo es el honor, 
y el imperio sempiterno. Amen. 

17 A los ricos de esle siglo mándales que no sean 
altivos, ni pongan su confianza en las riquezas caducas, 
sino en Dios vivo, que nos provee de todo abundan- 
temente para nuestro uso. 

18 Exhórtalos á obrar bien, á enriquecerse de bue- 
nas obras, á repartir liberalmente , á comunicar sus 
bienes, 

19 á atesorar un buen fondo para lo venidero, á fin 
de alcanzar la vida verdadera. 

20 ¡ Oh Timotheo ! guarda el depósito de la fe que 
te he entregado, evitando las novedades profanas en 
las expresiones ó voces, y las contradicciones de -la 
ciencia que falsamente se llama tal ; 

21 ciencia vana que profesándola algunos, vinieron 
á perder la fé. La gracia sea contigo. Amen. 



Fix\ DE LA EPÍSTOLA PRIMERA DE S. PABLO 

A THIIVIOTHEO. 



ADVERTENCIA 

SOBRE LA EPÍSTOLA SEGUNDA A TIMOTHKO. 



San Pablo en la carta anterior hábia dado 
esperanzas á Timotheo de que volvería á 
Épheso , pero como Nerón le puso preso en 
Roma, por haber convertido, como dice el 
Chrysóstomo , á algunos familiares del mis- 
mo César, (Hom. A6. in Acta Apost.) no pu* 
do cumplir su palabra. Desde la cárcel, pues, 
le escribió esta carta, que, según dice el 
Chrysóstomo , puede mirarse como el testa- 
mento del grande Apóstol; y la escribió no 
solo para darle cuenta de todo, y pedirle que 
viniese cuanto antes á verle en compañía 
de Marcos, sino también para darle útilísi- 
mos documentos sobre la manera de portarse 
en Épheso. No sabemos si Timotheo tuvo el 
consuelo de ericontrar vivo en Roma á su pa- 
dre y maestro. Fue escrita pues esta carta 
acia el año ()7 de Jesu-Christo, poco antes 
de padecer el martirio ; al cual parece que 
aluden las palabras del v. 6. del cap. IV, 



epístola segunda 
del apóstol s. pablo 

Á TIMOTHEO. 

CAPÍTULO PRIMERO. 

Exhorta á Timotheo á pi'edicar intrépidamente el Evan- 
gelio , para manifestar mejor sufé. Acuerda que Christo 
destruyó la muerte. Dice que algunos de Ada le aban- 
donaron en Roma ; y elogia á Onesíphoro. 

1 Pablo, apóstol de Jesu-Christo por voluntad de 
Dios, según la promesa de vida que tenemos en Jesu- 
Christo, 

2 á Timotheo, hijo carisimo, gracia, misericordia, 
y paz de parte de Dios Padre, y de nuestro Señor 
Jesu-Christo. 

3 Doy gracias á Dios, á quien sirvo á ejemplo de 
mis mayores con conciencia pura , de que sin cesar 
hago memoria de tí en mis oraciones, noche y dia, 

4 deseoso de verte, acordándome de tus lágrimas 
en nuestra despedida en Epheso , para bañarme de 
gozo, 

5 como que tengo presente aquella tu fé sincera, 
la cual primero se vio constantemente en tu abuela 



120 EPÍST. 11. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

Loida, y en tu madre Eunice, y estoy cierto de que 
igualmente está en tí. 

6 Por cuya causa te exhorto, que avives la gracia de 
Dios, que reside en tí por la imposición de mis manos. 

7 Porque no nos ha dado Dios á nosotros un espí- 
ritu de timidez; sino de fortaleza, y de caridad, y de 
templanza y prudencia. 

8 Por tanto no le avergüenzes del testimonio de 
nuestro Señor, ó de confesar su/éjüblicamente, ni de 
mí que estoy en cadenas por amor suyo ; antes bien 
padece 1/ trabaja á una conmigo por el Evangelio con 
ia virtud que recibirás de Dios ; 

9 el cual nos libertó, y llamó con su santa vocación, 
no por obras nuestras, sino por su mero beneplácito, 
y por la gracia, que nos ha sido otorgada en Jesu- 
Christo antes de todos los siglos, 

10 y que se ha manifestado ahora por el adveni- 
miento de nuestro Salvador Jcsu-Christo, el cual ha 
destruido la muerte, y al mismo tiempo ha sacado á 
luz la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio ; 

11 para el cual fui yo constituido predicador, y 
apóstol, y doctor de las naciones. 

12 Por cuyo motivo padezco lo que padezco, pero 
no me avergüenzo. Porque bien se de quién me he 
fiado, y estoy cierto de que es poderoso para conservar 
mi depósito ' hasta aquel último dia ^. 

1 J>a corona ó premio que voy ganando. Otros por de- 
pósito entienden la fe y doctrina qne le liabia encomen- 
darlo. 

2 En el cual espero qne me dará el cien doblado [lor 



CAPÍTULO II. 1-21 

13 Ten por modelo ia sana doclrina, que has oído 
de raí con la fé y caridad en Christo Jesús. 

14 Guarda ese rico depósito por medio del Espíritu 
santo , que habita en nosotros. 

15 Ya sabes cómo se han apartado de mí todos los 
naturales de Asia que estaban aquí en Roma , de cuyo 
número son Phigello , y Hermógenes. 

16 Derrame el Señor sus misericordias sobre la 
casa de Onesíphoro , porque rae ha consolado muchas 
veces , y no se ha avergonzado de mi cadena ; 

17 antes luego que llegó á Roma, me buscó dili- 
gentemente , hasta que me encontró. 

1 8 El Señor le conceda hallar misericordia delante 
de él en aquel dia .^rawr/e del juicio. Cuántos servicios 
me prestó en Epheso, tú lo sabes bien. 

CAPITULO II. 

Habla á\Timoiheo de la fortaleza y pnidencia con que debe 
enseñar las cosas de la fe', y cómo debe evitar las cues- 
tiones inútiles, origen de discordias y de contiendas , las 
cuales son agenas del cristiano. 

1 Tú pues , hijo mió , cobra buen ánimo coa la gra- 
cia que tenemos en Jesu-Christo ; 

2 y las cosas que de mi has oido delante de muchos 
testigos , confíalas á hombres fieles , que sean idóneas 
para enseñarlas también á otros. 

esta vid.i perecedera , que pongo ahora en sus manos., y sa- 
lifico por amor suyo. 



122 EPÍST. II. DE S. PABLO A TlMOTHEO. 

3 Soporta el trabajo y la fatiga como buen soldado 
de Jesu-Christo. 

4 Ninguno que se ha alistado en la milicia de Dios , 
debe embarazarse con negocios del siglo, á fin de agra- 
dar á aquel que le alistó y escogió por soldado. 

5 Asimismo ni el que combate en la palestra ó en 
los juegos piíbUcos, es coronado, si no lidiare según las 
leyes. 

6 El labrador , para recibir los frutos , es menester 
que trabaje primero. 

7 Entiende bien lo que digo , que no necesito aña" 
dir mas , porque Dios te dará en todo inteligencia. 

8 Acuérdale que nuestro Señor Jesu-Christo del li- 
nage de David resucitó de entre los muertos , según 
mi Evangelio, 

9 por el cual estoy yo padeciendo hasta verme en- 
tre cadenas , como malhechor ; si bien la palabra de 
Dios no está encadenada '. 

10 Por tanto todo lo sufro por amor de los escogi- 
dos, á fin de que consigan también ellos la salva- 
ción , adquirida por Jesu-Christo , con la gloria ce- 
lestial. 

1 1 Es una verdad incontrastable , que si morimos 
con él , también con él viviremos ; 

12 si con él padecemos , reinaremos también con 
él ; si le negáremos , él nos negará igualmente ; 



I Pues aunque preso, publico el Evangelio de palabra 
y por escrito. 



CAPÍTULO 11. 123 

13 si no creemos, ó fuéremos infieles, él permane- 
ce siempre Oel, no puede desmentirse á sí mismo '. 

14 Estas cosas has de amonestar, poniendo áDios 
por testigo. Huye de contiendas de palabras , porque 
de nada sirven , sino para pervertir á los oyentes. 

15 Ponte en estado de comparecer delante de Dios, 
como un ministro digno de su aprobación , que nada 
hace de que tenga motivo de avergonzarse , y que sabe 
dispensar bien la palabra de la verdad. 

16 Evita por tanto y ataja los profanos y vanos dis- 
cursos de los seductores , porque contribuyen mucho á 
ia impiedad ; 

t 1 7 y la plática de estos cunde como gangrena : del 
número de los cuales son Hymeneo y Phileto , 

18 que se han descarriado de la verdad, diciendo 
que la resurrección está ya hecha ' , y han pervertido 
la fé de varios. 

19 Pero el fundamento de Dios * se mantiene fir- 
me, el cual está marcado con el sello de estas palabras : 
El Señor conoce á los suyos, y no se peladera uno de 
ellos ^ Ítem : Apártese de la maldad cualquiera que in- 
voca el nombre del Señor. 

20 Por lo demás , en una casa grande no solo hay 
vasos de oro y de plata , sino también de madera y de 



1 Y así cumplirá sus promesas y amenazas. 

2 En el bautismo, cuando morimos con Christo , y re- 
sucitamos á la vida de la gracia ; y que no hay que espe- 
rar otra resurrección mas. 

3 En que estriba la salvación de sus escogidos. 



124 EPÍST. JI. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

barro ; y de ellos unos son para usos decentes , otros 
para usos viles y bajos. Así sucede en la Iglesia. 

21 Si alguno pues se purificare de estas cosas , será 
un vaso de honor santificado , y útil para el servicio 
del Señor, aparejado para toda obra buena ' . 

22 Por tanto huye de las pasiones juveniles , y si- 
gue la justicia , la fé ^, la caridad y la paz con aque- 
llos que invocan al Señor con linipio corazón i/ s&n 
capaces de ella. 

23 Las cuestiones necias , y que nada contribuyen 
á la instrucción, evítalas ; sabiendo que son un ma- 
nantial de altercaciones. 

24 Al siervo de Dios no le conviene ó cae bien el 
altercar ; sino ser manso con todos , propio para ins- 
truir, sufrido , 

25 que reprenda con modesta dulzura á los que con- 
tradicen á la verdad ; por si quizá Dios los trae á pe- 
nitencia para que conozcan la verdad , 

26 y se desenreden de los lazos del diablo, que 
los tiene presos á su arbitrio. 

CAPÍTULO IIL 

Carácter de los falsos apóstoles, y en general de los incré- 
dulos y hereges. Encarga á Timotheo que guarde bien el 
depósito de la fe'; y le recomienda el estudio de las sanias 
Escrituras. 
1 Mas has de saber esto, que en los dias postreros, 

1 Los demás, al contrario, serán vasos despreciables 
destinados á ser víctimas de la ira de Dios, 

2 Eu algunas Biblias se añade spem , esperaiiziv. 



CAPÍTULO lll. 125 

ü acia el fin del mundo , sobrevendrán tiempos pe- 
ligrosos : 

2 levantaránse hombres amadores ó pagados de sí 
mismos, codiciosos, altaneros, soberbios, blasfemos, 
desobedientes á sus padres, ingratos, facinerosos, 

3 desnaturalizados, implacables, calumniadores, 
disolutos , fieros , inhumanos , 

4 traidores, protervos, hinchados, y mas amado* 
res de deleites que de Dios ; 

5 mostrando , sí , apariencia de piedad ó religión , 
pero renunciando á su espíritu. Apártale de los tales, 

6 porque de estos son los que se meten por las ca- 
sas, y cautivan á las mugercillas cargadas de pecados, 
arrastradas de varias pasiones ; 

7 las cuales andan siempre aprendiendo , y jamás 
arriban al conocimiento de la verdad \ 

8 En fin, así como Jánnes y Mámbres resistieron 
á ^loysés ^, del mismo modo estos resisten á la ver- 
dad; hombres de un corazón corrompido, reprobos 
en la fé , que quisieran pervertir á los demás , 

9 mas no lograrán sus intentos; porque su nece- 
dad se hará patente á lodos , como antes se hizo la de 
aquellos magos-. 



1 Siendo engañadas por esos impostores , enemigos de 
ella. Los cuales se valen de la natural curiosidad y lige- 
reza de tales mugeres, ansiosas siempre de hallar una doc- 
trina que se acomode á todos sus antojos. 

'2 Con sus falsos prestigios en presencia de Pharaou. 
Exod. Vil. r. 11. 



126 EPÍST. II. DE S. PABLO A TIMOTHEO. 

10 TÚ al contrario, mi caro Timotheo, ya has visto 
mi doctrina , mi modo de proceder, el fin que me 
propongo , cuál es mi fé , mi longanimidad , mi ca- 
ridad , mi paciencia ; 

11 cuáles las persecuciones y vejaciones que he 
padecido ; lo que me aconteció en Anliochia, é Iconio, 
y en Lyslra ; cuan grandes han sido las persecuciones 
que he tenido que sufrir, y cómo de todas me ha sa- 
cado á salvo el Señor. 

12 Y j/a se sabe que lodos los que quieren vivir 
virtuosamente según Jesu-Christo , han de padecer 
persecución '. 

13 Al paso que los malos hombres y los impostores 
irán de mal en peor, errando y haciendo errar á 
otros. 

14 Tú empero, amado hijo, mantente firme en lo 
que has aprendido, y se te ha encomendado ; conside- 
rando quién te lo enseiió ', 

15 y también que desde la niñez aprendiste las sa- 
gradas Letras , que te pueden instruir para la salva- 
ción , mediante la fé que cree en Jesu-Christo. 

16 Toda Escritura inspirada de Dios es propia para 
enseñar 3, para convencer '', para corregir á los peca- 
dores, para dirigir á los buenos, en la justicia ó vir- 
tud; 

I O bien de los enemigos de la fé, ó de los malos cris- 
tianos, ó de nuestra misma concupiscencia. 
'2 Y que yo lo he aprendido del mismo Dios. 

3 Los misterios de la fé, y la buena moral. 

4 A los que yerran. 



CAPITULO IV. 127 

17 en fin para que el hombre de Dios ó el evis- 
liano sea perfeclo, y esté apercibido para toda obra 
buena. 



CAPÍTULO IV. 



UÜimas encomiendas del Apóstol á Timolheo. Le exhorta á 
que predique sin iníermision, para fortificar los espíritus 
de los fieles contra los errores que hablan de nacer : le dice 
que está cercano el fin de su vida-, y concluye con las sa- 
lutaciones acostumbradas. 

1 Te conjuro pues delante de Dios, y de Jesu- 
Christo, que ha de juzgar vivos y muertos, al tiempo 
de su venida, y de su reino : 

2 predica la palabra ele Dios con toda fuerza y va- 
lentía^ insiste con ocasión, y sin ella : reprende, ruega, 
exhorta con toda paciencia y doctrina ' . 

3 Porque vendrá tiempo, en que los hombres no 
podrán sufrir la sana doctrina, sino que, teniendo una 
comezón extremada de oir doctrinas que lisonjeen sus 
pasiones, recurrirán á una caterva de doctores propios 
para satisfacer sus desordenados deseos ; 

4 y cerrarán sus oidos á la verdad, y los aplicarán 
á las fábulas. 

5 Tú entre tanto vigila en todas las cosas de tu mi- 
nisterio, soporta las aflicciones, desempeña el oficio de 



I Otros traducen: Enseñando con toda paciencia , ó 
sin cansarte jamás de sufrir y de dar inst}-ucciunes. 



1-28 EPÍST. II. DE S. PABLO A TIMOTIIEO. 

evangelista, cumple todos los cargos de tu ministerio. 
Vive con templanza. 

6 Que yo ya estoy á punto de ser inmolado, y se 
acerca el tiempo de mi muerte. 

7 Combatido he con valor, he concluido la carrera, 
he guardado la fé. 

8 Nada me resta sino aguardar la corona de justicia 
que me está reservada, y que me dará el Señor en 
aquel dia como justo juez ; y no solo á mí, sino también 
á los que llenos de fé desean su venida. Date priesa 
en venir presto á mí. 

9 Porque Démas me ha desamparado, por el amor 
de este siglo, y se ha ido á Thessalónica ; 

10 Crescenle partió para Galacia, Tito para Dal- 
macia. 

11 Solo Lúeas está conmigo. Toma á Marcos, y 
tráele contigo, porque rae es del caso para el minis- 
terio evangélico. 

1 2 A Tychíco le he enviado á Epheso. 

13 Cuando vengas, tráete contigo la capa ó capote 
que dejé en Troade en casa de Carpo, y los libros, 
mayormente los pergaminos ó papeles. 

14 Alejandro el calderero me ha hecho mucho mal ; 
el Señor le dará el pago conforme á sus obras : 

1 5 guárdate tú también de él , porque se ha opues- 
to sobremanera á nuestra doctrina. 

16 En mi primera defensa nadie me asistió, antes 
todos me desampararon : ruego á Dios que se lo per- 
done. 

17 I\ías el Señor me asistió y alentó, para que yo 



CAPITULO IV. 129 

acabase de predicar, y me oyesen todas las naciones ; 
y fui librado de la boca ó garras del León '. 

18 El Señor me librará de todo pecado, y me con- 
ducirá á su reino celestial : á él sea dada gloria por los 
siglos de los siglos. Amen. 

19 Saluda á Frisca, y á Aquilas, y á la familia de 
Onesíphoro. 

20 Érasto se quedó en Corintho. Y á Tróphimo le 
dejé enfermo en Mileto. 

21 Apresúrate á venir antes del invierno. Te salu- 
dan Eubulo, y Pudente, y Lino, y Claudia, y los her- 
manos todos de esta ciudad. 

22 El Señor Jesu-Christo sea con tu espíritu. La 
gracia -permanezca con vosotros. Amen. 



1 De inminentes riesgos de la vida, ó también, de Nerón 
el emperador. 



FIN DE LA EPÍSTOLA SEGUNDA DE S. PABLO 
A TIMOTHEO. 



ToM. XV. 12 



ADVERTENCIA 



LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL S, PABLO A TITO. 



Tito^ gentil de origen ^ era discípulo de 
san Pablo, quien le habia confiado el gobier- 
no de la Iglesia de Creía , hoy Candía. Sir- 
vióse el Apóstol de él en muchas ocasiones, 
y le tomó muy á menudo por compañero de 
sus viages. El Apóstol, después del primer 
viage á Roma, predicó la fe en Candía, como 
escribe san Gerónimo ; pero no pudiendo per- 
manecer allí el tiempo necesario para ar- 
raigar en la fe á los neófitos ó recien conver- 
tidos, ni elegir obispos y sacerdotes para el 
gobierno de aquellas Iglesias, dejó este encar- 
go á su amado hijo Tito. — Créese escri- 
ta esta carta acia el año 6 'i de Jesu- Christo» 



EPÍSTOLA 
DEL APÓSTOL S. PABLO 

Á TITO. 



CAPITULO PRIMERO. 

Después de saludar á Tilo , le acuerda la esperanza de la 
vida eterna; y le demuestra las cualidades que han de tener 
los preshjteros y obispos. 

1 Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesu-Chrisío 
para instruir á los escogidos de Dios en la fé , y en 
el conocimiento de la verdad , que es según la piedad 

2 y que da la esperanza de la vida eterna, la cual 
Dios , que no puede mentir , ha prometido i/ desti- 
nado antes de todos los siglos ; 

3 habiendo hecho ver en su [tiempo el cumplí' 
miento de su palabra en la predicación del Evangelio, 
que se me ha confiado á mi por mandado de Dios sal- 
vador nuestro ; 

4 á Tito hijo querido según la fe que nos es co- 
mún , gracia y paz de Dios padre , y de Jesu-Chrislo 
salvador nuestro. 



132 EPÍST. DE S. PABLO A TITO. 

5 La causa por que le dejé en Creta , es para que 
arregles y corrijas las cosas que faltan , y establezcas 
en cada ciudad presby teros ' , conforme yo te pres- 
cribí ; 

6 escogiendo para tan sagrado ministerio á quien 
sea sin tacha , casado una sola vez , que tenga hijos 
fieles , no infamados de lujuria , ni desobedientes. 

7 Porque es necesario que un obispo sea irrepren- 
sible ó sin crimen , como que es el ecónomo de Dios ó 
el dispensador de sus riquezas : no soberbio , no co- 
lérico, no dado al vino , no precursor ó violento , no 
codicioso de sórdida ganancia ; 

8 sino amante de la hospitalidad , dulce y afable , 
sobrio, justo , religioso , continente, 

9 adicto á las verdades de la fé , según se le han 
enseñado á él; á fin de que sea capaz de instruir 
en la sana doctrina , y redargüir á los que contradi- 
jeren. 

10 Porque aun hay muchos desobedientes , charla- 
tanes y embaidores ; mayormente de los circuncisos , 
ó judíos convertidos , 

11 á quienes es menester tapar la boca; que tras- 
tornan familias enteras , enseñando cosas que no con- 
vienen con el Evangelio , por amor de una torpfj ga- 
nancia ó vil interés. 

12 Dijo uno de ellos ^ , propio profeta ó adivino de 

1 /. Tim. IIL V. 2. Véase Obispos. 

2 Epiménides, poeta célebre , natural de Creta ; á quien 
miraban como profeta ó adivino. Véase Profeta. 



CAPÍTULO I. 133 

esos mismos islcuos : Son los crelenses siempre men- 
tirosos , malignas bestias , vientres perezosos '.' 

13 Este testimonio es verdadero. Por tanto reprén- 
delos fuertemente , para que conserven sana la fé , 

14 y no den oidos á las fábulas judaicas, ni á 
mandamientos de hombres , que se apartan de la 
verdad ^. 

15 Para los limpios todas las cosas son limpias, 
mas para los contaminados , y que no tienen fé , no 
hay nada limpio , sino que tienen contaminadas su 
alma y su conciencia cojí los pecados '. 

16 Profesan conocer á Dios ; mas le niegan con 
las obras; siendo como son abominables y rebeldes, y 
negados para toda obra buena. 



1 El padre Sá , tomando la parte por el todo traduce 
hombres perezosos. En el texto griego , donde la Vnlgata 
traduce ventres j^Wh se lee yctg-ípsc etpyaLt '• significa aqrá 
los hombres que no tratan sino de comer y no hacer 
nada. 

2 Pretendiendo que hay viandas impuras en sí mismas^ 
y que no pueden comerse sin pecado. 

3 Y por eso se hace impuro todo lo de ellos. 



134 EPÍST. DE S. PABLO A TITO. 

CAPITULO II. 

Manifiesta á Tilo cómo .se ha de portar con los fieles de to- 
dos estados, sexos, edades y condiciones , y la obligación 
que tiene de darles buen ejemplo. Explica los documentos 
que nos da la gracia de Dios , y los beneficios que nos ha 
hecho Jesu-Christo. 

1 Mas tú has de enseñar solamente cosas conformes 
á la sana doctrina : 

2 como que los ancianos sean sobrios, honestos, 
prudentes, constantes y puros en la fé, en la caridad, 
en la paciencia : 

3 asimismo que las ancianas sean de un porte ajus- 
tado y modesto; no calumniadoras, no amigas de mu- 
cho vino, que den buenas instrucciones ; 

4 enseñando el pudor á las jóvenes, á que amen i\ 
sus maridos, y á cuidar de sus hijos, 

5 á que sean honestas, castas, sobrias, cuidadosas 
de la casa ', apacibles, sujetas ^ á sus maridos, para 
que no se hable mal de la palabra de Dios ó del 
Evangelio. 

6 Exhorta del mismo modo á los jóvenes á que sean 
sobrios. 

7 En todas cosas muéstrate dechado de buenas 
obras, en la doctrina, en la pureza de coslumbres, en 
la gravedad de tu conducta , 

1 O caseras, según el texto griego cDíapoví. 

2 El texto griego dice subordinadas. Véase la nota al 
cap. III. V. 18 de la Fpístoh á los colosscnse.s. 



CAPITULO II. 135 

8 en la predicación de doctrina sana é irrepren- 
sible ; para que quien es contrario, se confunda , no 
teniendo mal ninguno que decir de nosotros. 

9 Exhorta á los siervos á que sean obedientes á 
sus dueños, dándoles gusto en todo lo que puedan , no 
siendo respondones , 

10 no defraudándolos en nada, sino mostrando 
en todas las cosas una perfecta lealtad ; para que su 
conducta haga respetar en lodo el mundo la doctrina 
de Dios salvador nuestro '. 

11 Porque la gracia del Dios salvador nuestro ha 
iluminado á todos los hombres , 

12 enseñándonos , que renunciando á la impiedad 
y á las pasiones mundanas, vivamos sobria, justa y re- 
ligiosamente en este siglo , 

13 aguardando la bienaventuranza esperada, y la 
venida gloriosa del gran Dios, y salvador nuestro 
Jesu-Christo ; 

14 el cual se dio á sí mismo por nosotros , para re- 
dimirnos de todo pecado , purificarnos , y hacer de 
nosotros un pueblo particularmente consagrado á su 
servicio , y fervoroso en el bien obrar. 

1 5 Esto es lo que has de enseñar , y exhorta , y 
reprende con plena autoridad. Pórtale de manera que 
nadie te menosprecie. 

I Haciendo ver con su conducta la santidad de nuestra 
Religión. 



136 EPÍST. DE S. PABLO A TITO. 

CAPITULO III. 

Virtudes que debe Tifo recomendar á iodos los cristianos. La 
gracia de Jesu-Cíiristo derramada sobre nosotros nos hace 
esperar la vida eterna. Le exhorta á que ahuyente las ma- 
las doctrinas, y aparte de la Iglesia á los hereges para que 
no corrompan laféde los fieles. 

1 Amonéstales que vivan sujetos á los príncipes 
y potestades, que obedezcan sus órdenes, y que estén 
prontos para toda obra buena ; 

2 que no digan mal de nadie, que no sean -pleitis- 
tas m" pendencieros, sino modestos, tratando á todos 
los hombres con toda la dulzura posible. 

3 Porque también nosotros éramos en algún tiem- 
po insensatos , incrédulos , extraviados , esclavos de 
infinitas pasiones y deleites , llenos de malignidad y 
de envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos los unos á 
los otros. 

4 Pero después que Dios nuestro salvador ha ma- 
nifestado su benignidad y amor para con los hombres, 

5 nos ha salvado , no á causa de las obras de jus- 
ticia que hubiésemos hecho, sino por su misericordia, 
haciéndonos renacer por el bautismo, y renovándonos 
por el Espíritu santo , 

6 que él derramó sobre nosotros copiosamente , por 
Jesu-Christo salvador nuestro, 

7 para que justificados por la gracia de este mismo, 
vengamos á ser herederos de Ifi vida eterna , conforme 
i\ la esperanza que de ella tenemos. 



CAPÍTULO líl. 137 

8 Doclrina es esta cíerlisima ; y deseo que arrai- 
gues bien en ella á los que creen en Dios , á fin de 
que procuren aventajarse en practicar buenas obras. 
Estas cosas son las loables y provechosas á los hom- 
bres. 

9 Pero cuestiones necias, y genealogías, y con- 
tiendas, y debates sobre la Ley, evítalas, porque son 
inútiles y vanas. 

10 Huye del hombre herege ', después de haberle 
corregido una y dos veces ; 

1 1 sabiendo que quien es de esta ralea , está per- 
vertido y es delincuente, siendo condenado por su pro- 
pia conciencia. 

12 Luego que yo hubiere enviado á tí á Artémas, 
ó á Tychico, date priesa en venir á mí á INicópoli, 
pues he resuelto pasar allí el invierno. 

13 Envía delante con todo honor á Zénas , doctor 
de la Ley, con Apollo, procurando que nada les falte. 

14 Aprendan asimismo los nuestros á ejercitar los 
primeros las buenas obras en las necesidades que se 
ofrecen , para no ser estériles y sin fruto. 

15 Todos los que están conmigo, te saludan : sa- 
luda tú á los que nos aman conforme á la fé. La gra- 
cia de Dios sea con todos vosotros . Amen. 

1 Véase Heregia. 
FIN DE LA EPÍSTOLA DE S. PABLO A TITO. 



ADVERTENCIA 



SOBRE 



LA EPÍSTOLA DE SAN PABLO A PMILEMON. 



Philemort era un cristiano, noble ciuda- 
dano de Colóssas. Onésimo, esclavo suyo, ha- 
biéndole robado, se escapó, y se fue á Roma. 
Allí oyó la predicación de san Pablo } el 
cual, después de haberle instruido y bauti- 
zado , le remitió á Philemon con esta carta 
de recomendación , llena de tttia elocuencia 
verdaderamente divina, y que arde toda en 
fuego de caridad. Los martirologios celebran 
á Onésimo como obispo de Berea, y como 
mártir, y también hacen memoria de Phile- 
mon, que padeció por lafé en tiempo de Ne- 
rón, con su 7nuger Appia, y su amigo Aris- 
tarchó. 



EPÍSTOLA 
DEL APÓSTOL S. PABLO 

Á PHILEMON. 



Pídele con la elocuencia diüinct de la caridad que se recon- 
cilie con Onésimo, su esclavo fugitivo , ya cristiano y ar- 
repeniido. 

1 Pablo, preso por amor de Jesu-Christo, y Tímo- 
ibeosu hermano al amado Philemon, coadjutor nuestro, 

2 y á la carísima hermana nuestra Appia, su es- 
posa, y á Archjppo, nuestro compañero en los com- 
bates ó en la milicia de Christo , y á la Iglesia con - 
gregada en tu casa. 

3 Gracia y paz á vosotros, de parte de Dios nuestro 
Padre , y del Señor Jesu-Christo. 

4 Acordándome siempre de ti en mis oraciones , 
querido Philemon , doy gracias á mi Dios , 

5 oyendo la fé que tienes en el Señor Jesús, y tu 
caridad para con todos los santos ojíeles; 

G y de qué manera la liberalidad que nace de tu fé, 
resplandece á la vista de todo el mundo , haciéndose 
patente por medio de todas las obras buenas que se 
practican en tu casa por amor de Jesu-Christo. 

7 Así es que yo he tenido gran gozo y consuelo en 



140 EPÍST. DE S. PAULO A. PHlLEMON. 

las obras de tu caridad ; viendo cuánto recreo y aüvio 
han recibido de tu bondad , hermano mió , los cora- 
zones de los santos óreles necesitados. 

8 Por cuyo motivo, no obstante la libertad que pu- 
diese yo tomarme en Jesu-Christo para mandarte una 
cosa que es de tu obligación , 

9 con todo, lo mucho que te amo, me hace preferir 
el suplicártela, aunque sea lo que soy respecto de tí, 
esto es, aunque yo sea Pablo, el apóstol ya anciano, y 
ademas preso ahora por amor de Jesu-Christo. 

10 Te ruego pues por mi hijo Onésimo, á quien 
he engendrado ó dado la vida de la gracia entre las 
cadenas , 

11 Onésimo que en algún tiempo fue para ti inútil, 
y al presente tanto para tí como para -mí es prove- 
choso ' , 

12 el cual te le vuelvo á enviar. Tú de tu parte recí- 
bele como á mis entrañas , ó como si fuera hijo mió : 

13 yo había pensado retenerle conmigo, para que 
me sirviese por tí , durante la prisión en que estoy por 
el Evangelio; 

14 pero nada he querido hacer sin tu consenti- 
miento , para que tu beneficio no fuese como forzado, 
sino voluntario. 

15 Que quizá él te ha dejado por algún tiempo, á 
fin de que le recobrases para siempre; 



1 Según ya significa su mismo nombre Onésimo, Ov>»(r///ov, 
esto es, úlil y provechoso. 



EPÍST. DE S. PABLO A PíIlLEMON. 141 

16 no ya como mero siervo, sino como quien de 
siervo ha venido á ser por el bautismo un hermano 
muy amado, de mi en particular ; ¿ pero cuánto mas 
de ti , pues que te pertenece según el mundo, y según 
el Señor? 

17 Ahora bien , si me tienes por intimo compañero 
tuyo , acógele como á mí mismo ; 

18 y si te ha causado algún detrimento, ó te debe 
algo, apúntalo á mi cuenta. 

19 Yo Pablo te lo he escrito de mi puño ; yo lo pa- 
garé , por no decirte , que tú te me debes todo á mí , 
puesto que te convertí á la fé : 

20 sí por cierto, hermano. Reciba yo de tí este 
gozo en el Señor : da en nombre del Señor este con- 
suelo á mi corazón. 

21 Confiado en tu obediencia te escribo, sabiendo 
que harás aun mucho mas de lo que digo. 

22 y al mismo tiempo disponme también hospe- 
dage , pues espero que por vuestras oraciones os he de 
ser restituido. 

23 Epáphras, preso conmigo por amor de Jesu- 
Christo, te saluda, 

24 con Blárcos, Aristarchó, Démas y Lúeas que 
me ayudan y acompañan. 

25 La gracia de nuestro Señor Jesu-Christo sea 
con vuestro espíritu. Amen. 



13 



ADVERTENCIA 



SOBRE 



LA EPÍSTOLA DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 



Estos hebreos eran aquellos de entre los 
'judíos de Jenisalem que habían abrazado la 
fé de Jesu-Christo. Como les quedaba siem- 
pre una secreta propensión á reunir la Ley 
antigua con el Evangelio, ó á Jesu-Christo 
con 3Ioysés, emprende el Jlpóstol ilustrarlos 
y rectificar sus ideas sobre esto , haciéndoles 
ver la preeminencia de la nueva Ley sobre la 
antigua, y de Jesu-Christo sobre Moysés. 
Realza la dignidad del sacerdocio de Jesu- 
Christo sobre el de Aaron , y la eficacia del 
sacrificio de la nueva Ley, del cual eran me- 
ras figuris todos los de la antigua. Y final- 
mente establece la necesidad de lafé, con el 
ejemplo de los Patriarcas y Profetas. 



EPÍSTOLA 

DEL APÓSTOL S. PABLO 
Á LOS HEBREOS. 



CAPITULO PRIMERO. 

Jesu-Chrisio , verdadero Dios y hombre, es vifiniiameiile 
superior á los ángeles. 

1 Dios, que en olro tiempo habló á nuestros pa- 
dres en diferenlcs ocasiones , y de muchas maneras 
por los Profetas , 

2 nos ha hablado úllimamente en esíos dias , por 
medio de su Hijo Jesu-Chris(o , á quien constituyo 
heredero universal de todas las cosas , por quien crió 
también los siglos ¡/ cuanto ha existido en ellos : 

3 el cual siendo como es el resplandor de su glo- 
ria , y vivo retrato de su sustancia ó persona ' , y sus- 
tentándolo p rigiéndolo lodo con sola su poderosa 
palabra , después de habernos purificado de nuestros 



1 Como que tienen entrambos nn mismo ser y nattv 
raleza. 



144 EPIST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

pecados \ está sentado á la diestra de la mageslad en 
lo mas alto de los cielos : 

4 hecho tanto mas s\iperior y excelente que los án- 
geles, cuanto es mas aventajado el nombre que recibió 
por herencia ó naturaleza. 

5 Porque ¿á cuál de los ángeles dijo jamás ^ : Hi- 
jo mió eres tú, yo te he engendrado hoy? Y asimismo : 
¿ Yo seré padre suyo , y él será hijo mió ^ ? 

G Y otra vez al introducir á su primogénito en el 
mundo'', dice : Adórenle todos los ángeles de Dios *. 

7 Asimismo en orden á los ángeles dice la Escrifu^ 
ra ^ : El que á sus ángeles ó embajadores los hace es- 
píritus, ó ligeros como el viento, y á sus ministros ac- 
tivos como la ardiente llama. 

8 Mientras que al Hijo le dice' : El trono tuyo ¡ oh 
Dios ! subsistirá por los siglos de los siglos : cetro de 
rectitud , el cetro de tu reino. 

9 Amaste la justicia , y aborreciste la iniquidad ; 
por eso i oh Dios ! el Dios y Padre tuyo te ungió con 
óleo de júbilo mucho mas que á tus compañeros *. 



1 Coíi ofrecerse á sí mismo víctima por ellos. 

2 Como dijo á Jesu-Christo en su generación eterna, y 
en su encarnación y resurrección. 

3 II. Iteg. VII. V. U.-P.sahn. II. v.7. 

4 O cuando anunciaba esto por los Profetas. 

5 Psalm. XCVI.V.7. 

6 Psalm. CIII. v. 4. 

7 P.salm. XLIV. v.6,7, etc. 

8 Mas que á todos cuantos se te han asociado ; ó que 
por la naturaleza humana son hermanos tuyos, y compartí- 



CAPÍTULO ir. 145 

10 Y en olro lugar ' se dice del hijo de Dios : Tú 
eres ¡ oh Señor! el que al principio fundaste la tierra, 
y obras de tus manos son los cielos. 

11 Ellos perecerán, mas tú permanecerás siempre 
el mismo , y todos como vestidos envejecerse han ; 

12 y como un manto ó ropa, así los mudarás , y 
quedarán mudados ; pero tú eres para siempre el mis- 
mo, y tus años ó tus dias nunca se acabarán ¡^{cs 
eres eterno. 

13 En fin , ¿ á qué ángel ha dicho jamás ^ : Sién- 
tate tú á mi diestra, mientras tanto que pongo á tus 
enemigos por tarima ó estrado de tus pies ? 

14 Por ventura ¿no son todos ellos unos espíritus 
que hacen el oficio de servidores ó minislros enviados 
de Dios , para ejercer su ministerio en favor de aque- 
llos que deben ser los herederos de la salud ^ ? 

CAPÍTULO II. 

Los trwgresores de la. Ley nueva serán castigados con mayor 
rigor. Gloria del Hijo de Dios hecho hombre , señor de 
todas las criaturas, redentor, santijicador , salvador y 
pontífice de los hombres. 

1 Por tanto es menester que observemos con mayor 



cipes de tu gloria : á ti te ha comunirado el Padre toda la 
plenitud de su gracia y dones. 

1 Psalm. CI. tv 26. 

2 Psalm. CIX. v. l.—L Cor. XV. v. '2o 

3 Luego Jesu-Christo , como Hijo de Dio.s ^ es infinita- 
mente superior á los ángeles. 



146 KFÍST. DE S. PAbLü A LOS HEBREOS. 

empeño las cosas que hemos oido de su boca, á fm 
de que no quedemos por desgracia del todo vacíos '. 

2 Pues si la Ley promulgada por los ángeles fue fir- 
me ^, y toda trasgresion y desobediencia recibió el 
justo castigo que merecía , 

3 ¿ cómo le evitaremos nosotros , si desatendemos 
el Evangelio de tan grande salud ^ ? la cual habiendo 
comenzado el Señor á predicarla , ha sido después 
confirmada hasta nosotros por los que la habían oido, 

4 atestiguándola Dios con señales , y portentos , y 
variedad de milagros , y con los dones del Espíritu 
santo que ha distribuido según su beneplácito. 

5 Porque no sometió Dios á los ángeles el mundo 
venidero , de que hablamos ^. 

6 Antes uno en cierto lugar ^ testificó , diciendo : 
¿ Qué es el hombre que así le acuerdas de él , ó el 
hijo del hombre para que le mires tan favorablemente? 

7 Hasle hecho por un poco de tiempo inferior á los 
ángeles ^ ; mas luego coronado le has de gloria y de 
honor, y le has constituido sobre las obras de tus 
manos. 



1 Y no seamos como vasos rajados , que dejan escurrir 
lo que se pone en ellos. 

2 Y perseveró en su vigor hasta que tuvo su cumplimien- 
to en Jesu-Christo. 

3 O una doctrina tan saludable. 

4 O el nuevo reino universal de la Iglesia. 

5 Díjolo David (Psalm. Vlíl. v. b.J admirado de! gran 
[;oder del Hombre Dios. 

6 Esto es , durante su ^ ida mortal. Así lo entienden san 



CAl'ÍTULO II. 147 

8 Todas las cosas has sujetado á sus pies ó á su hu- 
manidad saniUiyna. Con que si Dios todas las cosas 
ha sujetado á él , no ha dejado ninguna que no haya 
á él sometido '. Ahora empero no vemos que todas las 
cosas le estén todavía sujetas. 

9 Mas vemos á aquel mismo Jesús , que por un 
poco de tiempo fue hecho inferior á los ángeles , co- 
ronado ya de gloria y de honor, por la muerte que 
padeció ; habiendo querido Dios por pura gracia ó mi- 
sericordia , que muriese por todos los hoynbres. 

10 Por cuanto era cosa digna que aquel Dios para 
quien y por quien son todas: las cosas , habiendo de 
conducir á muchos hijos adoptivos á la gloria ^, con- 
sumase ó Í7imolase por medio de la pasión i/ muerte 
al autor ?/ modelo de la salvación de los mismos , Je- 
su-Christo Señor nuestro. 

1 1 Porque el que santifica , y los que son santifica- 
dos, todos traen de uno su origen ó la naturaleza hu~ 



Athanasio, el Chrysóstomo , san Agustín, etc. En el ori- 
ginal griego la palabra ^pct-^v puede significar la minoridad 
aun en cnalidades ; y asi lo entendieron algunos Padres , 
según los cnales puede traducirse : Poco inferior, ó un 
poco menos: esto es, por razón de su humanidad pasible 
y mortal. 

1 Por consiguiente aun los ángeles. 

2 Por la imitación y mórítos del Redentor, su Hijo ver 
dadero; es riccir , p-t r] ^^.r-iínr^ rj;, !,nc ^n-ffi^iir'^ v fra- 
b^jos 



148 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

mana ' , Por cuya causa no se desdeña de llamarlos her- 
manos , diciendo "^ : 

12 Anunciaré tu nombre á mis hermanos : en me- 
dio de la Iglesia ó reunión de iu pueblo cantaré tus ala- 
banzas. 

13 Y en otra parle' : Yo pondré en el toda mi 
confianza. ítem ^ : Hé aquí yo, y mis hijos , que Dios 
me ha dado. 

14 Y por cuanto los hijos tienen comunes la car- 
ne y sangre, ó la naturaleza^ él también participó de 
las mismas cosas ^'j para destruir por su muerte al que 
tenia el imperio de la muerte , es á saber, al diablo ; 

15 y librar á aquellos que por el temor de la muerte 
estaban toda la vida sujetos á servidumbre^. 

16 Porque no tomó jamás la naturaleza de los án- 
geles, sino que tomó la sangre de Abraham. 

17 Por lo cual debió en todo asemejarse á sus her- 



1 El raciocinio del Apóstol es : Conviene que el pon- 
tífice santificado»" y los santificados sean de una misma 
condición y naturaleza ; estos son pasibles y mortales , 
luego aquel debía serlo, etc. ; y á esto alude después en 
el V. 17. 

2 Psahn. XXL v. 23. 

3 Psalm. XVI U. v. 3. 

4 Is. VIII. V. 18. -í 

5 O de la misma naturaleza mortal y pasible. Griete, XIII. 
V. 14.-/. Cor. XV. V. 54. 

r» Por no mirarla á la luz de la fe, como sacrificio agra- 
dable á Dios , y puerta para la inmortalidad ; sino única- 
í)iente como un castigo de esclavos y misprables', y objeto 
de mero horror. 



CAPÍTULO III. 119 

manos , ' á fin de ser un pontífice misericordioso, y 
fiel para con Dios , en orden á expiar 6 sathfacer 
por los pecados del pueblo. 

18 Ya que por razón de haber él mismo padecido, 
y sido tentado, puede también ^ dar la mano ó socor- 
rer á los que son tentados. 

CAPÍTULO lll. 

Jesu-Christo , Hijo de Dios , macho mas eminente sin com- 
paración que MoijKt's, que era solamente un siervo del 
Señor. Debemos obedecerle en todo, para que no seam.os 
castigados como los hebreos incrédulos. 

1 Por lo cual vosotros , mis santos hermanos, par- 
tícipes que sois de la vocación celestial *, poned los 
ojos en Jesús, apóstol* y pontífice de nuestra profe- 
sión ó religión santa; 

2 el cual es fiel al que le ha constituido tal, como 
lo fue también Moysés con respecto á toda su casa ^. 

3 Considerad pues que fue reputado digno de gloria 
tanto mayor que la de Moysés, cuanto mayor dignidad 
ü honra tiene que la casa, aquel que la fabricó. 

4 Ello es que toda casa por alguno es fabricada ; 
mas el que crió y fabricó todas las cosas, es Dios. 



1 Fuera del pecado y de la ignorancia. 

2 Como vencedor que es de todas las tentaciones del 
nmndo y del demonio. 

3 O llamados á la gloria. 

4 O enviado del eterno Padre. 

5 O al pueblo de los judíos, de que fue caudillo. 



150 EPÍST. DE S. PA.BLO A LOS HEBREOS. 

5 Y á la verdad Moysés fue fiel en toda la casa de 
Dios ó pueblo de Israel^ como un sirviente, enviado de 
Dios para anunciar al pueblo todo lo que tenia orden 
de decirle ; 

6 pero Christo se ha dejado ver como hijo en su pro- 
pia casa ; cuya casa somos nosotros, si hasta el fin 
mantenemos firme la animosa confianza en él, y la 
esperanza de la gloria. 

7 Por lo cual nos dice el Espíritu santo ' : Si hoy 
oyereis su voz, 

8 no queráis endurecer vuestros corazones, como 
sucedió cuando el pueblo estaba en el desierto en el 
lugar llamado contradicción y murmuración, 

9 en donde vuestros padres me tentaron ; querien- 
do hacer prueba de mi poder, y en donde vieron las 
cosas grandes que hice. 

10 Yo sobrellevé á aquel pueblo con pena y dis- 
gusto por espacio de cuarenta años, i/ dije en mí mis- 
mo: Este pueblo sigue siempre los extravíos de su 
corazón. Él no conoce mis caminos, 

11 y así airado he jurado : Que no entrarán jamás 
en el lugar de mi descanso. 

12 Mirad pues, hermanos, no haya en alguno de 
vosotros corazón maleado de incredulidad, hasta aban- 
donar al Dios vivo ; 

13 antes amonestaos todos los días los unos á los 
otros, mientras dura el dia que se apellida de Hoy "*, 

1 Pmlm. XCIV. V. 8. 

2 O el tiempo de la vida presente, hasta que llegue el dia 
perpetuo (le la eternidad. 



CAPÍTULO III. 151 

á fin de que ninguno de vosotros llegue á endurecerse 
con el engañoso atractivo del pecado. 

14 Puesto que venimos á ser participantes do 
Clnisto ; con tal que conservemos inviolablemente^has-, 
ía el fin el principio del nuevo ser suyo que ha pues- 
to en nosotros '. 

1 5 iAlientras que se nos dice : Si Hoy oyereis su 
voz , no endurezcáis vuestros corazones, como los is- 
raelitas en el tiempo de aquella provocación. 

16 Pues algunos délos que la hablan oido,' irritaron 
al Señor ; aunque no lodos aquellos que salieron del 
Egypto por medio de Moysés. 

17 Mas ¿contra quiénes estuvo irritado el Seíior 
por espacio de cuarenta años ? ¿ No fue contra los 
que pecaron, cuyos cadáveres quedaron tendidos en el 
Desierto ? 

IS ¿ Y á quiénes juró que no entrarían jamás en su 
descanso, sino á aquellos que fueron incrédulos 2/ deso- 
bedienies ? 

19 En efecto vemos que no pudieron entrar por 
causa de la incredulidad ^. 



1 Estamos unidos é incorporados con Jesn-Christo. desde 
que renacimos con él . cuando recibimos la nueva vida de 
la gracia, y fuin)os hechos miembros de Christo, por medio 
del bautismo. //. Cur. X.—Gal. Ill.—Eph. III. 

2 Muriendo todos antes, menos Josué y Caleb , y otros 
que no tuvieron parte en la desobtdioncia. 



152 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

CAPITULO IV. 

De la verdadera iiena de itromision acia la cual caminan 
los cristianos; y cómo debemos acudir á Jesu-Chrisio 
para X)oder entrar en ella. Cuan grande es la virtud y 
eficacia de la palabra de Dios. 

1 Temamos pues que haya alguno entre nosotros 
que sea excluido da la entrada en el descanso de Dios ', 
por haber despreciado la promesa que de él se nos hahia 
hecho. 

2 Puesto que se nos anunció también á nosotros 
del mismo modo que á ellos ; pero á ellos no les apro- 
vechó la palabra ó promesa oida , por no ir acompa- 
ñada con la fé de los que la oyeron. 

3 Al contrario nosotros que hemos creido , entra- 
remos en el descanso ^ ; según lo que dijo ^ : Tal es el 
juramento que hice en mi indignación : Jamás entra- 
rán en mi descanso ; y es el descanso en que habita 
Dios, acabadas ya sus obras desde la creación del 
mundo. 

4 Porque en cierto lugar habló así del dia sép- 
timo ^ : Y descansó Dios al dia séptimo de todas sus 
obras. 

1 O reino celestialj del cual era una figura la tierra de 
promisión. 

2 Del cual fueron excluidos los incrédulos. 

3 Psalm. XCIV. v. U. 

4 Gen. II. r. 2. 



capítulo IV. 153 

5 Y en este dice : Jamás entrarán en mi descanso. 

6 Pues como todavía faltan algunos por entrar en 
él , y los primeros á quienes fue anunciada la buena 
nueva , no entraron por su incredulidad ; 

7 por eso de nuevo establece un día, y es Hoy, 
diciendo , al cabo de tanto tiempo , por boca de David, 
según arriba se dijo : Si Hoy oyereis su voz, no que- 
ráis endurecer vuestros corazones. 

3 Porque si Josué * les hubiera dado este des- 
canso ^ , nunca después hablaría la Escritura de otro 
día. 

9 Luego resta todavía un solemne descanso ó sil- 
bado para el verdadero pueblo de Dios '. 

10 Así quien ha entrado en este su descanso, ha 
descansado también de todas sus obras , así como Dios 
de las suyas. 

1 1 Esforzémonos pues á entrar en aquel eterno des- 
canso * , á fin de que ninguno imite el sobredicho 
ejemplo de incredulidad. 

12 Puesto que la palabra de Dios es viva , y eficaz, 
y mas penetrante que cualquiera espada de dos filos ; 
y que entra y penetra hasta los pliegues del alma y del 
espíritu , hasta las junturas y tuétanos , y discierne y 
ca??/im los pensamientos, y las intenciones mas ocultas 
del corazón. 



1 Llamado también en la Escritura Jesús Nave. 

2 Introduciéndolos en la tierra de promisión. 

3 Que es el descanso que tienen los bienaventurados. 

4 Por medio de la (é y buenas obras 

U 



154 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HElíREOS. 

13 No hay criatura invisible á su visla ; todas están 
desnudas y patentes á los ojos de este Scíior , de quien 
hablamos '. 

14 Teniendo pues por sumo pontífice á Jesús Hijo 
de Dios , que penetró hasta lo mas alto del cielo y nos 
abrió sus puertas, estemos firmes en la fé que hemos 
profesado -. 

15 Pues no es tal nuestro pontífice, que sea inca- 
paz de compadecerse de nuestras miserias ; habiendo 
voluntariamente experimentado todas las tentaciones y 
debilidades , á excepción del pecado , por razón de la 
semejanza con nosotros en el ser de hombre. 

16 Lleguémonos pues confiadamente al trono de la 
gracia , á fin de alcanzar misericordia , y hallar el 
auxilio de la gracia para ser socorridos á tiempo opor- 
tuno ^ 

CAPÍTULO V. 

Explica el Apóstol cuál es el oficio del sumo pontífice ; y 
hace ver que Jesu-Christo es tal, y\que intercede por nos- 
otros. Se queja de la poca disposición que tienen para 
entender estos divinos misterios. 

1 Porque todo pontífice entresacado de los hom- 



1 Esto es , de Jesu-Cliristo, Palabra sustancial y Verbo 
eterno del Padre , y al mismo tiempo apóstol y pontífice 
de la Religión que profesamos, 

2 Y arrojémonos en los brazos de su bondad y miseri- 
cordia. 

3 En nuestras tentaciones y necesidades. 



CAPITULO V. 155 

bies , es puesto para beneficio de los hombres , en lo 
que mira á el cnllo de Dios , á ün de que ofrezca do- 
nes y sacrificios por los pecados : 

2 el cual sopa sobrellevar y condolerse de aquellos 
que ignoran , y yerran ; como quien se halla igual- 
mente rodeado de miserias ; 

3 y por esta razón debe ofrecer sacrificio en des- 
cuento de los pecados , no menos por los suyos propios 
que por los del pueblo '. 

4 Ni nadie se apropia esta dignidad , si no es lla- 
mado de Dios, como Aaron '^. 

5 Así también Christo no se arrogó la gloria de ha- 
cerse pontífice, sino que se la dio el que le dijo : Tú eres 
mi Hijo , yo te he engendrado hoy. 

6 x\l modo que también en otro lugar dice : Tú 
eres sacerdote eternamente , según el orden de Mel- 
chísedech ^ 

7 El cual en los dias de su carne mortal , ofre- 
ciendo plegarias y súplicas con grande clamor y lágri- 
mas á aquel que podía salvarle de la muerte , fue oído 
en vista de su reverencia ^. 

8 Y cierto que aunque era Hijo de Dios , aprendió 
como hombre por las cosas que padeció , á obedecer ; 

9 y así consumado ó sacrificado en la cruz , vino d 



1 Levit. IV. V. 3—Xri. V. 6, 11. 

2 Ex. XXVIII. V. I— II. Paral. XXVII v. 18. 

3 Psulm. II V. 7.—CIX. v. 4. 

4 O de la piedad filial con que obedecía á su Padre , y 
resucitó al tiempo conveniente. 



156 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HLBKEOS. 

ser causa de salvación cierna , para todos los que le 
obedecen, 

10 siendo nombrado por Dios pontífice según el 
orden de Melchisedech. 

11 Sobre lo cual podríamos deciros muchas y í/í-aw- 
des cosas , pero son cosas difíciles de explicar, á causa 
de vuestra flojedad y poca aplicación para enten- 
derlas. 

12 El caso es que debiendo ser maestros , si aten- 
demos al tiempo que ha pasado ya ', de nuevo habéis 
menester que os enseñen á vosotros cuáles son ios pri- 
meros rudimentos de la palabra de Dios ó doctrina 
cristiana^ y habéis llegado á tal estado, que no se os 
puede dar sino leche , mas no alimento sólido. 

13 Pero quien se cria con leche, no es capaz de 
entender el Icnguage de perfecta y consumada justi- 
cia , por ser un niño en la doctrina de Dios. 

14 Mientras que el manjar sólido ' es de varones 
perfectos ; de aquellos que con el largo uso tienen ejer- 
citados los sentidos espirituales en discernir el bien y 
el mal. 



1 Desde que se os aounció el Evangelio. 

2 O el conocimiento mas extenso de los grandes miste - 
líos de la Religión. 



CAPITULO VI. 

Observa el Apóstol que suelen ser incorregibles los que 
siendo muy favorecidos de Dios, pierden lafé, ó se aban- 
donan á los vicios. Habla contra la pereza ; y de la firme 
áncora que tenemos en la esperanza cristiana. 

1 Dejemos pues á un lado las instrucciones que se 
dan á aquellos que comienzan á creer en Jesu-Christo , 
y elevémonos á lo que hay de mas perfecto , sin dete- 
nernos en ecbar de nuevo el fundamento hablando de 
la penitencia de las obras muertas ó pecados anterio- 
res al bautismo , de la fé en Dios , 

2 y de la doctrina sobre los bautismos ' , de la impo- 
sición de las manos ó cortjirmacion , de la resurrección 
de los muertos , y del juicio perdurable. 

3 Y he aquí lo que , con el favor de Dios , vamos 
á hacer ahora '. 

4 Porque es moralmente imposible que aquellos 
que han sido una vez iluminados, que asimismo han 
gustado el don celestial de la Eucháristia , que han 
sido hechos participes de los dones del Espíritu santo , 

5 que se han alimentado con la santa palabra de 
Dios , y la esperanza de las maravillas del siglo ve- 
nidero, 

6 y que después de todo esto han caido ' ; es iin- 

1 El de Jesu-Christo y el de san Juan. 

2 A fin de que instruidos mas á fondo eu la fé, temáis 
mucho el perderla. 

3 En apostasía _. ó han abandonado á Dios. 



158 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

posible, digo, que ' sean renovados por la peniten- 
cia, puesto que cuanto es de su parte crucifican de nue- 
vo en sí mismos al Hijo de Dios, y le exponen al es- 
carnio. 

7 Porque la tierra que embebe la lluvia que cae á 
menudo sobre ella, y produce yerba que es provechosa 
á los que la cultivan , recibe la bendición de Dios ; 

8 mas la que brota espinas y abrojos , es abando- 
nada de su dueño y y queda expuesta á la maldición , y 
al fin para en ser abrasada. 

9 Por lo demás, carísimos hermanos, aunque os 
hablamos de esta manera , tenemos mejor opinión de 
vosotros y de vuestra salvación. 

10 Porque no es DiosMnjusto , para olvidarse de 
lo que habéis hecho , y de la caridad que por respeto 
á su nombre habéis mostrado, en haber asistido, y en 
asistir á los santos ojíeles necesitados. 

11 Deseamos empero que cada uno de vosotros 
muestre el mismo fervor hasta el ñn para el cumpli- 
miento ó perfección de su esperanza ; 

12 á fin de que no os hagáis flojos ú remisos , sino 
imitadores de aquellos santos Patriarcas , que por 
su fé y laí^ga paciencia han llegado á ser los herede- 
ros de las promesas celestiales. 

1 3 Por eso en la promesa que Dios hizo á Abra- 
ham, como no tenia otro mayor por quien jurar, juró 
por sí mismo, 
L_i_L. 

1 Sin nn milagro de l;\ gracia. 



CAPÍTULO VI. 150 

14 diciendo eti seguida ' : Está bien cierto de que 
yo te llenaré de bendiciones , y te multiplicaré sobre- 
manera. 

15 Y asi aguardando con longanimidad ó larga 
paciencia j alcanzó la promesa. 

IG Ello es que los hombres juran por quien es ma- 
yor que ellos ; y el juramento es la mayor seguridad 
que pueden dar, para terminar sus diferencias. 

17 Por lo cual queriendo Dios mostrar mas cum- 
plidamente á los herederos de la promesa la inmuta- 
bilidad de su consejo ó resolución ' , interpuso jura- 
mento ; 

18 para que á vista de dos cosas inmutables , pro- 
mesa y juramento, en que no es posible que Dios 
mienta ó falte á ellas, tengamos un poderosísimo con 
suelo, los que consideramos nuestro refugio y po7iemos 
la mira en alcanzar los bienes que nos propone la es- 
peranza ; 

19 la cual sirve á nuestra alma como de una án- 
cora segura y firme , y penetra hasta el santuario que 
está del velo adentro ' ; 

20 donde entró Jesús por nosotros el primero co- 
mo nuestro precursor, constituido pontífice por toda 
la eternidad según el orden de Melchísedech ''. 

1 Gen. XXir. v. 16 

'2 Y acomodándose á la flaqueza y condiciou de los 
hombres. 

3 O h'dsta el verdadero saatnario del cielo. 

4 Para ofrecer á Dios por nosotros los méritos de su \yí\- 
sion y muerte. 



160 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS, 

CAPÍTULO Til. 

El sumo sacerdocio de Jesu-Christo figurado en el de Mcl- 
chísedech , es infinitamente mas excelente que el de Aaron 
y sus succesores. Jesu-Christo no ha de rogar por sí, sino 
solamente por nosotros. 

1 En efecto, este Melchísedech , rey de Salem , sa- 
cerdote del Dios altísimo, es el que salió al encuentro 
á Abraham cuando volvia victorioso de la derrota de 
los cuatro reyes ' , y el que le bendijo ; 

2 á quien asimismo dio Abraham el diezmo de lo- 
dos los despojos que habia recogido ; cuyo nombre en 
primer lugar significa rey de justicia : ademas de eso 
era rey de Salem , que quiere decir rey de paz , 

3 represe)itado sin Tpadie , sin madre, sin genea- 
logía , sin ser conocido el principio de sus días , ni el 
fin de su vida ^ , sino que siendo por todo esto ima- 
gen del Hijo de Dios, queda sacerdote eternamente ^ 

4 Contemplad ahora cuan grande sea este , ú quien 
el mismo Patriarca * Abraham dio los diezmos sacán- 
dolos de los mejores despojos. 

5 Lo cierto es que aquellos de la tribu de Levi que 
son elevados al sacerdocio, tienen por la Ley orden ó 
derecho de cobrar los diezmos del pueblo, esto es , de 

1 Gen. XIV. v. 18. 

2 Pues todo esto calla con misterio la sagrada Escritura. 

3 Esto es, sin que se vea succesor suyo. 

4 Asi es Ihunado por excelencia rl pariré de todos los 
creyentes. 



CAPÍTULO Vil. 161 

SUS hermanos ; aunque también estos mismos vengan 
como ellos de la sangre de Abraham. 

6 Pero aquel cuyo linage no se cuenta entre ellos ' , 
recibió los diezmos de Abraham , y dio la bendición al 
que tenia recibidas las promesas ^. 

7 Y no cabe duda alguna en que quien es menor, 
recibe la bendición del mayor '. 

8 No menos cierto es que aquí entre los levitas , 
los que cobran los diezmos, son hombres que mueren ; 
cuando allá se asegura ó representa como que vive 
aun ■*. 

9 Y (por decirlo asi) aun Levi , que recibe los 
diezmos de nosotros , pagó diezmo en la persona de 
Abraham ; 

10 pues que todavía estaba en Abraham su abuelo, 
como la planta se contiene en la simiente ^ cuando 
]\Ielchisedech vino al encuentro de este Patriarca ^. 

11 Y si la perfección ó santidad se daba por el sa- 
cerdocio levítico, (ya que en tiempo del mismo reci- 
bió el pueblo la Ley) ¿ qué necesidad hubo después 



1 Melchisedech, que en nada pertenece á la familia de 
Abraham. 

2 Esto es, al Patriarca, en cuya descendencia habían de 
ser benditas todas las naciones. 

3 El cual la da como diputado de Dios. 

4 Y permanece , en cuanto es figura de Chrísto. 

5 De todo esto se colige cuanto mayor es el sacerdocio 
de Jesu-Christo figurado en Melchisedech, que el de los 
levitas. 



¡02 EPÍST. DE S. PABLO A LOS IIEBIlEüS. 

de que se levantase otro sacerdote nombrado según el 
orden de l^Ielch'sedcch , y no según el de Aaron ? 

12 Porque mudado el sacerdocio , es forzoso que 
lambien se mude la Ley. 

13 Y el hecho es, que aquel de quien fueron pre- 
dichas estas cosas, es de una tribu , de la cual ningu- 
no sirvió al altar. 

14 Siendo como es notorio, que nuestro Señor Je- 
su-Chrislo nació de la tribu de Judá, á la cual jamás 
atribuyó Moysés el sacerdocio. 

1 5 Y aun esto ' se manifiesta mas claro ; supuesto 
que^ sale á luz otro sacerdote á semejanza de Mel- 
chísedech, 

16 establecido no por ley de succesion carnal, como 
el de Aaron, sino por el poder de su vida inmortal ^ 

1 7 Como lo declara la Escritura diciendo ^ : Tú 
eres sacerdote para siempre , según el orden de Mel- 
chísedech. 

18 Queda pues mudado el sacerdocio , y por tanto 
abrogada la Ley ú ordenación antecedente; á causa do 
su inutilidad c insuficiencia ; 

19 pues que la Ley no condujo ninguna cosa ú per- 
fección , sino que lo que conduce á ella es una espe- 



1 De haberse trasladado el sacerdocio. 

2 Según había predicho Dios en la Escritura. 

3 Por cuya razón ni él es succesor de nadie , ni nadie It 
succede á el. 

4 Psahn. CIX. v. 4. 



CAPÍTULO MI. 163 

ranza mejor, susliiaida en su lugar, por la cual nos 
acercamos á Dios. 

•20 Y ademas esle sacerdote Jesii-Christo * no ha 
sido establecido sin juramento ( porque ciertamente 
los otros fueron instituidos sacerdotes sin juramento ; 

21 mas este lo fue con juramento, por aquel que 
le dijo : Juró el Señor, y no se arrepentirá : tú eres sa- 
cerdote por toda la eternidad) 

22 por lo que es mucho mas perfecto el testamento 
ó alianza de que Jesús salió fiador y mediador. 

23 Ademas aquellos sacerdotes fueron muchos, por- 
que la muerte les impedia que durasen siempre ; 

24 mas este, como siempre permanece, posee eter- 
namente el sacerdocio. 

25 De aquí es que puede perpetuamente salvar á 
los que por medio suyo se presentan á Dios ; como 
que está siempre vivo para interceder por nosotros. 

26 A la verdad tal como este nos convenia que 
fuese nuestro pontífice , santo , inocente , inmacula- 
do , segregado de los pecadores ó de todo pecado , y 
sublimado sobre los cielos ; 

27 el cual no tiene necesidad, como los demás sa- 
cerdotes , de ofrecer cada dia sacrificios, primera- 
mente por sus pecados , y después por los del pueblo ; 
porque esto lo hizo una vez sola, ofreciéndose á sí 
mismo ^. 



1 Tiene la ventaja sobre el de la Ley, 

2 Aunque era inocente , se ofreció víctima al eterno Pa- 
dre por los pecados del mundo. 



164 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

28 Pues la Ley constituyó sacerdotes á hombres íla- 
oos ; pero la palabra de Dios, confirmada con el ju- 
ramento que ha hecho posteriormente á la Ley, esta- 
bleció por pontífice á su Hijo Jesu-Christo , que es 
santo y perfecto eternamente ' . 

CAPITULO VIH. 

Es JesuChvisto mediador del nuevo Tentamento ; el cual 
es mucho mas excelente ó perfecto que el antiguo. 

1 En suma , cuanto acabamos de decir se reduce 
á esto : Tenemos un pontífice tal , que está sentado 
á la diestra del trono de la magestad de Dios en los 
cielos , 

2 7/ es el ministro ó sacerdote del santuario celes- 
tial, y del verdadero tabernáculo, erigido por el Se- 
ñor, y no por hombre alguno ^. 

3 Que si todo pontífice es destinado á ofrecer dones 
y victimas , forzoso es que también este tenga alguna 
cosa que ofrecer ^ ; 

4 porque si el habitase sobre la tierra , ni aun sa- 



c 1 O santo para siempre ; y asi siempre idóneo para ejer- 
cer su sagrando ministerio. 

3 De cuyo taberuáculo era uua mera figura el de la Ley 
mosaica. 

3 Y lo que ofrece, es la víctima de su precioso cuerpo , 
inmolado en la cruz ; y después, de un modo incruento , 
en el sacrificio del altar. 



CAPÍTULO VIH. 165 

i-erdole seria ' , estando ya establecidos á este fin los 
hijos de la tribu de Leví , que según la Ley ofrecen los 
dones , 

5 y sirven al Templo material, bosquejo y sombra 
de las cosas celestiales. Como le fue respondido á Moy- 
sés, al construir el Tabernáculo: Mira, (le dijo Dios'') 
hazlo todo conforme a! diseño , que se te ha mostrado 
en el monte. 

6 3Ias nuestro pontífice Jesii-Chrislo ha alcanzado 
un ministerio tanto mas -excelente , cuanto es media- 
dor de un testamento ó alianza mas apreciable , la 
cual fue otorgada sobre mejores promesas. 

7 Pues si aquel primero fu(U'a sin imperfección , 
de ningún modo se tratarla de sustituirle otro. 

8 Sin embargo culpándolos, dice ¿t los prevaricado- 
res de la Ley antigua ^ : He aquí que vendrán dias , 
dice el Señor , en que otorgaré á la casa de Israel , 
y á la casa de Judá , un testamento ó alianza nueva ; 

9 no como el testamento ó pacto que hice con sus 
padres, cuando los tomé como por la mano para sacar- 
los de la tierra de Egypto ; por cuanto ellos no guar- 
daron mi alianza , y así yo los deseché , dice el Señor. 

10 El testamento que he de disponer, dice el Se- 
ñor, para la casa de Israel , después de aquellos días, 
es el siguiente : Imprimiré mis leyes en la mente de 



1 No hubiera podido ejercer las funciones de! sacer- 
docio. 

2 Exod. XXV. V. iO.—Act. VIL v. 44. 

3 Jerem. XIII r. 31. 

TOM. XV. 1.5 



100 IPÍST. DE S. TABLO A LOS HEBREOS. 

ellos , y escribirlas he sobre sus corazones ; y yo seré 
su Dios , y ellos serán mi pueblo : 

11 ya no será menester que enseñe cada uno á su 
prójimo y á su hermano, diciendo : Conoce al Señor ; 
porque con la luz ele la fé todos me conocerán desde 
el menor de ellos hasta el mayor ' ; 

12 pues yo les perdonaré sus maldades, y no me 
acordaré mas de sus pecados. 

13 Con llamar nuevo á este Testamento , dio por 
anticuado al primero. Ahor.5|. bien , lo que se da por 
anticuado y viejo, cerca está de quedar abolido. 



CAPÍTULO IX. 



Cotejo de las ceremonias de la Ley antigua con las de la 
nueva. Preeminencias del sacerdocio de Jesu-Christo so- 
bre el del antiguo Testamento. 

1 Es verdad que tuvo el primer Testamento o 
aí?ani3:a reglamentos sagrados del culto, y un santuario 
terrestre y temporal. 

2 Porque se hizo un primer tabernáculo ' , en el 



1 Alude al cuj). VI. v. 20 del Deuteronomio. Todos, aun 
los hombres mas rudos, y no solamente del pueblo hebreo, 
sino de todas las naciones, tendrán un singfular conoci- 
miento de las cosas de Dios ; pues no provendrá tanto de 
las palabras del hombre que enseña ó predica , como de 
Dios, que habla al corazón, y le hace dócil para creer. 

•2 Exod. XVI. V. \.— XXXVI. v. 8. Véase Taberná- 
culo. 



CAPITULO IX. 10 7 

cual estaban los candeleros', y la mesa, y los panes 
de la proposición ^, y esta parte es la que se llama San- 
ta 6 Santuario. 

3 Seguíase detrás del segundo velo la parte de el 
tabernáculo, que se llama Santísimo ó Savta-San- 
toriim , 

4 que contenia un incensario de oro ^, y el Arca del 
Testamento cubierta de oro por todas partes, y allí se 
guardaba el vaso de oro que contenia el maná , y la 
vara de Aaron que floreció , y las tablas (le la Leí/ ó 
de la alianza; 

5 y sobre el Arca estaban los querubines gloriosos 
haciendo sombra al propiciatorio * : de las cuales co- 
sas no es tiempo de bablar abora por menor. 

6 Como quiera dispuestas así estas cosas , en el 
primer tabernáculo entraban siempre los sacerdotes , 
para cumplir las funciones de sus ministerios ; 

7 pero en el segundo el solo pontífice una vez al 



1 O las siete lámparas, qiie formaban un gran candelero 
dividido en siete ramos. 

2 Véase Pan. 

3 Este incensario de oro , ó braserito, en que ofrecía in- 
cienso el Sumo sacerdote en el dia de la expiación , única 
vez al año que allí entraba, se quedaría dentro del Santa- 
Santorum , y no lo sacaría hasta que entrase con otro al 
ano siguiente. 

4 O trono de Dios ; trono que quedaba formado exten- 
dida una ala de cada querubín , á modo de respaldo, y sir- 
viendo la tapa del Arca como de peana. Véase Propicia- 
lorio, Arca. 



168 EPIST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

año , 110 sin llevar allí sangre ' , la cual ofrecía por 
sus ignorancias, y por las del pueblo ; 

8 dando á entender con esto el Espítitu santo , que 
lio eslaba todavía patente la entrada, del verdadero 
santuario ó SanlaSanlorum del cielo.:, «stando aun 
en pié ó subsistiendo el primer tabernáculo ^ : 

9 iodo lo cual era figura de lo que pasa ahora , y 
pasaba en aquel tiempo en los dones y sacrificios que 
se ofrecían , los cuales no podían purificar la concien- 
cia de los que tributaban á Dios este culto , pues que 
no consistía sino en viandas , y bebidas , 

10 y diferentes abluciones , y ceremonias carnales, 
que no fueron establecidas sino basta el tiempo en que 
la Ley seria corregida ó reformada. 

11 Mas sobreviniendo Cbristo pontífice, que nos 
hahia de alcanzar los bienes venideros , por medio de 
un tabernáculo mas excelente y mas perfecto * , no he- 
cho á mano , esto es , no de fábrica ó formación se- 
mejante á la nuestra ; 

12 y presentándose, no con sangre de machos de ca- 
brio '' , ni de becerros , sino con la sangre propia , 
entró una sola vez para siempre en el santuario del 
cielo , habiendo obtenido una eterna redención del 
(jénero humano -' . 



1 Exod. XXX. V. IQ.—Lev. XVL v. 2. Véase Sangre. 

2 Figura de la Ley de Moysés, 

3 Cual es su precioso cuerpo. 

4 Levit. XVI. V. 14. 

5 Con el infinito precio de su sangre adorable. 



CAPÍTULO IX. 169 

13 Porque si la sangre de los machos de cabrío y 
de los toros , y la ceniza de la ternera ' sacrificada 
esparcida sobre los inmundos , los sanliGca en orden á 
la purificación legal de la carne ; 

14 ¿cuánto mas la sangre de Christo, el cual por 
impulso de el Espíritu santo se ofreció á sí mismo in- 
maculado á Dios , limpiará nuestras conciencias de las 
obras muertas de los pecados , para que tributemos un 
verdadero culto al Dios vivo ? 

15 Y por eso es Jesús mediador de un nuevoTesta- 
mento , á fin de que mediante su muerte para expia- 
ción, aun de las prevaricaciones cometidas en tiempo 
del primer Testamento =* , reciban la herencia eterna 
prometida á los que han sido llamados de Dios. 

16 Porque donde hay Testamento ^ es necesario 
que intervenga la muerte del testador. 

17 Pues el festamento no tiene fuerza sino por la 
muerte del que le otorgó ; de otra suerte no vale , 
mientras tanto que vive el que testó. 

18 Por eso ni aun aquel primer Testamento fue 
celebrado sin sangre. 

19 Puesto que Moysés , después que hubo !cido lo- 
dos los mandamientos de la Ley á todo el pueblo , to- 
mando de la sangre de los novillos y de los machos 



1 Esto es , la aspersión del agua mezclada con la ceniza 
de la ternera santificada. Num. XIX. 

2 Prevaricaciones ó pecados que tampoco podían per- 
donarse sino por la virtud de la sangre de Christo. 

3 Véase Testamenlo. 



170 EPiST. DE S. PABLO A LOS llElíREOS, 

(le cabrío , mezclada con agua , lana teñida de carmesí 
ó de grana , y el hysopo , roció al mismo libro de la 
Ley , y también á todo el pueblo , 

20 diciendo : Esta es la sangre que servirá de sello 
del Testamento que Dios os ha ordenado ó hecho en 
favor vuestro. 

21 Y asimismo roció con sangre el tabernáculo, y 
lodos los vasos del ministerio '. 

22 y según la Ley casi todas las cosas se purifican 
con sangre ; y sin derramamiento de sangre no se hace 
la. remisión ". 

23 Fue pues necesario que las figuras de las cosas, 
celestiales , eslo es, el taberníivulo y sus utensilios , se 
purificasen con tales ritos ; pero las mismas cosas ce- 
lestiales lo deben ser con víctimas mejores que estas ; 
y asi ka sucedido. 

24 Porque no entró Jesús en el santuario hecho de 
mano de hombres ' , que era figura del verdadero , 
sino que entró en el cielo mismo, para presentarse 
ahora por nosotros en el acatamiento de Dios '*. 

25 Y no para ofrecerse muchas veces á sí mismo, 
como entra el pontífice de año en año en el Santa- 
Sanlorum con sangre agena y no propia : 

26 de otra manera le hubiera sido necesario padc-^ 

1 O utensilios y ornamentos destinados al servicio del 
culto. 

2 De las penas que la Ley iinponia. 

3 Cual era el de la Ley antigua. 

4 De lo cual era figura el pontífice, cuando .^e presenta- 
ba delante del Arca. 



capítulo X. nV 

cer muchas veces desde el principio del mundo ; 
cuando ahora una sola vez al cabo de los siglos se pre-i 
sentó para destrucción del pecado, con el sacrificio 
de si mismo. 

27 Y asi como está decretado á los hombres el mo - 
rir una sola vez , y después el juicio ; 

28 asi también Christo ha sido una sola vez inmo- 
lado ü ofrecido en sacrificio para quitar de raíz los pe- 
cados de muchos ; y otra vez aparecerá, no para expiar 
los pecados ágenos y sino para dar la salud eterna á 
los que le esperan con vivafé. 

CAPÍTULO X. 

Jesii- Christo es la única victima que puede expiar nuestros 
jiecados ; y debemos unirnos á ella por lafé, esperanza, 
caridad y buenas obras. Exhortad los hebreos á la pacien- 
cia en los trabajos. 

1 Porque no teniendo la Ley mas que la sombra 
de los bienes futuros, y no la realidad misma de las 
cosas ' , no puede jamás por medio de las mismas vic- 
timas que no cesan de ofrecerse todos los años, hacer 
justos y perfectos á los que se acercan al altar, y sa- 
crijican ; 

2 de otra manera hubieran cesado ya de ofrecerlas ; 
pues que los sacrificadores , purificados una vez , no 
tendrían ya remordimiento de pecado : 

1 Como tiene la ley evangélica los misterios y dones de 
la gracia , con que nos da ya en vida como un principio 
de la felicidad eterna. 



172 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

3 con todo eso lodos los años al ofrecerlas se hace 
conmemoración de los pecados, 

4 porque es de suyo imposible que con sangre de 
loros y de machos de cabrío se quiten los pecados ' . 

5 Por eso el Hijo de Dios, al entrar en el mundo, 
dice á su eterno Padre ^ : Tú no has querido sacrifi- 
cio, ni ofrenda ; mas á mí me has apropiado un cuerpo 
mortal^ : 

6 holocaustos por el pecado no te han agradado. 

7 Entonces dije : Heme aquí que vengo, según está 
escrito de mí al principio del libro ó Escritura sa- 
grada ^ , para cumplir ¡ oh Dios ! tu voluntad. 

8 Ahora bien , diciendo : Tú no has querido , ni 
han sido de tu agrado los sacrificios, las ofrendas y 
holocaustos por el pecado, cosas todas que se ofrecen 
según la Ley ; 

9 y añadiendo : Heme aquí que vengo ¡ oh mi 
Dios ! para hacer tu voluntad ; claro está que abolió 
estos últimos sacr-ijicios , para establecer otro, que es el 
de su cuerpo. 

10 Por esta voluntad pues ' somos santificados por 



1 Servian únicamente aquellos sacrificios para excitar la 
fé en Christo, al cual figuraban , y con cuya fé se justifi- 
caban los pecadores. 

2 Pscdm. XXXIX. V. 7. 

.3 Para que sea víctima digna í!e tu infinita Magestad. 

4 Del libro de la Ley y de los Profetas , cuyo objeto o 
principio y fin soy yo. 

5 Del eterno Padre , cumplida por Jesu-Christo. 



CAPÍTULO X. 173 

la oblación del cuerpo de Jesu-Chrislo hecha una vez 
sola. 

11 Y así en lugar de que lodo sacerdote de la an - 
iigua Ley se presenta cada día por mañana y tarde i\ 
ejercer j-u ministerio, y á ofrecer muchas veces las 
mismas víctimas, las cuales no pueden jamás quitar 
los pecados ; 

1 2 este nuestro poniíjice, después de ofrecida una 
sola hostia por los pecados , está sentado para siempre 
á la diestra de Dios, 

1'3 aguardando entre tanto lo que resta , es ú saber, 
que sus enemigos sean puestos ' por estrado de sus 
pies. 

14 Porque con una sola ofrenda, hizo perfectos pa- 
ra siempre á los que ha santiflcado. 

15 Eso mismo nos testifica el Espíritu santo. Por- 
que después de haber dicho ^ : 

16 Hé aquí la alianza, que yo asentaré con ellos, 
dice el Señor : Después de aquellos dias, imprimiré 
mis leyes en sus corazones , y las escribiré sobre sus 
almas ; 

17 añade en seguida : Y ya nunca jamás me acor- 
daré de sus pecados, ni de sus maldades. 

18 Cuando quedan pues perdonados los pecados, 
ya no es menester oblación para el pecado. 

19 Esto supuesto , hermanos , teniendo \dijirnie es- 



1 Al fin del mundo. 

2 Jerem. XXXI v. 33. 



174 EPiST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

peranza de entrar en el Sanla-Sanlorum ó santuario 
del cielo por la sangre de Chrislo , 

20 con la cual nos abrió camino nuevo , y de vida 
para entrar por el velo ' , esto es , por su carne " ; 

21 teniendo asimismo al gran sacerdote Jesu-Chris- 
ío consíitiddo sobre la casa de Dios ó la Iglesia ; 

22 lleguémonos á él con sincero corazón, con plena 
fé , purificados los corazones de las inmundicias de la 
mala conciencia ', lavados en el cuerpo con e¿ agua lim- 
pia del bautismo ; 

23 mantengamos inconcusa la esperanza * que he- 
mos confesado , (que fiel es quien hizo la promesa) 

24 y pongamos los ojos los unos en los otros para- 
incentivo de caridad y de buenas obras : 

25 no desamparando nuestra congregación ó asam- 
blea de los fieles , como es costumbre de algunos*, 
sino al contrario alentándonos niúluamente, y tanto 
mas cuanto mas vecino viereis el día ^. 

26 Porque si pecamos á sabiendas después de ha- 



1 Por el velo de delante del Tabernáculo, que el dividió 
y apartó. 

2 Por su carne , dividida y sacrificada ; la cual recibirla 
«^n la Eucháristía , ó espiritualniente por medio de la fé, es 
la que nos conduce á la vida eterna. 

3 Por medio de la aspersión de la sangre de Christo. 

4 De los bienes eternos , que hemos confesado tener al 
recibir el bautismo. 

5 Que por temor lí orgullo abandonan la fé. 

6 El dia del juicio, que comenzará en la muerte de 
cada uno. 



CAPÍTULO X. 175 

hor reconocido la verdad , ya no nos queda hostia que 
ofrecer por los pecados ', 

27 sino ayites bien una horrenda expectación del 
juicio y del fuego abrasador, que ha de devorar á los 
enemigos de Dios. 

28 Uno que prevarique contra la Ley de Moysés 
i/ se haga idólatra, siéndole prohado con dos ó tres 
testigos, es condenado sin remisión á muerte ^ : 

29 pues ahora, ¿cuánto mas acerbos suplicios, si 
lo pensáis, merecerá aquel que hollare al Hijo de Dios, 
y tuviere por vil é inmunda la sangre divinadel Tes- 
tamento , por la cual fue santificado , y ultrajare al 
Espíritu sa7ifo, autor de la gracia ^ ? 

30 Pues bien conocemos quién es el que dijo ^ : 
A raí está reservada la venganza , y yo soy el que la 
ha de tomar. Y también : El Señor ha de juzgar á su 
pueblo. 

31 Horrenda cosa es por cierto caer en manos del 
Dios vivo '. 

32 Traed á la memoria aquellos primeros dias de 
vuestra conversión, cuando después de haber sido ilu- 



1 Puesto que hemos abandonado á Jesu-Christo, única 
victima para, expiarlos. 

2 DeuL XVII. v.G. 

3 Que recibió en el bautismo, 

4 Deut. XXXII. V. 35. 

5 No ya como Padre misericordioso , sino como juez 
inexorable. 



176 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEfUlEOS. 

minados ' , sufristeis con valor admirable un gran 
combale de persecuciones : 

33 por un lado habiendo servido de espectáculo al 
mundo, por las injurias y malos tratamientos que 
habéis recibido ; y por otro tomando parte en las pe- 
nas de los que sufrían semejantes indignidades. 

34 Porque os compadecisteis de los que estaban 
entre cadenas ^, y llevasteis con alegría la rapiña de 
vuestros bienes , considerando que teníais ' un patri- 
monio mas excelente y duradero. 

35 No queráis pues malograr vuestra conGanza ^y 
la cual recibirá un grande galardón. 

36 Porque os es necesaria la paciencia , para que 
haciendo la voluntad de Dios, obtengáis la promesa \ 

37 Pues dentro de un brevísimo tiempo dice Dios'' , 
vendrá aquel que ha de venir, y no tardará " : 

38 entre tanto el justo mió, añade el Señor, vivirá 
por la fé ® ; pero si desertare , no será agradable, sino 
aborrecible á mi alma. 



1 Con la gracia y fe bautismal. 

2 De mi, preso por JesuChristo. 

3 En el cielo , y dentro de vuestro mismo corazón. 

4 Adquirida con tantos trabajos ; mas sed constantes 
hasta el fin. 

5 La promesa hecha á los que perseveran. Bien que no 
tendréis que esperar mucho. 

G Habac. II. v. 4. 

7 Pues todos los años que han de mediar son un momento 
respecto de la eternidad, 

8 Animada de la caridad. 



CAPÍTULO XI. 177 

39 iMas nosotros, hermanos, no somos de los hi- 
jos que desierlan de la fe para perderse, sino de los 
fieles¿rco?zs/fl72/es, para poner en salvo el alma y ase- 
gurarle la eterna yloria. 

CAPITULO XI. 

Describe el Apóstol la virtud maravillosa de la fe por una 
inducción de las grandes acciones de los antiguos justos ó 
santos, desde el principio del mundo hasta la venida del 
Mesías. 

1 Es pues la fé el fundamento ó firme persuasión 
de las cosas que se esperan, y un convencimiento de 
las cosas que no se ven. 

2 De donde por ella merecieron de Dios testimo- 
nio de alabanza ' los antiguos jus/os. 

3 La fé es la que nos enseña que el mundo todo 
fue hecho por la palabra de Dios, y que de invisible 
que era, fue hecho visible ^. 

4 La fe es por la que Abel ofreció á Dios un sacri- 
ficio mas excelente que el de Cain, y fue declarado 



1 O se hicieron recomendables á Dios. 

'2 Sacándole Dios de la nada, y haciéndole visible y her- 
moso por medio de la luz y demás seres criados. Otros 
traducen : Por la fé entendemos que con la sola palabra de 
Dios fueron formados todos los siglos , haciéndose de cosas 
invisibles , ó que eran nada , las visibles. 

IG 



178 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

justo, dándole el mismo Dios testimonio ' de que 
aceptaba sus dones ; y por la fé habla todavía aun es 
lando muerto ^. 

5 Por la fé fue trasladado ,Henoch de este mundo 
para que no muriese, y no se le vio mas, por cuanlo 
Dios le trasportó á otra parte que nose sabe : mas an- 
tes de la traslación tuvo el testimonio de haber agra- 
dado á Dios ^ 

6 Pues sin fé es imposible agradar á Dios. Por 
cuanto el que se llega á Dios, debe creer que Dios 
eiiste, y que es remunerador de los que le buscan. 

7 Por la fe, avisado Noé de Dios sobre cosas que 
aun no se velan, con santo temor fue construyendo el 
arca para salvación de su familia, y conslruyéndohf, 
condenó al mundo * ; y fue instituido heredero de la 
justicia, que se adquiere por la fé. 

8 Por la fé, aquel que recibió del Señor el nombre 
de Abraham ó padre de las naciones^ obedeció á 
Dios, partiendo acia el pais que debía recibir en heren- 
cia ; y se puso en camino^ no sabiendo á dónde iba. 

9 Por la fé habitó en la tierra que se le había pro- 



• 1 Cou fuego del cielo, ú otra señal visible, con que lua- 
í.ifestó cuan agradable le era su ofrenda. 

2 Ya con el clamor de su sangre pidiendo justicia áDios, 
ya con el heroico ejemplo de fé que nos dejó. 

3 Lo que solamente se alcanza coa la fé animada de la 
caridad. 

4 Qne se burlaba de las medidas de precaución que to- 
maba. 



CAPÍTULO XI. 17 

Tiielido, como en tierra extraña, habitando en cabanas 
o tiejidas de campaña, como hicieron también Isaac 
> Jacob, coherederos de la misma promesa. 

10 Porque tenia puesta la mira y toda su esperanza 
en aquella ciudad de sólidos fundamentos, la celestial 
Jeviisalem , cuyo arquitecto y fundador es el mismo 
Dios. 

11 Por la fé también la misma Sara, siendo esté- 
ril, recibió virtud de concebir un hijo, por mas que 
la edad fuese ya pasada , porque creyó ser fiel j/ veraz 
aquel que lohabia prometido. 

12 Por cuya causa de un hombre solo (y ese amor- 
tecido ya 2}or sii extremada vejez) salió una posteri- 
dad, tan numerosa como las estrellas del cielo, y como 
las arenas sin cuento de la odlki del mar. 

13 Todos estos santos vinieron á morir constantes 
siempre en su fé, sin haber recibido los bienes que se 
habían prometido, contentándose con mirarlos de le- 
jos, y saludarlos ', y confesando al mismo tiempo ser 
peregrinos y huéspedes sobre la tierra. 

14 Ciertamente que los que hablan de esla suer- 
te', bien dan á entender que buscan patria. 

15 Y caso que pensaran en la propia de donde sa- 
lieron, tiempo sin duda tenían de volverse á ella : 

16 luego es claro que aspiran á otra mejor, estoes, 



1 Con la firme creencia de que las promesas se cumpli- 
lian en sus descendientes. 

2 Y se tienen por peregrinos, aun estando en medio de 
la tierra que se les prometía. 



180 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

á la celestial. Por eso Dios no se desdeña de llamarse 
Dios de ellos ' ; como que les tenia preparada su ciu- 
dad celestial. 

17 Por lafé, Abraham, cuando fue probada su fi- 
delidad por Dios, ofreció á Isaac; y el mismo que 
habia recibido las promesas, ofrecía y sacrificaba al 
unigénito suyo; 

18 aunque se le habia dicho : De Isaac saldrá la des- 
cendencia que llevará tu nombre y heredar ¿i ¡as pro- 
mesas : 

19 mas él consideraba dentro de sí mismo que Dios 
podria resucitarle después de muerto : de aquí es que 
le recobró bajo esta idea y como figura de otra cosa ^. 

20 Por la fé, también Isaac bendijo á Jacob y á 
Esaú , jundando su bendición sobre cosas que liabian 
de suceder á los dos hermanos. 

21 Por la fé, Jacob , moribundo , bendijo á cada 
uno de los hijos de Joseph , y adoró ó se inclinó pro- 
fundamente delante de la vara de gobierno que lleva- 
ba Joseph ' . 

22 Por la fé, Joseph, al morir, hizo mención de la 



1 Se complació tanto en la viva fé de aquellos siervos 
suyos , que no se desdeñó de llamarse Dios de Abraham , 
de Isaac y de Jacob. 

2 Como figura de la resurrección de Jesu Christo, inmo- 
lado por la voluntad de su eterno Padre sobre el leño de la 
cruz. 

3 Como gobernador de Egypto , en quien veia figurado 
al Mesías, y reverenciaba su grandeza y autoridad. 



CAPÍTULO Xí. iHi 

salida de los hijos de Israel , y dispuso acerca de sus 
propios huesos. 

23 Por la fé, Moysés, cuando nació , fue ocultado 
por sus padres, durante el espacio de tres meses, por- 
que vieron tan gracioso a! niño ' ; y así es que no te- 
mieron el edicto del rey ^. 

24 Por la fé, Moysés, siendo ya grande , renunció 
á la cualidad de hijo adoptivo de la hija de Pharaon, 

25 escogiendo antes ser afligido con el pueblo de 
Dios, que gozar de las delicias pasageras del pecado ; 

26 juzgando que el oprobio de Jesu-Christo ^ era 
un tesoro mas grande que todas las riquezas de Egyp- 
to ; porque fijaba su vista en la recompensa. 

27 Por la fé dejó al Egypto, sin temer la saña del 
rey ; porque tuvo Qrme confianza en el invisible, como 
si le viera ya *. 

p 28 Por la fé celebró la Pascua , é hizo aquella as- 
persión de la sangre dd cordero * : á fin de que no 
locase á los suyos el ¿mcjel cxlerminador ^ que iba ma- 
tando á los primogénitos de los eyypcios. 

29 Por la fé pasaron el Mar bermejo como por 



1 Y creyeron que Dios le tenia reservado para grandes 
cosas á favor de su pueblo. 

2 Que mandaba arrojar en el rioá todos los niños luego 
de nacidos. 

3 El oprobio padecido por amor de Jcsu-Christo , á 
quien tenia delante de su \ista. 

4 Combatir en su defensa. 

5 Sobre las puertas de las casas de los israelitas. 



182 EPÍST. DE S. PAüLO A LüS HEBREOS. 

tierra seca : lo cual probando á hacer los egypcios , 
fueron sumergidos. 

30 Por la fé, cayeron los muros de Jerichó , con 
solo dar vuelta siete dias al rededor de ellos '. 

31 Por la fé Rahab que era ó hahia sido una ra- 
mera ^, no pereció con los demás ciudadanos incrédu- 
los , dando en su posada acogida segura á los explora- 
dores que envió Josué. 

32 ¿Y qué mas diré todavía? El tiempo me faltará 
si me pongo á discurrir de Gedeon , de Barac , de 
Samson , de Jephté , de David , de Samuel y de los 
Profetas ; 

33 los cuales por 'a fé conquistaron reinos, ejerci- 
taron la justicia, alcanzaron las promesas ', taparon 
las bocas de los leones, 

34 extinguieron la violencia del fuego, escaparon 
del filo de la espada, sanaron de grandes enfermeda- 
des ^ , se hicieron valientes en la guerra , desbarata- 
ron ejércitos extrangeros ^ : 



1 Llevando les sacerdotes el Arca santa, tocando las 
trompetas, etc, 

2 Algunos interpretan la voz hebrea Zonah (en el cap. 
XI. v.l.de Josué) mesonera, hostalera, etc. Pero si Zonah 
se deriva de Zanuh, y no de Zon , alimenlar , entonces se 
habrá de decir que Rahab habría sido antes mnger de mala 
vida , no que lo fuese aun. 

3 Como David , los Jueces, Josué y Caleb. 

4 Como Samson; Daniel en el lago de los leones; lo.s 
tres mancebos en el horno de 13abylon¡a ; David, Elias y 
Elíseo , huyendo de Saúl . de Acháb y de Jezab( 1; Joh , 
Kzeciiias, Tobías. 

5 Como David , los Mai habeos, y otros. 



CAPÍTULO Xí. 183 

35 niugeres hubo que recibieron resucitados á sus 
difuntos hijos \ Mas oíros ^ fueron estirados en el 
potro, no queriendo redimir la vida -presente, por ase- 
gurar otra mejor en la resurrección. 

36 Otros asimismo sufrieron escarnios y azotes, 
ademas de cadenas y cárceles ^ ; 

37 fueron apedreados, aserrados, puestos á prueba 
de iodos modos, muertos á fllo de espada * ; an duvie- 
ron girando de acá para allá , cubiertos de pieles de 
oveja y de cabra, desamparados, angustiados, mal- 
tratados: 

38 de los cuales el mundo no era digno; yendo 
perdidos por las soledades, por los montes, y reco- 
(jiéndose en las cuevas, y en las cavernas de la tierra. 

39 Sin embargo lodos estos santos, tan recomen - 
dables por el testimonio de su fé , no recibieron todo 
el fruto de la promesa ^ , 

40 habiendo dispuesto Dios, por un favor particu- 
lar que nos ha hecho, el que no recibiesen sino jun- 
tamente con nosotros el cumplimiento de su felicidad 
en el alma y en el cuerpo. 

1 Como la viuda de Sarepta y la Sunamítis , por las ora - 
clones de Elias y Elíseo. 

2 Como Eleázaro. 

3 Como Samsou, varios Profetas , Joseph . Jeremías , 
ttc. 

4 Como Nabot , Zachárías , Isaías , y otros Profetas. 

5 Hasta que llegue el dia en que, completado ya el nu- 
mere de los escogidos, alcatizen también para sus cuerpos 
la gloria é inmortalidad. Ápoc. VI. v. 11. 



184 EPÍST. DE S. PAliLO A LOS HEBREOS. 

i:apitulo xu. 

Exhórtalos con el ejemjylode Jesu- Chrisfo á sufrir confort 
taleza las aflicciones, y á ser obedientes á la ley del 
Seíior. 

1 Ya que estamos pues rodeados de una tan grande 
nube de testigos , descargándonos de todo peso , y de 
los lazos del pecado que nos tiene ligados , corramos 
con aguante al término del combate , á la nieta ó hito 
que nos es propuesto ' ; 

2 poniendo siempre los ojos en Jesús , autor y con- 
sumador de la fé ^ , el cual en visla del gozo que le es- 
taba preparado en la gloria sufrió la cruz , sin hacer 
caso de la ignominia , y en premio está sentado á la 
diestra del trono de Dios. 

3 Considerad pues atentamente á aquel Señor que 
sufrió tal contradicción de los pecadores contra su 
rnisma persona, á On de que no desmayéis, perdiendo 
vuestros ánimos. 

4 Pues aun no habéis resistido hasta derramar la 
sangre, como Jesu- Christo, comhüiúenáo contra el pe- 
cado ; 

5 sino que os habéis olvidado ya de las palabras de 



1 Puede también traducirse : Corramos por medio de la 
pacieneia acia ia meta ó hito en lacarrcra que se nos ha pro- 
puesto. 

2 Princii)io y fin de ella 



CAPITULO XII. 18a 

consuelo , que os dirige Dios como á hijos , diciendo 
en la Escrílm-a ' : Hijo mío , no desprecies la correc- 
ción ó castigo del Señor , ni caigas de ánimo cuando 
te reprende. 

6 Porque el Señor al que ama, le castiga ; y á cual- 
quiera que recibe por liijo suyo, le azota y le prueba 
con adversidades. 

7 Sufrid pues y aguantad Jirmes la corrección. 
Dios se porta con vosotros ^ como con hijos ; porque 
¿ cuál es el hijo , á quien su padre no corrige ^ ? 

8 Que si estáis fuera de la corrección ó castigo , de 
que todos los Justos participaron, bien se vé que sois 
bastardos , y no hijos legUimos. 

9 Por otra parte, si tuvimos á nuestros padres car- 
nales que nos corrigieron , y los respetábamos y amá- 
bamos , ¿no es mucho mas justo que obedezcamos al 
Padre de los espíritus , para alcanzar la vida eterna * ? 

10 Y á la verdad aquellos por pocos dias nos cas- 
ligaban -á su arbitrio ; pero este nos amaestra en 
aquello que sirve para hacernos santos. 

11 Es indudable que toda corrección por el pronto 
parece que no trae gozo , sino pena ; mas después pro- 
ducirá en los que son labrados con ella , fruto apacibi- 
lísimo de justicia. 



1 Prov. III. V. U.—Apoc. III. V. 19. 

2 En los trabajos que os envía. 

3 Prov. XIII V. 24. 

4 O al Criador de nuestras almas, el cual nos castiga á 
fin de que vivamos con el eternamente. 



186 EPIST, DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

12 Por tanto volved á levantar vuestras manos lán- 
fUiidas y caídas , y fortificad vuestras rodillas debili- 
tadas ; 

13 marchad con paso firme por el recto camino ; á 
fin de que alguno, por andar claudicando enlafé^ no 
se descamine de ella, sino antes bien se corrija '. 

14 Procurad tener paz con todos , y la santidad de 
vida, sin la cual nadie puede ver á Dios; 

15 atendiendo á que ninguno se aparte de la gracia 
de Dios ' ; que ninguna raiz de amargura brotando 
fuera y extendiendo sus ramas, sofoque la buena se- 
milla, y por dicha raiz se inficionen muchos '. 

16 Ninguno sea fornicario , ni tampoco profano 
como Esaú , que por un polage ó plato de comida ven • 
dio su primogenilura ^ ; 

17 pues tened entendido que después, por mas 
que pretendía ser heredero de la bendición , fue des- 
echado ; no pudiendo hacer que su padre mudase 
la resolución ^ , por mas que con Icágrimas lo soli- 
citase. 

18 Además de que vosotros no os habéis acer- 



1 O se endeieze con vuestro buen ejemplo. 

2 Abandonando la fé á que lia sido llamado. 

.3 Arrastrados por un solo pecador escaudaíoso. 

4 Y coii ella la bendición de su padre , y las promesas 
do Dios. 

5 Puede traducirse : no hallando lugar á penitencia ; por- 
que uo se arrepintió sino movido del daño que sentía. Chry- 
sost. — -S'. Tilomas. 



CAPÍTULO XII. 187 

cado ' á monte ^ sensible ó terrestre^ y á fuego encen- 
dido, y torbellino, y negra nube, y tempestad, 

19 y sonido de trompeta, y estruendo de una voz 
tan espantosa , que los que la oyeron , pidieron por 
merced que no se les hablase mas, sino -por medio de 
Moysés. 

20 Pues no podían sufrir la severidad de esto que 
se les intimaba : Si una bestia ^ tocare al monte , ha 
de ser apedreada. 

21 Y era tan espantoso lo que se veia, que dijo 
Moysés : Despavorido estoy , y temblando. 

22 Mas vosotros * os habéis acercado al monte de 
Sion, y á la ciudad de Dios vivo , la celestial Jeru- 
salem , al coro de muchos millares de ángeles, 

23 á la Iglesia de los primogénitos '% que están 
alistados en los cielos, y á Dios juez de todos, y á 
los espíritus de los justos ya perfectos ó bienaventu- 
rados , 

24 y á Jesús mediador de la nueva alianza, y á la 
aspersión de aquella su sangre que habla mejor que 
la de Abel ^. 



1 Como los que recibieron la Ley de Moysés en el monte 
Sínai. 

2 Exod. XIX. V. 12. —XX. V. 21. —Deut. IX. v. 19. 

3 No solamente un hombre. 

4 Por medio de la firme esperanza que os da la fe. 

5 O primeros hijos del nuevo Testamento , ó Iglesia de 
los primeros fieles. Otros por primogénitos entienden los 
1 postóles, 

íi Pidiendo, no \ens:anza^ como esta, sino misericordia. 



188 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

25 IMirad que no desechéis al que os habla '. Por- 
que si no escaparon del castigo aquellos que desobe- 
decieron al siervo de Dios Moysés , que les hablaba 
sobre la tierra , mucho mas castigados seremos nos- 
otros, si desecháremos al Hijo de Dios, que nos habla 
desde los cielos ; 

26 cuya voz hizo entonces temblar la tierra ; pero 
ahora promete mas , diciendo : Una vez todavía os 
hablaré en füblico j y yo conmoveré , no tan solo la 
tierra, sino también el cielo ^. 

27 Mas con decir: Una vez todavía ; declara la mu- 
danza de las cosas movibles ó instables, como [acosas 
hechas solo para algún tiempo, á fin de que perma- 
nezcan aquellas que son inmobles. 

28 Así que ateniéndonos nosotros, hermanos mios, 
á aquel reino que no está sujeto á mudanza ninguna -, 
conservemos la gracia ; mediante la cual agradando 
á Dios, le sirvamos con temor y reverencia. 

29 Pues nuestro Dioses como un fuego devorador ''. 



1 Coa tauta bondad , y que es vuestro redentor. 

2 Agg. II. v. 7. 

3 Cual es el de Jesu-Christo, que comenzárnosla poseer 
ya por la fé. 

4 Que consumirá á los rebeldes que le resisten. Deut.IV. 
V. 24. 



.'M) 



CAPITULO Xlll. 

Exhortación al ejercicio de las virtudes cristianas, por me- 
dio de las cuales, y envirtuddel sacrificio de Jesu-Christo, 
se merece la entrada en la Jerusalem celestial. 

1 Conservad siempre la caridad para con vuestros 
hermanos. 

2 Y no olvidéis el ejercitar la hospitalidad , pues 
por ella algunos ', sin saberlo, hospedaron ángeles. 

3 Acordaos de los presos , como si estuvierais con 
ellos en la cárcel; y de los afligidos, como que tam- 
bién vosotros vivís en cuerpo sujetos á miserias. 

4 Sea honesto en todos el matrimonio , y el lecho 
conyugal sin mancilla. Porque Dios condenará á los 
fornicarios y á los adúlteros. 

5 Sean las costumbres sin i^aslro de avaricia, con- 
tendándoos con lo presente, pues el mismo Dios di- 
ce ^: No te desampararé, ni ahandonaré jamás ,• 

6 por manera que podamos animosamente decir: El 
Señor es quien me ayuda : no temeré cosa que hagan 
contra mi los hombres '. 

7 Acordaos de vuestros prelados , los cuales os han 
predicado la palabra de Dios; cuya fé habéis de imi- 
tar, considerando el ün dichoso de su vida *. 

1 Como Abraham y Lot. Gen. Xf III y XIX. 

2 Josué I. V. 5. 

3 Psalm. CXriI. v. 6. 

4 Según el griego puede traducirse : El tenor de vida que 
llevan. 

17 



190 EPiST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

8 Jesu-Chrislo el mismo que ayer, es hoy ; y lo será 
por los siglos de los siglos. 

9 JNo os dejéis pues descaminar ó llevar de aquí 
allá por doctrinas diversas y extrañas. Lo que im- 
porta sobre todo es fortalecer el corazón con la gracia 
de Jesu'Christo; no con las viandas aquellas ' que 
de nada sirvieron por sí solas á los que andaban va- 
jiamenie confiados en ellas. 

10 Tenemos un altar ó una víctima ', de que no 
pueden comer los que sirven al tabernáculo '. 

11 Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya 
sangre por el pecado ofrece el pontiüce en el Santua- 
rio, son quemados enteramente fuera de los alojamien- 
tos ó de la pohlaa'otí^*. 

12 Que aun por eso Jesús, para santificar al pue- 
blo con su sangre , padeció fuera de la puerta de la 
ciudad. 

13 Salgamos pues á él fuera de la ciudad 6 aloja- 
mientos, y si(jám,osle las pisadas cargados con su im- 
properio ^. 

14 Puesto que no tenemos aquí ciudad fija, sino 
que vamos en busca de la que está por venir '^. 



1 O las víctimas sacrificadas según la Ley de Moyscs. 

2 Que es el mismo cuerpo de Jesu-Christo. 

3 O los que creen deber observar la Ley antigua ; en 
cuyo sacrificio de la expiación, figura del de Jesn-Christo 
inmolado en la cruz, prohibía la Ley comer de la víctima . 

4 LevÜ. XVI V. 27. 

5 Abrazándonos con la ignominia de la cruz. 

6 Esto es , de la Jerusalem celestial , en que liemos de 



CAPÍTULO Xlll. 191 

15 Oí're/camos pues á Dios por medio de él sin ce- 
sar un sacrificio de alabanza , es á saber, el fruto de 
labios que bendigan su santo nombre '. 

16 Entre tanto no echéis en olvido el ejercer la be- 
neficencia, y el repartir con otros vuestros bienes ; por" 
que con tales ofrendas se gana la voluntad de Dios. 

17 Obedeced á vuestros prelados, y esladles su- 
misos, ya que ellos velan , como que han de dar 
cuenta á Dios de vuestras almas , para que lo hagan 
con alegría, y no penando ^ : cosa que no os seria pro- 
vechosa. 

18 Orad por nosotros ', porque seguros estamos de 
que en ninguna cosa nos acusa la conciencia deseando 
comportarnos bien en lodo. 

19 Ahora mayormente os suplico que lo hagáis , á 
fin de que cuanto antes me vuelva Dios á vosotros. 

20 Y el Dios de la paz , que resucitó de entre los 
muertos al gran pastor de las ovejas, Jesu-Christo Se- 
ñor nuestro , por la virtud y mérito de la sangre del 
eterno testamento, 

21 os haga aptos para todo bien , á fin de que ha- 
gáis siempre su voluntad ; obrando el en vosotros lo 
que sea agradable á sus ojos por los méritos de Jesu- 



habitar algtm dia, y uo podemos entrar sino porJesii- 
Cliristo. 

1 Y le den gracias por habernos dado á Jesús por me- 
diador y salvador. Psalm. XLIX. v. 23.— Os. XIV. v. 3. 

2 Al ver malogrados sus desvelos. 

3 Para que salgamos de estas cadenas. 



192 EPÍST. DE S. PABLO A LOS HEBREOS. 

Cbrislo , al cual sea dada la gloria por los siglos de 
los siglos. Amen. 

22 Ahora , hermanos , os ruego que llevéis á bien 
todo lo dicho para exhortaros y consolaros , aunque 
o« he escrito brevemente '. 

r*: 23 Sabed que nuestro hermano Timotheo está ya 
en libertad; con el cual (si viene presto) iré á veros. 

24 Saludad á todos vuestros prelados, y á lodos los 
santos ojíeles. Los hermanos ojíeles de Italia os sa- 
ludan. 

2.^ La gracia sea con todos vosotros. Amen. 



mayor concisión de lo que la materia exigia. 



FIN DE LA EPÍSTOLA DE SAN PABLO A LOS 
HEBREOS. 



ADVERTENCIA 



SOBRE 



LA epístola CATHOLICA DE SANTLVGO. 



La siguiente epístola se llama cathólica . 
esto es , universal , coíuo igualmente la [de 
san Judas, (y según algunos también las de 
san Pedro y san Juan) porque no se dirigen, 
como las de san Pablo, el Iglesias ó personas 
determinadas, sino d muchas Iglesias, ó 
también á todos los fieles. Se llaman también 
canónicas, ó bien porque , como las de san 
Pablo , pertenecen al canon de las Escritu- 
ras, ó porque contienen las principales reglas 
de la vida cristiana. La presente epístola la 
escribió Santiago, llamado el Menor (tal vez 
por su estatura], primo ó pariente muy cer- 
cano de Jesu-Christo , y obispo de Jerusa- 
íem , de quien hace Josepho un magnifico 
elogio (Antiq. lib. XX. cap. YIII.). Toda 



194 ADVERTENCIA. 

ella está llena de avisos saludables, y de má- 
ximas de edificación. — Santiago murió^ se- 
gun se cree, el año 62 de Jesu-Christo, pre- 
cipitado por los judíos desde lo alto del Tem- 
plo, y después apedreado, por haberles predi- 
cado que Jesús era Hijo de Dios. Poco antes 
escribió esta carta. 



EPÍSTOLA CATHÓLICA 
DEL APÓSTOL SANTIAGO- 



CAPÍTULO PRIMERO. 

De ia utilidad de las tribulaciones ; y cómo la paciencia 
conduce á la perfección. De los frutos de la oración. Ven- 
tajas de la pobreza. Reprimir la lengua. Asistir á los 
afligidos. Huir del espíritu del mundo. 

1 Santiago , siervo de Dios y de nueslro Señor Je- 
su-Ghristo, á los fieles de las doce tribus , que viven 
dispersos entre las naciones, salud. 

2 Tened, hermanos mios, por objeto de sumo gozo 
el caer en varias tribulaciones, 

3 sabiendo que la prueba de vuestra fé produce ó 
ejercita la paciencia. 

4 Y que la paciencia perfecciona la obra ; para que 
asi ' vengáis á ser perfectos y cabales , sin fallar en 
cosa alguna. 

5 Mas si alguno de vosotros tiene falta de sabidu- 



I Purificada vuestra alma con "el fuego de las tribuía- 
ciones. 



190 EPÍST. CATHÓLICA DE SANTIAGO. 

lia , pídasela á Dios , que á todos da copiosamenle, 
y no zahiere á nadie ' ; y le será concedida. 
¡^ 6 Pero pídala con fé sin sombra de duda ú descon- 
fianza , pues quien anda dudando , es semejante á la 
ola del mar alborotada , y agitada del viento , acá y 
allá: 

7 así que, un hombre semejante no tiene que pen- 
sar que ha de recibir poco ni mucho del Señor. 

8 El hombre de ánimo doble ^ es inconstante en 
todos sus caminos ^. 

9 Aquel hermano que sea de baja condición, ponga 
su gloria en la verdadera exaltación suya ^ ; 

10 mientras el rico la debe poner en su abati- 
miento ó en humillarse á sí mismo , por cuanto él 
se ha de pasar como la flor del heno , 

1 1 pues asi como en saliendo el sol ardiente , se 
va secando la yerba , cae la flor, y acábase toda su 
vistosa hermosura; así también el rico se marchi- 
tará 2/ ctjnrá en sus andanzas. 

12 Bienaventurado pues aquel hombre que sufre 
con paciencia la tentación ó tribulación, porque des- 
pués que fuere así probado, recibirá la corona de vi- 
da, que Dios ha prometido á los que le aman. 



1 Con lo que ha dado ya. 

2 O dividido entre Dios y las criaturas. 

3 E indigno de que Dio.s le oiga cuando acude á él. 

4 Que consiste en ser hijo adoptivo de Dios, y, seme 
jí\nte á Jesu-Christo, pobre y humilde. 



CAPÍTULO I. 197 

13 Ninguno, cuando es tentado, diga, que Dios le 
lienta , porque Dios no puede jamás dirigirnos al 
mal ; y así él á ninguno tienta. 

14 Sino que cada uno es tentado, atraído y hala- 
gado por la propia concupiscencia. 

? 15 Después la concupiscencia , en llegando á cor- 
cebir tos deseos malos, pare el pecado ; el cual una 
vez que sea consumado ' , engendra la muerte. 

16 Por tanto no 05 engañéis en esta materia, her- 
manos míos muy amados. 

17 Toda dádiva preciosa y todo don perfecto de 
arriba viene, como que desciende del Padre de las 
luces , en quien no cabe mudanza , ni sombra de va- 
riación. 

18 Porque ;)or un puro querer de su voluntad nos 
ha engendrado para hijos suyos con la palabra de la 
verdad ^ , á fin de que seamos los israelitas como las 
primicias de sus mievas criaturas. 

19 Bien lo sabéis vosotros, hermanos míos muy 
queridos. Y así sea todo hombre pronto para escuchar ; 
pero detenido en hablar, y refrenado en la ira ^. 

20 Porque la ira del hombre no se compadece con 
la justicia de Dios. 



1 O por el consentimiento de la voluntad, ó por la ac- 
ción exterior. 

2 Que no» ha hecho anunciar antes que á los gentiles. 

3 O la verdadera piedad y devoción. Piov. XVII. 
V. 27. 



198 EPÍST. CATHÓLICA DE SANTIAGO. 

21 Por lo cual , dando de mano á toda inmundicia 
y exceso vicioso, recibid con docilidad la palabra di- 
vina que ha sido como ingerida en vosotros , y que 
puede salvar vuestras almas. 

22 Pero habéis de ponerla en práctica , y no solo 
escucharla ' , engañándoos lastimosamente á vosotros 
mismos. 

23 Porque quien se contenta con oir la palabra de 
Dios , y no la practica , este tal será parecido á un 
hombre que contempla al espejo su rostro nativo ensu- 
ciado con algunas manchas , 

24 y que no hace mas que mirarse , y se va sin qui" 
tarlas, y luego se olvidó de cómo está. 

25 Mas quien contemplare atentamente la ley per- 
fecta del Evangelio, que es la de la libertad , y perse- 
verare en ella , no haciéndose oyente olvidadizo, sino 
ejecutor de la obra ; este será por su hecho ú obras 
bienaventurado, 

26 Que si alguno &c precia de ser religioso ó de- 
voto , sin refrenar su lengua , antes bien engañando ó 
precipitando con ella su corazón , la religión suya es 
vana , es falsa su piedad. 

27 La religión pura y sin mácula delante de Dios 
Padre ^ es esta : Visitar ó socorrer á los huérfanos y 
á las viudas en sus tribulaciones , y preservarse de la 
corrupción de este siglo. 



1 Mallh. VIL V. 24. 

2 /s. /. V. 17. 



199 
CAPÍTULO 11. 

Advierte el apóstol que la acepción de personas no se com- 
pone bien con la fe' de Jesu-Chvisto ; y que lafé sin las 
obras buenas es como un cuerpo sin alma. 

1 Hermanos raios , no intentéis conciliar la fé de 
nuestro glorioso Señor Jesu-Christo con la acepción 
de personas '. 

2 Porque si entrando en vuestra congregación un 
hombre con sortija de oro y ropa preciosa , y entrando 
al mismo tiempo un pobre con un mal vestido, 

3 ponéis los ojos en el que viene con vestido bri- 
llante , y le decís : Siéntate tú aquí en este buen lugar; 
diciendo por el contrario al pobre : Tú estáte allí en 
pié, ó siéntate acá á mis pies; 

4 ¿ no es claro que formáis un tribunal injusto den- 
tro de vosotros mismos , y os hacéis jueces de senten- 
cias injustas ^ ? 

5 Oíd, hermanos míos muy amados, ¿no es verdad 
que Dios eligió á los pobres en este mundo, para ha- 
cerlos ricos en la fé , y herederos del reino que tiene 
prometido á los que le aman ? 



1 Ya cuando nombráis los ministros de la Iglesia^ ya en 
la distribución de las limosnas , ó en cuanto ocurra en la 
Iglesia. 

2 Menospreciando al pobre , solo porque es pobre . y 
honrando al rico; solo porque es rico; y prefiriendo la 
pompa al mérito y á la virtud. 



200 EPÍST, CATHÓLICA DE SANTIAGO. 

6 Vosotros al contrario habéis afrentado al pobre. 
¿ No son los ricos los que os tiranizan , y no son esos 
mismos los que os arrastran á los tribunales ? 

7 ¿No es blasfemado por ellos ' el buen nombre 
de Chrísto, que fue sobre vosotros invocado? 

8 Si es que cumplís la ley regia de la caridad con- 
forme á las 'Escrituras : Amarás á tu prójimo como á 
tí mismo ; bien hacéis ; 

9 pero si sois aceptadores de personas, cometéis 
un pecado, siendo reprendidos por la Ley como tras- 
gr esores. 

10 Pues aunque uno guarde toda la Ley, si que- 
branta un mandamiento, viene á ser reo de todos los 
demás ^. 

11 Porque aquel que dijo : No cometerás adulterio 
ó no fornicareis, dijo también : No matarás. Con que 
aunque no comelus adaMer'io ni forniques , si mata?, 
trasgresor eres de la Ley. 

12 Así habéis de hablar y obrar, como que estáis 
á punto de ser juzgados por la ley evangélica ó de 
libertad ^ 

13 Porque aguarda un juicio sin misericordia al 
que no usó de misericordia; pero la misericordia sj- 
bre puja al rigor del juicio. 



1 Por causa de sus injusticias y violencias. 

2 Esto es , de nada le sirve , para evitar la condenación 
eterna, el haber observado los demás. 

3 La cual ningún miramiento tiene á la condición de la 
persona , sino solamente al mérito de sus obras. 



CAPITULO II. 201 

— i 4 ¿De qué servirá, hermanos mios, el que uno 
diga tener fé, si no tiene obras ? ¿ Por ventura á este 
tal la fé podrá salvarle ? 

15 Caso que un hermano, ó una hermana estén 
desnudos, y necesitados del alimento diario, 

IG ¿ de qué les servirá que alguno de vosotros les 
diga: Id en paz, defendeos del frió, y comed á satis- 
facción ; si no les dais lo necesario para reparo del 
cuerpo ? 

17 Asila fé, si no es acompañada de obras, está 
muerta en si misma. 

18 Sobre lo cual podrá decir alguno al que tiene fé 
sin obras : Tú tienes fé, y yo tengo obras : muéstrame 
iu fé sin obras, que yo te mostraré mi fé por las obras. 

19 Tú crees que Dios es uno: haces bien: tam- 
bién lo creen los demonios, y se estremecen '. 

20 Pero ¿ quieres saber ¡ oh hombre vano ! cómo 
la fé sin obras está muerta ? 

21 Abraham nuestro padre ¿ no fue justiücado 
por las obras, cuando ofreció á su hijo Isaac sobre las 
aras? 

22 ¿Ves cómo la fé acompañaba á sus obras, y 
que por las obras la fé vino á ser consumada ? 

23 En lo que se curapiió la Escritura, que dice : 
Creyó Abraham áDios, y le fue reputado por justicia', 
y fue llamado amigo de Dios. 



1 Sin que saquen utilidad ninguna de su fé. 

2 Es á saber , el acto de fé con que sacrificaba á su hijo, 
esperando que Dios le resucitaría. Véase Justicia. 

ToM. XV. 18 



2Út rPiST. CATMÓLICA DE SANTIAGO. 

24 ¿No veis cómo el hombre se juslifica por las 
obras, y no por la fr solamente ' ? 

25 A este modo Rahab la ramera, ¿ no fue asi- 
mismo jusUQeada por las obras, hospedando á los ex 
ploradores que cnvinha Josué, y despachándolos por 
otro oamino ^ ? 

2G En suma, como un cuerpo sin esphilu cslá 
muerto, así también la fé sin las obras está muerta. 



CAPITULO III. 



V'uiosde la lengua desenfrenada , y diferencia entre la cien 
cía terrena y la celestial. 



1 No queráis muchos de vosotros, hermanos míos, 
hacer de maestros, considerando que os exponéis á un 
juicio muy rigoroso. 

2 Porque lodos tropezamos en muchas cosas '. Que 
si alguno no tropieza en palabras, este la\ se puede de- 
cir que es varón perfecto, y que puede tener á raya ú 
todo el cuerpo y sus pasiones. 

*3 Asi como si metemos un freno en la boca de los 



1 Pero no por las obras naturales , ó que mandaba la Ley 
de Moysés , sino por las que nacen de la viva fé. 

2 Para que no fuesen aprendidos. A la fé pues que tuvo 
en el Dios verdadero, añadió las obras ponsiguientes á ella. 

3 Mayormente en el hablar 



CAPÍTULO 111. '¿ÚÁ 

jabalíos para que nos obcJezcan, movciuüs su i.ucipo 
á donde quiera. 

4 ¡Mirad lanibien touio las naNCS, aunque sean 
grandes, y eslén llevadas de impetuosos vienlos, ton 
un pequeño limón se mueven acá y allá donde quiero 
el impulso del piloto. 

5 Así también la lengua es un miembro pequeño 
sí, pero viene á ser origen fastuoso de cosas degiaii 
bulto ó consaucmia. ¡ iMirad un poco de fuego cuan 
grande bosque incendia I 

G La lengua también es un fuego ' , es un mundo 
entero de maldad. La lengua es uno de nuestros 
miembros, que contamina todo el cuerpo, y siend.) 
inflamada del fuego infernal, inflama la rueda ó todu 
la carrera de nuestra vida. 

7 El hecho es , que toda especie de bestias , de 
aves, y de serpientes, y de otros animales se amansan, 
y lian sido domados por la naturaleza del hombre ; 

8 mas la lengua ningún hombre puede domarla ^ : 
ella es un mal que no puede atajarse, y está llena de 
mortal veneno. 

9 Con ella bendecimos á Dios Padre, y con la mis- 
ma maldecimos á los hombres, los cuales son formados 
á semejanza de Dios. 

10 De una misma boca sale la bcndiciou y la mal- 
dición. No han de ir así las cosas, hermanos mios. 

1 De que se originan los j^randes incendias de lis guer 
»a.<» y discordias. 

2 Sin iir^Hic'.dru 4',ixi!i3 d<:! i i-lo. 



204 EPÍST, CATHÓLICA DE SANTIAGO. 

1 1 ¿ Acaso una fuente echa por el mismo caño agua 

dulce y agua amarga? 

12 O ¿puede, hermanos mios, una higuera pro- 
ducir uvas, 6 la vid higos? Asi tampoco la fuente sa- 
lada puede dar el agua dulce '. 

13 ¿Hay entre vosotros alguno tenido por sabio, 
y bien amaestrado para instruir á otros? Muestre 
por el buen porte su proceder y una sabiduría llena 
de dulzura ^. 

14 Mas si tenéis un zelo amargo y el espíritu de 
discordia en vuestros corazones, no hay para que glo- 
riaros, y levantar mentiras contra la verdad ; 

15 que esa sabiduría no es la que desciende de 
arriba, sino mas bien una sabiduría terrena, animal 
y diabólica ^. 

16 Porque donde hay tal zelo ó envidia y espíritu 
de discordia , allí reina el desorden y todo género de 
vicios. 

17 Al contrario la sabiduría que desciende de ar- 
riba , además de ser honesta y llena de pudor, es pa- 



1 La lengua , pues , que nos ha dado Dius para alabarlo, 
síunca debe servir para ofenderle. 

2 ^ Cómo podr¿í hacer ningún fruto el doctor ó j)redica- 
dor de la ley de la caridad , el ministro de la píi/ , el maes- 
tro de la huüíildad, si con su ejt'nj|>lo desmiente sus pala- 
bras ? 

3 Y así codiciosa de los bienes terrenos , sensual ya» 
tiva , como de Lucifer. 



CAPÍTULO IV. 205 

tífica , modesta , dócil , susceptible 6 concorde con 
todo lo bueno, llena de misericordia y de excelentes 
frutos de buenas obras, que no se mete á juzgar, y 
está agena de hipocresía. 

18 Y es que los pacíficos, son los que siembran en 
paz los frutos de la verdadera justicia ó santidad. 



CAPITULO IV. 

Discordias y otros males que causan las pasiones no refrc 
nadas. Debemos evitar la murmiir ación, y someternos á la 
Providencia divina. 

1 ¿De dónde nacen las riñas y pleitos entre vos- 
otros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales hacen 
la guerra en vuestros miembros *? 

2 Codiciáis, y no lográis ; matáis ^ , y ardéis de en- 
vidia; y no por eso conseguís vuestros deseos: lili 
gais, y armáis pendencias, y nada alcanzáis, porque 
no lo pedís á Dios. 

3 Peáis quizá, 1/ con todo no recibís; y esto es 
porque pedís con mala intención , para satisfacer vues- 
tras pasiones. 

4 Almas adúlteras z/ coii-ompidas, ¿no sabéis que 



ritu 



1 ¿ Sirviéndose de ellos como de armas coatia el espl- 
iu? 

2 Según algunos, podWa liadurirse: Tenéis odio mortal 
al 2Ji'ójimo. y ardéis en envidia contra él; y no, etc. V^éasc 
IMartini 



"elfo hl'lST. lATHÓLKA DE SANTlAíJO. 

t;l íiniui lie csle mundo es una eueniiíilad conlia Dius ' ? 
'cualquiera pues (pie quiere ser amigo del nunulo, se 
(onsliluye enemigo de Dios. 

5 ,t Pensáis acaso que sin motivo dice la Escritura ". 
iil espíritu de D/os que habita en vosotros, os ama y 
codicia con zelos * 1' 

G Pero pov lo mismo da mayores gracias á los que 
asi le aman. Por lo cual dice * : Dios resiste á los so- 
¡jerbios, y da su gracia á los humildes. 

7 Estad pues sujetos á Dios y resistid con su gra- 
cia al diablo, y huirá de vosotros. 

8 Allegaos á Dios, y él se allegará á vosotros. Lim- 
piad ¡oh pecadores! vuestras manos; y vosotros de 
ánimo doble ^, purificad vuestros corazones. 

9 Mortificaos, y plañid , y sollozad . trueqúese vues- 
tra risa en llanto, y el gozo en tristeza ^. 

10 Humillaos en la presencia del Señor, y él os 
ensalzará. 

1 1 No queráis hermanos hablar mal los unos de los 
otros. Quien habla mal de un hermano, 6 quien juzga 
á su hermano, este tal de la Ley habla mal , y á la 



I ¿Que uo podéis ser fieles esposas del Señor, si amáis rl 
yi^lo ? 
'2 Deut. VI V. \b.—EzccK XVl. i.33 

3 No puede sufrir que vuestro corazón at reiunla cutre 
Dios y el nuiudo. 

4 Proü. 111 V. 34 

5 O dividido entre Dioa y el nmndo. 
•"» Considerando vuestro:; pecados. 



capítulo IV -¿OT 

\a\ juzga ó condena '. Mas si lú juzgas a la Ley, ya 
no eres observador de lü Ley , sino que te haces juez 
<!e olla. 

12 Uno solo es el legislador y el juez, que puede 
'^alvar y puede perder. 

13 Tú empero ¿quién eres , para juzgar á lu pro- 
¡inio? Hé aquí que vosotros andáis diciendo. Hoy ó 
mañana iremos á tal ciudad , y pasaremos allí un año, 
V negociaremos , y aumenlarémos el caudal : 

1 4 esto decís vosotros , que ignoráis lo que suce- 
derá mañana. 

15 Porque ¿qué cosa es vuestra vida? un vapor 
<pie por un poco de tiempo aparece , y luego desapa- 
rece. En vez de decir : Queriendo Dios; y : Si vivió - 
remos , haremos esto , ó aquello. 

1 tí IMas ahora iodo al contrario os estáis regoci - 
jando en vuestras vanas presunciones ". Toda presun 
cion, ó jactancia semejante, es perniciosa. 

1 7 En fin quien conoce el bien que debe hacer , y 
no le hace , por lo mismo peca. 



1 Dfíudo á cnteudci- que U Ley hace iiial en |>ro 
íiibirio. 
'2 Como si lo pDrvtuii c; tuviera en viieitid mano. 



2ÜB EPiST. CATHÓLICA OE SANTlA<iO. 



CAPITULO V. 

Del nevero castigo que recibirán los ricos avarientos y opre- 
sores de los 'pobres. De la paciencia en las aflicciones. No 
debemos jurar en vano. De la Extremaunción : de la Con- 
fesión sacramental , y de la eficacia de la oración. 

1 Ea pues ¡ oh ricos ! llorad , levantad el grito en 
>ista de las desdichas que han de sobreveniros '. 

2 Podridos están vuestros bienes , y vuestras roi»as 
han sido roídas de la polilla. 

3 El oro y la plata vuestra se han enmohecido ; y 
el crin de estos metales dará testimonio contra vos- 
otros "^ , y devorará vuestras carnes como un fuego. 
Os habéis atesorado ira para los últimos dias. 

4 Sabed que el jornal que no pagasteis á los traba- 
jadores' , que segaron vuestras mieses ,' está clamando 
contra vosotros; y el clamor de ellos ha penetrado los 
oidos del Señor de los ejércitos. 

5 Vosotros habéis vivido en delicias i/ en banquetes 
sobre la tierra, y os habéis cebado á vosotros mismos 
como las víctimas que se preparan para el día del sa- 
crificio ^ 

6 Vosotros habéis condenado al inocente , y le ha- 



1 En castigo de vuestra avaricia. 

2 Haciendo ver la dureza de vuestro corazón, 

3 Como víctimas qne deben sacrificarse á la divina p 
♦icia en e! dia terrible del juicio. 



capítulo V. 209 

beis muerto , sin que os haya hecho resistencia al- 
guna. 

7 Pero vosotros ¡oh hermanos mios ! tened pa- 
ciencia, hasta la venida del Señor '. Mirad cómo el 
labrador , con la esperanza de recoger el precioso fruto 
de la tierra , aguarda con paciencia que Dios envíe las 
lluvias , temprana y tardía ^. 

8 Esperad pues también vosotros con paciencia, y 
esforzad vuestros corazones , porque la venida del Se- 
ñor está cerca. 

9 No queráis , hermanos , querellaros unos contra 
otros , á fin de que no seáis condenados en este terri- 
ble dia. Mirad que el juez está á la puerta. 

10 Tomad, hermanos mios, por ejemplo de pa- 
ciencia, en los malos sucesos y desastres á los Profe- 
tas que hablaron en el nombre del Señor. 

1 1 Ello es que tenemos por bienaventurados á los 
que así padecieron. Oido habéis la paciencia de Job ', 
y visto el fin del Señor/. Estad de buen (mimo, por- 
que el Señor es misericordioso y compasivo ^. 



1 El cual no dejará de daros la paga de vuestro sufri- 
miento. Véase Venida del Señor. 

"2 Esto es, laque viene después de la sementera, y la otra 
antes de la siega. Deuí. XI. v. 14. Martini traduce : Hasta 
que recibe el fruto in-imerizo y el tardío. 

3 Y cómo Dios le dio después el cien doblado. 

4 Que después de padecer tanto, l»a sido exaltado sobre 
todo. 

. 5 V premia con larga mano. 



210 EPiST. CATHÓLICA DE SANTIAGO. 

1 2 Sobre lodo , hermanos mios , no (lucrais jurar , 
ni por el cíelo , ni por la lierra , ni con olro juramenlo 
alguno. Mas vuestro modo de asegurar una cosa sea : 
Sí , sí ; no , no : para que no caigáis en condenación 
jmando falso ó sin necesidad. 

13 ¿ Hay entre vosotros alguno que esté triste? ha;^a 
oración. ^;Eslá contento? cante salmos '. 

14 ¿Kslá enfermo " alguno entre vosotros ? llame á 
los prcsby teros de la Iglesia , y oren por él , ungiendo!»; 
con óleo en el nombre del Señor ; 

15 y la oración nacida ác la fé salvará al enfermo ', 
y el Señor le aliviará '* ; y si se halla con pecados , se 
le perdonarán. 

16 Confesad pues vuestros pecados uno á olro, y 
orad los unos por los otros, para que seáis salvos ; por- 
que mucho vale la oración perseverante del justo. 

17 Elias era un hombre pasible semejante á nos- 
otros^, y pidió fervorosamente que no lloviese sobre 
la lierra íZe Israel, y no llovió por espacio de tres años 
y seis meses ^. 



1 Explayando así su gozo. 

2 Kn el texto griego se denota enfermedad grave. No 
dice, está moribundo ; porque el Sacraniento de la Extre- 
innnncion . de <jiie aquí se habla , segiin sentir de todos los 
intérpretes catliólicos, debe darse a ios enfcriuos luego que 
r.stári en \)eligro. 

:í iMarc. VI v\\\—Xyi. v. 18- Je/ /// v. íi - \7X. 
V. H.~XXllH y. 8. Véase UiieUm, Manos. 

4 Le librará, si conviene , de los niales (juc padece. 

5 O sujeto á JHs uúsmas pasiones y miserias. 
<l Jll. Raí XUl i . \.—Luc. IV V. 25. 



CAPÍTULO V. 21 1 

is Hizo después de nuevo oración, y el cielo dio 
llüNia , y la tierra produjo su fruto. 

19 Hermanos mios, si alguno de vosotros se des- 
viare de la verdad , y otro le redujere á ella , 

20 debe saber que quien hace que se convierta el 
pecador de su extravío, salvará de la muerte al alma 
del pecador , y cubrirá la muchedumbre de sus propios 
pecados '. 



P/-or. A'.r, 12. 



FIN DE LA EPISTOLA CATHOLICA DE SANTIAGO. 



ADVERTENCIA 



LA EPIST. PRIMERA DEL APÓSTOL S. PEDRO. 



Esta carta va dirigida principalmente á 
ios judíos de diferentes provincias de Asia , 
que habían sido convertidos á la fe. San Pe- 
dro les escribe para hacerles conocer la san- 
tidad de su vocación^ y que todo lo debian 
sufrir primero que perder lafé. Habla tam- 
bién á los geíitiles convertidos ; y da á unos y 
á otros excelentes reglas de moral. — Pa- 
rece que la escribió acia el año 60 de Jesu- 
Chí'isío, casi al mismo tiempo que Santiago 
escribió la suya^ y se observa mucha seme- 
janza en el fin ó argumento de ambas. Al- 
gunos Padres la citan con el titulo de Carta 
á los del Ponto. 



epístola primera 
del apóstol s. pedro, 



CAPITULO PRIMERO. 



Da gracias á Dios por habernos llamado á lafé, ya la 
rida eterna . á la cual se llega jyor muchas tribulaciones. 
Exhorta á los fieles á la pureza de vida, acordándoles que 
lian sido redimidos con la sangre de Jesu-Christo. 

1 Pedro, apóstol de Jesu-Christo, á \o% judíos que 
■viven fuera de su patria , dispersos por el Ponto , Ga- 
lacia , Cappadocia , Asia menor y Bithinia , 

2 elegidos según la previsión ó precie stinacioyi de 
Dios Padre, para ser santificados del Espíritu santo, 
y obedecer á Jesu-Christo, y ser rociados con su san- 
gre ' ; muchos aumentos de gracia , y de paz. 



1 Aquí, como en otras partes de la Escritura , vemos 
aíribaida al Padre la predestinación , al Espíritu santo la 
^santificación , y al Hijo de Dios la redención. Las asper- 
siones y purificaciones que se hacían en la Ley de Moysés, 
todas eran figura de la verdadera santidad y pureza que 
adquirimos por la sangre de Jesu-Christo. 

19 



214 El'ÍST. PRIMERA DE SAN PEDRO. 

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor 
Jesu-Chrislo, que por su gran misericordia nos ha re- 
generado con una viva esperanza de vida eterna , me- 
diante la resurrección de Jesu-Chrislo de entre los 
muertos , 

4 para alcanzar algún día una herencia incorrup- 
tible, y que no puede contaminarse, y que es inmar- 
cescible, reservada en los cielos para vosotros, 

5 á quienes la virtud de Dios conserva por medio 
de la fé para haceros gozar de la salud , que ha de ma- 
nifestarse claramente en los últimos tiempos. 

6 Esto es lo que debe trasportaros de gozo, si bien 
ahora por un poco de tiempo conviene que seáis afli- 
gidos con varias tentaciones ' ; 

7 para que vuestra fé , probada de esta manera y 
mucho mas acendrada que el oro, que se acrisola con 
el fuego , se halle digna de alabanza , de gloria y de 
honor, en la venida manifiesta de Jesu-Christo para 
juzgaros; 



I Otros traducen: En lo cual os gozaréis , aun entonces 
mismo que permite Dios que durante esta vida tan corla 
seáis, etc. Puede traducirse : La brevedad de la vida pre- 
sente y la eternidad de la vida futura son dos grandes mo- 
tivos de consuelo en las mayores aflicciones. Sean los que 
fueren los males de esta vida , el que tiene una viva fé , 
está siempre alegre, dulceníente entregado á lo que dispone 
su Padre celestial. Las tril)ular¡ones de esta vida son como 
un fuego (|ue prueba la fé , descubre su precio , aviva su 
esplendor y pureza , y le adquiere la gloria, 



CAPÍTULO I. 215 

8 á quien amáis, sin iiaberlc visto ; en quien ahora 
igualmente creéis, aunque no le veis; mas poique 
creéis, os liolgaréis con júbilo indecible, y colmado do 
gloria ; 

9 alcanzando por premio de vuestra fé, la salud de 
vuestras almas. 

10 De la cual salud tanto inquirieron é indagaron 
los Profetas, los cuales prenunciaron la gracia que 
habia de haber en vosotros ; 

1 1 escudriñando para cuándo, ó para qué punto 
de tiempo se lo daba á entender el Espíritu de Christu 
que tenían dentro ; cuando les predecía los tormentos 
que padeció Chrislo, y las glorias que le seguiriim ; 

12 á los cuales fue revekido, que no para sí mis 
mos, sino para vosotros administraban ó profetiza- 
ban las cosas que ahora se os han anunciado, por 
medio de los que os predicaron el lívangelio, habien 
do sido enviado del cielo el Espíritu santo, en cuyas 
cosas ó misterios los ángeles juismos desean penetrar 
con su vista '. 

13 Por lo cual bien apercibido y morigerado vues- 
tro ánimo ^, tened perfecta esperanza en la gracia que 

1 Puede traducirse ; En cuyos misterios nunca cesan, ni 
se sacian de mirar lus ángeles. Alude tsta cxpresiou á los 
querubiues que estaban junto al Propiciatorio. Véase Que- 
íubines. Srgun ti sabio arzobispo Martiui, el tjucm que Ice 
mos eu la Vulgata, ha de ser qiiíC, tonloruie lo exige ti texto 
griego. 

2 O [>icsor\ado de todo error y mal deseo. Este f,s el sesv 



216 EPÍST. PRIMERA DE SAN PEDRO. 

se OS ofrece, hasta la manifestación de Jesu-Chrislo ; 

14 portándoos como hijos obedientes de este Señor, 
no conformándoos ya con los apetitos 1/ pasiones que 
teníais antes en tiempo de vuestra ignorancia ó injide- 
lidad ; 

15 sino que conforme á la santidad del que os lla- 
mó, sed también vosotros santos en todo vuestro pro- 
ceder ; 

16 pues está escrito • : Santos habéis de ser, por- 
que yo soy santo. 

17 Y pues que invocáis como padre á aquel que sin 
acepción de personas juzga según el mérito de cada 
cual, habéis de proceder con temor de ofenderle du- 
rante el tiempo de vuestra peregrinación. 

18 Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana 
conducta de vida, ó vivir mundano, que recibisteis de 
vuestros padres, no con oro ó plata , que son cosas 
perecederas , 

19 sino con la sangre preciosa de Christo, como de 
un cordero inmaculado y sin tacha ; 

20 predestinado sí ya de antes de la creación del 
mundo, pero manifestado en los últimos tiempos por 
amor de vosotros , 



tido literal de las palabras de la Viilgata: sucdnli tumbos 
mentin vestr^ , .sobrü, etc ; metáfora tomada de lo que ha- 
rian los siervos al ponerse á servir á sus amos ; y que no 
tiene cabida en nuestro idioma. Véase Vestidos. 
1 Lew. XI. V. U.—XIX. V. 2. 



CAPITULO I. 217 

21 que por medio de! mismo ' creéis en Dios, el 
cual le resucitó de la muerte, y le glorificó, para que 
vosotros pusieseis también vuestra fé y vuestra espe- 
ranza en Dios -. 

22 Purificando pues vuestras almas con la obe- 
diencia del amor ', con amor fraternal, amaos unos á 
otros entrañablemente con un corazón puro y sen- 
cillo ; 

23 puesto que habéis renacido, no de semilla cor- 
ruptible, sino incorruptible por la palabra de Dios 
vivo, la cual permanece por toda la eternidad "*; 

24 porque toda carne es beno, y toda su gloria 
como la flor del heno : secóse el heno, y su flor se 
cayó al instante ^. 

25 Pero la palabra del Señor dura eternamente, 
y esta es la palabra del Evayigelio que se os ha pre- 
dicado *^. 



1 O por el don de la fé que dos mereció. 

2 Que os promete resucitaros también algún dia á voso- 
tros, coruo á ^uestra cabeza Jesu-Chrisio. 

3 O que proceda de verdadera caridad. 

4 Vínculo es el de la caridad que debe uniros mas es- 
trechamente que el de la sangre. 

5 Eccli. XIV. V. 18.-/Í. XL v. 6. 

6 Palabra vivificante , que os ha engendrado en Jesu 
t.'hristo cuando recibisteis el bautismo. 



áÍ8 EIMST. PRIMEIIA DE SAN PEDUO. 



CAPITULO 11. 

Amonesta á los crislianos á que sean'únceros y sin malicia, 
como los niiios ; y a qtce se porten según exige la dignidad 
de reyes y de sacerdotes de que gozan , ejercitándose en 
las virtudes propias de los discípulos de Ckrislo. 

1 Por lo que, depuesta toda malicia y todo en- 
gaño, y los fingimientos ó hipocresiasj y envidias, y 
todas las murmuraciones, 

2 como niños recien nacidos, apeteced con ansia 
la leche del espíritu, pura ó sin mezcla de fraude ' ; 
para que con ella vayáis creciendo en salud i/ ro- 
bustez j 

3 si es caso que habéis probado cuan dulce es el 
Señor. 

4 Al cual arrimándoos, como á piedra viva que es, 
desechada sí de los hombres , pero escogida de Dios , 
y apreciada por la principal del edificio^ 

5 sois también vosotros, á manera de piedras vivas, 
edificados encima de él ', siendo como una casa es- 
piritual , como un nuevo orden de sacerdotes santos, 
para ofrecer víctimas espirituales, que sean agradables 
á Dios por Jesu-Christo '. 



1 La palabra de Dios , y la pailjcipaciou del tuorpo y 
;s,uigie do Clirislo. 

2 Esto es, fie Chiisto, que es el liindamcnto. 

3 Todos los cristianos cu cierto sentido son \trdadcrd 



CAPÍTULO II. '219 

O Pul lo (luc dice la Kscrilura ' : Mirad <iiie yo 
>oy á poner en Sion la principal piedra del ángulo, 
piedra sclecla y preciosa ; y cualquiera ciue por la i'é 
se apoyare sobre ella, no quedará confundido. 

7 Así que para vosotros que creéis, sirve de honra ; 
mas para los incrédulos , esta es la piedra que dese- 
charon los fabricantes , y no obstante vino á ser la 
principal ó la punta del ángulo - ; 

S piedra de tropiezo, y piedra de escándalo para 
los que tropiezan en la palabra del Evawjdio, y no 
creen en Chrislo , aun cuando fueron á esto desti- 
nados '. 

9 Vosotros al contrario sois el linage escogido , 
una clase de sacerdotes reyes, gente santa, pueblo de 
conquista * ; para publicar las grandezas de aquel que 
os sacó de las tinieblas á su luz admirable. 

10 Vosotros que antes no erais tan siquiera pue- 



luente sacerdotes, pues los santos deseos y buenas obraá 
son otros tantos sacrificios espirituales que deben ofrecer á 
Dios por medio de Jesu-Christo sobre el altar de su cora- 
zón cou el fuego de una ardiente caridad. Nótese que en el 
canon de la misa se dice : Acordaos también , Señor , de 
iodos los que están iiresentes , por los cuales os ofrecemos 
ó los cuales os ofrecen este sacrificio de alabanza, etc. 

1 /.?. XXyiII. V. lÜ. — fíom. IX V. 33. 

2 Psalm. CXyil. v. 2¿.~^Is. VIH. v. 4. 

3 Es decir , llamados á la fé ; pero abaudouadoi» á la ni 
icdulidad , por causa de su malicia y dureza de corazón 

1 Rescatado á costa de la sangre de Jcsu-Christo , y 
í^or la Nirtud de su gracia. 



220 EFIST. PRIMERA DE SAN PEDRO. 

blo , y ahora sois el pueblo de Dios ; que no habíais 
alcanzado misericordia, y ahora la alcanzasteis. 

1 1 Por esto , queridos mios, os suplico que, como 
extrangeros y peregrinos que sois en este mundo , os 
abstengáis de los deseos carnales, que combalen con- 
tra el alma, 

12 llevando una vida ajustada entre los gentiles; 
á fin de que , por lo mismo que os censuran como á 
malhechores, reflexionando sobre las obras buenas que 
observan en vosotros, glorifiquen á Dios en el dia en 
que los visitará '. 

13 Estad pues sumisos í\ toda humana criatura que 
se halle constituida sobre vosotros ^ y esto por respeto 
á Dios; ya sea al rey, como que está sobre lodos ^ ; 

14 ya á los gobernadores , como puestos por él para 
castigo de los malhechores , y alabanza y premio de los 
buenos ; 

1 5 pues esta es la voluntad de Dios , que obrando 
bien, tapéis la boca á la ignorancia de los hombres ne- 
cios é insensatos : 

16 como libres, si, mas no cubriendo la malicia 
con capa de libertad , sino obrando en todo como sier- 
vos de Dios, esto es , por amor. 



1 O en que Dios los ¡luiniue con su gracia. 

2 La verdadera piedad y religión inspiran siempre su- 
misión y obediencia al soberano. La obediencia del vasallo 
no pende de la conducta de vida ni de la piedad de los 
.si.beranos, sino del orden y voluntad de Dios, cuya [>ro^ i 
doücia los ha establecido sobre sus subditos. 



CAPÍTULO II. 221 

1 7 Honrad á lodos ; amad á los heriiianos ; temed 
á Dios ; respetad al rey. 

18 Vosotros, los siervos, estad sumisos con todo 
temor i/ respeto á los amos , no tan solo á los bue- 
nos y apacibles , sino también á los de recia condi- 
ción. 

19 Pues el mérito está en sufrir uno, por res 
peto á Dios que le vé , penas padecidas injustamente. 

20 Porque ¿qué alabanza merecéis, si por vues- 
tras faltas sois castigados de vuestros amos , y lo su 
frís? Pero si obrando bien, sufrís con paciencia los 
malos tratamientos ; en eso está el mérito para con 
Dios. 

21 Que para esto fuisteis llamados á la dignidad de 
hijos de Dios; puesto que también Christo, nuestra ca- 
beza , padeció por nosotros , dándoos ejemplo , para 
que sigáis sus pisadas. 

22 El cual no cometió pecado alguno , ni se hallo 
dolo en su boca : 

23 quien, cuando le maldecían, no retornaba mal- 
diciones ; cuando le atormentaban , no prorumpia en 
amenazas; antes se ponia en manos de aquel que le 
sentenciaba injustamente ' : 

24 él es el que llevó la pena de nuestros pecados 
en su cuerpo sobre el madero de la cruz , á fin de 
que nosotros muertos á los pecados , vivamos á la 



Reservando á Dios la justa venganza. 



á22 EPÍST. PUIMEIU DE SAN PEDRO. 

justicia , y él es por cuyas Hagas fuisteis vosotros sa- 
nados '. 

25 Porque andabais como ovejas descarriadas, mas 
ahora os habéis convertido y reunido al pastor, y obis- 
po ó siipermtemlentc de vuestras almas. 

CAPÍTULO 111. 

üa saludables ai'isos a los casados en particular, y ex- 
horta a todos los fieles á la caridad, ¿inocencia de vida , 
y á la paciencia en tas adversidades , á imitación de Jesn- 
(^lirislo. 

1 Asimismo las mugeres sean obedientes á sus ma- 
ridos , á fin de que con eso si algunos no creen por el 
medio de la predicación de la palabra , sean ganados 
sin ella por solu el trato con sus mugeres , 

2 considerando la pureza de la vida que llevan , y 
el respeto que les tienen. 

3 El adorno de las cuales no ha de ser por defuera 
con los rizos del cabello , ni con diges de oro, ni gala 
de vestidos ' : 

4 la persona interior , escondida en el corazón , es 
la que se debe adornar con el atavio incorruptible de 
un espíritu «le dulzura y de paz, lo cual es un prc 

( ioso adorno á los ojos de üios. 



I De las rjiic »l pecado li;d»in hcch(3 en lodos los lioin- 
bres. 

•i I. Ttmu/h. II. V. í). 



CAPÍTULO III. 223 

5 Porque asi también se ataviaban antiguamente 
aquellas santas mugeres , que esperaban en Dios , vi- 
viendo sujetas á sus maridos. 

6 Al modo que Sara era obediente á Abraham , á 
quien llamaba su señor : de ella sois hijas vosotras , 
si vivís bien , y sin amedrentaros por ningún temor '. 

7 Maridos, vosotros igualmente habéis de cohabi- 
tar con vuestras mugeres , tratándolas con honor , y 
discreción como á sexo mas flaco , y como á cohere- 
deras de la gracia ó beneficio de la vida eleima ; á fin 
de que ^ nada estorbe el efecto de vuestras oraciones. 

8 Finalmente , sed todos de un mismo corazón , 
compasivos , amantes de todos los hermanos , miseri- 
cordiosos , modestos , humildes ; 

9 no volviendo mal por mal , ni maldición por mal- 
dición , antes al contrario bienes ó bendiciones ; por- 
que á esto sois llamados ' , á fin de que poseáis la he- 
rencia de la bendición celestial. 

10 Así pues el que de veras ama la vida, y quiere 
vivir dias dichosos , refrene su lengua del mal , y sus 
labios no se despleguen á favor de la falsedad ^. 

1 1 Desvíese del mal , y obre el bien : busque con 
ardor la paz , y vaya en pos de ella ; 

12 pues el Señor tiene fijos sus ojos sobre los justos, 



1 Sin que os venza respeto mnndano , ni perturbación 
alguna. 
., 2 Viviendo pacíficamente con ellas. 

3 Y esta resignación y duiznra os es necesaria, 

4 Psalm. XXXIII. r 13 



224 EPÍST. PRIMERA DE SAN PEDRO. 

y escucha propicio las súplicas de ellos, al paso que 
mira con ceño á los que obran mal ". 

13 ¿Y quién hay, que pueda dañaros, si no pen- 
sáis mas que en obrar bien ? 

14 Pero si sucede que padecéis algo por amor á la 
justicia, sois bienaventurados. No temáis los fieros de 
los enemigos, ni os conturbéis. 

15 Sino bendecid en vuestros corazones al Señor 
Jcsu- Christo ^ , prontos siempre á dar satisfacción á 
cualquiera que os pida razón de la esperanza ó Reli- 
gión en que vivís : 

16 bien que debéis hacerlo con modestia y cir- 
cunspección , como quien tiene buena conciencia ; por 
manera que, cuando murmuran de vosotros los que 
calumnian vuestro buen proceder en Christo , queden 
conftindidos. 

17 Pues mejor es padecer ( si Dios lo quiere así ) 
haciendo bien , que obrando mal , 

18 porque también Christo ^ murió una vez por 
nuestros pecados , el justo por los injustos , á fin de 
reconciliarnos con Dios, habiendo sido á la verdad 
muerto según la carne *, pero vivificado por el espí- 
ritu de Dios ^. 



1 i?. /. V. 16. 

2 É instruyéüdoos bien en la Religión , e.stad pronto» 
siempre, etc. 

vS A quien debemos imitar. 

4 Para hacernos morir con él al pecado. 

5 Que le resucitó inmortal y glorioso. 



CAPÍTULO ill. 225 

l'J Kn el cual, 6 por cuyo movimiento , fue tam- 
bién á predicar á los espirilus encarcelados ' , 

20 que habían sido incrédulos en otro tiempo , 
cuando les estaba esperando á penitencia aquella larga 
paciencia de Dios en los dias de Noó , al fabricarse 



1 Este es uno de los lugares mas difíciles del Nuevo 
Testamento. Entre varias interpretaciones, dos son las mas 
seguidas. El mayor número de santos Padres , como san 
Athanasio , san Cyrilo , san Clemente Alejandrino , san Jus- 
tino, san Ireneo , san Gerónimo, etc. creen que san Pedro 
habla de Jesu-Christo cuando bajó al infierno ó limbo á 
anunciar á las almas de los justos , allí detenidos, la li- 
bertad ó redención, y á sacarlas de aquel lugar en que 
estaban como encarceladas, ó detenidas, esperando al 
Redentor. Y especialmente habla san Pedro, según opina 
Belarmino ( Lib. IT. de anima Chñsíi, c, 13. ) de las almas 
de aquellos que al principio no creyeron las exhortaciones 
de Noé , que en nombre de Dios les amenazaba con el dilu- 
vio; pero que al fln se convirtieron antes de llegar este, é 
hicieron penitencia, como también cree san Gerónimo. La 
otra interpretación, que 'es de san Agustin , del V. Beda , 
de Sto. Thomás , etc. toma la palabra cárcel en un sentido 
místico por el cuerpo , y explica este lugar, diciendo que 
Jesu-Christo con el mismo espíritu por el cual resucitó, y 
del cual llenó al Patriarca Noé , predicó á los incrédulos 
y pecadores del tiempo de este Patriarca la penitencia, los 
cuales, privados de la luz de la fé , vivian como encerrados 
en su carne depravada. A los tales predicó mucho tiempo 
el Espíritu de Christo por boca de Noé , especialmente 
durante los 120 años que duró la fabricación del arca. El 
P. Sá entiende por espíritus las almas, y por cárcel el pur- 
gatorio. 

20 



230 RPÍST. PRIMERA DE SAN PEDRO. 

el arca ' ; en la cual pocas personas, es á saber ocho 
solamente , se salvaron en medio del agua. 

21 Lo que era figura del bautismo de ahora, el 
cual de una manera semejante os salva á vosotros , no 
con quitar las manchas de la carne ^ , sino justificando 
la conciencia para con Dios por la virtud de la resur- 
rección de Jesu-Christo , 

22 el cual , después de haber devorado la muerte , 
á fin de hacernos herederos de la vida eterna , está á la 
diestra de Dios ; habiendo subido al cielo , y están- 
dole sumisos los ángeles , y las potestades , y las \ir- 
tvides. 

CAPÍTULO IV. 

Exhorta á huir de los ¡lasados vicios , y á la práctica de la^ 
virtudes ¡Jara atraer á la fe a los gentiles ; y dice que de- 
bemos alegrarnos de padecer por amor de Christo. 

1 Habiendo pues Chrislo padecido jior nosotros la 
muerte en su carne , armaos también vosotros de osla 
consideración ; y es que quien mortificó ó murió á la 
carne por el bautismo , acabado ha de pecar. 

2 He sufcrtG que ya el tiempo que le queda en esla 
vida mortal, viva , no conforme á las pasiones huma- 
nas , sino conforme á la voluntad de Dios. 

1 Y qne al fin viendo qXits' comenzaba ya el diluvio, se 
convirtieron de veras a Dios , y salvaron sii alma, ya que 
1)0 su cnerpo , por no estar en el arca. 

2 Como los lavatorios ó purificaciones de los judíos. 



I 



CAiMTULO IV. ^2 < 

3 Poique demasiado tiempo habéis pasado diuaule 
vuestra vida anterior , abandonados á las mismas pa- 
siones que los paganos, viviendo en lascivias, en co- 
dicias, en embriagueces , en glotonerias , en excesos, 
en las bebidas , y en idolatrías abominables. 

4 Ai presente los infieles extrañan nmcho que no 
concurráis vosotros á los mismos desórdenes de lor 
peza , y os llenan de vituperios. 

5 Mas ellos darán cuenta á aquel que tiene dis 
puesto el juzgar á vivos y á muertos '. 

6 Que aun por eso ha sido predicado también el 
Evangelio á los muertos ' ; para que habiendo sido 
juzgados ó castigados delante de los hombres según 
la carne, recibiesen delante de Dios la vida del Espi 
ritu. 

7 Por lo demás el fin de todas las cosas se va acer- 
cando. Por tanto sed prudentes, y así estad adverti- 
dos, y velad en oraciones continuas y fervorosas. « 

8 Pero sobre todo mantened constante la múlua 
caridad entre vosotros, porque la caridad cubre ó disi- 
imda muchedumbre de pecados '. 

9 Ejercitad la hospitalidad los unos con los otros 
sin murmuraciones. 

10 Comunique cada cual al prójimo la gracia ó don, 
según que la recibió, como buenos dispensadores de 

1 A fieles y á infieles. • 

2 A las almas de loá que niuiieron arrepentidos en 
tiempo del diluvio, ó á los idólatras y pecadores. 

3 Prov. X. V. 12. 



228 EPÍST. PUIMERA DE SAN PEDRO. 

los dones de Dios, los cuales son de muchas maneras. 

11 El que habla ó predica la palabra divina, há- 
galo de modo que parezca que habla Dios por su boca ; 
quien tiene algún mmxsiQxio eclesiástico, ejercitele co- 
mo una virtud que Dios le ha comunicado, 'á fin de 
que en todo cuanto hagáis, sea Dios glorificado por 
Jesu-Christo, cuya es la gloria, y el imperio por los 
siglos de los siglos : Amen. 

12 Carísimos, cuando Dios os prueba con el fuego 
de las tribulaciones, no lo extrañéis, como si os acon- 
teciese una cosa muy extraordinaria ; 

13 antes bien alegraos de ser participantes de la 
pasión de JesK-Christo, para que cuando se descubra 
su gloria , os gozeis también con él llenos de júbilo. 

14 Si sois infamados por el nombre de Chrislo, 
seréis bienaventurados ; porque la honra, la gloria y 
la virtud de Dios, y su Espíritu mismo, reposa sobre 
vosotros. 

15 Pero jamás venga c! caso en que alguno de vos- 
otros padezca por homicida , ó ladrón , ó maldicienle, 
ó codiciador de lo ageno. 

16 Mas si padeciere por ser cristiano, no se aver- 
güenze, antes alabe á Dios por tal causa , 

17 pues tiempo es de que comienzc el juicio por 
la casa de Dios. Y si primero empieza por nosotros ', 
¿ cuál será el paradero de aquellos (juc no creen al 
Evangelio de Dios i' 

1 Que somos sus ilonicütiros y scividorcs. 



CAFÍTüLO V. 220 

18 Que si el juslo á duras penas se salvará, ^;á 
dónde irán el impío y el pecador ' i^ 

19 Por lanío, aquellos mismos que padecen po» 
!a voluntad de Dios, encomienden por medio de las 
buenas obras sus almas al Criador, el cual es Gel ". 



CAPITULO V. 

Avisos saludables á los prelados de la Iglesia, ij a los ski 

ditos : encarga á los jóvenes la obediencia y la humildad ; 

y exhona a lodos á velar contra las tentaciones del de 

monio. 

•» . 

1 Eslo aupueslo, á los presbyleros ^ que hay entre 
vosotros, suplico yo, vuestro compresbylero y testigo 
de la pasión de Christo, como también participante 
de su gloria ^, la cual se ha de manifestar ú iodos en 
lo porvenir ' ; 

2 que apacentéis la grey de Dios puesta á vuestro 
cargo, gobernándola y velando sobre ella, no precisa- 
dos por la necesidad , sino con afectuosa voluntad que 
sea según Dios ; no por un sórdido interés, sino gra- 
lúitamente; 



1 ^: Cómo pueden esperar salvarse por el camiuü dtl 
regalo y de los vicios :' 

2 Y las guardará y pro miará scguu su mérito. 

3 Véase Presbyleros, 

4 Allá cu el monte ThaLor, 

5 O en la segunda venida gloriosa de Jesu-Christo, 



230 EPi'ST. PRIMERA DE SAN PEDRO. 

3 ni como que queréis tener señorío sobre el clero 
ó la heredad del Seíior ' , sino siendo verdaderamente 
dechados de la grey : 

4 que cuando se dejará ver el príncipe de los pas- 
tores Jesu-Christo, recibiréis una corona inmarcesci- 
ble de gloria. 

5 Vosotros igualmente ¡ oh jóvenes ! estad sujetos á 
los ancianos ó sacerdotes ^. Todos en fin inspiraos re- 
cíprocamente 1/ ejercitad la humildad , porque Dios 
resiste á los soberbios, pero á los humildes les da su 
gracia. 

6 Humillaos pues bajo la mano poderosa de Dios, 
para que os exalte al tiempo de su visita ó del juicio^ 

7 descargando en su afnoroso seno todas vuestras 
solicitudes, pues él tiene cuidado de vosotros. 

8 Sed sobrios, y 'estad en continua vela , porque 
vuestro enemigo el diablo anda girando como león ru- 
giente al rededor de vosotros, en busca de presa que 
devorar : 

ü resistidle firmes en la fé , sabiendo que la misma 
tribulación padecen vuestros hermanos, cuantos hay en 
el mundo. 

10 Mas Dios, dador de toda gracia , que nos llamó 
a su eterna gloria por Jesu-Christo, después que hayáis 
padecido un poco, él mismo os perleccionará, fortifi- 
cará y consolidará. 



1 El pueblo de Israel se llamaba clero, esto es, herencia 

críe ó patrimonio de Dios 

"i IVlartiiii traduce : á sacerdoti. 



i 



CAPITULO V. 231 

1 1 A él sea dada la gloria y el poder soberano por 
los siglos de los siglos. Amen. 

12 Por Silvano, el cual es, á mi juicio, un fiel 
hermano, os he escrito brevemente , declarándoos y 
protestándoos, que la verdadera gracia de Dios, ó la 
verdadera Religión, es esta , en que vosotros perma- 
necéis constantes. 

13 La Iglesia que, escogida por Dios como vos- 
otros, mora en esta Babylonia ', os saluda, y mi hijo 
Marcos. 

14 Saludaos mutuamente con el ósculo santo. La 
gracia sea con todos vosotros, los que estáis unidos en 
Christo Jesús. Amen. 



I Toda la antigüedad ha entendido siempre aquí poi 
BabyLnia la ciudad de Roma. V^éanse Calmet , Crocio, etc, 
y la ñola al verso 2. del cap. XVll de! Apocahjim. 



FL\ DE LA EPIST. PRlMtRA DE SAN PEDRO. 



ADVERTENCIA 



SOBRE 



LA EPl'ST. SEGUNDA DEL APÓSTOL S. PEDRO. 



Esta carta parece que va dirigida d ion 
Quismos que la primera , para fortalecerlos 
contra las heregías que desde entonces se le- 
vantaban en la Iglesia ^ especialmente contra 
los que ahora llamamos epicúreos; y que la 
escribió poco antes de su muerte, según indi- 
can las palabras del cap. I. v. il\. Suele mi- 
rarse como su testamento. 



epístola SEGUNDxV 
DEL APÓSTOL S. PEDRO, 



CAPITULO PRIMERO. 

La memoria de lus grandes dones recibidos de Dios hu de 
animarnos a avanzar en el camino de la virtud , para po- 
der entrar en el reino de Dios. Habla de su cercana 
muerte ; y de la verdad de la doctrina del Evangelio. 

1 Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesis-Chrislo, 
á los que han alcanzado igual fé con nosotros por la 
justicia 1/ méritos del Dios, y salvador nuestro Jesu- 
Cjjrislo. 

2 La gracia y paz crezca mas y mas en vosotros por 
el conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesu- 
Christo , 

3 así corao todos los dones que nos ha dado su po 
(Icr divino, correspondientes á la vida y á la piedad 

rist/ana , senos han comunicado por c! conocimien 
lo de aquel que nos llamó por su gloria y por su vir 
( ud , 

4 también por él mismo nos ha dado Dios las s'an- 



234 EPÍST. SEGUNDA DE SAN PEÜKO. 

des y preciosas gracias que habla prometido ; para 
haceros partícipes por medio de estas mismas gracias 
de la naturaleza divina , huyendo la corrupción de la 
concupiscencia , que hay en el mundo. 

5 Vosotros pues habéis de poner lodo vuestro eslu 
dio y cuidado, en juntar con vuestra fé la fortaleza , 
con la fortaleza la ciencia, 

O con la ciencia la templanza , con la templanza la 
paciencia , con la paciencia la piedad , 

7 con la piedad el amor fraternal , y con el amor 
fraternal la caridad ó amor de Dios. 

8 Porque si estas virtudes se hallan en vosotros, y 
van creciendo mas y mas, no quedará estéril y sin 
fruto el conocimiento que tenéis de nuestro Señor 
Jesu-Chrislo. 

9 i\I¿is quien no las tiene, está ciego, y anda con 
la mano á tientas, olvidado de qué manera fue lavado 
de sus antiguos delitos. 

10 Por tanto, hermanos mios, esforzaos mas y mas, 
1/ haced cuanto podáis para asegurar ó ajinnar vues- 
tra vocación , y elección por medio de las buenas obras, 
porque haciendo esto, no pecaréis jamás. 

11 Pues de este modo se os abrirá de par en par 
la entrada cu el reino eterno de nuestro Señor y Sal- 
vador Jesu-Christo. 

12 Por lo cual no cesaré jamás de advertiros eso 
mismo, por mas que vosotros estéis bien instruidos y 
confirmados en la verdad presente. 

13 Pues me parece justo el despertaros con mis 



capítulo i. 235 

amonestaciones, mientras estoy en este ciiei'po mortal 
como en una tienda de campaña ; 

14 estando cierto de que presto saldré de él, se- 
gún me lo ha significado ya nuestro Señor Jesu- 
Christo. 

15 Mas yo cuidaré de que aun después de mi muer- 
te, podáis con frecuencia hacer memoria de estas cosas. 

16 Por lo demás, no os hemos hecho conocer el 
poder y la venida de nuestro Señor Jesu-Christo, 
siguiendo fábulas ó Jicciones ingeniosas, sino como 
testigos oculares de su grandeza '. 

17 Porque al recibir de Dios Padre aquel glorioso 
testimonio, cuando desde la nube en que apareció con 
tanta brillantez la gloria de Dios, descendió una voz 
que le decia : Este es mi Hijo amado, en quien estoy 
complaciéndome , escuchadle ; 

18 nosotros oimos también esta voz venida del 
cielo , y vimos su gloria, estando con él en el monte 
santo del Thabor. 

19 Pero tenemos todavía el testimonio mas firmo 
que el nuestro, que es el de los Profetas ; al cual ha- 
céis bien en mirar atentamente, como á una antorcha 
que luce en un lugar oscuro , hasta tanto que ama- 
nezca el dia ^ , y la estrella de la mañana nazca en 
vuestros corazones : 



1 En su frasfiguracion gloriosa. 

2 De la gloriosa eternidad ó visión clara de Dios , y quede 
desvanecida la nube de la fé. 



23G lilMST. SECUNDA DE SAN PEDRO. 

W bien entendido ante todas cosas, que ninguna 
profecía de la Escritura se declara por interprelacion 
privada '. 

21 Porque no traen su origen las profecías de la 
voluntad de los hombres, sino que los varones santos 
de Dios hablaron , siendo inspirados del Espíritu 
santo '. 

CAPÍTULO 11. 

Describe las malas artes de los falsos doctores y de sus dis- 
cípulos los incrédulos , y el espantoso y repentino castigo 
que les amenaza. Avisa á los fieles que se guarden de 
ellos. 

1 Verdad es que hubo también falsos profetas en 
el antiguo pueblo de Dios, así como se verán entre 
vosotros maestros embusteros, que introducirán con 
disimulo sectas de perdición , y renegarán del Señor 
que los rescató, acarreándose á sí mismos una pronta 
venganza. 

2 Y muchas gentes los seguirán en sus disolucio- 
nes, por cuya causa el camino de la verdad será infa- 
mado ^ ; 



1 //. Timoth. III. V. 16. 

2 Y así es que á la Iglesia, dirigida por él, es á quien 
pertenece la interpretación de las Escrituras divinas. 

3 Atribuyéndose á la Religión los vicios de los que la 
profesan, 



CAPÍTULO H. 23? 

3 y usando de palabras fingidas harán tranco de 
vosotros por avaricia ; mas el juicio que tiempo há que 
les amenaza , va viniendo á grandes pasos , y no está 
dormida la mano que debe perderlos. 

4 Porque si Dios no perdonó á los ángeles delin- 
cuentes, sino que amarrados con cadenas infernales 
los precipitó al tenebroso abismo , en donde son ator- 
mentados , y tenidos como en reserva hasta el dia del 
juicio ' ; 

5 si tampoco perdonó al antiguo mundo ^ , bien que 
preservó al predicador de la justicia divina Noé con 
siete personas, al anegar con el diluvio el mundo de 
los impíos ; 

6 si reduciendo á cenizas las ciudades de Sodoma 
y Gomorrha , las condenó á desolamiento , ponién- 



1 Compara el apóstol los falsos apóstoles á los demonios, 
porque aquellos tiran como estos á desviar las almas del 
recto camino de la fé y de la virtud. Los ángeles malos, su- 
friendo ya ahora el castigo de su rebelión , comparecerán 
en el juicio final á oir de Jesu Christo una pública senten- 
cia de su condenación contra ellos, y los hombres que hayan 
imitado su rebelión contra Dios. Desde entonces quedarán 
encerrados en el infierno , ó para siempre fijos eu un lugar. 
Ahora permite Dios que ejerciten- á los buenos , y tienten á 
los hombres al mal , para que merezcamos la corona de la 
gloria, premio de los que pelean y vencen; y para eso nos 
ofrece su poderosa gracia, que tantas veces desprecian 
los hombres , usando mal del libre albedrío, que Dios les 
ha dado para poder merecer con lo que hagan, 

2 Esto es, á los hombres anteriores al diluvio. 

ToM. XV. 21 



I 



238 EPÍST. SEGUNDA DE SAN PEDRO. 

dolas para escarmiento de los que vivirán impía- 
mente ; 

7 si libertó al justo Lot, á quien estos hombres abo- 
minables afligian , y perseguian con su vida infame ; 

8 pues conservaba puros sus ojos y oidos , morando 
entre gentes que cada día sin cesar atormentaban su 
alma pura con obras detestables : 

9 luego bien sabe el Señor librar de la tentación á 
los justos , reservando los malos para los tormentos en 
el dia del juicio ; 

10 y mayormente aquellos que, para satisfacer sus 
impuros deseos, siguen la concupiscencia de la carne, y 
desprecian las potestades, osados , pagados de sí mis- 
mos , que blasfemando no temen sembrar heregías ' : 

1 1 como quiera que los ángeles mismos , con ser 
tanto mayores en fuerza y poder, no condenan con 
palabras de execración ni maldición á los de su es- 
pecie '^. 

12 Mas estos otros, que por el contrario, como 
brutos animales, nacidos para ser presa del hombre, 
ó para el lazo y la matanza , blasfeman de las cosas 
que ignoran, perecerán en los vergonzosos desórdenes 
en que están sumergidos. 



1 Blasfemando la sana doctrina, y maldiciendo á todos 
los superiores, 

2 Esto es, á los demonios, por ser estos criaturas de Dios. 
Otros traducen : No pueden resistir la horrenda condena- 
ron fulminada contra ellos. Véase Martini. 



CAPÍTULO 11. 235) 

13 recibiendo la paga de su iniquidad, ya que po- 
nen su felicidad en pasar cada día enlre placeres ; 
siendo la misma horrura y suciedad , regoldando delei- 
tes , mostrando su disolución en los convites que ce- 
lebran con vosotros , 

14 como que tienen los ojos llenos de adulterio y 
de un continuo pecar. Ellos atraen con halagos las al- 
mas ligeras é inconstantes , teniendo el corazón ejer- 
citado en todas las mañas que puede sugerir la ava- 
ricia ; son hijos de maldición ; 

15 han dejado el camino recto y se han descarriado, 
siguiendo la senda de Baiaam hijo de Bosor , el cual 
codició el premio de la maldad ; 

IG mas tuvo quien reprendiese su sandez y mal de- 
siíjyiio : una muda bestia ó burra en que iba montaiic , 
hablando en voz humana, refrenó la necedad del Pn 
felá '. 

17 Estos tales son fuentes - , pero sin agua , y nie 
blas agitadas por torbellinos que se mueven tí todas 
partes , para los cuales está reservado el abismo de l¿s 
tinieblas. 

18 Porque profiriendo discursos pomposos Menos 
de vanidad , atraen con el cebo de apetitos carnales d;^ 
lujuria á los que poco antes hablan huido de la com- 
pañía de los que profesan el error ; 

19 prometiéndoles libertad, cuando ellos mismos 



1 Nam. xxii-xxm.—xxir. 

2 Ma^niticas en la apariencia , pero secas. 



240 EPÍST. SEGUNDA DE SAN PEDRO. 

son esclavos de la corrupción , pues quien de olro es 
vencido , por lo mismo queda esclavo del que le venció. 

20 Porque si después de haberse apartado de las 
asquerosidades del mundo por el conocimiento de 
nuestro señor y salvador Jesu-Christo , enredados otra 
vez en ellas, son vencidos, su postrera condición viene 
á ser peor que la primera. 

21 Por lo que mejor les fuera no haber conocido 
el camino de la justicia, que después de conocido, vol- 
ver atrás y abandonar la Ley santa que se les habia 
dado; 

22 cumpliéndose en ellos lo que suele signiflcarse 
por aquel refrán verdadero : Volvióse el perro á comer 

. lo que vomitó : y, La marrana lavada á revolcarse eo 
el cieno. 



CAPITULO HL 

Los amonesta nuevamente contra los falsos doctores, y ha- 
bla de la segunda venida del Señor. Alaba las epístolas de 
san Pablo , y dice que eran adulteradas por los igno- 
rantes. 

1 Esta es ya, carísimos mios, la segunda carta que 
os escribo, procurando en las dos avivar con mis ex- 
hortaciones vuestro ánimo sencillo ó sincero; 

2 para que tengáis presentes las palabras que os he 
dicho antes , de los santos Profetas , y los preceptos 
que el Señor y Salvador nuestro os ha dado por medio 
de nosotros , que somos sus apóstoles : 



CAPITULO 111. 241 

3 estando ciertos ante todas cosas , de que vendrán 
en los últimos tiempos impostores artificiosos , arras- 
trados de sus propias pasiones , 

4 diciendo : ¿ Dónde eslá la promesa ó el segundo 
advenimiento de este ' ? porque desde la muerte de 
nuestros padres ó Patriarcas , todas las cosas per- 
manecen del modo mismo que al principio fueron 
criadas. 

5 Yes que no saben, porque quieren ig-norarlo, que 
al principio fue criado el cielo por la palabra de Dios, 
como asimismo la tierra ^ , la cual apareció salida del 
agua , y subsiste en medio de ella ; 

6 y que por tales cosas , el mundo de entonces pe- 
reció anegado en las aguas del diluvio. 

7 Así los cielos , que ahora existen , y la tierra , se 
guardan por la misma palabra , para ser abrasados por 
el fuego en el dia del juicio , y del exterminio de los 
hombres malvados é impíos. 

8 Pero vosotros , queridos mios , no debéis ignorar 
una cosa , y es que un dia respecto de Dios es como 
mil años, y mil años como un dia ^ . 

9 No retarda pues el Señor su promesa, como al- 
gunos juzgan , sino que espera con mucha paciencia 



J En cuyo tiempo, según dijo, había de mudar todas 
las cosas ? 

2 Véase Mundo. 
^ 3 Porque para el do hay nada pasado ni venidero, sino 
q'ie todo es preáente. 



242 EPÍST. SEGUNDA DE SAN PEDRO. 

por amar de vosotros el vcniv como juez, no queriendo 
que ninguno perezca , sino que todos se conviertan á 
penitencia. 

10 Por lo demás el dia del Señor vendrá como 
ladrón ' ; y entonces los cielos con espantoso estruendo 
pasarán de una parte á otra , los elementos con el ar- 
dor del fuego se disolverán, y la tierra ;, y las obras que 
hay en ella, serán abrasada 

11 Pues ya que todas estas cosas han de ser des- 
hechas , ¿ cuáles debéis ser vosotros en la santidad de 
vuestra vida , y piedad de costumbres , 

12 aguardando con ansia, y corriendo á esperar la 
venida del dia del Señor, dia en que los cielos encen- 
didos se disolverán, y se derretirán los elementos con 
el ardor del fuego ? 

13 Bien que esperamos, conforme á sus promesas, 
nuevos cielos y nueva tierra , donde habitará eteima - 
mente la justicia. 

14 Por lo cual, carísimos, pues tales cosas espe- 
ráis, haced lo posible para que el Señor os halle sin 
mancilla , irreprensibles y en paz ' ; 

15 y creed que es para salvación la longanimidad 
ó larga paciencia de nuestro Señor ', según que tam- 
bién nuestro carísimo hermano Pablo os escribió con 
forme á la sabiduría que se le ha dado , 

i F]sto es , de repente , y á la hora laciiOs pensada, 

2 Cou Dios y con vueslio prójimo. 

3 Que solo difiere su segunda venida para dar al niuntl.» 
mas tiempo de penitencia. 



CAPÍTULO 111. 243 

16 como lo liace en ledas sus cartas, tratando en 
ellas de esto mismo : en las cuales hay algunas cosas 
difíciles de comprender, cuyo sentido los indoctos é 
inconstantes en la fé pervierten , de la misma manera 
que las demás Escrituras de que abusan, para su pro- 
pia perdición. 

17 Así que vosotros ¡oh hermanos! avisados ya, 
estad alerta; no sea que seducidos de los insensatos 
1/ 77ialvados , vengáis á caer de vuestra firmeza ' : 

18 antes bien id creciendo en la gracia, y en el 
conocimiento de nuestro señor y salvador Jesu- 
Christo. A él sea dada la gloria desde ahora , y por el 
dia perpetuo de la eternidad. Amen. 



1 En la fé y santidad de vida. 



FIN DE LA EPÍSTOLA yLGÜNDA DE SAN PEDRO. 



ADVERTENCIA 



SOBRE 



LA EPISTOLA PRIMERA DEL APÓSTOL S. JUAN. 



Escribió san Juan esta carta á los fieles 
para combatir diferentes hereges, de los cua- 
les unos negaban la divinidad de Jesu-Chris- 
iOf como Cerintlio y Ebion, otros su humani- 
dad, como Basilides ; y otros la necesidad de 
las buenas obras, como los nicolaítas. Ad- 
vierte también á los fieles que se guarden de 
los falsos apóstoles ó seductores, d los cuales 
llama Antechrislos. Toda esta carta está 
llena de una luz y unción admirables. — Pa- 
rece que se escribió poco antes de la ruina de 
Jerusalem, Algunos Padres la llaman Epís- 
tola á los partlios [nación célebre por sus 
guerras contra los romanos) ; pero común-' 
mente se cree escrita á los hebreos cristianos» 



EPÍSTOLA PRIMERA 
DEL APÓSTOL S. JUAN 



CAPÍTULO PRIMERO. 



Anuncia san Juan la doctrina que oyó del mismo Jesii- 
Chrisío nuestro Señor, el cual es vida y luz que nos alum- 
bra y da vida, purificándonos de los pecados que te- 
nemos. 

1 Lo que fue desde el principio ó desde la eterni- 
dad, lo que oímos , lo que vimos con nuestros ojos , 
y contemplamos, y palparon nuestras manos tocante al 
Verbo de la vida; 

2 vida que se hizo patente, y así la vimos, y da- 
mos de ella testimonio , y os evangelizamos esta vida 
eterna , la cual estaba en el Padre , y se dejó ver de 
nosotros : 

*3 esto que vimos y oimos ', es lo que os anuncia- 
mos, para que tengáis también vosotros unión con nos- 
otros , y nuestra cotjiun unión sea con el Padre, y con 
su Hijo Jesu-Christo. 



1 Del Verbo eterno, hecho hombre para nuestra sal- 
vación. 



240 EPiST. PRIMERA DE SAN JUAN. 

4 Y OS lo escribimos para que os gozois, y vuestro 
gozo sea cumplido. 

5 Y la nueva, que olmos del mismo Jcsu-Chiislo, 
y os anunciamos, es, que Dios es luz, y en él no hay 
tinieblas ningunas. 

() Si dijéremos que tenemos unión con él, y anda- 
mos entre las tinieblas del pecado, mentimos, y no 
tratamos verdad. 

7 Pero si caminamos á la luz de lafé y santidad, 
como él está asimismo en la luz ' ; sigúese de ahí que 
tenemos nosotros una común y mutua unión, y la san- 
gre de Jesu Chrislo, su Hijo, nos purifica de todo 
pecado. 

8 Si dijéremos que no tenemos pecado, nosotros 
mismos nos engañamos, y no hay verdad en nosotros. 

9 Pero si confesamos humildemente nucslros peca- 
dos, fiel y justo es él, para perdonárnoslos, y lavar- 
nos de toda iniquidad seyun su promesa. 

10 Si dijéremos que no hemos pecado, le hacemos 
á él mentiroso, y su palabra no está en nosotros ^. 



1 V es la misma luz divina sustancial , que ilumina á 
todos. 

2 Puesto que la Escritura nos dice que somos pccadon a 
todos , y que todos necesitamos de la misericordia divina. 
P.sal>n. CXV V. 1! -///. Reg. VIIL v. 46 — Rom. IJI. 
V. -l.—Jac. IJI. V. 2. 



24 7 

caimVulo il. 

Nos exhortan no pecar, y á acogernos d Jenu Chrislo, 
cuando hubiéremos pecado. Encarga la observancia de los 
mandamientos , especialmente del primero. Consuela á 
todos , y amonesta que nos apartemos de los incrédulos y 
hereges ,á quienes llama Antechristos. 

1 Hijitos mios, estas cosas os escribo, á Gn deque 
no pequéis. Pero aun cuando alguno por desgracia 
pecare, no desespere, pites tenemos por abogado para 
con el Padre, á Jesu-Christo justo i/ santo; 

2 y él mismo es la víctima de propiciación ' por 
nuestros pecados ; y no tansolo por los nuestros, sino 
también por los de todo el mundo. 

3 Y si guardamos sus mandamientos, con eso sa- 
bemos que verdaderamente le bemos conocido ^. 

4 Quien dice que le conoce, y no guarda sus man- 
damientos, es un mentiroso, y la verdad no está en 
él. 

5 Pero quien guarda sus mandamientos, en ese 
verdaderamente la caridad de Dios es perfecta ; y por 
esto conocemos que estamos en él, esto es, en Jesu- 
Christo. 

6 Quien dice que mora en él, debe seguir el mis- 
mo camino que él siguió. 

1 Víctima divina que se ofreció en la cruz^ y se ofrece 
cada dia en el altar, y con la que satisface y aplaca al 
eterno Padre. 

2 O que le conocemos con fé viva y animada de la ca- 
ridad. 



248 KPÍST. PRIMERA DE SAN JUAN. 

7 Carísimos, no voy á escribiros un mandamiento 
nuevo, sino un mandamiento antiguo, el cual recibisteis 
desde el principio : el mandamiento antiguo es la pala- 
bra divina que oísteis. 

8 Y no obstante yo os digo, que el mandamiento de 
que os hablo, que es el de la caridad j es un manda- 
miento nuevo, el cual es verdadero en sí mismo, y 
en vosotros', porque las tinieblas desaparecieron, y 
luce ya la luz verdadera. 

9 Quien dice estar en la luz, aborreciendo á su 
hermano ó al prójimo, en tinieblas está todavía. 

10 Quien ama á su hermano, en la luz - mora, y 
en él no hay escándalo. 

11 Mas el que aborrece á su hermano, en tinieblas 
está, y en tinieblas anda, y no sabe á dónde va, por- 
que las tinieblas le han cegado los ojos. 

12 Os escribo á vosotros, hijitos ', porque vues- 
tros pecados están perdonados por el nombre de 
Jesús. 

13 A vosotros, padres de familia, os escribo, por- 
que habéis conocido al que existía desde el principio. 



1 For haberle renovado y perfeccionado Jesu-Christo en 
el Evangelio, enseñándonos que debemos amar aun á nues- 
tros enemigos. Otros traducen m ipso, en Jesu-Christo: 
por lo que dicesan Juan en su Evangelio XIII. v. 34. — 
Xy.v. 12. 

2 Véase Luz. 

3 Y os doy la enhorabuena. 



( APÍTULO íl. 249 

Os escribo á vosotros, mozos, porque habéis vencido 
al maligno espírílii. 

14 Os escribo á vosotros, niños, porque habéis 
conocido al Padre. A vosotros, jóvenes, os escribo, 
porque sois valerosos, y la palabra de Dios perma- 
nece en vosotros, y vencisteis al maligno espíritu. 

1 5 Ved pues lo que os escribo á todos : no queráis 
amar al mundo ', ni las cosas mundanas. Si alguno 
ama al mundo, no habita en él la caridad ó amor del 
Padre ; 

16 porque todo lo que hay en el mundo, es con- 
cupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos, y 
soberbia ú orgullo de la vida : lo cual no nace del Pa- 
dre, sino del mundo. 

17 El mundo pasa, y pasa también con él su con- 
cupiscencia ^. Mas el que hace la voluntad de Dios , 
permanece eternamente. 

18 Hijitos mios^ esta es ya la última hora ó edad 
del mundo ' ; y asi como habéis oido que viene el 
Antechristo, asi ahora muchos se han hecho Ante- 
christos : por donde echamos de ver, que ya es la úl- 
tima hora. 

19 De entre nosotros ó de la Iglesia han salido, 

1 Véase Mundo. 

2 O todos sus atractivos. 

3 Varios intérpretes creen que habla aquí san Juan de la 
ruina del pueblo judaico , destrucción de Jerusaiem y su 
Templo , etc. , todo como figura de la ruina universal del 
mundo. Véase cómo hablaba Jesu Christo, Matlh. XXIV. 
r. ÜÁ.—Joam. V. v. 43. 

•22 



*250 EPiST. PRIMERA DE SAN JUAN. 

mas no eran de los nnestros ' : que s¡ de los nuestros 
fueran, con nosotros sin duda hubieran perseverado 
en la fé; pero ellos se apartaron de la Iglesia, para 
que se vea claro que no todos son de los nuestros '. 

'20 Pero vosotros habéis recibido la unción del 
Espíritu santo ^, y de todo estáis instruidos. 

21 No os he escrito como á ignorantes de la ver- 
dad, sino como á los que la conocen y la saben ; por- 
que ninguna mentira procede de la verdad, que es 
Jesu'Chí'isto. 

22 ¿Quién es mentiroso, sino aquel que niega que 
Jesús es el Christo ó Mesías? Este tal es un Anle- 
christo, que niega al Padre y al Hijo. 

23 Cualquiera que niega al Hijo *, tampoco reco- 
noce al Padre : quien conüesa íil Hijo , también al 
Padre confiesa ó reconoce. 

24 Vosotros estad firmes en la doctrina, que desde 
el principio habéis oido : si os mantenéis en lo que 
oísteis al principio, también os mantendréis en el Hijo 
y en el Padre. 

25 Y esta es la promesa que nos hizo él mismo, 
la vida eterna *. 

2() Eslo os he escrito en orden á los impostores, 
que os seducen. 



1 O del número d' los verdaderos fieles. 

2 O que también hay entre nosotros falsos hermanos. 
H Joaiin. XVJ v. 13. 

4 O no reconoce á Jesns por Hijo de Dios. 

b La cual consiste en la unión con ei Padre y el Hijo. 



c/p.'ruLo III. ábl 

27 Mantened en vosotros la unción div/na, que 
de él recibisteis. Con eso no tenéis necesidad que 
nadie os enseñe ; sino (lue conforme á lo que la un- 
ción del Señor os enseña en todas las cosas , así es ver- 
dad, y no mentira. Por tanto estad Armes en eso mis- 
mo que os ha enseñado. 

28 En fin, liijitos míos, permaneced en él, para 
que cuando venga, estemos confiados ', y que al con- 
irario no nos hallemos confundidos por él en su 
venida. 

29 Y pues sabéis que Dios es justo , sabed igual- 
mente que quien vive según justicia, ó ejercita las 
viríiidcs, es hijo legiiiwo del mismo. 

CAPITILO III. 

Del amor de. Dios acia vosotros. Encarga de nuevo el pre- 
cepto de la caridad Jraternal; y concluye exhorlando á la 
observancia de los mandaimenlos de Dios. 

1 Mirad qué tierno amor acia nosotros ha tenido 
el Padre, queriendo que nos llamemos hijos de Dios , 
y lo seamos cji efecto. Por eso el mundo no hace 
caso de nosotros , porque no conoce á Dios nuestro 
Padre. 

2 Carísimos, nosotros somos ya ahora hijos de 
Dios; mas lo que seremos algún dia no aparece aun. 
Stíberoos si que cuando se manifestare clararaenle 



De ser it conocidos jior hijos suyos. 



252 EPÍST. PRIMERA. DE SAN JUAN. 

Jesii'Chrislo, seremos semejantes á él en la gloria, 
porque le veremos como él es *. 

3 Entre tanto quien tiene tal esperanza en él , se 
santifica á sí mismo *, asi como él es también santo. 

4 Cualquiera que comete pecado , por lo mismo 
comete una injusticia , pues el pecado es injusticia '. 

5 y bien sabéis que él vino para quitar nuestros 
pecados ; y en él no cabe pecado. 

6 Todo aquel que permanece en él, no peca; y 
cualquiera que peca , no le ha visto , ni le ha cono- 
cido. 

7 Hijitos míos, nadie os engañe. Quien ejercita 
la justicia , es justo , así como lo es también Jesu- 
Christo. 

8 Quien comete pecado, del diablo es hijo *, por- 
que el diablo desde el momento de su caida continúa 
pecando. Por eso vino el Hijo de Dios, para des- 
hacer las obras del diablo. 

9 Todo aquel que nació de Dios , no hace pecado ; 
porque la semilla de Dios , qne es la gracia sarUiJi- 
cante , mora en él , y si no la echa de sí no puede 
pecar, porque es hijo de Dios. 

10 Por aquí se distinguen los hijos de Dios de ios 
hijos del diablo. Todo aquel que no practica la jus- 



1 Y esta visión nos trasformará en una imagen snya. 

2 O hace lo posible por vivir santamente. 

3 O nnatraspresion ó violación de la Ley. 

4 Pues sigue sus máximas y espíritu. 



CAPÍTULO III. 253 

ticia, no es hijo de Dios, y asi tampoco lo es el que no 
ama á su hermano : 

11 en verdad que esta es la doctrina que aprendis- 
teis desde el principio : que os améis unos á otros. 

12 No como Cain , el cual era hijo del maligno 
espíritu, y mató á su hermano. ¿Y por qué le ma- 
tó ? Porque sus obras eran malignas , y las de su her- 
mano justas. 

13 No extrañéis, hermanos, si os aborrece el mun- 
do' 

14 Nosotros conocemos haber sido trasladados de 
muerte á vida , en que amamos á los hermanos. El 
que no los ama, queda en la muerte, ó está sin cari- 
dad : 

15 cualquiera que tiene odio á su hermano , es un 
homicida -. Y ya sabéis que en ningún homicida tiene 
su morada la vida eterna. 

16 En esto hemos conocido la caridad de Dios , en 
que dio el Señor su vida por nosotros , y así noso- 
tros debemos estar prontos á dar la vida por la sal- 
vación de nuestros hermanos. 

17 Quien tiene bienes de este mundo, y viendo á 
su hermano en necesidad , cierra las entrañas para no 



1 Porque claro está que vuestra vida es una condena- 
ción continua y perentoria de sus vicios. 

2 Delante de Dios, que \c su deseo de perder al prójimo. 
De todos los crímenes se puede decir lo que del adulterio 
declaró el Señor, Matth. V. v. 28. 



254 KPÍST. PilliMIiKA l)K SAN JUAN. 

cwnpadeceisc de él ', ¿cómo tís posible que resiiia en 
ól la caridad de Dios ? 

18 Hijitos míos, lio amemos solamente de palabra 
y con la lengua , sino con obras y de veras ó sinrcra- 
menle : 

19 en eato cebamos de ver que procedemos con 
verdad ; y así alentaremos ó , justíjicarémos nuestros 
corazones en la presencia de Dios. 

20 Porque si nuestro corazón nos remordiere^, 
Dios es mayor que nuestro corazón , y todo lo sabe. 

2 1 Carísimos , si nuestro corazón no nos redargu- 
ye , podemos acercarnos á Dios con confianza ; 

22 y estar ciertos de que cuanto le pidiéremos , 
recibiremos de él ; pues que guardamos sus manda- 
mientos, y hacemos las cosas que son agradables en su 
presencia. 

23 En suma este es su mandamiento : que crea- 
mos en el nombre de su Hijo Jesu-Christo , y nos 
amemos mutuamente, conforme nos tiene mandado'. 

24 Y el que guarda sus mandamientos , mora en 
Dios , y Dios en él ; y por esto conocemos que él 
mora en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado^. 

1 Eato es, uo ejercita con el la misericordia, la beueíi- 
ceiicia y la benignidad, 

'J De haber usado de dureza c»m nuestros liennaaos , uo 
quedará ucullo á Dios nuestro delito. 

3 Joann. VI. v. '¿^ - V/// ■> 31 - XF. v. 12. - 
XVII V. 3 

4 E.s|/uítu (jUL lodo lI ea candad. 



255 



CAPITULO IV. 

Pur Lijé y la caridad se disücrnen los eíipiriliis que son de 
Dios de los que no lo son. Nos exhorta al amor df Dios y 
del jwójimo ; y dice que la j^n-fecta caridad excluye todo 
temer, 

1 Queridos mios , no queráis creer á lodo espírilu, 
sino examinad los espírilus, si son de Dios ó siguen su 
doctrina j porque se han presentado en el mundo mu- 
chos falsos profetas. 

2 En esto se conoce el espíritu de Dios : todo es- 
píritu, que confiesa que Jesu-Chrislo vino al mundo 
en carne verdadera , es de Dios ; 

3 y todo espíritu , que desune á Jesús ', no es de 
Dios ; antes este es espíritu de el Antechristo, de quien 
tenéis oido que viene , y ya desde ahora está en el 
mundo ^ 

4 Vosotros, hijilos rnius, de Dios sois, y habéis 
vencido á aquel , porque el que está con vosotros ¿/ os 
ayuda con su gracia , es niayor que el espíritu del 
Antechristo que está en el mundo. 

5 Esos tales son del mundo ; y por eso hablan el 
lenyuaye del mundo, y ol mundo los escucha. 

6 Nosotros somos de Dios. Quien conoce á Dios, 
íiüs escucha á nosotros ^: quien no es"f_dé,Dios, no nos 



1 O uegaudole la divinidad , ó bien i'l sel de hombre 

2 Por medio de e^>os liereges , sus precursoros."; 
<i Sabiendo que somos sus ministros. 



256 EPÍST. PRIMERA DE SAN JUAN. 

escucha : en esto conocemos los que están animados 
del espíritu de verdad , y los que lo están del espíritu 
del error. 

7 Carísimos, amémonos los unos á los otros, por- 
que la caridad procede de Dios. Y todo aquel que asi 
ama , es hijo de Dios, y conoce á Dios. 

8 Quien no tiene este amor, no conoce á Dios, 
puesto que Dios es todo caridad ó amor. 

9 En esto se demostró la caridad de Dios acia nos- 
otros, en que Dios envió á su Hijo unigénito al mun- 
do , para que por él tengamos la vida. 

10 Y en esto consiste su caridad ' : que no es por- 
que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos 
amó primero á nosotros, y envió á su Hijo á ser víc- 
tima de propiciación por nuestros pecados. 

11 Queridos míos, si así nos amó Dios, también 
nosotros debemos amarnos unos á otros '. 

12 Nadie vio jamás á Dios '. Pero si nos amamos 
unos á otros j^or amor sityo * , Dios habita en nos- 
otros, y su caridad es consumada en nosotros. 

13 En esto conocemos que vivimos en él, y él en 
nosotros, porque nos ha comunicado su Espíritu. 

14 Nosotros fuimos testigos de vista, y damos Ics- 



1 O la grandeza de su amor. 

2 Imitando á nuestro Padre celestial. 

3 Para porjtrle amar perfectamente. Joann. I. r. 18. 

4 Supliendo cu cierta manera ai inñnito amor que le de- 
bemos. 



CAPÍTULO IV. 257 

tinionio de que el Padre envió á su Hijo para ser el 
salvador del mundo. 

15 Cualquiera que confesare ' que Jesús es el Hijo 
de Dios, Dios está en él , y él en Dios. 

16 Nosotros asimismo hemos conocido, y creido el 
amor que nos tiene Dios. Dios es caridad ó amor\ y 
el que permanece en la caridad , en Dios permanece, 
y Dios en él. 

17 En esto está la perfecta caridad de Dios con 
nosotros, que nos da confianza para el dia del juicio, 
pues que como él es ^ , asi somos nosotros en este 
mundo. 

18 En la caridad no hay temor * , antes la perfecta 
caridad echa fuera al temor servil , porque el temor 
tiene pena ^ : y así el que teme, no es consumado en 
la caridad. 

19 Amemos'pues á Dios, ya que Dios nos amó el 
primero ^. 

•20 Si alguno dice : Sí , yo amo á Dios ; al paso que 
aborrece á su hermano, es un mentiroso. Pues el que 
no ama á su hermano á quien vé , ¿ á Dios, á quien 
no vé , cómo podrá amarle ? 



1 Con viva fé, animada de la caridad. 

2 O fue durante su vida perseguido y condenado. 

3 Toda ella inspira confianza. 

4 O va acompañado de aflicción. 

.•> Y manifestémosle mas Jiiiestro amor, amando por amor 
suyo á nuestros prójimos. Otros traducen : Nosotros, pues, 
amamos á Dios, jwrque él nos amó antes. 



5Í5H EPÍST. PRIMKRA DE SAN JUAN. 

21 Y nobrc lodo tenemos osle ni.mdaniieiilo de 
Dios : que quien ama á Dios, ame lambien á su her 
mano. 

CAPITULO V. 

Viriiul admirable de la vioafé y de la caridad. Tres testigos 
en la tierra demuestran que CJiristo es verdadero hombre ; 
y otros tres en el cielo le demuestran verdadero Hijo de 
Dios ; ea cuya fé halla el h'/mbre la vida eterna. 

1 Todo aquel que cree ' que Jesús es el Christo o 
Mes'as, es liijo de Dios. Y quien ama al Padre , ama 
lambien á su Hijo ''. 

2 En esto conocemos que amamos á los hijos de 
Dios, si amamos á ))ios, y guardamos sus manda- 
mientos. 

3 Por cuanto el amor de Dios consiste, en que 
observemos sus mandamientos ; y sus mandamientos 
no son pesados '. 

4 Así es que todo hijo de Dios , vence al mundo ; 
y lo que nos hace alcanzar victoria sobre el mundo , 
es nuestra ié. 

?t i Quién es el que vence al mundo , sino el que 
cree que Jesús es el Hijo de Dios? 



1 Cotí íé viva, aiiimada de la caridad. 

2 Y asi a todos los fieles que «on hijos de Dios , cnire li- 
diados por su gracia. 

3 Pues el ntiiorlos hace üíciles y suaves. Mailh. Xj.v.'Sif. 



CAPÍTULO V. 250 

G Jcsu Chrislo es el que vino á lavar micatros 
pecados con agua j sangre : no vino con el agua sola- 
mcnle ', sino con el agua y con la sangre '. Y el Ks- 
píritu es el que lesliüca , que Chrislo es la misma 
verdad. 

7 Porque tres son , los que dan testimonio en el 
cielo ' : el Padre, el Verbo y el Espíritu santo; y estos 
Ires son una misma cosa '*. 

1 Como Juan Bantista,, cuyo bautismo solo excitabn á 
Ijenitencia, mas no perdonaba los pecados. 

2 Que salieron de st( costado, en la cruz. 

3 De que Jesús es el Hijo de Dios. El Padre le recono- 
ció por tal en el bautismo y trasfignracion. El mismo Verbo 
encarnado demostró que lo era , ya con sus milagros , ya 
delante de Caiphás ; y el Espíritu santo con los dones mi 
lagrosos que comunicó á los apóstoles. 

4 Los arríanos omitieron en algunos códices este testi- 
monio tan claro y expreso de la divinidad de Jesu-Christo, 
y de la Trinidad de las Personas divinas. Y asi es que al- 
gunos hereges han querido impugnar ¡a legitimidad de e.ste 
texto, alegando algún códice en que falta : lo cual nada 
prueba contra la universal sentencia de los santos Padres y 
escritores de los primeros siglos de la Iglesia , q'ie ó le 
citan con las mismas palabras, ó se refieren claramente á 
ellas. A mas de san Cypriano, Tertuliano, san Athanasio. 
etc., le citan literalmente nuestro español Itacio.ósea 
Víctor Uticense , en los libros tul Marivadiim , y Eterio y 
Beato contra Elipando; y se vé en los libros litúrgicos de 
nuestra iglesia mozárabe; y no menos en los antiquísimos 
códices de diferentes iglesias que consultó el cardenal 
Cisnéros para la edición poliglota complutense de la Biblia. 
Véanse otras muchas pruebas en la Diseríacion que se 
halla en la Biblia de Garrieres, 



200 EPiST. PRIMERA DE SAN JUAN. 

8 Y tres son, los que dan teslimonio en la tierra ' : 
el Espíritu ^, y el agua, y la sangre ' ; y estos tres 
testigos son para confirmar una misma cosa ''. 

9 Si admitimos el testimonio de los hombres , de 
mayor autoridad es el testimonio de Dios : ahora bien, 
Dios mzA-mo, cuyo teslimonio es el mayor, es el que 
ha dado de su Hijo este í/í-an testimonio. 

10 El que cree |?i<es en el Hijo de Dios, tiene el 
testimonio de Dios consigo ó á su favor. El que no 
cree al Hijo, le trata de mentiroso, porque no ha creí- 
do al testimonio que Dios ha dado de su Hijo. 

11 Y este testimonio nos enseña^ que Dios nos 
dio vida eterna : la cual vida está en su Hijo Jesu- 
Christo ^. 

12 Quien tiene al Hijo, tiene la vida: quien no 
tiene al Hijo, no tiene la vida. 

— 13 Estas cosas os escribo, para que vosotros, que 

1 De su verdadera humanidad. 

2 Que entregó al morir. 

3 Que derramó por su costado. San Agustín y algunos 
otros Padres entienden que el Espíritu indica al Padre ; 
pues ya .dijo Jesu-Christo : Dios es Espíritu ( Joann. IV. 
V. 24, y; el agua significa al Espíritu santo, llamado agua, 
viva f Joann. VIII. J; y finalmente, la sangre denota al 
Hijo, que tomó carne y sangre para redimir al mundo, San 
Leoii dice que estos tres testigos son el espíritu de santifica- 
ción , la sangre de la redención , y el agua del bautismo. 
Ep. X. 

4 Como en una fuente inexhausta de vida, 

.5 Y la poseéis ya en algún modo, por la firme esperanza 
que tenéis en Jesu-Christo. 



CAPÍTULO V. 2«)l 

creéis en el nombre del Hijo de Dios, sepáis que leñéis 
derecho á la vida eterna. 

14 Y esta es la conQanza que tenemos en él, que 
cualquiera cosa que le pidiéremos conforme á su di- 
Hll^ volundad, nos la otorga. 

15 Y sabemos que nos otorga cuanto le pedimos, 
en vista de que logramos las peticiones que le hace- 
mos. 

16 El que sabe que su hermano comete un pecado 
que no es de m;icrte ' , ruegue por él, y Dios dará la 
vida al que peca no de muerte. Hay empero un pecado 
de muerte - : no hablo yo de tal pecador, cuando ahora 
digo que intercedáis '. 

17 Toda prevaricación,, es pecado; mas hay un 
pecado que acarrea sin remedio la muerte cto^ia ^. 

18 Sabemos que todo aquel que es hijo de Dios, 
no peca "' ; mas el nacimiento que tiene de Dios, por 
la gracia le conserva ., y el m.aligno csyiritu no le 
toca. 

19 Sabemos que somos de Dios, al paso que el 
mundo todo está poseido del mal espíritu. 

20 Sabemos también que vino el Hijo de Dios, y 



i O no es de los que dejan síji recarao al pecador, bien 
que sea mortal. 

2 Como la apostasía . la impenitencia final, úotio ceñ- 
irá el Espíritu santo. 

?i Con tanta confianza de seroidos. Heh. X. t. 28. 

4 Por la obi-tinacion del que peca. 

5 Como se niantenga tal, /. Joann. III. v. 6 y 9. 

28 



•262 EFÍST. PRIMERA ÜE SAN JUAN. 

nos ha dado discreción para conocer al verdadero 
Dios ', y para eslar en su Hijo verdadero. Este es 
el verdadero Dios, y la vida eterna que esperamos. 
21 Hijitos miosy guardaos de los ídolos. Así sea. 



I Y reiruos de los dioses falsos. 



FIN DE LA EPISTOLA PRIMERA DE SAN JUAN, 



ADVERTENCIA 



SOBRE LAS EPÍSTOLAS SEGUNDA Y TERCERA 



DEL APÓSTOL SAN JUAN. 



No consta el lugar ni la data de esta se- 
gunda ni de la tercera carta de sari Juan, 
que citan ya como del apóstol los Padres del 
siglo IV y V^ y se hallan en todos los cáno- 
nes antiguos de los libros del Nuevo Testa- 
mentó. La caridad que en ellas tantas veces 
se recomienda, y el zelo ardiente que inspi- 
ran contra los hereges , manifiestan bien el 
carácter de su verdadero autor. Algunos 
creen que Electa , d quien se dirige esta se- 
gunda carta, quiere decir escogida ó cristia- 
na ; pero nos parece mas probable que es nom- 
bre propio. 



EPÍSTOLA SEGUNDA 
DEL APÓSTOL S. JUAN 



Exhorta á Electa y á sus hijos , cuya fé alaba , á persevera) 
constantes en la caridad, y á cautelarse de los hereges , 
permaneciendo en la doctrina recibida. 

1 Ei presbytero á la señora Electa y á sus hijos, á 
los cuales yo amo de veras, y no solo yo, sino también 
todos los que han conocido la verdad, 

2 en atención á la misma verdad, que permanece 
en nosotros, y estará con nosotros elernamenle. 

3 Gracia, misericordia y paz sea con vosotros en 
verdad y caridad, de parte de Dios Píidre, y de Christo 
Jesús, el Hijo del Padre. 

•I Heoic holgado en i lírcrno, de haber hallado al- 
gunos de tus hijos en el camino de la verdad ', con- 
forme al mandiimiento que recibimos del Padre celes 
lial. 

5 Por eso ahora, señora, te ruego, no ya escri- 
biéndote un nuevo niandaniienlo, sino el mismo qiic 
tuvimos desde el principio, que nos amemos unos ?'i 
otros. 



1 O perfección cristiana. 



EPIST. SEGUNDA DE SAN JUAN. "¿bó 

O Y la caridad consiste, en que procedamos según 
los maiídamicnlos de Dios \ Porque tal es el man- 
daiuienU), que habéis recibido desde el principio, > 
según el cual debéis caminar ; 

7 puesto que se han descubierto en el mundo mu- 
chos impostores, que no confiesan que -lesu-Chrislo 
haya venido en carne verdadera : negar esto, es sei 
un impostor, y un Antechristo. 

8 Vosotros estad sobre aviso, para no perder vues- 
tros trabajos ^, sino que antes bien recibáis cumplida 
recompensa ^. 

U Todo aquel que no persevera en la doctrina de 
Christo, sino que se aparta de ella, no tiene á Dius . 
el que persevera en ella, ese tiene ó posee dcnlro de 
si. al Padre y al Hijo. 

10 Si viene alguno á vosotros, y no trae esta doc 
tuna, no le recibáis en casa, ni le saludéis ^. 

11 porque quien le saluda, comunica «i t7eWowí«v£/o 
con sus acciones perversas "*. 

12 Aunque tenia otras muchas cosas queescribi- 



1 Haciendo lo que uos manda , y creyendo lo que nos 
enseña. 

2 O el fruto de la fé y obras buenas. 

3 La cual solauíente se dará á los que perseveraren en 1 1 
pureza de la fé. 

4 Es un falso ¿ijióslol ; tratadle couio á un txuomul 
gado. 

5 Pues da á entender que tiene poco horror ú sus desor- 
denes ; y 'ine le apadrina. 



266 EPÍST. SEGUNDA DE SAN JUAN. 

ros, no he querido hacerlo por medio de papel, y Un- 
ta, porque espero ir á veros, y hablar boca á boca, 
para que vuestro gozo sea cumplido. 

13 Saludante los hijos de tu hermana Electa. 



EPÍSTOLA TERCERA 
DEL APÓSTOL S. JUAN 



Alaba á Gayo por su conslancia en lafé , y por su beneficen- 
cia en hospedar á los peregrinos : habla de los vicios de 
Diótrephes , y de la virtud de Demetrio. 

1 El presbytero al muy querido Gayo, á quien amo 
yo de veras. 

2 Carísimo, ruego á Dios que te prospere en todo, 
y gozes salud, como la goza dichosamente tu alma. 

3 Grande ha sido mi contento con la venida de los 
hermanos, y el testimonio que dan de tu sincera pie- 
dad, como que sigues el camino de la verdad ú del 
Evangelio. 

4 En ninguna cosa tengo mayor gusto, que cuando 
entiendo que mis hijos van por el camino de la verdad. 

5 Carisimo m/o, te portas como fiel ?/ buen cris- 
tiano en todo lo que practicas con los hermanos, es- 
pecialmente con los peregrinos, 

6 los cuales han dado testimonio de tu caridad pú- 
blicamente en la Iglesia ; y tú harás bien en hacerlos 
conducir y asistir en sus viages, con el decoro debido 
á Dios. 

i 7 Pues que por la (/loria de su nombre han em- 
prendido el viage, sin lomar nada de los gentiles 
recien convertidos. 



208 EPÍST. TERiUERA DE SA^f JUAN, 

8 Por eso mismo nosotros debemos acoger á los la 
les, á fin de cooperar á la propayaciun de la verdad ó 
del Evaníjclio. 

9 Yo quizá hubiera escrito á la Iglesia ; pero ese 
Diótrepbes, que ambiciofta te primacía entre los de- 
mas, nada quiere saber de nosotros: 

10 por tanto si voy allá, yo residenciaré sus proce- 
dimiefltos , haciéndole ver cuan mal hace en ir ver- 
tiendo especies malignas contra nosotros; y como si 
esto no le bastase, no solamente no hospeda él á nues- 
tros hermanos, sino que á los que les dan acogida, se 
lo veda, y los echa de la Iglesia. 

11 Tú, querido m/o, no has de imitar el mal ejem- 
plo, sino el bueno. El que hace bien, es de Dios ; el 
que hace mal, no mira á Dius. 

12 Todos dan testimonio á favor de Demetrio, y 
lo da la verdad misma ', y selo damos igualmente 
nosotros ; y bien sabes que nuestro testimonio es ver- 
dadero. 

13 Muchas cosas tenia que escribirte ; pero no he 
querido hacerlo por medio de tinta y pluma. 

14 Porque espero verte luego , y hablaremos boca 
á boca. La paz sea contigo. Saludante los amigos. 
Saluda tú á los nuestros, á cada uno en particular. 



1 Y la 3nicer¡dnd cjise se nota eu su condiicta. 
FIN DE LAS EPÍsr. SEGUNDA Y TERCERA 

DE SAN .ÍUAN. 



ADVERTENCIA 



SOlJIili 



LA EPÍSTOLA CArHO!.it'A DEL Al'OblOL S. .H'DAS, 



JiDAs, por sobrenombre Thadeo, era hijo 
de Alpheo y hermano de Santiago el menor. 
Escribió esia carta para preservar á los fieles 
del contagio de los errores de sii tiempo ; y la 
dirigió, no á una Iglesia particular, sino á 
todos los fieles de entre los judíos esparcidos 
por el Oriente. Da casi los mismos documen- 
tos que san Pedro en su segunda carta ; y por 
esta razón la colocan algunos en seguida de 
aquella. No obstante se vé que añadió mucho 
de suyo, hablando con mas vehemencia^ con- 
tra las heregias. v. Judas ^ dice On'geues, es- 
cribió una carta breve, pero llena de enérgi- 
cos argumentos de la gracia celestial. » 



EPÍSTOLA CATHÓLICA 
DEL APÓSTOL S. JUDAS 



Exhorta á la constancia en la Jé , y á resistir los esfuerzos y 
ardides de los impíos. Describe su carácter, y el horrendo 
castigo que les espera. 

1 Judas, siervo de Jesu-Christo, y hermano de 
Santiago, á los amados de Dios Padre , llamados á la 
fé, y conservados por Jesu-Chrislo '. 

2 La misericordia , y la paz, y la caridad sean col- 
madas en vosotros. 

3 Carísimos, habiendo deseado vivamente antes de 
ahora el escribiros acerca de vuestra común salud, 
me hallo al presente en la necesidad de practicarlo; 
para exhortaros á que peleéis valerosamente por la fé 
ó doctrina que ha sido enseñada una vez á los santos. 

4 Porque se han entrometido con disimulo ciertos 
hombres impíos, (de quienes estaba ya muy de ante- 
mano predicho que vendrían á caer en este juicio ó 



1 Según el griego puede traducirse : A los que han sido 
llamados ¿lafé, d quienes Dios Padre ha amado , y Jesu- 
CJiristo ha conservado , ó salvado. 



EPÍST. CATHÓLICA DE SAN JUDAS. 271 

condenación) los cuales cambian la gracia de nuestro 
Dios ' en una desenfrenada licencia , y reniegan ó re- 
nuncian á Jesu-Christo , nuestro único soberano y 
Señor. 

5 Sobre lo cual quiero haceros memoria, puesto que 
fuisteis ya instruidos en todas estas cosas, que habien- 
do Jesús sacado á salvo al pueblo hebreo de la tierra de 
Egypto, destruyó después á los que fueron incrédulos; 

6 y á los ángeles, que no conservaron su primera 
dignidad , sino que ' desampararon su morada , los 
reservó para el juicio del gran dia , en el abismo tene- 
broso con cadenas eternales. 

7 Así como también Sodoma y Gomorrha , y las 
ciudades comarcanas siendo reas de los mismos exce- 
sos de impureza , y entregadas al pecado nefando, vi- 
nieron á servir de escarmiento , sufriendo la pena del 
fuego eterno. 

8 De la misma manera amancillan estos también 
su carne, menosprecian la dominación, y blasfeman 
contra la magestad ^. 

9 Cuando el archángel Miguel disputando con el 
diablo, altercaba sobre el cuerpo de Mojsés, no se 
atrevió á proferir contra él sentencia de maldición , 



1 O la libertad que nos da el Evangelio. Estos ¡rapios 
fueron ya señalados coa el dedo por los apóstoles, II. ad 
Tim. c. III.— 11. Peí. c. II. 

2 Rebelándose contra Dios. 

3 Sin respetar dignidad, ni gerarquia. 



272 EPÍST. CATIIOLICA DE SAN JUDAS. 

sino que ' ¡e dijo solamente: Reprímate el Señor '\ 

10 Eslos al contrario, blasfeman de lodo lo que no 
conocen , y abusan , como brutos animales, de todas 
aquellas cosas que conocen por razón natural. 

1 1 ¡ Desdichados de ellos, que han seguido el ca- 



1 Respetando todavía en el ángel malo la obra de Dios , 
y la dignidad en que habia estado elevado , se contentó 
con decir : Ejerza el Señor su poder sobre ti, y reprima lus 
conatos. Contrapone aquí el apóstol la modestia y modera- 
ción del archángel san Miguel á la ^letulante arrogancia de 
los hereges, los cuales no reparaban en blasfemar de Dios, 
de sus ministros, y de todas las potestades. Quería san 
Miguel , según la disposición de Dios , que quedase oculto 
el cuerpo de Moysés , ó su sepulcro, al paso que el demo- 
nio procuraba manifestarle para dar á los judíos ocasión de 
idolatría. Contentóse el santo ángel con decir al demonio : 
Reprímate el Señor ; aunque merecia que echase sobre él 
la maldición divina, solamente pidió á Dioa que reprimiese 
sus perversos conatos fS, Hieron, sobre la Ep. á Tifo, c. 
IIIJ. No se halla la historia de este suceso en ninguno de 
los libros del Antiguo Testamento ; y así san Judas la sabría 
ó por la tradición , ó por revelación particular , como su- 
cede con otros hechos antiguos , que solamente se refieren 
en algún libro del Nuevo Testamento. Orígenes, Clemente 
Alejandrino , san Athanasio y otros citan uti libro apócrifo , 
intitulado : La asunción de Moysés , en el cual se refiere 
este suceso. Y ya se sabe que en semejantes libros , entre 
muchas cosas falsas, se hallan algunas que son verdaderas. 
Véase el Chrysost. Hom. V. in Matlh.—S. Ambros. II. 
De offir.. c. 7. De la sepultura de Moysés se habla Deuí. 
XXXI V. V. 6. 

2 Y él te haga desistir de tu intento. 



EPÍST, CATHÓLIC^ DE SAN JUDAS. 27:í 

niiiio de Caín ' , y perdidos como Balaam por el de- 
seo de una sórdida recompensa , se desenfrenaron , é 
imitando ' la rebelión de Coré ' , perecerán como 
aquel .' 

12 Estos son los que contaminan y deshonran 
vuestros convites de caridad '' , ruando asisten á ellos 
sin vergüenza, cebándose á sí mismos, nubes sin agua, 
llevadas de aquí para allá por los vientos, árboles oto- 
iiales ' , infructuosos, dos veces muertos ^ , sin raices, 

13 olas bravas de la mar, que arrojan las espumas 
de sus torpezas, exhalaciones errantes, á quienes está 
reservada 6 ha de seguir una tenebrosísima tempestad 
que ha de durar para siempre. 

14 También profetizó de estos Enoch \ que es el 
séptimo á contar desde Adam , diciendo : Mirad que 
viene el Señor con millares de sus santos, 

15 á juzgar á todos los hombres, y á redargüirá 
todos los malvados de todas las obras de su impiedad, 



1 Aborreciendo como este á sus hermanos. 

2 En su rebeldía contra Dios y su Iglesia. 

3 Contra Moysés y Aaron. 

4 Véase Convite. 

5 Que no íloreceií \\i\st.n el otoño ^ cuyo fruto no llega á 
sazonarse. 

6 Esto es, antes y después del baufisaio. 

7 Véa.se Apor. I v. 7. La profecía de este Patriarca , 
ti séptimo de.sde Adam , se conservaría por tradiciou. 
Tertuliano, Clemente Alejandrino, san Athanasio, san Ge- 
róriirao , y otros hablan de este libro de Enoch, como cus- 
todiado en el Arca en tiempo del diluvio. 

ToM. XV. 24 



274 KPÍST. CATHOLRA L>E SAN JUDAS. 

que impíamente hicieron , y de todas las injuriosas 
expresiones que profirieron contra Dios los impíos pe- 
cadores. 

16 Estos son unos murmuradores quejumbrosos, 
arrastrados de sus pasiones, y su boca profiere á cada 
paso palabras orgullosas, los cuales se muestran admi- 
radores, ó adulan, á ciertas personas, según conviene á 
sus propios intereses. 

17 Vosotros empero, queridos mzos , acordaos de 
las palabras, que os fueron antes dichas por los após- 
toles de nuestro Señor Jesu-Christo ' , 

18 los cuales os decían , que en los últimos tiempos 
han de venir unos impostores, que seguirán sus pa- 
siones llenas de impiedad. 

19 Estos son los que se separan á sí mismos de 
la grey de Jesu'Christo, hombres sensuales, que no 
tienen el Espíritu de Dios. 

20 Vosotros al contrario, carísimos, elevándoos á 
vosotros mismos como un edificio espiritual sobre el 
fundamento de vuestra santísima fé, orando en el 
Espíritu santo , 

21 manteneos constantes en el amor de Dios, es- 
perando la misericordia de nuestro Señor Jesu-Christo 
para alcanzar la vida eterna. 

22 Y á aquellos que están endurecidos y ya senten- 
ciados, corregidlos y rcprendedlos con vigor : 



1 /. Tim. IV, V. l.—IÍ. Tim. JII. v. l.—IJ. Peí. ¡11. 

V. 3. 



EPÍST. CATilÓLlCA. DS SAN JUDAS. 2T5 

23 á los unos poiieJlos en salvo, arrebatándolos 
de enlre las llamas. Y tened lástima de los demás ' , 
temiendo poi^ vosotros mismos : aborreciendo aun ó 
huyendo hasta de la ropa, que eslá contaminada con 
la coiTupcion de la carne ^. 

24 En fin , al que es poderoso para conservaros sin 
pecado , y presentaros sin mácula y llenos de júbilo 
ante el trono de su gloria en la venida de nuestro 
Señor Jesu-Christo ; 

25 al solo Dios Salvador nuestro , por Jesu-Christo 
nuestro Señor, sea dada la gloria y magnificencia , im- 
perio y potestad antes de todos los siglos, y ahora , y 
por todos los siglos de los siglos. Amen. 



1 No deben corregirse todos los hereges ó pecadores 
de la misma manera. A unos se les ha de tratar con mu- 
cha dulzma para convertirlos ; á otros , que son contuma- 
ces, con severidad , acompañada siempre de la mas sincera 
caridad. Pero siempre debemos evitar todo peligro de que 
se corrompa nuestra fé, y buenas costumbres , con el trato 
y familiaridad de los hombres malos é impíos. Puede tam- 
bién traducirse : A los ya convencidos y ó aenlenciados , cor- 
regidlos con vigor ¡''y á los oíros ponedlos en salvo , efe 

2 Hipérbole tomada del Levil. XV, v. 4. 



FIN DE LA EPÍSTOLA DE SAN JUDAS, 



ADVERTENCIA 



FL APOCALYPSl DEL APÓSTOL SAN JUAN. 



Apocalypsis es una palabra griega, que 
ii¿gm/¿ca Re\e\i\cion. Este libro contiene las 
revelaciones hechas d san Juan, durante su 
destierro en la isla de Pátmos. Está lleno de 
misteriosas oscuridades, que no obstante no 
impiden el que los fieles puedan leerle con 
fruto. En los seis primeros capítulos hay co- 
sas muy edificantes. Las palabras de Jesu- 
Christo en el segundo y tercer capitulo en- 
cierran gi'andes instrucciones. Las compresio- 
nes de los animales misteriosos, de los veinte 
y cuatro ancianos, de los ángeles y de los san- 
tos que adoran la magestad de Dios y de su 
Cordero, son modelos excelentes de alabanza, 
de adoración y de acción de gracias para los 
cristianos en sus oraciones. Y pocos capítulos 



ADVKRTENCIA. 277 

hay en que no se halle alguna luz en medio 
(le tan sagrada oscuridad. El lector que tiene 
fc\ saca su instrucción de lo que le place d 
Dios descubrirle, y adora humildemente lo 
que no puede comprender, a Estoy persuadido 
(decia san Dionysio, obispo de Alejandría , 
y una de las grandes lumbreras del tercer si- 
glo ) de que el Apocalypsi es tan admirable 
como poco conocido. Porque, á pesar de que 
yo no entiendo sus palabras, conozco no obs- 
tante que encierran grandes sentidos bajo su 
oscuridad y profundidad. iSo me constitu- 
yo iuez do estas verdades, ni las mido por la 
pequenez de mi espíritu ó ingenio ; sino que, 
haciendo mas caso de ía fé que de la ra- 
zón, las creo tan elevadas sobre mi, que no 
me es posible alcanzarlas. Y asi aunque no 
puedo comprcndeilas, no por eso las es- 
timo menos : al contrario, por lo mismo 
que no las entiendo, tanto mas las adoro y 
reverencio, » 



EL APOCALYPSI, 



o 

REVELACIÓN 
DEL APÓSTOL S. JUAN. 



CAPÍTULO PRIMERO. 

San Juan , dea terrado en la isla de Palmos , escribe por ór - 
den de Dios la revelación que habia tenido , a las siete 
Iglesias de Asia, representadas en siete candeleras. 

1 Revelación de Jesu-Christo , la cual como hom- 
bre ha recibido de Dios su Padre para descubrir á sus 
siervos cosas , que deben suceder presto ; y la ha ma- 
nifestado á su Iglesia por medio de su ángel envia- 
do á Juan , siervo suyo , 

2 el cual ha dado testimonio de ser palabra de 
Dios, y testificación de Jesu-Christo, todo cuanto ha 
visto. 

3 Bienaventurado el que lee co7i respeto , y escucha 
ron docilidad las palabras de esta profecía , y observa 
las cosas escritas en ella , pues el tiempo de cumplirse 
está cerca. 

4 Juan á las siete Iglesias del Asia menor. Gracia 
y paz á vosotros , de parte de aquel que es , y que era , 



CAPÍTULO I. 27ü 

y que ha de venir ; y de parle de ios siete espíritus , 
que asisten ante su trono ' ; 

5 y de parle de Jesu-Christo , el cual es testigo 
flel , primogénito , 6 el primero que resucitó de entre 
los muertos, y soberano de los reyes de la tierra ; el 
cual nos amó , y nos lavó de nuestros pecados con su 
sangre , 

6 y nos ha hecho reino y sacerdotes de Dios Pa- 
dre suyo ^ : al mismo la gloria y el imperio por los 
siglos de los siglos : Amen. 

7 Mirad cómo viene sentado sobre las nubes del 
cielo , y verle han todos los ojos , y los mismos verdu- 
gos que le traspasaron ó clavaron en la cniz. Y todos 
los pueblos de la tierra se herirán los pechos al verle ' : 
sí por cierto : así será. 

8 Yo soy el Alpha y la Oraega'^ , el principio y el 

1 Forestes siete espvitus unos entieuden los siete ánge- 
les custodios de las siete Iglesias ; otros los siete primeros 
ángeles que asisten al trono de Dios. Tob. XII. v. 15. Al- 
gunos lo entienden también de ios siete dones del Espíritu 
santo. 

2 Porque después de haber triunfado del mundo, demonio 
y carne , le ofrecemos las víctimas espirituales, que son 
las plegarias y alabanzas que salen de nuestros labios, en 
lugar de becerros, carneros, etc. que ofrecían los judíos. 
Véase Becerros. 

3 Poseídos de un tardío c inútil arrepentimiento. 

4 Alpha y omeya son los nombres de la primera y última 
letras del alfabeto griego, cuya lengua era ia usada en el 
Asia menor; y esta expresionó modismo le explica san Juan 
en seguida. 



280 LIBRO DEL APOCALVt'SI- 

fin de todas las cosas , dice el Señor Dios , que es , y 
que era , y que ha de venir , el todopoderoso. 

9 Yo Juan , vuestro hermano y compañero en la 
tribulación , y en el reino de los cielos ' , y en la to- 
lerancia por Christo Jesús , estaba en la isla llamada 
Tálmos ' , por causa de la palabra de Dios , y del tes- 
timonio que daba de Jesús : 

10 un dia de domingo fui arrebatado en espíritu, 
y oí detrás de mí una grande voz como de trompeta , 

1 1 que decia : Lo que ves , escríbelo en un libro , 
y remítelo á las siete Iglesias de Asia , á saber , á 
lípheso, y á Smyrna, y á Pérgamo, y á Thyatira , y 
á Sárdis, y á Philadelphia, y á Laodicea. 

12 Entonces me volví para reconocer la voz, que 
hablaba conmigo ^; y vuelto, vi siete candeleros de 
oro , 

13 y en medio de los siete candeleros de oro vi á 
uno parecido al Hijo del hombre ó á Jesu-Chrisío , 
vestido de ropa talar , ceñido á los pechos con una faja 
de oro * : 

11 su cabeza y sus cabellos eran blancos cüuío la 



f A que también soy llamado. 
'2 Desterrado allí por Doiniciano. 

3 La opinión mas verosímil es que san Juan vio á un án- 
gel^ que lepresciitaba y hablaba en nombre de JesuChristoj 
IJíro no era el mismo Jesu Cliiislo. 

4 La iaja de oro na un adorno que usaban lo.s reyes en 
stñal ele sil autoridad, .foh. XII. v. 18. 



tAP!TUI-0 í. 281 

lana mas blanca y como la nieve ' , sus ojos parecían 
llamas de fuego , 

15 sus pies semejantes á bronce fino, cuando está 
fundido en horno ardiente , y su voz como el ruido de 
muchas aguas : 

16 y tenia en su mano derecha siete estrellas, y 
de su boca salia una espada de dos filos ; y su rostro 
era resplandeciente como el sol de medio dia ^. 

17 Y así que le vi, caí á sus pies como muerto. 
Mas él puso su diestra sobre mí , diciendo : No te- 
mas : yo soy el primero y el último , ó principio y Jin 
de todo; 

18 y estoy vivo, aunque fui muerto; y ahora hé 
aquí que vivo por los siglos de los siglos , y tengo las 
llaves, ó soy dueño de la muerte y del inOerno. 

19 Escribe pues las cosas que has visto , tanto las 
que son , como las que han de suceder después de 
estas. 

20 En cuanto al misterio de las siete estrellas, que 
viste en mi mano derecha , y los siete candeleros de 
oro , ias siete estrellas , son los siete ángeles ^ de las 



1 Véase Daniel VIL v. 9. 

2 Por las siete estrellas entienden los expositores los siete 
obispos de las siete Iglesias , protegidos por la derecha de 
Dios. La espada es símbolo de la venganza ó castigo ; y 
también de la palabra de Dios. Hclj. IV. v. 12. El rostro 
j)uede denotar la gloriosa humanidad del Hijo de Dios. 
Joann. VI. 

3 Esto es . los obispos. Véase //. Cor. V. v. 20. 



28*2 LIBRO DKL Al'OCALYPSI. 

siete Iglesias ; y los siete candeleíos , son las siete 
Iglesias. 

CAPÍTULO II, 

Se le manda asan Juan que escriba varios avisos á las cua- 
tro Iglesias primeras. Alaba á los que no habían abrasado 
la doctrina de los nicolailas , y convida á otros á peni' 
tencia. Detesta al cristiano tibio , y promete el premio al 
vencedor. 

1 Escribe al ángel de la Iglesia de Epheso : Esto 
dice el que tiene las siete estrellas en su mano dere- 
cha , el que anda en medio de los siete candeleros 
de oro : 

2 Conozco tus obras , y tus trabajos, y tu pacien- 
cia , y que no puedes sufrir á los malos; y que has 
examinado á los que dicen ser apóstoles , y no lo son ; 
y los has hallado mentirosos ' : 

3 y que tienes paciencia , y hiis padecido por mi 
nombre , y no desmayaste. 

4 Pero contra tí tengo, que has perdido d fervor 
fíe tu primera caridad. 

5 Por tanto acuérdale del estado de donde has de- 
caido , y arrepiéntete , y vuelve á la práctica de las 
primeras obras ; porque si no , voy á tí , y removeré tu 
candelero de su sitio - , si no hicieres penitencia. 



1 Y has hecho ver que es falsa su doctrina. 

2 Retirando de esa Iglesia la luz de la fé. 



CAPÍTULO 11. 283 

ü Pero tienes esto de bueno , que aborreces las ac- 
ciones de los nicolaítas , que yo también aborrezco. 

7 Quien tiene oido , escuche lo que el Espíritu dice 
á las Iglesias : Al que venciere, yo le daré á comer del 
árbol de la vida, que está en medio del Paraíso de mi 
Dios '. 

— 8 Escribe también al ángel de la Iglesia de Smyr- 
na : Esto dice aquel que es el primero , y el último ; 
que fue muerto , y está vivo : 

9 Sé tu tribulación y tu pobreza , si bien eres rico 
en gracia y santidad ; y que eres blasfemado de los 
que se llaman judíos , y no lo son , antes bien son una 
synagoga de Satanás. 

10 No temas nada de lo que has de padecer. Mira 
que el diablo ^ ha de meter á algunos de vosotros en 
la cárcel, para que seáis tentados en la fe; y seréis 
atribulados por diez dias ^ Sé fiel hasta la muerte, y 
te daré la corona de la vida elema. 

11 Quien tiene oido, oiga lo que dice el Espíritu á 
las Iglesias : El que venciere , no será dañado por la 
muerte segunda '^. 

12 Asimismo al ángel de la Iglesia de Pérgamo es- 



1 Véase Vida. 

2 Por medio de sus ministros. 

3 Esto esj por breve tiempo : otros lo entienden literal- 
mente. 

4 Esto es , de la muerte que el pecado da al alma qui- 
tándole la vida de la gracia : otros lo entienden de la muerte 
eterna que sufren los malos. 



284 LIBRO Del apocalypsi. 

críbele : Eslo dice el que tiene en su boca la espada 
afilada de dos corles : 

13 Bien sé que habitas en un lugar donde Sata- 
nás üene su asiento ' ; y mantienes no obstante mi 
nombre , y no has negado mi fé. Aun en aquellos días 
en que Antipas, testigo mió fiel, fue martirizado entre 
vosotros, donde Satanás mora. 

14 Sin embargo algo tengo contra ti ; y es que tie- 
nes ahí secuaces de la doctrina de Balaaní , el cual en- 
señaba á el rey Balac á poner escándalo ó tropiezo á 
los hijos de Israel, para que cayesen en pecado co- 
miendo ^, y cometiendo la fornicación ; 

15 pues así tienes li'i también á los que siguen la 
doctrina de los nicolaítas. 

16 Por lo mismo arrepiéntete : cuando no , vendré 
á tí presto, y yo pelearé contra ellos con la espada de 
mi boca. 

17 El que tiene oído, escuche lo que dice el Espí- 
ritu á las Iglesias : Al que venciere, daréle yo á co- 
mer un maná recóndilo % y le daré una piedrecita 
blanca '^ ; y en la piedrecita esculpido un nombre nue- 
vo, que nadie le sabe, sino aquel que le recibe. 

18 Y al ángel de la Iglesia de Thyatira escríbele: 
Esto dice el Hijo de Dios, que tiene los ojos como lla- 
mas de fuego, y los pies semejantes al bronce fino. 

1 O está como en su trono la idolatría. 

2 Couiiendo viandas sacriticada.s á los ídc»los. 
ti Exod. XVI. V. \h.-. Tomín. VI. v. 31. 

4 Esto es, sentencia favorable^ ó una señal de la vic- 
toria. 



CAPÍTULO H. '285 

19 Conozco tus obras, y tu fé, y candad, y tus 
servicios, y paciencia, y que tus obras ó virtKcIes úl- 
timas son muy superiores á las priníieras '. 

20 Pero tengo contra tí alguna cosa ; y es que per- 
miles á cierta mugcr Jezabel , que se dice profetisa , 
el enseñar y seducir á mis siervos, para que caigan 
en fornicación , y coman de las cosas sacrificadas á los 
ídolos ^. 

21 Y hele dado tiempo para hacer penitencia ; y no 
quiere arrepentirse de su torpeza. 

22 Yo la voy á reducir á una cama ' ; y los que 
adulteran con ella, se verán en grandísima aflicción, 
si no hicieren penitencia de sus perversas obras ; 

23 y á sus hijos ^ secuaces entregaré á la muerte, 
con lo cual sabrán todas las Iglesias , que yo soy es- 
cudriñador de interiores y corazones ; y á cada uno 
de vosotros le daré su merecido. Entre tanto os digo 
á vosotros , 

24 y á los demás que habitáis en Thyatira : A 
cuantos no siguen esta doctrina , y no han conocido 
las honduras de Satanás ó las profundidades , como 



1 Las que íiaci.is recieu conveitido á la fé. 

2 Se cree que esa Jezabel , llamada tal vez así por alu- 
sión á la perversa reiua Jezabel flll. Reg. XVIII. v. 4.J, 
era alguna miiger rica , que continuaba en sus placeres , 
siu hacer caso de la declaración del Concilio de los após- 
toles. 

3 Cargándola de dolores. /. Cor. XI. v. 30, 

25 



286 LIBRO UEL APOCALYPSI. 

ellos llaman ' , yo no echaré sobre vosotros otra 
carga ^ ; 

•25 pero guardad bien aquello que leñéis recibido 
de Dios , hasta que yo venga á pediros cuenta. 

26 Y al que hubiere vencido , y observado hasta el 
fin mis obras ó mandamientos , yo le daré autoridad 
sobre las naciones , 

27 y regirlas ha con vara de hierro, y serán desme- 
nuzadas como vaso de alfarero, 

28 conforme al poder que yo tengo recibido de mi 
Padre ^ : daréle también el lucero de la mañana ^. 

29 Quien llene oido, escuche lo que el Espíritu 
dice á las Iglesias. 

CAPÍTULO III. 

Amonesta san Juan á las otras tres Iglesias de Sárdis^, de 
Philadelphia y de Laodicca , y les da avisos muy impor- 
tantes. 

1 Al ángel de la Iglesia de Sárdis escríbele tam- 
bién : Esto dice el que tiene á su mandar los siete es- 
píritus de Dios , y las siete estrellas : Yo conozco tus 



1 Esto es, los delirios de los gnósticos. 

2 No os pediré sino lo raandado por mis apóstoles. 

3 Juzgará conmigo algún dia a todas las naciones rebel- 
des al Evangelio, condenándolas con rigor. Ps. 11. f. 9. 
—Sap. III. V. H.-Matth. XIX. v. 28. 

4 Esto es, la luz de la gloria. También puede enten- 
derse por lucero de la mañana el mismo Jesu-Christo. Véase 
cap. XX 11. V. 16. 



CAFITULO III. '-:»< 

obras, y que tienes nombre de viviente, y estás 
muerto. 

2 Dispierla pites , sé vigilante , y consolida lo res- 
tante de tu grey , que está para morir. Porque yo 
no hallo tus obras cabales en presencia de mi Dios. 

3 Ten pues en la memoria lo que has recibido , y 
aprendido , y obsérvalo , y arrepiéntete. Porque si no 
velares , vendré á ti como ladrón , y no sabrás á qué 
hora vendré á tí ' . 

4 Con todo tienes en Sárdis unos pocos sugetos , 
que no han ensuciado sus vestiduras ^ ; y andarán con- 
migo en el cielo vestidos de blanco % porque lo me- 
recen. 

5 El que venciere *, será igualmente vestido de ro- 
pas blancas, y no borraré su nombre del Libro de 
la vida , antes bien le celebraré delante de mi Padre , 
y delante de sus ángeles \ 

6 Quien tiene oidos , escuche lo que dice el Es- 
píritu á las Iglesias. 

— 7 Escribe asimismo al ángel de la Iglesia de Phi- 
ladelphia : Esto dice el Santo y el Veraz , el que tie- 
ne la llave del nuevo reino de David ^ ; el que abre , 
y ninguno cierra ; cierra , y ninguno abre : 

1 Para castigarte severamente. 

2 Sino que han conservado la inocencia, significada en 
la blanca túnica que vistieron al bautizarse. 

3 En señal de fiesta y alegría. 

4 Como ellos, á este mundo corrompido. 

5 Reconociéndole por uno de mis fieles discípulos. 

6 Estoes, de la Iglesia, h. XXII. v. 22. 



288 LIBRO DtL APOCALVrsI. 

8 Yo conozco lus obras. Hé aquí que puse delante 
de lus ojos abierta una puerta , que nadie podrá cer- 
rar ' ; porque aunque tú tienes poca fuerza ó virtud, 
con lodo has guardado mi palabra ó mis mandamien- 
tos , y no negaste mi nombre. 

9 Yo voy á traer de la synagoga de Satanás á los 
que dicen ser judíos, y no lo son, sino que mienten ^ : 
como quiera yo les haré que vengan , y se postren 
á lus pies ; y entenderán con eso que yo te amo. 

10 Ya que has guardado la doctrina de mi pacien- 
cia , yo también te libraré del tiempo de tentación , 
que ha de sobrevenir á todo el universo para prueba 
de los moradores de la tierra ^ 

11 Mira que vengo luego : manten lo que tienes de 
bueno en tu alma , no sea que otro se lleve tu co- 
rona. 

12 Al que venciere ^, yo le haré columna en el 
Templo de mi Dios , de donde no saldrá jamás fue- 
ra ; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios , y el 
nombre de la ciudad de mi Dios la nueva Jerusalem , 
que desciende del cielo, y viene ó trae su origen de 
mi Dios, y el nombre mió nuevo. 



1 Para que hagas entrar por ella en la Iglesia á los 
infieles. 

2 Pues solamente lo son en el nombre. 

'.í Ya (jiie has seguido los documentos de mi paciencia, 
sufriendo las tribulaciones. Parece que esto puede aludir ;i 
la persecución del tiempo de Trajano. 

4 Los halagos y amenazas del mundo. 



tAPlTLLO III. 289 

13 Quien liene oído , escuche lo que dice el Espí- 
ritu á las Iglesias. 

— 14 En fin al ángel de la Iglesia de Laodicea escri- 
birás : Esto dice la misma Verdad, el testigo fiel y 
verdadero, el principio ó causa de las criaturas de 
Dios : 

15 Conozco bien tus obras , que ni eres frió ni ca- 
liente : ; ojalá fueras frió, ó caliente! 

lü mas por cuanto eres tibio, y no frió ni caliente, 
estoy para vomitarte de mi boca ; 

17 porque estás diciendo : Yo soy rico, y hacenda- 
do , y de nada tengo falta ; y no conoces que eres un 
desdichado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo. 

18 Aconsejóle que compres de mí el oro afinado en 
el fuego *, con que te hagas rico, y te vistas de ro- 
pas blancas , y no se descubra la vergüenza de lu des- 
nudez, y unge tus ojos con colirio para que veas ^. 

19 Yo á los que amo, Jos reprendo y castigo. Arde 
pues en zelo de la gloría de Dios ^ y haz penitencia. 

20 Hé aquí que estoy á la puerta de tu corazón _, y 
llamo : si alguno escuchare mi voz, y me abriere la 



1 De la caridad ardiente que recibirás por medio de la 
penitencia. 

2 Esto es , con la humildad, la cual te manifestará el 
estado deplorable en que te hallas . y el modo de salir de 
él. Colirio es un medicamento, que se aplica para curar 
las enfermedades de los ojos 

3 Desterrando de ti esa tibieza tn servirks 



290 LIBRO DEL APOCALYPSr. 

puerta, entraré á él, y con él cenaré, y é! conmigo'. 

21 Al que venciere "", le haré sentar conmigo en mi 
trono : así como yo fui vencedor, y me senté con mi 
Padre en su trono. 

22 El que tiene oído, escuche lo que el Espíritu 
dice á las Iglesias. 



CAPÍTULO IV. 



San Juan en una visión extática vé á Dios en su solio , ro' 
deado de veinte y cuatro ancianos , y de cuatro animales 
misteriosos que le glorifican. 

1 Después de esto miré, y hé ahí que en un éxtasis 
vi una puerta abierta en el cielo ; y la primera voz que 
oí, como de trompeta que hablaba conmigo, me dijo : 
Sube acá, y te mostraré las cosas que han de suceder 
en adelante. 

2 Al punto fui elevado ó arrebatado en espíritu, y 
vi un solio colocado en el cielo, y un personage sen- 
tado en el solio ; 

3 y el que estaba sentado, era parecido á una pie- 
dra de jaspe, y de sardia ó granate ; y en torno del 
solio un arco iris, de color de esmeralda. 

4 Y al rededor del solio veinte y cuatro sillas, y 



1 Esío es., le trataré con familiaridad : ó tambicn , le 
admitiré á ir.i mesa celestial. Véase Convite. 

2 Al mundo, demonio y carne. 



capítulo IV. 291 

veinte y cuatro ancianos sentados, revestidos de ropas 
blancas, con coronas de oro en sus cabezas. 

5 Y del s6lio salían relámpagos, y voces, y true- 
nos ; y siete lámparas ' estaban ardiendo delante del 
solio, que son los siete espíritus de Dios. 

6 Y en frente del solio había como un mar traspa - 
rente de vidrio semejante al cristal, y en medio del 
espacio en que estaba el trono, y al rededor de el, cua- 
tro animales llenos de ojos delante y detrás. 

7 Era el primer animal parecido al león, y el se- 
gundo á un becerro, y el tercer animal tenia cara 
como de hombre, y el cuarto animal semejante á una 
águila volando. 

8 Cada uno de los cuatro anímales, tenía seis alas, 
y por afuera de las alas, y por adentro estaban llenos 
de ojos ; y no reposaban de día ni de noche, diciendo : 
Santo, santo, santo es el Señor Dios todopoderoso, el 
cual era, el cual es, y el cual ha de venir ^. ¿4 

9 Y mientras aquellos animales tributaban gloria, 
y honor, y bendición ó acción de gracias al que es- 
taba sentado en el trono, que vive por los siglos délos 
siglos, 

10 los veinte y cuatro ancianos se postraban de- 
lante del que estaba sentado en el trono, y adoraban 
al que vive por los siglos de los siglos, y ponían sus 
coronas ante el trono, diciendo : 

1 Alude á las siete lámparas del Tabernáculo. Véase 
Tabernáculo , Templo. 

2 Véase h. VI. v. ó. 



*292 LICRO DEL APüCALYl'SI. 

1 1 Digno eres ¡ oh Señor Dios nuestro ! de reci- 
bir ' la gloria, y el honor, y el poderío; porque lú 
criaste todas las cosas, y por tu querer subsisten y fue- 
ron criadas. 



CAPITULO V. 

Mienlraa que san Juan lloraba de ver que nadie podía abrir 
el libro cerrado con siete sellos, abrióle el Cordero de Dios 
que poco antes había sido muerto. Por lo que todas las 
criaturas le tributaron cánticos de alabanza. 

1 Después vi en la mano derecha del que estaba 
sentado en el solio, un libro escrito por dentro y por 
fuera, sellado con siete sellos ^. 

•2 Al mismo tiempo viá un ángel fuerte^ poderosoy 
pregonar á grandes voces : ¿ Quién es el digno de a- 
brir el libro, y de levantar sus sellos? 

3 Y ninguno podía, ni eu el cielo, ni en la tierra, 
ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni aun mirarle. 

1 Y yo me deshacía en lágrimas, porque nadie se 
halló que fuese digno de abrir el libro, ni registrarle. 

5 Entonces uno délos ancianos me dijo : No llores; 
mira cómo ya el león do la tribu de »Iudá ^, la estirpe 



J De id boca de las criiituias todas el tributo de... 

2 Por este Libro entienden Orígenes , Ensebio y sau 
Gerónimo las profecías del Antiguo y Nuevo Testamento. 
Otros creen que es el mismo l^ibro del Apocalypsi. Véase 
J.ihio. 

3 6V/f. XLIX V. 9. 



oAPÍruLu V. 2&3 

de David, ha ganado la victoria para abrir el libro, y 
levantar sus siete sellos. 

6 Y miré, y vi que en medio del solio y de los 
cuatro animales , y en medio de los ancianos , estaba 
un cordero como inmolado , el cual tenia siete cuer- 
nos ' , esto es, un poder inmenso, y siete ojos; que. 
son ó significan los siete espíritus de Dios despacha- 
dos á toda la tierra ^. 

7 El cual vino, y recibió el libro de la mano dere- 
cha de aquel que estaba sentado en el solio. 

8 Y cuando hubo abierto el libro , los cuatro ani- 
males, y los veinte y cuatro ancianos se postraron 
ante el cordero, teniendo todos cítaras y copas, ó in- 
censarios, de oro, llenas de perfumes, que son las ora- 
ciones de los santos; 

9 y cantaban un cántico nuevo ^ , diciendo : Digno 
eres, Señor, de recibir el libro, y de abrir sus sellos, 
porque tú has sido entregado á la muerte , y con tu 
sangre nos has rescatado para Dios, de todas las tri- 
bus, y lenguas, y pueblos, y naciones : 

10 con que nos hiciste para nuestro Dios reyes y 
sacerdotes*; y reinaremos sobre la (ierra hasta que 
después reinemos contigo en el cielo. 



1 Véase Cuerno. 

"2 Como ejecutores de sus órdenes. Véase Tvb. XII. 
. 15. 

3 Véase Nuevo. 

4 Reyes , como coherederos cou Je.su -Christo del rein? 



294 LIBRO DEL APOCALYPSI. 

11 Vi también, y oí la voz de muchos ángeles al 
rededor del solio, y de los animales, y de los ancia- 
nos ; y su número era millares de millares , 

12 los cuales decian en alta voz : Digno es el Cor- 
dero que ha sido sacrificado, de recibir el poder, y la 
divinidad, y la sabiduría, y la fortaleza, y el honor, 
y la gloria , y la bendición '. 

13 Y á todas las criaturas, que hay en el cielo, y 
sobre la tierra , y debajo de la tierra , y las que hay en 
el mar ; á cuantas hay en todos estos lugares á todas 
las oí decir : Al que está sentado en el trono, y al Cor- 
dero, bendición, y honra, y gloria, y potestad por los 
siglos de los siglos. 

14 A lo que los cuatro animales respondían : Amen. 
Y los veinte y cuatro ancianos se postraron sobre sus 
rostros , y adoraron á aquel que vive por los siglos de 
los siglos. 

CAPITULO VI. 

Señales misterioxas que fue viendo el apóstol , conforme iba 
el Cordero abriendo los seis primeros sellos. 

1 Vi pues cómo el Cordero abrió el primero de los 



celestial , y sacerdotes, por la parte que tenemos cu el sa- 
cerdocio de Christo. Véase /. Pet. II. v. 9. 

1 De la boca de todas las criaturas , ó de que todo el 
mundo le adore, le tema y le alabe. 



CAPITULO VI. 295 

siete sellos, y oi al primero de los cuatro animales, que 
decía , con voz como de trueno : Ven , y verás. 

2 Yo miré ; y hé ahí un caballo blanco, y el que le 
montaba, tenia un arco, y diósele una corona, y salió 
victorioso para continuar las victorias. 

3 Y como hubiese abierto el segundo sello , oí al 
segundo animal, que decia : Ven, y verás. 

4 Y salió otro caballo bermejo; y al que le mon- 
taba , se le concedió el poder de desterrar la paz de la 
tierra, y de hacer que los hombres se matasen unos 
á otros, y asi se le dio una grande espada *. 

5 Abierto que hubo el sello tercero, oi al tercer 
animal, que decia : Ven, y verás. Y vi un caballo 
negro , y el que le montaba , tenia una balanza en su 
mano. 

6 Y oi cierta voz en medio de los cuatro animales, 
que decia : Dos libras de trigo valdrán un denario, y 
seis libras de cebada á denario tambicri " ; mas al vino 
y al aceite no hagas daño. 

7 Después que abrió el sello cuarto, oí una voz del 
cuarto animal , que decia : Ven , y verás. 

8 y hé ahí un caballo pálido y macilento^ cuyo gi- 



1 Parece que se designan aquí las terribles persecucio- 
nes que padeció la Iglesia desde que nació. La espada es 
el símbolo de la ai(irtaudad , y lo mismo el color rojo del 
caballo. 

2 Esto es , poco mas de un real de plata , que es todo lo 
que gana un jornalero ; de suerte que no podrá alimentar á 
su familia Amos VIH. v. 11. Véase Denario. 



296 Llimo I>EL APOCALYPSÍ. 

Hete tenia por nombre Muerte, y el infierno le iba si- 
guiendo ' , y (liósele poder sobre las cuatro partes de la 
tierra , para mafar á los hombres á cuchillo, con ham- 
bre, con mortandad, y por medio de las fieras de la 
tierra. 

9 Y cuando hubo abierto el quinto sello, vi debajo 
ó al pié del altar ^ las almas de los que fueron muer- 
tos por la palabra de Dios, y por ratificar su testi- 
monio, 

10 y clamaban á grandes voces, diciendo : ¿ Hasta 
cuándo, Señor, (tú que eres santo, y veraz) difieres 
hacer justicia , y vengar nuestra sangre contra los que 
habitan en la tierra ? 

11 Diósele luego á cada uno de ellos un ropage ó 
vcsUdo blanco * ; y se les dijo que descansasen ó 
aguardasen en paz un poco de tiempo, en tanto que 
se cumplía el número de sus consiervos y hermanos , 
que hablan de ser martirizados también como ellos. 

12 Vi asimismo cómo abrió el sexto sello; y al 
punto se sintió un gran terremoto , y el sol se puso 
negro como un saco de cilicio ó de cerda '* ; y la luna 
se volvió toda bermeja como sangre ; 



1 Esto es, el sepulcro : ó también , una multitud de re- 
probos ó condenados , Por esta visión entienden algunos á 
Mahoma y su secta. Véase Muerte, Infierno. 

2 Eu tierra, y al pié de la ara, á manera de víctimas aca- 
badas de inmolar. 

3 Símbolo de pureza , de gozo, y de triunfo. 

4 Vrase Ciiirio. 



CAPÍTULO VI. 297 

13 y las eslreUas ' cayeron del cielo sobre la tierra, 
á la manera que una higuera , sacudida de un recio 
viento, deja caer sus brevas ; 

1 4 y el cielo desapareció como un libro que es ar- 
rol ado "" ; y lodos los montes y las islas fueron movi- 
dos de sus lugares ; 

15 y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los 
tribunos, y los ricos, y los poderosos, y todos los 
hombres, asi esclavos como libres, se escondieron en 
las grutas y entre las peñas de los montes; 

16 y decían á los montes , y peñascos : Caed sobre 
nosotros , y escondednos de la cara de aquel Señor que 
está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero ', 

17 porque llegado es el dia grande de la cólera de 
ambos; ¿y quién podrá soportarla? 



1 Rayos ó globos de fuego. Véase h. XIII. v. 10. — 
Ezech. XXXII. V. 7.—MaUh. XXIV. v. 29. También 
puede entenderse de los dioses ó ídolos de los gentiles^ que 
son llamados estrellas ó astros, y á veces ejército del cielo. 

2 O envuelto en su cilindro. Is. XXXI T. v. 4. V^éase 
Libro. 

3 Is. IL V. 19— Oí. X. V. ^.—Luc. XXIU. v. 30. Parece 
que se habla aquí de la segunda venida de Jesu-Christo. 
Algunos intérpretes explican esto en sentido alegórico ó 
místico ; y otros lo entienden de la ruina de Jerusalem. 



26 



•298 LIBRO DEL APOCALYPSI. 



CAPITULO VII. 



Se da orden á los ángeles que vienen á destruir la tierra , 
que no híujan daño á los justos, tanto del pueblo de Israel, 
como de las demás naciones. Quienes son los que rió san 
Juan vestidos de un ropage blanco. 

1 Después de eslo vi cuatro ángeles que estaban 
sobre los cuatro ángulos ó puntos de la tierra , dete- 
niendo los cuatro vientos de la tierra, para que no 
soplasen sobre la tierra, ni sobre la mar, ni sobre árbol 
alguno. 

2 Luego vi subir del oriente á otro ángel ' , que 
tenia la marca ó sello de Dios vivo ; el cual gritó con 
voz sonora á los cuatro ángeles , encargados de hacer 
daño á la tierra y al mar , 

3 diciendo : JNo hagáis mal á la tierra , ni al mar, 
ni á los árboles hasta tanto que pongamos la señal en 
la frente á los siervos de nuestro Dios. 

4 Oí también el número de los señalados, que 
eran ciento cuarenta y cuatro mil , de todas las tribus 
de los hijos de Israel. 

5 De la tribu de Judá había doce mil señalados ; de 
la tribu de Rubén doce mil señalados; de la tribu de 
Gad otros doce mil ; 



1 Algunos entienden por este ángel á Elias, enviado por 
Jesu-Christo, llamado Oriente, y Sol de Justicia en varios 
lugares de la Escritura. Véase Luc. I. r. 78, y la | rofecía 
de Malachias. cap. JV. v. 5. 



CAPÍTULO Vil. 299 

6 (le la tribu de Aser doce mil señalados ; de la 
tribu de Nephlhali doce mil señalados ; de la tribu de 
Manassés otros doce mil ' ; 

I de la tribu de Simeón doce mil señalados ; de la 
tribu de Leví doce mil señalados; de la tribu de Issa- 
chár otros doce mil ; 

8 de la tribu de Zabulón doce mil señalados ; de la 
tribu de Joseph ó Ephraim doce mil señalados ; de la 
tribu de Benjamín otros doce mil. 

9 Después de esto vi una grande muchedumbre , 
que nadie podia contar, de todas naciones , y tribus , 
y pueblos, y lenguas ; que estaban ante el trono, y de- 
lante del Cordero, revestidos de un ropage blanco, con 
palmas en sus manos ^ ; 

10 y exclamaban á grandes voces, diciendo : La 
salvación se debe á nuestro Dios, que está sentado en 
el solio, y al Cordero. 

II Y todos los ángeles estaban en torno del solio, 
y de los ancianos, y de los cuatro animales ; y se pos- 
traron delante del solio sobre sus rostros, y adoraron 
á Dios, 

12 diciendo: Amen. Bendición, y gloria, y sabi- 



1 Algunos expositores opinan que se omite aquí la tribu 
de Dan , porque de ella se cree comunmente que ha de 
nacer el Antechristo , lo que deducen de la célebre pro- 
fecía de Jacob, Gen. XLIX. v. 17. 

2 En señal de la pureza de su vida , y símbolo de su 
triunfo. 



300 LIBRO DEL APüCALYFSI. 

duría, y acción de gracias, honra, y poder, y fortaleza 
á nuestro Dios por los siglos de los siglos : Amen. 

13 En esto hablándome uno de los ancianos, me 
preguntó : Esos, que están cubiertos de blancas vesti- 
duras, ¿quiénes son? y ¿ de dónde han venido? 

14 Yo le dije : Mi señor, tú lo sabes. Entonces 
me dijo : Estos son, los que han venido de una tribu- 
lación grande, y lavaron sus vestiduras, y las blan- 
quearon ó purificaron en la sangre del Cordero : 

15 por esto están ante el solio de Dios, y le sirven 
alabándole áia y noche en su Templo; y aquel que 
está sentado en el solio, habitará en medio de ellos : 

16 ya no tendrán, hambre, ni sed, ni descargará 
sobre ellos el sol , ni el bochorno ' ; 

17 porque el Cordero que está en medio del solio, 
será su pastor, y los llevará á fuentes de aguas vivas, 
y Dios enjugará todas las lágrimas de sus ojos ^ . 

CAPÍTULO Vill. 

Abierto ya el sello séptimo , se aparecen siete ángeles con 
.siete trómpelas ; tocan los cuatro primeros cada uno la 
suya ; cae fuego , la mar se altera , las aguas se vuelven 
amargas, y las estrellas pierden su resplandor. 

1 Y cuando el Cordero hubo abierto el séptimo 
sello, siguióse un gran silencio en el cielo, cosa de 
media hora ^. 

1 Ni ardor, ó incomodidad alguna, /.v, XLIX. v. 10. 

2 Psahn. XXXV. v. í).— /,y. XXV.y. 8. 

3 Alude al rito del Templo, durante el incienso; en cuyo 



APÍULO VIH. 301 

2 Y vi luego á siete ángeles que estaban en pié de- 
lante de Dios, y diéronseles siete trompetas. 

3 Vino entonces otro ángel, y púsose ante el altar 
con un incensario de oro; y diéronscle muchos períu- 
nies, compuestos de las oraciones de todos los santos 
para que los ofreciese sobre el altar de oro, colocado 
ante el trono de Dios. 

4 Y el humo de los perfumes ó aromas encendi- 
dos de las oraciones de los santos subió por la mano 
del ángel al acatamiento de Dios. 

5 Tomó luego el ángel el incensario, llenóle del 
fuego del altar, y arrojando este fuego á la tierra , 
sintiéronse truenos , y voces , y relámpagos , y un 
grande terremoto. 

6 Entre tanto los siete ángeles, que tenian las siete 
trompetas, se dispusieron para tocarlas. 

7 Tocó pues el primer ángel la trompeta, y for- 
móse una tempestad de granizo, y fuego, mezclados 
con sangre, y descargó sobre la tierra, con lo que la 
tercera parte de la tierra se abrasó, y con ella se que- 
mó la tercera parte de los árboles , y toda la yerba 
verde. 

8 El segundo ángel tocó también la trompeta, y 
al momento se vio caer en el mar como un grande 



breve tiempo se observaba un grandísimo silencio, orando 
todos dentro de su corazón. El humo del incienso subiendo 
al cielo , representaba las oraciones de los que adoraban h 
Dios. Véase Incienso. 



2>0'¿ LIBRO DEL AI'üCALYPSl. 

monte todo de fuego ' , y la tercera parle del mar se 
convirtió en sangre, 

9 y murió la tercera parte de las criaturas que vi- 
vían en el mar, y pereció la tercera parte de las naves. 

10 Y el tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del 
cielo una grande estrella ^ ó cotneta, ardiendo como 
una tea, y vino á caer en la tercera parte de los rios, 
y en los manantiales de las aguas ; 

11 y el nombre de la estrella es Ajenjo; y así la 
tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, ó 
tomó su mal gusto : con lo que muchos hombres mu- 
rieron á causa de las aguas, porque se hicieron amar- 
gas. 

12 Después tocó la trompeta el cuarto ángel; y 
quedó herida de tinieblas la tercera parte del sol , y 
la tercera parte de la luna , y la tercera parte de las 
estrellas, de tal manera que se oscurecieron en su ter- 



1 Por este monte entienden algunos el poder de los ro- 
manos , cuando destruyeroo á Jerusalem , otros la heregia, 
que todo lo abrasa ; y oíros la entera destrucción del uni- 
verso en el último dia. 

2 Por esta estrella ardiendo entiende el sabio obispo Sr. 
Bossuet un tal Barcoquébas , que fingió ser el Mesías, en 
tiempo de Adriano, y fue causa de gran mortandad entre 
los judíos. Otros lo entienden de Mahoma , y otros de los 
bárbaros del Norte acaudillados del rey Alarico. Es frase 
hebrea dar ud nombre á la cosa, para significar sus cua- 
lidades; y así se dice que seiá estrella que causará grandes 
tribulaciones. Véase Nombre. 



capítulo IX. 303 

cera parle ; y asi quedó privado el dia de la tercera 
parte de su luz, y lo mismo la noche. 

13 Entonces miré, y oí la voz de una águila ' que 
iba volando por medio del cielo, y diciendo á grandes 
gritos : ¡ Ay, ay, ay de los moradores de la tierra, por 
causa del sonido de las trompetas que los otros tres 
ángeles han de tocar ! 

CAPÍTULO IX. 

Lo que aconieció al tocar la quinla y sexta trompetas. 

El quinto ángel tocó la trompeta; y vi una es- 
trella del cielo ' caida en la tierra, y dlósele la llave 
del pozo del abismo . 

•2 Y abrió el pozo del abismo , y subió del pozo 
un humo semejante al de un grande horno : y con el 
humo de este pozo quedaron oscurecidos el sol y el 
aire ; 

3 y del humo del pozo salieron langostas * sobre 
.a tierra, y dióseles poder, semejante al que tienen los 
escorpiones de la tierra : 

4 y se les mandó no hiciesen daño á la yerba de 



1 O de un ángel en aquella fígura. 

2 A Luzbel caido del cielo , al cual permitirá Dios que 
salga del infierno con gran muchedumbre de espíritus 
malos. 

3 Algunos por las langostas entienden los que se apar- 
taron de la fé, ó los falsos apóstoles. 



304 LIBRO DEL Al'ütALYPSI. 

la tierra , ni á cosa verde , ni á ningún árbol , sino 
solamenle á los hombres , que no tienen la señal de 
Dios en sus frentes : 

5 y se les encargó no que los matasen ; sino que 
los atormentasen por cinco meses ; y el tormento que 
causan , es como el que causa el escorpión , cuando 
hiere ó ha herido á un hombre. 

6 Durante aquel tiempo los hombres buscarán la 
muerte , y no la hallarán ; y desearán morir, y la 
muerte irá huyendo de ellos ' . 

7 Y las figuras de las langostas, se parecían á ca- 
ballos aparejados para la batalla ; y sobre sus cabezas 
lenian como corouas al parecer de oro ; y sus caras 
asi como caras de hombres ^. 

8 Y tenían cabellos como cabellos de mugeres ; y 
sus dientes eran como dientes de leones: 

9 vestían también lorigas ó corazas como lorigas 
de hierro ; y el ruido de sus alas como el estruendo de 
ios carros tirados de muchos caballos que van cor- 
riendo al combale : 

10 tenían asimismo colas parecidas á las de los 
escorpiones, y en las colas aguijones; con potestad 
de hacer daño á los hombres por cinco meses : y 
tenían sobre sí 



1 Sap. XVI. V. 19.-/4. //. V. O.-Ch. X. v. 8-Luc. 
XXIII. V. 30. 

2 Toda la pintura que aquí .se hact , la aplican algunos a 
los mahometanos ó .sarracenos. Vcasc Jocl I v II. 



CAPÍTULO IX. 305 

11 por rey al ángel del abismo, cuyo nombre ' 
en hebreo es - Abaddon , en griego ' Apolíyon , que 
quiere decir en latin Exterminans, esto es, el Exler- 
Yninador. 

12 El un ay se pasó ya, mas luego después van á 
venir dos ayes todavía. 

13 Tocó pues el sexto ángel la trompeta ; y oí una 
voz que salía de los cuatro ángulos del altar de oro , 
que está colocado ante los ojos del Señor, 

14 la cual decía al sexto ángel, que tenia la trom- 
peta : Desata á los cuatro ángeles del abismo , que 
están ligados en el grande rio Euphrátes '*. 

15 Fueron pues desalados los cuatro ángeles, los 
cuales estaban prontos para la hora , y el día, y el 
mes, y el año, en que debían matar la tercera parte 
de los hombres. 

16 Y el número de las tropas de á caballo era de 
doscientos millones \ Porque yo oí el número de 
ellas. 

17 Así como vi también en la visión los caballos ; 
y los ginetes vestían corazas como de fuego , y de co- 
lor de jacinto ó cárdenas, y de azufre, y las cabezas 



1 Véase Nombre. 

3 ATroWv'úcv, 

4 Véase Demonio. El rio Euphrátes era el de Babylonia 
sinibolo del infierno. 

5 V^éase Número. 



•¿06 LIBRO DliL Al'OCALYl'SI. 

de los caballos eran como cabezas de leones y de su 
boca salia fuego , humo y azufre. 

18 Y de estas tres plagas fue muerta la tercera 
parle de los hombres, es á saber, con el fuego, y con 
el humo, y con el azufre, que salían de sus bocas. 

19 Porque la fuerza de los caballos está en su bo- 
ca , y en sus colas ; pues sus colas son semejantes á 
serpientes, y tienen cabezas, y con estas hieren. 

20 Entre tanto los demás hombres, que no pere- 
cieron con estas plagas, no por eso hicieron penitencia 
délas obras de sus manos, con dejar de adorará los 
demonios, y á los simulacros de oro, y de plata, y de 
bronce, y de piedra, y de madera, que ni pueden ver, 
ni oir, ni andar ; 

21 ni tampoco se arrepintieron de sus homicidios, 
ni de sus hechicerías, ni de su fornicación ó des- 
honestidad, ni de sus robos. 



CAPITULO X. 

Aparece otro ángel cercado de ima nube , con un libro en la 
mano : este ángel anuncia el cumplimiento de todo el mis- 
terio, así que el séptimo ángel haya tocado la trompeta. 
Una voz del cielo manda á san Juan que decore aquel 
libro ó pergamino. 

1 Vi también á otro ángel valeroso bajar del cielo 
revestido de una nube, y sobre su cabeza el arco iris, 
y su cara era como el sol , y sus pies como columnas 
de fuego ; 



CAPITULO X. 307 

2 el cual tenia en su mano un librito abierto ; y 
puso su pié derecho sobre la mar, y el izquierdo sobre 
la tierra ; 

3 y dio un grande grito, á manera de leen cuando 
ruge. Y después que hubo gritado, siete truenos arti- 
cularon sus voces. 

4 Y articulado que hubieron los siete truenos sus 
voces, iba yo á escribirlas, cuando oí una voz del cielo 
que me decia : Sella, 6 reserva en tu mente, las cosas, 
que hablaron los siete truenos , y no las escribas. 

3 Y el ángel, que vi estar sobre la mar y sobre la 
tierra, levantó al cielo su mano, 

6 y juró por el que vive en los siglos de los siglos, 
el cual crió el cielo, y las cosas que hay en él ; y la tier- 
ra , con las cosas que hay en ella ; y el mar , y cuan- 
to en él se contiene : Que ya no habrá mas tiempo ; 

7 sino que cuando se oyere la voz del séptimo án- 
gel, comenzando á sonar la trompeta, será consumado 
el misterio de Dios , según lo tiene anunciado por 
sus siervos los Profetas '. 

8 Y oí la voz del cielo que hablaba otra vez con- 
migo, y decia: Anda, y toma el libro abierto de la 
mano del ángel que está sobra la mar y sobre la tierra. 

9 Fui pues al ángel, pidiéndole que me diera el li- 
bro. Y me dijo: Tómale, y devórale '; que llenará de 

1 El fin será la resurrección general . cumplidas ya las 
profecías. 

2 O léele al instante . y medita su contenido ; el cual te 
llenará de pena. 



308 LIBRO DEL APOGALYPSr 

amargura tu vientre, aunque en tu boca será dulce 
como la miel. 

10 Entonces recibí el libro de la mano del ángel, y 
le devoré ; y era en mi boca dulce como la miel ; pero 
habiéndole devorado, quedó mi vientre ó interior lle- 
no de amargura. 

11 Díjome mas : Es necesario que de nuevo profe- 
tizes á las naciones, y pueblos, y lenguas, y á mu- 
chos reyes. 



CAPÍTULO XI. 



Señales que liahrá antes de focar la última trompeta. Dos 
testigos ó mártires del Señor serán despedazados por la 
bestia , y resucitados por Dios. Toca el séptimo ángel la 
trompeta : se describe la resurrección de los muertos, y el 
juiciojinal. 

1 Entonces se me dio una cana * á manera de una 
vara de medir, y díjoseme : Levántate y mide el Tem- 
plo de Dios, y el altar, y cuenta los que adoran en él; 

2 pero el atrio exterior del Templo ^ déjale fuera, 
(no cuides de él) y no le midas, por cuanto está dado 
á los gentiles, los cuales han de hollar la cuidad san- 
ta cuarenta y dos meses ^ : 



1 Véase Caña. 
3 Véase Atrio. 

3 F^ste se cree que será el tiempo del reinado del Ante- 
christo. Dan. VJl.v. 25. 



CAPÍTULO Xí. 309 

3 entre tanto yo daré orden á dos testigos míos ' , 
y harán oficio de Profetas , cubiertos de sacos ó hábi- 
tos de penitencia , por espacio de mil doscientos y se- 
senta dias. 

4 Estos son dos olivos , y dos candeleros puestos eu 
la presencia del Señor de la tierra ^. 

5 Y si alguno quisiere maltratarlos, saldrá fuego 
de la boca de ellos , que devorará á sus enemigos ° , 
pues así conviene sea consumido , quien quisiere iia- 
cerles daño. 

6 Los mismos tienen poder de cerrar el cielo, para 
que no llueva en el tiempo que ellos profelizen; y tie- 
nen también potestad sobre las aguas para convertirlas 
en sangre , y para afligir la tierra con toda suerte de 
plagas siempre que quisieren, 

7 I\Ias después que concluyeren de dar su testimo- 
nio, la bestia que sube del abismo, moverá guerra con- 
tra ellos , y los vencerá , y les quitará la vida. 

8 Y sus cadáveres yacerán en las plazas de la grande 
ciudad, que se llama místicamente Sodoma y Egypto, 
donde asimismo el Señor de ellos fue crucificado ^. 



1 Elias y Enorh. 

2 Que comunicarán la gracmy unción del Espíritu santo 
y alurabrarán a los hombres. V^éase Zach. IV. 

3 i r. Reg. I. v. 10.— Eccles. XLVIIT. v. 'ó. 

4 De estas palabras inlieren varios expositores que la 
corte ó residencia del Antechristo será en Jerusalem , lla- 
mada Sodoma y Egypto por sus maldades y abomina- 
ciones. 

TOM. XV. 27 



310 LIBRO PEL APOCA LYPSI. 

9 Y las gentes de las tribus , y pueblos , j lenguas , 
y naciones estarán viendo sus cuerpos por tres días y 
medio ; ni permitirán que se les dé sepultura ' : 

10 y los que habitan la tierra, se regocijarán con 
ver los muertos , y harán fiesta ; y se enviarán presen- 
tes los unos á los otros , 6 se darán albricias , á causa 
de que estos dos Profetas atormentaron con sus repren- 
siones á los que moraban sobre la tierra ^. 

11 Pero al cabo de tres diás y medio, entró en ellos 
por virtud de Dios el espíritu de vida. Y se alzaron 
sobre sus pies , con lo que un terror grande sobrecogió 
á los que los vieron. 

12 En seguida oyeron una voz sonora del cielo, 
que lesdecia; Subid acá. Y subieron al cielo en una 
nube, y sus enemigos los vieron. 

13 Y en aquella hora se sintió un gran terremoto, 
con que se arruinó la décima parte de la ciudad ; y 
perecieron en el terremoto siete mil personas * ; y los 
demás entraron en miedo, y dieron gloria al Dios del 
ciclo. 

14 El segundo ay se pasó ; y bien pronto vendrá el 
a y tercero, ó la tercera desdicha. 

Ib En efecto , el séptimo ángel sonó la trompeta , 
y se sintieron voces grandes en el cielo que decian : El 
reino de este mundo, ha venido á ser reino de nuestro 

1 Véase Sepullura. 

2 Cuyas costumbres depravadas procuraban corregir. 

3 Quizá el texto, por la figura hipálage , quiere decir 

hombrr^ de nombrudía. 



CAPÍTULO XI. 31 1 

Señor y de su Christo, y destinado ya el pecado, rei- 
nará por los siglos de los siglos : Amen '. 

16 Aquí los veinte y cuatro ancianos, que están 
sentados en sus tronos en la presencia de Dios, se 
postraron sobre sus rostros , y adoraron á Dios , di- 
ciendo : 

17 Gracias te tributamos ¡ oh Señor Dios todo- 
poderoso ! á ti que eres , que eras ya antes , y que has 
de venir ; porque hiciste alarde de tu gran poderío, y 
has entrado en posesión de tu reino '• 

18 Las naciones montaron en cólera ' ; mas sobre- 
vino tu ira , y el tiempo de ser juzgados los muertos, 
y de dar el galardón á tus siervos los Profetas , y á los 
santos , y á los que temen tu nombre , chicos y gran- 
des , y de acabar con los que han corrompido la tierra. 

19 Entonces se abrió el Templo de Dios en el cielo, 
y fue vista el Arca de su testamento en su Templo * , y 
se formaron rayos , y voces , y truenos , y terremoto , y 
pedrisco espantoso. 



1 /. Cor. XV. V. 24. 

2 Psalm. XCll. v. 1. 

3 Contra tí , y contra tus siervos, 

4 Esto es , la Humanidad gloriosa de Jesu-Christo» 



312 LIBRU DEÍ^ AroCALYPSÍ. 

CAPITULO XII. 

De la guerra del diablo y del Antechrislo contra la Iglesia , 
simbolizada en una miiger misieriosa vestida del sol, qur 
da á luz un hijo , y es perseguida del dragan infernal. 

\ En esto apareció uu gvan, pvodigift en el cielo : 
Upa muger vestida del sol , y la laiia det>aio. de &us 
pies, y en su cabeza una corona de Q<Ptce ©streílas : 

2 y estando en cinta , gritaba coi3raTRí>ia& de parir, 
y sufria dolores de parto. 

3, Al mismo tiempo se vio en el ciólo otro porlea^ft; 
y era un dragón descomunal bermejo <?on siefc^ ca- 
bezas y diez cuernos ; y en las cabezas tenia siete 
diademas ; 

4 y su cola traia arrastrando la tercera parte de 
las estrellas del cielo, y arrojólas á la tierra : este dra- 
gón je puso delante de la n^uger, que estaba par^ 
parir, á fin de tragarse al hijo, luego que ella le \i\¡r 
biese dado á luz. 

5 En esto parió un hijo varón , el cual habia de 
regir todas las naciones con cetro de hierro ; y este 
hijo fue arrebatado para Dios, y para su solio ' ; 



J Esta grande visión representa el estado de la Iglesia 
en sus primeros años, y en los siglos venideros. EX dragón 
puede ser símbolo del imperio romano: las siete cabezas , 
de las siete colinas sobre que está fundada Roma : las es- 
trellas del cielo, de los reyes de la tierra; ó también, 
según otros . las siete cabezas significan los siete empera- 



capítulo XII. 313 

6 y la iíiuger huyó al desierlo , donde tenia un 
lugar preparado por Dlo5, para que allí la susleuíen 
par espacio de mil doscientos y sesenta dias '. 

1 Entre tanto se trabó una batalla grande en el cie- 
lo : IMiguel y sus ángeles peleaban contra el dragQD , 
y el dragoa con sus ángeles lidiaba contra él ; 

8 pei'o estos fueron los mas débiles, y después no 
quedó ya para ellos lugar ninguno en el cielo, 

9 Asi fue abatido aquel dragón descomunal, aquella 
antigua serpiente, que se llama diablo, y también Sa- 
tanás, que anda engañando al orbe uqiverso ; y fue 
lanzado y arrajado á la tierra, y sus ángeles con él. 

10 Entonces oí una voz sonora en el cielo que de- 



dores que persiguieron la Iglesia, y los dies cuernos las 
diez persecuciones. Otros por el (li'OOou entienden el de- 
monio ; por las edrellas los cristianos mas distinguidos , y 
por las siete cabezas, siete reyes, el úitimo de los cua- 
les es el Antechristo ; y por los diez cuernos que tendrá la 
cabeza principal del dragón , diez reyes ó principes que 
dominarán la tierra al venir el Antechristo , el cual matará 
á tres de ellos j y con esto los otros siete se le someterán. 
Cap. XFII. V. 9, 12. Por el hijo varen entienden muchos á 
Jesq-Christo . 4 q'iien la Iglesia engendra, por decirlo así, 
ó forma pp el corazón de los cristianqs ; y así vipae á ^er 
símbolo de la congregación de aquellos cristianos que, ro- 
bustos en la fé y caridad , condenarán a los impíos y re- 
beldes pecadores; y son conio el cuerpo místico deque Jesu- 
Christo es la cabeza. 

1 Defenderá Dios al hijo y á la madre en aquellos tres 
años y medio. 



314 LIBRO DEL APOCALYPSÍ. 

cia: Hé aquí el tiempo de salvación, de la potencia, y 
del reino de nuestro Dios, y del poder de su Christo, 
porque ha sido ya precipitado del cielo el acusador de 
nuestros hermanos, que los acusaba dia y noche ante 
la presencia de nuestro Dios '. 

1 1 Y ellos le vencieron por los méritos de la sangre 
del Cordero, y en virtud de la palabra deZa/équehan 
confesado, y por la cual desamaron sus vidas hasta 
perderlas por obedecer á Dios. 

12 Por tanto regocijaos ¡ oh cielos, y los que en 
ellos moráis ! ¡ Ay de la tierra, y del mar! porque el 
diablo bajó á vosotros arrojado del cielo, y está lleno de 
furor, sabiendo que le queda poco tiempo ^. 

13 Viéndose pues el dragón precipitado del cielo á 
la tierra, fue persiguiendo á la muger, que habia pa- 
rido aquel hijo varón : 

14 á la muger empero se le dieron dos alas de 
águila muy grande , para volar al desierto á su sitio 



1 Jo5./.u. 6, 9—//. r.l, 2,3. 

2 Para procurar la perdición de los hombres. Dios arre- 
gla todos los sucesos por su voluntad y según sus designios. 
Un terremoto ó una guerra que sirven á su justicia para 
castigar á los reprobos , sirven también a su misericordia 
para bien de los escogidos , ó para sacarlos del mundo 
antes que la malicia pueda pervertirlos. El reconocer la 
mano de Dios en las calamidades públicas es camino acia 
la conversión á Dios. En tales tiempos hemos de rogarle 
que nos dé su gracia para sacar un bien de los mismos 
males. 



CAPÍTULO Xlll. 815 

destinado , en donde es alimentada por un tiempo y 
dos tiempos , y la mitad de un tiempo ' ( tres años y 
medio) lejos de la serpiente. 

15 Entonces la serpiente vomitó de su boca en pos 
de la rauger, cantidad de agua como un rio, á fin de 
que la muger fuese arrebatada de la corriente '. 

16 Mas la tierra socorrió á la muger, y abriendo 
su boca, se sorbió al rio, que el dragón arrojó de la 
suya. 

17 Con esto el dragón se irritó contra la muger; 
y marchóse á guerrear contra los demás de la casta 
ólinage de ella, que guardan los mandamientos de 
Dios, y mantienen la confesión de Jesu-Christo. 

18 Y apostóse sobre la arena del mar. 

CAPÍTULO Xlll. 

De una bestia monstruosa de siete cabezas y diez cuernos con 
diez diademas , que sale del mar y blasfema contra Dios y 
hs santos , y es adorada por los hombres. S¿ levanta en 
la tien'a otra bestia con dos cuernos , que da vigor á la 
primera. 

1 Y vi una bestia que subia del mar, la cual tenia 



1 Véase antes cap. XI. v. 3. 

2 Y sumergida en sus aguas. Alude á las ballenas ^ y 
grandes peces , los cuales arrojan de su boca como ríos de 
agua. Y estos rios de agua son símbolo de las aflicciones y 
penas con que el Antechristo . y todos los perseguidores 
de la Iglesia han de combatir la fé y piedad de los buenos 
cristianos. Psalm. CXXIII. v. i.—LXFIIl. v. 2. Véase 
Agua. 



ai§ LIBRO BEL APüCALYPSI. 

sáet^ cabiezas y diez cuernos, y solure los cuernos diez 
diademas , y sobre las cabezas nombres de blasfemia. 

2 Esta bestia que vi, era semejante á un leopardo, 
y sus pies como los de oso, y su boca como la de león, 
Y le dio el dragón su fuerza, y su gran poder '. 

3 Vi Juego una de sus cabezas que pavecia coHfta 
herida de muerte ; y su llaga mortal fue carada. Con lo 
que toda la tierra pasmada ^ se fue en pos de la beslia. 

4 Y adoraron al dragón, que dio el poder á la bes- 
tia: también adoraron ala bestia, diciendo: ¿Quién 
kay semejante á la bestia ? y ¿ quién podrá lidiar con 
ella? 

5 Dtósele asimismo uua boca que hablase cosas 
altaneras y blasfemias ; y se le dio facultad de ' obrar 
así por espacio de cuarenta y dos meses. 

(i Con eso abrió su boca en blasfemias contra 
Dios, blasfemando de su nombre, y de su taberná- 
culo, y de los que habitan en el cielo. 

7 Fuéle también permitido el hacer guerra á los 
santos afieles, y vencerlos "*. Y se le dio potestad so- 
bre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nación ; 

8 y así la adoraron lodos los habitantes de la tier- 



1 Esto es , sus artes y falsos milagros para engasar á 
los hombres. 

2 CuD la vista de ese falso portento. 

3 Según el griego debe traducirse de hacer la Queyra., 
pues dice : Kít/ /«ToS» «¿utw í^ovo-Íol 7ro\S/tt9V 7roíW3-«/. 

4 En cuanto á la vida del cuerpo. 



CAPÍTULO Xlll. 317 

ra ; aquellos, digo, cuyos aombres no están escfitos en 
el Libro de la vida del Cordero, que fue sacrificado 
(Jesd€ el principio del mundo '. 

9 Quien tiene oidos, escuche ó atienda bien. 

10 El que cautivare á otros, en cautividad parará : 
quien á hierro matare, es preciso que á hierro sea 
laauevto. Aquí está el motivo de la paciencia, y de la 
Jirmeza de la fé que tienen los santos. 

— 11 Vi después otra bestia que subía de la tierra, 
y quo tenia dos cuernos, semejantes á los del Cordero ; 
mas su lenguage era <;omo el del dragón. 

1'^ Y ejercitaba todo el poder de la primera bestia 
en su presencia ; é hizo que la tierra, y sus morado- 
res, adorasen la bestia primera, cuya herida mortal 
quedó curada. 

13 Y obró prodigios grandes, hasta hacer que ba- 
ií^se fuego del cielo á la tierra en presencia de los 
hombres. 

14 Así es que engañó, ó embaucó , á los morado- 
res de la tierra con los prodigios, que se le permiiieron 
hacer á xista de la bestia, diciendo á los moradores de 
la tierra, que hiciesen una imagen de la bestia, que 
habiendo sido herida de la espada, revivió ó curó, 
como dijimos. 



1 En la persona de los justos, y de las víctiaias que le 
representaban. Puede también traducirse , jtmtaado las 
palabras desde el principio del mundo, con las otras, no están 
escritos en el Libro del Cordero. 



318 LIBRO DEL APOCALYPSI. 

15 También se le concedió el dar espíritu, y ha- 
bla á la imagen de la bestia ' ; y el hacer que lodos 
cuantos no adorasen la imagen de la bestia, sean 
muertos. 

16 A este fin hará que todos los hombres, peque- 
ños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, ten- 
gan una marca ó sello en su mano derecha, ó en sus 
frentes ; 

17 y que ninguno pueda comprar ó vender, sino 
aquel que tiene la marca, ó nombre de la bestia, ó 
el número de su nombre. 

18 Aquí está el saber. Quien tiene /Ji/es inteligen- 
cia, calcule el número de la bestia ^. Porque su nú- 



1 Por medio de un demonio que metió dentro de la ñgura 
ó estatua, 

2 A fin de conocerla, cuando venga , y no ser engañado 
por ella.iVo queremoa, dice san Ireneo CLib. V. contra H¿er. 
c. 30. J, temerariamente , y con peligro afirmar alguna cosa 
acerca del nombre del Antechristo ; porque si en este tiempo 
se hubiera de haber revelado claramente su nombre, lo hu- 
biera hecho el que tuvo esta revelación. Entre los expositores 
modernos algunos creen que las señales convienen á Dio- 
cleciano ; otros á Juliano Apóstata , etc. No se puede du- 
dar que todos fueron alo menos símbolos ó precu rsores del 
Antechristo. Hay quien cree que el Antechristo será un 
principe de la secta de Mahoma ; porque las letras griegas 
de la palabra Mahometis forman la suma del número 666. 
Mas son muchísimas las combinaciones de letras griegas, 
que juntas darán aquel número ; y aun no se sabe de cierto 
si san Juan hablaba de letras griegas ó hebreas , etc. Crea- 
mos que á su tiempo j con esto que dice aquí san Juan, y 



capítulo XIV. 319 

mero es el que forman las letras del nombre de uu 
hombre ; y el número de la bestia ¿"s seiscienlos sesenta 
y seis. 

CAPITULO XIV. 

Aparécese el Cordero de Dios sobre el monte Sion, seguido 
de los justos. El Evangelio es predicado en toda la tierra. 
Se anuncia el último juicio. Viene Jesu-Christo, y se hace 
la misteriosa siega y vendimia de su heredad. 

1 Y hé aquí que miré ; y vi que el Cordero estaba 
sobre el monte Sion , y con él ciento y cuarenta y cua- 
tro mil personas que tenían escrito en sus frentes el 
nombre de él , y el nombre de su Padre. 

2 Al mismo tiempo oí una voz del cielo, semejante 
al ruido de muchas aguas, y al estampido de un trueno 
grande ; y la voz , que oí , era como de citaristas ' que 
tañían sus cítaras. 

3 Y cantaban como un cantar nuevo ^ ante el tro- 
no , y delante de los cuatro animales , \ de los ancia- 
nos ; y nadie podia cantar yn entender aquel cántico, 
fuera de aquellos ciento y cuarenta y cuatro mil , que 
fueron rescatados de la tierra. 

4 Estos son los que no se amancillaron con muge- 
res ; porque son vírgenes. Estos siguen al Cordero do 



otras señales que ha dado ya, podrán conocer los fieles 
qoién sea el Antechristo para preservarse de sus engaños. 
Véase Antechristo. 

1 O tañedores de arpa. 

2 Véase Nuera. 



8Íd LIBRO PEL APOCXLYPSI 

<|uiera qae vaya. Esíos fueron rescatados *■ de entre tos 
liombres como primicias escogMa^ para Dios , y pata 
el Cordero, 

5 ni se halló mentira en su boca , porque están sin 
mácula ante el trono de Dios. 

6 Luego Yí á otro ángel que volaba por medio del 
ciclo, llevando el Evangelio eterno, para predicarte á 
los moradores de la tierra , á todas las naciones , y tri- 
bus , y lenguas , y pueblos ; 

7 diciendo á grandes Voces ; Temed al Señor, y 
honradle , ó dadle gloria^ porque venida es la hora 
de su juicio ; y adorad á aquel que hizo el cielo, y la 
tierra , y el mar, y las fuentes de las aguas ^. 

8 Y siguióse otro ángel que decia : Cayó , cayó 
aquella igran Babylonia, que hizo beber á todas las na- 
ciones del vino envenenado de su furiosa prostitución ^. 

9 A estos se siguió el tercer ángel , diciendo en voz 
aita : Si alguno adorare ia bestia y á su imagen , y re- 
cibiere la marca en su frente, ó en su mano, 

10 esle tal ha de beber también del vino de la ira 
de Dios , de aquel vino puro preparado en el cáliz de 
la cólera divina * ; y ha de ser atormentado con fuego 
y azufre á vista de los ángeles sanios, y en la presen- 
cia del Cordero : 



1 Con el precio de la sangre del Cordero sin mancha. 

2 El cual va á dar á cada uno según sus obras. 

3 Y se atrajo con esto la indignación divina. La voz he- 
brea nDn> y 1« griegít ^vfjLoc , significan ira y veneno. 

4 Véase Vino. 



CAPITULO XIV, 321 

11 y el humo de sus tormentos estará subiendo por 
ios siglos de los siglos ; sin que tengan descanso nin- 
guno de dia ni &c noche , los que adoraron la bestia y 
su imagen , como tampoco cualquiera que recibió la 
divisa de su nombre. 

12 Aquí se verá el fruto de la paciencia de los san- 
tos , que guardan los mandamientos de Dios , y la fé 
de Jesús '. 

13 Y oí una voz del «relo, que me decia : Escribe : 
Bienaventurados los muertos , que mueren en el Se- 
ñor ^. Ya desde ahora dice el Espíritu , que descansen 
de sus trabajos , puesto que sus obras los van acom- 
pañando. 

— 14 Miré todavía, y he ahí una nube blanca y res- 
plandeciente; y sobre la nube sentada una persona se- 
mejante al Hijo del hombre, la cual tenia sobre su ca- 
beza una corona de oro, y en su mano una hoz afilada. 

15 En esto salió del Templo otro ángel gritando 
en alta voz al que estaba sentado sobre la nube : Echa 
1/a tu hoz, y siega , porque venida es la hora de segar, 
puesto que está seca la mies de la tierra. 

16 Echó pues el que estaba sentado sobre la nube, 
su hoz á la tierra , y la tierra quedó segada. 

17 Y salió otro ángel del Templo, que hay en el 
cielo, que tenia también una hoz aguzada. 

1 Y con un breve tiempo de padecer, evitan los eternos 
tormentos. 

2 Esto es, por la cansa éel Señor, ó en su amistad y 
gracia. 

2S 



3*22 LÍHRO del APOtALTPSÍ. 

18 Salió también del altar otro ángel , el cual tenia 
poder sobre el fuego ; y clamó en voz alta al que tenia 
la hoz aguzada , diciendo : Mete tu hoz aguzada , y 
vendimia los racimos de la viña de la tierra ' , pues 
que sus uvas están ya maduras. 

19 Entonces el ángel metió su hoz aguzada en la 
tierra , y vendimió la viña de la tierra , y echó la uva 
en el grande lagar de la ira de Dios ^ ; 

20 y la vendimia fue pisada en el lagar fuera de 
la ciudad santa , y corrió sangre del lagar en tanta 
abundancia que llegaba hasta los frenos de los caballos 
por espacio de mil seiscientos estadios ^. 

CAPITULO XV. 

Cántico de Mmjsés y del Cordero, que cantan los que ven- 
cieron á la bestia. De l/is siete plagan postreras , repre- 
sentadas en siete copas llenas de la cólera de Dios . entre- 
gadas á siete ángeles. 

1 Vi también en el cielo otro prodigio grande y 
admirable ; siete ángeles que tenían en su mano las 
siete plagas que son las postreras, porque en ellas será 
colmada la ira ó castigo de Dios. 

1 Esto es , los reprobos. Los justos son racimos de la 
viña de Dios. 

'2 Así se llama el infierDO ó lugar eu que Dios castiga á 
los malos. 

3 O unas cincuenta leguas. Expresión hiperbólica que 
xlenota que toda la Judea había de quedar inundada de san- 
gre. Víase J^ino, Vendimiar. 



ÍAPITULO x>. 223 

2 Y vi asimismo como un mar de vidriü revuelto 
con fuego , y á los que habían vencido á la bestia y á 
su imagen , y al número de su nombre . que estaban 
sobre el mar trasparente \ teniendo unas cítaras de 
Dios ; 

3 y cantando el cántico de Moysés , siervo de Dios, 
y el cántico del Cordero, diciendo : Grandiosas y ad- 
mirables son tus obras , ,• oh Señor Dios omnipotente! 
justos y verdaderos son tus caminos , ¡ oh rey de los 
siglos! 

4 ¿Quién no te temerá ; oh Señor! y no engran-. 
decerá tu santo nombre ? puesto que tú solo eres el 
piadoso ' : de aquí es que todas las naciones vendrán, 
y se postrarán en tu acatamiento , visto que tus juicios 
están manifiestos '. 

5 Después de esto miré ofra vez , y hé aquí que 
fue abierto en el cielo el Templo del tabernáculo del 
testimonio ó el Santa- Santorum ; 

6 y salieron del Templo los siete ángeles que tenían 
las siete plagas en sus manos ^, vestidos de lino lim- 
pio y blanquísimo , y ceñidos junto á los pechos con 
ceñidores de oro. 



1 Por este 7nar de cristal trasparente entienden algunos 
el globo del firmamento, sobre el cual reinará para siempre 
Jesu-Christo con todos sus escogidos reunidos á sus pro- 
pios cuerpos. 

2 Tú solo eres lleno de bondad y misericordia, 

3 En el castigo que acabas de dar á los impíos. 

4 Esto es, todo género de castigos. 



324 LIBRO DEL APOCALYPSI. 

7 Y uno de los cuatro animales dio á los siete án- 
geles siete cálices de oro , llenos de la ira del Dios que 
\ive por los siglos de los siglos. 

8, Y se llenó el Templo de humoá causa de la ma- 
gestad de Dios, y de su virtud ó grandeza '; y nadie 
podia entrar en el Templo ^, hasta que las siete plagas 
de los siete ángeles fuesen terminadas ^. 

CAPÍTULO XVI. 

Terribles efectos de las siete tazas ó cálices de oro, que vier- 
ten los siete ángeles sobre la tierra. 

\ En esto oi una voz grande del Templo, que de- 
cía á los siete ángeles : Id ; y derramad las siete tazas 
de la ka de Dios en la tierra. 

2 Partió pues el primero, y derramó su taza sobre 
la tierra , y se formó una úlcera cruel y maligna en 
los hombres , que tenian la señal ó divisa de la bcs- 
t^^ , y eív los que adoraron su imagen. 

3 El segundo ángel derramó su taza en el mar, 
y quedó convertido en sangre * como de un cuerpo 
muerto í y todo animal , viviente en el mar, murió. 



1 El humo.es símbolo de la divina presencia , según .se 
vio en la dedicación del Tabernáculo, Ex. XL. v. 3'2, y del 

Templo, ///. Reg. Vlll. v. 10.— U. Par. y. v. 13. 

2 listo es , en el cielo , junto con su cuerpo resucitado. 

3 O concluido el juicio final. 

4 Negra y corrompida. 



CAPITULO XVI. 325 

4 fil tercer «iDgel derramó su laza sobr^ los rios, y 
sobre los mananiiales (k¡ «iguQS , y se Gon\UUei¥ün <jw 
saogre. 

b> Aquí qí a^ éugel qu^ tiei%e el (iiicHdq de l^ agidas, 
(jue decia : Jus^o eres, Señor, i\\ que eres, y Jis^s sido 
siempre santo, en estos juicios que ejerces; 

6 porque ellos derramaron la sangre de los sanios 
\ de los Profetas , sangre les has dado á beber ; qup 
i)ieft lo merecen. 

7 Y á otro oí que deeia desde el altar : Sí por cier- 
to , Señor Dios todopoderoso, verdaderos y justos son 
tus juicas. 

8 jpl cuar^ ángel derramó su taza en el sol , y dió- 
se le fuerza pí\ra^ afligir á lo§ üqmbres con ardor y con 
f^ego ; 

U y los hombres , abrasándose con el calor excesivo, 
blasfemaron el nombre de Dios que tiene en su mano 
^las plagas , en vez de hacer penitencia para darle 
gloria. 

10 El quinto ángel derramó su laza sobre la silla 
ó tvono (^e la bestia ; y quedó su reino lleno de tinie- 
blas , y se despedazaron las lenguas en el exceso de 
su dolor : 

11 y blasfemaron del Dios del cielo por causa de 
sus dolores y llagas ; mas no se arrepintieron de sus 
obras. 

12 El sexto ángel derramó su taza en el gran rio 
Euphrátes; y secó sys aguqs, á fin (|e ab,rir caqiipo. á 
los reyes que hablan de venir del oriente. 

13 Y vi salir de la boca del dragón, v de la boca 



326 LIBRO DEL APOCALYPSI. 

de la bestia , y de la boca del falso profeta , tres espí- 
ritus inmundos en figura de ranas. 

14 Porque estos son espíritus de demonios que 
hacen prodigios , y van á los reyes de toda la tierra 
con el fin de coligarlos en batalla para el dia grande 
del Dios todopoderoso. 

15 Mirad que vengo como ladrón, dice el Señor. 
Dichoso el que vela , y guarda bien sus vestidos , para 
no andar desnudo, y que no vean sus vergüenzas'. 

16 Los dichos serán reunidos en un campo , que 
en hebreo se llama Armagedon '. 

17 Enjin el séptimo ángel derramó su taza por el 
aire , y salió una voz grande del Templo por la; 
parle del trono, que decía : Esto es hecho '. 

18 Y siguiéronse relámpagos, y voces, y truenos, 
y se sintió un gran terremoto , tal y tan grande , cual 
nunca hubo desde que hay hombres sobre la tierra. 

19 Con lo cual la ciudad grande se rompió en tre* 
parles , y las ciudades de las naciones se arruinaron ; 
y de la gran Babylonia se hizo memoria delante de 
Dios , para darle el cáliz del vino de la indignación de 
su cólera. 



1 De estos vestidos, que son las obras buenas, habla san 
Pablo Colos. III. V. 10. Aquí se alude áílos ladrones que 
en los baños públicos robaban los vestidos. 

2 Lugar famoso de la Palestina por la derrota de muchos 
ejércitos. Judie. I. v. 16. —F. t'. 19.— IV. Reg. XXIII. v. 
29.Y tal vez este tiombre está puesto aquí solamente para 
de notar bigar de venganza. 

, 3 Llegó el fin del mundo. 



CAPÍTULO XVII. 3f7 

20 Y todas las islas desaparecieron , y no quedó 
rastro de montes. 

21 Y cayó del cielo sobre los hombres granizo ó 
pedrisco del grandor como de un talento ' ; y los hom- 
bres blasfemaron de Dios por la plaga del pedrisco ; 
plaga que fue en estremo grande. 

CAPÍTULO XVll. 

Descripción de la gran ramera, esto es, de Babylonia, que 
se embriagó con la sangre de los mártires , y se vio gen- 
tada sobre la bestia de las siete cabezas y tos diez 
cuernos. 

1 Vino entonces uno de los siete ángeles , que te- 
nían las^siete tazas , y habló conmigo , diciendo : Ven, 
te mostraré la condenación de la gran ramera, que 
tiene su asiento sobre muchas aguas, 

2 con la cual se amancebaron los reyes de la tierra, 
y con el vino de su torpeza , ó idolatría i/ corrupción 
de costumbres , están emborrachados los que habitan 
la tierra ^. 



1 Es decir , de extraordinario peso. Véase Talento. 

2 Por esta ramera, que en el verso 5 es llamada Baby- 
lonia, no es cosa cierta lo que debe entenderse. Pero el 
mismo san Juan advierte que habla figuradamente , pues 
dice : Misterio; Babylonia la grande ^ etc. Y también en 
sentido figurado debe entenderse la voz ramera, (Véase v. 
16 y 18 ) según el uso de la Escritura , que á la idolatría la 
llama comunmente fornicación ó adulterio ; y del mismo 



^*|S LIBÜQ ÜEL APOCALYPSI. 

3, Y me arrebató en espíritu al desierto. Y vi á una 
muger sentada sobre una bestia bermeja, Hcna de 
í^ombires de blasfemia , que tenia siete cabezas y diez 

CURROS. 

4 Y la muger estaba vestida de púrpura y de es- 
carlata , y adornada de oro, y de piedras preciosas , y 
de perlas, teniendo en su mano una taza de oro, 
llena de abominación , y de la inmundicia de sus for- 
nicaciones ; 

5 y en la frente tenia escrito este nombre : Mister 
rio : Babylonia la grande , madre de las deslionestida- 
des y aboniinaciones de la tierra. 

o Y vi á esta muger embriagada con la sangre de 



modo llama al abandono de Dios y de sus maudamientos. 
Varios intérpretes antiguos , con san Gerónimo, entendie- 
ron por esta Babylonia á Roma pagana , entregada á toda 
suerte de idolatría , y perseguidora de la Iglesia, Otros , 
como san Agustín [Enarral. 2 in Ps. XXFl.) , creen que 
significa la masa general de todos los impíos de todos lu- 
gares, y de todos los tiempos. Realmente es muy difícil 
aplicar á una sola ciudad cuanto se dice de Babylonia. 
Y el mismo Profeta dice (o. 9 y 10 J que los siete mon- 
tes sobre que se representa sentada la meretriz , son siete 
reyes. Además esta mala muger se contrapone á la que se 
describe en e! cap. Xlí , la cual es una figura de la Iglesia 
ó congregación de todos los escogidos. Pero aunque se en- 
tienda de Roma, siempre ha de ser de tal 'modo, que ven- 
gan comprendidas todas las ciudades impías ó la niasa de 
todos los reprobos. Véanse Jereifl. LI. v. 7. — Is. XX ^IH. 
V.7. 



capítulo XV íí. as» 

los sankts, y con la sangre de los niárliies de Jesús. 
Y al verla quedé sumamente atónito. 

I Mas el ángel me dijo : ¿De qué le maravillas? 
Ya le diré el misterio ó secreto de la muger, y de la 
bestia de siete cabezas y diez cuernos, en que va mon- 
tada. 

8 La bestia que has visto, fue , y no es (perecerá 
presto) ; ella ha de subir del abismo, y vendrá á pere- 
cer luego ' : y los moradores de la tierra ( aquellos cu- 
yos nombres no están escritos en el Libro de la vida 
diesde la creación del mundo) se pasmarán viendo la 
bestia , que era y no es. 

9 Aquí hay un sentido que está lleno de sabiduría. 
Las siete cabezas son siete montes , sobre los cuales 
la muger tiene su asiento, y también son siete reyes. 

10 Cinco cayeron, uno existe, y el otro no ha 
venido aun ; y cuando venga , debe durar poco tiem- 
po. 

II Ahora la bestia que era , y no es , esa misma es 
la octava ^ ; y es de los siete ' , y va á fenecer. 

12 Los diez cuernos que viste, diez reyes son; los 
cuales todavía no han recibido reino , mas recibiráu 
potestad como reyes por una hora, (ó por breve tiem- 
po) después de la bestia. 



1 El reino del Antechrislo solamente durará tres años y 
rnedio. 

2 O el octavo rey perseguidor de la Iglesia. 

3 O del número de los tiranos enemigos de Christo. 



330 LIBRO UFX APOCALYPSI. 

13 Estos tienen un mismo designio, y entregarán 
á la bestia sus fuerzas y poder. 

14 Estos pelearán contra el Cordero, y el Cordero 
los vencerá ; siendo como es el señor de los señores , 
y el rey de los reyes , y los que con él están , son los 
llamados , los escogidos y los fieles. 

15 Díjome mas : Las aguas que viste, donde está 
sentada la ramera , son pueblos , y naciones , y len- 
guas. 

16 Y los diez cuernos que viste en la bestia ' , esos 
aborrecerán á la ramera , y la dejarán desolada , y des- 
nuda , y comerán sus carnes , y á ella la quemarán en 
el fuego. 

17 Porque Dios ha movido sus corazones para que 
hagan lo que á él le plugo ; y den su reino á la bestia 
hasta que se cumplan las palabras de Dios. 

18 En fin la muger que viste, es aquella ciudad 
grande , que tiene imperio sobre los reyes de la tierra. 

CAPÍTULO XVIIL 

Ruina, juicio y castigo de la gran Bahylonia^ sobre ¡a cual 
lloran amargamente los que siguieron su partido ; mas los 
santos del cielo cantan el triunfo. 

1 Y después de esto vi descender del cielo á otro 
ángel , que tenia potestad grande ; y la tierra quedó 
iluminada con su claridad. 

I Símbolo de los diez reyes. 



lAPÍTULü XVIU. 331 

2 Y exclamó con mucha fuerza , diciendo : Cayó , 
rayó Babjlonia la grande; y está hecha morada de 
demonios , y guarida de todo espirilu inmundo, y al- 
bergue de todas las aves asquerosas y abominables : 

3 por cuanto todas las naciones bebieron del vino 
irritante 6 venenoso de su disolución ; y los reyes de la 
tierra estuvieron amancebados con ella; y los merca- 
deres de la tierra se hicieron ricos con el precio de 
sus regalos ó exceso del lujo. 

4 Y oi otra voz del délo, que decia : Los que sois 
del pueblo mió, escapad de ella, para no ser partici- 
pantes de sus delitos, ni quedar heridos de sus plagas. 

5 Porque sus pecados han llegado hasta el cielo ' , 
y Dios se ha acordado de sus maldades. 

6 Dadle á ella el retorno que os ha dado ella mis- 
ma ; y aun redobládselo según sus obras : en la taza 
misma, con que os dio á beber, echadle al doble. 

7 Cuanto se ha engreído y regalado, dadle otro 
tanto de tormento y de llanto, ya que dice en su cora- 
zón : Estoy como reina sentada en solio ; y no soy viu- 
da, y no veré duelo. 

8 Por eso en un dia sobrevendrán sus plagas, mor- 
tandad, llanto y hambre, y será abrasada del fuego ; 
porque poderoso es el Dios, que ha de juzgarla. 

1 Pidieudo venganza : en este inundo nunca los justos 
vuelven mal por mal; pero allá eu el cielo se alegrarán y 
alabarán la justicia con qne el Señor castiga á los impíos. 
Psalm. LVII. V. 11. En este lugar, como en otros de la 
Escritura , no se manda ó desea , sino que se anuncia lo 
que ha de suceder. 



332 LIBRO DEL APOCALYl'SI. 

9 Entónces llorarán, y harán diíelo sobre ella los 
reyes de la tierra, que vivieron con ella amüi^cebados, 
y en deleites, al ver el humo de su incendio ; 

10 puestos á lo tejos por miedo desús toímeiñtos, 
dirán: ¡ Ay, ay de aüjüclla gran cíndad de Babylo*nia, 
de aquella ciudad poderosa ! ¡ Ay, en nrj insta*%e ha 
llegado tu juicio ! 

11 Y los negociantes de la tierra prorum'piráí^ en 
llantos y lamentos sobre la Tnistoa, pofque íiadie com- 
prará ya sus mercaderías ; 

12 mercaderías de oro, y de plata, y de petfreríé, 
y de perlas, y de linodelicado, y de púrpura, y de seda, 
y de escarlata, ó grana, (y ds toda madera olorosa, 
y de toda suerte de muebles de marfil y de piedras 
preciosas, y de bronce, y de hierro, y de mármol, 

1 3 y de cinamomo ó canela ) y de perfumes , y ¿te 
ungüentos olorosos, y de incienso, y de vino, ~y dé acei- 
te, y de flor de harina, y de trigo, y de bestias de carga, 
y de ovejas, y de caballos, y de carrozas, y de escla- 
vos, y de vidas de hombres ó de gladiadores. 

14 ¡Oh Babylonia ! las frutas sabrosas al apetito 
de tu alma te han faltado * , todo lo susíatictosó y es- 
pléndido iperectó para tí, ni lo haH^Arás yíi¥nas. 

15 Así los traficantes de eisías cosas, que se hicie- 
ron ricos, se pondrán lejos de ella por miedo de sus 
tormentos, y gimiendo y llorando, 



Se acabó el tiempo de tu.si»laoeres. 



CAPITULO XVIII. 3;J3 

daba vestida de lino delicadisimo , y de piírpiua , y 
de grana, y cubierta de oro, y de piedras preciosas , y 
de perlas ; 

1 7 cómo en un instante se redujeron á nada tantas 
riquezas ! Y todo piloto, y todo navegante del mar, y 
los marineros, y cuantos trafican en el mar, se pararon 
á lo lejos, 

18 y dieron gritos viendo el lugar ó el humo de su 
incendio, diciendo : ¿ Qué ciudad hubo semejante á 
esta en grandeza? 

19 Y arrojaron polvo sobre sus cabezas, y prorum- 
pieron en alaridos llorando, y lamentando decian : 
¡ Ay,ay de aquella gran ciudad, en la cual se enri- 
quecieron con su comercio todos los que tenian naves 
en la mar ; cómo fue asolada en un momento ! 

20 ; Oh cielo ! regocíjate sobre ella, como también 
vosotros ¡oh sanios apóstoles y profetas! pues que 
Dios condenándola ha tomado venganza por vosotros 
(os ha hecho justicia) . 

21 Aquí un ángel robusto alzó una piedra como 
una gran rueda de molino, y arrojóla en el mar, di^ 
ciendo : Con tal ímpetu será precipitada Babylonia la 
ciudad grande, y ya no parecerá mas. 

22 Ni se oirá en tí jamás voz de citaristas, ni de 
músicos, ni de tañedores de flauta, ni de clarineros: 
ni se hallará en tí artífice de arfe alguna; n¡ tampoco 
se sentirá en ti ruido de atahona; 

23 ni luz de lámpara te alumbrará en adelante; ni 
volverá á oirse en tí voz de esposo y esposa : en vista 
de que tus mercaderes eran los magnates de la tierra, 

29 



334 LIBRO DEL APOCALYPSl. 

y de que con tus hechizos anduvieron desátfnatlas to- 
das las gentes. 

24 Al mismo tiempo se halló en ella la sangre de 
los Profetas , y de los santos , y de todos los que lian 
sido muertos en la tierra. 

CAPÍTULO XIX. 

Triunfo y cántico de los santos por la ruina de Bahylonla, 
por el reino de Dios . y iJor las bodas del Cordero. Jesu- 
Chriato , Verbo de Dios, triunfa de sus enemigos. 

1 Después de estas cosas oi en ci cielo como una 
voz de muchas gentes , que decían : AUeluya : La sal- 
vación , y la gloria , y el poder son debidos á nuestro 
Dios; 

2 porque verdaderos son y justos sus juicios, pues 
ha condenado á la gran ramera , la cual estragó la 
tierra con su prostitución , y ha vengado la sangre de 
sus siervos derramada por las manos de ella. 

3 Y segunda vez repitieron : Alleluya. Y 'el iíiimo 
de ella ó de su incendio está subiendo por los siglos de 
ios siglos (no se acabaría jamás). 

4 Y los veinte y cuatro ancianos, y los enalto ani- 
males ' se postraron , y adoraron á Dios que estaba 
sentado en el solio, diciendo : Amen : Alleluya. 

5 Y del solio salió una voz que decía : Alabad á 
nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, 
pequeños y grandes. 



1 Véase antes cap. VI. v. 9, 



CAPITULO XIX. 335 

6 Oí Ifunbien uua voz como de gran gentío, y co- 
mo el ruido de muchas aguas , y como el estampido 
de grandes truenos, que decia : Aüeluya; porque tomó 
ya posesión del reino el Señor Dios nuestro todo- 
poderoso. 

7 Gozémonos , y saltemos de júbilo , y démosle la 
gloria , pues son llegadas las bodas del Cordero ' , y /«■ 
kflcsia su esposa se ha puesto de gala ó ataviada. 

8 Y se le ha dado que se vista de tela de lino finí- 
simo, brillante y blanco. Cuya tela finísima de lino 
son las virtudes de los santos. 

9. Y díjorae el ángel : Escribe : Dichosos los que 
son cojuvidados á la cena de las bodas del Cordero; y 
a¿adi.óm.e : Estas palabras de Dios son verdaderas. 

10 Yo me arrojé luego á sus pies, para adorarle. 
Días éJiíafidlce : Guárdate de hacerlo, que yo soy con- 
siervo luyo y de tus hermanos los que mantienen el 
testómouk) de Jesús. A Dios has de adorar. Porque el 
espíritu de profecía que hay en // , es el testimonio ^ 
de Jesús. 

U En esto vi el cielo abicjto, y ké aquí un caballo 
bknco., y el que estaba montado sobre él , se llamaba 
Fiel y Veraz, el cual juzga con justicia , y combate. 

12 Eran sus ojos como llamas de fuego, y tenia en 
1-a cabeza muchas diademas, y un nombre escrito, que 
nadie le entiende , ó comprende , sino él mism.o. 



1 Matih. XXII. V. 2. 

2 De que tu eres, como yo , ministro de iesus. 



336 LIBRO DEL APOCALTPSI. 

13 Y veslia una ropa teñida ó salpicada en sangre ; 
y él es y se llama el Verbo de Dios. 

14 Y los ejércitos que hay en el cielo, le seguían 
vestidos de un lino finísimo, blanco y limpio, en ca- 
ballos blancos. 

15 Y de la boca de él saiia una espada de dos ñlos , 
para herir con ella á las gentes. Y él las ha de gobernar 
con cetro de hierro ' ; y él mismo pisa el lagar del vino 
del furor de la ira del Dios omnipotente. 

16 Y tiene escrito en su vestidura, y en el muslo :■ 
Rey de los reyes , y señor de los señores. 

1 7 Vi también á un ángel que estaba en el sol , y 
clamó en alta voz ,, diciendo á todas las aves , que vo- 
laban por medio del cielo : Venid , y congregaos á la 
cena grande de Dios ; 

18 á comer carne de reyes, y carne de tribunos, y 
carne de poderosos , y carne de caballos , y de sus gi- 
netes , y carne de todos , libres y esclavos , y de chicos 
y de grandes. 

19 Y vi á la bestia, y á los reyes de la tierra , y 
sus ejércitos coligados, para trabar batalla contra el 
que estaba montado sobre el caballo , y contra su ejér- 
cito. 

20 Entonces fue presa la bestia, y con ella el falso 
profeta, que á vista de la misma habia hecho prodi- 
gios , con que sedujo á los que recibieron la marca de 
la bestia , y á los que adoraron su imagen. Estos dos 



1 Véate Vara. 



CAPÍTULO XX. 337 

fueron lanzados vivos en un estanque de fuego que 
arde con azufre. 

21 Mientras los demás fueron muertos con la es- 
pada que sale de la boca del que estaba montado en 
el caballo blanco , y todas las aves se hartaron de la 
carne de ellos. 

CAPÍTULO XX. 

El ángel encadena d Satanás en el abismo por el tiempo de 
mil años ; durante los cuales las almas de los mártires 
reinarán con Christo en la primera resurrección. Suelto 
después Satanás, mueve á Gog y á Magog contra la ciu- 
dad santa ; -pero el cielo enviará fuego que los devorará. 
Después Jesu- Christo juzgará d todos los muertos. 

1 Vi también descender del cielo á un ángel , que 
tenia la llave del abismo , y una gran cadena en su 
mano. 

2 Y agarró al dragón , esto es , á aquella serpiente 
antigua, que es el diablo y Satanás, y le encadenó 
por mil años ; 

3 y metióle en el abismo , y le encerró , y puso 
sello sobre él para que no ande mas engañando á las 
gentes, hasta que se cumplan los mil años; después 
de los cuales ha de ser soltado por un poco de tiempo. 

4 Luego vi unos tronos , y varios personages que 
se sentaron en ellos, y se les dio la potestad de juzgar : 
y vi las ánimas de los que hablan sido degollados por 
la confesión de Jesús , y por la palabra de Dios , y los 
que no adoraron la bestia , ni á su imagen , ni reci- 



3H.^ LIBRO DEL Aro.CA.LYPísl. 

^^roa ^^ m^rcoi en las frentes , ni en kis manos , que 
vivieron, y reinaron con Christo mil años '. 



1 Según sau Agustín [Lib. XX. de Cic. Dei , c. VIH.) 
por estos mil años se denota todo el tiempo desde la muerte 
de Jesn- Christo hasta el fin del mundo. Durante esta época 
esta el demonio como atado ó enfrenado por Christo, sin po- 
der obrar , como antes lo hacia á menudo , contra los cuer- 
pos de los hombres , ni engañarlos con los oráculos de los 
ídolos, etc., etc. Pero al fin del mundo quedará como des- 
atado por un breve tiempo, y permitirá Dios que explaye 
su encono contra varios hombres , para que se cumplan los 
.sabios é insondables designios de su infinita bondad. Puede 
decirse que de e.ste texto de sau Juan tuvo origen la opinión 
de los milenarios , llamados así por creer que Jesu -Christo 
ha de reinar por el tiempo de mil año.?, y con él los esco- 
gidos , después de haber vencido al Antechristo. San Agus- 
tín siguió algún tiempo esta opinión ; y aunque después la 
desechó , nunca se atrevió á condenarla como herética, por 
respeto á los santos varones de la antigüedad que la sos- 
tuvieron. Lo mismo hizo san Gerónimo ; el cual hablando 
de ella (exponiendo el cap. XX. de Jerennas) dijo; Noso- 
tros no la seguimos ; mas no nos atrevemos á condenarla , 
porque así pensaron muchos varones de la Iglesia y n^árii- 
res : cada uno siga su opinión ; y resérvese todo para el 
juicio del Señor. Pero es menester tener presente que hpbo 
algunos que defendían que estos mil años se pasarían entre 
deleites de la carne , continuos convites, etc. Estos 7niíe- 
narios carnales siempre han sido condenados y detestados 
por la Iglesia. No obstante , aun los milenarios puros, de 
los cuales hablaron san Agustín y san Gerónimo , fueron 
impugnados desde los primeros siglos por san Pionysio de 
Alejandría , Cayo , presbytero de líonia , y otros. Véase 
Euseb. llisl. Eücles. Lib. III. c. 28, 29 y Ltb. VII c. 24. 
Y á la verdad^ este reino de Jesu-Christo en la tierra no 



CAPITULO XX. 339 

5 Los olios muertos no revivirán hasla cumplirse 
lo^ mil años. Esla es la resurrección primera. 

6 Bienaventurado y santo quien tiene parle en la 
primera resurrección : sobre los tales la segunda muer- 
te, que efi la eterna, de los reprobos, no tendrá pode- 
río, antes serán sacerdotes de Dios y de Jesu-Chris- 
fo , y reinarán con él m.il años. 

T Mas al cabo de los mil años , será suelto Sata- 
nás de su prisión , y saldrá, y engañará á las nacio- 
i;\9S , que hay sobre los cuatro ángulos del mundo , á 
tíog y á, Magog , y los juntará para dar balaMa , cuyo 
número es como la arena del mar '. 

8 Y extendiéronse sobre la redondez de la tierra, 
y cercaron los reales ó acampamento de los santos , y 
la ciudad amada. 



puede apoyarse sólidamente en lo que dice san Juan en el 
Apocalypsi ; es una opinión abandonada de casi todos los 
escritores católicos, y no parece contonne cou la doctrina 
del Evangelio, explicada en el concilio de Florencia. Véase 
Martini. El sabio jesuíta Lacuuza ha escrito en estos últi- 
mos años a favor de la sentencia de los vnlenarios puros ó 
espirituales , una obra con este título : Venida del ñlesi'as 
en gloria y magestad, por Juan Jo.'afat Ben-Ezra. Dicha 
obra es digna de que la mediten los que particularmente 
se dedican al estudio de la Escritura , pues da luz para 
la inteligencia de muchos textos oscuros ; pero no miro 
conveniente que la lean aquellos cristianos que solo tie- 
nen un conocimiento siiperíicial délas verdades de nues- 
tra Religión , por el mal uso que pueden hacer de algunas 
máximas que adopta el padre Lacuuza. 
1 Véase Gog y Magog. 



340 LIBRO DEL APOCALYPSI. 

9 Mas Dios llovió fuego del cielo , que los con- 
sumió ; y el diablo, que los traia engañados, fue pre* 
cipitado en el estanque de fuego y azufre, donde tam- 
bién la bestia 

10 y el falso profeta serán atormentados dia y no- 
che por los siglos de los siglos. 

1 1 Después vi un gran solio reluciente , y á uno , 
esto es, á Jesu-Chrísto, sentado en él, á cuya vista des- 
apareció la tierra y el cielo, y no quedó nada de ellos '. 

12 Y víalos muertos, grandes y pequeños, estar 
delante del trono , y abriéronse los libros de las con- 
ciencias ; y abrióse también otro Libro, que es el 
de la vida ^, y fueron juzgades los muertos , por las 
cosas escritas en los libros , según sus obras. 

13 El mar pues entregó los muertos, que babia 
en él ; y la muerte y el infierno entregaron los muer- 
tos que tenían dentro ; y se dio á cada uno la senten- 
cia según sus obras. 

14 Entonces el infierno y la muerte^ fueron lan- 
zados en el estanque de fuego. Esta es la muerte se- 
gunda y eterna. 

15 El que no fue hallado escrito en el Libro de la 
vida , fue asimismo arrojado en el estanque de fuego. 



1 Esto es , de s« antigua condición y forma ; pues todo 
será nuevo. Dan. TI. v. 35.—//. Peí. III. v. 13. 

2 Véase Libro. 

3 Esto es , los contlenados y el diablo , autor de la 
muerte. 



341 
CAPÍTULO XXI. 

Fin dichoso y bienaventurado estado de los justos después 
del juicio , y desastrosa suerte de les pecadores. Descrip-^ 
cion de la ciudad cele.stial de Jerusalem, mística esposa 
del divino Cordero. 

1 Y Yí un cielo nuevo y tierra nueva '. Porque el 
primer cielo y la primera tierra desaparecieron , y ya; 
no habia mar. 

2 Ahora pues yo J uan vi la ciudad santa , la nueva 
Jerusalem , descender del cielo por la mano de Dios, 
compuesta , como una novia engalanada , para su es- 
poso '. 

3 Y oí una voz grande que venia del trono, y decia : 
Ved aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres , 
y el Señor morará con ellos. Y ellos serán su pueblo, 
y el mismo Dios , habitando en medio de ellos , será 
su Dios ; 

4 y Dios enjugará de sus ojos todas las lágrimas : 
ni habrá ya muerte , ni llanto , ni alarido , ni habrá 
mas dolor, porque las cosas de antes son pasadas '. 



1 Esto es, renovado todo el mundo y hecho ya incorrup- 
tible. En este y en el siguiente capítulo se describe, segnn 
opina san Agustín , la Iglesia triunfante del cielo, después 
de la destrucción del Antechristo y de sus demás enemi. 
gos ; y hecha ya la resurrección general. Véase Is. LXV. 

V. U.—LXVL V. 22.—// Pet III. v. 13. 

2 Esto es , brillante y hermosa. 

3 O se acabó ya el primer estado que tenían ellas, des- 
pués del pecado de nuestros primeros padres. 



342. LIBRO DEL APOCALYPSI. 

5 Y dijo el que estajea señalada en el solio : lié aquí 
que renuevo todas las cosas. Y díjome á mí : Escribe, 
porque todas estas palabras son dignísimas de fé , y 
verdaderas. 

6 Y díjome : Esto es hecho. Yo so,y el Alpha y la 
Omega , el principio y el fin de todo. Al sediento ' yo 
le daré de beber graciosamente , ó sin interés , de la 
fuente de! agua de la vida. 

7 El qué venciere *, poseerá todas estas cosas , y 
yo seré su Dios , y él será mi hijo. 

8 Mas en orden á los cobardes , é incrédulos , y 
execrables ó desalmados, y homicidas , y deshones- 
tos , y hechiceros , é idólatras, y á todos los embus- 
teros ', su suerte será en el lago que arde con fuego 
y azufre , que es la muerte segunda y eterna, 

9 Vino después un ángel de los siete que tenían las 
tazas llenas d« las siete plagas postreras , y h'abló con- 
migo , diciendo : Ven , y te mostraré la esposa , no- 
via del Cordero. 

10 Con eso me llevó en espíritu ^ á un monte grande 
y encumbrado, y mostróme la ciudad santa de Jeru- 
salem que descendía del cielo y venía de Dios , 

1 \ la cual lerya^ ^ claridad (^? X^ya^ ' ; cuya lux era 



1 Ksto eí} , alqu,e tuyier^ sed de U sautidad yjustici 

2 Y triunfare d^l iiinuiV> y fW sí,m¡Anjo. 

3 Esto es , los hipúcritf^^ y íalíiP^ prpfctasí- 

4 Q ert vi|SÍoi) e^piritm^fc. 

5 O una brillautez divina. 



CAl'ÍTL'LO XXI. 343 

scmejanle á ana ^piedra preciosa , á piedra de ja^c , 
trasparente como cristal. 

12 y tenia un muro grande, y alto, con doce 
puertas ; y en las puertas doce ángeles , y nombres 
esculpidos , que son los nombres de las doce tribus de 
los hijos de Israel. 

13 Tres puertas al Oriente, y tres puertas al Norte, 
tres puertas al Pilediodia, y otras tres al Poniente. 

14 Y el muro de la ciudad tenia doce cimientos, y 
en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del 
Cordero '. 

15 Y el que hablaba conmigo, tenia una caña de 
medir ^, que era de oro,, para medir la ciudad, y sus 
puertas, y la muralla : 

16 es de advertir que la ciudad es cuadrada, y tan 
larga como ancha : midió pues la ciudad con la caña 
de oro, y tenia doce mil estadios de circuito ' , siendo 
iguales su longitud, altura y latitud*. 

1 Los apóstoles se \\?im?in fundamentos de la Iglesia, por- 
que esta se fundó sobre la fé de Jesu-Christo , que ellos 
predicaban ; y como por su predicación se nos preparó 
ia entrada en la Jerusalem celestial , se llaman también 
jmertas en el verso 21. Véase Matrimonio. 

2 Véase Caña. 

3 Véase Ea ludio. 

4 Estoes,, el muro tenia en todas partes la misma al- 
tura y la misma anchura. Toda e.sta descripción es meta- 
fórica , y se dirige á dar alguna idea de la grandeza interior 
y exterior de la celestial .Jeri!.?alem. E.s de advertir que los 
muros de las ciudades antiguas eran de extraordinaria altura 
y anchura , y profundísimos los cimientos. 



344 LIBRO DKL APOllALYPSI. 

17 Midió también la muralla y hallóla de ciento y 
cuarenta y cuatro codos de alio, medida de hombre, 
que era también la del ángel ' . 

18 El material empero de este muro era de piedra 
jaspe ; mas la ciudad era de un oro puro, tan traspa- 
rente que se parecia á un vidrio ó C7'istal sin mota. 

19 Y los fundamentos del muro de la ciudad esta- 
ban adornados con toda suerte de piedras preciosas. 
El primer fundamento era de jaspe; el segundo de za- 
firo ; el tercero de calcedonia ó rubí ; el cuarto de 
esmeralda ; 

20 el quinto de sardónica ; el sexto de sardio ; el 
séptimo de crisólito ; el oclavo de berilo ; el nono de 
topacio ; el décimo de crisopraso ó Uvpiz lázuli; el un- 
décimo de jacinto ; el duodécimo de amatista. 

21 Y las doce puertas son doce perlas ; y cada pu- 
erta estaba hecha de una de estas perlas ; y el pavi- 
mento de la ciudad oro puro , y trasparente como el 
cristal. 

22 Y yo no vi templo en ella. Por cuanto el Señor 
Dios omnipotente es su templo, con el Cordero. 

23 Y la ciudad no necesita sol ni luna que alum- 
bren en ella , porque la claridad de Dios la tiene ilu- 
minada , y su lumbrera es el Cordero. 

24 Y á la luz de ella andarán las gentes ; y los reyes 
de la tierra llevarán á ella su gloria y su magestad. 

25 Y sus puertas no se cerrarán al fin de cada dia, 
porque no habrá alli noche. 

1 Pues se apareció en forma humana. 



CAPITULO XXII. 345 

26 Y en ella se inlroducirá, y vendrá á parar la 
gloria y la honra de las naciones. 

27 No entrará en esta ciudad cosa sucia ó conia- 
mi lada , ni quien cómele abominación y falsedad , 
sino solamente los que se hallan escritos en el libro 
de la vida del Cordero. 



CAPITULO XXII. 

Cunclüijeae la admirable y misteriosa pintura de la celestial 
Jerusalem , y con ella el Apoca lypsi ó la Revelación de 
Jesu-Cliristo á su discípulo amado. 

1 Mostróme también un rio de agua vivífica ó de 
vida , claro como un cristal , que manaba del solio de 
Dios y del Cordero. 

2 En medio de la plaza de la ciudad , y de la una 
y otra parte del rio estaba el árbol de la vida , que 
produce doce frutos, dando cada mes su fruto ; y las 
hojas del árbol sanan á las gentes \ 

3 Allí no habrá jamás maldición alguna, sino que 
Dios y el Cordero estarán de asiento en ella, y sus 
siervos le servirán de continuo. 

4 Y verán su cara , y tendrán el nombre de él so- 
bre sus frentes. 

5 Y allí no habrá jamás noche; ni necesitarán luz 



1 Alude al rio y al árbol de la vida, que habia en el Pa- 
raíso; al rio, del cual dice el Profeta, que alegra día dudad 
de Dios. P.V. XLV. V. b-Js LXVI. v. 12. 

ToM. XV. 30 



346 LlBliO DEL APOCALYi'SI. 

de antorcha, ni luz de sol, por cuanto el Señor Dios 
los alumbrará , y reinarán por los siglos de los siglos. 

6 Díjome mas : Estas palabras son dignas de todo 
crédito, y muy verdaderas. Y el Señor Dios de los es- 
píritus de los Profetas ha enviado su ángel á manifes- 
tar á sus siervos cosas que deben suceder pronto . 

7 Mas hé aquí , dice el Señor, que yo vengo á toda 
prisa. Bienaventurado el que guarda las palabras de 
la profecía de este libro, 

8 Y yo Juan , soy el que he oido y visto estas co- 
sas. Y después de oidas y vistas, me postré ante los 
pies del ángel, que me las enseñaba, en acto de ado- 
rarle ; 

9 pero él me dijo : Guárdale de hacerlo, que yo 
soy un consiervo luyo, y de tus hermanos los Profetas, 
y de los que observan las palabras de la profecía de 
este libro. Adora á Dios. 

10 Díjome también : No selles " las palabras de la 
profecía de este libro, pues el tiempo está cerca. 

11 El que daña, dañe aun; y el que está sucio, 
prosiga ensuciándose ^ ; pero el justo justifiqúese mas 
y mas ; y el santo, mas y mas se santifique. 

12 IMirad que vengo luego, y traigo conmigo mi 
galardón , para recompensar á cada uno según sus 
obras. 



1 Esto es, uua larga serie de sucesos, que va á comenzar 
pronto. 

2 O no tengas ocultas. 

3 Que presto experiraentarán su castigo, 



CAPÍTULO XXII. 347 

13 Yo soy el Alpha y la Omega, el primero y el 
último, el principio y el fin. 

14 Bienaventurados los que lavan sus vestiduras ' 
en la sangre del Cordero , para tener derecho al ár- 
bol de la vida , y á entrar por las puertas de la ciudad 
santa. 

15 Queden á fuera los perros, y los hechiceros, y 
los deshonestos, y los homicidas, y los idólatras, y to- 
do aquel que ama y platica mentira. 

16 Yo Jesús envié mi ángel, á notificaros estas co- 
sas en las Iglesias. Yo soy la raiz ó estirpe, y la pro- 
sapia de David , el lucero brillante de la mañana ^. 

17 Y el espíritu, y la esposa^ dicen: Ven. Diga 
también quien escucha : Ven. Asimismo el que tiene 
sed ^, venga ; y el que quiera , tome de balde el agua 
de vida. 

18 Ahora bien, yo protesto á todos los que oyen 
las palabras de la profecía de este libro : Que si algu- 
no añadiere á ellas cualquiera cosa , Dios descargará 
sobre él las plagas escritas en este libro. 

19 Y si alguno quitare cualquiera cosa de las pala- 
bras del libro de esta profecía, Dios le quitará á él del 
libro de la vida , y de la ciudad santa , y no le dará 
parte ea lo escrito en este libro. 



1 Véase Lavar, Vestidos. 

2 Nian. XXIV. V. \7.—Zach. VI. v. 12,—Luc. I v. 78. 

3 Que es la Iglesia , me dicen sin cesar : Ven. 

4 De gozar de mi presencia. Is. LV. v. 1. 



348 LIBRO DEL APOCALYPSl. 

20 El que da leslimonio de estas cosas, dice: Cier- 
tamente yo vengo luego. Así sea. Ven ! oh Señor Je- 
sús! 

21 La gracia de nuestro Señor Jesu-Christo sea 
con lodos vosotros. Amen 



FIN DEL APOCALYPSl DE SAN JUAN 

í DEL NUEVO TESTAMENTO DE NUESTRO SEÑOR 
JESU-^CHRISTO. 






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