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Full text of "Paleografia Visigoda; método téorico-practico para aprender a leer los codices y documentos españoles de los siglos V al XII"

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paleografía visigoda 



De venta en la /vusma Casa 



CREPIEUX-JAMIN (J.) 

La escritura y el carácter. -Traducción de Anselmo González. 
Con 23¿* figuras en el texto. Madrid, 1908. (Tamaño, 23 X 15.) 
7 pesetas. 

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Minerva.— Introducción al estudio de losautores clásicos, grie- 
gos y latinos. Obra del Dr. James Gow, adaptada para las es- 
cuelas francesas por M. Salomón Reinach y traducida de la 6.* 
edición francesa por Domingo Vaca. Madrid, 1911. Ilustrada con 
numerosos grabados, alfabetos, planos, etc. (Tamaño, 19 X 12.) 
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Introducción a los estudios históricos.— Traducción de Do- 
mingo Vaca. Madrid, 1913. (Tamaño, 19 X 12.) 3 pesetas. 

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Ch resto mathia palaeographica. Scripturae hispana; veteris spe 
cimina. Pars prior. Scripturae chartarum. TTIairiti. — En 8.°, facsí- 
miles, 5 pesetas. 

Colección de firmas de personajes célebres en la Historia de 
España. Cuaderno 1.° Firmas de los Reyes de España, desde el 
siglo ix hasta nuestros días.— Madrid, 1887. En 8 °, facsímiles, 
1 peseta. 

nociones de diplomática española.— Reseña sumaria de los 
caracteres que distinguen los documentos anteriores al siglo 
xvín auténticos de los que son falsos o sospechosos. Madrid, 
1881. En 8.°, 2 pesetas. 

ÍTÍanual de paleografía diplomática española de los siglos XII 
al XVII.— Con 240 facsímiles y numerosos grabados intercala- 
dos en el texto. Segunda edición corregida y aumentada. Ma- 
drid, 1889. En 4.° mayor, 15 pesetas. 

MUÑOZ V ROMERO (Comas). 

Del estado de las personas en los reinos de León y Asturias 
en los siglos posteriores a la invasión de los árabes.— Segunda 
edición. Madrid, 1883. En 8.°, 3 pesetas. 






PALEOGRAFÍA VISIGODA 



MÉTODO TEÓRICO-PRÁCTrCO 



PAHA \IMtKM)KK A I.KKH 



D 




DE LOS SIGLOS VAL XII 



D. JESÚS MUÑOZ Y RIVERO 

Archivero Bibliotecario 

y Profesor encargado de la asignatura de Paleografía general y crítica 

en la Escuela superior de Diplomática 



OBRA ILUSTRADA CON 45 LÁMINAS DIBUJADAS POR EL AUTOR 



(nueva tirana 



\%*)H.tt 



%• 7 2"\- 



MADRID 
DANIEL JORRO, EDITOR 

23, CALLE DE LA PAZ, 23 



1919 



ES PROPIEDAD 



11.030.— Tipolit. L. Faure, Alonso Cano, 15. -Madrid. 



±3ST DICE 

Página. 

Advertencia vn 

PARTE PRIMERA 

ESTUDIO HISTÓRICO DE LA ESCRITURA VISIGODA 



CAPÍTULO PRIMERO— Origen de las escrituras usadas en 
los países Occidentales de Europa después de la caída del 
Imperio 1 

CAPÍTULO II.— La escritura durante la monarquía visi- 
goda 11 

CAPÍTULO III.— La escritura en los reinos de Asturias y 
León durante los cuatro primeros siglos de la Recon- 
quista 19 

CAPÍTULO IV.— La escritura en los reinos de Asturias y 
León durante los cuatro primeros siglos de la Recon- 
quista (continuación) 25 

CAPÍTULO V.— La escritura en los reinos de Asturias y 
León durante los cuatro primeros siglos de la Recon- 
quista (continuación) 31 

CAPÍTULO VI. — Desaparición de la escritura visigoda en 
los documentos y códices de Galicia, Asturias, León y 
Castilla 85 

CAPÍTULO VIL— La escritura visigoda en los pueblos de 
la reconquista Pirenaica 43 

CAPÍTULO VIII.— La escritura visigoda usada por los mo- 
zárabes 47 



PARTE SEGUNDA 

E8TÜDIO ANALÍTICO DE LA ESCRITURA VISIGODA 



Página. 



INTRODUCCIÓN. Plan de esta segunda parte 5á 

CAPÍTULO PRIMERO . — Análisis de los alfabetos ma- 
yúsculos 55 

CAPÍTULO II. -Análisis de los alfabetos minúsculos 73 

CAPÍTULO III.— Escritura cifrada visigoda a r ) 

CAPÍTULO IV.— Braquigrafía visigoda 89 

CAPÍTULO V.— Braquigrafía visigoda (continuación) 101 

CAPÍTULO VI. Ortografía visigoda 113 

CAPÍTULO VIL- Ortografía visigoda (conclusión) 117 



TERCERA PARTE 



Ejercicios de lectura paleográfica 123 

VERSIÓN a la escritura corriente de los cuarenta y cuatro 
facsímiles que se incluyen en esta tercera parte para 
que sirvan de tema a los ejercicios de lectura paleo- 
gráfica 124 

Facsímiles 161 



ADVERTENCIA 



:i) 



El inesperado éxito que ha alcanzado nuestro Ma- 
nual de Paleografía diplomática española de los siglos XII 
al XVII, nos ha impulsado a publicar sin demora, con 
arreglo al mismo plan, el presente tratado, en el cual 
exponemos un método para descifrar los códices y los 
documentos españoles anteriores al siglo xn. 

Al darlo a la estampa hemos procurado que sus con- 
diciones materiales fuesen superiores a las del Manual, 
especialmente en cuanto a los facsímiles, los cuales van 
estampados en una cartulina imitando pergamino, ex- 
presamente fabricada para esta obra. 

Si la acogida que merece a las corporaciones docen- 
tes, a los eruditos, a la prensa y al público en general, 
es tan benévola cómo la que alcanzó nuestro Manual, 
daremos por bien empleados los mayores sacrificios que 
nos ha exigido. 



(L) Esta advertencia corresponde a la primera tirada. 



PARTE PRIMERA 

ESTUDIO HISTÓRICO DE LA ESCRITURA VISIGODA 



CAPÍTULO PRIMERO 

ORIGEN DE LAS ESCRITURAS 

USADAS EN LOS PAÍSES OCCIDENTALES DE EUROPA 

DESPUÉS DE LA CAÍDA DEL IMPERIO 



Diversidad de opiniones sobre la procedencia de la escritura 
usada por las naciones de Occidente en los primeros siglos de 
la Edad Media.— Opinión que la considera de origen bárbaro.— 
Opiniones que, atribuyéndola origen romano, suponen en ella 
modificaciones introducidas por los bárbaros. — Doctrina de 
Maff ei. —Refutación de todas las indicadas opiniones. 

Mucho se ha debatido acerca del origen de la escritura 
usada por las naciones que asentaron su dominación 
sobre los restos del Imperio romano de Occidente, sos- 
teniéndose con tal motivo las más opuestas teorías res- 
pecto a la procedencia y carácter peculiar de los alfabe- 
tos usados por los godos, francos, sajones y lombardos. 

Suponen algunos que, introducida la escritura latina 
por los romanos en Italia, las Galias, Inglaterra y Espa- 
ña, se generalizó en estos países, que la usaron, casi con 
exclusión de toda otra, en monumentos y diplomas, has- 
ta que la invasión de los pueblos del Norte, rompiendo 
la tradición romana, hizo desaparecer la escritura latina, 



sustituyéndola con los alfabetos importados por los bár- 
baros; y establecen comparaciones entre la belleza cali- 
gráfica de los monumentos escritos que nos restan de los 
primeros siglos de nuestra era, y las irregularidades y 
confusiones de la escritura, especialmente en la cursiva, 
de los más antiguos documentos de la Edad Media, de- 
duciendo de las diferencias que resultan razones, en que 
apoyan sus asertos. 

Opinan otros que los bárbaros, al establecerse sobre 
las ruinas del Imperio, aceptaron la escritura romana; 
pero ya por la necesidad de acomodarla a las exigencias 
eufónicas del idioma germánico, ya por reminiscencias 
que tuvieran de otras escrituras por ellos largo tiempo 
empleadas, introdujeron en la escritura latina elementos 
de origen bárbaro, que la transformaron por completo. 

Siguiendo otros autores la opinión expuesta por Maf- 
fei en su Historia diplomática, combaten las doctrinas que 
atribuyen en todo o en gran parte a los bárbaros el ori- 
gen de la escritura usada por las naciones de la Edad 
Media, e incurriendo en la exageración contraria, afir- 
man que la mayúscula, la minúscula y la cursiva roma- 
nas, siguieron empleándose después del siglo v en la 
misma forma que antes. Fundados en esta creencia com- 
baten las denominaciones de visigoda, italo-goda, mero- 
vingia, lombarda y sajona, aplicadas a las letras usadas 
en los primeros tiempos de la Edad Media, reduciéndo- 
las todas a un solo carácter, el romano, en el cual no 
distinguen más variedades de las que presentan las for- 
mas mayúscula, minúscula y cursiva en la escritura de 
los romanos. 

La primera de las opiniones expuestas es la que más 
prosélitos ha tenido, aún a pesar de ser la que más se 
aparta de la verdad histórica. Basta la comparación de- 
tenida de cualquiera de los monumentos escritos corres- 
pondientes a los siglos iv y v con los de las naciones de 
la Edad Media, para convencerse de que existen entre 



unos y otros muchas y muy notables semejanzas que de- 
muestran claramente la indudable procedencia romana 
de las escrituras posteriores al siglo v. 

No eran los pueblos bárbaros naciones que pudieran 
dar lecciones de cultura literaria a las que sujetaron a 
su yugo. Más atrasados que los romanos, lejos de im- 
plantar su lengua y su escritura, aceptaron las del Im- 
perio, que, por otra parte, no conservaban ya la clásica 
pureza de los primeros siglos de nuestra era. Y es de 
advertir que, cuando hablamos de escritura usada por 
las razas bárbaras, nos referimos a los visigodos, porque 
de los demás pueblos del Norte es lícito suponer que no 
conocían la escritura. 

Al describir Tácito las costumbres de los germanos, 
dice que en estas tribus ni hombres ni mujeres conocían 
la escritura (1), afirmación que confirma el testimonio 
de Amiano Marcelino. Auténticos monumentos demues- 
tran que los lombardos desconocían toda noción de es- 
critura al pasar a Italia. Procopio atestigua que los hun- 
nos, en tiempo de Justiniano, careciendo de escritura, 
se valían de la palabra hablada para todos los actos de 
la vida, aun para aquellos que más necesitan consignar- 
se de una manera permanente. El rey Teodorico, a pe- 
sar de haber sido educado en Bizancio, no sabía escri- 
bir, como lo prueba el hecho de valerse de una plantilla 
de oro para trazar su signatura en los documentos que 
otorgaba. 

Naciones de costumbres belicosas, desconocían y aun 
desdeñaban toda noción literaria, considerando poco 
adecuada a su carácter y costumbres toda ocupación 
que no fuese la guerra (2). 



(1) De moribus Ger manorum, cap. XII. 

(2) De entre las pruebas que podemos consignar en apoyo de 
esta aserción, es una la noticia, harto conocida, de las gestiones 
que cerca de Amalasunta hicieron los magnates de su nación para 



¿Cómo se concibe, pues, que pueblos incultos, desco- 
nocedores por completo de la escritura, creasen de pron- 
to un alfabeto y lo propagasen rápidamente por Europa, 
obligando a las naciones que conquistaron, más ilustra- 
das que ellos, a olvidar la escritura romana para usar, 
desde luego, las letras por ellos inventadas? Sería ab- 
surdo suponerlo, y más si se tiene presente que la tradi- 
ción de la escritura romana no se pierde un momento, y 
que en los monumentos gráficos más próximos a las in- 
vasiones de los bárbaros no se advierten las modifica- 
ciones que señala siempre en la historia paleográfica de 
las naciones el tránsito de un género de escritura a otro 
completamente distinto. 

El único pueblo del Norte que presentaba en la épo- 
ca de la invasión germánica mayor grado de cultura, 
era el godo. Sus relaciones continuas con el Imperio de 
Oriente y su pronta conversión al cristianismo, habían 
contribuido mucho a suavizar la aspereza propia de las 
costumbres bárbaras. Conocían, aunque no estaba muy 
generalizada entre ellos, la escritura griega desde el si- 
glo iv, época en que el obispo Ulfilas la había propaga- 
do modificándola y acomodándola a las condiciones pe- 
culiares del idioma godo; pero ni aun este hecho puede 
alegarse en apoyo del origen bárbaro de las escrituras 
de la Edad Media, por cuanto éstas tienen por principal 
distintivo el pertenecer al carácter latino y tener la pro- 
nunciación latina y aquélla presenta como principal ele- 
mento el carácter griego, no habiendo entre una y otra 
más semejanzas que las que entre sí ofrecen el alfabeto 
griego y el latino, ambos derivados del fenicio (1). 



que desistiese de dar instrucción a Atalarico, y otra, la que con- 
signa Maffei, apoyándose en el testimonio de Procopio, y según 
la cual Teodorico no permitía a los godos que diesen instrucción 
a sus hijos. 
(1) La opinión que atribuye a Ulfilas la invención de la escri- 



Los autores que atribuyen a los bárbaros modifica- 
ciones esenciales en la escritura romana, o la introduc- 
ción en ella de elementos caligráficos hasta la Edad 
Media desconocidos, no están de acuerdo respecto a la 
naturaleza de las alteraciones y variaciones que experi- 
mentó la letra del Imperio, ni respecto a las proporcio- 
nes en que esta letra y los elementos caligráficos bárba- 
ros contribuyeron a la formación de la nueva escritura. 
Unos se limitan a atribuir a los pueblos del Norte la co- 
rrupción y perversión de la letra romana; otros la intro- 
ducción de nuevos sistemas de abreviar; algunos la in- 
vención de letras de forma y significación desconocidas 
para los romanos, y el mayor número de ellos la forma- 
ción de las escrituras minúscula y cursiva. 

Atribuir a los pueblos del Norte la corrupción de la 
escritura, es un error en que solamente puede incurrir 
el que no conociendo más caracteres de letra romana que 
los de las inscripciones del primer siglo de nuestra era, 
los compare con los usados en los siglos v y vi; pero el 
que atentamente haya estudiado las transformaciones 
sucesivas experimentadas por la escritura romana en la 
Edad Antigua, no podrá acoger tan equivocada opinión. 
La escritura romana en los siglos ivy v carecía de la 



tura que conocemos con el nombre de visigoda, no aparece en 
nuestra historia hasta el siglo xiií. 

Antes de este tiempo, nadie había puesto en duda las asercio- 
nes de San Isidoro y San Eugenio, el primero de los cuales sos- 
tiene que la escritura ulfilana se formó a semejanza de la griega, 
afirmación confirmada por el segundo, quien en su poema sobre 
las letras establece distinción entre la escritura ulfilana, de ori- 
gen helénico, y la visigoda, de procedencia latina. Acaso en los si- 
glos xu y xin, para favorecer la propagación de la letra france- 
sa, se propalase el rumor de que la visigoda había sido inventada 
por el arriano ülfilas, y recogiese el arzobispo D. Rodrigo, que 
es el primer historiador que consigna la opinión por nosotros 
refutada, estos rumores y les diese cabida, sin maduro examen, 
en el Cronicón que escribió en el siglo xiii. 



pureza de líneas y de la belleza caligráfica de tiempo de 
Augusto, y cuando los bárbaros la usaron no por eso 
aumentó su progresiva decadencia. 

La opinión de que él alfabeto romano fue modificado 
por los pueblos del Norte para acomodarlo a las exigen- 
cias eufónicas de la pronunciación germánica, no merece 
seria refutación, por cuanto el idioma escrito usado por 
los bárbaros fue el latino, como lo demuestran los docu- 
mentos más antiguos de España, Francia, Italia e Ingla- 
terra, y siendo así no pudieron tener motivo que justifi- 
case semejantes modificaciones. 

También carece de fundamento la creencia de que los 
pueblos bárbaros introdujeron en la escritura romana 
nuevos sistemas de abreviar, porque los romanos, no 
solamente conocían las siglas y las notas de Tirón para 
hacer más veloz la escritura, sino que entre ellos eran 
usuales las letras enclavadas, encajadas, conjuntas y 
monogramáticas, los signos especiales de abreviación y 
las abreviaturas por síncopa y por apócope que se usa- 
ron en los primeros siglos de la Edad Media (1). 

En cuanto a la introducción en el alfabeto latino de 
letras inventadas por los bárbaros, suponen algunos que 
lo fue el diptongo m, desconociendo que este signo, pro- 
ducto del enlace de a y e, aparece en algunas monedas 
consulares; otros, la introducción de cuatro signos (2, *F, 
z y a) en la escritura merovingia por Chilperico, sin ad- 
vertir que estas letras exóticas ni se generalizaron ni 
duraron más que la vida de su introductor, y que, por 



(1) La circunstancia de dar los epigrafistas el nombre de siglas 
a toda clase de abreviaturas usadas en las inscripciones, toman- 
do esta voz en su sentido genérico etimológico (atyXai, abreviatu- 
ras) y no en el restringido (letra inicial) que hoy tiene, ha dado 
ocasión a este error. En la segunda parte de este trabajo, al ocu- 
parnos en el estudio de los modos de abreviar usados en la es- 
critura visigoda, demostraremos el origen romano de cada uno 
de ellos. 



tanto, no se pueden considerar como elementos que con- 
tribuyesen a modificar el carácter romano de la escritu- 
ra de los francos; Mabillon, la figura de las capitales 
A, p y u y la de las iniciales e, g, h y q, que son roma- 
nas, y se hallan en los códices latinos de los siglos m y iv; 
y, por último, algunos escritores españoles atribuyen 
origen ulfilano a la figura de w que tiene la x en la letra 
cursiva visigoda, sin considerar que en los mismos do- 
cumentos de esta letra se hallan figuras de x que expli- 
can el tránsito de la latina a la visigoda, sin acudir a 
buscar su origen en el alfabeto ulfilano, en el cual es de 
advertir que tenía el signo *F el valor de th y no el de x, 
que le es propio en nuestra escritura de los primeros 
siglos de la Edad Media. 

Tampoco es razonable la creencia de que los roma- 
nos no conocieron la escritura minúscula, y de que fue 
inventada por los bárbaros. 

El testimonio de los escritores clásicos, que hacen 
mención frecuente de escritos en letras menudas, más 
rápidamente trazadas y encerradas en menor espacio 
que las mayúsculas; la existencia en Grecia, maestra en 
ciencias de Roma, de escritura minúscula y cursiva des- 
de muy remotos tiempos (1); la dificultad de la mayús- 
cula en su formación, nada propicia para la prontitud 
que exige la extensión de actas y contratos, ni para que 
el escritor pudiera seguir sin excesiva molestia la mar- 
cha de su pensamiento al producir las obras literarias; 



(1) Los caracteres griegos cursivos se usaban ya en el siglo II 
antes de Jesucristo. Sylvestre en su Paleographie universelle pu- 
blica facsímiles de dos documentos en papiro de los años 164 y 
137 antes de nuestra era. El primero es una instancia dirigida al 
rey de Egipto Ptolomeo Philometor, conservada en el Museo del 
Louvre, y el segundo un horóscopo astrológico dado en el naci- 
miento de Anubion, hijo de Psanonot, en 18 del mes de Tybi del 
año 1.° del imperio de Antonino (18 de dicismbre de 137). Ambos 
documentos están escritos en letra griega cursiva. 



la imposibilidad de que autores que han dejado numero- 
sas obras hubiesen podido escribirlas si no hubiesen co- 
nocido más letras que las mayúsculas; la semejanza que 
presentan entre sí los más antiguos caracteres minúscu- 
los de ios godos, sajones, francos y lombardos, que no 
puede explicarse sino por el hecho de que procedan del 
mismo origen y de que este origen sea romano, porque 
la incultura de los bárbaros no hace posible que inven- 
taran una escritura complicada y difícil como la cursiva, 
ni que ésta se produjera en el corto espacio de tiempo 
que media entre el establecimiento de los bárbaros en el 
Occidente y los primeros documentos de éstos en mi- 
núsculas, y, por último, el descubrimiento de lápidas y 
documentos romanos con caracteres minúsculos, son 
pruebas que no dejan duda respecto a la existencia de 
la minúscula romana (1). 

Los bárbaros adoptaron esta escritura al establecer- 
se en el Imperio y fundar las primeras nacionalidades de 
la Edad Media, y sus más antiguos documentos no di- 
fieren apenas de los monumentos romanos en letra mi- 
núscula, presentando casi identidad las escrituras más 
antiguas de las monarquías visigoda, merovingia, an- 
glo-sajona y lombarda, como testimonio de su común 



(1) Buonarroti y Mabillon publicaron el epitafio de Gauden- 
cio, escrito en caracteres minúsculos en el consulado de Urso y 
Polemio (año 338 de J. C-); los Maurinos han descubierto la exis- 
tencia de palabras en letra minúscula aun en los mismos manus- 
critos en capitales y unciales, y dado noticia detallada dé un Có- 
dice en papiro que contiene las obras de Flavio Josefo, traducidas 
por Rufino, y escrito en tiempo de Teodosio el Grande en cursiva 
romana; y, por último, Sylvestre y Champollion ha publicado do- 
cumentos de época romana escritos en este mismo carácter de 
letra. 

En el Museo Arqueológico Nacional se conserva un ladrillo ro- 
mano (número 2.947) en el cual aparecen las siguientes palabras 
de la Eneida: Arma virumque cano Trojae qui primus áb oris Ita- 
liam fato profugus Laviniaque..., escritas en caracteres minúsculos 



origen, y solamente con el transcurso del tiempo, las 
distintas aptitudes de estos pueblos y el aislamiento en 
que vivieron unos respecto a otros, tomó carácter espe- 
cial y distintivo la escritura de cada uno. 

Esta última circunstancia nos impide aceptar la opi- 
nión de Maffei, que pretendió borrar las denominaciones 
que reciben las escrituras usadas por las naciones latinas 
de la Edad Media y reducirlas todas a la romana. Cierto 
es que de ésta procedían; indudable que al fundarse los 
Estados de la Edad Media en todos se usaban los mis- 
mos caracteres romanos; pero no puede negarse que, 
transcurridos los dos primeros de los siglos medios, la 
escritura romana afecta en cada nacionalidad un carác- 
ter determinado, que, conservando en lo esencial el tipo 
latino, señala claramente el país en que se trazó. 

Hay, pues, necesidad de dar algún nombre a la es- 
critura romana según las naciones en que se haya usa- 
do, y poco importa que la apliquemos las denominacio- 
nes de visigoda, merovingia, lombarda y anglo- sajona, 
porque con estos calificativos no queremos indicar sino 
la escritura romana usada en España, Francia, Italia e 
Inglaterra en los primeros siglos de la Edad Media. 



muy análogos a los que constituyen la escritura de las inscrip- 
ciones lapidarias y de los documentos publicados por Buona- 
rroti, Mabillon y Sylvestre. 

Si se prescinde de las letras a, m y n, cuyas formas son ma- 
yúsculas y exactamente iguales a las de los Códices latinos del 
siglo iv, las demás son minúsculas y semejantes a las de los de- 
más monumentos romanos en que se conserva esta escritura; 
siendo muy notable la forma de la e, cuya figura de u aparece en 
los más antiguos escritos cursivos. 

No cabe dentro de los límites naturales de este trabajo, hacer 
un minucioso examen de esta inscripción, que hemos citado en 
apoyo de la existencia de la letra minúscula romana, y nos limi- 
tamos a hacer estas indicaciones reservando ocuparnos especial- 
mente en su estudio detenido. 



CAPÍTULO II 

LA ESCRITURA DURANTE LA MONARQUÍA VISIGODA 



Adopción de la escritura romana por los godos. — Escritura ulfl- 
lana.— Análisis de su alfabeto.— Su uso en España.— Su pronta 
desaparición.— Propagación de la escritura romana.— Causas 
que a ella contribuyeron.— Escasez de códices y carencia de 
documentos escritos en la época visigoda.— Caracteres genera- 
les de la escritura española de los siglos v, vi y vn. 

Los visigodos, pueblo de raza germánica, según unos 
autores, de raza escítica, según otros, acaudillados por 
Ataúlfo, y como aliados del Imperio, vinieron a estable- 
cerse en el Mediodía de Francia y en el Nordeste de Es- 
paña, ocupada ya por vándalos, suevos y alanos; y en 
lucha continua con estos pueblos, merced al esfuerzo de 
sus caudillos y al favor de los naturales hispano-roma- 
nos que consideraban menos bárbara que la de aquéllos 
su dominación, lograron ir ensanchando los límites de 
su monarquía hasta conseguir a fines del siglo vi apode- 
rarse de toda la Península. 

Eran los visigodos los más adelantados en civilización 
de entre los pueblos del Norte. Sus relaciones continuas 
con el Imperio de Oriente y su pronta conversión al cris- 
tianismo, habían contribuido a modificar la natural bar- 
barie de su raza; pero, menos civilizados que los hispa- 
no-romanos, no intentaron, ni de intentarlo hubiesen po- 
dido conseguirlo, implantar sus costumbres entre los 



12 

vencidos. Divorciados de los hispano-romanos por divi- 
siones de raza, de religión, de costumbres, de idioma y 
de escritura, comprendieron que su dominación no po- 
dría ser permanente si no se unificaban en sentimientos 
e intereses con los vencidos, y poco a poco fueron acep- 
tando los de éstos. 

Traían los godos a España un género de letra que les 
era conocida desde el siglo iv, y que ha recibido el nom- 
bre de ulfilana, y en esta escritura debían hallarse sus 
códices y documentos anteriores a la conversión de Re- 
caredo. 

¡áegún refiere Sócrates, escritor eclesiástico del si- 
glo v, Ulíilas, originario de Capadocia, fue hecho pri- 
sionero por los godos cuando invadieron esta comarca 
en 366. Convertidos los godos al cristianismo, le eleva- 
ron a la dignidad del episcopado, comisionándole que 
solicitara del emperador Valente la concesión de terri- 
torios donde los godos pudieran refugiarse, librándose 
de los continuos ataques de los hunnos. El emperador 
accedió a esta súplica, y Ulfilas pudo volver de Constan- 
tinopla a su patria adoptiva, llevando el permiso desea- 
do, en virtud del cual se establecieron los godos en la 
Moesia, donde inventó Ulfilas una escritura que se ha 
designado con los nombres de moesogótica o ulfilana, 
traduciendo al idioma gótico y escribiendo con estos 
signos el Antiguo y Nuevo Testamento. 

Las muestras de esta escritura que han conservado 
hasta nosotros el Códice argénteo de la biblioteca de 
Upsal, el Carolino de la de Brunswick y algunos frag- 
mentos de la del Vaticano, demuestran que la escritura 
ulfilana no era más que la griega modificada (1), y aco- 



(1) San Isidoro en su Cronicón manifiesta la misma creencia, 
afirmando que «Gulfilas episcopus, ad instar gríecarum littkra- 
Rüm, gothis reperit UUeras». 



13 

modada por Ulfilas a las condiciones eufónicas del idio- 
ma godo. 

Veinticinco signos componen el alfabeto de Ulfilas 
según resulta de estos monumentos, dieciocho de pro- 
cedencia griega y siete tomados del alfabeto latino (1). 

De los de origen griego quince letras que son: a, b, r, 
8 (2), e, i, k, k (3), m, n, o, ii, t, x y z, se adoptaron apli- 
cándolas a designar los mismos sonidos que en griego, 
y tres, la w, e y r para indicar respectivamente los so- 
nidos th 9 vh y w. De las letras de origen latino, las seis 
siguientes: p, g, h, q, r y s, tenían el mismo valor que 
,entre los romanos, y la n, tomada del alfabeto minúscu- 
lo latino, tenía valor de u. 

Esta escritura no duró en España más tiempo que el 
arrianismo como religión del Estado, pero aun en la 
época arriana los contratos de los godos solían escribir- 
se en caracteres latinos, y estaba limitado el uso de los 
ulfilanos a los libros eclesiásticos. Esta circunstancia y 
el hecho de haber ordenado Recaredo la destrucción de 
los libros arríanos en 589, poco después de la celebra- 



(1) Los caracteres ulfilanos han dado origen a las más extra- 
ñas y aun absurdas conjeturas sobre su origen, naturaleza y du- 
ración. 

Quién los ha supuesto rúnicos, quién inventados por Ulfilas, 
y no han faltado paleógrafos españoles que hayan extendido su 
uso a toda la España cristiana y su duración hasta el siglo xi. 

Hasta ha llegado a suponer un autor, en presencia del Códice 
argénteo de la biblioteca de Upsal, que los caracteres ulfilanos 
de este libro no eran manuscritos, sino impresos, adjudicando 
así la gloria de la invención de la imprenta a los godos de la 
Edad Antigua. Esta opinión ha sido defendida en una obra titu- 
lada Ulphilas illustratus, publicada en 1752 por el profesor sueco 
Ihre. 

(2) Algunas veces se presenta con la forma minúscula la- 
tina (d). 

(3) En ocasiones tiene la forma mayúscula (A). 



14 

ción del Concilio III de Toledo (1), explican la carencia 
absoluta en España de monumentos escritos con carac- 
teres ulfilanos. 

No es cierta, por lo tanto, la opinión que, fundándose 
en el testimonio del arzobispo D. Rodrigo Jiménez de 
Rada, exponen algunos historiadores, suponiendo que la 
escritura ulfilana se hizo general en España después del 
establecimiento de los godos, no desapareciendo de nues- 
tros documentos hasta el siglo xi, opinión que no resis- 
te a la comparación de los monumentos escritos ante- 
riores a Alfonso VI con los caracteres ulfilanos, hecha 
por la persona menos versada en Paleografía (2). 

La conversión de los visigodos al catolicismo deste- 
rrando la letra ulfilana de los libros eclesiásticos y des- 



(1) Fredegario en su Cronicón supone que tres años antes del 
Concilio de Toledo.— España Sagrada, tomo V. 

(2) El arzobispo D. Rodrigo dice hablando de los godos: Ec- 
clesias construxerunt et sacerdotes evangélicos habuere, specialesque lit- 
teras quas eis cum lege Gudila eorum episcopus tradiderat, habue- 
runt, quce in anfiquis Hispaniarum et Galliarum libris adhuc hodie 
superextant, id est, littera quce, dicitur toletana. (Rerum Hisp. Chr., li- 
bro II, cap. X.) 

En el libro VI, cap. XXX, de la misma obra, hablando de un 
Concilio que supone celebrado en León a fines del siglo xi, dice: 
«Et interfuit etiam Beverius, legatus et Romance ecclessice cardinalist 
ibidemque, celébr ato concilio cum Bernardo Toletano primate multa de 
officiis Ecclesice statuerunt ut etiam de caetero omnes scriptores, omissa 
littera Toletana, quam Gulfilas, Gotthorum episcopus, adinvenit, galli- 
cis litteris uterentur». 

Don Alfonso el Sabio, en su Crónica general de España, traduce 
casi textualmente estas palabras de D. Rodrigo y dice que se 
mandó a los «escribanos desfacer la letra toledana, la que don 
Golfilas obispo de los godos falló primeramente». 

Ambos escritores han sido copiados posteriormente sin dis- 
cernimiento, y de esta manera se han generalizado tantos erro- 
res respecto a la duración de la escritura ulfilana y al origen de 
la escritura visigoda. 



15 

trayendo los que contenían doctrinas o pertenecían a la 
liturgia de la secta arriana, unificó el uso de la escritura 
en la Península. Favorecido el clero por los monarcas 
visigodos, se dedicó a los estudios literarios, llegando la 
escuela sevillana con el insigne San Isidoro a iluminar 
mediante su ciencia las tinieblas de la ignorancia gene- 
ral de Europa en los primeros siglos de la Edad Media. 
Exigían estos trabajos el conocimiento de los clásicos 
griegos y latinos y de los libros eclesiásticos y jurídicos; y 
no faltaban españoles que pasaban a Roma y a Bizancio 
a transcribir, ya los códices que contenían estas obras, 
ja las actas de los concilios, ya las producciones litera- 
rias de los más ilustres varones de la iglesia. Contribu- 
yó a este renacimiento literario la creación de monaste- 
rios y la propagación en ellos de la regla de San Benito, 
que prescribía a los monjes el estudio. Tenían, por lo ge- 
neral, estos monasterios, un local, destinado a la trans- 
cripción al dictado de códices, con lo cual multiplicaban 
fácilmente su número y facilitaban la adquisición por 
cambio de los que carecían. Los mismos monarcas visi- 
godos protegían la propagación de los libros, dando en 
más de una ocasión comisiones para sacar copias. Los 
concilios, por su parte, contribuyeron poderosamente a 
la difusión de la ciencia y a generalizar la enseñanza de 
la escritura, disponiendo la manera cómo habían de ser 
educados los jóvenes que aspirasen al sacerdocio (1); y 



(1) De his quos voluntas parentum a primis infantiae annis 
clericatus officio manciparit, statuimus observandum ut mox 
cum detonsi, vel ministerio electorum contraditi fuerint, in domo 
Ecclesiae sub episcopali praesentia a praeposito sibi debeant eru- 
diri. (Canon 1.° del Concilio II de Toledo celebrado en el año 527). 
El doctísimo catedrático de la Universidad Central, D. Vicente de 
la Fuente, encuentra en este texto la primera idea de los semi- 
narios conciliares. 

El Concilio IV de Toledo en su Canon 24 dictó también dispo- 
siciones sobre la materia. 



16 

todas estas causas promovieron notablemente los ade- 
lantos de las ciencias y el mejoramiento de la escri- 
tura. 

Pocos códices han llegado a nosotros de este perío- 
do, pero debieron propagarse en gran número a juzgar 
por las noticias que se conservan en documentos feha- 
cientes, de los que se custodiaban en las iglesias y mo- 
nasterios. 

Ambrosio de Morales, en su Viaje a la Santa iglesia 
de Oviedo, da cuenta de haber visto bastantes códices de 
época visigoda, y entre ellos una Colección canónica, una 
Exposición de los cánticos, el Tratado De Natura Rerum, de 
San Isidoro; el Breviario, de Rufo Festo; el Itinerario ma- 
rítimo, del emperador Antonino; la Historia romana, de 
Próspero de Aquitania, y un Tratado De Dimensione te- 
rrarum. A excepción de los dos primeros, los demás se 
custodian en la Biblioteca de El Escorial, donde hemos 
tenido ocasión de verlos. 

Los demás códices españoles que citan los autores 
de bibliografía como anteriores a la invasión agarena, 
deben estudiarse con cuidado antes de asignarles fecha, 
porque ha sido general la tendencia de atribuir a los có- 
dices de letra visigoda una antigüedad superior a la que 
realmente tienen, y son muchos los de los siglos x y xi 
reputados como del vi y vn (1). 



(1) No se libró de esta general tendencia el erudito Eguren en 
su Memoria descriptiva de los Códices notables conservados en los ar- 
chivos eclesiásticos de España, premiada por la Biblioteca Nacio- 
nal en el concurso público de 1859- 

Los códices bíblico y litúrgico que considera más antiguos, son 
muy posteriores a la fecha que les atribuye. El primero es una 
Biblia de la iglesia de Toledo, que supone de tiempo de San Isido- 
ro. Hemos tenido ocasión de verla en la Biblioteca Nacional, don- 
de hoy se encuentra, y de deducir del estudio de sus caracte- 
res que fue escrita en el siglo x y en territorio dominado por 
los musulmanes, presentando la letra todas las circunstancias 



17 

redondeando sus trazos para hacer menos rígida y más 
fácil la figura de las letras. La escritura uncial está tra- 
zada generalmente con una soltura y perfección que 
nada tiene que envidiar a la romana. La minúscula pre- 
senta forma análoga a la que tiene en los documentos y 
códices posteriores a la invasión sarracena. Las aa son, 
como en éstos, abiertas por su parte superior, y en la le- 
tra cursiva parecida a la £ , aunque algo inclinadas hacia 
la izquierda; las dd tienen su curva muy separada del 
trazo vertical por la base de la caja del renglón; las ee 
tienen un rasgo que les sirve de pie o sostén, y me- 
diante el cual se enlazan con la letra que les antecede, y 
las uu suelen tener un trazo derecho prolongado verti- 
calmente hasta bastante más abajo de la línea inferior 
del renglón. Las abreviaturas son escasas, reduciéndose 
por lo general a la síncopa de algunas palabras, a susti- 
tuir los finales en us por medio de una s sobrepuesta, y 
los en um mediante una especie de cruz enlazada con la 
última letra que aparece de la palabra. Los nexos suelen 
reducirse a las uniones de la a con la c, d, m, n, p, r, s y 
Las letras que aparecen en los códices de la época 
visigoda se diferencian muy poco de las usadas en la 
romana. Su escritura capital tiende a hacerse más curva, 



propias de los códices visigótico-mozárabes, según veremos mág 
adelante. 

El códice litúrgico es un misal procedente del Monasterio 
de San Millán de la Cogulla, que se conserva en la Biblioteca de 
la Real Academia de la Historia. Eguren le supone escrito en el 
siglo vn, pero su letra es la conocida con el nombre de francesa, 
la cual no se comenzó a usar en los códices españoles hasta fines 
del siglo xi o principios del xn. 

El fundamento en que se apoya para fijar tan remota antigüe- 
dad a este códice es el estilo de una miniatura del canon; olvidán- 
dose de que al hacerse la transcripción de códices solían copiar- 
se con toda fidelidad las miniaturas de los manuscritos origi- 
nales. 



18 

t, a los de la t con las vocales y con la r; y a los enlaces 
de la e, mediante el rasgo que hemos descrito, con la le- 
tra que la precede. Las demás maneras de abreviar que 
se generalizan en los códices de los primeros siglos de 
la Reconquista, apenas si aparecen en este período. 

Tales son los caracteres generales que distinguen la 
escritura usada en la monarquía visigoda, según puede 
deducirse del estudio del reducido número de códices que 
se conservan anteriores al segundo tercio del siglo vm. 
Semejante a la de los códices debió ser la escritura usa- 
da en los diplomas, pero desgraciadamente ninguno ha 
llegado hasta nosotros y no podemos convertir en afir- 
mación esta conjetura (1). 



(1) Los Maurinos (tomo III, pág. 322) citan un documento 
otorgado por Chindasvinto en 646 como el más antiguo de Espa- 
ña, pero es ésta una de tantas aseveraciones infundadas como 
contiene la erudita obra de los Maurinos en la parte relativa a 
España 



CAPITULO III 

LA ESCRITURA EN LOS REINOS DE ASTURIAS Y LEÓN 
DURANTE LOS CUATRO PRIMEROS SIGLOS DE LA RECONQUISTA 



Escritura de los reinos de Asturias y León después de la con- 
quista árabe.— Clases de escritura usadas en los siglos ix al xn. 

La invasión de los árabes produjo honda perturba- 
ción en la esfera literaria, ya destruyendo muchas de las 
obras notables de las épocas romana y visigoda, ya ha- 
ciendo converger todas las aspiraciones de los cristianos 
hacia un solo ideal: rechazar a los enemigos y libertar 
la patria cautiva, y todos los esfuerzos a una sola tarea, 
la de guerrear hasta conseguirlo. Pero no era posible 
que se borrase de pronto por completo la tradición lite- 
raria, ni que desapareciese la obra constante de dos ci- 
vilizaciones tan esplendentes como la romana y la visi- 
goda; tuviéronla adormecida las catástrofes que siguie- 
ron a la invasión agarena, pero a la primera ocasión 
favorable se reanudó, si no con la vitalidad que en la 
monarquía visigoda, al menos como reflejo de lo que en 
ésta había sido. 

Los primeros adelantos de la Reconquista facilitaron 
la reconstrucción de iglesias y monasterios destruidos 
en la invasión y la fundación de otros nuevos, en los 
cuales, ajenos los cenobitas a las agitaciones de los 
tiempos, compartían su actividad entre la oración y el 



20 

estudio. Recogiéronse en estos cenobios los restos lite- 
rarios de la antigüedad y de la monarquía visigoda; es- 
tableciéronse en los monasterios escuelas en que sirvie- 
sen de enseñanza, y aplicándose los monjes a su estudio 
y velando por su conservación y propagación, legaron 
hasta nosotros la tradición antigua. 

Lo que decimos de la cultura literaria en general 
tiene especial aplicación al elemental conocimiento de la 
escritura, que, transmitida en los monasterios de unos 
religiosos a otros, y acomodándose a la norma de los me- 
jores códices de la época goda que habían podido sal- 
varse, no fue sino continuación de la usada por los vi- 
sigodos. 

Lo azaroso de los tiempos y la general ignorancia 
eran también causas que obligaban a los cenobitas a de- 
dicarse muy especialmente al estudio de la escritura. 
Desconocida ésta casi completamente por los seglares, te- 
nían forzosamente que extender los documentos públicos 
y privados en que se consignaban los actos y contratos 
de los monarcas, magnates y vasallos, y que ejercer a la 
vez las atribuciones propias del amanuense y del no- 
tario. 

Uno y otro trabajo, la copia de códices y el otorga- 
miento de escrituras, ejercidos sin interrupción por los 
religiosos de nuestros monasterios, produjeron el que, 
siguiéndose la tradición caligráfica de la época visigoda, 
e introduciéndose en ella las modificaciones que la prác- 
tica acreditaba como necesarias, se llegase a producir 
en los siglos x y xi el hermoso carácter de letra a que 
algunos han dado el nombre de loledano, y la regular 
letra cursiva diplomática de los mismos siglos, tampoco 
exenta de belleza. 

No están conformes los autores de Paleografía al 
enumerar las clases de escritura usadas en los reinos de 
Asturias y León en este período, ni al determinar los 
caracteres que las distinguen, lo cual en gran parte de- 



21 

pende del distinto punto de vista bajo el que consideran 
los documentos para clasificar su letra, ya atendiendo 
solamente a los elementos puros de la escritura visigó- 
tica y estableciendo entre ellos diferencias por su traza- 
do y figura, ya considerando, como lo hace Ribeiro, la 
distinta procedencia de estos elementos como base de la 
clasificación. El Padre Burriel, en su Paleografía española, 
publicada por Terreros (1), reduce a tres especies las 
letras visigodas usadas en este período, a las cuales da 
las denominaciones de cursiva, cuadrada y redonda, esta- 
bleciendo para explicar sus caracteres generales parale- 
lo entre estos géneros de escritura y los usados en tiempo 
de los Reyes Católicos, Don Fernando V y Doña Isabel. 
«La cursiva gótica, dice el erudito paleógrafo, es como la 
procesada, encadenada, corriente y fácil en su formación, 
pero extremadamente dificultosa de leerse. La cuadrada 
es como la cortesana, apretada, estrecha y regular, pero 
no de muy fácil lectura. La redonda gótica es como la 
letra del mismo nombre del último tiempo, dividida en 
los caracteres, sujeta a pocas equivocaciones, clara y 
fácil de leerse, sabido el alfabeto, ligazones y cifras or- 
dinarias, añadida alguna práctica y supuesto el saber la 
lengua latina y tener conocimiento de la materia de que 
allí se trata, porque sin esto cometerá mil yerros cual- 
quier lector». 

Merino, en su Escuela de leer letras cursivas antiguas y 
modernas, combate la división de la visigótica que expone 
Burriel, negando que exista una letra cuadrada, y supo- 
niendo que la así calificada era una mezcla del cursivo 
gótico de España con la escritura francesa del siglo xi, 
«que ya por estos tiempos se empezaba a mezclar, ya 
fuese en fuerza de haberlo mandado el rey, o ya por- 
que, habiendo concurrido muchos franceses a la conquis- 
ta de Toledo, hubiesen introducido en algún modo su 



(t) Pág.109. 



22 

forma y gusto de escribir» (1). Combatida de modo tan 
superficial por Merino la existencia de la letra cuadrada 
visigoda, niega que se hiciese en España uso general de 
la escritura cursiva, diciendo «que se encuentra muy 
poco escrito en cursivo- gótico, que aun cree que se re- 
duce a lo que contiene el códice ovetense de El Escorial, 
y que, aunque en algunos códices se encuentren rastros 
de este carácter, sólo es en notas y adiciones», por lo 
que supone, «de acuerdo con la sospecha concebida y 
formulada por el arcediano Pérez Bayer, que esta letra 
no tuvo uso general en España, sino que de ella se valían 
en algunos casos particulares», con lo cual viene a re- 
ducir la escritura visigoda a una sola clase, la minúscula 
propiamente dicha, sentada o redonda. 

La división de Burriel es defectuosa, por cuanto no 
hay en la escritura que califica de cuadrada elementos 
que justifiquen la exactitud de esta denominación. Lejos 
de esto, las muestras que presenta tienen como princi- 
pal elemento generador la línea curva, como se observa 
en toda letra visigoda. Pero al combatir Merino esta 
denominación, incurrió también en un error digno de 
correctivo, porque supuso que la escritura calificada de 
cuadrada por Burriel, y de la cual consideraba éste como 
modelo el privilegio otorgado en 1088 por Alfonso VI al 
monasterio de San Servando, de Toledo, tenía mezcla- 
dos elementos de la escritura gótica y de la letra fran- 
cesa, «que ya por estos tiempos se había empezado a 
mezclar, ya fuese en fuerza de haberlo mandado el rey, 
o ya porque, habiendo concurrido muchos franceses a 
la conquista de Toledo, hubiesen introducido en algún 
modo su forma y gusto de escribir»; opinión equivocada, 
puesto que el privilegio de San Servando y los demás 
documentos cuya escritura fue calificada de cuadrada 
por Burriel, presentan los caracteres propios de la es- 



(1) Merino, pág. 40. 



23 

critura visigoda en forma análoga a los diplomas de los 
primeros tiempos de la Reconquista, en los que no sería 
juicioso ni aun verosímil, suponer la existencia de la in- 
fluencia francesa. 

Más lógica es la división que hace Ribeiro (1) de la 
escritura de este período en goda y semigótica^ compren- 
diendo bajo aquella denominación los escritos de los pri- 
meros siglos de la Reconquista, en que la letra se pre- 
senta con los caracteres de la época goda sin ingerencias 
o modificaciones extrañas, y dando el nombre de semi- 
gótica a la letra goda de época más próxima a Alfon- 
so VI, y en la cual se hallan elementos de la escritura 
francesa que comenzaba a usarse, mezclados con los 
peculiares de la antigua escritura visigoda. Pero si en 
teoría pudiera admitirse esta división, ofrece inconve- 
nientes al aplicarse a la práctica, por cuanto es difícil 
determinar la naturaleza, número y proporción de los 
caracteres que bastan para calificar una escritura de 
semigótica; dificultades con que tropezó el mismo Ri- 
beiro y que le hicieron calificar de letra mixta de gótica 
y francesa, la que aparece en todos los códices de los 
primeros tiempos de la Reconquista, puesto que él con- 
sideraba como semigótica la escritura minúscula no liga- 
da, y como goda la que abundaba en nexos y abreviatu- 
ras, presentando un trazado más imperfecto. 

Dejando a un lado estas distintas opiniones, de que 
nos alejan las razones que acabamos de exponer, e in- 
vestigando las modificaciones que en su uso experimen- 
tó el carácter general propio de la escritura de los si- 
glos vin al xii, podemos desde luego establecer respecto 
a ésta una división que es común a todos los tiempos, se- 
gún se produzcan las letras con detenimiento o se tra- 
cen ateniéndose más que a la belleza de la escritura a la 



(1) Dissertacoes chronologicas e criticas sobre a Historia e Juris- 
prudencia ecclesiastica e civil de Portugal, tomo IV, pág. 84. 



24 

rapidez con que se produzca. La división de la escritura 
en magistral, sentada o redonda, y en cursiva, tiene espe- 
cial aplicación a la de los primeros tiempos de la Recon- 
quista. La magistral o redonda, trazada con detenimiento 
y cuidado y con escasas ligaciones o nexos, se usa ge- 
neralmente en los códices. La cursiva, cuyas letras son 
de más fácil formación, pero de interpretación más difí- 
cil, ya por la abreviación de algunos de sus trazos, ya 
por los continuos enlaces con que se presenta la escritu- 
ra, aparece comúnmente en los documentos (1). 

De una y otra clase de escritura trataremos separa- 
damente con la extensión necesaria. 



(1) Decimos comúnmente para no excluir algunos, aunque ra- 
ros, códices de los primeros tiempos de la Reconquista escritos 
en cursiva, ni algunos documentos de los siglos x, xi y xii escri- 
to» en minúscula visigoda. 



CAPITULO IV 

LA ESCRITURA EN LOS REINOS DE ASTURIAS Y LEÓN 
DURANTE LOS CUATRO PRIMEROS SIGLOS DE LA RECONQUISTA 

(Continuación.) 



La escritura en los códices de este período. 

La ruina de la monarquía visigoda ocasionó perjui- 
cios irremediables a las iglesias en que se custodiaban 
los monumentos escritos de la época visigoda. Destrui- 
das en gran parte, se perdieron los tesoros literarios que 
contenían y que habían sido reunidos en virtud de ince- 
santes esfuerzos y de cuantiosos gastos. Los códices, ya 
litúrgicos, ya conciliares, ya de los clásicos latinos, sa- 
cados unos de antiguos originales españoles, traídos 
otros del Imperio de Oriente y de Italia, copiados en su 
mayor parte de los más antiguos y fehacientes de estas 
naciones, quedaron destruidos, abandonados o disper- 
sos, cayendo, no pocos, en poder de los árabes, quienes 
se aprovecharon más tarde de la ciencia en ellos conte- 
nida (1). 



(1) Así se concibe y explica el conocimiento que los árabes es- 
pañoles tenían en los siglos x y xc de las literaturas clásicas, gen- 
tílica y cristiana. El hecho de conservarse aún algunos códices de 
los más antiguos de letra visigótica con notas marginales en ára- 
be, también lo comprueba. 



26 

Los monjes, mediante un penoso trabajo no interrum- 
pido, procuraron remediar el daño que la invasión sa- 
rracena había producido. Obedeciendo ya en esta época 
la mayor parte de los monasterios españoles a la regla 
benedictina, y siendo una de las ocupaciones prescritas 
en esta sabia regla la lectura y transcripción de códices, 
dedicáronse los cenobitas españoles a reproducir los que 
se habían salvado de los estragos de la invasión maho- 
metana. Los códices que contenían las leyes del Fuero 
Juzgo, las crónicas de la época visigoda, las obras de los 
sabios escritores de la escuela literaria sevillana, las co- 
lecciones canónicas, los libros bíblicos, los litúrgicos y 
los de autores clásicos romanos, fueron los reproducidos 
con más especial cuidado en nuestros monasterios, du- 
rante los primeros siglos de la Reconquista. 

Favorecían este renacimiento literario los monarcas 
españoles, fundando en los territorios que iban conquis- 
tando a los agarenos monasterios e iglesias, a los cuales, 
tanto los mismos reyes como los particulares, donaban 
generosamente colecciones de libros, ya transcritos por 
su mandato, ya salvados de la rapacidad de los árabes (1 ). 



(i) De algunos de los innumerables documentos en que cons- 
tan donaciones de libros hechas a las iglesias y monasterios de 
Asturias y León en los siglos vm al xi hemos formado la si- 
guiente nota, teniendo para ello a la vista las riquísimas coleccio- 
nes diplomáticas del Archivo Histórico Nacional. 

En 17 de enero del año 780, Aldegastro, hijo del rey D. Silo, 
donó al monasterio de Santa María de Obona «unum misale.et lee- 
tionarium, et responsorium, et dúos psalterios, et uno dialogorum, et 
passionarium et una regula de ordine 8. Benedicli». 

En 12 de mayo de 910, Addalino, abad, donó a su sobrino Leo- 
vigildo dos iglesias fundadas por su padre Sesguto en territorio 
de Lugo, y entre los objetos que con ellas incluía en donación, 
enumera «libros dúos manuales, salterium, cantigorum et himnorum, 
orationum, sermonum et precum ordinum et líber spiritualium et an- 
tifonalium quoi ibidem testavit Boderico Gundesindis pro remedium 
animaz suce. 

En 13 de mayo de 922, Hermenegildo, Argemiro, Mahemato y 



27 

Figuraban en primer término en estas donaciones los 
libros de liturgia indispensables para la práctica de las 
ceremonias religiosas, pero no dejaban de aparecer en 
ellas códices bíblicos y canónicos y obras de ciencias y 
amena literatura, como lo prueba el índice de los ma- 
nuscritos existentes en la iglesia de Oviedo en el año 882 
que comprende cuarenta y cuatro libros, relativos unos 
a materias eclesiásticas, otros a ciencias naturales, y al- 
gunos, aunque en proporción exigua, de literatura clási- 
ca, especialmente de obras poéticas de Ovidio y de Vir- 
gilio. 

La letra generalmente usada en estos códices está 
trazada con regularidad, guardando sus elementos la se- 



otros donaron al monasterio de Sahagún antifonarium, comicum, 
manuale in duobus corporibus divisum, salterium cum canticis et him~ 
nis, ordinum, Ubellis áliis de cotidiano offício cum lectionibus vel 
missas^orarum, sententiarum, precum. 

En 8 de diciembre de 923, Félix dio a la iglesia y monasterio de 
Sanctas Massas los siguientes libros: Psalterium, Comicum, Oratio- 
num, Manualium et Prcecum. 

En 25 de julio de 930, Toda y Argonti dieron al monasterio de 
San Julián de Piasca «libros ecclesiasticos pasionum unum,antifona~ 
rios dúos orationum unum, ordinum unum., commicwm unum, ra- 
tionole unum, precum unum. Ubellum de virginitate sánete Marie 
unum». Y añaden: * Bibliotecam ibidem pater meits domnus aldroitus 
dedit ego tamen confirmo*. La palabra Bibliotecam debe entenderse 
en el sentido de Biblia. 

En 952, Hermenegildo y su mujer Paterna, donaron al monas- 
terio de Sobrado un considerable número de libros y entre ellos 
el tratado de virginitate Sáncta? Mariae Virginis. 

En 956, Sisnando, obispo de Compostela, dio al mismo monas- 
terio de Sobrado los libros siguientes: Antifonarios dúos, Íntegros 
álque perfectos, Orationes dúos Íntegros, Manualium integrum, Comi- 
cum integrum, pasionum, psalterium cum psalmis, canticis et hymnis 
hordinos dúos, unum episcopalem et alterum minorem, precum ora- 
rium in uno corpore, vitas patrum sinonimarum, regularum, insti- 
tutionum et ocio vitia in unum. 

En 1.° de diciembre de 959, Salud, presbítero, cognomento Melí- 
fei, dio al monasterio de Sahagún «misteria ecclesiastica libros coma- 



28 

paración debida, existiendo perfecta distinción entre 
sus gruesos y perfiles y conservando constantemente la 
misma inclinación, que suele coincidir con la línea verti- 
cal. Abunda en abreviaturas más que la escritura cursi- 
va, acaso porque los amanuenses trataran de compensar 
el mayor detenimiento a que obligaba su trazado con la 
economía de tiempo que resulta del uso de las abrevia- 
turas. La figura de las aa, es una de las circunstancias 
que a primera vista caracterizan este género de escritu- 
ra. Aseméjanse a nuestra a cursiva, si bien se hallan 
siempre abiertas por su parte superior. Sus nexos es- 



tíos dúos, dúos manuales, antiphonales tres, orationum dúos et tres 
psálmorum, ordinum, precum passionum>. 

En 26 de junio de 973, Ansur y su mujer Elduara, dieron al 
mismo monasterio de Sahagún antifonario, comnigo et regida et 
manual Comnigo está usado por comicum. 

En 18 de noviembre de 976, Sénior quasi conffesa, dio al monas- 
terio de San Miguel de la villa de Gallegos «libros ecclesiasticos: Ma- 
nuale, comicum, antiphonarium, orationum, sermonum, precum, 
psalterium, ordinum)). 

En 29 de junio de 996, Velasco Muñoz y su mujer Natalia Godo, 
dieron al monasterio de San Salvador, «antifonario I, psalte- 
rios II, mistigo I, ordino I, prego I, cómico I». 

En 1019, Adosinda dio al monasterio de San Martín de la Villa 
de Lalín quince códices, la mayor parte litúrgicos. Entre los que 
no pertenecen a esta clase figura un ejemplar del Fuero Juzgo. 

Doña Urraca, hermana de Alfonso VI, donó en 1099 al monas- 
terio de San Pedro de Exlonza, sito en la villa de Val de Araduey, 
bibliothecam, moralia Job, vitas patrum, pasionum, dialogorum, sen- 
tentiarum, genera officiorum, librum etymologiarum, libellum de virgi- 
nitate beatos Mario?, apochalipsim, librum Jeremie. 

Muchos más documentos podíamos citar en que se hacen do- 
naciones de labros a las iglesias del antiguo reino de León, pero 
j uzgamos suficiente la nota que antecede para que pueda for- 
marse idea de Ja abundancia de códices, especialmente de los li- 
túrgicos, que debió haber en nuestros monasterios durante los 
siglos vin al xi, y de los incesantes trabajos que debieron em- 
plear los cenobitas para multiplicar tan considerablemente el 
número de ejemplares. 



29 

tan reducidos casi exclusivamente a los que enlazan la 
e de figura parecida a la nuestra manuscrita mayúscula 
con las consonantes que no traspasan la caja del ren- 
glón, verificándose estos enlaces por medio de la prolon- 
gación de la inflexión central, y a los de la t con las vo- 
cales y con la r. 

La escritura visigoda de los códices, sin dejar de 
presentar estos caracteres generales que la distinguen 
en los siglos vm al xn, experimentó en ellos transforma- 
ciones que permiten fijar aproximadamente su fecha. La 
de los siglos vm y ix es irregular, desigual, tosca, tiene 
menos abreviaturas y no establece perfecta distinción 
entre gruesos y perfiles. Desde los primeros años del si- 
glo x se observa en la escritura visigoda un mejora- 
miento extraordinario en cuanto a la igualdad de su tra- 
zado y a la pureza de sus rasgos, aumentando el número 
de sus abreviaturas, pero no el de sistemas de abreviar. 
Este apogeo de la escritura visigoda llegó .hasta fines 
del siglo xi, en que la influencia francesa introdujo ele- 
mentos exóticos en la escritura visigoda. Los trazos de 
las letras se hicieron más rectos, perdiendo en belleza lo 
que ganaban en proporciones geométricas. La forma vi- 
sigoda de algunas letras fue desapareciendo hasta que 
sólo quedaron la a y la t, que más tarde desaparecieron 
también, ya muy generalizado el uso de la escritura fran- 
cesa. Los sistemas de abreviar propios de ésta, se intro- 
dujeron también en la letra de transición: usáronse en 
ella las vocales sobrepuestas para designar su valor y 
el de r, y el signo de us, y se generalizó la costumbre de 
escribir en siglas las partículas de uso frecuente. 



CAPITULO V 

LA ESCRITURA EN LOS REINOS DE ASTURIAS Y LEÓN 
DURANTE LOS CUATRO PRIMEROS SIGLOS DE LA RECONQUISTA 

(Continuación.) 



Caracteres distintivos de la escritura que aparece en los 
documentos de estos reinos. 



El documento original más antiguo que se conserva 
en España es una carta de venta de una viña en Piasca, 
otorgada por Nunila, hijo de Ariulfo, a Arcemundo y su 
mujer Recoire, en 9 de septiembre de 857. Su escritura 
es cursiva visigoda, de no difícil lectura. La figura de 
las letras está hecha con regularidad. Las aa son de dos 
formas: una parecida a la de una u cuyos trazos se en- 
corvasen estrechándose por la parte superior, y la otra 
parecida a nuestra e mayúscula manuscrita, aunque con 
inclinación hacia la izquierda; la e tiene a veces esta mis- 
ma forma, y se distingue de la a en estar inclinada a la 
derecha, sirviendo su trazo central de arranque a la le- 
tra siguiente. Las rr y las ss tienen análogo trazado, sin 
que exista más diferencia que las distinga que la mayor 
angulosidad de aquéllas. La t tiene forma de una a cuya 
curva se prolongara por la parte superior en sentido ho- 
rizontal. La g tiene figura semejante a la uncial del an- 
terior período. La x } con un trazo recto que se prolonga 



32 

desde su extremo superior derecho, designa el nume- 
ral xl. Las abreviaturas no son muy abundantes. Limí- 
tanse a algunas por síncopa, a menor número por apó- 
cope, a la terminación um ya descrita, a un rasgo en el 
caído de la p para indicar per, y a la «y sobrepuesta para 
designar las terminaciones en us, y con la q, de ue. Los 
enlaces de letras son más frecuentes: la e, a, t, f, r, s, son 
las letras que con más frecuencia se enlazan. Tales son 
los caracteres del documento más antiguo de España 
y los que en general presenta la escritura diplomática 
del siglo ix. 

La variedad de clases de letras para los documentos 
surgió en el x y continuó en los dos siguientes. Usá- 
ronse la cursiva, más ligada y complicada que en el si- 
glo anterior; la redonda, idéntica a la descrita al tratar 
de los códices de este período, y la cursiva prolongada. 
La cursiva fue la escritura más usual en los documentos 
de los siglos x y xi, en los cuales se regularizó, presen- 
tando más igualdad sus letras que en los siglos anterio- 
res. En cambio el sistema de enlaces se complica, aumen- 
tando considerablemente el número de nexos. Los sig- 
nos de abreviación se multiplicaron, agregándose a los 
que designan us y per la cedilla para las terminaciones 
en is, la ce vuelta para indicar la sílaba con, y otros sig- 
nos antes no generalizados y que detallaremos en la se- 
gunda parte de este trabajo. 

La escritura visigótica redonda tuvo mucho más li- 
mitado su uso en los documentos, pero desde el siglo x 
comenzó a alternar, aunque en proporción exigua, con 
la cursiva. A fines del siglo xi se generalizó más su em- 
pleo, pero nunca alcanzó la aceptación que esta letra. 
Respecto a los caracteres propios de la letra visigótica 
redonda usada en los diplomas, nada tenemos que aña- 
dir a lo que de ella hemos dicho al considerarla en los 
códices. 

La escritura prolongada se ha usado para el texto 



33 

íntegro de los documentos, algunas, aunque raras ve- 
ces (1), pero ha tenido frecuente empleo para la primera 
línea de los documentos y para las suscripciones, espe- 
cialmente en los documentos reales. La forma de sus le- 
tras era la propia de la escritura cursiva, sin más dife- 
rencia que la originada por la desproporción entre su 
desmesurada altura y su exagerada estrechez. Los 
trazos de estas letras solían a veces estar formados por 
arcos de círculo o por inflexiones, y a veces llevaban ras- 
gos puramente de adorno. El uso de la escritura prolon- 
gada para la invocación y suscripciones del documento 
duró en la escritura visigoda desde el siglo x hasta fines 
del xi, período durante el cual también fue muy general 
en Francia. 



(1) El documento cuyo facsímil publicamos con el núme- 
ro XX, esiá totalmente escrito en caracteres cursivos prolon- 
gados. 



CAPITULO VI 

DESAPARICIÓN DE LA ESCRITURA VISIGODA 

EN LOS DOCUMENTOS Y CÓDICES DE GALICIA, ASTURIAS, 

LEÓN Y CASTILLA 



Errores acerca de la desaparición de la escritura visigoda.— 
Pruebas de que no cesó por completo de usarse en los docu- 
mentos hasta fines del siglo xn. 

Ha sido opinión aceptada generalmente la creencia 
de que la escritura visigoda había desaparecido de nues- 
tros diplomas y códices para ser sustituida por la fran- 
cesa, en virtud de un concilio que se supone celebrado 
en León a fines del siglo xi, y respecto de cuya techa no 
están conformes los historiadores, si bien el mayor nú- 
mero lo atribuye al año 1091 de nuestra era. 

Han dado origen a esta creencia las palabras que a 
dicho concilio consagra el arzobispo D. Rodrigo, afir- 
mando que los prelados en él congregados «statuerunt ut 
jam de cetero omnes scriptores, omissa littera toletana quam 
Gul filas episcopus adinveuit gallicis liiteris uterentur», y las 
de D. Alfonso X en su Crónica general de España, consig- 
nando que «establecieron lo que tanto pracie al rey D. Alonso 
e tan a corazón lo habie que mandaron que de allí adelante to- 
dos los escribanos desfacer la letra toledana la que Don Gol- 
fidas obispo de los Godos falló primeramente efizo las figuras 
de las letras del su A B C, que dejasen estas e usasen de las 
letras su A B C en las escrituras del oficio de Francia». 



36 

Fundándose en estos textos, ha supuesto la mayor 
parte de los autores de Paleografía que hubo una dis- 
posición de un concilio celebrado en León en 1090, 1091 
ó 1096, en el cual, al mismo tiempo que se abolió la li- 
turgia goda, se prohibió el uso de la escritura visigoda, 
prescribiendo el empleo de la francesa, con tanto con- 
tento de Alfonso VI, dominado completamente por la 
influencia francesa, como disgusto para los reinos de 
León y Castilla, encariñados a las instituciones litúrgi- 
cas y a la escritura usada en la época visigoda, que des- 
pertaban los gloriosos recuerdos del sabio prelado de 
Sevilla. 

Pero, si bien es verdad que a fines del siglo xi se en- 
cuentran algunos documentos y algunos códices, muy 
raros por cierto, en escritura francesa, o en visigótica 
con modificaciones propias de aquella escritura, débense 
atribuir únicamente a los muchos franceses que vinieron 
a España en tiempo del conquistador de Toledo, y con- 
siderarse aquellos monumentos como verdaderae excep- 
ciones que se separaban del uso común, regular y usual 
de escribir en los últimos años del siglo xi y en los pri- 
meros del siguiente. 

La escritura visigoda no desapareció, como se ha 
supuesto, en tiempo de Alfonso VI, ni éste dictó disposi- 
ciones respecto a su abolición, y si las dictó, ni su texto 
ha llegado hasta nosotros, ni los documentos comprue- 
ban su observancia. 

Los otorgados por Alfonso VI con posterioridad al 
año 1090, lo mismo que los anteriores a esta fecha, se 
encuentran escritos en su mayor parte con los caracte- 
res llamados visigodos, apareciendo en número exiguo 
los de letra francesa. La cancillería misma del monarca, 
pues, al hacer uso casi exclusivo de la escritura visigo- 
da, nos legó incontrastable testimonio de la no existen- 
cia de la prohibición atribuida al concilio leonés, porque 
no se concibe que el monarca que la establecía fuese el 



37 

primero en manifestar públicamente, por medio de los 
documentos que otorgaba, el poco aprecio que de sus 
prescripciones hacía. 

Los documentos emanados de Doña Urraca ofrecen 
extraordinaria variedad respecto al uso de la letra, hasta 
tal punto, que no puede establecerse regla que señale 
cuándo usaba su cancillería una y otra escritura. Sí 
puede decirse, en medio de esta variedad, que durante su 
estancia en Castilla predominó en sus documentos el uso 
de la letra francesa, y que en los que otorgó durante su 
larga permanencia en Galicia fue más general el uso de 
la letra visigoda. En tiempo de Alfonso VII se observó 
ya en los documentos reales el predominio de la escritu- 
ra francesa. En esta letra se halla la mayor parte de sus 
documentos. Pero no es raro encontrar aún documentos 
de este monarca escritos en letra visigótica cursiva, nada 
diferente de la usada en los siglos ix, x y xi. Un ejemplo 
de entre los varios que podríamos citar, presentamos en 
nuestra lámina XXXIX, que contiene facsímil de la letra 
con que se escribió la donación de la iglesia, coto y feli- 
gresía de Santiago de Castro, que D. Alfonso VII y su 
mujer Berenguela otorgaron al monasterio de San Mar- 
tín del Pino, en 13 de las kalendas de mayo de la era 1 172 
(año 1134). 

Los documentos portugueses comprueban la misma 
opinión. El erudito profesor del Aula Diplomática de 
Lisboa, Juan Pedro Ribeiro (1), haciendo un detenido 
estudio de la escritura que aparece en los documentos 
de los monasterios de Pedroso, Pendorada y San Bento 
de Ave María do Porto, ha observado que los documen- 
tos de los años 897 a 1107 están todos escritos con ca- 
racteres visigóticos y que en este año aparece el primer 
documento en escritura francesa, la cual alterna con la 



(1) Dissertagoes chronologicas e criticas sobre a historia e jurispru- 
dencia de Portugal, tomo IV, pág. 114. 



38 

visigoda hasta el año 1152, desde el que se usa ya ex- 
clusivamente la letra galicana. 

De este estudio deduce el referido autor que durante 
el gobierno del conde D. Enrique dominó el uso de la 
letra visigoda, y que en el de la reina Doña Teresa al- 
ternó ésta con la francesa, la cual se usó casi exclusiva- 
mente en los documentos reales desde tiempo de Alfon- 
so Enriquez. 

En los documentos particulares se observa aún ma- 
yor resistencia que en los reales a la desaparición de la 
escritura visigoda. La letra francesa no pudo implan- 
tarse de pronto. Se generalizó luchando con la tradición, 
con la costumbre y hasta con las excelentes condiciones 
caligráficas de la escritura visigoda, y solamente después 
de largo tiempo de propaganda y de enseñanza pudieron 
conseguir los cluniacenses poner en uso su nueva escri- 
tura. Los documentos del mismo monasterio de Saha- 
gún, foco de la reforma cluniacense, y en el cual se ha 
creído que debió adoptarse desde luego la letra france- 
sa, facilitan pruebas en contra de esta creencia. 

Ciento treinta y tres documentos posee la rica colec- 
ción diplomática de Sahagún otorgados desde el año 1091 , 
en que se supone celebrado el concilio de León, hasta 
1110, ya excepción de siete (1), todos están en caracte- 
res visigodos; y aun de los siete en letra francesa, algu- 
nos presentan reminiscencias góticas, y se podría du- 
dar de si los otros eran originales o copias algo poste- 
riores. 

El célebre becerro o registro de privilegios titulado 
Liber testamentorum Sancti Facundi, está escrito en letra 
minúscula visigoda en el año 1110. 

En los diez años siguientes a esta fecha, todavía se 



(1) Son estos documentos de los años 1102, 1103, 2 de abril 
de 1104, 17 de diciembre de 1104, 13 de junio de 1105, 5 de septiem- 
bre de 1108 y 6 de junio de 1110. 



39 

observa en los mismos documentos de Sahagún que te- 
nía arraigo la escritura española, puesto que casi apa- 
rece igual el número de los de esta letra al de los de le- 
tra francesa. 

Transcurrido el año 1120 dominó ya esta escritura 
casi por completo en los documentos del monasterio ci- 
tado, existiendo algunos, aun hasta pasado el año 1130, 
escritos de letra visigoda. 

Es de advertir que hemos hecho este análisis en do- 
cumentos de Sahagún, donde debió generalizarse antes, 
por sus especiales condiciones, la escritura francesa, y 
así no habrá de causar extrañeza que la desaparición 
por completo de la escritura visigoda no se llevara a 
cabo hasta fines del siglo xn. Algunas comarcas, las más 
apartadas de la monarquía, Asturias y Galicia, la con- 
servaron hasta los últimos años del referido siglo. De 
una donación otorgada por el monasterio de Sobrado en 
la era 1210 (1 172 de J. C.), está sacado el facsímil XLIV, 
escrito en letra visigoda redonda. 

Resumiendo estas observaciones, resulta: 

i.° Que si bien la letra francesa apareció en tiempo 
de Alfonso VI, este monarca usó generalmente para los 
documentos que de él emanaban la letra visigoda, y son 
verdaderas excepciones sus documentos en escritura 
francesa. 

2.° Que en el reinado de Doña Urraca alternó el 
uso de ambas letras en los documentos reales, pero do- 
minando el de la letra francesa en los documentos cas- 
tellanos y leoneses y el de la visigoda en los que otorgó 
esta reina durante su permanencia en Galicia. 

3.° Que en tiempo de Alfonso VII dominó ya la le- 
tra francesa para los documentos reales, si bien todavía 
se hallan documentos de este monarca escritos en letra 
visigoda . 

4.° Que en los documentos particulares no se hizo 



40 

frecuente la escritura francesa hasta transcurridos los 
tres primer os lustros del siglo xn. 

5.° Que después de esta fecha fue disminuyendo el 
uso de la visigoda y generalizándose el de la francesa, 
si bien no es raro, especialmente en Galicia, hallar do- 
cumentos hasta de los últimos años del siglo xn escritos 
en caracteres visigodos (1 ). 

Bastan las consideraciones que hemos expuesto para 
que pueda formarse idea exacta del origen, progresos y 
decadencia de la escritura usada en los documentos y 
códices de los reinos de Asturias y León durante los 
cuatro primeros siglos de la Reconquista, y de los carac- 
teres que presentan en cada uno de éstos, sin que haya 
necesidad de consignar en este capítulo pormenores y 
detalles que habrán de ocupar nuestra atención en la 
segunda parte de este libro, al hacer el estudio analítico 
de la escritura visigoda. 

Si, continuando la tradición seguida por cuantos au- 
tores han publicado tratados de Paleografía, considerá- 
semos limitado el uso de este género de letra a los rei- 
nos de Asturias, León y Castilla, podríamos dar por 
terminada esta reseña histórica y pasar desde luego a la 
segunda parte de este trabajo. Pero no desconocemos 



(1; Nuestra opinión coincide casi completamente con la del 
docto catedrático de Salamanca Fray José Pérez, quien, contra 
la general creencia, sostuvo que la escritura visigoda terminó 
con el siglo xn. 

Los autores del Nouveau traite de DipJomatique (tomo III, pági- 
na 324), citan esta opinión para combatirla con la ligereza que 
les es habitual al tratar de diplomática española, y sin más fun- 
damento que los caracteres que presumen encontrar en los mo- 
delos de documentos españoles publicados por Nasarre, sin exa- 
minar ni citar un solo documento original, sientan como princi- 
pio axiomático que la abolición de esta escritura es más tardía y 
que estaba en uso después del siglo XIII y acaso en el XV. 

Lo infundado y hasta absurdo de esta aserción nos exime de 
refutarla. 



41 

que la escritura romana, con trazado y condiciones aná- 
logos a los que presenta en la monarquía visigoda, con- 
tinuó usándose en los códices y diplomas de Navarra y 
Aragón anteriores al siglo xn y en los monumentos es- 
critos durante el mismo período, en lengua latina, en el 
territorio ocupado por los árabes; y nos es forzoso, para 
completar nuestro estudio, exponer los caracteres dis- 
tintivos de la escritura visigoda en los pueblos de la Re- 
conquista pirenaica y entre los mozárabes, a cuyo obje- 
to consagraremos los dos capítulos siguientes. 



CAPITULO Vil 



LA ESCRITURA VISIGODA EN LOS PUEBLOS DE LA RECONQUISTA 

PIRENAICA 



Escasa duración de la escritura visigoda en Cataluña.— Uso de 
esta escritura en Aragón y Navarra.— Caracteres distintivos 
que presenta en los documentos y códices de estos Estados.— 
Desaparición de la escritura visigoda en Aragón. 



La escritura visigoda, en forma análoga a la que pre- 
sentaba en los códices y documentos de los siglos v, vi 
y vn, siguió usándose en las naciones cristianas de la 
Reconquista pirenaica. 

En la parte de Cataluña fue, sin embargo, muy cor- 
ta la duración de dicha escritura, siendo sustituida des- 
de el siglo ix por la francesa . Las especiales condiciones 
de la reconquista en aquel territorio, arrancado al poder 
de los árabes por el esfuerzo de Carlomagno y por la te- 
nacidad de sus sucesores; la dependencia política en que 
respecto a Francia estuvieron los condados de Ausona, 
Gerona y Ampurias, y más tarde el de Barcelona; la de- 
pendencia religiosa en que se hallaron respecto a la sede 
de Narbona las iglesias de Cataluña, y el origen fran- 
cés de muchos de los que se establecían en los territorios 
recién conquistados a los árabes, fueron causas que de- 
terminaron en aquel territorio la influencia francesa en 
las instituciones y en las costumbres. Los usos diploma- 



44 

ticos eran allí franceses; contábase el tiempo por los rei- 
nados de los monarcas de Francia; adoptáronse los for- 
mularios notariales de esta nación, y en cuanto a la letra, 
generalizóse en Cataluña la restaurada bajo el imperio 
de Cario magno. Hechos son éstos que explican la caren- 
cia casi absoluta en Cataluña de documentos y códices 
escritos de letra visigoda, y que justifican la sospecha 
expuesta por el P. Villanueva en su Viaje literario a las 
iglesias de España, de que los pocos monumentos de letra 
visigoda existentes en Cataluña, o son de época anterior 
al siglo ix, o escritos en alguno de los demás Estados de 
la Península y trasladados a aquella región. 

No sucedió lo mismo en Aragón y Navarra, donde, 
aunque influida algo por la escritura francesa, se con- 
servó el uso de la visigoda para los documentos y los có- 
dices. Los monasterios fundados en ambas regiones, 
eran, como los del reino de León, al mismo tiempo que 
asilos de recogimiento y devoción, centros de cultura y 
verdaderas escuelas donde recibían instrucción, no so- 
lamente los que deseaban consagrarse al retiro del claus- 
tro, sino hijos de magnates y hasta de reyes, que ha- 
bían de educarse para el siglo (1). El número de monas- 
terios llegó a ser considerable, y los de San Pedro de Si- 
resa, de Alaon, de Leire, de San Juan de la Peña, de 
Ovarra, de San Victorian, de Cillas, de Urdax, de San 
Zacarías, y otros muchos que podríamos citar, conte- 
nían abundante copia de códices de literatura sagrada y 
profana, ya anteriores a la invasión árabe, ya transcri- 
tos por los monjes (2). / 



(1) Sancho el Mayor fue educado en el monasterio de San Sal- 
vador de Leire. 

(2) San Eulogio en su viaje a Navarra, recorriendo algunos de 
los monasterios citados, halló, no sólo obras eclesiásticas en sus 
bibliotecas, sino también producciones literarias de los clásicos 
paganos, y especialmente de Virgilio, Horacio, Juvenal y Avieno. 



45 

El carácter distintivo de la escritura visigótico -ara- 
gonesa es su tendencia a adoptar la forma minúscula o 
sentada, excluyendo los enlaces propios de la cursiva y 
adoptando formas rectas, acaso por la influencia que la 
escritura cario vingia ejerció en las comarcas españolas 
próximas al Pirineo. Apenas se encuentran documentos 
de estos países en letra cursiva y escritos con posterio- 
ridad al primer tercio del siglo x, y los pocos que exis- 
ten no contienen la diversidad de nexos que aparecen en 
los de los reinos de Asturias y León. En los de escritura 
minúscula sentada se advierte que, alternando con algu- 
nas letras que, como la a, e, g, s y ú, suelen presentar la 
forma visigoda pura, aparecen otras cuya figura es se- 
mejante a la que tienen en el alfabeto galicano, ofrecien- 
do testimonio del influjo que en la escritura de Aragón 
y Navarra ejerció siempre la francesa (1). 

Reseñados sucintamente la historia y los caracteres 
distintivos de la escritura visigoda de Aragón y Nava- 
rra, conviene puntualizar, antes de terminar este capítu- 
lo, la época en que cesó su empleo en los documentos y 
códices. 

La proximidad a Francia; la pronta venida a los mo- 
nasterios aragoneses y navarros de religiosos de esta 
nación a propagar la reforma cluniacense, y la índole 
misma de la escritura gótico-aragonesa, que venía a ser 
una letra de transición entre la visigoda y la francesa, 
fueron causas de que en los países cristianos de la Recon- 
quista pirenaica se introdujese y generalizase antes que 
en Castilla la escritura galicana, decayendo más rápida- 
mente el de la visigoda. 

En el siglo xi, ya en Aragón y Navarra ambos géne- 



(1) Pueden dar idea de la escritura visigoda usada en los Es- 
tados de la Reconquista pirenaica los facsímiles XVII, XXVIII, 
XXXII, XXXIV, XXXVI, XL y XLI1I. 



46 

ros de letra se usaban con igual frecuencia, y en el si- 
guiente se hizo raro el gótico. Mas no por eso desapare- 
ció por completo hasta los últimos años del siglo xii, 
ad virtiéndose que en los documentos de D. Alfonso I, Ra- 
miro II y doña Petronila y Ramón Berenguer IV, no es 
raro advertir los caracteres distintivos de la letra góti- 
co-aragonesa, y que en los documentos otorgados por 
personas particulares duró aún más largo tiempo el em- 
pleo de esta escritura. 



CAPITULO VIII 

LA ESCRITURA VISIGODA USADA POR LOS MOZÁRABES 



Uso de la escritura visigoda en el territorio dominado por los 
árabes.— La escritura gótico-mozárabe en los documentos. — 
Caracteres distintivos que presenta en los códices. 



Los cristianos que permanecieron en el territorio 
ocupado por los árabes, conservaron en un principio el 
idioma y escritura latinos. Atentos los conquistadores 
a asegurar su dominación en la Península, compren- 
dieron que ésta no sería duradera si no toleraban a los 
vencidos el uso de su religión, de sus costumbres y de 
su idioma, y así fue que se mostraron tan tolerantes 
primeramente, como crueles después, cuando, juzgando 
fuerte su poderío, se dejaron arrastrar por los naturales 
impulsos del fanatismo propio de su raza y de su fe. 

«Veíanse los mozárabes, dice un insigne escritor (1), 
dominados por la fuerza y no abrigando esperanza de 
labrar con sus propias manos la libertad que ambiciona- 



(1) D. José Amador de los Ríos en su Historia crítica de la lite- 
ratura española. 



48 

ban; cerrado ante sus ojos todo porvenir de bienandan- 
za o engrandecimiento, volvíanlos a lo pasado para tem- 
plar con los recuerdos de sus mayores la ansiedad 
presente». 

Y si en el uso común de la vida el árabe fue el idio- 
ma generalmente usado por los mozárabes, conservóse 
el latín por la iglesia con tanta pureza como en las co- 
marcas libres de la dominación sarracena. Los nombres 
de los escritores Cixila, prelado de Toledo; Isidoro Pa- 
cense, el abad Speraindeo, Alvaro y Eulogio de Córdo- 
ba, Samson, Leovigildo, Cipriano y tantos otros, dan 
testimonio de que no descuidaban los pastores de la grey 
mozárabe el estudio de la lengua latina, y sus obras son 
pruebas elocuentes de que no se había perdido por com- 
pleto la tradición de las culturas romana y visigoda. Así 
se explica el número considerable de códices latino-mo- 
zárabes que aun se conservan. 

Por procedimientos semejantes a los usados en los 
reinos cristianos de la Reconquista, se conservaban y re- 
producían en los monasterios e iglesias mozárabes los 
códices que contenían obras, ya de la antigüedad clásica, 
ya de los Santos Padres y de los esclarecidos varones de 
la escuela sevillana, ya textos bíblicos, ya libros litúrgi- 
cos, ya, por último, las obras de escritores cristianos del 
Califato, multiplicándose así los ejemplares de los libros 
para propagarse entre el clero y mantener viva la fe 
cristiana, combatida, ora con halagos, ora con persecu- 
ciones por los mahometanos . 

Raros son los documentos que existen en nuestros 
archivos escritos por los mozárabes en letra visigoda, 
y no debe extrañarnos esta circunstancia, porque las le- 
yes que prescribían a los de esta raza el uso oral y escri- 
to del idioma árabe, les obligaban a extender sus docu- 
mentos en este idioma si querían darles validez legal. 
Por otra parte, la protección que en un principio reci- 



49 

bieron los mozárabes de Abd-er-Rahman y de su sucesor 
Hixem; las facultades que aquél estableció para la fusión 
de las razas cristiana y árabe; el desarrollo de la cultu- 
ra literaria promovido por el segundo; el establecimien- 
to de escuelas públicas en su tiempo, a las cuales habían 
de concurrir obligatoriamente los hijos de los cristianos, 
y el continuo trato de éstos con los sarracenos, fueron 
causas de que decayera el uso de la lengua latina, hasta 
el punto de que, según el Indiculo luminoso escrito por 
Alvaro Cordobés a mediados del siglo ix, apenas se ha- 
llaría en este tiempo uno entre mil de los cristianos que 
pudiese escribir medianamente una carta en latín, y son 
hechos que justifican la carencia casi absoluta de docu- 
mentos mozárabes en este idioma. 

Los pocos que se conservan y de que ha dado noticia 
y publicado facsímiles el P. Andrés Merino, son proce- 
dentes del archivo del convento de Santa Fe de Toledo 
y corresponden a los siglos x y xi, época en la cual las 
relaciones que los mozárabes toledanos tenían con los 
cristianos de Castilla pueden explicar la semejanza de 
su letra con la minúscula sentada que aparece en los có- 
dices de los reinos cristianos de la Península, de cuya 
manera de escribir apenas se diferencian. 

Causa es ésta de que no sirvan tales documentos para 
formar exacta idea de la escritura diplomática usada por 
los mozárabes, puesto que los documentos que hasta nos- 
otros han llegado, son, en cuanto a su letra, solamente 
un reflejo de la escritura minúscula usada en León y 
Castilla durante los siglos x y xi. 

No dejan de presentarse en los códices los caracteres 
generales que distinguen la escritura de la época visigo- 
da y los que hemos observado en la de los Estados cris- 
tianos de la Reconquista, pero al mismo tiempo suelen 
revestir cierto aspecto que permite reconocer su época y 
procedencia. 



50 

Respecto a esta cuestión, y señalando la diferencia 
que existe entre la escritura visigótico -mozárabe y la de 
los reinos cristianos de la Península, dice el P. Merino 
que «si se tirase una línea desde Cartagena que pasase 
por Toledo y terminase en Santiago de Galicia, sería una 
división que casi sin error sensible daría la parte en que 
se escribió cualquier manuscrito gótico...» que «el gó- 
tico de Castilla la Vieja es mucho más regular, más cla- 
ro y escrito casi siempre con pluma delgada, aunque al- 
gunos doctos son de parecer que en lo más antiguo 
todos escribieron según la letra que conservaron los 
mozárabes» . 

Así es en verdad. La escritura mozárabe tiene pro- 
porciones distintas de la usada en los reinos cristianos 
de la Reconquista. Su altura es menor, su anchura más 
pronunciada. Sus trazos son más gruesos, acaso porque 
tomasen los mozárabes de los mahometanos el uso de la 
caña para la escritura. La letra toda presenta además 
cierto aspecto arcaico en cuanto a su trazado, que la hace 
más imperfecta, pero casi totalmente análoga a la usada 
en la monarquía visigoda. Esta circunstancia se observa 
especialmente en los manuscritos latino-mozárabes de 
Andalucía, cuya región, más apartada de los Estados 
cristianos, no estaba en fáciles relaciones con ellos ni po- 
día, por tanto, ver influida su escritura por la de León, 
Asturias, Aragón y Navarra. Servían de modelo cons- 
tante a los pocos cristianos que conservaban la tradición 
del idioma y de la escritura, los códices que habían po- 
dido recoger de la época visigoda, y así se explica el as- 
pecto arcaico de la letra que conservaban. 

A medida que la reconquista iba avanzando, y en las 
comarcas fronterizas a los cristianos, la escritura de és- 
tos influía en la gótico- mozárabe y la modificaba, intro- 
duciendo en su trazado las innovaciones que desde la in- 
vasión sarracena se habían introducido en la escritura 
de los Estados cristianos independientes. Explícase de 



51 

esta manera el aspecto gallardo de la escritura toledana 
del siglo xi, en la cual ni se observa la falta de propor- 
ciones que caracteriza la escritura mozárabe del interior 
del territorio hispano-árabe, ni el excesivo grueso de 
sus trazos, sino las condiciones propias de la escritura 
gótico minúscula de León y Castilla, airosa, con trazado 
curvo, admitiendo, como ésta, pocas abreviaturas, aun- 
que mayor número que en los siglos anteriores. 



PARTE SEGUNDA 

ESTUDIO ANALÍTICO DE LA ESCRITURA VISIGODA 



INTRODUCCIÓN 



PLAN DE ESTA SEGUNDA PARTE 



Reseñada en los capítulos anteriores la historia de la 
escritura visigoda desde su origen hasta su desapari- 
ción, corresponde tratar en la segunda parte de este li- 
bro de su estudio analítico, haciendo examen detenido 
de los elementos que componen la referida escritura, con 
el fin de deducir de dicho estudio reglas que faciliten la 
interpretación de los manuscritos visigodos, y que al 
mismo tiempo permitan juzgar acertadamente de su au- 
tenticidad o falsedad. 

El análisis paleográfico de los códices y documentos 
escritos de letra visigoda, ya desde el punto de vista ele- 
mental, ya desde el punto de vista crítico, debe abarcar 
tres extremos esencialísimos, que respectivamente com- 
prenden el estudio de los alfabetos, de las abreviaturas 
y de la ortografía y puntuación. 

Primeramente estableceremos la distinción debida 
entre las diferentes clases de letra, capital, uncial, mi- 
núscula, cursiva, prolongada y cancilleresca, usadas en 



54 

los siglos v al xn y detallaremos cuantas particularida- 
des deban consignarse respecto al origen y sucesivas 
transformaciones de sus elementos alfabéticos. 

Trataremos después de la braquigrafía visigoda (1), 
describiendo las distintas maneras de abreviar usadas 
en los códices y documentos de época visigoda y de los 
cuatro primeros siglos de la Reconquista, dando reglas 
que permitan descifrar toda clase de abreviaturas. 

Finalmente, en los últimos capítulos de este estudio 
analítico nos ocuparemos en el examen de la ortografía 
visigoda, haciendo mención de las incorrecciones que 
más frecuentemente se cometían en cuanto al uso de las 
letras en códices y diplomas y del empleo que se hacía 
de los signos de puntuación. 



(1) Braquigrafía (escritura abreviada). Los Maurinos han em- 
pleado esta voz para designar el arte de descifrar las abreviatu- 
ras. 



CAPITULO PRIMERO 

ANÁLISIS DE LOS ALFABETOS MAYÚSCULOS 



Diversos alfabetos usados por los romanos. — Alfabetos ma- 
yúsculos.— Escritura capital.— Escritura uncial. Sus distintas 
especies. — Su uso en el Imperio romano, en la época visigoda 
y en los cuatro primeros siglos de la Reconquista.— Análisis 
de cada una de las letras que componen los alfabetos ma- 
yúsculos visigodos. 



Hemos dicho en la primera parte de este libro que la 
escritura que recibe el nombre de visigoda no es más 
que la romana, que continuó usándose en España des- 
pués de la caída del Imperio. 

En consecuencia de esta aserción, procede ahora, an- 
tes de describir detalladamente los alfabetos de letra 
visigoda, dar una idea de las diferentes clases de letra 
usadas por los romanos, con lo cual podrá formarse 
juicio exacto de los alfabetos visigodos. 

Los romanos conocieron cuatro clases de letras: la 
capital, la uncial, la minúscula sentada y la cursiva, 
mayúsculas las dos primeras, minúsculas las últimas, y 
que fueron originándose por el orden con que las hemos 
enumerado. 

La escritura capital, o inicial, única usada en un 



56 

principio por los romanos, y reservada después para los 
epígrafes de los libros, para las inscripciones lapidarias 
y para las iniciales, recibió su nombre a capite, porque 
solía figurar al principio de los escritos. 

Asemejábase la figura de las letras capitales romanas 
a la de nuestras mayúsculas impresas, pudiendo todas 
ellas descomponerse en dos líneas elementales, represen- 
tadas por las letras I y C. 

Ribeiro, en su Disserlacao sobre a Paleog rafia de Por- 
tugal, divide la letra capital romana, desde el punto de 
vista de las líneas y ángulos que la componen, en cua- 
drada, redonda y aguda; por su tamaño, en ordinaria y 
cubital; y por su aspecto, en elegante y rústica, alta y 
baja, separada y maciza, inclinada y recta. 

La escritura capital cuadrada, así también llamada 
por los autores del Nouveau traite de Diplomatique y por 
de Vaynes, está formada por líneas rectas perpendicu- 
lares entre sí y por horizontales proporcionales. Su uso 
fue raro, y se reservó casi exclusivamente para algunas 
inscripciones epigráficas, en las cuales las líneas que 
debieran ser curvas en la B, C, D, G, O, P, Q, R y S, 
aparecen con figura recta. 

La redonda era bastante más usual. Se empleaba en 
los monumentos lapidarios, en los códices, en los docu- 
mentos y en las monedas. Su figura ha subsistido hasta 
la época moderna, que la ha adoptado en su tipografía 
para las mayúsculas. 

La capital aguda se diferenciaba únicamente de la 
anterior, en que sus trazos se hallaban tan próximos, 
que la estrechez de la letra daba por resultado que fue- 
sen muy agudos los ángulos que formaban sus líneas 
componentes. 

Por su tamaño, reciben las letras capitales el nom- 
bre de cubitales, cuando alcanzan magnitud considerable 
(que en un principio era de un codo, cubitum), y de ordi- 
narias cuando tienen unas dimensiones reducidas. Las 



57 

letras cubitales se usaron casi exclusivamente para la 
escritura monumental, y en la escritura diplomática se 
usaron, aunque en raras ocasiones, para algunas pala- 
bras del principio de los documentos. 

Bajo el nombre de elegante se distingue la escritura 
capital más alta que ancha, regular en las proporciones 
de sus trazos constitutivos, y que establece distinción 
perfecta entre sus gruesos y sus perfiles. Usóse para las 
inscripciones con preferencia durante los primeros si- 
glos de nuestra era y en las monedas hasta el siglo v. 
En los códices y documentos se usó rara vez porque 
exigía un detenimiento excesivo, más propio para el 
grabador que para el amanuense. 

La capital rústica era más usada por los romanos 
para sus inscripciones y sus códices, porque, no exigien- 
do su trazado tanta regularidad, era de más fácil forma- 
ción. Las líneas que constituyen la capital rústica no 
son completamente rectas, y las que sirven de base y 
capitel a los trazos verticales tienen una ligera ondula- 
ción. 

Se ha creído comúnmente que esta escritura fue pos- 
terior a la capital elegante, suponiéndose que no era más 
que una corrupción de ésta que no llegó a ponerse en 
uso hasta la decadencia del Imperio, y no ha faltado 
quien la ha supuesto de origen bárbaro. La existencia 
de monumentos epigráficos y bibliográficos de los pri- 
meros siglos de nuestra era escritos en capitales rústi- 
cas, nos demuestra la coexistencia de esta letra con la 
capital elegante, que por su más difícil trazado se usaba 
menos y cayó más pronto en desuso. 

Las demás divisiones de la escritura capital en alta y 
baja, separada y estrecha, inclinada y recta, no exigen 
explicación, bastando sus respectivas denominaciones 
para dar exacta idea de sus caracteres distintivos. 

La escritura capital se usó primeramente por los ro- 
manos con exclusión de toda otra. Más tarde fue susti- 



58 

tuyéndola en los códices y documentos el uso de la un- 
cial y el de la minúscula y cursiva. Exigía su formación 
gran detenimiento y por esta causa sólo se empleó en 
los códices que querían escribirse con algún cuidado y 
en los que se consideraban como obras de verdadero 
lujo, y aun en estos códices la letra predominante siem- 
pre fue la rústica, de más fácil trazado. 

En los últimos años del Imperio se hizo muy raro el 
uso de la capital para los códices, y más aun después de 
la invasión de los pueblos del Norte, desapareciendo por 
completo, hasta el punto de que apenas existen códices 
posteriores al siglo vi escritos totalmente en esta letra. 
En los títulos y epígrafes se conservó, sin embargo, jus- 
tificando la etimología de su denominación. 

La escritura capital visigoda es idéntica a la de los 
romanos, de quienes la tomaron los godos. Presenta 
casi siempre la forma rústica, y se usó casi exclusiva- 
mente para las letras iniciales y los epígrafes. 

Raros son los monumentos bibliográficos posteriores 
al siglo y totalmente escritos en esta letra. Del único 
que conocemos, que existe en el códice ovetense de la 
biblioteca de El Escorial, publicamos facsímil en la últi- 
ma parte de este libro (1). 

Sus caracteres son idénticos a los que presentan los 
códices romanos, escritos en letras capitales durante 
los siglos ni, iv y v, y esta identidad demuestra que la 
escritura capital visigoda no es sino la misma romana 
adoptada por el pueblo godo. 

Se da el nombre de escritura uncial a la mayúscula 
de forma redondeada. Diferenciase principalmente de la 
escritura capital en cuanto a la figura de las letras A, 



(1) Véase él facsímil I, sacado de unos versos Be magnitudine 
lunoe, existentes en dicho códice. 



59 

D, E, G, H, M, Q, T y V, cuyos trazos componentes en 
la escritura uncial son curvilíneos. 

En un principio se daba el nombre de uncial por los 
romanos a la escritura que tenía una pulgada de altu- 
ra (1), y de semiuncial a la que tenía media; pero más 
tarde se tuvo en cuenta, al hacerse uso de estas deno- 
minaciones, no el tamaño de las letras, sino su figura. 

Era la de la A semejante a la moderna minúscula de 
imprenta (a); la de la D compuesta de un círculo de cuya 
parte superior arrancaba un arco convexo hacia la iz- 
quierda (3); la de la G formada por una C y un pequeño 
caído que comenzaba en su extremo inferior (q); la de 
la E formada por una C y un trazo ligeramente encor- 
vado y colocado horizontalmente en su centro (6 )> la de 
la H, parecida a la nuestra minúscula tipográfica, aun- 
que más redondeada en la parte de la caja del renglón 
y con el trazo recto alto más corto (b); la de la M, cuya 
figura (Q)) parece originada por una I entre dos C C in- 
vertidas; la Q, análoga en todo a nuestra minúscula (q); 
la de la T, compuesta de una % sobre la cual se halla un 
trazo horizontal ligeramente ondulado — ^ ( T ); y, por úl- 
timo, la de la V, idéntica a la que hemos descrito al tra- 
tar de la N, pero invertida (u). 

Los benedictinos clasifican la escritura uncial en 
cuatro especies: de dobles trazos, de trazos sencillos, de trazo 
lleno y de trazos oblicuos. La primera presenta repetidas 
sus líneas, dejando un blanco en toda su extensión. La 
segunda presenta una sola línea delgada en todo su tra- 
zado. La tercera se escribía como la de dobles trazos, 
pero retintándose el espacio comprendido entre las dos 
líneas que la constituían, y la uncial de trazos oblicuos 
hállase caracterizada por la tendencia que a voltearse 



(1) La voz uncía designaba; no solamente la duodécima parte 
del as o libra, sino también, por extensión, la pulgada, duodéci- 
ma parte del pie. 



60 

hacia la izquierda presentan los rasgos verticales de al- 
gunas de sus letras, especialmente la F, la I, la P y la R. 

El uso de la letra uncial comenzó con posterioridad 
al de la capital. La necesidad de hacer más rápida la 
escritura cuando no se conocía otra que la capital, obli- 
gó a los amanuenses a redondear los trazos rectilíneos 
de esta escritura, transformándola en uncial. Bien pron- 
to, por la mayor facilidad de su trazado, predominó su 
empleo para los códices y documentos, hasta que, gene- 
ralizada la minúscula y la cursiva, se reservó para los 
códices de mayor importancia, y aun puede afirmarse 
que no existen libros posteriores al siglo x totalmente 
escritos en caracteres unciales. 

La escritura uncial romana siguió usándose en Es- 
paña durante la monarquía visigoda. Pocos son los mo- 
numentos de esta época totalmente escritos en caracte- 
res unciales; pero son bastantes para demostrar que no 
existe diferencia entre la uncial romana y la visigoda (1). 

Del período de la Reconquista no han llegado a nos- 
otros códices escritos completamente en esta letra, cuyo 
uso quedó reservado para los epígrafes de los libros, 
alternando con la capital, o para algunos pasajes nota- 
bles, sobre los cuales se quería llamar la atención del 
lector (2). 

Reseñadas las diferentes clases de mayúscula que la 
escritura visigoda tomó de la romana, describiremos las 
figuras que con más frecuencia presentan las letras, tanto 
capitales como unciales, demostrando al tratar del ori- 



(1) De uno de estos libros en caracteres unciales, contenido 
en el códice ovetense, damos muestra en el facsímil II. 

(2) Los Maurinos se ocupan en el estudio de la letra uncial 
mezclada con caracteres minúsculos y a la cual dan el nombre 
de semiuncial. Su escaso uso en España y su naturaleza mixta de 
dos clases de letra que describimos en esta obra, nos eximen de 
detenernos en el examen de sus caracteres. 



61 



gen de cada una la exactitud de las aserciones que he- 
mos consignado al hablar en general de la escritura ro- 
mana (1). 



Presenta esta letra muy diversas figuras en la escri- 
tura visigoda. Aparece unas veces semejante a la mo- 
derna A; otras sin el tilde horizontal de su centro (&); 
en ocasiones con un trazo horizontal sobre su vértice, 
otras en forma de Y invertida (jj; ya con sus dos trazos 
principales separados y en figura parecida a la %; ya 
con su prolongación superior inclinada hacia la izquier- 
da y en forma de x; ya, por último, con la figura redon- 
deada propia del carácter uncial (a). 

Todas ellas son derivadas de la escritura romana. 
La A, como la nuestra versal, fue la más usada en las 
inscripciones en escritura capital elegante. La que ca- 
rece de tilde horizontal también estuvo en uso entre los 
romanos, según demuestran los códices y las inscripcio- 
nes que nos han quedado de la Edad Antigua, y según 
indica algún escritor latino, que describiendo las figuras 
de la letra A dice que se escribía a veces como alpha (A) 
y a veces como lamida mayúscula (\). 

La A con un trazo horizontal sobre su vértice apare- 
ció en la escritura capital romana del Imperio, no siendo 
cierta, por tanto, la opinión de los escritores que la juz- 
gan originada en los siglos xi y xn. Desde el siglo ni co- 
menzó a hacerse más ancha esta letra, especialmente su 



(1) Téngase a la vista la Tabla de alfabetos que va al final de 
la segunda parte de este libro. 



62 

parte superior, resultando la figura de n con que más 
tarde apareció en la escritura visigoda. 

La A en forma de x n0 es 8m0 una degeneración de 
la que tiene trazo horizontal sobre su vértice. Hállanse 
precedentes de ella en la escritura capital romana, en la 
cual solía prolongarse el trazo derecho por la parte su- 
perior de la letra. Esta costumbre, que se observó ya en 
algunas lápidas del siglo n, se generalizó mucho en los 
códices de los siglos iv, v y vi. 

La referida A con su trazo derecho prolongado ex- 
plica el origen de las figuras semejantes a una x, con 
que se presenta dicha letra en gran número de códices 
y en no pocas inscripciones de la antigua Roma, así 
como en los documentos, libros y lápidas de letra visi- 
goda. En la escritura capital de los siglos iv y v se usó 
para los códices esta forma de A con preferencia a las 
demás, y de ello presentan irrefutable prueba los dos 
códices virgilianos de los siglos iv y v y el Phormion de 
Terencio, del siglo iv, que, señalados respectivamente 
con los números 3.225, 3.867 y 3.226, se custodian en la 
biblioteca del Vaticano. 

Por último, la A uncial de forma redondeada y pare- 
cida a nuestra minúscula de imprenta (a) se derivó tam- 
bién de la escritura romana, no diferenciándose de la 
que acabamos de describir sino en tener en forma curva 
su perfil de arranque. 



B— C 



Las formas propias de la B y de la C son exactamente 
iguales a las que presentan los monumentos escritos de 
los romanos- 



63 

La B con los dos arcos separados, se usó principal- 
mente como letra capital. 

Las demás figuras de esta letra que aparecen en la 
lámina de alfabetos, alternan en la escritura capital y en 
la uncial. 

Esta misma circunstancia concurre en la C, de forma 
redondeada. En cuanto a la formada por trazos casi rec- 
tos, solamente suele usarse como capital. 



D 



La D tiene dos figuras, una para la escritura capital 
y otra para la uncial. 

La primera se asemeja a nuestra D mayúscula de 
imprenta, y se derivó de la latina tal como se usó por los 
romanos desde los tiempos más remotos. 

La segunda, de figura redondeada, constituida por 
un trazo ligeramente arqueado que arranca en dirección 
oblicua de arriba a abajo y se encorva dentro de la caja 
del renglón en forma de o, tiene el mismo origen, apa- 
reciendo como signo representativo de la d en los más 
antiguos escritos en notas tironianas, y como letra de 
las más características de la escritura uncial romana 
desde el siglo m. 



E 



Las distintas figuras con que se presenta la E pueden 
reducirse a dos principales: una parecida a nuestra E 
mayúscula de imprenta, y otra constituida por una cur- 



64 

va en forma de C, con un trazo horizontal en su centro. 
La primera es propia de la escritura capital; la segunda 
aparece necesariamente en la uncial visigoda, siendo una 
de las letras que más la caracterizan. 

Nadie ha puesto en duda que las diferentes figuras 
de la E capital visigoda se derivan de la escritura ro- 
mana, y sólo habremos de consignar respecto de ellas 
dos circunstancias, una relativa a la segunda E de la lá- 
mina de alfabetos, que, según los Maurinos, desapareció 
en el siglo ix, y que, según demuestran numerosos códi- 
ces y documentos, siguió usándose en los epígrafes de 
nuestros códices hasta la desaparición de la escritura 
visigoda; y otra referente a la caprichosa forma con que 
se presenta la E visigoda en algunas inscripciones, con 
su trazo vertical prolongado por encima de la caja del 
renglón, como puede verse en la lápida del año 592, que 
se conserva en el claustro de la catedral de Toledo. 

Según Mabillon, la E uncial es una de las letras in- 
troducidas por los bárbaros en el alfabeto romano. Esta 
afirmación es inexacta. Los griegos dieron, desde más 
de siete siglos antes de Jesucristo, figura redondeada a 
la E de su escritura uncial, para hacer más rápido su 
trazado. Tomáronla indudablemente de los griegos los 
romanos, y en sus códices, escritos en caracteres uncia- 
les, aparece esta letra con la figura descrita, sin que 
deje de presentarse en toda la Edad Antigua en los mo- 
numentos de esta escritura; razón que nos exime de ci- 
tar códices romanos en que aparezca, porque habríamos 
de mencionar cuantos en escritura uncial han llegado 
hasta nosotros. Tanto se generalizó esta forma de E, 
que hasta aparece en algunas monedas del siglo ni, aun 
a pesar de que los caracteres gráficos numismáticos son 
por naturaleza refractarios a toda forma de escritura 
que no sea la capital. 



65 



F 



Las tres figuras que presenta la F en la tabla de al- 
fabetos, se usaron en la escritura capital visigoda. Como 
uncial sólo tuvo uso la tercera. Todas ellas son deriva- 
das de la escritura romana, apareciendo la primera en 
los códices más antiguos en escritura capital latina, ta- 
les como los Virgilios del Vaticano y de Florencia, y los 
dos últimos ya en la capital rústica, ya en la uncial de 
los siglos ni al v. 



G 



La G tiene dos formas en la escritura visigoda: una 
parecida a una C con su remate redondeado en dirección 
al interior de la letra y con su extremo superior prolon- 
gado y encorvado de abajo a arriba; y otra formada por 
un arco que ocupa la caja del renglón, y de cuyo extre- 
mo inferior parte en dirección ligeramente oblicua un 
trazo recto que constituye un caído, de una longitud pró- 
ximamente igual a la altura de la caja del renglón. 

Nadie ha puesto en duda que la primera de estas dos 
formas de la G es de procedencia romana, y a demos- 
trarlo bastan dos manuscritos del Vaticano, el palimp- 
sesto del que contiene el Tratado de la República de 
Cicerón, escrito en el siglo iv, y el Virgilio del mismo si- 
glo (manuscrito 3.867). Pero respecto a la segunda de 
las formas descritas, se ha debatido acerca de su proce- 
dencia y ha sido incluida por Mabillon en el número de 



66 

las letras que supone de origen bárbaro, sin advertir 
que se encuentra en monumentos epigráficos romanos 
anteriores en más de dos siglos a nuestra era, que apa- 
rece en algunas monedas del siglo iv y que es la figura 
más común con que se presenta la G en los códices la- 
tinos de la Edad Antigua (1). 



H 



La H conservó en la escritura visigoda las dos for- 
mas romanas, capital (H) y uncial (b). 

La capital a veces tenía desiguales sus trazos vertica- 
les, presentando más corto el segundo, lo cual explica el 
tránsito de esta letra de la forma capital a la uncial. 

Mabillon opina que la H uncial (b) fue introducida 
por los bárbaros, desconociendo que ya en el siglo iv 
apareció en algunas monedas romanas. 



Las dos figuras con que aparece la I en la escritura 
visigoda son las mismas que tenía en la romana (i, j). La 



(1) Entre otros códices que podríamos enumerar que tienen 
sus G G compuestas de una C con un caído recto que parte del 
perfil final de esta letra, citaremos: 

El Virgilio del Vaticano (núm. 3.225), en escritura capital rús- 
tica del siglo iv. 

El Phormion de Terencio conocido con el nombre de Terentius 
Bembinus (ms. núm. 3.226 del Vaticano) en letras capitales rús- 
ticas. 

El Virgilio de Florencia del siglo iv, llamado Mediceo-Lauren- 
tianus. 

Y los fragmentos de la Historia romana de Salustio, del si- 
glo v, que se custodian en la referida biblioteca del Vaticano. 



67 

primera es propia del alfabeto capital, y la segunda del 
de letras unciales. 

A veces aparecía como cortada por un trazo central 
paralelo a los dos perfiles que constituían el capitel y la 
base de la letra. Esta singularidad que presentan algu- 
nas 1 1 capitales en los epígrafes de los códices de letra 
visigoda, comenzó a ponerse en uso en el siglo i de nues- 
tra era. 



K 



La primera de las figuras que presenta esta letra en 
la tabla de alfabetos corresponde a la escritura capital. 
Las dos restantes se usaron indistintamente en esta es- 
critura y en la uncial. Todas ellas pasaron a la escritura 
visigoda de la romana. 



La primera de las que aparecen en la tabla de alfa- 
betos tiene la figura capital. La segunda tuvo uso en la 
letra capital rústica y en la uncial. La tercera fue pecu- 
liar de esta última. Las tres son de indudable proceden- 
cia romana. 



68 



M 



A cinco figuras hemos reducido las numerosas varie- 
dades que presentó esta letra en la escritura visigoda: 
capitales las tres primeras y unciales las restantes. 

Las dos primeras han sido las más usuales en la es- 
critura romana y en la visigoda. La tercera, cuya figura 
parece compuesta de dos xx, aparece ya en los códices 
más antiguos en escritura capital. 

La M uncial (Q)), se presenta en los manuscritos des- 
de el siglo ni, habiéndose adoptado por los visigodos 
después de establecerse en España. 



N 



Las cuatro primeras que presenta la tabla de alfabe- 
tos, aparecen en la escritura capital. La última en ésta 
y en la uncial. 



La forma de esta letra apenas varió en la mayúscula 
visigoda, tanto capital como uncial. La segunda de las 
que aparecen en la lámina de alfabetos y que tiene un 



69 

punto en su centro, se usó en la escritura de algunos 
epígrafes. Debe ponerse cuidado en distinguirla de la ad- 
miración, que en los códices de los siglos v al xn presen- 
ta la misma figura. 

La O de figura rectangular se usó en la escritura ca- 
pital cuadrada, apareciendo ya empleada desde época 
remota por los griegos. 

La O en forma de corazón solamente aparece en al- 
gunos epígrafes de códices. 



En la escritura capital visigoda tuvo siempre figura 
parecida a la de nuestra P mayúscula de imprenta. En 
la uncial era más semejante a la p, prolongándose gene- 
ralmente su trazo vertical por bajo de la caja del ren- 
glón. 



Q 



Las tres primeras figuras de esta letra que presenta 
la tabla de alfabetos, se usaron, ya en la escritura capi- 
tal, ya en la uncial. La última, constituida por un rombo 
colocado sobre una línea horizontal, es letra que sola- 
mente suele aparecer en los epígrafes de algunos có- 
dices. 

La Q, con su trazo curvo inferior vuelto hacia la de- 
recha, fue de uso muy antiguo entre los romanos. 

El Senatus Consulto Be Bacchanalibus, cuya escritura 



70 



es dos siglos anterior a nuestra era, presenta en esta 
forma sus qq. 

La Q, de figura análoga a la de nuestra q, fue la más 
usual en los manuscritos unciales romanos y visigodos. 



R 



Las distintas figuras de R que presenta la tabla de 
alfabetos, derivadas todas del romano, se usaron indife- 
rentemente en la escritura capital y en la uncial, si bien 
en ésta la última fue la que tuvo empleo más frecuente. 



Las condiciones de esta letra han hecho que no varíe 
esencialmente de figura ni en las distintas clases de es- 
critura mayúscula, ni en las diferentes épocas de la Pa- 
leografía. 



La primera figura (T) con que aparece esta letra en 
la escritura capital, es de procedencia romana. Las dos 
siguientes, cuyo trazo superior da un volteo en dirección 
a la izquierda, fueron peculiares de la escritura capital 



71 

visigoda, no generalizándose su empleo en las demás 
naciones latinas, y constituyendo una forma de T inter- 
media entre la capital y la uncial romanas. 

La T uncial (t) pasó a la escritura visigoda de la ro- 
mana, en la cual consta por monumentos auténticos que 
se usaba ya en los primeros siglos de nuestra era. 



U— Y 



No existía diferencia en la época visigoda, ni en los 
primeros siglos de la Reconquista en cuanto a la pro- 
nunciación de estas dos letras, y así nada tiene de ex- 
traño que se usasen indistintamente. 

Sin embargo, la forma más común de la escritura 
capital fue la V, ya romana (V), ya en figura de A in- 
vertida (y). Para la escritura uncial estuvieron más en 
uso las dos siguientes úes que aparecen en la tabla de 
alfabetos. 

La (q) se usó como letra capital en los epígrafes de 
los códices y en algunas inscripciones lapidarias. 



x 



La primera figura (X) es propia de la escritura capi* 
tal elegante; las dos siguientes, de trazos redondeados y 
con su perfil inferior izquierdo prolongado por bajo de la 
caja del renglón, aparecen, ya en la capital rústica, ya 
en la uncial. 



72 



La X en forma de w, peculiar de la escritura visigo- 
da, es una transformación de la % romana, cuyo trazo 
diagonal izquierdo se redondeó. Existen monumentos en 
que aparecen X que explican esta transformación. 



Presenta esta letra en la escritura visigoda redon- 
deados sus trazos superiores, circunstancia que también 
se observa en algunos códices romanos. 



z 



La primera de las figuras que aparecen en la tabla 
de alfabetos es de forma capital. Las dos restantes tu- 
vieron empleo en la escritura uncial. 



CAPÍTULO II 

ANÁLISIS DE LOS ALFABETOS MINÚSCULOS 



Escritura minúscula visigoda. -Sus diversas especies.— Explica- 
ción de los alfabetos minúsculos. 



La escritura uncial, aunque de más fácil formación 
que la antigua escritura mayúscula, no era todo lo sen- 
cilla que se necesitaba para transcribir en corto tiempo 
los códices y para escribir con prontitud los documentos. 
Ideóse, para obviar este inconveniente, reducir el ta- 
maño de las letras unciales y simplificar la figura de al- 
gunas, resultando de estas modificaciones la escritura 
minúscula. 

Se ha creído por muchos autores de Paleografía que 
los romanos no conocieron la escritura minúscula; 
creencia equivocada, según hemos demostrado en el ca- 
pítulo primero de este libro, al tratar de los orígenes de 
las escrituras usadas en los países occidentales de Eu- 
ropa, después de la caída del Imperio. 

Dos variedades de minúscula conocieron los roma- 
nos: una que presentaba sus elementos alfabéticos ais- 
lados, y otra que admitía cierta sucesión entre los trazos 
finales de cada letra con las iniciales de la siguiente, 
permitiendo mayor rapidez al escribir, aunque dificul- 
tando más la interpretación de lo escrito. La primera 



74 

es conocida con el nombre de minúscula propiamente dicha, 
y la segunda con el de cursiva. 

Ambas clases de letra se usaron en España para do- 
cumentos y códices durante la dominación romana y 
continuaron usándose después en la monarquía visigoda, 
hecho de que da pruebas irrefutables la comparación de 
los documentos romanos, en escritura minúscula, con los 
escasos códices que nos ha legado la monarquía visigo- 
da, escritos en esta letra. 

En los primeros siglos de la Reconquista presentó la 
escritura minúscula visigoda cuatro variedades, que dis- 
tinguiremos con los nombres de minúscula propiamente di- 
cha, cursiva, prolongada y cancilleresca. 

La escritura minúscula propiamente dicha, estuvo 
más en uso para los códices que para los documentos. 
Sus letras están trazadas con regularidad, no verificán- 
dose entre ellas generalmente más enlaces que los de 
la e con las consonantes que no sobrepasan la línea su- 
perior del renglón, y los de la t con las vocales y con 
la r. En Aragón y Navarra el trazado de esta letra, usa- 
da para los documentos con exclusión de la cursiva, pre- 
sentaba rectitud en los rasgos, asemejándola algo a la 
escritura francesa, por la cual se veía influida. Entre los 
mozárabes, especialmente en las comarcas de Andalucía, 
era la minúscula desproporcionadamente ancha con re- 
lación a su altura. 

La escritura visigoda cursiva estuvo muy en uso 
para los documentos en Galicia, Asturias, León y Casti- 
lla. En aquellas dos comarcas subsistió más tiempo que 
en estas últimas, que, influidas por Aragón y Navarra, 
fueron abandonando la cursiva por la minúscula. En los 
códices fue muy raro el uso de la cursiva. 

El carácter distintivo de esta letra es la abundancia 
de nexos, que establecen, no sólo sucesión continuada 
entre los perfiles finales de cada letra y los trazos de 



75 

arranque de la siguiente, sino supresiones de algunos 
trazos al verificarse la unión, las cuales modifican no- 
tablemente las figuras de las letras. Algunas de éstas 
son completamente diferentes de las que aparecen en la 
minúscula propiamente dicha, como ocurre con la a, 
la e, la t y la x f según demostraremos al describir los al- 
fabetos. 

La escritura prolongada estuvo muy en uso para los 
documentos en los siglos x y xi. Su empleo más frecuen- 
te fue para la primera línea de los diplomas, pero exis- 
ten algunos totalmente escritos con esta letra. Ejemplo 
de este género de escritura presenta el facsímil núme- 
ro XX. 

La escritura visigoda prolongada, igual a la cursiva 
en cuanto a la forma y trazado de sus letras, se diferen- 
cia de ella solamente en cuanto a las proporciones cali- 
gráficas, que son extremadamente irregulares, presen- 
tando gran estrechez y desmesurada altura. 

El uso de la escritura prolongada fue muy frecuente 
en Francia para la primera línea de Jos diplomas reales 
de los siglos v al xm, usándose en esta forma, no sola- 
mente las letras cursivas, sino las capitales y minúscu- 
las. En España su uso fué casi exclusivo de los siglos x 
y xi, limitándose a la escritura cursiva. 

La escritura cancilleresca no es otra que la cursiva 
del siglo xi, que en algunos documentos reales aparecía 
trazada con regularidad y detenimiento, presentando 
rasgos accesorios de adorno en algunas de sus letras. El 
facsímil número XXVI puede dar idea de esta letra. 

Damos a conocer en la tabla de alfabetos que va al 
fin de la segunda parte de este libro las diversas formas 
con que se presenta cada una de las letras mayúsculas; 
bastando para formar una idea exacta de la materia la 



76 

inspección detenida de dichos alfabetos minúsculos, ayu- 
dada de las observaciones que exponemos a continua- 
ción. 



Presenta esta letra dos formas principales. Es la una 
parecida a la de nuestra a manuscrita, pero abierta por 
su parte superior (<*) cuya figura se usó, no sólo en la es- 
critura visigoda, sino también en la lombarda, merovin- 
gia y anglo- sajona, y aun en la cario vingia anterior a los 
últimos años del siglo x. Esta w tuvo empleo exclusivo 
en los códices y documentos escritos en minúscula visi- 
goda. 

Los Maurinos afirman que el uso de esta letra llegó 
en España hasta el siglo xv, desconociendo que desapa- 
reció con la escritura visigoda. 

La otra forma de a, cuyas variantes pueden verse en 
la tabla de alfabetos (1), se asemeja a una • algo inclina- 
da hacia la izquierda. Fue exclusivo su empleo en la es- 
critura cursiva. 



Las figuras primera y segunda que presenta esta le- 
tra en la tabla de alfabetos, se usaron indistintamente 
para la escritura minúscula y para la cursiva. Las dos 
restantes tuvieron empleo en la cancilleresca y en la pro- 
longada. 



(1) a. Figuras 2. a , 3. a , 4. a y 5. a . 



77 



Las dos primeras figuras de esta letra se usaron in- 
distintamente en la escritura minúscula y en la cursiva 
visigodas. Opinan los Maurinos que las ce en espiral (1) 
caracterizan la escritura minúscula del año 700 y ante- 
riores; creencia equivocada, porque existen numerosos 
documentos españoles de los siglos ix, x y xi en que apa- 
recen estas letras. 

La c con un perfil de arranque por su parte inferior 
izquierda, estuvo muy en uso en la escritura cursiva y 
en la cancilleresca, sirviendo aquel perfil de trazq de 
unión con la letra que antecedía. 

La c con adornos en figura de arcos colocados en 
toda la extensión y sobre la convexidad de su curva, se 
usó en las escrituras prolongada y cancilleresca. 



d 



Las figuras más usuales de esta letra en la escritura 
visigoda son las dos primeras de la tabla de alfabetos, 
las cuales se hallan caracterizadas por tener prolongado 
su trazo vertical desproporcionadamente por su parte 
superior y formando un caído, ya recto, ya ligeramente 
encorvado por la parte inferior de la caja del renglón. 
Alternaron ambas en la escritura de códices y docu- 
mentos. 



(1) Véanse las ce minúsculas segunda y tercera de la tabla de 
alfabetos. 



78 

La tercera figura de esta letra, que se presenta abier- 
ta por la línea de la base del renglón y con un perfil 
de arranque horizontal mente unido a la parte inferior 
izquierda de la d, se usó en la escritura cursiva, utili- 
zándose dicho perfil para los enlaces con la letra prece- 
dente. Usóse la d con esta figura en la letra cursiva vi- 
sigoda. 

La 3 minúscula, de forma idéntica a la uncial, se usó 
también en la escritura visigoda, aunque con menos 
profusión que las descritas. No alcanzó jamás esta d en 
España el predominio que tuvo en las escrituras latinas 
usadas en Inglaterra después de la caída del Imperio 
Romano, ni el que alcanzó en Francia desde la segunda 
mitad del siglo xi. 

La d con su curva compuesta de ondas, se usó en la 
letra visigoda prolongada. 

La d con algunos perfiles interiores de adorno se usó 
en la escritura minúscula cancilleresca. 



La e presenta dos figuras principales, a las cuales 
pueden reducirse todas las demás variantes que tiene la 
escritura visigoda: la e, con su trazo horizontal prolon- 
gado, y la formada por dos curvas desiguales en forma 
de s. 

Esta segunda se distingue de la forma cursiva de la a 
en que tiene inclinación hacia la derecha y se enlaza con 
las letras que siguen por su trazo del centro, mientras 
aquella letra se enlaza por su trazo inferior final y según 
hemos manifestado tiene inclinación obtusa. 

En la escritura cursiva la e tiene a veces una especie 
de pie, lo mismo que la c, para enlazarse con la letra 
antecedente. 



79 



Las tres primeras de nuestra lámina de alfabetos se 
usaron ya en la escritura minúscula, ya en la cursiva. 
La última en la letra prolongada. 



Las dos figuras primeras son propias de la escritura 
cursiva. Las dos siguientes, semejantes a la G un- 
cial (q), se usaron en la minúscula propiamente dicha. 

La que tiene forma parecida al número arábigo 3 se 
usó algunas veces en la escritura visigoda de Castilla y 
más aun en la aragonesa. Generalmente se ha atribuido 
el origen de esta letra a los anglo-sajones, porque fue 
muy común en la escritura usada en Inglaterra en los 
siglos vi al vm; creencia que queda rebatida con mani- 
festar que existen monumentos romanos anteriores al 
siglo v, en los cuales aparece. 



TCL 



La primera de la tabla de alfabetos es peculiar de 
la escritura minúscula visigoda. La segunda y tercera, 
de la cursiva. La cuarta aparece generalmente en la es- 
critura prolongada. 

Antes del siglo x no fue común que descendiera el 



80 

perfil final de la h traspasando la línea inferior del ren- 
glón. 

En la escritura cursiva a veces se prolongó también 
por bajo de esta línea el trazo recto de la k, pero jamás 
se usaron en nuestra Península española las hh con 
unas líneas inferiores en forma de áncora de que hablan 
los Maurinos en su Nouveau traite de Diplomatique, atri- 
buyéndolas al siglo ix. 



Preséntase esta letra en las escrituras minúsculas, 
ya con forma de t, ya de l, ya de j. 



La k generalmente tiene la figura de una r cuyo tra- 
zo vertical se prolongase por la parte superior. 

A veces el rasgo final, en vez de llegar hasta la línea 
del renglón, permanece a mayor altura, y aun a veces 
se encuentra horizontal. 



Esta letra es de las que admitieron menos varieda- 
des en la escritura visigoda. 

La diferencia entre las dos que aparecen dibujadas 



81 



en la tabla de alfabetos consiste únicamente en que una 
de ellas carece de línea alguna en su base. 



La primera, trazada con regularidad, aparece en la 
escritura minúscula visigoda. La segunda, cuyos perfi- 
les centrales son muy oblicuos, se usó en la cursiva. 

Una y otra son, como las demás letras que hemos 
descrito, de origen romano, hallándose inscripciones del 
siglo iv en que aparecen. 



Tiene aplicación a esta letra cuanto hemos dicho 
respecto de la m. 



La primera o, análoga a la nuestra moderna, se usó 
en la minúscula y en la cursiva visigodas. La segunda 
sólo en esta última, sirviendo su perfil superior para fa- 
cilitar el ligado caligráfico. 



La p, semejante a la moderna de imprenta (p), se usó 
en la escritura minúscula propiamente dicha. Las demás 



82 

figuras de esta letra que contiene nuestra lámina, se 
usaron en la cursiva. 



Q. 



La primera y segunda tuvieron uso en ambas clases 
de minúscula. La tercera, en la cursiva, y la cuarta, en 
las letras cancilleresca y prolongada. 



r— s 



La r y la s, que en la escritura visigoda tiene igual 
forma que en la romana, suelen a veces confundirse en- 
tre sí por ser muy semejante su trazado, pero no es di- 
fícil distinguirlas atendiendo a sus trazos superiores, 
que en la r constituyen un ángulo y en la s un arco de 
círculo . 



Las diversas formas de la l se usaron indistintamen- 
te en la escritura minúscula y en la cursiva, si bien las 
tres primeras son las más frecuentes en aquélla. 

Las dos últimas figuras tienen especial aplicación 
para enlazarse con alguna letra que vaya a continuación 
de ellas. 



83 



TJL— V 



En la escritura minúscula y en la cursiva se usó úni- 
camente la 11 vocal con cualquiera de las distintas figu- 
ras que" aparecen en la tabla de alfabetos. 

La v sólo tuvo empleo como letra sobrepuesta. 



Generalmente descendía el segundo trazo de esta le- 
tra hasta más abajo de la caja del renglón, como puede 
observarse en las cuatro primeras figuras de la tabla de 
alfabetos. 

La x en forma de 4>, derivada de las anteriores, fue 
peculiar de la cursiva visigoda. 



y- ¡z 

Las figuras de ambas letras en las escrituras mi- 
núsculas, son las mismas que hemos descrito al hablar 
de los alfabetos mayúsculos. 

La comparación de todas las letras que hemos des- 
crito con las que aparecen en los escasos monumentos 
en escritura minúscula romana que han llegado hasta 
nosotros, pone de manifiesto tantas y tales analogías en- 
tre éstas y aquéllas, que no es lícito negar la proceden- 
cia indudablemente romana del alfabeto minúsculo vi- 
sigodo. 



CAPITULO III 

ESCRITURA CIFRADA VISIGODA 



Uso de esta escritura en los documentos y códices hasta el si- 
glo xii.— Alfabeto cifrado.— Uso de numerales romanos y de 
puntos en sustitución de las vocales.— Empleo del alfabeto 
griego para la escritura en cifra. 

Analizadas en los dos capítulos anteriores las escri- 
turas mayúsculas y minúsculas visigodas, corresponde 
tratar en éste de la cifrada, para terminar el importante 
estudio de los alfabetos. 

La escritura cifrada fue conocida ya en la Edad Anti- 
gua, según consta por el testimonio de los autores clá- 
sicos romanos. 

En la escritura visigoda usáronse tres clases de ci- 
fra: una que tenía un alfabeto completo diferente del que 
solía usar se en la escritura ordinaria de códices y docu- 
mentos; otra que, conservando las consonantes de esta 
escritura, ponía en cifra, ya por medio de puntos, ya 
mediante números, las vocales, y otra que consistía en 
escribir cláusulas latinas con caracteres griegos. 

Usóse en los siglos x, xi y xii para las suscripciones 
y signaturas de algunos documentos, y para algunas 
notas de códices, una escritura cifrada, de cuyo alfabeto 
da idea la tabla que va al final de la segunda parte de 



86 

este libro (1). Calificada por algunos esta escritura de 
notación tironiana, considerada por otros como notación 
musical, no era sino un género de letra derivado en 
parte de la escritura taquigráfica, cuyo invento se ha 
atribuido comúnmente a Tirón. 

La a en esta escritura tiene la figura propia de la 
cursiva visigoda, sin más diferencia que la resultante de 
prolongarse su perfil de terminación de un modo des- 
proporcionado y en dirección diagonal ascendente. 

La b es como la visigoda en cuanto a su trazado ge- 
neral, distinguiéndose de ella únicamente por un perfil 
horizontal que tiene en su parte izquierda. 

La c presenta la figura minúscula propia de esta le- 
tra, aunque invertida (o). 

Las letras d, k, q y u, tienen también la figura de las 
minúsculas visigodas, pero con una notable inclinación 
aguda y prolongándose mucho su trazo recto por debajo 
de la caja del renglón. 

La/, la y, la k y la z, son iguales a las de la escritu- 
ra cursiva visigoda. 

La e se halla representada ya por tres puntos (.*.), 
ya por dos y una coma (:,), ya por dos y un guión (:-). 

La i tiene la figura de nuestro actual signo de admi- 
ración con su punto en la base de la línea del renglón (i). 
A veces, en vez de un punto, presenta dos ( \ ), o dos 
guiones (i). 

La l tiene la figura de un semicírculo tangente a la 
línea inferior del renglón, y desde cuya extremidad de- 
recha asciende en dirección oblicua un trazo recto. 



(1) Sobre esta materia han hecho fructuosos estudios los se- 
ñores D. Manuel de Goicoechea y D. José Foradada, individuos 
del Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios. 

Este último publicó en El Arte en España, hará unos catorce 
años, un excelente artículo explicando la interpretación que de- 
bía darse a la escritura visigoda cifrada. 



87 

La m, la n y la o tienen las mismas figuras con que 
solían usarse por los romanos en las notas tironianas. 

La p tiene su arco separado de su trazo recto. 

La r tiene figura de z con su trazo de la caja del ren- 
glón invertido. 

La s está compuesta de la forma uncial de esta le- 
tra (s), más un largo trazo oblicuo que arranca de su ex- 
tremidad superior. 

La t tiene figura parecida a la 3 con un rasgo angu- 
loso unido a uno de sus extremos. 

Por último, la x se presenta casi siempre en forma 
de <l>. 

En la lámina XV hemos incluido facsímiles de escritu- 
ra cifrada sacados de algunos códices y documentos, para 
que sirvan de comprobación a estos asertos y de tema 
a los ejercicios de interpretación de esta clase de letra. 

Otro de los sistemas de cifra usados en los documen- 
tos de letra visigoda, consistía en sustituir las vocales 
por numerales romanos. La correspondencia entre aqué- 
llos y éstos da por resultado que las vocales a, e, i, o, u 
se hallan representadas, respectivamente, por las cinco 
primeras decenas, diez, veinte, treinta, cuarenta y cin- 
cuenta, en esta forma: 

x a 

xx e 

xxx i 

X> o 

1 u 

Los siguientes ejemplos están copiados de tres ins- 
cripciones notariales del siglo xi: 

pxxtrls nO§tlxxxt... 

dxxxdxcls fxxcxxxt 

rxmxxxrls prxxsbxxxtxxr 

Lóense: Petrusnotuit, Didacus fecity Ramirus presbiter. 
Usáronse también puntos en sustitución de las voca- 



88 

les, resultando un género de cifra que no fue exclusivo 
de la escritura española, sino que también se empleó en 
otros países occidentales, como Portugal y Francia, 
donde con un punto se designaba la ¿, con dos la #, con 
tres la e, con cuatro la o y con cinco la u. 

En España las vocales a, e, i, o y u se designaban, 
respectivamente, por medio de uno, dos, tres, cuatro y 
cinco puntos. 

Los siguientes ejemplos, tomados de dos escrituras 
del siglo xi que se conservan en el Archivo Histórico 
Nacional, pueden dar idea de esta clase de cifra: 

M • RT i N : . : S N : : T : • : : T 

C : p • n presbiter notui 

Su interpretación es: Martinus notuit, Giprianus pres- 
biter notui. 

Durante los siglos x y xi fue también común emplear 
las letras griegas para las suscripciones latinas de los 
documentos. Los facsímiles del Elucidario da lingua por- 
tuguesa, del P. Santa Rosa de Viterbo, presentan más de 
un ejemplo. Pruebas de que este género de escritura ci- 
frada fue común en Castilla y León, como en Portugal, 
nos ofrecen varios documentos que se custodian en el 
Archivo Histórico Nacional, de uno de los cuales (1) en- 
tresacamos la siguiente signatura: 

Cwnna conPAArxeoc HgAPAore He xwN*rPMAOiT 

que debe leerse: Sonna supr adictas exaravit et confirma- 
vit (2). 



(1) Es una escritura de donación de varias heredades en Bas- 
cuñuelos, otorgada por Sonna, presbítero, en favor del monas- 
terio de Oña. Era 1083. 

(2) La mezcla de letras mayúsculas y minúsculas griegas en 
esta escritura cifrada fue muy frecuente. El cambio de la r por 
la I, de C por 2 y de O por r era común en las inscripciones 
griegas. 



CAPITULO IV 

BRAQUIGRAFÍA VISIGODA 



Importancia del estudio de las abreviaturas.— Clasificación de 
las mismas.— Siglas.— Abreviaturas por* apócope. — Abreviatu- 
ras por síncopa. 



Los Maurinos han dado el nombre de Braquigra- 
fía (1) a la parte de la Paleografía que se ocupa en el 
estudio de las abreviaturas. 

Este estudio es importante, no sólo desde el punto de. 
vista de la interpretación de los documentos, que sería 
imposible sin el conocimiento de los diversos sistemas 
de abreviación, sino también por constituir las abrevia- 
turas uno de los caracteres que más contribuyen a rea- 
lizar los fines de la Paleografía crítica, puesto que por 
ellas puede determinarse la época en que se ha escrito 
un documento. 

En conformidad con la doctrina expuesta sobre la 
Braquigrafía de la Edad Media en nuestro Manual de 
Paleografía diplomática española de los siglos XII al XVII, 
clasificaremos las abreviaturas que aparecen en la es- 
critura visigoda en siete grupos: 



(1) Escritura breve (ppaxeía YP a ?^)- 



90 

1 .° Abreviaturas por siglas, en las cuales se sustitu- 
ye una palabra por una sola letra, que generalmente es 
su inicial. 

2.° Abreviaturas por apócope, en las cuales se su- 
primen letras finales. 

3.° Abreviaturas por síncopa, en las cuales se omiten 
letras del centro de la palabra. 

4.° Abreviaturas por letras sobrepuestas, en las cua- 
les se sustituyen determinados signos alfabéticos por le- 
tras de menor tamaño colocadas sobre el sitio en que 
debieran hallarse las sustituidas. 

5.° Abreviaturas por signos especiales, en las cuales 
las letras se hallan sustituidas por signos no alfabéticos. 

6.° Abreviaturas por enlace y conjunción de letras. 

Y 7.° Letras numerales. 

Siglas. -Las siglas, abreviaturas que consisten en 
indicar una palabra por medio de una sola letra, que 
generalmente es la inicial, fueron usadas con profusión 
por los romanos en lápidas, documentos y libros; pero 
a la caída del Imperio decayó el empleo de esta manera 
de abreviar, hasta el punto de que en las naciones occi- 
dentales de Europa fueron muy raras tales abreviaturas 
en los siglos v al vm. 

En la escritura visigoda anterior al ix apenas existen 
más siglas que las expresadas por las letras iniciales de 
las palabras de e in, usadas, respectivamente, para indi- 
car ambas preposiciones (1). 

La influencia que ejerció la escritura francesa en la 
visigoda de los siglos xi y xn, justifica el empleo de al- 



(1) Tanto éstas como las abreviaturas por síncopa y apócope 
llevan alguno de los signos generales de abreviación sobre el si- 
tio que debieran ocupar las letras suprimidas. 

Pueden verse las figuras más usuales de estos signos en la ta. 
bla que va al fin de la segunda parte de este libro. 



91 

gunas otras siglas en esta escritura, pero sin que alcan- 
zase la profusión que en la escritura galicana (1). 

Abreviaturas por apócope — Algo más frecuente fue 
el uso de esta clase de abreviaturas, en las cuales se su- 
primían las letras finales de palabra, supliéndose por 
medio de uno de los signos generales de abreviación que 
hemos descrito. 

Estas abreviaturas, que a la escritura visigoda pasa- 
ron de la romana, no son de interpretación difícil, por 
cuanto la mayor parte de las palabras apocopadas son 
voces declinables o conjugables, y bastan los conoci- 
mientos de lexicografía y sintaxis latinas para venir en 
conocimiento de las letras suprimidas. 



(1) Estas siglas, de origen francés, y que aparecen en algunos 
documentos de letra visigoda, son las mismas que se usaron en 
en los siglos posteriores y que hemos descrito en nuestro Ma- 
nual de Paleografía. 

Las principales siglas que se introdujeron en la escritura vi- 
sigoda, merced a la influencia francesa en los siglos xi y xu, son 
las que a continuación se enumeran: 

La a con un trazo horizontal sobrepuesto, que equivale a au- 
tem o amén. 

La a con una pequeña d encima, que se lee aliud. 

La a con una i sobrepuesta, que se lee alicui. 

La a con una o, que significa anno o alio. 

La c con un trazo horizontal, que se lee cum. 

La c con una a sobrepuesta, que se lee causa o contra. 

La c con una ¿, que se lee cui. 

La c con una r, que equivale a cur. 

La e con uno de los signos generales de abreviación, que se 
lee est. 

La e con una i sobrepuesta, que se lee enim. 

La /"con un punto o con una a sobrepuesta, que se lee facta o 
feria. 

La 0, con las letras a, i, o, equivale, respectivamente, a erga 
igitur y ergo. 

La h, con un punto, con una c sobrepuesta o con un trazo ho - 



92 



Las abreviaturas por apócope más usuales en los có- 
dices y documentos de letra visigoda, son las siguientes: 



abb abbas. 

act actum. 

am amen. 

ap apud. 

april Aprilis . 

ar arienzus. 

au autera. 

conf confirmat. 

damn damnum. 

dat datum. 

decemb Decembris. 

den denarios. 

dic dicit. 

dioc diócesis. 

dix dixit. 



rizontal u oblicuo unido al suyo recto alto, indica los distintos 
casos del demostrativo hic, Jicec, hoc. Con una c sobrepuesta, hic, 
hcec u hoc. 

La 7, cruzada por una línea recta, designa la conjunción vel. 

La m, con una a sobrepuesta, se lee mea; con una o, modo o meo; 
con una m, meum o meam; con una i, mihi o mei. 

La n, con un trazo horizontal encima, se lee non, y con una i, 
nisi. 

La q, con un punto y coma, con un trazo sobrepuesto o cruza- 
do con su caído, o con una e sobrepuesta se lee que. Con una d 
sobrepuesta, quod. Con una i, qui. Con una i sobrepuesta y un tra- 
zo oblicuo que cruce su caído, quid. Con una a y un trazo análogo 
al descrito, quam. Con una o sobrepuesta, quo. Con dos oo sobre- 
puestas, quomodo. 

La JR mayúscula en los epígrafes, Rúbrica., 

La 5, con un signo general de abreviación, se lee sunt. 

La s, con una i sobrepuesta, se lee sibi, y algunas veces sui; 
con una c, sic; con una r, super. 

La ¿, con una c, se lee tune; con una i, Ubi; con una m, tum. 

La te, con una i, se lee ubi, y con una o, vero, y algunas veces 
verbo. 

Por último, la x, con una i y una o, se lee, respectivamente, 
Chisti, Christo. 



93 

ear earum. 

expl explicit. 

f ac f acit. 

febr Februarii. 

f ec f ecit. 

fldel fidelis. 

fuer fuerunt. 

gen genuit. 

hab habet. 

id idus. 

incip incipit. 

ioh Johannes. 

it item. 

jan • Januarii. 

jul Julii. 

jun Junii. 

kal kalendas. 

legión Legionis. 

lib liber. 

mat mater. 

nich nichil (por nihil). 

no non. 

nob nobis. 

non nonas. 

not notuit o notarius. 

octob Octobris. 

pat pater. 

placit placitum. 

prid pridie. 

prs presbiter. 

rob roboro, roborat o roboravit. 

salt : salutem. 

scil scilicet. 

sic sicut. 

sign signum. 

sol solidos . 

tam tamen. 

uob vobis. 

vider viderum. 

Abreviaturas por síncopa.— Estas abreviaturas, en 

las cuales se suprimían letras del centro de palabra, 
indicándose la omisión por uno de los signos generales 



94 

de abreviar, fueron las más usadas en la escritura vi- 
sigoda. 

La supresión más frecuente de letras centrales en 
esta escritura consistía en la omisión de las consonantes 
m o n, pero además se generalizó la supresión, no sólo 
de una, sino de dos, tres o más letras, dejándose algu- 
nas de las centrales que más pudieran facilitar la inter- 
pretación de la palabra abreviada. 

Las abreviaturas por síncopa presentan en la escri- 
tura visigoda, lo mismo que en la francesa, la circuns- 
tancia de conservar la contracción la palabra abrevia- 
da en todos sus casos o tiempos. He aquí dos ejemplos: 





SINGULAR 




N. 


nsr, 


nsa, 


nsm. 


G. 


nsi, 


nsae, 


nsi. 


D. 


nso, 


nsee, 


nso. 


A. 


nsm 


, nsam, 


nsm. 


V. 


nsr, 


nsa, 


nsm. 


Ab. 


nso, 


nsa, 
PLURAL 


nso. 



N. nsi, nsae, nsa. 

G. nsorum, nsarum, nsorum. 

D. nsis, 

A. nsos, nsas, nsa. 

V. nsi, nsae, nsa. 

Ab. nsis, 

En las voces conjugables se advierte la misma cir- 
cunstancia, por ejemplo: 

INDICATIVO: PRESENTE 

dno, dnas, dnat, dnamus, dnatis, dnant. 

PRETÉRITO IMPERFECTO 

dnabam, dnabas, dnabat, dnabamus, dnabatis, dnabant. 



95 



PRETÉRITO PERFECTO 



dnavi, dnavisti, dnavit, dnavimus, dnavistis, dnaverunt 
o dnavere. 



FUTURO IMPERFECTO 

dnabo, dnabis, dnabit, etc. 

FUTURO PERFECTO 



dnavero, dnaveris, etc. 



SUBJUNTIVO: PRESENTE 

dnem, dnes, dnet, etc. 

PRETÉRITO IMPERFECTO 

dnarem, dnares, dnaret, etc., etc., etc. 

Las voces compuestas o derivadas conservan tam- 
bién generalmente la síncopa usual para las simples. El 
adjetivo Sanctus, Sancta, Sanctum, por ejemplo, se escri- 
be abreviado por síncopa scs, eca, scm, suprimiéndose las 
letras centrales a, n, t en todos los casos, y esta misma 
supresión se advierte en las palabras sanctificatio, sane- 
iificatoTy sanctificium, sancti ñcare, sanclüoquus, sanctimonia, 
sanctimonialis, sanctitas y sanclitudo, que, respectivamen- 
te, suelen aparecer escritas de este modo: scificatio, sci- 
ficator, scificium, scijicare, scüoqwus, scimonia, scimonialis, 
s citas y scitudo. 

Las principales abreviaturas por síncopa usadas en 
los documentos de letra visigoda, son las siguientes: 

abba abbatissa. 

abbis, abbi, abbem, etc abbatis, i, em, etc. 

agís, agli, etc ángelus, i, etc. 

ags ) au S ustus - 

{ augustas. 



96 

aia, aie, etc anima, se, etc. 

alia alleluia. 

alr aliter. 

ais alius. 

anatha anathema. 

angls, angli, etc ángelus, i, etc. 

antha, anthe, etc ) 

antpha, antphe, etc ( anti P h °™ . 

antixpc Antichristus. 

antixps, antixpi, etc Antichristus, i, etc. 

apd apud. 

apis, apli, etc apostolus, i, etc. 

aplicus, aplica, aplicum, etc. apostolicus, a, um, etc. 

appllo apellatio. 

aprls Aprilis. 

archiepc archiepiscopus. 

archieps, archiepi, etc archiepiscopus, i, etc. 

aum autem. 

bts, bta, btm, etc beatus, a, um, etc. 

bndco benedictio. 

ca causa o carta. 

caplm, capli, etc capitulum, i, etc. 

Chds Chindasvintus. 

cnlm, cnlo, etc concilium, io, etc. 

cntco cántico . 

cois, coe, etc communis, e, etc. 

coss cónsules. 

cpte capite. 

cptlm, cptli, etc capitulum, i, etc. 

cssimi carissimi. 

dcbrs Decembris. 

dcns, dcni, etc diaconus, i, etc. 

Dd David. 

dgm dignum. 

dgr dignetur. 

dilcmi dilectissimi. 

dispoe dispositione. 

dnicus, dnica, dnicum, etc. . dominicus, a, um, etc. 

dnt debent. 

dnus, dni, etc dotninus, i, etc. 

dr dicitur. 

ds, di, etc Deus, i, etc. 

ec esse. 



97 

eccla, eccle, etc 

ecla, ecle, etc 

ecclia, ecclie, etc \ ecclesi 

eclia, eclie, etc 

ee esse. 

egla, egle, etc > , egi et( , 

eglia, eglie, etc ) 

epc episcopus. 

epla, eple, etc epistola, ae, etc. 

eps, epi, etc episcopus, i, etc. 

epstla epistola. 

explt explicit. 

fes, fea, fem, etc factus, a, um, etc. 

fr, fris, etc frater, is, etc. 

f ra feria. 

gla,glie,etc j 

glia, glie, etc j gl0ria ' *> etc ' 

glosus, glosa, glosum, etc. . gloriosus, a, um, etc. 

gra, gre, etc gratia, ae, etc. 

neo, hes, here, hui, etc habeo, es, ere, ui, etc. 

hoo, hois, etc homo, inis, etc. 

ianrs Januarius, Januarias. 

ido ideo. 

ids idus. 

Ierlm Jerusalem. 

Ihrlm 



Ihrslm Jherusalem 

Ihc Jhesus. 

Ihs Jhesus. 

Ihus, Ihui, etc Jhesus, ui, etc. 

ils Julius, Julias. 

inept incipit. 

inrs Januarius, Januarias. 

ins Junias. 

Iohs, Iohis, etc Johannes, is. 

ipe, ipa, ipum, etc ipse, a, um, etc. 

Isrhl Israhel. 

kls kalendas. 

kms, kma, kmum, etc karissimus, a, um, etc. 

lbr liber. 

libllum, liblli, etc libellum, i, etc. 

Ira, lre, etc littera, 33, etc. 

magr magister. 

7 



98 

millus, milla, millum, etc.. millessimus, a, um, etc. 

mis, ma, mm, etc meus, a, um, etc. 

mscrs misericors. 

nbrs Novembris. 

nmen, nminis, etc nomen, inis, etc. 

nmn. nomen. 

nminatus, nminata, nmina-j 

tum, etc [ nominatus, a, um, etc. 

noiatus, noiata, noiatum, etc.) 

nois, noiem, noia, noium. . . nominis, em, a, um. 

nr, nra, nrum o nrm, etc ... } noster , nostra , n o s- 

nsr, nsra ,nsrum o nsrm, etc. ) trum, etc. 

nt notuit. 

octbrs octobris. 

oís, oe, etc 



omnis, e 
omis, orne, etc 

omps, omptis, etc omnipotens, entis. 

oro, orois, etc oratio, onis. 

ppha, pphe, etc propheta, ae. 

ppls, ppli populus, i. 

prbr, prbri presbiter, eri. 

qd quod o quid. 

qnm, qm quoniam. 

rao, raois, etc ratio, onis. 

rgla, rgle, etc regula, ae. 

salm salutem. 

sbto sabato. 

scdm secundum. 

sclum, scli, etc seculum, i. 

scrds sacerdos . 

scs, sea, sem, etc sanctus, a, um. 

sidos, slds solidos. 

sps, sptui, etc . spiritus, ui. 

Srhl Israel. 

stbres Septembris. 

tls titulus. 

tltnus toletanus. 

tps, tporis, etc tempus, oris. 

te, 



testis o testes. 

tsts 

ul vel. 

ur, ura, urm, etc vester, a, um. 

usr, usra, usrm, etc vester, vestra, vestrum. 



99 

Xpc. Christus. 

xpianus, xpiana, xpianum, 

etcétera Christianus, a, um. 

Xpophorus, Xpophori, etc. Christophorus, i. 

Xps, Xpi, etc Christus, i. 

No incluímos en esta lista las abreviaturas por sínco- 
pa en las cuales solamente se suprimía una m o n. Fue 
tan frecuente esta supresión en los documentos de letra 
visigoda, que la enumeración de las palabras en que 
ocurría sería larga y enojosa. 



CAPÍTULO V 

BRAQUIGRAFÍA VISIGODA 

(Conclusión.) 



Abreviaturas por letras sobrepuestas.— Abreviaturas por signos 
especiales de abreviación.— Abreviaturas por enlace y conjun- 
ción de letras.— Letras numerales. 

Abreviaturas por letras sobrepuestas.— Consisten 
estas abreviaturas en suprimir dos o tres letras del cen- 
tro de una palabra, sustituyéndolas una sola que se co- 
loca hiera de la voz abreviada y sobre la sílaba en que 
se ha cometido la omisión. 

Las abreviaturas por letras sobrepuestas se hallan li- 
mitadas en la escritura visigoda a muy reducido número. 

La letra que más usualmente se sobrepuso fue la s, 
a la cual se da el valor de us, como en las palabras: 

S S S 8 

exercit quib i t 

que se leen: exercitus, quibus, justus. 

Cuando esta letra aparece sobre la q, tiene valor de 
ue y como en los siguientes ejemplos: 

8 8 S 

atq namq deniq 

que deben interpretarse atque, namque y denique. 



102 

Aparece también con mucha frecuencia sobrepuesta 
en la escritura visigoda la v y no constituyendo ni verda- 
dera abreviatura, porque no tiene más valor que el so- 
nido de la u como vocal, ni adición para subsanar olvi- 
do del amanuense, puesto que la frecuencia con que se 
repite la superposición de la v en códices y documentos 
visigodos, demuestra que era premeditada, y que con 
ella se obedecía a un uso caligráfico de la época. Ejem- 
plos: 

V V V 

qo nutrits qalitas 

quo nutritus qualitas 

En los últimos tiempos de la escritura visigoda se ge- 
neralizó el uso de las letras sobrepuestas, en fuerza de 
la influencia francesa, que iba modificando las antiguas 
prácticas caligráficas. 

Entonces comenzaron a usarse las vocales sobre- 
puestas para indicar su valor y el de r. Ejemplos: 

a 
involucns involucrans 

e 

ptio pretio 

o 
ppter propter 

i 

pma prima 

Colocadas sobre la q tenían el valor de u y el que les era 
peculiar. 

a 

qle quale 

i 

qsnam quísnam 

e 

qstio questio 

Igualmente se usaron sobrepuestas en la escritura 
visigoda de transición a la francesa las consonantes c y 



108 

m para expresar su valor y el de una vocal cualquiera, y 
la r designando las silabas er, ur (1). 

Abreviaturas por signos especiales de abrevia- 
ción.— Consisten estas abreviaturas en sustituir alguna 
sílaba por una figura gráfica no alfabética, de fácil tra- 
zado. 

La división que en otro libro, y refiriéndonos a la Pa- 
leografía de los siglos xn al xvn, hemos establecido (2) 
de los signos especiales de abreviar en dos especies, se- 
gún indiquen palabra entera o entren en composición de 
palabra, no tiene aplicación a la escritura visigoda, en 
la cual no se usaron los de la primera especie. 

Solamente en los documentos de fines del siglo xi y 
del xii se encuentra a veces usado el signo que indica la 
conjunción et {"[), en virtud de la influencia que ejercía 
ya la escritura francesa en la visigoda. 

Los demás signos entran siempre en composición de 
palabra, combinándose unos con determinadas letras y 
otros indistintamente con cualquiera. 

Los que se combinan indistintamente con cualquier 
letra son los siguientes: 

1.° Un signo, cuya figura es la de una c invertida (o), 
en cuyo centro existe casi siempre un punto. Úsase este 
signo colocado dentro de la caja del renglón y en prin- 
cipio de palabra, y debe leerse con. Ejemplos: 

ofirmat confirmat 

otrarium contrarium 

Pasó este signo a la escritura visigoda de la romana, 



(1) Como todas estas abreviaturas son peculiares de la escri- 
tura francesa y no de la visigoda, nos abstenemos de ampliar 
más estas indicaciones, remitiendo al lector que desee conocer 
mejor el asunto a nuestro Manual de Paleografía diplomática es- 
pañola de los siglos XII al XVII. 

(2) En nuestro Manual antes citado, pág. 135. 



104 

en la cual la q en composición de palabra tenía la mis- 
ma significación. 

2.° El signo % , que también se colocaba dentro de 
la caja del renglón, y que servía para indicar las ter- 
minaciones en rum. Ejemplos: 

dígito V- digitorum 

sarraceno ^ sarracenorum 

3.° Un signo de figura algo parecida a la de nuestra 
llave musical de sol (1). Colocábase dentro de la caja del 
renglón y en fin de palabra, indicando generalmente las 
terminaciones en us, algunas veces las en um, y en al- 
gunos, aunque raros casos, las en is. 

Los signos que se combinan con determinadas letras 
son los siguientes (2): 

l.° Un rasgo anguloso que, arrancado de la base de 
la b> aparece debajo de esta letra y la da valor de bis. A 
veces aparece este signo combinado con otras letras, es- 
pecialmente con la n y la t, pero siempre con significa- 
ción de is. 

2.° La cedilla que, colocada bajo la e, designa la a 
primera del diptongo ®. 

3.° Un trazo ligeramente oblicuo unas veces, verti- 
cal otras, que suele cruzar los perfiles prolongados de 
terminación de las letras l, m, n,ryt,y aun de algunas 
más. Equivale a um, y, por consiguiente, combinado res- 
pectivamente con las letras indicadas a lum, mum, num, 
rum y tum. 

4.° Una coma puesta a continuación de la q en fin de 
palabra, que tiene valor de ue. El uso de esta abrevia- 



(1) Véase en la tabla de abreviaturas que va al final de la se- 
gunda parte de este libro. Signos especiales de abreviación, nú- 
mero 3. 

(2) Téngase presente al leer esta reseña la citada lámina. 



105 

tura suele ser frecuente en la escritura visigoda ma- 
yúscula de la monarquía visigoda. 

El facsímil primero nos ofrece los siguientes ejem- 
plos: 

VOLUMCREMQ' volucremque 

EUMQ' eumque 

SPECULOQ' speculoque 

En la escritura visigoda mayúscula del período de la 
Reconquista, el uso del punto y coma sustituyó al que 
tenía el de la coma. 

5.° Un trazo oblicuo que arranca y termina en dos 
curvas en forma de gancho, y atraviesa a las letras f, s 
y q, dándoles significación de ft, si y qui. 

6.° Un trazo ya recto, ya curvo, ya doble, ya senci- 
llo, que, colocado en el caído de la p, la da el valor 
de per. 

En los últimos tiempos de la escritura visigoda y por 
influencia de la francesa, se estableció distinción entre el 
significado de la p con trazo recto {per) y con trazo cur- 
vo {pro). 

Abreviaturas por enlace y conjunción de le- 
tras.— Se dice que dos letras son enlazadas cuando tie- 
nen un trazo común en la escritura mayúscula, o cuan- 
do están formadas sucesivamente, en la minúscula, de 
tal manera que el perfil de terminación de la una sirve 
de trazo de arranque a la siguiente. 

Se da el nombre de encajada a toda letra encerrada 
dentro de otra, pero sin que sus trazos atraviesen o cru- 
cen los de la exterior. Y se llaman conjuntas las letras 
que aparecen colocadas unas sobre otras, cruzándose 
mutuamente sus líneas. 

Las letras mayúsculas encajadas, enlazadas y con- 
juntas se usaron con frecuencia en la escritura de los 



106 

códices para los epígrafes, y además algunas veces en 
la primera línea de los documentos. 

Un ejemplo de estas letras puede verse en la tabla 
de abreviaturas, sacada de la primera línea de una car- 
ta de donación otorgada por la reina Doña Urraca al 
monasterio de San Pedro de Exlonza en la era 1137 
(año 1099 de J. C). Su interpretación es la siguiente: 

«In nomine sancte et individué trinitatis .eterni 
sgiliget genitorls ante sécula deus existentis unige- 
n1tique redemtoris sine inicio temporum de eodem pa- 
tre erugtuantis almi atque flaminis ex utroque...» 

En este fragmento de escritura capital visigoda apa- 
recen enlazadas la n y la d de la palabra individúe; la 
a e (m) de .eterni; la t y e de ante; la n y t de existentis; 
la n y e de sine; la t y e de temporum y la t y r de pa- 
tre. Hállanse encajadas las dos n en la c y l, y la e en 
la c de la palabra sgiliget; la i en la c de inicio, y otras 
dos ii en las mm de las palabras almi y flaminis. 

En la palabra de que aparece al final de la tercera 
línea se hallan conjuntas sus dos letras. 

De la combinación de letras mayúsculas enlazadas, 
encajadas y conjuntas, constituyendo un signo expresivo 
de un vocablo, resultó el monograma, que recibe el nom- 
bre de completo cuando en él están agrupadas todas las 
letras de la palabra, y de incompleto cuando falta al- 
guna. 

El uso de los monogramas estuvo limitado en los do- 
cumentos de letra visigoda al Chrismon (monograma 
del nombre de Cristo), que se ponía como invocación al 
principio de los documentos, y a algunas signaturas de 
monarcas, magnates y notarios, cuyos nombres se es- 
cribían en forma monogramática. 

El Crismon, monograma de Cristo, compuesto origi- 
nariamente de la X y la P, iniciales de XpSToS, conservó 
la forma romana en las inscripciones epigráficas de 
letra visigoda, llevando a veces el A y a, que distinguía 



107 

el Crismon usado por los católicos del que usaban los 
arríanos. 

En los documentos más antiguos de letra visigoda apa- 
recen generalmente usadas la X y P en sus formas mi- 
núsculas xp, presentando bastante imperfecta su figura 
y teniendo la segunda de estas letras un largo caído, 
desde cuya base, en dirección a la derecha, arranca una 
larga línea horizontal (1). 

En los últimos tiempos de la escritura visigoda, y en 
virtud de la influencia francesa, se volvió a poner en uso 
la antigua forma romana del Crismon, cuya base eran 
las letras X P. 

En Navarra, en el siglo xi, se usó un monograma 
como invocación para el principio de los documentos, 
que, por su figura especial (2), ha dado lugar a interpre- 
taciones diversas. Compónese este signo de un trazo 
vertical ligeramente encorvado, y de las letras que com- 
ponen las palabras noster rex. 

Algunos interpretan este monograma Sancius noster 
rex, juzgando S y sigla de Sancius lo que en realidad 
es Je inicial de Jhesus, olvidando el carácter religioso 
de la época, en la cual no puede concebirse que se olvi- 
dase el nombre de Dios para invocar el del monarca rei- 
nante, y desconociendo, por último, que se usó este signo, 
no sólo cuando ejercían soberanía reyes que llevaban el 
nombre de Sanchos, sino también en épocas en que rei- 
naban otros monarcas que no se llamaban así. 

Estas razones bastan para considerar el signo des- 
crito comp una invocación e interpretarle Jhesus noster 
rex. 

El uso de los monogramas no dejó de ser frecuente 
en las signaturas de los documentos de letra visigoda. 



(1) Pueden servir de ejemplos los que aparecen en los docu- 
mentos XIX, XXI, XXIII, XXIV, XXV, etc. 

(2) Véase la flg. 3 de la tabla de abreviaturas. 



108 

En la tabla de abreviaturas (1) insertamos facsímile 
del que usaba el desgraciado D. García, rey de Galicia, 
destronado por su hermano Alfonso VI. 

Los enlaces de las letras minúsculas son de mas di- 
fícil interpretación, porque en muchos casos sufre modi- 
ficaciones notables la forma de las letras al verificarse 
el ligado. En la tabla de alfabetos, y bajo el epígrafe de 
nexos, insertamos los enlaces más comunes en las escri- 
turas minúscula y cursiva visigodas. 

Letras numerales. — Para terminar el estudio de las 
abreviaturas, daremos idea de la manera como se ex- 
presaba abreviadamente la numeración en la escritura 
visigoda. 

Los visigodos adoptaron las letras numerales roma- 
nas I, V, X, L, C, D y M, que siguieron usándose hasta 
el siglo xii, y para cuya interpretación en los documen- 
tos anteriores al siglo xn basta tener presentes las si- 
guientes reglas: 

1.' Que la I, la X y la C se usaron, ya en la forma 
mayúscula, ya en la minúscula, ya en la cursiva de la 
escritura visigoda, repitiéndose hasta cuatro veces como 
en la antigua escritura romana, por no ser frecuente la 
regla de la sustracción que hoy rige en la numeración 
romana moderna. 

2. a Que la V adoptó generalmente la forma propia 
de la consonante, si bien a veces tiene la peculiar de la 
vocal y casi siempre es minúscula. 

3. a Que el numeral 40 solía indicarse por medio del 
signo .)$, nexo de XL. 

4. a Que para la L y la D se adoptaron indistintamen- 
te las formas capital, uncial, minúscula y cursiva. 

5. a Que el numeral mil, además de indicarse con 



(1) Véase monograma núm. 4 



109 

la M ya capital, ya uncial, ya minúscula, se expresó 
mediante una I con un trazo sobrepuesto I, siguiéndose 
la antigua costumbre romana de indicar los millares por 
medio de las unidades con una línea horizontal encima; 
y, por último, que también se expresaba mil por medio 
de una T, que se derivó del signo I. 

Los ablativos de los numerales ordinales se indica- 
ban por medio de los cardinales con una o ó una a, se- 
gún el género que les correspondiera, puestas ya sobre 
los números, ya a continuación de los mismos. Ejemplos: 

M a ) 

__ ¡millesima. 

M> \ 

XX o vigésimo. 



CAPITULO VI 

ORTOGRAFÍA VISIGODA 



Ortografía visigoda.— Incorrecciones más notables que presentan 
los diplomas y códices de los siglos v al xn, en cuanto al uso 
de las letras. 



Estudiados en los anteriores capítulos los alfabetos y 
los sistemas de abreviar de los siglos x al xh, correspon- 
de tratar en éste de la Ortografía, con lo cual completa- 
remos el estudio analítico de la escritura visigoda. 

La invasión de los pueblos del Norte contribuyó po- 
derosamente a la decadencia en materia de ortografía, 
no sólo por la natural perturbación que ocasionó en los 
estudios de la antigüedad clásica, sino también porque, 
adoptada por los conquistadores la lengua latina, hubie- 
ron de acomodarla a sus peculiares condiciones eufóni- 
cas, y sabido es que las alteraciones de la pronunciación 
se reflejan necesariamente en la escritura. 

Uno de los eruditos más inteligentes y laboriosos de 
cuantos se han dedicado al estudio de nuestros documen- 
tos y códices, el Sr. Eguren, ha sostenido en un trabajo 
bibliográfico, que obtuvo merecido premio en público 
certamen, que la ortografía latina fue conocida y obser- 
vada en la monarquía visigoda, citando en apoyo de su 
aserto las sabias reglas expuestas por el insigne San 
Isidoro en sus Etimologías. 



112 

Nada hay tan distante de la verdad como esta opi- 
nión. Pudieron conocerse y practicarse las reglas orto- 
gráficas por las pocas personas ilustradas que se dedi- 
caban al estudio de los gramáticos del Imperio; pero la 
generalidad no sometía su escritura a los preceptos gra- 
maticales. Abundantes pruebas de esta verdad ofrecen 
las inscripciones y los códices visigodos, plagados de 
errores y de incorrecciones. Aun las mismas Etimologías 
del ilustre prelado de Sevilla, al establecer más bien 
reglas casuísticas que preceptos de carácter general, 
demuestran que con ellas trató principalmente de poner 
correctivo a las faltas que en materia de ortografía se 
cometían con más frecuencia. 

No puede explicarse de otra manera el detenimiento 
con que procura enseñar que la preposición ad debe es- 
cribirse con d, y la conjunción at con t; que haud (no) 
y aut (o) se distinguen respectivamente por su d y por 
su t finales; que apud debe escribirse con d; que aquus 
(igual) se diferencia por su diptongo de equus (caballo); 
que el demostrativo id termina en d y el verbo it (va) 
en t; que Tríalo (malo) y mallo (quiero más), se diferencian 
por la doble l de esta última palabra; y, por último, que 
hos y os, ora y hora, expresan ideas distintas según ten- 
gan o no h: 

Si las inscripciones de época visigoda no ofrecie- 
ran por sí solas datos bastantes para juzgar a qué ex- 
tremo había llegado la incorrección ortográfica en la 
monarquía visigoda, bastarían dichos preceptos para 
deducir que en tiempos de San Isidoro se confundía el 
uso de la t con el de la d, y se desconocía el correcto 
empleo del diptongo ®, de la h y de las consonantes du- 
plicadas. 

Conquistada la España por los árabes, aumentó la 
decadencia ortográfica en las regiones que ocuparon los 
infieles, porque poco a poco fueron olvidando los cris- 



113 

tianos su propio idioma, para adoptar el de los domina- 
dores; y en los reinos de la Reconquista, porque los tra- 
bajos de la restauración y sus vicisitudes continuadas, 
no eran circunstancias favorables para el desarrollo de la 
cultura literaria. 

Solamente en los últimos tiempos de la escritura vi- 
sigoda, cuando empezó a ser influida por la francesa, 
cuya reforma ortográfica se había hecho en Francia bajo 
el Imperio de Carlomagno, mejoró considerablemente 
la ortografía. 

No es igual ésta en las diversas clases de monumen- 
tos escritos. En los códices fue, por lo general, menos in- 
correcta la ortografía que en los documentos, porque el 
amanuense tenía a la vista un modelo que imitar en el 
caso de que copiase sin auxilio de persona alguna los 
libros, y estaba bajo la dirección del magister scripiorum, 
encargado de corregir las copias en el caso de que éstas 
se hiciesen al dictado en el scripiorium. 

He aquí reseñadas las principales incorrecciones or- 
tográficas que contienen los monumentos escritos en 
letra visigoda. 

A. En algunas voces aparece usada por e. Ejem- 
plos: consacrata, Sabaslianus, por consecrata, Sebastianas. 

Por au; Ag usías, Agustinus, por Augustas, Augustinus. 

B. Usóse a veces por p: babtizare, cabtus, abud, dubla- 
tum, por baptizare, captus, apud, duplaium. 

Por v: bwus, brebia, labacri, abitas, por vivus, brevia, 
lavacri, civitas. 

C Omitida en algunas palabras que debe duplicar- 
se: acesit, acepit, por accésit, accepit. 

Usada por h: mici, nicil, por mihi, nihil. 

Por t, antes de i seguida de otra vocal: precium, gra- 
cia, por pretium, gratia. 

Por s en las abreviaturas por síncopa xpc, epc, iohc, 
ihc (Ghristus, episcopus, Johannes, J/iesusJ. Este uso de la c 



114 

por s es de origen griego. En el alfabeto uncial de este 
pueblo la s solía tener figura de C. 

D. Usada frecuentemente por t: terridorio , habiduram, 
Chindas vindus, Recesvindus , floread, por territorio, habitu- 
ram, OMndasvintus, Recesvintus, floreat. 

Por b: sud honor 'e, en vez de sub honor e. 

E. Por a y &. Esta incorrección ortográfica es fre- 
cuentísima. Ejemplos: celum, edificare, anime, vite, ceno- 
bium, penitentia, ceptum, por calum, mdificare, anima, vi- 
ta, cmwbium, pcenitentia, cceptum. 

En cambio se hallan escritas con e con cedilla, es de- 
cir, con diptongo a, muchas palabras que debieran es- 
cribirse sin él: prmsbiter, apiscopus, prcetio, aciesia, por 
presbiter, episcopus, pretio, ecclesia. 

Usada por a y por i: Stefenus, neglegentia, baselica, fe- 
mena, genetor, nomene, en vez de Stephanus, negligentia, 
basilica, femina, genitor, nomine. 

Sobrante en algunas palabras en las cuales se colo- 
caba antes de la s líquida con que deben comenzar. 
Ejemplos: Fstephanus, estellarum por Stephanus, stellarum. 

F. Por ph: Stefanus por Stephanus. 
Por v: audifi por audivi. 

G. Por c: eglesia, edifigatus, vindigare, en vez de eccle- 
sia, edificatus, vindicare. 

Usada a veces supérfluamente: origentis por orientis. 
H. Omitida: orno, abitandum, abeatis, oc, por homo, ha- 
bitandum, habeatis, hoc. 

Usada indebidamente: homnia, hamen, por omnia, 
amen. 

En lugar de/: Hebruarii por Februarii. 
I. J. Usóse la primera de ambas letras haciendo los 
oficios propios de ambas. 

/por y: kirie por kyrie. 

/omitida: domnus, domna, por dominas, domina. 

Usada indebidamente: ispiritum por spirilum. 

Por e: Erminigildus por Bermenegildus. 



115 

K. Usada por c y por ch: hasale, Kastella, harta, por 
cásale, Gastella, carta. 

L. Por n: lullis por nullis. 

M. Suprimida: Decebris por Decembris. 

N. Por m: Novenbris por Novembris. 

O. Por u: colomba, tomólo, por columba, túmulo, 

P. Por b: apatis por abbatis. 

Por r; en las abreviaturas xpo, xpophorus, etc. (Ghris- 
to, Christophorus) , que se escribían en un principio en 
nuestros documentos con caracteres griegos, entre los 
cuales figuraba la p . 

R. Usada sencilla en ocasiones en que debía escri- 
birse doble: tera por térra. 

S. Usada por is, es o kis, hes en principio de palabra: 
Spania, Spalensis, Srael, Spcria, por Hispania, Mspalensis , 
Israel, Hesperia. 

Usada por x: ausiliare, eslraneus, por auxiliare, extra- 
neus. 

T. Por d: aput, quot, en vez de apud, quod. 

U y V. En la escritura visigoda se hizo casi exclusi- 
vo de la u, ya con el valor de consonante, ya con el de 
vocal. 

Usóse a veces por o: episcupus, epistula, por episcopus, 
epistola. 

X. Usada por ch en las abreviaturas Xpo, Xpophoro, 
etcétera, por el origen griego (xps) de estas abreviaturas. 

Z. Por c: rezedere por recedere. 



CAPÍTULO Vil 

ORTOGRAFÍA VISIGODA 

(Conclusión.) 



Signos de puntuación usados en la escritura visigoda.— Acentos. 
Interrogación.— Admiración.— Signos de corrección.— Signos 
que se usaron en los códices para mejor inteligencia del texto. 

Reseñado el uso ortográfico que de las letras se hacía 
en los documentos y códices en escritura visigoda, co- 
rresponde examinar, para completar este estudio analí- 
tico, los signos ortográficos, determinando cuáles desig- 
naban las distintas divisiones de la cláusula, qué uso se 
hacía de los acentos, de la interrogación y de la admira- 
ción, de qué modo se hacían las correcciones y qué sig- 
nos se ponían en los códices para mejor inteligencia del 
texto. 

Signos que indicaban las divisiones de la cláusula. 
En la antigüedad griega y romana se usaron tres signos 
de puntuación: uno equivalente a nuestra coma, llamado 
así también por los griegos xonixa y por los latinos incisum 
o subdistintio; otro con el mismo valer de nuestros dos 
puntos o nuestro punto y coma, que fue denominado 
xwxxov (miembro), jisoyi cuyi^ (punto mediano) y por los 
romanos media distinctio, y el tercero que hacía los ofi- 
cios del punto final y llevaba entre griegos y latinos, res- 



118 

pectivamente, los nombres de tsXsia axiyjxYi (punto perfecto) 
y distinctio o ultima distinctio. 

El incisum se indicaba por medio de un punto en la 
línea inferior de la caja del renglón. La media distinctio 
con un punto en el centro de la altura de las letras. La 
ultima distinctio se expresaba con un punto en la línea 
superior de la caja del renglón. 

En la época visigoda se descuidó por completo el co- 
rrecto empleo de la puntuación, y aunque San Isidoro 
consignó en sus Etimologías reglas para el uso de los 
signos ortográficos conformes con las que hemos ex- 
puesto, no fueron obedecidas, existiendo gran confusión 
en cuanto al empleo de estos signos. 

En los documentos y códices de los cuatro primeros 
siglos de la Reconquista la puntuación fue muy varia, 
usándose indistintamente para indicar el punto, los dos 
puntos, el punto y coma y la coma, los signos siguientes: 



Acentos.— Son raros los documentos en que aparecen 
usados. Los únicos que suelen presentar son los que van 
colocados sobre la i duplicada (íí) con el fin de distinguir- 
la de la #, costumbre que se observa en los códices y 
documentos de los siglos ix, x y xi. 

Interrogación y admiración.— La interrogación solía 
indicarse con un signo de figura parecida a la moderna, 
aunque algo más angulosa. A veces se designaba la in- 
terrogación por medio de una O con un punto en su 
centro. 

Este último signo era el más común para la admira- 
ción. También era indicada con el otro signo de interro- 
gación que hemos descrito. 

Signos de corrección.— Las palabras o letras que 
como supérfluas debían suprimirse, solían, como entre 
nosotros, tacharse por medio de líneas horizontales. En 



119 

otras ocasiones se las acompañaba de puntos que, colo- 
cados debajo de una letra o sílaba, indicaban que no de- 
bían leerse. 

Para enlazar el texto corregido con las palabras que 
se le añadían, colocándolas entre renglones o al margen, 
se ponía en el sitio que debieran ocupar un signo de lla- 
mada, y otro antes de las palabras añadidas. Este signo 
llevaba el nombre de alogus (de aXXotow, mudar) y tenía, 
entre otras, estas distintas figuras: 

t T) i .7. v .t. + :-k 

Usóse indistintamente en diplomas y códices, aunque 
en estos últimos con mayor frecuencia. 

Signos que se usaron en los códices para mejor in- 
teligencia del texto. — Existen otros signos que apare- 
cen en los códices refiriéndose a la lectura que debe dar- 
se a los textos. Los más usuales son los siguientes: 

1 .° El asterisco (de aoxYjp, estrella), que tenía unas veces 
la figura que indica su etimología, y otras la de una X 
con cuatro líneas bisectrices de sus ángulos o con cuatro 
puntos. Poníase en los pasajes en que se observaba algu- 
na omisión notable. 

2.° El obelo (de opeXos, saeta), que tenía la forma de 
esta arma y que servía para designar las palabras y sen- 
tencias repetidas superfluamente o aquellos pasajes cuya 
falsedad era manifiesta. 

Con un punto encima indicaba los pasajes respecto a 
los cuales cabía la duda de si debían o no suprimirse. 

3.° El asterisco combinado con el obelo > que se usaba 
para designar los versos que aparecían colocados en lu- 
gar distinto del que les correspondía. 



4.° El lemnisco (Xyjimaxoe), que se colocaba juntQ a los 
textos que habían sido explicados en el mismo sentido o 
vertidos a distintos idiomas de modo análogo por los in- 
térpretes de la Sagrada Escritura. 



120 

Tenía la figura de una línea horizontal entre dos pun- 
tos (*). 

5.° El antigrafo (de avxi, contra, y -{p&yr¡, escrito) que 
tenía figura de una Y con un punto encima (X), y desig- 
naba los pasajes de los cuales había versiones con dife- 
rentes sentidos. 

6.° El parágrafo (de ™xpa, junto a, *(9*<rn, escritura) y 
que se colocaba al principio del párrafo y para estable- 
cer separación con el anterior. Estaba compuesto de una 
línea vertical unida en ángulo recto con un trazo que, 
arrancando de su extremo superior, se dirigía hacia la 
derecha (r). 

7.° La positura, de figura parecida a un 7 y que, uni- 
da al fin de cada párrafo servía para separarle del si- 
guiente. 

8.° La Gryhhia (nombre griego derivado del verbo 
xptxpco, estar oculto) que tenía figura de una C tendida y 
con un punto encima (¿ ) y que se colocaba al margen 
de los pasajes que por su obscuridad no podían inter- 
pretarse. 

9.° La antisigma, llamada así porque tenía la figura 
de la sigma uncial invertida (q), que designaba los ver- 
sos cuyo orden debía alterarse. 

Con un punto en su centro indicaba los pasajes en 
que se habían escrito dobles versos conformes en su sen- 
tido, aunque no en su estilo, en vista de los cuales igno- 
raba el anotador por cuáles se debía optar. 

10. El diple (sucXvj), que tenía figura semejante a la de 
una Y tendida (>h ). Solía colocarse en las obras de es- 
critores eclesiásticos para indicar las citas de pasajes de 
la Sagrada Escritura. 

Con un obelo en su centro indicaba los distintos in- 
terlocutores en el diálogo dramático. 

11. El Geraunium (de xspauviov, rayo), que servía para 
desechar como superfluas largas tiradas de versos, evi- 
tando que hubieran de repetirse los obelos. Componíase 



121 

de las letras X I conjuntas, o de la V con la I enca- 
jada. 

12. El Chresimon (del verbo xptgw, gritar) servía para 
llamar la atención sobre un pasaje cualquiera. Su figura 
era compuesta de las letras X y P conjuntas en la misma 
forma que afectan en el monograma de Cristo. 

13. El frontis (de cppovug, cuidado, atención), com- 
puesto de las dos primeras letras de la anunciada pala- 
bra griega o y P en conjunción y enlace. Indicaba que 
había de leerse con detenimiento un pasaje cualquiera, 
ya por su obscuridad, o ya porque la profundidad de sus 
conceptos no permitía su fácil comprensión. 

14. El áncora (anchor a), signo de la figura que su 
nombre indica, que cuando tenía en la parte superior su 
mayor anchura servía para llamar la atención sobre los 
pasajes más notables por la elevación de sus ideas, y 
cuando presentaba hacia abajo su parte más ancha, in- 
dicaba que había en el texto algún pasaje repugnante o 
inconveniente. 

Y 15. El coronis (xopomc), figura compuesta de tra- 
zos curvos Tue solía colocarse al final de los libros (1). 



(1) En la lámina que va después de este capítulo, incluímos 
estos distintos signos. 



PARTE TERCERA 

EJERCICIOS DE LECTURA PALEOGRAFICA 



Los cuarenta y cuatro facsímiles que, para que sirvan 
de tema a los ejercicios de lectura paleográfica y de com- 
probación práctica a los principios y reglas contenidos 
en la primera y segunda parte de la presente obra, in- 
sertamos en esta tercera, están tomados directamente 
de documentos y códices existentes en el Archivo His- 
tórico Nacional y en las Bibliotecas Nacional, de San Lo- 
renzo de El Escorial, de la Academia de la Historia y de 
la Escuela Superior de Diplomática (1). 



(1) De estos depósitos literarios, no sólo hemos tomado los 
facsímiles que publicamos, sino también todos los datos consig- 
nados en este libro. 

No obraríamos con justicia si no hiciéramos público nuestro 
agradecimiento a los Jefes y Empleados de los referidos Esta- 
blecimientos por las facilidades que nos han proporcionado para 
los trabajos de investigación. En la imposibilidad de citar a cuan- 
tas personas hemos molestado con ocasión de este libro, enviamos 
la sincera expresión de nuestro reconocimiento a los señores don 
Francisco González de Vera y D. José de Foradada, Jefe y Se- 
cretario del Archivo Histórico, a nuestro Catedrático el señor don 
Cayetano Rosell y al Sr. Octavio de Toledo, Director el primero 
y Oficial el segundo de la Biblioteca Nacional; al Sr. D. Juan de 
Dios de la Rada y Delgado, y a D. Vicente Vignau, Director y Se- 
cretario de la Escuela Superior de Diplomática; al Sr. D. Manuel 
Goicoechea, Oficial de la Biblioteca de la [Academia de la Histo- 
ria, y a D. Darío Cordero, encargado de la Biblioteca de El Esco - 
rial cuando en ella tomamos los apuntes, datos y facsímiles in- 
dispensables para este trabajo. 



124 

Los catorce primeros facsímiles están sacados de 
códices; el XV contiene muestras de escritura cifrada, y 
los siguientes son reproducciones de documentos hasta 
ahora inéditos. 

Para facilitar su lectura insertamos a continua- 
ción la 



VERSIÓN 



A LA ESCRITURA CORRIENTE DE LOS CUARENTA Y CUATRO FACSÍ- 
MILES QUE SE INCLUYEN EN ESTA TERCERA PARTE PARA QUE 
SIRYAN DE TEMA A LOS EJERCICIOS DE LECTURA PALEOGRÁFICA 



FACSÍMILES de códices 



Facsímil de la escritura capital contenida en el Códice Ovetense 
de la Biblioteca de El Escorial. 



Succingant ederave comas augustius umbrent 
En quos flammantem iubeas volitare perethram 
Quid mage pernices aquilas vis pigra elefantum 
Precurret volucremque pigens testudo molossum 
Quam nos rori eluam sectemur carmine lunam. 
Histam en incurvus per pondera terrea nitens 
Dicam quur fesso libescat circulus orbe 
Purpureumque jubar niuei quur tabeatoris 
Non illam ut populi credunt nigrantibus antris 
Inferans ululans mulier predira sub umbras 
Detrait alti vago especulo neo carmine victa. 
Vel ror estygis aut here térra matri crepantem 
Vincibilemque petit clangorem quippe peratram 



125 

Qua citimus limes dispecit túrbida puris 
Inviolatam eat sed vasto corpore tellus 
Que médium tenet im Apolum dum culmina fratris 
Desinet umbriferis moetistum sidere casso... 



II 



Facsímil de la escritura capital contenida en el Códice Ovetense 
de la Biblioteca de El Escorial. Signatura R. II. 18. 

Quia secretis Dei ad salutem humani generis per uni- 
versum mundum mittuntur item non numquam venti in- 
centores spiritus poni solent pro eo quod male sugges- 
tionis flatu ad terrena desideria iniquorum corda succen- 
dunt secundum quo scriptum est tollet eum ventus 
hurens. 



xxxvii. — De nomina ventorum. 



Ventorum primus cardinalis septentrio frigidus et 
nivalis flat rectus ab axe et facit árida frigora et siccas 
nubes hic et aparcias. 

Circius qui et Trascias hic a dextris septentrionis in- 
tonans facit nives et grandinum coagulaciones. 

Aquilo ventus qui et Bóreas vocatur ex alto flans ge- 
lidus adque siccus et sine pluvia qui non discutit nubes 
sed stringit. Unde et non in mérito diabuli formam in- 
duit. Quia in iniquitate frigoris gentilium corda cons- 
tringit. 



126 



III 



Facsímil sacado del Códice Q. II. 24 de la Biblioteca de El Esco- 
rial. Contiene las Etmologías de San Isidoro. 



ISIDORUS VIR EGREGIÜS SPALENSIS ECLESIE EPISCOPÜS 
LEANDRI EPISCOPI SUCCESSOR ET GERMANUS. 

Floruit a tempore mauricii imperatoris et recaredi 
regis in quo quídam sibi antiquitas vindicabit immo nos- 
trum tempus antiquitatis in eo scientiam imaginabit. Vir 
in omni locutionis genere formatus ut inperito doctoque 
secundum qualitatem sermones existeret abtus. Congrua 
vero oportunitate loci incomparabili eloquentie clarus 
Jam vero quantus sapientia fuerit ex ejus diversis studiis 
et elaboratis opusculis per facile prudens intelligere po- 
terit. Denique de his que ad nostram notitiam venerunt 
ista conmemorabi. Edidit enim libros differentiarum dúos 
in quibus subtili discretione eaque confuse husu profe- 
runtur sensu discrevit. 



IV 



Facsímil de la escritura existente al folio 95 del Códice Ovetense 
de la Biblioteca de El Escorial. 



In nomine Domini. Hoc est inventarium librorum ad- 
notatum deo annuente sub era DCCCCXX. 

Bibliotheca veteris ac novi testamenti. 

Expositum Danielis et apocalipsin et canticum canti- 
corum. In uno corpore. 



127 

Expositum Ezecielis. 

Libros Orosii. Liber psalterium. 

Libros Storie eglesiastice. 

Libros Beati agustini de civitate dei. 

Libros Apringi episcopi et lunilli In uno corpore. 

Liber Omeliarum beati Gregorii. 

Liber Conlationum. 



Facsímil del códice de El Escorial que lleva por título: «Vetus co- 
lletio regularunt monasticarum, escrito por la monja Leodegun- 
dia en la era 850 (año de J. C. 812). 

Oratio DE LECTORE. 

Versiculus. Domine labia mea aperias et os meum 
annuntiabit laudem tuam. 

Deus aperiat tibí osteum sermonis ad loquendum mys- 
terium Christi; Ut sermo tuus sit semper in gratia sal 
conditus ut audientium corda spirituali cibo reficiant et 
temetipsum ad intellegendum solliciorem reddat amen, 

Ítem prologus de regula sancti patris nostri 
Benedicti Abbatis. 

Absculta, ¡filii! precepta magistri et inclina aurem 
cordis tui et admonitionem patris pii pastoris libenter 
exhipe et efficaciter... 



vi 



Facsímil del códice de la Biblioteca Nacional, que contiene las 
Morales de San Gregorio sobre Job. Escribióse este códice en 
la Era 983 (año de 945 de J. C.) 

Factum est silentium in celo quasi media hora. Ce- 
lum quippe eclesia electorum vocatur que ad eterna 
8ublimia dum per sublevationem contemplationis inten- 



128 

dit, surgentes ab infimis cogitationum tumúltus premit, 
atque intra se deo quoddam silentium facit. Quod qui- 
dem silentium contemplationis quia in hac vita non po- 
test esse períectum, íactum media hora dicitur. Nolenti 
quippe animo cogitationum tumultuosi se strepitus in- 
gerunt et jam sublimibus intendentem rursum ad respi- 
cienda terrena cordis oculum viliolenter trahunt, unde 
scribtum est: Corpus quod corrumpitur adgrauat ani- 
mam et deprimit terrena inhabitatio sensum multa co- 
gitantem. Bene ergo factum hoc silentium non integra 
sed media hora describitur quia hic conté mplatio ne- 
quáquam perficitur quamvis arden... 



vil 



Facsímil de un códice escrito en los años 968 a 970, que contiene 
comentarios sobre el Apocalipsis. Perteneció a la Escuela Su- 
perior de Diplomática y hoy se conserva en el Archivo Histó- 
rico Nacional. 



O BIRUM VERÉ BEATUM QUEM EBUSTARI CLAUSTRA SAR- 
COFOGATUM! ET ILLE ERAT DESIDERÁTUM VOLUMIMI UJUS 
AD PORTUM ÍTEM CONSUTUM, ARCIPICTORE ONESTUM MAGn 
PRESBITERU ET CONVERSI EMITTIT LAVORE INQUOATUM 
EQUO PERENNE PERREXIT AD ÜRISTUM DIEM SANCTI FAUS- 
TI III IDUS KALENDAS ÜEBRUARlAS DIEM ABUIT TERTIU ET 
DISCESSIT AB EVO, ERA MILLESSIMA SEXTA. 

Ego vero Emeterius presuiter et a magister meus 
Magi presbiteri nutritus, dum domino suorum librum 
construere cum voluerunt, vocaverunt me in Tavarense 
arcisteri sub umbráculo sancti Salbatoris et de quos in- 
veni inquoatum de Kalendas magias usque VI kalendas 
Agustas inveni portum ad librum cum amni suo ma- 
gisterio magistrum meum sic eum mereat coronari cum 
Christo. 



129 



¡O turre Tabarense alta et lapídea insuper prima teca 
ubi Emeterius víbus que mensis cucurvior sedit et cum 
omni membra calamum conquassatus fuit! Explicit li- 
brum VI kalendas augustas. Era millesima VIII a . 



VIII 

Facsímil de la letra minúscula de la Biblia mozárabe que per- 
teneció al Cabildo de Toledo y hoy se conserva en la Bibliote- 
ca Nacional.— Siglo x. 

Hodientes malum adherentes bono caritate fraterni- 
tatis invicem diligentes honoren invicem prevenientes 
sollicitudine non pigri spiritu verventes. Domino ser- 
vientes spe gaudentes in tribulatione patienter orationi 
instantes necessitatibus sanctorum communicantes ospi- 
talitatem sectantes. 

Benedicite persequentibus vos, benedicite et nolite 
maledicere, gaudete cum gaudentibus, flete cum flen- 
tibus. 

Id ipsum invicem sentientes. Non alta sapientes set 
humilibus consentientes nolite esse prudentes apud vos 
metipsos, nulli malum pro malo reddentes. Providentes 
bona non tantum coram deo sed etiam coram hominibus. 

Si fieri potest quod ex vobis est cum ómnibus homi- 
nibus pacem habentes. 



IX 



Facsímil de la nota de caracteres unciales que aparece al final 
de la misma Biblia.— Siglo x. 

IN NOMINE DOMINI SALVATORIS nostri Ihesu 
Christi. Auctor possesorque hujus libri in quo vetus no- 
vumque omne sacrum testamentum continetur Servan- 



130 

dus dive memorie fuit. Qui enim vero natus eruditusque 
in beata Spalensis sede postea catedram Bastigitane 
meruit tenere. A quo Ínclito viro concessus est hic codex 
Johanni Sodali intimoque suo qui etiam postea quam in 
hanc eximiorem sedem Spalensis nutritus et a patruo 
suo beate memorie Stefano sapientissimo loculentissi- 
moque Cordovensis sepiscopo eruditus sacerdotii ordi- 
ne dedicatus ad Cartaginem sedem missus est iEpisco- 
pus. Et item inde translatus Cordube magne regieque 
sedis presul electus. 



Facsímil tomado de varios pasajes de un códice bíblico del 
siglo x, perteneciente a la Real Academia de la Historia. 

Sicut enim vinum semper bibere aut semper aqua 
contrarium est alternis autem uti delectabile, ita legen- 
tibus si semper exactus sit sermo non erit gratus, hic, 
ergo erit consumatus. 
• •••»*•• •«•• •••*« • »•••••••••••• ••••••••••'•«••■ •*•• 

EXPLICIT MACCABEORUM LÍBER SECUNDUS TÁNDEM FI- 
NITIS VETERIS INSTRUMENTI LIBRIS QUOS EOLESIA CA- 
THOLICA IN CANONE DIVINARUM RECIPIT SORIBTURARUM 
AD EVANGELIA NO VUMQUE TESTAMENTUM ÜHRISTO JUBAN- 
TE PERVENIMUS. AMEN. 

Audite cceli et auribus percipe térra quia Dominus 
loquutus est: Filios enutrivi et exaltavi; ipsi autem 
spreverunt me. 



Incipit prologus Hieremie profete 



131 



XI 



Facsímil sacado del códice de El Escorial & I, 3, escrito en la 
era 1085 (año 1047 de J. C.) 

De notis digitorum. 

Sunt quedam et digitorum note, sunt et oculorum 
quibus secum taciti proculque distantes conlocuntur si- 
cut mos est militaris ut quotiens consentit exercitus 
quia voce non potest, manu promittat. 

Alii quia voce non possunt, gladiorum mutii salu- 
tant. Ennius de quada inpudica quasi in coropida lu- 
dens datatim dat sese et comunem facit. 

Alium tenet, alium adnotat, alium manu est ocupa- 
ta, alii pervellit pedem, alii dat anulum spectandum a la- 
bris, alium invocat cum alio cantat. Attamen alus dat 
digito litteras. Et Salomón: Annuit oculo, teret pede, dí- 
gito loquitur. 

Titulus VI. De Ortografía. De Analogía. De Ethi- 
mología. 

§ XI. 

De Ortografía. 



XII 



Facsímil de un códice de la Biblioteca Nacional, escrito en tiem- 
po de D. Fernando I y doña Sancha. Contiene los Comentarios 
de Beato sobre el Apocalipsis. 

Querendum nobis magnopere est que divine scrip- 
ture, que altitudo qui orribilis aspectus dicitur. Scien- 
dum ergo est quia scripture ad vitam congruit bene ope- 



132 

rantis. Unde per paulum dicitur, qui stat videat nec 
adat; qui etiam discipulus dicit, sic state in Domino Ka- 
risimi; et propheta, qui se vita vel moribus ante domi- 
num videbat ayt: Vivit Dominus in cujus conspectu sto. 
Altitudo vero celestis regni promissio ad quem tune 
pergitur quando jam mortalis vite omnis corruptio sub- 
jugatur. Orribilis vero aspectus est terror Gehenne que 
sine fine reprobos cruciatu conservat. Statura ergo in 
rectitudine promissionis est. Altitudo in celsitudine... 



XIII 



Faisímil de un códice del Fuero Juzgo que, procedente de León, 
se conserva en la Biblioteca Nacional. Escribióse en 1058. 



V. Si quicumque rapiat aliena sponsa. 

Si aliena sponsa quicumque rapuerit de raptoris ip- 
sius facultatibus medietatem sponso jubemus addici. 
Quod si minima autem nullam habeat facultatem his 
quos supra memorabimus cum ómnibus que habuerit 
tradatur ad integrum. Ita ut venundato raptore de ejus 
pretio equales habeant porciones. Ipse autem raptor si 
per hactum scelus est puniatur. . 
VI Si quispiam de raptoribus occidatur. 
Si quis de raptoribus fuerit occisus mors ejus pro 
omicidio non teneatur quia pro defendendam castitatem 
comissum est. — Antiqua. 



133 



XIV 



Facsímil sacado del becerro gótico de Sahagún, escrito en 1110 
y que hoy se custodia en el Archivo Histórico Nacional. 

Incipiunt capitula LIBRI secundi. 

§ I. Placitum de postura de Villa Adda. 

§ II. Carta de Martin Petriz in Villa Adda. 

§ III. Placitum de Vineas de Villa Adda. 

§ IV. Testamentum de Petro Gunsalviz de Villa 
Adda. 

§ V. Carta de Pelaio Xabiz in Villa Adda. 

§ VI. Vendicio de Oro Gunsalviz in Villa Adda. 

§ VIL Placitum de Vermudo presbiter in Villa 
Adda. 

§ VIII. Placitum de Garsea Alderetiz in Villa 
Adda. 

§ IX. Vendicio de Garsia Ucaniz in Villa Adda. 

§ X. Vendicio de Omdonna in Villa Adda. 

§ XI. Vendicio de Dominico Arias in Villa Adda. 

§ XII. Testamentum de Gotina Vermuiz in Villa 
Abduz. 

§ XIII. Testamentum de Pedro Monniz de Villa 
Abduz. 

§ XIV. Testamentum de Monnio Diaz et de sua 
mulier Tota Ermeildiz de palacios suos in Villa Abduz. 

§ XV. Carta commutationis de comité Petro in Vi- 
lla Abduz. 

§ XVI. Testamentum de Oro Gudesteiz in Val Pa- 
radiso. 

§ XVII. Testamentum de Pelaio Fernandiz en Vi- 
lla Abduz. 



134 

§ XVIII. Testamentum de Vela Vermuiz in Villa 
Abduz. 

§ XIX. Testamentum de Vermudo Petriz in Villa 
Abduz. 

§ XX. Carta de Vermudo Petriz in Villa Abduz. 

§ XXI. Carta de Isidoro Martinz in Villa Abduz. 



xv 



Facsímiles de escritura visigoda cifrada de códices y documentos 

1. Nota que existe en un códice de San Isidoro 
de León. (Signatura n.° 22). 

Sanctorum Cosme et Damiani sum liber in territorio 
Legionense in flumen Torio in valle Abeliare ibi est mo- 
nasterium fundatum et qui illum extraneum inde fecerit 
extraneus fíat a fide sancta catholica et ab sanctu para- 
disum et ad regno celorum et qui illum aduxerit aut in- 
digaverit abeat partem in regno Christi et Dei. 

2. Suscripciones notariales sacadas de diferen- 
tes DUCUMENTOS DE LOS SIGLOS X Y XII. 

Petrus presbiter scripsit. 
Didacus notuit. 
Agila diaconus exaravit. 
Ioannes titulavit. 
Singifredus. 



135 



FACSÍMILES de documentos 



XVI 

Venta de una viña en Piasca, otorgada por Nunnila a Recoire y 
su marido Argemundo. — Año 857. 

XPS. In Dei nomine. Ego Nunnila qui sum filius 
patrie mei Ariulfi tibi jermane mee Recoire et marito 
tuo Argemundo placuit novis adque convenit bono ani- 
mo et propria novis fuit volumtas ut vinderemus vobis 
vinea sicuti et vendidi in Piasca justa rio meam porcio - 
nem ad integritatem in ipsa vinea adpreciatum in dúos 
modios et tria sextaria et accepi de vos precium pro ipsa 
vinea quod mici placuit id est obem et porcum et sub- 
tolares et zibaria et de ipso precio aderato aput te de- 
vitus non remansit ut ex odierno die et tempore abeas 
ipsa vinea tibi perpetim abiturum et qod de illa faceré 
vel judicare volueris sit tibi a me concessa potestas. Si 
quis aliquis de parte mea contra une factum meum ve- 
nerit ad inrumpendum qod non possis ipsa tera post no- 
mine meo vindicare qualiter inferam vobis ipsa vinea 
duplata quantum a te fuerit meliorata. Facta Kartula vin- 
ditionis die V idus Setembres in era DCCCLXLV et prin- 
cipe Ordonio sedente in Asturias. Ego Nunnila anc scrip- 
tura venditionis a me facta manu mea + feci et testibus 
tradidi roboranda. 

Antonia + 

Sesoira -f- 

Flaina confirmans + 



136 



XVII 

Venta de una tierra en Entrambas Aguas, territorio de Rivagor- 
za, otorgada porMaluli yEsclavaria aTotaGalindonis. Su fecha 
corresponde al reinado de Carlos el Simple de Francia (898 a 929). 

In nomine Domini. Ego Maluli et uxori suam Escla- 
baria bois entorem nostram Totam Galindonis quum sic 
placui in animis nostris et placem att bobis concamia- 
mus nostram terram quam qui mihi abenit de nostra co- 
paracionem est ipsa térra in casto Ripa Corcam in locum 
ubi dicitur Intramas Aquas de partem origentis infron- 
tam in istratam pulbica de partem ocidentem infronta 
in terram Engarica bindimus bobis ipsa terram ab omni 
intergetatem in adorato et definito precio et niquil de 
ipsasa terram precio depus bos non remasit et manifes- 
tum quod nos supranominati at aliquis orno qui bois pro 
ista carta inquigetaberit dupla bobis conponem et in an- 
tena ista carta firma et istabilis permanea. Facta carta 
concamiacionis in mense magio ano... regnatem Cario 
regem. Et ego Maluli et Esclabaria qui hanc carta roga- 
bimus iscriberem et testes íirmarem. + Signum Gali- 
tonem. -f- Signum Origolus. 

Singefredus presbiter rogitus iscriisi et firma vi -f su 
die et anno quo supra. 

XVIII 

Venta de un pomar en Piasca, otorgada por Sempronio ySeppina 
a favor de Félix y Cresapia. Año 904- 

XPS. In Dei nomine. Sipronius exor mea tíeppina 
placuit nobis bono animo et spontanea nobis evenit vo- 
lumtas ut bindere vobis Felice exri tue Cresapie poma- 



137 

re in Piasca justa pomare Aloiti et vestrum nostra por- 
tione V et térra super nostrum domum et vestrum po- 
mare ab onni integritate ipsa nostra portione et vos de- 
distis nobis pretio cibiria II modios et semodio et unus 
quisque acepit securus posideat et de pretio abut vos 
debitus non remansit et si aliquis de parte nostra vel de 
aliqua parte vobis inquietudine ferit pro illut nos vel ali- 
quis orno que post nomine nostro bindicare non balueri- 
tis tune abeatis potestate ad-prendere de nostro illut du- 
platum quantum, a tempus fuerit melioratum. Notum 
die ipsas nonas Magii. Era DCCCCXLIP. Regnante dom- 
no Adefonso. 



XIX 



Privilegio de D. Alfonso III el Grande, concediendo al Monasterio 
de Sahagún jurisdicción sobre la villa de Zacarías. —Año 904. 

XPS. Dominus Sanctisimus et gloriosisimus. Ade- 
íonsus fratri Adefonso abbatis vel ad omni congrega- 
tione fratrum de eglesia sanctorum Facundi et Primiti- 
vi, Zegensis monasterii. Ordinamus vobis ad imperan- 
dum post partem eglesie homines quanticumque sunt ha- 
bitatores in villa de Zacarias in locum Calzata vel alios 
quantoscumque ibidem super venerint ad abitandum. 
Ita ut ad vestra concurant ordinationem pro qualibus- 
qumque utilitatibus eglesie peragendis et quicquid a 
vobis injunctum vel ordinatum acceperint inescusabiliter 
omnia adimpleant adque peragant. Tu vero Sanzo non 
te presumes eos inquietare pro ullaque actione.=Notum 
die XI kalendas Novembras, era DCCCCXLIP. =Ade- 
íonsus. 



138 



XX 



Fragmento de la escritura de donación de la iglesia de San Ro- 
mán de Tobillas, otorgada por Vigila, presbítero, al Monasterio 
de Exlonza.— Año 932. 

Sub sánete et individué Trinitatis, Pater et Filius et 
Spiritus Sanctus quod corde credo et ore profero. Ego 
Vigila presbiter tibi domno et patri nostro Juliano ab- 
bati vel omni collegium fratrum sanctorum apostolorum 
Petri et Pauli placiut mici adque convenit promto ani- 
mo pronaque volumtate nulliusque coegentis imperio nec 
suadente artis ingenio set proprium et spontanea mici 
accessit volumtas ut traderem me tibi jam dicto abbati 
Juiiani patri meo sicut et tradidi id est, eclesia sancti 
Romani in loco que vocitant Tobellas territorio flumen 
Cello et Celia ipsa in ipsum locum cum adito suo vel 
suas decanias, terris, vineis, mulinos, libros tam movili 
quam etiam inmobile, áreas prenotatas XXIII et una cum 
suo puteo in salinas quod uocant Aniana nel aucraento 
quod duplicatum fuit ad majoribus nostris in ipsa casa 
sit vobis concessum jurique vestro traditum vel confir- 
matum in testimonio Dei et 

Sub die quod erit VII kalendas Agustas discurrente 
era DCCCCLXX. 

XXI 



Venta de una viña en lugar de Cañones, otorgada por Egilo y sus 
hijos al Monasterio de Exlonza.— Año 943. 

XPS. In Dei nomine. Ego Egilo una cum filiis meis 
Adefonsus et Ratario et Semplicio tibi Ajubando abba 
vel omnem collegio fratrum in domino Deo eternam sa- 



139 

lutem. Placuit nobis adque conbenit nulisque egentis im- 
perio ñeque suadentis articulo set propria nobis acesit 
volumtas ut vinderemus vobis vineam nostram propriam 
sicut et vendivimus et est ipsa vinea in villa que vocitant 
Caniones sup ripa fluminis Stola justa ipsos nostros mo- 
linos determinata per cuntis terminis suis de termino de 
Fafila usque ad termino de Greudo, et de alia parte us- 
que in kasas et de quarta parte termino de Aldreto-me- 
dietatem vobis vendivimus cum omnes arbores suos et 
acepimus de vos pretio XXIII solidos que nobis vene con- 
placuit et de ipso pretio aput vos nicil deuite remansit 
Ita ut ab odierno die et tempore abrasa ipsa medietatem 
de ipsa vinea de nostro jure sit in vestro jure et dominio 
traditam et confirmata abeatis edeatis teneatis vindi- 
cetis usque in perpetuum et si aliquis vos ad inrumpen- 
dum venerit pro ipsa vinea que nos vindicare non valea- 
mus tune abeatis potestatem de nos adprendere ipsa 
vinea duplata vel quid quantum ad vos fuerit meliorata et 
vobis perpetim abiturum Facta cartula venditionis sub 
die quod erit XIII kalendas Junias. Era DCCCCLXXXI. 

Ego Egilo in anc cartula venditionis de ipsa vinea 
manu -f- mea íeci. Adefonsus confirmáns -f- feci. Ratario 
contirmáns + feci Semplicio confirmáns + f©ci et coram 
testibus tradimu8 ad rovorandum. 

Armentari Heliz testis -f- feci 

Eldesendo íilius Dontio testis + feci 

Adefonsus filius Burgala testis -f- feci 

Onorico Mallato de Estabulo testis + feci 

Stefano filius Calzato testis -f- feci 

Didaco testis + feci 

Halel de Legione testis + 



140 



XXII 



Donación de una viña otorgada por Teodesinda al monasterio de 
Piasca. (Carece de fecha: pero tanto por el hecho de hallarse 
escrita al margen de otro documento de 957, como por los nom- 
bres de las personas citadas en la donación, deducimos que 
debió escribirse de 957 a 970.) 

XPS. Ego Teodesinda una cum abo meo Toderico 
et cum tio meo Golferico concedimus uobis vinea in loco 
pernominato Asenile justa vinea de Quendas, et de alia 
parte de Golferico concedimus ad eglesia Sánete Marie 
Virginis et ad apatisa domna Illo vel omni congregatio- 
nem proter remedio anime de patre meo Godestio dabi- 
mus et concedimus et in oc pactum vel testamento ma- 
nus nostras + + fecimus et coram testibus tradimus 
roborabidimus. Daniel presbiter. Anni presbiter— Froila 
diacunus. Feles presbiter. 



XXIII 



Venta de una viña en Riba Rubia, otorgada por Donadeo y Leo- 
cadia al monasterio de Sahagún.— Año 960. 



XPS. In Dei nomine. Ego Donadeo una cum uxore 
mea Leocadia vobis domino Selerico abba et omni colle- 
gio fratrum Sanctorum Facundi et Primitivi salutem. 
Non est dubium quia multis notum et (est?) quod accidit 
mici jam dicto intentione pro mea neglegentia et pariabi 
vobis mea vinea in judicato postea vero evenit uobis pro 
remedio animarum nostrarum ut daremini mici pretium 
pro ea; et nunc vero placuit mici bono animo et expon- 



141 

tanea mea volumtate ut vinderem vobis ipsa vinea in 
loco predicto in ripa Rúbea de termino parte occidenti 
rege qui discurret in Pruno usque in termino de Arias 
et per termino de Piniolo usque in termino in alio meo 
termino ipsa vinea infra ipsos términos ad integrum vo- 
bis concedimus et dedistis mici in pretio pro ea II galna- 
pes in VIII solidos et saiale in solido quod mici bene con- 
placuit et de pretio aput vos devitus nicil remansit. Ita ut 
ab odierno die et tempore ipsa vinea de juri meo abrasa 
in vestro sit coníirmata abeatis teneatis et firmiter vin- 
dicetis. Si quis vero quod fieri minime credo quod si ali- 
quis orno ad judicium vos inquietare voluerit pro ipsa 
Tinea an ego vel filiis aut aliquis quilibet homo magna 
vel Ínfima persona quam ego in concilio non valuero 
vindicare quomodo pariem vobis illa duplata vel quan- 
tum fuerit ad vos meliorata. Facta kartula vinditionis 
II Idus octobris era DCCCCLXLVIIIa. Regnante regi do- 
mino Sanctio. Ego Donadeo et uxor mea Leocadia in ac 
kartula vinditionis manus nostras + + fecimus et co- 
ram testibus roborabimus. 

Martino de Kalzata testis. 

Adefonso de Ripa Rúbea testis. 

Ervigius testis. 

Arias testis. 

Abolhajare testis. 

Egerede testis. 



xxiv 



Venta de una heredad en Villagoma, otorgada por Diego Ovequiz 
a Froila Vigilaz.— Año 962. 

XPS. In Dei nomine. Ego Didaco Obequiz et uxor 
mea nomine Cometissa salutem. Amen. Facimus tibi 
Froila Vigilaz et uxor tua Scemenae kartula vinditionis 



142 

de ereditatem nostram propriam quem abemus in villa 
de Goma ad Sancti Martini id est, térras, vineas cortes et 
kasas, pratis, montes, fontes, ortos, aquas, omnia ipsa 
ereditate quantum ibidem potueritis pervenire ad inte- 
grum vobis concedimus pro quem accepimus de vos pre- 
tium quantum nobis bene conplacuit XXX baccas cum 
suo tauro et uno serbo et II canes, et de ipso pretio aput 
vos nicil remansit devito. Ita et de odie die vel tempore 
sit ipsa ereditate de nostro juri abstersa et in vestro juri 
sit tradita adque confirmata. Siquis tamen quod si ali- 
quis omine contra hunc kartula vinditionis ad disrumpen- 
dum venerit quem nos in concilio vindicare non valueri- 
mus quomodo pariemus vobis ipsa ereditate duplata 
vel quantum ad vos fuerit meliorata. Facta kartula ven- 
dictionis notum die quod erit die III feria VIII kalendas 
Julias. Regnante Sanctius rex in Legione. Ego Didaco 
Obequiz et uxor mea nomine Cometissa in hanc kartula 
vinditionis manus nostras roborabimus. 



xxv 



Venta de una viña en Rebollar, otorgada por Teodorico a Asur y 
su mujer Elduara.— Año 973. 



XPS. In Dei nomine. Ego Teudericus tibi Asuri et 
uxori tue Eldoara in Domino salutem. Ideo placuit mici 
bone pacis volumtas sano animo et spontanea mea vo- 
lumtate ut facerem vobis sicut et fació scriptura vindic- 
tionis de vinea mea propria quem aveo de parentum meo- 
rum in villa quod vocitant Rebolare de termino de Hobe 
usque in termino Teuderico et de alia parte usque in ka- 
sale qui discurit ad Legione infra ipsis terminis ex inte- 
gra eam vobis vindo adque concedo et acebit de vos pre- 
cium argentios VII et conpendiale de vino quod mici bene 



143 

placuit et de ipso precio abut vos nicil remansit, aveatis 
eam vos et posteritas vestra, íirmiter de meo dato ad per 
avendum. Si quis tamen aliquis orno de mea parte vobis 
venerit ad inrumpendum anc per me vel sub rogita mea 
persona quod ego vindigare non poduero tun aveatis po- 
destatem de me adprendere ipsa vinea dupplata et vobis 
perpedim abiduram et ista scriptura firmiter obtineat 
stavilitatem. Facta scriptura vindictionis pridie kalendas 
martias era millesima XI a 

Teudericus ah scriptura vindictionis ad me facta ma- 
nus mea fecit -f- 

Qui preses íuerunt ic sunt: 

Vermudu Bazari 

Gudinus Zelmizi 

Sintila 

Ovecco 

Sarracine Godenandizi 

Dadto 

Sater presbiter 

Ordonius presbiter 

Onorico 

Zidiono Siquizi 

Mahele 

Seum et alii plures in concilio Sancti Juliani 

Arias presbiter et confesor quiexarator filius Tellni -f- 



XXVI 



Donación del monasterio de San Andrés, sito en León, otor- 
gada por D. Ramiro III a favor del convento de Sahagún.— 
Año 977. 

XPS. In nomine Domini. Ego famulus Dei Ranimi- 
rus nutu divino princeps vobis dominus Sarracenus abba 
una cum colegium Domini servorum jugum Dei portan- 



144 

tium in domino Deo eternam salutem. Amen. Annuit 
namque hujus serenitati regni glorie nostre ut facere- 
mus vobis sicuti et facimus cartula series testamenti de 
monasterio nostro vocabulo sancti Andre intus cives Le- 
gionensis terminatum per suis certissimis terminis a 
parte Orientis ad illam portam Sánete Marie Regula, ad 
Occidentalem vero per illam eglesiam Sancti Michaeli, 
ad meridiem et septentrionalem partem de calle ad 
callem omnia ab homni integritate vobis concedimus. 
Et concedimus vobis ante porta de episcopo illos solares 
pro populare ut ómnibus ibi abitantibus ad vestram con- 
currant jussionem vel dicioni post partem sanctorum 
Facundi et Primitivi locum quod dicunt Domnos Sane- 
tos absque alio aliquo erede et neminem pretermitti- 
mus qui vobis ibidem disturbationem faciat nec inmo- 
dice ut in illa die magni judicii ad dexteram filii hominis 
stare nos faciat. Facta cartula series testamenti notum 
die quod erit secunda feria XV kalendas Februarii, 
era XV post M. 



XXVII 



Donación de heredades otorgada por Aloito Sandiz al monasterio 
de San Julián de Samos.— Año de 1030. 



XPS. In nomine domini nostri Ihesu Christi et ejus 
imperium. Ego Aloyto Sandiz et Bigina placuit nobis in 
amorem Dei omnipotentis et gloriosissimo domino nos- 
tro Sanctorum Iuliani et Baselisse et omnium sanctorum 
corum baselica fundata esse dignoscitur in locum scitum 
monasterii Samanensis sive et vobis domno Didacus 
et onnem vestra congrega tione facimus vobis kartula 
testamenti donationis et concessionis et damus simul et 
testamus concedimus et offerimus post partem ipsius 



145 

monasterii et vobis supradicto domno Didacus abba me- 
dietate inticra de villa nostra probria quem abemus de 
successione de nostros parentes sive et de nostro con- 
parato in loco predicto ubi dicent villa Agati territorio 
Monte Seyro, id est, domos cum ediíiciis cunctis, quinta- 
nales, ortales, térras, cultas et incultas, pumares cum 
suos terrenos, et suas clausuras, arbores fructuosas et 
infructuosas ex omni genere arbustarum, montes, fontes, 
pascuis, padulibus, accesso et rezesso de ipsa villa per 
omnes suos términos antiquos et de odie die et tempore 
ipsa villa media de nostro jure sit abrasa vestro jure 
maneat confirmata per sécula cuneta. Et si aliquis homo 
de parte nostra an nos an quislive persona contra hanc 
kartula testamenti venerit ad inrumpendum excomunica- 
tus permaneat in eternum et pro temporalia pariat vobis 
omnia suprataxata duplata vel triplata. Facta kartula 
testamenti donationis die X kalendas decembrias, era 
milisima LXVIIF 



XXVIII 



Donación otorgada por D. Ramiro I d© Aragón a Iñigo López. 
Año 1044. 



XPS. Sub nomine sánete et individué Trinitatis. Ego 
Ranimirus Sancioni regis filius tibi Enneco Lupe crea- 
tum meum una cum conjuge tua et creata mea nomen 
ejus Major propter servicium quod mici ambos fecistis 
et me obtime conplacuit, volumtas mici evenit ut face- 
rem vobis hanc carta concessionis seu et ingenuationis 
de unas meas kasas quas abeo in Larosse qui fuerunt 
de Didaco Nuniz ut abeatis illas ingenuas tam kasas 
quam térras et vineas et omnia causa sic vos quam et 
filii vestri et omnem generationem vestram per cuneta 

10 



146 

sécula, et in alio loco in terretorium sancti Emeteri in 
villula que vocitant Beskasa similiter dono tibi kasas 
qui fuerunt de presbiter García et térras ac vineas et 
cuneta quod ego in ipsa jam dicta villa abeo ut abeatis 
et possideatis illo tam vos quam et filii vestri jure per- 
petuo et generatio vestra. Et qui hoc meum factum dis- 
rumpere temtaverit descendat super eum iram Dei et 
cum Datan et Abiron et cum Juda traditore abeat por- 
cione in inferno inferiori. Facta injenuationis carta in 
era MLXXXIP. Regnante domino nostro Ihesu Christo 
et sub ejus imperio regnante rex Ranimirus in Aragone 
et in Superarbi et in Ripacurza. 



XXIX 



Venta de una tierra sita en el valle de Exlonza, otorgada por 
Vicente y su mujer Gogina, al abad Valerio.— Año 1050. 

XPS. In Dei nomine. Ego Vicenti et uxo sua Gogina 
ad tivi Valeribus abbas qum sobrinis vestris Valeiro et 
Atila in domino Deo eterna salutem amen. Placüit nobis 
aque convenit volumtas ñeque per metum ñeque per 
ebrietatem set spontanias nostras volumtates ut facimus 
vobis scriptura vendicionis de térra qui est in teridorio 
Leonesse in valle de Alisonza in logo predicto in Garfti- 
dos ipsa térra per suis terminis, in primo termino per 
via castellana et illos alios términos de Valeribus aba, et 
alia térra ibidem in Garíudos per suis terminis per ter- 
mino de Sancti Petri qui fuit de domna Quilio et illos 
abos términos de Valero abbas ipsas térras per ipsos 
términos davo vobis illas ex integras vobis concedo pro 
que accepimus de vobis in precio pro ipsas térras qui in 
scripto isto resonant solidos VIIII de argento precium 
placivile quod nobis et vovis bene conplacuit et de precio 



147 

aput vos nicil remaso set totum precium conplistis ita 
ut de odie die vel tempore ipsas teras de meo jure abter- 
sas et in vestro jure sedeat confirmatas. Si quis tamen 
aliquis orno ad derumpendum venerit et nos obtoricare 
non voluerimus pariemus istas térras dupplatas. Facta 
scriptura vendicionis nodum die IIII feria, IIII Kalendas 
December, erat LXXXVIII post millesima. 



xxx 

Donación otorgada por Eiloni a su sobrino García Muñiz 
en usufructo y al convento de Samos en propiedad.— Año 1061. 

XPS. In nomine Dei inefabilis Patris et Filii videlicet 
Spiritus Sancti sive ad honorem et laudem sancti Juliani 
et Baselisse virginis seu et sánete Eufimie virginis neo 
non et omnium sanctorum in quorum nomine fundatum 
extat monasterio Sámanos discurrente rivulo Sarrie ubi 
sit laus Deo per omnia sécula. Ego denique humillima 
hac pusilla ancillarum Dei ancilla Eiloni do et concedo 
in predicto loco pro remedio anime mee villas meas pro- 
prias nominatas Palacio que jacet prope Sala alia villa 
in tria kastella quod vocitant Fromici istas villas do eas 
ad suprino meo Garcia Monninz pro quo fuit meo creato 
et dilexi illum multum ut teneat illas in sua vita et post 
ovitum vero suo concedo illas ego Eiloni prolis Luzo in 
monasterio Sámanos ut ibi sint perpetim abi turas. Si quis 
aliquis homo contra hunc meum factum venerit et in 
parvo aut magno conveliere voluerit. In primis sit exco- 
municatum et ad corpus et sanguis domini nostri Ihesu 
Christi alienatum et cum Juda Domini traditore in per- 
petuum damnatus et post voce Sámanos ipsas villas du- 
platas et ad parte regis judicantis auri talenta dúos et 
hanc scriptura sit semper rovore firma. Facta series tes- 



148 



tamenti II Kalendas Junii era MLXXLIIII a Ego Eiloni 
prolis Luzo in hanc scriptura manu mea rovoravi + 



XXXI 

Donación de una tierra en Sabariegos, otorgada por Goto 
y sus hijos a favor de Pelayo Frolaz y su mujer Bona. —Año 1077. 

XPS. In Dei nomine. Ego domina Goto una pariter 
cum filis meis vobis Pelaio Frolazi et uxori vestra do- 
mina Bona in domino Deo eterno salutem amen. Placuit 
nobis aque convenit voluntas ut lulis quoque gentis inpe- 
rio ñeque suadentis articulo ut nullis pertimentes ñeque 
per ebriatate semper claro spontania nostra volúntate ut 
dono ego domina Goto ad vobis Pelaio Frolaz et uxori 
vestra domina Bona térra mea propria que est in terri- 
turio Legionemse in loco vocabulo in villm que vocitant 
Vila Savarigo per locis cuntis terminis suis per termi- 
num de Ioanes Petriz et de suos erredes et de II pax 
per términos de Domenquo Queaz et de suos erre- 
des et III pax per terminum de Pelaio Frolaz ét IIII 
pax per ila Kasaria qui discurre ad villa de Moros 
ipsa térra infra ipsos términos ad integritate ad vobis 
concedo pro que accepimus de vobis ad investiendum 
kartula uno lenco obtimo que ad vobis et ad nobis bene 
conplacuit et si aliquis orno ad factum nostrum ad dis- 
turvandum venerit vel venerimus aut per nos aut per 
erredes nostros in licencia fecerimus et in coroque con- 
cilio obtoricare non valuerimus quomodo pariemus nos 
qui supertaxatus sumus ad vobis ipsa térra duplata vel 
in duplo quantum ad vobis meliorata fuerit; Facta Kar- 
tula vindicionis te relegente concepcionis notum die 
II feria XI Kalendas September. Era CV super Mil- 
lesima. Regnante rex Anfonso in Legionem. 



149 



XXXIII 



Donación otorgada en el año 1077 por el Rey de Aragón Sancho 
Ramírez II al monasterio de San Juan de la Peña. 



XPS. In Dei nomine et ejus gratia hec est carta 
quam fació faceré ego Santius Ranimiriz gratia Dei Ara- 
gonensium et Pampilonensium rex Deo et Sancto Iohan- 
ni de Penna de villa illa que dicitur Eukar in Pampilona. 
Dono illum et offero totum ab integro cum ómnibus suis 
terminis hermis et populatis que ad illum pertinent cum 
omni censu et cum illa salina et cum ómnibus servitiis 
que soliti sunt faceré aut inde debent exire aut debent 
daré per alkanagisu, cum tali privilegio et cum tali inte- 
gritate dono illum sancto Iohanni sicut omnes antecesso- 
res mei reges dederunt omnes honores que usque hodie 
abet vel possidet ut nullus homo in illa aliud requirat nisi 
quod in illis antiquis honoribus invenerit scriptum. Hoc 
autem totum fació pro remedio anime mee et omnium 
parentum meorum ut sanctus Iohannes et omnes sancti 
Dei sint intercessores ad dominum Ihesum Christum pro 
nobis. Si autem quod absit hec mea scripta vel donativa 
inquietare aut disrumpere temptaverit qualiscumque 
persona sit in primis iram omnipotentis Dei incurrat et 
omnium sanctorum et cum luda traditore et Datan et 
Abiron abeat portionem in inferno inferiori. Facta karta 
in era millesima centesima XV. 

Signum -{- Sancii 



150 



XXXIII 



Permuta de heredades entre Salvador Vellidiz y Flaino Arias. 

Año 1089. 



XPS. In Dei nomine. Ego Salvator Vellidiz cum omni 
voce mea vobis Flaino Arias et uxor tua Guntina Do- 
menqiz in domino Deo heternam salutem amen. Placuit 
michi Salvatore Vellitiz ut íacerem vobis Flaino Arias et 
uxori vestre Guntina Domenqiz sicuti et fació kartu- 
lam concanpiationis de duas térras cum uno medio orto 
et cum tota nostra divisa in illa villa que vocitant Quin- 
tana et ratione in pelaco et in sauto ab omni integritate 
quantum ibi in predicta villa habemus vel habere debe- 
mus ex parte parentum nostrorum totum vobis vendi- 
mus vel concanpiamus et accepimus de vos in precium 
et in concanpiatione cccos solidos et vineas in Para- 
tella que abuistis de comparatione que nobis valde com- 
placuit et de pretium apud vos nichil remansit indebi- 
tum sed totum apud nos completum est. Ita ut de hodie 
die et tempore sit ipsa nostra hereditate que in Quinta- 
na usque nunc habuimus ab omni integritate sicut su- 
perius dicit de nostro jure abrasa et in vestro jure ad- 
que dominio sit tradita et confirmata, habeatis ae vos et 
omnis posteritas vestra. Et si aliquis homo aut ego Sal- 
vator Vellitiz aut aliquis ex filiis meis vel neptis vel ali- 
quis homo ex parte mea vel de extranea ad irrumpen- 
dum venerit ista kartula aud nos inquietare quesierit 
super ista hereditate quomodo pariat quisquis ille fuerit 
vobis Flaino Arias et uxori vestra Guntina Domenqiz 
solidos M pacatos et illa hereditate duplata vel triplata 
in simile tale loco meliorata. Ego Salvator Vellidiz cum 
omni voce mea hanc kartulam confirmo + Facta kartu- 



151 

la concanpiationis vel venditionis sub era MCXXVII et 
quod V idus November. 

XXIV 

Donación otorgada por D. Sancho Ramírez I, a David Bretón 
en el año 1092. 

Sub Christi nomine. Hec est carta quam fació ego 
Sancius gratia Dei rege et dono tibi David Bretón una 
de illas meas tendas de Iacka juxta illa tenda quam dedi 
ad Rembald de Monte Pestler et ut abeas eam ingenuam 
et liberam ad tuam propriam alodem tu et fllii tui, et om- 
nis generado tua per cuneta sécula. Si autem advenerit 
tibi aliquam necessitatem et volueris eam venderé ut non 
vendas ñeque dones eam ad ecclesiam ñeque ad ifanzo- 
nem nisi ad merkatante aut ad burzes. 

Facta carta ista era MCXXX in mense Marzo, in 
sancto Iohanne. Regnante domino nostro Ihesu Christo. 
Sub illius imperium ego Sancius Ranimirus gratia Dei 
regnante in Pampilona, et in Aragón. Petrus filius 
meus in Superarvi et in Ripacurza et in Monteson. Pe- 
trus episcopus in Pampilona. Alius episcopus Petrus 
in Iacka. 

Signum -f- Sancii. 

xxxv 

Venta de una heredad en Villada a favor del abad de Sahagún. 

Año 1095. 

XPS. In Dei nomine et ejus imperio. Ego Dominico 
Arias et uxor mea Sol Domengez evenit nobis caro ani- 
mo integroque consilio et liberali arbitrio ut vindere- 
mus vobis abbas Domno Diaco et senioribus Sanct* 



152 

Facundi illa nostra ereditate quem abemus avemus de 
aviorum parentumque nostrorum in villa quod vocin- 
tant villa de Adda damus et Kartula vendicionis faci- 
mus de illa nostra ereditate jam superius nominata ab 
omni integritate domos, térras, vineas, pratos et omnia 
quecumque abere potuimus in villa Adda ab omni inte- 
gritate vobis concedimus et accepimus de vobis in pre- 
cio LXX solidos de argento. Si quis contra hunc factum 
nostrum, ad inrumpendum venerit sit ille Deo reus et ju- 
dicio Dei condemnatus sit et quod auferre voluerit in 
duplo vel triplo et a parte regis C solidos de argento 
Facta cartula vendicionis era MCXXIII, XV kalendas 
Marcii — Ego Dominico Arias et uxor mea Sol in anc 
cartula quam fieri jussimus manus nostras -f- roboravi- 
mus. 

Regnante Ad efonsus rex in Legione. 

Sub Dei gratia Petrus episcopus Legionense sedis. 

Asmundus episcopus Astorice sedis. 

Petrus comes, coníirmat. 

Martinus comes coníirmat. 

Petrus Assuriz. 

Pelagio Moniz. 

Dominico ic testis roboravi. 

Garsia ic testis roboravi. 

Joannes ic testis roboravi. 

Gundisalbus scripsit. 



xxxvi 



Donación de casas y heredades en Huesca, otorgada por don 
Pedro I de Aragón a Lope Fortunio. 

Ego Petrus Sangiz Dei gratia rex fació hanc albaram 
ad te Lope Fortuniones Zavalmedina. Dono tibi in Osea, 
illas casas de Zamega Iben Hut et alia casa de Abdalme 



153 

cum illa ereditate quam tibi donarunt ibi sénior Forti 
Ortiz et illo abbate don Galindo sicut eras inde tenente 
die qua isto albara fuit factum. Et dono tibi campos qui 
non sunt de istas casas suprascriptas II kampos de 
Mahomat Albellot, semenatura de kampo III arienzos; et 
alio kampo de Kamet de Arramel, semenatura II arien- 
zos; et III kampos de Galeph Arrahez, semenatura I 
kampo et arienzo; et uno campo et una vinea de Arron 
Gueloli; et II kampos de Mohomat Iben Axa, semenatu- 
ra III arienzos; et alio campo de Mohomat Iben Galindu, 
semenatura arienzo e medio; et IV campos de Harón Iben 
Zirius, semenatura III kampos; et Ií campos de Mariellu 
Annahaz, semenatura kampi II arienzos; et II campos in 
termino de foras et de Billues; et alio campo de Haiuui 
Iben Totelli, semenatura kampi; et II campos de illa 
meskita de Rivimediano, semenatura III arienzos; et alio 
kampo de illa mesquita de Iben Hamet, semenatura II 
arienzos et alio campo de Lozon Alpep, semenatura II 
arienzos; et alio campo de Vizefi de illa Bedoa, semena- 
tura kampi; et una vinea de Enelaszar; et alia vinea de 
Zamega Iben Fut; et una vinea in Asóla; et II vineas de 
Iben Rampulges;et uno orto de illo Zangato in Algaszar 
et Aguilun in via de Zeras. 

Et toto isto qui est supra scriptum viderunt Garzia 
Enekons merino et Iohannes Calb qnon (quod non) intrad 
Garzia Enekons merino in Osea. 



XXXVII 



Donación hecha por Martín Peláez al conrento de Samos en el 

año 1118. 

XPS. In Dei nomine. Ego Martino Pelaiz et uxor 
mea Marina Rodriquiz in domino Deo eternam salutem. 
Amen. Ideo placuit nobis bone pacis voluntas ut daremus 



154 

vobis hereditatem nostram propriam quos habemus in 
terram Bergido in loco predicto Burbia a uobis Petrus 
abbas Samanensium et a fratribus vestris et habemus 
ipsa hereditate de nostro comparado et quos saccamus 
de monte et sumus inter me et mea mulier bene fectados 
unus cum alus. Et damus ipsa hereditate pro alia ves- 
tra territorio Lemabus in loco predicto Ecclesia Alba in 
Sancta Maria que teneamus illa in nostra vita et de illa 
nostra de Bergido in nostra vita que levemus nos inde 
medietate de illa Prode et de parte de Samanus media 
et ad obitum nostrum que recipiatis nostros corpos et 
illas hereditates sive nostras sive vestras quomodo illas 
inveneritis. 

Facta cartula testamenti XV kalendas magii. Era 
MCLVP Et si inde nos superius nominati mentiosos 
fuerimus et hunc factum nostrum rumperimus quomodo 
pariamus ipsa hereditate duplata et vobis perpetim ha- 
bitura. Ego Martino et uxor mea Marina vobis Petrus 
abbas et fratribus vestris in hanc cartula testamenti 
manus nostras rovoravimus + 

Qui presentes fuerunt Iohanne testis. 

Petro testis. 
Didago testis. 

Julianus notuit. 



XXXVIII 

Venta de heredades en Ribadulla.— Año 1130 

Facta karta vendicionis die quod erit XI o kalendas 
Aprilis era M. C. LXV1II. Ego Monio Odoarizi una pa~ 
riter cum iermanos meos de ipsa hereditate de Rriba de 
Ullia quantum hio abemus in illo casare de illo Pineiro 
media sexta et quanto hic abeo in tota Riba de Ullia in 



155 

casar de Ragesendi et de Riba de Ulia que a mici conve- 
nto et ad meos ier manos et ego inde accepit precio LX 
solidos de moeda que a nobis bene complacuit et de 
ipso precio nicil aput vos remansit in debito ita ut de 
odio die de meo jure abrasa et in vestro dominio sedia 
tradita. Ego Monio Odarizi ad vobis Tota Suarizi in ista 
carta manus nostras rovoravi + mus Qui presentes fue- 
runt: Monio Barcia, testis. Rodrigo, testis. Petro, testis. 
Odoario, notuit. 



xxxxi 



Fragmento de un privilegio otorgado por D. Alfonso VII el Em- 
perador al monasterio de San Martín de Pino.— Año 1134. 



Ego Adefonsus Dei gratia Hispanie imperator comi- 
tis domni Raymundi regineque domne Urrace filius et 
uxor mea imperatrix domina Beringaria et filii mei et 
omnis vox mea pro remedio anime mee meorumque pa- 
rentis. Vobis abbati domno Petro et ceteris monasterii 
sancti Martini de Pinu monachis, ad utilitatem et tuicio- 
nem ipsius monasterii cujus ecclesia sita est in urbe 
Compostella, cauto ecclesia sancti Jacobi apostoli de 
castro cum villa vocitata Busiana cum integra sua fele- 
clesia et adjunctionibus suis omnibusque prestacionibus, 
exitibus, bonis appendiciis et directuris que eidem in 

Facta scriptura cauti sub era millesima CLXXII* et 
quot XII Kalendas Maii. 



156 



XL 



Donación del realengo de Guasildo otorgada por D. Ramiro II el 
Monje al monasterio de San Juan de la Peña.— Año 1134. 



XPS. In Cristi nomine et ejus divina clemencia. Ego 
Redimirus gratia Dei rex fació hanc cartam donacionis 
et confirmacionis. Placuit mihi libenti animo et sponta- 
nea volúntate et dono atque concedo ad Deo et ad sancta 
Maria per luminaria quale parte pertinet mihi in Guasilgo 
qui est regali ibi. Pro anima de meo patre rex domnus 
Sancius et pro anima de meo germano rex domnus Pe- 
trus et pro anima de alio meo germano dopnus Ade- 
fonsus rex et per me metipsum ut Deus et sancta Maria 
mihi adjuvent et sedeat istum meum donativum quietum 
et securum de Deo et sancta Maria et sancti Iohannis 
per cuneta sécula seculorum. Amen. 

Signum A + uregis Ranimiri. 

Facta carta donationis era MCLXXIÍ. Regnante rex 
Redemirus in Aragón et in Pampilona, in Superarbi 
vel Ripacurzia. Sunt testes, sénior Garcia Ximen de 
Grostan et Garcia Garcez suo filio. 

Ego Raimundus scriptor sub jussione domini mei re- 
gis han cartam scripsi et de manu mea hoc + feci. 



157 



XLI 



Cesión en usufructo de una Iglesia, otorgada por el convento de 
San Martín de Piniario, a Fernando Pérez, canónigo de Santiago . 

Año 1136. 



NEC MUTETUR PLACITA HEC 

Era MCLXXIIIP et quot XVIII o Kalendarum Septem- 
brium. Ego abbas domnus Petrus una cum consensu mo- 
nacorum sancti Martini de Pinniario vobis Fredernando 
Petriz ecclesie beati Jacobi canónico. Facimus pactum et 
placitum firmissimum in solidos D. os (quingentos) robo- 
ratum super quartam portionem ecclesie sánete Marie de 
Daodro quam mater vestra per mandationem suam nobis 
contulit quam nos damus vobis ex nostro dato ut tenea- 
tis eam in omni vita vestra et ad obitum vestrum relin- 
quatis eam nobis pacatam cum illa alia vestra 1111 a 
quam vos datis sancto Martino pro remedio anime vestre 
et parentum vestrorum et nos non tollamus ea vobis in 
vita vestra. Quod si mentiosi ftierimus et quod de sur- 
sum resonat non conpleverimus pariamus vobis penam 
placiti. Nos Petrus aba una cum consensu monacorum 
in hoc placitum manus nostras + 

Abbas dominus Petrus monasterii sancti Martini con- 
firmat -f- 



158 



XLH 

Venta de una casa otorgada por Domingo Alvitiz, a favor de 
Juan Pérez.— Año 1137. 

XPS. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti 
amen. Ego Dominicus Alvitiz una pariter cum uxore 
mea Maria Ectaz tibi Iohannes Petriz presbiter fatimus 
tibi kartulam venditionis de domo nostra cum suo fun- 
damento quam nos construximus in loco nominato in illa 
ripa subtus illa panateria de Sancto Vincentio per tér- 
minos suos de sursum per illam Kasteliam que discurrit 
de Regula usque in aliam Kasteliam que discurrit de illa 
Spasanda et per kasam de Fernando usque in kasam de 
Petro Pelaiz intus istos términos ab integritate damus 
vobis propter quod accepimus a te precium undecim 
modios in kavallo, boves et vakas et manta totum obti- 
mum quod Ínter nos et te-placuit. Ita ut ab hodierno die 
et deinceps de nostro jure sit abstersum in tuo jure sit 
traditum et confirmatum et facias de ea quod tua fuerit 
voluntas. Si aliquis homo contra hunc factum nostrum 
ad dirrumpendum venerit vel uenerimus tam nos quam 
aliquis ex progenie nostra vel extranea hanc kartam ven- 
ditionis frangere temptaverit sit maledictus et excomu- 
nicatus usque in septimam generationem et pariat tibi 
vel voci tue quantum in karta resonat duplatum in simile 
loco cum quingentos solidos purissimi argenti et hac 
karta habeat robur in evum. 

Facta karta venditionis era MCLXXV" Imperante 
Adefonso rege cum Berengaria regina Legione et Tole- 
to. Adefonso episcopante in O veto. Fernandus Guterri 
majordomus in Asturiis; Nos,superius nominati Domini- 
cus et Maria hanc kartam venditionis quam fieri jussimus 
manibus nostris roboravimus-f -)- 



159 



XLIII 



Privilegio de D. Ramón Berenguer IV concediendo a los vecinos 
de Luesia el fuero de Jaca.— Año 1154. 



XPS. In Dei nomine et ejus gratia. Ego Raimundus 
Comes Barchinonensis et Princeps Aragonensis. Fació 
hanc cartam dominacionis et confirmacionis vobis popu- 
latoribus qui veneritis populare in illa mea populacione de 
Luesia in circuitu Sancti Stephani. Placuit michi libenti 
animo et spontanea volúntate et propter amorem quod 
ibi populetis et fiketis de bono corde. Dono et concedo 
vobis ut habeatis ibi tales fueros quomodo habent illos 
burzeses de lacea, extra quod non faciatis mihi hoste per 
septem annos. Et hoc donativum sicut superius est scrip- 
tum laudo et confirmo ut habeatis vos et filii vestri et 
omnis generacio vel posteritas vestra, salva mea fideli- 
tate et de omni mea posteritate per cuneta seculorum 
sécula amen. Facta carta era MCLXLIP In mense apri- 
lis in villa que vocatur Luna. 



XLIV 



Donación otorgada por el monasterio de Sobrado al de San 
Salvador de Cinís en 1172. 



XPS. In Dei nomine. Ego abbas dominus Egidius 
et omnis con ven tus mon áster ii Suberato vobis abbati do- 
mino Monino Petriz monasterio Ciniensis tenente. Damus 
vobis abbatti domino Monino vel voci vestre nostra par- 
te integra de eclesia Sancti Petri de Felgaria. Damus 
vobis eam et concedimus una pariter et íacimus cartulam 



160 

de ea et jacet in térra Nemidus. Damus eam vobis liben- 
ter ut habeatis et possideatis vos et proienie vestre per 
sécula cuneta. Si quis tamen surrexerit ex nostra parte 
vel monasterio Suberato qui eam vobis auferre conave- 
rit quisquís ille fuerit qui hanc cartam perfiliacionis vel 
donacios seu confirmacionis fregerit vel tempteverit du- 
plet eam vobis vel voci vestre et vos vindicate eam vos 
vel vox vestra quomodo melius potueritis et ista carta 
semper habeat roborem. Facta carta perfiliacionis seu 
donacionis vel confirmacionis sub era MCCX" et quotum 
idus maii. 



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moynbuf un^anm \x\behcuoc üljcc ? 
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) x *V ¿naic de omdonticc íiwlbc <*44 ¿o .» 
f^J . t^ííJic Jdlmco ctyiccf vtulla. aáia^ 

(pcu\ fífádepéop) rnotur demlla, abaar. 
|5^ ll M\ fefacuxíl «<£no ni Odia^j decu^Vta. vnuU^ 
cccco+áfae\JlA\*Aepulujciof Yuof {"tulla. a.bduj. 

j^V>j . ^SScac 4eofOc\*>(Sr*5. íual tJafTc^ifb 
ptoLj . ^¿cclepelaio (Sitiera a \ti -uu.1 «. «i>4uj 
r^axi ^¿-¿euela i^muix. inuillaucbduy 

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cutU^evr-ííiaitírer q*"' ^ á> r wf tk S £f2cv 0|fat|. <e- 
11 Jfc? ¿Un cedmlo Tt¿ enJvnJer aenenccC-clieau*. VI» 

u-llay-U' fuicC $eC«C2 ¿e- ^otvo ce» bt <¿p| q ñ fuá áíftuf 

■nuxzuytcA tv c^ «* W ksj» íeaUpl «ty^W- Sonería. 
cnitfCfei ife. <*• "f" <#"» • í*«Hpa <* una-uiineit qccflrm cuetoL 

¿erídrc¿j>o ÍWoljomí^ ftn (Jcclxñáu Semcnacur^- ctff 
1^ agn*. Gxpo q TO<ty^«Uutcnt^ca?c¿4^« ; ™^'t^tt«»*1r í ^^• 
áUtuut fc croaelli «SemmcMcuW fe «e it. c¿j>o#iU«. 
m«(kva:íi- ¿yCuvmeSt«no. ScmenwtuyW. vit . ^.o^aTfttpo 

cáboielocoíu <*tp«p- -Semtef^uaf: ceJte¿p>$ayc$.&W, 
U&o«¿ Sem«tt^oa*yí^!^' w*" uinee^Xenek^a^ <*• 

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